Jueves, 09 Febrero 2012 17:15

Taiwán, monumento a la realpolitik

Las elecciones celebradas en Taiwán el pasado 14 de enero produjeron idéntico alivio en Taipei, Beijing y Washington. El presidente saliente, Ma Ying-jeou, ferviente partidario del acercamiento a China continental, fue reelecto por cómoda mayoría, lo que garantiza la estabilidad regional. Ni los empresarios ni la clase media desean aventuras.

Romney: La nación del uno por ciento ante Dios

A pesar de que Mitt Romney aún no ganó por una mayoría de votos en ninguna de las elecciones primarias republicanas realizadas hasta el momento, logró una gran victoria en Florida. Luego de que el candidato y los Comités de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés) que lo apoyan inundaran las emisoras de radio con anuncios que costaron millones de dólares en un estado donde prácticamente la mitad de los propietarios están atormentados por las deudas hipotecarias, Romney anunció explícitamente a quién quiere representar. Dijo en entrevista con la periodista de CNN Soledad O’Brien: “Escucharemos al Partido Demócrata hablar de los problemas que afligen a los pobres y es cierto que no es lindo ser pobre, y tenemos una red de contención para ayudar a los más pobres. Mi campaña está dirigida a los estadounidenses de clase media. Uno elige en qué centrará su campaña. Puede centrar la atención en los ricos, ese no es mi enfoque; puede centrar la atención en los más pobres, tampoco es mi enfoque. Me interesa dirigirme a los estadounidenses de clase media”. Romney nos asegura que “Mi interés no es dirigirme a los ciudadanos extremandamente ricos, a ellos ya les va muy bien”. Él ha de saberlo perfectamente, ya que posee una fortuna personal de 250 millones de dólares.

 
Su propia campaña está muy bien financiada, pero su éxito hasta el momento, en particular frente a su principal rival Newt Gingrich, es el resultado de grandes inyecciones de dinero a los denominados súper PAC, la nueva clase de comités de acción política que pueden recibir una cantidad ilimitada de fondos de particulares y empresas. Los súper PAC tienen prohibido por ley coordinar sus actividades con la campaña de un candidato. Registros de la Comisión Federal Electoral publicados el 31 de enero revelan que el principal PAC que apoya a Romney, Restore Our Future (Restaurar nuestro futuro), recaudó alrededor de 18 millones de dólares en el segundo semestre de 2011 a través de aportes de tan solo 199 donantes. Entre ellos se encuentran Alice Walton, que si bien figura en el informe como “estanciera”, es más conocida por ser la heredera de la fortuna de Wal-Mart, y el famoso inversionista de capitales de riesgo y multimillonario Samuel Zell, el hombre a quien se le atribuye haber llevado a la quiebra a la empresa de medios Tribune. William Koch, el tercero de los famosos hermanos Koch, también donó dinero al súper-PAC de Romney.
 

Comparemos esos 199 donantes con el número de personas que viven en la pobreza en Estados Unidos. Según las cifras más recientes del Departamento de Censo de Estados Unidos, 46,2 millones de personas vivían en la pobreza en 2010, un 15,1 por ciento de la población de Estados Unidos, el mayor porcentaje en los 52 años desde que estas cifras comenzaron a publicarse. 2010 resultó ser el cuarto año consecutivo en que se registró un aumento anual de la cantidad de personas que viven en la pobreza en este país.

 
En el discurso que pronunció tras su victoria en New Hampshire, Romney afirmó: “El país ya tiene un líder que nos divide mediante la política resentida de la envidia. Tenemos que ofrecer una visión alternativa. Estoy preparado para conducir a este país por un camino diferente, donde seamos impulsados por nuestro deseo de triunfar, en lugar de que nos hunda el resentimiento al éxito.”.

 
A la mañana siguiente, el periodista de NBC Matt Lauer increpó a Romney: “¿Ud. quiere decir que cualquiera que cuestione las políticas y las prácticas de Wall Street y de las instituciones financieras, cualquiera que tenga dudas acerca de la distribución de la riqueza y del poder en este país es envidioso? ¿Se trata de envidia o se trata de justicia?” Romney reafirmó su postura y fue aún más lejos: “Creo que se trata de envidia. Creo que se trata de lucha de clases. El hecho de que el presidente aliente la idea de dividir a Estados Unidos sobre la base del 99 por ciento contra el 1 por ciento, teniendo en cuenta que las personas que han sido más exitosas son las que están dentro del 1 por ciento, generó un nueva visión de este país que es completamente inconsistente con el concepto de que somos una sola nación ante Dios”.
 

¿Y no tener ninguna consideración por los más pobres es consistente? Romney se confunde al criticar al Presidente Obama y al movimiento Occupy Wall Street. Dejemos de lado por un momento que Occupy Wall Street es en general muy crítico del Presidente Obama y en particular de algunos de sus funcionarios, como el secretario del Tesoro Timothy Geithner (quién pasó de pertenecer al Partido Republicano a ser independiente para poder estar en el gobierno de Obama, pero cuyas posturas políticas permanecieron intactas), y el ex asesor económico Larry Summers. Romney evidentemente no tiene idea de qué se trata el movimiento Occupy Wall Street si cree que las decenas de miles de personas que protestan y que a menudo deben enfrentar violencia policial y corren el riesgo de ser arrestados, están allí por envidia. Como planteó Matt Lauer en su pregunta: se trata de justicia.
 

En el mismo discurso pronunciado en New Hampshire, Romney afirmó: “El Presidente Obama quiere transformar a Estados Unidos; nosotros queremos restaurar a Estados Unidos para volver a los principios fundacionales que hicieron grande a este país. Él quiere convertir a Estados Unidos en un Estado de bienestar social al estilo europeo; nosotros queremos asegurarnos de que continuaremos siendo un país libre y próspero, la tierra de las oportunidades”. Palabras un tanto extrañas para un hombre que depositó 3 millones de dólares en una cuenta bancaria en Suiza. El repentino cierre de su cuenta en el banco suizo UBS salta a la vista como su propia forma de bienestar europeo. A esto se suma que, gracias a sus inversiones en paraísos fiscales como Bermudas e Islas Caimán, la tasa impositiva de Romney en 2010 fue de un 13,9 por ciento, una cifra muy por debajo del 35 por ciento que pagan las familias promedio de clase media a las que afirma representar.
 

Mientras continúa su campaña a través de la nación del 1 por ciento ante Dios, Romney pasa de Florida, el estado con la mayor tasa de ejecuciones hipotecarias del país, a Nevada, el estado con la mayor tasa de desempleo. Es de esperar que le importen cada vez más no tanto los pobres, sino los votos que probablemente ellos emitan en su contra.

 
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Publicado en 3 de febrero de 2012
 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

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Lunes, 30 Enero 2012 07:41

El casino de la democracia

El casino de la democracia
Decenas de millones de dólares de los sectores más ricos y poderosos de Estados Unidos están financiando a los principales candidatos de ambos partidos en lo que se ha vuelto un casino de apuestas, más que una elección. Pero a diferencia de un casino, todos los apostadores aquí salen ganando, sin importar quién resulte electo.

En su informe a la nación la semana pasada, el presidente Barack Obama ofreció un mensaje populista enfocado en la defensa de los trabajadores y sus familias y contra la desigualdad económica; incluso denunció las prácticas del sector financiero y sus consecuencias devastadoras para las grandes mayorías. En momentos parecía que el presidente se había integrado al movimiento Ocupa Wall Street, con la salvedad de que Wall Street es uno de los principales donantes a su campaña de relección.

Detrás de la retórica populista, decenas de millones de dólares de los sectores más ricos del país contribuyen a la relección de Obama. Según el Center for Responsive Politics, unos 357 individuos de la élite económica dirigen contribuciones colectivas de sus cuates y socios de por lo menos 55.9 millones de dólares a los esfuerzos de relección de Obama (tanto a su campaña como a la dirigencia de su partido para este propósito). Y a pesar de su gran oratoria criticando al sector financiero, las contribuciones de Wall Street a través de estas donaciones colectivas –donde individuos influyentes recaudan donaciones de otros amigos y socios ricos para entregar montos de cientos de miles a uno de los partidos o una de las campañas electorales– son el segundo sector más generoso con la campaña del presidente. Han contribuido con por lo menos 9.4 millones de dólares sólo en el segundo y tercer trimestres de 2011 a la campaña de Obama. Entre los individuos donantes, muchos son empleados de las principales instituciones financieras del país, como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays y Citigroup.

De hecho, de 1990 a 2010 las contribuciones políticas del sector financiero se incrementaron 700 por ciento, según un análisis de la Fundación Sunlight. A la vez, es notable que estas contribuciones no se destinan a un partido o candidato contra otro, sino a los dos partidos. Por eso no sorprende que mientras los ejecutivos de una empresa como Goldman Sachs contribuyeron más a la campaña de Obama en 2008, la empresa está encargada de manejar la gran fortuna multimillonaria del precandidato presidencial republicano Mitt Romney.

Los multimillonarios también pueden apostar en estas elecciones a través de los llamados Comités de Acción Política (PAC), y su nueva versión, que goza de aún menos restricciones de gasto, los súper PAC, donde pueden aportar fondos sin límites para gastos de propaganda en contra o a favor de un candidato. Por ejemplo, el precandidato republicano Newt Gingrich se ha beneficiado con la aportación de 10 millones de dólares de su amigo multimillonario Sheldon Adelson (fortuna derivada de casinos de Las Vegas) a un súper PAC que trabaja a favor de su candidatura.

Adelson es el octavo hombre más rico del país, reporta The Guardian, y por él Gingrich, quien hace sólo unas semanas parecía al borde de la derrota en su intento por ser candidato presidencial del Partido Republicano, ahora tiene posibilidades de triunfar. Éstas son algunas de las donaciones más grandes a favor de un candidato en la historia del país, y ahora los fondos que inundan el sistema político-electoral se están volviendo un tsunami. "Es una carrera de armas de dinero. Uno puede imaginar un mundo donde no se puede ser electo sin el respaldo de un multimillonario", advirtió el profesor Noah Feldman, experto constitucional, en la Universidad Harvard, en entrevista con el Guardian.

Aunque 69 por ciento de las donaciones políticas desde el sector financiero en el concurso presidencial actual se ha destinado a los republicanos, en parte en castigo a Obama y a los demócratas que se han atrevido a imponer algunas reformas y regulaciones bastante tibias sobre el comportamiento de Wall Street, ambos partidos y sus candidatos dependen de la generosidad de éste y otros sectores de la cúpula económica para llegar a la cúpula política de este país.

Y una vez que los gallos a los que apostaron los millonarios llegan a la cúpula política, el flujo de dinero proveniente del 1 por ciento más rico continúa. Más de 3 mil 270 millones de dólares se gastaron en cabildeos ante el Congreso en 2011, reportó el Center for Responsive Politics la semana pasada. En 2010, el total fue de 3 mil 510 millones de dólares.

Como en todos los años, los millones en donaciones de Wall Street, con el sector de bienes raíces, el de energía, el de entretenimiento, el de abogados y bufetes y más se destinan a los candidatos de ambos partidos, subrayando que para los más ricos no importa demasiado quién gane, ya que todos llegarán a la Casa Blanca (o a una curul legislativa) gracias a su generosidad.

El negocio de la democracia, a pesar de la crisis económica más profunda desde la gran depresión, sigue en auge. Los discursos pueden ser muy bonitos, pero a veces sólo sirven para disfrazar un sistema político podrido por el dinero. Y como todos saben en Las Vegas, la casa siempre gana.
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Domingo, 29 Enero 2012 16:05

Obama 2012

Obama 2012
Obama se metió de lleno en la campaña esta semana con el discurso del Estado de la Unión, en cadena nacional con aceptable rating, ante la mayor audiencia que va a tener hasta que acepte la nominación de su partido el seis de septiembre en la convención de Charlotte, Carolina del Norte. Por cómo se vienen dando las cosas, hay que decir que no desaprovechó la oportunidad. Mientras los republicanos se mataban entre ellos en Florida y pateaban la pelota afuera hablando de inmigración porque no tienen un plan para salir de la crisis, Obama eligió la escenografía del Capitolio y las caras largas de sus principales figuras para mostrar su costado más combativo.

Acá hay que hacer un paréntesis y olvidarse un poco de lo que fueron estos cuatro años de Obama a nivel internacional, de las promesas incumplidas y las expectativas defraudadas. Al votante estadounidense eso mucho no le importa. En su discurso del martes pasado, de setenta y siete minutos Obama le dedicó un total de seis a la política exterior.

El resto del tiempo fijó su mensaje de campaña, recorrió sus cuatro años de gobierno y reconoció con cierto fastidio no haber cumplido su principal promesa, la de unir el país, aunque culpó a los republicanos de habérselo impedido.

El mensaje de campaña es el siguiente: los millonarios tienen que pagar más impuestos para distribuir con más equidad los costos de la salida de la crisis. Se monta en el slogan “nosotros somos el 99 por ciento” del popular movimiento Occupy Wall Stret, que tiene el apoyo de dos tercios de la sociedad estadounidense. Mientras tanto, los republicanos se niegan religiosamente a subirles los impuestos a los ricos. “En este momento, por agujeros y refugios en el código impositivo, un cuarto de todos los millonarios pagan tasas más bajas que millones de hogares de clase media. La secretaria de (el conocido archimillonario) Warren Buffett paga una tasa más alta que él. ¿Queremos mantener estos recortes impositivos para los estadounidenses más ricos?”

Al iniciar el repaso de su gobierno, Obama no se privó del viejo recurso de apelar a la herencia recibida. Dijo que cuatro millones de empleos se habían perdido antes de que asumiera y otros cuatro, hasta que sus medidas económicas empezaron a funcionar. Desde entonces se recuperaron tres millones de trabajos y vamos por más, arengó el presidente. “En el 2008 colapsó el castillo de naipes. Aprendimos que la gente había comprado hipotecas que no podía pagar, ni siquiera entender. Bancos que hicieron grandes apuestas y se entregaron grandes bonificaciones con dinero ajeno. Reguladores habían hecho la vista gorda o no tenían autoridad para frenar el mal comportamiento. Estuvo mal. Fue irresponsable. Hundió la economía en una crisis que dejó a millones de personas sin trabajo y nos cargó con más deuda, dejando que los ciudadanos comunes se hagan cargo de la cuenta.”

En cuanto a su promesa principal, no hizo falta que la recordara. Había dicho muchas veces que no quería un país dividido por barreras políticas. “No quiero un país de estados rojos y estados azules sino de Estados Unidos”, era la frase que usaba. Obama se vendió como un político moderno que está más allá de los partidos, un hacedor que sabe encontrar el punto de equilibrio para generar consensus y avanzar en temas importantes. Eso no pasó durante su gobierno, aunque nadie puede decir que no lo intentase. Su gran iniciativa, la reforma del sistema de salud, sólo llegó a aprobarse porque tenía una buena mayoría en el Congreso, después de largos meses de inútiles intentos de obtener apoyo bipartidista y tras cajonear los aspectos más audaces de la reforma, como la creación de un sistema estatal para que compita con los proveedores privados. Cuando Obama perdió esa mayoría legislativa en el 2010 el Capitolio se trabó y no volvió a salir una ley importante. Entre las iniciativas prometidas por Obama quedaron pendientes una reforma migratoria y una ley para promover el uso de energía limpia.

Obama no le escapó al tema. Reconoció su fracaso y dio a entender que la política no se puede arreglar, que lo intentó pero no pudo, y que de ahora en más hará las cosas a su manera. “No importa a qué partido pertenecen. Apuesto a que la mayoría de los estadounidenses están pensando ahora: nada se va a hacer este año, o el próximo, o quizá el que venga después del otro, porque Washington está roto. Podés culparlos por sentirse un poco cínicos?”

Tampoco se puede culpar a Obama por plantarse un poco ante la endeblez de los republicanos. La semana pasada una encuesta del The Washington Post lo colocó en un cincuenta por ciento de aprobación, su nivel más alto en muchos años. Y esto no es sólo porque pequeñas señales alentadoras brotan en distintos sectores de la economía. También es porque después de años de negociaciones frustradas Obama se puso firme en julio y en diciembre para salvar partes de su plan de salud y un recorte impositivo muy popular con la clase media, respectivamente, de las afiladas tijeras de los legisladores republicanos.

Esas batallas ganadas fortalecieron al presidente, al tiempo que el movimiento Occupy desplazaba al Tea Party del centro del debate cultural. Los nuevos culpables pasaron a ser los millonarios con privilegios. Para los Tea Party los culpables de todo eran los políticos gastadores, sobre todo ese demócrata negro que ocupa la Casa Blanca.

Pero en estos días los Tea Party no se hacen oír por ningún lado. El debate republicano se diluyó en un juego de chicanas para ver quién podía mostrarse más duro con los inmigrantes sin caer en frases hirientes o pensamientos racistas. Agravios, disculpas, aclaraciones, basura sobre las esposas de Gingrich y los negocios de Romney, declaraciones cruzadas y más puterío.

En medio del ruido no se escuchó a ningún republicano hablar de un plan para mejorar la economía o el lugar de Estados Unidos en el mundo, alguien que aparezca como una amenaza para la reelección de Obama, que es lo único que le importa en este momento. Al contrario, los excesos verbales de Gingrich para hacerse escuchar en Carolina del Sur parecen haber sepultado sus chances en Florida y comprometido seriamente su futuro, ya que en el fondo lo único que le interesa al votante republicano es que su candidato le pueda ganar a Obama el seis de noviembre. Gingrich insiste en demostrar que él no es esa clase de conservador. Dice barbaridades todo el tiempo. No es discreto ni despierta simpatía ni suena sincero en sus convicciones.

Entonces queda Romney, el candidato ideal para Obama. Un millonario que paga pocos impuestos y encima lo admite. Un tipo que viene de un estado liberal, donde nombró jueces progresistas y pasó una reforma de salud que sirvió de modelo para la que hizo Obama a nivel nacional. Encima mormón. Todo bien con los mormones, un presidente mormón sería algo novedoso, bienvenida la novedad. Pero tanta atención puesta en la vida religiosa de Romney de algún modo refuerza su fama de aburrido.

Todo bien por ahora, pero Obama sabe que está jugando gratis en tiempo prestado, que la siesta republicana puede terminar rápido. Tanto que si Romney saca una buena diferencia el martes en Florida no sorprendería que los demás levanten la bandera blanca. Salvo algún rezagado que elija seguir en carrera para vender más cara su capitulación, el resto del partido se encolumnará detrás del candidato inevitable. Entonces el empresario mormón pasará a ser un tipo carismático, preparado y divertido, firme pero con un costado sensible. Entonces empezará la verdadera campaña, la que los motiva en serio, la de bajar a Obama como sea. Parece medio pobretón.

Sobre todo porque el Obama 2012 ya está, ya tiene mensaje, apoyos, plan. El tema es después. ¿Retomará con los republicanos? ¿Mantendrá el personaje quejoso y fastidioso de la campaña? ¿Veremos a un Obama más combativo, menos conciliador? ¿Cumplirá alguna de sus promesas? Mucho depende de lo que pase de acá a noviembre, pero es probable que haga lo que está en su naturaleza, lo que puede esperarse del primer presidente negro que paga el costo de pertenecer. Negociar, conciliar, avanzar sólo cuando se pueda, retroceder sólo cuando haga falta. El Obama modelo 2012 no despierta grandes ilusiones, pero se muestra sólido ante un electorado que, a falta de opciones atractivas, parece dispuesto a darle una segunda oportunidad.

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Viernes, 20 Enero 2012 08:17

Más presión sobre Romney

Más presión sobre Romney
La carrera por la nominación presidencial republicana se modificó ayer cuando el gobernador de Texas, Rick Perry, la abandonó y respaldó a Newt Gingrich, mientras el favorito Mitt Romney fue despojado de su anterior victoria en Iowa en medio de señales de que su ventaja en las primarias de mañana en Carolina del Sur también se venía abajo. En el día quizá más tumultuoso de la desordenada batalla por la nominación del partido republicano, Perry les dijo a los periodistas que no “veía un sendero viable por delante” en 2012. En cambio le dio su apoyo a Gingrich, describiendo a su rival (y amigo) como un “conservador visionario que puede transformar al país”.

“Newt no es perfecto”, dijo del ex presidente de la Cámara de Representantes, plagado de escándalos, “¿pero quién de nosotros lo es?” Esas palabras claramente apuntaban a mitigar cualquier daño que pudiera sufrir Gingrich sobre nuevas y poco favorables revelaciones por parte de su segunda mujer, Marianne, de quien se divorció en 2000.

Después de entrar en carrera en agosto, Perry trepó a lo alto en las encuestas, pero cayó con igual rapidez después de una serie de poco felices actuaciones en los debates. Su popularidad en Carolina del Sur cayó a un solo dígito, con lo que su retiro ahora o más tarde era inevitable. Pero si la contienda aquí entre Romney y Gingrich está ahora tan cerca como sugieren las últimas encuestas, el apoyo de Perry puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota. Esta posibilidad por sí sola fue una mala noticia para Romney: pero las noticias de Iowa eran peores. El resultado certificado publicado ayer muestra una victoria de 34 votos para Rick Santorum en lugar de una victoria de ocho para el ex gobernador de Massachusetts en el caucus del 3 de enero. Las noticias cambian poco sustancialmente, pero destruyen la afirmación de Romney de que era el primer hombre en ganar Iowa y New Hampshire en el arranque de las primarias republicanas.

Hace unos días, parecía decidido a conseguir una tercera victoria en Carolina del Sur. En cambio, el domingo se podría encontrar en la posición de haber perdido dos de las tres primeras contiendas, incluyendo este último estado. Pero el tardío éxito de Santorum puede no ser tan bueno. No sólo la retirada de Perry empañó inevitablemente las noticias de Iowa, sino que Santorum también le pidió al gobernador de Texas su apoyo, pero le fue negado. En cambio, debe pelearle al congresista libertario Ron Paul un tercer puesto.

Acumulativamente, los hechos de ayer agregan presión sobre Romney, quien necesitaba una actuación sólida en el debate de anoche para dejar atrás su pobre performance del lunes –cuando él, uno de los hombres más ricos en buscar la presidencia, con unos 250 mil millones de dólares, eludió nuevamente hablar sobre sus impuestos–. Al día siguiente admitió que estaba pagando de impuestos alrededor de 15 por ciento, el gravamen sobre las ganancias en inversiones de la fortuna que amasó durante los años en que trabajó en la empresa Bain.

El principal opositor de Romney tiene sus propias preocupaciones. Marianne Gingrich inquietó la campaña de su ex marido lo suficiente como para que las hijas de Gingrich (de su primer matrimonio) salieran corriendo a hacer una declaración en su apoyo. En una entrevista con ABC, Marianne acusa a Gingrich, entonces involucrado en una relación con su actual mujer, Callista, de decirle que quería un matrimonio “abierto”. Esos sentimientos, si son verdaderos, pueden no caerle bien a los cristianos evangélicos, que constituyen más de la mitad del electorado republicano de las primarias.

* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.
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Sin nombrar la alcaldesa saliente, y saludando en primera instancia a la comunidad popular asistente a su posesión, antes que a los “invitados especiales” tomó posesión de su cargo Gustavo Petro Urrego, nuevo alcalde de Bogotá.

Humanizar la vida colectiva concentrando la política pública y la administración distrital en el cuidado integral de los habitantes de la ciudad, será un propósito real, aseveró.

En una mañana alumbrada por un intenso sol, tomó posesión de su cargo como alcalde de la ciudad de Bogotá, Gustavo Pero Urrego. Varios fueron los anuncios que, de hacerse realidad, romperán la tibia política social que por 8 años lideró la otra cara de la izquierda con que cuenta Colombia, el Polo Democrático Alternativo.
 

Participación social


Aunque en su intervención, fue el último de sus anuncios, en términos de proyección y de lucha social -que habrá de encarar si de verdad está decidido a garantizar un nuevo rumbo para la capital de Colombia-, el nuevo dignatario capitalino, subrayó que, “El principal aliado de esta alcaldía es la ciudadanía”. Una ciudadanía movilizada y consciente.

Para promoverla, se destinarán 4 billones de pesos para que la ciudadanía, a través de la política de presupuesto participativo, defina cómo y en qué prioridades sociales hay que  invertirlos.  Esto permitirá que en cada localidad se potencie una amplia movilización social para apropiarse del destino de los recursos que le corresponden. Hasta ahora, y según dijo el nuevo funcionario público, la ciudad destinaba para tal rubro 160 mil millones de pesos.


Se complementará esta iniciativa, motivando una intensa participación ciudadana en la elaboración del Plan de Ordenamiento Territorial, así como en el Plan de Desarrollo de la urbe, las dos columnas vertebrales sobre las cuales se asienta la ciudad, y con los cuales,  o se reafirman los ejes que han propiciado que la urbe se encuentre en el estado que hoy le caracteriza, o se rompe la continuidad que trae, como una metropoli proyectada estratégicamente de acuerdo a los intereses del capital financiero.

Como un avance que  permite  prever que tal vez se rompa, y no se continúe con lo heredado, se puede entender, entonces, la decisión de que a través de cabildos abiertos se operativizará la participación ciudadana, para definir lo relacionado con  movilidad, seguridad, salud, educación, jardines y otros muchos aspectos del diario vivir de quienes aquí habitan y hacen la ciudad. El propósito del nuevo alcalde es que estos espacios reúnan por lo menos 1 millón de personas en sus sesiones.


Movilización y conciencia ciudadana, fundamentales para hacer realidad la “Bogotá Human Ya!”, eje  central de la campaña electoral que llevó a Gustavo Petro al palacio Liévano, pero que hoy, según su decir, es más que un slogan, al resumir la esencia de lo que será su administración: llevar al ser humano al centro de la política pública.

Prioridad que se hará realidad, según su decir, a través de la gobernanza del agua. Con la cual la ciudad romperá con el modelo político que la llevó a vivir de espaldas al agua, asumiéndola de manera integral al entenderla como sinónimo de vida.


Hará parte de esta gobernanza: garantizar su consumo mínimo vital de 6 mt3 para estrato dos –ahora está aprobado hasta el uno-; ordenar el territorio de acuerdo al agua, con lo cual se deberá darle espacio al vital líquido. Aunque no  fue enfático en esto, se entiende que aquellos barrios construidos por debajo de la cota permitida, deberán ser reubicados. Pero al mismo tiempo, se deberán recuperar humedales, y se abrirán las quebradas y caños que pasan por distintos barrios, ahora sepultados bajo capas de cemento.


Para reubicar cientos de familias ahora habitantes de zonas que no debieron ser habitadas, se redensificará la ciudad, construyendo durante los próximos 4 años 72.00 nuevas viviendas, a un ritmo de 16.000 por año, las cuales, según Petro, serán “viviendas de interés prioritario”, que “no es lo mismo que de interés social”.


Como componente sustancial de la gobernanza del agua, se anunció la puesta en marcha de un proyecto regional que reivindica tres páramos sustanciales para la capital: el de Chingaza, el de Guerrero y el de Sumapaz, este ambicioso proyecto se financiará con los recursos que llegarán por la nueva ley de regalías.  En este ámbito resulta inquietante el silencio sobre el Páramo del Verjón, un espacio decisivo para la calidad de vida de la urbe y la educación  ciudadana.


Se potencia, de igual manera, estímulos para no seguir contaminando el río Bogotá, y se obligará a las nuevas edificaciones que se levanten en suelo bogotano a contar con planta para utilizar las aguas lluvia.
 

Una política del aire


Se llamó a la ciudadanía a comprometerse con la arborización de la ciudad, la cual no es posible acometer, de manera cabal, con los recursos económicos y humanos con que cuenta el Jardín Botánico. Pero al mismo tiempo, el nuevo alcalde avanzó que todo vehículo de transporte público que vaya a ser reemplazado deberá serlo poniendo en marcha autos híbridos, es decir, que integren el gas y la energía eléctrica. 


Avanzó el nuevo burgomaestre que, además de la primera línea del metro, se contará con tranvía –“el cual ya existió en otra época en Bogotá”-, pero además se tomará en cuenta el uso de telecables, se estimulará la posibilidad de caminar  –“para lo cual se deberá acercar el trabajo a los lugares de vivienda”- , y el uso de la bicicleta.


Se desestimulará el uso del carro y la moto –“la moto y el carro no nos sirven”-, garantizando un servicio público de transporte masivo, implementando al mismo tiempo una política educativa que lleve al uso racional de los vehículos. Reducir la tarifa del transmilenio –vía subsidio- e implementar un impuesto para quien circule por zonas congestionadas. Se le dará  prioridad en el semáforo al bus y al peatón, y se definirán otras vías exclusivas para buses. 
 

Seguridad


La política de seguridad deberá, antes que priorizar al Estado, concentrarse en el ser humano. “Una política de seguridad que se hace matando –dijo, aludiendo sin duda al gobierno de Álvaro Uribe- no es política de seguridad”.


Aunque no explicó cómo se hará para evitar que quienes delinquen las porten, sí anunció que el mensaje al mundo es uno: “Bogotá es espacio libre de armas”. Y tal vez como un mecanismo para avanzar en una línea para prevenir el crimen, anunció la apertura de una nueva Secretaría: la de seguridad.
 

Revolución educativa


La revolución educativa será el eje transversal que debe permitir el tránsito hacia una ciudad humana.
Una revolución educativa permanente y ejercida en cada ámbito de la administración distrital para suscitar transformaciones en las formas de valorar, pensar y actuar.


En el campo educativo, las medidas inmediatas  referidas por el nuevo alcalde, fueron las siguientes:
 

  • Atención integral a la niñez (nutrición, salud, educación ligada a lo lúdico para que el aprendizaje apasione desde la más tierna edad , amor) garantizando que los 360.000 niñas y niños que hoy no gozan de atención integral, tengan derecho a la misma (“si esto no se garantizará, no habrá sociedad en paz, ni del conocimiento”).
  • Construir 1.000 jardines infantiles, que la ciudadanía deberá escoger dónde deberán funcionar.
  • Edificar 100 colegios donde se implemente jornada integral, de 8 horas. De estos, se abrirán en primera instancia 10 centros educativos como instituciones  piloto del programa. Para hacer realidad tan ambiciosa meta, el nuevo alcalde llamó al capital privado para que construya muchos de estos centros de estudio, por los cuales la ciudad les pagará arriendo o se los comprará. Pero la invitación al capital privado –a quien aseguró respeto por su inversión- no se quedó ahí, además lo invitó a que invirtiera en salud, comunicaciones, revitalización urbana, transporte eléctrico  y en rieles, “obras por las cuales se pagará arriendo o se les comprará”.
  • La educación superior es un derecho, y la ciudad lo garantizará. Se implementará, para ello, el grado 12 vocacional, el cual será el segundo en la implementación de tal educación superior (se entiende que el primero es el grado 11).
  • Reestructuración en  profundidad de la Universidad Distrital, aumentando la oferta de carreras y multiplicando el número de alumnos que allí estudian. “Se construirán 6 sedes de la universidad en el occidente de la ciudad”. Y llamó el alcalde a que la ciudadanía defina –en consulta popular se podría suponer- sobre: usar el territorio donde se tiene proyectada la avenida ALO (avenida longitudinal de occidente) para tender más cemento para los carros o para construir allí la “Gran ciudadela universitaria de occidente”. Y dijo: “¿qué es primero: el cemento o el cerebro humano?
  • TIC’s. Partiendo del diagnóstico de una brecha digital que está surgiendo en todas las sociedades del globo, Petro anunció banda ancha para todos los colegios públicos. Y pidió al gobierno nacional apoyo para que la ETB pueda implementar el teléfono móvil 4G. (se recordará que por ley nacional se impide que las empresas públicas participen de manera directa en el lucrativo negocio del celular, el cual quedó monopolizado por las empresas privadas). Pero al mismo tiempo le pidió al gobierno que no permita que la ETB termine en manos privadas. El compromiso de Bogotá: extender sus servicios de telefonía a todo el territorio nacional, llevando la banda ancha y el G4 allí donde no se atreve a llegar –porque no es negocio- la empresa privada.
  • Pensar e innovar. Bogotá no tiene política de innovación tecnológica, y debe encararla. Para ello es sustancial la creación de las Empresas Públicas de Bogotá, uniendo las empresas de telecomunicaciones, acueducto y energía.
      

Y se colocó como meta que estas empresas deberían encarar investigación y tecnología en áreas tan sensibles como: biodiversidad, agua, software, audiovisuales y comunicación.
 

Política de paz
 

En lo que se pudiera entender como componentes de una política de paz, Gustavo Petro anunció que se propiciará la organización y la movilización de los 400.000 desplazados que hoy están en Bogotá, para que luchen por la implementación de la Ley de Víctimas.
 

La memoria
 

El nuevo Alcalde Mayor recordó con gratitud a sus padres , a su progenitora que le enseño la rebeldía a través de la figura de Gaitán – cuyo nombre volverá a nombrar la que hoy se conoce  como Avenida el Dorado – y evocó el Congreso Anfictiónico alentado por Bolívar para enfatizar que la revolución que se inicia tiene , en tiempos de una humanidad indignada , tiene un protagonista principal : la alianza de las nuevas ciudadanías , los jóvenes , los excluidos.


Después  de más de una hora de anuncios, el alcalde  recordó  los muertos y las víctimas  de la larga lucha por la justicia, la libertad y la soberanía, que ha vivido el país, y recordó también la inmensa solidaridad brindada por los sectores populares a los luchadores revolucionarios, solidaridad extendida a riesgo de su seguridad y vida, y por la cual hoy el nuevo alcalde de Bogotá está vivo. Hoy, de nuevo, esta población está llamada para que con su arrojo y decisión garanticen que la democracia sea más que una palabra repetida a cada momento y operativizada formalmente a través del voto en los periodos electorales, un acto sustancial de cada día, hecho realidad a través de la garantía efectiva de todos los derechos que garantiza la vida moderna, redireccionando con su energía el destino de la ciudad.
 

Recuadro

En el blanco

Varios fueron los dardos que el nuevo alcalde lanzó durante su extenso discurso: “sacaron a los habitantes de los barrios populares del centro de Bogotá pagándoles –el mismo Estado- precios irrisorios por sus propiedades, para luego venderlas en  grandes sumas a poderosos grupos económicos”; “Estratos, ojalá podamos terminar con esa alusión a castas”; “se acaba de elevar el transporte público en 50 pesos, medida que no se consultó con nosotros”; se debe garantizar la política de restitución de tierra, la cual está flaqueando: “800 emberas, de los 2.000 que están desplazados en Bogotá decidieron regresar a sus tierras pero el gobierno central no lo permitió pues las tierras que ellos reclaman están aprobadas para un gran proyecto minero. Así no es. Si la Ley de Tierras no se realiza , la paz no llegará”.

Los mayores lunares de su discurso: -no aludir a la anunciada reapertura del hospital San Juan de Dios, o de “todos”, como le dicen sus trabajadores despedidos al momento de su cierre, silencio que causó gran inconformidad entre varias de las profesionales que laboraban en el mismo, presentes en el acto de instalación. Llevar a cabo el acto de posesión en medio de una parafernalia tradicional, en la cual la ciudadanía no invitada con tarjeta quedaba por fuera o excluida por vallas, las cuales ordenó el alcalde –luego de intensa agitación de los excluidos- que fueran retiradas. -Y como nota sobresaliente: no anunciar su nuevo equipo de gobierno, con excepción de Antonio Navarro, secretario de Gobierno.

Recordando a  la sociedad hoy alzada en distintas coordenadas del mundo, Gustavo Petro anunció que Bogotá “convoca a todos los cambios democráticos que una ciudanía indignada hoy reclama”. 

Publicado enColombia
Viernes, 30 Diciembre 2011 07:39

Si no puedes vencerlos, impídeles votar

Si no puedes vencerlos, impídeles votar

Todas las miradas se centran esta semana en Iowa, donde el variopinto grupo de precandidatos republicanos a la presidencia se pasea por ese estado agrícola en procura de la victoria, o al menos de conseguir un buen arranque, en la campaña por la elección del candidato presidencial de ese partido. Sin embargo, detrás del telón, los republicanos están librando una batalla, no entre ellos, sino contra los votantes estadounidenses. A lo largo y a lo ancho del país, los parlamentos estatales y los gobernadores están presionando para conseguir la aprobación de leyes que procuran restringir el acceso a las urnas, leyes que perjudicarán de forma desproporcionada a las personas de color y de bajos ingresos y a los votantes jóvenes y ancianos.
 

La Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP), y el Fondo para la Defensa Legal y la Educación de la NAACP publicaron un exhaustivo informe sobre la crisis, que se titula: "En defensa de la democracia: acabemos con las barreras del siglo XXI para votar en Estados Unidos." El informe dice: “La campaña actual de limitación del derecho al voto se centra en una ola de requerimientos restrictivos que exigen la presentación de un documento de identificación con fotografía emitido por el gobierno. En un esfuerzo coordinado, los legisladores de treinta y cuatro estados presentaron proyectos de ley que imponen dichos requerimientos. Muchos de estos proyectos de ley toman como modelo leyes redactadas por el Consejo Estadounidense de Intercambio Legislativo (ALEC), un grupo conservador cuyo fundador explica: ‘Nuestra incidencia en las elecciones se incrementa significativamente cuando la población de votantes se reduce.’”

 
Es interesante que la derecha, opositora de larga data de la exigencia de presentar una tarjeta de identificación de validez nacional, esté ahora completamente dispuesta a imponer requisitos de identificación con fotografía a nivel estatal. ¿Por qué será? Ben Jealous, presidente de la NAACP, afirma: “En realidad esto es una solución a un problema que no existe. El Departamento de Justicia detectó nueve casos de suplantación de votantes. George Bush pasó cinco años examinando millones de votos y detectó 86 casos, u 82 casos, en un período de cinco años. El estado de Nuevo México llevó a cabo una investigación del mismo tipo que le costó un millón de dólares y detectó el caso de dos personas. Como habrán visto, si hay 86 casos en cinco años, nueve en un año o dos en un estado, tenemos fiscales que pueden ocuparse del tema. Lo que en verdad debemos preguntarnos es cuál será el impacto de estas leyes. No van a hacer que el voto sea más seguro. Lo que van a hacer es imponer la primera barrera financiera entre la gente y las urnas desde que nos libramos del impuesto al sufragio.”

 
No hay que buscar mucho para encontrar gente afectada por esta nueva ola de leyes de depuración de votantes. Darwin Spinks, un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 86 años de edad oriundo de Murfreesboro, Tennessee, concurrió al Departamento de Vehículos Automotores para obtener una identificación con fotografía con el objetivo de votar, dado que a los conductores mayores de 60 años se les emiten licencias de conducir sin fotografía. Luego de esperar y hacer dos filas, se le informó que debía abonar ocho dólares. Exigir a un votante que pague para poder votar es inconstitucional desde la derogación del impuesto al sufragio en 1964. En Nashville, Thelma Mitchell, de 93 años de edad, tiene una tarjeta de identificación emitida por el estado, la que utilizó como empleada de limpieza del Capitolio estatal durante más de 30 años. La identificación le permitió ingresar a la oficina del gobernador durante décadas, pero ahora se le informó que no es suficiente para poder votar. Ella y su familia evalúan la posibilidad de presentar una demanda, todo lo cual representa un desafortunado incidente para una mujer que tiene más edad que el derecho al voto para las mujeres en este país.

 
No son sólo las personas de edad avanzada quienes ven afectado su derecho. El Centro Brennan para la Justicia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York incluye entre la legislación que vulnera el derecho al voto a “los proyectos de ley que hacen que el registro para votar sea extremadamente difícil y arriesgado para los grupos de voluntarios, los proyectos que exigen a los votantes presentar documentos específicos de identificación con fotografía o de ciudadanía… los proyectos que impiden la votación anticipada o en ausencia, los que dificultan a los estudiantes y miembros activos en servicio del ejército registrarse para votar localmente y otros.”

 
Recientemente, el Fiscal General Eric Holder realizó declaraciones respecto a esta alarmante tendencia. Holder señaló: “Nuestro esfuerzo hace honor a las generaciones de estadounidenses que corrieron riesgos extraordinarios y que se enfrentaron valientemente al odio, a los prejuicios y a la ignorancia, así como a las cachiporras y a los chorros de agua, a las balas y a las bombas, para estar seguros de que sus hijos, y todos los ciudadanos estadounidenses, tendrían la oportunidad de participar en la labor de gobierno. El derecho al voto no sólo es una piedra angular de nuestro sistema de gobierno, es el sustento de nuestra democracia.”

 
Justamente esta semana, el Departamento de Justicia bloqueó una nueva ley de Carolina del Sur que exige a los votantes presentar identificación con fotografía en las mesas de votación, alegando que los datos presentados por Carolina del Sur mostraban que los votantes pertenecientes a las minorías tenían 20 por ciento más de probabilidades de no obtener una adecuada identificación con fotografía, exigida en los centros de votación.

 
Según cifras estimativas, la población total que podría perder su posibilidad de votar a causa de esta ola de leyes supera los 5 millones de votantes, la mayoría de los cuales se prevé votarían al Partido Demócrata. Los esfuerzos para desalentar la participación de los votantes no provienen de un verdadero movimiento de base, sino que son financiados por personas como los multimillonarios hermanos Koch, David y Charles. Este es el motivo por el que miles de personas, encabezadas por la NAACP, marcharon hace dos semanas desde la sede de Industrias Koch en Nueva York hacia el edificio de Naciones Unidas, donde se realizó una concentración por el derecho al voto en Estados Unidos.

 
Más allá de la gran atención que recibió en los medios la elección primaria en Iowa, es probable que los resultados de las elecciones reales de 2012 giren más en torno a la contienda entre multimillonarios que financian la política, como los hermanos Koch, y las miles de personas que exigen en las calles “una persona, un voto”.
 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Publicado el 29 de diciembre de 2011

 
Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

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Hace cuatro años, cuando el ahora presidente Uribe se presentó como candidato, les ofreció paz a los colombianos. Lo hizo cabalgando sobre el fracaso del modelo de negociación política sostenido por el gobierno de Andrés Pastrana con las Farc. Tres años sin resultados habían desanimado a la sociedad colombiana. La televisión mostraba a una guerrilla en crecimiento, con innumerables miembros. Sus acciones ofensivas en varias regiones del país hacían fácil enrostrarles el fracaso del proceso acordado con el gobierno de turno.

 

El tema era más complejo. La verdad fue que nunca se aprobó una agenda de negociación real. Esos años de discusiones no evidenciaron la real disposición del establishment, es decir, no se conoció hasta qué punto éste se encontraba dispuesto a avanzar en una negociación o, en otras palabras, qué parte de su poder estaba dispuesta a ceder.

 

En esas condiciones, lo que conocimos los colombianos por conducto de los medios de comunicación no fueron más que informaciones parciales, manipuladas por la Presidencia y aprovechadas oportunamente por el otrora candidato y ahora Primer Mandatario con ímpetus de reelección. Candidato que tuvo despejado su camino desde el 20 de febrero de 2002, cuando Andrés Pastrana cerró la zona de despeje del Caguán.

 

Desde ese momento, el modelo de una paz sobre la derrota militar de la insurgencia ganó todo el terreno. El candidato Uribe no se equivocaba. La sociedad seguía anhelando la pacificación, y la deseaba a cualquier precio. Se trataba de aprovechar y presentar en forma adecuada una serie de sucesos acumulados en tres años de fracasos, y todo se daría. Y se dio.

 

Vino el turno para el nuevo gobierno. Y la cabeza de ese gobierno también tuvo cuatro años, al final de los cuales la paz con derrota militar tampoco se ha dado. Álvaro Uribe no puede ocultar que ha contado con todas las herramientas del Estado para aplicar su proyecto. El presupuesto militar ha crecido año tras año, y las fuerzas militares, con dirección del ejército de los Estados Unidos, tras el Plan Patriota, se han concentrado en el Sur del país. El sistema judicial se ha orientado para aplicar mano dura, y los medios de comunicación no le han negado ni una oportunidad para hacer alarde de sus políticas. En fin, el país ha marchado a su ritmo.

 

Y sin embargo, el incumplimiento es inocultable. Ahora, en pleno 2006, tras la muerte de cientos de guerrilleros y soldados, tras el encarcelamiento de centenares de connacionales puestos en libertad posteriormente por “falta de pruebas”, con el desplazamiento campo-ciudad incólume, con decenas de desaparecidos que acosan la conciencia del Príncipe, con la ‘negociación’ paramilitar que se manifiesta nítidamente día a día en sus reales pretensiones y resultados, colmada por tanto de numerosos interrogantes, se puede aseverar que en Colombia estamos igual o peor que en 2002 en asuntos de política de paz.

 

Es inocultable. La paz sobre el polvo de la derrota de la insurgencia no se dio. Políticos del orden regional y nacional, policías, militares y ‘contratistas’ de los Estados Unidos siguen bajo el poder de la guerrilla. Tenemos un Presidente derrotado y que ha incumplido la principal bandera de su gobierno, y no obstante aspira a la reelección. Afanado por la evidencia, aspira –como Ernesto Samper en su rincón*–  a que una acción militar lo salve. Pero las fuerzas que le apoyan están tensas al máximo para que así sea. Cierran espacios políticos y presionan sin descanso. Son múltiples las denuncias desprendidas de las pasadas elecciones del 12 de marzo que evidencian la falta de garantías para ejercer la oposición en Colombia, pero además las listas con amenazas que circulan y la desaparición de Jaime Gómez, asesor de la senadora Piedad Córdoba, confirman que entre guerra y paz hay todo un país sumido. ¿Cuál será ahora su promesa?

 

Modelos desgastados

 

Ni paz fácil ni paz con derrota militar. Esta pudiera ser la máxima a la que se llegue después de recorrer las distintas políticas de paz desarrolladas en Colombia a lo largo del último medio siglo.

 

Políticas de paz fácil (desarme acordado de la insurgencia) se pusieron en marcha con Rojas Pinilla, Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria y Andrés Pastrana. Guardadas las proporciones, ninguno de estos procesos comprometió exactamente lo que es el poder real en Colombia (ni tierra ni modelo industrial ni propiedad del suelo urbano ni fuerzas armadas ni gobierno, por sólo mencionar unos temas). Lo máximo que se debió ceder tuvo que ver con la apertura política, es decir, con más democracia formal.

 

Políticas de paz con derrota militar intentaron Guillermo León Valencia, Julio César Turbay y Álvaro Uribe. Al final de sus períodos, todos estos gobiernos dejaron unas guerrillas más desarrolladas y más cohesionadas, producto de la persecución de que eran objeto.

Quebrado el modelo de derrota militar, a lo que se enfrenta la sociedad colombiana es a un importante interrogante: ¿Más de lo mismo?

 

Estamos obligados por tanto –si queremos reconstruir nuestro país– a exigir de quienes aspiran a ponerse al frente de esta sociedad que reconozcan los innumerables errores cometidos en estas cinco largas décadas de mezquindad y se replanteen nuevas formas de acción. Y ese proceso debe empezar por aceptar, del lado Ejecutivo, que no es posible la paz si no se construye sobre un modelo real de justicia social. Recorrer las causas ciertas que llevaron a que guerrilleros otrora liberales, estimulados y sostenidos por sus dirigentes desde Bogotá, no se desmontaran pese a las órdenes recibidas, embarcándose en un proyecto de guerra revolucionaria, es una condición indispensable para superar el ideologismo y los modelos edificados en juegos de escenario desde las oficinas de los halcones.

 

Es cierto que las cosas cambian, y en el conflicto nacional hay factores nuevos que enturbian su comprensión y su resolución, pero también es cierto que en su transfondo las circunstancias son las mismas: una sociedad hondamente polarizada, con inmensas desigualdades, con un modelo concentrador e inequitativo, con miles de campesinos desconocidos en sus necesidades, pero asimismo con dirigentes que piensan el país desde la comodidad de la ciudad y sus fortunas.

 

En esencia, es simple el problema y relativamente sencillo resolverlo. Cuando los Estados Unidos deciden transformarlo en un problema de terroristas, y ahora cuando van más allá y lo minimizan a problema de “narcotraficantes”, se hace nítida la carga ideológica que empeña a los políticos responsables de la supuesta resolución de nuestra cotidianidad, lo cual nos exige precisar los nuevos temas por afrontar en una política de paz: cultivos de uso ilícito, drogas, extradición, intercambio humanitario, son algunos de estos nuevos temas sin los que no es posible desbloquear nuestro viciado pasado y nuestro manipulado presente. Pero pegados a estas temáticas siguen vigentes otras como reorganización territorial, autonomía regional, presidencialismo, propiedad de la tierra, reconversión industrial, soberanía. Y ahora, para echarle más leña al fuego, libre cambio con Estados Unidos. Paralelo a todo lo cual marcha el cese de hostilidades.

 

Crear las condiciones de confianza para que el país recupere la disposición a desmontar el conflicto es la primera obligación de un mandatario que de verdad esté por la paz y se la juegue por ella. Tal vez unas medidas económicas que valoren el esfuerzo diario de los más pobres del país ayuden a ello. Políticas en servicios públicos, salud, educación, empleo, que tomen en cuenta a los millones que están en la línea de pobreza y por debajo de la misma, pudieran despertar el fervor que se requiere para abordar una paz justa e integral, que va mucho más allá de quienes están alzados en armas y que tiene que ver desde el principio con el tema ¿para quién se gobierna?, así como con el propósito estratégico ¿qué país se desea y cómo se obtiene?

 

Recuperar la dignidad del conjunto de los colombianos es el otro paso por dar, para que aflore la voluntad de participación en todo el país. Para lograrlo es obligatorio asumir a Colombia como nación capaz y soberana. Y para que así sea hay varias medidas urgentes por adelantar: recuperar con los Estados Unidos unas relaciones entre iguales y de respeto, dignificando al mismo tiempo nuestro papel histórico en la región; recuperar la justicia nacional, negando la extradición de más colombianos; valorar nuestro medio ambiente e igualmente a quienes habitan las regiones más ricas en diversidad de nuestro territorio, parando las fumigaciones de los cultivos de uso ilícito. Estos y otros temas son necesarios. Pero se requiere grandeza, mucha grandeza.

 

Los candidatos a la Presidencia de la República en Colombia, ajenos a la propuesta de paz con tierra arrasada, debieran, como mecanismo para enrutar al país hacia un futuro cierto, firmar un acuerdo por encima de sus partidos y de pretensiones personales, disponiendo en el centro de sus agendas que más allá de quien llegue a la Primera Magistratura se obligará a poner en marcha una política de paz profunda y de calado estratégico. Una política más allá del partido vencedor, y, para que así se entienda, conformará con los partidos perdedores, liderados por sus candidatos, un Gabinete de inclusión y unidad nacional que la haga realidad.

 

Un proyecto social así debiera poner en marcha y de inmediato, una vez que se gane el gobierno, unas medidas económicas, políticas y sociales para una paz justa. Así, por fuera del espejismo de una mesa de diálogo de paz fácil –desbaratadas por sucesivos gobiernos y desbaratada totalmente por Uribe y sus acuerdos en Santa Fe de Ralito–, se pudiera disponer de las mejores condiciones para un “cese bilateral de fuegos”. El triunfo electoral de la oposición, paralelo a los cambios que vive el continente, y también a la derrota del Plan Colombia y su fase de Plan Patriota, bien puede despojar de argumentos o razones cualquier disparo insurgente.

 

Paz o guerra, vida o muerte, están en las manos de los colombianos.

 

* En mayo de 1995, Ernesto Samper, acosado por el origen caliente de sus dineros, le exigió al general Rozo José Serrano, comandante de la Policía Nacional, que antes del 20 de julio tuviera entre rejas “al menos a unito” del Cartel de Cali. En efecto, Serrano capturó a Gilberto Rodríguez Orejuela y Samper culminó su mandato.

 
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