"La reinvención de las izquierdas radica en la forma de construir alternativas partiendo de la base de ayudar a las poblaciones excluidas"

 

Traducido del portugués para Rebelión por Susana Merino

 

El politólogo Boaventura dos Santos ha publicado el libro La difícil democracia, en el que describe la ascensión del conservadurismo en un mundo cada vez más desilusionado con el proyecto social de los gobiernos de izquierda. En este nuevo libro, publicado en Brasil a fines del año pasado Boaventura dos Santos habla de “reinventar las izquierdas”. Con una visión globalista lanza luz sobre los posibles paralelos entre los movimientos Occupy y los desafíos de la Venezuela post Chávez. Transita entre la Revolución cubana y las experiencias de los refugiados en el sur de Europa. Señala la existencia de una democracia desgastada pero que sigue caminando hacia una meta todavía incierta.

 

 

- La desilusión con las izquierdas ¿es global y generalizada?

-El problema de la izquierda en un nivel más general es la falta de alternativa al capitalismo neoliberal que luego de la caída del muro de Berlín se impuso globalmente a través de la desregulación de los mercados financieros, la liberalización del comercio y las privatizaciones. Mientras existan las desigualdades, la discriminación, la exclusión social habrá siempre espacio para las políticas de la izquierda. Mientras exista la posibilidad de que surja una alternativa, aunque fuera muy modesta, esa alternativa puede surgir. Para poner un ejemplo que conozco bien, mi país. Hace ya más de un año que tenemos en Portugal un Gobierno estable, moderado de izquierda, basado en la unidad de las izquierdas, un gobierno del Partido Socialista con el apoyo del Partido Comunista y del Bloque de Izquierda... Formular una alternativa muy moderada fue posible, aunque significativa y creíble, ante las políticas de austeridad que el Gobierno hiperconservador había impuesto entre el 2011 y el 2015.

 

- ¿La izquierda decepcionada de los EE.UU. es la misma que la de Brasil y Argentina? ¿La frustración tiene los mismos motivos?

-Los motivos de la frustración varían de una región a otra. América Latina tiene la particularidad de haber comenzado el milenio con varios gobiernos de izquierda. Dichos gobiernos no modificaron para nada el modelo de desarrollo y se basaron en que el alto precio de los recursos naturales perduraría mucho tiempo y permitiría que los ricos siguieran siendo ricos y aún más ricos mientras que los pobres dejarían de ser tan pobres. Por lo tanto no hicieron reformas estructurales y gobernaron a la antigua, no solo estableciendo coaliciones con la derecha, sino usando también el mismo tipo de clientelismo político. Pero el modelo era insostenible y se dio vuelta contra la izquierda. Mientras tanto la fuerte reacción, especialmente en Venezuela, Brasil y Argentina fue provocada en buena parte por la clandestina interferencia de la CIA y del imperialismo estadounidense, una interferencia que a los demócratas brasileños les cuesta reconocer. Dentro de algún tiempo los documentos estarán disponibles, pero ya será demasiado tarde.

En los EE.UU. es difícil hablar de izquierda. El Partido Demócrata es un partido de derecha. Existe la izquierda pero enfrenta dificultades para encontrar una fórmula política. Bernie Sanders representó a esa izquierda huérfana, pero el Partido Demócrata acudió a todos los medios, incluyendo los ilegales para impedirle ganar las elecciones primarias. Sanders, para sorpresa del mundo, levantó la bandera del socialismo en el corazón del capitalismo Y la verdad es que los jóvenes y los no tan jóvenes se adhirieron.

 

- Entre el 2011 y el 2014 se registraron en todo el mundo movimientos que alentaban la expectativa de una renovación democrática. ¿Los movimientos y los partidos que compartían esa ideología podrían haber previsto ese brusco cambio del escenario político?

-Esos movimientos constituyen una gran mezcla y diría que no todos tenían por objeto renovar lademocracia. El golpe ocurrido en Ucrania, orquestado por los EE.UU. y la Unión Europea, no tenía por objeto una renovación cualquiera. Se proponía provocar a Rusia y lo consiguió. En España, pese al movimiento de los indignados y luego de tres elecciones destinadas a resolver el impasse político no fue posible cambiar la política de derecha. Pero el partido Podemos es hoy la tercera fuerza política. Si no siguieran cometiendo más errores de los ya cometidos podría convertirse en uno de los factores renovadores de las izquierdas europeas. Los ciclos históricos de verdadera transformación social son muy largos. Continuamos sufriendo las consecuencias de la caída del Muro de Berlín.

 
El balance de las revoluciones

 

En sus trece "Cartas a las izquierdas", publicadas en el libro La difícil democracia, Boaventura Dos Santos sugiere reflexiones y estrategias que pueden conducir a rescatar la fuerza y la relevancia política de la ideología.

Boaventura dos Santos basa la primera parte de La díficil democracia en la elaboración de balances sobre las experiencias políticas que ayudaron a definir las características de la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI y culmina su libro con una serie de cuestiones sobre el futuro de la izquierda.

Son trece cartas escritas entre agosto del 2011 y junio del 2016 que apuestan a la idea de recomenzar. “No cuestiono que no haya un futuro para las izquierdas, pero no lo será como continuación lineal de su pasado” escribe, señalando la urgencia de llegar a una izquierda reflexiva que se aproxime nuevamente a la defensa de los derechos humanos más básicos. En la segunda parte de la entrevista concedida a O Povo señala cómo nuestras herencias políticas ayudan a construir un nuevo pensamiento democrático.

 

- En su libro revive el recorrido de la democracia y la ascensión al poder de la izquierda en el siglo XX. Pasa por la revolución de los claveles, la cubana, la Venezuela chavista, etc. ¿Cuál será el aspecto de la democracia en los próximos 50 años?

-La democracia liberal representativa perdió su lucha contra el capitalismo, si es que alguna vez quiso entablar esa lucha. Pensemos en la socialdemocracia europea después de la Segunda Guerra y la trágica experiencia de Allende en Chile. La democracia del futuro deberá establecer una articulación entre la democracia representativa y la democracia participativa y esa articulación debe formar parte de los partidos como una forma de luchar contra la corrupción, la opacidad y el clientelismo.

 

- Muchas de esas naciones periféricas enfrentaron, en el siglo pasado, importantes períodos de democracias restrictivas y de dictaduras civiles.¿De qué manera esa configuración ayudó a definir nuestra democracia subsiguiente? ¿Qué es lo que heredamos -de positivo y de negativo– de esa experiencia?

Heredamos una cultura política autoritaria, racista, sexista, homófoba, "glamurizada" por la riqueza y la banalización de la pobreza y de la discriminación (quien es pobre es porque no merece otra cosa; el joven negro es víctima de la brutalidad policial porque es un bandido; la mujer violada es porque provocó la violación debido a su comportamiento poco recatado).

 

- ¿Cómo ha visto la elección de Donald Trump como presidente de la nación más poderosa del planeta? ¿Cómo se puede seguir pensando en tal escenario en estrategias que terminen con el autoritarismo, con el patrimonialismo y con la falta de reconocimiento de las diferencias?

-Sólo un país muy corrupto, con un sistema político profundamente antidemocrático podría haber elegido a Trump. Y allí está él. Un Gobierno de billonarios y de exejecutivos de Goldman Sachs (un grupo financiero internacional con sede en Nueva York). Los EE.UU. son un imperio en declive. Si los EE.UU. fuesen una potencia tan poderosa, ¿cómo podría explicarse la paranoia en que la cayó sobre la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones? ¿O el miedo de que Corea del Norte arroje misiles que la alcancen?. Son lo más poderoso en el plano militar y algunas de sus multinacionales son de hecho muy poderosas, pero ese es otro cantar.

 

- Habla de “reinventar las izquierdas” ¿Cual sería el primer paso a dar para esa reinvención?¿ Qué papel juegan las llamadas “minorías sociales” (movimientos negros, indígenas, LGBT) en esa necesaria revolución?

-La reinvención radica en la forma de construir alternativas partiendo de la base de ayudar a las poblaciones excluidas, violentadas, discriminadas. La izquierda debe ser al mismo tiempo anticapitalista, antirracista y antisexista. Pero debe trabajar en las familias, en los barrios, en las comunidades, en las villas miseria. La que hace actualmente este trabajo de base es la derecha evangélica. Hay que ser absolutamente intolerante con la corrupción.

 

Fuente:http://www.opovo.com.br/jornal/vidaearte/2017/01/boaventura-dos-santos-lanca-a-dificil-democracia.html

 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción

 

Publicado enPolítica
Pulso Gobierno vs. Cumbre Agraria: ¿Un solo vencedor?

En Colombia ninguna conquista social se logra sin lucha. Es más, toda conquista social demanda más de un jornada de protesta, pues el Gobierno –mejor, el poder– es experto en dilatar, hacer propaganda, distraer, confundir, dividir y...

 

Para el movimiento social de la ruralidad colombiana, empezado a gestar en medio de estas luchas, y transformado en parte en la Cumbe Agraria, Campesina, étnica y popular (Cacep), no es diferente. A pesar de sus potentes movilizaciones de los últimos tres años, en especial la prolongada entre el 19 de agosto al 12 de septiembre de 2013, y de lo suscrito al momento de levantar todas y cada una de las protestas, ahora le toca salir de nuevo al ruedo.

 

La Cacep, conformada por 13 procesos de la ruralidad, fue reconocida como interlocutora de la política púbica mediante el decreto 870 de 2014, firmado por el entonces ministro del interior Aurelio Iragorri Valencia, quien creó un escenario de negociación denominado Mesa Única Nacional (MUN), conformada por: Ministro del Interior o delegado, Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Ministerio de Minas y Energía, Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y 35 voceros de la Cacep.

 

Esta mesa centró su discusión alrededor de los 8 puntos del pliego de exigencias de la Cacep, Mandatos para el buen vivir: Tierras, territorios colectivos y ordenamiento territorial, Economía propia contra modelo de despojo, Minería, energía y ruralidad, Cultivos de coca, marihuana y amapola, Derechos políticos, Garantías, víctimas y justicia, Derechos sociales, Relación campo-ciudad y, Paz, justicia social y solución política.

 

La mesa fue instalada hace dos años y 10 meses, y pese al paso del tiempo sus avances son pocos. Por ello, luego de los constantes incumplimientos y dilaciones por parte del gobierno nacional, la Cacep rompió la mesa de negociación y convocó en el 2016 a la Minga Nacional Agraria, para levantarla fueron suscritos el 13 de junio los “Acuerdos de Santander de Quilichao”, comprometiendo una vez más al gobierno nacional a cumplir con los compromisos suscritos y ofrecer garantías a la Cacep para seguir conversando y negociando el Pliego de exigencias.

 

Dicen que “al perro no lo capan sino una vez”, pero no es cierto. Por ser así, el 8 de marzo de 2017, por falta de garantías e incumplimientos, vuelve a presentarse un pulso entre la Cacep y el gobierno nacional; esta vez la acción de protesta tomó como centro de su acción el Ministerio del Interior, en pleno centro de Bogotá.

 

¿Acción desesperada? o ¿Rabia condensada?

 

Ante el constante asesinato –suman 150 entre 2016-2017, 30 de ellos en lo corrido del 2017–, persecución y amenaza de líderes y lideresas del movimiento social, el aumento de la presencia paramilitar en varias regiones y el incumplimiento, dilación y falta de seriedad con la Mesa Única Nacional –el gobierno no envía a las sesiones de negociación funcionarios con poder de decisión–, la comisión política de la Cacep decidió declararse en sesión permanente dentro de la sede del Ministerio del Interior, hasta tanto no se hicieran presentes: el Presidente Juan Manuel Santos, Ministro del Interior en su calidad de coordinador de la mesa, Ministro Aurelio Iragorri como cabeza del gabinete de agricultura y desarrollo rural; El Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas; Ministro de Minas y Energía, el Procurador General de la Nación, el Defensor Nacional del Pueblo, Fernando Carrillo Flórez, y el Fiscal General de la Nación Néstor Humberto Martínez. Esta exigencia fue enviada a través de una carta formal que contiene 13 consideraciones, así como 8 exigencias y propuestas.

 

Las consideraciones expuestas tienen que ver con que luego de pasados 2 años y 10 meses desde la creación de la MUN (Decreto 870/2014) no se ha avanzado en los temas gruesos, pues la negociación se centró en temas mínimos de aclimatación en torno a garantías y derechos humanos –incumplidos, como es evidente–, al tiempo que el gobierno impone leyes que van en contravía de los acuerdos alcanzados en la MUN, como las Zidres o el nuevo Código de Policía, entre otras.

 

La Cacep considera que las comunidades rurales no solo han sido víctimas de la guerra, sino que existen experiencias y propuestas desde los territorios que contribuyen a la paz, las mismas que el gobierno nacional niega, desconociendo la posibilidad de su participación en los espacios de diálogo, negociación e implementación que se adelantan con las insurgencias armadas. En lo que respecta a la implementación normativa del Acuerdo Final, la Cacep considera que a través de la vía rápida (Fast track) están imponiendo una serie de modificaciones legales que desconocen las propuestas y exigencias presentadas por las organizaciones rurales, dejando en el vacío el objetivo mismo de la Mesa Única Nacional, medidas que apuntalan una política pública favorable a la agroindustria y el extractivismo.

 

Las exigencias y propuestas presentadas por la Cacep, versan sobre: 1) mecanismos rápidos, ágiles y efectivos para las garantías individuales y colectivas para la vida e integridad de las comunidades, sus líderes y lideresas; 2) Evaluación exhaustiva, con el Presidente y su gabinete, para establecer una agenda de negociación y una ruta eficaz de cumplimiento de los acuerdos; 3) traslado de la MUN de Bogotá a otras regiones del país; 4) debate público de control político sobre el estado de cumplimiento de los acuerdos suscritos; 5) reconocimiento constitucional y legal del campesinado como sujeto de derecho; 6) conocer y participar del proceso de implementación normativa por la vía rápida (Fast track) de los acuerdos entre Farc-Ep y Gobierno y, 7) garantías para participar de forma autónoma, amplia y vinculante, a propósito del proceso de negociación que se adelanta entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional.

 

La respuesta inmediata del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, el día 8 de marzo, fue enviar a Luis Ernesto Gómez, su joven viceministro para la participación e Igualdad de derechos, quien pese a su actitud jovial y aparente sencillez (porta corbata y usa tenis), se mostró intransigente y despreciativo ante las propuestas que recibió. En su papel de negociador este funcionario solo reaccionó con amenazas de represión, insistiendo en desalojar el edificio –envió un grupo de la fuerza disponible de la Policía Nacional a la entrada del Ministerio a la espera de la orden de entrar a desalojar–; negó el ingreso de alimentos para las 47 personas que se encontraban dentro del Ministerio, cortó el agua de los baños y afectó la señal de internet, queriendo así imposibilitar la comunicación pública sobre lo que acontecía dentro del recinto. Cabe resaltar que la Defensoría del Pueblo y Naciones Unidas no estuvieron presentes durante toda la jornada, solo acompañaron un par de horas, se retiraron a las 7 de la noche, comprometiendo su palabra que regresarían, lo que no hicieron sino hasta el día siguiente pero por presión de la Cacep y parlamentarios amigos.

 

Negociación de papel

 

A las 5 de la mañana del día 9 de marzo, el ambiente se tensó, fuera del edificio estacionaron 13 motos, un camión y dos camionetas de la Policía Nacional; la orden era desalojar el edificio a las 9 de la mañana. La única persona autorizada para entrar al edificio fue el senador Iván Cepeda –finalmente logran ingresar el senador Alberto Castilla y el representante Alirio Uribe– como garante y enlace directo con el ministro Cristo. Luego de un largo tire y afloje entre las partes se acuerda –en borrador– la cita con el ministro Cristo en su despacho, a la que asistirían 13 representantes de la comisión política de la Cacep. Una vez iniciada la reunión en cuestión los demás miembros de la Comisión allí presentes se retirarían del piso 11 del Ministerio.

 

Arrogancia y cinismo. Antes de confirmar la reunión planteada, Cristo y Santos se reúnen, luego de lo cual el viceministro Luis Ernesto Gómez regresa al piso 11 y le plantea a la Cumbre que para llegar a la reunión con el Ministro del interior debía construirse una agenda para la negociación; la Cumbre insistió en que eso ya estaba en la carta enviada el día anterior, pese a esto la Cacep, en un gesto de buena voluntad accede a construir con el Viceministro una acta y declaración conjunta que contiene 3 puntos:


1. Garantías y protección individuales y colectivas: Se acuerda que el Viceministerio de participación e igualdad de derechos, y la dirección de derechos humanos del Ministerio del Interior, realizarán una evaluación del funcionamiento de la subcomisión de derechos humanos y de las misiones de verificación, entregando un informe sobre la aplicación del protocolo y la adopción de medidas de investigación, prevención y protección de acuerdo al reglamento y actas suscritas en Santander de Quilichao relacionadas con el tema; además que el Ministerio del Interior oficializará el 21 de marzo de 2017 la respuesta al derecho de petición entregado por la comisión de derechos humanos de Cumbre Agraria y que el Gobierno convocará a la Fiscalía General de la Nación para que presente un informe sobre el estado de las investigaciones por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, con especial atención de los asesinatos de líderes, lideresas y defensores de derechos humanos. Finalmente, realizar una priorización que brinde garantía y protección individual y colectiva de las comunidades y sus territorios, creando instrumento de reacción inmediata. 

 

2. Mesa Única Nacional, evaluación, seguimiento y cumplimiento: Se acuerda la realización anticipada (la Cumbre propone 10 días) de la reunión de balance del proceso de negociación llevado entre las partes, con el Presidente de la República, prevista inicialmente para el mes de junio de 2017. Asimismo, el Ministro se compromete a gestionar y coordinar reuniones sectoriales con los ministros competentes para el cumplimiento de los acuerdos con la Cumbre Agraria, todo ello dentro de un término no mayor a un mes. Además, el Ministro del Interior se compromete a participar en un Debate de Control Político sobre el estado de cumplimiento de los acuerdos suscritos entre el gobierno nacional y la Cumbre.

 

 3. Participación en la construcción de paz: Se manifiesta que las propuestas presentadas por la Cumbre Agraria son una contribución de la sociedad a la construcción de una paz con justicia social; en tal sentido el gobierno nacional se compromete a incorporar los acuerdos suscritos en la Mesa Única Nacional en el marco de implementación normativa de los acuerdos de paz –Acuerdo Final– con base en el principio de Profundización de la democracia y “construir sobre lo construido”. De igual manera, el Ministerio del Interior promoverá la participación de la Cumbre Agraria en la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final; y, finalmente, el gobierno nacional brindará garantías a la participación autónoma, amplia y vinculante, a propósito del proceso de negociación que se adelanta entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, así como el gobierno nacional garantizará la implementación del Capítulo Étnico de los Acuerdos de Paz.

 

Todos estos puntos son trabajados en la tarde y parte de la noche del día 9 de marzo junto al viceministro del Interior, el que los trasmite al ministro Cristo, el cual dice, a través de un nuevo funcionario pues el Viceministro no regresa, que el documento trabajado “no esta a su medida”. ¿A la medida de sus intereses? Ante esta respuesta, los voceros de la Cacep deciden, a altas horas de la noche, abandonar la sede del Ministerio.

 

Así culminó la sesión permanente la Cacep, cuyos propósitos no fueron logrados. Conscientes de ello ahora inicia la preparación de una nueva gesta, para poder encarar en mejores condiciones un nuevo pulso con el gobierno: vendrá la movilización y minga por los derechos, la vida y la paz, como lo confirmaron sus voceros en rueda de prensa. Amanecerá y veremos.

 

¿Seguir por la misma vía? O ¿Inventar otras formas?

 

Lo sucedido en el Ministerio del Interior demuestra una cosa: El gobierno nacional solo escucha a la Cacep en la movilización, y simplemente firma actas de acuerdo para quitarse los problemas de encima.

 

Despertar del adormecimiento. Es momento para que la Cacep retorne a sus orígenes: las regiones, las comunidades y las organizaciones con base territorial. Solo allí podrá tener claro qué se quiere con cada acción y así replantear los alcances de las “vías democráticas”. Es allá, en el territorio, donde está su fuerza, y este nuevo pulso que se viene únicamente podrá salir airoso si la Cacep se mueve desde abajo hacia arriba. Es un momento para que la Cacep se reconsidere completamente, para dejar los diálogos ineficaces; es momento de encontrar y construir caminos de unidad para lograr un movimiento fuerte que consiga levantar de nuevo la voz y la razón de las comunidades agrarias.


Así hay que obrar, mucho más si recordamos la cercanía de la campaña electoral, y con ello que dentro de pocos meses el gabinete ministerial empezará a entregar las llaves de sus despachos a sus nuevos inquilinos.

 

Ante todo esto es procedente preguntar: ¿Cómo garantizar que en esta nueva ocasión el gobierno sí cumpla, a pesar de ir ya de salida? O, por el contrario, ¿No negociar más con el establecimiento? ¿Empezar a consolidar experiencias concretas de autonomía en todos los ámbitos (económico, educativo, social, cultural, etc.)? ¿Crear un movimiento cuya esencia sea el anticapitalismo? ¿Por dónde encausar los mayores esfuerzos?

 

Los interrogantes son mayúsculos, y es hora de encararlos.

Publicado enEdición Nº233
Los sinsabores del cabildo abierto en defensa de la ETB

La posible privatización de la Empresa de Teléfonos de Bogotá atiza amores y desamores en Bogotá. El reciente cabildo abierto organizado por Sintrateléfonos y Atelca, con una asistencia de 800 personas y apoyados por diversidad de procesos sociales así lo reveló. Aunque según el Alcalde y el gerente de la empresa la decisión está tomada, el camino para así concretarlo tendrá que sobreponerse a la consulta popular sobre la venta y la revocatoria de Peñalosa.

 

Vamos a asistir al cabildo pero “la decisión está tomada”1. Con estas palabras reconfirmó Jorge Castellanos, gerente de la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB) la determinación de la actual alcaldía bogotana de proseguir con el programa para privatizar esta empresa. Palabras que determinaban de entrada lo limitado e infuncional de este espacio.

 

El cabildo abierto fue propuesto, liderado y convocado por los sindicatos de la empresa, como un mecanismo y espacio para desnudar los verdaderos intereses que están detrás de la decisión privatizadora, y como expresión de la democracia participativa que debería obligar a la reversión de tal determinación.

 

Para hacerlo realidad, sus impulsores emprendieron la recolección de firmas, las cuales finalmente sumaron 44.960, con lo cual el Consejo Nacional Electoral no pudo negar la deliberación ciudadana. Los pasados 28 de febrero y 7 de marzo fueron establecidas para tal fin, y la sede del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (Idrd) fue el espacio escogido para las sesiones cabildantes.

 

Primera sesión

 

El auditorio Presidente del Idrd estaba punto de llenarse a las 9:00 am del pasado 28 de febrero, algunos funcionarios de la ETB, otros del Distrito y los concejales estaban presentes. Decenas de trabajadores y otros pobladores de la ciudad colmaban el auditorio. En el exterior del auditorio más gente. El ambiente que reinaba entre unos y otros era de confianza en sus argumentos, confiando los trabajadores que una vez –como sucedió en otras 15 o más oportunidades a a través de alegatos judiciales– quebrarían la decisión privatizadora.

 

De manera puntual todo estaba listo para arrancar la sesión. En el listado de oradores 41 inscritos, cada uno de los cuales podría exponer sus razonamiento durante 7 minutos. El vocero de Sintrateléfonos contaría con 40 minutos para abrir el cabildo.

 

Cerca de las 9:15 am, el alcalde Enrique Peñalosa ofreció una rueda de prensa amarrada: solo dos periodistas estaban elegidos para realizar preguntas, y sólo ingresaban los medios oficiosos. ¿Información o propaganda?

 

Allí el burgomaestre aseguró que su responsabilidad como Alcalde no estaba en “hacer inversión en empresas, sino hacer inversión en la gente, hacer inversión en hospitales, jardines sociales, en colegios [...]”. El mandatario fue enfático en la necesidad de construir esta infraestructura en la ciudad, sin poder precisar cifras que le dieran la razón. Según su visión de la ciudad y de sus bienes públicos, la ETB no es una empresa del Distrito, sino un recurso del cual valerse para promover el “desarrollo social”.

 

El Alcalde insistió en el riesgo que tiene la ETB, comparándola con empresas de países como Alemania, de perder su actual valor. Seguidamente, afirmó que la decisión sobre la venta ya estaba tomada, reconfirmando así lo ya dicho por el gerente de la ETB y dejando claro que el cabildo que estaba por iniciar sesión era un mero hecho simbólico.

 

Una vez culminada la rueda de prensa arrancó el cabildo. Uno a uno fueron tomando sus minutos la totalidad de las personas inscritas, unos en contra de la venta del importante recurso público y otros en favor.

 

Las horas pasaban, ya en la tarde el ambiente del cabildo se tornó tenso a causa de la intervención de Enrique Peñalosa, una simple réplica de su discurso maltrecho de la rueda de prensa matutina. Además de las palabras de Jorge Castellanos, quien aludió a las cifras de la empresa en los últimos 10 años, enfatizando en el supuesto estancamiento de sus ingresos por pérdida de clientes: donde la empresa “bajó” de un 1.6 por ciento en 2007 a un 1.5 en 2016; más la pérdida de participación en el mercado desde el 2010, año para el cual la empresa contaba con una participación de un 50 por ciento, caído a un 34 por ciento para el 2016.

 

Pese a sus datos, por parte alguna daba respuesta al cuestionario radicado 5 días antes por Sintrateléfonos y Atelca y dirigido a este funcionario y al Alcalde. La dilación era la norma. Al final el presidente del Concejo de la ciudad confirmó que el cuestionario sería resuelto el 7 de marzo cuando sería llevada a cabo la segunda sesión de este espacio deliberativo. Esta primera parte del cabildo dejó la sensación de que todo seguía igual, y tal vez en la segunda los sectores populares lograban sus cometidos.

 

Segunda sesión

 

Sin duda los funcionarios del Distrito habían evaluado lo sucedido el 28 de febrero. A las 9 am del 7 de marzo el recinto del Idrd ya estaba repleto de funcionarios públicos y de gente afín a ellos. Por fuera del recinto, los trabajadores de la empresa de teléfonos, y pobladores provenientes de distintas localidades capitalinas. Unos y otros exigían que los dejaran ingresar, pero con resultado negativo.

 

El ambiente en el auditorio también era más tenso. Las arengas, gritos, chiflidos y pancartas en contra del Alcalde y en su defensa dejaban entreverlo que sería el orden del día.

 

Enrique Peñalosa fue el primero en intervenir, sin rodeo alguno aclaró que en las condiciones que se encontraba la ETB, sólo “un comprador especializado podría sacar el potencial de la empresa y le va a inyectar el capital nuevo que necesita”, reconociendo, implícitamente, la incapacidad y desinterés de su alcaldía para mejorar las condiciones del patrimonio. Reconoció también que la decisión de la venta de las acciones le correspondía sólo a la Alcaldía y al Concejo.

 

Insistió en que la venta era “[...] la decisión más responsable [...]”, a lo que sus seguidores acompañaron con aplausos; ante el descaro que cargaban estas afirmaciones la indignación de parte de los contradictores no demoró en hacerse sentir, así como los chiflidos e insultos. La ficción de construir nuevos colegios y hospitales en las zonas más populosas de Bogotá permaneció como su argumento más fuerte y repetitivo. Por parte alguna pudo precisar dónde está el dinero de la venta del 11 por ciento de la empresa hace 20 años. Dio por terminada su intervención diciendo que “[...] no han tomado el camino fácil [...] y que [...] los gritos e insultos no le intimidaban y tampoco lograrían reversar su decisión”.

 

Lo precedió en el orden de intervención el concejal del Polo Democrático, Manuel Sarmiento, uno de los pocos oradores que con cifras logró demostrar que la venta de la ETB es la peor decisión que puede tomarse pues va en contra del beneficio de los bogotanos. Argumentó, para desmontar las razones privatizadoras de Peñalosa, que el 57 por ciento de la venta de la empresa será destinado a Transmilenio y no precisamente a la construcción de colegios, dado que sólo el 2 por ciento será destinado a la Secretaría de Educación. El concejal, firme en sus argumentos, invitó al presidente de la compañía a que dijera cuánto es su salario, el cual, según Sarmiento, “[...] supera los 35.000.000 de pesos, sólo por bajar los indicadores de una buena empresa como lo es ETB [...]”; también lo llamó a no juzgar ni arremeter contra los trabajadores de la empresa, cuando está vinculado al escándalo de Panamá Papers.

 

El concejal finalizó su intervención afirmando que “ante la frustración de Enrique Peñalosa por no tener un doctorado, el cabildo se lo otorgaba como honoris causa en privatizaciones en mala gerencia”, provocando gritos entusiastas de apoyo por parte de los trabajadores y defensores de la compañía.

 

¿Y entonces?

 

La tensión en esta segunda sesión aumentó con las intervenciones de la concejal Lucía Bastidas y el concejal Hosman Martínez quienes, intimidados por los gritos e insultos de la barra en pro de la defensa de la ETB optaron por tratar de callar a los asistentes con frases como “Bogotá mejor para todos, pese a ustedes” y “seré presidente de este país, les guste o no”, premisa de una campaña presidencial prematura que permite comprender por qué el Alcalde, pensando en otros tiempos y menesteres, no da pie con bola en Bogotá y las reales necesidades de sus habitantes.

 

Finalmente, y aunque las intervenciones de todas las personas registradas no estaban cumplidas, los defensores de la ETB optaron por retirarse del recinto asegurando que el cabildo no fue abierto sino cerrado, sin debate limpio y, además, una deslegitimación para el mecanismo de participación ciudadana en la medida que en él nada se decide. ¿Miles de firmas simplemente para ilustrar?

 

Pese al sinsabor que embarga a las organizaciones convocantes, persiste su ánimo para seguir luchando en contra de la privatización del patrimonio de la ciudad, como persiste su esperanza en que la ciudadanía los acompaña en esta lucha. Es por ello que ahora recorrerán el camino de liderar una consulta popular que decida sobre el particular, al tiempo que concentran fuerzas en el proceso de revocatoria del alcalde Peñalosa.

 

* El 31 de mayo de 2016, el Concejo de Bogotá aprobó la venta de ETB con 31 votos a favor y 12 en contra.

 


 

Recuadro


El cabildo, de forma y sin poder decisorio

 

De acuerdo a la Registraduría Nacional del Estado Civil, el cabildo abierto es “la reunión pública de los concejos distritales, municipales o de las juntas administradoras locales, en la cual los habitantes pueden participar directamente con el fin de discutir asuntos de interés para la comunidad.” Y determina que éste se hace con el objetivo de “discutir, refrendar o dar a conocer puntos de vista divergentes sobre asuntos relacionados con asuntos públicos como pueden ser las políticas públicas, acciones de gobierno o la eventual toma de decisiones por parte de la administración pública”.

Publicado enEdición Nº233
Líderes indígenas encabezan una protesta contra el oleoducto en Washington en 2014.

 

Varias organizaciones ambientalistas reaccionaron airadamente a la aprobación de la obra y anticiparon una dura resistencia y batalla legal para impedir su construcción de parte de las comunidades y las ONG.

 

El presidente de Estados Unidos causó la satisfacción de empresarios y el descontento de defensores del medio ambiente, al autorizar este viernes a la canadiense TransCanada a construir el oleoducto binacional Keystone XL, bloqueado por el gobierno de Barack Obama.

“Hoy es un gran día para los empleos en Estados Unidos y un momento histórico para América del Norte y la independencia energética”, dijo el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. “Son mucho más seguros los oleoductos que otras formas de transporte”, afirmó, lamentando que el proyecto se haya demorado “demasiado”.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, también se declaró “muy feliz” por la decisión y enfatizó el deseo de Canadá de ser socio de Washington para ayudarle a asegurar sus provisiones energéticas. “Encaminar nuestra producción hacia los mercados es esencial para el crecimiento económico canadiense”, afirmó en una conferencia de prensa en Montreal.

En un informe publicado hace dos años, el departamento de Estado calculó que la obra generaría 5000 empleos permanentes y unos 42.000 directos e indirectos durante la construcción de esa tubería de 1.900 kilómetros de extensión.

Keystone XL atravesará unos 500 kilómetros de territorios canadienses desde Alberta y unos 1.400 dentro de Estados Unidos hasta las refinerías en el golfo de México.

Tras una nueva revisión del proyecto, el subsecretario de Estado Thomas Shannon otorgó el permiso presidencial, concluyendo que “servirá al interés nacional”, indicó el departamento de Estado. El oleoducto “mejorará la seguridad energética, creará empleos y beneficiará el crecimiento económico”, afirmó por su parte la Cámara de Comercio estadounidense.

El titular de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson, exjefe del gigante petrolero ExxonMobil, no participó en la decisión luego de dar un paso al costado ante denuncias de conflictos de interés en el asunto.

TransCanada agradeció al gobierno estadounidense por la revisión y aprobación del proyecto. “Este es un hito significativo para el proyecto Keystone XL’’, dijo el presidente y director ejecutivo de la firma canadiense, Russ Girling.

La compañía espera trabajar con la Casa Blanca “mientras continuamos invirtiendo y fortaleciendo la infraestructura energética de América del Norte”, agregó en un comunicado.

TransCanada tiene una inversión total de 15.000 millones de dólares “que creará miles de puestos de trabajo bien pagos y generará beneficios económicos sustanciales en Estados Unidos”. Según la empresa, el proyecto contribuirá con 3.400 millones de dólares al Producto bruto interno estadounidense. No obstante, la firma aún deberá trabajar con las autoridades y los residentes para obtener los permisos y aprobaciones necesarias para hacer avanzar el proyecto de construcción en Nebraska, Montana y Dakota del Sur, señaló la compañía.

Varias organizaciones ambientalistas reaccionaron airadamente a la aprobación de la obra y anticiparon una dura resistencia y batalla legal para impedir su construcción de parte de las comunidades y las ONG.

“Este oleoducto no verá la luz”, dijo Greenpeace. “Keystone XL y las instituciones financieras que eligieron apoyarlo enfrentarán una vasta oposición en Canadá y Estados Unidos con el fin de que no sea construido”, estimó Mike Hudema, miembro de la organización en Canadá.

“Keystone XL enfrentará numerosos obstáculos jurídicos en Nebraska y una impugnación en el tribunal de Dakota del Sur”, además de la hostilidad “de una vasta alianza entre propietarios de terrenos, granjeros, autóctonos y ambientalistas”, afirmó Patrick DeRochie de Environmental Defence.

Mientras la Fundación David Suzuki se sumó al rechazo, alegando que el mismo “amenaza el clima del planeta y va en contra de la tendencia en la economía mundial hacia las energías renovables”.

El proyecto tiene desde 2012 un nuevo trazado que evita las reservas naturales, pero los ambientalistas critican que las arenas bituminosas de Alberta requieren una extracción que demanda mucha energía y que produce un gran volumen de gases de efecto invernadero.

Keystone XL fue durante mucho tiempo un tema espinoso entre Washington y Ottawa. Ferviente defensor de la industria petrolera, el exprimer ministro canadiense Stephen Harper, predecesor de Justin Trudeau, defendió infructuosamente el proyecto ante el gobierno de Obama.

Siete años después del primer pedido, Obama se rehusó en noviembre de 2015 a conceder a TransCanada el permiso presidencial necesario para iniciar los trabajos alegando que “no es del interés nacional”. TransCanada respondió en enero de 2016 en los tribunales de Estados Unidos con una demanda de 15.000 millones de dólares por daños y perjuicios. La firma apuesta a transportar el petróleo canadiense hacia nuevos mercados. Los actuales ductos están saturados y los productores canadienses de hidrocarburos pretenden con este proyecto enviar petróleo hasta las refinerías del Golfo de México, desde donde luego podrá ser exportado a otros países.

 

 

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ROLAND DENIS

 

Roland Denis es un revolucionario crítico, pero no de la camada más reciente, sino de una que lleva años de disidencia, luego de haber sido viceministro de Planificación a principios del gobierno del comandante Hugo Chávez.

Licenciado en Filosofía, antiguo militante del movimiento Desobediencia de los años 80, este hombre que en su adolescencia dejó de usar el oligarca apellido Boulton, explicó en entrevista exclusiva para LaIguana.TV dónde se originan las desviaciones que, en su concepto, arrastra el proceso revolucionario venezolano.

A continuación, una versión del diálogo que Roland Denis (Caracas, 1958) sostuvo con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

-¿Qué se siente el haber desmentido el aserto marxista según el cual "el ser social determina la conciencia social"?

-¿Haberlo desmentido... cómo es eso?

 

-Sí, porque usted ha logrado tener una conciencia social distinta a su ser social.

-¡Ah, ahora entiendo la pregunta! Primero que nada, eso es un determinismo marxista, muy propio de Marx y de su época, del positivismo de su época y de todos los determinismos. Todo se ha dialectizado y se ha hecho mucho más complejo. El ser social determina la conciencia social, pero la conciencia social también puede determinar el devenir del ser social. En mi caso, simplemente me dio la gana de abrirme de mi clase social... o mejor dicho, no fue porque me dio la gana, sino porque me encontré en el camino ventanas de la vida que se abren, seres que uno se encuentra, escenarios, cruces de personajes que, obviamente, si no me hubiese topado con ellos, mi trayectoria hubiese sido otra. Aparecieron realidades, circunstancias que, poco a poco, me fueron enamorando de otra opción de vida. Eso es todo.

 

-Algunos analistas dicen que la Revolución entra en crisis a partir de la muerte del comandante Hugo Chávez, pero de usted puede decirse que es disidente desde mucho antes de ese hecho. ¿En qué momento sintió que el proyecto comenzó a desviarse?

-Hay que recordar que este proyecto comenzó a forjarse en los años 90, a través de una interacción que se fue generando entre un líder y el movimiento popular, entre un movimiento militar y los movimientos sociales que venían gestándose desde los años 80. Eso derivó en una síntesis feliz hasta el punto de que se logró la toma del poder. Pero la crisis ya estaba en su corazón porque en esa suma de movimientos había elementos muy contradictorios con el propósito revolucionario. La opción de Chávez de optar por la vía electoral tuvo mucho apoyo, pero también muchos cuestionamientos. Entre los grupos críticos estuvimos nosotros, por una razón obvia: la creación de una opción electoral amplia iba a traer como consecuencia la entrada dentro al proyecto de cambio revolucionario de una cantidad de sujetos que lo harían con un criterio netamente oportunista. Eso, frente a continuar en la opción insurreccional, provocaba un debate difícil. Finalmente gana la opción electoral y el movimiento popular se convierte en gobierno, pero lleno de una cantidad de cruces con las viejas castas políticas, con mafias sindicaleras, con una izquierda reformista, con una cuerda de batequebraos, como se dice, que solo andaban buscando cargos, procurando ser parte de lo que vino a continuación, que fue el gran saqueo de la renta. Esos sectores se pusieron a hablar el lenguaje de los movimientos sociales, que Chávez adoptó y del que se convirtió en un ícono, pero en realidad no compartían las ideas concretas. Se limitaron a imitar el lenguaje bolivariano, de género, soberanista, independentista, pero el conjunto de las fuerzas que aparentaban impulsar la Revolución estaba plagado de agentes oportunistas. También había un componente militar que sí, tenía una posición nacionalista, pero desde una posición ideológica francamente de derecha, que se fue develando con las posiciones que asumieron hombres como (Jesús) Urdaneta, (Luis Alfonso) Dávila, (Jesús Acosta) Chirinos, etcétera. Fue un movimiento muy heterogéneo y diverso, pero no en el buen sentido de la palabra, sino que esa heterogeneidad, esa diversidad, que en otras situaciones son características tan bonitas, en este caso jugó como un elemento terriblemente regresivo.

 

-¿La desviación comienza entonces desde muy temprano?

-Sí. Y se nota con los grandes fenómenos de corrupción, con el famoso Plan Bolívar 2000. Pero la crisis no es tanto la corrupción en sí misma, sino la impunidad que también comienza a manifestarse desde el principio. Y también comienza a expresarse la actitud de ciertos militares que se creen dueños de un poder que, en realidad, no era de ellos, sino de la sociedad y del movimiento popular. El hecho de que la crisis comience temprano no niega que haya habido, paralelamente, hechos muy hermosos, como el fenómeno constituyente, la dinámica de los movimientos populares, la defensa del país frente a la enorme conspiración oligárquica que vino desde afuera y desde adentro. Eso fue hermosísimo, reflejó cohesión, de multiplicación de organizaciones populares, pero eso que estaba pasando le dio mucho miedo, no solamente a los oligarcas y a la gente que pensó que le iban a quitar su carrito o que le iban a llevar a sus hijos a Cuba. También asustó a los oportunistas que se habían internado en el movimiento. Allí comienza esa gran diatriba que alcanza su máxima expresión en la presidencia de Nicolás Maduro.

 

La ruptura

 

Roland Denis atribuye al comandante Chávez la responsabilidad de no haber sabido manejar el poder que los movimientos populares le endosaron. "José Vicente Rangel, durante su etapa como vicepresidente, manejó internamente los hilos del poder, elevando personajes que no tenían ninguna base, quienes a su vez crearon sus propias tribus de poder".

 

-¿Por qué cree que no supo manejar el poder?

-Tuvo muy poca autoridad, en el fondo, a pesar de ser un personaje de apariencia muy caudillista y hasta autoritaria. O tuvo poca autoridad o lo fueron neutralizando. En eso no solo trabajaron los personajes internos, sino yo diría que hasta los propios cubanos. Eso permitió que entraran más y más personajes siniestros, que el Estado se hiciera más y más burocrático, que las redes de corrupción resultaran cada día más fortalecidas, y el proyecto como tal comenzó a cambiar su visión. Chávez, al final de su vida, trató de corregir las deformaciones, siendo muy autocrítico, pero ya era muy tarde, ya se estaba muriendo. Ese discurso del golpe de timón fue un último intento verborreico, pero ya no había tiempo.

 

-Cuando usted estuvo en el Ejecutivo, como parte del equipo de Felipe Pérez Martí, ¿qué vio allí adentro? ¿cómo fue esa experiencia de gobierno?

-Bueno, fue una experiencia de no-gobierno porque ocurrió en 2002-2003 y en esos momentos casi que nos quedamos sin gobierno, de hecho, tumbaron a Chávez. Cuando él regresó sí hubo una experiencia interesante porque comenzaron a tener un nivel decisivo de influencia los movimientos populares organizados, multiplicados, fortalecidos y hasta envalentonados en contra de esa reacción tan dura que había tenido la derecha. El equipo al que yo pertenecí estaba montado en la idea de reconstruir el gobierno y, a la vez, cambiar el Estado, mantener la economía y adelantar un plan transformador impulsado no por la renta estatal sino por las fuerzas revolucionarias. Fue un momento muy bonito. Por ejemplo, en pleno paro petrolero, fuimos capaces de coordinar los recursos populares para darle de comer a buena parte de Caracas, que ya se estaba quedando sin alimentos. Fue una experiencia de gobierno realmente revolucionaria.

 

-¿Y qué pasó entonces?

-Era obvio que había gente que ya estaba trabajando en la otra agenda. La presión adentro era tremenda. Había un componente personal muy determinante. Por ejemplo, un personaje increíblemente negativo de este proceso ha sido Jesse Chacón, no solo por el tema de la corrupción, sino porque empezaron a crear un espectro ideológico de un populismo barato, inmediatista, despilfarrador, sin estrategia alguna, donde lo único que vale es salvar el camino inmediato. Pero él es solo un ejemplo. Lo que quiero decir es que el mundo estaba incidiendo sobre nosotros para crear de nuevo todas las relaciones que la IV República ya había creado para garantizar el control de nuestras riquezas. Hay que entender cómo nos miran desde fuera. Nosotros, cuando hablamos de Europa, de Estados Unidos, de los grandes países del mundo, decimos que son imperialistas, pero también vemos lo que producen, el campo civilizatorio que generan. Pero, ¿cómo nos miran ellos a nosotros? Bueno, je, je, je, como un pedazo de tierra con un poco de negritos y de indiecitos fastidiosos encima, y piensan que deben quitarnos esa tierra porque aquí hay riquezas .

 

-¿Usted mantiene contacto con quien era el ministro de Planificación de aquella experiencia de gobierno suya, Felipe Pérez Martí?

-Felipe es muy amigo mío, pero él se pasó totalmente a la derecha. Incluso está en un movimiento que yo le he criticado muchísimo, a favor de una supuesta Constituyente originaria que yo no sé qué coño significa. Me imagino que una constituyente originaria será la que hicieron los primeros humanos, por allá en África o, en nuestro país, el Congreso de Angostura. En todo caso, detrás de ese planteamiento absurdo se esconde un movimiento dentro de la derecha para plantear la reforma de la Constitución de 1999, pues saben que contiene muchas trabas para la entrega final, que va más allá de los recursos petroleros, de la renta y del arco minero, que ya se hizo con el chavismo, que lo está haciendo Nicolás. Para la siguiente fase, necesitan cambiar la Constitución en el sentido reaccionario, conservador. Y Felipe, inocentemente, les está haciendo el juego, lo cual considero muy lamentable porque yo lo quiero mucho, para mí es una gran persona.

 

"Esto se acabó"

 

Integrante de un equipo denominado Otra Política /Frontal 27, Roland Denis tiene una visión bastante pesimista acerca de lo que está por ocurrir en Venezuela en los próximos tiempos. Él considera que el gobierno de Maduro ya es de derecha y que se está preparando el terreno para que las fuerzas propiamente neoliberales tomen el poder.

 

-¿Es inevitable que venga un gobierno encabezado por los líderes políticos de la derecha?

-Inevitable no hay nada. Se está preparando una transición que se ve clarita. Lo que pasa es que la derecha, que yo no sé dónde comienza y dónde acaba, pero digamos que la derecha más visible, es muy torpe. Entonces mantiene una actitud de que "yo te voy a sacar del poder y al día siguiente amaneces preso". Y frente a eso, la otra gente dice: "No, yo tengo aquí 17 años y tú no me vas a meter preso, a menos que me tumbes". En ese sentido tienen mucha razón Nicolás, Diosdado y todos ellos. Pero, por otro lado, se está preparando todo para la transición. Eso puede apreciarse, por ejemplo, en las políticas de Petróleos de Venezuela o en materias como el Arco Minero y en los planes gasíferos... Ya desfalcaron totalmente al país entre escuálidos y chavistas. Se han sacado esas cuentas, lo ha dicho hasta el FMI: desde los años 80 para acá se han recibido alrededor de 500 mil millones de dólares y eso está por encima de las reservas del país más rico de la OPEP, que es Arabia Saudita, y de muchos países sumados. Ahora, esa centrífuga de dinero no se detiene allí, sino que el mundo entero mira con gula toda la región petrolera de la Faja del Orinoco y la zona del Arco Minero. Esa gula está metida dentro del Estado, a través de políticos que han estado trabajando muy bien para alcanzar ese objetivo.

Para el entrevistado, se trata de una conspiración exitosa, que ya lleva muchos años en desarrollo, luego del fracaso del primer intento, que fue netamente oligárquico e imperialista. "Una parte de esa conspiración ha sido bloquear todos los planes de desarrollo que teníamos. Bloquearon los proyectos para las industrias agrícola, química, farmacéutica, básica, pesquera, la pequeña industria. Todos los elementos que estaban proyectados han fracasado. Lo único que se puede mostrar como un logro es eso que siempre han sabido hacer los italianos: poner un ladrillo sobre otro para construir un edificio, pero eso no es absolutamente nada si se le compara con el proyecto inicial que teníamos, y no nos ayuda mucho a dejar de ser un país rentista".

 

-¿Culpa de eso a los sucesores del equipo del que usted formó parte en el Ministerio de Planificación?

-Bueno, luego del bloqueo de todos esos proyectos, se puso allí un ministro para justificar ideológicamente una fuga gigantesca de capitales y preferir estratégicamente la importación frente a la producción nacional. Ese ministro fue (Jorge) Giordani, quien implantó un modelo nefasto que todavía está aplicándose hasta llevar al sistema cambiario al caos total. Ahora se ha entrado a otra etapa, que está muy bien representada por la política del Arco Minero. Yo defendí el Arco Minero en un primer momento porque era una propuesta de movimiento minero de la región, pero esto que se ha hecho es otra cosa: negociar con las grandes corporaciones, monstruos gigantes de la minería más devastadora del mundo, tipo Barrick y otras parecidas. Ahí está clarito: la conspiración ha tenido éxito porque ellos están negociando la riqueza minera más importante del mundo, mientras nosotros estamos ocupados aquí buscando dónde comprar una harina Pan o un pote de margarina. Hay que reconocerles ese éxito en neutralizar la conciencia y la rebeldía revolucionaria desde adentro, no por las redes escuálidas. Fue muy bien jugado.

 

-¿Cuáles son las posibilidades de recuperación del movimiento popular? ¿Hay que pensar en tocar fondo, pasar algunos años y procurar volver con un nuevo proyecto? ¿O estamos condenados a asumir la senda del neoliberalismo, por la que transita el mundo entero?

-El devenir humano es tan impredecible que yo no puedo dar ninguna respuesta certera al respecto. Lo que puedo decirte es que la recuperación de las fuerzas populares puede tardar mucho, pero también puede venir en dos semanas porque siguen latentes las semillas de un movimiento popular gigantesco, que además tiene más experiencia, que ya no es tan inocente como lo era hace veinte años y que podría despertar en cualquier momento. Ahora, yo soy pesimista. Creo que va a ser un proceso largo, de reconstrucción muy difícil porque hay una pérdida de confianza, una pérdida de acumulación de fuerzas, de aquel pueblo que acompañaba el proceso. Eso fue lo que lograron, desapegar totalmente la fuerza social del espíritu revolucionario. Recuperar ese puente es realmente jodido. Tal vez sí haya regiones donde eso sea posible, no tanto en Caracas, que es una ciudad absolutamente intervenida y corrompida por la burocracia. Yo creo en los movimientos rurales y semi-rurales que giran alrededor de ciudades importantes en el centro-occidente, Barinas, los Andes y algunos puntos de Oriente. Allí hay experiencias no solo de elementos revolucionarios, en el sentido tradicional del término, sino también de pequeños propietarios y nuevas iniciativas. Cuando uno ve ese tipo de expresiones se convence de que el pueblo no está muerto, que para matarnos totalmente van a tener que eliminarnos de verdad.

 

-¿Qué rol tiene gente como usted en ese trabajo de reconstrucción?

-Nos toca explicar, con capacidad autocrítica, qué fue lo que pasó claro y raspado, con la verdad en la mano. Eso puede ayudar a renovar un pensamiento, un espíritu, pero eso será tarea de nuevas generaciones, que están naciendo, que no vivieron las viejas épocas, algunos ni siquiera vivieron el 2002, sino que comenzaron a estar activos a partir del chavismo tardío. Esas generaciones están muy confundidas porque casi todos ellos quedaron moldeados con cuatro o cinco símbolos que ahora mucha gente odia. Por ejemplo, eso de "aquí nadie habla mal de Chávez" no era antes una orden dictada por un déspota en un programa de televisión, sino un lenguaje propio de la gente. Eso ya se perdió. Ya es muy tarde para la crítica, ya este gobierno está muerto, y tiene que renacer otra cosa. ¿Cómo va a renacer, cuáles van a ser sus tiempos y sus espacios? Nada de eso se sabe.

 

-Volvemos a la pregunta: ¿viene entonces un gobierno de derecha?

-Lo que se está negociando todos los días, de una manera franca, porque las mesas de diálogo son para eso, es una manera de traspasar el poder. El diálogo significa que el gobierno está dispuesto a dejar el poder en manos de la derecha goda, de la godarria, representada por los sifrinitos de Altamira y, específicamente, a un personaje al que le están construyendo una especie de épica personal, que es Leopoldo López, quien podría ser el llamado a ocupar el mando, luego de unos personajes de transición que podrían ser desde (Manuel) Rosales hasta (Henri) Falcón, qué sé yo cuál. En todo caso, eso se está negociando, igual que nuestro subsuelo, la entrega final de todas nuestras riquezas, luego de cuatro décadas de hablar de nacionalizaciones y de cuanta paja pueda haber. Eso es lo que se está moviendo y allí participan muchas conexiones: la de (Álvaro) Uribe, la de la ultraderecha mundial; la conexión republicana de Estados Unidos; y la del neoconservadurismo ruso, que viene internándose dentro del continente americano a través de pensadores, algunos muy interesantes, por cierto, y que tienen mucha influencia en la nueva derecha europea, que no es liberal y que empiezan a penetrar acá mismo, y eso se ve muy claro en discursos como el de Diosdado Cabello. Insisto en lo mismo: en todos estos movimientos se ve cómo al mundo entero le interesa Venezuela, pero no la Revolución Bolivariana, sino las riquezas y los negocios gigantescos que pueden hacer. Sobre todo esto estoy escribiendo algo que espero sea mi último aporte para entender lo ocurrido.

 

-¿Por qué el último?

-Porque ya he pasado demasiadas cosas. Mi rollo con Chávez comenzó en 2004, luego de unos artículos en Aporrea, de donde, por cierto, también salí. Yo nunca dejé de apoyar a Chávez, pero no me iba a calar que la relación con él fuera de dirigente a caudillo. Nosotros somos hijos de Chávez, pero Chávez también fue un hijo nuestro. Nosotros le enseñamos muchas cosas. Yo siempre busqué una relación mucho más horizontal con el mando, pero fue un fracaso completo. Luego aparecieron las trabas burocráticas y las mafias que me sacaron absolutamente de todo, incluso de los medios públicos. Ni Vanessa Davies, que es como una hermana, que combatimos juntos y a quien adoro, se atrevió a darme espacio cuando estaba en puestos de mando comunicacional.

 

-¿Los movimientos disidentes del chavismo tienen alguna posibilidad de asumir la conducción política de la Revolución?

-No, no creo, son movimientos muy pequeños, con poca fuerza. El grueso del movimiento chavista está del lado del PSUV. Esa fue la gran operación de captura del movimiento popular y fue concluida con éxito.

 

 

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Educación popular y formación política: enseñanzas de Marx

 

Si bien puede parecer redundante o conocido, es importante recuperar cómo la larga tradición del marxismo revolucionario supo tener a lo formativo y a la educación popular como algo central en su derrotero militante. En especial porque aunque suene paradójico, en coyunturas adversas como la que vivimos en América Latina, o en momentos donde la movilización popular nos encuentra de manera constante en las calles, los procesos de formación, de análisis y estudio, de lectura e investigación de la propia realidad que se pretende transformar, se resienten o bien ostentan -salvo contadas excepciones- un lugar residual al interior de las organizaciones de izquierda. A contrapelo, y en sintonía con los planteamientos de buena parte del marxismo crítico, es precisamente en contextos como el actual donde más urgentes resultan este tipo de apuestas pedagógico-políticas.

Consideramos un ejercicio imprescindible revisitar desde este ángulo las propias biografías e itinerarios de quienes constituyeron una referencia fundamental en la conformación del marxismo revolucionario, comenzando por el propio Karl Marx (1818-1883). En general predomina -a nuestro modo de ver, no casualmente- una visión de Marx como un genio solitario, dedicado casi exclusivamente a escribir libros y artículos detrás de un escritorio, sumergido cual ratón de biblioteca en la sala de lectura del Museo Británico durante años para elaborar El Capital. Sin embargo, se omite que desde su juventud hasta los últimos momentos de su vida, siempre produjo, intervino y reflexionó en diálogo constante con la realidad y las luchas que lo estimulaban a pensar y actuar como militante revolucionario, por lo que podemos definirlo como un verdadero intelectual orgánico de las clases populares.

Desde sus primeros artículos periodísticos de denuncia de las condiciones de miseria y explotación que padecían los campesinos de Mosela, pasando por el enorme aprendizaje político que resulta de sus diversos encuentros e intercambios en buena parte del continente con organizaciones clandestinas, sindicatos y asociaciones de exiliados, hasta la elaboración de sus incendiarios documentos y comunicados políticos al calor de la revolución de 1848 (entre los que se destaca el Manifiesto Comunista, escrito a pedido de la Liga en la que participaba junto con Engels, y cuyo antecedente había sido el Comité de Correspondencia Comunista), puede decirse que su formación estuvo signada por el vínculo estrecho con -y el aprendizaje a partir de la experiencia vital de- las organizaciones y movimientos en lucha en toda Europa.

Sería infructuoso reseñar en detalle su abultada producción teórico-política, pero vale la pena recordar algunos de sus principales materiales y momentos de intervención, para dar cuenta de la importancia que siempre tuvo el estudio y la formación para Marx. No podemos dejar de mencionar las Tesis sobre Feuerbach, temprano borrador de 1845 cuya extensión es inversamente proporcional a su densidad filosófica y política, en la medida en que condensa en unos pocos párrafos una caracterización profundamente revolucionaria respecto del conocimiento de la realidad, y postula como criterio de verdad a la praxis, la cual presupone una unidad indisoluble entre reflexión y acción, así como el papel activo y dinámico que tienen los sujetos tanto en la comprensión como -sobre todo- en la transformación del mundo. A su vez, textos pedagógicos y de amplia difusión popular bajo el formato de folletos, como Trabajo asalariado y capital o Salario, precio y ganancia, son en realidad conferencias que fueron pensadas para el esclarecimiento teórico y la batalla política, en el seno de las organizaciones de base de trabajadores y activistas que el propio Marx frecuentaba. Su obsesión por lograr que la clase obrera pudiese acceder a los sucesivos tomos de El Capital a través de su desdoblamiento en fascículos sueltos divulgados a precios populares -tal como deja traslucir en más de una carta intercambiada con Engels y con su editor- tiene la misma vocación formativa.

Asimismo, dentro de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), una de las propuestas que supo impulsar fue la de una investigación “de la situación de la clase obrera en todos los países, llevada a cabo por la clase obrera misma”, donde uno de los puntos más relevantes era la educación del proletariado en términos mentales, físicos y tecnológicos, es decir, desde una perspectiva integral.Sumamente entusiasmado por concretar esta propuesta redactada en 1866 (no casualmente, escasos meses antes de que salga a la calle la primera parte de El Capital), Marx expresará que “al iniciar tan gran obra, los obreros mostrarán que son capaces de tomar sus destinos en sus propias manos”. En efecto, poco tiempo atrás, en ocasión del nacimiento de la Asociación Internacional de los Trabajadores, ya había escrito en su Manifiesto Inaugural que “la clase obrera posee un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”.

No está de más recordar que otro texto imperecedero de Marx, publicado luego bajo el título de La guerra civil en Francia, fue en rigor un documento político redactado por él a pedido del Consejo General de la AIT (de hecho, sus integrantes fueron quienes firmaron como “autores” colectivos la primera edición de este material), con el propósito de brindar una lectura desde el punto de vista de la clase trabajadora, acerca de los sucesos ocurridos en París durante la instauración de la Comuna entre marzo y mayo de 1871, a tal punto que las diversas ediciones en inglés y en otras lenguas -por lo general como folleto- fueron vendidas entre los obreros a precios reducidos y se agotaron rápidamente. Es interesante destacar que el interrogante teórico-practico que obsesionó a Marx durante casi dos décadas (¿con qué sustituir al Estado burgués tras la conquista y destrucción del poder político a través de una revolución?), no pudo ser respondido por él en términos intelectuales o eruditos, sino que fueron las y los desposeídos parisinos que osaron “tomar el cielo por asalto”, quienes resolvieron este enigma y le enseñaron a Marx -a partir de su experiencia colectiva y sin receta alguna- la forma política “al fin descubierta” que debía asumir el autogobierno popular luego de la desarticulación del poder estatal y capitalista.

Ya en su última década de vida, además de insistir en la necesidad de entender y analizar a las sociedades a partir del principio epistemológico de la totalidad (que implica concebir al capitalismo como un sistema, no disociando por tanto, salvo en términos estrictamente analíticos, las diferentes y complementarias relaciones de opresión, dominio y resistencia que lo constituyen como tal), Marx confrontará con aquellas corrientes que, como la liderada por Lasalle en Alemania, pregonaban la posibilidad de construir el socialismo de manera gradualista y desde el Estado. Conocido como “Crítica al Programa de Gotha”, este manuscrito póstumo redactado en 1875 cuestiona de manera radical los núcleos principales de un programa político que, elaborado en el marco de la unificación de las dos principales organizaciones obreras alemanas, se encontraba en las antípodas de su concepción revolucionaria. Frente a la sugerencia de los lasalleanos de subsumir toda propuesta de trabajo cooperativo y de educación popular a la lógica estatal, Marx responderá indignado: “Eso de ‘educación popular a cargo del Estado’ es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado (...) y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! (...) es, por el contrario, el Estado el que debe recibir del pueblo una educación muy severa”.

Unos años más tarde, retomará con mayor fuerza aquella vocación por la formación, el estudio y la investigación militante, a través del diseño y la difusión de una “encuesta obrera”, que tenía por propósito el indagar en la situación de explotación que padecía la clase trabajadora europea, pero también conocer sus condiciones de vida y reproducción más allá de la fábrica, así como sus formas organizativas y sus repertorios de lucha. Elaborada en 1880 para que sean los propios trabajadores quienes la implementen en sus ámbitos laborales, llegó a contemplar más de 100 preguntas, la mayoría de las cuales eran interrogantes “generadores”, que buscaban fomentar, a partir de su lectura y el debate colectivo que disparaban, un proceso de desnaturalización y cuestionamiento de la situación padecida, en paralelo a la autoconsciencia por parte de los obreros mismos, de su potencialidad como clase revolucionaria y con intereses antagónicos a los de la burguesía.

Este viejo Marx se encargará incluso de fustigar, junto con Engels, a la dirigencia socialdemócrata alemana que por aquel entonces ya dejaba traslucir su tendencia a la burocratización y comenzaba a denostar la capacidad de las y los trabajadores de liberarse del yugo capitalista sin tutela alguna. En una extensa y premonitoria carta, denunciarán a quienes consideran que “la clase obrera es incapaz de conquistar por sí misma su propia emancipación” y consideran que “para lograrla debe ponerse bajo la dirección del burgueses ‘cultos y pudientes’, los únicos que poseen el ‘tiempo y las oportunidades’ para informarse de lo que es bueno para los obreros”. A contrapelo de esta concepción paternalista y vertical, dirán: “Cuando se constituyó la Internacional, formulamos expresamente el grito de combate: el emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma. Por ello no podemos colaborar con personas que dicen que los obreros son demasiado incultos para emanciparse por su cuenta y que deben ser libertados de arriba por los burgueses y pequeños burgueses filántropos”

El 14 de marzo de 1883 su vida se apagará definitivamente. A partir de ese momento, las querellas e interpretaciones en torno a su legado y herencia serán una constante en el seno de las izquierdas (e incluso por fuera de ellas). Quizás previéndolo, el viejo Marx supo responder de manera irónica: “lo único que sé es que no soy marxista”. Sabias palabras éstas frente a quienes pretendían hacer de su pensamiento y su praxis revolucionaria un nuevo dogma al margen de todo tiempo y espacio.

Por ello lo fundamental es no vislumbrar a Marx ni al sin fin de grandes revolucionarios/as (desde Lenin y Gramsci a Rosa Luxemburgo, de Mariátegui y Amilcar Cabral al Che Guevara) como iluminados/as y sabelotodos/as que esclarecieron y guiaron a organizaciones y pueblos “ignorantes”, carentes de conciencia por sí mismos/as y meros/as ejecutantes de una estrategia que les era incorporada “desde afuera”. Si bien en todos los casos tuvieron un papel destacado en sus respectivos procesos revolucionarios, vale la pena recordar una de las tesis sobre Feuerbach escrita precisamente por el joven Marx, que criticaba aquellas lecturas unidireccionales que olvidan que “el educador a su vez debe ser educado”. De ahí que quizás sea más equilibrado afirmar que fue la praxis colectiva y el devenir histórico-político dentro del cual se situaron con creatividad y audacia en tanto aprendices-sistematizadores/as (o educadores-educandos), lo que les permitió destacarse como dirigentes e intelectuales revolucionarios/as a cada uno/a de ellos/as en los proyectos donde intervinieron.

A pesar de la indudable centralidad que han tenido estos/as referentes del marxismo en impulsar y sostener iniciativas de producción de conocimiento, investigación militante y educación popular liberadora, resulta imprescindible resituar -comenzando por el propio Marx- tanto sus liderazgos como los aportes teórico-prácticos que han generado, en el marco de procesos y sujetos de carácter colectivo, así como en función de una constelación de luchas e iniciativas emancipatorias, que constituyeron las verdaderas escuelas en la que se forjaron como intelectuales orgánicos de los pueblos.

El estancamiento del pensamiento crítico y la dogmatización han sido un peligro constante en los diferentes proyectos revolucionarios encarados por las fuerzas de izquierda, y hoy cobra nuevos bríos como tendencia en la actual coyuntura que vivimos. Acudir nuevamente a autores, corrientes, matrices de análisis e itinerarios de trastocamiento del orden social y político, que en algún contexto u época diferente quizás prosperaron o resultaron viables para caracterizar y transformar otra realidad, se torna una tentación difícil de escamotear y nos ahorra el ejercicio de pensar y actuar con cabeza propia, a partir del estudio riguroso y situado del propio territorio y desde el tiempo histórico que pretendemos revolucionar.

Como es sabido, la historia no se repite salvo como tragedia o como farsa. Por ello, frente al seductor recetario de manuales y esquemas abstractos en estos momentos sombríos donde prima el desconcierto y el desarme teórico, el planteo de Mariátegui de no calcar ni copiar constituye un faro estratégico, desde ya sin que esta consigna implique partir de cero, pero sí cepillando a contrapelo y asumiendo la necesaria actualización y revitalización crítica de los aportes de Marx.

Ludovico Silva, uno de los intelectuales venezolanos más potentes para formarnos de manera des-manualizada, solía decir que “si los loros fueran marxistas, serían marxistas ortodoxos”. Por cierto, es sobre la base del análisis concreto de nuestra realidad específica -en la que finalmente actuamos e intervenimos a diario- que podemos traducir y (re)elaborar conceptos e ideas, así como construir una estrategia revolucionaria acorde a los desafíos que nos depara nuestro presente. No se trata, en suma, de “aplicar” esquemas o categorías prefabricadas, ni de concebir a la obra de Marx como un sistema acabado o un conjunto de verdades irrefutables, sino de recrear sus presupuestos y basamentos, a partir de su confrontación con la cada vez más compleja realidad en la que estamos inmersos. Pero a no dudarlo: Marx tiene todavía mucho que enseñarnos como “maestro de vida”.

 

 

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Lunes, 13 Marzo 2017 07:11

Cerca de la paz, la violencia no cede

Ruth Alicia López, víctima reiterada y fatal de la violencia.

 

EN LO QUE VA DEL AÑO, 30 DEFENSORES DE LA PAZ FUERON ASESINADOS EN COLOMBIA

 

Desde Medellín

 

”¿Y si me matan?”, empiezan a preguntarse líderes de todo Colombia ante la creciente ola de homicidios a los promotores del Proceso de Paz en territorios apartados del país donde la presencia de grupos ilegales ha sido histórica por el abandono del Estado. La paz negociada en La Habana y firmada en Cartagena y Bogotá les prometió protección para el ejercicio de la política y la oposición, y también iniciar acciones para desarticular el paramilitarismo. Pero, a tres meses de la firma del acuerdo, los avances han sido escasos mientras el baño de sangre se amplía por cada rincón del país llegando incluso a las ciudades.

El pasado 2 de marzo, por primera vez las balas alcanzaron una lideresa social en una ciudad capital desde la firma del acuerdo de Paz. Ruth Alicia López fue asesinada de ocho impactos con silenciador en una comuna popular de Medellín. Víctima de la guerra en tres ocasiones anteriores –desplazada de su natal Urabá, amenazada por paramilitares y detenida sin justa causa por el Estado– esta vez encontró la muerte cuando visitaba a su hermano y madre también líderes en sus convulsionados barrios. Ese mismo día, en Bello, la ciudad vecina de Medellín, fue asesinado un líder de juntas comunales, y dos días más tarde llegó la noticia del homicidio de los hermanos José Antonio y Luz Ángela Anzola en la provincia del Meta, llanos orientales.

Desde el llamado DÍA D, cuando inicia la implementación del acuerdo de paz y fue pactado por gobierno y la guerrilla Farc como el 1º de diciembre, han sido asesinados 27 hombres y mujeres que realizaron pedagogía de paz en sus territorios y campaña para ganar el plebiscito que finalmente perdió por el mayoritario voto en las capitales.

Estas personas han sido sobrevivientes del fuego cruzado en sus territorios que se negaron a abandonar para continuar defendiendo sus derechos en los campos, y estaban cumpliendo tareas de organizar las bases sociales en diversos lugares como Chocó, Cauca, Córdoba, Antioquia, Caquetá y Meta. Allí la aplicación de los acuerdos se está tornando difícil por los incumplimientos de gobierno y el avance de tropas paramilitares a los lugares que las Farc desocupó a inicios de año para concentrarse en las Zonas Veredales y Puntos de Normalización.

El panorama de homicidios preocupó a lo largo de 2016, cuando 80 defensores de la paz fueron asesinados en el país de acuerdo con datos consolidados por la ONG Somos Defensores; otros hablan de más de 100. Este año, apenas en dos meses y un poco más, estamos hablando de casi treinta. ¿Es este el comienzo de un nuevo genocidio como el ocurrido con la Unión Patriótica cuando 1500 militantes fueron asesinados? Es la pregunta desde que inició este Proceso de Paz y las muertes a líderes se dispararon.

La Defensoría del Pueblo habla de 500 homicidios a defensores desde 2015. Y, tras la muerte de Ruth Alicia y uno más en Antioquia, produjo una alerta con la siguiente cifras: 120 líderes fueron asesinados en 14 meses (entre el 1 de enero de 2016 y el 20 de febrero de 2017). Es decir, ocho líderes por mes, dos cada semana. “Para quienes apoyaron el Acuerdo de Paz logrado en La Habana e invitaron a respaldarlo en las urnas, su papel se convirtió en un verdadero problema”, reporta la Revista Generación Paz, que lanzó una campaña llamada ¿Y si me matan? basada en cartas e investigaciones para presionar las respuestas de las autoridades frente a la horrenda matanza. Pues el Ministro de Defensa y el Fiscal General de la Nación han dicho que dichos crímenes no son sistemáticos y que en Colombia no hay paramilitarismo. Las autoridades intentan explicar cada homicidio como situaciones personales, “crímenes pasionales” o venganzas por supuestas cuentas pendientes que, a juicio de los defensores de Derechos Humanos, intentan desviar la atención del verdadero problema: La paz le está costando la vida a los campesinos, afroamericanos e indígenas que se han atrevido a promoverla públicamente.

Además de los homicidios, la Defensoría del Pueblo reportó 33 atentados y 27 agresiones. Las amenazas en panfletos sigue creciendo también en lugares como Ituango, en Antioquia, donde hay una zona veredal de normalización y las tropas “paras” ya están en las diversas áreas rurales de Ituango, a la par que rodaron papeles amenazantes a líderes sociales, y una decena de familias tuvo que desplazarse. En Chocó, la situación también es preocupante así como en Córdoba y Cauca, donde se dan las mayores cifras de personas asesinadas en el marco de sus liderazgos y este proceso de paz.

José Yilmar, Alberto, Alicia, Emilsen, Fabián, Hernán, Erika, Ángela y otros son para el gobierno nacional apenas nombres en una lista de gente que perdió la vida como miles de colombianos al año. Las investigaciones por sus crímenes no han ni iniciado en muchos casos, y el gobierno no se pone de acuerdo sobre cómo deberá dar con el paradero de los asesinos. Cada caso está en la Fiscalía de su región y no hay unión ni una cabeza para estudiar los patrones nacionales. Santos ha pedido a esta institución que agudice el filo de sus investigadores, pero aclarando que no tiene competencia para darle órdenes a la rama judicial. Entre tanto Policía y Ejército también siguen en silencio. Y la gente levantando la voz al mundo para pedir que salven a la vida de los líderes sociales que son, a la larga, la garantía de una paz verdadera para el país.

 

 

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Bernie Sanders en un mitin en Santa Monica, California, en junio de 2016.

 

 

*Frente al autoritarismo de Trump, el senador Bernie Sanders propugna en esta entrevista que los demócratas vuelvan a sus raíces más progresistas y abandonen a una élite progresista aislada de los votantes

*"La economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. Eso fue algo positivo para la gente con estudios, pero hay millones de personas que han sido olvidadas”.

*"El Partido Demócrata se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”

 

 

Cuando Donald Trump pronunció hace diez días su discurso ante el Congreso ateniéndose por primera vez con esmero al teleprompter, los medios de comunicación lo alabaron por el tono estadista y presidencial. Una persona sentada en primera fila y a solo unos metros de Trump no pensaba lo mismo.

Con cada frase, Bernie Sanders, de 75 años, se horrorizaba un poco más. Hasta que Trump empezó a hablar sobre el medio ambiente y el senador independiente por Vermont casi estalló en una carcajada. Ese mismo día el presidente había firmado un decreto que echaba por tierra los controles federales para prevenir la contaminación de ríos y canales. Y ahora prometía a los legisladores de EEUU promover “un agua y una atmósfera libres de contaminación”.

“¡Fue de una hipocresía inaudita!”, dice Sanders, todavía sin poder contenerse. “¡Habla de proteger el agua y la atmósfera el mismo día en que firma una orden que aumentará la contaminación del agua y de la atmósfera!”.

La oficina de Sanders en el Congreso luce intacta, como si hubiera pasado sin dejar rastro el estratosférico ascenso que en 2016 lo llevó desde un relativo anonimato hasta convertirlo en un serio aspirante a la Casa Blanca. En las paredes hay colgadas pintorescas fotografías de su Estado. “Primavera en Vermont”, dice una con vacas en un monte. Además hay una estantería llena de libros con títulos del estilo Sanders, como “Never Give In” (Nunca rendirse) o “The Induced Ignorance of Power” (La ignorancia inducida del poder).

Vestido con ropa informal, Sanders entra rápidamente en su oficina. Tiene el pelo blanco despeinado y la apariencia de alguien que ha sido interrumpido mientras estudiaba muy concentrado. En cuanto empezamos a hablar, se vuelve fascinante. Queda claro en un instante por qué tanta gente sintió la llama (“feel the Bern”, un juego de palabras con el nombre del senador y la frase “feel the burn” o sentir la llama): Sanders puede sentir la intensidad de esa llama en su interior.

“Estos son tiempos muy alarmantes para la gente de EEUU y para el mundo entero. Tenemos un presidente que miente patológicamente. Trump miente todo el tiempo”. Sanders cree que las mentiras de Trump no son casuales: “Miente con el objetivo de socavar los cimientos de la democracia estadounidense”. Tomemos como ejemplo sus “feroces ataques contra los medios, cuando dice que casi todo lo que publican los principales medios de comunicación es mentira”. O cómo denigró a uno de los altos cargos judiciales nombrados por George W. Bush, llamándolo “supuesto juez”, y sus falsas afirmaciones de que cerca de cinco millones de personas votaron de manera ilegal en las elecciones.

Según Sanders, este tipo de declaraciones, que él llama “delirantes”, apuntan a que lleguemos a una sola conclusión: “Que la única persona en EEUU que representa a los estadounidenses y que dice la verdad, la única persona que hace las cosas bien es el presidente de EEUU. Eso es algo sin precedentes en la historia de este país”.

Cuando le pregunto cuál podría ser la estrategia final de Trump, Sanders se adentra en el terreno de la distopía. “Lo que él quiere es terminar siendo líder de una nación que ha dado pasos agigantados hacia el autoritarismo; una nación en la que el presidente de EEUU tiene poderes extraordinarios, muchos más de los que otorga la Constitución”.

 

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Bernie Sanders en un mitin en Iowa en las primarias demócratas en febrero de 2016. DAVID AKE / AP

 

A estas alturas de la entrevista, Sanders ya ha cogido su ritmo y dirige la conversación haciendo grandes ademanes con los brazos, golpeando las palabras con ese gruñido característico de Brooklyn mezclado con Vermont. Es imposible no sentirse cautivado por un hombre que parece tan auténtico.

Sanders ocupa un lugar prominente en el actual mapa político. En 2016 ganó 23 elecciones primarias y caucus (Hillary Clinton ganó 34) y recibió 13 millones de votos. Teniendo en cuenta las probabilidades en su contra– el poder de Clinton entre el establishment, el sesgo de los “superdelegados” que al darle el 15% de los votos al establishment del Partido Demócrata volcaron las primarias hacia ella, y los cínicos esfuerzos de la maquinaria del partido, a través de la Convención Nacional Demócrata, para debilitar su campaña y poner en duda sus habilidades como líder y sus creencias religiosas (como se supo por supuestamente filtrados por hackers rusos y difundidos por WikiLeaks)– lo conseguido no fue un pequeño logro.

Si Sanders hubiera ganado la candidatura, ¿habría derrotado a Trump? No he terminado la pregunta y ya puedo sentir el rechazo que provoca. El desagrado que expresa el lenguaje corporal de Sanders es tan aplastante que parece haber sido insultado: se le arruga la cara, se encoge de hombros y tiene el aspecto de alguien que está siendo pinchado con agujas. “No creo que esa especulación merezca la pena”, dice. “La respuesta es: ¿quién sabe? Tal vez sí, tal vez no”.

Cambiamos de tema rápidamente. Le pregunto si en la noche electoral anticipaba el resultado o si se quedó estupefacto como tantos otros cuando Trump empezó a ganar con holgura en estados del cinturón industrial como Michigan y Wisconsin (donde, por cierto, Sanders había derrotado a Clinton en las primarias y en los caucus). “No lo esperaba, pero no me sorprendió. Cuando me fui a dormir la noche anterior, pensé que Clinton podía ganar con un margen de dos o tres a uno en su favor, pero no pensaba ‘es imposible que gane Trump’. Nunca pensé eso”.

 

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Sanders y Clinton en un debate de las primarias demócratas. EFE

 

La optimista respuesta de Sanders está arraigada en su análisis crítico del capitalismo moderno que ha dejado a EEUU, junto con Reino Unido y otras importantes democracias, a merced del ataque de la derecha. Es así como relaciona a Trump con el Brexit y, a su vez, con el miedo que vive el continente europeo en vísperas de las elecciones de Francia y Alemania. Según Sanders, todo ese miedo es una manifestación muy común de los estragos de la globalización.

“Una de las razones que explican el Brexit, la victoria de Trump y el resurgimiento de los candidatos ultranacionalistas de derecha en toda Europa es el hecho de que la economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. En más de un aspecto, eso fue algo positivo para la gente con estudios. Pero hay millones de personas en este país y en todo el mundo que han sido olvidadas”.

Le hablo a Sanders de la epifanía que experimenté en septiembre cuando vi a Trump decir frente a un grupo de multimillonarios en un salón del hotel Waldorf Astoria de Manhattan que él lograría que todos los obreros siderúrgicos recuperen sus empleos. ¿Obreros siderúrgicos? ¿Cómo diantres es posible que el Partido Demócrata, el partido de los trabajadores, haya cedido tanto terreno político para que un multimillonario (un “falso multimillonario”, me corrige Sanders con firmeza) se pueda poner de pie frente a otros multimillonarios en el hotel Waldorf y simular que es el gran defensor de los obreros siderúrgicos?

“Esa es una excelente pregunta”, dice el senador. La incomodidad se esfuma. “A lo largo de los últimos 30 o 40 años, el Partido Demócrata ha pasado de ser un partido de la clase trabajadora (trabajadores blancos, negros e inmigrantes) a ser un partido marcadamente controlado por una élite progresista que se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”.

Sanders continúa lamentándose sobre lo que él ve como una dicotomía innecesaria entre la identidad política elegida por esas élites progresistas y las raíces obreras tradicionales del movimiento, como la que representan los obreros siderúrgicos. Está tan indignado con esa falsa división que es lo que define la definición sobre sus ideas: “Solo por esa razón me considero un progresista y no un liberal” (en este caso, "liberal" en el sentido utilizado en EEUU, sinónimo de progresista del Partido Demócrata)

Le pido que desarrolle la idea. Me explica que la tendencia de la izquierda progresista a concentrarse en intereses transversales, los de género, los de raza o los de estatus (por los inmigrantes), ha hecho que deje de ver las necesidades de una clase media cada vez más pequeña y con grandes niveles de desigualdad en los ingresos. No tenía que haber sido así, dice. “La verdad es que podemos y debemos hacer ambas cosas. No es una o la otra: son las dos”.

Le pregunto si ve un patrón similar en la trayectoria del Partido Laborista británico y la cara se le empieza a arrugar de nuevo. Aparentemente, la política del Reino Unido también está en la lista de temas de discusión indeseables. “No quiero decir que sé más de lo que sé”, dice Sanders. Pero enseguida añade: “Pero obviamente estoy algo informado”.

Hay un lazo que une a Sanders con el Reino Unido y es su hermano mayor, Larry: vive en Oxford y en octubre se presentó (sin éxito) como el candidato del Partido Verde para el escaño de Witney, vacante tras la salida del ex primer ministro David Cameron. Sanders dice que su hermano es una gran influencia en su vida, aunque últimamente no hayan estado muy en contacto. “Hablamos de vez en cuando”.

Los asuntos familiares representan otro de los temas que le incomodan. Sanders también es reacio a hablar sobre Jeremy Corbyn. “No estoy al día con el tema”, dice para esquivar una pregunta acerca del duro momento que está pasando el líder del Partido Laborista.

Pero con gusto hace una broma implícita sobre Tony Blair y el Nuevo Laborismo, en la que sugiere que cayó en el mismo pozo en el que se encuentra el actual Partido Demócrata de EEUU. “Corbyn estableció que hay una enorme brecha entre los líderes del laborismo y las bases del partido. Lo dejó bien claro. Los dirigentes del partido tienen que darse cuenta en qué lugar están la clase trabajadora y los jóvenes del Reino Unido”.

La charla empieza a tomar un giro un poco deprimente. Gran parte de la izquierda moderna se ha separado de la clase trabajadora; el vacío reinante ha dado lugar a su vez a escenas como la del Waldorf, donde los obreros siderúrgicos piden por su salvación a los (falsos) multimillonarios. En la refriega resultante ascienden Trump, el Brexit y la extrema derecha, lanzando al abismo a las democracias más importantes del mundo.

Afortunadamente, no es el fin del relato. Sanders es una persona con demasiada determinación y compromiso con su propia forma de ver la vida como para dejarnos perdidos en una niebla distópica. Y con razón: Sanders sigue siendo una fuerza importante a la que tener en cuenta. Nadie debería cometer el error de pensar que está acabado, aunque estos días no forme parte del debate público como solía hacerlo cuando estaba en el pico máximo de su batalla con Clinton.

Técnicamente todavía es independiente, pero Sanders está haciendo presión para reformar las normas internas del Partido Demócrata: dar más poder a los votantes y quitárselo a los dirigentes para, según dice, reducir la brecha entre la élite progresista y la clase trabajadora. El senador también sigue usando la fuerza de su activismo de base para empujar al partido hacia una postura económica más radical, basada en regular Wall Street y en hacer que los más ricos paguen impuestos. Dice haber tenido algo de éxito: “El programa del Partido Demócrata no llega tan lejos como me gustaría pero trabajé en él con Clinton y es, de lejos, el más progresista en la historia de la política estadounidense”.

 

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Trump saluda a al juez Neil Gorsuch, su candidato para el Tribunal Supremo. EFE

 

En el Senado, Sanders también participa activamente en el proceso de confirmación del Gobierno de Trump. En particular, promete poner en aprietos a Neil Gorsuch, el candidato del presidente para el Tribunal Supremo de EEUU, por su postura sobre el aborto y sobre el fallo de financiación de campañas electorales conocido como “Citizen United”, que desató una gran corriente de dinero de las empresas privadas en el proceso electoral.

Gorsuch nunca ha emitido un fallo sobre el aborto pero sí ha dicho que “quitar la vida a un ser humano de manera intencional siempre está mal”. Sobre la financiación de las campañas electorales, el juez dio a entender que abriría el proceso político para permitir la llegada de aún más capital privado.

Le pregunto a Sanders por qué no piensa ir más lejos en lo relativo a Gorsuch. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los republicanos y decir simplemente que no? Después de todo, ellos ni siquiera consideraron al candidato de Obama para el Tribunal Supremo, Merrick Garland. Así fue como robaron, de hecho, un puesto que correspondía a los demócratas. “Hay que buscar las razones para decir que no. Uno no dice: ‘Voy a votar que no incluso antes de saber quién es el candidato’”, responde Sanders.

–Pero eso es lo que hicieron los republicanos...

–Creo que es más efectivo dar un motivo racional.

Pero el verdadero trabajo de Sanders y de la resistencia empieza cuando se apagan las luces de su oficina en el Senado, cuando deja atrás las peleas de Washington y lleva su estilo de populismo progresista al corazón de EEUU. Lo que hace pasa mayormente inadvertido. No lo hace a escondidas pero sí discretamente, sin hacer mucho ruido. Pero lo está haciendo y el objetivo es evidente: reconstruir el movimiento progresista desde abajo.

Tiene reminiscencias del Tea Party, el perturbador grupo de base de la derecha que en sólo dos años desestabilizó la presidencia de Obama y sentó las bases para todo lo que estamos viendo hoy. ¿De eso se trata? ¿Eso es lo que hace Sanders mientras viaja por todo el país, asiste a mítines, habla a las legiones de sus todavía fervientes y jóvenes seguidores y los alienta a resistir? ¿Está sentando las bases de un Tea Party progresista, como han pedido tantas personas influyentes y como pide la guía de resistencia Indivisible escrita por tres exasesores del Congreso?

Como era de esperar, Sanders no está de acuerdo con esa idea. Pero mucho de lo que está haciendo, amplificado por la red que surgió de su campaña presidencial, Our Revolution (Nuestra Revolución), sigue pasos similares: empieza a nivel local y luego lleva el debate a una postura más radical. Ganar una elección primaria por vez.

“Mi trabajo es aumentar considerablemente la cantidad de gente que participa en el proceso político. Hemos tenido bastante éxito en ese sentido, logramos que cada vez más personas se presenten como candidatos. Me estoy centrando en eso”.

Este es el momento en el que un rayo de luz atraviesa la oscuridad: Sanders está convencido de que la resistencia ya está funcionando. En un vídeo de 14 minutos publicado en Facebook Live inmediatamente después del discurso de Trump ante el Congreso, Sanders llegó incluso a decir que los republicanos estaban a la defensiva.

¿A la defensiva? ¿En serio? Parece una afirmación audaz, dada la oleada diaria de decretos presidenciales y la hoguera de regulaciones que procede de la Casa Blanca. Sanders lo demuestra con Trump y el tan promocionado plan de los republicanos para desechar el Obamacare (la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible): “Bueno, sucedió algo gracioso. Millones de personas se involucraron activamente y dijeron: ‘Disculpe, si quiere mejorar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, hagámoslo, pero no va a derogarla sin más y mandar a 20 millones de personas a la calle sin ninguna cobertura médica. Ahora los republicanos han quedado en una situación difícil, están avergonzados, y eso me dice que, en ese aspecto, están a la defensiva”.

Sanders pone otro ejemplo aún más evidente. Durante las últimas semanas, los líderes republicanos que organizan reuniones en sus circunscripciones por todo el país han sido abordados por manifestantes enfurecidos, con pancartas en oposición a la derogación del Obamacare. En algunos casos ha tenido que intervenir la policía. Tras los airados encuentros, los líderes conservadores exigieron más seguridad para esas reuniones.

Para Sanders, el significado es claro: “Cuando los republicanos literalmente tienen miedo de asistir a reuniones públicas, algunos argumentan: ‘¡Ay, Dios mío, tenemos miedo por cuestiones de seguridad!’, siento que es porque saben que los estadounidenses están preparados para luchar”.

Esa es la característica clásica de Bernie Sanders: levantarse y luchar. Y eso nos lleva de nuevo al dilema original: cómo responder a la amenaza autoritaria de Trump. ¿Qué consejo daría Sanders a los jóvenes veinteañeros que tienen miedo y sienten que su país está contra ellos? ¿Qué deberían hacer?

“Esto es lo que deberían hacer”, dice Sanders, encendiendo su llama interior. “Reflexionar profundamente acerca de la historia de este país, entender sin ninguna duda que estos son tiempos muy difíciles y aterradores. Pero también entender que en tiempos de crisis lo que ha pasado una y otra vez es que la gente se ha levantado y ha luchado. Perder la esperanza no es una opción”.

 

 

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Entrenamiento militar “Made in USA”

 

El año 2016 la Escuela de las Américas entrenó a 1749 uniformados del Ejército, de la Marina y de la Fuerza Aérea de América Latina pero también a 15 civiles y 190 policías.

Sabemos que Costa Rica y Panamá enviaron a sus policías a recibir entrenamiento, por el simple hecho que ambos países no tienen ejércitos; pero entre estas dos naciones el total suma 44 el 2016 ¿Qué otros países enviaron también a sus policías a recibir entrenamiento militar a una academia militar? No lo sabemos, esa información no está disponible.

Lo que sabemos es que esto puede influir negativamente en las llamadas “Fuerzas del Orden” y es muy posible que el aumento de la militarización y represión de las policías en América Latina, hacia el movimiento social, se deba a la doctrina promovida por EEUU que básicamente sigue legitimando que se puede hacer todo por la “seguridad nacional”.

En Costa Rica por ejemplo, apelando a sus leyes de transparencia y acceso a la información pública, se conoció que entre los cursos que tomaron los policías de este país en la Escuela de las Américas, en los últimos años, figuran “Curso de Análisis Contra Terrorismo”, “Curso Operaciones de Inteligencia”, “Curso Operaciones información”, “Curso Antidrogas y Antiterrorismo”, “Curso Básico de Inteligencia para Oficiales” y “Curso Analista de Información”, entre otros.

Ya sabemos de sobra qué entiende EEUU sobre terrorismo y cómo lo enfrenta. Ya sabemos que en la lucha contra la droga y el terrorismo que ellos promueven morirán siempre, porcentualmente, más civiles. Ya sabemos que son las “operaciones de inteligencia” y de “información”; listas negras, infiltración a movimientos sociales, noticias falsas, etc.

Por otro lado, de los datos oficiales, dos de los principales países que enviaron más tropas a esta academia militar, el 2016, fueron Colombia y Honduras donde se siguen registrando graves violaciones a los derechos humanos.

Colombia, que por años ha sido el país que más soldados envía uniformados a formarse a EEUU, entrenó el año 2016 a 862 efectivos más en la Escuela de las Américas. Es lejos, desde años, el número uno en envíos y en violaciones a los derechos humanos.

De acuerdo a un Informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ) el año 2016 se registraron en Colombia 117 asesinatos contra defensores de los derechos humanos, más de 350 amenazas, 46 atentados y 5 casos de desaparición forzada.

En Colombia el conflicto armado dejó al menos 220.000 personas asesinadas, 25.000 desaparecidas y 4.744.046 desplazadas en el periodo comprendido entre 1958 y 2012 de acuerdo a las cifras reveladas por el Informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”. El 82 % de las víctimas fueron civiles.

El segundo país que más uniformados envió a la Escuela de las Américas a recibir entrenamiento fue Honduras, registrando 261 efectivos el año 2016.

De acuerdo al Informe “Honduras: El lugar más peligroso para defender el Planeta”, de Global Witness, “desde el golpe de Estado de 2009, 123 activistas de la tierra y el medio ambiente han sido asesinados en Honduras; muchos otros han sido amenazados, atacados o encarcelados”.

El Informe recuerda el asesinato de Berta Cáceres, sucedido el 2 de marzo del 2016. Meses después el diario El Heraldo de Honduras informó que entre los detenidos por este caso figuran “Un militar activo, dos oficiales retirados y un técnico ambiental”.

De acuerdo al diario The Guardian, dos de ellos, el mayor Mariano Díaz Chávez y el teniente Douglas Giovanny Bustillo recibieron entrenamiento antiterrorista el 2005 en EEUU. Bustillo además recibió entrenamiento en la Escuela de las Américas. También, el año pasado, un ex soldado hondureño, miembro de las unidades de élite, dijo que había visto el nombre de Berta Cáceres y otros en una “lista negra” que circuló dentro del ejército.

Nada de esto nos puede sorprender porque detrás de las muertes de defensores de derechos humanos, aunque las realicen sicarios o paramilitares o delincuentes, y quisieran pasarlas como hechos comunes, se esconde la mano del poder.

Por otro lado, México, donde actualmente se registran las más graves violaciones a los derechos humanos en América Latina, si bien figura haber enviado 46 uniformados el año 2016 - y en los últimos cinco años 130 efectivos- a la Escuela de las Américas lo cierto es que EEUU está comprometido, por otras vías y acuerdos, con el entrenamiento de sus soldados y policías.

Un artículo de John Lindsay-Poland, indica que tan sólo en el periodo 2013 y 2014 “Los Estados Unidos dieron entrenamiento militar a más de 5700 policías y soldados mexicanos en unas 45 localidades estadounidenses y al menos diez sitios en México durante los últimos dos años, según datos publicados por el Departamento de Estado”.

En México de acuerdo a datos oficiales del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, en la última década hubo 151.233 asesinatos hasta agosto de 2015. Al 30 de septiembre de 2015, el Estado mexicano reportaba 26.798 personas desaparecidas y la Procuraduría General de la República (PGR) contaba, al mes de abril de 2015, con 2420 investigaciones “en trámite” por casos de tortura, y sólo 15 sentencias condenatorias por este delito.

La académica, politóloga y escritora mexicana Denise Dresser, sin embargo, señala que los “años de guerra” han dejado al menos 213.000 muertos

“Un índice de letalidad en el cual el Ejército mata a ocho personas por cada una que hiere. 12.408 quejas ante la CNDH y el involucramiento de manos militares en Tlatlaya y Ayotzinapa”, señaló Dresser.

Pero no sólo Colombia, Honduras y México envían sus tropas a la Escuela de las Américas también lo hacen Brasil, Chile, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, México, Perú, Panamá, Paraguay, entre otros.

Sin embargo, no todos envían sus tropas a la Escuela de las Américas, este 2016 no lo volvieron a hacer Venezuela, Argentina, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Uruguay países que se comprometieron de no seguir enviando a sus soldados ni policías a esta cuestionada institución.

Venezuela, por ejemplo, retiró sus soldados el año 2004 dos años después del intento fallido de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez donde entre sus cabecillas figuró el general Efraín Vázquez graduado de la Escuela de las Américas.

Venezuela, como otros países no vivieron dictaduras militares, anteriormente. Sin embargo, antes de que asumiera Hugo Chávez se registraron graves violaciones a los Derechos Humanos que poco o nada se conocieron en Latinoamérica y el mundo.

De acuerdo a la Comisión por la Justicia y la Verdad en Venezuela, entre los años 1958 y 1998, se registraron 10.071 víctimas de asesinato, torturas y desapariciones por motivos políticos.

Finalmente, la Escuela de las Américas, que hoy se conoce como Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC, en inglés), tiene más de 70 años de existencia, fue fundada en 1946 en Panamá, y por sus aulas han pasado más de 80 mil soldados de toda América Latina a la fecha.

Muchos de sus “graduados” se transformaron en dictadores, torturadores y asesinos y otros guardaron un silencio cómplice cuando sucedían desapariciones y asesinatos contra el pueblo que juraron defender.

 

Pablo Ruiz, periodista, es parte del Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas.

 

http://www.alainet.org/es/articulo/183982

 

 

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Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

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El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

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