El pensamiento de Zygmunt Bauman en 12 frases

En la modernidad líquida, lo que antes era duradero, religión, empleo y relaciones, pasa a ser efímero


Durante su larga vida, Zygmunt Bauman dejó grandes frases que definen su pensamiento (Pedro Madueño)


Con la muerte de Zygmunt Bauman (Poznań, Polonia,1925 – Leeds, Reino Unido, 2017), se apaga una de las voces que mejor supo definir el cambio de los tiempos y la revolución social y cultural que supuso el siglo XX. La amplia obra del sociólogo polaco estuvo marcada por el término modernidad líquida, que Bauman acuño y que fue utilizado y compartido por muchos autores posteriormente.


La sociedad líquida que conceptualizó Bauman define el actual momento histórico en el que se han desvanecido las instituciones sólidas que marcaban nuestra realidad y se ha dado paso a una realidad marcada por la precariedad, el ritmo cambiante e inestable, la celeridad de los acontecimientos y la dinámica agotadora y con tendencia al individualismo de las personas.


Durante su larga vida, Zygmunt Bauman dejó grandes frases que definen su pensamiento. Estas son algunas de las más célebres:


1- “La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido.”


2- “No hay modernización (y, por tanto, tampoco forma de vida moderna) sin una masiva y constante producción de basura, entre ella los individuos basura definidos como excedentes.”


3- “Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.”


4- “La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir.”


5- “Todas las medidas emprendidas en nombre del «rescate de la economía» se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres.”


6- “Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño.


7- “La suya es una sociedad de clases, señora, y la suya también, señor, y ténganlo muy en cuenta, si no quieren que su amnesia termine en terapia de choque. También es una sociedad capitalista y accionada por el mercado, uno de cuyos atributos es el ir dando trompicones de una depresión/recesión a otra. Como es una sociedad de clases, reparte los costes de la recesión y los beneficios de la recuperación de forma desigual, aprovechando cualquier ocasión para dotar de mayor firmeza a su columna vertebral: la jerarquía de clases.”


8- “El amor es la supervivencia del yo a través de la alteridad del yo.”


9- “Si no existe una buena solución para un dilema, si ninguna de las actitudes sensatas y efectivas nos acercan a la solución, las personas tienden a comportarse irracionalmente, haciendo más complejo el problema y tornando su resolución menos plausible.”


10- “El único significado que acarrea el término ‘clase marginal’ es el de quedar fuera de cualquier clasificación significativa.”


11- “Cuando una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Y esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con el trabajo y con el estilo de vida en un sentido amplio.”


12- “La vida social ya se ha transformado en una vida electrónica o cibervida.”

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Martes, 04 Octubre 2016 05:58

Todos contra el escepticismo

Todos contra el escepticismo

Toda la historia de Occidente ha sido la historia de un consenso y hasta unanimidad acerca de las inconveniencias del escepticismo. Se ha preferido incluso que haya quienes tengan otras verdades, aunque sean diferentes; no en última instancia para expulsarlos, reprimirlos y eliminarlos.



En tiempos de desasosiego el escepticismo brota espontáneamente entre los ciudadanos de la Polis, pero hay quienes hacen del escepticismo no simplemente un elemento de reacción, sino un arma de defensa, un arma de combate. En el período Helenístico de la Grecia antigua, cuando ya las costumbres se habían relajado al máximo, era inevitable el ocaso del mundo griego, y los romanos ya empezaban a robarse desde los dioses en adelante; emerge entonces una escuela filosófica importante: el escepticismo.


Planteado originalmente por Pirrón de la ciudad de Elis, en un rincón occidental de Grecia, es sostenido y alimentado, pero sobre todo extendido gracias a Sexto Empírico, quien se paseaba entre Alejandría, Roma y Atenas. Epistemológicamente, Pirrón es el primero que introduce la idea del falibismo, y más exactamente, de la incertidumbre. En contra de cualquier tipo de dogmatismo, el Pirronismo sostenía que es imposible llegar al conocimiento de “verdad”. El escepticismo antiguo no era un asunto de teorías, sino una filosofía eminentemente práxica. Más nos vale acostumbrarnos a la idea de que nada es por sí mismo (enteramente) verdadero, ni tampoco (enteramente) falso. El resultado era la ataraxia, que bien podría traducirse como indiferencia o distanciamiento de los acontecimientos cotidianos. El día a día.


La tradición conocerá esta ataraxia igualmente como la suspensión el juicio (epoché), una actitud que caracteriza a la filosofía fenomenológica de E. Husserl, sin que, sin embargo, quepa decir de Husserl que es un filósofo escéptico. La suspensión del juicio es una actitud de sabiduría consistente en abstenerse de cualquier juicio, a menos que tenga un fundamento en la experiencia misma.


Habiendo viajado por la India, acompañando a Alejandro Magno, Pirrón aprendió —acaso del budismo— que los deseos humanos son vacuos, y que el ideal del sabio es la ausencia de actividad, la renuncia a los deseos; o mejor, aprender a no desear.


Como en numerosos otros casos de la antigüedad, Pirrón no escribió nada y todo nos fue legado por sus discípulos. Acaso el más diligente y próximo, Timón de Fliunte. Sin embargo, lo que la posteridad sabe y aprende de Pirrón se debe principalmente a Sexto Empírico y sus muy destacados Esbozos Pirrónicos.


Gracias a Sexto Empírico, llegamos a saber que el escepticismo antiguo es empírico y antimetafísico. Lo que podemos saber del mundo es en la medida en que nos afecta y cómo sucede, pero no cómo es el mundo por sí mismo.
Sin ambages, el rechazo que Pirrón tiene del dogmatismo se debe, entre otros, a la escuela platónica y a la escuela aristotélica, dos corrientes ampliamente dominantes, incluso en el ocaso de la Grecia antigua. Sin embargo, en rigor, el escepticismo es también la actitud y la filosofía que se opone a la incredulidad ordinaria.


Parte de la razón que explica por qué el escepticismo como una actitud filosófica no tuvo mayor alcance en la historia posterior se debe justamente a la confluencia que se estaba logrando, ya en vida de Pirrón y de Sexto Empírico entre Atenas, Roma y Jerusalén. Esta confluencia se iría a expresar inmediatamente en el crecimiento de la secta cristiana hasta convertirse un tiempo después en la religión oficial de Roma, gracias a Constantino I. El resto, ya es historia y se colige fácilmente.


La historia del escepticismo como una actitud filosófica transcurre por vericuetos nunca oficiales ni púbicos. Ciertamente que Descartes lleva a cabo una duda metódica, pero ella tiene tan sólo un valor instrumental, puesto que su finalidad no era otra que arribar a una verdad apodíctica: esto es, aquella verdad de la cual, literalmente, no cabe dudar en absoluto.
En cualquier caso, la historia de la ciencia y la filosofía ha sido la del fundacionalismo; esto es, hallar fundamentos (acaso los fundamentos de las matemáticas, y otros); o bien, sostener verdades con criterios contextualistas. Por ejemplo.


Los diez siglos del medioevo, y posteriormente, atravesando el Renacimiento, la historia de la modernidad desde el siglo XVI hasta la fecha, ha sido la historia de la certeza de la religión y la fe; o bien, la certeza de la ciencia y todo el aparato lógico (o matemático) —deductivo—. Tiempos de mucho dogmatismo y de verdades a cortapisa.


Se requeriría un espacio mayor para discutir el pirronismo. Sin embargo, lo evidente es la capacidad de independencia que ofrece frente al mundo certero de los pactos, los acuerdos, las normas, los postulados, los consensos, la letra, en fin, las corporaciones y las instituciones de todo tipo. Todas las cuales no admiten, en absoluto, la libertad de la duda. Del libre raciocinio, si se quiere; manifiestamente sin ningún criterio de autoridad, punto.


Toda la historia de Occidente ha sido la historia de un consenso y hasta unanimidad acerca de las inconveniencias del escepticismo. Se ha preferido incluso que haya quienes tengan otras verdades, aunque sean diferentes; no en última instancia para expulsarlos, reprimirlos y eliminarlos. La historia es prolija en este sentido.


Al fin y al cabo la gente prefiere tener malas razones a no tener ninguna, malas explicaciones a no tener una, en fin, prefieren la esclavitud de lo conocido a la libertad de lo desconocido e indeterminado. Verdades y certezas, jamás dudas y skepsis. Esta es una sola y misma historia con la historia de las relaciones entre dependencia y determinismo contra autonomía y libertad.


Todos contra el escepticismo. Así se condensa, según parece, toda la historia de la humanidad occidental. Y en ella, Tirios y Troyanos coinciden en su rechazo de las tesis pirronianas. Si Heráclito ocupa un lugar muy secundario en la historia del pensamiento humano, el Pirronismo es menos que una pequeña rama de un gran árbol. Contra las certezas y las verdades de las amplias y aplastantes mayorías, una mirada fresca al escepticismo filosófico constituye algo mejor que el ofrecimiento de un plato fresco y desconocido al paladar.

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Sábado, 24 Septiembre 2016 06:05

¿Qué pasó con la idea del devenir?

¿Qué pasó con la idea del devenir?

La idea misma de devenir aparece, después de 2.500 años, por la más inopinada de las puertas: aquella en la que ciencia y filosofía se despliegan como un mismo conocimiento.

 

Dos injusticias grandes se han cometido contra el pensamiento de los antiguos griegos. Una es contra Heráclito, el Oscuro de Éfeso, del período arcaico de la Grecia antigua. La otra tiene que ver con los escépticos, Pirrón de Elis, del período helenístico, y Sexto Empírico, el más importante representante del pirronismo. Me concentro aquí en Heráclito y dejo a los escépticos para otra ocasión.


Heráclito y la idea del devenir —“nadie se baña dos veces en el mismo río”— jamás cumplió ningún papel protagónico, ni siquiera de antagonista, e incluso aún menos de actor de reparto en toda la historia de Occidente, debido al peso de Platón y Aristóteles, y las tradiciones que se derivan de ellos, quienes se concentran en la idea del “ser”. Durante 2.500 años, el ser domina ampliamente sobre el devenir, y ésta idea jamás es considerada, ni siquiera de soslayo.


Ni siquiera el marxismo, que hablaba de cambio, transformaciones y dialéctica (en la historia y en la naturaleza) tuvo jamás en cuenta a Heráclito (acaso porque le hizo demasiado caso a Hegel). El joven Marx tiene en cuenta tan sólo a Demócrito y a Epicuro, peor no se acerca ni de lejos al Oscuro de Éfeso.


Lo que impera en la historia de la civilización occidental es la idea del ser, cuya síntesis es la siguiente:


• Ser y pensar son una sola y misma cosa (Parménides).

• El no ser no es, si el no ser fuera, no se podría pensar, y si se pudiera pensar no se lo podría expresar (Gorgias; Platón); ulteriormente.

• Nada entra al ser que no sea el ser y nada sale del ser que no sea el ser (Hegel).


Desde luego, muchos otros filósofos y pensadores caben ser mencionados en cualesquiera de estas tres características.
Heráclito será recuperado, después de 2500 años, con intereses y con acentos diferentes, de un lado, a finales del siglo XX, y de otra parte, a comienzos del siglo XXI, por parte de representantes de lo mejor de la ciencia y la filosofía.


De un lado, I. Prigogine escribe en 1981 un texto fundamental: From Being to Becoming: Time and Complexity in the Physical Sciences (que no ha sido traducido al español). Ya habiendo recibido el Premio Nobel por sus contribuciones y desarrollos a la termodinámica del no–equilibrio (TNE), Prigogine concibe y presenta a la TNE como una “física del devenir”, en contraste con toda la física habida hasta el momento. Así, pensar estructuras disipativas, autoorganización y sistemas alejados del equilibrio es una sola y misma cosa con pensar el devenir. No puede haber mejor interpretación contemporánea de Heráclito, sin que sea éste, en modo alguno, el propósito del libro de Prigogine.


De otra parte, S. Kauffman publica en el 2015 un libro estupendo: Humanity in a Creative Universe, que empata perfectamente con el conjunto de su obra y constituye, a la fecha, el escalón más elevado de la misma. En este libro, Kauffman, sin mencionar temáticamente a Heráclito, sostiene que pensar los sistemas vivos, pensar la complejidad misma y pensar el devenir son tres maneras de decir una misma cosa. De esta suerte, la idea del devenir implica frontalmente un diálogo con lo mejor de la teoría cuántica, notablemente a partir de la noción de “entrelazamiento”. Heráclito contemporizado.


Pues bien, el rasgo común a los tratamientos de Prigogine y de Kauffman es la ciencia (o teoría) de la complejidad. Como nunca antes había quedado de manifiesto, pensar la complejidad del mundo. De la naturaleza y de la vida exige un alejamiento radical y definitivo de la noción misma de ser —y, por tanto, de cualquier ontología—, para pensar la idea misma del devenir.


Los sistemas y fenómenos en devenir son, por definición, sistemas abiertos, indeterminados y, por consiguiente, tienen/crean posibilidades. La idea del “ser” es ajena e indiferente a la noción de posibilidad. Por tanto, a la idea misma de grados de libertad. Asumir el devenir comporta entonces situarse frente a frente mirando a los ojos al problema mismo de la indeterminación, que es acaso el mejor nombre de la libertad. Técnicamente dicho: grados de libertad.


A riesgo de simplificación, la idea devenir significa:


• Indeterminación
• Sistemas abiertos
• Irreversibilidad
• Imprevisibilidad


Si la metáfora de Heráclito es la del río (Éfeso, una ciudad más bien alejada del mar y que ningún río circunda en las cercanías), es sabido que los ríos poseen rápidos: rápido 1, rápido 2, y así hasta un rápido 5; los tránsitos de un rápido al siguiente son, por definición, imprevistos e irregulares; súbitos y turbulentos (con grados).


La idea misma de devenir aparece, después de 2.500 años, por la más inopinada de las puertas: aquella en la que ciencia y filosofía se despliegan como un mismo conocimiento. Que es lo que acontece en Prigogine y en Kauffman.


Como se aprecia, nos encontramos en una magnífica inflexión que toma distancia —una enorme distancia— con respecto a las tradiciones platónica y aristotélica. Para las dinámicas, los sistemas y comportamientos que afrontamos, en diversa escalas, hoy en día, aquellas fuentes resultan limitadas e innecesaria. Y entonces, como el Ave Fénix, renace Heráclito para permitirnos pensar bien, y mejor, al mundo, la naturaleza y la sociedad.


El devenir: la noción de que la naturaleza se manifiesta y se oculta al mismo tiempo, y pone en evidencia que la mayoría permanecen dormidos, y que todo se alimenta del cambio. Al fin y al cabo, la marca de calidad de la naturaleza son las transformaciones. Como la vida misma.

Sábado, 27 Agosto 2016 11:25

La experiencia de la historia

La experiencia de la historia

Hace 25 años se puso de moda el juicio sobre el fin de la Historia. El colapso del socialismo burocrático ensayado en la Rusia de los zares, se asumió como el umbral de clausura de toda experiencia humana creadora. Francis Fukuyama fue el heraldo de esa buena nueva para el capitalismo planetario asumido como estado final y culminación del devenir humano.

El debate que hoy está emergiendo, sobre las cenizas de esa moda, es el de la superación de ese capitalismo planetario en crisis, especialmente desde el desinfle de la burbuja inmobiliaria en el año 2007 y 2008. El economista Joseph Schumpeter caracterizó las crisis capitalistas como experiencias de destrucción creativa. Esa retórica benévola es hoy insostenible. La actual crisis del capitalismo pone en peligro la existencia misma de la humanidad. Esa realidad está en la base de los debates en curso sobre la necesidad de asumir los retos del alumbramiento de una nueva época. El libro de Carlos Eduardo Maldonado, Complejidad de las Ciencias Sociales y de otras Ciencias y Disciplinas, presenta de un modo panorámico los problemas generados por esa situación inédita.

En el prólogo el autor nos interpela con entusiasmo, dice: “Debemos poder pensar lo imposible, debemos poder hacerlo visible, en fin, debemos incluso poder comprender que lo imposible puede estar a la mano. En eso consiste, generosamente entendida, la historia del arte, la historia de la ciencia y la historia de la filosofía, por ejemplo”.

Agregaríamos, la historia como una experiencia asumida en libertad y no como una triste clausura sin remedio de la lógica capitalista del cálculo egoísta y el frío interés. Si adoptamos el punto de vista intergeneracional, seis generaciones atrás (hacia 1848) en el Manifiesto comunista se reconocía con entusiasmo como el capitalismo creaba las condiciones de su propia superación, las condiciones para el surgimiento de una sociedad “[...] en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”. Esa expectativa le daba a la idea del socialismo un poder de seducción universal. Surgieron todo tipo de socialismos. Marx los diseccionó en el apartado III del Manifiesto. Allí mostró los rasgos básicos del socialismo feudal, conservador burgués, el utópico, el de las clases medias o pequeña burguesía.

El proceso histórico cristalizó en el socialismo burocrático ensayado en la antigua Rusia de los zares, y sobre cuyo fracaso se fabricó la idea del fin de la historia. Clausurado ese ciclo, el debate en curso hoy está despejando el horizonte y comienza a reconocerse la génesis de una nueva época que tiene en la actual revolución tecnocientífica uno de sus núcleos generadores.

Desdeabajo está cumpliendo 25 años de labores, y presenta sus resultados como un logro “[...] de toda nuestra sociedad”. Ahora, con este libro Carlos Eduardo Maldonado nos propone un logro a futuro y nos invita a obrar como agentes catalizadores de la realización de la nueva época en proceso en donde el trabajo comienza a ser una experiencia creadora, configurándose la idea de un nuevo humanismo.

Publicado enEdición Nº227
George Steiner: “Estamos matando los sueños de nuestros niños”
A sus 88 años, el gran filósofo y ensayista denuncia en una lúcida entrevista que la mala educación amenaza el futuro de los jóvenes
 

Primero fue un fax. Nadie respondió a la arqueológica intentona. Luego, una carta postal (sí, aquellas reliquias consistentes en un papel escrito y metido en un sobre). “No les contestará, está enfermo”, previno alguien que le conoce bien. A los pocos días llegó la respuesta. Carta por avión con el matasellos del Royal Mail y el perfil de la Reina de Inglaterra. En el encabezado ponía: Churchill College. Cambridge.

El breve texto decía así:


“Querido Señor,
El año 88 y una salud incierta. Pero su visita sería un honor. Con mis mejores deseos.
George Steiner”.


Dos meses después, el viejo profesor había dicho “sí”, poniendo provisional coto a su proverbial aversión a las entrevistas.


El catedrático de literatura comparada, el lector de latín y griego, la eminencia de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge; el hijo de judíos vieneses que huyeron del nazismo primero a París y luego a Nueva York; el filósofo de las cosas del ayer, del hoy y del mañana; el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001, el polemista y mitólogo políglota y el autor de libros capitales del pensamiento moderno, la historia y la semiótica como Errata, Nostalgia del absoluto, La idea de Europa, Tolstoi o Dostoievski o La poesía del pensamiento abría a EL PAÍS las puertas de su preciosa casita de Barrow Road.


El pretexto: los dos libros que la editorial Siruela ha publicado recientemente en español. Por un lado Fragmentos, un minúsculo aunque denso compendio de algunas de las cuestiones que obsesionan al autor como la muerte y la eutanasia, la amistad y el amor, la religión y sus peligros, el poder del dinero o las difusas fronteras entre el bien y el mal. Por el otro, Un largo sábado, embriagador libro de conversaciones entre Steiner y la periodista y filóloga francesa Laure Adler.


El motivo real: hablar de lo que fuera surgiendo.


Es una mañana de lluvia en la campiña de Cambridge. Zara, la encantadora esposa de George Steiner (París, 1929), trae café y pastas. El profesor y sus 12.000 libros miran de frente al visitante.


PREGUNTA. Profesor Steiner, la primera pregunta es ¿cómo está su salud?


RESPUESTA. Oooh, muy mal, por desgracia. Tengo ya 88 años y la cosa no va bien, pero no pasa nada. He tenido y tengo mucha suerte en la vida y ahora la cosa va mal, aunque todavía paso algunos días buenos.


P. Cuando uno se siente mal... ¿es inevitable sentir nostalgia de los días felices? ¿Huye usted de la nostalgia o puede ser un refugio?


R. No, lo que uno tiene es la impresión de haber dejado de hacer muchas cosas importantes en la vida. Y de no haber comprendido del todo hasta qué punto la vejez es un problema, ese debilitamiento progresivo. Lo que me perturba más es el miedo a la demencia. A nuestro alrededor el Alzhéimer hace estragos. Así que yo, para luchar contra eso, hago todos los días unos ejercicios de memoria y de atención.


P. ¿Y en qué consisten?


R. Lo que le voy a contar le va a divertir. Me levanto, voy a mi pequeño estudio de trabajo y elijo un libro, no importa cuál, al azar, y traduzco un pasaje a mis cuatro idiomas. Lo hago sobre todo para mantener la seguridad de que conservo mi carácter políglota, que es para mí lo más importante, lo que define mi trayectoria y mi trabajo. Trato de hacerlo todos los días... y desde luego parece que ayuda.


P. Inglés, francés, alemán e italiano...


R. Eso es.


P. ¿Sigue leyendo a Parménides cada mañana?


R. Parménides, claro... bueno, u otro filósofo. O un poeta. La poesía me ayuda a concentrarme, porque ayuda a aprender de memoria, y yo siempre, como profesor, he reivindicado el aprendizaje de memoria. Lo adoro. Llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo, las otras vidas de mi vida.


P. La poesía vive... o mejor dicho, en este mundo de hoy sobrevive. Algunos la consideran casi sospechosa.


R. Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.


P. ¿Es optimista con respecto al futuro de la poesía?


R. Enormemente optimista. Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle... prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo... de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.


P. El ruido y la prisa... ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo... ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?

 


R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo... pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.


P. Habla usted de la utopía y de su contrario, la dictadura de la certidumbre...

 


R. Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.


P. No se sabe bien por qué el error tiene tan mala prensa, pero el caso es que en estas sociedades exacerbadamente utilitarias y competitivas la tiene.


R. El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos jamás podremos asumir los grandes retos, los riesgos. ¿Es que el error volverá? Es posible, es posible, hay algunos atisbos. Pero ser joven hoy no es fácil. ¿Qué les estamos dejando? Nada. Incluida Europa, que ya no tiene nada que proponerles. El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor... hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, solo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.


P. No le cae muy simpático el psicoanálisis, es lo menos que pude decirse.


R. El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.


P. Y Sigmund Freud...


R... Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario.


En ese momento, George Steiner se levanta, avanza lentamente hacia su inmensa biblioteca y de dentro de un viejo volumen extrae una tarjeta de visita amarillenta escrita a mano en alemán: es una felicitación de boda de Sigmund Freud a los padres de Steiner. “Mi padre lo conoció, paseaban juntos por la orilla del río”.


P. Volvamos a la cuestión del poder del dinero. ¿Tiene usted una explicación válida desde un punto de vista filosófico de por qué en su día los electores de Italia y hoy de España decidieron y deciden llevar al poder a partidos políticos enfangados en la corrupción?


R. Porque hay una enorme abdicación de la política. La política pierde terreno en todo el mundo, la gente ya no cree en ella y eso es muy muy peligroso. Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.


P. La vieja pero hoy tan vigente figura del idiotes aristotélico...


R. Exacto, una figura muy actual. Bien, pues yo siento vergüenza de haber gozado de este lujo privado de estudiar y escribir y de no haber querido entrar en el ágora. Me pregunto qué va a pasar con el fenómeno de las estructuras políticas en sí mismas. Triunfan por todos lados el regionalismo, el localismo, el nacionalismo... vuelve el villorrio. Cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.


P. ¿Cómo contempla una hipotética victoria de Trump?


R. No ocurrirá, Hillary ganará. Pero será una triste victoria, porque esta mujer está agotada, quemada interiormente. ¿Y qué me dice de Putin? La violencia de alguien como él parece tranquilizar a la gente que ya no cree en la política, les reconforta. Eso es porque el despotismo es lo contrario a la política.


P. ¿Y la política y la cultura? ¿Cómo se llevan? Y otra cuestión: ¿comparte usted la sensación –muy personal y subjetiva, por otra parte- de que la cultura, entendida como ‘las artes’, está estancada, al contrario que los avances científicos, imparables?

 


R. A ver cómo hablamos de esto, es delicado. Estamos usted y yo en una pequeña ciudad inglesa como Cambridge en la que, desde el siglo XII, cada generación ha producido gigantes de la ciencia. Hay ahora mismo 11 premios Nobel aquí. De aquí salieron Newton, Darwin, Hawking... Para mí, el símbolo del avance imparable de las ciencias es Stephen Hawking. Apenas mueve la esquina de una de sus cejas, pero su mente nos ha llevado al extremo del universo. Ningún novelista, dramaturgo, poeta o artista, ni siquiera el mismísimo Shakespeare, habría osado inventar a Stephen Hawking. Bien. Si usted y yo fuéramos científicos, el tono de nuestra charla sería distinto, sería mucho más optimista, porque hoy, cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque-, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin... sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!


P. ¿Establece usted diferencias entre “alta” y “baja” cultura, como han hecho algunos intelectuales de renombre, visiblemente incómodos ante formas de cultura popular como los cómics, el arte urbano, el pop o el rock, a los que se llegó a poner la etiqueta de “civilización del espectáculo”?

 


R. Yo le digo una cosa: Shakespeare habría adorado la televisión. Habría escrito para la televisión. Y no, no hago esas distinciones. A mí lo que de verdad me entristece es que las pequeñas librerías, los teatros de barrio y las tiendas de discos cierren. Eso sí, los museos están cada día más llenos, la muchedumbre colapsa las grandes exposiciones, las salas de conciertos están llenas... así que atención, porque estos procesos son muy complejos y diversos como para establecer juicios globales. El señor Mohammed Ali era también un fenómeno estético. Era como un dios griego. Homero habría entendido a la perfección a Mohammed Ali.


P. ¿Cree que asistiremos a la muerte de la cultura como contenedor de formas clásicas ya manidas y su sustitución por otras nuevas?


R. Puede... puede que esté muriendo una cultura clásica de carácter patriarcal y esté surgiendo otra de formas nuevas e intermedias, una cultura hermafrodita, bisexual, transexual y en la que desde luego la mujer contribuirá de forma muy especial a recuperar los sueños y las utopías... Por cierto, una vez más, hablando de transexuales y bisexuales... ¡Freud ni los vio venir!


P. Usted ha dicho alguna vez que se arrepentía de no haberse arriesgado a lanzarse al mundo de la creación. ¿Es una espina clavada?


R. En efecto. Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía. Y he dicho también –y algunos no me lo han perdonado nunca- que el más grande de los críticos es minúsculo comparado con cualquier creador. Así que hablemos claro y no nos hagamos ilusiones. Yo soy tan solo un cartero, soy Il Postino. Y estoy muy orgulloso de eso, de haber llevado el correo bien a tantos y tantos alumnos. Pero no nos hagamos ilusiones.


P. ¿Quién no le perdonó? ¿Colegas suyos de universidad?


R. Así es. Es que en la universidad hay una vanidad descomunal. Y les sienta mal que les digas claramente que son parásitos. Parásitos en la melena del león.


P. El creciente desdén político por las humanidades es desolador. Al menos en España. La filosofía, la literatura o la historia son progresivamente ninguneadas en los planes educativos.



R. En Inglaterra también pasa, aunque quedan algunas excepciones en escuelas privadas para élites. Pero el sentido de la élite es ya inaceptable en la retórica de la democracia. Si usted supiera cómo era la educación en las escuelas inglesas antes de 1914... pero es que entre agosto de 1914 y abril de 1945 unos 72 millones de hombres, mujeres y niños fueron masacrados en Europa y el oeste de Rusia. ¡Es un milagro que todavía exista Europa! Y le diré algo respecto a eso: una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue. Sé que cabrearé a unos cuantos antisemitas, pero la vida universitaria alemana nunca fue ya la misma sin esos judíos. Una civilización que mata a sus judíos está matando el futuro. Pero bueno, hoy hay 13 millones de judíos en el mundo, más que antes del Holocausto.


P. Resulta increíble, es cierto.


R. ¡Resulta escandaloso! Un magnífico escándalo.


P. Profesor Steiner, ¿qué es ser judío?


R. Un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor.


P. ¿Cómo ve el futuro del ser humano? ¿Es optimista o pesimista?



R. El futuro... no sé. Toda profecía es simplemente memoria activa, no se puede prever nada, solo mirar en el retrovisor de la historia y contarnos historias sobre el futuro. Eso sí: habrá dos tres descubrimientos científicos en el campo de la genética que van a plantear problemas morales terriblemente complejos. Por ejemplo, ¿permitiremos que se manipulen las células del feto?


P. También será un problema moral poner freno al avance científico...


R. Exactamente. ¿Qué derecho tenemos? Yo soy, por ejemplo, firme partidario de la eutanasia. Los viejos destruimos a menudo la vida de los jóvenes que tienen que cargar con nosotros. ¡Me gustaría tanto tener el derecho de decir “Gracias, todo ha sido magnífico, ahora basta”. Eso llegará. En Holanda y en Escandinavia ya está pasando... No tenemos ya recursos para mantener en vida a tanta gente senil o demente, va contra la felicidad de mucha gente, no es justo.


P. ¿Qué momentos o hechos cree que forjaron más su forma de ser? Entiendo que tener que huir del nazismo junto a sus padres y saltar de París a Nueva York –magistralmente evocado en su libro Errata- es uno de los fundamentales teniendo en cuenta que...


R. Le diré algo que le impactará: ¡Yo le debo todo a Hitler! Mis escuelas, mis idiomas, mis lecturas, mis viajes... todo. En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria. “Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mí? Porque nos enseña que somos los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y si hay que partir, partir. Y no quejarse.

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Jueves, 23 Junio 2016 07:09

Ciudadano Saramago

Ciudadano Saramago

 

Comprometido, optimista, informado y memorioso

 
Hace seis años, el dieciocho de junio de dos mil diez, nos dejaba una de las personas que más y mejor entendió el papel de la ciudadanía en la construcción de la democracia. En fechas repletas de movimientos estratégicos por detentar el poder, uno, el que sea, porque en el fondo a la mayoría lo que les importa es tenerlo, conviene no perder de vista algunas de sus palabras:


“Ésta es una sociedad falsa. Quiero decir... inexistente. Pienso que para que una sociedad exista, debe darse una cierta unión entre sus miembros, no un continuo estado de competencia. Lo que hoy vivimos es la tiranía de un sistema que ha conseguido que el hombre que se mueve dentro de él sea fácilmente desechable.”


Era un gran escritor y un buen periodista que analizaba la realidad con optimismo, a pesar de las muchas desgracias que azotaban y azotan el panorama mundial, pero con aguda mirada y sin perder de vista la memoria


“¿Qué es eso de una sociedad mejor? ¿Qué significa eso? Hay que relacionar la sociedad concreta con sus medios. Hace dos siglos no se podían resolver problemas para los cuales tenemos ahora remedio. La cuestión es saber si los medios de que disponemos los usamos para responder los problemas de ahora, de hoy, de nuestro tiempo. No tiene sentido que la gente se siga muriendo de hambre. No me interesa si la sociedad de ahora es mejor o peor. Lo que verifico es que no es mejor de lo que podría ser.”


José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 y murió en Tías (Tenerife, España) el 18 de junio de 2010. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1998 “por permitirnos, a través de parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, aprehender una realidad esquiva”.

 


De la lucidez a la ceguera


Sus reflexiones sobre la lucidez y la ceguera son profundas muestras sobre el conocimiento de una política hueca en una sociedad huera, al menos esa mitad mal llamada desarrollada que parece no tener más afán que consumir y morir enriquecida por el empobrecimiento de la otra mitad.


Las enfermedades mentales transmutan en físicas para narrar lo débil y falso de un sistema que ha convertido en incompetentes las relaciones humanas y sus instituciones. Tal como él decía: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”


En estos años desde que se fue, su memoria, sus ideas y sus acciones siguen tan vivas y actuales como cuando estaba entre nosotros. Y si no, revisen, por ejemplo, sus Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) cuando nos decía:


“Si el centro no va a la periferia, irá la periferia al centro. Con otras palabras: Europa está hoy “cercada” por aquellos a quienes abandonó después de haberlos explotado hasta las propias raíces de la vida.”


Que tan acertada visión de lo que por estos días se han encargado de publicitar y vender, pretendiendo crear conciencia, estados varios y ciertos organismos internacionales con motivo del día de la persona refugiada (insistiendo además en el masculino “día del refugiado”, cuando la mayoría son mujeres y niñas).


El año de su muerte le dediqué un tardío y póstumo homenaje en la página 25 del número 12 del renovado Tribuna, órgano de expresión de la Federación de Servicios al a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras, curiosamente esa ciudadanía a la que él tan bien leyó y a la que tanto sirvió.


Su literatura nos enriqueció, “era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras”. Sus discursos nos motivaron, como el que ofreció hace diez años, el 17 de junio de 2005, en la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Tras explicar cómo en España, unos años antes, le habían reunido junto a un grupo de personas para que presentaran propuestas para el milenio, que se convirtieron en puro delirio, Saramago nombró la décima suya: “regresar a la filosofía”. Todo eso para invitar a los asistentes a pensar: “Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.”

 


Un político comprometido


Fue un comunista de pura cepa, un ateo militante, un defensor de la justicia social y de las causas justas, aunque pudieran parecer utópicas, que no significa que estuvieran perdidas.


Fue una simiente que dio muchos frutos, sus más de cuarenta obras publicadas, que nos han llevado a tierras de pecado; al cerco de Lisboa; a la caverna; a releer la existencia de Jesucristo o la vida errante de Caín; a la isla desconocida; a viajar con un elefante o en una balsa de piedra; a levantarnos del suelo; al memorial de un convento; a pensar en el hombre duplicado; a no vernos en la lucidez, o a dejarnos deslumbrar por la ceguera. Todas ellas ocupan, por mérito propio, las más destacadas bibliotecas contemporáneas.


Un revolucionario pacífico que era lo que Edward Said, otro de los grandes pensadores éticos, llamaba un intelectual comprometido, que tienen que usar su lugar destacado en la sociedad para luchar contra el statu quo, para criticar a los poderes y a los medios que intentan moldear a la ciudadanía a través de conformar la mal llamada opinión pública.


Como miembro del Parlamento Internacional de Escritores se atrevió a comparar la situación de la población palestina en los territorios ocupados con el campo de concentración nazi en Auschwitz, declarando tras una visita a Ramala que “Un sentimiento de impunidad caracteriza hoy al pueblo israelí y a su ejército. Se han convertido en rentistas del holocausto. Con todo el respeto por la gente asesinada, torturada y gaseada.”


Y un enemigo de las guerras que defendía que no se manipulara la paz para justificar aquéllas, como dejo claro en el manifiesto de 2003 contra la guerra de Irak.


“Sin paz, sin una paz auténtica, justa y respetuosa, no habrá derechos humanos. Y sin derechos humanos – todos ellos, uno por uno – la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo. Los que estamos aquí somos una parte de la nueva gran potencia mundial. Asumimos nuestras responsabilidades. Vamos a luchar con el corazón y el cerebro, con la voluntad y la ilusión. Sabemos que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ellos (no necesito ahora decir sus nombres) han elegido lo peor. Nosotros hemos elegido lo mejor.”

 


Sus pequeñas cosas


Podemos conocerle más y mejor visitando la exposición permanente en la Fundación José Saramago (Casa dos Bicos en Lisboa), la Biblioteca Saramago en Tías (Lanzarote) o la delegación en su Azinhaga natal.


Yo les recomiendo, al margen de esos grandes ensayos que son sus novelas, esa pequeña metáfora, obra maestra sobre el derecho de soñar y de buscar la libertad, que es El cuento de la isla desconocida y también el texto que sirvió de guión a un hermoso cortometraje de animación, que yo utilizo en clase para hablar de educación, comunicación y ciudadanía, La flor más grande del mundo, “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde tanto tiempo venimos enseñando?”


A este mundo insolidario, materialista, grosero y jodón le hacen falta personas como Saramago, gente ética, comprometida y con criterio que piense, que nos haga pensar y que nos invite a la acción tras la reflexión.


Afirmaba: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.”


Le podemos buscar en sus poemas


Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
Como a lua nao faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chao a ordem que decide
A uniao dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me doi de magoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouco a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros.

 


Y “escucharle” en la voz de Luis Pastor para seguirle pensando.

 

Ergo Uma Rosa (Saramago, Luis Pastor, María Pagés) 

 

O verle y oírle en esos fragmentos inéditos que ha montado el director Miguel Gonçalves Mendes en “José e Pilar”

 

 

José e Pilar- Fragmentos 

 

 

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¿Por qué el espacio es tridimensional?
Los científicos proponen que el espacio es tridimensional a causa de una magnitud termodinámica llamada la densidad de energía libre de Helmholtz.

 

 

MADRID.- La cuestión de por qué el espacio es tridimensional (3D) y no de algún otro número de dimensiones ha desconcertado a los filósofos y científicos desde la antigua Grecia.

 

El espacio-tiempo total es de cuatro dimensiones, o dimensión 3+1, donde el tiempo es la cuarta dimensión. Es bien sabido que la dimensión del tiempo se relaciona con la segunda ley de la termodinámica: el tiempo tiene una dirección (hacia adelante), ya que la entropía (una medida del desorden) nunca disminuye en un sistema cerrado como el universo.

 

En un nuevo artículo publicado en Europhysics Letters (EPL), los investigadores han propuesto que la segunda ley de la termodinámica también puede explicar por qué el espacio es 3D.

 

"Diferentes investigadores en los campos de la ciencia y la filosofía han abordado el problema de la naturaleza del espacio-tiempo en la dimensión 3+1, al justificar la elección adecuada de su dimensionalidad con el fin de mantener la vida, la estabilidad y la complejidad", dijo a Phys.org el coautor Julián González-Ayala, del Instituto Politécnico Nacional de México y la Universidad de Salamanca.

 

"La mayor importancia de nuestro trabajo es que se presenta una deducción basada en un modelo físico de la dimensionalidad del universo con un escenario adecuado y razonable de espacio-tiempo. Esta es la primera vez que el número 'tres' de las dimensiones del espacio surge como la optimización de una magnitud física ".

 

Los científicos proponen que el espacio es 3D a causa de una magnitud termodinámica llamada la densidad de energía libre de Helmholtz. En un universo lleno de radiación, esta densidad se puede considerar como una especie de presión en todo el espacio, que depende de la temperatura del universo y su número de dimensiones espaciales.

 

Aquí, los investigadores demostraron que, mientras el universo comenzó el enfriamiento desde el momento después del big bang, la densidad de Helmholtz alcanzó su primer valor máximo a una muy alta temperatura que corresponde a cuando el universo tenía sólo una fracción de segundo de edad, y cuando el número de dimensiones espaciales fue de aproximadamente tres.

 

La idea clave es que el espacio 3D fue "congelado" en este punto cuando la densidad de Helmholtz alcanzó su valor máximo en primer lugar, que prohíbe el espacio 3D a partir de la transición a otras dimensiones.

 

Esto es porque la segunda ley permite transiciones a dimensiones más altas sólo cuando la temperatura está por encima de este valor crítico, no por debajo. Puesto que el universo se está enfriando continuamente hacia abajo, la temperatura actual está muy por debajo de la temperatura crítica necesaria para la transición desde el espacio 3D con un espacio de más dimensiones. De esta manera, explican los investigadores, las dimensiones espaciales son vagamente análogas a fases de la materia, donde la transición a una dimensión diferente se asemeja a una transición de fase tal como la fusión del hielo, algo que sólo es posible a temperaturas suficientemente altas.

 

"En el proceso de enfriamiento del universo temprano y después de la primera temperatura crítica, el principio de incremento de entropía para sistemas cerrados podría haber prohibido ciertos cambios de dimensionalidad", explicaron los investigadores.

 

La propuesta aún deja espacio para que dimensiones superiores se hayan producido en la primera fracción de segundo después del Big Bang, cuando el universo era aún más caliente de lo que era a la temperatura crítica. Dimensiones adicionales están presentes en muchos modelos cosmológicos, sobre todo la teoría de cuerdas. El nuevo estudio podría ayudar a explicar por qué, en algunos de estos modelos, las dimensiones adicionales parecen haber colapsado, mientras que el espacio 3D siguió creciendo en todo el universo observable.

 

En el futuro, los investigadores planean mejorar su modelo para incluir los efectos cuánticos adicionales que puedan haber ocurrido durante la primera fracción de segundo después del Big Bang, la llamada "época de Planck." Además, los resultados de un modelo más completo pueden proporcionar una guía para los investigadores que trabajan en otros modelos cosmológicos, como la gravedad cuántica.

 

 

Sábado, 20 Febrero 2016 06:22

Se ha apagado un Eco extraordinario

Se ha apagado un Eco extraordinario

Umberto Eco fue durante décadas un filósofo e intelectual inquieto, que se hacía preguntas y merodeaba las respuestas con voracidad de curioso insaciable. Sobre todo, fue siempre un gran apasionado de la cultura. En 1964 publicó un libro que marcó época y que es referente para cualquiera interesado en entender qué demonios es eso a lo que llamamos cultura: Apocalípticos e integrados. Ahí fijaba una discusión que llevaba en marcha, como mínimo, desde la Revolución Francesa: la de quienes defendían la cultura como un saber que había que preservar por una elite de entendidos que la mantuvieran a salvo de las tentaciones de la vulgarización que terminaría por destruirla (los apocalípticos) o los que creían que la cultura debía hacerse popular, hacerse accesible y llegar a más gente para hacer que sus vidas fueran extraordinarias (los integrados), a pesar del riesgo de convertirla en un producto de masas. Eco se movía entre los dos territorios con su aguda mirada inconformista: cuando estaba en territorios apocalípticos se mostraba sarcástico con esa aristocracia cultural que hacía de la cultura algo estático y apolillado. Cuando tocaba acercarse a la cultura de masas era muy crítico con la banalización de la prensa y los efectos de internet como caja de ruido donde los mensajes perdían el sentido.


Eco era un hombre de una inteligencia pasmosa. Le acusaban desde algunos sectores de ser un gran profesor de teoría de la comunicación y las estructuras narrativas, pero que era fácil criticar los toros desde la barrera. Y decidió demostrar que construir una novela no era tan difícil. Y escribió en 1980 El nombre de la rosa, que inauguró lo que podría denominarse “thriller cultural”. Una denominación kitsch que le habría encantado y horrorizado al mismo tiempo. Lo que podía haber sido la veleidad de un profesor de poner su pica en Flandes en la narrativa resultó un libro maravilloso. Y además tuvo un efecto sorprendente: gustó a los críticos exigentes y encandiló al público en general. Una pirueta fantástica entre alta y baja cultura en la que introducía una trama policiaca en un contexto tan culto como una abadía benedictina dotada de una gran biblioteca y de las muertes que empiezan a acontecer alrededor de un libro eternamente buscado por los especialistas: La Poética de Aristóteles. Inolvidable el investigador –el franciscano Guillermo de Baskerville- y su fiel ayudante Adso. Eco tomó todos los clichés de la novela negra y la novela histórica: la ambientación de época, la pareja de investigadores, los crímenes seriados, las pistas falsas y los convirtió en una obra de gran altura literaria para demostrar que la cultura es algo poroso y que, en realidad, las propias calificaciones estrictas entre “apocalípticos” e “integrados” son tan relativas como la vida misma.


A continuación, cuando los que no lo conocían esperaban una carrera de novelista de éxito, se encontraron con nuevos artículos y ensayos en el entorno de la narrativa, la semiótica y la comunicación. Tardó 8 años en publicar su siguiente novela. El péndulo de Foucault fue otra de sus monumentales bromas serias, un pastiche entre lo cultural, lo científico y lo esotérico, con cargas de profundidad hacia la religión, mucho más compleja de lectura que El nombre de la rosa. Porque él siempre fue un ensayista y un reflexionador. Las novelas eran prácticas de laboratorio de sus ideas y maneras de introducir artefactos singulares y provocadores en el debate.

En sus últimos años Eco vivió tratando de buscar el sentido de la belleza en las artes y batallando en su crítica a unos medios de comunicación que habían arrinconado la cultura. Hace unos años publicó un cruce de cartas con Emmanuelle Carrère que dio lugar a delicioso un ensayo titulado Nada acabará con los libros. Ya con 80 años, Eco seguía alzando la voz para decir que la lectura es una de las actividades no solo más nobles, sino más necesarias para la Humanidad: “el libro es como la cuchara, la rueda, las tijeras... una vez inventadas no se puede crear ya nada mejor” y defendía con pasión que, fuese en hoja de papel o en el soporte que fuese, “el libro había superado la prueba del tiempo y nunca dejaría de ser lo que es”. Nos ha dejado a los 84 años y deja uno de esos silencios que no sabemos si podremos llenar.

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Una idea delicada, una experiencia radical

El sistema (lo que quiera que "eso" sea), admite y permite la violación de la igualdad y de la fraternidad. Pero difícilmente permite que haya gente libre. La más peligrosa y riesgosa de todas las ideas y experiencias.

 

Cuando son libres, los seres humanos tienen la capacidad de decidir incluso hasta el último instante. La tradición filosófica llama a esta capacidad, en unas ocasiones, como "voluntad", y en otras como "libre albedrío". El énfasis, naturalmente no está en la capacidad de cambiar de opinión o introducir una acción cualquiera. El énfasis está en: "(incluso en) el último instante".


Esta es la mejor expresión de libertad, y la esencia misma de la autonomía. No en el hecho de actuar de tal o cual manera, sin constricciones, sin restricciones, sino, por el contrario, y más radicalmente, en el hecho mismo de que, incluso en ocasiones sin razones intelectuales o cognitivas, los seres humanos pueden cambiar impredeciblemente el decurso de una acción.


En otras palabras, la libertad consiste y se expresa a la vez en esa clase de inflexiones o de bifurcaciones que introducimos incluso aunque no sepamos muy bien por qué. Al fin y al cabo, una cosa es la libertad misma, y otra muy distinta, la justificación de la misma. En este último plano entran todos los mecanismos, ideológicos o no, de racionalización y argumentación. En el primer plano, se trata de una vivencia, de una experiencia plena, pura. Kant jamás pudo haberse acercado a aquel primer plano. (No en vano era pietista).


Y es que, propiamente bien entendida, la libertad es ante–predicativa. Lo cual no quiere, en manera alguna, oponerse al hecho que de ella puedan y deban hacerse justificaciones, reflexiones y argumentos de diverso tipo e interés. En lo que sí se acercó Kant, pero sin darse cuenta de ello, fue en el hecho de que la libertad consiste en un interés–desinteresado. Aun cuando el lenguaje y el contexto kantiano sean distintos.


Así las cosas, sólo son libres aquellos individuos que tienen la capacidad de poder variar, ad libitum, una historia, una trayectoria, un programa determinados. Eso, literalmente, incluso aunque sea a última hora. Exactamente en este sentido, contra las racionalizaciones variopintas que se quiera hacer de la libertad, ella es una experiencia límite. O bien porque introduce una nueva fase en la trayectoria de un fenómeno, o bien porque rompe por completo las previsiones y previsibilidades que, hasta ese momento, cabía imaginar.


Dicho en el lenguaje clásico de la revolución de 1789, el sistema, el establecimiento todo lo perdona y lo admite: así, por ejemplo, que en ocasiones no seamos fraternos con los demás, o bien que por momentos nos comportemos de forma inequitativa con otros. Esto es, el sistema —lo que quiera que "eso" sea—, admite y permite la violación de la igualdad y de la fraternidad. Pero difícilmente permite que haya gente libre. La más peligrosa y riesgosa de todas las ideas y experiencias.


En efecto, lo que "el sistema" pide es cosas como afiliación, lealtad, sentido de pertenencia, fidelidad, compromiso y otras cosas semejantes. Pero el criterio propio, la decisión autónoma, en una palabra: la libertad, esa es una idea y una experiencia peligrosa. Precisamente por ello se implementan tantos dispositivos como sean necesarios para hacer a la gente previsible. Y, por tanto, controlable. Política y militarmente, por ejemplo, es el temor que generan siempre los "lobos solitarios" (un contrasentido, en realidad, pues en rigor, los lobos tienen un profundo sentido de la manada).


Lo que hace "el sistema" es convertir a los individuos en seres previsibles, y tan previsibles como quepa imaginar. No en vano, eufemísticamente, se dice, con criterio por lo demás eminentemente fisicalista, que la buena ciencia (lo que quiera que ello sea) hace predicciones. La impronta social y política no cabe ser obliterada.


La libertad auténtica puede ser entendida negativamente como la ausencia de constricciones, restricciones y condicionamientos. En este sentido, exactamente, la verdadera libertad no sabe de causalidad. Pero positiva o afirmativamente, la auténtica libertad introduce imprevisiblemente fluctuaciones, perturbaciones, inflexiones o bifurcaciones allí donde hace justo un instante no las había. En el lenguaje de la complejidad, ello se dice así: la libertad es sensible a las condiciones iniciales, y éstas son radicalmente diferentes a las "condiciones originales". El concepto de "condiciones iniciales", originariamente introducido por Galileo, hace referencia a las condiciones en el presente, en cada instante. En otras palabras, se trata de la atención a cada punto crítico, a cada estado crítico.


Los seres libres son verdaderamente pocos; una inmensa minoría. Pues la mayoría sencillamente eso: reacciona, responde, tiene causas y razones para sus actos, y generalmente esas causas son externas aun cuando hayan podido ser interiorizadas y entonces asumidas como propias. Los seres verdaderamente libres poseen un criterio propio, pero no hacen de él un asunto de propaganda. Sin más, los seres verdaderamente libres no hablan de su libertad; la ejercen. Y los reconocemos cuando los vemos. Análogamente como sucede con los sabios, que no hacen de su sabiduría un asunto público, sino, la viven.


El ejemplo es siempre el mejor maestro, pero el ejemplo no es un asunto de técnicas pedagógicas, de estrategias educativas, o de campañas publicitarias. El ejemplo se lo vive, y se lo trasmite "desde adentro". En este sentido, aunque suene críptico, el Buda decía: "Si lo tienes te lo doy; si no lo tienes te lo quito".


Al fin y al cabo, los seres humanos son capaces de tomar decisiones, y muchas veces asumen esas decisiones aunque no sepan intelectualmente muy bien por qué lo hacen. Pero en alguna parte de su sistema endocrino, o linfático, por ejemplo, sí poseen los argumentos para su acción o para sus decisiones. Como se ha dicho tantas veces, el cerebro nos engaña, y podemos engañarlo. El cuerpo, por el contrario, jamás nos miente. Sólo que no se trata de subrayar aquí, por otros caminos el dualismo entre mente y cuerpo (res cogitans y res extensa). La buena vida sabe que ambas instancias son una sola, pero que su verdad se enraíza en algún lugar que no se agota en los argumentos o las justificaciones. Aunque en ocasiones estemos obligados a suministrarlas, pues exactamente en ello consiste una vida en común (koinonía), y ulteriormente la vida en sociedad (politeia).


Accedemos a los demás a través de nuestras decisiones, nuestras acciones y nuestras palabras. Y también los demás acceden a nosotros por los mismos medios, principalmente. Pero ello no debe hacernos creer que terminamos de conocer, de apropiarnos o de determinar a los demás. Los otros siempre permanecen como un enigma que no termina de resolverse enteramente. Como el mundo, como la vida.


En resumen, la libertad consiste propiamente en un acto de indeterminación: indeterminación de sí misma, indeterminación del mundo, indeterminación de la vida misma. En esto consiste pensar la complejidad, a saber: en indeterminar los fenómenos. Análogamente a lo que acontece con la libertad; cuando somos libres.

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Miguel Echeverría

Nietzsche decía que en épocas de decadencia política, la cultura solía florecer. Este dictamen estaba inscrito en su particular lectura vitalista, según la cual lo dionisiaco está relacionado con la creación y lo apolíneo con una civilización cansada donde la razón y las estructuras matan el acrecentamiento vital (1). Me parece que en la historia latinoamericana del siglo pasado y a su manera, este diagnóstico se cumplió. Pero igualmente, considero que se está cumpliendo hoy, en la crisis mundial actual. Es decir, lo que podemos constatar a partir de la crisis actual es que hay una pluralización saludable de la filosofía y del pensamiento. En ambos casos, tanto en el del siglo pasado como en el de hoy, las crisis históricas han resultado favorables al filosofar en Latinoamérica. A estas dos cosas me quiero referir en este corto discurso de clausura.

 

1. De 1939 a nuestros días: crisis y filosofía

 

Cuando en 1939 inició la Segunda Guerra Mundial, la inteligencia europea veía el fracaso de un proyecto civilizatorio. Este fracaso había iniciado realmente con la Gran Guerra de 1914. Era el fracaso del proyecto liberal, lo cual se constataba con eso que Foucault llamó las "patologías del poder", esto es, las dictaduras de distinto cuño que azotaron a Europa como el stalinismo, el nazismo y el franquismo; asimismo, este periodo de "entreguerras" o era de las "catástrofes", puso de presente que el proyecto ilustrado había fracasado. Por eso las filosofías hijas de la crisis, como la filosofía de la historia de Spengler en la Decadencia de Occidente (1918-1922), la Dialéctica del iluminismo de Adorno y Horkheimer de 1947, o La agonía de Europa (1945) de María Zambrano, para sólo mencionar tres, fueron una radiografía de la época, convertidas poco tiempo después en el diagnóstico de una civilización moribunda. Esta crisis del proyecto moderno o crisis de la modernidad, así como sus consecuencias para nuestra cultura, fueron utilizados por Leopoldo Zea para hacer un llamado a la inteligencia americana:

"América vivía cómodamente a la sombra de la cultura europea. Sin embargo, esta cultura se estremece en nuestros días, parece haber desaparecido en el continente europeo [...] Quien tan confiado había vivido a la sombra de un árbol que no había plantado se encuentra en la intemperie cuando el plantador lo corta y echa al fuego por inútil. Ahora tiene que plantar su propio árbol cultural" (2).

Lo que surgió tras la crisis de 1939 fue la necesidad de plantar nuestra propia filosofía o iniciar un proceso de autoconocimiento y reflexión que llevara a un despertar filosófico propio. Es decir, que nuestra filosofía debía buscar su propio camino, su camino auténtico y original. De esta manera la crisis de Europa fue utilizada para atizar la conciencia americana, pues sólo una profundización en esta realidad garantizaba la universalidad de nuestra filosofía. Los seguidores de Zea, animados también por José Gaos, el maestro de todos ellos, produjeron sus frutos en las décadas siguientes. Pero ese proceso no se daba sólo en México, era animado por la labor de intelectuales en países como Perú, Uruguay, Argentina y también Colombia.

El resultado cristalizó en los años 60 donde no sólo la filosofía asume un mayor compromiso con la realidad continental, sino donde disciplinas como la sociología, en manos de Camilo Torres, no sólo critica la neutralidad valorativa de la ciencia asumida de manera abstracta, sino que planteaba la inescindible relación entre poder y conocimiento, entre geopolítica y saber. Así que las relaciones entre geopolítica y saber no son un invento francés, ni surgido del influyente libro Orientalismo de Edward Said, sino que, como es natural, había sido atisbado en la experiencia colonial misma. Es decir, ¿cómo pueblos que habían padecido la violencia epistémica, la colonialidad del saber, etcétera, no se iban a percatar de las relaciones entre geohistoria y filosofía o sencillamente, de la política del conocimiento? Esto fue claro en la sociología de Orlando Fals Borda, Pablo González Casanova y, desde luego, la Filosofía de la liberación.

Lo que tenemos en los años 60 del siglo pasado son los frutos del proyecto latinoamericanista surgido gracias al entusiasmo y el compromiso político de Lázaro Cárdenas en México, y de las redes intelectuales que se acoplaron en el continente en la época, como una forma de reacción positiva ante el desamparo que había producido la crisis europea.

 

El significado de la Filosofía de la liberación de Enrique Dussel

 

Sin embargo, tras la posguerra, la filosofía latinoamericana más significativa no dio la espalda a Europa. Hubiera sido un error, porque si bien la profesionalización de la filosofía había avanzado, ese proceso no estaba completo, lo que significaba que faltaba la asunción, la asimilación y el diálogo crítico con la filosofía europea, así como la determinación de las limitaciones de esa filosofía. Creo que es precisamente en este sentido que la obra de Enrique Dussel es ejemplar. Ello por varias razones: no sólo puso los pilares de un pensamiento crítico, situado, que evidenció las limitaciones de la ontología europea, sino que partiendo de esas limitaciones politizó también la filosofía, tal como lo había hecho en Europa la Escuela de Frankfurt. Por eso en sus obras encontramos una actitud siempre abierta con la filosofía mundial, abordándola siempre de manera creativa y desde la llamada diferencia colonial. La filosofía de la liberación partió de la fenomenología, encontró sus limitaciones, pretendió ir más allá de ella y politizó el quehacer filosófico. En términos filosóficos esto es importante porque no implicó rechazo resentido contra la tradición europea sino polémica con la misma. Cuando aludo a la actitud polémica de Dussel me refiero más precisamente a la "guerra intelectual" que él ha tenido con otras filosofías, pues finalmente polémica viene de polemos y polemos es guerra. Así mismo, porque desarrollar ese pensamiento implicó siempre una lectura de nuestro propio pasado, una preocupación por el devenir histórico e intelectual de este continente.

Dussel ha resaltado desde sus inicios que su filosofía era poscolonial y posmoderna. Y estos rasgos han definido dos aspectos claves de su filosofía: la crítica del eurocentrismo y de la filosofía colonizada (3). Y en estricto sentido, esto es cierto. Él comprendió que la filosofía como creación partía de la asunción crítica de la tradición y, desde luego, del constante diálogo, esto es, que la creación filosófica tiene como condición de posibilidad la discusión filosófica, con los ausentes y con los presentes, europeos y no-eupeos. Pero ese diálogo implicó desenmascarar el mito eurocéntrico de la modernidad y su filosofía. De tal manera que hacer filosofía original en América Latina no reñía con una actitud inter-filosófica con Europa y con las determinaciones geohistóricas y geopolíticas de su pensamiento. Asimismo, encontramos en su obra un interesante diálogo con otras disciplinas como la historia y la teología. En este sentido, su filosofía confluye con problemas epistemológicos que se discutían en la época. Creo que estos rasgos enunciados, han sido fructíferos en su pensamiento posterior y de ahí su notable influencia en las teorías poscoloniales.

Por otro lado, creo que se exageraron en algunos sectores de nuestra intelectualidad los efectos del fracaso de la experiencia del socialismo real. Especialmente, por parte de cierta intelectualidad impresionada por el posmodernismo en nuestro propio continente, pero también por los pensadores conservadores, como Fukuyama –entusiasmados con la derrota del socialismo. El desencanto de algunos después de 1989, como el de los marxistas, no tenía mucho sentido: ¿a qué venía ese desencanto, si finalmente el socialismo real poco tenía que ver con la crítica filosófico-económica-humanista de Marx? De hecho, lo que vimos después de 1990 no fue sólo entusiasmo conservador y desencanto revolucionario. Eso es olvidar que precisamente ese hecho aceleró un proceso filosófico en la periferia, y que dentro del mismo marxismo provocó reformulaciones creativas e intentos explicativos interesantes. Las teorías de-coloniales en América Latina y el pensamiento de Antonio Negri, por sólo citar dos ejemplos, son ilustrativos. Aquí no le estoy restando importancia a la caída del muro de Berlín, sólo estoy diciendo que sus consecuencias fueron potenciadas por algunas tendencias filosóficas. Por lo demás, en los dos ejemplos resaltados, el de las teorías decoloniales y el del pensamiento de Negri, sus influencias y fuentes principales provenían desde los años 70 con los estudios subalternos de la India (de Ranajit Guha) y el poscolonialismo europeo de Said o Spivak. En el caso de Antonio Negri sus interpretaciones heterodoxas de Spinoza o Maquiavelo, importantes en sus lecturas de Imperio y Multitud, así como de las correspondientes opciones políticas, ya habían sido formuladas desde 1981 en su libro La anomalía salvaje y contaba con antecedentes en el pensamiento de Gramsci.

De hecho, fue el proceso constitutivo de la aldea global, de la sociedad del espectáculo, el acortamiento del espacio por el tiempo debido a los medios de comunicación, el desarrollo de los transportes, etcétera, los que pusieron los cimientos de una filosofía de la diferencia, que le apostaba a la heterogeneidad, a la discusión sobre la identidad, etcétera, antes que la caída del muro de Berlín. Antes de 1989, pues, el Estado ya había sido erosionado por el neoliberalismo y otros efectos sobre la visión del mundo y la pluralización se venían en camino. Sin duda, la época post-socialista de los 90 sólo aceleró un proceso que también estaba en marcha en América Latina gracias a la era del capital y al correlativo proceso de unificación del globo.

Los casos de Aníbal Quijano, las reflexiones del propio Dussel, los aportes desde la sociología de Boaventura de Sousa Santos quien a pesar de ser portugués ha tomado a América Latina como laboratorio, el pensamiento de Silvia Rivera Cusicanqui, etcétera, hunden sus raíces en una tradición latinoamericana, y en otras, que es colocada al servicio de las propuestas liberadoras en la actualidad. En este tipo de reflexiones el problema de los movimientos sociales, indígenas, el problema ambiental, las epistemologías otras o del sur, el socialismo del siglo XXI, etcétera, han sido centrales. Diría, concluyendo esta primera parte, que la "crisis" de la sociedad europea en 1939, así como la mayor uni-dimensionalización del mundo desde 1989 han resultado positivas para la creación intelectual en el continente y para pensar lo que Cerutti llama, en tono polémico con Dussel, "filosofías para la liberación" (4). Sin olvidar que es en justamente en esos 50 años donde nuestro pensamiento produjo sus mejores frutos, por ejemplo con la obra de Salazar Bondy, Edmundo O´Gorman, Miró Quesada, Arturo Andrés Roig y la obra del propio Zea.

 

2. La crisis actual y el panorama filosófico latinoamericano

 

La crisis del capitalismo que vivimos desde el año 2008 no es sólo de la acumulación del capital, sino de todo un modo de vida, de un orden social con sus valores, normas, técnicas e instituciones. Esta crisis ha originado un ambiente favorable para el pensamiento. Aquí se cumple de nuevo la relación que planteó Nietzsche entre decadencia y cultura. Ahora, ¿qué podemos entender por crisis? Decía María Zambrano, la filósofa española discípula heterodoxa de Ortega y Gasset:

"En una crisis algo muere. Creencias, ideas vigentes, modos de vivir que parecían inconmovibles. Grupos sociales y aún profesiones que pierden, minorías que pierden la fe en sí mismas porque ya no van a seguir viviendo o lo van a tener que hacer de otra forma [...]. En las crisis no hay ya camino o ya no se ve. No aparece abierto el camino, pues se ha empañado el horizonte. [...] [En las crisis, D.P.] no hay punto de mira, que es a la vez punto de referencia [...] se está a la vez vacío y aterrorizado" (5).

Es evidente que algo está muriendo en la actual civilización, y eso que muere son los fundamentos mismos, el piso, el suelo, que ha sostenido el actual modelo de vida. Y sin embargo, el vacío, el terror, la angustia y la desazón que la crisis causa, no desemboca necesariamente en una pasividad extrema. Ustedes podrían argüir que vivimos en sociedades profundamente conformistas, que han claudicado ante lo imposible, sin embargo, esa no es una situación nueva. El ser humano siempre ha tenido esa sensación, es más, parece ser que la percepción de un estado de crisis permanente es en los humanos "un estado psicológico normal"; sin embargo, en el corazón de la crisis misma, siempre algo se está fraguando, algo está naciendo siempre. Y este nacimiento se debe a que al padecer la realidad que a cada quien nos concierne por ser la nuestra, empezamos a trascenderla, tendemos a crear los puentes que nos permiten atravesar los obstáculos.

Considero que las manifestaciones del pensamiento crítico actual, los movimientos sociales, la crítica de la democracia y sus instituciones deslegitimadas, la crítica a la forma vida frenesí neoliberal; la búsqueda de vidas otras, economías otras, conocimientos otros, esto es, el anhelo por otro mundo posible, son signo de un profundo estremecimiento de nuestra conciencia. Así, ciertos movimientos, filósofos e investigadores sociales le han apostado a las alternativas, al diálogo, la investigación, el pensar constantemente formas alternativas. Creo que esta nueva realidad ha influido notablemente sobre el quehacer filosófico en América Latina.

Hay también una mayor conciencia de la pluralización de la filosofía y esto ha incidido concretamente. Hoy hay intereses múltiples. Quien vaya a una buena librería no sólo podrá constatar la impresionante producción de conocimiento. No es sólo conocimiento actual, sino también es el interés que ha recobrado la filosofía del pasado. Es decir, el renacer de ciertas tradiciones ocultadas, de pensadores considerados menores por academias oficiales. Si usted va hoy a una librería bogotana se sorprenderá al ver ediciones nuevas, en nuevas editoriales, de Averroes, Francis Bacon, Telesio, o Saint-Simon, libros de Simon Weil, todos ellos junto a clásicos del pensamiento o junto a autores actuales tan mediáticos como Peter Sloterdijk o Slavoj Zizek. ¿Por qué este florecimiento editorial? Tal vez, porque necesitamos respuestas, porque necesitamos detenernos un poco, y así como las luchas populares aprenden de su pasado y de sus héroes, el pensamiento necesita re-aprender lo olvidado, rescatar lo aparentemente sepultado por la historia y re-actualizarlo poniéndolo al servicio de nuevas bio-utopías.

Por otro lado, la especialización sigue creciendo lo cual es natural si se tiene en cuenta que cada vez la filosofía debe reflexionar sobre realidades más complejas, sobre objetos cada vez más específicos, pues sus intereses también se han ampliado. Sin embargo, la especialización no es en sí mala, lo problemático y preocupante es que los especialistas no dialoguen entre sí. Y en América Latina, quienes han desbordado el mero academicismo, y están comprometidos con el cambio social, han comprendido la necesidad intercultural de co-construir en pro de lo común. El problema ha sido, como en muchas partes, la manera de articular esta diversidad o de pensar en términos de acción política o praxis social creativa y anti-hegemónica. Y sin embargo, esa dificultad no cierra el horizonte. También el pensamiento latinoamericano ha producido obras interesantes para pensar el problema de la articulación política: no sólo está la reflexión sobre los movimientos sociales, el tema de la interculturalidad, sino también la discusión en cómo formar proyectos políticos, crear identificaciones, pensar la acción política, la creación de antagonismos, la articulación de las demandas, en fin, crear una democracia radical, etcétera, de un autor como Ernesto Laclau (6), pero también encontramos la política de la liberación de Dussel (7) e intereses crítico-propositivos de autores como Boaventura de Sousa Santos y, más recientemente, del filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez, quien ha sustituido sus entusiasmos posmodernos y su acriticismo foucaultiano por un mayor interés por la política entendida como "el arte de construir mundos en común" (8). De ahí su importante apuesta por las instituciones democráticas como instrumento para disputarle la hegemonía al neoliberalismo (9).

Por eso, cuando planteamos este Congreso como "Lecturas actuales de la filosofía latinoamericana" no estábamos mandando al desván la tradición, sino que comprendemos que "lo actual" corresponde a nuevos retos para la filosofía, a nuevos objetos de reflexión, a nuevos problemas por afrontar. Y sin embargo, eso "actual" no flota en el aire por fuera de la historia: está inmerso en ella, en una historia con la cual tenemos una relación dinámica y que no puede concebirse como un mármol yerto dado de una vez por todas, sino al que nos enfrentamos con distintos intereses. La lectura de la tradición nunca es la misma, estamos en una relación dinámica con ella. En este sentido, es muy interesante, por ejemplo, encontrar en el "feminismo decolonial" de Yuderkis Espinosa una deuda con las luchas del feminismo negro, indígena, así como su deuda reconocida con la teoría de la dependencia o la filosofía de la liberación. Y lo que vemos aquí es cómo el feminismo piensa el problema colonial, el problema racial, el problema de clase, etcétera, apoyándose en la tradición revisitada y en diálogo con otras apuestas actuales, con feminismos como el de Francesca Gargallo, y encarando las posibilidades de liberación.

Es todo esto lo que me produce entusiasmo y lo que puedo compartirles después de este encuentro de 4 días. No sólo ha sido asistir a un evento para actualizarnos en términos académicos, sino también ha sido un encuentro para vivir, para hacer amigos, para dialogar con un tinto en los pasillos, para establecer contactos y, desde luego, para avizorar proyectos comunes. Por eso, el llamado es a seguir adelante, trabajando, superando las limitaciones de nuestro quehacer filosófico del pasado, para ponerlo al servicio un mejor porvenir... Al fin y al cabo, como dijo Silvio Rodríguez, "somos la historia que tendrá el futuro".

** Discurso de Clausura XVI Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana realizado en la Universidad Santo Tomás, sede Bogotá, entre el 30 de junio y el 3 de Julio de 2015
1 Vannessa Lemm, La filosofía animal de Nietzsche. Cultura, política y animalidad del ser humano, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2010, pp. 37-81. Lo apolíneo es sinónimo de civilización y lo dionisiaco de cultura, como afirma la autora. Si bien en el joven Nietzsche, ambos instintos engendran la tragedia, su mejor manifestación o producto.
2 Leopoldo Zea, "Ensayos sobre filosofía en la historia", en: Filosofía e identidad cultural en América Latina (Jorge J.E Gracia e Iván Jaksic, comps.) Caracas: Monte Ávila Editores, 1983, p. 189.
3 Enrique Dussel, Filosofía de la liberación, México, Fondo de Cultura Económica, 2011, pp. 31 y 38.
4 Horacio Cerutti Guldberg, Doscientos años de pensamiento nuestroamericano, Bogotá, Ediciones Desde Abajo, 2011, pp. 79 ss.
5 María Zambrano, Persona y democracia, Madrid, Siruela, 2004, pp. 38-39.
6 Ernesto Laclau, Hegemonía y estrategia socialista, Buenos Aires, 2010, pp. 191 ss.
7 Una síntesis de su política de la liberación en Dussel, 20 tesis de política, México, Siglo XX1 Editores, 2006, pp. 89 ss. Véase, igualmente, Política de la liberación. Vol. II. Arquitectónica, Madrid, Trotta, 2009.
8 Santiago Castro-Gómez, Revoluciones sin sujetos, Slavoj Zizek y la crítica del historicismo posmoderno, Akal, México, 2015, p. 10.
9 Ibíd., pp. 303-397.

Profesor Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Santo Tomás.

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