Lunes, 08 Abril 2019 06:33

Inaguantable

Inaguantable

La noticia empezó a circular la noche del viernes, cuando el régimen de Trump presentó ante un tribunal en San Diego su propuesta para cumplir con una orden judicial donde indica que calcula tardar entre uno y dos años para encontrar y empezar a reunificar a miles de niños que el gobierno separó por la fuerza de sus padres y familiares. Tardará todo ese tiempo porque ahorita no sabe dónde están miles de esos menores.

Fue hace justo un año cuando oficialmente se implementó la política de "cero tolerancia", anunciada por el entonces procurador general Jeff Sessions. El régimen de Trump argumentó que la ley los obligaba a separar familias. Pero no existe tal ley. Fue una decisión política de impulsar una medida para arrestar a casi todo inmigrante indocumentado capturado cruzando la frontera, acompañado o no por niños. Como el Departamento de Justicia no puede procesar penalmente a menores de edad junto con sus padres, éstos fueron separados; así, los adultos fueron internados en centros de detención y los niños clasificados como menores no acompañados colocados en centros y albergues operados por contrato con el Departamento de Salud y posteriormente muchos fueron entregados a familiares o, bueno, no se sabe exactamente. Casi 2 mil menores de edad fueron separados en sólo un periodo de seis semanas entre abril y mayo de 2018, según cifras oficiales.

Ante una ola de protesta cada vez mayor de diversos sectores, incluidos algunos conservadores, junto con asociaciones nacionales de pediatras y sicólogos, entre otros, Trump y su gente buscaron distanciarse de la política que ellos mismos impulsaron; primero, el presidente insiste en que sólo estaba cumpliendo con leyes "horribles" promulgadas por demócratas (falso) y segundo, asegura: "odio que los niños sean llevados a otro lugar". Su secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen (quien este domingo presentó su renuncia después de múltiples críticas del presidente de ser demasiado "débil" para controlar la migración), declaró sin ninguna vergüenza: "no tenemos una política de separar familias en la frontera. Punto". Pocos días después su jefe se vio obligado, ante la ola de condenas, a suspender esa misma política que supuestamente no existía; cinco días más tarde un juez federal ordenó el fin de esa política.

Una demanda legal presentada por la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) culminó con una orden judicial federal para que el régimen reunificara a los 2 mil 737 niños que fueron separados de sus padres.

Pero resulta que son muchos, potencialmente miles, de niños más. Con la propuesta presentada ante el tribunal el pasado viernes, el régimen, en efecto, confesó que no sabe cuántas familias separó, y agregó que por ello podría necesitar entre 12 y 24 meses para identificar a "todos", al revisar unos 47 mil casos de "menores no acompañados" que estaban bajo custodia del gobierno en algún momento entre julio de 2017 y junio de 2018. El mes pasado, el inspector general del Departamento de Salud informó que hay muchos más casos de niños separados de los que anteriormente se han registrado, y que no tenían ni un cálculo sobre cuántos son.

Lee Gelernt, abogado principal de la ACLU encargado del caso, criticó la propuesta al afirmar que "el gobierno fue capaz de juntar rápidamente los recursos para arrancar a estos niños de sus padres y ahora necesitan reunir los recursos para reparar el daño".

Ni un solo gobierno de los países donde nacen, crecen y viajan estos niños se ha atrevido a denunciar todo esto, mucho menos a pedir que el régimen estadunidense rinda cuentas. Todos vieron las imágenes de pequeños en jaulas, todos pudieron escuchar los gritos y el llanto de los menores arrancados de los brazos de sus padres, todos podían leer los testimonios de víctimas, de madres y padres enloquecidos por saber dónde estaban sus hijos, de reportes sobre el trauma tal vez permanente que esto les ha ocasionado.

Es inaguantable, ¿no? ¿Entonces? ¿Qué nos pasa?

"El carácter verdadero de una sociedad es revelado en cómo trata a sus niños": Nelson Mandela, 1997.

 

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Lunes, 21 Enero 2019 06:11

Entre el fin y el principio

Entre el fin y el principio

A veces uno cree que el deterioro de un país ya tocó fondo, que las cosas han llegado a un nivel tan extremo que o hay una rebelión popular para rescatar a todos o ya no hay salvación. Esta semana –como en tantas otras– hubo ambas cosas.

Un informe oficial del inspector general del Departamento de Salud emitido el pasado jueves reveló que la política de separación de menores de edad de sus padres que migraban a Estados Unidos empezó casi un año antes (en septiembre de 2017) de lo que el gobierno había dicho, que continúan las separaciones aun después de que un juez suspendió esta práctica y que afectó a miles más de pequeños (el gobierno antes dijo que fueron poco menos de 3 mil) y que el número total de niños separados de un padre o tutor por autoridades de inmigración es desconocido .


Poco después, el senador Jeff Merkley divulgó un memorando oficial fechado a finales de 2017 que demuestra, acusó, que el gobierno de Trump tenía la intención de traumatizar a niños y crear intencionalmente una crisis humanitaria en la frontera.


Otro momento: al concluir un acto de activistas indígenas estadunidenses en el Monumento a Lincoln, en Washington, fueron rodeados por adolescentes blancos, algunos con camisetas de escuelas católicas y casi todos con gorras rojas con el lema de Trump, “ Make America great again” que habían llegado a Washington a participar en una marcha contra el aborto. Empezaron a burlarse del canto tradicional, imitándolo, brincando, y de repente empezaron a corear: construyan el muro, construyan el muro, en referencia al muro fronterizo de Trump. Uno, con una sonrisa agresiva, se paró directamente frente al reconocido líder indígena Nathan Phillips, quien continuó con su canto tocando su tambor. Todo fue capturado en video.


Con lágrimas, Phillips, del pueblo Omaha, veterano de la guerra de Vietnam, ex director de la Alianza de Jóvenes Indígenas, defensor de los derechos indígenas de toda la vida, incluida la resistencia histórica de Standing Rock, comentó a periodistas que era un momento de gran tristeza enfrentar a estos jóvenes, y afirmó que en estas tierras nunca hubo muros.
No podría haber expresiones más claras de la vida nacional en el régimen de Trump. Pero peor aún es la falta de una respuesta lo suficientemente masiva ante cuestiones tan atroces, bárbaras y crueles que hacen surgir la pregunta de que si esto es tolerable tal vez ya no hay remedio en este país.


Pero, pero, pero… no se puede despreciar el coro feroz de críticas, condenas y promesas de acciones judiciales en torno a la noticia sobre la separación de niños y, por supuesto, la ira y la denuncia del acto de agresión racista de los jóvenes. En otras esquinas continúa la masiva huelga de maestros en Los Ángeles, con un maravilloso nivel de apoyo no sólo en esa ciudad, sino a través del país, que busca rescatar el sistema de educación pública de las garras de los multimillonarios y sus políticos que durante los últimos años han intentado controlar, privatizar y lucrar con ese sector. Miles participaron en la tercera edición de la Marcha de las Mujeres en decenas de ciudades el sábado (a pesar del debilitamiento del primer repudio masivo a Trump por divisiones internas, para variar).


O sea, hay señales del otro Estados Unidos que podrían ser avisos, aún, de un nuevo principio. De hecho, algunos ya tienen listos los titulares de un periódico nacional sobre el triunfo de un movimiento multirracial encabezado por mujeres.


Más de 25 mil ejemplares de un Washington Post diferente fueron distribuidos el miércoles en la capital, incluso frente a la Casa Blanca, junto con una versión online, la semana pasada, con lo que muchos desean sean las próximas noticias en un futuro muy cercano (la edición especial está fechada 1º mayo de 2019), insistiendo en que “lo de Trump se acabó, si eso quieres”.
Así están las cosas, entre fin y principio.

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Vano intento de 500 migrantes del éxodo para cruzar hacia EU

Tijuana. La ilusión de poder asaltar el cielo con consignas y banderas duró poco más de tres horas para medio millar de desplazados del éxodo centroamericano. El vano intento de esta mañana de cruzar sin documentos la frontera hacia el país más poderoso y mejor armado de la tierra, sólo con la indoblegable voluntad que los ha empujado desde hace seis semanas a transitar más de 5 mil kilómetros, terminó mal.

La Patrulla Fronteriza estadunidense los repelió a la altura de la garita de El Chaparral con gases lacrimógenos y balas de goma disparados desde Estados Unidos hacia territorio mexicano, con un saldo de cuatro heridos.

Uno de los lesionados es el defensor de derechos humanos Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano, quien observaba el desarrollo de los hechos a varios metros de distancia del muro fronterizo. Una cápsula de gas lacrimógeno disparada desde el norte lo descalabró. Fue dado de alta después de ser atendido en el hospital general.

Además, del lado mexicano fueron detenidas 36 personas, todos hondureños. Del lado estadunidense fueron apresados 73 que habían logrado burlar el muro divisorio a través de un hueco.

Varios testigos aseguraron que los detenidos no realizaron ningún acto violento; que cuando los manifestantes se replegaron y regresaban a pie hacia el albergue, unas patrullas los detuvieron y los fueron a entregar a la estación migratoria. Éstos, al parecer, serán los acusados de "causar disturbios, riñas, alterar el orden público y agredir a los ciudadanos", según la policía municipal. Y serán deportados.

La marcha hacia la garita de El Chaparral fue planeada hace días. La comisión de representantes y la organización Pueblo sin Fronteras aceptaron acompañar al grupo con la condición de que fuera una caminata pacífica.

Las mantas y pancartas estaban ya listas. En una se anotó: "Trump, no te odiamos". Otra rezaba: "Venimos en son de paz". Y otra: "Catrachos (hondureños): 100% trabajador". Una aludía a la campaña xenófoba que se ha sentido de este lado: "México, disculpa si en algo te he ofendido". Algunos niños llevaban banderitas de Estados Unidos.

Salieron pasadas las 10 de la mañana con el plan de manifestarse frente a la garita que divide El Chaparral y San Ysidro. La mayoría de los que acampan el sobresaturado albergue optaron por no sumarse a la columna. Muchos iban con la idea de que se trataba de una manifestación de protesta. Otros se hicieron la ilusión que podrían dar el salto definitivo. Llevaban pequeñas mochilas y una cobija amarrada a la espalda.

Al llegar al puente vehicular que sube al puerto de entrada de El Chaparral toparon con una barrera de antimotines de la Policía Federal. Sin éxito intentaron dialogar para seguir adelante. Pasó media hora y todo indicaba que la manifestación regresaría.

Pero inexplicablemente la fuerza policiaca descuidó los flancos del puente vehicular. La tentación fue demasiado grande. En un instante, los migrantes centroamericanos arrancaron a correr por los carriles laterales y al grito de "¡vámonos, vámonos!" invadieron la zona restringida del puerto fronterizo.

Encabezados por un joven que portaba una bandera mexicana, varios centenares se descolgaron por la canalización del río Tijuana, pasaron a la otra orilla, quizá pensando que ya estaban en territorio estadunidense, y avanzaron hacia el puerto de entrada. Pero equivocaron el camino y avanzaron hacia la salida vehicular. Estaba cerrada a piedra y lodo. Otro pequeño puñado corrió hacia otra dirección, vio una reja abierta y entró directamente a la boca del lobo: el estacionamiento del INM. Unos cuantos terminaron directamente en las perreras del Grupo Beta.

En un lapso caótico, desde lo alto del puente vehicular se podía observar la escena surrealista: unos grupos corrían por un pasillo que los llevaba a un callejón sin salida. Instantes después regresaban y volvían a tomar un camino equivocado. Otro contingente caminó por la zona comercial y se aproximó a las alambradas del puerto de entrada, en medio de miles de automóviles varados por el cierre de la garita. Otros caminaron hacia la frontera, treparon por un terraplén que los llevó a las vías del tren en desuso y ahí desembocaron directamente al gigantesco muro metálico. Era el fin del viaje. Y también el fin de la naturaleza pacífica de la marcha.

Varios migrantes encontraron un hueco en el muro. Unos 73 se atrevieron a atravesarlo. Fueron detenidos. Un agente de la Patrulla Fronteriza disparó la primera cápsula de gas. De ahí siguieron muchas más. Y balas de goma. En su retirada, otros muchachos recogían piedras cerca de las vías del tren y las lanzaban contra el muro. Eso es lo que la secretaria de Seguridad Interna estadunidense, Kirstjen Nielsen, interpretó en un comunicado emitido en Washington está tarde como "un intento de transgredir la infraestructura de la valla fronteriza y un intento de lastimar al personal de la Patrulla Fronteriza lanzándoles proyectiles".

Minutos después, por el mismo terraplén los grupos de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos bajaban decepcionados y alarmados. Algunos venían llorosos y con dificultades para respirar. Otros sólo vieron a lo lejos las nubes de gas.

Javier Bauluz, un experimentado fotógrafo que ha registrado muchos otros éxodos en el mundo, intenta distenderse un momento frente a una cerveza en la pintoresca Plaza Santa Cecilia, el Garibaldi tijuanense. Y de pronto recuerda un episodio, en 2015, cuando decenas de miles de sirios e iraquíes huyendo de la guerra intentaban viajar hacia Europa. Habían llegado hasta Budapest. El gobierno austriaco suspendió la corrida de trenes hacia Alemania. Los fugitivos quedaron varados, en terribles condiciones, en un país que los rechazaba.

Estaban totalmente contra la pared, acogotados. Y una noche un hombre llegó a sacudirlos. "Los tomaba de la solapa y les gritaba: vámonos. En 24 horas de organizó una caravana que caminó cerca de 16 horas por la carretera, hasta quedar exhausta. Y esa escena fue la que movió al gobierno de Ángela Merkel para acogerlos. Y los mandó llevar a Alemania en autobuses".

No son condiciones similares. Pero sí da la impresión de que para el épico desplazamiento de centroamericanos este día puede ser un momento de quiebre. Y tal vez en el albergue más de uno no pudo dormir, pensando en lo que se aproxima.

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Tensión en Tijuana, Trump denuncia una “invasión”

Entre 300 y 400 personas, con banderas mexicanas y carteles, gritaron consignas contra los 2500 migrantes centroamericanos que llegaron a la frontera. Trump exigió recursos a los demócratas para reforzar la seguridad.

En un ambiente tenso, varios cientos de habitantes de Tijuana, en el norte de México, protestaron hoy contra la llegada de caravanas de migrantes centroamericanos que quieren pedir asilo en Estados Unidos, mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, tuiteó que se trata de una “invasión”. Unas 300 a 400 personas, con banderas mexicanas y carteles, gritaron consignas contra los migrantes. Algunos manifestantes trataron de llegar hasta el albergue de los migrantes y lanzaron botellas contra la policía, que estaba protegida con cascos y escudos y que bloqueó el paso unas calles antes con vallas. “Van a quedarse aquí por meses y van a seguir viniendo más, ¿quién los va a sostener?”, dijo Arturo Alba, un médico que participó en la protesta de Tijuana. “Esto es una invasión”, dijo otro de los manifestantes mexicanos, usando las mismas palabras que utiliza Trump.


Unos 2.500 migrantes centroamericanos, entre ellos mujeres y niños, que salieron hace un mes de Honduras, están en Tijuana alojados en un albergue en el centro deportivo Benito Juárz”, a la espera de definir su futuro.


Otros 3.000 llegarán en los próximos días a esta ciudad del noroeste de México, de 1,7 millones de habitantes. La mayoría quiere pedir asilo en Estados Unidos, un trámite que puede durar muchos meses y que puede llevar también a su deportación.


Los manifestantes, con pancartas que decían “No más caravanas”, ondearon banderas mientras gritaban “¡Tijuana, Tijuana!” y “No más migrantes!” Luego caminaron hacia el albergue, pero fueron contenidos por la policía. Algunos periodistas fueron agredidos. “Fuera los invasores”, dijo Celia Oaxaca, una de las participantes en la protesta en la Glorieta Cuauhtémoc. “Luego son asesinos, no son gente buena. Y aquí ya estamos completos con la gente que hay”.


Mientras tanto Trump volvió a arremeter contra las caravanas migrantes a través de Twitter y exigió a los demócratas aprobar recursos para reforzar la seguridad fronteriza y construir un muro. “Los inmigrantes ilegales que están tratando de venir a Estados Unidos, muchas veces ondeando orgullosamente la bandera de sus países mientras que piden asilo en Estados Unidos, deben ser detenidos o deportados”, tuiteó. “Estados Unidos no está preparado para esta invasión y no la tolerará. Están causando crimen y grandes problemas en México. ¡Váyanse a casa!”, escribió Trump.


La protesta de ayer fue el segundo incidente que se registra desde que los migrantes entraron a México el 19 de octubre de manera irregular por el río Suchiate desde Guatemala. El primero fue una protesta de vecinos en el distrito de Playas de Tijuana.


Los centroamericanos, entre ellos mujeres y niños, recorrieron unos 4.500 kilómetros desde Honduras hasta llegar a Tijuana, huyendo de la pobreza y la violencia de pandillas. Otras dos caravanas más pequeñas pero también de miles de personas ingresaron después a México y quieren llegar también a la frontera, donde podrían pasar meses antes de poder solicitar refugio a Estados Unidos porque hay lista de espera.


Sin embargo, la pobreza y la violencia generalizada no son suficientes para que Estados Unidos les conceda el estatus de refugiados y muchos se terminan quedando en Tijuana. El sábado la Policía Federal mexicana reforzó la seguridad con una valla metálica en el cruce fronterizo de El Chaparral-San Ysidro, entre Tijuana y el condado de San Diego, mientras que en Estados Unidos colocó alambres de púas en los costados de los carriles de acceso. “La comunidad en México, en particular en Tijuana, está preocupada por el tipo de acciones llevadas a cabo por los miembros de la caravana”, dijo el director de operaciones de campo en San Diego de la Patrulla Fronteriza estadounidense, Pete Flores, a Fox News el sábado. El propio alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, tuvo expresiones de rechazo a los centroamericanos, de los que dijo que algunos son “una bola de vagos, marihuanos”.


Además de la manifestación antiinmigrante, ayer hubo otra en la que habitantes de la ciudad se manifestaron contra la xenofobia y expresaron su solidaridad a los migrantes. En un intento por reducir tensiones, algunos de los migrantes barrieron e hicieron limpieza en las calles y en los alrededores del albergue para mostrar un actitud positiva hacia la comunidad y contrarrestar las posturas xenófobas. “El pueblo de México tiene que saber que los hondureños somos agradecidos”, dijo un migrante en una asamblea que se hizo la noche del sábado en el centro deportivo “Benito Juárez”. “Gracias México por la comida, gracias por el techo, gracias por esta ropa”, expresó.


Carlos Yovani Gutiérrez, un migrante hondureño de 28 años, dijo que podría quedarse en Tijuana si no es posible solicitar asilo. “Anduve recorriendo y en varios lados me dijeron que sí, que estaban con las puertas abiertas. Me dijeron que la paga es poco, pero es seguro”, señaló.

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Domingo, 11 Noviembre 2018 08:20

Con el norte bien claro

Con el norte bien claro

Frente a la presión de las autoridades por detenerla, la primera caravana en llegar a Ciudad de México debate cómo seguir. La situación desenmascaró la larga crisis que vive Honduras, donde la violencia, la pobreza y el autoritarismo empujan a la gente a partir, y la migración es el verdadero sostén de la economía nacional.

Ya son cinco los grupos de migrantes que atraviesan México en caravana rumbo a Estados Unidos. Van a pie, “a jalón” de los camiones en la ruta o, cuando pueden pagarlo, en autobús. La Policía Federal dice que son 17 mil personas; 4 mil ya están en la capital mexicana. Es un éxodo.


La sangría de gente es apenas una muestra que permite intuir la profundidad de la crisis hondureña: servicios públicos devastados, salarios de chiste y un presidente impopular que simboliza un sistema opresivo con toda disidencia. “¡Fuera joh!”, gritan los migrantes al marchar, en referencia al presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández.


En este éxodo viaja gente de las dos ciudades principales de ese país, Tegucigalpa y San Pedro Sula, de aldeas de las zonas rurales, y trabajadores de campo guatemaltecos. Los salvadoreños también están: se acercaron en grupos más pequeños y en su propia caravana. Hay familias enteras que han sido amenazadas en sus países de origen. Cuando los padres se sienten en peligro, no dejan a sus hijos atrás.


Otros ya estaban en México, pero como su trámite de refugio no avanzaba, las caravanas se transformaron en la manera obvia de subir al norte por un país peligroso, sin tener que pagar los costos del “pollero”, ni las extorsiones de la policía o la “migra”.


En varias oportunidades durante la sucesión actual de marchas migratorias el gobierno federal mostró el garrote, con represión o demoras en la ruta durante las horas más duras del sol mesoamericano. Aunque algunos gobiernos locales ofrecieron ayuda humanitaria, la respuesta solidaria de los pobladores que recibieron a los centroamericanos rebasó a la autoridad, en un despliegue de redes de ayuda y autoorganización como el ocurrido tras el sismo del 19 de setiembre de 2017. Los mexicanos tienen el migrar en la genética, y las respuestas xenófobas se mantienen confinadas a las redes sociales.


Antes de que la primera caravana saliera de Chiapas, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, anunció el plan de contención Estás en tu Casa. Según sostuvo en un comunicado la coordinadora de los migrantes centroamericanos en México, la medida no ofrece nada distinto a lo que ya garantiza la legislación vigente, mientras reduce la posibilidad de solicitar refugio a los estados de Chiapas y Oaxaca. La respuesta del éxodo fue seguir caminando.


Los primeros miembros de estas caravanas que pidieron refugio en territorio mexicano fueron recluidos por el Instituto Nacional de Migración (Inm) en la Feria Mesoamericana de Tapachula durante más de dos semanas. El confinamiento duró hasta el 5 de noviembre, cuando se anunció el cierre del predio y se desalojó sin aviso previo ni planificación a unas 2 mil personas, según denunció la Misión de Observación del Éxodo Centroamericano en Chiapas, integrada por diversas organizaciones sociales.


Ahora el gran campo de refugiados está en Ciudad de México. La autoridad local armó lo que llama un “puente humanitario” para coordinar la ayuda, que concentró en un solo punto: el estadio Jesús Martínez, “Palillo”, ubicado en la ciudad deportiva Magdalena Mixhuca, de la capital mexicana.

Arde Honduras.


La primera vez que esta cronista cubrió la ruta migrante en México, los hondureños ya eran mayoría. Sentado bajo la pequeña línea de sombra del albergue de la ciudad chiapaneca de Palenque, un trabajador de la industria textil hondureña de 33 años trazó en 2015 los motivos que hay detrás de lo que ahora ocurre.


“La gente se ha rebelado en San Pedro, en Tegucigalpa, en Comayagua, pero ellos responden con su Policía Militar para gasear y golpear a las personas y luego hacen que los medios tarifados no publiquen cuando hay manifestaciones contra el gobierno”, explicó.


Recordó el golpe de Estado de 2009 y el posterior estado de sitio que duró seis meses –con toque de queda a partir de las 5 de la tarde–, los escándalos públicos de corrupción que fueron cebando el malestar entre la gente, los bajos salarios que ahogaron a los pocos que tenían trabajo: “1.500 lempiras (60 dólares) a la semana y explotados los siete días”.


“Cuando empezaron los movimientos, muchos nos quejamos. No han querido bloquear las redes sociales porque las usan para intimidarnos. En Facebook no se puede publicar cosas contra el gobierno”, contó el hondureño. Mencionó como ejemplo la persecución al periodista David Romero, quien luego sería condenado a diez años de prisión por difamación, tras revelar un millonario desfalco del oficialismo en el Instituto Hondureño de Seguridad Social.


En aquel entonces el hombre migraba a escondidas, porque el Plan Frontera Sur llevaba un año en pie y la ruta mexicana estaba llena de retenes de la migra. Todos los albergues, en su mayoría pertenecientes a congregaciones religiosas, ya anunciaban que las violaciones a los derechos humanos de la gente en tránsito se habían disparado, debido a la militarización sin pausa de los estados del sureste.
Es en ese marco que debe leerse el avance de las fuerzas armadas mexicanas sobre la frontera con Guatemala que se vio el pasado 19 de octubre en el río Suchiate, cuando ingresó el éxodo actual. Se trata de la culminación de un proceso represivo que ya lleva cuatro años y que busca cerrar la frontera sur de México hasta convertirla en el verdadero muro prometido por el presidente de Estados Unidos (véase Brecha, 26-X-18).


Entre quienes llegaron por estos días a Ciudad de México, una joven de 26 años del departamento hondureño de Yoro denunció lo mismo que aquel obrero: trabajo doméstico con cama –un día libre cada 15– por 1.500 lempiras la quincena. Ella tiene un hijo de 10 años que dejó con su madre y al que tiene que mantener.


“Honduras está atrapada en un círculo vicioso de bajo crecimiento debido a factores como la violencia, el escaso dinamismo de la economía y la debilidad institucional. Hay un agotamiento del sistema político tradicional hondureño, que no responde a las necesidades de la población”, analizó en entrevista con Brecha el economista Noé Pino.


Pino fue presidente del Banco Central de Honduras, ministro de Finanzas y embajador en Washington. Actualmente se desempeña como docente universitario. Según él, la migración que hoy vemos convertida en una situación dramática comenzó tras los efectos del huracán Mitch, en 1998.


La ola migratoria ha quedado registrada en las cifras de expulsión. “Si tomamos en cuenta la última década, Estados Unidos ha estado deportando entre 70 mil y 80 mil hondureños al año”, explicó Pino. “No nos debe extrañar lo que estamos viendo ahora. Se venía dando diariamente”, señaló el economista, y mencionó además que desde los últimos años México deporta una cantidad similar a la de su vecino del norte. Ahí se ve uno de los efectos del Programa Frontera Sur: en un año y medio –entre fines de 2016 y abril de 2018– México deportó a Centroamérica 60 mil niños y adolescentes, sin más proceso que una entrevista.


“Tenemos las cifras de las deportaciones, pero no sabemos cuánta gente se queda irregularmente en Estados Unidos, cuántos logran evadir la deportación”, agregó el experto. Esas personas son clave para Honduras, por el peso que ocupa en su economía el envío de dinero que hacen desde el exterior. “Se calcula que para 2018 vamos a recibir alrededor de 4.600 millones de dólares, lo que hace de las remesas la principal fuente de ingreso por exportaciones. Esto quiere decir, puesto en término muy gruesos y muy duros, que el principal producto de exportación de Honduras son las personas”, sostuvo Pino.


En ese sentido, el periodista y ex diputado opositor Bartolo Fuentes afirmó a Brecha: “Juan Orlando Hernández no tiene ningún interés en detener la migración. Lo que no quiere es que se haga pública, pero a él le gustaría que se fueran 50 mil para bajar la presión en el país”. Fuentes acaba de salir de Honduras por el temor a una detención arbitraria (véase “Persigan al mensajero”). El gobierno hondureño lo señala como el promotor de la caravana, algo que tanto él como otros integrantes del éxodo desmienten.


Cruzar México.


Cuando atravesó el estado de Chiapas la primera de las actuales caravanas, el gobierno federal mandó a su policía y a agentes de Migración para “explicarle” la propuesta del presidente a la cabecera del éxodo. Los retuvo casi cinco horas sobre el asfalto caliente hasta que les permitió el paso. A la segunda caravana también le cerró el camino en el puente binacional Rodolfo Robles, sobre el río Suchiate, mientras la marina impedía el abordaje de la gente a las balsas. Los migrantes armaron un pasamano para cruzar, con sus hijos y sus cosas sobre la cabeza, mientras un helicóptero les volaba encima con el ruido ensordecedor de sus aspas.


En uno de los grupos grandes detenidos en la frontera vino un costarricense de 43 años que relató así a Brecha el cruce: “Salimos como 400 personas en una caravana de (la ciudad guatemalteca de) Tecún Umán, pero cinco quilómetros antes de entrar a Tapachula nos emboscaron y nos cayeron Migración y los federales, con cuatro buses adelante, las ‘trocas’ en que andan ellos, los antimotines. Nosotros nos agachamos y vino uno de los antimotines y comenzó a pegarle a un muchacho hondureño”. A ese siguieron otros golpes y “luego ya todo fue un desmadre”. En su mayoría quedaron detenidos. El hombre contó que sólo nueve pudieron escapar tras esconderse en un matorral cercano, y llegaron a Ciudad de México pagando transporte.


Junto a él, una muchacha flaquita comentó que había venido en autobús desde la localidad veracruzana de Acayucan. Por ese viaje pagó unos 600 pesos mexicanos (30 dólares). En conjunto con su hermano también pagaron el boleto de otra muchacha que viaja con un niño. Según dijo, en ese autobús“eran puros hondureños”, y explicó que ellos han pagado el transporte de buena parte de los trayectos que han recorrido.


De esos gastos también habló a Brecha Tomás González Castillo, un fraile que comanda el albergue La 72. “Una comida para 7 mil personas ¿quién la da? Hay una organización colectiva de los pueblos por donde van pasando, eso ya es un gasto enorme. Ahora, multiplícalo por dos o tres comidas al día. Es mucho dinero”, subrayó el sacerdote.


González Castillo contó que también ingresa gente por la zona donde trabaja, en la frontera del estado de Tabasco que da al Petén guatemalteco: “La mayoría entra por Tapachula, pero hay muchos que por ser rechazados están tomando nuestra ruta, por Tabasco. En el albergue, en diez días llegaron 1.500 personas. Es lo que habitualmente recibimos en un mes. Está migrando todo tipo de gente, pero en su mayoría son de Honduras”.


El fraile fue crítico con las nuevas autoridades que actúan en el tema. El futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció que el académico Tonatiuh Guillén estará al frente del Inm y que Andrés Ramírez Silva, un ex funcionario de Acnur, encabezará la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. “El Inm está perdido. No creo que una persona pueda componer esto, por mucha voluntad política y buena intención que tenga. Están prometiendo demasiado, y creo que tienen que poner los pies sobre la tierra”, sostuvo González Castillo.


El religioso, un referente en el tema de la movilidad fronteriza, denunció que los propios agentes estatales atacan a los migrantes, les cobran por pasar y los extorsionan ofreciéndoles seguridad.


Pánico en Veracruz.


Desde la noche del sábado 3 de noviembre hasta el momento de publicarse esta nota los miembros de la primera caravana vienen llegando a Ciudad de México con cuentagotas, en contraste con el impulso masivo con que lograron cruzar la frontera guatemalteca.


La situación, que agrava la vulnerabilidad de los migrantes, es en buena medida responsabilidad del gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes. El 2 de noviembre Yunes había prometido 150 camiones para trasladar a los integrantes de la caravana desde la ciudad veracruzana de Sayula de Alemán hasta la capital mexicana. Dos horas más tarde el jerarca negó esa ayuda con el pretexto de que la Ciudad de México no tenía las condiciones para recibirlos.


La Misión de Observación del Éxodo Migrante en Veracruz denunció “la dispersión del éxodo en 300 quilómetros de ruta” de ese estado, “producto de la frustración, el desconcierto y la desesperación” provocadas por la acción del gobernador. Un miembro de esa organización de la sociedad civil relató a Brecha un panorama desolador, de “mucho caos”, luego de que la gente se lanzara a la carretera y recorriera los 70 quilómetros que separan Sayula de Alemán de Ciudad Isla, epicentro de una región de enorme peligro, donde son comunes las desapariciones forzadas y el accionar de las organizaciones criminales.


Los antecedentes violentos de la zona, que comprende el límite entre Veracruz y Oaxaca, por donde pasó la caravana, multiplicaron los titulares de prensa que decían que una parte de la gente había sido “secuestrada por camioneros y entregada al cartel de Los Zetas”. Aunque nadie ha podido confirmar ese extremo, el ombudsman de Oaxaca, Arturo Peimbert, alimentó los rumores al afirmar que tiene indicios de que entre 80 y 100 migrantes están desaparecidos. El funcionario dijo basar su denuncia en su propia impresión de lo ocurrido en la ruta y en testimonios que él mismo recogió.


En una entrevista radial (Radio Fórmula, 5-XI-18) Peimbert reconoció no tener cómo contactar a los denunciantes de esas supuestas desapariciones, por lo que no puede comprobar si ya se reencontraron con quienes buscaban. Tampoco ha dado nombres o fotografías de las personas faltantes, lo primero que se hace en casos de desaparición. Desde la Misión de Observación en Veracruz sostuvieron que no hay forma de dar una certeza absoluta del destino de cada uno de los migrantes que pasaron por ese estado.


A pesar de la irresponsabilidad de las autoridades, de haber menguado sus fuerzas tras padecer lluvias, lodazales y decenas de noches durmiendo en el suelo, y de saberse engañada por los gobernantes, la gente se las ha ingeniado para concentrarse por miles en la capital mexicana. La caravana decidirá en asamblea cómo continuar. Dicen que seguirán hacia el norte.


Tierra para todos


Mientras el éxodo se mueve por México, un pequeño grupo de mujeres centroamericanas entró al país por el paso fronterizo entre la localidad chiapaneca de Talismán y la aldea de El Carmen, en el departamento guatemalteco de San Marcos.


Conforman la 14ª Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos en México, que hacen lo que las autoridades no encaran: buscarlos. En este año, tres mujeres (una nicaragüense y dos hondureñas) se reencontraron con sus hijos, con quienes llevaban una década sin contacto.


Es el resultado de la alianza del Movimiento Migrante Mesoamericano (una organización mexicana) con los comités de familiares de migrantes desaparecidos de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
Al llegar a Ciudad de México, durante el Foro Mundial de las Migraciones, las mujeres de esta caravana participaron como la delegación centroamericana en la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos, y se reunieron con el otro polo migratorio: el que recorre el camino entre África y Europa.


Las mujeres que buscan a aquellos originarios de Túnez, Argelia, Senegal y Mauritania desaparecidos en los pasos hacia Italia y España expresaron su reconocimiento al avance de las centroamericanas para empujar la desidia oficial.


En los 14 años que lleva realizándose, la Caravana de Madres ha encontrado a 301 personas que estaban desaparecidas en México. Cada año las mujeres recaban pistas con un método sencillo: extienden las fotos de los miles que faltan a lo largo de las distintas rutas migratorias que existen en el país, y le piden a la gente de los pueblos que las miren y digan si reconocen a alguien. Así de sencillo.
Luego siguen esas pistas y se las entregan a la autoridad para sus búsquedas oficiales. También preguntan entre los que viven aquí y son de allá si tienen contacto con sus familias, o si desean que ellas las busquen.


Junto a mujeres como Fatma Kasraoui, que busca a su hijo Ramzi Walhasi desde 2011 –desaparecido al migrar junto a otros nueve jóvenes de su barrio tunecino–, y Souad ben Sassi, madre de Bader Msalmi –también desaparecido desde 2011, cuando salió hacia Italia–, llegó Imed Soltani.


A Soltani le faltan dos hermanos, Slim y Bethesen, que tenían 31 y 27 años al desaparecer en marzo de 2011. Además preside la organización La Terre pour Tous, de Túnez. Formalmente el Estado reconoce 504 personas desaparecidas, pero las madres cuentan 2 mil.


Gracias a la traducción de Yu, una de las voluntarias de la cumbre, Soltani dijo a Brecha en francés que son las madres quienes en realidad presiden la organización, y que él ocupa el cargo formalmente.
“Nuestro trabajo es contra las políticas de la Unión Europea y el sistema actual, en que los gobiernos funcionan como el coyote. Al mismo tiempo que empujan a estos jóvenes a salir, les ponen barreras. Son políticas que han construido muros contra las personas que se mueven”, afirmó.


Soltani sostuvo que estas organizaciones de madres de desaparecidos, que se han formalizado en el último año, son una forma de reclamar a los gobiernos por su responsabilidad en la desaparición de migrantes, “mostrarles lo que han ocasionado con sus políticas”.


Su preocupación y la de las madres de su organización son los campos de refugiados en Libia, donde se concentra a los migrantes en condiciones precarias y se busca impedir su salida hacia Europa.
“El problema con Libia es que el gobierno no funciona como tal, sino que hay muchas mafias a cargo. El gobierno de Italia y el de la Unión Europea han trabajado con esas mafias dándoles fondos para que bloqueen el tránsito de la gente”, dijo Soltani.


El propósito de La Terre pour Tous es realizar una caravana que salga de Túnez hasta esos campos de refugiados, como forma de pronunciarse contra estas políticas, según explicó el militante.
“Con esta cumbre mundial pudimos entender que las madres pueden contar unas con otras, que la voz de Túnez puede escucharse en México y la de México en Túnez. La solidaridad y reciprocidad es lo más importante que me llevo”, agregó.
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Con Bartolo Fuentes


Persigan al mensajero


Desde el 12 de octubre, medios y autoridades hondureñas acusan a Bartolo Fuentes de ser el promotor y organizador del éxodo migratorio que ha dejado al descubierto las carencias del gobierno liderado por Juan Orlando Hernández.


Además de periodista, Fuentes también fue diputado por el partido Libre, pero sostiene que hace tiempo dejó de tener poder político. En abril pasado se unió en México a la caravana organizada por Pueblo sin Fronteras, una organización de Estados Unidos que logró conseguir asilo en ese país para el 93 por ciento (347 de 401) de quienes marcharon en aquella ocasión.


El grupo asesoró a la gente sobre la ley migratoria estadounidense y disuadió de solicitar refugio a quienes no tenían el perfil para superar la entrevista “de miedo creíble”. Esta se trata de un interrogatorio hecho a cada persona que pide asilo en Estados Unidos, en el que la autoridad migratoria decide si creer o no que el solicitante ha sufrido persecución o torturas en su país de origen, y con base en ello lo acepta o lo deporta.


Fuentes trasmitió la caravana de abril y generó material para un programa de televisión llamado Los migrantes. Por el mismo motivo se sumó al grupo que salió el 12 de octubre desde San Pedro Sula: para trasmitir y acompañar a los que entonces se calculaba serían unos 500 hondureños. Un mes después, se estima que son más de 7 mil los que han entrado a México.


El ex diputado denuncia que sufre una criminalización contradictoria: lo acusan de cobrar a las personas como “coyote” y también de pagarles con dinero extranjero para que migren. Las autoridades –estadounidenses y hondureñas– lo vinculan con George Soros, con el gobierno de Venezuela, con los demócratas de Estados Unidos y con el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, quienes habrían depositado su autoridad en un solo periodista de un departamento del norte del país.


Fuentes salió de Honduras por sugerencia de una organización que protege la libertad de expresión, ante el peligro de ser detenido arbitrariamente. Esta entrevista se hizo en México, durante la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos, celebrada entre el 2 y el 4 de noviembre en paralelo con el Foro Social Mundial de las Migraciones.


—¿Cómo fue su detención cuando cubría el inicio del éxodo?


—Fui detenido en Guatemala durante cuatro días en un “albergue de Migración” que está en la zona 5 de la capital guatemalteca. Es una cárcel: me quitaron el cinturón, los cordones de los zapatos y mis pertenencias, y me tenían bajo llave. Fui deportado a Honduras el viernes 19 de octubre. No tuve en Guatemala ninguna acusación criminal, la gente de Migración me acompañó hasta Tegucigalpa.
Al llegar al aeropuerto había como ocho oficiales de la policía nacional, y en un momento intentaron evitar que yo saliera. No sé si por temor, porque había mucha gente esperando, entre periodistas y amigos, o realmente querían llevarme detenido, pero lo hicieron al grito de “¡No lo dejen salir!”. Entró la gente y me arrebató, prácticamente, de las manos de la Policía.


—¿Por qué denuncia que se lo acusa sin pruebas?


—Antes de que fuera deportado a Honduras, la canciller de la república (María Dolores Agüero) hizo una conferencia de prensa en la que me menciona seis veces por cosas de las que no soy responsable y que además no son delitos. Me enteré, por otras vías, de que el gobierno llevó un expediente al Ministerio Público para que procediera en mi contra. Pero lo que llevaron fueron artículos de periódico, declaraciones de los mismos funcionarios de gobierno y capturas de pantallas de las redes sociales.


Sin embargo, yo sé que en Honduras la fiscalía no aplica la ley y no actúa con independencia, sino que recibe órdenes de la presidencia. Así tenemos más de cien compañeros que, por estar con una cacerola protestando tras el fraude electoral, están judicializados. No hay necesidad de que le aporten pruebas a un juez, si la fiscalía presenta eso y le dicen “mándelo a la cárcel”, me van a mandar.


—¿Hay arbitrariedades?


—Claro. Me van a tener dos años para después decirme que soy inocente, porque no van a poder probar nada. Para evitar eso salí del país, por recomendación del Comité por la Libre Expresión (C-Libre). Por medio de unos compañeros presentaré una querella contra la canciller Agüero, para que responda por sus declaraciones.


Si los funcionarios se atreven a decir en el tribunal que soy un coyote y un traficante, que se atengan a las consecuencias. Yo jamás le he cobrado a nadie por llevar a otra persona, no he sido coyote. Y si promoví o no la caravana, puede decirse que a lo mejor sí, por mis opiniones. Lo que yo escribí fue: “Migrantes, no se vayan solos”, porque tengo casi 20 años de estar viendo el sufrimiento de la gente. Los matan, los violan, llegan mutilados. El gobierno sólo presenta sus estadísticas, no lo inmuta nada de eso. A uno le toca vivir esos sufrimientos a diario, cuando las madres le preguntan a uno y le cuentan, o cuando están intentando repatriar un cuerpo. Son gente pobre, y les dicen que vayan a Tegucigalpa, cuando la gente no tiene ni para el pasaje.


—¿Va a pedir protección en México?


—Por ahora no pienso solicitar refugio ni asilo. Lo que quiero es regresar a Honduras con la garantía de que no voy a ser perseguido ni mandado a la cárcel. Que pare la campaña de odio que tiene el gobierno de manera directa a través de los medios que ellos pagan, pues. Es una criminalización terrible que pone en riesgo mi vida.


Yo no tengo poder económico, ni siquiera político. Ahora ya no soy funcionario, no soy nada. Pero la verdad es poderosa y la palabra dicha en favor de la justicia pega. Ellos ahora no pueden controlar la circulación de las ideas, porque están las redes sociales. Yo escribí en Facebook y ha servido.


Me siento perseguido, triste de estar lejos de mi familia, me da miedo en determinados momentos, pero no me paraliza. Cuando uno viene a este foro de gente de tantas partes del mundo que está luchando, no es momento de echarse para atrás. A pesar de lo que le toque vivir a uno, hay que ir para adelante. No nos podemos callar estas realidades.

 

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Control y caos. Honduras, entre la expulsión y la esclavitud

Las escenas recorrieron el mundo: miles de familias hondureñas cruzando hacia el norte fueron interceptadas en la frontera con México por fuerzas de robocops con escudos de plástico, toletes y gases lacrimógenos. Mujeres u hombres defendían a sus niños cargándolos mientras enconchaban el cuerpo. La gente arremetía contra las cercas de seguridad. Los presidentes de Honduras y Guatemala pedían su retorno. Donald Trump vociferaba contra la ineptitud de los presidentes centroamericanos y amenazaba cortarles toda ayuda, por permitir que “hordas de delincuentes” amenacen SU frontera.

Días después hubo un segundo envión que en la frontera mexicana enfrentó con palos y piedras las balas de goma, los toletazos y gases. Un tiro en la cabeza mató a un caminante.


El caos fue mayor: que si avanzan, que si los regresan, que si se evaden por el río en lanchas, que si los meten a refugios o a campos de concentración, que si el gobierno mexicano (el que va a entrar, que de algún modo ya funciona), les otorga asilo y les ofrece empleo. Y entonces unos huyen y otros no saben qué hacer. Faltan medicinas, comida, techo, cuidados mínimos para infantes y mayores por igual. Circulan videos de personajes repartiendo dinero para emprender la marcha. Proliferan y se confrontan narrativas.


Hay quien mira la mano de Trump que con esta marcha se posiciona contra las fronteras abiertas y contra la entrada de personas calificadas de subnormales, degeneradas y criminales y promueve descalificación y expulsión en aras de las elecciones internas estadunidenses de noviembre.


Gobernando desde twitter, Trump colecciona frases: “Pandilleros y otras personas muy malas están mezcladas con la caravana que se dirige a nuestra frontera Sur. Por favor, regresen, no serán admitidos en Estados Unidos a menos que emprendan el proceso legal requerido. Esto es una invasión y nuestros militares estarán esperándolos”, es la frase más circulada. “Miro al partido demócrata conducir este asalto a nuestro país (porque quieren fronteras abiertas y leyes débiles vigentes) desde Guatemala, Honduras y El Salvador, cuyos líderes no están haciendo lo necesario para impedir que este flujo de personas, incluidos muchos criminales, entren a México rumbo a Estados Unidos”. Y más: “El asalto a nuestro país en nuestra frontera sur, incluidos elementos criminales y DROGAS, que escurren hacia dentro, es más importante para mí, como presidente, que el comercio o el ‘USMCA’. Esperamos que México frene esta embestida en su frontera norte. ¡Es culpa de los demócratas y sus leyes débiles!”.


Hay quien culpó a Maduro, a un contendiente de la izquierda hondureña, y en el paroxismo de la rumorología, Trump comenzó a alegar en sus twitazos que habían aprehendido gente de Medio Oriente en Centroamérica ligada a la caravana.


Con gran responsabilidad, The Guardian rastreó el rumor a una información de Pete Hegseth del programa televisivo Fox and Friends, que afirmó que en Guatemala habían capturado gente del Estado Islámico, según “un discurso del presidente Jimmy Morales al periódico Prensa Libre”, donde declaraba haber capturado cien terroristas. “El secretario de Inteligencia, Mario Duarte, indicó que los detalles de estas capturas son información reservada”. Sam Wolfson, del Guardian, no dejó de anotar que el discurso de Morales “ocurrió el 11 de octubre, días antes que se formara la caravana. No hay otros informes de que miembros de ISIS hayan sido descubiertos en dicho país”. Pero las informaciones fueron retomadas por otras publicaciones, sin especificar detalles, como Judicial Watch, buscando confirmar alguna conexión entre caravana y terroristas. Por eso el link dice: “terroristas-de-isis-capturados-en-guatemala-conforme- avanza-la-caravana-a-eu”. Trump tuvo que reconocer que no tenía mayor evidencia de estos rumores.
El Guardian anota que Trump acusa a los demócratas de estar tras el éxodo hondureño al afirmar: “un montón de dinero fue entregado a la gente para llegar a la frontera en vísperas del día de elecciones”. Se rumora que Soros y sus ONG están inmiscuidos. El periódico hondureño La Tribuna, y hasta el mismísimo padre Solalinde miran la mano de Georges Soros en el éxodo, del mismo modo que antes, se dice, respaldó las llamadas “revoluciones de colores” en Yugoslavia y Medio Oriente.


Sea o no cierta la implicación de Soros, o de los aparatos de inteligencia estadunidenses de Trump con tal de crear la percepción de riesgo si llegaran más demócratas al poder en las elecciones intermedias estadunidenses, lo innegable es el enorme caos, la confusión, devastación, despojo y violencia que sufre el pueblo hondureño desde al menos el siglo XIX, cuando Estados Unidos fijó el destino de la nación como un espacio, primero predado como república bananera por la United Fruit y luego utilizado para confrontar, desestabilizar y corromper cualquier movimiento contrario a los intereses corporativos en la región.


Honduras se transformó en un gran escenario para operaciones encubiertas. Luis Hernández Navarro apunta: “Honduras, escribió Gregorio Selser, es una república alquilada al imperio, es el portaviones estadunidense en América Central. Hoy es, además, un buque insignia de la narcopolítica continental que hace agua”.


Es imprescindible entender que la gente huye de condiciones de violencia, confusión y deshabilitación extremas donde se ha hecho imposible la vida cotidiana, ya no digamos las labores creativas que le permitieran a la población ejercer sus propias estrategias de sobrevivencia. Donde las escenificaciones de movimientos forzados de población, mediante engaños, han sido parte de su historia reciente, como sabemos quienes vivimos la guerra Contra en Honduras que movilizó al exilio a miles de “refugiados” procedentes de Nicaragua, con el fin de vaciar regiones, predar ayuda humanitaria, ejercer controles extremos sobre la población desplazada incluido el reclutamiento forzoso, e intensificar la guerra contra el entonces Estado del sandinismo triunfante.


Hoy en Honduras se impone la siembra de palma aceitera a punta de paramilitares, los cárteles transnacionales se disputan el cultivo y tráfico de drogas y la vida no vale ni siquiera una mirada porque el violento caos cotidiano es la moneda de cambio.


Las cifras oficiales dicen que al año son asesinadas 57 personas por cada 100 mil habitantes: 14 personas diarias. Honduras es uno de los países más violentos del mundo, en particular San Pedro Sula: se dice que la ciudad más violenta del planeta.


Según datos sistematizados por 321.org, en la región la gente vive con menos de 1.9 dólares al día. El 64.3% de su población vive por debajo de la tasa de incidencia de pobreza. El punto más álgido según Philip Alston, el relator de extrema pobreza de la ONU, es que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la propia ONU han fomentado “agresivamente” la privatización de servicios básicos.
Según Alston: “Privatizar la justicia, la protección social, las prisiones, la educación, la sanidad básica y otros bienes públicos esenciales, no se puede hacer a costa de tirar por la ventana la protección de los derechos humanos”. La destrucción y el acaparamiento de la infraestructura cotidiana de la vida es lo que promueven las Zonas Económicas Especiales, enclaves de desvío de poder donde funciona un gobierno privado dentro del Estado nacional y se acaparan paulatina o repentinamente las funciones “normales” de los ámbitos de competencia “legal”.


La expansión frenética y masiva de plantaciones, paramilitarismo, sicariato y deshabilitación impuestos por las corporaciones y el crimen organizado hacen de Honduras un “paraíso de inversión” y un basurero de la vida humana, por el amedrentamiento y la precarización generalizadas. Quienes migran, en este exilio forzoso que parece diseñado para cumplir varios planes a la vez, serán detenidos si logran llegar a Estados Unidos y ahí cumplirán con ser mano de obra esclavizada (un dólar diario) en los centros de detención privados, tan caros al sistema judicial estadunidense.

 

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Jueves, 08 Noviembre 2018 05:50

Los dos Estados desUnidos

Los dos Estados desUnidos

Si las elecciones de término medio eran un referéndum sobre Trump, el resultado es ambiguo. Por un lado, los demócratas recuperaron la Cámara baja luego de ocho años de dominio republicano, lo que significa un gran triunfo político para la oposición. Por otro, el ala más conservadora de los republicanos (esos radicales llamados moderados) demostró su movilización en todos sus bastiones rurales o sureños. No obstante, aunque los resultados en estados como Florida dirán que los republicanos se quedaron con la banca del senado en disputa y probablemente con la gobernación también, lo que no será tan evidente es que redujeron sus ventajas electorales en condados tradicionalmente conservadores. De hecho, la diferencia entre el candidato republicano y el demócrata es de sesenta votos en un estado con una población de más de veinte millones.

Otro fenómeno más evidente que se confirmó es el aumento dramático de mujeres no blancas que se presentaron como progresistas y, en algunos casos, directamente como socialistas. Múltiples mujeres, negras, morenas, musulmanas, africanas, lesbianas y todo tipo de minorías estigmatizadas ganaron sus elecciones.


En Michigan Rashida Tlaib y en Minnesota Ilhan Omar Win fueron elegidas como las primeras mujeres musulmanas al Congreso de Estados Unidos. En las últimas décadas, los inmigrantes, tanto latinos como de medio oriente, jugaron un rol decisivo en la recuperación de ciudades moribundas y abandonadas como Detroit. Hija de inmigrantes palestinos, asistió el primer año de educación primaria sin saber inglés y logró recibirse de abogada. Madre soltera y miembro del grupo Socialistas Democráticos de América (especie de Frente Amplio de partidos de izquierda en Estados Unidos), ya fue representante local en Michigan por el Partido Demócrata. En las dos elecciones que participó por el senado de Michigan, en el 2008 le había ganado con 90 por ciento de los votos al republicano Darrin Daigle y luego, en 2010, con el 92 por ciento al mismo candidato. Ahora ha sido elegida representante nacional por el estado de Michigan y es de esperar que su trayectoria política no termine ahí, sino que, por el contrario, se convierta en una fuerza simbólica y activa de cambio y una antagónica del presidente Trump y de la América del Tea Party. Por su parte, Ilhan Omar Win, la nueva representante por Michigan, también musulmana, estuvo en un campamento de refugiados somalíes y llegó a Estados Unidos a los doce años.


En Nueva York, un caso muy similar es el de Alexandria Ocasio-Cortez, la activista y puertorriquense que sorprendió ganando las primarias del partido Demócrata en Nueva York. Ocasio-Cortez también es miembro de la organización Socialistas Democráticos de América. Hoy se convirtió en la congresista más joven de la historia con solo 28 años al derrotar con el 78 por ciento de los votos al republicano Anthony Pappas.


En varios estados como Oklahoma, donde los candidatos en el pasado ganaron una serie de elecciones a lo largo de los años compitiendo por quién bajaba más los impuestos y, como consecuencia se encontraron al tiempo con un déficit importante y los sueldos de maestros más bajos del país, se presentó a estas elecciones un número histórico de maestros y profesores de secundaria, alguno de los cuales fueron elegidos.


En los estados más al sur, más conservadores, la suerte no fue la misma, aunque los demócratas perdieron por márgenes mínimos. En Georgia, Stacey Abrams fracasó, por un margen mínimo, en su intento de convertirse en la primera gobernadora negra de Estados Unidos. Definida como progresista en un estado tradicionalmente conservador, está a favor de una mayor regulación del porte de armas. Trump la había definido como “amante del crimen y de las fronteras abiertas”, dos expresiones que, otra vez, poseen subliminales alusiones raciales, por no entrar a analizar su condición de mujer. Claro que nadie puede sospechar de la honorabilidad del presidente Trump en materia racial y de género.


En Florida, Andrew Gillum, candidato apoyado por el senador socialista Bernie Sanders, pudo ser el primer gobernador negro de este estado, el tercero más poblado del país y con una creciente importancia electoral (cada día, mil personas se mudan de los estados del norte a Florida, lo que también podría cambiar el perfil ideológico del estado), lo cual, para esta cultura, no es un detalle. De Santis, su oponente, dijo que “lo peor que se podría hacer es monerías con los impuestos”, al tiempo que Trump lo acusó de ladrón (tanto la alusión a los monos como a los ladrones tienen fuertes connotaciones raciales en este país). Gillum es definido como progresista y acusado de ser socialista. Sesenta votos separan a un candidato del otro.


También en Texas el candidato demócrata estuvo cerca de un triunfo histórico que no fue. Durante la campaña, el senador republicano de origen cubano Ted Cruz fue reelegido ganándole al demócrata Beto O’Rourke. Cruz se había burlado del apodo que usaba O’Rourke, “Beto”, para seducir al electorado hispano, sin notar que su apodo “Ted” puede ser considerado una forma anglosajona de evitar su primer nombre, Rafael. Texas, el estado que se separó de México para reestablecer la esclavitud (obviamente, esta verdad tan simple es un tabú de casi doscientos años), nunca pudo deshacerse completamente de su cultura hispánica, pero continúa siendo uno de los bastiones conservadores del país, tanto como California y Nueva York lo son de los liberales.


La campaña electoral estuvo, como siempre, ocupada con los malos de afuera. Un aviso aprobado por Trump insistió en mostrar la sonrisa de un inmigrante ilegal acusado de un crimen, a pesar de que el índice de criminalidad entre los inmigrantes ilegales es inferior al de los ciudadanos estadounidenses, a pesar de que semanas antes de las elecciones diferentes matanzas y ataques terroristas llevados a cabo por hombres blancos de la extrema derecha había dejado, en uno solo de ellos, 11 personas muertas en una sinagoga. Hecho que no se mencionó en ninguna publicidad, como no se mencionó la epidemia de drogas que mata 60 mil personas por año en este país o la plaga de armas de fuego por la cual 30 mil personas mueren cada año.


De estas elecciones se desprenden muchas conclusiones. Creo que la más importante es la confirmación de una creciente separación cultural e ideológica que no puede prometer otra cosa sino más ira, frustración y violencia.


Mientras hoy se trata cualquier cosa como una enfermedad psicológica, es extraño que nadie vaya al psicólogo o haga meditación para calmar el odio tribal que sufren nuestras sociedades hoy. Existe una necesidad irrefrenable de combatir y humillar al diferente que hace quince años llamábamos “mentalidad tribal”, promotora de los nuevos “vientos de odio”.
Estados Unidos nunca ha dejado de pelear la Guerra de Secesión y ahora ese conflicto se profundiza y se irradia, como todo, a otros países satélites.

 

Por  Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

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Una foto, 30 años y miles de muertos después: "Es una pena que nos hayamos insensibilizado ante la muerte de migrantes"

El periodista gaditano Ildefonso Sena retrató hace tres décadas la primera tragedia de la inmigración en el Estrecho. En esta entrevista, el reportero repasa lo que supuso aquella foto que enseñó a España y a Europa la primera imagen de un drama que no había hecho más que empezar.


El 1 de noviembre de hace 30 años a Ildefonso Sena (Tarifa, 1951) se le atragantó el desayuno. Recuerda que eran las 9 de la mañana cuando snó el teléfono de su casa. Aún con las galletas mojadas en el café, un contacto de la Guardia Civil le avisaba de que había aparecido un cadáver en la playa de los Lances, en Tarifa. “Salí zumbando, masticando las galletas escaleras abajo, cogí una cámara compacta que me había comprado pocos días antes y me encaminé al lugar”, rememora. Al día siguiente, la portada a cinco columnas de El Diario de Cádiz, con su crónica y su foto, hizo que se le atragantara el desayuno a la región y a las redacciones de los medios de todo el país, incluso de alguno del extranjero. El joven reportero gaditano había captado la primera imagen y reconstruido la primera historia trágica de un drama que todavía era muy incipiente: las migraciones a través de la frontera sur de España.


“Cuando llegué había un coche de la Guardia Civil y un agente custodiando la escena”, repite Ildefonso a todos los medios que, estos días, le bombardean a llamadas. “Cómo no voy a atender a los compañeros. Sé que es una semana, luego nadie se acuerda de esto hasta que se cumple otra vez una cifra redonda de años”, confiesa. Además del agente, lo que Sena se encontró y mostró al mundo fue un cadáver en la orilla, “totalmente vestido, cubierto de algas y de arena, con los brazos extendidos y rasgos magrebíes”. A pocos metros había una pequeña embarcación de madera, también varada en la arena. “Nadie sabía qué había pasado. El guardia civil me dijo que el capitán estaba en camino, así que, mientras, me puse a hacer fotos desde distintos ángulos. Siempre con la misma escena: el muerto en la arena, la barca detrás y el cielo gris que había esa mañana”. Hizo diez o veinte fotos, no lo recuerda con exactitud ni tiene forma de comprobarlo. “Los negativos se perdieron en una mudanza de la redacción. Sólo conservo esa imagen y a duras penas gracias a una copia que tenía en papel y que he digitalizado”, afirma nostálgico.


Cuando Ildefonso tenía la instantánea hizo aparición el capitán Manuel Prado. “Llevaba tres días destinado en la compañía”, apunta Sena. Con él iban otras cuatro personas, también de rasgos magrebíes. “¿Hablas francés?”, preguntó el capitán. “Me defiendo”, respondió el periodista. “Pregúntales si tienen alguna relación con la barca y con el muerto”, le pidió Prado. “Me costó un rato hacerles entender que yo no era policía, que era periodista. A estos cuatro marroquíes los habían localizado andando por la carretera en dirección a Cádiz y estaban asustados”, apunta. No era para menos, ya que habían esquivado la muerte hacía pocas horas.


Eran reacios, pero al final, uno de los marroquíes le contó a Sena una historia que califica de “escalofriante”, pero matiza: “Escalofriante en ese tiempo. Después me tocó cubrir muchas más y mucho peores”. En efecto, aquellos cuatro hombres que traía el capitán no eran braceros del tráfico de hachís, como normalmente pensaba la Guardia Civil cuando encontraba a magrebíes andando por las cunetas de Campo de Gibraltar. Eran inmigrantes, “migrantes, como se les llama ahora en los medios”, puntualiza Ildefonso. “El chico me contó que inicialmente eran 23 los hombres que habían zarpado a la media noche desde una playa de Tánger”, añade. Sena estaba ante el primer naufragio de un patera que se documentó en España.


No eran narcos, eran migrantes


A los migrantes les sorprendió un fuerte e inesperado viento de Levante justo a la mitad de ese mortal trayecto de apenas 14 kilómetros donde acaba el océano Atlántico y comienza el mar Mediterráneo. “Se pusieron nerviosos, vieron luces cuando ya estaban a pocos metros de la orilla. Creían que iban a hacer pie y algunos empezaron a saltar al agua. El chico me dijo que todos se tiraron por el mismo lado de la barca y el balanceo la hizo volcar. Todos cayeron al mar”, recuerda.


La de Los Lances no es un playa cualquiera, ilustra el periodista. “A tres metros de la orilla, el agua ya te cubre entero”, ilustra. Entonces comenzaron los gritos de auxilio de los que no sabían nadar. Gritos que “se apagaban cada vez que uno se hundía hasta que se hizo el silencio total”, afirma Sena. “El inmigrante me lo dijo de forma clara: sólo quedamos nosotros cuatro y el muerto. Somos los únicos que sabíamos nadar. Los otros 18 no sabemos dónde están. Seguramente habrán muerto ahogados”, relata el ya jubilado reportero.
Eso mismo escribió aquella mañana del 1 de noviembre de 1988. Metió la crónica mecanografiada en un sobre junto a algunas imágenes que había revelado en el laboratorio que improvisó en su casa y lo mandó todo a Cádiz en un autobús. “Esa era la tecnología de entonces”, comenta.


Las corrientes del Estrecho se encargaron de confirmar la tragedia. “En los días siguientes empezaron a aparecer cadáveres por un tubo. Contamos ocho y otro más que llegó a una playa de Ceuta. El resto no apareció nunca”, relata.


Casi 8.000 migrantes muertos en 30 años en el Estrecho


Desde entonces, las aguas del Estrecho no han dejado de escupir los cuerpos de aquellos que no lo lograron y, a veces, de los que lo consiguieron pero tuvieron que volver a jugársela en el mar porque fueron devueltos al lugar del que querían escapar. En ocasiones, como ésta, conocemos sólo una parte de la historia. En otras, alguien se preocupa de poner nombre y apellido a los muertos, de localizar y avisar a sus madres, hijas o hermanos que les vieron partir. A veces pasan sin más en la rueda de titulares del día. Otras veces desatan una tímida reacción de los Gobiernos, como la muerte de Aylán. Otras, sólo un clamor social de rechazo sin que las instituciones tomen cartas en el asunto, como el caso del niño Samuel.
Ningún organismo oficial lleva la cuenta. Al menos desde hace tanto tiempo. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía habla de 8.000 migrantes muertos o desaparecidos intentando llegar a España en los últimos 30 años. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia dependiente de la ONU, lleva su propia cuenta desde el 2014 y cifra en 964 las víctimas desde entonces. Más de la mitad, 564, sólo en lo que va de 2018.


“Esto se ha disparatado y es una pena que nos hayamos insensibilizado. No los periodistas, sino la sociedad en general”, opina el cronista de la primera tragedia documentada en nuestra ruta migratoria. Reconoce que aquella foto, aquella historia, no le impactó. “No sentí pena, trabajé automáticamente. Hasta que poco después lo piensas mejor y te dices que aquel muerto no era el único. Había 18 más, coño, sólo por intentar buscarse una vida mejor”.


La historia conmocionó a la opinión pública, también en Europa, y Tarifa se llenó de periodistas al día siguiente. “Ni España ni Europa habían prestado la menor atención a la inmigración irregular que aún era incipiente en el Estrecho. Apenas se contaban historias de migrantes y no tenían ningún impacto”, recuerda el periodista. Pero tras aquella fotografía, Tarifa se llenó de periodistas, españoles y extranjeros. Sena recuerda al primer corresponsal en llegar. “Coincidí con él en el cuartel de la Guardia Civil, al día siguiente. Era Arturo Pérez Reverte, que entonces trabajaba en Informe Semanal”.


Pocos meses después, la historia se repitió. Varias veces. Y así hasta el día de hoy. “Hasta que me retiré en 2005, he contado muchas historias peores que ésta, cientos de naufragios en estos 30 años, algunos con más muertos. Con mujeres, hombres y niños ahogados aparecidos en la playa. Tantas muertes nos sobrecogen al principio, pero la verdad es que hacemos poco por evitarlas. Los ciudadanos poco podemos hacer y los poderes públicos o no quieren o no pueden. Tampoco parece que haya en Europa voluntad política para atajarlo”, opina Ildefonso, que en su momento viajó a Marruecos para entender el fenómeno estaba gestándose. “Los subsaharianos no empezaron a llegar hasta entrados los años 90. Al principio eran casi todos marroquíes, había algunos argelinos. Todos querían llegar a Francia o a Bélgica”, recuerda.


Pocos cambios


Sena cree que las cosas han cambiado muy poco desde entonces. “Siguen llegando, siguen huyendo y siguen muriendo muchos”, resume. Ildefonso recuerda cómo, tras la foto, muchos vecinos de Algeciras y Tarifa esperaban en las orillas del mar a los que llegaban en patera. "Llevaban mantas, ropa, comida, agua. Algunos los ocultaban en su casas y hubo algunos vecinos que fueron detenidos por esto", rememora. Después hubo un "cambio radical" que Sena no sabe explicar. "Cambió la percepción ciudadana", apunta."


Sí que se alegra de que aquella foto, y todas las que llegaron después, dieron lugar a la creación de equipos de rescate como Salvamento Marítimo o la unidad marítima de Guardia Civil, “que ayudan a salvar mucha vidas”, aunque incide en que también se han puesto en marcha mecanismos e infraestructuras de control de fronteras que antes de esa tragedia no existían. “No van a resolver el problema”, aventura el periodista, que opina lo mismo de los acuerdos bilaterales de devolución que España ha ido firmado con algunos países africanos. “No ha servido para nada y Marruecos utiliza ahora la inmigración para exigir prestaciones económicas a España y a la Unión Europea, pero tampoco tiene la varita mágica. La mayor parte de los que llegan no son marroquíes, sólo pasan por allí”, recuerda.


Ildefonso también incide en que muchos migrantes murieron antes de ver el mar, “en el desierto, donde muy pocos periodistas se han preocupado de investigar”.


Quizás, opina Sena humildemente, la mejor forma de evitar estas situaciones pase por poner la mirada mucho más allá de la frontera y los puertos españoles. “Los que migran no quieren abandonar sus casas, pero África es un continente que los europeos hemos ido esquilmando durante muchos años. Y, ahora que están huyendo de guerras, del hambre y de la pobreza que Europa ha contribuido a generar, no tenemos voluntad de ayudarles”, lamenta. Reflexiones como ésta le hacen ser “escéptico para con la especie humana”. “No somos nada solidarios como especie ante un problema que no va a parar nunca”, aventura. “La historia de la humanidad es una historia de migraciones, de movimientos de personas en masa durante muchas épocas. Mientras tanto, asistimos a un resurgir de posiciones xenófobas, de extrema derecha, cada vez más numerosas”, opina. “Si no hay voluntad política seguiremos viendo muchas más muertes en todo el Mediterráneo”, concluye.

01/11/2018 11:09 Actualizado: 01/11/2018 11:09


Por JAIRO VARGAS
@JairoExtre

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Condenan defensores de DH operativo contra la caravana

Arriaga, Chis., Unos 200 policías federales trataron de impedir el paso de la caravana de centroamericanos cuando ingresaba al estado de Oaxaca, para "informarle" acerca de los beneficios de la propuesta del presidente Enrique Peña Nieto de que regularicen su situación migratoria y se acojan al programa Estás en tu casa para obtener trabajo y educación, entre otros beneficios.

"Esta oportunidad se ha venido construyendo con las cosas que el gobierno considera que reúnen todos los requisitos de lo que ustedes necesitan para tener una estancia en nuestro país", dijo el comisario general de la división de Gendarmería de la Policía Federal (PF), Benjamín Grajeda Regalado, a los representantes de los migrantes.

"Para aquellos que decidan ad¬herirse al programa, estamos listos para trasladarlos y tenemos todos los medios para que inicien los trámites. Estamos aquí por una razón humanitaria, pues ya no queremos que esos grupos vulnerables se sigan arriesgando; les pedimos la oportunidad de explicarles de primera mano las dudas que hayan quedado en el aire y quienes estén de acuerdo los acompañaremos para que lleguen a un lugar donde no pasen problemas."

Los centroamericanos partieron a las 3 horas de este sábado de Arriaga, Chiapas, hacia Tapanatepec, Oaxaca, pero en los límites con esta entidad había un retén con unos 200 uniformados.

Un kilómetro antes de llegar al retén –cerca de las 5 horas– detuvieron su marcha mientras representantes de las comisiones nacional y estatales de los derechos humanos de ambas entidades fungieron como mediadores para transmitir la información de Grajeda Regalado a los representantes de la caravana y viceversa.

Tras el intercambio de mensajes, el comisario de la PF y los representantes de los migrantes dialogaron varios minutos en la carretera.

"Queremos presentarles de primera mano el programa" anunciado por Peña Nieto el viernes, les dijo el jefe policiaco, acompañado por el delegado del Instituto Nacional de Migración (INM) en Oaxaca, Jacobo Rodríguez. Un representante de la caravana respondió al comisario. "Después de hacer la exhortativa, ¿van a permitir el paso?"

–La instrucción que tenemos es seguir aquí y exhortándolos para esa invitación –dijo el funcionario.

–La respuesta es "no habría paso" –sugirió el vocero migrante.

–No, sólo para aquellos que se quieran sumar [al proyecto presidencial] –confirmó el representante del gobierno.

Arturo Peimbert, defensor de los derechos humanos del pueblo de Oaxaca, expresó al responsable del operativo: "No vemos esto como medida viable, no la reconocemos, pero sí privilegiamos la paz, por eso nos ofrecemos para girar un mecanismo que ayude que no se desborden los ánimos".

Ambas partes acordaron un plazo de 20 minutos para que se despejara la carretera y cerca de las 8:05 horas, después de tres de diálogo, se dio paso libre para que continuaran su marcha a Tapanatepec, Oaxaca.

A su llegada a ese municipio, los centroamericanos se concentraron en el parque central y otros en calles aledañas. Muchos, cansados, lastimados de los pies, otros enfermos; de inmediato personas altruistas les ofrecieron comida caliente.

Más tarde informaron que dejarán Tapanatepec a las 4 horas de este domingo, un contingente rumbo a Niltepec y otro a Juchitán.

Por la noche trascendió que los representantes de los desplazados acordaron posponer el viaje de este domingo y continuarlo el lunes, luego de que a un migrante guatemalteco se le atribuyó el intento de robarse un niño, lo que ocasionó que unos 100 centroamericanos intentaran golpearlo. El presunto raptor se ocultó debajo de una banca donde se mantuvo protegido por ciudadanos mexicanos, que lo entregaron a la policía sano y salvo. Al mediodía de hoy definirán el siguiente paso.

Elio Henríquez y Diana Manzo
Corresponsales

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Lunes, 22 Octubre 2018 06:10

¿Cuál crisis?

¿Cuál crisis?

No hay una crisis migratoria en Estados Unidos.

Tal vez el peor error de políticos en México y América Latina –tanto de derecha como progresistas– es aceptar la narrativa del gobierno estadunidense y responder con promesas de cooperación para buscar soluciones a un problema que no existe. Al aceptar la ficción y participar dentro de ella, se hacen cómplices de un complot político derechista con tintes fascistas aquí.

Veamos: la inmigración indocumentada a Estados Unidos está hoy día en uno de sus puntos más bajos desde 2000, y el año pasado llegó a su nivel más bajo en casi medio siglo. Los cálculos sobre flujos de inmigración indocumentada generalmente se miden con base en el número de detenciones por las autoridades en la frontera con México. En 2000 se registraron aproximadamente un millón 600 mil detenciones, bajaron un poco a mediados de esa década a poco más de un millón, y desde entonces se han desplomado. Durante el gobierno de Obama se registró un promedio de medio millón de detenciones cada año, y en el año fiscal de 2017 fueron sólo 310 mil 531; la cifra más baja desde 1971.

Más aún, en años recientes se ha registrado un influjo neto negativo, es decir, que más mexicanos (aproximadamente un millón) han retornado a su tierra de los que han cruzando al norte de manera indocumentada.

Hoy día, los casi 44 millones de inmigrantes de todas partes que viven en Estados Unidos (una quinta parte de todos los inmigrantes en el mundo) representan 13.5 por ciento de la población nacional, casi el triple del porcentaje de hace medio siglo, pero aún debajo del nivel récord de 14.8 por ciento que representaban en 1890, reporta el Centro Pew. La gran mayoría –76 por ciento– son legales.

El régimen de Trump manipula las estadísticas para generar la idea de una crisis al medir incrementos en estos últimos meses comparados con el punto más bajo en la historia reciente el año pasado o enfocados sobre algún subgrupo (por ejemplo, menores no acompañados), para volverlos dramáticos (como recordaba Mark Twain: hay tres tipos de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas).

Ahora, la insistencia de Trump en frenar la embestida de la caravana centroamericana –cuya imagen de una masa humana avanzando hacia Estados Unidos es oro para sus propósitos– tiene mucho que ver con la coyuntura político-electoral en la cual el presidente ha anunciado explícitamente que la retórica antimigrante es clave para la estrategia electoral republicana que busca defender su control de ambas cámaras del Congreso en los comicios intermedios el 6 de noviembre.

La migración de México y Centroamérica hacia Estados Unidos en años recientes es resultado directo de un sistema que margina a millones; uno de los mayores éxitos de este modelo es la exportación de los seres humanos.

Centroamérica y enormes regiones de México son subsidiados –y rescatados– por los inmigrantes. Los mexicanos en Estados Unidos envían entre 24 y 28 mil millones de dólares cada año. En 2017, las remesas a América Latina y el Caribe llegaron a 75 mil millones de dólares. En Honduras y El Salvador, las remesas representan casi 20 por ciento del PIB.

Estados Unidos es el principal promotor de este modelo, y el que impone las condiciones. Cuando países intentan otra ruta, como se ha demostrado en tiempos recientes en America Latina, son calificados de amenazas a la democracia y la libertad. Vale recordar que esto es una visión bipartidista. Por ejemplo, fue Hillary Clinton, como secretaria de Estado, quien apoyó el golpe militar en Honduras contra un presidente demasiado bolivariano que llevó a la instalación del régimen actual y, entre otras consecuencias, cobró la vida de luchadoras sociales como Berta Cáceres.

No hay crisis migratoria. En el contexto trumpiano, los inmigrantes son lo que eran los judíos para los nazis. Cooperar con ese régimen sobre este asunto es complicidad con algo parecido. Los nuevos campos de concentración en Estados Unidos ya están llenos de inmigrantes y sus niños, y todos los días hay redadas y detenciones, mientras en mítines masivos el líder nutre la histeria de odio contra los otros.

Que eso esté sucediendo es la crisis.

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