En cadena nacional de radio y televisión, el presidente Nicolás Maduro anunció la captura de otros tres terroristas implicados en la Operación Gedeón.Foto Ap

La Operación Gedeón incluía uso de "bombas de precisión"

 

Caracas. El ministro de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodriguez, aseguró ayer que el contrato de la Operación Gedeón, el intento de invasión golpista contra Caracas frustrado el pasado fin de semana, incluía un "bono de éxito" de 10 millones de dólares.

"Los Asesores de Proveedores de Servicios asesorarán y asistirán al Grupo Asociado en la planificación y ejecución de una operación para capturar/detener/eliminar a Nicolás Maduro, eliminar el actual régimen e instalar al reconocido presidente venezolano Juan Guaidó", señala el texto del documento, en referencia al líder opositor de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Para ello, según el contrato, Silvercorp proporcionaría un grupo de reacción inmediata destinado a la realización de operaciones en varios lugares del país a las órdenes de Guaidó. Si la eliminación del presidente Maduro se concretaba, el gobierno entrante se comprometía a pagar un "bono de éxito" de 10 millones de dólares, aunque no se especifica si es a cada participante o en total.

De las 47 páginas del contrato, cuya autenticidad niega Guaidó, solo se han publicado siete.

Según lo revelado por Rodríguez, en sus primeros artículos el documento define tres grupos: Asociado (ex militares venezolanos), Asesores (personal del proveedor de servicios, es decir, Silvercorp) y el de Tareas (socios). La cadena de mando para la operación estaba encabezada por Juan Guaidó (comandante en jefe), Sergio Vergara (supervisor general del proyecto), Juan José Rendón (estratega jefe) y un comandante en el sitio "por determinar".

La información procede de los anexos del contrato firmado por Juan José Rendón, Sergio Vergara y Guaidó –representantes de la oposición venezolana– con la empresa estadunidense Silvercorp.

Las primeras siete páginas fueron exhibidas por el dueño de Silvercorp, el ex boina verde estadunidense Jordan Goudreao, el pasado 3 de mayo, día en que fue desarticulada una primera avanzada que intentó entrar en Venezuela por las playas de Macuto, cerca de la frontera con Colombia.

La fuerza de choque de Silvercorp igualmente estaba autorizada a detener cualquier persona (civil o militar) "que interfiera" con la misión y a emplear "fuerza mortal" en el control de disturbios y el taser (paralizador eléctrico a distancia) en centros de detención.

Además se autorizó al personal de Silvercorp "a aprobar ataques contra los siguientes objetivos en áreas de alto daño colateral: liderazgo militar del antiguo régimen, elementos no militares del mando y control del régimen anterior (...). El uso de todos los tipos de armas convencionales está permitido". En ese punto incluyen las bombas guiadas de precisión y minas M18A1, entre otras.

El contrato identifica como "fuerzas hostiles ilegítimas" a las "fuerzas de seguridad del antiguo régimen, fuerzas aéreas, terrestres y navales convencionales y/o no convencionales".

Se prometió que los contratistas recibirían atención médica si resultaban heridos durante el ataque y una compensación de 450 mil dólares a sus familias de miembros del Grupo de Tarea, en caso de muerte, así como indemnización por 250 mil dólares por pérdida de algún miembro o de la vista durante la misión.

Todos los artículos "recuperados" durante la operación –oro, efectivo, arte, objetos de valor, activos, vehículos, bienes raíces, dinero en cuentas bancarias– serían inventariados por Silvercorp, que conservaría por comisión un 14 por ciento del valor real o de tasación de estos artículos.

Hasta ocho ex militares venezolanos y mercenarios murieron en el intento de invasión; todos fueron entrenados en Colombia con el apoyo de Estados Unidos.

Además de los 21 detenidos, incluidos dos estadunienses imputados por los cargos de “terrorismo, conspiración y tráfico de armas, ayer se informó del arresto de un supuesto integrante del grupo en La Guaira, Rafael Enrique Castro Sandoval, alias El Miche.

Goudreau ha confirmado que firmó un contrato con Guaidó por 212 millones de dólares para la Operación Gedeón el pasado 16 de octubre, pero sólo recibió 50 mil dólares a través del consultor político Juan José Rendón, quien también ha reconocido su firma.

La oposición habría prometido pagar el resto más adelante, aunque no lo ha hecho, de acuerdo con Goudreau, quien aseguró que "tienen dinero en Estados Unidos en una cuenta de Citgo", la filial estadunidense de la petrolera venezolana, PDVSA, que la Casa Blanca ha puesto bajo control de Guaidó. "Tenían el dinero para pagarme pero no me pagaron”, se quejó.

Anuncian la captura de otros tres implicados

El presidente Nicolás Maduro anunció ayer la captura de otros tres terroristas implicados en la incursión marítima del pasado domingo en el estado La Guaira.

"Tengo que informar que hemos capturado tres mercenarios más el día de hoy, fueron atrapados por el grupo de comando de mar número 82", informó el jefe de Estado en cadena de radio y televisión.

Por otra parte, las autoridades militares de Venezuela hallaron ayer tres lanchas con material de guerra y emblemas de la Armada de Colombia en un río al sur del país que, según confirmaron las autoridades de ambos países, llegaron al país arrastradas por la corriente.

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Nanotecnología para evitar que las infecciones se conviertan en pandemia

Decir que en el futuro cercano muchas personas podrían morir a causa de un simple corte en la piel, durante el parto o tras cualquier operación médica puede parecer un desvarío. Antes del descubrimiento y la comercialización de los antibióticos, cualquier cosa que pudiera ser causa de infección podía acabar con nuestra vida. Pero ahora que los tenemos, ¿por qué tendríamos que preocuparnos por las infecciones?

La respuesta está en la resistencia a los antibióticos. En la actualidad, los antibióticos comunes no resultan efectivos para curar algunas infecciones. Por este motivo, hay casos en que la enfermedad dura más de lo debido, el tratamiento es excesivamente largo y deben utilizarse medicamentos más caros y, habitualmente, con mayores efectos secundarios. Esto supone un gran coste a la sanidad.

Por si fuera poco, el coste humano también es elevado. Según un informe de las Naciones Unidas, 700.000 personas mueren cada año a causa de la resistencia a antibióticos. Y se estima que este número podría aumentar hasta los 10 millones de muertes al año en 2050.

Resistencia a antibióticos

La resistencia a los antibióticos es la capacidad de las bacterias de sobrevivir a la acción de uno de estos medicamentos. La mayoría de las bacterias son resistentes a uno o varios antibióticos de forma natural. Sin embargo, también pueden adquirir uno o varios genes que les permiten destruir o evitar el efecto de los antibióticos. Para ello, o bien desarrollan mutaciones en dichos genes, o bien los toman prestados de otras bacterias.

Estas bacterias resistentes se expanden a través de la alimentación o del contacto con otras personas o con animales. Esto complica cada vez más el tratamiento de las infecciones con antibióticos comunes. Por ejemplo, el 62.9% de las cepas aisladas de la bacteria Escherichia Coli en España en 2018 resultaron ser resistentes a los antibióticos tipo aminopenicilinas y el 32.1% a las fluoroquinolonas.

Conscientes de que la unión hace la fuerza, las bacterias han desarrollado otro mecanismo para defenderse de los ataques externos. Nos referimos a los biofilms o biopelículas, comunidades de bacterias que se mantienen unidas entre ellas y a una superficie gracias a la segregación de sustancias poliméricas.

Las bacterias en forma de biofilm son hasta 1 000 veces más resistentes a los antibióticos que los microorganismos libres. Además, son responsables del 65% de infecciones microbianas y del 80% de infecciones crónicas. Esto, sumado a que también se forman en material médico como catéteres o implantes y los pacientes se pueden infectar durante una intervención, convierte a los biofilms en un importante problema de salud pública.

Su proceso de formación consiste en varios pasos. Primero, las bacterias se unen a una superficie y empiezan a crecer en comunidad. Después se forma una estructura tridimensional. Finalmente, tras la maduración del biofilm, las bacterias se desprenden y se expanden.

Péptidos antimicrobianos

Los péptidos antimicrobianos están formados por la unión de entre 10 y 100 moléculas más pequeñas llamadas aminoácidos. Forman parte del sistema inmune innato de bacterias, hongos, animales, plantas y humanos. Su función no es otra que defenderlos de forma directa frente a agentes extraños o modular el sistema inmune para eliminarlos.

Su mecanismo de acción es diferente al de los antibióticos convencionales. Generalmente, los péptidos (carga positiva) se unen por fuerzas electrostáticas a la membrana de las bacterias (carga negativa). De este modo, el péptido daña la membrana y mata la bacteria de forma rápida y eficiente. La posibilidad de generación de resistencias es menor. Además, tienen un mayor rango de actividad antimicrobiana. Todo esto los convierte en una alternativa prometedora y más eficiente para curar infecciones que no responden a los antibióticos comunes.

A pesar de todas estas ventajas, sólo 7 de los más de 3 000 péptidos antimicrobianos descubiertos están aprobados para su uso en humanos. De momento hay otros 36 que se están probando en ensayos clínicos. Esto se debe a que la mayoría no son estables, se eliminan rápidamente del organismo o son tóxicos.

La nanotecnología al rescate

La nanotecnología utiliza materiales y estructuras que miden de 1 a 100 nanómetros. Estos nanomateriales son entre 1 millón y 100 millones de veces más pequeños que una naranja. Tienen propiedades muy interesantes y su uso ha permitido avanzar en muchos campos, entre ellos la nanomedicina.

Recientemente, se han utilizado distintos tipos de nanomateriales para el transporte de péptidos antimicrobianos. Los péptidos pueden unirse a los nanomateriales mediante un enlace químico o distintas interacciones, o pueden ser encapsulados por ellos. Esto permite aumentar la eficacia del tratamiento, impidiendo la degradación del péptido o favoreciendo su liberación en un lugar específico. También permite reducir la toxicidad y los efectos secundarios. De esta forma, se está un poco más cerca de solucionar los inconvenientes que han impedido la aprobación del uso de los péptidos antimicrobianos en humanos.

Además de servir como transportadores, algunos nanomateriales pueden tener efecto antibacteriano por sí mismos. Este es el caso de algunas nanopartículas metálicas. Metales como el zinc o la plata, con efecto antibacteriano per se, en forma de nanopartículas aumentan su eficacia al tener la capacidad de penetrar en las bacterias. La combinación de nanopartículas con antibióticos también ha demostrado formar un buen tándem en la lucha contra las infecciones. Y lo mismo sucede con la combinación de nanopartículas metálicas de distintos tipos.

Por otro lado, los nanomateriales pueden ser incorporados a superficies para reducir la adhesión de las bacterias, evitar su proliferación y la formación de biofilms. Esto es muy interesante en el caso de dispositivos médicos como prótesis o vendajes. Por este motivo, la nanotecnología es una herramienta prometedora en el ámbito de la ingeniería de tejidos y los biomateriales.

Para concluir, es indispensable reconocer el papel tan importante que tienen los científicos en la búsqueda de alternativas a los antibióticos comunes. Sin embargo, la lucha contra la resistencia a antibióticos es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Ciudadanos, políticos, profesionales y empresas del sector sanitario, agricultores y ganaderos tenemos que cambiar nuestra actitud. Debemos defender un consumo responsable de antibióticos para evitar que las infecciones se conviertan en una nueva pandemia.

Por Ángela Martín-Serrano Ortiz 

Investigadora Postdoctoral, Universidad de Alcalá

  1. Javier de la Mata

Catedrático de Química Inorgánica, Universidad de Alcalá

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

“Aquí estamos pegados a Dios para que no pase nada”

“¿Cómo estamos haciendo? Pegados a Dios para que no pase nada”, respondió en entrevista con desdeabajo un recluso del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Villavicencio, mayor foco de contagio en el departamento del Meta. El penal alberga un 98,7 por ciento de hacinamiento: fue edificado para encerrar 899 presos y actualmente amontona 1.786. De esa población ya suman a la fecha 654 contagiados por covid-19 entre funcionarios y población reclusa. Es decir, que un 41 por ciento de la población de la cárcel ya contrajo el virus. 

Domingo Velázquez* vive un doble aislamiento: preso y sin derecho a tener visitas. Además su familia está en otra ciudad y no han podido hacerle llegar útiles de aseo. Preocupados por la situación tanto de él como de los demás presos del penal, le preguntamos: ¿Cómo se encuentra la situación actualmente para ustedes dentro de la cárcel? A lo que respondió: “La verdad es que no sabemos quiénes están contagiados hasta el día de hoy. Todos los días hay nuevos contagiados y a muchos no les han hecho la prueba. Así que no sirve de nada que le hagan la prueba a algunos y otros no, porque luego los vuelven a juntar en el mismo patio. No tiene lógica”.

El pasado 24 de abril en la gobernación del Meta, ciudad de Villavicencio, se llevó a cabo un Consejo de Seguridad con representantes del Ministerio de Justicia, también hizo presencia el director general del Instituto Penitenciario y Carcelario (Inpec), General Norberto Mujica y una representante de la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec). Esta última funcionaria informó que se colocaría una carpa medicalizada al interior del centro penitenciario de Villavicencio, es por ello que le preguntamos a Domingo: la carpa de aislamiento que dicen que fue instalada, ¿está funcionando?

“Mira, en este momento estamos así: durmiendo todos juntos, somos demasiados en cada celda. Los útiles de aseo no los dan y las carpas no las hemos visto funcionar. Nos llegó un rumor que los que no teníamos el Covid-19 nos iban a trasladar a la ciudad vecina de Acacias. Pero seguimos esperando y pues, ¿cómo estamos haciendo? pegados a Dios para que no pase nada”, concluyó el recluso que se encuentra en el tercer foco de contagio en el país, después de la ciudad de Bogotá y el departamento del Valle del Cauca. Con una diferencia, el foco allí queda reducido a cientos de metros cuadrados, es decir, el tercer foco en cantidad de contagiados pero el primero por riesgo de contagio y de muerte.

Un decreto insuficiente

El 14 de abril de manera tardía el gobierno nacional expidió el decreto 546 de 2020 que pretendía deshacinar los penales por medio del traslado de los presos a sus lugares de vivienda y así evitar un contagio masivo adentro de las prisiones. Los cálculos iniciales indicaban que saldrían 5.000 mil presos pero hasta la fecha solo han salido 268 entre hombres y mujeres de los centros penitenciarios.

Un decreto insuficiente que no ha podido proteger los derechos básicos de la población carcelaria que han denunciando por medio de cacerolazos, desobediencias y huelgas de hambre los altos niveles de hacinamiento, la falta de un servicio continuo de agua potable, el desabastecimiento de elementos de aseo, la precariedad de la atención médica  y la falta de alimentación adecuada, condiciones agravadas por la llegada y contagio confirmado del virus Covid–19.

Es por eso que, además de las distintas denuncias, habeas corpus y tutelas realizadas y presentadas por diversas personas, al igual que por académicos, abolicionistas y la sociedad civil, se le suma la última realizada por el senador de la república Iván Cepeda Castro y la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos –Cspp–, en la cual solicitan medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –Cidh–,  en favor de las personas privadas de la libertad en 10 centros penitenciarios y carcelarios de Colombia.

Estamos, sin duda, ante un decreto, el 546 de 2020, insuficiente, el mismo que dio espacio al director del Inpec, general Norberto Mujica, para autorizar el traslado de presos contagiados de la cárcel de Villavicencio hacia otros centros penitenciarios. Ahora las cárceles de Las Heliconias en Florencia (Caquetá), Leticia (Amazonas), Guaduas (Cundinamarca), La Picota (Bogotá) y la Picaleña (Ibagué) han reportado casos positivos del virus, y entre estas las Heliconias ya suma 15, lo que asegura que el virus continuará en multiplicación, como lo evidencia Villavicencio.

SOS cárceles

La oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos emitió un comunicado enumerando la violencia ocurrida recientemente en al menos tres cárceles latinoamericanas, incluida la cárcel La Modelo en Bogotá donde cayeron muertos 23 presos, y otros 80 quedaron lesionados, después de que la guardia actuara a mansalva ante un cacerolazo organizado por los presos para exigir medidas drásticas para proteger su salud y vida, al momento de empezar el simulacro de cuarentena en la capital colombiana.

Rupert Colville, portavoz de la oficina, señaló en el comunicado que los países deben prevenir el contagio de coronavirus en las cárceles promoviendo medidas sanitarias y asegurando la realización de pruebas y acceso a cuidado médico para los presos. Las condiciones en las cárceles y el trato a los presos deberían ser monitoreados regularmente por organismos independientes.

Deshacinar las cárceles de Colombia para evitar un genocidio carcelario, como lo han denominado expertos en criminología y académicos internacionales y nacionales, todavía es posible. Por ejemplo, Estados Unidos, con una tradición punitiva extrema autorizó excarcelaciones masivas en distintas cárceles, solo por mencionar un ejemplo:

En California, que había autorizado 3.500 prisiones domiciliares o excarcelaciones, esta semana permitió el traslado de más internos, 5.000 sólo en Los Ángeles, según informó públicamente el Defensor Oficial del Condado, Ricardo García. La medida benefició a presos en edad de riesgo y de baja peligrosidad. Los Ángeles tenía 17.000 presos tras barrotes y ahora bajó a menos de 12.000.

Asimismo, el gobierno de Turquía, famoso por su autoritarismo, permitió el traslado del 30 por ciento de los prisioneros para prevenir el contagio con Covid-19. Pasaron 90.000 presos del régimen de prisión intramuros a arresto domiciliario durante el tiempo que dure la pandemia.

Entretanto, en Colombia la voluntad política necesaria para darle curso a una medida de estas brilla por su ausencia. Una realidad más que contradictoria, como si el virus que ingresa a las cárceles no fuera a salir de allí, como si los presos no tuvieran derecho a la vida, como si la multiplicación del mismo no fuera a afectar a quienes viven por fuera del penal. Sin duda, juegan con la salud y la vida de todos y todas, no solo los detenidos sino el conjunto social.

Una realidad que tiene que dejar de predominar. Es urgente descongestionar las cárceles y las estaciones de policía en toda Colombia, lugares donde se encuentran privados de la libertad al menos 123 mil personas, 38 por ciento de las cuales aún no han sido condenadas y mantiene intacto su estado de inocencia. Son personas, que según distintos conceptos de la Corte Constitucional y la normatividad internacional vigente tendrían derecho a estar en sus casas bajo arresto domiciliario.

Como se recordará, la vida en dignidad es el principal derecho de todo ser humano, y es evidente que el Gobierno de los ricos no lo garantiza.

Vea en el siguiente enlace el especial de desdeabajo sobre lo sucedido en torno a la población carcelaria desde que empezó la pandemia del coronavirus:
https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39331-para-toda-la-poblacion-carcelaria-prision-domiciliaria-transitoria-ya.html

*Nombre cambiado a petición de la fuente

Artículos consultados para la realización del artículo leído:

https://www.eluniverso.com/noticias/2020/05/05/nota/7832946/onu-alerta-sobre-deterioro-condiciones-carceles-latinoamerica-plena?&utm_source=email&utm_medium=social-media&utm_campaign=addtoany

https://theconversation.com/turkey-releasing-murderers-but-not-political-opponents-from-prison-amid-coronavirus-pandemic-136466

https://www.minjusticia.gov.co/Noticias/minjusticia-expone-situaci243n-penitenciaria-y-carcelaria-en-consejo-de-seguridad-del-meta

https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/05-2020-268-presos-ya-recibieron-prision-domiciliaria

Publicado enColombia
Miércoles, 06 Mayo 2020 06:11

Capitalismo y coronavirus

Capitalismo y coronavirus

El confinamiento en casa decretado en Estados Unidos (EU) y en muchos países del mundo para enfrentar el Covid-19 ha paralizado la economía capitalista y, por tanto, ha demolido el proceso de la acumulación de capital. Que esta parálisis económica arroje decenas de millones de trabajadores en una crisis de sobrevivencia es totalmente fortuito a la preocupación de la clase capitalista trasnacional (CCT) de reanudar ya la maquinaria lucrativa, pues el capital no puede permanecer ocioso sin dejar de ser capital.

El impulso para reavivar la acumulación explica que haya habido en muchos lugares de EU manifestaciones de la ultraderecha para exigir el levantamiento de la cuarentena, al igual que los sectores más reaccionarios del capital promovieron el Tea Party a raíz del colapso financiero de 2008, movimiento que a su vez se activó en apoyo al trumpismo.

Si bien las protestas parecen espontáneas, han sido organizadas por las agrupaciones conservadoras, entre ellas, la Fundación Heritage, FreedomWorks (Obras de Libertad), y el Consejo Estadunidense de Intercambio Legislativo (ALEC, por su siglas en inglés), que reúne a los directores ejecutivos de las grandes corporaciones junto con los legisladores derechistas locales en EU. El mismo presidente Trump enardeció a los manifestantes mediante tuits, entre ellos uno que rezaba "liberar a Virginia, y proteger su gran Segunda Enmienda, que está bajo asedio". El llamado a defender dicha enmienda de la Constitución, que garantiza el derecho a portar armas, casi constituyó un llamado a insurrección armada. Días atrás, Trump adujo tener poder "total" –la clásica definición de totalitarismo– para levantar la cuarentena.

Pese a su retórica populista, el trumpismo ha servido bien a los intereses de la CCT en implementar un programa de neoliberalismo en esteroides que va desde la reforma impositiva regresiva y la amplia desregulación y privatización, hasta una expansión de subsidios al capital, recortes al gasto social y represión sindical. Trump –él mismo miembro de la CCT– retomó donde dejó el Tea Party a raíz del colapso financiero de 2008, forjando una base social entre los sectores de la clase obrera mayoritariamente blancos que gozaron antes de privilegios, tales como empleo estable y bien remunerado, que en años recientes han experimentado una aguda desestabilización socioeconómica y movilidad descendente ante la globalización capitalista. Al igual que el Tea Party que le precedió, Trump ha sabido desviar la cada vez mayor ansiedad social que sienten estos sectores, desde una crítica radical al sistema capitalista hacia una movilización racista y jingoísta contra los chivos expiatorios, como los inmigrantes.

La cada vez mayor crisis del capitalismo ha acarreado una rápida polarización política en la sociedad global entre una izquierda insurgente y fuerzas ultraderechistas y neofascistas que han logrado adeptos en muchos países. Ambas fuerzas recurren a la base social de los millones que han sido devastados por la austeridad neoliberal, el empobrecimiento, el empleo precario y relegación a las filas de la humanidad superflua.

El nivel de polarización social global y desigualdad es ahora sin precedente. El 1% más rico de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza del planeta mientras el 80 por ciento más bajo tiene que conformarse con apenas 4.5 por ciento de esa riqueza. Mientras se extiende el descontento popular contra esta desigualdad, la movilización ultra-derechista y neofascista juega un papel crítico en el esfuerzo de los grupos dominantes de canalizar dicho descontento hacia el apoyo a la agenda de la CCT, disfrazada en una retórica populista.

Es en este contexto que los grupos conservadores en EU se han empeñado en organizar una respuesta ultraderechista a la emergencia sanitaria y la crisis económica, abarcando una mayor dosis de subterfugio ideológico y una renovada movilización de sus fuerzas de choque que ahora exigen el levantamiento del confinamiento. La movilización de masas desde abajo bien podría exigir que el Estado proporcione socorro en gran escala para los millones de trabajadores y familias pobres en lugar de insistir en la inmediata reapertura de la economía. Pero la CCT y sus agentes políticos buscan a toda costa evitar que las masas demanden un Estado de bienestar social como respuesta a la crisis. Es por eso que promueven la revuelta reaccionaria contra el confinamiento avivada por Trump y la ultraderecha.

La CCT se ha empeñado en trasladar la carga de la crisis y el sacrificio que impone la pandemia a las clases trabajadoras y populares. Para este fin ha podido contar con el poder del Estado capitalista. Los gobiernos en el mundo han aprobado nuevos rescates masivos para el capital, mientras se escurren de esta piñata unas migajas para las clases trabajadoras. Los gobiernos estadunidense y europeos prometieron al menos 8 billones de dólares en préstamos y subsidios a las corporaciones privadas, aproximadamente equivalente a todas sus ganancias en los últimos dos años.

Se trata de la lucha de clase desde arriba. Mientras estos billones de dólares se acumulan en la parte más superior de la pirámide social, la crisis desa­tada por la pandemia dejará a su paso más desigualdad, tensión política, militarismo y autoritarismo. La Organización Internacional de Trabajo advirtió que centenares de millones de personas podrían perder su empleo, en tanto la agencia internacional Oxfam calculó que hasta 500 millones están en riesgo de caer en la pobreza. Aún más ominoso, el Programa Mundial de Alimentos advirtió sobre "hambruna de proporciones bíblicas," calculando que hasta 130 millones de personas podrían morir de hambre por el posible colapso de las cadenas de abastecimiento de alimentos.

El carácter clasista de la pandemia queda al desnudo. Al virus no le importa la clase, etnicidad o nacionalidad de sus portadores humanos, pero son los pobres, los marginados y las clases trabajadoras quienes no gozan de las condiciones para protegerse ni pueden asegurar la atención médica en caso de contagio. Millones podrán morir, no tanto por la infección, sino por la falta de acceso a los servicios y recursos vitales. Las clases dominantes utilizarán la pandemia como cortina de humo para consolidar un estado policiaco global. En fin, la crisis capitalista desatada por el coronavirus será más mortal para los trabajadores empobrecidos que el mismo virus.

Por William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California en Santa Bárbara

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Los pueblos originarios de América Latina en la era Covid-19

Las comunidades aborígenes del continente son castigadas por la pandemia del coronavirus, que es fortalecida por la falta de atención estatal.

“En esta pandemia, no estamos todos en el mismo barco, estamos en el mismo mar; unos en yate, otros en lancha, otros en salvavidas y otros nadando con todas sus fuerzas”. La sencilla metáfora a la que apelaron en un comunicado siete organizaciones indígenas en el estado mexicano de Hidalgo ayuda a problematizar a qué sectores sociales afectará más el impacto del coronavirus. En América Latina, los pueblos originarios aparecen entre quienes van tirando manotazos en el agua, resistiendo al menosprecio de gobernantes y ninguneados en pantallas y micrófonos.

Nulas o insuficientes medidas focalizadas o protocolos especiales; carencia de servicios básicos (principalmente agua potable); enfermedades preexistentes vinculadas a la pobreza, y ausencia o lejanía de servicios de salud; complicaciones para la venta y compra de alimentos por el cierre de caminos y mercados; falta de documentación para acceder a programas sociales; poca difusión preventiva con enfoque intercultural y en lenguas indígenas. Un combo de problemáticas que dejan a gran parte de las comunidades originarias de la región en extrema vulnerabilidad. Si el panorama previo ya era de emergencia, la pandemia profundiza las desigualdades.

La conquista europea que arrasó con los pueblos que habitaban el continente no sólo tuvo la espada y la Biblia como armas principales. El factor epidemiológico fue clave: las enfermedades importadas (tifus, viruela, peste bubónica) ayudaron y mucho a diezmar a la población autóctona durante el mayor genocidio de la historia; de hecho, se dice que fue la viruela la que realmente destruyó al Imperio Azteca. Otras epidemias, como malaria, sarampión e influenza, también hicieron estragos en territorios indígenas a lo largo de la historia. Por eso, la irrupción del Covid-19 encendió las alarmas y multiplicó los reclamos de atención urgente. Su penetración en las comunidades sería trágica y le haría un gran favor a las trasnacionales extractivistas, siempre ávidas de tierras y bienes naturales.

La población indígena en Latinoamérica supera los 45 millones de personas, lo que representa el 8,3 por ciento de la región, siendo la zona de mayor densidad demográfica indígena del planeta. Se registran 826 pueblos indígenas distintos.En su informe anual de 2019, la CEPAL destacó que la pobreza de las y los indígenas es 26 por ciento mayor a la de las personas no indígenas.

Recientemente, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC) exhortó a los gobiernos de la región a propiciar una reunión específica sobre el tema, y señaló que “ninguna de las fuentes de información globales o regionales incluye datos desagregados con relación a la población indígena”.

 

Perú: lavarse las manos con agua empetrolada

 

En la Amazonía peruana, los ríos se tiñeron de petróleo en las últimas décadas, multiplicando problemáticas y enfermedades. Cuatro federaciones indígenas del Departamento de Loreto alertaron sobre “las condiciones precarias en que nos ha encontrado la pandemia: un contexto de persistente contaminación petrolera que envenena el agua y los alimentos, focos de malaria o dengue, y la ausencia del Estado que a menudo implica días de viaje para asuntos básicos como llegar a un centro de salud”.

Las organizaciones reclaman medidas para evacuar a posibles afectados, e “información para difundir en las comunidades con claridad, seguridad, pertinencia y en idioma indígena”. El Perú tiene más de cuatro millones de personas que se identifican con una lengua diferente al castellano. Si bien algunos materiales de difusión fueron traducidos, aparece otro problema: muchas comunidades no cuentan con internet, electricidad o equipos electrónicos para trabajar con la plataforma educativa oficial “Aprendo en casa”. La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, que agrupa a unas 1.800 comunidades nativas, acusó al gobierno de “desatención evidente y reiterada discriminación”, y denunció ante las Naciones Unidas “el peligro de etnocidio por la inacción del Estado peruano”.

En el Perú, donde ya se reportan tres indígenas infectados, se está dando otro fenómeno: el éxodo masivo de familias pobres que huyen de Lima a pie por el hambre y la falta de trabajo. Gran parte son indígenas que retornan con lo puesto a la sierra y a la selva.

 

Colombia: la pandemia de la violencia

 

La población indígena en Colombia -casi dos millones de habitantes, el 4,4 por ciento del total- tiene un gran desarrollo organizativo. La Organización Indígena de Colombia (ONIC) emitió por primera vez una alerta epidemiológica y activó un plan de contingencia, que incluye el bloqueo de caminos permitiendo sólo el paso de transportes de alimentos y productos básicos. Desde La Guajira hasta el Amazonas, la denominada “Guardia Indígena” impide el ingreso a los poblados de turistas e instituciones privadas. Las primeras en hacerlo fueron las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta que bloquearon el acceso al Parque Nacional Tayrona, uno de los principales atractivos turísticos. “La estrategia de prevención y contención la dividimos en tres acciones: pedagogía para entender la pandemia, control territorial a través de las guardias indígenas y movilización del conocimiento de los sabedores en medicina indígena”, explicó Ángel Jacanamejoy, dirigente de las Autoridades Tradicionales Indígenas.

La ONIC confirmó la primera muerte por coronavirus, e informó que hay siete indígenas infectados y 90 bajo observación. También denunció que “la escasez de agua potable, alimentos e implementos de bioseguridad y el confinamiento por el conflicto armado agravan la situación”. Es que, más allá del Covid-19, el mayor peligro siguen siendo los grupos paramilitares. Durante el gobierno de Iván Duque, ya fueron asesinados 162 indígenas. Y el hostigamiento y las muertes no amainaron durante la cuarentena. Luis Fernando Arias, consejero mayor de la ONIC, relató: “En estas últimas semanas, se han venido registrando hostigamientos, sobre todo en el norte del Cauca. El genocidio contra los pueblos indígenas se ha convertido en la peor pandemia nuestra en estos últimos años”.

 

México: defensa zapatista

 

Con unas 16 millones de personas, México es el país con mayor población indígena de la región. En muchas zonas también se implementó el corte de accesos. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declaró en alerta roja a sus comunidades y cerró sus centros organizativos, “considerando la falta de información veraz y oportuna así como la ausencia de un plan real para afrontar la amenaza de la pandemia”. También colocó retenes y filtros sanitarios en el ingreso a sus comunidades, y activó una cuarentena preventiva para quienes regresaron a sus poblados. El EZLN exhortó además a “no dejar caer la lucha contra la violencia feminicida y en defensa del territorio y la Madre Tierra”. El comunicado finaliza diciendo: “Llamamos a no perder el contacto humano, sino a cambiar temporalmente las formas para sabernos compañeras, compañeros, hermanas y hermanos”.

Medidas similares tomó el Congreso Nacional Indígena (CNI). Carlos González, uno de sus dirigentes, coloca otro elemento importante: “En los pueblos indígenas los ancianos y las ancianas juegan un rol fundamental, vital, para la pervivencia de las comunidades y su reproducción. Es una preocupación muy seria”. González coincidió en remarcar la precariedad de las infraestructuras sanitarias, pero destacó que, como contraparte, los pueblos originarios “podrán generar una mejor defensa gracias a su propia vida comunitaria”. El CNI prevé que la peor situación para las y los indígenas será en las ciudades, por lo cual realiza colectas para apoyar a las familias urbanizadas.

 

Desde la Patagonia hasta el Río Bravo

 

Los mismos miedos, dilemas y exigencias se repiten por toda la geografía del continente.

En Bolivia, la Ley reconoce a 34 naciones y pueblos originarios. En el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), que contiene a 64 comunidades, denuncian la desatención del gobierno de facto, la falta de información, y el desabastecimiento de medicamentos y alimentos por la interrupción del comercio. El dirigente Pedro Moye aseguró que “al área rural no llegó ningún material de bioseguridad ni medicinas ni ningún protocolo que debamos seguir en caso de registrar algún contagio. Sólo se abocaron a capitales de provincia”. Y remarcó otra dificultad: “No hay ambulancias ni medios para sacar a un enfermo rápidamente a un hospital. Esa es la preocupación más grande”.

En Brasil, donde ya hay al menos tres indígenas fallecidos y 31 contagiados, sobrevuela el fantasma no tan lejano de la gripe A-H1N1, que provocó la muerte de cientos de indígenas, principalmente guaraníes. El temor al Covid-19 se potencia ya que un tercio de las muertes de indígenas en Brasil son por enfermedades respiratorias. El Foro Nacional Permanente en Defensa de la Amazonía exigió “un plan de contingencia que tenga en cuenta las especificidades de sus pueblos y sus formas de vida comunitarias, que sin duda facilitan la rápida propagación del virus”.

La otra gran amenaza se llama Jair Bolsonaro, que además de minimizar la pandemia e ir a contramano de todas las recomendaciones, dio carta blanca a la deforestación de la Amazonía y expulsó al contingente de médicos cubanos, lo que dejó a muchas comunidades sin atención sanitaria. Nice Gonçalves, periodista y activista indígena, señala: “En 2019 aumentó en 12 por ciento la mortalidad de niños por la retirada de los médicos cubanos y el desmantelamiento de la salud indígena”.

También es crítica la situación en Paraguay, donde indígenas realizan bloqueos de rutas. La organización Tierra Viva expresó: “Las estadísticas previas a la pandemia ya señalaban que el 65% de los indígenas se encuentran en situación de pobreza y más del 30 por ciento en pobreza extrema; a lo que se suma la situación actual de aislamiento que imposibilita salir a trabajar. La exclusión estructural se profundiza y el hambre golpea fuertemente a las comunidades del Chaco”.

El mundo que está pariendo la pandemia deja al desnudo el rostro del sistema y abre las puertas a los debates urgentes sobre la necesidad de un nuevo paradigma civilizatorio. Tal vez sea el momento oportuno para poner el foco en las filosofías de vida que pregonan los pueblos originarios, sintetizadas en conceptos como “sumak kawsay” o “buen vivir”.

5 mayo 2020

Publicado originalmente en Revista Cítrica

Tomado de La Tinta

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En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, RSF denuncia más de 300 periodistas encarcelados

Madrid. Reporteros sin Fronteras (RSF) conmemoró ayer el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y recordó a los más de 300 periodistas encarcelados en el mundo con el lema: "Periodismo en confinamiento", en referencia a las actuales medidas de reclusión por el Covid-19.

"En muchos países puedes acabar en la cárcel por contar la realidad, contradecir al poder, indagar corruptelas o, simplemente, por expresarte de forma individual", lamentó la organización.

RSF recuerda particularmente a informadores como el bloguero Raif Badawi, quien lleva más de siete años preso en Arabia Saudita por "insultar al islam", o a Narges Mohammadi, periodista y activista iraní, defensora de derechos humanos, en prisión desde mayo de 2015.

También mencionó a periodistas como los yemeníes Abdul Khaleq Amran, Akram Al Walidi, Hareth Hamed y Tawfiq Al Mansouri, condenados por la insurgencia hutí "con arbitrariedad" y quienes pueden ser ejecutados en cualquier momento.

"Este 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, pedimos nuevamente la libertad de todos los informadores profesionales o ciudadanos, blogueros y colaboradores de medios que están entre rejas por ejercer el periodismo, por contribuir al libre flujo de la información", señaló.

RSF tiene constancia en lo que va de 2020 de 10 periodistas asesinados, 229 en la cárcel, 116 internautas entre rejas junto con 14 colaboradores en el mundo.

La Unión Europea alertó este fin de semana de ataques a los medios de comunicación en varios países usando la pandemia del nuevo coronavirus como coartada.

África tampoco queda exenta. Human Rights Watch denunció que las autoridades de Somalia lanzaron una campaña de intimidación a los periodistas del país al amparo de la lucha contra la pandemia en la nación africana.

"A pesar de los riesgos y desafíos adicionales derivados de la crisis sanitaria, los periodistas de todo el mundo continúan con su trabajo, a veces en circunstancias difíciles", agregó.

"Son demasiados los países donde los periodistas tienen que lidiar con una legislación restrictiva, a veces atribuida a la emergencia, que frena la libertad de expresión y la libertad de prensa", concluyó.

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Domingo, 03 Mayo 2020 06:10

Pandemias y guerras verdaderas

 En el contexto de las restricciones sanitarias por la pandemia de Covid-19 una pareja baila con familiares durante su ceremonia de compromiso en Qamishli, Siria.Foto Afp

Después de 40 años de ver la guerra "de verdad", desde luego tengo ideas muy establecidas sobre la lucha que dicen librar estadistas, políticos y mentirosos –los tres son, por supuesto, intercambiables–. Tanto la guerra "real" como la viral (del tipo Covid-19) provocan decesos y producen héroes; son una prueba para la resistencia humana, pero no deben ser comparadas.

Para empezar, muchos paralelos pueden ser vergonzosos. Cuando Matt Hancock en un principio comparó la lucha de Gran Bretaña contra el Covid-19 con los bombardeos aéreos alemanes sobre Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (conocidos como Blitz), en realidad estaba equiparando un puñado de muertes de británicos con la masiva fuerza aérea alemana (Luftwaffe) que mató a unos 40 mil ciudadanos. Pero ahora que los muertos por el virus en Reino Unido ascienden –incluyendo a los no contabilizados, claro está– a más de 44 mil y quizás más, esas comparaciones con la Segunda Guerra Mundial son poco preocupantes.

¿Cuál es la próxima treta histórica que los defensores del Brexit nos jugarán? ¿Que los más de 66 mil británicos muertos en la Segunda Guerra Mundial demuestran la resistencia de nuestros abuelos?

Para entonces las muertes por Covid en nuestro país pueden haber sobrepasado ya esa macabra estadística.

Pero existe una diferencia mucho más importante entre las guerras "reales" y la guerra viral global. Las "reales" surgen de un conflicto de humanos contra humanos, y normalmente se ganan cuando la infraestructura de uno de los bandos –sus tierras, hogares, fábricas, vías ferroviarias, caminos, hospitales, sus museos y galerías, así como sus sistemas de suministro de agua y plantas de electricidad– se convierte en escombros. Los sobrevivientes emergen de estas guerras con sus países en ruina. No existe una "vuelta a la normalidad", porque lo normal ha sido físicamente destruido.

Nosotros los humanos no enfrentaremos la catástrofe cuando nuestra actual "batalla" haya terminado… si es que termina, pero de eso hablaremos más tarde. Cuando abramos nuestras puertas, las pérdidas humanas podrán ser muy grandes y nuestras pérdidas económicas parecerán insostenibles, pero nuestro mundo físico será, por mucho, el mismo. Nuestras grandes instituciones, nuestros parlamentos, universidades, hospitales y alcaldías, al igual que nuestras estaciones de trenes, aeropuertos, redes ferroviarias, sistemas de aguas y nuestros hogares estarán intactos. Todo esto se verá exactamente igual a como se veía hace unos meses. Estaremos a salvo del suicidio nacional que implica una guerra "de verdad".

Johnson y Cummings, así como sus compañeros de la escuela Brexit –junto con el horrendo equipo científico que los respalda (al menos hasta ahora)– pueden seguir jugando a la guerra, pero no deben enfatizar la diferencia entre esto y la verdadera guerra: es decir, en el hecho de que el mundo afuera de la puerta de sus casas será prácticamente el mismo que en febrero y marzo.

Por esto es que muchas personas se han visto dispuestas a romper las reglas del arresto domiciliario que les impusieron. No es que todos sean suicidas, o egoístas o locos, sino que ven hacia el exterior y lo ven igual a como lo recuerdan. Poco a poco, se prepararon para arriesgarse y poner en peligro a otros porque pueden (esta expresión es muy deliberada) y lo aceptan.

Así que –y aquí dejaré de usar las comillas– debemos volver a las guerras de verdad. Uno de los más notables fenómenos en estos conflictos aterradores es que la vida ordinaria continúa en medio del baño de sangre y la aniquilación inminente.

Durante las batallas en Beirut y durante los momentos más temibles de la actual guerra en Siria he ido a bodas. Una pareja musulmana en Beirut y una pareja armenia en la norteña ciudad siria de Kimishle –donde el frente del Isis más cercano está apenas a 19 kilómetros de la puerta de la iglesia. Los novios decidieron casarse y los clérigos apropiados presidieron las ceremonias. Yo los miraba, como dicen, boquiabierto. Tengo amigos que han comprado y vendido hogares durante sus respectivas guerras. Sus vidas están en peligro, pero aún así necesitan certificados de propiedad, fondos bancarios y abogados. En medio de la anarquía, la burocracia formal y la ley toman su curso.

Todo esto –los matrimonios y las transferencias de propiedad– han continuado porque, como dice la más vieja de las frases hechas: la vida debe continuar. Lo mismo ocurre con la guerra global contra el virus. Nuestras bodas tienen menos invitados, las propiedades se compran y venden mediante archivos adjuntos en un correo electrónico y los funerales –una parte esencial de la "vida" normal, supongo– aún se realizan, pero sin que los allegados vean el cadáver o hagan guardia junto a su ataúd.

He notado algo más en las guerras verdaderas que cubro: que los civiles que sufren entre los combates tienen una extraordinaria habilidad de superar las pérdidas a su alrededor. Tiene algo que ver con la idea de sociedad: esa idea de que es posible, sin importar qué tan consternados estemos por circunstancias personales, entender el dolor y la muerte como cosas que se acercan a la normalidad. Las guerras verdaderas, como pueden ver, también se encaminan hacia algo que puede llamarse "nueva normalidad". Amigos y familiares mueren. No conozco a nadie en Líbano o Siria que no haya pasado por este sobresalto, pero el sobresalto también es relativo.

Durante el conflicto en Irlanda del Norte, el secretario del Interior británico, Reginald Maudling –el ahora olvidado predecesor de Priti Patel– se refirió en 1971 a lo que él llamó un "nivel aceptable" de violencia. La expresión fue condenada por aquellos que creen que cualquier violencia es inaceptable, pero sus palabras tenían sentido, si bien macabro. Esta fue una guerra que tuve el privilegio maldito de cubrir y recuerdo cómo los periodistas entendieron exactamente lo que quiso decir Maudling: que el saldo de muertos por bombardeos en seis condados podía alcanzar un punto que podía considerarse normal.

Esto ocurrió en Líbano. Durante los ceses del fuego e incluso las treguas, los habitantes de Beirut iban a la playa, a asolearse y nadar los fines de semana. Una tarde las armas de los cristianos falangistas abrieron fuego en el este de Beirut y su metralla cayó entre los bañistas en la playa del barrio Corniche, en el mar Mediterráneo. La carnicería fue aterradora. Las primeras planas de los diarios al día siguiente estaban llenas de fotografías que jamás se habrían publicado en Europa o Estados Unidos.

A la semana siguiente las playas estaban llenas de nuevo. Muchos libaneses consideraron que había un "nivel aceptable" de muerte. En cierto sentido esto es inspirador –los seres humanos se muestran inconquistables–, pero en otra interpretación, es algo profundamente deprimente. Si los civiles –o el público, para usar una expresión muy occidental– se acostumbran a la muerte, la guerra puede continuar indefinidamente. Y ésta, recuerden, fue una guerra causada por la misma especie humana que estaba muriendo en ella.

Aquí hay una idea inquietante. Todos sabemos que el masivo confinamiento en Europa no puede continuar para siempre. Suecia en realidad nunca se embarcó en ese toque de queda. Alemania, Italia y Holanda están saliendo de él lenta y cautelosamente. Incluso el coctel de bobos de Boris Johnson sabe que esto es cierto e incluso los británicos –con o sin los pequeños brexiters de Downing Street– ahora decidirán por sí mismos cuándo terminará el encierro. No van a esperar a que el Sargento Plod (plod: vocablo en inglés que significa "a paso lento" N. de la T.) les dé permiso.

Todos sabemos que el actual brote de Covid-19 no "termina" en el mismo sentido tradicional que una guerra concluye. No habrá un último muerto. Pero cuando disminuyan las cifras y no exista una segunda visita de esta cosa espantosa, Gran Bretaña habrá alcanzado, me temo, un "nivel aceptable" de muerte. Cuando la estadística diaria vaya de los cientos a las docenas y luego a las decenas diarias, ya no habrá más conferencias desde Downing Street, y disminuirán nuestros pensamientos para los expertos de la salud, no recordaremos el sacrificio de enfermeras y doctores. Incluso podremos hacer apuestas sobre cuándo los tories volverán a hacer recortes al sistema nacional de salud.

El tema es que todos –a excepción de hombres y mujeres que ahora están en duelo por sus seres queridos– tenemos la capacidad de absorber la muerte. Cuando el gobierno británico crea que ese momento de la presente crisis llegó, abrirán las puertas, los caminos y los restaurantes. La economía debe sobrevivir.

Johnson y sus acólitos proclamarán su victoria, pero esto será falso. Los británicos seguirán muriendo, pero sus muertes se habrán convertido en algo normal, igual a quienes mueren de cáncer, ataques cardiacos o son víctimas de accidentes de tránsito; como dice Johnson en su deplorable frase, "los que perdimos antes de tiempo".

De esta forma, los británicos no disfrutarán de una "inmunidad de rebaño". Con o sin protección para este virus o el que le siga; con o sin vacuna, se convertirán en "rebaño" en un sentido diferente. Se convertirán, tal y como lo desea el gobierno, en un rebaño inmune a la muerte de los otros; que habrá asumido un nivel aceptable de muerte entre sus compatriotas. Se habrán vuelto un poco más "endurecidos" –una buena palabra victoriana– a que se inflija tal sufrimiento, y dejarán de rezongar sobre lo ineficaz que fue el gobierno británico para evitar este atropello.

Y entonces –usemos ese repugnante mantra de todos los políticos– "seguiremos adelante". Tendrán que "asumir" al virus, como lo hizo el gobierno hace mucho y como seguirá haciéndolo.

Podemos olvidar cualquier planeación costosa para su siguiente visita, hasta que nos topemos con el Covid-20, o el Covid-22 o el Covid-30 o cualquier otro que se nos atraviese.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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El capitalismo en una era de plagas y catástrofes

El capitalismo plantea una amenaza mortal para la supervivencia humana básicamente de tres maneras.

En primer lugar, ya no crea puestos de trabajo. Ha hecho que por lo menos unos mil millones de personas sean totalmente excedentes para las necesidades de la actual producción globalizada. La mayoría de las personas en las ciudades de África y América Latina trabajan en el sector informal, y este es el único sector que está creando puestos de trabajo.

El segundo aspecto es el cambio climático. El capitalismo nos ha llevado a una era geológica completamente nueva, una era donde el cambio climático tiene enormes consecuencias en la propagación de catástrofes y enfermedades. Por ejemplo, con el calentamiento global ha hecho que los insectos transmisores de la malaria, el dengue y otras pestes se están desplazando hacia el norte. Según los especialistas la reaparición de la malaria en determinados lugares de Europa, ya es casi inevitable.

Y en tercer lugar, el capitalismo amenaza nuestra supervivencia porque desencadena y produce el tipo de pandemias en las que estamos en medio ahora. No se trata de una simple pandemia. En realidad estamos viendo una época de pandemias y enfermedades emergentes. La globalización capitalista ha producido estas nuevas plagas. El capitalismo ha destruido las fronteras naturales y sociales entre las poblaciones de humanos y los animales salvajes, que antes vivían muy distanciadas.

Los coronavirus se encuentran principalmente en los murciélagos. Los murciélagos son tan solitarios, que se necesitan una gran cantidad de estos mamíferos alados para ponerlos en contacto con los humanos o con animales infectados por ellos. La fuerza propulsora de este fenómeno ha sido la destrucción de los bosques tropicales por empresas multinacionales de explotación forestal.

Luego está la agricultura industrial, y la industrialización de la producción de aves de corral y ganado. Hay fábricas que procesan un millón de pollos al año. Son como aceleradores de partículas de enfermedades virales. Estas fábricas se han transformado en una eficiente máquina que cría nuevos híbridos de virus y los distribuye masivamente.

Desde los propios parámetros inmunológicos, el factor más importante es que hay dos humanidades. Una humanidad bien alimentada, generalmente con buena salud y con acceso a la medicina. Y una segunda humanidad, que no tiene sanidad pública o que depende de sistemas médicos que fueron en gran parte destruidos en los años 80 y 90.

La deuda

Los sistemas públicos fueron destruidos por la deuda, el ajuste estructural y la exigencias del Fondo Monetario Internacional. Se recortó lo público o se privatizaran los servicios creados por el ahorro social.

En todo el África subsahariana (y también en otros países) la ausencia de sanidad pública es el origen de las enfermedades infecciosas. La gente no tiene acceso a agua limpia y ni siquiera puede lavarse las manos con jabón.

En este momento estamos al borde de lo que podría ser la verdadera masacre humana si esta pandemia estalla en los barrios pobres del Sur Global.

En el pasado el capitalismo global, destinaba una mínima inversión a la detección de enfermedades y a las alertas temprana.Las potencias coloniales desarrollaron mecanismos para salvaguardar el comercio y la salud de los colonizadores.

De una serie de conferencias sanitarias internacionales surgieron –en la época del imperialismo victoriano– instituciones cuyo objetivo explícito era controlar las enfermedades infecciosas.

De manera similar, la Organización Mundial de la Salud, (OMS), fundada en 1948 por la Fundación Rockefeller, desempeñó un papel esencial en los decenios de 1940 y 1950.

Su preocupación original era salvaguardar la salud de los trabajadores de las plantaciones de la United Fruit Company y de las minas de nitrato chilenas. Quería eliminar la enfermedad mediante la vacunación. Este método de prevención demostró ser exitoso con la eliminación de la viruela, pero falló en prácticamente todas las demás enfermedades importantes.

La causas profundas

Hay una explicación alternativa de la medicina social para entender la propagación de las plagas: los determinantes socioeconómicos de las epidemias son la pobreza, el hacinamiento, la falta de saneamiento y de medicamentos.

Ahora toda la infraestructura internacional de detección de enfermedades y la respuesta internacional coordinada se ha venido abajo.

La OMS prácticamente se ha derrumbado. Hoy tiene un papel absolutamente marginal. Nunca ha sido financiada adecuadamente. Grandes países como los Estados Unidos jamás han cumplido con las contribuciones que dijeron que harían. La OMS ha tenido que recurrir a los filántropos y a los grupos de presión de los países más poderosos. En conjunto estos sectores, proporcionan alrededor del 80 por ciento de su presupuesto. La OMS se ha visto obligada a suplicar a los Estados Unidos, China y a ciertos filántropos que no saben qué hacer con su dinero. Esto se ha hecho evidente en los últimos tres o cuatro meses.

Los recortes

El Centro Americano para el Control de Enfermedades (CDC), que desempeñaba un papel internacional en la detección de enfermedades nuevas, también se ha derrumbado. El CDC estadounidense decidió no utilizar los kits de prueba producidos por una compañía farmacéutica alemana y que todos los demás países están utilizando. La CDC desarrolló su propio kit de prueba, les resultó defectuoso y dio resultados falsos.

El CDC está financiado en parte por un cristiano fundamentalista y su presupuesto fue salvajemente recortado por Donald Trump, en uno de sus primeros actos como presidente.

La administración Trump desde su inicios comenzó a desmantelar las entidades públicas de salud y a revertir las políticas que se habían sido creadas específicamente para enfrentar las pandemias.

Trump dice que Estados Unidos es el país más avanzado técnica y científicamente del mundo, el mismo día que el New York Times publica instrucciones sobre cómo debe hacerse una propia mascarilla quirúrgica.

Una crisis mundial.

El Centro Europeo para el Control de Enfermedades no ha estado en ninguna parte y toda la Unión Europea está en profunda crisis.

Mientras Italia esperaba que sus naciones hermanas europeas la ayudaran Alemania, Austria y Francia prohibieron la exportación de suministros y materiales cruciales al país de Dante .

Por otra parte, hoy China tiene una enorme influencia económica pero en el momento que se declaró la epidemia no tenía suficiente poder blando, ni suficiente influencia política.

El Liderazgo

Sin embargo Trump abdicó totalmente de liderazgo moral o de una respuesta humanitaria. Así que los italianos se dirigieron a Pekín, que demostró estar a la vanguardia en la prestación de una ayuda crucial para enfrentar la pandemia.

En realidad China tiene una inmensa capacidad para proporcionar suministros médicos clave. Está en todas partes sobre el terreno, allí donde Europa y EE.UU han desaparecido.

En el siglo XVII las plagas, particularmente en Italia, aceleraron la transición de una economía centrada en el Mediterráneo a una economía centrada en el Atlántico Norte. Así que tenemos que preguntarnos si COVID-19 acelerará el cambio de la hegemonía estadounidense a una papel hegemónico chino.

La respuesta al brote ha sido totalmente nacionalista, hasta el punto de que ha sorprendido a la mayoría de los líderes mundiales y a los propios nacionalistas. La cooperación internacional se ha derrumbado.

Cualquier recuperación de la producción globalizada dependerá de enormes esfuerzos para crear una infraestructura internacional contra la enfermedad. Pero, para derrotar al patógeno no se podrá ignorar las condiciones sociales que hacen vulnerables a las personas y, que en cierto modo son las causas últimas de la enfermedad.

La Gran Pharma

La inmediata historia nos demuestra que las grandes empresas farmacéuticas no desarrollaron a tiempo una vacuna y los antivirales que sabían que eran necesarios. Como no era negocio el sector privado no invirtió en la investigación y en nuevas tecnologías.

De esta manera el potencial para el desarrollo científico fue bloqueado.

La industria farmacéutica ya no produce las medicamentos fundamentales para la vida, cuya producción en el pasado fue una de las justificaciones que utilizaron para darles una posición de monopolio.

Ahora no fabrican antivirales, y en gran parte no hacen vacunas. Y tampoco no produce una nueva generación de antibióticos para hacer frente a una anunciada crisis mundial por la próxima ineficiencia de estos medicamentos.

La Gran Pharma está básicamente ganando dinero con las patentes y gastando más en publicidad que en investigación y desarrollo.

Los grandes laboratorios no sólo se han convertido en un obstáculo para la revolución médica y científica, sino que se han dedicado a la especulación con los precios y a un enorme cabildeo político contra los medicamentos genéricos.

Globalización

¿Puede el capital mundial superar su actual fragmentación nacionalista y crear una infraestructura que haga frente a la continuidad de los beneficios y a la producción globalizada?

Pues bien, estamos a punto de una depresión mundial. Una depresión cuyas raíces no están en el COVID 19, aunque este bicho microscópico la vaya a desatar.

Los principales países capitalistas creen que pueden proteger el comercio mundial, con vacunas y alguna nueva forma de organización internacional de la salud. Pero no demuestran ningún interés en solucionar el gran tema que preocupa a la medicina social: la miseria y la pobreza a escala mundial.

¿Estarán las vacunas disponibles para las poblaciones de África y el sur de Asia?

Es muy difícil que el capitalismo, que su ADN es sólo el lucro, haga llegar con rapidez la vacuna ( si logra desarrollarla) a los pobres y condenados de la tierra.

De hecho lo que hará el capitalismo global es profundizar aún más el abismo entre las dos humanidades.

Por supuesto, esto es cierto también dentro de muchos países capitalistas del “primer mundo”, donde la enfermedad ataca de preferencia a las víctimas del racismo y pobreza.

En este momento, al menos en los Estados Unidos, existe una oportunidad extraordinaria para avanzar en un programa progresista: de partida la atención sanitaria como un derecho humano y una cobertura universal .

También ha llegado la hora de luchar por demandas esencialmente socialistas, como la nacionalización de las grandes farmacéuticas y de otros servicios básicos para la sobrevivencia .

Amazon que se ha convertido en el mayor monopolio de la historia del mundial, ahora por lo menos debe ser gravada con impuestos o transformada directamente en un servicio público, como Correos.

La distribución debe convertirse en una utilidad pública. Dicho de otra manera en una organización socialista controlada democráticamente y de propiedad de toda la sociedad.

Esta crisis nos ofrece una gran oportunidad para ir más allá del reformismo de izquierda y plantear ideas y demandas socialistas.

Por Mike Davis es el autor de Prisoners of the American Dream (1986), City of Quartz (1990), Late Victorian Holocausts (2001), Planet of Slums (2006) y Buda’s Wagon: A Brief History of the Car Bomb (2007). Davis es colaborador de publicaciones como New Left Review, LINKS y muchas otras. Ha recibido el premio literario Lannan. Vive en San Diego, USA.

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“Presidente Duque, los que van a morir te saludan”.

El 14 de abril de 2020, en medio de un panorama desolador y de desesperanza, fue expedido el Decreto No. 546 de 2020 por el Gobierno, con el cual se adoptaron medidas transitorias para que a algunas personas privadas de la libertad se les sustituyera la pena y detención preventiva por prisión y detención domiciliaria. Pero para ese entonces, los diferentes sitios de reclusión del país ya resonaban en los noticieros y en los diarios por los diversos motines de algunas personas privadas de la libertad, quienes en medio de la impotencia y la desesperación no encontraban otras formas de llamar la atención de un Estado que siempre les había dado la espalda, y que aun conociendo sus condiciones no se había pronunciado.

El 22 de marzo del año en curso, a causa de la reacción a las protestas murieron al menos 23 personas en Bogotá, y hubo varias personas heridas en otros lugares del país, y a la fecha las protestas pacíficas continúan, a través de mensajes como, por ejemplo, “Presidente Duque los que van a morir te saludan”. En Colombia, desde 1998 se decretó un estado de cosas inconstitucional en materia carcelaria, y el panorama que se tenía para ese entonces no ha mejorado, sino que a 2020, sin duda alguna ha empeorado. La Corte Constitucional incluso ha afirmado en reiteradas ocasiones que la gravedad de la vulneración sistemática de derechos que se presenta en los establecimientos de reclusión, es tal que no se respetan siquiera algunos mínimos asegurables para “vivir libre de humillaciones” en las cárceles colombianas, esto lo retrata una parte de la sentencia T - 762 de 2015: “se probó que la situación de salud se agrava porque el hacinamiento propicia riesgos epidemiológicos y de enfermedades para los reclusos que inician el periodo de privación de la libertad en buen estado de salud. Como se explicó en la sentencia T-388 de 2013, esa situación es propiciada, permitida y tolerada por el Estado, lo que agrava la vulneración de los derechos y la crisis humanitaria en las prisiones”.

Es por esto que, si bien nadie pronosticaba la crisis que vivimos hoy, generada por el Covid-19, sí se anunciaba el genocidio carcelario, como lo han llamado los académicos, al cual se ven sometidas las personas privadas de la libertad. En el Decreto 546 de 2020, la lista de los que no pueden acceder al beneficio es extensa y serán pocos los que lograrán escapar de un foco de contagio que en estos establecimientos será catastrófico, si nos fijamos en las tasas de hacinamiento (para que no hubiera hacinamiento se requeriría que salieran de prisión 40.000 personas y se estima que con el decreto sólo irán a domiciliaria unas 1.000). Al día de hoy se han presentado de acuerdo con el Ministerio de Salud: “12 casos registrados en el departamento de Amazonas, en Villavicencio han sido diagnosticadas, con COVID-19, más de 100 personas entre internos, guardianes y auxiliares. En la cárcel La Picota se reportan cinco internos que presentan el virus. Mientras tanto, se registra un caso en las Heliconias en Florencia (Caquetá) y otro en Guaduas (Cundinamarca). Además, se han registrado tres muertes relacionadas por coronavirus, de personas privadas de la libertad, mientras que un interno falleció pocos días después de haber quedado libre” (Recuperado de https://www.lafm.com.co/colombia/cinco-carceles-de-colombia-tienen-contagio-de-coronavirus el 24/04/2020).

Las medidas adoptadas por el Decreto No. 546 de 2020 se establecieron por un término de seis meses, es decir, no son medidas definitivas y estas personas deberán continuar cumpliendo su detención preventiva o pena como había sido establecido antes de la pandemia; razón por la cual se hace necesario hacer un llamado a los jueces a realizar un control difuso de constitucionalidad e inaplicar algunas de las exclusiones allí consagradas, por considerarse excesivas y contrarias a la Constitución, entendiendo que son violatorias de derechos humanos y fundamentales por cuanto las personas en prisión no cuentan con acceso a agua potable, insumos para protegerse del virus, ni la infraestructura para evitar su propagación, poniendo en riesgo tanto a los reclusos, como a los guardias y aquellos que necesariamente ingresan a estos centros.

Hemos conocido de la interposición de siete tutelas (los formatos para presentarlas se pueden obtener en este link:https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39416-tutela-para-solicitar-casa-por-carcel-para-personas-condenadas-por-cualquier-delito-que-se-encuentren-privadas-de-la-libertad-con-medida-intramural-por-cualquier-delito-que-no-entre-en-los-requisitos-del-decreto-expedido-por-el-gobierno.html) que piden esto, en todas ellas se solicitaba como medida provisional la prisión la prisión domiciliaria y en todas fue negada, desconociendo el peligro real que corre la vida de estas personas, y no dejando muchas esperanzas acerca de que vaya a ser concedido el amparo constitucional.

Este control constitucional sólo tendrá efecto en el caso concreto y permitirá que más personas, cumpliendo con otras condiciones, puedan acceder a este beneficio y desde la casa cumplan con las medidas necesarias para su cuidado y el de la sociedad. Además el confinamiento, el control del Inpec, la posibilidad de usar vigilancia electrónica y el control policial a las medidas de aislamiento social en el país, podrán asegurar el orden público, por lo que esto no puede ser un argumento para apelar a la aplicación literal del decreto.

Consideremos esta hipótesis: usted es Guillermo, sufre de hipertensión y diabetes y se encuentra detenido en una estación de policía por tráfico de estupefacientes (dicen que vendía drogas porque lo detuvieron con 10 papeletas de bazuco). Se ha enterado de la llegada del coronavirus y sabe que hace parte de la población de alto riesgo, teniendo altas probabilidades de morir, lo que ha hecho que esté más estresado y preocupado que antes. En su diario vivir, debido al hacinamiento en la estación, ya lidia con estar las 24 horas encerrado en una celda de donde cada persona cuenta con 40 cm² de baldosa para tratar de estar de pie, y en donde solo hay 2 baños que no funcionan bien, ni tienen agua corriente, soportando altas temperaturas por falta de ventilación. Pasa 18 horas sin comer hasta que por fin llega la comida podrida con agua que no es potable. No cuenta con jabón y mucho menos con gel antibacterial para estar lavándose las manos todo el día como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud. No hay cómo lavar la ropa.. Sumado a todo esto, le es imposible dormir, no hay espacio suficiente y le toca esperar un turno para que otro se levante y pueda descansar en el piso, por tan solo 2 horas o menos. Hace muchos domingos (la primera y casi única medida tomada por el gobierno ante el COVID en las prisiones fue suspender todas las visitas) no ve a su familia, no sabe si se encuentran bien y ellos tampoco saben de él. Tiene miedo, ansiedad, ha pensado en quitarse la vida, su presión no ha estado bien un solo día y tampoco hay medicamentos para su tratamiento y mucho menos atención médica.

Muchos y muchas, al igual que Guillermo, han entrado en pánico. Si bien tienen enfermedades graves o son personas mayores de 60 años, no podrán ser beneficiarios de la prisión domiciliaria porque su delito está en la extensa lista de exclusiones del decreto y saben que en las condiciones en que se encuentran solo les espera morir. Día a día se levantan pensando en cuándo llegará el virus al centro de reclusión, en dónde los meterán cuando se contagien, y en cómo pasarán los pocos días de vida que probablemente les quedan.

En el centro de reclusión el distanciamiento obligatorio es imposible. Hay tantas personas que no podrían estar ni siquiera a 10 cm de distancia. El uso del tapabocas (que tampoco se ha suministrado en cantidades adecuadas) sumado a las “recomendaciones” que les dan, sólo dan la impresión de que se hace algo. Es imposible no contagiarse, y no solo del coronavirus, pues otras enfermedades amenazan con matarlos, sin que tengan lo mínimo ni básico para sobrevivir.

Como Guillermo, un sinnúmero de personas presas luego de ser contagiadas empeorarán en cuestión de días, entrando en estado crítico, contagiando al resto de personas recluidas, al personal de guardia, y a quienes entran y salen: Policías, INPEC, proveedores, etc. Finalmente los enfermos serán todos, y las personas muertas muchas.

Lo único que podrán tener las familias, es recibir una llamada o un correo electrónico con la noticia de la muerte de sus familiares, pero no podrán despedirse ya que no es posible entregar los cuerpos contagiados por el virus. Para estas familias no murió un recluso, murió un padre o una madre, abuelo/a, hijo/a o hermano/a y pensarán que si el Estado y las autoridades hubieran cumplido su deber la historia sería completamente diferente.

A las juezas y a los jueces colombianos, todos ellos y ellas con poder de efectuar control de constitucionalidad difuso sobre la ley, les queremos recordar que también la legalidad formal dice que la vida es el derecho más importante, y que acudir al argumento del principio de legalidad para negar su protección, como en otras épocas de la historia, puede traer resultados horrendos.

Así, Hanna Arendt, en su libro El juicio contra Eichmann en Jerusalén, narra cómo este teniente coronel del Servicio Secreto Alemán (SS) y sujeto activo de la orden implícita en la “solución final” durante la Segunda Guerra Mundial, expuso como defensa que estos crímenes estaban amparados en el cumplimiento de la Ley:

“Eichmann, mucho menos inteligente y prácticamente carente de educación, vislumbraba, por lo menos, de un modo vago, que no fue una orden sino una ley lo que los estaba convirtiendo a todos en criminales. […] Esta es también la razón en cuya virtud la orden dada por el Führer de que se llevara a cabo la “solución final” fue seguida por un diluvio de reglamentos y ordenanzas, documentos todos redactados por expertos juristas y no por funcionarios administrativos, la orden de Hitler, a diferencia de las órdenes corrientes, recibió el tratamiento propio de una ley. No es necesario añadir que los consecuentes formalismos jurídicos, lejos de ser una simple manifestación de pedantería o perfeccionismo alemán, cumplieron muy eficazmente la función externa de dar apariencia de legalidad a la situación existente. (Arendt, 2013, p. 219).

Por Semillero de Estudios Dogmáticos y Sistema Penal de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia / .

Colectivo abolicionista contra el castigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enColombia
El asesor principal de Alemania sobre el coronavirus: "Me temo que seremos testigos de una segunda ola de contagios"

El experto de cabecera de Angela Merkel habla de "la paradoja de la prevención" en una sociedad que necesita volver a la normalidad pero puede sufrir otra crisis si lo hace demasiado rápido

 

Christian Drosten, director de Virología del Hospital Charité en Berlín, fue uno de los investigadores que identificó el virus del SARS en 2003. Al frente del instituto de salud pública de referencia en Alemania para todo lo relacionado con los coronavirus, se ha convertido en el experto de cabecera del gobierno de Angela Merkel durante la pandemia.

En una entrevista exclusiva con The Guardian, Drosten admite que teme un segundo estallido mortal. Explica los motivos por los que Angela Merkel ha jugado con ventaja respecto a otros líderes mundiales y por qué "la paradoja de la prevención" no le deja dormir por las noches.

Alemania comienza a levantar el confinamiento de manera gradual desde este lunes. ¿Qué sucede a partir de ahí?

De momento vemos que las Unidades de Cuidados Intensivos están a mitad de capacidad en Alemania. Eso sucede porque comenzamos con los diagnósticos pronto y a gran escala y detuvimos la epidemia –lo que quiere decir que llevamos la tasa de reproducción a menos de 1 [reducir el número de personas que contagia cada infectado es una medida clave para detener el avance del virus].

Ahora nos encontramos en un escenario que denomino "la paradoja de la prevención". Hay personas que argumentan que reaccionamos de manera desproporcionada y hay presión política y económica para regresar a la normalidad. El plan federal es levantar el confinamiento de manera gradual, lentamente, pero como cada Länder [estado de la república federal] puede decidir y aplicar sus propias reglas, temo que seamos testigos de una gran creatividad en la aplicación de ese plan. Me temo que la tasa de reproducción aumentará de nuevo y seremos testigos de una segunda ola de contagios.

Si el confinamiento se prolongara en el tiempo, ¿podría erradicarse la enfermedad?

En Alemania hay un grupo de especialistas en modelos [de comportamiento a futuro] sugiriendo que una prolongación de algunas, pocas, semanas, podría suprimir en gran medida la circulación del virus y llevar la tasa de reproducción por debajo de 0,2. Tiendo a apoyar sus planteamientos pero aún no me he decidido del todo. La tasa de reproducción no es más que una media, una aproximación. No te dice dónde hay grupos de prevalencia alta como las residencias de ancianos en los que puede llevar más tiempo erradicar la enfermedad y desde donde podríamos ver resurgir la infección con velocidad incluso en un escenario de confinamiento extendido.

De surgir un nuevo brote, ¿podría contenerse?

Sí, pero no puede pasar si nos limitamos a trazar solamente el contacto entre humanos. Tenemos pruebas de que casi la mitad de los contagios sucede antes de que la persona que contagia desarrolle síntomas y las personas están infectadas un mínimo de dos días antes de desarrollarlos. Eso significa que los expertos en trazar contactos y que trabajen junto a los pacientes para identificar a aquellos con quienes han estado en contacto corren una carrera contra el tiempo. Necesitan ayuda para saber quienes son todos los potenciales contagiados lo antes posible y eso requerirá métodos de seguimiento electrónico de los contactos.

¿Cómo de cerca estamos de lograr la inmunidad colectiva?

Para lograr la inmunidad colectiva necesitamos que entre el 60% y el 70% de la población tenga anticuerpos del virus. El resultado de los exámenes de anticuerpos muestra que en Europa y Estados Unidos estamos por debajo del 10% pero las pruebas no son de total confianza. Todas presentan problemas y falsos positivos. La inmunidad colectiva no lo es todo. Asume que la población se mezcla pero tenemos motivos –relacionados con las redes generadas por la gente para relacionarse- para creer que no toda la población puede infectarse al mismo tiempo. Esas redes cambian continuamente y entonces se expone a otras personas al virus. Así podrían generarse olas de infección. Otro factor que podría tener causar un impacto en la inmunidad colectiva es saber si otros coronavirus –los del resfriado común, por ejemplo- ofrecen protección para este. No lo sabemos, es una posibilidad.

¿Deberían estar todos los países haciendo pruebas a todo el mundo?

No estoy seguro. Incluso en Alemania, con nuestra gran capacidad de hacer pruebas y con la mayor parte dirigidas a quienes presentan síntomas, no tenemos un tasa de positivos superior al 8%. Creo que es mejor hacer pruebas a una población concreta, a quienes son realmente vulnerables. Personal de hospitales y residencias de ancianos, por ejemplo. Eso no se está aplicando a rajatabla en Alemania pero avanzamos en esa dirección.

Otro objetivo deberían ser los pacientes en la primera semana que presentan síntomas, sobre todo los de más edad, que suelen venir al hospital cuando es demasiado tarde, cuando ya tienen los labios azules y necesitan intubación. Necesitamos algún sistema de vigilancia, un centinela que tome muestras entre la población con regularidad y pueda estar al tanto de la tasa de reproducción del virus.

¿Qué se sabe de la estacionalidad del virus?

No mucho. El grupo de modelización que lidera Marc Lipsitch en Harvard sugiere que la transmisión del virus podría ralentizarse durante el verano, pero que este efecto será mínimo. No tengo datos mejores.

¿Podemos afirmar a ciencia cierta que la pandemia se originó en China?

Creo que sí. Por otra parte, no asumo que comenzara en el mercado de alimentos de Wuhan. Es más probable que comenzara donde se criara otro animal, el anfitrión intermedio.

¿Qué sabemos sobre ese anfitirón intermedio, es el "pobre pangolín", como empieza a conocerse?

Nada me hace creer que el virus pasara a través del pangolín en su camino hacia el ser humano. Hay información interesante al respecto en la literatura sobre el SARS. El virus apareció en civetas pero también en mapaches, algo que la prensa pasó por alto. Los mapaches están en la base de una gran industria en China. Los crían en granjas y los cazan en la naturaleza. Por su piel. Si alguien me diera unos cientos de miles de dólares y acceso libre a China para encontrar el origen del virus, iría a mirar a los criaderos de mapaches.

¿Será útil identificar al paciente cero, el primer humano infectado con este virus?

No, el paciente cero es alguien que con casi total certeza se contagió con un virus muy similar a alguno de los primeros que secuenciamos, de modo que no nos ayudaría a resolver el problema que tenemos ahora. No creo que se pueda argumentar que nos ayudaría a prevenir futuras pandemias de coronavirus porque la humanidad será inmune al próximo coronavirus vinculado a SARS una vez ha estado expuesta a este. Otros coronavirus implicarán una amenaza -uno de los primeros candidatos es el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio)- pero para entender esa amenaza tenemos que estudiar como avanzan esos virus en los camellos de Oriente Medio.

¿Es responsable la actividad humana del paso de virus de los animales al ser humano?

Los coronavirus tratan de cambiar de organismo de acogida cuando se presenta la oportunidad. A través de nuestro uso de los animales, contrario a los principios de la naturaleza, nosotros creamos esa oportunidad. Los animales de granja están en contacto con animales salvajes. El modo en que se los almacena en grandes grupos amplifica el contagio del virus entre ellos. El ser humano entra en intenso contacto con esos animales, por ejemplo, a través del consumo de carne. Eso representa una posible trayectoria de brotes de coronavirus. En Oriente Medio los camellos cuentan como animales de granja y son los animales que alojan el MERS y el coronavirus 229E que es una de las causas del resfriado común. Nuestro ganado es el huésped original del coronavirus OC43, por ejemplo.

Siempre se ha creído que la gripe común ofrece el mayor riesgo de pandemia. ¿Sigue siendo así?

Sin duda, pero no podemos descartar otra pandemia de coronavirus. Tras el primer estallido de Ébola en 1976 muchos creyeron que no volvería a suceder. Pero en menos de 20 años había pasado de nuevo.

¿Toda la ciencia desarrollada alrededor de esta coronavirus es correcta?

¡No! Al principio, en febrero, hubo muchos borradores interesantes. [Investigaciones que no han pasado por su revisión por pares]. Ahora, para encontrar uno bien fundamentado e interesante tienes que revisar 50. Se están malgastando muchos recursos de investigación.

Angela Merkel ha sido elogiada por su liderazgo durante esta crisis. ¿Qué es lo que hace de ella una buena lideresa?

Está muy bien informada. Ayuda que sea científica de formación y sepa manejar cifras. Pero creo que al final se reduce a su forma de ser y su capacidad de tomar decisiones bien fundamentadas y para transmitir seguridad. Quizás una de la características de una lideresa es que no utiliza esta situación para sacar provecho político. Saben lo contraproducente que puede ser.

¿Hay algo que no le deje dormir?

En Alemania, la gente ve que los hospitales no están desbordados y no entienden por qué las tiendas tienen que estar cerradas. Sólo ven lo que sucede así y no se fijan, por ejemplo, en lo que pasa en Nueva York o en España. Esa es la "paradoja de la prevención". Para muchos alemanes, soy el diablo que está hundiendo la economía. Recibo amenazas de muerte que paso a la Policía. Aunque me inquietan más otros emails, los de que gente que me dice que tiene tres hijos y les preocupa el futuro. No es culpa mía. Pero esos son los que no me dejan dormir de noche.

28/04/2020 - 22:20h

Traducido por Alberto Arce