Bolivia: 13 años de Evo Morales, el escenario rumbo a las elecciones de octubre

Evo Morales inició el día uno de su año 13 de gobierno con un cambio de gabinete que pretende oxigenar su gestión y revertir el desgaste del ejercicio del poder en el comienzo de una larga campaña electoral. A diferencia de todas las elecciones desde 2006, esta vez el triunfo no está asegurado y su propia postulación está en cuestión por violentar la Constitución de 2009. No obstante, la estabilidad económica, su capital simbólico y la falta de proyectos alternativos en la oposición dejan abierto el escenario rumbo a octubre de 2019.

 

13 años y un día después de su llegada al Palacio Quemado, Evo Morales afinó su gabinete con vistas a las elecciones de octubre de este año en un contexto muy diferente del de todas las votaciones populares de la larga década del «proceso de cambio»: por primera vez, el presidente boliviano no tiene asegurada su victoria y, adicionalmente, su postulación debió ser «habilitada» por el Tribunal Constitucional Plurinacional contra una cláusula constitucional y contra un referéndum en el que, en febrero de 2016, una estrecha mayoría votó «No» a la reforma constitucional para incluir la reelección indefinida.


El 22 de enero pasado, aniversario del Estado Plurinacional que hoy compite con el de la independencia, Morales pronunció su informe anual a la nación, en el que rescató los logros de estos 13 años y buscó generar algunas imágenes de futuro en un momento de desgaste del gobierno, especialmente entre los sectores urbanos.


El cambio del gabinete tuvo por objetivo potenciar las áreas que el presidente boliviano considera claves para su re-reelección. Así, retornó al gabinete el ministro de Economía y arquitecto del «milagro» boliviano, Luis Arce Catacora. El ministro, que garantizó más de una década de crecimiento económico y estabilidad, asumió junto a Morales en enero de 2006 y debió renunciar en 2017 por problemas de salud; ahora, su regreso busca reforzar la imagen de «estabilidad» que fue la bandera del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2014, cuando Morales fue reelegido con más de 60% de los votos y 35 puntos por encima del contendiente más cercano.


En su discurso más corto ante el Congreso (50 minutos contra tres o cuatro horas en el pasado), Morales resaltó que el PIB de Bolivia creció 327% durante sus gobiernos y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018; mientras que el «colchón financiero», que incluye las reservas internacionales, los depósitos y los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP), subió a 53.269 millones de dólares. Contrapuso esas cifras a las de 2005, cuando «el PIB era de 9.574 millones de dólares y el ‘colchón financiero’ llegaba solo a 7.600 millones».


Otro que volvió es Juan Ramón Quintana, un ex-militar y sociólogo con fama de «duro», quien ocupará nuevamente el Ministerio de la Presidencia, una virtual jefatura de gabinete. Comunicación recayó en Manuel Canelas, ex-diputado y viceministro, quien tiene como misión recuperar a las clases medias distanciadas del proceso de cambio. Canelas fue el primer diputado abiertamente gay, vivió en España y se mantiene muy cerca de los líderes de Podemos; ahora será el encargado de renovar un discurso que ya no entusiasma. Y otra de las apuestas para enfrentar el desgaste es el nombramiento de una figura de peso en el Ministerio de Salud: la ex-presidenta del Senado Gabriela Montaño, una médica cruceña que llegó a ocupar el Poder Ejecutivo de manera interina y tiene la tarea de lanzar una revolución en la salud, uno de los rubros en que el gobierno de Evo Morales demostró menos capacidad de gestión y que, en los últimos años, generó fuertes cuestionamientos. En este marco, se puso en marcha un seguro universal de salud y se anunció un multimillonario acuerdo con Rusia para la construcción de centros de atención primaria y varios hospitales de alta tecnología especializados en oncología, cardiología, gastroenterología, neurología y nefrología.


En síntesis, se trata de más comunicación, política y gestión para enfrentar al ex-presidente Carlos Mesa, el líder opositor mejor ubicado en las encuestas. Como Emmanuel Macron en Francia, Mesa intenta construir una «plataforma ciudadana» que incorpore a viejos políticos y a la vez mantener un discurso de lo nuevo y evitar ser visto como el constructor de una coalición «con el pasado», que es precisamente como el MAS buscar presentar al ex-vicepresidente de Sánchez de Lozada que llegó al Palacio Quemado tras la «Guerra del Gas» de 2003. Y, claramente, a diferencia de Macron, Mesa no es ni tan joven ni tan nuevo y parece carecer de una verdadera voluntad de poder, pero expresa a los sectores que cuestionan la postulación «inconstitucional» de Morales y mantiene un discurso moderado. No obstante, necesita a la derecha más radical entusiasmada con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro en Brasil.


La estrategia del gobierno es polarizar generacionalmente la elección entre «viejos» y «jóvenes», con algunos nombramientos simbólicos, como el de Canelas (37 años) y, especialmente, la elección de Adriana Salvatierra como presidenta del Senado y tercera en la línea de sucesión. La senadora de 29 años representa a la «nueva generación» del MAS de Santa Cruz y pertenece a un grupo «guevarista» llamado Columna Sur.


Empero, las escenificaciones revolucionarias oficiales conviven con fuertes dosis de pragmatismo. La calificación de Bolsonaro como «hermano presidente» en el tuit de felicitación tras la victoria del candidato de la extrema derecha fue seguida de la entrega a Italia, sin proceso previo, de Cesare Battisti, un ex-integrante del grupo armado Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) de los «años de plomo» italianos, condenado a cadena perpetua en ausencia. Battisti, quien vivió refugiado durante casi cuatro décadas en México, Francia y Brasil, fue entregado en menos de 24 horas al ministro Matteo Salvini, quien lo recibió vestido de policía y dijo que el «asesino comunista» se va a «pudrir en la cárcel». Morales justificó la entrega señalando que el italiano había entrado ilegalmente al país, tras su fuga de de Brasil, donde Bolsonaro había prometido entregar a Salvino al «bandido amigo de Lula».
«¿Usted lo siente como hermano a Bolsonaro?», le preguntó un periodista del diario El Deber al presidente boliviano. «Quienes nacimos de esta tierra, somos hermanos porque nacimos de la misma tierra sudamericana, somos hijos de América Latina, al margen de las diferencias ideológicas y programáticas, somos hermanos», respondió. Sin con Estados Unidos se trata de un antiimperialismo distante, Brasil es una potencia regional fronteriza con peso económico y político. Y Morales busca mostrarse hoy cercano a Nicolás Maduro pero, al mismo tiempo, con buenas relaciones con mandatarios de signos ideológicos opuestos en la región.


Cabe destacar también una suerte de rutinización de las escenificaciones revolucionarias, incluido el habitual puño en alto, que se fueron volviendo más bien ceremoniales. Desde el comienzo, el proceso de cambio fue moderado y pragmático. Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente «venezuelización», en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo.


Quizás la mejor imagen de la simbiosis de voluntarismo modernizador e invocación de la ancestralidad indígena que caracteriza al gobierno es la inauguración en agosto pasado de la Casa Grande del Pueblo, que reemplaza al vecino Palacio Quemado, antigua sede de la Presidencia y emblema de la «república colonial», según Evo Morales. Este edificio de 28 pisos, expresión de un cierto brutalismo arquitectónico mitigado por incrustaciones de símbolos neoandinos, ha causado mucha polémica en la medida en que altera la armonía urbana de la Plaza Murillo y parece encarnar una cierta megalomanía política.


Para contrarrestar estas críticas, el gobierno la abrió a las masas, atrayendo a multitudes de recién casados y otros visitantes a su terraza, con el majestuoso telón de fondo de las nieves eternas de los cerros que circundan La Paz. Pero la Casa Grande del Pueblo es una especie de Coliseo del proceso de cambio; la materialización de una idea de permanencia, de matriz plebiscitaria, que choca contra los principios de la democracia republicana. El problema es que la derrota de 2016 obliga a hablar ya no en nombre de la mayoría del pueblo tout court, como lo hacen los movimientos nacional-populares, sino del pueblo verdadero, es decir, los sectores sociales movilizados en favor de la continuidad («vinimos para quedarnos 500 años»).


El gobierno de Morales fue sin duda, un gobierno excepcional en muchos aspectos hasta 2014. A partir de ese momento, la voluntad de permanencia –y la consolidación de Morales como líder irremplazable– fue erosionando la agenda transformadora, debilitando el apoyo urbano y obligando al Poder Ejecutivo a pasar por encima de cláusulas de la Constitución aprobada durante el «proceso de cambio». Parte de esa agenda de cambio es la que se busca retomar, ahora, de apuro, rumbo a las elecciones.


Mientras, la oposición, sin proyecto de país alternativo más allá de algunas proclamas republicanas, busca capitalizar el desgaste del gobierno. Y, Mesa, de perfil centrista, deberá hacer frente a una radicalización política –que incluye expresiones racistas más abiertas, sobre todo en las redes sociales– de un sector de la oposición, que ha asumido parte del discurso «anticomunista» de las derechas alternativas (Alt-Right) y se entusiasma con el nuevo clima regional abierto por Bolsonaro. Pero también deberá enfrentar la falta de diversidad étnica y de género que hasta ahora muestran las capas dirigentes de su espacio en formación.


Así, 2019 será el primer año desde 2006 en que el escenario político está abierto, y gobierno y oposición se disputarán la bandera del cambio. La primera parada será el 27 de enero, fecha en que están convocadas unas primarias que Morales imagina como la posibilidad de dejar atrás el referéndum perdido del «21F».


Pablo Stefanoni, periodista e historiador, editor de la revista Nueva Sociedad

03/02/2019

Publicado enInternacional
Bukele pone fin al bipartidismo en El Salvador mientras el FMLN se hunde

Nayib Bukele arrasa en las elecciones de El Salvador con más del 53% de los votos. No tendrá que ir a segunda vuelta. El antiguo alcalde de la capital por el FMLN certifica el fin del bipartidismo que operó desde el fin de la guerra, en 1992, y hunde a sus antiguos compañeros.

“Este día 3 de febrero de 2019 El Salvador ha pasado la página de la postguerra”. Con estas palabras, Nayib Bukele se proclamó triunfador de las elecciones del país centroamericano. Arrasa con el 53% de los votos, más que todos sus rivales juntos, y se impone sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Con este triunfo, el exalcalde de la capital salvadoreña rompe con el bipartidismo de los últimos 30 años. Desde la firma de los acuerdos de paz, en 1992, la derecha y la izquierda tradicionales, Arena y Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) dominaron el sistema político. Las primeras dos décadas fueron de hegemonía derechista. En 2009, la izquierda llegó por primera vez al poder. Diez años después, apenas supera el 10% de los votos: el FMLN es el gran damnificado del descrédito del sistema político salvadoreño.


“Yo voté siempre al FMLN, tuvieron su oportunidad, pero después de 10 años necesitamos un cambio”. Miguel Flores, comerciante de 55 años, resume lo que se escuchó durante toda la jornada en decenas de colegios electorales en El Salvador: antiguos votantes de la izquierda, la guerrilla que dio el paso a la vía de las urnas, que le dan la espalda decepcionados tras una década efemelenista en el gobierno. Flores es residente de la colonia Ciudad Futura, en Cuscatancingo, a escasos 15 kilómetros de la capital. Este es territorio que controla la Mara Salvatrucha (MS-13), que junto al Barrio 18 es una de las dos grandes pandillas que operan en Centroamérica, México y Estados Unidos.


“Nuestro problema es la falta de trabajo y la violencia”, dice el hombre. Mira a su alrededor, justo al lugar en el que se encuentran dos policías, y afirma: “es mentira que las autoridades tengan el control del territorio”. Ya no se ven los característicos “placazos”, las pintadas con los lemas de la pandilla, pero el dominio de estas estructuras criminales es absoluto.
Flores dice que vivió los tiempos del conflicto, que no tomó las armas pero que siempre simpatizó con la guerrilla. Son las 10.00 de la mañana y ya vaticina lo que ocurrirá 12 horas después: “Nayib va a ganar en primera vuelta”. Todas las encuestas lo habían predicho y, por una vez, las prospecciones acertaron.


Si uno pregunta en esta colonia del extrarradio de San Salvador, sobre cuáles son las grandes preocupaciones de los electores encuentra dos respuestas: la violencia y la falta de oportunidades. La violencia se expresa por unas cifras de homicidios terroríficas. En 2018, un total de 3,340 personas fueron asesinadas. Esto quiere decir que nueve personas murieron en circunstancias violentas cada día durante el año pasado. La falta de oportunidades se muestra a través de la pobreza: el 34% de su población vive en condiciones de pobreza.

Violencia y pobreza son el motivo de que, cada año, cientos de salvadoreños abandonen el país con destino a Estados Unidos. Algunos se han sumado a las caravanas de migrantes que, desde octubre de 2018, han sacado de la clandestinidad el éxodo centroamericano. Otros siguen con la vía tradicional: pagar un dineral a un coyote (el precio ahora está en torno a los 9.000 dólares por tres intentos) y jugársela en un incierto y arriesgadísimo trayecto.


Que el FMLN no iba a obtener buenos resultados era algo que podía esperarse. Especialmente, tras la debacle de marzo de 2018, en las elecciones parlamentarias. Con sus 23 escaños de 84, obtuvo su peor resultado en la historia y un severo correctivo que sus dirigentes prometieron enmendar. No había mucho margen para la “remontada” que sus directores de campaña vaticinaron, pero el golpe ha sido mayor incluso de lo esperado. La derrota duele todavía más si se mira hacia arriba: Bukele, exalcalde de San Salvador por el FMLN, expulsado del partido en octubre de 2017, ha logrado lo que sus excompañeros jamás acariciaron: imponerse sin tener que disputar una segunda vuelta.

Bukele, publicista de 37 años, ha capitalizado el descontento. En una campaña carente de debates profundos y alejada de grandes preocupaciones como las que expresaba Flores, el exalcalde ha sabido conectar con un sentimiento: la necesidad de un “cambio”. Primero, castigar a los que estaban. Después, ya veremos.


Hay que tomar en cuenta el accidentado camino que ha transitado hasta imponerse en las elecciones. Después de ser expulsado, fundó su propio movimiento, Nuevas Ideas. Logró más de 200.000 firmas en un fin de semana pero, finalmente, no fue aceptado por el Tribunal Supremo Electoral. Despojado de su herramienta, Bukele inició un peregrinaje buscando las siglas que le permitiesen concurrir a los comicios. Lo intentó con Cambio Democrático, un pequeño grupo que había obtenido un único diputado en las parlamentarias de 2018, pero la formación fue cancelada. A pocas horas de que venciese el plazo, anunció un pacto con Gana, un partido fundado en 2010 que surgió como escisión de Arena. Es decir, que estamos ante un candidato que se escindió de la izquierda y que ha terminado por concurrir con un partido de derechas. Ingeniería partidista ante las dificultades que se impusieron desde el statu quo electoral. Si observamos los resultados históricos, vemos que Gana (lastrado por graves casos de corrupción) jamás estuvo ni siquiera cerca de tocar un triunfo en unas presidenciales. Así que lo ocurrido el domingo no es cosa de siglas, sino de un nombre.


El discurso de Bukele se ha centrado más en diferenciarse de sus rivales que en plantear un proyecto propio. Ha calado la estrategia de equiparar a Arena y FMLN como si se tratasen de las mismas prácticas y su discurso “sin ideología” ha permitido que arrase en un contexto de profundo descrédito de la clase política. Ahora habrá que ver cómo gestiona su triunfo. Tendrá que enfrentarse con una asamblea en la que Arena tiene mayoría y hacer frente a graves problemas estructurales.


En el otro extremo se encuentra el FMLN: su histórica derrota le obliga a repensarse. El economista César Villalona, cercano a la formación izquierdista, cree que las divisiones internas y las medidas de ajuste son algunas de las razones que explican los malos resultados. Acertar en el diagnóstico será clave para un movimiento que ha sido referente para la izquierda en América Latina, tanto en su faceta armada, durante la guerra civil entre 1980 y 1992, como tras los acuerdos de paz.


El Salvador entra en una nueva fase. Qué es lo que viene no está tan claro como qué es lo que sus ciudadanos no desean. La imagen de la plaza Gerardo Barrios abarrotada en un mar de banderas azules, símbolo del movimiento de Bukele, es un primer paso. “Sí se pudo”, coreaban sus seguidores, adoptando un cántico que lo mismo sirve ya para un roto que para un descosido. Solo el futuro dirá si el exalcalde outsider si tiene éxito o nos encontramos ante el comienzo de una nueva decepción para los salvadoreños.

04/02/2019 09:10 Actualizado: 04/02/2019 09:10
ALBERTO PRADILLA
@albertopradilla

Publicado enInternacional
Sábado, 19 Enero 2019 04:54

Podemos no pudo evitar el divorcio

Podemos no pudo evitar el divorcio

Después de la virtual expulsión de la fuerza de Iñigo Errejón, de los cinco profesores universitarios que en el 2014 se propusieron patear el tablero político con una fuerza que jaqueara el bipartidismo oxidado, solo queda Pablo Iglesias.

 

Podemos celebra su quinto aniversario desangrándose. La formación de izquierda que irrumpió en España con el espíritu de los indignados del 15M, y logró disputarle al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el protagonismo entre las fuerzas progresistas, sufrió esta semana su mayor crisis.


Íñigo Errejón, miembro fundador, y secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político del partido morado, anunció su candidatura a presidir la comunidad de Madrid a través de la plataforma de la alcaldesa de la capital española, Manuela Carmena, que aunque llegó al ayuntamiento junto a Podemos, busca reelegir con una lista de consejeros afines.


La decisión causó un cisma en la jefatura de Podemos. Pablo Iglesias, que se encontraba de baja por paternidad, publicó una carta audio en la que expulsó virtualmente a Errejón. “Deseo suerte a Iñigo en la construcción de su nuevo partido con Manuela, pero Podemos tiene la hoja de ruta que marcaron los inscritos y que se decidió en nuestras asambleas ciudadanas”. Si quedaban dudas, el secretario de Organización, Pablo Echenique, se ahorró la cortesía y las despejó unas horas después: “Si fuera él, renunciaría al escaño, pero de algo tiene que vivir hasta las elecciones”. Errejón llegó al Congreso de los diputados con las banderas de Podemos.


Errejón defendió su jugada como una forma de frenar a la ultraderecha. “Hay que abrir y sumar yendo más allá de las siglas: las fuerzas políticas del cambio son necesarias, la ciudadanía y su creatividad son imprescindibles. Nos encontramos ante un momento decisivo, Andalucía ha sido un toque de atención”. El miembro fundador de Podemos se refiere al tripartido de derechas que formó gobierno en la junta andaluza, y que integra a los radicales de Vox. Un partido que pregona el ultranacionalismo, y se opone a las leyes de la igualdad de género.


Para Errejón, su candidatura a través de la plataforma Más Madrid no supone retirarse del partido que ayudó a fundar. “Yo soy el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid y a la vez voy a concurrir de la mano de Manuela (Carmena)”. La rápida respuesta de Iglesias en su carta, parece no dejar margen para esa maniobra. Sin embargo, Rita Maestre, consejera del ayuntamiento capitalino, y aliada de Errejón, confió en que las dos formaciones lleguen a un acuerdo para acudir a las urnas con una sola candidatura.


En cualquier caso, Iglesias apunta un hecho evidente. El acuerdo de Errejon y Carmena para competir bajo la misma marca electoral, no puede haberse fraguado el mismo día en que se anunció. “No doy crédito a que Manuela e Iñigo nos hayan ocultado que preparaban lanzar un proyecto electoral propio para la Comunidad de Madrid y que lo hayan anunciado por sorpresa”. El engaño puede ser más doloroso que la propuesta en sí.


“Creo que una decisión como esta nace con el propósito de sumar y articular, no de romper con la historia de Podemos”, afirma Nuria Sánchez Madrid, profesora del Departamento de Filosofía y Sociedad de la Universidad Complutense de la capital. “Otra cosa es que quienes se arrogan la defensa de los valores originarios del proyecto pretendan excluir y expulsar ilegítimamente las ideas que se derivan de esta apuesta”.


A juzgar por la historia, el destino de Errejón parece estar por afuera de Podemos. De los cinco profesores universitarios que en el 2014 se propusieron patear el tablero político con una fuerza que jaqueara el bipartidismo oxidado, solo queda Pablo Iglesias. Juan Carlos Monedero, más cercano al líder, se marchó en el 2015 cuando ardió la polémica por no declarar al fisco ingresos que recibió de parte de gobiernos latinoamericanos; Carolina Bescansa, conservó su escaño pero fue apartada por dejar al descubierto un plan para unir fuerzas con Errejón y desplazar a Iglesias; y Luis Alegre, se despidió así mismo por diferencias de criterio con la jefatura.


La partida de Errejon cuenta con un prólogo casi más jugoso que su desenlace. La historia comenzó en Vistalegre II, la Asamblea Ciudadana que celebró Podemos en el 2015 para dirimir el liderazgo del partido. Por un lado, Iglesias, arropado por Izquierda Unida, apostaba por endurecer el discurso y presionar en las calles. Del otro, Errejón, pretendía una fuerza de perfil institucional, dispuesta a extender los límites de su discurso para ampliar la base de electores. El triunfo fue para Iglesias, que logró imponer su programa, y se rodeó con alfiles de su paladar.


Uno de ellos es Ramón Espinar, exactivista, y actual portavoz de Podemos en el Senado, y secretario general de Podemos Comunidad de Madrid. Con él se enfrentó Errejón por la candidatura que un par de días atrás, presentaría Podemos para competir por el gobierno autonómico de la capital. En una maniobra auspiciada por Iglesias, Espinar intentó colocar a una de las suyas como segunda de Errejón.


Es posible que el flamante acuerdo de Errejón con Manuela Carmena, encuentre fundamento en los últimos tres años en que debió tragar decisiones contrarias a su criterio. En las elecciones autonómicas de mayo, pondrá a prueba el éxito de su apuesta.


Por el lado de Iglesias, ya sabemos cómo le fue al partido morado. Unos dirán que gobierna en coalición con el PSOE, y que gracias a la presión de su fuerza consiguió impulsar medidas populares como el aumento del salario mínimo. Otros apuntarán que esa realidad puede esfumarse muy pronto, y con un costo muy alto. Si el líder socialista no aprueba los Presupuestos Generales del Estado, podría llamar a elecciones nacionales. Las últimas encuestas muestran un marcado descenso en el apoyo que recibe Podemos. Del 21 por ciento de los sufragios que logró en los comicios de 2016, el Centro de Investigaciones Sociológicas señala que, actualmente, obtendría un 14 por ciento.


Para la analista Nuria Sánchez Madrid, ese declive “no puede no interpretarse como el fracaso de un modelo de organización anticuado, tremendamente jerárquico y decisionista, más propio de comunidades primarias que de colectivos maduros, atentos a las dinámicas y patologías sociales del presente”.


La salida de Errejón no tiene visos de retorno. Pero dada la “sorpresa” que generó en la dirección de Podemos su anuncio, no se descarta que en los próximos días pueda alcanzarse algún acuerdo. Lo que si está claro, es que la crisis llega en un momento crítico para las fuerzas progresistas de España. Entusiasmado por el triunfo en Andalucía, el tripartito de derechas que conduce el Partido Popular, promete exportar su esperpento al resto del país. El mandato de la izquierda era unirse, y enfrentarlo para impedir que radicales como Vox llegaran a las instituciones. La ruptura entre Iglesias y Errejón no parece avanzar en esa dirección.

Publicado enInternacional
Miércoles, 09 Enero 2019 06:30

Xi Jinping y los cinco puntos sobre Taiwán

Xi Jinping y los cinco puntos sobre Taiwán

No fueron tantas las novedades introducidas por Xi Jinping en su discurso conmemorativo del “Mensaje a los compatriotas de Taiwán”. Y la menor de todas fue la alusión al recurso al uso de la fuerza para lograr la reunificación. En realidad, esta invocación es una constante de larga data en la política del PCCh hacia Taiwán. Y, paradójicamente, aquel discurso de 1979 que ahora se rememora en realidad supuso todo lo contrario: el otorgamiento de la primacía a la reunificación pacífica señalando el uso de la fuerza como último recurso. Xi no ha cambiado ese principio.

Taiwán es un interés central en la política china. La asociación entre la revitalización nacional y la reunificación de aquellos territorios cuya pérdida de soberanía se relaciona con la decadencia y humillación del país forma parte de su imaginario y en el caso de Taiwán habría que remontarlo no al fin de la guerra civil, en 1949, sino a 1895, al Tratado de Shimonoseki, cuando debió ceder la isla a Japón.

Los cinco puntos de Xi (promoción conjunta del renacimiento chino con el propósito de lograr la reunificación; estudio de un modelo de unificación próspero con dos sistemas; persistencia en el principio de una sola China y la unificación pacífica; profundización del proceso de integración de ambas partes sobre la base de la paz; realización de la comunión espiritual de todos los compatriotas en el reconocimiento de la unidad) vienen a sustituir los ocho puntos proclamados por Jiang Zemin en enero de 1995.

Quizá la principal novedad introducida por Xi en su alocución sea el peso atribuido al Consenso de 1992, que en los últimos años se sumó por la vía de hecho al principio de Una Sola China y de “un país, dos sistemas”, como nervios estructurales de la política continental en relación a Taiwán. El Consenso de 1992, cuyo reconocimiento divide a la sociedad taiwanesa, resultó de los encuentros llevados a cabo por las entidades instituidas por ambas partes para implementar aquel cambio de política establecido en 1979, la continental ARATS (Asociación para las Relaciones a través del Estrecho de Taiwán) y la taiwanesa SEF (Fundación para los Intercambios en el Estrecho). El actual gobierno taiwanés reconoce el “hecho histórico” de esos encuentros pero niega que se estableciera consenso alguno. El KMT (Kuomintang) lo acepta, aunque su percepción no coincide con la versión del PCCh.

Sea como fuere, el Consenso de 1992 vino a simbolizar la conformidad con la existencia de una sola China y sirvió de base para impulsar el acercamiento a través del Estrecho. Para el KMT, el principio significa aceptar la existencia de “una China, dos interpretaciones”, mientras que para el PCCh significa “una China, una interpretación”. En su discurso, Xi incorporó la unificación como parte de la definición del consenso y lo redefinió negando cualquier posibilidad de sostener dos interpretaciones. También incluyó el principio de “un país dos sistemas” (respondido en su día por el ex presidente Chiang Ching-kuo diciendo que “un país necesita solo un buen sistema”) dentro del consenso. Las palabras de Xi impedirían al KMT interpretar aquella una sola China como la República de China asentada en la isla a partir de 1949. Algunos sectores de la formación nacionalista, liderados por Hung Hsiu-chu, aceptan la versión continental.

Como cabía esperar, la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen reaccionó rechazando de plano el planteamiento de Xi Jinping. En un tono áspero y contundente, Tsai reiteró la negativa de su gobierno y su formación, el soberanista PDP (Partido Democrático Progresista), a aceptar el Consenso de 1992 como base para cualquier diálogo a través del Estrecho. Según Tsai, Beijing debe reconocer sin más la existencia de la República de China, respetar su sistema de gobierno democrático, resolver las diferencias de forma pacífica y equitativa y desarrollar negociaciones con el gobierno de Taiwán (y no con entidades taiwanesas afines). Las posiciones, por tanto, se han alejado más.

Carrera electoral

El discurso de Xi cabe referirlo igualmente al pistoletazo de salida de la larga carrera electoral hacia las presidenciales y legislativas que probablemente tengan lugar de forma simultánea en enero de 2020. El PCCh solo puede valorar en positivo los resultados de los comicios locales del 24 de noviembre último, resumidos en una apabullante derrota del PDP y una no menos sorprendente recuperación del KMT. ¿La política de aislamiento y hostigamiento de Beijing respecto a los independentistas ha dado resultado? Ese factor probablemente ha influido, aunque no es el único a tener en cuenta en tal fiasco. En cualquier caso, es de imaginar que Beijing acentuará su presión contra el gobierno del PDP (militar, económica, estratégica, internacional) mientras tenderá aún más la mano hacia aquellos partidos y actores que suscriben el Consenso de 1992 con el apoyo ahora de un poder local ampliamente favorable a sus tesis.

Xi Jinping ya dijo en 2013 que el asunto de Taiwán no puede ser dejado de generación en generación. Su discurso vino a reafirmar no solo la tónica general de la posición china en este asunto sino también su prisa por habilitar un diálogo bilateral que proyecte una solución a corto plazo. Una hipotética victoria del KMT en 2020 abriría paso a una nueva fase de la tercera cooperación iniciada en 2005 con el PCCh si bien tendría que salvar las reticencias de una buena parte de la sociedad taiwanesa que duda de la sinceridad de las propuestas que llegan del continente, especialmente a la vista del deterioro de la salud democrática en Hong Kong. Pero con el KMT en el gobierno de Taipéi si serían posibles las consultas democráticas y el acuerdo institucional reclamado por Xi, aun a pesar de que la formación azul quiso guardar distancias sobre su discurso.

Mientras, EEUU, tercer vértice del triángulo y también destinatario del envite, toma nota del mensaje. El mandato de Donald Trump ha supuesto una inyección de vitalidad en los vínculos con Taiwán. No solo se han mantenido las ventas de armas sino que los contactos oficiales y los vínculos militares se han intensificado. Esto supone un claro aliento para las posiciones soberanistas aunque muchos dudan de un involucramiento efectivo de EEUU en caso de conflicto. Trump, advierten muchos, solo usa a Taiwán como una pieza más de su presión estratégica sobre China.

La agregación de nuevos conceptos al Consenso de 1992 representa una nueva vuelta de tuerca que aventura más conflictos este año en las relaciones a través del Estrecho propiciando una realidad a cada paso más dual: palo para los independentistas, zanahoria para los nacionalistas. Y con un agravante adicional: un deterioro de la situación interna en el continente y/o de las relaciones con EEUU podría pasar a primer plano el contencioso taiwanés convertido en chivo expiatorio y providencial distracción respecto de otras tensiones que hierven a fuego lento en el escenario continental.

09/01/2019

El autor es Director del Observatorio de la Política China. Acaba de publicar “La China de Xi Jinping” (Editorial Popular)

 

Publicado enInternacional
Domingo, 06 Enero 2019 05:09

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Conforme las elecciones estadunidenses de 2020 comienzan a ser una preocupación en la primera plana de los medios, existe una creciente especulación acerca de qué forma asumirá. ¿Puede realmente Trump ser llevado a juicio? ¿Se moverán los demócratas más a la izquierda o más bien se regresarán al centro? ¿Qué tan fuerte es la base de Trump, qué tan leal?

Siendo alguien que he argumentado por largo tiempo que Estados Unidos ha estado en una decadencia constante e irreversible, me preguntan constantemente: “Bueno, entonces, ¿por qué Trump no se está estrellando?” Y si lo está, ¿por qué el choque no es más visible? Si va a chocar, ¿será un aplastamiento repentino, o simplemente un deslizamiento constante en caída?


El asunto de la visibilidad es visto de modo diferente desde el interior de Estados Unidos que en el resto del mundo. Abordemos ambos casos por turnos. En sus tuits Trump da una respuesta ambigua. Por un lado, el llamado a volver a hacer “América” grande implica que ha habido alguna decadencia, aunque ésta sea reparable. La reparación que Trump argumenta que está haciendo.


Por otro lado, las encuestas y los innumerables análisis de la situación apuntan a una menor confianza estadunidense en el futuro que antes, aun en el núcleo de simpatizantes de Trump. El hecho de que Trump invierta tanto tiempo atacando las “noticias falsas” muestra que está preocupado por el menor nivel de confianza estadunidense. Parece gastar mucha energía buscando persuadir a todo mundo que un nivel menor de confianza es resultado de una lectura equivocada de los datos.


Hasta ahora, dentro de Estados Unidos, la decadencia de Trump es materia de debate público entre todas las tendencias políticas y al interior de ellas. La mayoría de la gente sigue viendo lo que prefiere ver.
El panorama es bastante diferente fuera de Estados Unidos. Por una razón: la gente tiene que lidiar con decadencias de un tipo o de otro en sus propios países –en Inglaterra debido al Brexit, en Francia por el regreso de la larga tradición de levantamientos, en Rusia e India debido a las apreturas económicas, en China por la incrementada resistencia hacia sus empujes hacia fuera. De hecho, es difícil hallar un país que no esté luchando contra su propia decadencia. Por tanto no están impresionados con el argumento de que en Estados Unidos es diferente.

 


Están impresionados con la realidad de la decadencia estadunidense, y sienten que algo tienen que ver con ella. Están temerosos de un repentino colapso dramático de la divisa estadunidense. Piensan que esto podría conducir a decidir alguna guerra precipitada. Y también se preocupan de que un colapso en las divisas pudiera lastimarlos tanto como podría lastimar a Estados Unidos.


Todo esto apunta a un esfuerzo combinado por asegurarse que el choque estadunidense asuma la forma de un deslizamiento constante más que una explosión. Pero deslizamiento constante habrá.


Traducción: RamónVera-Herrera

Publicado enInternacional
Seguidores de Bolsonaro imitan el gesto de “disparar” tan característico del nuevo presidente.  Imagen: EFE

Desde Brasilia

 

Luiz Claudio Cunha es autor del libro mejor documentado y más exhaustivo sobre las relaciones entre la dictadura brasileña y sus socias sudamericanas durante los años del Plan Cóndor. Como investigador desmontó los mecanismos creados por los militares para controlar los aparatos de ideológicos fabricando consensos artificiales y la utilización de la fuerza contra los bolsones de resistencia. Uno de los blancos más atacados fueron las universidades, contra las que ahora parece ensañarse Bolsonaro.

En su discurso de toma de posesión el nuevo mandatario habló del sistema educativo del cual criticó su tendencia a formar “militantes” y pocos días antes había prometido extirpar la “basura marxista” de las escuelas y centros académicos.

Poco después de asumir como ministro de Educación, el profesor y teólogo colombiano Ricardo Vélez Rodriguez anunció ayer que, junto al programa Escuela sin Partido, va a crear una subsecretaría para impulsar la creación de escuelas bajo la dirección de policías o militares las cuales “benefician la disciplina de los niños”.

El investigador Cunha sostiene que los anuncios del gobierno entrante están cargados de una “sobredosis de un militarismo que nos recuerda a la paranoia anticomunista de la Guerra Fría. Es una lástima que en su primer discurso como jefe de Estado no se haya podido librar de su obsesión contra el marxismo, que también alcanza a su ministro de Educación, Vélez Rodriguez, que fue profesor de la Escuela del Estado Mayor del Ejército; está más acostumbrado a enseñar a generales que a niños”.

 

–El presidente suele remitir al gobierno militar como una utopía que debe ser recuperada.

–Es cierto, y esta reivindicación se apoya en falsedades, en imprecisiones. Bolsonaro reivindica la dictadura de la que esconde algunos números indispensables para que se la conozca. En ese período que él elogia hubo 200 mil detenidos bajo sospecha de subversión, de los cuales 50 mil fueron arrestados entre abril y agosto de 1964, es decir en los primeros meses del régimen. Quinientas mil personas fueron objeto de investigaciones por los organismos de inteligencia, diez mil fueron torturadas y otras diez mil se exiliaron. Este gobierno recién iniciado tiene 9 generales en su primera línea de la gestión, ninguna gran democracia del mundo les da tanto poder a tantos generales como el gobierno del capitán Bolsonaro. Son nueve militares en puestos llave, mientras la primera dictadura de 1964, de Humberto Castello Branco, tenía cinco y la última, de Joao Baptista Figueireido, designó a seis en su gabinete.

 

–Un tema recurrente en Bolsonaro es dar la “batalla” ideológica en las universidades.

–Lo que más asusta a los tiranos es la universidad, el santuario del conocimiento, del libre pensamiento y reducto de la conciencia crítica. Como Bolsonaro añora los años de la dictadura no está de más recordar que ocurrió con ellas durante ese período. Unos 300 profesores fueron castigados o separados de sus cargos entre 1964 y 1971. Las purgas también alcanzaron a rectores universitarios. Más de mil estudiantes fueron expulsados de sus facultades e impedidos de matricularse en otra casa de estudios durante tres años.

 

En 1964 el rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro dijo al cónsul de Estados Unidos que no tenía nada que objetar a los organismos de inteligencia que detenía a estudiantes fuera de esa casa de estudios.

Aquí en Brasilia, la universidad creada por Darcy Ribeiro fue intervenida por los militares, que la dejaron a cargo del capitán de Marina José Carlos Azevedo, quien asumió en 1976 aplicando sanciones colectivas a los estudiantes que entraron en huelga. Más de mil jóvenes fueron expulsados y con ellos varios profesores de izquierda.

Azevedo estaba ligado a los servicios de inteligencia de la Marina que fueron los que secuestraron al presidente de la Unión Nacional de Estudiantes Honestino Guimaraes, de 18 años. Honestino fue ejecutado en la selva de Araguaia en la región amazónica y desde entonces continúa desaparecido.

Publicado enInternacional
Sábado, 15 Diciembre 2018 06:27

“Estoy cansado de las mentiras”

“Estoy cansado de las mentiras”

En sus primeras declaraciones tras ser sentenciado a tres años de prisión el jueves, Cohen reiteró que está arrepentido de haber ayudado a Trump a encubrir dos relaciones sexuales y dijo que se cansó de mentir para proteger al presidente.

El ex abogado de Donald Trump, Michael Cohen, volvió a la carga ayer y afirmó que el entonces candidato sabía que estaba mal ordenar el pago de dinero para silenciar a dos mujeres que afirman haber tenido una relación amorosa con Trump. Al ser preguntado por la ABC News sobre los pagos a la ex actriz porno Stormy Daniels y a la ex modelo Karen McDougal durante la campaña de 2016 el exabogado contestó: “Por supuesto. Trump actuó porque estaba muy preocupado sobre cómo afectaría esto a la elección.” Estas fueron las primeras declaraciones que hizo Cohen luego de ser sentenciado a tres años de prisión el jueves, una condena que comenzará en marzo. “Estoy enojado conmigo mismo porque sabía que lo que estaba haciendo estaba mal”, dijo con los ojos húmedos. El ex abogado presidencial confirmó además que aceptó colaborar con la justicia porque dice estar cansado de las mentiras del presidente: “estoy cansado de las mentiras. Estoy cansado de ser leal al presidente Trump. Di lealtad a alguien que, en verdad, no merece lealtad”, confesó.


El ex confidente del mandatario fue condenado por evasión de impuestos, falsas declaraciones a un banco y violaciones de la ley de financiación de campañas electorales. Los cargos fueron presentados por los fiscales federales en Nueva York y por la oficina del fiscal especial Robert Mueller, el exdirector del FBI que está investigando además la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016. El jueves los fiscales calificaron los pagos a las dos mujeres como contribuciones ilegales de campaña destinadas a influir en la elección. Sin embargo el acusado recibió una sentencia reducida por colaborar con Mueller.


Por su parte, Hogan Gidley, uno de los portavoces de la Casa Blanca, acusó a la prensa dar credibilidad a un criminal convicto. “Cohen admitió el mismo haber sido un mentiroso”, contraatacó. “Él ha admitido mentir. Todos lo saben y que ahora haya dicho que va a dejar de hacerlo es un poco tonto”, respondió el vocero de la Casa Blanca al ser preguntado por las supuestas pruebas documentales que acreditarían los pagos de Trump a las dos mujeres en un intento de comprar su silencio.


Al conocerse la sentencia, Trump marcó distancias con los dichos de Cohen asegurando que nunca le ordenó violar la ley y denunció que el abogado aceptó esos cargos para avergonzar al presidente y obtener una sentencia de prisión muy reducida. Además, Trump descartó la importancia de las acusaciones de financiamiento de la campaña y dijo que eran, en el mejor de los casos, violaciones civiles.


“No es cierto en absoluto”, respondió Cohen en la entrevista de ABC. “Bajo ninguna circunstancia quiero avergonzar al presidente”, se defendió para luego agregar que tiene esperanzas de ser recordado por la historia como una ayuda para volver a unir a Estados Unidos.


El abogado que empezó a trabajar para la Organización Trump en 2007 dijo que el mandatario no se parece en nada a la persona que era cuando lo conoció. “Fue sólo un cambio. Les diré que el caballero que está sentado ahora en la Oficina Oval, 1600 Pennsylvania Avenue, no es el Donald Trump que recuerdo de Trump Tower”, denunció. Una posible razón, agregó, es que la presión del trabajo es mucho más de lo que él pensaba que iba a ser. El letrado dijo que se considera a sí mismo como una pieza fundamental para ayudar al destino del país: “nunca es bueno estar del lado equivocado del presidente de los Estados Unidos de América, pero de alguna manera u otra esta tarea ahora ha caído en mis hombros.” Luego agregó que pasará el resto de su vida intentando solucionar el error que acepta haber cometido.


En el final de la entrevista le preguntaron si creía que Trump estaba diciendo la verdad sobre la injerencia de Rusia en las elecciones y respondió que no y luego se negó a hacer más comentarios. “No quiero poner en peligro ninguna investigación”, alegó.


A su vez, los diarios The New York Times y Wall Street Journal informaron que los fiscales federales abrieron otra línea de investigación relacionada con las elecciones, acerca de si extranjeros canalizaron ilegalmente donaciones a la campaña de Trump. Según fuentes cercanas a las investigación citadas por el Times, ésta se centra en determinar si personas originarias de Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos utilizaron prestanombres para hacer donaciones con la esperanza de comprar influencia sobre la política de Estados Unidos.

Publicado enInternacional
Las de Pilato: lavarse las manos en las elecciones de Brasil como rebelión e inconciencia

Estamos en tiempo de reinvención. Esta es la conclusión –activa– y reto –abierto–, que las autoras de este artículo extraen de las recientes elecciones en Brasil, donde lo más retrogrado del poder y de la sociedad salió a flote.

La antesala de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil sacó a flote pulsiones y fuerzas que habían estado contenidas o invisibles en el espectro de las relaciones sociales y mediáticas del país. Animados por el discurso de odio del ultraderechista Jair Bolsonaro, sentimientos y posiciones que se tenían por “superadas” salieron del armario haciendo fiesta: intimidación, acoso, xenofobia, discursos de odio, racismo, homofobia, misoginia, nazismo, fascismo, apología de la tortura y de la muerte... Fin de la hipocresía democrática.

El viernes 26 de octubre, mientras celebrábamos el cierre del 10mo Seminario Brasilero en Teoría e Historia de la Historiografía en uno de los campos de la Universidad Federal de Ouro Preto (Ufop) en la ciudad de Mariana, nos informaron que un grupo de estudiantes de Derecho de este mismo centro de estudios estaba siendo sitiado por la Policía Militar por el hecho de haber colocado dentro de las instalaciones universitarias una pancarta contra el retorno de la dictadura. Ese mismo día, durante la plenaria del evento, fuimos informadxs de que varixs profesorxs y colegas fueron amenazadxs, atacadxs por estudiantes afines a Bolsonaro y/o denunciadxs ante los organismos de seguridad del Estado por sus posiciones políticas e ideológicas.

Desde que se conocieron los resultados de la primera vuelta electoral, las agresiones fueron creciendo. En Salvador de Bahía, en la noche del 7-8 de octubre, el maestro capoeirista Moa do Katendê fue asesinado por un fanático bolsonarista solo por haber criticado al candidato ultraderechista. Durante la misma noche, hombres neo-nazistas atacaron a una joven marcando su piel con la cruz esvástica, solo porque vestía una franela con la frase ELE NÃO. En los días siguientes, la joven transexual Laysa Fortuna fue asesinada por un fanático conservador afín a Bolsonaro. Estudiantes universitarixs han sido atacadxs en diversas ciudades por su afinidad con movimientos y organizaciones sociales de izquierda. Integrantes de pueblos indígenas, lesbianas y homosexuales de diversas ciudades, así como grupos de mujeres que salieron sin la compañía de hombres fueron amenazados de muerte en las calles.

Tiempos oscuros se anuncian en Brasil. Con 57,7 millones de votos (55,1%), el pasado domingo 28 el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro (PSL) conquistó el triunfo como Presidente de la República en la segunda vuelta de una de las elecciones más polémicas y manipuladas en los últimos años. Mientras, el centro-izquierdista Fernando Haddad (PT) obtuvo un total 47 millones de votos (44,9%), quedando 10 puntos por debajo en el total de los votos válidos. Para muchxs, la batalla electoral no fue una contienda entre candidatxs de dos partidos con sus respectivos programas de gobierno, sino la disputa entre la preservación del marco democrático, por un lado, y el avance de un proyecto abiertamente autoritario, xenofóbico, misógino, homofóbico, racista y ultraneoliberal, que bien puede tildarse de fascista, por el otro. Mientras Haddad representó la defensa de las garantías democráticas y de las conquistas sociales, políticas y económicas, Bolsonaro capitalizó el discurso de la “anticorrupción”, el anticomunismo, el antiabortismo, la seguridad, el racismo y la defensa de la “familia”.
Los resultados expresan un ascenso importante y peligroso del neoconservadurismo, el ultraneoliberalismo y el patriarcado, cuya legitimidad parece respaldada por la mayoría de la población brasileña. Las apariencias esconden, sin embargo, un dato no subestimable: el 30 por ciento de lxs electorxs optó diferente: abstención (21,3%), voto nulo (7,4%) o votar blanco (2,1%). Teniendo en cuenta el carácter obligatorio del ejercicio del voto en Brasil, estamos hablando de un número significativo que pudo haber cambiado el resultado electoral y que, además, nos lleva a poner en cuestión la idea según la cual Bolsonaro cuenta con el respaldo de más de la mitad de la población brasileña. Dicho esto, no desconocemos el preocupante despliegue del espíritu de odio, misoginia, homofobia y racismo que, junto con la proscripción de la candidatura del expresidente Lula y el entramado de alianzas entre los grandes medios, el poder judicial y los poderes económicos, llevaron al poder al candidato ultraderechista.

Con el carácter plebiscitario de las elecciones, algunxs consideraron que quienes optaron por la abstención, el voto nulo o en blanco se lavaron las manos frente a lo que estaba en juego. Sin embargo, para este 30 por ciento las dos opciones electorales estaban en el mismo nivel de rechazo, de modo que la opción electoral no plebiscitaria les permitió manifestar su descontento contra la corrupción, contra las medidas de aumento de pasaje y la ley antiterrorista implementadas por el gobierno del Partido de los Trabajadores, así como su inmovilismo ante el empeachment golpista de 2016 contra la presidenta Dilma Roussef. Se abstuvieron porque, más allá del candidato, votar contra Bolsonaro implicaba votar por un PT que había decepcionado con políticas aparentemente “mesuradas” que evitaron el enfrentamiento en las calles a las últimas medidas contra los derechos laborales aprobadas e implementadas durante el gobierno golpista de Temer.

La señora Victoria fue una de los varios millones de personas que engrosó ese 30 por ciento. Nunca había votado y esta vez tampoco lo haría. Para ella, el “estado de excepción” (autoritarismo, racismo, violencia, represión…) que se impondría bajo el gobierno de Bolsonaro constituía la regla de una cotidianidad que, hasta ahora y según ella, se había mantenido invisible para la cotidianidad “central” de la vida democrática en Brasil. Respondiéndole a unxs estudiantes que andaban militando puerta a puerta para intentar revertir la tendencia a favor de Bolsonaro, expresó: “Quién sabe si con universitarios desapareciendo, periodistas siendo torturados, hijos de rico apareciendo morados y flotando en un río, eso comience a ser discutido de verdad y ahí, quién sabe, si tenemos suerte, nuestra vida entre en esa discusión, porque hasta ahora solo entró para servirles a ustedes […]. Yo perdí a mi hijo de 14 años, joven, con un tiro de fusil en la cabeza. Estaba con el uniforme de la escuela y una mochila”.

Las medidas más antipopulares implementadas durante los dos años del gobierno de facto de Michel Temer son aquellas que limitan los derechos laborales y el gasto público. De hecho, por 20 años en Brasil no podrán incrementarse gastos públicos; es decir, los gastos en educación, salud, cultura, administración tendrán recortes de hecho, impidiendo la investigación universitaria, la educación primaria, mientras los salarios de parlamentarios y jueces aumenta. Esta es la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) para determinar un techo presupuestario a la inversión pública. Si bien es una medida del gobierno golpista de Temer, Bolsonaro promete mantenerla y hasta profundizarla. Frente a estas políticas de recorte y desmejora de beneficios y derechos sociales, el PT optó por una estrategia parlamentaria, sin llevar adelante una política de agitación y de consulta popular que permitiese frenar la medida mediante la presión de calle.

Las políticas mediáticas del gobierno golpista, en alianza con el Tribunal Superior de Justicia, enfocaron la atención hacia una política armamentista de seguridad contra la violencia en un país que, con 209.000.000 habitantes, mantiene una media de homicidios de 4.250 por mes y, simultáneamente, llevaron adelante la condena de Lula por corrupción así como su proscripción como candidato presidencial, potenciando aún más y con fuerza la imagen de descomposición del PT.

Si bien Bolsonaro gana las elecciones con más de la mitad de los votos válidos, no es todo Brasil el que vota a favor de sus políticas familistas, ultraneoliberales y conservadoras. Los resultados electorales expresan y ratifican la misma división territorial con la que es gestionada y distribuida la desigualdad social y económica del país.

Bolsonaro obtiene sus votos fundamentalmente del Sur (Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur), el Sudeste (Río de Janeiro, São Paulo, Minas Gerais y Espíritu Santo) y el Centro-Oeste (Goiás, Mato Grosso do Sul y Mato Grosso), regiones en las que se concentra el mayor índice de ingreso per-cápita de Brasil y donde se encuentran los principales centros urbanos, agropecuarios, silvícolas y mineros. Pero también los obtiene de algunos estados de la zona Norte (Roraima, Acre, Rondonia y Pará), estados en los que habitan comunidades indígenas, se concentran las más importantes reservas ambientales y donde el capital invierte fuertemente en la agricultura extensiva de monocultivo, la ganadería y la minería, todas ellas perjudiciales para la conservación de los territorios y la sobrevivencia de los pueblos indígenas, amenazando directamente la Amazonía. En el norte, Bolsonaro gana utilizando un discurso xenófobo para incrementar el rechazo a la migración venezolana, a la que desde agosto pasado quiere encerrar en un campo de refugiados. Bolsonaro ha pedido revocar la ley de migración, una de las más avanzadas del mundo, según especialistas de la ONU, sosteniendo enfáticamente que Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas.

En cambio, Haddad gana en el Nordeste (Bahía, Maranhão, Piauí, Ceará, Pernambuco, Sergipe, Alagoas, Río Grande del Norte y Paraíba) y en algunos estados del Norte (Amazonas, Amapá, Tocantin), una región históricamente excluida de las políticas sociales y económicas de Brasil.

El mapa electoral muestra, así, la desigualdad estructural sobre la cual se erigen estos dos Brasil-es. El Nordeste, la tercera región más extensa de Brasil y la segunda con mayor densidad poblacional, contiene en su territorio una alta población negra e indígena y es considerada una de las regiones más pobres del país, con mayores niveles de desigualdad y de analfabetismo. Sus niveles de pobreza tienen sus orígenes en la Colonia. De sustentar la economía brasilera con la exportación del azúcar, el polo económico nordestino fue desplazado, en un primer momento, por el mercado del oro y, posteriormente, por el mercado cafetalero, ambos mercados ubicados en la región del Sudeste. Pero fue el salto industrial desplegado en el Sudeste –con mano de obra fundamentalmente nordestina– durante las primeras décadas del siglo XX, el que terminó de consolidar el abandono social y económico hacia el Nordeste, que solo fue parcialmente revertido a partir del gobierno de Lula, quien llevó adelante políticas de asistencia social que consiguieron mejorar la calidad de vida del pueblo pobre nordestino.

El racismo brasileño, que había estado escondido bajo el manto de la “democracia racial”, salió del closet, mostrando un país profundamente dividido, desigual y violento. Las políticas de cotas raciales, que intentan aminorar los índices de desigualdad en el ingreso a la educación pública universitaria, han sido cuestionadas y su derogación forma parte de las promesas del nuevo presidente electo.

En su discurso, Bolsonaro deja bien clara su política antindigenista: “ni un solo milímetro” de tierra para las comunidades indígenas, cuyas nacionalidades rondan aproximadamente las 380. La negación de los derechos ancestrales y territoriales de las poblaciones indígenas le garantiza el apoyo de los expansivos ganaderos y talamontes del norte, porque implica echar para atrás las políticas de demarcación de tierras indígenas y su inviolabilidad por parte de empresas ecocidas y mineras.

Políticas contra los derechos laborales, que ya están en implementación por parte del gobierno golpista de Michel Temer con la Reforma Trabalhista y la Propuesta de Enmienda Constitucional que congela el gasto público por 20 años, son parte del paquete programático del futuro gobierno de Bolsonaro.

Del lado de las fuerzas democráticas, la resaca poselectoral viene impregnada con una fuerte carga de tristeza, miedo y desesperanza, y no es para menos. A tres días de los resultados electorales, las fuerzas conservadoras, patriarcales y ultraneoliberales representadas en la imagen del nuevo presidente electo comienzan a tomar posiciones en el ajedrez político, social y administrativo del país. La madrugada del pasado lunes 29 de octubre fueron incendiados una escuela y un puesto de salud en la aldea Bem Querer de Baixo, perteneciente al territorio indígena de los Pankararus del estado de Pernambuco.

Bolsonaro y Temer se reunirán la primera semana de noviembre para intentar aprobar este mismo año la Reforma de la Providencia con la cual se pretende, entre otras cosas, eliminar las jubilaciones de lxs trabajadorxs; asimismo, el presidente electo anunció la fusión del Ministerio de Agricultura con el Ministerio del Ambiente, dando claras señales de su compromiso ecocida con el gran capital. Con una política de caza de brujas, el propio Bolsonaro, junto con la diputada catarinense Ana Carolina Campagnolo, convidó a lxs estudiantes a filmar y denunciar a lxs docentes que estuviesen usando las aulas de clase para “adoctrinar”, y justo en los primeros días de noviembre se debate en la Cámara de diputados el proyecto de ley llamado “escuela sin partido”, con el cual se pretende cercenar la libertad de cátedra y de pensamiento que ha prevalecido en los espacios de formación y educación.

Sin embargo, otros espíritus, sentimientos, actitudes y fuerzas se movilizan. El día 30 de octubre en la avenida Paulista de la ciudad de São Paulo, gracias a una convocatoria realizada por el Frente Pueblo sin Miedo, miles de personas se movilizaron para manifestar su determinación a luchar contra el avance del fascismo en Brasil. El lunes 29, en la Universidad de São Paulo, cientos de estudiantes y profesorxs realizaron una marcha para hacer frente al acto de celebración de los resultados electorales convocado por estudiantes afines al ultraderechista triunfador. El mismo lunes, a un día de la segunda vuelta electoral, se ha conformado una Plenaria de Resistencia Antifascista en Río de Janeiro que reúne a miles de trabajadorxs, jóvenes y estudiantes.

Frente a los tiempos oscuros que se anuncian con el ascenso del neoconservadurismo y el ultraneoliberalismo bajo el gobierno de Bolsonaro, las fuerzas democráticas, antipatriarcales, antifascistas, antirracistas, feministas y anticapitalistas se manifiestan en los espacios públicos. Se vienen tiempos de reinvenciones.

Publicado enEdición Nº252
Elecciones intermedias revelan el "estado de depravación moral" en EU; partidos ignoran dos amenazas clave: clima y guerra nuclear: Chomsky

Nueva York. El lingüista y analista político Noam Chomsky consideró que las recientes elecciones intermedias en Estados Unidos revelaron una vez más el profundo "estado de depravación moral" que prevalece en las instituciones políticas en este país.

En entrevista publicada en el sitio de información TruthOut, Chomsky insistió en que esta depravación se reveló por el hecho de que en las campañas electorales se ignoraron casi por completo las dos amenazas existenciales inminentes para la humanidad: la catástrofe ambiental y la guerra nuclear.

"Hubo muchas críticas al gobierno de (Donald) Trump, pero apenas una palabra acerca de las posiciones más siniestras que ha tomado: aumentar la ya terrible amenaza de la guerra nuclear y competir para destruir el entorno físico que necesita la sociedad humana organizada para sobrevivir", expuso.

Entrevistado por el académico C.J. Polychroniou, el intelectual estadunidense afirmó que los temas fueron ignorados, pese a que suponen las preguntas más críticas y urgentes que han surgido en toda la historia humana.

Trump cuestiona a la CIA

El jefe de la Casa Blanca cuestionó que agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hayan concluido que el príncipe de Arabia Saudita, Mohammed bin Salmán, ordenó el asesinato del periodista crítico de la familia real, Jamal Khashoggi, cometido el pasado 2 de octubre en el consulado saudita en Estambul.

Haciendo referencia a rotundas negativas del príncipe heredero y del rey de estar involucrados, Trump expresó: "quizás el mundo debería hacerse responsable, porque el mundo es un lugar muy, muy peligroso".

Críticos en el Congreso y altos funcionarios de otros países acusan a Trump de ignorar los derechos humanos y dejar pasar a Arabia Saudita por motivos económicos, incluida su influencia en el mercado petrolero mundial.

"Mi política es muy sencilla: Estados Unidos primero. Devolver la grandeza a Estados Unidos y es lo que estoy haciendo", dijo Trump a la prensa después de hablar vía telefónica con miembros del ejército por el feriado del Día de Acción de Gracias.

El príncipe heredero y su padre, el rey Salmán, dijeron que no cometieron "esta atrocidad", insistió Trump. "Es algo terrible. Y me desagrada más que a ustedes. Pero el hecho es que ellos han generado una enorme riqueza, trabajos realmente enormes en sus compras y, muy importante, mantienen bajo el precio del petróleo".

 

Publicado enInternacional
El avance evangelista en la política latinoamericana.

En guerra frontal contra los movimientos emancipadores, el evangelismo conservador se fortalece en la escena política regional. Con incidencia en la agenda legislativa y el debate público a lo largo de todo el continente va más allá de la “agenda de derechos” y desafía a una izquierda que no logra interpelar a su base social.


“Hay una nueva imbricación entre lo religioso y lo político que la izquierda en el mundo, y particularmente en América Latina, no está sabiendo captar. El fenómeno del éxito del neopentecostalismo conservador es un ejemplo clarísimo de esa nueva imbricación, que ha tomado una fuerza muy importante sobre todo entre los sectores populares.” Para el antropólogo uruguayo Nicolás Guigou, el auge de estos grupos religiosos que se han convertido en poco tiempo en actores centrales de la vida política de muchos países de esta región es “un fenómeno que debería cuestionar muy a fondo a grupos, organizaciones, movimientos sociales que pretenden llegar a los sectores populares, a los sectores vulnerados, para cambiar las cosas”. También a la academia: “a los politólogos, por ejemplo”. La política está perdiendo sentido para enormes franjas de la población, dijo Guigou a Brecha. “Hay un enorme déficit de lo político, que gente como los pastores y pastoras neopentecostales está llenando de a poco con su discurso.”


***
La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento, fundamentalmente en su versión pentecostal conservadora, apunta entre muchos otros el sociólogo boliviano Julio Córdova Villazón, especialista en el estudio de esta rama del protestantismo. En un artículo publicado en noviembre de 2014 en la revista Nueva Sociedad, Córdova señala que, a diferencia de comienzos del siglo pasado, cuando su “agenda” era esencialmente liberal y estaba centrada en la lucha por la separación de la Iglesia Católica y del Estado –por la razón del artillero: poder emerger–, hoy, en fase de crecimiento y con un catolicismo en crisis y en retirada, los evangélicos apuntan a adquirir cada vez más peso en la escena política a través de partidos propios o de pactos con terceros, una vastísima red de medios de comunicación, la multiplicación de movimientos de defensa de los “valores morales cristianos”. Todo aceitado por jugosos y muy a menudo non sanctos capitales.


***


Córdova diferencia cuatro etapas en la expansión evangélica en América Latina: “La lucha por la libertad de conciencia a fines del siglo XIX y comienzos del XX; la polarización ideológica en las décadas de los sesenta y setenta; la emergencia de partidos evangélicos en la redemocratización de los años ochenta y noventa; y la aparición de movimientos profamilia y provida de principios del siglo XXI”.


En la segunda de esas etapas, una parte muy minoritaria de los evangélicos se sumó a los católicos progresistas que impulsaron la teología de la liberación, y un puñado fueron parte de las guerrillas de izquierda. Pero la mayoría, dice el sociólogo, “asumió una postura que, desde la pasividad, resultó legitimadora de las dictaduras militares, aceptándolas como la mejor opción”.


Esa orientación se acentuaría a partir de los ochenta, con el predominio del neopentecostalismo, que ya se había hecho fuerte en Estados Unidos. Allí, una “nueva derecha cristiana” articulada por “telepredicadores, universidades evangélicas, asociaciones civiles y otras instituciones” emergió “como reacción a la ola progresista que vivió el país” en las décadas anteriores, “caracterizada, entre otros aspectos, por la demanda de una mayor autonomía para las mujeres y la igualdad de derechos para personas de la diversidad sexual”.


Desde Estados Unidos, esa nueva derecha cristiana pretendió irradiar hacia América Latina con una pléyade de pastores y un aparataje de medios. Pero fue recién en los noventa que ese discurso, que promovía una guerra frontal a los “predicadores del mal” basada en la defensa de la familia tradicional (papá-mamá-niños) y el rechazo a los movimientos emancipadores (de mujeres, de minorías sexuales, de negros), prendió al sur del Río Bravo, buscando “restaurar la estabilidad familiar”. Hasta entonces, escribe Córdova, las elites evangélicas latinoamericanas “no tenían un discurso político explícito”. “Los nuevos conversos evangélicos se sintieron amenazados por los cambios culturales y normativos relacionados con los derechos sexuales y reproductivos, y apelaron a una orientación política afín a la derecha cristiana estadounidense.” El crecimiento exponencial de estas religiones se dio en un contexto en el que “vastos sectores sociales” necesitaron “nuevos marcos interpretativos que dieran sentido a sus cambiantes condiciones de vida”. Las iglesias evangélicas, coincide William Beltrán, especialista en religión de la Universidad Nacional de Colombia (Afp, 6-X-18), “han logrado responder mejor que la católica a las necesidades de las nuevas generaciones de latinoamericanos excluidas por los procesos de urbanización y globalización”.


***


“Dios nos multiplicó por todo el continente”, dijo hace un tiempo Fabricio Alvarado. Predicador casado con una predicadora, cantante de música cristiana, ex diputado, Alvarado fue el segundo candidato más votado en las elecciones presidenciales de este año en Costa Rica, uno de los países de la región en los que más creció el neopentecostalismo en los últimos años. Según informes citados por el sociólogo colombiano Javier Calderón Castillo, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), hay actualmente en el continente “más de 19 mil iglesias neopentecostales que organizan a más de 100 millones de creyentes, una quinta parte de sus habitantes”. Un estudio sobre las religiones en las sociedades de la región realizado en 2017 por la consultora Latinobarómetro da cuenta a su vez de que en esta región el protestantismo le ha ido cortando el pasto bajo los pies al catolicismo desde hace más de dos décadas. En el que sigue siendo todavía el continente más católico del mundo, los fieles de esa religión se han reducido al 60 por ciento de la población, contra alrededor del 90 hacia mediados del siglo pasado. Los evangélicos, en tanto, treparon hasta un 20 por ciento desde porcentajes cercanos al 5 de pocas décadas antes. Con picos muy altos: 41 por ciento en Guatemala, 39 en Honduras, 32 en Nicaragua, 25 en Costa Rica, 24 en Panamá, 21 en Dominicana. Y 27 por ciento (contra 15 en el año 2000) en Brasil, la niña de los ojos de la Iglesia Católica a nivel mundial. “El crecimiento de los pentecostales en Brasil ha sido tan fuerte que este país tiene hoy la mayor población pentecostal del planeta. Hasta por encima de Estados Unidos”, declaró a Afp Andrew Chesnut, director de Estudios Católicos de la Universidad Virginia Commonwealth de Estados Unidos.

 

***


En todos estos años, los avances del evangelismo político en América Latina han sido evidentes. En Brasil más que en ningún otro lado. Además de que Jair Bolsonaro fue electo con el respaldo expreso de las iglesias pentecostales, el Partido Republicano (Prb) –surgido de la principal congregación evangélica latinoamericana, la Iglesia Universal del Reino de Dios– obtuvo 30 diputados federales, y cuenta con alrededor de 40 estatales, más de un centenar de alcaldes, entre ellos el de Rio de Janeiro, Mauricio Crivella, y más de 1.600 concejales municipales. Son muchos, además, los neopentecostales electos como legisladores federales por el partido de Bolsonaro, el Social Liberal. En total, la “bancada de la Biblia”, que reúne a evangélicos con representantes –a cual más “reaccionario”– de otras confesiones, tendrá alrededor de 200 integrantes en el parlamento de Brasil.


En Guatemala, un neopentecostal, el pastor y actor cómico Jimmy Morales, es presidente desde 2016; en Costa Rica, el pastor Alvarado disputó la presidencia hace apenas unos meses, y si bien quedó lejos del ganador, simbolizó el crecimiento de una confesión que hasta hace relativamente pocos años era marginal. Hay pentecostales en los parlamentos de Chile y México, de Colombia, de Venezuela y de Nicaragua, de Paraguay, de Perú y de Ecuador, y por supuesto en el muy laico Uruguay. Pero el poder de los pentecostales ha ido mucho más allá de su peso político específico. “Están marcando la agenda legislativa en no pocos países de la región, haciendo contrapeso al avance de las organizaciones y movimientos de defensa de los derechos de las minorías sexuales. Sus temáticas están cada vez más presentes en el debate público”, dice Gaspard Estrada, del Instituto de Estudios Políticos de París (Afp, 6-X-18). Se han levantado como un muro de contención a “la ideología de género y la agenda gay”, escribe Julio Córdova. En Argentina, apunta a su vez una investigación del diario Página 12 (14-X-18), tanto el presidente Mauricio Macri como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, “dejaron en manos de los evangélicos la tarea de contener el reclamo social y evitar estallidos” a cambio de “frenar la agenda del aborto y la educación sexual en las escuelas”.


En México, después de la despenalización del aborto en el DF, en 2007, los pentecostales fueron fundamentales para que se bloquearan iniciativas similares en 17 estados del país; en Nicaragua tuvieron la fuerza suficiente como para que la legislación relativa al aborto sea de las más restrictivas y oscurantistas de toda América Latina y que se estableciera un Día del Niño por Nacer; en República Dominicana contribuyeron a que en la propia Constitución se incluyera un artículo que protege “la vida humana desde la concepción”. En Brasil, antes de apoyar abiertamente a Bolsonaro, la Iglesia Universal del Reino de Dios, comandada por el multimillonario pastor Edir Macedo, respaldó a Lula, primero, y a Dilma Rousseff, después, con la condición de que se frenara cualquier intento de despenalizar el aborto o el consumo de marihuana, legalizar el matrimonio entre homosexuales o aprobar alguna ley en favor de la población trans. Lo consiguieron.


No sólo inciden sobre la agenda de derechos. En Colombia, los neopentecostales se embarcaron en la exitosa campaña por el “No” al acuerdo de paz con las Farc en el plebiscito de 2016. En Guatemala, Jimmy Morales decidió en mayo pasado trasladar la embajada en Israel a Jerusalén. Jair Bolsonaro hará lo propio en Brasil apenas asuma, en enero. “Israel es para los evangélicos una especie de reloj del tiempo histórico. Como son también milenaristas, creen que de lo que sucede con Israel depende cuán lejos o cuán cerca estamos del apocalipsis”, explica Nicolás Guigou a Brecha. “Piensan que una alianza con Israel los bendice.”


***


Los evangélicos conservadores comparten una matriz, vengan de donde vengan. Comunican de manera directa con la gente, intentan llegarle a través de la emoción, se manejan con una cultura esencialmente oral. “Hablan todo el tiempo de ‘liberación’, de dejar fluir cuerpo y espíritu. Son una religión muy corporal, sensorial. La glosolalia, ese ‘hablar en lenguas’ que tanto los caracteriza, es como una forma de dejar escapar el sufrimiento, de escenificar lo indecible, de liberarse del demonio, de las malas influencias”. El mensaje es tan simple que mete miedo. “Te dicen que si te va bien, es porque Dios está con vos, y si Dios está con vos, es porque te conectaste con él a través de nosotros. Y si te va mal, es porque algo habrás hecho, o no pagaste tu diezmo o te dejaste tentar por Satán o tus oraciones estuvieron mal hechas. Deberás, entonces, esforzarte más. Lo particularmente seductor de su oferta es que al fiel le prometen todo: salud, dinero, prosperidad, y aquí y ahora, en esta vida terrenal.”


A diferencia de los protestantes de principios del siglo pasado, que en su demanda de libertad de conciencia potenciaban un Estado laico y defendían incluso una agenda “progresista”, los neopentecostales del XXI encajan como en un molde con la prédica neoliberal, observa Julio Córdova. O con una “época de autonomía extrema como la actual”, en los términos de Guigou. Su “teología de la prosperidad” apunta a la búsqueda del éxito individual, al hacé la tuya, exalta los valores de los ricos aunque esté dirigida a los pobres o los medio pelo. “Los pastores son como gestores de la movilidad social de esas capas pobres, se mueven con una teología de la economía en la que resaltan además la obediencia y la disciplina, el respeto del orden social, la no confrontación con las autoridades”, abunda Guigou.


***


Guigou piensa que el neopentecostalismo sudamericano es de claro cuño brasileño. Las iglesias evangélicas brasileñas fueron pioneras, dice, en eso de la participación en política, y han tenido mucho más presentes que las estadounidenses las características de los pueblos en los que se implantan.“Se manejan con un pragmatismo sorprendente que les permite, cuando cuadra, aliarse al PT y luego considerarlo satánico, respaldar la destitución de Dilma y apoyar a Bolsonaro, con el que conectan obviamente mucho mejor. Lo que les importa es el poder y para conseguirlo medran, chantajean, condicionan, buscan prebendas.” Su manera de confrontar con el catolicismo o las religiones afro, espiritistas o de raigambre indígena, con las que compiten por la influencia entre los sectores populares, ha sido bien propia. “Como tienen una visión integrista, son parasitarios del enemigo y están en guerra permanente con ‘satanes’ diversos, que en Brasil se encarnan hoy sobre todo en los petistas o los curas católicos.”


Han montado unas enormes redes de sociabilidad y construido su poder con base en un poderosísimo imperio mediático que comprende el segundo canal de televisión del país, Rede Record, un canal religioso, un portal de Internet, emisoras de cable locales, un entramado de radios que cubren casi todo el territorio, editoriales, compañías discográficas. En las redes sociales se mueven como pez en el agua y laburan el terreno como pocos. Sus lugares de culto son también agencias de servicios públicos, supliendo a un Estado ausente. “Han conquistado las cabezas de los vulnerados y ganado las batallas por el control espiritual de las favelas, de los espacios de las periferias urbanas, de las cárceles. Sobre este modelo brasileño se han ido armando las iglesias pentecostales del resto de América del Sur, y los pastores brasileños han extendido su prédica a África y a Asia, donde de a poco están entrando.”


***


Años atrás, los sacerdotes progresistas latinoamericanos herederos de la teología de la liberación ironizaban con que ellos apostaban por los pobres y los pobres por los pentecostales. “Un buen resumen de la realidad”, sentencia Guigou.


***


La izquierda en general, el PT brasileño en particular, asegura el antropólogo uruguayo a Brecha, no supo, no sabe hablarles a las masas que se pasaron a filas evangélicas. “La izquierda se maneja con códigos propios de las capas medias. La agenda de derechos es ajena a los sectores más marginales, que en la familia tradicional, heterosexual y estable encuentran seguridad y sin ella lo poco que tienen se les desmorona.” La periodista Lamia Oualalou sitúa en otro plano esa desconexión entre la izquierda latina y los pobres de toda pobreza que se arrimaron al neopentecostalismo. Para esta franco-marroquí que vivió años en Brasil y es autora del libro Jesús te ama. La ola evangélica (Éditions du Cerf, 2018), “la izquierda interpretó la ‘teología de la prosperidad’ de forma muy básica. La vio únicamente como una adaptación del neoliberalismo. Es cierto que hay una parte de consumismo y dinero, pero también las iglesias funcionan con una lógica de la solidaridad”, dijo en una entrevista publicada en el número de octubre de Nueva Sociedad. Hay además un contrasentido en la actitud de partidos como el PT: ellos mismos no escaparon a la “lógica del consumo capitalista” cuando llegaron al gobierno durante la llamada “ola progresista”. Fue eso lo que les ofrecieron a los pobres: la integración al consumo. Oualalou recuerda una frase de Guido Mantega, ministro de Economía de Lula: “Ahora todos los brasileños pueden ser ciudadanos porque tienen acceso a una tarjeta de crédito”.


Cuando estalló la crisis, patente quedó la debilidad de esa “integración”. El Estado (y los progresistas) dejó a los pobres literalmente de la mano de Dios, y Dios les dijo a estos “vulnerados”, pastores evangélicos mediante, que el Satán petista los había mandado a la ruina, sostiene la periodista. Y piensa: no es hablando de la Biblia, cediendo a los chantajes o posando junto a sus pastores, como ha optado por hacer el PT, que se podrá sacar a estos sectores de los tentáculos del neopentecostalismo. “Lo que habría que hacer es volver a hablar de lo que importa en la vida del brasileño: una educación mínima, un acceso a la salud, volver a tener farmacias populares que den remedios gratuitos, un salario mínimo”. Y “deconstruir la imagen de los pastores, demostrando que la mayoría de ellos son bandidos y que son las principales fortunas del país”. Confrontarlos, no mimetizarse con ellos. Disputarles la hegemonía, sugiere Oualalou.

Publicado enSociedad