Martes, 26 Marzo 2019 06:34

El apoyo a Correa sigue vivo

Jorge Yunda, electo alcalde de Quito, fue asambleísta del partido de Correa.

Candidatos afines al correísmo obtuvieron un espaldarazo ciudadano en las municipales.

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El apoyo a Rafael Correa sigue vivo pese a que el exmandatario no reside en Ecuador. Candidatos afines a la Revolución Ciudadana obtuvieron un espaldarazo en las elecciones municipales y regionales del domingo. El escrutinio confirmó la victoria de Jorge Yunda a la alcaldía de Quito y de la correísta Paola Pabón a la prefectura de Pichincha. Por otro lado, se impuso la candidata socialcristiana Cynthia Viteri en Guayaquil, un feudo de la derecha.


La sorpresa más importante de esta votación fue el fraccionamiento del voto en la capital ecuatoriana, donde el candidato del partido Unión Ecuatoriana obtuvo el 21,35 por ciento de los votos, con el escrutinio de actas al 98,52 por ciento. Le seguía Luisa Maldonado, del movimiento de izquierda Compromiso Social, con 18,44 por ciento de los sufragios escrutados, y en tercera posición, con 17,72 por ciento, quedó el general y exalcalde de Quito Paco Moncayo, que era favorito en los comicios.


Ateniéndose al pasado de Yunda en las filas del expresidente Rafael Correa, de quien fue asambleísta, y también a la identificación política de Maldonado, las elecciones de este domingo en la capital ecuatoriana han sido interpretadas como una victoria del correísmo.


Una posibilidad que se corrobora con el triunfo también de Paola Pabón en la prefectura de Pichincha, de la que Quito es su capital. De 41 años y ex secretaría de la Gestión Política de la Presidencia de Correa, Pabón ha obtenido, con el 98,20 por ciento de actas escrutadas, el primer puesto en la provincia capitalina, con el 22,16 por ciento de los votos. Le sigue en segunda posición y el 20,75 por ciento de los votos Juan Zapata, de Alianza Izquierda Democrática. Quito era gobernada hasta ahora por el político Mauricio Rodas, de centro derecha.
Mas de trece millones de ecuatorianos acudieron a las urnas para elegir a 5.675 autoridades locales y sus suplentes entre alcaldes, prefectos, concejales urbanos y rurales, y miembros de las juntas parroquiales en el país. También se eligieron los siete vocales e igual número de suplentes del Consejo de Participación Ciudadana (Cpccs), que reemplazará al actual, de carácter transitorio, cuya conformación avaló una consulta popular realizada el 4 de febrero de 2018. El Cpccs es el organismo que elige en Ecuador a las autoridades de control de otros poderes del Estado, como el fiscal general o el contralor.


En cuanto a Guayaquil, la otra ciudad más importante del país y su principal puerto, con el 98,40 de las actas escrutadas el resultado da la victoria a la abogada socialcristiana Viteri, que obtuvo el 52,81 por ciento de los votos. Se impuso al exprefecto de la provincia de Guayas Jimmy Jairala, de Centro Democrático, que se hizo con el 31,75 de las boletas.


Por su parte, en la ciudad andina de Cuenca, la tercera del país, encabeza el escrutinio, al 99.79 por ciento del voto procesado, el candidato Pedro Palacios, de Alianza Azuay, con un 28.05 por ciento, seguido del representante del Movimiento Renace, Jefferson Pérez, 22.18 por ciento.


En un voto también muy fraccionado en esa ciudad, les sigue con 19,51 por ciento el exalcalde de la ciudad, Marcelo Cabrera, que se alió con el centroderechista Creo.

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Jorge Rodríguez muestra una foto de Marrero durante la conferencia de prensa en la que denunció un complot contra Maduro.

Detallan la conformación de los actores políticos y operativos, territorios, financiamientos y objetivos político-militares de los ataques planeados para derrocar al gobierno.


El gobierno de Venezuela anunció la detención y desmantelamiento parcial de un entramado paramilitar en el país organizado a nivel local por Juan Guaidó y el partido al que pertenece, Voluntad Popular. La declaración fue brindada por el ministro de comunicación, Jorge Rodríguez, quien detalló la conformación de los actores políticos y operativos, territorios, financiamientos, y objetivos político-militares de los ataques planeados.

La acción se llevó adelante luego de que una información de inteligencia del gobierno descubriera que se llevaba adelante la contratación sicarios relacionados con crímenes, narcotráficos y maras, en tres países de Centroamérica: El Salvador, Guatemala y Honduras, con epicentro en el primero, dijo el vocero del gobierno chavista. El esquema planteaba conformar de ocho a diez equipos integrados por entre seis y ocho personas, detalló.


Según Rodríguez, el plan era hacer ingresar a los paramilitares a Venezuela a través de Colombia, con centro de operaciones en la ciudad fronteriza con Venezuela de Cúcuta, la misma zona donde fueron entrenados quienes realizaron el atentado contra Nicolás Maduro en el 2018, y donde fue montada la acción de intento de ingreso por la fuerza a Venezuela de camiones con ayuda humanitaria pasado 23 de febrero. El Norte de Santander, región donde se encuentra Cúcuta, es un territorio con una presencia extendida del paramilitarismo, con desarrollo de los grupos Los Rastrojos y El Clan del Golfo, y de carteles de drogas mexicanos.


“Al menos de la mitad de estos paramilitares (…) lograron entrar a Venezuela, estamos buscándolos por tierra, por mar, por aire, donde quiera que se encuentren vamos a capturarlos, porque ya tenemos identificados a algunos”, afirmó Rodríguez. Luego de la rueda de prensa se anunció que había sido apresado un jefe paramilitar colombiano traído para las operaciones, Wilfrido Torres Gómez, solicitado con código azul por la Interpol por homicidio y sicariato.


Las células terroristas, informó Rodríguez, planeaban asesinatos de líderes sociales y políticos, sabotajes de metro y teleféricos con voladuras de vagones y operaciones de falsos positivos, o sea, vestir a los paramilitares con uniformes proporcionados por los desertores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) para generar una situación de enfrentamiento entre militares venezolanos. La escalada de acciones terroristas debía conducir hacia un intento de huelga general, y un asalto al Palacio de Miraflores, dijo el ministro.
La investigación llegó a descubrir la dirección política tras la operación que, en territorio venezolano, se concentró en manos de la dirección del partido Voluntad Popular (VP), con el involucramiento directo en la planificación y desarrollo de Juan Guaidó, Leopoldo López, Freddy Guevara y Roberto Marrero, entre otros, dijo Rodríguez. Este último, quien era el nexo entre los paramilitares y Guaidó, había sido arrestado el pasado jueves en su casa, donde encontraron dos fusiles, una granada y municiones, según había informado el ministro de Interior, Justicia y Paz. Gran parte de las pruebas fueron encontradas en su teléfono, varias de la cuales fueron mostradas por Rodríguez, con autorización del Ministerio Público.
Por ejemplo: “Vamos a pasar de una estrategia de asedio, tesis de Estados Unidos (EE.UU.) que busca que la asfixia financiera y el aislamiento los quiebre, a una estrategia de asalto, calle total, articulado con agricultura”, fue la forma en la cual Freddy Guevara describió el plan que estaba en marcha, en una de las conversaciones que mostró Rodríguez.


El financiamiento para contratar, trasladar y armar a las células estaba planteado a través de cuentas personales, así como de organizaciones no gubernamentales, algunas de las cuales fueron creadas en las últimas semanas. Parte de las fuentes de dinero provenían del dinero obtenido con las sanciones económicas dirigidas por EE.UU. que, entre otras medidas, incautaron fondos del Estado venezolano. Esos ataques económicos han recrudecido en días pasados, con golpes sobre la empresa de oro Minerven y tres bancos del estado incluyendo el Bandes, afectando a 24 millones de clientes, según informó el gobierno.


“Eso es como cuando Darth Vader toma por el cuello a alguien en la Guerra de las Galaxias. Eso es lo que estamos haciendo económicamente con el régimen de Maduro”, dijo John Bolton, consejero de seguridad norteamericano.


La operación descubierta y parcialmente neutralizada, así como la transparencia en la agresión económica, parecen evidenciar la articulación y combinación de variables de asalto contra el gobierno del presidente electo Nicolás Maduro, así como la cadena de mandos que comienza en EE.UU. La impunidad con la cual el ataque financiero es llevado adelante es casi total: solo ha sido condenado en algunas instancias internacionales, como en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que aprobó el pasado jueves una resolución acerca de la “repercusión negativa de las medidas coercitivas y unilaterales”.


Si las amenazas de Bolton se cumplen, los ataques económicos recrudecerán. Es lo más efectivo que han logrado implementar. Lo demás no ha dado los resultados esperados: la Fanb no se ha quebrado, el apoyo de Guaidó en las calles tiende a disminuir, y las operaciones subterráneas han sido desmanteladas, una en febrero, y otra esta semana. En ese marco el tiempo juega en contra de la estrategia de Guaidó, debido a la perdida de expectativas, la evidenciación para su base de apoyo que no resultará tan sencillo tomar el poder, por más que Guaidó volvió a anunciar ayer “iremos al Palacio de Miraflores”, sin poner fecha, durante una concentración en el oriente del país. A esa misma hora el chavismo estaba nuevamente en las calles de Caracas en una movilización que finalizó con un acto en las inmediaciones de la sede del gobierno venezolano.

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Domingo, 24 Marzo 2019 05:34

La represión ya está en marcha

La represión ya está en marcha

Para contener a los 3.000 manifestantes de París, hubo muchos policías y símbolos como el recurso al Ejército francés.


El nombre del partido presidencial La República en Marcha se volvió ayer “La Represión en Marcha”. Los chalecos amarillos que, en toda Francia, participaron en la décima novena jornada de manifestaciones pusieron al frente de sus marchas ese cartel en signo de repudio al denso operativo policial con el que, esta vez, el Ejecutivo decidió impedir que se repitieran los saqueos de la semana pesada. Para contener a los 3.000 manifestantes de París hubo no sólo muchos policías sino, además, muchos símbolos. El más pesado es el recurso al Ejército francés. Los incendios y las depredaciones del sábado 16 de marzo en la Avenida de los Campos Elíseos, la convergencia entre los chalecos amarillos más radicales y los Black Blocs y la destrucción de las insignias bandera de las marcas del lujo mundial (el restaurant Le Fouquet’s, de Hugo Boss, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp, Zara) desencadenaron una purga inédita entre los altos mandos policiales, la prohibición de manifestar en ciertos barrios de París y otras ciudades así como la implementación de un red represiva sin precedentes. A medio día, más de 5.000 “controles preventivos” habían sido realizados por las fuerzas del orden. Capitales provinciales como Niza, Toulouse o Burdeos prohibieron a los chalecos toda manifestación en los centros donde se encuentran las boutiques de lujo. En París, los Campos Elíseos, los alrededores del Palacio presidencial y de la Asamblea Nacional fueron vedados a los manifestantes por los 6.000 miembros de las fuerzas de seguridad desplegados en París.


La imagen más impactante es, sin embargo, la presencia del Ejército francés cuya primera misión, el operativo Centinela diseñado en 2015 para proteger de los ataques terroristas los lugares públicos, fue ampliada ahora a la represión. El muy cuestionado Ministro de Interior, Christophe Castaner, dictó la consigna “impunidad cero”. La democracia macronista ha sido incapaz de resolver la crisis de los chalecos amarillos y terminó desplazando al Ejército para resguardar los símbolos de la ostentación y la riqueza. La imagen del gobierno se ha ido degradando a la par de la de los chalecos amarillos. El movimiento paga el tributo de las escenas de violencia y destrucción que las manifestaciones dejan a su paso. En los últimos días, una encuesta de opinión realizada por Odoxa demuestra la erosión de los chalecos: el 58% de los encuestados considera que la violencia le ha restado mucho crédito a los chalecos amarillos mientras que un 55% anhela que se terminen las manifestaciones. Las cifras son igualmente adversas para el gobierno. 76% cree que el Ministro de Interior no podrá mantener el orden público, 70% siente que Emmanuel Macron es igualmente incapaz y 67% piensa lo mismo del Primer Ministro Édouard Philippe. Cuatro meses de crisis debilitaron a todos los actores. El movimiento comenzó el 17 de noviembre con dos identidades permanentes: una, a lo largo de la semana, con la ocupación de las rotondas: la otra, el sábado, con las manifestaciones en las ciudades. Los intentos oficiales de desactivar la tensión no se completaron. Incluso si los chalecos se dividieron y fueron perdiendo impacto y respaldo (en un momento 76% de la población los apoyaba), la onda amarilla prosiguió su ruta. El telón que tapaba la Francia desértica se desplomó. El decorado de la felicidad liberal quedó al desnudo y, desde entonces, los chalecos han ido sembrando su propia agenda ante la impotencia política del gobierno y el presidente.


“Emmanuel Macron, el vértigo autoritario”, escribe el portal de información Mediapart. Unos 350 universitarios firmaron este fin de semana un texto contra “el grave peligro que corre la población con la política del gobierno”. La derecha, en cambio, se posiciona en contra de los chalecos amarillos. Uno de sus portavoces más camaleónicos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, acusa a los chalecos de encarnar un “nihilismo mortífero”. Ese “vértigo” se explica por la obsesión de evitar que los sectores más duros del movimiento hagan causa común con los Black Blocs, tal y como ocurrió a mediados de marzo. Con el paso de las semanas, los grupos políticos radicales se mezclaron con los chalecos amarillos. El último que subió al escenario fue Black Bloc. Estos radicales vestidos de negro y pasamontañas están constituidos por una mezcla de antifascistas, anarquistas y los llamados autónomos. En un bar de París, uno de los Black Bloc explica a PáginaI12 que la situación insurreccional creada por los chalecos amarillos resultó un terreno de acción propicio y, sin que haya habido ninguna coordinación previa, “se plasmó en la calle de forma irremediable porque nadie acepta que la respuesta a una demanda social sea la represión salvaje”. Julien es un Black Bloc miembro del llamado “Comité invisible” que en 2007 publicó un famoso ensayo, “La Insurrección que viene” (La Fabrique Edition). Este libro, en sus primeras línea, constata que “cualquiera sea el ángulo desde el que se lo mire, la situación presente no tiene salida”. Por ello postula que la “insurrección no es sólo necesaria, sino también ineluctable”. A su manera, para ellos, los chalecos amarillos han sido el tambor que activó el nacimiento de esa insurrección.


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Concluyó la investigación sobre la trama rusa en EU

Nueva York. El fiscal especial Robert S. Mueller entregó el informe final de su investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones presidenciales incluyendo la posible colusión de la campaña de Donald Trump con el Kremlin y la subsecuente obstrucción de justicia del presidente. El documento marca el fin del proceso que ha mantenido bajo sitio a la Casa Blanca durante casi dos años, pero que sólo es una de múltiples investigaciones contra uno de los regímenes más sospechados de corrupción y actividades ilegales desde los tiempos del Watergate.

El informe fue entregado al procurador general William Barr, quien de inmediato informó a líderes de los dos comités judiciales del Congreso que espera poder compartir con ellos tan pronto como este fin de semana "las principales conclusiones" alcanzadas por Mueller.

Por ahora, el procedimiento es que Barr redactará su propio resumen sobre las conclusiones de Mueller y tiene la autoridad para determinar qué tanto del informe será divulgado al público, aunque había señalado que su intención es ofrecer lo máximo posible. Ayer destacó: "Permanezco comprometido con toda la transparencia que sea posible".

Sin embargo, líderes legislativos y candidatos presidenciales demócratas exigieron de inmediato que casi todo el reporte sea hecho público. Aunque Trump había declarado que favorecía eso, en privado se sabe que su equipo legal está contemplando evitar la divulgación de cierta información, y por tanto esta pugna podría acabar en tribunales.

La vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, comentó por tuit: "Vemos con anticipación que el proceso tome su curso", señalando que ellos no recibieron copia y que los próximos pasos le corresponden al procurador general.

No se sabe si el informe resuelve la disputa sobre si el equipo de Trump estuvo coludido con los rusos, ni de su responsabilidad en actos de obstrucción de la justicia, incluyendo el despido del ex jefe del FBI James Comey en 2017, quien entonces encabezaba la investigación sobre la mano rusa en las elecciones estadunidenses y cuya expulsión abrupta ordenada por Trump llevó al nombramiento de Mueller en mayo de ese año.

La entrega del informe marca el fin de la investigación, sin el anuncio de más acusaciones formales además de las anunciadas previamente y según algunas indicaciones preliminares esta noche, es posible que el fiscal especial ya no presente más cargos.

De hecho, no queda claro de qué tanto margen gozan Mueller y otros funcionarios del Departamento de Justicia para proceder penalmente contra Trump ya que según las normas prevalecientes, no pueden presentar acusaciones formales contra un presidente en funciones.

Sin embargo, eso no implica que las conclusiones y evidencias, si es que revelan delitos, no podrían ser empleadas por el Congreso para formular sus propios cargos en un potencial proceso de impeachment.

Durante el curso de su investigación, de unos 21 meses, Mueller presentó cargos y procedió penalmente contra 34 individuos y empresas, entre ellos seis socios y asesores claves de Trump: su ex jefe de campaña, Paul Manafort; el subjefe de esa campaña, Rick Gates; su ex asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, y su abogado personal, Michael Cohen. Robert Stone, otro íntimo de Trump, está en espera de juicio por todo tipo de acusaciones.

Desde el inicio de la investigación, Trump no ha cesado de descalificar el proceso, emitiendo un promedio de dos ataques diarios, en los que insiste en que era parte de un complot en su contra. Una y otra vez rechazó los cargos, atacó a Mueller y a su equipo de ser títeres de los demócratas (Mueller es republicano) y hay versiones de que deseaba despedirlo y que sólo desistió después de que sus asesores le advirtieron de la crisis que eso detonaría. El magnate repitió hasta el cansancio que la investigación era una "cacería de brujas".

Aunque la pesquisa encabezada por Mueller era la de más alto perfil y el enfoque de todo Washington, su conclusión no implica el fin de las múltiples investigaciones y procesos legales relacionadas con Trump.

Proceden investigaciones federales y estatales en Nueva York, Virginia y la capital donde, entre otros asuntos, se están indagando posibles violaciones de financiamiento de campaña que incluyen los pagos por silencio de dos mujeres, quienes dicen haber tenido aventuras sexuales con el magnate, como por posibles contribuciones extranjeras ilegales a su comité de asunción, y tambien sobre operaciones financieras de su empresa, entre otras.

Además, se acaba de estrenar una serie de investigaciones legislativas de varios comités de la cámara baja, ahora controlada por los demócratas. Muchas de éstas se podrían ver nutridas por elementos de la pesquisa de Mueller. Más aún, algunos de los casos que resultaron de esta investigación siguen activos bajo la dirección de fiscales federales o ante tribunales.

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Poeta, lingüista y política, Espinosa ha sido canciller y ministra de Defensa en Ecuador

Para la Organización de Naciones Unidas (ONU), no hay otra salida para la crisis actual en Venezuela que la vía de la negociación, el diálogo y la paz. La afirmación pertenece la presidenta de la Asamblea General de la ONU, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa. “La situación de carencias en Venezuela es grave y quien está sufriendo es el pueblo venezolano, pero a la vez la única manera de resolver esto es a través del diálogo, del acuerdo, de una negociación política seria entre las partes”, sostiene en esta entrevista con PáginaI12 en la que defiende el multilateralismo y critica el nacionalismo extremo. La diplomática visita Buenos Aires para asistir a la Conferencia para la Cooperación Sur-Sur, que cerrará hoy, una reunión de los jefes de estado de Uruguay, Chile, Paraguay y Argentina con cancilleres, ministros y altos funcionarios de países en desarrollo, incluyendo el vicepremier chino, además de autoridades de organismos multilaterales como el secretario general de la ONU. 

Poeta, lingüista y política, Espinosa ha conquistado puestos de trabajo tradicionalmente ocupados por hombres. Es la cuarta mujer (y la primera latinoamericana) que preside la Asamblea General de la ONU en sus 73 años de existencia. Antes, fue canciller y ministra de Defensa de Ecuador.


“La situación en Venezuela está drenando la energía de nuestra propia región”, afirma la Presidenta y se preocupa porque lo que dice puede no ser políticamente correcto. “La energía que podría ser utilizada para más cooperación y para más encuentros de temas de preocupación común, pero el foco está puesto en Venezuela, que es el único tema de agenda. Y eso es penoso”, explica. La salida de la crisis debe ser negociada, afirma y reafirma Espinosa, en la misma línea en que se ha pronunciado también el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. “Hay que montar un proceso que permita un acercamiento, un diálogo y una negociación real, que incluya a los muchos actores que existen en la oposición”, dice la diplomática.


Mientras tanto, el organismo que representa concentra su accionar en la asistencia humanitaria: “Debemos generar el tejido necesario para la atención humanitaria en Venezuela, responder a las necesidades materiales de su gente”. No obstante, tampoco pierde de vista el papel que juegan las sanciones impuestas por Estados Unidos al gobierno de Nicolás Maduro. “Hay una afectación real a las sanciones que se han tomado que finalmente terminan perjudicando al pueblo de Venezuela”, afirma.


Sin embargo, Venezuela no es el único país con problemas para alimentar a su población. Según Espinosa, la falsa promesa de la globalización ha causado estragos.


“Producimos más alimentos, pero el nivel de hambre crece. Las desigualdades se han profundizado”, señala. Según el último informe de la La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en el 2017, 821 millones de personas pasaron hambre. Una de cada nueve personas en el mundo. “Entonces, el tema de distribución es clave y reducir las brechas de desigualdad es uno de los retos más grandes que tenemos los países de renta media, entre ellos, toda América Latina”, sentencia.


La lista de los problemas del mundo sigue y la funcionaria de la ONU los enumera: el fenómeno migratorio internacional, el crecimiento del número de personas desplazadas por conflictos violentos, el aluvión de refugiados, el crecimiento del extremismo violento, el terrorismo, las drogas y el narcotráfico, el cambio climático.


Para solucionarlos, Espinosa dice que tiene que lograr acuerdos entre los 193 países miembro de la ONU, o al menos entre la mayoría de ellos. Cuenta que estos acuerdos son cada vez más complicados. Ya casi no se aprueban resoluciones por consenso, sino que cada vez hay más polarización entre las distintas posturas. También, dice, hay países que no están contribuyendo a fortalecer el sistema multilateral. “La cruzada que como Presidenta de la Asamblea de las Naciones Unidas estoy haciendo es reposicionar el multilateralismo como una respuesta necesaria e irremplazable a los problemas globales. Porque estamos viendo el resurgimiento de posiciones nacionalistas extremas y al unilateralismo como respuesta. Y estamos viendo que esas voces van ganando espacios, legitimidad y votos. Eso sí es preocupante” reflexiona.


Espinosa, asimismo, es plenamente consciente de las falencias que la clase política en su conjunto, incluyendo a la ONU, tienen al hacer frente a los problemas globales. “Nuestra capacidad de respuesta tanto en el escenario multilateral, como en el de las políticas nacionales ha sido insuficiente. Entonces existe una gran frustración y una gran puesta en duda de la capacidad de las instituciones de poder responder a lo que está pasando”, asume. No obstante, durante su tiempo al frente de la Asamblea, se propone impulsar cambios en esa línea. “En mi presidencia el lema para este año es ‘Hacer que las Naciones Unidas sean relevante para las personas’, conectar nuestro trabajo al nivel más cercano de la gente”, indica. Sola no va a poder. Necesita, dice, el apoyo de los países. “También hay un nivel político que tiene que ser responsable de cumplir lo que acordamos, por eso estamos en esta cruzada de cumplir con lo que está escrito en el papel”.

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Bolsonaro en EEUU: el placer de la sumisión

Mientras la Bolsa de Valores de Sao Paulo bate todos sus récords históricos, superando los 100.000 puntos, el presidente Jair Bolsonaro aceleró el paso de la subordinación de Brasil a la Casa Blanca, y al Pentágono en particular, al liberar la base de cohetes de Alcántara para ser utilizada por EEUU, además de otros países.

 

La visita de Bolsonaro y algunos de sus ministros a Washington tuvo perfiles casi grotescos. El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, dijo a los empresarios estadounidenses:
"Tenemos un presidente con cojones para controlar el gasto público". Siguió de largo:"Tenemos un presidente que adora la Coca-Cola y Disneylandia", para finalizar la tirada comparando el gasto público con el 'estatismo soviético'.


Días antes de la visita de Bolsonaro a EEUU, el presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco, se despachó con una frase que muestra lo que están pensando en el Gobierno: "Como liberales, somos contrarios a las empresas estatales. Petrobras privatizada y el BNDES extinto, serían mi sueño".


La comitiva presidencial se deshizo en elogios y expresiones de 'amor' a EEUU, con este tipo de declaraciones que nunca conforman al oyente, precisamente porque muestran la baja estatura del interlocutor. Mantuvo una reunión con Steve Bannon y una polémica e innecesaria visita a la sede de la CIA en Virginia, la primera que realiza un presidente brasileño.
El hijo del mandatario, el diputado Eduardo Bolsonaro, dijo a los medios que la CIA es "una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo" y que la visita pretendía "abordar asuntos de la región". En sus encuentros afirmó que EEUU tiene la capacidad militar y económica para "liberar Venezuela", contradiciendo la posición expresa de las Fuerzas Armadas de Brasil.


Más allá de los dislates dialécticos, el presidente firmó un acuerdo largamente acariciado por el Pentágono, como es la autorización para usar la base de cohetes de Alcántara "con fines pacíficos", con lo cual EEUU obtiene ventajas, al estar situada muy cerca de la línea ecuatorial, lo que permite abaratar costos de lanzamiento.


En la reunión con Trump, Bolsonaro se negó a descartar la opción de una invasión armada a Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, en evidente contraste con la posición adoptada por el vicepresidente, general Hamilton Mourao, que descartó esa posibilidad en la reunión del Grupo de Lima en Bogotá a fines de febrero.


Brasil está a la deriva. La estrecha alianza con EEUU es apenas una muestra del desconcierto que ya empieza a calar entre los propios militares. Las declaraciones de los altos cargos resultan aún más desconcertantes. No solo proponen privatizar Petrobras y el banco de desarrollo (BNDES), sino también el Banco do Brasil. Se asegura que Vale —la segunda minera del mundo— en realidad no es privada porque está bajo control de los fondos de pensiones de empresas estatales, y pretenden 'reprivatizarla'. Llegan incluso a barajar la idea de reducir hasta el 50% el funcionariado estatal, apostando a la digitalización para no sustituir a quienes se jubilan


El diplomático Paulo Roberto de Almeida, dimitido del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales, asegura que el canciller Ernesto Araújo está tutelado, y probablemente lo esté todo el Gobierno, por parte de los militares.


"Se estableció una especie cordón sanitario en torno al canciller y a la propia Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil), porque el canciller subvirtió la jerarquía de mando del ministerio, algo que los militares consideran inaceptable". Concluye afirmando que "para los militares es inaceptable la subordinación a EEUU".


Entiendo que Brasil está en una encrucijada. Los militares tienen los principales resortes del Gobierno en sus manos, pero carecen de una orientación definida sobre el papel que el país debe jugar en el mundo y en la región, y un mínimo proyecto de nación que involucre a toda la población, no solo a las clases altas.


El politólogo José Luis Fiori detalla los principales desafíos que enfrenta Brasil en esta era de profundos cambios geopolíticos: la plena integración y ocupación de la Amazonia; la defensa de los yacimientos marítimos de petróleo en el Atlántico Sur; la expansión económica hacia el Pacifico, ya que China es su principal socio comercial; construir alianzas en su 'entorno estratégico', o sea Suramérica y la costa occidental de África; y finalmente, la proyección internacional del país.


Sin embargo, Brasil va en la dirección opuesta. En lo interno, 53 millones dependen aún del plan Bolsa Familia que traspasa alimentos y subsidios a los más pobres y el 50% de la fuerza de trabajo recibe menos de un salario mínimo. Está entre los diez países más desiguales del mundo y en proceso de desmontar servicios educativos y de salud, entre otros.


La vulnerabilidad interna que provocan las disparidades sociales, regionales y raciales, puede estallar en cualquier momento haciendo trizas la respetabilidad de los uniformados. Aún quienes no comulgamos con la dictadura militar brasileña (1964-1985) ni con el anticomunismo que inspiró su gestión, debemos reconocer que en esas dos décadas Brasil se industrializó, se realizaron obras de infraestructura vitales, millones de pobres dejaron las áreas rurales para integrarse como empleados en las grandes ciudades.


Aquellos militares tenían un proyecto de nación, crearon y defendieron las empresas estatales en las áreas consideradas estratégicas. ¿Hacia dónde va un país que pretende privatizar sus empresas decisivas, poniendo en jaque la soberanía nacional? ¿Estarán los militares dispuestos a aceptar la privatización de Petrobras, o de sus áreas más importantes, perdiendo una herramienta clave para orientar la economía y el país?


En esta era de turbulencias globales, cuando la superpotencia pierde su hegemonía y el centro del mundo se traslada de Occidente hacia el continente asiático, amerita debates serios y profundos sobre el papel que debe jugar cada nación y cada región. No es con bravatas machistas contra el 'marxismo cultural' como podrá ponerse de pie Brasil. Cuando soplan vientos de conflictos mundiales, no hay otro camino que aferrar con fuerza el timón y mantener el norte para llegar a buen puerto.

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Miércoles, 20 Marzo 2019 05:42

El poder y la muerte

El poder y la muerte

Abdelaziz Bouteflika, el actual presidente de Argelia, viene de un pasado de lucha que ahora parece tan remoto, sobre todo a los jóvenes. Se alistó a los 17 años de edad en la guerra de liberación contra la égida colonial francesa, y tras la independencia conquistada en 1962 entró y salió de la cúpula del poder a lo largo de las décadas. Por fin llegó a la cúspide absoluta en 1999 al ganar las elecciones, para sumar ahora cuatro periodos.

Un total de 20 años en el poder, siempre triunfador por abrumadora mayoría de votos, tan abultada que desde lejos huele a fraude y engaño, en un país que lejos de los tiempos heroicos de la independencia, sufre la carcoma de la corrupción.

Ha envejecido, pero parece que no lo sabe, o no quiere darse cuenta. Ya tiene 82 años, más que suficiente para sentarse a contemplar el pasado de la propia vida. Pero desde su lecho de enfermo en un hospital de Ginebra, ya a las puertas del fin de su cuarto periodo, anunció que se presentaría por quinta vez como candidato.

El asunto es que los jóvenes que llenan las calles en tumultuosas manifestaciones en su contra, como no se veía desde la primavera árabe de 2010, no quieren saber nada de él. Entonces, mandó decir que ya no se presenta, y que llamará a elecciones, pero sin poner plazo. Es decir, siempre se queda.

Bouteflika sufre de una ancianidad penosa. Tras un derrame cerebral severo, ha quedado sin la posibilidad de darse a entender de voz, y lo que quiere decir debe ser explicado por los médicos que lo custodian; cuando traga la comida el bocado suele desviarse a las vías respiratorias, lo que le causa infecciones severas en los pulmones; sus funciones neurológicas están deterioradas, y debe ser movilizado en silla de ruedas.

Pero se cree insustituible. Sufre el síndrome del poder para siempre, tan conocido entre nosotros, obcecado en su ambición aunque sea al borde de la tumba, o convertido en su propio fantasma mudo.

Y por mucho que no pueda articular palabra, y se escape de ahogar cada vez que da un bocado, aunque tenga que ser asistido para realizar sus funciones fisiológicas, y que su dormitorio haya sido convertido en un cuarto de hospital, no cede, no se rinde. Prisionero de la enfermedad no la toma en cuenta, y si lo hace sopesa entre la enfermedad, que se queda en ilusión, y el poder, que se torna la realidad. El peor de los delirios.

En su balance, cada vez que abre los ojos rodeado de aparatos, tubos y batas blancas, se impone su amor malsano al poder aunque de verdad ya no lo ejerza, y otros se lo repartan para mandar en su nombre. No se reconoce como paciente geriátrico. El dolor, la incapacidad física, son prescindibles; lo que importa es no salirse de ese cono de luz que nunca va a apagarse aunque en el escenario lo que los reflectores alumbren sea su lecho. Una puesta en escena en la que atrás suena una fanfarria militar.

Y seguramente alguien le sopla al oído: usted es imprescindible, Excelencia, volverá a recuperarse, saldrá de nuevo al balcón para escuchar ese rumor inmenso de las multitudes, ese bramido que es como el del mar. Ese es su verdadero alimento, el único que no se va a las vías respiratorias. Y todo debe ocurrir como en sueños donde no se cuelan los gritos de verdad, los que exigen su marcha.

Pero Bouteflika y sus pares, porque los ejemplos sobran, tampoco conciben la muerte como algo que pueda afectarlos a ellos, en lo personal. La muerte es algo que ocurre a los demás. Un mal ajeno. Algo que le pasa sólo a los enemigos.

Es lo que consigna Oriana Fallaci en su célebre entrevista de 1972 al emperador Hailé Selassié, quien entonces ya tenía 80 años. Ella hizo una pregunta final que lo desconcertó: "¿cómo mira a la muerte?" Él se mostró extrañado: "¿A qué? ¿A qué?", preguntó a su vez. "A la muerte, majestad", insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano, que ahora sí parecía haber comprendido: "¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Qué quiere de mí? ¡Fuera, basta!"

Allí, entre las paredes inexpugnables de su palacio de Adís Abeba, la periodista era para él la embajadora de la muerte, o la muerte misma que le recordaba lo indeseado, o lo que no existía del todo, o no debería insistir. Moriría tres años después, pero por supuesto no lo sabía, ni querría saberlo.

El poder para siempre, regalo de los dioses, o de la represión sangrienta y los votos falsificados, es consustancial con la idea de inmortalidad. Y se convierte en una piel que jamás se arruga, recubre el cuerpo del que lo detenta renovándose una y otra vez, como las mudas de las serpientes.

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El gobierno de Macron, en la encerrona amarilla

Los meses pasan y el presidente francés Emmanuel Macron no termina de salir de la pesadilla política e institucional que surgió en noviembre de 2018 cuando estallaron las primeras manifestaciones de los chalecos amarillos. Sábado tras sábado, con mayor o menor éxito, la ola amarilla no se disuelve. El Ejecutivo empezó a respirar con alivio durante las últimas semanas cuando se notó claramente que la movilización amarilla perdía su fuerza. Pero este fin de semana la convergencia en la Avenida de los Campos Elíseos entre los chalecos amarillos y los llamados “black bloc” derivó en un nuevo episodio de escenas de violencia y destrozos espectaculares cuyos objetivos fueron los símbolos de la riqueza ostentativa: los grupos de violentos aprovecharon la manifestación de los chalecos para saquear y destruir uno de los emblemas mundiales de la opulencia y el signo distintivo de los Campos Elíseos, el restaurant Le Fouquet’s. También arremetieron contra el local central de Hugo Boss, un banco, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp o Zara. La gran Avenida donde se concentran los comercios más caros del planeta atraviesa uno de los barrios más acomodados de la capital francesa. Desde el principio de las manifestaciones, los chalecos amarillos hicieron de esa exquisita zona urbana su plato de resistencia. El 24 de noviembre y el primero de diciembre de 2018 hasta el Arco de Triunfo y su Tumba del Soldado desconocido fueron saqueados. El impacto de las últimas imágenes ha sido enorme y el gobierno tuvo que salir a apagar el incendio político que se le venía encima por su incapacidad de mantener el orden público. El Primer Ministro francés, Édouard Philippe, anunció que, en adelante, las manifestaciones en el barrio y en la misma Avenida de los Campos Elíseos estaban prohibidas. Luego del anuncio cayó la primera cabeza: Philippe adelantó la destitución del Prefecto de París, Michel Delpuech. 

El Jefe del gobierno le reprochó a los responsables policiales que la “estrategia” que se había elaborado en la contención de los manifestantes esta vez no se aplicó “en condiciones satisfactorias”. El problema radica en que esas “condiciones satisfactorias” implican el uso reiterado de un arma represiva, el BLD, la cual, en estos cuatro meses de protestas, dejó decenas de personas mutiladas con ojos, pies y manos arrancadas por los proyectiles BLD. El poder traslada así su gestión aproximativa de esta crisis hacia la actuación de la policía. No queda alternativa: si reprime demasiado son unos salvajes, y si no lo hace no cumple con su deber. El uso desmedido de la fuerza por parte de las unidades policiales motivó incluso una advertencia de las Naciones Unidas. El pasado seis de marzo, La Comisaria de la ONU encargada de los Derechos Humanos, la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, interpeló a las autoridades francesas para que se llevara a cabo una “investigación profunda sobre el uso excesivo de la fuerza”.


Toda la construcción política diseñada por la presidencia para salir de la crisis amarilla se vino abajo. El poder inventó un “debate nacional” entre los franceses durante el cual se debía discutir sobre los grandes problemas del país, entre ellos los planteados por los chalecos amarillos. Macron participó en persona y hasta la indigestión en esos debates transmitidos por la televisión. La receta pareció dar sus resultados. El “Presidente de los ricos” descendió a las arenas del pueblo al tiempo que, entre divisiones internas, cierto cansancio, infiltraciones radicales y violencia, los chalecos amarillos perdían su movimiento ascendente. Emmanuel Macron reencarnó en Francia el perfil de nuestro Domingo Faustino Sarmiento: “la espada, la pluma y la palabra”. Con la espada reprimió, con la pluma se dirigió a Francia para convocarla al debate y con la palabra instauró un diálogo con la sociedad. La invariable lógica que se instituyó en esta confrontación no varió y el gobierno vuelve a estar en la encerrona amarilla. Las manifestaciones nunca fueron extraordinariamente masivas pero si muy extendidas y violentas. El último fin de semana de vandalismos en los Campos Elíseos los Black Bloc se infiltraron entre los chalecos amarillos y repitieron las escenas que habían protagonizado el primer de mayo de 2018 en el distrito 5 de París cuando destruyeron un McDonald’s. Los Black Bloc están compuestos por activistas de la ultraizquierda y otras corrientes oriundas de horizontes políticos diversos. Aunque la gran mayoría de los chalecos amarillos no son ultra violentos, estos episodios tienen una doble consecuencia: al mismo tiempo que apuntan a la inoperancia del gobierno también empañan la imagen de los chalecos y los arrincona en el espacio público.


El poder no encuentra la salida, tanto más cuanto que, en lo esencial, no ha expuesto sus respuestas a la triple crisis que lo acecha: política, social e institucional. Ese es el diagnóstico que hacen todos los comentaristas, desde la derecha hasta la izquierda. En su último editorial, el vespertino liberal Le Monde escribió: “es la eficacia del Estado y de su jefe así como la de los poderes públicos la que está en tela de juicio”. Le Monde sugiere que, a partir de los chalecos amarillos, es “el mandato de Macron lo que está en suspenso”. Esa es la sensación que subsiste: la de una leve pero persistente sombra amarilla que perturba el sueño del gobernante, lo mantiene en “suspenso” sin que este acierte con la ventana que lo extraiga de la pesadilla.


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Manuel Canelas, ministro de Comunicación de Bolivia: “Las demandas en 2019 no pueden ser las mismas que en 2005”

Bolivia se ha convertido en uno de los pocos países enmarcados en lo que se llamó el socialismo del siglo XXI que ha resistido los golpes de la derecha. El nuevo ministro de Comunicación de Bolivia, Manuel Canelas, relata a El Salto, la necesidad de actualizar el discurso del proceso de cambio liderado desde 2006 por Evo Morales.

Manuel Canelas (Caracas, 1981) es el nuevo ministro de Comunicación de Bolivia. En ese país creció al término del exilio de sus padres en Venezuela y allí fue elegido diputado de la Asamblea Legislativa Plurinacional en 2014. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, saltó al ejecutivo como viceministro de Planificación en febrero de 2018. Menos de un año después, Canelas se ha convertido en uno de los principales portavoces del Gobierno y una de las figuras ascendentes del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales. Bolivia decidirá en octubre de este año si vota por el cuarto mandato consecutivo de su presidente, tras una polémica habilitación de su candidatura por el Tribunal Constitucional después de perder un referéndum en 2016.


¿Qué se juega Bolivia en este año de elecciones?

Nos jugamos la continuidad del proceso de transformación de la última década que ha experimentado el país con unos resultados muy positivos. No es muy temerario decir que esta es la mejor década del país en muchas, muchas décadas. Es fácil de comprobar viendo cualquier estudio de la Cepal o el Banco Mundial. Salvo entre las posiciones opositoras más radicales, hay un balance positivo de la década en términos de reducción de la pobreza, la desigualdad, inclusión social.


Vas a encontrar prácticamente a cualquier candidato de la oposición diciendo que lo que más valora de Morales es la inclusión social. Lo dicen como una frase pequeña, pero tiene un impacto enorme cuando hablas de que se ha incluido política, social y económicamente a la mitad de la población autopercibida como indígena, que estaba excluida. Habrá que ver cómo nos va en las elecciones: nosotros somos relativamente optimistas. Consideramos que, y esto no es un dato bueno, de momento no hay ningún proyecto alternativo que muestre una capacidad de conducción del país, de continuidad, de mejora de las reformas hechos estos años.


A principios de 2019 Bolivia aparece casi como la única superviviente en Sudamérica de los gobiernos progresistas de principios de siglo. ¿Por qué Sudamérica está girando a la derecha?

Creo que habría que hacer un análisis caso por caso, tengo mis dudas de si hay suficientes elementos para decir que hay un giro a la derecha en la región. Creo que hay más elementos para pensar que los proyectos progresistas en algunos lugares clave han encontrado sus límites. En el relato entusiasta del giro a la derecha tú incluyes a Brasil, y la presidenta Dilma Rousseff fue destituida de una manera bastante sucia. Tengo serias dudas a la hora de meter en el mismo listado a la interrupción del Gobierno de Rousseff y a la derrota en las elecciones de Daniel Scioli.


No digo que la izquierda en la región no atraviesa ciertos problemas, yo creo que eso es evidente, pero tengo mis dudas sobre la consistencia del giro a la derecha y de que los gobiernos que sucedieron a los gobiernos progresistas estén actuando como bloque. Quizás ahora estamos viendo los primeros pasos con Prosur y la ofensiva contra Venezuela. Antes de eso es muy difícil ver una agenda regional compartida, como creo que era más fácil de ver en el caso de Chávez, Evo, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner... También tardó en consolidarse esa agenda. Va a haber elecciones en Panamá en mayo, es muy probable que vuelva a gobernar la izquierda. En Ecuador se mantuvo el candidato de Correa, pero luego dio un viraje. Hace falta que pasen algunas cosas más y algún tiempo más para asegurarnos de que realmente estamos ante un giro conservador y las izquierdas no son capaces de dar respuesta a las preguntas actuales a la región. La incapacidad relativa de dar respuesta es la que las ha puesto en un brete, pero tengo mis dudas de si ha venido un bloque ordenado de derecha con un proyecto compartido estable a hacerse cargo.


¿Cuál crees que es la responsabilidad de los propios gobiernos progresistas que han caído en la interrupción de esta agenda?

Hay que tener cuidado con las generalizaciones. Hay rasgos compartidos, pero hay que mirar con lupa los rasgos particulares. Creo que ya es casi un lugar común que tiene buena parte de verdad el tema de la emergencia de los sectores medios que, en líneas generales y en particular en el caso boliviano, han tenido condiciones económicas estables durante un periodo sostenido de tiempo. Esta emergencia de sectores medios viene acompañada de nuevas demandas, nuevas aspiraciones y nuevos deseos, porque si tú has transformado económicamente tu Estado, lógicamente han cambiado las demandas de los protagonistas. En 2019 no pueden ser las mismas que en 2005, porque en ese caso tu premisa de que has cambiado el país sería equivocada.


Bolivia, Ecuador y Uruguay, junto con Perú, han sido los países que más han reducido la desigualdad la última década, que han visto transformar la composición social de manera más intensa, y yo creo que hay dificultades para leer cuál es el nuevo sujeto, cuáles son los nuevos protagonistas y qué demandan.


Buena parte de los proyectos progresistas han tenido fuertes componentes nacionales-populares campesinos, de alguna manera han sido su esencia. Por la transformación económica y social, muchos países de la región han ido abandonando paulatinamente esa matriz popular campesina, mutando en clave un poco más individual, un poco más urbana entre comillas. Esos nuevos sectores medios siguen teniendo una idea de lo colectivo, pero es una idea de lo colectivo contemporánea y distinta a las tradicionales formas de asociacionismo en Bolivia y en la región. Creo que van importando menos, que no es que no importen, los sindicatos clásicos, las organizaciones matrices campesinas, y empiezan a importar más organizaciones de corte laboral urbana, del sector servicios, que hace 15 años era inexistente ahora es uno de los lugares donde los jóvenes trabajadores de origen popular se desenvuelven diariamente. Hay una cierta identidad germinal sindical, pero urbana, que ya no se identifica con la gran matriz sindical de los padres. Ese es el tipo de cosas que desde los proyectos a veces cuesta entender. Cuesta tener un lenguaje y una lupa que identifique bien cuáles son los sindicatos contemporáneos en la Bolivia de hoy, yo creo que por ahí va el reto.


¿Qué hay que hacer distinto?

En el caso boliviano tengo algunas intuiciones. El MAS, más que un partido, es una especie de lengua franca que hablan diferentes organizaciones sociales y sindicatos para comprenderse y generar una identidad estratégica. Yo creo que el instrumento político necesita pensarse en clave urbana. Creo que es necesario tener un partido que sea el primer captador de estas nuevas demandas, porque desde el Estado hay unas limitaciones normales y lógicas para captar con suficiente anticipación a dónde va una sociedad.


No queriendo hacer una división esquemática de esos dos conceptos, creo que los cambios ocurren antes en la calle que en las instituciones. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles para mapearlos desde las instituciones, pero creo que siempre se van a quedar un poco cortos, y ahí es donde tienes que tener un partido que está en un espacio intermedio entre el Estado y la calle, y que es el primero que debería tener una forma, un lenguaje y una organización más contemporáneas y más acordes con lo que demandan esos nuevos sectores. Creo que estos nuevos sectores no se reconocen, o parte de ellos no se reconocen. Como Estado es inevitable que te quedes un poco lejos y un poco antiguo, no sólo ocurre en Bolivia.


Si hay un país de la región que es clave para la economía boliviana es Brasil. Compra el gas natural de Bolivia, tiene proyectos de infraestructura en común… Ha pasado de los gobiernos del Partido de los Trabajadores a tener uno en las antípodas ideológicas, ¿qué implica esto para Bolivia?

Una de las cosas más destacables de Evo Morales es que no se me ocurre otro presidente en la región que tenga la capacidad de hablar con Nicolás Maduro o con Díaz Canel y dos días después hablar con Macri o con el presidente de Paraguay. Contrario al mantra un poco ridículo de los opositores de que estamos aislados, lo que muestra más bien es que hay un presidente con muy buenas relaciones internacionales. Por supuesto que hay afinidades ideológicas y personales más con unos y menos con otros, pero el Gobierno boliviano, y por suerte también los otros presidentes de la región, tienen plena conciencia de que vamos a ser vecinos toda la vida y de que hay que mantener unas relaciones estables.


Venezuela ejerció durante muchos años el liderazgo del bloque progresista en la región. Ahora está pasando por un momento extremadamente difícil, no tiene legitimidad democrática para casi nadie en la región y ha dejado de ser un modelo para los proyectos de izquierda. Además, prestaba apoyo económico a los países de la región, ¿cómo se sobrevive cuando se es un país pequeño como Bolivia sin el apoyo de un referente así?

Hace muchos años que Venezuela no presta un apoyo económico a Bolivia. En el inicio del ciclo progresista, sobre todo había una colaboración en el ámbito de las instituciones regionales, en el ALBA sobre todo. Cuando el presidente Chávez impulsa el ALBA, lo hace con un gran gesto de solidaridad rebajando el precio del petróleo para los países que lo necesitaban en el Caribe, apostando por ser ellos el principal impulso en ciertas cuestiones comerciales, de intercambio. Fue un apoyo muy, muy importante, pero que lleva muchos años sin suceder. El desempeño económico de Bolivia ha sido bueno cuando había esa colaboración con Venezuela en el marco del ALBA y cuando no la había. De hecho, el presidente Chávez fallece hace seis años y nuestro Gobierno ha ocupado el primer, segundo o tercer lugar como el país que más crece desde 2010 hasta ahora.


El modelo económico boliviano es un modelo bastante endógeno, que tiene como principal vector la nacionalización de los hidrocarburos, que es lo que te permite quedarte con la mayor parte del excedente, una política de incentivo al mercado interno y una fuerte apuesta, fortísima de la inversión pública como un elemento dinamizador y de sostener el modelo. Somos el país con mayor inversión pública en relación a su PIB. Creemos que es un modelo que durante la última década ha demostrado funcionar muy bien. Siempre hay turbulencias, siempre hay perturbaciones ajenas, pero en 2009, que fue un año fuerte de la crisis económica mundial y donde se desplomó el precio del petróleo, Bolivia fue el país que más creció de Sudamérica.


Casi unánimemente la oposición boliviana se apresuró a reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y establece un relato donde Venezuela y Nicaragua son dictaduras despiadadas y Bolivia va en esa dirección. ¿Qué opinas de este discurso?

Creo que es un relato inteligente si eres opositor. Tienes que intentar que funcione algo, porque hay una notable carencia de proyecto propio. No sabemos lo que harían con el empleo; si gobiernan, con la economía harían lo mismo que nosotros y en general dicen que harían lo mismo que nosotros salvo algunas cuestiones menores. Para diferenciarse, tienen que encontrar cosas un poco más de ciencia ficción. Es un poco difícil creer que, con los números que tenemos, nuestro futuro inmediato vaya a ser tener la situación económica venezolana.

Lo que sí hay son ciertos problemas institucionales. El MAS este año presenta a Evo Morales, a pesar de que en 2016 perdió un referéndum en el que proponía modificar la Constitución, y se habilita de otra manera saltándose el mandato popular. Esto ha generado otros problemas, como la crisis del órgano electoral.

Son dos cosas distintas. Más allá de toda la polémica en torno al referéndum, incluso aceptando la versión más crítica, de ahí no se deriva que el año siguiente vas a estar como Venezuela. La situación venezolana no se explica sólo por una situación política.


Nosotros optamos por hacer una consulta popular para modificar un artículo en la Constitución que permita la habilitación del presidente. Perdimos el referéndum 51-49. Lo perdimos por un estrecho margen, pero lo perdimos. Por ello, no se cambiaron los artículos y optamos por otra vía, que entiendo que pueda causar molestias, pero constitucionalmente está permitida: hacer la consulta amparándonos en el Pacto de San José [la convención americana de derechos humanos], sobre la controversia de la limitación procedimental a la posibilidad de presentarte y la preeminencia de los derechos de alguien a presentarse a las elecciones y que sea la gente la que te diga que no. Esto es una cosa que hizo [el expresidente de Costa Rica] Óscar Arias, que ahora vive un momento más complicado, que hizo [el presidente de Nicaragua, Daniel] Ortega y que hizo el actual presidente Hernández en Honduras. Esa es la vía. Nosotros lo que hemos hecho, y somos conscientes, es generar un problema mayor de explicarle a la gente crítica con la decisión por qué consideramos que el presidente Morales es la mejor opción de conducción del país. En realidad, lo que hemos hecho es darle una ventaja a la oposición, que puede escudarse en un bucle alrededor del referéndum para disimular el por qué no responden todas las otras cosas que uno tiene que responder cuando va a dirigir un país.


Si el país ha cambiado radicalmente en trece años de gobierno, ¿por qué es la misma persona la idónea para dirigirlo?

Es una buena pregunta. El presidente Morales y el presidente Álvaro García Linera lo reconocen como un desafío que no ha sido debidamente respondido. Lo que sucede ahí es que no valen tanto las respuestas teóricas como la realidad práctica. Si tomamos en cuenta los referéndums, el peor desempeño del presidente ha sido el referéndum de 2016 con 49% y el mejor fue el referéndum revocatorio [de 2008] con 67%. A pesar de reconocer que el hecho de que no haya un liderazgo que haya podido suceder al presidente es un desafío para el proyecto, estamos hablando probablemente del tipo más popular de la historia política del país. Es el único factor de unidad del proyecto. No digo que sea algo bueno ni malo, pero es evidente que lo es. El proyecto difícilmente, a día de hoy, iba a mantenerse unido si no es en torno a este liderazgo, que además es el que habla la lengua franca.


A ti no te gusta proyectar tu imagen pública solo por este lado y creo que lo has logrado, pero en 2014 fuiste elegido diputado y fuiste el primero abiertamente homosexual. Cinco años después sigues siendo la única figura política de primera línea en este país que es abiertamente homosexual. ¿Qué nos dice esto del país?

Creo que muestra que, a pesar de la crítica tramposa, el MAS sigue siendo el único proyecto donde estas banderas relevantes para los proyectos progresistas se siguen abriendo paso. Nuestros críticos por la izquierda, que electoralmente son medio insustanciales, pero los hay, tampoco llevaron a ningún homosexual en sus listas en 2014. Fue el presidente Morales el que me invita y decide que una persona que es entre otras cosas abiertamente homosexual, fuera en las listas del MAS y ahora esté de ministro haciendo labores de portavocía. Esa crítica tramposa, clasemediera, que luego hace muy poco, de esencializar al MAS… Porque es como “el MAS ha hecho sus cosas, pero como es un partido en esencia campesino…” y además hay una segunda esencialización: los campesinos son eternamente conservadores y refractarios a estos temas. Solo va a venir desde la ilustración urbana las banderas de género y las banderas LGTB. No sin complejidades, no sin discusiones internas, no es en los proyectos de ellos, sino en el nuestro donde se tomó la decisión de que haya 50% de mujeres en el parlamento y es en este proyecto donde se ha puesto al primer candidato abiertamente homosexual y al primer ministro gay.


Hay un punto muy conflictivo para este gobierno y otros similares, donde ciertos proyectos de construcción de vías carreteras y desarrollos hidroeléctricos chocan con un discurso ambientalista y de defensa de los pueblos indígenas, que son los que viven en las zonas donde se van a abrir paso. El mejor ejemplo es el conflicto por el proyecto de carretera en el territorio indígena y parque nacional Tipnis ¿Hay una ruptura del MAS con parte de sus bases indígenas por este lado?

Creo que no. Ha generado tensiones, complicaciones, pero yo no veo otro proyecto con posibilidades de obtener representación en el que se sientan representados los indígenas del país. Hay una cosa medio tramposa de algunos críticos de esencializar y georreferenciar lo que es indígena. Resulta que a pesar de que entre el 50% y el 60% de los bolivianos se identifica como indígena, solo son indígenas los que viven en cierto sector del Tipnis. El Conisur [asociación de campesinos indígenas originarios de otros territorios] de pronto son los indígenas malos, porque hace tiempo fueron colonizadores, entonces esos ya no son indígenas. Ni que decir de los indígenas que están en la Asamblea Legislativa con el MAS. Yo creo que hay cosas que las elecciones generales ponen en el papel. En 2014 fueron las últimas y la crisis más fuerte en este campo fue la crisis del Tipnis. A partir de ahí parecía que el movimiento indígena iba a generar otro partido, otro proyecto. Algunos intelectuales y partidos que rompen con el MAS en ese momento lo desahucian por completo… El Partido Verde, que hizo bandera de este tema, creo que no sacó ni el 1% en esas elecciones [tuvo 2,65%]. En la circunscripción uninominal del Tipnis, en 2014 gana el MAS las elecciones, como ha ganado en todas las elecciones locales. Alguien dirá “no, pero en realidad ganan coaccionados”. Yo lo que veo es que las polleras, los indígenas, donde están representados a día de hoy es en el MAS.

Por Carlos Heras Rodríguez 
2019-03-18 06:00:00 

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Suma cero en la pelea entre Maduro y Guaidó

La cotidianidad en el país recobró sus rasgos anteriores al apagón. La estrategia opositora no ha conseguido construir un escenario de caos.


Venezuela parece en el punto de la suma cero en el enfrentamiento entre el autoproclamado Juan Guaidó y el gobierno de Nicolás Maduro. Ningún acontecimiento ha tenido la suficiente fuerza para cambiar la relación de fuerzas en el objetivo de mínima que busca la estrategia de Guaidó: poner a Maduro contra las cuerdas para forzarlo a una negociación en correlación adversa. El de máxima, lograr el “cese de la usurpación” con su partida anticipada del Palacio de Miraflores, parece aún más lejano, improbable por el momento.


En ese marco se suceden movilizaciones, narrativas, escenarios diplomáticos y operaciones no declaradas. Acerca de las movilizaciones, Caracas fue nuevamente escenario de un acto del chavismo el día sábado, con una reafirmación de la capacidad de convocatoria. La oposición por su parte, con Guaidó a la cabeza, realizó un acto en la ciudad de Valencia, y ayer una actividad en Vargas. Su salida de Caracas se debió al inicio de lo que Guaidó denominó la Operación Libertad.


“Uno, organizarnos y montar comandos por la libertad para el cese de la usurpación. Dos, ubicar a empleados públicos y militares y hablarles amablemente porque estamos en el momento definitivo del cambio, y tres, dirigirnos a Miraflores a reclamar y a exigir la libertad de Venezuela”, dijo en Valencia. Utilizó el repetido “todas las cartas están sobre la mesa”, en referencia a la promesa sin fecha de pedir la intervención militar norteamericana.


La gira de Guaidó por el país aún no tiene día anunciado de finalización. Las imágenes muestran una capacidad de convocatoria con tendencia al declive que no se sale de los marcos habituales de la oposición. Suficiente para las fotografías, poco para los objetivos planteados. Nada es definitivo, aunque no parece demasiado arriesgado afirmar que uno de los problemas que enfrenta el discurso de Guaidó es la dificultad para acercar la realidad de la correlación de fuerza a los niveles de expectativa creados en su base social. El tiempo pasa, la silla presidencial no parece más cerca, la discursividad del inmediatismo se desgasta.


Quien se refirió a la cuestión temporal fue Elliot Abrams, representante del gobierno norteamericano para Venezuela, conocido, entre otras cosas, por haber conducido la guerra mercenaria en Nicaragua en los años 80. “No esperábamos que esta situación se resolviese de forma instantánea. Además, nuestras sanciones, que están empezando a morder, no están completamente en marcha”, afirmó. Esa manera de plantear el escenario se distanció de las declaraciones de hombres como Mike Pompeo que hablaban de días y horas finales de Nicolás Maduro.


Pompeo, secretario de Estado norteamericano, quien había estado al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por decisión de Donald Trump, afirmó a su vez su gobierno está “decidido” a hacer ingresar la ayuda humanitaria a Venezuela. Junto con eso, se supo que el punto de acopio sería la isla de Curazao, un enclave colonial de Holanda en el Caribe, situado a 295 kilómetros de Caracas, y a 139 de Punto Fijo, donde se encuentra una de las principales refinerías de Pdvsa.
Aún no se sabe cómo y cuándo sería el posible nuevo intento de lograr el ingreso de la ayuda humanitaria. Dependerá de varios factores, entre otros diplomáticos, una agenda en constante movimiento que tiene como próxima fecha central mañana 19 de marzo, cuando se reúnan Elliot Abrams y el viceministro de asuntos exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, en la ciudad de Roma.


“Plantearemos con insistencia a la parte estadounidense todas nuestras posiciones, incluida la inadmisibilidad de una intervención militar y, en general, de la injerencia exterior ilegal y de las presiones contra el gobierno legítimo”, afirmó Riabkov. El gobierno de Rusia también se pronunció días atrás sobre el apagón eléctrico sucedido en Venezuela, afirmando que el mismo fue originado desde el extranjero.


La postura pública de Estados Unidos respecto a los escenarios posibles no ha cambiado. Abrams volvió a afirmar que no existe posibilidad de que Maduro presida un gobierno de transición o se presente a elecciones. Se refirió también a la posibilidad de que el gobierno de España permita que los altos dirigentes de la revolución puedan irse a ese país como posible puerta de salida. No existe aún respuesta, en particular debido a los errores diplomáticos del gobierno de Pedro Sánchez reconocidos por su ministro de relaciones exteriores, y porque la dinámica interna parece marcada por las elecciones el próximo 28 de abril.


Ese cuadro en constante movimiento permite anticipar posibles nuevas acciones. Además de un posible intento de ingreso por la fuerza con el argumento de la ayuda humanitaria, también parecen prepararse acciones bélicas. Una de ellas con la hipótesis de ataques dirigidos por estructuras paramilitares/mercenarias, y otra con la conformación del cuadro internacional de ataque. Esto último fue señalado por el diplomático venezolano Roy Chaderton, quien afirmó que “la oligarquía colombiana” está dispuesta a emprender una maniobra bélica contra Venezuela.


Mientras se espera y anticipan los próximos pasos, la cotidianeidad en el país ha recobrado sus rasgos anteriores al apagón. La dinámica política venezolana está marcada por momentos de intentos de quiebre, como el 23 de enero, el 23 de febrero o el apagón, seguidos de relativas calmas, siempre tensas. Se está en ese momento de calma, se intuye, por análisis y lógicas de dinámicas, que volverá un nuevo momento de intento de quiebre para lograr cambiar la ecuación de suma cero que evidencia que, hasta el momento, la estrategia golpista no ha conseguido construir el escenario que tenía previsto

Por Marco Teruggi
Desde Caracas

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