Domingo, 04 Noviembre 2012 06:13

La Arenosa y su herencia

La Arenosa y su herencia

La irrupción de Frankenstorm (por Frankenstein y storm, tormenta) terminó de trastornar un proceso electoral que ya era de difícil pronóstico. El sistema por el cual se definirá si Barack Obama seguirá otros cuatro años en la Casa Blanca o dejará su lugar a Mitt Romney es un monstruo con costuras no menos visibles que el fenómeno sin precedentes bautizado Sandy, aunque el acarreo de arena no forma parte de su tortuosa personalidad. La votación indirecta, por electores en un colegio que sigue las mismas proporciones por estado que los representantes en el Congreso, permite que el candidato más votado a escala nacional no acceda a la presidencia, cosa que ya ocurrió cuatro veces en la historia. (La Argentina modificó ese sistema en 1994. Esto reforzó el peso de la provincia de Buenos Aires, que recibía sólo el 27 por ciento de los electores y ahora ejerce todo el poder de su padrón, que pasa del 38 por ciento del total. En cambio, la incidencia de los diez distritos más pequeños decreció del 23 al 3,6 por ciento, aunque de ellos hayan surgido cuatro de los presidentes del último cuarto de siglo. Una reforma federal de la Constitución debería considerar el regreso al viejo sistema. El Colegio Electoral atenúa el impacto demográfico; la elección directa lo potencia, aunque no parece que la reforma haya beneficiado a algún partido, en un sistema con una hegemonía nítida.) Es presumible que en Estados Unidos el esquema argentino favorecería a los demócratas, cuya fortaleza reside en los grandes estados de ambas costas, y no a los republicanos, que son inconmovibles en los estados centrales, con menor densidad poblacional y predominio de las tradiciones conservadoras.

 

En debate

 

Los candidatos sostuvieron tres debates. El primero puso en carrera a Romney, quien eligió como compañero de fórmula a una estrella del ultraderechista Tea Party, el diputado Paul Ryan. Esto le permitió apartarse de los extremos caricaturescos de conservadurismo a los que apeló para dejar atrás a sus contendientes por la candidatura republicana, Rick Santorum, Newt Gingritch y Ron Paul, una colección de desaforados intolerantes, al gusto de Fox News (o, traducido, radio Diez). Después de cuatro años en los que decepcionó casi todos los fervores que había encendido, Obama llegó al primer debate cargado con una dosis de realismo que debía bastarle para minimizar al primer mormón con aspiraciones presidenciales. Pero ocurrió todo lo contrario. Lejos de las posiciones estridentes de las primarias, el financista y ex gobernador de Massachusetts se mostró como un moderado centrista, lo cual desconcertó a Obama, quien debió improvisar ante la movilidad del oponente. Esto no se repitió en los dos debates siguientes, que trajeron sendas victorias a Obama, pero lo que Romney consiguió en el primero era irreversible: había dejado de ser un personaje marginal e inviable. La política exterior no es lo que diferencia a Obama y Romney, como quedó claro en el debate que le dedicaron. El presidente dijo que su rival hablaba más fuerte para disimular que decía lo mismo que él y se burló cuando Romney denunció que la US Navy tenía menos naves hoy que hace ocho décadas. También hay menos bayonetas y caballos en el Ejército, y además hoy tenemos unos barcos que van por debajo del agua y otros en los que aterrizan aviones, le respondió el presidente. Obama se propone disminuir en diez años el gasto militar del 4,2 al 2,6 por ciento del PIB; Romney se niega a cualquier merma por debajo del 4 por ciento. Ninguno puede ilusionar a los americanos al sur del Río Bravo, pero Romney es más temible, porque tiene negocios en la región, está en relación con algunos de sus gobernantes más reaccionarios y es uno de los inversores en el fondo buitre que anda a la caza de naves argentinas en Africa, pecados de los que Obama es virgen. El voto de la creciente minoría hispana, que ya es el 16 por ciento de la población, se inclina más que nunca a favor de Obama, que sigue prometiendo una ley migratoria decente, pese a las tensiones que enfrentan a los descendientes de africanos y de españoles, como competidores por empleo escaso. Es impactante que los aviones no tripulados conducidos desde Nevada como un videojuego para matar personas a miles de kilómetros en países con los que Estados Unidos no está ni siquiera en guerra, como Yemen, no formen parte de la discusión electoral, mientras la CIA presiona para expandir su uso en el norte de Africa. De los miles de bajas causadas de este modo, incluyendo ancianos y niños, sólo unas pocas docenas han sido identificadas con la difusa calificación de terroristas, según el cálculo publicado hace dos semanas en el sitio libertario antiwar.com. Todas las semanas, Obama en persona recibe la lista de candidatos y autoriza estas ejecuciones extrajudiciales. Pocas cosas me asombraron más en este viaje que la resignación de sectores progresistas y humanistas, que llegan a consolarse con que la intervención del comandante en jefe sea un elemento moderador que evite la discrecionalidad de quienes compiten en este sombrío campo, el Pentágono y la CIA. Esta imperturbabilidad se extiende a cuestiones que afectan a la propia población, como la ley que permite grabar en secreto conversaciones internacionales de ciudadanos estadounidenses sin orden judicial. El lunes 29, mientras llegaba el huracán, la Corte Suprema escuchó los argumentos a favor del director de Inteligencia Nacional James Clapper, y las objeciones de la American Civil Liberties Union y Amnesty, que representan también a periodistas y abogados.

 

Un desastre

 

Mientras buscaba la candidatura de su partido, Romney propuso suprimir el organismo federal que se encarga de coordinar la asistencia en casos de desastre y devolver esa función a los estados provinciales o, mejor aún, a las empresas privadas. La agencia fue creada por el demócrata Jimmy Carter, el demócrata Bill Clinton la elevó al rango de ministerio, el republicano W. Bush la degradó a mero tentáculo de la secretaría de seguridad nacional, decisión insensata arrasada por el huracán Katrina, y Obama le devolvió el rol que cumplió en los últimos días, coordinando las actividades de rescate y apoyo. La propuesta de acabar con ella es insostenible, cuando se hace autoevidente que no sólo los más desfavorecidos (ese 47 por ciento que según Romney viven de la ayuda estatal y no pueden esperar nada de él) no podrían superar este tipo de catástrofe sin el sostén del denostado Big Government. Tampoco se las arreglarían solos los pequeños empresarios arruinados por el fenómeno. El soplo furioso del huracán barrió con muchos árboles que tapaban el bosque y mostró lo que se discute en esta elección: el tipo que gobierna quiere extender los servicios sociales para los más pobres y el tipo que aspira a reemplazarlo reduciría los impuestos a los más ricos (como él mismo) con los que se pagan aquellos gastos. Mientras Obama sobreactuaba su rol presidencial y era reemplazado en los actos de campaña por Bill Clinton, Romney lidiaba con los periodistas que le pidieron sin éxito que ratificara o rectificara su propuesta de supresión de la agencia federal de manejos de emergencia. El fenómeno Clinton es impresionante. Hace unos años asistí a un acto en Harlem en el que lo presentaron como “el primer presidente negro de los Estados Unidos”, con más amor del que nunca despertó Obama. Su presencia en los actos levantó el tono emocional de la campaña, pero el problema es que su nombre no aparecerá en las boletas de votación. Más importante para el presidente es lo que el huracán produjo en el gobernador republicano de New Jersey Chris Christie y el intendente de Nueva York Michael Bloomberg. New Jersey es el estado vecino a Nueva York, donde Sandy causó una devastación sin precedentes. Más bajo que Obama y con el doble de su circunferencia, el blanco Christie también aspira a la reelección, por lo que, como el presidente, repite que su única preocupación es la gente que sufre y no los comicios de pasado mañana. Por eso archivó su alineamiento activo con Romney y pasó parte de la semana a no más de cincuenta centímetros de Obama, ofreciendo consuelo y prometiendo ayuda. En los peores momentos, Bloomberg dio varias conferencias de prensa por día, con datos y advertencias útiles para los ciudadanos. Es una figura inclasificable en el mapa político estadounidense. Comenzó como periodista en el servicio de finanzas de Reuters, al que luego desplazó con el que lleva su nombre. Fue demócrata, luego republicano y hace cinco años se declaró independiente. Lleva una década al frente de la ciudad y cada cuatro años se especula con una candidatura presidencial que hasta ahora no parece haberle interesado. Pese a tener una de las mayores fortunas del mundo, es partidario de un Estado activo y no como retórica política. Su pronunciamiento a favor de Obama fue uno de los grandes golpes de efecto a pocas horas del cierre de la campaña. No sólo porque ambos coincidieron en el hiperactivismo posterior, sino porque reconoció que Obama es el único de los candidatos con propuestas para atenuar el calentamiento global, por el que se prevé que siga aumentando la intensidad y la frecuencia de calamidades meteorológicas. (Es imposible para un argentino no comparar las respuestas del auténtico ingeniero Bloomberg ante Sandy con las del alcalde porteño, frente a un Serenito de mucha menor gravedad. A Mauricio Macrì no se le ocurrió otra cosa que acusar por el daño de las inundaciones al gobierno nacional, como si administrara una pequeña intendencia que nada puede hacer por si misma. Macrì alardeó con la ayuda siempre prometida y no siempre

 

entregada a los comerciantes inundados y aventuró que tal apoyo ¡no existía en ningún otro lugar del mundo!)

 

Cuestión de swing

 

Romney tuvo que inventar algo que lo mostrara como un hombre sensible. En los estados que pueden ser decisivos, pidió socorros de emergencia para las víctimas del desastre, pese a que se había anunciado que eso no era ni necesario ni conveniente, por los problemas logísticos que creaba. Parecería que La Arenosa dejó mejor parado a Obama, pero dada la mecánica del Colegio Electoral, la definición puede surgir una vez más de los llamados swinging states, es decir aquellos que oscilan entre ambas fórmulas. Esta vez son Florida, Colorado, Iowa, Missouri, Nevada, Virginia, Carolina del Norte, Ohio y Pennsylvania. La clave para la victoria de Obama fue que el entusiasmo suscitado por su candidatura quebró la línea descendente por la que cada vez menos personas ejercían su derecho. La exaltación ha mermado con los años, incluso entre los descendientes de africanos, cuya situación socioeconómica no ha mejorado durante su mandato. El debate acerca de si Obama está en falta con ellos como presidente negro o como líder del partido demócrata, que es el de los más pobres, es teórico y el efecto es el mismo en cualquier hipótesis: esta vez habría menos electores ansiosos por acudir a las urnas en su apoyo. Si a esto se suma el huracán, que golpeó sobre todo en estados de firme arraigo demócrata, la perspectiva no mejora. En todo caso, el actor Michael Moore inició una movilización en Twitter porque una encuesta actualizó lo que siempre se supo: entre quienes no piensan ir a votar, una amplia mayoría jamás apoyaría a Romney, pero tal vez sí a Obama.

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Vivirá EU la elección federal más cara: 6 mil millones de dls.

Nueva York, 2 de noviembre. La presidencia, las 435 curules de la cámara baja, un tercio de los lugares en el Senado, más gubernaturas, alcaldías, legislaturas estatales, iniciativas tipo referendo estatales y hasta el puesto del alguacil antimigrante de Arizona Joe Arpaio estarán en juego el próximo martes 6 de noviembre.

 

Serán los comicios nacionales (presidencia y Congreso federal) más caros. El Center for Responsive Politics calcula que el total ascenderá a 6 mil millones de dólares; 2.6 mil millones de esa cifra son sólo de la contienda presidencial.

 

Todos los aspirantes ya están ofreciendo sus declaraciones finales y participando en sus últimos actos de campaña, con la elección pasando de la batalla aérea (la de persuasión y propaganda por los medios) a una terrestre, en la cual la competencia final es quién logrará generar más votos en las urnas.

 

La contienda entre el demócrata y presidente Barack Obama y el republicano Mitt Romney permanece empatada a escala nacional. El objetivo no es ganar la mayoría del voto popular, sino alcanzar 270 sufragios electorales, y eso será determinado por quien conquiste el voto en unos ocho estados clave. En estos días ha crecido la idea de que la llave de la puerta de la Casa Blanca es el estado de Ohio.

 

La economía, como ha sido el caso durante los últimos años, permanece como el tema prioritario de esta elección, y hoy se difundió la última estadística oficial sobre el tema. El gobierno anunció que se agregaron 171 mil empleos a la economía en octubre, más que los pronósticados, pero a la vez la tasa de desocupación se elevó ligeramente, a 7.9 por ciento. Fue el vigésimo quinto mes consecutivo de incremento del empleo durante el gobierno de Obama, hecho enfatizado hoy por su equipo de campaña, mientras los republicanos resaltaron que ese crecimiento ha sido muy lento.

 

Algunos argumentan un nuevo factor que podría también cambiar la dinámica de esta elección tan reñida: el huracán Sandy. De por sí la tormenta y su paso desastroso por la región más poblada de este país borró la elección nacional de las pantallas de televisión durante tres días, y en su lugar imperó la imagen del presidente y su equipo trabajando de manera efectiva con adversarios políticos prominentes, como el gobernador republicano de Nueva Jersey, Chris Christie, y el alcalde republicano-independiente Michael Bloomberg de Nueva York, todos elogiando al otro, y llegando al punto en que Bloomberg, uno de los hombres más ricos de la nación, sorprendió al anunciar su apoyo a la candidatura de Obama.

 

De hecho, Romney casi desapareció del escenario durante dos o tres días por la gran tormenta, sumándose a la decisión de Obama de suspender sus actos de campaña a principios de esta semana (ambos continuaron enviando a sus promotores más destacados a actos en Florida, Ohio y otros estados clave, entre ellos el ex presidente Bill Clinton). En uno de los actos programados en Kettering, Ohio, Romney proclamó que era una acción de apoyo a las víctimas, pero ello no impidió que se proyectara un video sobre su vida. O sea, fue un acto de campaña disfrazado de solidaridad. Ahí declaró ante las cámaras que estaban empacando latas de alimentos para la Cruz Roja, para enviarlas a uno de los estados afectados que, “creo, es Nueva Jersey”. Poco después la Cruz Roja informó que no estaban solicitando dichas latas y que lo que se necesitaba eran fondos.


Romney sufrió otro revés cuando uno de los medios de mayor prestigio del mundo empresarial, The Economist, lo sorprendió al endosar al candidato que no se presenta como “empresario”, o sea, Obama. El argumento de la revista era que aunque no estaban de acuerdo con mucho de lo que había hecho el presidente, la otra opción simplemente no era aceptable.

 

Sin embargo, el hecho es que ambos candidatos están en una contienda tan cerrada que pocos analistas se atreven a apostar sobre el resultado. Ante ello, ambos aspirantes presidenciales están en un maratón intenso, últimas 96 horas antes de la elección, viajando a todos los estados considerados clave en el mapa electoral. Reflejando la importancia de Ohio, las giras de Obama lo tienen haciendo escalas en ese estado cada día hasta las elecciones, y Romney también pasará múltiples veces, mientras van a otros, como Florida, Virginia, Nevada, Wisconsin, Colorado, Iowa, New Hampshire, Carolina del Norte y, de pronto, Pennsylvania. Será en éstos donde, según los estrategas electorales de ambos, se determinará la elección nacional.

 

Por el momento la contienda se puede resumir en que Obama tiene la ventaja para ganar los 270 votos del colegio electoral, mientras Romney tiene buena probabilidad de ganar el voto popular a escala nacional. Si ello ocurre, Obama gana aunque pierda, gracias al sistema muy particular de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

 

Pero como las encuestas proyectan un concurso posiblemente muy cerrado en varios estados que determinarán el resultado, las campañas de ambos candidatos ya están preparando el despliegue de ejércitos de abogados en lugares como Ohio y Florida, donde cada lado evaluará qué tanto cuestionar el proceso al concluir la fase del voto y su conteo.

 

Esta elección también determinará cuál de los partidos controla cada cámara del Congreso, aunque por ahora los indicadores señalan que no habrá mucho cambio, con los republicanos manteniendo su mayoría en la cámara baja y los demócratas el Senado.

 

A escala estatal y local hay múltiples disputas. Tal vez una de las más interesantes es la enfocada en un alguacil de Arizona que se ha convertido en figura nacional por su posición y acciones explícitamente antimigrantes. Organizados bajo frases como “Adiós Arpaio” y “Joe tiene que irse”, latinos, sindicalistas, religiosos y defensores de los derechos civiles y de los migrantes están promoviendo el empadronamiento y la participación de más latinos y otros para derrotar a Arpaio, reportó el New York Times. Sin embargo, el sheriff tiene un botín de 8.5 millones para efectos electorales, más que cualquier otro candidato local en la historia de Arizona, y apoyo de una red de simpatizantes locales y nacionales.

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Viernes, 02 Noviembre 2012 11:03

Arrancó una nueva campaña venezolana

Arrancó una nueva campaña venezolana

De los 23 estados en juego se destaca Miranda, donde el oficialismo medirá fuerzas con el hasta el mes pasado vicepresidente Elías Jaua y la oposición con el ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, derrotado por Chávez el 7 de octubre.

 

Los 135 candidatos para los comicios regionales de Venezuela que se llevarán a cabo el 16 de diciembre iniciaron ayer la campaña electoral en los 23 estados del país, entre los que se destaca el de Miranda, donde medirán fuerzas el hasta el mes pasado vicepresidente Elías Jaua y el ex candidato presidencial opositor Henrique Capriles Radonski, derrotado por Hugo Chávez. La elección estará signada por la pelea del gobierno por conquistar el poder en los principales estados del país, actualmente en manos de la oposición, como Miranda, Carabobo, Zulia, Lara, Anzoátegui y Táchira, entre otros. Jaua anunció que hará una caminata y un mitin en un poblado de Miranda, estado actualmente gobernado por Capriles. En tanto, el actual gobernador del estado, al que también pertenece Caracas, anunció a través de su cuenta en Twitter que realizará un encuentro con su equipo de campaña para conquistar su reelección. "Muy buenos días, inicia noviembre y hoy otra etapa hacia el 16Dic con las elecciones de Gobernadores, éxito a todos nosotros candidatos ¡A ganar!", escribió Capriles, quien en las presidenciales del 7 de octubre perdió en su propio estado.

 

El candidato a la reelección en el estado de Zulia, el opositor Pablo Pérez, anunció visitas y madrugonazos en varios pueblos de esta dependencia fronteriza con Colombia, mientras que su rival del oficialismo, Francisco Arias, dijo que iniciaría la campaña el próximo sábado. Para el centro-occidental estado de Carabobo se espera que el candidato opositor a la reelección, Henrique Salas, se presente en una jornada de programas sociales y que el aspirante del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Francisco Ameliach, encabece un acto de masas. La campaña concluirá el 13 de diciembre, de modo que los candidatos tienen 43 días para conquistar a los electores. El chavismo pone en juego 16 estados, mientras que la oposición hará lo mismo en otros siete. La diferencia estriba en que en el municipio de Libertador, el del Distrito Capital, no habrá comicios, lo que disminuyó el padrón electoral a 17,4 millones –incluidos los residentes extranjeros– frente a los 19 de las elecciones presidenciales.

 

De todas las pugnas electorales, el principal campo de batalla será el que tendrá lugar en Miranda, estado central al que pertenece parte de Caracas y donde Capriles ha ondeado la principal victoria opositora en los últimos años. Tras lograr 6,5 millones de votos en las elecciones presidenciales, frente a los 8,1 del presidente venezolano, un resultado que le permitió reducir más de siete puntos el margen opositor de los comicios de 2006, Capriles pone en juego todo lo ganado frente al ex vicepresidente venezolano Elías Jaua.

 

El hombre fuerte del gobierno de Chávez durante los últimos dos años llamó ayer a votar contra "un grupo fascista que intenta amenazar el camino revolucionario de Venezuela" y que convirtió a Miranda en una amenaza para la voluntad de la mayoría de los venezolanos. Asimismo, acusó a Capriles de haber desatendido Miranda por su frustrada aspiración presidencial y recordó que el aún gobernador perdió en el cómputo de votos en ese estado el 7 de octubre.

 

"Al gobierno no le interesa hacer en Miranda nada, ni resolver ningún problema. Ellos lo único que quieren es acabar conmigo, ése es su único objetivo: acabar con Capriles", se victimizó el líder opositor en un acto público con el que dio inicio a su campaña. Agregó que su proyecto apuesta por seguir con su gestión de gobierno, "continuar haciendo lo que hemos hecho porque tenemos que seguir construyendo un futuro mejor", afirmó.

 

A lo largo y ancho del país, todos los candidatos han lanzado sus respectivas campañas, en las que se pone en juego, en palabras de Adán Chávez, gobernador y aspirante a la reelección en Barinas, "una batalla de las ideas, una batalla que tiene que ver con dos modelos de vida totalmente contrapuestos".

 

El también hermano del presidente agregó: "trabajaremos muy duro para seguir por el camino del socialismo bolivariano", agregó en el acto de inicio de campaña. El mandatario venezolano también hizo alusión al asunto con un breve comentario en la red social Twitter: "¡Arrancó la campaña electoral para las Gobernaciones! ¡A la ofensiva popular y a una nueva victoria Revolucionaria!". Como es costumbre en Venezuela, la polémica fue marcada los últimos días por varias decisiones del Consejo Nacional Electoral. La primera fue permitir que varios candidatos del partido de Chávez, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus equipos de campaña, un total de 108 personas, pudieran modificar su empadronamiento pese a que ya había pasado el plazo para ello, en una medida que el CNE tildó de "excepcional". La rectora del CNE, Sandra Oblitas, una de las cinco que integran la dirección del órgano, pidió respeto para los votantes durante la campaña. "El inicio de campaña fue hoy a las seis de la mañana (hora local) y una vez más llamamos la atención para que sea en el mejor de los términos con respecto a los electores", dijo la rectora ante los periodistas.

 

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Jueves, 01 Noviembre 2012 06:48

Gane quien gane

Gane quien gane

Sea Mitt Romney o sea Barack Obama, el tercero y último debate entre ambos candidatos a la presidencia de EE.UU. sobre política exterior ha mostrado que poca o ninguna diferencia hay entre los dos en esta materia: Washington continuará con su política de guerra destinada a dominar el mundo entero y con las políticas internas necesarias para ello.

 

El encuentro tuvo ciertos matices antibélicos: el presidente señaló que es hora de ocuparse de EE.UU. y no de otras naciones, el candidato republicano empleó la palabra paz o pacífico diez o doce veces, pero del dicho al lecho hay mucho trecho, como le oyeron decir a Casanova. Sucede que los dos leen las estadísticas que llegan a una clara conclusión: el pueblo estadounidense está cansado de las guerras que paga con la pérdida de seres queridos y además de su bolsillo.

 

Un sondeo del Pew Research Center reveló que el 64 por ciento de los consultados está contra la intervención en el conflicto de Siria, el bombardeo a las tropas leales a su gobierno, como ocurrió en Libia, y el envío de armas y suministros a los opositores de Bashar al Assad. Un 57 por ciento insistió en la retirada de las tropas de Afganistán cuanto antes. El 51 por ciento quiere que EE.UU. se mantenga neutral si Israel atacara a Irán (www.peoplw.org, 15/3/12). Hay que tenerlo en cuenta en los discursos. Estuvieron, en cambio, de acuerdo en que la llamada “guerra antiterrorista” debe continuar.

 

Romney ofreció dirigirla mejor, pero ninguno de los dos propuso un cambio de la política asentada en las casi mil bases militares que EE.UU. instaló en cien otros países en nombre de su seguridad nacional, ¿De qué se trata, entonces? ¿De dirimir quién será el más apropiado para continuar invadiendo y cambiar regímenes considerados hostiles? Como el ex vice Dick Cheney dijera muy contento, finalmente Obama ha seguido aplicando gran parte de las políticas “antiterroristas” de su antecesor W. Bush (//thehill.com, 17/1/11). Y hasta las ha excedido y no sólo porque ordenó aumentar los ataques con aviones no tripulados (ANT) en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia que tantas muertes de civiles causan. Preparó algo más, verdaderamente siniestro y aun increíble.

 

The Washington Post informó que Obama desarrolló secretamente en los últimos dos años un listado de presuntos terroristas de todo el mundo –EE.UU. incluido– a secuestrar y/o ejecutar extrajudicialmente (www.washingtonpost.com, 23/10/12). Ya existía esa práctica y las listas también, pero el actual mandatario estadounidense ha decidido convertirlas en políticas de Estado. El Centro Nacional Antiterrorista (NCTC, por sus siglas en inglés) bajo la dirección de John Brennan, “el sacerdote cuya bendición ya es indispensable para Obama”, se dedica a armonizar las listas de la muerte de la CIA y del Comando Especial de Operaciones Conjuntas (JSOC, por sus siglas en inglés) –el organismo militar de elite que estuvo a cargo de asesinar a Bin Laden– a fin de proceder, incluso cuando el objetivo no es alcanzable por los ANT.

 

“Hay un amplio consenso entre los funcionarios de mayor jerarquía del gobierno de Obama en torno de que tales operaciones se llevarán a cabo al menos a lo largo de otra década”, informa el Washington Post y cita a uno de ellos: “Es una parte necesaria de lo que hacemos... En diez años no tendremos un mundo en el que todos se tomarán de la mano y dirán ‘amamos a EE.UU.’... lo que sugiere que EE.UU. sólo ha alcanzado el punto medio de lo que alguna vez se llamó guerra global contra el terrorismo”. El artículo subraya “la medida en que Obama ha institucionalizado la práctica muy clasificada de asesinar a un (determinado) blanco, transformando los elementos ad hoc en una infraestructura antiterrorista capaz de sostener una guerra aparentemente interminable”.

 

Huelga decir que esto viola los tratados y normas internacionales establecidos que condenan las ejecuciones extrajudiciales. Sólo que, como señala el experto Micah Zenko en el blog del Consejo de Relaciones Exteriores, en el grupo pensante de la política exterior del gobierno Obama ha cuajado la idea de que “la rutina por tiempo indefinido de la ejecución de sospechosos de terrorismo y de hombres cercanos a ellos en edad militar es ética, moral, legal y efectiva” (//blogs.cfr.org, 24/10/12).

 

“He hablado con decenas de funcionarios en los dos gobiernos –añade Zenko– y estoy convencido de que quienes ocuparon cargos bajo el presidente (W.) Bush eran en realidad mucho más conscientes y reflexivos acerca de las consecuencias a largo plazo de estas ejecuciones que sus sucesores bajo Obama.” ¿El período de Obama fue el tercero de W. Bush, pero más avanzado? Si Mitt Romney gana las elecciones presidenciales del próximo martes, debería estarle agradecido al perdedor: le ahorró un montón de trabajo en la tarea de proseguir una guerra sin término.

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Lunes, 29 Octubre 2012 07:32

Piñera perdió en bastiones

Piñera perdió en bastiones

El gobierno de derecha del presidente Sebastián Piñera perdió bastiones considerados clave durante las elecciones municipales que se llevaron a cabo ayer. Los comicios, con una abstención superior al 70 por ciento, estuvieron marcados por el triunfo de la oposición en las emblemáticas comunas capitalinas de Santiago y Providencia, bastiones del oficialismo. La victoria en Providencia de Josefa Errázuriz, líder surgida desde los movimientos sociales y ciudadanos, fue de hecho el símbolo de los comicios por romper el bipartidismo que domina a Chile desde el retorno a la democracia en 1990. “Gracias a todos por su apoyo”, dijo Errázuriz al confirmar su victoria. “Ha triunfado el odio”, replicó el derrotado alcalde, Cristián Labbe, ex guardaespaldas del dictador Augusto Pinochet.


El oficialismo, que enfrentará comicios legislativos y presidenciales en 2013, obtuvo finalmente 1.100.000 votos sobre un total de 13 millones de electores potenciales. La cifra representó un 38 por ciento de los votos válidamente emitidos. La oposición de centroizquierda, que agrupó desde demócratas cristianos hasta comunistas, sumó un 44 por ciento de los sufragios emitidos, yendo en dos listas. El Partido Progresista de Marco Enríquez-Ominami, que competía por fuera de los dos bloques dominantes de la política chilena, obtuvo un 2 por ciento de los votos emitidos. Las demás agrupaciones sumaron menos de un 5 por ciento.


Las elecciones municipales se realizaron ayer en todo Chile con la abstención más alta de la historia, algunas manifestaciones de jóvenes contra la dictadura de 1973-1990, la sorprendente aparición en el padrón de cientos de personas fallecidas o desaparecidas en ese período –incluido el ex presidente Salvador Allende– y alrededor de un centenar de detenidos por diversas infracciones.


Aunque el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, no lo mencionó, los comandos de los diversos partidos y coaliciones advirtieron que al extrapolar las cifras se confirma que hubo una gran abstención, pues el total de votos emitidos bordearía los 6 millones, en un padrón de 13.404.084 electores habilitados para escoger a 345 alcaldes y 2224 concejales, en comicios considerados históricos por ser la primera vez en que el voto no fue obligatorio. Esa circunstancia, sumada a que también por primera vez la inscripción en los padrones fue automática y no voluntaria, y combinada con el descontento de muchos ciudadanos por la marcha de los asuntos públicos, determinó la tasa de abstención más alta de la historia electoral chilena.


En el caso de la elección de concejales, el primer cómputo totalizó solamente 94 mil votos, de los que la oposición, que iba dividida en dos listas, obtiene en total un 48,20 por ciento, frente a un 36,18 por ciento de la coalición oficialista de derechas.


Los resultados eran esperados con expectativa pues son considerados clave para perfilar el escenario electoral para las presidenciales de 2013. Las encuestas no lograron dar señales demasiado claras, no sólo por el desinterés ciudadano sino también por la dispersión de la oposición. “Ha habido una menor afluencia de personas a las mesas de votación”, reconoció el director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, una hora antes de que se cerraran los comicios. A diferencia de elecciones anteriores, no se registraron aglomeraciones en los centros de votación, ni siquiera en el Estadio Nacional de Santiago, donde se concentra la mayor cantidad de mesas.


Las imágenes de los canales de televisión mostraron en muchos casos a las autoridades de mesa charlando entre ellas, a la espera de que llegaran ciudadanos a votar, en una situación que había sido adelantada por las encuestas, que pronosticaban una abstención cercana a 40 por ciento. Ante ese panorama, los dirigentes políticos exhortaron a los ciudadanos a que concurrieran a las urnas. “Cuando vota poca gente, la democracia se debilita; si ustedes no votan, otros van a tomar las decisiones por ustedes y eso no es bueno”, afirmó el presidente Sebastián Piñera después de emitir su voto.


La reciente reforma electoral que posibilitó el empadronamiento automático y el voto voluntario no permitió, sin embargo, que pudieran participar de los comicios los chilenos que residen en el exterior, entre ellos la ex presidenta Michelle Bachelet, actual directora ejecutiva de ONU Mujeres. Esta limitación fue criticada por el antecesor de Bachelet, Ricardo Lagos, quien atribuyó a la derecha la responsabilidad de haberse opuesto sistemáticamente en el Parlamento a que puedan votar los chilenos que viven en el extranjero

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Posible, ganar la presidencia de EU sin obtener la mayoría del sufragio popular

Nueva York, 28 de octubre. El triunfador de la elección presidencial de Estados Unidos podría perder el voto popular nacional, algo que ha sucedido cuatro veces en la historia del país, la más reciente en 2000, cuando Al Gore ganó el voto popular, pero George W. Bush ganó la elección.


El voto popular nacional no elige al presidente de Estados Unidos, y por ello ahora cada vez más analistas consideran que uno de los escenarios que se perfilan para el 6 de noviembre –día de las elecciones– es que Barack Obama gane otros cuatro años en la Casa Blanca perdiendo el voto popular pero triunfando donde cuenta: el llamado Colegio Electoral.


Las encuestas nacionales registran un empate técnico entre Barack Obama y su contrincante Mitt Romney, y algunas muestran incluso ventaja para el republicano. Pero esto no necesariamente implica que Obama esté perdiendo y que se pueda proyectar la posibilidad el triunfo de la oposición. De hecho, algunos comentaristas aquí y en otras partes del mundo, con base en estas encuestas, dan la impresión de que Romney ya es el favorito.


Pero los sondeos nacionales sólo registran las tendencias del voto popular y no lo que más importa: las tendencias del voto en unos ocho o nueve estados que son los que determinarán el resultado final de la elección. En éstos Obama mantiene la ventaja y el camino al triunfo para Romney es mucho más complicado que para el presidente.


Robert Shrum, veterano estratega y asesor electoral demócrata, está confiado en un triunfo de Obama, ya que “el resultado será decidido en los estados de campo de batalla y aquí Obama tiene muchos más caminos rumbo a una mayoría de 270 votos electorales”, escribe en The Daily Beast.


Por ello, el enfoque exclusivo de ambas campañas no es sobre el voto nacional, sino en esos ocho o nueve estados considerados “campo de batalla”; ahí es donde continuarán haciendo actos de campaña y ahí invertirán sus recursos para publicidad y para promover el voto en esta recta final, todo para conquistar el Colegio Electoral: el trofeo no es ganar la mayoría del voto popular, sino obtener por lo menos 270 votos electorales.


Por ahora hay un gran enfoque sobre Ohio. Ningún candidato republicano ha ganado la presidencia sin ganar ese estado, pero es posible hacerlo. Por ahora, todos los estrategas y analistas hacen cálculos de qué combinación de estados claves necesita cada candidato para triunfar. Los otros estados considerados claves son Florida, Virginia, Carolina del Norte, Nueva Hampshire, Wisconsin, Nevada y Colorado, a veces con otros dos agregados a la lista.


La elecciones presidenciales son en verdad 51 elecciones simultáneas en cada uno de los estados más el distrito de Columbia, cada una con sus propias reglas y bajo sus propias autoridades. En ningua se vota directamente por un presidente, sino por electores que, a su vez, son los que eligen al próximo inquilino de la Casa Blanca.


El Colegio Electoral no es una instancia, sino un proceso establecido por la Constitución donde se seleccionan electores, éstos se reúnen para votar por el presidente y el vicepresidente, y sus votos son oficialmente contados por el Congreso. Está compuesto por 538 electores y se requiere una mayoría de ellos –270– para elegir al presidente. El número de electores proporcionados a cada estado es equivalente al número de legisladores federales (representantes más dos senadores) de cada entidad. Cuando un votante emite su sufragio para presidente en las urnas, en verdad está votando por un elector de ese candidato. Casi todos los estados establecen que quien gana la mayoría estatal gana todos los votos electorales de ese estado (hay dos excepciones, Nebraska y Maine, donde es proporcional). Técnicamente, el candidato que gane la presidencia no se determina al fin del día electoral, sino después de la reunión de los electores en diciembre, cuando ellos emiten su voto, éste es certificado y enviado al Congreso, y ese voto electoral es contado por el Congreso el 6 de enero. El vicepresidente, quien por ley también es el presidente del Senado, anuncia el resultado. Sólo entonces el nuevo presidente rinde juramento, el 20 de enero.


Voto y conflictos


Este sistema ha sido criticado y calificado de anacrónico y antidemocrático, y cada vez que existe la posibilidad de una situación donde un candidato puede ganar la presidencia sin la mayoría del voto popular hay llamados a reformar el sistema. Sin embargo, eso requiere la aprobación de una enmienda constitucional y hay varios estados renuentes a ceder su papel de “claves” según este sistema.


Pero las disputas pueden ser feroces y hasta poner en duda todo el proceso, como ocurrió en 2000, cuando el demócrata Al Gore ganó el voto popular por más de 500 mil votos, pero perdió la elección. En ese entonces, con el voto tan cerrado en lugares como Florida, se armó una disputa electoral sobre el conteo del voto, y esa posibilidad existe en la elección actual si el margen de victoria es muy cerrado en algunos de los estados claves.


A la vez, una elección donde el ganador pierde el voto popular provoca una crisis de legitimidad, ya que por definición el resultado no es expresión de la voluntad popular, y por supuesto eso tiene impacto en ejercer autoridad y gobernar bajo esas circunstancias.


Ningún presidente que ha buscado su relección ha ganado jamás el colegio electoral y perdido el voto popular, informa el Washington Post. De hecho, cada uno de los presidentes que han ganado su relección en el último medio siglo ha obtenido un mayor voto popular que en su primera elección.


Por todo esto, un candidato puede gozar de ventaja en las encuestas nacionales pero eso no es indicador de que ganará la elección.

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 Romney: energéticos de México/Canadá y maquila de América Latina en lugar de China

¿Existirá un efecto Sandy”, que azota Nueva York y la costa Este, en los cruciales comicios de Estados Unidos (EU)? Las elecciones están tan apretadas que cualquier noticia y la capacidad de respuesta de los candidatos puede afectar el resultado en pocos días.

 

Ezra Klein, de The Washington Post (26/10/12) llega hasta conjeturar una victoria del “voto popular” del republicano Mitt Romney, pero con un determinante triunfo de Obama en el colegio electoral, que requiere 270 votos, donde, por cierto, los 18 votos de Ohio serían decisivos.

 

EU todavía se encuentra muy atrasado en su sistema electoral de corte decimonónico, donde en última instancia el sufragio es indirecto con el peso específico de la proporción de votos electorales de acuerdo con la demografía de cada estado. De allí que existen ocho “estados indecisos” (swing states) con unos 100 votos electorales que pueden afectar el epílogo no apto para cardiacos. El ex presidente James Carter ha llegado hasta fustigar el sistema electoral de su país como uno de los peores del mundo, que contrasta con el de Venezuela al que considera “el más perfecto del mundo”.

 

Ohio mide unos 116 mil kms2 (10 mil kms2 más que Chiapas) y tiene 11.5 millones de habitantes, de los cuales uno de cada ocho empleados pertenece al sector automotriz y cuya percepción será determinante para inclinar la balanza del “estado indeciso”, donde Obama ha mantenido una precaria ventaja.

 

Según Klein, a ocho días de la elección, “las encuestas de los estados son también claras: Obama va a la cabeza en Ohio, Wisconsin, New Hampshire, Iowa, Nevada, Michigan y Pennsylvania. Colorado y Virginia se encuentran empatados. Florida y Carolina del Norte favorecen a Romney. Aun si Obama pierde Colorado y Virginia, todavía obtendría más de 290 votos electorales (20 más de los necesarios).

 

Durante los tres debates en la muy cerrada elección entre el presidente Obama y su contrincante Romney, su país vecino del sur nunca fue citado en política exterior salvo en forma tangencial –la Border Patrol por el primero y la ignominiosa ley Arizona por el segundo: que afectan a la transfrontera–, la inmigración (en forma muy genérica, más con el fin de atraer el relevante voto latino) y una sola vez fue pronunciado “México” por el candidato oriundo de Detroit y ex gobernador de Massachusetts: en referencia al nacimiento de su padre en la comunidad mormona de Chihuahua, a lo que agregó de manera tajante “de padres estadunidenses” para no perturbar al Partido del Té ni a los blancos anglosajones protestantes (WASP, por sus siglas en inglés) que forman la base electoral protorracista del Partido Republicano, junto a su arma ideológica de destrucción disuasiva: la protuberante Asociación Nacional del Rifle, cuyo manual teológico muy bien puede ser el libro mexicanófobo Quiénes somos, del supremacista Samuel Huntington, que no ha sido suficientemente escudriñado como el Mein kampf posmoderno, notario de la guerra de religiones y raciales que se han desatado en el planeta con su intoxicante Choque de civilizaciones, en sincronía de las fracasadas guerras bushianas de Irak y Afganistán.

 

Para los avezados/abusados analistas de México y AL llamó poderosamente la atención que Romney, durante el segundo debate, como propuesta del cese de la dependencia energética de EU –a la que le endosa la culpa indebidamente al presidente en turno cuando ha sido una política integral de todos los presidentes de EU sin excepción desde antes de la Primera Guerra Mundial–, haya formulado a los energéticos de “Norteamérica” como viabilidad redentora.


Que conste que no dijo “EU” sino “Norteamérica”, que de facto integra los preciados energéticos (hidrocarburos y agua) tanto de Canadá como de México: este último hipotecado metafóricamente desde el 18 de septiembre de 2001 (siete días después del fatídico 11/9) mediante “Los nuevos horizontes en las relaciones EU-México” –patrocinado por el muy influyente Centro de Estudios Internacionales Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés), el ITAM (sic), la Universidad de Texas en Austin y una entelequia entreguista Cidac– apuntalado seis años después por el Aspan y en espera de la incorporación al Comando Norte y hasta al esquema de ciberseguridad del Pentágono.

 

Los acuerdos transfronterizos de extracción de hidrocarburos entre EU (con alta tecnología) y México (sin tecnología) apuntan en el Golfo de México en la dirección irreversible del traslape energético de “Norteamérica”, además de los gasoductos provenientes de Canadá para abastecer la incurable adicción estadunidense.

 

En el tercer debate parte significativa radicó en el tema delicado de China que expuso el antagonismo de los contrincantes. Una cosa son los debates destinados a jalar a los indecisos y otra son las políticas explícitas.

 

Obama, con la mira en el sector automotriz de Ohio y sus trascendentales 18 votos electorales, reviró a Romney –quien había fustigado el rescate por el gobierno de la industria automotriz a un precio muy elevado– que su política llevaría a la importación de vehículos chinos y al desmantelamiento doméstico. Fue un buen golpe electorero de Obama, pero faltaba lo mejor sobre China, el primer centro manufacturero del planeta.

 

Más allá de que Romney esté dispuesto a condenar a China como “manipulador de divisas” –desde el primer día de su gobierno, en caso de su victoria–, llamó la atención su audaz propuesta de crear una zona amplia de maquila en toda AL para sustituir al gigante asiático, lo cual representa una verdadera revolución en las relaciones comerciales de EU.

 

En fechas recientes ha sido la tónica en la prensa anglosajona –en particular, la revista británica The Economist, portavoz del modelo neoliberal y muy cercana a los intereses de los banqueros Rothschild– contrastar a China con México en términos de la mano de obra barata en la manufactura. Palabras más menos: México está por desplazar a China como principal centro manufacturero del outsourcing (“deslocalización”) de EU cuando la brecha laboral se ha reducido en detrimento del gigante asiático.

 

Los clásicos turiferarios del modelo mercantilista neoliberal han llegado hasta definir a México como la “nueva China del siglo XXI” –en términos puramente comerciales reduccionistas, desde luego, y haciendo caso omiso de la descomunal brecha tecnológica entre México (muy rezagado) y China, que avanza a pasos acelerados en todas las áreas del conocimiento.

 

Lo relevante de la propuesta de Romney para convertir a AL en el nuevo centro manufacturero de EU en lugar de China, radica en que se despliega en la mesa de discusión en momentos en que Obama impulsó su política “pivote” de contención militar del gigante asiático.

 

A final de cuentas, lo expresado por Romney durante los debates, tanto sobre los “energéticos de Norteamérica” como sobre el nuevo centro manufacturero estadunidense en AL, constituyen las dos caras de la misma moneda de confrontación militar con China.

 

www.alfredojalife.com

@AlfredoJalife

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La política exterior de Estados Unidos y su opinión pública interna

Conforme se aproximan las elecciones en Estados Unidos, con gran cautela se vuelve la política exterior uno de los puntos a debatir. No es secreto que durante los últimos 50 años ha existido cierta consistencia de largo plazo en la política exterior estadunidense. Las diferencias internas más agudas ocurrieron cuando George W. Bush asumió la presidencia y lanzó un intento supermacho, deliberadamente unilateral, por restaurar la dominación de Estados Unidos en el mundo mediante las invasiones de Afganistán e Irak.

 

Bush y los neoconservadores confiaban en intimidar a todos en el mundo utilizando la fuerza militar para cambiar los regímenes que el gobierno estadunidense juzgara poco amistosos. Como resulta claro hoy, la política neoconservadora falló en su propio objetivo. En vez de intimidar a todos, tal política transformó la lenta decadencia estadunidense en una precipitada caída. En 2008, Obama compitió con una plataforma que proponía revertir estas políticas, y en 2012 alega que ya cumplió su promesa y que, por tanto, deshizo el daño que ocasionaron los neoconservadores.

 

Pero, ¿acaso sí deshizo el daño? ¿Pudo haber deshecho el daño? Lo dudo. Pero mi intención aquí no es discutir qué tan exitosa es o no la política exterior estadunidense en este momento. Más bien quiero discutir lo que el pueblo de Estados Unidos piensa acerca de ésta.

 

En la opinión pública el elemento más importante relacionado con la política exterior estadunidense es la incertidumbre y la falta de claridad. Las encuestas recientes muestran que por vez primera una mayoría de estadunidenses piensa que las intervenciones militares que emprendió Bush en Medio Oriente fueron un error. Lo que todas estas personas parecen ver es que hubo un enorme derroche de vidas y dinero estadunidenses, con que se obtuvieron resultados que a la gente le parecen muy negativos.

 

Perciben que el gobierno iraquí está más cerca en sentimiento y en política al gobierno iraní que a Estados Unidos. Perciben que el gobierno afgano tiene bases muy endebles –con un ejército infiltrado por los suficientes simpatizantes talibanes que pueden disparar a los soldados estadunidenses con quienes trabajan. Quieren que las tropas de Estados Unidos abandonen Afganistán en 2014 como lo prometieron, pero no creen que, una vez que las tropas se retiren, vaya a haber un gobierno estable en el poder, uno que sea relativamente amistoso hacia Estados Unidos.

 

Es significativo que, en el debate entre los dos candidatos a la vicepresidencia, el demócrata Joe Biden haya afirmado con vigor que no enviarían tropas estadunidenses a Irán. Y que el republicano Paul Ryan dijera que nadie en su bando estaba pensando en enviar tropas. Ambos pueden o no estar diciendo la verdad acerca de sus posturas. Lo notable es que ambos piensen que cualquier amenaza de su parte relacionada con enviar tropas de tierra podría lastimar las posibilidades de su partido con los votantes.

 

Entonces, ¿qué? Ésa es precisamente la cuestión. La misma gente que dice que las intervenciones estadunidenses fueron un error todavía no está dispuesta a aceptar la idea de que Estados Unidos no debería continuar manteniendo o expandiendo el alcance de sus fuerzas militares. El Congreso estadunidense continúa votando en favor de presupuestos para el Pentágono que son mucho más vastos de lo que el propio Pentágono solicita. Esto es, en parte, resultado de que los legisladores quieren mantener empleos en distritos donde tales empleos se vinculan con las fuerzas armadas. Pero también es porque el mito de la superpotencia estadunidense sigue siendo un compromiso emocional muy fuerte para virtualmente todos en el país.

 

¿Hay en la perspectiva un aislacionismo oculto? Hasta cierto punto, no hay duda. Hay, sin duda, votantes más a la izquierda o más a la derecha que comienzan a afirmar con más contundencia lo deseable y necesario que es reducir el involucramiento militar estadunidense en el resto del mundo. Pero creo que al momento esto no representa una gran fuerza. No todavía.

 

En cambio, lo que podemos esperar es una lenta y callada revisión, no por eso menos importante, de cómo sienten los estadunidenses acerca de series particulares de aliados. El alejamiento de Europa, sea cual fuere la forma en que definamos Europa, lleva ya largo tiempo ocurriendo. A Europa se le considera un tanto "ingrata", tomando en cuenta todo lo que Estados Unidos hizo por ella en los últimos 70 años militar y económicamente. Para muchos ciudadanos estadunidenses Europa parece muy poco deseosa de respaldar las políticas de Washington. Actualmente se están retirando tropas de Estados Unidos de Alemania y de otras partes.

 

Por supuesto, Europa es una categoría grande. ¿Acaso el estadunidense ordinario tiene diferentes puntos de vista acerca de Europa oriental (los satélites ex soviéticos)? ¿O acerca de Gran Bretaña, con quien se supone que Estados Unidos mantiene una "relación especial"? La "relación especial" es más un mantra de los británicos que de los estadunidenses. Estados Unidos recompensa a Gran Bretaña cuando se mantiene en la línea, pero no cuando se sale de ésta. Y el estadunidense ordinario apenas si es conciente de este compromiso geopolítico.

 

Europa oriental es diferente. Ha habido presiones reales de ambas partes para mantener una relación cercana. Por el lado estadunidense, ha habido un interés del gobierno por utilizar el vínculo con Europa oriental como forma de contrarrestar las tendencias de actuación independiente que mantiene Europa occidental. Y hay presiones por los descendientes de los migrantes de estos países para expandir los vínculos. Pero Europa oriental comienza a sentir que el compromiso militar estadunidense se adelgaza y se torna poco fiable. Comienza a sentir que los lazos económicos con Europa occidental, Alemania en particular, son más importantes para ellos.

 

El antagonismo hacia México debido a los migrantes indocumentados ha llegado a jugar un papel importante en la política estadunidense y ha estado socavando los supuestos lazos económicos cercanos con México. Y en cuanto al resto de América Latina, el crecimiento de su postura geopolítica independiente es fuente de frustración para el gobierno estadunidense y de impaciencia para el público en ese país.

 

En Asia, golpear a China es un juego que crece en popularidad, pese a los esfuerzos de los gobiernos estadunidenses (tanto republicanos como demócratas) de mantenerlo a raya. A las firmas chinas se les impiden algunos tipos de inversión en Estados Unidos que incluso Gran Bretaña permite.

 

Y finalmente está Medio Oriente, área central de preocupación estadunidense. Actualmente el foco está puesto sobre Irán. Y al igual que en América Latina, el gobierno parece frustrado con sus limitadas opciones. Está presionado constantemente por Israel para hacer más, aunque nadie está muy seguro de lo que significa ese "más".

 

El respaldo para Israel de todos los modos posibles ha sido una pieza central de la política exterior estadunidense desde por lo menos 1967, si no es que desde antes. Poca gente se atreve a cuestionarla. Pero esos "pocos" comienzan a tener el respaldo de figuras militares que sugieren que la política de Israel es peligrosa en términos de los intereses militares estadunidenses.

 

¿Continuará imbatible en los próximos 10 o 20 años el penetrante respaldo hacia Israel? Lo dudo. Israel puede ser el último de los compromisos emocionales de Estados Unidos que se desvanezca. Pero es casi seguro que habrá de esfumarse.

 

Es probable que para 2020 y para 2030 la política exterior comience a digerir la realidad de que Estados Unidos no es la única superpotencia todo poderosa, sino simplemente uno de los cuantos loci de poder geopolítico. El cambio en la perspectiva será impulsado por la evolución en los puntos de vista de los estadunidenses ordinarios, quienes continúan estando más preocupados por su bienestar económico que por los problemas que yacen más allá de las fronteras. Y conforme el "sueño americano" atrae a menos y menos no estadunidenses, se vuelve hacia dentro en Estados Unidos.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

 

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Martes, 23 Octubre 2012 20:30

Chávez, sin crecer, ganó

Algo pasa. El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) perdió, quedó en minoría frente al total de votos de la oposición. Por primera vez, el triunfo de Chávez requirió tanto de los aliados históricos como de otros partidos inflados y con líos judiciales que conformaron el Gran Polo Patriótico. Aún así, desde 2006 su votación cayó del 63 al 55 por ciento, y los adversarios subieron al 50,7. Un resultado logrado, pese al aumento de más de un millón de venezolanos en el registro electoral y de los beneficios que derivan de la política social del gobierno bolivariano. Una vez con el tranquilizante del triunfo, el balance, la revisión y la crítica son más que necesarios.

Nota. Vistos los resultados numéricos de la elección presidencial, el antetítulo Los errores del “socialismo real inexistente” pudieran incrementar síntomas de no crecer, en la edición anterior, tuvo una comprobación inmediata. Asimismo, resultó válida la afirmación y la pregunta incluida en ese artículo, pág. 22: “el lunes 10 de septiembre (el PSUV) tiene anotados 6.729.361 sufragantes [...] 13.679 comandos y 886.345 patrullas Carabobo que ya cumplieron con la tarea de registrar el “1por10” votantes […] No cabe pensar en un número mayor y abigarrado de simpatizantes del chavismo, […] (con) volumen y representación visible en las marchas y concentraciones, […] ¿qué sólo espera ir a votar el 7? ¿Cuántos son o pueden ser?”. Sólo fueron unos pocos miles. Fue una votación para el Presidente, con ¿¡los mismos votos!?, antes y después de seis años en ejercicio del poder, con realizaciones sociales, y de una campaña electoral de tres meses. ¿Cuál y dónde están la causa y la responsabilidad?

En la Venezuela que pinta de vino tinto las sillas nuevas del estadio de Puerto de la Cruz para las eliminatorias del Mundial de Fútbol, hoy, con una distribución de la renta petrolera diferente –a favor de la inclusión social–, de la que hacía el capital privado en la IV República (1958-1998) –el pasado–, con dos lustros de poder y de legitimación con una mayoría social no sólo electoral, tras el victorioso 11-13 de abril de 2003/paro petrolero-febrero 2004, y del premio con la reelección de Chávez en 2006; ahora, más de seis millones de venezolanos, 6.461.612, ya no hicieron caso. Aunque así lo agiten, no fue la “batalla perfecta”, que con “¡Chávez ♥ corazón de mi patria!” tenía en su meta rozar los 10 millones de votos. Con el “vamos a darle una paliza a la burguesía” cerró la campaña.

Aún con la dificultad, es concebible la radicalización “antisistémica” o de profundidad estructural de la revolución con medidas generales frente a: valor y propiedad del suelo urbano, limitación inmediata del porcentaje anual en el producto interno, venta del petróleo; papel y alto porcentaje de ganancia de la banca privada –¿nacionalización?–, empleo digno; modificación de 21 bolívares en circulación por cada US$ o su valor en oro, con efecto de una inflación –aún en 18 por ciento, que brincó 1,6 en septiembre–, permanencia antisocial del IVA en 11 por ciento; soberanía alimentaria y conocimiento público de un catastro de tierras del Estado, su uso, localización, productividad; avance de una raíz auténtica del poder popular, con un reflejo palpable en la disminución de la inseguridad.

Medidas dentro de una necesidad y radicalización de la Revolución que pone en crítica el discurso, el método, la participación colectiva o no, y, por supuesto, su interpretación constitucional y su debate institucional; como también la discusión dentro de las fuerzas del Gran Polo Patriótico; en tanto y al parecer no convencen o no aceptan cada día más un mayor número de venezolanos.

Una victoria con preguntas


¡Oh, sorpresa! Horas después del triunfo electoral, el presidente Chávez llamó por teléfono al opositor Carriles*. A diferencia, en la elección pasada, y con un discurso ‘menos socialista’ entonces, no llamó al contendor vencido. La fecha de la elección presidencial que desde hace décadas era costumbre cumplir el primer domingo de diciembre, en esta ocasión tuvo el adelanto de unos meses y quedó para el pasado 7 de octubre. Fue una inteligente medida. Los comicios ocurrieron antes de la temporada de invierno, cuyos posibles efectos podían influir en una cantidad menor de votantes.

Una parte notoria de las 22.780 familias damnificadas por las lluvias hace dos años en Caracas, cuyo caso dio el motivo y contó a favor con una Ley Habilitante, con un año y medio de duración para resolver su situación de vivir en puntos de refugio, permanecen en esos lugares todavía. En Caracas, al menos 33 edificios y hoteles aún son noticia. Un detalle, como otros, que pone sobre la mesa “hacer un mejor gobierno” y superar la ‘ineficiencia’ que el propio Presidente admitió en los últimos días de campaña. Tamaña promesa.

Hugo Chávez insistió en un compromiso en las instalaciones del Consejo Nacional Electoral (CNE) durante su discurso de proclamación oficial para el período presidencial 2013-2019. Y reiteró “Eficiencia o nada” el 13 de octubre en la juramentación del nuevo Vicepresidente, junto a cuatro recién nombrados integrantes de su gabinete. De igual manera, esa misma noche extendió una lamentación, que de tiempo en tiempo es constante, respecto de la eficacia en la información acerca de la “obra de gobierno”, que “la oposición impide”. Machacó entonces acerca de la necesidad de llevar y utilizar impresiones portátiles en cerros y campos “con el método antiguo de los esténciles”, de “radio bemba”, “esquinas calientes”, “emisoras comunitarias”, etcétera, y de información continua por el sistema estatal, de todas las firmas con aprobación de presupuesto y puntos de cuenta.


 

A la par, o más que un llamado al nuevo gabinete para que emprenda una “batalla propagandística” y de divulgación de la actividad diaria en Miraflores, y más allá de afirmar que 55 de cada 100 venezolanos votaron por el socialismo, la Revolución está en mora de un balance de los errores –evidentes–, los excesos en la ejecutoria del poder, y también de la concepción, la planificación y el discurso sobre la inercia que conserva el proyecto. Signado por el carácter de “Revolución-capitalismo de Estado en expansión”, con base y liquidez en la renta petrolera, y sus lunares parasitarios, contraria a un socialismo ético, productivo y colectivo que está en reclamo por crecientes sectores del activismo social y político.

La movilización reivindicativa de diferentes sectores no cesa, y no hay conformidad de amplios sectores populares con un ‘tiempo largo’ y de espera para recibir los cambios. El tiempo puede acortarse para cumplir la promesa “eficiencia” y de “un mejor gobierno”.
Publicado enEdición 185
Ex embajador revela que EEUU invierte millones para derrota de Correa
El ex embajador británico en Uzbekistán, Craig Murray, ha revelado en su página web que Estados Unidos desea la derrota de Rafael Correa en las presidenciales, que se celebran en Ecuador el próximo 17 de febrero.

 
Según él, la CIA invierte 87 millones de dólares, en su mayoría son fondos del Pentágono, “para influenciar las elecciones ecuatorianas”, una cantidad que -asegura- “desde los resultados [electorales] en Venezuela han sido triplicados”.

 
Craig Murray explica que esta conducta de EE.UU. se debe a que altos diplomáticos estadounidenses no esperaban el triunfo de Hugo Chávez en los recientes comicios presidenciales de Venezuela.
 

“La rabia por el regreso de Chávez ha llevado al dictado de que el mismo error no debe cometerse en el Ecuador”, agregó. “Esto va a abrir el camino a la campaña de la oposición para sobornar y chantajear a los medios y a funcionarios oficiales.
 

Se espera una ola de escándalos mediáticos y picaduras de corrupción contra el Gobierno de Correa en las próximas semanas”, matizó el ex embajador británico. Murray destaca que no maneja muy bien la política ecuatoriana y que, realmente, no sabe qué posibilidades tiene Correa de ser reelegido, ni tampoco si los partidos de oposición son decentes en las manos de EE.UU., aunque sí sabe que Estados Unidos desea que Correa pierda.

 
El ex diplomático británico advierte que los esfuerzos de EE.UU. podrían resultar tan evidentes que pueden generar un efecto contraproducente en una reacción nacionalista. Según una de sus fuentes estadounidenses, la administración del presidente Barack Obama no utilizará los fondos para incitar otro golpe de Estado contra Correa, “Esto parece haber sido descartado”, sostiene.
 

Asimismo, Murray indicó que de llegar al poder un líder pro-estadounidense en el país latinoamericano, el asilo otorgado por Ecuador al fundador de WikiLeaks sería cancelado, y que la policía metropolitana de Londres sería invitada a la embajada ecuatoriana para sacarlo de allí y extraditarlo a Suecia, donde se lo acusa de delitos sexuales y, posteriormente, a EE.UU. para afrontar cargos por espionaje y ayuda al terrorismo.

 
Tomado de: (http://actualidad.rt.com/actualidad/view/56682-ex-diplomatico-britanico-cia-multiplica-esfuerzos-derrocar-rafael-correa)


 22 Octubre 2012

Publicado enInternacional