Viernes, 09 Diciembre 2016 07:05

Mujeres en movimiento

Mujeres en movimiento

Decir que las mujeres, con sus hijos e hijas, son el corazón de las resistencias, es tan cierto como insuficiente. Hace falta convivir en la cotidianeidad de los abajos para comprobar los tremendos cambios que se registraron en apenas una década y media, desde el ciclo de luchas anterior (entre finales de los 90 y comienzos de la década de 2000, en Sudamérica) hasta las renovadas luchas de estos años.

En el movimiento piquetero argentino, entre 1997 y 2002 aproximadamente, las organizaciones tenían mayoría de mujeres, un 55-60 por ciento de quienes acudían a las asambleas. Las razones que encontramos en aquellos momentos son que ellas tomaron en sus manos la alimentación de sus hijos, mientras los varones estaban deprimidos, porque la desocupación les imposibilitaba seguir siendo los proveedores de sus familias y, por lo tanto, perdieron el papel central que habían tenido.

En los movimientos de las periferias urbanas actuales, el porcentaje de mujeres siguió creciendo. En un reciente intercambio con un movimiento territorial en Córdoba, en Barranca de Yaco, periferia muy pobre de la ciudad, comprobamos que son mujeres más de 90 por ciento de quienes asisten a las asambleas. Además de la asamblea semanal, a la que acuden unas 90 personas, el movimiento puso en pie una asamblea quincenal de mujeres, lo que revela que la participación femenina empieza a modificar las relaciones entre géneros y no está sólo volcada a conseguir alimentos.

Ellas son mayoría también en los grupos de trabajo en las huertas y en la albañilería, por lo que desbordan el involucramiento tradicional en espacios como los comedores y las meriendas de los chicos. El papel de las mujeres ha cambiado no sólo en la cantidad de mujeres involucradas, sino también en la calidad de los trabajos que hacen.

Lo más sorprendente fue conocer un pequeño pueblo del norte de Córdoba, Sebastián Elcano, de apenas 2 mil 500 habitantes rodeados de cultivos de soya a 180 kilómetros de la capital. En el pueblo hubo varios feminicidios, el último hace apenas un mes. Las mujeres se concentraron en repudio del asesinato, convocadas por la Federación de Organizaciones de Base (FOB). La mayoría de las movilizadas acuden semanalmente a las asambleas del movimiento.

Por lo menos dos mujeres del pueblo acudieron a los últimos Encuentros Nacionales de Mujeres, en Mar de Plata en 2015 y en Rosario este año, y unas cuantas compañeras viajan tres horas hasta Córdoba para las marchas del Ni una menos. El movimiento de mujeres impacta incluso en pequeños pueblos rurales, donde el poder de los caciques y de la policía es muy fuerte aún.

Este potente crecimiento de las mujeres en movimientos está enviando mensajes muy profundos al mundo de las luchas emancipatorias, que deberíamos no sólo tener en cuenta, sino aprender y compartir. Algunas de las realidades que constatamos, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, tienen puntos en común con otras luchas como las bases de apoyo del EZLN, las que se registran entre pueblos indígenas y negros, entre movimientos campesinos y en multitud de experiencias concretas como las comunidades urbanas de la Organización Popular Francisco Villa Independiente en la ciudad de México.

Quisiera compartir algunos rasgos que encuentro en los movimientos actuales, sin pretender agotarlos ni jerarquizar cada uno de los aspectos que expongo.

El primero es que la presencia masiva de mujeres modifica los rasgos más patriarcales de las organizaciones. Esto no sucede de forma mecánica ni reactiva, sino que es consecuencia de un largo trabajo de las mujeres, acompañadas por sus hijas e hijos que ya no están tan moldeados por la dominación patriarcal. En rigor, debe decirse que la masiva presencia de mujeres "abre la posibilidad" de que se mueven hacia relaciones distintas. Porque también hemos comprobado, en asambleas donde nueve de cada diez son mujeres, que ellas demandan la palabra masculina, sobre todo en movimientos urbanos de las periferias pobres.

Lo segundo es que las resistencias más profundas asumen formas comunitarias. Dicho de otro modo, para resistir y seguir siendo, los pueblos crean comunidades. Podemos decir que la comunidad es la forma política que asumen los pueblos cuando resisten la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial. En este sentido, la comunidad no prexiste, sino que es producto de la lucha (como la clase en E. P. Thompson).

La tercera es que las resistencias se ordenan en torno a la reproducción. Este rasgo, como los anteriores, es de carácter estructural, aunque a muchos les suene extraño. El capitalismo realmente existente, condena a muerte o a desaparición física y simbólica a las mayorías de abajo, y por lo tanto resistir es sostener la vida; por tanto, reproducirla.

Tenemos aquí tres aspectos que marchan juntos: comunidad, reproducción y mujeres, con sus hijos e hijas. Que integran también a los varones no violentos, como ha hecho la organización de mujeres campesinas e indígenas de Paraguay (Conamuri). Creo que Cherán es un buen ejemplo de cómo se anudan las comunidades con la reproducción de la vida y las mujeres.

Sólo cabría agregar dos cuestiones. Una, que el camino seguido no es el que creen los académicos: primero leyeron a Simone de Beauvoir y a otras feministas, y luego cayeron en que debían hacer las cosas de ese modo. Las lecturas sirven, pero en general vienen después que se aprende a poner el cuerpo, nunca antes. O sea, no sirven para explicar la vida real, que sólo se explica por sí misma.

Dos, que las tareas de reproducción son femeninas, pero no necesariamente de mujeres. Parir es de mujeres. Pero la reproducción es asegurar la vida y puede ser sostenida por unas y otros. Si me perdonan algunos revolucionarios, diría que los movimientos antisistémicos son femeninos en un doble sentido: la mayoría de quienes los integran son mujeres (aunque no siempre), pero son cualitativamente femeninos en el sentido de cuidar y sostener la vida, aunque seamos varones los que acompañemos.

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Refrendación multimodal, fast track e implementación de la paz.

Para SaraLeukos:

Nunca caminaras sola.

 

El camino de la construcción de la paz estará sembrado de muchos obstáculos. De ir y venir. De acertar, errar y corregir.

La vida nunca ha sido rectilínea. Es diacrónica. Zigzagueante. Ocurre en una simultaneidad desigual y diferenciada. La revolución tecnológica y comunicacional, presente en la hipermodernidad, hacen aún más visible este rasgo central del organismo societal. También el carácter efímero de muchos acontecimientos, por la condición liquida de la contemporaneidad.

Casi seis años de diálogos nos dejan como nación un importante resultado. La paz ha construido su plataforma programática, su discursividad y los signos de los nuevos sujetos que emergen.

Refrendación multimodal.

Ha sido traumática la refrendación de los consensos. Un plebiscito precipitado y adverso freno en seco la nave de la paz. Había una euforia exagerada, cercana al delirio. Así es la vida. Hablan los hechos y solo la necedad lleva a desconocerlos olímpicamente.

Era preciso corregir, se revisó el texto de las coincidencias y el resultado arrojo un NAP de 330 y pico de páginas.

Su refrendación la ha hecho el Poder legislativo. La votación ha sido mayoritaria y el clima que se respira es otro. Se trata de otro paso de acumulación política que fortalece la voluntad pacifica ciudadana, pese a la hostilidad de los contradictores del campo ultraconservador que proceden de manera oportunista para fortalecer sus proyecciones electorales hacia el 2018.

Obviamente, la intervención de la representación parlamentaria en respaldo de la paz parece insuficiente. Hace falta más legitimación de la paz, pues el Congreso, como todo el régimen político imperante, sufre de la desafección popular.

La paz necesita sumergirse en la sociedad civil. Requiere ganar en credibilidad, mediante un proceso gradual, constante y dinámico desplegado en otros escenarios del campo político que no se localizan en las periferias sino en el corazón mismo del orden institucional.

Legitimar la paz.

Hay que acceder con la paz a otros espacios de la deliberación como: i) los cabildos abiertos, que pueden usarse para avalar el acuerdo a nivel local y regional, y para debatir participativamente medidas locales de implementación; ii) las iniciativas populares legislativas para algunas de las medidas de implementación, o incluso para una ley refrendatoria, en caso de que la Corte no habilite el fast track; iii) a un nuevo plebiscito sobre el acuerdo o sobre alguno de sus temas, que podría tener un carácter puramente político o también serviría para habilitar el fast track si la Corte no lo hace; iv) a las mesas de víctimas en las regiones y los comités de justicia transicional, que permitirían apoyar y afinar localmente las medidas de verdad y reparación; v) a los consejos territoriales de paz, que podrían usarse para apoyar y debatir otras medidas locales de paz; vi) la movilización social en las calles y plazas públicas (http://bit.ly/2h1aVXj ).

Fast Track con urgencia.

La paz, requiere con urgencia, además, que la Corte Constitucional le de luz verde al fast track, para que las leyes y decretos sobre la materia se expidan con la celeridad e integralidad necesaria para evitar un estancamiento del fin del conflicto social y armado y propiciar el salto de la guerrilla a su movilización política que, necesariamente, debe tener en las regiones, municipios y localidades su lugar prioritariamente. Sin afanes electorales, pero si con la miradas puesta en lo movilización social y en los proyectos de innovación social que hagan tangibles los pactos agrarios, sobre erradicación de cultivos ilícitos y derechos de las víctimas.

La semana entrante será definitiva en tal sentido por el pronunciamiento inminente de la Corte. Es lo que torna prioritaria la movilización y acción ciudadana, con plantones y cadenas humanas, frente a las oficinas de dicha institución, demandando sensatez y buen juicio a la hora de tomar las decisiones correspondientes, que no deben ser otras que aquellas que favorecen el curso de la construcción de la paz.

Que cadenas humanas de camisas blancas acompañen las deliberaciones y pronunciamientos de la Corte sobre el Fas track.

La tarea de la implementación.

Respecto de la implementación del NAP, no se deben interrumpir las labores correspondientes. Que cada quien haga lo de su incumbencia.

En un régimen presidencialista como el imperante, el Ejecutivo no debe retardar tareas que lleven a poner en funcionamiento instancias como la ‘Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final’, la ‘Comisión Nacional de Garantías de Seguridad’, la ‘Unidad Especial de Investigación’, el ‘Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política’, o el ‘Programa Integral de Seguridad y Protección para las Comunidades y Organizaciones en los Territorios’, que no dependen de decisiones legislativas.

Con voluntad y compromiso, la ley de Amnistía, acompañada con mensajes de urgencia al Legislativo, puede hacerse realidad, antes de mediados de diciembre, fortaleciendo el proceso de dejación de las armas por las Farc.

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Trump presidente: ¿buena o mala noticia para los movimientos?

En las últimas semanas arreciaron las críticas al presidente electo Donald Trump, por lo que representa y por lo que puede hacer al frente del gobierno del principal país del mundo. Se le critica, con razón, su perfil machista y belicista, el supremacismo blanco que profesa y la posible arremetida a escala global para reposicionar a su país al frente de un mundo caótico.


Desde los movimientos antisistémicos, en particular los movimientos de mujeres, de afrodescendientes, de emigrantes y de los sectores populares, se están tomando previsiones ante lo que se avecina. Hasta ahora estamos ante actitudes reactivas muy necesarias para poner en marcha las resistencias. No tenemos aún estrategias de larga duración sobre qué y cómo, pero tampoco llegamos a completar una mirada más o menos abarcativa del escenario que enfrentamos.
Propongo algunas ideas para comprender la situación que enfrentaremos en los próximos años, sin la menor pretensión de que sean novedosas ni, menos aún, de cerrar debates que aún son demasiado incipientes.


La primera consideración es comprender el triunfo de Trump como parte de la crisis sistémica capitalista y de la superpotencia única que pretende ordenar el mundo. Trump no representa a las víctimas del neoliberalismo, apenas se aprovecha de sus sufrimientos, exacerbando las reacciones más primarias que producen esos dolores. Su gobierno no podrá resolver esa crisis, como tampoco la habrían resuelto Hillary Clinton ni Bernie Sanders. Quiero decir que la crisis sistémica, que día a día se va trasmutando en crisis civilizatoria, nos acompañará durante un largo período.


La segunda es que el triunfo de Trump tiene algunas desventajas y algunas ventajas, y que debemos tener en cuenta ambas. Entre las desventajas es que habrá más represión sobre los de abajo, más machismo y violencia contra las mujeres, ya que su discurso y los sectores sociales en los que se apoya se sienten envalentonados con su actitud. Latinos, negros e indios serán también afectados.


Entre las ventajas, el sistema tendrá menos legitimidad, la democracia se va quitando su máscara debajo de la cual aparece el rostro camuflado de policías militarizadas con sus manos ensangrentadas. Quienes sienten que aún es posible encontrar un lugar en el sistema, serán cada vez menos y serán más lo que se verán obligados a luchar para defender la vida, como sucede estos días en Dakota del Norte donde se ha formado una alianza de hecho entre sioux, ambientalistas y veteranos de guerra que vienen resistiendo con éxito la construcción de un oleoducto.


Mi impresión es que un gobierno como el de Trump puede crear condiciones para un relanzamiento de movimientos que tendrán mayor apoyo, aunque sean más reprimidos. En este punto no puede haber linealidad. Bajo los dos gobiernos de Barack Obama se registró una fuerte represión contra la población negra, con cifras que revelan una auténtica escalada policial bajo la primera presidencia negra del país. Esto muestra que las tendencias del sistema a reprimir a los de abajo (los que sobran o no son integrables, como sostiene Giorgio Agamben) se produce de forma independiente de quiénes ocupen los sillones presidenciales de turno.


Sin embargo, no pienso que sea “mejor” un gobierno de derecha, como tampoco creo que sea “peor” un gobierno progresista. El análisis general no vale y debe abordarse cada caso en concreto.


La tercera cuestión es la más compleja. Se refiera a las alternativas a los gobiernos conservadores. En el Cono Sur tenemos una larga experiencia de cómo la caída de las dictaduras llevó al poder a una clase política que mantuvo el modelo neoliberal instalado a sangre y fuego por los militares, dejó en pie los aparatos represivos y buena parte de la legislación militar, pero enarboló discursos a favor de los pueblos y políticas sociales que desarmaron a los movimientos que habían resistido exitosamente las dictaduras.


El sistema aprendió a clonar movimientos, a enarbolar demandas legítimas con el objetivo de reforzar el sistema. Las fundaciones que maneja George Soros, como Open Society, son especialistas en inventar movimientos que aparentan luchar por causas justas. En México las políticas contrainsurgentes armaron a grupos como CIOAC-H para confrontar con el zapatismo. Los gobiernos progresistas han hecho otro tanto, cooptando movimientos para que defendieran sus políticas extractivistas “desde abajo”.


Las viejas derechas ya no se levantan al grito de “Dios, Patria y Familia” porque no tendrían más que un puñado de seguidores. Los nuevos progresistas tampoco dicen que van a mantener en pie el modelo extractivo (los femicidios y el narco), porque pondrían en evidencia que no harán más que maquillar la dominación.


Es en este punto en el que se impone un debate sereno y reflexiones de carácter estratégico. ¿Qué tipo de luchas vamos a impulsar contra las derechas? ¿Qué salidas al conservadurismo son realmente alternativas y cuáles son apenas cambios cosméticos que refuerzan la dominación? Los Trump, los Macri, los Temer, son oportunidades que se nos abren –sin haberlas buscado- para profundizar el anticapitalismo.

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Lunes, 28 Noviembre 2016 15:51

Romper el cerco mediático

Romper el cerco mediático

25 años es un tiempo vital significativo. desdeabajo ha sido en estos años un incasable espíritu dinamizador para la comunicación alternativa y para la democratización de las comunicaciones. Sin duda, ha sido el proyecto más persistente y ambicioso en este campo, extendiendo la mano a otras apuestas de los sectores populares que han caminado por la misma senda. El presente plantea nuevos retos
¡Pa’lante!

 

Al igual que la tierra, en Colombia los medios de comunicación están concentrados en unas pocas manos. El país vive un tiempo convulso, con la oportunidad abierta para que lleguen a buen término los diálogos de paz con las dos más grandes insurgencias. El proceso con el Ejército de Liberación Nacional recién arranca, mientras que el proceso con las Farc, a pesar de los tropiezos, se encuentra próximo a su cierre.

 

Precisamente, en este proceso de transformación de las formas de ejercicio de la política, la comunicación y su democratización son elementos neurálgicos. Los movimientos sociales, con sus distintos repertorios de acción, deberían adquirir mayor centralidad. En este marco, y desde hace unos años, la comunicación ha tomado, paulatinamente, mayor protagonismo en las luchas sociales: la explosión de las nuevas tecnologías digitales como el internet y los teléfonos celulares, abrieron la puerta a múltiples posibilidades y nuevos escenarios desafiantes para las acciones colectivas.

 

En los últimos años vivimos experiencias que han demostrado la manera como podría desenvolverse la dinámica de los movimientos sociales en el país, en particular en un ambiente de posacuerdos. Con mucha fuerza e impacto, en los últimos cuatro años hemos vivido tres grandes paros agrarios (2013, 2014 y 2016), con dinámicas regionales y presencia en campos y ciudades. Estas coyunturas, junto con otras movilizaciones recientes, en el campo de la comunicación alternativa se tornaron en ejemplos de cómo romper el cerco mediático; acción comunicativa mediante la cual se logró posicionar agendas y problemáticas de sectores populares, al igual que legitimar sujetos excluidos y potenciar las movilizaciones mediante diferentes mecanismos. El caso particular del Paro Nacional Agrario del 2013 trasluce los límites y posibilidades de los movimientos sociales en articulación con las plataformas de comunicación alternativa, en el intento por democratizar las comunicaciones.

 

Paro Nacional Agrario

 

Aún lo recordamos. El 19 de agosto de 2013, en respuesta a la crisis agraria, diferentes organizaciones, movimientos y trabajadores rurales iniciaron el Paro Nacional Agrario, protestando por los altos costos de los insumos, por la prohibición sobre el uso de semillas nacionales –incluida en el TLC con los Estados Unidos– y otra serie de factores que golpean de manera coyuntural y estructural al campo colombiano. Creciendo en fuerza e impacto rápidamente, en el curso de pocos días se convirtió en la movilización social más importante vivida en Colombia en los últimos tiempos, construyendo un puente particular entre el mundo rural y urbano, e involucrando a diferentes sectores sociales.

 

Además de los factores estructurales y coyunturales generales, como el TLC con Estados Unidos, la estructura del campo colombiano, las movilizaciones precedentes y el proceso de paz que explican el momento histórico en el que surgió el paro, sugiero tres mecanismos particulares que incidieron directamente en la potencia de la movilización: 1) la represión y estigmatización por parte de las fuerzas represivas del Estado, 2) la identificación simbólica-afectiva con el campesinado, en particular con el boyacense, y 3) la comunicación alternativa permitida por las nuevas tecnologías. Dichos mecanismos se articulan entre sí y confluyen particularmente en el último, permitiendo romper dicho cerco.

 

Cerco mediático

 

El cerco mediático del que hablo está caracterizado por barreras a la circulación, producción y consumo de la información y la comunicación, construidas por determinados actores en su ejercicio de poder y exclusión de otros, mediante diferentes dispositivos; que en este caso abarcan desde el control económico corporativo de los medios hegemónicos, y hasta el control político en determinadas coyunturas. Éste es reproducido constantemente por medios y periodistas, en muchas ocasiones de manera inconsciente o automática. Para los movimientos sociales significa la invisibilización de sus luchas y problemáticas, o presentarlas como ilegitimas, estigmatizar sus mecanismos de acción, excluir a sus actores, sus anhelos y perspectivas, entre otros.

 

Según la investigación realizada por Fecolper, Reporteros Sin Frontera y la Flip: “Monitoreo de la propiedad de los medios (MOM)”, unas pocas familias y grupos económicos controlan la mayor parte de los medios de comunicación dominantes en los distintos formatos (tv, radio, prensa, revista y medios digitales): la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, la Organización Ardila Lulle y el Grupo empresarial Santo Domingo –Valorem, son los más representativos y poderosos. La Organización Ardila Lülle, con 28,7 por ciento, y el Grupo Santo Domingo, con 19,5 por ciento, concentran la mayor parte de la audiencia y los medios. Dichos grupos extienden sus tentáculos a múltiples sectores de la economía y la política, configurando un bloque de poder de grandes magnitudes.

 

Aunque este es el panorama del campo comunicativo colombiano, mal haríamos en echar en un mismo saco a todos los medios y periodistas. Al interior de este bloque hay diferentes apuestas y diversidades políticas, el carácter de RCN –con su apuesta de derecha y de oposición al proceso de paz– contrasta con el de Caracol –en este aspecto con un carácter moderado–; igual acontece con las diferencias entre Semana, El Tiempo o El Espectador.

 

Por esto, es preciso expandir la lectura dicotómica entre medios buenos y malos, dominantes y alternativos, hegemónicos y contrahegémonicos. Captarlos como apuestas de grupos sociales, sectores y clases, con diferentes intereses en choque. Los medios dominantes no son la mera expresión mecánica del modo de producción, no son solo instrumento de los poderosos; su ejercicio en la construcción de hegemonía, en el entretenimiento, en el posicionamiento de concepciones del mundo y percepciones de la realidad, es más complejo.

 

Dentro de esta lógica, podemos, analíticamente, construir cuatro grandes categorías de medios en el panorama colombiano: a) Dominantes o hegemónicos: aquí están ubicados los medios masivos propiedad de grandes grupos corporativos (Rcn, Caracol, El Tiempo, El Espectador, entre otros), b) Institucionales (Señal Colombia, Canales regionales) c) Independientes –por su contenido o propiedad: Las Dos Orillas, La Silla Vacía, Noticas Uno, entre otros– y d) Los medios alternativos y comunitarios.

 

Estos últimos con diferentes concepciones sobre lo que es la comunicación alternativa o popular, integran un amplio espectro de medios en diferentes formatos. Contagio Radio, Prensa Rural, Colombia Informa, El Turbión, Periferia, El Rebelde Medios Alternativos, Noticiero Barrio Adentro y, por supuesto, desdeabajo, son algunos de sus cientos de expresiones. Tienen en común, entre otras cosas, su estrecha relación con movimientos sociales y organizaciones políticas, una apuesta por transformar el orden existente, legitimar interlocutores y sujetos excluidos, y practicar otra forma de comunicación en oposición a la dominante, desde sus formas de organización hasta su financiamiento.

 

Romper el cerco

 

En el paro del 2013, dichos medios hicieron posible romper el cerco. No puede leerse esta dinámica como algo anexo o subsidiario de las movilizaciones en las calles, de los bloqueos, los mecanismos de negociación y las demás formas que el paro adoptó en su transcurso, sino como una acción intrínseca, la comunicación es movimiento, los movimientos sociales son comunicación viva. A la vez que fueron un canal para la transmisión de información de muy variadas personas, fueron una apuesta política que permitió la generación de una dinámica comunicativa que llegó a extensos grupos sociales colombianos. Dicho proceso se vio fortalecido por el uso de las nuevas tecnologías, en particular la internet y los teléfonos móviles, logrando una ruptura con el modelo clásico de emisor–receptor, promoviendo la producción y distribución descentralizada de información, generando también impactos en los medios hegemónicos.

 

Dicho salto, en la práctica, se materializó en el posicionamiento de un sujeto con exigencias legítimas (el campesinado), la visibilización de la problemática rural, la expansión y potenciación de las manifestaciones, y la construcción de redes de solidaridad, permitiendo un proceso de organización como es la Cumbre Agraria, aunque en la práctica haya sido reiterativo el incumplimiento del Gobierno a los acuerdos pactados.

 

Límites y posibilidades

 

En este sentido, el potencial democratizante de los medios de comunicación alternativos es gigante. Por sus dimensiones y características, frecuentemente son calificados como insignificantes, con poco impacto real, con excepción de contadas coyunturas luego de las cuáles pasan a su condición natural vegetativa. Ahora bien, es cierto que su fuerza e impacto en grandes círculos de la sociedad se genera en coyunturas concretas, como la del paro, pero detrás de esto hay dinámicas permanentes, tejidos sociales y fortalecimientos orgánicos de los movimientos y grupos que los componen.

 

El reto consiste en que esta dinámica ocasional pueda ser consolidada como permanente, que se impulse un espacio alternativo de discusión y comunicación. Que se construya una esfera pública alternativa, o contra esfera pública, que logre dotar de contenido el ejercicio democrático con sujetos diversos, en general excluidos. Que puede percibirse en tiempos de mediana duración y consolidarse orgánicamente.

 

Medios con posibilidades pero con muchas limitantes, pues su práctica ha quedado reducida, en general, a la denuncia, dirigida, por demás, a públicos pequeños de simpatizantes. De ahí que sea preciso transformar sus lenguajes, formatos y proporcionar comunicaciones de calidad y análisis, que no se estanquen en la política formal sino que aborden otras esferas culturales. Su propósito no es antagónico con la masividad. La revolución en la técnica y la tecnología proporciona múltiples ventajas y retos en el mundo digital, hay que incursionar con fuerza en las redes sociales y en nuevos formatos.

 

Colombia necesita una democratización en sus comunicaciones. Además de una Ley de medios o una política pública en esta dirección, los medios de comunicación alternativa son una de sus principales expresiones. Para no sólo ser referente sino agentes, deben asumir la tarea de disputa del sentido social en las calles y el mundo digital.

 

* Grupo de investigación Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia. El Rebelde Medios Alternativos. http://elrebeldemediosalternativos.blogspot.com.co/

Publicado enEdición Nº230
Lunes, 28 Noviembre 2016 14:53

“Los límites del progresismo”

“Los límites del progresismo”

Los progresismos se consolidaron en el gobierno luego de una década de convulsiones sociales en América Latina: el Caracazo en Venezuela (1989), Inty Raymi en Ecuador (1990), o la Guerra del gas en Bolivia (2003), para citar tres ejemplos. ¿Por qué estos movimientos poderosos creyeron que la opción liberal de la democracia representativa era la solución? Esta es la pregunta que el texto Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo de Raúl Zibechi y Decio Machado, busca desentrañar para encontrar las razones por las cuales potentes rebeliones terminaron reconducidas hacia la gestión de lo estatal.

 

Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo, este texto desnuda los límites políticos, ideológicos y económicos de los llamados gobiernos progresistas, caso Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil que profundizaron el extractivismo en America Latina la última década.

 

En principio, Zibechi considera que en Marx nunca, jamás, se dice que el mundo se puede cambiar desde arriba, desde el Estado. “Somos de los que pensamos que el mundo se cambia desde abajo y que desde arriba sólo se reproduce lo que hay. Y si lo que hay es extractivismo, eso es lo que sigue habiendo”, afirma.

 

El límite político e ideológico de estos gobiernos fue considerar que la clave de la transición de un Estado a otro tipo de Estado consiste en la llegada de nuevos sectores sociales (populares) a los más altos cargos de la administración, como se repitió incesantemente desde el púlpito progresista.

 

Zibechi y Machado afirman que pensar que esos altos cargos están procesando la transición hacia un nuevo Estado, sin tomar en cuenta que muy probablemente sean los núcleos de una nueva clase en el poder (o una nueva burocracia), es tirar por la borda toda la experiencia histórica de las revoluciones del siglo XX. Aquí radica el principal problema ideológico irresuelto de los progresismos: la formación (en su seno) de una nueva burguesía rentista nacida de abajo, “o sea de la capa superior de los movimientos y organizaciones sociales y, en paralelo, la congelación y profundización de la cultura rentista”, antes que el desarrollo de un nuevo tipo de sociedad “socialista”.

 

¿Por qué los movimientos sociales que dieron paso al llamado progresismo creyeron que la opción liberal de la democracia representativa era la solución? Esta es la pregunta que el texto busca desentrañar para encontrar las razones por las cuales potentes rebeliones terminaron reconducidas hacia la gestión de lo estatal, como si lo electoral fuera la salida natural para recomponer las crisis en curso, dicen Zibechi y Machado, es decir, explicar el reposicionamiento del estado y el cierre de los ciclos de luchas que caracterizan los gobiernos progresistas.

 

En el ejercicio gubernamental, los progresismos desarrollaron aspectos comunes: fortalecimiento/reposicionamiento de los Estados, aplicación de políticas sociales redistributivas, profundización del modelo extractivo de producción y exportación de commodities, como base de la economía. Por otra parte, ese modelo extractivo basado en la minería, hidrocarburos y soya, fue la base de la gestión populista, es decir de la legitimidad política y social de los progresismos.

 

Aquí ancla el análisis económico nodal del texto: el progresismo fue incapaz de transformar la estructura productiva y profundizó el modelo extractivo y su principal error fue no tocar a las elites que concentran la riqueza. Este hecho adquiere relevancia a la hora de considerar y pensar la permanencia de la desigualdad en América Latina, acrecentada este último período. El libro contiene datos precisos para demostrar que la desigualdad social, antes que disminuir, aumentó en la región.

 

Más aún, ante la actual crisis económica mundial y la subsiguiente caída abismal de los precios de las materias primas, ¿Qué respuestas nos plantea el progresismo que no deriven en incrementar el (mismo) extractivismo?, preguntan los autores. Ninguna.

 

En estos límites, nuevos movimientos sociales ya están jugando un papel en la deslegitimación de este modelo extractivo, observan Zibechi y Machado, en las distintas movilizaciones sociales que empiezan a inundar las diversas geografías de América Latina.

 

En suma, sostienen que la recomposición estatista progresista fue un paso atrás en las luchas sociales de América Latina. Aquí la entrevista al periodista e investigador uruguayo.

 

P. ¿Por qué el título del libro Cambiar el mundo desde arriba?
R.Z. Porque somos de los que pensamos que el mundo se cambia desde abajo y que desde arriba sólo se reproduce lo que hay. Y si lo que hay es extractivismo, eso es lo que sigue habiendo. Si el mundo cambia abajo, y si el arriba se convierte en obstáculo, hay que “romper el cascarón”, como dice el Manifiesto Comunista. En Marx nunca, jamás, se dice que el mundo se puede cambiar desde arriba, desde el Estado.

 

P. En los antecedentes de los gobiernos progresistas se encuentran un conjunto de movilizaciones sociales que pusieron en jaque al estado neoliberal. Están los movimientos indígenas en el Ecuador, los zapatistas en México, la Guerra del agua y del gas en Bolivia, movilizaciones populares en Argentina y Paraguay. En este marco, ¿qué importancia tiene el Caracazo y qué características tuvo este movimiento donde el pueblo/masa/nación tuvo un rol importante. El Chavismo fue su desarrollo o su neutralización?
R.Z. El Caracazo fue el primer gran movimiento del período neoliberal que nadie convocó y nadie dirigió. Pero a la vez fue el primer levantamiento popular, una verdadera insurrección, en contra del nuevo modelo, y fue exitoso porque sentó las bases para la deslegitimación del pacto de Punto Fijo sobre el que descansaba la gobernabilidad desde el fin de la dictadura de Pérez Jiménez.
El chavismo fue las dos cosas a la vez, y ahí su potencia pero también su dramatismo. Quiso empujar el proceso hacia un fin determinado (el socialismo del siglo XXI) pero al hacerlo lo empezó a encuadrar en ese proyecto, y al hacerlo lo vanguardiza y por lo tanto lo domestica. Pero el principal problema no es ese, de ahí se puede salir. El problema es la formación de una nueva burguesía rentistas nacida de abajo, o sea de la capa superior de los movimientos y organizaciones sociales y, en paralelo, la congelación y profundización de la cultura rentista.

 

P. Si uno observa el cuadro de situación político anterior a los progresismos resalta la cantidad de movimientos populares de resistencia contra el neoliberalismo. ¿Por qué estos movimientos poderosos quedaron neutralizados? ¿Esto no tiene que ver también con la vieja idea reformista que permea la memoria política de las masas en América Latina, la manera populista de encarar la negociación con el estado en AL, de convulsión/estabilización?
R.Z. Puede ser. Pero además hay una débil ruptura con la cultura política tradicional en las izquierdas, que abreva en esa idea de convulsión/estabilización a través del voto. Esto aparece adobado, además de caudillismo, estatismo, y por supuesto de la vieja cultura paternalista heredada de la hacienda y la iglesia. No es nada fácil romper con esto. Una cultura no cambia más que en tiempos largos, no lo hace gradualmente sino a través de turbulencias. La cultura capitalista, hoy lo sabemos aunque antes se podía intuir, nació como consecuencia de una turbulencia apocalíptica, como lo fue la peste negra que se llevó en un par de años la mitad de la población de Europa. Ese impacto dejó huellas muy profundas, en la economía, en la cultura, en la política, y crea las condiciones para la aparición del capitalismo [...].

 

P. Qué son y cómo caracterizar los gobiernos progresistas que dominaron la escena política la última década. Por qué “fin de ciclo”. ¿Por qué la profundización de extractivismo es uno de sus componentes esenciales para la reproducción de su legitimidad?
R.Z. Son gobiernos que se dicen a sí mismos de izquierda o progresistas, aunque algunos intelectuales les llaman posneoliberales. Dicen que llegaron para reducir la pobreza y la desigualdad y promover el crecimiento con distribución de renta. Todo es falso. La pobreza cayó porque había un ciclo de alza de las economías y la desigualdad nunca disminuyó si se toma en cuenta la acumulación del 1 por ciento y no los ingresos salariales de las diversas escalas. Eso quiere decir que la oligarquía cruceña siguió acumulando en grandes proporciones, pero también crecieron otros sectores, lo que contribuyó a crear el espejismo de que se podía mejorar la pobreza sin tocar la riqueza.

 

Si tuviera que definirlos, digo que son gobiernos que administran el modelo capitalista en su fase financiera, o sea eso que llamamos extractivismo o “Acumulación por desposesión”. La única diferencia con el período anterior es que ya no hacen falta las privatizaciones porque la acumulación se da en otros sectores. Otra consecuencia es que profundizaron el capitalismo a través de la inclusión por el consumo.

 

P. ¿El aumento de los precios de las materias primas fue perjudicial para el continente? Esta es una idea que contrasta con el sentido común generado por el progresismo durante la última década.
R.Z. Que te paguen más algo que estás vendiendo no puede ser malo. El problema es qué hacés con eso. Vos vendés papas y quinua en el mercado y ganás muchos más. Bien. Pero si te lo gastás en una tele plasma, en un coche de lujo y en viajar, cuando vuelven a pagarte una miseria estás en el mismo lugar. Otra cosa es si esa ganancia la invertís en mejorar tu casa, en la educación de tus hijos, o en colocar un negocio familiar. Ahí estás abriendo un abanico que te pude mover del lugar que tenías.

 

Eso es lo que ha hecho el progresismo: gastarse todo en el carro de lujo. Hubo cosas muy buenas, como los teleféricos de La Paz que realmente le cambian cosas a la gente, porque destinaba horas y horas al transporte. Pero el empleo sigue siendo precario y mal pago, y así con la mayor parte de las cosas.

 

P. Thompson dice que las clases son porque luchan, no luchan porque son. En esa línea, sostienen que la llegada de nuevas clases populares al poder con el progresismo no es la garantía de ningún socialismo. ¿Por qué este debate no se ha desarrollado en AL. ¿Al progresismo habría que anotarle el rasgo de la desideologización también, de la falta de debate sobre los grandes temas que caracterizaron al marxismo?
R.Z. A los que forman parte de esa nueva burguesía emergente no les interesa visibilizarse sino pasar como luchadores o gestores del proceso de cambio. No admiten el espejo. Y a los intelectuales les pasa algo muy particular, o forman parte de la derecha o han sido comprados y tienen muy buenos ingresos, de más de 5.000 dólares, que ya no les permiten ser críticos. La crítica al poder siempre implica precariedad y bajos ingresos, como le sucedía a Marx. Pero ahora nadie quiere ganar 500 dólares al mes, aspiran a ganar diez veces más, tener coches, empleada doméstica, viajar a todo el mundo, y así.

 

P. Afirman en el libro que el principal error de los gobiernos progresistas fue no tocar a las elites que concentran la riqueza, no hacer reformas estructurales y profundizar el modelo extractivo. ¿Puede explicar esto en cifras? ¿No se luchó contra la desigualdad?
R.Z. En Brasil y en Uruguay, que es donde se han hecho mediciones, el 1 por ciento gana lo mismo o más que antes, no pierde nada y todo indica que ahora con la crisis la brecha se amplió aún más. No tocaron la riqueza porque gobernaron con los ricos, con las multinacionales brasileñas en Brasil, con el agronegocio y las mineras en todo el continente. Lo más que han hecho es incrustarse en esa burguesía a partir de negocios más que turbios, como ahora se destapa en Brasil y como siempre fue en Venezuela donde los cuadros bolivarianos tienen acceso privilegiado a la renta petrolera.

 

P. ¿Por qué el extractivismo genera una sociedad sin sujeto?
R.Z. ¿Cuál era el sujeto de la vieja minería en Bolivia? Los trabajadores de las minas, que vivían en grandes campamentos de miles de mineros, en lugares apartados y en condiciones muy duras tanto en su trabajo en el socavón como en la vida cotidiana. Por eso dormían, como se decía, con el fusil por la almohada, porque ahí estaban los milicos y los patrones para reprimirlos. Eran el sujeto natural del modo de producción.

 

Ahora, ¿Cuál es el sujeto en los campos de soja o en la megaminería multinacional? Son emprendimientos que casi no necesitan trabajadores, la minería ahora funciona como las plataformas petroleras, emplean muy poca gente y de modo rotativo, en lugares distantes y casi sin contacto entre ellos. Los camiones que recogen el mineral de cobre en Chuquicamata no tienen choferes, son a control remoto. Los sujetos estaban vinculados al modo de producción pero ahora los sujetos que nacen son externos a la producción, como las mujeres víctimas de feminicidios que están muy relacionados con el extractivismo, los afectados ambientales, los precarios urbanos, y así, ninguno está en la producción.

 

P. Y se vino la crisis económica por la abrupta caída de los precios de los commodities que ha desnudado los límites de la economía de los gobiernos progresistas, al mismo tiempo se observa una recomposición de los movimientos sociales, “como síntoma de las grietas abiertas entre gobiernos y sociedades”. ¿Puede ampliar este cuadro de situación de recomposición de la sociedad en movimiento?
R.Z. Aquella sociedad en movimiento dejó de estarlo y los viejos movimientos ya no serán los mismos. Es otra etapa. Lo que estamos viendo ahora, desde junio de 2013 en Brasil, es algo nuevo, completamente nuevo. Tanto que aún no tenemos las palabras para nombrarlo.

 

¿De dónde venimos? De una fenomenal cooptación de los movimientos. Primero del período neoliberal, cuando se crearon los modos de cooptación de las mujeres, los indígenas, los sectores populares, etcétera, a través de instituciones nuevas por arriba para integrar a la elite, y de políticas focalizadas para controlar la pobreza. Pero esa bolsa se descosió por abajo, porque la crisis fue tan potente que no pudo contener a tantos pobres.

 

Después vino la cooptación progresista, mucho más sólida y abarcativa, integró no sólo dirigentes sino movimientos enteros, hizo políticas sociales mucho más amplias pero no reconoció derechos universales, y realizó muchas obras. Pero el modelo extractivo sumado a la caída de los precios, están empezando a filtrar nuevas protestas que ya no pueden contener. Aquí podemos decir que la vanguardia son las mujeres, porque el modelo actual genera feminicidios que ya no son la violencia machista tradicional sino un genocidio contra los que sobran en este modelo, y una parte de ellas son mujeres. El modelo se sostiene con la proliferación de servicios armados, desde militares y policías hasta guardias privados, lo que ha multiplicado la población en armas, donde se reclutan los violadores y asesinos.

 

Otro sector, igualmente contestatario, son los jóvenes, porque al igual que las mujeres no tienen futuro en este tipo de sociedad, más que como vendedores a 800 bolivianos por mes, de lunes a lunes, 11 horas por día. Es igual que el feminicidio: esto ya no es explotación por extracción de plusvalía, sino esclavitud- O sea, acá sólo podés ser guardia armado o esclava/esclavo, y empiezan a rebelarse a ese destino.

 

P. En este contexto: ¿Qué respuestas plantea ante la crisis económica y política que vive América Latina, que supere el extractivismo y nos plantee nuevos tipos de sociedad?
R.Z. Pero para superar el modelo extractivo hay que derrotar al 1 por ciento y a sus aliados, los medios concentrados, los políticos de derecha y de izquierda, y los milicos. Hay que desalojarlos del Estado, desarmarlos de sus medios y de sus armas, pero además hay que derrotarlos culturalmente, y eso pasa por romper con la cultura consumista que despolitiza y nos hace conservadores. No se llega al mundo nuevo en carro y hablando por iphone, se llega sólo si asumimos una forma de vida muy austera y estando dispuestos a poner el cuerpo en el intento. Así y todo, nada es seguro.

 

P. Afirman que “la recomposición estatista progresista fue un paso atrás y que el punto de referencia debe ser siempre el grado más alto alcanzado por la lucha social y nunca aquello que es posible conseguir. Lo posible es siempre el Estado, el partido, las instituciones existentes” como parte de la cultura política predominante. ¿Es posible tener otras referencias de transformación que no sea el estado y los partidos?
R.Z. Tenemos toda una historia de vida y de luchas de los sectores populares que apuntan en otra dirección que no es ni el Estado ni los partidos. Si no revivimos esa historia, la que va de Túpac Katari a los mineros y los campesinos, que desarticularon el colonialismo y el gamonalismo, hicieron la revolución del 52 y deslegitimaron el neoliberalismo, si no revivimos ese estilo de vida, que va mucho más allá de una política, entonces no estamos en condiciones de seguir en esto.

 

Entre nosotros se fue imponiendo una cultura de lo fácil, facilismo le llaman en Venezuela a la cultura del no trabajo, de la renta. En todos los marxismos hasta ahora, el socialismo era fruto del trabajo, no del reparto de la renta. Porque el reparto se puede hacer una vez, vos te reapropiás de la tierra una vez, después hay que trabajarla. Lo mismo con las fábricas, con todo. Entonces, estamos ante una cultura que no valora el trabajo, y es por lo tanto funcional al capitalismo actual. Se valora lo que se consume, la marca, la ostentación de la moda, de lo nuevo, pero no se valora el trabajo. En la política, es igual, se valora el cargo, el destaque, por eso los progresistas aparecen en los mismos lugares que los burgueses y ostentando. Eso es pan para hoy y hambre para mañana.

Publicado enEdición Nº230
Miércoles, 23 Noviembre 2016 06:42

Marcha en Brasil encabezada por Lula y Mujica

Marcha en Brasil encabezada por Lula y Mujica

La destitución de Dilma abrió un debate entre el PT, los partidos populares y de izquierda y los movimientos sociales sobre cómo resistir al gobierno y sus políticas de ajuste. Lula se inclina por la formación de un Frente Amplio a la uruguaya.


Lula Presidente-Mujica Vice. Aunque esa fórmula sea imposible, Luiz Inácio Lula da Silva y José Mujica estarán juntos el próximo domingo en San Pablo en una concentración cuyos organizadores estiman será la más concurrida desde que Michel Temer juró como presidente no votado el 31 de agosto pasado, cuando no recibió la banda presidencial de Dilma Rousseff, quien le imputó ser un “usurpador” del gobierno.


“Seguro que Lula va a pronunciar un discurso, está con muchas ganas de hablar con la militancia, últimamente estuvo en varios actos” adelantó uno de sus asesores consultados por PáginaI12.


“Mujica aceptó la invitación por considerar que la lucha por la preservación de los derechos sociales es una lucha por la humanidad”, señaló el senador Lindbergh Farias, del Partido de los Trabajadores.


El partido de Lula y Dilma será una de las agrupaciones participantes en el evento convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) y los Campesinos Sin Tierra (MST).


Los movimientos sociales junto a la Central Unica de los Trabajadores movilizaron miles de personas el 11 de noviembre bajo la consgina “Fuera Temer” y contra el Proyecto de Enmienda Constitucional 55 (PEC 55), que tiene media sanción de Diputados, que congela el gasto público durante 20 años.


Esta semana Temer insistió en la defensa de la PEC 55 durante un evento con los miembros del nuevo Consejo de Desarrollo Económico Social, concluido con una fastuosa (otra más) recepción en el Palacio de Alvorada.


Después de medio año en la presidencia –asumió interinamente el 12 de mayo y definitivamente el 31 de agosto–, Temer no ha podido trascender los muros vidriados de los palacios de Alvorada, donde reside, y el Planalto, donde despacha.
Ayer, mientras el instituto oficial de estadísticas informaba que escaló a 23 millones el número de desocupados y subocupados, un grupo de indígenas invadió el Palacio del Planalto para repudiar la PEC 55, que sólo es defendida por las entidades patronales, el FMI, Temer y la cadena Globo, en su condición de partido orgánico del golpe.


A pocos kilómetros de donde representantes de los pueblos originarios repudiaban al actual presidente, en la Universidad de Brasilia continuaba la ocupación organizada por Unión Nacional de Estudiantes pese a la orden de un juez para que la policía federal desaloje el predio. Temer compensa la falta de base de apoyo social con el aval del estado policial-judicial.


En las últimas semanas, decenas de jueces de primera instancia, entre quienes hay algunos con militancia pública en favor del golpe, ordenaron expulsar por la fuerza policial a los estudiantes que ocupan universidades y escuelas secundarias, y han sido el dínamo del descontento popular contra el régimen.


Posiblemente ni el mandatario ni aquellos que idearon la coreografía de las protestas masivas (mayoritariamente blancas y de clase media) que precedieron a la destitución de Dilma imaginaban un gobierno de facto tan impopular en el plano interno e irrelevante en el externo: el brasileño cumplió 13 días aguardando la llamada telefónica de Donald Trump, que asesores del Planalto dijeron (y Globo publicó), que iba a ocurrir el 9 de noviembre. La no llamada de Trump (que tuvo tiempo para telefonear a tres presidentes latinoamericanos) a Temer ocurre luego de que el brasileño intentara dos veces, durante sus viajes a China y Estados Unidos, obtener una foto o un apretón de manos de Barack Obama.


La calle en disputa

“Para quien suponía que no iba a haber resistencia contra Temer, el viernes 11 se realizaron grandes concentraciones en todo el país, en lo que fue sólo el comienzo de un noviembre de lucha que concluirá el domingo 27”, afirmó Guilherme Boulous, líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST).


Boulous se reunió la semana pasada con Lula en Sumaré, interior del estado de San Pablo, donde unos 10.000 miembros del MTST están acampados en demanda de viviendas populares.


La destitución de Dilma abrió un debate entre el PT, partidos populares y de izquierda, y los movimientos sociales sobre cómo hacer fente al gobierno de facto. Lula se inclina por la formación de un Frente Amplio a la uruguaya, una tesis que se refuerza con la posible visita de José Mujica el próximo fin de semana. El ex presidente uruguayo también es amigo de Dilma, quien acaba de visitar Uruguay, en su primer viaje al exterior tras dejar el gobierno.


La formación de un frente no es la única tesis en danza, dado que hay sectores que impulsan la creación de un nuevo partido de izquierda.


Por lo pronto la marcha del próximo domingo será un evento en el que estará a prueba el trabajo unitario de fuerzas entre las que hay divergencias. Será también un barómetro para pulsar la capacidad de movilización del campo democrático popular, y el vigor del liderazgo de Lula, quien a pesar de la mazmorra mediático-judicial a la que fue sometido sigue encabezando las encuestas hacia los comicios de octubre de 2018.


El domingo pasado, unas diez mil personas participaron en el acto citado por el núcleo duro de las agrupaciones neocons que llegaron a movilizar 500 mil personas en la Avenida Paulista al grito de Fuera Dilma.


Es plausible apostar a que Lula, Mujica y los movimientos sociales arrastren mucha más gente. Si eso ocurre será una victoria política, parcial, pero indicativa de que el campo popular les arrebató la hegemonía de la calle a las masas blancas golpistas.

 

Por: Darío Aranda

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Miren Etxezarreta: "Crear partidos nuevos supone volver a lo viejo"

La Catedrática de Economía Aplicada reflexiona sobre el momento económico, político y social. Precursora de la antiglobalización, activista anticapitalista, Etxezarreta advierte de que “el problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que han entrado en la dinámica del capitalismo que queremos cambiar”.

 

Muchas veces ha contado que se hizo economista para descubrir por qué había ricos y pobres. Aunque la Catedrática de Economía Aplicada confiese hoy con socarronería que nunca lo consiguió. “He empezado a comprenderlo ahora, ochenta años después. En todas las épocas ha habido ricos y pobres, la historia del ser humano es una historia de explotación, y en la etapa actual el explotador es el sistema capitalista. En el capitalismo se encuentra pues ese porqué”.

Y no es trivial la broma de Miren Etxezarreta (Ordizia, 1936), doctora en la London School of Economics, profesora en las universidades del País Vasco o Sussex, Catedrática Emérita de la Autónoma de Barcelona y referente de economistas, activistas y de muchos movimientos de izquierda y antiglobalización. Aunque a ella, modesta, le cueste reconocerse en el perfil: “¡No, hombre, tanto no!”, exclama.


Hija de un casero nacionalista, amamantada por una republicana, dice que haber nacido el año en que estalló la Guerra Civil nada tiene que ver con su trayectoria de reflexión, investigación y pelea. “En mi juventud fui muy religiosa y no sé si lo fui porque me preocupaban los demás o si fue la religión la que me llevó a rebelarme contra la injusticia”. Eso, y la “genética geográfica” de las mujeres de su Guipúzcoa natal “que no aceptan pasivamente lo que les llega”.

No lo consintió Miren cuando se fue ocho años a Inglaterra a especializarse en la Economía Agraria de la que nació ‘El caserío vasco’. Ni cuando a su vuelta, a unos meses para que se iniciara el Proceso de Burgos, la despidieron de la Universidad de Bilbao por considerarla una agitadora estudiantil. Tampoco cuando se trasladó a Barcelona y fue precursora de los movimientos antiglobalización de los 90 con las campañas contra el Banco Mundial y el FMI o, más tarde, en la Plataforma contra el Forum 2004. Mucho menos cuando fundó, para estudiar las consecuencias sociales de la ortodoxia económica, el Seminario de economía critica Taifa, que según la definición con la que nos recibe su web es “la reunión de personas de mala vida o poco juicio”.

Sensatez le sobra a la estudiosa que a sus ochenta años sigue en su particular contienda que nada tiene que ver con la política... o los políticos. “¿Qué cómo se me quedó el cuerpo cuando volvió a ser investido Rajoy?”, responde una cuestión con otra pregunta. “Mi actitud no va a cambiar se ponga quien se ponga. No mandan los políticos, hay poderes fácticos mucho más importantes detrás. Y no podemos olvidar que el neoliberalismo en España lo introdujo el PSOE. Lo que yo quiero es una sociedad distinta y no tengo la esperanza de que eso venga de arriba a abajo”.


Profesora en EEUU, Canadá, México, Francia, Chile, Argentina, la intelectual pasó algunas temporadas en la Nicaragua sandinista y con Chavez en Venezuela. Luego, algo entiende de revoluciones Extezarreta, escéptica en torno al papel de los partidos. “Los partidos políticos son instituciones de una época pasada del capitalismo. En España, el 15M supuso un soplo de aire fresco para cambiar muchas cosas y, sobre todo, en la forma de cambiarlas. Hay que innovar en las maneras de hacer política y de transformar la sociedad. Crear partidos nuevos no supone otra cosa que volver a lo viejo, a las formas de los siglos XIX y XX, y a la dinámica del capitalismo que queremos cambiar. El problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que se han dirigido a fórmulas antiguas”, explica.

La catedrática advierte de que es prioritaria una labor teórica que pasa por entender las nuevas formas de hacer política y el desarrollo de la conciencia de clase. “Y va a ser muy difícil, porque ya no tenemos una clase trabajadora unitaria, comprensiva, homogénea. El mundo laboral está en descomposición por la presión tremenda del capitalismo, que es muy hábil. Al que han deformado la cabeza desde joven para que se convierta en un emprendedor, nunca tendrá conciencia de clase por mucha hambre que pase. El problema es conseguir que esa clase descompuesta en distintas formas vuelva a sentir conciencia. Tenemos una construcción teórica ingente por hacer para avanzar en la construcción púlbica”.

Además de sobre el caserío y ‘La Economía Agraria’, la discípula de Marx o Rosa Luxemburgo también teorizó sobre ‘La reestructuración del capitalismo en España’, ‘La vulnerabilidad de los modelos neoliberales’ o ‘La Globalización capitalista’. Ya jubilada –y sonríe con el participio- ha tratado de desmontar los tenebrosos argumentos del poder político y económico en torno al futuro de las pensiones en ‘Qué pensiones, qué futuro’.

“Creo que el mensaje de que no hay dinero para las pensiones es una absoluta falsedad, una falacia. Las pensiones son una parte del gasto social del país que ha de cubrirse con el producto social, pero tenemos un sistema que ha decidido –y es una decisión política e ideológica- que las prestaciones se paguen con las cotizaciones de los trabajadores. Se trata de un trasvase de clase generacional, que no es obligatorio. Si no llega con las cotizaciones se puede buscar el dinero en otro sitio, por ejemplo los impuestos”, propone Etxezarreta.

“Si cada gasto ha de pagarlo quien esté vinculado con él, el ejercito deberían pagarlo capitanes y coroneles, la monarquía deberían pagarla los monárquicos, ¿no?”. Y se hace la reflexiva otra pregunta: “¿No nos estamos endeudando para salvar a los bancos o, mejor dicho, a los banqueros? ¿Por qué no nos endeudamos para salvar a los viejiños entre los que me incluyo?”, y vuelve a reír con su adjetivo.

Viejiña o no, el cerebro lozano y privilegiado de la jubilada no para de trabajar. Activista -como cuando se sentó durante el 15M frente a las puertas del Parlament de Catalunya- sigue estudiando la sociedad desde paradigmas críticos, en especial del marxismo, con los jóvenes que la rodean en el Seminario de Economía Crítica Taifa. Para ellos tiene Etxezarreta un mensaje de esperanza: “Ningún sistema es eterno. La historia tiene más años que el capitalismo. Hubo formas de organización social anteriores y habrá formas posteriores. El capitalismo no es eterno. ¿Cuándo y cómo finalizará? No lo sé”.

Sí sabe cómo le gustaría que fuera: “Convertido en un sistema humanista, justo, armónico, en el que las personas vivamos en cooperación”. Y aunque reconoce la dificultad y el riesgo de que acabe convertido en una “distopía cruel, dura y cada vez más injusta”, considera que es factible. A eso ha dedicado Miren Etxezarreta su vida. “A eso y a dos nietos preciosos” concluye la octogenaria, que pide expresamente que su entrevista termine con el “optimismo controlado” de la siguiente frase: “Nunca en la historia del capitalismo había habido tantos pequeños grupos de gente tratando de vivir de una forma distinta. Son multitud de florecitas con una minoría de fuerza -no me hago ilusiones- pero, si somos capaces de desarrollarlas, este tipo de iniciativas pronto se convertirán en una importante vía hacia la transformación social”.

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Lunes, 14 Noviembre 2016 06:46

El Foro Social Mundial sigue importando

El Foro Social Mundial sigue importando

El Foro Social Mundial (FSM) se ha reunido regularmente desde su primer encuentro en Porto Alegre, en 2001. Y del mismo modo regular ha habido analistas que han anunciado su abandono como expresión relevante de la Izquierda Global. Y no obstante, de algún modo, continúa importando en la lucha en pos de una justicia global.

La reunión más reciente ocurrió en Montreal, Quebec, entre el 9 y el 14 de agosto de 2016. Esta reunión fue en muchos modos diferente de las reuniones previas. Fue la primera que se celebró en el Norte Global. La decisión de hacerla ahí fue un intento deliberado por demostrar la globalidad del FSM.


Esta decisión tuvo un precio. El gobierno canadiense le negó la visa a un número significativo de posibles participantes que provenían del Sur Global. El costo de viajar y hospedarse fue relativamente alto para los asistentes. El resultado fue una reunión con un número reducido de participantes, y en la que había un sesgo mayor que en las anteriores hacia participantes del Norte Global. Esto no fue sorpresa para los organizadores. La convicción era que el precio bien valía el lado positivo de la decisión.


De algunas maneras, la reunión fue como todas las reuniones previas del FSM. Por un lado, había un inmenso rango de asuntos a discutir. Y los participantes tendieron a participar en aquellos paneles temáticos que fueron de mayor interés para ellos. El resultado fue una red de ghettostemáticos, y un monto insuficiente de trans-comunicación entre el rango de las diferentes luchas políticas en el mundo.


Por otra parte, hubo un debate importante en torno a la validez del modo “horizontal” en que fue organizado el FSM. Sus críticos arguyen que como resultado el FSM no era (o ya no es) relevante para la luchas políticas reales que ocurren por todas partes. Este debate se ha mantenido repetidamente, pero esta vez quizá fue más intenso, y aun con enojo. No obstante, su esencia se mantuvo.


El nuevo argumento importante entre quienes no se sintieron bien con el modo “horizontalista” de organización fue que no deberíamos fijarnos en quienes fueron al FSM sino a los que ya no pudieron asistir porque lo llegaron a ver como una costosa pérdida de tiempo, pues ya no avanzaba la lucha política real.


La contra-argumentación es que el FSM ha mostrado ser un concepto poderoso. Existe ahora una creciente e incontable cantidad de foros sociales regionales, nacionales y locales. Hay incontables foros temáticos en todos los niveles geográficos. Estos foros, como el FSM global, se están auto-organizando. El FSM ha probado ser un concepto de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Y ésta sigue siendo su fuerza esencial.


Por supuesto ninguno de nosotros tiene datos cuantitativos que respalden nuestras aseveraciones, de un modo o de otro. Es la batalla entre una serie de juicios intuitivos genuinamente subjetivos contra de otra serie. Si se ha vuelto más intenso, es en gran medida debido a que la lucha política global que pareció relativamente favorable a la Izquierda Global hace 10 años ahora parece haberse revertido. El pesimismo resultante dentro del movimiento de justicia global ha conducido a un debate interno más áspero en el FSM. No se trata de que el FSM haya ocasionado mayores dificultades mundiales para la Izquierda Global. Más bien, es esta reversión lo que conduce a un mayor debate en el FSM.


Mi única sensación es que debemos prestar atención a la lucha global, y al papel que el FSM puede jugar en ésta. Si ya no fuéramos a celebrar más reuniones del FSM, esto podría liberar algún dinero, energía y tiempo para otras actividades. Pero estas “otras actividades” podrían no ocurrir nunca, conforme el pesimismo conduce a una retirada del activismo. Las reuniones del FSM, no importa qué tan imperfectas, son actos, tanto de renovación como de optimismo. Los líderes de las dos organizaciones importantes de las luchas tunecinas (El Foro Tunecino de Derechos Económicos y Sociales (FTDES) y el UGTT (el sindicato obrero general tunecino) han escrito un texto muy crítico analizando lo que falló en la reunión de Montreal. Sin embargo, terminan su texto diciendo que, pese a estas fallas, la reunión fue un éxito porque preservó le sillon de l'espoir(“El surco de la esperanza”). Un aspecto muy positivo de la reunión de Montreal fue que las sesiones dedicadas al futuro del FSM recibieron mucha asistencia. Los debates fueron fieros, pero esto mostró que los asistentes querían debatir. Buscaban modos de fortalecer sus luchas. Pensaban que hallar cómo organizar el FSM era parte de la respuesta.


El secreto del FSM desde el principio ha sido que buscó ser ampliamente incluyente de todas las tendencias dentro de la Izquierda Global. Buscó ser consciente de los fracasos históricos de esa Izquierda Global durante los dos siglos anteriores. Ha sido un plus, no algo de disminución, en la lucha mundial por transformar el sistema-mundo y reemplazarlo por uno relativamente democrático y relativamente igualitario. No perdamos tiempo arrojándonos piedras los unos a los otros. Continuemos conversando y aprendiendo entre nosotros.


Traducción:Ramón Vera Herrera

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Boaventura de Sousa: “Hay que repensar cuanto antes la política de izquierda”

La política de izquierda hay que repensarla cuanto antes. No es fácil, en algunos países es muy difícil porque los partidos de izquierda generaron un sectarismo interno que liquida la disidencia. Quien tiene una posición crítica es echado o silenciado. Es necesario repensar la lógica de partido como tal. Los partidos, de ninguna manera, pueden tener el monopolio de la representación, hay que encontrar otras formas desde la democracia participativa, de los ciudadanos, de los movimientos sociales, tienen que tener una palabra fuerte de la renovación política: Boaventura de Sousa



Boaventura de Sousa Santos es autor de varios libros, entre los que se destacan Epistemologías del sur y Hacia una sociología de las ausencias y de las emergencias; en ellos cuestiona la epistemología occidental dominante y los contextos culturales de la “producción y reproducción del conocimiento”. Parte de sus aportes académicos han estado orientados a acompañar diversos movimientos sociales latinoamericanos. Lanzas y Letras y la Fundación Rosa Luxemburgo retoman este diálogo dado en el cono sur sobre el panorama político de América Latina, las izquierdas europeas y el análisis de perspectivas organizativas cimentadas desde los movimientos populares.


¿Cómo se ven las organizaciones sociales latinoamericanas desde Europa?


En Europa tenemos otra noción del territorio, porque Europa se ha aprovechado del saqueo, de los recursos naturales. Ahí tenemos otros problemas, no solo la explotación capitalista sino la dominación colonial y patriarcal. En Europa el colonialismo no surge por el territorio sino por el racismo, ahora más con todos los inmigrantes y refugiados; es una vergüenza, es lo peor de la trayectoria colonialista de Europa.


Los movimientos sociales a veces excluyen el colonialismo; con el movimiento de Los Indignados (también llamado Movimiento 15-M por las protestas en España desde 2011) hicimos reuniones en España y Dinamarca, y nos dimos cuenta que los movimientos de lucha contra el capitalismo rara vez incluyen a los inmigrantes, y mucho menos a los que buscan asilo político; son invisibles, son los otros ausentes, son los indígenas de Europa, no son considerados como sujetos políticos. En Europa tienes el racismo como forma de colonialismo combinado con capitalismo y naturalmente con patriarcado. En América Latina, en India y en África el problema es por territorio, claro que hay otros problemas como el de las mujeres o la economía informal, pero la cuestión del territorio surge porque realmente es un problema planetario.
Este neoliberalismo es de raíz financiera, pero busca la especulación con una forma de acumulación primitiva. Como decía Rosa Luxemburgo, esa es una constante del capitalismo, no una fase del capitalismo, y hoy se manifiesta con el saqueo del territorio mucho más intensivo que el colonialismo, porque la maquinaria que no existía en el tiempo colonial permite hoy saquear los recursos de una manera más intensa: despojo, desplazamiento de poblaciones, expulsión de la gente. Estuvimos en Mozambique y en Zimbabue y es lo mismo, pero con diferentes perfiles. En África no tenemos el problema indígena, porque todos son indígenas, por así decirlo. En cada país la tierra funciona de manera distinta porque el colonialismo fue distinto. En América Latina la independencia fue obtenida por los hijos de los colonos, en África son pueblos originarios los que conquistaron la independencia, son problemas distintos.


¿Qué posibles diálogos pueden existir entre las izquierdas europeas y las de América Latina?


Parte de mi trabajo los últimos 10 años ha sido en la crítica radical a las izquierdas europeas para refundarlas, reinventarlas; por otro lado, aprovechar todas las energías que surgieron en este continente los últimos 15 años. Hubo una izquierda que se mantuvo con un carácter genuino de búsqueda de socialismo; la gran mayoría, sobre todo los socialdemócratas, se vendieron al capitalismo, a la llamada ‘tercera vía’, en el caso del Partido Laborista inglés. En Alemania es un desastre porque prácticamente la izquierda no existe. Los socialistas que están en el poder no ofrecen ninguna política novedosa para Europa, los socialistas alemanes son los que han sido más duros con los países del sur de Europa, con la izquierda de Syriza en Grecia, por ejemplo. Eso es muy difícil de entender. Pero ahí viene la renovación desde dos factores: el primero es que los jóvenes que estaban formados para la política socialdemócrata, que no contribuye en nada a ninguna perspectiva socialista o poscapitalista en Europa, pasaron algún tiempo en América Latina con los gobiernos progresistas de Venezuela, Bolivia, Ecuador, también Brasil, y aprendieron mucho de este continente, aprendieron no solo a mantener la idea del socialismo del siglo XXI, sino también formas de democracia participativa. Esto fue lo que de alguna manera pasó a ser utilizado por los jóvenes inconformes con los socialdemócratas, por ejemplo en España con los consejos de ciudadanos de Podemos, con algunos problemas que se pueden discutir; también está Syriza, una trayectoria propia de una disidencia del partido comunista; por la misma línea está el bloque de izquierda en Portugal. Son partidos que están buscando reinventar la izquierda a través de alianzas e interconocimientos que han sido originados en América Latina.


Europa realmente no tiene nada que enseñarle al mundo, tampoco puede aprender por la tradición colonialista que tiene, pero algunos jóvenes como Los Indignados, entre otros movimientos, han intentado aprender con la experiencia latinoamericana. El problema con estas experiencias es que muchos partidos se olvidaron de la renovación política debido al modelo de desarrollo que se seguía, el único que lo intentó fue Hugo Chávez, pero de una manera muy carismática; ya sabemos que todo poder carismático depende del líder, y cuando el líder se va el poder se queda en vacío. Así pasó en Venezuela por la debilidad de las instituciones y los movimientos sociales, toda la movilización de izquierda vino desde arriba, al contrario de lo que pasó en Brasil y Argentina.


En este momento estamos en una fase de reflujo en América Latina y en Europa con algunas novedades, por ejemplo, el hecho de que en Portugal en este momento tengamos un gobierno de izquierda donde el partido socialdemócrata ha abandonado la tercera vía y se ha aliado con los comunistas y con el bloque de izquierda, donde está la izquierda socialista que es luxemburguista. Entonces está el aprendizaje desde el sur y el temor a la derecha revanchista, o a la extrema derecha como en Polonia, Hungría, Alemania. Ante el temor a la extrema derecha, la izquierda se está uniendo; por eso es que tenemos este gobierno en Portugal, por el temor de tener cuatro años más de una derecha totalmente revanchista que quería destruir todo lo que habíamos conquistado en los últimos 40 años.


De acuerdo a tus textos, tienes críticas al Estado-Nación y a la vez aprecias la construcción de un ‘Estado plurinacional’ en países de América Latina. ¿Qué saldo organizativo proyectan estas experiencias? Frente al actual giro conservador, ¿cuál es tu balance de la relación Estado-movimientos sociales?


La política de izquierda hay que repensarla cuanto antes. No es fácil, en algunos países es muy difícil porque los partidos de izquierda generaron un sectarismo interno que liquida la disidencia. Quien tiene una posición crítica es echado o silenciado. Es necesario repensar la lógica de partido como tal. Los partidos, de ninguna manera, pueden tener el monopolio de la representación, hay que encontrar otras formas desde la democracia participativa, de los ciudadanos, de los movimientos sociales, tienen que tener una palabra fuerte de la renovación política. Hay que crear otras figuras políticas, eso es algo que está por hacer. Por otro lado, pienso que casi todos los gobiernos se vendieron a un modelo de desarrollo que acompañaron con una incidencia histórica que pareció muy buena pero que al final fue desastrosa.


El hecho de que la avanzada de los precios internacionales coincidiera con estos gobiernos y que pudieran tener alguna plata, sin cambiar la estructura de poder, sin cambiar las jerarquías sociales, sin cambiar la estructura de clase, sin cambiar el Estado, que podía generar alguna redistribución social, con algunos casos significativos como el de Brasil donde más de 45 millones de personas salieron de la pobreza... eso no se puede olvidar.


El costo social fue muy grande para los pueblos indígenas y campesinos, no fue un sistema sostenible porque estaba basado en los precios internacionales, no se luchó para que hubiera, por ejemplo, una reforma fiscal. Los ricos siguieron sin pagar impuestos y vemos que su plata está en los paraísos fiscales. Si esa plata pagara impuestos tendríamos salud para todos, educación de buena calidad. Esta izquierda va a tener que refundarse, básicamente porque la que hubo en la última década no es sostenible, después de la crisis interna en algunos casos hubo corrupción, con todo lo que puedas imaginar, por eso exige una renovación. En algunos países van a surgir partidos nuevos, en otros no es posible pero quizás hay partidos que se van a refundar. Algo dramático tiene que ocurrir. A menos que la derecha revanchista sea tan revanchista que gobierne de una manera tan desastrosa que los gobiernos de izquierda puedan volver rápidamente sin reconstruirse, ahí podemos tener un periodo de estabilidad a corto plazo.


Desde las ciencias sociales hay abordajes que obturaron el diálogo con los procesos sociales comunitarios que asumieron su opción por los gobiernos progresistas, con términos como “populismo”. ¿Qué desafíos quedan de este diálogo entre saberes académicos y saberes populares, conceptos que trabajas durante tu trayectoria investigativa?


Esos términos en América Latina son parte del debate, porque ya había una trayectoria en ese sentido. El concepto de ‘progresismo’ debería ser una cosa positiva, pero ahora es una mala palabra para muchos compañeros y colegas de izquierda con quienes tenemos algunas divergencias. El populismo en América Latina, sobre todo en Argentina, un patrimonio intelectual debido al trabajo de Ernesto Laclau, no se ha aceptado mucho fuera de Argentina, porque no es una buena hipótesis para hablar de lo popular.


Lo nacional-popular es una posición que toma un gobierno por ‘los de abajo’ y que tiene algún respeto por la soberanía nacional; pero allí puede haber fascismo y también clases de abajo, por eso se puede hablar de lo nacional-popular como se pudo hablar en Bolivia con el libro de René Zabaleta Mercado. Hablar de populismo se transformó en una manera de estigmatizar la izquierda por parte de la derecha, entonces cuando se dice que la derecha es populista es un elogio para ellos, no les molesta que les llamen populistas, cuando dicen que la izquierda es populista es para decir que la izquierda no es creíble. Ahora, todos los intentos por mejorar la vida de la gente, de defender derechos, son considerados populistas. El populismo es una trampa, se volvió en contra de quienes crearon la teorización del populismo. Discutí con Ernesto Laclau y con Chantal Mouffe (intelectuales posmarxistas) que nunca fue un significante vacío sino un significante vaciado, yo por eso prefiero los significantes dudosos, mejor lo nacional-popular que el populismo.


¿Qué opinión te suscita la coyuntura colombiana en el marco de las ‘pedagogías de paz’ para darle fin al conflicto armado que aqueja al país hace más de medio siglo?


Desde los años 90 empecé a trabajar en Colombia, me apasiona. Fue un periodo de tanta violencia... pero también de mucha creatividad de los movimientos sociales. Durante un proyecto en el que estaba mataron a 15 padres jesuitas del CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular); a cada momento que matan a un cura otro movimiento surge, con otra gente, por los derechos humanos. Es fabulosa la energía del país. Los movimientos sociales son la esperanza de Colombia, hay un Congreso de los Pueblos que está siendo representado en varios países. Hay que hacer pedagogía de paz como alternativa contrahegemónica porque el presidente, Juan Manuel Santos ya hizo su pedagogía de paz, que es sacar a la guerrilla para profundizar la minería. Para mí simplemente es así.


Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), por su naturaleza política, hicieron un proceso de negociación muy cerrado en La Habana (Cuba), sin gran participación popular de las comunidades. El ELN (Ejército de Liberación Nacional) es distinto, quiere que sea un proceso de más participación social, de asambleas populares, movimientos sociales; no sé si lo va a lograr, pero la idea de una pedagogía de paz contrahegemónica me parece importante, no solamente para Colombia sino para todo el continente, porque vamos a tener guerras de baja intensidad que ya están emergiendo, y “baja” entre comillas en muchos territorios, porque se trata de masacres de pueblos indígenas, entre otros.


La afectación del nivel de vida en Argentina ha sido considerable tras el cambio de gobierno, al igual que la represión. ¿Qué retos enfrentan las organizaciones sociales que están en la oposición? ¿Cómo se puede dar la discusión de los “derechos que se perdieron”?


El gobierno de Mauricio Macri entró a hacer una ruptura con todo el periodo anterior, esto creó perplejidad entre los movimientos, se quedan paralizados sin saber cuál va a ser el contexto político, sin claridad de cuáles son los aliados, enemigos o adversarios. Aquí surgen muchas diferencias, pero también hay avances. Hace un par de años, por ejemplo, la cuestión indígena no se discutía en Argentina, ni negros ni indios. Hoy en día al menos se reconoce que son invisibles y están marcando una agenda a partir de su exclusión, que como digo normalmente, son exclusiones radicales; en sus territorios no hay derechos porque hay apropiación violenta, muerte y saqueo. Es difícil, porque a veces viven en zonas remotas que los pobladores urbanos no conocen. Lo más importante de los encuentros de organizaciones es que se conozcan, que estén intercambiando ideas.


Yo creo que hay que recuperar los derechos. No hay una zona de derechos en nuestras sociedades coloniales sino, insisto, una zona de no-derechos, de gente que está en zonas de despojo, de violencia, de apropiación. Frantz Fanon, un gran teórico que me gusta bastante, le llamaba “zonas de no-ser”: no existen. Ahora entra un gobierno de derecha que dice que los trabajadores tenían demasiados privilegios, y que hay que rebajar todos los derechos, en Portugal fue así, a punto de intentar eliminar lo que llamamos ‘la concertación social’, que es negociación colectiva de contratos, como están haciendo en los Estados Unidos, contratos individuales entre el patrón y el empleado, un fascismo sobre la forma contractual, porque son dos personas que no tienen el mismo poder; si no acepta las condiciones del patrón, ¿qué va hacer? Tenemos que ver que esos derechos tienen que ser recuperados, no hay otra forma de luchar por eso, y eso es muy difícil porque el capitalismo financiero que tenemos hoy logró transformar el trabajo en un recurso global, pero prohibió la posibilidad de un mercado global de trabajo: los sindicatos no se pueden unir, los trabajadores no se pueden organizar, hay federaciones mundiales pero no hay eficacia en ninguna en este momento. Cada vez hay más trabajadores pero cada vez menos identidad obrera; sin embargo, Argentina tiene mucha, estuve en una universidad creada por sindicatos, la única en el mundo que conozco. El sindicalismo está vivo, dividido por cierto, pero están intentando ver que realmente se necesita más unidad. El problema es cuando olvidamos los derechos de los indígenas, cuando no diferenciamos las clases sociales y se homogenizan las lógicas de las diferentes luchas, en sus diferentes tiempos y con sus diferentes alcances.


¿Cuáles son los resultados de los talleres realizados en diferentes partes del mundo como parte de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales?


Han participado diferentes intelectuales comprometidos, que son minoría, porque la mayoría son movimientos diversos. Ha sido significativo que las personas hablan de manera abierta, y nos damos cuenta de las diferencias y de las convergencias, hablan sin tutela ni conocimientos privilegiados. Los talleres son una manera muy simple de contribuir a una visión más amplia entre movimientos, se invierte tiempo y dinero porque tenemos como objetivo un cambio político, transformador, emancipador. Es importante que la gente vea que detrás de esto no hay grandes organizaciones, por eso las síntesis que hacemos son novedosas, porque dependen de los contextos específicos.


*Publicado originalmente en Marcha.org.ar y en Lanzas y Letras

Sergio Segura / Marcha
11 noviembre 2016 0
el autor es Sergio Segura @comunhc Periodista e investigador.

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Contra el imperialismo internacional del dinero

Francisco llamó a los dirigentes populares a meterse “en política con mayúscula” y a “refundar” las democracias en crisis.

 

El papa Francisco aprovechó ayer el cierre del Tercer Encuentro Mundial de Movimientos Populares celebrado en el Vaticano y promovido por la Santa Sede, para reafirmar su propuesta de las “Tres T”, “techo, tierra y trabajo para todos”, y para denunciar que “el dinero gobierna” el mundo “con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en un espiral descendente que parece no acabar jamás”. También animó a los movimientos populares a que “no tengan miedo de meterse en las grandes discusiones, en política con mayúscula” y los llamó a “revitalizar” y a “refundar” las democracias que “pasan por una verdadera crisis”. A los dirigentes de estos movimientos volvió a llamarlos “poetas sociales” como había hecho un año atrás en Bolivia.


Hablando ante aproximadamente cinco mil personas provenientes de más de 60 países, el Papa sostuvo que existe “un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera”. Según el análisis del pontífice católico “de ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de Estado y lo que erróneamente algunos llaman el terrorismo étnico o religioso” que, según Francisco, no existe porque “ningún pueblo, ninguna religión es terrorista”.


Del encuentro en Roma participaron dirigentes sociales, indígenas, obreros, cartoneros y campesinos, la gran mayoría de ellos no católicos, de la misma manera que había ocurrido en julio del año anterior en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. En la sala de audiencias Paulo VI, donde el Papa habló aproximadamente 50 minutos para pronunciar un discurso que parece haber surgido exclusivamente de su puño y letra, también estaba el ex presidente uruguayo José Mujica, a quien Francisco saludó especialmente al comienzo para luego parafrasear una frase suya resaltando la necesidad de la austeridad para quienes trabajan en política. Otro de los asistentes fue Juan Grabois, de la Confederación de la Economía Popular y del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Argentina, junto a otros dirigentes sociales del país que viajaron especialmente al Vaticano para la ocasión.


Apoyándose en el magisterio de sus antecesores Paulo VI y Pío XII, el Papa insistió en la existencia de una “dictadura” a la que llamó “imperialismo internacional del dinero” y “una nueva forma abusiva de dictadura económica en el campo social, cultural e incluso político”. Pero advirtió Francisco que “ninguna tiranía se sostiene sin explotar nuestros miedos”, y señaló que “al miedo se lo alimenta, se lo manipula” porque “el miedo, además de ser un buen negocio para los mercaderes de armas y de muerte, nos debilita, nos desequilibra, destruye nuestras defensas psicológicas y espirituales, nos anestesia frente al sufrimiento ajeno y al final nos hace crueles”. Dijo también que “cuando escuchamos que se festeja la muerte de un joven que tal vez erró el camino, cuando vemos que se prefiere la guerra a la paz, cuando vemos que se generaliza la xenofobia, cuando constatamos que ganan terreno las propuestas intolerantes; detrás de esa crueldad que parece masificarse, está el frío que es alimento del miedo”.


Al referirse a la democracia como sistema, el Papa sostuvo que “la brecha entre los pueblos y nuestras formas actuales de democracia se agranda cada vez más como consecuencia del enorme poder de los grupos económicos y mediáticos que parecieran dominarlas” y utilizó la referencia para volver a insistir a los dirigentes de los movimientos populares que no se dejen “encorsetar” en las políticas sociales, sino que se animan a cuestionar la política económica y la “política con mayúscula”.


Hubo también una crítica directa para “las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos” por considerar que se trata de “un volquete maquillado para contener el descarte del sistema”.


Al elogiar la labor de “los pobres organizados”, el Papa dijo también que “no me extraña que a ustedes también a veces los vigilen o los persigan y tampoco me extraña que a los soberbios no les interese lo que ustedes digan”. Y dijo que las “3 T” es un “proyecto-puente de los pueblos frente a proyecto-muro del dinero”.


Retomó también Francisco en su discurso la problemática de emigrantes, refugiados y desplazados, considerada por el Papa como una “tragedia”, cuestión que había sido abordada durante las deliberaciones del congreso. Se preguntó Bergoglio “¿qué le pasa al mundo de hoy que, cuando se produce la bancarrota de un banco, de inmediato aparecen sumas escandalosas para salvarlo, pero cuando se produce esta bancarrota de la humanidad no hay casi ni una milésima parte para salvar a estos hermanos que sufren tanto?”. Le pidió a los presentes que ejerciten su solidaridad con los desplazados y migrantes excluidos esperando que “algunos Estados y organismos internacionales abran los ojos y adopten las medidas adecuadas para acoger e integrar plenamente a todos los que, por una u otra circunstancia, buscan refugio lejos de su hogar”.


Y reiteró lo que había afirmado en Bolivia el año pasado, al señalar que “el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio”.


El Papa pidió también a los dirigentes de movimientos populares que no se dejen tentar por la corrupción. “Es justo decir que hay una corrupción naturalizada en algunos ámbitos de la vida económica, en particular en la actividad financiera, y que tiene menos prensa que la corrupción directamente ligada al ámbito político y social”. También, agregó, “es justo decir que muchas veces se manipulan los casos de corrupción con malas intenciones”. Pero, dijo el Papa, “es justo aclarar que quienes han optado por una vida de servicio tienen una obligación adicional que se suma a la honestidad con la que cualquier persona debe actuar en la vida. La vara es muy alta: hay que vivir la vocación de servir con un fuerte sentido de austeridad y humildad”. Porque “la corrupción, la soberbia, el exhibicionismo de los dirigentes aumenta el descreimiento colectivo, la sensación de desamparo y retroalimenta el mecanismo del miedo que sostiene este sistema inicuo”, subrayó el pontífice.


Conocedor de que su audiencia estaba conformada por mayoría de no católicos, Francisco modificó en parte su ya tradicional pedido de despedida “recen por mí”. “Les pido por favor recen por mi -dijo- y a los que no puedan rezar, ya saben, piénsenme bien y mándenme buena onda”, remató.

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