Martes, 02 Mayo 2017 17:41

Trece cartas a las izquierdas

Trece cartas a las izquierdas

Recoge este nuevo título de la Colección Primeros Pasos un tema central de la vida actual de los pueblos y las naciones: la democracia. Reflexión primordial en momentos en que ésta, la columna central del régimen político y económico nacido en la Francia antimonárquica, yace moribunda, estrangulada por el autoritarismo –como forma ‘legítima’ de ejercer el poder–, la concentración cada vez mayor de la riqueza y del poder; la negación efectiva de los derechos civiles y humanos por parte de las centrales de inteligencia de todo color; el emporio de la desinformación; la corrupción como proceder ‘normal’ a la hora de administrar lo público por parte de políticos y gobernantes, etcétera.

Las cartas en sí mismas son una preciosa síntesis del mundo que hoy tenemos, y un reto para los actores sociales que sueñan con otra sociedad necesaria y posible para que rompan con su pasividad, blandiendo propuestas alternativas ante el mundo realmente existente.

Estas Cartas, con aliento global –como los tiempos que corren– nos llevan a repensar lo que nos ha sucedido en Colombia, acercándonos al espejo de la historia y del presente; llevándonos a repensar nuestro activismo social, sus raíces, su trascendencia y sus retos actuales.

“La economía convencional esconde la ideología con ecuaciones matemáticas”

La caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y, con ella, la puesta en cuestión del orden económico mundial no se ha saldado, desgraciadamente, con un cambio profundo en la orientación de las políticas públicas que rigen la vida social. A pesar de la persistencia y de la relativa buena salud del neoliberalismo, el malestar provocado por la crisis está llevando a que cada vez más economistas realicen trabajos para refutar los mitos económicos dominantes. Uno de estos casos es el de Eduardo Garzón (Logroño, 1988) que, con su ensayoDesmontando los mitos económicos de la derecha. Guía para que no te la den con queso (Ediciones Península), ha construido todo un antimanual para mostrar la verdadera cara de la economía dominante: un laberinto de razonamientos con apoyo matemático destinado a enmascarar una ideología al servicio de la conservación del statu quo y de los privilegios de las clases dominantes.

 

¿Cómo es el proceso de aprendizaje de la economía en la universidad? ¿Qué efectos acaba produciendo en los futuros economistas?


Se trata de un adoctrinamiento sutil. La ciencia económica es algo muy plural, con múltiples enfoques. El problema es que se enseña solo uno de ellos y se priva a los alumnos de conocer el resto de las perspectivas. Las personas que acaban estos estudios terminan pensando que el enfoque aprendido es el único posible y, después, ejerciendo como profesores, empresarios o tertulianos, actúan como si conociesen la verdad absoluta.


Muchos economistas le dirían que estos juicios económicos vienen apoyados por razonamientos matemáticos...


Cuando hablamos de la Economía, nos referimos a una ciencia social sujeta al libre albedrío del ser humano. Todo tiene mucho más que ver con la ética, con la moral, con la política y con el poder que con la resolución de un problema matemático. Por ejemplo, si un ayuntamiento tiene un presupuesto para construir o bien un colegio o bien una iglesia pero no las dos cosas, ese problema no tiene una única solución, no va a haber ninguna ciencia exacta que nos diga qué hacer. Eso dependerá más bien de las preferencias de cada una de las personas que se vayan a ver afectadas por esta decisión, lo que nos traslada a un ámbito subjetivo y de opinión. Por tanto, cuando uno intenta aplicar a esta realidad tan compleja y tan subjetiva herramientas matemáticas, no está utilizando instrumentos verdaderamente útiles para entenderla.


¿Y los modelos matemáticos? Son herramientas muy precisas...


La corriente convencional en Economía utiliza modelos matemáticos, pero partiendo de una serie de premisas que son como verdades indemostrables, que se dan por ciertas y que constituyen las reglas del juego que condicionan los resultados de la aplicación de la lógica matemática. Estas premisas no tienen por qué asemejarse en absoluto a la realidad. Una de las más conocidas afirma que el ser humano es un ser racional y que consume bienes y servicios de acuerdo con una función que define sus preferencias. Pero esto es ilógico, porque cada persona es diferente y, por tanto, tenemos preferencias distintas que, además, están sujetas a una multitud de variables incontrolables que no se pueden materializar en una ecuación. Esta es una de las trampas de la ciencia económica convencional: tratar de presentar una ciencia social como una ciencia exacta a través de fórmulas matemáticas y de ecuaciones, disfrazando algo que en realidad es una ideología.


Este enfoque dominante tiende a fortalecer el statu quoy los intereses de las clases poderosas. Si quieres prosperar en el mundo económico convencional, se te va a pedir que utilices bien los postulados oficiales. Por ejemplo, en la universidad se te pide una serie de méritos que serán mayores si se ajustan a los postulados convencionales; en cambio, si utilizas un enfoque más marginal, al estar menos valorado, lo tendrás mucho más difícil para obtener esos méritos, para publicar en las revistas científicas, etc. El sistema se retroalimenta mediante este mecanismo.


Afirma que el mercado es una criatura del Estado. Un economista convencional tiende a ver el mercado como un resultado del orden espontáneo, del libre intercambio entre las personas, cuanto más libre, mejor...


Cuando uno se aleja de los postulados oficiales, no cuesta mucho entender que el mercado tiene numerosas reglas, un lugar en el que se producen las transacciones comerciales, un procedimiento para realizarlas, etc. Todas estas reglas han sido creadas por el ser humano y por las autoridades competentes y responden a decisiones públicas que pueden ser autoritarias o democráticas. De hecho, cada uno de los mercados que existen en el mundo es distinto porque responde a decisiones políticas diferentes.


Cuando se dice que se va a “desregular” el mercado, en realidad, se lo quiere regular en función de otros intereses distintos a los existentes. El mercado siempre está regulado. Las Administraciones Públicas, mediante el salario mínimo, por ejemplo, lo regulan para proteger a los más débiles. Los liberales abogan por una regulación del mercado que no proteja a ningún colectivo frente a otro y en la que cada uno juegue con el poder que tiene. Este es el error del liberalismo: no tiene en cuenta que nacemos con unas reglas del juego trucadas y con agentes económicos que tienen muchísima más influencia y poder, por lo que se acaba imponiendo la ley del más fuerte.


¿Qué les diría a las personas de clase media o media baja desilusionadas con la política y que prefieren tener todo el dinero en sus bolsillos y depender de sus propios ahorros, sin intervención pública?


Pues les diría que un autónomo, por muy buena voluntad que tenga, si empieza un negocio y tiene que competir con las multinacionales, que tienen muchos más medios, poder e influencia, va a acabar perdiendo siempre. Y que la solución no es darle más libertad; la solución está precisamente en el control de los abusos de poder de esas grandes empresas, lo que requiere rediseñar las reglas de juego. Lo público, que no tiene por qué ser la política “en minúsculas”, es una herramienta que hay que utilizar de la mejor forma posible, sin corrupción, de manera democrática y participativa para disminuir estos efectos perversos. No olvidemos que en el sector privado también hay corrupción y que esta no depende de la naturaleza pública o privada de las instituciones. Lo que hay que hacer es limitar el poder de determinados agentes para que no se produzcan abusos, cambiar las reglas de juego, proteger a los más desfavorecidos y controlar a los más poderosos.


Dice que un Estado monetariamente soberano puede crear todo el dinero que haga falta. Pero esta creación de dinero puede terminar generando mucha inflación...

Dinero se crea todos los días y, además, por mecanismos no controlados por la soberanía popular, como el dinero bancario. Los bancos privados, al conceder créditos, incrementan la cantidad de dinero que hay en circulación. ¿Y se nos dice que eso no genera inflación y, sin embargo, cuando lo hace un Estado, sí? Se trata de una postura meramente ideológica: nos han ocultado que los bancos crean dinero y nos han dicho que sería muy perjudicial que el Estado lo hiciera. El Estado no está constreñido financieramente para crear todo el dinero que quiera. Eso no quiere decir que crear todo el dinero que se quiera sea bueno. Pero la idea aquí es darle la vuelta al argumento dominante: un Estado puede crear dinero sin que las cosas empeoren y es bueno disponer de esta herramienta cuando haga falta para garantizar la satisfacción de nuestras necesidades.


¿La creación de ese dinero bancario está detrás del descomunal incremento de los precios de la vivienda en el pasado?


Por supuesto, eso es algo que también se oculta. En realidad, lo que provocó ese incremento de los precios fue la burbuja especulativa: muchos compraban para después vender más caro. Para eso necesitas dinero y el dinero bancario estuvo detrás estimulando esa conducta. Hoy día el dinero es una herramienta secuestrada; en el pasado, las autoridades públicas la utilizaban con mayor o con menor éxito pero, al fin y al cabo, estaba supeditada a decisiones políticas más o menos democráticas. Pero ahora la creación de dinero solo responde a decisiones del sector privado, mientras que la vía para generar dinero desde lo público está constreñida por disposiciones y reglas sobre el déficit público, sobre su financiación, etc. La creación de dinero fue privatizada hace tiempo y cada vez se intenta privatizar más, y esto responde a decisiones ideológicas más que técnicas. Cuando los bancos crean dinero, hacen negocio con él; cuando el Estado lo crea, nadie se lucra. Esta es la diferencia.


¿Una salida del euro implicaría un colapso económico al dejarnos con una gigantesca deuda en una moneda fuerte?


Evidentemente, salirse de una zona monetaria común de manera no pactada genera muchísimo desequilibrio. Otra cosa es si el impacto negativo se compensa por los beneficios de recuperar tu moneda y dejar de regirte por un proyecto neoliberal como el euro. Pero yo creo que el debate no es si nos salimos del euro o no, porque esta es una sola entre muchas variables. Si nos salimos del euro, aunque podríamos acceder a muchas herramientas para mejorar nuestra situación, teniendo a Rajoy de presidente y aplicando políticas neoliberales como las actuales, podríamos acabar incluso peor, ya que al menos ahora tenemos una moneda fuerte que tiene sus ventajas. El debate está, más bien, en torno a la correlación de fuerzas existentes: qué políticas vamos a aplicar, a quiénes van a beneficiar estas... esto es lo importante. Si tenemos una correlación de fuerzas que nos permita beneficiar a la mayoría, sí tendría sentido salir de la moneda única. Lo ideal sería conseguir dicha correlación dentro de la eurozona, pero se trata de algo que se me antoja más difícil todavía.


De lo que dice se deduce que una izquierda en un Estado monetariamente soberano se convertiría en una fuerte amenaza para el statu quo...
Si una izquierda llegara al poder con soberanía monetaria y pudiera crear el dinero para beneficiar a la mayoría tendría mucho margen fiscal para cambiar los desequilibrios de renta y de riqueza. Sería una de las herramientas más importantes, aunque no la única. No es casualidad que cualquier opinión en este sentido sea atacada con brusquedad para que estas ideas tan peligrosas no prosperen.


¿La política monetaria puede ser de izquierdas?

Efectivamente. La política monetaria y la política fiscal son dos caras de la misma moneda y tienen que estar controladas por la ciudadanía para que no se cometan los abusos que se producen ahora mismo y que benefician a una minoría.


Hablando de ideas peligrosas, ¿cómo explica que en tan pocas semanas hayan sido publicados dos libros de Juan Ramón Rallo criticando la política monetaria que usted defiende?


No hace falta darle muchas vueltas. Su propio autor ha manifestado haberlos redactado para controlar y frenar una serie de movimientos que considera muy peligrosos. Son peligrosos para los poderosos porque significa poner de manifiesto que existe una herramienta económica para servir a la mayoría social. Entonces se intenta frenar antes de que nazca.


Afirma que podemos generar empleo mediante el trabajo garantizado. Los liberales expresan numerosas críticas a esta medida y, además, los partidarios de la Renta Básica Universal también tienen sus objeciones...


Peor que lo que hoy hay, con más de cuatro millones de desempleados, no puede ser. Si pones a buena parte de esa gente a trabajar en actividades que mejoren nuestro bienestar, dicho bienestar aumentará de manera vertiginosa. Al remunerar determinadas actividades que son necesarias para la sociedad, estas dejan de ser voluntarias y pasan a la esfera pública, dignificadas, lo que incrementa el PIB al contabilizar una actividad que antes no se consideraba. La renta básica es otra opción, además, perfectamente compatible con el trabajo garantizado. Creo que debemos aspirar a una renta básica mayoritariamente en especie, es decir, que cada ciudadano solo por el hecho de haber nacido ya tenga derecho a un alojamiento, a una educación, a una sanidad, a una determinada cantidad de alimentos, etc. Y, después, quiere y puede trabajar en una serie de actividades que redunden en el bienestar de todos, que pueda hacerlo. El Estado sería el último garante de este tipo de derechos reconocidos. No tiene por qué haber incompatibilidad entre una y otra medida, siempre que se diseñen bien. Es perfectamente factible complementar estas medidas sin que ninguna vea mermadas sus virtudes.

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Francia: las elecciones y los espectros de Marx

Mientras una legión de publicistas observa la política en el viejo continente –la actual campaña presidencial en Francia incluida– en alusión a aquel inmortal pasaje de Marx (y Engels) ve y habla –en general de manera bastante correcta– de "los espectros de extrema derecha que recorren Europa" (goo.gl/RNPnc3), yo veo puros espectros de Marx (sobre todo falsos).

Podría parecer un problema con la visión, pero al final quizás ambas miradas no están tan alejadas de sí mismas. Permitan que me explique.

Desde hace tiempo –al menos desde la victoria de Trump– se puede observar, ahora ya de ambos lados del océano, un extraño fenómeno identificado magistralmente por A. Levine: “una suerte del ‘marxismo vulgar’ que rezuma del ‘análisis’ político mainstream” (goo.gl/VOfQe8).

“Cuando Marx famosamente dijo que no era ‘marxista’ –recuerda Levine– tenía en mente que para él, contrario a los autodenominados ‘marxistas’ no todo tenía una ‘explicación económica’ y no todo ‘estaba dado’, sino dependía de la lucha de clases.”

Curiosamente hoy este tipo de "reduccionismo marxista" (pero no marxiano), parece reinar entre los comentaristas liberales.

Los que antes negaban vínculos entre política y economía pregonando el "fin de la historia" y el evangelio que ya no hacía falta la política sólo "manejo técnico" (“todos ya estábamos en el common ground de la democracia liberal”), de repente descubrieron "que todo lo económico (la crisis, la austeridad) tiene sus consecuencias políticas".

Los que antes negaban la sola existencia de la clase trabajadora ("la clase ya dejó de ser un concepto viable" y "el trabajo llegó a su fin") de repente descubrieron que ésta existe y "necesariamente vota por la extrema derecha".

Una, dos votaciones y de la "imposibilidad" pasamos a la "inevitabilidad".

“Pero los que ven a Trump y al auge de la extrema derecha en Europa –sigue otra vez Levine– como ineludibles consecuencias del actual momento económico deberían leer El 18 brumario [donde Marx analiza como la lucha de clases y conflictos entre diferentes fracciones de la burguesía abren el camino al golpe de L. Bonaparte] o sus escritos sobre la Comuna de París”.

Y por último: “Trump, Brexit, el voto contra Renzi en Italia [o las elecciones en Austria u Holanda, donde las ‘fuerzas del bien’ se impusieron por un pelo] y la próxima votación en Francia, donde puede ganar Frente Nacional (FN), no son meros epifenómenos de las perturbaciones en el capitalismo. Son insurgencias políticas, enraizadas en lo económico, pero sujetas a sus propias lógicas y particularidades”.

¿ Cui bono? Más simple imposible: el objetivo de la narrativa de la "inevitabilidad" es cerrar las vías a la izquierda. Si bien ésta desde 2008 se mostró incapaz de imponer su narrativa sobre la crisis, no es verdad que la ola de extrema derecha es su "única consecuencia posible" y que "no hay alternativas".

Los indignados, Occupy, Syriza, Podemos, Corbyn, Sanders, protestas contra TTIP/CETA o el mismo movimiento Nuit Debout francés eran poderosas respuestas desde la izquierda y si algunas de ellas fracasaron no era (sólo) por su propia debilidad, sino porque tenían un poderoso enemigo: la burguesía (neo) liberal.

Para ella la principal amenaza no es el fascismo, sino la izquierda democrática y es su resistencia y sus políticas calculadas a sofocarla, por ejemplo desde la UE, lo que está detrás de los "fantasmas pardos", no la "inevitabilidad" (goo.gl/lpdddI).

En Francia se nos dice que aún hay "alternativa" a Le Pen –incluso "opciones" (¡sic!): Macron, el "neoliberal simpático" (progresista), o Fillon, el "neoliberal serio" (conservador)–, pero si gana, ya nos enteraremos cómo su victoria era "ineludible" (y si pierde, pues habrá más de lo mismo).

Claramente también hay un otro elemento.

Desde el gobierno reaccionario de Hollande/Valls (goo.gl/Cbtnz9) y la candidatura oficial de Hamon (ex-ministro de "ala izquierda" del Partido Socialista que "devuelve la esperanza" pero promete algunas cosas iguales que su ex jefe en 2012, por ejemplo "civilizar a la UE"...)– abandonado al final por la dirigencia de su propio partido, que se volcó por Macron (otro ex ministro, hoy “candidato ‘independiente’”, o sea del capital), pasando por Mélenchon ("un marxista de YouTube" que en vez de organizar un partido prefiere "hacerlo todo por Internet") con sus mil y una ambigüedades (goo.gl/fjKQke), hasta la importante, pero al final "testimonial", candidatura de Poutou (goo.gl/GRQXGI), obrero de una fábrica automotriz, la izquierda francesa parece determinada a cerrarse las vías solita.

A este punto la historia ya es farsa y tragedia a la vez. Hamon y Mélenchon, que de por sí se van neutralizando mutuamente, organizaron –cada uno por separado– sus principales actos de campaña... el mismo día. El día del aniversario de la Comuna de París (18 de marzo). No muy "comunista" de su parte que digamos.

Y si algo faltaba todavía era... Toni Negri. Famoso por tener visiones del Imperio sin imperialismo hoy de repente –todo excitado y entusiasmado– vio a Marx en el proyecto del ingreso universal presentado por Hamon (goo.gl/0qFnGX).

Analizando el contexto político –en general de manera bastante correcta respecto a las amenazas de la derecha– y subrayando "lo beneficioso" [según él] de aquella idea, detalló una visión como con el ingreso universal en la mano: "estamos ante parecidos episodios de lucha de clases los de Francia en el siglo XIX narrados por Marx".

Ahora sí que me quedé deslumbrado.

Tanto que mejor me quedo con M. Husson (goo.gl/bVpnNG) y M. Roberts (goo.gl/ch3hqw), economistas marxistas que rechazan aquella idea por partir de postulados erróneos (el "fin del trabajo") o por dejar intacta la estructura del capitalismo (la propiedad de los medios de producción).

Espectros de Marx (1993) –en la misma alusión al pasaje inicial del Manifiesto Comunista– es el título de un libro de J. Derrida que en un momento menos propicio (definido por el "fin de la historia") se propuso "rescatar" a Marx.

Su contribución fue importante y a la vez debatible: Derrida lo recuperaba para el "pensamiento crítico", pero dejaba de lado –por "obsoletos"...– su política y su comunismo (A. Badiou dice que no está de acuerdo).

En tiempos en que los espectros de extrema derecha y los (falsos) espectros de Marx recorren Europa éstos son precisamente los puntos para rescatar.

* Periodista polaco

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La "guerra racial", el capitalismo y la ideología (EU)

Hace unos meses, analizando el ascenso de Trump, Franco Bifo Berardi apuntaba que el causante de ello era el mismo "truco" que una vez usó Hitler [las comparaciones entre ambos son erróneas, pero la similitud en cuestión, correcta] (Verso blog, 3/6/16). A los alemanes empobrecidos y humillados por la agresión financiera anglofrancesa posguerra (las reparaciones) Hitler les dijo: “¡no sois ‘trabajadores-perdedores’ [explotados/desempleados]; sois ‘arios-ganadores’!” Este cambio de autopercepción y sustitución de la "solidaridad gremial" (socialismo/comunismo) por la "particularidad racial" (nacionalsocialismo) es la misma táctica que hoy –en tiempos de la "política identitaria"– usan Trump y la extrema derecha en Europa. A la gente empobrecida y humillada por la agresión financiera multinacional poscrisis (la austeridad) y las décadas del neoliberalismo le dicen: “no sois trabajadores derrotados, sois ‘raza blanca’ que se levantará de sus rodillas”.

2. También para Zygmunt Bauman, el secreto de la victoria de Trump –que en su momento descartaba Bifo...– estaba en "casar" la "política identitaria" con la “ansiedad (angst) económica” que consumía a lo que queda de la clase trabajadora y media –"condensando incluso todos los aspectos de su inseguridad existencial"–, ofreciéndoles un "arreglo rápido" a su sufrimiento: la expulsión de los –étnicamente diversos– migrantes (l‘Espresso, 11/11/16).

3. Del mismo modo que Mike Davis llamó a resistir la tentación de sobreinterpretar la llegada de Trump como "el 18 de brumario o el 1933 [norte]americano" y mirar a EU y "las cifras de estas elecciones" (The Jacobin, 16/11/16), Vijay Prashad trazó las raíces del lema Make America great again –con su inherente racismo: "hoy el país sufre, y florecía cuando los blancos estaban en control"– a la política estadunidense: "casando" la retórica de Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión de los 30, que prometía "dar la voz a los olvidados", con la de R. Nixon, que tras los disturbios raciales de 1968 hablaba de una "mayoría silenciosa" –los blancos que lamentaban el fin formal del racismo (¡sic!)–, Trump pintó la imagen de un "olvidado" alienado económicamente y racialmente dirigiendo el resentimiento "por el carril cultural" contra los migrantes y minorías étnicas "responsables por la desaparición de los empleos" (Alternet, 9/11/16).

4. A la contranarrativa de Hillary Clinton/Obama de que America was already great, los votantes de las regiones abandonadas desde el clintonismo (fly-over country) y arrasadas por la desindustrialización y la globalización (rust belt), inclinándose por Trump, dijeron "no tanto": muchos se identificaban con su racismo y misoginia apuntadas a las dos principales figuras demócratas, pero otros (swing-voters) se tapaban las narices y votaban "desde lo económico".

5. Thomas Frank –que en What’s the matter with Kansas? (2004) demostró cómo los trabajadores blancos acabaron apoyando a conservadores cuyas políticas económicas eran opuestas a sus propios intereses, y en Listen, liberal (2016), cómo liberales abandonaron a la clase trabajadora– señaló la negación suicida, el moralismo elitista y el desprecio clasista/racista de los propios demócratas: Clinton asumía que los trabajadores no apoyaban a Trump, y si lo hacían era sólo por su "racismo irracional"; así les negaba la capacidad de analizar/saber de dónde venía su pobreza, los juzgaba de antemano y los descartaba por racistas y "deplorables" (subestimando su "voto de protesta"). “Pero su rabia –subraya Frank– era muy racional, aunque Trump sea su vocero dudoso [falso]” (The Guardian, 9/11/16).

6. Naomi Klein ya lo predijo: los liberales culparían a todo por la derrota de H. Clinton –desde la FBI hasta el racismo– para no mencionar el neoliberalismo (desregulación, privatización, austeridad, "libre comercio") y la ultrarica "clase de Davos" (cuyo miembro y candidata era Hillary). “Mucha gente está sufriendo y Trump le habla a este sufrimiento; lo hace atacando a gente de color y migrantes; demonizando a musulmanes y degradando a mujeres, pero el ‘neoliberalismo de élite’ no tiene nada que ofrecer a este dolor: es su causa” (La Jornada, 10/11/16).

7. ¿Es clase o raza [y género]? Es "todo a la vez", aunque la solidaridad y organización deben partir desde la primera (racismo y sexismo han sido históricamente herramientas de división en la fábrica y hoy –en tiempos del "identitarismo"– lo siguen siendo también en sus afueras). Lo entendió el reverendo J. Jackson cuando buscaba en los 80 la nominación presidencial; interrogado en Baltimore, el gran centro industrial, como conseguiría el voto de un obrero blanco, dijo que "haciéndole ver que tiene más en común con un obrero negro por ser los dos obreros, que con su jefe por ser blanco".

8. Si –aparte de ser herramientas del empoderamiento– la raza [y/o género] ya servía[n] para dividir (el capital), manipular (Trump) o empujar la narrativa del "mal menor" (H. Clinton), ahora sirve(n) también para el "lavado de errores": para los liberales, la única explicación aceptable de rechazo a "las bondades de la globalización" es racismo [y sexismo], que tapa la historia de cómo era posible que Trump lanzara su "guerra racial" (neoliberalismo) y mantiene su llama.

9. Jodi Dean: la "política identitaria" en estas elecciones apuntaba –de ambos lados– a la continuación, no abolición del capitalismo; su versión liberal suprimiendo la historia del anticapitalismo radical "negro" y feminismo comunista demolía, no fomentaba la solidaridad, mientras la "diversidad" que defendía era sólo la de los "exitosos/celebrities multiculturales"; la inclusión de trabajadores en ella era "guerra de clases" que a la vez "blanqueaba" y vilipendiaba al resto de la clase trabajadora para legitimar las mismas políticas que hacen sufrir a la gente de color (Verso blog, 26/11/16).

10. Según Bifo, la guerra entre el "globalismo neoliberal" y el "nacionalismo antiglobalista" nos llevará a una tragedia. Igual y sí. Pero igualmente trágico era que –tras décadas del neoliberalismo– la única elección "en el país más desarrollado del mundo" fue entre las guerras imperiales afuera (H. Clinton) y la "guerra racial" en casa (Trump). O nos salva la izquierda capaz de articular las ansiedades modernas desde la solidaridad y lo universal, o sálvese quien pueda.

Por Maciek Wisniewski *Periodista polaco

Twitter: @periodistapl

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Lunes, 28 Noviembre 2016 15:40

Una historia en 25 años y otros por venir

Una historia en 25 años y otros por venir

¿Cómo contribuir a la superación de la atomización y dispersión social que padecen los actores sociales y políticos en nuestro país? ¿Cómo propiciar debates abiertos y plurales, que renueven el imaginario político de los activistas? Estos fueron los primeros interrogantes que vinieron a nuestras mentes hace 25 años, en otro momento de negociación política del conflicto armado vivido en nuestro país, cuando nos planteamos ¿qué hacer? ante una coyuntura de confusión política, perdida de referentes ideológicos, cooptación y exilio de una parte del liderazgo social.

 

Nuestra respuesta elemental encontró en la publicación de un periódico la vía expedita para ello: estimular y propiciar debates en el activismo social, a la par de buscar contacto constante con la población, ubicándonos en sus barriadas.

 

Ocho páginas, y una sola tinta, dedicamos a ello. Esfuerzo elemental pero constante. Luego lo integrarían 12, 16, 20, 24 páginas, además de suplementos temáticos. También las 4 tintas. Así, sin darle tregua al paso de los días, hoy sumamos más de 230 ediciones centrales, y no menos de 150 suplementos temáticos. Tuvieron que pasar varios años para que otros interrogantes y otras publicaciones nacieran como hijas del mismo esfuerzo. ¿Cómo contribuir para que la soberanía nacional no quede barrida? ¿Cómo brindar nuevas luces a la intelectualidad nacional para que despierte de su letargo y juegue el papel que le corresponde? ¿Cómo estimular el actuar común de la izquierda y el nacimiento de un referente orgánico común?

 

Corría el año 1999 cuando así nos interrogamos, y el motivo para ello fue el conocimiento que tuvimos del Plan Colombia, el cual al traducirlo se convirtió en nuestro primer éxito editorial, con más de 20 mil ejemplares vendidos. De alguna manera, nuestros artículos y acciones por la concreción de un referente orgánico común, también contribuyeron a la experiencia de Frente que conocimos por entonces, así como a un amplio debate sobre el Vacío teórico, aguas profundas en que nadábamos por tales años.

 

Como otra respuesta a esta variedad de preguntas asumiríamos la publicación en nuestro país del mensuario Le Monde diplomatique, sin duda, el periódico que de manera más fina y profunda aborda la geopolítica global, sin comprender la cual no es posible adentrarse de manera activa y propositiva, con sentido de Estado, en la arena política local. En el curso de los 14 años que ya redondea su publicación local más de 125 ediciones han visto la luz, además de salones de arte, conciertos, tertulias, conversatorios y otro cúmulo de actividades.

 

Caminando sobre los dos pies, con pasos aplomados, también tomaría cuerpo lo que después llegaría a ser el fondo Editorial Desde Abajo, hoy con más de 200 títulos publicados, cien de ellos en circulación, donde diversidad de autores nacionales han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá de la misma.

 

Como Libardo Sarmiento, César Giraldo, Orlando Fals Borda, Gonzalo Arcila, Marco Raúl Mejía, Philip Potdevin, Gloría Inés Peláez, Rafael Ballén, Daniel Ángel, Octavio Escobar Giraldo, Carlos Eduardo Maldonado, Luis Emiro Valencia, Hernán Darío Correa, Carlos Salgado Araméndez, Alfonso Torres Carrillo, Juliana Millán, Carolina Jiménez, María Elena Manjarrés, Damián Pachón Soto, Juan Guillermo Gómez, Víctor de Currea Lugo, Edwin Cruz Rodríguez, Arturo Escobar, Carlos Fajardo, Iván Darío Ávila, Lola Cendales, Jairo Muñoz, Alfredo Gómez Muller, Enrique Santos Molano, entre otros, han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá.

 

Otros muchos más allá de nuestra frontera, también han encontrado en nuestra labor el vehículo para llevar a nuestro país y a la región debates de punto. Allí están, entre algunas de estas plumas: Raúl Zibechi, Francesca Gargallo, Ignacio Ramonet, Carlos Antonio Aguirre, Susana Sacavino, Horacio Cerutti, Silvia Federici, Juana Gamero de Coca, Isabel Rauber, Helio Gallardo, Martha Harnecker.

 

Reflexión para la renovación y la creación. No sin sentido hemos publicado aparte de la obra de líderes como Simón Bolívar, además de autores ya clásicos en nuestras fronteras como Jorge Eliécer Gaitán, Manuel Zapata Olivella, Antonio García, Jorge Zalamea. Y de más allá de estas como: Walter Benjamin, Bolívar Echevarría, Carlo Ginzburg, Edward Palmer Thompson, Etienne Bloch y otros más.

 

Labor visionaria y para la renovación del pensamiento del activismo social. No han estado ajenas a esta labor los debates de punta que toman cuerpo en distintas latitudes, como en su momento logró sintetizarlo Martha Harnecker en su obra La izquierda en el umbral del siglo XXI, o como logran hacerlo las feministas en variedad de obras que integran nuestro catálogo. Pero también como lo abordan quienes reflexionan la complejidad de las transformaciones en ciencia y tecnología en que está inmerso el mundo producto de la revolución técnico-científica en marcha, o los mismos animalistas en los debates que nos plantean sobre sociedad, naturaleza y cultura. Pero también las polémicas sobre el sentido que hoy tiene el periodismo, la comunicación y la política. No pueden quedar por fuera los debates sobre el sentido de la Historia, la memoria, el papel de la filosofía, el reflexionar nuestroamericano, la preocupación por el accionar de los movimientos sociales, entre otros.

 

Debates con asidero público en centenares de foros, seminarios, conversatorios, realizados a lo largo de estos años de pensamiento y acción, todos ellos con el propósito de estimular el acercamiento de los actores sociales a la reflexión fresca y abierta, no sectaria, motivando el entre-relacionamiento de esfuerzos para superar la debilidad en que nos mantiene postrados la desunión de hermandad que nos consume.

 

Así andando, recorriendo los años que cerraron el milenio y abrieron la puerta a uno nuevo, ya éramos conscientes del potencial de la Red y ya teníamos nuestro dominio en la misma, con el cual hemos avanzado hasta tener hoy un diario virtual en construcción, en un esfuerzo por hacer realidad que la prensa se hace a diario y entre todos/as.

 

Toda una apertura y una reflexión que va transformando este esfuerzo comunicativo en lo que debe ser: un baluarte para la reflexión, el debate, la investigación, y la renovación de las propuestas políticas para poder aspirar a que una sociedad dada viva un giro en su presente, dirigiéndose hacia el futuro sobre nuevas miradas y un pisar al ritmo de los pueblos que somos y los tiempos que nos habitan. Un accionar con profundo calado cultural, sin el cual ningún esfuerzo social en pro de cambio de la minoría por las mayorías puede surtir resultados sostenibles en el largo plazo.

 

Preguntas que nacen y que les vamos dando respuesta a la medida de nuestras capacidades, autogestionarias, congregadoras de muchas manos desinteresadas conscientes de que la disputa contra el status quo requiere autonomía y libertad total, las cuales sólo pueden venir de lo construido desde abajo y por fuera de las esferas del Estado y del poder aún hoy imperante.

 

Preguntas que requieren nuevos mecanismo para que las respuestas lleguen cada día a sectores cada vez más amplios del país. Es por ello que hace ya unos diez años afrontamos la realización de videos, al tiempo que algunos intentos en radio, porque ya comprendíamos que sin un esfuerzo comunicativo integral no es posible que el actor social logre una sintonía con todas aquellas personas a las que envía sus mensajes, con la aspiración a que la comunicación sea, en verdad, de doble vía. Hoy, una programación semanal en la elaboración de videos ya es parte de nuestra cotidianidad; aspirando a que en poco tiempo sea diaria. Acercamientos al mundo del arte, a la vida de artistas plásticos y de teatro, al humor político, a la reflexión sobre la ciencia, a la actualidad política, y otras maneras de leer nuestra realidad son parte sustancial de nuestro registro visual.

 

Con todo ello, hoy tenemos ante nosotros, para el servicio de todos los actores sociales, y con vocación de país, el embrión de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa, y la conciencia de que estamos ante el reto –no nosotros sino el conjunto de los actores sociales– de disputar la opinión pública como camino inevitable para lograr la disposición social para aprestarse a nuevas gestas por justicia, fraternidad, igualdad, democracia radical, soberanía, redistribución de la renta nacional.

 

He aquí el fruto de 25 años de labor ininterrumpida. Este logro, que es de toda nuestra sociedad, aún está por consolidarse. Una propuesta comunicativa integral habrá de surgir para que aportemos a la superación de aquello que ya detectábamos en 1991, hace 25 años: la dispersión social, pero también para construir y ganar seguridad en todo lo que proponemos a nuestra sociedad en particular y a la latinoamericana en general.

 

Nuevos y mayores retos tenemos ante nosotros, los que alcanzaremos, con seguridad, con el apoyo desinteresado de decenas de activistas y organizaciones que, aunque identificadas con diversidad de referentes ideológicos y políticos, encontrarán en desdeabajo la otra posición para leer, ver, comunicar, escuchar... y luchar.

Publicado enEdición Nº230
Sábado, 27 Agosto 2016 11:53

Hablemos de ideología y de género

Hablemos de ideología y de género

En la tarea de oponerse a cualquier cambio que represente su pérdida de privilegios, el pasado 9 de agosto, la Iglesia mostró una vez su cobre, y batió incienso: defensora de privilegios y derechos, salió a gritar contra una posible reflexión escolar que aluda a la igualdad y los derechos entre mujeres y hombres. Cuestionar la estructura familiar de siempre, los escandaliza. El Ejecutivo recula, la Ministra calla y Fecode no tercia en un asunto que es de su total incumbencia.

 

Por mi mala cabeza
creí en la libertad.
Otro respira incienso
las fiestas de guardar.
José Agustín Goytisolo

 

¡Hasta que procedieron! Se demoraron en introducir el “concepto” de ideología de género en Colombia, pero ahora actuaron. Ya en otras latitudes su utilización mostró su ventajoso impacto para mentir, para ocultar la exclusión, la discriminación y el estigma. En sus tiempos cardenalicios Ratzinger ya pontificaba “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura”. Salta el miedo para apropiarse de quienes quieren conservar sus privilegios basados en la ignorancia, en la no posibilidad de argumentar y en la mentira.

 

Para quienes han elaborado y aprovechado un mundo de privilegios concedidos por el poder y la desigualdad, controvertir con argumentos categorías analíticas científicamente poderosas cómo la categoría género, les resulta imposible. No puede negarse la realidad de las desigualdades existentes entre hombres y mujeres en la historia, a partir de lo que la sociedad fue determinando sobre la diferencia sexual. Todos tenemos madres, abuelas, bisabuelas, que fueron conminadas al espacio del hogar y a quienes les quitó la voz, la autonomía, la posibilidad de aprender. Basta con devolverse unos años en la historia personal y familiar de cada uno de nosotros para encontrar de manera patente la exclusión, la discriminación, la negación de la libertad y la muerte de las mujeres, y de todas aquellas personas con cuerpos, identidades, sexualidades que no cuadran en la supuesta “normalidad” de curas, pastores, procuradores, conservadores y dictadores.

 

En la tarea de oponerse a cualquier cambio que represente su pérdida de privilegios, acuden a deformar conceptos y planteamientos construidos desde la rigurosidad del pensamiento. Hacen piruetas para, a partir de conceptos como la construcción social del sexo –esto es, el género– y su planteamiento de igualdad, plantear que lo pretendido es la aniquilación de la diferencia. Reflejan en los otros su deseo de permanecer inmutables, bebiendo de la fuente de la naturaleza y de Dios, cómo únicas verdades que no requieren comprobación. Acusan al resto de su propio deseo. Tergiversan género, igualándolo a orientación sexual y planteando que las minorías les quieren imponer la homosexualidad o el lesbianismo al resto de la comunidad humana. No reconocen que la construcción social de la diferencia sexual produce desventajas para mujeres y varones, principalmente para las primeras.

 

Si dices inclusión y respeto de la diferencia para orientaciones sexuales, géneros, razas, etnias, discapacidades, ellos dirán que estamos promoviendo la dictadura de la minoría. Si les muestras los feminicidios, los crímenes de odio, las vidas truncadas como las de Sergio Urrego, los sufrimientos de niñas y niños excluidos en sus colegios por ser diferentes, te dirán que eso es resultado de no seguir la moral de la familia, que eso es culpa de las mujeres que ahora por su autonomía deciden no cuidar a sus hijos, o peor –que horror– por no tenerlos. Lo fáctico: los crímenes, el techo de cristal, la discriminación, los abusos sexuales en las familias “núcleo de la sociedad”, la violencia contra las mujeres, etcétera, que es dato puro y duro, ellos lo llaman ideología de género. Pero la ideología es realmente la de ellos, que sin ninguna base fáctica ni argumental pretenden imponerle al resto sus creencias, porque así lo dice Dios, o la Biblia, o el pastor.

 

Cómo dice una de mis maestras, Argelia Londoño Vélez, “el monismo moral: una sola moral, una solo ética, una única visión del mundo y sus vínculos suele ser la base de todos los fundamentalismos y sus cruzadas, desde la quema de los herejes, la persecución a las sabias brujas, hasta las posturas del procurador Ordoñez y el Estado islámico”. Contra eso nos queda el aprender a observar y a respetar la diversidad, a promover la pluralidad para la democracia y esto incluye la pluralidad de género y sexual, la pluralidad de credo, de opinión, etcétera.

 

A los compañeros de izquierda, y a los luchadores de derechos humanos que súbitamente están hablando de proteger a la familia e ir en contra de la ideología de género, hay que confrontarlos y preguntarles si se dieron cuenta que están del mismo lado del Procurador y de Uribe. Hay que aportarles explicaciones que les permitan revisarse. Los derechos humanos no son para los creyentes, ni para los que están de acuerdo con mis convicciones. Son para todos los miembros de la comunidad humana, sin importar los marcadores de diferencia que tenga con otros u otras. En nuestras comunidades que beben de la matriz cultural conservadora hay que involucrarlas en procesos de transformación como nos enseñaron Freire, Fals Borda y tantos otros.

 

La ideología de los que hablan de “la ideología de género” sólo se derrota con conocimiento, con experiencia, con la posibilidad de contrastar, de reflexionar, de emocionar. Con la sensibilidad suficiente para entender y comprender el yugo de poder construido por esa matriz cultural, para ir transformándola en una matriz basada en una ética civil y laica que permita el reconocimiento y respeto de todas las personas.

 

* Médico, Ph.D. en Sociologóa. Investigador asociado de la Corporación para la investigación acción en sociedad, Salud y Cultura

Publicado enEdición Nº227
Primer encuentro de prácticas y tendencias anarquistas

Mientras se desarrollaban las festividades de la “semana santa”, entre el 24-27 de marzo, tuvo lugar en el departamento del Huila el primer encuentro nacional de prácticas y tendencias anarquistas, un escenario de intercambio para un conjunto de corrientes que desde hace algunas décadas mantienen presencia en nuestro país. Más allá de la noción común y extendida que las relaciona con caos o destrucción –una clara tergiversación del término–, reúnen en su seno variedad de propuestas éticas y políticas alrededor de formas de vida y de sociedad otra, sin autoritarismos de ningún tipo (políticos, económicos, religiosos, de género, etcétera). El encuentro se enmarca en otra serie de actividades de confluencia llevadas a cabo, como la feria anarquista del libro y la publicación, las jornadas libertarias y “la asamblea anarquista”, entre otras.

 

Reconocerse y tejer

 

Lejos de entrar en debates ideológicos, la agenda del encuentro fue abordada desde el principio como escenario de articulación, confrontación y re-conocimiento mutuo de aquellas propuestas que le apuesten a trastocar la realidad imperante y la miseria que intenta invadir todos los espacios de nuestra existencia.

La agenda de discusión giró entorno a círculos temáticos de afinidad, surgidos en base a los procesos desarrollados por quienes respondieron a la convocatoria. Los temas tratados que sirven para transmitirle al lector las alternativas que el movimiento libertario le disputa a la hidra capitalista, proponiéndole a la sociedad del presente, fueron los siguientes:

Ecología libertaria. América Latina, por su posición geopolítica, su riqueza en materias primas y su biodiversidad, es uno de los territorios más apetecidos para la sobre explotación de la tierra y el material genético. El estado, aliado con grandes corporaciones multinacionales y burguesías nacionales, rompe los tejidos sociales y biológicos del territorio, impidiendo que las comunidades locales puedan decidir con autonomía sobre el porvenir del lugar que habitan, al igual que asumir su relación con la naturaleza de manera más equilibrada.

Autogestión y cooperativismo. La autogestión es uno de los principios ácratas fundamentales. Autogestionar la vida diaria es una alternativa necesaria de lucha contra el capitalismo, sin embargo es preciso avanzar en una mayor capacidad de confrontación y transformación. La autogestión implica, también, la creación colectiva en base a formas de relación productiva desde perspectivas horizontales y cooperativas, que practiquen el apoyo mutuo, que permitan el desarrollo técnico propio y que mantengan la autonomía de los procesos con miras a la disputa política o, mejor, anti política.

Aprendizajes libres. Se entiende la educación institucionalizada, no solo como un lugar donde se privilegian ciertos saberes por encima de otros, sino también como herramienta ideológica del estado, como institución de gobierno, donde nos enseñan la forma como debemos vivir, contribuyendo a la reproducción de los aspectos opresivos del sistema, el colonialismo, el patriarcado y el autoritarismo.

Las prácticas pedagógicas, o como lo denominan algunos colectivos, “antipedagógicas” y des-escolarizadoras, no desconocen el papel fundamental que en la sociedad tiene la producción y la transmisión del conocimiento para la formación de la vida en común y el desarrollo del espíritu humano; por ello lo que se plantea es la reflexión, la configuración de prácticas y múltiples escenarios de aprendizaje que impulsen la autonomía, la pasión por el saber y la solidaridad.

Sexualidades transgresoras y disidentes. Asumimos que lo personal también es político, en los cuerpos también se ejerce poder, regulaciones y constreñimientos haciendo de éste un territorio más de disputa; sin embargo, nos distanciamos de aquellas posturas que buscan adquirir una inclusión institucional en un plano meramente formal, convirtiéndolas en algo regulable o exotizable. Se propone el respeto, la desestigmatización y el reconocimiento socio-cultural legitimo de todas las expresiones sexuales y de género.

Anti-carcelario y anti-psiquiatra. El sistema carcelario (que abarca entre otros, cárceles, hospitales mentales y la sociedad/policía) es una macroestructura de control materializada en las relaciones que nos atraviesan cotidianamente, en las cuales somos flanco potencial de la guadaña del castigo en cualquier situación que desborde el límite impuesto por el “control”, la “normalidad” y la ley. Así pues, se impulsan aquellas praxis que confronten el sistema panóptico, enlazando prácticas que ataquen las instituciones psiquiátricas, penitenciarias, de hegemonías disciplinarias, tanto a nivel simbólico como corporal, a la vez de manifestar y fortalecer grupos de apoyo y solidaridad con quienes son presxs de estos sistemas de aislamiento y castigo.

Propuestas de contra información. La disputa por el sentido del mensaje en particular, y por la opinión pública en general, es uno de los escenarios estratégicos de construcción de sociedad. En la actualidad el gran capital ostenta en Colombia el monopolio de la información o, mejor, la desinformación; su postura promueve el consumismo, la acumulación de capital y la frivolidad acrítica mediante la reducción de la información al espectáculo, impone sus maneras de interpretación descalificando como delincuentes y terroristas a todo aquel que cuestiona la autoridad del estado, así como los intereses y privilegios de los más acomodados*.

 

Identidad

 

Ante los magros resultados demostrados por los gobiernos de izquierda y progresistas latinoamericanos, que tras asestar golpes al neoliberalismo terminaron reviviendo viejos demonios de la modernidad occidental, manteniendo la depredación de la naturaleza, el vanguardismo neoestatista, el desprecio por ciertos grupos sociales y restringiendo las libertades de sus gobernados, gana más actualidad el porvenir de la lucha desde una perspectiva ácrata.

El panorama político abierto en Colombia por un eventual escenario de posacuerdo con la insurgencia, más que posible, hace urgente la renovación de los métodos, pero por sobre todo de los ideales emancipatorios, pues hasta aquí solo tenemos revoluciones frustrada.

El anarquismo debe romper con las caricaturas y los absurdos con que el poder y la izquierda tradicional lo han descalificado, negaciones que resaltan la ignorancia que las asiste.

El zapatismo, las municipalidades libertarias europeas, el kurdistán, los movimientos indígenas autonomistas, las comunidades urbanas, así como los pequeños colectivos expresados en el encuentro, y los que camellan cada día en sus territorios, son muestra de la vigencia de la lucha libertaria en el presente, que está lejos de ser derrotada por completo, que tiene sus propia tradición, sus propia teoría, estrategia y táctica; que merece su oportunidad de existir.

 

Desafíos

 

No obstante, quienes decidamos asumir este gran reto debemos ser conscientes de la debilidad en que nos encontramos, e ir avanzando tras objetivos estratégicos que permitan apuntar a logros de largo plazo sin que por esto dejemos de realizar la revolución en el presente. La posición anarquista connota una incidencia en las coyunturas sociales de nuestro territorio, por ejemplo: luchas agrarias, étnicas, ecologistas, disidencias sexuales, trabajadores urbanos, etcétera, pues debemos asumir la configuración y construcción colectiva de un proyecto político anarquista de carácter general e internacionalista.

Debemos reconocer nuestras contradicciones sin autoritarismos, disponiendo las condiciones para disputar otro mundo, alejarnos de las constipadas interpretaciones dogmáticas de nuestras (y de otras) corrientes, y sacar de ellas todo su potencial emancipatorio, de manera que avancemos hacia análisis más rigurosos, practicas más acertadas, pues el anarquismo encuentra su potencia en ser una teoría siempre inacabada y, como decía Malatesta, “de que la revolución sea anarquista dependerá de la voluntad y el compromiso militante de los anarquistas; conscientes de que la revolución del pueblo, la hará el pueblo y no nosotros”. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer del anarquismo un proyecto político de mayorías sociales? ¿cómo construirnos y construir situaciones y sujetos sociales revolucionarios? ¿cuáles son las trincheras estratégicas desde las cuales destruiremos el estado?

Es necesario que nos abramos a otros sujetos y actores, que nos fortalezcamos, pero también tejer con aquellxs que sin declararse anarquistas, practiquen los principios de la autogestión, el autogobierno, la horizontalidad, el federalismo, la solidaridad y el apoyo mutuo. Por eso, propongo, tener en cuenta la iniciativa formulada en el Encuentro de generar a mediano plazo un encuentro nacional de procesos organizativos de base, autonomistas y libertarios.

Esto es solo una excusa para invitarles a todos a conocer y aportar al debate. Felicito pues la realización de este Primer encuentro. Salud y anarquía.

* En el curso del Encuentro se expuso la experiencia del periódico “El Aguijón” (en particular su edición Nº29), y la del portal web “Anarcol”.

Publicado enEdición Nº223
Viernes, 19 Febrero 2016 06:30

Las bases sociales de las nuevas derechas

Las bases sociales de las nuevas derechas

Una nueva derecha está emergiendo en el mundo y también en América Latina, región donde presenta perfiles propios y una nueva e inédita base social. Para combatirla es necesario conocerla, rehuir los juicios simplistas y entender las diferencias con las viejas derechas.


Mauricio Macri es bien distinto de Carlos Menem. Éste introdujo el neoliberalismo, pero era hijo de la vieja clase política, al punto de que respetaba algunas normas legales y tiempos institucionales. Macri es hijo del modelo neoliberal y se comporta según el modelo extractivo, haciendo del despojo su argumento principal. No le tiembla el pulso a la hora de pasar por encima de los valores de la democracia y de los procedimientos que la caracterizan.


Algo similar puede decirse de la derecha venezolana. Se trata de alcanzar objetivos sin reparar en medios. El modo de operar de la nueva derecha brasileña se diferencia incluso del gobierno privatizador de Fernando Henrique Cardoso. Hoy los referentes son personajes como Donald Trump y Silvio Berlusconi, o el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, militarista y guerrero que no respeta ni al pueblo kurdo ni a la oposición legal, cuyos locales y mítines son sistemáticamente atacados.
Estas nuevas derechas se referencian en Washington, pero es de poca utilidad pensar que actúan de modo mecánico, siguiendo las órdenes emanadas de un centro imperial. Las derechas regionales, sobre todo las de los grandes países, tienen cierta autonomía de vuelo en la defensa de intereses propios, sobre todo aquellas que se apoyan en un empresariado local más o menos desarrollado.


Pero lo realmente novedoso son los amplios apoyos de masas que consiguen. Como se ha dicho, nunca antes la derecha argentina había llegado a la Casa Rosada por la vía electoral. Esta novedad merece alguna explicación que no se puede agotar en este breve espacio. Tampoco parece adecuado atribuir todos los avances de la derecha a los medios. ¿Qué razones hay para sostener que los votantes de la derecha son manipulados y los de la izquierda son votos conscientes y lúcidos?


Hay dos cuestiones que sería necesario desbrozar antes de entrarle a un análisis más amplio. La primera son los modos de hacer, el autoritarismo casi sin freno ni argumento. La segunda, las razones del apoyo de masas, que incluye no sólo a las clases medias, sino también a una parte de los sectores populares.


Sobre las decisiones autoritarias de Macri, el escritor Martín Rodríguez sostiene: El macrismo actúa como un Estado Islámico: su ocupación del poder significa una suerte de profanación de los templos sagrados kirchneristas (Panamarevista.com, 28/01/16). Los despidos masivos decididos se apoyan en la firme creencia de las clases medias de que los trabajadores estatales son privilegiados que cobran sin trabajar. Porque el costo político de esas tremendas decisiones ha sido hasta ahora muy bajo.


La comparación con los modos del Estado Islámico suena exagerada, pero tiene un punto de contacto con la realidad: las nuevas derechas llegan arrasando, llevándose por delante todo aquello que se interpone en su camino, desde los derechos adquiridos por los trabajadores hasta las reglas de juego institucionales. Para ellos, ser democráticos es apenas contar las papeletas en las urnas cada cuatro o cinco años.


La segunda cuestión es comprender los apoyos de masas conseguidos. El antropólogo Andrés Ruggeri, investigador sobre las empresas recuperadas, destaca que la derecha pudo construir una base social reaccionaria capaz de movilizarse, basada en los sectores más retrógrados de la clase media, sectores que siempre existieron y que en los 70 apoyaron la dictadura (Diagonal, 13/02/15). Esa base social está anclada en un votante-consumidor que adquiere un voto como un producto de supermercado.


Considera que el gran error del gobierno de Cristina Fernández consistió, en vez de fomentar un sujeto popular organizado, en promover un conjunto social desmembrado, individualista y consumista, que además pensó que las conquistas de la lucha de 2001, y los beneficios sociales logrados en estos 12 años, eran derechos adquiridos que no estaban en riesgo. Convencerlos de esto último fue un gran logro de la campaña de la derecha, clave para su triunfo (Diagonal, 13/02/16).
Las clases medias son muy diferentes a las de los años 60. Ya no se referencian en las camadas de profesionales que se formaron en universidades estatales, que leían libros y seguían estudiando cuando finalizaban sus carreras; aspiraban a trabajar por sueldos medianos en reparticiones estatales y se socializaban en los espacios públicos donde confluían con los sectores populares. Las nuevas clases medias se referencian en los más ricos, aspiran a vivir en barrios privados, lejos de las clases populares y del entramado urbano, son profundamente consumistas y recelan del pensamiento libre.


Si una década atrás parte de esas clases medias golpearon cacerolas contra el corralito del ministro de Economía, Domingo Cavallo, y en ocasiones confluyeron con los desocupados (piquete y cacerola, la lucha es una sola, era el lema de 2001), ahora sólo les preocupa la propiedad y la seguridad, y creen que la libertad consiste en comprar dólares y vacacionar en hoteles de cinco estrellas.


Estas clases medias (y una parte de los sectores populares) están modeladas culturalmente por el extractivismo: por los valores consumistas que promueve el capital financiero, tan alejados de los valores del trabajo y el esfuerzo que promovía la sociedad industrial hace apenas cuatro décadas.


Los defensores del modelo neoliberal consiguen un piso de apoyos en torno a 35-40 por ciento del electorado, como muestran todos los procesos de la región. A menudo no sabemos cómo enfrentar esta nueva derecha. No es agitando contra el imperialismo como la derrotaremos, sino mostrando que se puede gozar de la vida sin caer en el consumismo, el endeudamiento y el individualismo.

Publicado enInternacional
Noam Chomsky habla de Bernie Sanders, Jeremy Corbyn y el potencial de la gente común para traer un cambio radical

A lo largo de su ilustre carrera, Noam Chomsky ha mostrado especial interés en cuestionarse (y en animarnos a cuestionar) las premisas y normas que dictan sobre nuestra sociedad.

Después de una conferencia sobre poder, ideología y la política exterior de los EE. UU. celebrada en la New School de Nueva York, el periodista italiano independiente Tommaso Segantini se sentó con el profesor de 86 años para debatir alguno de estos temas y su relación con los procesos de cambio social.

Desde una postura radical, el progreso implica pinchar la burbuja de la inevitabilidad. Aplicar la austeridad, por ejemplo, "es una decisión política tomada por sus diseñadores a favor de sus propios intereses". No se toma, según Chomsky, "en razón de ley económica alguna". El capitalismo americano también se beneficia de la enajenación ideológica, ya que a pesar de su vínculo con el libre mercado, se expande gracias a subvenciones de las cuales se benefician algunos de los actores privados más importantes. Esa burbuja también debe ser pinchada.

Además de debatir la contingencia de un cambio social, Chomsky habló sobre la crisis de la eurozona, de si Syriza podría haber evitado someterse a los acreedores de la deuda griega y de la relevancia de los papeles que tomarán el recién elegido líder laborista Jeremy Corbyn y el candidato en las primarias del Partido Demócrata Bernie Sanders. Se muestra sobriamente optimista: "a lo largo de la historia, se da una especie de trayectoria general hacia una sociedad más justa, con retrocesos y alteraciones en su curso".

En una entrevista, hace un par de años, afirmó que el movimiento Occupy Wall Street (OWS) había creado un sentimiento extraño de solidaridad en los EE. UU. El 17 de septiembre fue el cuarto aniversario de este movimiento. ¿Cómo valoras los movimientos sociales como OWS nacidos durante los últimos 20 años? ¿Han podido provocar algún cambio real? ¿Cómo pueden mejorar?

Sí han tenido impacto, aunque no se han materializado en movimientos estables y constantes. Se trata de una sociedad muy atomizada; son pocas las organizaciones que persisten y tienen memoria institucional, que saben cómo dar el siguiente paso y ese tipo de cosas.

Esto se debe, en parte, a la destrucción del movimiento obrero, que solía servir como una base firme para muchas otras actividades. Ahora, prácticamente, se podría decir que las únicas instituciones estables son las iglesias. Hay muchos fenómenos de base parroquial.

Es difícil que los movimientos se consoliden. A menudo surgen movimientos de jóvenes, los cuales tienden a ser transitorios. Por otra parte, existe un efecto acumulativo y nunca se sabe cuándo algún fenómeno se transformará en un movimiento mayor. Ya lo hemos visto a lo largo de la historia, como pasó con los movimientos por los derechos civiles o con los movimientos feministas. Por tanto, lo mejor es seguir intentándolo hasta que alguno termine por despegar.

La crisis del 2008 mostró claramente las fallas de la doctrina económica neoliberal. No obstante, parece que las recetas neoliberales se mantienen y todavía se aplican en muchos países. ¿Por qué, incluso tras los trágicos efectos de la crisis de 2008, la doctrina neoliberal parece ser tan resistente? ¿Por qué no ha habido todavía una respuesta fuerte como la que hubo posteriormente a la Gran Depresión?

En primer lugar, las respuestas europeas han sido mucho peores que las respuestas en EE. UU., lo cual es bastante sorprendente. En los EE. UU. hubo tímidos esfuerzos de estímulo, expansión cuantitativa, etcétera, lo que permitió que la economía se recuperase progresivamente.

De hecho, la recuperación tras la Gran Depresión fue más rápida en muchos países de lo que lo es hoy, por muchos motivos. En el caso de Europa, una de las principales razones es que el establecimiento de una moneda única resultó ser un desastre, tal como muchos han señalado. Los mecanismos necesarios para dar respuesta a la crisis no existen en la UE. Por ejemplo, Grecia no puede devaluar su moneda.

La integración europea tuvo efectos muy positivos en algunos aspectos y muy dañinos en otros. Especialmente, al encontrarse bajo la dirección de poderes económicos extremadamente reaccionarios, que imponen políticas que son económicamente destructivas y que, básicamente, son una expresión de la lucha de clases.

¿Por qué no ha habido reacción? Bueno, los países débiles no cuentan con el apoyo de los otros. Si Grecia tuviese el apoyo de España, Portugal, Italia y otros países, quizás hubiera podido resistir a los poderes eurocráticos. Estos son casos especiales que tienen que ver con los fenómenos actuales. Recuerda que, en la década de 1930, las respuestas no fueron especialmente atractivas. Una de ellas fue el Nazismo.

Hace varios meses, Alexis Tsipras, el líder de Syriza, fue nombrado Primer ministro de Grecia. Al final, sin embargo, tuvo que hacer muchas concesiones dada la presión que sufrió por parte de los poderes financieros y se vio obligado a ejecutar duras medidas de austeridad.

¿Crees que, en general, un cambio auténtico puede llegar si un líder de izquierda radical consigue gobernar? ¿O los Estados han perdido demasiada soberanía, de modo que son demasiado dependientes de las instituciones financieras, capaces de castigarlos si no siguen las normas del libre mercado?

Como he dicho, en el caso de Grecia, si hubiese habido un apoyo popular a su favor, de otros partes de Europa, Grecia podría haber sido capaz de afrontar el ataque de la alianza bancaria eurócrata. Pero Grecia estaba sola, no tenía muchas opciones.

Hay muy buenos economistas, como Joseph Stiglitz, que creen que Grecia debería haberse ido de la zona euro. Ese es un paso muy arriesgado. Grecia tiene una economía muy pequeña, no tiene un alto nivel de exportaciones y sería demasiado débil para soportar las presiones del exterior.

Hay gente que critica las tácticas de Syriza y la postura que tomó, pero creo que es difícil ver las opciones que tenían, dada la falta de apoyo externo.

Imaginemos, por ejemplo, que Bernie Sanders gana las elecciones presidenciales de 2016. ¿Qué crees que pasaría? ¿Podría llevar a cabo cambios radicales en las estructuras de poder del sistema capitalista?

Supongamos que Sanders gana, lo cual es muy poco probable en un sistema de elecciones compradas. Estaría solo. No cuenta con representantes en el Congreso, ni con gobernadores afines, ni con legisladores en los Estados, ni con apoyo en la burocracia. Estando solo en este sistema, no se puede hacer mucho. Una alternativa política real necesitaría un carácter generalizado, no solo un inquilino en la Casa Blanca.

Tendría que ser un movimiento político amplio. De hecho, creo que la campaña de Sanders es muy valiosa, ya que saca a debate temas nuevos, presiona a los demócratas de las corrientes prevalecientes para que tomen posturas un poco más progresistas y moviliza a un gran sector de las fuerzas populares. El resultado más positivo sería que esta movilización permaneciese tras las elecciones.

Es un grave error acudir movilizados a la batalla electoral y después irse a casa. No es así cómo se dan los cambios. La movilización podría llevar a una organización popular constante que quizás dé efectos en el largo plazo.

¿Qué opinas de la emergencia de figuras como Jeremy Corbyn en el Reino Unido, Pablo Iglesias en España o Bernie Sanders en EE. UU? ¿Hay un nuevo movimiento izquierdista en alza o tan solo son respuestas puntuales a la crisis económica?

Depende de la reacción popular. Pongamos el caso de Corbyn en Inglaterra: son duros los ataques que sufre, y no solo de parte de las élites conservadoras, sino también de los cuadros laboristas. Con suerte, Corbyn será capaz de defenderse ante ese tipo de ataques, pero depende de la reacción del pueblo. Si este está dispuesto a apoyarle, ante las difamaciones y las tácticas destructivas, entonces, veremos los cambios. Lo mismo sucede con Podemos en España.

¿Cómo se puede concienciar a un número tan grande de personas sobre temas tan complejos?

No es tan difícil. La tarea de las coordinadoras y activistas es ayudar a que la gente comprenda y reconozca que son los poseedores del poder, que no están indefensos. La gente siente impotencia, y eso tenemos que superarlo. De eso se trata la coordinación y el activismo.

A veces funciona, a veces falla, pero no hay secreto alguno. Es un proceso que lleva tiempo, como siempre lo ha sido. A lo largo de la historia, se da una especie de trayectoria general hacia una sociedad más justa, con retrocesos y alteraciones en su curso.

¿Dirías, por lo tanto, que durante tu vida, la humanidad ha progresado en la construcción de una sociedad que de algún modo sea más justa?

Se han dado enormes cambios. Date un paseo por aquí, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, y echa un vistazo al cuerpo estudiantil. La mitad son mujeres, un tercio son minorías, vestidos de modo informal, y se relacionan entre ellos, etc. Cuando vine aquí, en 1955, solo se veían hombres blancos, con chaquetas y corbatas, muy educados, obedientes, sin hacer muchas preguntas. Eso es un cambio enorme.

Y no solo aquí, sino en todos lados. Ni tú ni yo seríamos así, y de hecho, probablemente tú no estarías aquí. Esos son algunos de los cambios culturales y sociales que se han dado gracias al compromiso y la dedicación del activismo.

Otras cosas no han cambiado, como el movimiento obrero, que ha sufrido reiteradamente graves ataques durante la historia americana y especialmente durante los primeros años de la década de 1950. Hoy se encuentra seriamente debilitado, dado que su presencia es marginal en el sector privado, y ahora se enfrenta a ataques en el sector público. Esto es un retroceso.

Las políticas neoliberales son, definitivamente, un retroceso. Para la mayor parte de la población estadounidense, la última década está marcada por el estancamiento y el declive, y no por causa de ninguna ley económica. Se trata de políticas. Del mismo modo, la austeridad no es una necesidad económica en Europa (de hecho, es un sinsentido económico). Pero es una decisión política tomada por sus diseñadores a favor de sus propios intereses. Básicamente, creo que es una dimensión de la lucha de clases, a la que podemos responder, aunque no sea fácil. La historia no se desarrolla en línea recta.

¿Cómo crees que sobrevivirá el sistema capitalista, teniendo en cuenta su dependencia de los combustibles fósiles y su impacto sobre el medio ambiente?

Lo que llamamos sistema capitalista no tiene mucho que ver con ningún modelo de capitalismo o de mercado. Tomemos el ejemplo de las industrias de los combustibles fósiles: un estudio reciente del FMI ofrece un cálculo de las ayudas públicas que las empresas energéticas reciben de los gobiernos. La cifra total es colosal. Creo que se situaba en torno a los 5 billones anuales. Eso no tiene nada que ver con los mercados o con el capitalismo.

Y lo mismo sucede con otras componentes del llamado sistema capitalista. Hasta ahora, en los EE. UU. y otros países occidentales, ha habido durante el periodo neoliberal un aumento marcado de la financiarización de la economía. Las instituciones financieras en los EE. UU. gozaron de alrededor de un 40% de beneficio en la víspera del desplome de 2008, del cual son responsables en gran medida.

Hay otro estudio del FMI que investigó los beneficios de la banca estadounidense y mostró que esta dependía casi enteramente de las ayudas públicas tácitas. Existe un tipo de garantía (no está escrita, pero es una garantía implícita) de rescate de la cual gozarán si empiezan a padecer problemas. A ello se le llama ser demasiado importante para fallar.

Y por supuesto que las agencias de calificación de riesgos lo saben y lo tienen en cuenta. Con calificaciones de crédito altas, las instituciones financieras consiguen tener un acceso privilegiado al crédito barato, ayudas públicas si las cosas salen mal y muchos otros incentivos, lo cual efectivamente se suma al total del beneficio obtenido. La prensa económica intentó calcular esta cantidad y dio una cifra de 80.000 millones USD al año. Eso no tiene nada que ver con el capitalismo.

Lo mismo sucede con muchos otros sectores económicos. Por tanto, la pregunta real es: ¿sobrevivirá el capitalismo de Estado, que eso es lo que es, al uso continuado de combustibles fósiles? Y la respuesta es, por supuesto, no.

Por ahora, existe un consenso considerablemente fuerte entre los científicos que dicen que la gran mayoría de los combustibles fósiles restantes, quizás el 80 por ciento, debieran permanecer en la tierra si queremos evitar un aumento de las temperaturas que sería letal. Y eso no está sucediendo. Es posible que los humanos estemos destrozando las posibilidades de sobrevivir decentemente. No todo el mundo moriría, pero traería cambios dramáticos para el mundo.

 

Noam Chomsky

Profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

 

Fuente:

https://www.jacobinmag.com/2015/09/noam-chomsky-bernie-sanders-greece-tsipras-grexit-austerity-neoliberalism-protest/


Traducción: José Manuel Sío Docampo

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Viernes, 03 Julio 2015 06:55

El capitalismo no será retransmitido

El capitalismo no será retransmitido

El autor analiza el relato del capitalismo que construyen los medios de comunicación, atravesados por sus lógicas, y la repercusión que tiene ese relato en la percepción pública.


La revolución no será televisada, cantaba Gil Scott-Heron. El capitalismo tampoco será nombrado en los medios de comunicación masivos.


En el tratamiento que los medios de comunicación concentrados hacen del capitalismo se pueden observar algunas reglas generales. La primera es su omisión nominal: las palabras "capitalismo" o "sistema capitalista", salvo en contadas excepciones, quedan excluidas del lenguaje mediático.


La segunda regla es que el capitalismo no recibe un tratamiento como sistema, sino que se aborda por partes inconexas, no interrelacionadas ni interdependientes.


En tercer lugar, estos medios ocultan la composición del poder real: toda referencia al "poder" es al que está legitimado democráticamente, nunca al poder establecido o fáctico.


Finalmente, si no se nombra, no se trata como sistema ni se describe la composición de su poder, tampoco se lo debate, quedando fuera de los márgenes de lo mediáticamente discutible.

Entonces, ¿cómo se aborda el capitalismo en estos medios? ¿qué lugar ocupa en su versión de la realidad? Para una aproximación a estas preguntas, se analizará el relato de los principales grupos de comunicación en torno a la actualidad del sur de Europa, atravesada por la implementación de la versión más radicalizada del capitalismo. A falta de un tratamiento integral, se indagará sobre trozos de esta narrativa.


Hechos sin contexto y con causas sesgadas


Aunque las "noticias" incluyen a diario hechos vinculados directamente con el capitalismo, éstos nunca son puestos en contexto. En esta narrativa, los "noticias" políticas, económicas o sociales no tienen una visión sistémica, sino aislada, atomizada. En paralelo, se desvía la mirada sobre el origen de los impactos del capitalismo, tratando estas cuestiones superficialmente, sin indagar sobre sus raíces: no hay causas sistémicas que expliquen los hechos.


Por ejemplo, la "crisis" se atribuye fundamentalmente a "haber vivido por encima de las posibilidades" o "gastar más de lo que se tiene", orígenes que pretenden explicar la generación y profundización de desigualdades sin precedentes, la reducción de las rentas del trabajo y el aumento de las rentas del capital, principalmente financiero.


Desvío de causantes


Al sesgar las causas también se tergiversa la identificación de los causantes. En este storytelling de la "crisis" fue el Estado el que se excedió en el gasto y la población la que vivió por encima de sus posibilidades; no fue el capital financiero el que aumentó exponencialmente las inversiones especulativas que generaron una burbuja que terminó explotando.


El señalamiento mediático de los responsables se trasladó desde el poder financiero hacia el Estado y las mayorías sociales.
Otros actores estelares son "noticia" aunque desprovistos de protagonismo sobre el funcionamiento y los impactos del sistema.
Recientemente, los medios concentrados se hacían eco de la "preocupación" de Lagarde (FMI) por el aumento de las desigualdades y de Draghi (BCE) y Blanchard (FMI) por el elevado desempleo español. Estas versiones anecdóticas, además de pasar por alto las intenciones detrás de dichas declaraciones, omitían la relación de causalidad entre los intereses que representan estos dirigentes y la construcción de las problemáticas por las que manifestaban "preocupación".


Poderes invisibles


Otro rasgo de este tratamiento es la invisibilización de ciertos actores del capitalismo y del poder real que detentan. Tal es el caso de los lobbies, grupos de presión que defienden intereses sectoriales determinando las decisiones políticas nacionales, continentales y globales. Estos poderes fácticos quedan en la sombra, ausentes de la agenda, de la "información".


Más allá de esto, los medios concentrados ocultan el mapa del poder real y eluden la discusión sobre su composición. La concepción del poder que transmiten realza a los actores legitimados por el voto popular y desvanece a quienes ostentan el poder establecido, su capacidad de presión, influencia y potencia rectora sobre las instituciones democráticas. En definitiva, se invisibiliza cómo está compuesto el entramado de poder, del que estos medios, además de portavoces, son parte.


Verdades instaladas


Otro recurso es la repetición incesante de argumentos y relatos hasta instalarlos como verdades. Siguiendo el principio de la propaganda de Joseph Goebbels, la repetición hasta el hartazgo de estos argumentos, aunque intencionadamente falaces, termina estableciéndolos como verídicos en el imaginario social. Volver una y otra vez sobre una misma lógica argumental pero desde diferentes ángulos, aumentando exponencialmente las posibilidades de arraigarla como verdad y reduciendo el margen para ponerla en cuestión.


Chivos expiatorios


En ocasiones, los medios hegemónicos se ven impelidos a señalar de forma crítica a actores del capitalismo con nombre y apellido. No obstante, a estos casos se llega después de la evidencia de su derrumbe, centralizando la responsabilidad en el actor nombrado, aislándolo, descontextualizándolo y tratándolo como una excepción. De esta forma, cargar las culpas sobre un actor permite exculpar al resto, y a las propias dinámicas sistémicas.


Por ejemplo, Lehman Brothers, el caso más visible en el inicio de la "crisis financiera" de 2008, recibió una condena mediática por su codicia. Sin embargo, fue tratado como una conducta irresponsable excepcional, obviando que el grueso del sistema financiero internacional había sido partícipe y beneficiario del mismo casino.


Hostilidad frente a críticas


Estos medios también naturalizan al capitalismo y sus modos de producción. Así, las críticas y las contestaciones a este orden natural reciben un tratamiento hostil, siendo ignoradas, deslegitimadas o criminalizadas. Asimismo, las alternativas al capitalismo son moldeadas, considerándolas anacrónicas, inviables, populistas o no realistas.


En esta versión mediática de la realidad, el capitalismo no existe; hay "mercados" y "mercados libres"; no hay un sistema motorizado por la codicia. Hay injusticias y desigualdades, pero no un orden sistémico que las determine, un sistema político que las habilite, ni una matriz ideológica que las legitime.


El capitalismo como totalidad, sus impactos y actores estelares están ausentes de la agenda, y su abordaje se hace de forma anecdótica, parcial o sesgada. Una construcción funcional que contribuye a mantener y a legitimar las condiciones para la expansión de un sistema que, a través de estos medios de comunicación, se hace inasible.


El capitalismo detrás de las palabras


Seguramente el lenguaje es el medio más poderoso de estos grupos concentrados. Al condicionar el significado de las palabras, condicionan la realidad. ¿Con qué lenguaje se refieren los medios hegemónicos a un capitalismo que no nombran?
Siguiendo con el análisis de la actualidad del sur de Europa, en el que necesariamente los medios dominantes deben hablar del empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, también se puede observar el uso intencionado del lenguaje.


En este teatro de la retórica, los recortes de la inversión pública social se llaman "reformas", que son decisiones positivas, ya que en el futuro van a mejorar la vida de la sociedad. La transferencia de recursos públicos a manos privadas se denomina "políticas de ajuste", que a su vez son necesarias para recuperar la economía. El problema es de "crecimiento", nunca de distribución.


En el plano de los derechos sociales, pagar dos veces por un servicio público sanitario no es un repago, sino un "copago". Al retroceso de derechos y la precarización de trabajadores y trabajadoras se lo llama "flexibilización del mercado laboral", a la reducción de sueldos "moderación salarial" y "racionalización" a despedir en masa.


"Austeridad" y "eficiencia" son los mantras para referirse a un Estado mínimo y ausente para los intereses de las mayorías. Se denomina "hacer los deberes" a someter la soberanía política al mandato del capital transnacional y la Troika, apelar a "lo que hay que hacer" significa ignorar la voluntad popular y "actuar con responsabilidad" o "con valentía" significa traicionarla.


En el fondo, a la ley de la selva se la llama "libertad de empresa" y se le dice "crisis" a una estafa del capital financiero sobre los Estados de la periferia europea. Y se señala como "inevitable" a lo que es resultado de la voluntad política del Gobierno español, la implementación de programas neoliberales.


La misma intencionalidad en el uso del lenguaje se puede observar en el tratamiento de las alternativas que se proponen al capitalismo. Por ejemplo, "radical" significa extremista, "violenta"es cualquier forma de desobediencia y lo "utópico" adquiere una connotación negativa.


También desde estos medios concentrados se despliega una batería lingüística para deslegitimar y criminalizar la protesta social. Un ejemplo es el de los "escraches" a dirigentes políticos, señalamientos públicos liderados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y otros movimientos sociales, a quienes consideraban responsables o cómplices de la desposesión de derechos de las mayorías.


Estas acciones fueron consideradas "ilegítimas", "violentas", "antidemocráticas", "atentados contra el orden público", "amenaza a las instituciones", "acoso" e "intimidaciones".


Todo este despliegue de lenguaje y de andamiaje retórico, de eufemismos y de construcción mediática de significados se hace sin nombrar ni discutir en ningún caso el fondo del asunto. El lenguaje nunca es neutro, y en este caso se puede concluir que está plagado de intereses económicos y políticos.


Opinión pública y control ideológico


Toda esta (no) narrativa del capitalismo tiene como correlato un sistema de valores funcionales, como la competencia, el crecimiento, el individualismo, la maximización del lucro, la libertad de empresa y el consumismo como derechos inalienables.
Estos valores son instituidos por los medios hegemónicos como incuestionables y su matriz de opinión, impuesta como un conjunto de verdades, configuran la visión de la realidad de las mayorías.


En el fondo, siempre están presentes las ideas de "libertad" y "democracia" como pilares sacros que sólo pueden caber en este capitalismo innominado e inasible. Y detrás de la "libertad" y la "democracia" vale todo: criticar al sistema es acometer contra estos dos valores.


No sólo se trata de ocultar y manipular, de sesgar y parcializar, sino que principalmente es una cuestión de educación ciudadana y de prefiguración de la percepción de la realidad. Estos portavoces del capitalismo, más que medios de comunicación, son de transmisión y de control ideológico.


En este marco, la mejor protección para el capitalismo pasa por negarlo como sistema, por no discutirlo y por ocultar la composición del poder real. No es que los medios de comunicación dominantes sean una pata fundamental del capitalismo, sino que ambos representan una unión indisociable con una suerte en común.


Esta estructura oligopólica, con un puñado de medios que controlan el conocimiento y el reconocimiento de la realidad de millones de personas, garantiza la reproducción de este tratamiento, y con ella la preservación del statu quo y sus estructuras de poder. En este contexto, la información es una mercancía esencial, cuya rentabilidad es el principio que rige la pertinencia de su producción.


Esto también pone en evidencia el conflicto de intereses entre los negocios y el derecho a la comunicación. Por ello, un reto central en la batalla cultural contra el capitalismo consiste en desmercantilizar la información y colocarla en el plano de los derechos.


Porque la democratización de la sociedad y de la economía necesariamente van de la mano de una democratización de las voces y las palabras, en definitiva, de los medios de comunicación.


Por Rodrigo Fernández Miranda, miembro del Centro de Estudios de la Economía Social de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, del equipo de investigación social de AlbaSud, y de ConsumeHastaMorir.

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