Lunes, 24 Agosto 2020 05:51

Entreactos

Una familia de LNU Lightning Complex en Vacaville, California, perdió su casa en uno de los incendios más grandes que han afectado a la entidad.Foto Afp

En el intermedio entre los espectáculos de las convenciones nacionales del duopolio político nacional, la letra que tal vez mejor resume el momento es la del coro de Getting Better de los Beatles: "tengo que admitir que está mejorando, un poco mejor todo el tiempo (no podría empeorar más...)".

Cuatro días del show político demócrata la semana pasada ofrecieron el mosaico de Estados Unidos de sectores sociales, razas, etnias, diversas corrientes políticas, algo que no se verá en los próximos cuatro días de la Convención Nacional Republicana, donde habrá un mar blanco presidido por la familia Trump... debería llamarse la Convención Nacional Trump.

Los demócratas lograron, por ahora, proclamarse unidos no por un gran entusiasmo en torno a su abanderado Joe Biden, sino en su tarea de derrotar a quien es el presidente más peligroso en la historia moderna del país. Biden fue presentado una y otra vez como un hombre "decente" y "experimentado", en marcado contraste con el actual ocupante de la Casa Blanca. Al concluir la convención demócrata la impresión general era de que muchos se sintieron "un poco mejor"… ya que las cosas no podrían estar peor.

Y las cosas están espantosas. La república está sobre el precipicio del autoritarismo, dixit los demócratas y hasta la izquierda no alineada. Estados Unidos sigue como el país "avanzado" con más contagios y muertes por Covid-19 y una crisis económica aproximando las dimensiones de la Gran Depresión, un asalto oficial constante contra los derechos civiles y laborales y la promoción del odio racial, la persecución brutal de migrantes y un presidente que está abiertamente amenazando con un golpe de Estado si no gana la relección.

Mientras arde (más de 500 incendios en California), o se inunda (dos huracanes amenazando a Florida), o millones se enferman, o millones más pierden sus empleos y sus casas en este imperio, el emperador juega golf después de enviar tuits como el de ayer: "Feliz domingo. Queremos DIOS". Punto.

Algunos comentan que es así como se escucha el último grito de un orden moribundo, el último acto histérico por una facción de la cúpula que sabe que está ante el fin de esta fase del imperio donde la "frontera" estadunidense era el mundo, y por ello esas justificaciones oficiales de "seguridad nacional" para intervenciones y guerras en varias esquinas del planeta, bajo el mito de que Estados Unidos era el "país esencial" como promotor global de la "democracia" y "la libertad".

"Pero hoy día esa frontera se ha cerrado", argumenta el historiador premio Pulitzer Greg Grandin. Después de siglos de empujar esa frontera a través del dominio, primero territorial y después económico y militar a escala mundial, hoy ese mito ha dejado de existir. Con ello “donde la frontera (del poder estadunidense) antes simbolizaba un renacimiento perenne, el muro fronterizo de Donald Trump… ahora surge como una lápida sepulcral”.

Grandin argumentó el año pasado que con el fin del expansionismo ilimitado de Estados Unidos, aparecen dos corrientes políticas, el nativismo –cuyo representante es Trump– y alguna versión de la socialdemocracia, y pronosticó que las próximas generaciones enfrentarán una decisión entre "el barbarismo y el socialismo".

Biden, en su discurso final en la convención demócrata, recurrió a una cita de Ella Baker, figura heroica del movimiento de derechos civiles desde los años 30 hasta los 80, que dice que si das luz a las personas, ellas encontrarán el camino. Pero eso sí, no mencionó que esa nieta de esclavos declaró en otro discurso en 1974: "tú y yo no podemos ser libres en Estados Unidos o cualquier otro lugar donde existan el capitalismo y el imperialismo".

Por ahora, ante la posibilidad de que las cosas empeoren, a veces hay indicaciones de que las cosas están mejorando.

Estados Unidos está en los entreactos.

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Pese al manejo desastroso que ha hecho Trump de la pandemia del Covid-19, podría relegirse si crece el abstencionismo entre la llamada Generación Z. Foto Afp

Patti Waldmeir (PW), del rotativo globalista Financial Times (18/8/20), arguye que "a los votantes estadunidenses más jóvenes les desagrada la selección" entre Trump y Biden "quienes no consiguen inspirar a la Generación Z", lo cual "podría significar un mayor abstencionismo".

Según PW, los centennials (Generación Z) representan sólo 10 por ciento de los votantes, pero pueden significar la diferencia si la elección es más apretada de lo que sugieren las encuestas actuales.

Mucho más allá de las controvertidas encuestas que no consiguen escrutar los "votos silenciosos" a favor de Trump por no ser "políticamente correctos", sobre todo para la aplastante mayoría de los multimedia que abominan al presidente Nº 45, la elección se antoja muy reñida, conflictiva y fraudulenta, cuando Trump ha puesto en tela de juicio el sufragio de 51 millones de votos mediante el polémico cuan anacrónico correo USPS, carente de vigilancia: desde la transmisión hasta la recepción de la boleta, no se diga su renvío y su conteo.

De acuerdo a PW, los centennials "tendrían la llave para que EU elija a su presidente de mayor edad en su historia": Biden, quien tendría 78 años en noviembre. Define a la Generación Z en forma laxa: nacidos entre 1995 y 2010 y que no muestran mucho entusiasmo por votar.

Pew Research Center mezcla a sufragantes centennials y millennials: entre 18 a 29 años, quienes exhiben una preferencia similar de 10 por ciento con Trump y 11 por ciento por Biden ( https://pewrsr.ch/3l4Clx7 ).

Definitivamente EU padece la "encuestitis", cuya industria maneja enormes cantidades de dinero, ya que redirecciona a un gran sector de sufragantes "volátiles".

PW cita una "encuesta Harris", anterior a la convención del Partido Demócrata que se celebró en forma virtual en Milwaukee (Wisconsin), donde se vuelve a refrendar la proclividad, todavía mayor a la del año pasado ( https://bit.ly/3aTcEuU ), de que 59 por ciento (¡super-sic!) del rango entre 18 y 39 años prefiere "vivir en un país socialista (¡mega-sic!) que en uno capitalista, 9 por ciento mayor al año pasado", lo que puede alejar a los "centristas", a cuyo segmento pertenece Biden.

Esa es precisamente la grave fractura ideológica en el seno del "antidemocrático" Partido Demócrata que tuvo que operar un fraude para sacar de la jugada en Iowa al "socialista" Bernie Sanders, judío progresista e ídolo de los "jóvenes socialistas".

Justamente, la coalición del Partido Demócrata, a quien hoy unifica más su aversión a Trump que sus ideales y programas, se halla fracturado entre sus multimillonarios Bloomberg/Soros, al unísono de los jerarcas de Silicon Valley que apuestan por Kamala Harris –la ungida vicepresidenta casada con Douglas Emhoff: israelí de Brooklyn y abogado de la industria cinematográfica de Hollywood (https://bit.ly/2YpXS9P)– y el ala "izquierdista" notablemente antisionista del Squad, encabezada por la millennial Alexandria Ocasio-Cortez.

Mucho se comenta que en la elección anterior la apatía de los millennials, agraviados por el fraude interno en Iowa, perjudicó a Hillary y favoreció a Trump.

Cabe señalar que los millennials han sido flagelados por "una segunda crisis financiera debido a las consecuencias económicas de la pandemia del Covid-19" cuando se encuentran muy endeudados (https://on.wsj.com/3hj86QP). A los millennials se les dificulta más que a sus generaciones previas iniciar una carrera y conseguir su independencia financiera cuando ostentan una tasa de desempleo de 12.5 por ciento mayor a sus antecesores.

¿Saldrán de su apatía, los hoy confinados centennials y millennials, para votar por correo, lo cual favorecería quizás a Biden?

No sólo los votos de los centennials "podrían detentar el equilibrio del poder en esta elección", sino que, también, a mi juicio, a mayor abstencionismo de los centennials (Generación Z) existirá una mayor probabilidad de que pueda relegirse Trump, pese a su manejo desastroso de la pandemia del Covid-19, pero a quien le beneficia el alza antigravitatoria de la bolsa de valores de Wall Street. El abstencionismo beneficia a Trump.

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El ocaso de Bannon y el golpe al ‘movimiento’ de la extrema derecha populista

La imputación del exasesor de Trump por parte de la fiscalía de Nueva York llega el mismo día en que un juez federal neoyorkino denegara un recurso del presidente en el caso de su declaración de impuestos, que el mandatario se niega a hacer pública.

washington

21/08/2020 09:00

Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

La detención ayer del ideólogo de la extrema derecha populista Steve Bannon, casi dos años exactos después de que Trump lo despidiera de asesor de la Casa Blanca, supone la confirmación definitiva del ocaso de su figura y un golpe a la línea de flotación de su proyecto ideológico, cuya fuerza legitimadora y capacidad de influir prácticamente sólo pende ya del hilo de la reelección o no del presidente norteamericano en las elecciones de noviembre. Bannon es el sexto hombre del entorno cercano de Trump en ser imputado por un tribunal federal o en entrar en la cárcel. 

Su arresto, además, se produjo el mismo día que otros dos acontecimientos que se conectan entre sí. Por un lado, ocurrió mientras se celebraba el último día de la Convención Demócrata en la que se ha nominado oficialmente a Joe Biden como candidato del partido a las elecciones, y que ayer aprovechó que el Pisuerga pasaba por Valladolid para denunciar que la administración de Trump es "la más corrupta de la historia"; por otra parte, fue también el día en que un juez federal de Nueva York denegó el recurso de Trump en el caso abierto sobre la declaración de impuestos que el presidente se niega a hacer pública. Que todo esto esté sucediendo en los tribunales neoyorkinos dista de ser una casualidad puesto que ésa es la ciudad de Donald Trump.

La operación contra Bannon, de 66 años, se produjo además dos meses exactos después de que el controvertido fiscal general William Barr despidiera al fiscal general de Nueva York, Geoffrey Berman, que llevaba meses investigando presuntos casos de corrupción del entorno del presidente, como el de Michael Cohen y del abogado personal del presidente, Rudolf Giuliani. La imputación de Bannon fue ejecutada precisamente por la sustituta de Berman en la fiscalía, Audrey Strauss.

La detención del ideólogo de Trump, que se produjo en su barco en las aguas de Connecticut, al norte de Nueva York, donde llevaba viviendo varios meses, reunió dos elementos muy significativos. Primero, según el escrito de la fiscal federal de Nueva York, Bannon está imputado junto a otros tres socios suyos, de dos delitos de fraude cibernético y de conspiración para el fraude, por lo que se enfrenta a una pena de hasta 40 años; una losa de plomo para su credibilidad, más teniendo en cuenta que ese fraude consistió, según el auto de imputación, en desviar dinero para su uso privado de la campaña para construir el muro con México.

El segundo elemento, éste de tipo más simbólico, es que Bannon fue detenido por… inspectores del Servio de Correos de Estados Unidos, justo la empresa pública que Trump quiere sabotear para impedir todo lo que pueda el voto por correo en las elecciones presidenciales. Según informó la cadena CBS, los inspectores del servicio postal tienen competencias en cuanto a los delitos de fraude online.

El efecto de un elemento y otro en la derecha norteamericana no se hizo esperar. El propio Trump no tardó en reaccionar ayer. En una comparecencia ante la prensa en la Casa Blanca, al ser preguntado por este asunto, criticó a Bannon y se deshizo de él, aunque esto lo hizo tras afirmar que se sentía "muy mal" y "triste" por la noticia. Sin embargo, acto seguido y tras asegurar no haber tenido contacto con él "en un período muy largo de tiempo", pasó a las críticas: "No me gusta ese proyecto [de recaudar fondos para construir el muro]. Creo que lo lanzaron para fardar. Es inapropiado financiar un muro fronterizo con fondos privados". Así despachó Trump el asunto Bannon.

No fue sólo Trump. La cadena ultraderechista Fox informó de la detención de Bannon y lo trató como el ídolo caído que ya es el otrora hombre más influyente de la administración Trump. El analista judicial de la cadena, el exjuez Andrew Napolitano, criticó que Bannon y sus socios "consiguieron cientos de miles de dólares de gente que dio ese dinero pensando que iría para el muro" y no para financiar "sus lujosos estilos de vida", y sentenció: "El hecho de que usaran una tercera parte para ocultar las huellas porque sabían que estaban engañando a sus donantes no pinta nada bien para Bannon ahora mismo".

Fox, además, dio pábulo a las declaraciones de la subdirectora de la campana de Biden, Kate Bedingfield, quien aseguró que "Trump ha dirigido la administración más corrupta en la historia de Estados Unidos. La ha usado constantemente para enriquecerse a sí mismo, a su familia y a sus compinches".

El efecto de esta detención provoca en Bannon no sólo se queda en las fronteras de Estados Unidos puesto que quien fuera el ideólogo de la campaña de Trump en 2016 había extendido sus redes fuera del país, especialmente en Europa, donde quería exportar esa especie de populismo obrero de extrema derecha nacionalista, por parafrasear una expresión suya, en la que quiso basar su ideología; aunque eso fue sólo la mitad de la misma: la otra mitad fue marketing, redes sociales y desinformación, que para algo Bannon procedía del mundo del espectáculo; elementos, por cierto, copiados en mayor o menor medida por la extrema derecha europea.

Sexto hombre de Trump imputado o en la cárcel

Tras su detención e imputación ayer por fraude cibernético y conspiración para el fraude, Steve Bannon se convirtió en el sexto hombre del entorno cercano de Donald Trump en ser imputado o acabar entre rejas. Los otros cinco de esa lista son: Roger Stone, Michael Flynn, Paul Manafort, Rick Gates y Michael Cohen.

Roger Stone, ex asesor de campaña de Trump, fue condenado a 40 meses de prisión por diversos delitos como obstrucción a la justicia, manipulación de testigos y mentir en sus declaraciones ante el Congreso. El pasado mes de julio, Trump lo indultó.

Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional de Trump, se declaró culpable en 2017 de mentir al FBI sobre sus conversaciones con el antiguo embajador ruso en Estados Unidos. El Departamento de Justicia actuó después para retirar su procesamiento pero un juez federal rechazó en primera instancia dicha acción al haberse declarado culpable y el caso está pendiente de ser tratado en un tribunal de apelación.

Paul Manafort, expresidente de la campaña de Trump, fue condenado en 2019 a de 7,5 años de prisión por delitos relacionados con su trabajo como consultor político en Ucrania así como por fraude bancario y fiscal. Él mismo se declaró culpable de dos cargos de conspiración en 2018.

Rick Gates, exvicepresidente de la campaña de Trump y uno de los principales asociados de Manafort, se declaró culpable en 2018 de conspiración contra los Estados Unidos y de mentir al FBI. Fue sentenciado a finales de 2018 a 45 días de cárcel, que se cumpliría sólo los fines de semana. Su escasa condena, en comparación con la que recibió su jefe Manafort, se debió a que cooperó con la investigación del informe Mueller.

Por último, está el caso de Michael Cohen, exabogado personal y fontanero del presidente. Se declaró culpable de mentir, tras pedírselo el presidente, al Comité de Inteligencia del Senado en 2017 sobre la duración y el alcance de su trabajo en los planes para construir una Torre Trump en Moscú. Está cumpliendo una condena de tres años de prisión en régimen de reclusión domiciliaria. Cohen ha anunciado la publicación inminente de un libro del que ya se conoce su prólogo y que se titula Desleal. La verdadera historia del abogado personal del presidente Donald Trump. En estas memorias, Cohen se describe "como uno de los chicos malos de Trump".

En dicho libro, según recoge la CNN, Cohen asegura, sin tapujos: "En ciertos aspectos, lo conozco [a Trump] mejor incluso que su familia porque fui testigo del verdadero hombre en clubes de striptease, en reuniones de negocios turbias y en los momentos en que reveló quién era realmente: un tramposo, un mentiroso, un fraude, un matón, un racista, un depredador, un estafador".

El velo que poco a poco parece ir cayendo en torno a la figura de Trump es el mismo que cayó ayer alrededor de la figura de Steve Bannon, quien durante un año estuvo paseándose a sus anchas, enredando y siendo entrevistado a diestro y siniestro por toda Europa. Todo ese relumbrón ayer cayó de golpe con su detención en su yate de las aguas de Connecticut y los cargos que se le imputan, zas, zas, zas. Fue el punto final a una carrera de ascenso fulgurante hasta su despido como asesor de la Casa Blanca en agosto de 2017.

Bannon y su desembarco en Europa

La puerta de Europa se le abrió a Bannon cuando su declive americano estaba consumándose. Según The Guardian, el artífice de abrirla fue el político de extrema derecha belga Mischaël Modrikamen. Éste, cuando Trump ganó las elecciones de noviembre de 2016, le hizo llegar una carta al magnate neoyorkino a través de un conocido que ambos tienen en común: Nigel Farage. Modrikamen le reclamaba a Trump trabajar en común para crear un levantamiento populista global. Para allanar el camino, Modrikamen registró en enero de 2017 El Movimiento, una fundación para este fin con sede en belga.

Desde Washington sólo le llegaba silencio hasta que en julio de 2018, Bannon, que llevaba casi un año fuera de la Casa Blanca, no dejó pasar la oportunidad y respondió la misiva. Quería asumir el mando de la Fundación. Modrikamen haría de director gerente y ambos transformarían El Movimiento hacia una máquina de campaña electoral para los partidos de extrema derecha europeas de cara a las elecciones a la Eurocámara de mayo de 2019. Así fue como desembarcó en Europa, un continente que se le apareció en forma de salvavidas.

Bannon creció en Norfolk, Virginia, 320 kilómetros al sur de Washington, en una familia católica de clase trabajadora de origen irlandés. Estuvo cuatro años en la marina (Norfolk tiene la base naval más grande del país) y después estudió un MBA en Harvard. Se dedicó primero al sector bancario, del que pasó al mundo del espectáculo: fue uno de los socios de la serie Seinfeld, éxito absoluto de la televisión americana de los años 90. De ahí saltó a Hollywood, donde produjo 18 películas y dirigió nueve, fundamentalmente documentales de ideología conservadora.

A principios de siglo, con las nuevas tecnologías empujando por tomar el sitio privilegiado que tienen ya, conoció a Andrew Breitbart, un periodista de extrema derecha que ansiaba crear una web de información y opinión ultraconservadora para combatir la ideología progresista en Estados Unidos. A mediados de 2007, el periodista fundó Breitbart News, en cuyo nacimiento participó Bannon. Breitbart falleció de un infarto en 2012 y Bannon encabezó el proyecto, que pasó a considerar como "plataforma de la derecha alternativa", es decir, la extrema derecha populista, una plataforma para eso que se llama la White America: ese Estados Unidos blanco, ultranacionalista, muy religioso y racista.

Según The Guardian, el primer encuentro entre el magnate de Nueva York y Bannon se produjo en 2010. A Bannon parecieron entusiasmarle las ideas de Trump sobre China y sobre el comercio internacional. Para la campaña a las elecciones presidenciales de 2016, Bannon ya era el jefe de campaña del candidato republicano, un millonario que había tomado una estrategia que ya se había visto antes en Europa en las figuras de Jesús Gil y de Silvio Berlusconi: el millonario antiestablishment. Trump se montó por su cuenta su campaña en contra del aparato republicano y acabó conquistando el cuerpo y el alma de un partido que no era el suyo. Porque Trump no es republicano. Trump es Trump. Bannon fue crucial en el uso de las redes sociales, de la campaña agresiva, faltona y en el empleo de los bulos masivos y la desinformación. En enero de 2017, Trump tomó posesión como el 45º presidente de Estados Unidos y Steve Bannon era calificado como el segundo hombre más influyente del país. En agosto de ese año, tras sus desavenencias con Ivanka Trump y su marido Jared Kushner, Bannon fue despedido.

Cuando en 2018 llegó a Europa, en la antesala de las elecciones comunitarias del año siguiente, la extrema derecha populista, nacionalista y antieuropea mantenía una tendencia ascendente, un terreno abonado para la semilla populista de Bannon. Boris Johnson en Reino Unido; Marinne Le Pen en Francia; Matteo Salvini en Italia; Viktor Orban en Hungría; Santiago Abascal y Vox empezaban a asomar en España. Con todos esos partidos tuvo contactos Bannon. Según una información de El Confidencial de febrero de 2020, Rafael Bardají, exasesor de Aznar y exdirector de política internacional de FAES y asesor de Vox, se entrevistó en la Casa Blanca con Bannon. "Vox es el que más se adecúa a sus ideas; de hecho, fue él quien se interesó por nuestra formación; considera que su discurso casa perfectamente con las ideas que defiende nuestro partido", declaró Bardají a El Confidencial en 2018.

Sin embargo, a pesar del auge electoral de muchos de esos partidos (Boris Johnson es incluso primer ministro británico), esa especie de alianza de extrema derecha populista europea no pareció cuajar en ningún momento como movimiento articulado europeo o como alianza organizada en torno a La Fundación. Poco a poco, Bannon dejó de estar presente hasta que ayer, mucho tiempo después de sus últimas apariciones estelares en el viejo continente, saltó la noticia de su detención acusado de dos cargos por fraude que lo podrían meter en la cárcel durante 40 años, es decir, para el resto de su vida. Era la confirmación definitiva de su declive. El interruptor que apaga una de las luces más intensas y demagogas que ha alentado esa derecha alternativa en los últimos años. Y todo sucede a dos meses y medio de las elecciones presidenciales en las que Trump se disputará la Casa Blanca con Joe Biden.

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Venezuela: Nueva estrategia, ¿misma abstención?

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

 

Muchos acontecimientos relacionados con la política electoral parecen haber establecido en las últimas semanas una ruta oficial para intentar salir de la crisis política y así generar un nuevo escenario de estabilización general en Venezuela. Esta ruta tiene varios elementos electorales y democráticos que se juntan con decisiones lanzadas por decreto desde instancias institucionales.

La estrategia de las fuerzas oficiales, en líneas generales, intenta generar un nuevo marco democrático que se sustenta sobre algunas decisiones tomadas los últimos días y que adelante mencionaremos.

Si bien este diseño político está lleno de inconsistencias constitucionales y decisiones arbitrarias, siempre en medio de una situación general de crisis económica y asedio financiero internacional, es el único que en los actuales momentos podría resultar factible y que podría tener su clímax en un posible referendo revocatorio presidencial en 2022 que el presidente Maduro ha reconocido como opción. El mantenimiento del interinato de Guaidó, venido a menos, ya pertenece al campo de las aventuras, no de la política.

Para lograr ese escenario deben estar presentes sobre todo dos cosas. Primero, que el gobierno de Estados Unidos, el de Trump o el de Biden, moderen su nivel de ataque hacia Venezuela y dejen de interferir en una salida democrática, llegando al nivel de sancionar a políticos de oposición que deciden dialogar con el gobierno. Aunque hay que reconocer que no lo han hecho con los nuevos nombramientos rectorales ni tampoco con los cambios internos a los partidos opositores.

Y segundo y lo más importante, que las mayorías populares retornen al voto como único modo posible de desactivar el campo minado que hoy representa Venezuela.

 

MEDIDAS: ENTRE LA COOPTACIÓN Y UNA SALIDA ELECTORAL

 

Primero. Con tres decisiones diferentes de junio y julio, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino las directivas de los partidos Primero Justicia, Acción Democrática y Voluntad Popular y nombró como sus presidentes a dirigentes de esas toldas que han venido abriendo negociaciones, más o menos abiertas, con el ejecutivo nacional.

Segundo. También el TSJ nombró un nuevo Consejo Nacional Electoral el 13 de junio, una vez no pudieran ponerse de acuerdo las facciones internas a la Asamblea Nacional, órgano encargado por la constitución de hacerlo. La conformación del ente incluye la participación de actores políticos de oposición que decidieron sentarse en una mesa de diálogo nacional con el gobierno que viene operando desde finales de 2019 y donde participan varios partidos minoritarios. Hasta ahora las decisiones del ente han sido tomadas en consenso entre miembros de esta corriente de oposición y oficialismo. Han anunciado el 6 de diciembre como fecha de realización de las elecciones legislativas.

Tercero. El presidente Maduro anunció el 24 de junio la posibilidad de un referendo revocatorio presidencial en 2022, un instrumento contenido en la Constitución para todos los cargos de elección popular. Si bien la intención no ha generado mayores expectativas, sobre todo debido a que en 2016 fue bloqueada su aplicación por el anterior CNE, usando medidas administrativas, es la primera vez que se prefigura un escenario de este tipo desde el propio oficialismo.

Este conjunto de medidas abre dos escenarios posibles de cara a los próximos años.

El primero es un proceso de reoxigenación democrática de todos los actores, incluyendo al gobierno y al chavismo, aunque también a la oposición y las instituciones, de manera que se pueda atender la crisis desde los mecanismos democráticos y constitucionales y pueda crearse un marco general de entendimiento.

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

El segundo escenario posible es la consolidación del oficialismo como corriente única en el poder, una vez que, con una alta abstención el 6 de diciembre, conquiste la mayoría de curules del único poder público que no controla.

El escenario de la victoria del levantamiento de Guaidó ha disminuido a casi cero sus probabilidades de éxito.

Básicamente hay dos factores que harán peso en una dirección o en otra: los niveles de abstención, esto es, el nivel de credibilidad que tenga la estrategia política de Maduro y los actores de oposición que fragüen su ruptura con la línea del G4 (principales partidos opositores), y segundo, el papel de Estados Unidos. En la medida que se profundicen las sanciones y la presión internacional siga criminalizando a la dirigencia chavista, el oficialismo tenderá a cerrarse e impedir cualquier cambio democrático, mientras que si se desmontan las sanciones y los actores internacionales garantizan la apertura con Venezuela, se podría estar generando la posibilidad de un escenario democrático y electoral.

 

¿UNA NUEVA OPOSICIÓN?

 

El conjunto de medidas y decisiones institucionales no han recibido reacciones contundentes de las corrientes mayoritarias de las fuerzas opositoras, quienes se han visto impotentes de responder, no solo por la desmovilización de la pandemia, sino también por el desgaste político que lucen y el cúmulo de derrotas en fila desde el golpe militar del 30 de abril de 2019 en el que muchos líderes de los partidos participaron de manera pública, hasta el fallido intento de desembarco de comienzos de mayo, llamado operación Gedeón. Y todo ello desde la estrategia de los sectores radicales que gastaron toda la pólvora en el nombramiento de un interinato que no presenta ningún saldo a favor. También debido a la sumisión de los partidos más moderados hacia esta línea política forjada entre Washington y Miami.

Pero puede haber otra oposición.

En paralelo, el gobierno venía reuniéndose y negociando con actores políticos minoritarios en la mesa de diálogo nacional y que ahora son coparticipes de esta nueva estrategia con representantes en el CNE. Sumados a ellos, las siglas y tarjetas de los partidos tradicionales Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular con nueva directiva. El TSJ, por decreto, ha desplazado al liderazgo histórico de oposición y aun no se sabe qué consecuencias electorales esto pueda traer.

La alta jerarquía católica ha dado un paso histórico al salirse de la órbita de la oposición radical. Ha criticado fuertemente al abstencionismo y ha planteado la necesidad de ir a votar.

Con toda la armadura legal e institucional para convocar elecciones, con las tarjetas de los partidos activadas, con múltiples colores y marcas políticas, solo hay algo que aún no termina de verificarse y para ello hay que esperar el día electoral: si los militantes de esos partidos se entusiasman por la nueva situación y deciden acudir en masa, o si por el contrario, rechazan la nueva condición electoral que han armado las instituciones oficiales con actores de oposición y deciden no participar.

Esta es la clave para interpretar el éxito o fracaso de la estrategia oficial porque una alta abstención va a dificultar que esta ruta diseñada saque al país de la crisis. Pero también, una alta movilización de esos partidos podría reeditar un resultado desfavorable para el oficialismo.

El dilema oficial es el grado de participación que no sea tan bajo para deslegitimar el proceso, pero tampoco tan alto como para terminar arrasado nuevamente como en 2015.

 

ABSTENERSE O NO ABSTENERSE, HE ALLÍ EL DILEMA OPOSITOR

 

Como era de esperarse, el liderazgo opositor ha cuestionado este grupo de medidas y ha decidido no participar en los comicios de diciembre.

La alta abstención en la que se eligió al presidente Maduro en mayo 2018 (54%) dejó el camino abierto para el interinato de Guaidó y la vía violenta para forjar una transición política, una alta abstención el 6 de diciembre podría mostrar que no solo el partido de gobierno sino que incluso todo el sistema político está entredicho, y que los votantes opositores, que crecieron enormemente en las legislativas de 2015, no aceptan ni esta ruta ni la cooptación de los partidos políticos.

Pero también quienes apuntan a una política abstencionista tendrán que recordar el otro hito de 2005 cuando la oposición llamó a no votar y dejó solo en el poder legislativo al chavismo que terminó de ocupar todas las instituciones y salió tremendamente fortalecido, decisión que distintos voceros opositores han autocriticado con el paso del tiempo. Sin embargo, todo parece indicar que volverán a tropezar con la misma piedra.

Para intentar persuadirlos, Maduro ha dejado un anzuelo con la jugosa carnada de un posible referendo revocatorio para 2022. ¿Podrá la nueva oposición navegar hasta allá o naufragará antes de tiempo?

Para saberlo primero habrá que pasar por diciembre de 2020 y confrontar una nueva situación.

 

PARLAMENTARIAS 2020

 

Las masas opositoras pueden acatar el llamado a la abstención que sumada a la abstención tradicional de este tipo de comicios (suele aumentar en las elecciones de tipo no presidencial) y permitir al partido de gobierno convertirse en una mayoría aplastante dentro de la única institución que le ha sido esquiva los últimos años, la Asamblea Nacional, afianzará su control férreo sobre el Estado. Esto es lo más probable.

La alternativa es que los sectores opositores que han decidido participar, usando el argumento de un posible revocatorio en 2022, pueda generar entusiasmo para que las bases opositoras no acepten el llamado a la abstención de sus líderes históricos y acudan masivamente a votar para así coparticipar con el oficialismo en la Asamblea Nacional e impedir que este tenga el control total. Estarían emergiendo nuevos factores de oposición que le den sentido a la ruta oficial.

En paralelo, los sectores radicales mantendrán el mantra de derrocar a Maduro como condición sine qua non para incorporarse a la esfera política lo que se traduciría, avivados por un “triunfo” del abstencionismo, que la oposición radical mantenga el control interno y siga produciendo hechos violentos y apueste por la profundización de las sanciones e incluso intentar nuevas aventuras militares.

Todo está por verse, cualquier opción pasa por diciembre de 2020

 

Por OCIEL ALÍ LÓPEZ

SOCIÓLOGO, ANALISTA POLÍTICO Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

20 AGO 2020 06:00

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El expresidente Rafael Correa será candidato a la vicepresidencia.  ________________________________________ Imagen: AFP

La coalición UNES presentó a su fórmula presidencial con un acto virtual

Si lo permite la justicia, el exmandatario ecuatoriano será candidato a la vicepresidencia, en una fórmula liderada por el economista Andrés Arauz, la joven apuesta del espacio. 

 

El expresidente Rafael Correa formalizó su candidatura a la vicepresidencia de Ecuador , en una fórmula encabezada por el economista Andrés Arauz, la joven apuesta de la coalición Unión Nacional por la Esperanza (UNES). "El país vive uno de los momentos más duros de su historia. Hicieron mucho daño. Han destruido las escuelas, los caminos, la salud, la transparencia, la dignidad, la soberanía, pero no han logrado destruir nuestra esperanza. Vamos a rescatar a Ecuador de las ruinas", afirmó Correa en la presentación del binomio, que debió realizarse de manera virtual debido a las restricciones propias de la pandemia de coronavirus. Tal como anticipara Página/12 , el  espacio político del ex presidente de Ecuador confirmó la candidatura vicepresidencial de Correa para las elecciones de febrero de 2021.

A pesar de mostrarse esperanzados por esta nueva posibilidad que se le abre al progresismo en la región, la denuncia por corrupción que pesa sobre el expresidente ecuatoriano y la llamativa obligación de inscribir su candidatura en el país siguen siendo elementos que preocupan al movimiento de izquierda."Aquí estamos, pese a todos los inmorales obstáculos para impedirnos participar", dijo en la presentación de la fórmula presidencial el flamante candidato a vice, Rafael Correa. "Vamos a rescatar al país de las ruinas en las que lo ha dejado el peor gobierno de la historia. Sin odio pero con memoria. Quisieron enterrarnos sin entender que somos semilla. No pierdan su tiempo, no podrán derrotarnos”, agregó Correa, ya metido de lleno en la campaña.

Aires de renovación

Si bien el expresidente dijo no haber buscado ni deseado esta nueva candidatura, aseguró que decidió aceptarla "por ese sueño colectivo que llamamos Revolución Ciudadana", el nombre con el que fuera bautizado su gobierno entre 2007 y 2017. Para llevar adelante este nuevo proyecto, Correa destacó que el país "exige rostros nuevos" y un claro ejemplo de esa juventud es el candidato a la presidencia, Andrés Arauz , a quien "nadie le regaló nada" y consideró "uno de los jóvenes más brillantes" que conoce con una "inmensa y exitosa experiencia". El joven economista ocupó varios cargos del gabinete de Correa, además de haber sido ministro de Cultura y director del Banco Central durante parte de su mandato.

"Seremos constructores y albañiles para reconstruir nuestro país", afirmó Arauz, quien agregó que las prioridades de su gobierno serán enfrentar la emergencia sanitaria, salir de la crisis económica, recuperar las instituciones democráticas y retomar la senda del desarrollo. "Tenemos un sistema de salud publica que se está destruyendo. La pandemia fue aprovechada para robar medicinas, repartir hospitales y saquear los bienes de todos. Se aprovecharon de la pandemia para sacar los dólares que necesita Ecuador para pagar anticipadamente la deuda externa que se debía pagar en 2022 y 2023. ¡Esto me indigna!", exclamó Arauz, quien también tuvo tiempo para disparar contra el presidente Lenín Moreno: "Jamás traicionaré a la Revolución Ciudadana. Yo sí tengo conciencia histórica".

El economista de 35 años también cuestionó el reglamento de inscripción de candidaturas que exige a los precandidatos que se presenten personalmente ante el Consejo Nacional Electoral. El propio Arauz presentó en julio un recurso ante el Tribunal Contencioso Electoral para suspender la nueva norma y exigir que se pueda hacer en un consulado, como sucedía antes. "Esto está dedicado a impedir la candidatura de Rafael Correa. Tenemos firma electrónica, videoconferencia, notarios, consulados. Con estas herramientas vamos a inscribir a Rafael Correa como vicepresidente", replicó el futuro candidato presidencial de la izquierda ecuatoriana en la presentación vía Zoom. 

"Con Andrés trabajamos juntos y no tengo la más mínima duda de brindarle mi apoyo. Está capacitado para resolver el principal problema de los ecuatorianos: la recuperación del crecimiento económico. Ese eje nos llevó a elegirlo como candidato", aseguró en diálogo con este diario el asambleísta Pabel Muñoz . "Sintoniza muy bien con la juventud, un dato no menor dado que la gran mayoría del electorado ecuatoriano está por debajo de los 40 años. Representa los principales valores del correísmo pero además tendría la capacidad de seguir sumando por afuera", sostuvo por su parte Alfredo Serrano Mancilla, director del Celag. 

Para Franklin Ramírez, sociológo y profesor de FLACSO Ecuador, la elección de Arauz es una vuelta a los orígenes de la Revolución Ciudadana ya que "conlleva una visión heterodoxa centrada en experimentar con distintos instrumentos de la economía pública para dinamizar el desarrollo en una economía dolarizada". Ramírez sostuvo que la decisión de sumar al exdirector del Banco Central constituye "una apertura hacia cuestiones que en la cabeza de Correa y en su comprensión del mundo estuvieron cerradas durante mucho tiempo, como los temas de la agenda feminista o el tratamiento de las diversidades. De todas formas, el académico ecuatoriano reconoció que hubiera preferido una "mayor ampliación del espectro correísta".

La amenaza judicial

Hasta este lunes no quedaba claro si Rafael Correa se presentaría como parte de la fórmula presidencial del progresismo ecuatoriano. El expresidente, quien tras terminar su mandato en 2017 se mudó con su familia a Bélgica, país del que es oriunda su esposa, fue condenado en segunda instancia a una pena de ocho años de cárcel por un caso de corrupción durante su gobierno.

Su defensa presentó el pasado siete de agosto, en Quito, un recurso de casación ante la Corte Nacional de Justicia contra dicha condena. Es el último recurso legal que le queda a Correa, antes de que la sentencia quede firme. De ser ratificada en tercera y última instancia, el exmandatario estaría impedido de volver a participar en la política de su país dado que la condena es por cohecho. 

Franklin Ramírez es poco optimista de cara a ese escenario. "La elección del binomio hay que tomarla como una elección provisoria. Hay un nivel de acoso institucional sobre la Revolución Ciudadana que vuelve imposible dar por fijados los escenarios institucionales y políticos para la toma de decisiones estratégicas. Hasta la semana pasada el movimiento estaba suspendido del registro electoral y todavía podría ser directamente eliminado", aseguró. "Estoy convencido de que Correa no va a poder candidatearse a nada, ni siquiera como asambleísta. Es muy impensable que las elites se lo permitan", agregó tajante el sociólogo ecuatoriano.

"Lo de Correa es un verdadero test para la democracia ecuatoriana, después de haberle arrebatado dos veces las siglas al correísmo y habiendo encontrado esta opción de presentarse como candidato a vice a través de un acuerdo con otras siglas", aseguró en ese sentido Serrano Mancilla. "Ellos tienen una obsesión y es impedir la participación política de Rafael Correa. Su obsesión es tan grande como la nuestra de mantenerlo como candidato", advirtió por su parte Pabel Muñoz. El exministro de Planificación y Desarrollo ecuatoriano confesó que, en caso de que las derivas judiciales compliquen las posibilidades de Correa, activarán el "plan B, C, o D, aunque eso no nos quita el deseo de que sigamos peleando el derecho a la participación de Rafael".

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Fuentes: Jacobin Magazine - CTXT

Elecciones en EE.UU.

 

Ambos son en esencia el mismo político, siempre en el lado equivocado de la historia.

Bueno, finalmente ha sucedido. Después de meses y semanas de discusiones, críticas, reverencias y ruidos, y varios plazos incumplidos, Joe Biden ha elegido finalmente a su compañera de fórmula: la antigua fiscal y actual senadora de California, Kamala Harris.

Lo que se puede hacer es observar la senda que ha recorrido Biden para llegar a este punto como anticipo de lo que nos espera si gana las elecciones. El proceso de selección de la vicepresidencia ha sido especialmente caótico porque había bandos distintos y antagónicos (desde informantes de Biden, hasta activistas progresistas, funcionarios demócratas y grupos de donantes principales), compitiendo por influir, persuadir y hasta amenazar a Biden para que eligiera a su favorito.

Hubo ávidos contendientes que subieron hasta lo más alto, se reunieron en privado con Biden, aparecieron en televisión con él, recaudaron fondos para su campaña con ansias y luego, de repente, cayeron en desgracia. En algunas ocasiones aplastó cruelmente sus esperanzas en directos de televisión y en otras ocasiones se hundieron bajo una tormenta de filtraciones que pretendían debilitarlos. En última instancia, con todo este caótico proceso, Biden terminó saltándose al menos tres de sus plazos autoimpuestos.

Biden es conocido desde hace tiempo por su falta de disciplina y por su indecisión

Sin embargo, esto dista mucho de ser algo exclusivo de la búsqueda de vicepresidente. Biden es conocido desde hace tiempo por su falta de disciplina y por su indecisión, algo que ha trasladado a la actual campaña, hasta el punto de casi haberse saboteado a sí mismo antes de empezar, por un comienzo atrasado que le hizo perderse los principales fichajes. Hasta el Times tuvo dificultades para encontrar los eufemismos que le permitieran adornar esas carencias, a las que se refirió como “procesos de decisión no lineares” y “costumbre de extender los plazos de tal forma que algunos demócratas se muestran ansiosos y molestos”.

O lo que es lo mismo, Biden dirigió una campaña que puede describirse de forma generosa como relajada, en la que su eventual resurgimiento y victoria en las primarias se debió casi en exclusiva a una coalición de medios centristas y al trabajo y sacrificio de los demócratas para arrastrarlo hasta la meta, incluso a pesar de él. No obstante, aunque no es seguro aún que este proceso caracterice la presidencia de Biden, ya hemos sido testigos de cómo la lucha entre las diferentes facciones del partido ha tenido como resultado que elija a Harris como vicepresidenta.

El posible ascenso de Harris a la Casa Blanca consolida lo que la nominación de Biden ya representaba: la derrota, al menos de forma temporal, de la izquierda del partido demócrata a manos de la facción corporativa del partido, y la fijación de sus élites por seguir adelante con la política superficial y corporativa de la era Obama, que se basa ante todo en rebajar las expectativas de la gente común y corriente.

De hecho, una de las razones de que fuera tan difícil imaginar que otra persona, aparte de Harris, fuera quien acabara liderando la lista es que ella encarna a la perfección al partido demócrata moderno, lo que también significa que casi todo lo que se va a escuchar sobre ella a partir de ahora no tiene nada que ver con quién es en realidad.

Incluso en un partido que hizo suyo el estilo de políticas inflexibles con la delincuencia como las que promovieron Biden y Clinton, Harris destaca por su crueldad

Harris está lejos de ser la “fiscal progresista” por la que lleva haciéndose pasar desde que presentó su candidatura en 2019, su historial no guarda ninguna similitud con otras personas que sí podrían ajustarse a esa descripción, como por ejemplo Larry Krasner o Keith Ellison. Incluso en un partido que hizo suyo el estilo de políticas inflexibles con la delincuencia como las que promovieron Biden y Clinton, Harris destaca por su crueldad: luchó por mantener a gente inocente en la cárcel, bloqueó las indemnizaciones a personas injustamente condenadas, defendió que los delincuentes no violentos permanecieran en la cárcel y siguieran trabajando como mano de obra barata, ocultó pruebas que podrían haber liberado a numerosos detenidos, intentó desestimar una demanda para terminar con el régimen de aislamiento en California y negó la operación de reasignación de género a presos transexuales. Un informe reciente detallaba cómo casi se la acusa de cometer desacato al tribunal por resistirse a una orden judicial que decretaba la liberación de presos no violentos, y que un profesor de derecho comparó con la resistencia del sur de EE.UU. a las leyes desegregadoras de los años 50.

A Harris le encanta reírse. Harris desternillándose como un malvado de dibujos animados al hablar de procesar a los padres por las ausencias repetidas de los niños en edad escolar es posiblemente una de las cosas más escalofriantes que se pueden ver en política. ¿Otras cosas que le hayan hecho gracia a Harris? La idea de construir escuelas en lugar de cárceles y la noción de legalizar la marihuana. Cinco años después volvió a reírse, en esa ocasión cuando se estaba postulando para presidenta y recordó con cariño sus días de fumar porros para embelesar a una audiencia más bien joven. Supergracioso fue también que su oficina hubiera condenado a casi 2.000 personas por delitos relacionados con la marihuana cuando trabajaba como fiscal de distrito en San Francisco.

La falta de sensibilidad que Harris muestra hacia los pobres e indefensos solo es comparable a la simpatía que siente por los ricos y poderosos. Lo más destacado fue cuando Harris desestimó la recomendación de su propia oficina para procesar al banco de rapiña del actual secretario de Hacienda, Steve Mnuchin (que más tarde hizo una donación a su campaña para el Senado), y luego supuestamente intentó ocultar su pasividad.

A pesar del estatus de California como el epicentro de las estafas de ejecución hipotecaria, la Fuerza de Ataque contra el Fraude Hipotecario de Harris procesó menos casos de estafas de consultores en ejecuciones hipotecarias que muchos otros fiscales de distrito de otros condados.  En lugar de utilizar su despacho para frenar el crecimiento de los monopolios tecnológicos, algunos correos a los que tuvo acceso hace poco el Huffington Post muestran cómo les hacía la corte, a cambio de lo que recibió un considerable apoyo financiero de Silicon Valley.

Hace poco se ha decretado como inapropiado hablar de su ambición, aunque la verdad es que a Harris, al igual que a Biden, a Obama y, tristemente, a la mayoría de los políticos, le motiva por encima de todo su propia trayectoria profesional. Solo hay que ver estosvídeos de una Harris con 44 años explicando en agosto de 2008 (cuando la pobreza, la guerra y una crisis inmobiliaria en ciernes atenazaba a EE.UU. y a su estado en particular) qué es lo que cambiaría después de ocho años de una presidencia con ella a la cabeza: que “estaríamos dispuestos a abrazar la idea de que realmente poseemos una increíble cantera de talentos”, que Estados Unidos tendría “una población de gente que estaría informada no solo sobre su gran historia, sino también sobre historia internacional” y que “decidiríamos con orgullo que todos somos, como estadounidenses, patriotas”, que llevarían, todos, banderas en las solapas.

O lo que es lo mismo, que no tenía ni idea.

Por ese motivo, si Harris no es en realidad una progresista con ambiciosos compromisos políticos, ¿qué aporta realmente a la candidatura? Los medios alineados con el partido demócrata han mencionado su ascendencia mixta, india y jamaicana, porque confían que estimulará a los votantes de color en noviembre, y su inflexibilidad y agresividad, que anticipan que desplegará contra Trump y, sobre todo, contra el vicepresidente Mike Pence en su eventual debate.

Tras abandonar la carrera presidencial, casi todos los expertos declararon su sorpresa por el fracaso de Harris a la hora de conseguir el apoyo de los votantes negros

Pero es difícil compatibilizar esas dos cosas con la realidad. En contra de lo que afirma el extraño mundo de los consultores y medios liberales, la población afroamericana y latina no vota a quien sea solo porque comparte su color de piel o sus raíces nacionales. Tras abandonar la carrera presidencial, casi todos los expertos declararon su sorpresa por el fracaso de Harris a la hora de conseguir el apoyo de los votantes negros; apenas si consiguió inscribirse en su propio estado cuando terminó todo. Al final se retiró de la carrera antes de que se celebrara ninguna primaria y se ahorró el bochorno de dar un espectáculo en Iowa –y los siguientes estados– como el que dio Biden en las primarias de 2008.

En lo que respecta al segundo elemento, la débil actuación de Harris en las encuestas vino acompañada de una vacilante campaña en la que se vio a la antigua fiscal decepcionar en los debates y alejarse de sus propias posturas. Tras copatrocinar en 2017 el proyecto Medicare for All de Bernie Sanders, se unió a este para ser uno de los dos únicos candidatos demócratas que defendieron en un debate, que se celebró junio de 2019, la abolición de los seguros privados de salud, antes de dar rápidamente marcha atrás el día después y decir que no había entendido bien la pregunta.

Luego presentó su propio plan de salud nacional que ampliaba el papel de los seguros privados en la sanidad y añadía un absurdo período de transición de diez años, o dos mandatos presidenciales y medio.

Otro tanto sucedió en el momento más memorable de Harris en un debate: atacar a su actual compañero de ticket por el papel protagonista que tuvo en el movimiento racista antibusing [el transporte de desegregación es la práctica de asignar y transportar estudiantes a escuelas dentro o fuera de sus distritos escolares locales en un esfuerzo por reducir la segregación racial]. Por algún motivo, la campaña de Harris ya tenía listas para vender las camisetas que conmemoraban el momento a las pocas horas de que acabara el debate, pero Harris no tardó en aclarar que ella también había defendido la misma postura sobre el busing que la que acababa de reprochar a Biden. Más tarde, Harris se quedó sin palabras cuando Tulsi Gabbard la criticó en un debate por su historial como fiscal. Para finalizar, su intento de desafiar a Elizabeth Warren para que exigiera a Twitter que prohibiera la cuenta de Trump quedó en agua de borrajas.

Cada vez está más claro que los planes de Biden son conformar un gobierno que será muy parecido al de Obama, si no más conservador

Pero no, el valor real de Harris para Biden es triple. Por una parte está su popularidad entre la clase donante, pues consiguió embolsarse cantidades enormes de dinero para su campaña procedentes no solo de las grandes tecnológicas, sino también de Wall Street, los seguros privados y las farmacéuticas, además de varios multimillonarios. Poco después de que Biden la eligiera, aparecieron algunos ejecutivos de Wall Street en la cadena CNBC y alabaron la sabiduría de la decisión, en particular porque demostraba que Biden no se estaba desplazando hacia la izquierda, como se había repetido en numerosas ocasiones.

Esto nos lleva al segundo elemento. Cada vez está más claro que los planes de Biden son conformar un gobierno que será muy parecido al de Obama, si no más conservador, aunque tenga al frente un abanderado menos popular y menos inspirador. Mientras que el propio Biden carece del carisma y la base popular necesarios para convertirse en el cuidador eficaz de un sistema disfuncional que se está desmoronando, ese sí es un papel que Harris (que cuenta con una fanática cohorte de seguidores y los atributos para hacer historia que le faltan a la candidatura de Biden) puede hábilmente protagonizar, mejor de lo que podría haberlo hecho una relativamente desconocida Karen Bass, o alguien con menor carisma y sin base popular como Susan Rice.

Con la campaña de Biden, que se está centrando en dejar ver y oír lo menos posible del disminuido candidato, podemos esperar que la mayor parte de la atención y la propaganda se consagre a promover a Harris. Lo que también podemos esperar es ver a Harris defendiendo cualquier medida reaccionaria que el presidente Biden no pueda justificar por sí solo.

Puede que Harris posea el carisma de Obama para movilizar a la base del partido y para venderles un programa político conservador, al igual que lo  hizo el antiguo presidente. Pero eso también acarrea sus riesgos: seguiría siendo la presidencia de Biden y ella podría verse arrastrada por el peso de cualquier tipo de medida impopular que decida implementar el presidente.

Aunque por otro lado, ella estaría preparada para liderar el partido una vez que Biden desapareciera de escena, y conseguiría así neutralizar cualquier futura victoria del ala izquierda del Partido Demócrata y mantendría, tanto a la formación como a Washington, en manos de la élite corporativa.

Por último, Harris cumple el deseo de Biden de encontrar una vicepresidenta que esté en su misma sintonía. Si dejamos de lado las diferencias superficiales, Biden y Harris son en esencia el mismo político. Los dos han estado permanentemente en el lado equivocado de la historia; los dos persiguieron objetivos crueles y de derechas durante la mayor parte de sus vidas con el fin de avanzar en sus carreras profesionales; y los dos tienen la costumbre de tergiversar sus creencias e historiales. Es lo más apropiado: al fin y al cabo, Biden es uno de los creadores de la vieja escuela que dio pie a la política demócrata de favorecer a las corporaciones que Harris ha promovido durante toda su carrera.

Puede resultar absurdo o paradójico, pero mientras en Estados Unidos se vive un malestar social sin parangón, como consecuencia de la brutal represión policial, y mientras sus habitantes claman contra la histórica desigualdad económica y la dominación corporativa, el Partido Demócrata ha elegido como avatares a uno de los principales arquitectos de ese sistema y a una de sus soldados más entusiastas.

No obstante, tanto Harris como Biden, aunque este en menor medida, han demostrado una limitada, pero prometedora, propensión hacia los gestos de izquierda cuando se encuentran bajo presión. Las actuales condiciones sin precedentes, junto con el aún pequeño, pero creciente, poder de la izquierda en EE.UU., significan que los próximos cuatro años no están necesariamente condenados a ser una repetición de los años de Obama.

Veremos si eso marca la diferencia entre llevar a cabo el cambio sistémico que hace falta para evitar el desastre o realizar un mero “programa de condonación de la deuda estudiantil para los receptores de la beca Pell que funden una empresa que tenga sus actividades durante tres años en alguna comunidad desfavorecida”.

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Por Branko Marcetic, redactor de Jacobin y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden [El hombre de ayer: La causa contra Joe Biden]. Reside en Toronto, Canadá.

Este artículo fue publicado originalmente en Jacobin.

Traducción de Álvaro San José.

 

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Lunes, 17 Agosto 2020 06:40

El rescate de EU

El rescate de EU

La república estadunidense está bajo amenaza por un régimen con tintes neofascistas que está acelerando la contribución de Estados Unidos al fin del mundo con sus políticas antiambientales y militares, así como su apoyo a fuerzas derechistas por todo el mundo.

A la vez, este es un país donde hay un cambio demográfico y generacional fundamental, en el cual la mayoría de los menores de 16 años no son blancos y una mayoría de jóvenes favorecen al socialismo sobre el capitalismo. A la vez, es un país que, como siempre, es rescatado, resucitado y culturalmente educado por los migrantes.

El futuro depende de cómo se enfrenta y aborda una coyuntura en la que está en juego, pues, casi todo en Estados Unidos. Y hoy día, casi todas las personas conscientes afirman que la tarea más urgente es la derrota del régimen actual, considerado el más peligroso en la historia de Estados Unidos.

Para ello, mucho depende de la conformación de algún tipo de frente popular por lo menos en los hechos, el cual incluye un mosaico extenso de todo tipo de expresiones que se han asomado en tiempos recientes, entre las cuales está el movimiento de protesta social más grande en la historia de Estados Unidos, Black Lives Matter, el cual contiene a su vez cientos de agrupaciones y organizaciones. A la par, el gran movimiento ambientalista, y el movimiento contra la violencia, antiarmas, y por otro lado el de los derechos de los migrantes, han sido renovados y radicalizados en años recientes por jóvenes.

También hay nuevas expresiones dentro de lo que es un universo sindical debilitado y burocratizado, encabezado por maestras, enfermeras, trabajadores de comida rápida y almacenes, jornaleros, empleadas domésticas y sobrecargos, que han sacudido a las cúpulas y prestado fuerza a otros movimientos sociales. Hasta los trabajadores de correos se han radicalizado ante las amenazas de sabotaje a esa institución pública: su sindicato acaba de modificar el lema oficial de ese servicio de que “ni nieve, lluvia, calor, ni noche detiene el correo al agregar ahora el "fascismo" a la lista. ( https://pbs.twimg.com/media/ EfWuIQfUMAAIgl9?format=jpg&name=medium ).

Nuevas expresiones de luchas añejas por los derechos de las mujeres y de la comunidad gay ante el ataque por las fuerzas derechistas en el poder se combinan con las de veteranos de luchas recientes y antiguas, incluido los de Ocupa Wall Street y el movimiento altermundista; luchas comunitarias locales tanto urbanas como rurales, así como algunas partes del movimiento indígena, y expresiones como la Campaña de los Pobres, resucitando el proyecto por la justicia económica y social de Martin Luther King.

El mapa de estos movimientos y expresiones es extenso, fragmentado y lleno de conflictos. Pero de ellos depende no sólo el fin del régimen actual, sino el principio de otro futuro para este país y todos los que afecta.

Por ahora, en el corto plazo, el desafío son las elecciones. Aunque en el ámbito electoral la cúpula del Partido Demócrata logró frenar la insurgencia del socialista democrático Bernie Sanders, el ala progresista está más fuerte que nunca, según el propio Sanders: "El movimiento progresista ha tenido avances enormes, no sólo en elegir a candidatos al Congreso" a nivel estatal y local, sino que "hemos avanzado enormemente en traer al pueblo estadunidense en nuestra dirección, sobre todo las generaciones jóvenes".

Esos avances se expresan no sólo en la elección de políticos progresistas, sino en un fortalecimiento de las agrupaciones que han logrado romper el monopolio político tradicional. Cori Bush, organizadora dentro de Black Lives, quien recién ganó su elección primaria en Misuri y será diputada federal del proximo Congreso, declaró: "hemos sido llamados radicales, terroristas... hemos sido descartados como movimiento marginal, peor ahora como un movimiento masivo multirracial, multi-étnico, multigeneracional, multifé, unido en exigir cambio".

De eso depende el rescate de Estados Unidos.

https://www.youtube.com/watch?v=0SEGHvLElxc

https://youtu.be/S4cD8eyWpwQ

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Más de 200 mil personas se manifestaron en Minsk para exigir la dimisión del presidente, quien ha encabezado la nación eslava desde 1994. Especialistas califi caron la protesta como la más numerosa de la historia postsoviética. La concentración se dio en respuesta a un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades, con miles de acarreados. En discurso, Lukashenko advirtió que el país le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano. Volvió a rechazar nuevos comicios. Foto Afp Juan Pablo Duch

Moscú. La capital de Bielorrusia, Minsk, se convirtió ayer en escenario de un mitin que reunió al menos a 200 mil personas que pidieron la dimisión de quien ha sido, desde 1994, su invariable líder, Aleksandr Luka-shenko, en lo que los observadores califican de la protesta más numerosa de la historia postsoviética de este pequeño país eslavo.

El día comenzó con un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades con los recursos todavía a su alcance (las empresas públicas son 70 por ciento de la economía bielorrusa): miles de acarreados desde varias ciudades –el propio Lukashenko estimó que asistieron 50 mil seguidores suyos–, entre jubilados, soldados de civil y trabajadores bajo la amenaza de perder subsidios o el empleo en caso de no asistir, según numerosos testimonios.

Lukashenko –acompañado de su hijo Nikolai, de quien ha llegado a decir que le gustaría que algún día fuera su sucesor– agradeció las muestras de respaldo y dedicó la media hora que duró su discurso a advertir que Bielorrusia le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano, ante la agresividad de sus vecinos, Ucrania y varios países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que exigen a Bielorrusia repetir los comicios, lo cual él de ningún modo acepta por, sostiene, haberlos ganado sin trampas.

La inmediata respuesta de la mayoría de los bielorrusos que no temen el despido –muchas empresas del sector público ya se declararon en huelga– y consideran que, después del escandaloso fraude que Lukashenko cometió hace una semana, debe dimitir ya, se dieron cita de manera espontánea en otro mitin, esta vez de rechazo al todavía presidente, que reunió cuatro veces más participantes: al menos 200 mil personas frente a las 50 mil que por la mañana tuvieron que acudir al mitin de apoyo.

"¡Vete ya!", "¡Vivan las mujeres!" (en alusión a Svetlana Tijanovskaya, candidata unificada de la oposición que desconoció la victoria de Luka-shenko, se declaró ganadora y tuvo que exiliarse en Lituania, así como a las miles de mujeres que estos días salieron a protestar), "¡Las mujeres débiles son más fuertes que los tiranos!" y "¡Gloria a Bielorrusia!", entre otras consignas acompañaron la intervención de María Kolesnikova, quien ejerce de portavoz de Viktor Babariko, candidato presidencial encarcelado, y que forma parte del equipo de Tijanovskaya.

Al terminar el mitin, decenas de miles de inconformes –formando una columna de tres kilómetros de largo– marcharon hacia el centro de Minsk, a la plaza de la Independencia, para reiterar –en otro discurso de Kolesnikova– sus demandas frente a la sede del gobierno bielorruso, la principal de ellas: la renuncia inmediata de Lukashenko.

También exigen la libertad de los presos políticos y de los 4 mil manifestantes que aún permanecen entre rejas, así como castigar a quienes dieron la orden de reprimir a la gente que expresaba de manera pacífica su inconformidad.

Los actos de repudio a Luka-shenko ayer se extendieron por 27 ciudades de Bielorrusia, entre otras Baranovichy, Borisov, Bobruisk, Brest, Gomel, Grodno, Moguiliov, Vitevsk y Zhlovin.

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Miembros de la comisión electoral se preparan en Minsk para la jornada anticipada de las elecciones presidenciales en Bielorrusia. EFE/EPA/TATYANA ZENKOVICH

El régimen está en modo supervivencia y decidido a reprimir las protestas, incluso si tiene que derramar sangre en las calles

 

En el barrio residencial de Minsk donde me encuentro escribiendo este artículo se oye el incesante pitido de los cláxones de los coches. El sonido expresa la protesta popular en la capital de Bielorrusia contra Alexander Lukashenko y su deseo de permanecer en el poder, sumando otro mandato presidencial a un gobierno que cumple ya 26 años.

El domingo, cuando la Comisión Electoral Central anunció los resultados provisionales que indicaban un "elegante triunfo" de Lukashenko, con casi el 80% de los votos, la gente salió a las calles a defender sus votos por la candidata de la oposición, Svetlana Tikhanovskaya, que oficialmente sólo obtuvo alrededor del 10%.

Mientras los números oficiales dan una clara victoria a Lukashenko, sondeos independientes realizados a pie de urna revelaron resultados llamativamente diferentes: le daban casi el 80% de los votos a Tikhanovskaya y menos del 10% al presidente en funciones. La diferencia entre ambos recuentos, sumado a que a los observadores independientes se les prohibió quedarse en los centros de votación, generaron reacciones sin precedentes en el país.

Decenas de miles de personas se reunieron en las calles de Minsk, unidos por una simple consigna: "¡Vete!". En respuesta, los siloviki  –fuerzas de seguridad especiales del Estado– dispersaron las multitudes de forma violenta, arrestando a unas 3.000 personas la primera noche e hiriendo a cientos de manifestantes. Algo especialmente llamativo es que se realizaron protestas a lo largo y ancho de todo el país. Esta no es la reacción de un pequeño grupo de progresistas carente de representación.

Hace dos días que está bloqueado el acceso a internet. Ni siquiera funcionan bien los métodos alternativos, como las VPN (esto ya había sucedido la noche de las elecciones en 2010 y esporádicamente durante la campaña electoral de 2020). El lunes por la tarde los manifestantes ––muchos de ellos confiando en información encriptada por la aplicación Telegram– seguían intentando tomar las calles. Gracias a momentos de conectividad, se pudieron leer informaciones en Telegram que advertían que estaban entrando a la ciudad camiones militares y equipo militar adicional.

El plan de Lukashenko para permanecer en el poder se está desmoronando. En un discurso reciente ha advertido a toda la nación que no piensa "entregar el país". Tanto él como los otros miembros de su Gobierno saben que si dejan el poder ahora, serán perseguidos por las numerosas violaciones a los estándares democráticos y a los derechos humanos que han cometido, como el referéndum inconstitucional que permitió a Lukashenko presentarse como candidato a presidente de forma ilimitada; la desaparición de opositores en los años 90; y el encarcelamiento de todo aquel que se atreviera a cuestionar su autoridad, entre otras. Además, el pueblo se sentiría libre de analizar lo que ha sucedido en los últimos 26 años. El régimen está en modo supervivencia: están decididos a reprimir las protestas, incluso si tienen que derramar sangre en las calles.

Aunque Lukashenko todavía tiene poder sobre el aparato represivo del Estado –como ha demostrado la imagen de los siloviki metiendo manifestantes desarmados en camiones a plena luz del día– y sigue teniendo influencia sobre los empleados del sector público que trabajan en las comisiones electorales, ya hay señales de grietas dentro del sistema.

Varios centros de votación, tanto en Bielorrusia como fuera del país, informaron que sus recuentos de votos daban un triunfo de Tikhanovskaya sobre Lukashenko. La propia Tsikhanouskaya declaró a Associated Press que su equipo tenía pruebas de que hay muchos centros de votación "donde la cantidad de votos a [su] favor multiplicaba los votos a favor del otro candidato".

Algunas informaciones indican que la noche del domingo la policía apareció en algunos centros de votación y obligó a las comisiones a informar los resultados 'correctos'. Además, aunque muchos de los siloviki que estaban ayer en las calles reprimieron a los manifestantes, otros se negaron a participar en la represión. Estos son hechos sin precedentes en el país.

Otro motivo de inspiración para los manifestantes y aquellos que se oponen al régimen desde dentro (en las comisiones electorales y la policía) es la creciente consolidación de la sociedad civil. Los bielorrusos, aquellos que viven en el país y los de la diáspora, ya han metido la mano en el bolsillo para colaborar colectivamente con las personas detenidas y reprimidas.

Estamos en un punto de inflexión. Lukashenko tiene pocas opciones, más allá de aferrarse al poder, lo cual abre la puerta a más violencia estatal contra el pueblo. Al mismo tiempo, nunca antes ha habido este tipo de protestas contra lo insoportable que es la vida bajo el régimen de Lukashenko. Incluso si logra reprimir las protestas de los próximos días, la sociedad bielorrusa ya ha despertado hacia una lucha por la libertad que ha llegado para quedarse.

Por Katsiaryna Shmatsina investigadora del Instituto Bielorruso de Estudios Estratégicos.

11 de agosto de 2020 22:07h

 

Traducido por Lucía Balducci

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Miércoles, 12 Agosto 2020 05:38

Misión imposible en Líbano 

La explosión en Líbano generó también una ola de protestas por la crisis económica. Foto Ap

“¡Sí, todos podemos estar de acuerdo en que el mar absorbió 70 por ciento de la explosión!”, me anunció un amigo libanés esta semana, con una base científica interesante, aunque dudosa. Yo le había preguntado –porque sabía la respuesta– cuál de las comunidades religiosas sufrió de manera más profunda la explosión que transformó a la nación. O que no la transformó, como podría ser el caso.

Como todo en Líbano, su cálculo podría ser correcto. Porque Beirut, como Trípoli –y Haifa, para el caso–, está construida sobre uno de esos antiguos promontorios del este del Mediterráneo, como “la cara de un viejo pescador”, según la frase memorable con que la describió Fairouz. El gran estruendo tal vez abarcó más agua de mar que edificios. Y los peces, hasta donde sabemos, no son religiosos.

Pero mi conocido –un musulmán sunita, servidor civil de muchos años, lector de libros más que de memorandos– se apresuró a advertir: “No veamos esto en términos de la guerra civil. Pero sí, los cristianos recibieron la peor parte porque viven junto al puerto, en el este de la ciudad, maronitas en su mayoría. Los del lado musulmán de Beirut perdieron sus ventanas; los cristianos perdieron la vida.” Pero ni siquiera eso era del todo cierto.

Los que dijeron que entre los muertos hubo libaneses de todos los credos también tenían razón. Hubo musulmanes –sunitas y chiítas entre los bomberos, tenderos y otros–, sin olvidar las docenas de refugiados sirios que podrían sumar la cuarta parte de las bajas. De hecho, los sirios de algún modo quedaron incluidos en la cuota mortal de Líbano. Pero hubo algo un tanto extraño en la forma en que esta tragedia se relató en Occidente.

En Francia, en Gran Bretaña y Estados Unidos –y, según noté, también en Rusia–, la narrativa (palabra que detesto) fue un poco diferente. Nos dicen que los “libaneses” protestan contra las “élites” y el gobierno –que han corrompido al país, llevado la economía a la bancarrota, han sido incapaces de proteger a su pueblo– y ahora exigen un nuevo sistema político, democrático, no sectario, incorrupto, etc., etc. Cierto otra vez.
Y sí, las casas y edificios aplastados y las calles devastadas son sin duda parte de la destrucción de Beirut. Pero sus nombres –Gemmayze, Mar Mikhael, Ashrafieh– fueron presentados como meras ubicaciones en el mapa de una ciudad, más que como el epicentro no solo de la ola expansiva, sino del viejo corazón cristiano de la capital libanesa. Esos distritos eran bellos, preservaban con magnificencia su herencia otomana… vean nada más lo que le ocurrió al asombroso Museo Sursock.

Eran zonas alegres, centros de reunión para jóvenes (sobre todo de clase media, pero tanto musulmanes como cristianos), llenos de restaurantes y bares, inmensamente populares no solo entre los libaneses, sino entre los occidentales que vivían en la ciudad y se sentían seguros entre pobladores que hablaban francés e inglés y eran en su mayoría pro europeos (y a menudo antisirios y anti iraníes).

Antes de la guerra civil era al revés: los extranjeros vivían en el oeste de Beirut, arracimados en torno a la Universidad Americana con su educación liberal, sus manifestaciones de protesta, sus movimientos palestinos (entonces), sus sunitas y drusos de clase media y, si uno se alejaba treinta kilómetros, su gran mayoría chiíta ignorada. En guerras subsecuentes con Israel, esas y otras áreas musulmanas fueron arrasadas por las bombas, diezmadas por explosiones, sus habitantes confinados en reductos. Los distritos cristianos se salvaron en parte.

Gemmayze y Mar Mikhael fueron líneas del frente falangista cristiano; las calles de Beirut oriental eran patrulladas por una mezcla de palestinos venales y milicias musulmanas. Cuando los israelíes invadieron Líbano, en 1982, fueron recibidos como salvadores por decenas de miles de cristianos y bienvenidos en las calles. Ariel Sharon se reunió con el líder de las milicias cristianas y luego asesinó al presidente electo Bahir Gemayel en el magnífico restaurante Au Vieux Quartier de Beirut oriental; el lugar fue remodelado hace mucho, pero la calle donde estaba seguía devastada el 4 de agosto pasado.

Y no, la bola de fuego cuyas ondas de choque terminaron con la vida de esas personas la semana pasada no fue una especie de venganza política por el pasado. Los cristianos resistieron meses de bombazos de las milicias musulmanas durante la guerra y después los bombardeos de Siria y, en meses recientes, su pueblo estaba entre los que aplaudían a quienes demandaban el fin de los gobiernos corruptos de Líbano. Pero entre ellos también están quienes dieron histérica bienvenida del exilio al terrible y –según creencia de muchos– demente general cristiano Michel Aoun, quien era enemigo de Siria y hoy es su amigo, y cuyo yerno es hoy ministro del exterior (de allí el ataque a su ministerio el fin de semana).

Por Robert Fisk | martes, 11 ago 2020 19:40

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