Miércoles, 22 Agosto 2018 06:53

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

La primera compilación de eufemismos neoliberales (La Jornada, 15/8/18), tuvo una recepción insólita.

A continuación, los enviados generosamente por nuestros lectores:


A


Américas (Las): feudo de la Doctrina Monroe.
Antisemita: crítico de la entidad genocida llamada “Israel”.
“Ausencia de argumentos”: ninguneo.


B


“Bestsellerismo”: antiliteratura.
Borges: nombre propio que sigue a la expresión “como diría…”


C


Cambio climático: obsesión izquierdista.
Caudillo: aplica únicamente a líderes de izquierda.
Coca-Cola: agua bendita para obesos.
Condición humana: anacronismo existencial.
“Contrapesos” (de la democracia): subterfugios leguleyos.
Cosmopolita: escritor con tarjeta de crédito platinum.


D


“Descalificación”: reacción instintiva frente a la crítica.
Desmitificación: negación de la fe popular.
Digitalización: habilidad con dos pulgares y ni un dedo de frente.
Dictadura: cualquiera, con excepción de la plutocrática.


E


Estado: empresa de demolición del sector público.
Estado judío: utopía sionista.
Estrategia: exterminio calculado.
Estridencia: fastidio aristocrático.


F


Fondos de pensión: fichas de casino.


H


Hemisferio occidental: anacronismo geopolítico.
Hispanos: “indigenous”.


I


Iberoamérica: territorio sin culturas prehispánicas.
Información “sesgada”: información verdadera.


L


Latinos: los que hablan mal inglés y latín.
Lectura: hábito en caída libre.


M


Mensaje de texto: reflejo pavloviano.


N


Nacionalismo: virus antimperialista.


O


Operador de bolsa: hijo de puta.
Opinión: patente de corso.
Orwell: nombre propio para decir que algo es “orwelliano”.


P


“Pensar distinto”: derecho a difamar.
PISA (pruebas): misil contra la educación pública.
Politólogos libres: los de “Letras”.
Politólogos modernos: los mapaches.
Politólogos pachucos: (íd. ant.), ambos.
Programador: demiurgo.


R


Redentor: antihéroe krauziano.
Robot: artefacto no previsto en la teoría de la evolución.


S


Salario: variable del ajuste.
“Sin concesiones”: aplica al escritor novel del mes.
Sionismo: nazismo plus.
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): amigos de George Orwell.
Soporte-papel: libro.


T


Táctica: exterminio aplicado.
Teléfono celular: primero Dios.
Titanic: técnica monetaria de navegación.
Trending topic: camino de Santiago.
Tv: espejo nuestro de cada día.


X


Xenofobia: ADN anglosajón y europeo.


Y


Yoyo: juguete de los operadores de Bolsa.

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Viernes, 17 Agosto 2018 08:48

Contra el universalismo

Contra el universalismo

La Modernidad eurocentrada impuso la obsesión por lo ‘universal’, una manera de aplanar las diferencias y de ningunear los ‘localismos’.

 

Ya se sabe, quien no es cosmopolita no es moderno, quien no es moderno es una reliquia destinada a desaparecer y no es cosmopolita quien no tienen una visión universalista. Si esa fórmula impuesta sigue siendo vigente es porque ese ‘universalismo’ ha impregnado todas las ideologías contemporáneas.

Es universalista el fascismo, que traduce lo universal en lo totalitario: una sola forma homogénea de ver y organizar la sociedad, sin brechas, sin disensos. Es universalista el liberalismo, que no convive con otras formas ideológicas aunque se llene la boca con cierto respeto a la diferencia y que aplica la supuesta libertad de mercado (que es el mercado de unos pocos defendido por el Estado). Es universalista la izquierda tradicional (que, paradójicamente, es la ‘Moderna’), que tipifica al sujeto revolucionario sin importar la latitud de la que trate y que apuesta por el desarrollismo sin importar el idioma en el que se conjugue.


La Modernidad eurocentrada (que es la única Modernidad existente porque es ‘universal’) impuso la obsesión por lo ‘universal’ de una forma nada casual porque fue la Europa imperial y dominante la que denominó, pulió y dio esplendor a todo lo que ella misma decidió que era ‘universal’. Y esa aplanadora universalizadora nos empujó a despreciar, anecdotizar o exotizar los localismos, lo pequeño, lo que no tenía la vocación ‘inmanente’ de trascender y convertirse en universal.


Lo universal se impone de diversas maneras. Nos inventamos el Estado-nación para ‘incluir’ al planeta en la lógica de la democracia delegada universal (tan útil para el disciplinamiento social imprescindible para la acumulación capitalista); el aparato de lo que ahora se llama la industria cultural (en la que podríamos incluir la educación reglada) ha servido para que universalicemos las formas; las instituciones financieras internacionales (IFIs) han forzado a países de las latitudes más singulares a aplicar las fórmulas económicas del capitalismo depredador sin reparar en las ‘anécdotas’ localistas; la ONU nació para que nada (o casi nada) se saliera del guión de los derechos humanos universales que redactaron unos pocos y para que universalmente se pudieran controlar (no transformar) los desbordamientos fronterizos o los excesos del universalismo; y Frontex ha nacido para explicar a los ingenuos y anticuados localistas que las fronteras de lo realmente universal (y Moderno) son las de la Europa que siempre ha despreciado los otros afueras que ella no eligiera como potencialmente adentros.


Lo local es antiguo, limitado, atrasado, étnico quizá. Poco más. Y, sin embargo, es en las luchas concretas, locales, inmensamente pequeñas, territoriales, donde se está jugando la cuarta guerra mundial, esa que planta cara de frente al extractivismo voraz, a la gestión de las poblaciones como residuos sólidos, a los cantos de sirenos (siempre llevan corbata) que venden el ‘desarrollo’ y la educación eurooccidental como las puertas combinadas que nos pueden introducir en lo universal. Aprende inglés, o chino, saca un máster triple con certificación internacional, alójate en un servidor de internet para poder ser cósmico, no dudes en irte de vacaciones a 12.000 kilómetros de casa para poder tomarte un selfie con un decorado exótico… El mensaje para los más jóvenes vástagos del universalismo (los nacidos en eurooccidente) es claro y las familias se encargan de descartar una vida localista, localizada, situada, obtusa y aburrida. No es cool quedarse en el pueblo, no es ‘moderno’ cuidar vacas o mantener la tienda de barrio, es de fracasados hacer trabajos manuales (algo tan poco acorde a la revolución tecnológica que habita la minoría universal)… esas cosas sólo las hacen aquellos que no han sido capaces de incorporarse a ‘su’ tiempo (que es el tiempo determinado por los universalistas).


El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya no es tan sexy desde que decidió concentrarse en su autonomía tras intentar (con poco éxito) de contagiar a las otras que aspiraban a ser mexicanas modernas o europeas revolucionarias a punta de facebookear poéticas frases de algún subcomandante que fuera personaje antes que sucio revolucionario anclado a la tierra. No hay nada que mirar en África o en Asia, continentes llenos de experiencias locales que pecan de un déficit de universalismo lamentable. Llevamos cinco siglos largos construyendo lo universal como para ahora mirar al terruño o a la propia comunidad. Y lo universal, que se traduce en lo estatal, es contradictorio e incompatible con lo comunitario. Por eso, en Europa, cuna del universalismo, acabamos con lo comunitario hace mucho tiempo: a sangre y fuego, primero, a punta de colegios e industria cultural después. Fuera de este espacio universalmente diminuto, que es la Europa imperial, las luchas van justo en contravía y buscan recuperar, potenciar y resistir desde/en/con lo comunitario.


Escribe Raúl Zibechi que “la lógica estatal y la lógica comunitaria son opuestas, antagónicas. La primera descansa en el monopolio de la fuerza legítima en un determinado territorio y en su administración a través de una burocracia civil y militar permanente, no elegible, que se reproduce, y es controlada por ella misma. Transformarla desde dentro es muy difícil y supone procesos de larga duración. (…) La lógica comunitaria está basada en la rotación de tareas y funciones entre todos los miembros de la comunidad, cuya máxima autoridad es la asamblea. En este sentido, la asamblea como espacio/tiempo para la toma de decisiones debe considerarse un ‘bien común’. (…) La comunidad se mantiene viva no por la propiedad común sino por los trabajos colectivos que son un hacer creativo, que re-crean y afirman la comunidad en su vida cotidiana. Esos trabajos colectivos son el modo como los comuneros y comuneras hacen comunidad, como forma de expresar relaciones sociales diferentes a las hegemónicas”.


La izquierda tradicional desprecia la lógica comunitariaporque ésta, siendo un contrapoder poderoso, no aspira a la toma del poder. La asamblea y la rotación de las responsabilidades, como explica Zibechi, dispersa el poder y no reproduce las lógicas piramidales y jerárquicas del Estado. Cada comunidad busca soluciones a sus problemas concretos. Pero, para que eso ocurra, debe existir lo comunitario. En el territorio arrasado de Europa toca reconstruir o reinventar el concepto de comunidad partiendo de lógicas locales, no universales. No significa encerrarse en una lógica autárquica e híper localista que niegue a las otras experiencias de contrapoder, sino de cultivar lo comunitario con paciencia para luego trabajar en la urdimbre de las alianzas entre experiencias. Es poco universal y poco moderno pero… ¿quién quiere ser universal y moderno?

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Miércoles, 15 Agosto 2018 07:00

101 eufemismos del glosario neoliberal

101 eufemismos del glosario neoliberal

A

“Ajustado a derecho”: justicia a modo.

Alternancia: marketingelectoral.
Aperturismo: destrucción del mercado interno.
Asimetría: “ley de hierro” de las oligarquías.
Ayuda: limosna.


B. Banco: templo para fieles preferentes.


Banca offshore: cueva de piratas con cuello y corbata.


C. Canasta básica: consumo utópico.
Capital productivo: anacronismo.
Capital financiero: especulación.
Capitalismo moderno: saqueo.
Carenciado: pobre.
Carta Democrática de la OEA: intervencionismo legalizado.
Carta de la ONU: antigualla histórica.
Ciudadano: consumidor.
Competencia: poner precio a lo que no lo tiene.
Comunicación: mercado de la industria informática.
Comunidad internacional: Estados Unidos.
Conflicto de interés: corrupción.
Conflictividad social: lucha de clases.
Contratista en conflictos bélicos: mercenario.
Crecimiento económico: desarrollo excluyente.
Crimen organizado: anarco capitalismo.
Crisis: adrenalina financiera.
Cultura: divertimiento.


D. “Daños colaterales”: masacre de civiles.
Defensa del medio ambiente: chiste de mal gusto.
Democracia moderna: dictadura corporativo-policial.
Derechos sociales: lastre económico.
“Derroche”: repartición justa del ingreso.
Desarrollo sustentable: empobrecimiento sostenido.
Deuda: obligación del pobre, o negociación del rico.
Deuda externa: chantaje financiero.
Diálogo: dar atole.


E. Economía: disciplina seudocientífica.
Economía de mercado: bolchevismo financiero.
Economía emergente: neocolonialismo moderno.
“Eje del mal”: integrado por todos los países, con excepción de Estados Unidos y Tel Aviv.
Empleo: utopía.
Endeudamiento: capacidad para contraer más deuda.
Enriquecimiento ilícito: saqueo de los fondos públicos.
Ética: dignidad negociable.
“Excesos”: tortura.


F. “Fascista”: cualquier líder popular y antimperialista.
Flexibilidad laboral: esclavitud posmoderna.
Fraternidad: sentimentalismo.
Fundamentalismo: aplícase a lo árabe, preferiblemente.


G. Generosidad: arcaísmo.
Gente: pueblo.


H. Hitler: vocablo político multiuso.


I. Inequidad: desigualdad.
Independencia: privilegio del más fuerte.
Información: transmisión de datos descontextualizados.
Inserción en el mundo: cesión de soberanía.
Internauta: alienado voluntario.
Informalidad laboral: desempleo programado.
Inversión: capital especulativo.
Izquierda “moderna”: derecha ambidextra.


L. Liberalismo: impostura ideológica.
Libertad: atole liberal.
Libertad de expresión: arbitrariedad mediática.
Librepensador: derechista vergonzante.
Libre comercio: algo que nunca existió.
Lucha contra la pobreza: vivir del cuento.


M. Maquila: explotación laboral.
Mercado: coto de caza.
Meritocracia: casta de ineptos, con diploma y medalla de oro.
Mesías: dirigente popular que habla con claridad.
Modernización: homogeneización.
Moral: árbol que da moras.


N. Narcotráfico: acumulación primitiva posmoderna.
Naturaleza: nuevo El Dorado.
Niño de la calle: sicario en formación.


O. Oportunidad: zanahoria.


P. País: mercado.
Patria: shopping center.
Pragmatismo: amoralidad.
Pluralismo: simulación.
Pobreza: fatalidad.
Pobreza extrema: indigencia hard.
Pobreza relativa: indigencia light.
Poder Judicial: anacronismo republicano.
Poder Legislativo: espacio para transar en lo oscurito.
Populismo: aplícase a lo políticamente distinto del statu quo.
Posverdad: mentira razonada.
Privatización de la guerra: negocio con rentabilidad garantizada.
Progreso: depredación del medio ambiente.
Prosperidad: crecimiento excluyente.
Proteccionismo: defensa del mercado interno.


R. Realismo: inescrupulosidad.
Régimen: aplícase a cualquier gobierno que no obedezca a Washington.
Relato: tergiversación a modo de la realidad.


S. Sectores sociales: clases sociales.
Seguridad: vigilancia invasiva.
Solidaridad: anacronismo.


T. Trabajo. ocupación económicamente retribuida, si Dios quiere.
Transparencia: opacidad legal.
Terrorismo: recurso natural del capitalismo salvaje.

Terrorismo mundial: miedo programado en Washington y Tel Aviv.


W. Wall Street: templo mayor de la civilización occidental.


Z. Zona de libre comercio: enclave neocolonial.


Observación: el glosario queda abierto. Faltan vocablos que empiecen con las letras J, K, Q, U y V. Propuestas serán bienvenidas.

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Domingo, 12 Agosto 2018 07:28

Cuba: una Constitución conservadora

Cuba: una Constitución conservadora

Del parto de los montes nació un texto de equilibrio inestable, contradictorio y notoriamente conservador e inadecuado.Quienes deberán regirse por esa Constitución –los trabajadores y el pueblo de Cuba– no participaron en su elaboración, no la discutieron en asambleas, no formularon propuestas aunque, por supuesto, asistieron a reuniones rituales y formales de divulgación. Unos pocos dirigentes dosificaron laboriosamente durante muchos años las posiciones contradictorias de las diversas corrientes (la defensora del "modelo" soviético, la de los pragmáticos, la de unos pocos voluntaristas al estilo de Fidel y la de un creciente grupo de partidarios a la adecuación al capitalismo en lo económico pero preservando el poder, como en China). Después el reducido Buró Político del Partido Comunista de Cuba afinó ese texto durante cuatro días hasta que, por último, fue finalmente discutido y aprobado en una hora y media por los 605 miembros de la Asamblea Nacional.

El resultado es una fotografía del momento actual de la sorda lucha de tendencias en el seno de la burocracia gobernante y un intento de dar la base jurídica para la inserción de Cuba en el contexto mundial. Pero no tiene en cuenta, sin embargo, que su economía, la estructura social del país y su política exterior dependen de los acontecimientos internacionales, como una invasión a Venezuela, que podrían modificar profundamente los equilibrios congelados en el texto constitucional aprobado. Éste, por tanto, debería ser más breve y fijar el marco para la acción a medio plazo.

La Constitución renovada mira hacia el ejemplo chino y, al fijar el término de los mandatos presidenciales, busca evitar la perpetuación de un líder para que sea la burocracia-tecnocracia que domina el partido quien, colectivamente, dirija el país. El centralismo de la vieja Constitución subsiste y se acentúa a costa de los poderes legislativos. El presidente será elegido por el Buró Político que presentará un candidato único para que sea refrendado por la Asamblea Nacional. Desaparecen las asambleas provinciales y el gobierno central nombrará gobernadores provinciales. Subsisten el control centralizado de los medios y la censura e incluso se mantiene la pena de muerte, como si la vieja barbarie sirviera para construir el socialismo.

Para la nueva Constitución el Partido Comunista sigue siendo "la fuerza rectora" –lo cual excluye la libertad para otros partidos aunque sean revolucionarios– y el objetivo es sólo asegurar "una transición al socialismo". El texto constitucional habla, sin embargo, de un Socialismo Democrático –para ahuyentar la imagen atroz del régimen soviético– y contradice así el exclusivo papel "rector" del PCC. Además, elimina el objetivo final comunista, contentándose para siempre con la transición al socialismo que también es una transición en la que no existe el Estado, cosa que contradice el reforzamiento de la centralización estatal.

La supresión del "internacionalismo proletario" y su sustitución por la frase "amistad fraternal" expresa también, al igual que la confusión sobre el Estado y el partido, la subsistencia de viejas y fuertes incrustaciones de "marxismoleninismo" soviético. Quienes se quemaron los dedos con el "socialismo realizado" de Brezhnev y seguidores que imponía una subordinación en nombre del "internacionalismo proletario" quieren mantener hoy una distancia prudente del "abrazo fraterno" de Putin o de Xi porque, para ellos, la solidaridad internacionalista no se ejerce sino entre los aparatos estatales y sus gobiernos respectivos y no de trabajador a trabajador de otro país.

Además, hasta hace poco el sistema a veces era ya "socialista" y otras veces sólo "construía el socialismo". Ahora se habla de "Estado socialista democrático" cuando para Marx en el socialismo desaparecen el Estado y la democracia pues no existirán ya las clases y cuando lo que existe es un capitalismo de Estado en el que apenas se ha comenzado a construir algunas bases del socialismo y en el cual todo se sustenta sobre la propiedad estatal capitalista (bautizada "socialista de todo el pueblo") y sobre otras formas de propiedad privada. Nada se dice acerca de que el socialismo requiere derribar al capitalismo en una parte importante y desarrollada del mundo para reconstruir todo sobre otras bases y, por consiguiente, no puede ser logrado aisladamente en un país poco populoso y con escasos recursos bloqueado, agredido y amenazado por la principal potencia militar mundial.

Sigue siendo necesario un texto más claro, más coherente y más audaz. Para volver a ser un faro para el mundo Cuba debería convertirse en una República construida por la autogestión social y basada en la autonomía y la federación de comunas libres, democráticas y pluralistas, construidas sobre la base de la voluntad popular y de los planes decididos por asambleas con derecho a proponer y a decidir, como parte de una sociedad democrática, con una prensa de calidad libre y plural y con libertad de organización.

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El nuevo gurú de la ultraderecha europea

La divisa con la que Bannon se hizo conocer en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “Prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso”, dijo Bannon. Su ambición choca, sin embargo, con unos cuantos obstáculos.

La ultraderecha mundial se prepara con vistas a dar el asalto al Parlamento Europeo. Las elecciones de mayo de 2019 para renovar el europarlamento movilizan desde hace rato a los papas globalizados de la extrema derecha que buscan en Bruselas expandir sus éxitos electorales a través de la creación, dentro del Parlamento, de un mega grupo compuesto por euroescépticos y cuya principal misión consiste en aniquilar a la Unión Europea desde adentro. Ya antes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y la victoria de Donald Trump, quien era en ese entonces su principal estratega, Steve Bannon, había llevado a cabo varios viajes exploratorios por el Viejo Continente con la intención de plasmar una suerte de internacional de la ultraderecha. Esta vez, su objetivo inicial empezó a ser realidad. Bannon plantó sus banderas en la capital belga por medio de una fundación, “The Movement”, con la que pretende aunar a todos los ultras que pululan en Europa. La divisa con la que Bannon aterrizó en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso” dijo Bannon. Su ambición choca sin embargo con unos cuantos obstáculos, empezando por las drásticas divisiones entre los grupos de la extrema derecha presentes en el Europarlamento y siguiendo por el sentido mismo del proyecto: la extrema derecha europea abraza la causa del combate contra la inmigración y la defensa del Estado Nación como antídoto ante los órganos multilaterales (la misma Unión Europea), pero la idea motriz del modelo de Bannon, “la desconstrucción del Estado administrativo”, no figura en su catalogo. El nacionalismo norteamericano no tiene un espejo en la compleja geografía europea. Hay líneas comunes, pero, en un momento dado, el precipicio entre ambos es abismal.


A Bannon, sin embargo, no le faltaran adeptos a su perfil de supremacista blanco, machista, antisemita, y homófobo. El equipo de The Movement cuenta con unas diez personas encargadas de respaldar a la extrema derecha y a los otros partidos populistas durante la campaña electoral. Entre estos consejeros hay personajes ya conocidos como Raheem Kassam, ex colaborador del británico Nigel Farage. Hasta ahora, la irrupción más sonora del rey de las fake news en Europa tuvo lugar en marzo pasado cuando Bannon asistió al congreso organizado por el entonces Frente Nacional francés consagrado a su refundación, es decir, a su cambio de nombre. Bannon intervino allí para vender la idea según la cual “la victoria es posible” porque “nosotros somos cada días más fuertes” y ellos “cada vez más débiles”. También ahondó en las retóricas desculpabilizadoras cuando dijo: “si luchan por la libertad los tratan de xenófobos. Si luchan por su país los tratan de racistas. Pero los tiempos de esas palabras asquerosas se han terminado “. Desde ese momento, el antaño estratega de Trump ha labrado las tierras del Viejo Continente. Sus lazos más estrechos los mantiene con los Demócratas Suecos (neonazis asumidos), Marine Le Pen en Francia, el Partido Popular de Mischaël Modrikamen y el Vlaams Belang en Bélgica, la ultraderecha austríaca (FPÖ) y la italiana de Matteo Salvini. Italia es para Bannon su “bebe” predilecto, la prueba absoluta de la vigencia de sus ideas, o sea, la posibilidad de que se forjen alianzas entre las extremas derechas genuinas y los movimientos populistas pero post ideológicos como el italiano 5 Estrellas.


¿Acaso puede Bannon repetir en Europa lo que hizo en Estados Unidos? La mayoría de los especialistas dudan de ello, sobre todo porque ven en las ambiciones del doctor fake news una suerte de carrera desesperada por existir luego de que Trump lo despidiese y el portal que lo hizo famoso, Breitbart News, también lo pusiera en la calle. Algunos asimilan sus sueños con los de un viejo actor norteamericano que se muda a Europa para interpretar roles menores porque en su país no encuentra trabajo. Por otra parte, los grupos de las extremas derechas europeas son como familias en constante disputa. El odio los une tanto como los separa. El especialista francés de las extremas derechas europeas, Jean-Yves Camus, juzga “ridículas” las pretensiones de Bannon y sus aliados. Según Camus, ello no excluye que “gracias a su dinero y a su capacidades de lobista pueda cosechar algunos resultados”. El analista francés asegura “confiar en las capacidades de los partidos demócratas de Europa para resistir. Los dirigentes europeos son lúcidos ante la situación y la responsabilidad que les incumbe en ella. Todo este problema deriva de la mala gestión de la crisis migratoria”. En el Parlamento Europeo, por ejemplo, el Primer Ministro húngaro Viktor Orban es miembro del PPE (Partido Popular Europeo), donde también está la formación de la canciller alemana Angela Merkel. La Liga de Salvini integra el grupo de Marine Le Pen. En el Europarlamento existen tres grupos distintos de eurohostiles que no se aceptan entre ellos. El proyecto político de estos partidos es esencialmente anti inmigrante y anti multicultural, pero en ningún caso inclinado a privatizar los Estados. Muy por el contrario, la extrema derecha europea aboga por un Estado Nación fuerte capaz de proteger a los ciudadanos de los estragos de la globalización. En julio de 2018, Salvini prometió hacer de las elecciones europeas de mayo de 2019 una suerte de referendo “entre la elite, el mundo de la finanza y el mundo real del trabajo, entre una Europa sin fronteras asediada por una inmigración de masas y una Europa que protege a sus ciudadanos”.


El equilibrio en el seno del Parlamento Europeo reposa aún sobre la dinámica de dos bloques: el de los socialdemócratas y el de los democristianos. No obstante, la cruzada de la ultraderecha por romper ese esquema con el soldado Bannon como líder cuenta con dispositivos muy bien entrenados y mucho dinero. Los medios de desinformación e intoxicación de la ultraderecha norteamericana son poderosos. Su eficacia fue probada a lo largo de la campaña a favor del Brexit en Gran Bretaña y luego con la elección de Donald Trump. Con todo, fracasaron en Francia cuando intentaron hacer lo mismo con Le Pen. La líder ultraderechista francesa perdió estrepitosamente la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 frente a Emmanuel Macron. La visión nacionalista norteamericana, su egoísmo devorador y su indolencia substantiva, encontraron, hasta ahora, una frontera infranqueable en Europa.


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Sábado, 28 Julio 2018 07:17

Parque jurásico

Parque jurásico

Hace poco el senado uruguayo votó por unanimidad una resolución de condena a la represión sangrienta que sufre Nicaragua. El Frente Amplio, que cobija a la izquierda de distintos matices, el Partido Nacional y el Partido Colorado, de derecha y centro derecha, y los socialdemócratas, liberales, socialcristianos, todos concurrieron en reclamar a Ortega el cese inmediato de la violencia contra el pueblo nicaragüense.


Durante el debate, el ex presidente José Mujica, al referirse a los cerca de 350 muertos de la masacre continuada, dijo unas palabras que suenan ejemplares: “Me siento mal, porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño… y siento que algo que fue un sueño cae en autocracia… quienes ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos en que hay que decir ‘me voy’”.


Son palabras ejemplares, porque representan lo que siempre he creído son los fundamentos éticos de la izquierda, basados en ideales permanentes más que en ideologías que se quedan mirando hacia el pasado. Una postura similar la han asumido partidos y personalidades de izquierda en España, Chile, Argentina, México, que rechazan el fácil y trasnochado expediente de justificar la violencia del régimen de Ortega echando las culpas al imperialismo yanqui, según la cartilla.


Es lo que ha hecho el Foro de Sao Paulo, reunido en La Habana, al emitir una declaración en la que, con pasmoso cinismo, se rechaza “el injerencismo e intervencionismo extranjero del gobierno de Estados Unidos a través de sus agencias en Nicaragua, organizando y dirigiendo a la ultraderecha local para aplicar una vez más su conocida fórmula del mal llamado golpe suave para el derrocamiento de gobiernos que no responden a sus intereses, así como la actuación parcializada de los organismos internacionales subordinados a los designios del imperialismo, como es el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”.


Hay que leer en voz alta a estos señores reunidos en La Habana la declaración de Podemos emitida en Madrid: Reclamamos la investigación y el esclarecimiento de todos los hechos sucedidos durante las movilizaciones, incluyendo la rendición de cuentas ante los tribunales por parte de las autoridades policiales y políticas que se hallen responsables de las violaciones de los derechos humanos cometidas.
A un discurso trasnochado lo acompaña siempre un lenguaje obsoleto. ¿Esta del Foro de Sao Paulo es la izquierda, o lo es la que representa el pensamiento humanista de José Mujica? Aquella pesada diatriba nada tiene que ver con la realidad de Nicaragua. Es la retórica hueca, lejana a todo contacto con la verdad, que se quedó perdida en las elucubraciones de una ideología fosilizada. En el parque jurásico no hay pensamiento crítico.


El canciller Arreaza de Venezuela, quien venía de La Habana de participar en el Foro de Sao Paulo, se presentó vestido con una camisa rojo encendido en la plaza donde esta dictadura celebraba el 39 aniversario de la revolución que derrocó a la otra dictadura, la de Somoza, con un alentador mensaje: Si el pueblo bolivariano, los revolucionarios de Venezuela, tuviésemos que venir a Nicaragua a defender la soberanía y la independencia nicaragüense, a ofrendar nuestra sangre por Nicaragua, nos iríamos como Sandino, a la montaña de la Nueva Segovia.


Es decir, el ofrecimiento de una intervención militar para apoyar la represión, que se volvería entonces más dura de lo que ya es. Y vendrían no a defender a Sandino, sino a pelear a balazos contra sus ideales.


El oficio ético de la izquierda fue siempre estar del lado de los más pobres y humildes, con sentimiento y sensibilidad, como lo hace Mujica. En cambio, el coro burocrático jurásico termina justificando crímenes. Defender el régimen de Ortega como de izquierda es sólo defender su alineamiento dentro de lo que queda del Alba, tras el fin de la edad de oro del petróleo venezolano gratis y el golpe mortal que le ha dado, también desde una posición ética, el presidente Lenin Moreno, de Ecuador.


No puedo imaginar a un ultraderechista aliado del imperialismo yanqui más atípico que Alvarito Conrado, el niño de 15 años, estudiante de secundaria, que corría a llevar agua a unos muchachos desarmados que defendían una barricada en las cercanías de la Universidad Nacional de Ingeniería, y le dispararon un tiro en el cuello con un arma de guerra.


Fue cerca del mediodía del viernes 20 de abril, muy al inicio de las protestas que ya duran tres meses. Lo llevaron, herido de muerte, al hospital Cruz Azul, del Seguro Social, y como había órdenes superiores de no dar asistencia médica al enemigo, se negaron a atenderlo. Murió desangrado.


Alvarito es hoy un icono. Está en los muros, en los pósteres, con su cálida sonrisa inocente y sus grandes lentes. Un niño agente del imperialismo, conspirador de la ultraderecha local, empeñado en derrocar a un gobierno democrático de izquierda. La izquierda jurásica.


Masatepe, julio 2018
www.sergioramirez.com
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Twitter: sergioramirezm

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Sobre el alcance histórico de la elección de AMLO

Hay que festejar un acontecimiento histórico: la primera derrota electoral de las derechas mexicanas reconocida como tal. A la historia remitió también la promesa de mayor peso de la campaña de Andrés Manuel López Obrador (también conocido como AMLO) y sus aliados, inscripta en el nombre mismo de la coalición: Juntos Haremos Historia.


El real alcance del gobierno que nació del voto del domingo obviamente irá decantándose en el tiempo y sólo se podrá sopesar retroactivamente. Sin embargo, algunas cuestiones afloran inmediatamente como parte del debate que se abre a partir de este acontecimiento.


En primer lugar, con la elección de López Obrador culmina un largo y tortuoso proceso de transición formal a la democracia, en tanto se realiza la plena alternancia en el poder al reconocerse la derrota electoral de las derechas y la correspondiente victoria de la oposición de centroizquierda, aquella que había aparecido en 1988 para disputarle al Partido Acción Nacional (Pan) el lugar de oposición consecuente. Cabe recordar, a treinta años de distancia, que desde entonces se asumía que el Pan era una oposición leal, que comulgaba con el neoliberalismo emergente y con el autoritarismo imperante. La alternativa planteada por el neocardenismo y el Partido de la Revolución Democrática (Prd) simplemente propugnaba el retorno al desarrollismo, pero con un acento más pronunciado hacia la justicia social y con otro diagnóstico sobre las causas de la desigualdad respecto del programa actual de López Obrador y el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que coloca a la corrupción como el factor sistémico, como causa y no como consecuencia de las relaciones y los (des)equilibrios de poder. El horizonte de la revolución democrática implicaba un proyecto de transición no sólo formal sino sustancial: el igualamiento de las disparidades socioeconómicas como condición para el ejercicio de la democracia, tanto representativa como directa.


El círculo de la alternancia –y también del beneficio de la duda– que se cierra con esta elección marca sin duda un pasaje histórico significativo pero que no garantiza el alcance histórico del proceso que sigue.


Más aun si las expectativas son tan elevadas como las que suscita López Obrador al sostener que encabezará la cuarta transformación de la historia nacional, autoproclamándose el heredero de Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas. Lejos de todo izquierdismo, privilegia el rasgo moralizador y los perfiles de estadistas y demócratas de estas figuras. No hay truco ni engaño, en su programa y su discurso de campaña esta transformación atañe fundamentalmente a la refundación del Estado en términos éticos, y sólo en segunda instancia ésta tendrá las reverberaciones económicas y sociales necesarias para la estabilización de una sociedad en crisis. Del éxito de la cruzada anticorrupción dependen no sólo la realización de la hazaña histórica de moralizar la vida pública, sino la posibilidad de lograr tres propósitos fundamentales: pacificar el país, relanzar el crecimiento vía mercado interno, y redistribuir el excedente para asegurar condiciones mínimas de vida a todos los ciudadanos. Se trata de una ecuación que, para convencer a propios y extraños, ha sido repetida hasta el cansancio durante la campaña.


Respecto de los gobiernos progresistas latinoamericanos de las últimas décadas, el horizonte programático de López Obrador está dos pasos atrás en términos de ambiciones antineoliberales, mientras destaca por la insistencia en la cuestión moral, justo en la que muchos de esos gobiernos naufragaron, y, por otra parte, por tener ante sí el desafío de la pacificación, con todas las dificultades del caso, pero también con la oportunidad de tener un impacto profundo y marcar un cambio sustancial respecto del rumbo actual. Por la urgencia y la sensibilidad que lo rodean, será en este terreno –más que en cualquier otro– donde se medirá el alcance del nuevo gobierno, su popularidad y estabilidad en los próximos meses.


JUNTOS Y REVUELTOS. Por otro lado, la promesa de hacer historia convoca en principio a todos los ciudadanos “juntos”. Sin embargo, más allá de la transversalidad y la voluntaria ambigüedad de esta convocatoria de campaña, todo proceso político implica atender la espinosa definición del sujeto que impulsa y el que se beneficia del cambio. La fórmula obradorista, desde 2006, tiene un tinte plebeyo y antioligárquico: se construye sobre la relación líder-pueblo y la fórmula “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”. Al mismo tiempo, tanto el Morena como la campaña fueron construidos alrededor de la centralidad y la dirección incuestionable de López Obrador, una personalización que llegó al extremo de llamar al acto de cierre de campaña AMLOfest y de usar el acrónimo AMLO como una marca o un hashtag(#AMLOmanía). Pero junto al pueblo obradorista y su guía están otros grupos con creencias y prácticas muy diversas entre sí: los dirigentes del Morena y de los partidos aliados (Partido del Trabajo –PT– y Partido Encuentro Social –Pes–) y toda la pléyade de grupos de priistas, perredistas y panistas que, oportunistamente, cambiaron de bando a último momento. También están vastas franjas de clases medias conservadoras, así como sectores empresariales a los cuales López Obrador dedicó especial atención en la campaña con el afán de desactivar su animadversión y para poder contar con su colaboración a la hora de tomar posesión del cargo. Cada uno de ellos exigirá lo propio, pero sobre todo serán valorados en relación con su específico peso social, político y económico en aras de mantener el equilibrio interclasista y la gobernabilidad.


Entonces “juntos” y revueltos, siguiendo el esquema populista, una abigarrada articulación de un vacío que sólo pudo llenar la ambigüedad discursiva y ahora la capacidad de arbitraje y el margen de decisión del líder que la elaboró y la difundió. Entre equilibrios precarios y alianzas variables, se vuelve imprescindible el recurso a la tradición y la cultura del estatalismo y del presidencialismo mexicano –con sus aristas carismáticas y autoritarias– que, no casualmente, no fue cuestionado a lo largo de la campaña obradorista.


Al margen de los contenidos que, como anuncia el programa, oscilarán entre una sustancial continuidad del modelo neoliberal, condimentada con dosis limitadas de regulación estatal y de redistribución hacia los sectores más vulnerables, la cuestión democrática es la que podría paradójicamente frustrar las expectativas de cambio histórico para reducirse a un esquema plebiscitario bonapartista, ligado a la figura del líder máximo que convoca a opinar sobre la continuidad de su mandato u otros temas emergentes. El culto a las encuestas dentro del Morena, tanto las que sirvieron para seleccionar a los candidatos como las que sostuvieron el triunfalismo de la campaña, podría ser el preludio de un nuevo estilo de gobierno, en el cual el pueblo sea asimilado a la opinión pública.


Esperemos que la transición formal a la democracia que hemos presenciado el 1 de julio, y la experiencia de un gobierno progresista tardío en México, no cierren las puertas a la participación desde abajo, sino que, por el contrario, propicien el florecimiento de instancias de autodeterminación. Esto sí que podría abrir la puerta a una transformación de portada histórica.

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Cultura de masas y propaganda: la infantilización de las decisiones

La insoslayable naturaleza gregaria del ser humano entra en contradicción con la creación de conceptos nuevos generados por la Revolución industrial y el surgimiento de la modernidad, allá por el siglo xvii y xviii, que creó el concepto de individuo y otros igualmente trascendentes: subjetividad y libre albedrío, que llevan a la búsqueda de la independencia individual que nunca es total, pues vincularnos con otros, sobre todo en una relación amorosa, requiere ceder algo y, a veces, mucho, de la independencia personal en aras de la creación de una imprescindible interdependencia al darle un lugar privilegiado, prioritario, al ser amado. En la relación amorosa se requiere de una posibilidad dinámica: de una entrega amplia, a veces fusional, pero transitoria, para después recuperar la individualidad.

La pareja es el ejemplo más acentuado de la importancia que tienen para los seres humanos los grupos: de familiares, de amigos, de colegas, etcétera. Pero los grupos tienen también un efecto contradictorio: algunos son protectores, tranquilizantes y otros son inquietantes e inclusive atemorizantes. Además, tienen un efecto peculiar sobre los individuos que los integran, crean un efecto regresivo a etapas tempranas del desarrollo, tanto más acentuado cuanto más grande es el grupo, con la consecuencia de que domine el polo emocional sobre el racional. Piénsese, por ejemplo, en los cambios que se generan en los individuos cuando acuden a un partido de fútbol.


Esto llevó a que grandes pensadores, como Gustave Le Bon, Freud y Lacan consideraran a los grupos sólo como generadores de ilusiones y distorsiones del pensamiento por el predominio en ellos de la emocionalidad y la impulsividad. A partir de las experiencias de trabajo de Wilfred Bion con grupos psicoanalíticos durante y después de la segunda guerra mundial se cambió dicha comprensión: las emociones generadas por los grupos pueden ser fuente de distorsión del pensamiento, pero también pueden estimularlo, generar nuevos pensamientos y la consecuente creatividad.


Debido a que como especie estamos condenados a vivir en grupos y en sociedad, tenemos que aprender a obtener lo mejor de esta realidad sin dejar que se distorsionen nuestros ideales y pensamientos, situación difícil cuando la cultura postmoderna y las técnicas de publicidad desarrolladas desde hace un siglo están diseñadas precisamente para manipular los deseos e ideales de los ciudadanos con fines económicos y políticos.


Ahí está planteado el dilema contemporáneo: ¿podemos mantener nuestro pensamiento, ideales y relativa independencia sin afectación a pesar de las presiones de la cultura y los medios de difusión, o seremos fácil presa de sus ardides?

Razón de ser de la propaganda y su relación con la época

En una entrevista filmada y difundida por Spanish Revolution a través de las redes, el gran pensador Noam Chomsky plantea que la industria de las relaciones públicas y la industria de la publicidad, que se dedican a crear consumidores, fueron desarrolladas hace aproximadamente un siglo en Inglaterra y es por una razón que se les volvió clara: ya no podían controlar por la fuerza a la población porque habían ganado demasiada libertad y, en consecuencia, buscaron otras maneras de mantener el control social y encontraron que una de las mejores maneras de controlar a las personas estaba y está relacionada con sus creencias y actitudes, sobre todo en la práctica de “fabricar consumidores”, para que se dediquen a obtener cosas que están a su alcance (aunque sean prescindibles) y que eso sea la esencia de su vida; de esa manera quedarán atrapados no sólo como consumidores sino como consumistas.


Eso fue logrado por el modelo económico neoliberal de manera masiva alrededor de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, con la creación de supermercados y grandes centros comerciales promovidos desde la publicidad en los medios masivos de difusión, estimulando los nuevos ideales de narcisismo, hedonismo y consumismo, así como creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales por medio de la manipulación publicitaria que apela a las emociones y bloquea las decisiones racionales, y plantea cómo debe ser la vida ideal con el tipo de aparatos que se deben tener y que frecuentemente no son necesarios, así como el tipo de vida a llevar siempre orientada a lo rentable para el sistema comercial.


En el caso de los procesos electorales para alcanzar puestos políticos el procedimiento funciona de la misma manera: buscan crear un electorado desinformado que tome decisiones irracionales, a menudo en contra de sus propios intereses, por medio de la creación de grandes espectáculos manipuladores que conforman el proceso electoral supuestamente racional, que sólo es alcanzable para unos pocos ciudadanos con suficiente espíritu crítico y con posturas racionales no dogmáticas.

Infantilización, medios masivos de difusión y cultura de masas

Lo que Chomsky no aborda en su magnífico y sintético análisis sociológico son los mecanismos psicosociales que se echan a andar para lograr estos objetivos mediante la manipulación regresiva o infantilización propia de la cultura de masas vigente en la actualidad.


La cultura de masas se ha definido como el conjunto de formas de expresión cultural que atraen a los individuos en condiciones donde se encuentran influenciados por masas reales o fantaseadas, es decir, en condiciones donde la psicología de las masas opera sobre ellos (Kernberg). Así, la cultura de masas contemporánea se caracteriza por la manipulación de éstas y su consecuente control social.


La novedad contemporánea es que las masas no tienen que estar reunidas físicamente en el mismo lugar: el mismo efecto psicológico se logra cuando multitud de televidentes individuales –cada uno en su hogar– ve el mismo noticiero o programa televisivo de diversión, o se conecta a internet para atender la misma noticia o fuente de información. La industria del entretenimiento a través de la prensa, radio, cine y televisión, redes sociales, así como las dis¬cotecas o el deporte como espectáculo, son la expresión contemporánea más acabada de este fenómeno.


Esta conformación de una cultura de masas por medios virtuales genera una visión llena de convencionalismo y conformismo acorde con el mundo interno de la etapa infantil que transcurre entre los cinco y diez años de edad, época en que los niños no se independizan todavía de los valores de los padres y de la cultura, asumiéndolos en formas muy simplificadas, como el bueno y el malo en las películas del oeste, sin matices ni contradicciones. Simultáneamente, hay deseos y fantasías de poder que hacen que el niño se interese por las historias de héroes y superhéroes.

Cultura de masas e industria del entretenimiento

En la cultura de masas la formación de grupos que funcionan en un nivel de inmadurez, de infantilismo, “puede provocarse también mediante el placer que se siente en la experiencia regresiva al formar parte de un proceso grupal, y por el goce de la fusión regresiva con los otros, derivado de los procesos generalizados de identificación en la masa” (Kernberg), que se relaciona con el concepto de Canetti del gentío festejante.


A esto hay que agregar la dimensión económica del neoliberalismo, productor de condiciones que impactan todos los ámbitos, donde perdemos importancia como ciudadanos para quedar como meros consumidores sujetos al imperio del mercado. La trascendencia económico-política de poder producir agrupamientos pree¬dípicos, o infantilizados, mediante el placer de la experiencia regresiva, es que reúnen un ideal capitalista de control social: son eficaces, rentables y reproducibles al infinito.

Manipulación política

Este fenómeno de masas infantilizadas que generan los medios de difusión da lugar a un incremento de la credulidad y la emocionalidad en el público, lo cual inhibe el análisis racional de los contenidos. Por eso la propaganda y la publicidad se dirigen fundamentalmente a generar ciertas emociones en el público, donde la racionalidad no importa y, de hecho, se utiliza para impedir que aparezca.


De la misma manera, en la propaganda política no son sustantivos los programas de gobierno ni las posturas ideológicas, sino la generación de emociones descalificadoras o esperanzadoras, muchas veces sin sustento objetivo alguno, pero eficaces para manipular a un público crédulo. Por eso también en el voto dominan las emociones en lugar de la racionalidad sustentada en datos objetivos.
Unos votan desde el estómago y la dependencia, y venden su voto por unos pesos; otros votan desde el hígado y emiten voto de castigo a un partido político porque el mandatario anterior tuvo posturas impopulares, aunque votar por el otro partido signifique una lesión grave a los beneficios obtenidos para las capas populares y medias que son su origen de clase y generen después –demasiado tarde– manifestaciones masivas de protesta. Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles, y por el modelo económico neoliberal que produce las mercancías en los lugares del mundo donde encuentra menores costos de operación y, en consecuencia, saca las empresas del país de origen.
Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema.


Por ello, en el psicoanálisis se ha pasado de tratar problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos, al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad en algunos, y la omnipotencia y egoísmo en otros.


En los casos más graves de inmadurez, denominados fronterizos simbióticos o de nivel bajo, el síntoma de difusión de la identidad destaca por su importancia y produce personalidades adhesivas, ambiguas y “gelatinosas”.


La sumatoria de estos dos hechos da un resultado terrible: la conformación de un sector amplio de la población infantilizada y manipulable, al que se agregan eficaces técnicas publicitarias en los medios masivos de difusión que permiten infantilizar y manipular al auditorio, tanto más a los ya infantilizados, para venderles productos prescindibles, así como para inducirles el sentido de su voto.

 

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Lunes, 25 Junio 2018 08:42

Polemizar: una lucha ideológica

Polemizar: una lucha ideológica

El francés Jean-Paul Sartre decidió confrontar sus propias consideraciones con la sociedad francesa, cuando en 1949 defendió, en una conferencia pública, sus planteamientos filosóficos y vitales. Sartre no tuvo temor, sabía bien que si se dejaba llevar por la seguridad que supone no exponerse –pues quien no se ofrece a los demás jamás será cuestionado ni contestado– pondría fecha de vencimiento a su propia subjetividad. Aquella conferencia se dio en un ambiente más que intimidante; sillas rotas, golpes, desmayos y grandes tumultos para hacerse a un lugar en el auditorio, allí no estaba en juego una simple discusión de conceptos filosóficos, allí estaban en juego diferentes concepciones de la vida y la sociedad; los católicos, los comunistas ortodoxos y todos aquellos que se disputaban con Sartre la manifestación de la verdad acerca de las bases del mundo social y político que configuraba la vida humana.

 

La conferencia de Sartre, publicitada en periódicos días antes y publicada luego como libro, se tituló El existencialismo es un humanismo. Su intervención no fue de las más ordenadas, con vacíos teóricos, ambigüedades conceptuales y gigantes presupuestos que le imposibilitaron ofrecer una posición sólida sobre sus consideraciones de la existencia humana, sin embargo, supuso la apertura de una discusión ideológica al interior de la sociedad francesa que, inquieta, cuestionó sus propias creencias y la manera de construir la vida en común de los individuos. Así pues, el valor de la polémica está en que sacude la vida y hace que las sociedades progresen en virtud de la discusión y se cuestionen a sí mismas mediante lo que cada individuo pregunta y responde a otro.

 

Esta misma posición de la actitud polémica y de la confrontación de las creencias y prácticas sociales, hace de Sartre uno de los valores más extraordinarios del pensamiento de izquierda. Hace 50 años este francés decidió salir a las calles a respaldar las manifestaciones de la juventud y la clase obrera francesa en aquellas famosas jornadas de mayo y junio de 1968. Sabía que no podía ser la figura central de aquel momento subversivo, pues ponerse como figura principal de aquellas reclamaciones opacaría la decidida respuesta política de los jóvenes y los trabajadores.

 

Como bien señala Eric Hobsbawm, Sartre comprendió el momento histórico y “lo reconoció colocándose en un segundo plano frente a Daniel Cohn-Bendit, ante quien actuó como mero entrevistador”1. Parece pues extraño que esta haya sido la tarea del intelectual en medio de Mayo de 1968, no obstante, si nos fijamos con detenimiento, podemos captar que la labor intelectual de Sartre estuvo determinada por sus propias posibilidades como revolucionario, es decir, desde la palabra, desde el respaldo que suponía el apellido Sartre.


Lo valioso de este momento de la vida de este pensador francés, como de tantos otros que han sido consecuentes con sus ideales, reside en la capacidad para extender su palabra y su praxis intelectual al espacio público, al debate y confrontación de las ideas, a posicionarse sin titubeos frente a la situación, pues la neutralidad no es cosa de revolucionarios, mucho más cuando el momento histórico exige decidir, elegir, actuar. Es así, pues, como el valor de la polémica no está dado en sí mismo, sino que hunde sus raíces en la situación en la cual se encuentra, por ello no es lo mismo una polémica dentro de los márgenes de un aula universitaria, por ejemplo, que el ejercicio de polemista dentro del seno mismo de la sociedad, en las calles con megáfonos –como lo supo hacer también Sartre– o desde la producción revolucionaria de medios como periódicos y apuestas orales y editoriales, todas ellas enfocadas en el carácter público de la praxis intelectual.

 

Cuando la situación en la que se vive exige una respuesta, los individuos no pueden ahorrase la fatiga de contestar. En medio de una sociedad como la colombiana que actualmente se enfrenta a las posibilidades de continuar con la lógica de la opresión en manos de las tendencias políticas de derecha, la labor del polemista cobra gran relevancia. No se trata de cuestionar por cuestionar –cosa que por lo demás no sería asunto anclado a la polémica–, sino de criticar y elaborar posibilidades de transformación de lo dado. La mera contemplación de la situación siempre juega en favor del opresor, la imparcialidad, cosa que en los días que corren se ha vuelto un valor moral, no es ningún rechazo a la continuación de la barbarie en el país, es, por el contrario, el refuerzo ideológico más velado de todos, pues se decide no participar conscientes del peligro que encarna la posición del que no quiere mancharse con lo que juzga inmoral. Para el momento que vive el país la posición más repudiable de todas es la de aquellos que se hacen a un lado y no entran en la confrontación pública. Los últimos bastiones de la ideología son la resignación, la apatía y la neutralidad. Como vemos la tarea es doble: de una parte, enfrentar todas las tendencias que opacan cada vez más el futuro del país y denunciar como ideología las decisiones “morales” de todos aquellos que no entran en la arena de la discusión y la intervención política y social. Para ello, nuestra herramienta es la crítica.

 

De esta manera, nuestra sociedad merece el ejercicio de la crítica; su forma de construir la personalidad, de tejer las relaciones entre los individuos y de fomentar peligrosas “escuelas de pensamiento” debe ser cuestionada. La tendencia subjetivista con pretensiones universales que encarnan aquellas posturas que alaban el sentido común y la formación caprichosa de hombres y mujeres, apunta a la configuración de una sociedad mediocre que cristaliza en el falso respeto por la posición del otro y la validez de cualquier opinión carente de trabajo.

 

En nombre de la defensa de la libre expresión de la opinión estas tendencias ideológicas asumen legados que no coinciden con sus manifestaciones vitales. La creencia en que una de las vías para la defensa de la subjetividad es el repliegue a la esfera privada, desdeñando la intervención pública y la confrontación de argumentos contrarios, es sepultar cualquier posibilidad de la afirmación del individuo y una talanquera para el desarrollo de la personalidad que se dice defender. Así, la verdadera defensa de ésta no puede desligarse de la complejidad de la condición humana que no puede ser dividida entre lo privado y lo público, pues hacerlo es entrar ingenuamente a la cueva donde la bestia del capitalismo estará dispuesta para devorarnos o para poner a su servicio nuestra existencia.

 

Lo personal es político, ningún individuo es tal en virtud de la ausencia de otros. Nadie se construye solo, los demás nos dan forma, en diálogo y confrontación con ellos es que configuramos nuestra vida; como diría Marx, lo contrario sería una robinsonada2, pues la creencia en que es posible vivir sin los demás, ser autosuficiente y girar en torno a sí mismo, es el caldo de cultivo para la emergencia de las formas más miserables de la existencia humana.

 

Si la construcción de la individualidad se da en el diálogo y la confrontación con los demás, quien decida rechazar estos aspectos, tendrá que admitir, a la vez, que su proyecto de vida ya está terminado y que no le queda nada más por hacer, en otras palabras, que es un individuo estancado. En este punto surge la necesidad de la polémica, la confrontación con los demás que permite reafirmar mis consideraciones o cambiarlas de acuerdo a lo que surge del diálogo con el otro. Este diálogo no es un mero intercambio banal de opiniones donde todo vale, por el contrario, es el encuentro de posiciones con argumentos que buscan convencer en aras de que triunfe la verdad y la razón. Quien no entra en discusión difícilmente se forma, pues su mundo se reduce a una conciencia estrecha, siempre cómoda y sin posibilidad de un despliegue que apunte al desarrollo de sus capacidades.

 

En la Fenomenología del espíritu, libro de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, se denuncia este modo de estrecha conciencia como una conciencia cobarde. Para Hegel, la desconfianza y el temor de aquella conciencia que no se atreve a cuestionar sus creencias mediante la experiencia y la confrontación, y que por ello se cree segura, comporta una renuncia a la formación y el trabajo. Esta conciencia no se da cuenta que el “temor a errar [es] ya el error mismo”3. Todo esto nos deja en claro que la polémica es una situación, un arma y un valor de las organizaciones progresistas que buscan rechazar con su labor la configuración de un mundo desigual, injusto y rasgado profundamente en lo humano como el capitalismo contemporáneo. Esta actitud del polemista es un intento por responder críticamente a esta condición miserable.

 

* Centro de Estudios Estanislao Zuleta.
1 Hobsbawm, Eric. Revolucionarios. Barcelona: Editorial Crítica, 2000, p. 333.
2 La expresión “robinsonada”, es utilizada por Karl Marx en algunos de sus textos para referirse a la falaz consideración según la cual existen individuos que pueden vivir aislados y construir su vida al margen de los demás, individuos que sólo a partir de sí mismos construyen el mundo. Esta consideración encuentra su sustento en la ficción literaria del escritor inglés Daniel Defoe titulada “Las aventuras de Robinson Crusoe”. En aquella obra, el protagonista llamado Robinson se queda varado en una isla y construye a partir de sí mismo todo lo que después será un sistema de producción individualista. Recomiendo ver las siguientes obras: Defoe, Daniel. Las aventuras de Robinson Crusoe. Barcelona: RBA Editores, 1994, Marx, Karl. Introducción general a la crítica de la economía política. México: Siglo XXI Editores, 1976, p. 39 y Marx, Karl. El Capital. Crítica de la economía política. México: Siglo XXI Editores, 2010, p. 93.
3 Hegel, G. W. F. Fenomenología del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica, 2009, p. 52.

Publicado enEdición Nº247
La selección natural, la verdad y la impostura

La explicación de la vida en nuestro planeta mediante la evolución por selección natural solamente puede ponerla en duda gente partidaria del obscurantismo (recordemos: la militancia contra la difusión del conocimiento), de la religión o de una combinación de ambas que ya acostumbran a ir históricamente muy de la mano. Nunca la pondría en duda ningún disidente creíble en el seno de la comunidad científica.


Como es conocido la actual teoría de la evolución por selección natural se compone de distintos elementos indivisibles: evolución, gradualismo, ascendencia común, selección natural y mecanismos no selectivos de cambio evolutivo. Las pruebas abrumadoras para cada uno de estos elementos no paran de crecer.
Grandes darwinistas vivos como Jerry A. Coyne o Richard Dawkins aunque no tienen la menor duda de lo que quiere decir “teoría” en ciencia, defienden desde hace años que la evolución por selección natural es ya un “hecho”. Intentan con ello apuntalar la idea siguiente: la evolución por selección natural no es “hipotética”, no es una conjetura. Con “hecho” se refieren a que es tanta la evidencia disponible proveniente de muchas ramas científicas distintas que no puede discutirse seriamente. Solamente es una forma de mostrar su convicción, sostenida con una abrumadora evidencia empírica, en la evolución por selección natural. Si una teoría es una explicación de los fenómenos naturales avalados por toda la evidencia disponible o, más precisamente, como han dejado escrito dos grandes investigadores, “un edificio conceptual formado por una colección organizada de nociones y proposiciones que codifica información acerca de cierto tipo de sistemas, fenómenos o procesos y típicamente sirve para dar explicaciones, hacer predicciones y resolver problemas”[1], la evolución por selección natural tiene todas las credenciales para ser considerada teoría. Que algunos de los grandes darwinistas vivos la consideren un hecho, solamente refuerza, o al menos esto es lo que pretenden, la inmensa evidencia empírica de que goza. Efectivamente, consigue explicar mucho a partir de pocos supuestos. Da muchos réditos cognitivos por cada unidad explicativa.


La selección natural o “la supervivencia no aleatoria de variantes aleatorias”, según la agraciada descripción de Dawkins, siempre ha tenido enemigos porque indudablemente es extremadamente peligrosa al explicar la vida mediante un proceso puramente materialista, sin dioses, sin explicaciones sobrenaturales, sin supersticiones que guíen el proceso. Algo tan maravilloso puso, pone y pondrá las alarmas de los que tienen creencias sobrenaturales. Y a la que pueden, atacan.

Como esta sucediendo una vez más en EEUU. Si bien esta batalla viene de lejos[2] ahora, con los favorables aires propios de una administración imperialista, xenófoba, racista y demofóbica como la que está apuntalando Trump en EEUU, la ofensiva se recrudece. Una de las últimas muestras es el borrador que el departamento de educación de las escuelas públicas en el estado de Arizona ha presentado para enseñar en estas escuelas. La evolución por selección natural es “rebajada” para abrir la puerta a “otro tipo de ideas” como la responsable del mencionado departamento, Diana Douglas comentó: “Si vamos a educar a nuestros hijos en lugar de solo adoctrinarlos a una forma de pensar, tenemos que poder permitirles explorar todo tipo de áreas”. Obsérvese: no “adoctrinarlos” en una sola forma de pensar (referido a la evolución por selección natural) quiere decir que entren en pie de igualdad en la enseñanza “otro tipo de áreas” como el religioso diseño inteligente que tantos apoyos financieros tiene en EEUU.


Sigo desde hace muchos años la encuesta que Gallup viene realizando desde 1982 en EEUU sobre las creencias entre la población acerca de la evolución por selección natural o por creacionismo sobrenatural. Se han realizado trece encuestas sobre la cuestión en estos 36 años. La última es la muy reciente de 2017. A la pregunta de “Dios creó a los seres humanos en una forma muy similar a la actual en algún momento durante los aproximadamente últimos 10.000 años” responden, recuérdese que eso acaba de realizarse en el año 2017, que están de acuerdo el 38% (en 1982, el 44%). A la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios guió ese proceso” contestaron afirmativamente 38% (en 1982 era el mismo porcentaje de 38%). Y a la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios no tomó parte en ese proceso” responden que sí el 19% (9% en 1982). Es decir, nada más ni nada menos que el 76% está de acuerdo en explicaciones sobrenaturales y solamente el 19%, una cuarta parte exacta, está de acuerdo con la explicación que dispone de una abrumadora evidencia empírica (un 5% no respondió a la encuesta de 2017). Esta es la “base social” que da cobertura a gente como Diana Douglas. Y actuaciones como la del departamento de educación del estado de Arizona refuerzan que esta “base social” se mantenga y aún se refuerce.


John Milton defendió hace ya casi cuatro siglos que había que dejar lidiar la verdad con la falsedad porque la primera nunca sería vencida por la impostura en liza libre y abierta. Quizás hoy, a la vista de, entre otras realidades poco gratificantes, las encuestas Gallup a las que me he referido, John Milton tendría una opinión no tan esperanzadora sobre el triunfo de la verdad. Poco podía imaginarse que creacionistas, religiosos, posmodernos y relativistas de todo tipo la pusieran constantemente en duda a principios del siglo XXI. Con la impostura campando a sus anchas.
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[1] Jesús Mosterín y Roberto Torretti, Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia, Alianza, 2002, p. 556.
[2] Para un resumen en Sin Permiso, véase: http://www.sinpermiso.info/textos/el-diseo-inteligente-dios-y-la-tetera-orbitante

 

31/05/2018

Publicado enSociedad