Miembros de la plataforma "Fridays for Future" Madrid se manifiesta a favor de la iniciativa internacional para conmemorar el Día de Acción Global por el clima, este viernes en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

 

El deshielo alcanza un punto de no retorno, el fuego prende Siberia y los temporales se suceden con más frecuencia e intensidad. Frente a esto, la juventud por el clima y el movimiento ecologista tratan de construir un futuro alentador.

"Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores", decía Eduardo Galeano. Su frase toma fuerza en un momento en el que la crisis climática amenaza a la vida en todas sus formas. El Ártico se deshiela, la tundra de Siberia y la Amazonia arden en llamas, los huracanes azotan con insistencia la costa antillana y las cosechas de resecan ante un sol que se vuelve cada vez más intenso. Quizá por ello, el movimiento ecologista se aferra a la premisa planteada por el escritor uruguayo para así tratar de sortear la distopía anunciada por la ciencia y dar paso a un horizonte utópico. Un año después de la gran huelga climática en la que miles de jóvenes tomaron las calles, la situación parece halagüeña. Con una pandemia de por medio, consecuencia de la degradación ambiental provocada por el ser humano, el activismo aspira a seguir en la vía de la protesta, pero también a plantear un futuro alejado del miedo y apoyado en el optimismo.

Así lo entiende Pere Joan, portavoz del movimiento Juventud por el Clima, que reflexiona sobre la necesidad de, no sólo reclamar y protestar, sino imaginar el futuro. "Pretendemos una sociedad mucho más sostenible, más respetuosa con los límites de la tierra y que tenga en cuenta el patrimonio natural. Se trata de vivir en equilibrio", argumenta. El mero hecho de plantear una utopía –yendo, incluso, en contra de los pronósticos de la ciencia, que auguran un final de siglo XXI marcado por cierto caos ecososcial– supone ya un reto. Sin embargo, el joven va más allá y propone cambios concretos, estilos de vida diferentes requeridos por la coyuntura climática actual: "Por ejemplo, creemos que sería bueno alcanzar un ámbito laboral diferente, marcado por jornadas más reducidas y adaptado a las personas". Sin rehuir, este activista mallorquín se encamina a enumerar propuestas difíciles que van desde ciudades sin coches hasta un modelo agroalimentario de proximidad que reduzca la huella ecológica de la bolsa de la compra.

Este ejercicio propositivo parecía perdido, al igual que la idea de progreso. Andreu Escrivà, divulgador ambiental y autor del libro Y Ahora yo qué hago (Capitán Swing), achaca la visión distópica del futuro, no sólo a la crisis climática y las consecuencias reales que tendrá para la vida de las nuevas generaciones, sino también al triunfo de la revolución conservadora durante la década de los ochenta del siglo XX. "Con la llegada del tándem Reagan Thatcher se cambia por completo la idea de progreso, que deja de ser una construcción social para ser algo individual. Esto ha estado presente durante décadas, pero ahora se demuestra que esa visión, esa forma de actuar desde el yo en busca de la riqueza material no ha funcionado", opina.

"Por primera vez, hay una generación que no tiene una noción de futuro en la que se vean mejor que sus padres", agrega, para señalar cómo la crisis climática deja de ser un problema a futuro para ser algo con consecuencias en el propio presente: "Los jóvenes han percibido que van a vivir todo lo que dice la ciencia. Esto es algo nuevo, porque los que tenemos cierta edad sabíamos que, pese a todo, íbamos a poder vivir en unas condiciones más o menos buenas. Pero, los chavales de 15 y 16 años vivirán en 2100 y eso les hace ver que lo que para muchos era una distopía, para ellos va a ser una forma de vida". Sin embargo, para Escrivà, la juventud todavía está en una fase intermedia dominada, en cierta medida, por una acción basada en la rabia. 

Proponer una senda diferente a la recorrida durante décadas es un reto. En primer lugar porque el activismo actual debe sacudirse, antes de imaginar y proponer un futuro alternativo, la losa de la historia. "Nos encontramos en una sociedad donde la idea de progreso ha estado vinculada desde la posguerra a un desarrollo de la sociedad de consumo, entendida como tener más, mejor y a un precio cada vez más bajo. Esa noción de que el tiempo nos permitirá mejorar, sin embargo, está siendo cada vez más cuestionada. En primer lugar, porque no se cumple y, en segundo lugar, porque la crisis ecológica nos plantea que no existe un horizonte posible para una sociedad que produce a este ritmo", explica Jordi Mir García, doctor en Humanidades y experto en filosofía política. "Hoy, debido a la crisis climática, y sobre todo tras la pandemia, el ideal de progreso empieza a pasar por tener un sistema sanitario y educativo capaz de satisfacer nuestras necesidades como sociedad".

Con los jóvenes y el movimiento ecologista en las calles, Escrivá plantea la necesidad de hablar del futuro sin miedo. Sin temor al rechazo y a la ridiculización del argumento utópico. "¿Por qué resulta dan radical plantear, por ejemplo, una jornada laboral de cuatro días o una renta básica universal? Estamos ante un momento en el que nos asusta pensar en el futuro, porque evidentemente es muy negro, pero es el momento de preguntarnos cómo queremos vivir dentro treinta años", comenta. 

El reto de sortear el catastrofismo –que inmoviliza a buena parte de la sociedad– pasa por imaginar, pero también por movilizarse y abrazar lo común. Esto, a juicio de Mir es algo necesario en un escenario como el actual, donde el abismo ecosocial está cada vez más cerca. "El optimismo es fundamental, pero no un optimismo infundado e iluso, sino el optimismo de quien sabe que las cosas están muy mal. Dentro del debate sobre si hemos alcanzado o no el punto de no retorno, más allá de que pensemos que hay que trabajar, bien para gestionar el colapso, bien para revertirlo, es importante que se trate de construir algo desde el optimismo", plantea. 

Esta actitud del optimismo como combustible del activismo ecosocial es una de las premisas de la antropóloga Yayo Herrero, que en una entrevista con Público defendía que, en los peores momentos de la historia siempre ha habido motivos para seguir trabajando por un futuro alternativo, por muy utópico que parezca. "Durante siglos ha habido pueblos que han tenido que enfrentarse a crisis muy complejas y las personas han sabido organizarse y vivir de una forma más colectiva. La gente, al final, se seguía enamorando, seguía escribiendo poesía y seguía cuidando de la vida... Donde se viven los malestares y los bienestares es en la vida cotidiana y creo que esta crisis [climática] puede sorprendernos más por la aparición de valores que nos lleven al apoyo mutuo que por la aparición de valores que nos lleven a matar a nuestros propios vecinos. No sé si es optimismo o no, pero la tarea de crear esos valores y nuevas conciencias es hermosa", manifestaba la experta ecofeminista.

Esta idea de apoyo social es algo que tratan de reivindicar desde Juventud por el Clima. Pere Joan, defiende, precisamente como los lazos vecinales que han nacido durante la crisis de la covid, la búsqueda de un equilibrio social y económico ha servido para que los activistas maduren sus aspiraciones para edulcorar la protesta climática con ciertas ambiciones sociales, como es la simple defensa de una vida digna. Esto se debe, en definitiva, a que un año después de que el colectivo de Fridays For Future naciera ha aprendido, algo necesario en cualquier movimiento social, tal y como explica Mir García: "Cuando hablamos de movilización, pensamos que basta con salir a la calle a protestar o poner tuits y mensajes en las redes sociales. Pero el activismo, como todo en la vida, va ligado al aprendizaje, porque no vale de nada gritar en la calle sin articular un proyecto".

 27/09/2020 09:04

Por alejandro tena

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El laboratorio Sinovac en Beijing, China, es uno de los lugares que más ha avanzado con la vacuna.  ________________________________________ Imagen: AFP

La ONU intenta federar a los Estados para proveer a los países más pobres

El antídoto es un mesías reservado a la mesa de las potencias: China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Alemania y Rusia buscan el "shot ganador".

 

Desde París. La vacuna para neutralizar el Covid-19 es el mesías del Siglo XXI. Hay quienes definen su investigación y producción como una competencia feroz entre Estados y grupos farmacéuticos, otros la analizan como una oportunidad política o un argumento de influencia geopolítica mundial (soft power). En medio de esta reyerta planetaria hay grupos que buscan un equilibrio y tratan de federar a los Estados para proveer la vacuna a los países más pobres. Es el caso de Covax (Covid-19 Vaccine Global Acces, Aceso Mundial a la vacuna contra el Covid-19). Se trata de una iniciativa que agrupa a 156 Estados (64 ricos) y que forma parte del Acelerador ACT, un dispositivo creado por la ONU y destinado a facilitar el acceso a las herramientas de lucha contra el Covid-19 (diagnóstico, tratamientos, vacunas). ACT está compuesto por gobiernos, científicos, empresas, sociedad civil, organismos filantrópicos y organizaciones multilaterales. Los fondos recaudados por Covax están muy lejos de responder a las necesidades mundiales. De los 32 mil millones de dólares necesarios se recaudaron sólo 2,5 mil millones. En las Naciones Unidas, América Latina y Australia reclamaron un acceso libre a las vacunas mientras que Estados Unidos, Europa y Japón y otro pequeño núcleo de países ya se han reservado más de la mitad de las dosis que saldrán al mercado. Esa es la posición que defendió el presidente Alberto Fernández en su primer discurso ante Naciones Unidas: "La vacuna contra el coronavirus tiene que ser un bien público global", dijo el jefe del Estado. La realidad competitiva está muy lejos de cumplir con ese enfoque. Suerie Moon, codirectora del Global Health Center del IHEID (Instituto de altos estudios internacionales y del desarrollo) con sede en Ginebra, dijo al diario Le Monde que “a algunos países ricos les cuesta renunciar a una parte de los recursos disponibles para ellos y ayudar a los otros”

En muy poco tiempo se pasó de la retórica solidaria a otro escenario: “Japón First”, “América First”, “Europa First”. Suerie Moon advierte que “muchos países ya se reservaron la mejor parte de la torta mediante acuerdos bilaterales. Pero la torta no es infinita”. La pandemia, por ahora, no tiene fin: 993.438 muertos (hasta ayer) desde diciembre, 32.622.490 millones de personas infectadas, de las cuales 22.360.200 están consideradas como “curadas”. En la última semana hubo 295.000 nuevos casos por día, lo que equivale a un tres por ciento más que la semana anterior (22 por ciento más en lo que atañe a Europa). El desarrollo de la vacuna se ha convertido en un “winning shot” (disparo ganador o tiro al blanco si se quiere) según la formula empleada por el escritor y columnista financiero británico Matthew Lynn. En este “winning shot” participan la China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Alemania, Rusia más los otros países como México, Brasil o la Argentina que, mediante acuerdos con laboratorios, transferencia de tecnología o investigación local, se adentraron en la investigación y desarrollo de la vacuna. El antídoto, no obstante, sigue siendo un mesías reservado a la mesa de las potencias. El pasado 16 de septiembre, la ONG Oxfam publicó un informe con datos actualizados sobre la jerarquía de la vacuna: un grupo de países que representa el 13 por ciento de la población mundial se garantizó, con la firma de contratos, el 51 por ciento de la entrega adelantada de la vacuna. El grupo AstraZeneca y la Universidad de Oxford han firmado hasta hoy el mayor porcentaje de contratos públicos. Sanofi, Pfizer, Johnson & Johnson, la norteamericana Moderna, el laboratorio chino Sinovac y el instituto ruso Gamaleïa vendieron por anticipados cientos de millones de dosis (incluido los pactos con fabricantes locales). En total, 5,3 mil millones de dosis están ya comprometidas con los laboratorios cuyas pruebas pasaron la fase 3. Estados-Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea, Suiza, Israel, Japón, Hong Kong y Australia son, según la ONG, los mayores acaparadores de la vacuna. ”El acceso vital a las vacunas no debe depender del lugar donde se vive, ni del dinero de que se dispone”, lamenta Robert Silverman, miembro de Oxfam América. En el resultado de su análisis cruzado, Oxfam escribe: ”Los cálculos exponen un sistema roto que protege los monopolios y las ganancias de las corporaciones farmacéuticas y favorece a las naciones ricas, mientras que restringe artificialmente la producción y deja a la mayoría de la población mundial esperando más de lo necesario por una vacuna”.

El “nacionalismo sanitario” de las grandes potencias prima sobre el “bien público global”. El egoísmo sanitario es proporcional al rango del país. Por ejemplo, ni Estados Unidos ni China aceptaron formar parte del dispositivo Covax para facilitar el acceso a los dispositivos contra el Covid-19. Los 156 países que ingresaron al grupo equivalen al 64 por ciento de la población mundial. Pero las dos grandes potencias no están. Sin embargo, los 5 grupos cuyas experimentaciones con la vacuna están en un ciclo muy avanzado carecen de capacidades globales para suministrarla a la población mundial. El informe de Oxfam analizó los acuerdos vigentes y los porcentajes de la producción prevista. Su análisis conduce a la ONG a señalar que “las mismas empresas simplemente no tienen la capacidad de producir suficientes vacunas para todos los que las necesitan. Incluso en el caso extremadamente improbable de que las cinco vacunas tengan éxito, casi dos tercios (61 por ciento) de la población mundial no tendrá una vacuna hasta al menos 2022. Es mucho más probable que algunos de estos experimentos fracasen, dejando a una cantidad mayor de personas sin acceso”. Si las cinco vacunas resultan exitosas se podrían fabricar 5,94 mil millones de dosis, cifra que alcanzaría para 2,9 mil millones de seres humanos (se calcula que harán falta dos dosis por persona). Ya se acordaron suministros por 5.303 mil millones de dosis, de los cuales 2.728 mil millones (51 por ciento) fueron adquiridos por los países desarrollados. Quedan entonces 2. 575 mil millones de dosis cuya distribución fue prometida a los países en desarrollo. Los porcentajes entre las necesidades y la realidad no se juntan. A su vez, hay laboratorios como la biotecnológica norteamericana Moderna que fijô dos precios distintos para su vacuna: entre 12 y 16 dólares en Estados Unidos y 35 en el resto del mundo. La única solución para todos sería que los laboratorios compartan su tecnología sin que medien patentes. El antídoto pasaría entonces a ser “un bien público global” y no un nuevo objeto lucrativo. AstraZeneca adelantó que destinaría el 66 por ciento de su producción a los países en desarrollo y ya se comprometió a entregar 300 millones de dosis al circuito Covax. El Acelerador ACT cuenta con un Covid Tool a través del cual se calculó que la investigación, la fabricación, la adquisición y la distribución de una vacuna para cada habitante del planeta acarrea un costo de 70,6 mil millones de dólares. El presidente Alberto Fernández puso a la Argentina en el circuito de los convenios con los laboratorios más avanzados. Junto a México, la Argentina firmó un acuerdo para producir la vacuna que desarrolló el laboratorio AstraZeneca y la Universidad de Oxford. El país está entonces en ese espacio que los especialistas llaman “zona de anticipación segura”. No es el caso de naciones mucho más vulnerables. La vida de cientos de millones de personas en el mundo dependo de la ciencia, de la solidaridad y de que la ciencia no funcione como un negocio.

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Imagen ilustrativaLuis Acosta / AFP

El Comando Específico del Cauca emitió un comunicado para confirmar que el uniformado había sido puesto a disposición de las autoridades.

 

Un militar colombiano disparó y mató a una mujer en el departamento del Cauca y, minutos después, la pareja de la víctima grabó un video para registrar el rostro de los responsables del homicidio.

En la grabación, que se ha vuelto viral en las redes, se escucha el llanto y los gritos desesperados del marido de la víctima, que ha sido identificada como Juliana Giraldo, y que falleció tras recibir un impacto de fusil en el cráneo mientras se desplazaba en un auto por la vereda de Guatemala, que conduce al municipio Miranda de ese departamento.

"¡Me la mató! No tenemos drogas, no tenemos armas, no tenemos nada. Este 'man' me la mató, por favor, ayúdenme", grita Francisco, como ha sido identificado el hombre por un testigo, mientras trata de dejar el registro del presunto responsable de la muerte de su pareja.

"Me mataron a Juliana, ese 'man' le pegó un tiro en la cabeza. Dios mío, yo no hice nada, ayúdenme a buscar a la Policía", continúa Francisco mientras graba el interior del automóvil, donde yace Giraldo en el asiento del copiloto. En el video también se escucha la voz de un militar que le dice "se hubiera parado".

Al final del clip, en medio de lágrimas, Francisco vuelve a pedir auxilio: "Por favor, ayúdenme a hacer viral este video: el Ejército acaba de matar a mi mujer".

Respuesta del Ejército

Los medios han publicado un comunicado de prensa de la unidad militar orgánica de la Tercera División del Ejército Nacional, perteneciente al Comando Específico del Cauca, donde se reconoce que "según las primeras informaciones", hubo "una mujer resultante muerta a causa de un disparo por parte de un integrante de la Fuerza", que pertenecería al Batallón de Alta Montaña N ° 8 José María Vezga.

En el texto, que también fue reproducido por Semana, se informa que "se puso al tanto a autoridades" de manera inmediata para que determinaran "el tiempo, modo y lugar de lo ocurrido", y realizaron las pesquisas para establecer las responsabilidades del hecho.

Esta unidad militar, según se afirma, puso "a disposición el uniformado presuntamente involucrado en el lamentable acontecimiento" para "apoyar en el desarrollo de la investigación".

Por su parte, ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, lamentó lo sucedido y afirmó que "actuaciones de este tipo son contrarias a la política de defensa y seguridad del Gobierno del presidente Duque, así como a la doctrina, procedimientos y protocolos del Ejército nacional y no se toleran".

Holmes Trujillo, quien manifestó su "rechazo, consternación y dolor" por lo ocurrido, agregó que el comandante del Ejército corregirá "cualquier error que pudiera haberse presentado en las responsabilidades de mando y control". 

¿Qué pasó, según un testigo?

En otro video publicado en las redes sociales, uno de los cuatro ocupantes del vehículo donde yace Giraldo -que se identifica como Jorge- explica que en la mañana le había pedido a Francisco, su amigo, que lo acompañara a comprar unos repuestos para su camión.

Según el relato de Jorge, durante el trayecto fueron abordados de manera violenta por los uniformados. "Cuando íbamos a dar la vuelta, salieron del monte dos soldados corriendo hacia la vía. Decían '¡pare, gonorrea, pare!'".

Francisco preguntó a los uniformados la razón para tal orden y, mientras los militares repetían la voz de alto, "el soldado disparó tres veces con su fusil" y tuvieron que agacharse dentro del auto, relató el testigo. "Después le disparó a las llantas [neumáticos], luego comenzó a dispararle al carro y una bala me pasó por una oreja y le pegó a la muchacha que iba delante de mí", agregó.

"Éramos cuatro ocupantes en el carro, el hombre resteado nos apuntaba y cuando vio que no estábamos en nada dijo: 'la cagué, la cagué'", aseguró el acompañante.

Este nuevo hecho de violencia, que salpica a los cuerpos de seguridad del Estado, ocurre días después de la muerte de 13 personas durante protestas duramente reprimidas por la Policía en Bogotá, en rechazo del brutal asesinato del taxista Javier Ordóñez, quien fue grabado mientras dos policías lo mantenían neutralizado en el piso y le daban descargas eléctricas.

Publicado: 24 sep 2020 20:33 GMT

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Plásticos en las profundidades de mares y océanos / EFE

Japón, el segundo país que más basura plástica arroja a los océanos, ha sucumbido ante la creciente influencia de los criterios medioambientales en las carteras de inversión. Cloma, una asociación que integra a 361 grandes firmas niponas, nace con el objetivo de reciclar sus residuos plásticos y limpiar los océanos.

 

¿Cómo contribuir a la limpieza de los océanos desde uno de los países más contaminantes del planeta? Varias compañías japonesas de distintos sectores y dimensión pusieron en marcha en 2019 Cloma, una asociación fundada con el desafío de reciclar el 100% de los residuos plásticos de las 361 firmas del club en 2050. Con reducciones intermedias exigentes y acciones concretas de recogida de la basura de este material de origen fósil que se arrojan y almacenan en los mares y océanos del planeta. En la estructura de Cloma figuran desde grandes corporaciones Seven & i Holdings, Shiseido o Itochu, hasta decenas de startups. Pero todas asumen un compromiso de orden corporativo enfocado a la preservación medioambiental. Dentro de sus criterios ESG, que se están asentando entre las exigencias inversoras que cada vez más sociedades de valores y gestoras de fondos demandan a las multinacionales, cotizadas y, en general, a las compañías con presencia en los mercados de capital internacionales. Junto a unas reglas medioambientales estos criterios priorizan la apuesta de las carteras de inversión hacia empresas con proyectos de responsabilidad social y de buen gobierno corporativo. Cloma es una piedra en el zapato de la tercera economía global y segundo país que más material plástico arroja a los océanos. También es uno de los dos socios del G-7 que se negó a suscribir, en 2018, los objetivos de reducción el uso de plásticos para 2040. Pese a que prácticamente cada producto de consumo, desde el té al chocolate o piezas de fruta individuales se protege con este tipo de envoltorio.

La alianza empresarial nació de la necesidad de aunar esfuerzos. La plataforma integra los planes individuales que cada socio fundador estaba poniendo en marcha desde sus departamentos de medio ambiente y de responsabilidad social corporativa. Y les ha otorgado una mayor capacidad de maniobra y, sobre todo, instrumentos para expandir a una escala más operativa y eficiente los objetivos fijados. Desde una perspectiva colaboracionista. En seis distintas áreas de negocio. Por ejemplo, la empresa Kaneka, que fabrica pajitas para absorber refrescos biodegradables en caso de ser lanzadas a las aguas de los océanos, ha empezado a comercializarlas entre los centros de servicios de cafés y refrescos para consumo fuera de los establecimientos. Su primera pica en esta cruzada ha sido la suscripción de un acuerdo de exclusividad con las tiendas 7-Eleven, muy asentadas en el país del Sol Naciente, afirma la agencia Bloomberg.

Cloma nació por la iniciativa empresarial. Sin embargo, ha recibido en su corta vida el apoyo del todopoderoso Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) japonés. Interesado, casi de repente, en un puente de entendimiento entre el Gobierno nipón y sus empresas para un reto de primer orden. Un proceso avanzado de reciclaje. Para Cloma se abre de par en par las puertas a regulaciones que faciliten su tarea fundacional. También con el Ministerio de Medio Ambiente. Pero, sobre todo, se la acepta como interlocutor colectivo y como lobby influyente. Porque sus intenciones pasan por expandir el número de socios y poder ganar más peso en las propuestas legislativas que, de otra forma, de manera individual, sus firmas nunca podrían conseguir. Entre otras razones, también por la necesidad imperiosa de que el sector privado nipón sea más verde. Después de un último bienio en el que los criterios ESG se han expandido por todos los círculos bursátiles y, por ende, por los consejos de administración y cúpulas directivas de las sociedades mercantiles. También por iniciativas de alto calado estratégico como la de la EU y su decisión de enmarcar la transición energética y las emisiones cero como uno de los pilares de su cambio de patrón de crecimiento. Dentro del esperado inicio del ciclo de negocios post-Covid. Al igual que Japón, EEUU -alerta un reciente informe Standard & Poor’s- se expone a perder el liderazgo de las energías renovables.

Creciente reivindicación social por la ecología

El subconsciente colectivo japonés ha virado, con antelación, pero casi en paralelo, al cambio de rumbo de una parte de la comunidad empresarial del país. Los productos que dañan el medio ambiente son cada vez más repudiados entre la opinión pública nipona. Especialmente, entre el estrato más joven de la sociedad, que se decantan mayoritariamente por cajas y contenedores reciclables. Cloma, además, pretende trasladar sus iniciativas y tecnología a naciones en vías de desarrollo. Tanto sus materiales manufacturados, como sus procesos productivos, sus marcas o sus líneas de innovación de reciclajes industriales. Promueve la exportación de su know-how. Y, por ello, buscará de forma preferente joint-ventures con empresas de otras latitudes con las que compartir sus cadenas de valor. Expresamente concebidas para reducir la elevada concentración de plástico en aguas marinas y oceánicas. Que, paradójicamente, por el parón productivo global, se ha incrementado aún más durante la epidemia del coronavirus. Mascarillas, viseras faciales y protectores oculares se han sumado a la basura de bolsas y otros residuos plásticos por la alta demanda de estos productos durante las crisis sanitarias de la Covid-19 por todo el mundo. Una consecuencia de la que Japón, que se deshizo de 8 millones de toneladas de material plástico el pasado año, no ha sido precisamente una excepción.

El Día Mundial de los Océanos, que se celebra el 8 de junio, John Hocevar, biólogo marino y director de la campaña de Greenpeace para la limpieza oceánica, recordó a ABC News que la producción masiva de este tipo de envoltorio universalmente utilizado emergió en la década de los cincuenta y que, a pesar de ser un artículo industrial relativamente reciente -en comparación con otros materiales- ha logrado expandir su uso exponencial después de siete décadas. "Casi todos los fabricados desde su implantación todavía están con nosotros", explica Hocevar de su perdurabilidad en el tiempo. "Nunca se desintegran completamente, porque se convierten en microplásticos, partículas de menos de 5 milímetros de diámetro que se prodigan por todo el planeta". En términos globales, hay más de 8.300 millones de toneladas métricas de plástico. Fruto de su proliferación en los últimos 70 años, coincide Dianna Cohen, CEO de Plastic Pollution Coalition, que incide en que “está en el agua que consumimos, la comida con la que nos nutrimos y en el aire que respiramos”. Cada año, 8 millones de toneladas métricas de plásticos acaban en los océanos, según un estudio publicado por el World Economic Forum de 2016. El equivalente a una furgoneta media cargada de plástico cada minuto. Con escasas esperanzas de reversión, porque otro análisis, en este caso predictivo, reciente, de la revista Science, augura que la basura plástica en los mares de todo el planeta se triplique en los próximos 20 años y que los proyectos de limpieza y reciclaje apenas reduzcan este tsunami medioambiental en un 7% el volumen total. Ante el mínimo esfuerzo de los gobiernos para abordar esta catástrofe ecológica, con medidas drásticas como las restricciones de uso de estos materiales en supermercados y la instauración de medidas alternativas. De hecho, Science alerta de que los 8 millones de toneladas métricas de 2016 han pasado a suponer 11 millones en 2019.

World Population Review constata que China, con 59 millones de toneladas, es el país que más residuos plásticos genera, seguida de EEUU, con 37,8; Alemania (14,4); Brasil (11,8) y Japón, con 7,99 millones. España se sitúa en decimotercer lugar, con 4,7 millones de toneladas.

madrid

25/09/2020 07:23

DIEGO HERRANZ

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Jueves, 24 Septiembre 2020 06:28

Contundente varapalo de la Justicia

Contundente varapalo de la Justicia

La sentencia de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia de Colombia publicada ayer reconoce el uso excesivo de la violencia por parte de la Fuerza Pública y reclama del Gobierno su neutralidad, el respeto por la ciudadanía y la garantía del ejercicio del derecho a la protesta pacífica.

En un acto histórico, la Justicia saca los colores al Poder Ejecutivo de la República de Colombia por su negligencia en el respeto de los derechos y libertades públicas y por su tácito respaldo a la violenta actuación de las fuerzas de seguridad, a las que reclama mesura y que cumplan sus funciones de mantenimiento del orden sin violar las libertades y los derechos.

La sentencia STC7641-2020 de fecha 22 de septiembre de 2020 da respuesta a la demanda planteada por 49 ciudadanas y ciudadanos contra el  presidente de la República, los ministros de Defensa e Interior, la Alcaldía Mayor de Bogotá, el director general de la Policía, el comandante general de  la Policía Metropolitana de la capital del país, la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría General de la Nación solicitando “la protección de sus prerrogativas a la protesta pacífica, participación ciudadana, vida, integridad personal, debido proceso, ´no ser sometidos a desaparición forzada`, y a las libertades de expresión, reunión, circulación y movimiento, presuntamente amenazadas por las autoridades accionadas”.

En un documento preciso y exhaustivo de ciento setenta y una páginas, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, con Luis Armando Tolosa Villabona como magistrado ponente, ordena a las personas y entes encausados que “en lo sucesivo, se abstengan de incurrir en conductas como las que dieron lugar a esta acción”, dictaminando que los demandados deberán “dentro de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación de la presente decisión, insertar y facilitar la descarga del contenido completo y legible de este pronunciamiento, en la parte principal de sus respectivas páginas web y redes sociales, en un lugar visible y fácilmente identificable”.

Con esta sentencia la Justicia le exige al Gobierno y a la Fuerza Pública el respeto de la ley y de los derechos y las libertades públicas consagradas en la Constitución Política de 1991.

Para la sala, y eso que en el fallo ahora emitido no se han tenido en cuenta los trágicos sucesos de los días 9 y 10 de septiembre ya que la tutela sobre la que se pronuncia el alto tribunal fue presentada con anterioridad, existen elementos comunes de un uso equivocado de la fuerza para ejercer el control de las movilizaciones.

Adelanta la necesidad de establecer protocolos que se deberán recoger en un “Estatuto de reacción, uso y verificación de la fuerza legítima del Estado, y protección del derecho a la protesta pacífica ciudadana”, algo que, de alguna manera, viene a dar la razón a la petición de la alcaldesa de Bogotá de la necesidad de reestructurar el cuerpo de Policía para adaptarlo a un verdadero sistema democrático y desvincularlo de su carácter militar.

La sentencia ordena que desde ya se suspenda el uso de las escopetas calibre 12 manejadas por los Escuadrones Móviles Antidisturbios de la Policía Nacional (ESMAD); que el Gobierno Nacional sea neutral, incluyendo la no estigmatización de las protestas y sus protagonistas; que se conforme una “mesa de trabajo” para reestructurar las directrices del uso de la fuerza, y que el ministro de Defensa presente disculpas por los excesos que se han venido registrando desde la movilización del 21 de noviembre de 2019.

En su repaso a las actuaciones de la Policía, la sala revisa, entre otras muchas acciones excesivas, el caso del estudiante Dilan Cruz, fallecido a manos del Esmad por disparo de “arma no letal” en noviembre de 2019, determinando la sentencia que “no se evidencia que fuera necesario utilizar el arma larga para disuadir o evitar una antijuricidad de carácter relevante, irremediable, inminente e impostergable para salvaguardar un bien jurídicamente tutelado haciendo uso de ese instrumento para herir al ciudadano”.

La Sala termina afirmando que “una nación que busca recuperar y construir su identidad democrática no puede ubicar a la ciudadanía que protesta legítimamente en la dialéctica amigo–enemigo; izquierda y derecha, buenos y malos, amigos de la paz y enemigos de la paz, sino como la expresión política que procura abrir espacio para el diálogo, el consenso y la reconstrucción no violenta del Estado Constitucional de Derecho”.

Aceptando la tutela y disponiendo que se remita el expediente a la Procuraduría General de la Nación y a la Fiscalía General de la Nación para que inicien las investigaciones correspondientes y que rindan informes mensuales a la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá sobre el avance de las actividades desplegadas para el cumplimiento de los fines establecidos en la sentencia.

Toda una llamada de atención al Gobierno, con su presidente y su ministro de Defensa a la cabeza, y a sus fuerzas de seguridad para que respeten a la ciudadanía y sus derechos democráticos.

23 Sep 2020

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La vacuna de Johnson & Johnson comenzó la fase 3 con el ensayo más grande del mundo: 60 mil voluntarios

Se trata de la cuarta candidata que está en la última etapa de estudios clínicos en Estados Unidos, con pruebas en seis países latinoamericanos. Expertos destacan las ventajas de que sea una sola dosis

 

Johnson & Johnson anunció este miércoles el inicio de un enorme estudio final para tratar de probar si una vacuna COVID-19 de una sola dosis puede proteger contra el virus.

El estudio será el mayor ensayo clínico de una vacuna contra el coronavirus del mundo hasta el momento, probando la fórmula en 60.000 voluntarios en los EEUU, Sudáfrica, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. La cifra alrededor del doble de la cantidad de pacientes que participan en otros ensayos de fase 3.

La vacuna candidata consiste en vector recombinante que utiliza un adenovirus humano (el virus responsable del resfriado común) para expresar la proteína del SARS-CoV-2 en las células. El vector de adenovirus usado se ha modificado para que ya no se pueda replicar en humanos y causar enfermedad.

Los hallazgos preclínicos que ya se publicaron en la revista Nature mostraron que esta “candidata a vacuna” indujo respuestas de anticuerpos neutralizantes en macacos y proporcionó una protección completa o casi completa contra la infección por virus en los pulmones y la nariz después de la exposición al SARS-CoV-2.

El ensayo que comienza ahora está diseñado para determinar si la vacuna en investigación puede prevenir la covid-19 después de una sola dosis, a diferencia de otras candidatas que apuntan a dos aplicaciones, lo que eleva los gastos y la logística. Además, tampoco necesita ser congelada en su almacenamiento y distribución.

La prueba de última etapa de J&J utilizará hasta 215 sitios en los Estados Unidos, Sudáfrica, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. La compañía planea fabricar hasta mil millones de dosis en 2021, y más después de eso, dijo Paul Stoffels, director científico de J&J. Stoffels estimó que se necesitarán de seis semanas a dos meses para inscribirse en el ensayo, y dijo que la compañía espera obtener una respuesta sobre si la vacuna funciona “a finales de año o principios del próximo”.

No está claro qué tan rápido la compañía podría obtener la aprobación regulatoria, pero J&J planea fabricar dosis antes de la aprobación, por lo que podría comenzar la distribución rápidamente.

Un puñado de otras vacunas en los EEUU (desarrolladas por Moderna, Pfizer y AstraZeneca) y otras en otros países ya están en la etapa final de prueba. Hay muchas esperanzas de que las respuestas sobre al menos un candidato que se está probando en los EEUU podría llegar a finales de año, tal vez antes.

Al respecto, el epidemiólogo Anthony Fauci apuntó la probabilidad de que se requieran varios tipos de vacunas para atender la demanda mundial, y ha subrayado que la fórmula de J&J ha demostrado ya que es un fármaco “prometedor”.

Los funcionarios de salud de EEUU insisten en que la carrera por una vacuna no es una carrera de obstáculos. “Queremos hacer todo lo que podamos sin sacrificar la seguridad o la eficacia - no vamos a hacer eso - para asegurarnos de que terminemos con vacunas que van a salvar vidas”, dijo a los periodistas el médico Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud.

Pero muchos especialistas en vacunas se preguntan si la Administración de Alimentos y Medicamentos se atendrá a ese objetivo bajo la intensa presión de la administración de Trump. El presidente Donald Trump ha presentado sistemáticamente un calendario más rápido para una nueva vacuna que lo que los expertos dicen que es adecuado para probar completamente a los candidatos.

Mientras tanto, las pruebas de otra vacuna experimental, fabricada por AstraZeneca, permanecen en suspenso en los Estados Unidos mientras los funcionarios examinan una cuestión de seguridad, a pesar de que se han reanudado los estudios en otros países.

A principios de esta semana, el vicepresidente Mike Pence instó a los gobernadores de los estados a “hacer su parte para crear la confianza pública de que será una vacuna segura y eficaz”. Y Fauci añadió en el llamamiento a los gobernadores que confía en “un proceso probado y verdadero” que tiene incorporados controles y equilibrios, incluyendo una junta independiente que evalúa el progreso de cada ensayo de la vacuna, así como “la integridad de la FDA”.

Tras conocerse el ensayo de J&J, Donald Trump celebró la noticia e instó a la FDA a “actuar rápidamente”.

Incluso si la FDA permitiera el uso de emergencia de una vacuna para finales de año, los suministros serían limitados y se darían primero a los grupos vulnerables como los trabajadores de la salud. Es probable que la mayoría de los estadounidenses no reciban una vacuna hasta el año próximo.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades quieren que los estados se preparen ahora para lanzar las vacunas, lo que presentará enormes desafíos logísticos. El miércoles, el CDC anunció la distribución de 200 millones de dólares en fondos aprobados por el Congreso para ayudar a comenzar las operaciones.

(Con información de AP, Reuters y EFE)

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Oxfam: países ricos compran por adelantado 51% de vacunas contra Covid-19

Para una distribución equitativa del biológico, 156 naciones participan en la iniciativa Covax, dice la OMS

 

Pekín. Los países ricos, incluidos Estados Unidos, Reino Unido y Japón, han comprado más de la mitad del suministro esperado de la vacuna contra el Covid-19, informó ayer Oxfam, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que un total de 156 naciones (64 de ellas ricas, con excepción de Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el nuevo coronavirus, que ya ha afectado a 31 millones 8 mil 78 personas en el mundo y ha provocado 962 mil 343 muertes.

Los países ricos han comprado 51 por ciento de las dosis prometidas de las principales vacunas candidatas contra el Covid-19, a pesar de que representan sólo 13 por ciento de la población mundial, dijo la ONG benéfica contra la pobreza Oxfam, en un comunicado publicado en su sitio web.

Oxfam analizó cinco acuerdos contratados entre gobiernos y compañías farmacéuticas –AstraZeneca, Gamaleya/Sputnik, Moderna, Pfizer y Sinovac– que tienen la capacidad de producción combinada de 5 mil 900 millones de dosis.

Ya se han alcanzado acuerdos de suministro de vacunas por 5 mil 300 millones de dosis, de las cuales 2 mil 700 millones han sido compradas por países y territorios desarrollados, mientras los 2 mil 600 millones restantes han sido comprados o prometidos a países en desarrollo como India, China y Brasil, dijo Oxfam.

"El acceso a una vacuna que salve vidas no debería depender de dónde se viva o de cuánto dinero se tenga", dijo Robert Silverman, gerente de promoción del Departamento del Sector Privado de Oxfam América.

Enfoque común contra un desafío común

En tanto, 156 países (64 naciones ricas, excepto Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el Covid-19, señaló la alianza impulsada por la OMS.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, instó a "mover cielo y tierra" para "garantizar un acceso equitativo a las pruebas, diagnósticos, terapéuticas y futuras vacunas" e insistió en que el mundo "sólo puede salir de este desafío común con un enfoque común".

Por ello, reclamó apoyo para la iniciativa Covax, puesta en marcha junto con la Alianza de Vacunas Gavi y CEPI, que busca un esfuerzo común entre todos los países para que el biológico llegue a todos los países, también a los más pobres.

La meta de Covax es entregar 2 mil millones de dosis de una vacuna efectiva y segura para fines de 2021 en todo el mundo.

Por otra parte, al continuar el diferendo entre la OMS y Estados Unidos, la agencia de Naciones Unidas dijo ayer que no ha cambiado su política sobre la transmisión por aerosol del coronavirus, después de que los expertos de salud estadunidenses actualizaron sus lineamientos con una advertencia de que el Covid-19 puede propagarse a través de partículas en el aire.

Mike Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias de la OMS, indicó que haría un seguimiento con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos en las próximas 24 horas, después de que señalaron que el Covid-19 podría propagarse a través de partículas en el aire que pueden permanecer suspendidas y viajar hasta 1.8 metros.

"Ciertamente, no hemos visto ninguna evidencia nueva y nuestra posición al respecto sigue siendo la misma", afirmó en una sesión informativa.

El Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) dijo que 77 por ciento de los desplazados han perdido su fuente de ingresos desde que comenzó la pandemia.

En el estudio Espiral Descendiente, realizado en 14 países (Afganistán, Colombia, Irak, Kenia, Libia, Mali, Uganda, Venezuela, Somalia, República Democrática del Congo, Líbano, Jordania, Burkina Faso y Yemen), el CNR indica que cerca de tres cuartas partes de las mil 413 personas interrogadas señalan una clara degradación de su situación a causa de la crisis sanitaria.

Según este informe, 77 por ciento de ellas habían perdido el empleo o su salario se había reducido desde marzo, un porcentaje de 70 tuvieron que disminuir el número de comidas en casa y 73 por ciento afirman estar menos preparadas para llevar a sus hijos a la escuela debido a los problemas financieros.

Más de 200 personas dieron positivo a Covid-19 entre miles de solicitantes de asilo admitidos en un nuevo campamento para migrantes en la isla de Lesbos, Grecia, después de que el anterior se incendió.

En India, el emblemático Taj Mahal reabrió ayer sus puertas tras seis meses de cierre debido a la pandemia.

Estados Unidos tiene 199 mil 743 decesos y 6 millones 835 mil 13 casos de Covid-19, según la Universidad Johns Hopkins. América Latina registra 323 mil 894 fallecidos y 8 millones 759 mil 32 infectados por el virus, refirió Afp.

En Barcelona, cientos de médicos residentes comenzaron una huelga de tres días, en rechazo a la carga detrabajo y la precariedad laboral, reportó el diario El País. Los manifestantes se congregaron frente a la Maternitad de la capital de Cataluña, donde se encuentra la sede del Departamento de Salud.

"No es formación, es explotación", corearon los médicos residentes en su protesta en la que cuidaron la sana distancia y portaban cubrebocas.

"Se tira más de los residentes, porque somos la mano de obra barata", dijo uno de los participantes de esta protesta en la que rechazan, además, cargas laborales de hasta 60 horas semanales al considerar las guardias.

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Yanis Varoufakis: "El capitalismo no es compatible con la supervivencia humana"

La conferencia del exministro de Finanzas griego en la Internacional Progresista

El fundador del Movimiento Democracia en Europa 2025 llamó a denunciar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores". Convocó a un "nuevo acuerdo ecológico internacional" necesario para los tiempos venideros.

 

"El horizonte del postcapitalismo se está aclarando, pero resta saber si la economía postcapitalista será autoritaria y oligárquica o democrática y social", aseguró el exministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, quien fuera el encargado de abrir la primera cumbre virtual de la Internacional Progresista el viernes pasado. "¿Qué viene después del capitalismo?", fue la pregunta que operó como disparador de su potente alegato. Varoufakis llamó a los progresistas del mundo a identificar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores" para denunciarlas a través de estrategias creativas de resistencia. También desarrolló los lineamientos principales de un "nuevo acuerdo ecológico internacional" de carácter urgente y abogó por una profunda reforma del mercado de valores global.

Uno de los grandes impulsores de la Internacional Progresista fue el Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25), cuyo referente es el propio Varoufakis. Pero su carrera política en Grecia comenzó unos años atrás. En 2015 fue elegido diputado por la coalición de izquierda Syriza, y luego se desempeñó como ministro de Finanzas. Fue miembro del primer gabinete del gobierno de Alexis Tsipras, en momentos en que Grecia afrontó la renegociación de deuda más compleja de la región: su endeudamiento pasó del 91 por ciento del PBI en 2003 al 250 por ciento en 2015. Varoufakis lideró las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, hasta su renuncia el seis de julio de 2015, por diferencias irreconciliables con el gobierno griego, que se preparaba para un feroz ajuste.

Boicot a Amazon

La Internacional Progresista, aseguró Varoufakis, debe convocar a la solidaridad de los pueblos para enfrentar los excesos del capital privado. Como ejemplo de esa situación, el dirigente griego se refirió al caso de un ex empleado de Amazon, Chris Smalls, que en el mes de mayo organizó una huelga en las instalaciones de la compañía en Nueva York, en protesta por las desfavorables condiciones laborales en las que los trabajadores debían realizar sus tareas durante la peor etapa de la pandemia de coronavirus. "Smalls saltó momentáneamente a la fama cuando se reveló que, habiéndolo despedido, los ultra ricos y super poderosos directores de Amazon usaron una larga videoconferencia para difamarlo", planteó Varoufakis.

Aunque distintas figuras de relevancia se pronunciaron en defensa de Smalls, la exposición pública del gigante tecnológico no surtió ningún efecto. "Amazon emergió del confinamiento de 2020 más rico, más fuerte y más influyente que nunca. En cuanto a Chris, una vez que sus cinco minutos de fama se desvanecieron, fue despedido y denigrado", aseguró el economista de izquierda. Valiéndose de ese caso, planteó una estrategia: "Supongamos que pudiéramos convocar a personas de todas partes del mundo para que participen en jornadas de acción de los sindicatos a nivel mundial. Podríamos combinarlas con jornadas de inacción mundial, un día en el que no visitemos el sitio web de Amazon". Para Varoufakis ese podría ser un buen comienzo para "identificar y denunciar a las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores".

Un nuevo acuerdo verde

En otro tramo de su presentación, Varoufakis se preguntó por el plan que debería aglutinar a un movimiento progresista global. En ese sentido, llamó a planificar un "nuevo acuerdo ecológico internacional común". La lista de elementos que componen a ese nuevo acuerdo es extensa y a la vez urgente: pasar masivamente de los combustibles fósiles a las energías renovables; desarrollar transporte terrestre electrificado; disminuir sustancialmente la producción de carne; poner mayor énfasis en los cultivos de plantas orgánicas. "Todo esto va a costar al menos ocho billones de dólares al año", aseguró el docente de la Universidad de Texas.

Para destinar esos ocho billones a inversiones ecológicas, Varoufakis propuso la creación de una nueva Organización para la Cooperación Ambiental de Emergencia (OEEC por sus siglas en inglés), homónima de la original que, 75 años atrás, administraba las obras financiadas por el Plan Marshall en Europa. "Una de las principales diferencias con respecto a la década del 50 es que la tarea de hoy no es simplemente reconstruir, sino desarrollar nuevas tecnologías verdes, no volver a caer en industrias contaminantes. Ningún país por sí solo puede financiar la investigación y el desarrollo necesarios", planteó el exministro de Finanzas griego. 

La utopía postcapitalista

"La gran pregunta para todos los involucrados en esta magnífica iniciativa de la Internacional Progresista es cómo podemos organizarnos sin caer presos de los escollos habituales de la burocracia dentro de las organizaciones", expresó Varoufakis. Sobre este punto, aseguró que a veces no tener una respuesta es algo bueno, porque obliga a una solución colectiva e innovadora. "Los banqueros y los fascistas han encontrado respuestas. Está bien, es más difícil para nosotros progresistas porque tenemos una aversión natural a las jerarquías, a las invasiones del patriarcado y al paternalismo. Coincido con quienes dicen que el capitalismo no es civilizado, domesticado ni compatible con la supervivencia de la humanidad", manifestó.

Al respecto, Varoufakis trajo a colación lo que ocurrió hace aproximadamente un mes, el 12 de agosto, el día en que se supo que la economía británica había sufrido su mayor recesión en la historia, con más del 20 por ciento de caída del PBI durante el segundo trimestre de 2020. Minutos más tarde, la Bolsa de Londres subió un dos por ciento. "A los mercados financieros de todo el mundo les va bastante bien en un momento en que los trabajadores y el capital industrial están sufriendo masivamente. El mundo del dinero y las finanzas están desvinculadas del mundo de la producción", argumentó. El capitalismo se dinamitó hasta tal punto que tal vez ya entramos en lo que Varoufakis llama postcapitalismo, aunque no se trate del soñado por progresistas y socialistas del mundo.

Para Varoufakis hay un mercado del que el postcapitalismo debe prescindir para alcanzar un desarrollo verdaderamente progresista: el laboral. Pero, ¿puede funcionar una economía avanzada sin él? El economista griego entiende que sí, proponiendo convertir a cada empleado en un socio igualitario con la misma acción en la empresa o fábrica para la que trabaja: "El principio de un empleado, una acción, un voto. Enmendar la ley corporativa para convertir a cada empleado en un socio igualitario". El autor de Economía sin corbata entiende que esa idea es hoy en día "tan inimaginablemente radical como lo era el sufragio universal en el siglo XIX".

"Además de la democratización de las empresas, esto traería consigo la desaparición de los mercados de valores y acabaría con la necesidad de una deuda gigantesca destinada a financiar las fusiones y adquisiciones privadas", argumentó. Ese camino evitaría la caída en un postcapitalismo autoritario y de derecha: "Una vez que emprendamos un modelo socialista de mercado liberado del poder corporativo y de la tiranía del choque entre ganancias y salarios, las personas y las comunidades podrán comenzar a imaginar nuevas formas de desplegar sus talentos y su creatividad".

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Una comunidad forestal terminó en cenizas en el área de Meadow Lakes, California, tras uno de los incendios de este mes que se avivaron por las olas de calor récord. Foto Afp

Hay una solución apresurada sólo si los políticos y la sociedad actúan: Lizbeth Sagols, doctora en filosofía

 

Con el cambio climático se puede dar una catástrofe peor que la del Covid-19. Vivimos en una incertidumbre, pero un colapso climático puede ocurrir por el exceso en el uso de los recursos naturales y es el principal problema que enfrenta la humanidad, advierte Lizbeth Sagols Sales. "Olvidémonos de la crisis actual, puede venir un punto de inflexión y esa puede ser la verdadera crisis", señala.

El clima es un sistema complejo en el que surgen novedades que no se pueden controlar y que marcan un cambio total, como puede ocurrir con el deshielo de los glaciares, indica. "Es fundamental entender que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra, si ésta se enferma y si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar y de manera peor. El exceso puede llevar a un colapso climático", que sería más grave que la quiebra del sistema económico, político y social ocasionada por la actual pandemia.

"Vivimos en una incertidumbre total, no podemos confiarnos". Es el llamado de la doctora en Filosofía, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiosa de la ética ambiental y el ecofeminismo, representante de México ante la Unesco en el Comité Internacional de Bioética.

Ante la pandemia actual, para varios estudiosos del cambio climático lo que se avecina es peor y, ante ello, La Jornada buscó a expertos en el tema.

–¿A qué nos enfrentamos con el cambio climático?

–Hemos ido aumentando la temperatura. El clima es un sistema complejo donde influyen gran cantidad de factores. Donde surgen novedades que no se pueden controlar. Hay puntos de inflexión. Hay eventos que marcan un cambio total. Se nos va a venir encima una catástrofe. Suena muy feo, no quisiéramos hablar de eso, pero de pronto se nos puede desbordar. Está la posibilidad.

“Lo que constituye la gran preocupación es el deshielo del Ártico, porque al disminuir el hielo se va a liberar el metano que está enterrado por cuestiones naturales, y lo que vamos a tener es una subida extrema del calor que no va a permitir la vida de plantas, animales, ni humanos. La vida es viable dentro de cierto marco de calor y clima. Subiría tanto que la vida no sería sostenible. Ese es el gran temor. No sabemos cuándo se va a acabar ese deshielo, se preveía para el 2050, pero se ha acelerado últimamente.

"Lo que hemos hecho al descuidar el clima es desproteger la naturaleza. Olvidémonos de la crisis actual (con el Covid-19), pues puede venir un punto de inflexión y será la verdadera crisis. Sería el problema máximo. No habrá víveres, producción, nada. Todo se estancaría".

–¿Cuál sería el punto de inflexión?

–Que al darse el deshielo va a venir algo incontrolable, es un punto de no retorno. El cambio climático es por el descuido de las condiciones de la Tierra, por el abuso que hemos hecho. Y estamos alterando el clima. La primera crisis que se manifiesta es que los virus quese quedaban en la naturaleza en especies mayores, ahora pasan a especies menores, como son el murciélago y el pangolín. Los humanos perseguimos a estos animales para comerlos, cazarlos y traficarlos para dar de comer a la gente pobre, en los mercados de China, por ejemplo.

–¿El Covid es un llamado de alerta? ¿Aún podría hacerse algo?

–Podría hacerse algo, pero con una prisa extrema. Tendríamos que cambiar la economía, no seguir este capitalismo rapaz que busca la ganancia, la explotación y la productividad a toda costa, sino que le bajemos el ritmo, cambiar nuestros hábitos de consumo, reforestar a la velocidad del rayo, proteger a los animales y mejorar las condiciones de los sistemas de salud. Además, que no nos apoyemos tanto en el consumo de petróleo, porque éste lo que trae es una contaminación terrible que aumenta el calor.

"La vía es que los gobiernos implementen políticas públicas acordes con este estado de alarma. Las negociaciones internacionales deben ser más definitivas en su tono. Deben asumir ya lo que está pasando y obligar, hasta donde se pueda, a los políticos a implementar las medidas de sustituir las energías sucias por las limpias y bajarle a la producción. Los ciudadanos deben cambiar el estilo de vida. Es un límite al que nos estamos enfrentando".

–El enfoque ante la pandemia está orientado, por ahora, en la salud humana, ¿observa iniciativas para proteger la naturaleza?

–No las veo. No veo la llamada de atención. Se justifica concentrarse en la salud humana, pero hay que ver el panorama mayor. La vacuna es una gran ayuda si es efectiva, pero mientras sigamos con el mismo sistema económico, político, social e ideológico, nos va a durar muy poco la solución, porque puede surgir una pandemia peor. De hecho, ya hay muchas enfermedades con el calentamiento global. Puede emerger una que ni siquiera alcanzamos a prever por las alteraciones que cause. Una idea fundamental es que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra. Si ésta se enferma, si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar, y de manera peor.

"La falta de visión de los líderes es sumamente peligrosa. Esto nos llevaría a ese colapso. Seguir con el capitalismo, la explotación, la sobreproducción, la sobrepoblación. Vivimos en excesos. A esto se suma la falta de colaboración de los ciudadanos".

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Mark Alizart: "La crisis ecológica es otra ocasión para el capitalismo"

Entrevista al autor de "Golpe de Estado climático"

 

El filósofo está lejos de suscribir la mirada que señala el estado actual de las cosas como una crisis para el poder económico. Reconoce la desorganización de la izquierda y advierte que "muchos líderes mundiales le hacen la guerra a la ecología."

 

“La catástrofe constituye el elemento vital y el modo normal de existencia del capitalismo en su fase final”. Esta definición de Rosa Luxemburgo aparece como epígrafe de Golpe de Estado climático, un libro fundamental del filósofo francés Mark Alizart en el que plantea que “la crisis ecológica es el golpe de suerte que el ‘capitalismo del desastre’ necesitaba para extender su control sobre la tierra entera. “Lo primero que el movimiento ecologista tiene que hacer para constituir un frente único es romper con la idea de que la crisis ecológica afecta a todo el mundo sin distinción. Esta idea tiene el efecto contrario, permitir que aquellos que objetivamente están menos concernidos por la crisis se laven las manos. No hacer nada por impedir la crisis ecológica equivale a una exterminación de masa (…) y hay que hacer que los que se adaptan a ella carguen con el oprobio”, advierte Alizart, filósofo posnietzscheano a quien se lo puede inscribir también en la tradición del marxismo y el trotskismo.

 “Tenemos que volver a tomarnos el mundo como los sans-culottes se tomaron la Bastilla, como los insurgentes de 1917 se tomaron el Palacio de Invierno, puesto que este mundo es nuestro, nos pertenece y es porque nos lo han robado que no se hace justicia”, escribe Alizart (Londres, 1975) al final de Golpe de Estado climático, libro traducido por Manuela Valdivia y publicado por La Cebra, editorial independiente de Adrogué dirigida por Cristóbal Thayer y Ana Asprea, que también ha editado del mismo autor Criptocomunismo y Perros.

-¿Por qué afirmás en Golpe de Estado climático que la causa ecologista retrocede?

-¡Basta con mirar quién conduce las naciones más grandes del mundo! Trump, Putin, Xi Jinping, Modi, Scott, Johnson, sin hablar de Orban o Duterte… No solo no hay un ecologista en el cargo, sino que hay personas que, conscientemente, hacen la guerra a la ecología. Y eso a pesar de cuarenta años de difusión de la palabra ecologista. O más bien a causa de eso: saben ahora que son o ellos o los ecologistas. Ellos o la democracia. Por lo tanto, hacen lo que sea para que sean ellos. De ahora en adelante se juegan el todo por el todo.

-Los gobernantes están informados del calentamiento climático hace 40 años a través del Informe Charney. ¿En qué estadio de la “negación” del calentamiento climático estamos hoy? ¿Cómo entender la pasividad y la falta de acciones?

-Estamos en la última fase: la destrucción activa de los ecosistemas. Los locos que nos gobiernan terminaron con el climatoescepticismo. Les fue útil, pero ya pasó su tiempo. Ya no se puede ocultar a las poblaciones que el clima está en crisis. Por lo tanto, ha llegado el momento de convencerlas de que está bien que el clima esté en crisis. Es lo que Tony Abbot, el ex Primer Ministro australiano contratado por Boris Johnson para llevar adelante las negociaciones del Brexit, dijo textualmente en 2018: “el cambio climático probablemente sea bueno”.

-Es interesante cuando señalás la relación que hay entre quienes rechazan la ecología, porque la crisis ecológica amenaza esencialmente, por ahora, a las poblaciones indígenas y a los pobres de Asia, África y Medio Oriente, con el hecho de que cuando se hizo evidente que por la Covid-19 se morían los ancianos, los más pobres y los trabajadores menos calificados, varios dirigentes políticos en distintos países del mundo argumentaron que no había que sacrificar la economía por “esa gente”. ¿El lucro ilimitado empuja al capitalismo a coquetear con su propia destrucción?

-El capitalismo no coquetea nunca con su destrucción. Realmente es preciso llegar a entender eso, sino no se entiende nada. El capitalismo pasa por fases de destrucción, pero ellas son siempre creadoras, como lo ha señalado (Joseph) Schumpeter. Dicho de otro modo, la crisis ecológica es para el capitalismo sólo una ocasión para obtener más beneficios, o para obtenerlos en otra parte, cargándolos a espaldas de otras personas. La crisis ecológica no es el fin del capitalismo, es el capitalismo con menos personas, aquellos que morirán a causa de ella, los losers de la crisis ecológica, como diría Trump. Del mismo modo, la Covid no fue el fin del capitalismo: sólo condujo a una transferencia de riqueza de los pequeños comerciantes hacia Amazon.

-“¿Podrías ampliar tu afirmación “Los mega incendios de la Amazonía son nuestros incendios del Reichstag” en función del rescate que hacés de Trotsky-Luxemburgo-Marx?

-El incendio del Reichstag fue orquestado para que Hitler no perdiera las elecciones legislativas. En este incendio perpetrado por los nazis subyacía la idea de endosarle la responsabilidad del mismo a un comunista para demostrar que si su partido no era reelegido masivamente los socialistas destruirían Alemania. En este momento, una lógica similar está detrás de la exaltación de las revueltas en Estados Unidos. Trump quiere convencer a su base de que es él o el caos. Pero esta es también la lógica que se aplica a los mega incendios forestales y, de modo general, al calentamiento climático: son intentos de Golpe de Estado. Se trata de agravar la crisis climática para debilitar la democracia. Todo lleva a creer, en efecto, que con la multiplicación de los dramas ecológicos el mundo será desestabilizado por oleadas migratorias y revueltas del hambre. Pero un mundo desestabilizado es un mundo que se arma y se protege, que declara la ley marcial, que impone el toque de queda y que, últimamente, suspende sus elecciones democráticas. Trump, otra vez él, por otra parte, no ha ocultado su deseo de posponer las elecciones a causa de la Covid. Pero lo más extraordinario de todo esto es que los climatofascistas pueden apropiarse de las acusaciones de los ecologistas y decir que los responsables de la crisis climática son “el capitalismo”, la “modernidad” o “el progreso”, ¡no ellos! Entonces, de este modo, hacen un doble golpe: desestabilizan la democracia liberal y, además, ¡pueden encarcelar a los liberales y a los demócratas!

-¿Qué pueden aprender los ecologistas, en términos de activismo político, de la asociación “Act Up”?

-En la época en que apareció el Sida muchos militantes dedicaron su tiempo, en primer lugar, a acompañar a los enfermos esperando que los gobernantes y los laboratorios encontraran un remedio. Act Up nace al tomar conciencia de que este remedio no llegaría nunca porque la muerte de los homosexuales, las prostitutas, los drogradictos, los haitianos, no interesaban a los gobernantes, e incluso esas muertes les venían bien a algunos políticos. Desde entonces, Act Up decidió tomar cartas en el asunto, e ir por los laboratorios y ministerios para forzar a los científicos y a los políticos a trabajar. De la misma manera, el giro Act Up de la ecología que apoyo consiste en que los ecologistas dejen de creer que los gobernantes y los industriales van a reducir voluntariamente las emisiones de dióxido de carbono o la producción de plástico. Eso no va a suceder porque, como he dicho, hoy nos encontramos en una fase terminal en la que las naciones se sirven del clima para hacerse la guerra entre ellas y para hacer la guerra a una parte de su población. Es preciso, por lo tanto, que los ecologistas de ahora en más vayan por las empresas, los ministerios y también los laboratorios de investigación, que obliguen a las personas a hacer su trabajo.

-¿Por qué no se cuentan las muertes de la crisis ecológica? ¿Por qué no se muestra la “curva” de emisiones de carbono que tendremos que aplanar como la curva de contagios del Covid-19?

-Porque son como los muertos del Sida: invisibles. Son viejos, inmunodeprimidos, lejanos, de color… La única razón por la cual se ha mostrado tanto la curva de la Covid es porque se tenía miedo de enfermar. En Estados Unidos, ahora que se sabe que afecta más a las personas invisibles, trabajadores sociales, personas de color, Trump no la muestra más, e incluso ha dado consignas para que no se cuenten más los muertos.

-¿Qué impacto podría tener que las elecciones presidenciales en Estados Unidos las gane Joe Biden, un candidato sensible al ecologismo?

-Biden es literalmente la última chance para el planeta. Sé que puede parecer un poco dramático decirlo en estos términos, pero si el país más contaminador del planeta sigue contaminando otros cuatro años como hasta ahora, y sobre todo si no asume el liderazgo mundial en torno al clima, y no impide a los otros contaminar, será el fin.

-Greta Thunberg prometió que pronto seguirá con sus consignas e iniciativas, en pausa por la pandemia, respetando los protocolos sanitarios que sean necesarios. Las derechas en el mundo, que no suelen ser respetuosas de ningún tipo de protocolo, han salido a manifestar en las calles, sin cumplir el distanciamiento necesario, sin usar mascarillas, con un discurso conspiranoico de la pandemia. ¿Por qué las derechas están en las calles y las izquierdas en casa?

-¡Buena pregunta! Hay muchas cosas. En primer lugar, la derecha es más rica que la izquierda. El capital está de su lado, y el capital se organizó para ganar la lucha de clases y la batalla de las ideas creando todas estas redes de información que transmiten su propaganda día y noche. Ahora bien, entre esas ideas difundidas está aquella según la cual el Occidente cristiano blanco lucha en adelante por sobrevivir. Se ha dicho hasta el cansancio a los blancos norteamericanos que pronto serían una minoría; a los cristianos en todo el mundo que iban a ser superados por otras religiones, el Islam a la cabeza; a los Occidentales de manera general que sus antiguas colonias, África, India, China, iban a adelantarlos, que luchan con la fuerza loca de los condenados a muerte. Por izquierda, la organización es más débil. Las divisiones ideológicas más fuertes. Y el sentimiento de que su vida está en juego menos fuerte. Seguramente, existe el calentamiento climático pero lo esencial de la intelligentsia de izquierda es suficientemente próspera, vieja e instalada en las democracias moderadas, para no tener que sufrir sus consecuencias directas. Viéndolo bien, vacila, igual que la izquierda alemana en 1933 frente al nazismo. Hay una izquierda que se dice que, a pesar de todo, las cosas no son tan graves. Otra que se dice que frente a la violencia siempre se puede oponer el diálogo. Otra en fin que sigue estando apegada a cuestiones sociales y societales. Todo ello compone un punto de vulnerabilidad que no tiene idea de lo que le va a caer encima.

-En el último capítulo del libro, recordás un libro de Bataille, La parte maldita, en que trataba de pensar una economía humana que imitara la naturaleza, una especie de comunismo cósmico capaz de triunfar sobre el doble callejón sin salida del capitalismo y el sovietismo. ¿En qué aspectos ese proyecto político sigue siendo actual?

-Es actual en todo. Bataille estaba apasionado por la termodinámica que es la ciencia más general de los sistemas caóticos, y de la cual algunos aspectos pueden ayudar a comprender y establecer un modelo de los ecosistemas. La meteorología por ejemplo es una aplicación de las leyes de la termodinámica, de modo que el estudio del clima y de la ecología dependen también de ella. En este sentido, su comunismo cósmico era una especie de “ecología del capital”. En los años setenta, los teóricos de la bioeconomía recuperaron esta idea y profundizaron en ella. Después de algunos años, se descubre que Marx mismo pensaba que el socialismo tenía que tomar la forma de una gestión termodinámica de la economía. “El ecosocialismo” es hoy el nombre de esta corriente de pensamiento que es el único escudo contra el carbofascismo.

-¿Cómo estás viviendo esta “gran pausa” que implica la pandemia? ¿Pudiste escribir y leer o es tal la magnitud de la incertidumbre que hasta tus propios hábitos se vieron alterados?

 -No, no he podido trabajar mucho. Fue una conmoción muy grande. Pero yo he visto en la pandemia, por desgracia, la confirmación de la idea central de Golpe de Estado climático. La pandemia ha sido administrada según los principios del darwinismo social. Y ahora, con posterioridad, se liberan todas las pulsiones autoritarias del Estado. La Covid no es, por desgracia, más que el tráiler del desastre climático hacia el que nos dirigimos.

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