Laudato si'. (El papa Francisco y el cuidado de la Común)

... “No puedo haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Son temas tan importantes que los Pueblos y sus organizaciones de base no pueden dejar de debatir. No pueden quedar sólo en manos de los dirigentes políticos.Todos los pueblos de la tierra, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, tenemos que alzar la voz en defensa de estos dos preciosos dones: la paz y la naturaleza”.

 

Papa Francisco

 

Incluye: "Discursos a los movimientos sociales"

 

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Jueves, 24 Agosto 2017 06:36

La interpretación de los movimientos

La interpretación de los movimientos

En la séptima conferencia de La Vía Campesina, realizada en julio 2017 en Derio, País Vasco, participaron cientos de delegadas y delegados de las 164 organizaciones en 69 países de cinco continentes, además de organizaciones aliadas y unas 300 personas voluntarias de organizaciones locales.


Los y las delegadas son gente de base, campesinos y campesinas, indígenas, pastores y pescadores artesanales, con una diversidad cultural y lingüística enorme. Toma la palabra una campesina de India y habla en tamil, le pasa el micrófono a un campesino polaco que habla en su idioma y se lo entrega a una apicultora chilena que sigue el debate en castellano y lo devuelve a un campesino de Mozambique que responde en portugués.


Casi todos los participantes siguen escuchando en sus idiomas, parece mágico . En esta conferencia la interpretación simultánea cubrió entre 10 y 17 idiomas a la vez, según la sesión: castellano, euskara, francés, portugués, árabe, ruso, coreano, chino, japonés, bahasa Indonesia, vietnamita, turco, thai, tamil, hindi y bimbi. También habían previsto singalá de Sri Lanka, pero los delegados no pudieron llegar porque no obtuvieron visa.


No se trata solo de interpretación en las sesiones plenarias: también en los grupos de trabajo por temas, en reuniones regionales y de coordinación. En todas las instancias se continúa con la interpretación simultánea, abriendo compuertas de expresión y participación inusitadas.


Por detrás de este malabarismo lingüístico hay más de 50 intérpretes y traductores voluntarios, coordinados por el colectivo COATI : Colectivo para la Autogestión de las Tecnologías de la Interpretación.


“Nuestro objetivo es que no seamos necesarios” dicen Germán y Kate de Coati, ambos fundadores del colectivo, cuando consigo que se sienten un momento a tomar un café y contarme su experiencia. Se refieren al rol de Coati, no a la necesidad de interpretación. A la posibilidad de que los movimientos puedan autogestionar la organización de la interpretación y traducción, sin que ellos como coordinadores tengan que estar presentes.


La interpretación es fundamental para que la participación sea real y desde las bases, no intermediada por alguno de los idiomas coloniales que predominan, lo cual inhibe a las y los delegados a tomar la palabra, aún siendo líderes de sus movimientos. Por ello La Vía Campesina (LVC) ha cultivado esta construcción desde sus inicios y muchos de los intérpretes que estaban en la conferencia han estado presentes en otras conferencias globales y regionales. En LVC es una regla que todos los documentos a discutir o publicar por La Vía Campesina deben estar en castellano, inglés y francés, así como garantizar esta interpretación en las reuniones de su coordinación internacional, en las reuniones de las regiones dónde se requiera, y en las conferencias internacionales globales, que es la instancia más importante de decisión política, organizativa y estratégica del movimiento y ocurre cada cuatro años. A esos tres idiomas, siempre han agregado la interpretación al idioma local de los anfitriones.

Llegar a la situación de diversidad que se logró en la VII conferencia ha sido un largo camino, junto a COATI y basado en la firme decisión política de construirlo.


Germán y Kate cuentan que la interpretación simultánea, que está disponible en Naciones Unidas (en los 6 idiomas oficiales de esas negociaciones) y en eventos privados, es una estructura comercial, cara y técnicamente complicada, en general prohibitiva a los movimientos, con equipos y organización muy costosa. En algunos encuentros de organizaciones internacionales, se contrata esa infraestructura comercial cuando pueden, lo cual come una parte importante de los recursos y además, luego del evento, no queda nada y hay que volver a contratar la próxima vez. Esto no depende solamente de que sea un negocio comercial, también de que las organizaciones no le dan atención suficiente, en general es apenas un escollo a superar al momento de tenerlo delante, sin pensar en el tema durante el resto del tiempo.


Un punto de quiebre en está dinámica, fue la iniciativa de un colectivo griego, que para el Foro Social Europeo que se realizó en Atenas en 2006, luego de aprender de las dificultades en otros ámbitos, dedicó un buen tiempo para diseñar una matriz tecnológica que facilitara la interpretación, es decir, para autogestionar la organización tecnológica de comunicación para la interpretación y pensar formas de trasmisión que fueran más accesibles y apropiables.


Aún hoy, dice Germán, esa es la matriz tecnológica en que nos basamos nosotros y otros colectivos que se están formando. En el Foro Social de Mumbai, otro colectivo había propuesto que en lugar de receptores especiales para interpretación, usaran radios FM, lo cual fue la base para popularizar esa parte del equipamiento necesario: puede ser cualquier radio FM y hasta teléfonos para recibir la señal, con los auriculares que siempre se usan. El colectivo griego también pensó en modelos de consolas para que se sienten los interprétes. COATI ha avanzado mucho en todo esto durante los años siguientes: han diseñado su propia “Spider”, un equipo portable para reuniones más pequeñas, y cabinas ligeras que se pueden plegar y colocar sobre una mesa, en lugar de una estructura completa, difícil de trasladar.


El trabajo del intérprete es fundamental, pero igualmente esencial es pensar en la estructura tecnológica que hace posible la comunicación entre lenguas, para que cualquiera pueda hablar en un idioma y eso se trasmita a todas las cabinas y finalmente llegue a los que están escuchando.


Pensar esa estructura y cómo coordinar a los interprétes lo hace COATI, mientras que los intérpretes y traductores, que en el caso de LCV son voluntarios, llegan al momento de las conferencias. COATI necesita cobrar por su trabajo, porque la previsión, organización y las soluciones tecnológicas, son tarea de muchos meses, no sólo en el momento del evento.


La gran diferencia de la colaboración con Vía Campesina, dice Germán, es que LVC le da una gran importancia a que sus miembros puedan expresarse desde la diversidad y comunicarse con los demás, por lo que nos hemos ido desarrollando juntos. Vía Campesina mantiene comunicación con la redes de intérpretes y traductores todo el año, asigna personas encargadas de este tema y han adquirido los equipos, que van pasando entre reuniones, o cuando se puede, se quedan en el sitio, para que estén ya disponibles en la región, como ha sucedido en África, Asia, América Latina, Europa, Norteamérica.


En otras organizaciones, a veces compran los equipos, pero al no darle seguimiento al tema, se quedan bajo una mesa juntando polvo. Por eso, cuando no hay un nivel de organización como el de LVC, COATI previó un lugar almacenamiento de los equipos y consolas, para poder enviarlos a los eventos que lo necesitan.


“Pero lo mejor”, agrega Kate, “sería que cada movimiento cuide de esto, y nuestro papel podría reducirse a la organización de la comunicación en el sitio y organizar a los intérpretes”. Además, COATI, que está basado en Barcelona y alrededores –además de un miembro en Praga y otro en Polonia– han ido formando a otras personas, que van formando colectivos parecidos al suyo, como BLA y otros en construcción en varios países de Europa.


Porque la parte técnica es sólo un aspecto. “Trabajar con movimientos”, sigue Germán, “implica generar respeto y confianza mutua, porque la interpretación es un tema delicado, ha ocurrido que intérpretes que llegan incorporan cosas de su propia cosecha, generando conflictos. Nosotros tenemos nuestras propias ideas y actividades y aunque somos afines a las propuesta de LVC; entendemos que nuestro rol aquí es proveer lo que necesite La Vía Campesina.”


“Hay una relación mutua muy buena pero al mismo tiempo, está claro que no somos parte de la organización, ni campesinos. A veces gente que colabora solidariamente cree que por ello es parte de LVC, lo cual también genera conflictos, pero es claro que ese no es nuestro rol. Somos una especie de aliados de LVC y eso genera mucha satisfacción, tanto por el trabajo, pero porque vemos que con esa disposición se pueden crear muchas posibilidades, aquí y para otros movimientos” explica Kate.


LVC tiene un enorme poder de convocatoria, por eso también llegan muchos intérpretes voluntarios. Pero se trata de trabajo duro, de muchos años de construcción.
“La Vía Campesina lo ha hecho, porque realmente valoran la participación democrática y de base, porque sin esto no pueden cumplir con los objetivos políticos de la organización, saben que sin la base, lo demás no tendrá fuerza” dice Kate.


“La Vía Campesina va por delante de todos en muchas temas, y en este también”, agrega Germán.


Los integrantes de COATI vienen de movimientos ligados a la alimentación y soberanía alimentaria, entre otros “Reclaim the fields”, una organización de jóvenes a nivel europeo que reclaman tierras para poder ser campesinos. También recogen su experiencia e identidad de los movimientos por la autogestión y por software libre.
Ahora están trabajando sobre el concepto de “soberanía tecnológica”, basado en las mismas ideas base que el de soberanía alimentaria. “Estamos rodeados de tecnologías, las usamos permanentemente y están tan o incluso más monopolizadas por transnacionales, como la comida. Por eso todo lo que hacemos, desde los equipos a las formas de organización, son de código abierto, así otros pueden tomar esas ideas y adaptarlas a sus entornos y necesidades” explican.


“Por ello decimos que nuestro objetivo es ser prescindibles, difundir esas capacidades para que los movimientos se puedan organizar y potenciar la participación desde las realidades diversas y la comunicación desde abajo”


Visto desde la séptima conferencia de LVC, la construcción es extraordinaria y emocionante y aunque en muchas oportunidades todos los asistentes aplauden a los intérpretes expresando un agradecimiento muy sentido por su trabajo, es en realidad un hilo invisible que nos une a todas y todos.


Contacto con COATI : Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
https://coati.pimienta.org/index.es.html

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“Venezuela podría convertirse en la Siria de América Latina”

La clave del actual conflicto en Venezuela no es tanto de carácter social como geopolítica, dado que se trata de un país pleno de riquezas y emplazado en una posición estratégica (un país bisagra entre dos subcontinentes), en un planeta en el que a escala global miden fuerzas Estados Unidos y China. Después de 60 años de conflicto en Colombia, “creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina; esto llevaría a una profunda desestabilización del continente”, sostiene el periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi. Colaborador en medios como La Jornada de México o Brecha de Uruguay, desde hace tres décadas ha recorrido América Latina trabajando con los movimientos sociales. Coordinación Baladre de luchas contra la precariedad e Iniciativas sociales Zambra han publicado libros de Zibechi como “Latiendo resistencia. Mundo nuevo y guerras de despojo” (2016), “Descolonizar la rebeldía” (2014) y “Brasil potencia: entre la integración regional y un nuevo imperialismo” (2013). En el primero de los títulos resalta la función esencial de la masacre: “Ayer y hoy constituye el principal modo de disciplinamiento de los de abajo en América Latina”.


-En artículos y libros te has mostrado muy crítico con los gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina. Ante las embestidas de la oposición de extrema derecha venezolana, con el apoyo de las elites mundiales, ¿crees que los movimientos populares han de tomar partido en esta coyuntura?


Toman partido y es necesario que lo hagan porque son la llave de los cambios posibles y deseables. Sin los movimientos, o sea la gente común organizada para promover o impedir cambios, nada de lo que sucedió en América Latina en las tres o cuatro últimas décadas sería igual. La camada de gobiernos progresistas y de izquierdas que surgieron desde 1999, son producto indirecto de estos movimientos. Indirecto porque no tenían ese objetivo específico, no se propusieron llevar a tal o cual persona o partido al gobierno, aunque en muchos casos los apoyaron, incluso antes de que fueran gobierno.


El asunto es que no hay unanimidad, ni puede haberla, en cuanto a la valoración de estos gobiernos ni en relación a la actitud hacia ellos. Hay movimientos que apoyan al progresismo y otros que se oponen, y unos cuantos tienen posiciones intermedias y oscilantes según las coyunturas. Lo que no resulta adecuado es quitarle legitimidad cuando toman caminos que no se comparten. Se trata de explicar las razones por las cuales hacen lo que hacen, en vez de sentenciar que se convirtieron en agentes del imperio o cosas similares, que recuerdan el período estalinista cuando todo opositor era tachado de “agente del enemigo”.


-¿Consideras que cabe una “tercera vía”?


El término “tercera vía” no me gusta. Pero entiendo que te refieres a un camino propio de los movimientos, que no necesariamente pase por la estrategia estatal o partidaria. Creo que ese sería el camino a explorar, algo que en los últimos años hemos denominado autonomía. Que pasa por diseñar estrategias propias que, en determinado momento, pueden establecer lazos con algunos partidos o con el Estado, pero que en su conjunto no se subordinan a ninguno.


Sin embargo, una estrategia de este tipo no es sencilla porque supone la constitución de sujetos colectivos sólidos, bien plantados en el escenario político y, sobre todo, capaces de crear y sostener una cultura política propia. Esto es muy excepcional en todo el mundo, y en América Latina lo encuentro en muy pocos movimientos, en particular en el zapatismo y en los sin tierra de Brasil, aunque ambos transitan caminos diferentes. Una estrategia propia sólo puede construirse pensando en la larga duración, para no quedar entrampados en coyunturas políticas o electorales que suelen des-potenciar las capacidades de los movimientos.


-En un reciente artículo publicado en La Jornada, afirmabas que la pugna estratégica entre Estados Unidos y China estaba fracturando América Latina. ¿Qué posición ocupa Venezuela?


En ese artículo recojo un análisis de dos economistas latinoamericanos, que tienen la enorme virtud de darle densidad material a los conflictos en la región, rehuyendo las consabidas letanías ideológicas. El punto de partida es que hay una fractura entre Sudamérica, volcada hacia China, y Centroamérica y el Caribe, volcados hacia Estados Unidos. Para llegar a esa conclusión aportan datos sobre comercio exterior y endeudamiento, y establecen que el epicentro de la fractura es Venezuela.


-¿En qué consiste el conflicto que mencionas?


El eje del conflicto es geopolítico más que social, aunque este tiene su importancia. En todo el mundo hay una pugna entre la potencia decadente y la potencia emergente, o sea Estados Unidos y China. En realidad, la geopolítica explica algunas cosas y es una “ciencia” de carácter imperial, antipática y detestable, pero ayuda a posicionarse si uno rehúye la tentación de creer que las alternativas al imperialismo yanqui son los chinos o los rusos. Se trata de potencias que disputan hegemonías y no de fuerzas emancipatorias, como creen algunos analistas de izquierda. Son opresoras, no liberadoras. Lo que está sucediendo, y esto puede ser positivo, es que la pelea entre potencias puede, sólo puede, abrir espacios a las luchas de los abajos. No más, ni menos.


-¿Cómo se concreta este razonamiento en el caso de Venezuela?


En base a este escenario, lo que veo en Venezuela es un país rebosante de riquezas, de hidrocarburos y minerales, y una geografía que mira hacia el Caribe desde Sudamérica. Es un país bisagra entre dos subcontinentes, al igual que Colombia. Por eso son espacios estratégicos, donde las líneas de fricción entre imperios se convierten en fallas tectónicas en las que emergen los conflictos.


Lo que resulta aleccionador, es que apenas termina la guerra en Colombia, una guerra de seis décadas, se abre la posibilidad de guerra en Venezuela. Creo que se está configurando una guerra interna más que una invasión, aunque los paramilitares parecen estar operando desde Colombia. Venezuela puede convertirse en la Siria de América Latina, lo que llevaría a una profunda y sistémica desestabilización de todo el continente. Una tormenta, en el lenguaje zapatista.


-Tras recordar su acompañamiento crítico a la Revolución Bolivariana, el sociólogo Boaventura de Sousa Santos afirma que las conquistas sociales de los últimos veinte años “son indiscutibles”. ¿Qué le responderías?


Hay que precisar qué se entiende por conquistas sociales. Si se trata de la reducción de la pobreza y el aumento del consumo, estaría de acuerdo. Sin embargo, yo no las llamaría de ese modo, ya que no estamos ante cambios estructurales, como la reforma agraria o la urbana, sino ante la mejora de indicadores puntuales o coyunturales.
En los países con gobiernos progresistas y de izquierda hubo políticas sociales, inspiradas en las políticas del Banco Mundial pero más extensas, que aliviaron la situación de los sectores más pobres y los incluyeron en el consumo. En algunos países parece haberse avanzado en relación a la desigualdad, pero no en todos como lo muestran los estudios en Brasil y Uruguay que analizan los ingresos del 1% durante los gobiernos del PT y el Frente Amplio. Ahí la desigualdad siguió creciendo.


-No hubo cambios...


Lo que no hubo son cambios estructurales. Las vendedoras ambulantes y de los mercados, los recogedores informales de basura, esas mayorías pobres que son el 60% de nuestro continente, tienen ahora ingresos mayores, pero siguen ocupando los mismos lugares en la estructura social, cultural y productiva. Eso se relaciona con la hegemonía de la acumulación por despojo, que se ha agravado en la última década, que desindustrializa o impide la industrialización.


En cada país esto se manifiesta de modos diferentes. En Brasil hubo un avance del agronegocio y un retroceso de la industria. En Venezuela se profundizó el rentismo petrolero. Lo más grave es que se difundió una ideología que hace creer que el mundo deseable se basa en el reparto y no en el trabajo. Esto abre las puertas a la corrupción, que es inherente a la acumulación por despojo.


Por el contrario, creo que estamos en un período de transición muy similar al que vivimos durante nuestras independencias, en la primera mitad del siglo XIX. Fue la lucha, a muerte, entre una clase dominante peninsular (los llamados godos) y una clase emergente de criollos. Una clase en decadencia y otra ascendente que necesitaba el poder estatal para consolidar su riqueza, que era producto de la apropiación violenta de la tierra. Ambos sectores, y muy en particular los criollos, apelaron al pueblo (indios, negros, mestizos y blancos pobres) para inclinar la balanza a su favor, pero en cuanto vencieron les dieron la espalda. La opresión bajo las repúblicas fue incluso más violenta que con las monarquías.


-¿Cómo valoras la derrota electoral del gobierno de Cristina Kirchner, en Argentina, y la “caída” de Dilma Rousseff en Brasil? ¿Supone una involución o la apertura de un periodo con nuevas oportunidades?


Siento que son manifestaciones de lo que llamamos como fin de ciclo. Algo se terminó, más allá de que haya gobiernos de un color o de otro. Lo que llegó a su fin, fue un tipo de gobernabilidad tejida en base a los elevados precios de las exportaciones y una paz social lubricada con alzas sostenidas de salarios y prestaciones sociales, posibles precisamente por esos precios altos del petróleo, el gas, los minerales y la soja.


El fin del ciclo supone el triunfo de las derechas en el corto plazo, pero sobre todo un período de ingobernabilidad en el cual nadie, ni siquiera los progresistas, tienen posibilidades de gobernar en calma. Las clases medias se han hecho muy conservadoras y aprendieron a luchar en las calles. Los sectores populares despiertan de la siesta progresista y se disponen a retomar las calles para defender lo que consideran sus derechos. En tanto, la economía sigue su caída libre en un clima de confusión política.


-¿Qué escenario se otea en la región más allá del análisis cortoplacista?


Si levantamos la mirada hacia el mediano plazo, podemos ver que se abre un nuevo período para los movimientos, con la posibilidad de zafar de la tutela que significaron la izquierda y el progresismo. Eso puede permitir que algunos movimientos hagan una opción por un proyecto propio, aunque creo que la mayoría seguirán prisioneros de la vieja cultura política que coloca a los caudillos en un lugar central y el acceso al Estado como clave de bóveda de los cambios.


No soy muy optimista respecto a que seamos capaces de mirar más lejos que los períodos electorales, aunque unos cuantos movimientos de mujeres y de jóvenes, que son los más activos en este momento, parecen querer rehuir esa perspectiva.


-¿Qué movimientos sociales regidos por los principios de la asamblea, la autonomía y la autogestión observas actualmente con mayor pujanza en el continente?


Los movimientos de carácter comunitario, aunque no existan comunidades formales. Tengo gran confianza en el zapatismo, pero también en franjas del movimiento mapuche, en movimientos locales urbanos en Ciudad de México y en el estado de Lara (Venezuela), donde se registran experiencias notables que congregan decenas de miles de personas.


En todo caso, creo que los movimientos indígenas siguen siendo los más avanzados, aunque en los últimos años ganaron fuerza los movimientos negros en Brasil y Colombia, donde los jóvenes y las mujeres viven bajo una constante persecución policial y estatal.


-¿Qué podría aprender, a tu juicio, la izquierda occidental del zapatismo?


Ética. El zapatismo es una inmensa escuela de ética. Se despegaron de la agenda estatal-partidaria, abandonando los focos de atención mediáticos, al precio de hundirse durante meses en el silencio y la falta de noticias sobre lo que hacen. Pero eso les ha permitido crear una agenda propia, que es uno de los rasgos mayores de su autonomía.
En cierto momento se preguntaron qué tipo de militante nacería de la opción de no tomar el poder estatal, o sea de no pelear por cargos, puestos y remuneraciones dentro del sistema. El resultado es esa nueva generación de jóvenes de las comunidades que luchan con múltiples armas, incluyendo la música, la danza, el teatro y los conocimientos científicos. La clave en este punto es la creación, que simboliza la creación de un mundo nuevo.


Entre los siete principios zapatistas figura “bajar y no subir”, lo que es un rasgo básico de una nueva cultura política que va a contrapelo de la vieja cultura de nuestras izquierdas que busca ventajas, incluso individuales, dentro del sistema y del Estado.


-Has propuesto una mirada diferente sobre el “narcotráfico”, más allá de la de desaforados criminales que asesinan a diestro y siniestro. Podría aplicarse a países como México o Guatemala. ¿En qué consiste?


Intento responderme la pregunta de qué función cumple el narcotráfico. Porque si es exitoso, si avanza de forma exponencial en nuestras sociedades, no puede ser sólo porque resulta económicamente exitoso. Es evidente que cumple también funciones sociales y culturales. La segunda pregunta sería: qué sucedería con los jóvenes de los sectores populares, que son sus principales adherentes y víctimas, si no existiera el narco.


Observando las realidades micro en barrios de nuestro continente, creo que el narco es hoy el control social en la zona del no-ser, por usar conceptos que provienen de Fanon. Recordemos que Deleuze plantea que las sociedades disciplinarias dieron paso a las sociedades de control, o sea pasamos del encierro al control a cielo abierto. En su análisis el principal modo de control es el endeudamiento, algo que funciona en las zonas del ser (donde la humanidad de los seres es respetada), pero en las zonas del no-ser (donde la dominación se ejerce por la violencia) no hay capacidad de endeudarse. Ahí la masacre, los paramilitares, el narco y los feminicidios aparecen como modos de control de los sectores no integrables.


Por el reverso, podemos preguntarnos qué sucedería con los jóvenes y las jóvenes si no existieran esos modos de control/represión/genocidio. Sin duda se levantarían contra un sistema que los condena a la marginación y les cierra todo futuro. Estarían en el mismo lugar que estuvimos las generaciones de los 60 y 70, peleando aún a riesgo de perder la vida para poner fin al sistema capitalista.


Creo que sobre este asunto debemos investigar y trabajar seriamente.


-En mayo de 2017 Lenín Moreno sustituyó a Rafael Correa en la presidencia de Ecuador, después que éste ocupara durante una década la presidencia. ¿Consideras que pude producirse algún tipo de viraje?


Ya se produjo. Moreno tomó distancias de Correa y en el horizonte se puede ver una crisis que afectará de lleno al gabinete y al partido que sostiene al gobierno, Alianza País. Moreno tiene un estilo bien diferente al de Correa, me refiero a lo personal, al carácter, ya que busca conciliar con los movimientos y no confrontarlos, por eso le cedió a la CONAIE la sede que le corresponde. Pero también tiende a conciliar con los empresarios y la derecha, de modo que su gobierno aunque más tolerante es a su vez más moderado, en una situación de crisis económica aguda y de déficit que hereda del gobierno anterior.


-Por otro lado, en países como Argentina se ha discutido mucho sobre la figura del Periodista “militante” y si es coherente con los principios de rigor, búsqueda de la verdad y contraste de las fuentes. ¿Te consideras un periodista e investigador “militante”? ¿Qué opinas de esta polémica y la que enfrenta a periodistas con comunicadores populares?
Me siento militante, tanto periodista como investigador militante. Pero lo hago partiendo de un hecho básico: no es un título o un lugar que avale un sentimiento de superioridad, moral o intelectual, sino como mera exigencia ética, de rigor y de compromiso.


El rigor se relaciona con decir la verdad en todo momento, aunque sea incómoda. Lo que no quiere decir que uno no se equivoque. Todo el tiempo nos equivocamos y hay que tener el valor de reconocerlo.


En cuanto al compromiso, desde que viví en Perú en los 80, durante la guerra de Sendero Luminoso, me ilumina una frase de Emil Cioran: “Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores”.
Es difícil admitir que unos y otros estamos amasados con el mismo barro, pero es el modo de abrirnos a un sentimiento de compasión, que pone un límite a la intransigencia del revolucionario que, muy a menudo, cree que los que están dispuestos a dar su vida por una causa son seres especiales, como sostuvo Stalin.

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El Festival CompArte, espacio "para crear" y "alzar la voz"

Argelia Guerrero, Antonio Gritón, Miguel Saavedra, Tryno Maldonado y Mario Galindez, así como el grupo Sistema Proletario, entre los participantes

Convocado por la Comisión Sexta y las Bases de Apoyo del EZLN, concluirá mañana en el caracol aapatista de Oventic

 

Miles de artistas y de personas del país y del extranjero se dieron cita el pasado domingo en la inaguruación del Festival CompArte por la Humanidad, Frente al Capital y sus Muros; todas las Artes, convocado por la Comisión Sexta y las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Hubo presentaciones de teatro, audiovisuales, música, poesía, literatura, danza y pintura, así como talleres en esas áreas. Estas actividades se realizaron en el Centro Integral de Capacitación Indígena Unitierra, Chiapas.

"CompArte es como la utopía; es un espacio de arte para liberar, para crear", aseguró el artista gráfico Miguel Saavedra, quien llegó de la Ciudad de México junto con el colectivo de mujeres Grietas en el Muro, adherentes a la Sexta.

Los integrantes del grupo de ska Sistema Proletario, de Tuxtla Gutiérrez, luego de su actuación afirmaron que el festival es un foro para "expresar inconformidades, alzar la voz y compartir".

Desde Alemania, arribó Olga, artista gráfica de ascendencia kurda. También participaron Antu y Relmu, músicos originarios de Chile, los cuales animaron a "seguir en la resistencia", expresando el fraterno saludo mapuche de Marichiweu.

Apoyo a las familias de los normalistas desaparecidos

Otra de las actuaciones sobresalientes fue la de la bailarina Argelia Guerrero, quien presentó su espectáculo Yo vengo a ofrecer mi corazón, en el que contó la historia de la resistencia y la lucha en México desde la Revolución hasta nuestros tiempos y mostró su apoyo a los padres y madres de Ayotzinapa.

Asimismo, el artista visual Antonio Gritón estuvo presente en el encuentro con gráfica de su Taller El Ajolote.

En una entrevista para Radio CompArte, el escritor Tryno Maldonado, habló de su experiencia de acompañamiento con las madres, padres, [email protected] y compañeros de los desaparecidos de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014.

Autor del libro Ayotzinapa, el rostro de los desaparecidos, en el que puso la literatura "al servicio de las voces", de las familias de los normalistas desaparecidos y los sobrevivientes.

El pintor Gustavo Chávez Pavón, evocando el poema de Mario Benedetti Por qué cantamos, expresó: "¿Usted preguntará por qué pintamos?, pintamos porque el grito no es bastante, y no es bastante el llanto ni la bronca; pintamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota; pintamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar, que el color se haga ceniza".

Por su parte, los integrantes del colectivo de artistas gráficos La Espiral de Fuego expresaron su convicción de que en la colectividad y la cooperación está la "solución para organizarnos".

Egresados de la Escuela Nacional de Arte Teatral, señalaron que CompArte abre las puertas para encontrar a la gente que en la ciudad o en el campo está inconformes, "que busca nuevas maneras de pensar, sentir, compartir y apreciar las diferencias".

A lo largo de la semana participaron en el festival el coro de las Abejas de Acteal y el grupo Los Originales de San Andrés, de Oventic Chiapas, quienes estrenaron La cumbia de Marichuy.

"Los pueblos indígenas ríen desde el corazón"

Uno de los actos destacados fue la actuación del mimo Mario Galindez, quien afirmó: "Los pueblos indígenas siempre han reído... porque ríen desde el corazón y pese el dolor, ríen. Para construir algo en pantomima, yo necesito mirarlo para que tú lo veas. Si miramos hacia la misma dirección podremos construir un mundo mejor, donde todos quepan, donde todos podamos reír", recordó el integrante de Humor para la Paz.

Las actividades del Festival CompArte continúan hoy y mañana en el caracol zapatista de Oventic, de las 10 de la mañana a las 9 de la noche. Se tienen programadas decenas de presentaciones de música, teatro, danza y poesía, así como muestras de fotografía, pintura y grabado. Se realizarán varios talleres. En esta segunda edición sobresale la participación de más propuestas de mujeres dedicadas a las artes.

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Miércoles, 26 Julio 2017 06:08

Plan de lucha contra el programa de Temer

Plan de lucha contra el programa de Temer

La agenda de protestas del MST incluye manifestaciones en ocho estados, marchas y una vigilia extendida hasta el 2 de agosto, cuando el Congreso debe evaluar si encamina a la Corte Suprema o si archiva la denuncia contra Temer.

 

El Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST) ocupó propiedades agropecuarias de políticos en varios estados de Brasil y prometió nuevas medidas de ese estilo. El objetivo de las tomas de tierra no es otro que exigir cambios en la política agraria del gobierno de Michel Temer. Desde la madrugada de ayer, 15.000 miembros del movimiento ingresaron a fincas pertenecientes a las familias del ministro de Agricultura, Blairo Maggi, en Mato Grosso, y del senador Ciro Nogueira, en Piauí. En Rio de Janeiro, los militantes del MST ocuparon una hacienda que, según la Policía Militar, pertenece al ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira; en tanto que en Sao Paulo, ingresaron a la propiedad de una firma de arquitectura que cuenta entre sus socios a João Batista Lima, ex asesor y amigo de Temer.


Joao Paulo Rodrigues, vocero de la dirección nacional del MST, informó sobre el curso que piensa tomar el movimiento. “Vamos a mantener estas ocupaciones de forma indeterminada. Denunciamos el retroceso de la reforma agraria y la corrupción y el lavado de dinero con tierras que podrían ser aprovechadas para la reforma agraria. Denunciamos, también, a los corruptos de Brasil”, dijo el vocero. Por su parte, la asesoría de comunicación del grupo Amaggi, propiedad de la familia del ministro de Agricultura, confirmó la ocupación desde Cuiab, capital de Mato Grosso, y dijo que estaba trabajando para restablecer el orden en su propiedad y garantizar la seguridad de las 17 personas que viven en la hacienda.


La asesoría del senador Ciro Nogueira, presidente del Partido Progresista (PP), no tenía detalles de la situación en el terreno ubicado en Piauí. El movimiento bloqueó además el acceso al Centro de Lanzamiento de Alcántara, base militar en Maranhao, para advertir a los habitantes de la zona sobre las consecuencias negativas que a su juicio podría tener la ampliación de un programa espacial ejecutado en asociación con Estados Unidos. El MST también marcó su presencia en las sedes regionales del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria de Sergipe y Bahia ( noreste).


La agenda de protestas del MST incluye manifestaciones en ocho estados, marchas y una vigilia extendida hasta el 2 de agosto, cuando el Congreso debe evaluar si encamina a la Corte Suprema o si archiva la denuncia por corrupción pasiva presentada por la Fiscalía General contra Temer, explicó Rodrigues. El vocero de la dirección nacional del MST hizo un balance de las manifestaciones de ayer. “Esta es la mejor jornada de lucha que hemos tenido en años, la gente nos apoya porque sabe que tanta corrupción es vergonzosa”, comentó el vocero.


Según el MST, las fuerzas de seguridad se acercaron a las fincas ocupadas en San Pablo y Río de Janeiro, pero no hubo conflictos ni se recibieron órdenes judiciales de expulsión. Los miembros del movimiento instalaron edificaciones en todas las propiedades ocupadas, indicó la asesoría de comunicación del MST, que advirtió que vendrán nuevas ocupaciones en las próximas horas.


Temer está acusado de favorecer a los intereses del agronegocio, poniendo en riesgo áreas protegidas. El MST, creado en 1980, exige una reforma agraria que distribuya tierras y recursos a los trabajadores rurales y a las comunidades originarias, con eje en la agricultura familiar. Agrupa a 400 mil familias que lograron titularidad de tierra, y otras 120 mil que permanecen en campamentos.

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“Hay que fortalecer las fuerzas comunitarias y obreras dentro del proceso de cambio”

“La Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, fue un primer ensayo de bloque campesino, obrero y popular en lucha contra las políticas neoliberales”

 

Cuando sugerimos tratar la contingencia política de los movimientos sociales en Bolivia, de inmediato se nos vino a la mente la pertinencia de dialogar con el viceministro Alfredo Rada, quien, con una apretada agenda, reuniones y audiencias con distintos sectores sociales, sin embargo, hizo un paréntesis en su actividad y recibió a Correo del Alba, en su despacho en Palacio Quemado.


Siempre ha sostenido que sin movimientos sociales no hay proceso de cambio, ¿cómo se ha dado la participación de esos movimientos a lo largo del proceso boliviano?


Este proceso político se gestó allá por el 2000, cuando en Cochabamba surgió la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, que fue un primer ensayo de bloque campesino, obrero y popular en lucha contra las políticas neoliberales. Luego se expandió a nivel nacional y logró un triunfo político estratégico en octubre de 2003, cuando la burguesía comenzó a ser desplazada del poder político con el derrocamiento y fuga al exterior de Gonzalo Sánchez de Lozada. En ese momento, la burguesía se replegó hacia los espacios regionales de la denominada “media luna”, conformada por los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Para legitimarse en los espacios políticos regionales utilizó la demanda de autonomías departamentales.


Por su parte, el bloque social revolucionario, encabezado en ese momento por los pueblos y naciones indígena originarios, a los que se sumaron la clase obrera y otros sectores populares, se movilizó para lograr la convocatoria a una Asamblea Constituyente y, después, para defenderla, así como para respaldar las iniciativas que tomó el nuevo gobierno de Evo Morales, como la nacionalización del excedente hidrocarburífero en mayo de 2006.


Con posterioridad a la llegada a la presidencia de Evo Morales, ¿cómo se comportó el bloque de fuerzas políticas y sociales que menciona?


Entre el 2006 al 2009 se dio el mayor avance en las transformaciones políticas y económicas, y el mayor nivel de acción colectiva de los movimientos sociales, siendo la marcha nacional de octubre de 2008, que exigía la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, y que recorrió 200 kilómetros desde Caracollo hasta La Paz, la más grandiosa expresión de la fuerza de masas en ese período. Sin embargo, una vez logrado el objetivo de fundar un nuevo Estado Plurinacional, a partir del 2010 entramos en una etapa de reflujo de masas.


Son varios años en los que se priorizó la estabilidad por sobre el cambio, se asentaron tendencias moderadas y pactistas dentro del Gobierno; es el momento en que se realizaron concesiones y retrocesos programáticos en varias áreas.


¿Esta etapa de reflujo de masas se mantiene?


Comenzó a ser superada a fines del 2013, cuando en la ciudad de Santa Cruz, la Central Obrera Boliviana (COB) que se había distanciado por el “gasolinazo” de diciembre del 2010, decidió en una reunión nacional el reencuentro con el proceso de cambio. Esto permitió, entre 2014 y 2015, dar vitalidad a la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM), estructura creada en 2007 para defender la Asamblea Constituyente, pero que pronto entró en un prolongado debilitamiento que se extendió por tres años, entre el 2011 y el 2013, como expresión en lo organizativo del reflujo de masas al que nos referimos antes.


¿Cuál es el estado actual de la CONALCAM?


En los últimos años, la CONALCAMha sumado varias organizaciones nacionales, hasta llegar a las 30 que actualmente la conforman. Vuelve a tomar iniciativas políticas como fue impulsar el referéndum de febrero de 2016 para la habilitación constitucional del compañero Evo Morales para un nuevo período. El resultado de ese ejercicio fue negativo, se perdió por escaso margen, pero ello no anula la acción colectiva de los movimientos sociales que lo impulsaron. Estoy en desacuerdo con la crítica pequeñoburguesa que califica –a posteriori y con los resultados en mano– aquella propuesta como una “falta de sentido común”; sigo y seguiré pensando que es mejor para los revolucionarios equivocarse junto al pueblo que acertar lejos del pueblo. De esa forma, aún en la derrota mantienes unida la base social del proceso y la preparas para nuevas luchas en las que puedes salir victorioso.


¿Por qué le asigna tanta importancia a la CONALCAM?


Porque cada proceso revolucionario tiene su particular configuración del nuevo poder político. En el caso boliviano se le denomina “gobierno de los movimientos sociales” y una de sus expresiones, la más conocida aunque no la única, es la CONALCAM. No olvidemos que el propio Evo se ha referido a ella como el gabinete de los movimientos sociales. Un gabinete en el que confluyen tres bloques: a) El bloque indígena originario campesino, que se expresa en el Pacto de Unidad de sus cinco organizaciones matrices; b) El bloque obrero conformado por las organizaciones de los trabajadores mineros y metalúrgicos, fabriles, petroleros, constructores, de luz y fuerza, del magisterio, todos afiliados a la COB. Podemos incluir en este bloque a la base proletaria no sindicalizada de las cooperativas mineras;c) El bloque urbano-popular conformado por juntas vecinales, transportistas y comerciantes gremialistas.


Sostengo que si los movimientos sociales se empoderan dentro del proceso de cambio, uno de los espacios en el que se puede ejercer la conducción política es la Coordinadora. Esto fortalecerá el liderazgo de Evo, que siempre se ha mantenido fiel a la base plebeya de la que surgió.


Particularmente significativo ha sido una de las más recientes resoluciones de la CONALCAM, que pidió ser parte de las decisiones económicas y de la agenda productiva. Así salieron al paso de la propuesta que la burguesía, representada en la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, le hizo al Gobierno: conformar un Consejo Económico y Productivo entre los empresarios y los ministros. Si nos fijamos bien en este debate se está expresando también la lucha de clases.


¿Lucha de clases o conciliación entre clases?


Recuerdo los debates en la izquierda hace dos décadas. Junto a varios otros yo sostenía que la opresión de las naciones originarias por el Estado colonial republicano debía ser previamente superada para así avanzar en la lucha por el socialismo comunitario. La fundación del Estado Plurinacional lleva a un despliegue mayor de la lucha de clases en una sociedad que aún es capitalista. Lo decisivo es que fortalezcamos en este período a las fuerzas comunitarias y obreras, que las empoderemos. Este planteamiento no tiene nada que ver con el pactismo conciliador con la burguesía.

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Martes, 25 Julio 2017 06:47

We the people

We the people

Esas palabras iniciales de la constitución política de EU son quizá conocidas en todo el orbe. Aunque pocas voces se han preocupado por preguntarse quienes conforman ese "pueblo". Aunque pueda parecer una obviedad, está muy lejos de serlo.

Simone de Beauvoir en El segundo sexo interpela a la historia y demuestra que "ser mujer" es una construcción social y cultural. Con el tiempo la filósofa francesa se convertiría en un referente pilar del feminismo. Pero es exactamente la misma respuesta la que puede darse a la pegunta qué es "ser hombre".

Desde Antonio Gramsci y los pensadores que han acrecido la teoría política tomando como fundamento sus Quaderni del carcere, "el pueblo" es definido asimismo, como una construcción social, cultural y política.

¿Quiénes son “the people” en la constitución política de EU, de 1788? Un puñado de personas, entre ellos los llamados "padres fundadores". Ellos definieron en la Convención Constitucional la propuesta de Constitución de EU, que dictaba quiénes habían sido incluidos y podían, apenas, cruzar el umbral de la puerta a la estrechísima democracia entonces proclamada. La inmensa mayoría tenían negado el derecho político elemental del sufragio; no eran “ the people”. La mayoría excluida eran las mujeres, los negros, los analfabetos, quienes no podían pagar un mínimo de impuestos. El no-pueblo carecía no sólo del derecho al sufragio; carecían, en los hechos, prácticamente de todo derecho. Eran los excluidos de todo, los indistintos, individuos o comunidades enteras. El pueblo era ese, definido por la democracia liberal recién nacida. Pero el pueblo, así definido por el liberalismo, estaba dividido en las élites económicas y políticas, las clases medias (formadas por la vía de la autopercepción), y quienes trabajaban en el mundo de la producción ¬y los servicios. Las élites ejercían su hegemonía sobre ese pueblo por vía de la persuasión, principalmente mediante el relato del liberalismo sobre la "realidad" del mundo, a través de los medios, de la escuela, de la iglesia. Sobre el no-pueblo se ejercía así la hegemonía y, también, mediante lo que Max Weber definió de este modo: el Estado es la fuente de la legitimidad del uso de la violencia.

Lo mismo ocurría en Reino Unido y en Francia, donde nacieron los miembros de la Ilustración, quienes crearon las ideas que inspiraron las constituciones políticas de esos países.

En Estados Unidos no se permitió el sufragio femenino total hasta ¡1965!, aunque desde 1920, después de múltiples luchas sufragistas las mujeres pudieron votar, pero excluyendo a las negras.

Los pioneros. Nueva Zelanda creó el voto universal en 1893. Le siguió Australia en 1902. En Europa el pionero fue Finlandia, que instituyó el derecho al voto tanto para hombres como para mujeres, simultáneamente, en 1906.

En España el sufragio universal llegó en1931. Aunque en 1924, bajo el mandato de Primo de Rivera, sólo podían votar en elecciones municipales las mujeres mayores de 23 años que estuvieran "emancipadas". Quedaban excluidas las mujeres "casadas" y las "prostitutas". El primer país latinoamericano que creó el voto universal fue Uruguay, en 1918, aunque se ejerció el voto por primera vez en un plebiscito en 1927. Como se sabe, en México hubo derecho al voto universal en 1953. La democracia ha avanzado reptando.

La exclusión del más elemental de los derechos políticos es, con todo, apenas una forma de exclusión. La exclusión de casi todo, más allá del contenido de las leyes aquí o allá, ha sido la norma real, para la mayoría, en todo el mundo (con pocas excepciones).

El camino de la democracia se halla en sus prolegómenos. Las luchas sociales por la inclusión, es sinónimo de luchas por la ampliación de la democracia. Más amplia inclusión social en todo, mayor ¬democracia.

Los hombres de la Ilustración produjeron muchas y a veces muy bellas ideas, como la divisa de la Re¬volución Francesa, "libertad, igualdad, fraternidad" que, al mismo tiempo, sigue siendo el máximo programa político que puede buscar la construcción de una humanidad de veras civilizada, en todos los países del orbe.

Aunque la Ilustración tuvo dos hijos: el liberalismo y el marxismo (también tuvo un tercero, muy menor: el anarquismo). Quizá sea mejor decir que a la Ilustración le nacieron dos árboles. Porque éstos se ramifican y eso es lo que ocurrió con esas dos doctrinas económicas, políticas y sociales, antagónicas.

Hay democracias liberales variadas: más o menos democracia, es igual a más o menos exclusión.

Especialmente desde el inicio del siglo XIX, el espacio de lo político es "un medio de luchas concretas" definió con precisión el jurista nazi Carl Schmitt. El concepto de lo político definido así, como conflicto, aplica justamente al mundo real de una sociedad política dividida en incluidos y excluidos (los "de arriba" y los "de abajo", dice Chantal Mouffe), conceptos que requieren ser políticamente definidos según cuándo y según dónde.

El mundo está dividido de ese modo. En él, el liberalismo ha ejercido su hegemonía en toda la línea, frente a la resistencia o la ampliación del número de los excluidos, como ha ocurrido con el advenimiento del neoliberalismo.

Otro mundo es posible mediante una disputa por la hegemonía: la elaboración de un relato que se vuelva sentido común para los excluidos y así construir "pueblo", uno que demande la inclusión, la ampliación de la democracia, el proceso que va cerrando las brechas de la desigualdad. La radicalización de la democracia es el eje central.

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La disputa China-EU fractura América Latina

Con sencillez y profundidad, Oscar Ugarteche y Armando Negrete, del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela), trazan las nuevas fracturas tectónicas en la región en un breve y documentado artículo titulado Perspectivas de las economías latinoamericanas frente a la economía mundial (goo.gl/vGQV48).

El argumento central es que el giro proteccionista, en Estados Unidos con Trump y en Inglaterra con el Brexit, acelera los cambios económicos (y geopolíticos) en la región, donde las economías son cada vez más dependientes y están estructuralmente abroqueladas en el patrón de acumulación de la década de 1950, o sea, exportación de materias primas e importación de bienes industriales.

En este marco de profundización de la dependencia, la emergencia de China como actor central en el sistema-mundo ha provocado una fractura estructural en América Latina: Sudamérica ha virado hacia China y la cuenca del Caribe ha estrechado su histórica relación con Estados Unidos, sostienen Ugarteche y Negrete.

Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los países de América del Sur, por un lado, y los de América Central, México y el Caribe, por otro. El resultado es que México envía 81 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta sólo 12 por ciento y Argentina 5 por ciento a ese destino. El color de los gobiernos no es lo fundamental: el derechista argentino Macri ha renovado y profundizado los lazos con China, por razones estructurales.

El país que está en el centro de esta fractura es Venezuela. El párrafo decisivo, a mi modo de ver, es el siguiente: "De un lado la inversión extranjera más importante de EU es de capital de PDVSA en la forma de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de gasolina después de Exxon. De otro, Venezuela le vende crecientemente a China y se endeuda con Rusia, lo cual crea un escenario bélico en la cuenca del Caribe, mare nostrum americano".

La conclusión es sencilla, aunque trágica: "Por primera vez existe una posibilidad real de una guerra de alta intensidad propiamente dicho, frente a la eventualidad de problemas de pagos de deuda con PDVSA". Los miembros de Obela creen que es muy posible una quiebra de la petrolera y un cese de pagos, lo que "generaría un problema internacional mayor".

En opinión de Ugarteche y Negrete, la solicitud de Colombia para ingresar a la OTAN se relaciona con el este futuro bélico, así como la declaración de Barack Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos.

En este punto, vale recordar los análisis del brasileño José Luis Fiori, quien se apoya en Nicholas Spykman (1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX, para actualizar los debates latinoamericanos durante la transición sistémica en curso.

Para Spykman, señala Fiori, el Caribe, más Colombia y Venezuela, forman una zona de influencia donde "la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada", ya que los consideraba "un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia" (goo.gl/9ti7oW).

En esta mirada de la región, Fiori sostiene que Estados Unidos y Brasil se enfrentarán inevitablemente a lo largo del siglo XXI, ya que son los dos únicos países con capacidad de liderar la región con proyectos propios. Y concluye: "El problema es que la posición de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la región".

Si la confrontación es inevitable; si la guerra es posible, deberíamos colocar esa perspectiva en los análisis de los movimientos antisistémicos para adecuar la organización y la conciencia ante esos escenarios. De allí se desprenden algunas consideraciones.

La primera es que la llamada crisis de la democracia, la desarticulación del Estado-nación y de las organizaciones que giran en torno a sus instituciones (desde los partidos políticos hasta las grandes centrales sindicales), son tendencias de carácter estructural que no puede ser revertidas por tal o cual caudillo, dirigente o administrador.

Tomarse en serio la democracia electoral, mientras la clase dominante le apuesta a la militarización y prepara masacres, es una irresponsabilidad para quienes queremos cambiar el mundo. Eso no quiere decir que se deba darle la espalda a las urnas, sino que el eje central debe girar en torno a la organización de los sectores populares y no en torno al apoyo a los representantes, porque éstos no pueden hacer gran cosa, aunque realmente quieran hacer algo.

La segunda tiene que ver con la guerra. Hace poco más de un siglo, cuando la socialdemocracia alemana votó los créditos de guerra y apoyó a su propia burguesía en la primera guerra mundial (1914-1918), el internacionalismo se hizo añicos y una profunda crisis carcomió las entrañas de las fuerzas revolucionarias. Alguna lección deberíamos aprender de aquella penosa historia.

Frente a quienes apoyaban a los gobiernos y los Estados, los rebeldes rusos delinearon una estrategia bien distinta: convertir la guerra interimperialista en guerra de clases para hundir a la burguesía. Las cosas hoy no son idénticas. Pero en los momentos de grandes virajes y conflictos mayores, no deberíamos caer en la trampa de apoyar a los gobiernos-Estados sino aprovechar el colapso institucional que sucede durante las guerras, para construir/expandir el poder de los de abajo.

Los grandes cambios en la historia de la humanidad suceden durante guerras. La historia del siglo XX debe persuadirnos de esa triste realidad.

El análisis "económico" de los miembros de Obela nos debería quitar la venda de los ojos y evitar que el pragmatismo oscurezca la ética. ¿Cómo nos estamos preparando para los momentos álgidos que se vienen? El paso fundamental se relaciona con la disposición de ánimo, lo que supone mirarnos al espejo para decidir a qué estamos dispuestos.

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Domingo, 16 Julio 2017 06:25

La matanza de líderes sociales

La matanza de líderes sociales

A José Yimer Cartagena Úsuga lo mataron entre la noche del martes 10 y la madrugada del 11 de enero en la región de Urabá. Su cuerpo fue agujereado por más de 30 puñaladas y tenía visibles signos de tortura. Más de 40 dirigentes sociales han sido masacrados en los últimos siete meses en Colombia, sin que del tema se hable a nivel internacional.

 

Con 30 años de edad, Yimer era vicepresidente de la Asociación Campesina del Alto Sinú (Asodecas) e integraba el movimiento político Marcha Patriótica, en el departamento de Córdoba. En sus últimos meses de vida andaba motivando a los campesinos de la zona a dejar los cultivos ilícitos y a integrarse a los programas de sustitución que ha venido promoviendo el gobierno nacional en distintas zonas del país. Pero también, dicen sus compañeros de Asodecas, se encontraba haciendo pedagogía del acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 entre el gobierno colombiano y las Farc, tras 52 años de guerra. “Era una persona muy entregada al trabajo social, muy atento al cambio del país y de su comunidad. Su muerte fue para nosotros, como asociación, un golpe muy duro”, dice su compañero Luis Carlos Suárez, coordinador de Asodecas.


José viajaba desde un sector conocido como El Cerro hasta el casco urbano de Carepa cuando fue abordado por un grupo de hombres armados que lo obligaron a subirse a una camioneta blanca de alta cilindrada. Los mismos hombres le advirtieron a la comunidad no mencionar ni una sola palabra de lo que habían visto.
Un día después sus familiares debieron ir hasta la morgue del pueblo a reconocer el cadáver.


¿Quién lo asesinó y por qué? ¿Quién está matando a los líderes sociales en Colombia tras la firma del acuerdo de paz? ¿Es este un fenómeno sistemático o una simple coincidencia, en un país agobiado por múltiples conflictos y acostumbrado a ver caer, asesinados, a defensores de derechos humanos, profesores, alcaldes, ministros, e incluso a candidatos presidenciales? Estas preguntas se las han venido haciendo en los últimos meses defensores de derechos humanos, analistas, periodistas e investigadores, a raíz de la muerte de José Yimer y de 41 líderes más que, según el medio independiente Generación Paz, han sido asesinados entre el 2 de diciembre de 2016 y el 1 de julio del presente año.


¿De dónde vienen las balas y qué intereses hay de por medio para acabar con la vida de representantes de pequeñas organizaciones rurales, muchas de ellas ubicadas en las antiguas zonas de influencia de las Farc, que luego de entregar sus armas se preparan para reintegrarse a la vida civil?


Son muchas preguntas sobre un asunto complejo para un país como Colombia, que aunque transita hacia el posconflicto con la entrega reciente por parte de las Farc de más de 7 mil armas a las Naciones Unidas y la desmovilización de igual número de hombres de ese grupo, aún es escenario de combates en selvas y montañas, donde operan el Ejército de Liberación Nacional (Eln) –con cerca de 2.500 hombres, según estimaciones oficiales– y varias disidencias de antiguos grupos paramilitares, desmovilizados hace una década por el gobierno de Álvaro Uribe y que ahora se conocen con los nombres de El Clan del Golfo y Autodefensas Gaitanistas de Colombia.


REACOMODO.

“No hay un actor único”, es la primera respuesta que ofrece el investigador social Max Yuri Gil, quien lleva varios años descifrando las imbricadas redes del conflicto armado en Colombia. Podría decirse, explica, que se debe fundamentalmente a disputas de tipo territorial asociadas a la llegada de nuevas organizaciones a los territorios abandonados por las Farc. Se trata de grupos paramilitares o “grupos posdesmovilización”, como prefiere llamarlos la Onu, que estarían disputándose estos territorios, caracterizados por economías ilegales donde predominan los cultivos de coca, la minería ilegal y la tala de bosques. “Eso ha generado una gran disputa por los recursos, y cuando las Farc abandonan estas áreas empieza a producirse un reacomodo, un reordenamiento que ha costado la vida de una parte de estos líderes”, explica el académico. Sin embargo, el gobierno de Juan Manuel Santos ha defendido la postura de que en el país no existen grupos paramilitares sino bandas criminales que actúan sin mayor articulación. “En Colombia no hay paramilitarismo. Decir que en el país hay paramilitarismo significaría otorgar un reconocimiento político a unos bandidos dedicados a la delincuencia común organizada”, dijo en enero pasado el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.


Las declaraciones de Villegas han sido rebatidas por instituciones como el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), que en un informe publicado en mayo (“El paramilitarismo en Colombia sí existe”) atribuye a paramilitares 550 hechos violentos ocurridos en 2016, entre los que se encuentran asesinatos, desapariciones y torturas. Esta cifra, destaca el informe, “demuestra que continúa la guerra sucia contra líderes sociales, defensores de derechos humanos y líderes políticos de izquierda”.
El Ministerio de Defensa insiste en que aquí no hay paramilitares, pero se comportan como tales, apunta Max Yuri Gil. “Lo que pasa es que la particularidad del paramilitarismo colombiano es que desde hace muchos años está muy permeado por el narcotráfico, y eso ofrece una especie de turbulencia”, agrega.


Según el periodista Juan Diego Restrepo, las balas que están asesinando a líderes sociales y a defensores de derechos humanos vienen de diversos sectores. Entre ellos destaca los grupos de narcotraficantes con intereses en algunas regiones estratégicas. Pero también están los dueños de amplias extensiones de tierra que han sido afectados por los procesos recientes de restitución. Restrepo tampoco descarta el accionar de grupos guerrilleros, como el Eln y algunas disidencias de las Farc, que prefirieron huir de los acuerdos antes que apostar a la vía pacífica.


El tema del narcotráfico resulta fundamental para entender el conflicto colombiano durante las últimas tres décadas. Sobre todo si se tiene en cuenta que los grupos ilegales se han alimentado de él para financiar sus acciones. Así lo argumentan los distintos informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, organismo creado bajo la ley de víctimas y restitución de tierras (1.448), de 2011, con el objetivo de reconstruir la memoria de la guerra en el país.


Este no es un tema menor, sobre todo cuando se sabe que Colombia encabeza la lista de los países con mayor producción de coca, según el informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos. Las últimas cifras sobre el crecimiento de este cultivo en el país indican que la cantidad de hectáreas sembradas pasó de 160 mil, en 2015, a 188 mil en 2016, un crecimiento del 13 por ciento

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En cuanto al proceso de restitución de tierras, el asunto no es de menor importancia si se entiende que éste ha sido determinante en el conflicto armado interno. En las últimas tres décadas miles de campesinos han debido abandonar sus parcelas, que han sido usurpadas. La ley 1.448 busca generar las condiciones propicias para reparar a las víctimas y devolver la tierra a quienes por derecho propio son sus poseedores. Pero antes de que la ley demostrara resultados efectivos, los campesinos recibieron amenazas y empezaron a ser asesinados. Ser “reclamante de tierras” en Colombia también se ha convertido en un factor de persecución y asesinato. “Dada la complejidad de los territorios, es necesario pensar que no hay un interés común nacional, sino que hay unas agendas territorializadas que impactan a diversos actores que desde la legalidad ven en el asesinato una manera de intimidar y acallar voces tan importantes como las de los líderes sociales”, reflexiona Juan Diego Restrepo.


Otro asunto que influye notoriamente, dice Max Yuri Gil, es que el acuerdo de paz con las Farc ofrece un conjunto de transformaciones democráticas que empiezan a llegar a los territorios. “Digamos que hay una especie de reordenamiento de la competencia por los poderes locales, y creo que hay sectores que están tratando de diezmar las bases sociales de las Farc de cara a una competencia electoral futura.”


ASESINATOS SISTEMÁTICOS.

Un tema que ha estado en el debate durante los últimos meses entre el gobierno y diversos actores sociales y académicos es si la muerte violenta de líderes sociales puede considerarse sistemática o si por el contrario son simplemente acciones no planificadas de los actores ilegales. En marzo pasado, durante la sesión 161 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), el gobierno advirtió que era prematuro declarar la muerte violenta de líderes sociales como una acción sistemática. Esas afirmaciones se dieron dos meses después de que el ministro de Defensa dijera que estos asesinatos están más relacionados con el crimen organizado y que no hay evidencias suficientes para sugerir la existencia de elementos comunes. “Hay asesinatos, pero no son sistemáticos. Si lo fueran sería el primero en aceptarlo”, apuntó Villegas.


Para Max Yuri Gil, en cambio, no hay ninguna duda de la sistematicidad de estas acciones. Por ello considera que la discusión propuesta por el ministro de Defensa pertenece más al campo retórico y jurídico que al de la realidad.


Una línea similar plantea Andrés Suárez, investigador del Centro Nacional de Memoria Histórica, para quien el problema radica en que se está convirtiendo un problema político, como es la muerte violenta de líderes sociales, en un asunto jurídico. “Si yo empiezo a buscar que se cumpla desde lo jurídico la condición de un ataque sistemático o generalizado, puedo encontrar las razones para decir que no tengo elementos suficientes. Este planteamiento ayuda a bajarle el perfil al tema y eso favorece el accionar de los actores”, dice. Suárez plantea la necesidad de hacer un análisis político del tema. “Desde 2012 hasta la fecha tenemos ataques recurrentes contra líderes sociales, en un contexto donde la violencia se ha reducido, pero la que afecta a los líderes está subiendo. Segundo, un ataque sistemático también se puede leer por patrones que uno encuentra. Por ejemplo, a quién se ataca de manera permanente. Y tercero, cuando hablamos de patrones sistemáticos, a veces imaginamos que están orquestados desde el nivel central, y resulta que los planes para que algo sea sistemático también pueden ser regionales”, señala el académico, y llama la atención sobre la necesidad de abrir la perspectiva para poder entender y visibilizar las estrategias de los perpetradores de estos crímenes.


El periodista Juan Diego Restrepo tampoco duda de la sistematicidad de estos homicidios. “Que hayan matado a 30 o 35 líderes sociales en lo que va del año tiene que estar diciendo algo al respecto de cómo son miradas y cómo son analizadas sus actuaciones”, observa.


El defensor del pueblo, Carlos Negret Mosquera, subraya a su vez que la información obtenida por su entidad “revela que estas violaciones a los derechos humanos son generalizadas, al tener un número significativo de víctimas pertenecientes a grupos de características semejantes, y sucedidas en un mismo período y espacio geográfico”. Entre el 1 de enero de 2016 y el 1 de marzo de este año, la Defensoría del Pueblo relevó 156 asesinatos de dirigentes sociales y defensores de derechos humanos.


NADA NUEVO.

Si bien estos asesinatos han aumentado sobre todo desde 2012, cuando arrancaron las negociaciones de paz entre el gobierno y las Farc, atentar contra líderes de la sociedad civil siempre ha sido parte de la estrategia de los actores armados ilegales. Sólo entre 2005 y 2015 el Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria contabilizó el asesinato de 500 dirigentes campesinos. El Observatorio, del que hacen parte varias universidades colombianas, advierte que a pesar de las últimas desmovilizaciones de organizaciones armadas, el fenómeno no ha disminuido y, por el contrario, tiende a aumentar. También destaca que estas acciones están asociadas a grupos herederos de las estructuras paramilitares presentes en los territorios, aunque pone bajo la lupa que más de la mitad de los asesinatos (58 por ciento) hayan sido perpetrados por “agentes desconocidos”.


En este escenario también hay que recordar la masacre de buena parte de los militantes de la Unión Patriótica (UP), el partido de izquierda que surgió de las negociaciones de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, en 1984. El asesinato de dos de sus candidatos a la presidencia, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, de siete de sus congresistas, 13 diputados, 11 alcaldes, 70 concejales y de por lo menos 3 mil de sus militantes llevó a que 32 años después el Estado reconociera este hecho como un genocidio político. “El exterminio y desaparición de la Unión Patriótica jamás debió haber ocurrido”, admitió en setiembre de 2016 el presidente Santos frente a un grupo de sobrevivientes de la UP. Y admitió que “el Estado no tomó medidas suficientes para impedir y prevenir los asesinatos, los atentados y las demás violaciones, a pesar de la evidencia palmaria de que esa persecución estaba en marcha”.


Comparando ese “genocidio” con la situación actual, Andrés Suárez enfatiza que los militantes de la UP salieron a la escena pública a reivindicar las banderas de su partido, cosa que no hacen los líderes sociales que están siendo asesinados actualmente. “Estamos hablando de un perfil de gente que no ha manifestado necesariamente apuestas de participación política. Se está diciendo, entonces, que ahora no se necesita participar en una contienda electoral para ser potencial víctima: no te organices, ni te quiero ver en reu¬niones en las cuales va a implementarse o se va a materializar el acuerdo de paz...”


Max Yuri Gil reconoce que aunque el asesinato de defensores de derechos humanos y de dirigentes sindicales y campesinos ha sido habitual en el país, las cifras presentes son superiores, y ello está relacionado directamente con la finalización del proceso de paz. “Es evidente que hay un incremento de las acciones ligado al fin del proceso de negociación y a la fase de implementación y transformación de las Farc en partido político”, dice. Juan Restrepo no lo niega, pero observa que “quienes dicen que esto es nuevo no tienen el contexto, no ligan el pasado con el presente, no tienen esa posibilidad de relacionar hechos, territorios, agendas, y eso va invisibilizando situaciones que hablan de una sistematicidad”. Si los asesinatos de este tipo se siguen produciendo sin que el Estado haga nada por prevenirlo, se pregunta, “¿quién en los territorios se va a poner la camiseta de la defensa del proceso de paz? ¿Quién en los territorios va a participar de la implementación, quién lo va a liderar?”.

 

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Colombia. Sonidos e intereses de la paz

Carlos Gutiérrez, Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº165, abril de 2017

 

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Furia anticapitalista en las calles de Hamburgo

Los manifestantes incendiaron vehículos, se enfrentaron a la policía y forzaron a Melania Trump a cancelar su programa

Activistas forzaron a la esposa del presidente estadounidense, Donald Trump, a cancelar su programa. La policía de Hamburgo tuvo que pedir refuerzos de otras partes de Alemania. Hubo 70 detenidos y 160 policías heridos.

 

Manifestantes anticapitalistas sembraron el caos ayer en la ciudad alemana de Hamburgo, que alberga la cumbre del G20, incendiando vehículos, lanzando bengalas contra helicópteros de la policía y bloqueando a la primera dama estadounidense, Melania Trump, en su residencia.


Cientos de activistas de izquierda radical forzaron a la esposa del presidente estadounidense, Donald Trump, a cancelar su programa. La policía de Hamburgo tuvo que pedir refuerzos de otras partes de Alemania, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, señaló que las manifestaciones violentas eran “inaceptables”. Merkel, anfitriona del G20, afirmó que ella entendía a los manifestantes pacíficos pero que las protestas violentas, que “ponen vidas en peligro”, son “inaceptables”.


Antes del concierto programado para anoche en la Filarmónica del Elba, al que debían acudir los mandatarios y sus cónyuges, los manifestantes trataron de bloquear los accesos a la sala de conciertos. A las 17:15, hora local, unos 500 manifestantes, muchos del grupo Attac, emergieron por las calles


aledañas y se concentraron a unos 400 metros del resplandeciente edificio, rodeado de agua. Un cordón policial protegía la única calle que desemboca en el puente de acceso al auditorio, de reciente construcción. Al final, fueron dispersados por la policía, que tenía sus cañones de agua listos para disparar, y los mandatarios pudieron llegar al sitio.


En la víspera de la cumbre de los líderes de las 20 primeras economías del mundo, la protesta que llevaron a cabo unas 12.000 personas degeneró en violencia. Los disturbios empezaron poco después de que arrancara la marcha, cuando las fuerzas de seguridad observaron la presencia de un millar de encapuchados mezclados en la manifestación “Welcome to Hell” (“Bienvenido al infierno”). Repetidamente se les conminó a que se descubrieran el rostro, pero visto que ignoraban esas advertencias los antidisturbios detuvieron la manifestación y dispersaron a los alborotadores con cañones de agua y gases lacrimógenos. En la marcha participaban unos 12.000 manifestantes, que aspiraban a llegar a 300 metros del centro de congresos.


Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes duraron horas en las calles de la segunda ciudad Alemania, dejando 160 policías heridos,y 70 detenidos. No se sabía cuántos manifestantes resultaron heridos. Andreas Blechschmidt, uno de los organizadores de las manifestaciones, criticó una respuesta “masiva” y exagerada por parte de la policía, que echó mano de las porras.


“La policía debería haber reaccionado proporcionalmente. No era necesario. Mucha gente resultó herida”, declaró Blechschmidt a la cadena N-TV. Unas 30 personas fueron arrestadas. “La guerra, el cambio climático, la explotación son el resultado del sistema capitalista que el G-20 apoya y que 20.000 policías están defendiendo aquí”, afirmó Georg Ismail, quien participó en la protesta.


Los altercados comenzaron ayer temprano cuando grupos de manifestantes, bien organizados, trataron de bloquear el acceso al recinto del encuentro a las delegaciones oficiales. Y consiguieron ralentizar los cortejos diplomáticos que intentaban abrirse camino en medio de la agitación, y de paso perturbar un poco el inicio de las negociaciones del G-20.


La policía de Hamburgo informó en la mañana de ayer que se había detectado la presencia de objetos sobre las vías en una estación de tren, lo que afectó el tránsito de algunos ferrocarriles. Las fuentes policiales indicaron que durante toda la noche se habían observado en varios puntos de la ciudad a grupos de personas que pretendían proseguir con las protestas registradas el jueves hasta pasada la medianoche, mientras que en el barrio de Altona fueron incendiados varios automóviles, muchos de la policía y nubes de humo negro cubrieron parte del centro de Hamburgo y del barrio cercano de Altona a inicios de la mañana.


La policía, que vigilaba el lugar con media docena de helicópteros, atajó rápidamente la movilización con sus agentes antidisturbios, cañones de agua y gases lacrimógenos. Según Benjamin Laub, de 53 años, su barrio se asemeja a una zona “en estado de excepción” desde hace días.


“Hace ya una semana que se escuchan helicópteros constantemente, los buses están detenidos, la gente deja sus automóviles estacionados en sus casas y, por primera vez en Alemana, me llevo mi pasaporte cuando salgo” debido a los controles policiales, se quejó. En cambio, Markus Munch, de 48 años, no mostró mucha simpatía por esos “idiotas” que se estaban manifestando. “Es una catástrofe total que una minoría pueda provocar un altercado así”, declaró Munch. “Esos idiotas no tienen nada mejor que hacer que manifestarse. Tienen que sacarlos de aquí”.


“Con 200 personas hemos mostrado a millones que es posible llevar la protesta a las calles, que no debemos aceptar todo lo que viene de arriba”’, declaró sin embargo uno de los manifestantes, que no quiere dar su nombre por temor a las represalias de la policía. “Y creo que hemos dado a conocer un mensaje bastante bueno: que es posible protestar y que uno no tiene porqué tener miedo de la policía”, afirmó.


Las autoridades han dispuesto un operativo de unos 19.000 agentes para preservar el orden durante la cumbre, en que la canciller Angela Merkel recibe en su calidad de anfitriona del grupo a los líderes de los veinte potencias industriales y países emergentes.

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