En Nueva York 60 000 indigentes viven en las calles y con temperaturas bajo cero

La ciudad estadounidense de Nueva York presenta las dos caras de una misma moneda: por un lado, la Gran Manzana es el centro del mundo financiero; y por el otro, tiene más de 60 mil indigentes que viven en las calles sin comida y sufriendo las terribles temperaturas que llegan a los -4,3 grados centígrados.


La cifra de indigentes es la más alta de la historia: la organización no gubernamental Coalición para los Indigentes afirma que la ciudad alcanzó los mayores niveles desde la Gran Depresión de los años '30 del siglo pasado.


Pero la realidad se pone aún peor si se tiene en cuenta que hay 25.640 niños indigentes (14.519 familias) que pasan sus noches en los refugios desplegados por la municipalidad de la ciudad.


En un artículo publicado por el diario The New York Times, la vicealcaldesa de servicios humanos y de salud de la ciudad, Lilliam Barrios-Paoli, dijo que "muchos de estos niños son muy, muy vulnerables, por lo que proporcionarles refugio no es suficiente", y consideró que "se necesita gente trabajando más estrechamente con ellos y entendiendo qué está pasando".
Testimonios en primera persona


Nick Bryant, corresponsal de BBC en Nueva York, salió a las calles y consiguió el relato de Maurice, un indigente afroamericano que estaba pidiendo limosna en el Park Avenue.


"Perdí mi trabajo. Es duro, es difícil. No tienes trabajo, no puedes pagar la renta", relató el hombre que manejaba un centro de llamadas, pero fue despedido y nunca más consiguió empleo.


El alto precio de los alquileres es otro factor que ayuda a que crezca la cantidad de personas sin hogar, como le ocurrió a Nardia Bosia, que vive junto a sus tres hijos en un departamento de interés social compartido con otra familia de bajos recursos.


A diferencia de Maurice, Bosia no está desempleada: trabaja en el área de servicios financieros, pero no puede pagar el precio del alquiler de una vivienda.


"Pensé que esto iba a ser temporal. Pero hay días en que me desplomo y me digo que no puedo hacer más esto, que no sé qué estoy haciendo y no sé cuándo va a terminar", describió.


(Tomado de InfoNews)

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Destitución profesor Miguel Ángel Beltrán. Romper el silencio

Informamos, con voz en cuello y rostro digno. Durante las horas matutinas del 17 de septiembre los estudiantes de sociología de la Universidad Nacional, sede Bogotá, decidimos romper con el silencio que impera en nuestro claustro, ante un hecho de injusticia mayor: la destitución de profesor Miguel Ángel Beltrán, que por pensar críticamente acerca del conflicto armado y social fue destituido por un espacio de 13 años para poder ejercer cargos públicos. Destituido, en primera instancia por el procurador Alejandro Ordoñez, y en segunda instancia por el rector Ignacio Mantilla, quien durante el día viernes 12 de septiembre, en medio de un Consejo Académico, cuando el tema de la posible destitución del profesor Beltrán, así como el de la "autonomía universitaria" estaba en el orden del día, sale del recinto, firma la resolución que inhabilita a docente del ejercicio de su cargo y entra de nuevo, como si nada hubiera ocurrido, a la sesión académica, burlándose y pasando por encima de todos los estamentos que le damos vida, día a día, a "la mejor universidad del país".

 

 

Preguntamos, ¿Es esta la supuesta Universidad de clase mundial que deseamos? ¿Es este el recinto de estudios que deseamos: sin recursos, sin calidad académica, y ahora sin la posibilidad de pensar libremente?

 

Con dignidad, voz en cuello, todas y todas manifestamos: "Mantilla, me parece muy gonorrea de tu parte"

 

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La mayor (y más silenciada) causa del crecimiento de las desigualdades

Las desigualdades en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico norte, Norteamérica y la Unión Europea, han crecido enormemente, alcanzando unos niveles nunca vistos desde principios del siglo pasado, cuando tuvo lugar la Gran Depresión. Este crecimiento ha sido particularmente acentuado en los países conocidos como PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), que se convierten en GIPSI cuando se añade Italia.


¿Por qué este crecimiento tan notable?


Existe ya toda una extensa bibliografía que intenta explicar este hecho. Una síntesis de las distintas razones que se han dado aparece en el discurso que el Premio Nobel de Economía, James Alexander Mirrlees, dio con motivo de su ingreso a la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, y que se publicó en La Vanguardia el 23 de marzo de 2014. Es un resumen de lo que constituye la sabiduría convencional en el conocimiento económico actual. El problema que conlleva y reproduce este conocimiento hegemónico es que ignora el contexto político, que condiciona y determina el conocimiento económico.


Por ejemplo, una de las explicaciones que se han dado con mayor frecuencia para explicar la disminución de los salarios (una de las mayores causas del crecimiento de las desigualdades) es la globalización económica, con la movilidad de capitales que se desplazan a países de bajos salarios para abaratar sus productos. Pero esta explicación ignora que los países escandinavos como Suecia o Noruega, por ejemplo, están entre los países más globalizados del mundo. Es decir, sumando sus exportaciones e importaciones se alcanzan los porcentajes del PIB de los más altos existentes en el mundo. Debido a su pequeño tamaño, la economía de estos países está enormemente integrada y globalizada. Y, en cambio, sus salarios están entre los más elevados del mundo. Y ello se debe a que el mundo del trabajo y sus instrumentos políticos y sindicales son muy fuertes y han ejercido una fuerte influencia sobre sus Estados.


Estos datos muestran que no es la globalización económica en sí, sino la manera como se realiza tal globalización, la que determina el nivel salarial. En otras palabras, son las variables políticas (lo que se llama el contexto político) las que determinan el fenómeno económico (y no a la inversa). Esta realidad constantemente es olvidada incluso por autores progresistas, como Christian Felber, que en su conocido libro La economía del bien común apenas toca el contexto político, reduciendo su libro a un tratado de ingeniería económica sin considerar las variables políticas que harían posible su realización.


Por qué los indicadores de desigualdad que se utilizan no nos sirven para entender la desigualdad


Esta ignorancia o desconocimiento del contexto político ha llevado al establecimiento de unas ciencias económicas que nos limitan en el entendimiento de las desigualdades. Comencemos por el estudio de los indicadores de desigualdad. El más común para medir las desigualdades de renta es el coeficiente de Gini, que intenta medir el nivel de desigualdades mediante un valor que va de 0 a 1. 0 quiere decir igualdad completa y 1 desigualdad total. En general, el Gini es más bajo en los países escandinavos que en los países PIGS o GIPSI.


Ahora bien, sin negar que este indicador pueda sernos útil, la realidad es que la información que nos proporciona es muy limitada, pues no nos señala por qué este nivel está donde está ni por qué varía. Para poder entender y, por lo tanto, medir mejor las desigualdades, hay que comenzar por entender de dónde proceden las rentas. Y las dos fuentes más importantes son la propiedad del capital, por un lado, y el mundo del trabajo, por otro. Es decir, la desigualdad en la distribución de las rentas depende primordialmente de la distribución de la propiedad del capital y de la distribución de las rentas del trabajo. La relación de poder entre las fuerzas del capital, por un lado, y las fuerzas del trabajo, por otro, es lo determinante en la distribución de las rentas en un país. La evidencia de que esto es así es abrumadora y, en cambio, el lector raramente lo leerá en los mayores medios de información.


En realidad, este hecho es una de las razones que explica la falta de atención (cuando no abierta hostilidad) que el tema de las desigualdades tiene dentro de lo que se llaman "ciencias económicas". Como dijo hace unos años el Premio Nobel de Economía Robert Lucas (miembro del consejo científico de uno de los centros más importante y prestigiosos de investigación económica en España, la Barcelona Graduate School of Economics) "una de las tendencias perniciosas y dañinas en el conocimiento económico... en realidad, venenosa para tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución" (Robert Lucas, "The Industrial Revolution: Past and Future". Annual Report 2003 Federal Reserve Bank of Minneapolis, May 2004).


A los economistas próximos al capital les molesta que se investiguen las causas de las desigualdades pues la evidencia científica muestra que la principal causa de su crecimiento ha sido, precisamente, el enorme crecimiento de las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, hecho que es consecuencia del gran dominio de las instituciones políticas y mediáticas por parte del capital, dominio que ha diluido y violado el carácter democrático de las instituciones representativas de los países donde el crecimiento de las desigualdades ha tenido lugar (ver el excelente libro Capital in the Twenty-First Century, de Thomas Piketty, 2014).


Es más, el protagonismo del capital financiero (y muy en particular de la banca) dentro del capital, junto con el descenso de las rentas del trabajo, generador del descenso de la demanda, explica el comportamiento especulativo de ese capital, origen de la enorme crisis, tanto financiera como económica (y, por lo tanto, política), que estamos viviendo. El lector puede así entender por qué el Sr. Lucas y un gran número de economistas próximos al capital no quieren ni oír hablar de temas de desigualdades, porque, por poco que se mire, se ve claramente el origen de tanto sufrimiento que las clases populares están padeciendo, que no es otro que el enorme dominio que el capital tiene sobre las instituciones del Estado.


La concentración del capital


Permítanme que me extienda en estos puntos. Es bien sabido que la propiedad del capital está mucho más concentrada que la distribución de las rentas. Así, el 10% de la población en la mayoría de países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) tienen más del 50% de la propiedad del capital. En España, uno de los países con mayor concentración, tiene alrededor del 65% (tabla 7.2 en el libro de Piketty). Por otra parte, la mitad de la población en su conjunto no tiene ninguna propiedad: en realidad, está endeudada. De esta concentración se deriva que cuanto mayor es el porcentaje de las rentas que derivan del capital, mayor es la desigualdad en la distribución de las rentas. Es lo que solía decirse que cuanto mayor poder tiene la clase capitalista (término que ya no se utiliza por considerárselo "anticuado"), mayores son las desigualdades en un país.


Naturalmente que estas desigualdades entre el mundo del capital y el del trabajo no son las únicas que explican las desigualdades de renta en un país. Pero sí que son las más importantes. Les siguen las desigualdades dentro del mundo del trabajo, que se reflejan predominantemente en la extensión del abanico salarial. Pero incluso estas dependen de las fuerzas derivadas del capital. Cuanto mayor es el poder de la clase capitalista, mayor es la dispersión salarial, hecho que la economía convencional atribuye a su hincapié en estimular la eficiencia económica, aun cuando la evidencia científica muestra que no hay ninguna relación entre dispersión salarial y eficiencia económica. En realidad, algunas de las empresas más eficientes (como las cooperativas del grupo Mondragón) son las que tienen menor dispersión salarial. El objetivo de esta dispersión no es económico sino político: el de dividir y, por lo tanto, debilitar al mundo del trabajo.


Esta observación, por cierto, explica las limitaciones de aquellos autores que ciñen la definición del problema al 1% de la sociedad, eslogan generado por el movimiento Occupy Wall Street y que ha sido importado a España. El sistema económico se sostiene precisamente por la lealtad del siguiente 9% superior de renta, que deriva sus rentas del trabajo, pero cuyo poder y permanencia dependen de su servicio al 1%. Los grandes gurús mediáticos, por ejemplo, reciben salarios elevadísimos cuya cuantía no deriva de su competencia o eficiencia, sino de su función reproductora de los valores que favorecen los intereses del 1%.


En conclusión, las causas de las desigualdades son políticas y tienen que ver predominantemente con el grado de influencia política que los propietarios del capital tienen sobre los Estados. Cuanta mayor es su influencia, mayor es la desigualdad social. El hecho de que estas hayan crecido enormemente desde los años 80 se debe al cambio político realizado por el Presidente Reagan y la Sra. Thatcher –la revolución neoliberal–, que fue y es la victoria del capital sobre las fuerzas del trabajo, victoria que continúa debido a la incorporación de los partidos de centroizquierda gobernantes al esquema neoliberal promovido por el capital. Cada una de las políticas neoliberales (los recortes del gasto público y transferencias sociales, la desregulación del mercado de trabajo, el debilitamiento de los sindicatos, la descentralización e individualización de los convenios colectivos, la bajada de salarios y otras medidas) repercute en el beneficio del capital y su concentración a costa de las rentas del trabajo. Son políticas claramente de clase que no se definen con este término por considerarlo "anticuado". Es precisamente resultado de la enorme influencia del capital que tal terminología se considere anticuada. Es predecible que los portavoces del capital así lo presenten, pero es suicida que los portavoces de las izquierdas, en teoría próximas a las clases populares, también consideren estos términos anticuados. Confunden antiguo con anticuado. La ley de gravedad es antigua pero no es anticuada. Si usted lo duda es fácil de comprobar: salte de un cuarto piso y lo verá. Y esto es lo que está ocurriendo con gran número de las izquierdas gobernantes en España y en Europa. Están cayendo del cuarto piso y todavía no se han dado cuenta del porqué. Le agradecería al lector que les enviara este artículo.

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Causas y consecuencias de que un país tenga super-ricos

La revista de negocios estadounidense Forbes publica información periódicamente sobre los super-ricos del mundo, considerando como tales a aquellas personas que ingresan más de 50.000 millones de dólares al año. El Institute for Policy Studies de Washington D.C., EEUU, y la revista económica Dollars and Sense han publicado una reseña basada en los datos de Forbes que da una imagen certera de la distribución de los super-ricos (Robin Broad y John Cavanagh, "The Rise of the Global Billionaires", Enero/Febrero 2014). Y lo que se observa de una manera muy clara es el cambio desde los años noventa en la distribución de los super-ricos. Desde después de la II Guerra Mundial, los super-ricos se concentraban en EEUU, Europa Occidental y Japón. La situación actual, sin embargo, es muy diferente. EEUU continúa siendo el país con un mayor número de super-ricos (442), un número que en proporción sobre el total de super-ricos del mundo no ha variado a lo largo de los últimos años. Estos 442 representan alrededor del 31% de todos los super-ricos del mundo. Ahora bien, donde ha habido un cambio enorme ha sido en la República de China (122) y Rusia (110), que pasaron de no tener ninguno a ser el segundo y tercero en tener super-ricos. Alemania es el cuarto país (58), seguido de India (55), Brasil (46), Turquía (43), Hong Kong (39) y el Reino Unido (38). Estos datos muestran el número de super-ricos, pero no señalan el nivel de riqueza que alcanza cada super-rico. Si miramos estos datos, podremos ver que el individuo más rico del mundo, el Sr. Carlos Slim (73.000 millones), vive en México (un país donde la pobreza es muy extensa), seguido de Bill Gates en EEUU y Amancio Ortega en España (57.000 millones), uno de los países con una mayor tasa de desempleo y una mayor tasa de pobreza en la OCDE.


El significado de estas cifras va más allá de los números señalados, pues que existan super-ricos quiere decir que hay una enorme concentración de la riqueza, ya que cuando hay super-ricos –la cúspide de la pirámide– quiere decir que hay también ricos y casi ricos. En otras palabras, es un indicador de que aquel país tiene una enorme concentración de la riqueza y, por lo tanto, grandes desigualdades.


El segundo significado de la existencia de super-ricos es que también hay muchos superpobres. En realidad, desigualdad quiere decir, en la mayoría de casos, gran pobreza. En realidad, los primeros –los super-ricos– no se pueden explicar sin los segundos –los superpobres–. Es decir, los primeros gozan de enormes riquezas precisamente porque los no ricos tienen menos riqueza. La riqueza de los primeros ha sido extraída de los segundos. Soy consciente de que esta expresión choca con la sabiduría convencional que asume que la desigualdad es una cosa, y otra lo es la pobreza. La evidencia, sin embargo, de que las dos son dos lados de la misma moneda es clara. Si analizamos, por ejemplo, la distribución de las rentas que existen en un país, podemos ver que estas derivan o bien de la propiedad (es decir, de la riqueza, o sea, de la posesión de recursos que generan renta) o bien del trabajo. Pues bien, la gran división en las sociedades es entre el primer grupo de propietarios y gestores de las mayores cantidades de propiedad, y los que trabajan para poder vivir. Estos últimos son, por cierto, los productores de la riqueza, de cuya distribución depende su grado de concentración. Cuando la renta generada por esta producción va predominantemente a los rentistas del capital, es cuando nos encontramos con el gran número de super-ricos, los cuales han copado esta abundante riqueza debido a que han expropiado la riqueza y la renta derivada del mundo del trabajo. No es por casualidad que aquellos países en los que hay más super-ricos, sean también aquellos en los que hay más pobres y superpobres.


Y lo que ocurre en cada país, ocurre a nivel internacional también. De esta situación se derivan varias observaciones:


1. No hay países pobres. En realidad, algunos de los países llamados pobres tienen una gran cantidad de super-ricos. El argumento de que la riqueza que se acumula en la cúspide filtra hacia todos los otros estamentos de la sociedad no se ajusta a la realidad.


2. La pobreza no se debe a la falta de recursos de un país, sino al control de estos recursos por parte de los super-ricos del país, que siempre están en alianza con los super-ricos de otros países.


3. Es denunciable que en España, donde uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza, exista un grado de concentración de la riqueza tan elevado, lo cual se podría resolver fácilmente redistribuyendo los recursos, hoy en propiedad de los super-ricos.


4. Su pobreza está basada en su falta de control de la propiedad de los super-ricos, que estos utilizan para su propio enriquecimiento en lugar de asignarla a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.


5. El incremento de las desigualdades se debe principalmente a factores políticos y, muy en especial, al enorme poder que los super-ricos tienen sobre los Estados, que son los que están imponiendo políticas públicas que los favorecen.


6. El enorme desprestigio de la Unión Europea y de los gobiernos de sus países miembros se debe precisamente a este hecho: la enorme influencia de los super-ricos (bien sea de la banca o de la gran patronal) sobre los políticos.


Una última observación. Se me dirá (ya se me ha dicho), que el hecho de que el tercer super-rico del mundo sea español no tiene nada que ver con el elevado porcentaje de pobreza y/o el alto nivel de desempleo. Esta postura ignora que el Estado que facilita que haya super-ricos es el mismo que favorece los salarios bajos, la política fiscal regresiva, el escaso desarrollo del Estado del Bienestar y la limitadísima capacidad redistributiva del Estado. Hay, pues, una relación directa entre los primeros y los segundos, por mucho que este hecho evidente se intente ocultar. Así de claro.

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¿Dormir ayuda a proteger el medioambiente?

Las preocupaciones por el medioambiente son crecientes. Nevadas fortísimas en E.E U.U., nieve incluso en Arabia Saudí, inundaciones inclementes en Inglaterra y el norte de Europa, tornados en Asia. Al mismo tiempo diversos volcanes se reactivan en Centroamérica, a lo largo de la cordillera de los Andes, o en el sur de Europa. Los efectos del calentamiento global son evidentes, y los argumentos negacionistas se ven cada vez con más dificultades para sostener cosas como la regularidad de los ciclos críticos en la naturaleza, la inocuidad de la acción humana, la inevitabilidad de los procesos naturales.

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Pues bien, ante el estado crítico de la crisis medioambiental, numerosos argumentos, estrategias y tácticas se vienen proponiendo y discutiendo.


Una reciente, no poco original, sostiene que dormir contribuye a disminuir los problemas medioambientales. De un lado, porque se consume menos energía (gas, electricidad, petróleo), se consumen menos productos y se genera menos contaminación y también menos polución. Y de otra parte, porque se producen menos desechos —tóxicos, basuras, vegetales, y otros semejantes—. Así las cosas: más vale dormir para que la naturaleza pueda recuperarse mejor, y nosotros, los seres humanos, generar un menor impacto en el medioambiente.


La propuesta de dormir para ayudar a la naturaleza es moderada: basta con que las personas duerman una hora más. Esto, acumulado por los más de seis mil millones de personas y distribuidos en las diferentes zonas horarias del planeta contribuiría enormemente a la salud del planeta. Ya se sabe: pequeñas acciones coordinadas con enormes efectos e impactos a gran escala.


El argumento, bien intencionado, acaso, es ingenuo y, al cabo, falaz. Al fin y al cabo, la entropía generada por el acto de dormir es demasiado baja. En contraste, lo que se necesita no son acciones pasivas (sin ignorar que dormir es una acción humana), sino, por el contrario, acciones de gran impacto coordinadas en diferentes escalas.


La crisis del medioambiente es el resultado del hiperconsumismo, la producción de productos de ciclos cortos de vida, y un estilo de vida desenfrenado y enfermizo, cuya base es el sistema de libre mercado. Producimos y consumimos cosas que no necesitamos ni que queremos.
Ahora bien, vale siempre distinguir —¡y separar!— la crisis del medioambiente de una crisis ecológica. En numerosas ocasiones los medios hablan de crisis ecológica. La expresión está mal empleada. La ecología y la naturaleza no están en crisis. Lo que propiamente se encuentra en crisis es el medioambiente. Y la ecología es una de la muchas herramientas mediante las cuales estudiamos e intentamos resolver esta crisis —al lado de la economía, las políticas públicas, etc.


Los partidarios del preservacionismo son más conservadores y defienden acciones indirectas ante los riesgos, crisis y problemas ocasionados sobre el medioambiente. En contraste, quienes defienden el conservacionismo no descartan las acciones indirectas, pero claman por acciones directas y responsables sobre el medioambiente. Aquellos, por ejemplo, refutan la importancia de la tecnología y la condenan; éstos, en contraste, llaman por el desarrollo de más y mejores tecnologías —verdes o limpias—.


Pues bien, dormir para ayudar al medioambiente es clásico de una postura preservacionista. El problema es la justificación científica real del propósito. ¡Al fin y al cabo, numerosos monstruos nacen en la pasividad del sueño, y se transforman en pesadillas!


La crisis del medioambiente forma parte —esto es, es un componente— de la serie de crisis sistémicas y sistemáticas a las que asistimos hoy en día. Crisis económica y financiera; crisis social y de confianza; crisis de los partidos y los sistemas políticos; crisis cultural y de valores, para mencionar tan sólo algunas de las más populares. Y a una crisis sistémica sólo se la puede atender de manera correspondientemente sistémica; no por tratamientos analíticos, es decir, parciales.


De manera genérica, la crisis del medioambiente es obra del ser humano. Pero, de manera particular, se trata de la crisis ocasionada por el sistema de libre mercado; es decir, el capitalismo. El capitalismo salvaje o el de cara humana ("la tercera vía" y la social–demócrata), en fin, el modelo económico vigente. En una palabra, la crisis generada por el "hombre de Davos".


Al fin de cuentas, no es la naturaleza la que se encuentra en crisis: es el sistema del capitalismo globalizado el que genera estas crisis, sólo que las hace ver en "lo otro", y no como propias. Las crisis sistémicas y sistemáticas ponen de manifiesto que asistimos a un momento intelectual apasionante en la historia de la humanidad: una auténtica crisis de civilización. Y a una crisis de civilización no se le solucionan las cosas con dormir algo más.


Al fin y al cabo a una inmensa franja de la sociedad que vive en la pobreza, incluso en la miseria; a una franja grande de la población que vive subalimentada y con muy serias dificultades para conseguir trabajo o conservarlo; a grandes grupos humanos perseguidos por grupos armados —legítimos o ilegítimos— para quitarles la tierra y desplazarlos; a ingentes cantidades de seres humanos que viven sin la esperanza y en el día a día, por ejemplo, no se les puede pedir con responsabilidad que duerman una hora más.


Después de todo, como con acierto ha sostenido Leonardo Boff, el principal problema medioambiental en países como los de América Latina se llama pobreza. Y la pobreza es, claramente y de lejos, el principal problema medioambiental del mundo contemporáneo. La pobreza y la inequidad. Y sus vástagos: la violencia y el sufrimiento.


Una noche de sueño plácido no puede ser el punto de partida. Por el contrario, es el resultado de profundas transformaciones del sistema de civilización en el que hemos vivido.

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Lunes, 27 Enero 2014 06:22

Ver y decir

Una mujer joven está sentada en la banqueta con un bebé en brazos y otra hija de unos cuatro o cinco años, con coletas y la cara triste mirando hacia abajo; la madre sostiene una cartulina en la que pide ayuda, por favor. Detrás de ella, en el muro, está un cartel de las fuerzas de seguridad pública con el lema oficial antiterrorista inaugurado después del 11-S y que se repite por todas partes: si ve algo, diga algo. Ese dibujo en blanco y negro publicado por el New Yorker casi captura el momento.


Sin embargo, no es que nadie los vea, ni que nadie diga nada. El punto es justo que lo ven, lo dicen, pero no hacen nada.


De hecho, este martes, el tema de la desigualdad económica, eso de los cada vez más pobres y los cada vez más ricos, será eje del informe anual del presidente Barack Obama. Ya había dicho que la desigualdad es el desafío definitorio de nuestros tiempos y se espera que hablará de ampliar la oportunidad para que todos los que trabajan duro puedan "participar en el sueño americano" o algo así. Pero nadie espera que proponga un reajuste económico a fondo para generar empleo, anular la deuda aplastante (incluida la de las hipotecas, que obligó a millones a perder sus viviendas) o elevar los ingresos que, para la gran mayoría, han quedado estancados durante décadas.


O sea, nada que por ahora logre cambiar el hecho de que este país registra el peor nivel de desigualdad económica desde la gran depresión. Algunos cálculos sugieren que solo 400 familias captan lo mismo que el 50 por ciento de la población de ingresos más bajos; entre 80 a casi 90 por ciento de la riqueza en Estados Unidos pertenece a 20 por ciento de la población.


Al parecer, a ese 20 por ciento, y más bien el 1 por ciento que concentra más de 35 por ciento de la riqueza nacional, no le dan nada de pena anuncios como el de JPMorgan Chase la semana pasada, de que casi duplicará la remuneración de su ejecutivo en jefe Jamie Dimon a un total de 20 millones de dólares. Esto, poco después de que el banco acordó pagar 13 mil millones para resolver un litigio con el Departamento de Justicia y admitir que había engañado a inversionistas sobre paquetes de inversión respaldados por hipotecas de alto riesgo, parte de los instrumentos financieros que se desplomaron en 2006 y 2007, con lo cual detonaron la peor crisis financiera desde la gran depresión.


Para algunos, todo esto fue nada menos que el fraude más grande de la historia, pero ningún ejecutivo financiero responsable ha acabado en la cárcel. De hecho, casi todos han sido recompensados, mientras Wall Street y las ganancias empresariales han registrado nuevos índices récord, y mientras millones quedan desempleados y hay más gente que padece hambre que nunca. De hecho, casi el total de los beneficios de la recuperación económica desde 2009 han sido capturados por el 1 por ciento más rico.


Mientras tanto, en Davos, Suiza, los ricos y poderosos del mundo se congregaron para su cumbre anual donde uno de los grandes temas fue la desigualdad económica. A los responsables no les daba pena expresar su preocupación y hasta lamentar la creciente desigualdad económica mundial (seguramente estaban ahí algunos de los 85 multimillonarios que, según un informe de Oxfam, concentran riqueza equivalente a la que tiene la mitad de la humanidad).


En Miami se registran ventas récord de autos de super lujo Lamborghini (algunos cuestan 400 mil dólares) y resulta que los clientes no son nada más estadunidenses, sino casi todos en tiempos recientes son aquellos inmigrantes súper ricos de México, Venezuela, Brasil, Rusia y China.
Hoteles de lujo ofrecen habitaciones que cuestan 15 mil dólares la noche, o los acaudalados compran departamentos que cuestan 90 millones en Nueva York.


Y las cifras de la miseria –hambre, desempleo, sin techo, sueños anulados– se reportan. Bueno, casi siempre es más noticia por cuántos puntos subió o bajó la Bolsa de Nueva York que cuántas familias pobres pernoctaron en la calle en medio de un invierno feroz.
Todo mundo ve esto. Una encuesta reciente del Centro de Investigación Pew y USA Today registró que 65 por ciento creen que la brecha entre los ricos y todos los demás se ha incrementado en la ultima década. La mayoría, 54 por ciento, apoyan incrementar impuestos a los ricos para ayudar a los pobres.


No resulta sorprendente que los ciudadanos no tengan gran confianza en su gobierno. Según una encuesta de Gallup, 65 por ciento (dos tercios) de los estadunidenses dicen estar descontentos con el sistema de gobernancia (se refiere más bien a cómo opera el gobierno) en Estados Unidos, nivel récord. En otra encuesta, de Gallup, sólo 17 por ciento creen que la mayoría de legisladores actualmente en el Congreso merecen ser relectos, el nivel más bajo registrado; sólo 46 por ciento creen que su representante legislativo merece ser relecto, el nivel más bajo desde 1992

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El economista premio Nobel Paul Krugman argumenta que la desigualdad económica ayudó a generar las condiciones para la crisis pasada, y más aún, esa desigualad empeora ahora por la alta tasa de desempleo y niveles salariales estancados. El también economista premio Nobel Joseph Stiglitz, el reconocido analista y ex secretario de Trabajo Robert Reich, entre tantos otros, suenan la alarma de que todo esto necesita acción urgente, que la democracia misma está en riesgo por la desigualdad.


Todos ven, todos dicen. Todos saben. No es tan complicado. No pierdas tu tiempo en cuestiones sociales. El problema con los pobres es la pobreza; el problema con los ricos es su inutilidad, afirmó George Bernard Shaw.

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Un informe de Oxfam Intermón denuncia que la democracia ha sido "secuestrada" en beneficio de las élites económicas, que "manipulan" las reglas del juego en su beneficio creando un mundo en el que sólo las 85 personas más ricas acumulan todo el capital de que dispone la mitad más pobre de la Humanidad. En la actualidad, el 1% de las familias más poderosas acapara el 46% de la riqueza del mundo.


El trabajo, 'Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica', se difunde en ciernes del Foro Económico Mundial que se celebra esta semana en Davos para poner de manifiesto que en países como España, las 20 personas más ricas poseen una fortuna similar a los ingresos del 20% de su población más pobre.


Según explica, en los últimos años se han venido adoptando políticas que claramente benefician a quienes más tienen, como la desregulación y la opacidad financieras, los paraísos fiscales, la reducción de los tipos impositivos sobre las rentas más altas o los recortes en inversión y protección social.


"Desde finales de 1970, los tipos impositivos sobre las rentas más altas se han reducido en 29 de los 30 países de los cuales se dispone de datos, lo que significa que en muchos lugares los ricos no sólo ganan más, sino que también pagan menos impuestos", expone el trabajo de Oxfam, para incidir en que se trata de un "manifiesto secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites y a expensas de la clase media y los más pobres".


El director de Oxfam Intermón, José María Vera, afirma que España "no escapa a esta dinámica", pues los casos en los que los intereses de una minoría económicamente poderosa se han impuesto a los de la ciudadanía "son numerosos en su historia" y la crisis que padece "tiene buena parte de su origen precisamente, en esas dinámicas perniciosas". Entre estas 'dinámicas' señalan el caso de Europa, donde "las tremendas presiones de los mercados financieros ha impulsado drásticas medidas de austeridad que han golpeado a las clases baja y media, mientras los grandes inversores se han aprovechado de planes de rescate públicos", destaca el informe.


En cuanto a Estados Unidos, apunta que la desregulación financiera ha propiciado que se incremente el capital acumulado por el 1% más rico de la población hasta el nivel más alto desde la Gran Depresión, hace 80 años. Mientras, en India, el número de multimillonarios se multiplicó por diez en la última década, "gracias a una estructura fiscal altamente regresiva y el aprovechamiento de sus vínculos con el gobierno".
En África, las grandes transnacionales (en particular del sector extractivo) "han aprovechado su influencia para renegociar contratos con condiciones fiscales mucho más ventajosos, limitando la capacidad de estos gobiernos para luchar contra la pobreza", conforme señala el trabajo de Oxfam.


El informe destaca asimismo que se estima que 21 billones de dólares se escapan cada año al control del fisco a nivel mundial, porque "las personas más ricas y las grandes empresas ocultan miles de millones a las arcas públicas a través de complejas redes basadas en paraísos fiscales". Como resultado, en la actualidad casi la mitad de la riqueza mundial está en manos del uno por ciento más rico de la población, (110 billones de dólares) y la otra mitad se reparte entre el 99% restante. En Europa, la fortuna de las 10 personas más ricas supera el coste total de las medidas de estímulo aplicadas en la UE entre 2008 y 2010 (217.000 millones de euros frente a 200.000 millones de euros).
La desigualdad, en la agenda

Aunque la desigualdad ha escaldo posiciones en la agenda global en los últimos años, consiguiendo que incluso el propio Foro Económico Mundial haya identificado su incremento como el segundo riesgo más importante a nivel mundial para los próximos 12-18 meses ; la organización exige medidas urgentes para frenar y revertir la tendencia.


La entidad incide en que sus reclamaciones tienen respaldo social, como probó una encuesta realizada para Oxfam en media docena de países (España, Brasil, India, Sudáfrica, el Reino Unido y Estados Unidos), según la cual, la mayor parte de la población cree que las leyes están diseñadas para favorecer a los ricos. En España, ocho de cada diez personas están de acuerdo con esta afirmación.


"No podemos pretender ganar la lucha contra la pobreza sin abordar la desigualdad. Esta creciente lacra está creando un círculo vicioso en el que la riqueza y el poder están cada vez más concentrados en las manos de unos pocos, dejando al resto de la ciudadanía las migajas", afirma Vera.

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El 8% más rico del mundo gana la mitad de todo el ingreso planetario

El economista jefe del Banco Mundial, Branko Milanovic, informará pronto en la revista Global Policy del primer cálculo sobre la desigualdad global de los ingresos y ha establecido que el 8% gana el 50% de todos los ingresos del planeta. Señala: “La desigualdad global es mucho mayor que la desigualdad dentro de algún país en particular”, debido a que la aguda desigualdad entre países se suma a la desigualdad dentro de cada uno de ellos, y porque la mayoría de la gente vive en los países extremadamente pobres, sobre todo las naciones dentro de 4.800 kilómetros del Ecuador, donde ya hace demasiado calor, incluso sin el calentamiento global que según los científicos calentará el mundo mucho más en el futuro.

 


Por ejemplo, la lista del Banco Mundial del “PIB per cápita (en dólares actuales)” muestra que en 2011 la cifra de ingresos anuales varió de 231 dólares en la República Democrática del Congo en el Ecuador, a 171.465 dólares en Mónaco, Europa. En el segundo país más pobre y el segundo más rico respectivamente fueron 271 dólares en Burundi, en el Ecuador, y 114.232 dólares en Luxemburgo, Europa. En comparación, en EE.UU. fue 48.112 dólares y China 5.445. Estos pocos ejemplos indican la amplitud de la variación del ingreso per cápita entre las naciones y que más calor significa más pobreza.

 


La desigualdad de la riqueza es siempre mucho más elevada que la desigualdad de los ingresos, y por ello un cálculo razonable de la riqueza personal en todo el mundo se encontraría probablemente en el orden de que el 1% más rico de la gente posee la mitad de todos los activos personales. Esos individuos podrían considerarse la actual aristocracia, en la medida en que su poder económico es igual al de todo el 99% restante de la población del mundo.

 


Milanovic dice: “Dentro del 1% global, encontramos al 12% más rico de los estadounidenses… y entre el 3% y 6% de los británicos, japoneses, alemanes y franceses más ricos. Es un ‘club’ que todavía está compuesto en su abrumadora mayoría por los ‘antiguos ricos’ que pasan a sus hijos (libres de impuestos en los numerosos países que no tienen impuestos sobre las herencias) las fortunas que han acumulado, y quienes les ayudan a iniciar sus propios negocios – frecuentemente después de haberlos enviado a las más prestigiosas universidades (muchas en EE.UU.), donde esos hijos se encuentran y hacen amigos con otros con la misma situación que ellos”.

 


Por ejemplo, el 22 de abril de 2004, el New York Times tituló “Mientras los ricos llenan las principales universidades, aumentan las preocupaciones por la ecuanimidad”, e informó de que un 55% de los estudiantes de primer año de las 250 universidades más selectivas de la nación provienen de padres en el máximo 25% del ingreso de esta nación. Solo un 12% de los estudiantes tienen padres en el 25% menor del ingreso. Incluso en una universidad pública de elite estatal, la Universidad de Michigan, “más estudiantes de primer año de este año… tienen padres que ganan por lo menos 200.000 dólares al año [el 2% máximo de entonces] que los que tienen menos que el promedio nacional de unos 53.000 dólares [el 55% inferior de EE.UU.].”

 

La mayor parte de la redistribución que favorece a más que el máximo 1% ocurrió en los países “en desarrollo”, como China. Sin embargo, una mayor proporción de la población del mundo vive en naciones de América Central y del Sur, África, etc., donde las actuales familias dirigentes tienden a ser en su abrumadora mayoría las mismas que en la generación anterior. Éstas, también, cercanas al Ecuador, son miembros del “club”, pero su cantidad es inferior.

 


Milanovic establece que globalmente, “El máximo 1% ha visto que su ingreso real aumentó en más de un 60% durante esas dos décadas [1988-2008]”, mientras “el 5% más pobre” ha recibido ingresos que “siguieron siendo los mismos”, los desesperadamente pobres simplemente siguen siendo desesperadamente pobres. Tal vez haga demasiado calor donde viven.

 


Este estudio, en Global Policy, que se titulará “Desigualdad de Ingresos en cifras: en la historia y ahora”, informa de que los desarrollos económicos de los últimos veinte años han llevado a que “el máximo 1% aventaje a los demás ricos y reafirme de hecho –y aún más en la percepción pública– su papel preponderante como ganador en la globalización”.

 


Se puede ver  una versión preliminar de los resultados de Milanovic, presentados por él en una conferencia económica [ 1 ]. Y un sorprendente resumen en vídeo de la investigación de Milanovic se puede ver en [ 2 ].

 


Por Eric Zuesse
Alternet


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Enlaces:

[1] http://ineteconomics.org/global-inequality-columbia-university


[2] http://www.globalpolicyjournal.com/blog/16/05/2013/global-wealth-inequality---what-you-never-knew-you-never-knew

Eric Zuesse es el autor de They’re Not Even Close: The Democratic vs. Republican Economic Records, 1910-2010  y de Christ's Ventriloquists: The Event that Created Christianity .

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¿Aceptaría 44 millones de dólares por un solo día de trabajo?

Naturalmente, diría cualquiera, pero esto sólo puede ocurrir en EE.UU.: horas después de que Bill Johnson asumiera el cargo de director ejecutivo de la Duke Energy, surgida de la fusión de dos empresas abastecedoras de gas y electricidad, el flamante CEO presentó su renuncia. Sólo trabajó ocho horas y se hizo acreedor a 44 millones de dólares, es decir, 5,5 millones por hora (//thinkprogress, 6-7-12). Un buen sueldito. La suma incluye bonos, un pago por cesar en el puesto como si hubiera trabajado años, otros beneficios y hasta 30.000 dólares por gastos de mudanza y reubicación.

 

En el mundo de los CEO esto no causó sorpresa alguna, están acostumbrados a las remuneraciones altísimas y a los privilegios que éstas conllevan. El promedio de los salarios anuales que perciben fue de 9,6 millones en el 2011, pero se superaron en el 2012: 9,7 millones de dólares (www.cleveland.com, 22-5-13). Las empresas justifican este dispendio asegurando que necesitan los mejores talentos en el campo. Sólo que el 99 por ciento –como los bautizó el movimiento juvenil Ocupa Wall Street que nació hace casi dos años– no la pasa tan bien: el salario promedio del trabajador aumentó 1,1 por ciento en el 2010, 1,2 en el 2011 y un 1,6 por ciento este año. Aumentos incapaces de lidiar con la inflación.

 

La brecha entre los salarios de los unos y los otros se ensanchó aún más el año pasado, aunque se considera que el país atraviesa un período de recuperación económica. El promedio de ingresos de los CEO fue 354 veces mayor al de los trabajadores en el 2012 (www.af.org, 6-4-13). La Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street y de protección al consumidor, que promulgó Obama en julio de 2010 para enfrentar este problema, establece que las empresas públicas tienen la obligación de dar a conocer con exactitud la disparidad salarial entre el CEO y los trabajadores. Muchas grandes compañías cabildean para que este requisito desaparezca en el proceso de reglamentación de la ley (www.bloomberg.com, 30-4-13).

 

Han pasado tres años desde que el Congreso ordenó a las empresas públicas revelar la relación CEO/trabajador en materia de salarios, pero esto no se cumple: el trámite de regulación de la ley Dodd-Frank se encuentra estancado en la comisión de garantías e intercambio, un organismo federal que es blanco preferido de las tentaciones que ofrecen los cabilderos. Pero diferentes organismos independientes se encargan de destapar lo que se oculta en esta esfera.

 

Un reciente análisis de las estadísticas demográficas de la Oficina de Censos que el Pew Research Center llevó a cabo revela que en el período 2009/2011 los ingresos del 7 por ciento de la cúspide económica aumentaron un promedio estimado en el 28 por ciento, mientras que para el 93 por ciento restante descendieron un 4 por ciento (www.pewsocialtrends.org, 23-4-13): “Desde finales de la recesión en 2009 hasta 2011 (el último año de datos disponibles de la Oficina de Censos), los 8 millones de hogares con un ingreso neto superior a 836.033 dólares acrecieron en conjunto sus haberes en 5600 billones, mientras que los 111 millones de hogares con un ingreso neto inferior o igual a la cifra antes mencionada padecieron un descenso estimado en 6 billones de dólares”.

 

El importante aumento de los ingresos de la parte superior de la pirámide en las últimas décadas se debe en buena medida a que el jefe de familia es un ejecutivo o un agente en el sector financiero. Un informe del Economic Policy Institute señala que “los ejecutivos y los ocupados en el sector financiero del 1 por ciento percibieron un 58 por ciento de la expansión del ingreso y el 0,1, un 67 por ciento en el período 1979/2005” (www.epi.org, 23-1-13). Es decir, el sistema global de hoy, dominado por las finanzas, se viene alejando hace tiempo del capitalismo clásico basado en la producción. Como confesara un ex corredor de Lehman Brothers, la compañía financiera que declaró una bancarrota escandalosa en el 2008: “No hay otra industria en la que se paga tanto por hacer tan poco” (//thinkprogress.org, 6-2-13).

 

Es un proceso con alzas y bajas de veloz desarrollo. En los últimos 30 años el promedio de la fortuna de los 500 de Forbes aumentó a una velocidad 127 veces superior a la media del salario obrero. Como se ha indicado ya, el ingreso promedio de los 500 es 354 veces superior al del trabajador. En 1980 la proporción era de 42 (www.epl.org, 23-1-13).

 

Tendría, finalmente, razón el magnate Warren E. Buffet, la persona más poderosa del mundo según Times, quien declaraba hace años: “Hay guerra de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra y estamos ganando” (www.nytimes.com, 26-11-06). La remembranza marxista de esta afirmación le suma claridad.

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Estudio analiza que protestas sociales están profundamente relacionadas con las desigualdades de la región

El estudio "La protesta social en América Latina”, divulgado ayer (16) por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nueva York (Estados Unidos), analizó la relación de las protestas sociales en América Latina con los sistemas políticos y situación económica de la población. Para hacer el análisis, el PNUD estudió más de 2,3 mil conflictos sociales, a través de 54 periódicos en 17 países de la región, en el período de octubre de 2009 a septiembre de 2010.

 

De acuerdo con el documento, Bolivia, Perú y Argentina fueron los países en los que más ocurrieron protestas en este período, con una media de 200 casos en cada uno. Por otro lado, Costa Rica, Chile y El Salvador fueron los que tuvieron menos casos, registrando cerca de 58 conflictos sociales en el período analizado.

 

El estudio destaca que la desigualdad social está estrictamente vinculada con las protestas sociales, sin embargo, resalta que el conflicto en sí no significa una negatividad, ni es sinónimo de guerra, siendo parte de la democracia y de la construcción de un nuevo modelo social y político en la región, caracterizándose más como un "orden conflictivo de la interculturalidad y de la diversidad consubstancial de la democracia”.

 

Según el análisis del PNUD, los diversos tipos de protestas y luchas sociales como defensa de los derechos humanos, manifestaciones estudiantiles, conflictos laborales, reivindicaciones de movimientos campesinos por el acceso a la tierra, demandas indígenas por el respeto a sus territorios y tantas otras movilizaciones sociales son expresiones de recuperación y fortalecimiento de la democracia, y ellos acostumbran hacer demandas que necesitan respuestas de los gobiernos como cuestiones ecológicas, por ejemplo. "La democracia es, en esencia, un orden conflictivo”, afirma.

 

A partir del monitoreo de los 54 periódicos evaluados en el período, el estudio observa que el conflicto social en América Latina tiene como características comunes: un contexto de estructuras de poder muy concentradas y desigualdad crónica cuestionadas por la ciudadanía; intensidad y fragmentación; tiende cada vez más a expresarse en los medios de comunicación de masas; y amplia movilización y participación social. Pero, mientras las poblaciones se articulan y se fortalecen cada vez más en la búsqueda de sus derechos, en el estudio también se demuestra que las instituciones estatales, principales blancos de los protestas, son frágiles y no tienen la capacidad suficiente para lidiar con los conflictos dentro de los marcos democráticos.

 

En el análisis se observa además un aumento de la movilización social a través de la web en la región, originando un nuevo espacio de articulación, principalmente para los grupos históricamente marginados y excluidos. El amplio acceso a la red también ha contribuido a la reducción de la pobreza y de la desigualdad en la última década, según el PNUD. De acuerdo con el informe, casi el 60% de las organizaciones y personas que participaron en protestas sociales en América Latina tuvieron una presencia en la web, con cifras que van del 100% de presencia en internet como en Costa Rica, hasta el 15% en Bolivia.

 

El estudio cree que la política constructivista es la mejor forma para procesar conflictos en las sociedades latinoamericanas, ya que el constructivismo político se basa en la pluralidad sociocultural y en las desigualdades estructurales para construir un orden común. "La política constructivista se basa en un sistema de expectativas y de reconocimientos recíprocos entre los diversos actores, respeta las diferencias, pero también permite construir nuevas identidades y opciones”, explica.

 

Los países evaluados fueron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

 

El estudio es parte del Proyecto de Análisis Político y Escenarios Prospectivos (PAPEP/PNUD). Para leer el informe completo en español, haga clic aquí.

 

17.04.13 - América Latina


Por Tatiana Félix
Periodista de Adital

Traducción: Daniel Barrantes - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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