Medio Oriente: guerras, tensiones y acuerdos

El concepto geográfico de Medio Oriente fue cambiando a la par del tiempo histórico. Podríamos decir que esta zona, que recibe su nombre luego de la caída del imperio Otomano, es el punto de encuentro de tres continentes: Europa, África y Asia. En ese espacio conviven cuatro civilizaciones que se transformaron en estados modernos: Turquía, Israel, Egipto e Irán (Persia). Además, es el lugar de origen de las tres religiones monoteísta: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Su importancia gravitacional en términos geopolíticos se determina porque es una vía de comunicación del Mar Mediterráneo con el Mar Negro y el Mar Rojo, junto otras rutas marítimas y terrestres con Asia. Su importancia estratégica se debe a la cantidad de recursos energéticos que posee y las capacidades humanas que se manifiestan.

Casi todos los países comparten una religión madre, el islamismo en todas sus acepciones y uno solo el judaísmo con sus matices. El resto de las confesiones cohabitan en diferentes países en pliegues minoritarios.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la región ordenó su mapa en distintos países, algunos con una impronta histórica, otros solo en experimentos cartográficos, donde el desafío fue construir una identidad de nación. Cuestión casi ausente en el mundo Árabe de la península Arábiga y en la medialuna fértil, donde hoy continúan conflictos de naturaleza étnica, religiosa, tribal y política. 

También perdura, en la región, otro conflicto invisibilizado que se prolonga en el tiempo: el Kurdistán como territorio y los kurdos como pueblo. El primero abarca una amplia faja de territorio con una población de 36 millones con cultura y lengua (kurdish) propia. Se expande a lo largo de la frontera de Turquía y Siria, atravesando el norte de Irak y llegando a la región caucásica del norte iraní. Estas cuestiones producen enfrentamientos dentro los países involucrados, pero es en Turquía donde la problemática tiene una dimensión mayor porque ahí vive el 45% de la población kurda. 

En este contexto está la presencia de Israel en la región con su tradición religiosa, cultural e institucional diferente si la comparamos con el mapa mayoritario de la zona. Con el paso del tiempo los israelíes mejoraron su posición regional a través de una estrategia que combinó su capacidad militar convencional, buena información para prevenir ataques contra su territorio más el arte diplomático de negociación bilateral con cada uno de los países árabes, comenzando por Egipto, continuando con Jordania y el Líbano. Mantiene una situación de guerra permanente con Siria, sobre todo después que Israel se apoderó, durante la guerra de los Seis Días, de las Alturas del Golán y del Mar de Galilea, reserva estratégica de agua dulce en un espacio desértico. Las virtudes señaladas hicieron del Estado de Israel, tras estar constantemente en el límite del abismo, no solo una potencia regional en todos los sentidos, sino que además hoy se plantea acciones diplomáticas en zonas ajenas a su pertenencia geográfica de modo de intensificar su presencia global. En ese marco regional se presenta como agente diferenciador en materia religiosa, política y económica. Sosteniendo no solo la defensa de los intereses de Occidente, sino también sus valores.

Una realidad objetiva determina que en el Medio Oriente se convive con guerras intra-árabes como las de Siria e intra-religiosas como las de Yemen contra Arabia Saudita, más los conflictos entre palestinos e israelíes en los territorios de Gaza y Cisjordania. La reconfiguración del nuevo escenario de Medio Oriente impone renovar categorías para definir a las naciones relevantes. La nueva geopolítica energética sobre combustibles fósiles define la presencia y retirada de países en la región. La capacidad adquirida sobre las tecnologías del shale oíl por parte de EE.UU, hace más relativa su presencia. Pero Medio Oriente contiene otros actores que influyen donde cada uno es parte del conflicto, pero también necesario para la solución. Las influencias de Arabia Saudita, Israel, Turquía, Irán y Egipto como participes territoriales; la constante resistencia de los pueblos sin estado como los kurdos y palestinos; la renovada presencia regional de Rusia protegiendo el régimen de Bashar al-Asad en Siria y consolidando un alianza con Turquía de enorme importancia geopolítica, hacen de la región el centro gravitatorio del balance mundial. Los intentos para probar una solución pacífica fueron explorados en un sinfín de oportunidades, con algunos buenos resultados temporarios.

En algún momento de su vida política, el ex primer ministro israelí Ben Gurión sostenía que el equilibrio en Medio Oriente se alcanzaría cuando las viejas civilizaciones constituidas en Estados modernos se pongan de acuerdo en una agenda común. En las capitales como Tel Aviv, Ankara, El Cairo, Riad y Teherán están las llaves de la paz. 

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Las poblaciones de estos insectos han disminuido de forma drástica en varios puntos del mundo. La imagen, en el Santuario Santa Clara en Nanacamilpa, Tlaxcala.Foto Cristina Rodríguez

Además de interrumpir los biorritmos naturales, la contaminación lumínica arruina sus rituales de apareamiento

 

La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y, sorprendentemente, la luz artificial son las tres amenazas más graves que ponen en peligro a las luciérnagas en todo el mundo.

Estos factores han elevado el espectro de extinción para ciertas especies y los impactos relacionados con la biodiversidad y el ecoturismo, según un equipo de biólogos liderado por la Universidad de Tufts.

Las luciérnagas pertenecen a un grupo de insectos extendido y económicamente importante, con más de 2 mil especies diferentes repartidas por el mundo.

Para comprender mejor qué amenazas enfrentan las luciérnagas, el equipo dirigido por Sara Lewis, profesora de biología en la Universidad de Tufts, asociada con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, encuestó a expertos de todo el mundo con el fin de evaluar los peligros más importantes para la supervivencia de sus especies locales. Su artículo de perspectiva, publicado este lunes en la revista Bioscience, advierte sobre el futuro de estos insectos, destacando amenazas específicas y la vulnerabilidad de diferentes especies en las regiones geográficas.

Según los encuestados, la pérdida de hábitat es la amenaza más crítica para la supervivencia de la luciérnaga en la mayoría de las regiones geográficas, seguida de la contaminación lumínica y el uso de pesticidas.

“Algunas luciérnagas son amenazadas especialmente cuando desaparece su hábitat porque necesitan condiciones especiales para completar su ciclo de vida. Por ejemplo, una de Malasia (Pteroptyx tener), famosa por sus pantallas de flash sincronizadas, es especialista en manglares”, explicó Lewis.

Un trabajo anterior reveló disminuciones drásticas en esta especie después de la conversión de su hábitat de manglar a plantaciones de aceite de palma y granjas acuícolas. Un resultado sorprendente que surgió de la encuesta fue que, a escala mundial, la contaminación lumínica se consideraba la segunda amenaza más grave para esos insectos.

La luz artificial de la noche creció exponencialmente el siglo pasado. Además de interrumpir los biorritmos naturales, incluido el humano, la contaminación lumínica realmente arruina los rituales de apareamiento de las luciérnagas, sostuvo Avalon Owens, candidato al doctorado en biología en Tufts y coautor del estudio.

Muchas luciérnagas dependen de la bioluminiscencia para encontrar y atraer a sus parejas, y el trabajo anterior ha demostrado que demasiada luz artificial puede interferir con estos intercambios de cortejo, precisó Owens.

Los expertos en luciérnagas vieron el uso agrícola generalizado de pesticidas como otra amenaza clave para la supervivencia de la luciérnaga.

La mayor parte de la exposición a insecticidas ocurre durante las etapas larvarias, porque las luciérnagas juveniles pasan hasta dos años viviendo bajo tierra o bajo el agua.

Los insecticidas como los organofosforados y los neonicotinoides están diseñados para matar las plagas, pero también tienen efectos fuera del objetivo en los insectos beneficiosos. Si bien se necesita más investigación, la evidencia muestra que muchos insecticidas de uso común son perjudiciales para las luciérnagas.

Algunos estudios han cuantificado la disminución de la población de estos insectos, como las observadas en las luciérnagas sincrónicas de Malasia que atraen a los turistas, y Lampyris noctiluca, en Inglaterra.

Y numerosos informes anecdóticos sugieren que muchas otras especies de luciérnagas en una amplia gama de hábitats también han sufrido disminuciones recientes.

La OMS declara la emergencia sanitaria internacional

Un comité de emergencia de 15 expertos declara la alerta, tras haberla descartado hace una semana, ante el rápido aumento de los pacientes afectados por el virus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este jueves la emergencia internacional ante el rápido aumento de los pacientes afectados por el coronavirus de Wuhan, ya más de 8.000 en cerca de una veintena de países, aunque el 99 % de los casos se han diagnosticado dentro de China, donde ya han muerto 170 personas.

Un comité de emergencia de 15 expertos, convocado por el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró esta alerta, tras haberla descartado hace una semana, ante la aparición de varios contagios entre humanos en países como Alemania, Japón, Estados Unidos o Vietnam, en pacientes que no habían viajado recientemente a China.

"Declaramos esta alerta no por lo que está ocurriendo dentro de China sino por la situación en otros países, y porque [el coronavirus] podría extenderse a lugares con sistemas sanitarios más débiles", declaró Tedros en rueda de prensa, al anunciar la declaración de emergencia internacional.

La alerta mundial "no significa que desconfiemos de China: al contrario, creemos en la plena capacidad de ese país para combatir esta emergencia", aseguró el director general, quien esta semana viajó a Pekín y se reunió con el presidente chino, Xi Jinping, para analizar el avance de la epidemia.

Tedros señaló que la emergencia internacional no supone necesariamente límites al transporte o el comercio con China.

La declaración, subrayó el director general de la OMS, busca un mayor apoyo a los países menos desarrollados y con sistemas de salud insuficientes para detener posibles casos, y también una llamada a que la comunidad internacional acelere la investigación en tratamientos y vacunas.

Es la sexta ocasión en que la OMS declara este tipo de emergencia global, tras las que activó ante el brote de gripe H1N1 (2009), los de ébola en África Occidental (2014) y en la República Democrática del Congo (2019), el de polio en 2014 y el de virus zika en 2016.

PÚBLICO | EFE

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Todos hablan de las neumonías del coronavirus, pero ¿qué hay de las que matan a 2.000 niños cada día?

La humanidad puede ganarle la batalla al mayor asesino invisible de menores de cinco años

El Coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana, pero la batalla es contra el mayor asesino de niños. From poverty to power

El mundo está en medio de una emergencia provocada por la neumonía. Y no, no solo hablo del brote de coronavirus que comenzó en Wuhan, China. Mientras las autoridades sanitarias públicas luchan por contener el peligroso agente viral del tipo SARS –nCoV2019, como es conocido–, la neumonía infantil es hoy en día el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose una vida cada 39 segundos. Pese a ello, la comunidad internacional ha respondido a esa emergencia con poco más que un encogimiento de hombros colectivo.

Tal vez esto es porque la mayoría de la gente piensa que la neumonía es ante todo una amenaza para los ancianos, lo cual es cierto. El coronavirus, que mata a través de una infección respiratoria grave y aguda, ha reforzado esta percepción. La mayoría de las víctimas han sido ancianos con condiciones de salud preexistentes. Sin embargo, la neumonía es hoy en día la mayor causa de muerte infecciosa en los niños y se cobra más de 800.000 vidas al año. La mayoría de las víctimas son menores de 2 años. Casi todas las muertes ocurren en los países más pobres del mundo.

No hay estadísticas que puedan captar la tragedia humana que está en el centro de esa emergencia. Causada por bacterias, agentes virales u hongos, esta es una enfermedad que ataca los sacos de aire de los pulmones, causando que se inflamen y se llenen de pus. Los niños quedan –literalmente– luchando por respirar.

La buena noticia es que la neumonía infantil puede ser vencida. Las vacunas neumocócicas eficaces (PCVs) pueden prevenir los casos no virales, y Gavi (la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización) ha financiado la vacunación de más de 120 millones de niños. Con un diagnóstico temprano y preciso por parte de un trabajador de salud, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito con antibióticos básicos que cuestan menos de 45 céntimos de euro. Incluso los casos más graves pueden tratarse con antibióticos de nivel más alto y oxígeno médico. En investigaciones recientes realizadas en hospitales de Nigeria se ha encontrado que una combinación de oxígeno médico y un instrumento de diagnóstico denominado oxímetro de pulso, que mide los niveles de oxígeno en la sangre, puede reducir la tasa de mortalidad a la mitad.

Ahora las malas noticias. Aunque las muertes por neumonía infantil están disminuyendo, lo hacen más lentamente que las de otros grandes asesinos como el paludismo y el sarampión. Hace cinco años, los gobiernos firmaron el compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de "poner fin a las muertes infantiles prevenibles" para el año 2030. Si se mantienen las tendencias actuales, la neumonía convertirá esa promesa en (otra) promesa incumplida, lo que debilitará aún más la credibilidad, ya de por sí frágil, de los gobiernos, donantes y organismos internacionales encargados de cumplir los ODS.

Entonces, ¿por qué el mayor asesino de niños del mundo genera tan poca acción y cooperación internacional? Como he discutido en otro espacio con Devi Sridhar –profesora de salud pública global de la Universidad de Edimburgo–, el perfil de la víctima es parte de la explicación.

Con la desnutrición como principal factor de riesgo, la neumonía es la enfermedad definitiva de la pobreza. Los que se enfrentan a los mayores riesgos -los pobres de las zonas rurales y los habitantes de los barrios marginales urbanos- carecen de voz en las prioridades de la agenda sanitaria. Y aunque los niños más pobres se enfrentan a los mayores riesgos, son los que menos probabilidades tienen de ser inmunizados, los últimos en la lista de tratamiento y los que más riesgo tienen de recibir un diagnóstico inexacto.

La neumonía permite comprobar la (in)equidad de los sistemas de salud. Cuando aparecen los síntomas de la enfermedad, los hogares más pobres a menudo retrasan el tratamiento porque les preocupa su coste, o porque la clínica más cercana está lejos. En muchos casos, las clínicas carecen del personal capacitado y del equipo de diagnóstico que necesitan para proporcionar un tratamiento eficaz.

Hay algunos signos alentadores que sugieren que la inercia está dando paso a la acción. Esta semana gobiernos, donantes, investigadores, agencias de la ONU y organizaciones de la sociedad civil se reúnen en Barcelona en el primer Foro Mundial sobre Neumonía Infantil. El objetivo es compartir evidencias y, lo que es más importante, dar impulso a las estrategias de control de la neumonía y a planes de acción destinados a convertir esas evidencias en políticas que salven vidas. Están surgiendo nuevas alianzas para el cambio, comandadas por la coalición Every Breath Counts (Cada Aliento Cuenta).

Una de las barreras para una acción eficaz contra la neumonía ha sido el debate cada vez más anacrónico entre los defensores de las intervenciones "verticales" o específicas para la enfermedad, y los enfoques "horizontales" destinados a fortalecer los sistemas de salud. Las cuestiones sustantivas que están en juego son reales. Con demasiada frecuencia, los donantes pronuncian el discurso horizontal, haciendo hincapié en su compromiso con el fortalecimiento de los sistemas de salud, pero luego cargan los recursos en intervenciones específicas para la enfermedad que distorsionan las prioridades de salud. Mientras que el Banco Mundial exalta las virtudes del fortalecimiento de los sistemas de salud, sus fondos desvían en gran medida los recursos hacia intervenciones verticales.

Del mismo modo, los sistemas de salud deben responder a las enfermedades que ponen en peligro a los pobres. La idea de que los países pueden avanzar hacia el santo grial de la Cobertura Sanitaria Universal sin abordar enfermedades como la neumonía, y sin romper el vínculo entre la malnutrición y los riesgos sanitarios más amplios, es una ficción. El punto de entrada para una acción eficaz es la atención primaria de salud y el apoyo a los trabajadores comunitarios de la salud. Los sistemas de salud que desvían los recursos hacia instalaciones de nivel superior, fuera del alcance de los pobres, nunca harán más que limitarse a un efecto goteo.

El coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana. En nuestro mundo interconectado, una epidemia de salud que comienza en Wuhan puede, en pocas semanas, plantear amenazas a la salud desde Bombay hasta Nueva York. El multilateralismo y la cooperación internacional son nuestra única defensa.

Pero el argumento a favor de la acción multilateral no se detiene con las epidemias que cruzan las fronteras y afectan al público de los países ricos. El día de hoy, la neumonía matará a más de 2.000 niños. Esa es una emergencia sanitaria, y es una que podemos detener.

Hasta 9 millones de vidas salvadas en la próxima década

Una nueva investigación de la Escuela de Medicina de la universidad Johns Hopkins (JHMS) para Save the Children ha proporcionado pruebas convincentes para una campaña concertada contra la neumonía. Esta ONG internacional pidió al JHMS que realizara una proyección sobre las vidas que se podrían salvar hasta 2030 en el caso de contar con una cobertura completa de siete intervenciones anti-neumónicas de alto impacto, que van desde la inmunización y la mejora de la nutrición hasta los antibióticos y la lactancia materna exclusiva.

Los resultados son sorprendentes. El modelo del gráfico adjunto proyecta alrededor de 3,2 millones de vidas salvadas de la neumonía en la década hasta 2030. Pero otros 5,7 millones podrían salvarse con las mismas intervenciones de otras importantes enfermedades mortales, como la diarrea y la sepsis. Si quieren un argumento empírico y basado en pruebas para invertir en la atención primaria de salud, aquí lo tienen.

Para cualquiera que todavía esté interesado en impulsar la acción para el ODS 2030 sobre la supervivencia infantil, la evidencia de Johns Hopkins también sugiere que estas intervenciones comunitarias contra la neumonía cerrarán la brecha entre las tendencias actuales y el objetivo de 2030. Una acción decisiva en la neumonía podría traducir la polémica sobre "no dejar a nadie atrás" que desfiguran los debates del ODS en políticas que reduzcan las disparidades sociales en la supervivencia infantil.

Por Kevin Watkins*

30 ENE 2020 - 15:01 COT

Kevin Watkins es Director General de Save the Children Reino Unido. Este texto fue publicado originalmente en inglés, en el blog From Poverty to Power de Duncan Green.

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Imagen satelital que muestra los preparativos en una plataforma de lanzamiento de cohetes en el Centro Espacial Nacional Imán Jomeini en la provincia de Semnan en Irán.Foto Ap

El "Reloj del Día del Juicio Final" del Boletín de los Científicos Atómicos, con casi 75 años de vigencia, colocó por primera vez sus ominosas manecillas en segundos, en vez de sus aterradores minutos.

El prestigiado Boletín, que cuenta con 13 Premios Nobel, movió las manecillas de los previos dos minutos para la medianoche a unos aterradores 100 segundos. Se le podrá criticar que se trata de un amarillismo barato para llamar la atención ya que 100 segundos equivalen a 1.66 minutos. A los dos minutos previos les redujeron 0.34 segundos.

Así son los artefactos mercadotécnicos para atraer la atención en forma dramática, lo cual no obsta para subrayar su espeluznante contenido sobre el "empeoramiento de la amenaza nuclear", el "incremento de las campañas de desinformación promovidas cibernéticamente", y la consabida parálisis sobre el cambio climático (https://bit.ly/38H8bJj).

El boletín subraya que la “humanidad enfrenta dos simultáneos peligros existenciales –la guerra nuclear y el cambio climático– que son combinados por una amenaza multiplicadora, la guerra de la desinformación por la vía cibernética, que socava la capacidad de respuesta de la sociedad” cuando la "situación de la seguridad internacional es urgente, no sólo por que tales amenazas existen, sino debido a que los líderes (sic) del mundo han permitido que se erosione la infraestructura política internacional para su manejo".

Trump ha exacerbado la inseguridad internacional con su triple retiro unilateral: 1. Del creativo acuerdo nuclear de Obama que descolgó con Irán; 2. Su repudio al acuerdo climático de París; y 3. Su suspensión del INF– Tratado de Armas Intermedias Nucleares de alcance entre 500 y 5 mil 500 kilómetros firmado en 1987 (https://bit.ly/38H3wXK).

El Boletín penetra los dédalos de la desinformación cibernética, la novedad del siglo XXI: "la persistente corrupción (sic) de la ecósfera (sic) de la información, de la que dependen la democracia y la pública toma de decisiones, ha escalado las amenazas nuclear y climática" cuando "varios (sic) gobiernos usaron el año pasado campañas de desinformación cibernética para sembrar desconfianza en las instituciones y entre los países, socavando los esfuerzos domésticos e internacionales para fomentar la paz y proteger al planeta".

Sobre su verdadera expertise, el boletín aduce que "es inexistente la cooperación de Estados Unidos y Rusia en materia del control de armas nucleares y su desarme", por lo que propone "pasos posibles de acción para retroceder las manecillas del Reloj del Juicio Final en materia nuclear": los "líderes de EU y Rusia deben regresar a la mesa de negociaciones para: reinstalar el tratado INF o tomar otra acción para restringir una innecesaria carrera armamentista para misiles de alcance intermedio; extender los límites del nuevo Tratado Estratégico de Reducción de Armas Nucleares (START, por sus siglas en inglés) más allá de 2021; buscar mayores reducciones en armas nucleares; discutir la disminución del estatuto de alerta de los arsenales nucleares en ambos países; limitar los programas de modernización nuclear que amenazan crear una nueva carrera armamentista nuclear; e iniciar charlas sobre la ciberguerra, defensa de misiles y la militarización del espacio, la tecnología hipersónica (sic) y la eliminación de armas nucleares en los campos de batalla".

Como que su propositiva lista es demasiado extensa, mezclada y ambiciosa que habría que jerarquizar mediante pequeños pasos y la edificación de confianza mutua entre Rusia y EU.

Quien inició la negativa cuan ominosa espiral nuclear hacia el abismo fue Baby Bush –lo cual no alude el boletín– cuando se retiró unilateralmente en junio de 2002 del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM, por sus siglas en inglés) que inició en 1972 en conjunción con la ex URSS.

El retiro unilateral del AMB por Baby Bush fue calificado de "grave error" por el zar Vlady Putin (https://nyti.ms/2RPAwq6).

El inicio del drama nuclear fue con Baby Bush, mientras que el retiro del INF por Trump constituyó un clavo más en su féretro.

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Lunes, 27 Enero 2020 06:57

Clima e incertidumbre radical

Clima e incertidumbre radical

El cambio climático y la amplia relación entre las actividades humanas y la naturaleza es hoy un factor político de primera línea. Involucra la vida misma de los seres vivos y la organización de las sociedades dentro de la complejidad en que ahora las conocemos.

Tomemos a la naturaleza de modo general, como el mundo material, incluidos, por necesidad, los seres humanos. Y consideremos el medio ambiente precisamente como el elemento en que existen personas, animales, plantas, recursos y cosas. Éste considera las interrelaciones de los seres vivos y su entorno, de donde se desprende la noción del ambiente.

Se trata, pues, del espacio, próximo o distante, del ser humano y sobre el que éste actúa, pero que, sin duda, repercute a su vez sobre él. Este proceso determina de maneras diversas su modo de vida, su misma existencia. Igualmente, define la configuración de la sociedad, las formas del gobierno y las manifestaciones del poder.

Hay una dinámica de retroalimentación entre los fenómenos naturales y los que se denominan antrópicos, es decir, los que están producidos o modificados por la actividad humana.

Las formas de organización social y su propio desarrollo modifican constantemente el sistema, como sucede, por ejemplo, de modo directo con la tecnología, las leyes y las normas, los patrones de las inversiones, el acceso tan diferenciado a los recursos. La sociedad, entonces, participa como causa y consecuencia de modo constante, ya sea en términos inmediatos o en el mediano y largo plazos.

En la disputa actual sobre las condiciones del medio ambiente y sus manifestaciones se ponen de relieve diferentes modos de aproximarse al problema, entre ellos el que se deriva del conocimiento científico, el que surge de las ideologías, el que tiene que ver con los negocios, los intereses económicos y la rentabilidad del capital y también el asociado con la pura rapiña.

El conflicto es la marca de los debates sobre el cambio climático. Es cada vez más evidente, como pudo verse recientemente en la reunión de la élite mundial en Davos. Ahí están las declaraciones de Donald Trump, quien llamó "profetas de la fatalidad" a los que sostienen la alarma ambiental y, según dice, predicen el apocalipsis.

Nada lo conmueve: pérdidas de vidas, incendios masivos, inundaciones, tormentas, especies que pueden extinguirse, destrucción de ríos y océanos. No tiene duda alguna sobre la cuestión ambiental. No sospecha.

Ofrece que su país está comprometido a "conservar la majestuosidad de la creación de Dios y la belleza natural de nuestro mundo". Al mismo tiempo promueve la industria del carbón, el fracking para aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo y se retira del Acuerdo de París sobre el cambio climático, firmado a finales de 2015.

En el proceso del crecimiento económico y los patrones prevalecientes de la generación de ganancias, basados en el uso de las fuentes convencionales de energía, como los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas que generan dióxido de carbono y otros de los denominados gases invernadero), está situada la parte esencial de la disputa sobre el cambio climático global y la resistencia a una transición más acelerada de las fuentes de energía.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos dejó muy clara la postura de su gobierno y la que sostienen muchas grandes empresas. Calificó de inviables las medidas que se exponen en torno a las fuentes alternativas de energía. Afirmó que el acceso a energías más baratas es más importante para el crecimiento que invertir en tecnologías verdes.

Con respecto a los modelos existentes de transición energética dijo que no debemos engañarnos, pues no hay manera de modelar los riesgos climáticos en un horizonte de 30 años con suficiente nivel de certeza. Añadió que la economía mundial depende del acceso a costos razonables a las fuentes de energía en las próximas dos décadas para crear empleos y el crecimiento de la economía.

Certidumbre no hay, en efecto, sobre la evolución del cambio climático, pero sí hay tendencias observables y hechos concretos que no pueden despreciarse. En este caso, el secretario del Tesoro y funcionarios y políticos en todas partes habrían de adoptar, necesariamente, la perspectiva de la incertidumbre radical.

Esta idea expresa que no sólo no sabemos lo que va a pasar, sino que además es limitada la capacidad para describir lo que podría pasar. Esto lleva a distinguir el riesgo, que puede abordarse mediante la aplicación de las probabilidades, de lo que puede llamarse incertidumbre real a la que no puede aproximarse de tal manera.

Un asunto que no puede dejarse de lado es que cualquier transición energética impone costos y exigencias tecnológicas de muy distinto tipo. Obviamente, no todos los países pueden soportar tales costos y demandas de la misma manera. Dicha transición puede significar la creación de condiciones de una creciente distancia en materia de crecimiento y desarrollo.

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Crisis climática "Es un momento crucial por la inacción frente a la crisis climática, más incluso que por el ascenso del neofascismo"

La historiadora Jo Guldi apunta como los tres mayores retos securitarios la crisis climática, la desigualdad económica y la falta de gobernanza global en el marco del congreso 'La Era de la (In)Seguridad' organizado por el Common Action Forum.

 

La historiadora estadounidense Jo Guldi participó en el debate Amenazas contra los Derechos Humanos en la Era de la (In)Seguridad, organizado por Common Action Forum (CAF), junto al ex magistrado Baltasar Garzón y la concejala de Más Madrid Maysoun Douas y expuso que, como planea su libro Manifiesto por la historia, el pensamiento de largo plazo está en crisis y el cortoplacismo de ciclos electorales es incapaz de afrontar los tres mayores desafíos: el cambio climático y la desigualdad económica –que generan oleadas migratorias– y la falta de gobernanza global. "Temas de seguridad", sentenció.

En la radiografía que hace Guldi hoy, a diferencia del 1945 en que se fundó la ONU, los gobiernos y estados están en crisis frente al alza de tecnología, finanzas y banca. Es un momento histórico crucial, "la tormenta perfecta", alerta Guldi. "Más incluso que por el ascenso del neofascismo, por la inacción frente a la crisis climática".

Algo que, en su opinión resulta de tres tormentas menores: la brecha generacional que hace que quienes no vivirán el desastre se resistan a esforzarse; la brecha norte-sur donde el Primer Mundo explotador de combustibles y fuerza de trabajo del Tercero no impulsa su desarrollo y, por último, la corrupción de instituciones que priman el beneficio económico. "¿Cómo no preservar el bien común cuando la vida depende de ello?", se pregunta.

Según Guldi la lista de instituciones corruptas es larga: los partidos y estados, pues se permite que empresas les financien y determinen sus políticas; los bancos centrales en Latinoamérica y Europa “que no siguieron el modelo de la reserva federal americana de proteger empleo y contener inflación”; el sistema de impuestos porque las élites llevan sus fortunas a guaridas fiscales mientras se aplican política austericidas; la educación pública en el mundo desarrollado, financiada por empresas como petroleras “que adoctrinan en el milagro económico del fracking”, y hasta la ciencia climatológica porque “no es generosa compartiendo datos y no ha inventado mecanismos que permitan a ciudadanos controlar el entorno con responsabilidad”. 

“¿Acaso el sistema universitario prepara a los estudiantes para la crisis climática, para ser críticos con el Estado o dar respuesta a los refugiados? No”, resuelve esta profesora Asociada en la Southern Methodist University.

La historiadora mira con añoranza el 1974 que ve año culmen de la ONU como protectora de la cultura y el desarrollo mundiales “antes de que cediera peso al banco mundial quien usa a los estados en defensa de los intereses de EEUU y el dólar”. En esos 70 “la ONU contrataba a ingenieros agrónomos para asesorar a pequeños agricultores del mundo en cómo defender sus prácticas agrícolas que, si queremos reducir las emisiones de carbono, no deben ser solo el pasado, sino el futuro”, rememora la autora del ensayo Long Land War (Larga guerra por la tierra).

Perversión del lenguaje

Otra corrupción que ataca los derechos humanos es, para Guldi, lingüística, “pues se habla de "democracia" para justificar ataques y, vía medios de comunicación, el poder nos envuelve en discursos de ‘seguridad’ cuando estamos legando a nuestros hijos una era de anarquía y quizá conflictos si muchos llegan a pensar que este no es un mundo en que merezca la pena vivir, sino luchar”.

Guldi propuso a la asamblea progresista de CAF “crear un diccionario del mal, que desenmascare las palabras corrompidas y restablezca el sentido frente al ruido”.

Motivos de esperanza

Jo Guldi declaró a Público, que no es optimista porque el cambio de mentalidad y discurso necesario “puede tardar sesenta años y, en cambio, en diez ya el desastre climático será irremediable y gran parte de la humanidad morirá”.

Cumbres de la ONU como la de Madrid “se celebran desde 1962 pero jamás afrontan quién detenta la propiedad de tierra y agua y cómo eso genera desplazamientos masivos cuando los derechos humanos tener agua, tierra y aire para subsistir sin huir”. Reivindica el Estado nación, “herramienta creada para evitar la conflictividad y proteger”, las instituciones “útiles frente al caos”, y una gobernanza responsable global “que tras los años 70 no hemos conocido”.

“Si los gobiernos no despiertan y se comprometen no resolveremos los desafíos”, insiste. “Los estados se tienen que adaptar a los mercados, para que haya una economía verde, con energías renovables, sin trabajo infantil”. “Quizá sea una causa perdida de no ser por…” y enumera factores esperanzadores:

En primer lugar, la implicación cívica que “frente a la parálisis de EEUU donde seguimos aplicando categorías de la guerra fría” siga el modelo de asambleas civiles creadas en 2016 de Irlanda o foros como CAF para articular unas Naciones Unidas ciudadanas, que extienda una red de reuniones por el planeta.

Y en segundo lugar, las posibilidades democráticas de la gestión de macro-datos (Big Data). Guldi, hija de programadora informática, aprendió a programar con diez años, el instituto lo dejó para volcarse “en materias más exigentes” como las lenguas muertas, la geografía humana, crítica teórica y la deconstrucción y, “tras comprobar que todos aprendieron a programar, pero casi nadie historia y cambios políticos” se licenció en Historia en Trinity College, Cambridge y se doctoró Berkeley, California. Hoy ejerce en la SMU de su Texas natal donde usa, con sus alumnos, el análisis de datos masivos en estudios históricos.

“Ya es técnicamente posible para el activismo democrático monitorizar el trabajo de instituciones públicas y empresas”, manifiesta Jo Guldi, “y comprobar, por el análisis de textos masivos, si un parlamento o ayuntamiento ha avanzado o retrocedido en misoginia, qué oradores participan… La monitorización exhaustiva pendiente podría ser clave contra la corrupción. Aunque ello exigiría una transparencia de los datos bancarios jamás vista”

madrid

26/01/2020 09:50

Por maría iglesias

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Este es el primer grupo de 138 integrantes de personal médico enviado a Wuhan para brindar ayuda. El gobierno chino suspenderá los viajes organizados dentro de China y al extranjero para intentar contener la epidemia provocada por el coronavirus.Foto Xinhua

Pekín. La expansión del coronavirus 2019-nCoV, que ha cobrado 56 vidas, con mil 975 casos confirmados, “se está acelerando” y coloca a China en una “situación grave”, reconoció el presidente Xi Jinping, al tiempo que las ciudades desde el centro del país hasta Hong Kong tomaron medidas para detener los contagios entre la población.

“Mientras tengamos una confianza firme, trabajemos juntos y con políticas precisas seremos, con seguridad, capaces de ganar la batalla”, dijo Xi durante una reunión en esta ciudad con dirigentes del Partido Comunista.

En su mensaje, reproducido por la cadena estatal CCTV, el mandatario afirmó: “estamos llevando a cabo medidas de control y prevención de enfermedades, pero ahora mismo nos enfrentamos a una crisis de salud pública extremadamente grave”. Agregó que “la vida es de suma importancia. Cuando se desata una epidemia, se emite una orden. Es nuestra responsabilidad prevenirla y controlarla”.

La ciudad de Wuhan, que está en cuarentena por ser el epicentro del nuevo virus, continuó con la suspensión del transporte público local, foráneo e internacional, que incluye desde trenes hasta aviones, la prohibición de la circulación de casi todos los vehículos por el centro y el cierre todos los puntos de concentración pública masivos.

Los síntomas de la extraña enfermedad son parecidos a los de un resfriado o una gripe, con tos y fiebre y, en los casos más graves, problemas respiratorios. Puede agravarse y derivar en una neumonía, que podría ser letal. Los científicos dicen que tiene un periodo de incubación de 14 días.

El ejército envió a la zona tres aviones con 450 médicos y personal sanitario especializado –algunos de ellos con experiencia en la lucha contra el ébola y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)– y trabajarán en distintos hospitales, donde están ingresados numerosos pacientes infectados con el virus.

Los hospitales están saturados, ya que la población acude a ellos desesperadamente al presentar alguno de los síntomas. Ante la emergencia, el gobierno construye un nuevo centro médico en la zona para que esté activo en 10 días para recibir, a partir del 3 de febrero, a un millar de pacientes. A este se sumará otro hospital con mil 500 camas, pero estará listo en 15 días, según reportes de prensa locales.

Las autoridades chinas pusieron en marcha entre el jueves y viernes pasados medidas similares sanitarias de aislamiento en 15 ciudades próximas a Wuhan: Ezhou, Huanggang, Chibi, Qianjiang, Zhijiang, Jingmen, Xiantao, Jingzhou, Xiaogan, Huangshi, Xianning y Enshi. Ayer, incluyó Yichang, Suizhou y Jingzhou. En en total suman 50 millones de habitantes, más que las ciudades Nueva York, Londres, París y Moscú juntas.

La Comisión Nacional de Salud elevó, en su reporte más reciente, las cifras que ha dejado la misteriosa afección a nivel nacional: 56 muertos, mil 975 contagios confirmados y 2 mil 684 casos sospechosos. En el informe, indicó que se instalarán puntos de inspección en el país y todos los viajeros que presenten síntomas de neumonía serán “inmediatamente trasladados” a un hospital.

China entró el sábado en el Año de la Rata, pero las festividades fueron mínimas. Muchos lugares turísticos, muy frecuentados en estos días, como la Ciudad Prohibida, la plaza Tiananmen, partes de la Gran Muralla o el parque Disneyland de Shanghái, fueron cerrados para reducir el riesgo de contagio. Las personas se dedicaron a suministrar víveres, cubrebocas y medicamentos, que ya escasean.

En tanto, la líder de Hong Kong, Carrie Lam, declaró una emergencia por virus en el centro financiero asiático, donde se han confirmado cinco casos, lo que supuso la inmediata cancelación de las visitas oficiales a la China continental y de las celebraciones oficiales del Año Nuevo lunar, así como el cierre del parque Disneyland en el enclave.

También se interrumpirán los vuelos de entrada y salida y los viajes en tren de alta velocidad entre Hong Kong y Wuhan, mientras las escuelas, que ahora están de vacaciones por el Año Nuevo lunar, permanecerán cerradas hasta el 17 de febrero. El territorio somete a análisis médicos a 122 personas sospechosas de haber sido contagiadas.

La Comisión Municipal de Salud de Shanghái informó que una paciente con neumonía por el nuevo coronavirus fue curada y que, de acuerdo con las nuevas pruebas de sangre realizadas, la persona ya no porta el virus en su sistema, informó el viernes el diario local Beijing Daily.

La mujer de 56 años, identificada como Chen, vivió en Wuhan mucho tiempo. Desarrolló síntomas como fiebre y fatiga el pasado día 10 y llegó a Shanghái 48 horas después. Fue hasta el pasado día 15 que ingresó a un hospital en dicha ciudad para ser atendida, narra el periódico.

El virus se expande y ya está presente en cuatro continentes: hay cinco casos en Tailandia, tres en Japón, Malasia y Singapur por separado, dos en Corea del Sur y Vietnam, respectivamente, mientras en Taiwan y Nepal un caso cada uno.

Francia confirmó tres personas contagiadas con el virus, la primera vez que aparece la afección en Europa, al tiempo que Estados Unidos reportó su segundo nuevo caso. A estas naciones se sumaron Canadá, con un contagio confirmado, y Australia con cuatro.

EU retira a sus ciudadanos

El gobierno de Estados Unidos anunció que organiza un vuelo para desalojar al personal diplomático y a otros ciudadanos que se encuentran en China, informó el Departamento de Estado. El vuelo directo de Wuhan a San Francisco partirá el martes.

Publicado enInternacional
Domingo, 26 Enero 2020 05:46

Capitalismo verde, exterminio amable

DAVID ARENAL

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, la Cumbre Social por el Clima y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos.

 

Si el planeta Tierra fuese un ente consciente, habría dicho “basta” hace muchos —muchísimos— años. Basta de permitir que una de las especies a las que ha regalado la existencia destruya sistemáticamente todos y cada uno de sus ecosistemas, de sus especies, de su vida. Como no lo es, el final no lo marca su hartazgo, sino sus límites físicos; y permitidme el spoiler tempranero: esos límites ya han sido traspasados.

Los seres humanos hemos vivido por encima de las posibilidades de nuestro planeta durante demasiado tiempo, y de ninguna forma existe ni existirá una solución viable a la crisis climática que se encuadre dentro de esta lógica del crecimiento sostenido e ilimitado. Es física y científicamente imposible, y todas las propuestas que se muevan dentro de esos parámetros son falsas. Todas. Es así de sencillo.

LA CEGADORA BURBUJA VERDE

“Refugiado” en 2015, “Populismo” en 2016, “Aporofobia” en 2017 y “Microplástico” en 2018. Son los términos elegidos por la Fundéu como palabras más destacadas de los penúltimos cuatro años y, curiosamente, todas ellas reflejan a la perfección distintas aristas de la realidad de la crisis climática. El conflicto que enfrenta a las élites político-económicas contra la vida en el planeta está generando millones de refugiados, un fenómeno que el neofascismo está aprovechando para ganar votos mediante un populismo que criminaliza a las personas que huyen de la destrucción originada por esas mismas élites. La aporofobia patológica que sufren —y disfrutan— los grandes multimillonarios les permite observar, impasibles, cómo se cierne la catástrofe climática sobre las clases menos privilegiadas, mientras siguen cercenando vidas humanas y especies al completo con sus microplásticos.

 “Emoji” ha sido la palabra galardonada en 2019, pero siguiendo la tendencia que se ha ido dibujando desde 2015, “greenwashing” habría sido un perfecto colofón a este lustro. No solo por su creciente presencia fuera de los círculos más especializados del ecologismo, sino también por la importancia vital —literalmente— de su significado. Como lo que no se nombra, no existe, hay que introducir el greenwashing en la opinión pública con toda la fuerza que sea posible, porque sus implicaciones semánticas señalan con firmeza a Gobiernos y grandes corporaciones como responsables últimos de un desastre climático que, aunque sea víctima de una inusitada campaña de ocultamiento y negación, ha permeado profundamente en la sociedad, como bien demuestra la Fundéu.

El greenwashing —que podríamos traducir como “ecoblanqueamiento” o, más literalmente, “lavado verde”— alude a una serie de estrategias a través de las cuales los adalides del capitalismo, principales responsables de la crisis ecológica, construyen una suerte de burbuja en la que la lógica del crecimiento ilimitado es la única realidad viable; se autoerigen como los únicos actores que pueden revertir la gravísima espiral de destrucción de ecosistemas, y anuncian a bombo y platillo que, de hecho, ya lo están haciendo. Desgraciadamente, los ejemplos nos rodean allá donde estemos, así que la comprensión del concepto es automática.

El blanqueamiento puede llevarse a cabo en forma de operación de falsa bandera, como la que intentó Ecoembes al publicar un vídeo en su perfil oficial de Instagram en el que podía verse el logo de Juventud por el Clima —Fridays for Future España, una de las plataformas de activismo ecologista más importantes a nivel mundial—. La respuesta fue inmediata, con un comunicado en el que denunciaban públicamente la utilización ilícita de su nombre y aprovechaban para dejar una definición cristalina del comportamiento paradigmático de greenwashing: “No toleraremos el uso de nuestro trabajo para blanquear sus más que cuestionables políticas”.

Las posibilidades de lavar la propia imagen crecen de forma paralela a la dimensión de la empresa en cuestión, llegando a límites difícilmente imaginables que, sacando la cabeza fuera de la burbuja verde, se tornan risibles e insultantes por lo evidente de sus intenciones. Endesa, en el contexto del inicio de la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid, hizo una ostentación de su poder de autoblanqueamiento, situado en una esfera superior incluso a derechos fundamentales del ser humano, como lo es el acceso a la información.

Su logo copaba las portadas de todos los diarios impresos más importantes del país —El Mundo, ABC, El País, La Vanguardia, El Periódico y La Razón, entre otros—, acompañado de titulares que, de una forma u otra, colocaban a la compañía como líder en la lucha contra el cambio climático. “Endesa lidera el cambio hacia una sociedad libre de emisiones” o “Endesa presenta sus soluciones para una sociedad libre de emisiones”. Lo que no aparecía —ni aparecerá— en ninguna de esas cabeceras es la clasificación de empresas españolas más contaminantes. Curiosamente, ahí, Endesa también es líder.

El liderazgo tiene esta cosa tan adictiva que hace que, una vez liderado algo, ya se quiere liderar todo. Incluso —y especialmente— si las realidades lideradas son una y su contraria, porque así se puede ocultar su inevitable colisión y beneficiarse de ambas. Al menos, hasta que una sea devastada por la otra.

EL NEOLIBERALISMO PRESENTA: LAS CONTRADICCIONES DE LIDERARLO TODO

La COP25 convirtió Ifema en un teatro en el que, durante casi dos semanas, se representó día tras día la misma obra: las contradicciones de liderarlo todo. Líderes en contribución a la destrucción del planeta, como Coca-Cola o Chevron —segunda empresa del mundo con más emisiones desde 1965—, fueron, igual que Endesa, los grandes protagonistas del evento.

El gigante de los refrescos, que por segundo año consecutivo se situó en 2019 como empresa más contaminante (en términos de desechos plásticos) del mundo, empapelaba las paredes con un greenwashing grotesco en el que pedía “reciclar juntos”; mientras que la petrolera organizaba charlas y encuentros para buscar soluciones al mismo desastre del que es subcampeona en responsabilidad. Liderar una realidad —la lucha contra el cambio climático— y su contraria —el capitalismo sádico de crecimiento ilimitado—.

Las élites político-económicas pusieron todo su empeño en interpretar al dedillo su papel en la función y, entre bambalinas, se informó al activismo ecologista de que su presencia en el escenario estaba prohibida.

La denominada “Zona verde”, espacio reservado para albergar la voz de la sociedad civil, estuvo repleta de directivos de las grandes corporaciones que diluían cualquier tipo de reivindicación con un mínimo cariz anticapitalista. Cuando no bastaba con eso, la seguridad del recinto acudía a expulsar del mismo a activistas que tratasen de liderar alguna de las líneas de discusión con ideas exoburbuja. ¿Quién se atreve a liderar en una reunión de líderes?

En este sentido, quedan pocas dudas respecto a la supremacía dogmática de las élites en la construcción del relato de la crisis climática. Una tarea que llevan a cabo en base a una meta incontestable: establecer unos marcos de realidad que logren mutilar la capacidad de cuestionamiento del modelo actual de producción y consumo, so pena de recibir, rápida y eficazmente, el estigma de figura disruptiva, antisistema y, por ende, despreciable.

EL COCHE, EL MURO Y EL DESDICHADO REMOLQUE

La batalla por el dominio de dicho relato es, sin ningún género de duda, condición sine qua non para poder siquiera soñar con la posibilidad de frenar el cambio climático y eludir sus secuelas más graves. Si la lógica capitalista de crecimiento ilimitado es, a la vez, causa última de la crisis climática y razón de ser de las élites político-económicas, darles a estas todo el poder de decisión es una contradicción con una dosis de autodestrucción absurda.

La humanidad se encuentra a bordo de un coche que se dirige frontalmente hacia un muro indestructible e imposible de atravesar. La sociedad civil ha sido relegada a viajar en el remolque, tapada con una lona que impide ver qué hay delante; los dueños de las grandes multinacionales, en cambio, manejan el volante. Su estrategia de conducción solo puede definirse como kamikaze, sabedores de que la dirección escogida tiene un único final: el muro.

En una incomprensible huida hacia adelante, han dejado pasar todas las salidas que permitían cambiar el rumbo, desviándolo del siniestro total, hasta llegar a un punto en el que solo queda frenar. Cuanto más tiempo se tarde, más dolorosa será la deceleración; pero el acelerador sigue pisado a fondo, quizá con la única esperanza de alcanzar una velocidad tal que permita al coche despegar del suelo y superar el muro por encima. En ese caso, el remolque quedará descolgado, con una inercia vertiginosa que nos hará papilla contra la pared. Todos muertos. Todas muertas. 

A veces, las metáforas y las analogías son herramientas cuyo uso periodístico —analítico, objetivo— corre el serio riesgo de alejarse de la realidad y adentrarse en el terreno de la dramatización. Mala cosa. En otros casos, la existencia toma unos derroteros que solo pueden explicarse dejando que la imaginación trace un camino paralelo, exponiendo su verdad a modo de espejo ficcionado. La crisis climática es uno de estos casos, y el ejemplo del coche contra el muro no deforma ningún aspecto de lo que está ocurriendo, solo lo extrapola. De hecho, la necesidad de contarlo en forma de fábula es, en sí misma, la constatación de esa lona que tapa los ojos de la sociedad civil.

El coche no es un coche, sino la vida en el planeta tal y como la conocemos. El volante que controla su dirección adquiere, en el mundo real, una forma mucho más abstracta y difícil de identificar: decisiones que se ocultan, cambios de cromos que condenan a millones de muertes y escenificaciones de democracia tras las que se esconden las más crueles tiranías. La figura del remolque representa la absoluta supresión de la voluntad popular, relegada a sufrir en silencio el traqueteo del camino escogido por el coche, cuya suspensión le permite atravesar todo tipo de baches sin que sus ocupantes sean apenas conscientes, mientras detrás nos descalabramos unos contra otras.

El papel de la ya mencionada lona es, quizá, el más relevante. En origen, fue concebida para evitar las protestas de aquellos ocupantes del remolque que veían cómo pasaban de largo, uno tras otro y cada vez a más velocidad, todos los desvíos que permitían salir de la ruta hacia la devastación. Con el paso del tiempo, su efectividad resultó ser aún mayor, pues las nuevas generaciones nacidas bajo su oscura inopia empezaron a olvidar la existencia de otras carreteras y, como mecanismo de defensa de su salud mental —cobarde y conformista—, ignoraron la existencia de ese muro del que advertían sus mayores con vehemencia.

Añadir el personaje de la lona es una forma de ponerle nombre a toda esa manipulación, desde los discursos políticos hasta los medios de comunicación, pasando por literatura, series, películas y toda referencia cultural, con la que se ha logrado falsear la imagen del capitalismo como único sistema viable. “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dijo una vez Žižek. O Jameson. O este lo escribió porque se lo escuchó decir a alguien. En la penumbra es difícil distinguir quién habla, más aún si se está refiriendo a la propia negrura que se intenta ignorar. Negro sobre negro, sobre negro.

Por último, el vuelo del coche. “Eso sí que no”, ¿verdad? “Eso tiene que ser pura retórica. Cosa de los escritores y su ansia irrefrenable por dejar una impronta estilística en la realidad cuando la describen”. Que ese sea el tipo de respuesta que se activa al procesar la imagen de las élites económicas huyendo del colapso climático solo demuestra una cosa: la lona funciona a las mil maravillas.

Allá por 2017, Douglas Rushkoff, escritor y profesor de la Universidad de Nueva York especializado en nuevas tecnologías, fue contratado para dar una charla a cinco magnates, de la que sacó una conclusión tan clara como espeluznante. “No tenían ningún interés en evitar la desgracia; están convencidos de que ya no hay tiempo para ello. (…) Sencillamente, se limitan a aceptar el más oscuro de los escenarios y a reunir la mayor cantidad de dinero y tecnología que les permita aislarse, sobre todo si se quedan sin sitio en el cohete rumbo a Marte”, escribió.

El progreso ilimitado es un pie sobre el acelerador que no cesa de empujar, disminuyendo las ya pocas posibilidades de evitar “el acontecimiento” —eufemismo empleado por los multimillonarios que hablaron con Rushkoff—; sin embargo, también es concebido por quienes conducen como una posibilidad de mantener su asiento y lograr hacer volar el coche. Poco —nada— les importa que, en ese caso, el remolque quede desenganchado y se despedace contra el muro por culpa de la velocidad que ellos mismos le han conferido. Al fin y al cabo, nunca ha sido más que una carga. 

DECRECIMIENTO VOLUNTARIO O HECATOMBE

La inminencia del desastre está rebullendo los ánimos aquí, bajo la lona. El activismo ecosocial ha logrado abrirse camino hasta la parte delantera del remolque, y está haciendo pequeños agujeros a través de los que se puede observar cómo se cierne la sombra del muro. De la misma forma en que la oscuridad cegó a las generaciones nacidas bajo el yugo ideológico del capitalismo, las franjas de realidad que han empezado a atisbarse alimentan el espíritu contestatario de una juventud que, al fin, parece haber descubierto la verdad: su única opción de salir con vida pasa por hacerse con el control de ese coche que es, en realidad, la organización social de la especie humana en el planeta Tierra.

Conceptos como Capitalismo Verde, ecocapitalismo o Green New Deal nacen al amparo de unas desesperadas élites que ven amenazadas sus despóticas posiciones por vez primera. Manteniendo el símil, pretenden tapar los agujeros de la lona, sumiendo de nuevo a la sociedad en una ignorancia tan dócil como lucrativa y erradicando la más mínima intención de llegar hasta el volante. El destino será el mismo: el muro; mas el rumbo suicida será amenizado con una apacible sensación de estar arreglando las cosas.

Dicho de otro modo: nos están dando a elegir entre morir, así, a pelo, que a nadie le apetece, y morir con Bajo la piel, de Alice Wonder, sonando en bucle en nuestros oídos y llevándonos a un éxtasis rayano en el síndrome de Stendhal. El hedonismo es una debilidad muy poderosa, pero es vital desvelar que, tras esas dos funestas opciones, existe una tercera vía que evitaría la mortal colisión: la desaceleración. O, como la llama Jorge Riechmann, “metamorfosis y autoconstrucción decrecentista”.

Urge esclarecer que lo que está en juego no es la supervivencia del capitalismo como sistema hegemónico, eso es insalvable. El colapso llegará de forma temprana e inminente cuando el agotamiento de los recursos naturales sea irreversible, obligando a la humanidad a un empobrecimiento traumático. El combate que se está librando tiene como objetivo reducir la violenta desigualdad en el reparto de las consecuencias del cambio de modelo, si es que este llega a tiempo.

La trampa del greenwashing está en ocultar dicho colapso, jugando al trile con falsas soluciones como el capitalismo verde, un oxímoron que se desmonta con una aseveración tan sencilla como la siguiente: es físicamente imposible sustituir el parque automovilístico actual con coches eléctricos, porque la cantidad de minerales existente en el planeta es insuficiente. No hay ecocapitalismo que valga sin una reducción en los niveles de producción y consumo. Ni más ni menos.

En términos técnicos, el físico Antonio Turiel sitúa el potencial máximo de las fuentes renovables entre un 30% y un 40% del consumo energético mundial actual. Es decir, la extenuación de los combustibles fósiles, un fenómeno en el que ya estamos inmersos, traerá consigo un decrecimiento energético de entre 60 y 70 puntos porcentuales.

La complejidad del término “autoconstrucción decrecentista” no es una cabriola caprichosa de Riechmann, sino que define con acierto el reto que la humanidad tiene por delante: empezar a construir su empobrecimiento de forma paulatina y equitativa antes de que este llegue por la fuerza. Es cuestión de vida o muerte. En un mundo en el que 26 personas acumulan la misma riqueza que 3.800 millones (según un informe de Oxfam), con un índice de pobreza extrema —incapacidad para satisfacer necesidades básicas como la alimentación o el acceso a agua potable— que azota al 10% de la población total, un acontecimiento rupturista tan radical podría suponer el exterminio de cientos de millones de seres humanos que, sobreviviendo ya en el alambre, verían sus vidas literalmente cercenadas.

Por ello, la cuestión de clase debe ser el elemento central de la lucha climática, y algunas investigaciones están dejando evidencias de lo que ocurrirá si las clases trabajadoras no logran articular una fuerza suficientemente sólida como para ejercer presión. Suficientemente sólida como para llegar al volante. Phillip Alston, Relator Especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de la ONU, elaboró un informe en el que hablaba de “apartheid climático”, un concepto con el que pretende aludir a los abyectos intentos de las élites de salir indemnes de su propia calamidad. “De manera perversa, mientras que los pobres son responsables de solo una fracción de las emisiones globales, son los que pagarán el precio del cambio climático y tendrán la menor capacidad para protegerse”, concluye el australiano.

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, con el único objetivo de poder seguir llenando a manos llenas sus ya rebosantes bolsillos, la Cumbre Social por el Clima (o contracumbre del clima) y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos. Llegar hasta el volante, pisar el freno y tratar de equiparar las consecuencias de la desaceleración es el único camino. El resto son eufemismos, circunloquios destinados a desviar las miradas hacia eso que llaman capitalismo verde, pero que también podrían llamar exterminio amable.

 

Por DIEGO DELGADO GÓMEZ

@DIEGODELGOM

2020-01-26 06:35

Publicado enMedio Ambiente
Trasnacionales farmacéuticas: receta para el lucro
 
Al contrario de lo que se podría pensar, a la industria farmacéutica trasnacional no le interesa la salud. Su vocación es aumentar sus ya desmedidas ganancias y por ello el consumidor ideal de sus productos está siempre enfermo, ya que si se cura deja de comprar y si se muere también. Es una industria cerradamente oligopólica, agresiva para controlar amplios porcentajes de mercado a nivel mundial, obtener patentes exclusivas y altos porcentajes de ganancia, ejercer presión para lograr políticas globales y nacionales a su favor.

Aunque muchas otras industrias trasnacionales trabajan en el mismo sentido, aquí se trata de controlar la distribución y acceso a medicamentos, que en muchos casos define la vida o muerte de las personas afectadas.

Es una industria con alta concentración de mercado y que para defender sus intereses funciona a menudo como cártel. En ventas de fármacos, las 10 principales trasnacionales tienen más de la mitad del mercado global. Actualmente éstas son Pfizer, Novartis, Roche, Johnson y Johnson, Merck & Co, Sanofi, GlaxoSmithKline, Abbvie, Gilead Sciences y Teva Pharmaceuticals, seguidas de Amgen, AstraZeneca, Eli Lilly, Bristol Myers Squibb, Bayer, Novo Nordisk, Allegan, Takeda, Shire y Boheringer Ingelheim. Todas tienen una larguísima historia, algunas más de un siglo, aunque debido a fusiones y compras, algunas hayan cambiado de nombre. Varias tienen relación histórica con las que actualmente dominan los agrotóxicos, las semillas y transgénicos: Bayer es dueña de Monsanto, Novartis y AstraZeneca se unieron para formar Syngenta, etcétera. Les queda cerca la lógica de enfermar y vender la cura.

Según analistas de la industria, en 2018 las 10 mayores farmacéuticas tuvieron ventas de medicamentos por 523 mil millones, un mercado que se estima llegará al billón de dólares en 2020. Es un aumento notable en ventas y concentración de mercado desde 2017, año en que las principales 20 tuvieron ventas por 503 millones de dólares y las mayores 100, por 747 millones (Scrip Pharma, Outlook 2019).

Un reporte de la agencia gubernamental estadunidense GAO de 2018 muestra que las 25 mayores empresas farmacéuticas tuvieron un margen de ganancias de 15 a 20 por ciento anual entre 2006 y 2015, colocándose entre los rubros industriales con mayores porcentajes de retorno (Government Accountability Office, GAO-18-40). No obstante, casi todas han llegado a porcentajes de ganancia mucho mayores por momentos, debido al control monopólico de medicamentos y vacunas en gran demanda por epidemias o crisis de salud.

La industria farmacéutica trasnacional ha sido también clave para imponer las leyes de propiedad intelectual y extender cada vez más la validez de sus patentes a nivel global. Son quienes están detrás de su inclusión en la Organización Mundial de Comercio, en el TLCAN y otros tratados comerciales. Junto a la industria biotecnológica, de semillas e informática, pelean en todos esos ámbitos para prolongar los años de vigencia de patentes y marcas de sus productos e impedir que se pueda acceder a ellos sin pagarles.

Argumentan que necesitan tener patentes en los medicamentos para poder recuperar sus gastos en innovación y desarrollo. Por el contrario, varios reportes de análisis de sus innovaciones muestran que la gran mayoría de los nuevos fármacos lanzados al mercado por estas empresas son solamente copias de los que ya existían, con alguna pequeña modificación en la formulación o el uso, para poder aplicar otros 20 años de patente exclusiva.

Marcia Angell, editora de la revista científica New England Journal of Medicine por 17 años, mostró en su libro La verdad acerca de la industria farmacéutica que 67 por ciento de los nuevos medicamentos que lanzan a los mercados no son innovaciones, sino copias. La ahora extinta Oficina de Evaluación Tecnológica de Estados Unidos (OTA, por sus siglas en inglés) realizó un informe en 1996 sobre 348 nuevos productos de las 25 mayores compañías farmacéuticas durante siete años y encontró que 97 por ciento eran copias. De ese 3 por ciento restante que sí era innovador, 70 por ciento era producto de investigación pública. Aunque estos informes tienen años, la realidad de la industria sigue en la misma línea.

Hay también varios ejemplos de cómo el cártel farmacéutico trasnacional ha boicoteado a países productores de medicamentos genéricos (es decir, en los que la patente ha vencido), sobre todo en medicinas de alta demanda por situaciones de epidemia. En 2001, 39 grandes farmacéuticas bloquearon a Sudáfrica la venta de todos sus medicamentos, para presionar a que no compraran medicamentos genéricos para el sida. Cuando no lo lograron, negociaron en bloque un precio que aunque fue 10 veces más bajo que el precio comercial inicial de las farmacéuticas, era mucho mayor de lo que podía ser bajo fabricación propia.

Ahora la industria ha desarrollado la estrategia adicional de producir sus propios genéricos. Actualmente, Pfizer y Teva, ambas entre las 10 mayores trasnacionales, también son de las mayores productoras globales de algunos genéricos y en algunos medicamentos han logrado ser monopólicas en el mercado, logrando así el mismo efecto que una patente.

Es toda una industria contra la salud.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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