Lunes, 10 Junio 2019 06:07

El “problema”

¿Quiénes somos los que nos vamos? ¿Quiénes somos los que llegamos? ¿Quiénes somos los que regresamos? John Berger escribió que a lo largo del último siglo hubo "más adioses" que nunca antes en la historia humana, y aunque muchos viajan por voluntad propia por trabajo, negocios, turismo, y muchísimos más porque tienen que hacerlo, huyen, son desplazados por fuerzas políticas, económicas y cada vez más, ambientales.

¿Quiénes somos los que nos vamos? ¿Quiénes somos los que llegamos? ¿Quiénes somos los que regresamos? John Berger escribió que a lo largo del último siglo hubo "más adioses" que nunca antes en la historia humana, y aunque muchos viajan por voluntad propia por trabajo, negocios, turismo, y muchísimos más porque tienen que hacerlo, huyen, son desplazados por fuerzas políticas, económicas y cada vez más, ambientales. Nos dicen migrantes, pero eso implica algo en movimiento, muchos ya llegaron a su destino hace años, décadas. Muchos ya se fueron, pero no llegan, están desaparecidos, y otros han llegado pero sólo sueñan con regresar. No pocos sienten que no son de aquí ni de allá.

 

Y dicen que somos "problema".

 

Se habla de los migrantes como algo separado de todo lo demás, como tema aparte, como si fueran un grupo, una categoría de humanos, entre muchos otros. Curiosamente, una de las críticas de opositores a la jugada del bufón peligroso de la Casa Blanca esta última semana fue que mezcló dos temas, el comercio (aranceles) y migración, y que uno, se afirmó, no debería de ser tratado junto con el otro. Pero Trump, sin saberlo, tiene razón. No son temas separados. Las políticas de libre comercio forman parte integral de la política neoliberal durante las últimas cuatro décadas (por lo menos).

 

Opositores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como de su versión hemisférica ALCA (enterrada por los movimientos que llevaron al poder a Chávez, Morales, Mujica, Correa, Lula, Kirchner, algo que no les perdonan) llamaban a esos acuerdos "candados de las reformas neoliberales". Múltiples investigaciones a lo largo de las últimas cuatro décadas han documentado la relación entre estas reformas con la expulsión masiva de seres humanos de sus tierras junto con la pérdida de la soberanía en su esencia (autosuficiencia y control de alimentos, recursos naturales, etcétera).

 

Algunos proponen que el "desarrollo" es la respuesta integral al "problema". Los promotores del TLC junto con varias otras iniciativas para incentivar la inversión "productiva" prometieron justo eso. Según sus libros de texto sobre economía, el libre comercio resolvería de una vez por todas la migración y nos bañaría de prosperidad, una invitación VIP al primer mundo. Están a la vista los resultados.

 

Ahora, la retórica trumpesca de que él hará "respetar las fronteras" de su país, justificación para su amenaza arancelaria durante la semana pasada como del muro y más, debería sólo provocar risa triste por todo este hemisferio ante el hecho de que Washington y Wall Street jamás han contemplado tal principio en otros países. Toda esa historia, incluyendo la imposición de los modelos económicos, no puede ser separada, sólo porque conviene, del tema migratorio.

 

Muchos de los que llegaron a este país (como en los europeos) están aquí porque los estadunidenses fueron a sus países primero para intervenir, invadir y saquear. Algunos inmigrantes nos han explicado, medio bromeando medio no, que han llegado aquí para retomar el oro que se robaron de sus países.

 

No se puede entender el éxodo centroamericano sin hablar de la historia estadunidense en esa zona hasta hoy día (Hillary Clinton apoyó el golpe de Estado en Honduras, por ejemplo, y por ende es responsable en parte de la migración que ella después intentó frenar, sobre todo el de los menores de edad).

 

Hablando de actos criminales, investigaciones recientes han comprobado que, al contrario de la acusación xenófoba de Trump, de que los "invasores" son criminales, los inmigrantes, y aun más los indocumentados cometen muchos menos delitos que los ciudadanos. Y resulta que ese mismo ciudadano que repetidamente acusa a los inmigrantes de ser delincuentes, es el mismo que está bajo múltiples investigaciones criminales federales acusado de diversos delitos graves (incluido el secuestro y enjaulamiento de niños inmigrantes).

 

¿Quiénes son los verdaderos violadores de soberanías y los criminales reales? ¿Quiénes son el verdadero problema?

Publicado enInternacional
Lunes, 03 Junio 2019 06:38

Baile non grato

Baile non grato

Trump, líder del partido cuyo símbolo es un elefante, acusa a México de aprovecharse de Estados Unidos durante décadas, de permitir una "invasión" de personas y drogas y que no hay nada de que hablar con sus contrapartes mexicanas hasta que cumplan sus órdenes.

O sea, el mismo guion con que arrancó su campaña presidencial y que aparentemente funciona para sus fines político electorales internos. Esto no tienen nada que ver con los hechos, los datos y los argumentos sobre una de las relaciones bilaterales más complejas en el mundo.

Una invitación al diálogo para resolver el actual conflicto binacional tiene un problema de inicio: no hay problema más que el provocado por Trump a través de su fabricada emergencia nacional en la frontera. O sea, ¿qué se está negociando, si no existe el problema?

¿Qué es lo que quiere Trump? Primero, nutrir la histeria de sus bases con fines electorales; segundo, desviar la atención de las investigaciones sobre su corrupción, sus engaños y encubrimiento y, tercero, según su propio jefe de gabinete, que México sea su migra, que incluye aceptar el acuerdo de ser un "tercer país seguro".

Ceder ante esto sólo llevará a nuevas exigencias de más concesiones al ritmo de lo que la Casa Blanca necesite para sus fines electorales, y el tema de la migración, queda claro, está y estará al centro de la campaña de relección de Trump. O sea, todo indica que el uso de la crisis inventada con México empeorará.

La historia, la literatura y la filosofía universales ofrecen ejemplos de que ceder ante un bully, y peor aún, un bully imperial, abre la puerta a más y más de lo mismo, un cuento de no acabar.

¿Y qué tal si ya no se coopera con esta Casa Blanca? Esa ha sido palabra sagrada en la relación bilateral. Pero él es quien no está cooperando y por lo tanto, tal vez es tiempo de ignorarlo. ¡Uy no!, se escucha el coro de expertos de ambos lados de la frontera. Pero qué tal si se le presenta una serie de demandas que él tiene que cumplir para comprobar que él está cooperando, afirmar que México y otros países se comprometen a cumplir con sus obligaciones según el derecho internacional, bajo los acuerdos y los tratados que imperan desde el ámbito de derechos humanos hasta los derechos del capital y su comercio, y que se espera lo mismo de Trump. Le corresponde a los estadunidenses aceptar o no el comportamiento de su presidente, incluyendo las consecuencias económicas de sus amenazas para su propio país (economistas, empresarios y políticos de ambos partidos advierten de que el uso de los aranceles contra México podrían detonar una recesión en Estados Unidos).

No sería dejar de cooperar con Estados Unidos, con sus empresas, gobernadores, alcaldes, legisladores respetuosos y diversos sectores de esta sociedad. Sólo no con el insultador en jefe.

Pero, responde el coro muy experto, eso llevará a cosas peores. Ofender al pueblo mexicano (y otros), perseguir con violencia a los migrantes, generar odio peligroso, enjaular a niños y familias, violar los derechos humanos y civiles de ellos y sus defensores, y hasta amenazar con fuerza militar en la frontera. ¿Algo peor?

Una de las voces más influyentes entre las filas y apologistas de Trump, el locutor Tucker Carlson, de Fox News, acaba de declarar que "México es un poder extranjero hostil" ante el cual Estados Unidos tiene que defenderse. Varios asesores de la Casa Blanca están de acuerdo. ¿Estamos en guerra?

¿O será que el autoproclamado "genio extremadamente estable" sólo necesita un poco de simpatía y que alguien lo agarre de la manita para decirle que no se asuste tanto, que ya nos portaremos mejor (bueno, tantito)? El líder del país más poderoso de la historia insiste en que otros países "se han aprovechado" de su país, y que niños y sus padres huyendo de la pobreza y la violencia son tal "amenaza" que han tenido que declarar una emergencia nacional. Pobrecito, tanto miedo.

La cooperación y la diplomacia es una danza, pero es imposible bailar con los elefantes (por lo menos, éste). Ante la locura, no funciona la racionalidad. Es hora de nombrarlo persona non grata y dejar de invitarlo al baile.

Publicado enInternacional
Lunes, 27 Mayo 2019 06:27

Los niños (otra vez)

La madre del migrante guatemalteco Carlos Hernández Vásquez muestra en un celular la imagen de su hijo, quien falleció el pasado día 20 estando bajo custodia de la Patrulla Fronteriza, en Texas, y es el sexto menor que muere mientras estaba al cuidado de las autoridades estadunidenses, quienes aseguran que padecía influenza.Foto Afp

Es imposible no gritar, escribir con lágrimas de furia, gritar otro poco y cansar a la gente por tanto gritar, escribir y gritar: ¡los niños, carajo!

La crueldad es parte integral de la política violenta del régimen actual estadunidense, y sus consecuencias para los menores de edad es lo más inaguantable (si es que hay grados de aguante). Noticias recientes como ejemplo:


Las autoridades federales detectaron otros mil 700 casos de niños inmigrantes separados a la fuerza de sus padres, además de los casi 3 mil ya anteriormente identificados, y eso que se esperan aún más casos, mientras otros están perdidos en el sistema.


Por lo menos seis inmigrantes menores de edad han fallecido estando bajo custodia de las autoridades federales estadunidenses. El caso de una niña salvadoreña de 10 años, quien falleció en septiembre, apenas fue revelado la semana pasada; los otros cinco son guatemaltecos, el más reciente, un adolescente de 16, quien falleció de influenza en un centro de detención el lunes pasado.


El gobierno está considerando una nueva política antimigrante para familias con niños detenidos en la frontera: los padres tendrán que optar entre aceptar la separación de sus hijos de manera indefinida o acordar suspender los derechos de los niños para que sean encarcelados junto con ellos. Todo esto a pesar de que pediatras y sicólogos han declarado que la encarcelación de niños tiene consecuencias traumáticas para ellos.


Pero no sólo son los inmigrantes los que sufren estas políticas, y no sólo es este régimen que las impulsa (aunque se distingue para ser aún peor que los gobiernos pasados); la crueldad hacia los niños en este país es amplia, profunda y estructural: en el informe anual más reciente del Childrens Defense Fund, se calcula que 13 millones de menores –uno de cada cinco en el país– viven en la pobreza. Ningún niño debería tener que preocuparse sobre de dónde llegará su próxima comida o si tendrá donde pernoctar cada noche en el país más rico de la Tierra, señala el informe.


Por otro lado, la violencia por armas de fuego mata a niños tanto en casa como en el extranjero. En las por lo menos nueve guerras en que participa Estados Unidos ahora, los niños –como en toda guerra– siempre son los que más sufren. En casa, las balas fueron la segunda causa de fatalidades de jóvenes entre uno y 19 años de edad; este país es el líder del mundo en mortalidad de menores de edad por armas de fuego. En 2017, 2 mil 462 niños de edad escolar murieron por armas de fuego, más que el doble del total de muertes de militares estadunidenses desplegados en el mundo.


Y para acabar, los niños hoy viven bajo pronósticos del fin del mundo por una crisis ecológica de tal magnitud que los expertos y científicos advierten que sin cambios radicales, sobre todo en frenar la producción de hidrocarburos, dentro de los próximos 12 años, los efectos ambientales serán catastróficos e irreversibles para el planeta.
El antídoto


Ante todo esto, y con los adultos en el poder que, en los hechos, obviamente odian a los jóvenes, hay avisos de una rebelión de los niños en este y otros países. El pasado viernes, cientos de miles de niños abandonaron las clases para participar en una de las mayores movilizaciones a escala mundial para exigir acciones sobre el cambio climático; los estudiantes en este país ahora encabezan el movimiento para el control de las armas; veteranos de guerra jóvenes están entre los disidentes más feroces contra las políticas bélicas de este país; los dreamers y otros jóvenes migrantes están entre los líderes de la resistencia a la guerra contra sus comunidades; y ahora la mayoría de los jóvenes reprueban el capitalismo y favorecen un sistema económico y político más justo y sustentable (algunos se atreven a llamarlo socialismo).


Esa rebelión de los niños podría rescatarnos a todos.


PD: en relación con la columna de la semana pasada, una nueva encuesta de Gallup registró que más de cuatro de cada 10 estadunidenses hoy día creen que el socialismo sería bueno para su país.

Publicado enInternacional
Cuando las fronteras del vivir son las fronteras del ser y del no ser

¿Vivimos en un tiempo de abolición de fronteras o en un tiempo de construcción de fronteras? Si tenemos en cuenta dos de los poderes o instrumentos que más minuciosamente gobiernan nuestras vidas (el capital financiero e Internet) es ineludible la conclusión de que vivimos en un mundo sin fronteras. Cualquier intento de cualquiera de los 195 Estados que existen en el mundo para regular estos poderes será considerado ridículo. En el actual contexto internacional, la evaluación no será muy diferente si la regulación se lleva a cabo por conjuntos de Estados, por más ominoso que sea el probable desenlace de la falta de regulación.

Por otro lado, si se tiene en cuenta la incesante construcción o reafirmación de muros fronterizos, fácilmente concluimos que, por el contrario, nunca las fronteras se han movilizado tanto para delimitar pertenencias y crear exclusiones. Los muros entre Estados Unidos y México, entre Israel y Palestina, entre Hungría y Serbia, entre Crimea y Ucrania, entre Marruecos y el pueblo saharaui, entre Marruecos y Ceuta/Melilla, están afirmando el dramático impacto de las fronteras en las oportunidades de vida de quienes buscan atravesarlas.

Esta ambivalencia o dualidad de nuestro tiempo no es nueva. Acotándonos al mundo occidental, podemos decir que existe desde el siglo XV, en el momento en que la expansión transatlántica europea obliga a alinear los poderes gemelos de eliminar y crear fronteras. El Tratado de Tordesillas de 1494 regulaba la libertad marítima de los reinos de Portugal y Castilla, al mismo tiempo que excluía a los demás países del comercio oceánico, el mare clausum. Cuando en 1604 le contrapone la doctrina del mare liberum, Hugo Grotius tiene en vista disputar las fronteras existentes para sustituirlas por otras, más acordes con las aspiraciones de la Holanda emergente. En la misma lógica de conveniencias, Francisco de Vitória, al mismo tiempo que defendía la soberanía de los países ibéricos, defendía que el derecho de libre comercio prevalecía sobre cualquier pretensión de soberanía de los pueblos de las Américas.

Desde el Renacimiento en el siglo XV hasta la Ilustración en el siglo XVIII se va afirmando la universalidad sin fronteras de la humanidad y del conocimiento, al mismo tiempo que se van levantando las fronteras entre civilizados y salvajes, entre colonizadores y colonizados, entre libres y esclavos, entre hombres y mujeres, entre blancos y negros. Un siglo después de que Europa se hubiera parcelado en países soberanos con el ordenamiento que surgió del Tratado de Westfalia de 1648, Immanuel Kant aboga por la idea del Estado universal, cuna de todo el cosmopolitismo eurocéntrico. Esa fue la única forma de garantizar la coexistencia pacífica entre poderes y religiones que se habían enfrentado de modo bárbaro en la Guerra de los Treinta Años, en la que murió un millón de personas. Un siglo después de Kant, las potencias europeas, resueltas a garantizar la expansión sin límites del capitalismo emergente, se reúnen en Berlín para diseñar las fronteras en el reparto de África, sin que obviamente los africanos sean escuchados.


El relato podría continuar con la inestabilidad crónica de las fronteras de Europa del Este y de los Balcanes y el forzoso desplazamiento masivo de poblaciones derivadas del colapso del Imperio otomano. A su vez, en nuestros días, el espacio Schengen ilustra cómo el mismo poder, simultáneamente, puede eliminar y crear fronteras. Mientras que para los europeos incluidos este espacio convirtió las fronteras internas en un anticuado impedimento felizmente superado, para los no europeos las fronteras externas se convirtieron en un muro opaco y burocrático, cuando no en una pesadilla kafkiana.

Todas las situaciones conducen a la misma conclusión: las fronteras son instrumentales y son siempre expresión del poder de quien las define. Por su parte, la violación de las fronteras o es expresión de un poder emergente que se pretende imponer al poder existente, o es expresión de quienes, sin tener poder para redefinir o eliminar las fronteras, las atraviesan sin autorización de quien las controla.

Dado su carácter instrumental, las fronteras son mucho más que líneas divisorias geopolíticas. Son formas de sociabilidad, exploración de nuevas posibilidades, momentos dramáticos de travesía, experiencias de vida fronteriza, líneas abisales de exclusión entre ser y no ser, muros de separación entre la humanidad y la subhumanidad, tiempos-espacios de ejercicio de poder arbitrario y violento. En este ámbito, lo que mejor caracteriza nuestro tiempo es la diversidad de experiencias fronterizas, la aceleración de los procesos sociales, políticos y culturales que erigen y derriban fronteras, la valoración epistemológica del vivir y el pensar fronterizos y los modos de resistencia contra fronteras consideradas arbitrarias o injustas.

Veamos algunas situaciones paradigmáticas. La travesía de las fronteras puede ser tanto una experiencia banal, casi irrelevante, como una experiencia violenta, degradante, en la que el horror cotidiano es la única banalidad. En el primer caso son paradigmáticas las travesías cotidianas, para fines de comercio y convivialidad, de las comunidades africanas que fueron separadas por fronteras arbitrarias después de la Conferencia de Berlín en 1894-95; de los pueblos indígenas de la Amazonia, que tienen parientes en ambos lados de la frontera de los varios países amazónicos; o de las “gentes da raia” entre Portugal y España (sobre todo en Galicia). En el segundo caso, hay que distinguir entre travesías cotidianas y de doble sentido, y las travesías singulares o las experiencias reiteradas y frustradas de travesías imaginadas, unas y otras como de sentido único. De las primeras son paradigmáticas las travesías cotidianas de los palestinos que van a su trabajo en Israel, a través de los infames check-points, donde pueden estar horas o directamente no pasar, en cualquier caso víctimas del mismo poder violento, arbitrario y totalmente opaco. De las segundas son paradigmáticas las travesías logradas o frustradas de millares de emigrantes o, mejor, de fugitivos del hambre, de la miseria, de las guerras y de los cambios climáticos que atraviesan América Central rumbo a los Estados Unidos, o naufragan en el Mediterráneo al intentar cruzarlo en su camino hacia Europa.

En estas travesías, las temporalidades históricas tanto se dramatizan como pierden sentido. Estos peregrinos de la desheredad moderna, capitalista, colonial y patriarcal, ¿huyen hacia el futuro o huyen del futuro? ¿Vienen del pasado o van hacia el pasado? ¿Son hijos de la expoliación colonial que intentan liberarse de la devastación que ella creó o son proyectos de carne joven para re-esclavizar, esta vez en el seno de las fachadas de las avenidas del glamour metropolitano, y ya no en los campos de exterminio en las plantaciones de las colonias?

La sociabilidad de frontera tanto puede resultar del ejercicio permanente de desplazamiento de las fronteras, como de la vida detenida junto a fronteras fijas y bloqueadas, muros de cemento o redes de alambre de púas. En el primer caso, la frontera es definida y desplazada por quien tiene el poder para hacerlo. Es paradigmática la experiencia de pioneros, expedicionarios, emigrantes que, durante siglos de expansión colonial, fueron invadiendo y colonizando los territorios de los pueblos nativos. Al haber acontecido en un contexto supuestamente poscolonial, la experiencia del Far West norteamericano es particularmente reveladora de la línea abisal que la frontera va diseñando entre las zonas de ser y las zonas de no ser, como diría Frantz Fanon. De este lado de la línea, siempre en movimiento, está la sociabilidad de los pioneros, una sociabilidad de nuevo tipo caracterizada por el uso selectivo e instrumental de las tradiciones y su mezcla con la creatividad de los inventos de convivencia exigidos por el nuevo contexto, por la pluralidad de poderes y jerarquías débiles entre los diferentes grupos de pioneros, por la fluidez de las relaciones sociales y la promiscuidad entre extraños e íntimos. Del otro lado de la línea están los indios, los dueños del territorio, que los pioneros convierten en seres inferiores, indignos de tanta abundancia, obstáculos al progreso, a ser superados con la inexorable conquista del Oeste. De un lado de la frontera, la convivencia; del otro, la violencia. La matriz moderna de la construcción paralela de humanidad y de inhumanidad tiene aquí una de sus ilustraciones más dramáticas y violentas.

A su vez, la sociabilidad de las fronteras bloqueadas está muy presente hoy en día en los campos de refugiados que se van multiplicando en varios países europeos y en países asociados para el efecto, como es el caso de Turquía. Son, en verdad, campos de concentración de los nuevos presos políticos de nuestro tiempo, los presos políticos del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado, poblaciones consideradas desechables o sobrantes para estas tres formas de dominación moderna que hoy parecen más agresivas que nunca.
Las fronteras son las heridas incurables y expuestas de un mundo sin fronteras. El único motivo de esperanza que ellas nos permiten es la emergencia de movimientos y asociaciones de jóvenes que se rebelan contra las fronteras y se solidarizan activamente con las luchas de los migrantes y refugiados. No practican ayuda humanitaria, sino que se involucran en sus luchas, facilitan la comunicación entre los migrantes, exploran medios legales e ilegales para liberarlos de esas prisiones infames. Estos jóvenes constituyen la mejor manifestación de la desesperada esperanza de nuestro tiempo.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado enCultura
Lunes, 08 Abril 2019 06:33

Inaguantable

Inaguantable

La noticia empezó a circular la noche del viernes, cuando el régimen de Trump presentó ante un tribunal en San Diego su propuesta para cumplir con una orden judicial donde indica que calcula tardar entre uno y dos años para encontrar y empezar a reunificar a miles de niños que el gobierno separó por la fuerza de sus padres y familiares. Tardará todo ese tiempo porque ahorita no sabe dónde están miles de esos menores.

Fue hace justo un año cuando oficialmente se implementó la política de "cero tolerancia", anunciada por el entonces procurador general Jeff Sessions. El régimen de Trump argumentó que la ley los obligaba a separar familias. Pero no existe tal ley. Fue una decisión política de impulsar una medida para arrestar a casi todo inmigrante indocumentado capturado cruzando la frontera, acompañado o no por niños. Como el Departamento de Justicia no puede procesar penalmente a menores de edad junto con sus padres, éstos fueron separados; así, los adultos fueron internados en centros de detención y los niños clasificados como menores no acompañados colocados en centros y albergues operados por contrato con el Departamento de Salud y posteriormente muchos fueron entregados a familiares o, bueno, no se sabe exactamente. Casi 2 mil menores de edad fueron separados en sólo un periodo de seis semanas entre abril y mayo de 2018, según cifras oficiales.

Ante una ola de protesta cada vez mayor de diversos sectores, incluidos algunos conservadores, junto con asociaciones nacionales de pediatras y sicólogos, entre otros, Trump y su gente buscaron distanciarse de la política que ellos mismos impulsaron; primero, el presidente insiste en que sólo estaba cumpliendo con leyes "horribles" promulgadas por demócratas (falso) y segundo, asegura: "odio que los niños sean llevados a otro lugar". Su secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen (quien este domingo presentó su renuncia después de múltiples críticas del presidente de ser demasiado "débil" para controlar la migración), declaró sin ninguna vergüenza: "no tenemos una política de separar familias en la frontera. Punto". Pocos días después su jefe se vio obligado, ante la ola de condenas, a suspender esa misma política que supuestamente no existía; cinco días más tarde un juez federal ordenó el fin de esa política.

Una demanda legal presentada por la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) culminó con una orden judicial federal para que el régimen reunificara a los 2 mil 737 niños que fueron separados de sus padres.

Pero resulta que son muchos, potencialmente miles, de niños más. Con la propuesta presentada ante el tribunal el pasado viernes, el régimen, en efecto, confesó que no sabe cuántas familias separó, y agregó que por ello podría necesitar entre 12 y 24 meses para identificar a "todos", al revisar unos 47 mil casos de "menores no acompañados" que estaban bajo custodia del gobierno en algún momento entre julio de 2017 y junio de 2018. El mes pasado, el inspector general del Departamento de Salud informó que hay muchos más casos de niños separados de los que anteriormente se han registrado, y que no tenían ni un cálculo sobre cuántos son.

Lee Gelernt, abogado principal de la ACLU encargado del caso, criticó la propuesta al afirmar que "el gobierno fue capaz de juntar rápidamente los recursos para arrancar a estos niños de sus padres y ahora necesitan reunir los recursos para reparar el daño".

Ni un solo gobierno de los países donde nacen, crecen y viajan estos niños se ha atrevido a denunciar todo esto, mucho menos a pedir que el régimen estadunidense rinda cuentas. Todos vieron las imágenes de pequeños en jaulas, todos pudieron escuchar los gritos y el llanto de los menores arrancados de los brazos de sus padres, todos podían leer los testimonios de víctimas, de madres y padres enloquecidos por saber dónde estaban sus hijos, de reportes sobre el trauma tal vez permanente que esto les ha ocasionado.

Es inaguantable, ¿no? ¿Entonces? ¿Qué nos pasa?

"El carácter verdadero de una sociedad es revelado en cómo trata a sus niños": Nelson Mandela, 1997.

 

Publicado enInternacional
Lunes, 21 Enero 2019 06:11

Entre el fin y el principio

Entre el fin y el principio

A veces uno cree que el deterioro de un país ya tocó fondo, que las cosas han llegado a un nivel tan extremo que o hay una rebelión popular para rescatar a todos o ya no hay salvación. Esta semana –como en tantas otras– hubo ambas cosas.

Un informe oficial del inspector general del Departamento de Salud emitido el pasado jueves reveló que la política de separación de menores de edad de sus padres que migraban a Estados Unidos empezó casi un año antes (en septiembre de 2017) de lo que el gobierno había dicho, que continúan las separaciones aun después de que un juez suspendió esta práctica y que afectó a miles más de pequeños (el gobierno antes dijo que fueron poco menos de 3 mil) y que el número total de niños separados de un padre o tutor por autoridades de inmigración es desconocido .


Poco después, el senador Jeff Merkley divulgó un memorando oficial fechado a finales de 2017 que demuestra, acusó, que el gobierno de Trump tenía la intención de traumatizar a niños y crear intencionalmente una crisis humanitaria en la frontera.


Otro momento: al concluir un acto de activistas indígenas estadunidenses en el Monumento a Lincoln, en Washington, fueron rodeados por adolescentes blancos, algunos con camisetas de escuelas católicas y casi todos con gorras rojas con el lema de Trump, “ Make America great again” que habían llegado a Washington a participar en una marcha contra el aborto. Empezaron a burlarse del canto tradicional, imitándolo, brincando, y de repente empezaron a corear: construyan el muro, construyan el muro, en referencia al muro fronterizo de Trump. Uno, con una sonrisa agresiva, se paró directamente frente al reconocido líder indígena Nathan Phillips, quien continuó con su canto tocando su tambor. Todo fue capturado en video.


Con lágrimas, Phillips, del pueblo Omaha, veterano de la guerra de Vietnam, ex director de la Alianza de Jóvenes Indígenas, defensor de los derechos indígenas de toda la vida, incluida la resistencia histórica de Standing Rock, comentó a periodistas que era un momento de gran tristeza enfrentar a estos jóvenes, y afirmó que en estas tierras nunca hubo muros.
No podría haber expresiones más claras de la vida nacional en el régimen de Trump. Pero peor aún es la falta de una respuesta lo suficientemente masiva ante cuestiones tan atroces, bárbaras y crueles que hacen surgir la pregunta de que si esto es tolerable tal vez ya no hay remedio en este país.


Pero, pero, pero… no se puede despreciar el coro feroz de críticas, condenas y promesas de acciones judiciales en torno a la noticia sobre la separación de niños y, por supuesto, la ira y la denuncia del acto de agresión racista de los jóvenes. En otras esquinas continúa la masiva huelga de maestros en Los Ángeles, con un maravilloso nivel de apoyo no sólo en esa ciudad, sino a través del país, que busca rescatar el sistema de educación pública de las garras de los multimillonarios y sus políticos que durante los últimos años han intentado controlar, privatizar y lucrar con ese sector. Miles participaron en la tercera edición de la Marcha de las Mujeres en decenas de ciudades el sábado (a pesar del debilitamiento del primer repudio masivo a Trump por divisiones internas, para variar).


O sea, hay señales del otro Estados Unidos que podrían ser avisos, aún, de un nuevo principio. De hecho, algunos ya tienen listos los titulares de un periódico nacional sobre el triunfo de un movimiento multirracial encabezado por mujeres.


Más de 25 mil ejemplares de un Washington Post diferente fueron distribuidos el miércoles en la capital, incluso frente a la Casa Blanca, junto con una versión online, la semana pasada, con lo que muchos desean sean las próximas noticias en un futuro muy cercano (la edición especial está fechada 1º mayo de 2019), insistiendo en que “lo de Trump se acabó, si eso quieres”.
Así están las cosas, entre fin y principio.

Publicado enInternacional
Vano intento de 500 migrantes del éxodo para cruzar hacia EU

Tijuana. La ilusión de poder asaltar el cielo con consignas y banderas duró poco más de tres horas para medio millar de desplazados del éxodo centroamericano. El vano intento de esta mañana de cruzar sin documentos la frontera hacia el país más poderoso y mejor armado de la tierra, sólo con la indoblegable voluntad que los ha empujado desde hace seis semanas a transitar más de 5 mil kilómetros, terminó mal.

La Patrulla Fronteriza estadunidense los repelió a la altura de la garita de El Chaparral con gases lacrimógenos y balas de goma disparados desde Estados Unidos hacia territorio mexicano, con un saldo de cuatro heridos.

Uno de los lesionados es el defensor de derechos humanos Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano, quien observaba el desarrollo de los hechos a varios metros de distancia del muro fronterizo. Una cápsula de gas lacrimógeno disparada desde el norte lo descalabró. Fue dado de alta después de ser atendido en el hospital general.

Además, del lado mexicano fueron detenidas 36 personas, todos hondureños. Del lado estadunidense fueron apresados 73 que habían logrado burlar el muro divisorio a través de un hueco.

Varios testigos aseguraron que los detenidos no realizaron ningún acto violento; que cuando los manifestantes se replegaron y regresaban a pie hacia el albergue, unas patrullas los detuvieron y los fueron a entregar a la estación migratoria. Éstos, al parecer, serán los acusados de "causar disturbios, riñas, alterar el orden público y agredir a los ciudadanos", según la policía municipal. Y serán deportados.

La marcha hacia la garita de El Chaparral fue planeada hace días. La comisión de representantes y la organización Pueblo sin Fronteras aceptaron acompañar al grupo con la condición de que fuera una caminata pacífica.

Las mantas y pancartas estaban ya listas. En una se anotó: "Trump, no te odiamos". Otra rezaba: "Venimos en son de paz". Y otra: "Catrachos (hondureños): 100% trabajador". Una aludía a la campaña xenófoba que se ha sentido de este lado: "México, disculpa si en algo te he ofendido". Algunos niños llevaban banderitas de Estados Unidos.

Salieron pasadas las 10 de la mañana con el plan de manifestarse frente a la garita que divide El Chaparral y San Ysidro. La mayoría de los que acampan el sobresaturado albergue optaron por no sumarse a la columna. Muchos iban con la idea de que se trataba de una manifestación de protesta. Otros se hicieron la ilusión que podrían dar el salto definitivo. Llevaban pequeñas mochilas y una cobija amarrada a la espalda.

Al llegar al puente vehicular que sube al puerto de entrada de El Chaparral toparon con una barrera de antimotines de la Policía Federal. Sin éxito intentaron dialogar para seguir adelante. Pasó media hora y todo indicaba que la manifestación regresaría.

Pero inexplicablemente la fuerza policiaca descuidó los flancos del puente vehicular. La tentación fue demasiado grande. En un instante, los migrantes centroamericanos arrancaron a correr por los carriles laterales y al grito de "¡vámonos, vámonos!" invadieron la zona restringida del puerto fronterizo.

Encabezados por un joven que portaba una bandera mexicana, varios centenares se descolgaron por la canalización del río Tijuana, pasaron a la otra orilla, quizá pensando que ya estaban en territorio estadunidense, y avanzaron hacia el puerto de entrada. Pero equivocaron el camino y avanzaron hacia la salida vehicular. Estaba cerrada a piedra y lodo. Otro pequeño puñado corrió hacia otra dirección, vio una reja abierta y entró directamente a la boca del lobo: el estacionamiento del INM. Unos cuantos terminaron directamente en las perreras del Grupo Beta.

En un lapso caótico, desde lo alto del puente vehicular se podía observar la escena surrealista: unos grupos corrían por un pasillo que los llevaba a un callejón sin salida. Instantes después regresaban y volvían a tomar un camino equivocado. Otro contingente caminó por la zona comercial y se aproximó a las alambradas del puerto de entrada, en medio de miles de automóviles varados por el cierre de la garita. Otros caminaron hacia la frontera, treparon por un terraplén que los llevó a las vías del tren en desuso y ahí desembocaron directamente al gigantesco muro metálico. Era el fin del viaje. Y también el fin de la naturaleza pacífica de la marcha.

Varios migrantes encontraron un hueco en el muro. Unos 73 se atrevieron a atravesarlo. Fueron detenidos. Un agente de la Patrulla Fronteriza disparó la primera cápsula de gas. De ahí siguieron muchas más. Y balas de goma. En su retirada, otros muchachos recogían piedras cerca de las vías del tren y las lanzaban contra el muro. Eso es lo que la secretaria de Seguridad Interna estadunidense, Kirstjen Nielsen, interpretó en un comunicado emitido en Washington está tarde como "un intento de transgredir la infraestructura de la valla fronteriza y un intento de lastimar al personal de la Patrulla Fronteriza lanzándoles proyectiles".

Minutos después, por el mismo terraplén los grupos de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos bajaban decepcionados y alarmados. Algunos venían llorosos y con dificultades para respirar. Otros sólo vieron a lo lejos las nubes de gas.

Javier Bauluz, un experimentado fotógrafo que ha registrado muchos otros éxodos en el mundo, intenta distenderse un momento frente a una cerveza en la pintoresca Plaza Santa Cecilia, el Garibaldi tijuanense. Y de pronto recuerda un episodio, en 2015, cuando decenas de miles de sirios e iraquíes huyendo de la guerra intentaban viajar hacia Europa. Habían llegado hasta Budapest. El gobierno austriaco suspendió la corrida de trenes hacia Alemania. Los fugitivos quedaron varados, en terribles condiciones, en un país que los rechazaba.

Estaban totalmente contra la pared, acogotados. Y una noche un hombre llegó a sacudirlos. "Los tomaba de la solapa y les gritaba: vámonos. En 24 horas de organizó una caravana que caminó cerca de 16 horas por la carretera, hasta quedar exhausta. Y esa escena fue la que movió al gobierno de Ángela Merkel para acogerlos. Y los mandó llevar a Alemania en autobuses".

No son condiciones similares. Pero sí da la impresión de que para el épico desplazamiento de centroamericanos este día puede ser un momento de quiebre. Y tal vez en el albergue más de uno no pudo dormir, pensando en lo que se aproxima.

Publicado enInternacional
Tensión en Tijuana, Trump denuncia una “invasión”

Entre 300 y 400 personas, con banderas mexicanas y carteles, gritaron consignas contra los 2500 migrantes centroamericanos que llegaron a la frontera. Trump exigió recursos a los demócratas para reforzar la seguridad.

En un ambiente tenso, varios cientos de habitantes de Tijuana, en el norte de México, protestaron hoy contra la llegada de caravanas de migrantes centroamericanos que quieren pedir asilo en Estados Unidos, mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, tuiteó que se trata de una “invasión”. Unas 300 a 400 personas, con banderas mexicanas y carteles, gritaron consignas contra los migrantes. Algunos manifestantes trataron de llegar hasta el albergue de los migrantes y lanzaron botellas contra la policía, que estaba protegida con cascos y escudos y que bloqueó el paso unas calles antes con vallas. “Van a quedarse aquí por meses y van a seguir viniendo más, ¿quién los va a sostener?”, dijo Arturo Alba, un médico que participó en la protesta de Tijuana. “Esto es una invasión”, dijo otro de los manifestantes mexicanos, usando las mismas palabras que utiliza Trump.


Unos 2.500 migrantes centroamericanos, entre ellos mujeres y niños, que salieron hace un mes de Honduras, están en Tijuana alojados en un albergue en el centro deportivo Benito Juárz”, a la espera de definir su futuro.


Otros 3.000 llegarán en los próximos días a esta ciudad del noroeste de México, de 1,7 millones de habitantes. La mayoría quiere pedir asilo en Estados Unidos, un trámite que puede durar muchos meses y que puede llevar también a su deportación.


Los manifestantes, con pancartas que decían “No más caravanas”, ondearon banderas mientras gritaban “¡Tijuana, Tijuana!” y “No más migrantes!” Luego caminaron hacia el albergue, pero fueron contenidos por la policía. Algunos periodistas fueron agredidos. “Fuera los invasores”, dijo Celia Oaxaca, una de las participantes en la protesta en la Glorieta Cuauhtémoc. “Luego son asesinos, no son gente buena. Y aquí ya estamos completos con la gente que hay”.


Mientras tanto Trump volvió a arremeter contra las caravanas migrantes a través de Twitter y exigió a los demócratas aprobar recursos para reforzar la seguridad fronteriza y construir un muro. “Los inmigrantes ilegales que están tratando de venir a Estados Unidos, muchas veces ondeando orgullosamente la bandera de sus países mientras que piden asilo en Estados Unidos, deben ser detenidos o deportados”, tuiteó. “Estados Unidos no está preparado para esta invasión y no la tolerará. Están causando crimen y grandes problemas en México. ¡Váyanse a casa!”, escribió Trump.


La protesta de ayer fue el segundo incidente que se registra desde que los migrantes entraron a México el 19 de octubre de manera irregular por el río Suchiate desde Guatemala. El primero fue una protesta de vecinos en el distrito de Playas de Tijuana.


Los centroamericanos, entre ellos mujeres y niños, recorrieron unos 4.500 kilómetros desde Honduras hasta llegar a Tijuana, huyendo de la pobreza y la violencia de pandillas. Otras dos caravanas más pequeñas pero también de miles de personas ingresaron después a México y quieren llegar también a la frontera, donde podrían pasar meses antes de poder solicitar refugio a Estados Unidos porque hay lista de espera.


Sin embargo, la pobreza y la violencia generalizada no son suficientes para que Estados Unidos les conceda el estatus de refugiados y muchos se terminan quedando en Tijuana. El sábado la Policía Federal mexicana reforzó la seguridad con una valla metálica en el cruce fronterizo de El Chaparral-San Ysidro, entre Tijuana y el condado de San Diego, mientras que en Estados Unidos colocó alambres de púas en los costados de los carriles de acceso. “La comunidad en México, en particular en Tijuana, está preocupada por el tipo de acciones llevadas a cabo por los miembros de la caravana”, dijo el director de operaciones de campo en San Diego de la Patrulla Fronteriza estadounidense, Pete Flores, a Fox News el sábado. El propio alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, tuvo expresiones de rechazo a los centroamericanos, de los que dijo que algunos son “una bola de vagos, marihuanos”.


Además de la manifestación antiinmigrante, ayer hubo otra en la que habitantes de la ciudad se manifestaron contra la xenofobia y expresaron su solidaridad a los migrantes. En un intento por reducir tensiones, algunos de los migrantes barrieron e hicieron limpieza en las calles y en los alrededores del albergue para mostrar un actitud positiva hacia la comunidad y contrarrestar las posturas xenófobas. “El pueblo de México tiene que saber que los hondureños somos agradecidos”, dijo un migrante en una asamblea que se hizo la noche del sábado en el centro deportivo “Benito Juárez”. “Gracias México por la comida, gracias por el techo, gracias por esta ropa”, expresó.


Carlos Yovani Gutiérrez, un migrante hondureño de 28 años, dijo que podría quedarse en Tijuana si no es posible solicitar asilo. “Anduve recorriendo y en varios lados me dijeron que sí, que estaban con las puertas abiertas. Me dijeron que la paga es poco, pero es seguro”, señaló.

Publicado enInternacional
Domingo, 11 Noviembre 2018 08:20

Con el norte bien claro

Con el norte bien claro

Frente a la presión de las autoridades por detenerla, la primera caravana en llegar a Ciudad de México debate cómo seguir. La situación desenmascaró la larga crisis que vive Honduras, donde la violencia, la pobreza y el autoritarismo empujan a la gente a partir, y la migración es el verdadero sostén de la economía nacional.

Ya son cinco los grupos de migrantes que atraviesan México en caravana rumbo a Estados Unidos. Van a pie, “a jalón” de los camiones en la ruta o, cuando pueden pagarlo, en autobús. La Policía Federal dice que son 17 mil personas; 4 mil ya están en la capital mexicana. Es un éxodo.


La sangría de gente es apenas una muestra que permite intuir la profundidad de la crisis hondureña: servicios públicos devastados, salarios de chiste y un presidente impopular que simboliza un sistema opresivo con toda disidencia. “¡Fuera joh!”, gritan los migrantes al marchar, en referencia al presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández.


En este éxodo viaja gente de las dos ciudades principales de ese país, Tegucigalpa y San Pedro Sula, de aldeas de las zonas rurales, y trabajadores de campo guatemaltecos. Los salvadoreños también están: se acercaron en grupos más pequeños y en su propia caravana. Hay familias enteras que han sido amenazadas en sus países de origen. Cuando los padres se sienten en peligro, no dejan a sus hijos atrás.


Otros ya estaban en México, pero como su trámite de refugio no avanzaba, las caravanas se transformaron en la manera obvia de subir al norte por un país peligroso, sin tener que pagar los costos del “pollero”, ni las extorsiones de la policía o la “migra”.


En varias oportunidades durante la sucesión actual de marchas migratorias el gobierno federal mostró el garrote, con represión o demoras en la ruta durante las horas más duras del sol mesoamericano. Aunque algunos gobiernos locales ofrecieron ayuda humanitaria, la respuesta solidaria de los pobladores que recibieron a los centroamericanos rebasó a la autoridad, en un despliegue de redes de ayuda y autoorganización como el ocurrido tras el sismo del 19 de setiembre de 2017. Los mexicanos tienen el migrar en la genética, y las respuestas xenófobas se mantienen confinadas a las redes sociales.


Antes de que la primera caravana saliera de Chiapas, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, anunció el plan de contención Estás en tu Casa. Según sostuvo en un comunicado la coordinadora de los migrantes centroamericanos en México, la medida no ofrece nada distinto a lo que ya garantiza la legislación vigente, mientras reduce la posibilidad de solicitar refugio a los estados de Chiapas y Oaxaca. La respuesta del éxodo fue seguir caminando.


Los primeros miembros de estas caravanas que pidieron refugio en territorio mexicano fueron recluidos por el Instituto Nacional de Migración (Inm) en la Feria Mesoamericana de Tapachula durante más de dos semanas. El confinamiento duró hasta el 5 de noviembre, cuando se anunció el cierre del predio y se desalojó sin aviso previo ni planificación a unas 2 mil personas, según denunció la Misión de Observación del Éxodo Centroamericano en Chiapas, integrada por diversas organizaciones sociales.


Ahora el gran campo de refugiados está en Ciudad de México. La autoridad local armó lo que llama un “puente humanitario” para coordinar la ayuda, que concentró en un solo punto: el estadio Jesús Martínez, “Palillo”, ubicado en la ciudad deportiva Magdalena Mixhuca, de la capital mexicana.

Arde Honduras.


La primera vez que esta cronista cubrió la ruta migrante en México, los hondureños ya eran mayoría. Sentado bajo la pequeña línea de sombra del albergue de la ciudad chiapaneca de Palenque, un trabajador de la industria textil hondureña de 33 años trazó en 2015 los motivos que hay detrás de lo que ahora ocurre.


“La gente se ha rebelado en San Pedro, en Tegucigalpa, en Comayagua, pero ellos responden con su Policía Militar para gasear y golpear a las personas y luego hacen que los medios tarifados no publiquen cuando hay manifestaciones contra el gobierno”, explicó.


Recordó el golpe de Estado de 2009 y el posterior estado de sitio que duró seis meses –con toque de queda a partir de las 5 de la tarde–, los escándalos públicos de corrupción que fueron cebando el malestar entre la gente, los bajos salarios que ahogaron a los pocos que tenían trabajo: “1.500 lempiras (60 dólares) a la semana y explotados los siete días”.


“Cuando empezaron los movimientos, muchos nos quejamos. No han querido bloquear las redes sociales porque las usan para intimidarnos. En Facebook no se puede publicar cosas contra el gobierno”, contó el hondureño. Mencionó como ejemplo la persecución al periodista David Romero, quien luego sería condenado a diez años de prisión por difamación, tras revelar un millonario desfalco del oficialismo en el Instituto Hondureño de Seguridad Social.


En aquel entonces el hombre migraba a escondidas, porque el Plan Frontera Sur llevaba un año en pie y la ruta mexicana estaba llena de retenes de la migra. Todos los albergues, en su mayoría pertenecientes a congregaciones religiosas, ya anunciaban que las violaciones a los derechos humanos de la gente en tránsito se habían disparado, debido a la militarización sin pausa de los estados del sureste.
Es en ese marco que debe leerse el avance de las fuerzas armadas mexicanas sobre la frontera con Guatemala que se vio el pasado 19 de octubre en el río Suchiate, cuando ingresó el éxodo actual. Se trata de la culminación de un proceso represivo que ya lleva cuatro años y que busca cerrar la frontera sur de México hasta convertirla en el verdadero muro prometido por el presidente de Estados Unidos (véase Brecha, 26-X-18).


Entre quienes llegaron por estos días a Ciudad de México, una joven de 26 años del departamento hondureño de Yoro denunció lo mismo que aquel obrero: trabajo doméstico con cama –un día libre cada 15– por 1.500 lempiras la quincena. Ella tiene un hijo de 10 años que dejó con su madre y al que tiene que mantener.


“Honduras está atrapada en un círculo vicioso de bajo crecimiento debido a factores como la violencia, el escaso dinamismo de la economía y la debilidad institucional. Hay un agotamiento del sistema político tradicional hondureño, que no responde a las necesidades de la población”, analizó en entrevista con Brecha el economista Noé Pino.


Pino fue presidente del Banco Central de Honduras, ministro de Finanzas y embajador en Washington. Actualmente se desempeña como docente universitario. Según él, la migración que hoy vemos convertida en una situación dramática comenzó tras los efectos del huracán Mitch, en 1998.


La ola migratoria ha quedado registrada en las cifras de expulsión. “Si tomamos en cuenta la última década, Estados Unidos ha estado deportando entre 70 mil y 80 mil hondureños al año”, explicó Pino. “No nos debe extrañar lo que estamos viendo ahora. Se venía dando diariamente”, señaló el economista, y mencionó además que desde los últimos años México deporta una cantidad similar a la de su vecino del norte. Ahí se ve uno de los efectos del Programa Frontera Sur: en un año y medio –entre fines de 2016 y abril de 2018– México deportó a Centroamérica 60 mil niños y adolescentes, sin más proceso que una entrevista.


“Tenemos las cifras de las deportaciones, pero no sabemos cuánta gente se queda irregularmente en Estados Unidos, cuántos logran evadir la deportación”, agregó el experto. Esas personas son clave para Honduras, por el peso que ocupa en su economía el envío de dinero que hacen desde el exterior. “Se calcula que para 2018 vamos a recibir alrededor de 4.600 millones de dólares, lo que hace de las remesas la principal fuente de ingreso por exportaciones. Esto quiere decir, puesto en término muy gruesos y muy duros, que el principal producto de exportación de Honduras son las personas”, sostuvo Pino.


En ese sentido, el periodista y ex diputado opositor Bartolo Fuentes afirmó a Brecha: “Juan Orlando Hernández no tiene ningún interés en detener la migración. Lo que no quiere es que se haga pública, pero a él le gustaría que se fueran 50 mil para bajar la presión en el país”. Fuentes acaba de salir de Honduras por el temor a una detención arbitraria (véase “Persigan al mensajero”). El gobierno hondureño lo señala como el promotor de la caravana, algo que tanto él como otros integrantes del éxodo desmienten.


Cruzar México.


Cuando atravesó el estado de Chiapas la primera de las actuales caravanas, el gobierno federal mandó a su policía y a agentes de Migración para “explicarle” la propuesta del presidente a la cabecera del éxodo. Los retuvo casi cinco horas sobre el asfalto caliente hasta que les permitió el paso. A la segunda caravana también le cerró el camino en el puente binacional Rodolfo Robles, sobre el río Suchiate, mientras la marina impedía el abordaje de la gente a las balsas. Los migrantes armaron un pasamano para cruzar, con sus hijos y sus cosas sobre la cabeza, mientras un helicóptero les volaba encima con el ruido ensordecedor de sus aspas.


En uno de los grupos grandes detenidos en la frontera vino un costarricense de 43 años que relató así a Brecha el cruce: “Salimos como 400 personas en una caravana de (la ciudad guatemalteca de) Tecún Umán, pero cinco quilómetros antes de entrar a Tapachula nos emboscaron y nos cayeron Migración y los federales, con cuatro buses adelante, las ‘trocas’ en que andan ellos, los antimotines. Nosotros nos agachamos y vino uno de los antimotines y comenzó a pegarle a un muchacho hondureño”. A ese siguieron otros golpes y “luego ya todo fue un desmadre”. En su mayoría quedaron detenidos. El hombre contó que sólo nueve pudieron escapar tras esconderse en un matorral cercano, y llegaron a Ciudad de México pagando transporte.


Junto a él, una muchacha flaquita comentó que había venido en autobús desde la localidad veracruzana de Acayucan. Por ese viaje pagó unos 600 pesos mexicanos (30 dólares). En conjunto con su hermano también pagaron el boleto de otra muchacha que viaja con un niño. Según dijo, en ese autobús“eran puros hondureños”, y explicó que ellos han pagado el transporte de buena parte de los trayectos que han recorrido.


De esos gastos también habló a Brecha Tomás González Castillo, un fraile que comanda el albergue La 72. “Una comida para 7 mil personas ¿quién la da? Hay una organización colectiva de los pueblos por donde van pasando, eso ya es un gasto enorme. Ahora, multiplícalo por dos o tres comidas al día. Es mucho dinero”, subrayó el sacerdote.


González Castillo contó que también ingresa gente por la zona donde trabaja, en la frontera del estado de Tabasco que da al Petén guatemalteco: “La mayoría entra por Tapachula, pero hay muchos que por ser rechazados están tomando nuestra ruta, por Tabasco. En el albergue, en diez días llegaron 1.500 personas. Es lo que habitualmente recibimos en un mes. Está migrando todo tipo de gente, pero en su mayoría son de Honduras”.


El fraile fue crítico con las nuevas autoridades que actúan en el tema. El futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció que el académico Tonatiuh Guillén estará al frente del Inm y que Andrés Ramírez Silva, un ex funcionario de Acnur, encabezará la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. “El Inm está perdido. No creo que una persona pueda componer esto, por mucha voluntad política y buena intención que tenga. Están prometiendo demasiado, y creo que tienen que poner los pies sobre la tierra”, sostuvo González Castillo.


El religioso, un referente en el tema de la movilidad fronteriza, denunció que los propios agentes estatales atacan a los migrantes, les cobran por pasar y los extorsionan ofreciéndoles seguridad.


Pánico en Veracruz.


Desde la noche del sábado 3 de noviembre hasta el momento de publicarse esta nota los miembros de la primera caravana vienen llegando a Ciudad de México con cuentagotas, en contraste con el impulso masivo con que lograron cruzar la frontera guatemalteca.


La situación, que agrava la vulnerabilidad de los migrantes, es en buena medida responsabilidad del gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes. El 2 de noviembre Yunes había prometido 150 camiones para trasladar a los integrantes de la caravana desde la ciudad veracruzana de Sayula de Alemán hasta la capital mexicana. Dos horas más tarde el jerarca negó esa ayuda con el pretexto de que la Ciudad de México no tenía las condiciones para recibirlos.


La Misión de Observación del Éxodo Migrante en Veracruz denunció “la dispersión del éxodo en 300 quilómetros de ruta” de ese estado, “producto de la frustración, el desconcierto y la desesperación” provocadas por la acción del gobernador. Un miembro de esa organización de la sociedad civil relató a Brecha un panorama desolador, de “mucho caos”, luego de que la gente se lanzara a la carretera y recorriera los 70 quilómetros que separan Sayula de Alemán de Ciudad Isla, epicentro de una región de enorme peligro, donde son comunes las desapariciones forzadas y el accionar de las organizaciones criminales.


Los antecedentes violentos de la zona, que comprende el límite entre Veracruz y Oaxaca, por donde pasó la caravana, multiplicaron los titulares de prensa que decían que una parte de la gente había sido “secuestrada por camioneros y entregada al cartel de Los Zetas”. Aunque nadie ha podido confirmar ese extremo, el ombudsman de Oaxaca, Arturo Peimbert, alimentó los rumores al afirmar que tiene indicios de que entre 80 y 100 migrantes están desaparecidos. El funcionario dijo basar su denuncia en su propia impresión de lo ocurrido en la ruta y en testimonios que él mismo recogió.


En una entrevista radial (Radio Fórmula, 5-XI-18) Peimbert reconoció no tener cómo contactar a los denunciantes de esas supuestas desapariciones, por lo que no puede comprobar si ya se reencontraron con quienes buscaban. Tampoco ha dado nombres o fotografías de las personas faltantes, lo primero que se hace en casos de desaparición. Desde la Misión de Observación en Veracruz sostuvieron que no hay forma de dar una certeza absoluta del destino de cada uno de los migrantes que pasaron por ese estado.


A pesar de la irresponsabilidad de las autoridades, de haber menguado sus fuerzas tras padecer lluvias, lodazales y decenas de noches durmiendo en el suelo, y de saberse engañada por los gobernantes, la gente se las ha ingeniado para concentrarse por miles en la capital mexicana. La caravana decidirá en asamblea cómo continuar. Dicen que seguirán hacia el norte.


Tierra para todos


Mientras el éxodo se mueve por México, un pequeño grupo de mujeres centroamericanas entró al país por el paso fronterizo entre la localidad chiapaneca de Talismán y la aldea de El Carmen, en el departamento guatemalteco de San Marcos.


Conforman la 14ª Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos en México, que hacen lo que las autoridades no encaran: buscarlos. En este año, tres mujeres (una nicaragüense y dos hondureñas) se reencontraron con sus hijos, con quienes llevaban una década sin contacto.


Es el resultado de la alianza del Movimiento Migrante Mesoamericano (una organización mexicana) con los comités de familiares de migrantes desaparecidos de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
Al llegar a Ciudad de México, durante el Foro Mundial de las Migraciones, las mujeres de esta caravana participaron como la delegación centroamericana en la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos, y se reunieron con el otro polo migratorio: el que recorre el camino entre África y Europa.


Las mujeres que buscan a aquellos originarios de Túnez, Argelia, Senegal y Mauritania desaparecidos en los pasos hacia Italia y España expresaron su reconocimiento al avance de las centroamericanas para empujar la desidia oficial.


En los 14 años que lleva realizándose, la Caravana de Madres ha encontrado a 301 personas que estaban desaparecidas en México. Cada año las mujeres recaban pistas con un método sencillo: extienden las fotos de los miles que faltan a lo largo de las distintas rutas migratorias que existen en el país, y le piden a la gente de los pueblos que las miren y digan si reconocen a alguien. Así de sencillo.
Luego siguen esas pistas y se las entregan a la autoridad para sus búsquedas oficiales. También preguntan entre los que viven aquí y son de allá si tienen contacto con sus familias, o si desean que ellas las busquen.


Junto a mujeres como Fatma Kasraoui, que busca a su hijo Ramzi Walhasi desde 2011 –desaparecido al migrar junto a otros nueve jóvenes de su barrio tunecino–, y Souad ben Sassi, madre de Bader Msalmi –también desaparecido desde 2011, cuando salió hacia Italia–, llegó Imed Soltani.


A Soltani le faltan dos hermanos, Slim y Bethesen, que tenían 31 y 27 años al desaparecer en marzo de 2011. Además preside la organización La Terre pour Tous, de Túnez. Formalmente el Estado reconoce 504 personas desaparecidas, pero las madres cuentan 2 mil.


Gracias a la traducción de Yu, una de las voluntarias de la cumbre, Soltani dijo a Brecha en francés que son las madres quienes en realidad presiden la organización, y que él ocupa el cargo formalmente.
“Nuestro trabajo es contra las políticas de la Unión Europea y el sistema actual, en que los gobiernos funcionan como el coyote. Al mismo tiempo que empujan a estos jóvenes a salir, les ponen barreras. Son políticas que han construido muros contra las personas que se mueven”, afirmó.


Soltani sostuvo que estas organizaciones de madres de desaparecidos, que se han formalizado en el último año, son una forma de reclamar a los gobiernos por su responsabilidad en la desaparición de migrantes, “mostrarles lo que han ocasionado con sus políticas”.


Su preocupación y la de las madres de su organización son los campos de refugiados en Libia, donde se concentra a los migrantes en condiciones precarias y se busca impedir su salida hacia Europa.
“El problema con Libia es que el gobierno no funciona como tal, sino que hay muchas mafias a cargo. El gobierno de Italia y el de la Unión Europea han trabajado con esas mafias dándoles fondos para que bloqueen el tránsito de la gente”, dijo Soltani.


El propósito de La Terre pour Tous es realizar una caravana que salga de Túnez hasta esos campos de refugiados, como forma de pronunciarse contra estas políticas, según explicó el militante.
“Con esta cumbre mundial pudimos entender que las madres pueden contar unas con otras, que la voz de Túnez puede escucharse en México y la de México en Túnez. La solidaridad y reciprocidad es lo más importante que me llevo”, agregó.
________________________________________


Con Bartolo Fuentes


Persigan al mensajero


Desde el 12 de octubre, medios y autoridades hondureñas acusan a Bartolo Fuentes de ser el promotor y organizador del éxodo migratorio que ha dejado al descubierto las carencias del gobierno liderado por Juan Orlando Hernández.


Además de periodista, Fuentes también fue diputado por el partido Libre, pero sostiene que hace tiempo dejó de tener poder político. En abril pasado se unió en México a la caravana organizada por Pueblo sin Fronteras, una organización de Estados Unidos que logró conseguir asilo en ese país para el 93 por ciento (347 de 401) de quienes marcharon en aquella ocasión.


El grupo asesoró a la gente sobre la ley migratoria estadounidense y disuadió de solicitar refugio a quienes no tenían el perfil para superar la entrevista “de miedo creíble”. Esta se trata de un interrogatorio hecho a cada persona que pide asilo en Estados Unidos, en el que la autoridad migratoria decide si creer o no que el solicitante ha sufrido persecución o torturas en su país de origen, y con base en ello lo acepta o lo deporta.


Fuentes trasmitió la caravana de abril y generó material para un programa de televisión llamado Los migrantes. Por el mismo motivo se sumó al grupo que salió el 12 de octubre desde San Pedro Sula: para trasmitir y acompañar a los que entonces se calculaba serían unos 500 hondureños. Un mes después, se estima que son más de 7 mil los que han entrado a México.


El ex diputado denuncia que sufre una criminalización contradictoria: lo acusan de cobrar a las personas como “coyote” y también de pagarles con dinero extranjero para que migren. Las autoridades –estadounidenses y hondureñas– lo vinculan con George Soros, con el gobierno de Venezuela, con los demócratas de Estados Unidos y con el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, quienes habrían depositado su autoridad en un solo periodista de un departamento del norte del país.


Fuentes salió de Honduras por sugerencia de una organización que protege la libertad de expresión, ante el peligro de ser detenido arbitrariamente. Esta entrevista se hizo en México, durante la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos, celebrada entre el 2 y el 4 de noviembre en paralelo con el Foro Social Mundial de las Migraciones.


—¿Cómo fue su detención cuando cubría el inicio del éxodo?


—Fui detenido en Guatemala durante cuatro días en un “albergue de Migración” que está en la zona 5 de la capital guatemalteca. Es una cárcel: me quitaron el cinturón, los cordones de los zapatos y mis pertenencias, y me tenían bajo llave. Fui deportado a Honduras el viernes 19 de octubre. No tuve en Guatemala ninguna acusación criminal, la gente de Migración me acompañó hasta Tegucigalpa.
Al llegar al aeropuerto había como ocho oficiales de la policía nacional, y en un momento intentaron evitar que yo saliera. No sé si por temor, porque había mucha gente esperando, entre periodistas y amigos, o realmente querían llevarme detenido, pero lo hicieron al grito de “¡No lo dejen salir!”. Entró la gente y me arrebató, prácticamente, de las manos de la Policía.


—¿Por qué denuncia que se lo acusa sin pruebas?


—Antes de que fuera deportado a Honduras, la canciller de la república (María Dolores Agüero) hizo una conferencia de prensa en la que me menciona seis veces por cosas de las que no soy responsable y que además no son delitos. Me enteré, por otras vías, de que el gobierno llevó un expediente al Ministerio Público para que procediera en mi contra. Pero lo que llevaron fueron artículos de periódico, declaraciones de los mismos funcionarios de gobierno y capturas de pantallas de las redes sociales.


Sin embargo, yo sé que en Honduras la fiscalía no aplica la ley y no actúa con independencia, sino que recibe órdenes de la presidencia. Así tenemos más de cien compañeros que, por estar con una cacerola protestando tras el fraude electoral, están judicializados. No hay necesidad de que le aporten pruebas a un juez, si la fiscalía presenta eso y le dicen “mándelo a la cárcel”, me van a mandar.


—¿Hay arbitrariedades?


—Claro. Me van a tener dos años para después decirme que soy inocente, porque no van a poder probar nada. Para evitar eso salí del país, por recomendación del Comité por la Libre Expresión (C-Libre). Por medio de unos compañeros presentaré una querella contra la canciller Agüero, para que responda por sus declaraciones.


Si los funcionarios se atreven a decir en el tribunal que soy un coyote y un traficante, que se atengan a las consecuencias. Yo jamás le he cobrado a nadie por llevar a otra persona, no he sido coyote. Y si promoví o no la caravana, puede decirse que a lo mejor sí, por mis opiniones. Lo que yo escribí fue: “Migrantes, no se vayan solos”, porque tengo casi 20 años de estar viendo el sufrimiento de la gente. Los matan, los violan, llegan mutilados. El gobierno sólo presenta sus estadísticas, no lo inmuta nada de eso. A uno le toca vivir esos sufrimientos a diario, cuando las madres le preguntan a uno y le cuentan, o cuando están intentando repatriar un cuerpo. Son gente pobre, y les dicen que vayan a Tegucigalpa, cuando la gente no tiene ni para el pasaje.


—¿Va a pedir protección en México?


—Por ahora no pienso solicitar refugio ni asilo. Lo que quiero es regresar a Honduras con la garantía de que no voy a ser perseguido ni mandado a la cárcel. Que pare la campaña de odio que tiene el gobierno de manera directa a través de los medios que ellos pagan, pues. Es una criminalización terrible que pone en riesgo mi vida.


Yo no tengo poder económico, ni siquiera político. Ahora ya no soy funcionario, no soy nada. Pero la verdad es poderosa y la palabra dicha en favor de la justicia pega. Ellos ahora no pueden controlar la circulación de las ideas, porque están las redes sociales. Yo escribí en Facebook y ha servido.


Me siento perseguido, triste de estar lejos de mi familia, me da miedo en determinados momentos, pero no me paraliza. Cuando uno viene a este foro de gente de tantas partes del mundo que está luchando, no es momento de echarse para atrás. A pesar de lo que le toque vivir a uno, hay que ir para adelante. No nos podemos callar estas realidades.

 

Publicado enInternacional
Control y caos. Honduras, entre la expulsión y la esclavitud

Las escenas recorrieron el mundo: miles de familias hondureñas cruzando hacia el norte fueron interceptadas en la frontera con México por fuerzas de robocops con escudos de plástico, toletes y gases lacrimógenos. Mujeres u hombres defendían a sus niños cargándolos mientras enconchaban el cuerpo. La gente arremetía contra las cercas de seguridad. Los presidentes de Honduras y Guatemala pedían su retorno. Donald Trump vociferaba contra la ineptitud de los presidentes centroamericanos y amenazaba cortarles toda ayuda, por permitir que “hordas de delincuentes” amenacen SU frontera.

Días después hubo un segundo envión que en la frontera mexicana enfrentó con palos y piedras las balas de goma, los toletazos y gases. Un tiro en la cabeza mató a un caminante.


El caos fue mayor: que si avanzan, que si los regresan, que si se evaden por el río en lanchas, que si los meten a refugios o a campos de concentración, que si el gobierno mexicano (el que va a entrar, que de algún modo ya funciona), les otorga asilo y les ofrece empleo. Y entonces unos huyen y otros no saben qué hacer. Faltan medicinas, comida, techo, cuidados mínimos para infantes y mayores por igual. Circulan videos de personajes repartiendo dinero para emprender la marcha. Proliferan y se confrontan narrativas.


Hay quien mira la mano de Trump que con esta marcha se posiciona contra las fronteras abiertas y contra la entrada de personas calificadas de subnormales, degeneradas y criminales y promueve descalificación y expulsión en aras de las elecciones internas estadunidenses de noviembre.


Gobernando desde twitter, Trump colecciona frases: “Pandilleros y otras personas muy malas están mezcladas con la caravana que se dirige a nuestra frontera Sur. Por favor, regresen, no serán admitidos en Estados Unidos a menos que emprendan el proceso legal requerido. Esto es una invasión y nuestros militares estarán esperándolos”, es la frase más circulada. “Miro al partido demócrata conducir este asalto a nuestro país (porque quieren fronteras abiertas y leyes débiles vigentes) desde Guatemala, Honduras y El Salvador, cuyos líderes no están haciendo lo necesario para impedir que este flujo de personas, incluidos muchos criminales, entren a México rumbo a Estados Unidos”. Y más: “El asalto a nuestro país en nuestra frontera sur, incluidos elementos criminales y DROGAS, que escurren hacia dentro, es más importante para mí, como presidente, que el comercio o el ‘USMCA’. Esperamos que México frene esta embestida en su frontera norte. ¡Es culpa de los demócratas y sus leyes débiles!”.


Hay quien culpó a Maduro, a un contendiente de la izquierda hondureña, y en el paroxismo de la rumorología, Trump comenzó a alegar en sus twitazos que habían aprehendido gente de Medio Oriente en Centroamérica ligada a la caravana.


Con gran responsabilidad, The Guardian rastreó el rumor a una información de Pete Hegseth del programa televisivo Fox and Friends, que afirmó que en Guatemala habían capturado gente del Estado Islámico, según “un discurso del presidente Jimmy Morales al periódico Prensa Libre”, donde declaraba haber capturado cien terroristas. “El secretario de Inteligencia, Mario Duarte, indicó que los detalles de estas capturas son información reservada”. Sam Wolfson, del Guardian, no dejó de anotar que el discurso de Morales “ocurrió el 11 de octubre, días antes que se formara la caravana. No hay otros informes de que miembros de ISIS hayan sido descubiertos en dicho país”. Pero las informaciones fueron retomadas por otras publicaciones, sin especificar detalles, como Judicial Watch, buscando confirmar alguna conexión entre caravana y terroristas. Por eso el link dice: “terroristas-de-isis-capturados-en-guatemala-conforme- avanza-la-caravana-a-eu”. Trump tuvo que reconocer que no tenía mayor evidencia de estos rumores.
El Guardian anota que Trump acusa a los demócratas de estar tras el éxodo hondureño al afirmar: “un montón de dinero fue entregado a la gente para llegar a la frontera en vísperas del día de elecciones”. Se rumora que Soros y sus ONG están inmiscuidos. El periódico hondureño La Tribuna, y hasta el mismísimo padre Solalinde miran la mano de Georges Soros en el éxodo, del mismo modo que antes, se dice, respaldó las llamadas “revoluciones de colores” en Yugoslavia y Medio Oriente.


Sea o no cierta la implicación de Soros, o de los aparatos de inteligencia estadunidenses de Trump con tal de crear la percepción de riesgo si llegaran más demócratas al poder en las elecciones intermedias estadunidenses, lo innegable es el enorme caos, la confusión, devastación, despojo y violencia que sufre el pueblo hondureño desde al menos el siglo XIX, cuando Estados Unidos fijó el destino de la nación como un espacio, primero predado como república bananera por la United Fruit y luego utilizado para confrontar, desestabilizar y corromper cualquier movimiento contrario a los intereses corporativos en la región.


Honduras se transformó en un gran escenario para operaciones encubiertas. Luis Hernández Navarro apunta: “Honduras, escribió Gregorio Selser, es una república alquilada al imperio, es el portaviones estadunidense en América Central. Hoy es, además, un buque insignia de la narcopolítica continental que hace agua”.


Es imprescindible entender que la gente huye de condiciones de violencia, confusión y deshabilitación extremas donde se ha hecho imposible la vida cotidiana, ya no digamos las labores creativas que le permitieran a la población ejercer sus propias estrategias de sobrevivencia. Donde las escenificaciones de movimientos forzados de población, mediante engaños, han sido parte de su historia reciente, como sabemos quienes vivimos la guerra Contra en Honduras que movilizó al exilio a miles de “refugiados” procedentes de Nicaragua, con el fin de vaciar regiones, predar ayuda humanitaria, ejercer controles extremos sobre la población desplazada incluido el reclutamiento forzoso, e intensificar la guerra contra el entonces Estado del sandinismo triunfante.


Hoy en Honduras se impone la siembra de palma aceitera a punta de paramilitares, los cárteles transnacionales se disputan el cultivo y tráfico de drogas y la vida no vale ni siquiera una mirada porque el violento caos cotidiano es la moneda de cambio.


Las cifras oficiales dicen que al año son asesinadas 57 personas por cada 100 mil habitantes: 14 personas diarias. Honduras es uno de los países más violentos del mundo, en particular San Pedro Sula: se dice que la ciudad más violenta del planeta.


Según datos sistematizados por 321.org, en la región la gente vive con menos de 1.9 dólares al día. El 64.3% de su población vive por debajo de la tasa de incidencia de pobreza. El punto más álgido según Philip Alston, el relator de extrema pobreza de la ONU, es que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la propia ONU han fomentado “agresivamente” la privatización de servicios básicos.
Según Alston: “Privatizar la justicia, la protección social, las prisiones, la educación, la sanidad básica y otros bienes públicos esenciales, no se puede hacer a costa de tirar por la ventana la protección de los derechos humanos”. La destrucción y el acaparamiento de la infraestructura cotidiana de la vida es lo que promueven las Zonas Económicas Especiales, enclaves de desvío de poder donde funciona un gobierno privado dentro del Estado nacional y se acaparan paulatina o repentinamente las funciones “normales” de los ámbitos de competencia “legal”.


La expansión frenética y masiva de plantaciones, paramilitarismo, sicariato y deshabilitación impuestos por las corporaciones y el crimen organizado hacen de Honduras un “paraíso de inversión” y un basurero de la vida humana, por el amedrentamiento y la precarización generalizadas. Quienes migran, en este exilio forzoso que parece diseñado para cumplir varios planes a la vez, serán detenidos si logran llegar a Estados Unidos y ahí cumplirán con ser mano de obra esclavizada (un dólar diario) en los centros de detención privados, tan caros al sistema judicial estadunidense.

 

Publicado enInternacional
Página 1 de 10