Martes, 25 Julio 2017 06:47

We the people

We the people

Esas palabras iniciales de la constitución política de EU son quizá conocidas en todo el orbe. Aunque pocas voces se han preocupado por preguntarse quienes conforman ese "pueblo". Aunque pueda parecer una obviedad, está muy lejos de serlo.

Simone de Beauvoir en El segundo sexo interpela a la historia y demuestra que "ser mujer" es una construcción social y cultural. Con el tiempo la filósofa francesa se convertiría en un referente pilar del feminismo. Pero es exactamente la misma respuesta la que puede darse a la pegunta qué es "ser hombre".

Desde Antonio Gramsci y los pensadores que han acrecido la teoría política tomando como fundamento sus Quaderni del carcere, "el pueblo" es definido asimismo, como una construcción social, cultural y política.

¿Quiénes son “the people” en la constitución política de EU, de 1788? Un puñado de personas, entre ellos los llamados "padres fundadores". Ellos definieron en la Convención Constitucional la propuesta de Constitución de EU, que dictaba quiénes habían sido incluidos y podían, apenas, cruzar el umbral de la puerta a la estrechísima democracia entonces proclamada. La inmensa mayoría tenían negado el derecho político elemental del sufragio; no eran “ the people”. La mayoría excluida eran las mujeres, los negros, los analfabetos, quienes no podían pagar un mínimo de impuestos. El no-pueblo carecía no sólo del derecho al sufragio; carecían, en los hechos, prácticamente de todo derecho. Eran los excluidos de todo, los indistintos, individuos o comunidades enteras. El pueblo era ese, definido por la democracia liberal recién nacida. Pero el pueblo, así definido por el liberalismo, estaba dividido en las élites económicas y políticas, las clases medias (formadas por la vía de la autopercepción), y quienes trabajaban en el mundo de la producción ¬y los servicios. Las élites ejercían su hegemonía sobre ese pueblo por vía de la persuasión, principalmente mediante el relato del liberalismo sobre la "realidad" del mundo, a través de los medios, de la escuela, de la iglesia. Sobre el no-pueblo se ejercía así la hegemonía y, también, mediante lo que Max Weber definió de este modo: el Estado es la fuente de la legitimidad del uso de la violencia.

Lo mismo ocurría en Reino Unido y en Francia, donde nacieron los miembros de la Ilustración, quienes crearon las ideas que inspiraron las constituciones políticas de esos países.

En Estados Unidos no se permitió el sufragio femenino total hasta ¡1965!, aunque desde 1920, después de múltiples luchas sufragistas las mujeres pudieron votar, pero excluyendo a las negras.

Los pioneros. Nueva Zelanda creó el voto universal en 1893. Le siguió Australia en 1902. En Europa el pionero fue Finlandia, que instituyó el derecho al voto tanto para hombres como para mujeres, simultáneamente, en 1906.

En España el sufragio universal llegó en1931. Aunque en 1924, bajo el mandato de Primo de Rivera, sólo podían votar en elecciones municipales las mujeres mayores de 23 años que estuvieran "emancipadas". Quedaban excluidas las mujeres "casadas" y las "prostitutas". El primer país latinoamericano que creó el voto universal fue Uruguay, en 1918, aunque se ejerció el voto por primera vez en un plebiscito en 1927. Como se sabe, en México hubo derecho al voto universal en 1953. La democracia ha avanzado reptando.

La exclusión del más elemental de los derechos políticos es, con todo, apenas una forma de exclusión. La exclusión de casi todo, más allá del contenido de las leyes aquí o allá, ha sido la norma real, para la mayoría, en todo el mundo (con pocas excepciones).

El camino de la democracia se halla en sus prolegómenos. Las luchas sociales por la inclusión, es sinónimo de luchas por la ampliación de la democracia. Más amplia inclusión social en todo, mayor ¬democracia.

Los hombres de la Ilustración produjeron muchas y a veces muy bellas ideas, como la divisa de la Re¬volución Francesa, "libertad, igualdad, fraternidad" que, al mismo tiempo, sigue siendo el máximo programa político que puede buscar la construcción de una humanidad de veras civilizada, en todos los países del orbe.

Aunque la Ilustración tuvo dos hijos: el liberalismo y el marxismo (también tuvo un tercero, muy menor: el anarquismo). Quizá sea mejor decir que a la Ilustración le nacieron dos árboles. Porque éstos se ramifican y eso es lo que ocurrió con esas dos doctrinas económicas, políticas y sociales, antagónicas.

Hay democracias liberales variadas: más o menos democracia, es igual a más o menos exclusión.

Especialmente desde el inicio del siglo XIX, el espacio de lo político es "un medio de luchas concretas" definió con precisión el jurista nazi Carl Schmitt. El concepto de lo político definido así, como conflicto, aplica justamente al mundo real de una sociedad política dividida en incluidos y excluidos (los "de arriba" y los "de abajo", dice Chantal Mouffe), conceptos que requieren ser políticamente definidos según cuándo y según dónde.

El mundo está dividido de ese modo. En él, el liberalismo ha ejercido su hegemonía en toda la línea, frente a la resistencia o la ampliación del número de los excluidos, como ha ocurrido con el advenimiento del neoliberalismo.

Otro mundo es posible mediante una disputa por la hegemonía: la elaboración de un relato que se vuelva sentido común para los excluidos y así construir "pueblo", uno que demande la inclusión, la ampliación de la democracia, el proceso que va cerrando las brechas de la desigualdad. La radicalización de la democracia es el eje central.

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La disputa China-EU fractura América Latina

Con sencillez y profundidad, Oscar Ugarteche y Armando Negrete, del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela), trazan las nuevas fracturas tectónicas en la región en un breve y documentado artículo titulado Perspectivas de las economías latinoamericanas frente a la economía mundial (goo.gl/vGQV48).

El argumento central es que el giro proteccionista, en Estados Unidos con Trump y en Inglaterra con el Brexit, acelera los cambios económicos (y geopolíticos) en la región, donde las economías son cada vez más dependientes y están estructuralmente abroqueladas en el patrón de acumulación de la década de 1950, o sea, exportación de materias primas e importación de bienes industriales.

En este marco de profundización de la dependencia, la emergencia de China como actor central en el sistema-mundo ha provocado una fractura estructural en América Latina: Sudamérica ha virado hacia China y la cuenca del Caribe ha estrechado su histórica relación con Estados Unidos, sostienen Ugarteche y Negrete.

Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los países de América del Sur, por un lado, y los de América Central, México y el Caribe, por otro. El resultado es que México envía 81 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta sólo 12 por ciento y Argentina 5 por ciento a ese destino. El color de los gobiernos no es lo fundamental: el derechista argentino Macri ha renovado y profundizado los lazos con China, por razones estructurales.

El país que está en el centro de esta fractura es Venezuela. El párrafo decisivo, a mi modo de ver, es el siguiente: "De un lado la inversión extranjera más importante de EU es de capital de PDVSA en la forma de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de gasolina después de Exxon. De otro, Venezuela le vende crecientemente a China y se endeuda con Rusia, lo cual crea un escenario bélico en la cuenca del Caribe, mare nostrum americano".

La conclusión es sencilla, aunque trágica: "Por primera vez existe una posibilidad real de una guerra de alta intensidad propiamente dicho, frente a la eventualidad de problemas de pagos de deuda con PDVSA". Los miembros de Obela creen que es muy posible una quiebra de la petrolera y un cese de pagos, lo que "generaría un problema internacional mayor".

En opinión de Ugarteche y Negrete, la solicitud de Colombia para ingresar a la OTAN se relaciona con el este futuro bélico, así como la declaración de Barack Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos.

En este punto, vale recordar los análisis del brasileño José Luis Fiori, quien se apoya en Nicholas Spykman (1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX, para actualizar los debates latinoamericanos durante la transición sistémica en curso.

Para Spykman, señala Fiori, el Caribe, más Colombia y Venezuela, forman una zona de influencia donde "la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada", ya que los consideraba "un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia" (goo.gl/9ti7oW).

En esta mirada de la región, Fiori sostiene que Estados Unidos y Brasil se enfrentarán inevitablemente a lo largo del siglo XXI, ya que son los dos únicos países con capacidad de liderar la región con proyectos propios. Y concluye: "El problema es que la posición de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la región".

Si la confrontación es inevitable; si la guerra es posible, deberíamos colocar esa perspectiva en los análisis de los movimientos antisistémicos para adecuar la organización y la conciencia ante esos escenarios. De allí se desprenden algunas consideraciones.

La primera es que la llamada crisis de la democracia, la desarticulación del Estado-nación y de las organizaciones que giran en torno a sus instituciones (desde los partidos políticos hasta las grandes centrales sindicales), son tendencias de carácter estructural que no puede ser revertidas por tal o cual caudillo, dirigente o administrador.

Tomarse en serio la democracia electoral, mientras la clase dominante le apuesta a la militarización y prepara masacres, es una irresponsabilidad para quienes queremos cambiar el mundo. Eso no quiere decir que se deba darle la espalda a las urnas, sino que el eje central debe girar en torno a la organización de los sectores populares y no en torno al apoyo a los representantes, porque éstos no pueden hacer gran cosa, aunque realmente quieran hacer algo.

La segunda tiene que ver con la guerra. Hace poco más de un siglo, cuando la socialdemocracia alemana votó los créditos de guerra y apoyó a su propia burguesía en la primera guerra mundial (1914-1918), el internacionalismo se hizo añicos y una profunda crisis carcomió las entrañas de las fuerzas revolucionarias. Alguna lección deberíamos aprender de aquella penosa historia.

Frente a quienes apoyaban a los gobiernos y los Estados, los rebeldes rusos delinearon una estrategia bien distinta: convertir la guerra interimperialista en guerra de clases para hundir a la burguesía. Las cosas hoy no son idénticas. Pero en los momentos de grandes virajes y conflictos mayores, no deberíamos caer en la trampa de apoyar a los gobiernos-Estados sino aprovechar el colapso institucional que sucede durante las guerras, para construir/expandir el poder de los de abajo.

Los grandes cambios en la historia de la humanidad suceden durante guerras. La historia del siglo XX debe persuadirnos de esa triste realidad.

El análisis "económico" de los miembros de Obela nos debería quitar la venda de los ojos y evitar que el pragmatismo oscurezca la ética. ¿Cómo nos estamos preparando para los momentos álgidos que se vienen? El paso fundamental se relaciona con la disposición de ánimo, lo que supone mirarnos al espejo para decidir a qué estamos dispuestos.

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Domingo, 16 Julio 2017 06:25

La matanza de líderes sociales

La matanza de líderes sociales

A José Yimer Cartagena Úsuga lo mataron entre la noche del martes 10 y la madrugada del 11 de enero en la región de Urabá. Su cuerpo fue agujereado por más de 30 puñaladas y tenía visibles signos de tortura. Más de 40 dirigentes sociales han sido masacrados en los últimos siete meses en Colombia, sin que del tema se hable a nivel internacional.

 

Con 30 años de edad, Yimer era vicepresidente de la Asociación Campesina del Alto Sinú (Asodecas) e integraba el movimiento político Marcha Patriótica, en el departamento de Córdoba. En sus últimos meses de vida andaba motivando a los campesinos de la zona a dejar los cultivos ilícitos y a integrarse a los programas de sustitución que ha venido promoviendo el gobierno nacional en distintas zonas del país. Pero también, dicen sus compañeros de Asodecas, se encontraba haciendo pedagogía del acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 entre el gobierno colombiano y las Farc, tras 52 años de guerra. “Era una persona muy entregada al trabajo social, muy atento al cambio del país y de su comunidad. Su muerte fue para nosotros, como asociación, un golpe muy duro”, dice su compañero Luis Carlos Suárez, coordinador de Asodecas.


José viajaba desde un sector conocido como El Cerro hasta el casco urbano de Carepa cuando fue abordado por un grupo de hombres armados que lo obligaron a subirse a una camioneta blanca de alta cilindrada. Los mismos hombres le advirtieron a la comunidad no mencionar ni una sola palabra de lo que habían visto.
Un día después sus familiares debieron ir hasta la morgue del pueblo a reconocer el cadáver.


¿Quién lo asesinó y por qué? ¿Quién está matando a los líderes sociales en Colombia tras la firma del acuerdo de paz? ¿Es este un fenómeno sistemático o una simple coincidencia, en un país agobiado por múltiples conflictos y acostumbrado a ver caer, asesinados, a defensores de derechos humanos, profesores, alcaldes, ministros, e incluso a candidatos presidenciales? Estas preguntas se las han venido haciendo en los últimos meses defensores de derechos humanos, analistas, periodistas e investigadores, a raíz de la muerte de José Yimer y de 41 líderes más que, según el medio independiente Generación Paz, han sido asesinados entre el 2 de diciembre de 2016 y el 1 de julio del presente año.


¿De dónde vienen las balas y qué intereses hay de por medio para acabar con la vida de representantes de pequeñas organizaciones rurales, muchas de ellas ubicadas en las antiguas zonas de influencia de las Farc, que luego de entregar sus armas se preparan para reintegrarse a la vida civil?


Son muchas preguntas sobre un asunto complejo para un país como Colombia, que aunque transita hacia el posconflicto con la entrega reciente por parte de las Farc de más de 7 mil armas a las Naciones Unidas y la desmovilización de igual número de hombres de ese grupo, aún es escenario de combates en selvas y montañas, donde operan el Ejército de Liberación Nacional (Eln) –con cerca de 2.500 hombres, según estimaciones oficiales– y varias disidencias de antiguos grupos paramilitares, desmovilizados hace una década por el gobierno de Álvaro Uribe y que ahora se conocen con los nombres de El Clan del Golfo y Autodefensas Gaitanistas de Colombia.


REACOMODO.

“No hay un actor único”, es la primera respuesta que ofrece el investigador social Max Yuri Gil, quien lleva varios años descifrando las imbricadas redes del conflicto armado en Colombia. Podría decirse, explica, que se debe fundamentalmente a disputas de tipo territorial asociadas a la llegada de nuevas organizaciones a los territorios abandonados por las Farc. Se trata de grupos paramilitares o “grupos posdesmovilización”, como prefiere llamarlos la Onu, que estarían disputándose estos territorios, caracterizados por economías ilegales donde predominan los cultivos de coca, la minería ilegal y la tala de bosques. “Eso ha generado una gran disputa por los recursos, y cuando las Farc abandonan estas áreas empieza a producirse un reacomodo, un reordenamiento que ha costado la vida de una parte de estos líderes”, explica el académico. Sin embargo, el gobierno de Juan Manuel Santos ha defendido la postura de que en el país no existen grupos paramilitares sino bandas criminales que actúan sin mayor articulación. “En Colombia no hay paramilitarismo. Decir que en el país hay paramilitarismo significaría otorgar un reconocimiento político a unos bandidos dedicados a la delincuencia común organizada”, dijo en enero pasado el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.


Las declaraciones de Villegas han sido rebatidas por instituciones como el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), que en un informe publicado en mayo (“El paramilitarismo en Colombia sí existe”) atribuye a paramilitares 550 hechos violentos ocurridos en 2016, entre los que se encuentran asesinatos, desapariciones y torturas. Esta cifra, destaca el informe, “demuestra que continúa la guerra sucia contra líderes sociales, defensores de derechos humanos y líderes políticos de izquierda”.
El Ministerio de Defensa insiste en que aquí no hay paramilitares, pero se comportan como tales, apunta Max Yuri Gil. “Lo que pasa es que la particularidad del paramilitarismo colombiano es que desde hace muchos años está muy permeado por el narcotráfico, y eso ofrece una especie de turbulencia”, agrega.


Según el periodista Juan Diego Restrepo, las balas que están asesinando a líderes sociales y a defensores de derechos humanos vienen de diversos sectores. Entre ellos destaca los grupos de narcotraficantes con intereses en algunas regiones estratégicas. Pero también están los dueños de amplias extensiones de tierra que han sido afectados por los procesos recientes de restitución. Restrepo tampoco descarta el accionar de grupos guerrilleros, como el Eln y algunas disidencias de las Farc, que prefirieron huir de los acuerdos antes que apostar a la vía pacífica.


El tema del narcotráfico resulta fundamental para entender el conflicto colombiano durante las últimas tres décadas. Sobre todo si se tiene en cuenta que los grupos ilegales se han alimentado de él para financiar sus acciones. Así lo argumentan los distintos informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, organismo creado bajo la ley de víctimas y restitución de tierras (1.448), de 2011, con el objetivo de reconstruir la memoria de la guerra en el país.


Este no es un tema menor, sobre todo cuando se sabe que Colombia encabeza la lista de los países con mayor producción de coca, según el informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos. Las últimas cifras sobre el crecimiento de este cultivo en el país indican que la cantidad de hectáreas sembradas pasó de 160 mil, en 2015, a 188 mil en 2016, un crecimiento del 13 por ciento

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En cuanto al proceso de restitución de tierras, el asunto no es de menor importancia si se entiende que éste ha sido determinante en el conflicto armado interno. En las últimas tres décadas miles de campesinos han debido abandonar sus parcelas, que han sido usurpadas. La ley 1.448 busca generar las condiciones propicias para reparar a las víctimas y devolver la tierra a quienes por derecho propio son sus poseedores. Pero antes de que la ley demostrara resultados efectivos, los campesinos recibieron amenazas y empezaron a ser asesinados. Ser “reclamante de tierras” en Colombia también se ha convertido en un factor de persecución y asesinato. “Dada la complejidad de los territorios, es necesario pensar que no hay un interés común nacional, sino que hay unas agendas territorializadas que impactan a diversos actores que desde la legalidad ven en el asesinato una manera de intimidar y acallar voces tan importantes como las de los líderes sociales”, reflexiona Juan Diego Restrepo.


Otro asunto que influye notoriamente, dice Max Yuri Gil, es que el acuerdo de paz con las Farc ofrece un conjunto de transformaciones democráticas que empiezan a llegar a los territorios. “Digamos que hay una especie de reordenamiento de la competencia por los poderes locales, y creo que hay sectores que están tratando de diezmar las bases sociales de las Farc de cara a una competencia electoral futura.”


ASESINATOS SISTEMÁTICOS.

Un tema que ha estado en el debate durante los últimos meses entre el gobierno y diversos actores sociales y académicos es si la muerte violenta de líderes sociales puede considerarse sistemática o si por el contrario son simplemente acciones no planificadas de los actores ilegales. En marzo pasado, durante la sesión 161 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), el gobierno advirtió que era prematuro declarar la muerte violenta de líderes sociales como una acción sistemática. Esas afirmaciones se dieron dos meses después de que el ministro de Defensa dijera que estos asesinatos están más relacionados con el crimen organizado y que no hay evidencias suficientes para sugerir la existencia de elementos comunes. “Hay asesinatos, pero no son sistemáticos. Si lo fueran sería el primero en aceptarlo”, apuntó Villegas.


Para Max Yuri Gil, en cambio, no hay ninguna duda de la sistematicidad de estas acciones. Por ello considera que la discusión propuesta por el ministro de Defensa pertenece más al campo retórico y jurídico que al de la realidad.


Una línea similar plantea Andrés Suárez, investigador del Centro Nacional de Memoria Histórica, para quien el problema radica en que se está convirtiendo un problema político, como es la muerte violenta de líderes sociales, en un asunto jurídico. “Si yo empiezo a buscar que se cumpla desde lo jurídico la condición de un ataque sistemático o generalizado, puedo encontrar las razones para decir que no tengo elementos suficientes. Este planteamiento ayuda a bajarle el perfil al tema y eso favorece el accionar de los actores”, dice. Suárez plantea la necesidad de hacer un análisis político del tema. “Desde 2012 hasta la fecha tenemos ataques recurrentes contra líderes sociales, en un contexto donde la violencia se ha reducido, pero la que afecta a los líderes está subiendo. Segundo, un ataque sistemático también se puede leer por patrones que uno encuentra. Por ejemplo, a quién se ataca de manera permanente. Y tercero, cuando hablamos de patrones sistemáticos, a veces imaginamos que están orquestados desde el nivel central, y resulta que los planes para que algo sea sistemático también pueden ser regionales”, señala el académico, y llama la atención sobre la necesidad de abrir la perspectiva para poder entender y visibilizar las estrategias de los perpetradores de estos crímenes.


El periodista Juan Diego Restrepo tampoco duda de la sistematicidad de estos homicidios. “Que hayan matado a 30 o 35 líderes sociales en lo que va del año tiene que estar diciendo algo al respecto de cómo son miradas y cómo son analizadas sus actuaciones”, observa.


El defensor del pueblo, Carlos Negret Mosquera, subraya a su vez que la información obtenida por su entidad “revela que estas violaciones a los derechos humanos son generalizadas, al tener un número significativo de víctimas pertenecientes a grupos de características semejantes, y sucedidas en un mismo período y espacio geográfico”. Entre el 1 de enero de 2016 y el 1 de marzo de este año, la Defensoría del Pueblo relevó 156 asesinatos de dirigentes sociales y defensores de derechos humanos.


NADA NUEVO.

Si bien estos asesinatos han aumentado sobre todo desde 2012, cuando arrancaron las negociaciones de paz entre el gobierno y las Farc, atentar contra líderes de la sociedad civil siempre ha sido parte de la estrategia de los actores armados ilegales. Sólo entre 2005 y 2015 el Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria contabilizó el asesinato de 500 dirigentes campesinos. El Observatorio, del que hacen parte varias universidades colombianas, advierte que a pesar de las últimas desmovilizaciones de organizaciones armadas, el fenómeno no ha disminuido y, por el contrario, tiende a aumentar. También destaca que estas acciones están asociadas a grupos herederos de las estructuras paramilitares presentes en los territorios, aunque pone bajo la lupa que más de la mitad de los asesinatos (58 por ciento) hayan sido perpetrados por “agentes desconocidos”.


En este escenario también hay que recordar la masacre de buena parte de los militantes de la Unión Patriótica (UP), el partido de izquierda que surgió de las negociaciones de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, en 1984. El asesinato de dos de sus candidatos a la presidencia, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, de siete de sus congresistas, 13 diputados, 11 alcaldes, 70 concejales y de por lo menos 3 mil de sus militantes llevó a que 32 años después el Estado reconociera este hecho como un genocidio político. “El exterminio y desaparición de la Unión Patriótica jamás debió haber ocurrido”, admitió en setiembre de 2016 el presidente Santos frente a un grupo de sobrevivientes de la UP. Y admitió que “el Estado no tomó medidas suficientes para impedir y prevenir los asesinatos, los atentados y las demás violaciones, a pesar de la evidencia palmaria de que esa persecución estaba en marcha”.


Comparando ese “genocidio” con la situación actual, Andrés Suárez enfatiza que los militantes de la UP salieron a la escena pública a reivindicar las banderas de su partido, cosa que no hacen los líderes sociales que están siendo asesinados actualmente. “Estamos hablando de un perfil de gente que no ha manifestado necesariamente apuestas de participación política. Se está diciendo, entonces, que ahora no se necesita participar en una contienda electoral para ser potencial víctima: no te organices, ni te quiero ver en reu¬niones en las cuales va a implementarse o se va a materializar el acuerdo de paz...”


Max Yuri Gil reconoce que aunque el asesinato de defensores de derechos humanos y de dirigentes sindicales y campesinos ha sido habitual en el país, las cifras presentes son superiores, y ello está relacionado directamente con la finalización del proceso de paz. “Es evidente que hay un incremento de las acciones ligado al fin del proceso de negociación y a la fase de implementación y transformación de las Farc en partido político”, dice. Juan Restrepo no lo niega, pero observa que “quienes dicen que esto es nuevo no tienen el contexto, no ligan el pasado con el presente, no tienen esa posibilidad de relacionar hechos, territorios, agendas, y eso va invisibilizando situaciones que hablan de una sistematicidad”. Si los asesinatos de este tipo se siguen produciendo sin que el Estado haga nada por prevenirlo, se pregunta, “¿quién en los territorios se va a poner la camiseta de la defensa del proceso de paz? ¿Quién en los territorios va a participar de la implementación, quién lo va a liderar?”.

 

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Colombia. Sonidos e intereses de la paz

Carlos Gutiérrez, Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº165, abril de 2017

 

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Furia anticapitalista en las calles de Hamburgo

Los manifestantes incendiaron vehículos, se enfrentaron a la policía y forzaron a Melania Trump a cancelar su programa

Activistas forzaron a la esposa del presidente estadounidense, Donald Trump, a cancelar su programa. La policía de Hamburgo tuvo que pedir refuerzos de otras partes de Alemania. Hubo 70 detenidos y 160 policías heridos.

 

Manifestantes anticapitalistas sembraron el caos ayer en la ciudad alemana de Hamburgo, que alberga la cumbre del G20, incendiando vehículos, lanzando bengalas contra helicópteros de la policía y bloqueando a la primera dama estadounidense, Melania Trump, en su residencia.


Cientos de activistas de izquierda radical forzaron a la esposa del presidente estadounidense, Donald Trump, a cancelar su programa. La policía de Hamburgo tuvo que pedir refuerzos de otras partes de Alemania, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, señaló que las manifestaciones violentas eran “inaceptables”. Merkel, anfitriona del G20, afirmó que ella entendía a los manifestantes pacíficos pero que las protestas violentas, que “ponen vidas en peligro”, son “inaceptables”.


Antes del concierto programado para anoche en la Filarmónica del Elba, al que debían acudir los mandatarios y sus cónyuges, los manifestantes trataron de bloquear los accesos a la sala de conciertos. A las 17:15, hora local, unos 500 manifestantes, muchos del grupo Attac, emergieron por las calles


aledañas y se concentraron a unos 400 metros del resplandeciente edificio, rodeado de agua. Un cordón policial protegía la única calle que desemboca en el puente de acceso al auditorio, de reciente construcción. Al final, fueron dispersados por la policía, que tenía sus cañones de agua listos para disparar, y los mandatarios pudieron llegar al sitio.


En la víspera de la cumbre de los líderes de las 20 primeras economías del mundo, la protesta que llevaron a cabo unas 12.000 personas degeneró en violencia. Los disturbios empezaron poco después de que arrancara la marcha, cuando las fuerzas de seguridad observaron la presencia de un millar de encapuchados mezclados en la manifestación “Welcome to Hell” (“Bienvenido al infierno”). Repetidamente se les conminó a que se descubrieran el rostro, pero visto que ignoraban esas advertencias los antidisturbios detuvieron la manifestación y dispersaron a los alborotadores con cañones de agua y gases lacrimógenos. En la marcha participaban unos 12.000 manifestantes, que aspiraban a llegar a 300 metros del centro de congresos.


Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes duraron horas en las calles de la segunda ciudad Alemania, dejando 160 policías heridos,y 70 detenidos. No se sabía cuántos manifestantes resultaron heridos. Andreas Blechschmidt, uno de los organizadores de las manifestaciones, criticó una respuesta “masiva” y exagerada por parte de la policía, que echó mano de las porras.


“La policía debería haber reaccionado proporcionalmente. No era necesario. Mucha gente resultó herida”, declaró Blechschmidt a la cadena N-TV. Unas 30 personas fueron arrestadas. “La guerra, el cambio climático, la explotación son el resultado del sistema capitalista que el G-20 apoya y que 20.000 policías están defendiendo aquí”, afirmó Georg Ismail, quien participó en la protesta.


Los altercados comenzaron ayer temprano cuando grupos de manifestantes, bien organizados, trataron de bloquear el acceso al recinto del encuentro a las delegaciones oficiales. Y consiguieron ralentizar los cortejos diplomáticos que intentaban abrirse camino en medio de la agitación, y de paso perturbar un poco el inicio de las negociaciones del G-20.


La policía de Hamburgo informó en la mañana de ayer que se había detectado la presencia de objetos sobre las vías en una estación de tren, lo que afectó el tránsito de algunos ferrocarriles. Las fuentes policiales indicaron que durante toda la noche se habían observado en varios puntos de la ciudad a grupos de personas que pretendían proseguir con las protestas registradas el jueves hasta pasada la medianoche, mientras que en el barrio de Altona fueron incendiados varios automóviles, muchos de la policía y nubes de humo negro cubrieron parte del centro de Hamburgo y del barrio cercano de Altona a inicios de la mañana.


La policía, que vigilaba el lugar con media docena de helicópteros, atajó rápidamente la movilización con sus agentes antidisturbios, cañones de agua y gases lacrimógenos. Según Benjamin Laub, de 53 años, su barrio se asemeja a una zona “en estado de excepción” desde hace días.


“Hace ya una semana que se escuchan helicópteros constantemente, los buses están detenidos, la gente deja sus automóviles estacionados en sus casas y, por primera vez en Alemana, me llevo mi pasaporte cuando salgo” debido a los controles policiales, se quejó. En cambio, Markus Munch, de 48 años, no mostró mucha simpatía por esos “idiotas” que se estaban manifestando. “Es una catástrofe total que una minoría pueda provocar un altercado así”, declaró Munch. “Esos idiotas no tienen nada mejor que hacer que manifestarse. Tienen que sacarlos de aquí”.


“Con 200 personas hemos mostrado a millones que es posible llevar la protesta a las calles, que no debemos aceptar todo lo que viene de arriba”’, declaró sin embargo uno de los manifestantes, que no quiere dar su nombre por temor a las represalias de la policía. “Y creo que hemos dado a conocer un mensaje bastante bueno: que es posible protestar y que uno no tiene porqué tener miedo de la policía”, afirmó.


Las autoridades han dispuesto un operativo de unos 19.000 agentes para preservar el orden durante la cumbre, en que la canciller Angela Merkel recibe en su calidad de anfitriona del grupo a los líderes de los veinte potencias industriales y países emergentes.

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Sábado, 08 Julio 2017 06:51

Organización y convergencia popular

Organización y convergencia popular

Hoy nos encontramos ante una crisis profunda del modo capitalista de organizar la producción y del Estado burgués, pues no solo es la crisis cíclica de acumulación, que está afectando a todo el mundo y sobre todo a Latinoamérica. Vale tener presente que en la década de los ’90 tuvimos la hegemonía total del neoliberalismo y que, en la década del ‘2000, el ascenso de Chávez y las victorias electorales en varios países colocaron a la ofensiva al campo popular.


En el contexto actual, los tres proyectos que antes disputaban la hegemonía: neoliberalismo, neo-desarrollismo y el proyecto del ALBA, ahora están en crisis. Por lo tanto, no es un escenario de derrota de las fuerzas populares, es un escenario de incremento de la disputa, de la confrontación y de la incertidumbre, porque todos están en crisis. Y no hay señales de que alguno de ellos logre la hegemonía a corto plazo.


Basta mirar la situación del imperio y del neoliberalismo: ganó Trump, ¿y qué? Se desnudó aún más la naturaleza del imperialismo. En Brasil hubo un golpe, ¿y qué? Los golpistas se revelaron lumpens, ladrones, corruptos y no tienen ninguna legitimidad.


Para las fuerzas populares, lo principal es entender que si hay crisis, es señal de tiempos de cambios. Y que tenemos que profundizar nuestras organizaciones y aumentar la lucha de masas. Solo ella puede desequilibrar la correlación de fuerzas en cada uno de nuestros países y, por lo tanto, a nivel continental.


Entonces, la situación es que el capitalismo está dominado por el capital financiero y por sus brazos de las empresas transnacionales, pero está en crisis. Por lo mismo, nuestra tarea es identificar quiénes son nuestros enemigos principales y cómo esas fuerzas del capital actúan en nuestros países, para enfrentarlas. Y, sobre todo, buscar en nuestras articulaciones internacionales del campo popular, formas urgentes para enlazar luchas comunes contra los enemigos comunes. Por ejemplo, tenemos una campaña internacional en defensa del derecho del agua. Pero, no hacemos luchas concretas. Es necesario enfrentar, por ejemplo, a la Coca-Cola y a Nestlé, para afectarles.
Lo mismo en la agricultura, cinco o seis empresas controlan los commodities en todo el mundo. En la leche igualmente. Y en los agrotóxicos es aún peor, cinco o seis empresas europeas controlan todo el mercado y en todo el mundo están causando cáncer en las personas. Hay que enfrentarlas con acciones concretas.


Está también el tema de los refugiados políticos y económicos que afectan el Medio Oriente, África y Europa. Las fuerzas populares de Europa necesitan hacer algo concreto.
Espero que la próxima Conferencia Mundial de la Vía Campesina a realizarse en julio, en el País Vasco, se dedique a analizar qué acciones debemos implementar de forma conjunta en todo el mundo, entre las organizaciones campesinas, para enfrentar ese reto, mientras tengamos tiempo.
Articulaciones internacionales


El Papa Francisco se ha revelado como un líder religioso con alcance político, que está reflexionando sobre los verdaderos dilemas que afectan a la humanidad y a su futuro. Y por eso hoy es un referente para todas las fuerzas populares, independiente de la fe o religión. Sus reflexiones y alertas siempre son muy valientes y ponen a los gobiernos contra la pared. Sobre el tema de las armas, por ejemplo, nos alegra que haya tocado en la herida, pues Europa es la que produce las armas e incluso los gases letales utilizados en las guerras regionales del Medio Oriente. Pero los gobiernos europeos no asumen su responsabilidad ni siquiera con la consecuencia más cercana que es el desplazamiento de multitudes de Oriente y de África hacia su territorio, como consecuencia de las guerras.


En el tema del medio ambiente nos regaló una Encíclica espléndida, que es la más importante reflexión crítica sobre el tema, que incluso ni siquiera el pensamiento de tradición marxista había construido. Debemos transformar la Encíclica en un instrumento didáctico de educación de las bases, sobre la naturaleza, las causas y las salidas para los problemas ambientales.


En nuestras metodologías de los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares en diálogo con el Papa, hemos construido agendas puntuales para cada encuentro. En el último, enfocamos los temas de refugiados, medio ambiente y la hipocresía de la democracia burguesa, ya que el voto popular decide muy poco en los procesos electorales, que son secuestrados por el capital.


Tengo entendido que esos temas están todavía en la mesa, pues no logramos profundizar lo suficiente en el último encuentro. Por lo tanto, debemos seguir trabajando en esa línea. Sobre el tema de los refugiados, migrantes y el derecho universal que cada persona tendría de circular libremente por nuestro continente; precisamente, Evo Morales acaba de realizar un encuentro internacional en Bolivia, para recoger opiniones que pretenden llevar como una propuesta a las Naciones Unidas, para que podamos en el futuro tener un mismo pasaporte.


Y el tema más grave, es el tema de la falencia del Estado burgués que fue gestado por la revolución francesa en 1789, y que representaba una propuesta de la burguesía industrial para regular las relaciones sociales. Ahora, a la burguesía financiera e internacional no le interesa ese Estado. Actúa por encima. Entonces las fuerzas populares debemos pensar, debatir, construir un nuevo tipo de Estado, y una nueva forma de participación democrática, popular. Pero, estamos en medio de la crisis, y todavía no están claros los caminos y las construcciones posibles. Pero, tendremos muchos cambios por delante...


Por otra parte, en noviembre próximo, en Caracas, tendremos la Asamblea Internacional de Movimientos y Organizaciones Populares que es parte de un proceso de construcción colectiva que viene de años atrás. En Latinoamérica y el Caribe, ese proceso cobró forma a fines de los ’80 con la Campaña 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, posteriormente fue con la Campaña contra el ALCA y más tarde con la construcción del Movimiento hacia el ALBA. Pero también hemos impulsado procesos parecidos en África, en el mundo árabe y en Asia.


Entonces, como parte de un proceso permanente de una articulación internacional, precisamente para enfrentar la crisis del capitalismo a partir de los movimientos populares, estamos construyendo esos procesos. No son eventos o fechas, son procesos permanentes. Donde nos podemos identificar con propuestas, programas, crear confianza política mutua, identidades y así avanzar... Y quizás realizar el sueño de Marx, con su Asociación Internacional de Trabajadores; el sueño de Martí, Che, Fidel, que generaron la OSPAAAL, como una articulación del Tercer Mundo frente al imperialismo en la década del ‘60. Y ahora nos toca a las fuerzas populares seguir adelante, con generosidad, pluralidad, evitando los protagonismos, vedetismos personales y falsos hegemonismos.


João Pedro Stedile es miembro de la Coordinación Nacional del MST y de la Vía Campesina Brasil. Integrante del Consejo de ALAI.

Publicado enPolítica
Viernes, 23 Junio 2017 17:16

Ecos de un despertar

Ecos de un despertar

Las últimas semanas del mes de mayo y las primeras de junio, con diversidad de movimientos y conglomerados sociales movilizados en defensa de sus reivindicaciones, desnudaron el verdadero espíritu del Gobierno que encabeza el señor Santos –por si alguien tenía dudas sobre el particular–, aireando al país con una ventisca de necesaria democratización e indicando desde ahora que esta será la pauta que marque al país en los años por venir.

 

De los conglomerados sociales movilizados, Buenaventura (ver página 11) y Quibdó dan la pauta. Dos territorios que otrora fueron uno solo –parte de lo conocido como Gran Cauca–, poblados por descendientes de esclavos, mirados por el poder como tierra de Misiones y así entregados a la Iglesia para su adoctrinamiento, de lo cual no dudaron los ‘enviados divinos’.

 

Aquel territorio, desde el centro del poder nunca fue valorado en su real dimensión –¡indios y negros!, rodeados de animales y selvas. Los gringos sí sabían parte de lo allí existente, y en particular en el Chocó construyeron sus enclaves mineros. Esa población, pese al desinterés oligárquico, logró sobrevivir con parte de sus saberes y tradiciones conservados. Apenas hace pocas décadas la crisis mundial del capitalismo descubre su verdadero potencial en biodiversidad, con territorios cruzados por variedad de fuentes de agua, con minerales diversos en sus entrañas. El surgimiento de China como potencia también redescubre la importancia geopolítica de esta parte del país (de ahí el puerto de aguas profundas localizado en Buenaventura), recordando que al fin y al cabo una fortaleza del país es la salida que tiene por dos mares. Cuando permitieron el desmembramiento de Panamá, a pesar de lo visionado por Bolívar en su Carta de Jamaica, los ‘ilustres’ radicados en la Sabana de Bogotá ni entendían el país que tenemos ni imaginaban que hacíamos parte del mundo. Ignorancia prolongada en el tiempo.

 

Olvidados por siempre, de manera ininterrumpida sus pobladores sufrieron la desidia oficial. Sus territorios padecieron (padecen) la extracción de materias primas y ganancias para llenar los bolsillos de unas pocas familias. La extracción devastó todo aquello que tocó: Andagoya y otros municipios chocoanos así pueden testimoniarlo, pero también las cuencas de innumerables ríos, entre ellos el San Juan y el Atrato.

 

Aunque todo tiene un límite, y así lo reafirma el dicho que enfatiza que “no hay mal que cien años dure/ ni cuerpo que lo resista”, y para la muestra dos botones, los cuales, pese a sus reclamos y acuerdos con el alto gobierno, fueron objeto de burla del mismo, incumpliendo la palabra empeñada. El irrespeto despertó desconfianza y decisión de lucha, hasta la declaratoria de paros cívicos indefinidos. La capacidad para sostener la decisión ciudadana, colectiva, terminó por torcer, así fuera en parte, el discurso oficial de que “no hay plata”, de que “la regla fiscal” no nos permite comprometer más recursos. Pues, quebrantando la Regla, los acuerdos exigidos se firmaron, enseñando a todo el país que un tipo de protesta como el paro cívico debe ser preparado con mucha antelación, estructurando una entramada red que lo soporte, con exigencias claramente establecidas, así como los liderazgos por exponer, siempre debidos en sus negociaciones a la decisión última de las asambleas ciudadanas.

 

Como en 1977, cuando el país fue estremecido por el primero y único de los paros cívicos que conoce, en realidad nacionales y paralizantes, estos de ahora externalizan un factor organizativo de nuevo tipo, donde diversos movimientos sociales, entretejidos con sus poblaciones, logran aislar al establecimiento, permitiendo divisar quién(es) es/son los contrarios por enfrentar y cómo hacerlo.

 

Resalta en ambos casos que sus pobladores perdieron credibilidad en el gobierno de turno (queda por identificar si también en el establecimiento), así como el miedo sembrado allí por el paramilitarismo. Tanta manipulación oficial, con tantos incumplimientos, no da para menos. Un interrogante por esclarecer es si esta ruptura fue posibilitada por la participación del paramilitarismo en las protestas, que, de ser así, ubica a los actores políticos y sociales alternativos ante la realidad de un proyecto de poder fascista con base social. La participación de la Iglesia, con su profundo enraizamiento, también realza un factor de poder, superador de su simple visión y misión ideologizante tan reiterativa y destructiva hasta los años 80, para transformarse en factor de esperanza para miles de familias arrinconadas por el desgreño estatal, así como por el factor paramilitar y el conjunto de la guerra desatada en sus territorios.

 

El papel de las iglesias, como espacio para compartir el dolor y la memoria, tan evidentes en Quibdó y otras poblaciones situadas a lo largo del río Atrato, al igual que en Buenaventura y todo el territorio que cubre la diócesis allí existente, así como su acompañamiento a los miles de desplazados y expropiados de todo lo suyo, son las bases evidentes para la movilización que hoy toma forma.

 

Con el tablero a la calle

 

La pérdida de credibilidad también resalta en la protesta de los docentes responsables de la educación pública en todo el país. Con renovada energía y decisión de lucha por sus derechos, las bases del magisterio llevan a la dirección de Fecode a no ceder en lo demandado, abriendo un espacio social a través del cual, como no se veía desde hace varias décadas, docentes y comunidad educativa podrían reencontrarse, dejando el espacio abierto para que un nuevo movimiento urbano tome aliento en el país en los años por venir.

 

La desinformación que emana de la Casa de Nariño de la disputa en curso, y el eco que los medios oficiosos le garantizan al discurso gubernamental, difícilmente creíble, también abren un espacio en la sociedad para que Santos pierda la escasa credibilidad que le quedaba. Con el sol a cuestas, esta realidad bien pudiera darle paso a cualquier protesta social, de grande o pequeño calado, cuestionando a su paso a la totalidad del establecimiento en procura de democracia económica pero no sólo formal –política o electoral. Una democracia de nuevo tipo en cuya consecución la sociedad colombiana pueda dar un salto de calidad en sus luchas, rompiendo la unidad del establecimiento. Falta imaginación y vocación de lucha para que así sea. ¿O tal vez es el factor electoral el que maniata a unos y otros?

 

La agenda de paz, en el cumplimiento de lo acordado entre Gobierno y Farc, sin duda es un elemento que ayuda a que esto no ocurra. Es sorprendente cómo se dividen las agendas de lucha, perdiendo la mirada de país al quedar ensimismados en el factor particular. Sin superar errores de siempre, organizaciones alternativas de diverso cuño siguen priorizando su agenda particular como el propósito fundamental por encarar, dejando a un lado al país nacional, que una y otra vez les recuerda que deben renovar sus formas de analizar y proceder.

 

En medio de estas luchas, que también congregan a los trabajadores estatales (ver página 14) en procura de estabilidad y mejora salarial, así como otro cúmulo de reivindicaciones sectoriales, llama la atención el surgimiento y el posicionamiento de la consulta popular como una nueva forma de lucha irrigada por decenas de poblaciones pequeñas y medianas, en defensa de sus territorios y de la vocación agrícola de sus suelos. Las consultas populares, para que sus habitantes decidan si allí se llevan a cabo o no, explotación minera, va dejando en claro que la conciencia ambiental gana cada día más espacio, y que la gente prefiere lo poco pero perdurable, a lo mucho pero efímero.

 

De las formas de lucha se ha escrito mucho, y aquí una vez más queda reafirmado que nadie en particular las inventa sino que aquéllas toman forma a la luz de los sucesos particulares, para luego, desde un sitio puntual, extenderse como referente por todos los lugares donde se vivan iguales circunstancias.

 

De lo escrito aquí deberán pasar meses para que se sepa con toda propiedad el rumbo que toman los acontecimientos y si, como todo parece indicarlo, los movimientos sociales del país empiezan a transitar la senda de la recuperación de su iniciativa. Mientras ello sucede, no se puede perder tiempo: la democracia directa y refrendataria aparece como una necesidad imperiosa. Como canal para facilitarlo, se requiere darle cuerpo a un sistema nacional de comunicación alternativa, desde el cual la naturaleza del poder quede al desnudo, a la par que se entreteja una gran diversidad de agendas sociales, dejando su particularidad para saltar en calidad hacia un común referente nacional.

Publicado enEdición Nº236
Trabajadores y soldados armados en Petrogrado, 1917

El 16 de junio de 1917, Kerenski, recién nombrado Ministro de Guerra por el primer gobierno de coalición, dio la orden de iniciar la ofensiva militar rusa que, desde varios frentes y mediante un golpe rápido, debía llevar a una derrota decisiva de las fuerzas alemanas. Es cierto que contaba con la aprobación del Congreso de los Soviets que a la sazón estaba sesionando, donde, después de encarnizadas discusiones, los revolucionarios, particularmente los bolcheviques, habían sido derrotados. Pero era una pura formalidad, ni siquiera hacía falta pues la ofensiva ya se venía preparando desde mucho antes. A finales de mayo, en efecto, se había iniciado la movilización de las tropas en todos los frentes. Con ello los partidos de la conciliación –socialrevolucionarios y mencheviques– le daban gusto a la burguesía, presente mayoritariamente en el gobierno, e incluso a la vieja clase terrateniente que se expresaba en el alto mando y en la oficialidad.

 

En el fondo casi nadie creía en las posibilidades de triunfo. El general Denikin –el antiguo oficial zarista que luego encabezaría la contra-revolución de la guerra civil– lo había sugerido desde el principio. Y, una semana después, el soviet de la barriada revolucionaria de Viborg, con toda claridad responsabilizaba al Gobierno provisional, por semejante aventura criminal. Pero el interés político que animaba a los promotores de la insensata ofensiva era otro. Y habían logrado convencer al pueblo (que todavía respaldaba a los conciliadores), y sobre todo a los soldados, con el argumento muy simple pero convincente de que el ejército alemán se encontraba debilitado y amenazado por el ingreso de EEUU a la guerra, y que, por lo tanto, un golpe bien asestado era la mejor forma de alcanzar la paz.

 

La paz era, y casi sobra recordarlo, la meta que anhelaba todo el pueblo ruso. Incluidos los soldados que no eran otra cosa que campesinos en armas. De ahí el esfuerzo de persuasión que tuvo que hacer el gobierno. Dada la escasa disposición para el ataque (aunque no para la defensa) desde el principio se vieron las dificultades para aplicar el plan de operaciones y por ello los avances conseguidos fueron menores y efímeros. Es cierto que las fuerzas alemanas se retiraron, pero sólo para reagruparse e iniciar su contraofensiva el seis de julio. Fue entonces cuando los soldados rusos comprendieron la magnitud del engaño. El gobierno aspiraba a conseguir un efecto político y sicológico positivo como resultado de las victorias pero sucedió lo contrario. Cundió la desmoralización y después de los primeros golpes los soldados se negaron a ir más allá; varios regimientos abandonaron las posiciones y se inició una verdadera deserción masiva. El 12 de julio el colosal desastre ya era evidente.

 

El objetivo político, que no era por supuesto la derrota de Alemania, sino la liquidación del proceso revolucionario mediante la disyuntiva falsa de la guerra patriótica o la paz de la traición no parecía pues tan fácil de alcanzar. Semejante disyuntiva, sin embargo, seguiría siendo rentable políticamente durante varios meses más; acusar de traidores a quienes se oponían a la guerra era un recurso infalible. Es más, los bolcheviques fueron señalados descaradamente de ocasionar la vergonzosa derrota con su propaganda desmoralizadora. Y el colmo: Lenin fue acusado de ser agente del Estado mayor Alemán, en lo que Trotski llama “la gran calumnia” de julio. El objetivo, sin embargo, no era tan patriótico: detrás estaban los intereses y las exigencias de los aliados –la Entente– en la guerra mundial. Era en ellos en quienes pretendía apoyarse la burguesía que en el fondo lo que buscaba era preservar el status quo, mediante una Monarquía Constitucional o cuando menos una simple República Parlamentaria. El gobierno de coalición se había inaugurado, pues, con un nuevo intento de detener el proceso revolucionario. Y a ello estaban contribuyendo, en medio de un mar de dudas, los partidos conciliadores. En contra del sentimiento no sólo del proletariado sino de todos los sectores populares. Fue el comienzo del fin de la conciliación.

 

La imposibilidad de reconstruir un ejército

 

Si en alguna parte se sentía y se expresaba con mayor fuerza el anhelo de paz era, contrariamente a lo que pensaba el gobierno, en el frente de guerra. No era cuestión de cobardía o de valentía. Para los soldados, desde luego, era claro que, en las condiciones existentes, se debían continuar las acciones militares defensivas, pero al mismo tiempo se esperaba que en algún momento tenía que ponerse fin a lo que para ellos ya era una absurda carnicería. Absurda pues carecía de objetivos que pudieran ser asumidos como propios; para las clases dominantes no pasaban de mezquinas ambiciones imperialistas como las anexiones en los Balcanes y la muy apreciada Constantinopla. Una vez que los soldados adquirieron conciencia del cambio revolucionario que se estaba produciendo, nació en ellos la esperanza de que el nuevo régimen procedería a hacer realidad la posibilidad de la paz. Por eso, con la debacle de la estúpida ofensiva, no solamente se sintieron estafados sino que comenzaron a desconfiar del régimen que así procedía. De esta manera se sumaban a la desconfianza que crecía y se ampliaba entre las masas de obreros y campesinos de todo el Imperio.

 

Las razones materiales y tácticas de la derrota eran fácilmente explicables. Pero el problema, además, era que, en realidad, no había ejército. El viejo ejército zarista, reflejo de las relaciones feudales, con sus oficiales aristócratas y sus prácticas de opresión y humillación, había entrado en crisis, al igual que el resto de las instituciones del viejo régimen. La revolución de febrero no hizo más que poner en evidencia esta crisis, llevando al extremo la insubordinación permanente. Es cierto que en los últimos tiempos, en la oficialidad, habían ingresado algunos elementos de la burguesía y de la pequeña burguesía, pero aquello no alcanzaba para cambiar la fisonomía de las fuerzas militares. Para los soldados campesinos los oficiales equivalían a los odiados terratenientes, y así como la revolución había derrocado al Zar, en el ejército tenían que derrocarse sus equivalentes. No obstante, la primera reacción del gobierno provisional fue la de conservar o restaurar en sus posiciones a los antiguos oficiales, incluso en el alto mando y sobre todo en el Cuartel General ya que, al mismo tiempo, consideraba que precisamente el esfuerzo de la guerra serviría para recuperar la moral y reconstruir el aparato militar.

 

Todo era en vano. Es cierto que algunos oficiales acogieron, a su manera, los postulados del nuevo régimen y otros por conveniencia dijeron aceptarlos, a la espera de mejores tiempos. Sin embargo, la descomposición avanzaba a pasos agigantados y el colapso era tanto mayor cuanto que la magnitud de tal aparato era considerable y se encontraba repartido en todos los puntos de la extensa frontera terrestre y sobre todo marítima. En muchos regimientos los soldados no sólo deponían sino que apresaban a sus mandos y llegaban hasta ejecutarlos, a manera de retaliación por años de humillación y tortura. La insubordinación era particularmente consciente y eficaz en la Marina. No gratuitamente los marineros de Kronstadt llegaron a convertirse en el símbolo por excelencia de la revolución rusa. La continuación de la guerra y sus desastres lo que hizo fue profundizar la descomposición. Las cifras de las deserciones periódicas alcanzaban ya los millones; los campesinos retornaban a sus localidades a pelear por la tierra, aunque entre sus prioridades lo primero era la paz.

 

La actitud del Comité Ejecutivo de los Soviets, por su parte, era, como la de los partidos que allí predominaban, confusa y dubitativa. En una de sus primeras reuniones luego del triunfo de febrero y bajo la presión de los soldados se expidió el notable Decreto No. 1 que consagraba para ellos un conjunto de derechos y libertades que incluía la creación de comités directivos en todos los regimientos y la elección de representantes de soldados en un soviet. Sin embargo, al mismo tiempo, el comité ejecutivo enviaba una circular en la que condenaba las insubordinaciones y exigía sometimiento a los viejos mandos. Y luego, en un decreto No. 2, pretendía circunscribir el campo de acción del No. 1 tan sólo a la región de Petrogrado. Pero era inútil, la autoridad de los oficiales no necesitaba abolirse, se había hundido por sí misma. Es más, desde las primeras semanas de marzo comienza a tomar fuerza la proposición de las corrientes revolucionarias de base, especialmente anarquistas, de que los mandos fuesen elegidos por los propios soldados. Como si fuera poco el Comité Ejecutivo, consciente de la poca confianza que le merecían los oficiales, instituye la figura que después se consolidaría y se haría famosa como aporte de la revolución rusa, esto es el nombramiento de “Comisarios Políticos” para ejercer funciones de asesoría y vigilancia. En estas condiciones, se tenía una triple relación: las tropas elegían los mandos, el Comité Ejecutivo nombraba sus comisarios y en cada unidad militar había un comité electivo. Sin embargo, como se comprobó pocas semanas después, el esfuerzo no estaba mal encaminado pero en aquellas circunstancias resultaba inaplicable. En tiempos de revolución un ejército no se forma a la sombra de las clases derrotadas por ella sino bajo la política de las nuevas clases en el poder. Eso era justamente lo que no podía materializarse en las inestables condiciones de una dualidad de poder.

 

Entre la paz y la guerra se jugaba el destino de la revolución

 

Para las clases aún dominantes el propósito de sostener la participación de Rusia en la guerra mundial era, como se ha dicho, bastante claro. Permitía, en primer lugar, conservar y fortalecer la estructura del ejército con el fin de asegurar un sólido pilar de continuidad del Estado que pudiera restarle peso a los Soviets. Las urgencias militares, por lo demás, justificarían de manera convincente el aplazamiento indefinido de la prometida Asamblea Constituyente. Y con ella se esfumarían también las ofertas de reforma agraria con la temida entrega de tierras a los campesinos. Como quien dice el fin de la revolución.

 

Era el objetivo compartido por todos, desde los Monárquicos más reaccionarios muy bien representados por los Generales Alexéiev, Denikin y Kornílov, hasta los burgueses que se expresaban a través de los prohombres liberales del gobierno provisional como Gushkov, Miliukov e incluso Kerenski. Estos últimos, por cierto, se esforzaban en repetir cínicamente, al oído de las potencias aliadas, que la revolución había sido un levantamiento patriótico y que, una vez removidas las resistencias aristocráticas, se facilitaba la guerra democrática en contra de dinastías como la alemana. Para los oídos del pueblo ruso tenían otra canción igualmente mentirosa. Se trataba de la defensa de la patria, en busca sobre todo de una paz justa, por lo cual se podía renunciar incluso a todo tipo de anexiones.

 

El discurso patriótico, además tenía un objetivo complementario ya comentado. Permitía desprestigiar las corrientes revolucionarias pacifistas, especialmente los bolcheviques que para entonces ya encarnaban el peligro demoníaco, pero incluso algunos de los propios “Socialistas Revolucionarios” que compartían esta posición. Con ello se contribuía a restarle peso a los Soviets. El argumento era eficaz. Lo que buscan –se decía– es una paz por separado con Alemania. Así favorecen los intereses de esta potencia al debilitar el frente aliado. Estaban además los evidentes riesgos, incluso para la integridad territorial, de un armisticio como ese.

 

En las filas, tanto de los demócratas y socialistas moderados como de las corrientes revolucionarias, la situación no se presentaba muy clara y no era fácil de superar la encrucijada. Es cierto que la desmovilización se había producido espontáneamente como rechazo a la guerra (no era el resultado de la propaganda de los bolcheviques), pero entre la población civil de las grandes ciudades, comenzando por los obreros, predominaba la confusión. No propiamente porque hubiera muchos que creyeran el cuento de los “agentes alemanes” pero sí porque parecía razonable la actitud de la defensa militar de la revolución. En el Comité Ejecutivo de los Soviets aun los que antes preconizaban la paz entraban en dudas: ¿cómo no vamos a enfrentar, desde la recién conseguida democracia, a la reaccionaria tiranía de los Hohenzollern? A mediados de marzo los conciliadores habían logrado un manifiesto en el que los Soviets terminaban apoyando la continuidad de la guerra; sin embargo, en julio, después de la derrota nuevamente volvían las dudas.

 

La clave de la discusión estaba justamente en que no se trataba de la defensa de la revolución sino todo lo contrario como se señaló anteriormente. Para los conciliadores el parámetro que definía si la guerra seguía siendo imperialista estaba en si se renunciaba o no a las anexiones y las indemnizaciones. Evidentemente era el colmo de la ingenuidad. Aunque Rusia lo hiciera, lo cual era por demás falso en el discurso de los liberales, la guerra en su conjunto seguiría siendo un choque entre potencias imperialistas que buscaban sus propios objetivos geopolíticos. Rusia continuaría haciendo parte de la entente y sería ridículo pedirles a los aliados, que no daban espera y presionaban, que dejaran de ser depredadores. Y lo más importante: es que no se trataba de un gobierno socialista y revolucionario sino capitalista e imperialista pues eran estos quienes tenían la mayoría y los principales Ministerios. Por eso Lenin insistía en que no se trataba de que la paz fuera separada o no, sino del gobierno que la firmara y por ello desafiaba a los conciliadores, a sabiendas de que no serían capaces de hacerlo, a que asumieran la totalidad del gobierno, es decir todas las carteras. Y Trotski añadía que sólo cuando el poder fuera de los Soviets exclusivamente se podría hablar en verdad de una defensa de la revolución.

 

La discusión, sin embargo, no se liquidó, sino que se pospuso. Hasta principios de 1918 cuando el nuevo poder de los soviets negoció y firmó la paz de Brest-Litovsk con Alemania. En circunstancias en que la descomposición del viejo ejército ya había tocado fondo, poniendo de manifiesto una realidad que al principio no se había reconocido y que constituyó el telón de fondo de la construcción del nuevo ejército: una conflictividad social, campesina, regional, étnica, que habría de expresarse, canalizada por la contra-revolución, en la espantosa guerra civil que asoló durante casi cinco años el territorio del antiguo Imperio.

Publicado enEdición Nº236
Cien años de la Revolución de Octubre: el movimiento estudiantil en Rusia

Cuando se habla o escribe de la revolución rusa, por lo general la referencia apunta hacia el movimiento obrero o campesino, a los soviet o al Posdr, pero casi nunca al movimiento estudiantil o al barrial; es como si ellos no hubieran existido, como si no hubiesen desempeñado papel alguno en la revolución, por lo cual son tratados como algo secundario y sin valor alguno.

 

Sin embargo, el movimiento estudiantil fue el precursor de la lucha revolucionaria que sacudió los cimientos del imperio zarista a finales del siglo XIX. Podría decirse, incluso, que con sus luchas se inició la revolución rusa, armando el torrente de 1905. No es exageración, pues fueron las asambleas estudiantiles uno de los lugares que dieron origen al soviet. Corresponde también a este movimiento el periodo del terrorismo, del socialismo democrático, del inicio del marxismo y de la construcción de los partidos revolucionarios en Rusia.

 

Fueron los debates y luchas de los estudiantes universitarios en 1899 el inicio de todo, o de casi todo lo que sería un poderoso movimiento revolucionario que con avances y retrocesos llegaría a 1905, 1907, a la represión y el reflujo revolucionario que solo superaría su sequía en 1917.

 

Los albores

 

En sus inicios, la oposición al zarismo estuvo en la universidad, y en cierta forma debía ser así pues allí confluían profesores, estudiantes y expulsados politizados bolcheviques, mencheviques, anarquistas, feministas, social-revolucionarios y liberales radicales. Los intelectuales y parte de la intelligentsia se expresaban en la Universidad, la que desde 1864 poseía un estatuto orgánico que le daba bastante autonomía. En el Imperio Zarista para 1870 existían diez universidades y escuelas que enseñaban filología, derecho, medicina e ingeniería, y también teología. Según historiadores, eran 35.000 los estudiantes, en su abrumadora mayoría “intelectuales pobres”, nada que ver con la intelligentsia. Eran hijos de sacerdotes, de burócratas, de comerciantes y campesinos; los nobles hereditarios eran la minoría igual que los judíos.

 

El gobierno necesitaba gente instruida pero no radical, por eso perseguía a los estudiantes, organizados o no, que tenían ideas por fuera de lo tradicional.

 

Después del asesinato del Zar Alejandro II el gobierno revisó los estatutos y recortó la autonomía universitaria, prohibió que los profes nombraran el rector, prohibió las organizaciones estudiantiles, colocó a las Universidades bajo la dirección del Min educación, nombró como responsable de la disciplina a un externo estatal que hacia las funciones de policía. La tasa se fue llenando cuando el gobierno nombró como Min educación a un conservador intransigente e indolente, el señor Mijail Bogolepov, que logró apaciguar los ánimos entre 1887-1890.

 

La tasa se llenó el día de la celebración del aniversario de la Universidad de San Petersburgo, que incluía fiestas y rochelas por las calles, las cuales no le gustaron al gobierno; dada la condición de Rusia cualquier acción callejera era tratada con dureza, lo que la convertía en un hecho político, así no lo fuera. Los policías reprimen, los estudiantes se defienden, y luego celebran asambleas durante dos días para ir a la huelga general si la policía no le respetaba sus derechos.

 

El movimiento queda en manos de los “radicales” dirigentes revolucionarios que posteriormente fueron miembros del soviet de Petrogrado (San Petersburgo). Para la conducción del movimiento se constituyó un Comité Organizador desde donde enviaron delegados a las otras universidades para cohesionar el movimiento. La mayoría de las universidades se unieron al llamado de huelga, en la que participaron 25.000 estudiantes exigiendo respeto a sus derechos y en contra la brutalidad policial. El Gobierno arrestó a los dirigentes del movimiento; se integra la comisión Vannovsky que logra levantar la huelga, y el retorno a los estatutos de 1864.

 

Los revolucionarios llaman a los estudiantes a seguir en las protestas, pues lo sucedido era una muestra de lo que significaba el régimen opresivo y, por lo tanto, la tarea era luchar por derrocar el zarismo. Sin embargo el Gobierno decidió en 1899 castigar a los estudiantes revolucionarios con el servicio militar. En 1900 son expulsados dos estudiantes de la Universidad de Kiev, lo que detonó una vez más el movimiento; en respuesta el Gobierno ordenó que 183 estudiantes fueran llevados a prestar servicio militar. La U. de San Petersburgo entra en huelga de solidaridad y la respuesta gubernamental es llevar 23 estudiantes a la leva. Acto seguido un activista social-revolucionario mata a tiros al min educación, Bogolepov, responsable de las medidas represivas.

 

Estos hechos iniciaron otra fase del movimiento revolucionario en Rusia. Las huelgas y marchas se recrudecen por todo el país. Vannovsky es nombrado min-educación, para calmar la situación de huelgas en Varsovia, Járkov, Moscú y otras universidades –en donde centenares de estudiantes habían sido expulsados–; para lograr el propósito para el cual fue nombrado trata de resolver la situación con concesiones, pero el movimiento ya estaba en su apogeo. Las universidades se van convirtiendo, paulatinamente, en centros de agitación política estudiantil, obrera y popular.

 

Los Zemstvos (organismo de autogobierno provincial) entran en agitación y en 1902 un estudiante radical mata a tiros al min-interior Sipiauguin generándose una oleada represiva de grandes proporciones por orden de Plebe, sucesor del asesinado Ministro, incluyendo el progrom antijudío de 1903 en Besarabia. Esa arbitrariedad dio lugar, entre otras cosas, a la fundación de un frente de lucha llamado Movimiento de Liberación.

 

Al mismo tiempo que toman forma sindicatos organizados y dirigidos por la policía –llamados Zubatovshchina, por el nombre de su fundador–, los Zemstvos celebran congreso nacional y realizan campañas de banquetes pidiendo democracia representativa, parlamento y Constitución; otros pedían Asamblea Nacional Constituyente. Para colmo de males para el zarismo, Rusia pierde la guerra contra Japón lo que agudizó su situación política y social.

 

Hay agitación y nuevas organizaciones, pero sin trascender la lucha a niveles cualitativamente diferentes. Pero se prende la chispa. La calma chicha fue rota por la masacre de obreros y pobladores de barrios populares en San Petersburgo el 9 de enero de 1905, “el Domingo Sangriento”, que puso en movimiento a toda Rusia. Huelgas obreras, protestas de estudiantes universitarios y de secundaria, de barrios populares, de la burguesía. El gobierno ordena cerrar todas las universidades durante el año de 1905. En esos meses ocurrieron varias masacres de obreros, como la de Odesa. En febrero de 1905 el Gobierno llama a delegados obreros a negociar y ellos celebran asambleas para tal fin: estamos ante el gérmen del soviet de San Petersburgo.

 

El Gobierno saca el Manifiesto de febrero, concediendo la Duma de Estado (asamblea consultiva), lo que da paso a una impresionante campaña de peticiones o demandas de todas las clases y sectores sociales. En este periodo surgió la Unión de Uniones impulsada por los liberales radicales, eran organizaciones de todas las profesiones por derechos políticos.

 

Pero la realidad era que los liberales burgueses, atemorizados por la revolución, no hacían nada; su pasividad propicia que en septiembre de 1905, una vez más, entren en escena los estudiantes. En respuesta el Gobierno concedió cierta autonomía, aprovechada por los revolucionarios para convertir los recintos universitarios en centros de agitación obrera y popular. Se realizaron asambleas nacionales para votar, si o no, al reinicio de las clases, ganando la reanudación pero con la concesión de que los activistas, fueran o no estudiantes, podían usar la universidad como centro de agitación política.

 

Los mencheviques, anarquistas, bolcheviques, social-revolucionarios, todos estaban de acuerdo en transformar las universidades e instituciones de educación superior en lugares de reuniones populares y mítines políticos. De manera paulatina los obreros fueron llenando los salones de clases para los debates con los estudiantes. Suceso acaecido, en parte, por la influencia de los estudiantes revolucionarios se iniciaron las huelgas en toda Rusia.

 

De septiembre a mediados de octubre las universidades fueron el centro de coordinación de la lucha huelguística, de los debates políticos, de las orientaciones, de la organización de las brigadas de agitación. Se dice que durante ese lapso miles de obreros, habitantes barriales, campesinos y estudiantes, hombres y mujeres, participaron en los mítines políticos y cursos de educación política. Una razón para que esto sucediera: la universidad era la única institución donde la policía no podía entrar.

 

Es de esta manera como en 1905, las universidades rusas se convirtieron en alternativas de poder, gérmenes activos de lo que fue llamado el soviet, después de octubre el Soviet de Petrogrado. La universidad de San Petersburgo y el instituto Tecnológico, jugaron un papel muy importante en la huelga general de octubre de 1905.

 

Los datos y cifras fueron tomados de:

 

Carr Hallett Edward, 1917, Antes y después (La revolución rusa), Sarpe, Madrid, 1985.
Kussow Samuel, “the Russian University in Crisis, 1899-1911”, tesis doctoral Universidad de Princeton, 1976, también del mismo autor otro texto del mismo tema, 1986. El texto más completo sobre el tema.
Pipes Richard, La Revolución Rusa, 1990, 2016, Debate.

Publicado enEdición Nº236
“La apuesta es que esas luchas sociales y los procesos de paz se unan en la consigna de que la paz son cambios”

El día 16 de Junio tuvimos ocasión de hablar con el jefe de la delegación de paz del ejército de Liberación Nacional, ELN, comandante Pablo Beltrán, sobre los avances y las dificultades que se están viviendo en la mesa de negociaciones de esta guerrilla con el gobierno nacional en Quito, particularmente, dada la decisión unilateral del gobierno de congelar las negociaciones durante la actual ronda, debido a diferencias de procedimientos. En esta entrevista, el comandante Beltrán entrega la visión de su organización sobre los constantes incumplimientos del gobierno frente a los acuerdos a que ha llegado con las FARC-EP y también a los acuerdos con las organizaciones sociales; sobre el copamiento militar y paramilitar de los territorios en donde ha hecho presencia la insurgencia fariana; sobre la necesidad de ir alcanzando acuerdos sobre una base distinta a la aplicada por las FARC-EP (que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado), fundada en el principio de que acuerdo alcanzado, debe ser acuerdo implementado; sobre la necesidad de ir alcanzado un clima propicio a la paz con hechos y no solamente con acuerdos en el papel; y sobre la necesidad de la participación social lo más amplia posible como un primer paso para caminar hacia una concepción de paz transformadora, que pueda avanzar hacia las transformaciones fundamentales que el país requiere para superar la violencia armada, política y estructural del actual régimen.


A la luz de los últimos acontecimientos en el país, marcados por el incremento de la violencia y el exterminio a líderes sociales, sobre todo en las zonas rurales del país, así como por el atentado en el Centro Andino (que algunos sectores rápidamente han empezado a utilizar para atacar al ELN sin ningún fundamento sólido y sin mediar una investigación seria e independiente), creemos que esta entrevista constituye una contribución a los esfuerzos de quiénes buscan superar las causas estructurales que alimentan la violencia ciega y caníbal que desangra a Colombia.


1. En un reciente comunicado, ustedes mencionan que, debido a distancias frente al tema de acciones humanitarias, el gobierno unilateralmente ha decidido congelar los acuerdos que se venían alcanzando en cuanto al acompañamiento y participación de la sociedad. ¿Cuáles serían, en pocas palabras, los avances que se han ido logrando, y cuáles serían estas diferencias?


-El principal avance que se ha logrado en esta mesa es la agenda conjunta, sobre todo siendo conscientes que tenemos dos visiones de paz enfrentadas. Entonces tener esa agenda conjunta es el principal avance. Las diferencias, pues que para nosotros el método es de negociar los puntos de vista que tenemos. Y para ellos, les pesa, dada su postura arrogante, y acá aparecen en la mesa con exigencias e imposiciones unilaterales. Pues a nosotros nos toca recordarles, “espere un momento, hagamos aproximaciones de las posiciones iniciales que tenemos cada uno, busquemos líneas medias, y sobre eso, vamos pactando”. Entonces, ese ha sido, dijéramos, el diario, lo cotidiano de las diferencias.


2. El gobierno, por su parte, ha dicho de manera seca que "no se puede hacer pedagogía para la paz si el ELN sigue secuestrando". ¿Cuál es su visión de estas declaraciones?
-Pues establecimos unos acuerdos, entre ellos el de pedagogía de paz, entonces ese tema de las privaciones de la libertad, también se van a discutir y acordar. Pero como no se hace entre los criterios que ellos quieren colocar, que es que nada esté acordado hasta que todo esté acordado, entonces los acuerdos iniciales que podamos ir logrando, los van metiendo a un congelador. Ese es el problema que tenemos en este momento.


3. ¿Qué pasos prácticos proponen ustedes para superar estas dificultades? Si el gobierno exige gestos tangibles de parte del ELN, ¿a qué gestos prácticos creen ustedes que debe comprometerse el gobierno, o qué condiciones deberían cumplirse?


-Pues es que el gobierno se ciña a lo que es una lógica de negociación y no trate de imponer y colocar requisitos. Nosotros hemos dicho, los únicos requisitos que están escritos en la agenda son negociar con seriedad, celeridad y rigurosidad. En ninguna parte aparecen requisitos que si una parte, en este caso nosotros, no hacemos un acuerdo a la velocidad que ellos quieren, entonces el resto se congela. Eso es un invento que se saca la delegación del gobierno. Y pasos prácticos para eso, pues que volvamos a la lógica de lo que es la negociación.


4. Ustedes plantean una metodología muy diferente a la planteada por las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, que se realizaron sobre el principio de que "nada está acordado, hasta que todo esté acordado", principio utilizado en el proceso de paz en Irlanda del Norte. Ustedes han preferido instalar el principio de "acuerdo pactado, acuerdo implementado". ¿Cuál es la razón por la cual optan por este principio?


-Si, evidentemente hemos dicho que acuerdo pactado, acuerdo implementado. Porque, precisamente, colocar el tema de acciones y dinámicas humanitarias, que pertenece al punto quinto, colocarlo en principio, era para ir haciendo acuerdos que alivien la situación de personas no combatientes, que creen un clima de paz, que motiven la participación Entonces, por eso hemos dicho, acuerdo pactado, acuerdo implementado. No podemos ir dejando todo para el final de la negociación, sino que ir creando el clima de paz desde ahora. Dentro de esa propuesta, es que hemos dicho que es necesario pactar un cese bilateral al fuego.


5. El comandante fariano Jesús Santrich, de la Comisión de Seguimiento, Impuslo y Verificación del proceso de paz de las FARC-EP y el Gobierno Nacional ha dicho que deben tener mucho cuidado con los incumplimientos del gobierno, y que el ELN no debe ser ingenuo en este sentido. ¿Cómo interpretan estas palabras?


-Pues primero, que cuando ellos empezaron a negociar eran conscientes que el 80% de los acuerdos de paz del mundo, los Estados no los cumplen. Eso no es ninguna novedad. ¿Qué es la novedad acá? Que pese a que las FARC tenían una expectativa del bajo cumplimiento por parte del régimen, lo que está ocurriendo, es que es mucho más bajo el cumplimiento que los estándares internacionales. Entonces eso ya raya con cuestionamientos a la voluntad política. Porque a ellos les aplican un doble torniquete: por un lado, la extrema derecha, de todas maneras, vive recortando los acuerdos. Y por otro lado, la misma delegación del gobierno, que ya entra en una fase de dispersión y de descohesión de la coalición de gobierno, cada vez está más imposibilitada para cumplirles. Entonces, nosotros somos conscientes del tipo de interlocutor que tenemos y sabemos que hay un interlocutor que está dividido. La mitad quiere el proceso de paz, la otra mitad no lo quiere. Y todo eso introduce una gran de incertidumbre a todo este esfuerzo de solución política.


6. Es un hecho que los territorios históricamente de presencia de las FARC-EP han comenzado a ser copados por el paramilitarismo y por una fuerza pública que llega, muchas veces, con ánimo revanchista y cuya presencia han asociado algunas organizaciones comunitarias al paramilitarismo y a proyectos minero-extractivistas que vulneran a las comunidades. ¿Cómo analizan ustedes esta situación?


-Los territorios que estaban las FARC, están siendo copados por paramilitares y militares. Ha habido un salto en el paramilitarismo. Ese salto se da en un plan coordinado con las fuerzas militares, entonces existe una tenaza legal e ilegal represiva sobre esas zonas. ¿Cómo vemos nosotros esto? Pues es un afán desde la lógica de guerra... según la lógica de ellos, el que copa los territorios, gana la guerra. Entonces están en eso. En ese sentido, pues nosotros estamos recibiendo muchos pedidos de distintas comunidades de donde salió la FARC para que hagamos presencia. Estamos yendo a algunas. No podemos ir a todas. Y estamos yendo es a ayudarle a la gente a organizar su protección, su seguridad, su defensa. No estamos en la idea de ir a crear guerrillas a cada esquina de Colombia. No. En este momento es que a la gente no la maten y no se perpetre un nuevo genocidio. Eso, para nosotros, es un deber, y vamos a tratar de cumplirlo hasta donde más podamos.


7. También hemos visto, pues ha sido reportado incluso por la BBC, que en zonas como el Pacífico, el ELN ha estado enfrentando esta presencia y amenaza paramilitar y delincuencial mediante la confrontación armada con estas bandas. ¿Cuál es la realidad de esta confrontación en el terreno?


-Por supuesto, también desde los frentes guerrilleros nuestros ha habido enfrentamientos, en particular, la disputa por la Costa Pacífica es muy álgida, por una razón muy fuerte: son zonas poco habitadas, de pocas vías de comunicación, con inmensas riquezas de biodiversidad, y un gran puerto... porque esas costas tienen unas ensenadas y unas bahías muy aptas para la navegación. Entonces, toda esa Costa Pacífica es un gran puerto para la exportación de narcóticos. Entonces las bandas se disputan esos puertos, la infantería de marina hace acuerdos con ellos. Los acuerdos son que hagan contrainsurgencia, y a cambio los dejan que trafiquen. Esa alianza es viejísima, desde la época de Pablo Escobar, y todavía se mantiene. Eso explica por qué la producción de cocaína, por ejemplo, está llegando otra vez a las 700 toneladas. Entonces, está volviendo a llegarse a récord histórico de producción y a la par, crecimiento del paramilitarismo, y a la par, asesinatos de líderes sociales. Y esos asesinatos están localizados, exactamente, en las fuerzas alternativas que se oponen al régimen. Entonces sí estamos ante una matanza sistemática, y por tanto sí estamos en el inicio de un nuevo genocidio. Pues, por supuesto que nosotros estamos en función de denunciar eso, de bregar a neutralizarlo, de combatirlo y de hacer un llamado para que prevengamos esta situación y no estemos ante otro genocidio como el de los años ´80 en contra de la Unión Patriótica, o de los años ´90 contra otras fuerzas de izquierda.


8. Después de la reunión de la Habana con la delegación de las FARC-EP, pese a las diferencias que puedan existir entre la visión del ELN y algunos de los acuerdos alcanzados por las FARC-EP, ¿cómo se posicionan ustedes ante este acuerdo y qué rol creen que puede jugar dentro de su propio proceso de paz?


-Pues para nosotros tiene unos avances muy importantes. Para nosotros es decisivo que el acuerdo que se hizo sobre verdad, para que sobre esa verdad cada parte asumamos responsabilidades. Eso para nosotros es fundamental, y pensamos que es un buen camino el que ellos han abierto. ¿Cuál es la desgracia? Que tan pronto se pactó toda esa jurisdicción sobre verdad y asunción de responsabilidades, las clases dominantes se han inventado los miles de trucos y estratagemas para burlar eso. O sea, para que no haya verdad y para no asumir responsabilidades, y para seguir haciendo lo de siempre. Le hemos dicho al gobierno que todas las cosas del modelo que ellos negociaron en la Habana, lo pueden colocar en la mesa nuestra. Pero no lo van a colocar en la mesa nuestra como un acuerdo que nosotros vamos a cumplir. No, que lo coloquen como una parte, como un referente, pero es para que lo discutamos, no para que los aceptemos sin discusión.


9. El país entero se encuentra hoy atravesado por luchas sociales, desde Buenaventura, hasta la Guajira, pasando por Rionegro y los maestros, junto a un fuerte rechazo a la fiebre minero extractivista mediante la acción por consulta popular, como en Cajamarca y Cumaral... ¿cómo evalúan ustedes este contexto y qué rol puede cumplir esta inmensa inconformidad social dentro del proceso de paz que ustedes adelantan con el Gobierno Nacional?


-Efectivamente, Colombia está viviendo una gran explosividad de movilización y protesta social. Eso es importantísimo. Eso denota, primero, que hay un gobierno que les incumple a todos. Segundo, que esos incumplimientos se deben a que el Estado no está en función de las mayorías. O sea, como es un Estado neoliberal, todos los recortes que hay en el funcionamiento del Estado, es al gasto social. Todos los impuestos que se colocan, es en función de los más ricos. Entonces, las protestas de la gente, en últimas, atacan es el corazón del proyecto capitalista neoliberal. Y la desgracia está en que esas calificadoras de riesgo, siguen insistiendo y apretando, no el cinturón, sino el cuello. Fitch, que es una de ellas, hace una semana, dos semanas, dijo que había que apretar más el régimen fiscal. ¿Eso qué quiere decir? Apretar más las clases populares, a los más ricos no los van apretar.


Entonces, la protesta social está es contra todo ese incumplimiento y el modelo neoliberal. ¿Cómo ligar eso a la paz? Es por una vía. En Colombia, hay una consigna, que dice “paz son cambios, paz son transformaciones”. Entonces esa es la apuesta. Que esas luchas y los procesos de paz se unen en la consigna de que la paz son cambios. En esa dirección hay que trabajar.


10. Ustedes han planteado la idea de un diálogo nacional para superar el conflicto social y armado. ¿Cómo creen que podría avanzarse en este sentido en medio de la actual coyuntura? ¿Qué pasos concretos podrían darse en este sentido?


Pues ese es el punto uno de la agenda: promover un gran diálogo nacional, de todos, de todas las clases. Que de ahí salgan unos cambios básicos urgentes. Que el Estado asuma responsabilidad para hacer esos cambios básicos urgentes. Que en ese proceso de diagnóstico de la realidad nacional y de proyectar unas transformaciones básicas, también quede un acumulado organizativo que no se disuelva y que siga exigiéndole al régimen el cumplimiento de los pactos a que se han llegado en la Habana y los que lleguemos acá. Esos son los objetivos que buscamos.


11. Por último, ¿cómo podría contagiarse con este anhelo de paz transformadora del que ustedes hablan a esa inmensa masa de colombianos que permanecen apáticos o que sienten que la paz no les compete, y convertir ese anhelo en movilización social? ¿Cómo llegar a la juventud marginada en los barrios populares, a las dueñas de casa en los grandes centros urbanos, a la población LGBTI que sufre una violencia desgarradora en las zonas excluidas y a un largo etcétera que a lo mejor no ven la paz como un asunto de ellos?


Pues ese es uno de los retos más grandes que tenemos en la izquierda, porque el plebiscito de octubre pasado demostró que a dos tercios de los colombianos no les importa ese tipo de consultas y participación electoral. Esos dos tercios, ese 66% que no vota y que no le interesa, que es indiferente, no ocurre por generación espontánea. Eso es producto del sistema. La gente no cree en la corrupción, la gente no cree en los políticos, en los partidos, en los poderes del Estado. Entonces, es una crisis de la democracia. ¿Cómo se sale de las crisis de la democracia? Con participación, creando democracia directa, democracia participativa... ya que el descrédito de la democracia representativa es tan grande, el problema no es sólo repararla, es crear otras expresiones de democracia. Y el punto uno de la agenda nuestra, que es participación, apunta a eso, a integrar a los sectores organizados para desde ahí, poder incidir y atraer a los sectores apáticos e indiferentes. Es una gran meta, es difícil, pero pensamos que es lograble en la medida que avance este proceso de paz.

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François Houtart y los ojos de los oprimidos

François Houtart era una de esas personas con las que uno disfruta coincidir en seminarios, congresos y viajes. Y es que, en esos encuentros, el sacerdote belga, además de escuchar con atención e interés a los otros, haciéndoles sentir que lo que decían era importante para él, compartía de manera amena y natural sus ricas vivencias y reflexiones sobre los más disímbolos procesos de transformación política en el mundo.

Houtart, a un tiempo sencillo y sabio, modesto y amable, conocía de primera mano, a profundidad y desde abajo, lo que sucedía en, al menos, la mitad del planeta. Fue testigo presencial de acontecimientos claves como el Concilio Vaticano II, investigador riguroso de la realidad religiosa y social de múltiples naciones, guía e inspirador de innovadores estudios sociales (junto a Samir Amin y Pablo González Casanova), y amigo o mentor de más de una veintena de líderes políticos, sociales y religiosos (desde Karol Wojtyla hasta Camilo Torres, pasando por Amílcar Cabral y Sergio Méndez Arceo).

Su comprensión de la complejidad social era deslumbrante. Era una verdadera biblioteca viviente, no sólo por los libros que había leído, sino por la vastedad de sus experiencias y su deseo de comprender. No en balde escribió más de 50 libros. No había aún cumplido los 40 años y ya había viajado por Estados Unidos y Canadá, casi todo América Latina, Europa Occidental, un buen número de países de África y de Asia. Lo mismo desentrañaba el misterio de la resistencia musulmana al fundamentalismo islámico en Indonesia, que la plaga de los agrocombustibles o las vicisitudes del movimiento indígena en Ecuador.

Nacido en Bruselas en 1925, en el seno de una familia burguesa, aristocrática y clerical, asumió la vida como servicio a los otros. El mayor de 14 hermanos, a los 10 años descubrió su vocación al sacerdocio y su disposición misionera. Renunció a la pompa clerical e hizo voto de pobreza: no tuvo bienes propios, cedió su herencia, vivió con el salario que recibía y no acumuló capital alguno.

Nunca fue a la escuela primaria. Cuando entró al seminario lo hizo no con la idea de seguir una vida religiosa, sino para cumplir un cometido: ponerse al servicio de la búsqueda de la justicia en regiones lejanas. En 1949 se ordenó sacerdote. De allí pasó a Lovaina a estudiar ciencias sociales y políticas. Militante de la resistencia belga contra la ocupación nazi en el Ejército Secreto, en 1944 participó en la voladura de un puente sobre el río Dender. En su bicicleta transportó la dinamita y los detonadores para la operación.

Activista de la Juventud Obrera Católica entre finales de los años 40 y principios de los 50, encontró en esta organización una escuela donde descubrió la realidad social y aprendió una pedagogía. Fue una fuente definitiva en su preocupación social. El método de ver, juzgar y actuar le acompañó toda la vida. A su lado, descubrió la situación de los obreros y se desvaneció la imagen del socialismo como demonio.

En un primer momento, Houtart se consideraba un sacerdote sociólogo, pero después pasó a verse a sí mismo como un sociólogo sacerdote. Acostumbraba a decir que si conservaba la fe se debía a que era sociólogo. "En una era de ecumenismo se trata de vivir con esas ambigüedades, mientras se persigue lo esencial del evangelio".

Pese a que en su juventud veía al comunismo como un sistema cuya expansión había que frenar, terminó por reconciliar el socialismo con la fe cristiana. Sus estudios de doctorado y sus experiencias de finales de la década de los 60 del siglo pasado lo condujeron a la utilización de un enfoque sociológico y un método de análisis marxista. La fe cristiana lo llevó al análisis marxista y el marxismo lo ayudó a conservar su fe. Contra viento y marea, reivindicó que no había contradicción entre la adopción del análisis de la sociedad de Marx y su adhesión religiosa. Lamentaba sí, el que los países socialistas hubieran adoptado el ateísmo como "religión de Estado".

En el materialismo histórico encontró dos herramientas básicas: primero, un instrumento adecuado para leer las sociedades con la mirada de los oprimidos, lo que consideraba una exigencia de fidelidad a la opción cristiana; y, segundo, un enfoque para relativizar tanto el papel de la institución eclesial, como la función ideológica del cristianismo en la historia.

La muerte nunca fue para François un gran problema o causa de temor. Decidido a vivir el presente con la mayor intensidad posible, para él la muerte era un evento natural, parte de la vida, una transición, cuyo sentido estaba determinado por la trayectoria que cada quien ha seguido. Para Houtart, lo que la existencia futura podía ser no era una certeza sino una esperanza, una apuesta, en la que lo central era la coherencia con la manera de vivir un proyecto global. A él, su fe le ayudaba a vivir con plenitud y esperanza el momento de su muerte.

En el espléndido libro El alma en la tierra. Memorias de François Houtart, publicado por el Instituto Cubano del Libro, Carlos Tablada resume en dos ideas-fuerza la trayectoria del sacerdote belga que se vivía como latinoamericano: lealtad a su fe y al ideal de justicia social. Con ellas vivió hasta el último momento.

A François la fe cristiana lo orientó en la búsqueda de las causas de la injusticia y del análisis de los mecanismos de apropiación de las riquezas del mundo por una minoría. Guiado por su experiencia, encontró que la lógica del capitalismo ha llevado a la humanidad y al planeta a la destrucción, y que es necesario cambiar los paradigmas del desarrollo humano. Y este saber reforzó su convicción de que el mensaje al que él fue fiel es trascendental a la emancipación y liberación de los seres humanos.

Así, mirando desde abajo, "buscando un instrumento adecuado para leer las sociedades con los ojos de los oprimidos", François Houtart, viajero incansable, vivió y murió. Lo vamos a extrañar.

Twitter: @lhan55

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