Domingo, 06 Noviembre 2016 06:44

Espacios de libertad

Espacios de libertad

1. Algo más sobre la técnica, si un arma no funciona no hay víctimas. En La lista de Schindler, film de Spielberg, se muestra un gran campo de concentración. Tres oficiales de las SS arrojan sobre el barro a un judío maniatado. Queda de rodillas. Tiembla en tanto espera que lo maten.


Uno de los SS saca su acerada Luger. Apunta a la cabeza del prisionero, acciona el gatillo. Y nada. El elemento indispensable para matar al judío, la bala, sencillamente no sale. La magnífica Luger no funciona. De qué sirve un arma si no hace fuego.


Los otros dos SS se acercan aún más. Ahora son tres los que en vano tratan de arreglar un objeto. Discuten. La niña mimada de la oficialidad nazi no cumple su tarea. Los tres SS se van. Todavía discuten. El judío queda solo en medio del charco barroso.


La técnica, en tanto instrumentalidad para la muerte, ha fracasado. Fracasa de otros modos. Se tira una bomba sobre un objetivo militar. Cae sobre una escuela. Se le dice daño colateral. Fracasó la precisión pero no la muerte.


1.1. La producción de armas es la más poderosa. El Complejo Militar Industrial es el decisivo de la industria norteamericana. También los medios de comunicación. Es así: hay que alimentar la paranoia masivamente. Se le dice a los receptores que un nuevo 11 de septiembre está siempre por repetirse. La guerra es necesaria. Estados Unidos precisa dominar el mundo para protegerse de él.


1.2. Hay que alentar la existencia de espacios de libertad. Si nos criaron para ser obedientes. Y si día a día nos dicen cómo debemos actuar, la obediencia es necesaria. Nace en soledad y busca multiplicarse. Todo grupo que cuestione al poder es un espacio de libertad.


La libertad late en todo acto que niegue el poder que me niega. Nadie debería ser lo que el Otro busca que sea. La negación es –en un mismo surgimiento– la que lleva a la constitutividad de sujetos libres. Cada uno fundamento de su libertad. Que se consolida, no en tanto coseidad, sino en la pertenencia a un espacio de sujetos libres y sustantivos. Lo que hemos llamado espacios de libertad.


1.3. Los sujetos libres se formaron con la negación. Que es simultáneamente negación del Otro que busca mi enajenación para sofocarme. También por medio del goce. Porque nos van a entretener hasta morir.


No creo en el inconsciente. Creo en una subjetividad cuyo ser libre es sofocado por los mensajes del poder. Atractiva es la fórmula de un psiquiatra francés. El inconsciente es el discurso del Otro. Todos los días el poder somete la libertad de las personas. El discurso del Otro es el discurso del poder.


1.4. Hay otro dictum. Uno es lo que hace con lo que hicieron de él. También Sartre confesó como todo soñador, “confundí mi desencanto con la verdad”.


Desde niño, uno aprende un idioma. El idioma lo domina. Pero un miembro del espacio de libertad está ahí para decir su palabra. Ha encontrado su propia voz. Ya no es hablado por el discurso hegemónico sino que emite sus propias palabras. Cuando uno deja de estar sometido por el discurso del poder. O sea: cuando esto sucede ya no nos domina el idioma. Hemos creado el nuestro. Con él, hablamos con nuestros compañeros de grupo.


1.5. Una lectura es eficaz si nos cambia, sea mucho o poco. Debe contribuir a la naciente profundidad de mi conciencia.
Todo grupo corre sus riesgos. En una obra de Camus, Los Justos, alguien alentado por el espacio de libertad al que pertenece, tiene que matar a un personaje de la monarquía. Cuando lo ve llegar, la orden que le fue dada no la puede cumplir. La orden lo abandonó. Ahora está solo. Surge la soledad que todo militante experimenta alguna vez.
El espacio de libertad siempre está en peligro.


El rizoma termina siempre en la instauración de un jefe. De un esquema arborescente. El rizoma es la horizontalidad. En la que todos son iguales. Es la pura democracia de base. Lo arborescente señala una jerarquía que niega la horizontalidad democrática del rizoma. Aquí en 2001 y 2002 las asambleas populares empezaron creando rizomas, pero se fueron agotando. En el grupo se establece un juramento. Todos deben ser fieles a algo. Ese algo termina por ser una cosa por la que todos juran. El grupo, así, destila la presencia de la alteridad del fracaso rizomático. El juramento es eso que podríamos llamar coseidad.


1.6. Las revoluciones plantean un enigma: ¿quién será finalmente el jefe? La francesa instauró a Robespierre. Y luego a Napoleón. La comuna de París es el más brillante ejemplo del sujeto libre, de su praxis. Ahí se consiguió la horizontalidad. Quienes la quebraron fueron sus enemigos. Mataron 33000 comuneros. La Revolución Rusa se hizo arborescente con Stalin. Que mató a millones.


1.7. En una escena final del juicio en Nuremberg, el juez Haywood recibe la visita del defensor de los nazis que juzgó. Es un brillante abogado de nombre Hans Rolfe. Que le dice “por la lógica de los hechos los hombres que usted hoy condenó estarán libres en cinco años”. El juez Haywood responde “esa es la lógica pero nunca será la verdad”. También el Dr. Ernst Janning le dice: “le juro que nunca supe de los campos de concentración”. “Soy inocente de eso”.


El juez Haywood contesta “pero Dr. Janning, usted es culpable desde el día en que condenó al primer hombre que sabía era inocente”.


No hay obediencia debida. El que mata es culpable. Aquí en Argentina no debe aplicarse ninguna ley que sancione la obediencia debida. El que mata por obedecer una orden es tan culpable como el que la da.

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Rafael Correa mide su poder con las Fuerzas Armadas

La justicia ratifica al presidente de Ecuador como comandante en jefe


Nuevo paso en la guerra abierta entre Rafael Correa y el Ejército. El presidente ecuatoriano consiguió el miércoles una acción de amparo para que se le ratificara en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, una de las funciones que le confiere la Constitución del país latinoamericano. El antecedente es el fallo de un consejo de disciplina al interior de la Armada que no le reconocía su autoridad militar y no sancionó a un oficial de rango medio que, según el mandatario, se saltó la cadena de mando y respondió a un correo electrónico de Correa de forma desafiante.


El email del presidente fue enviado el pasado 13 de mayo a unos 40.000 militares con la intención de explicar el débito que hizo el Gobierno de 41 millones de dólares que el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas cobró en exceso al Ministerio del Ambiente por la venta de un terreno en Samanes (Guayaquil) en 2010. La comunicación del presidente ecuatoriano llegó cuando habían transcurrido tres meses desde de que el primer mandatario había destituido anticipadamente a la cúpula militar que se negó a devolver ese dinero.


El capitán de corbeta Edwin Ortega, ahora en el centro de la polémica, respondió al presidente con una carta de un folio y medio en la que enumeraba los puntos de roce entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas: el traspaso de colegios y hospitales militares al Estado, la eliminación de edecanes y agregadurías militares en el extranjero, el fortalecimiento de la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain) en perjuicio de la dirección de inteligencia de las fuerzas armadas, el uso de sabatinas para desprestigiar a los militares, y la destitución del Alto Mando

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En el párrafo final, Ortega escribe: “Le ruego, pare de desinstitucionalizarnos, pare de agredir a nuestros comandantes, respete nuestras tradiciones. Y, por favor, pare de mentirnos, que el país necesita la verdad y que se sancione tanta impunidad y corrupción...”. Esto es lo que más ha molestado al presidente y por lo que pidió la sanción que corresponda.
Consejos de disciplina


Otros ocho uniformados han sido procesados igual que Ortega —siete por contestar al correo electrónico del presidente y la teniente Karla Pozo, que compartió en la red social Facebook supuestos mensajes contra el Gobierno—, pero hasta hoy los consejos de disciplina han archivado los casos. Sin embargo, nada garantiza que no se instalen nuevos consejos de disciplina, como se hará con el capitán Ortega tras la acción de protección concedida al presidente.


El abogado del militar, Juan Vizueta, ya había anticipado que “jugaban en cancha inclinada, con árbitro arreglado” y tras la audiencia expresó su decepción. “Me siento frustrado de ver cómo se atropellan las leyes y bastante decepcionado del estado en que vive el Ecuador frente a un gobierno que secuestró la justicia para ponerla a su servicio y convertirla en un instrumento para perseguir a los que no piensan igual”, afirmó.


Juristas como Farith Simon y Santiago Guarderas, ambos vinculados a la academia, coinciden en que la acción de protección que pidió el presidente Correa es un derecho de los ciudadanos para defenderse contra el poder público y que no aplicaba en un caso en el que se ha enfrentado el Estado contra el Estado. La audiencia por la acción de protección fue breve: en menos de cinco minutos la jueza dio la razón al mandatario y refrendó la Carta Magna.

 

Quito 1 SEP 2016 - 16:23 COT

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Lunes, 22 Agosto 2016 06:45

El medallero del coronel

El medallero del coronel

La sobrerrepresentación de atletas vinculados a las fuerzas armadas en el medallero olímpico de Brasil encarna una de las tendencias de fondo de las sociedades actuales. Que algunos militares hagan la venia en el podio es harina de otro costal: una muestra del creciente conservadurismo de una sociedad en crisis.

 

Las cuatro primeras medallas que conquistó Brasil en los Juegos Olímpicos tienen algo en común que al principio no fue destacado por los medios: los cuatro atletas son sargentos que revisten en las fuerzas armadas. La judoca Rafaela Silva se llevó la medalla de oro y los medios destacaron que vivía en la favela Ciudad de Dios y que había sido víctima de racismo al ser eliminada en Londres 2012. El sargento Rafael Silva ganó la plata y la sargento Mayra Aguiar el bronce, también en judo. El sargento Felipe Wu se llevó la plata en tiro deportivo. De las primeras diez medallas, ocho las ganaron atletas vinculados a las fuerzas armadas.


Recién cuando el gimnasta Arthur Nory, la sexta medalla para Brasil, hizo el saludo militar sobre el podio, la polémica se disparó en los medios, que hasta ese momento no habían reflejado el fuerte papel en el medallero de los atletas formados en cuarteles. En realidad la polémica se remonta a los Panamericanos de Toronto, en 2015, ya que algunos atletas dijeron que los militares les sugirieron hacer la venia. Rafaela Silva dijo que evitó hacer el saludo militar, a diferencia de lo que hizo el año pasado, por temor a perder su medalla.


“Soy miembro de la Fuerza Aérea brasileña y es un momento de felicidad, de alegría para todo el país”, se excusó Arthur Zanetti, bronce en gimnasia, al ser abordado por los medios (O Globo, lunes 15). Marcos Goto, su entrenador, se sintió molesto y no ahorró críticas a los militares. “Me gustaría que los militares hicieran un trabajo de base, me sacaría el sombrero. Pero apoyar a un atleta de alto nivel es muy fácil. Quiero ver el apoyo a los niños hasta que lleguen al podio. Contratar un atleta que ya está formado es muy fácil”, dijo a los medios.


Muchos piensan, por el contrario, que la mayoría de estos competidores no hubieran conseguido subir al podio de no haberse incorporado al Programa Atletas de Alto Rendimiento (Paar) de las fuerzas armadas. Al hacerlo consiguieron los mismos beneficios que los militares de carrera: salario, plan de salud, vacaciones pagas y acceso a instalaciones deportivas de alto nivel donde son entrenados por especialistas. Pero otros, como Goto, creen que hay algo de oportunismo en los militares, que quizá utilicen el éxito de los deportistas como forma de mejorar su imagen ante la sociedad, ya que por ejemplo Zanetti se incorporó a la Fuerza Aérea apenas dos meses antes de los Juegos. En todo caso, el programa Paar fue una iniciativa del gobierno de Lula.


Creado en 2008, este programa supuso una inversión de unos 6,2 millones de dólares por año, divididos entre dos ministerios (Defensa y Deportes). Rápidamente se convirtió en un éxito, ya que Brasil obtuvo el primer puesto en los Juegos Mundiales Militares de 2011, también en Rio, con 114 medallas, seguido de China, Italia, Polonia y Francia. En Londres 2012 los atletas militares consiguieron cinco de las 17 medallas de Brasil, pero aspiran a encabezar el medallero brasileño en los Juegos actuales.


En total, integran las fuerzas armadas 145 de los 465 atletas que componen el equipo olímpico nacional, más del 30 por ciento. Se trata de soldados, sargentos y coroneles de la Armada, el Ejército y la Aeronáutica que participan en casi todas las modalidades olímpicas, desde taek-wondo y tiro hasta ciclismo y nado sincronizado. Toda la delegación de judo y la mitad de los nadadores son militares, que casi triplican los 51 efectivos que participaron en Londres 2012.


Pese a tener menos de 11 años, el Paar cuenta con 670 atletas, de los cuales 76 son militares de carrera y 594 son temporarios, como la mayoría de los medallistas. El salario que cobran puede alcanzar los 3.200 reales (mil dólares).


JUEGOS MILITARES.


Pese a todo, Brasil quedó lejos de los diez primeros puestos en Rio 2016. Un desempeño que contrasta con el importante desarrollo que ha tenido el deporte en algunos países de los llamados emergentes, con destaque de Rusia, China, Corea del Sur y Japón, y con Cuba como la excepción latinoamericana. En Estados Unidos, la principal potencia deportiva desde la caída de la Unión Soviética, son las universidades (estrechamente ligadas a la financiación empresarial) las encargadas de formar a los atletas, aunque este modelo no es el que ha seguido buena parte de los países europeos.


En todo caso, el apoyo estatal parece necesario para superar una situación de desventaja. Desde la década de 1950 los dos primeros lugares del medallero pertenecieron, con raras excepciones, a soviéticos y estadounidenses. Entre los diez primeros se colocaban los países de Europa occidental, con destaque de las dos Alemanias, y poco a poco empezaron a terciar europeos orientales y asiáticos. Los Juegos Olímpicos fueron un retrato vivo de la Guerra Fría.


China comenzó a participar recién en Los Ángeles 1984, porque no era reconocida por el Comité Olímpico Internacional, y a partir de ese momento sacudió el medallero con un imparable ascenso que coronó alcanzando el primer lugar en Beijing 2008. Esta notable performance no hubiera sido posible sin el concurso del Ejército Popular de Liberación (nombre oficial de las fuerzas armadas chinas). El papel de las fuerzas armadas en la formación de atletas es notable también en Rusia, las dos Coreas, Ucrania, Polonia y entre algunos países europeos, como Italia y Alemania.


La breve historia de los Juegos Mundiales Militares revela esta situación. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se creó el Consejo Internacional de Deporte Militar (Cism, por sus siglas en francés), con sede en Bruselas. En paralelo, los países del Pacto de Varsovia crearon otro consejo de deporte militar que se disolvió al finalizar la Guerra Fría, concentrándose todos los países en el Cism, que pasó a ser reconocido por el Comité Olímpico Internacional.


En 1995 se organizaron los Primeros Juegos Mundiales Militares en Roma. El medallero lo suelen encabezar Rusia y China, seguidos de cerca por Italia, Croacia, Corea del Sur, Ucrania y Alemania. Desde los Juegos de Rio en 2011, los primeros en que participó desde la creación del Paar, Brasil ocupó el primer lugar en esa edición y el segundo en la siguiente, realizada en 2015 en Corea del Sur.


En los Juegos Militares participan casi 9 mil atletas (frente a poco más de 10 mil en los Olímpicos), participan más de 100 países y se compite en las mismas especialidades olímpicas, aunque hay categorías típicamente castrenses (penta-tlón naval, aeronáutico, militar y paracaidismo). La principal diferencia de esos Juegos es la escasa participación de atletas estadounidenses (país que ocupa el lugar doceavo en el medallero de los cinco juegos realizados), británicos, australianos y de algunos países de Europa occidental.


Brasil comenzó a jugar un papel de primer nivel en estos Juegos desde que sus fuerzas armadas comenzaron a contratar atletas. “En 2011, en la edición de Rio, el país fue líder en dos métricas: el número de oros y el total de medallas. En 2015, en la ciudad surcoreana de Mungyeong, salió segundo por la cantidad de oros. Un año antes de empezar el programa la delegación brasileña no había obtenido ninguna medalla dorada en Hyderabad, India, en 2007” (Folha de São Paulo, 22-II-16).


Los demás países latinoamericanos tienen un desempeño tan pobre en los Juegos Militares como en los Olímpicos, con la excepción de Chile, que llegó a ostentar el puesto 14 en 2011 por las medallas obtenidas. En general se colocan bastante por debajo de los países africanos y árabes.


UN LEGADO IMPRESENTABLE.


Según las encuestas del Instituto Datafolha, 63 por ciento de los brasileños considera que el evento olímpico traerá más perjuicios que beneficios al país, y la mitad desaprueba la realización de los Juegos, porque quedarán en evidencia los problemas de transporte y seguridad de la ciudad (El País, 19-VII-16). Sin embargo, en junio de 2013 el 64 por ciento apoyaba los juegos y sólo uno de cada cuatro los rechazaba.


Era, por cierto, otro Brasil, donde la población todavía creía en las promesas de las autoridades. Uno de los principales escenarios deportivos es la Bahía de Guanabara, donde se realizan las competiciones de remo y vela, que presenta elevados niveles de contaminación ya que recibe toda la descarga fecal de la ciudad. El gobierno incumplió su promesa de descontaminar el 80 por ciento de sus aguas, mientras las lagunas que bordean el Parque Olímpico presentan también altos niveles de polución.


El famoso y proclamado “legado” de los Juegos a la ciudad no es visualizado por sus habitantes. Al parecer no es una excepción, ya que ciudades que han albergado competencias olímpicas han sufrido similares niveles de decepción. “El apoyo de la población a los megaeventos deportivos está en caída libre” en todas partes, como en la ciudad alemana de Hamburgo, donde el ayuntamiento “decidió retirar su candidatura para los Juegos de 2024 tras un referéndum que reveló que 51,6 por ciento de la población se oponía al evento” (El País, 19-VII-16). Algo similar sucedió en Boston.


Todo indica que el principal legado será una doble militarización. Por un lado, la masiva presencia de policías y militares en las calles. Por otro, el protagonismo de las fuerzas armadas en el medallero olímpico.


El presidente interino Michel Temer libró un decreto, el 8 de agosto, ampliando el área de actuación de las fuerzas armadas en Rio durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que miembros de la Suprema Corte piden se extienda hasta las elecciones de octubre. Los uniformados vigilan no sólo aeropuertos, vías de transporte e instalaciones deportivas, sino barrios enteros, como Copacabana y la ciudad de Manaos.


Pero la intervención de los militares trasciende con mucho los espacios deportivos. Durante los Juegos, 1.200 soldados fueron llevados a Natal (Río Grande del Norte) para enfrentar al narcotráfico, otros para garantizar la distribución de agua en Acre, y hasta en casos de vacunaciones y atención social. Un general confesó al diario Estado de São Paulo (7-VIII-16): “El ejército debe ser el último recurso, pero no es bueno que el último recurso sea usado a toda hora”. Aunque Brasil tuvo tiempo de sobra para planificar la seguridad de los Juegos, hay problemas estructurales que no se pueden maquillar con la presencia militar masiva. Un soldado fue muerto en La Maré, un complejo de 16 favelas junto a la vía que conduce del aeropuerto a la Villa Olímpica, cuando tropas ingresaron en el lugar el miércoles 10, en los primeros días de la competencia.

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