Sábado, 21 Julio 2018 08:17

Quién paga la política

Quién paga la política

El fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso llamado “Citizens United vs. la Comisión Federal Electoral” marcó el principio del desquicio en ese país y sirve de apunte cuando uno intenta entender hacia dónde se mueven las nuevas derechas que en modo “patio trasero” hacen lo mismo aunque tengan otras leyes. Fue en 2010. Ese fallo revirtió la ley electoral vigente en ese país desde l947, según la cual las corporaciones no podían hacer aportes por ningún candidato en particular, y sólo estaban habilitadas para manifestar públicamente su postura electoral y “sobre temas concretos” mediante avisos publicitarios propios. 

En marzo de 2010, una sentencia con un solo voto más que la posición contraria entre los supremos norteamericanos –cinco votos a favor, cuatro en contra–, revocó la restricción en un fallo con ribetes delirantes: la equiparación de una corporación –con todo su poderío económico– y un ciudadano cualquiera, fue defendida por esos cinco jueces con la Primera Enmienda, y como un acto “en defensa de la libertad de expresión”. Después no nos sorprendamos de la degradación del sistema, del lenguaje, del planeta, de la vida en común, de la calidad de la política: la institución judicial más alta del país más poderoso de Occidente forzaba hace ocho años el lenguaje y el razonamiento invocando un concepto liberal para justificar la destrucción de un sistema político y abrir la puerta del poder a los conglomerados económicos que desde entonces pagaron por sus candidatos y se encaminaron hacia lo que venían planeando desde hacía mucho en sus encuentros anuales: la gobernanza global.


En 2010, dando la noticia y el análisis de ese fallo en el portal Sin Permiso, Juan González Bertomeu –un constitucionalista argentino radicado en Nueva York –, iniciaba su artículo con una cita de El Contrato Social, de Rousseau: “La igualdad implica en lo que concierne a la riqueza, que ningún ciudadano pueda ser tan rico como para poder comprar a otro, ni tan pobre como para estar forzado a venderse”.


Si hablamos en términos democráticos, sin siquiera rozar el tipo de democracia del que hablamos, ese concepto de Rousseau aplicado al financiamiento de las campañas políticas parece encajar en una lógica estricta: si la ley no regula hasta qué cantidad pueden hacerse aportes y quiénes y bajo qué modalidad pueden hacerlos, la idea de democracia se deshace porque es obvio que “los ricos”, hoy devenidos corporaciones, serán los sponsors de un candidato que los favorezca, dejando muy atrás las chances de las demás posiciones políticas y especialmente las que favorecen a los sectores populares. Desde que la política es marketing y los viejos volantes y actos barriales fueron ampliamente superados en el imaginario social por la cultura de la imagen televisiva, permitir que las campañas sean financiadas por corporaciones fulmina la igualdad de oportunidades de ganar exponiendo ideas y propuestas.


Escribía Bertomeu en 2010: “En las sociedades democráticas actuales, el dinero ejerce una influencia significativa sobre la política en general, y sobre el acceso a los cargos en particular. Un aspecto central de la relación entre el dinero y la política gira en torno a la oportunidad efectiva que cada ciudadano tiene de influir (de hacerse oir) en la toma de decisiones. El principio democrático según el cual cada persona vale un voto (no más y no menos que eso) resulta burlado cuando grandes disparidades económicas hacen, por un lado, que ciertos individuos tengan acceso asegurado a la arena política (mediante contribuciones a los fondos de campaña o, incluso, autofinanciando una postulación), mientras que aquellos con menores recursos ven significativamente disminuidas sus posibilidades de lograrlo”.


Eso acababa de hacer la Corte Suprema de Estados Unidos. Destruir la chance de la igualdad de oportunidades de los diferentes partidos. El fallo permitía a las corporaciones y a los sindicatos gastar dinero de manera ilimitada, dejando en el pasado aquellas folklóricas giras distrito por distrito en campañas de recaudación de fondos. Los fondos iban a salir del uno por ciento, mientras el 99 asistiría, en los años siguientes, a la mayor concentración de riqueza registrada en los últimos siglos.


Ese fallo tuvo un antecedente, el caso Buckley (l976, la época no fue ajena), en el que se discutió una ley anterior (de l974) destinada a disminuir el riesgo de corrupción en el sistema político. En su decisión en el caso Buckley, la Corte convalidó las restricciones a las contribuciones, pero liberó los aportes a gastos de campaña, no haciendo, por primera vez, distinción entre “individuos” o “grupos”. Ese es el único colectivismo que sostiene la nueva derecha que baja del Norte: el de los ricos agrupados en conglomerados económicos. Y no sólo eso: la Corte norteamericana indicó que “el concepto de que el gobierno puede restringir el discurso de algunos miembros de la sociedad con el fin de ampliar la voz relativa de otros, es completamente ajeno a la Primera Enmienda, la que fue diseñada para asegurar la más amplia diseminación posible de información a partir de fuentes diversas y antagónicas”.


¿Jeringozo? ¿Posverdad ya en l976? ¿Una nueva definición de un sistema político, ya habilitado desde su mayor instancia judicial para ser copado por los buitres y las transnacionales? Desde entonces, los pequeños aportantes no son más que folklore, son dinámica de imagen, recurso de publicidad en los diarios, ya regados por dinero corporativo, cuando no comprados directamente, para maquillar de periodismo otra forma de la campaña.


Y lo del periodismo no es lateral, sino central: en ese mismo fallo, la Corte también les reconocía a las corporaciones idéntico derecho que a un ciudadano cualquiera a la libertad de expresión. La SIP, que está integrada por dueños de medios y no por periodistas, ha sido en estas décadas la portadora de la medida de la libertad de expresión. Ha usado como propio un derecho por el que lucharon los obreros un siglo antes. Pero no lo ha hecho ilegalmente: la estafa es informativa, porque nunca definen a qué libertad de expresión se refieren. No es la de todos. Es la de ellos y los círculos rojos de los que forman parte.


Que en 2010 esa Corte haya terminado de eliminar todas las diferencias que regulaban la equidad de los ciudadanos frente al poder, y que haya convertido en parte del sistema al lobby y la injerencia de los grandes pulpos en las campañas, fue decididamente un golpe a la política y al sistema a escala más amplia. En la Argentina, los falsos aportantes que denuncian que fueron usados para justificar enormes sumas de dinero cuyo origen el gobierno debe explicar y la justicia tiene la responsabilidad de investigar, es una hilacha de la podredumbre de un sistema que por todos los frentes la nueva y extraviada derecha global busca dinamitar. Las corporaciones se han lanzado a gobernar el mundo. Macri y Vidal son exponentes menores y débiles, torpes e ineficaces, de esa corriente capitalista psicotizada, sólo interesada en el dinero y dispuesta a disolver por la fuerza todos y cada uno de los derechos de los ciudadanos.

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Sábado, 14 Julio 2018 07:36

Imputan a doce hackers rusos

El fiscal especial Mueller acusó a doce espías rusos de hackear la campaña de Hillary Clinton.

Los cargos hacen referencia a funcionarios del servicio de inteligencia militar creado por el Kremlin en 2016, conocido como GRU, del que dos de sus unidades cometieron supuestos robos de datos electrónicos para influir en las elecciones.

 

Un gran jurado federal de Estados Unidos, imputó ayer a 12 agentes de inteligencia rusos por hackear la campaña de la candidata demócrata Hillary Clinton, en las elecciones estadounidenses de 2016.


El ex jefe del FBI Robert Mueller, de 72 años, quien fue designado el año pasado como “fiscal especial” para supervisar la investigación de la agencia sobre los nexos entre la campaña de Donald Trump y Rusia, fue quien dirigió la acusación que ayer fue presentada en conferencia de prensa por el subsecretario de Justicia, Rod Rosentein.


El fiscal Mueller solicitó al jurado la imputación de 12 agentes de inteligencia del Kremlin por haber accedido a información sobre la campaña de Clinton y del secretariado de Partido Demócrata, así como por el hackeo del Comité Nacional Demócrata (DNC) con el fin de interferir en los comicios. Los agentes también están acusados de sustraer información personal de 500.000 votantes. De todas formas, Rosentein apuntó que no hay indicios de que los sospechosos hayan modificado los resultados de la votación.


Los cargos anunciados este viernes hacen referencia a funcionarios del servicio de inteligencia militar creado por el Kremlin en 2016, conocido como GRU, del que dos de sus unidades cometieron supuestos robos de datos electrónicos para influir en las elecciones.


Según Rosentein, los agentes participaron en un “esfuerzo constante” por penetrar las redes de computadoras del DNC y en la campaña presidencial de Clinton para conseguir datos que luego difundieron en internet. Según trascendió el escrito, los agentes de inteligencia comenzaron, en 2016, a inocular virus en las cuentas de correo electrónico de voluntarios y trabajadores del equipo de la política demócrata y a través de esa práctica obtuvieron contraseñas que les permitieron entrar en otras cuentas y documentos. En el momento de difundir los datos robados, los agentes rusos se hicieron pasar por activistas estadounidenses e hicieron uso de Facebook y Twitter para diseminar el alcance de la información. Rosentein también afirmó que después de que se acusara a oficiales del Kremlin de estar tras el hackeo, éstos crearon una plataforma para alegar que el autor de los hechos era un pirata informático rumano. Además de estos hechos, también trataron de entrar al contenido de agencias estatales y diferentes áreas del Gobierno norteamericano.


Once de los agentes fueron imputados de conspiración para cometer crímenes informáticos, con agravante por robo de identidad en ocho de éstos, y conspiración para lavar dinero. Dos de los acusados están vinculados también al delito de conspiración por cometer una ofensa contra Estados Unidos.


El Departamento de Justicia estadounidense precisó en el escrito de imputación, que en los hechos, no hubo participación de ninguno de sus ciudadanos. Inmediatamente después de hacerse público el alegato, la Casa Blanca se encargó de enfatizar éste punto. “Los cargos de hoy no incluyen ninguna alegación que involucre el conocimiento de alguien de la campaña (de Trump) (...), lo que sustenta lo que hemos venido repitiendo”, reiteró Lindsay Walters, la portavoz adjunta de la Casa Blanca.


Del escrito de acusación también se extrae que el día en el que Trump pidió al Kremlin que encontrara los miles de correos “perdidos” de Clinton, el 27 de julio de 2016, los agentes empezaron sus primeras acometidas contra uno de los servidores de la campaña. También se cita la vinculación entre la actuación de estos agentes rusos con la definida como “organización 1”, y que el Washington Post, aclaró que refiere al sitio de filtraciones WikiLeaks. El 22 de julio de 2016 la plataforma recibió miles de correos de la campaña de Clinton.


Las imputaciones dadas a conocer ayer, conforman la primera acusación directa al Gobierno ruso que realiza el fiscal especial Mueller, que trabaja desde hace más de un año investigando la presunta injerencia de Moscú en las elecciones de 2016 en las que ganó Trump.


Sin embargo, es poco factible que la acusación avance y llegue a un juicio, debido a que no hay un tratado de extradición firmado entre Estados Unidos y Rusia.


El presidente Trump, recibió a comienzos de semana la comunicación de las acusaciones en el marco de la investigación de la trama rusa. “El presidente está totalmente al tanto de las acciones de hoy del Departamento”, señaló Rosenstein. Rusia, por su parte, rechazó las acusaciones. “Cuando los estadounidenses tengan los hechos, los analizaremos, eso es lo que ha dicho nuestro presidente en numerosas ocasiones”, dijo el asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, quien aseguró que Moscú no interfirió en los comicios.


La acusación llega pocos días antes de la reunión de Trump con Putin que tendrá lugar en Helsinki el próximo 16 de julio y a raíz de la misma, el líder de la minoría demócrata del Senado de Estados Unidos, Chuck Schumer, instó ayer al presidente Donald Trump a cancelar el encuentro del próximo lunes. “Estas acusaciones son una prueba más de lo que todo el mundo, a excepción del presidente, parece entender: el presidente Putin es un adversario que interfirió en nuestras elecciones para ayudar a Trump a ganar (los comicios). Rusia debe tomar primero “medidas transparentes y comprobables” de que no habrá nuevas interferencias en comicios”, sostuvo Schumer en un comunicado divulgado este viernes por su oficina.


Por su parte, Trump también se refirió al asunto esta semana en rueda de prensa del la OTAN. “Va a ser muy interesante escuchar lo que tenga que decir. Puede que lo niegue. Todo lo que puedo decir es ‘¿lo hiciste?’ y ‘no lo hagas otra vez’. A su vez también declaró que pueden salir cosas sorprendentes de la reunión que tendrá con su par ruso, el lunes en Helsinki.

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La sociedad mexicana frente al proyecto político de AMLO.

México vivió una elección presidencial histórica en la que una multitudinaria ciudadanía ejerció su derecho a castigar las políticas neoliberales que tienen a más de 50 millones de mexicanos viviendo en la pobreza y pobreza extrema. Fue un voto también por el fin de la guerra que desde hace 12 años azota prácticamente todo el territorio y que al momento tiene un saldo de más de 35 mil desaparecidos y 200 mil asesinados. Una guerra que tiene al ejército en las calles supuestamente contra el crimen organizado, pero que en realidad ha sido contra el pueblo, con un histórico índice de violaciones a los derechos humanos.

Más de 30 millones de mexicanos y mexicanas se aferraron a las urnas para expresar su hartazgo. Sabían que tenían que lograr un triunfo masivo y contundente, pues las experiencias anteriores, 2006 y 2012, vaticinaban un fraude del aparato del Estado. La gente rebasó las intenciones fraudulentas (que las hubo) y al momento de escribir estas líneas se cumplen cuatro días de la legítima celebración de una victoria que llevó, en su tercer intento, a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México.


La alegría ciudadana es del tamaño de su expectativa, pero no hay señales de cambios estructurales a las políticas neoliberales que han entregado los recursos naturales del país a la inversión privada nacional y extranjera. Desde su primer discurso la noche del domingo 1 de julio, López Obrador ha sido enfático en su afán de calmar a los mercados. Respeto a la autonomía del Banco de México y disciplina financiera y fiscal, sin confiscación de bienes, y reconocimiento de los compromisos contraídos con empresas y bancos extranjeros, lo prometió desde el principio para generar confianza.
Los cambios visibles están, entre otros ámbitos y por lo pronto, en la probada austeridad personal de un candidato electo que ingresa por la puerta principal al Palacio Nacional en su modesto automóvil y que anuncia que dejará a un lado el avión presidencial y viajará en líneas comerciales, además de que no habitará la casa presidencial de Los Pinos (inaugurada en 1934 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien a su vez decidió no ocupar el Castillo de Chapultepec). Su esposa, Beatriz Gutiérrez, ha dicho que no será la “primera dama”, pues eso implicaría que hay mujeres de segunda y de tercera. Duplicar la pensión a los adultos mayores y garantizar que todos los jóvenes tendrán educación y trabajo fueron las promesas en su segunda alocución, esta vez al frente de un Zócalo colmado de gente que no dejó de aplaudirlo.


El nuevo presidente de México no ha escondido su baraja. El adelanto de su gabinete y las alianzas pragmáticas anunciaron lo que vendría, o lo que no vendría: Alfonso Romo, empresario y coordinador de su plan de gobierno, además de futuro jefe de la Oficina de la Presidencia, ha esbozado un proyecto que él mismo califica de centro, reformista. Las palabras “izquierda” o “anticapitalista” no han sido dibujadas, las promesas se centran en la atención a los pobres y el combate a la corrupción, no en una refundación del Estado.


Los más de sesenta pueblos indígenas que conforman la nación mexicana prácticamente quedaron fuera de la campaña y del proyecto. Una breve mención sobre ellos se hizo en la celebración, pero hasta el momento no hay un planteamiento que se comprometa con los derechos y la cultura indígena, plasmados en los Acuerdos de San Andrés que firmaron en 1996 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) y el gobierno de México. En 2001 todos los partidos políticos traicionaron estos acuerdos con una ley que desconoce la autonomía ganada.


En las últimas décadas se recrudeció el despojo y la represión contra los pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas del país. Minas, hidroeléctricas, acueductos, parques eólicos, carreteras, proyectos turísticos e inmobiliarios se han impuesto con el discurso del progreso en sus territorios. No son pocas las batallas que se libran contra los llamados mega proyectos de muerte, y en prácticamente todas la represión ha sido la respuesta. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (Fpdt) lleva 17 años resistiendo al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (Naicm). Es un movimiento emblemático de la lucha social en México y el próximo presidente ha sido ambiguo y cambiante en su postura. Primero que no, luego que sí, luego que puede ser. “No concebimos que un gobierno como el que usted reivindica, y por el que este 1 de julio el grueso del pueblo mexicano votó, acuerde o negocie con los interesados en el negocio el futuro y la vida de la gente humilde del país, sin el consentimiento y decisión de los mismos pueblos, sin siquiera haberlos escuchado”, advirtieron ya los campesinos.


Por su parte, el Congreso Nacional Indígena (Cni) y el Ezln dejaron claro en un pronunciamiento hecho en abril de este año que no permanecerán quietos “mientras se destruyen y nos arrebatan la tierra que heredamos de nuestros abuelos y que se la debemos a nuestros nietos, y mientras contaminan los ríos y perforan los cerros para sacar minerales. No nos quedaremos quietos mientras convierten la paz y la vida que venimos construyendo diariamente en guerra y muerte mediante los grupos armados que protegen sus intereses. Nuestra respuesta, no tengan duda, será la resistencia organizada y la rebeldía para sanar al país”.


AMLO asumirá la presidencia de un México sumido en la mayor crisis de derechos humanos de las últimas décadas: incremento de feminicidios (siete cada día); segundo lugar de asesinatos de periodistas en el mundo y el lugar más peligroso del continente americano para ejercer el periodismo; asesinatos, secuestros y extorsiones a los migrantes centroamericanos en su paso por estas tierras, más de 30 mil desapariciones en el marco de la guerra contra el narco y 200 mil muertos, entre otras calamidades que tienen en común el marco de la absoluta impunidad y en no pocos casos la participación del Estado. Los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos irrumpieron en un acto de campaña al que no fueron convidados y exigieron la presentación con vida de sus hijos, verdad y justicia. El nuevo gobierno tiene una gran oportunidad de legitimación en este rubro, pues no hay reconciliación posible sin justicia y garantías de no repetición.


Las reformas estructurales (energética y educativa) y la ley de seguridad interior, que legaliza la permanencia del ejército en las calles en labores de seguridad pública, son algunos de los grandes temas en los que hasta hoy no hay pronunciamientos contundentes. “No habrá gasolinazos” y se revisarán los contratos a las empresas es lo que ha dicho el presidente electo. Nada de echar para atrás lo que ya está plasmado y que garantiza el despojo y la explotación. Convertir los territorios del sureste de México en zonas económicas especiales (Zee), es decir, continuar la neocolonización, es una de las banderas de Alfonso Romo, coordinador de su proyecto.


La alianza con el Partido Encuentro Social (Pes), de origen evangélico ultraconservador, es otro de los cuestionamientos al nuevo presidente de México. El derecho al aborto (al menos en la Ciudad de México, donde es legal desde el 2007), el respeto a la diversidad sexual, los derechos de la mujer, entre otros, son temas que tendrán que ser vigilados en una sociedad de por sí conservadora.
La sociedad mexicana, la que le dio el triunfo y su confianza, la que por fin echó del poder a los derechistas Partido Revolucionario Institucional (Pri) y al Partido Acción Nacional (Pan), y la movilización de los sectores que desde la izquierda son un contrapeso crucial para el poder, al igual que una prensa crítica y vigilante, tienen la enorme tarea de coprotagonizar esta historia que se seguirá escribiendo en las calles.

 

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“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”

A [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones de las Redes de Apoyo al CIG:

A la Sexta Nacional e Internacional:
Considerando que:
Primero y único:


La Gran Final.


Llega usted al gran estadio. “Monumental”, “coloso”, “maravilla arquitectónica”, “el gigante de concreto”, calificativos parecidos se repiten en las voces de los locutores que, a pesar de las distintas realidades que describen, coinciden en resaltar la soberbia construcción.


Para llegar a la grandiosa edificación, usted ha tenido que sortear escombros, cadáveres, suciedad. Cuentan quienes más años cuentan, que no siempre fue así; que antes, en torno a la gran sede deportiva, se levantaban casas, barrios, comercios, edificios, ríos y arroyos de gente que uno esquivaba hasta casi toparse de narices con el gigantesco portón, que sólo se abría cada tanto tiempo, y en cuyo dintel se leía: “Bienvenido al Juego Supremo”. Sí, “bienvenido”, en masculino, como si lo que ocurriera dentro fuera cosa sólo de varones; como antes los sanitarios, las cantinas, la sección de máquinas y herramientas de las tiendas especializadas… y, claro, el futbol.


Pero, a vuelo de pájaro, la imagen vista bien podría ser un símil de un universo contrayéndose, dejando en su periferia muerte y destrucción. Sí, como si el Gran Estadio fuera el hoyo negro que absorbe la vida a su alrededor y que, aún insaciable, eructa y defeca cuerpos sin vida, sangre, mierda.


Desde cierta distancia, se puede apreciar el inmueble en su totalidad. Aunque ahora sus erróneas disposiciones arquitectónicas, sus fallas estructurales en cimientos y edificaciones, sus cambiantes decoraciones al gusto del equipo ganador en turno, aparecen cubiertas por una tramoya que abunda en llamados a la unidad, la fe, la esperanza y, claro, la caridad. Como si se ratificara así esa semejanza entre cultos religiosos, políticos y deportivos.


Usted no sabe mucho de arquitectura, pero le molesta esa insistencia casi obscena en una escenografía que no coincide con la realidad. Colores y sonidos proclamando el fin de una era y el paso al mañana soñado, la tierra prometida, el reposo que ya ni la muerte promete (se dice usted mientras hace un recuento de sus cercanas, personas desaparecidas, asesinadas, “exportadas” a otros infiernos, y cuyos nombres se diluyen en estadísticas y promesas de justicia y verdad).


Como en la religión, la política y los deportes, hay especialistas. Y usted no sabe mucho de nada. Le marean los inciensos, salmos y alabanzas que pueblan esos mundos. Usted no se siente capaz de describir el edificio, porque usted anda otros mundos, sus largos y tediosos caminos transcurren en lo que, desde los soberbios palcos del gran estadio, se podría llamar “el subsuelo”. Sí, la calle, el metro, el colectivo, el vehículo en abonos o pagado con cargo a otros abonos (una deuda siempre pospuesta y siempre creciente), el camino de terracería, las rutas de extravío que conducen a la milpa, a la escuela, al mercado, al tianguis, al trabajo, al jale, a la chinga.


Usted se inquieta, sí, pero el optimismo de dentro del gran estadio es mayoritario, abrumador, a-v-a-s-a-l-l-a-n-t-e, y desborda hacia afuera.


Como en esa canción que usted recuerda vagamente, el espectáculo que ya terminó, unió “al noble y al villano, al prohombre y al gusano”. En esos momentos la igualdad fue reina y señora, no importa que el silbatazo final haya vuelto a cada quien a su lugar. Basta del olvido de que cada uno es cada cual, de nuevo, “y con la resaca a cuestas/ vuelve el pobre a su pobreza, /vuelve el rico a su riqueza /y el señor cura a sus misas /se despertó el bien y el mal/ la zorra pobre vuelve al portal, / la zorra rica vuelve al rosal, / y el avaro a las divisas”.


Y es que, ahora le informan a usted ruidos e imágenes, el partido ha finalizado. La gran final tan esperada y temida, concluyó y el equipo vencedor recibe, con falsa modestia, los clamores de los espectadores. “El respetable público”, dicen voceros y cronistas. Sí, así se refieren a quienes han participado activamente con gritos, porras, hurras, insultos y diatribas, desde las gradas, como espectadores a quienes sólo en la gran final se les permite simular que están frente al balón y que su grito es el puntapié que dirige el esférico “al fondo de las redes”.


¿Cuántas veces ha escuchado usted eso? Muchas, ¿vale la pena contarlas? Las derrotas reiteradas, la promesa que a la que sigue sí, que el árbitro, que el campo, que el clima, que la luz, que la alineación, que la estrategia y la táctica, que etcétera. Al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos… a la que luego se sumará la desilusión prevista.


En las afueras del recinto, una mano maliciosa ha rayado, en el soberbio muro que rodea el estadio una sentencia: “FALTA LA REALIDAD”. Y no conforme con su herejía, la mano le ha agregado trazos y colores a las letras, tan variados y creativos que ya no parecen pintados. Ya no es un grafiti, sino una inscripción como grabada con cincel, manchando el concreto. Una huella indeleble en la apática superficie del muro. Y, para colmo, el último trazo de la “D” final ha abierto una grieta que se alarga hasta el basamento. Un cartel, roto y descolorido, con la imagen de una feliz pareja heterosexual, con un par de hijos, niño y niña, y con el encabezado de “La Familia Feliz”, trata en vano de ocultar la hendidura que, tal vez por un efecto óptico, parece rasgar también la feliz imagen de la familia feliz.


Pero ni el ruido interno que hace vibrar las paredes del estadio logra disimular la grieta.


Dentro, aunque el partido ha terminado, la muchedumbre no abandona el estadio. Aunque no tardará mucho en que sea de nuevo expulsada de vuelta al valle de ruinas, la multitud embelesada se hace eco de sus propios gritos e intercambia anécdotas: quién gritó más fuerte, quién hizo la mejor burla (se dice “meme”), quién divulgó la mentira más exitosa (el número de “likes” determina el grado de verdad), quién lo supo desde un principio, quién nunca dudó. En las tribunas, algunos, algunas, algunoas, intercambian análisis: que “¿sí viste que los contrarios cambiaron de camiseta en el medio tiempo y que ahora festejan la victoria quienes iniciaron el encuentro con el uniforme del equipo rival?”; que “el árbitro (el siempre “árbitro vendido”) ahora sí cumplió porque la victoria del equipo todo lo limpia y enaltece”.


Algunos, algunas, algunoas, más escépticos, ven con desconcierto que, entre quienes celebran el triunfo, están los que jugaron y juegan en equipos rivales. Tratan, pero no entienden. O sí entienden, pero no es hora de entender, sino de festejar. Para dejárselos claro, una pantalla gigante parpadea con la tonada visual de moda: “Prohibido Pensar”.


La noche ha pospuesto su llegada, piensa usted. Pero se da cuenta de que son los reflectores y los fuegos de artificio los que simulan claridad. Claro, una claridad selectiva. Porque allá, en aquel rincón, unas gradas se han derrumbado y los equipos de rescate no acuden, ocupados como están en el festejo. La gente no se pregunta cuántos muertos, sino de cuál equipo eran seguidores. Más allá, en ese otro rincón oscuro, una mujer ha sido agredida, violada, secuestrada, asesinada, desaparecida. Pero, vamos, es sólo una mujer, o una anciana, o una jóvena, o una niña. Los medios, siempre en sintonía con los tiempos que corren, no preguntan el nombre de la víctima, sino si portaba su playera de tal o cual equipo.


Pero no es tiempo de amarguras, sino de fiesta, de brindis, del f-i-n-d-e-l-a-h-i-s-t-o-r-i-a mi buen, del comienzo de un nuevo campeonato. Fuera, la oscuridad parece el colofón pictórico para la zona devastada. Sí, piensa usted, como un escenario de guerra.


El barullo le reclama atención. Usted trata de tomar distancia para comprender el impacto de ese gran triunfo de su equipo favorito… mmh… ¿era su equipo favorito? Ya no importa, el triunfador siempre fue y será el equipo favorito de las mayorías. Y, claro, todos sabían que el triunfo era inevitable, y en tribunas se suceden las explicaciones lógicas: “sí, no era posible otro resultado, sólo el de la copa embriagante coronando los colores del equipo favorito.”


Usted trata, sin conseguirlo, de hacer suyo el entusiasmo que inunda las tribunas, los palcos, y parece llegar hasta el punto más alto de la construcción donde, lo que se adivina es una lujosa habitación, refleja en sus vidrios polarizados las luces, los gritos y las imágenes.


Usted recorre las tribunas con dificultad, la gente se abarrota en pasillos y escaleras. Busca usted algo o alguien que no lo haga sentir extraño, camina como un extraterrestre o un viajero del tiempo que aterriza en un calendario y una geografía desconocidos.


Se detiene un poco donde dos personas de edad miran con atención una especie de tablero. No, no se trata de ajedrez. Ahora que usted se ha acercado lo suficiente, ve que se trata de un rompecabezas con apenas algunas piezas engarzadas y sin la figura final siquiera esbozada.


Una persona le está diciendo a la otra: “Bueno, no, no me parece que sea ficción. Después de todo, el pensamiento crítico debe partir de una hipótesis, por alocada que parezca. Pero no debe abandonar el rigor para confrontarla y verificar si procede, o hay que buscar otro punto de arranque.” Y, tomando una de las piezas del rompecabezas, esa persona la muestra y dice: “por ejemplo, puede ser, a veces, que lo pequeño ayude a entender lo grande. Como si en esta pequeña parte pudiéramos adivinar o intuir la figura ya completada”. Usted no escucha lo que sigue, porque los grupos vecinos gritan contra ese extraño par y acallan sus palabras.


Alguien le ha pasado un volante. “Desaparecida” se lee, y una imagen de una mujer cuya edad usted no puede determinar. ¿Una anciana, una mujer madura, una jóvena, una niña? El viento le arrebata el volante y su vuelo se confunde con las serpentinas y el confeti que nublan la vista.


Y hablando de niñas…


Una niña, pequeña, de piel oscura, de ropas extrañas de tan coloridas y adornadas, mira el estadio, las tribunas, las luces multicolores, las sonrisas de vencedores y vencidos, alegres las primeras, maliciosas las segundas.


La niña tiene una duda. Se adivina en la expresión de su rostro, en su mirada inquieta.


Usted se siente generoso, al fin al cabo usted ha ganado… mmh… ¿ha ganado? Bueno, no importa. Usted se siente generoso y, solícito, le pregunta a la niña qué busca.
La niña le responde: “el balón”. Y, sin voltear a verlo a usted, sigue con su mirada barriendo la gran construcción.


“¿El balón?”, pregunta usted como si la pregunta viniera de otro tiempo, de otro mundo.


La niña suspira y añade: “bueno, de ahí que tal vez lo tiene el dueño”


“¿El dueño?”


“Sí, el dueño del balón, y del estadio, y del trofeo, y de los equipos, y de todo esto”, dice la niña mientras con sus manitas intenta abarcar la realidad concentrada en el gran estadio.
Usted trata de encontrar las palabras para decirle a la niña que esas preguntas no vienen al caso, o cosa, según, pero entonces usted recuerda…, o más bien no recuerda haber visto el balón. En su mente le aparece una imagen borrosa, cree que al inicio del partido, del esférico con sus gajos manchados por “nuestros amables patrocinadores”. Ni siquiera en los goles anotados lo ubica.
Pero ahí está la pantalla del marcador, y la pantalla marca la realidad que importa: tal ganó, tal perdió. Ningún marcador señala quién es el dueño ni siquiera del marcador, mucho menos quién es el dueño del balón, de los equipos, de las tribunas, de las “cámaras y micrófonos”.


Además, el marcador no es un marcador cualquiera. Es el más moderno que existe y costó una fortuna. Incluye el VAR para ayudar a sus empleados a sumar o restar puntos en la pantalla, y para las repeticiones instantáneas o reiteradas de cuando “juntos hicimos historia”. Y el marcador no marca los goles, sino los gritos. Gana quien más grite, entonces ¿quién necesita el balón?


Pero entonces usted revisa sus recuerdos y nota algo extraño: minutos antes del final del partido, la porra, la barra, la fanaticada del equipo contrario guardó silencio. Y los gritos de los seguidores del equipo ahora triunfador no tuvieron rival. Sí, muy extraña esa súbita retirada. Pero más extraño es que, cuando en la pantalla del marcador no se reflejaban aún los resultados, ni siquiera los parciales, el equipo contrario volvió a la cancha sólo para felicitar al triunfador… que todavía no era triunfador. En los altos y lujosos palcos del estadio estalló la algarabía y los colores de sus pendones eran ya los del equipo ganador. ¿A qué hora cambiaron de favorito? ¿Quién ganó realmente? Y sí, ¿quién es el dueño del balón?


“¿Y por qué quieres saber quién es el dueño?”, cuestiona usted a la niña, porque le parece que, no obstante sus dudas, es tiempo de silbatos y matracas, y no de preguntas necias.
“Ah, porque ése no pierde. No importa qué equipo gane o pierda, el dueño siempre gana.”


Usted se incomoda con la duda que eso plantea. Y se incomoda más al ver a quienes declaraban que el equipo ahora triunfador traería desgracias, celebrando un triunfo que, apenas unas horas antes, no era suyo. Porque no se ve que hayan perdido, más bien festejan como si el triunfo fuera suyo, como si dijeran “ganamos otra vez”.


Usted está a punto de decirle a la niña que deje la amargura en otro lado, que tal vez esté en sus días, o en la depre, o no entiende nada, después de todo es sólo una niña, pero en eso el respetable prorrumpe en un alarido: el equipo vencedor regresa a la cancha para agradecer al respetable su apoyo. La gente-gente sigue en las tribunas y contempla, arrobada, a los modernos gladiadores que han vencido a las bestias… ¡un momento!, ¿no son las bestias quienes ahora abrazan y festejan y cargan en hombros al equipo vencedor?


Usted se ha quedado pensando en lo que dijo la niña. Y recuerda entonces, inquieto, que el equipo contrario, conocido por su rudeza, mañas y trampas, abandonó el partido justo antes de que sonara el silbatazo final. Sí, como si temiera que su inercia propia, pudiera hacerlo triunfador (con trampa, claro) y, para evitarlo, se retirara completamente. Y con él, desaparecieron sus porras, sus fanáticos, sus, ahora usted lo recuerda, contados banderines y banderas.


La algarabía sigue. Al parecer en tribunas no importa el absurdo que transcurre en el centro del campo, donde el pódium espera la premiación final.


Usted se hace eco de la pregunta de la niña y, con timidez, cuestiona a su vez:


“¿Quién es el dueño del balón?”


Pero el grito masivo se traga su pregunta, y nadie le escucha.


La niña le toma de la mano y le dice: “Vámonos, tenemos que salir”


“¿Por qué?”, pregunta usted.


Y la niña, señalando la base de la gran edificación, responde:
“Se va a caer”.


Pero nadie parece darse cuenta… Un momento, ¿nadie?


(¿continuará?)


-*-


En base a lo anteriormente expuesto, la Comisión Sexta del EZLN invita a [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones que apoyaron y apoyan al CIG y, claro, que todavía piensan que los cambios que importan nunca vienen de arriba, sino de abajo (además de que no hayan mandado su cartita de adhesiones y peticiones al capataz futuro) a un:
Encuentro de redes de apoyo al Concejo Indígena de Gobierno.


Con la siguiente propuesta de temario:


.- valoraciones del proceso de apoyo al CIG y su vocera Marichuy, y de la situación según la perspectiva de cada grupo, colectivo y organización.
.- propuestas de pasos a seguir.


.- propuestas para regresar a consultar con sus grupos, colectivos, organizaciones, lo ahí planteado.


Llegada y registro: jueves 2 de agosto del 2018; registro y actividades los días viernes 3, sábado 4 y domingo 5 agosto.


Para registrarse como participante en el encuentro de redes, la dirección es:


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-*-


También, las comunidades indígenas zapatistas, invitan a quienes tienen al arte como vocación y anhelo, al:


CompARTE POR LA VIDA Y LA LIBERTAD


“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”


Del 6 al 9 de agosto del 2018.


Llegada y registro: cuando puedan del 6 al 9 de agosto.


Clausura el día 9, 15° aniversario del nacimiento de los caracoles zapatistas.


El programa será según quiénes se apunten, pero seguro ahí estarán [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], de las comunidades zapatistas en resistencia y rebeldía.


Para registrarse como participante y/o asistente, la dirección es:


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Todo en el caracol de Morelia (donde fue el encuentro de mujeres que luchan), en la zona Tzotz Choj, tierra zapatista en resistencia y rebeldía.


Mucho ojo: Traigan su vaso, plato y cuchara, porque las mujeres que luchan ya aconsejaron de no usar desechables que contaminan, además de que dejan un tiradero. No sobra si trae un su focador (o lámpara de mano), su loquesea para poner entre el digno suelo y su muy digno cuerpo, o casa de campaña. Su impermeable o nailon o equivalente por si llueve. Sus medicinas y comida especial si las requiere. Y cualquier otra cosa que luego le vaya a faltar y, cuando nos deje sus críticas, [email protected] podamos responder “les avisamos antes”. Para las personas ya de edad, “de juicio” como decimos acá, veremos de, en lo posible, darles alojamiento en alguna parte especial.


Nota: sí se permitirá el acceso a varones y a otras minorías.


Por la Comisión Sexta del EZLN.


Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.
México, 4 de julio del 2018.


P.D.- No, nosotras, nosotros, zapatistas, NO nos sumamos a la campaña “por el bien de todos, primero los huesos”. Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo. Ergo…

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“La inmensa mayoría de la gente que está en Morena no perteneció a ningún partido.”

¿Cómo nació? ¿Quiénes son? ¿Cómo articularon un proyecto genuinamente de izquierda sin que nadie se diera cuenta? ¿Hacia dónde van ahora que llegaron al poder y cuál fue la clave de la victoria? Primeras respuestas a horas del triunfo de AMLO.

 Amanece en un nuevo país que aún no se da cuenta del todo del proceso de transformación que acaba de poner en marcha. México se mira con asombro y entusiasmo. Morena, el partido movimiento del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, dibujó un México de metamorfosis. Obrador subió a una cúspide impensable: ganó 31 de los 32 Estados del país y sólo perdió Guanajuato. Las cifras de la elección del domingo caen hora tras hora en una danza que legítima la honda mutación que se avecina. Con 24 millones de votos, Andrés Manuel López Obrador es ya el presidente más votado de la historia de México. Morena (Movimiento de regeneración nacional, espina dorsal de la coalición Juntos Haremos Historia) prácticamente borró al PRI del mapa electoral: hasta consiguió quedarse con estados que eran la misma identidad del PRI como Coahuila, Campeche, Estado de México e Hidalgo. El giro ha sido masivo, pero esta vez, a diferencia de la transición del 2000 cuando ganaron los conservadores del PAN con Vicente Fox, la trayectoria fue hacia la izquierda. México expulsó al PRI con una opción progresista que rompió todas las marcas: Vicente Fox desalojó al PRI con casi 16 millones de votos, en 2012, Enrique Peña Nieto se impuso al PAN con 19 millones de votos y López Obrador sepultó a ambos con cerca de 25 millones. Lo único común entre los tres son las esperanzas que, en cada momento de la historia, llegaron a representar. El presidente electo es la esperanza de la transformación radical que él prometió. Su victoria es, ante todo, el triunfo de una idea que nació en 2010 cuando empezaron a gestarse las bases de la que sin lugar a dudas es la mayor innovación política de la América Latina contemporánea: Morena, el movimiento de Regeneración Nacional. ¿Cómo nació? ¿Quiénes son? ¿Cómo articularon un proyecto genuinamente de izquierda sin que nadie se diera cuenta? ¿Hacia dónde van ahora que llegaron al poder y cuál fue la clave de la victoria? A estas preguntas responde Luciano Concheiro, uno de los intelectuales orgánicos del proyecto de Morena y expresidente de la Comisión nacional de elecciones de Morena. Licenciado en Economía (UNAM), especialista en economía política y economía agrícola (Instituto Gramsci, Italia), maestro en ciencias sociales (Flacso) y doctor en desarrollo rural (UAM-Xochimilco), Luciano Concheiro es profesor-investigador en el Departamento de Producción Económica y docente del posgrado en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana. 

 

–Para buena parte de la izquierda latinoamericana Morena es un misterio. Y, sin embargo, llegó al poder.


–Morena es un partido en movimiento. En su primer Congreso tuvimos un gran debate. Primero queríamos conservarnos como movimiento y surgió la idea de que había que ser un partido político para construir una suerte de prefiguración estatal. El gran debate consistió en saber si para cambiar México nos alcanzaba una simple prefiguración estatal, o si debíamos proponernos una prefiguración de sociedad, si al ser un movimiento tu te conviertes en el proceso de configuración de la sociedad posible. Luego alguien planteó y “por qué no un partido en movimiento”. ¿Qué quiere decir esto? Esto significó que se convirtiera en un partido en el hacer y no en el deber ser. Ocultas para mucha gente, ahí había una de las grandes revoluciones de lo que es Morena. Con ello hubo una perspectiva en la cual la inmensa mayoría de la gente que está en Morena no perteneció a ningún partido. Fue la primera vez que hizo política y se inscribió en una organización socio política. Entonces se construyó y se aprobó una propuesta. No nos proponemos construir una prefiguración estatal porque hoy el problema no es nada más el Estado. Morena es al final un partido en movimiento donde no hay casi estructuras, donde la gente se convoca para hacer cosas.


–¿Cómo se articuló esa ida con la victoria presidencial de Andrés Manuel López Obrador? ¿Cuál es la clave?


– Creo que Morena se fue haciendo en la marcha. Un poco como con los zapatistas, no hay un proyecto sino que se fue construyendo mucho alrededor de las prácticas sociales, de alternativas o utopías posibles. Eso puede sonar muy romántico, pero lo que Morena acabó construyendo fue la estructura de donde vive la gente y donde la gente hace su vida. El gran conector con todo esto fue Andrés Manuel López Obrador. Es un líder carismático y un hombre muy ligado a la gente, que le toma mucho el pulso al momento. El captó el conjunto de las relaciones en el país, participó en los grandes debates sobre la construcción del proyecto alternativo del país alrededor de ciertos puntos que tenían que ver con practicas sociales. Un ejemplo: cuando le presentamos a AMLO el mapa de los movimientos socio ambientales en México, buena parte de la agenda fue adoptada. Por eso lo socio ambiental atraviesa el conjunto de Morena. No es un tema más sino un elemento transversal.


–Aún mucha gente, en Europa y América latina, cuestiona la legitimidad de López Obrador como un hombre de izquierda.


–Los que venimos de la vieja izquierda, de la izquierda revolucionaria y nos planteamos la transformación radical del país, hemos encontrado en Morena un lugar donde hay continuidad sobre el elemento de la revolución. La palabra revolución no está prohibida en Morena. Por eso Andrés Manuel López Obrador volvió a plantear que esta es la cuarta transformación. Dijo “nos proponemos abrir la transformación radical del país”. Y recalcó que esto era una revolución, una revolución de las conciencias. Entonces ¿ que es ser de izquierda hoy ?. Esa es la gran pregunta. Hay grupos para quienes el tema de la izquierda pasa por la diversidad sexual, el matrimonio igualitario, por las cuestiones ambientales. Pero yo me pregunto ¿dónde está el planteamiento de la izquierda que diga hay que transformar el conjunto ?. No lo encuentras.


–Hasta ahora se creyó que en México sólo había narcos y corruptos…pero hay una izquierda y una poderosa sociedad que la llevó al poder.


–Esa figura de la invisibilidad de la izquierda de México convino a los intereses de los de arriba. Hablaron de derrota y convirtieron a la izquierda mexicana en algo ligerito, que estaba integrada al sistema y que apoyaba al neo liberalismo. Se olvidaban de algo clave en este país: México es un país de oleadas transformadoras, tiene una memoria impresionante en la transformación social que además incluye un sentido republicano muy profundo. En este país hasta los marxistas son guadalupanos porque sino no somos buenos marxistas porque la Virgen de Guadalupe es la virgen de la Revolución. Se difundió la idea según la cual México era un país insalvable. Para América Latina estábamos ligados a Estados Unidos. Pero aquí hay una trayectoria y yo no creo que haya sido generación espontánea y que gracias a Morena tenemos lo que tenemos. Hoy en México hubo un giro muy importante.


–A partir de ahora la utopía inicial de Morena se convierte en una realidad del poder. ¿Cómo se derrota la violencia, la corrupción y la desigualdad que imperan en México?


–Tiene que ser reconstruyendo la sociedad sobre otras bases, tenemos que atacar las causas. Las causas tienen que ver con los elementos estructurales que Andrés Manuel López Obrador resume en una fórmula que dice “queremos becarios no sicarios”. Esa fórmula que parece simplona terminó prendiendo en la gente porque la gente vio una alternativa en una condición donde no están colocando a una parte de la sociedad afuera, sino tratando de entender que los problemas que tiene esa sociedad tiene que solucionarlos desde su reconstrucción básica. Ahí entra un punto clave: no fue únicamente un cambio de Morena sino que se trató del encuentro de una sociedad que después de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa dijo basta, no más la política del miedo, la necro política que nos va a acabar por terminar. Esa sociedad se atrevió a salir a la calle, a defender a 43 jóvenes estudiantes, campesinos que eran socialistas. ¡Cuidado, qué palabra !. En esa representación estaban los enemigos del Estado neo liberal y, sin embargo, la sociedad dijo basta y cortó. Se dio entonces la conexión de una organización socio política que va en la búsqueda de una conexión con las capacidades de transformación con uno de los movimientos que trastocaron nuestras vidas. Hasta ese entonces se había normalizado la violencia, todo el mundo sabía por donde no pasar para no ser un daño colateral. Se decía “mientras la guerra no sea contra mi que sea contra ellos”. El problema se ve mayúsculo cuando tu ves las cifras que oscilan entre 180 mil y 240 muertos. Esta es una guerra no declarada, punto.


–¿Pero cómo se sale de esa lógica?


–Andrés Manuel ha dicho: tenemos que ir en contra de la impunidad que está ligada a la corrupción. La impunidad arma el sistema político en general. El punto esencial consiste en reconstruir un tejido social institucional donde la gente se pueda sentir segura.


–México retomó su tradición revolucionaria. Esa utopía ya de lo real puede reconectarnos, reconectar a las izquierdas de América Latina y reformular un proyecto de transformación común a partir de México.


–La Revolución Mexicana tuvo una influencia mayor en el conjunto de América Latina. Es el equivalente de lo que la Revolución francesa fue para el conjunto de Europa. El grupo de intelectuales que trabajamos con Andrés Manuel López Obrador dijimos: sólo si nos latinoamericanizarnos y entramos en la lógica de nuestra América como diría Martí tenemos un sentido para la transformación en México. Que Donald Trump le haya dedicado media hora a López Obrador, y a plantear entonces la idea de hacer un proyecto de desarrollo para atacar la causa de la migración, que incluya también a América Central, ya dice mucho. Este sentimiento latinoamericanista va a ser un elemento fundamental. Sin América Latina, nosotros frente al imperio no somos nada. Sin Brasil, sin la Argentina, sin los demás, no podemos enfrentar una política violenta de Estados Unidos sobre nosotros. Nos va a unir un sueño. Por eso uso la idea de nuestra América de José Martí: era un sueño y esos sueños tuvieron sentido con la Revolución mexicana, con los sueños del progreso. El proyecto de Morena es latinoamericanista. La pregunta es si tiene que ser económico o si tiene que ser algo que con México se construya de otra manera, que tiene que arrancar por lo cultural. Creo que hoy hay esa gran oportunidad de arrancar con una idea que nos prenda al conjunto, que nos devuelva al sentido de pensarnos como un universal posible desde América Latina. Creo que eso parte de la necesidad de vernos como un sujeto real actuante. Debemos recuperar el sentido indígena y anti colonial del 91, pero tiene que representarnos al conjunto. Tenemos esa gran oportunidad. Hay mucho para hermanarnos a través del camino cultural.


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La República Bananera de Venezuela bajo Maduro y la lección de AMLO

1. La democracia bananera


Maduro y su camarilla han convertido a Venezuela en una República Bananera que cumple a cabalidad con la definición del término en Wikipedia: un país "políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar, muchas veces formando gobiernos forzosos o fraudulentamente legitimados". Bastaron cinco años para transformar una utopía de democracia participativa en una distopía de pendejadas quijotescas. Destruyeron el sistema del Estado, el sistema político y, por supuesto, el sistema económico. En ningún área se muestra más su ineptitud que en la economía, donde actúan sobre puras entelequias (imaginaciones, fantasmas), como el "precio justo", que no existe en crematísticas de mercado; las falsas negociaciones del Plan 50 para "sincerar los costos y precios", en un contexto hiperinflacionario, que no permite ningún cálculo económico serio y donde, de todas formas, imponen sus precios administrativos que confunden con precios justos; y el seudo-estándar de oro "Petro", que es simplemente otro government bond (obligación) –es decir, papel dinero-- porque no está avalado por materiales preciosos existentes, sino por simples promesas de la camarilla. Un régimen bananero, que constituye un fraude de Alpha a Zeta a la democracia real y popular del siglo 21.


2. Gabinete de Horror


Cuando se escucha los discursos de Maduro, Delcy Rodríguez, Padrino López, Pascualina Curcio o Toby Valderrama, es imposible no pensar en la terrorífica Familia "Los Munsters" o "Los locos Addams". Uno no sabe, si prevalece lo obsceno o lo histriónico, lo trágico o lo cómico, cuando el Presidente habla del salario mínimo; la Vicepresidenta del "diálogo con Washington"; el Ministro de Defensa del "pueblo en armas que nació para ser libre"; la Directora del Banco Central de la inflación cual resultado de la "manipulación arbitraria y desproporcionada" de "portales web"; o el camaleón estalinista Valderrama de Diosdado Cabello, como alguien "siempre fiel al comandante" y "la última esperanza del chavismo". Cada frase de esos bufones es un comic strip (tira cómica) sin sentido, y una burla del pueblo de Bolívar, que ha de aguantar la dictadura pequeña burguesa y sus delusiones (delirios).


3. Milagro bíblico del "Presidente Obrero"


El 20 de junio, Nicolás Maduro anunció que va "a decretar el aumento del salario mínimo a tres millones de Bolívares, (…) el aumento del cesta ticket a dos millones ciento noventa y seis mil, quiere decir que a partir de hoy los trabajadores van a recibir como ingreso mínimo cinco millones ciento noventa y seis mil bolívares". ¡Vaya, Vaya Presidente! No es poca cosa, convertir en plena "guerra económica imperialista" a la clase obrera en millonarios. Lenin, Fidel y Xi no lo lograron. Pero, usted sí. Y qué tino en la selección del espiritus loci (espíritu del lugar) para revelar la Buena Nueva en una Gran Asamblea Carismática: el "Congreso Ideológico de la Clase Obrera", organizado por los sindicalistas charros del régimen. Ahora, gracias al socialismo madurista, los trabajadores venezolanos pueden deleitarse todo un mes con una lata de atún ---si es que la encuentran--- porque esta es la capacidad adquisitiva del grandioso salario mínimo millonario que el "Presidente Obrero" les ha decretado. Hablar de conciencia obrera, del deber de la clase trabajadora y de la construcción del socialismo en esa farsa era una tarea que toda persona ética hubiera rechazado. Pero, no el Comediante en Jefe, en cuyo lexicón no existe tal palabra.


4. La Vicepresidenta no tiene quién le escriba


En entrevista televisiva, la flamante Vicepresidenta --nunca muy lejos de las delusiones del newspeak de Miraflores-- afirmó que la "Revolución Bolivariana" está encaminada hacia una renovación política, empeñada en la estabilidad económica. Estamos dispuestos al diálogo con Washington…y que "se puedan establecer mecanismos de cooperación multilaterales y al diálogo diplomático con Estados Unidos", dijo la funcionaria por enésima vez, emulando a su jefe. ¿Cree Doña Delcy en milagros tipo Corea del Norte? ¿No entiende, que el milagro de Kim Yong-un es real y se llama "armas nucleares"? Donde ella y Maduro encuentran una razón para pensar, que Trump le podría hacer caso a un gobierno con cero poder geopolítico, carente de moneda, de apoyo de masas, de armas estratégicas y del aval bélico ruso-sino que tiene Kim? Pero, la postración ante el imperialismo y el autoritarismo hacia adentro son, obviamente, inseparables en los operadores de esa camarilla.


5. "Decir Carabobo es decir patria"


Decir "Carabobo es decir patria, es decir pueblo en armas que nació para ser libre", exaltó el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, el 24 de junio la Batalla de Carabobo. Es una icónica efeméride que "sirve de hermosa referencia para exaltar al glorioso ejército bolivariano; huracán de hombres y mujeres que vencedores en cientos de batallas, dieron libertad a pueblos oprimidos…La máxima gloria, el supremo objetivo, el horizonte de una magna gesta que vería coronar con laureles de furor y valentía, de sangre y fuego, el sublime sueño de tantas almas valerosas: la independencia de Venezuela… Que el Dios de los ejércitos celestiales y la santísima Virgen Del Carmen les bendiga por siempre y les colme de poderío, nobleza, generosidad y magnanimidad; para que permanezcan invencibles en el decoroso sendero de servir a la patria y al noble pueblo venezolano. "Perdiéndose en su rimbombante retórica feudal, el faccioso General es obviamente incapaz de percibir la profunda cual involuntaria ironía, de servir a una dictadura bananera donde el "noble pueblo" sobrevive con migajas, debido a que sus bayonetas sostienen una banda de usurpadores ineptos.


6. El camaleón stalinista


El síndrome de disociación clínica de la realidad y de la ética, que es la huella (signature) dominante del gabinete de Maduro, se encuentra también en otros protagonistas del sistema. El "comandante socialista" Toby Valderrama, en permanente búsqueda de un hueso, agrega otra perla a las entelequias de Maduro, Rodríguez, Curcio y Padrino López. Al teniente anti-comunista Diosdado Cabello, recién nombrado Presidente del osario llamado Asamblea Nacional Constituyente (ANC) le dedicó la siguiente oda: "Cuando pensábamos que el Chavismo estaba enterrado por el silencio de sus mejores hijos…en medio de la oscuridad y la desesperanza, aparece Diosdado, y una luz se enciende en el horizonte…Hoy es el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, un poder que está por encima de todos los poderes… Él es la última esperanza del Chavismo." Ante tal disparate, los pragmáticos romanos hubieran regresado Valderrama a la realidad con un célebre aforismo: Quos deus perdere vult, dementat prius: a quién los dioses quieren destruir, primero lo hacen pendejo.


7. La lección de AMLO


El gran triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México ha sacudido todo el debate político en América Latina. Interpretado adecuadamente rompe el sectarismo y la esterilidad del debate de "izquierda" y "derecha", que domina la teoría política criolla desde los gobiernos progresistas socialdemócratas (Lula, Chávez, Kirchner, Correa et al.) de los años noventa. Y lo mismo vale para la nueva moda intelectual introducida desde Washington que --para América Latina-- consiste en la falsa antítesis de "nacionalistas" y "globalistas". Interpretar adecuadamente el evento electoral de México significa entender que el proyecto de AMLO es un proyecto de Centro con Compromiso para las Mayorías (CCM), no de Izquierda, como se usa el término a la ligera en América Latina. Un CCM no tiene nada de malo en América Latina, porque en la actualidad es imposible que un proyecto de transformación sistémica (izquierda) llegue al poder. La exitosa campaña de AMLO es el resultado de un doble condicionamiento: respetó las circunstancias objetivas post-progresistas latinoamericanas y se adecuó dialécticamente a las condiciones idiosincráticas de México. Cualquier extrapolación del éxito de esa campaña, que no tome en cuenta esa génesis particular, única, está condenada al fracaso.


8. Osario de la teoría política


El segundo punto clave en la comprensión del evento mexicano radica en entender que, en la ausencia de una izquierda mundial –con la posible excepción de la tendencia de Xi Jinping-- tampoco existe una teoría científica de la transformación de la sociedad actual. En este sentido, el analfabetismo distópico político-económico que exhiben Maduro, Rodríguez, Cabello y su camarilla --agravado por discursos pro-indigenistas controlados por el Imperio y sectarismos de dizque "trotskistas", es evidencia forense del cadáver del "espíritu mundial político". Tratar de comprender la realidad actual en términos de izquierda-derecha, sin proceder desde una rigorosa determinación de esos conceptos al estilo de las ciencias naturales, sólo genera engaños y escenarios de praxis equivocados. Pedir a AMLO un proyecto antisistémico para los obreros, indígenas y campesinos, por ejemplo, es tan fuera de la realidad como creer, que la dictadura de Maduro es progresista o tenga futuro. La lección comparativa de ambas experiencias es clara y nos remite a la esencia del quehacer político, tal como lo definió Bismarck: "La política es el arte de lo posible"; no de lo deseable o soñado.
Es en este espíritu, que hay que reconceptualizar la ciencia política de la transformación en América Latina, si se quiere salir de la actual miseria.

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Lunes, 02 Julio 2018 09:53

Transar

Transar

Para estas elecciones, Andrés Manuel López Obrador ha incluido en su equipo político a figuras del mundo empresarial. Quien encabezó la redacción de su programa político fue Alfonso Romo, un magnate ex dueño de una empresa de semillas transgénicas. Y su futuro ministro de Agricultura es un lobista pro transgénicos.

 

La alianza del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el Partido Encuentro Social, evangélico, movió políticamente a López Obrador hacia la derecha. El acuerdo de campaña fue anunciado públicamente a fines de diciembre pasado, y la coalición Juntos Haremos Historia permitirá amplificar al Pes y el PT, ya que obtendrán la mitad de los escaños parlamentarios que coseche la alianza.

Además de estos integrantes, otras figuras conservadoras empezaron a sumarse a la coalición. Uno de los primeros en hacerlo fue el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, quien se convirtió en el candidato único al gobierno del estado de Morelos, luego de que el ex rector de la universidad de ese estado, Alejandro Vera, que también pretendía el cargo, cediera el lugar al deportista.


En fila detrás del “Cuau” saltaron al Morena figuras como Manuel Espino, que fue presidente del Pan y, aunque él lo ha negado, se lo vincula a un grupo de ultraderecha llamado El Yunque. No mucho tiempo después, también se sumó el militar retirado Julián Leyzaola, que, según detalla la periodista Marcela Turati, “tiene en su historial 19 recomendaciones por violaciones de derechos humanos y 25 averiguaciones previas y actas circunstanciadas ante autoridades estatales y una por la Procuraduría General de la República por delitos como tortura y homicidio” (Proceso, 18-V-2018).


UN MAGNATE DE TIMONEL.


Otro que se integró al equipo de campaña de López Obrador es Alfonso Romo, un magnate de Nuevo León, titular del Grupo Pulsar, que maneja empresas en diversos rubros, incluidos los transgénicos. Romo pasó a liderar el trabajo de redacción del “proyecto de país” de López Obrador, un candidato que públicamente defiende una posición “contra la mafia del poder”. En una entrevista publicada esta semana en El Heraldo de México, Romo explicó que, cuando comenzaron a trabajar juntos, la instrucción que le dio López Obrador fue que necesitaba “crear confianza”, y que por eso Romo le había hecho “un plan de gobierno de centro que toma en cuenta a los olvidados”.


El proyecto presentado por Romo se centra en eliminar la corrupción, con lo que se recuperaría el equivalente al 10 por ciento del Pbi y con eso se financiarían las obras de infraestructura y la generación de empleos que el país necesita. Y López Obrador refrendó la lectura de que la corrupción es el verdadero mal detrás de la desigualdad. En una entrevista que le dio al canal Televisa dijo: “El problema no es que el empresariado acumule riqueza y no la distribuya. (En) México la causa principal de la desigualdad es la corrupción. La monstruosa desigualdad que tenemos no se debe a la explotación del empresario al obrero, puede ser, pero no es lo determinante. Lo principal es que la desigualdad de México se ha mantenido y se ha acrecentado y es monstruosa por la corrupción. Nada ha dañado más a México que la deshonestidad, es la causa principal de la desigualdad social.


A dos días de las elecciones, en un acto público, López Obrador anunció que, de ser electo presidente, Romo sería su jefe de gabinete. Ya había anunciado quiénes serían sus ministros a mediados de diciembre pasado. Entre esas designaciones sorprendió la de la cartera de Educación, que recayó en Esteban Moctezuma Barragán, titular de la Fundación Azteca, parte del conglomerado mexicano de medios TV Azteca. Pero el nombre probablemente más preocupante sea el del probable futuro secretario de Agricultura: Víctor Villalobos. Sin embargo esto no ha generado demasiado revuelo, los únicos que denunciaron su presencia en un futuro gobierno del Morena fueron los activistas de Greenpeace. “Nuestra reacción fue inmediata. Greenpeace es una organización apartidista, mas no apolítica, y en ese sentido denunciamos a candidatos que tienen o promueven conductas que deterioran el ambiente y afectan la salud humana”, comentó a Brecha María Colin, asesora legal de Greenpeace en México.


TRANSGÉNICOS.


Villalobos, explicó la abogada –que lleva el litigio de las comunidades mayas de Campeche y Yucatán, y que logró a mediados del año pasado que se revocara el permiso de siembra de soja transgénica de Monsanto–, ocupó varios cargos gubernamentales desde principios de este siglo y fue el primer director de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. “Hemos seguido en el tiempo su trayectoria pro-transgénicos, y nuestra gran crítica contra él, entre muchas, es haber permitido el llamado ‘Tlc transgénico’ entre Canadá, Estados Unidos y México, en el cual, mediante un acuerdo regional, se permite un 5 por ciento de tolerancia a las semillas transgénicas en los embarques entre los tres países”, explicó.


Colin sugirió que es muy probable que el vínculo entre el candidato López Obrador y Villalobos lo haya forjado Alfonso Romo, quien fue dueño de la empresa productora de semillas Seminis, que en 2003 vendió a un empresario estadounidense, Fox Paine, quien dos años después fusionó esa empresa con Monsanto.


Desde 2016, cuando se falló en la causa “Demanda colectiva del maíz” prohibiendo la siembra de maíz transgénico en México, hay presiones desde el sector agrícola industrial por allanar el camino a esta tecnología. Como señala Colin, las dudas todavía son muchas y resta ver si la designación de Villalobos significa una luz verde para las grandes trasnacionales que concentran el mercado de producción de semillas, en un momento en que su avance en México está detenido.


Aunque, señaló la abogada, “Villalobos lleva muchos años promoviendo esta tecnología, ¿por qué de repente, en un proyecto nacional, va a asumir una postura distinta?”.

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Jueves, 28 Junio 2018 09:15

El alma nacional al desnudo

El alma nacional al desnudo

El presente artículo examina el comportamiento del voto en la segunda y última vuelta para elegir presidente en Colombia, y los factores que determinan los resultados agregados. Intenta explicar la profunda fractura y antagonismo intergeneracional, clasista, ideológico, axiológico, étnico y territorial que se manifestó en estos comicios. Con base en el análisis de las relaciones entre los datos sobre la composición social y los conjuntos de abstención y votos válidos, se busca establecer la relación entre características sociales y comportamiento electoral individual.

 

Como una prolongación de una constante histórica, el proclamado derecho de la soberanía popular dio la victoria, una vez más, a las nefandas coaliciones políticas de derecha y extrema derecha, representantes del “establishment” (élite dueña del poder o clase dominante). El total del potencial electoral sumó 36,8 millones: 19 millones mujeres y 17,8 millones hombres. Iván Duque y Martha Lucía Ramírez obtuvieron 10,3 millones de votos, esto es, el 53,98 por ciento de los sufragios válidos. La alianza entre el centro y la izquierda, representados por Gustavo Petro y Ángela María Robledo, obtuvieron 8 millones de votos, 41,81 por ciento de las decisiones de los electores por candidatos. La mitad del potencial electoral no se comprometió con ninguna de las opciones políticas: abstención 47 por ciento, voto en blanco 2,2 por ciento y votos nulos o no marcados 0,8 por ciento.


Los resultados se muestran en el gráfico 1.

 

 

Marco del análisis

 

Los estudios del comportamiento electoral se fundamentan en dos métodos y dos enfoques. Los métodos son el ecológico (correlaciones entre la fuerza de los partidos en zonas geográficas limitadas y las características demográficas, culturales, ambientales y económicas de las mismas zonas), y el de encuestas o muestras representativas de individuos particulares con un amplio número de atributos sociales, ideológicos, laborales y cosmovisiones de los mismos sujetos.

Al considerar la orientación y el énfasis puesto en el estudio del comportamiento electoral se cuenta con dos enfoques: sociológico (causas de la opción de voto en la condición existencial de la persona: grupos, estratos, clases, raza, etnias, entorno geopolítico, cultura y religión) e individuales o de características personales (genéticas, psicológico-cognitivas y carácter, etaria, familia, sexo, educación y profesión).

Modelo analítico. Elinor Ostrom (1933-2012), primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía 2009, estudió la complejidad e incertidumbre de la realidad social a partir de la comprensión de la naturaleza y evolución de las instituciones. Con este fin, construyó el programa de Análisis y desarrollo institucional (ADI).

Las instituciones son prescripciones que los seres humanos usamos para organizar todas las formas de interacciones repetidas y estructuradas. Ostrom construyó el concepto de “situación de acción”, integrado por las siguientes variables: el grupo de participantes; las posiciones que ocupan los participantes; los resultados potenciales; el conjunto de acciones posibles; el grado de control; la información de que disponen, y los costos y beneficios que se asignan a acciones y resultados. Las normas de comportamiento reflejan las valoraciones que los individuos otorgan a acciones o estrategias. Entre los rasgos de una comunidad que influyen en los campos de acción, Ostrom resalta los valores de comportamiento aceptados en la comunidad, el nivel de entendimiento común que los participantes potenciales comparten (o no comparten y los conduce a la unidad de lo antagónico) sobre la estructura de un campo de acción particular, en qué medida existe la homogeneidad en las preferencias de quienes viven en una comunidad, el tamaño y estratificación socio-económica de la comunidad en cuestión y la profundidad de las desigualdades respecto a activos, bienes y servicios básicos entre las personas afectadas. El marco ADI ayuda a organizar las capacidades de diagnóstico, análisis y prescripción (Figura 1).

 

Análisis del voto

 

Historia. La sociedad colombiana es jerárquica, autoritaria, excluyente y tradicional. Una clase y minoría étnica sustenta y legitima su supremacía económica, política e ideológica por descender de los invasores europeos. Esta forma de violencia institucionalizada no fue quebrada con la proclamación de la independencia de Colombia del Imperio Español en 1810. Por el contrario, durante los siglos XIX y XX, llegando hasta nuestros días, la marginación racista o étnica, la opresión y explotación clasista y la criminalidad del Estado contra la población registran una presencia central como criterio de dominación económica, política, jurídica, cultural y territorial. El modelo económico se caracteriza por la expoliación de los recursos naturales, la abusiva concentración del ingreso y la riqueza, la reproducción intergeneracional de las condiciones de pobreza extrema en amplios sectores populares (mediante el control político disfrazado de subsidios al consumo) y por una situación laboral indigna e inestable y de abyecta explotación de la fuerza de trabajo (Gráficos 2 y 3).

 

       

 

Durante la Colonia y el período Republicano el poder del clero y del ejército se mantiene intacto. Las fuerzas armadas operan como “guardia pretoriana” de la clase dominante y del gran capital criollo y transnacional, fungen, en complemento, como un ejército de ocupación interna y de control del territorio nacional; constituyen, además, un poder político de facto. La iglesia católica y las sectas cristianas y evangélicas han estimulado la sumisión de la población colombiana, profundizando ésta mediante el mandamiento de la obediencia, una actitud de sacrificio, tendencias a la resignación y promoviendo personalidades sectarias, dogmáticas, reaccionarias y llenas de odio hacia el diferente o quienes cuestionen la tradición. En 2018, como prolongación de un periodo que se suponía ya superado, las variopintas ideologías religiosas se aliaron con la caterva de partidos políticos de la extrema derecha, expresión de la oligarquía lumpen, corrupta y clientelista, y les aportaron 2,5 millones de votos canalizados a través de sus propias organizaciones políticas y bases electorales.

Es una historia de rígidos controles sociales y manipulación clientelista, con el uso de la violencia más extrema, de ser necesario. “Matar comunistas no es pecado; matar comunistas es legal”, consigna oficializada por el establishment y las jerarquías de la iglesia. En ello, el principio: un ciudadano o ciudadana un voto es de reciente conquista en Colombia, consecuencia de una larga lucha social y política. En aplicación de la reforma de 1910, en 1914 fue la primera vez, desde 1860 cuando se crearon formalmente los partidos políticos, que se eligió al Presidente de la República (1914-1918) mediante sufragio directo. Sólo podían ejercer el sufragio los varones mayores de 21 años, letrados y adinerados de los grupos de poder. Ganó en aquella elección el candidato conservador José Vicente Concha; el número de votantes sumó 337.469. En 1938 fue la primera elección presidencial en la que los votantes varones no requirieron de condiciones de renta o ilustración para ejercer el sufragio, en cumplimiento de la reforma constitucional impulsada en 1936. En 1958, después de nueve años de no efectuarse comicios presidenciales en Colombia, por primera vez las mujeres participaron en la elección de Presidente de la República, gracias al derecho a sufragar mediante el Acto Legislativo Nº 3 de 1954.

En esta misma historia institucional de la política colombiana, durante el último siglo, el promedio de la abstención ha sido de 52 por ciento respecto al potencial electoral, y el voto por los candidatos de izquierda de 13 por ciento. En 2018, la cantidad de colombianos que se manifestaron en las urnas superó por vez primera al abstencionismo. El espíritu democrático y la responsabilidad cívica se fortalecieron; la participación política alcanzó 53 por ciento del potencial electoral. El fin parcial del conflicto armado contribuyó a esta evolución ciudadana. El abstencionismo cayó 12,3 puntos porcentuales respecto a las elecciones presidenciales anteriores (2014: 59,3% versus 2018: 47%).

La abstención refleja dos actitudes diferentes de la ciudadanía: una consciente y otra ocasionada por una alienación política difusa. Para la primera, el voto no pasa de ser un instrumento de legitimación del sistema y de enmascaramiento de los antagonismos reales y de los conflictos existentes en la sociedad; de hecho, las instituciones democráticas, que se encuentran en forma embrionaria, han sufrido continuas violaciones por parte de la clase dominante, fraudes y reveses.

La alienación política difusa expresa el desinterés por los problemas políticos y sociales, la gente se considera incompetente y estima inútil intervenir, existe una orientación pasiva frente a la autoridad, la identificación partidista es escasa y el sentido de eficacia política es muy limitado. Esta caracterización puede aplicarse a los grupos sociales más implicados en el abstencionismo: los más jóvenes y los más ancianos, las mujeres dedicadas a los oficios del hogar, los más pobres y los desempleados, los trabajadores informales y del sector terciario, los que viven en zonas rurales, en los cinturones de miseria de las grandes ciudades, en áreas no politizadas y en espacios sometidos a la violencia, al crimen político, al despojo y el desplazamiento forzado, y los que tienen un nivel educativo bajo.

En Colombia, la izquierda ha sido agredida y sometida a la ilegalidad, el ostracismo, el vituperio y a la exclusión de los procesos políticos. En las ocasiones en que la hegemonía dueña del poder le ha permitido participar en elecciones sólo ha obtenido una votación favorable y significativa cuando se presenta en alianza o coaliciones con partidos o movimientos de centro o liberales de izquierda: en 1922 cuando apoyó al general de la Guerra de los Mil Días, Benjamín Herrera (La victoria la obtuvo Pedro Nel Ospina, hijo del expresidente Mariano Ospina Rodríguez); en 1946 con la candidatura de Jorge Eliécer Gaitán, representante de facción socialista del partido liberal (triunfó Mariano Ospina Pérez, sobrino y nieto de expresidentes); en 1962 con el apoyo a la Anapo; en 2006 con el Polo Democrático Alternativo y en 2018 con la alianza entre los movimientos y partidos de centro e izquierda: Colombia Humana, Verde, UP y un sector del Polo. En 2018, por primera vez en la historia política, la izquierda colombiana fue opción de gobierno; por ello todas las fuerzas políticas del establishment, las más corruptas, clientelistas y mafiosas, se unieron para impedirlo.

 

Sujetos de la política

 

Los individuos están insertados en un tejido de fuerzas sociales, histórico y espacial (status racial, económico, educación, religión, familiar, residencia, etc.) y poseen caracteres (sexo y edad) que orientan hacia la participación política o apartan de la misma. El voto expresa orientaciones de valor más que un conocimiento real del proceso político y del modo como éste condiciona o afecta los intereses particulares. El comportamiento electoral refleja preferencias por partidos más que por programas.

Del potencial electoral conformado por 36,8 millones de personas de 18 y más años, el 51,7 por ciento son mujeres y el 48,3 por ciento hombres. La alienación política difusa es más alta en las mujeres que en los hombres, de acuerdo con la encuesta de Cultura Política desarrollada por el Dane en 2017. El 27 por ciento de las mujeres registra un desinterés o ignorancia en temas políticos, en esta condición se encuentra el 22,5 por ciento de los hombres. En promedio y de forma similar, el 42,5 por ciento de hombres y mujeres declaran una preferencia por las opciones políticas de centro; el 11 por ciento por la izquierda y el 20 por ciento se identifican con las opciones ideológicas de derecha. Por la fuerte relación entre sentimiento religioso y opinión política, las mujeres tienden a ser más conservadoras que los hombres. Los hombres votan a partidos de izquierda en mayor proporción que las mujeres, y lo mismo a movimientos alternativos. La diferencia de voto entre hombres y mujeres puede explicarla la diversidad de género (a diferencia del sexo que viene determinado por la naturaleza, el género se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado).

Por grupos etarios, aquellos en edades entre 18 y 40 años se caracterizan por el predominio de un clima de izquierda. Los jóvenes son uno de los grupos que más se abstienen de votar y registran una gran fluidez en el sufragio, esto es, la tendencia a no ligarse demasiado al sistema de partidos y a ser psicológicamente libres de desplazar su voto de un partido a otro. Los mayores de 40 años tienden a registrar una mayor identificación con las ideologías de derecha en la medida en que se hacen más viejos. En las presidenciales de 2018-2022, se manifestó una profunda grieta y conflicto ideológico intergeneracional en Colombia. En el grupo etario de 18 a 25 años se encuentra el 17,4 por ciento del potencial electoral; de 26 a 40 años el 32,6 por ciento; de 41 a 64 años el 38,3 por ciento y de 65 y más años el 11,7 restante.

Existe una relación entre posición de clase y comportamiento del voto. Este concepto clasista del voto se encuentra asociado a la idea de los partidos como expresión de las clases sociales y a la imagen de las elecciones como traducción democrática de la lucha de clases. La fuerza de trabajo en Colombia se caracteriza por la alta informalidad, bajo nivel organizativo y de conciencia de clase, insuficientes ingresos, precariedad e inestabilidad laboral. De acuerdo con el Censo Sindical 2017, realizado por el Ministerio de Trabajo, la clase trabajadora organizada en sindicatos suma 1’424.048 afiliados (55% hombres y 45% mujeres), equivalente al 6,5 por ciento del total de la fuerza de trabajo (la cifra de la población ocupada en el país es de 22,1 millones y 2,3 millones se encuentran desempleados). El 95 de los sindicalistas expresó su compromiso de voto por la alianza de centro e izquierda; en consecuencia, si todos votaron entonces contribuyeron con 1,4 millones de votos a la candidatura Petro-Ángela María Robledo.

Los más pobres de la clase trabajadora conceden sus preferencias políticas a las fuerzas políticas que controlan el poder, el presupuesto público y los programas de subsidios sociales. Esto se explica por la existencia de un subproletariado que no se encuentra todavía en condiciones de madurar una conciencia de clase. La lucha por la supervivencia se reduce en parte a la competencia por las dádivas presidenciales (reales y simbólicas), lo cual guarda un efecto nocivo para la autoestima e identidad de las personas. Resulta poco frecuente que estos sujetos o las comunidades pobres que giran alrededor de la supervivencia logren arribar al ámbito político o desarrollen proyectos emancipadores. En general son susceptibles de vender el voto y de alimentar, de esta manera, el poder de facto clientelista y de cacicazgo local; engranaje de la maquinaria política.

En el lado opuesto, el interés principal de los empresarios es proteger el capital, pagar pocos impuestos, obtener dádivas del Estado, reprimir a los trabajadores y derrotar la resistencia popular, además de poder contar con ventajas comparativas para acrecentar las ganancias. En consecuencia, votan por programas autoritarios, conservadores, represivos y excluyentes: su fidelidad es con los partidos de derecha.

En las presidenciales de 2018, el Consejo Gremial Nacional (compuesto por los diferentes gremios más representativos de los sectores: industrial, servicios, agropecuario, financiero y comercial) garantizó su apoyo político y económico a la candidatura Duque-Ramírez. Además, de forma agresiva e intolerante los medios de comunicación de masas, pertenecientes a los grandes grupos económicos y financieros, dieron el respaldo a la alianza política de extrema derecha y arremetieron en contra de los candidatos de la alianza centro-izquierda. Los grandes empresarios, en alimón con los economistas áulicos del capital y el poder, no ahorraron energías para pintar un futuro apocalíptico y de crisis económica si ganaban los comicios presidenciales las fuerzas de centro e izquierda. Además, en las pequeñas y medianas empresas, en donde el control personal del empresario es más estricto, amenazando con el fantasma del despido, los dueños obligaron a “sus trabajadores” a que votaran por el candidato de la extrema derecha. En consecuencia, las fuerzas y partidos políticos configuran sistemas estructurales que traducen o convierten directamente los intereses sociales y económicos en poder político.

 

Territorios de la política

 

En Colombia, la localización geográfica del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos (Ver mapa). En las presidenciales de 2018-2022, la izquierda ganó en 8 departamentos y la derecha en 24. La izquierda triunfó en las ciudades de la Costa Caribe, el Occidente y el Sur en la frontera con Ecuador, el Valle y en la Capital. Bogotá fue fundamental para el resultado electoral de Petro-Ángela María Robledo, alcanzó casi 1’900.000 (53%). En la Costa Caribe, ganó en Atlántico con el 440.103 (54%) votos, de los cuales 242.473 los consiguió en Barranquilla; también se impuso en Sucre, con 440.103 (54%). Otro de los fortines electorales de la Colombia Humana fue la región Pacífico. En Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo, Petro y Ángela María recibieron el apoyo mayoritario de las comunidades; en el Valle el exalcalde de Bogotá obtuvo 885.289 (51%), de los cuales 446.477 los consiguió en Cali. En Nariño la alianza Centro-Izquierda también logró un apoyo mayoritario: 366.673 (63%); en Pasto el candidato de la Colombia Humana logró 115.459 (68%). El Cauca fue uno de los departamentos donde Petro sacó mayor diferencia de Duque: obtuvo 323.443 votos (65%). En la mayoría de estos territorios existe historia y memoria de luchas sociales por la tierra, por el trabajo digno, la autodeterminación, por servicios públicos y derechos humanos, y por el mismo derecho a la ciudad. En regiones de la llamada Colombia profunda, como Chocó y Vaupés, la izquierda también hizo mayoría.

El territorio colombiano registra las fracturas y antagonismos de clase, etnia y raza. La estructura agraria colombiana está estructurada por cuatro modos de producción y tipos de finca: i) latifundios ganaderos; ii) agro comerciales; iii) cafeteras, iv) minifundio. A esta estructura le corresponden las siguientes clases sociales: i) oligarquía terrateniente; ii) burguesía agro comercial; iii) clase media rural cafetera; iv) campesinado pobre, semiproletariado y pueblos originarios (indígenas y negros). Los últimos ocupan los territorios del andén pacífico, el Sur, la Amazonía y la Orinoquía. La oligarquía terrateniente, la burguesía agrocomercial y la clase media rural cafetera tienen una identidad ideológica, clasista y racial con los partidos de derecha y extrema derecha.


Bajo el principio “Paisa vota paisa”, las regiones de Antioquia y el Eje Cafetero son cuna de la hegemonía de la derecha y la extrema derecha: la influencia de las ideologías religiosas, el racismo, el individualismo capitalista, el culto al dinero y a la acumulación como sentido de vida, unido a la cultura patriarcal, provinciana y tradicional, explican esta identidad y solidaridad crónica. Otras regiones, como la frontera con Venezuela y el centro de Colombia, apoyaron significativamente la candidatura de Duque-Ramírez; en particular la xenofobia promovida por la derecha en contra del pueblo venezolano hizo mella en las zonas de frontera.

En Antioquia, Iván Duque logró 1’844.027 votos, 3,3 veces más que la alianza Centro-Izquierda; escenario similar al de la capital, Medellín, en la que obtuvo el 72,25% de los sufragios. En el Eje Cafetero, región compuesta por los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío, también la derecha arrasó en las urnas: en el primero, Duque obtuvo 257.267 votos, mientras que Petro consiguió 136.646; en Caldas, 283.920 votos, frente a los 121.476 de la Colombia Humana; en Quindío, 156.973, el doble de los 78.071 de Petro. El centro del país también favoreció a Duque-Ramírez: entre Tolima y Cundinamarca, el presidente electo recogió 1’037.978 votos. En Santander, Norte de Santander y Arauca, zonas fronterizas con Venezuela, tuvo a su vez gran acogida el discurso de la extrema derecha, teniendo en cuenta la cruenta presencia de la guerrilla y que durante la campaña la derecha llevó a cuestas una bandera que amenazó con que Colombia “se podía convertir” en la nación que hoy lidera Nicolás Maduro.

El mapa político también expresa el contubernio entre la avanzada de los ejércitos paramilitares, el modelo de gran hacienda, y el control de territorios por parte de los bastiones territoriales de las fuerzas políticas de derecha. En estas regiones confluyen dinámicas económicas, políticas e ideológicas, amalgamadas con el asesinato de líderes sociales y políticos de la oposición, el desplazamiento forzoso y la acumulación de tierras mediante el despojo.

 

 

En los consulados, el candidato de la derecha obtuvo el triunfo en los países norteamericanos. En los del sur (Brasil, Argentina, Cuba y Uruguay) la izquierda. En Europa y Rusia, también ganó la dupla Petro-Ángela María. En general, en el extranjero, la derecha obtuvo el 70 por ciento de los votos emitidos. La abstención de los nacionales que habitan en el extranjero alcanzó el 81 por ciento.

 

Derecha populista

 

El populismo hace parte de las ideologías de Estado en América Latina. Un rasgo esencial del populismo es su retórica dirigida a obtener el apoyo de los sectores desfavorecidos, a la par de su carácter manipulador para controlar a grupos de las clases media y popular. Pone gran énfasis en una sociedad “estado céntrica”. Sin embargo, gira esencialmente en torno a un estilo de política basado en el atractivo de personal de un líder y en la lealtad personal hacia éste, apuntalado en un elaborado sistema corporativista, clientelista y corrupto. La ideología populista es moralista, reaccionaria, conservadora y tradicional. La noción de conflicto de clases no forma parte del discurso populista. Glorifica más bien el papel del líder como protector de las masas. Tal estrategia política es mejor descrita como personalismo que como populismo. Bajo esta forma, tiene afinidades y conexiones con el fascismo. Esta es la caracterización del sistema político colombiano durante los últimos cinco períodos presidenciales; candidatos victoriosos, seleccionados, animados y controladas por el Centro Democrático bajo el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez.

Los resultados de las elecciones presidenciales registra esta confrontación entre el ahondamiento del status quo y las nuevas fuerzas libres que se manifestaron en el campo de batalla político. El resultado de la elección del presidente de la República de Colombia (2018-2022) expresó el antagonismo entre dos cosmovisiones y proyectos de país: de una parte, la defensa del status quo, esto es, la sociedad tradicional, herencia de la conquista y el pasado colonial que se reproduce de manera violenta y excluyente hasta nuestros días; de otra, el país que aspira a integrarse la postmodernidad del siglo XXI, respetuosa de la dignidad humana, la decencia, la pluralidad y la convivencia pacífica, la libertad y la democracia, incluyente y promotora de la armonía economía-naturaleza y del conocimiento creativo asociado a la cuarta revolución industrial.

 

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

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Sergio Ramírez: "el tiempo de Ortega se agotó; de que cae, cae"

Sergio Ramírez Mercado es un hombre que las ha visto de todos los colores. Escritor desde que nació, recientemente galardonado con el Premio Cervantes, Ramírez fue pieza angular al momento del triunfo de la revolución, el 19 de julio de 1979, y durante los 11 años que duraron los sandinistas en el poder, ya como vicepresidente.

Nunca se alejó de la política y se distanció rápidamente del neosandinismo implantado por su ex compañero de ruta Daniel Ortega, hoy presidente de Nicaragua. Pero se reivindica sandinista y no deja de lamentar que en la Nicaragua de hoy la figura del general Augusto C. Sandino no sea reconocida por la mayoría de opositores a Ortega.

Hombre tranquilo, reflexivo, Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) mira con no poca preocupación la profunda crisis que atraviesa su país desde el 18 de abril pasado. Son más de 200 muertos, más heridos y detenidos. Nada ni nadie parece capaz de detener a su ex amigo Ortega en su deriva destructora. Pero no pierde el ánimo ni la esperanza. Sostiene que "de que cae, cae". Lo que presentamos a continuación es una apretada síntesis de una extensa plática con este hombre que, además de multipremiado por su obra literaria, es amigo y colaborador asiduo de La Jornada desde hace muchos años.

–¿Qué está pasando en Nicaragua?

–Estamos viviendo dolores de parto, del nacimiento de un nuevo país, de una nueva realidad política que está emergiendo. El tiempo de Daniel Ortega se agotó. Mirando hacia el futuro no te podría decir cuánto tiempo dura más, pero mirando hacia el pasado te podría sí asegurar que no hay pasado, no hay retroceso al pasado. Es decir, reconstruir la situación en que estábamos antes de abril es imposible. Esa convivencia más o menos silenciosa, forzada, o medio a gusto, o gente que estaba a gusto, ya no existe más. Eso se rompió totalmente. Nosotros somos un país de apenas 6 millones de habitantes, aquí en dos meses se han matado 250 personas. Eso equivaldría en México, que tiene 120 millones de habitantes, a 30 mil, 40 mil muertos.

–¿Qué factores provocaron llegar a este punto?

–Yo creo que el mal cálculo que hizo Daniel Ortega con el uso que siempre acostumbró de las fuerzas represivas. Bajo la tesis absolutista de que las calles son del pueblo y cuando dice el pueblo quiere decir sus partidarios. Nadie podría aquí hacer una manifestación en una rotonda, desfilar por la calle por ninguna causa. Cualquier pequeña demostración, y eran pequeñas las demostraciones aquí, 20-30 personas que se ponían a protestar por el fraude, por ejemplo, en las elecciones municipales. Sus huestes paramilitares llegaban a golpear a la gente, a dispersarla a cadenazos, a garrotazos, con la policía siempre que se paraba ahí a contemplar nada más el trabajo sucio que hacían estas fuerzas y así hicieron famoso al movimiento Ocupa Inns que salió a defender a los viejitos que les quitaban las pensiones y llegaron las mismas turbas una noche, se llevaron, golpearon a los muchachos, tuvieron que ir a refugiarse en la Catedral, les robaron las computadoras, los celulares, estas mismas turbas lumpen. Disfrazadas de fuerzas paramilitares o vestidas como fuerzas paramilitares. Entonces, yo creo que cuando se producen estos hechos del 18 de abril, que sin consultar con nadie el gobierno decreta un 5 por ciento de gravamen a las pensiones de la gente mayor y sube las cuotas patronales y las cuotas laborales, salen los muchachos después de que en la ciudad de León golpearon a un señor mayor

Ese video de este hombre ya viejo, garroteado, ensangrentado en el suelo, se vuele viral. Salen los muchachos de la Universidad de Managua. Vuelven estas turbas. Los golpean, pero ya no se retiran. Llegan más, se arma la trifulca. Y entonces la protesta comienza a crecer y a crecer y comienzan a matar. El momento en que se produce el primer muerto es el fin de este régimen.

–¿Por qué un hombre como Daniel Ortega decide tomar esa deriva?

–Por la absoluta confianza que tiene en él mismo, en su poder. Ponte en la posición de alguien que controla el Poder Judicial, que se supone que controla el ejército, controla la policía, las fuerzas paramilitares, controla al fiscal del Estado, al procurador del Estado, a la Contraloría de Cuentas, controla la Asamblea Nacional y entonces empiezan las represiones. Es un acto natural del poder absoluto y la bola de nieve comienza a crecer y él no se detiene. No sé si por soberbia, por mal entendimiento de lo que está ocurriendo, pero ya no comienzas a entender cuando hay 30 muertos en tres días. Y entonces sigue la represión y la gente sigue saliendo a las calles y yo creo que hay una cosa que él no percibe, que son unos carteles que a mí mucho me llaman la atención. Yo estaba en España en lo del Premio Cervantes y veo a un muchacho que enarbolaba una pancarta que decía: "nos han quitado tanto, que nos quitaron hasta el miedo". Yo dije en ese momento que todo cambió en Nicaragua, y cuando se pierde el miedo no hay ya nada que hacer.

–¿Qué tan importante es el rol que juega Rosario Murillo?

–Yo creo que desde que llegó al poder Daniel Ortega se complacía mucho en decir: "yo tengo el 50 por ciento del poder y las mujeres tienen el otro 50. Mi mujer tiene el 50 por ciento del poder". Entonces, pues ella era jefa de comunicación. Después se pasó al gabinete de gobierno, a manejar el partido, él le entregó también el riel del partido. Destruyó el partido tal como había sido heredado, el partido que tenía órganos de gobierno, eso se acabó. Se volvió un partido clientelista, sin estructuras, hecho a la medida de lo que ella pensaba, que era la forma de administrar el poder. Echaron a mucha gente de los cuadros históricos tradicionales. Era un manera de demostrar "yo estoy aquí".

–La OEA se pronunció sobre la crisis en Nicaragua y primero conocimos el informe de la CIDH. Eso, ¿en qué perjudica o beneficia a Daniel Ortega?

–Yo veo a Daniel como un jugador en una mesa de póker que en la mano no le ha tocado un solo as ni una sola reina. Entonces está jugando con cartas de muy baja denominación, está jugando con muy pocas oportunidades. La correlación de fuerzas, como nos gustaba decir antes, se volteó en contra suya. Tenía un pacto con una empresa privada muy fructífero para él y para la empresa privada por supuesto también. Controlaba férreamente las universidades, al punto que a mí no me dejaban entrar en una. La universidad donde yo me gradué estaba vedada para mí porque estaba bajo un férreo control político. Controlaba las universidades, los poderes públicos, el ejército, la policía, el pacto con la empresa privada, la sociedad civil pasiva. Y hoy de todas esas cartas no le queda ninguna. ¿Qué le queda? La policía y los paramilitares, porque con el ejército yo no creo que cuente.

–¿La ayuda de Venezuela era tan vital?

–Bueno, eso también es un antecedente que no hay que perder de vista. Él recibía de Venezuela unos 600 millones de dólares al año libres de polvo y paja, porque tenía el yunque de crédito a largo a plazo y la cuenta petrolera se pagaba la mitad al contado y la mitad con un crédito a 50 años. Ahora Nicaragua tiene que comprar el petróleo al precio de mercado, y es un drenaje constante de las reservas que están cayendo, porque además los retiros bancarios se están multiplicando. El más reciente informe revela que hay 10 u 11 por ciento de retiros bancarios que están sobre todos los depósitos en dólares. Entonces la gente está quedándose con liquidez, es decir, con el dinero en el colchón o sacándolo. Eso provoca que los bancos estén comenzando a entrar en crisis, ¿por qué?, porque no van a tener capacidad crediticia y el Banco Central va a tener cada vez más reservas. El desempleo está creciendo de manera brutal, la pequeña y mediana empresa está cerrando, están cerrando hoteles, hostales, restaurantes, bares, toda la industria turística se fue al carajo. Y la pequeña y mediana empresa textil, todo lo que significa la actividad económica está totalmente en el desastre más grande.

–Mañana se va Daniel Ortega, ¿qué pasa el día después?

–Pues mira, aquí se juega mucho con la idea de la inestabilidad, del vacío de poder, de la anarquía, y eso es un uy uy uy para asustar a la gente, me parece. Yo creo que aquí la política tradicional de Estados Unidos, que es un jugador en este tablero, ellos a lo largo del siglo XX si tú revisas la historia, siempre han estado aquí, metidos en la situación política interna, hay una frase que lo define: "la búsqueda de la estabilidad", y yo he dicho no, hay que hacer una transición suave, porque si no viene la anarquía. Si Ortega reconoce: "bueno, yo me voy el año que viene en marzo, yo voy a ser candidato" olvídate que ese círculo que está alrededor de él comienza a correr por su vida

“Porque toda esta gente que viene aquí quiere buscar culpables, y yo no quiero ser culpable, yo no quiero que me juzguen, ¿no? Entonces, ¿cuándo va a anunciar él realmente que tiene este compromiso? Pues todo te hace ver que ese compromiso ya fue establecido.

“La otra cosa que creo es que Estados Unidos pretende que Ortega se quede, que en marzo se haga la transición ordenada de poder. Y entonces Ortega le traspase la banda presidencial al que gane en elecciones libres, limpias y justas. Eso está muy bien como teoría. Yo tengo esa experiencia porque a mí me tocó negociar personalmente con el embajador estadunidense, enviado especial del presidente Carter, la salida suave de Somoza. Cuántas veces no me senté con el embajador, a solas, los dos, y él me decía: "es que tiene que ser transición pacífica, nosotros vamos a reconocer a la Junta de Gobierno de la que usted es parte, pero queremos que el presidente Somoza renuncie formalmente, le traspase la banda presidencial al vicepresidente Urcuyo, el vicepresidente se la entrega a monseñor Obando y Bravo, y él se las entrega a ustedes". Está bien, le digo, pero lo importante es que nos van a entregar la banda presidencial a la Junta de Gobierno, es decir, ahí va a haber una transición de poder. Cualquiera que sea la ideología del presidente que se va, ahora es la primera vez que vamos a ver en la historia que Estados Unidos es parte de la transición de un presidente que se dice revolucionario. Eso es una novedad.

–Usted conoce a Daniel muy bien: ¿lo cree capaz de llegar eventualmente a marzo, o lo cree más capaz de inmolarse?

–Yo creo que Daniel Ortega va a hacer lo que las circunstancias y las presiones determinen. Si no es lo que él quiera, es decir, si él pudiera se queda hasta 2021. Pero no, es que las circunstancias son las que están mandando ahorita.

–Hablando de elecciones, no son pocos en este país los que apuntan a Sergio Ramírez como un eventual candidato presidencial.

–Eso es una broma, ¿no? Mirá yo creo que en este país tiene que haber un relevo generacional. El relevo generacional está atrasado. Estamos gobernados por un hombre de 73 años, eso no puede ser. Aquí hay generaciones que se han quemado solas sin tener esa oportunidad del relevo natural que debe haber en la vida. Entonces allí, en esa mesa del diálogo, hay gente súper capaz, joven. Por eso lo que yo te decía antes, un gobierno provisional aquí no es posible organizarlo y para que no haya anarquía, para que no haya vacío, claro que se puede. El gobierno ahí está. Yo te podría mencionar 10 o 15 nombres que te formarían un gobierno de lujo, que le daría estabilidad al país, con inteligencia política, con capacidad técnica para manejar la economía y los asuntos sociales. Es decir, existe ese relevo de manera que es a lo que yo aspiro, es mi consejo. Si me lo piden, yo lo daré con mucho gusto, pero desde la luneta.

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Lunes, 25 Junio 2018 17:10

El alma nacional al desnudo

El alma nacional al desnudo

El presente artículo examina el comportamiento del voto en la segunda y última vuelta para elegir presidente en Colombia, y los factores que determinan los resultados agregados. Intenta explicar la profunda fractura y antagonismo intergeneracional, clasista, ideológico, axiológico, étnico y territorial que se manifestó en estos comicios. Con base en el análisis de las relaciones entre los datos sobre la composición social y los conjuntos de abstención y votos válidos, se busca establecer la relación entre características sociales y comportamiento electoral individual.

 

Como una prolongación de una constante histórica, el proclamado derecho de la soberanía popular dio la victoria, una vez más, a las nefandas coaliciones políticas de derecha y extrema derecha, representantes del “establishment” (élite dueña del poder o clase dominante). El total del potencial electoral sumó 36,8 millones: 19 millones mujeres y 17,8 millones hombres. Iván Duque y Martha Lucía Ramírez obtuvieron 10,3 millones de votos, esto es, el 53,98 por ciento de los sufragios válidos. La alianza entre el centro y la izquierda, representados por Gustavo Petro y Ángela María Robledo, obtuvieron 8 millones de votos, 41,81 por ciento de las decisiones de los electores por candidatos. La mitad del potencial electoral no se comprometió con ninguna de las opciones políticas: abstención 47 por ciento, voto en blanco 2,2 por ciento y votos nulos o no marcados 0,8 por ciento.
Los resultados se muestran en el gráfico 1.

 

 

Marco del análisis

 

Los estudios del comportamiento electoral se fundamentan en dos métodos y dos enfoques. Los métodos son el ecológico (correlaciones entre la fuerza de los partidos en zonas geográficas limitadas y las características demográficas, culturales, ambientales y económicas de las mismas zonas), y el de encuestas o muestras representativas de individuos particulares con un amplio número de atributos sociales, ideológicos, laborales y cosmovisiones de los mismos sujetos.

Al considerar la orientación y el énfasis puesto en el estudio del comportamiento electoral se cuenta con dos enfoques: sociológico (causas de la opción de voto en la condición existencial de la persona: grupos, estratos, clases, raza, etnias, entorno geopolítico, cultura y religión) e individuales o de características personales (genéticas, psicológico-cognitivas y carácter, etaria, familia, sexo, educación y profesión).

Modelo analítico. Elinor Ostrom (1933-2012), primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía 2009, estudió la complejidad e incertidumbre de la realidad social a partir de la comprensión de la naturaleza y evolución de las instituciones. Con este fin, construyó el programa de Análisis y desarrollo institucional (ADI).

Las instituciones son prescripciones que los seres humanos usamos para organizar todas las formas de interacciones repetidas y estructuradas. Ostrom construyó el concepto de “situación de acción”, integrado por las siguientes variables: el grupo de participantes; las posiciones que ocupan los participantes; los resultados potenciales; el conjunto de acciones posibles; el grado de control; la información de que disponen, y los costos y beneficios que se asignan a acciones y resultados. Las normas de comportamiento reflejan las valoraciones que los individuos otorgan a acciones o estrategias. Entre los rasgos de una comunidad que influyen en los campos de acción, Ostrom resalta los valores de comportamiento aceptados en la comunidad, el nivel de entendimiento común que los participantes potenciales comparten (o no comparten y los conduce a la unidad de lo antagónico) sobre la estructura de un campo de acción particular, en qué medida existe la homogeneidad en las preferencias de quienes viven en una comunidad, el tamaño y estratificación socio-económica de la comunidad en cuestión y la profundidad de las desigualdades respecto a activos, bienes y servicios básicos entre las personas afectadas. El marco ADI ayuda a organizar las capacidades de diagnóstico, análisis y prescripción (Figura 1).

 

Análisis del voto

 

Historia. La sociedad colombiana es jerárquica, autoritaria, excluyente y tradicional. Una clase y minoría étnica sustenta y legitima su supremacía económica, política e ideológica por descender de los invasores europeos. Esta forma de violencia institucionalizada no fue quebrada con la proclamación de la independencia de Colombia del Imperio Español en 1810. Por el contrario, durante los siglos XIX y XX, llegando hasta nuestros días, la marginación racista o étnica, la opresión y explotación clasista y la criminalidad del Estado contra la población registran una presencia central como criterio de dominación económica, política, jurídica, cultural y territorial. El modelo económico se caracteriza por la expoliación de los recursos naturales, la abusiva concentración del ingreso y la riqueza, la reproducción intergeneracional de las condiciones de pobreza extrema en amplios sectores populares (mediante el control político disfrazado de subsidios al consumo) y por una situación laboral indigna e inestable y de abyecta explotación de la fuerza de trabajo (Gráficos 2 y 3).

 

       

 

Durante la Colonia y el período Republicano el poder del clero y del ejército se mantiene intacto. Las fuerzas armadas operan como “guardia pretoriana” de la clase dominante y del gran capital criollo y transnacional, fungen, en complemento, como un ejército de ocupación interna y de control del territorio nacional; constituyen, además, un poder político de facto. La iglesia católica y las sectas cristianas y evangélicas han estimulado la sumisión de la población colombiana, profundizando ésta mediante el mandamiento de la obediencia, una actitud de sacrificio, tendencias a la resignación y promoviendo personalidades sectarias, dogmáticas, reaccionarias y llenas de odio hacia el diferente o quienes cuestionen la tradición. En 2018, como prolongación de un periodo que se suponía ya superado, las variopintas ideologías religiosas se aliaron con la caterva de partidos políticos de la extrema derecha, expresión de la oligarquía lumpen, corrupta y clientelista, y les aportaron 2,5 millones de votos canalizados a través de sus propias organizaciones políticas y bases electorales.

Es una historia de rígidos controles sociales y manipulación clientelista, con el uso de la violencia más extrema, de ser necesario. “Matar comunistas no es pecado; matar comunistas es legal”, consigna oficializada por el establishment y las jerarquías de la iglesia. En ello, el principio: un ciudadano o ciudadana un voto es de reciente conquista en Colombia, consecuencia de una larga lucha social y política. En aplicación de la reforma de 1910, en 1914 fue la primera vez, desde 1860 cuando se crearon formalmente los partidos políticos, que se eligió al Presidente de la República (1914-1918) mediante sufragio directo. Sólo podían ejercer el sufragio los varones mayores de 21 años, letrados y adinerados de los grupos de poder. Ganó en aquella elección el candidato conservador José Vicente Concha; el número de votantes sumó 337.469. En 1938 fue la primera elección presidencial en la que los votantes varones no requirieron de condiciones de renta o ilustración para ejercer el sufragio, en cumplimiento de la reforma constitucional impulsada en 1936. En 1958, después de nueve años de no efectuarse comicios presidenciales en Colombia, por primera vez las mujeres participaron en la elección de Presidente de la República, gracias al derecho a sufragar mediante el Acto Legislativo Nº 3 de 1954.

En esta misma historia institucional de la política colombiana, durante el último siglo, el promedio de la abstención ha sido de 52 por ciento respecto al potencial electoral, y el voto por los candidatos de izquierda de 13 por ciento. En 2018, la cantidad de colombianos que se manifestaron en las urnas superó por vez primera al abstencionismo. El espíritu democrático y la responsabilidad cívica se fortalecieron; la participación política alcanzó 53 por ciento del potencial electoral. El fin parcial del conflicto armado contribuyó a esta evolución ciudadana. El abstencionismo cayó 12,3 puntos porcentuales respecto a las elecciones presidenciales anteriores (2014: 59,3% versus 2018: 47%).

La abstención refleja dos actitudes diferentes de la ciudadanía: una consciente y otra ocasionada por una alienación política difusa. Para la primera, el voto no pasa de ser un instrumento de legitimación del sistema y de enmascaramiento de los antagonismos reales y de los conflictos existentes en la sociedad; de hecho, las instituciones democráticas, que se encuentran en forma embrionaria, han sufrido continuas violaciones por parte de la clase dominante, fraudes y reveses.

La alienación política difusa expresa el desinterés por los problemas políticos y sociales, la gente se considera incompetente y estima inútil intervenir, existe una orientación pasiva frente a la autoridad, la identificación partidista es escasa y el sentido de eficacia política es muy limitado. Esta caracterización puede aplicarse a los grupos sociales más implicados en el abstencionismo: los más jóvenes y los más ancianos, las mujeres dedicadas a los oficios del hogar, los más pobres y los desempleados, los trabajadores informales y del sector terciario, los que viven en zonas rurales, en los cinturones de miseria de las grandes ciudades, en áreas no politizadas y en espacios sometidos a la violencia, al crimen político, al despojo y el desplazamiento forzado, y los que tienen un nivel educativo bajo.

En Colombia, la izquierda ha sido agredida y sometida a la ilegalidad, el ostracismo, el vituperio y a la exclusión de los procesos políticos. En las ocasiones en que la hegemonía dueña del poder le ha permitido participar en elecciones sólo ha obtenido una votación favorable y significativa cuando se presenta en alianza o coaliciones con partidos o movimientos de centro o liberales de izquierda: en 1922 cuando apoyó al general de la Guerra de los Mil Días, Benjamín Herrera (La victoria la obtuvo Pedro Nel Ospina, hijo del expresidente Mariano Ospina Rodríguez); en 1946 con la candidatura de Jorge Eliécer Gaitán, representante de facción socialista del partido liberal (triunfó Mariano Ospina Pérez, sobrino y nieto de expresidentes); en 1962 con el apoyo a la Anapo; en 2006 con el Polo Democrático Alternativo y en 2018 con la alianza entre los movimientos y partidos de centro e izquierda: Colombia Humana, Verde, UP y un sector del Polo. En 2018, por primera vez en la historia política, la izquierda colombiana fue opción de gobierno; por ello todas las fuerzas políticas del establishment, las más corruptas, clientelistas y mafiosas, se unieron para impedirlo.

 

Sujetos de la política

 

Los individuos están insertados en un tejido de fuerzas sociales, histórico y espacial (status racial, económico, educación, religión, familiar, residencia, etc.) y poseen caracteres (sexo y edad) que orientan hacia la participación política o apartan de la misma. El voto expresa orientaciones de valor más que un conocimiento real del proceso político y del modo como éste condiciona o afecta los intereses particulares. El comportamiento electoral refleja preferencias por partidos más que por programas.

Del potencial electoral conformado por 36,8 millones de personas de 18 y más años, el 51,7 por ciento son mujeres y el 48,3 por ciento hombres. La alienación política difusa es más alta en las mujeres que en los hombres, de acuerdo con la encuesta de Cultura Política desarrollada por el Dane en 2017. El 27 por ciento de las mujeres registra un desinterés o ignorancia en temas políticos, en esta condición se encuentra el 22,5 por ciento de los hombres. En promedio y de forma similar, el 42,5 por ciento de hombres y mujeres declaran una preferencia por las opciones políticas de centro; el 11 por ciento por la izquierda y el 20 por ciento se identifican con las opciones ideológicas de derecha. Por la fuerte relación entre sentimiento religioso y opinión política, las mujeres tienden a ser más conservadoras que los hombres. Los hombres votan a partidos de izquierda en mayor proporción que las mujeres, y lo mismo a movimientos alternativos. La diferencia de voto entre hombres y mujeres puede explicarla la diversidad de género (a diferencia del sexo que viene determinado por la naturaleza, el género se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado).

Por grupos etarios, aquellos en edades entre 18 y 40 años se caracterizan por el predominio de un clima de izquierda. Los jóvenes son uno de los grupos que más se abstienen de votar y registran una gran fluidez en el sufragio, esto es, la tendencia a no ligarse demasiado al sistema de partidos y a ser psicológicamente libres de desplazar su voto de un partido a otro. Los mayores de 40 años tienden a registrar una mayor identificación con las ideologías de derecha en la medida en que se hacen más viejos. En las presidenciales de 2018-2022, se manifestó una profunda grieta y conflicto ideológico intergeneracional en Colombia. En el grupo etario de 18 a 25 años se encuentra el 17,4 por ciento del potencial electoral; de 26 a 40 años el 32,6 por ciento; de 41 a 64 años el 38,3 por ciento y de 65 y más años el 11,7 restante.

Existe una relación entre posición de clase y comportamiento del voto. Este concepto clasista del voto se encuentra asociado a la idea de los partidos como expresión de las clases sociales y a la imagen de las elecciones como traducción democrática de la lucha de clases. La fuerza de trabajo en Colombia se caracteriza por la alta informalidad, bajo nivel organizativo y de conciencia de clase, insuficientes ingresos, precariedad e inestabilidad laboral. De acuerdo con el Censo Sindical 2017, realizado por el Ministerio de Trabajo, la clase trabajadora organizada en sindicatos suma 1’424.048 afiliados (55% hombres y 45% mujeres), equivalente al 6,5 por ciento del total de la fuerza de trabajo (la cifra de la población ocupada en el país es de 22,1 millones y 2,3 millones se encuentran desempleados). El 95 de los sindicalistas expresó su compromiso de voto por la alianza de centro e izquierda; en consecuencia, si todos votaron entonces contribuyeron con 1,4 millones de votos a la candidatura Petro-Ángela María Robledo.

Los más pobres de la clase trabajadora conceden sus preferencias políticas a las fuerzas políticas que controlan el poder, el presupuesto público y los programas de subsidios sociales. Esto se explica por la existencia de un subproletariado que no se encuentra todavía en condiciones de madurar una conciencia de clase. La lucha por la supervivencia se reduce en parte a la competencia por las dádivas presidenciales (reales y simbólicas), lo cual guarda un efecto nocivo para la autoestima e identidad de las personas. Resulta poco frecuente que estos sujetos o las comunidades pobres que giran alrededor de la supervivencia logren arribar al ámbito político o desarrollen proyectos emancipadores. En general son susceptibles de vender el voto y de alimentar, de esta manera, el poder de facto clientelista y de cacicazgo local; engranaje de la maquinaria política.

En el lado opuesto, el interés principal de los empresarios es proteger el capital, pagar pocos impuestos, obtener dádivas del Estado, reprimir a los trabajadores y derrotar la resistencia popular, además de poder contar con ventajas comparativas para acrecentar las ganancias. En consecuencia, votan por programas autoritarios, conservadores, represivos y excluyentes: su fidelidad es con los partidos de derecha.

En las presidenciales de 2018, el Consejo Gremial Nacional (compuesto por los diferentes gremios más representativos de los sectores: industrial, servicios, agropecuario, financiero y comercial) garantizó su apoyo político y económico a la candidatura Duque-Ramírez. Además, de forma agresiva e intolerante los medios de comunicación de masas, pertenecientes a los grandes grupos económicos y financieros, dieron el respaldo a la alianza política de extrema derecha y arremetieron en contra de los candidatos de la alianza centro-izquierda. Los grandes empresarios, en alimón con los economistas áulicos del capital y el poder, no ahorraron energías para pintar un futuro apocalíptico y de crisis económica si ganaban los comicios presidenciales las fuerzas de centro e izquierda. Además, en las pequeñas y medianas empresas, en donde el control personal del empresario es más estricto, amenazando con el fantasma del despido, los dueños obligaron a “sus trabajadores” a que votaran por el candidato de la extrema derecha. En consecuencia, las fuerzas y partidos políticos configuran sistemas estructurales que traducen o convierten directamente los intereses sociales y económicos en poder político.

 

Territorios de la política

 

En Colombia, la localización geográfica del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos (Ver mapa). En las presidenciales de 2018-2022, la izquierda ganó en 8 departamentos y la derecha en 24. La izquierda triunfó en las ciudades de la Costa Caribe, el Occidente y el Sur en la frontera con Ecuador, el Valle y en la Capital. Bogotá fue fundamental para el resultado electoral de Petro-Ángela María Robledo, alcanzó casi 1’900.000 (53%). En la Costa Caribe, ganó en Atlántico con el 440.103 (54%) votos, de los cuales 242.473 los consiguió en Barranquilla; también se impuso en Sucre, con 440.103 (54%). Otro de los fortines electorales de la Colombia Humana fue la región Pacífico. En Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo, Petro y Ángela María recibieron el apoyo mayoritario de las comunidades; en el Valle el exalcalde de Bogotá obtuvo 885.289 (51%), de los cuales 446.477 los consiguió en Cali. En Nariño la alianza Centro-Izquierda también logró un apoyo mayoritario: 366.673 (63%); en Pasto el candidato de la Colombia Humana logró 115.459 (68%). El Cauca fue uno de los departamentos donde Petro sacó mayor diferencia de Duque: obtuvo 323.443 votos (65%). En la mayoría de estos territorios existe historia y memoria de luchas sociales por la tierra, por el trabajo digno, la autodeterminación, por servicios públicos y derechos humanos, y por el mismo derecho a la ciudad. En regiones de la llamada Colombia profunda, como Chocó y Vaupés, la izquierda también hizo mayoría.

El territorio colombiano registra las fracturas y antagonismos de clase, etnia y raza. La estructura agraria colombiana está estructurada por cuatro modos de producción y tipos de finca: i) latifundios ganaderos; ii) agro comerciales; iii) cafeteras, iv) minifundio. A esta estructura le corresponden las siguientes clases sociales: i) oligarquía terrateniente; ii) burguesía agro comercial; iii) clase media rural cafetera; iv) campesinado pobre, semiproletariado y pueblos originarios (indígenas y negros). Los últimos ocupan los territorios del andén pacífico, el Sur, la Amazonía y la Orinoquía. La oligarquía terrateniente, la burguesía agrocomercial y la clase media rural cafetera tienen una identidad ideológica, clasista y racial con los partidos de derecha y extrema derecha.


Bajo el principio “Paisa vota paisa”, las regiones de Antioquia y el Eje Cafetero son cuna de la hegemonía de la derecha y la extrema derecha: la influencia de las ideologías religiosas, el racismo, el individualismo capitalista, el culto al dinero y a la acumulación como sentido de vida, unido a la cultura patriarcal, provinciana y tradicional, explican esta identidad y solidaridad crónica. Otras regiones, como la frontera con Venezuela y el centro de Colombia, apoyaron significativamente la candidatura de Duque-Ramírez; en particular la xenofobia promovida por la derecha en contra del pueblo venezolano hizo mella en las zonas de frontera.

En Antioquia, Iván Duque logró 1’844.027 votos, 3,3 veces más que la alianza Centro-Izquierda; escenario similar al de la capital, Medellín, en la que obtuvo el 72,25% de los sufragios. En el Eje Cafetero, región compuesta por los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío, también la derecha arrasó en las urnas: en el primero, Duque obtuvo 257.267 votos, mientras que Petro consiguió 136.646; en Caldas, 283.920 votos, frente a los 121.476 de la Colombia Humana; en Quindío, 156.973, el doble de los 78.071 de Petro. El centro del país también favoreció a Duque-Ramírez: entre Tolima y Cundinamarca, el presidente electo recogió 1’037.978 votos. En Santander, Norte de Santander y Arauca, zonas fronterizas con Venezuela, tuvo a su vez gran acogida el discurso de la extrema derecha, teniendo en cuenta la cruenta presencia de la guerrilla y que durante la campaña la derecha llevó a cuestas una bandera que amenazó con que Colombia “se podía convertir” en la nación que hoy lidera Nicolás Maduro.

El mapa político también expresa el contubernio entre la avanzada de los ejércitos paramilitares, el modelo de gran hacienda, y el control de territorios por parte de los bastiones territoriales de las fuerzas políticas de derecha. En estas regiones confluyen dinámicas económicas, políticas e ideológicas, amalgamadas con el asesinato de líderes sociales y políticos de la oposición, el desplazamiento forzoso y la acumulación de tierras mediante el despojo.

 

 

En los consulados, el candidato de la derecha obtuvo el triunfo en los países norteamericanos. En los del sur (Brasil, Argentina, Cuba y Uruguay) la izquierda. En Europa y Rusia, también ganó la dupla Petro-Ángela María. En general, en el extranjero, la derecha obtuvo el 70 por ciento de los votos emitidos. La abstención de los nacionales que habitan en el extranjero alcanzó el 81 por ciento.

 

Derecha populista

 

El populismo hace parte de las ideologías de Estado en América Latina. Un rasgo esencial del populismo es su retórica dirigida a obtener el apoyo de los sectores desfavorecidos, a la par de su carácter manipulador para controlar a grupos de las clases media y popular. Pone gran énfasis en una sociedad “estado céntrica”. Sin embargo, gira esencialmente en torno a un estilo de política basado en el atractivo de personal de un líder y en la lealtad personal hacia éste, apuntalado en un elaborado sistema corporativista, clientelista y corrupto. La ideología populista es moralista, reaccionaria, conservadora y tradicional. La noción de conflicto de clases no forma parte del discurso populista. Glorifica más bien el papel del líder como protector de las masas. Tal estrategia política es mejor descrita como personalismo que como populismo. Bajo esta forma, tiene afinidades y conexiones con el fascismo. Esta es la caracterización del sistema político colombiano durante los últimos cinco períodos presidenciales; candidatos victoriosos, seleccionados, animados y controladas por el Centro Democrático bajo el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez.

Los resultados de las elecciones presidenciales registra esta confrontación entre el ahondamiento del status quo y las nuevas fuerzas libres que se manifestaron en el campo de batalla político. El resultado de la elección del presidente de la República de Colombia (2018-2022) expresó el antagonismo entre dos cosmovisiones y proyectos de país: de una parte, la defensa del status quo, esto es, la sociedad tradicional, herencia de la conquista y el pasado colonial que se reproduce de manera violenta y excluyente hasta nuestros días; de otra, el país que aspira a integrarse la postmodernidad del siglo XXI, respetuosa de la dignidad humana, la decencia, la pluralidad y la convivencia pacífica, la libertad y la democracia, incluyente y promotora de la armonía economía-naturaleza y del conocimiento creativo asociado a la cuarta revolución industrial.

 

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

Publicado enEdición Nº247