Niños Zapatistas

 

Febrero del 2017.

 

La tormenta en nuestro caminar.

 

Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos. Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes. En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

Resistimos, siempre resistimos. Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder. Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos. Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar. Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir. Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo. Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.

Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy. Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.

Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos. Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia. Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder. Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

No bastó. El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto. Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente. El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad. El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución. Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser [email protected], por ser [email protected]

Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias... y las rebeldías.

Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas. Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan. Los necesita.

A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más. No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.

No bastó. De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

Tampoco fue suficiente. El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla. Es decir, destruirla.

Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos. Y sobre sus ruinas levantó naciones.

Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías. Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías. La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra. En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación. El intercambio es entonces de impunidades. La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad. Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

Pero no bastó tampoco. Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas. La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias. Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias. Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial. El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, ... y a la naturaleza.

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

No, todas las desgracias son la esencia del sistema. De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.

Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”. Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves. No hay arreglo posible. No lo hubo antes. Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

La única forma de detener la máquina es destruirla.

En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

Pero en el sistema no hay solución.

Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

No. Lo cierto es que se va poner peor.

Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.

Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.

Sólo así podremos sobrevivir. Sólo así será posible vivir.

Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que...

 

“Cuando amaine la tormenta,

cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,

el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”

 

-*-

 

La guerra y los muros de afuera y de adentro.

 

Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.

Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes. No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.

Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen. Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones. En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.

Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”. Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según [email protected]).

Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.

Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.

Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas. Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.

Se lamentan. El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.

El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud. En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.

Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.

Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones. Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.

La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.

Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación. “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda. Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.

Nadie está a salvo. Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.

Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.

Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales. En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.

¿El calendario? Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías. El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba. Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.

El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir. Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.

Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial. Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo. La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.

Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros. Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera. Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas. Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad. Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.

Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos. Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos. Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.

En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.

Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas. También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.

La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero. Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer. Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”. Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.

Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma. Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.

Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo. Nunca más. Ni el sistema entero en su conjunto. No importa qué hagan los de arriba. El sistema llegó ya al punto de no retorno.

 

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Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

 

La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta. Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.

Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.

Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.

Por eso:

Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.

Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.

Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

 

Frente a los muros del Capital:

 

la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

 

Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:

Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones. Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba. Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí. La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.

Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.

Hay que organizarse. Hay que resistir. Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras. Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte. De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.

Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones. Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea. En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.

Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida. Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.

Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.

Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con [email protected], grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de [email protected] [email protected]

Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por [email protected] indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.

Eso por lo pronto. Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad. Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos [email protected]

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Participan:

Don Pablo González Casanova.

María de Jesús Patricio Martínez (CNI).

Paulina Fernández C.

Alicia Castellanos.

Magdalena Gómez.

Gilberto López y Rivas.

Luis Hernández Navarro.

Carlos Aguirre Rojas.

Arturo Anguiano.

Sergio Rodríguez Lascano.

Christian Chávez (CNI).

Carlos González (CNI).

Comisión Sexta del EZLN.

 

Próximamente daremos más detalles.

III.- Convocamos a [email protected] [email protected] artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético. La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra. La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red. Próximamente daremos más detalles.

IV.- También les pedimos estar [email protected] a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.

V.- Convocamos a [email protected] cientí[email protected] del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”. A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético. Próximamente daremos más detalles.

No es todo. Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

 

Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.

México, febrero 14 (también día de [email protected] [email protected]) del 2017.

 

 

Publicado enSociedad
Jueves, 16 Febrero 2017 06:50

La papelera que devora Colombia

La papelera que devora Colombia

 

Primero fue la tala de miles de hectáreas de selva, después la plantación de pinos y eucaliptos. Como Cartón Colombia primero, como la irlandesa Smurfit Kappa hoy, la papelera se hizo fuerte, silenciosamente, aliada con el poder. “Estamos cambiando agua por basura”, denuncia un veterano ecologista.

En enero de 2016 el acueducto de Salento se quedó seco. La quebrada Cañas Gordas, afluente que abastece al municipio baluarte del turismo en el Quindío, había perdido la totalidad de su caudal, era apenas un chorrito pantanoso debajo de las dos bocatomas que surten al municipio. Mientras la Corporación Autónoma del Quindío responsabilizaba al calentamiento global, autoridades civiles del pueblo, campesinos y ecologistas de la región apuntaron, una vez más, a las cabeceras del afluente: todo, hasta los bordes mismos de la quebrada, está plantado de pinos. Según dicen, son esas plantaciones forestales las culpables de la escasez del agua.

Este conflicto, que se repite en zonas rurales de Sevilla o Pereira, de Riosucio o Dagua, ajusta medio siglo en el país con un nombre propio: Smurfit Kappa – Cartón de Colombia, la multinacional que en 1969 comenzó a adquirir terrenos montañosos a bajos precios para instalar cultivos forestales que sustentasen su demanda de madera en la elaboración de pulpa papelera. Mientras el debate ambiental en Colombia se enfoca con preocupación en los conflictos petroleros y mineros, la multinacional irlandesa exprime silenciosa miles de hectáreas en el país.

Ya en los años 50 se acusaba a Cartón de Colombia (hoy parte de la irlandesa Smurfit Kappa) de arrasar las selvas del Bajo Calima (Pacífico) para emplear la madera produciendo pulpa papelera. 20 años después la compañía comenzó a plantar pinos y eucaliptos, especies sobre las que la FAO (organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura) alerta de que provocan consecuencias negativas sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua, cuando reemplazan los bosques nativos de las regiones tropicales.

Pero las afectaciones no son solo a la biodiversidad y a los cursos de agua. La política de la compañía implica la concentración de enormes extensiones de tierra en su poder, en latifundios forestales que fragmentan las comunidades campesinas, donde toda la dinámica social y económica acaba trastocada. La oposición de ecologistas y comunidades se ha saldado con amenazas y casos de homicidios que nunca se han investigado a fondo. También hay abiertas varias reclamaciones de restitución de tierras por comunidades indígenas y particulares. Hasta el Tribunal de los Pueblos reconoció en 2007 que Smurfit Kappa tiene “una deuda ecológica, social, económica y cultural con el país y el total de sus habitantes”.

Smurfit Kappa Cartón de Colombia poseía en 2015, según sus propios datos, unas 67.926 hectáreas en 454 grandes fincas entre las cordilleras central y occidental. Hay pinos y eucaliptos de Smurfit desde el nudo de Caramanta hasta las montañas del Macizo colombiano, y desde la vertiente del Magdalena hasta la del Pacífico.

 

Un negocio rentable


Hoy Smurfit emplea a 2.500 operarios sobre terreno y posee una enorme y sofisticada planta de producción de cartón, papel y empaques, en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca). Mantener el volumen habitual de producción requiere 830.000 toneladas de madera al año, es decir, cada día entran a la planta alrededor de 300 camiones cargados con troncos provenientes de las montañas del centro y suroccidente colombiano. Las condiciones geográficas de Colombia permiten que sus cultivos sean más rentables y productivos que en cualquier otro lugar del planeta; plantaciones similares de países con gran vocación forestal como Chile o Canadá tardan cuatro veces más tiempo en crecer. La disponibilidad de luz todo el año y de lluvias permanentes son las que posibilitan el rendimiento excepcional de los pinos y eucaliptos en el trópico. En una visita a Colombia, Michael Smurfit, antiguo presidente de la multinacional declaró que “en una industria como la nuestra, los grandes activos naturales, bosques y agua, han sido considerados como los elementos claves del éxito”.

Smurfit-Kappa es la papelera más grande del mundo y hace presencia en una veintena de países. En sus entrañas también hay capital colombiano. En 1986 el Jefferson Smurfit Group, con sede en Irlanda, absorbió la Container Corp., empresa de capital norteamericano que controlaba a Cartón de Colombia, fundada en 1944 por inversionistas antioqueños.

Sin embargo, los socios nacionales nunca han perdido participación en la compañía local: el Grupo Carvajal sigue siendo un accionista minoritario importante de Smurfit Cartón de Colombia. La multinacional opera en el país bajo una complejísima red de empresas subsidiarias, contratistas y asociados, donde inversionistas colombianos terminan sumando sus intereses políticos y económicos con los del capital extranjero.

Smurfit conformó la Asociación Colombiana de Reforestadores (ACOFORE) según la investigación del periodista Walter Broderick recogida en su libro ‘El imperio del cartón’, ACOFORE desplegó un poderoso lobby entre políticos y congresistas para la aprobación de legislaciones a su medida, entre ellas la ley del incentivo forestal que subsidia con dineros públicos al gremio de cultivadores de árboles, donde la multinacional ejercía hasta hace muy poco un papel monopólico.

 

La larga sombra de la papelera


Cartón de Colombia ha respaldado las campañas de muchos políticos colombianos, incluyendo varios ex presidentes. Según publicaciones de El Tiempo y La Silla Vacía la empresa figura entre las sociedades de capital extranjero y nacional que respaldaron el Gobierno de Álvaro Uribe y sus campañas. En concreto en 2006 Alfredo Carvajal y Juan Martín Carvajal hicieron aportes de 20 millones de pesos. Ambos son propietarios del Grupo Carvajal, a su vez accionista de Cartón de Colombia. En el informe publicado por La Silla Vacía se constataba que el gerente y el presidente de Smurfit también donaron dineros a la primera campaña de Juan Manuel Santos.

Cartón de Colombia también ha sostenido proyectos conjuntos con la Federación de Cafeteros y las Corporaciones Autónomas Regionales, entidades que tienen la responsabilidad de vigilar a la papelera.

Para comprender los vínculos de la multinacional con el establecimiento local basta echar una ojeada al libro ‘Medio siglo sembrando el porvenir’, editado por la empresa cuando cumplió cincuenta años de presencia en Colombia: media docena de Presidentes desfilan en las fotografías conmemorativas de todos esos años y una infinidad de políticos, empresarios y hasta militares aparecen posando con los jerarcas extranjeros y nacionales de la compañía.

Todos los gobiernos otorgaron o ratificaron permisos para que la multinacional explotara las selvas vírgenes del Pacífico en la región del Bajo Calima, al norte de Buenaventura. Entre 1957 y 1974 la compañía recibió cerca de 120.000 hectáreas en concesión, cuando aún no se abastecía de sus propias plantaciones. A partir de ahí, poco a poco la empresa fue haciéndose autosuficiente con los cultivos por lo que acabó abandonando la concesión antes de que acabara el plazo de 50 años.

Después de que la multinacional abandonara el bajo Calima en 1993, el periodista australiano Walter Joe Broderick visitó la zona y realizó la investigación sobre la trayectoria de Smurfit en el país que plasmó en ‘El imperio del cartón’. En este trabajo narró como la selva resultó devastada porque la compañía utilizó un sistema de corte conocido como “tala rasa”, que consiste en talar y extraer todos los árboles del terreno. Las comunidades negras e indígenas asentadas allí, que dependían de los recursos del bosque y hasta entonces convivían en relativa armonía con la selva, practicando sólo cortes selectivos de madera, sufrieron las consecuencias sociales y ambientales de este modelo extractivo. Terminaron trabajando a destajo en aserríos para la multinacional.

“Mucha gente no nos perdona que aprovecháramos bosques naturales durante muchísimos años en el Bajo Calima” admite Ricardo Gómez Londoño, responsable de la operación forestal de Smurfit para el eje cafetero. “Pero es que no era ilegal, y no es hoy en día ilegal, empresas como Maderas Pizano lo siguen haciendo en el Chocó”, concluye.

 

De la explotación a la plantación


Cartón de Colombia descubrió en la década del 70 que su rentabilidad aumentaría si dejaba de emplear la madera tropical de la selva, reemplazándola por fibras más homogéneas que podían cultivarse en el país con una eficiencia excepcional. Fue entonces cuando arrancaron la política de plantaciones de pino y eucalipto, las dos especies foráneas sobre las que los estudios de la FAO de 1987 denuncian los impactos negativos sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua. La empresa logró mejorar variedades de eucalipto que alcanzan la altura de corte a sólo 7 años de plantados, y variedades de pino que tardan entre 16 y 18 años. En ninguna otra zona del planeta el negocio forestal es tan productivo, ello se debe a las condiciones privilegiadas de luz y agua disponibles en el trópico.

A escala local, finqueros y medianos propietarios de tierras alquilaron sus predios para la instalación de cultivos forestales bajo contratos de asociación, o bien se dedicaron por su cuenta a talar los bosques nativos de sus propiedades y a sembrar coníferas que terminaban cortadas rumbo a los molinos de la compañía. El modelo asociativo, mayoritario cuando Cartón de Colombia comenzó su proyecto forestal, decayó en los últimos años a medida que la empresa adquiría extensos terrenos que ahora le permiten autoabastecerse de madera. La compañía aprobó en 1974 un plan para comprar 30.000 hectáreas en un lapso de 15 años. 40 años después superaban las 67.900 hectáreas en 454 fincas entre las Cordilleras Central y Occidental.

Sus tierras e encuentran repartidas en proporciones iguales en tres núcleos de explotación –norte, centro y sur– que cubren los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda, Valle, Cauca y Tolima. Estas cerca de 68.000 hectáreas suponen más de la mitad de las plantaciones de la multinacional en todo el mundo, que suman poco más de 104.000 hectáreas. Su principal activo forestal se encuentra en Colombia.

 

Las consecuencias


La otra cara de tan fabulosa rentabilidad son las afectaciones a los cursos de agua y el impacto dañino que los latifundios forestales han tenido sobre las comunidades campesinas, donde toda la dinámica social y económica acaba trastocada.

Néstor Ocampo es un ambientalista de Calarcá (Quindío), reconocido opositor a las plantaciones forestales. Ocampo viajó hasta Irlanda en 2001 para confrontar públicamente a Michael Smurfit, el presidente de la compañía, durante una asamblea de la sociedad. Antes había acompañado los primeros procesos de resistencia civil contra las plantaciones forestales en el país: “Conocimos del problema con los pinos en Darién, Valle del Cauca, desde 1982” explica. “Nosotros creíamos que era un problema de daños al medio ambiente, pero allá descubrimos que era un asunto social, con implicaciones políticas, económicas y hasta ideológicas”.

En los 80 la población de Darién se organizó en un comité cívico llamado ‘No al pino’. Rechazaban la siembra de coníferas porque su municipio, que antes se autoabastecía de alimentos, estaba perdiendo toda vocación agrícola: ya no quedaba quien cultivara la tierra, las plantaciones de pino ocuparon terrenos fértiles, muchos jornaleros perdieron sus trabajos y aquello derivó en una profunda crisis social. Germán Mejía, que luego sería alcalde del pueblo, lideró la movilización. A Mejía lo mataron unos sicarios en 1997, su muerte nunca se aclaró.

Los casos de la dirigente campesina Dila Calvo, asesinada en Riofrío en 1995; los ecologistas Gloria Sofía Zapata, Eder Alexander y Hernando Duque, asesinados en Belén de Umbría en 1998; la ambientalista Sandra Viviana Cuéllar, desaparecida en Cali en 2012, comparten semejanzas con el asesinato de Germán Mejía. Todos ellos fueron líderes opuestos abiertamente al negocio forestal; todos quedaron en la impunidad. El portal Verdad Abierta reveló que en 2015 un juzgado especializado abrió un proceso de restitución de tierras contra Smurfit Cartón de Colombia, debido a la solicitud de un campesino de Bolívar (Valle), quien manifestó que tuvo que vender su finca a muy bajo costo por la presión de grupos paramilitares y bandas ligadas al narcotráfico que operan en la zona.

Un litigio similar sucede desde mediados de los 90 en la región del Alto Naya con un par de fincas donde la multinacional plantó pinos, pero que son reclamadas por una comunidad de indígenas paéces, quienes hasta hoy ocupan los terrenos sin conseguir su titulación. También hay cultivos de Cartón de Colombia en la hacienda El Japio, donde otro grupo de indígenas exige desde 2005 que les entreguen la tierra como parte de los acuerdos con el Estado para reparar las víctimas de la masacre del Nilo.

Por ello, el Tribunal Permanente de los Pueblos, una reconocida instancia internacional que denuncia los abusos a los Derechos Humanos en el mundo, realizó en 2007 un juzgamiento público a la multinacional en Colombia, acusándola de tener “una deuda ecológica, social, económica y cultural con el país y el total de sus habitantes, específicamente con aquellos pertenecientes a las comunidades en donde ha establecido sus plantaciones forestales, en donde ha instalado sus plantas de producción y en donde ha devastado por completo selvas tropicales y otros ecosistemas para abastecer de madera sus fabricas de papel y cartón para empaques”.

Guillermo Castaño, otro veterano ecologista fundador del movimiento ambientalista en el país, resume en pocas palabras la disyuntiva de los cultivos forestales: “¿Cómo es posible que cambiemos la riqueza más grande de nuestra región, que además es de un inmenso valor histórico y natural, por unos cultivos que sólo sirven para hacer cartón? Todo mundo sabe dónde acaba el cartón, es un producto que va a terminar en la basura. Estamos cambiando agua por basura.”

 

Fuente original: https://colombiaplural.com/carton-devora-colombia-smurfit-kappa/

 

 

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Colombia: la construcción de la paz cuestionada ante el incremento de la violencia contra líderes sociales

 

En los últimos dos años, cada tres días en promedio, un líder social o defensor de derechos humanos fue asesinado.

En 2015, CERAC contabilizó 105 asesinatos. En 2016 la cifra pudo ser más alta; algunos medios hablaron de 116 muertes. Y sólo desde la aprobación por el Congreso del acuerdo de paz han sido asesinados 17 líderes sociales.

Estas cifras son dolorosas pues detrás de cada muerte hay un drama humano profundo. Y son cifras preocupantes pues podríamos estar repitiendo un patrón, que puede ser resumido así: los esfuerzos por lograr la paz con las guerrillas o por realizar reformas democráticas, cuando son significativos, como sin lugar a dudas lo son el acuerdo con las Farc y las conversaciones con el ELN se han acompañado de un incremento de amenazas y asesinatos contra líderes sociales, en general de izquierda.

Muchos estudios han evidenciado este patrón antidemocrático de la democracia colombiana, conforme al cual, las aperturas democráticas y los avances de nuevas fuerzas políticas, en general de izquierda, son violentamente cerrados por un aumento de la violencia contra los líderes sociales desplegada usualmente por grupos paramilitares. El ejemplo más dramático es sin lugar a dudas el genocidio contra la UP. Pero infortunadamente no es el único.

No es posible referenciar todos estos estudios, por lo cual cito solamente el trabajo más reciente de calidad que he leído sobre el tema: el análisis econométrico de Fergusson, Querubín, Ruiz y Vargas (La verdadera maldición del ganador) de los Andes, quienes con una rigurosa prueba estadística muestran que, entre 1997 y 2014, la elección de nuevas fuerzas de izquierda a nivel local produjo un incremento significativo de los ataques violentos paramilitares en esas zonas. Los autores concluyen que esto expresa “una reacción de facto de las élites políticas y económicas tradicionales, que buscan compensar el incremento en el poder político de jure de los grupos tradicionalmente marginados”.

Esta trágica historia no puede repetirse. Estos crímenes tienen que ser evitados no sólo por el dolor humano que provocan sino porque están en juego la suerte de la paz y la democracia. No podemos permitir que los avances de la paz y las reformas democráticas que deberían surgir de estos procesos sean bloqueados por el incremento de la violencia contra los líderes sociales. Obviamente corresponde al Estado la principal responsabilidad para prevenir y sancionar esos crímenes. Y por ello son inaceptables ciertas declaraciones de altos funcionarios estatales, como el ministro de Defensa o el fiscal general, que niegan la extensión y gravedad de estos crímenes. Pero este desafío nos interpela también a todos como ciudadanos. Debemos rechazar masiva y enfáticamente la violencia contra los líderes sociales, independientemente de si sus sensibilidades políticas son o no las mismas que las nuestras. Debemos construir un frente político y social vigoroso contra esos crímenes que, por usar el título del informe del grupo de memoria histórica sobre el conflicto armado colombiano, diga: ¡Basta Ya!

 

 
Estas son las líderes asesinadas desde que empezó la implementación de los acuerdos de paz

 

De los 19 líderes sociales asesinados desde que empezó la implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc el pasado 1 de diciembre, cinco son mujeres. A pesar de que ellas ejercen distintas formas de liderazgo y representan a diferentes sectores de su comunidad, la muerte las persigue por igual. El ministerio de Defensa ha dicho en varias oportunidades que los atentados contra estos dirigentes sociales, incluidas las mujeres, “no son sistemáticos” y que el paramilitarismo (objeto de casi todas las denuncias) es una cosa del pasado. “No hay paramilitares, así que aceptar eso es darles garantías políticas a quienes no las merecen. Hay asesinatos, pero no son sistemáticos. Si lo fueran, sería el primero en aceptarlo”, dijo el propio ministro, Luis Carlos Villegas, en una cadena radial. Lo cierto sin embargo es que, de manera sistemática o no, están matando a las personas que van a implementar los acuerdos de La Habana en las regiones golpeadas por la violencia. Las mujeres líderes se están convirtiendo en objetivo militar. El portal de noticias PACIFISTA hace un breve retrato de las cinco mujeres, lideresas asesinadas en poco más de dos meses.

Nataly Salas, estudiante, 19 años. El pasado 3 de diciembre, Nataly Salas apareció muerta en una laguna de Montería. La estudiante de 19 años, que se perfilaba como una activista estudiantil, también fue violada, según las primeras declaraciones de las autoridades. El 14 de enero, 42 días después del asesinato, su papá, Edwin Salas, le pidió a la Fiscalía acelerar las investigaciones, pues hasta ese momento no había siquiera un sospechoso del asesinato. “No estoy conforme con los que llevan este caso. Siempre que pregunto me dicen que va adelantado, pero hasta el momento no hay capturas”, dijo Salas.

Yaneth Calvache, Asociación de Trabajadores Campesinos de Balboa, Cauca. A Calvache la mataron en su habitación. Cuando abrió la puerta de su cuarto para recibir un teléfono celular, un sujeto le disparó cuatro veces. Tres balas impactaron el pecho, y una, la mandíbula. Aunque miembros de su familia y unos amigos la auxiliaron, murió en el camino al hospital. Yaneth era integrante de la Asociación de Trabajadores Campesinos de Balboa, Cauca, y formaba parte del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano, uno de los colectivos campesinos mejor articulados de la región.

Emilsen Manyoma, defensora de derechos humanos, 31 años. Manyoma y su esposo se convirtieron en las dos primeras víctimas de violencia armada en Buenaventura en 2017, según la Fiscalía. Emilsen era una reconocida líder y defensora de derechos humanos de la región del Bajo Calima y miembro de la Red Conpaz, que busca construir paz desde los territorios. “De acuerdo con el director del CTI en el municipio, Omar Bonilla, los homicidios se habrían hecho con arma blanca. Los cadáveres, que se encontraron en un avanzado estado de descomposición, fueron hallados en una zona selvática al lado de la vía férrea de Buenaventura, en la vereda El Limonar del Barrio El Progreso”, escribió el diario ‘El Espectador’ días después del fallecimiento de Manyoma. Emilsen era activista política y líder social desde 2005 y denunció duramente tanto la presencia paramilitar como el tráfico de drogas en el barrio El Calima, uno de los más peligrosos de Buenaventura.

Yoryanis Isabel Bernal, indígena wiwa, 43 años. Está líder se desempañaba como defensora de los derechos de las mujeres de su comunidad. La gente la recuerda como una persona que siempre estaba en busca de soluciones a las necesidades de los suyos en Santa Marta. También apoyaba una delegación wiwa asentada en Riohacha. La asesinaron el pasado jueves 26 de enero en Valledupar de un disparo en la cabeza. Sus familiares llevaron su cuerpo a Santa Marta donde tuvieron lugar los actos fúnebres. La investigación está en manos del CTI de la Fiscalía. “Nos quitaron a una gran líder, y cuando esto sucede, nuestra cultura se baja porque no hay mucha gente valiente para enfrentar nuestros problemas de orden público, que siempre son peligrosos”, dice el cabildo gobernador Kogui José de los Santos Sauna.

Luz Herminia Olarte, líder comunal, 51 años. Desapareció el pasado 28 de enero en el corregimiento Llano de Ochalí, en el municipio de Yarumal, norte de Antioquia. Días después, el 7 de febrero, unos campesinos hallaron su cuerpo entre matorrales y cubierto con ramas en una zona boscosa de la vereda Las Cruces. Al parecer fue atacada con un machete. Olarte pertenecía a la Junta de Acción Comunal de su corregimiento. Era madre de cuatro hijos y se encargaba del cuidado de su padre, un hombre de avanzada edad. Su caso dejó preocupados y afligidos a los vecinos del sector, pues en el lugar nunca se había presentado un hecho de violencia de este tipo.

 

lideresas colombianas asesinadas

De izquierda a derecha: Emilsen Manyoma, Yoryanis Isabel Bernal y Nataly Salas Ruiz.

 

 

 

Textos publicados originalmente en Pacifista.co y en Dejusticia.org

 

¡Basta Ya!

Estas son las líderesas asesinadas desde que empezó la implementación de los acuerdos de paz: Pacifista Copyright: http://pacifista.co/estas-son-las-lideres-asesinadas-desde-que-empezo-la-implementacion-de-los-acuerdos-de-paz/ .

 

 

 

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El abuso policial como parte del conflicto

 

La clase dirigente del país ha querido ligar el conflicto principalmente a la existencia de la insurgencia. Sin embargo, el pueblo colombiano ha vivido el conflicto y la violación de DDHH de mano de otros actores, entre ellos la Policía Nacional y su cuerpo antidisturbios -ESMAD-. La discusión sobre las acciones humanitarias que en el marco de una solución política deben realizar tanto la insurgencia como el Establecimiento, deben partir de esta realidad de responsabilidad y superar el abuso policial.

 

Una institución en caída libre

 

Cuando salió a la luz el escándalo de corrupción de la Policía, conocido como la comunidad del anillo, no hubo sorpresas para la sociedad colombiana. En el imaginario de las mayorías la Policía Nacional es una institución corrupta, fácilmente sobornable y abusiva con la población. Si bien en los últimos años, se ha tratado de limpiar su imagen, los constantes casos de abuso denunciados por organizaciones de derechos humanos, especialmente del Escuadrón Móvil Antidisturbios- ESMAD- y la corrupción inherente a toda la cadena de mando, no lo han permitido.

El enfoque de seguridad ciudadana que privilegia la vinculación de la ciudadanía a través de redes de informantes y escuelas de policía cívica para niños, así como la existencia de estaciones de Policía de zonas rurales cerca de centros religiosos o educativos, son formas de vincular la población al conflicto. De estas formas de vinculación, la policía también saca réditos, brindando información de la red a los mismos delincuentes, brindando protección y evitando capturas, como lo demuestra el caso del Bronx en Bogotá.

Para la sociedad el abuso policial es diario. Ejemplo son las detenciones masivas de vendedores ambulantes sin devolución de sus mercancías, la corrupción de los policías de tránsito en calles y carreteras, especialmente en las épocas navideñas y las retenciones ilegales callejeras por sospecha. En la Unidad Permanente de Justicia los detenidos son sometidos a requisas desnudos, se presentan agresiones constantes y no se cuenta con equipos médicos.

Al ser el conflicto de carácter social y político, es necesaria la revisión de una institución que está en caída libre como paso fundamental para el respeto de los derechos humanos.

 
La Policía como actor del conflicto armado

 

Las organizaciones sociales que en los territorios han luchado contra la consolidación del modelo neoliberal, oponiéndose a la minería transnacional, la explotación petrolera, la privatización y expropiación de tierras y reivindicando los derechos sociales, han tenido que vivir con el estigma de ser insurgentes no solo por parte del Ejército, sino de la Policía Nacional y sus cuerpos de investigación, lo que conlleva a una ruptura cada vez mas notoria del tejido social.

La ONG Human Right Watch señaló la vinculación de 5 militares y policías en ascenso para el 2016 a hechos de ejecuciones extrajudiciales, lo que ejemplifica el accionar conjunto de las Fuerzas Armadas en el desarrollo de actividades delictivas con justificación del conflicto armado. De igual manera sucedió en la Operación Orión donde la policía metropolitana y la policía de Antioquia acompañaron a Fuerzas Militares y paramilitares en la ejecución de Desapariciones Forzadas, Desplazamiento Forzado, Violencia sexual, entre otros delitos.

Por otro lado, El ESMAD ha sido el cuerpo encargado de reprimir las protestas en contra del modelo de desarrollo y en los últimos años ha sido responsable de los asesinatos de lideres sociales, los cuales se encuentran en la actualidad en total impunidad. Solo en el año 2016 fue responsable de asesinato de dos lideres indígenas y un líder campesino en el paro agrario, el asesinato de un estudiante de la Universidad Distrital de Bogotá y las agresiones a cientos de personas en los paros agrario, camionero y minero que se presenciaron en ese mismo año.

 
La profundización del conflicto social: Código de Policía

 

Contrario a lo que se esperaría de una decisión propicia para el clima de paz, el Gobierno Nacional se empeña en contradecirse con la aprobación del Código de Policía. Un código que tiene mas de 30 demandas en curso porque profundiza el autoritarismo y la violación de los derechos humanos contra la población colombiana, es necesariamente un obstáculo para la paz.

Las multas por ocupación “ilegal” del espacio público, demuestran una concepción del mismo donde lo que prima es la pulcritud y no el disfrute de la ciudadanía. En ésta no se brindan alternativas viables para quienes ocupan el espacio permanentemente, constituyéndose en una violación del Derecho al trabajo y a los Derechos Humanos en el caso de vendedores ambulantes y habitantes de calle, pues permite profundizar el abuso policial (históricamente demostrado) a estas poblaciones.

La posibilidad de que la Policía Nacional pueda entrar a viviendas y centros educativos sin autorización previa deja en manos de cada miembro de la institución la decisión sobre cuando debe actuar y cual es una conducta contraria a la convivencia que justifica su accionar. La violación de la privacidad y el posible abuso policial es inminente bajo la mínima sospecha o la justificación policial.

Lo mismo sucede en el caso de las protestas sociales, que de nuevo criminalizadas, son propensas a la intervención desmedida de agentes, que bajo el pretexto de un articulo de dicho código que señala que “agredir, irrespetar o desafiar a un policía” es una falta grave, puede no solo generar multas contra quienes se defienden del abuso sino a permitir su continuidad.

En últimas, el nuevo Código de Policía todo lo multa o lo regula. Una sociedad donde el poder y el control policial adquiere mayor discrecionalidad para desarrollar sus funciones, hace aumentar el drama que hoy vive pueblo del miedo a la sanción y las violaciones de derechos humanos. Esta debe ser sin duda una discusión necesaria sobre el significado de los cambios humanitarios que requiere una solución política del conflicto.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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“Resiste”, despliegan en pancarta contra Trump en la Casa Blanca

Activistas de Greenpeace colgaron esta mañana una pancarta con la palabra “Resist” (resiste, en inglés) que pudo observarse desde la Casa Blanca, para llamar a la resistencia frente a la “negación del cambio climático, el racismo, la misoginia, la homofobia y la intolerancia” que manifiesta el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Los miembros de la organización ambiental colgaron la pancarta en una grúa de obra, cuya ubicación en la parte trasera de la Casa Blanca permitió que fuera visible desde la parte frontal de la sede oficial de la presidencia. Los activistas permanecieron sobre la grúa de 80 metros por horas hasta media mañana, aseguró Greenpeace.


“La gente en este país está lista para resistir y levantarse como nunca lo había hecho antes”, declaró Karen Topakian, directora de la organización. “Greenpeace ha utilizado la no violencia para resistir a los tiranos desde 1971, y no vamos a parar ahora”, añadió.


De la misma forma, el activista Pearl Robinson dijo: “El sol se ha levantado esta mañana en una nueva América, pero no es de Donald Trump”. “Tengo miedo no solo de las políticas de la Administración entrante, sino también porque el pueblo envalentonado por esta elección pueda cometer actos de violencia y odio. Ahora es el momento de resistir”, agregó.
Mientras tanto, la policía de Washington aseguró que ese tipo de iniciativas son “peligrosas” e “ilegales”, y cortaron la zona para resolver la situación.


Greenpeace lamentó que Trump aprobara los planes de construcción de los oleoductos Keystone XL, que transportará crudo desde Canadá a las refinerías estadounidenses, y el que atravesaría el territorio de la comunidad Sioux de Standing Rock, en Dakota.
Durante su campaña electoral, Donald Trump afirmó que el cambio climático era una invención, por lo que propuso cancelar los fondos para la lucha contra el fenómeno, los cuales se destinarán para la financiación de proyectos domésticos.

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Fidel: encarnación de símbolos y sueños

Sierra Maestra es hoy un lugar tan mítico como Macondo, pero no ciertamente por ser un producto de la imaginación, sino por la riqueza de interpretaciones y significados a los que da lugar. Y como todo sitio legendario también cuenta con personajes excepcionales que en su caso están presididos por dos seres que ya le pertenecen a la historia: Fidel Castro y el Che Guevara. Ahora, dado que todos los hitos alegóricos encierran una moraleja, una advertencia o un camino a un ideal, bien vale la pena preguntarse ¿Cuáles son los dispositivos que convierten a Sierra Maestra en un arquetipo en el inconsciente colectivo de la humanidad? Pues bien, más allá de respuestas taxativas, la explicación seguramente está contenida en el entorno global en el que la gesta de Sierra Maestra surgió envuelta, y que con el tiempo encarnó como símbolo de los valores que la impulsaron.

 

En una primera mirada saltan ante nuestros ojos hechos como que el descenso victorioso de los guerrilleros desde ese icónico paraje en 1959 tiene lugar, por ejemplo, cuando la guerra de independencia de Argelia -sucedida entre 1954 y 1962-, alcanza cotas elevadas de brutalidad represiva por parte de Francia, la potencia ocupante, desnudando ante el mundo las realidades de un capitalismo que en el Centro exhibía orgulloso la cara de un consumismo lujurioso que, por contraste, tenía su contracara en la miseria de las regiones que proporcionaban las materias básicas con las que las élites y las clases medias de ese Centro ostentaban registros de derroche material que ni siquiera esos mismos países han vuelto a experimentar. Sierra Maestra queda así convertida en un emblema, por ser una de las primeras muestras exitosas de la última oleada de descolonización, que si bien en el caso de Cuba no es formal, sí representa un proceso de liberación de los nuevos yugos impuestos por el capital transnacional.

 

De otro lado, en los Estados Unidos, el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos -periodizado por los historiadores entre 1955 y 1968-, traslucía el interior de una sociedad segregada que en medio del derroche consumista de la población blanca negaba la condición humana a una parte importante de sus connacionales, por el color de su piel. Nombres como los de Martin Luther King y Malcom X, pero fundamentalmente éste último, que empieza a ocupar un lugar protagónico desde 1959 cuando presenta en la televisión de Nueva York el programa “El odio que produce el odio” -donde ensalza los ideales de la Nación del Islam y denuncia a los supremacistas blancos-, son un ejemplo de los esfuerzos de descolonización interior que en los países multiculturales emprenden los grupos étnicos subordinados. Malcom X reclamó, con soberbia, un papel protagónico para su gente y el derecho de los suyos a decidir su propio destino, ilustrando ese aspecto macabro del capital que implica que el bienestar de unos tiene como consecuencia la marginación del “Otro”. Malcom X y Fidel Castro tuvieron la oportunidad de conocerse y reunirse en Nueva York, cuando Fidel viajó a la asamblea de las Naciones Unidas en 1960, y coincidieron en que sus luchas formaban parte de los mismos sueños.

 

La matanza de al menos 200 argelinos durante una manifestación pacífica en París, en octubre de 1961, y que como reacción dio lugar a la creación de movimientos estudiantiles como el Comité Anticolonialista y el Frente Universitario Antifascista, fueron los gérmenes en los que incubó el gran movimiento de Mayo del 68, quizá la más grande revuelta estudiantil que el mundo haya visto, y que derivó en una huelga general de trabajadores con la participación de al menos 9 millones de obreros. La réplica del 68 en América Latina tuvo en la matanza de estudiantes de Tlatelolco, ese mismo año, la muestra de lo que fue la respuesta a los reclamos populares y a las manifestaciones de rebeldía de los jóvenes en nuestro continente. Las dictaduras militares del Cono Sur que la sucedieron, enmarcadas en una represión generalizada de tintes violentos, fueron los instrumentos que prepararon el terreno a la aplicación de las políticas ultraliberales -que aún siguen siendo doctrina convencional-, iniciadas en la década del setenta, por esos mismos gobiernos militares. De tal suerte, que la aureola de la revolución cubana, hija del triunfo de los guerrilleros de Sierra Maestra, no puede entenderse sin conocer el ambiente anticolonialista y de resistencia a los poderes centrales del que hizo parte, pues como es archiconocido, Cuba había sido convertida en el centro del juego y la prostitución regentados por las mafias norteamericanas, con la anuencia tácita del poder político de ese país.

 

La presencia del Che como guerrillero en el Congo, entre abril y noviembre de 1965, y los contactos que en esa ocasión estableciera con el Movimiento Popular para la Liberación de Angola y su líder Agostinho Neto, fueron el antecedente de la llamada Operación Carlota de 1975, en la que Cuba intervino de forma directa, desde noviembre de ese año, para sostener el gobierno de Luanda que encabezaba Neto. Es pues la coherencia y solidaridad con el compromiso anticolonialista un hecho innegable de la revolución cubana y de sus principales actores, y un símbolo de su entereza.

 

El movimiento contracultural y el anticapitalismo

 

En 1956 -año del arribo de los rebeldes a bordo del Granma a las costas cubanas- Allen Ginsberg, escritor norteamericano y una de las figuras centrales del movimiento Beatnik, publica el poema El aullido, que ya en su título refleja lo que fue la estentórea reacción de una generación que descubrió el desencanto de una vida burguesa aherrojada en las bodegas de las fábricas o en los cubículos de las oficinas, y cuyo mayor entretenimiento consistía en cegar el prado de su casa suburbana de madera y lavar el carro particular los fines de semana. El aullido es simultáneamente queja y amenaza, pero también comunicación estridente entre congéneres que en la inauguración del grito contracultural, en la meca del consumo, denunció el lado más oscuro de las vidas grises de la uniformidad masiva y acompasada de los horarios sincronizados del capital.

 

En el poema, Ginsberg hace desfilar la bencedrina y el peyote al lado del zen, Plotino y San Juan de la Cruz, el jazz y el sexo, los paisajes duros de Denver y Nueva York, la adoración al dólar, a la electricidad y los bancos, así como la búsqueda incesante de ignorar los lloros de los más jóvenes en los ejércitos y de los más viejos en los parques, en un mosaico de imágenes que reflejan lo absurdo de una heterogeneidad de situaciones contradictorias. En fin, ese grito encarnó masivamente en el hipismo que terminó representando, en algunos aspectos, el rechazo a esa vida falsamente complaciente de las clases medias y que tuvo en la denuncia de la guerra colonialista de Vietnam su acusación más trascendente a la faceta más oscura de la era industrial.

 

El rock como ruptura con los lentos y sincrónicos ritmos del pasado, y la anticoncepción como instrumento de domesticación de los efectos no deseados del encuentro de los cuerpos, permitió a las mujeres una mayor apropiación de sus vidas que ahora el capital introducía masivamente en las fábricas, sumando a la desconexión cultural con el pasado inmediato, comportamientos poco convencionales que significaron un giro radical en las costumbres. El sacrificio, como consecuencia del aullido contracultural no fue una excepción, Jimmy Hendrix, Janis Joplin muertos el mismo año y Jim Morrison, entre los más brillantes, son quizá las victimas más conocidas de los intentos de liberación que fueron confundidos con el escape temporal provocado por el consumo de sicotrópicos. La contracultura terminó limitando, de esa manera, su anticapitalismo, tan sólo a lo formal.

 

El pelo largo y las barbas, imagen con la que descendieron los insurgentes de Sierra Maestra, y que llevarían hasta el fin de sus días, fueron símbolo de ese periodo que contrariaba los rostros rasurados y el pelo al rape, distintivos de la asepsia de una época que como el primer período de la segunda postguerra había alcanzado en la sincronía de los movimientos masivos y en los códigos de la “higiene” de todo tipo, el ideal de la convivencia. Los sublevados de la Sierra, también en ese aspecto, coincidieron en reforzar los juveniles gritos de denuncia de una época que no pocos consideran el epítome de las múltiples rebeldías, de las que los intentos de construir sociedades desde parámetros distintos a la subordinación del trabajo por el capital aún provocan admiración por considerarse de las más radicales.

 

Las grandes amenazas son grandes desafíos

 

El terror sicológico de la amenaza nuclear como desenlace de la llamada Guerra Fría y que hizo decir a Albert Einstein “No sé cómo será la tercera guerra mundial, lo que sí se es que la Cuarta será con piedras y palos”, condujo a la proliferación de movimientos pacifistas, luego de la llamada crisis de los misiles. Pero, lamentablemente, fue la noción de equilibrio nuclear entre las potencias, es decir la construcción de un arsenal atómico cada vez más grande y sofisticado, lo que terminó imponiéndose como la mejor garantía de la no repetición de Hiroshima y Nagasaki en escala ampliada. En ese balanceo, la figura de Fidel Castro como el único actor occidental del juego que no vestía la camiseta de Occidente fue crucial, como también es sabido, por la cercanía geográfica de la isla a las costas del imperio y su lejanía ideológica. La retirada de los misiles nucleares de Cuba que hiciera la Unión Soviética y la operación análoga del desmantelamiento de armas similares instaladas por la Otan en Turquía, son quizá el ejemplo más elocuente de la búsqueda de ese “equilibrio” del terror en el que fue sumida la humanidad desde finales de la Segunda Guerra Mundial y que aún pende sobre todos nosotros como espada de Damocles, en una muestra clara de los lazos de prolongación entre modernidad y postmodernidad que develan su hilo común: los principios competitivos y totalizantes del capital.

 

La publicación de la Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, en 1962, y del informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts “Los límites del crecimiento”, de 1972, significaron un importante golpe contra las quimeras del capital no sólo acerca de la inocuidad de un aumento sin descanso de la riqueza material, sino de la posibilidad que tal aumento puede ser indefinido. La obra de Georgescu-Roegen, La ley de la entropía y el proceso económico, que vio la luz en 1971, dio argumentos sólidos, desde la academia, a la falsedad de las ilusiones de un capitalismo ilimitado, y así el movimiento ambientalista entró a formar parte de las advertencias más serias sobre las graves consecuencias del modo de vida impulsado en la modernidad. Y si bien es cierto que la revolución cubana abrazó con retraso relativo las reflexiones sobre las amenazas a los equilibrios ecosistémicos, no es menos cierto que, cuando en Rio de Janeiro, en junio de 1992, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, al expresar Fidel que “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”, remarcó una arista de la amenaza no poco esquivada: que el problema del ambiente no es del ambiente, es de los seres humanos que dependen de la trama de la vida tal y como la conocemos.

 

Sin embargo, la adscripción de Cuba al campo del “socialismo realmente existente” hizo que no pocas corrientes de los llamados nuevos movimientos sociales (algunas expresiones del feminismo, del ambientalismo, de la etnicidad, etcétera), en la búsqueda de divorciarse de esa realidad, al querer sacar el agua sucia de la bañera, terminaran arrojando con ella al niño. Olvidaron que la estructura social tiene unas lógicas centrales, y que esas lógicas son las del capital. Es cierto que la ganancia, y la contradicción entre el capital y el trabajo no lo explican todo, como es el caso del patriarcado, por ejemplo, que ha sido transversal a muchas épocas históricas, pero tampoco es menos cierto que una sociedad sin patriarcado, valga el caso, pero dividida en clases antagónicas, aún si fuera posible, no haría justicia completa a los sueños de un mundo más amable. Y, pese a todo, la revolución cubana ha buscado introducir las múltiples facetas de la liberación, a pesar de las grandes limitaciones aún existentes, que le han permitido seguir simbolizando la esperanza de la confluencia de todas las emancipaciones pendientes.

 

Sí, la confusión de socialismo con Estado-centrismo es una deuda aplazada y una realidad que merece balances más serios de los que hasta ahora han sido hechos, incluso desde la izquierda. Pero, lo que no puede negarse es que el mito del pequeño David derrotando a Goliath llama, hoy más que nunca, a seguir el ejemplo de asumir los riesgos de iniciar caminos propios, y que la frase del Che “Hasta la victoria, siempre” -escrita en su carta de despedida, cuando inicia la aventura boliviana que lo conducirá al sacrificio y lo convertirá en una figura legendaria-, más allá de su sintaxis enrevesada, transmite la sensación de que definida la meta, lo importante es caminar hacia ella, y que hacerlo es de por sí, independientemente de los resultados inmediatos, una conquista. Hoy, cuando el pragmatismo hunde al mundo en un supuesto realismo posibilista, que no es más que resignación y aceptación del “no hay alternativa”, que como loza fúnebre sembrara Margaret Thatcher en el espíritu del planeta -incluso en el ánimo de muchos de los que sueñan con un mundo mejor-, ese lema del Che, que hiciera suyo la revolución cubana, señala otro aspecto que la ha incrustado en el inconsciente colectivo: el de la acción permanente y desinteresada hacía lo que otros consideran imposibles.

 

Las cenizas de Fidel ya comienzan a enfriarse, pero también a hacer parte indisoluble de esa gigantesca roca que es Sierra Maestra, que sigue creciendo como símbolo de lo que puede hacer un grupo de jóvenes decididos que a lo único que temen es a la inacción, a la indiferencia y a la incapacidad para soñar. Que despierten, pues, de nuevo, las utopías y la voluntad de hacer caminos que nos acerquen a su realización. La persistencia y el espíritu alerta para reiniciar cada vez que sea necesario, para reinventarse y continuar soñando al andar no es cualquier ejemplo, y los jóvenes de Sierra Maestra seguirán representando eso, más allá del deseo de unos pocos que insistirán, en nombre de una sedicente objetividad, en proseguir atentando contra Fidel, ahora contra su memoria, y en disparar contra el Che, aunque cada vez con balas más débiles e inofensivas, pues ciertos mitos los construyen los pueblos, precisamente como rocas, para protegerse de quienes buscan despojarlos de sus ilusiones.

Publicado enEdición Nº231
La paz desde arriba y la paz desde abajo

Resistiendo. Durante el 2016 la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular (Cacep) realizó doce (12) cumbres regionales, tres (3) sectoriales y una (1) nacional de Paz. Su propósito: avanzar hacia una ruta social para la paz, expresada en una Agenda Común.

 

Debates y coordinación temática necesaria porque, 1) si bien la mayoría de movimientos y organizaciones sociales que integran la Cumbre coincidimos en la necesidad de superar el conflicto social y armado por la vía del diálogo y la negociación, cada uno desarrolla lecturas y proposiciones aisladas respecto del escenario de paz. 2) La dispersión de análisis, y formas de proceder, que tornó urgente explicitar los acuerdos y superar los desacuerdos, para incidir de manera más efectiva en la agenda de paz.

 

Este esfuerzo de poner en diálogo las diversas agendas sociales y políticas del movimiento popular en perspectiva de paz, partió de reconocer que el escenario de La Habana, y otros que se abran con las insurgencias, son importantes, pero no únicos, exclusivos y excluyentes; antes bien, el debate resalta que estos acuerdos de paz entre gobierno e insurgencias son complementarios de los acuerdos y propuestas que encarnan las comunidades, “constructoras históricas de paz desde los territorios”.

 

Esta manera de enfocar el momento político que atraviesa el país, implicó la realización de un análisis de las realidades locales a partir de una lectura de las afectaciones del conflicto armado y las prácticas “autonómicas territoriales” de resistencia a la guerra, así como de las acciones de movilización y protesta ante las políticas gubernamentales en los territorios.

 

En desarrollo de esta lógica social y política, una primera tarea para la Cumbre Agraria fue identificar las regiones donde se realizarían las Cumbres de Paz, puesto que la presencia de la Cumbre Agraria es amplia territorialmente y diversa en la comprensión de la misma territorialización. Cada organización y comunidad (campesina, indígena y negra) tiene una construcción diversa sobre el territorio; por tal razón, se identificaron como criterios para la realización de los eventos, la intensidad del conflicto armado y la presencia convergente de organizaciones de la Cumbre Agraria.

 

El solo hecho de abrir el escenario para discutir sobre la realidad territorial de la guerra y las acciones que emprenden las organizaciones en los territorios, generó debate en cuanto a los alcances reales de los acuerdos de paz entre gobierno e insurgencias, develando, entre otras realidades, la afectación diversa del conflicto en los territorios, y la mayor o menor adhesión de las organizaciones sociales a la agenda de negociación trazada en la mesa de diálogos de La Habana con las Farc y la mesa de Quito con el Eln.

 

Reflexión que develó un orden de prioridades en la agenda de acción política entre las organizaciones, puesto que para algunas debía centrarse en el respaldo irrestricto a los acuerdos de La Habana, postergando la discusión sobre otros temas “estratégicos” o “estructurales” del modelo de Estado, los mismos que según la agenda gubernamental, no están en discusión.

 

De este acercamiento problematizador surgieron los interrogantes, ¿Los acuerdos de paz de La Habana, y la voluntad de solución política al conflicto expresada por el gobierno, posibilita la construcción de la paz?, ¿cuál debe ser la posición que adopten las comunidades que convergen en la Cumbre Agraria en relación a los diálogos con las insurgencias?

 

Despejando el camino

 

Un primer resultado de estas cumbres de paz fue la construcción conjunta de una concepción de paz, implícita en las propuestas y lecturas elaboradas por cada una de las organizaciones. Esta concepción abrió un marco de comprensión de los alcances y contenidos de la paz, cuestionando la propia del gobierno, que la ha entendido como un acto de rendición de las guerrillas, sin tener en cuenta las demandas del movimiento social, que están en la raíz del conflicto. Es así como la paz, para ser sostenible y duradera, debe considerarse como un proceso que requiere de ciertas condiciones que transcienden la simple dejación de armas y la incorporación a la vida civil de los combatientes.

 

Es decir, las condiciones de una paz sostenible y duradera tienen que ver con los contenidos y las formas de construir la paz. En tal sentido se afirma la necesidad de crear escenarios de diálogo para construir pactos sociales que garanticen la participación de una pluralidad de actores sociales y políticos en la toma de decisiones sobre la economía, la política, la cultura, la educación, en las esferas públicas locales, regionales y nacionales. Debate, diseño de nuevas políticas públicas, movilización, acción directa, todo ello en pro de crear condiciones de vida digna en un proceso de democratización de la sociedad colombiana.
En cuanto a los contenidos de la paz, se logró ratificar una serie de temas ya acordados previamente en el pliego de exigencias**, y que tienen que ver con la superación de los impactos negativos de la guerra, para avanzar en pro de condiciones de vida digna, justicia y democracia. Pero que se amplían y enriquecen con una perspectiva territorial y temporal, demarcando diferencias y complementariedades entre formulaciones, que plantean visiones y sueños más amplios de las organizaciones y comunidades (elementos de plataforma política), otras que contribuyen a la construcción del empoderamiento popular con o sin el aval gubernamental (elementos de programa) y algunas que hacen parte de las exigencias más concretas dirigidas a los gobiernos nacional, departamental y local (elemento de pliego de exigencias).

 

Logro que, sin embargo, plantea un conjunto de interrogantes respecto al despliegue de estas propuestas: ¿Cómo poner a jugar estos elementos con la negociación que adelanta la Cacep con el Gobierno y con las posibilidades que abren los acuerdos con las insurgencias?, ¿Cuál es la voluntad y capacidad de impulsar de manera conjunta (entre las organizaciones de la Cacep y con otros) una agenda de acción política en perspectiva de paz?

 

Son varios los obstáculos y retos que la Cumbre Agraria debe superar para hacer posible su agenda común de paz, entre ellos, que si bien cada organización comparte en términos generales las concepciones y los contenidos comunes de la paz, difícilmente depone sus agendas particulares para impulsar de manera decidida agendas comunes. Dos razones para esto: las organizaciones mantienen relaciones del orden nacional pero no comparten ni experimentan acercamientos en el territorio; el otro aspecto que pesa mucho son las tradiciones políticas, ideológicas, organizativas y culturales, relacionadas en muchas ocasiones de manera contradictoria, lo que genera conflictos territoriales difíciles de superar en un evento o en esporádicos encuentros, como las Cumbres de Paz.

 

Un reto no menor en el camino de una agenda común, es el salto necesario para pasar de la propuesta, y de la protesta, a la acción directa. Esto se debe en parte a las prioridades y métodos de acción de cada cual: ¿Atendemos la agenda inmediata de los acuerdos de paz entre las insurgencias y el gobierno con logros concretos, o nos lanzamos a la acción con demandas más estratégicas de largo plazo, para logros más amplios?, ¿con qué capacidades (organizativas, políticas, financieras, etcétera) se cuenta para desarrollar acciones concretas más eficaces?

 

Otro reto, relacionado con los anteriores, tiene que ver con la definición de los escenarios de acción política. ¿Dónde y quién define la agenda de paz? La Cumbre plantea que la Agenda Común de Paz debe trasladar el escenario de discusión de paz de las instancias nacionales –arriba–, para tomar asiento abajo, al afirmar que esta agenda “debe tener un asiento y validación territorial respetando las autonomías de las comunidades, reconociendo que son las regiones las que generarán las experiencias organizativas de unidad, para enfrentar las problemáticas y conflictos de orden político-económico-social-cultural”.

 

Es así como la Cumbre Agraria traslada el centro de la participación en la deliberación y decisión sobre la paz, de las mesas con las insurgencias y los escenarios estatales a múltiples escenarios, como: “Mesa Social para la Paz, Cabildos, Consejos Territoriales Populares, Comisión Étnica para la Paz y la Defensa del Territorio, Constituyentes, Coordinación Étnica Nacional de Paz, Gran Diálogo Nacional, entre otros”. Pero acá la pregunta es: ¿Conviene dispersar las capacidades de las organizaciones en diversos escenarios?, ¿priorizar los escenarios propios agenciados por el movimiento social, no desatendería los escenarios políticos institucionales en los que se toman decisiones que afectan la agenda pública en torno a la paz, tales como los poderes legislativo, judicial y el ejecutivo?

 

En este debate la Cumbre Agraria se acerca con sospecha al discurso de paz gubernamental, pero denuncia su doble discurso, al manifestar que el gobierno, con su “demagogia de la paz” desatiende su compromiso de garantizar la oposición política, puesto que se “recrudece la criminalización, persecución y exterminio de líderes y lideresas sociales, que deja por saldo 94 asesinatos, 5 desapariciones forzadas, 46 atentados y 302 amenazas durante el 2016”. Mientras avanza en reformas institucionales y legales que van en contravía de las aspiraciones de las comunidades rurales, al impulsar y atornillar un modelo de desarrollo extractivista y de desmonte de las garantías sociales.

 

La construcción de la Agenda Común de Paz, como herramienta, posibilita la consolidación y fortalecimiento del actor social Cumbre Agraria. Es decir, fortalece y visibiliza nuevos actores políticos que han permanecido al margen de la deliberación y decisión de los asuntos públicos. ¿Cómo hacer de la Cumbre Agraria un actor determinante para el logro de una paz sostenible y duradera, que favorezca los intereses de los sectores populares?

 

El 2017 trae nuevos retos y recoge los de años anteriores. Agendarlos y articularlos de manera precisa, con métodos adecuados y responsabilidades claras, es esencial para dilucidarlos y extenderlos al conjunto social, en busca de las alianzas necesarias para que se tornen en triunfos concretos y, ojalá, generales.

 


 

* Vocero de la Comosoc en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular.
** http://www.comosoc.org/PLIEGO-DE-EXIGENCIAS-MANDATOS-PARA-14

Publicado enEdición Nº231
Los sin tierra desafían a un gigante en la Amazonia

Agricultores del Estado de Pará en Brasil ocupan áreas que según ellos la empresa minera ha comprado ilegalmente. Es una manera de forzar la maquinaria legal


Canaã dos Carajás (Pará)

 

En un despacho pequeño y remoto de la Amazonia de paredes sucias y goteras en el techo, una pareja de abogados monta desde hace dos años un rompecabezas diabólico. Las piezas del puzzle son las divisiones de un mapa gigante que reposa sobre la mesa y que delimita los terrenos de Canaã dos Carajás, un municipio del sudeste del Estado de Pará, al norte de Brasil. En esta región interminable, la empresa Vale, una gran compañía minera brasileña, lleva a cabo proyectos multimillonarios de extracción de cobre, hierro y otros minerales. De una manera poco limpia a veces, según estos dos abogados, José Batista Afonso y Andreia Silverio, empeñados en probar que la empresa se ha apropiado irregularmente, durante varias décadas, de tierras del Gobierno Federal. Vale lo niega. “Esta tierra de aquí era pública. Y ésta, no se puede vender ni comprar”, señala Batista Afonso en el mapa del despacho, una especie de refugio sin cerradura de desposeídos sin títulos, Más allá, el territorio feraz y violento de la Amazonia, forjado con años de desmanes, con cierto parecido al Oeste de las películas del oeste, con olor a quemado y pesticidas, con historias de buscadores de oro, labradores sin nada y amplísimos ranchos de ganado.


Los abogados sostienen que Vale se ha ido apropiando de tierras comprándolas a agricultores sin títulos de propiedad que labraban en suelo público arrendado. Pero sólo hay una manera de demostrarlo: forzar a la empresa a enseñar los títulos de propiedad. Y ahí entra en juego como punta de lanza sin nada que perder un movimiento llamado Los Sin Tierra, conformado por labradores pobres que siempre han trabajado granjas de otros. Estos ocupan sin permiso parte de las parcelas compradas por Vale. Hace un año, 400 familias irrumpieron en una de esas áreas. Se distribuyeron por las 8.000 hectáreas. Levantaron casas de madera y comenzaron a cultivar.


Entraron, por una parte, para forzar a la empresa, para echarles de allí, a tener que mostrar los papeles y así proporcionar munición legal a los abogados. “Sólo queremos que lo demuestren. Mientras tanto, no vamos a rendirnos”, decía José Raimundo Garcez Anges, Raimundão, un antiguo buscador de oro de 54 años reconvertido en líder del campamento.
Pero también entraron, simplemente, para procurarse un rincón en la inmensidad de este territorio donde cultivar, por primera vez en su vida, su propia huerta. Como Rosimar Barros da Silva, dona Rosa, de 56 años, siempre labrando tierras ajenas para poder comer. “Nunca pensé en entrar en un movimiento de estos. Porque veía muchos en los que no se trabajaba la tierra. Pero aquí, sí. Era mi sueño: tener un pedazo de tierra mío, para vivir, labrar, para tener mis cerdos, mis gallinas. Aquí, en el campo, viene una visita y usted coge, mata un pollo o una gallina y hace una comilona para la gente. Y eso. Ése es el sueño que yo buscaba”.


Dona Rosa y el resto duró ocho meses, hasta que la empresa minera hizo cumplir su denuncia y les expulsó: “Era de mañana, muy de mañana, a las 7 y media o por ahí”, relata la mujer. “Tomaba un café. Pero, oiga, señora reportera, no vea la de policía que vino. Yo ya tenía plantado mandioca, lechugas, coliflores... Y 360 matas de tomates que ya estaban brotando... Trabajamos tanto y no recolectamos nada. No quiero ni acordarme”. Tras ser expulsados, el batallón de miserables sin tierra se instaló en unos terrenos del ayuntamiento: “Yo no tengo el sueño de una casa”, prosigue Dona Rosa. “Sueño con un pedazo de tierra mía. Quiero una casa sencilla, con suelo de tierra. Dos cuartos, uno para mis hijos. Con suelo de tierra. Eso, para mí, es como si fuera un edificio entero”.


La iniciativa del grupo de Dona Rosa y Raimundão fracasó... relativamente. La documentación aportada por la empresa en los juzgados sirve para que los dos abogados del despacho ruinoso de la Amazonia rellenen más piezas del puzzle. Hay parcelas compradas legalmente, pero otras, aseguran, no.


No están solos: según el investigador Bruno Malheiro, que elabora un doctorado sobre el asunto en la Universidad, la empresa minera ya ha llevado a cabo, en los últimos años, 39 solicitaciones para que la justicia desaloje terrenos ocupados. Algunos han sido desalojados. Otros no.


En otro campamento, cerca del río Sossego, hay 54 familias desde el pasado 10 de octubre. Los agricultores están empezando a plantar ahora y están asustados. Desde allí, se ve la mina de cobre de Vale. Denislai de Souza Brito, de 25 años, coordina el grupo: “Yo quería trabajar en Vale. Los jóvenes que trabajan para la empresa minera vienen de fuera. Intenté incluso hacer prácticas, pero no lo logrué. Si Vale no contrata a la gente de aquí..”, dice. “Comprar un terreno hoy es imposible, se lo garantizo. Los precios se han puesto por las nuebes con la llegada de la empresa. Pero con un pedacito de tierra, podemos producir nuestro alimento”, cuenta.


Hay otras maneras de rastrear la compra irregular. Es ir simplemente a los que las vendieron. José Ribamar da Silva Costa, Pixilinga, agricultor de la zona, es uno. Sostiene sin dudar que él trocó su tierra por la de otro ganadero que, a su vez, se la vendió a Vale hace años. “No tenía título de propiedad. Sólo un certificado de asentamiento, que es lo que nos da el organismo público para que la trabajemos. Y allí ponía que era innegociable.


Manoel Batista da Silva es otro. Es conocido en la región como Manoel Colono. Llegó sin nada en la década de los ochenta, cuando la fiebre del oro de la Amazonia. Ha vendido y revendido tierras a Vale hasta hacerse millonario. “La mayoría de las tierras de esta región no tienen documentación”.


La empresa minera, aunque no ha querido comentar estos casos concretos, asegura que todas las compras son legales y que los desalojos se llevan a cabo cumpliendo los plazos y los avisos que marca la ley, de modo que a nadie le puede pillar de sorpresa .


La tensión no cesa y va en aumento: el 17 de noviembre, un intento de ocupar la Hacienda São Luís acabó con un enfrentamiento con un intercambio de disparos entre guardias de seguridad de Vale y los agricultores. Hubo varios heridos por ambas partes. Los labradores que ocupan algunos de los campamentos aseguran que han visto drones por encima de sus cabezas y que se sienten vigilados y atemorizados.


La puerta del despacho de los abogados del rompecabezas se abre con un patada no muy fuerte.
–No tienen ustedes miedo?


-El miedo pasa. Uno se acostumbra.

Publicado enInternacional
¡Por la Primera Asamblea Nacional del Campo Popular!

Este 2016 ha sido para el pueblo colombiano un año lleno de expectativas, sueños, esperanzas y frustraciones. Muchos sectores sociales que vivimos en carne propia las consecuencias y los rigores de la confrontación armada, valoramos con aliento, la posibilidad de poner fin tanto al conflicto entre el gobierno de Santos y las Farc-ep, como al inicio de las conversaciones con el Eln. Estos procesos de diálogo, negociación y acuerdo conducen en parte, a la solución política del conflicto armado y crean por tanto, unas condiciones para reconstruir los sueños de los colombianos y los proyectos de vida de las organizaciones sociales; siempre y cuando, el poder asuma con voluntad verdadera, el reconocimiento y respeto a las expresiones políticas, y de una nueva participación popular y el contenido que emerja de estos procesos.


La negociación con las Farc-ep y su implementación tiene lugar en un momento de profundización de las políticas neoliberales antipopulares y sucede en medio de una correlación de fuerzas adversa a la insurgencia y a la iniciativa popular, una y otra, en su disputa y movilización por la conquista de los derechos y de las transformaciones democráticas a fondo que demanda la Nación. Es en este marco, que culminó el Acuerdo inicial de La Habana.
Un Acuerdo que si bien no transformaba el modelo económico y político dominante, si señalaba unas reformas necesarias y puntuales para el país rural, como la actualización del catastro, una medida que serviría de base para una redistribución más justa y democrática de las tierras del país, y, la recaudación de los impuestos necesarios para el desarrollo territorial. Asimismo, daba pasos en el avance y búsqueda de los derechos de las víctimas a la verdad y a la justicia; y en propuestas para enfrentar de manera diferenciada el problema de los cultivos de uso ilícito. También, en la inclusión de las mujeres y de otros sectores sociales discriminados, y en la aproximación a unas garantías para el ejercicio de la oposición política.


Sin embargo, el mecanismo de refrendación de dicho acuerdo que finalmente impuso Santos y su resultado en el plebiscito del 2 de octubre, evidenció, de un lado, el desinterés y la distancia de la población colombiana frente a las agendas de paz propuestas por el Gobierno Santos, sectores democráticos, de izquierda y de la propia insurgencia; y de otro, indicó el arraigo y fuerza de tendencias ultra conservadoras y regresivas en la sociedad y la cultura política del país. Ahora, con desventaja y forzada por la situación, la refrendación y el proceso de implementación de los nuevos acuerdos, está en manos de la instancia del Estado más cuestionada y corrupta: el Congreso de mayoría santista.


También en este año, se anunció la apertura de la fase pública de conversaciones con el Eln. Un paso de solución política, con claras evidencias de subvaloración y desinterés por parte del Gobierno, que está en espera hasta enero de 2017. En el otro caso relacionado con una solución política, hay que añadir el absoluto desinterés oficial en explorar una salida con el Epl.


Así las cosas, quienes confluimos y coincidimos en la iniciativa ¡Otra Democracía, Si!, respaldamos los procesos de negociación y el cese de la guerra. Asumimos igual, el derecho a construir los proyectos colectivos de vida y a dar un nuevo rumbo al régimen político y económico excluyente. De este modo, reconocemos que el contenido de los Acuerdos alcanzados en la Mesa de la Habana, no agotan el clamor popular por un país democrático, es decir: sin inequidades sociales, con soberanía y garantías políticas, con plenos derechos a disfrutar de los bienes comunes, vivir en una relación no destructiva con la naturaleza y definir colectivamente el tipo de organización política y social que más convenga a los anhelos populares.


Sin embargo, las tendencias dominantes en el país, el continente y la Europa occidental, que enarbolan las clases dominantes con sus ideologías patriarcales, racistas, ecocidas, muestran que el escenario de una sociedad con justicia social y democracia real y plena, está cada vez más lejos de plasmarse en una realidad inmediata. Advertimos a su vez, la existencia de una crisis generalizada del modelo dominante que descarga sus efectos sobre los hombres y mujeres trabajadores, las clases medias, el mundo rural y los territorios. En nuestro caso, por medio de una lesiva reforma tributaria que limita la capacidad de ingreso, consumo y ahorro de las mayorías populares, impone un pírrico aumento salarial y, entre otros aspectos más, fortalece el modelo de la gran minería extractivista y de la agroindustria ambiental socialmente perjudiciales.


Como siempre, el establecimiento pretende fracturar y debilitar las luchas y resistencias populares, respondiendo a sus justas demandas y movilizaciones con medidas represivas por parte de la fuerza pública; junto con la persecución judicial a dirigentes sociales y, ahora más, con la maniobra, dilatación y el incumplimiento sistemático de los acuerdos alcanzados en las mesas de negociación con las organizaciones sociales, limitando la lucha social a formas “pacíficas y civilizadas” que no pongan en riesgo la tranquilidad y estabilidad del modelo económico. Adicionalmente, está en marcha una ofensiva de guerra sucia contra las organizaciones sociales y populares que este año cobra ya la vida de ochenta y ocho de sus miembros. Una campaña de terror acompañada de la más absoluta impunidad. Un ambiente de incertidumbre que contrasta con las expectativas generadas por los acuerdos de paz.


Cabe resaltar aquí, que como parte de una agenda de infamia y opresión está en desarrollo una ofensiva del poder patriarcal y misógino, con fenómenos que pregonan la lucha contra la “ideología de género”, con la pretensión de limitar los derechos y libertades alcanzadas por las mujeres y el sector LGBTI, a través de décadas de lucha por la igualdad. Esto, acompañado de situaciones aberrantes como el aumento del feminicidio, que en 2016 alcanza más de 500 mujeres (adultas, adolescentes y niñas) víctimas de asesinato.


No obstante, en este panorama adverso, hay evidencias de que el pueblo colombiano no se da por vencido. Los procesos sociales de base territorial continúan confrontando el modelo. En municipios como Pijao (Tolima), Doncello (Caquetá), Ibagué, San Martín (Cesar), y regiones como las cubiertas por el páramo de Santurbán (Santander y Norte de Santander), o el Valle del Cocora (Quindío), entre otros, sus pobladores levantaron su voz y marcharon para exigir respeto a sus territorios. Denunciaron con fuerza, los efectos negativos de las explotaciones mineras. Además, exigieron consulta popular contra la explotación minera convencional o vía fracking y, la salida de las multinacionales a las que el Estado les concesionó, sin previa consulta, las tierras que las poblaciones reclaman bajo su soberanía. Estas luchas con refriegas, nos recuerdan que un tema crucial en las luchas presentes y futuras del país, es la defensa del territorio y la construcción de otra democracia.


Nuestro afán, escenario y proceso en torno a ¡Otra Democracía, Si! anuncia la necesidad de trabajar por la instalación y construcción apremiante de un Bloque Popular con raíz en todas las regiones. Bloque que con la fortaleza en la diversidad y en la democracia, exija de las diferentes vertientes de los movimientos sociales y de la izquierda, la disposición y la voluntad de ser generosos con la unidad popular. En tal sentido convocamos al esfuerzo y logro en el primer trimestre del 2017, de sesionar en una Primera Asamblea Nacional del Campo Popular que articule el más amplio espectro de las fuerzas alternativas, con un enfoque territorial y sectorial, en la perspectiva de construir una estrategia de acción común que otorgue y rescate la iniciativa social y política a las mayorías del pueblo colombiano. Aquí todos y cada uno, somos necesarios para construir una paz con justicia social y un nuevo proyecto de país con vida digna para todos y todas.


¡Otra Democracia Sí es posible!

Son firmantes:


Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia –Comosoc.
Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo –Modep.
Equipo Desde Abajo.
Federación Nacional de los trabajadores al servicio del Estado, los Servicios Públicos y la Comunidad –Únete.

Agenda Caribe
Amautas: Pedagogía Crítica y Formación de Sujetos, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Ambulua
Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz.
Asociación Ambiental por la Vida de Boyacá.
Asociación Campesina Popular (Asocampo).
Asociación Comunitaria Nueva Esperanza.
Asociación de Campesinos sin Tierra de Sincelejo Sucre (Acatiss).
Asociación de Campesinos y Comunidades sin Tierra del Cesar.
Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño (Asocoetnar).
Asociación de Cultivadores de Frutales La Morenita.
Asociación de Docentes y Trabajadores de la Educación de Sucre (Asodes).
Asociación de Guardianes de La Sierra (Asogiasierra).
Asociación de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Informal (Asoinformal).
Asociación de Mujeres Rurales de Coloso (Amucol).
Asociación de Ovinocultores de Güicán (Güicaove).
Asociación de Productores de Avanzada por el Desarrollo Agropecuario (Asoprovandes).
Asociación Innovadora Tubérculos Andinos Boyacá (Aitab).
Asociación para el Desarrollo Ambiental y Sostenible de Coloso (Asodesco).
Asociación por la Defensa de los Derechos de los Hijos del Pueblo (Addhip).
Asociación por la Dignidad y los Derechos Agrarios (Digniagrarios).
Católicas por el Derecho a Decidir Colombia.
Centro de Formación y Empoderamiento de La Mujer Ambulua.
Ciudadanas Autónomas.
Colectiva Mujeres Feministas Emancipatorias
Colectivo de Abogadas de Cartagena.
Colectivo de Expresión Juvenil Kirius.
Colectivo Mejers y Paz.
Colectivo Popular Música y Resistencia.
Colectivo Rebeldía Diversa.
Colectivo Social La Panela Piedecuesta, Santander.
Colectivo Suamena Boyacá.
Comisión Claretiana de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Colombia Ecuador.
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).
Comité Sindical Clasista del Corredor Minero Cesar, La Guajira, Magdalena, Atlántico.
Comités de Obreros y Trabajadores Ignacio Torres Giraldo.
Confluencia de Mujers para la Acción Política.
Corporación Arazá por la Justicia Social y Ambiental.
Corporacion Ceeniug.
Corporación Claretiana Norman Pérez Bello.
Corporación Colectivo de Derechos Humanos Tierra de Todos.
Corporación de Derechos Humanos Guasimí Nariño.
Corporación de Mujeres Cordobesas.
Corporación Escuela Sindical y Popular Ignacio Torres Giraldo.
Corporación para la Educación y Autogestión Ciudadana (CEAC) Barranquilla.
Corporación por el Desarrollo, la Paz y la Protección Ambiental (Codepam).
Corriente Nacional Nuevos Maestros por la Educación.
El Salmón Revista de Expresión Cultural.
Escuela de Arte y Desarrollo Humano Mario González Piedecuesta, Santander.
Escuela Popular Akana Warmi Qhispicay.
Federación Universitaria Nacional FUN – Comisiones.
Foro de las niñas.
Fundación Aguanile.
Fundación Casa de la Mujer Valledupar.
Fundación Escuela del Saber.
Fundación ExplorArte.
Fundación Familias Unidas.
Fundación IriArtes.
Fundación Nacional de Mujeres Funam.
Fundación para la Comunicación y el Desarrollo Social (Fedesol).
Fundación Surcos.
Fundación Vida Digna Buenaventura.
Generación Terranova.
Grupo Derecho y Política Ambiental, Universidad Nacional de Colombia.
Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz (Gempaz).
Grupo Guillermo Fergusson.
Grupo Raíces Irlanda.
Huellas Africanas.
Iglesia Apostólica Guadalupana.
Junta de Acción Comunal Florida San Luis, Ciudad Bolívar, Bogotá.
Mesa Ecuménica por la Paz.
Minga Urbana Bakatá.
Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Araurayú.
Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Painwashi.
Organización de Mujeres Olla Comunitaria de Montería.
Organización de Mujeres del Suroriente de Montería.
Organización Juvenil Rastros.
Organización Toumain.
Proyecto Crassula de Barranquilla.
Red Caribe por la Paz.
Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribes y de la Diáspora capítulo Colombia.
Red de Mujeres del Caribe Colombiano.
Red ¡Párala Ya! Nada Justifica la Violencia contra las Mujeres Valledupar.
Red Rojo y Violeta.
Revista Viento del Sur.
Servicio de Paz y Justicia en América Latina.
Sindicato de Trabajadores de Uniminuto (Sintrauniminuto).
Sintraime seccional Soledad, Atlántico.
Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte de Colombia (SNTT).
Sintraime seccional Soledad (Atlántico).
Sintramienergética Seccional Codazzi (Cesar).
Unión Sindical de Trabajadoras de los Hogares de Bienestar (Ustrahbin) Córdoba.
Voces maestras
Wayuumunsurat Mujeres Tejiendo Paz.

Colombia, 10 de diciembre 2016

Publicado enColombia
Frei Betto: Los errores de la izquierda son no organizar ni politizar al pueblo

 

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, teólogo, filósofo y antropólogo, es uno de las grandes y escasas personalidades con mucha influencia en Latinoamérica. Sus más de cincuenta libros, el compromiso con los movimientos libertarios de Latinoamérica, su amistad con el líder de Cuba Fidel Castro y otras grandes personalidades como el recién canonizado Monseñor Óscar Arnulfo Romero de El Salvador, le convierten en un referente de la historia contemporánea latinoamericana.


En esta oportunidad, tras ser galardonado por la Universidad Nacional de Costa Rica, en el marco del VII Encuentro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra, por su trayectoria intelectual y humanística, Frei Betto, nos ofrece sus puntos de vista sobre la reciente actividad política de Latinoamérica que está estremeciendo a gobiernos democrático-populares de izquierda.

 


– ¿Qué te parece cómo se está configurando Latinoamérica? Sube la izquierda y ahora parece que va para abajo.


Bueno, en los últimos cincuenta años tuvimos tres grandes ciclos en Latinoamérica: primero el ciclo de las dictaduras militares, allí fracasaron; después vinieron los gobiernos neoliberales, mesiánicos neoliberales, Collor en Brasil, Fujimori en Perú, Menem en Argentina, García Meza en Bolivia, Caldera en Venezuela [1], y por ahí va. También fracasaron y fueron rechazados por el pueblo en elecciones. Entonces llegaron los gobiernos democráticos-populares, y ahora hay una amenaza: que esos gobiernos van a ser rechazados por, de nuevo, gobiernos neoliberales como Macri en Argentina [2], entonces tenemos que analizar por qué pasa eso.


Desde mi punto de vista, todos esos gobiernos han representado grandes avances sociales, también en la política exterior, soberanía, independencia antiimperialista, pero han cometido dos grandes errores: no han tratado de organizar y politizar al pueblo, un gobierno progresista no se mantiene por consignas, por promesas. Los pueblos pueden soportar la dificultad, como pasa en Cuba, si tiene formación ideológica para comprender esa dificultad y estar dispuestos al sacrificio.

 

– ¿No se ha luchado por la conciencia social del pueblo?


No se ha hecho un trabajo de base, en el sentido de organizar políticamente al pueblo, y ese pueblo está sujeto y por tanto vulnerable, a toda la propaganda de la prensa burguesa que sigue dominando a estos países.


– El ascenso de la burguesía, incluso queriendo derribar gobiernos por la vía democrática que ellos mismos proponen, ¿esto va a significar un serio retroceso para Latinoamérica?


¡Sí! Tenemos que pensar ¿y nosotros qué culpa tenemos de ese proceso? O sea, no basta decir que viene el enemigo, que va a pasar eso. Estamos analizando dos factores: primero, no tratamos de organizar y politizar a la gente, por ejemplo, cuando Lula [3] llegó al gobierno mucha gente pensó que ahora el gobierno era una gran vaca que tiene que tener una teta para cada boca, y muchos movimientos sociales ya no actuaron con decisión, con coraje, ‘estamos esperando que el gobierno va a hacer esto, que el gobierno va a apoyarnos’, y el gobierno no apoyó. El gobierno ha sido muy bueno en muchos aspectos, pero ha sido bastante padre de los pobres y madre de los ricos.

 

– ¿Mucho asistencialismo?


Mucho asistencialismo, es el segundo factor. Han tratado de facilitar o que el pueblo se haga de bienes personales: computadora, nevera, teléfonos celulares, y no los bienes sociales: educación, salud, vivienda, saneamiento, transporte colectivo, etcétera. Entonces creó mucho más una nación de consumistas que una nación de ciudadanos, y la gente ahora tiene rabia porque ya no puede viajar en avión como pasaba en Brasil en los tiempos de Lula, los pobres podían montar en el vuelo ahora ya no pueden. Entonces tenemos que hacer autocrítica, por qué ahora la gente va a la calle, hace crítica dura a los gobiernos progresistas, por ejemplo en el caso de Venezuela, el desabastecimiento es un problema grave, es muy difícil decir a una persona que no tiene el acceso al mercado de bienes esenciales que apoye al gobierno, pero si esa persona fuera formada políticamente podría entender las dificultades. Un militante guerrillero que está en las selvas pasa por muchas dificultades, pero le mantiene seguro la ideología, eso no se trabajó, en esa formación política.

 

– La oligarquía, el neoliberalismo, están llevando de nuevo el caos a Latinoamérica, ¿tiene esto que ver también con la estrategia de Estados Unidos de “recuperar su patio trasero”?


Sí porque Estados Unidos, un poco entrecomillas, se ha olvidado de América Latina por todas las guerras en oriente, el narcoterrorismo y todo, y ahora se da cuenta que es hora, de nuevo, apropiarse de América Latina, entonces se trata de que Obama va a visitar a Macri, que Obama diga que el pueblo tiene ahora que decidir en la calle las cosas, y por allí va, o sea no hay que subestimar al enemigo, ellos están muy atentos de nuevo en América Latina, sabe la importancia de lo que hay en el continente, entonces nosotros tenemos, claro, que luchar para evitar esa catástrofe, pero estamos bajo la seria amenaza a nuestros gobiernos, de llegar al gobierno, al poder o poder seguir en las mismas manos, ahora ese poder trata de rechazar esos gobiernos.

 

– ¿Nos estamos enfrentando de nuevo a las dictaduras o al ascenso de posibles dictaduras?


No dictaduras en el sentido de lo que pasó en Brasil, no veo ninguna señal de que, por ejemplo, los militares en Brasil tengan ningún interés en gobernar porque salieron muy desmoralizados...

 

–... me refiero a una dictadura económica...


...Si, a una dictadura de mercado. Una dictadura de mercado está denunciada por el papa Francisco en un documento reciente. Eso sí, la dictadura de mercado es una dictadura muy inteligente, muy sutil, una dictadura que se hace por los medios de comunicación, eso va a seguir mientras vivamos en el capitalismo, no hay otra manera, o sea tenemos que tratar ahora, lo que muchos gobiernos progresistas han tratado, la cuestión de Evo Morales de cómo vamos a salir del capitalismo, cómo vamos a crear las condiciones dentro de las contradicciones actuales para una sociedad pos capitalista, ese es un trabajo que tenemos que hacer ahora.


– Dentro de este contexto, bajo tu óptica, cómo analizas la nueva relación de Estados Unidos y Cuba, pero Estados Unidos no deja las amenazas sobre Cuba.


Dos cosas, primero es necesario para Cuba tener relaciones con Estados Unidos y poner fin al bloqueo, es muy costoso para la vida interna del pueblo de Cuba el mantener el bloqueo, Estados Unidos siempre ha sido mercado importante para los productos cubanos y hay muchos cubanos que viven en los Estados Unidos que mantienen relaciones con sus familiares en Cuba, en fin, Cuba quiere, siempre quiso, tener buenas relaciones con Estados Unidos, esa es una cosa; la segunda cosa, lo que Fidel [4] me dijo el año pasado en un conversatorio, de que Obama cambia los métodos, pero él tiene que cambiar los objetivos, y los objetivos de Obama son claros: la anexación simbólica ideológica de Cuba al sistema capitalista llamado eufemísticamente democracia, entonces no hay ninguna duda, no hay que tener ninguna ingenuidad, que quiere que Cuba vuelva a ser un país predominantemente bajo la dictadura del mercado.


– ¿Está preparada Cuba?


Primero Cuba ve con buenos ojos el acercamiento con Estados Unidos en el sentido diplomático y comercial; segundo sabe que va a haber un choque entre el tsunami consumista con la austeridad revolucionaria, los cubanos están muy seguros que eso va a pasar, entonces ahora tratan de tomar una serie de medidas como por ejemplo se va a evitar inversiones individuales como, por ejemplo, tener un McDonald en cada esquina, esas cosas no van a pasar, todas las asociaciones corporativas tienen un cincuenta y un por ciento de capital y dirección cubana. Ahora se va a discutir en el congreso del partido en el mes de abril para tener profundidad en estos temas.


– Conociendo al capitalismo y sus agentes en todo el mundo, conociendo lo que está sucediendo en Latinoamérica, ¿es posible que Cuba empiece a corromperse, en cierta manera, por los espejitos que le ofrecen?


El peligro de Cuba de transformarse en una mini China, o sea en un país de políticas socialistas con economía capitalista es muy serio, muy serio, entonces hay que llamar la atención sobre ese punto, mas yo creo que los cubanos tienen una conciencia política-ideológica mucho más avanzada que los chinos. Los chinos siempre han tenido gobiernos que vienen de la tradición imperial, muy patriarcal, muy de arriba para abajo, no, en Cuba hay una población participativa en el proceso revolucionario que en su mayoría no quiere un gobierno capitalista, entonces yo tengo mucho más confianza en que ese proceso va a ayudar a priorizar el socialismo cubano no que va a amenazar al socialismo cubano.


– Estaba leyendo en la página de Cubadebate algunos artículos que me parecen bastante temerosos. Los escritores cubanos también se preguntan si la sociedad va a aguantar ese embate. Por cierto, una cerveza publicó un anuncio que causó mucho revuelo en Cuba por ir contra los valores morales establecidos. Hay indicios de que algunos eventos están fuera del control del gobierno.


Riesgos siempre hay, hubo cuando Cuba se acercó a la Unión Soviética, tuvo que pagar un precio que no era propio de la identidad cubana, por ejemplo, o sea, un precio que, para que tu tengás una idea, cuando vino el periodo especial después de la caída del muro de Berlín, era más barato importar papas desde Alemania Oriental que cultivarlas en Cuba, o sea, no pasó por ninguna cabeza, mucho menos las de los cubanos, que un día la Unión Soviética iba a desaparecer. O sea, riesgos en todas relaciones siempre hay, no hay otra manera, ahora, creo que Cuba está preparada y tiene que prepararse más todavía para enfrentar ese acercamiento, para que David al enfrentar a Goliat sea consciente que puede vencerlo, eso es muy importante.


– Desde hace cincuenta años que triunfó la revolución, Cuba es un referente muy importante para Latinoamérica, influyente en cómo se mueve Latinoamérica. Esta nueva relación que tiene con Estados Unidos ¿de qué manera va a influir en Latinoamérica?


Para América Latina va a ser positivo. Primero porque fue un voto del conjunto de países de América Latina la integración de Cuba en la Organización de Estados Americanos, todavía no se llevó por completo ese proceso, pero en Panamá ya se abrieron las puertas, no tiene sentido seguir a esta Organización si Cuba no está dentro de nuevo, son avances importantes, y después los organismos que se crearon como la CELAC [5], son iniciativas que demuestran que América Latina tiene derecho a su independencia y soberanía sin la participación de los Estados Unidos. Hay que tener relaciones de autoridad con los Estados Unidos no de sumisión, entonces eso tiene su reflejo porque los cubanos tienen mucho sentido de cubaneidad, un sano orgullo de su identidad nacional que se reflejó muy bien en la entrevista, en la rueda de prensa que Obama y Raúl dieron durante la visita de Obama a Cuba, cuando preguntaron sobre los derechos humanos la respuesta de Cuba fue mucho más consistente que la de Obama. Qué país, preguntó Raúl garantiza a todos los tres derechos fundamentales de alimentación, salud y educación. Qué hay de salud para la gente en los Estados Unidos, muchos estadounidenses van La Habana para tratarse.


– Dentro de este panorama hay un tema que está pasando muy desapercibido: el tema ambiental.


Sobre el tema ambiental, lo más importante que pasó en estos últimos tiempos fue la Encíclica de Francisco “Laudato Si”, tanto el creyente como el no creyente han dicho que no hay ningún documento en la historia de la Ecología más importante que este, porque todos hablan de los efectos de la degradación ambiental, pero no apuntan a los responsables, las causas, y ese documento del papa apunta a ellos. Tenemos que explotar mucho ese documento, no es un documento solo para católicos, es un documento para la Humanidad. Todavía la izquierda no ha tomado en serio el problema ambiental, la izquierda tiene sus prejuicios. Yo me recuerdo cuando Chico Méndez en Brasil, hablaba de los pueblos, de la selva, de los métodos que ellos utilizaban para defender la selva, había mucha gente de izquierda que decía ‘no, eso no tiene importancia política, y yo estoy convencido, incluso, que hoy el tema de la Ecología puede ser un tema para agregar mucho más gente a nuestra causa de liberación.


– ¿Podría la Ecología, igual que el pensamiento latinoamericano, rejuvenecer el pensamiento de la izquierda?


Sí, podría y debe, porque en Europa no hay más izquierda, en Estados Unidos tampoco, entonces queda un poco en América Latina, asimismo mucha gente de izquierda no tiene todavía un proyecto de sociedad nueva. La izquierda en muchos países, además de Brasil, se dejó cooptar un poco por el neoliberalismo de allí viene la corrupción y todo esto.

 


Notas:


[1] Se refiere a los expresidentes: De Brasil, Fernando Collor de Melo; de Perú, Alberto Fujimori; de Argentina, Carlos Menem; de Bolivia, Luis García Meza y de Venezuela Rafael Caldera.
[2] Actual presidente de Argentina Mauricio Macri.
[3] Luiz Inázio Lula da Silva, expresidente de Brasil.
[4] Fidel Castro, líder de la revolución cubana.
[5] Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, organismo que no incluye a los Estados Unidos ni a Canadá.
Por Néstor Martínez, periodista y escritor. Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

 

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