Viernes, 23 Abril 2021 06:21

Sombras sobre Apure

Sombras sobre Apure

El conflicto en la frontera Venezuela-Colombia

Militares venezolanos y guerrilleros colombianos vienen enfrentándose con un saldo de decenas de muertos y detenidos, al que se suman denuncias de crímenes graves contra la población civil. Por detrás de los combates, distintos grupos se disputan las ganancias de una floreciente economía ilegal.

 

Desde el 21 de marzo, la zona de frontera entre Colombia y Venezuela atravesada por el río Arauca, un área de algo menos de 300 quilómetros, es un teatro de guerra entre las Fuerzas Armadas venezolanas y uno de los grupos guerrilleros colombianos que se han resistido a dejar las armas y la economía negra con la que se financian. En el medio, una población que vive del trabajo en el campo y el comercio a hurtadillas entre ambos países atraviesa unos días terribles, forzada a desplazarse y bajo el riesgo de ser alcanzada por el fuego cruzado, detenida como cómplice o simplemente imposibilitada de trabajar en el clima de militarización y sospecha que predomina en la zona.

Este domingo 21, de acuerdo con la versión oficial en Caracas, un grupo armado irregular atacó al batallón del Ejército venezolano en La Victoria, una población de esa frontera llanera, ubicada aproximadamente 600 quilómetros al suroeste de Carcas y 400 quilómetros al noreste de Bogotá. En la acción perecieron dos oficiales de rango medio del Ejército de Venezuela, resultó herida una decena de soldados y, al parecer, murió uno de los atacantes. Luego se supo que los oficiales y varios soldados fueron víctimas, en realidad, de una mina antipersonal sembrada por el grupo irregular para proteger uno de sus campamentos. A la acción siguió la movilización en la zona de refuerzos militares y policiales venezolanos, incluido el desplazamiento de blindados y, sobre todo, helicópteros y aviones K-8 de fabricación china, para labores de reconocimiento y ataque aéreo. Fueron bombardeadas áreas consideradas campamentos de los irregulares en varias zonas de las afueras de La Victoria.

Centenares de lugareños huyeron hacia un lugar seguro, es decir, Colombia, cruzando el río Arauca, cuya anchura allí es de unas decenas de metros. Lo hicieron como se ha hecho por décadas, en los pequeños botes utilizados para transporte y pesca por los habitantes de ambas orillas, pues el puente que enlaza las carreteras está cerrado, como toda la frontera binacional a lo largo de sus 2.219 quilómetros, desde hace cuatro años, por la ruptura de relaciones entre ambos Estados. A Arauquita, municipio del lado colombiano, llegaron 5.737 personas en menos de dos semanas, según sus autoridades: algo más de 4 mil venezolanos, unos 400 que tienen ambas nacionalidades y el resto, colombianos que residen en el lado venezolano. De acuerdo con los medios locales, la gran mayoría ya regresó a Venezuela.

COMBATES Y DENUNCIAS

La aduana de La Victoria fue atacada con explosivos y destruida el 23 de marzo. En los días siguientes, hubo combates en los que un blindado venezolano fue inutilizado por un cohete e intervinieron comandos policiales en la búsqueda de guerrilleros y cómplices. El saldo al cierre del mes pasado era de ocho militares muertos, una treintena de heridos, nueve irregulares abatidos, al menos 32 detenidos y seis campamentos desmantelados.

Desde entonces el fuego ha amainado, pero la zona está militarizada, los desplazamientos de civiles son controlados en las carreteras y tanto Venezuela como Colombia despacharon refuerzos militares a esa frontera. Han surgido denuncias de serias violaciones de los derechos humanos, pues los activistas humanitarios sostienen que los contendientes han ocupado y saqueado viviendas, sacrificado ganado, hurtado o destruido otros bienes y, más grave aún, dado muerte a hombres y mujeres que no eran combatientes.

En la región, el veterano exparlamentario y exdiplomático venezolano Walter Márquez denunció que cuatro integrantes de una misma familia, incluida una mujer y un adolescente, fueron asesinados por uniformados y sus cadáveres, calzados con botas para hacerlos parecer guerrilleros. «Me han llegado denuncias de otros casos similares», declaró a la prensa. El Ministerio Público designó a unos fiscales para que, junto con las autoridades castrenses, investiguen las denuncias.

¿A QUIÉNES SE ENFRENTA VENEZUELA?

La respuesta breve es que los residuos del conflicto armado que ha padecido Colombia ingresaron a Venezuela y han llegado a una región ya saturada de irregularidades. El acuerdo de paz de 2016 entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue desconocido por varios de los frentes insurgentes en el sur y el oriente del país. La mayor disidencia fue la de los frentes 1 y 10, cuyo principal jefe es Miguel Botache, alias Gentil Duarte. Estas fuerzas ya sumarían hasta 2 mil combatientes en 16 grupos y han reconocido que se financian con impuestos que cobran a narcotraficantes y explotadores de minas ilegales.

Hace dos años, un grupo de exguerrilleros que firmaron los acuerdos de paz, encabezados por Iván Márquez y Jesús Santrich, se desentendieron del pacto y anunciaron que regresaban a la lucha armada, bajo la denominación Segunda Marquetalia (véase «Unaguerraviejaquesiguematando», Brecha, 6-VII-19). Se estima que tendrían unos cientos de seguidores y el gobierno colombiano sostiene que ambos jefes se refugian principalmente en Venezuela, al amparo de las autoridades. No obstante, los disidentes de Duarte se rehúsan a reconocerlos como jefes o aliados, pues los acusan de haberse vendido al entregar las armas y desmovilizar la guerrilla en la paz pactada previamente con el gobierno. Más de 200 excombatientes de las FARC han sido asesinados desde 2016.

Los frentes que siguen a Duarte instalados en el departamento colombiano de Arauca y su espejo venezolano, el estado de Apure, controlaban el contrabando de combustible y otras actividades de economía sumergida. Eso los llevó a chocar con el Ejército venezolano. Los ataques contundentes de la fuerza armada de Venezuela fueron lamentados en un video que circuló este domingo por Jonnier, tercero al mando en la guerrilla de Duarte, que los calificó de «trabajo sucio», que los militares venezolanos estarían haciendo para favorecer a la rival Segunda Marquetalia.

En tanto, cuando se le preguntó al general Vladimir Padrino, ministro de Defensa de Venezuela, a qué grupo se enfrentaban sus tropas, se rehusó a señalarlo. «Sin importar cuál grupo sea, lo rechazaremos, pues nuestro deber es defender la soberanía», dijo en conferencia de prensa a fines de marzo. Acusó a los gobiernos de Bogotá y Washington de estar detrás de los grupos que hostigan a las fuerzas venezolanas. Por otra parte, Caracas pidió ayuda técnica a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para proceder a desmantelar las minas que hay junto a las áreas empleadas como campamentos por los grupos armados.

La tormenta ha amainado a lo largo de abril, después del inicio de la ofensiva venezolana y de que portavoces del grupo Duarte –«la legítima resistencia de las FARC», como se autoproclaman– se reunieran con activistas de grupos de izquierda en la zona, algunos críticos del presidente Nicolás Maduro. Pero la tensión se mantiene. Sesenta organizaciones no gubernamentales de Colombia y Venezuela, en su mayoría de derechos humanos, pidieron al secretario general de la ONU que designe un enviado especial para la frontera, donde temen que cualquier incidente en estas calurosas llanuras desate una escalada entre los gobiernos rivales y se desencadene un conflicto mayor.

Muchas armas

La región de frontera que atraviesa el río Arauca es, desde las últimas décadas del siglo pasado, un área donde florece la economía negra. En un comienzo fue por el abigeato y el contrabando –sobre todo, de combustible–, luego por el narcotráfico y después por la guerrilla colombiana, en particular el Ejército de Liberación Nacional (ELN, calificado de «guevarista»), tras el que llegaron grupos de las «autodefensas» (paramilitares de derecha). Han prosperado allí grupos que practican la extorsión (el cobro de «vacunas», principalmente a ganaderos) y el secuestro.

Durante la presidencia del fallecido Hugo Chávez (1999-2013) apareció un grupo llamado Fuerzas Bolivarianas de Liberación, nunca reconocido oficialmente, que, de acuerdo con los medios locales, es una creación del ELN. Como guinda del pastel, y de acuerdo con organizaciones de derechos humanos y ambientales, en todo el sur venezolano prospera la minería ilegal (oro, coltán, diamantes), que se trafica en estas áreas de frontera al amparo de grupos armados, bandas que usan el nombre de «sindicatos» y, presuntamente, también del ELN, que así ayuda a financiar sus actividades.

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Comando Estratégico de EE.UU. sobre China y Rusia: "Por primera vez avanzamos hacia una confrontación con dos adversarios con capacidades nucleares"

El comandante de la entidad no descartó que los conflictos actuales en la palestra internacional puedan degenerar rápidamente en una confrontación nuclear.

 

Por primera vez en la historia EE.UU. se enfrenta a la vez con China y Rusia, dos potencias con capacidades nucleares poderosas, expuso el jefe del Comando Estratégico estadounidense, Charles Richard, en su intervención ante el Comité de Servicios Armados del Senado este martes. 

En opinión de Richard, "China y Rusia desafían nuestra fuerza [de EE.UU.] a través de una amplia gama de actividades que requieren una respuesta concertada e integrada del Gobierno. Por primera vez en nuestra historia, la nación avanza hacia la confrontación con dos adversarios estratégicos que al mismo tiempo tienen capacidad nuclear, pero que deben ser disuadidos de manera diferente". Richard consideró como signo preocupante la cooperación estratégica en el ámbito militar entre los dos países, citando como ejemplo los ejercicios conjuntos Kavkaz-2020.

Los potenciales adversarios

Según Richard, China continúa avanzando en los programas de modernización de su arsenal nuclear, destinados a cumplir los objetivos de largo alcance para negar la proyección de poder de EE.UU. en el Indo-Pacífico, y suplantar a la nación norteamericana como el socio de seguridad preferido de los países de la región. "China ya es capaz de ejecutar cualquier estrategia de empleo de armas nucleares dentro de su región y pronto podrá hacerlo también con alcances intercontinentales", sostuvo el militar estadounidense, que además subrayó que el país asiático ya no es una amenaza inferior a la que representa Rusia.

En cuanto a Moscú, aseguró que las armas nucleares siguen siendo un elemento fundamental de la estrategia de seguridad de Rusia, que está finalizando su campaña de modernización de la tríada estratégica y los sistemas de doble uso. El comandante afirmó que el armamento nuclear puede ser aplicado en respuesta a un ataque convencional en caso de la presencia de una amenaza a su existencia. "Por lo tanto, nuestras fuerzas nucleares deben incluir una gama suficiente de capacidades y atributos para que Rusia nunca perciba erróneamente ninguna ventaja del uso de armas nucleares en ningún umbral de violencia", subrayó. 

"Si bien la extensión del tratado de Reducción de Armas Estratégicas proporciona ventajas útiles de mayor transparencia y previsibilidad para gran parte del arsenal estratégico de Rusia, persiste un considerable nivel de incertidumbre con respecto al alcance y la disposición del arsenal nuclear de Rusia, incluidas las armas nucleares no desplegadas y sus novedosos sistemas no previstos en el Tratado", comentó el militar. 

También Corea del Norte representa un desafío para la  seguridad de EE.UU., ya que Pionyang "continúa realizando actividades que amenazan la estabilidad regional y desafían las normas internacionales", dijo el militar. A su vez, Irán, que posee del mayor arsenal de misiles balísticos de Oriente Medio, "seguirá siendo una fuerza desestabilizadora en la región", a juicio del jefe del Comando Estratégico de EE.UU. 

Resumiendo, Richard dijo que "la particularidad del conflicto actual consiste en que no es lineal ni predecible". "Debemos tener en cuenta la posibilidad de que este conflicto cree unas condiciones que podrían llevar muy rápidamente a un adversario a considerar el uso de armas nucleares como la opción menos mala", añadió.

En este contexto, Richard concluyó que EE.UU. requiere unas fuerzas nucleares y una infraestructura de apoyo completamente modernizadas para garantizar la protección de su pueblo. "No podemos continuar extendiendo indefinidamente la vida de nuestras armas y sistemas sobrantes de la era de la Guerra Fría", puntualizó.

Rusia: "No buscamos ningún enfrentamiento"

A principios de abril, el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró que Washington se comporta como un "gamberro de patio". "Ahora se ha puesto de moda describir lo que pasa con ejemplos tomados de la vida. Todos jugamos en el patio en la infancia [...] y siempre había dos o tres gamberros principales" que "controlaban a todos" y "les quitaban dinero", explicó el diplomático. 

"Pero pasaron dos, tres, cuatro años, y estos pequeños niños crecieron y fueron capaces de responder. Ni siquiera necesitamos crecer. No buscamos ningún enfrentamiento", agregó Lavrov, al tiempo que enfatizó que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha mostrado reiteradamente su disposición a trabajar con EE.UU. "en aras de los pueblos de ambos países y de la seguridad internacional".

"Nunca hemos representado y no representamos una amenaza para nadie. Pero, por supuesto, nunca permitiremos que nadie, incluido EE.UU., nos amenace, nos dicte algo e infrinja nuestros intereses", señaló, por su parte, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Publicado: 20 abr 2021 23:22 GMT

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Alrededor de 2 mil 500 marines componen la tropa estadunidense en Afganistán. Foto Afp

Biden anunció la escalonada retirada del ejército estadunidense en Afganistán para ser total en el aniversario 20 del 11/9 y que, curiosamente, Trump había comprometido para el primero de mayo, durante las negociaciones de EU con los talibanes en Doha (Qatar).

También Baby Bush y Obama apoyaron el arreglo de Trump que implementa Biden con cuatro meses de retraso (https://bit.ly/3ejhvYu).

Afganistán fue invadido por EU y la OTAN bajo el pretexto de los atentados hollywoodenses del 11/9. Afganistán ostenta un territorio de 652 mil 230 km2 sin salida al mar y con una población de 37.5 millones cuya mayoría demográfica es de 40.6 por ciento de cero a 14 años, con una edad promedio de 19.5 años.

El retiro del ejército de EU y la OTAN tendrá intensas reverberaciones en los seis países colindantes: China, 91 km; Irán, 921 km; Pakistán, 2 mil 670 km; Tayikistán, mil 357 km; Turkmenistán, 804 km, y Uzbekistán, 144 km.

Destacan sus fronteras con dos países nucleares (China y Pakistán) y con la mediana potencia de Irán que se volvió primordialmente el centro de atención de tres superpotencias: EU/Rusia/China.

Antes de su anuncio, Biden intentó maniobrar con una iniciativa –que incluía a Turquía y a India– para retardar la muy probable toma del poder por los talibanes y que en realidad contemplaba la presencia de una base de EU desde donde acosaría a China en sus 91 km de transfrontera.

La retirada no será como la precipitada y humillante fuga del ejército estadunidense en Vietnam y de acuerdo con un reporte de CNN del 9 de abril, EU espera todavía mantener una poderosa presencia de espionaje apuntalada por "fuerzas especiales de operaciones".

La CIA tiene una “instalación militar clasificada ( sic)”, Forward Operating Base Chapman, en Afganistán oriental (https://cnn.it/3x5Cm9Y).

El ex diplomatico indio M.K. Bhadrakumar escudriña cómo “China resiente la presencia de EU en Afganistán (https://bit.ly/3x69xKI)”.

Un comentario de la televisora china CGTN de hace cinco meses tituló que "el retiro de EU de Afganistán requerirá poner fin a la interferencia en los asuntos de China" (https://bit.ly/3mZkOIf).

Más aún: los diplomáticos chinos alegan que la presencia de la CIA en Afganistán tiene como objetivo crear caos y disturbios en la región autónoma islámica de Xinjiang con el fin de obstruir la Ruta de la Seda continental.

A propósito, en su Evaluación Anual de Amenazas (https://bit.ly/32oqDWb) de la Comunidad de Inteligencia de EU –cinco días antes del anuncio del retiro de tropas de Biden– juzgan que "los prospectos para un arreglo de paz (nota: entre los talibanes y el gobierno central de Kabul apuntalado por EU) permanecerá disminuido durante el próximo año", donde resaltan dos consideraciones: 1. "Los talibanes es probable que obtengan más triunfos en el campo de batalla y el gobierno afgano luchará para mantener a raya a los talibanes si la coalición (nota: de EU y la OTAN) retira su apoyo"; y 2. "Las fuerzas afganas continuarán a mantener la seguridad en las principales ciudades y en otros bastiones del gobierno".

A mi juicio, faltaría abordar la conectividad del binomio Afganistán/Pakistán, cuya operabilidad tendrá repercusiones en India.

Steven Erlanger, del NYT, desmenuza que de las 9 mil 600 tropas de la OTAN en Afganistán, “alrededor ( sic) de 2 mil 500 son de EU, aunque ese número puede ser mayor por mil soldados. El segundo contingente más numeroso es de Alemania, con alrededor ( sic) de mil 300 tropas (https://nyti.ms/3alKXM8)”.

La decisión de Biden provocó iracundas reacciones tanto del sector pugnaz de la administración como de los belicosos neoconservadores straussianos (https://bit.ly/3x8gxXB), quienes abogan por una mayor presencia militar.

Frederick Kagan –hermano de Robert, marido de Victoria Nuland, que operó el derrocamiento del gobierno rusófilo de Yanukovych en Ucrania– tildó el retiro como una "catástrofe".

Biden concentra sus fuerzas contra China en lugar de tenerlas dispersas en Afganistán, cuando su principal objetivo consistirá en evitar un "síndrome de Vietnam" que, hoy, tiene la apariencia de ser de carácter soft.

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Irán acusa a Israel del ataque a la planta nuclear de Natanz y promete "venganza"

Rusia y la UE esperan que las negociaciones en Viena no se vean afectadas por el percance

 

Teherán. Irán acusó ayer a Israel de estar detrás del ataque a su planta de enriquecimiento de uranio de Natanz y prometió "venganza" en medio de esfuerzos diplomáticos para conseguir que el acuerdo internacional de 2015 sobre el programa nuclear iraní vuelva a su cauce.

Más de 24 horas después del incidente, las circunstancias, el modus operandi y el alcance de los daños siguen siendo confusos.

La Unión Europea (UE) y Rusia, que participan en las negociaciones diplomáticas con la república islámica para reimpulsar el acuerdo sobre su programa nuclear, afirmaron que esperaban que lo ocurrido en Natanz no socave las discusiones.

Desde Washington, la Casa Blanca desmintió todo vínculo con el incidente "Estados Unidos no estuvo involucrado de ninguna manera", dijo a la prensa la secretaria de prensa Jen Psaki, quien agregó que las negociaciones en Viena no deberían verse afectadas.

El portavoz de la Organización de la Energía Atómica de Irán, Behrouz Kamalvandi, pareció minimizar el incidente al declarar que "el centro de distribución de electricidad" de la planta de Natanz, en el centro del país, se vio afectado por una "pequeña explosión" hacia las 5 de la mañana del domingo.

Agregó que los daños se podrán reparar "rápidamente", observación que contrasta con las declaraciones del jefe de la agencia nuclear de Irán, Alí Akbar Salehi, quien poco antes había declarado a la agencia de noticias Fars que fue necesario activar el sistema eléctrico de emergencia.

En tanto, el portavoz de la diplomacia iraní, Said Khatibzadeh, señaló que aún era "demasiado pronto" para evaluar los daños de lo que calificó de acto "terrorista" perpetrado por Israel, que habría dañado varias centrifugadoras utilizadas para enriquecer uranio.

El diario New York Times citó a jefes de los servicios de inteligencia israelíes y estadunidenses, que señalaron que "Israel desempeñó un papel" en lo acontecido en Natanz donde, según esas fuentes, "una fuerte explosión" habría "destruido el sistema eléctrico interno que alimenta las centrifugadoras".

Fue en esta misma planta del complejo nuclear de Natanz, uno de los centros neurálgicos del programa atómico de la república islámica, donde Irán comenzó a probar el sábado nuevos conjuntos interconectados de centrifugadoras.

Khatibzadeh acusó indirectamente a Israel de hacer naufragar las conversaciones en curso en Viena para intentar que Estados Unidos vuelva al acuerdo internacional de 2015 y levante las sanciones contra Teherán.

Khatibzadeh prometió que "la respuesta de Irán será la venganza contra el régimen sionista en el momento y lugar adecuados".

La agencia de prensa Irna indicó que varios diputados comentaron que el canciller Mohammad Javad Zarif había subrayado “la necesidad de no caer en la trampa tendida por los sionistas.

"No permitiremos (que Israel haga descarrilar las conversaciones de Viena) y nos vengaremos de los sionistas por estas acciones", habría dicho, según las mismas fuentes, durante una reunión a puerta cerrada en el Parlamento sobre el ataque a la planta de Natanz.

Estados Unidos, durante la presidencia de Donald Trump, rechazó de manera unilateral en 2018 el acuerdo nuclear alcanzado con Irán en Viena tres años antes, y restableció las sanciones estadunidenses que se habían levantado como parte del pacto.

Como represalia, desde 2019 Irán se ha alejado de la mayoría de los compromisos claves para limitar sus actividades nucleares que asumió en Viena.

El presidente estadunidense, Joe Biden, quien sucedió a Trump en enero, anunció su intención de reincorporarse al acuerdo de Viena.

En tanto Heiko Maas, jefe de la diplomacia alemana, uno de los países firmantes del acuerdo de 2015, afirmó que los acontecimientos recientes "no son positivos" para las negociaciones en curso, y la cancillería rusa afirmó que espera que “lo ocurrido (en Natanz) no se convierta en un ‘regalo’ para los varios opositores al acuerdo y que no socave las negociaciones”.

Irán siempre ha negado que su programa nuclear tenga como finalidad fabricar una bomba atómica, como acusa el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien reiteró ayer que su país impedirá que Irán se dote del arma nuclear pero evitó mencionar el incidente en Natanz.

Por otra parte, los servicios secretos israelíes acusaron a Irán de crear falsas cuentas de mujeres en Instagram para engatusar y secuestrar a ciudadanos de Israel, después de que Teherán prometió responder al ataque en Natanz.

La Unión Europea añadió a ocho funcionarios iraníes a su lista de sancionados, entre ellos al comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, Hosein Salami, por su participación en la represión a las protestas de 2019, a lo que la república islámica respondió con la suspensión del diálogo y la cooperación con Bruselas en materia de terrorismo, drogas, refugiados y derechos humanos.

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Irán denuncia "terrorismo nuclear" tras incidente en la planta de Natanz

Teherán responsabiliza a quienes se oponen a una solución diplomática para su programa atómico

 

Dubái. Un incidente en la instalación nuclear iraní de Natanz ayer fue causado por un acto de "terrorismo nuclear", aseguró el jefe de la Organización de Energía Atómica de la república islámica, Ali Akbar Salehi, quien advirtió que Teherán se reserva el derecho de tomar medidas contra los responsables, y atribuyó el ataque a quienes se oponen a una solución diplomática respecto del programa nuclear de la república islámica, reportó la televisión estatal.

La radio pública israelí Kan citó fuentes de inteligencia, cuya nacionalidad no reveló, que señalaron que el Mossad (la agencia de espionaje israelí) realizó un ataque cibernético contra la instalación.

Previamente, el portavoz de la agencia indicó que un problema con la red de distribución eléctrica del sitio de Natanz causó un incidente, informaron los medios iraníes.

El vocero Behrouz Kamalvandi indicó que el incidente no causó víctimas ni contaminación.

Medios iraníes reportaron más tarde que Kamalvandi tuvo un accidente mientras visitaba Natanz, "sufrió fracturas en la cabeza y una pierna".

La instalación, ubicada en el desierto en la provincia de Isfahan, es la pieza central del programa de enriquecimiento de uranio de Irán y es vigilada por inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la agencia de control nuclear de la Organización de Naciones Unidas.

"Mientras condena este despreciable movimiento, Irán enfatiza la necesidad de que la comunidad internacional y el OIEA se ocupen de este terrorismo nuclear y se reserva el derecho a tomar medidas contra los perpetradores", advirtió Salehi.

Atribuyó el ataque a quienes se oponen a una solución diplomática a los desacuerdos sobre el programa nuclear de Irán, y The Independent señaló que posiblemente se refería a Israel.

Tel Aviv, que ha acusado a Teherán de querer fabricar armas nucleares que podrían ser usadas en su contra, no hizo comentarios.

El incidente tuvo lugar un día después de que el presidente iraní, Hassan Rouhani, acompañado de otros funcionarios, reveló 133 nuevos logros en el campo de la física nuclear, incluidas centrifugadoras que pueden purificar uranio de manera más eficiente y rápida y producir material fisible que se puede utilizar para alimentar una planta de electricidad tan avanzadas como la de Natanz.

Al preguntarle sobre el incidente, un portavoz del OIEA respondió por correo electrónico: "Estamos al tanto de los informes de los medios. No tenemos comentarios en este momento".

Radio Kan, al citar fuentes de inteligencia, reportó que el daño en Natanz era mayor de lo que Irán informó.

En julio pasado se produjo un incendio en Natanz que según el gobierno fue un intento de sabotear el programa nuclear del país. En 2010, el virus informático Stuxnet –que se cree fue desarrollado por Estados Unidos e Israel– fue descubierto después de que se usó para atacar a Natanz.

El incidente se produce en medio de los esfuerzos de Teherán y Washington para reactivar el acuerdo nuclear internacional de 2015, que fue abandonado por el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump hace tres años.

El presunto ataque ocurre cuando el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, llegó a Israel para una visita de dos días. Su par israelí, Benny Gantz, informó que ambos discutieron la amenaza que representa Irán para su país y su programa nuclear, así como los planes para garantizar la superioridad militar israelí en la región.

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Un hombre regresa a su casa en territorio separatista en las afueras de Donetsk, Ucrania, tras un reciente bombardeo. Foto Ap

Se acusan mutuamente de planear ataques para recuperar territorios

 

Moscú. Al borde de una guerra que de palabra ninguno quiere, pero que cada día parece más posible por las noticias alarmantes que llegan desde la zona en conflicto, Ucrania y Rusia concentran en sus fronteras la mayor cantidad de tropas y armamento desde 2015 y se acusan mutuamente de hacerlo por tener intenciones de emprender una agresión en gran escala.

En un intento por rebajar la tensión, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, tras visitar la línea del frente para levantar el ánimo de sus soldados, afirmó ayer que no ordenará una ofensiva bélica contra los separatistas pro rusos, dado que "es inaceptable causar gran número de bajas entre población civil y militares". Poco después, el comandante en jefe del ejército ucranio, Ruslan Jomchak, emitió un comunicado en los mismos términos.

De su lado, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, volvió a justificar la repentina reubicación de unidades del ejército ruso cerca del vecino país eslavo al decir: "Ucrania se está convirtiendo de nuevo en una región potencialmente inestable. Y desde luego cualquier país colindante con una región de esas características, que es peligrosa y puede estallar en cualquier momento, toma las medidas que considera necesarias para proteger su propia seguridad". Y el viceprimer ministro de Rusia, Dimitri Kozak, encargado de la relación de Moscú con Kiev, reiteró que Rusia no dudará en acudir en defensa de sus ciudadanos en caso de que éstos sufran un ataque de Ucrania.

Entretanto, la más reciente sesión por videoconferencia –convocada de urgencia por Ucrania esta semana– del equipo trilateral que debe negociar una solución política al conflicto, concluyó sin avance alguno, tras cuatro horas de acusaciones recíprocas entre ucranios y separatistas, ante la impotente mirada de los mediadores de Rusia, Alemania, Francia y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Desde el punto de vista de Moscú, Ucrania –instigada por Estados Unidos y sus aliados– se propone recuperar por la fuerza los territorios que no se supeditan a Kiev, lo cual implicaría aniquilar a la población de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donietsk y Lugansk que, por origen étnico, lengua, religión e idiosincrasia, tiende más hacia Rusia.

El Kremlin, tomando en cuenta que 10 por ciento de los habitantes del Donbas, como se denomina la zona rebelde, ya adquirió la ciudadanía rusa de forma simplificada, no puede permitir ese desenlace y menos cuando dentro de unos meses habrá elecciones para renovar por completo la composición de la Duma o cámara baja del parlamento ruso.

Visto desde Kiev, que rechaza las acusaciones, Rusia sólo busca un pretexto para iniciar una operación bélica que le permita abrir un corredor hacia Crimea, mediante la ocupación de la ciudad de Jersón, a fin de evitar el bloqueo del suministro de agua a la península declarada hace siete años parte de la Federación Rusa u otro corredor hacia la región separatista moldava de Transdniéster o, en última instancia, extender los límites de la zona insurrecta hasta el puerto de Mariupol para mayor control del mar Negro, planes que el Kremlin niega tener en mente.

Hay analistas que creen que el escenario de la invasión rusa se descarta por cuanto, desde un punto de vista formal, ni Jersón ni Mariupol ni ninguna otra ciudad fuera de lo que se ha dado en llamar en las negociaciones para lograr un arreglo político ADRDL (siglas de Algunos Distritos de las Regiones de Donietsk y Lugansk) tienen ciudadanos rusos entre sus habitantes, lo cual hace muy difícil que Moscú pueda justificar la intervención de sus tropas.

En cambio, sostienen, es el contexto ideal para que, en caso de que se pueda culpar a Ucrania de sobrepasar la línea divisoria, las tropas rusas entren en los ADRDL y lleguen a situarse cara a cara con el ejército ucranio y, de ese modo, puedan decir que evitaron un mayor derramamiento de sangre, con el consecuente efecto positivo en las urnas por proteger a sus ciudadanos.

Cualquiera de estas hipótesis para explicar la concentración de tropas y armamento de uno y otro lado de la frontera pasa por alto que, sentados Rusia y Ucrania en un barril de pólvora, es temerario jugar con fuego y pensar que nada va a explotar.

Por Juan Pablo Duch

Corresponsal

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El mundo poscovid, ¿unos ‘nuevos años veinte’?

Lo cierto es que no fue una época especialmente 'feliz' para muchos. Todos los elementos que dieron pie a la violencia política de los años treinta y el auge del fascismo se encontraban ya presentes en la década anterior.

 

En «MoneyBart», el tercer episodio de la vigésimo segunda temporada de Los Simpsons, Lisa se propone multiplicar sus actividades extraescolares para poder ser admitida en Harvard. “Cariño, podrías ir a McGill, el Harvard de Canadá”, trata de consolarla su madre. “Algo que es el ‘algo’ de ‘algo’ en realidad es el ‘algo’ de ‘nada’”, responde Lisa. Ya sabrá disculpar el lector la referencia pop para comenzar este artículo, pero resulta más accesible que desmontar, una vez más, la genealogía que ha llevado a la frase con la que Karl Marx abre El 18 de brumario de Luis Bonaparte –“Hegel observó en algún lugar que todos los hechos y personas de la historia mundial se repiten, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de añadir: la primera como tragedia y la segunda como farsa”– a convertirse en un recurso retórico vacío o, peor aún, una suerte de dictum para marxistas escolásticos.

Sirva este prolegómeno para reflexionar sobre los varios artículos que plantean la llegada de unos “nuevos años veinte” una vez la epidemia de Covid-19 esté bajo control o haya desaparecido por completo. Ésa es la tesis, por ejemplo, de Nicholas Christakis. Según el director del Human Lab de la Universidad de Yale, “típicamente, en períodos de pandemia la gente se vuelve más religiosa, ahorra dinero, le toma aversión al riesgo, tiene menos interacciones sociales y se queda más en casa, dejas de ver a tus amigos”. A esta fase le sigue un “período intermedio, donde el impacto biológico de la pandemia quedará atrás, pero aún tendremos que lidiar con el impacto económico y social”, y, una vez superado éste –el autor calcula ese momento en torno al año 2024–, “como pasó en los locos años veinte del siglo pasado”, la gente “buscará inexorablemente más interacción social”, irá “a clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, recitales”, mientras “la religión disminuirá, habrá una mayor tolerancia al riesgo y la gente gastará el dinero que no había podido gastar”. Después de la pandemia, concluye Christakis, “puede venir una época de desenfreno sexual y derroche económico”.

“¿Hay razones para pensar que el mundo poscovid traerá otros felices años veinte como los que en el siglo pasado sucedieron a las ruinas humeantes de la Primera Guerra Mundial y los millones de muertos de la mal llamada gripe española?”, se preguntaba un artículo El País a propósito de los planteamientos de Christakis. Hay quien ha querido ver un paralelismo entre los avances tecnológicos de aquella década –la expansión de la electricidad, el cine, la radio, el automóvil, el teléfono y el telégrafo– y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación (TIC) de la nuestra. Incluso L’Óreal se ha sumado a esta corriente. “La gente estará contenta por volver a salir, a socializar”, declaró el presidente de la compañía, Jean-Paul Agon. “Será como los felices años veinte, habrá una fiesta con maquillaje y fragancias, utilizar barra de labios será de nuevo un símbolo de retornar a la vida”, añadió. La idea de fondo no solo dista de ser original, sino que es tremendamente superficial y, posiblemente, equivocada. La metáfora de “los nuevos años veinte”, más que aclarar, contribuye a oscurecer nuestra comprensión del presente o el pasado.

Presente continuo

Uno de los rasgos atribuidos por el filósofo estadounidense Fredric Jameson a la posmodernidad, entendida como lógica cultural del capitalismo tardío, es la crisis del pensamiento histórico, o en otros términos, la creciente incapacidad para entender los procesos sociopolíticos históricamente. En El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado –del que este año se cumple el trigésimo aniversario de su publicación–, Jameson venía a decir que el nuestro es un régimen de presente continuo donde, desarticulado de todo proceso histórico, el pasado se ha convertido en una especie de baúl de los recuerdos del que pueden sacarse los disfraces a conveniencia. Disfraces que, en este caso, han sido confeccionados por el departamento de vestuario de la industria cultural: quien habla de “los años veinte” como lo hace Christakis está pensando en un imaginario construido por el cine estadounidense de bootleggers, flappers y jazz.

Aunque estos artículos no obvian que “los felices años veinte” terminaron con la crisis de 1929, esta se presenta como un accidente histórico y no como consecuencia de las tensiones creadas por el Tratado de Versalles, la hiperinflación alemana, el retorno de las economías occidentales al patrón oro y las políticas de Calvin Coolidge (1923-1929), un conocido partidario del laissez-faire y del principio de mínima intervención gubernamental en la economía. Y se limita geográficamente, en un nuevo ejemplo de colonización cultural, a los Estados Unidos de América: aunque la República de Weimar e incluso la Unión Soviética tuvieron sus propios “felices años veinte” –entre 1924-1929 y 1921-1928, respectivamente, gracias al Plan Dawes y el Plan Young, en el caso alemán, y a la Nueva Política Económica (NEP), en el de la URSS–, lo cierto es que los “felices años veinte” no fueron especialmente “felices” para muchos en ninguno de esos tres países ni mucho menos en otros.

También los veinte fueron el fermento de regímenes autoritarios con la proclamación del almirante Miklós Horthy como regente de Hungría (1920), la marcha sobre Roma de Benito Mussolini (1922), la dictadura de Miguel Primo de Rivera en España (1923) o los golpes de Estado en Portugal y Polonia, ambos en 1926. Aunque las consecuencias económicas del crack del 29 precipitaron los hechos, lo cierto es que todos los elementos que dieron pie a la violencia política de los treinta y el auge del fascismo se encontraban ya presentes en la década anterior.

Por otra parte, esa misma interpretación de los años veinte sesgada y pasada por el tamiz de la cultura de masas permite que genere menos rechazo entre el público que, pongamos por caso, la Rusia de los años noventa. Un período con el que comparte la misma relajación de la moral y rápidas transformaciones políticas y económicas, convulsión social y capitalismo desembridado. Huelga decir que, de ser preguntados por ello, seguramente muy pocos, por no decir nadie, responderán que quieren parecerse a aquella Rusia caótica y en descomposición social, que solo se estabilizó con el cambio de milenio, con el perfeccionamiento del sistema de ‘democracia gestionada’ que supuso la llegada de Vladímir Putin al Kremlin.

La historia de la interpretación de la historia es tan fascinante como la historia misma. En los últimos años hemos visto conjurarse en el discurso político desde la República de Weimar a la Edad Media, uno de los tropos preferidos de la nueva derecha radical. Con el Covid-19 y la incertidumbre que lleva aparejada, estos espectros deambulan más que nunca entre nosotros. Puede que el pronóstico sobre unos “nuevos años veinte” no sea el último que veamos de estas características. “No podemos predecir cómo responderá nuestra palabra”, escribió el poeta ruso Fiódor Tiútchev en el siglo XIX. Habrá que limpiarse bien las lentes para evitar que se empañen de ideología y estar atentos, como siempre, a la evolución de los acontecimientos.

Por Àngel Ferrero, miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

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Cuerpos de jóvenes del pueblo colombiano Awá que fueron encontrados sin vida tras un mes desaparecidosFacebook @unidadindigenadelpuebloawa.unipa

Estas dos muertes se suman a otros 35 asesinatos durante la pandemia y ocho desaparecidos, según informa la comunidad afectada.

Una misión humanitaria del pueblo indígena Awá, de Colombia, informó sobre el hallazgo de los cuerpos sin vida de dos jóvenes de su comunidad, desaparecidos desde el pasado 16 de febrero.

A través de un comunicado, emitido este jueves, la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa) detalló que los jóvenes eran Miguel García Paí, de 23 años, y Álvaro Pascal García, de 18, de los resguardos indígenas El Gran Sábalo y Hojal - La Turbia, ambos en el departamento de Nariño, en el extremo suroeste de Colombia.

Los jóvenes, dice el texto, desaparecieron luego de salir de sus comunidades "en búsqueda de nuevas oportunidades laborales para el sostenimiento de sus familias".

La desaparición habría ocurrido en inmediaciones del corregimiento de Llorente y la vereda de Inda Sabaleta perteneciente al municipio de Tumaco, en Nariño.

El 10 de marzo, la Unipa y la Asociación de Autoridades Tradicionales y Cabildos Indígenas Awá, al no tener noticias de su paradero, solicitaron a las autoridades competentes activar los protocolos de búsqueda, pero no obtuvieron respuesta. 

Ante ello, conformaron una misión humanitaria Awá, que el 16 de marzo salió en búsqueda de los jóvenes desaparecidos en el corregimiento de Llorente y la vereda de Inda Sabaleta. La acción arrancó a las 9:00 de la mañana de ese día, quienes participaron se metieron por trochas (caminos sinuosos); a las 18:00 encontraron el primer cadáver, el de Pascal, y una hora más tarde hallaron el de García.

"Al parecer, sus cuerpos tenían señales de tortura y estaban en estado descomposición", dice el comunicado, que indica que, al día siguiente, los cadáveres fueron llevados a la sede de Medicina Legal de Tumaco.

Asesinatos durante la pandemia

De acuerdo con la organización, estas dos muertes se suman a otros 35 asesinatos durante la pandemia y ocho desaparecidos. Al momento, cuatro indígenas Awá del resguardo Hojal - la Turbia se encuentran con paradero desconocido, tras perder su rastro el 30 de diciembre de 2020.

"Este hecho tiene consternado a nuestro pueblo Awá al ver la vulnerabilidad de nuestras familias Awá en especial nuestros niños, niñas y jóvenes, quienes no cuentan con ofertas de educación técnica o superior, ni tampoco con oportunidades laborales que les permita desarrollar un proyecto de vida en sus territorios", enfatiza Unipa.

La organización llama "a todos los actores del conflicto armado" de Colombia, "legales e ilegales", a que "respeten la vida" del pueblo Awá.

"En estas últimas tres décadas hemos insistido que la guerra que libran no es nuestra, somos un pueblo milenario que ha ocupado de manera respetuosa este territorio heredado por nuestros ancestros Sindagua, caracterizándonos por ser un pueblo solidario, pacífico y respetuoso de la diversidad cultural de esta región", enfatizan.

Publicado: 18 mar 2021 19:32 GMT

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Un grupo de trabajadores ayudan a excavar durante una jornada de exhumación en el cementerio del municipio de Dabeiba el 11 de marzo de 2021, departamento de Antioquia (Colombia). — Luis Eduardo Noriega A. / EFE

Vecinos de Dabeiba se dedican a excavar en puntos señalados por los forenses de la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz en ese cementerio convertido en una enorme fosa común.

Con una pala, Jaime de Jesús Arango remueve más que tierra en el cementerio Las Mercedes. Cuando levanta pequeñas cantidades de material agita uno de los capítulos más oscuros del conflicto armado colombiano, mientras trata de encontrar parte de la verdad sobre los "falsos positivos".

Sus labores como sepulturero en este camposanto del municipio de Dabeiba, en el departamento de Antioquia (noroeste), varían durante las diligencias que realiza la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que en diciembre de 2019 inició allí varias excavaciones tras recibir declaraciones de miembros del Ejército que reconocieron haber participado en estas ejecuciones extrajudiciales y desvelaron el lugar de las fosas.

"Es un trabajo diferente; acá no hay un familiar y no se sabe dónde quedó el doliente (difunto)", dice a Efe Arango, durante la cuarta jornada de exhumaciones y búsqueda de "falsos positivos", jóvenes, sobre todo de zonas humildes, llevados por el Ejército bajo promesas de trabajo y ejecutados para ser presentados como guerrilleros a sus superiores, y de esta forma obtener permisos, premios y otros beneficios.

Un cementerio convertido en fosa común

Arango explica que él y once personas más, la mayoría vecinos de Dabeiba, se dedican a excavar en puntos señalados por los forenses de la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP en ese cementerio convertido en una enorme fosa común. Así lo muestran los escalofriantes hallazgos: 80 cuerpos han sido recuperados hasta el momento.

Esa escuadra de trabajadores, vestidos de verde, con picos, palas y carretillas, recibe la señal y entra a remover o a tapar, en un trabajo en equipo integrado por tres expertas forenses -antropóloga, odontóloga y psicóloga-, un topógrafo, un fotógrafo, un fiscal y algunos magistrados.

"La gente pregunta, pero uno no puede decir nada; no sabemos nada de (la identidad de los) cuerpos porque eso no nos pertenece a nosotros. No sabemos cuántos cuerpos hay en cada fosa", comenta el sepulturero, mientras un dron merodea haciendo imágenes aéreas para registrar las fosas y crear un mapa 3D del cementerio.

Intervención "casi arqueológica"

Un Cristo resucitado, ángeles y una cruz dan la bienvenida a los visitantes de este pueblo. Una capilla en la mitad, pequeñas cruces esparcidas, pálidas lápidas y otras coloridas, flores... Todos elementos comunes de un camposanto hasta que aparecen cintas amarillas y personal vestido de blanco moviéndose por áreas delimitadas con pinzas, brochas y otras herramientas.

En esa escena lúgubre sobresalen al fondo casas que cuelgan de una ladera pronunciada. Desde allí vigilan algunos vecinos y suena música vallenata a todo volumen como si fuera un sabotaje a las rigurosas labores judiciales.

La misma banda sonora que acompañó la entrega de los restos, en febrero del 2020, de la primera víctima identificada: Edison Alexander Lezcano Hurtado, un campesino y padre de tres hijos que tenía 23 años en 2002 cuando fue asesinado por el Ejército.

Durante las primeras diligencias en Dabeiba, expertos de Medicina Legal tomaron 150 muestras de ADN e hicieron entrevistas para cotejar las informaciones con los cuerpos exhumados. Ese proceso de recolección del material genético fue clave para la identificación y entrega de cinco víctimas a sus familiares.

En una de las fosas encontradas sobresalen 18 pequeñas banderas verdes y anaranjadas. Unas señalan restos con un "contexto funerario normal", mientras que las otras marcan, según la evaluación de los forenses, lo que no corresponde a un enterramiento realizado por una familia. No hay mortaja, restos de ataúd.

Identifican patrones

En la cuarta diligencia forense, realizada entre el 6 y el 13 de marzo, los forenses dieron con los restos de nueve personas, que se suman a los 80 cuerpos recuperados en este camposanto en Antioquia durante 15 meses de inspección, como parte del Caso 3 de la JEP.

En esta ocasión localizaron junto a los restos exhumados un pantalón de camuflaje. En otra fosa, el hallazgo incluyó una gorra militar juntos a los restos de un posible "falso positivo", que yacía sobre un entierro legal, en el que se ve un cuerpo en mejores condiciones y con ropa.

Durante su trabajo, la JEP encontró cuerpos en bolsas negras, desnudos, con heridas de arma de fuego en la cabeza, totalmente fragmentados. Unos aparecen con prendas militares y otros, amarrados de manos, pies y cuello, en estado de total indefensión.

"Se repiten los patrones", detalla el magistrado de la JEP Alejandro Ramelli, quien ordenó las exhumaciones en Las Mercedes cuando un militar reveló su participación en inhumaciones ilegales en Dabeiba. Abrió una "Caja de Pandora".

La JEP, creada por el acuerdo de paz de 2016 con las FARC para investigar crímenes cometidos durante más de 50 años de conflicto armado, elevó en febrero a 6.402 el número de "falsos positivos", concentrándose la mayoría de ejecuciones entre 2002 y 2008. "Hay un fenómeno macrocriminal inaceptable", afirma el togado.

Comienzo de una verdad

"La Puerta de Urabá", como es llamada Dabeiba, es uno de los territorios donde la guerra no tuvo piedad con ninguno de sus protagonistas. "Si hay un sitio emblemático del conflicto armado es Dabeiba", asegura Ramelli.

Situada en los límites de la estratégica región agroindustrial de Urabá, allí operaron varios frentes del Bloque José María Córdova de las FARC que se disputaban el control de esos territorios con paramilitares y con el Ejército.

Pese a esas huellas de la guerra, el alcalde de Dabeiba, Leyton Urrego, espera que no sean estigmatizados ni visibilizados únicamente por las fosas y la violencia. Quiere que sean recordados como un "pueblo pacífico que no busca venganzas", pero "quiere saber la verdad".

Mientras la JEP busca respuestas en Las Mercedes, los niños juegan en sus bicicletas en el parque principal de un territorio donde conviven actualmente exguerrilleros de las FARC, exparamilitares, población afro e indígenas, pero en especial, víctimas.

"Nosotros perdonamos, pero es muy difícil olvidar", dice a Efe el alcalde, y relata que la guerrilla no solo lo tiroteó años atrás, sino que además asesinó a su hermano y a la madre de sus hijos.

A su vez, el padre Carlos Arturo Sánchez, nombrado recientemente párroco de la iglesia encargada de la administración del cementerio, califica a las intervenciones de la JEP como una "obra grande y admirable" que una vez termine permitirá iniciar un "proceso de perdón y reconciliación" entre una comunidad que "permanece unida", pese a la violencia

DABEIBA

18/03/2021 19:58

Jeimmy Paola Sierra / EFE

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Viernes, 19 Marzo 2021 06:18

Vietnam, la guerra continúa

Tran To Nga encabeza una movilización en París por reclamos sobre las terribles secuelas del agente naranja en la población vietnamita COLLECTIF VIETNAM-DIOXINE

UNA VIETNAMITA CONTRA LAS MAYORES FIRMAS AGROQUÍMICAS DEL PLANETA

 

Tran To Nga se ha atrevido a llevar a la Justicia a quienes produjeron el agente naranja con el que Washington devastó el sudeste asiático y que aún hoy provoca horrores sanitarios y desastres ambientales. Su victoria cambiaría el destino de muchos.

Una tarde de 1966, cuando tenía 24 años, Tran To Nga vio cómo un avión C-123 estadounidense, que sobrevolaba a baja altura la aldea de Vietnam del Sur en la que vivía, lanzaba una carga de lo que parecían ser unos herbicidas como tantos de esos que se rocían habitualmente sobre los campos agrícolas. «¿Qué podía representar la fumigación de un banal herbicida en medio del apocalipsis que rodeaba a nuestro querido Vietnam en llamas?», escribió en su autobiografía, Mi tierra envenenada, publicada en Francia en 2016. El avión dejó «una estela blanca en el cielo azul» y en el cuerpo de Nga una sustancia viscosa, pegajosa. Su madre le gritó que se sacara de inmediato la ropa. Ella obedeció, pero no le prestó demasiada atención a lo sucedido. «Con esa ducha tóxica, sin embargo, el mal comenzó a anidar en mi cuerpo», contó en el libro. Tiempo después sería nuevamente fumigada con esa misma sustancia, cuando cubría como periodista los combates en el delta del Mekong.

Lo que los C-123 habían lanzado era una poderosísima arma química. Se la conocería como agente naranja, por la franja de ese color que atravesaba los bidones en los que se la transportaba. Durante la guerra de Vietnam, el Departamento de Defensa había concebido una serie de armas químicas a partir de sustancias como esta, a las que llamó «herbicidas arcoíris». Además del agente naranja estaban el verde, el blanco, el rosa, el violeta.

El objetivo confeso del gobierno yanqui (de los gobiernos yanquis, desde el de John F. Kennedy hasta el de Richard Nixon, pasando por el de Lyndon Johnson) era defoliar las zonas boscosas y rurales en las que los combatientes del Vietcong podían refugiarse. También privar a los campesinos vietnamitas de sus medios de sustento. El agente naranja fue la más letal de las armas usadas para ese fin. Era mucho más que la mezcla de dos herbicidas hormonales reconocida por el Departamento de Defensa. A uno de los plaguicidas que intervenía en su fabricación, el 2, 4, 5-T, se le había agregado un compuesto de dioxina, el TCDD, que lo convertía en particularmente dañino. Cuando se conoció su composición, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo catalogó entre los «peores venenos existentes» y lo calificó como «altamente cancerígeno en humanos», al igual que lo hizo el Departamento de Salud de los propios Estados Unidos. Como las dioxinas son mutagénicas, no sólo produce espantosas enfermedades en quien lo recibe en su cuerpo, sino también en su descendencia.

Entre 1962 y 1973, Estados Unidos derramó sobre Vietnam del Sur decenas de millones de litros de herbicidas y defoliantes. El agente naranja representó el grueso de las fumigaciones, alrededor del 62 por ciento. Según un informe oficial estadounidense de 2003, elaborado por la química Jeanne Stellman, el número de vietnamitas afectados directamente se situó entre 2,1 y 4,8 millones. Incalculables fueron los afectados indirectos (hijos, nietos de los fumigados). André Bouny, un francés que desde hace años investiga sobre el tema y que ha publicado libros extremadamente documentados, entre ellos, Apocalipsis Vietnam, dice que las cifras del Informe Stellman son un mínimo, que los afectados directos son «al menos» 5 millones y que Estados Unidos desparramó sobre el país asiático mucho más veneno que el que reconoce.

Vietnam estima en medio millón el número de niños nacidos con malformaciones como consecuencia del agente naranja. Hasta la tercera o cuarta generación de posguerra se hacen sentir los efectos de este veneno calificado en informes científicos de «insidioso, silencioso, invisible»: deformaciones, tumores, ausencia de algún miembro, insuficiencias cardíacas, problemas graves en la piel, ceguera, calcificaciones, abortos espontáneos son algunas de las linduras que provoca.

Bounypreside el Comité Internacional de Apoyo a las Víctimas Vietnamitas del Agente Naranja, una de las pocas organizaciones responsables de que algo de ayuda les llegue a las decenas y decenas de miles de personas que nacen aún hoy en Vietnam «con una apariencia que escapa a la morfología genérica de la especie humana» y que sobreviven aisladas, casi sin cuidados, porque «avergüenzan» incluso a sus familias, en su gran mayoría compuestas por campesinos pobres que han perdido todo y que dicen no querer, cuenta Bouny, perder también su «dignidad». «La culpabilidad personal es la clave de la existencia de estas personas», consigna un informe de fines de enero de la revista francesa Politis. «La revelación de su envenenamiento llegó demasiado tarde y algunos aún no están convencidos. Hay, todavía hoy, mucho desconocimiento y vergüenza con relación al agente naranja y sus efectos, ligados a las creencias populares: el nacimiento de un hijo deforme o enfermo sería un castigo enviado por los ancestros […]. Las parejas con uno o varios hijos malformados esperan con avidez el nacimiento de uno que no lo sea. Si no lo logran, la aldea podría excluirlos aún más de la vida social.»

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Y hubo en Vietnam también un ecocidio, un concepto nacido, precisamente, a partir de la guerra química lanzada por Estados Unidos en el sudeste asiático para describir los atentados deliberados y a gran escala contra el medioambiente. Millones de hectáreas de tierras fértiles y de selva tropical vietnamitas resultaron arrasadas y envenenadas por los herbicidas arcoíris, una contaminación que se prolonga hasta ahora. Hechos similares, en la frontera entre el genocidio y el ecocidio, pasaron en la misma época en Laos y en Camboya (véase, por ejemplo, «Vivir las bombas», Brecha, 13-I-17) como consecuencia de las fumigaciones estadounidenses, pero son países tan pobres, apunta Bouny, que no han contado con medios para documentarlos.

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Por todos esos horrores, por los padecimientos propios –que transmitió a sus tres hijas y que pasaron a sus nietos– y de muchísimos otros, Tran To Nga inició en 2014 un juicio civil contra las empresas estadounidenses fabricantes del agente naranja. «Tengo muchas de las 16 enfermedades» que la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos reconoció en 1996 como ligadas a la exposición a esa sustancia, dijo a la prensa francesa. En 2011, análisis hechos en el laboratorio alemán Eurofins revelaron que Tran presentaba una alta tasa de dioxinas en sangre y que padecía de diabetes, de cloracné, de una enfermedad genética de la hemoglobina, de calcificaciones, de nódulos subcutáneos, de una malformación cardíaca transmisible, de problemas pulmonares. Patologías, todas ellas, incluidas en la lista de la academia estadounidense. Sus hijas también las tienen. O las tenían: la primera, nacida en 1967, murió a los 17 meses por una malformación cardíaca, que en aquel momento no se podía ni se sabía a qué atribuirla.

Tran hizo su demanda en Francia, país en el que vive desde 1992 y del que tiene la nacionalidad. El suyo es el primer juicio emprendido por un civil contra esas megacompañías, así como el primero que se hace en un país que no intervino en la guerra. Veteranos de guerra estadounidenses llevaron ante los tribunales de su propio país a algunas de esas transnacionales, logrando en 1984 que se los indemnizara con unos 180 millones de dólares, porque ellos también habían sido afectados por los agentes químicos que manipularon. Pero a los civiles vietnamitas reunidos en la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja (VAVA, por sus siglas en inglés) que intentaron seguir su camino invocando el Protocolo de Ginebra de 1925 contra el uso de armas químicas, la Justicia estadounidense los dejó en la antesala: un juez les dijo que un herbicida no era un arma de guerra ni un veneno, un tribunal de apelaciones lo confirmó y la Suprema Corte les cerró definitivamente el paso. También hubo procesos en Corea del Sur por iniciativa de 39 exsoldados coreanos que combatieron junto a los invasores de Vietnam. En 2013, las empresas demandadas resultaron condenadas, pero maniobras diplomáticas de «la embajada» en Seúl hicieron que hasta ahora esos veteranos no hayan cobrado un solo dólar, según indicó Politis.

A Tran To Nga las transnacionales le ofrecieron «arreglos» extrajudiciales para no llegar a los tribunales. Los rechazó. Con 78 años avanzados dice que está librando «la última gran batalla» de su vida, que la está llevando a cabo «en nombre de todas las víctimas del agente naranja» y que pretende sentar un precedente para que «quede bien claro que estas empresas son tan responsables como el Estado estadounidense» –contra el que no puede litigar en esta instancia– en los asesinatos y otras atrocidades que cometieron. Y busca abrir así una puerta para que otros sigan su camino. «No quiero que estas multinacionales escapen por la tangente, como demasiadas veces logran hacerlo. Ni ellas ni los gobiernos de Estados Unidos han reconocido lo que les hicieron a los vietnamitas», dijo a medios franceses a fines de enero, cuando se entró en la etapa decisiva del juicio. «El eventual éxito de Nga jamás se limitará a su propia reparación. Comprenderá el reconocimiento jurídico de la responsabilidad de las empresas, pero también una nueva jurisprudencia utilizable por todas las víctimas de armas químicas y pesticidas», afirmaron en una declaración publicada el 18 de enero en el diario Libération una docena de asociaciones y centrales sindicales que integran el Colectivo Vietnam Dioxina.

***

Seis años pasaron desde aquel 2014 en que Tran To Nga inició su demanda ante un tribunal de Evry, en la periferia de París. Trascurrieron entre las presentaciones de documentación de una parte y de la otra y entre chicanas múltiples de la pléyade de abogados contratados por las empresas, que intentaron cuestionar la competencia de un tribunal francés en el caso y acusar de difamación a la querellante. El 25 de enero, tras 19 aplazamientos (¡19!) tuvo lugar la audiencia de lectura de los alegatos y se entró en el fondo del asunto. De las 26 empresas acusadas inicialmente por madame Tran, como la llaman sus abogados, quedaron 14: las otras 12 o bien desaparecieron o bien lograron demostrar que no tenían relación con el agente naranja. Pero entre las que quedaron figuran algunas de las agroquímicas más poderosas del mundo, incluidas Dow Chemical y Monsanto, hoy propiedad de la alemana Bayer y famosa por haber fabricado otros venenos, como los pesticidas a base de glifosato catalogados como cancerígenos en humanos por la OMS, pero con los que se siguen fumigando las tierras agrícolas de buena parte del planeta, en especial en América Latina (véase «Monsanto, Bayer, el glifosato y el imperio de los sentidos», Brecha, 13-VII-18). Entre los 12 integrantes del Comité Vietnam Dioxina aparecen varias de las asociaciones que han denunciado en Francia las prácticas y los crímenes de Monsanto.

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Nacida en el sur de Vietnam en tiempos de la guerra de Indochina, en la que sus padres fueron parte de la resistencia al colonialismo francés, Tran pasó su adolescencia en un país que ya estaba partido en dos. Creció en el norte liberado, a donde su familia la mandó para protegerla, pero cuando era todavía muy joven volvió al sur para combatir contra el invasor estadounidense. Durante cuatro meses recorrió a pie los más de 1.000 quilómetros que separan el norte del sur, atravesando la hoy llamada pista Ho Chi Minh, por entonces pista Truong Son, a través de regiones selváticas y montañosas fumigadas y napalmeadas. Combatió primero con las armas y luego con la pluma, cuando la agencia de prensa para la que trabajaba la envió a seguir a los milicianos del Frente Nacional de Liberación. Además de fumigada, Tran fue detenida y torturada en una prisión estadounidense, donde en 1974 nació en cautiverio su tercera hija.

«Soy hija del Mekong, del colonialismo y de la guerra. Soy hija de una tierra mágica y envenenada», escribió en su autobiografía.

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Fue hacia mediados de la primera década de los dos mil que Tran se resolvió a «hacer algo» contra las empresas fabricantes del agente naranja. Debió convencerse primero de que las enfermedades que sufría estaban ligadas a él, vincularlas a las que sufrían sus hijas y nietos y tantísima otra gente. Consultó a especialistas, se informó. Y se convenció. Más aún luego de que visitó, en 2008, en Thai Binh, cerca de Hanoi, uno de los campamentos asistidos por la VAVA, donde tuvo frente a sí «a adolescentes sin manos ni piernas, bebés deformes, gente sin edad», relata Politis.

Decidirse a enfrentar a las megaempresas fue otro paso: demasiado poderosas y resueltas a hacer cualquier cosa. Dow Chemical y Monsanto-Bayer, las dos más ricas, tienen un volumen de negocios superior al PBI de Vietnam, y cualquiera de las 14 –especialmente Monsanto– tiene abundante capacidad de lobby y un cargado historial en materia de manipulaciones, campañas de difamación, acoso, ataques físicos a través de sicarios, etcétera, etcétera (véanse, por ejemplo, «Natural killer», «Ciencia para quién y para qué», «Periodismo transgénico», Brecha, 5-X-12, 16-V-14, 20-I-17).

En una conferencia llevada a cabo en París en 2009 sobre el agente naranja, Bouny logró que Tran aceptara demandar a las transnacionales. Pero habría otro obstáculo: el judicial. En 2010, bajo el gobierno de Nicolas Sarkozy, el Parlamento votó una ley que quitaba toda competencia a los jueces franceses en materia de derecho internacional. Tres años más tarde, esa competencia se restableció y, al siguiente, Tran presentó su demanda. Sus abogados descartaron la vía penal –más larga y engorrosa, según consideraron– y optaron por la civil.

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Uno de los argumentos de las transnacionales que fabricaron los agentes arcoíris, en especial el naranja, es que «no sabían» sus efectos. Otro es que «no podían» negarse a participar en los «esfuerzos de guerra» de su país. Los dos son falsos. En el juicio, los tres abogados de Tran («somos como D’Artagnan y los tres mosqueteros, combatiendo unidos», dijo la vietnamita) probaron con documentos que, antes de fumigar en Vietnam, Monsanto tuvo que indemnizar a muchos de sus propios trabajadores que se habían contaminado manipulando esos productos. Fueron arreglos extrajudiciales, que no trascendieron y que «quedaron en los ámbitos de la industria» para no provocar un escándalo entre los consumidores estadounidenses, dijo otra abogada, Amélie Lefebvre. «No quiero vivir eso otra vez», llegó a decir por entonces en un mensaje interno un jerarca de la transnacional. Los abogados de Tran accedieron también a otra comunicación corporativa, esta vez de Dow Chemical, correspondiente a 1965 –año en que comenzaron las fumigaciones con el agente naranja–, en la que la empresa reconocía la «extraordinaria toxicidad» de ese producto y mencionaba algunas de las patologías que podía desencadenar.

En cuanto a que las empresas estaban «obligadas» a fabricar esos venenos, uno de los tres mosqueteros, William Bourdon, demostró que nadie les puso un revólver en la cabeza. El gobierno hizo un llamado para la fabricación de estos defoliantes «especiales» y todas ellas se presentaron como un solo hombre porque olían el jugosísimo negocio que tenían ante sus narices y la solvencia de su contratante: el Ejército de Estados Unidos. «No hubo requisición militar, sino una licitación, y ellas respondieron como una banda organizada», dijo Bourdon. «Fueron todos cómplices: el gobierno y las compañías», agregó.

Los abogados de las corporaciones alegaron también que Estados Unidos tenía «derecho a protegerse por todos los medios de los ataques del Vietcong», que nada probaba que las enfermedades de Tran hubieran sido causadas por el agente naranja, que ya habían pasado «demasiados años» de aquello como para ir a juicio… Lefebvre, Bourdon y su otro colega Bertrand Repolt respondieron evocando la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad, apuntando que «nada justifica el recurso a armas químicas en ninguna guerra» y trayendo a colación documentación científica sobre los efectos del agente naranja. «Están acorraladas», afirmó Bourdon refiriéndose a las transnacionales. El 10 de mayo, cuando el tribunal de Evry comunique su fallo, se sabrá en la realidad real si eso es así.

***

«A mis casi 80 años estoy cansada, pero no tengo derecho a parar. Y soy la única persona que puede hacer esto. Si desaparezco, ya no quedará nadie», dijo a la prensa Tran To Nga a la salida de la audiencia de fines de enero. Bouny está de acuerdo. Y dice que ni siquiera el Estado vietnamita, demasiado ocupado en recomponer sus relaciones con Estados Unidos con el fin de «protegerse» de China, hará algo por las víctimas vietnamitas de la guerra química de los años sesenta y setenta, a pesar de que se siguen reproduciendo y de que las zonas devastadas por los agentes arcoíris tardarán muchos años más en regenerarse. Ese abandono: otro de los horrores de la (pos)guerra.


19 marzo, 2021

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