Viernes, 15 Febrero 2019 06:54

Lecciones no aprendidas

Lecciones no aprendidas

Tras solventar muchos impedimentos, los 11 miembros de una misión del Parlamento Europeo pudieron cumplir por fin su visita a Nicaragua propuesta desde noviembre del año pasado.

El presidente de la misión, el eurodiputado Ramón Jáuregui, presentó antes de partir unas conclusiones terminantes sobre la urgente necesidad del cese de la represión, la libertad de los presos políticos, la restitución de la libertad de información, y el restablecimiento de la democracia por medio de elecciones confiables.

Y en sus declaraciones Jáuregui dijo algo que parecería obvio pero en Nicaragua resulta esencial: "la democracia tiene una regla que es aceptar la posibilidad de la derrota".

Es lo que hizo el Frente Sandinista tras las elecciones de 1990, cuando los votantes decidieron confiar la presidencia a doña Violeta de Chamorro: aceptó la derrota, y eso le dio entonces el inmenso prestigio de haber entregado por los votos el poder ganado por las armas una década atrás.

Hasta entonces la filosofía dominante había sido la del poder popular confiado a la vanguardia por una especie de voluntad divina. Las revoluciones eran, además, invencibles. ¿Dónde se había visto que el pueblo mismo fuera a derrotar a una revolución popular forjada con sangre? Pero ocurrió.

En enero de 1988, Carlos Fuentes hizo una visita a Nicaragua. Lo acompañaba el periodista Stephen Talbot, que escribía un reportaje sobre el escritor mexicano para la revista Mother Jones.

En una de las conversaciones que sostuvo Fuentes con los dirigentes sandinistas se habló de las posibilidades que tenía la contra de ganar la guerra, recuerda Talbot, y el comandante Tomás Borge “dijo decididamente que algo así era imposible, porque los contras van a contrapelo de la historia”.

Fuentes interrumpió para preguntar: "¿Y cuál fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? ¿No se demostró que la izquierda puede ser derrotada?”. "No", respondió Borge, cortante. "Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron".

Después se discutió sobre el tema de las elecciones y los partidos de oposición. “Borge dijo que su opinión personal era que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas. ‘Ahora no’, asintió Fuentes, ‘pero en el futuro, ¿por qué no?’ ‘Sólo si son antimperialistas y revolucionarios’, proclamó Borge, ‘si un partido reaccionario ganara, yo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político’. ‘Yo no estaría tan seguro de esas leyes’, advirtió Fuentes”.

Tras aceptar la derrota de 1990, el Frente Sandinista perdió la oportunidad de recuperar los espacios electorales, luchando bajo las reglas democráticas para conquistar de nuevo la mayoría de los votantes. El criterio obsoleto de la vanguardia dueña de la verdad, que representa al pueblo aunque tenga en contra la mayoría, volvió a imponerse.

Y cuando Daniel Ortega, tras tres derrotas logró por fin ganar en 2006, no lo hizo porque tuviera de nuevo esa mayoría, sino porque selló un pacto con Arnoldo Alemán, entonces caudillo del Partido Liberal, por medio del cual se reformó la Constitución para que pudiera ganar en primera vuelta con 35 por ciento de los votos, la cifra máxima que el eterno e insustituible candidato había logrado sacar.

Por lo que ha sucedido a partir de entonces, estoy convencido de que Ortega se hizo la promesa de no volver a perder nunca, con lo que, a lo largo de estos años, en su esquema de preservación del poder a toda costa, ha estado ausente la voluntad de aceptar que la derrota es una regla esencial de la democracia.

Y hay otra cosa que en su comparecencia Jáuregui agregó a las reglas del juego democrático: el poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar un programa de gobierno. Asegurarse la permanencia en el poder a cualquier precio, sólo es capaz de acarrear crisis tan profundas como las que hoy vive Nicaragua.

El poder no puede ponerse en juego, la derrota no es una opción. Por eso es que los reclamos por un diálogo nacional no son escuchados; porque un diálogo lleva necesariamente a hablar de elecciones limpias, justas, con jueces imparciales y honestos, vigiladas internacionalmente. Ese es el atolladero del que hay que salir.

Hay que buscar cómo Ortega escuche a todos quienes le dicen, igual que el eurodiputado Jáuregui, que la democracia tiene una primera regla, que es aceptar la posibilidad de la derrota. Porque unas elecciones de una sola cara, con el mismo ganador, ya no son posibles en la nueva realidad que vive Nicaragua. Sólo harán más profundo el abismo.

La creencia de que el poder es un fin, y no un medio, es a estas alturas catastrófica. Y el reclamo para que el país empiece lo más pronto posible a vivir bajo un régimen de democracia abierta, de libre opinión, y elecciones transparentes, es lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos quiere.

No hay que desmayar en esa insistencia, porque el diálogo, y las elecciones justas, son la única salida posible.

 

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Sábado, 09 Febrero 2019 06:53

Touché

Touché

La inobjetable victoria electoral de Nayib Bukele, el 3 de febrero, no fue una sorpresa en El Salvador. Lo anunciaron, con meses de antelación, más de diez sondeos de opinión.

Bukele (cuyo padre, de origen palestino, hasta 2015 que falleció, fue presidente de la Asociación Islámica Árabe Salvadoreña), primero fue alcalde del pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán, aledaño a la capital salvadoreña y a continuación alcalde de San Salvador hasta abril de 2018. Todo bajo la bandera del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Fmln. Parecía contar con el respaldo de un sector de la cúpula partidaria, sin embargo fue expulsado del Fmln en octubre de 2017, acusado de violentar los principios partidarios.
De ahí en adelante, Bukele se embarcó, acompañado de sus varios equipos de trabajo, en la conformación de un movimiento político paraelectoral denominado Nuevas Ideas, cuyo objetivo explícito declarado era alcanzar la presidencia de la república en las elecciones del 3 de febrero de 2019.


En El Salvador, para ser elegido presidente de la república hay que estar inscrito en un partido político. Por eso Bukele y sus seguidores emprendieron ese camino. Pero encontró obstáculos insalvables. El Tribunal Supremo Electoral le dio largas. Nuevas Ideas había cumplido con todos los requisitos. Todo indicaba que se queda fuera.


Mientras tanto las encuestas lo colocaban arriba de su principal contendiente, que llevaba más de un año en campaña no declarada, y que el partido Alianza Republicana Nacionalista, Arena, respaldaba para así mostrar una cara y un discurso nuevos, en su tercer intento consecutivo, desde 2009, por retomar la presidencia de la república. También los sondeos de opinión mostraban que el Fmln se había desplomado.


¿Fue solo la habilidad publicitaria del manejo de su imagen y el empleo a fondo de las redes sociales lo que permitió el ascenso meteórico de Bukele? Desde luego que no. El escenario propicio para que Bukele se convirtiese en el receptor de la aquiescencia ciudadana lo facilitó el deterioro del sistema político vigente.


El punto sin retorno se produjo en 2017 cuando comenzó el proceso contra el expresidente Saca (del partido Arena) por actos de corrupción y culminó con su confesión en sede judicial en 2018. Aquí algo se rompió en el sistema político. Otro expresidente, también del partido Arena, Francisco Flores años atrás había sido acusado por apropiación ilícita de 10 millones de dólares provenientes de una donación taiwanesa, pero murió antes de ser judicializado su caso. Además, se inició el proceso de investigación, por parte de la Fiscalía General de la República, contra el expresidente Mauricio Funes (respaldado por el Fmln), quien en medio de la confusión logró pedir asilo en Nicaragua. Hay pues un marco general de descomposición y de esclarecimiento de turbios manejos de la cosa pública y esto rebalsó la paciencia ciudadana. Bukele, con experiencia y olfato en el negocio publicitario, lo captó a la perfección.


Cuando vio que el tribunal electoral no le entregaría a tiempo las credenciales de su partido, buscó cobijarse en el pequeño partido Cambio Democrático, del que pendía una sentencia constitucional que urgía su cancelación. Así, las autoridades electorales le cerraron el paso cancelándolo de inmediato. Entonces, en una voltereta pragmática, peligrosa pero audaz, se inscribió a pocas horas del cierre como candidato del partido Gran Alianza Nacional, una instancia muy cuestionada que hace una década se desgajó del partido Arena.


La campaña comenzó a finales de 2018 y ya Bukele estaba más adelante de los demás. Con pocos argumentos y promesas casi fantásticas (un nuevo aeropuerto, un tren que recorrería la costa Pacífica y un mega hospital) logró ganar más ventaja. Y remató con la propuesta de la creación de una comisión internacional contra la impunidad.


El 3 de febrero ganó en primera vuelta con un poco más de un millón trescientos mil votos. Seguido de Arena, con cerca de ochocientos mil votos. En tercer lugar (el verdadero perdedor de esta historia) el Fmln, con un poco más de trescientos cincuenta mil votos. La toma de posesión es en junio y debe pasar a negociar con varios factores de poder, porque aunque ganó de forma aplastante, otros tienen los hilos de la otra parte de la institucionalidad estatal.


Bukele y su movimiento político, ahora partido político, le hizo un auténtico touché a la política tradicional.


Jaime Barba. Región, Centro de Investigaciones.

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Viernes, 08 Febrero 2019 05:58

Hoja de ruta para un proceso electoral

Hoja de ruta para un proceso electoral

Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro internacional sobre Venezuela al considerar que los puntos propuestos –elecciones y ayuda humanitaria– buscan inmiscuirse en los asuntos internos.

 

El Grupo Internacional de Contacto (GIC) sobre Venezuela concluyó ayer su primera reunión en Montevideo donde acordaron sus objetivos principales: establecer las garantías necesarias para un proceso electoral y permitir la entrega de asistencia humanitaria. Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro al considerar que los puntos propuestos buscan inmiscuirse en los asuntos internos del país caribeño.


El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, tras la reunión, indicó que el GIC había conversado sobre cómo colaborar para una salida pacífica de la crisis en Venezuela y establecer las garantías necesarias para un proceso electoral. “El problema venezolano se puede arreglar en la medida en que se empiece a hablar de elecciones”, dijo Nin Novoa en conferencia de prensa. El canciller, sin embargo, contradijo la propuesta alcanzada anteayer con México y los países de la Comunidad del Caribe –denominada Mecanismo de Montevideo–, que no incluye un llamado a comicios en Venezuela. “Si pedimos elecciones en tal momento estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo. Son ellos (gobierno y oposición) los que deben acordar. Vamos al diálogo sin condiciones”, había explicado el miércoles el responsable de relaciones exteriores de Uruguay.


El presidente Tabaré Vazquez fue el promotor (junto con la Unión Europea) y anfitrión de la reunión a la que asistieron los cancilleres de México, Bolivia, Costa Rica y Ecuador, así como sus pares de España, Suecia, Italia y la Comunidad Europea. También participaron funcionarios de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Portugal. Por el contrario, ni representantes del gobierno venezolano ni de la oposición formaron parte del encuentro.


En dicha rueda de prensa, en la que Nin Novoa estaba acompañado por la encargada de relaciones exteriores de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, se aclaró que el GIC y el Mecanismo de Montevideo no son lo mismo, razón por la que México –que estaba presente en la reunión, pero no forma parte del GIC– no firmó el documento. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, afirmó que su país no forma parte del GIC porque no puede, por mandato constitucional, apoyar la injerencia externa en otros países. El mexicano sí aclaró, sin embargo, que aboga por la comunicación entre las partes y una salida pacífica y democrática del conflicto.


En este sentido también se pronunció Bolivia, quien en un comunicado emitido tras la reunión indicó que no suscribió a la declaración final debido a que no se sentía representada por la totalidad de su contenido, aunque afirmó que seguirá colaborando en todo aquello que pueda hacer a favor de la estabilidad de Venezuela. No obstante, sí indicó que se suma al Mecanismo de Montevideo. Además de llamar al diálogo entre las partes en conflicto, el gobierno boliviano rechazó cualquier amenaza de intervención militar en el país caribeño. “Finalmente, Bolivia insta a los países que han ofrecido ayuda humanitaria y al mismo tiempo han impuesto sanciones económico financieras a Venezuela, a levantarlas para contribuir a la provisión de alimentos y otros insumos necesarios para la población”, concluyó.


La declaración del GIC indicó, además, que en la reunión se reconoció la crisis humanitaria que, dijeron, se continúa profundizando día tras día. “El Grupo expresó su compromiso de desplegar más asistencia en áreas de seguridad y coordinar su entrega en conjunto con el Representante Especial de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Sr. Eduardo Stein”, se lee. La declaración del GIC indicó, además, que para llevar adelante sus objetivos enviará a Venezuela una misión técnica.


Mogherini, en la conferencia de prensa junto a Nin Novoa, dijo que la ayuda humanitaria a Venezuela debe ser canalizada de forma imparcial y que no debe ser politizada. “Hablamos de la necesidad de tener una ayuda canalizada de forma imparcial e independiente para que la ayuda nunca se vea politizada”, afirmó la diplomática. Por su parte, el canciller uruguayo sostuvo que la llegada de esa ayuda a Venezuela es imperiosa.


La ayuda humanitaria para Venezuela fue solicitada por el jefe del Parlamento, el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, pese a la negativa del Gobierno de Nicolás Maduro, que asegura que esto puede dar paso a una invasión extranjera. Aunque aún no está claro cómo va a ingresar este apoyo a Venezuela, el Parlamento opositor ya ha informado sobre centros de acopio en la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta.

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“El gobierno de Maduro es totalmente legítimo

El jurista español Baltasar Garzón respaldó al presidente venezolano Nicolás Maduro, cuyo gobierno calificó de “totalmente legítimo”, y cuestionó a los países que reconocieron al autoinvestido presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó junto a sus “representantes diplomáticos”. “Las embajadas de Juan Guaidó están fuera de lugar, no contribuye que distintos países ahonden esa fractura y no construyan puentes”, afirmó el ex magistrado, quien dejó en claro que “la situación de Venezuela tiene que resolverse entre los factores internos”, lejos de la posición de Estados Unidos y de “los halcones americanos como Macri”. 

“Venezuela es uno de los principales conflictos internacionales de la actualidad, ha habido un especial interés en que se mediatice”, opinó Garzón sobre la crisis política que vive el país caribeño, desatada desde que Guaidó se autoproclamó como “presidente interino” hace dos semanas. Al poco tiempo, el parlamentario fue reconocido por Estados Unidos y otra decena de países de América Latina, en los que Guaidó nombró luego “representantes diplomáticos” que actúan como embajadores paralelos. Sin embargo, para Garzón, esos nombramientos no son legales. “El reconocimiento internacional no da cobertura legal en la elección de representantes del Estado, ya que la institucionalidad del gobierno es absolutamente legítima”, afirmó en diálogo con FM La Patriada.


El ex magistrado enmarcó además la situación que atraviesa Venezuela en acciones de algunos países “como Estados Unidos”, que “están haciendo afirmaciones que rayan la injerencia interna”. “Este caso es absolutamente novedoso porque es un quebranto de la normativa constitucional”, indicó Garzón, quien explicó que “no se trata de crear dobles institucionalidades” sólo porque “la oposición no asume el resultado”.


El ex juez coincidió con la postura que explicitaron la Unión Europea, México, Uruguay, Bolivia, Costa Rica y Ecuador de que “la situación de Venezuela tiene que resolverse entre los factores internos”. “No hay que generar tensiones como las que generó Donald Trump con sus declaraciones, a la vez que otros halcones americanos como Macri”, cuestionó Garzón al referirse al presidente argentino, quien recibió a la representante designada por Guaidó en el país a los pocos minutos de nombrada y fue uno de los primeros países en alinearse tras el reconocimiento de Washington. Para Garzón, “en Venezuela, más allá de los nombres, se ha logrado quebrar la normativa interna de la constitucionalidad”.


Por otro lado, en lo referido al rol de Estados Unidos en la región, el juez que supo tratar casos de crímenes de lesa humanidad como parte de la Justicia Universal afirmó que “hay una estrategia judicial que viene desde Estados Unidos y se está expandiendo en América Latina”. Según Garzón, “el Poder Judicial debería ser un faro equidistante, pero en los últimos años ciertos representantes de la Justicia miran hacia un lado y se tapan los ojos para no ver para el otro”. “Los que tienen el Poder Judicial solo lo tienen que administrar, son servidores públicos, no protagonistas”, argumentó el ex juez.


“No es un buen ejemplo utilizar la instancias judiciales para perseguir referentes políticos”, explicó Garzón, haciendo referencia a los casos como el de Cristina Fernández o Lula Da Silva. En ese tipo de casos, para el español, “la imagen que se está dando hacia el exterior es de persecución sectaria”. “Hay un sector de la Justicia que es excesivamente corporativo”, delimitó y recalcó que “una democracia fuerte tiene que tener una justicia fuera de toda duda y que no se deje instrumentalizar”. Para poder destruir ese comportamiento, el referente judicial sostiene que se debe “denunciar y conseguir que se generen esas dinámicas que no implican arbitrariedad”.


Para cerrar, en un breve comentario se refirió a la causa de los aportantes truchos, y la comparó con la que involucró a Mariano Rajoy en España, motivo por el cual tuvo que renunciar. Garzón detalló que “en lo referido a los 'aportantes truchos', se ha tardado mucho tiempo en castigar la financiación de partidos políticos”.


Hoy se reúne el Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela

En Uruguay apuestan al diálogo

Por: Página12

El encuentro de Montevideo será presidido por el mandatario Tabaré Vázquez y la representante de la Unión Europea, Federica Mogherini: participarán ministros de ocho países europeos y de cinco naciones de América latina.

El presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, y su canciller, Rodolfo Nin Novoa, se reunieron en Montevideo ayer, antes del primer encuentro del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela, con el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, para abordar la crisis en el país caribeño.

En el marco de una gira de trabajo en Uruguay, Ebrard sostuvo un encuentro con Vázquez en su residencia de Suárez y Reyes de Montevideo, en la que discutieron “sobre la iniciativa de diálogo presentada por ambas naciones con respecto a la situación que vive Venezuela”, según informó la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. Ebrard encabeza la delegación del país norteamericano que arribó ayer a Uruguay para participar en la conferencia internacional sobre la situación en Venezuela que tendrá lugar hoy en Montevideo.
Además del encuentro con Vázquez y Nin Novoa, el canciller mexicano también “sostendrá reuniones bilaterales con la delegación de Uruguay y con las naciones caribeñas que pertenecen a la Comunidad del Caribe (Caricom), entre otras”, aclara el comunicado. “México participará en las reuniones a celebrarse tanto el 6 como el 7 de febrero guiado por la intención de construir un diálogo fructífero entre la comunidad internacional que contribuya a encontrar una salida política frente a la polarización”, añade el texto.

De esa forma, el gobierno del izquierdista Andrés Manuel López Obrador busca refrendar “su convicción por el diálogo y la diplomacia como la mejor alternativa para evitar el conflicto, proteger los derechos humanos y construir una paz democrática en Venezuela”.


Tras varios meses de preparación en el Consejo de la UE, la alta representante comunitaria para la Política Exterior, Federica Mogherini, anunció la puesta en marcha de este Grupo de Contacto Internacional el pasado 31 de enero en Bucarest, con ocasión de una reunión informal de ministros europeos de Exteriores. Según documentos oficiales del Consejo de la UE, el mismo tendrá un mandato limitado a 90 días y realizará su trabajo a lo largo de tres fases.

El grupo de contacto no nace con vocación de mediar entre las partes en Venezuela sino de “promover un entendimiento común y un enfoque más concertado entre actores internacionales” sobre la situación en el país, con vistas a lograr una “solución pacífica y democrática a la actual crisis”. Pretende además “construir confianza y crear condiciones necesarias para que emerja un proceso creíble, en línea con las provisiones relevantes de la Constitución venezolana, que permita a los venezolanos determinar su propio futuro a través de la celebración de nuevos comicios con todas las garantías para un proceso electoral justo y libre, supervisado por observadores internacionales”.

Por el momento participan en el grupo la UE como institución y ocho de sus Estados miembros (España, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, Suecia y el Reino Unido), así como Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay por la parte latinoamericana. La UE considera “esencial” que haya una representación “equilibrada” de países de la región, así como de organizaciones internacionales. Al cabo de 90 días, la UE revisará la “adecuación política” y los resultados conseguidos por el grupo, cuyo trabajo concluirá si no se han logrado “progresos suficientes”.

La reunión de hoy, que durará unas tres horas y se iniciará a las 11.30 hora local, será copresidida por Mogherini, y por el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez. De la misma participarán, además, ministros de Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México, Uruguay, Alemania, España, Francia, Holanda, Italia, Portugal, Reino Unido y Suecia.
Está previsto que la mayoría de los participantes en la reunión, cuyo rango es ministerial, lleguen y salgan de Uruguay en el día, lo que agilizará la organización del evento y los protocolos de seguridad del mismo.

Los intervinientes discutirán sobre las condiciones mínimas que deben darse en Venezuela para un proceso de transición política, tras los últimos acontecimientos; sobre los resultados esperados del proceso que se vive en el país y sobre las medidas a adoptar.

La crisis política que vive Venezuela en los últimos años se agravó desde que el nuevo líder de la Asamblea Nacional (Parlamento) de ese país, Juan Guaidó se proclamó presidente interino del país el pasado 23 de enero y fue reconocido por diferentes gobiernos, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Brasil, Perú, Argentina, Colombia, España, Reino Unido y Alemania.

En América, Uruguay y México se han mostrado como neutrales y por eso asistirán a esta reunión en conjunto con la Unión Europea y en la que se buscará una salida negociada a la crisis política en Venezuela.

El expresidente de Uruguay José Mujica dijo este martes que la reunión del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela, es una “necesidad histórica, porque la otra alternativa es guerra”, enfatizó a la prensa el exguerrillero tupamaro antes de dejar el acto de celebración por el 48 aniversario de la coalición de izquierda oficialista que integra, el Frente Amplio (FA).
El político uruguayo, quien podría actuar como mediador del conflicto si el gobierno de Tabaré Vázquez así lo solicita, sostuvo que pese a que es “difícil”, hay que “buscar una salida”. “Decía Napoleón: cuando tengo una fortaleza sitiada le dejo una ruta de escape. ¿Cómo va a ceder el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro si lo están obligando a la guerra? ¿Qué le ofrecen? ¿Guantánamo? Entonces, si no pelea, muere, y es mejor morir peleando. Por eso, si ustedes quieren evitar la guerra tienen que buscar una salida negociable”, añadió.


 México y Uruguay proponen plan de cuatro etapas para solucionar crisis política en Venezuela

Publicado: Rusia Today, 7 feb 2019 01:28 GMT | Última actualización: 7 feb 2019 05:43 GMT

Ambos países plantean un mecanismo que privilegie el diálogo desde una perspectiva "de respeto al derecho internacional".

Los Gobiernos de México y Uruguay plantearon este miércoles el Mecanismo de Montevideo, una propuesta de cuatro etapas que permita fomentar "condiciones necesarias" para encontrar una solución "integral y duradera" a la crisis política que atraviesa Venezuela, tras la autoproclamación del diputado Juan Guaidó como "presidente encargado", y su posterior reconocimiento por parte de EE.UU. y varios países en América Latina y Europa.


La iniciativa, que privilegia el diálogo desde una perspectiva "de respeto al derecho internacional y a los derechos humanos", quedó plasmada en un comunicado conjunto entre México y Uruguay, después de efectuarse una reunión este miércoles entre Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE); el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez; y su canciller, Rodolfo Nin Novoa.

En el documento, se hace mención a cuatro fases:


• Diálogo inmediato.
• Negociación.
• Compromisos.
• Implementación.


¿Quiénes acompañarían el proceso?


En el comunicado, los países proponentes manifestaron que en caso de que "las partes decidan comunicarse", serán invitados al proceso de diálogo Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general Iberoamericana; así como los ex cancilleres de Uruguay y México, Enrique Iglesias y Bernardo Sepúlveda, respectivamente; y también David Simons, expresidente del Tribunal Supremo de Barbados.


"Se trata de personalidades de reconocida experiencia internacional y calidad moral para acompañar este mecanismo", añaden en el comunicado.

La repuesta de Venezuela


Ante la propuesta, el presidente Nicolás Maduro anunció este miércoles el "respaldo absoluto" de su Gobierno a las cuatros etapas del Mecanismo de Montevideo.
El mandatario ratificó que su Gobierno está "listo y preparado" para participar en un proceso de diálogo "para la búsqueda de la paz y el entendimiento".

Aunque las propuestas de negociación se han puesto sobre la mesa, desde Washington el mensaje es rechazo a cualquier medida de acercamiento entre los factores en pugna. Hace cinco días, el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, dijo que "este no es el momento para el diálogo" en Venezuela, sino que "el momento para la acción".
La declaración de Pence se produjo justamente después que Guaidó rechazara la propuesta de "un nuevo mecanismo de diálogo" en la nación caribeña, anunciado por México y Uruguay.

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El globalista Gideon Rachman del Financial Times vaticina 30 años de trumpismo

Fue real el sepelio del globalismo de Davos (http://bit.ly/2ThrNwe).

Uno de sus principales palafreneros, el israelí-británico Gideon Rachman –del Financial Times (04/02/19), controlado, al unísono de The Economist, por la banca Rothschild y su "aliado" George Soros–, se resigna a que "la era Trump" podría durar 30 años, pero necesitará triunfos económicos "más que éxitos electorales".

El alegato de Gideon Rachman, quien hace un mes festejó la debacle del "populismo" (FT; 07/01/19), es que en 2016 el Brexit y el ascenso de Trump constituían una "aberración temporal o el inicio de una nueva era".

En la "batalla de las ideas" que perdió Gideon Rachman por ser un vulgar publicista de un modelo misántropo, considera que "parece probable que los futuros historiadores (sic) contemplaran los eventos de 2016 como el inicio de un nuevo ciclo en la historia internacional".

Gideon Rachman adopta histéricos tintes fukuyamescos del "fin de la histori"a y plantea "ciclos de 30 años" muy debatibles desde que el napolitano Vico lo expresó mucho mejor en el siglo XVII.

Cataloga la dualidad de “Brexit/Trump” de "movimiento populista global que ha tomado un gran impulso".

Su definición de "populismo" es neoliberal globalista, que confunde con el ascendente "nacionalismo" que regresa a sus orígenes de 1648 con el Tratado de Westfalia.

El "populismo", peyorativo para los neoliberales globalistas carentes de sindéresis, tiene acepciones multivariadas dependiendo de quién y dónde se exprese –el caso lastimoso de Peña, regañado por Obama, quien le replicó que el "populismo" era equiparable a la "justicia social" (http://bit.ly/2Ar8olh).

Gideon Rachman agrega a su ensalada lingüística de Macedonia los ascensos de Bolsonaro en Brasil, Orban en Hungría y Salvini en Italia, y se lamenta que el “impulso antiestablishment que dio lugar al Brexit” cobra fuerza en Europa, como sucede con los indomables chalecos amarillos que están a punto de guillotinar a Macron, ex empleado de la banca Rothschild.

Gideon Rachman no sabe nada del inicio del "populismo" ni en Rusia (los narodnik de 1860/70) ni en Estados Unidos (EU) (People’s Party 1892) e inventa que la "era populista dura hasta tres décadas", lo cual sucedió en su imaginación: ni en el territorio ruso ni en el estadunidense gobernó nunca y fue muy fugaz.

"Identifica" dos eras distintas en la política occidental (sic) de posguerra que "duraron alrededor de 30 años": 1. Los 30 años gloriosos (sic)" en Francia, de 1945 a 1975: con fuerte crecimiento económico en Occidente (sic), al unísono de la construcción de Estados de bienestar y un dirigismo keynesiano”, y 2. "Una nueva era neoliberal" de Thatcher en Gran Bretaña (1979) y Reagan (1980), como "parte de un giro global (sic)" en 1978 en China y su "política de apertura al mercado", al unísono de "Solidaridad en Polonia (1980), que en su totalidad duró aproximadamente 30 años hasta que fue desacreditada (sic) por la crisis financiera de 2008". ¡Todo está muy forzado!

Gideon Rachman peca de simplista y no toma en cuenta que sus "dos ciclos" forman parte del epílogo de la Segunda Guerra Mundial y de la disolución de la URSS en 1991.

El globalista publicista Gideon Rachman juzga que "la fase de Reagan", de una "demanda extralimitada de impuestos más bajos", desembocó "en la excesiva desregulación de las finanzas que culminó en la crisis financiera". Trump podó los impuestos de los plutócratas de 35 por ciento a 15 por ciento: ¿So what?

Gideon Rachman sentencia que el “Brexit se encuentra en serios problemas y que la administración Trump se está tambaleando”, por lo que, "a menos que los populistas puedan dar resultados tangibles, su nueva era puede morir en su infancia".

Amén que populismo no es nacionalismo, los globalistas de Davos ya vivieron su ciclo y no tienen respuestas para las calamidades que prohijaron.

La alternativa al Brexit es el socialismo humanista de Jeremy Corbyn, y en EU, Trump podrá ser defenestrado, pero el trumpismo puede prevalecer con Mike Pence, mientras que en Europa continental, el nacionalismo multiforme está a punto de triunfar en las elecciones del Parlamento Europeo en mayo, con o sin Trump, y con o sin "ciclos" de por medio.

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Bolivia: 13 años de Evo Morales, el escenario rumbo a las elecciones de octubre

Evo Morales inició el día uno de su año 13 de gobierno con un cambio de gabinete que pretende oxigenar su gestión y revertir el desgaste del ejercicio del poder en el comienzo de una larga campaña electoral. A diferencia de todas las elecciones desde 2006, esta vez el triunfo no está asegurado y su propia postulación está en cuestión por violentar la Constitución de 2009. No obstante, la estabilidad económica, su capital simbólico y la falta de proyectos alternativos en la oposición dejan abierto el escenario rumbo a octubre de 2019.

 

13 años y un día después de su llegada al Palacio Quemado, Evo Morales afinó su gabinete con vistas a las elecciones de octubre de este año en un contexto muy diferente del de todas las votaciones populares de la larga década del «proceso de cambio»: por primera vez, el presidente boliviano no tiene asegurada su victoria y, adicionalmente, su postulación debió ser «habilitada» por el Tribunal Constitucional Plurinacional contra una cláusula constitucional y contra un referéndum en el que, en febrero de 2016, una estrecha mayoría votó «No» a la reforma constitucional para incluir la reelección indefinida.


El 22 de enero pasado, aniversario del Estado Plurinacional que hoy compite con el de la independencia, Morales pronunció su informe anual a la nación, en el que rescató los logros de estos 13 años y buscó generar algunas imágenes de futuro en un momento de desgaste del gobierno, especialmente entre los sectores urbanos.


El cambio del gabinete tuvo por objetivo potenciar las áreas que el presidente boliviano considera claves para su re-reelección. Así, retornó al gabinete el ministro de Economía y arquitecto del «milagro» boliviano, Luis Arce Catacora. El ministro, que garantizó más de una década de crecimiento económico y estabilidad, asumió junto a Morales en enero de 2006 y debió renunciar en 2017 por problemas de salud; ahora, su regreso busca reforzar la imagen de «estabilidad» que fue la bandera del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2014, cuando Morales fue reelegido con más de 60% de los votos y 35 puntos por encima del contendiente más cercano.


En su discurso más corto ante el Congreso (50 minutos contra tres o cuatro horas en el pasado), Morales resaltó que el PIB de Bolivia creció 327% durante sus gobiernos y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018; mientras que el «colchón financiero», que incluye las reservas internacionales, los depósitos y los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP), subió a 53.269 millones de dólares. Contrapuso esas cifras a las de 2005, cuando «el PIB era de 9.574 millones de dólares y el ‘colchón financiero’ llegaba solo a 7.600 millones».


Otro que volvió es Juan Ramón Quintana, un ex-militar y sociólogo con fama de «duro», quien ocupará nuevamente el Ministerio de la Presidencia, una virtual jefatura de gabinete. Comunicación recayó en Manuel Canelas, ex-diputado y viceministro, quien tiene como misión recuperar a las clases medias distanciadas del proceso de cambio. Canelas fue el primer diputado abiertamente gay, vivió en España y se mantiene muy cerca de los líderes de Podemos; ahora será el encargado de renovar un discurso que ya no entusiasma. Y otra de las apuestas para enfrentar el desgaste es el nombramiento de una figura de peso en el Ministerio de Salud: la ex-presidenta del Senado Gabriela Montaño, una médica cruceña que llegó a ocupar el Poder Ejecutivo de manera interina y tiene la tarea de lanzar una revolución en la salud, uno de los rubros en que el gobierno de Evo Morales demostró menos capacidad de gestión y que, en los últimos años, generó fuertes cuestionamientos. En este marco, se puso en marcha un seguro universal de salud y se anunció un multimillonario acuerdo con Rusia para la construcción de centros de atención primaria y varios hospitales de alta tecnología especializados en oncología, cardiología, gastroenterología, neurología y nefrología.


En síntesis, se trata de más comunicación, política y gestión para enfrentar al ex-presidente Carlos Mesa, el líder opositor mejor ubicado en las encuestas. Como Emmanuel Macron en Francia, Mesa intenta construir una «plataforma ciudadana» que incorpore a viejos políticos y a la vez mantener un discurso de lo nuevo y evitar ser visto como el constructor de una coalición «con el pasado», que es precisamente como el MAS buscar presentar al ex-vicepresidente de Sánchez de Lozada que llegó al Palacio Quemado tras la «Guerra del Gas» de 2003. Y, claramente, a diferencia de Macron, Mesa no es ni tan joven ni tan nuevo y parece carecer de una verdadera voluntad de poder, pero expresa a los sectores que cuestionan la postulación «inconstitucional» de Morales y mantiene un discurso moderado. No obstante, necesita a la derecha más radical entusiasmada con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro en Brasil.


La estrategia del gobierno es polarizar generacionalmente la elección entre «viejos» y «jóvenes», con algunos nombramientos simbólicos, como el de Canelas (37 años) y, especialmente, la elección de Adriana Salvatierra como presidenta del Senado y tercera en la línea de sucesión. La senadora de 29 años representa a la «nueva generación» del MAS de Santa Cruz y pertenece a un grupo «guevarista» llamado Columna Sur.


Empero, las escenificaciones revolucionarias oficiales conviven con fuertes dosis de pragmatismo. La calificación de Bolsonaro como «hermano presidente» en el tuit de felicitación tras la victoria del candidato de la extrema derecha fue seguida de la entrega a Italia, sin proceso previo, de Cesare Battisti, un ex-integrante del grupo armado Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) de los «años de plomo» italianos, condenado a cadena perpetua en ausencia. Battisti, quien vivió refugiado durante casi cuatro décadas en México, Francia y Brasil, fue entregado en menos de 24 horas al ministro Matteo Salvini, quien lo recibió vestido de policía y dijo que el «asesino comunista» se va a «pudrir en la cárcel». Morales justificó la entrega señalando que el italiano había entrado ilegalmente al país, tras su fuga de de Brasil, donde Bolsonaro había prometido entregar a Salvino al «bandido amigo de Lula».
«¿Usted lo siente como hermano a Bolsonaro?», le preguntó un periodista del diario El Deber al presidente boliviano. «Quienes nacimos de esta tierra, somos hermanos porque nacimos de la misma tierra sudamericana, somos hijos de América Latina, al margen de las diferencias ideológicas y programáticas, somos hermanos», respondió. Sin con Estados Unidos se trata de un antiimperialismo distante, Brasil es una potencia regional fronteriza con peso económico y político. Y Morales busca mostrarse hoy cercano a Nicolás Maduro pero, al mismo tiempo, con buenas relaciones con mandatarios de signos ideológicos opuestos en la región.


Cabe destacar también una suerte de rutinización de las escenificaciones revolucionarias, incluido el habitual puño en alto, que se fueron volviendo más bien ceremoniales. Desde el comienzo, el proceso de cambio fue moderado y pragmático. Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente «venezuelización», en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo.


Quizás la mejor imagen de la simbiosis de voluntarismo modernizador e invocación de la ancestralidad indígena que caracteriza al gobierno es la inauguración en agosto pasado de la Casa Grande del Pueblo, que reemplaza al vecino Palacio Quemado, antigua sede de la Presidencia y emblema de la «república colonial», según Evo Morales. Este edificio de 28 pisos, expresión de un cierto brutalismo arquitectónico mitigado por incrustaciones de símbolos neoandinos, ha causado mucha polémica en la medida en que altera la armonía urbana de la Plaza Murillo y parece encarnar una cierta megalomanía política.


Para contrarrestar estas críticas, el gobierno la abrió a las masas, atrayendo a multitudes de recién casados y otros visitantes a su terraza, con el majestuoso telón de fondo de las nieves eternas de los cerros que circundan La Paz. Pero la Casa Grande del Pueblo es una especie de Coliseo del proceso de cambio; la materialización de una idea de permanencia, de matriz plebiscitaria, que choca contra los principios de la democracia republicana. El problema es que la derrota de 2016 obliga a hablar ya no en nombre de la mayoría del pueblo tout court, como lo hacen los movimientos nacional-populares, sino del pueblo verdadero, es decir, los sectores sociales movilizados en favor de la continuidad («vinimos para quedarnos 500 años»).


El gobierno de Morales fue sin duda, un gobierno excepcional en muchos aspectos hasta 2014. A partir de ese momento, la voluntad de permanencia –y la consolidación de Morales como líder irremplazable– fue erosionando la agenda transformadora, debilitando el apoyo urbano y obligando al Poder Ejecutivo a pasar por encima de cláusulas de la Constitución aprobada durante el «proceso de cambio». Parte de esa agenda de cambio es la que se busca retomar, ahora, de apuro, rumbo a las elecciones.


Mientras, la oposición, sin proyecto de país alternativo más allá de algunas proclamas republicanas, busca capitalizar el desgaste del gobierno. Y, Mesa, de perfil centrista, deberá hacer frente a una radicalización política –que incluye expresiones racistas más abiertas, sobre todo en las redes sociales– de un sector de la oposición, que ha asumido parte del discurso «anticomunista» de las derechas alternativas (Alt-Right) y se entusiasma con el nuevo clima regional abierto por Bolsonaro. Pero también deberá enfrentar la falta de diversidad étnica y de género que hasta ahora muestran las capas dirigentes de su espacio en formación.


Así, 2019 será el primer año desde 2006 en que el escenario político está abierto, y gobierno y oposición se disputarán la bandera del cambio. La primera parada será el 27 de enero, fecha en que están convocadas unas primarias que Morales imagina como la posibilidad de dejar atrás el referéndum perdido del «21F».


Pablo Stefanoni, periodista e historiador, editor de la revista Nueva Sociedad

03/02/2019

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Bukele pone fin al bipartidismo en El Salvador mientras el FMLN se hunde

Nayib Bukele arrasa en las elecciones de El Salvador con más del 53% de los votos. No tendrá que ir a segunda vuelta. El antiguo alcalde de la capital por el FMLN certifica el fin del bipartidismo que operó desde el fin de la guerra, en 1992, y hunde a sus antiguos compañeros.

“Este día 3 de febrero de 2019 El Salvador ha pasado la página de la postguerra”. Con estas palabras, Nayib Bukele se proclamó triunfador de las elecciones del país centroamericano. Arrasa con el 53% de los votos, más que todos sus rivales juntos, y se impone sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Con este triunfo, el exalcalde de la capital salvadoreña rompe con el bipartidismo de los últimos 30 años. Desde la firma de los acuerdos de paz, en 1992, la derecha y la izquierda tradicionales, Arena y Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) dominaron el sistema político. Las primeras dos décadas fueron de hegemonía derechista. En 2009, la izquierda llegó por primera vez al poder. Diez años después, apenas supera el 10% de los votos: el FMLN es el gran damnificado del descrédito del sistema político salvadoreño.


“Yo voté siempre al FMLN, tuvieron su oportunidad, pero después de 10 años necesitamos un cambio”. Miguel Flores, comerciante de 55 años, resume lo que se escuchó durante toda la jornada en decenas de colegios electorales en El Salvador: antiguos votantes de la izquierda, la guerrilla que dio el paso a la vía de las urnas, que le dan la espalda decepcionados tras una década efemelenista en el gobierno. Flores es residente de la colonia Ciudad Futura, en Cuscatancingo, a escasos 15 kilómetros de la capital. Este es territorio que controla la Mara Salvatrucha (MS-13), que junto al Barrio 18 es una de las dos grandes pandillas que operan en Centroamérica, México y Estados Unidos.


“Nuestro problema es la falta de trabajo y la violencia”, dice el hombre. Mira a su alrededor, justo al lugar en el que se encuentran dos policías, y afirma: “es mentira que las autoridades tengan el control del territorio”. Ya no se ven los característicos “placazos”, las pintadas con los lemas de la pandilla, pero el dominio de estas estructuras criminales es absoluto.
Flores dice que vivió los tiempos del conflicto, que no tomó las armas pero que siempre simpatizó con la guerrilla. Son las 10.00 de la mañana y ya vaticina lo que ocurrirá 12 horas después: “Nayib va a ganar en primera vuelta”. Todas las encuestas lo habían predicho y, por una vez, las prospecciones acertaron.


Si uno pregunta en esta colonia del extrarradio de San Salvador, sobre cuáles son las grandes preocupaciones de los electores encuentra dos respuestas: la violencia y la falta de oportunidades. La violencia se expresa por unas cifras de homicidios terroríficas. En 2018, un total de 3,340 personas fueron asesinadas. Esto quiere decir que nueve personas murieron en circunstancias violentas cada día durante el año pasado. La falta de oportunidades se muestra a través de la pobreza: el 34% de su población vive en condiciones de pobreza.

Violencia y pobreza son el motivo de que, cada año, cientos de salvadoreños abandonen el país con destino a Estados Unidos. Algunos se han sumado a las caravanas de migrantes que, desde octubre de 2018, han sacado de la clandestinidad el éxodo centroamericano. Otros siguen con la vía tradicional: pagar un dineral a un coyote (el precio ahora está en torno a los 9.000 dólares por tres intentos) y jugársela en un incierto y arriesgadísimo trayecto.


Que el FMLN no iba a obtener buenos resultados era algo que podía esperarse. Especialmente, tras la debacle de marzo de 2018, en las elecciones parlamentarias. Con sus 23 escaños de 84, obtuvo su peor resultado en la historia y un severo correctivo que sus dirigentes prometieron enmendar. No había mucho margen para la “remontada” que sus directores de campaña vaticinaron, pero el golpe ha sido mayor incluso de lo esperado. La derrota duele todavía más si se mira hacia arriba: Bukele, exalcalde de San Salvador por el FMLN, expulsado del partido en octubre de 2017, ha logrado lo que sus excompañeros jamás acariciaron: imponerse sin tener que disputar una segunda vuelta.

Bukele, publicista de 37 años, ha capitalizado el descontento. En una campaña carente de debates profundos y alejada de grandes preocupaciones como las que expresaba Flores, el exalcalde ha sabido conectar con un sentimiento: la necesidad de un “cambio”. Primero, castigar a los que estaban. Después, ya veremos.


Hay que tomar en cuenta el accidentado camino que ha transitado hasta imponerse en las elecciones. Después de ser expulsado, fundó su propio movimiento, Nuevas Ideas. Logró más de 200.000 firmas en un fin de semana pero, finalmente, no fue aceptado por el Tribunal Supremo Electoral. Despojado de su herramienta, Bukele inició un peregrinaje buscando las siglas que le permitiesen concurrir a los comicios. Lo intentó con Cambio Democrático, un pequeño grupo que había obtenido un único diputado en las parlamentarias de 2018, pero la formación fue cancelada. A pocas horas de que venciese el plazo, anunció un pacto con Gana, un partido fundado en 2010 que surgió como escisión de Arena. Es decir, que estamos ante un candidato que se escindió de la izquierda y que ha terminado por concurrir con un partido de derechas. Ingeniería partidista ante las dificultades que se impusieron desde el statu quo electoral. Si observamos los resultados históricos, vemos que Gana (lastrado por graves casos de corrupción) jamás estuvo ni siquiera cerca de tocar un triunfo en unas presidenciales. Así que lo ocurrido el domingo no es cosa de siglas, sino de un nombre.


El discurso de Bukele se ha centrado más en diferenciarse de sus rivales que en plantear un proyecto propio. Ha calado la estrategia de equiparar a Arena y FMLN como si se tratasen de las mismas prácticas y su discurso “sin ideología” ha permitido que arrase en un contexto de profundo descrédito de la clase política. Ahora habrá que ver cómo gestiona su triunfo. Tendrá que enfrentarse con una asamblea en la que Arena tiene mayoría y hacer frente a graves problemas estructurales.


En el otro extremo se encuentra el FMLN: su histórica derrota le obliga a repensarse. El economista César Villalona, cercano a la formación izquierdista, cree que las divisiones internas y las medidas de ajuste son algunas de las razones que explican los malos resultados. Acertar en el diagnóstico será clave para un movimiento que ha sido referente para la izquierda en América Latina, tanto en su faceta armada, durante la guerra civil entre 1980 y 1992, como tras los acuerdos de paz.


El Salvador entra en una nueva fase. Qué es lo que viene no está tan claro como qué es lo que sus ciudadanos no desean. La imagen de la plaza Gerardo Barrios abarrotada en un mar de banderas azules, símbolo del movimiento de Bukele, es un primer paso. “Sí se pudo”, coreaban sus seguidores, adoptando un cántico que lo mismo sirve ya para un roto que para un descosido. Solo el futuro dirá si el exalcalde outsider si tiene éxito o nos encontramos ante el comienzo de una nueva decepción para los salvadoreños.

04/02/2019 09:10 Actualizado: 04/02/2019 09:10
ALBERTO PRADILLA
@albertopradilla

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Sábado, 19 Enero 2019 04:54

Podemos no pudo evitar el divorcio

Podemos no pudo evitar el divorcio

Después de la virtual expulsión de la fuerza de Iñigo Errejón, de los cinco profesores universitarios que en el 2014 se propusieron patear el tablero político con una fuerza que jaqueara el bipartidismo oxidado, solo queda Pablo Iglesias.

 

Podemos celebra su quinto aniversario desangrándose. La formación de izquierda que irrumpió en España con el espíritu de los indignados del 15M, y logró disputarle al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el protagonismo entre las fuerzas progresistas, sufrió esta semana su mayor crisis.


Íñigo Errejón, miembro fundador, y secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político del partido morado, anunció su candidatura a presidir la comunidad de Madrid a través de la plataforma de la alcaldesa de la capital española, Manuela Carmena, que aunque llegó al ayuntamiento junto a Podemos, busca reelegir con una lista de consejeros afines.


La decisión causó un cisma en la jefatura de Podemos. Pablo Iglesias, que se encontraba de baja por paternidad, publicó una carta audio en la que expulsó virtualmente a Errejón. “Deseo suerte a Iñigo en la construcción de su nuevo partido con Manuela, pero Podemos tiene la hoja de ruta que marcaron los inscritos y que se decidió en nuestras asambleas ciudadanas”. Si quedaban dudas, el secretario de Organización, Pablo Echenique, se ahorró la cortesía y las despejó unas horas después: “Si fuera él, renunciaría al escaño, pero de algo tiene que vivir hasta las elecciones”. Errejón llegó al Congreso de los diputados con las banderas de Podemos.


Errejón defendió su jugada como una forma de frenar a la ultraderecha. “Hay que abrir y sumar yendo más allá de las siglas: las fuerzas políticas del cambio son necesarias, la ciudadanía y su creatividad son imprescindibles. Nos encontramos ante un momento decisivo, Andalucía ha sido un toque de atención”. El miembro fundador de Podemos se refiere al tripartido de derechas que formó gobierno en la junta andaluza, y que integra a los radicales de Vox. Un partido que pregona el ultranacionalismo, y se opone a las leyes de la igualdad de género.


Para Errejón, su candidatura a través de la plataforma Más Madrid no supone retirarse del partido que ayudó a fundar. “Yo soy el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid y a la vez voy a concurrir de la mano de Manuela (Carmena)”. La rápida respuesta de Iglesias en su carta, parece no dejar margen para esa maniobra. Sin embargo, Rita Maestre, consejera del ayuntamiento capitalino, y aliada de Errejón, confió en que las dos formaciones lleguen a un acuerdo para acudir a las urnas con una sola candidatura.


En cualquier caso, Iglesias apunta un hecho evidente. El acuerdo de Errejon y Carmena para competir bajo la misma marca electoral, no puede haberse fraguado el mismo día en que se anunció. “No doy crédito a que Manuela e Iñigo nos hayan ocultado que preparaban lanzar un proyecto electoral propio para la Comunidad de Madrid y que lo hayan anunciado por sorpresa”. El engaño puede ser más doloroso que la propuesta en sí.


“Creo que una decisión como esta nace con el propósito de sumar y articular, no de romper con la historia de Podemos”, afirma Nuria Sánchez Madrid, profesora del Departamento de Filosofía y Sociedad de la Universidad Complutense de la capital. “Otra cosa es que quienes se arrogan la defensa de los valores originarios del proyecto pretendan excluir y expulsar ilegítimamente las ideas que se derivan de esta apuesta”.


A juzgar por la historia, el destino de Errejón parece estar por afuera de Podemos. De los cinco profesores universitarios que en el 2014 se propusieron patear el tablero político con una fuerza que jaqueara el bipartidismo oxidado, solo queda Pablo Iglesias. Juan Carlos Monedero, más cercano al líder, se marchó en el 2015 cuando ardió la polémica por no declarar al fisco ingresos que recibió de parte de gobiernos latinoamericanos; Carolina Bescansa, conservó su escaño pero fue apartada por dejar al descubierto un plan para unir fuerzas con Errejón y desplazar a Iglesias; y Luis Alegre, se despidió así mismo por diferencias de criterio con la jefatura.


La partida de Errejon cuenta con un prólogo casi más jugoso que su desenlace. La historia comenzó en Vistalegre II, la Asamblea Ciudadana que celebró Podemos en el 2015 para dirimir el liderazgo del partido. Por un lado, Iglesias, arropado por Izquierda Unida, apostaba por endurecer el discurso y presionar en las calles. Del otro, Errejón, pretendía una fuerza de perfil institucional, dispuesta a extender los límites de su discurso para ampliar la base de electores. El triunfo fue para Iglesias, que logró imponer su programa, y se rodeó con alfiles de su paladar.


Uno de ellos es Ramón Espinar, exactivista, y actual portavoz de Podemos en el Senado, y secretario general de Podemos Comunidad de Madrid. Con él se enfrentó Errejón por la candidatura que un par de días atrás, presentaría Podemos para competir por el gobierno autonómico de la capital. En una maniobra auspiciada por Iglesias, Espinar intentó colocar a una de las suyas como segunda de Errejón.


Es posible que el flamante acuerdo de Errejón con Manuela Carmena, encuentre fundamento en los últimos tres años en que debió tragar decisiones contrarias a su criterio. En las elecciones autonómicas de mayo, pondrá a prueba el éxito de su apuesta.


Por el lado de Iglesias, ya sabemos cómo le fue al partido morado. Unos dirán que gobierna en coalición con el PSOE, y que gracias a la presión de su fuerza consiguió impulsar medidas populares como el aumento del salario mínimo. Otros apuntarán que esa realidad puede esfumarse muy pronto, y con un costo muy alto. Si el líder socialista no aprueba los Presupuestos Generales del Estado, podría llamar a elecciones nacionales. Las últimas encuestas muestran un marcado descenso en el apoyo que recibe Podemos. Del 21 por ciento de los sufragios que logró en los comicios de 2016, el Centro de Investigaciones Sociológicas señala que, actualmente, obtendría un 14 por ciento.


Para la analista Nuria Sánchez Madrid, ese declive “no puede no interpretarse como el fracaso de un modelo de organización anticuado, tremendamente jerárquico y decisionista, más propio de comunidades primarias que de colectivos maduros, atentos a las dinámicas y patologías sociales del presente”.


La salida de Errejón no tiene visos de retorno. Pero dada la “sorpresa” que generó en la dirección de Podemos su anuncio, no se descarta que en los próximos días pueda alcanzarse algún acuerdo. Lo que si está claro, es que la crisis llega en un momento crítico para las fuerzas progresistas de España. Entusiasmado por el triunfo en Andalucía, el tripartito de derechas que conduce el Partido Popular, promete exportar su esperpento al resto del país. El mandato de la izquierda era unirse, y enfrentarlo para impedir que radicales como Vox llegaran a las instituciones. La ruptura entre Iglesias y Errejón no parece avanzar en esa dirección.

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Miércoles, 09 Enero 2019 06:30

Xi Jinping y los cinco puntos sobre Taiwán

Xi Jinping y los cinco puntos sobre Taiwán

No fueron tantas las novedades introducidas por Xi Jinping en su discurso conmemorativo del “Mensaje a los compatriotas de Taiwán”. Y la menor de todas fue la alusión al recurso al uso de la fuerza para lograr la reunificación. En realidad, esta invocación es una constante de larga data en la política del PCCh hacia Taiwán. Y, paradójicamente, aquel discurso de 1979 que ahora se rememora en realidad supuso todo lo contrario: el otorgamiento de la primacía a la reunificación pacífica señalando el uso de la fuerza como último recurso. Xi no ha cambiado ese principio.

Taiwán es un interés central en la política china. La asociación entre la revitalización nacional y la reunificación de aquellos territorios cuya pérdida de soberanía se relaciona con la decadencia y humillación del país forma parte de su imaginario y en el caso de Taiwán habría que remontarlo no al fin de la guerra civil, en 1949, sino a 1895, al Tratado de Shimonoseki, cuando debió ceder la isla a Japón.

Los cinco puntos de Xi (promoción conjunta del renacimiento chino con el propósito de lograr la reunificación; estudio de un modelo de unificación próspero con dos sistemas; persistencia en el principio de una sola China y la unificación pacífica; profundización del proceso de integración de ambas partes sobre la base de la paz; realización de la comunión espiritual de todos los compatriotas en el reconocimiento de la unidad) vienen a sustituir los ocho puntos proclamados por Jiang Zemin en enero de 1995.

Quizá la principal novedad introducida por Xi en su alocución sea el peso atribuido al Consenso de 1992, que en los últimos años se sumó por la vía de hecho al principio de Una Sola China y de “un país, dos sistemas”, como nervios estructurales de la política continental en relación a Taiwán. El Consenso de 1992, cuyo reconocimiento divide a la sociedad taiwanesa, resultó de los encuentros llevados a cabo por las entidades instituidas por ambas partes para implementar aquel cambio de política establecido en 1979, la continental ARATS (Asociación para las Relaciones a través del Estrecho de Taiwán) y la taiwanesa SEF (Fundación para los Intercambios en el Estrecho). El actual gobierno taiwanés reconoce el “hecho histórico” de esos encuentros pero niega que se estableciera consenso alguno. El KMT (Kuomintang) lo acepta, aunque su percepción no coincide con la versión del PCCh.

Sea como fuere, el Consenso de 1992 vino a simbolizar la conformidad con la existencia de una sola China y sirvió de base para impulsar el acercamiento a través del Estrecho. Para el KMT, el principio significa aceptar la existencia de “una China, dos interpretaciones”, mientras que para el PCCh significa “una China, una interpretación”. En su discurso, Xi incorporó la unificación como parte de la definición del consenso y lo redefinió negando cualquier posibilidad de sostener dos interpretaciones. También incluyó el principio de “un país dos sistemas” (respondido en su día por el ex presidente Chiang Ching-kuo diciendo que “un país necesita solo un buen sistema”) dentro del consenso. Las palabras de Xi impedirían al KMT interpretar aquella una sola China como la República de China asentada en la isla a partir de 1949. Algunos sectores de la formación nacionalista, liderados por Hung Hsiu-chu, aceptan la versión continental.

Como cabía esperar, la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen reaccionó rechazando de plano el planteamiento de Xi Jinping. En un tono áspero y contundente, Tsai reiteró la negativa de su gobierno y su formación, el soberanista PDP (Partido Democrático Progresista), a aceptar el Consenso de 1992 como base para cualquier diálogo a través del Estrecho. Según Tsai, Beijing debe reconocer sin más la existencia de la República de China, respetar su sistema de gobierno democrático, resolver las diferencias de forma pacífica y equitativa y desarrollar negociaciones con el gobierno de Taiwán (y no con entidades taiwanesas afines). Las posiciones, por tanto, se han alejado más.

Carrera electoral

El discurso de Xi cabe referirlo igualmente al pistoletazo de salida de la larga carrera electoral hacia las presidenciales y legislativas que probablemente tengan lugar de forma simultánea en enero de 2020. El PCCh solo puede valorar en positivo los resultados de los comicios locales del 24 de noviembre último, resumidos en una apabullante derrota del PDP y una no menos sorprendente recuperación del KMT. ¿La política de aislamiento y hostigamiento de Beijing respecto a los independentistas ha dado resultado? Ese factor probablemente ha influido, aunque no es el único a tener en cuenta en tal fiasco. En cualquier caso, es de imaginar que Beijing acentuará su presión contra el gobierno del PDP (militar, económica, estratégica, internacional) mientras tenderá aún más la mano hacia aquellos partidos y actores que suscriben el Consenso de 1992 con el apoyo ahora de un poder local ampliamente favorable a sus tesis.

Xi Jinping ya dijo en 2013 que el asunto de Taiwán no puede ser dejado de generación en generación. Su discurso vino a reafirmar no solo la tónica general de la posición china en este asunto sino también su prisa por habilitar un diálogo bilateral que proyecte una solución a corto plazo. Una hipotética victoria del KMT en 2020 abriría paso a una nueva fase de la tercera cooperación iniciada en 2005 con el PCCh si bien tendría que salvar las reticencias de una buena parte de la sociedad taiwanesa que duda de la sinceridad de las propuestas que llegan del continente, especialmente a la vista del deterioro de la salud democrática en Hong Kong. Pero con el KMT en el gobierno de Taipéi si serían posibles las consultas democráticas y el acuerdo institucional reclamado por Xi, aun a pesar de que la formación azul quiso guardar distancias sobre su discurso.

Mientras, EEUU, tercer vértice del triángulo y también destinatario del envite, toma nota del mensaje. El mandato de Donald Trump ha supuesto una inyección de vitalidad en los vínculos con Taiwán. No solo se han mantenido las ventas de armas sino que los contactos oficiales y los vínculos militares se han intensificado. Esto supone un claro aliento para las posiciones soberanistas aunque muchos dudan de un involucramiento efectivo de EEUU en caso de conflicto. Trump, advierten muchos, solo usa a Taiwán como una pieza más de su presión estratégica sobre China.

La agregación de nuevos conceptos al Consenso de 1992 representa una nueva vuelta de tuerca que aventura más conflictos este año en las relaciones a través del Estrecho propiciando una realidad a cada paso más dual: palo para los independentistas, zanahoria para los nacionalistas. Y con un agravante adicional: un deterioro de la situación interna en el continente y/o de las relaciones con EEUU podría pasar a primer plano el contencioso taiwanés convertido en chivo expiatorio y providencial distracción respecto de otras tensiones que hierven a fuego lento en el escenario continental.

09/01/2019

El autor es Director del Observatorio de la Política China. Acaba de publicar “La China de Xi Jinping” (Editorial Popular)

 

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Domingo, 06 Enero 2019 05:09

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Conforme las elecciones estadunidenses de 2020 comienzan a ser una preocupación en la primera plana de los medios, existe una creciente especulación acerca de qué forma asumirá. ¿Puede realmente Trump ser llevado a juicio? ¿Se moverán los demócratas más a la izquierda o más bien se regresarán al centro? ¿Qué tan fuerte es la base de Trump, qué tan leal?

Siendo alguien que he argumentado por largo tiempo que Estados Unidos ha estado en una decadencia constante e irreversible, me preguntan constantemente: “Bueno, entonces, ¿por qué Trump no se está estrellando?” Y si lo está, ¿por qué el choque no es más visible? Si va a chocar, ¿será un aplastamiento repentino, o simplemente un deslizamiento constante en caída?


El asunto de la visibilidad es visto de modo diferente desde el interior de Estados Unidos que en el resto del mundo. Abordemos ambos casos por turnos. En sus tuits Trump da una respuesta ambigua. Por un lado, el llamado a volver a hacer “América” grande implica que ha habido alguna decadencia, aunque ésta sea reparable. La reparación que Trump argumenta que está haciendo.


Por otro lado, las encuestas y los innumerables análisis de la situación apuntan a una menor confianza estadunidense en el futuro que antes, aun en el núcleo de simpatizantes de Trump. El hecho de que Trump invierta tanto tiempo atacando las “noticias falsas” muestra que está preocupado por el menor nivel de confianza estadunidense. Parece gastar mucha energía buscando persuadir a todo mundo que un nivel menor de confianza es resultado de una lectura equivocada de los datos.


Hasta ahora, dentro de Estados Unidos, la decadencia de Trump es materia de debate público entre todas las tendencias políticas y al interior de ellas. La mayoría de la gente sigue viendo lo que prefiere ver.
El panorama es bastante diferente fuera de Estados Unidos. Por una razón: la gente tiene que lidiar con decadencias de un tipo o de otro en sus propios países –en Inglaterra debido al Brexit, en Francia por el regreso de la larga tradición de levantamientos, en Rusia e India debido a las apreturas económicas, en China por la incrementada resistencia hacia sus empujes hacia fuera. De hecho, es difícil hallar un país que no esté luchando contra su propia decadencia. Por tanto no están impresionados con el argumento de que en Estados Unidos es diferente.

 


Están impresionados con la realidad de la decadencia estadunidense, y sienten que algo tienen que ver con ella. Están temerosos de un repentino colapso dramático de la divisa estadunidense. Piensan que esto podría conducir a decidir alguna guerra precipitada. Y también se preocupan de que un colapso en las divisas pudiera lastimarlos tanto como podría lastimar a Estados Unidos.


Todo esto apunta a un esfuerzo combinado por asegurarse que el choque estadunidense asuma la forma de un deslizamiento constante más que una explosión. Pero deslizamiento constante habrá.


Traducción: RamónVera-Herrera

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