Rusia, en un giro radical, asimila la agenda anti-iraní de Israel

Teherán no sale de su asombro. El espejismo de la “asociación estratégica” entre Rusia e Irán se desvanece, y Moscú pone fin a su corta luna de miel con Teherán: Alexander Lavrentev, el representante especial de Rusia para Siria, ha pedido a Irán y Hizbolá, y otros países que han “ocupado” Siria abandonar el país, al iniciarse el proceso de paz.

Llama la atención que:


• La exigencia de la salida de Irán se plantee el 9 de mayo cuando Netanyahu visita por enésima vez a Rusia, y un día después de que Trump rompe el acuerdo nuclear con Irán.
• ¿Por qué, de repente, coloca a Irán, que fue invitado por Asad, junto a los países que han invadido ilegalmente Siria?
• Si Bashar al Asad es el presidente del gobierno soberano de Siria, ¿Por qué no lo pide él mismo?
• Paralelamente, Moscú anuncia que no entregará los misiles S-300 a Siria, a pesar de que, después del ataque del 14 de abril de Trump y sus aliados a Siria, había manifestado la entrega “gratuita y a corto plazo” del artefacto a Siria por la “obligación moral”. ¡Ahora que Siria es continuamente atacado por Israel afirma que Damasco no los necesita!


Los motivos de Rusia


Rusia no ha condenado los cerca de 150 bombardeos israelíes realizados sobre Siria, incluidos los ataques a las fuerzas proiraníes en diciembre, febrero, abril y mayo pasados. De las últimas declaraciones de ambos estados, se puede deducir que:
• El precio de la cabeza de Asad, el de su permanencia en el poder y el de paralizar los ataques israelíes a Siria, es que Irán se vaya de este país.
• Los estados árabes del Golfo Pérsico también normalizarán sus relaciones con Siria, y financiarán su reconstrucción.
• Putin ya ha conseguido sus propósitos en Siria, e Israel los respetará si sale Irán.
• Los ataques aéreos israelíes a Siria, bajo el pretexto de la presencia iraní, están dañando la infraestructura militar siria.
• La expulsión de Irán también es la principal demanda de los opositores de Asad (patrocinados por EEUU, Arabia, Qatar o Turquía), reunidos en la conferencia de paz de Sochi (Rusia). Su segunda exigencia, que Asad deje el poder, también será realizada si tienen paciencia: una vez que separe Irán del presidente sirio, éste tendrá que aceptar el borrador de la Constitución para Siria, redactado por Rusia, en el que el presidente será elegido por el parlamento que no de forma directa.
• Rusia necesita un Oriente Próximo (OP) estable y el régimen de Netanyahu es el más sólido. Cada vez que ataca a Gaza, Siria o Líbano, aumenta su popularidad. Que haya conseguido que EEUU traslade su embajada a Jerusalén y se retire de acuerdo nuclear con Irán, e incluso gane la Eurovisión ha convertido al dirigente judío en un héroe.
• El factor “Putin”: Nadie en Kremlin había mostrado tanta simpatía hacia Israel que él. La URSS cortó sus relaciones con Tel Aviv después de la guerra del 1967, mientras el presidente de Rusia recibió el 9 de mayo a Netanyahu como invitado de honor (y con la masacre de los palestinos de trasfondo) a la conmemoración del 73 aniversario de la victoria de soviética sobre la Alemania nazi. Su amor es correspondido: en 2014, Netanyahu no respaldó la resolución de la ONU que condenaba a Moscú por la Cuestión de Crimea”, y desde entonces las relaciones económicas, militares y de inteligencia han ido en aumento. En Rusia no existe el movimiento BDS.
• Rusia sabe que ofensiva israelí para hacerse con la hegemonía sobre Oriente Próximo, y después de desmantelar Irak, Libia y Siria, alcanzará a Irán. Quizás se está colocando de forma “preventiva” en el lado de los ganadores. El diario kuwaití Al-Jarida publicó, en el mes de marzo, que dos cazas israelíes F-35 habían sobrevolado el espacio aéreo de Irán, tras cruzar Siria e Irak sin ser detectados por los radares. Cierta o no, la noticia muestra la alta tensión entre ambos países. Esta fecha coincide con la maniobra “Juniper Cobra 2018” organizada por el Comando Europeo de los EEUU e Israel, simulando un escenario de guerra con los sistemas Arrow, Cúpula de Hierro, Patriot y Honda de David. Rusia no iba a involucrarse en una batalla que por un lado está un Irán persa-chiita solo, y en el otro, el resto del mundo.
• Moscú ve, con razón, peligrosa la agenda regional de los ayatolás, construida en torno a la rivalidad iraní-saudí e iraní-israelí o su enfoque chiita-sunita, pero que no vea la amenaza del expansionismo militarista de Israel es de pensar.
Rusia no tiene una estrategia ni un modelo diseñado para Oriente próximo, y al no implicar una ideología determinada en sus relaciones, tiene alianzas provisionales que no aliados, y su objetivo se limita es conseguir beneficios inmediatos. Es puro pragmatismo. Por ejemplo, en 2017, por primera vez en la historia rusa, un rey saudí fue invitado a Kremlin. La URSS cortó sus relaciones con Riad por patrocinar el terrorismo yihadista, y su conspiración en bajar los precios de petróleo en los años 80 para destruir la economía soviética. La prioridad de la política exterior ruso, por orden, es: EEUU, Europa y China y luego OP. Siria es el único país con el que tiene relaciones estratégicas.
• Moscú (que puede apuntarse a la exigencia occidente-árabe-Israelí a Irán de añadir un anexo al acuerdo nuclear) quizás esté presionando a Teherán para que ceda ante sus enemigos aún más, para evitar una colisión militar de dimensiones bíblicas entre ellos. En tal caso, Rusia comete un gran error: 1) porque Irán ya no tiene margen de ceder (¡lo hizo con la firma del acuerdo nuclear!), 2) el objetivo de EEUU es ir reconfigurando el mapa del OP a medida de sus nuevos intereses, aunque dichos países estén gobernados por sus títeres y aliados.


La confusión de Irán


En Teherán, que siguen mirando al mundo con la óptica de la Guerra Fría, esperaban que los vecinos del norte les defendieran ante los enemigos. ¿No se acordaban de que Rusia apoyó las sanciones contra la nación iraní, propuestas por Bush y Obama en el Consejo de Seguridad, o que no le entregó los misiles comprados S300 hasta que Teherán le amenazó a denunciarle ante los tribunales internacionales? Y ahora, Lukoil, la petrolera rusa, congela sus contratos con Irán por las presiones de EEUU. Para los actuales inquilinos de Kremlin, EEUU es un socio, y a veces un rival, pero no enemigo. Después del fin de la URSS, no hay bloques. Es la guerra de todos contra todos, con alianzas dinámicas y cambiantes. El amigo de hoy mañana puede ser linchado, y literalmente.


Teherán jamás se hubiera imaginado que los siete años del esfuerzo de apuntalar al gobierno de Asad, sacrificando cientos de vidas (iraníes, libanesas, afganas, iraquíes, etc.), y decenas de miles de millones de dólares, incrementaría su vulnerabilidad en vez de su seguridad. Desde la rabia, su respuesta no se hizo esperar: “estamos en Siria desde el 2011 luchando contra las fuerzas anti Asad, antes de que llegasen ustedes, y será Asad que no Putin quien nos pida salir”. Pero, Asad tampoco ha renovado su confianza con Irán. Por lo que los ayatolás traicionados le han pedido desembolsar cuanto antes su billonaria deudas a las arcas públicas iraníes. Y ¿cómo Asad piensa recuperar el país, si su ejército depende de las milicias dirigidas proiraníes? ¿O es que, como revela sirialeaks, el plan para balcanizar el país ya está en marcha y se ha resignado? Rusia y EEUU no deben menosvalorar a Asad: Unos 70 líderes tribales árabes sirios se reunieron la semana pasada en Deir Hafer, cerca de Alepo, con el fin de formar una amplia milicia para expulsar a los ocupantes “ilegales”. ¿Lo harán con el dinero iraní?


Parece mentira que la coalición Irano-siria (aun, con el apoyo puntual de Rusia) realmente pensara que iba a ganar la guerra a una veintena de países que incluyen: Occidente, Israel, Arabia, Qatar, o Turquía. El pentágono ya cuenta con al menos 15 bases militares en Siria y puede volver a llenarlo con cientos de miles de hombres armados.
Es paradójico: Irán no puede irse de Siria, ya que perdería la última barrera de la defensa de Irán frente a un ataque israelí, pero tampoco puede quedarse: Y esto ha sido justamente el plan de Obama: no eliminar a Asad y convertir Siria en un pantano para sus enemigos y rivales.

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Merkel propone un fondo monetario europeo

La líder conservadora plantea un fondo para conceder créditos a imagen del FMI y tropas de intervención rápida más allá de la OTAN.

La canciller alemana, Angela Merkel, detalló por primera vez su propuesta de reformas de la Unión Europea, entre las que se encuentran crear un presupuesto para inversiones, un fondo para conceder créditos y tropas de intervención rápida, en una entrevista publicada ayer en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.


“Para tener economías exitosas debemos estabilizar el euro de manera sostenible. Los instrumentos con los que contamos hasta ahora no son suficientes”, declaró la líder de la Unión Crisitianodemócrata (CDU). Junto con completar la unión bancaria y un “presupuesto de inversiones” común, Merkel fijó como objetivo crear un Fondo Monetario Europeo.
Para Merkel la oportunidad de fortalecer la unión monetaria tras casi 20 años después de su inicio es algo bueno. “Al fin y al cabo tenemos ahora una situación en la eurozona como hacía tiempo que no se daba”, señaló. “En todos los Estados crece la economía y aumenta el empleo”. Sin embargo, la canciller advirtió también de que “la solidaridad entre los socios europeos nunca debe desembocar en una unión de deudas, sino que debe ser una ayuda para la autosuficiencia”. Hace tiempo que se debate sobre amplias reformas de la eurozona, sobre todo, desde que el presidente francés Emmanuel Macron presentó en septiembre un plan radical de reestructuración de la UE hasta el año 2024, que incluye un presupuesto propio y un ministro de Finanzas para la eurozona. Desde hace tiempo reclama una respuesta de Merkel para poder presentar una propuesta conjunta en la cumbre de la UE de finales de junio.


Junto con los planes de Macron, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentó en diciembre sus propios planes sobre cómo debe modificarse la unión monetaria para que esté mejor preparada ante futuras crisis. Asimismo, Juncker presentó un fondo europeo a imagen del Fondo Monetario Internacional (FMI).


También Merkel se mostró ahora a favor de un fondo de este tipo sobre la base del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) creado en 2012 en plena crisis de deuda de la zona euro. Junto con créditos a 30 años unidos a estrictas condiciones, propuso ayudar con créditos a corto plazo a los países que estén atravesando dificultades. Por supuesto “siempre a cambio de restricciones, en una cantidad limitada y con una devolución completa”, comentó. “Así podremos ayudar a los países que estén atravesando dificultades”.
Respecto de la cooperación en la UE en cuestiones de defensa, Merkel apoyó la iniciativa de Macron de crear una tropa de intervención rápida más allá de la OTAN. “Unas tropas de intervención de este tipo con una cultura de estrategia militar común debe, no obstante, ajustarse a la estructura de cooperación en política de defensa”, declaró la canciller.

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Bolton, asesor de seguridad de Trump: el diplomático más peligroso del mundo

Estados Unidos, en franco declive, exhibe una fractura conceptual/generacional/ demográfica/geográfica donde las fuerzas centrífugas han acelerado su vertiginosa dinámica.

Los maravillosos jóvenes de high school realizaron una histórica marcha en Washington, con alrededor de un millón de manifestantes, exigiendo con justificada razón la abolición de las armas que han cobrado tantas vidas inocentes, mientras la esquizofrenia política de sus padres y abuelos arrecian la carrera armamentista con un bipartidista presupuesto bélico.

Muchos de los padres y abuelos de los jóvenes pacifistas pertenecen al trumpismo militarista, a los sectores fascistoides del Partido Republicano, y a la Asociación Nacional del Rifle –estancada en el siglo XVIII bajo el manto anacrónico de la Segunda Enmienda, cuando la Primera Enmienda de la libertad de comunicación ha sido pisoteada por Facebook, del israelí estadunidense Mark Zuckerberg.

Las derrotas multidimensionales de EU provienen de los desastres militares y financieros de Baby Bush, agudizados por Obama en su fuga hacia delante contra Rusia y China, que han encajonado a Trump, de 70 años, a adoptar posturas intransigentes con el fin de detener la abrupta caída de la otrora superpotencia unipolar rezagada frente a la resurrección militar de Rusia y al ascenso geoeconómico irresistible de China.

Baste señalar el histórico lanzamiento el 26 de marzo en Shanghai del petroyuan, respaldado por oro, que pone a la defensiva al otrora inexpugnable bastión financierista de la dupla Washington/Londres (https://goo.gl/jwC4Ys), lo cual, a mi juicio, explicaría los artefactos del inmundo Rusiagate –montado por el espía británico Christopher Steele, hoy a salto de mata–, y el extraño envenenamiento del desertor doble espía ruso Sergei Skripal–hasta hoy sin evidencias y con alegatos de altamente probable que hasta un juez penal y venal de rancho desecharía –endosado por la primer británica Theresa May a Rusia y que ha valido la aparatosa expulsión masiva de una centena de diplomáticos rusos de la anglósfera y la Unión Europea, a unos meses de la Copa Mundial de Futbol.

Los nacionalismos económicos del Brexit y el trumpismo huyen hacia delante cuando sus respectivos mandatarios adoptan estrafalarias medidas al borde de una pre-guerra, lo cual exhibe más sus debilidades que sus fortalezas y los lleva hasta desechar a su anterior socio: la británica Cambridge Analytica (https://goo.gl/iyqCrg).

El contexto y el timing son parte sustancial del todo en geoestrategia.

No se pueden soslayar la serie de eventos azorantes a partir del primero de marzo cuando el zar Vlady Putin posicionó a Rusia como la máxima potencia militar del planeta capaz de horadar cualquier defensa en cualquier parte del mundo de quien sea con sus invencibles nuevas armas nucleares (https://goo.gl/ueBFAp) –que The New York Times y The Washington Post consideran bluff.

Días mas tarde, el zar Vlady Putin fue elegido en forma apabullante con 77 por ciento de los sufragios en una nutrida votación, mientras en China, el mandarín Xi Jinping era ungido por la asamblea como mandatario de por vida (https://goo.gl/yfXczt).

Ante los fulgurantes avances de Rusia –que incluye su triunfo en la guerra de Siria– y China –con su asombroso lanzamiento del petroyuan/oro–, la dupla anglosajona del Brexit/trumpismo, hoy en franca declinación electoral, ha respondido con su alucinante propaganda negra –que goza del casi monopolio de los multimedia globales donde el grupo del israelí-húngaro-británico-estadunidense George Soros juega un papel primordial debido a su vinculación con el Mossad, la CIA y el MI6– y su pueril coreografía simultánea del Rusiagate/envenenamiento de SS/expulsión masiva de diplomáticos rusos/Facebook y Cambridge Analytica/la guerra comercial contra China.

Como hubiera acotado el inmortal bardo británico Shakespeare: mucho ruido, pocas nueces.

La masiva expulsión de diplomáticos soviéticos ya había sido experimentada en forma infructuosa por México en la década de los años 70.

¿Por qué Gran Bretaña, hoy en irrelevancia imperial, aparece en todo este esquema? ¿Será porque se le cayó su modelo financierista instalado hace 203 años en Waterloo?

Curiosamente, Netanyahu no siguió a Londres y se puso del lado del zar Vlady Putin (https://goo.gl/DFYJpz).

Las defenestraciones de Rex Tillerson y del teniente general H. R. McMaster endurecen al gabinete de Trump con el arribo de los megahalcones Mike Pompeo, de 54 años, John Bolton, de 69 años, y la torturadora Gina Haspel, de 61 años, en la CIA.

La salida del teniente general H. R. McMaster era más que cantada después de que fue atrapado filtrando secretos de la Casa Blanca nada menos que a George Soros, lo cual fue delatado por el espionaje del primer ministro Netanyahu.

Dejo en el tintero la guerra civil entre globalistas encabezados por Soros y nacionalistas jefaturados por Netanyahu: pecuniaria guerra fratricida sionista (https://goo.gl/tbYhZ7).

Los megahalcones rebasan la realpolitik de los militares cuando el trumpismo pasa de la militarización a la israelización.

En Israel no ocultan su júbilo por la llegada de dos íntimos aliados de Netanyahu: Mike Pompeo, anterior ex director de la CIA y hoy a cargo de la Secretaría de Estado ya muy desvalida, y, sobre todo, con el tóxico ex embajador bushiano John Bolton cuyo nombramiento como asesor de seguridad nacional son malas noticias para Irán, en buen tiempo para Netanyahu (https://goo.gl/Ep3L1T).

Alguien podrá aducir, no sin razón, que Trump no necesita de consejeros que le calienten su volcánica cabeza siempre en erupción.

Sin Bolton de asesor de seguridad nacional, Baby Bush libró dos guerras cataclísmicas: Iraq y Afganistán; en esta última EU prosigue su guerra después de 17 años.

Con Bolton, ¿Cuántas guerras emprenderá Trump?

Una tesis fascinante, quizá utópica, del británico Alastair Crooke, anterior analista del MI6 y hoy uno de los mejores hermeneutas del Medio Oriente, quien juzga que con la llegada de los megahalcones, Trump hará subir la escalada sicológica hasta el paroxismo en las principales crisis desde Corea del Norte hasta Irán, evitando importunar a Rusia, salvo en la coreográfica de los anatemas propagandísticos, para promover al borde del precipicio acuerdos que beneficien a EU (https://goo.gl/W2eeGJ).

¿Será Bolton el espantapájaros de Trump para negociar mejor desde una posición de cacofónica fuerza retórica?

Enarbolo dos hipótesis: 1. A nivel doméstico, Trump levanta la puja para impedir su inminente impeachment por el fiscal especial Robert Mueller cuando han arreciado sus escándalos pornográficos y, 2. A nivel externo, muy al estilo de su Arte para negociar (https://goo.gl/wuzmnm), Trump maximaliza su puja de apostador para encontrar una solución en las mejores condiciones posibles con cuatro agendas simultáneas aparentemente incoercibles de Norcorea/Irán/China/Rusia.

Juan Cole, connotado académico y experto del Medio Oriente, no mastica sus palabras y califica a Bolton de lo que realmente es: un criminal de guerra con vínculos terroristas, mucho más que un halcón (https://goo.gl/zYhyQz).

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Miércoles, 21 Marzo 2018 06:50

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

El ascenso autoritario


La radicalización reaccionaria de los gobiernos de países como Paraguay, Argentina, Brasil, México u Honduras comienza a generar la polémica en torno de su caracterización.
Ninguno de esos regímenes ha sido el resultado de golpes de estado militares, en los casos de Brasil, Honduras o Paraguay la destitución de los presidentes fue realizada (parodia constitucional mediante) por el poder legislativo en combinación más o menos fuerte con los poderes judicial y mediático. En Brasil la Presidencia pasó a ser ejercida por el vicepresidente Temer (ungido por un golpe parlamentario) cuyo nivel de aceptación popular según diversas encuestas rondaría apenas el 3 % de los ciudadanos. En Paraguay ocurrió lo mismo, y el presidente destituido fue remplazado por el vicepresidente a través de un procedimiento parlamentario express y luego fueron realizada elecciones presidenciales que consagraron a Horacio Cartes un personaje de ultraderecha claramente vinculado al narcotráfico.


En Honduras se realizaron elecciones presidenciales en noviembre 2017[1], la “Alianza de Oposición contra la Dictadura” había ganado claramente pero el gobierno haciendo honor al calificativo con que lo había marcado la oposición consumó un fraude escandaloso afirmando así la continuidad del dictador Juan Orlando Hernandez.


Un caso por demás curioso es el de Argentina donde se realizaron en 2015 elecciones presidenciales en medio de una avalancha mediática, económica y judicial sin precedentes contra el gobierno y favorable al candidato derechista Maurizio Macrì. El resultado fue la victoria de Macrì por escaso margen quien apenas asumió la presidencia avanzó sobre los otros poderes del estado logrando al poco tiempo de hecho la suma del poder público. Si a esa concentración de poder le agregamos el control de los medios de comunicación y del poder económico nos encontramos ante una pequeña camarilla con una capacidad de control propia de una dictadura. Completa el panorama el comportamiento cada vez más represivo del gobierno que por primera vez desde el fin de la dictadura militar en 1983 ha decidido la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos mediante la constitución de una “fuerza militar de despliegue rápido” integrada por efectivos del Ejército, la Marina y la Aeronáutica y la conformación de una fuerza operativa conjunta con la DEA utilizando la excusa de la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”[2]. De ese modo Argentina se incorpora a una tendencia regional impuesta por los Estados Unidos de reconversión convergente de las Fuerzas Armadas convencionales, las policías y otras estructuras de seguridad en policias-militares capaces de “controlar” a las poblaciones de esos países. No siguiendo el viejo estilo conservador-cuartelario inspirado en la “doctrina de seguridad nacional” sino estableciendo espacios sociales caóticos inmersos en el desastre, precisamente atravesados por el narcotráfico (promovido, manipulado desde arriba) y otras formas de criminalidad disociadora siguiendo la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación.


En México como sabemos se suceden los gobiernos fraudulentos inmersos en una creciente ola de barbarie y en Colombia la abstención electoral tradicionalmente mayoritaria llegó recientemente a cerca de dos tercios del padrón electoral[3] adornada por un muy publicitado “proceso de paz” que logró la rendición de las FARC asegurando al mismo tiempo la preservación de la dinámica de saqueos, asesinatos y concentración de ingresos que caracteriza tradicionalmente a ese sistema. En estos dos casos no nos encontramos ante algo “nuevo” sino frente a regímenes relativamente viejos que fueron evolucionando hasta llegar hoy a constituir verdaderos ejemplos exitosos de aplicación de las técnicas más avanzadas de desintegración social. La tragedia de esos países muestra el futuro que aguarda a los recién llegados al infierno.


El panorama queda completado con las tentativas de restauración reaccionaria en Bolivia y Venezuela. En el caso venezolano la intervención directa de Estados Unidos busca recuperar (recolonizar) la mayor reserva petrolera del mundo en momentos en que el reinado del petro-dolar (fundamento de la hegemonía financiera global del Imperio) entra en declinación rápida ante el ascenso de China (el mayor comprador internacional de petróleo) que busca imponer su propia moneda respaldada por oro (el petro-yuan-oro) en alianza presisamente con Venezuela y otros gigantes del sector energético como Rusia e Irán.


En Bolivia el aparato de inteligencia imperial realiza una de sus manipulaciones de manual inspirada en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación. Pone en acción sus apéndices mediáticos locales y globales intentando desplegar la histeria (en este caso racista) de franjas importantes de las clases medias blancas y mestizas contra el presidente indio. Aquí no solo se trata de barrer a un gobierno progresista sino de apropiarse de las reservas de litio, las mayores del mundo (según distintas prospecciones Bolivia contaría con aproximadamente el 50 % de las reservas de litio del planeta), pieza clave en la futura reconversión energética global.


Principales características


Las actuales dictaduras tienen todas la característica de presentar una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, manteniendo un calendario electoral con pluralidad de partidos y demás rasgos de un régimen democrático de acuerdo a las reglas occidentales. Por otra parte no nos encontramos ante mecanismos explícitos de censura y aunque marginales o en posiciones muy secundarias se escuchan algunas voces divergentes. Los prisioneros políticos pasan casi siempre por los juzgados donde los jueces los condenan de manera arbitraria pero aparentando apoyarse en las normas legales vigentes. Los asesinatos de opositores son minimizados u ocultados por los medios de comunicación y quedan por lo general envueltos por mantos de confusión que diluyen las culpas estatales amalgamando de manera sistemática los crímenes políticos con las violencias policiales contra pobres y pequeños delincuentes sociales y represiones a las protestas populares


Esa máscara democrática, prolijamente desprolija, resulta ser lo que es: una máscara, cuando constatamos que los medios de comunicación convertidos en un instrumento de manipulación total de la población están controlados por monopolios como el grupo Clarín en Argentina, O Globo en Brasil o Televisa en México cuyos propietarios forman parte del estrecho círculo del Poder. O cuando llegamos a la conclusión de que el sistema judicial está completamente controlado por ese círculo del que participan los principales intereses económicos (transnacionalizados) manejando a discreción al aparato policial-militar. Y que en consecuencia los partidos políticos significativos, los medios de comunicación, las grandes estructuras sindicales y otros espacios de potencial expresión de la sociedad civil están estratégicamente controlados (más allá de ciertos descontroles tácticos) mediante una embrollada maraña de represiones, chantajes, crímenes selectivos, abusos judiciales, bombardeos mediáticos apabullantes disociadores o disciplinadores y fraude electoral más o menos descarado según el problema concreto a resolver.


El nuevo panorama ha provocado una notable crisis de percepción donde la realidad choca con principios ideológicos, conceptualizaciones y otras componentes de un “sentido común” heredado del pasado. No somos víctimas de un rígido encuadramiento de la población con pretensiones totalitarias explícitas anulando toda posibilidad de disenso, buscando integrar al conjunto de la sociedad a un simple esquema militar, sino ante sistemas flexibles, en realidad embrollados, que no intentan disciplinar a todos sino más bien desarticular, degradar a la sociedad civil convirtiéndola en una víctima inofensiva, apabullada por la tragedia.


No se presentan proyectos nacionales desmesurados, propios de los militares “salvadores de la patria” de otros tiempos o imágenes siniestras como la de Pinochet, ni siquiera discursos hiper optimistas como el de los globalistas neoliberales de los años 1990 o personajes cómicos como Carlos Menem, sino presidentes sin carisma, por lo general torpes, aburridos repetidores de frases banales preparadas por los asesores de imagen que conforman una red regional globalizada de “formadores de opinión” made in USA.


En suma, las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado parecen haber sido reemplazadas por dictaduras o protodictaduras grises que ofrecen poco y nada montadas sobre aplanadoras mediáticas embrutecedoras. Siempre por detrás (en realidad por encima) de estos fenómenos se encuentran el aparato de inteligencia de los Estados Unidos y los de algunos de sus aliados. La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16 según los casos manipulan los ministerios de seguridad o de defensa, los de relaciones exteriores, las grandes estructuras policiales de esos regímenes vasallos y diseñan estrategias electorales fraudulentas y represiones puntuales.


Capitalismo de desintegración


Se forjan así articulaciones complejas, sistemas de dominación donde convergen élites locales (mediáticas, políticas, empresarias, policial-militares, etc.) con aparatos externos integrantes del sistema de poder de los Estados Unidos.


Estas fuerzas dominan sociedades marcadas por lo que podría ser calificado como “capitalismo de desintegración” basado en el saqueo de recursos naturales y la especulación financiera, y la creciente marginación de población, radicalmente diferente de los viejos capitalismos subdesarrollados estructurados en torno de actividades productivas (agrarias, mineras, industriales). No es que en los viejos sistemas no existiera el saqueo de recursos ni el bandidaje financiero, en algunos momentos y países ocupaban el centro de la escena pero en el largo plazo y en la mayor parte de los casos quedaban en un segundo plano. La superexplotación de la mano de obra y el acaparamiento de las ganancias productivas aparecían como los principales objetivos económicos directos de aquellas dictaduras.


Tampoco es cierto que ahora las élites dominantes se desinteresen de los salarios o de la propiedad de la tierra, por el contrario desarrollan una amplio abanico de estratagemas destinadas a reducir los salarios reales y adueñarse de territorios, ya que si en los viejos capitalismos no existía solamente producción sino también especulación y saqueo, en los actuales la base productiva, en retracción a causa del pillaje desmesurado, sigue siendo una fuente importantisima de beneficios. Sin embargo su preservación, su reproducción en el largo plazo no está en el centro de las preocupaciones cotidianas de las élites atrapadas psicológicamente por la dinámica parasitaria de la especulación financiera y su entorno de negocios turbios.


Entre otras cosas porque en el actual imaginario burgués ha desaparecido el largo plazo, sus operaciones más importantes están regidos por el corto plazo lumpecapitalista. En el saqueo de recursos naturales a través de la megaminería a cielo abierto, de la extracción de gas y petróleo de esquisto o de la agricultura basada en transgénicos, se utilizan tecnologías orientadas por la velocidad del ritmo financiero al servicio de gente que no tiene tiempo ni interés para dedicarse a temas tales como la salud de la población afectada, el equilibrio ambiental y otras áreas impactadas por los “daños colaterales” del éxito empresario (financierización del cambio tecnológico, la cultura técnica dominante como auxiliar del saqueo).


Estos capitalismos de desintegración son conducidos por élites que pueden ser caracterizadas como lumpenburguesías, burguesías principalmente parasitarias, transnacionalizadas, financierizadas, oscilando entre lo legal y lo ilegal, crecientemente alejadas de la producción. Son inestables no por accidentes de la coyuntura sino por su esencia decadente. Por encima de ellas se encuentran las grandes potencias y sus élites embarcadas desde hace tiempo en el camino de la degradación, en un planeta donde los productos financieros derivados representaban a fines de 2017 unas siete veces el Producto Bruto Global, donde la deuda global total (pública más privada) era de casi tres veces el Producto Bruto Global, donde solo cinco grandes bancos estadounidenses disponían de “activos financieros derivados” por unos 250 billones de dólares (13 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos), donde sumadas las ocho personas más ricas del mundo disponen de una riqueza equivalente al 50 % de la población mundial (los más pobres).
La formación y encumbramiento de esas élites latinoamericanas son el resultado de prolongados procesos de decadencia estructural y cultural, de un subdesarrollo que incluyó hace ya varias décadas componentes parasitarias que se fueron adueñando del sistema, lo fueron carcomiendo, envenenando, pudriendo, siguiendo la lógica sobredeterminante del capitalismo global, no de manera mecánica sino imponiendo especificidades nacionales propias de cada degeneración social.


Por debajo de esas élites aparecen poblaciones fragmentadas, con trabajadores integrados desde el punto de vista de las normas laborales vigentes separados de los trabajadores informales, precarios. Con masas crecientes de marginales urbanos, de pobres e indigentes estigmatizados por los medios de comunicación, despreciados por buena parte de las clases integradas que se van achicando en la medida en que avanzan los procesos de concentración económica y pillaje de riquezas.


No se trata entonces de espacios sociales estancados, segmentados de manera estable sino de sociedades sometidas a la reproducción ampliada de la rapiña elitista transnacionalizada, a la sucesión interminable de transferencias de ingresos de abajo hacia arriba y hacia el exterior, a la degradación ascendente de la calidad de vida de las clases bajas pero también de porciones crecientes de las capas medias.


Algunos autores se refieren al fenómeno calificándolo de “neoliberalismo tardío”[4], algo así como un regreso a los paradigmas ideológicos neoliberales que tuvieron su auge en los años 1990 pero en un contexto global desfavorable a ese retorno (ascenso del proteccionismo comercial, declinación de la unipolaridad en torno de los Estados Unidos, etc.). Nos encontraríamos entonces frente a una aberración histórica, un contrasentido económico y geopolítico protagonizado por círculos dirigentes empecinados en su subordinación al Imperio norteamericano, interrumpiendo la marcha normal, racional, progresista y despolarizante que predominaba en América Latina. Las derechas latinoamericanas se encontrarían embarcadas en un proyecto a contramano de la evolución del mundo.


Pero ocurre que el mundo no se encamina hacia una nueva armonía, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundización de una crisis de larga duración, iniciada hace casi medio siglo. La misma se caracteriza entre otras cosas por la declinación tendencial de las tasas de crecimiento de las economías capitalistas centrales tradicionales y la hipertrofia financiera (financierización de la economía global) impulsando el quiebre de normas, legitimidades institucionales y equilibrios socioculturales que aseguraban la reproducción de la civilización burguesa más allá de las turbulencias políticas o económicas. La mutación parasitaria-depredadora del capitalismo tiene como centro a Occidente articulado en torno del Imperio norteamericano pero envuelve al conjunto de la periferia y también afecta a potencias emergentes como China o Rusia muy dependientes de sus exportaciones donde los mercados de Europa, Estados Unidos y Japón cumplen un papel decisivo. Así es como la tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno de China se vienen desacelerando y la economía rusa oscila entre la recesión, el estancamiento y el crecimiento anémico.


Un aspecto esencial de la nueva situación global es el carácter abiertamente devastador de las dinámicas agrarias, mineras e industriales motorizadas tanto por la potencias tradicionales como por las emergentes, cuyos efectos han dejado de ser una borrosa amenaza futura para convertirse en un desastre presente que se va amplificando año tras año.
Todo ello nos debería llevar a la conclusión de que los regímenes reaccionarios de América Latina no tienen nada de tardío, de desactualizado, de desubicación histórica sino que son la expresión de la podredumbre radical de sus élites, de su mutación parasitaria enlazada con un fenómeno global que las incluye. Lo que nos permite descubrir no solo la fragilidad histórica, la inestabilidad de esas burguesías, tan prepotentes y voraces como enfermas, sino también las vanas ilusiones progresistas negadoras de la realidad, que al calificar de tardío al lumpencapitalismo dominante lo marcan como anormal, anómalo, a destiempo, alentando la esperanza del retorno a la “normalidad”de un nuevo ciclo de prosperidad en la región, más o menos keynesiano, más o menos productivo, más o menos democrático, más o menos razonable, ni muy derechista ni muy izquierdista, ni tan elitista ni tan populista. El sujeto burgués de ese horizonte burgués fantasioso solo está en su imaginación, la marcha real del mundo lo ha convertido en un habitante fantasmagórico de la memoria. Mientras tanto los grandes “empresarios”, los círculos concretos de poder, participan de cuerpo y alma en la orgía de la devastación, tan desinteresados en el largo plazo y el desastre social y ambiental como en la racionalidad progresista (a la que consideran un estorbo, una traba populista al libre funcionamiento del “mercado”).


Reacciones populares y profundización de la crisis


La gran incognita es la que se refiere al futuro comportamiento de las grandes mayorías populares que fueron afectadas tanto desde el punto de vista económico como cultural por la decadencia del sistema. Las élites pudieron aprovechar la desestructuración, las irracionalidades sociales generadas por un fenómeno perverso que atravesó tanto las etapas derechistas como las progresistas. Durante los períodos de gobiernos de derecha civiles o militares promoviendo y garantizando privilegios y abusos de todo tipo, afirmando un “sentido común“ egoísta, disociador, subestimador de identidades culturales solidarias. Pero cuando llegaron las experiencias progresistas esas élites utilizaron la degradación social existente, la fragmentación neoliberal heredada (enlazada en algunos casos con tradiciones de marginación muy enraizadas) impulsando irrupciones racistas, neofascistas de las capas medias extendidas a veces hasta espacios medio-bajos donde se mezclan el pequeño comerciante con el asalariado integrado (en consecuencia por encima del marginado, del precario).


Vimos así en Brasil, Argentina, Bolivia o Venezuela movilizaciones histéricas de clases medias urbanas neofascistas exigiendo las cabezas de los gobernantes “populistas”, manipuladas por los medios de comunicación y los poderes económicos que el progresismo había respetado como parte de su pertenencia al sistema (admitida abiertamente, silenciada o negada de manera superficial o insuficiente).


Ahora las llamadas restauraciones conservadoras o derechistas no están restaurando el pasado neoliberal sino instaurando esquemas de devastación nunca antes vistos. Pudieron triunfar gracias a las limitaciones y desinfles de progresismos acorralados por las crisis de sistemas que ellos pretendían mejorar, reformar o en algunos casos superar de manera indolora, gradual, “civilizada”.


Pero las crisis nacionales no se detienen, por el contrario son incentivadas por los comportamientos saqueadores de las derechas gobernantes que siguen practicando sus tácticas disociadoras, de embrutecimiento colectivo, buscando generar odio social hacia los pobres. Los medios de comunicación trabajan a pleno detrás de esos objetivos y como la declinación económica avanza empujada por las políticas oficiales y por la marcha de la crisis global, las manipulaciones mediáticas comienzan a demostrarse impotentes ante la marea ascendente de protestas populares. La virtualidad del marketing neofascista empieza a ser desbordado por la materialidad de las penurias no solo de los pobres sino también de capas medias que se van empobreciendo. Males materiales que al amplificarse les abren la puerta a la rebeldía de quienes nunca fueron engañados y de los que han sido embaucados. Es así como en Brasil el repudio popular al gobierno de Temer es abrumador o en Argentina la imagen edulcorada de Macri se va diluyendo velozmente mientras se extienden las protestas populares.


La represión, la militarización de los gobiernos de derecha aparece entonces como alternativa de gobernabilidad, las dinámicas dictatoriales de esos regímenes van engendrando dispositivos policial-militares con la esperanza de controlar a los de abajo, van funcionando con cada vez mayor intensidad los mecanismos de “cooperación hemisférica”: operaciones conjuntas con la DEA, suministro de armamento y capacitación para el control de protestas sociales, multiplicación de estructuras represivas nacionales y regionales monitoreadas desde los Estados Unidos.


Se trata de un combate con final abierto entre fuerzas sociales que buscan sobrevivir y que al hacerlo pueden llegar a engendrar vastos movimientos de regeneración nacional, radicalmente antisistémicos y élites degradadas e inestables, dependientes del amo imperial (que se reserva el derecho a la intervención directa, si las circunstancias lo requieren y permiten), animadas por un nihilismo portador de pulsiones tanáticas.

19 marzo 2018 


[1] Hugo Noé Pino, “Cronología del fraude electoral en Honduras”, Criterio.hn. Diciembre 8 de 2017, https://criterio.hn/2017/12/08/cronologia-del-fraude-electoral-honduras/
[2] Manuel Gaggero, “Argentina. La historia se repite… como tragedia”, http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/11/argentina-la-historia-se-repitecomo-tragedia/
[3] Ana Patricia Torres Espinosa, “Abstención electoral en Colombia. Desafección política, violencia política y conflicto armado”, Cuadernos de Investigación, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, http://politicasysociologia.ucm.es/data/cont/docs/21-2016-12-21-CI12_W_Ana%20Patricia%20Torres.pdf
Miguel García Sanchez, “Sobre la baja participación electoral en Colombia”, Semana, 2016-10-18, http://www.semana.com/opinion/articulo/miguel-garcia-sanchez-sobre-la-baja-participacion-electoral-de-colombia/499388
[4] “El neoliberalismo tardío. Teoría y praxis. Documento de Trabajo nº 5”, Daniel García Delgado y Agustina Gradin (compiladores), FLACSO, Argentina 2017.

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Geopolítica del siglo XXI: volatilidad por todos lados

Puede argüirse que el ámbito más fluido en el sistema-mundo moderno, que está en crisis estructural, es el geopolítico. Ningún país está cercano a dominar este ámbito. La última potencia hegemónica, Estados Unidos, ya lleva tiempo actuando como un gigante incapaz. Tiene poder para destruir pero no para controlar la situación. Sigue proclamando reglas que espera que otros sigan, pero puede ser, y es, ignorado.

Hay ahora una larga lista de países que se consideran listos para desempeñarse de maneras específicas pese a las presiones de otros países. Una mirada por todo el globo confirmará puntualmente la incapacidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Los dos países que además de Estados Unidos tienen el poderío militar más fuerte son Rusia y China. Alguna vez se movían con cuidado para evitar la reprimenda de Estados Unidos. La retórica de la guerra fría hablaba de dos campos geopolíticos en competencia. La realidad era otra cosa. La retórica simplemente enmascaraba la efectividad relativa de la hegemonía estadunidense.

Ahora, virtualmente es lo contrario. Estados Unidos tiene que moverse con cuidado vis-à-vis Rusia y China para evitar perder la capacidad de obtener su cooperación en las prioridades geopolíticas de Estados Unidos.

Miremos a los así llamados aliados más fuertes de Estados Unidos. Podemos enredarnos discutiendo quién es el aliado más cercano, o ha sido ya por largo tiempo. Escojan entre Gran Bretaña e Israel o aun, ¬algunos dirían, Arabia Saudita. O hagamos una lista de los que alguna vez han sido socios confiables de Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, Canadá, Brasil y Alemania. Llamémosles los números dos.

Ahora revisemos el proceder de todos estos países en los 20 años pasados. Digo veinte porque la nueva realidad precede al régimen de Donald Trump, pese a que sin duda él ha sido quien ha empeorado la habilidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Miremos la situación en la península de Corea. Estados Unidos quiere que Corea del Norte renuncie a su armamento nuclear. Este es un objetivo que Estados Unidos ha repetido con regularidad. Fue cierto cuando Bush y Obama fueron presidentes. Ha continuado siendo cierto con Trump. La diferencia es el modo de conseguir este objetivo. Previamente, las acciones estadunidenses utilizaban cierto grado de diplomacia además de las sanciones. Esto reflejaba el entendimiento de que demasiadas amenazas públicas de Estados Unidos terminaban siendo contraproducentes. Trump cree lo opuesto. Considera las amenazas públicas como el arma básica de su arsenal.

No obstante, Trump tiene días diferentes. En el día uno amenaza a Norcorea con devastación. Pero el día dos hace que su objetivo primordial sean Japón y Corea del Sur. Trump dice que le proporcionan insuficiente respaldo financiero para los costos derivados de una continua presencia estadunidense armada ahí. Así que entre el ir y venir de las dos posturas estadunidenses, ni Japón ni Corea del Sur terminan estando seguros de estar protegidos.

Japón y Corea del Sur han lidiado con sus temores e incertidumbres en modos opuestos. El actual régimen japonés busca asegurar las garantías estadunidenses ofreciendo un respaldo público total a las (cambiantes) tácticas estadunidenses. Confía, por tanto, en complacer a Estados Unidos lo suficiente como para recibir las garantías que quiere obtener.

El actual régimen sudcoreano utiliza una táctica bastante diferente. Emprende de modo muy abierto relaciones más cercanas con Norcorea, lo cual en gran medida va contra los deseos de Estados Unidos. Con esto confía complacer al régimen norcoreano lo suficiente como para que Pyongyang responda accediendo a no escalar el conflicto.

Que cualquiera de estas aproximaciones tácticas estabilicen la posición estadunidense es totalmente incierto. Lo seguro es que Washington no está en posición de mando. Tanto Japón como Corea del Sur están buscando obtener calladamente armas nucleares para fortalecer su posición dado que no pueden saber qué traerá el siguiente día en el frente estadunidense. La volatilidad de la postura estadunidense debilita aún más su poderío de¬bido a las reacciones que genera.

O tomemos la más enredosa situación del llamado mundo islámico del Magreb a Indonesia, y en particular en Siria. Cada una de las potencias importantes de la región (o que lidian con la región) tiene un diferente enemigo primordial (o enemigos). Para Arabia Saudita e Israel, por el momento es Irán. Para Irán es Estados Unidos. Para Egipto es la Hermandad Musulmana. Para Turquía son los kurdos. Para el régimen iraquí, son los sunníes. Para Italia es Al Qaeda, que está haciendo imposible controlar el flujo de migrantes. Y así seguimos.

¿Y para Estados Unidos? Quién sabe. Ése es el miedo protuberante para todo el resto. Al momento Estados Unidos parece tener dos prioridades bastante diferentes. El día uno, es la aquiescencia norcoreana hacia los imperativos estadunidenses. El día dos es finiquitar su involucramiento en la región del este asiático, o por lo menos reducir sus desembolsos financieros. El resultado es más y más oscuro.

Podemos trazar retratos semejantes para otras regiones o subregiones del mundo. La lección clave es que a la decadencia de Estados Unidos no le ha seguido el advenimiento de otro hegemón. La situación se pliega en un zigzaguear general y caótico, la volatilidad o inestabilidad de la que hablamos.

Este, por supuesto, es el mayor peligro. Los accidentes nucleares, o los errores, o la locura, se vuelven de repente lo que priva en la mente de todos, especialmente entre las fuerzas armadas del mundo. Cómo lidiar con este peligro es el debate geopolítico más significativo a corto plazo.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Temer les dio más poder a los militares brasileños

Por primera vez desde la dictadura, un militar estará al frente del Ministerio de Defensa. También fue creado el Ministerio de Seguridad Pública, que toma atribuciones de Interior, entre ellas el control de la policía federal.

 

El presidente de Brasil, Michel Temer, entregó ayer más poder a las Fuerzas Armadas, al nombrar por primera vez desde la dictadura al frente del ministerio de Defensa a un general.


Lo hizo en el marco de los cambios en el gabinete para crear el ministerio de Seguridad Pública luego de la intervención militar decretada para que el Ejército comande la lucha contra el delito común en Río de Janeiro. El anuncio lo hizo en el Palacio del Planalto el portavoz de Temer, Alexandre Parola, quien destacó que mañana asumirán los nuevos ministros.


El ministerio de Defensa fue creado en 1999 y siempre fue ocupado por civiles, ya que desde el fin de la dictadura en 1985 cada fuerza funcionaba como una cartera autónoma, sin control político directo. Ahora, 19 años después, Temer decide mover el tablero y, tras la intervención militar en la seguridad pública de Río de Janeiro, ofreció el ministerio de Defensa al número 2 de la cartera, general de reserva Joaquim Silva e Luna, ex jefe del Estado mayor del Ejército.


El cargo de Defensa era ocupado hasta ahora por Raúl Jungmann, un diputado aliado de Temer que pasará a ocupar la nueva cartera de Seguridad Pública, el ministerio número 29 del gabinete. El portavoz Parola anunció que será editado un decreto para estas designaciones que deben ser ratificados en 60 días por el Congreso. La creación de este nuevo ministerio reduce el accionar de la cartera de Justicia, ya que Seguridad Pública tendrá la conducción de la Policía Federal, institución que lleva adelante la Operación Lava Jato pero cuya conducción fue cambiada por hombres del propio Temer a fines del año pasado.


Jungmann, ex ministro de Reforma Agraria en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pertenece al oficialista Partido por el Socialismo (PPS, ex socialista) y es una de las cartas de Temer para elegir un candidato de su riñón a gobernador de Río de Janeiro en las elecciones de octubre. “Esperamos un trámite parlamentario tranquilo para aprobar la creación de un nuevo ministerio”, dijo el jefe de gabinete, Eliseu Padilha, a periodistas.


Jungmann ganó relevancia como ministro de Defensa al saltar al primer plano nacional con la decisión de Temer de intervenir federalmente con el Ejército la seguridad pública de Río de Janeiro. Antes importantes referentes en temas de seguridad no habían aceptado las ofertas del gobierno para asumir en Seguridad Pública, que necesitará de un amplio tránsito para articular políticas con el servicio penitenciario y con los gobernadores, responsables por las policías de cada estado.


Incluso el jefe del Ejército, general Eduardo Villas Boas, quien en setiembre se había negado a intervenir como policía interna, la semana pasada defendió una mayor protección en caso de homicidios cometidos durante las intervenciones en Río de Janeiro. “No queremos otra Comisión de la Verdad”, dijo en la reunión de gabinete encabezada con Temer al referirse a la comisión creada por la destituida Dilma Rousseff, que investigó los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura (1964-1985), de la cual ella misma había sido víctima.


La acumulación de funciones y poder del Ejército con la intervención en Río fue una “jugada maestra” en palabras del propio Temer, para enfrentar el delito, más allá de que la capital carioca sea la décima del país en violencia. En octubre, Temer promulgó una ley que evita que los militares que cometan delitos o maten a personas sean juzgados por la justicia ordinaria y ordena que sus casos se remitan a los tribunales castrenses.


El avance del poder castrense se da en un año electoral en el cual la mano dura es la principal propuesta del sorprendente número 2 en las encuestas, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, y alimenta el sueño de varios oficialistas en postular a Temer. El presidente negó ser candidato.


Otro factor que según organismos de derechos humanos encendió un debate dentro del Ejército es que la fiscal general elegida por Temer, Raquel Dodge, le pidió a la corte suprema anular la Ley de Amnistía de 1979 que prohíbe juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad. Todos los dictadores brasileños ya fallecieron y las denuncias abiertas apuntan directamente a los jefes de los regimientos, cuarteles y comisarías, todos protegidos por la Ley de Amnistía, ratificada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal por ser parte de una “solución negociada” para retomar la democracia.


La primera elección directa en Brasil fue en 1989, en la que fue elegido Fernando Collor de Mello, quien recibió el bastón por parte de José Sarney, elegido por un Congreso que administró la transición, en 1985, sin elecciones. El 29 de septiembre de 1992, Collor se apartó de la Presidencia debido a las investigaciones sobre posible corrupción en el Poder Ejecutivo. Su entonces vicepresidente, Itamar Franco, actuó como presidente interino hasta el 29 de diciembre de 1992, cuando Collor efectivamente renunció y luego fue impedido por el Congreso. Así, Itamar Franco se convirtió en presidente constitucional para gobernar hasta fines de 1994.


Franco fue sucedido por Fernando Henrique Cardoso, quien fue reelecto en 1998 y gobernó hasta diciembre de 2002. Las dos presidencias de Cardoso fueron sucedidas por otras dos de Lula (2003-2010) y otra de Dilma, quien fue reelecta en 2014 pero no pudo completar su segundo término porque fue derrocada por un golpe parlamentario en agosto de 2016.

 

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EE.UU. y sus ejercicios “humanitarios” en Panamá

Las maniobras están en pleno desarrollo y se extenderán hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. De fondo, el rodeo a Venezuela.

En una región cada vez más militarizada, Panamá es un símbolo latente de la injerencia de Estados Unidos. Aunque Washington mira con mucha mayor atención a Venezuela, y pese a que este país no limita con el del canal, reverdecen historias de intervenciones planeadas desde la Casa Blanca. Siete veces invadió EE.UU a la pequeña nación centroamericana. La última fue en 1989. Por eso, cuando la principal potencia mundial pone un pie en su territorio, surgen de inmediato las respuestas negativas. Ahora son contra la llamada operación Nuevos Horizontes. Cuando se creó en 1984 tenía otro nombre: Fuertes caminos. Se trata de maniobras que, depende de quién lo cuente, adquieren dos sentidos. Para el Comando Sur que las dirige se trata de “ejercicios de asistencia humanitaria”. Para la cancillería local “un programa de entrenamiento dirigido a los estamentos de seguridad nacionales”.


Si se colocan en contexto los hechos de Panamá, deben analizarse junto a lo que pasa en otras fronteras vecinas. Sobre todo, a los 2.219 kilómetros de límites que comparten Colombia y Venezuela. También, pero en menor medida, a los que separan a este último país de Brasil y Guyana. Todo tiene que ver con todo y la presencia militar de Estados Unidos lo señala desde las entrañas de su historia. Esta vez el objetivo es el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Le están rodeando la manzana. La visita reciente que hizo por la zona el jefe del Comando Sur de EE.UU, el almirante Kurt Tidd, es más de lo mismo. Se reunió con el vicepresidente colombiano, el general retirado de la Policía, Oscar Naranjo. Pocos días antes, habían conversado en Bogotá el presidente Juan Manuel Santos y el secretario de Estado Rex Tillerson.


La ofensiva diplomática de Estados Unidos sobre Latinoamérica está a la vista. Sus resultados también. Desde México a la Argentina, los gobiernos amigos de Washington siguen como rebaño la política de aislamiento de Venezuela. Panamá es un engranaje más de ese movimiento de pinzas. En agosto pasado, cuando lo visitó el vicepresidente norteamericano Mike Pence, les recordó a sus autoridades que EE.UU había sido el primer país del mundo en reconocer su independencia. Y les manifestó su gratitud por cómo habían actuado contra Venezuela: “El presidente Trump y yo estamos sumamente agradecidos por el firme liderazgo del presidente Varela en el repudio al régimen de Maduro. Felicitamos a Panamá, en particular, por haberse sumado a los otros 11 países que firmaron la Declaración de Lima”, dijo en su discurso desde el gran canal que une a los océanos Atlántico y Pacífico.


No llama la atención entonces que Nuevos Horizontes ya esté en pleno desarrollo. Se extenderá hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los “ejercicios de asistencia humanitaria” como los describió Ramón Malavé, coordinador del Comando Sur en Panamá, fueron redefinidos por el columnista del diario La Estrella de Panamá, Mario Gándasegui (h) como una “invasión silenciosa”. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. Una situación que en Panamá la oposición y los movimientos sociales movilizados en la calle la viven como una violación del Tratado de Neutralidad del Canal firmado por los presidentes Omar Torrijos y Jimmy Carter en 1977. El mismo que permitió la devolución del corredor clave a fines de 1999, aunque con prerrogativas determinantes a favor de EE.UU. Un ejemplo: poder intervenir sobre la vía interoceánica a partir del año 2000 si se producían peligros a su seguridad.


Argumentos parecidos había utilizado George Bush padre cuando decidió invadir Panamá el 20 de diciembre de 1989 con una fuerza de 26 mil hombres. El problema era el ex socio político y comercial de Estados Unidos, el narco-dictador Manuel Noriega. Había prestado servicios a la CIA hasta que se retobó. Lo depusieron a costa de miles de víctimas durante el ataque. Se calculan unas 4 mil, según la Asociación de Familiares de los Caídos. El militar fue encarcelado en Miami y condenado a 40 años de prisión por la Justicia de Estados Unidos. Cumplió poco más de la mitad, fue enviado a una cárcel en Francia que también lo reclamaba y finalmente devuelto a Panamá, donde murió el 30 de mayo del año pasado. En los tres países acumuló 25 años en prisión. En 2015, a diferencia de otros militares latinoamericanos formateados en la Escuela de las Américas por EE.UU, pidió perdón por televisión a los panameños y se autodefinió como “un hijo de Dios”.


A poco más de 28 años de la invasión condenada por la ONU, hoy es revisada críticamente por la llamada Comisión 20 de diciembre. Fue aprobada en julio de 2016 por el gobierno. Su mandato expira el 1 de abril de 2019. Su presidente, Juan Planells, es el rector de la Universidad Católica Santa María (USMA) y avanza en un trabajo dificultoso para precisar el número de muertos. En diciembre de 2017 dijo que ya se estaban tomando muestras de ADN a los familiares. Pero los registros oficiales son solo parciales. En el estreno de la película Invasión de 2014, del cineasta panameño Abner Benaim, un trabajador de la morgue dijo que se habían contabilizado unos 800 asesinados hasta que se arrancaron las páginas del registro. La cuenta quedó inconclusa. El film ganó el premio de mejor documental en el festival de Biarritz, Francia, en 2015.


El recuerdo de la invasión y los bombardeos del 89 vuelve con fuerza cuando se concretan operaciones como Nuevos Horizontes. La Embajada de EE.UU le notificó al gobierno panameño sobre el ejercicio el 11 de diciembre de 2017. El gobierno lo aceptó casi un mes después, el 4 de enero de este año. Pero “las tropas norteamericanas entraron a Panamá el 2 de enero, dos días antes que la respuesta de la Cancillería”, escribió el periodista Eliécer Navarro en el diario local Crítica. Parece que estaban apuradas para realizar su tarea humanitaria en las provincias de Darién, Veraguas y Coclé.

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¿Tiene Trump 5 (sic) ases en su póquer geoestratégico para vencer China?

Un día después del Halloween y el Día de Muertos, en vísperas al trascendental periplo asiático de Trump a cinco países durante 12 días, Joseph Nye –profesor de Harvard y autor de Is the American Century Over? (https://goo.gl/NXdVzu)”– alegó en el portal neoliberal global del Financial Times que EU "aún (sic) tiene ases (sic) bajo la manga en su juego de póquer con China" y "cuyas ventajas rebasarán" el periodo de la administración Trump (https://goo.gl/LmmU3U).

De entrada, Joseph Nye arguye que la guerra comercial que ha amenazado Trump librar contra China dañaría a ambas superpotencias geoeconómicas.

No lo dice Joseph Nye, pero ya China superó tanto a EU como a la Unión Europea de 27 países en el primer sitial global, de acuerdo al ranking de la CIA cuando se mide el PIB mediante el parámetro del poder adquisitivo (https://goo.gl/jM4FHH), lo cual se reflejará inminentemente en términos del PIB nominal.

Joseph Nye comenta que después del Congreso 19 del Partido Comunista Chino, el mandarín Xi fue entronizado por "algunos observadores" –entre ellos un servidor (https://goo.gl/iZayfg)– como el "Nuevo Emperador" quien mediante la mirífica "ruta de la seda", basada en infraestructura con inversiones programas en un millón de millón (trillion en anglosajón) de dólares en la próxima década, "promoverá el poder económico y político en el mundo".

EU cesó de ser "el mayor país comercial del mundo y su principal prestamista": recorta sus programas de "ayuda" (sic) y sus contribuciones al mediocre Banco Mundial, mientras "cerca de 100 países cuentan con China como su principal socio comercial", frente a 57 países que todavía lo son con EU (como la kakistocracia y desgracia del desbrujulado “México neoliberal itamita”).

Le faltó agregar a Joseph Nye que EU es hoy el principal deudor del planeta, lo cual rompe con la tradición de los imperios conquistadores de todos los tiempos. ¡EU es un singular conquistador parasitario!

Joseph Nye expectora una pregunta tramposa: "¿Tienen razón los alarmistas (sic) de que China está ganando la carta del juego geopolítico (sic) frente al declinante EU?".

En el juego "geoeconómico", que no sabe discriminar Joseph Nye, ya ganó la partida EU, según confesiones del jefe de gabinete general John Kelly y del mismo Trump (https://goo.gl/Je9NjG).

En el juego geoestratégico –es decir, de la geopolítica global– Joseph Nye se equivoca doblemente: al no tomar en cuenta a Rusia y al no considerar que todavía China opera en el asiento trasero del conductor ruso.

A mi juicio, EU y Rusia, en términos nucleares, están empatados, con China en un distante tercer lugar.

El grave error de EU –desde Baby Bush hasta Obama con la dupla aciaga de los Clinton– fue haber empujado a Rusia a los brazos de China (o viceversa) cuyo nudo gordiano no sabe como deshacer Trump cuando EU acabó aislado en el Olimpo tripolar geoestratégico frente a la complementariedad geopolítica/geoeconómica de Rusia y China.

Regresemos a los "4 ases" de EU que presume y exulta Joseph Nye, que lleva a "5" en una carta de réplica del lector Robert Walsh de Wilton, CT, US al Financial Times (https://goo.gl/sYoEju):

1. La Geografía: "EU está rodeado por océanos y vecinos que probablemente permanecerán amigables, pese a la política de Donald Trump de haber socavado el TLCAN", mientras “China tiene fronteras con 14 países y tiene disputas territoriales con India, Japón, Vietnam que pone límites a su poder blando (soft-power)”. En efecto: se trata de la suprema carta de EU que asfixia a China en los mares y que Pekín contrarresta con la "ruta de la seda", el océano Ártico y sus prodigiosos trenes bala. Es un "as" relativo y de doble filo cuando EU puede quedar aislado frente a la alianza euroasiática de Rusia y China.

2. La Energía: "La revolución del gas esquisto ha transformado a EU en un exportador" cuando "Norteamérica (sic) será auto-suficiente en las próximas décadas" gracias al entreguismo masoquista del sacrificado “México neoliberal itamita (https://goo.gl/rrWbVk)”. Falta ver en que acaba la especulación financierista del gas esquisto. Joseph Nye aduce que "China se ha vuelto más dependiente de las importaciones del Medio Oriente, y cuya mayor importación de petróleo es transportado por el Mar del Sur de China donde EU mantiene una significativa (sic) presencia naval". Tal "vulnerabilidad" obliga "a tres opciones" a China: "evitar un conflicto naval con EU que bloquearía las rutas de abasto; incrementar la dependencia de los gaseoductos de Rusia; reducir su dependencia de los combustibles fósiles para trasladarse a los renovables". Muy complicado y rebuscado cuando la carta gasera rusa eclipsa los obstáculos de EU.

3. El Comercio: "China es más dependiente y tiene más que perder que EU" en la "destrucción económica mutua asegurada". Cita al think tank Rand que arguye que una guerra "no-nuclear" costaría a EU 5 por ciento de su PIB y a China 25 por ciento. Estas son cuentas alegres en una "guerra no-nuclear".¿Quién garantiza que no sea nuclear? Esta ni es carta ni es "as"; es guerra. Y más allá del vulgar "comercio" habría que ver quién gana militarmente y con quién se alía Rusia.

4. El Dólar: “es la carta oculta (hole card) de EU” cuando, de las "reservas foráneas que ostentan los gobiernos en el mundo, sólo 1.1 por ciento está en renminbi, comparadas con 64 por ciento en dólares". Sin duda, a mi juicio, la carta letal de EU by the time being...

Con estos "4 ases" dos reales (uno relativo: la geografía; y otro letal: el dólar), y dos muy etéreos (energía y comercio), Nye desecha tanto la proclama de la Pax Sinica como el "fin de la era estadunidense".

Ahora el quinto (sic) "as" adicional que exulta el lector Robert Walsh: La demografía: "Mientras EU ostenta una leve mayor tasa de fertilidad que China, en cada caso debajo de la sustitución, EU tiene un lento pero continuo crecimiento poblacional gracias a la inmigración". ¡Lo mal agradecidos de los supremacistas evangelistas blancos WASP que no valoran la fuerza biológica mexica que, de paso, sostiene los fondos de pensiones piramidales de EU!

Robert Walsh aduce que la "inmigración de EU es joven (sic), generalmente más saludable y educada de lo que creen los populistas (sic) de EU, y sirve (sic) de profundo contraste a la principal tendencia demográfica de China, la explosión de su población anciana" cuando "el número de chinos de 65 años o mayor crece 4 por ciento al año, una tasa raramente vista en la historia mundial y sin un sistema confiable de seguridad social".

¿A poco el aberrante cuan disfuncional sistema de seguridad social de EU es "confiable"?

De los 5 ases en la mesa del póquer geoestratégico, sólo uno es real: la supremacía del dólar ya que su geografía es endeble –EU atraviesa una delicada fase de proto-balcanización que puede llevar a su implosión–, no se diga la demografía que puede ser paliada con el incremento de la política previa de "un solo hijo" a la de "2 hijos" ya adoptada por China.

Sin contar el fulgurante avance de China en IA (https://goo.gl/u1gbJU), falta la carta rusa en la mesa de póquer bilateral entre EU y China.

Joseph Nye se equivocó de mesa y casino: hoy el póquer geoestratégico es tripolar de EU/Rusia/China (https://goo.gl/34tgXu).

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Domingo, 05 Noviembre 2017 09:50

Remar con fuerza y ruta propia

Remar con fuerza y ruta propia

Bajo el dominio de la dispersión-atomización, y sin una propuesta común para el quehacer nacional, así prosiguen su persistente trajinar los diversos movimientos sociales colombianos. Dinámica dominante desde hace varias décadas, constante pese al esfuerzo que cada sector realiza por acumular fuerzas en procura de una mejor situación para sí mismo, como para el país en general. Actuar disperso que al mismo tiempo reconfirma la ausencia de una propuesta común de país por construir, desde la cual se desprenda un diseño de actividades comunes por emprender.

El diagnóstico se desprende de cuatro sucesos conocidos en el país en los últimos días de septiembre y las dos primeras semanas de octubre: la pretensión de paro en el sur bogotano, la masacre padecida por campesinos en el territorio de Tumaco, la huelga de los pilotos de Avianca y la jornada de protesta del 12 de octubre.

Movimiento territorial urbano. Si existe un sector social que evidencia la fractura que los actores sociales mantienen con las mayorías que habitan nuestro país, ese es el urbano. Realidad persistente, pese a que centenares de colectivos juveniles, artísticos, feministas, ambientalistas, sindicales, etcétera, conservan su presencia y actividad en diversidad de barrios, centros de estudio y de producción. Voluntarismo y buena fe resaltan en todos y cada uno de estos colectivos sociales, pese a lo cual su incidencia real en el imaginario urbano y su capacidad de afectar la vida diaria es precaria, por decirlo en una sola palabra.

 

Un paro por realizarse

 

Así quedó evidente, una vez más, el pasado 27 de septiembre, cuando debía concretarse el llamado a un paro en el sur bogotano, el mismo que no trascendió más allá de una débil jornada de protesta, pues quienes tenían que haber parado salieron, como cualquier otro día, a cumplir con sus obligaciones laborales, de estudio y de otro orden, quedando aislados los activistas en los territorios, concretando una jornada de denuncia.

Convocado por una coalición de organizaciones urbanas con asiento en Bogotá, esta demostración de ‘fuerza’ le recuerda a todo aquel que quiera de verdad preguntarse por el ¿qué pasa?, ¿por qué la comunidad no responde de acuerdo a lo convocado?, que en política los activistas no pueden decidir su quehacer a partir del deseo sino con sensatez, determinada, en este como en otros casos, por una lectura ponderada de la correlación de fuerzas y, cómo no, por un enraizamiento que les permita potenciar en toda ocasión las fibras más profundas de la comunidad.

Como es testigo el país en infinidad de convocatorias de este tipo, el deseo de que las protestas masivas tomen forma lleva a los activistas a confundir paro con jornada de inconformidad o de protesta, resultado de lo cual –en este como en otros casos conocidos– terminan por proyectarle a la sociedad en general un mensaje errado sobre el real estado y la capacidad real del activismo social. Si el llamado fuera a una jornada de protesta, el resultado final no sería tan pobre como realista, proyectando con toda claridad las tareas por emprender entre todos para seguir acumulando fuerzas y construyendo una propuesta de ciudad y de país por erigir. Al no proceder así, la sensación que deja esta convocatoria es de debilidad enquistada.

 

Necesaria innovación y renovación

 

Jornada de protesta del 12 de octubre. Si bien en esta ocasión el nombre fue el correcto, la diversa y tradicional participación social refleja, sin miramiento alguno, la prolongada dispersión que conserva lo social, entre cuyos actores más persistentes se encuentra el mundo sindical, resumido en las marchas –en muchas de sus expresiones– a pasacalles y dirigentes sindicales. La base de sus procesos y/o la comunidad a la cual debieran estar enfocados brilla por su ausencia.

 

La jornada, producto de una convocatoria que va tornándose rutinaria año tras año, evidencia que ese tipo de citación está agotándose paulatinamente, como el agua en muchas de nuestras municipalidades, sin encontrar el punto de entronque con la sociedad en su conjunto.

Así queda plasmado cuando se revisa la composición de las marchas, donde resalta la atomización que sobrelleva lo social –cada sector por su lado–, el agitar de consignas –sin prioridad ni énfasis–, la estética de las columnas de marchistas –sin propuesta alguna–, el corear de propuestas ahogado por el eco de reclamos.

De allí surgen algunos interrogantes: intentando comunicación con la sociedad en general, ¿no fuera más procedente realizar concentraciones y actividades programadas colectivamente, en diferentes sitios de la ciudad? ¿No pudiera tener más sentido darle énfasis a actividades culturales y artísticas que a la rutinaria marcha?

Valorar, en todo caso, que en esta ocasión la presencia masiva de estudiantes, obligados a la protesta por la crisis presupuestal que padecen y ahoga a sus centros de estudio, les inyectó dinamismo y potencia a las marchas. ¿Se mantendrá su movilización más allá de su afán de lograr que en el Presupuesto General de la Nación 2018 las universidades públicas sean reconocidas como lo merecen?

 

Paro de pilotos de Avianca

 

En la marcha del 12 de octubre se destacaba un nutrido grupo de uniformados, con sus trajes de trabajo, tal vez por ser la primera vez que hacen allí presencia, tal vez por la novedad de ver a profesionales altamente calificados en marcha, como cualquier trabajador y/o poblador, en procura del respeto a sus derechos.

Ellos, los pilotos de Avianca, resumen al mismo tiempo la novedosa realidad ante la cual se enfrenta el movimiento sindical: el trabajador ilustrado (ver página 2), nuevo actor de los tiempos que corren, trabajador que, pese a su cualificación académica, ahora está clasificado como un obrero más: está sujeto a una horario de trabajo flexible –más allá de los 3 ochos–, mal remunerado, obligado a trabajar horas extras si quiere mejorar sus ingresos, amenazado por sindicalizarse, temeroso de que lo expulsen del trabajo.

Es un trabajador que, además, presenta una característica: su rol de clase media, sometido a una intensa y rutinaria demanda de consumo, la misma que, sin mucha dificultad, hace añicos su salario. Es decir, mantener su tren de vida le obliga a someterse a una sobreexplotación ante la cual aspira a un mejor reconocimiento salarial.

Es en esas condiciones como también están obligados a buscar reconocimiento y alianzas dentro del movimiento social, y de ahí su presencia, como uno más, en la marcha del 12 de octubre. Presencia que, al detallarla, dentro de las huestes de la CGT, nos recuerda al mismo tiempo que el movimiento sindical sobrevive en su precariedad, altamente fracturado, cruzado por variedad de celos y debilitado por su frágil empalme con el conjunto social o el país nacional.

Pudiéramos preguntar aquí: ¿Dónde está la propuesta de los pilotos para la construcción de una política nacional para el transporte público aéreo? ¿Dónde, su propuesta para quebrar el monopolio real que sobre este tipo de transporte ha logrado la multinacional Avianca? ¿Dónde, su propuesta para quebrar las altas tarifas que caracterizan a este transporte? ¿Dónde está, en pocas palabras, su propuesta de país?

 

Movimiento campesino -cocalero

 

Vive en territorios de periferia pero está sometido a los coletazos de la geopolítica global. Esta es la contradictoria realidad del campesinado cocalero, el mismo que esperaba ver mejorada su situación en el corto plazo, producto de los acuerdos Gobierno-Farc.

La masacre acaecida en territorio de Tumaco durante la primera semana de octubre envía un claro mensaje a todo el país: al frente del establecimiento prevalece una visión militarista de lo social, visión que continuará marcando su relación con el conjunto social, por lo menos, en el corto y el mediano plazo. Desmilitarizar las fuerzas policiales sería la primera señal de que la institucionalidad asume de manera consecuente que la guerra va quedando atrás. Superar la guerra contra las drogas sería otra señal de lo mismo.

Para el campesinado cocalero, el proceder estatal que con estupor conoció el país en esos primeros días del décimo mes del año es una dura bofetada –y como prolongación para el conjunto del país nacional–, al recordarles de manera seca y ardiente, a uno y otro, que los Acuerdos en cuestión se concretarán, en el mejor de los casos, a través de un lento y prolongado cuentagotas controlado desde las altas esferas del poder, con el cual pretenderán romper a los insurgentes ahora desmovilizados, quebrando, por lo demás, su conexión y su relacionamiento con las bases campesinas.

Sin liderar una reforma agraria integral, sometido a la tensión de fuerzas escenificada en sus territorios cada día, sin propuesta medioambiental consecuente por liderar ante el país, con una economía que no lo relaciona de manera positiva con los pobladores de las regiones donde siembra la coca, este campesinado toma más bien la forma de un proletariado agrícola que, como tal, no está ligado ni determinado por la tierra y el territorio sino por la necesidad de mejorar su economía. Como se sabe, muchos de ellos son desempleados urbanos que han terminado por emigrar al campo en procura de mejores –y prontos– ingresos.

 

Tejiendo entre todos

 

Como es claro desde hace décadas, la necesidad de un proyecto nacional alternativo, que ayude a superar la dispersión del tejido social, conserva su prioridad. Identificar un eje que así lo permita, y lo dinamice, es uno de los principales requerimientos por encarar de parte de los activistas de distinta matriz política. Para lograr lo cual, una condición fundamental es remar con ruta y fuerza propia.

No proceder así es, nada más y nada menos, que someterse al más nefasto coyunturalismo, determinado en muchas ocasiones por la visión y los intereses del establecimiento, que, con todas las herramientas a su favor, logra que su agenda política marque el ritmo de las acciones del mayor porcentaje de agrupaciones que se autodefinen como de izquierda o alternativas.

Ante nuestros ojos tenemos una lección de lo dicho: las elecciones de 2018, a cuyo alrededor y ritmo vuelven a doblegarse las agendas alternativas, dejando a un lado sus pretensiones de confrontar al establecimiento, cimentar un proyecto de poder alterno que gane confianza entre las mayorías nacionales. Sectores y proyectos alternativos que así actúan, esperanzados en lograr algún escaño en el Congreso para dejar constancias históricas y, por fortuito suceso, el mismo control de la Casa de Nariño.

Perdido su rumbo, estas agrupaciones reman con fuerza ajena y con energía dispersa, sin lograr un resultado estratégico que atice una dualidad de poderes con la cual le muestren al país nacional que sí es posible construir otro modelo de sociedad. Críticos de la democracia realmente existente entre nosotros, se someten a todo su ritual, para dentro de unos meses tratar de retomar su rumbo, tras cuyo propósito deben controlar los dispersos vientos que airean el acontecer nacional. Cuando logran este propósito, de nuevo la agenda política institucional, con su rito de democracia formal, libera y controla los vientos y las fuerzas de la coyuntura nacional. ¿Hasta cuándo?

Publicado enColombia
Lunes, 30 Octubre 2017 16:51

Remar con fuerza y ruta propia

Remar con fuerza y ruta propia

Bajo el dominio de la dispersión-atomización, y sin una propuesta común para el quehacer nacional, así prosiguen su persistente trajinar los diversos movimientos sociales colombianos. Dinámica dominante desde hace varias décadas, constante pese al esfuerzo que cada sector realiza por acumular fuerzas en procura de una mejor situación para sí mismo, como para el país en general. Actuar disperso que al mismo tiempo reconfirma la ausencia de una propuesta común de país por construir, desde la cual se desprenda un diseño de actividades comunes por emprender.

El diagnóstico se desprende de cuatro sucesos conocidos en el país en los últimos días de septiembre y las dos primeras semanas de octubre: la pretensión de paro en el sur bogotano, la masacre padecida por campesinos en el territorio de Tumaco, la huelga de los pilotos de Avianca y la jornada de protesta del 12 de octubre.

Movimiento territorial urbano. Si existe un sector social que evidencia la fractura que los actores sociales mantienen con las mayorías que habitan nuestro país, ese es el urbano. Realidad persistente, pese a que centenares de colectivos juveniles, artísticos, feministas, ambientalistas, sindicales, etcétera, conservan su presencia y actividad en diversidad de barrios, centros de estudio y de producción. Voluntarismo y buena fe resaltan en todos y cada uno de estos colectivos sociales, pese a lo cual su incidencia real en el imaginario urbano y su capacidad de afectar la vida diaria es precaria, por decirlo en una sola palabra.

 

Un paro por realizarse

 

Así quedó evidente, una vez más, el pasado 27 de septiembre, cuando debía concretarse el llamado a un paro en el sur bogotano, el mismo que no trascendió más allá de una débil jornada de protesta, pues quienes tenían que haber parado salieron, como cualquier otro día, a cumplir con sus obligaciones laborales, de estudio y de otro orden, quedando aislados los activistas en los territorios, concretando una jornada de denuncia.

Convocado por una coalición de organizaciones urbanas con asiento en Bogotá, esta demostración de ‘fuerza’ le recuerda a todo aquel que quiera de verdad preguntarse por el ¿qué pasa?, ¿por qué la comunidad no responde de acuerdo a lo convocado?, que en política los activistas no pueden decidir su quehacer a partir del deseo sino con sensatez, determinada, en este como en otros casos, por una lectura ponderada de la correlación de fuerzas y, cómo no, por un enraizamiento que les permita potenciar en toda ocasión las fibras más profundas de la comunidad.

Como es testigo el país en infinidad de convocatorias de este tipo, el deseo de que las protestas masivas tomen forma lleva a los activistas a confundir paro con jornada de inconformidad o de protesta, resultado de lo cual –en este como en otros casos conocidos– terminan por proyectarle a la sociedad en general un mensaje errado sobre el real estado y la capacidad real del activismo social. Si el llamado fuera a una jornada de protesta, el resultado final no sería tan pobre como realista, proyectando con toda claridad las tareas por emprender entre todos para seguir acumulando fuerzas y construyendo una propuesta de ciudad y de país por erigir. Al no proceder así, la sensación que deja esta convocatoria es de debilidad enquistada.

 

Necesaria innovación y renovación

 

Jornada de protesta del 12 de octubre. Si bien en esta ocasión el nombre fue el correcto, la diversa y tradicional participación social refleja, sin miramiento alguno, la prolongada dispersión que conserva lo social, entre cuyos actores más persistentes se encuentra el mundo sindical, resumido en las marchas –en muchas de sus expresiones– a pasacalles y dirigentes sindicales. La base de sus procesos y/o la comunidad a la cual debieran estar enfocados brilla por su ausencia.

 

La jornada, producto de una convocatoria que va tornándose rutinaria año tras año, evidencia que ese tipo de citación está agotándose paulatinamente, como el agua en muchas de nuestras municipalidades, sin encontrar el punto de entronque con la sociedad en su conjunto.

Así queda plasmado cuando se revisa la composición de las marchas, donde resalta la atomización que sobrelleva lo social –cada sector por su lado–, el agitar de consignas –sin prioridad ni énfasis–, la estética de las columnas de marchistas –sin propuesta alguna–, el corear de propuestas ahogado por el eco de reclamos.

De allí surgen algunos interrogantes: intentando comunicación con la sociedad en general, ¿no fuera más procedente realizar concentraciones y actividades programadas colectivamente, en diferentes sitios de la ciudad? ¿No pudiera tener más sentido darle énfasis a actividades culturales y artísticas que a la rutinaria marcha?

Valorar, en todo caso, que en esta ocasión la presencia masiva de estudiantes, obligados a la protesta por la crisis presupuestal que padecen y ahoga a sus centros de estudio, les inyectó dinamismo y potencia a las marchas. ¿Se mantendrá su movilización más allá de su afán de lograr que en el Presupuesto General de la Nación 2018 las universidades públicas sean reconocidas como lo merecen?

 

Paro de pilotos de Avianca

 

En la marcha del 12 de octubre se destacaba un nutrido grupo de uniformados, con sus trajes de trabajo, tal vez por ser la primera vez que hacen allí presencia, tal vez por la novedad de ver a profesionales altamente calificados en marcha, como cualquier trabajador y/o poblador, en procura del respeto a sus derechos.

Ellos, los pilotos de Avianca, resumen al mismo tiempo la novedosa realidad ante la cual se enfrenta el movimiento sindical: el trabajador ilustrado (ver página 2), nuevo actor de los tiempos que corren, trabajador que, pese a su cualificación académica, ahora está clasificado como un obrero más: está sujeto a una horario de trabajo flexible –más allá de los 3 ochos–, mal remunerado, obligado a trabajar horas extras si quiere mejorar sus ingresos, amenazado por sindicalizarse, temeroso de que lo expulsen del trabajo.

Es un trabajador que, además, presenta una característica: su rol de clase media, sometido a una intensa y rutinaria demanda de consumo, la misma que, sin mucha dificultad, hace añicos su salario. Es decir, mantener su tren de vida le obliga a someterse a una sobreexplotación ante la cual aspira a un mejor reconocimiento salarial.

Es en esas condiciones como también están obligados a buscar reconocimiento y alianzas dentro del movimiento social, y de ahí su presencia, como uno más, en la marcha del 12 de octubre. Presencia que, al detallarla, dentro de las huestes de la CGT, nos recuerda al mismo tiempo que el movimiento sindical sobrevive en su precariedad, altamente fracturado, cruzado por variedad de celos y debilitado por su frágil empalme con el conjunto social o el país nacional.

Pudiéramos preguntar aquí: ¿Dónde está la propuesta de los pilotos para la construcción de una política nacional para el transporte público aéreo? ¿Dónde, su propuesta para quebrar el monopolio real que sobre este tipo de transporte ha logrado la multinacional Avianca? ¿Dónde, su propuesta para quebrar las altas tarifas que caracterizan a este transporte? ¿Dónde está, en pocas palabras, su propuesta de país?

 

Movimiento campesino -cocalero

 

Vive en territorios de periferia pero está sometido a los coletazos de la geopolítica global. Esta es la contradictoria realidad del campesinado cocalero, el mismo que esperaba ver mejorada su situación en el corto plazo, producto de los acuerdos Gobierno-Farc.

La masacre acaecida en territorio de Tumaco durante la primera semana de octubre envía un claro mensaje a todo el país: al frente del establecimiento prevalece una visión militarista de lo social, visión que continuará marcando su relación con el conjunto social, por lo menos, en el corto y el mediano plazo. Desmilitarizar las fuerzas policiales sería la primera señal de que la institucionalidad asume de manera consecuente que la guerra va quedando atrás. Superar la guerra contra las drogas sería otra señal de lo mismo.

Para el campesinado cocalero, el proceder estatal que con estupor conoció el país en esos primeros días del décimo mes del año es una dura bofetada –y como prolongación para el conjunto del país nacional–, al recordarles de manera seca y ardiente, a uno y otro, que los Acuerdos en cuestión se concretarán, en el mejor de los casos, a través de un lento y prolongado cuentagotas controlado desde las altas esferas del poder, con el cual pretenderán romper a los insurgentes ahora desmovilizados, quebrando, por lo demás, su conexión y su relacionamiento con las bases campesinas.

Sin liderar una reforma agraria integral, sometido a la tensión de fuerzas escenificada en sus territorios cada día, sin propuesta medioambiental consecuente por liderar ante el país, con una economía que no lo relaciona de manera positiva con los pobladores de las regiones donde siembra la coca, este campesinado toma más bien la forma de un proletariado agrícola que, como tal, no está ligado ni determinado por la tierra y el territorio sino por la necesidad de mejorar su economía. Como se sabe, muchos de ellos son desempleados urbanos que han terminado por emigrar al campo en procura de mejores –y prontos– ingresos.

 

Tejiendo entre todos

 

Como es claro desde hace décadas, la necesidad de un proyecto nacional alternativo, que ayude a superar la dispersión del tejido social, conserva su prioridad. Identificar un eje que así lo permita, y lo dinamice, es uno de los principales requerimientos por encarar de parte de los activistas de distinta matriz política. Para lograr lo cual, una condición fundamental es remar con ruta y fuerza propia.

No proceder así es, nada más y nada menos, que someterse al más nefasto coyunturalismo, determinado en muchas ocasiones por la visión y los intereses del establecimiento, que, con todas las herramientas a su favor, logra que su agenda política marque el ritmo de las acciones del mayor porcentaje de agrupaciones que se autodefinen como de izquierda o alternativas.

Ante nuestros ojos tenemos una lección de lo dicho: las elecciones de 2018, a cuyo alrededor y ritmo vuelven a doblegarse las agendas alternativas, dejando a un lado sus pretensiones de confrontar al establecimiento, cimentar un proyecto de poder alterno que gane confianza entre las mayorías nacionales. Sectores y proyectos alternativos que así actúan, esperanzados en lograr algún escaño en el Congreso para dejar constancias históricas y, por fortuito suceso, el mismo control de la Casa de Nariño.

Perdido su rumbo, estas agrupaciones reman con fuerza ajena y con energía dispersa, sin lograr un resultado estratégico que atice una dualidad de poderes con la cual le muestren al país nacional que sí es posible construir otro modelo de sociedad. Críticos de la democracia realmente existente entre nosotros, se someten a todo su ritual, para dentro de unos meses tratar de retomar su rumbo, tras cuyo propósito deben controlar los dispersos vientos que airean el acontecer nacional. Cuando logran este propósito, de nuevo la agenda política institucional, con su rito de democracia formal, libera y controla los vientos y las fuerzas de la coyuntura nacional. ¿Hasta cuándo?

Publicado enEdición Nº240