Jueves, 24 Septiembre 2020 05:38

Un maestro demasiado especial

Sylvain Hélaine, alias ‘Freaky Hoody’, un profesor cubierto de tatuajes, provoca debate en Francia

Por si no faltaran suficientes problemas serios en la escuela pública francesa, que debe lidiar a diario con los condicionantes de la pandemia de la Covid-19, un nuevo tema ha irrumpido en el debate educativo: ¿puede un maestro ir completamente cubierto de tatuajes, o una apariencia física tan extrema causa daño a los alumnos, sobre todo a los más jóvenes?

El caso de Sylvain Hélaine, alias Freaky Hoody , está dando que hablar después de que una madre denunciara en el diario Le Parisien que el docente “da miedo a los niños” y debería por tanto ser apartado, al menos, de las clases de parvulario y de primaria. Desde entonces, varias televisiones han entrevistado al personaje, quien sin duda da mucho juego visual en los platós.

Hélaine, que acaba de cumplir 35 años, lleva doce como maestro sustituto en el departamento de Essone, al sur de París. Cada mañana tiene el coche a punto para dirigirse a la escuela donde haya necesidad de un docente suplente. Hasta ahora sus alumnos tenían edades comprendidas entre los 2 y los 12 años.

Freaky Hoody es un fanático de los tatuajes, aunque él niega que esté enganchado a los dibujos corporales de un modo patológico. “No es adicción, es pasión”, matiza. Influyó la época que pasó en Londres en un programa de intercambio de profesorado. Se le pegó la gran afición de los británicos por los tatuajes. Hoy la tinta ocupa todo su cuerpo, incluido el cráneo, el cuello, la cara, la lengua, las orejas, el interior de las manos y los dedos.

Hélaine lleva un cómputo muy preciso de lo que ha invertido, en tiempo y en dinero, para conseguir una apariencia física tan original: 460 horas en los estudios de tatuaje y 57.000 euros. El proceso se prolongó durante tres años y no está dispuesto a detenerlo. Poco a poco va a cubrir todos los espacios que aún conserva de piel de color natural. “Seguramente acabaré todo negro a los 80 años”, predice.

Lo más exagerado es que Freaky Hoody ha llegado a inyectarse tinta de varios colores en la esclerótica –la membrana blanquecina de los ojos–, lo cual le da una mirada casi de ciencia ficción o de personaje de cómic. Estas inyecciones oculares se las han administrado en Suiza porque en Francia están prohibidas. Es una técnica invasiva muy peligrosa. El maestro reconoce que se corre el peligro de quedarse ciego, por lo que no recomienda en absoluto que se siga su ejemplo.

El tatuaje de la lengua también fue muy laborioso. Las inyecciones de tinta se la hincharon tres veces su volumen normal. El escozor le duró largos meses. No podía hablar y le dolía abrir la boca. Fue un suplicio que dio por bien empleado, incluso el riesgo de que la agresiva intervención degenere en un cáncer.

Hélaine asegura que, además de ser su pasión, el tatuado completo forma parte de un “proyecto artístico”. Así puede completar su sueldo de maestro con ingresos que obtiene posando en museos o con su participación en películas y vídeos.

El maestro sostiene que la inmensa mayoría de niños no ve problema con su aspecto físico y, tras la sorpresa inicial, que dura pocos minutos, lo aceptan con normalidad y la clase transcurre sin incidentes.

La ley francesa no prohíbe los tatuajes de los maestros, aunque sí la exhibición de signos religiosos como la cruz o un velo islámico las mujeres. El laicismo de las escuelas es un principio muy estricto que debe ser respetado.

En sus comparecencias televisivas, Hélaine, que se presenta con una camiseta sin mangas, pide que se le trate con tolerancia y se le juzgue por su capacidad didáctica y su rendimiento profesional, y no por su aspecto epidérmico.

En una entrevista con la cadena pública France 3, Freaky Hoody reconoció que, “el tatuaje es algo, en principio, muy egoísta”. “Lo encuentro cool –dijo–. Siempre lo hice para mí. Nunca intenté erigirme en un portavoz de la tolerancia sino que ha sido inevitable. Sufro una discriminación que esperaba sufrir. Quienes me tatuaron me lo advirtieron, que la mirada de la gente cambiaría cuando empezara a cubrirme las manos y la cara. Tuve dudas, pero la pasión fue más fuerte”. Según Hélaine, “el tatuaje es como el amor”, y se quiere estar con él a cualquier hora del día.

La controversia protagonizada por Freaky Hoody no es la única que sacude las escuelas francesas sobre la apariencia física. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, desató otro debate al criticar que los alumnos acudan en atuendo muy deportivo, o como si fueran a la playa o a la discoteca. Según el ministro, “la vestimenta no debe ser un factor ni de discriminación ni de estigmatización”, y advirtió sobre la hipersexualización de las chicas. “Es importante llegar a la escuela vestido correctamente –añadió–. Todos pueden comprender que se viene a la escuela vestido de un modo republicano”.

Ese “modo republicano” recomendado por el ministro es una fórmula ambigua y enigmática. La frase ha sido muy comentada y objeto de bromas. Blanquer no ha aclarado aún cuántos tatuajes admite su código de valores republicano.

Eusebio Val | París, Francia. Corresponsal

24/09/2020 01:31 | Actualizado a 24/09/2020 08:50

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Sábado, 08 Agosto 2020 06:09

Las lenguas son territorios

Las lenguas son territorios

Una lengua nace con cada persona que la aprende. Cuando la mente pueril se comienza a llenar de palabras, a configurarse en ellas (a “formatearse” diría el barbarismo tecnológico en uso), ocurre algo fascinante: la mente piensa, nombra, pronuncia cada parte del mundo que experimenta, de un modo preciso, exclusivo de la lengua que se trate. Nadie necesita leerla o escribirla para identificarla de inmediato y abrirse a la conversación, el canto, la plegaria. Da forma y contenido a la memoria.

Cada lengua es como una biblioteca. Un compendio de los seres, las cosas y sus interconexiones profundas. Si mueren sus hablantes y se extingue, es como si se incendiara la biblioteca de Alejandría nuevamente, decía Elías Canetti, y todo lo que hubo allí se disipa en cenizas y permanece en dos o tres vocablos heredados a otra lengua.

En el curso de su historia hablada, y a veces escrita, cada lengua es un portento colectivo que se renueva y se extiende cuando puede. Lo terrible es que en Babel, como en todas partes, existen idiomas sometidos, negados y prohibidos.

La riqueza de una lengua no está en el número de palabras y tiempos verbales, sino en sus combinaciones, como sucede con la poesía. Las invasiones, las conquistas, las hambrunas y las guerras merman las lenguas originarias alrededor del mundo, las asedian para exterminarlas. La historia del hemisferio americano abunda en ejemplos, desde hace cinco siglos la multitud de idiomas podía concentrarse en territorios compartidos, o coexistidos, vecinos y sin embargo ininteligibles para el otro. Dos casos idílicos en el continente precolombino son la costa pacífica de la actual California y las selvas amazónicas, ricas regiones consteladas de pueblos distintos, completamente entregados a la naturaleza, hablando idiomas propios a pocos kilómetros unos de los otros.

Y el mundo era un coro de pájaros. Sin embargo, cientos, quizás miles de lenguas y sus dialectos, sufren el destino de los taínos, cuya lengua se hablaba en las islas del mar Caribe a fines del siglo XV. La primera con la que tuvieron contacto Cristóbal Colón y los que lo acompañaban. Según diversas estimaciones, hacia 1492 había entre medio millón y cuatro millones de personas en las Antillas (taínos, macaríes, ciguyayos). Bartolomé de Las Casas los calculó en un millón en ese año. Para 1508, el cálculo lascasiano era 60 mil. El último registro taíno se pierde en 1570, menos de un siglo después, cuando quedaban 150 entre los 500 últimos indígenas originarios de las islas. Hasta ahí llegan los registros.

El efecto del “descubrimiento” de La Española fue demoledor, un holocausto o “solución final” que logró exterminar las lenguas, la identidad y los pueblos de un subcontinente. Pero el taíno era una lengua tan adánica y preciosa como otra cualquiera, llena de originalidad sonora y conceptual, que infiltró al castellano y otras lenguas imperiales europeas con palabras clave para entender que en este mundo siempre hay y siempre hubo otros mundos: maíz, canoa, barbacoa, cacique, hamaca, iguana, comején, huracán, cayuco, caribe, enagua, sabana, macana.

En más de un sentido, cada lengua es un territorio. Del mismo modo que la tierra, e incluso más versátil y móvil, la lengua de uno es donde mejor se está. También por eso el odio de los fuertes contra Babel es anterior al mito bíblico y se extiende hasta el presente. El idioma del “otro”, despreciable y amedrentador, debe ser erradicado.

En la actualidad se estima que existen mil lenguas originarias en el continente. Tan sólo en México se contabilizan 68 lenguas y unas 400 variantes dialectales, que en algunos casos son más que meras variantes, como en el tronco nahua o la heredad del imperio zapoteca. En América del Sur ocurre con el quechua, el aymara, el mapungundún.

Las lenguas coloniales son unas cuantas: castellano, inglés, portugués, francés. El espectro hispanoparlante y el anglófono son tan vastos como el chino. Históricamente su dominio ha significado el saqueo y la destrucción de las demás lenguas. Violencia, educación, adoctrinamiento, represión, racismo y miseria son las armas de exterminio contra las lenguas colonizadas. Los colonizadores de antes y de hoy así se adjudican los territorios.

No deja de resultar portentosa entonces la resistencia vital de centenares de pueblos desde el territorio de sus lenguas. Aún los despojados y expulsados, los arrinconados en las orillas de las ciudades conservan y enarbolan la flor de sus lenguas. Sea en México, Tehuacán, Oaxaca, Tijuana, Nueva York o Los Ángeles, siguen en pie las refinadas construcciones de un mundo único, específico y maravilloso, capaz de ser bilingüe y trilingüe en el vientre de la ballena. Noam Chomsky ha subrayado que las lenguas no necesitan escribirse para sobrevivir siglos y milenios. Esto es cierto para el inuktitut, el mazateco o el yanomani, como lo fue para el arameo bíblico. La “bibliotecas de Alejandría” que siguen en pie son la belleza y el tesoro oculto de pueblos amenazados y perseguidos sin reposo por la espada, la cruz, el signo de dólares y la voracidad “redentora” del progreso. De la duración de sus territorios dependen la pervivencia, la soberanía de los territorios físicos de los pueblos y el genio vivo del verbo humano.

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Retirada de la estatua del traficante de esclavos Antonio López en 2018, en pie en Barcelona desde 1944. Víctor Serri

El no siempre coherente mapa de la memoria de las naciones. Desde las estatuas de Colón al barrio de Kropotkin en Novosibirsk.

 

Sobre el monte Rushmore, en Dakota del Sur, se hallan esculpidos los enormes rostros de cuatro presidentes de Estados Unidos. La pregunta es la siguiente: ¿deberíamos dinamitar la mitad de ellos? De hecho, solo dos de estos padres de la patria (Abraham Lincoln y Theodor Roosevelt) no fueron propietarios de esclavos. De los otros dos, George Washington poseyó más de trescientos, mientras que Thomas Jefferson no solo tenía más de seiscientos, sino que también engendró varios hijos con una de sus esclavas.

Por ello la pregunta no es provocadora, sino que pone en evidencia el embrollo que se esconde en nuestra relación con los lieux de mémoire (lugares de memoria), expresión acuñada por el historiador francés Pierre Nora, que da título al proyecto editorial colectivo Les lieux de mémoire (1984, 1986, 1992), publicado bajo su dirección y traducido a diversas lenguas.

Este embrollo es particularmente insidioso en el caso de Estados Unidos, porque el esclavismo hunde las raíces en su historia, en su constitución material. Fueron propietarios de esclavos no solo Washington y Jefferson, sino también James Madison, James Monroe (el presidente que dio nombre a la Doctrina Monroe, precisamente), Andrew Jackson, John Tyler, James Polk y algunos otros estadistas. Poseía esclavos incluso la familia del general Ulysses Grant, que dirigió las tropas del norte en la Guerra de Secesión que abolió la esclavitud.

Si consideramos el asunto con el rigor debido, se debería cambiar el nombre de más de la mitad de las calles de las ciudades estadounidenses (las avenidas que no son numeradas están casi todas ellas dedicadas a presidentes del pasado, excepto algunas vías periféricas que, con cierto sentido de culpa, se hallan dedicadas a Martin Luther King).

Nos introducimos aquí en los meandros de las distinciones existentes entre lo que es la historia de un país y lo que es la reivindicación política. En algunos casos ello no presenta problema alguno. La bandera confederada, que tan solo hace cuatro años ondeaba en las sedes de los ayuntamientos de muchos estados sureños, constituía una provocación desvergonzada hacia los descendientes de los esclavos, mientras que convendría no olvidar la historia del tira y afloja que desde hace más de cincuenta años libran los estados del sur profundo (Alabama, Georgia, Luisiana, Misisipi, Oklahoma, Carolina del Sur, Tennessee) al hilo del rediseño de la propia bandera estatal de modo que contenga alusiones más o menos veladas a la bandera confederada.  

Por ello nadie echará de menos las estatuas de Jefferson Davis (presidente de la Confederación sudista durante la Guerra de 1861-1865), del almirante confederado Raphael Semmes o los diversos monumentos a los soldados confederado que campean en innumerables plazas de Dixieland y que han sido derribados por las manifestaciones de Black Lives Matter. El asunto se hace más resbaladizo cuando se retira la estatua de Cristóbal Colón, porque en la misma de provocación política hay verdaderamente poco. No queremos vivir en un mundo que erige estatuas y las tira abajo y las vuelve a erigir, que exalta y cancela las memorias. En otro caso, daríamos la razón a los talibanes, que en 2001 dinamitaron los Budas de Bamyan, o a los fanáticos hindúes, que en 1992 destruyeron la mezquita de Ayodhya.

A este respecto merece la pena describir la curiosa relación establecida por Rusia con la propia memoria histórica postsoviética. Todo el mundo sabe que tras la caída de la URSS, la ciudad de Leningrado ha retomado su antiguo nombre zarista, San Petersburgo, pero pocos saben, sin embargo, que su región (oblast) continua llamándose Leningrado. Todavía más curioso es el caso de Ekaterinburg, ciudad donde en 1918 fue ejecutado el zar Nicolás II junto con su familia. Durante la era soviética, la ciudad se llamó Sverdlovsk, en honor del nombre del dirigente bolchevique, Jakov Sverdlov, que había ordenado fusilar a los Romanov. Después de 1991 se ha vuelto a recordar a la zarina Catalina la Grande, pero, al igual que en el caso de San Petersburgo, el oblast continúa denominándose Sverdlovsk y la cosa no acaba aquí: la gran arteria que circunda el nuevo monumento dedicado al “martirio de los Romanov” es la avenida Sverdlov (que posteriormente cambia su nombre para denominarse avenida Karl Liebknecht).

Lo mismo sucede en Irkutsk, ciudad situada en las proximidades del lago Baikal: la gran arteria Karl Marx desemboca en una plaza en la que se yergue la estatua de Alejandro III, el zar más reaccionario que Rusia conoció durante el siglo XIX. Vladivostok, por otro lado, es la única ciudad en cuyo centro no sobresalen las avenidas Lenin y Marx, como sucede por el contrario en la totalidad de las restantes ciudades: durante la Revolución Soviética fue la ciudad más “blanca” de Siberia y ello se percibe nada más que uno llega a la misma, porque en la sala de espera de la estación terminal del tren transiberiano encontramos un altar dedicado al zarevic Nicolás II, quien en 1891, antes de subir al trono, visitó la ciudad para inaugurar la línea. Sin embargo, la plaza principal de esta ciudad contrarrevolucionaria se llama “plaza del poder de los soviets”.

Pero el ejemplo más claro de este sincretismo histórico, que se apropia de la totalidad del pasado conciliando elementos inconciliables, lo encontré en un aula escolar visitada en Krasnojarsk, ciudad situada a orillas del río Enisei, donde, en la pared, tras la mesa del profesor, había, situados a ambos lados de la pizarra, un retrato del zar Nicolás II Romanov y otro de Lenin (en toda Rusia el único gran ausente sistemático de esta reconciliación póstuma es naturalmente Stalin).

Tanto eclecticismo no es inocente, ya que subyace bajo el mismo una operación hipernacionalista en virtud de la cual no importa si unos son zaristas y otros bolcheviques, porque todos son hijos de la eterna madre Rusia. Conviene recordar el inmortal apotegma de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio del canalla”. Sin embargo, no puede dejarse de reconocer una toponomástica que hace aflorar figuras que en otros lugares se hallan canceladas de la memoria, como sucede con el príncipe anarquista Kropotkin, que da nombre a un barrio entero de Novosibirsk; o, como en Irkutsk, la del propio Liebknecht o la de Jean Paul Marat (no olvidemos que en Francia Robespierre, Sain-Just y también Marat han sido objeto de cancelación prácticamente en todos los sitios). Y, de todos modos, no deja de inspirar cierta ternura que en el fondo de Siberia uno encuentre el Parque de la Comuna de París y pueda pasearse por él.

Por Marco D'Eramo

15 jul 2020 09:48

Publicado enCultura
Lunes, 01 Junio 2020 09:39

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Publicado enEdición Nº268
Lunes, 01 Junio 2020 09:33

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Colombia quiere y admira a Nairo Quintana y a sus ciclistas más que a sus futbolistas

Fortuna, la marca de los cigarrillos rubios de Tabacalera, nunca patrocinó ni competiciones ni embarcaciones de vela, y, sin embargo, en las encuestas resulta que es la marca que más se asocia en España con la vela, cuentan año tras año en las escuelas de marketing, donde añaden que, claro, el velero con el que el rey Juan Carlos ganaba tantas regatas se llamaba Fortuna. La anécdota quiere explicar que las razones de los consumidores residen a veces en insondables vericuetos mentales, y que ese es uno de los filones que deben explotar los publicitarios, estudiosos del mercado que lo racionalizan y aprovechan añadiendo otro mandamiento a su credo: “para bien o para mal, la primera victoria es la que deja en la gente el recuerdo de la marca que la patrocinó”.

A Fernando Alonso, y tantos años han pasado, aún se le asocia con Renault antes que con McLaren o Ferrari, y en Telefónica saben que, aunque en las cunetas de Colombia ya no se vea mucho su maillot, cuando encuesten a los consumidores del país latinoamericano tan importante en la estrategia global de la empresa española, Nairo Quintana, vista el maillot que vista, será foreverMovistar, el equipo en el que corrió ocho temporadas y con el que ganó el Giro y la Vuelta y subió tres veces al podio del Tour.

Y, con 30 años ya cumplidos, Nairo, que en agosto pasado ya anunció que dejaba el equipo de Eusebio Unzue para firmar por los bretones del Arkea, una marca que nadie en Colombia sabe qué vende (es una banca), sigue siendo una figura primordial en Colombia.

Según las encuestas de popularidad que maneja Telefónica, Nairo era, en el cuarto trimestre de 2019, ya con Egan coronado en el Tour, el personaje más conocido y más admirado del país. Al León de Tunja le conocían el 99,2% de los encuestados, una décima más que al futbolista Falcao (99,1%) y más de un punto más que a su colega James Rodríguez (98,1%). El cantante Carlos Vives alcanzó un 97,7%, y detrás, en el ranking, figuran cuatro ciclistas: Rigo Urán (92,3%), Egan Bernal (91,8%), Fernando Gaviria (67,3%) y Miguel Ángel Superman López (64,5%).

Telefónica considera que el divorcio deportivo, inevitable al considerar ambas partes que se había alcanzado un fin de ciclo y que la convivencia no beneficiaría ni al corredor ni a su equipo, no debe conllevar el divorcio comercial y, según fuentes de la empresa, su estrategia es mantener la asociación con Nairo aunque corra en otro equipo. Por ello, Movistar Colombia sigue manteniendo su colaboración con el Gran Fondo de Nairo, la carrera popular y multitudinaria que organiza el ciclista todos los años en su Boyacá.

Según los datos del mismo estudio que maneja Telefónica, siempre en el sondeo del cuarto trimestre de 2019, un 75,5% admira a Nairo con una nota del ocho al 10, un 72% a Egan y un 69,7% a Rigo, tres ciclistas que son más queridos y ejemplares que los futbolistas: un 66,2% da la máxima nota a Falcao y solo un 54,3% a James.

No es descabellado, por tanto, colegir, y no hacen falta las imágenes de las muchedumbres apasionadas en las cunetas del reciente Tour Colombia para ello, que el ciclismo es el deporte número uno en Colombia, país que, además, es quizás su gran potencia mundial y su vivero de futuro. Por ello, la gente de Telefónica da un gran valor a una encuesta de asociación espontánea de marcas con el ciclismo en Colombia que lidera ampliamente Movistar desde el fichaje de Nairo en 2012, cuando el ciclista tenía 22 años. En el primer trimestre de 2015, un 68% de los encuestados asociaba a Movistar con el patrocinio ciclista, más de un 40% más que a Postobón, una de las marcas más tradicionales del ciclismo en Colombia.

El liderato de Movistar alcanzó su punto máximo en el tercer trimestre de 2017, cuando el podio de Rigo Urán en el Tour y el 12º puesto de Nairo, su peor clasificación. Postobón seguía segunda entonces (28,3%) y Sky, tercera, con su mayor valor histórico (21,8%). En el cuarto trimestre de 2019, el podio no varía pese a que Nairo ya comenzaba a desligarse de Movistar, Postobón había cerrado su equipo profesional y Sky había dejado de patrocinar al equipo de Froome y Egan. La empresa española, que ha comenzado este año, además, a patrocinar el Tour Colombia, mantenía un 81,8% de asociación espontánea de marca con el ciclismo, Postobón estaba en un 21,6% y Sky un 11,4%. Claro, la telefonía móvil latinoamericana, era cuarta, con un 7,3%, y el fabricante japonés de componentes Shimano, quinto, con un 3,2%. En el top ten, tras Tigo, Red Bull y Lotto, entra por primera vez Ineos, el patrocinador del antiguo Sky desde mayo pasado y con cuyo maillot vino tinto Egan se convirtió en julio en el primer colombiano que gana el Tour.

En Movistar son conscientes de que, sin Nairo corriendo con su maillot, está posición se debilitará, pero también saben, porque así lo dicen las leyes del mercado y las marcas, que tardará mucho en perder el liderato.

Por Carlos Arribas

Bogotá 17 FEB 2020 - 12:55 COT

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Steve Bannon, el gurú caído de Trump: "Hemos convertido a los republicanos de EEUU en un partido de clase obrera"
  • - El que fuera estratega de Trump sigue siendo influyente pese a que en 2017 tuvo que dejar la Casa Blanca por su escandalosa radicalidad
  • - "Si queremos que el capitalismo sobreviva, necesitamos hacer que la gente sea capitalista; lo que tenemos son oligarcas y siervos"
  • - Mientras Trump sigue usando las consignas a favor de la clase trabajadora inspiradas por Bannon, sus políticas fiscales van en dirección contraria

 

Steve Bannon fue el hombre a los 63 años dirigió la campaña de Donald Trump de 2016, el que moldeó el partido republicano a imagen del presidente y el que dirigió BreitBart News, una plataforma de contenidos para alimentar a la nueva derecha americana, un movimiento caracterizado por el racismo. Tras su nombramiento en la Casa Blanca, el exlíder del Ku Klux Klan, David Duke, dijo que era una noticia "estupenda". Peter Brimelow, de la página supremacista VDAR, lo calificó de "increíble".

Bannon dejó el Gobierno en 2017 tras haber jugado un papel fundamental en la tan criticada reacción del presidente a la marcha supremacista celebrada en Charlottesville, Virginia. Aun así, sigue siendo una figura influyente en política y quiere inspirar un movimiento global de extrema derecha. Recibe a The Guardian para una entrevista en su casa de Capitol Hill (Washington DC).

"Hemos convertido a los republicanos en un partido de clase obrera", dice un relajado Bannon en su casa con una foto autografiada de Trump detrás. "Curiosamente, ahora mismo no tenemos ni un representante electo que se lo crea, pero eso se debe a nuestro legado, ya lo superaremos: tenemos que encontrar a nuestras propias AOCs [Alexandria Ocasio Cortez]". Desde que fue elegida congresista en Washington el año pasado, la excamarera neoyorquina de 30 años Ocasio-Cortez ha construido una gigantesca audiencia en las redes como miembro de 'The Squad' [el escuadrón], un grupo formado por cuatro mujeres progresistas y no blancas. Su disputado apoyo ha ido finalmente para el senador progresista de Vermont Bernie Sanders.

Entre los congresistas republicanos predominan los hombres blancos de familias acomodadas y cierta edad. Los demócratas y sus simpatizantes tienen un "casting mejor", admite Bannon. "Hicieron un trabajo increíble en 2018. Sigo diciendo que admiro a AOC. Creo que su ideología está equivocada, pero quiero tenerla. Quiero que reclutemos camareros. No quiero más abogados. Quiero camareros".

Bannon también cuenta entre los aciertos demócratas la candidatura de los veteranos del ejército Max Rose (Nueva York) y Mikie Sherrill (Nueva Jersey). Los dos consiguieron su escaño en la victoria que el Partido Demócrata en las elecciones a la Cámara de Representantes de 2018. "Un casting perfecto, por eso nos dejaron atrás".

En las elecciones de mitad de mandato del año pasado los demócratas recibieron el empujón de Mike Bloomberg. El exalcalde de Nueva York les inyectó 110 millones de dólares con su propio comité de acción política [los llamados PAC, por sus siglas en inglés] y el resultado fue impresionante: 21 de los 24 candidatos a los que apoyaba obtuvieron el escaño. Bloomberg ahora también se presenta a la candidatura demócrata para la presidencia en las elecciones de 2020.

"La gente no termina de entender lo que significa Bloomberg", dice Bannon, que también es copresentador del programa de radio War Room [Sala de guerra] sobre el impeachment contra Trump. "De no ser por Bloomberg, no habría impeachment. Son los cien millones de dólares de Bloomberg los que hicieron ganar esos escaños... El Partido Demócrata es igual que el Republicano: no hay gente cuando hace falta hacer algo. Nadie va a un Estado a tocar timbres. Pero esos grupos de activistas sí lo hacen y ahí es donde Bloomberg puso sus cien millones de dólares".

Las lecciones de Reino Unido

En una segunda entrevista telefónica la semana pasada, Bannon hace comparaciones con las elecciones generales británicas en las que el conservador Boris Johnson derrotó al laborista Jeremy Corbyn (acusado de no erradicar el antisemitismo del partido). Igual que Trump rompió el "muro azul" de los estados del medio oeste en 2016, Johnson ha caído como una una bola de demolición sobre el "muro rojo" de áreas tradicionalmente laboristas británicas.

"Es una victoria para el populismo", dice Bannon. "Cláramente, el premio no se lo iban a llevar unas ideas económicas radicales, socialismo y una mayor intervención del Estado, además de un antisemitismo virulento. Creo que en EEUU el Partido Demócrata, especialmente la extrema izquierda que representan el Squad, Elizabeth Warren y Bernie Sanders, deberían aprender la lección porque no creo que solo haya sido por la personalidad de Corbyn".

Bannon no cree que Johnson sea nacionalista ni populista y dice que el Brexit en que piensa el primer ministro británico es algo así como un "Singapur sobre el Támesis", muy diferente a la imagen que tienen en su cabeza los que votaron por él. Aún así, Bannon argumenta que tanto los conservadores como los republicanos deben atraer a la clase obrera para apoderarse del territorio de sus rivales históricos.

¿Un capitalismo para la gente?

Para sus críticos, Bannon es un nacionalista furibundo y nihilista, una persona que busca atención alterando y destrozando el establishment político. Bannon justifica su deseo de transformar a los republicanos en un partido obrero. "Toda mi teoría sobre la derecha es que si queremos que el capitalismo sobreviva, tenemos que hacer que la gente sea capitalista. El problema es que no son capitalistas. Lo que tenemos son oligarcas y siervos. Ese sistema no va a sobrevivir. Yo le digo a los donantes que tal vez me detesten, pero que toda esa mierda de Paul Ryan en la Heritage Foundation no va a ganar una elección nacional. No puede ganar en Wisconsin, ¿se entiende? Donald Trump sí puede".

Eso que dicen Trump y Bannon de defender a los trabajadores se está volviendo cada vez más difícil de creer. Hace dos años, el presidente aprobó un proyecto de ley de 1,5 billones de dólares para reducir los impuestos de las empresas y de los ricos, entre los que figuran él y los miembros de su gabinete. Según el Centro de Política Tributaria, un centro de estudios de Washington no afiliado a ninguno de los partidos, el 80% de los recortes de impuestos aliviará el bolsillo del 1% más rico mientras la clase media sigue pasando dificultades.

En una entrevista de radio de 2016, el nacionalista blanco y asesor de la Casa Blanca Stephen Miller dijo a Bannon que Estados Unidos podría perder su soberanía y ser "diezmado" por la inmigración. Pero Bannon, que en Europa ha asesorado a líderes de extrema derecha abiertamente racistas, niega que el resentimiento racial sea una parte importante del resurgimiento populista. Lo dice a pesar de que el FBI comunicó el mes pasado que los ataques personales motivados por prejuicios habían alcanzado un máximo en 16 años, con un aumento notable en los casos de violencia contra personas de origen latino.

"Cuando ganamos a finales de junio de 2016 en Londres, dije que esa era la apuesta ganadora para Trump, sólo teníamos que imponer los mismos temas", dice en relación al referéndum británico del Brexit. "Por eso, cuando me hice cargo de la campaña, quise volver a lo básico: detener la inmigración ilegal masiva, limitar la legal y proteger a los trabajadores. ¿Por qué crees que las encuestas de Emerson le dan hoy a Trump el 34% de aprobación entre los negros y el 36% entre los hispanos? Va a conseguir el 20% del voto negro y esta es la razón: todo el mundo tiene trabajo".

Otras encuestas dan una imagen muy diferente. Según un estudio publicado el 13 de diciembre por el comité de acción política BlackPac, en torno al 78% de los probables votantes afroamericanos tiene una opinión desfavorable de Trump y un 84% califica negativamente su labor como presidente. Además, el 83% de los probables votantes afroamericanos considera que las condiciones económicas no han cambiado o han empeorado durante el mandato de Trump y un 87% afirma que en noviembre de 2020 votará por el candidato demócrata.

La Administración Trump ha ido claramente en contra de los derechos de los trabajadores al reducir el número de inspectores de seguridad en los lugares de trabajo, elevar la calificación necesaria para cobrar el salario mínimo o las horas extras y arrinconar a los sindicatos, entre otras medidas.

A Bannon no parece preocuparle haber contribuido a llevar al Despacho Oval a un hombre que cuenta con el respaldo de los nacionalistas blancos. "Mira, esto es lo que me vuelve loco de la izquierda. Todo lo de la inmigración es para inundar la zona con mano de obra barata y la razón es porque a las élites les importan un carajo los afroamericanos o la clase obrera hispana. Tampoco les importa la clase obrera blanca. Sólo son números. Así que tienen una oferta de mano de obra ilimitada y pagando nueve dólares la hora. ‘Que entren más, que de paso serán más clientes’", señala.

"Están destruyendo a la clase obrera. Eso es lo que tenemos que proteger. Una vez que demostremos a la clase obrera de todas las etnias y razas que ser ciudadano da derecho a un trato especial, conseguiremos esa reconfiguración", añade.

Exbanquero de inversiones (Goldman Sachs) y exoficial de la Armada, no parece probable que Bannon y su énfasis en la ciudadanía sea suficiente para los ciudadanos de carne y hueso estadounidenses que sufren hoy inmensas desigualdades por su clase, género y raza. Según las estadísticas publicadas en septiembre, la brecha entre los que más tienen y el resto alcanzó el año pasado un máximo en los más de 50 años que la Oficina del Censo de Estados Unidos lleva midiendo la desigualdad de los ingresos. Según la fundación independiente y sin fines de lucro CDC, las mujeres negras tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades que las blancas de morir por causas relacionadas con el embarazo.

 

David Smith - Washington D.C (Estados Unidos)

Traducido por Francisco de Zárate

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Domingo, 27 Octubre 2019 05:49

Nueva jornada de protestas en Barcelona

Manifestantes catalanes independentistas marchan el sábado en Barcelona.Foto Ap

Madrid. El movimiento independentista catalán se volvió a movilizar contra la sentencia del Tribunal Supremo (TS), que dicto penas hasta de 13 años de cárcel a nueve de los principales dirigentes políticos que impulsaron la declaración unilateral de independencia de octubre de 2017.

Unas 350 mil personas, según la Guardia Urbana, se volcaron a las calles en Barcelona con pancartas que decían: "Libertad".

Al finalizar la concentración hubo enfrentamientos, cuando jóvenes separatistas intentabaron llegar a la jefatura superior de policía de la Vía Laietana.

Los manifestantes mantuvieron su exigenia de libertad inmediata para sus dirigentes, y que puedan regresar al país los otros líderes que huyeron para evadir al tribunal español, entre ellos el ex presidente Carles Puigdemont, quien capitaneó el proceso fallido de secesión.

Se demandó respeto al derecho a la autodeterminación y se cantaron las habituales consignas contra el Estado español, la policía y los medios de comunicación.

El propio presidente de la Generalitat, Quim Torra, se puso al frente de la protesta para advertir una vez más que "la autodeterminación no tiene retorno".

Torra, además, se reunió con representantes de 800 municipios catalanes, todos separatistas, para insistir en que su camino hacia la secesión es imparable e inminente.

"Nuestro compromiso con la autodeterminación ya no tiene retorno. El rechazo a la represión y a la sentencia debe ser implacable. Pero no es suficiente: ahora más que nunca no podemos desfallecer, pues estamos en un momento clave. Sólo juntos tendremos la fuerza suficiente para acabar lo que empezamos."

Miles se movilizan con Vox

En Madrid, el partido de extrema derecha Vox organizó un encuentro multitudinario en la Plaza de Colón, donde acudieron miles de personas al llamado de defender la "unidad de España" y pasar a la ofensiva contra el secesionismo catalán, con reiterados mensajes a favor de encarcelar a todos los dirigentes políticos nacionalistas y hasta de proscribir a los partidos que defiendan la independencia.

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Jaime Vargas, presidente de Conaie. Imagen: AFP

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) aglutina a 14 nacionalidades y cerca 15.000 pueblos originarios. 

 

Las organizaciones indígenas ocupan un lugar central en las jornadas de protesta que se están viviendo en Ecuador contra el presidente Lenín Moreno. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) aglutina a 14 nacionalidades y cerca 15.000 pueblos originarios. Desde su conformación en 1980 tuvo un papel central en la política ecuatoriana formando parte de movimientos que derrocaron presidentes. Hoy le dicen al gobierno que las protestas no van a parar hasta que el FMI se vaya del país.

La población indígena en Ecuador representa aproximadamente el 25 por ciento de sus 17,3 millones de habitantes, pero en términos reales un 80 por ciento del total son mestizos. Recién desde la conformación de la Conaie en 1980 encontraron una representación que los ubicó como actores determinantes del mapa político ecuatoriano. En 1986 tuvieron su primer congreso donde expusieron sus reclamos históricos: la consolidación de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador, lucha por la tierra y territorios indígenas, lucha por una educación propia (intercultural bilingüe), lucha contra la opresión de las autoridades civiles y eclesiales, lucha por la identidad cultural de pueblos indígenas, contra el colonialismo y por la dignidad de pueblos y nacionalidades indígenas.

En 1990 la Conaie impulsó el primer gran levantamiento aborigen en Ecuador que movilizó a miles hacia Quito. Los nativos hicieron sentir la fuerza de su organización y consiguieron 2,3 millones de hectáreas. En 1995 crearon un brazo político de izquierda, llamado Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. Hoy ese partido ocupa cinco de los 137 escaños del Legislativo, aunque llegaron a obtener hasta un 10 por ciento de bancas. Ante medidas consideradas impopulares, la Conaie promovió protestas, que junto a otros sectores derivaron en el derrocamiento de los expresidentes Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005).

La Conaie no es una frente gremial tradicional, sino que se encarga de la organización del gobierno de todos los pueblos indígenas que la componen, explica en diálogo con Página/12 la politóloga Soledad Vogliano, que formó parte de la Confederación entre 2009 y 2018. “Reivindican el estado plurinacional reconocido por la Constitución ecuatoriana de 2008. Esta les otorgó ciertas potestades para el ejercicio del gobierno en sus tierras, como la administración justicia y la gestión comunitaria del territorio”, explicó Vogliano. Durante los levantamientos de la década del noventa el lema de la Conaie fue “nada sólo para los indios”, expresando la necesidad de reivindicaciones que excedían la de los pueblos originarios. “Es un movimiento indígena pero no indigenista. Por eso logra una gran adhesión de la gente en Quito. Es una característica que tiene el movimiento indígena ecuatoriano y que no se ve en otros países”, sostiene la politóloga. Durante la jornada represiva del miércoles  se vieron que brigadas de estudiantes universitarios auto convocados salieron a las calles a atender a los heridos. “Sus premisas desde el 1994 son la crítica a la sociedad capitalista. Además elaboraron propuestas para la construcción de una vida comunitaria, dentro del paradigma del buen vivir entre seres humanos y la naturaleza. Expresan un fuerte sentido de colectividad”, explica Vogliano.

Durante la reforma constitucional del 2008, la Conaie ocupó un rol central acompañando al gobierno de Rafael Correa. “Allí se lograron derechos de avanzada, como declarar al Estado Plurinacional. También se proclamó el derecho humano al agua, y a la economía social y solidaria como principio rector de la economía ecuatoriana”, explica Vogliano. Posteriormente, durante la institucionalización de esos derechos se produce el quiebre con Correa. El permiso que otorgó el expresidente ecuatoriano al extractivismo en terrenos indígenas generó la ruptura definitiva.

Un 68 por ciento de los pobres en Ecuador son indígenas. El paquete de medidas que impulsó Lenín Moreno siguiendo las recetas del FMI, afectan directamente a ese sector social. El aumento en el precio del transporte público impacta en el pueblo indígena, ya que es el medio de transporte más utilizado en Ecuador. Así lo expresaron durante las jornadas de protestas del miércoles en Quito. "En mi caso somos siete hermanos y subidos los pasajes es un platal. Para colmo el pasaje en los pueblos es más caro", dijo indignada Lucrecia Caiza, una indígena de Otavalo, al sur de Ecuador. Dedicados a labores agrícolas y comerciales, el impacto de los aumentos también caerá sobre el precio de lo que producen, habitualmente monocultivos de papa, trigo, cebada, cebolla larga, brócoli o zanahoria. La cosecha la sacan a los mercados por carreteras secundarias o terciarias, y la trasladan en camionetas y camiones pequeños, que funcionan a diésel. Este era el combustible más barato hasta los aumentos decretados por Moreno.

Se estima en 20.000 los miembros de la Conaie que estuvieron en las calles durante la jornada del miércoles en Quito. Hoy siguieron reunidos en asamblea abierta, reacios a aceptar el diálogo convocado por Moreno mientras por otro lado sigue reprimiendo. “Estamos en Quito para rechazar un modelo económico capitalista que va en contra de los diferentes niveles de economía", explicó Jorge Herrera, exjefe de la Conaie.  "Esto no para hasta que salga el FMI", sostienen.

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Viernes, 26 Julio 2019 06:35

¿Ser de izquierda?

¿Ser de izquierda?

Recientemente se efectuó el segundo Seminario Nacional de Formación Política del Partido de los Comunistas, singular organización que apoya con congruencia política y especial compromiso ético al Congreso Nacional Indígena–Concejo Indígena de Gobierno y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Entre otros temas, en la reunión se planteó la interrogante de lo que significa actualmente el término de "izquierda", particularmente en el contexto de la acumulación militarizada y el terrorismo global de Estado, hegemonizado por Estados Unidos, y una realidad nacional marcada por la continuidad de la violencia estructural y el desencanto creciente por transformaciones aparentes.

 

Valorando la vigencia de Marx, se propuso mantener la radicalidad con la que estudió, criticó y combatió al capitalismo, en las condiciones específicas de tiempo y lugar, identificando la raíz de los problemas que derivan de la explotación de clase y los sistemas de dominación, en sus particularidades de género y condición étnico- racial-nacional, esto es, colorear la matriz clasista en su complejidad y diversidad. En particular, se planteó incorporar la etnicidad en el análisis de las contradicciones interclasistas en países como el nuestro, en el contexto del colonialismo interno formulado hace décadas por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen.

 

En la construcción de nuevas alternativas, se revalidó evitar que los pueblos originarios sean subsumidos en categorías que todavía hoy día los observan en el pasado de la gens, el comunismo primitivo, el buen salvaje de la modernidad o la revolución, convocados como objetos pasivos del Estado o aliados subalternos y testigos etnográficos del verdadero acontecer de la historia, asumiendo la condena del eurocentrismo que subyace en el concepto de "pueblos sin historia", aquellos que no se ajustan a la lucha de clases moderna y civilizada. Desde esta perspectiva crítica, se identifica el llamado obrerismo, posición economicista que tanto daño ha hecho a los procesos revolucionarios en el mundo y que ha sido una concepción difícil de abandonar por partidos y organizaciones políticas que se reclaman no sólo de izquierda, sino incluso comunistas. Ya en 1986, Leopoldo Mármora criticó este fenómeno que en el ámbito de la política se expresó en atribuir al proletariado misiones históricas que sobrepasan sus posibilidades reales. “Ni las ‘masas obreras’ ni el ‘partido del proletariado’ están en condiciones de ser –como tales– portadores de los intereses globales de la sociedad. El proletariado tiene y conservará siempre intereses de clase particulares y propios”. En consecuencia, Mármora sostenía que una lucha contra-hegemónica es una tarea nacional popular que desborda a la clase obrera y no puede ser depositada en un destino histórico exclusivo de una clase (El concepto socialista de nación. México: Cuadernos de Pasado y Presente, número 72). Esta lucha, necesariamente, tendrá que ser el resultado de un movimiento democrático y socialmente heterogéneo de masas, en el que los pueblos originarios tienen un papel estratégico. Adolfo Sánchez Vázquez señalaba hace casi 20 años, que no podía sostenerse que la clase obrera fuera “el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede –ni debe– ser inalterable o establecerse a priori”. ( Discurso en la Universidad de La Habana, Causa, 2004).

 

En el seminario se caracterizó a la izquierda como una organización o partido que objetiva y subjetivamente coadyuva o construye poder popular, sin transformarse en estamento burocrático o vanguardia autodesignada. Ser de izquierda es crear comunidad a partir del sujeto autodesarrollado que propone la marxista ucrania Raya Dunayesvkaya, quien consideraba que la teoría sólo puede desarrollarse plenamente cuando se asienta en lo que las propias masas hacen o piensan, y destacaba que para Marx lo fundamental consistía en que el ser humano no era meramente objeto, sino sujeto; que no sólo estaba determinado por la historia, sino que también la creaba. Esta revolucionaria coincide con Lenin en concebir a las masas, al proletariado, al campesinado, e incluso a la nacionalidad o pueblo oprimido, como sujetos autodesarrollados. Recuérdese que Lenin sustentó la necesidad de un nuevo impulso teórico porque habían nacido nuevos sujetos a partir del derecho a la autodeterminación de pueblos y naciones.

 

Se reconoció la urgencia de mantener viva la idea de una trasformación sistémica de la sociedad, en contraposición a proyectos desarrollistas, "luchas contra la corrupción", políticas clientelares y corporativas de redistribución del gasto público en "sectores vulnerables", que se constituyen en la base electoral del partido en el gobierno, y cambios periféricos en los aparatos de Estado, que no tocan ni con el pétalo de una recomendación de derechos humanos, su continuismo capitalista y su esencia represiva.

 

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