Haddad camina con paso seguro hacia la elección

Las encuestas indican que los electores comienzan a vincular al flamante postulante petista Fernando Haddad con su mentor, Lula. Y esbozan una polarización entre el ex alcalde de San Pablo y Jair Bolsonaro, de extrema derecha.


Con Lula en el pecho. Dos encuestas publicadas ayer indicaron que Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), camina con paso seguro hacia el balotaje del 28 de octubre frente al capitán retirado del Ejército Jair Bolsonaro. Un sondeo de la agencia FSB contratado por el Banco BTG Pactual reveló que en una semana el ahijado de Lula creció un cien por ciento: saltó de 8 a 16 puntos de intenciones de voto contra 33 de Bolsonaro.
Otra medición realizada por la agencia MDA a pedido de la Confederación Nacional del Transporte le dio 28,2 puntos al ex militar contra 17,6 del petista.
Haddad fue proclamado como candidato el 11 de setiembre cuando Lula lo escogió como su heredero al anunciar que desistía de participar en los comicios. Ese día, al salir de la campaña, el fundador del PT tenía un 40 por ciento de votos potenciales contra el 20 de Bolsonaro.
En principio las encuestas de ayer indican que los electores comienzan a vincular al flamante postulante petista con su hacedor. Los anuncios de campaña mostraron la buena acogida que tuvo Haddad cuando se presentó, luciendo camisetas con el nombre de Lula, en la favela Rocinha de Río de Janeiro y recorriendo el centro de San Pablo.
En estos dos sondeos Haddad comenzó a distanciarse del centroizquierdista Ciro Gomes que hace una semana ocupaba el segundo lugar con cierta holgura.
Los números conocidos ayer, más otra encuesta de Datafolha publicada el viernes, esbozaron una polarización entre el ex intentendente de San Pablo Haddad y Bolsonaro que permanece internado debido a las heridas sufridas hace doce días cuando un hombre lo apuñaló durante un acto proselitista.
Si este antagonismo izquierda-ultraderecha se cristaliza Haddad tendría asegurado el segundo lugar en el primer turno del 7 de octubre y con él un boleto para el ballottage del 28.
Lula y Haddad analizaron el pulso de la batalla electoral, con contornos de guerra política.
El jefe petista está “muy satisfecho con las encuestas pero dijo que no hay que dejarse llevar por las encuestas, éstas tienen su importancia pero la campaña se tiene que mover con base a nuestras propuestas sobre educación y trabajo y el respeto a la democracia”, dijo Haddad. Así lo planteó ante un grupo de periodistas apostados frente a la Superitendencia de la Policía Federal curitibana, donde Lula está arrestado desde el 7 de abril.
En la reunión también se trató el proceso que condujo el afamado Sergio Moro, denunciado por abusos antes el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
“Le dije a Lula que probablemente la ONU va a juzgar el mérito de su proceso en el primer semestre del año que viene, él me reiteró que no cambia la dignidad por la libertad, él tiene la convicción de que las cortes superiores de Brasil y los foros internacionales van a probar su inocencia”.
En otra entrevista concedida ayer por la mañana, antes de embarcar a Curitiba, Haddad habló sobre la posibilidad de firmar un indulto al ex presidente si llega al Palacio del Planalto en enero del año que viene. Evitó ser categórico sobre el tema y dijo esperar que el Supremo Tribunal Federal tome cartas en el asunto.
Fue más claro en su cuestionamiento a la “concentración” de la propiedad de los medios, materializada en el grupo Globo, opuesto encarnizadamente a cualquier tipo de regulación. Habló también del boicot de los diarios grandes a la instalación de portales de medios extranjeros en portugués.
“¿Quién le teme a la diversidad?, nosotros los del PT no le tememos”, aseguró.
Esa posición neta contra el oligopolio mediático más poderoso de América del Sur no había sido expresada en las campañas presidenciales de Lula, en 2002 y 2006, ni en las de Dilma Rousseff en 2010 y 2014.
Lula, Haddad y el PT están convencidos de que el golpe que derrocó a Dilma Rousseff hace dos años hubiera sido imposible sin el aval de la empresa de la dinastía Marinho. Y que ese mismo conglomerado hará todo lo que esté a su alcance para que el partido no retorne al poder en 2019. En otras palabras: Globo se aliará a Bolsonaro para boicotear a Fernando Haddad.

 

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Brasil. Una votación a la sombra de la tutela militar

La campaña electoral en Brasil, después de dos partidas en falso, puede darse finalmente por lanzada con la inscripción de la fórmula que comparten Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), y Manuela D’Avila, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB). En su primera partida en falso, la elección tenía a Lula Da Silva como el hombre a batir, pero la aspiración utópica de que fuera habilitado como candidato fue liquidada por el Tribunal Superior Electoral el 31 de agosto. El segundo arranque fallido fue con el ultraderechista Jair Bolsonaro corriendo por el carril del victimario, con su discurso permanente de incitación a la violencia: ese personaje fue transformado en víctima por un esquizofrénico que lo hirió con un cuchillo el 6 de septiembre.


La campaña, a partir de ahora, podrá tener otras sorpresas, pero es difícil que alguna cambie la naturaleza del juego. Dos certezas están en pie desde el principio de todo: la primera, que el 7 de octubre no se elige presidente, sino que se decide quiénes son los dos que permanecen en el ring para disputar efectivamente la presidencia tres semanas después; la segunda, que Bolsonaro tiene su vacante asegurada para la pelea de fondo.


Si vamos a creerle a las encuestas, dadas las trayectorias de intención de voto que se ven hasta aquí, los únicos dos candidatos que no podemos descartar de la disputa por una plaza en el ballottage son dos exministros de Lula: Haddad y Ciro Gomes. Eso nos deja con tres personajes en la obra, los tres con discursos bien nítidos. En la extrema derecha de la pantalla la propuesta de un fascismo en defensa propia: dirigir toda la furia y, de ser necesario, la violencia contra los políticos ladrones y contra las minorías y los distintos (por etnia, por opción sexual, por condición de vida) que serían la claque de aquellos. Moderadamente hacia la izquierda, dos propuestas desarrollistas que llaman a dejar atrás el marasmo creado por el Centrão (bloque transversal conservador) que usurpó el gobierno con el juicio político amañado de 2016, con dos declinaciones: o bien “el pueblo feliz de nuevo” (tal como han bautizado su alianza electoral el PT y el PCdoB), es decir, regresar al momento previo al “golpe”, cuando todo habría estado legal, o bien una renovación carismática del liderazgo para retomar un impulso de desarrollo con justicia social. Una continuidad desprejuiciada de la línea de los gobierno de Lula y Dilma o un cambio que tome nota de la purga que ha producido en el sistema político la operación Lava Jato, con todo y sus injusticias.


Dando por buenos los sondeos, Ciro, con un 12% de intención de voto y Haddad, con 9%, son candidatos que todavía no han tocado su techo o que, más bien, no han terminado de repartirse los despojos de la intención de voto a Lula que no se vayan al voto blanco, nulo o a Bolsonaro. Las cartas de cada uno ya las ha visto todo el mundo: Ciro se ha presentado explícitamente como “el más progresista después de Lula” e implícitamente como el único, además de Lula, que es más que los partidos que lo apoyan; Haddad, por el contrario, está condenado a no ser nada más (nada menos, en tanto aun un PT maltrecho puede aspirar a estar en la definición de la presidencial, como lo ha estado siempre desde 1989) que el partido, el delegado del líder preso. Sin tiempo material para hacer una campaña poniéndose en valor a sí mismo, sólo le cabe aparecer al lado de la foto de Lula para crecer por asociación. Ciro, en cambio, desafía: su masa es suficiente para que los votos graviten hacia él aunque Lula pretenda mantenerlos en su órbita.


En lo inmediato, entonces, se trata de saber quién prevalecerá. Pero hay una pregunta que suscita preocupaciones más graves: ¿cómo digerirá el Centrão que después de tantos afanes y conspiraciones, después de tirar al mar la llave del calabozo de Lula, las alternativas que podrían derrotar a Bolsonaro sean las víctimas de esa conspiración? Más preocupante aún: ¿un próximo presidente que no sea Bolsonaro, pero sin la legitimidad de haber batido el hombre a batir porque a éste los tribunales le impidieron competir, podrá volver a meter en caja el espectro de la tutela militar que se encarna en el activismo desembozado del jefe del ejército, general Eduardo Villas Bôas?


* Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.


 La nueva cirugía al candidato de ultraderecha puso en crisis al partido militar de Brasil


Crece el nerviosismo en la tropa de Bolsonaro


Según trascendidos de la prensa brasileña, el candidato a vice, Hamilton Mourao, estaría interesado en dar un golpe interno, representar a Bolsonaro en los debates televisivos y hasta convertirse en el presidenciable.

La cirugía a la que fue sometido de urgencia Jair Bolsonaro puso en crisis al partido militar formado en su entorno. El capitán retirado del Ejército estuvo hasta los primeros minutos de ayer en un quirófano del Hospital Albert Einstein de San Pablo debido a complicaciones intestinales derivadas de la puñalada recibida hace una semana durante un acto de campaña. Fue la segunda intervención quirúrgica en seis días. El parte médico divulgado en la mañana de ayer indicó que el paciente evolucionaba favorablemente pero retornó a la sala de terapia intensiva y no informó sobre cuándo se le dará el alta, faltando sólo 24 días para la primera vuelta electoral.


“Sin Bolsonaro no estamos en condiciones de llevar millones de personas a las calles”, reconoció el diputado Mayor Olimpio, policía de San Pablo que integra la “Bancada de la Bala” en en el Parlamento.


Las declaraciones y el gesto del diputado reflejaban el desconcierto del primer círculo de poder bolsonarista en una campaña signada por los imponderables y la proscripción de Luiz Inácio Lula da Silva, con su 40 por ciento de intención de voto.


Con la salida de Lula, reemplazado por Fernando Haddad, Bolsonaro quedó primero en las encuestas con el 26 por ciento de apoyo y más del 40 por ciento de rechazo. Merval Pereira, comentarista en jefe del grupo Globo, sostuvo que el candidato no podrá hacer campaña ni estar en los debates hasta el 7 de octubre, y consideró difícil que pueda participar en las actividades proselitistas entre ese día y el 28 del mismo mes cuando será el ballottage.


Generales, policías y pastores entran y salen nerviosamente del centro médico ubicado en el sur de San Pablo devenido en comando de campaña del Partido Social Liberal (PSL).


Según el diario Valor Económico, hay disputas entre los diversos grupos bolsonaristas profundizadas después del ataque con arma blanca del jueves pasado. Una de las facciones la comanda el general Hamilton Mourao, candidato a vicepresidente en la fórmula del PSL. Según parece, el general estaría interesado en dar un golpe interno, representar a Bolsonaro en los debates televisivos y hasta convertirse en el candidato presidencial del PSL. Mourao es conocido por exaltar el golpe de 1964 y arengar a favor de otras sediciones políticas. En 2015 Dilma Rousseff lo separó del Comando Militar del Sur por fogonear el impeachment. La semana pasada el general respaldó la posibilidad de un golpe militar como antídoto para el clima de anarquía que se agravó en esta campaña presidencial. Un aliado político del general, Levy Fidelix, habló a las claras sobre la posibilidad de un putch dentro para voltear al candidato presidencial. Dijo Fidelix : “Bolsonaro puede quedarse 40 días en el hospital, no vamos a perder ese tiempo (...) Mourao puede ser el candidato”.


Otro grupo está formado por los hijos de Bolsonaro. Encabezado por el diputado federal Eduardo a quien secundan el diputado estadual por Río Flavio y el concejal de esa ciudad Carlos. Según trascendidos los hijos del capitán no estarían dispuestos a ceder el comando de la campaña al general Mourao.

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:35

Michael Moore planta cara a Trump

Michael Moore planta cara a Trump

El cineasta estrena en el festival de Toronto ‘Fahrenheit 11/9’, su análisis de cómo EE UU puso a “un bufón y un mentiroso” en la Casa Blanca


 Michael Moore ama Canadá. Y los canadienses aman a Michael Moore. El festival de Toronto fue donde estrenó su primer documental, Roger & Me, en 1989. Y, desde entonces, siempre intenta empezar el tour de sus películas por este certamen. Lo ha hecho de nuevo este año con Fahrenheit 11/9. La noche del estreno, en la inauguración, el público canadiense le recibió en pie al grito de “Michael for President”. Él les dio las gracias por existir y por su primer ministro. El país vecino de EE UU sería su refugio si las cosas se pusieran tan feas como en la serie basada en la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada. "Por suerte aún no", bromeó.

Del miedo al apocalipsis a un futuro esperanzador. Por ahí va su Fahrenheit 11/9, un título que juega con el de que hasta hoy es su documental más taquillero, Fahrenheit 9/11, el que dedicó a Bush y a su guerra del terror. Si aquel usaba la fecha del 11 de septiembre como inicio, este parte del 9 de noviembre, el día en que Donald Trump ganó las elecciones. ¿Cómo y por qué llegaron a ese punto?


“Si la gente espera una película sobre Trump, no lo es”, dice. Su objetivo, en cambio, es responder a una pregunta. “¿Cómo coño ha sucedido esto?”. ¿Cómo llegó “el bufón de Trump” a la Casa Blanca? En su habitual tono cómico, Moore señala primero a una persona, no es ni Steve Bannon, ni Putin… “Es Gwen Stefani”, la cantante de No Doubt. Cuando Trump se enteró de que ella cobraba más como jurado de La voz que él en su reality show, The Celebrity Apprentice, decidió presentarse a las elecciones como prueba de su popularidad a la NBC. Ya había amenazado otras veces, “desde 1988”, dice el director, pero esta vez se creció ante el apoyo y el ruido mediático.


Los medios de comunicación fueron algunos de los culpables de su éxito, sostiene Moore. Las audiencias se disparaban cada vez que le sacaban en pantalla hablando del muro que iba a construir en la frontera con México. “Donald J. Trump no cayó del cielo”, escribió el director de Bowling For Columbine justo antes del estreno en Toronto. “Era el resultado lógico de una larga espiral cuesta abajo que culminó con uno de nuestros más odiados ciudadanos conquistando nuestra oficina más poderosa”.


Fahrenheit 11/9 es la película “con mayor sentimiento de urgencia” que ha dirigido Moore. La ideó tras las elecciones, y en menos de dos años la ha acabado para estrenarla en EE UU, justo a tiempo de las elecciones legislativas al Congreso del próximo noviembre. “Creo que el estreno de la película será el principio del fin de Trump" –dice– "y quizá, más importante, el posible final del sistema podrido y corrupto que nos dio a Trump”.


Ya sin bromas, Moore culpa en el documental al establishment del Partido Demócrata, por cómo trampeó los resultados de la elección de Hillary Clintonfrente a Bernie Sanders. Culpa a Obama y su “falsa esperanza”. Culpa a los medios por hacer como hicieron con Hitler, no viendo el peligro que amenazaba –presenta montajes en el filme con imágenes del líder nazi y la voz de Trump–. Y habla de una corriente de permisividad corrupta como la que permitió la crisis del agua contaminada de Flint (Michigan), la ciudad del cineasta. O la defensa incondicional de las armas como derecho que ha llevado a nuevas masacres, como las de Parkland.


“Trump es nuestro Frankenstein y nosotros somos su doctor Frankenstein”, dice. Aunque por muy fatídico que se ponga –fue de los pocos que, públicamente, vio claro y anunció la victoria de Trump meses antes–, Moore sigue viendo esperanza. Más ahora. Al final, en Fahrenheit 11/9 aparece acompañando a los nuevos candidatos al Congreso, como la aspirante latina por el Bronx, Alexandria-Ocasio Cortez, o junto la primera musulmana en presentarse: Rashida Tlaib por Detroit.


Moore le da voz a la mujer que filtró los engaños de Flint, April Hawkins, y al grupo de estudiantes que comenzó el movimiento March for Our Lives, después de la masacre en su instituto en Parkland. También sigue la histórica huelga de los profesores de West Virginia, que después se ha propagado a otros estados.


A algunos representantes de estos grupos los trajo con él a Toronto, al estreno mundial, y prefirió que hablaran ellos después de la proyección. Moore también llenó la sala de pañuelos rojos, el símbolo del red neck estadounidense, la clase trabajadora, “no porque se les quemara el cuello con el sol, sino por su afiliación sindical”, aclaró. Otro golpe de efecto para su objetivo de acabar con Trump.
Moore está confiado: Fahrenheit 11/9 se estrenará el 21 de septiembre en más salas que ninguno de sus títulos anteriores (1.500 en todo EE UU). Y tras el tibio éxito de su anterior filme, ¿Qué invadimos ahora?, este documental ya lo ha vendido a muchos territorios. El cineasta no solo tiene un mensaje para sus conciudadanos, sino para todo el mundo, como aseguró antes de entrar en la proyección en Toronto: “Por favor, confiad en que hay millones de americanos trabajando lo mejor que saben para deshacer el daño que Trump está infligiendo al mundo”.

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:28

La ultraderecha de Suecia gana fuerza

La ultraderecha de Suecia gana fuerza

El filósofo Claudio Tamburrini explica que la extrema derecha se presenta como anti-establishment y tiene particular aceptación entre grupos marginados que están fuera del mercado de trabajo o en una situación laboral insegura. 

El ascenso irresistible de un partido neonazi en Suecia, Demócratas de Suecia (DS) de Jimmie Akesson, confirma una tendencia europea. Que hay un corrimiento hacia fuerzas electorales de ultraderecha como en Austria, Hungría y Noruega donde gobiernan fuerzas semejantes con o sin aliados conservadores. En varios países han instalado una agenda antiinmigrante, contraria a la UE y cuya retórica es de mano dura. El DS sueco tuvo que aggiornarse en su liturgia de la que extirpó la simbología xenófoba, los uniformes militares y los desfiles a paso marcial con los que había nacido en febrero de 1988. Por eso recién llegó al Parlamento en 2010, duplicó con holgura su caudal de votos en 2014 y en las elecciones de ayer salió fortalecido (ver aparte). Su líder es un hombre de 39 años, ex diseñador de páginas web, aficionado al heavy metal y con una trayectoria política extensa. Con 19 años se convirtió en concejal en el Ayuntamiento de Sölvesborg y escaló posiciones en los curiosamente llamados Demócratas de Suecia (en su lengua Sverigedemokraterna) que llegaron para quedarse. Un dato lo corrobora. Lograron meterse en el corazón de la Central Única de Trabajadores, histórico bastión de la socialdemocracia. Antes de la elección, una encuesta señalaba que habían conseguido un 20 por ciento de adhesión en el movimiento obrero organizado.


Akesson tiene instinto de supervivencia. Abjuró de los más extremistas de su partido. Se sacó de encima a la rama juvenil del DS que formó Alternativa para Suecia, el 5 de marzo de este año. Su presidente Gustav Kasselstrand cree que su ex compañero es un moderado. Esta escisión le hubiera costado el ingreso al Congreso antes de 2010, cuando los Demócratas eran apenas testimoniales, ya que no alcanzaban el 4 por ciento de piso para ser una fuerza parlamentaria. A partir de esa elección sacaron el 5,07 por ciento, y en 2014 dieron el gran salto con el 12,86. Ahora está a la vista que no se detuvieron en su ascenso.


Una explicación sobre su crecimiento la acerca el filósofo argentino Claudio Tamburrini, exiliado en Suecia después de que se fugara del centro clandestino de detención Mansión Seré en 1978, durante la última dictadura. Llegó a ese país al año siguiente, curiosamente cuando nacía Akesson. “Hay una investigación” –le cuenta a PáginaI12– “que hicieron tres académicos de Ciencias Políticas, Olle Folke, Torsten Persson y Johanna Rickne y cuyos resultados son que el DS ha tenido particular aceptación entre grupos marginados y/o fuera del mercado laboral (denominados outsiders) y entre otros que, aun teniendo trabajo se encuentran en una situación económica y laboral insegura (llamados insiders). Los dos fueron particularmente afectados por el gobierno de centroderecha en 2006 que hizo recortes en el sistema de seguridad social y también por la crisis financiera mundial del 2008”.


Tamburrini agrega que “el DS ha reclutado sus políticos y representantes en aquellos dos grupos en mucha mayor medida que los demás partidos. Estos factores hacen que su fuerza sea vista como anti-establishment y de hecho así se presenta. De la misma forma que lo hiciera Trump en Estados Unidos, ya que sus votantes provienen en gran parte de grupos desfavorecidos por la globalización y la incapacidad del Estado de bienestar de resolver problemas sociales y económicos acuciantes que los afectan. A ellos les es más fácil identificarse con políticos que provienen de esos mismos grupos. Y los consideran, por esa razón, más confiables”.


La cosmética a que apeló el partido antiinmigrante también influyó para ganar nuevas audiencias. Tenía un símbolo que era la llama con los colores suecos, que lo emparentaba con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen y el MSI italiano de Matteo Salvini. En su lugar ahora hay una bandera con flores amarillas sobre fondo azul. Los colores de la bandera de Suecia. Los mismos que Akkeson cuando niño –según confesó en una entrevista de 1999– quería utilizar porque “siempre fui nacionalista. De chico me negaba a jugar al hockey de mesa si no me dejaban controlar a los jugadores azules y amarillos”.


Si Suecia era el país de Escandinavia más virgen de xenofobia y contrario al Islam en términos de representación electoral, ésa época terminó. Ahora sigue el camino de sus vecinos como el Partido del Progreso noruego, los Verdaderos Finlandeses y el Partido Popular Danés. El DS tampoco puede ocultar su pasado. Nació de un embrión neonazi llamado Mantén sueca a Suecia. Todavía circula un video donde dos diputados del partido intentan agredir a un grupo de inmigrantes en Estocolmo o entrevistas a sus miembros donde cuestionan a musulmanes, judíos y lapones. Hasta el mismo Akkeson perdió la chaveta en una entrevista que le hizo un programa satírico de la radio pública P3, a la que calificó de “mierda”, “liberal-izquierdista” y pidió por su cierre.


Hay algo que emerge en Suecia desde los años 90 y es el descontento con un estado de bienestar que ya no es eficiente para resolver problemas sociales. Tamburrini menciona “el empeoramiento de las escuelas públicas, las colas en el servicio de salud –también público– que muchas veces conduce a que individuos mueran por enfermedades graves antes de recibir tratamientos, el desmejoramiento de las condiciones económicas de jubilados y pensionados o un nuevo tipo de conflictos sociales que acompañó a la inmigración de las últimas décadas: zonas en ciudades suecas controladas por patriarcas de comunidades inmigradas que censuran y reprimen a sus mujeres si éstas no viven de conformidad con los hábitos y costumbres de las sociedades originarias, zonas donde se queman masivamente vehículos y donde la policía y los servicios de emergencia temen entrar. Es decir, lo que se ha dado en llamar ‘sociedades paralelas’ dentro de la sociedad sueca”.


Akesson enjuagó sus ideas en público y hasta criticó al nazismo para ganar una porción más moderada del electorado. Vaya que lo consiguió. Dijo que era “una ideología antidemocrática, socialista, racista, imperialista, internacionalista y violenta”. Para Tamburrini “la posibilidad de poder frenar el avance de estos sectores políticos dependería mayormente del éxito de la política económico-social. De no resolver el Estado de bienestar los problemas sociales que se han ido ahondando en el mundo a partir de la globalización, existe un riesgo inminente de que el futuro de muchos de estos países sea neofacista”. Como en Suecia, donde el icónico modelo socialdemócrata de prosperidad ya no es lo que era hasta los años 80.
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 El ex presidente Barack Obama en una manifestación del Comité de Campaña Congresional Demócrata en el Centro de Convenciones de Anaheim.Foto Afp

En el drama vibrante de EU, que prácticamente vive una guerra civil (http://bit.ly/2PnqWHU), se rompe la tradición arraigada de que un ex presidente no atacase a su sucesor.

Hoy Obama y Trump se han quitado los guantes.

Obama, en la Universidad de Illinois de Urbana-Champaign, arremetió contra Trump, quien se encuentra inmerso en una persecutoria carnicería judicial y en el centro de la inducción de un golpe de estado palaciego de parte tanto del The Washington Post, cuyo mandamás es su enemigo Jeff Bezos, dueño de Amazon quien ya pertenece al club del billón de dólares junto a Apple –que publicó los extractos del volcánico libro Miedo: Trump en la Casa Blanca (https://amzn.to/2CstFhP) del consagrado periodista Bob Woodward, quien exhumó el Watergate que llevó a la renuncia de Nixon–, como del The New York Times que en forma asombrosa publicó la resistencia de un anónimo (http://bit.ly/2O0wB6w), quien pertenecería al primer círculo del presidente atribulado quien ha clamado a la traición, susceptible de haber puesto en riesgo la seguridad nacional, y quien profirió no confiar en nadie en el nido de víboras de la Casa Blanca, salvo en sus hijos.

Bob Woodward afirma que el general John Kelly, jefe de gabinete de Trump, calificó a la Casa Blanca de “ Crazytown (ciudad de locos)”. Más bien sería un “ Crazycountry (país de locos)” que se ha fracturado a grados inconcebibles lo cual se manifestará el 6 de noviembre donde están en juego la entera Cámara de Representantes de 435 asientos, 35 de 100 senadores y 39 gobernadores.

Obama consideró que EU se aleja cada vez más de los ideales de sus fundadores conforme los privilegiados y poderosos explotan la política de miedo y resentimiento para conservar su status, lo cual no empezó con Donald Trump quien es el síntoma y no la causa. Nadie mejor que Obama lo sabe al haber sucumbido a las exigencias de la plutocracia neoliberal que hoy le retribuye generosamente sus conferencias, pero no omite que EU atraviesa por tiempos extraordinarios y tiempos peligrosos cuando peligra la democracia de EU.

Obama optó por un discurso centrista de coqueteo con los conservadores del Partido Republicano y apadrina la campaña del Partido Demócrata, lo cual no es ninguna garantía ya que su partido sufrió significativas derrotas en ambas elecciones intermedias de sus dos periodos en 2010 y 2014.


No faltan quienes critiquen a Obama de intervenir en forma tan abierta, lo cual puede tener un efecto bumerán y favorecer a Trump quien está herido, pero como felino lucha por su supervivencia (https://bloom.bg/2N1iTE3).

Otro presidente, de no ser Trump, ya hubiera renunciado por mucho menos ante el sádico embate judicial/multimediático en su contra. Al final del día, todo dependerá de la percepción de sus aguerridos supremacistas blancos quienes literalmente abominan a Obama.

Trump navega entre dos graves peligros que se han gestado en el Partido Demócrata que (pre)siente poder descolgar la mayoría en la Cámara de Representantes: entre el Escila del impeachment (defenestración), que aboga su ala más izquierdista, y el Caribdis de perseguir al presidente por evasión fiscal (http://bit.ly/2MZet0E) y quien tendría que hacer públicos sus más de 500 (sic) negocios en el mundo ( The Wall Street Journal 19/1/17).

En contrapunto, Mick Mulvaney, director del Presupuesto de la Casa Blanca, criticó a los demócratas de montar un movimiento de odio, y sentenció que tampoco habrá el 6 de noviembre una ola del Partido Demócrata que ha sido exagerado por los multimedia y los mismos demócratas(https://nyti.ms/2MZfcyU).

DeDefensa.org, con sede en Bruselas, analiza la ambientación de guerra civil del próximo Congreso donde el Partido Demócrata atraviesa una profunda radicalización de su izquierda, financiado por George Soros, mientras los republicanos evolucionan a un populismo de derecha cada vez más duro (http://bit.ly/2MXasd8).

¿Se trata de una guerra civil entre Antifa, financiada por Soros, y Alt-Right, apuntalada por los “deplorables (Hillary dixit)” de Trump?

 

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Sábado, 08 Septiembre 2018 08:05

Grietas en el Estado de Bienestar sueco

Grietas en el Estado de Bienestar sueco

Junto con otros países escandinavos, Suecia sigue simbolizando hoy un sistema equitativo y libre. Pero el modelo viene enfrentando problemas que pueden quedar más que expuestos en las elecciones generales que se celebran hoy.

Con la caída del Muro de Berlín, el modelo social demócrata sueco brilló como uno de los grandes logros de la izquierda luego del fracaso del llamado “socialismo real”. Junto con otros países escandinavos, Suecia sigue simbolizando hoy un sistema equitativo y libre, que garantiza crecimiento y justicia social. Pero el modelo viene enfrentando problemas que pueden quedar más que expuestos en las elecciones generales que se celebran hoy.


Según los sondeos, la actual coalición de centro izquierda solo recibiría entre un 35 y 40 por ciento de los votos, mientras que los cuatro partidos de derecha se le situarían muy cerca. La sorpresa más inesperada y desagradable es el avance incontrolable de un partido de extrema derecha, que puede llegar a convertirse en la segunda fuerza política del país. PáginaI12 dialogó con el analista político sueco Vyktor Skyrman de la prestigiosa Fundación de centro izquierda, Katalis.


–¿Qué está pasando en Suecia que ha surgido con tanta fuerza un partido xenófobo que lleva el curioso nombre de Demócratas Suecos?


–El sistema sueco es parlamentarista. Los ciudadanos eligen a sus representantes y el parlamento elige al partido o coalición que tenga más escaños para formar gobierno. La actual coalición de centro izquierda formada por social demócratas y verdes gobierna con el apoyo de tres partidos progresistas. Si se confirman los sondeos, esta coalición obtendrá un poco más que la de los cuatro partidos de derecha. El problema es que los “Demócratas suecos”, un partido xenófobo que tiene raíces nazis y que, según algunos analistas, son una suerte de “fascismo soft”, podría conquistar un 20 por ciento de los votos. Esto abre el camino a una posible alianza entre la derecha y los demócratas suecos para formar gobierno que a la vez desplazaría a la coalición de centro izquierda y le daría legitimidad a un partido como los “Demócratas suecos” que podrían ser los que terminen decidiendo quién es el próximo gobierno.


–¿De qué se trata este fascismo soft de los Demócratas Suecos?


–En las elecciones de 2010 los Demócratas suecos cruzaron el umbral del 4% del voto para conseguir representación parlamentaria: obtuvieron 20 escaños. Eran minoritarios. Hoy tienen la posibilidad de dar el gran salto. Tienen una política económica neoliberal, de bajos impuestos y hostilidad a los sindicatos, que combinan con una plataforma fuertemente anti-inmigratoria. En esto son bastante parecidos a Donald Trump.


–Sorprende todo esto porque el Partido Político dominante de la coalición de centroizquierda, los socialdemócratas, fue la fuerza hegemónica de la posguerra y casi siempre obtuvo entre el 40 y el 45% de los votos. Hoy apenas contaría con un 25% de los votos.


–Es parte de un largo proceso histórico. En los 80, igual que en muchas otras partes del mundo, Suecia vivió una liberalización financiera. Esta liberalización condujo a una burbuja inmobiliaria-financiera que explotó con la traumática crisis financiera en 1991. A esto hay que agregarle como clima de época, la caída del Muro de Berlín y la creciente hegemonía del discurso neoliberal, que impuso la llamada “Tercera Vía” de Tony Blair en el Reino Unido, Gerard Schroeder en Alemania y Bill Clinton en Estados Unidos, que era básicamente una versión neoliberal de la social democracia. Como resultado de todo esto, la socialdemocracia sueca formó parte de este “Tercera Vía” y adoptó una política de austeridad fiscal. Hoy pregonan el déficit cero o incluso superávit, algo que, curiosamente, hasta fue criticado por algunos bancos y medios de derecha porque impide la inversión en infraestructura.


–Es decir que la misma social democracia se ató de pies y manos respecto a lo que era su política tradicional.


–Aceptó el credo de que lo privado es bueno, lo estatal malo, con lo que perdió la palanca de la inversión pública y el espacio económico que necesita la política social con la consiguiente pérdida de apoyo en algunos sectores tradicionalmente socialdemócratas. Pero como decía es un fenómeno más amplio porque uno ve hoy el impacto de este viraje en muchos partidos de la izquierda europea. En 2012 en Holanda el partido Laborista obtuvo un 25 por ciento de los votos. El año pasado solo consiguió un seis por ciento. En Grecia Pasok fue del 44 por ciento en 2008 a un cinco en 2015. Los social demócratas en Francia, Alemana, Italia tienen también problemas. No hay una sola causa para explicar esto, pero sí hay un factor común que es que no solo se abandonaron las políticas y la retórica social demócrata sino que directamente se abrazaron recetas neoliberales. En este vacío ideológico, los votantes socialdemócratas están virando a la derecha en Francia, el Reino Unido, Europa del Este.


–Este giro político no se da en el vacío. Me interesa particularmente el caso de Suecia porque fue durante mucho tiempo un ícono de sociedad igualitaria. ¿Era correcta esta visión o estaba sobrevalorada?


–La ilusión de Suecia como “utopia” socialdemócrata tuvo mucho de verdad en los 80. Hoy habría que revisar esa imagen. En los últimos 30 años no ha habido ninguna reforma progresista. Los gobiernos conservadores y social-demócratas redujeron el impuesto a la riqueza, a los ingresos, a la herencia y la propiedad y practicaron desde los 90 el conservadurismo fiscal del déficit cero o del superávit fiscal. Estas políticas tienen un precio. La calidad de los servicios del estado de Bienestar ya no son lo mismo y hay mucha más desigualdad que en otras épocas. La década de los 80 fue la última con pleno empleo. Hoy una creciente parte de la población está desempleada o subempleada. Suecia tiene el fenómeno del uno por ciento capturaba el 20 por ciento la riqueza privada en 1978. En 2006 el porcentaje es el doble: un 40 por ciento. Unas 15 familias controlan el 70 por ciento de las compañías en la bolsa. Y según un cálculo reciente, hay unos cinco mil millones de dólares de evasión impositiva en los paraísos fiscales.


–Como ha ocurrido en otros países, la derecha xenófoba y anti-inmigratoria ha aprovechado esto. Italia, Hungría y Polonia son los casos más extremos en la Unión Europea (UE), pero hay una tendencia presente en casi todos los países. En la mayoría, esta tendencia contiene además una retórica antieuropea que ya produjo frutos: el Reino Unido está a meses de abandonar la UE. En Suecia los Demócratas Suecos proponen un referendo para abandonar la UE. ¿Tienen alguna posibilidad de éxito?


–Por el momento no. Suecia no está en el euro y es muy pro-Unión Europea. De manera que para los Demócratas Suecos no es un tema muy importante de su agenda. Ellos se centran en el tema inmigratorio. A más largo plazo, ¿quién sabe?

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Javier Bolsonaro se recupera favorablemente de la cuchillada recibida tras un acto de campaña en Brasil

Todo ha vuelto a cambiar en los comicios brasileños tras la puñalada que recibió el jueves el ultraderechista

Todo ha vuelto a cambiar en las elecciones brasileñas tras la puñalada que recibió el jueves el ultraderechista Jair Bolsonaro en un acto de campaña. Mientras el candidato se recupera en el hospital, su formación se prepara para explotar al límite toda ventaja que pueda sacar, aprovechando desde la gravedad de la herida a la ideología de izquierdas del atacante. Mientras, la oposición, intenta desesperadamente redefinir sus campañas para no atacar más a la víctima.


“Un recado para esos bandidos que intentaron arruinar la vida de un padre de familia: acaban de elegir al presidente”. Flávio Bolsonaro salía con esas palabras del hospital de Minas Gerais (sudeste de Brasil), donde su padre, el candidato presidencial Jair Bolsonaro, se recuperaba de la grave puñalada que había recibido no muy lejos de allí en un acto de campaña el día anterior.


No es el único que percibe que el ataque ha provocado un cambio sísmico en el desenfrenado tablero político de Brasil. Entre la congoja general por la agresión al candidato presidencial favorito en las encuestas, no ha sido difícil ver cómo tanto aliados y partidarios del ultraderechista movían ficha y se reorganizaban para hacer frente, por enésima vez en estas caóticas elecciones, a una nueva e impredecible realidad.


“Es la guerra”


En su formación, el Partido Social Liberal, no tardaron en esgrimir este arma caída del cielo. “Ahora es la guerra”, le anunció el presidente y brazo derecho de Bolsonaro, Gustavo Bebianno, al diario Folha de S. Paulo. Ahora pueden radicalizar aún más a sus bases, explotar el interés por el ultraderechista en todos los medios y demonizar a la maltrecha izquierda brasileña hasta que el porcentaje de votantes repelidos se reduzca.


El número dos de la campaña, el candidato a vicepresidente Antonio Hamilton Mourão, llegó a mentirle a la revista Crusoé: “No tengo dudas de que el autor del atentado es del Partido de los Trabajadores”, dijo en referencia a la agrupación de Lula da Silva a la que Bispo de Oliveiro jamás perteneció. “Si quieren usar la violencia, los profesionales en eso somos nosotros”.


Dos mártires


Mientras, la oposición todavía intenta enumerar el sinfín de consecuencias que tiene para ellos el ataque a Bolsonaro. El principal quebradero de cabeza es contener el crecimiento del ultraderechista sin atacarle, lo que hasta ayer suponía el eje de varias de bastantes de las 13 campañas. De hecho, el candidato preferido del centro y los mercados, Geraldo Alckmin, ha pasado el viernes -festivo en Brasil- encerrado en reuniones de emergencia para trazar a contrarreloj una nueva estrategia de comunicación: casi todos sus anuncios eran ataques directos a Bolsonaro. Alckmin había apostado casi toda posibilidad de crecer en las encuestas -algo que necesita desesperadamente porque no llega al 10% de la intención de voto- en los anuncios que ha estado emitiendo hasta ahora.


Y luego está el peor de los casos. El del único capaz de hacer sombra a Bolsonaro, Lula da Silva, quien de repente tiene competencia en el puesto de mártir. Da Silva lleva meses argumentando que, si estaba vetado de seguir presentándose a las elecciones por estar la cárcel por corrupción, era por una conjura del establishment contra él. Ahora tiene a otro outsider en peor posición justo en el peor momento: cuando él debe anunciar si delega su candidatura en su vicepresidente, o si lucha por ella prolongando su agónico via crucis judicial. Será el siguiente giro de esta alocada campaña. Hasta entonces, la carrera por la presidencia de la primera potencia de América Latina se disputará entre un hombre en la cárcel y uno en el hospital.

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Trump estalla y exige la entrega del traidor que escribió en el NYT

El presidente estalló y furioso exigió la entrega del “traidor a su régimen”, mientras integrantes de su gabinete y otros funcionarios se vieron obligados a negar que eran el “alto funcionario” anónimo del gobierno que publicó un artículo de opinión identificándose como parte de una “resistencia”dentro de la Casa Blanca para proteger al país de Trump, provocando con ello comparaciones con Watergate y hasta pronósticos de una crisis constitucional.

El vicepresidente Mike Pence; el secretario de Defensa, Jim Mattis; el secretario de Estado, Mike Pompeo; el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats; la secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen; el procurador general, Jeff Sessions; el secretario de Vivienda, Ben Carson; el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin; el secretario de Energía, Rick Perry; el representante de comercio, Robert Lighthizer, y la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, entre otros altos funcionarios, negaron la autoría del artículo, que obviamente ha sacudido al gobierno a sus máximos niveles.


El hecho de que fuera necesario negar ser el autor subraya el nivel de desconfianza y paranoia presidencial que ha marcado este gobierno, así como el hecho de qué tan larga es la lista de posibles autores.
El artículo de opinión publicado por el New York Times el miércoles detalla las acciones de muchos dentro del régimen que, mientras apoyan las políticas de este gobierno, ven como acto patriótico frenar “los peores impulsos” de un presidente “amoral” para proteger al país.


Trump estalló en furia al leer el artículo, según medios, llamó a amigos para especular sobre quién sería el autor y ordenó a sus asesores desenmascararlo; de acuerdo con una fuente, hay una lista de unos 12 sospechosos. La noche del miércoles, el mandatario denunció la decisión del New York Times y sugirió en un tuit que el artículo era “traición” y exigió al rotativo: “por razones de seguridad nacional, entreguénlo/la al gobierno de inmediato”.


Esta mañana, Trump tuiteó: “el Estado profundo y la izquierda, y su vehículo, los medios de noticias falsas, están enloqueciendo y no saben qué hacer”, regresando a su acusación de siempre acerca de un complot interno contra su régimen.


La vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, criticó la “obsesión loca” de los medios por descubrir la identidad del “cobarde” que escribió el artículo (ayer lo apremió a renunciar) y que los periodistas, al buscar al responsable estaban manchando las “reputaciones de miles de estadunidenses” que trabajan para el gobierno de Trump.


Mientras tanto, el juego de escondite ocupó a todo Washington con múltiples especulaciones sobre la identidad del autor. Algunos estudian la formulación de las frases en el artículo para detectar al responsable, otros armaron argumentos de por qué podría ser uno u otro integrante del gabinete. Por ejemplo, algunos sospechan que es el vicepresidente Pence, ya que es considerado la ficha de los hermanos Koch, los poderosos multimillonarios republicanos conservadores que tienen masiva influencia en el ámbito republicano y que siempre han despreciado a Trump; además, Pence sería presidente en caso de que su jefe renuncie o sea destituido. Otros insisten en que tiene que ser Mattis, sobre todo porque corren ya rumores de que será el próximo en salir del gabinete; otros más creen que podría ser Sessions, a quien Trump ha humillado repetidamente. La lista es larga.


El otro hecho que está sacudiendo a Washington, y sobre todo a la Casa Blanca, es que esta es una pugna entre y por republicanos; proviene de adentro y por promotores de la agenda política impulsada por el presidente, según el autor. El problema no son las políticas, es el personaje, argumentó.


Para la oposición, esto es un regalo. Este jueves, la prominente senadora demócrata liberal (y posible precandidata presidencial) Elizabeth Warren, respondiendo al artículo, comentó a la cadena CNN que “si altos funcionarios del gobierno creen que el presidente de Estados Unidos no es capaz de hacer su trabajo, entonces deberían invocar la Enmienda 25”, explicando que la Constitución establece un procedimiento para destituirlo, si el vicepresidente y el gabinete consideran que no puede cumplir con sus responsabilidades.


John Brennan, el ex jefe de la CIA y feroz crítico de Trump (cuya autorización al acceso a información en materia de seguridad fue anulada por Trump), comentó a NBC News que el artículo es una “insubordinación activa”que “nace de la lealtad al país”. Más aún, al igual que otros, subrayó que es muestra de un régimen en el cual los funcionarios no están obedeciendo las órdenes de su jefe, algo que resulta “insostenible”.


Algunos republicanos, como el estratega David Frum, coinciden en señalar que un grupo de altos funcionarios desobedeciendo al presidente es nada menos que “una crisis constitucional”.


Al mismo tiempo, estalló un debate sobre si la decisión casi sin precedente del Times de publicar un artículo de opinión de un autor anónimo era periodísticamente ético. El rotativo abrió un debate entre el editor de las páginas de opinión y el público sobre el tema, y este jueves defendió la decisión, insistiendo en que el artículo es “suficientemente importante” como para hacer esta excepción.


Pero algunos de sus propios reporteros preguntaron si ahora erasu tarea descubrir la identidad del autor, la cual está protegida por sus colegas en la parte de opinión del periódico (en el Times, la sección de opinión opera de manera independiente de la redacción).

Ante todo esto, algunos señalaron que las expresiones de paranoia y amenazas del presidente se acercan cada vez más a las del presidente Richard Nixon en sus últimos días, quien al culminar el escándalo Watergate veía enemigos en todos lugares y se quejaba –igual que Trump– de que no podía confiar en nadie más allá de su familia.


Tal vez no es coincidencia que todo esto estalló la misma semana en que se difundieron extractos del nuevo libro de Bob Woodward, Fear, que detalla los esfuerzos de los más altos funcionarios de Trump para frenar sus impulsos más peligrosos, logrando en efecto “un golpe de Estado administrativo”. Escribió que esto es “una crisis nerviosa del Poder Ejecutivo del país más poderoso del mundo”. Woodward fue parte del famoso dúo de periodistas que detonó el escándalo que culminó con el fin de un presidente: Watergate.

 

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Viernes, 07 Septiembre 2018 07:40

Atacan al candidato ultraderechista en Brasil

Atacan al candidato ultraderechista en Brasil

Apuñalaron a Jair Bolsonaro en un acto político en Minas Gerais; la herida es grave pero él estaría fuera de peligro. El atacante Adelio Bispo de Oliveira, un evangelista de 40 años, fue detenido de inmediato por la seguridad de Bolsonaro. La agresión alteró aún más la tensa campaña electoral. El PT repudió de inmediato la violencia. Se espera el avance de la investigación.

El candidato presidencial Jair Bolsonaro fue apuñalado ayer por la tarde cuando realizaba una actividad proselitista en Juiz de Fora generando otro hecho conmocionante en una campaña, y en un año político, cargados de nitroglicerina. El ataque ocurrió cerca de las 15.40 horas cuando el capitán retirado del Ejército, segundo en las encuestas preelectorales, se desplazaba en medio del gentío por el centro de esa ciudad del estado de Minas Gerais, en el sureste del país. La imágenes del hecho no permiten identificar al atacante, sí a la víctima, con una remera amarilla, que luego del cuchillazo fue registrada en posición horizontal, apoyando un paño blanco sobre su abdomen, cuando era trasladada por sus asistentes para luego ser internado en la Santa Casa de Misericordia, un centro médico ubicado a unos dos kilómetros del lugar del incidente.

Minutos después de ingresado al hospital su hijo Flavio Bolsonaro declaró que la herida de su padre no era profunda y había sido suturada con seis puntos. A esa hora, cerca de las diecisiete, la televisión y las redes sociales hervían de informaciones de todo calibre.


Había pasado a un segundo plano la última encuesta del instituto Ibope, contratada por el grupo de medios Globo, que excluyó a Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato del Partido de los Trabajadores que se ubicó primero en todos los sondeos realizados este año.


Pasadas las seis de la tarde el hijo de Bolsonaro formuló nuevas declaraciones anulando las anteriores. “Fue más grave de lo que esperábamos” corrigió. Una fuente de la Santa Casa de Misericordia declaró a un canal de televisión que sufrió heridas en una arteria, los intestinos y una hemorragia importante y su cuadro era “estable”.


Los partes médicos comenzaron a superponerse con la evolución de la campaña a un mes y un día de los comicios más anómalos desde el fin de la dictadura en 1985. El atentado fue “lamentable, la violencia es injustificable” dijo Gleisi Hoffmann, presidenta del PT. Su compañera, la titular del PT de Minas Gerais, pidió que “los hechos sean investigados con prescindencia, informo que el sospechoso no es afiliado al PT”. Este comunicado dejaba entrever la preocupación del partido con las informaciones, algunas ciertas otras probablemente tóxicas, sobre el sospechoso Adelio Bispo de Oliveira, de 40 años, oriundo de Montes Claros. El hombre fue reducido de inmediato por el ostensible entorno de seguridad de Bolsonaro. La reconstrucción minuciosa del atentado es crucial para comprender si fue movido por razones políticas, lo que parece más probable, o por una persona descontrolada o con problemas psiquiátricos. Bolsonaro desata adhesiones hipnotizadas y odios, es un tipo de líder que alimenta conductas atípicas, hasta patológicas.


Mientras se esclarecen los hechos, si es que existe voluntad política de hacerlo, un primer análisis indica que el atentado tiende a modificar brutalmente el tono de la pelea electoral.


Sumando un ingrediente, la violencia, que contribuye a la exaltación de los grupos más incondicionales del bolsonarismo. No se puede descartar que el candidato del Partido Social Liberal incremente su popularidad en los próximos sondeos. En el que se conoció esta semana de Ibope tenía el 22 por ciento de apoyo y el 44 por ciento de rechazo.


Es prematuro arriesgar un pronóstico sobre como afectará este hecho la pelea de Lula contra la proscripción de la que es víctima. Y en que modo este hecho impactará en el resto del espectro electoral, incluyendo al probable sucesor de Lula, su actual candidato a vicepresidente Fernando Haddad.


Todo se descalabró. En algunos blogs se establecieron paralelos exagerados entre lo ocurrrido en Juiz de Fora con el magnicidio de John Kennedy atribuido a un atacante solitario, Lee Harvey Oswald.


El ataque de ayer no tuvo la dimensión del de Dallas en noviembre de 1963. Si hubiera que buscarle algún parecido, aunque lejano, tal vez quepa el asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994. Primero porque el escenario del ataque fue similiar, gentío rodeando a la víctima en Lomas Taurinas, norte mexicano. Segundo porque fue el hecho de violencia que contribuyó a descomponer un sistema políticamente moribundo como era el que controlaba el PRI desde hacía setenta años. Tercero porque hasta hoy sigue preso un asesino improbable, como Mario Aburto, un biombo detrás del cual se escondió un plan mayor. Ayer el supuesto atacante de Bolsonaro, Adelio Bispo de Oliveira, fue fotografiado con la mirada perdida y un ojo amoretonado debido a la aparente golpiza. Ese hombre parecía dispuesto a confesar cualquier cosa, lo que hizo y lo que no hizo. Una reportera de Globo se apresuró a realizar un rayo equis del sospechoso: “es de izquierda, está contra la causa Lava Jato y no le gusta el capitalismo”.

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Alto funcionario dice ser parte de la resistenciaque protege a EU de Trump

Publica el NYT artículo anónimo de un servidor público que labora en la Casa Blanca

Un alto funcionario del gobierno de Donald Trump, en un artículo de opinión firmado de manera anónima, publicado por el New York Times, reveló que es parte de una “resistencia” interna de este régimen motivada para proteger a la nación de un mandatario “amoral y errático”.


El presidente Trump respondió calificando el artículo de “cobarde” y reprobó al Times por atreverse a publicar algo escrito por una fuente anónima. La Casa Blanca apremió al funcionario anónimo a renunciar, pero el efecto fue alimentar la percepción de un presidente cada vez menos en control de su propia casa.


El artículo, publicado esta tarde de manera prominente en el portal del Times, titulado “Soy parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump”, afirma que “muchos de los altos funcionarios de esta administración están trabajando de manera diligente desde adentro para frustrar parte de su agenda (la del presidente) y sus peores inclinaciones”. Agrega: “Yo lo sé. Soy uno de ellos”.


Afirma que aunque los miembros de esta “resistencia” interna apoyan las políticas de este gobierno, “creemos que nuestro primer deber es para con el país, pues el presidente continúa actuando de manera perjudicial para la salud de nuestra república”. Por ello, escribe, muchos de los altos funcionarios del gobierno de Trump “hemos prometido hacer lo que podamos para preservar nuestras instituciones democráticas y frenar los impulsos más equivocados de Trump hasta que deje el puesto.


“La raíz del problema es la amoralidad del presidente”, dice, señalando que quien trabaja con él sabe que no tiene principios como referente, ni los de su propio partido, y acusa que sus impulsos son “anticomercio y antidemocráticos”.


Critica que Trump se maneja de manera “errática” y “mezquina”, y que muchos dentro del gobierno han hecho lo posible para reducir los daños. Ofrece consuelo: los estadunidenses “deben saber que sí hay adultos en el cuarto. Reconocemos plenamente lo que está ocurriendo (…) estamos intentando hacer lo correcto, aun cuando Donald Trump no quiera”.


Revela que “al inicio (del gobierno) se escucharon susurros dentro del gabinete sobre invocar la 25 enmienda, lo cual iniciaría un complejo proceso para remover al presidente, Pero nadie deseaba una crisis constitucional. Entonces, haremos lo que podamos para guiar al gobierno en la dirección correcta hasta que, de una u otra manera, concluya.


“La preocupación mayor no es lo que le ha hecho Trump a la presidencia, sino más bien qué hemos permitido que nos haga a nosotros como nación”, concluye.


Trump, en un acto en la Casa Blanca esta tarde, atacó al mensajero y el mensaje, afirmando que se trata de “una fuente anónima dentro del gobierno, probablemente (alguien que está) fracasando, y que está aquí por todas las razones equivocadas… Y el New York Times está fracasando. Entonces, si el New York Times, que está fracasando tiene un editorial (sic) anónimo, ¿se le puedes creer? Es un editorial cobarde”. Poco más tarde, tuiteó: “¿Traición?”


La vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, emitió una declaración acusando que el autor del artículo “ha optado por engañar, en lugar de apoyar, al presidente debidamente electo de Estados Unidos”, y concluyó: “este cobarde debería hacer lo correcto y renunciar”. Más aún, reprobó la decisión del Times de publicarlo, al afirmar: “estamos decepcionados, pero no sorprendidos de que el periódico haya optado por publicar este artículo de opinión patético (...) esto es sólo otro ejemplo del esfuerzo concertado de los medios liberales para desacreditar al presidente”.


El Times explicó que tomaron la decisión no común de publicar el artículo de manera anónima, a solicitud del autor, ya que su puesto estaría en riesgo, y tras asegurar que conocen su identidad, justificaron hacerlo así porque “era la única manera de presentar una perspectiva importante a nuestros lectores”.


Mientras tanto, por ahora el juego mayor en Washington es tratar de adivinar la identidad del autor; ya hay una competencia para ver quién puede desenmascararlo primero. Por ahora no se sabe si es hombre o mujer, si trabaja en la Casa Blanca o en otra parte de la rama ejecutiva.


El artículo aparece un día después de divulgarse algunas partes explosivas del libro del reconocido periodista de la cúpula política Bob Woodward antes de su publicación la semana próxima, y que cita a una multitud de integrantes del gabinete y altos funcionarios expresando alarma y desesperación por el comportamiento y capacidad mental del presidente –incluso algunos llamándolo “idiota” y otros quejándose de que estaba en “locolandia”– y la necesidad de proteger al país de sus decisiones e impulsos peligrosos.


Desde ayer, Trump declaró que ese libro está lleno de “fabricaciones”, señaló que varios de los secretarios de su gabinete citados han refutado las versiones que se les atribuye, y este miércoles continuó con su ataque afirmando que el libro “es una obra de ficción”. Ya había enviado una amenaza en la mañana al tuitear que era vergonzoso que alguien pueda “fabricar historias….sin retribución o costo. No sé por qué los políticos de Washington no cambian las leyes de difamación”.


Este será el tercer libro en lo que va del año que dice revelar las interacciones íntimas y desastres dentro del régimen de Trump, alimentando la narrativa de una Casa Blanca dentro de la cual impera el caos, el engaño, los complots, las deserciones, el temor y las amenazas de amotinamiento.

 

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