Venezuela afianzará la cooperación militar con Rusia: canciller Arreaza

El canciller venezolano, Jorge Arreaza, ratificó este lunes que el país continuará avanzando en la cooperación militar con Rusia, y dijo que, con base en su experiencia en guerrillas, aunque dentro del marco legal, venderá petróleo a Cuba.

Arreaza resaltó que se trata de una decisión soberana de ambos gobiernos "y que no vengan acá a apelar a la anacrónica y caduca doctrina Monroe", en alusión a las críticas de Washington.

Recordó que la cooperación entre Rusia y Venezuela se intensificó a partir de 2000, cuando Estados Unidos "cortó la cooperación militar y los recursos para el mantenimiento de nuestros equipos". Aclaró que los contratos fueron rescindidos de manera unilateral.

"Estados Unidos que se ocupe de sus 50 estados, que los países de América Latina somos libres y soberanos. La doctrina bolivariana es la doctrina de la paz", señaló.

Arreaza destacó los resultados obtenidos en la 14 sesión de la Comisión Intergubernamental de Alto Nivel Venezuela-Rusia, que finalizó el pasado 5 de abril en Moscú. "Allí se firmaron 13 acuerdos, se presentaron intenciones en 25 mesas de trabajo por más de 3 mil 800 millones de euros", precisó.

En cuanto a la venta de petróleo a Cuba, Arraeza indicó: "somos expertos en guerrilla, cuando el capitalismo ataca, buscamos otras vías dentro de la legalidad. No puedo revelar la estrategia, pero haremos cumplir los compromisos venezolanos con pueblos hermanos como Cuba".

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el pasado viernes la inclusión, en la "lista negra" de la oficina de Control de Activos Extranjeros, de dos compañías que operan en el sector petrolero venezolano y de 34 naves propiedad de la empresa estatal Petróleos de Venezuela que participan en la distribución de crudo a Cuba.

En tanto, Colombia rechazó estar involucrada en los apagones que han afectado a Venezuela, como acusó el presidente Nicolás Maduro, quien el sábado pasado denunció "ataques" contra el sistema eléctrico de su país desde Chile y Colombia.

"Esos alegatos carecen de todo fundamento, pretenden confundir a la opinión pública y encubrir la responsabilidad del régimen ilegítimo que encabeza Maduro en la crisis de Venezuela", indicó la cancillería colombiana en un comunicado.

En tanto, se informó que Mike Pompeo, titular del estadunidense Departamento de Estado, viajará el próximo domingo a la frontera entre Colombia y Venezuela.

Jair Bolsonaro, presidente brasileño, dijo que su gobierno y el de Estados Unidos buscan crear fisuras en las fuerzas armadas venezolanas para socavar el apoyo de militares a Maduro, y reconoció que una intervención militar estadunidense en el vecino país puede llevar a acciones de guerrilla, pero si esto ocurre consultaría al Congreso qué posición asumir.

A su vez, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, tuiteó que "John Bolton, 59 años después, retoma el infame Memorando de Lester Mallory y lo supera en brutalidad, monroísmo y macartismo. Cuba rechaza el chantaje", al condenar las acciones del consejero estadunidense de Seguridad para recrudecer la política hostil de su país hacia la isla.

Lester Mallory fue subsecretario de Estado y en su memorando del 6 de abril de 1960 sobre cómo destruir la revolución cubana, escribió que el único medio posible para perder el apoyo interno al gobierno de la isla era "provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria".

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Soldados israelíes se enfrentan con manifestantes palestinos sobre la cerca fronteriza entre Israel y la Franja de Gaza./Reuters

El ejército israelí ha diseñado un plan para reocupar toda la Franja de Gaza en solo cuatro horas, una posibilidad que Benjamín Netanyahu ha rechazado hasta ahora pero que podría cristalizar después de las elecciones de la semana que viene, según el informe publicado el lunes por un diario de Tel Aviv.


El ejército israelí tiene “prácticamente listo” un plan para invadir militarmente toda la Franja de Gaza, una decisión que podrán tomar los líderes políticos tras las elecciones del 9 de abril, según un informe que publicó este lunes el diario Maariv, un periódico muy cercano al primer ministro Benjamín Netanyahu.


El plan prevé una guerra a gran escala en la que participarían todas las ramas del ejército, especialmente personal de infantería y unidades especiales que llevarían a cabo operaciones confidenciales. También intervendría la aviación con intensos ataques aéreos y la marina bombardeando desde el mar, como ya ocurrió en la invasión parcial de 2014.


El objetivo inicial sería tomar el control completo de todo el territorio, desde la verja que separa la Franja de Israel hasta la costa mediterránea, algo que según el plan podría conseguirse en solo cuatro horas. En este sentido puramente militar, la misión es plausible, aunque lógicamente una operación de estas características conllevaría repercusiones importantes, incluidas consecuencias políticas, algunas de las cuales son difíciles de calibrar con antelación.


El liderazgo político que salga de las elecciones israelíes de la próxima semana debería decidir si la invasión pretende derrocar al gobierno de Hamás, lo que parece un objetivo lógico que, por lo demás, no es la primera vez que se plantea el gobierno de Israel, aunque hasta ahora lo ha evitado cuidadosamente.


Una de las preguntas que están sobre la mesa es quiénes sustituirán a Hamás, pero está claro que las ideas islamistas continuarán siendo seguidas por una buena parte de la población de la Franja. Con toda seguridad, habrá milicianos, y no solamente milicianos islamistas, que hostigarán permanentemente a las fuerzas israelíes y con toda probabilidad les causarán un número de bajas considerable.


Un escenario que permitiría la evacuación rápida de las fuerzas invasoras consistiría en entregar la Franja a la Autoridad Palestina. Sin embargo, esta posibilidad es remota puesto que Israel no confía en el gobierno del presidente Mahmud Abás. De hecho, el gobierno de Abás ya perdió la Franja en 2007 ante el empuje de Hamás. Contando con que las milicias, no solo las islamistas, estarán bien armadas y poseerán un número elevado de efectivos, es muy dudoso que la Autoridad Palestina pueda mantener un control efectivo sin presencia israelí sobre el terreno.


Además, es un interés supremo de Israel mantener la división interpalestina en la medida de lo posible con el fin de mostrar al mundo que los palestinos son incapaces de gobernarse, y justificar de esta manera que a Israel no le queda más remedio que seguir ocupando Cisjordania y seguir expandiendo las colonias judías.
El periódico de Tel Aviv indica que Israel ha considerado establecer en la Franja de Gaza una gobernanza árabe-internacional, y ha considerado que Egipto asuma la gestión del día a día después de la invasión. Pero aunque ha consultado esta opción en conversaciones privadas con líderes del mundo árabe, Netanyahu habría recibido respuestas negativas de sus interlocutores.


Ante este revés, cobra cierta fuerza la hipótesis de que las tropas israelíes se mantengan permanentemente en Gaza y establezcan un gobierno militar que se encargue de alimentar a dos millones de palestinos, una tarea que no sería fácil y que incluiría hacerse cargo de la salud, los alimentos, el combustible, la educación, etcétera. Naturalmente, esta situación hace dudar a los líderes israelíes. En la práctica significaría dar un viaje en el tiempo hasta el periodo previo de los acuerdo de Oslo de 1993, una situación que llena de las peores pesadillas las cabezas de los líderes israelíes, aunque no de todos.


Sin embargo, si el ejército se retira después de la invasión en un plazo razonable, la situación podría ser otra pesadilla quizás peor, ya que las armas y la preparación de millares de milicianos podrían convertir el sector en un terreno fértil para el caos, un caos que quizá fuera similar al de Somalia.


Si el 9 de abril Netanyahu es el único líder capaz de formar gobierno y obtiene su quinto mandato, las posibilidades de una invasión serán más elevadas, no a causa de Netanyahu, que siempre se ha mostrado prudente con la Franja, sino a causa de sus posibles aliados de la extrema derecha y nacionalistas que durante la actual campaña están exigiendo que se acabe de una vez por todas con Hamás, lo que requeriría entrar a fondo en la Franja.


La cautela de Netanyahu también tiene contraindicaciones. En los tres años y medio que siguieron a la invasión de 2014 hubo una calma casi absoluta en la Franja y Netanyahu no la aprovechó para establecer un diálogo político y llegar a un acuerdo de larga duración, o incluso para aliviar las extremas condiciones de

vida de la población civil, lo que revela que una solución política no entra en sus planes. En la práctica, la inmensa mayoría de los israelíes comparte la opinión del primer ministro.
Ha sido necesario que Hamás y las demás milicias lancen un gran número de cohetes en la víspera de unas elecciones para que Netanyahu haya entendido que conviene aliviar las condiciones de vida de los palestinos de Gaza. Esta decisión indica que Netanyahu es más sensible y vulnerable a los cohetes que a la calma.


El hecho de que Netanyahu haya accedido a que Qatar meta dinero en la Franja cada mes, y el hecho de se haya avenido a negociar ahora con Hamás, indica que el primer ministro está comprando una calma temporal. Su objetivo es abortar cualquier posibilidad de una negociación política que conduzca al establecimiento de un estado palestino. Si una invasión de la Franja es necesaria para ello, Netanyahu sin duda acabará dando ese paso.

JERUSALÉN
02/04/2019 08:07 Actualizado: 02/04/2019 08:07
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

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Viernes, 26 Octubre 2018 05:48

La irresistible atracción del macho alfa

La irresistible atracción del macho alfa

Las elecciones brasileñas muestran una enorme diferencia de comportamientos entre varones y mujeres, tan amplia y profunda como pocas veces se registra en nuestras sociedades. Según la primera encuesta de Datafolha luego de la primera vuelta, existe un "empate técnico" entre las preferencias femeninas: 42 por ciento apoyaban a Jair Bolsonaro y 39 por ciento a Fernando Haddad, cuando el primero tiene casi 20 puntos de diferencia (goo.gl/B769dj).

Las preferencias masculinas se vuelcan en 57 por ciento por el candidato de la extrema derecha y sólo 33 por ciento por Haddad. La diferencia es tan grande que merece alguna explicación. Bolsonaro es un personaje machista, militarista y racista, que nunca ocultó sus opiniones y hasta se jacta de ellas, de modo que quienes lo apoyan es porque simpatizan con sus ideas y actitudes. Lo que debemos explicarnos entonces son las razones por las cuales la mayoría de la población brasileña se siente atraída por él.

La primera es la profunda crisis, tanto económica como social, con un aumento importante de la violencia. En 2017 se produjeron casi 64 mil muertes violentas, una cifra que aumenta de modo exponencial: al comienzo del periodo neoliberal en 1990 eran 14 mil y en 2002, cuando Lula ganó las elecciones, eran 49 mil personas muertes cada año (goo.gl/82jd9i). La violencia no deja de crecer y se ha llevado medio millón de personas en la reciente década.

Un aspecto central de la crisis es la disolución de los vínculos sociales y comunitarios. Mucho antes de la centralidad que adquirió Bolsonaro, las grandes ciudades se habían convertido en espacios de violencia desbordada. La principal diferencia desde 2013, es que ahora la violencia arraigó también en los barrios de clase media, cuando históricamente estuvo focalizada en las favelas y periferias urbanas, donde la sociedad más desigual del mundo descerrajaba sus armas contra la población negra.

La segunda es el clima de inseguridad imperante. Por curioso que parezca, en los barrios populares las cosas han cambiado poco. En la noche, en la Maré, la mayor favela de Brasil en Río de Janeiro, la gente continúa haciendo su vida en calles que siempre están atestadas. En los barrios "nobles" (así le llaman en este país a la ciudad formal), las calles están desiertas y los pocos peatones deambulan como fantasmas apurando el paso.

La inseguridad es cosa de clase media, ya que los más pobres nunca vivieron otra realidad que el temor a la Policía Militar y a sus aliados: políticos conservadores, traficantes y, más recientemente, iglesias pentecostales y evangélicas que persiguen con saña las religiones afro.

Son los miedos de las clases medias los que se vuelven noticias, sus paranoias ganan titulares y sus barrios se llenan de guardias privados, cuando pueden pagarlos. Con la crisis un sector muy amplio de las clases medias teme, además, perder el empleo y el estatus económico y social. En este punto, Bolsonaro promete acabar con la inseguridad, se ofrece como el gran protector, liberando el gatillo contra los pequeños delincuentes y prometiendo castración química a los violadores. Todo parece tan fácil que resulta poco creíble.

La tercera cuestión es que el macho alfa, en sus variantes duras o blandas, es el estereotipo conocido, tanto a derecha como a izquierda. Salvo el pequeño sector de universitarios exitosos, el resto de la población sigue creyendo en la mano dura y el hombre fuerte que la practique, desde la familia y el barrio hasta las instituciones estatales. Por algo las fuerzas armadas gozan de tan buena reputación, al punto que toda la campaña de Bolsonaro gira en torno a militares que no rechazan ni la tortura ni las soluciones represivas.

La cuarta cuestión se relaciona con el campo emancipatorio. Los partidos y movimientos, incluso los varones que nos decimos antipatriarcales, no hemos trabajado otros modelos masculinos diferentes a los que nos ofrece el sistema. Nuestra izquierda sigue apostando en caudillos, algo que parecía hasta cierto punto entendible hasta la revolución mundial de 1968.

Hemos hablado de leninismo, de peronismo y de castrismo. Ahora seguimos por el mismo camino: chavismo, lulismo y todos los ismos imaginables vinculados siempre a un caudillo que, naturalmente, remite al patriarcado. Somos tan grotescos que incluso cuando un movimiento cubre las caras de sus portavoces y los denomina subcomandantes para que se entienda que obedecen a las comunidades, incluso en este caso, los analistas creen que son Galeano y Moisés los que mandan.

Nuestra cultura política no deja de producir machos alfa. Vladimir Putin y Xi Jinping provocan suspiros de amor revolucionario entre no pocos intelectuales que, en tanto, se horrorizan cuando el macho resulta de signo contrario a sus ideologías.

Finalmente, creo que no debe confundirse la figura del guerrero/guerrera, necesaria para defendernos, con el macho alfa. Éste se manda solo y hace lo que su testosterona le indica. El guerrero obedece a su pueblo.

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El Imperio, hegemonía y nuevos desafíos en América Latina

Los países de América Latina y el Caribe recibieron una Inversión Exterior Directa (IED) de 161.673 millones de dólares en 2017, un 3,6% menos que en 2016 y un 20% inferior si se compara con 2011, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas. La caída de 2017 se concentró en Brasil y Chile. En cuanto a la fuente de las inversiones exteriores, el país más destacado fue Estados Unidos -28% del total-, aunque los países europeos en bloque alcanzaron el 37,3%. La IED estadounidense predomina de manera clara en Centroamérica y la República Dominicana -29% del total en 2017- y México (46%).

En 2017 las empresas de Estados Unidos realizaron inversiones en México por valor de 13.939 millones dólares, seguido por las españolas con 3.201 millones de dólares. Además las norteamericanas se posicionaron en segundo lugar en Brasil -22% de la IED en el país- y Colombia (15%), y en primer lugar en Paraguay, Guatemala, Costa Rica, Panamá y Nicaragua. Las corporaciones estadounidenses han protagonizado algunas de las fusiones y adquisiciones corporativas en 2017. Así, Delta Air Lines compró el 32% del grupo Aeroméxico por 614 millones de dólares; American Tower, las infraestructuras de telecomunicaciones urbanas de KIO Networks en México por 500 millones de dólares; y la farmacéutica Merck & CO, la empresa brasileña de productos de salud animal Vallée por 400 millones de dólares.


“El concepto de ‘dominación no compartida’ ha sido siempre el núcleo duro de la proyección de Estados Unidos en la región”, destaca el sociólogo e historiador cubano Juan Valdés Paz (La Habana, 1938) en las jornadas “Geopolítica Sur” del Frente Cívico-Valencia. Valdés ha sido profesor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, de Sociología del Trabajo en el Instituto Azucarero y, entre 1980 y 1996, investigador del Centro de Estudios sobre América (CEA). “En el hemisferio norteamericano tenemos una superpotencia, Estados Unidos, y todos los demás países –salvo quizá con alguna discusión, Canadá- son dependientes y periféricos”. Aunque, matiza, “con los gobiernos de centro y progresistas –a partir de 1999, con la presidencia de Hugo Chávez en Venezuela- Estados Unidos se enfrentó por primera vez en los últimos 200 años a una correlación de fuerzas adversa; pero estos procesos se han revertido”. Hoy, concluye Juan Valdés, “América Latina está invadida por gobiernos de derecha, por ejemplo en Brasil, Argentina, Chile, Perú y Colombia, de modo que la región transita hacia una recuperación hegemónica estadounidense”.


El libro “Territorios vigilados” (Debate, 2012) de la periodista Telma Luzzani apuntaba la existencia de 28 bases militares operativas de Estados Unidos y la OTAN en América del Sur, y otras 43 en Centroamérica y el Caribe; entre los países con mayor presencia figuran Puerto Rico, Panamá y Colombia. Entrevistada en el programa “Bajo la lupa de Galeb” de Annur TV en mayo de 2017, se refirió a “más de 80” instalaciones; “uno de los países de los que poco se sabe y concentran mayor número es Perú, donde entran 112 marines diarios; no es que tengan siempre el cartel de ‘base militar’, muchas veces se trata de centros científicos, de entrenamiento de cascos azules o misiones humanitarias”, afirmó la investigadora argentina. Así, en mayo de 2018 representantes de la embajada de Estados Unidos en Perú, el Gobierno Regional de Huánuco y el Instituto Nacional de Defensa Civil inauguraron el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) en Huánuco, financiado por el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) para responder a los desastres naturales. Estados Unidos ha construido 14 COER en otras tantas regiones de Perú, informa la embajada estadounidense.


El cinco de abril de 2012 el embajador de Estados Unidos y representantes del ejército chileno inauguraron el Fuerte Aguayo de Concón en la región chilena de Valparaíso; el Comando Sur del ejército estadounidense invirtió cerca de 500.000 dólares en la construcción. Según un comunicado de la Armada chilena, consistía en un centro de entrenamiento para “cascos azules”, dependiente del Centro Conjunto para Operaciones de Paz en Chile (CECOPAC), a su vez bajo el mando del Ministerio de Defensa. El Centro de Entrenamiento de Fuerzas de Paz, según la Armada, se enmarcaba “dentro de estrictos protocolos definidos por Naciones Unidas”. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos denunciaron que se trataba de una base militar que violaba la soberanía chilena.


Con más de medio siglo de existencia y sede actual en Florida, el SOUTHCOM abarca 31 países de América del Sur, América Central y el Caribe. Según su página Web, el comando está integrado por 1.200 militares y personal civil. En términos oficiales, es responsable de “proporcionar planificación de contingencia, operaciones y cooperación a la seguridad”, así como de la protección de los “recursos militares” de Estados Unidos. El pasado 25 de junio el Comando Sur realizó maniobras militares aéreas durante tres días en Guatemala; en febrero los entrenamientos –definidos como “programa de cooperación técnica en seguridad”- se desarrollaron en Panamá y, en junio de 2017, el Comando Sur inició en el Mar Caribe (Barbados y Trinidad y Tobago) las maniobras militares “Tradewinds”, en las que participaron una veintena de países.


La periodista Stella Calloni ha informado en el diario argentino Contexto del documento secreto “Plan ‘Masterstroke’ para derrocar la dictadura venezolana”, de febrero de 2018, firmado por el almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur. La primera propuesta del informe de once páginas es “fomentar la desafección popular por el aumento de la escasez y los precios de los alimentos, medicinas y otros bienes esenciales para los habitantes”; además el plan apela a “continuar el fuego continuo en la frontera con Colombia” y a “reclutar paramilitares principalmente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y Norte de Santander”. El 14 de julio, antes de asumir la presidencia de Colombia, Iván Duque visitó la sede del SOUTHCOM en Miami, donde se reunió con Kurt Tidd. La Agencia Efe tituló de este modo el teletipo que informaba del encuentro: “Duque promoverá en diplomacia regional el rechazo a la ‘dictadura’ de Maduro” (Estados Unidos cuenta con al menos siete bases militares en Colombia).


“Todo este despliegue militar es la dimensión dura y menos visible de la dominación geopolítica”, concluye Juan Valdés Paz, coeditor del libro “América Latina y el Caribe. La política social en el nuevo contexto” (Flacso-Unesco, 2011). El politólogo afirma que cualquier intento de ruptura, progresismo o desalineamiento en la región es traducido por Estados Unidos como una cuestión de Seguridad Nacional. Adscrita al organigrama del Comando Sur figura la Cuarta Flota de los Estados Unidos, constituida durante la Segunda Guerra Mundial, disuelta en 1950 y reactivada en abril de 2008. ¿En qué contexto se dio el restablecimiento? El primero de marzo de 2008 se produjo el ataque a un campamento de las FARC-EP en Ecuador, ordenado por el expresidente colombiano Álvaro Uribe; a ello se agregaba la caída de los precios de los bienes primarios en los mercados internacionales (un tercio de los ingresos fiscales de Venezuela, México y Ecuador procedían de la producción petrolera), la victoria electoral de Fernando Lugo en Paraguay, el conflicto entre la presidencia de Evo Morales y las regiones de la llamada “Media Luna” boliviana, las revueltas en Haití y los precedentes de gobiernos de izquierda en Venezuela y Ecuador.


En junio de 2017 la Cuarta Flota participó en las maniobras militares conjuntas “Teamwork South” en las costas de Chile; incluían al destructor USS Chafee (DDG90), que transportaba dos helicópteros MH-60R del escuadrón HSM-37, un submarino de ataque rápido y dos aeronaves P-8A Orion. Los ejercicios incorporaron “escenarios preestablecidos y enfocados en la respuesta a los acontecimientos”, según la embajada de Estados Unidos. Para celebrar el décimo aniversario de la reactivación, mandos de la Armada de Perú, Brasil, Chile, Colombia y Ecuador visitaron en junio el cuartel general de la Cuarta Flota en la ciudad de Jacksonville (Florida). El objetivo, según un comunicado de la Marina de Guerra del Perú, era “continuar con el fortalecimiento de los lazos de camaradería, amistad, cooperación e interoperabilidad”.


Juan Valdés Paz apunta otro concepto clave en la dominación estadounidense, el de la Cuenca del Caribe, donde figuran México, Centroamérica (incluido el Canal de Panamá), el Caribe insular, Colombia y Venezuela; “es la absoluta prioridad geopolítica de los Estados Unidos”, afirma el sociólogo cubano. Además de otras fuentes, documentos desclasificados en octubre de 2017 respecto al asesinato de Kennedy revelan que tres expresidentes de México -Adolfo López Mateos (1958-1964), Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y Luis Echeverría Álvarez (1970-1976)- trabajaron para la CIA.


Otro país estratégico en la Cuenca del Caribe es Colombia, donde Estados Unidos invirtió 9.635 millones de dólares entre 2000 y 2017 en “asistencia en seguridad” (1.435 millones de dólares en 2007), según la organización WOLA con sede en Washington; esta fuente agrega que de los 107 programas mundiales de “asistencia” promovidos por el Pentágono, 75 “pueden operar” en América Latina y el Caribe. En cuanto a Venezuela, el expresidente Obama firmó un decreto en marzo de 2015 que declaraba a este país “amenaza” para la Seguridad Nacional e imponía sanciones a siete funcionarios de la República Bolivariana. En marzo Trump prorrogó esta orden ejecutiva. “Seguiré ocupándome de Cuba”, afirmó Donald Trump tras la elección del nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel; un mes antes aprobó una partida de 20 millones de dólares para “promover la democracia” en la isla durante 2018. En septiembre de 2017 la Embajada de Estados Unidos en La Habana anunció recortes de personal y suspender la emisión de visados por un supuesto “ataque acústico” contra la legación diplomática.


¿Existe algún contrapeso geopolítico en América Latina a la hegemonía de Estados Unidos? “No como tal”, responde Juan Valdés Paz, “aunque hay una importante presencia económica de otros actores”. El documento sobre Inversión Extranjera Directa de la CEPAL destaca que Europa en conjunto representaba en 2017 el 52% de las inversiones en Brasil (un 66% en el periodo 2012-2016), encabezadas por Países Bajos; en Colombia el porcentaje se situó en el 45% y en México, en el 29%. Entre otros ejemplos de la penetración europea en Latinoamérica, en 2017 la multinacional italiana Enel compró por 640 millones de dólares la distribuidora eléctrica brasileña CELG, hasta ese momento bajo el control de la estatal Petrobras (fue la primera privatización bajo la presidencia de Temer); la cervecera holandesa Heineken adquirió por 1.090 millones de dólares la filial brasileña del grupo japonés Kirin Holding; y la suiza Glencore pagó 734 millones de dólares por un incremento de su participación en Volcán Compañía Minera de Perú. Por países, la inversión española lidera la ratio en Argentina y Colombia. Valdés Paz resalta influencia de la banca española. Así, en el primer semestre de 2018 el Banco Santander declaró unos beneficios de 3.752 millones de euros, a los que contribuyó principalmente el mercado brasileño. El BBVA también tiene una presencia sólida en América Latina, con un peso preeminente de México.


Las corporaciones chinas, centradas básicamente en Brasil, participaron en cinco de las 20 mayores operaciones empresariales de 2017 en la región. Por ejemplo, el gigante eléctrico chino State Grid se hizo con el control de CPFL, la mayor distribuidora de electricidad de Brasil. La mayoría de las inversiones chinas se produjeron en los sectores energético y minero (que alcanzan cerca del 80% de las inversiones) y agropecuario, particularmente en el negocio de las semillas. El comercio entre América Latina y el Caribe y China multiplicó su valor por 22 entre 2000 y 2013. Sin embargo, “exportamos sólo cinco productos básicos en 2017 –porotos de soja, mineral de hierro, mineral de cobre, cobre refinado y petróleo, lo que representa el 70% del valor de los envíos”, advirtió en enero la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena. Brasil, Perú y Argentina recibieron más del 80% de las inversiones chinas en el periodo 2005-2017.

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Rusia, en un giro radical, asimila la agenda anti-iraní de Israel

Teherán no sale de su asombro. El espejismo de la “asociación estratégica” entre Rusia e Irán se desvanece, y Moscú pone fin a su corta luna de miel con Teherán: Alexander Lavrentev, el representante especial de Rusia para Siria, ha pedido a Irán y Hizbolá, y otros países que han “ocupado” Siria abandonar el país, al iniciarse el proceso de paz.

Llama la atención que:


• La exigencia de la salida de Irán se plantee el 9 de mayo cuando Netanyahu visita por enésima vez a Rusia, y un día después de que Trump rompe el acuerdo nuclear con Irán.
• ¿Por qué, de repente, coloca a Irán, que fue invitado por Asad, junto a los países que han invadido ilegalmente Siria?
• Si Bashar al Asad es el presidente del gobierno soberano de Siria, ¿Por qué no lo pide él mismo?
• Paralelamente, Moscú anuncia que no entregará los misiles S-300 a Siria, a pesar de que, después del ataque del 14 de abril de Trump y sus aliados a Siria, había manifestado la entrega “gratuita y a corto plazo” del artefacto a Siria por la “obligación moral”. ¡Ahora que Siria es continuamente atacado por Israel afirma que Damasco no los necesita!


Los motivos de Rusia


Rusia no ha condenado los cerca de 150 bombardeos israelíes realizados sobre Siria, incluidos los ataques a las fuerzas proiraníes en diciembre, febrero, abril y mayo pasados. De las últimas declaraciones de ambos estados, se puede deducir que:
• El precio de la cabeza de Asad, el de su permanencia en el poder y el de paralizar los ataques israelíes a Siria, es que Irán se vaya de este país.
• Los estados árabes del Golfo Pérsico también normalizarán sus relaciones con Siria, y financiarán su reconstrucción.
• Putin ya ha conseguido sus propósitos en Siria, e Israel los respetará si sale Irán.
• Los ataques aéreos israelíes a Siria, bajo el pretexto de la presencia iraní, están dañando la infraestructura militar siria.
• La expulsión de Irán también es la principal demanda de los opositores de Asad (patrocinados por EEUU, Arabia, Qatar o Turquía), reunidos en la conferencia de paz de Sochi (Rusia). Su segunda exigencia, que Asad deje el poder, también será realizada si tienen paciencia: una vez que separe Irán del presidente sirio, éste tendrá que aceptar el borrador de la Constitución para Siria, redactado por Rusia, en el que el presidente será elegido por el parlamento que no de forma directa.
• Rusia necesita un Oriente Próximo (OP) estable y el régimen de Netanyahu es el más sólido. Cada vez que ataca a Gaza, Siria o Líbano, aumenta su popularidad. Que haya conseguido que EEUU traslade su embajada a Jerusalén y se retire de acuerdo nuclear con Irán, e incluso gane la Eurovisión ha convertido al dirigente judío en un héroe.
• El factor “Putin”: Nadie en Kremlin había mostrado tanta simpatía hacia Israel que él. La URSS cortó sus relaciones con Tel Aviv después de la guerra del 1967, mientras el presidente de Rusia recibió el 9 de mayo a Netanyahu como invitado de honor (y con la masacre de los palestinos de trasfondo) a la conmemoración del 73 aniversario de la victoria de soviética sobre la Alemania nazi. Su amor es correspondido: en 2014, Netanyahu no respaldó la resolución de la ONU que condenaba a Moscú por la Cuestión de Crimea”, y desde entonces las relaciones económicas, militares y de inteligencia han ido en aumento. En Rusia no existe el movimiento BDS.
• Rusia sabe que ofensiva israelí para hacerse con la hegemonía sobre Oriente Próximo, y después de desmantelar Irak, Libia y Siria, alcanzará a Irán. Quizás se está colocando de forma “preventiva” en el lado de los ganadores. El diario kuwaití Al-Jarida publicó, en el mes de marzo, que dos cazas israelíes F-35 habían sobrevolado el espacio aéreo de Irán, tras cruzar Siria e Irak sin ser detectados por los radares. Cierta o no, la noticia muestra la alta tensión entre ambos países. Esta fecha coincide con la maniobra “Juniper Cobra 2018” organizada por el Comando Europeo de los EEUU e Israel, simulando un escenario de guerra con los sistemas Arrow, Cúpula de Hierro, Patriot y Honda de David. Rusia no iba a involucrarse en una batalla que por un lado está un Irán persa-chiita solo, y en el otro, el resto del mundo.
• Moscú ve, con razón, peligrosa la agenda regional de los ayatolás, construida en torno a la rivalidad iraní-saudí e iraní-israelí o su enfoque chiita-sunita, pero que no vea la amenaza del expansionismo militarista de Israel es de pensar.
Rusia no tiene una estrategia ni un modelo diseñado para Oriente próximo, y al no implicar una ideología determinada en sus relaciones, tiene alianzas provisionales que no aliados, y su objetivo se limita es conseguir beneficios inmediatos. Es puro pragmatismo. Por ejemplo, en 2017, por primera vez en la historia rusa, un rey saudí fue invitado a Kremlin. La URSS cortó sus relaciones con Riad por patrocinar el terrorismo yihadista, y su conspiración en bajar los precios de petróleo en los años 80 para destruir la economía soviética. La prioridad de la política exterior ruso, por orden, es: EEUU, Europa y China y luego OP. Siria es el único país con el que tiene relaciones estratégicas.
• Moscú (que puede apuntarse a la exigencia occidente-árabe-Israelí a Irán de añadir un anexo al acuerdo nuclear) quizás esté presionando a Teherán para que ceda ante sus enemigos aún más, para evitar una colisión militar de dimensiones bíblicas entre ellos. En tal caso, Rusia comete un gran error: 1) porque Irán ya no tiene margen de ceder (¡lo hizo con la firma del acuerdo nuclear!), 2) el objetivo de EEUU es ir reconfigurando el mapa del OP a medida de sus nuevos intereses, aunque dichos países estén gobernados por sus títeres y aliados.


La confusión de Irán


En Teherán, que siguen mirando al mundo con la óptica de la Guerra Fría, esperaban que los vecinos del norte les defendieran ante los enemigos. ¿No se acordaban de que Rusia apoyó las sanciones contra la nación iraní, propuestas por Bush y Obama en el Consejo de Seguridad, o que no le entregó los misiles comprados S300 hasta que Teherán le amenazó a denunciarle ante los tribunales internacionales? Y ahora, Lukoil, la petrolera rusa, congela sus contratos con Irán por las presiones de EEUU. Para los actuales inquilinos de Kremlin, EEUU es un socio, y a veces un rival, pero no enemigo. Después del fin de la URSS, no hay bloques. Es la guerra de todos contra todos, con alianzas dinámicas y cambiantes. El amigo de hoy mañana puede ser linchado, y literalmente.


Teherán jamás se hubiera imaginado que los siete años del esfuerzo de apuntalar al gobierno de Asad, sacrificando cientos de vidas (iraníes, libanesas, afganas, iraquíes, etc.), y decenas de miles de millones de dólares, incrementaría su vulnerabilidad en vez de su seguridad. Desde la rabia, su respuesta no se hizo esperar: “estamos en Siria desde el 2011 luchando contra las fuerzas anti Asad, antes de que llegasen ustedes, y será Asad que no Putin quien nos pida salir”. Pero, Asad tampoco ha renovado su confianza con Irán. Por lo que los ayatolás traicionados le han pedido desembolsar cuanto antes su billonaria deudas a las arcas públicas iraníes. Y ¿cómo Asad piensa recuperar el país, si su ejército depende de las milicias dirigidas proiraníes? ¿O es que, como revela sirialeaks, el plan para balcanizar el país ya está en marcha y se ha resignado? Rusia y EEUU no deben menosvalorar a Asad: Unos 70 líderes tribales árabes sirios se reunieron la semana pasada en Deir Hafer, cerca de Alepo, con el fin de formar una amplia milicia para expulsar a los ocupantes “ilegales”. ¿Lo harán con el dinero iraní?


Parece mentira que la coalición Irano-siria (aun, con el apoyo puntual de Rusia) realmente pensara que iba a ganar la guerra a una veintena de países que incluyen: Occidente, Israel, Arabia, Qatar, o Turquía. El pentágono ya cuenta con al menos 15 bases militares en Siria y puede volver a llenarlo con cientos de miles de hombres armados.
Es paradójico: Irán no puede irse de Siria, ya que perdería la última barrera de la defensa de Irán frente a un ataque israelí, pero tampoco puede quedarse: Y esto ha sido justamente el plan de Obama: no eliminar a Asad y convertir Siria en un pantano para sus enemigos y rivales.

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Merkel propone un fondo monetario europeo

La líder conservadora plantea un fondo para conceder créditos a imagen del FMI y tropas de intervención rápida más allá de la OTAN.

La canciller alemana, Angela Merkel, detalló por primera vez su propuesta de reformas de la Unión Europea, entre las que se encuentran crear un presupuesto para inversiones, un fondo para conceder créditos y tropas de intervención rápida, en una entrevista publicada ayer en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.


“Para tener economías exitosas debemos estabilizar el euro de manera sostenible. Los instrumentos con los que contamos hasta ahora no son suficientes”, declaró la líder de la Unión Crisitianodemócrata (CDU). Junto con completar la unión bancaria y un “presupuesto de inversiones” común, Merkel fijó como objetivo crear un Fondo Monetario Europeo.
Para Merkel la oportunidad de fortalecer la unión monetaria tras casi 20 años después de su inicio es algo bueno. “Al fin y al cabo tenemos ahora una situación en la eurozona como hacía tiempo que no se daba”, señaló. “En todos los Estados crece la economía y aumenta el empleo”. Sin embargo, la canciller advirtió también de que “la solidaridad entre los socios europeos nunca debe desembocar en una unión de deudas, sino que debe ser una ayuda para la autosuficiencia”. Hace tiempo que se debate sobre amplias reformas de la eurozona, sobre todo, desde que el presidente francés Emmanuel Macron presentó en septiembre un plan radical de reestructuración de la UE hasta el año 2024, que incluye un presupuesto propio y un ministro de Finanzas para la eurozona. Desde hace tiempo reclama una respuesta de Merkel para poder presentar una propuesta conjunta en la cumbre de la UE de finales de junio.


Junto con los planes de Macron, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentó en diciembre sus propios planes sobre cómo debe modificarse la unión monetaria para que esté mejor preparada ante futuras crisis. Asimismo, Juncker presentó un fondo europeo a imagen del Fondo Monetario Internacional (FMI).


También Merkel se mostró ahora a favor de un fondo de este tipo sobre la base del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) creado en 2012 en plena crisis de deuda de la zona euro. Junto con créditos a 30 años unidos a estrictas condiciones, propuso ayudar con créditos a corto plazo a los países que estén atravesando dificultades. Por supuesto “siempre a cambio de restricciones, en una cantidad limitada y con una devolución completa”, comentó. “Así podremos ayudar a los países que estén atravesando dificultades”.
Respecto de la cooperación en la UE en cuestiones de defensa, Merkel apoyó la iniciativa de Macron de crear una tropa de intervención rápida más allá de la OTAN. “Unas tropas de intervención de este tipo con una cultura de estrategia militar común debe, no obstante, ajustarse a la estructura de cooperación en política de defensa”, declaró la canciller.

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Bolton, asesor de seguridad de Trump: el diplomático más peligroso del mundo

Estados Unidos, en franco declive, exhibe una fractura conceptual/generacional/ demográfica/geográfica donde las fuerzas centrífugas han acelerado su vertiginosa dinámica.

Los maravillosos jóvenes de high school realizaron una histórica marcha en Washington, con alrededor de un millón de manifestantes, exigiendo con justificada razón la abolición de las armas que han cobrado tantas vidas inocentes, mientras la esquizofrenia política de sus padres y abuelos arrecian la carrera armamentista con un bipartidista presupuesto bélico.

Muchos de los padres y abuelos de los jóvenes pacifistas pertenecen al trumpismo militarista, a los sectores fascistoides del Partido Republicano, y a la Asociación Nacional del Rifle –estancada en el siglo XVIII bajo el manto anacrónico de la Segunda Enmienda, cuando la Primera Enmienda de la libertad de comunicación ha sido pisoteada por Facebook, del israelí estadunidense Mark Zuckerberg.

Las derrotas multidimensionales de EU provienen de los desastres militares y financieros de Baby Bush, agudizados por Obama en su fuga hacia delante contra Rusia y China, que han encajonado a Trump, de 70 años, a adoptar posturas intransigentes con el fin de detener la abrupta caída de la otrora superpotencia unipolar rezagada frente a la resurrección militar de Rusia y al ascenso geoeconómico irresistible de China.

Baste señalar el histórico lanzamiento el 26 de marzo en Shanghai del petroyuan, respaldado por oro, que pone a la defensiva al otrora inexpugnable bastión financierista de la dupla Washington/Londres (https://goo.gl/jwC4Ys), lo cual, a mi juicio, explicaría los artefactos del inmundo Rusiagate –montado por el espía británico Christopher Steele, hoy a salto de mata–, y el extraño envenenamiento del desertor doble espía ruso Sergei Skripal–hasta hoy sin evidencias y con alegatos de altamente probable que hasta un juez penal y venal de rancho desecharía –endosado por la primer británica Theresa May a Rusia y que ha valido la aparatosa expulsión masiva de una centena de diplomáticos rusos de la anglósfera y la Unión Europea, a unos meses de la Copa Mundial de Futbol.

Los nacionalismos económicos del Brexit y el trumpismo huyen hacia delante cuando sus respectivos mandatarios adoptan estrafalarias medidas al borde de una pre-guerra, lo cual exhibe más sus debilidades que sus fortalezas y los lleva hasta desechar a su anterior socio: la británica Cambridge Analytica (https://goo.gl/iyqCrg).

El contexto y el timing son parte sustancial del todo en geoestrategia.

No se pueden soslayar la serie de eventos azorantes a partir del primero de marzo cuando el zar Vlady Putin posicionó a Rusia como la máxima potencia militar del planeta capaz de horadar cualquier defensa en cualquier parte del mundo de quien sea con sus invencibles nuevas armas nucleares (https://goo.gl/ueBFAp) –que The New York Times y The Washington Post consideran bluff.

Días mas tarde, el zar Vlady Putin fue elegido en forma apabullante con 77 por ciento de los sufragios en una nutrida votación, mientras en China, el mandarín Xi Jinping era ungido por la asamblea como mandatario de por vida (https://goo.gl/yfXczt).

Ante los fulgurantes avances de Rusia –que incluye su triunfo en la guerra de Siria– y China –con su asombroso lanzamiento del petroyuan/oro–, la dupla anglosajona del Brexit/trumpismo, hoy en franca declinación electoral, ha respondido con su alucinante propaganda negra –que goza del casi monopolio de los multimedia globales donde el grupo del israelí-húngaro-británico-estadunidense George Soros juega un papel primordial debido a su vinculación con el Mossad, la CIA y el MI6– y su pueril coreografía simultánea del Rusiagate/envenenamiento de SS/expulsión masiva de diplomáticos rusos/Facebook y Cambridge Analytica/la guerra comercial contra China.

Como hubiera acotado el inmortal bardo británico Shakespeare: mucho ruido, pocas nueces.

La masiva expulsión de diplomáticos soviéticos ya había sido experimentada en forma infructuosa por México en la década de los años 70.

¿Por qué Gran Bretaña, hoy en irrelevancia imperial, aparece en todo este esquema? ¿Será porque se le cayó su modelo financierista instalado hace 203 años en Waterloo?

Curiosamente, Netanyahu no siguió a Londres y se puso del lado del zar Vlady Putin (https://goo.gl/DFYJpz).

Las defenestraciones de Rex Tillerson y del teniente general H. R. McMaster endurecen al gabinete de Trump con el arribo de los megahalcones Mike Pompeo, de 54 años, John Bolton, de 69 años, y la torturadora Gina Haspel, de 61 años, en la CIA.

La salida del teniente general H. R. McMaster era más que cantada después de que fue atrapado filtrando secretos de la Casa Blanca nada menos que a George Soros, lo cual fue delatado por el espionaje del primer ministro Netanyahu.

Dejo en el tintero la guerra civil entre globalistas encabezados por Soros y nacionalistas jefaturados por Netanyahu: pecuniaria guerra fratricida sionista (https://goo.gl/tbYhZ7).

Los megahalcones rebasan la realpolitik de los militares cuando el trumpismo pasa de la militarización a la israelización.

En Israel no ocultan su júbilo por la llegada de dos íntimos aliados de Netanyahu: Mike Pompeo, anterior ex director de la CIA y hoy a cargo de la Secretaría de Estado ya muy desvalida, y, sobre todo, con el tóxico ex embajador bushiano John Bolton cuyo nombramiento como asesor de seguridad nacional son malas noticias para Irán, en buen tiempo para Netanyahu (https://goo.gl/Ep3L1T).

Alguien podrá aducir, no sin razón, que Trump no necesita de consejeros que le calienten su volcánica cabeza siempre en erupción.

Sin Bolton de asesor de seguridad nacional, Baby Bush libró dos guerras cataclísmicas: Iraq y Afganistán; en esta última EU prosigue su guerra después de 17 años.

Con Bolton, ¿Cuántas guerras emprenderá Trump?

Una tesis fascinante, quizá utópica, del británico Alastair Crooke, anterior analista del MI6 y hoy uno de los mejores hermeneutas del Medio Oriente, quien juzga que con la llegada de los megahalcones, Trump hará subir la escalada sicológica hasta el paroxismo en las principales crisis desde Corea del Norte hasta Irán, evitando importunar a Rusia, salvo en la coreográfica de los anatemas propagandísticos, para promover al borde del precipicio acuerdos que beneficien a EU (https://goo.gl/W2eeGJ).

¿Será Bolton el espantapájaros de Trump para negociar mejor desde una posición de cacofónica fuerza retórica?

Enarbolo dos hipótesis: 1. A nivel doméstico, Trump levanta la puja para impedir su inminente impeachment por el fiscal especial Robert Mueller cuando han arreciado sus escándalos pornográficos y, 2. A nivel externo, muy al estilo de su Arte para negociar (https://goo.gl/wuzmnm), Trump maximaliza su puja de apostador para encontrar una solución en las mejores condiciones posibles con cuatro agendas simultáneas aparentemente incoercibles de Norcorea/Irán/China/Rusia.

Juan Cole, connotado académico y experto del Medio Oriente, no mastica sus palabras y califica a Bolton de lo que realmente es: un criminal de guerra con vínculos terroristas, mucho más que un halcón (https://goo.gl/zYhyQz).

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Miércoles, 21 Marzo 2018 06:50

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

El ascenso autoritario


La radicalización reaccionaria de los gobiernos de países como Paraguay, Argentina, Brasil, México u Honduras comienza a generar la polémica en torno de su caracterización.
Ninguno de esos regímenes ha sido el resultado de golpes de estado militares, en los casos de Brasil, Honduras o Paraguay la destitución de los presidentes fue realizada (parodia constitucional mediante) por el poder legislativo en combinación más o menos fuerte con los poderes judicial y mediático. En Brasil la Presidencia pasó a ser ejercida por el vicepresidente Temer (ungido por un golpe parlamentario) cuyo nivel de aceptación popular según diversas encuestas rondaría apenas el 3 % de los ciudadanos. En Paraguay ocurrió lo mismo, y el presidente destituido fue remplazado por el vicepresidente a través de un procedimiento parlamentario express y luego fueron realizada elecciones presidenciales que consagraron a Horacio Cartes un personaje de ultraderecha claramente vinculado al narcotráfico.


En Honduras se realizaron elecciones presidenciales en noviembre 2017[1], la “Alianza de Oposición contra la Dictadura” había ganado claramente pero el gobierno haciendo honor al calificativo con que lo había marcado la oposición consumó un fraude escandaloso afirmando así la continuidad del dictador Juan Orlando Hernandez.


Un caso por demás curioso es el de Argentina donde se realizaron en 2015 elecciones presidenciales en medio de una avalancha mediática, económica y judicial sin precedentes contra el gobierno y favorable al candidato derechista Maurizio Macrì. El resultado fue la victoria de Macrì por escaso margen quien apenas asumió la presidencia avanzó sobre los otros poderes del estado logrando al poco tiempo de hecho la suma del poder público. Si a esa concentración de poder le agregamos el control de los medios de comunicación y del poder económico nos encontramos ante una pequeña camarilla con una capacidad de control propia de una dictadura. Completa el panorama el comportamiento cada vez más represivo del gobierno que por primera vez desde el fin de la dictadura militar en 1983 ha decidido la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos mediante la constitución de una “fuerza militar de despliegue rápido” integrada por efectivos del Ejército, la Marina y la Aeronáutica y la conformación de una fuerza operativa conjunta con la DEA utilizando la excusa de la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”[2]. De ese modo Argentina se incorpora a una tendencia regional impuesta por los Estados Unidos de reconversión convergente de las Fuerzas Armadas convencionales, las policías y otras estructuras de seguridad en policias-militares capaces de “controlar” a las poblaciones de esos países. No siguiendo el viejo estilo conservador-cuartelario inspirado en la “doctrina de seguridad nacional” sino estableciendo espacios sociales caóticos inmersos en el desastre, precisamente atravesados por el narcotráfico (promovido, manipulado desde arriba) y otras formas de criminalidad disociadora siguiendo la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación.


En México como sabemos se suceden los gobiernos fraudulentos inmersos en una creciente ola de barbarie y en Colombia la abstención electoral tradicionalmente mayoritaria llegó recientemente a cerca de dos tercios del padrón electoral[3] adornada por un muy publicitado “proceso de paz” que logró la rendición de las FARC asegurando al mismo tiempo la preservación de la dinámica de saqueos, asesinatos y concentración de ingresos que caracteriza tradicionalmente a ese sistema. En estos dos casos no nos encontramos ante algo “nuevo” sino frente a regímenes relativamente viejos que fueron evolucionando hasta llegar hoy a constituir verdaderos ejemplos exitosos de aplicación de las técnicas más avanzadas de desintegración social. La tragedia de esos países muestra el futuro que aguarda a los recién llegados al infierno.


El panorama queda completado con las tentativas de restauración reaccionaria en Bolivia y Venezuela. En el caso venezolano la intervención directa de Estados Unidos busca recuperar (recolonizar) la mayor reserva petrolera del mundo en momentos en que el reinado del petro-dolar (fundamento de la hegemonía financiera global del Imperio) entra en declinación rápida ante el ascenso de China (el mayor comprador internacional de petróleo) que busca imponer su propia moneda respaldada por oro (el petro-yuan-oro) en alianza presisamente con Venezuela y otros gigantes del sector energético como Rusia e Irán.


En Bolivia el aparato de inteligencia imperial realiza una de sus manipulaciones de manual inspirada en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación. Pone en acción sus apéndices mediáticos locales y globales intentando desplegar la histeria (en este caso racista) de franjas importantes de las clases medias blancas y mestizas contra el presidente indio. Aquí no solo se trata de barrer a un gobierno progresista sino de apropiarse de las reservas de litio, las mayores del mundo (según distintas prospecciones Bolivia contaría con aproximadamente el 50 % de las reservas de litio del planeta), pieza clave en la futura reconversión energética global.


Principales características


Las actuales dictaduras tienen todas la característica de presentar una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, manteniendo un calendario electoral con pluralidad de partidos y demás rasgos de un régimen democrático de acuerdo a las reglas occidentales. Por otra parte no nos encontramos ante mecanismos explícitos de censura y aunque marginales o en posiciones muy secundarias se escuchan algunas voces divergentes. Los prisioneros políticos pasan casi siempre por los juzgados donde los jueces los condenan de manera arbitraria pero aparentando apoyarse en las normas legales vigentes. Los asesinatos de opositores son minimizados u ocultados por los medios de comunicación y quedan por lo general envueltos por mantos de confusión que diluyen las culpas estatales amalgamando de manera sistemática los crímenes políticos con las violencias policiales contra pobres y pequeños delincuentes sociales y represiones a las protestas populares


Esa máscara democrática, prolijamente desprolija, resulta ser lo que es: una máscara, cuando constatamos que los medios de comunicación convertidos en un instrumento de manipulación total de la población están controlados por monopolios como el grupo Clarín en Argentina, O Globo en Brasil o Televisa en México cuyos propietarios forman parte del estrecho círculo del Poder. O cuando llegamos a la conclusión de que el sistema judicial está completamente controlado por ese círculo del que participan los principales intereses económicos (transnacionalizados) manejando a discreción al aparato policial-militar. Y que en consecuencia los partidos políticos significativos, los medios de comunicación, las grandes estructuras sindicales y otros espacios de potencial expresión de la sociedad civil están estratégicamente controlados (más allá de ciertos descontroles tácticos) mediante una embrollada maraña de represiones, chantajes, crímenes selectivos, abusos judiciales, bombardeos mediáticos apabullantes disociadores o disciplinadores y fraude electoral más o menos descarado según el problema concreto a resolver.


El nuevo panorama ha provocado una notable crisis de percepción donde la realidad choca con principios ideológicos, conceptualizaciones y otras componentes de un “sentido común” heredado del pasado. No somos víctimas de un rígido encuadramiento de la población con pretensiones totalitarias explícitas anulando toda posibilidad de disenso, buscando integrar al conjunto de la sociedad a un simple esquema militar, sino ante sistemas flexibles, en realidad embrollados, que no intentan disciplinar a todos sino más bien desarticular, degradar a la sociedad civil convirtiéndola en una víctima inofensiva, apabullada por la tragedia.


No se presentan proyectos nacionales desmesurados, propios de los militares “salvadores de la patria” de otros tiempos o imágenes siniestras como la de Pinochet, ni siquiera discursos hiper optimistas como el de los globalistas neoliberales de los años 1990 o personajes cómicos como Carlos Menem, sino presidentes sin carisma, por lo general torpes, aburridos repetidores de frases banales preparadas por los asesores de imagen que conforman una red regional globalizada de “formadores de opinión” made in USA.


En suma, las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado parecen haber sido reemplazadas por dictaduras o protodictaduras grises que ofrecen poco y nada montadas sobre aplanadoras mediáticas embrutecedoras. Siempre por detrás (en realidad por encima) de estos fenómenos se encuentran el aparato de inteligencia de los Estados Unidos y los de algunos de sus aliados. La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16 según los casos manipulan los ministerios de seguridad o de defensa, los de relaciones exteriores, las grandes estructuras policiales de esos regímenes vasallos y diseñan estrategias electorales fraudulentas y represiones puntuales.


Capitalismo de desintegración


Se forjan así articulaciones complejas, sistemas de dominación donde convergen élites locales (mediáticas, políticas, empresarias, policial-militares, etc.) con aparatos externos integrantes del sistema de poder de los Estados Unidos.


Estas fuerzas dominan sociedades marcadas por lo que podría ser calificado como “capitalismo de desintegración” basado en el saqueo de recursos naturales y la especulación financiera, y la creciente marginación de población, radicalmente diferente de los viejos capitalismos subdesarrollados estructurados en torno de actividades productivas (agrarias, mineras, industriales). No es que en los viejos sistemas no existiera el saqueo de recursos ni el bandidaje financiero, en algunos momentos y países ocupaban el centro de la escena pero en el largo plazo y en la mayor parte de los casos quedaban en un segundo plano. La superexplotación de la mano de obra y el acaparamiento de las ganancias productivas aparecían como los principales objetivos económicos directos de aquellas dictaduras.


Tampoco es cierto que ahora las élites dominantes se desinteresen de los salarios o de la propiedad de la tierra, por el contrario desarrollan una amplio abanico de estratagemas destinadas a reducir los salarios reales y adueñarse de territorios, ya que si en los viejos capitalismos no existía solamente producción sino también especulación y saqueo, en los actuales la base productiva, en retracción a causa del pillaje desmesurado, sigue siendo una fuente importantisima de beneficios. Sin embargo su preservación, su reproducción en el largo plazo no está en el centro de las preocupaciones cotidianas de las élites atrapadas psicológicamente por la dinámica parasitaria de la especulación financiera y su entorno de negocios turbios.


Entre otras cosas porque en el actual imaginario burgués ha desaparecido el largo plazo, sus operaciones más importantes están regidos por el corto plazo lumpecapitalista. En el saqueo de recursos naturales a través de la megaminería a cielo abierto, de la extracción de gas y petróleo de esquisto o de la agricultura basada en transgénicos, se utilizan tecnologías orientadas por la velocidad del ritmo financiero al servicio de gente que no tiene tiempo ni interés para dedicarse a temas tales como la salud de la población afectada, el equilibrio ambiental y otras áreas impactadas por los “daños colaterales” del éxito empresario (financierización del cambio tecnológico, la cultura técnica dominante como auxiliar del saqueo).


Estos capitalismos de desintegración son conducidos por élites que pueden ser caracterizadas como lumpenburguesías, burguesías principalmente parasitarias, transnacionalizadas, financierizadas, oscilando entre lo legal y lo ilegal, crecientemente alejadas de la producción. Son inestables no por accidentes de la coyuntura sino por su esencia decadente. Por encima de ellas se encuentran las grandes potencias y sus élites embarcadas desde hace tiempo en el camino de la degradación, en un planeta donde los productos financieros derivados representaban a fines de 2017 unas siete veces el Producto Bruto Global, donde la deuda global total (pública más privada) era de casi tres veces el Producto Bruto Global, donde solo cinco grandes bancos estadounidenses disponían de “activos financieros derivados” por unos 250 billones de dólares (13 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos), donde sumadas las ocho personas más ricas del mundo disponen de una riqueza equivalente al 50 % de la población mundial (los más pobres).
La formación y encumbramiento de esas élites latinoamericanas son el resultado de prolongados procesos de decadencia estructural y cultural, de un subdesarrollo que incluyó hace ya varias décadas componentes parasitarias que se fueron adueñando del sistema, lo fueron carcomiendo, envenenando, pudriendo, siguiendo la lógica sobredeterminante del capitalismo global, no de manera mecánica sino imponiendo especificidades nacionales propias de cada degeneración social.


Por debajo de esas élites aparecen poblaciones fragmentadas, con trabajadores integrados desde el punto de vista de las normas laborales vigentes separados de los trabajadores informales, precarios. Con masas crecientes de marginales urbanos, de pobres e indigentes estigmatizados por los medios de comunicación, despreciados por buena parte de las clases integradas que se van achicando en la medida en que avanzan los procesos de concentración económica y pillaje de riquezas.


No se trata entonces de espacios sociales estancados, segmentados de manera estable sino de sociedades sometidas a la reproducción ampliada de la rapiña elitista transnacionalizada, a la sucesión interminable de transferencias de ingresos de abajo hacia arriba y hacia el exterior, a la degradación ascendente de la calidad de vida de las clases bajas pero también de porciones crecientes de las capas medias.


Algunos autores se refieren al fenómeno calificándolo de “neoliberalismo tardío”[4], algo así como un regreso a los paradigmas ideológicos neoliberales que tuvieron su auge en los años 1990 pero en un contexto global desfavorable a ese retorno (ascenso del proteccionismo comercial, declinación de la unipolaridad en torno de los Estados Unidos, etc.). Nos encontraríamos entonces frente a una aberración histórica, un contrasentido económico y geopolítico protagonizado por círculos dirigentes empecinados en su subordinación al Imperio norteamericano, interrumpiendo la marcha normal, racional, progresista y despolarizante que predominaba en América Latina. Las derechas latinoamericanas se encontrarían embarcadas en un proyecto a contramano de la evolución del mundo.


Pero ocurre que el mundo no se encamina hacia una nueva armonía, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundización de una crisis de larga duración, iniciada hace casi medio siglo. La misma se caracteriza entre otras cosas por la declinación tendencial de las tasas de crecimiento de las economías capitalistas centrales tradicionales y la hipertrofia financiera (financierización de la economía global) impulsando el quiebre de normas, legitimidades institucionales y equilibrios socioculturales que aseguraban la reproducción de la civilización burguesa más allá de las turbulencias políticas o económicas. La mutación parasitaria-depredadora del capitalismo tiene como centro a Occidente articulado en torno del Imperio norteamericano pero envuelve al conjunto de la periferia y también afecta a potencias emergentes como China o Rusia muy dependientes de sus exportaciones donde los mercados de Europa, Estados Unidos y Japón cumplen un papel decisivo. Así es como la tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno de China se vienen desacelerando y la economía rusa oscila entre la recesión, el estancamiento y el crecimiento anémico.


Un aspecto esencial de la nueva situación global es el carácter abiertamente devastador de las dinámicas agrarias, mineras e industriales motorizadas tanto por la potencias tradicionales como por las emergentes, cuyos efectos han dejado de ser una borrosa amenaza futura para convertirse en un desastre presente que se va amplificando año tras año.
Todo ello nos debería llevar a la conclusión de que los regímenes reaccionarios de América Latina no tienen nada de tardío, de desactualizado, de desubicación histórica sino que son la expresión de la podredumbre radical de sus élites, de su mutación parasitaria enlazada con un fenómeno global que las incluye. Lo que nos permite descubrir no solo la fragilidad histórica, la inestabilidad de esas burguesías, tan prepotentes y voraces como enfermas, sino también las vanas ilusiones progresistas negadoras de la realidad, que al calificar de tardío al lumpencapitalismo dominante lo marcan como anormal, anómalo, a destiempo, alentando la esperanza del retorno a la “normalidad”de un nuevo ciclo de prosperidad en la región, más o menos keynesiano, más o menos productivo, más o menos democrático, más o menos razonable, ni muy derechista ni muy izquierdista, ni tan elitista ni tan populista. El sujeto burgués de ese horizonte burgués fantasioso solo está en su imaginación, la marcha real del mundo lo ha convertido en un habitante fantasmagórico de la memoria. Mientras tanto los grandes “empresarios”, los círculos concretos de poder, participan de cuerpo y alma en la orgía de la devastación, tan desinteresados en el largo plazo y el desastre social y ambiental como en la racionalidad progresista (a la que consideran un estorbo, una traba populista al libre funcionamiento del “mercado”).


Reacciones populares y profundización de la crisis


La gran incognita es la que se refiere al futuro comportamiento de las grandes mayorías populares que fueron afectadas tanto desde el punto de vista económico como cultural por la decadencia del sistema. Las élites pudieron aprovechar la desestructuración, las irracionalidades sociales generadas por un fenómeno perverso que atravesó tanto las etapas derechistas como las progresistas. Durante los períodos de gobiernos de derecha civiles o militares promoviendo y garantizando privilegios y abusos de todo tipo, afirmando un “sentido común“ egoísta, disociador, subestimador de identidades culturales solidarias. Pero cuando llegaron las experiencias progresistas esas élites utilizaron la degradación social existente, la fragmentación neoliberal heredada (enlazada en algunos casos con tradiciones de marginación muy enraizadas) impulsando irrupciones racistas, neofascistas de las capas medias extendidas a veces hasta espacios medio-bajos donde se mezclan el pequeño comerciante con el asalariado integrado (en consecuencia por encima del marginado, del precario).


Vimos así en Brasil, Argentina, Bolivia o Venezuela movilizaciones histéricas de clases medias urbanas neofascistas exigiendo las cabezas de los gobernantes “populistas”, manipuladas por los medios de comunicación y los poderes económicos que el progresismo había respetado como parte de su pertenencia al sistema (admitida abiertamente, silenciada o negada de manera superficial o insuficiente).


Ahora las llamadas restauraciones conservadoras o derechistas no están restaurando el pasado neoliberal sino instaurando esquemas de devastación nunca antes vistos. Pudieron triunfar gracias a las limitaciones y desinfles de progresismos acorralados por las crisis de sistemas que ellos pretendían mejorar, reformar o en algunos casos superar de manera indolora, gradual, “civilizada”.


Pero las crisis nacionales no se detienen, por el contrario son incentivadas por los comportamientos saqueadores de las derechas gobernantes que siguen practicando sus tácticas disociadoras, de embrutecimiento colectivo, buscando generar odio social hacia los pobres. Los medios de comunicación trabajan a pleno detrás de esos objetivos y como la declinación económica avanza empujada por las políticas oficiales y por la marcha de la crisis global, las manipulaciones mediáticas comienzan a demostrarse impotentes ante la marea ascendente de protestas populares. La virtualidad del marketing neofascista empieza a ser desbordado por la materialidad de las penurias no solo de los pobres sino también de capas medias que se van empobreciendo. Males materiales que al amplificarse les abren la puerta a la rebeldía de quienes nunca fueron engañados y de los que han sido embaucados. Es así como en Brasil el repudio popular al gobierno de Temer es abrumador o en Argentina la imagen edulcorada de Macri se va diluyendo velozmente mientras se extienden las protestas populares.


La represión, la militarización de los gobiernos de derecha aparece entonces como alternativa de gobernabilidad, las dinámicas dictatoriales de esos regímenes van engendrando dispositivos policial-militares con la esperanza de controlar a los de abajo, van funcionando con cada vez mayor intensidad los mecanismos de “cooperación hemisférica”: operaciones conjuntas con la DEA, suministro de armamento y capacitación para el control de protestas sociales, multiplicación de estructuras represivas nacionales y regionales monitoreadas desde los Estados Unidos.


Se trata de un combate con final abierto entre fuerzas sociales que buscan sobrevivir y que al hacerlo pueden llegar a engendrar vastos movimientos de regeneración nacional, radicalmente antisistémicos y élites degradadas e inestables, dependientes del amo imperial (que se reserva el derecho a la intervención directa, si las circunstancias lo requieren y permiten), animadas por un nihilismo portador de pulsiones tanáticas.

19 marzo 2018 


[1] Hugo Noé Pino, “Cronología del fraude electoral en Honduras”, Criterio.hn. Diciembre 8 de 2017, https://criterio.hn/2017/12/08/cronologia-del-fraude-electoral-honduras/
[2] Manuel Gaggero, “Argentina. La historia se repite… como tragedia”, http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/11/argentina-la-historia-se-repitecomo-tragedia/
[3] Ana Patricia Torres Espinosa, “Abstención electoral en Colombia. Desafección política, violencia política y conflicto armado”, Cuadernos de Investigación, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, http://politicasysociologia.ucm.es/data/cont/docs/21-2016-12-21-CI12_W_Ana%20Patricia%20Torres.pdf
Miguel García Sanchez, “Sobre la baja participación electoral en Colombia”, Semana, 2016-10-18, http://www.semana.com/opinion/articulo/miguel-garcia-sanchez-sobre-la-baja-participacion-electoral-de-colombia/499388
[4] “El neoliberalismo tardío. Teoría y praxis. Documento de Trabajo nº 5”, Daniel García Delgado y Agustina Gradin (compiladores), FLACSO, Argentina 2017.

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Geopolítica del siglo XXI: volatilidad por todos lados

Puede argüirse que el ámbito más fluido en el sistema-mundo moderno, que está en crisis estructural, es el geopolítico. Ningún país está cercano a dominar este ámbito. La última potencia hegemónica, Estados Unidos, ya lleva tiempo actuando como un gigante incapaz. Tiene poder para destruir pero no para controlar la situación. Sigue proclamando reglas que espera que otros sigan, pero puede ser, y es, ignorado.

Hay ahora una larga lista de países que se consideran listos para desempeñarse de maneras específicas pese a las presiones de otros países. Una mirada por todo el globo confirmará puntualmente la incapacidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Los dos países que además de Estados Unidos tienen el poderío militar más fuerte son Rusia y China. Alguna vez se movían con cuidado para evitar la reprimenda de Estados Unidos. La retórica de la guerra fría hablaba de dos campos geopolíticos en competencia. La realidad era otra cosa. La retórica simplemente enmascaraba la efectividad relativa de la hegemonía estadunidense.

Ahora, virtualmente es lo contrario. Estados Unidos tiene que moverse con cuidado vis-à-vis Rusia y China para evitar perder la capacidad de obtener su cooperación en las prioridades geopolíticas de Estados Unidos.

Miremos a los así llamados aliados más fuertes de Estados Unidos. Podemos enredarnos discutiendo quién es el aliado más cercano, o ha sido ya por largo tiempo. Escojan entre Gran Bretaña e Israel o aun, ¬algunos dirían, Arabia Saudita. O hagamos una lista de los que alguna vez han sido socios confiables de Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, Canadá, Brasil y Alemania. Llamémosles los números dos.

Ahora revisemos el proceder de todos estos países en los 20 años pasados. Digo veinte porque la nueva realidad precede al régimen de Donald Trump, pese a que sin duda él ha sido quien ha empeorado la habilidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Miremos la situación en la península de Corea. Estados Unidos quiere que Corea del Norte renuncie a su armamento nuclear. Este es un objetivo que Estados Unidos ha repetido con regularidad. Fue cierto cuando Bush y Obama fueron presidentes. Ha continuado siendo cierto con Trump. La diferencia es el modo de conseguir este objetivo. Previamente, las acciones estadunidenses utilizaban cierto grado de diplomacia además de las sanciones. Esto reflejaba el entendimiento de que demasiadas amenazas públicas de Estados Unidos terminaban siendo contraproducentes. Trump cree lo opuesto. Considera las amenazas públicas como el arma básica de su arsenal.

No obstante, Trump tiene días diferentes. En el día uno amenaza a Norcorea con devastación. Pero el día dos hace que su objetivo primordial sean Japón y Corea del Sur. Trump dice que le proporcionan insuficiente respaldo financiero para los costos derivados de una continua presencia estadunidense armada ahí. Así que entre el ir y venir de las dos posturas estadunidenses, ni Japón ni Corea del Sur terminan estando seguros de estar protegidos.

Japón y Corea del Sur han lidiado con sus temores e incertidumbres en modos opuestos. El actual régimen japonés busca asegurar las garantías estadunidenses ofreciendo un respaldo público total a las (cambiantes) tácticas estadunidenses. Confía, por tanto, en complacer a Estados Unidos lo suficiente como para recibir las garantías que quiere obtener.

El actual régimen sudcoreano utiliza una táctica bastante diferente. Emprende de modo muy abierto relaciones más cercanas con Norcorea, lo cual en gran medida va contra los deseos de Estados Unidos. Con esto confía complacer al régimen norcoreano lo suficiente como para que Pyongyang responda accediendo a no escalar el conflicto.

Que cualquiera de estas aproximaciones tácticas estabilicen la posición estadunidense es totalmente incierto. Lo seguro es que Washington no está en posición de mando. Tanto Japón como Corea del Sur están buscando obtener calladamente armas nucleares para fortalecer su posición dado que no pueden saber qué traerá el siguiente día en el frente estadunidense. La volatilidad de la postura estadunidense debilita aún más su poderío de¬bido a las reacciones que genera.

O tomemos la más enredosa situación del llamado mundo islámico del Magreb a Indonesia, y en particular en Siria. Cada una de las potencias importantes de la región (o que lidian con la región) tiene un diferente enemigo primordial (o enemigos). Para Arabia Saudita e Israel, por el momento es Irán. Para Irán es Estados Unidos. Para Egipto es la Hermandad Musulmana. Para Turquía son los kurdos. Para el régimen iraquí, son los sunníes. Para Italia es Al Qaeda, que está haciendo imposible controlar el flujo de migrantes. Y así seguimos.

¿Y para Estados Unidos? Quién sabe. Ése es el miedo protuberante para todo el resto. Al momento Estados Unidos parece tener dos prioridades bastante diferentes. El día uno, es la aquiescencia norcoreana hacia los imperativos estadunidenses. El día dos es finiquitar su involucramiento en la región del este asiático, o por lo menos reducir sus desembolsos financieros. El resultado es más y más oscuro.

Podemos trazar retratos semejantes para otras regiones o subregiones del mundo. La lección clave es que a la decadencia de Estados Unidos no le ha seguido el advenimiento de otro hegemón. La situación se pliega en un zigzaguear general y caótico, la volatilidad o inestabilidad de la que hablamos.

Este, por supuesto, es el mayor peligro. Los accidentes nucleares, o los errores, o la locura, se vuelven de repente lo que priva en la mente de todos, especialmente entre las fuerzas armadas del mundo. Cómo lidiar con este peligro es el debate geopolítico más significativo a corto plazo.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Temer les dio más poder a los militares brasileños

Por primera vez desde la dictadura, un militar estará al frente del Ministerio de Defensa. También fue creado el Ministerio de Seguridad Pública, que toma atribuciones de Interior, entre ellas el control de la policía federal.

 

El presidente de Brasil, Michel Temer, entregó ayer más poder a las Fuerzas Armadas, al nombrar por primera vez desde la dictadura al frente del ministerio de Defensa a un general.


Lo hizo en el marco de los cambios en el gabinete para crear el ministerio de Seguridad Pública luego de la intervención militar decretada para que el Ejército comande la lucha contra el delito común en Río de Janeiro. El anuncio lo hizo en el Palacio del Planalto el portavoz de Temer, Alexandre Parola, quien destacó que mañana asumirán los nuevos ministros.


El ministerio de Defensa fue creado en 1999 y siempre fue ocupado por civiles, ya que desde el fin de la dictadura en 1985 cada fuerza funcionaba como una cartera autónoma, sin control político directo. Ahora, 19 años después, Temer decide mover el tablero y, tras la intervención militar en la seguridad pública de Río de Janeiro, ofreció el ministerio de Defensa al número 2 de la cartera, general de reserva Joaquim Silva e Luna, ex jefe del Estado mayor del Ejército.


El cargo de Defensa era ocupado hasta ahora por Raúl Jungmann, un diputado aliado de Temer que pasará a ocupar la nueva cartera de Seguridad Pública, el ministerio número 29 del gabinete. El portavoz Parola anunció que será editado un decreto para estas designaciones que deben ser ratificados en 60 días por el Congreso. La creación de este nuevo ministerio reduce el accionar de la cartera de Justicia, ya que Seguridad Pública tendrá la conducción de la Policía Federal, institución que lleva adelante la Operación Lava Jato pero cuya conducción fue cambiada por hombres del propio Temer a fines del año pasado.


Jungmann, ex ministro de Reforma Agraria en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pertenece al oficialista Partido por el Socialismo (PPS, ex socialista) y es una de las cartas de Temer para elegir un candidato de su riñón a gobernador de Río de Janeiro en las elecciones de octubre. “Esperamos un trámite parlamentario tranquilo para aprobar la creación de un nuevo ministerio”, dijo el jefe de gabinete, Eliseu Padilha, a periodistas.


Jungmann ganó relevancia como ministro de Defensa al saltar al primer plano nacional con la decisión de Temer de intervenir federalmente con el Ejército la seguridad pública de Río de Janeiro. Antes importantes referentes en temas de seguridad no habían aceptado las ofertas del gobierno para asumir en Seguridad Pública, que necesitará de un amplio tránsito para articular políticas con el servicio penitenciario y con los gobernadores, responsables por las policías de cada estado.


Incluso el jefe del Ejército, general Eduardo Villas Boas, quien en setiembre se había negado a intervenir como policía interna, la semana pasada defendió una mayor protección en caso de homicidios cometidos durante las intervenciones en Río de Janeiro. “No queremos otra Comisión de la Verdad”, dijo en la reunión de gabinete encabezada con Temer al referirse a la comisión creada por la destituida Dilma Rousseff, que investigó los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura (1964-1985), de la cual ella misma había sido víctima.


La acumulación de funciones y poder del Ejército con la intervención en Río fue una “jugada maestra” en palabras del propio Temer, para enfrentar el delito, más allá de que la capital carioca sea la décima del país en violencia. En octubre, Temer promulgó una ley que evita que los militares que cometan delitos o maten a personas sean juzgados por la justicia ordinaria y ordena que sus casos se remitan a los tribunales castrenses.


El avance del poder castrense se da en un año electoral en el cual la mano dura es la principal propuesta del sorprendente número 2 en las encuestas, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, y alimenta el sueño de varios oficialistas en postular a Temer. El presidente negó ser candidato.


Otro factor que según organismos de derechos humanos encendió un debate dentro del Ejército es que la fiscal general elegida por Temer, Raquel Dodge, le pidió a la corte suprema anular la Ley de Amnistía de 1979 que prohíbe juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad. Todos los dictadores brasileños ya fallecieron y las denuncias abiertas apuntan directamente a los jefes de los regimientos, cuarteles y comisarías, todos protegidos por la Ley de Amnistía, ratificada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal por ser parte de una “solución negociada” para retomar la democracia.


La primera elección directa en Brasil fue en 1989, en la que fue elegido Fernando Collor de Mello, quien recibió el bastón por parte de José Sarney, elegido por un Congreso que administró la transición, en 1985, sin elecciones. El 29 de septiembre de 1992, Collor se apartó de la Presidencia debido a las investigaciones sobre posible corrupción en el Poder Ejecutivo. Su entonces vicepresidente, Itamar Franco, actuó como presidente interino hasta el 29 de diciembre de 1992, cuando Collor efectivamente renunció y luego fue impedido por el Congreso. Así, Itamar Franco se convirtió en presidente constitucional para gobernar hasta fines de 1994.


Franco fue sucedido por Fernando Henrique Cardoso, quien fue reelecto en 1998 y gobernó hasta diciembre de 2002. Las dos presidencias de Cardoso fueron sucedidas por otras dos de Lula (2003-2010) y otra de Dilma, quien fue reelecta en 2014 pero no pudo completar su segundo término porque fue derrocada por un golpe parlamentario en agosto de 2016.

 

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