Feminismo comunitario-Bolivia. Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

 

El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra, pero por supuesto hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico.

 

El feminismo comunitario fue parido en Bolivia dentro del proceso de cambio llevado adelante por un pueblo que quiere vivir con dignidad, un pueblo que está cuestionando al sistema patriarcal, capitalista, neoliberal, colonial, transnacional, un pueblo comprometido con la despatriarcalización, la descolonización y la autonomía. El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra pero, por supuesto, hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico. Consecuentes con esa lucha, nos llamamos feministas y construimos nuestros propios conceptos como un acto de autonomía epistemológica.

El feminismo comunitario hoy es un movimiento en Abya Yala que articula a hermanas de Argentina, Chile, Bolivia y México; es entonces una herramienta de articulación y lucha. Desde este feminismo que construimos cada día, creemos que sería injusto hablar de un movimiento feminista en América Latina y el Caribe, sí podemos hablar de colectivos y organizaciones, también de académicas y “estudiosas” que, en conjunto, no han logrado articularse pues siguen construyendo desde un feminismo colonizado y colonizante, sobre categorías insuficientes y fragmentadas, haciendo luchas temáticas, por los derechos, por la diversidad, por la inclusión, alejándose de la lucha contra el sistema. Hablamos de un feminismo que, al dejar de nombrar y de ver al patriarcado, o al reducirlo a la relación de los hombres hacia las mujeres, ha perdido la perspectiva revolucionaria y se ha vuelto funcional a éste.

Establecemos que, en la actualidad, no hay un movimiento feminista, hecho que hemos constatado en el XIII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe EFLAC, realizado en Perú en noviembre de 2014 desde la institucionalidad de las ONGs. Encuentro al cual asistimos evidenciando la carencia no sólo de propuestas sino de rebeldía y capacidad de soñar. Creemos que es posible identificar algunos de los desafíos que hoy convocan a las feministas que decidan asumir la responsabilidad política de luchar contra el sistema patriarcal. Descolonizar el feminismo Para el feminismo comunitario el feminismo es la lucha de cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, en cualquier tiempo de la historia, que lucha, se rebela y propone ante un patriarcado que la oprime o que pretende oprimirla.

Entonces, descolonizar el feminismo es dejar de pensar, únicamente, desde los parámetros y categorías del feminismo eurocéntrico o de fechas como la revolución Francesa, porque han demostrado ser insuficientes y se han encerrado en un sistema de derechos que, en realidad, encubre los privilegios de unas y unos pocos frente a las opresiones de las mayorías. Descolonizar el feminismo es dejar de pensar desde la dicotomía del colonizador y el colonizado, es dejar de asumir el tiempo como lineal y el pensamiento como superador de las luchas, la clase como explicación suficiente y la posmodernidad como proyecto político.

Descolonizar el feminismo es volver a mirar al patriarcado en su complejidad. Para el feminismo comunitario el patriarcado es el sistema de todas las opresiones, no es un sistema más, es el sistema que oprime a la humanidad (mujeres, hombres y personas intersexuales) y a la naturaleza, construido históricamente y todos los días sobre el cuerpo de las mujeres. Descolonizar el feminismo ha sido, para nosotras, pensarnos frente al patriarcado recuperando la memoria larga de nuestros pueblos aymaras, huicholes, quechuas, mapuches, tzotziles, tzeltales, para construir un proyecto político de sociedad y de mundo, la comunidad y la comunidad de comunidades. Un desafío para el feminismo es dejar de dar solamente cuenta de las opresiones.

No basta un feminismo de las explicaciones, hay que proponer y construir un proyecto político, esto implica reconocer que ser negra, ser lesbiana, ser joven, ser indígena, es una posición política pero no un proyecto político de mundo, que es lo que los pueblos en lucha demandamos hoy. Superar sus categorías y las formas sectarias de sus luchas No podemos seguir asumiendo que el feminismo se reduce a la equidad de género, a la igualdad, a la diferencia o a la lucha por los derechos, cuando los pueblos en América Latina y el Caribe luchan por otra forma de vida, en Bolivia por el Vivir bien.

Superar las categorías del feminismo que ven la realidad segmentada y nos asumen a las mujeres como un tema entre tantos temas, un sector entre tantos sectores, que quiere incluirse en el sistema, es otro desafío. Esto implica, entonces, superar la visión de gueto, de superioridad, de lucha feminista desarticulada de la lucha de los pueblos. Sólo en la lucha con nuestros pueblos podemos aportar a visibilizar al patriarcado como el sistema de opresiones, hay que poner el cuerpo y no conformarnos con el colectivo, el performance o la academia.

 
Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

 

Todo esto tiene que ver con el desafío mayor, construir un feminismo útil para la lucha de pueblos de los que somos parte, que reposiciona la discusión sobre el aborto en el campo de la autonomía y la descolonización del cuerpo y la sexualidad; que desmonta la maternidad en esclavitud y soledad con la crianza comunitaria como responsabilidad con la vida; un feminismo que, reconociendo en el trabajo impagado de las mujeres en el hogar la constitución misma del capitalismo, construya un modelo económico que no redite la explotación de nadie ni de la naturaleza. Un feminismo que construya modelos de recuperación de los recursos, circulación de los productos y convivencia con la naturaleza para Vivir bien.

El feminismo comunitario ha encarado estos desafíos, hablamos desde un feminismo descolonizado, hemos construido conceptos, categorías y acciones útiles para desmontar el patriarcado y tenemos como propuesta la comunidad como forma de vida que se construye cada día y que es, a la vez, la forma de garantizar que el patriarcado no se recicle. Desde este camino, y sabiendo que es necesario hacer un movimiento feminista regional y mundial, convocamos al Primer Encuentro de Feminismo desde los Pueblos que se realizará en Bolivia el 2016, porque no hemos dejado de soñar y porque sabemos que los sueños se construyen cada día en comunidad.

 

Fuente: http://conlaa.com/feminismo-comunitario-bolivia-feminismo-util-para-la-lucha-de-los-pueblos/

 

Sobre la autora:

Adriana Guzmán Arroyo. Transgresora, rebelde, intensamente luchadora contra el patriarcado y la heterónoma. Es sin duda creadora de vida y sueños utopías. No calla las hipocresías del sistema ni tampoco sus ideas contundentes y revolucionarias. Desde las organizaciones sociales es reconocida por sus estudios y su experiencia política en Educación Popular, Ciencias de la Educación y Feminismo, herramientas que fortalecen la energía del Feminismo Comunitario. Nació en La Paz, Bolivia, hija de Amparo, nieta de Teresa y Elena, y creadora de Diana y Julia. Estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia. Fue parte de los movimientos sociales que enfrentaron la masacre del gas el 2003.

 

 

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Martes, 12 Septiembre 2017 08:00

El arca de Noé, hoy se llama autonomía

El arca de Noé, hoy se llama autonomía

 

La imagen bíblica del “diluvio universal” y la construcción de una arca por Noé, para salvar la humanidad y a las demás especies de una destrucción segura, es demasiado conocida como para explicarla. Sólo aclarar que se trata de una parábola presente en varias culturas y que no es patrimonio exclusivo de las religiones que se inspiran en la Biblia.

El diluvio es la tormenta en el lenguaje zapatista, de modo que se trata de un primer paralelismo con las reflexiones de los movimientos anti-sistémicos. Al igual que en el relato del Génesis, la humanidad afronta en nuestros días la posibilidad de su desaparición como consecuencia de un conjunto de factores como el cambio climático y la crisis de los antibióticos, pero sobre todo por la cuarta guerra mundial desatada por los de arriba contra la humanidad.

Una segunda cuestión se relaciona con las razones para construir un arca. O sea un refugio ante la catástrofe. Este es uno de los temas centrales de los movimientos actuales y del debate que promueve el EZLN. No se trata de un refugio para encerrarse sino para protegerse y seguir construyendo mundos nuevos, seguir resistiendo las agresiones del capital y los estados.

El zapatismo nos llama a organizarnos, un paso primero e ineludible para enfrentar la tormenta/diluvio. A partir de ese paso, podemos pensar en dar otros más, como construir algo nuevo y defenderlo por lo tanto en medio de la destrucción. El punto clave es qué y cómo construir. De suyo, se desprende, que no pueden ser construcciones idénticas a las que están llevando a la ruina a la humanidad.

A mi modo de ver, eso son las autonomías. Espacios creados y controlados por los diversos abajos para sostener la vida. Si no somos capaces de construir las arcas/autonomías, sencillamente no podremos sobrevivir a la cuarta guerra mundial. Son los modos para mantener alejados a los poderosos y sus guardias armadas, porque sabemos que vienen por nosotros y nosotras.

Tenemos que decidir de qué materiales serán las arcas, qué diseño deben tener, quiénes pueden ingresar a ellas. El punto clave, el que nos diferencia del arriba, es cómo tomamos las decisiones. En el sistema capitalista las toman un puñado de personas situadas en la cúspide la pirámide social, los más ricos e influyentes. Entre nosotros, las toma la gente común, los de abajo, hombres y mujeres sencillas.

La tercera consiste en si Noé debía atender o no las burlas de sus vecinos, si debía intentar convencerlos de que el diluvio era inminente y las razones por las cuales construía el arca. Si se hubiera dedicado a ello, no le hubieran dado ni los tiempos ni las energías como para terminar su obra. El ejemplo es la mejor pedagogía.

En estos momentos sucede algo similar. Si dedicamos nuestras energías a disputar dentro del sistema, ya sea en el terreno electoral o en cualquier otro, ya sea para conquistar algún gobierno o para “mejorar” lo ya existente, no tendremos entonces fuerzas para construir algo diferente. Es el anzuelo que nos ponen delante para desarmar nuestra capacidad de construcción y, por lo tanto, de resistencia.

La creación de lo nuevo y la resistencia se alimentan de forma recíproca. La resistencia no puede ser de puras ideas, ideológica como se dice en los círculos de militantes avezados. La resistencia de larga duración debe incluir el agua y los alimentos (pero de calidad), una salud y una educación a nuestra medida, ciencia y técnicas apropiadas, justicia comunitaria y defensa de los espacios y territorios. Si no es así, si se agota en el discurso, es una resistencia que va a durar poco, quizá tanto como duran los discursos.

Defenderse de los de arriba pero centrarse en los de abajo. Una vez que pase la tormenta, llegará el momento de la reconstrucción, que puede ser el momento de expandir los mundos nuevos que ya existen en pequeño, en las arcas/autonomías que hemos construido y defendido. Nada es seguro, ni se trata de una propuesta con pretensión de estrategia, sino apenas una mirada de lo que hacen desde hace cierto tiempo un puñado de movimientos anti-sistémicos.

 

 

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La trigésima edición de Semana por la Paz (nació en 1988) se realizará este año del 3 al 10 de septiembre. El Papa Francisco estará de visita en Colombia del miércoles 6 al domingo 10 de septiembre o sea, que la presencia y mensaje del Papa de alguna manera estarán entrelazados con las actividades de la Semana.

 

La Convocatoria en esta ocasión está suscrita por decenas de organizaciones de sociedad civil, movimientos, comunidades de fe, sectores universitarios, estudiantiles, sindicales, campesinos, indígenas, artísticos, comunidades étnicas regionales, aparte del núcleo impulsor original conformado por Redepaz, el Secretariado de Pastoral Social, la Universidad Javeriana, la Fundación para la Reconciliación.

 

La Convocatoria se titula: El Pueblo colombiano amigo de la paz sale al encuentro del Papa Francisco amigo de la Paz. El lema del afiche reza: “Muchos pasos por la paz y la reconciliación”. Y la Marcha o romería que se hará desde muchas ciudades hacia Villavicencio el viernes 8 de septiembre adopta como consigna central la de Millones de pazos por la paz y la reconciliación.

 

Como puede apreciarse se hace un esfuerzo por conciliar o articular el valioso aporte que significará la palabra del Papa, su carisma, su sincero interés en el cumplimiento de los acuerdos y el llamado enfático a la reconciliación con las dinámicas surgidas de la base de la sociedad y las regiones que ubican el quehacer de los actores sociales como constructores de paz en un contexto de riesgo para la vida de sus dirigentes y activistas, de incumplimiento de acuerdos surgidos de la protesta social, de dificultades enormes en el cumplimiento de acuerdos originados en el proceso de La Habana, en la participación aún incipiente en los diálogos de Quito y en el posacuerdo.

 

Claramente es una Semana con el Papa y con movilización. Se pretende que el Papa Francisco reconozca a los movimientos sociales y organizaciones ciudadanas como interlocutores válidos y diga una palabra en favor de la participación y de las garantías plenas de que deben gozar.

 

Para construir un marco de oportunidad en que esto ocurra se ha planteado al Comité Organizador de la visita pontificia considerar la posibilidad de incluir en la agenda un encuentro del Papa con 100 dirigentes de todos los sectores y regiones. El Papa ya ha tenido encuentros de este tenor en su visita a Bolivia y en varias oportunidades ha recibido a dirigentes de movimientos sociales y populares en el Vaticano. Hay gran expectativa por la respuesta a este pedido que, de aceptarse, significaría un espaldarazo papal a la existencia y acción de movimientos que quieren hacer de la paz una oportunidad para afianzar posibilidades de cambio. La visita es pastoral pero con alcance político.

 

Lo ha hecho notar claramente Alejandro Angulo Novoa, sacerdote jesuita, en la edición de agosto de Le Monde diplomatique: “No hay duda que la visita del Papa Francisco tendrá, más allá de su misión pastoral, una altísima carga política y social. El hecho de haber postergado su visita al país hasta el momento actual, una vez firmada la paz y entregadas las armas de las Farc, es prueba de que trae un mensaje dirigido a la reconciliación, el perdón y la generación de una nueva cultura de paz en Colombia”.

 

La reconciliación es el leitmotiv de la Semana y de la Visita papal. Pobreza, equidad, juventud, vocaciones religiosas, paz y reconciliación son temas de la visita pero entre ellos el que le dará el sello al acontecimiento será el de la reconciliación en el cual el Papa hará énfasis en Villavicencio, ciudad cercana a zonas caracterizadas de la guerra que termina, donde se encontrará con un nutrido grupo de víctimas de esa prolongado y cruento conflicto interno.

 

Reconciliación es el tránsito de la enemistad a la amistad. Quienes antes se destruían ahora se reconocen, respetan y construyen mutuamente. Parece sencillo pero no lo es. En el proceso de la reconciliación entran el develamiento de la verdad de lo ocurrido, el perdón de unos para otros, la disposición a un nuevo relacionamiento positivo, la posibilidad de participar juntos en un mismo emprendimiento social, económico o político.

 

La reconciliación se construye sobre la memoria cuando esta se invoca no para la venganza sino para el reencuentro. Memoria transformadora. Vías de reconciliación son el pedido y la oferta de perdón sinceros, tender la mano y darse el abrazo cuando lo dictan mente y corazón, asociarse para algo digno, hacer pactos éticos, de convivencia, de no violencia, de no armas en la política, de uso democrático del monopolio de la fuerza, de respeto por la naturaleza, de justicia para los desposeídos. La reconciliación es un proceso personal y colectivo, una construcción a la vez cultural, espiritual, social y política.

 

El país tiene que pasar prontamente a la reconciliación como tendencia, como hecho social generalizado, como triunfo político de la concordia sobre la barbarie, el terror y la polarización extrema. Reconciliación de Estado y sociedad, de economía y vida, de política y decencia, de pluralidad y democracia, de partidos y ciudadanía. Exigente programa que apunta a superar una forma de reconciliación sensiblera y light.

 

Estas son observaciones que hice hace unos días en mi columna de El Espectador con ocasión del encuentro de excomandantes paramilitares y excomandantes guerrilleros de las Farc en el barrio La Soledad de Bogotá (19 de julio) gracias a los buenos oficios del sacerdote Francisco de Roux y de Álvaro Leyva Durán.

 

La movilización del viernes 8 de septiembre en Villavicencio, “millones de pasos por la paz y la reconciliación”, reunirá personas provenientes en romería de los departamentos y ciudades del centro del país que partirán el 6, acamparán en un sitio abierto de la ciudad y se aproximarán en marcha multicolor y polifónica con sus pendones y pancartas al sitio donde el Papa preside los actos programados.

 

Este acto masivo, con el lenguaje propio de la acción colectiva, tan relevante en el país en el último lustro, afirmará la voluntad de construcción de paz positiva, exigirá cumplimiento de acuerdos y demandará garantías para la protesta legítima.

 

La visita del Papa está prevista como el momento en que se haga público o se reconfirme el cese bilateral de fuegos y hostilidades que se pacte entre Gobierno y ELN en Quito respondiendo al clamor unánime y creciente de la sociedad que apoya la salida política.

 

Así se busca que la sociedad colombiana amiga de la paz se encuentre en esta primera semana de septiembre con el Papa Francisco amigo de la paz.

 

* Presidente colegiado de la Red de Iniciativas por la Paz –Redepaz.

Publicado enEdición Nº238
Viernes, 01 Septiembre 2017 06:52

La disputa por el territorio urbano

La disputa por el territorio urbano

Sentada en una ronda en la que participan más de 100 personas, Mari lanza una frase que es, a la vez, todo un programa político: "Si los de abajo no nos miramos entre nosotros, nadie más nos mira". Mari es militante del Encuentro de Organizaciones (EO), uno de los colectivos con más trabajo territorial en Córdoba (Argentina), participa en la Universidad Trashumante, tiene alrededor de 50 años y es educadora popular "de los abajos".

Cuando se cumplen dos décadas del comienzo del ciclo de luchas Piquetero (1997-2002), parece un tiempo suficiente como para evaluar dónde estamos, qué quedó y qué se evaporó de aquella prometedora experiencia, en la cual los desocupados ocuparon el centro del escenario político argentino protagonizando las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que cambiaron la historia del país.

Una de las principales novedades que aportó el Movimiento Piquetero consistió en un enorme salto adelante en la organización territorial en las periferias urbanas, que habían sufrido la desindustrialización de la década neoliberal de 1990. Luego una parte importante del movimiento se desorganizó o se incrustó en las instituciones (vía cooptación por los gobiernos progresistas o por volcarse hacia el terreno electoral).

Voy a centrarme en lo que puede ver, y aprender, en la ciudad de Córdoba (poco más de un millón de habitantes) durante encuentros con diversas organizaciones territoriales en los últimos meses.

Lo primero es constatar la potencia que mantiene el trabajo territorial. Se trata de miles de militantes que dedican todo su tiempo al trabajo directo o de apoyo a las tomas de tierras, a la organización de cooperativas autogestiondas de producción y de servicios, a la educación y la salud, al apoyo a mujeres violentadas, a la comunicación antisistémica y a la alimentación en barrios populares mediante merenderos y copas de leche.

Hay una enorme diversidad de trabajos y de organizaciones, con estilos diferentes pero con modos de trabajo en común. Entre el sector más autónomo figuran, además del EO, el Frente de Organizaciones de Base (FOB) y el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL). Con sintonía en el mismo trabajo habría que incluir a La Dignidad, el Frente Darío Santillán, La Poderosa, Patria Grande y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), además de Barrios de Pie y el Movimiento Evita.

Entre varios de estos colectivos han puesto en pie la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), una suerte de sindicato de "los millones de excluidos del mercado formal de trabajo", cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas (ver ctepargentina.com). Dicho de otro modo, los que no caben en el sistema capitalista actual.

La segunda cuestión, mucho más importante que la cuantitativa, es lo que hacen en los territorios. La toma de tierras es un primer paso ineludible, para comenzar una vida nueva. La mitad de la población de Córdoba (48 por ciento según un trabajo del colectivo de investigación militante "El Llamo en Llamas") tiene problemas de vivienda. Es la mitad de la población que el modelo extractivo deja por fuera de los más elementales derechos.

Imposible saber cuántas hectáreas han recuperado, pero son decenas de espacios en la ciudad y en pueblos cercanos. En una de ellas, Parque las Rosas, son 30 familias que en apenas dos años han levantado viviendas de materiales sólidos luego de resistir a la policía.

Una vez resuelto el techo, la sobrevivencia diaria es lo más urgente. En este punto la diversidad es enorme, pero suelen crear cooperativas con base en las políticas sociales gubernamentales, que trabajan de forma autónoma. Hay cooperativas de carreros que recogen residuos. Las hay de limpieza y de otros servicios. Lo más interesante es que hay mucha producción: pollos y huevos, siembra de cereales, distribución de alimentos con base en la articulación con pequeños productores orgánicos (la imprescindible alianza rural-urbana), cooperativas textiles de ropa, calzado y serigrafía.

Entre los grupos mencionados arriba, superan las 100 cooperativas territoriales y autogestionadas sólo en Córdoba, donde trabajan dos mil personas, 80 por ciento mujeres. En el marco de las campañas por la educación que realizan cada comienzo de año escolar, decenas de miles de mochilas y cartucheras son fabricadas por las cooperativas de varias organizaciones, para niños y niñas de los sectores populares.

Una brigada de salud recorre los barrios para monitorear la situación de las familias. En un caso, por lo menos, están comenzando la fabricación de dentaduras, algo que está fuera del alcance de los sectores populares. En todos los barrios funcionan merenderos en base a alimentos conseguidos con movilizaciones, que se gestionan por los propios vecinos y que en los últimos meses han crecido de forma exponencial por el ajuste del gobierno de Macri.

Cientos de mujeres cordobesas acuden todos los años al Encuentro Nacional de Mujeres. Fruto del trabajo de base que realizan en los barrios periféricos, crece desde hace años un feminismo popular y plebeyo, potente y rebelde, que no ha sido cooptado por nadie y sostiene las resistencias en los territorios.

Un estudio especial merecería la comunicación autónoma. Apenas dos ejemplos. La radio alternativa y comunitaria Zumba la Turba (http://zumbalaturba.com.ar), emite desde hace siete años en el mismo espacio donde funciona la FOB. El periódico La Tinta (https://latinta.com.ar) nació hace un año, es cercano al EO y tiene un lema que lo dice todo: "Periodismo hasta mancharse".

La impresión es que el Movimiento Piquetero, lejos de desaparecer, ha mutado en un potente movimiento territorial urbano donde los sujetos (en realidad sujetas) son las más pobres. Cari, ocupante del Parque las Rosas, sintetizó en una sola frase las causas de la "cuarta guerra mundial" contra los de abajo: "Ya no nos imponen cómo vivir".

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Laudato si'. (El papa Francisco y el cuidado de la Común)

... “No puedo haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Son temas tan importantes que los Pueblos y sus organizaciones de base no pueden dejar de debatir. No pueden quedar sólo en manos de los dirigentes políticos.Todos los pueblos de la tierra, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, tenemos que alzar la voz en defensa de estos dos preciosos dones: la paz y la naturaleza”.

 

Papa Francisco

 

Incluye: "Discursos a los movimientos sociales"

 

https://youtu.be/6k7UexcPWYE

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Jueves, 24 Agosto 2017 06:36

La interpretación de los movimientos

La interpretación de los movimientos

En la séptima conferencia de La Vía Campesina, realizada en julio 2017 en Derio, País Vasco, participaron cientos de delegadas y delegados de las 164 organizaciones en 69 países de cinco continentes, además de organizaciones aliadas y unas 300 personas voluntarias de organizaciones locales.


Los y las delegadas son gente de base, campesinos y campesinas, indígenas, pastores y pescadores artesanales, con una diversidad cultural y lingüística enorme. Toma la palabra una campesina de India y habla en tamil, le pasa el micrófono a un campesino polaco que habla en su idioma y se lo entrega a una apicultora chilena que sigue el debate en castellano y lo devuelve a un campesino de Mozambique que responde en portugués.


Casi todos los participantes siguen escuchando en sus idiomas, parece mágico . En esta conferencia la interpretación simultánea cubrió entre 10 y 17 idiomas a la vez, según la sesión: castellano, euskara, francés, portugués, árabe, ruso, coreano, chino, japonés, bahasa Indonesia, vietnamita, turco, thai, tamil, hindi y bimbi. También habían previsto singalá de Sri Lanka, pero los delegados no pudieron llegar porque no obtuvieron visa.


No se trata solo de interpretación en las sesiones plenarias: también en los grupos de trabajo por temas, en reuniones regionales y de coordinación. En todas las instancias se continúa con la interpretación simultánea, abriendo compuertas de expresión y participación inusitadas.


Por detrás de este malabarismo lingüístico hay más de 50 intérpretes y traductores voluntarios, coordinados por el colectivo COATI : Colectivo para la Autogestión de las Tecnologías de la Interpretación.


“Nuestro objetivo es que no seamos necesarios” dicen Germán y Kate de Coati, ambos fundadores del colectivo, cuando consigo que se sienten un momento a tomar un café y contarme su experiencia. Se refieren al rol de Coati, no a la necesidad de interpretación. A la posibilidad de que los movimientos puedan autogestionar la organización de la interpretación y traducción, sin que ellos como coordinadores tengan que estar presentes.


La interpretación es fundamental para que la participación sea real y desde las bases, no intermediada por alguno de los idiomas coloniales que predominan, lo cual inhibe a las y los delegados a tomar la palabra, aún siendo líderes de sus movimientos. Por ello La Vía Campesina (LVC) ha cultivado esta construcción desde sus inicios y muchos de los intérpretes que estaban en la conferencia han estado presentes en otras conferencias globales y regionales. En LVC es una regla que todos los documentos a discutir o publicar por La Vía Campesina deben estar en castellano, inglés y francés, así como garantizar esta interpretación en las reuniones de su coordinación internacional, en las reuniones de las regiones dónde se requiera, y en las conferencias internacionales globales, que es la instancia más importante de decisión política, organizativa y estratégica del movimiento y ocurre cada cuatro años. A esos tres idiomas, siempre han agregado la interpretación al idioma local de los anfitriones.

Llegar a la situación de diversidad que se logró en la VII conferencia ha sido un largo camino, junto a COATI y basado en la firme decisión política de construirlo.


Germán y Kate cuentan que la interpretación simultánea, que está disponible en Naciones Unidas (en los 6 idiomas oficiales de esas negociaciones) y en eventos privados, es una estructura comercial, cara y técnicamente complicada, en general prohibitiva a los movimientos, con equipos y organización muy costosa. En algunos encuentros de organizaciones internacionales, se contrata esa infraestructura comercial cuando pueden, lo cual come una parte importante de los recursos y además, luego del evento, no queda nada y hay que volver a contratar la próxima vez. Esto no depende solamente de que sea un negocio comercial, también de que las organizaciones no le dan atención suficiente, en general es apenas un escollo a superar al momento de tenerlo delante, sin pensar en el tema durante el resto del tiempo.


Un punto de quiebre en está dinámica, fue la iniciativa de un colectivo griego, que para el Foro Social Europeo que se realizó en Atenas en 2006, luego de aprender de las dificultades en otros ámbitos, dedicó un buen tiempo para diseñar una matriz tecnológica que facilitara la interpretación, es decir, para autogestionar la organización tecnológica de comunicación para la interpretación y pensar formas de trasmisión que fueran más accesibles y apropiables.


Aún hoy, dice Germán, esa es la matriz tecnológica en que nos basamos nosotros y otros colectivos que se están formando. En el Foro Social de Mumbai, otro colectivo había propuesto que en lugar de receptores especiales para interpretación, usaran radios FM, lo cual fue la base para popularizar esa parte del equipamiento necesario: puede ser cualquier radio FM y hasta teléfonos para recibir la señal, con los auriculares que siempre se usan. El colectivo griego también pensó en modelos de consolas para que se sienten los interprétes. COATI ha avanzado mucho en todo esto durante los años siguientes: han diseñado su propia “Spider”, un equipo portable para reuniones más pequeñas, y cabinas ligeras que se pueden plegar y colocar sobre una mesa, en lugar de una estructura completa, difícil de trasladar.


El trabajo del intérprete es fundamental, pero igualmente esencial es pensar en la estructura tecnológica que hace posible la comunicación entre lenguas, para que cualquiera pueda hablar en un idioma y eso se trasmita a todas las cabinas y finalmente llegue a los que están escuchando.


Pensar esa estructura y cómo coordinar a los interprétes lo hace COATI, mientras que los intérpretes y traductores, que en el caso de LCV son voluntarios, llegan al momento de las conferencias. COATI necesita cobrar por su trabajo, porque la previsión, organización y las soluciones tecnológicas, son tarea de muchos meses, no sólo en el momento del evento.


La gran diferencia de la colaboración con Vía Campesina, dice Germán, es que LVC le da una gran importancia a que sus miembros puedan expresarse desde la diversidad y comunicarse con los demás, por lo que nos hemos ido desarrollando juntos. Vía Campesina mantiene comunicación con la redes de intérpretes y traductores todo el año, asigna personas encargadas de este tema y han adquirido los equipos, que van pasando entre reuniones, o cuando se puede, se quedan en el sitio, para que estén ya disponibles en la región, como ha sucedido en África, Asia, América Latina, Europa, Norteamérica.


En otras organizaciones, a veces compran los equipos, pero al no darle seguimiento al tema, se quedan bajo una mesa juntando polvo. Por eso, cuando no hay un nivel de organización como el de LVC, COATI previó un lugar almacenamiento de los equipos y consolas, para poder enviarlos a los eventos que lo necesitan.


“Pero lo mejor”, agrega Kate, “sería que cada movimiento cuide de esto, y nuestro papel podría reducirse a la organización de la comunicación en el sitio y organizar a los intérpretes”. Además, COATI, que está basado en Barcelona y alrededores –además de un miembro en Praga y otro en Polonia– han ido formando a otras personas, que van formando colectivos parecidos al suyo, como BLA y otros en construcción en varios países de Europa.


Porque la parte técnica es sólo un aspecto. “Trabajar con movimientos”, sigue Germán, “implica generar respeto y confianza mutua, porque la interpretación es un tema delicado, ha ocurrido que intérpretes que llegan incorporan cosas de su propia cosecha, generando conflictos. Nosotros tenemos nuestras propias ideas y actividades y aunque somos afines a las propuesta de LVC; entendemos que nuestro rol aquí es proveer lo que necesite La Vía Campesina.”


“Hay una relación mutua muy buena pero al mismo tiempo, está claro que no somos parte de la organización, ni campesinos. A veces gente que colabora solidariamente cree que por ello es parte de LVC, lo cual también genera conflictos, pero es claro que ese no es nuestro rol. Somos una especie de aliados de LVC y eso genera mucha satisfacción, tanto por el trabajo, pero porque vemos que con esa disposición se pueden crear muchas posibilidades, aquí y para otros movimientos” explica Kate.


LVC tiene un enorme poder de convocatoria, por eso también llegan muchos intérpretes voluntarios. Pero se trata de trabajo duro, de muchos años de construcción.
“La Vía Campesina lo ha hecho, porque realmente valoran la participación democrática y de base, porque sin esto no pueden cumplir con los objetivos políticos de la organización, saben que sin la base, lo demás no tendrá fuerza” dice Kate.


“La Vía Campesina va por delante de todos en muchas temas, y en este también”, agrega Germán.


Los integrantes de COATI vienen de movimientos ligados a la alimentación y soberanía alimentaria, entre otros “Reclaim the fields”, una organización de jóvenes a nivel europeo que reclaman tierras para poder ser campesinos. También recogen su experiencia e identidad de los movimientos por la autogestión y por software libre.
Ahora están trabajando sobre el concepto de “soberanía tecnológica”, basado en las mismas ideas base que el de soberanía alimentaria. “Estamos rodeados de tecnologías, las usamos permanentemente y están tan o incluso más monopolizadas por transnacionales, como la comida. Por eso todo lo que hacemos, desde los equipos a las formas de organización, son de código abierto, así otros pueden tomar esas ideas y adaptarlas a sus entornos y necesidades” explican.


“Por ello decimos que nuestro objetivo es ser prescindibles, difundir esas capacidades para que los movimientos se puedan organizar y potenciar la participación desde las realidades diversas y la comunicación desde abajo”


Visto desde la séptima conferencia de LVC, la construcción es extraordinaria y emocionante y aunque en muchas oportunidades todos los asistentes aplauden a los intérpretes expresando un agradecimiento muy sentido por su trabajo, es en realidad un hilo invisible que nos une a todas y todos.


Contacto con COATI : Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
https://coati.pimienta.org/index.es.html

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“Venezuela podría convertirse en la Siria de América Latina”

La clave del actual conflicto en Venezuela no es tanto de carácter social como geopolítica, dado que se trata de un país pleno de riquezas y emplazado en una posición estratégica (un país bisagra entre dos subcontinentes), en un planeta en el que a escala global miden fuerzas Estados Unidos y China. Después de 60 años de conflicto en Colombia, “creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina; esto llevaría a una profunda desestabilización del continente”, sostiene el periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi. Colaborador en medios como La Jornada de México o Brecha de Uruguay, desde hace tres décadas ha recorrido América Latina trabajando con los movimientos sociales. Coordinación Baladre de luchas contra la precariedad e Iniciativas sociales Zambra han publicado libros de Zibechi como “Latiendo resistencia. Mundo nuevo y guerras de despojo” (2016), “Descolonizar la rebeldía” (2014) y “Brasil potencia: entre la integración regional y un nuevo imperialismo” (2013). En el primero de los títulos resalta la función esencial de la masacre: “Ayer y hoy constituye el principal modo de disciplinamiento de los de abajo en América Latina”.


-En artículos y libros te has mostrado muy crítico con los gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina. Ante las embestidas de la oposición de extrema derecha venezolana, con el apoyo de las elites mundiales, ¿crees que los movimientos populares han de tomar partido en esta coyuntura?


Toman partido y es necesario que lo hagan porque son la llave de los cambios posibles y deseables. Sin los movimientos, o sea la gente común organizada para promover o impedir cambios, nada de lo que sucedió en América Latina en las tres o cuatro últimas décadas sería igual. La camada de gobiernos progresistas y de izquierdas que surgieron desde 1999, son producto indirecto de estos movimientos. Indirecto porque no tenían ese objetivo específico, no se propusieron llevar a tal o cual persona o partido al gobierno, aunque en muchos casos los apoyaron, incluso antes de que fueran gobierno.


El asunto es que no hay unanimidad, ni puede haberla, en cuanto a la valoración de estos gobiernos ni en relación a la actitud hacia ellos. Hay movimientos que apoyan al progresismo y otros que se oponen, y unos cuantos tienen posiciones intermedias y oscilantes según las coyunturas. Lo que no resulta adecuado es quitarle legitimidad cuando toman caminos que no se comparten. Se trata de explicar las razones por las cuales hacen lo que hacen, en vez de sentenciar que se convirtieron en agentes del imperio o cosas similares, que recuerdan el período estalinista cuando todo opositor era tachado de “agente del enemigo”.


-¿Consideras que cabe una “tercera vía”?


El término “tercera vía” no me gusta. Pero entiendo que te refieres a un camino propio de los movimientos, que no necesariamente pase por la estrategia estatal o partidaria. Creo que ese sería el camino a explorar, algo que en los últimos años hemos denominado autonomía. Que pasa por diseñar estrategias propias que, en determinado momento, pueden establecer lazos con algunos partidos o con el Estado, pero que en su conjunto no se subordinan a ninguno.


Sin embargo, una estrategia de este tipo no es sencilla porque supone la constitución de sujetos colectivos sólidos, bien plantados en el escenario político y, sobre todo, capaces de crear y sostener una cultura política propia. Esto es muy excepcional en todo el mundo, y en América Latina lo encuentro en muy pocos movimientos, en particular en el zapatismo y en los sin tierra de Brasil, aunque ambos transitan caminos diferentes. Una estrategia propia sólo puede construirse pensando en la larga duración, para no quedar entrampados en coyunturas políticas o electorales que suelen des-potenciar las capacidades de los movimientos.


-En un reciente artículo publicado en La Jornada, afirmabas que la pugna estratégica entre Estados Unidos y China estaba fracturando América Latina. ¿Qué posición ocupa Venezuela?


En ese artículo recojo un análisis de dos economistas latinoamericanos, que tienen la enorme virtud de darle densidad material a los conflictos en la región, rehuyendo las consabidas letanías ideológicas. El punto de partida es que hay una fractura entre Sudamérica, volcada hacia China, y Centroamérica y el Caribe, volcados hacia Estados Unidos. Para llegar a esa conclusión aportan datos sobre comercio exterior y endeudamiento, y establecen que el epicentro de la fractura es Venezuela.


-¿En qué consiste el conflicto que mencionas?


El eje del conflicto es geopolítico más que social, aunque este tiene su importancia. En todo el mundo hay una pugna entre la potencia decadente y la potencia emergente, o sea Estados Unidos y China. En realidad, la geopolítica explica algunas cosas y es una “ciencia” de carácter imperial, antipática y detestable, pero ayuda a posicionarse si uno rehúye la tentación de creer que las alternativas al imperialismo yanqui son los chinos o los rusos. Se trata de potencias que disputan hegemonías y no de fuerzas emancipatorias, como creen algunos analistas de izquierda. Son opresoras, no liberadoras. Lo que está sucediendo, y esto puede ser positivo, es que la pelea entre potencias puede, sólo puede, abrir espacios a las luchas de los abajos. No más, ni menos.


-¿Cómo se concreta este razonamiento en el caso de Venezuela?


En base a este escenario, lo que veo en Venezuela es un país rebosante de riquezas, de hidrocarburos y minerales, y una geografía que mira hacia el Caribe desde Sudamérica. Es un país bisagra entre dos subcontinentes, al igual que Colombia. Por eso son espacios estratégicos, donde las líneas de fricción entre imperios se convierten en fallas tectónicas en las que emergen los conflictos.


Lo que resulta aleccionador, es que apenas termina la guerra en Colombia, una guerra de seis décadas, se abre la posibilidad de guerra en Venezuela. Creo que se está configurando una guerra interna más que una invasión, aunque los paramilitares parecen estar operando desde Colombia. Venezuela puede convertirse en la Siria de América Latina, lo que llevaría a una profunda y sistémica desestabilización de todo el continente. Una tormenta, en el lenguaje zapatista.


-Tras recordar su acompañamiento crítico a la Revolución Bolivariana, el sociólogo Boaventura de Sousa Santos afirma que las conquistas sociales de los últimos veinte años “son indiscutibles”. ¿Qué le responderías?


Hay que precisar qué se entiende por conquistas sociales. Si se trata de la reducción de la pobreza y el aumento del consumo, estaría de acuerdo. Sin embargo, yo no las llamaría de ese modo, ya que no estamos ante cambios estructurales, como la reforma agraria o la urbana, sino ante la mejora de indicadores puntuales o coyunturales.
En los países con gobiernos progresistas y de izquierda hubo políticas sociales, inspiradas en las políticas del Banco Mundial pero más extensas, que aliviaron la situación de los sectores más pobres y los incluyeron en el consumo. En algunos países parece haberse avanzado en relación a la desigualdad, pero no en todos como lo muestran los estudios en Brasil y Uruguay que analizan los ingresos del 1% durante los gobiernos del PT y el Frente Amplio. Ahí la desigualdad siguió creciendo.


-No hubo cambios...


Lo que no hubo son cambios estructurales. Las vendedoras ambulantes y de los mercados, los recogedores informales de basura, esas mayorías pobres que son el 60% de nuestro continente, tienen ahora ingresos mayores, pero siguen ocupando los mismos lugares en la estructura social, cultural y productiva. Eso se relaciona con la hegemonía de la acumulación por despojo, que se ha agravado en la última década, que desindustrializa o impide la industrialización.


En cada país esto se manifiesta de modos diferentes. En Brasil hubo un avance del agronegocio y un retroceso de la industria. En Venezuela se profundizó el rentismo petrolero. Lo más grave es que se difundió una ideología que hace creer que el mundo deseable se basa en el reparto y no en el trabajo. Esto abre las puertas a la corrupción, que es inherente a la acumulación por despojo.


Por el contrario, creo que estamos en un período de transición muy similar al que vivimos durante nuestras independencias, en la primera mitad del siglo XIX. Fue la lucha, a muerte, entre una clase dominante peninsular (los llamados godos) y una clase emergente de criollos. Una clase en decadencia y otra ascendente que necesitaba el poder estatal para consolidar su riqueza, que era producto de la apropiación violenta de la tierra. Ambos sectores, y muy en particular los criollos, apelaron al pueblo (indios, negros, mestizos y blancos pobres) para inclinar la balanza a su favor, pero en cuanto vencieron les dieron la espalda. La opresión bajo las repúblicas fue incluso más violenta que con las monarquías.


-¿Cómo valoras la derrota electoral del gobierno de Cristina Kirchner, en Argentina, y la “caída” de Dilma Rousseff en Brasil? ¿Supone una involución o la apertura de un periodo con nuevas oportunidades?


Siento que son manifestaciones de lo que llamamos como fin de ciclo. Algo se terminó, más allá de que haya gobiernos de un color o de otro. Lo que llegó a su fin, fue un tipo de gobernabilidad tejida en base a los elevados precios de las exportaciones y una paz social lubricada con alzas sostenidas de salarios y prestaciones sociales, posibles precisamente por esos precios altos del petróleo, el gas, los minerales y la soja.


El fin del ciclo supone el triunfo de las derechas en el corto plazo, pero sobre todo un período de ingobernabilidad en el cual nadie, ni siquiera los progresistas, tienen posibilidades de gobernar en calma. Las clases medias se han hecho muy conservadoras y aprendieron a luchar en las calles. Los sectores populares despiertan de la siesta progresista y se disponen a retomar las calles para defender lo que consideran sus derechos. En tanto, la economía sigue su caída libre en un clima de confusión política.


-¿Qué escenario se otea en la región más allá del análisis cortoplacista?


Si levantamos la mirada hacia el mediano plazo, podemos ver que se abre un nuevo período para los movimientos, con la posibilidad de zafar de la tutela que significaron la izquierda y el progresismo. Eso puede permitir que algunos movimientos hagan una opción por un proyecto propio, aunque creo que la mayoría seguirán prisioneros de la vieja cultura política que coloca a los caudillos en un lugar central y el acceso al Estado como clave de bóveda de los cambios.


No soy muy optimista respecto a que seamos capaces de mirar más lejos que los períodos electorales, aunque unos cuantos movimientos de mujeres y de jóvenes, que son los más activos en este momento, parecen querer rehuir esa perspectiva.


-¿Qué movimientos sociales regidos por los principios de la asamblea, la autonomía y la autogestión observas actualmente con mayor pujanza en el continente?


Los movimientos de carácter comunitario, aunque no existan comunidades formales. Tengo gran confianza en el zapatismo, pero también en franjas del movimiento mapuche, en movimientos locales urbanos en Ciudad de México y en el estado de Lara (Venezuela), donde se registran experiencias notables que congregan decenas de miles de personas.


En todo caso, creo que los movimientos indígenas siguen siendo los más avanzados, aunque en los últimos años ganaron fuerza los movimientos negros en Brasil y Colombia, donde los jóvenes y las mujeres viven bajo una constante persecución policial y estatal.


-¿Qué podría aprender, a tu juicio, la izquierda occidental del zapatismo?


Ética. El zapatismo es una inmensa escuela de ética. Se despegaron de la agenda estatal-partidaria, abandonando los focos de atención mediáticos, al precio de hundirse durante meses en el silencio y la falta de noticias sobre lo que hacen. Pero eso les ha permitido crear una agenda propia, que es uno de los rasgos mayores de su autonomía.
En cierto momento se preguntaron qué tipo de militante nacería de la opción de no tomar el poder estatal, o sea de no pelear por cargos, puestos y remuneraciones dentro del sistema. El resultado es esa nueva generación de jóvenes de las comunidades que luchan con múltiples armas, incluyendo la música, la danza, el teatro y los conocimientos científicos. La clave en este punto es la creación, que simboliza la creación de un mundo nuevo.


Entre los siete principios zapatistas figura “bajar y no subir”, lo que es un rasgo básico de una nueva cultura política que va a contrapelo de la vieja cultura de nuestras izquierdas que busca ventajas, incluso individuales, dentro del sistema y del Estado.


-Has propuesto una mirada diferente sobre el “narcotráfico”, más allá de la de desaforados criminales que asesinan a diestro y siniestro. Podría aplicarse a países como México o Guatemala. ¿En qué consiste?


Intento responderme la pregunta de qué función cumple el narcotráfico. Porque si es exitoso, si avanza de forma exponencial en nuestras sociedades, no puede ser sólo porque resulta económicamente exitoso. Es evidente que cumple también funciones sociales y culturales. La segunda pregunta sería: qué sucedería con los jóvenes de los sectores populares, que son sus principales adherentes y víctimas, si no existiera el narco.


Observando las realidades micro en barrios de nuestro continente, creo que el narco es hoy el control social en la zona del no-ser, por usar conceptos que provienen de Fanon. Recordemos que Deleuze plantea que las sociedades disciplinarias dieron paso a las sociedades de control, o sea pasamos del encierro al control a cielo abierto. En su análisis el principal modo de control es el endeudamiento, algo que funciona en las zonas del ser (donde la humanidad de los seres es respetada), pero en las zonas del no-ser (donde la dominación se ejerce por la violencia) no hay capacidad de endeudarse. Ahí la masacre, los paramilitares, el narco y los feminicidios aparecen como modos de control de los sectores no integrables.


Por el reverso, podemos preguntarnos qué sucedería con los jóvenes y las jóvenes si no existieran esos modos de control/represión/genocidio. Sin duda se levantarían contra un sistema que los condena a la marginación y les cierra todo futuro. Estarían en el mismo lugar que estuvimos las generaciones de los 60 y 70, peleando aún a riesgo de perder la vida para poner fin al sistema capitalista.


Creo que sobre este asunto debemos investigar y trabajar seriamente.


-En mayo de 2017 Lenín Moreno sustituyó a Rafael Correa en la presidencia de Ecuador, después que éste ocupara durante una década la presidencia. ¿Consideras que pude producirse algún tipo de viraje?


Ya se produjo. Moreno tomó distancias de Correa y en el horizonte se puede ver una crisis que afectará de lleno al gabinete y al partido que sostiene al gobierno, Alianza País. Moreno tiene un estilo bien diferente al de Correa, me refiero a lo personal, al carácter, ya que busca conciliar con los movimientos y no confrontarlos, por eso le cedió a la CONAIE la sede que le corresponde. Pero también tiende a conciliar con los empresarios y la derecha, de modo que su gobierno aunque más tolerante es a su vez más moderado, en una situación de crisis económica aguda y de déficit que hereda del gobierno anterior.


-Por otro lado, en países como Argentina se ha discutido mucho sobre la figura del Periodista “militante” y si es coherente con los principios de rigor, búsqueda de la verdad y contraste de las fuentes. ¿Te consideras un periodista e investigador “militante”? ¿Qué opinas de esta polémica y la que enfrenta a periodistas con comunicadores populares?
Me siento militante, tanto periodista como investigador militante. Pero lo hago partiendo de un hecho básico: no es un título o un lugar que avale un sentimiento de superioridad, moral o intelectual, sino como mera exigencia ética, de rigor y de compromiso.


El rigor se relaciona con decir la verdad en todo momento, aunque sea incómoda. Lo que no quiere decir que uno no se equivoque. Todo el tiempo nos equivocamos y hay que tener el valor de reconocerlo.


En cuanto al compromiso, desde que viví en Perú en los 80, durante la guerra de Sendero Luminoso, me ilumina una frase de Emil Cioran: “Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores”.
Es difícil admitir que unos y otros estamos amasados con el mismo barro, pero es el modo de abrirnos a un sentimiento de compasión, que pone un límite a la intransigencia del revolucionario que, muy a menudo, cree que los que están dispuestos a dar su vida por una causa son seres especiales, como sostuvo Stalin.

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El Festival CompArte, espacio "para crear" y "alzar la voz"

Argelia Guerrero, Antonio Gritón, Miguel Saavedra, Tryno Maldonado y Mario Galindez, así como el grupo Sistema Proletario, entre los participantes

Convocado por la Comisión Sexta y las Bases de Apoyo del EZLN, concluirá mañana en el caracol aapatista de Oventic

 

Miles de artistas y de personas del país y del extranjero se dieron cita el pasado domingo en la inaguruación del Festival CompArte por la Humanidad, Frente al Capital y sus Muros; todas las Artes, convocado por la Comisión Sexta y las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Hubo presentaciones de teatro, audiovisuales, música, poesía, literatura, danza y pintura, así como talleres en esas áreas. Estas actividades se realizaron en el Centro Integral de Capacitación Indígena Unitierra, Chiapas.

"CompArte es como la utopía; es un espacio de arte para liberar, para crear", aseguró el artista gráfico Miguel Saavedra, quien llegó de la Ciudad de México junto con el colectivo de mujeres Grietas en el Muro, adherentes a la Sexta.

Los integrantes del grupo de ska Sistema Proletario, de Tuxtla Gutiérrez, luego de su actuación afirmaron que el festival es un foro para "expresar inconformidades, alzar la voz y compartir".

Desde Alemania, arribó Olga, artista gráfica de ascendencia kurda. También participaron Antu y Relmu, músicos originarios de Chile, los cuales animaron a "seguir en la resistencia", expresando el fraterno saludo mapuche de Marichiweu.

Apoyo a las familias de los normalistas desaparecidos

Otra de las actuaciones sobresalientes fue la de la bailarina Argelia Guerrero, quien presentó su espectáculo Yo vengo a ofrecer mi corazón, en el que contó la historia de la resistencia y la lucha en México desde la Revolución hasta nuestros tiempos y mostró su apoyo a los padres y madres de Ayotzinapa.

Asimismo, el artista visual Antonio Gritón estuvo presente en el encuentro con gráfica de su Taller El Ajolote.

En una entrevista para Radio CompArte, el escritor Tryno Maldonado, habló de su experiencia de acompañamiento con las madres, padres, [email protected] y compañeros de los desaparecidos de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014.

Autor del libro Ayotzinapa, el rostro de los desaparecidos, en el que puso la literatura "al servicio de las voces", de las familias de los normalistas desaparecidos y los sobrevivientes.

El pintor Gustavo Chávez Pavón, evocando el poema de Mario Benedetti Por qué cantamos, expresó: "¿Usted preguntará por qué pintamos?, pintamos porque el grito no es bastante, y no es bastante el llanto ni la bronca; pintamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota; pintamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar, que el color se haga ceniza".

Por su parte, los integrantes del colectivo de artistas gráficos La Espiral de Fuego expresaron su convicción de que en la colectividad y la cooperación está la "solución para organizarnos".

Egresados de la Escuela Nacional de Arte Teatral, señalaron que CompArte abre las puertas para encontrar a la gente que en la ciudad o en el campo está inconformes, "que busca nuevas maneras de pensar, sentir, compartir y apreciar las diferencias".

A lo largo de la semana participaron en el festival el coro de las Abejas de Acteal y el grupo Los Originales de San Andrés, de Oventic Chiapas, quienes estrenaron La cumbia de Marichuy.

"Los pueblos indígenas ríen desde el corazón"

Uno de los actos destacados fue la actuación del mimo Mario Galindez, quien afirmó: "Los pueblos indígenas siempre han reído... porque ríen desde el corazón y pese el dolor, ríen. Para construir algo en pantomima, yo necesito mirarlo para que tú lo veas. Si miramos hacia la misma dirección podremos construir un mundo mejor, donde todos quepan, donde todos podamos reír", recordó el integrante de Humor para la Paz.

Las actividades del Festival CompArte continúan hoy y mañana en el caracol zapatista de Oventic, de las 10 de la mañana a las 9 de la noche. Se tienen programadas decenas de presentaciones de música, teatro, danza y poesía, así como muestras de fotografía, pintura y grabado. Se realizarán varios talleres. En esta segunda edición sobresale la participación de más propuestas de mujeres dedicadas a las artes.

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Miércoles, 26 Julio 2017 06:08

Plan de lucha contra el programa de Temer

Plan de lucha contra el programa de Temer

La agenda de protestas del MST incluye manifestaciones en ocho estados, marchas y una vigilia extendida hasta el 2 de agosto, cuando el Congreso debe evaluar si encamina a la Corte Suprema o si archiva la denuncia contra Temer.

 

El Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST) ocupó propiedades agropecuarias de políticos en varios estados de Brasil y prometió nuevas medidas de ese estilo. El objetivo de las tomas de tierra no es otro que exigir cambios en la política agraria del gobierno de Michel Temer. Desde la madrugada de ayer, 15.000 miembros del movimiento ingresaron a fincas pertenecientes a las familias del ministro de Agricultura, Blairo Maggi, en Mato Grosso, y del senador Ciro Nogueira, en Piauí. En Rio de Janeiro, los militantes del MST ocuparon una hacienda que, según la Policía Militar, pertenece al ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira; en tanto que en Sao Paulo, ingresaron a la propiedad de una firma de arquitectura que cuenta entre sus socios a João Batista Lima, ex asesor y amigo de Temer.


Joao Paulo Rodrigues, vocero de la dirección nacional del MST, informó sobre el curso que piensa tomar el movimiento. “Vamos a mantener estas ocupaciones de forma indeterminada. Denunciamos el retroceso de la reforma agraria y la corrupción y el lavado de dinero con tierras que podrían ser aprovechadas para la reforma agraria. Denunciamos, también, a los corruptos de Brasil”, dijo el vocero. Por su parte, la asesoría de comunicación del grupo Amaggi, propiedad de la familia del ministro de Agricultura, confirmó la ocupación desde Cuiab, capital de Mato Grosso, y dijo que estaba trabajando para restablecer el orden en su propiedad y garantizar la seguridad de las 17 personas que viven en la hacienda.


La asesoría del senador Ciro Nogueira, presidente del Partido Progresista (PP), no tenía detalles de la situación en el terreno ubicado en Piauí. El movimiento bloqueó además el acceso al Centro de Lanzamiento de Alcántara, base militar en Maranhao, para advertir a los habitantes de la zona sobre las consecuencias negativas que a su juicio podría tener la ampliación de un programa espacial ejecutado en asociación con Estados Unidos. El MST también marcó su presencia en las sedes regionales del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria de Sergipe y Bahia ( noreste).


La agenda de protestas del MST incluye manifestaciones en ocho estados, marchas y una vigilia extendida hasta el 2 de agosto, cuando el Congreso debe evaluar si encamina a la Corte Suprema o si archiva la denuncia por corrupción pasiva presentada por la Fiscalía General contra Temer, explicó Rodrigues. El vocero de la dirección nacional del MST hizo un balance de las manifestaciones de ayer. “Esta es la mejor jornada de lucha que hemos tenido en años, la gente nos apoya porque sabe que tanta corrupción es vergonzosa”, comentó el vocero.


Según el MST, las fuerzas de seguridad se acercaron a las fincas ocupadas en San Pablo y Río de Janeiro, pero no hubo conflictos ni se recibieron órdenes judiciales de expulsión. Los miembros del movimiento instalaron edificaciones en todas las propiedades ocupadas, indicó la asesoría de comunicación del MST, que advirtió que vendrán nuevas ocupaciones en las próximas horas.


Temer está acusado de favorecer a los intereses del agronegocio, poniendo en riesgo áreas protegidas. El MST, creado en 1980, exige una reforma agraria que distribuya tierras y recursos a los trabajadores rurales y a las comunidades originarias, con eje en la agricultura familiar. Agrupa a 400 mil familias que lograron titularidad de tierra, y otras 120 mil que permanecen en campamentos.

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“Hay que fortalecer las fuerzas comunitarias y obreras dentro del proceso de cambio”

“La Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, fue un primer ensayo de bloque campesino, obrero y popular en lucha contra las políticas neoliberales”

 

Cuando sugerimos tratar la contingencia política de los movimientos sociales en Bolivia, de inmediato se nos vino a la mente la pertinencia de dialogar con el viceministro Alfredo Rada, quien, con una apretada agenda, reuniones y audiencias con distintos sectores sociales, sin embargo, hizo un paréntesis en su actividad y recibió a Correo del Alba, en su despacho en Palacio Quemado.


Siempre ha sostenido que sin movimientos sociales no hay proceso de cambio, ¿cómo se ha dado la participación de esos movimientos a lo largo del proceso boliviano?


Este proceso político se gestó allá por el 2000, cuando en Cochabamba surgió la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, que fue un primer ensayo de bloque campesino, obrero y popular en lucha contra las políticas neoliberales. Luego se expandió a nivel nacional y logró un triunfo político estratégico en octubre de 2003, cuando la burguesía comenzó a ser desplazada del poder político con el derrocamiento y fuga al exterior de Gonzalo Sánchez de Lozada. En ese momento, la burguesía se replegó hacia los espacios regionales de la denominada “media luna”, conformada por los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Para legitimarse en los espacios políticos regionales utilizó la demanda de autonomías departamentales.


Por su parte, el bloque social revolucionario, encabezado en ese momento por los pueblos y naciones indígena originarios, a los que se sumaron la clase obrera y otros sectores populares, se movilizó para lograr la convocatoria a una Asamblea Constituyente y, después, para defenderla, así como para respaldar las iniciativas que tomó el nuevo gobierno de Evo Morales, como la nacionalización del excedente hidrocarburífero en mayo de 2006.


Con posterioridad a la llegada a la presidencia de Evo Morales, ¿cómo se comportó el bloque de fuerzas políticas y sociales que menciona?


Entre el 2006 al 2009 se dio el mayor avance en las transformaciones políticas y económicas, y el mayor nivel de acción colectiva de los movimientos sociales, siendo la marcha nacional de octubre de 2008, que exigía la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, y que recorrió 200 kilómetros desde Caracollo hasta La Paz, la más grandiosa expresión de la fuerza de masas en ese período. Sin embargo, una vez logrado el objetivo de fundar un nuevo Estado Plurinacional, a partir del 2010 entramos en una etapa de reflujo de masas.


Son varios años en los que se priorizó la estabilidad por sobre el cambio, se asentaron tendencias moderadas y pactistas dentro del Gobierno; es el momento en que se realizaron concesiones y retrocesos programáticos en varias áreas.


¿Esta etapa de reflujo de masas se mantiene?


Comenzó a ser superada a fines del 2013, cuando en la ciudad de Santa Cruz, la Central Obrera Boliviana (COB) que se había distanciado por el “gasolinazo” de diciembre del 2010, decidió en una reunión nacional el reencuentro con el proceso de cambio. Esto permitió, entre 2014 y 2015, dar vitalidad a la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM), estructura creada en 2007 para defender la Asamblea Constituyente, pero que pronto entró en un prolongado debilitamiento que se extendió por tres años, entre el 2011 y el 2013, como expresión en lo organizativo del reflujo de masas al que nos referimos antes.


¿Cuál es el estado actual de la CONALCAM?


En los últimos años, la CONALCAMha sumado varias organizaciones nacionales, hasta llegar a las 30 que actualmente la conforman. Vuelve a tomar iniciativas políticas como fue impulsar el referéndum de febrero de 2016 para la habilitación constitucional del compañero Evo Morales para un nuevo período. El resultado de ese ejercicio fue negativo, se perdió por escaso margen, pero ello no anula la acción colectiva de los movimientos sociales que lo impulsaron. Estoy en desacuerdo con la crítica pequeñoburguesa que califica –a posteriori y con los resultados en mano– aquella propuesta como una “falta de sentido común”; sigo y seguiré pensando que es mejor para los revolucionarios equivocarse junto al pueblo que acertar lejos del pueblo. De esa forma, aún en la derrota mantienes unida la base social del proceso y la preparas para nuevas luchas en las que puedes salir victorioso.


¿Por qué le asigna tanta importancia a la CONALCAM?


Porque cada proceso revolucionario tiene su particular configuración del nuevo poder político. En el caso boliviano se le denomina “gobierno de los movimientos sociales” y una de sus expresiones, la más conocida aunque no la única, es la CONALCAM. No olvidemos que el propio Evo se ha referido a ella como el gabinete de los movimientos sociales. Un gabinete en el que confluyen tres bloques: a) El bloque indígena originario campesino, que se expresa en el Pacto de Unidad de sus cinco organizaciones matrices; b) El bloque obrero conformado por las organizaciones de los trabajadores mineros y metalúrgicos, fabriles, petroleros, constructores, de luz y fuerza, del magisterio, todos afiliados a la COB. Podemos incluir en este bloque a la base proletaria no sindicalizada de las cooperativas mineras;c) El bloque urbano-popular conformado por juntas vecinales, transportistas y comerciantes gremialistas.


Sostengo que si los movimientos sociales se empoderan dentro del proceso de cambio, uno de los espacios en el que se puede ejercer la conducción política es la Coordinadora. Esto fortalecerá el liderazgo de Evo, que siempre se ha mantenido fiel a la base plebeya de la que surgió.


Particularmente significativo ha sido una de las más recientes resoluciones de la CONALCAM, que pidió ser parte de las decisiones económicas y de la agenda productiva. Así salieron al paso de la propuesta que la burguesía, representada en la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, le hizo al Gobierno: conformar un Consejo Económico y Productivo entre los empresarios y los ministros. Si nos fijamos bien en este debate se está expresando también la lucha de clases.


¿Lucha de clases o conciliación entre clases?


Recuerdo los debates en la izquierda hace dos décadas. Junto a varios otros yo sostenía que la opresión de las naciones originarias por el Estado colonial republicano debía ser previamente superada para así avanzar en la lucha por el socialismo comunitario. La fundación del Estado Plurinacional lleva a un despliegue mayor de la lucha de clases en una sociedad que aún es capitalista. Lo decisivo es que fortalezcamos en este período a las fuerzas comunitarias y obreras, que las empoderemos. Este planteamiento no tiene nada que ver con el pactismo conciliador con la burguesía.

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