Nuestro derecho a ser Marxistas-Leninistas

Pasado mañana, 9 de mayo, se conmemorará el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria. Dada la diferencia de hora, cuando elaboro estas líneas, los soldados y oficiales del Ejército de la Federación de Rusia llenos de orgullo, estarán ejercitando en la Plaza Roja de Moscú con los rápidos y marciales pasos que los caracterizan.

Lenin fue un genial estratega revolucionario que no vaciló en asumir las ideas de Marx y llevarlas a cabo en un país inmenso y solo en parte industrializado, cuyo partido proletario se convirtió en el más radical y audaz del planeta tras la mayor matanza que el capitalismo había promovido en el mundo, donde por primera vez los tanques, las armas automáticas, la aviación y los gases asfixiantes hicieron su aparición en las guerras, y hasta un famoso cañón capaz de lanzar un pesado proyectil a más de cien kilómetros hizo constar su participación en la sangrienta contienda.

De aquella matanza surgió la Liga de las Naciones, una institución que debía preservar la paz y no logró siquiera impedir el avance acelerado del colonialismo en África, gran parte de Asia, Oceanía, el Caribe, Canadá, y un grosero neocolonialismo en América Latina.

Apenas 20 años después, otra espantosa guerra mundial se desató en Europa, cuyo preámbulo fue la Guerra Civil en España, iniciada en 1936. Tras la aplastante derrota nazi, las naciones cifraron sus esperanzas en la Organización de las Naciones Unidas, que se esfuerza por crear la cooperación que ponga fin a las agresiones y las guerras, donde los países puedan preservar la paz, el desarrollo y la cooperación pacífica de los Estados grandes y pequeños, ricos o pobres del planeta.

Millones de científicos podrían, entre otras tareas, incrementar las posibilidades de supervivencia de la especie humana, ya amenazada con la escasez de agua y alimentos para miles de millones de personas en un breve lapso de tiempo.

Somos ya 7 300 millones los habitantes en el planeta. En el año 1800 solo había 978 millones; esta cifra se elevó a 6 070 millones en el año 2000; y en el 2050, según cálculos conservadores, habrá 10 mil millones.

Desde luego, apenas se menciona que a Europa Occidental arriban embarcaciones repletas de emigrantes que se transportan en cualquier objeto que flote, un río de emigrantes africanos, del continente colonizado por los europeos durante cientos de años.

Hace 23 años, en una Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo expresé: "Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre". No sabía entonces sin embargo cuan cerca estábamos de ello.

Al conmemorarse el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria, deseo hacer constar nuestra profunda admiración por el heroico pueblo soviético que prestó a la humanidad un colosal servicio.

Hoy es posible la sólida alianza entre los pueblos de la Federación Rusa y el Estado de más rápido avance económico del mundo: la República Popular China; ambos países con su estrecha cooperación, su avanzada ciencia y sus poderosos ejércitos y valientes soldados constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda preservarse.

La salud física y mental, y el espíritu de solidaridad son normas que deben prevalecer, o el destino del ser humano, este que conocemos, se perderá para siempre.

Los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria.

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Fidel Castro Ruz
Mayo 7 de 2015
10 y 14 p.m.

Publicado enPolítica
Filtran contactos entre Hollywood y la Casa Blanca

Más de 170.000 correos electrónicos y 30.000 documentos internos filtrados por Wikileaks revelan, entre otros asuntos, las relaciones de Washington con la compañía para librar una "guerra mediática" contra el Estado Islámico (EI) y Rusia.

 

La plataforma de filtraciones Wikileaks colgó ayer en Internet una serie de documentos robados por hackers a la productora y distribuidora estadounidense Hollywood Sony Pictures. Se trata de más de 170.000 correos electrónicos y más de 30.000 documentos internos, que revelan, entre otros asuntos, las relaciones de Washington con la compañía para librar una "guerra mediática" contra el Estado Islámico (EI) y Rusia y las conexiones directas con políticos del Partido Demócrata.


El fundador de Wikileaks, Julian Assange, explicó los motivos por los cuales decidió filtrar los documentos y correos de la productora. "La información pertenece al dominio público ya que muestra el centro de un conflicto geopolítico. Este archivo muestra el funcionamiento interno de un grupo multinacional influyente", escribió Assange como argumento para decidir colgar la información, que consideró como de "importancia histórica" y que debe ser hecha pública. Los documentos pueden ser revisados en base a palabras determinadas o por autor o receptor de los mensajes.


El archivo de Wikileaks dejó al descubierto las estrechas relaciones entre el CEO de la compañía, Michael Lynton, y el presidente norteamericano, Barack Obama. Uno de los mensajes es una invitación a una cena con los Obama en la Casa Blanca enviada por Kristen Jarvis, jefe del personal de Michelle Obama en aquel momento. En total, en el archivo hay unas cien direcciones de correo de personal vinculado con el gobierno.


Los mensajes filtrados revelan también el objetivo de las conexiones con Washington. El archivo reveló un correo de Richard Stengel, subsecretario del Departamento de Estado norteamericano para Relaciones Públicas, en el que invitó a Lynton a movilizar sus recursos para protagonizar la "guerra informativa". Al hablar de los objetivos de la misma, Stengel cita al EI y a Rusia sin hacer distinciones entre los dos. "Tenemos un montón de desafíos en la lucha contra la narrativa de EI en Medio Oriente y la narrativa de Rusia en Europa central y Europa del Este. En ambos casos, hay millones de personas en estas regiones que están recibiendo una versión sesgada de la realidad. Y no es algo que el Departamento de Estado puede tratar por su cuenta. Me encantaría convocar a un grupo de ejecutivos mediáticos que puedan ayudar a pensar en una mejor forma de responder a estos dos grandes desafíos", escribió Stengel. La respuesta de Lynton incluyó una lista de nombres integrada por el presidente de Walt Disney International, Andy Bird; el director de operaciones de 21th Century Fox, y el ex ejecutivo de Turner Broadcasting James Murdoch, entre otros.


Las filtraciones de Wikileaks revelaron, además, que Lynton se encuentra en la junta directiva de RAND Corporation, una organización especializada en la investigación y el desarrollo para el sector militar y de Inteligencia de Estados Unidos. "Los archivos de Sony muestran el flujo de contactos e información entre estas dos importantes industrias. RAND asesoró a Sony en relación con su película The Interview en Corea del Norte", expresó el comunicado publicado en el sitio creado por Assange.
Por su parte, el gobierno norteamericano respondió ayer a las publicaciones de Wikileaks. La portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf, afirmó que nunca hubieran comparado a Rusia y a EI, ya que son consideradas como "desafíos muy diferentes". Sin embargo, Harf afirmó que sí está teniendo lugar una colaboración con "personas que tienen plataformas" en la esfera de la política exterior de Estados Unidos. "Contactamos con personas de esos países ajenas al gobierno para hablar con ellas sobre nuestras prioridades. A veces son ellas quienes se ponen en contacto con nosotros. Pero son ellas las que deciden qué van a producir y cuál va a ser el contenido", afirmó Harf.


Por otro lado, los correos electrónicos revelaron el "ida y vuelta" en las negociaciones realizadas directamente con los políticos. Una de las conexiones reveladas ayer por Wikileaks es la que mantienen Sony Pictures Entertainment y el Partido Demócrata de los Estados Unidos. Algunos de los cables dan cuenta de presencia de la cúpula empresarial en varias cenas de recaudación de fondos para el partido. Asimismo, fueron publicados correos electrónicos que exponen las cuantiosas contribuciones de la compañía al gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo. "Gracias al gobernador Cuomo, que creó un ambiente de incentivo a la producción en Nueva York y defender firmemente la lucha contra la piratería, haciendo algo más que hablar de nuestros problemas", reveló un cable publicado.


La empresa lamentó la filtración y acusó a Wikileaks de haber realizado un "acto criminal" contra la empresa. "Los atacantes diseminaron esta información con el objetivo de dañar a Sony Pictures y a sus empleados, y ahora Wikileaks está ayudándoles a cumplir ese objetivo, lo que es muy reprochable. No estamos de acuerdo con la afirmación de Wikileaks de que el material es de dominio público, y continuaremos luchando por la seguridad y la privacidad de la empresa y sus más de 6000 empleados", expresó la compañía.


Sony Pictures, filial de la empresa electrónica japonesa Sony, fue víctima en noviembre de un ataque de hackers, quienes accedieron a documentos internos y correos electrónicos y pasaron semanas hasta que los estudios pudieron volver a utilizar sus sistemas informáticos. El gobierno estadounidense dijo que los piratas eran afines al régimen norcoreano, quienes actuaron en respuesta al estreno de la película The Interview, que se mofa del líder de Corea del Norte, Kim Joung-um.
Assange se encuentra desde hace casi tres años en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia, donde es acusado de abuso sexual. El periodista y activista australiano teme ser extraditado a Estados Unidos, donde podría ser procesado por las publicaciones de su plataforma.

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Entrevista Slavoj Zizek: "Estoy harto de esa izquierda que ni siquiera desea ganar"

Si un pensador puede estar de moda, el del momento actual es el esloveno Slavoj Žižek. Nacido en Liubliana en 1949, su obra se caracteriza por atender a los movimientos sociales y culturales de hoy, desde una perspectiva en la que se abrazan Lacan y Marx, pero donde no es extraño que se cite el cine de Lars von Trier, los dibujos animados de la Warner Bros, los ensayos de Eliot o el éxito Gangnam Style...

Pregunta (P). Un pensador que escribe para que se le entienda y que odia aburrir. Acontecimiento, recién publicado en España por Sexto Piso, es la última entrega de una producción incesante. Al teléfono, Zizek es un conversador entusiasta, que apenas necesita el estímulo de una pregunta para lanzar su discurso y derivar de una reflexión a otra, sin perder nunca el hilo. Es fácil imaginarlo al frente de un aula, fascinando a todo el auditorio. Se le considera como el gran filósofo de la izquierda en Europa. ¿Es una pesada responsabilidad?
Respuesta (R). Sí, pero porque mi mensaje es pesimista. La izquierda está aún sumida en una profunda crisis, y lo único que nos puede salvar es una nueva izquierda. Las protestas que estallaron en todas partes hace dos o tres años, estaba claro en contra de qué estaban. ¿Pero a favor de qué? ¿Una idea keynesiana? ¿Una reforma del capitalismo? Yo puedo lanzar preguntas, mostrar qué es lo que no funciona hoy, perfilar problemas, pero no tengo respuestas concretas.


P. Uri Avnery dijo que la izquierda israelí necesita empezar de cero, evitando el error del que quiso deshacerse de un bumerán y lo lanzó...
R. Totalmente de acuerdo. Como dijo mi amigo Alain Badiou: el siglo XX ha terminado. Todas las formas de izquierda del siglo XX, el comunismo estalinista, el Estado de bienestar socialdemócrata, pero también todos estos sueños secretos de democracia directa, movilización permanente, consejos de comunidades locales donde la gente se autoorganiza... No creo que nada lleve a una solución.

P. ¿Cuál ha sido el punto crítico?
R. Pues que no solo en Europa, sino en cualquier parte, algunos políticos o partidos de izquierdas más radicales llegan al poder y la gente está llena de esperanza, piensa que las cosas pueden mejorar, pero luego hay una desilusión. Por ejemplo, Sudáfrica. Todos éramos felices cuando el Congreso Nacional Africano de Mandela llegó al poder; y tal vez ahora las cosas estén un poco mejor. Pero todos los problemas siguen ahí. Lo mismo con el populismo latinoamericano. Europa lo mira: allí tienen la fórmula... ¡No, no la tienen! Yo nunca me he fiado de ese modelo.

P. Pero sí pone su esperanza en Alexis Tsipras, del partido griego Syriza ¿verdad?
R. Sí, ¿sabe por qué? Estoy harto de esa izquierda marginal que no solo sabe que nunca llegará al poder, sino que secretamente ni siquiera lo desea. De Syriza admiro esa seria voluntad de gobernar, de jugar. Pero las cosas serán extremamente complicadas para ellos. Pongamos que gana las próximas elecciones. Tendrán en contra a una enorme mayoría del aparato del Estado; porque Grecia es un gran Estado clientelar, donde dos millones de personas son empleados públicos, con sus chanchullos. Pero deberían ser valientes, intentarlo. Como Napoleón: On attaque, et on verra. Atacas y luego ya verás.

P. ¿Les pide la izquierda algún consejo a ustedes, los pensadores?
R. Muchos se dirigen a nosotros, esperando que en algún momento daremos la gran respuesta. No, no tenemos la fórmula. Mira al grupo de izquierda moderada más popular de ahora, Krugman, Stiglitz, cercanos a los keynesianos... Lo que dicen es muy modesto. Quieren el mismo capitalismo, un poco reformado, con una salida de emergencia para los ricos. No creo que esto vaya a funcionar. Ni siquiera creo que sea posible hacerlo.

P. Desconfía de la democracia básica y asamblearia. ¿Sigue el movimiento de Pablo Iglesias?
R. Sí, yo soy un gran oportunista. ¡A intentarlo siempre! ¡Todo! Y mientras se vaya haciendo, puede que surja algo nuevo, aunque no sea lo que te esperabas. Dirá usted: si soy tan pesimista ¿para qué empezar algo? Porque de verdad pienso que el capitalismo, se ha cavado su propia tumba. No creo que haya una catástrofe inmediata, pero a largo plazo... Lo que hay en el horizonte es la desaparición gradual de la democracia. No hablo de un golpe fascista, sino de que los mecanismos democráticos son cada vez más irrelevantes. Para decirlo en forma de chiste: Hollywood lo sabe. Todos sus grandes éxitos, últimamente, Los juegos del hambre, etcétera, son una visión de una sociedad nueva de clases, postapocalíptica, con apartheid, con organismos ricos depredando a los pobres. Es una tendencia mundial. La ecología... ¿cómo se resuelve eso?

P. Difícil, muy difícil...
R. Casi no hacemos nada. Incluso la propiedad intelectual, me parece interesante. Ya estamos entrando en una fase de comunismo salvaje en este aspecto. La gente se baja de internet películas, música, normalmente copias piratas, ilegales. Pero no sabemos cómo reorganizar la economía legal. ¿Cómo coordinarlo, quién lo controlará? Veo muchos problemas. Y no veo soluciones. Esta es mi posición trágica, si quieres.


P. Carencia de coordinación y control, ¿no sería más anarquismo que comunismo?
R. Ah, no... No olvidemos: para que funcione lo de la propiedad intelectual se necesita una estructura de mecanismos globales muy potentes. No, creo que nuestro problema hoy día no es la democracia local. Nuestro problema son las nuevas formas de organización global. ¿Cómo tratar la ecología? No a través de iniciativas locales. Dios, necesitamos iniciativas globales megagrandes, mucho mayores que un único Estado.


P. Niall Ferguson dijo que la globalización hoy día no hace más que recuperar el nivel que había a finales del siglo XIX, época colonial, cuando mercancías y personas viajaban por todo el mundo.
R. Sí, pero al mismo tiempo es algo muy paradójico. Me gusta lo que escribió mi amigo, por otra parte más bien de derechas, el filósofo alemán Peter Sloterdijk: que la globalización no es simplemente que todos vivimos en una aldea global, sino que también es como un globo, un espacio cubierto, aislado. Algunos están dentro, la mayoría fuera, pero no tenemos realmente contacto con ellos. Los bienes circulan cada vez más, pero para las personas, incluso tras la caída del Muro de Berlín, ahora surgen por todas partes nuevos muros. En África del Norte, el Muro de Cisjordania, la frontera de Estados Unidos con México, etcétera. Capitalismo global significa nuevas formas de apartheid.

P. Y la vieja consigna comunista de obreros del mundo uníos ¿ya no vale?
R. El problema es: quiénes son hoy esos obreros. El primer paso es identificarlos, ubicarlos. Ya no es una única clase obrera, como para Marx. Sabemos que tenemos cada vez a más personas en paro, trabajadores precarios... Por decirlo de manera irónica, hoy la posición de un clásico obrero explotado –vale, te explotan pero tienes un empleo estable con un salario garantizado– es casi un privilegio. He ahí el primer problema. Deberíamos incluir a los que están fuera. No sólo a los inmigrantes indocumentados sino a los parados de larga duración. Creo que en las protestas en España, en Grecia, incluso en Francia e Inglaterra había muchos estudiantes que sabían muy bien que sus estudios no les iban a servir gran cosa. Deberíamos dirigirnos a todos estos grupos descontentos.

P. ¿Y a quién más?
R. Luego está el problema de los así llamados trabajadores intelectuales. Los marxistas siempre tenían ese problema: ¿son o no son parte del proletariado? Yo creo que sí. Algunos marxistas antiguos insisten en que uno debería trabajar físicamente, que eso sería la única clase trabajadora auténtica. Por otro lado, Toni Negri y sus amigos dicen que los intelectuales son los típicos proletarios de hoy en día. No, yo creo que el proletariado está disperso, no se puede encontrar una forma pragmática.


P. Da la impresión de que el proletariado clásico, físico, es hoy quien más vota a la derecha. ¿lo cree así?
R. Los partidos ex izquierda, como New Labour en Inglaterra, incluso los socialistas en España, tienen un terrible miedo a que se les vea como anticuados. Y conozco a la clase obrera que trabaja duro, físicamente, y es comprensible por qué votan a la derecha: sus competidores más inmediatos son los inmigrantes. Son los votantes ideales para partidos conservadores antiinmigración. Es fácil hacer teorías sobre cómo deberían verlo, pero en su experiencia inmediata, los inmigrantes significan competencia.

P. ¿No es el fracaso del llamamiento a la unión de los trabajadores en todo el mundo?
R. Sí, pero hasta Marx se daba cuenta de esto. No creo que podamos conseguir la unidad a la antigua usanza. Deberíamos aceptar esa pluralidad. Mire los últimos resultados electorales de las europeas. ¿Ha visto qué catástrofe? En países grandes, Francia, Inglaterra, el partido más fuerte que emergió era el antiinmigrantes. La clase obrera es cada vez más nacionalista, antiinmigrantes, hasta cierto nivel. Cuando más subes de nivel de capital o de privilegios intelectuales, más la gente puede permitirse ser liberal, multicultural. Los izquierdistas que piensan que al combatir el racismo están al mismo tiempo combatiendo el capitalismo... bueno, quizás a largo plazo. Está en el interés de los grandes capitales permitir la entrada a trabajadores inmigrantes. Porque así se presiona a la propia clase trabajadores, hay más competencia, se bajan salarios, etcétera.


P. Y esa presión es mayor aún si los inmigrantes son indocumentados ¿no? Los legales tienen los mismos derechos que los demás; los ilegales mucho menos.
R. Sí, y creo que esto es otro punto crucial para la unidad. Es como funciona el capitalismo. No se puede tener a todos los trabajadores disfrutando de plenos derechos. Algunos están dentro, otros están fuera. Los legales tienen derechos, pero luego tienes los ilegales, y luego tienes trabajadores baratos, aunque no ilegales, en Turquía, en India, en China... y hay competición entre ellos. No creo que el orden global realmente quiera abolir esa separación. Como Estados Unidos ante México: sí, se quejan que hay demasiados inmigrantes mexicanos, pero si vas a otro Estado, como California, allí juegan un papel crucial los mexicanos ilegales. Todo el mundo los utiliza, como jardineros, para trabajos locales, recoger fruta en verano, etcétera. Son parte de la economía. Y no creo que el capitalismo sea capaz de resolver esa situación legalizando a los inmigrantes. Significaría demasiados conflictos. Otra paradoja: cuanto más global sea, más se convierte en su propia víctima, más antagonismos y más tensiones crea.


P. Si las viejas maneras de la izquierda ya no funcionan....
R. Pero también cuento entre las viejas izquierdas las llamadas "izquierdas de tercera vía". El Nuevo Laborismo y eso. Creo que lo que emerge cada vez más es: un partido centrista, que económicamente es neoliberal, pero culturalmente habitualmente muy abierto, matrimonio homosexual, aborto, lo que quieras, y luego la reacción a esto, populista y antiinmigración. Que suscita pasión, pero una pasión muy peligrosa. Y si no surge una nueva izquierda, estaremos atrapados en esa oposición. Ahora estamos cogidos en Europa entre los tecnócratas de Bruselas, esta visión tecnocrática de Europa, y luego los nacionalistas antiinmigrantes. Este es el callejón sin salida.

P. ¿Cree que esta izquierda completamente nueva que reivindica podría surgir poco a poco, mediante elecciones, como Syriza en Grecia, o sólo a través de un cambio radical, algún tipo de cataclismo?
R. No soy tan pesimista. ¿Alguien se habría esperado algo como Syriza hace diez años? O mire a... no sé, a la Primavera Árabe. Puede que sea la mejor metáfora para nuestras esperanzas y nuestros temores. Explotó algo que nadie se esperaba. Un movimiento radical, prodemocrático, casi laico. Pero terminó de una manera muy paradójica: cuando se introdujo un poco de democracia más auténtica, los Hermanos Musulmanes tomaron el poder en las elecciones. Y el resultado es que muchos manifestantes originales de Tahrir apoyaron el golpe militar. Este es nuestro callejón sin salida.

P. Imagino que usted se sentía feliz cuando veía las imágenes de Tahrir.

R. ¡Totalmente! Contacté con ellos, les seguí... Desde el principio, yo tenía miedo: parecía que estaba todo el mundo en la calle y todo eso. No, no eran la mayoría, en realidad. Según algunas estimaciones, un máximo del 20 por ciento de la gente participaba realmente de forma activa. Creo que éste es el límite de nuestras democracias. No tengo miedo a decir cosas terribles. No creo que lo de "la mayoría del pueblo" funcione. No creo que la izquierda auténtica vaya a ganar las elecciones. No, no soy leninista, no digo que haya que dar un golpe de Estado. Debemos aceptar que quienes realmente mueven cosas son una minoría activa. Lo único que podemos hacer es tener la esperanza de que la mayoría silenciosa nos dé una oportunidad.

P. Usted ha hablado alguna vez de esa idea, según la cual la masa no tiene por qué saber qué quiere sobre todos los aspectos, en todo momento.
R. Para algunos izquierdistas es horrible escuchar eso. No creo que la mayoría de la gente quiera una democracia activa. Quieren una vida tranquila, que las cosas sencillas funcionen en silencio. Voy a ser brutal. Tengo un problema con los partidarios de la llamada democracia directa: piensan que a un nivel local, todos deberíamos estar movilizados, permanentemente activos en política.... Pues perdone, pero a mí no me gustaría vivir en una sociedad así. Mi sociedad ideal es una donde me dejan en paz, y yo me puedo dedicar a mi trabajo, la Filosofía o lo que sea.

P. Ahora llega esta mayoría silenciosa, concluido Tahrir, y le da su oportunidad a los Hermanos Musulmanes.
R. El problema es que al votar a los Hermanos Musulmanes, la mayoría silenciosa ha hablado. Es la demostración de que la izquierda laica siempre era una minoría. Y es el mismo problema que en Turquía: la protesta por un parque [Gezi] en Estambul... Era claramente muy limitada, de jóvenes de clase media laica pro Occidente; esto hizo surgir algunos vínculos con islamistas de izquierda, pero en el fondo no. En el fondo, Erdogan siempre tenía la mayoría.


P. Cuando en Egipto, Sisi llevó a cabo su golpe de Estado contra los Hermanos Musulmanes ¿usted tenía su corazón en uno de los dos bandos?
R. No, porque yo era pesimista desde el principio. Desde luego, lo bonito habría sido que los manifestantes laicos se organizaran en un movimiento político que de alguna forma se enfrentara a todos los peligros, los Hermanos Musulmanes y los militares. Pero viendo la situación global, esto no funciona. Por eso no estaba demasiado triste, me lo esperaba. Ahora, lo crucial en Egipto es mantener ciertas formas de organización popular: sindicatos, feministas, estudiantes, derechos de los niños etc. Y creo que las redes de las que me hablan todos mis amigos en Egipto son el resultado que permanece y que impide volver a los tiempos de Mubarak: la sociedad civil se ha despertado en Egipto. No es lo mismo. Aquí hubo un progreso.

P. ¿Y Siria?
R. Igual: tuvo el mismo proceso, pero de una manera mucho más violenta. Empezó como una resistencia ciudadana laica contra Asad y ahora tenemos al régimen de Asad contra el ISIL, contra los fundamentalistas. Y los laicos se han quedado en alguna parte en medio; algunos incluso, por desesperación, prefieren a Asad antes que el ISIL, claro.

P. En Europa también hay una izquierda que siempre ha respaldado a Asad, simplemente porque parece estar bajo amenaza de Estados Unidos.
R. Sí, aunque... no diré que Estados Unidos ahora apoya a Asad aunque casi... Algunos medios aseguran que los bombardeos contra ISIL en Siria oriental se hicieron en coordinación parcial con Asad. Es una situación tan irónica... Y el colmo de la ironía es Iraq, donde ahora Irán y Estados Unidos son esencialmente aliados. Aquí, la situación es totalmente confusa.

P. ¿Cree que en Europa pudieran ocurrir levantamientos radicales, comparables con los de Tahrir, capaces de cambiar de golpe un gobierno o sistema?
R. No, desde luego. Es lo que envidiamos de Ucrania. No tengo una opinión definitiva sobre los sucesos de Kiev, pero lo que nos fascinó en Europa es que todavía sea posible un suceso tan amplio, que reunía a cientos de miles de personas. Podemos hacer protestas a gran escala, en España, en otros sitios, pero no movilizar a la gente para un objetivo específico de transformación social. Por otra parte, y es una contradicción, yo todavía creo en Europa. Y está realmente en peligro. No tanto por los fundamentalistas como por nuestras propias fuerzas. Creo que Europa es el gran perdedor en esta lucha entre el capital global, democracia global y populismo antiinmigración. Mire las ideas europeas de igualdad, democracia, libertad, derechos humanos, todo eso refleja una cierta visión de la sociedad. Una sociedad justa y libre. En esto soy eurocentrista, por qué no. Si Europa se desvanece, si se convierte en simplemente uno de los centros menores del mundo, ¿qué lo reemplazará?

P. ¿Hay candidatos?
R. Lo triste es que parece que sería –aunque no es correcto llamarlo así porque no tiene nada que ver con una raza– el modelo asiático... Capitalismo con antiguos valores asiáticos. Es decir, un capitalismo autoritario. China, Singapur, incluso Rusia... No será el fascismo a la antigua usanza, con su movilización política total, sino mucho más como Rusia hoy: tienes todas las libertades privadas, pornografía, puedes viajar, lo que sea, pero la estructura del poder es esencialmente autoritaria.

P. En su último libro, Acontecimiento, describe la religión cristiana basada como un 'evento' único, ubicado en la historia, el nacimiento de Jesucristo. ¿Necesita Europa esta mentalidad de advenimientos?
R. No, es algo más complejo, porque no describo una noción de acontecimiento sino diferentes tipos. Un acontecimiento no es algo nuevo, sino algo que ocurre de una manera totalmente imprevisible, casi como un milagro: de la nada surge algo nuevo que reestructura todo. El ejemplo más bonito es enamorarse. Vives solo, llevas una vida satisfecha, y por casualidad, no sé dónde, quizás en los baños de un bar, te encuentras al amor de tu vida y ahí todo cambia. Este es el punto.

P. ¿Y el cristianismo?
R. Para mí es la religión del Acontecimiento, porque Dios no siempre está ahí. Lo que ocurre en el cristianismo es la Encarnación. Y luego, no lo olvidemos, Jesucristo muere. Aquí sigo la interpretación de Hegel: con la muerte de Jesucristo, Dios en persona muere. No hay un poder transcendental. Lo que muere en la cruz es la representación juvenil de Dios. Lo que queda después es el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es simplemente el colectivo de los creyentes que deben decidir, en total libertad, qué hay que hacer. Por eso afirmo que el cristianismo es la religión definitiva del ateísmo.

P. Del ateísmo.
R. El mensaje radical es que Dios ha muerto y ya sin dios estamos solos y lo único que nos puede salvar es el Espíritu Santo, es decir nuestra propia autoorganización de una comunidad de iguales.

P. Sin embargo, esto choca con el cristianismo actual, lleno de supuestas leyes divinas...
R. Por eso hay una gran tensión en el cristianismo a lo largo de toda su historia, por eso el cristianismo siempre se metía en luchas. Me gusta citar una anécdota de Napoleón. Lo iba a coronar emperador el Papa, pero cuando éste se le acercó, Napoleón cogió la corona de sus manos y se la puso él mismo. ¿Sabe lo que el Papa le respondió? "Sé lo que quieres: quieres destruir el cristianismo. Pero créeme, nosotros, como Iglesia, llevamos intentándolo casi dos mil años y no lo hemos conseguido" [risas]. Todo el sistema del cristianismo es un intento de controlar, de oprimir el poder explosivo y liberador que está en el núcleo del cristianismo.


P. ¿De quién debería Europa enamorarse ahora para salvarse de su marginación?
R. Veamos, no aplicaría la teoría del amor de esta manera a la política. Soy muy escéptico. Tahrir era un acontecimiento, ocurrió de repente algo inesperado. Todos los regímenes que se justifican a través del amor, por amor, suelen ser regímenes muy autoritarios.


P. ...claro, Alemania se enamoró de Hitler...
R. El país que utiliza el amor todo el tiempo es Corea del Norte: amar al líder. Por otra parte, la manera en la que yo interpreto la noción cristiana del ágape, en distinción de eros. El marxista británico Terry Eagleton propuso traducir ágape como "amor político". Pero en este sentido, amor significa simplemente la idea central de los vínculos en un colectivo emancipado igualitario. Hay muchas formas de este colectivo, desde antiguas órdenes religiosas monásticas hasta partidos políticos progresistas.


P. Respecto al fundamentalismo islámico en Europa, Amin Maalouf dijo que la tragedia de Europa es que traicionó sus propios valores en cuanto trataba con los inmigrantes. ¿Lo comparte?
R. Sí, pero no coincido con algunos izquierdistas que dicen que esta amenaza islámica es una seudoamenaza, que es solo islamofobia, que no son peligrosos... No: sí debemos combatir contra el ISIL, etcétera. No creo en este tipo de multiculturalismo que dice: oh, deja que traten a sus mujeres como lo han hecho según sus tradiciones... No: Europa debe insistir en que se cumplan ciertas normas. Pero nosotros tenemos a nuestros propios fundamentalistas, no solo en Europa: en Estados Unidos, el FBI controla una lista de dos millones de personas que son potenciales terroristas de derechas. Terroristas cristianos fundamentalistas. La pregunta de verdad es: hoy, con la dinámica del capitalismo global, ¿qué engendra el fundamentalismo? Esta es la pregunta.

P. ¿Tiene la respuesta?
R. La respuesta es simplemente la dinámica del capitalismo, con esa carencia de formas de identidad colectiva. Es obvio: la destrucción de comunidades tradicionales o democráticas tiene que ver con las maneras de este nuevo capitalismo tardío después del 68, el capitalismo individual. El fundamentalismo es la reacción. Por eso pienso que solo la izquierda radical nos puede salvar del fundamentalismo.


P. ¿Eso quiere decir que el glorioso mayo de París era también un fracaso?
R. París 1968 consiguió algo importante, no lo subestimemos. El feminismo por ejemplo: hoy día tratamos a las mujeres de manera muy diferente. Pero al mismo tiempo, sí, se incorporó perfectamente al capitalismo global. El resultado final de la revuelta fue un cambio hacia una nueva forma del capitalismo. Todos estos valores, contra la teocracia, por las libertades personales, el disfrute, el derecho al sexo... todo se incorporó. Hoy, el capitalismo ya no es la antigua autoridad patriarcal. Es hedonista, permisivo. Así que el 68 casi ganó, pero en la Historia solo le dio un nuevo impulso al capitalismo.

Fuente: http://msur.es/2014/11/05/slavoj-zizek/

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Lunes, 05 Enero 2015 08:43

El viento de cambio viene del sur

El viento de cambio viene del sur

En caso de ganar en Grecia, Syriza se convertiría en el primer partido europeo que llega al poder con un discurso en contra del ajuste y contra los dispositivos de rescate financieros monitoreados por la UE, el Banco Central Europeo y el FMI.

 

Desde París

 

Entre septiembre y diciembre, la Unión Europea (UE) vive una de sus más agitadas pesadillas. Después del referéndum soberanista en Escocia de septiembre pasado, el auge de las llamadas izquierdas radicales europeas viene a introducir un ingrediente suplementario de agitación y de profundo cuestionamiento del modelo financiero con el que la Unión Europea funciona desde hace años. Las alternativas que ofrecen las izquierdas radicales de España –Podemos– o de Grecia –Syriza– y la atracción electoral que las confirman como nuevas fuerzas políticas ineludibles pusieron a Bruselas en un tenso compás de espera. La historia se aceleró en los últimos días luego de que, ante la incapacidad de designar a un nuevo presidente –en este caso el conservador Stavros Dimas, que contaba con el respaldo de la UE–, Grecia convocara a elecciones legislativas anticipadas para este 25 de enero. Las encuestas de opinión vaticinan un triunfo de la izquierda radical de Syriza, el partido de Alexis Tsipras. Con un 30 por ciento de las intenciones de voto, Syriza se apresta a protagonizar la primera victoria de la "izquierda de la izquierda" en Grecia y, también, el inicio de un ciclo histórico: en caso de ganar: Syriza se convertiría en el primer partido europeo que llega al poder con un discurso en contra de la austeridad y contra los dispositivos de rescate financieros monitoreados por la "troika" –el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la UE–. El líder griego ya dijo que "la política de austeridad será muy pronto una cosa del pasado".

Grecia, Portugal, Chipre, Irlanda o España, la brisa del cambio viene principalmente de los países del sur. La tendencia hacia la izquierda en estos países contrasta con lo que ocurre en el norte de Europa, donde la crisis y la austeridad propulsan más bien a la extrema derecha. Ante una socialdemocracia inerte y pactista, las izquierdas radicales encontraron un terreno de legitimidad muy fértil. Como lo explica al vespertino Le Monde el profesor y especialista de los radicalismos políticos, Jean-Yves Camus, "para los socialdemócratas ya no hay más utopía. Ya no hay más proyecto de emancipación económica colectiva sino únicamente individual. A lo sumo, la socialdemocracia propone una utopía de sociedad, como por ejemplo el matrimonio para todos. La izquierda radical se opone a ello e intenta hacer comprender a los electores que el software actual puede ser algo muy distinto que una simple adaptación al mundo". Las propuestas de Podemos en España y Syriza en Grecia van en esa dirección. El horizonte griego es para Bruselas una confirmación de esos postulados. No se trata sólo de ideas, sino de contenidos que van en contra de la ortodoxia liberal de la Unión Europea, empezando por la renegociación de los planes de rescate otorgados a Grecia por la troika a partir de 2010. El primero, que se extendió de 2010 a 2012, ascendió a 110 mil millones de euros. El segundo, por 130 mil millones, cubría el período de 2012 a 2014 y tenía que ser desembolsado por etapas y según la evolución de las reformas estructurales planteadas por los prestamistas. Por ahora, el FMI suspendió el pago de la ayuda hasta después de las elecciones. Bruselas teme que Syriza salga de la tutela financiera de la Unión Europea antes de que concluyan las negociaciones sobre el segundo plan de rescate. Y los europeos, como ya ocurrió en las elecciones de 2012, no se privan de agitar los pañuelos rojos, de esgrimir el ya conocido discurso "nosotros o el desastre", o de afirmar que todo voto contra los planes de austeridad es, de hecho, un voto contra Europa. El comisario europeo para los asuntos financieros y monetarios, Pierre Moscovicci, llamó a los griegos a que, en las elecciones legislativas, "reafirmen una política pro europea porque las reformas emprendidas son necesarias".

Más cínico, el actual presidente de la Comisión Europea, el ex primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, dijo "mi preferencia sería volver a ver rostros familiares en enero". En suma, los adversarios de la izquierda radical griega, tanto dentro de Grecia como en el seno de la Unión Europea, acusan a Syriza de conducir el país a la quiebra y de empeñarse en querer que Grecia salga del euro. La falacia es absoluta. En ningún punto del programa del movimiento figura esta propuesta. El partido de Alexis Tsipras ya fijó las condiciones de la resurrección: un programa de 1300 millones de euros destinado a paliar las consecuencias de la "crisis humanitaria". Y en el capítulo que toca a la pesadilla europea, Tsipras anunció que reclamará a la Unión Europea una quita "realista" de una deuda que, según él, "es imposible de pagar". El equipo económico de Syriza calcula que la deuda griega podría cancelarse en un 50 por ciento y que el resto "se pagaría con crecimiento".

Las estadísticas griegas distan de ser tan optimistas como las que presentan los tecnócratas de la Unión Europea y la prensa del sistema: el país lleva seis años en recesión, tiene una deuda equivalente al 177 por ciento de su PIB, una evasión fiscal que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) evalúa en un 25 por ciento del PIB, un desempleo que roza el 40 por ciento según los sectores mientras que, sólo en Atenas, hay cerca de 25 mil personas sin techo. La retórica de la izquierda radical es mucho menos incendiaria que hace unos años. Incluso incluye en su paquete de soluciones a la Unión Europea y al mismo Banco Central Europeo, con la diferencia de que, ahora, la prioridad no es reembolsar a costa de sacrificios sino pagarles a los sacrificados todos los esfuerzos que hicieron.

No sólo Syriza ha movido sus posiciones, también lo hizo la guardiana de la ortodoxia financiera de Europa, Alemania y su canciller Angela Merkel. A diferencia de hace cinco años, cuando Berlín impuso una camisa de fuerza de austeridad a Europa e insistió en que en ningún caso Grecia debía salir de la zona euro, Alemania modificó su postura con un plan revelado por el semanario Der Spiegel y bautizado "Grexit". Según la revista alemana, Merkel y su equipo económico calculan que es ineluctable la salida de Grecia del euro si gana Syriza. Pero contrariamente a 2010, ahora, escribe Der Spiegel, los riesgos de que la zona euro se haga añicos sin Grecia "son limitados". Alemania habría cambiado su análisis y opta ahora ya no por la idea de que el desastre de uno acarrea el desastre de los demás, sino por el principio de "la cadena". La revista alega que la "teoría de la cadena es la opción dominante: si uno de los miembros más débiles de la cadena se cae, el resto de la cadena se torna más sólida". Es lícito recordar que Europa ha reforzado su sistema mediante dispositivos de rescate como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y otros planes piloteados por el Banco Central Europeo, el BCE.

De todas maneras, incluso con su anunciada victoria, Syriza no podría gobernar solo. Su triunfo no resolvería completamente el problema de gobernabilidad de Grecia. Ioannis Papadopulos, politólogo en la Universidad de Macedonia, reconoce que "Syriza ya empezó a centrarse e, inevitablemente, tendrá que asociarse con un partido socialdemócrata para gobernar. Ello no quita que las izquierdas rojas de Europa viven una renovada primavera. "La borrasca viene del sur", escribe el matutino Libération. Los dos huracanes son, desde luego, Syriza y Podemos. Ambos han restaurado una idea que en los últimos años hacía reír a quienes escuchaban su enunciado: la lucha de clases, la certeza de que las sociedades modernas se han divido cada vez más entre quienes ganaron con la globalización y quienes perdieron con ella, entre los asistidos que pierden sus ayudas y los inversores que ganan en todos los casilleros. La Europa del Sur se ha convertido en un laboratorio espontáneo frente a ese ya experimentado laboratorio del liberalismo que es la Unión Europea. Este nuevo aporte no es tampoco ajeno a la idea de construcción europea, contrariamente a quienes sólo ven a Europa como un manantial liberal. De los 42 escaños que los partidos de la izquierda radical ganaron en las elecciones europeas del año pasado, ninguno de estos euroescépticos están contra de Europa o de la integración europea. Anne Sabourin, miembro del Partido de la Izquierda Europea (GUI), asegura "no estamos contra Europa sino por otra Europa". El motor de esta izquierda es la transformación, no la eliminación. Ahí está uno de sus hallazgos. El otro es haberse hecho escuchar pese a la brutal corrupción del pensamiento y de la política, a la propaganda de los medios, a la dictadura de la opinión única, el ejército de robots-analistas-comentaristas que destilan en los canales de televisión la sinfonía única del miedo, de la austeridad como destino salvador y del infierno si a alguien se le ocurre renunciar a ella.

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Domingo, 30 Noviembre 2014 11:12

El rol de los partidos de izquierda

El rol de los partidos de izquierda

A lo largo de la década de 1990 la izquierda ha resistido como pudo a los avances del neoliberalismo. Parecía que estábamos frente a una ola incontenible, hasta que algunos gobiernos latinoamericanos han reaccionado y empezado a construir alternativas a ese modelo.

 

Dos corrientes convivían en la resistencia al neoliberalismo: una, que planteaba la autonomía de lo social, el rechazo a la política, a los partidos y al Estado, centrando todo en movimientos sociales. Otra que proponía la necesidad de rescate de la política, de los partidos y del Estado, para conquistar hegemonía y construir alternativas al neoliberalismo.


Ha triunfado esta segunda corriente, dado que la superación del neoliberalismo requiere la construcción de un bloque de fuerzas hegemónico y la puesta en práctica de nuevas políticas de carácter público, que requieren redireccionar al Estado, superando la centralidad del mercado, promovida por el neoliberalismo.


El rescate del rol activo del Estado, tanto como inductor del crecimiento económico como en su calidad de garante de los derechos sociales, ha sido decisivo en la capacidad de gobiernos para avanzar en la superación del neoliberalismo.


Los que planteaban la autonomía de los movimientos sociales no fueron capaces de pasar de la fuerza acumulada en el plano social en la resistencia al neoliberalismo, a la construcción de alternativas a ese modelo. Se han quedado en la fase de la resistencia. Algunos prácticamente han desaparecido, como el caso de los piqueteros en Argentina otros han quedado reducidos a la intrascendencia, como es el caso de los zapatistas en México.


Ha sido decisivo el rol del Estado en los avances de superación del neoliberalismo, tanto en lo económico como en lo social. Pero la desmoralización de la política y el debilitamiento de los partidos no se ha detenido, ni siquiera en los países que han resaltado la importancia del Estado.


Se replantea con fuerza la cuestión del rol de los partidos de izquierda en los procesos de construcción de alternativas superadoras del neoliberalismo. Como se trata de gobiernos de alianzas amplias, de centroizquierda, esos partidos deben representar, desde luego, la alternativa de la izquierda, que antes de todo está por la superación radical del neoliberalismo. Y, más allá de esa lucha, apunta hacia alternativas anticapitalistas.


Por otra parte, el rol de un partido de izquierda es el de formular estrategias para llegar a los objetivos del programa del partido. Mientras los gobiernos se mueven en las coyunturas, es necesario apuntar hacia esos objetivos, para que no se pierdan en los enfrentamientos inmediatos.


Asimismo, los partidos deben discutir permanentemente con los movimientos populares las plataformas de lucha, las formas de organización de las distintas capas de la población, las relaciones con los gobiernos. Porque son esos movimientos –sindicatos, movimientos sociales, culturales, etc.— los encargados de organizar los más amplios sectores de masas.


Además, los partidos deben volcarse sobre las constantes evaluaciones de las correlaciones de fuerza, de los aliados, de los enemigos.


En síntesis, el rol de los partidos es el de elaborar y construir la hegemonía de los programas estratégicos de la izquierda y de las formas de su realización.

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Neoliberalismo, corporaciones mediáticas, sujeto

Después de Gramsci, el poder no puede ser pensado en el campo emancipatorio sólo en su aspecto coercitivo y localizado. Hay una línea que, partiendo de Gramsci y siguiendo por Althusser, Foucault y otros, nos indica que el poder no sólo oprime, sino que fabrica consensos, establece la orientación subjetiva y produce una trama simbólica que funciona de modo "invisible", naturalizando las ideas dominantes y donde siempre, y en esto consiste su éxito definitivo, esconde su acto de imposición. El procedimiento de los medios orientados por las corporaciones dominantes se define como un acto de enunciación que siempre busca esconder su carácter histórico como también los intereses que promueve bajo un modo supuestamente universal. El orden simbólico que atraviesa al neoliberalismo se comporta como un dispositivo racional que aparenta promover diversas formas de subjetividad, mientras la repetición de lo mismo en el circuito ilimitado de la mercancía prosigue su marcha incesante y circular. Sin embargo, en la medida en que los medios de comunicación, más allá de sus diversas modalidades de transmisión, se sostienen en el lenguaje, es necesario, según nuestro juicio, despejar una confusión muy habitual entre las ciencias sociales y las filosofías contemporáneas concernidas por esta cuestión.


Es determinante admitir que cuando se trata del orden simbólico, del lenguaje en sus distintas variantes y modos de comparecencia, siempre se debe distinguir dos dimensiones distintas de dicho orden. En primer lugar hay que señalar de entrada la "dependencia y subordinación" del ser hablante con respecto al orden estructural u ontológico del lenguaje con respecto al sujeto. El ser vivo es capturado por el lenguaje para volverlo un sujeto, esta captura se establece antes de su nacimiento y prosigue después de su muerte. Esta dependencia del sujeto que sólo se puede constituir como tal, siendo siempre un efecto del lenguaje que lo precede, exige ser distinguida de la dominación construida de una forma sociohistórica. Son dos vertientes de lo simbólico que, aunque se presenten en la llamada realidad fenoménica mezcladas, obedecen a lógicas radicalmente diversas y distintas. La primera dependencia simbólica es ineliminable y constitutiva del sujeto; la segunda, en tanto construcción sociohistórica, es susceptible de distintas transformaciones epocales.


Lo que le otorga su especificidad terminante al neoliberalismo es que es el primer régimen histórico que intenta por todos los medios alcanzar la primera dependencia simbólica. Señalemos que dicha dependencia constitutiva es la que opera como condición de posibilidad de los legados históricos y las herencias comunes donde la memoria puede aún recoger el dolor de los excluidos en el pasado. En este aspecto el neoliberalismo necesita producir un "hombre nuevo" engendrado desde su propio presente, no reclamado por ninguna causa o legado simbólico y precario, "líquido", fluido y volátil como la propia mercancía. Si alguna indicación de lo que denomino "izquierda lacaniana" tiene una relevancia decisiva, es aquella que indica que la política, ahora más que nunca, debe oponerse al "crimen perfecto" del neoliberalismo, que en su despliegue contemporáneo intenta, en su dominación sociohistórica, tocar y alterar severamente el lugar del advenimiento del sujeto en el campo del lenguaje. Tal como de distintas maneras Lacan lo supo demostrar.


Actualmente el neoliberalismo disputa el campo del sentido, la representación y la producción biopolítica de subjetividad. Y siempre aparecerán ensayistas que como el surcoreano Han, claro sucesor menor de Baudrillard, insistirán en que el crimen perfecto del capitalismo neoliberal se ha realizado definitivamente. Pero la política, en la medida que está soportada por los seres hablantes y no puede ser reducida a una mera gestión profesional, es la que en esta época puede hacer irrumpir y proteger el carácter fallido de toda representación. Por definición, el sujeto es aquello que no puede ser nunca representado exhaustivamente, su dependencia estructural del lenguaje lo impide. El ser hablante, sexuado y mortal, hecho sujeto por el lenguaje, nunca encuentra en él una representación significante que lo totalice. De última, esta es la razón por la que el neoliberalismo, en su afán de representar la totalidad hasta extinguirse como representación, no es el fin de la historia. Por ello, debemos insistir en el enorme valor político que posee, para un proyecto emancipatorio, la distinción clave entre la dependencia del sujeto en su advenimiento en el lenguaje y la dominación sociohistórica, que nunca agota al sujeto en su apertura a las posibilidades de una transformación por venir.
* Psicoanalista y consejero cultural de la embajada argentina en España.

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Victoria de la izquierda en Brasil: consecuencias mundiales

El 26 de octubre la presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, del Partido dos Trabalhadores (PT), ganó la reelección en la segunda ronda de votación por escaso margen contra Aécio Neves, del Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB). Pese al nombre de PSDB, ésta fue una clara confrontación izquierda-derecha, en la que los votantes por lo general eligen su posición de clase, pese a que los programas de ambos partidos estén, en muchos frentes, más centristas que izquierda o derecha.


Para entender lo que esto significa debemos analizar la política de Brasil, que es algo especial. La política brasileña está más cerca de Europa occidental que de Norte América, que casi cualquier otro país en el sur global. Como en los países del norte global, las contiendas electorales se reducen finalmente a una lucha entre los partidos de centro izquierda y centro derecha. Las elecciones tienen una regularidad y los votantes tienden a sufragar por los intereses de su clase, pese a las políticas centristas en ambos partidos principales, que comúnmente se rotan en el poder. El resultado es una constante insatisfacción de los votantes con su partido, y hay intentos constantes de la izquierda o la derecha reales por empujar las políticas en su propia dirección.

El modo en que estos grupos de izquierda o derecha emprenden sus esfuerzos, depende un poco de la estructura formal de las elecciones. Muchos países tienen, de facto, un sistema de dos rondas. Esto permite que la izquierda y la derecha hagan contender a sus candidatos en la primera ronda y después se rejunten con el voto del partido principal en la segunda ronda. La excepción importante a este sistema de dos rondas es Estados Unidos, cuyas fuerzas de izquierda y derecha entran en los partidos principales y luchan desde dentro.

Brasil tiene un rasgo excepcional. Mientras que en todos estos países los políticos cambian de partido de tiempo en tiempo, en casi todos los países esto significa un grupo diminuto. En Brasil este alternar partidos ocurre a diario en la legislatura nacional, donde ningún partido principal tiene, normalmente, más que una pequeña pluralidad de los votos. Esto fuerza a los partidos principales a invertir una enorme energía en la constante reconstrucción de las alianzas y da cuenta de una corrupción algo más visible, aunque es probable que ésta no sea mayor que la corrupción real en otras partes.

En esta elección, el PT sufría la creciente desilusión de sus votantes. Una candidata de un tercer partido, Marina Silva, intentó ofrecer una vía media. Era conocida por tres cualidades: una mujer ambientalista, evangélica, que no es blanca y proviene de orígenes muy pobres. En un principio su campaña pareció levantar. Pero en cuanto comenzó a proponer un programa muy neoliberal, su popularidad se colapsó y los votantes regresaron a Neves, un derechista más tradicional.

Las desilusiones con el PT se centran en que le ha sido imposible romper estructuralmente con la ortodoxia económica, en que no ha podido llevar a cabo sus promesas respecto de la reforma agraria, las preocupaciones ambientales y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Reprimió también algunas manifestaciones populares de los movimientos de izquierda: la ocasión más notable ocurrió en junio de 2013. Pese a esto, los movimientos sociales de la izquierda unieron fuerzas y de un modo muy fuerte apoyaron al PT en la segunda ronda.

¿Por qué? Por los fuertes aspectos positivos de los 12 años de gobierno del PT. Primero que nada, el que existiera una bolsa familiar expandida grandemente, que pagaba una asignación mensual a la cuarta parte más pobre de la población brasileña, significativamente mejoró su vida diaria. Segundo, esto casi no lo menciona la prensa occidental, la política exterior brasileña fue muy exitosa –gracias a su importante papel en la construcción de instituciones sudamericanas y latinoamericanas que mantuvieron a raya el poderío de Estados Unidos en la región. La izquierda estaba segura de que Neves reduciría los programas de asistencia social del PT e impulsaría una nueva alianza de Brasil con Estados Unidos. La izquierda brasileña votó en favor de estos aspectos positivos, pese a todos los negativos.

El mismo fin de semana hubo otras tres elecciones –Uruguay, Ucrania y Túnez. La elección en Uruguay fue bastante semejante a la de Brasil. Fue la primera ronda de elecciones presidenciales. El partido gobernante, desde 2004, ha sido el Frente Amplio y su candidato, Tabaré Vázquez. El Frente Amplio es en verdad amplio, de la centro izquierda a los comunistas y los ex guerrilleros. Vázquez se enfrentó con el candidato de la derecha clásica, Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, pero también a un candidato, Pedro Bordaberry, de uno de los dos partidos –el Partido Colorado–, que gobernara Uruguay, represivamente, por más de medio siglo.

En la primera ronda, Vázquez obtuvo 46.5 por ciento de los votos contra cerca de 31 por ciento de Lacalle, lo que no es un margen suficiente para evitar una segunda vuelta. Bordaberry, con apenas 13 por ciento, ahora a cedido su respaldo a Lacalle, pero parece probable que Vázquez ganará más o menos por las mismas razones por las que triunfó Rousseff. Además, a diferencia de Brasil, su partido controlará la legislatura. Así, Uruguay también reafirmará el esfuerzo por construir una estructura geopolítica autónoma en América Latina.

En Ucrania fue totalmente diferente. Lejos de construirse en torno a una lucha de clases izquierda-derecha con dos partidos centristas que intentan asegurar votos, la política de Ucrania está ahora dividida alrededor de una fractura regional etnolingüista. En estas elecciones el gobierno, orientado a Occidente, cargó los dados a su favor con tal de excluir a los llamados movimientos separatistas de Ucrania oriental de cualquier papel real. Como tal, estos últimos boicotearon las elecciones y anunciaron que mantendrían sus propias instancias regionales. En las elecciones que promueven a Kiev, parece que aquellos que ahora gobiernan –el presidente Petro Poroshenko en alianza con su rival, el primer ministro Arseniy Yatsenyuk, de otro partido– se mantendrán a sí mismos en un tándem de poder, excluyendo de cualquier rol al verdaderamente ultranacionalista partido del Pravy Sektor (el sector de la derecha).

Finalmente, Túnez es también bastante diferente. Túnez es considerado el impulsor de la llamada primavera árabe, y hoy parece ser su único sobreviviente. Ennahda, el partido islámico que ganó las elecciones, perdió fuerza considerable al impulsar muy pronto un programa en pos de la islamización de la política tunecina. Hace unos meses se vio forzado a ceder su lugar a un grupo interino tecnocrático, y perdió un gran número de votos (aun de islamistas) en esta segunda elección.

El ganador fue Nadaa Tunis (el Llamado de Túnez). Su política es clara en un sentido. Es un partido laico. Su líder es el venerable político de 88 años Beji Caid Essebsi, que sirvió en los llamados gobiernos Destourian (por el Partido Socialista Destourian, que gobernó el país tras la independencia) hasta que se convirtió en un disidente importante. Su problema es poder mantener unida a una coalición muy fragmentaria de muchas fuerzas laicas –primordialmente la gente joven que encabezó el levantamiento contra el presidente Zine el Abidine Ben Ali en 2011, y varios miembros de ese mismo gobierno, que ahora volvió a entrar a la arena política.

En cualquier caso, aunque Nadaa Tunis tenía una pluralidad de 85 escaños de 217 y Ennahda se reducía a 69, los otros están repartidos en muchos partidos más pequeños. Habrá un gobierno de coalición, posiblemente aun una coalición de todos los partidos. Así que mientras los jóvenes revolucionarios tunecinos de 2011 celebran su victoria contra Ennahda, nadie sabe a dónde va a conducir todo esto.
Yo digo ¡hurra! por Brasil, donde ocurrió la más importante de estas elecciones. Pero ahí, como en el resto de países, el juego no ha terminado. ¡Para nada!

Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 07 Noviembre 2014 09:39

El nuevo campo político en Bolivia

El nuevo campo político en Bolivia

Unas semanas antes de las elecciones, Juan del Granado lanzaba la siguiente sentencia al Presidente Evo: "que prepare sus maletas para irse de Palacio"; por su parte, Tuto Quiroga, reafirmando que ganaría las elecciones, sermoneaba: "la biblia regresará a Palacio". Sin quedarse atrás, Doria Medina vaticinaba: "iremos a una segunda vuelta y ganaremos". Sin embargo, al final el MAS se llevaría la victoria con el 61,4 % de los votos, lo que significa que más de 3 millones de personas habían derrumbado las ilusiones del bloque opositor.

 

A la luz de estos resultados democráticos, se pueden observar tres nuevas características dentro del campo político boliviano.


1. El horizonte de época
Una de las funciones del Estado moderno es la construcción de consensos fundamentales sobre el sentido común, es decir, el orden y el destino del mundo social; esto no solo garantiza la consolidación de una forma estatal sino, ante todo, la cohesión social que sostiene el orden estatal. En su libro Sobre el Estado, P. Bourdieu propone la distinción de dos componentes en la construcción de los consentimientos duraderos sobre la organización de la vida social: la integración lógica y la integración moral. La primera hace referencia a los acuerdos inmediatos alcanzados por personas que tienen similares categorías de pensamiento, percepción y construcción de la realidad, mientras que la segunda tiene que ver con la presencia de valores morales compartidos.


Lo que ha sucedido en Bolivia en la última década, es la emergencia y consolidación de un tipo de integración lógica y moral de la sociedad, esto es, de una manera casi unánime de entender el mundo y de actuar, caracterizada por el trípode constitucional de: economía plural con eje estatal, reconocimiento de las naciones indígenas con un gobierno de movimientos sociales, y régimen de autonomías territoriales. Se trata de un trípode discursivo con la capacidad de explicar lógica y moralmente el orden aceptable de la sociedad boliviana, y de orientar las acciones colectivas hacia un porvenir con todas las clases sociales. Es, no cabe duda, un horizonte de época que ha desplazado a los tres ejes discursivos que 20 años atrás definieron al neoliberalismo en el imaginario social: la extranjerización de los recursos públicos, la gobernabilidad partidaria, y la oenegización de la deuda social.


A diferencia de las elecciones generales del 2009, donde el bloque de la derecha intentó reflotar la lógica privatista de las materias primas y el orden racializado del poder político, en las elecciones del 2014, esta polarización desapareció. ¡Claro!, si retomaban la jurásica propuesta de la privatización, corrían el riesgo de desaparecer del mapa político. Entonces, lo que hicieron fue adoptar ambiguamente un nuevo discurso. "Respetaremos la nacionalización", "vamos a mejorarla", "dialogaremos con las organizaciones sociales", etc., fueron las frases que día a día se repitieron ante un electorado cuyas categorías de percepción y construcción del mundo ya se habían afianzado en torno a la nacionalización de los recursos públicos y al poder de las organizaciones sociales. Al mutar de traje discursivo y adherirse sin convicción a un sentido común popular prevaleciente, la derecha devino en una derecha travesti que buscó por todos los medios ocultar no solo su raíz privatizadora y antipopular, sino sus intenciones más profundas. El desliz de Doria Medina de proponer el 50 % para las petroleras o la ingenuidad de Tuto al "fotocopiar" el artículo 3 de la Ley de Capitalización de Sánchez de Lozada para "repartir" acciones, mostraban lo superficial y falaz de la adhesión discursiva de la derecha al espíritu revolucionario de la Constitución.


Con todo, este esfuerzo de camuflaje electoral imprescindible para cualquier candidatura que quisiera mantener vigencia, confirmaba las cualidades del nuevo horizonte de época dominante. En los hechos, dentro del campo político, las izquierdas, los centros y las derechas, están obligadas −por un buen tiempo− a moverse en esos tres parámetros organizadores y orientadores de la acción de la sociedad boliviana. La legitimidad política de cualquier propuesta emerge de su adhesión a ese horizonte de época; esto significa que en la actualidad no es posible imaginar nada al margen de ese techo discursivo. Y justamente por ello, las fuerzas opositoras habrían incursionado en una guerra perdida. Sin importar la cantidad de propaganda que hicieron, la cantidad de críticas que lanzaron, o los asesoramientos extranjeros que contrataron, el campo discursivo legítimo, dominante, no era el de ellos; su adhesión tenía el tufo de impostura; y por si fuera poco, tampoco habían hecho ningún esfuerzo para crear, o siquiera comenzar a imaginar un horizonte, una propuesta política distinta y creíble.


Al final concurrieron a un campo político ya definido. Sus intentos de polarización fueron fallidos porque no es posible polarizar sin un proyecto alternativo (que al final nunca existió). Por eso, la votación de octubre del 2014 se constituye en la primera elección unipolar desde 1997; y esto deja para los siguientes años un campo político unipolar, es decir, uno con una única hegemonía discursiva definida por el MAS/Movimientos Sociales, y una variedad de partidos regionales armando coaliciones circunstanciales para disputar el electorado mas frágilmente adherido al núcleo hegemónico.


2. Irradiación territorial hegemónica
Si por hegemonía entendemos −en el sentido gramsciano− la capacidad de un bloque social de convertir sus necesidades colectivas en propuestas universales capaces de articular a otros sectores sociales distintos a él; ella no es posible sin que antes se dé la derrota política e ideológica (Lenin) de esos otros grupos o clases sociales convocadas a ser integradas. La hegemonía es pues una combinación de fuerza y seducción, de victoria (Lenin) y convencimiento (Gramsci). Y eso es precisamente lo que ha aconteció en el país entre el 2000 y el 2014.


El año 2000, con la Guerra del Agua y el bloqueo de caminos de 20 días durante el mes de septiembre, el campo político se polarizó en torno a un bloque de partidos neoliberales y la emergencia de los movimientos sociales con capacidad de movilización territorial y discurso alternativo. El año 2003, con la Guerra del Gas, quedó consolidada la propuesta universalista del movimiento social: nacionalización del gas, gobierno indígena y asamblea constituyente. Entre el 2003 y el 2005, el nuevo sentido común se impuso y el discurso privatizador entró en un ocaso. En diciembre del 2005, esta victoria ideológica se transmutó en victoria electoral y la mayoría política plebeya (indígenas, campesinos, vecinos, trabajadores urbanos...) quedó constituida. El 2008 se derrotó militarmente a la derecha golpista (septiembre), y políticamente al neoliberalismo (aprobación del texto constitucional en octubre). Por último, el 2009 el proyecto del retorno neoliberal fue derrotado electoralmente.
En ese sentido, octubre del 2014 no solo es la consolidación estructural de un único proyecto de economía, Estado y sociedad, sino la irradiación social y geográfica de la revolución democrática y cultural.


El MAS creció con 201.850 votos respecto al 2009, logrando más de 3 millones de votos; triunfó por primera vez en Pando (antiguo bastión opositor controlado por las formas cacicales de la política) y en Santa Cruz, convirtiéndose en mayoría política e inaugurando una nueva época en una región controlada anteriormente por las fuerzas radicales de la derecha. Es así que nos encontramos frente a la expansión geográfica de la hegemonía y la disolución geopolítica de la llamada "media luna" conservadora.


El triunfo en Pando se explica básicamente por la presencia estatal que ha desplazado el poder hacendal, el impulso de un tipo de economía diversificada de las ciudades, y la distribución de tierras a campesinos y pueblos indígenas, que han quebrado las relaciones de dependencia frente al viejo poder cacical y terrateniente. Precisamente las reiteradas derrotas en el Beni, tienen que ver con esta aún ausencia estatal en amplios territorios, la debilidad de los movimientos sociales populares, indígena-campesinos, y el poderío todavía vigente de las viejas estructuras hacendales, patrimoniales y comerciales.


A su vez, la victoria en Santa Cruz está ligada al creciente fortalecimiento de los movimientos sociales urbanos y rurales, la incorporación de los obreros y trabajadores urbanos de la COB, pero ante todo, la disolución de los prejuicios y mentiras con el que las antiguas elites ultrareaccionarias regionales mantuvieron a un electorado cautivo de clase media cruceña. El estigma de "anticruceñismo", de "quita casas" y "quita autos" con el que la derecha generó distancias con el Proceso de Cambio, hoy se ha disuelto. El MAS ha mostrado no solamente que valora los avances económicos y sociales de la sociedad cruceña, sino que los quiere mejorar y ampliar. El doble aguinaldo democratiza la distribución de la riqueza en las diversas clases asalariadas; la inversión estatal brinda amplias oportunidades de negocios para profesionales y pequeños empresarios; se ha presenciado en la región el relanzamiento de la producción de hidrocarburos, de plantas de procesamiento, de la nueva petroquímica, además de una gran inversión en energía eléctrica y en la futura represa de Rositas; todo esto muestra que el "modelo de desarrollo cruceño" se ha democratizado y engrandecido con otras áreas productivas.


Como resultado final, el Proceso de Cambio ha expandido su base territorial, y con seguridad en las futuras elecciones nacionales se expandirá aún más. La lógica de estabilización electoral del proceso revolucionario nos lleva a pensar que el voto duro tenderá a consolidarse en torno al 60 % en los siguientes años. Un porcentaje mayor solo es posible en momentos extraordinarios de polarización social.


3. El efecto "gravedad fuerte"
Dentro del espacio euclidiano, que normalmente usamos en una hoja de cuaderno, el punto medio entre dos puntos cualesquiera se obtiene uniendo con una línea recta a ambos y hallando la mitad de dicha recta. Algunos analistas políticos aplican esta forma básica y primitiva de comprensión geométrica a la lectura de la sociedad y cuando se refieren al "centro político". No cabe duda que se trata de una lectura falsa y simplista, pues supone la existencia de "dos puntos", es decir de dos propuestas políticas polarizadas, con el mismo "peso" social, por lo que el "centro" político correspondería a aquellos que se ubican en la "mitad" de dichas propuestas. Pero, ¿qué sucede cuando no se tienen dos propuestas políticas polarizadas, sino una sola, mientras que las otras giran como satélites, más a la izquierda o más a la derecha, del centro unipolar? Evidentemente, Euclides aquí no ayuda mucho. Abusando de las analogías, el espacio de Riemann es más útil en este caso. Se trata de un espacio de 4 dimensiones: ancho, largo, profundidad y tiempo. Einstein lo usó para graficar las curvaturas del espacio-tiempo bajo los efectos de la gravedad. Bajo estos supuestos, el "medio" de dos puntos no es la mitad de la línea recta euclidiana entre ellos, sino la mitad de la línea curva que los une, de manera que si la curvatura del espacio es muy pronunciada cerca de uno de ellos, visualmente la "mitad" estará muchísimo más cerca del punto que se encuentre en el borde de una curvatura del espacio. Esto, debido al efecto de gravedad que curva el espacio-tiempo.


En política, podemos aplicar el concepto de efecto de gravedad fuerte que da la curvatura al espacio político, es decir, el efecto de una propuesta política lo suficientemente fuerte y hegemónica que anula −temporalmente− otras alternativas políticas discursivas convirtiéndolas en variantes satelitales, más a la izquierda o más a la derecha del vórtice gravitacional. En este caso, lo que surgió en el año 2000 inicialmente como una alternativa de izquierda opuesta a una de derecha, al anular plenamente a esta última, hizo que el campo político se convirtiera de bipolar en unipolar; y entonces la propuesta de la izquierda, por el efecto de la fuerza de gravedad política, devino en "centro". Pero, ¡ojo!, no es que ella haya cambiado o se haya "derechizado"; al contrario, la fuerza de gravedad de la propuesta de izquierda es tal, que al anular la de la derecha (que equilibraba el campo político), hace que el campo político entero, que la sociedad boliviana entera, se "izquierdice" en su totalidad. Es así que todas las propuestas políticas ya no cuestionan ni la nacionalización ni la participación de las organizaciones sociales, y simplemente hablan de ajustes de forma en torno a este único núcleo discursivo.


El que el MAS ocupe el centro político no significa que se hayan abandonado propuestas o principios; al contrario, significa que esos principios y propuestas de izquierda se han convertido en un "sentido común", en un horizonte de época unánime −con tanta fuerza de atracción, que a los que tenían posiciones de centro o de derechas, no les queda más que cambiar de posición "izquierdisándose"−, y al hacerlo, ha convertido a su vez a la izquierda en el "centro" de gravedad política.
¿Cuánto durará esta cualidad del campo político unipolar con variantes satelitales? Es difícil saberlo. En todo caso, esta traslación del centro político hacia la izquierda será lo que marque los debates políticos y sociales durante toda esta década.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Las simulaciones ideológicas del papa Francisco

Apuesto que ni los spin-doctors del Vaticano se imaginaban que su re-branding iba a ser tan exitoso. Que en poco tiempo convertirían a Jorge Mario Bergoglio, conservador cercano a los sectores más reaccionarios de la Iglesia argentina durante la dictadura, que ponía palos en la rueda del progresismo kirchnerista, en un líder mundial de izquierda.


Pero iban viento en popa. Cualquier conservador sensible –como Bergoglio–, en comparación con los ultraconservadores-trogloditas que dominan en la Iglesia post wojtyliana, parece un progresista.


En un mundo donde el centro de la política se movió (muy) a la derecha, cualquiera que diga algo sobre lapobreza y la injusticia ya esmarxista y/o comunista (lo mismo pasa con las desigualdades y su combate: se nos vende como una demanda revolucionaria; en realidad es muy conservadora).


En un mundo donde la crítica escasea, cualquiera que critique al capitalismo tiene posibilidades de parecer mesías de izquierda.


El truco de la operación Francisco es que en mucha parte el trabajo se hacía solito.


Eso no quiere decir que Bergoglio no pusiera su parte: desplegó y manejó (casi) a la perfección todo el arsenal de gestos y mensajes –adrede– ambiguos; coqueteó y sedujo a círculos progresistas dentro y fuera de la Iglesia.


Pero, si uno ponía atención, en cada destello de sus simulaciones ideológicas se veían, como una sombra, su pasado y presente conservador, e igualmente conservadores principios rectores de su papado: a) disciplina, b) hegemonía, c) cooptación y d) neutralización.
He aquí algunos de los momentos –y asuntos– más sintomáticos:


• Francisco rechaza las acusaciones de la derecha estadunidense de ser unmarxista tras su crítica light al capitalismo en Evangelli Gaudium (los mismos círculos que dicen que el debate sobre las desigualdades escomunista, mientras es... procapitalista): La ideología marxista está equivocada, pero conocí a muchos marxistas buenas personas y no me ofendo (Página/12, 16/12/13).
¿No? Ok. Entonces deberían ofenderse los marxistas.
Pero lo más problemático de esteguiño a la izquierda –fuera de su opinión que el marxismo está equivocado (¿no será un retroceso respecto a Juan Pablo II, que enLaborem execens decía que éste es peligroso, pero contiene grano de verdad?)– es la ligereza con que Bergoglio juega –hoy– con este término.
¿Y ayer? Estuvo cerca de los jerarcas que temían que si fracasaba la dictadura venía el marxismo (sic). Castigaba a los curas villeros que lo ponían en práctica. A los padres Yorio y Jalics los tachó de izquierdistas, entregándolos a los militares (digan lo digan hoy los embellecedores de su biografía). Seguro no se ofendieron, pero casi perdieron la vida.
Horacio Verbitsky: Hoy estos son asuntos teóricos opinables, como el debate sobre marxismo o la teología de la liberación que Bergoglio ha reavivado. Pero en aquellos años era cuestión de vida o muerte(Página/12, 16/3/14).
• El tema de la rehabilitación de la teología de la liberación por Francisco merece análisis aparte; aquí, sólo dos puntos:
– Si hay una piedra de toque del éxito de sus simulaciones es la existencia de quienes hoy creen que él siempre estuvo influenciado por ella, sólo se escondía; por otro lado, si porinfluencia se entiende que se le oponía ferozmente (vide: su pleitocon Pedro Arrupe), pues sí, estuvo muy influenciado.
– Sigue actual el análisis histórico de Michael Löwy que lo localizaba en los antípodas de esta corriente (Le Monde, 30/3/13); los últimos meses lo confirmaron: contrariamente a la teología de la liberación, él opta no por el empoderamiento de los pobres, sino su tutelaje; ignora sus predicamentos más radicales, coopta su potencial y neutraliza lo más subversivo.
• El Papa contesta a quienes lo acusan de ser un Papa comunista y/ohablar como Lenin (¡sic!): Yo sólo digo que los comunistas nos robaron la bandera de la pobreza (La Jornada,30/6/14).
¿Es algo que diría un compañero en armas, o un rival político de izquierda que lucha por la hegemonía entre los pobres? ¿No será este el meollo del bonapartismo neofranciscano?
• El Papa durante el encuentro con los movimientos populares (Vaticano, 27-29/10/14), parafraseando a Hélder Cámara: Si pido ayudar a los pobres, dicen que soy comunista (Telesur,28/10/14).


Löwy también recordaba aquelpasaje canónico (Si doy pan a un pobre, me dicen que soy un santo; cuando pregunto por qué la gente es pobre, me llaman comunista), pero para recalcar que Bergoglio ayuda y no hace preguntas incómodas (hasta su paráfrasis se quedó corta...).


En su enfoque no hay clase oprimida y clase opresora (algo que sí identifica la teología de la liberación); para él, eso no importa: sólo hay que trabajar juntos por el bien de todos.


En este sentido es excesivo el entusiasmo de Ignacio Ramonet, que tras el encuentro –al que asistió Evo Morales como líder cocalero– aplaudía el gran valor del Papa y su nuevo rol histórico como abanderado solidario de las luchas de los pobres del mundo(Rebelión, 30/10/14).


Y más si recordamos el análisis de Rubén Dri, ex cura tercermundista:Para Bergoglio el verdadero rival son los gobiernos progresistas. Pero él sabe que no puede chocar frontalmente con ellos. Tiene que actuar de manera inteligente, desde abajo, entre los movimientos populares (Krytyka Polityczna, 1/2/14).


Así, aquel encuentro se perfila más bien como la más grande, hasta ahora, simulación de Francisco. Su afán es cooptar, no cooperar; neutralizar, no impulsar; disciplinar y meter los movimientos y gobiernos progresistas a su redil.


Éstos no deben ignorar los cambios en el Vaticano, pero tampoco querer subir al papamóvil. Ni dejarle a Bergoglio la tan anhelada bandera de la pobreza (y si alguien siente confusión, que recuerde su historia).


Cuando estalló la crisis, Reinhard Marx, obispo de... Tréveris, aprovechando el apellido sacó un libro titulado, claro, Das Kapital (2008) –al parecer Piketty no fue primero...–, con un vago llamado a reformas.


Fue un éxito mediático. No de casualidad, continuando la simulación, el Papa lo incorporó a su grupo de cardenales y consejo de economía.
Confundir a Francisco con la izquierda es como confundir a Reinhard con Karl Marx.


* Periodista polaco
Twitter: @periodistapl

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Domingo, 02 Noviembre 2014 11:01

"Puede ser que la izquierda desaparezca"

"Puede ser que la izquierda desaparezca"

Director de investigaciones en el CNRS francés (Centro Nacional de la Investigación científica), profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Löwy es autor de reconocidos libros sobre el marxismo.

 

Desde París


Los populismos xenófobos llenan las urnas, el desempleo se incrementa, la desindustrialización prosigue sin piedad su trabajo de deconstrucción social y la izquierda europea se muere en los brazos de su enemigo. Su discurso se ha vuelto tan débil que es inaudible. Con la escasa excepción de Grecia y España donde prosperan fuerzas de la izquierda radical, Syriza y Podemos, la socialdemocracia del Viejo Continente está en vías de extinción. Sus sepultureros no son sólo los ejércitos del liberalismo, sino, también, los gobiernos socialistas elegidos para llevar adelante otra política y que hoy, como el primer ministro francés Manuel Valls, dicen en voz alta que es preciso terminar "con la izquierda del pasado". ¿Para qué sirve entonces Marx, la tradición del socialismo democrático, las luchas obreras y la injusticia que todo demuele si la izquierda europea no logra reinventar una alternativa? A estas preguntas responde el sociólogo y filósofo marxista Michael Löwy. Director de investigaciones en el CNRS francés (Centro Nacional de la Investigación científica), profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Löwy es autor de reconocidos libros sobre el marxismo. Su primer libro en español, El pensamiento del Che Guevara, fue publicado en 1971 por Siglo XXI. El último, Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista (Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo), apareció en Buenos Aires en 2011. Entre ambos hay una extensa y metódica reflexión sobre la historia del marxismo y una irrenunciable postura a favor de una convergencia entre todas las fuerzas progresistas para cambiar la mecánica nefasta del sistema.


–Con un liberalismo voraz y sin enemigo capaz de neutralizarlo, con los medios hegemónicos que destilan el mismo argumento en casi todos los rincones del planeta, ¿cuál es el lugar y qué utilidad tiene hoy el marxismo?
–El marxismo es el único método, el único instrumento de teoría crítica capaz de inspirar una resistencia crítica contra esta ola de políticas neoliberales desastrosas. Estas políticas se imponen en Europa, sea con la derecha o con los gobiernos de centroizquierda. Es más o menos lo mismo. Pero el marxismo no ofrece los instrumentos para proponer alternativas. Ahora bien, hay una condición: que el marxismo no se limite a repetir lo que está escrito en los libros de Marx o de Engels. Debemos ser capaces de abrirnos a los nuevos planteos que no estaban previstos por los fundadores. Estos temas van desde la Teología de la Liberación, los movimientos indígenas en América latina hasta, sobre todo, la cuestión ecológica. Esto es fundamental para un socialismo o un marxismo del siglo XXI. El marxismo debe ser actualizado en función de los desafíos, las luchas y los movimientos sociales de nuestra época.


–¿Por dónde pasa el punto de articulación entre esta reactualización y la creación de un movimiento político contemporáneo genuinamente de izquierda?
–Lo que corresponde en primer lugar a las fuerzas políticas de la izquierda radical es la urgencia de unirse y, luego, apropiarse de la reflexión marxista y actualizarla. Algunos movimientos lo están haciendo, por ejemplo Syriza, en Grecia, que es hoy el movimiento de la izquierda radical más importante de Europa. Syriza es un movimiento que logró crear la convergencia con los movimientos de protesta social y con la juventud. Syriza también pudo apropiarse de las nuevas cuestiones. Es entonces posible y ahí tenemos un ejemplo.


–El actual primer ministro francés, Manuel Valls, dijo hace unos meses que la izquierda podía desaparecer. Si uno mira el panorama de la izquierda en varios países centrales de Europa, da la impresión de que ya desapareció.
–Efectivamente, hay un riesgo de que la izquierda desaparezca. En este sentido, Manuel Valls tiene razón, exceptuando el hecho de que él es uno de los responsables de la desaparición de la izquierda. Lo que contribuye a desmoralizar a la izquierda es la política de Valls y del presidente François Hollande. Esa política empuja la gente a la desesperanza, a perder el rumbo. Por eso hay tanta gente que mira hacia la extrema derecha. Pero hay que reconocer que, en Europa, la situación no es nada buena. La extrema derecha tiene el viento en popa y la izquierda radical está muy debilitada, con la notable excepción que es la esperanza de Grecia y España, donde hay un movimiento nuevo como Podemos. Es apenas un comienzo, pero esto nos demuestra que hay una alternativa a la izquierda.


–Pero ¿por qué la izquierda se volvió prácticamente inaudible? ¿Se repitió, le faltó convicción o simplemente acomodó su ideología para diluirse en el liberalismo?
–La socialdemocracia, que era una parte importante de la izquierda y del movimiento obrero, decepcionó porque se adaptó al neoliberalismo y llevó a cabo la misma política que la derecha liberal. Hay a la vez un desencanto y una desorientación. Al mismo tiempo, el Partido Comunista paga ahora el precio de su adhesión, durante casi un siglo, a esa caricatura de socialismo que fue la Unión Soviética. Cuando la URSS se derrumbó como una farsa trágica, los obreros y la gente que respaldada esa corriente de la izquierda se desmoralizaron. Pero, por sobre todas las cosas, lo que más influye es el peso de la ideología dominante. Los medios, la televisión, en suma, todo eso mantiene una cultura del consumo, un espíritu conformista y una sociedad individualista. Esa es la ideología dominante y no es fácil luchar contra ella. En cambio, en América latina sí se pudo combatir esa ideología, en Europa es otra historia. En América latina hay una extensa historia de rebeliones, de movimientos y de revoluciones que lograron hacer saltar la tapa del conformismo burgués reaccionario. América latina se mueve, el neoliberalismo no domina más como antes.


–Esto significa que, en América latina, la izquierda tiene eco.
–Las experiencias de Venezuela, Bolivia y Ecuador muestran que se puede ir mucho más lejos en la ruptura con las políticas neoliberales y la dominación oligárquica. No se trata de una revolución socialista como en Cuba, ni tampoco del fin del capitalismo. Sin embargo, incluso dentro de los límites del sistema, pudieron ir más lejos. Hay una dinámica de ruptura y de enfrentamiento con la oligarquía. Como vemos, no es imposible.


–Cuando explotó la crisis financiera en 2008, muchos celebraron el fin del sistema capitalista liberal. Pero sigue acá, tan vivo y corrupto como siempre. ¿En qué fase se encuentra entonces? ¿Al final de una etapa histórica, en plena renovación, al límite de su contradicción histórica?
–El sistema del capitalismo neoliberal ingresó en una crisis muy profunda en los países centrales –Estados Unidos, Europa, etc–. Esta crisis está lejos de haber terminado. Hay rebotes, subibajas, mejoras que llevan a los gobiernos a proclamar "salimos de la crisis" y, de nuevo, retrocesos. Por consiguiente, la crisis se prolonga y las políticas gubernamentales actuales son incapaces de resolverla. Pienso que no se trata de la crisis final del capitalismo, de una forma u otra saldrá de ella y, muy probablemente, de una manera negativa para las clases populares. Si no hay una reacción, un movimiento social, un movimiento popular revolucionario que se oponga y pueda detener la ofensiva del capital, el liberalismo encontrará una solución para salir de su crisis. Todo puede pasar. Con todo, el sistema continuará mientras no haya una alternativa radical. Ahora bien, el capitalismo ya atravesó muchas crisis, pero hoy se enfrenta a un nuevo límite, el límite del planeta, el límite ecológico. Si seguimos así, dentro de diez años no habrá una crisis económica, sino una crisis ecológica catastrófica.


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