Viernes, 13 Marzo 2020 05:51

La dimensión política del coronavirus

La dimensión política del coronavirus

 

Tras unas semanas en las que abundaron las críticas a China por su gestión de la crisis, varios países del mundo occidental han entrado en pánico por la gestión de la crisis provocada por el coronavirus.

En un momento en el que los esfuerzos de los estados están concentrados en la contención de la pandemia mundial de coronavirus (covid19), puede parecer una frivolidad preguntarse por sus repercusiones políticas. Sin embargo, a nadie se le escapa que antes o después llegarán. Por lo pronto, el impacto económico ya se está dejando notar: los principales índices bursátiles han registrado caídas —el jueves Wall Street cerró después de que el Dow Jones se dejase 1.700 puntos en la apertura— y sectores enteros de la economía y las cadenas de suministro se han visto golpeados.

El director de Foreign Policy In Focus, John Feffer, recogía en un artículo reciente algunos datos que no está de más reproducir aquí: se ha calculado que el tráfico mundial de contenedores de transporte se reducirá un 9,5% este mes de marzo, y del sector industrial al turístico —reservas hoteleras, restauración, aerolíneas y cruceros— e incluso el entretenimiento —cancelación de conciertos, exposiciones en museos, funciones de teatro y estrenos cinematográficos— las consecuencias ya se dejan notar.

China ha ajustado su previsión de crecimiento, que ha rebajado a un 5% del PIB del 6% previsto, y se espera una caída similar para Italia, cuyo gobierno ha anunciado ya una inversión adicional de 25.000 millones de euros. Según fuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), Italia podría necesitar un rescate de 500 a 700 mil millones de dólares. El pasado martes la Unión Europea adelantó que activará un fondo de 25.000 millones de euros para hacer frente a la crisis, un día antes de que el Banco Central Europeo (BCE) alertase de la posibilidad de una crisis como la de 2008 si no se toman medidas cuanto antes.

Bloomberg presentaba hasta cuatro escenarios, en el peor de los cuales la economía global perdería 2,7 billones de dólares y algunas de las principales economías industriales verían caer su PIB hasta un 3%. Según sus autores, “las históricos bajos niveles de las tasas de interés y los elevados niveles de deuda” limitan el margen de maniobra de los estados europeos, haciendo que la “caja de herramientas sea poco adecuada para la tarea” de enfrentarse al daño económico que causará la pandemia.

“Si algo con una tasa de mortandad relativamente baja como el coronavirus, de entre un 1 y un 4%, en comparación con el 50% del ébola, puede ocasionar semejante daño a la economía global, quizá es que el paciente estaba sufriendo ya de algún tipo de dolencia previa”, observa Feffer. “Puede parecer ridículo esperar que un patógeno, incluso uno que se propaga al ritmo de una pandemia, pueda revertir una trayectoria que lleva desarrollándose un siglo, pero el estallido de coronavirus coincide con los ataques a la globalización económica desde diferentes sectores”, añade el director de Foireng Policy in Focus, quien cita el ejemplo de los ecologistas que cuestionan desde hace décadas la política de crecimiento y la mundialización.

En este sentido, el covid19, “como la pandemia de gripe de 1918, puede contribuir a una mayor fragmentación” o puede “servir como recordatorio de cómo la salud de la humanidad ha dependido de allende de las fronteras durante milenios” —las pandemias, recuerda el autor, siempre han estado relacionadas con los desplazamientos comerciales y militares— conduciendo a replantarse “cómo funciona el mundo”.

Quizá no se equivocaba del todo el editor del Global Times, Hu Xijin, al afirmar que “nos encontramos ante la primera fase de un enorme cambio”, ni tampoco exageraba el sociólogo Jósczef Böröcz al decir que “la humanidad se encuentra a prueba […] ¿Cómo reaccionan las culturas, clases e individuos a un desafío colectivo de esta importancia? ¿Qué culturas, clases e individuos son capaces de ajustarse a las respuestas colectivas adecuadas? ¿Qué produce reacciones sociales absolutamente antisociales? ¿Quién se dedica a pseudoactividades irrelevantes? Y la mayor pregunta de todas: ¿Qué culturas, clases e individuos serán capaces de sobrevivir o cuáles se irán por el desagüe?”

Primero Schadenfreude, luego pánico

Como se ha señalado ya en varios lugares, y el propio Feffer recoge, la primera reacción de muchos comentaristas occidentales al brote de covid-19 en Wuhan fue de Schadenfreude, un término alemán de uso frecuente en los medios con el que se describe el sentimiento de alegría por la desgracia ajena. ¿Cuántos medios no hablaron de un ‘Chernóbil chino’? Se lo

preguntó The Guardian, lo afirmó la revista Newsweek y, como por desgracia acostumbra a suceder, en España se repitió acríticamente en diarios como el ABC y en todos los telediarios de importancia. Foreign Policy llegó a acusar a China de haber “puesto en riesgo al mundo” con su “incompetencia”.

Muy diferente era el juicio de las autoridades sanitarias competentes: después de visitar el país, el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para brotes epidémicos y emergencias sanitarias, Bruce Aylward, elogió en una rueda de prensa a finales de febrero la respuesta china y señaló que el resto de países no están preparados, “pero pueden estar listos rápidamente si hay un cambio de mentalidad sobre cómo vamos a manejar la enfermedad”.

En una entrevista con el medio estadounidense Vox publicada a comienzos de este mes, Aylward desarrollaba sus conclusiones. “La cuestión es la velocidad, todo se reduce a la velocidad: cuanto más rápido se puedan encontrar los casos, aislarlos y rastrear sus contactos, más éxito se tendrá”, exponía. Lo que demuestra la respuesta de China en 30 provincias, continuaba, “es que si uno se lo propone, se arremanga y comienza el trabajo sistemático de encontrar los casos y rastrear los contactos, se puede modificar la forma del estallido, reducir la presión y prevenir que mucha gente enferme y que los más vulnerables mueran”.

o se trata solamente de medidas comunes como el aislamiento de casos y la suspensión de reuniones públicas, sino de construir instalaciones hospitalarias especializadas, acelerar las pruebas —los resultados se conocen en un espacio de cuatro a siete horas— y garantizar su gratuidad, agilizar las recetas de medicamentos y crear una red para su distribución a las poblaciones afectadas, así como adquirir aparatos de respiración asistida, oxígeno, material de laboratorio. E incluso a pesar de ese esfuerzo hercúleo “hubo problemas con los suministros en algún punto”. ¿Y qué hay del aislamiento de ciudades enteras o del seguimiento de ciudadanos a través de sus teléfonos móviles? “Los aislamientos a los que se refiere, las preocupaciones por los derechos humanos, reflejan la situación en lugares como Wuhan, [los aislamientos] se concentraron en Wuhan y otras dos o tres ciudades que explotaron [con casos de COVID-19], estos lugares se descontrolaron al comienzo [de la epidemia] y China tomó la decisión de proteger a China y al resto del mundo.”

Ahora que el covid19 se extiende por Europa y Estados Unidos, la comparación en la gestión de la pandemia ha dejado en evidencia la “dolencia previa” de la que hablaba Feffer. En EEUU, hogar de 28 millones de personas sin seguro médico, las enfermeras se han quejado por la falta de equipos y también lo ha hecho el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) por la escasez de material de laboratorio para las pruebas de detección después de haber sufrido retrasos y errores.

En Nueva York el cierre de escuelas se ha considerado como “la última opción”, ya que significaría dejar a 114.000 estudiantes sin hogar sin la posibilidad de recibir atención médica o comida. En Counterpunch resumía bien la situación JP Sottile al escribir que estos últimos cuatro años la Casa Blanca “ha estado privando de oxígeno a las agencias federales, reduciendo sus recursos y su personal”, avanzando en el programa neoliberal de tres décadas que convierte así a Donald Trump en “el omega al alfa de Ronald Reagan”. “Cualquier ‘incompetencia’ relacionada con el coronavirus que veáis en las noticias es una característica intrínseca de todo ello, no un error”, denunciaba Sottile.

Cabe recordar que todo esto sucede mientras China clausuraba recientemente 16 hospitales de emergencia en Wuhan, enviaba 250.000 mascarillas y cuatro expertos en el control de la epidemia a Irán —donde las sanciones estadounidenses agravan la crisis— y un millar de ventiladores pulmonares, dos millones de mascarillas ordinarias y 100.000 mascarillas de alta tecnología a Italia.

En un artículo en Politico, el representante permanente de Italia ante la UE, Maurizio Massari, volvía a reclamar a Bruselas que relajase el acceso al crédito y difícilmente podía ocultar su indignación ante la respuesta de sus socios europeos: “Italia ya ha pedido que se active el Mecanismo de Protección de la Unión Europea para el suministro de equipos médicos para protección individual, pero por desgracia ni un solo país europeo ha respondido a la llamada de la Comisión, únicamente China ha respondido bilateralmente”. “Ciertamente, esto no es un buen signo de solidaridad europea”, apostillaba Massari.

El jueves la embajada china en Madrid informaba de la llegada de un cargamento de 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos. Alemania ya ha prohibido la exportación de material médico, provocando la indignación de Suiza y Austria. Berna ha llamado al embajador alemán a consultas en protesta por el bloqueo de un cargamento de 240.000 mascarillas médicas en la frontera, mientras que la ministra de Economía austríaca, Margarete Schramböck, ha exigido a Berlín que deje de retener los suministros.

“No puede ser que Alemania esté reteniendo productos destinados a Austria por el simple hecho de encontrarse almacenados en un Alemania”, declaró Schramböck, “estos productos son para el mercado austríaco, y los movimientos unilaterales de Alemania lo único que hacen es causar problemas a otros países”. Tan poco para tantos valores europeos.

China ha donado más de un millón de máscaras y otro material médico a Corea del Sur, 5.000 trajes protectores y 100.000 máscaras a Japón y 12.000 kits de detección a Pakistán, pero a pesar de todo ello algunos medios occidentales parecen concentrarse en atacar al país que más ayuda.

En España es digna de mención la rápida progresión del economista Juan Ramón Rallo quien, desde su columna en El Confidencial —programáticamente titulada Laissez faire— ha pasado de calificar de “extralimitación liberticida” la decisión de Francia de requisar los stocks de mascarillas para evitar el acaparamiento y la especulación a explicar a sus lectores por qué las medidas adoptadas por China para contener el Covid-19 son un ejemplo a seguir.

Aunque este cambio ha dado pie a numerosas bromas, pocos lectores parecen haber reparado en el último parágrafo de su artículo: “Pero, a la vez, los casos de Hong Kong y Singapur también nos recuerdan que, con restricciones muchísimo menores a las de China pero con un seguimiento exhaustivo de los contagiados y de sus contactos y una extrema responsabilidad individual hacia los demás (tomarse en serio la higiene y minimizar las salidas innecesarias de casa), también es posible frenar el ritmo de contagio. No hace falta hacer como China para obtener resultados chinos: pero sí es imprescindible actuar con profesionalidad y diligencia. Si no lo hacemos, confundiremos la inoperancia, pasividad y negligencia de un partido político específico con la inoperancia de un régimen amplio de libertades. Y la epidemia vírica será seguida por una epidemia autoritaria.”

Beijing vs. Singapur

Después del crack del 29 millones de personas en el mundo quedaron fascinadas por la capacidad de resistencia a la crisis —supuesta o relativa, dependiendo del observador— de dos países de políticas diametralmente opuestas: Italia, donde se aceleró el corporativismo con la nacionalización de bancos y la creación de empresas mixtas y estatales, y la URSS, donde el sistema de economía planificada protegía relativamente al país de los shocks de la Gran Depresión.

Con la crisis del Covid-19 podría ocurrir algo parecido, salvando por descontado todas las distancias. La derecha ya parece haber tomado como ejemplo Singapur, como atestiguan algunos artículos publicados hasta la fecha. Pocas sorpresas: la combinación de una economía de libre mercado, por una parte, y de un longevo gobierno autoritario del Partido de Acción Popular (PAP) que se encarga de vigilar su cumplimiento, por la otra, convierte a la ciudad-estado en un modelo atractivo para la derecha.

Singapur, con todo, no llega a los seis millones de habitantes. China, en cambio, tiene más de 1.400 millones, lo que la convierte en el país con más población del mundo. A diferencia de Singapur, su sistema político es una evolución del que existía en los estados del “socialismo realmente existente” antes de su desintegración, y mantiene, a pesar de la liberalización de buena parte de su economía, elementos socialistas. Los muchos comentarios que ha provocado la respuesta china a la crisis del coronavirus estos días traen a la memoria ¿Comunismo sin crecimiento? (1975) de Wolfgang Harich.

Este libro —una larga conversación entre el filósofo alemán y Freimut Duve, un socialdemócrata germano-occidental— abordaba el replanteamiento del marxismo a la luz de la crisis ecológica desde una óptica pesimista, partiendo de la tesis que aquélla establecía límites a la abundancia material con la que el marxismo tradicionalmente había vinculado la libertad comunista y la consiguiente extinción (o abolición) del Estado. En palabras de Harich, “mi creencia en la superioridad de modelo soviético de socialismo se ha hecho inquebrantable desde que he aprendido a no considerarlo ya desde el punto de vista de la —por otra parte absoluta— competencia económica entre el Este y el Oeste, sino a juzgarlo, ante todo, según las posibilidades que ofrece su estructura para sobreponerse a la crisis ecológica, para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta, para la salvación de la humanidad”. Según Harich, únicamente un sistema comunista, con su centralización administrativa y economía planificada, permitiría combinar medidas de emergencia como la limitación del consumo y de la población o el racionamiento de productos de acuerdo a un principio de igualdad.

El libro de Harich fue ampliamente debatido en su momento en España, donde Manuel Sacristán le achacó tres defectos: “En primer lugar, es inverosímil si se tiene en cuenta la experiencia histórica, incluida la más reciente, que es la ofrecida por la aristocracia de los países del llamado ‘socialismo real’; en segundo lugar, el despotismo pertenece a la misma cultura del exceso que se trata de superar; en tercer lugar, es poco probable que un movimiento comunista luche por semejante objetivo. La conciencia comunista pensará más que bien que para ese viaje no se necesitaban las alforjas de la lucha revolucionaria. A la objeción (repetidamente insinuada por Harich) de que el instinto de conservación se tiene que imponer a la repugnancia al autoritarismo, se puede oponer al menos la duda acerca de lo que puede hacer una humanidad ya sin entusiasmos, defraudada en su aspiración milenaria de justicia, libertad y comunidad.”

A la luz de la crisis del Covid-19, los argumentos de Wolfgang Harich merecen reflexión. En una entrevista concedida en 1979 al semanario Der Spiegel, Harich defendía “que hay parámetros de alcance global que sólo pueden resolverse con un poder centralizado”, y añadía que “éste, en mi opinión, debe contar con plenos poderes dictatoriales” (aquí conviene matizar que Harich hablaba de una dictadura fideicomisaria y no de un despotismo soberano). “No soy un sádico, no me gustan las dictaduras duras, no me despiertan ninguna simpatía”, aseguraba, “sólo anticipo que si todo sigue como hasta ahora, entonces revertir las consecuencias sólo será posible con una tiranía terrible, temible”.

La pandemia de coronavirus ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la eficacia de un sistema centralizado como el chino para frente hacer los graves problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI. Las llamadas que han hecho algunos desde las redes sociales y desde la nueva izquierda a la política de curas durante la pandemia son loables, pero quedan empequeñecidas ante la magnitud del problema. La autoorganización o los movimientos sociales, por encomiables que sean, pueden servir para crear una red barrial de distribución de alimentos o tareas —que no es poco, en los tiempos que corren—, pero no para la organización y traslado de personal médico, y menos aún para fabricar aparatos de respiración, material de laboratorio o mascarillas en una crisis como ésta: de eso se encarga el Estado. El tiempo corre, y a medida que avanza la única alternativa, advertía Harich en la entrevista, “será entonces la autodestrucción en libertad, democracia y economía de mercado o un golpe de timón con medidas muy duras”. Entonces “quizá vendría, como teme el socialdemócrata Richard Löwenthal, un nuevo cesarismo con una nueva guardia pretoriana, que destruye todo lo que se cruza a su paso”. “El riesgo”, terminaba un sombrío Harich, “está ahí”. Si el dilema económico en los veinte se planteó, por tomar una conocida expresión de Thomas Mann, como una elección entre “Roma o Moscú”, el de este siglo XXI podría acabar siendo —si no se encuentra una solución socialista democrática a tiempo— entre Beijing o Singapur. El tiempo corre.

Por Àngel Ferrero

13 mar 2020 07:16

Publicado enPolítica
Refinería Marathon Oil Corporation en Carson, California.Foto Afp

La guerra no es de vulgares precios. Es también de "presupuestos" –precio para las necesidades fiscales– y de "reservas": de divisas no devaluadas e hidrocarburos.

El "choque petrolero viral" comporta características geopolíticas donde habrá ganadores y perdedores.

El brutal choque de 2020 no se parece al de 1986 cuando se gestó la colusión de EU y Arabia Saudita para desplomar el precio del barril que marcó el inicio del fin de la ex URSS (https://bit.ly/2TSX4XT).

En 1986, la URSS, se encontraba a la baja geoestratégica, mientras China no jugaba.

En 2020, Rusia se encuentra al alza multidimensional y China se mantiene incólume, pese al Covid-19, mientras EU ha sido entrampado con su artificial gas lutita financiado por la Reserva Federal y Wall Street (https://bit.ly/38INPyW).

En EU existe la peregrina propaganda de que Rusia busca liquidar la industria del gas lutita en la Cuenca Pérmica –no se diga para impedir el boicot de Trump al gasoducto NordStream 2 que conecta a Rusia con Alemania– cuando su derrumbe era más que cantado (https://bit.ly/3aIemh7), con o sin "guerra de precios".

En la metáfora del "cono de arena", al final, un solo grano derrumba todo el cono infectado por el virus global que mermó la sobreoferta de petróleo con dos millones de barriles diarios y que busca(ba) reducir Arabia Saudita, al unísono de la OPEP y de otros miembros observadores como Rusia, para mantener su presupuesto fiscal que proyecta(ba) en 80 dólares el barril, mientras Rusia puede absorber un precio de 50 dólares y hasta la mitad.

Ya el zar Vlady Putin, quien con su reflejo de judoka reviró a dos blancos y advirtió que Rusia podía soportar un precio de 25 dólares el barril por una década (¡súper-sic!; https://bit.ly/38HaX0S), cuando, además, Moscú posee hoy 570 mil millones de dólares de reservas –sin contar su Fondo de Riqueza Soberana de 150 mil millones–, frente a las de Arabia Saudita que han disminuido a 495 mil millones de dólares.

No se trata de una banal "guerra de precios" cuando Rusia juega a la "geometría multivariable" y a una "multidimensionalidad geopolítica" de varios niveles ( multilayered) que afecta todo el planeta cuando contará quien pierda menos en la tétrada precios/presupuesto/reservas/geopolítica. Aquí no caben procaces maniqueísmos lineales y daltónicos.

Su desplome beneficia a China e India (básicamente, los importadores principales) y despedaza a los productores carentes de anticuerpos en su sistema inmunológico energético.

Arabia Saudita es más vulnerable que Rusia en su ingreso petrolero: el primero depende de 87 por ciento y el segundo de 40.8 por ciento, incluyendo su gas, que es el verdadero “ game changer”.

El zar Vlady Putin venderá caro su amor a EU, no se diga a "Occidente" al borde de "choques deflacionarios", cuando peligra el sector petrolero y gasero de EU que contribuye en 7 por ciento de su PIB y cuenta con más de 10.3 millones de empleos (https://bit.ly/2Q2l8X6).

NYT culpa al príncipe Mohamed bin Salmán (https://nyti.ms/2IAXIEb). No se trata de culpar o exculpar, sino quien juega mejor a la geoestrategia energética entre los tres grandes: EU/Rusia/Arabia Saudita.

WSJ, cercano a Trump, anda más perdido que nunca, y después de sentenciar en forma estrafalaria que "Putin no es amigo de Trump", exhorta a jalarle las orejas a su aliado Mohamed bin Salmán (https://on.wsj.com/3cPBhJd).

Una llamada de Trump a Mohamed bin Salmán quizá tuvo que ver en la recuperación de 10 por ciento del precio, no se diga la visita "secreta"del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, íntimo de Jared Kushner, al embajador ruso, lo cual fue expuesto por el Kremlin en su Facebook antes que el mismo EU (http://dailym.ai/2Q7qy3o).

La mezcla ominosa del virus global y el choque petrolero puede descarrilar la relección de Trump y afectar la estabilidad de la mayoría de los países productores de petroleo, sean de la OPEP o no.

El zar Vlady Putin, como el mandarín Xi, busca la extensión de su mandato, como lo hizo Roosevelt en una fase crítica, y como lo pondera Trump en caso de una relección sin Covid-19 y sin desplome de Wall Street.

Las consecuencias geopolíticas son ya enormes.

www.alfredojalife.com

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El portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Zhao Lijian, en una rueda de prensa.

12.03.20 -“¿Cuándo comenzó el paciente cero en Estados Unidos? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿Cómo se llaman los hospitales? Podría ser el Ejército de EE.UU. lo que llevó la epidemia a Wuhan. ¡Sé transparente! ¡Haz públicos tus datos! ¡Nos debe una explicación!”, ha escrito este jueves el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Zhao Lijian, en su cuenta en Twitter.

El portavoz chino ha agregado también que el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EE.UU., Robert Redfield, admitió el miércoles, durante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, que algunos estadounidenses que aparentemente murieron de influenza tuvieron un resultado positivo para el nuevo coronavirus en el diagnóstico póstumo.

“Algunas muertes por influenza se infectaron en realidad con COVID-19, admitió Robert Redfield de CDC de EE.UU. en la Cámara de Representantes. Estados Unidos reportó 34 millones de casos de influenza y 20 000 muertes. ¿Cuántos están relacionados con COVID-19?”, ha explicado.

Asimismo, Zhao ha citado a Redfield, quien dijo que “algunos casos que fueron diagnosticados previamente como gripe en los Estados Unidos fueron en realidad COVID-19”.

Ante este panorama, el vocero ha catalogado “absolutamente INCORRECTO e INAPROPIADO” llamar a este virus como el “coronavirus chino” cuando su origen es en realidad en EE.UU.

Pese a que a finales de diciembre pasado comenzó el nuevo coronavirus en la ciudad china de Wuhan, el origen del brote del virus aún permanece un enigma.

Philip Giraldi, exfuncionario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) de EE.UU. opina que su país podría haber “creado” al temido virus, en colaboración con Israel, como un arma de guerra biológica para dañar a China e Irán. Sus declaraciones se suman a varios análisis que no descartan el papel de EE.UU. en esta epidemia que ya ha sido catalogado de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por: HispanTV / Aporrea | Jueves, 12/03/2020 09:13 PM

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Arabia Saudí contra Rusia: la guerra del petróleo por la hegemonía global

Incluso los medios conservadores y proestadounidenses del mundo consideran la actitud de Arabia Saudí como un chantaje para forzar a Rusia a negociar un acuerdo de reducción de la oferta. "Riad chantajea a Rusia con desatar la estrategia del caos", titula El Economista.

La caída de los precios del crudo en un 31% arrastró a las bolsas del planeta con mucha mayor fuerza que la crisis desatada por el coronavirus y en muchísimo menor tiempo.

El régimen saudí se encuentra desde hace por lo menos seis años en una situación compleja, tanto a nivel doméstico como internacional.

Brevemente, Riad vive un fuerte aislamiento internacional, agravado en los últimos años por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Estambul en octubre de 2018 y por la brutal intervención en la guerra en Yemen, que ha causado una tragedia humanitaria sin precedentes donde 16 millones necesitan asistencia sanitaria urgente.

A esta realidad global debe sumarse la casi permanente crisis interna, con intrigas palaciegas que llevaron a purgas al más alto nivel. El mismo día en que Riad comenzó su guerra petrolera contra Rusia, el 7 de marzo, se difundía que el rey Salman bin Abdulaziz promovía "la detención de varios miembros de la casa real", mientras "se dispararan los rumores sobre el estado de salud del monarca".

Según medios estadounidenses, las detenciones del hermano menor del rey y de su sobrino "fueron atribuidas a una orden del actual príncipe heredero, Mohamed bin Salman, quien funge como jefe de Gobierno de facto del reino".

La tercera cuestión se relaciona directamente con el petróleo. Desde 2014, la monarquía había establecido una alianza con Moscú para defender su cuota de mercado ante el avance del petróleo por fracking de Estados Unidos y Canadá.

"Los dos mayores productores del mundo formaron la OPEP+ para coordinar la política de producción y de precios para detener la expansión de la cuota de mercado del crudo norteamericano. Pero Rusia, que ha llegado a superar a Arabia Saudí en producción de petróleo, ha sido durante todo este tiempo un competidor directo del reino saudita por el trono del petróleo", explicaEl Economista.

En suma, una alianza de conveniencia, ya que el petróleo procedente del fracking estaba llevando a los norteamericanos a aumentar seriamente su cuota de mercado, poniendo en riesgo la hegemonía saudí que data de hace casi 80 años.

La epidemia de coronavirus que está impactando en la economía global y en particular en China, hizo prever a los analistas del mercado, como Goldman Sachs, que los precios del barril se despeñarían en los próximos meses por debajo de los 30 dólares. "Hacía cerca de 30 años, desde 1991, que el precio del petróleo no sufría un descalabro de la magnitud del vivido hoy", escribe la prensa especializada.

Ante esa previsión, los países de la OPEP liderados por Arabia Saudí, propusieron a Rusia una reducción aún mayor del bombeo, estimado en 1.5 millones de barriles diarios. En este punto, los saudíes pretendieron actuar del mismo modo que ante el avance del petróleo del fracking, es decir, con un estilo monárquico autoritario de imponer a sus aliados una determinada política.

La decisión de la monarquía ante la negativa de Rusia fue hundir más aún los precios. El crudo, que estaba en unos 60 dólares a mediados de febrero, cayó a 50 a comienzos de marzo, en gran medida por la previsión de contracción de la economía global y terminó por hundirse hasta 35 este lunes 9.

Saudi Aramco dio un giro completo anunciando un aumento de la producción para generar caos y la caída abrupta de los precios, con la esperanza de chantajear de ese modo a Rusia. Con esa medida espera "eliminar competidores", algo que suena sencillo, pero es difícil de concretar.

Los tres mayores productores de petróleo del mundo son Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí, pero esta viene perdiendo cuota de mercado y aunque tiene margen porque sus precios de producción son menores a los de sus competidores, esa medida puede afectar sobre todo al fracking, que deja de ser rentable con precios muy bajos.

Como señala el español El País, la monarquía parece haber olvidado su fracaso anterior: "A los inversores la situación les recuerda demasiado a 2014, cuando los saudíes abrieron el grifo para tratar de expulsar a parte de los productores de fracking de Texas y el botín obtenido fue mucho menor de lo esperado: quebraron muchas firmas dedicadas a la obtención de crudo por fracturación hidráulica, pero Washington acabó saliendo reforzado como primer productor mundial".

Ahora puede estar sucediendo algo similar. El mismo diario reconoce que las finanzas públicas de Rusia "son suficientemente sólidas como para convivir con los precios actuales". En efecto, Rusia se viene preparando desde hace tiempo para enfrentar eventualidades como las actuales, previendo una escalada de tensiones en el mundo.

Una de esas medidas ha sido la compra masiva de oro y la venta de dólares de sus reservas. Rusia ha cuadruplicado las reservas de oro en la última década. "Solo en 2018, el valor del oro depositado en el búnker de su banco central aumentó un 42% hasta los 109.500 millones de dólares, según datos de Bloomberg".

Por otro lado, Rusia tiene un mercado de hidrocarburos asegurado. En efecto, el gasoducto Fuerza de Siberia suministra gas al norte de China desde la región de Yakutia, en Siberia.

Según la BBC, el llamado 'acuerdo del siglo' entre el grupo Gazprom de Rusia y la Corporación Nacional de Petróleo de China implicó una inversión de 55.000 millones de dólares.

La impresión es que Rusia está preparada para una situación tensa y difícil como la actual. Con precios muy bajos y un mercado caótico, va a sufrir, pero no será puesta de rodillas como pretende la monarquía saudí. En los últimos años, los aliados de Moscú, como China e Irán, se vienen fortaleciendo pese a las presiones y chantajes.

Mal que nos pese, estamos en guerra. Ganará quien tenga mayor resistencia, porque se trata de una carrera de largo aliento.

Jornada

06:27 GMT 10.03.2020(actualizada a las 06:30 GMT 10.03.2020) URL corto

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Lunes, 09 Marzo 2020 06:20

Alianza militar Brasil-EE.UU.

Alianza militar Brasil-EE.UU.

Bolsonaro firmó un acuerdo de defensa con Trump en Miami

El acuerdo, de ser ratificado, permitiría el ingreso de la industria brasileña como proveedor del sector de defensa norteamericano.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, firmó un acuerdo militar con Estados Unidos que, según el jefe del Comando Sur, Craig Faller, ayudará a enfrentar amenazas como la que supone Venezuela en la región. El tratado permite el ingreso de la industria brasileña como proveedor del sector de defensa norteamericano, el mayor del mundo. El acuerdo, que debe ser ratificado por los parlamentos de ambos países, fue firmado en la sede del Comando Sur (Southcom) de Estados Unidos en Miami, con motivo de la visita al país de Bolsonaro , quien se reunió con el presidente Donald Trump el sábado.

"Es un acuerdo histórico", dijo Faller, quien recibió a Bolsonaro en la sede del Southcom ubicada en Doral, un suburbio de Miami habitado mayormente por venezolanos. Faller dio una conferencia de prensa junto al ministro de Defensa brasileño, el general Fernando Azevedo, para dar mayores precisiones. "Este ha sido un viaje muy provechoso en materia de defensa para Brasil y nuestras fuerzas armadas", destacó Azevedo al respecto, según el diario Folha de São Paulo.

El instrumento firmado el domingo permitirá ampliar el acceso brasileño al mercado de defensa estadounidense, así como otros acuerdos para el sector, al reducir los procesos burocráticos para el comercio bilateral en ese rubro. Además podría facilitar la entrada de productos brasileños en los otros 28 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la mayoría de los cuales tiene acceso al fondo de defensa estadounidense.

El tratado estaba bajo análisis desde que Michel Temer gobernaba Brasil (2016-18). Las negociaciones se aceleraron bajo el mandato de Bolsonaro, un capitán retirado de muy buena sintonía con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El año pasado, Trump anunció al Congreso de su país su interés en declarar a Brasil como aliado militar estratégico de Estados Unidos fuera de la OTAN, tal como sucedió en 1998 con Argentina.

Bolsonaro, que estuvo presente en la firma del convenio, cenó el sábado por la noche con Trump en Mar-a-Lago, el club privado que el mandatario estadounidense posee en Palm Beach, a unos 110 kilómetros al norte de Miami. En la comida, los presidentes ratificaron la "alianza estratégica" entre sus países y reiteraron el apoyo a "la democracia en la región, incluyendo a Guaidó y a la Asamblea Nacional venezolana democráticamente electa", según un comunicado conjunto.

También acordaron agilizar las medidas para lograr en 2021 la entrada de Brasil en el programa Trusted Trader, que supondrá un aumento del intercambio comercial bilateral. A su vez, Trump reiteró el apoyo de Washington para la entrada de Brasil en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y urgió a los otros países miembros a trabajar para alcanzar ese objetivo.

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Sábado, 07 Marzo 2020 05:54

Una visita al amigo americano

Una visita al amigo americano

Gira de Bolsonaro en EE.UU. para discutir Venezuela con Trump

El temario muestra la cercanía de los dos derechistas y hasta incluye firmar un acuerdo sobre seguridad con el Comando Sur norteamericano.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, inicia mañana una gira norteamericana en el sur de Florida, que incluirá un encuentro con su homólogo Donald Trump, con quien discutirá la crisis de Venezuela, y la firma de un acuerdo de defensa en el Comando Sur. "Vamos a cenar en Mar-a-Lago. Él quería cenar en Florida", dijo Trump a la prensa este viernes. "El presidente va a usar esta reunión como una oportunidad de agradecer a Brasil por su estrecha alianza con Estados Unidos", agregó la Casa Blanca en un comunicado. Además de las "oportunidades para restablecer la democracia en Venezuela", los presidentes hablarán de la paz en Medio Oriente, de políticas comerciales e inversión en infraestructura.

Apodado el "Trump del Trópico", el presidente ultraderechista brasileño se reconoce como un gran admirador de su par estadounidense. Ambos lideran las medidas de presión contra el gobierno venezolano y son parte del medio centenar de países que consideran ilegítimo al mandatario Nicolás Maduro y, en cambio, reconocen como presidente encargado al líder de la oposición, Juan Guaidó. El jueves, el gobierno de Brasil ordenó el retiro de todos sus diplomáticos y funcionarios del servicio exterior en Venezuela y pidió a Maduro que retirara los suyos del territorio brasileño.

Este domingo, Bolsonaro hará su primera visita el Comando Sur estadounidense, en la ciudad de Doral, vecina a Miami, que dirige las operaciones militares en el Caribe, Centro y Suramérica. Allí firmará junto al almirante Craig Faller un "Acuerdo de proyectos de investigación, pruebas y evaluación que expandirá las oportunidades de ambos países de colaborar y compartir información en el desarrollo de nuevas capacidades de defensa".

El lunes y el martes, Bolsonaro tiene previsto encuentros con empresarios, primero en el Seminario Empresarial Brasil-Estados Unidos en Florida y al día siguiente en la Conferencia Internacional Brasil-Estados Unidos, ambos en Miami. Bolsonaro "está viajando a Miami en gran parte para asegurarle a los inversores que Brasil está abierto para los negocios", dijo Anya Prusa, especialista en relaciones EEUU-Brasil del Instituto Brasileño del Centro Wilson. "El país ha pasado muchas dificultades los últimos cinco o seis años desde el punto de vista económico", añadió, detallando que si bien salió de la recesión, oficialmente en 2017, su crecimiento ha sido "lento y débil".

Ambos presidentes "tienen una buena relación personal que no siempre se ha traducido en políticas estadounidenses que beneficien a Brasil, aunque a nivel personal parecen llevarse bien. Bolsonaro es bastante 'fan' del presidente Trump y eso ayuda", añadió la experta.

El miércoles, el instituto oficial de estadísticas IBGE mostró que la economía de Brasil creció sólo 1,1 por ciento en 2019, lo cual representó una caída respecto a la expansión de 1,3 del PIB de la mayor economía latinoamericana en 2017 y 2018. Esto frustró las expectativas de despegue rápido creadas por el programa liberal de Bolsonaro.

El presidente dijo en un tuit el mes pasado que buscará durante su gira asegurarse un acuerdo con el fabricante de vehículos eléctricos Tesla para la instalación de una planta en Brasil. Bolsonaro visitará además, el martes, la planta del fabricante brasileño de aviones Embraer en la ciudad de Jacksonville, casi 600 Km al norte de Miami.

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Los presidentes Vladimir Putin y Recep Erdogan

La escalada en Idleb amenazaba con derivar en una guerra entre los dos países

Los presidentes Vladimir Putin y Recep Erdogan confían en que el acuerdo ponga fin a semanas de enfrentamientos armados en la región siria de Idlib. Desde el inicio del conflicto, casi un millón de personas se vieron forzadas a abandonar Siria.

Rusia y Turquía acordaron un alto el fuego con la intención de poner fin a semanas de enfrentamientos armados en la región siria de Idlib. Luego de reunirse durante seis horas en Moscú, los presidentes Vladimir Putin y Recep Erdogan acordaron que la tregua comience en la medianoche del viernes. El pacto también contempla reforzar los puestos de observación y establecer un amplio corredor de seguridad de 12 kilómetros que corre del este al oeste de Siria y pasa por la provincia de Idlib, epicentro de los ataques militares. Por el conflicto, casi un millón de personas se vieron forzadas a abandonar Siria, y perdieron la vida militares turcos, sirios y rusos. La espiral de violencia amenazaba con derivar en un enfrentamiento militar directo entre Turquía y Rusia, aliada del régimen sirio.

En declaraciones a la prensa posteriores al encuentro, Putin dijo que el acuerdo con Erdogan servirá "como buena base para terminar con los enfrentamientos en la zona de distensión de Idlib, poner fin al sufrimiento de la población civil y contener una crisis humanitaria creciente".

El presidente aclaró que Moscú y Ankara no siempre están de acuerdo a la hora de evaluar lo que ocurre en Siria. "Pero cada vez que atravesamos momentos críticos, basándonos en el alto nivel de nuestras relaciones bilaterales, hasta ahora logramos encontrar un terreno común respecto a los temas en disputa y acordar soluciones aceptables", remarcó Putin.

El líder ruso subrayó la importancia de mantener la soberanía y la integridad territorial. En ese sentido, recordó numerosos ataques lanzados por milicias radicales contra la base aérea rusa de Hmeymim en Siria. "En total, desde principios de este año, se han detectado 15 ataques contra Hmeymim. Cada vez que eso ocurrió, informamos en tiempo real a nuestros hermanos turcos", indicó el mandatario.

Días atrás, a través de un comunicado, el ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia había indicado que militares rusos y turcos intentaron desde mediados de enero restablecer la calma en Idlib, pero, en respuesta, "los terroristas incrementaron sus ataques". El documento oficial agrega que "El número de muertos y heridos entre las tropas sirias y los civiles fuera de la zona de desescalada se cuenta por centenares. Especialistas rusos y turcos murieron trágicamente".

Buscando exhibir la reunión con Putin como un trofeo, el presidente turco Recep Erdogan celebró el acuerdo: "Hoy (por el cinco de marzo) mostramos nuestra voluntad para lograr el arreglo…A las 00.00 horas del viernes (seis de marzo) se declarará un alto el fuego y se darán todos los pasos necesarios", explicó.

El líder turco también declaró que el país envió fuerzas adicionales a la región de Idlib. "Para relajar la tensión en Idlib instalamos allí puestos de observación, y con Rusia hemos acordado enviar refuerzos para estabilizar la situación en la región", remarcó Erdogan. Los puestos de observación se suman a un corredor de seguridad que se instalará en Idlib para realizar un patrullaje conjunto a lo largo de la ruta M4, que une las provincias de Latakia y Alepo. 

A su vez, destacó que Turquía analiza colaborar con el retorno de los refugiados a Siria. "Tenemos la tarea de evitar un mayor agravamiento de la situación en Idlib, queremos facilitar el retorno de los refugiados a sus hogares que abandonaron por los ataques", expresó. 

La ofensiva militar causó una verdadera catástrofe humanitaria, con casi un millón de personas que debieron abandonar sus hogares por los combates en el mayor éxodo forzoso de personas en casi nueve años de guerra en Siria, que se cumplen este mes. La semana pasada, Erdogan decició dejar de impedir que los migrantes abandonen Turquía y crucen a la Unión Europea.

"Nuestro objetivo es evitar que empeore la crisis humanitaria", declaró Erdogan, aunque advirtió que su país se "reserva el derecho de responder con todas sus fuerzas y en cualquier lugar a cualquier ataque del régimen" sirio. 

La escalada de los combates en Idlib causó tensiones diplomáticas entre Rusia, aliado del régimen sirio, y Turquía, apoyo de los rebeldes, haciendo crecer el riesgo de un enfrentamiento directo entre ambos países, que se han convertido en los principales actores internacionales del conflicto sirio.

Al respecto, y al inicio del encuentro, Putin presentó sus condolencias a Erdogan. "Tenemos que hablar para que esto no se vuelva a producir y no destruya las relaciones ruso-turcas", subrayó, mientras su par turco aseguró que esperaba que la negociación "alivie a la región y a nuestros dos países".

Las tensiones en Idlib hicieron saltar en pedazos los acuerdos concluidos entre los dos presidentes en 2018 en la localidad rusa de Sochi. Dichos acuerdos buscaban poner fin a los combates en la región e instaurar una zona desmilitarizada. También dieron lugar a un frenético intercambio militar entre las dos capitales, que reforzaron su cooperación en los últimos años sobre el territorio sirio, pese a sus intereses divergentes. 

En los últimos meses, Turquía acusó a Rusia de no respetar los acuerdos de Sochi, que garantizaban el status quo en el terreno y la suspensión de bombardeos en Idlib, mientras que Moscú acusó al gobierno turco de no hacer nada para "neutralizar a los terroristas" en esta región. Ahora, ambos países ensayan un nuevo acuerdo, y en las próximas horas se sabrá si la tregua es un hecho o una simple ilusión que será sepultada por nuevos bombardeos.


Idlib. ¿Qué busca Erdogan en Siria con tanto ahínco?

La muerte de más de 70 soldados turcos en la provincia siria de Idlib ha terminado por sacudir la política interior en Turquía. En los últimos días, las críticas de la oposición han adquirido mayor agresividad y han puesto al presidente Erdogan contra las cuerdas

 

La reunión de dos horas y media celebrada el jueves en Moscú entre los presidentes Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan se produce en un momento particularmente delicado en la provincia siria de Idlib, donde Rusia y Turquía tienen intereses claramente encontrados y donde se suceden las acciones bélicas de los dos países y sin que se vea una salida a la crisis.

En la escena interior, por primera vez Erdogan tiene que enfrentarse a una correosa oposición que le acusa de estar al servicio del imperialismo estadounidense. Erdogan y Donald Trump compartirían, según la oposición, el proyecto de crear un nuevo Oriente Próximo. Además, le acusan de haberse embarcado insensatamente en las llamadas primaveras árabes que han destrozado la región y, por si esto fuera poco, debería explicar al pueblo por qué ha enviado al ejército a una Idlib plagada de yihadistas que actúan en connivencia con Erdogan.

Toda esta tensión se deriva directamente del elevado número de soldados muertos en Idlib, más de 70. La oposición turca considera que son bajas inútiles y que podrían crecer si Erdogan no saca al ejército de donde nunca debía haber entrado

Hay generales de la reserva que le reprochan haberse embarcado en operaciones expansionistas y peligrosas sin ninguna justificación, que le han conducido a defender a organizaciones terroristas contra un país, Siria, que en ningún momento había adoptado acciones hostiles contra Turquía.

Las críticas de la oposición podrían erosionar su poder si la situación se deteriora. La realidad es que Erdogan ha concentrado a millares de soldados, ha movilizado más de cuatro mil tanques, blindados y vehículos militares de todo tipo, así como cientos de drones fabricados por su yerno. Echarse atrás en estas circunstancias sería peligroso para él, porque se vería como una derrota, pero continuar adelante es una locura.

El malestar que Erdogan ha creado en su propio país ha tenido como consecuencia protestas populares contra la presencia militar en Idlib, hasta hacer que el presidente se haya justificado diciendo: "Quienes preguntan '¿cuál es el negocio de Turquía en Siria?' en realidad están recomendando que nos rindamos a los grupos terroristas y a un régimen enemigo". Una respuesta que no se corresponde con las actuaciones de Turquía desde el inicio del conflicto en la primavera de 2011, hace nueve años.

El miércoles en el parlamento de Ankara se produjo una pelea de lucha libre entre los diputados en un debate sobre la situación en el norte de Siria, en el que no faltaron puñetazos y otras agresiones. Los parlamentarios partidarios de Erdogan y sus detractores protagonizaron una violenta escena que vieron todos los turcos y que refleja las tensiones existentes.

En lugar de ceder y corregir sus errores, Erdogan está amenazando con enviar a Europa a millones de refugiados sirios, afganos, iraquíes y de otros países de la región. Los europeos, cuya candidez e inoperancia son tan responsables como el expansionismo de Erdogan de haber llevado el caos a Oriente Próximo, han visto las orejas al lobo, pero de los europeos no se puede esperar nada si nos atenemos a sus pobres registros de la última década.

Por primera vez desde la invasión de Chipre en 1974, el ejército turco está combatiendo contra otro ejército, pero la ironía es que está combatiendo codo con codo con los peores yihadistas de Oriente Próximo y llevando a sus soldados a una peligrosa situación en relación con el ejército ruso desplegado en Siria para respaldar al gobierno de Damasco.

Un sondeo de esta semana muestra que el 65% de los turcos está a favor de mantener la presencia militar en Idlib puesto que creen que los soldados se están defendiendo de una amenaza existencial, un elevado porcentaje que probablemente refleja el nacionalismo rampante que se fomenta desde el poder. Sin embargo, otro sondeo realizado solo una semana antes revelaba que la mitad de los encuestados estaban en contra de la presencia en Idlib y solo un 31 por ciento la apoyaban. En este sondeo, las mayores preocupaciones eran la economía y el desempleo.

Si el número de bajas crece, la popularidad de Erdogan se resentirá significativamente. Otro sondeo de febrero señala que el 50% de la población no tiene intención de votar al actual presidente en las próximas elecciones. Si Erdogan no resuelve el conflicto "rápidamente", como asegura que es su intención, su popularidad corre el riesgo de caer en picado.

El rampante nacionalismo ha suscitado incidentes racistas en varios lugares, incluido el pillaje de negocios regentados por refugiados sirios, y las palizas contra los mismos refugiados, como si estos, y no Erdogan, fueran responsables de la muerte de sus soldados. Las turbas también han amenazado algunas representaciones diplomáticas rusas en Turquía. Los críticos con la operación en Idlib en las redes sociales están siendo investigados por la policía.

Las críticas de la oposición contra Erdogan por aliarse con el imperialismo estadounidense son de lo más sangrantes si se tiene en cuenta que solo uno de cada cinco turcos simpatiza con Estados Unidos, en gran parte debido a la percepción de que Washington no condena las acciones del PKK kurdo y apoya al PKK en el norte de Siria.

Aunque esta opinión puede haber ayudado a Erdogan a acercarse a Rusia en el terreno militar y en el terreno económico en los últimos años, Siria se ha convertido en un hueso duro de roer puesto que los rusos aspiran a que el gobierno de Damasco extienda su soberanía en Idlib, algo a lo que Erdogan se opone frontalmente.

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Crece la tensión en Siria tras la muerte de 33 soldados turcos

Fuerzas sirias y rusas atacaron a rebeldes apoyados por Turquía

Los bombardeos tuvieron lugar en Idlib, al noroeste de Siria, último bastión de los rebeldes al gobierno de Bashar al Assad. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan respondió atacando objetivos militares sirios.

Al menos 33 soldados turcos murieron y otros 32 resultaron heridos en bombardeos del Ejército sirio en la provincia de Idlib ubicada al noroeste de Siria. Fuerzas sirias y rusas llevan adelante una ofensiva conjunta contra rebeldes que son apoyados por Turquía. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan respondió a los bombardeos con ataques contra objetivos militares sirios. Horas más tarde conversó con su par ruso Vladimir Putin para poner paños fríos a la situación. No se descarta una reunión entre ambos en los próximos días.

Idlib es el último bastión rebelde dentro de Siria. La provincia es controlada por insurgentes islamistas apoyados por el Ejército turco. Los bombardeos llegaron tras semanas de creciente tensión entre Turquía, el único miembro musulmán de la OTAN, y Rusia, que apoya militarmente desde 2011 al gobierno sirio del presidente Bashar al Assad en la guerra contra los grupos rebeldes. Se trata de la mayor cifra de soldados turcos muertos en un solo día desde que Turquía intervino por primera vez en la guerra  Siria en 2016.

El canciller ruso, Serguei Lavrov, dio sus condolencias a Turquía por la muerte de los soldados y remarcó que la tragedia podría haberse evitado si Turquía proporcionara la ubicación de sus tropas. Lavrov informó que siempre están en contacto pero que en esta ocasión Turquía no les había informado que sus soldados estaban en la zona de fuego sirio, mezclados con los insurgentes islamistas de Idlib. "Tan pronto como esto quedó claro, le pedimos al gobierno sirio que hiciera una pausa en la acción militar e hiciera todo lo posible para garantizar la evacuación de los heridos y permitir el traslado de los soldados muertos al territorio turco", agregó el canciller.

Sin embargo, el ministro de Defensa turco, Huluso Akar, rechazó la justificación rusa. “Durante este ataque no había grupos armados (rebeldes) alrededor de las unidades turcas”, sostuvo el ministro. Ankara sostiene que Rusia sabía dónde estaban apostadas las tropas turcas. El encargado de Defensa informó que los ataques continuaron después de que los soldados notificaran al personal ruso que estaban siendo bombardeados.

Luego de conocer la información sobre las muertes, Erdogan convocó a su gabinete en una reunión de emergencia. Asistieron los ministros de Defensa y Asuntos Exteriores, así como el jefe de inteligencia y los comandantes militares. El principal asesor de prensa de la presidencia, Fahrettin Altun, dijo que allí se decidió atacar las posiciones conocidas de las tropas sirias por aire y tierra como represalia. Altun pidió a la comunidad internacional que cumpla con sus responsabilidades para poner fin a la violencia en Idlib. Además hizo referencia a los crimenes de lesa humanidad del gobierno sirio.

Turquía también informó que no va a seguir reteniendo a los refugiados que quieran llegar a la Unión Europea (UE). Esto generó que cientos de migrantes se dirijan a las fronteras entre Turquía y Grecia. En respuesta al anuncio turco, el gobierno griego cerró uno de sus pasos fronterizos con Turquía. También empezó los preparativos para redoblar la vigilancia en el mar Egeo, a lo largo de la frontera entre las numerosas islas griegas y la cercana costa oeste de Turquía. Por su parte, Rusia envió dos buques de guerra equipados con misiles crucero hacia las costas sirias en el Mar Mediterráneo, informó la agencia de noticias rusa Interfax.

Tras conocerse la muerte de los soldados turcos Putin y Erdogan dialogaron telefónicamente. "Se expresó una seria preocupación por la escalada de tensiones en Idlib que provocó numerosas bajas, incluso entre los militares turcos", informó el Kremlin en un comunicado sobre la conversación entre los mandatarios. La nota agregó que ambos líderes estuvieron de acuerdo en la necesidad de tomar medidas adicionales para distender la situación. También mencionaron la posibilidad de reunirse cara a cara para discutir las medidas.

El canciller ruso dijo que la conversación entre los presidentes estuvo centrada en la implementación del acuerdo de alto el fuego al que se había llegado en 2018. "La conversación fue detallada y dedicada a la necesidad de hacer todo lo necesario para implementar los acuerdos sobre Idlib'', precisó Lavrov. El arreglo se había roto luego de que ambos países se acusaran mutuamente de violar sus términos. Turquía exige que las fuerzas sirias que operan en Idlib se replieguen a las líneas del alto el fuego de 2018. Rusia dice que los acuerdos se malograron debido a los continuos ataques de los rebeldes islamistas apoyados por Turquía. "Pero debemos comenzar a implementar esos objetivos. Durante medio año no se ha hecho nada. El ejército sirio tiene todo el derecho de reaccionar ante las constantes violaciones", agregó el canciller ruso.

Horas más tarde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,y su par turco,  Erdogan, hicieron un llamado conjunto a Rusia y Siria para que detengan su ofensiva militar en la región de Idlib, informó en un comunicado la Casa Blanca.

Con las muertes de ayer, al menos 54 soldados turcos murieron solo este mes como parte de los intentos de Turquía de frenar la ofensiva sirio-rusa en Idlib. Los ataques vienen provocando una verdadera catástrofe humanitaria. Más de 950.000 personas tuvieron que dejar sus casas para huir de la violencia. Según la ONU, este es el mayor éxodo forzoso de desplazados en casi nueve años de guerra en Siria.

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Miércoles, 26 Febrero 2020 06:00

Trump, Modi y la demagogia nacionalista

Trump, Modi y la demagogia nacionalista

La visita de Trump a India fue presentada como de negocios, para arreglar el desequilibrio en la balanza comercial, decidir sobre una posible venta de equipo militar y discutir asuntos de seguridad nacional. En realidad se trata de presentar a Trump como un estadista de talla mundial, de cara a la elección presidencial de noviembre. En estos días para Modi, con una economía que cada vez huele más a aguas estancadas, la visita es una oportunidad para desencadenar su maligna retórica nacionalista y disfrazar el fracaso de su política económica neoliberal.

La visita estaba programada desde hace tiempo y se decidió que estos días eran los convenientes, porque Trump podría opacar toda la atención que tienen los posibles candidatos a la nominación demócrata. Al público estadunidense no le interesa demasiado la política exterior. Por eso, cuando a Estados Unidos se le ocurre embarcarse en una nueva guerra imperial, los ciudadanos de ese país tienen que ir corriendo a un mapa para ver dónde rayos queda Irak o Afganistán. De cualquier modo, en este tema, en el que Trump ha sufrido el descalabro de Corea del Norte, hoy busca posicionarse como un presidente que puede velar por los intereses de sus bases y la seguridad nacional.

El déficit de Estados Unidos con India en la balanza comercial bilateral es de apenas unos 25 mil millones de dólares (nada que ver con el desequilibrio con China, que supera 419 mil millones de dólares en 2018). Sin embargo, Trump quiere hacer aparecer a India como otro ejemplo de cómo la globalización continúa manteniendo efectos negativos sobre la economía estadunidense. De este modo también pretende presionar a Modi para negociar y firmar un tratado de libre comercio que pueda presentar al electorado estadunidense como otra promesa cumplida en ese terreno. La probabilidad de llegar a un acuerdo comercial con India es muy baja.

Sin duda Trump ha sabido vincular estos viajes con el tema del déficit comercial, que tantas veces ha prometido corregir y que sí llega al público en general y a sus bases en particular. Aunque no ha sido capaz de arreglar nada sustantivo en los acuerdos que ha renegociado, de todos modos puede presentarse como estadista responsable, lo que le permitirá esquivar algunos de los ataques de sus contrincantes.

En el caso de Modi sucede algo similar. Su popularidad está amenazada por diversas razones. Primero, la economía de India se encuentra fuertemente afectada por el síndrome del estancamiento, al igual que casi todas las economías del planeta. Ya el ritmo de actividad y sus efectos sobre el desempleo han dejado una marca negativa muy profunda en las principales ramas de actividad. Su intento por desmonetizar la economía de India hace dos años fracasó y contribuyó a frenar el crecimiento.

Hoy, la aparición del nuevo coronavirus está afectando todas las cadenas globales de valor y ha golpeado directa o indirectamente a las principales economías del mundo. Su contribución al estancamiento no será despreciable.

Narendra Modi accedió al poder con una victoria electoral similar en muchos sentidos a la de Trump. Reconociendo el rencor y resentimiento de buena parte del electorado, Modi supo posicionar a su partido, Bharatiya Janata (que nunca había ganado una elección a escala nacional), como triunfador a partir de su demagogia nacionalista, basada en las premisas más básicas del hinduismo. Esa demagogia promueve la idea de que un día existirá el Rashtra hindú, Estado dominado por la cultura hindú, en el que las minorías (principalmente musulmanes, pero también budistas) estarían sometidas a severos controles y básicamente serían sometidas al estatus de ciudadanos de segunda clase.

En agosto del año pasado, Modi abolió una regla constitucional que otorgaba ciertos derechos y un grado de autonomía al estado de Cachemira. Esta medida fue vista como un primer paso para modificar la demografía del estado (de mayoría musulmana). Y a finales de ese mes Modi impuso el Registro Nacional de Ciudadanos en Assam, dejando a unos 2 millones de musulmanes sin su ciudadanía. Las protestas fueron reprimidas con lujo de violencia. La popularidad de Modi se ha resentido mucho. El resentimiento por estas medidas, percibidas (correctamente) como intento discriminatorio, se ha intensificado.

Hoy es evidente que Modi busca transformar para siempre el Estado indio. Esa república estuvo fundada a la sombra de un conflicto religioso, pero siempre con la promesa de que habría un Estado laico. El sistema de castas que Gandhi buscaba abolir ha regresado con la demagogia de Modi y su partido Bharatiya Janata. Un día le preguntaron a Modi si pensaba suprimir el sistema de castas, que tanto gusta a la derecha hindú. En India hay solamente dos castas: la que quiere salir de la pobreza y la que está ayudando para que eso suceda. El discurso vacío de la demagogia de Narendra Modi se acerca a la de Trump y otros líderes populistas.

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Elecciones en Venezuela: legislativas vs. presidenciales

El gobierno y sectores de la oposición llaman a legislativas, mientras Guaidó asegura que sólo participará de presidenciales. 

Nicolás Maduro ha mantenido una constante desde el año pasado: afirmar que habrá elecciones legislativas en el 2020, como indica el calendario electoral. Si entonces se trataba de una fecha lejana tomando en cuenta la dinámica vertiginosa de la política venezolana, ya es un escenario cercano alrededor del cual se centran los debates.

Se trata de una cuestión compleja por tres razones centrales. En primer lugar, es una elección a la Asamblea Nacional (AN), espacio sobre el cual la oposición construyó su trinchera institucional desde el 2016 y que, desde el año pasado, fue nombrado por Estados Unidos como única institución legítima, ardid a partir del cual designaron a Juan Guaidó como presidente encargado.

En segundo lugar, porque desde el mes de enero existe un nuevo presidente de la AN, Luis Parra, miembro del partido opositor Primero Justicia, que sesiona en las instalaciones del poder legislativo. Pero Guaidó y los diputados articulados alrededor de su bloque no han reconocido esa victoria y realizan sesiones en plazas públicas atribuyéndose la verdadera presidencia legislativa.

En tercer lugar, esa misma división en filas opositoras responde no solamente a disputas por negocios y corrupción como se han acusado mutuamente, sino justamente a la estrategia ante las próximas elecciones. La AN presidida por Parra, así como la oposición nucleada en la denominada Mesa Nacional de Diálogo, trabaja hacia el escenario de las legislativas, mientras que el sector de Guaidó sostiene que las próximas elecciones deben ser las presidenciales.

La oposición que participará de las legislativas era minoritaria hasta el año pasado. Pero, desde septiembre hasta la fecha ha tomado fuerza, sumado dirigentes, partidos, y el efecto se ha invertido: Guaidó, que responde al plan trazado desde Washington, luce ahora en minoría.

Existe un punto central transversal a este debate: la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE). Esta semana fue reactivada una comisión integrada por diputados del chavismo, de la AN presidida por Parra y diputados nucleados alrededor de Guaidó, para trabajar sobre la conformación del nuevo poder electoral.

Pero, mientras los diputados del chavismo y de la oposición alejada de Guaidó afirman que el nuevo CNE será para elecciones legislativas, Guaidó mantiene que, aunque sea parte de la comisión para el nuevo poder electoral, sólo participará de presidenciales.

Esa misma posición tiene su correlato internacional. El Grupo de Lima, por ejemplo, se reunió el día jueves en Canadá y expuso en la declaración final que “las parlamentarias solas son un problema y que lo necesario en este momento son unas elecciones presidenciales libres”.

Esa posición sigue la política norteamericana que sostiene que además de una elección presidencial, es necesario que sea sin Maduro en la presidencia. Es lo que, traducido en Venezuela, Guaidó afirma semanalmente desde hace más de un año: el cese de la usurpación, seguido de un gobierno de transición y elecciones libres, es decir la fórmula que sí resultó en Bolivia con el golpe de Estado.

Mientras el debate electoral avanza hacia un posible CNE y fecha de contienda, la estrategia norteamericana es agudizar el bloqueo contra la economía venezolana. El Departamento del Tesoro sancionó esta semana a la empresa petrolera rusa Rosneft Trading S.A, filial de Rosneft Oil, una acción que se suma al ataque a la empresa estatal de aviación Conviasa, anunciada pocas semanas atrás.

El objetivo de Estados Unidos es cercar la economía, impedir el funcionamiento de sus áreas vitales como la industria petrolera, la venta de oro, o el acceso a los sistemas financieros. Esa presión, junto con operaciones encubiertas y promesas de salvación a quienes traicionen, busca forzar al gobierno a ceder o lograr un quiebre interno.

El plan norteamericano no ha dado ese resultado y, en vez de contar con un respaldo mayoritario en Venezuela, ha ampliado rechazos tanto en la sociedad como en sectores de la dirigencia opositora política y económica. Quienes se oponen la política de asfixia son quienes a su vez se presentarán a las elecciones legislativas.

Quedan días, semanas y meses de negociación. El plan del chavismo y del sector con quien se dialoga es lograr traccionar a la mayor cantidad de fuerzas opositoras para darle mayor legitimidad a la contienda.

El desafío de Guaidó es el de frenar esa emigración política, para lo cual necesita poder ofrecer un plan que no sea únicamente asfixiar la economía, que brinde resultados concretos. Una vez más, quien podría tener la capacidad para hacerlo, no será él, sino el poder norteamericano, lo que dependerá de una superposición de cálculos electorales y geopolíticos. 

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