Malestar en la Universidad y necesidad de una revolución educativa

La Universidad ha sido una institución con un destino paradójico. Los historiadores sin excepción reconocen el carácter plebeyo de su génesis. En los siglos XII y XIII el debate y la confrontación con la iglesia sobre el poder del conocimiento y la libertad de pensar fue la fragua en donde los jóvenes y los sabios locos (recordar a Erasmo) le dieron forma. Ese proceso plebeyo la legitimó como comunidad de sabios.

 

Establecido ese carácter, los sabios convertidos en cuerdos y sensatos la transformaron en un referente para formar a las elites. Los exigentes ritos universitarios para el acceso y la consagración consolidaron su carácter cerrado y elitista. Sólo un puñado de personas formaban parte de tal institución y a esa pequeña elite se podía pertenecer por la vía de la genialidad. El concepto de genio elaborado por Kant en su crítica del juicio, a fines del siglo XVIII, le proporcionó un tinte filosófico a esa posición. La Universidad asumida como el hogar de los genios ha sido una constante, la misma que entró en crisis después de la Segunda Guerra Mundial, cuya expresión culminante fue Mayo de 1968. El detonante de esta crisis fue la ampliación de la matrícula, es decir, el acceso masivo de la juventud a sus aulas, hecho mismo que socavó los fundamentos conceptuales y organizativos del trabajo universitario como estaba establecido. Quien le dio a esa debacle una elaboración sistemática fue Jean Francois Lyotard.

 

En el informe financiado por el Consejo de la Universidad del gobierno de Quebec sobre el saber en las sociedades más desarrolladas, Lyotard burlonamente se definió como alguien que no sabe lo que sabe. Es decir, un filósofo postmoderno que escribe un informe sobre el saber. El informe se lo dedica al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de Paris VIII (Vincennes) con este comentario: “[…] en el momento en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer1”.

 

En su informe Lyotard presenta una perspectiva planetaria de transformación radical del modo como los capitalistas están poniendo la ciencia al servicio de la ganancia. Este modo, dice, cristaliza en la siguiente serie: riqueza, eficiencia y verdad. La génesis de esa serie de tres términos la produce la revolución industrial, que para Lyotard funciona con la siguiente regla: no hay técnica sin riqueza pero tampoco riqueza sin técnica. A ese respecto plantea lo siguiente: “Un dispositivo técnico exige una inversión, pero, dado que optimiza la actuación a la que se aplica, puede optimizar también la plusvalía que resulta de esta mejor actuación”. Y agrega: “[…] Es más el deseo de enriquecimiento que el de saber, el que impone en principio a las técnicas el imperativo de mejora de las actuaciones y de la realización de productos. La conjugación “orgánica” de la técnica con la ganancia precede a su unión con la ciencia2”.

 

A partir de esas nuevas premisas de funcionamiento del capitalismo planetario Lyotard plantea su idea de una ciencia postmoderna. La Universidad resultaba siendo poco funcional para el desarrollo de esa nueva fuente de plusvalía capitalista. El informe es un excelente diagnóstico de la situación de crisis de la Universidad en las nuevas condiciones a las que genéricamente llamó postmoderna. En esas nuevas condiciones, el oficio de profesor era un arcaísmo que debía desaparecer. A ese respecto sostenía: “[…] lo que parece seguro, es que en los dos casos, la deslegitimación y el dominio de la performatividad son el toque de agonía de la era del profesor: éste no es más competente que las redes de memoria para transmitir el saber establecido, y no es más competente que los equipos interdisciplinarios para imaginar nuevas jugadas o nuevos juegos3”.

 

El profesor se desvanece en el aire, como también se desvanece la idea de la autonomía del investigador. Lyotard concluye, con lógica implacable, que quien define las condiciones de la investigación en la ciencia postmoderna es el administrador: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación4”.

 

Los jóvenes estudiantes que ingresan a la Universidad no se pueden desvanecer, quedan como desempleados que ni siquiera figuran en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra5”.

 

En estas nuevas condiciones, las políticas universitarias son realmente acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, la evaluación, los estándares, los créditos, es un indicador pleno de ese hecho. Esa retórica es planetaria aunque asume formas locales.

 

El malestar que hoy se vive en las universidades es la expresión del hastío creado por ese modo de existencia. En 1998 Jacques Derrida se ocupó de ese malestar en la universidad de Stanford en California. En una serie de conferencias que tituló, “La Universidad sin condición”, la pensó principalmente desde la idea del fin del trabajo. Esta idea desarrollada por Marx en su investigación de la gran industria y de las premisas creadas por ella para hacer el tránsito del reino de la necesidad al reino de la libertad, la aborda Derrida a partir de los trabajos del economista norteamericano Jeremy Rifkin, quien publicó en 1995 un libro con el título “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”.

 

Derrida polemiza con Rifkin acerca de las implicaciones que tienen las revoluciones científico-tecnológicas iniciadas con el surgimiento de la gran industria en el futuro del capitalismo planetario y en la posibilidad y necesidad de una sociedad postcapitalista. A ese respecto reconoce el aporte de Marx y Lenin en la visualización de ese horizonte: “Esta problemática del susodicho “fin del trabajo” no estaba ausente de algunos textos de Marx y Lenin. Este último asociaba la reducción progresiva de la jornada de trabajo con el proceso que llevaría a la completa extinción del Estado6”.

 

Respecto a la Universidad, retoma el planteamiento de Lyotard sobre el fin de la era del profesor y lo complementa con la idea de la necesidad del profesorado: “Estamos asistiendo al fin de una determinada figura del profesor y de su supuesta autoridad pero –como he dicho suficientes veces– creo en una determinada necesidad del profesorado7”. Pero la existencia de un profesorado y un alumnado implica la presencia de la Universidad, lo que no resulta funcional para el capitalismo planetario como ya lo vimos. Esa es, en términos aquí sintéticamente delineado, la situación dada hoy en la Universidad.

 

El malestar que los estamentos básicos de la ya casi milenaria realidad de la universidad ponen de manifiesto, responde al modo como el capital y los capitalistas abordan las ciencias y las tecnologías como fuente de plusvalía. La sociedad construida alrededor de la apropiación de la plusvalía en las condiciones de las revoluciones científico-tecnológicas que Lyotard caracterizó como postmoderna, no necesita la universidad. En sentido contrario, la construcción de una sociedad postcapitalista no puede prescindir de la tradición plebeya que está en la génesis de tal institución. Esta tradición considera la experiencia del conocimiento un hecho intrínseco a la humanidad toda, y no un privilegio de las élites. Borges, el humanista, lo formula en los siguientes términos en su ensayo “Pierre Menard autor del Quijote”: “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será8”.

 

El porvenir de la experiencia universitaria en una sociedad postcapitalista está en juego aquí y ahora. Esa problemática tiene su modo local de manifestarse pero actualmente recorre todo el planeta, no precisamente al modo de un fantasma sino como actos reales de lucha en Chile, Grecia, España, Francia, Colombia. El malestar en la Universidad es un asunto local y global.

 

Lo global compromete una perspectiva sintética de la experiencia humana. La humanidad está enfrentada a retos planetarios cuya solución sólo son posible por la acción conjunta de ciudadanos y trabajadores ilustrados. La formación de esas personas es una tarea que tiene en la Universidad la clausura de un proceso de apropiación del patrimonio común de la humanidad, y que habilita a quien lo concluye para las tareas del mantenimiento de ese patrimonio y de su enriquecimiento. Asuntos como el cambio climático, la preservación de la biosfera, el cuidado de la biodiversidad y proyectos complejos como el de la exploración espacial, el proyecto genoma humano y otros, requieren el esfuerzo convergente de profesionales y científicos de las ciencias de la mente, de las ciencias de la vida y de las ciencias de la administración racional de la abundancia.

 

La Universidad que es necesario construir para superar el actual malestar, no es posible sin una revolución educativa permanente. Esta tarea tiene sus modos locales de ser asumida, y en el caso colombiano esa empresa es urgente; ella es una premisa básica para enfrentar los problemas de la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la ausencia de democracia política y democracia económica. La solución de esos problemas permitirá abordar de modo creativo el cuidado de la riqueza de la Amazonía, la Orinoquía, el Pacífico, el macizo Andino, para mencionar ámbitos geográficos y biológicos específicos. La revolución educativa permanente, como horizonte de la actuación cultural y política, es el reto que nos plantea el actual malestar en la Universidad.

 

1 Lyotard J. F. La Condición Postmoderna. Ed. Catedra. Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem, p. 84.
3 Ibídem, p. 98.
4 Ibídem, p. 88.
5 Ibídem, pp 91-92.
6 J. Derrida. Universidad sin condición. Ed. Trotta. Madrid, 2.002.
7 Ibídem, p. 69.
8 J.L. Borges. Narraciones. Ed. Oveja Negra. Bogotá, 1983. p. 64.

Publicado enColombia
Domingo, 03 Junio 2018 07:12

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enColombia
Lunes, 28 Mayo 2018 10:53

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enEdición Nº246
Malestar en la Universidad y necesidad de una revolución educativa

La Universidad ha sido una institución con un destino paradójico. Los historiadores sin excepción reconocen el carácter plebeyo de su génesis. En los siglos XII y XIII el debate y la confrontación con la iglesia sobre el poder del conocimiento y la libertad de pensar fue la fragua en donde los jóvenes y los sabios locos (recordar a Erasmo) le dieron forma. Ese proceso plebeyo la legitimó como comunidad de sabios.

 

Establecido ese carácter, los sabios convertidos en cuerdos y sensatos la transformaron en un referente para formar a las elites. Los exigentes ritos universitarios para el acceso y la consagración consolidaron su carácter cerrado y elitista. Sólo un puñado de personas formaban parte de tal institución y a esa pequeña elite se podía pertenecer por la vía de la genialidad. El concepto de genio elaborado por Kant en su crítica del juicio, a fines del siglo XVIII, le proporcionó un tinte filosófico a esa posición. La Universidad asumida como el hogar de los genios ha sido una constante, la misma que entró en crisis después de la Segunda Guerra Mundial, cuya expresión culminante fue Mayo de 1968. El detonante de esta crisis fue la ampliación de la matrícula, es decir, el acceso masivo de la juventud a sus aulas, hecho mismo que socavó los fundamentos conceptuales y organizativos del trabajo universitario como estaba establecido. Quien le dio a esa debacle una elaboración sistemática fue Jean Francois Lyotard.

 

En el informe financiado por el Consejo de la Universidad del gobierno de Quebec sobre el saber en las sociedades más desarrolladas, Lyotard burlonamente se definió como alguien que no sabe lo que sabe. Es decir, un filósofo postmoderno que escribe un informe sobre el saber. El informe se lo dedica al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de Paris VIII (Vincennes) con este comentario: “[…] en el momento en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer1”.

 

En su informe Lyotard presenta una perspectiva planetaria de transformación radical del modo como los capitalistas están poniendo la ciencia al servicio de la ganancia. Este modo, dice, cristaliza en la siguiente serie: riqueza, eficiencia y verdad. La génesis de esa serie de tres términos la produce la revolución industrial, que para Lyotard funciona con la siguiente regla: no hay técnica sin riqueza pero tampoco riqueza sin técnica. A ese respecto plantea lo siguiente: “Un dispositivo técnico exige una inversión, pero, dado que optimiza la actuación a la que se aplica, puede optimizar también la plusvalía que resulta de esta mejor actuación”. Y agrega: “[…] Es más el deseo de enriquecimiento que el de saber, el que impone en principio a las técnicas el imperativo de mejora de las actuaciones y de la realización de productos. La conjugación “orgánica” de la técnica con la ganancia precede a su unión con la ciencia2”.

 

A partir de esas nuevas premisas de funcionamiento del capitalismo planetario Lyotard plantea su idea de una ciencia postmoderna. La Universidad resultaba siendo poco funcional para el desarrollo de esa nueva fuente de plusvalía capitalista. El informe es un excelente diagnóstico de la situación de crisis de la Universidad en las nuevas condiciones a las que genéricamente llamó postmoderna. En esas nuevas condiciones, el oficio de profesor era un arcaísmo que debía desaparecer. A ese respecto sostenía: “[…] lo que parece seguro, es que en los dos casos, la deslegitimación y el dominio de la performatividad son el toque de agonía de la era del profesor: éste no es más competente que las redes de memoria para transmitir el saber establecido, y no es más competente que los equipos interdisciplinarios para imaginar nuevas jugadas o nuevos juegos3”.

 

El profesor se desvanece en el aire, como también se desvanece la idea de la autonomía del investigador. Lyotard concluye, con lógica implacable, que quien define las condiciones de la investigación en la ciencia postmoderna es el administrador: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación4”.

 

Los jóvenes estudiantes que ingresan a la Universidad no se pueden desvanecer, quedan como desempleados que ni siquiera figuran en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra5”.

 

En estas nuevas condiciones, las políticas universitarias son realmente acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, la evaluación, los estándares, los créditos, es un indicador pleno de ese hecho. Esa retórica es planetaria aunque asume formas locales.

 

El malestar que hoy se vive en las universidades es la expresión del hastío creado por ese modo de existencia. En 1998 Jacques Derrida se ocupó de ese malestar en la universidad de Stanford en California. En una serie de conferencias que tituló, “La Universidad sin condición”, la pensó principalmente desde la idea del fin del trabajo. Esta idea desarrollada por Marx en su investigación de la gran industria y de las premisas creadas por ella para hacer el tránsito del reino de la necesidad al reino de la libertad, la aborda Derrida a partir de los trabajos del economista norteamericano Jeremy Rifkin, quien publicó en 1995 un libro con el título “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”.

 

Derrida polemiza con Rifkin acerca de las implicaciones que tienen las revoluciones científico-tecnológicas iniciadas con el surgimiento de la gran industria en el futuro del capitalismo planetario y en la posibilidad y necesidad de una sociedad postcapitalista. A ese respecto reconoce el aporte de Marx y Lenin en la visualización de ese horizonte: “Esta problemática del susodicho “fin del trabajo” no estaba ausente de algunos textos de Marx y Lenin. Este último asociaba la reducción progresiva de la jornada de trabajo con el proceso que llevaría a la completa extinción del Estado6”.

 

Respecto a la Universidad, retoma el planteamiento de Lyotard sobre el fin de la era del profesor y lo complementa con la idea de la necesidad del profesorado: “Estamos asistiendo al fin de una determinada figura del profesor y de su supuesta autoridad pero –como he dicho suficientes veces– creo en una determinada necesidad del profesorado7”. Pero la existencia de un profesorado y un alumnado implica la presencia de la Universidad, lo que no resulta funcional para el capitalismo planetario como ya lo vimos. Esa es, en términos aquí sintéticamente delineado, la situación dada hoy en la Universidad.

 

El malestar que los estamentos básicos de la ya casi milenaria realidad de la universidad ponen de manifiesto, responde al modo como el capital y los capitalistas abordan las ciencias y las tecnologías como fuente de plusvalía. La sociedad construida alrededor de la apropiación de la plusvalía en las condiciones de las revoluciones científico-tecnológicas que Lyotard caracterizó como postmoderna, no necesita la universidad. En sentido contrario, la construcción de una sociedad postcapitalista no puede prescindir de la tradición plebeya que está en la génesis de tal institución. Esta tradición considera la experiencia del conocimiento un hecho intrínseco a la humanidad toda, y no un privilegio de las élites. Borges, el humanista, lo formula en los siguientes términos en su ensayo “Pierre Menard autor del Quijote”: “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será8”.

 

El porvenir de la experiencia universitaria en una sociedad postcapitalista está en juego aquí y ahora. Esa problemática tiene su modo local de manifestarse pero actualmente recorre todo el planeta, no precisamente al modo de un fantasma sino como actos reales de lucha en Chile, Grecia, España, Francia, Colombia. El malestar en la Universidad es un asunto local y global.

 

Lo global compromete una perspectiva sintética de la experiencia humana. La humanidad está enfrentada a retos planetarios cuya solución sólo son posible por la acción conjunta de ciudadanos y trabajadores ilustrados. La formación de esas personas es una tarea que tiene en la Universidad la clausura de un proceso de apropiación del patrimonio común de la humanidad, y que habilita a quien lo concluye para las tareas del mantenimiento de ese patrimonio y de su enriquecimiento. Asuntos como el cambio climático, la preservación de la biosfera, el cuidado de la biodiversidad y proyectos complejos como el de la exploración espacial, el proyecto genoma humano y otros, requieren el esfuerzo convergente de profesionales y científicos de las ciencias de la mente, de las ciencias de la vida y de las ciencias de la administración racional de la abundancia.

 

La Universidad que es necesario construir para superar el actual malestar, no es posible sin una revolución educativa permanente. Esta tarea tiene sus modos locales de ser asumida, y en el caso colombiano esa empresa es urgente; ella es una premisa básica para enfrentar los problemas de la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la ausencia de democracia política y democracia económica. La solución de esos problemas permitirá abordar de modo creativo el cuidado de la riqueza de la Amazonía, la Orinoquía, el Pacífico, el macizo Andino, para mencionar ámbitos geográficos y biológicos específicos. La revolución educativa permanente, como horizonte de la actuación cultural y política, es el reto que nos plantea el actual malestar en la Universidad.

 

1 Lyotard J. F. La Condición Postmoderna. Ed. Catedra. Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem, p. 84.
3 Ibídem, p. 98.
4 Ibídem, p. 88.
5 Ibídem, pp 91-92.
6 J. Derrida. Universidad sin condición. Ed. Trotta. Madrid, 2.002.
7 Ibídem, p. 69.
8 J.L. Borges. Narraciones. Ed. Oveja Negra. Bogotá, 1983. p. 64.

Publicado enEdición Nº246
La Nasa enviará a Marte un helicóptero miniatura en 2020

El aparato tiene un fuselaje un poco más grande que una pelota de beisbol y pesa menos de 1.8 kilogramos

Deberá buscar indicios de que hubo vida y evaluar los recursos naturales

La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa) anunció su intención de enviar en 2020 un helicóptero a Marte, aparato miniatura similar a un dron que permitirá profundizar en el conocimiento sobre ese planeta.

El aparato, llamado The Mars Helicopter, tiene un fuselaje apenas un poco más grande que una pelota de beisbol y pesa menos de 1.8 kilogramos.

Tendrá como misión viajar desde la Tierra con el Mars 2020, un robot sobre ruedas que debe estudiar la habitabilidad del planeta, buscar indicios de que anteriormente hubo vida, así como evaluar los recursos naturales y los peligros que podrían enfrentar exploradores humanos.

El lanzamiento está previsto para julio de 2020 y su llegada a Marte en febrero de 2021.

La Nasa está orgullosa de su historia de pionera, señaló Jim Bridenstine, jefe de la agencia espacial, mediante un comunicado. La idea de que un helicóptero vuele en el cielo de otro planeta es emocionante.

La iniciativa surgió en agosto de 2013 como un plan de desarrollo del laboratorio dede Propulsión a Chorro de la Nasa (JPL, pos sus siglas en inglés).

Para volar en la atmósfera marciana, el aparato debe ser extremadamente ligero y potente.

“La altitud récord alcanzada por un helicóptero sobre la Tierra es de unos 12 mil metros, destacó Mimi Aung, jefa de proyecto de Mars Helicopter de JPL.

Según ella, la atmósfera de Marte representa el uno por ciento de la terrícola, por tanto cuando nuestro helicóptero esté sobre la superficie marciana se encontrará a un equivalente sobre la Tierra de 30 mil 500 metros.

El aparato está equipado de paneles solares para recargar las baterías, iones de litio y un dispositivo de calefacción para mantenerlo caliente durante las frías noches marcianas, precisó la Nasa. Será manejado desde la Tierra y contará con unos minutos de desfase.

Para la Nasa, es una hazaña tecnológica con altos riesgos e importantes beneficios.

Thomas Zurbuchen, de la Nasa, explicó: La capacidad de ver claramente lo que hay detrás de la próxima colina es fundamental para los futuros exploradores.

“Ya disponemos de magníficas vistas de Marte desde la superficie y en órbita. Con la nueva dimensión de una vista aérea gracias al marscopter, sólo podemos imaginar lo que las misiones podrán llevar a cabo en el futuro”, concluyó.

 

China construye el túnel de viento hipersónico más potente del mundo

En el túnel aerodinámico más rápido del mundo se realizarán pruebas de aviones hipersónicos capaces de viajar a velocidades increíbles.

 

China ha afirmado que está construyendo "el túnel de viento hipersónico más rápido del mundo" para utilizarlo en el desarrollo de aviones ultrarrápidos.


Según Xinhua, el túnel aerodinámico, de 265 metros de longitud, se podría emplear para probar aviones hipersónicos capaces de viajar a velocidades de hasta 25 Mach (30.625 kilómetros por hora), lo que es 25 veces la velocidad del sonido.


Los túneles de viento sirven para probar cómo el aire pasa sobre un objeto sólido, con lo que los diseñadores pueden mejorar la aerodinámica o reducir los puntos de estrés cuando los objetos alcanzan altas velocidades, destaca el portal Phys.org.


La Academia de Ciencias de China ya simuló un vuelo de avión hipersónico en su túnel de viento actual a velocidades "que van desde 5 y hasta 9 Mach", según Han Guilai, especialista de la institución. El investigador indicó que "el nuevo túnel ayudará a la aplicación técnica de la tecnología hipersónica al duplicar el entorno de vuelos extremadamente hipersónicos".


En febrero se publicó una investigación china que reveló un modelo de avión capaz de transportar gente y carga desde Pekín a Nueva York en dos horas.
Phys.org señala que el potente túnel de viento chino podría utilizarse también para probar la tecnología de misiles hipersónicos. Anteriormente, el Pentágono mostró preocupación por el hecho de que "Rusia y China desarrollen de manera agresiva las capacidades hipersónicas", un nuevo tipo de armas contra las que EE.UU. no podría defenderse por el momento.

 

Publicado: 24 mar 2018 10:27 GMT

Putin planea llevar humanos a la Luna y Marte en 2019

El presidente ruso, Vladimir Putin anunció que enviará misiones tripuladas a la Luna y a Marte en los próximos años con el fin de retomar la carrera espacial de la URSS.
En esta oportunidad el desafío para Rusia no será nada fácil. Ahora tendrá que competir no solo con EE.UU. para llegar primero a Marte, sino también con empresas privadas como la famosa SpaceX de Elon Musk.


Según los planes del presidente de Rusia, los primeros módulos llegarán a Marte para el 2019 con sondas y rovers. Putin no explicó cómo lo haría con una ventana de tiempo tan corta y con objetivos tan complejos como los planteados.


Además la agencia espacial rusa intentará enviar seres humanos a los polos de la Luna. Esto se debe a que creen que aquí puede haber mucha más agua que en otras partes del satélite. De igual manera Putin declaró que la luna será útil como un punto de partida para seguir estudiando y explorando otros planetas.


La carrera por llevar los primeros humanos a Marte ya empezó hace mucho tiempo. El más claro ejemplo es el de Elon Musk, que hace unas semanas lanzó el Falcon Heavy al espacio y mandó un Tesla Roadster a la órbitar del sol


La carrera espacial ha pasado de una etapa “fría” a una “caliente”, al anunciar Vladimir Putin una misión no tripulada rusa a Marte el próximo año.


Esta nave no tripulada se trataría simplemente del preámbulo para el envío de misiones tripuladas para eventualmente cumplir el sueño de colonizar el planeta rojo.


Las declaraciones fueron echas en el marco de un documental realizado por Andrey Kondrashov. En el mismo, Putin aceptó que se planean estas misiones tripuladas y no tripuladas al planeta hermano de la tierra.


“La misión más cercana ocurrirá muy pronto, estamos planeando una misión a Marte en el 2019”, señaló el mandatario ruso.


El anuncio de Putin lo pone a competir no simplemente contra la NASA, sino contra las ambiciones espaciales de la iniciativa privada, que busca apoderarse de la carrera espacial con iniciativas como SpaceX, de Elon Musk.

17 marzo 2018 | 15
(Tomado de elmercurio.com.mx y varias agencias)

Publicado enInternacional
Crean primer embrión con células humanas y de ovejas

Investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) desarrollaron en el laboratorio el primer embrión híbrido que contiene células madre de seres humanos y ovejas, con el objetivo de explorar nuevas alternativas a la escasez de órganos.

El trabajo, presentado en el encuentro anual de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia, realizado en Austin, Texas, se ha basado en la misma técnica que hace un año permitió a investigadores estadunidenses cultivar células humanas en embriones de cerdo.

En este caso, según informó The Guardian, los investigadores lograron cultivar embriones de oveja con células humanas, y el objetivo a largo plazo es poder aprovechar esta técnica con células de pacientes que necesiten un trasplante, ya que, de esa forma, los tejidos resultantes serían compatibles con su sistema inmune y no habría posibilidad de rechazo.

"Podría llevarnos cinco años o incluso 10, pero creo que al final podremos conseguirlo", aseguró el experto Hiro Nakauchi, quien colabora en la investigación.

En busca de desarrollar órganos

En este caso se ha conseguido un híbrido en el que aproximadamente una de cada 10 mil células eran humanas, sostuvo Pablo Ross, investigador de la Universidad de California en Davis, quien también trabaja en la creación de órganos humanos en otras especies.

De hecho, esta proporción es mucho mayor a la conseguida con los híbridos de cerdos, en los que una de cada 100 mil células eran humanas, aunque aclara que todavía sigue siendo suficiente para tener éxito, ya que se necesita al menos uno por ciento para que resulte viable.

Los científicos utilizaron técnicas de edición del genoma para desarrollar embriones de oveja que no puedan desarrollar un páncreas, de modo que las células humanas introducidas crezcan hasta formar el órgano que falta. Un avance que, además, contribuiría a una solución para abordar la diabetes.

 

En Estados Unidos sólo hay 400 medicamentos huérfanos aprobados por la FDA, de los cuales 5 por ciento son eficaces para tratar enfermedades raras; el resto de los pacientes recibe cuidados paliativos

 

El Proyecto del Genoma Humano reveló en 2000 que cada persona tiene contenidos en sus cromosomas –ubicados en el núcleo de las células– entre 20 mil y 30 mil genes, mismos que dotan a cada individuo de sus características particulares. Este avance, a pesar de haber sido un gran paso, dejó muchas incógnitas, pues no se sabía qué funciones cumplía cada gen en los seres vivos.

A 17 años de esta aportación científica se sabe que en el genoma existen regiones de repetición de genes, áreas con cambios estructurales muy diferentes entre un individuo que en otro, pedazos de genes que faltan y otros que sobran. Estos cambios pueden ser inocuos, benignos o causantes de enfermedades.

Todos portamos mutaciones para enfermedades muchas veces raras, sólo que se mantienen como genes recesivos y no se expresan, a menos que dos personas con las mismas mutaciones tengan progenie y sus genes recesivos se expresen. Hoy día conocemos 19 por ciento, 3 mil 831, de estos genes, mientras en 2000 se conocía uno por ciento, comentó Carmen Alaez Verson, investigadora del Instituto Nacional de Medicina Genómica.

 

Uso de la bioinformática

 

Las enfermedades raras –cuyo nombre obedece a que son poco frecuentes en las poblaciones con un estimado estadístico de un individuo por cada 2 mil personas– son muy difíciles de diagnosticar porque presentan síntomas similares, por lo cual se ha recurrido a la bioinformática para analizar regiones de genes o el genoma completo de los pacientes, pues, si la persona no sabe cuál es su mutación, no puede acceder ni a medicamento ni a un ensayo clínico que en un futuro diera lugar a la obtención del medicamento.

En México, el Inmegen realiza esos estudios en el Laboratorio de Diagnóstico Genómico, a cargo de Alaez Verson, quien indicó que es importante desarrollar el conocimiento local. Si seguimos mandando muestras al extranjero nunca vamos a saber qué pasa con estas enfermedades raras en México y cuáles son las mutaciones que circulan con mayor frecuencia en la población. Si no se tiene conocimiento de las mutaciones que están en el país será difícil que se pueda interpretar con certeza.

A lo largo de estos años se ha logrado reducir costos y aumentar la eficiencia del diagnóstico con la creación de bases de datos internacionales como el sitio web Human Gene Mutation Database, donde los especialistas consultan cuadros clínicos de pacientes de cualquier parte del mundo.

Estos repositorios contienen también datos de secuenciaciones de exomas, parte del genoma que al transcribirse da lugar a las proteínas; hay genomas completos que sirven como referencia y hay bases de datos fenotípicas (las características visibles de una persona), en las que se asigna un número a esos rasgos. Esto facilita el establecimiento de un cuadro clínico a quienes padecen una determinada patología.

Aun así, una persona puede tardar años en tener su diagnóstico por la complejidad del análisis, y esto se debe a que es muy complicado hacer diagnósticos.

Hay 15 o más genes que pueden dar un diagnóstico similar, además de que las mutaciones que causan enfermedades raras no son todas iguales ni tienen el mismo efecto sobre la proteína que codifica a determinado gen, por eso la terapia a los pacientes tampoco es exactamente igual.

La investigadora en ciencias médicas añadió que hay mutaciones que eliminan totalmente la función de una proteína, hay otras donde la proteína existe pero no funciona tan bien como debería; hay medicamentos que utilizan a ciertas moléculas para hacer que esa proteína que no funciona tan bien lo haga un poco mejor.

Ante este escenario, las bases de datos sirven para tener una estadística mundial de las enfermedades raras, que evidencian que entre éstas hay unas con mayor tasa de incidencia. Esto sirve para identificar enfermedades y evitar procesos clínicos innecesarios, y para presionar a las farmacéuticas y hacerles ver que vale la pena invertir en la creación de fármacos.

“El desarrollo de medicamentos huérfanos –que están destinados a un grupo muy reducido de pacientes– no le ha importado a la industria porque es un mercado pequeño y hay poco retorno de inversión para la industria. Sólo hay 400 fármacos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, de los cuales 5 por ciento son eficaces para tratar enfermedades raras; el resto de los pacientes recibe cuidados paliativos”, señaló Alaez Verson.

Existe también la terapia génica, en la que se utiliza un vector, como un virus que no daña al ser humano, al que se le coloca un gen sano; el vector funge como transportador que lleva al gen al tejido donde debería funcionar. El problema es que son tratamientos costosos por ser personalizados y los vectores suelen ocasionar efectos adversos en el paciente.

La terapia de remplazo enzimático es otra alternativa. Se proporciona al organismo la enzima que no funciona porque su gen está dañado, ya sea por transfusión sanguínea o vía oral. La enzima suele ser un clon obtenido de una bacteria. El problema con esta terapia es que es cara y de por vida.

 

 

El gobierno de Donald Trump presentó ayer ante el Congreso estadunidense un proyecto de reforma migratoria que ofrece legalización y una hoja de ruta para obtener la ciudadanía a 1.8 millones de jóvenes indocumentados, a cambio de 25 mil millones de dólares para el muro con México y otros aspectos para reforzar la seguridad fronteriza. La iniciativa fue rechazada de inmediato por los demócratas. La imagen es de hace unos días en Washington

 

Trump propone beneficiar a 1.8 millones de dreamers a cambio de 25 mil mdd para el muro

Especialistas adelantan 30 segundos el reloj apocalíptico ante peligros inminentes

 

Nueva York.

Mientras Donald Trump festejaba con los ricos y poderosos del mundo reunidos en los Alpes, y la Casa Blanca buscaba un acuerdo migratorio que ofrece refugio para los hijos de inmigrantes a cambio de expulsar a sus comunidades, científicos y expertos advertían que el mundo está más cerca que nunca de un desastre nuclear y ecológico, poniendo al famoso reloj del día del juicio final a sólo dos minutos antes de la medianoche (hora simbólica del apocalipsis).

Trump y los titanes de la economía y política mundiales están congratulándose entre buen vino y excelente cocina suiza, sobre qué tan bien les va. Para los más ricos fue un año sensacional: el 1 por ciento de la población mundial concentró 82 por ciento de toda la riqueza creada en 2017, según cálculos de Oxfam reportados por La Jornada esta semana. Trump enfatizó su reducción de impuestos sobre empresas y la desregulación del sector privado como el mejor regalo a los asistentes.

Pero en casa, el Boletín de Científicos Atómicos adelantó este jueves 30 segundos el simbólico reloj apocalíptico, para quedar a sólo dos minutos de la medianoche, la hora del fin de la humanidad, señalando que esto se debe al fracaso del presidente Trump y otros líderes mundiales de abordar las amenazas inminentes de guerra nuclear y cambio climático.

Representantes del Boletín de Científicos Atómicos –entre ellos unos 15 premios Nobel– consideran que el mundo no sólo es más peligroso ahora que hace un año; es lo más amenazante que ha estado desde la Segunda Guerra Mundial. El reloj está tan cerca de la medianoche ahora como estuvo en 1953, en el momento más agudo de la guerra fría.

Sin embargo, los integrantes del consejo de ciencia y seguridad del Boletín –fundado en 1945 por científicos preocupados por la nueva amenaza nuclear– afirmaron que estos son tiempos peligrosos, pero el peligro fue creado por nosotros. La humanidad ha inventado los implementos del apocalipsis; entonces puede inventar los métodos de controlarlos y, eventualmente, eliminarlos. Ofrecen una serie de medidas para revertir el avance de las manecillas del reloj, incluyendo reducir las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Norte, así como el conflicto con Irán; nuevas negociaciones con Rusia y otros poderes, mientras la ciudadanía intensifique su presión sobre el gobierno para exigir mayor acción sobre el cambio climático y el abuso de tecnologías, entre otras cosas (para ver la declaración completa: https://thebulletin.org/2018-doomsday-clock-statement).

 

Otras amenazas

 

Sin embargo, aparentemente Trump y su gente consideran que los inmigrantes son una amenaza existencial más urgente para este país que las bombas nucleares. Este jueves la Casa Blanca presentó al Congreso su propuesta de reforma migratoria que ofrece legalizar, incluyendo una ruta para obtener la ciudadanía, a 1.8 millones de indocumentados que llegaron siendo menores de edad, conocidos como dreamers –más del doble de los 700 mil que estaban protegidos de la deportación gracias a un decreto de Barack Obama anulado por Trump–, a cambio 25 mil millones de dólares para un muro fronterizo y otros elementos de lo que llaman un sistema de defensa fronteriza, con nuevas y severas restricciones al ingreso de familiares de inmigrantes y la eliminación de la lotería de visas.

Casi de inmediato el proyecto fue rechazado por demócratas y defensores de inmigrantes por considerarla una propuesta para expulsar a las personas y diseñada por nativistas (en referencia al asesor presidencial Stephen Miller).

En tanto, el Senado está ampliando pláticas bipartidistas para elaborar una propuesta que no necesariamente incluya las mismas restricciones que desea el presidente, en una negociación que se vuelve cada vez más urgente, puesto que el 5 de marzo caduca el programa de protección de los dreamers.

Todos fueron sorprendidos –hasta los asesores de la Casa Blanca– el pasado miércoles cuando Trump, casi de la nada, en un breve intercambio con reporteros antes de viajar a Davos, comentó que estaba abierto a considerar un proceso encaminado a la legalización y e incluso la ciudadanía de los dreamers; esto, poco después de haber rechazado una propuesta bipartidista que se basaba en esa misma forma de avanzar. Más tarde insistió en que su mensaje a los jóvenes indocumentados es que no se preocupen.

Desde el miércoles por la noche la Casa Blanca logró condicionar lo dicho por el presidente, de nuevo enfocándose en los puntos de seguridad fronteriza, el muro y mayores restricciones respecto de quiénes les sería permitido ingresar a este país, con la reiteración de que Estados Unidos está amenazado por una ola de inmigrantes.

Mientras tanto, el gobierno continuó con sus políticas de persecución de inmigrantes y sus aliados, y amenazó formalmente a más de 20 ciudades y estados que se declararon santuarios, de que si se rehúsan a colaborar con las autoridades migratorias federales enfrentarán el retiro de fondos federales. Trump calificó ayer a las entidades santuario como “los mejores amigos de pandillas y cárteles”.

Abogados y no pocos asesores de la Casa Blanca también fueron sorprendidos por otros comentarios de su jefe antes de partir rumbo a los Alpes, y se pasaron el día tratando, igual como con el asunto de los dreamers, de modificarlos y condicionarlos. Trump declaró que estaba deseoso de tener un intercambio con el equipo de investigaciones encabezado por el fiscal especial Robert Mueller que está examinando la injerencia rusa en las elecciones, la posible colusión de miembros de la campaña electoral, y ahora posibles intentos del magnate de obstruir esa indagatoria. Me encantaría hacerlo lo más pronto posible, afirmó el presidente en la misma sesión no programada con reporteros donde habló de su amor por los dreamers.

Los abogados de Trump le habían dicho que no hiciera declaraciones sobre el asunto mientras negociaban con Mueller sobre las condiciones del eventual interrogatorio. Este jueves insistieron en que el jefe habló con prisa y sólo estaba reiterando su voluntad de cooperar, pero que todo estará sujeto al consejo de sus abogados. La gran preocupación de su equipo legal y de algunos asesores es que cometa perjurio, o peor, que revele sin querer que sí buscó obstruir el proceso de investigación.

Mientras tanto, defensores del presidente (y él mismo) buscan descalificar la imparcialidad de la investigación por varios lados, desde promover la idea de que hay una conspiración contra Trump dentro de la FBI y otras partes corruptas del Estado profundo.

Y hablando de amenazas: a pesar de otro tiroteo letal en una escuela esta semana, nada cambia. Ocurrió el martes en una preparatoria en un pueblo de Kentucky; dos estudiantes de 15 años murieron, 18 más resultaron heridos. Fue el tiroteo 11 en una escuela en lo que va del año, y eso que apenas vamos en el día 23. Investigadores afirman que desde 2013 se ha reportado, en promedio, un tiroteo en alguna escuela cada semana. Consultar en: (https://everytown.org/).

 

Publicado enInternacional