Lunes, 25 Junio 2018 09:48

De Cazucá a la tierra

De Cazucá a la tierra

Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz [...] 

Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia.


Albert Camus-El extranjero

 

El cielo ha sido un cíclope, y el sol como su ojo de fuego destilando odio a cada lengüetazo. Su fulgor que encegueció a Mersault cuando apuntó con su revólver al árabe y descargó los cuatro tiros del tambor sobre la silueta del hombre al que no podía ver con claridad porque la luz lo encandiló. Lo que hizo entonces, al no verlo, fue asesinarlo con el ímpetu de su corazón, con las palpitaciones de la sangre que bombeaba en su cabeza y le produjeron desesperación. Luego de los disparos, todo fue silencio y una extraña sensación, de liviandad quizás, de orfandad en el vasto mundo. Eso fue lo primero que pensé cuando Poveda, de quince años de edad y que integra un grupo de aceleración de un colegio de Bosa, al sur occidente de Bogotá, me contó su historia.


Aquella misma mañana, una mañana cualquiera del mes de mayo de 2018 en que extrañamente el sol refulgía con furia sobre Bogotá, un amigo de su barrio fue hasta su casa y le avisó que las pintas estaban dando papaya, pues se encontraban campantes, sentados frente a otra de las ollas del barrio, hablando, como si no le debieran nada a nadie. Poveda entonces supo que era su oportunidad, se levantó, se puso una sudadera, cogió su bicicleta, le dijo a su mamá que no se demoraba y sin desayunar ni lavarse los dientes salió de la casa con dirección a la olla del Mono cuco y el Burro, quienes les pasaron los fuetes. Sebastián, como se llamaba su amigo, se acomodó la cachucha de los Lakers y Poveda intentó ajustar el revólver entre sus boxers y su vientre, ya que el material de algodón de su sudadera hacía que la cacha se resbalara. Antes de treparse a las bicicletas, el Burro les ofreció un cigarrillo de marihuana, para que se fueran relajados, y cuando arrojaron el resquicio del pucho, se echaron la bendición y empezaron a pedalear.

 

El barrio

 

Y pedalearon por las calles sin asfaltar del barrio Bosa Santa Fe, ubicado al sur de la localidad de Bosa, y que colinda con el canal de Cundinamarca, el río Bogotá y con los barrios Potreritos, Villa Ema y Ciudadela el Recreo. Sector en el que el Distrito de Bogotá, a través del Programa Integral de Vivienda Efectiva, construyó en 2017, 6.129 viviendas, agrupadas en el conjunto Campo Verde, para familias ahora llamadas pomposamente en condición de vulnerabilidad.

 

Sin embargo, esta zona de la ciudad se ha visto afectada por serios problemas debido a las constantes inundaciones que presenta, a la escasez del transporte público, y a los altos índices de delincuencia. Del mismo modo, la comunidad de indígenas muiscas que habitan el sector, interpusieron las respectivas denuncias para que frenaran la construcción, ya que en ningún momento se les consultó sobre la urbanización de los predios, pero como era de esperarse jamás les prestaron mayor atención.

 

Poveda y Sebastián son habitantes de esta zona, específicamente del conjunto residencial llamado El Bicentenario, el cual fue creado por «La Caja de la Vivienda Popular por medio del programa de Reasentamientos Humanos y buscando proteger la vida de las familias vulnerables» (radiosantafe.com, 2010). Esto quiere decir que además de las familias que salieron huyendo de las montañas de Ciudad Bolívar como víctimas de la violencia, el microtráfico y la delincuencia, también arribaron a El Bicentenario otro tipo de personas con el propósito de encubar el terror y establecer sus negocios ilícitos, como es el caso de la banda de narcotraficantes y asaltantes denominada los Nocopeo, que tenían allí su guarida y centro de operaciones.

 

Las calles del barrio están sin asfaltar, varias casas funcionan como dispendio de drogas, tanto así que de forma recurrente la policía aparece y quita las puertas de las casas; los caciques de las ollas caminan con tranquilidad armados a plena luz del día, y por lo tanto, los habitantes del sector viven con miedo. Anteriormente, el conjunto tenía una reja que lo bordeaba, la policía la quitó para establecer mayor control, pero el día en que empezaron a echarla abajo hubo un tiroteo que dejó varios muertos y heridos. Adentro del conjunto también hay ollas, pequeñas casas que sirven para el expendio del bazuco y donde se arriendan los cuatro cuartos que tienen para su consumo. Unas cuadras más abajo de El Bicentenario se extiende macilenta la cuadra picha, donde vive el cacique general, o el duro de la zona. Mejor dicho, la gente no puede salir en la noche, es muy peligroso, si alguien debe salir, tiene que hacerlo acompañado.

 

Infancia

 

Poveda vive allí desde hace tres años, me cuenta entretanto acomoda el mechón de pelo que le atraviesa la frente. Estamos sentados en un salón de clases y el sol golpea fuerte sobre Bogotá, el mismo sol de El extranjero de Camus. Como ya conté, tiene 15 años, es moreno, de contextura gruesa, rostro fuerte, expresión sombría, la piel de su cara es acartonada y tiene múltiples orificios, no por el acné sino por automutilaciones. Nunca mira a nadie directo a los ojos, por lo tanto su cabeza se mueve buscando escapatoria, para que nadie lo mire, para no hacer contacto con ningún interlocutor. Sus manos también están cicatrizadas, pero estas últimas, él me cuenta, son producto de la cantidad de papas que debe pelar en El Redentor, la cárcel para menores de edad en la que se encuentra recluido.

 

Su voz es pausada, no articula bien la letra r, no pronuncia la l que está a mitad de palabra, y jamás las finaliza con la s. Me cuenta que antes vivía en Cazucá, altos de Cazucá, que corresponde a la Comuna 4 del municipio de Soacha. Este barrio triste, marchito por el polvo que se levanta de sus calles, pobre y lóbrego, es aún refugio para los más de 17.000 desplazados por la violencia de todo el país, que encontraron en aquella montaña o en sus faldas, un trozo de raíz para sostenerse y no caer definitivamente al abismo. Y sus habitantes deben vivir, además sin servicios públicos, con el miedo constante que producen las bandas criminales que crecen como parásitos en una letrina y con la presencia pestilente de los grupos paramilitares, que regularmente hacen sus famosas limpiezas sociales.

 

La casa, o el rancho en el que creció y vivió estaba levantado sobre la falda de una montaña, sus paredes eran de lámina de madera y su techado era de zinc y hojalata. Allí se apretujaban Poveda, su mamá, cuatro hermanos, dos de ellos mayores y su papá cuando aparecía. Y por eso, porque su papá pocas veces frecuentaba su casa, su mamá debía rebuscarse lo de los alimentos vendiendo bolsas de basura.

 

Por supuesto, cuando le pregunto por el paradero de su padre, Poveda inclina más la cabeza, como si quisiera girarla 180 grados, o quizás arrancársela y arrojarla al bote de basura. Me dice: “él camellaba en una olla, era el cacique de una olla”, en el barrio le tenían respeto, que puede traducirse como miedo, porque era fácilmente alterable, ya había asesinado a varias personas. Incluso, un día que tuvo un altercado con el cacique de otra olla, se armó de un revólver y una granada y se dirigió a donde su enemigo, pero al comprobar que la olla estaba repleta de gente, decidió arrojar la granada. Luego su papá debió esconderse por un tiempo y cuando regresó consumía más drogas, hasta que una mañana, cuando Poveda tenía 6 años, la misma Sijin lo mató cuando intentaba huir por el techado de una casa.

 

Dos de sus hermanos mayores no corrieron con mejor suerte. A uno de ellos lo mataron por una jovencita, le pegaron 3 puñaladas y a su otro hermano lo mató la limpieza paramilitar de la zona cuando se encontraba departiendo con sus amigos y de la ventana de una camioneta salió la boca de una ametralladora. Del año 2004 al 2006, Jaime Andrés Marulanda de 26 años, alias el Chiquitín y miembro de las AUC, asesinó a más de 137 jóvenes de Soacha y Cazucá. Al momento de dictarle una sentencia de 28 años de cárcel, el Chiquitín se enfureció porque la condena estaba argumentada por el asesinato de 37 jóvenes, y él reclamó que les habían faltado otros 100, que además él le había hecho un favor a la comunidad, y que por cada joven asesinado recibía un pago de 400.000 pesos.

 

El crimen

 

Poveda pega su mirada al sol, como si no lo afectaran sus rayos. Creo que percibe su reflejo abotagado, perplejo, en la ventana. El resto de sus compañeros ríen por algún chiste, pero él permanece inmutable. Luego voltea lentamente su cabeza, me mira un instante y antes de proseguir con su historia vuelve a anclar su mirada al piso.

 

Sebastián pedalea a su lado derecho. Antes de doblar por la esquina donde están los enemigos se miran de reojo y palpan su vientre para comprobar que permanecen allí los revólveres o fuetes. Cuando gira el manubrio de la bicicleta Poveda recuerda a sus dos amigos asesinados por los hombres que están a media cuadra, luego recuerda las tres puñaladas que un mes antes los mismos hombres le habían propinado, únicamente porque él pasó por una calle prohibida. Las fronteras invisibles, le digo yo. Siente entonces el picor de la herida de su vientre, la que casi lo mata y le produce ira. La sangre le bombea más rápido, se agita turbia en su interior y se agolpa en su cabeza, al mismo tiempo que las ruedas de su bicicleta giran y el sol le da pleno en los ojos. Es un sol inusual en Bogotá, es estival, diáfano, entra al mundo puro, como si no tuviera ningún obstáculo, ni que atravesar tanto espacio y tiempo.

 

Los hombres están sentados sobre la acera, a media cuadra de distancia, en frente de la olla. Son tres, fuman cigarrillo, se rotan un bareto y se ríen a carcajadas. Las risas penetran con estridencia en los oídos de Poveda que mira a su lado y observa como Sebastián se pone de pie en la bicicleta y acelera, entretanto con la mano derecha saca el revólver. Los hombres los observan y se percatan de que van por ellos. Uno se pone de pie y echa a correr y Sebastián dispara, el hombre cae y Sebastián lo remata con tres tiros en la cabeza. Poveda siente que le falta el aire, no me dio nada matarlos, me confiesa, acelera también, saca el revólver y apunta al primero al que le pega un tiro que se pierde en el aire y otro que le da en una pierna, este hombre alcanza a huir por una bocacalle, pero el otro no alcanza a reaccionar y recibe un balazo primero en el hombro y otro en el pecho. Cuatro disparos, los mismos de Mersault.

 

Sebastián mira a Poveda y le hace un gesto cuando escuchan que salen personas por las ventanas y que a lo lejos aúlla una sirena de la policía. Emprenden la huida, cada uno por una calle diferente. Poveda siente cómo la adrenalina regurgita en su interior y se disemina por sus extremidades. Se siente tranquilo y satisfecho. Recuerda que tiene empuñado, con mucha fuerza, el revólver, el cual arroja a un costado, hacia un potrero. Gira por una esquina, no sabe con exactitud en dónde se encuentra, pero gira y pedalea como si fuera su última carrera, como si así lograra escapar del infierno. El sol golpea de nuevo en sus ojos y lo encandila, no lo deja ver las dos motos de la policía que se acercan a toda velocidad, ni a los policías que las conducen y que ya le apuntan.

 

Quizás Poveda jamás hubiera cometido el crimen si hubiera nacido en otro contexto, si sus padres lo hubieran bajado rápido de esa loma, si en su barrio no hubieran ollas en la casa vecina, si para estudiar no tuviera tantas necesidades. Estoy seguro de que Poveda es un fiel reflejo de las calles en las que creció, de la mirada perdida de su padre, de la sangre derramada de sus hermanos, de las avenidas sin asfaltar que debe recorrer diariamente levantando polvaredas que ensucian sus zapatos y lo enceguecen, de la desesperanza de no tener un futuro, solo un presente demasiado cercano, oscuro y tétrico, pero diáfano, porque no hay esperanza en él. Quizás Poveda sería un estudiante brillante si estuviera matriculado en uno de esos colegios del norte o de la Sabana de Bogotá que tienen canchas de fútbol, hermosas bibliotecas y piscina. Y de otra cosa estoy seguro, entretanto me despido dándole la mano y mi número de teléfono, porque las cosas en El Redentor son duras y de pronto necesita algo, ojalá un libro, y es que Poveda es un extranjero de la vida, de su contexto, de su tiempo, de las condiciones de su sociedad, un extranjero enceguecido por la inminente pobreza y violencia que brilla más que la luz del sol.

 

 

Referencias

radiosantafe.com. (19 de 9 de 2010). www.radiosantafe.com. Obtenido de www.radiosantafe.com: http://www.radiosantafe.com/2010/09/29/conjunto-residencial-el-bicentenario-sera-el-hogar-de-667-familias-vulnerables/

Publicado enEdición Nº247
Capitalismo y globalización contra la democracia

En 1929 el consejo del secretario del Tesoro Andrew Mellon al entonces presidente Herbert Hoover fue drástico: "Hay que liquidar el trabajo, las acciones, a los agricultores, los bienes raíces, y sólo así podremos purgar la podredumbre del sistema. La gente trabajará emprendedora podrá recoger los escombros y remplazar a los menos competentes". La Gran Depresión estaba comenzando y la recomendación de Mellon sintetizó de manera brutal la contradicción entre capitalismo y democracia. Algunos poderosos agentes económicos pueden invocar las fuerzas del mercado capitalista para destruir la forma de vida de millones de personas, sin importar sus opiniones políticas, con tal de "purgar al sistema de toda la podredumbre".

Hace ya casi 30 años, con el colapso de la Unión Soviética, se reavivó la creencia de que democracia y capitalismo formaban un binomio indestructible. La globalización era la prueba de que el capitalismo desbocado era la mejor forma de organizar la vida económica y política en el mundo. El neoliberalismo se presentó como la vía para una nueva era de riqueza, bienestar y, desde luego, democracia. Se decía que la única sombra que amenazaba este panorama se situaba afuera de las economías capitalistas y se ubicaba en el extremismo que albergaba el terrorismo islámico.

En el frente económico, el fantasma de una crisis económica parecía desvanecerse y en su lugar reinaba el optimismo. Los acuerdos comerciales que cristalizaban el ideal de la globalización se multiplicaban y la Organización Mundial de Comercio era presentada como guardián de unas reglas que supuestamente habrían de regir en la naciente economía globalizada.

Hoy las cosas han cambiado. La desigualdad se intensificó en todo el mundo. El pacto social que existió en los años dorados del capitalismo se fue rompiendo a golpes a partir de 1982, un poco a la manera que recomendaba Mellon, para "purgar" el sistema. En su lugar se fue imponiendo el régimen férreo del capitalismo desenfrenado. Y los resultados no tardaron en mostrar su verdadera cara. El crecimiento se hizo cada vez más lento. Los salarios se estancaron desde hace más de cuatro décadas y para la mayoría de la población en las economías capitalistas la única forma de mantener el nivel de vida tuvo que hacerse mediante el endeudamiento creciente. La especulación se adueñó del espacio económico y los gobiernos se convirtieron en amanuenses del capital financiero.

Ya es lugar común afirmar que las masas en las sociedades capitalistas se sienten decepcionadas. Su frustración alimenta un rencor que crece en la confusión política. Por eso se buscan culpables entre los migrantes o los extranjeros, los gobiernos, las élites o las grandes corporaciones. Por eso las elecciones han desembocado en triunfos de gobiernos que transmiten esa engañosa narrativa. Racismo, xenofobia, clasismo y fascismo son los puntos de referencia de estos movimientos. Ahí están los ejemplos del partido de Victor Orvan en Hungría, Ley y Justicia en Polonia, Cinco Estrellas y la Liga en Italia, y, desde luego, Trump y la victoria del Brexit en Inglaterra. En todos estos casos el repudio a los gobiernos que en su momento se consideraban portaestandartes de la democracia liberal se ha hecho más fuerte. El mensaje es claro: la principal amenaza a la democracia es interna y se encuentra anidada en la desigualdad intrínseca que es la piedra angular del capitalismo.

El auge de la globalización neoliberal terminó por minar las frágiles bases de la democracia en las economías occidentales. Si el capitalismo está cimentado en la desigualdad, la única manera de preservar algo que se parezca a la democracia es mediante una regulación capaz de frenar los abusos de las fuerzas económicas en una sociedad mercantilizada. El neoliberalismo es la reacción del capital en contra de esa regulación y la globalización es la culminación de un peligroso proceso histórico en el que las instituciones democráticas y el bienestar de la población pasaron a segundo plano. El sueño de que un capitalismo sin restricciones podría ser el aliado de la democracia liberal es una quimera, como bien señala Robert Kuttner (prospect.org).

La globalización neoliberal se organizó alrededor de una idea central: el libre juego de las fuerzas económicas debe ser el principio rector de la sociedad. Por eso en esta globalización neoliberal no hay lugar para una verdadera autoridad monetaria internacional, tampoco existe una agencia capaz de frenar el crecimiento de los oligopolios o la concentración de poder de mercado, y no impera una organización que proteja los derechos laborales. El régimen de la globalización neoliberal no rinde cuentas a nadie. Ni siquiera a sus principales beneficiarios, el capital financiero y los grandes grupos corporativos. Para retomar la senda de la democracia es necesario revertir el proceso histórico que condujo a la globalización neoliberal.

Twitter: @anadaloficial

 

Publicado enEconomía
Lunes, 21 Mayo 2018 06:24

Violencias

Violencias

Otra vez, otra vez.


Hasta la fecha en este 2018, hay más bajas mortales de estudiantes y maestros en escuelas que de militares estadunidenses reporta el Washington Post. Van 22 incidentes de tiroteos en escuelas en Estados Unidos en las 20 semanas de 2018, o sea en promedio un tiroteo escolar por semana, reporta CNN. Unos 214 mil menores de edad han sido testigos de violencia por armas de fuego en 216 escuelas desde la matanza en la preparatoria de Columbine en 1999; por lo menos 141 niños y educadores han perecido y 284 han resultado heridos, calcula el Washington Post.


Tal vez lo peor es que ya no sorprende. Una estudiante en Santa Fe, Texas, que sobrevivió el tiroteo el viernes comentó que ha estado ocurriendo en todas partes. Siempre había sentido que eventualmente ocurriría aquí también. Los estudiantes en Parkland, Florida, que detonaron un movimiento nacional por el control de armas de fuego después de sufrir una tragedia similar hace sólo tres meses expresaron su solidaridad y acusaron a los políticos cómplices de los promotores de armas de que ahora tienen más sangre de jóvenes en sus manos.


Estados Unidos se distingue por ser de los pueblos más armados del mundo y le gana, por mucho, a todos en la tasa de tiroteos masivos (en segundo lugar está Yemen). Según una investigación, los estadunidenses representan alrededor de 4.4 por ciento de la población mundial, pero son dueños de 42 por ciento de la armas en manos privadas en el mundo y se comprueba la correlación directa entre la tasa de armas en manos privadas y los tiroteos masivos.


Estos episodios sacuden a esta sociedad, pero no lo suficiente. Tal vez porque este es uno de los países más violentos del mundo. Hoy día tiene por lo menos siete frentes de guerra en el extranjero con un incesante incremento de víctimas civiles; nadie sabe cuántos, ni sus nombres, ni cuántos son estudiantes o maestros igualitos a los de Florida y Texas.


Los balazos dentro y fuera de sus fronteras son sólo una de las expresiones de violencia en este país. La violencia ejercida por las autoridades dentro del país –contra inmigrantes, contra jóvenes negros desarmados, en el sistema carcelario más numeroso del planeta– es sólo una expresión de la violencia sistémica que azota a esta población.


Una parte se manifiesta claramente en las actuales políticas contra los más vulnerables, incluida la reducción de programas de bienestar social, la asistencia alimentaria, apoyos para salud y vivienda, para menores de edad, la desregulación de normas ambientales y laborales, el ataque frontal contra programas de salud de las mujeres incluyendo el aborto, y ni hablar, las medidas brutales contra los inmigrantes.


Pero tal vez la violencia más extrema y enmascarada es la desigualdad económica. En medio de un auge económico –la tasa de desempleo históricamente baja, la tasa de ganancias empresariales alta, nuevos récords de alzas en los mercados bursátiles– resulta que alrededor de la mitad de la población está viviendo en condiciones cada vez más precarias en el país más rico en la historia.


Varios informes recientes documentan esta realidad. En uno realizado por la organización caritativa nacional United Way, recién emitido, se descubrió que más de 40 por ciento de los hogares estadunidenses no pueden pagar los costos básicos de vida como renta, transporte, cuidado de los niños y teléfono celular. Otros 16.1 millones de hogares sobreviven en la pobreza; uno de cada seis menores de edad viven en hogares que batallan para tener comida suficiente cada día.


A la vez, el uno por ciento más rico duplicó su concentración del ingreso nacional de 11 por ciento en 1980 a 20 por ciento en 2016; mientras 50 por ciento de los de abajo, que antes captaban 21 por ciento del ingreso nacional, bajó a 13 por ciento en ese periodo, según el Informe Mundial sobre Desigualdad Económica 2018 de Thomas Piketty y otros.


El tercer hombre más rico del planeta, Warren Buffet, al señalar que la riqueza de los 400 estadunidenses más ricos se multiplicó 29 veces entre 1982 y hoy día, comentó que el problema con la economía eran los multimillonarios como él, argumentando que la concentración aguda de riqueza es a costo de millones de desamparados. Según otro informe, esos 400 más ricos ahora concentran más riqueza 204 millones, o el 64 por ciento de la población de abajo.


Buffett, junto con Bill Gates y Jeff Bezos, el trío más rico de todos los estadunidenses, concentran más riqueza que el total de 50 por ciento de la población de abajo; más de 160 millones de personas, según un informe del Institute for Policy Studies.


En años recientes, incluso antes de Trump, figuras como el economista Premio Nobel Joseph Stiglitz, el ex presidente Jimmy Carter y el senador Bernie Sanders han advertido sobre cómo la democracia estadunidense está amenazada por el surgimiento de lo que algunos llaman una oligarquía, o una plutocracia, o el uno por ciento (contribución al debate público de Ocupa Wall Street).


Ante todo esto, está más vigente que nunca la Campaña de los Pobres, el movimiento originalmente impulsado por Martin Luther King hace 50 años, que renace ahora con el mismo llamado moral contra lo que definen como la violencia sistémica e interrelacionada del militarismo, el racismo y la pobreza.
También es en este contexto en que se detonó la serie de huelgas sin precedente en seis estados durante los últimos meses, precedente con miles de maestros no sólo para exigir mayores salarios, sino por el fin de las políticas de austeridad.


Y es que aquí no existe sólo la violencia física con armas, sino que hay otra aún más letal que golpea con políticas (algunas de las cuales nutren la física). No es que esto pueda explicar la violencia de las armas, pero tampoco se puede entender sin ese contexto.


Las políticas neoliberales promovidas por Washington y sus aliados por todo el mundo durante más de tres décadas también se han aplicado dentro de Estados Unidos. Las consecuencias, igual que en otros países, son violentas.

Publicado enInternacional
"La democracia está rota porque todavía sentimos en carne y hueso que no funciona por sí sola"

Christian Felber (Salzburgo, 1972), profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria —entre otras muchas cosas—, es conocido por ser el padre de la economía del bien común, una teoría que propugna un modelo económico basado en la ética y donde el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza dejaría paso a otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, la generosidad o la sostenibilidad ecológica.

En su último libro, titulado Por un comercio mundial ético (Deusto), publicado hace escasos días, da un paso más allá y denuncia los excesos del libre comercio mundial "convertido en la religión de nuestra era". Aboga por que las relaciones comerciales internacionales estén reguladas por Naciones Unidas y se atengan también a criterios éticos. Para lograr este objetivo, sin embargo, es necesario avanzar hacia lo que Felber denomina "democracia soberana", superando a la actual democracia representativa, que él cree que "no funciona".

¿Qué aporta de nuevo su libro con respecto a su best-seller 'La economía del bien común'?


La dimensión internacional. Muchas personas me han preguntado qué tiene que hacer un país para implementar la economía del bien común y lo que expongo con detalle es cómo podría funcionar un sistema internacional de comercio ético y cómo serían las relaciones internacionales resultantes. Lo que intento demostrar en este libro es que el comercio, al igual que el capital, no es un fin en sí mismo, sino un medio que sirve a unos fines que ya están definidos. Fines como los derechos humanos, las condiciones laborales, la defensa del medio ambiente, la cohesión social y la diversidad cultural. El derecho internacional tiene que sobreponer los fines a los medios y someter los medios a los fines.


¿Qué entiende usted por comercio ético?


El comercio ético debe servir a los derechos humanos y a los valores fundamentales de una sociedad democrática. Su objetivo es la plena implementación de los derechos humanos, del desarrollo sostenible —los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU— y de una buena vida para todos o incluso del bien común mediante balances comerciales equilibrados entre países y posibilitando que los países con un nivel inferior de industrialización y tecnología den alcance a los países más desarrollados. Ahora impera el libre comercio y lamentablemente, eso no se está haciendo; se está haciendo justo lo contrario.


Eso le iba a decir, que parece que lo tiros no van por ahí. La pujanza del neoliberalismo sigue en todo lo alto.


Sí, efectivamente, pero al menos tenemos el marco legal. Al igual que la economía del bien común, las diferentes constituciones de los países democráticos establecen que el capital es un medio y que el fin de la actividad económica debe ser el bien común, el bien de la comunidad. Nosotros simplemente aplicamos lo que ya dicen las diferentes constituciones democráticas.


Si ya tenemos el marco legal, ¿qué falta entonces? ¿Voluntad política?


Es un problema de democracia y de poder. No es cierto que no haya alternativas al neoliberalismo; sí las hay, y una inmensa mayoría de la población las apoya, pero los ciudadanos no tienen poder para cambiar las cosas. Por eso, la otra pata de nuestra propuesta es avanzar hacia una democracia soberana. Hacen falta otros mecanismos democráticos.


¿La democracia actual entonces no es soberana?


La democracia está rota, no funciona. El poder está concentrado en los parlamentos y en los gobiernos y éstos a su vez están instrumentalizados por los poderes económicos. Esa es la debilidad de la democracia actual. El único derecho que ahora tiene el cuerpo soberano, el pueblo, es elegir unos representantes cada cuatro años que luego hacen lo que les da la gana sin dar muchas explicaciones. No hay forma de controlarlos de manera efectiva ni de destituirlos; no hay forma de elegir entre varias propuestas; no hay forma de cambiar una constitución. Quien cambia una constitución es un parlamento y quien incluye en los tratados europeos el mandato marco para la política comercial de la UE son los parlamentos y organismos europeos

.
Y ahí es donde entraría en juego la democracia soberana


Una verdadera democracia soberana implica desarrollar la división de poderes. Está muy bien que ya tengamos el poder legislativo, ejecutivo y judicial pero eso no es suficiente. Los ciudadanos tienen que moverse, impulsar plataformas de iniciativas civiles, promover la creación de asambleas democráticas en los municipios, en muchos municipios, participar en la toma de decisiones y publicar los resultados de sus decisiones. De esta forma, los ciudadanos optarían por otras vías totalmente distintas para regular el comercio internacional.


Eso parece difícil: no me imagino a Mariano Rajoy, que también habla de valores y de democracia, apoyando una democracia soberana como la que usted propone.
Con un buen libro no lo voy a convencer. El mejor libro no va convencer a ningún gobernante mientras los grupos de presión sigan siendo tan poderosos. Pero puedo convencerlo con un movimiento ciudadano fuerte, un movimiento popular que crezca poco a poco, de abajo a arriba. Cuantos más ciudadanos, municipios, regiones, comarcas e instituciones se involucren, mayor será la presión. Entonces Mariano Rajoy empezaría a escuchar. Pero para que eso ocurra, los ciudadanos tienen que involucrarse, tienen que querer ser libres.


¿Cree que los ciudadanos no quieren ser libres o es que no saben cómo hacerlo?


Ambas cosas. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello, porque nos dicen todos los días que el libre comercio es lo mejor que tenemos. El neoliberalismo se ha terminado por imponer en todos los campos, hasta en las cátedras universitarias. El CETA es un tratado de 1.598 páginas de coerción legal creado para proteger desmesuradamente los derechos de los inversores y de las multinacionales, pero nos lo venden como algo maravilloso. Eso es simple proteccionismo bajo la máscara del neoliberalismo. Pero hace falta un segundo requisito: la ciudadanía debe tener una voluntad hacia la libertad más fuerte que la tiene hoy. La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona por sí sola, sino que es fruto de un esfuerzo continuo. Hay que moverse, para que los políticos, por ejemplo, no hagan una cosa totalmente distinta a lo que han prometido.


¿Con un comercio ético habría más abundancia y menos austeridad?


Habría más abundancia emocional, ética, de valores inmateriales, abundancia de calidad de vida, de felicidad, pero no necesariamente consumiríamos la misma cantidad de cosas que estamos consumiendo ahora.


¿Debemos consumir menos?


Lo que tenemos que hacer es limitar la capacidad de compra ecológica de la humanidad. La Tierra nos brinda un regalo de recursos naturales gigantesco cada año. Y este regalo en forma de recursos naturales deberíamos repartirlo de forma equitativa entre los 8.000 millones de habitantes del planeta adjuntando a nuestra cuenta bancaria financiera una cuenta ecológica, en la que abonaríamos el presupuesto ecológico, lo que podemos consumir cada año. Todo el mundo recibiría el mismo derecho de consumo ecológico, independientemente de su capacidad de compra. ¿No dicen los liberales dicen que los derechos tienen que ser iguales para todos?


A los mercados eso no les gustaría


Hay que empezar por derribar el mito de que los mercados se autorregulan. Ese es un criterio que hay que tener en cuenta para que los mercados puedan funcionar. Las empresas podrían tratar de producir más de lo necesario, sí, pero no podrían vender porque no existiría la demanda ecológica. Eso es un diseño inteligente de los mercados.
Explíquese, por favor.


Permítame que me alargue un poco entonces. Los economistas clásicos creen en el mito de que los mercados se autorregulan y se estabilizan por sí solos. Pero eso ocurre en los ecosistemas, no en los mercados. Los mercados son reducciones sociales, construcciones culturales que implican relaciones de poder, y hay tres cosas que nunca lograrán por sí solos: nunca jamás lograrán balances comerciales equilibrados, nunca jamás disminuirán la desigualdad ni nunca jamás limitarán el consumo ecológico. La gran visión de la economía del bien común es completamente opuesta: para que la economía sea estable a largo plazo hay que limitar la desigualdad, equilibrar los balances comerciales y limitar el consumo de recursos naturales por parte de la humanidad. Los mercados son diseñados al 100% por los seres humanos, así que tendríamos que tener en cuenta estos factores a la hora de hacerlo para que sean más inteligentes y efectivos.


Usted en el fondo habla de derrotar al neoliberalismo imperante


Trabajamos para transformar el pensamiento económico y la economía práctica en su conjunto y no para poner parches. Requiere un gran esfuerzo, pero estamos en ello. Hace falta.


¿Es optimista al respecto?


Me imagino un escenario positivo. Soy optimista a largo plazo, aunque a corto plazo no tengo ni idea. Pero sí, soy optimista porque las buenas ideas, las ideas con autoridad natural, se terminan imponiendo a la larga. A corto plazo será más difícil porque los imperios que se basan en la violencia son más fuertes, aunque si no tienen una autoridad natural, tienen una fecha de caducidad, sólo que no sabemos cuándo ocurrirá eso. Y el escenario positivo es que cada vez más empresas eligen el balance del bien común, sobre todo en Europa.

 

14/02/2018 18:30 Actualizado: 15/02/2018 11:10

Publicado enInternacional
Miércoles, 06 Septiembre 2017 06:27

El Papa vuelve a Latinoamérica

El Papa vuelve a Latinoamérica

Entre hoy y el 10 de septiembre, el Pontífice visitará las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Angelus.


El papa Francisco afirmó ayer en un mensaje en la red social Twitter que en el viaje que emprende hoy a Colombia irá en búsqueda de la reconciliación y la paz. “Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia, donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país”, escribió el pontífice en la versión en español de su cuenta @pontifex. El papa inicia hoy una visita a Colombia, donde tiene intención de enviar un mensaje de concordia a una sociedad muy polarizada tras más de 50 años de conflicto y que comienza un nuevo camino tras el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y el alto el fuego con el ELN.


Entre hoy y el 10 de septiembre el pontífice visitará, en el sexto país latinoamericano al que viaja, a las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias, y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Ángelus.


Con su visita a Colombia el papa Francisco regresa hoy a la históricamente católica Latinoamérica, región que alberga a cerca del 40 por ciento de fieles en el mundo a esa religión, pero cuya identificación con esa creencia ha bajado progresivamente, mientras toman fuerza iglesias como la pentecostal y los agnósticos y ateos.


Aunque durante la mayor parte del siglo XX un 90 por ciento de los latinoamericanos era católico, ese porcentaje llega ahora al 69 por ciento y se prevé que siga bajando. “La Iglesia católica ha perdido millones de fieles en la región, principalmente ante la pentecostal. Y la razón principal de la elección del primer papa latinoamericano fue esa competencia”, aseguró hoy a Efe Andrew Chesnut, experto en Religión de América Latina y profesor de la Universidad de Virginia Commonwealth, al comentar sobre la visita del sumo pontífice esta semana a Colombia.


Se calcula que nueve millones de brasileños han dejado el catolicismo desde 2014 un año después del inicio del pontificado de Francisco, y el porcentaje de creyentes bajó a la mitad, mientras el de evangélicos creció al 29 por ciento, según el Instituto Datafolha.


“Y mi previsión es que Brasil, con la mayor población católica del mundo, ya no será de mayoría católica para el 2030”, añadió Chesnut.


De todas formas, el gigante sudamericano mantiene el mayor número de católicos bautizados del mundo, con 172,2 millones, indica el Anuario Pontificio 2017, de la Oficina Central de Estadísticas de la Iglesia.


México está en segundo lugar, con 110,9 millones de bautizados, 85 por ciento de su población, pero la cifra de los que profesan esa religión también ha caído desde los setenta, cuando era 96,2%, mientras se fortalece la fe protestante, evangélica o pentecostal (7,46%) y un 4,680% dice no seguir ninguna creencia.


Colombia, al que el papa Francisco llegará este miércoles, es el séptimo país del mundo con más bautizados en esta fe, con 45,3 millones, aunque ha crecido notablemente la influencia de la religión evangélica. Y le sigue Argentina, décimo país del mundo con mayor número de católicos bautizados (40,8 millones).


El Centro de Investigaciones Pew, con sede en Washington, considera que la tendencia a la conversión a otras religiones avanza rápidamente.


En el informe “Religión en América Latina, cambio generalizado en una región históricamente católica”, el centro Pew menciona que los países con mayor porcentaje de población católica son Paraguay, México, Colombia, Ecuador y Bolivia. Y en el otro extremo ubica a Honduras y Uruguay.


Sin embargo, “muchos latinoamericanos se han unido a iglesias evangélicas protestantes o han rechazado la religión organizada”, señala la institución. Así, en Ecuador, un 11 por ciento dice ser evangélico pese a haber sido criado como católico y la cifra de agnósticos y ateos bordea el ocho por ciento. Y en Paraguay, datos oficiales muestran que también se practica el islam y el judaísmo; mientras Bolivia mantiene un alto porcentaje de población católica (77 por ciento) y una representativa comunidad de cristianos no católicos (22 por ciento). En Perú también bajó la cifra de católicos, de 92,7 a 76 por ciento entre 1993 y 2014, mientras otras iglesias cristianas pasaron de 6,1 al 15 por ciento.


En la lista de mayoría católica siguen Venezuela, con unos 25 millones de fieles, y Panamá, elegida como sede de la Jornada Mundial de la Juventud en 2019 y que tiene m?s de 2 millones de creyentes. En el caso de Chile, que será visitado en enero por el papa, han aumentado las críticas a la postura católica respecto al aborto y el matrimonio homosexual.


El catolicismo ha dejado de ser también la religión dominante en buena parte de Centroamérica, según un análisis de 2016 del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Así, en Guatemala casi la mitad de la población profesa la religión católica, 40 por ciento es protestante y un 11 se declara ateo o agnóstico.


Uruguay, considerado el país más laico de América Latina, tiene el menor porcentaje de católicos de la región (42 por ciento) y la mayor tasa de ateos y agnósticos (38 por ciento). “La Iglesia seguirá perdiendo fieles e influencia política”, pronostica Chesnut, al agregar que aún no hay una muestra concreta de que el papa argentino está frenando ese éxodo.

Publicado enColombia
Condena a 30 años a una adolescente de El Salvador acusada de abortar


Evelyn Hernández, una estudiante de 19 años, quedó embarazada producto de una violación. Su defensa alega que dio a luz y que el bebé nació muerto

La condena de una joven salvadoreña a 30 años de cárcel, acusada de homicidio por aborto tras quedar embarazada por una violación, fue calificada este viernes de injusta por un colectivo feminista que apelará el fallo.


"La condena es injusta y la vamos a apelar. Este caso pone en evidencia el prejuicio que existe y con el que actúa el sistema judicial", declaró a la AFP Morena Herrera, de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético, y Eugenésico (ACDATEE), haciendo referencia al fallo emitido el miércoles.


Evelyn Hernández, una estudiante que ahora tiene 19 años, quedó embarazada producto de una violación que no denunció porque fue amenazada con que matarían a su madre.


La joven fue condenada el miércoles "sin ninguna prueba directa" y sin que el tribunal tomara en cuenta el informe de los peritos de la Fiscalía, según Herrera.


"La han condenado solo con indicios y esto significa que no han aplicado el debido proceso. Un proceso justo hace que donde hay duda razonable, esa duda debe estar a favor de la persona imputada, pero la jueza dijo que se trataba de un crimen familiar", deploró la dirigente de ACDATEE.


El Tribunal de Sentencia de la localidad de Cojutepeque condenó a Hernández por el supuesto homicidio de su hijo recién nacido, ocurrido el 6 de abril de 2016 en una comunidad rural del municipio de El Carmen, en el departamento central de Cuscatlán.


Evelyn parió en el baño artesanal de su vivienda un bebe de ocho meses y fue trasladada al hospital de Cojutepeque, donde los médicos se dieron cuenta que había tenido un parto y dieron aviso a las autoridades.


La policía, según el parte judicial, se presentó a la vivienda y localizaron el cuerpo, a quien se le practicó una autopsia que determinó que tenía 32 semanas de gestación y que murió por "neumonía espirativa".


La defensa de Evelyn manifestó que ella había tenido un embarazo asintomático y que el bebé nació muerto.


La abogada defensora, Bertha Deleón, cuestionó el proceso alegando que se contaminó la escena cuando la policía retiró el cuerpo del bebé.


El Salvador figura como una de las pocas naciones en el mundo que castiga hasta con 40 años de cárcel a mujeres que aborten, incluso cuando lo hacen por complicaciones en sus embarazos.


El caso de Evelyn se suma al de otras 17 mujeres que están encarceladas en El Salvador purgando penas de hasta 30 años de cárcel por abortos que en muchos casos fueron espontáneos pero que fueron tipificados como homicidio agravado.


La severidad de la legislación salvadoreña trascendió al mundo en 2013 con el caso de Beatriz, una joven de 22 años que padecía de lupus y a la que se le impidió abortar un feto que se desarrolló sin cerebro y sin posibilidad de sobrevivir al nacer.


El 3 de junio de 2013, tras la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Estado de El Salvador autorizó que a Beatriz se le practicara una cesárea temprana y el recién nacido murió horas después.


Desde octubre de 2016 el Congreso de El Salvador estudia una propuesta para despenalizar el aborto, pero el debate se ha estancado por la oposición de los partidos de derecha.

 

San Salvador 8 JUL 2017 - 00:32 COT

Publicado enInternacional
Domingo, 02 Abril 2017 07:32

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enColombia
Sábado, 25 Marzo 2017 11:23

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enEdición Nº233
Desigualdad extrema: ocho tienen más que la mitad del mundo

Ocho personas, todos hombres, tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, según el informe de Oxfam Una economía para el 99 % publicado este mes. La cifra es abismal. La desigualdad entre los muy pocos inmensamente ricos y los miles de millones cada vez más pobres no es nueva, pero el aumento de la brecha produce vértigo. En 2010, 388 millonarios tenían la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre del mundo. En 2014 se habían reducido a 85. Desde entonces la población mundial aumentó en casi 300 millones de personas y, pese a ello, la cantidad de ricos que concentran igual dinero y propiedades que la mitad de la población global, se redujo 10 veces, de 85 a sólo ocho personas.

Los ocho más ricos que concentran esa cantidad brutal de dinero y propiedades son Bill Gates, fundador de Microsoft; Amancio Ortega, tiendas Zara e Inditex; Warren Buffet, inversor y accionista de Berkshire Hathaway; Carlos Slim, Grupo Carso, Telmex y otras; Jeff Bezos, fundador de Amazon; Mark Zuckerberg, fundador de Facebook; Larry Ellison, fundador de Oracle; Michael Bloomberg, dueño de Bloomberg LP. Salvo Slim, de México, y Ortega, de España, todos son estadunidenses.

La composición de los más ricos revela el lugar de las tecnologías digitales y de información y comunicación, base de la "cuarta revolución industrial", así como el efecto de las nuevas formas de plusvalía creada por millones a favor de unos pocos a través del uso de redes sociales e Internet de las cosas.

El reporte muestra también que el uno por ciento más rico del mundo ya posee más riqueza que el 99 por ciento restante. Y que esos son los que pagan menos o ningún impuesto –al contrario, reciben enormes subvenciones del erario a sus actividades– mientras ganan cada vez más dinero con la "gestión de grandes patrimonios" y la especulación.

América Latina sigue siendo el continente más desigual con países con inmensas riquezas y recursos como Colombia, Brasil y México, donde la amplia mayoría de sus poblaciones no puede acceder a ella ni disfrutarla. En esos y otros países que están a la cabeza de la desigualdad en el continente, la mayoría de la población está sometida a cada vez más explotación, salarios más bajos, aumento de precios de los insumos básicos, nuevas leyes que por distintas vías permiten aún más despojo, como mayor extranjerización y concentración de la tierra. Por ejemplo, en México, aunque formalmente la propiedad social de la tierra se mantiene, las leyes secundarias de la reforma energética facilitan y justifican legalmente la apropiación de facto de esa tierra por parte de trasnacionales y grandes empresas petroleras, mineras y otras. Otro informe reciente de Oxfam sobre la propiedad de la tierra en América Latina muestra cómo las políticas que han favorecido y subsidiado el crecimiento de la minería, la explotación petrolera, las plantaciones forestales y la expansión del agronegocio en el continente, se han traducido a su vez en una mayor concentración de la tierra en menos manos.

Hay varios factores que contribuyen a este aumento galopante de la desigualdad. El de fondo es la crisis del sistema capitalista que se profundiza y ante ésta, la actividad frenética de las empresas para mantener sus ganancias. Más allá de pequeñas variaciones en índices convencionales de crecimiento, subsiste un "estancamiento secular" de crecimiento determinado por las contradicciones internas del sistema, no por razones coyunturales, como explica Alejandro Nadal (La Jornada, 2/11/16).

La propia dinámica del capitalismo lleva a más oligopolios –cada vez menos empresas siempre mayores– para controlar mayores porcentajes de mercado y eliminar competencia. Esto se acelera con el estancamiento, al topar con techos de mercado, de recursos, de demanda, de tecnologías, de efectos colaterales como desastres ambientales y de salud. A su vez, los oligopolios aumentan el poder para aplicar reducciones salariales, de condiciones laborales y para lograr que los gobiernos hagan políticas impositivas, crediticias, de subsidios y exenciones fiscales a su favor. Al extremo, han apoyado incluso golpes de Estado como en Honduras, Paraguay y Brasil.

Ante las crisis que ellos mismos provocan, logran que los estados paguen con dinero del erario sus pérdidas, desde rescates bancarios a nuevos incentivos fiscales que argumentan es para el bien de todos. La realidad es que las crisis han enriquecido a los más ricos, mientras la mayoría se empobreció. El 95 por ciento del crecimiento económico desde 2009 fue captado por el uno por ciento más rico, mientras 90 por ciento de la población se volvió más pobre y marginada.

Un ejemplo de estos procesos son las fusiones dentro del sector alimentario agroindustrial. Después de tres décadas de fusiones, las empresas de semillas y agrotóxicos están en proceso de quedar en sólo tres megaempresas globales que controlan más de dos tercios de los insumos agrícolas, con enorme poder para decidir precios y productos. Monsanto y Bayer ya se reunieron la semana pasada directamente con Trump y lo convencieron de que la fusión "creará empleos", cuando los datos de los pasados 30 años muestran lo contrario: han disminuido notablemente el empleo rural y aumentado descabelladamente los precios.

Mientras algunos se hacen obscenamente ricos, las crisis ambientales, económicas, políticas, sociales, así como la criminalización, persecución y asesinatos de los que resisten aumentan. Al decir de Claudia Korol, "nos matan todos los días. Luchar es el único modo de vivir."

 

Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

Publicado enEconomía
Jueves, 29 Diciembre 2016 09:35

Guatemala: veinte años de paz secuestrada

Guatemala: veinte años de paz secuestrada

El país conmemora el 20 aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a 36 años de conflicto armado interno (1960 – 1996). Las desigualdades y la falta de justicia social palpitan en un país que no ha cerrado las brechas que originaron el enfrentamiento que dejó más de 200.000 víctimas mortales, en su mayoría indígenas.

 

CIUDAD DE GUATEMALA.- La noche del 25 de abril de 1982 soldados del Ejército de Guatemala con ropa de civil se presentaron en la aldea Chipiacul, en el departamento de Chimaltenango. “Agarraron a las personas en el salón comunal, les dispararon y les prendieron fuego. Los que pudimos, huimos esa noche por la montaña. Al día siguiente regresamos y el Ejército nos reunió a todos en el mismo salón donde estaban los muertos y nos dijeron 'esto es lo que pasa por estar con la guerrilla'. Los que pudimos, huimos una vez más a la montaña”.

Los hechos que relata Celestina Patal (54 años) se repitieron sistemáticamente durante los años más sangrientos del conflicto armado guatemalteco, que dejó hasta un millón y medio de desplazados y 200.000 muertos, el 93% a manos del Ejército y los grupos paramilitares, según las estimaciones de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) auspiciada por Naciones Unidas.

Casi la mitad de los hombres y mujeres de Guatemala están hechos de maíz, como evoca la tradición maya. La población indígena constituye más del 40 % de un total de 16 millones de habitantes en un país eminentemente rural. Ser indígena y ser pobre van de la mano. El 59 % de la población es pobre y el 79 % de los pobres son indígenas que sobreviven con unos 3,5 euros al día, según la última encuesta oficial de condiciones de vida. Los niños de maíz se mueren de hambre. La desnutrición infantil crónica (que se prolonga y genera retrasos en el crecimiento) afecta al 48 % de los menores de cinco años, la cifra más elevada de todos los países de Centroamérica con diferencia.

“El modelo que ha regido históricamente la economía de Guatemala no atiende a las necesidades internas, sino que se adapta a la demanda del mercado internacional”, asegura el historiador Gustavo Palma. “Tanto la tierra como la población, especialmente la indígena, han sido consideradas como los pies sobre los que se ha venido construyendo un modelo extractivista y de beneficio para escasos grupos sociales”.

Durante el conflicto armado interno, el 83% de las víctimas fueron indígenas maya. Celestina Patal pertenece al grupo kaqchikel, fue maestra en diferentes lugares y durante los años más crueles no pudo evitar toparse constantemente con la violencia extrema. “Las comunidades comenzaron a despertar y querer tener agua potable, una escuela, caminos. Ahí es cuando el Ejército dijo 'son comunistas, son guerrilleros, acabemos con ellos'”.

En el contexto de la Guerra Fría, el miedo a la expansión del comunismo se convirtió en la excusa para reprimir las demandas sociales de los sectores más desfavorecidos.Varios grupos guerrilleros habían encontrado en la desigualdad el caldo de cultivo idóneo para lograr fuerza, alimento y cobijo.

Los sandinistas habían alcanzado en poder en Nicaragua en 1979 y otras guerrillas contagiaban los ideales de izquierda por Centroamérica. Los intereses norteamericanos ya habían servido para orquestar un golpe de estado en Guatemala en 1954. El segundo presidente democráticamente electo del país, Jacobo Árbenz, trató de impulsar una ley de reforma agraria que levantó ampollas entre las élites económicas y puso en jaque los intereses comerciales de la United Fruit Company, el monopolio norteamericano de siembra y comercialización de banano en América Latina. La CIA tumbó su gobierno y se encargó de aupar al poder a un régimen que deshizo los avances liberales de la década anterior.

Raquel Zelaya participó en las negociaciones y firmó los Acuerdos de Paz de 1996 en representación del Gobierno: “¿Cuáles fueron las causas del enfrentamiento? Muchos creemos que fue un escenario de Guerra Fría. Otros hablan de pobreza y exclusión, pero no se puede negar que fuimos escenario de Guerra Fría con condiciones que se prestaban al enfrentamiento”.

Aunque la lucha se prolongó durante 36 años, los picos más elevados de violencia se concentraron entre 1980 y 1983, con los gobiernos militares de Lucas García y Ríos Montt.Durante este periodo se obligó a la población local a participar en las Patrullas de Autodefensa Civil encargadas de combatir la insurgencia, convirtiendo a los vecinos en cómplices forzosos de la violencia. Este fue el caso de Chipiacul, la aldea de Celestina Patal, donde los propios civiles asesinados en el salón comunal eran quienes habían sido reclutados para patrullar aquella noche.

También se puso en marcha la estrategia de “tierra arrasada” que pretendía eliminar cualquier recurso que pudiese aprovechar el enemigo y que en la práctica supuso la aniquilación de comunidades enteras. Los métodos de represión empleados por el Ejército y los grupos paramilitares fueron atroces. “Según el testimonio de mi prima, en la comunidad de El Sitio atraparon a quince hombres y una mujer. A los señores los amarraron de las manos y del cuello detrás de un convoy con alambres de púas y los arrastraron hasta matarlos. Veinte años después los encontraron en una fosa”, relata Celestina Patal.

Muchas de estas masacres están meticulosamente documentadas en el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y por instituciones como la Fundación de Antropólogos Forenses de Guatemala (FAFG), que ha recuperado más de 5.500 cadáveres en fosas comunes y ha identificado a más de 2.000 víctimas.

En 1996 culminaron las negociaciones de paz entre representantes del Gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), que aglutinaba las cuatro principales facciones de la guerrilla. Para Gustavo Palma, los Acuerdos fueron posibles por la presión internacional. En particular, “porque Estados Unidos ya no quería tener problemas en su patio trasero”. Raquel Zelaya comparte esa opinión: “Los norteamericanos entrenaron al Ejército guatemalteco para cometer las peores atrocidades y, de repente, aparecieron un día con el rollo de los Derechos Humanos”.

Además de decretar el cese de la violencia, que ambos bandos respetaron, los doce pactos suscritos sentaban las bases para abordar problemas estructurales del país como el reparto de la tierra o el racismo. Sin embargo, los buenos propósitos chocaron con un modelo económico extractivista y agroexportador que los convirtió en papel mojado. Después de veinte años los problemas sociales que avivaron el conflicto persisten y los índices de pobreza y hambre no han mejorado.

Tampoco lo han hecho las cifras de violencia, que han alcanzado el nivel de pandemia de la mano de las maras y el narcotráfico. En 2015 hubo 5.718 asesinatos, casi 500 al mes, según Amnistía Internacional. Junto a Honduras y El Salvador, Guatemala conforma el Triángulo Norte, una de las regiones más violentas del mundo. “Los sectores que viven en los márgenes están preocupados por sobrevivir. Eso les mantiene ocupados y les impide involucrarse en otra cosa. La gente sale a la calle y lo primero que hace es santiguarse esperando regresar en la noche. La supervivencia y el miedo operan en términos de contención social”, subraya Palma.

Para cerrar las heridas del conflicto también hay que hacer justicia. “Los testimonios de las víctimas han sido silenciados, desmentidos o negados por algunos sectores de la sociedad.Cuando hallamos fosas y constatamos las condiciones en las que quedaron los cadáveres los testimonios adquieren una nueva relevancia porque hay una verdad social que se vuelve innegable”, asegura el subdirector ejecutivo de FAFG, José Suasnavar. La institución contribuye desde el ámbito científico a cimentar los principios de la justicia transicional: verdad, justicia y reparación.


La verdad avanza caso a caso en Guatemala. Este mismo año un tribunal condenó a cientos de años de prisión a dos militares por crímenes contra la humanidad. Abusaron sexualmente y forzaron a la esclavitud a 25 mujeres maya q’eqchi en el destacamento militar de Sepur Zarco. Catorce de las supervivientes decidieron romper el silencio iniciando un proceso en el que por primera vez en Latinoamérica los delitos sexuales se juzgaron como crímenes de lesa humanidad.

En 2013 el Estado guatemalteco se sentó en el banquillo junto al general Ríos Montt, presidente entre marzo de 1982 y agosto de 1983. El mandatario fue acusado y condenado por genocidio por la masacre de Dos Erres, pero la Corte de Constitucionalidad anuló la sentencia porque la jueza decidió seguir adelante sin atender el recurso presentado por la institución.

Sin embargo, no todos aceptan que en Guatemala hubiera genocidio: “Lo que pasó no se puede negar, está documentado. Pero lo que hubo fue una guerra ideológica. Querer meter la cuña étnica omite la responsabilidad de los Estados Unidos”, defiende Zelaya. Pese a que la Ley de Reconciliación establece que el genocidio y los crímenes contra la humanidad son imprescriptibles, ella dio por hecho que nada se iba a juzgar. “Nadie firma la paz para irse preso. No estaba firmado, no estaba hablado, pero era un sobreentendido”.

La signataria también cuestiona que la idea de juzgar a Ríos Montt naciera dentro del país y considera que fue “un experimento de la comunidad internacional”. No obstante, el caso evidencia que la fractura interna existe y perpetúa la injusticia social en el país.

El racismo sostiene las condiciones de pobreza y viceversa. Los hombres y mujeres que cuidan el maíz, alimento sagrado maya, siguen poblando los márgenes de la sociedad. Después de relatar la barbarie cometida contra su pueblo, Celestina concluye: “La paz se ha firmado, pero la violencia no ha parado, es distinta. La gente no tiene servicios básicos, las mujeres mueren, los niños mueren de hambre, la gente no tiene tierra, las familias no tienen trabajo. El ciclo de la pobreza no termina”.


28/12/2016 - 17:11h

Publicado enInternacional