Miércoles, 26 Octubre 2016 10:08

La razón de la sinrazón

La razón de la sinrazón

Pasó pronto la sensación de tristeza del día siguiente al del plebiscito, mezcla de sorpresa y desconsuelo. Hoy el panorama luce un tanto diferente. No hay más preguntas sobre el resultado. Del lado del gobierno, como era previsible, un reacomodo con la nueva carta que le proporciona el Nobel de Paz; su preocupación está puesta más que todo en la inminente imposición del programa de ajuste económico que comienza con la presentación del proyecto de reforma tributaria. En cambio, del lado de la izquierda y de las organizaciones sociales, que en su abrumadora mayoría promovieron el sí, la recuperación es más inquietante.

 

La reacción inmediata por parte de algunos fue tan simplista como desafiante: no vamos a entregar los logros democráticos de los acuerdos de La Habana por una exigua ventaja del No de alrededor de cincuenta mil votos; ventaja tan aleatoria que con un poco menos de abstención –por ejemplo en la costa Caribe, donde es evidente que la lluvia y las inundaciones debieron limitar la participación– hubiera podido ser al contrario. Algunos días después la argumentación puramente reactiva se había transformado en justificación tranquilizadora: la votación por el No, podía atribuirse, descontando el puñado de seguidores del Centro Democrático, al engaño que esta ultraderecha había logrado con su campaña publicitaria. Las declaraciones de su jefe de campaña, Luis Carlos Vélez Uribe, bastaban para comprobarlo.

 

Recientemente, se han intentado explicaciones un poco más sofisticadas. Al igual que en otras latitudes, los resultados plebiscitarios no hacen más que revelar la profunda crisis histórica de la democracia representativa. Desde luego, esto equivale a reconocer como un funesto error el haber aceptado el plebiscito como mecanismo de refrendación. Pero no importa. Siguiendo el viejo y conocido lugar común según el cual toda crisis encierra una oportunidad, bastaría con atender lo que las mismas fuerzas de la historia nos están indicando: es la hora de intentar un salto cualitativo. El Acuerdo de La Habana, que debe ser respetado en su integridad, se ha convertido ya en un punto de partida para una transformación profunda. El camino es la Asamblea Nacional Constituyente por la paz. ¡Es impresionante la capacidad que tienen algunos para hacer coincidir la línea del “progreso histórico” con su línea política!

 

Los enigmas de la actual movilización por la paz

 

El análisis de la historia, sin embargo, debería brindarnos otras explicaciones. Lo que realmente ha cambiado el panorama, al menos en lo referido a las sensaciones y sentimientos, son las enormes movilizaciones, principalmente juveniles, desarrolladas en todo el país, los días 5 y 12 de octubre; en esta última fecha, por cierto, con una reveladora participación indígena. La consigna agitada describe muy bien su propósito: ¡Acuerdo de paz ya! Evidentemente, es una reacción, hasta cierto punto desesperada, frente a la “sin salida” creada con los resultados del plebiscito y frente a la posible dilación, la cual podría conducir a un abandono de la negociación, con los riesgos de violencia que ello implica. ¿En qué medida es una crítica a la llamada clase política? Probablemente, y dado el componente juvenil, hay mucho de eso, pero en la práctica su alcance es limitado. Se les exige, a los negociadores, que no se levanten de la Mesa hasta que se firme el acuerdo, y que lo hagan lo más pronto posible. En todo caso, lo más significativo es la tensión puesta de manifiesto entre el plebiscito y la movilización, entre la democracia electoral y la democracia callejera. –Aunque es obvio que en este caso la disputa de legitimidades no puede saldarse aquí estadísticamente, es decir, con números, la verdad es que tampoco da para salidas de hecho. Otra cosa hubiera sido en la circunstancia de que las movilizaciones hubiesen antecedido o acompañado la campaña plebiscitaria.

 

La explicación de esta singularidad se encuentra en el marco político en el cual se ha presentado la tensión. Basta con examinar la línea narrativa que recorre todas estas manifestaciones de protesta y exigencia: simplemente el reclamo de paz frente a la realidad de la guerra. En nombre de las víctimas que, como se ha repetido hasta el cansancio, deben “estar en el centro”. Todos debemos arrepentirnos de nuestros errores (¿de intolerancia?). Lo que se impone es un ejercicio de perdón y reconciliación. Por eso lo que menos importa es el contenido del acuerdo. Muy explicable, pero con ello se esfuma el reconocimiento de las causas del conflicto, es decir la comprensión de lo que está en juego en estas negociaciones, y hace que las manifestaciones se orienten en un sentido problemático.

 

En efecto, se ha operado aquí un doble desplazamiento. De una parte, la negociación, se ha desplazado de la contradicción Farc-Gobierno a la aparente “polarización” Santos-Uribe. De otra, el escenario de la paz ha pasado de La Habana a Bogotá, con lo cual, peligrosamente, de llegarse a un acuerdo sobre el contenido del Acuerdo entre estos “polos”, las Farc quedan como un tercero cuya posición puede ser vista con los ojos de quien va a juzgar con toda severidad cualquier respuesta negativa como expresión de intransigencia y terquedad. Es el resultado lógico, como se verá más adelante, del marco que se impuso a lo que debió haber sido una salida política negociada del conflicto armado.

 

Pero el plebiscito sigue ahí...

 

El tipo de movilizaciones en curso, no están, pues, muy lejos de lo que nos indican los resultados del plebiscito. La abstención, que superó el 60 por ciento, fue ciertamente muy alta, pero, en principio, dada la tradición electoral colombiana, no debería sorprendernos. Es más, así había sido previsto por los promotores del plebiscito en La Habana que se cuidaron muy bien de modificar los requisitos, reemplazando el umbral de validez por uno de aprobación de tan sólo cuatro millones y medio de votos. Si acaso, tendría que explicarse la fracción de abstencionistas que en esta oportunidad superó la “normalidad”. Probablemente, bastaría con reconocer dos componentes, uno involuntario, ocasionado por los factores climáticos ya mencionados y otro voluntario atribuible a que esta vez no operaron, por falta de incentivos, en toda su capacidad, las conocidas maquinarias clientelistas.

 

En general, los determinantes de la abstención son los mismos de siempre. Y no es poco lo investigado y escrito sobre este fenómeno, que ciertamente no es una característica original de Colombia. Pero no es necesario detenerse en este punto y mucho menos explayarse en una disquisición sobre los rasgos estructurales de la democracia burguesa en crisis, cuando la coyuntura nos está exigiendo un análisis concreto. La democracia electoral no es, o no debería ser, la expresión por excelencia de la participación popular; es más, como régimen político no es otra cosa que una expresión de la dominación sobre los trabajadores y en general sobre los sectores populares. Pero sí es un indicio de las condiciones en que se encuentran estos últimos y del clima político existente en tal o cual coyuntura y así debe ser tomado. En serio. A veces la participación electoral indica un descontento y una voluntad de cambio que debe ser valorado aunque sólo sea para su transformación. O si no, qué otra cosa nos muestran las victorias de Chávez, Correa, Evo Morales o Lula. Es impensable, porque sería indigna de los intelectuales orgánicos de la izquierda, la actitud cínica de validar la democracia sólo “cuando nos sirve”. Y a veces los plebiscitos han jugado un papel fundamental en el desenlace positivo de ciertas situaciones políticas como, para mencionar apenas un ejemplo, el que se realizó en Chile en tiempos de Pinochet. Por eso han convocado una alta participación. Lo cierto, lo verdaderamente importante, es que hoy en Colombia, a juzgar por lo sucedido, para la población esta consulta, y en contra de la publicidad, no representaba un hecho histórico. No pudo vencer ni el rechazo ni el escepticismo. Ese es un dato de la realidad política que estamos obligados a tener en cuenta.

 

Un principio de explicación se encuentra en la forma como hemos llegado, después de más de cuatro años de negociación, a este momento decisivo. Anteriormente hemos hablado de solución política negociada del conflicto armado. Pues bien, esto es justamente lo que no ha estado presente en el imaginario político del país. Contrariamente a lo que se suele argumentar, más con el deseo que con la razón, el proceso ha sido conducido, de manera abrumadora, por el establecimiento. Santos y Uribe por igual. No es cierto, como se dijo en las elecciones presidenciales pasadas, que si bien compartían el enfoque de política económica neoliberal se diferenciaban en el tema de la paz. En este enfoque también han estado de acuerdo; la diferencia, exagerada por razones político-electorales, es de puro pragmatismo. Para ambos se trata del sometimiento de un grupo criminal que si bien ha sido debilitado militarmente, conserva una capacidad significativa de destrucción y desestabilización. Para Santos, a diferencia de Uribe, había llegado el momento de poner fin a la amenaza a través de una negociación porque los costos del enfrentamiento bélico ya eran superiores (e inconvenientes desde el punto de vista del modelo económico) a las ventajas de una posible pero lejana rendición del enemigo. Tal es el significado de la expresión “paz imperfecta” que terminaron por aceptar hasta los demócratas y progresistas, todos partidarios del Sí, lo cual equivale a que el referente de perfección es la rendición o sea el mínimo de “concesiones” para las Farc. Es el contenido de las discusiones sobre la “impunidad” y lo que es peor, de las reclamaciones actuales, al parecer aceptadas por la mayoría de los movilizados, de “perfeccionamiento” del Acuerdo a través de los “ajustes” al famoso texto de las 297 páginas.

 

¿Hasta qué punto se ha visto como una resolución histórica?

 

Esta es la realidad innegable. No existe un clima, un ambiente cultural, una sensación de cambio histórico que debería, en el plano de la teoría, suceder a la inminencia de la finalización de un conflicto armado que hunde sus raíces en lo más profundo de la historia del país. Ni siquiera como sucedió con el Frente Nacional, o con la Asamblea Constituyente a principios de los años noventa. Por eso es tan grave la ignorancia o la omisión deliberada de las causas del conflicto, para no mencionar la referencia a la resistencia campesina que sólo está en boca de algunos pocos. Es cierto que no podíamos esperar que los militantes de las Farc fuesen recibidos como unos héroes, pero tampoco es admisible, ni justo, que terminaran convertidos en un grupo de criminales cuyo único destino tenía que ser el arrepentimiento y la búsqueda de perdón. –Para quienes se preocupan de la “impunidad”, por cierto, habría que decirles que, así como están las cosas, ya han recibido un castigo, uno que ya ha sido excluido de muchos ordenamientos constitucionales, el escarnio público que es lo peor que le puede suceder a una organización política–. Y lo que es más importante. Para que este desenlace de la confrontación militar fuese un hecho histórico tendría que haberse planteado un juicio de conjunto. Un juicio de las relaciones de poder que han existido hasta hoy. Es verdad que la izquierda, en general, insiste en una caracterización como ésta; sin embargo, por desgracia, lo que se impuso como narrativa y condiciones de la pugna política ha sido la otra. Cuando se habla de víctimas, por ejemplo, se refiere, en la práctica a las “víctimas de las Farc”. La estrategia paramilitar, de la cual son sólo una expresión los grupos paramilitares, parece haber quedado en un pasado olvidable, como si la ley de sometimiento de Uribe hubiese sido la primera cuota del esfuerzo de paz.
En fin, el acontecimiento que estamos viviendo y que condujo a la consulta ha quedado como un simple trámite para el desarme de un grupo armado ilegal. Pese a la magnificación que han intentado tanto Santos como las Farc. El primero para vender la idea de paz (nacional e internacionalmente) indispensable para la atracción de inversión extranjera y de la “ayuda” de la comunidad internacional tan necesaria en épocas de crisis. Y las Farc, seguras, ellas sí, del significado histórico, para ponderar las virtudes del acuerdo cuyas potencialidades democráticas, a su juicio, solamente necesitarían del esfuerzo ulterior de los movimientos sociales. La realidad, sin embargo, es tozuda. La idea de la gran transformación histórica no ha convencido ni siquiera a la mayoría de los votantes por el sí. No fue posible vencer el escepticismo, sobre todo el de quienes creen que todo es una nueva mentira y nada va a cambiar.

 

 

 

Las razones ocultas del No

 

Son, pues, estas circunstancias del contexto político las que explican también buena parte del voto por el No. Es cierto que el Sí triunfó en las áreas rurales, especialmente las más afectadas por el conflicto, y el No en las grandes ciudades con la notable excepción de Bogotá. Pero no es una constatación propiamente tranquilizadora. La reacción rural no forzosamente corresponde a una comprensión del hecho histórico, en los términos en que acabamos de proponerlo, sino más bien al desgaste producido por tantos años de dolor. Salvo algunas contadas excepciones, es posible que tal reacción se acerque a la actitud de quienes piensan que es preciso intentar la paz, de una vez por todas. Como sea. Pero más revelador aún es el hecho incontrovertible de que, rural o urbano, el número de votos por el No haya sido tan alto. Sin ninguna consideración pragmática y corriendo el riesgo de una prolongación de la guerra. Algo tiene que haber en la mentalidad del pueblo colombiano. La campaña publicitaria del Uribismo (por cierto menos poderosa, en un hecho sin precedentes, que la propaganda oficial y de muchas empresas nacionales y extranjeras) debió incidir en alguna medida, pero ¿qué razones hicieron que cayera en un terreno fértil?

 

Dadas las circunstancias mencionadas, es claro que incluso la motivación del Sí era débil. Basta releer las declaraciones de los políticos y las columnas de muchos de los que consideramos demócratas y progresistas. ¡Queremos desarmar las Farc! Como sea. Aunque tengamos que “tragarnos algunos sapos”. Pero la mayor contribución al No, la hizo la campaña oficial del Sí. En efecto, Santos presentó siempre, hábilmente, el voto afirmativo como un respaldo a su gestión de Gobierno. Escaso efecto tuvo la campaña desesperada de la fracción del Polo que acuñó la consigna “plebiscito Sí, Santos No”. De manera que la oposición terminó canalizada por el uribismo. Y éste, a su vez, tuvo la inteligencia de confundir sus críticas al Acuerdo con las críticas a las políticas de Santos.

 

Muchos de los temas ni siquiera estaban en el Acuerdo, por lo menos como puntos fundamentales. Tal el caso de la “ideología de género” que se apoyaba, más bien, en la ridícula disputa de las cartillas. O la amenaza de la reforma agraria que, en realidad, tenía que ver con la aplicación de la Ley de víctimas y restitución de tierras. Y lo más impactante en relación con los temores de los trabajadores: la reducción de las pensiones que tiene que ver, en verdad, con el anuncio de comenzar a gravarlas, y los incrementos de impuestos que no demoran en decretarse por cuenta de la reforma que se acaba de presentar. Casi no hubo tema de la política económica y social, pasada y futura, que no se le cargara a la cuenta del Acuerdo. Entre tanto, Santos mentía descaradamente, pregonando que el fin del conflicto traería un escenario paradisíaco. La única excepción ha sido el asunto de la “impunidad”, que no hubiera tenido tanto éxito si no fuera por las circunstancias en que se propuso la negociación. En términos pedestres, una discusión sobre el tamaño del “sapo”.

 

El revoltillo, bien organizado, tuvo éxito. Entró en sintonía con los fundados temores de los sectores populares. No se tiene en cuenta, por supuesto, que ya existe una enorme crisis fiscal; el recorte del gasto público y el incremento de los impuestos se atribuyen falsamente a la necesidad de “financiar a las Farc”. Y Santos no está interesado en corregirlo. Lo peor es que la dilación tiende a dar la razón a Uribe en la medida en que ya se están viendo claras las amenazas. Así las cosas era difícil vencer el escepticismo. Y lo es todavía.

 

Hacia una recuperación de la política

 

En fin, utilizando el socorrido tópico, podríamos concluir que los retos que se nos plantean no son pocos. Así como hay una real fatiga con la violencia, que ha dado lugar a una de las mayores movilizaciones de los últimos tiempos, también es cierto que hay una mentalidad que, superficialmente, puede calificarse de “derecha”. Desde la época de Uribe, con sus grandes manifestaciones y sus no despreciables volúmenes de votación. Una ilustración es el rechazo al imaginado engendro del “Castro-chavismo”. Probablemente influye la desastrosa situación en que se encuentra Venezuela, que para los colombianos no es un simple rumor lejano. No es tan generalizado como se cree pero toca un aspecto que, para quienes seguimos buscando una transformación radical de la sociedad, resulta fundamental. Se trata de la necesaria ideación de una posible alternativa social y política.

 

Porque, en realidad, la mentalidad descrita no está exenta de complejidad. No falta allí el rechazo frente a muchas de las características del actual modelo económico. No sería extraño encontrar muchas personas que, simultáneamente, rechazan y enfrentan la gran minería o el latifundio; la especulación financiera o la precarización laboral; las múltiples discriminaciones o la crisis del sistema de salud, y hasta la política económica. Es por eso que el uribismo, al igual que en su momento el fascismo, se presenta, en los discursos, como una derecha populista. El problema consiste, entonces, en que estas personas, que pueden ser muchas, no logran reconstruir en su conciencia el modelo que habría de rechazarse. Y mucho menos alcanzan a representarse la imagen de un orden alternativo. Pero no es imposible. Se trata de retomar los hilos de las resistencias, locales, parciales, individuales, para tejer un amplio movimiento que, abandonando el reivindicacionismo egoísta, esté en capacidad de redefinir la política. Es, entre otras cosas, una condición imprescindible de cualquier proceso popular Constituyente. El punto de partida, eso sí, es una simple y coloquial recomendación: ¡Por favor, no nos digamos mentiras!

Preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas, concejos y consejos.


(Notas tomadas del cuaderno de apuntes del Gato-Perro)

A quien corresponda.


Preguntas sin respuestas:


-Y para las mujeres asesinadas por el “grave” delito de ser mujeres, ¿habrá también burlas, desprecio, acusaciones de que, por exigir un alto a las agresiones y poner, con su sangre, el tema en la agenda no sólo nacional, sino mundial, le hacen el juego a la derecha? Porque no se están muriendo, las están matando. ¿Y si se niegan a aceptar que es un problema que se resuelve atacando la corrupción?, ¿Y si se atreven a decir que el origen de ese odio asesino está en el sistema?, ¿Y si se les ocurre la descabellada idea de hacer a un lado a los hombres en las decisiones vitales (sí, de vida)?, ¿Y si deciden tomar su destino en sus manos? Algo de eso, o todo eso, ¿sería una maniobra gubernamental para evitar qué etcétera?-.


-Y las otras, ¿tendrán que esperar a que la clase política vuelva su encumbrada mirada a uno de los abajo más vilipendiados?, ¿Deben resignarse a ser asesinadas hasta llegar al número que merezca atención?, ¿Y si se organizan, y si demandan respeto, y si deciden que ya basta de que el desprecio que reciben se convierta en muerte?, ¿Se les dirá que su problemática no es prioritaria, que no es políticamente correcta en general, y contraproducente en lo particular de una competencia electoral, que deben sumar y no restar con sus reivindicaciones?-.


-La iglesia progresista, cuyos párrocos, hermanas y seglares son quienes palpan de primera mano, sin intermediarios, el dolor, la angustia y la desesperación de migrantes, de familiares de desaparecidos, de pueblos enteros agredidos, de la rabia por la impunidad, de la frustración por padecer una injusticia hecha ley con toga y birrete, ¿tiene interés en administrar ese dolor en beneficio propio?, ¿qué gana haciendo suyo ese lamento, identificándose con esa rabia? Y si esa visión, construida no sólo frente a amenazas de todo tipo, también arriesgando la vida terrena, ve que no bastan las soluciones que se ofrecen en el horizonte y lo expresa libre y razonadamente, ¿se oponen así, siendo lo que son y obrando en consecuencia, a un cambio real?-.


-Si la sola posibilidad de existencia ciudadana (con todos sus derechos y obligaciones), de una mujer indígena, hace que “retiemble en sus centros la tierra”, ¿qué pasaría si su oído y su palabra recorrieran el México de abajo?-.


-A usted que lee esto, ¿le molestaría ver y escuchar un debate entre la Calderona de arriba, con sus ropas “típicas” de marcas exclusivas, y una mujer de abajo, indígena de sangre, cultura, lengua e historia?, ¿Le interesaría más escuchar lo que prometa la Calderona o lo que proponga la indígena?, ¿No querría asomarse a ese choque entre dos mundos?, ¿No estarían, de un lado, la mujer de arriba, nacida y criada con todas las comodidades, educada en el sentimiento de superioridad de raza y color, cómplice y pretendida heredera de un sicópata aficionado al alcohol y a la sangre, representante de una élite que lleva a la destrucción total a una nación, señalada por el mandón como su vocera; y en el otro lado, una mujer que, como muchas, se forjó trabajando y luchando todos los días, a todas horas y en todos los lugares, no sólo contra un sistema que la oprime como indígena, como trabajadora y como pobre, también como mujer, que se enfrentó y ha enfrentado a un sistema reproducido a imagen y semejanza en los cerebros de los varones y de no pocas mujeres, que con todo en contra, hoy, sin saberlo todavía, tal vez tenga que representarse ya no sólo a sí misma, o a su colectivo, o a su pueblo, tribu, nación o barrio originario, también tenga que aspirar a representar a los millones de mujeres diferentes en lengua, color y raza, pero iguales en el dolor y la rebeldía?, ¿No estarían, por un lado, una mujer criolla, blanca, símbolo de la opresión, la burla, el escarnio, la impunidad, la impudicia; y del otro una mujer que tendrá que levantar su esencia indígena por encima de un racismo que permea todos los estratos sociales?, ¿No sería verdad que, sin apenas darse cuenta, dejaría usted de ser espectadora, espectador, y desearía, desde lo más profundo de sus sentimientos, que en ese debate venciera, en buena lid, la que tiene todo en contra?, ¿No aplaudiría que con esa mujer indígena ganara la razón y no la fuerza del dinero?-.


-¿Le preocupa que la mujer indígena no sepa hablar bien el español, pero no que el actual titular del ejecutivo federal no sepa hablar, punto?-.


-¿Qué tan sólido estará el sistema político mexicano, y qué tan fundamentadas y consistentes son las tácticas y estrategias de los partidos políticos, que basta que alguien diga públicamente que está pensando algo, y que le va a preguntar a sus demás iguales qué piensan de lo que está pensando, para que se pongan histéricos?-.


-¿En qué medida la propuesta de que un concejo (con “c”) indígena de gobierno, es decir, un colectivo y no un individuo, sea el responsable del ejecutivo federal, apuntala -el -presidencialismo- se- hace- cómplice- de- la- farsa- electoral-contribuye-a- reforzar-la-democracia-burguesa -le- hace- el- juego- a- la- oligarquía- y- al- imperialismo-yanqui-chino-ruso-judeoislámico-milenarista,- además- de- traicionar -los-altos-principios- de- la- revolución- proletaria- mundial?


-¿Debemos seguir la inercia de la clase política, cabezas “pensantes” y saltimbanquis de todo tipo, y responder a las críticas infundadas y a las que, con fundamentos, nos cuestionan y provocan pensar, con descalificaciones que, además de ser ociosas, ya aburren (como peñabots, paniaguados, pejezombis, perderistas, etceteristas)?-.


-Idea para hacerse millonario (o para conseguir paga para la recolección de firmas y la campaña -oh, oh, parece que va en serio-): una aplicación que autocensure en tuiter cuando se escribe una tontería. Eso, porque las capturas de pantalla no van a perdonar una. ¿Eh?, ¿Ya se les había ocurrido Bueno, pues se mochan, porque cuando el CNI nos autorice a explicar, borrar esos tuits va a ser inútil-.


-Clasificación de la primera semana:


Finalista al mejor meme: El Deforma (lo que tampoco tiene mucho mérito, porque El Deforma es como el Barcelona F.C. de los memes)


Finalista al mejor tuit de sospecha fundamentada: “A mí lo que me parece más sospechoso es que el #EZLN siempre se pone de moda en tiempo de frío y luego salen bien caros los putos pasamontañas”.


Finalista a la mejor serie de tuits sobre el tema: “Oigan, y a todo esto, ¿los zapatistas usan Twitter?. Pregunto porque aquí estamos regañándolos, burlándonos, haciendo escarnio de ellos. Diciéndoles, ordenándoles lo que pueden y deben hacer y no y si ellos ni en cuenta, y si ni nos pelan, pues es como masturbarse viendo, excitados, una caja de cereales, oiga, ojo: No olvidar borrar esta serie de tuits. ¡Warning! Su cuenta de Twitter ha sufrido el ataque de una captura de pantalla-.


-Oiga, un consejo (con “s”) en buen plan: no le caería mal un curso de comprensión de lectura, oiga. Y ya entrados en letras, oiga, uno de redacción... manque sea con el limitado horizonte de los 140 caracteres, oiga-.


-Máxima no confuciana: “aunque parezca increíble, parece que hay no uno, sino muchos mundos fuera de las redes sociales”. Defensa Zapatista, Chicharito Hernández y Lionel Messi.


No sé cómo rayos fue a dar ese balón a mi champa, el asunto es que detrás de él llegó una niña de... ¿cuántos años?. Calculo que entre los 8 y los 10, que en comunidad pueden ser años o décadas. No es la primera vez que el tono irreverente y alegre de la niñez zapatista irrumpe en el solitario cuarto que, a veces, me hospeda, así que no hice mucho caso y seguí revisando y leyendo la tormenta en redes sociales y medios libres y de paga. Y no me hubiera percatado de la presencia de la niña si no hubiera dicho, con voz conocedora: “es como lo del Chicharito y el Messi”. Entonces me di cuenta que la niña estaba mirando, por sobre de mi hombro, la pantalla de la computadora portátil. Recordando la vieja máxima de que el mejor ataque es la defensa, le pregunté: “¿Y tú quién eres?, no te conozco”. La niña respondió: “Yo me llamo Defensa Zapatista” con el mismo tono de obviedad que si dijera “energía igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado”. Y, señalando la pantalla, agregó: “El Chicharito no juega en el Barcelona y el Messi no juega en los Jaguares de Chiapas”. Me volví para mirar si había cambiado, sin darme cuenta, de hashtag, pero no, en el encabezado se leía “#ezln”. Lo que ocurre en la cabeza de una niña zapatista es, más que un mundo, un Big Bang en continua expansión, no obstante, le pregunté: “¿Y qué rayos tiene que ver eso?”. La niña respondió con la misma cara con que se dice “No sabes nada, John Snow”:


“Ahí es como si están criticando que el Chicharito no mete goles en el Barcelona y que el Messi no hace nada para que los Jaguares suban puntos. Y unos dicen que el Chicharito va a recuperarse, otros que ya valió. Unos dicen que el Messi está triste porque no lo apoyan en el país que nació, otros dicen que es que le aprieta el zapato y si cambia de zapato ya le va a pegar bien a la pelota”.


Pero tras que Chicharito no juega en el Barcelona ni Messi en los Jaguares. O sea que de balde se ponen bravos.


Yo estaba valorando el cambio de paradigma que suponía el razonamiento de “Defensa Zapatista”, cuando ella empezó con: “Oí Sup, ¿por qué no se organiza un partido de futbol cuando vengan los que son como somos acá?. Bueno, no lo hemos completado el equipo y luego el Pedrito se cree muy machito el muy maldito, y el gato-perro pues acaso obedece las órdenes, el caballo choco seguido se queda dormido, y los demás jugadores, pues en veces llegan y en veces se van.


“Mira, yo ya lo pensé la canción de cuando gánemos la final. ¿Tú lo sabes la tonelada?, ¡Qué vas a saber si eres sup!. Entonces te aconsejo que lo estudias las ciencias y las artes, y así pues claro te queda que el problema está en que Chicharito no juega con el Barcelona, ni Messi con Jaguares, y entonces pues ya no preocupas y a volar cuervos que te sacarán los ojos. Ya me voy porque no se ha completado el equipo y qué tal que nos toca como quien dice la inauguración”.


Ya en la puerta, la niña volteó y me dijo: “Oí Sup, si llegan mis mamaces y preguntan si me viste, tú lo dices claro que Chicharito no juega en el Barcelona ni Messi con los Jaguares. O sea que como quien dice no digas mentiras, porque las mamaces lo saben luego que estás mentirando. Entonces lo que tienes que hacer es cambiar la jugada, o sea que haces como que vas para allá, pero nada, que vas para acá. Si quieres te lo explico luego, pero primero estudia, porque si llegas en la escuela autónoma te van a burlar, peor el Pedrito, porque el muy maldito ya acabó la primaria y se presume. Pero ya va a ver que yo también termino y anda vete, a volar cuervos que te sacarán los ojos. Del equipo, no preocupas, ya vamos a ser más. De repente dilata, pero sí, ya vamos a ser más”. Se fue la niña.-.


Llegó el SubMoy y me preguntó: “¿Ya tienes el texto de la explicación?”.


-“No, pero el Chicharito no juega en el Barcelona ni Messi con los Jaguares”, le respondí siguiendo el consejo de “Defensa Zapatista”-.


El SubMoy me miró y tomó su radio comunicación y ordenó; “manden a alguien de sanidad con una inyección”. Yo corrí, ¿qué otra cosa podía hacer?-.


Guau-Miau.


SupGaleano.

 

 

Publicado enPolítica
La solución está en La Constituyente por la paz.

Hay que defender en su integridad el Acuerdo de paz de Cartagena. Permitir su alteración es desconocer la generosidad de la resistencia campesina revolucionaria.

Calma y paciencia. No hay que caer en la trampa santista de las peligrosas velocidades para dar golpes de mano; tampoco hay que dejarse intimidar del paramilitarismo uribista.

La oligarquía quiere sortear la crisis de su régimen político con pactos de las camarillas oligárquicas para apuntalar su régimen representativo elitista causante de la abstención y la manipulación politiquera del santísimo y la ultraderecha.

Ante el fracaso del plebiscito y los desastres que está ocasionando, la solución es la convocatoria de una Asamblea Constituyente soberana por la paz, tal como lo propuso la delegación de las Farc desde el 20 de diciembre del 2013. Esa es la premisa para dar curso a la terminación de la guerra civil.

Una Constituyente debe ser el fruto de una amplia coalición por la paz, tal como la que se impuso en la segunda vuelta presidencial del 2014.

Las falsas alternativas.

Para destrabar el proceso de paz con las Farc se están sugiriendo varias alternativas.

Su implementación seria francamente un retroceso que destruiría el Pacto de paz de Cartagena, afectando seriamente el trabajo realizado por casi cinco años en La Mesa de La Habana para dar termino al conflicto social y armado de casi 60 años de existencia.

Unos proponen utilizar las facultades presidenciales en materia de orden público, que es como entregar un cheque en blanco para que la elite plutocrática representada por Santos, disponga a su amaño del país y el Estado.

Otros sugieren transitar la vía parlamentaria ordinaria para aprobar leyes con los consensos alcanzados en Cuba, que seguro será utilizada por la corrupta clase política para seguir con el saqueo del Estado, utilizando la bandera de la reconciliación.

Hay quienes plantean fortalecer la mediación y poderes de un organismo internacional, lo que significaría la entrega de la soberanía patria al Departamento de Estado y las grandes corporaciones gringas y Europeas.

Desde otro ángulo están quienes postulan decisiones de la Corte Constitucional para dar curso a los pactos alcanzados, que no es más que facilitar la venganza del podrido sistema judicial contra la justicia especial de paz.

Un pacto oligárquico tipo Frente Nacional.

En el trasfondo esta perfilada la vieja fórmula de un pacto tipo Frente Nacional entre los clanes oligárquicos, para readecuar el régimen político contramayoritario a las presiones populares y demandas ciudadanas para alcanzar la paz con derechos y justicia social.

Sería el retorno implacable del sistema representativo elitista, que ha implicado, entre otras cosas, un alto nivel de abstencionismo, una cultura política construida por los medios y por las redes sociales, la confianza de los ciudadanos en “gerentes” para administrar lo público, y un ejercicio de la política en el que los partidos no promueven la participación, no se preocupan por la gente que no vota, sino que aspiran a obtener la cantidad de votos requeridos para acceder a sus representaciones, en una carrera política en la que aplican la competencia propia del sistema económico capitalista, al igual que ocultan y tergiversan (http://bit.ly/2dRQe0K).

Ese el alcance de las reuniones de compadres de Santos con Uribe, Pastrana y Ordoñez

Es la peor vía para resolver la crisis de legitimidad del régimen político expresado en las altas cifras de abstención en el plebiscito, equivalentes al 63%; en la pequeña diferencia entre el SI y el NO; y en la descarada manipulación clientelar, antropológica y mediática, tanto de la ultraderecha fascista como del oficialismo santista.

Es el camino de la exclusión del pueblo y los movimientos sociales, para superar la crisis sistémica que afecta a la nación.

Otra vez la paz exprés con Premio Nobel.

Pero, si tal esquema es un desastre, no lo es menos la idea de acelerar unos acuerdos para destruir el Pacto de paz de Cartagena.

Santos necesita llegar al 10 de diciembre, fecha en que se le entregara el premio nobel, con una formula salvadora que satisfaga los poderes globales volcados en imponer una paz neoliberal para favorecer el extractivismo minero y la agroindustria de la Altillanura.

Santos necesita una paz exprés para anular las conquistas democráticas consagradas en los consensos fundamentales de La Habana.

Por eso se necesita advertir con alarma sobre estas velocidades oficialistas.

Son una trampa fatal.

De las carreras no queda sino el cansancio.

Calma, paciencia y ponderación es lo único que se le debe pedir a las partes honestamente interesadas en una paz democrática con apertura al pueblo y sus demandas.

Santos impuso su plebiscito y ya conocemos el resultado. De nada sirvieron las advertencias y observaciones argumentadas. Y quien cometió el error debe asumir las consecuencias. Ahora no puede aparecer muy fresco y orondo como si nada.

Convocar la Constituyente de la paz. Los 12 puntos de las Farc.

La delegación plenipotenciaria de las Farc/EP siempre coloco sobre la Mesa de diálogos la idea de convocar y realizar una Asamblea Constituyente soberana por la paz.

Desde el gobierno se le descalifico y estigmatizo con tesis muy débiles, siempre para realzar el infausto plebiscito.

Hoy se dice que la Constituyente es un salto al vacío.

Que su funcionamiento destruirá lo acordado.

Sin observar que quien llevo a ese fatal resultado fue el malogrado plebiscito santista, dejando por el suelo toda la baba de De La Calle y sus juristas despistados, a propósito de la Ley que ordeno realizar la consulta del pasado 2 de octubre.

La Constituyente soberana y popular por la paz es la salida más conveniente para los intereses mayoritarios del país y para proyectar las salidas a la descomunal crisis en que se debate la nación.

Ya las Farc plantearon desde el 20 de diciembre del año 2013 un conjunto de iniciativas para convocar y elegir una Constituyente.

Conviene recordarlos e insistir en ellos.

1.- Ante la amplitud de los temas que se discuten en la Mesa Conversaciones de La Habana, la única solución posible para su refrendación, es una nueva asamblea constituyente conformada de forma amplia, democrática y participativa.

2.- Esta nueva constituyente se convocaría como máxima expresión de la población colombiana como soberana de la Nación.

3.- Para ello se propone el establecimiento de un “Gran acuerdo político nacional para una Asamblea Nacional Constituyente” que se encargará de gestionar la conformación de la nueva constituyente, así como de establecer los criterios para el logro de la más amplia movilización y participación social y popular.

Todo esto a partir de concertar propósito y principios, naturaleza, composición, materia y alcances legislativos de la Asamblea.

4.- También proponen promover una movilización social por una nueva Asamblea, para lo cual el Gobierno deberá “activar los dispositivos comunicacionales a que hubiere lugar, incluida su financiación”. También se procurará estimular la participación de los sectores sociales excluidos, discriminados y segregados.

5.- Aclarando que “el alzamiento armado de la guerrilla no ha sido contra un gobierno en particular, sino contra el Estado en su conjunto”, el Gran Acuerdo Político se encargaría de comprometer a todos los poderes públicos, sin perjuicio de las facultades y funciones que les han sido conferidos. Esto como muestra de la voluntad del Estado frente a este tema.

6.- Con el fin de darle viabilidad jurídica y política, la convocatoria de esta nueva constituyente se haría conforme a las normas vigentes relacionadas con este tema.

7.- Este punto establece el propósito y principios bajo los que actuaría la nueva constituyente, definiendo su resultado como “el verdadero acuerdo de paz, justo y vinculante”. Dentro de estos principios se incluye una normatividad para la paz y el respeto a los derechos consagrados en la constitución de 1991.

8.- La nueva Asamblea tendría como objetivo elevar a nivel de mandato constitucional los acuerdos que se alcancen en el proceso de paz, pero en consonancia con lo que decida la población colombiana.

9.- La nueva asamblea estaría conformada por 141 integrantes de todos los sectores de la sociedad. Entre ellos habrá una porción integrada por las fuerzas que se han alzado en armas contra el Estado, cifra que sería establecida al momento de discutir los mecanismos de refrendación del acuerdo de paz.

10.- Los integrantes de esta asamblea serían escogidos popularmente en dos partes. Una a nivel nacional y otra por circunscripciones especiales de los sectores más excluidos como los campesinos, indígenas, afrocolombianos e integrantes de las comunidades Lgbti.

La parte integrada por los excombatientes guerrilleros será elegida por designación directa de cada guerrilla.

11.- El objetivo de esta nueva constituyente, con respecto a las Constitución de 1991, sería “de perfeccionar diseños actuales inconclusos, incorporar nuevos y contener cláusulas pétreas en materia de derechos fundamentales y de reconocimiento de derechos de comunidades indígenas y afrodescendientes”.

12.- De la misma forma en que se hizo durante la Asamblea Constituyente en 1991, en esta nueva ocasión, se conformaría un cuerpo legislativo más pequeño que se encargará de emitir las leyes necesarias para la continuidad del funcionamiento democrático del país, hasta que la nueva constitución entre en vigencia.

 

Nota 1. La campaña por la Presidencia de la Republica despego el pasado 2 de ocutbre, con Uribe en la punta por una pequeña ventaja. Se trata de la primera vuelta. Pero como en el 2014, las votaciones de mayo del 2018 validaran las mayorías contra la guerra.

Nota 2. La paz se defiende y consolida con la más amplia movilización y participación de los movimientos sociales comprometidos en la apertura democrática y los logros de los consensos alcanzados en La Habana.

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Partido de los Trabajadores: la confirmación de un suicidio político

Lo que las elecciones del pasado domingo en Brasil atestiguan es que el PT no es sólo víctima de un golpe de Estado parlamentario a nivel federal, de los ataques certeros de una derecha inescrupulosa y del imperio mediático. El PT es, sobre todo, víctima de sí mismo.

 

Los proyectos políticos no son lo que se pone en un papel. No son los programas que se presentan en elecciones. Proyectos políticos son previsiones de sociedad, es decir, de modos de regulación de la vida común. Se van buscando, construyendo, puliendo, insinuando antes o incluso más allá de lo que se explicita. A veces incluso hay que descifrarlos. A veces no se los encuentra porque de tan erráticos acaban por perderse.


Éste es el momento en que un proyecto político pierde su combustible, pierde el aire que lo mantiene vivo: el momento en que ya no tiene más legitimidad. Muchas veces persiste como un zombi, porque su legitimidad se la da aquello que lo niega; respira el aire de otro y ya no vive más por razones propias; se ha convertido en su negación. Y se vuelve un zombi sobre todo porque no se da cuenta de nada de eso. No se trata aquí de reivindicar alguna clase de fundamentalismo (y la consecuente negación de las mudanzas coyunturales), como un cierto izquierdismo, esta “enfermedad infantil”. Antes bien, se trata aquí de reivindicar la capacidad de darse cuenta.
Derrumbe electoral
El domingo 2 de octubre hubo comicios municipales en Brasil, para elegir alcaldes y concejales. Los resultados muestran el cuadro político del país y, sobre todo, el derrumbe del Partido de los Trabajadores (PT). La formación “progresista” que condujo la gobernación federal en los últimos 13 años perdió un 60% de los gobiernos locales que tenía, igual porcentaje en el número de votos, y ganó una sola capital de provincia, en el poco significativo Estado de Acre, en Amazonía.
En el total de los municipios, el PT quedó como décimo partido en el número de gobernaciones. Entre las 90 ciudades más grandes, el PT bajó de 14 a una sola alcaldía hasta el momento (en muchas de estas ciudades habrá segunda vuelta dentro de un mes, en las que el PT puede llegar como máximo a siete alcaldías). En la mayor ciudad del país, San Pablo, el PT cosechó su peor resultado electoral en 20 años, además de haber sido prácticamente barrido de su propia cuna, las ciudades industriales del alrededor de esta metrópolis.
Su contrincante más feroz, la derecha del PSDB creció un 13% en número de alcaldías, mientras que su más fiel aliado a la izquierda, el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), creció un 48% y pasa de ser insignificante a tener, a nivel de los gobiernos locales, un tercio del tamaño del PT. Aunque hayan recibido menos votos que en las elecciones locales anteriores, los comunistas lograron ganar más donde menos se esperaba: en las pequeñas ciudades.
Los resultados son claros: además del derrumbe electoral, el PT demostró ya no tener más capilaridad y presencia política a nivel local. Uno podría decir que esto ha sido el resultado final de una furiosa campaña mediática (como si los medios fueran todo y tuvieran un poder absoluto, incluso en las comunidades locales, donde los circuitos interpersonales de relación son más significativos). Pero, si uno mira más detenidamente, va a constatar que esto ha sido más bien la consagración de una tendencia electoral que ya se había mostrado en los comicios parlamentarios nacionales y para las gobernaciones de provincia de hace dos años: la credibilidad del PT va en caída sostenida, ya no hay mayores proyectos políticos aglutinantes de transformación social, la dispersión partidaria dio paso al refugio personalista, la política perdió ideas e ideales, el “cambio” se volvió un sello vacío de significado, un signo estrictamente retórico.

En términos de credibilidad política, cuatro años atrás era todo lo contrario. El discurso muy superficialmente distribucionista del PT se plantaba como panacea imbatible. Las permanentes y sistemáticas jugadas de los grandes medios en contra del gobierno tenían efecto cero. La derecha no tenía por dónde atacar y no disponía de discurso alternativo a las verdades rosadas que habían logrado eliminar toda preocupación sobre la ciudadanía y los derechos, en nombre del pleno empleo y de las maravillas del consumo. De postre, los caranchos (carroñeros), aliados de la vieja política, que cuatro años después no tendrían ni escrúpulos ni misericordia con Dilma Rousseff, estaban apaciguados y contentos con sus prebendas, el núcleo duro del esquema de corrupción que ya involucraba al PT y se metastasiaba a todo el Gobierno y todo el sistema político por medio del mecanismo de financiación empresarial de las campañas, cosa que el PT jamás se dispuso a desafiar (al igual que el oligopolio de los medios).
El turning point ha sido el de las jornadas de protesta de junio de 2013, a las que el PT, sus ideólogos y simpatizantes siguen negando cualquier significado que no sea el de una insondable rebelión espontánea de las clases medias conservadoras (los coxinhas) o si no el de una conspiración de la CIA (del estilo de las revoluciones de colores), cuando todo iba bien. Los científicos sociales, de otra parte, las han diagnosticado como síntoma de una crisis (hay incluso quien habla de “colapso”) de la representación. Hacia aquel entonces, el PT había abandonado la organización y movilización social como espacio de acción política, al igual que el diálogo con los movimientos sociales, y se había cobijado en los palacios, desde donde la “transformación social” respondía a las órdenes de los tecnócratas. Lo que pasa es que esta “transformación social” de los burócratas y tecnócratas no tenía mucho que ver con las expectativas y necesidades de la gente de la calle, que salió a manifestar su enojo.
Con arrogancia, el PT no hizo ningún esfuerzo por tomar en serio esta inquietud, igual que hoy no lo hace, absolutamente convencido de que sus verdades rosadas encierran la única posibilidad viable de “transformación social”, y que toda su obra ha sido la construcción del paraíso. Todo lo demás, para la gente del PT, es izquierdismo delirante o conspiración fascista. En la medida en que el PT se contentaba con una “transformación” cada vez más domesticada y apocada (a punto de adoptar las recetas económicas que teóricamente rechazaba), abandonaba también un proyecto de transformación y se volvía un partido como otro cualquiera. En el momento en que añadió a esto su indulgencia y participación en la corrupción, dio prueba definitiva de que traicionaba las razones por las que quiso llegar al poder.
Lo que siguió ya se sabe. La derecha lo percibió: el PT estaba abandonado a su suerte. Desde entonces, exactamente al contrario de lo que pasaba cuatro años antes, cualquier acusación que se le hiciera resultaba creíble, o al menos venía a propósito del enojo. El Gobierno de Dilma Rousseff, en honor a su espeluznante sucesión de equivocaciones, cayó como un fruto demasiado maduro que está en el árbol. Bastaba que lo tocara un palo. Un Parlamento de oportunistas y sospechosos lo hizo caer. La gente que mayormente condenó la destitución lo hizo antes que nada en aras de la defensa de las reglas democráticas (algo demasiado abstracto para el pueblo) y contra el oportunismo de bandidos, pero no en la defensa del PT y su Gobierno.
A causa del golpe parlamentario y de las protestas en defensa de la democracia, una cierta corriente de opinión, más cercana al anterior gobierno del PT, aglutinada en los medios digitales, dio paso a una aventura discursiva de carácter primeramente caricaturesco: insistir de modo obsesivo en los posibles (o insinuados) rasgos autoritarios del nuevo Gobierno, de manera que se reiterara una narrativa consagrada por la historia reciente: de un golpe de Estado sobreviene un gobierno autoritario.
Hay que asegurar discursivamente que, en última instancia, la derecha va acompañada de algo de olor a fascismo, lo que muchas veces llega a ser cierto, pero no exclusivamente, como lo demostró el neoliberalismo, la más radical absolutización del liberalismo. Esta operación discursiva tiene dos objetivos implícitos: uno, poner el PT estrictamente en el lugar de víctima de atormentadores feroces, en el curso de una conspiración partidaria; y dos, al hacer esta reducción, evitar que se ponga en cuestión la lógica del privilegio, cuya manutención es lo que más interesa a la derecha (y no, antes que nada, la imposición de un orden autoritario).
Esta lógica del privilegio el PT la preservó intacta. No debe ser ella el foco de atención. De lo contrario, el reconocimiento de la “obra” del PT se viene igualmente abajo. Sin embargo, para la derecha, son las ganancias proporcionadas por esta misma lógica las que deben ser preservadas, aunque en tiempos de crisis y aunque el PT se mostrara dócil, a cambio de unos cuantos límites, que ahora pueden ser libremente sobrepasados. La absolutización de estos límites, y no el cuestionamiento de la lógica del privilegio, es lo que rige el discurso de la conspiración en los medios digitales “progresistas” brasileños.
Lo que trasluce del resultado de los comicios del domingo es que esta operación discursiva de victimización del PT no va bien. La gente reconoce el nuevo Gobierno como espurio e inepto (al igual que el anterior). En el último sondeo de opinión, divulgado al día siguiente de los comicios, la aprobación del nuevo Gobierno federal no es mucho mayor que la de los peores días de Dilma, y su desaprobación roza el 40% de los ciudadanos. Sin embargo, el PT no se está salvando al satanizarlo. La explicación puede que sea sencilla: la gente no ve grandes diferencias o, al menos, no son las diferencias aparentes las que cuentan.
Como en 2013, el pensamiento “petista” (y de sus acólitos) sigue desconectado. Lo que las elecciones del pasado domingo en Brasil atestiguan es que el PT no es sólo víctima de un golpe de Estado parlamentario a nivel federal, de los ataques certeros de una derecha inescrupulosa y del imperio mediático. El PT es, sobre todo, víctima de sí mismo. En lo más íntimo, él no se ha dado cuenta de que perdió su proyecto. Pero la gente común sí, a su modo (aunque no sea muy claro), lo percibió. Sencillamente, el PT, el actor central del discurso del cambio, perdió la credibilidad para hablar de transformación social, aunque ella misma no haya perdido su legitimidad. De modo general, éste quizá sea el significado más concreto para el así llamado fin de ciclo de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos: sus actores centrales ya no responden bien a las expectativas que ellos mismos han creado.

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Viernes, 07 Octubre 2016 09:31

¡Diálogo popular y territorial ya¡

¡Diálogo popular y territorial ya¡

Los sectores sociales reunidos en torno a la campaña Otra Democracia Si, constatamos la profunda crisis política generada a raíz del resultado del plebiscito sobre los acuerdos de paz firmados entre las Farc-ep y el Gobierno Nacional. La clase política, que es la principal responsable del llamado limbo jurídico-político, ha tratado en sus diferentes vertientes de capitalizar la situación, presentándose como los únicos actores en capacidad de resolverla, escondiendo sus verdaderos intereses.

En esta circunstancia, el movimiento social popular debe retomar la iniciativa y exigir una participación decisiva. Hay que impedir que los diálogos se reduzcan a componendas en las cúpulas, con el riesgo de una dilación que termine agotando el proceso de paz con las Farc-ep e impidiendo el inicio de los diálogos con el ELN. Se requiere exigir una interlocución directa con el gobierno desde los diversos sujetos populares y territorios.

En esta coyuntura no solamente se está jugando el contenido de dichos acuerdos y de los otros procesos de negociación en curso, sino también grandes intereses políticos y económicos que definirán el futuro del país en las próximas décadas. Frente a lo cual el movimiento social popular debe estar alerta y no dejarse distraer en lo anecdótico.

Nos referimos a:

• La grave situación económica de déficit fiscal y de balanza comercial, frente a la cual se quiere imponer un ajuste económico. Ejemplo de ello la reforma tributaria, pensional y otras que se han anunciado. Se pretende abrir un mayor espacio a la profundización de medidas económicas que defiendan los intereses de las grandes corporaciones, megaindustrias, sectores financieros y grandes terratenientes. En general la consolidación del modelo económico neoliberal.
• Un nuevo pacto entre las élites políticas que han excluido históricamente al pueblo pobre, y en la actualidad se llaman santistas y uribistas. Sin duda se le está dando un nuevo aliento a los sectores de la ultraderecha más retardatarios y oscurantistas. En realidad no son los enemigos que han construido los medios de comunicación, sino que son hijos de la misma clase en el poder.
• Introducción en la agenda de negociación de temas que llevan a la sociedad colombiana a un gran retroceso en materia de derechos económicos sociales y culturales.
• La situación de inestabilidad política que facilita a sectores guerreristas posicionarse de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Por lo anterior consideramos que los sectores sociales populares y democráticos debemos cerrar filas en torno a las siguientes iniciativas:

• Creemos que la perspectiva a mediano plazo más apropiada es la conformación de un bloque popular. En esa dirección debería convocarse a una reunión nacional a la mayor brevedad posible para definir una posición y comportamiento frente a la actual coyuntura. El objetivo es configurar un escenario o sector de unidad que tome una clara distancia del gobierno nacional y de las clases políticas, y que se asuma como un actor para la construcción de una paz verdaderamente estable y duradera. En este escenario deberá tener un papel central el movimiento de víctimas.
• Desde este bloque se trabajará por explorar las condiciones de un dialogo nacional que pudiera derivar en un pacto social de todos los sectores sociales, con el fin de evitar la polarización y odio de la sociedad colombiana. Tendrían que discutirse la pertinencia de diferentes formas que pueda asumir ese pacto, entre otras la viabilidad de un Proceso Nacional Constituyente.
• Convocar a un permanente, creciente y cualificado proceso de movilización social nacional, que asentado en una mirada territorial, ponga al centro la agenda social de las organizaciones populares y de los territorios en la perspectiva de una agenda nacional de paz unitaria y popular.
• Realizar una interlocución con amplios sectores de la sociedad, especialmente con la población que se abstuvo de votar, y algunos sectores que votaron No, con el fin de generar espacios amplios de participación, debate y construcción de propuestas de paz con democracia. Es necesario comenzar a construir una estrategia comunicativa que lleve a denunciar las mentiras y mecanismos utilizados por los sectores de la ultraderecha política, religiosa y económica, a fin de impedir que se siga manipulando la opinión.

En consecuencia, ante el fracaso del plebiscito y las amenazas de reducir la alternativa a una componenda entre las cúpulas, exigimos una interlocución popular y regional inmediata con el Gobierno Nacional. Esta interlocución puede ser múltiple, así como sus resultados, incluidos los pactos regionales con el gobierno y las insurgencias.

Siguen firmas

Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia (Comosoc).
Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo (Modep).
Equipo Desde Abajo.
Agenda Caribe
Amautas: Pedagogía Crítica y Formación de Sujetos, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz.
Asociación Ambiental por la Vida de Boyacá.
Asociación Campesina Popular (Asocampo).
Asociación Comunitaria Nueva Esperanza.
Asociación de Campesinos sin Tierra de Sincelejo Sucre (Acatiss).
Asociación de Campesinos y Comunidades sin Tierra del Cesar.
Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño (Asocoetnar).
Asociación de Cultivadores de Frutales La Morenita.
Asociación de Docentes y Trabajadores de la Educación de Sucre (Asodes).
Asociación de Guardianes de La Sierra (Asogiasierra).
Asociación de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Informal (Asoinformal).
Asociación de Mujeres Rurales de Coloso (Amucol).
Asociación de Ovinocultores de Güicán (Güicaove).
Asociación de Productores de Avanzada por el Desarrollo Agropecuario (Asoprovandes).
Asociación Innovadora Tubérculos Andinos Boyacá (Aitab).
Asociación para el Desarrollo Ambiental y Sostenible de Coloso (Asodesco).
Asociación por la Defensa de los Derechos de los Hijos del Pueblo (Addhip).
Asociación por la Dignidad y los Derechos Agrarios (Digniagrarios).
Católicas por el Derecho a Decidir Colombia.
Centro de Formación y Empoderamiento de La Mujer Ambulua.
Ciudadanas Autónomas.
Colectivo de Abogadas de Cartagena.
Colectivo de Expresión Juvenil Kirius.
Colectivo Popular Música y Resistencia.
Colectivo Rebeldía Diversa.
Colectivo Social La Panela Piedecuesta, Santander.
Colectivo Suamena Boyacá.
Comisión Claretiana de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Colombia Ecuador.
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).
Comité Sindical Clasista del Corredor Minero Cesar, La Guajira, Magdalena, Atlántico.
Comités de Obreros y Trabajadores Ignacio Torres Giraldo.
Corporación Arazá por la Justicia Social y Ambiental.
Corporacion Ceeniug.
Corporación Claretiana Norman Pérez Bello.
Corporación Colectivo de Derechos Humanos Tierra de Todos.
Corporación de Derechos Humanos Guasimí Nariño.
Corporación de Mujeres Cordobesas.
Corporación Escuela Sindical y Popular Ignacio Torres Giraldo.
Corporación para la Educación y Autogestión Ciudadana (CEAC) Barranquilla.
Corporación por el Desarrollo, la Paz y la Protección Ambiental (Codepam).
Corriente Nacional Nuevos Maestros por la Educación.
El Salmón Revista de Expresión Cultural.
Escuela de Arte y Desarrollo Humano Mario González Piedecuesta, Santander.
Escuela Popular Akana Warmi Qhispicay.
Federación Universitaria Nacional FUN – Comisiones.
Fundación Aguanile.
Fundación Casa de la Mujer Valledupar.
Fundación Escuela del Saber.
Fundación ExplorArte.
Fundación Familias Unidas.
Fundación IriArtes.
Fundación para la Comunicación y el Desarrollo Social (Fedesol).
Fundación Surcos.
Fundación Vida Digna Buenaventura.
Generación Terranova.
Grupo Derecho y Política Ambiental, Universidad Nacional de Colombia.
Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz (Gempaz).
Grupo Guillermo Fergusson.
Grupo Raíces Irlanda.
Huellas Africanas.
Iglesia Apostólica Guadalupana.
Junta de Acción Comunal Florida San Luis, Ciudad Bolívar, Bogotá.
Mesa Ecuménica por la Paz.
Minga Urbana Bakatá.
Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Araurayú.
Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Painwashi.
Organización de Mujeres Olla Comunitaria de Montería.
Organización de Mujeres del Suroriente de Montería.
Organización Juvenil Rastros.
Organización Toumain.
Red Caribe por la Paz.
Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribes y de la Diáspora capítulo Colombia.
Red de Mujeres del Caribe Colombiano.
Red ¡Párala Ya! Nada Justifica la Violencia contra las Mujeres Valledupar.
Red Rojo y Violeta.
Revista Viento del Sur.
Servicio de Paz y Justicia en América Latina.
Sindicato de Trabajadores de Uniminuto (Sintrauniminuto).
Sintraime seccional Soledad, Atlántico.
Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte de Colombia (SNTT).
Sintraime seccional Soledad (Atlántico).
Sintramienergética Seccional Codazzi (Cesar).
Unión Sindical de Trabajadoras de los Hogares de Bienestar (Ustrahbin) Córdoba.
Wayuumunsurat Mujeres Tejiendo Paz.

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Martes, 04 Octubre 2016 06:13

Crece la resistencia negra en Brasil

Crece la resistencia negra en Brasil

El 25 de agosto se publicó el “Mapa de la Violencia 2016” dedicado a los homicidios con armas de fuego en el año anterior, con datos que resultan nuevamente abrumadores. El estudio se elabora anualmente desde 1980 y constata que entre ese año y 2014 murieron en Brasil casi un millón de personas por disparos con armas de fuego (967.851). El primer relevamiento, tres décadas y media atrás, arrojó 8.710 personas muertas, que crecieron hasta 44.861 en 2014. Aún considerando el crecimiento de la población, les escalada es impresionante.


La evolución de los homicidios indica que entre 1980 y 2004 hubo un crecimiento sostenido que se frena ese último año –cuando se adoptan medidas de control de armas de fuego- y vuelven a crecer en 2012, cuando se dispara la crisis social y política en el país. Las diferencias raciales son tremendas: mueren 36 negros cada cien mil habitantes, mientras las muertes de no negros son menos de la mitad, 15,2.


En 2012 se registra, además, un importante crecimiento de los escuadrones de la muerte y una creciente legitimación de la represión policial a través de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en las favelas de Rio de Janeiro. El papel de la Policía Militar es nefasto, siendo una de las grandes responsables de los asesinatos de negros, al punto que las Naciones Unidas recomendaron la supresión de la Policía Militar, cuerpo que se considera no reformable.


Por regiones, el Nordeste pobre y negro marcha a la cabeza de muertes por homicidios, mientras el sureste blanco y de clases medias muestra índices decrecientes de violencia. En todo el país, el 94% de las víctimas son hombres negros jóvenes. En el período 1980-2014 el crecimiento de las muertes violentas de jóvenes fue de 700%. Actualmente más de la mitad de los homicidios son de menores de 30 años. Peor aún: en el mismo lapso las muertes violentas de blancos cayeron un 26% mientras las muertes violentas de negros crecieron un 47%. Mueren 2,6 veces más negros que blancos.


No todas las personas tienen acceso a armas de fuego. En Brasil la población blanca tiene ingresos 75% superiores a las no blancas. Los sectores privilegiados tienen una doble seguridad, pública y privada, mientras los habitantes de las periferias tienen apenas la “seguridad” que les ofrece la Policía Militar.


Hamilton Borges, inspirador y organizador de la campaña Reaja ou será morta, Reaje ou será morto (Reaccina o serás muerta, reacciona o serás muerto) sostiene que “nosotros mismos debemos construir las salidas para los problemas que nos consumen”. Lo dice en referencia a la infinita cantidad de ONGs que lucran con los dolores de la pobreza, la violencia racista y machista.


Se dirige a sus hermanos negros para que dejen de usar armas, ya que una parte considerable de los homicidios se producen por enfrentamientos entre pobladores negros: “Necesitamos fortalecernos entre nosotros porque el enemigo de ojos azules se fortalece cada vez que usted dispara a su hermano, cada vez que se dobla ante el patrón del partido, del barrio rico, del gobierno y la entidad que nos financia con migajas”.


La campaña Reaja sale a las calles para enfrentar el racismo y la violencia policial, a la vez que toman distancia y denuncian el circo electoral que vive el país, con motivo de las elecciones municipales y de los gobiernos estaduales de octubre. La campaña nació en el estado de Bahia, donde la policía asesina diariamente habitantes de las favelas y barrios periféricos, hace once años y se define como una organización política panafricanista, nacionalista negra, quilombola* y de acción comunitaria. Todos los años organizan una Marcha contra el Genocidio del Pueblo Negro, apoyan las organizaciones de solidaridad con los presos y se solidarizan con las luchas populares.


Uno de los aspectos más interesantes de esta nueva militancia de base negra, es el apego al trabajo comunitario de base y, como señala Borges, “nos negamos a cualquier artificio mental para ennegrecer las estructuras blancas a nuestro favor, porque tenemos nuestras propias estructuras de política, de pensamiento y de historia”.


Andreia Beatriz Silva dos Santos, médica y militante, coordinadora de la campaña Reaja, dijo en la marcha de 2014: “Lo que la gente está queriendo, mediante estas movilizaciones del pueblo negro y de la lucha por defender la vida, es fortalecer las voces que han sido brutalmente silenciadas por la violencia”.


Se trata de una nueva generación de hombres y mujeres de las periferias y las favelas, con mayor formación y acceso a la información, con conocimiento más profundo de la realidad negra, del país y del mundo. Por todo eso y por la ética que encarnan, colectivos como Reaja, están cambiando el lugar de la población negra en un país profundamente racista como Brasil. El actual avance de la derecha es, entre otras cosas, una reacción al creciente poder del pueblo negro.


*Habitantes de los quilombos o palenques.

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Martes, 20 Septiembre 2016 18:06

La economía solidaria

La economía solidaria

 

 

Edición 2016.Formato 11,5 x 17,5 cm. 151 páginas.

P.V.P: $17.000  ISBN: 978-958-8926-25-4

 

Reseña:

La economía solidaria integra las dimensiones económicas y políticas de la actividad humana y de la relación social con la naturaleza.Por consiguiente, está constituida por los lazos sociales del asociacionismo, la democracia representativa y participativa, y la solidaridad productiva y distributiva que se basa en la reciprocidad igualitaria.Esta economía traduce la búsqueda de nuevas regulaciones institucionales suceptibles de luchar contra la amplitud intorelable de las desigualdades sociales y de los daños ecológicos. Estas dinámicas, que comenzaron a manifestarse en los colectivos auto-gestionados y alternativos , o en las formas de vida populares en América Latina , son tanto reapariciones como emergencias. En ellas , la referencia a la igualdad y al reconocimiento pasa por la conquista de un poder actuar en la economía , los servicios de proximidad el comercio justo, las finanzas solidarias o las monedas sociales.

El texto que públicamos en este número de Primeros Pasos hace un recorrido por las diversas formas contemporaneas de la economía solidaria y por la potencialidad transformadora de laestructura social, política y económica que ellas comprenden.

 

Jean-Louis Laville. es profesor en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de Paris (CNAM), investigador del Lise ( Laboratorio interdiciplinar para la Sociología Económica, CNRS-CNAM) y del IFRIS (Instituto de Investigación Innovación Sociedad de París), y coordinador europeo del Karl Polanyi Institute of Political Economy.

 


 

Índice.

 

I. Asociacionismo y democracia.

II. Capitalismo y Estado social.

III. Resurgimiento asociacionista incertidumbres democráticas y nuevo capitalismo.

IV. De las prácticas hasta la teoría de la economía solidaria.

Bibliografía.

 

 

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Colombia: “La realidad en los territorios no tiene nada que ver con un escenario de paz”: Gladys Rojas

Gladys Rojas es parte del equipo de trabajo de la Corporación Sembrar, una agrupación de Derechos Humanos con un cuarto de siglo de trayectoria y que se desempeña prioritariamente en el sur del departamento de Bolívar, desde los tiempos más duros de la incursión paramilitar en esa región. Gladys es una luchadora social que inició su compromiso popular hace 30 años, trabajando en la alfabetización campesina. Hasta hoy acompaña a las comunidades agro-mineras en la zona y colabora con las víctimas de violaciones de los DDHH en materia psicosocial.


La Corporación Sembrar se articula nacionalmente con el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, con la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia y con el Congreso de los Pueblos.


-Hoy Colombia está en el centro de la mirada latinoamericana e internacional debido al denominado Proceso de Paz. ¿Cuáles son para ti y para las organizaciones a las que perteneces, las condiciones de una paz genuina para los pueblos de Colombia?


“Puede sonar muy pesimista, pero cuando las y los líderes sociales estamos en terreno, viviendo el día a día junto a las comunidades campesinas, afro, indígenas, esa paz genuina no la percibimos. La realidad en los territorios no tiene nada que ver con un escenario de paz. En las regiones, las causas estructurales que originaron el conflicto social y armado en el país permanecen intactas. No existe ningún interés por parte del Estado colombiano de enfrentar esas causas sistémicas. Por el contrario, el Estado sólo tiene el interés de ‘adornar’ el país para venderlo a los intereses transnacionales. Y ante ese objetivo, el movimiento social e insurgente representa un estorbo. Por eso necesita neutralizarlo a como dé lugar.”


-¿Cuáles son esas causas estructurales?


“Consideramos que existen tres elementos estructurales que nos llevaron al conflicto social y armado. El despojo, la desigualdad económica y la exclusión política. Para nosotros una paz estable y duradera debe superar y resolver estos tres componentes.”


“Todas las reivindicaciones que hemos conquistado han sido mediante la movilización y la lucha. Y eso continuará siendo así.”


-Para reproducirse, el capitalismo requiere de la destrucción incesante de capital. Si, precisamente, el Estado capitalista colombiano subordinado a los intereses pentagonistas, tal como en muchas partes del planeta, busca superar su feroz depresión y crisis mediante el extractivismo destructivo de humanidad y naturaleza, la deuda y la súper explotación del trabajo asalariado, ¿qué confianza tienen de que el gobierno de Santos acabe con las causas sistémicas que iniciaron y mantienen el conflicto en el país?


“Confianza, ninguna. Nosotros reconocemos que los acuerdos de La Habana son un paso importante en la construcción de la paz. Sabemos que significará salvar muchas vidas en Colombia. Sin embargo, la realidad nos indica que al movimiento social nada se nos regala. Históricamente, todas las reivindicaciones que hemos conquistado han sido mediante la movilización y la lucha. Y eso continuará siendo así, si es que deseamos una paz al servicio de los intereses del pueblo colombiano.”


“Falta la participación de las comunidades y de la población”


-En Chile, a inicio de los 90 del siglo pasado, el primer presidente civil post-dictadura, el demócrata cristiano Patricio Aylwin, a propósito de la lucha por la verdad y la justicia por los crímenes de la tiranía cívico y militar, acuñó la infeliz expresión de “justicia...en la medida de lo posible”. La frase de Aylwin, uno de los golpistas más destacados durante el gobierno de Salvador Allende, sigue vigente en Chile a causa de los pactos entre las facciones del poder para tornar intocables a Augusto Pinochet y a los principales artífices y hechores de la más sangrienta dictadura que registra la historia de mi país. ¿Qué ocurre sobre la paz en Colombia en este sentido?


“El Estado colombiano está por la paz, más que ‘en la medida de lo posible’, derechamente ‘a su medida’. Y en el área de los DDHH, según el proceso de los acuerdos de La Habana en lo que compete a la demanda de verdad y justicia, hay un enorme escepticismo y decepción entre las víctimas, debido a que el acuerdo pondrá en total impunidad a muchos responsables de los crímenes cometidos por la fuerza pública. De hecho, este proceso los colocará a salvo. En tal sentido, sentimos que los años de trabajo, lucha y sacrificio en vidas humanas por la búsqueda de la verdad y la justicia, han sido en vano. Muchos militares que logramos llevar a la cárcel a un altísimo precio en vidas, quedarán libres.”


–Entonces, ¿qué clase de paz es la de los acuerdos de La Habana?


“Una paz incompleta. Faltan otros grupos insurgentes que deben ser tenidos en cuenta. Pero, ante todo, falta la participación de las comunidades y de la población colombiana que han vivido los impactos de la guerra y que no han sido consideradas hasta ahora. Si a ello le agregas la no solución de las causas estructurales del conflicto, entonces el camino está por hacerse todavía. Vale señalar que nosotros en relación al próximo plebiscito, estamos por el ‘Sí Y Vamos Por Más’, entendiendo siempre los aspectos antes señalados.”


Se agudiza la represión


-Desde el denominado cese de las hostilidades acordado entre el gobierno y las FARC, entre el 26 de agosto y el 14 de septiembre de 2016, ya han sido asesinados más de una docena de líderes sociales y defensores de los DDHH, y amenazados de muerte muchos más. ¿Qué significan estos hechos cuando se habla de paz?


“Significa que cuando todos están distraídos con el discurso de la paz, las y los líderes sociales y luchadores de los DDHH que continúan su labor en los territorios son presa del paramilitarismo y la fuerza pública sin control que siguen operando en las regiones. En Colombia cada vez que se habla de paz, siempre hay guerra.Pensamos que esperarían los resultados del plebiscito antes de continuar aplicando la represión. Sin embargo, ya prevemos que la represión se agudizará a través de los grupos paramilitares y de la fuerza pública con la excusa de perseguir al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que ahorita será un objetivo importante desde lo militar. En ese marco, el movimiento social y las y los líderes de las comunidades llevamos la peor parte.”


El amor eficaz


-¿Qué madera insobornable forjó al movimiento social en Colombia?


“La construcción cotidiana con las comunidades. Vivir sus alegrías y sus dolores, sus triunfos y derrotas. Nuestra convicción de que otro mundo es posible; un amor infinito por la libertad y la justicia, un amor eficaz.


Ahora bien, naturalmente el mérito no ha sido sólo nuestro. Hemos recibido el ejemplo de los movimientos populares chileno, ecuatoriano, argentino, cubano, venezolano, etc. Aquí existe una retroalimentación permanente que ha fortalecido todo el sentimiento de resistencia en América Latina.”


-Si la solidaridad es la ternura de los pueblos, ¿qué precisan de las y los luchadores sociales del Continente y del mundo en esta hora incierta?


“Que nos sigan acompañando en la creación de esa paz verdadera y necesaria para Colombia, y que perseveremos en el trabajo conjunto de construir una América Latina tal como la soñamos”.

 

Por Andrés Figueroa Cornejo de Resumen Latinoamericano

17 septiembre 2016

Publicado enColombia
Sábado, 17 Septiembre 2016 07:24

Black bloc como táctica y excusa

Black bloc como táctica y excusa

En las últimas semanas hemos asistido a un debate a raíz de la actividad black bloc en Brasil, que involucró a dirigentes de movimientos sociales y colectivos de militantes. La táctica black bloc (destrucción de vidrios y escaparates de bancos y empresas privadas por jóvenes encapuchados durante las manifestaciones) ha sido habitual en Chile y en Uruguay, entre otros, y se instaló en Brasil en junio de 2013, reapareciendo con fuerza en las manifestaciones contra el gobierno ilegítimo de Michel Temer.

Desde que aparecieron las tácticas black bloc se generó una polémica en las organizaciones sociales sobre la pertinencia de esas acciones. Algunos sostienen que son negativas, porque dan argumentos a la policía para reprimir y de ese modo alejan y atemorizan a los manifestantes reales o potenciales. Otros destacan que se trata de violencia simbólica contra grandes empresas y representaciones del sistema, que tiene efectos disuasorios sobre la represión. Los partidos electorales suelen condenarlas de forma tajante.

En Brasil la polémica incluyó a uno de los más destacados referentes de los movimientos más combativos, como Guilherme Boulos, coordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST). Un día antes de la mayor marcha contra el gobierno, Boulos aseguró que "en nuestras manifestaciones no hay espacio para esas prácticas", y dijo que no debían participar en la movilización del domingo 4 (goo.gl/GUDSMi). Fue duramente criticado por defender la "criminalización" de quienes emplean la táctica black bloc.

Poco después Boulos publicó una nota en su blog, en la que explica: "discrepo con la táctica porque aparta personas de las movilizaciones y toman decisiones aisladas, pero nos afectan a todos". Rechaza la acusación de criminalizar la táctica y recuerda que el MTST ha sido "duramente criminalizado por practicar la acción directa", destacando que el movimiento tiene militantes presos y con procesos en curso (goo.gl/zxqzST).

En la manifestación del domingo 4 en Sao Paulo participaron unas 100 mil personas. Los organizadores, la alianza Povo Sem Medo, donde el MTST juega un papel preponderante junto con unos 30 movimientos y organizaciones sociales y política, y el Frente Brasil Popular, hegemonizado por el PT y la central sindical CUT, se dirigieron a los encapuchados para que descubrieran sus rostros o abandonaran la marcha. No se registró ningún incidente. Sin embargo, cuando los manifestantes se dispersaban la policía militar los atacó y detuvo a 26 jóvenes, porque "pretendían practicar actos de violencia".

En esta ocasión no hubo la menor "provocación" black bloc, pero la represión fue igualmente implacable. La polémica sigue su curso, con argumentos que van desde el cuestionamiento a la violencia hasta la conveniencia de su empleo cuando participan familias con niños en las manifestaciones, incluyendo la suposición de que siempre la usan infiltrados para provocar la represión policial. Parecen necesarias algunas consideraciones.

La primera es que al tratarse de una táctica no es buena ni mala en abstracto, sino puede ser conveniente, o no, según las circunstancias. No estamos ante una cuestión de principios. Es necesario comprender que no todos los que se cubren el rostro son adeptos de la táctica black bloc, que no forman una organización ni son necesariamente anarquistas, ni usan la táctica siempre y en todo lugar. Quienes la utilizan hoy pueden no hacerlo mañana, y viceversa.

La segunda es que quienes emplean la táctica black bloc son jóvenes radicales, anticapitalistas, que rechazan el sistema económico y la represión policial. En contra de los prejuicios existentes, no pertenecen a las clases medias acomodadas; viven en las periferias, estudian y trabajan desde muy jóvenes. Por lo que conozco en Uruguay, por los datos que aportan desde Chile y por la investigación de los autores de Mascarados (Geração Editorial, 2014), se trata de personas en torno a 20 años, muchas de ellas mujeres, que sufren la persecución policial en sus barrios. Aunque son pocos, muestran "la profunda crisis en que se debate la izquierda brasileña" (p. 19).

La tercera gira en torno al principal argumento que se utiliza contra esa táctica: facilita la represión policial y espanta a una parte de los manifestantes, ya sea porque las convocatorias aclaran que las marchas son pacíficas o bien porque la represión que sigue a la táctica black bloc afecta a personas que no quieren sufrir violencia policial. Se les califica de "provocadores".

El argumento es sólido, sobre todo cuando los encapuchados actúan y se retiran antes de la llegada de la policía que termina reprimiendo a personas al azar. Pero el problema no está sólo en quienes usan esa táctica, sino en los propios manifestantes, quienes no suelen estar organizados y asisten individualmente. ¿Alguien se imagina que un grupo de jóvenes utilice la táctica block bloc durante una manifestación de las bases de apoyo del EZLN en San Cristóbal de las Casas?

La cuarta cuestión se relaciona con la utilización de tácticas similares por parte de infiltrados policiales o militares en las manifestaciones. Como señaló un joven de Sao Paulo en un excelente reportaje de la edición brasileña de El País, "creo que quien rompe un puesto de periódicos o quema un autobús, por ejemplo, o no entendió nada o es un infiltrado" (goo.gl/2G6lck). Es posible diferenciar entre las acciones black blocs y las provocaciones policiales, siempre que exista interés en hacerlo.

Por último, el tema que plantea la periodista Eliane Brum: "Mientras la destrucción de los cuerpos de los manifestantes por la policía militar está naturalizada, la de los bienes materiales es criminalizada" (goo.gl/mdRPKj). En su opinión, se trata de una "herencia esclavista y genocida" que aún no ha sido superada. Dicho de otro modo, la táctica black bloc, acordemos o no con ella, nos plantea un dilema: ¿aceptamos, sin más, el monopolio estatal de la violencia?

Publicado enPolítica
Miércoles, 07 Septiembre 2016 16:26

En el plebiscito decimos: ¡Otra democracia sí!

En el plebiscito decimos: ¡Otra democracia sí!

Recogiendo el sentir de activistas, colectivos y expresiones organizativas territoriales, los abajo firmantes acordamos impulsar unitariamente una actividad y campaña por el 'sí', en el plebiscito del próximo 2 de octubre.


El anuncio del "Acuerdo final" entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP abre la posibilidad de cerrar un ciclo de guerra que suma ya 52 años. Sin embargo, sabemos que para hablar de una terminación del conflicto armado aún falta que avance el proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional y haya escenarios de reconocimiento y diálogo con el Ejército Popular de Liberación. ¡Aún falta camino para construir la paz!


En efecto, sin la suficiente participación de la sociedad y de la voz que guardan los siempre excluidos, quedan varios interrogantes con respecto a la voluntad para cumplir los acuerdos por parte de la clase política tradicional, del sector financiero, de los terratenientes y de lo poderes económicos locales e internacionales.


No obstante, si bien los acuerdos entre el gobierno y las FARC-EP no recogen la agenda de paz que viene impulsando el movimiento social, contienen iniciativas frente a los derechos de las víctimas y la sociedad al esclarecimiento de la verdad, la justicia y reparación; a la problemática agraria y el acceso a la tierra; a los cultivos de uso ilícito; y a las garantías para la participación política. Estos aspectos, puestos en el debate público, abren una posibilidad a las luchas del pueblo para transformar y continuar en su empeño por el buen vivir, la autonomía y la democratización de la sociedad.


Dentro de la nueva situación política, la campaña del plebiscito genera controversia y muchas posiciones enfrentadas. De una parte, nos encontramos quienes promovemos el 'sí', con diferencia de la postura oficial, que legitima la gestión del presidente Santos, y la de los movimientos que buscamos transformaciones estructurales de la sociedad colombiana.


De otro lado, están quienes impulsan el 'no', ya sea desde la orilla guerrerista del uribismo o desde una franja popular que no confía en pactos con los gobernantes de siempre. Allí también se encuentran muchos que cargan resentimiento ante los errores y equivocaciones de la insurgencia.
Por último, están quienes impulsan la abstención activa o la anulación del voto, invocando una asamblea nacional constituyente, y, de otro lado, amplios sectores de la población que no suelen votar o son apáticos a la actividad política. Estamos ante un panorama difícil.


Aunque el 'sí' no está a pedir de boca, hemos acordado impulsar nuestra actividad y campaña bajo las siguientes consideraciones:
1. Nos distanciamos radicalmente del proyecto político y económico del gobierno de Juan Manuel Santos. Nos oponemos a su modelo extractivista y de especulación financiera porque profundiza la desigualdad y la sobreexplotación, y afecta social y ambientalmente la vida en su conjunto, en beneficio de los grandes monopolios nacionales y extranjeros.


2. Si bien es cierto que cesan oficialmente las hostilidades entre el Estado y las FARC-EP y que el número de víctimas ha disminuido, preocupa que no está cercano el fin de las acciones criminales de los grupos paramilitares ni de sus cómplices en el Estado, estructuras mafiosas que ejercen control territorial con sus códigos de la infamia. Asimismo, están por verse las verdaderas garantías a las libertades de expresión, organización, protesta social y oposición.


3. Es fundamental reiterar que las iniciativas, sueños y proyectos por los que millones han luchado en Colombia todavía son expresión del conflicto social como parte de las agendas populares de reivindicación política. En consecuencia, seguiremos luchando para transformar las condiciones de vida de los territorios urbanos y rurales en armonía con la naturaleza, abriendo el debate político sobre el modelo de desarrollo, la distribución de los bienes comunes y la equidad.


En estos momentos, la energía, capacidad y creatividad popular deben fortalecer la organización social y política, sus acumulados territoriales y sus aprendizajes. Nuestro compromiso es el de fortalecer proyectos comunes que forjen alternativas de poder popular. Contamos con la capacidad, la convicción y la fortaleza para construir un nuevo país desde la participación plural, diversa y equitativa de mujeres, grupos étnicos, jóvenes, trabajadoras, pobladores urbanos, entre otros.


¡Otra democracia es posible!


Colombia, 2 de septiembre de 2016

Firmantes: Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia - Comosoc • Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo - Modep • Equipo Desde Abajo • Agenda Caribe • Amautas: Pedagogía Crítica y Formación de Sujetos, Universidad Distrital Francisco José de Caldas • Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz • Asociación Ambiental Por la Vida de Boyacá • Asociación Campesina Popular - Asocampo • Asociación Comunitaria Nueva Esperanza • Asociación de Campesinos sin Tierra de Sincelejo Sucre - Acatiss • Asociación de Campesinos y Comunidades sin Tierra del Cesar • Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño - Asocoetnar • Asociación de Cultivadores de Frutales La Morenita • Asociación de Docentes y Trabajadores de la Educación de Sucre - Asodes • Asociación de Guardianes de La Sierra - Asogiasierra • Asociación de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Informal - Asoinformal • Asociación de Mujeres Rurales de Coloso - Amucol • Asociación de Productores de Avanzada por el Desarrollo Agropecuario - Asoprovandes • Asociación Innovadora Tubérculos Andinos Boyacá - Aitab • Asociación para el Desarrollo Ambiental y Sostenible de Coloso - Asodesco • Asociación por la Defensa de los Derechos de los Hijos del Pueblo - Addhip • Asociación por la Dignidad y los Derechos Agrarios - Digniagrarios • Católicas por el Derecho a Decidir Colombia • Centro de Formación y Empoderamiento de La Mujer Ambulua • Ciudadanas Autónomas • Colectivo de Abogadas de Cartagena • Colectivo de Expresión Juvenil Kirius • Colectivo Popular Música y Resistencia • Colectivo Rebeldía Diversa • Colectivo Suamena Boyacá • Comisión Claretiana de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Colombia Ecuador • Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer - Cladem • Comité Sindical Clasista del Corredor Minero Cesar La Guajira Magdalena Atlántico • Comités de Obreros y Trabajadores Ignacio Torres Giraldo • Corporación Arazá por la Justicia Social y Ambiental • Corporacion Ceeniug • Corporación Claretiana Norman Pérez Bello • Corporación Colectivo de Derechos Humanos Tierra de Todos • Corporación de Derechos Humanos Guasimí, Nariño • Corporación de Mujeres Cordobesas • Corporación Escuela Sindical y Popular Ignacio Torres Giraldo • Corporación para la Educación y Autogestión Ciudadana CEAC Barranquilla • Corporación por el Desarrollo, la Paz y la Protección Ambiental - Codepam • Corriente Nacional Nuevos Maestros por la Educación • Escuela Mario González • Escuela Popular Akana Warmi Qhispicay • Federación Universitaria Nacional FUN - Comisiones • Fundación Aguanile • Fundación Casa de la Mujer Valledupar • Fundación Escuela del Saber • Fundación ExplorArte • Fundación Familias Unidas • Fundación IriArtes • Fundación para la Comunicación y el Desarrollo Social - Fedesol • Fundación Surcos • Fundación Vida Digna, Buenaventura • Generación Terranova • Grupo Derecho y Política Ambiental, Universidad Nacional de Colombia • Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz - Gempaz • Grupo Guillermo Fergusson • Grupo Raíces, Irlanda • Huellas Africanas • Iglesia Apostólica Guadalupana • Mesa Ecuménica por la Paz • Minga Urbana Bakatá • Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Araurayú • Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Painwashi • Organización de Mujeres Olla Comunitaria de Montería • Organización de Mujeres del Suroriente de Montería • Organización Juvenil Rastros • Organización Toumain • Red Caribe por la Paz • Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribes y de la Diáspora capítulo Colombia • Red de Mujeres del Caribe Colombiano • Red ¡Párala Ya! Nada Justifica la Violencia contra las Mujeres Valledupar • Red Rojo y Violeta • Revista Viento del Sur • Servicio de Paz y Justicia en América Latina • Sindicato de Trabajadores de Uniminuto - Sintrauniminuto Sintraime seccional Soledad (Atlántico) • Sintramienergética Seccional Codazzi (Cesar) • Unión Sindical de Trabajadoras de los Hogares de Bienestar - Ustrahbin Córdoba • Wayuumunsurat Mujeres Tejiendo Paz.

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