¿Quema de un hombre vivo o incineración sistemática de formas-de vida alternativas y antagónicas?: Por un "devenir-Cálido(so)" de nuestros cuerpos

El pasado dos de mayo, Marco Tulio Sevillano, un "habitante de calle" de cincuenta años, fue quemado vivo junto con una perra y dos gatos mientras dormían bajo un puente ubicado en el Parque Nacional de la ciudad de Bogotá, exactamente en la carrera séptima con calle treinta y nueve. Acto perpetrado, al parecer, por uno de los diferentes grupos neonazis que se expanden rápidamente en la capital colombiana. ¿Qué hay detrás de este acto brutal?

 

Ana Cristina Ramírez, autora mexicana especialista en "antrozoología" o estudio de las relaciones entre humanos y (otros) animales, cuenta que en una conversación con Egon Mullen, "habitante de calle" de Barcelona, éste describió de la siguiente manera su experiencia diaria con las perras que siempre lo acompañan: "Para mí —me dijo enfatizando con una señal hacia su pecho— Mi familia... mi única familia... Son personas para mí" . Por supuesto, Mullen no se refiere con lo anterior a que las perras sean su propiedad, es decir, sus "mascotas", y que por ende integren su familia. De ahí que Ramírez apunte lo siguiente: "estos animales en algo son la antítesis de una mascota, es decir, del animalito que alguien tiene bajo su techo, a quien brinda protección, sustento y educación porque tiene los medios económicos para sostenerse a sí mismo y al animal dentro de cierto entendimiento de que ese propietario además de su casa, vestido y sustento, tiene una mascota" . En suma, para Mullen, las perras constituyen compañeras vitales, no mascotas; configuran con él una red de apoyo mutuo que les posibilita seguir juntos adelante, en pie. Quiero dejarlo claro: las perras no son mascotas porque no se encuentran bajo el dominio de un amo o propietario que, a cambio de diversión, afecto y seguridad, les proporciona ciertos cuidados. La relación de mascotaje nunca llega, estructuralmente, a ser horizontal, como sí sucede en el caso de Mullen.

 

A menudo los/as "habitantes de calle", con el pasar de los años, co-construyen y ponen en marcha formas-de-vida nada convencionales que, entre otras cosas, incluyen compañeros no humanos como los perros. Escribo "formas-de-vida" porque de lo que se trata es de un ensamblaje compuesto por potentes singularidades vivientes, no simplemente de un sujeto que varía su manera de vivir. En otros términos, si Mullen se refiere a las perras como "personas" y como su "familia", es en virtud de que emerge allí un nuevo mundo, un conjunto inédito de relaciones, donde lo "humano" o la noción de "persona" se descentran y le abren paso a otro tipo de realidades, de continuidades bio-físico-sociales frecuentemente extrañas y opuestas a lo que se piensa es el núcleo de la sociedad: la familia blanca, burguesa y heterosexual con "mascota" incluida.

 

Justamente fue una compleja forma-de-vida aquello que se destruyó, aquello que, literalmente, se consumió en llamas y redujo a cenizas, cuando el pasado dos de mayo, Marco Tulio Sevillano, un "habitante de calle" de cincuenta años, fue quemado vivo junto con una perra y dos gatos mientras dormían bajo un puente ubicado en el Parque Nacional de la ciudad de Bogotá, exactamente en la carrera séptima con calle treinta y nueve. Acto perpetrado, al parecer, por uno de los diferentes grupos neonazis que se expanden rápidamente en la capital colombiana. Todo bajo el amparo tácito o explícito de un país profundamente conservador, para/militarizado, guerrerista y avalador de la homofobia, el racismo, el clasismo, el especismo, el autoritarismo y otros "ismos" igual de perversos. Cuestiones que llegan a condensarse en figuras como la del actual procurador Alejandro Ordoñez, discípulo de Marcel Lefebvre conocido por su misoginia y homofobia, por su afición a la tortura de toros por diversión, por participar durante su juventud en una quema de libros según él "pornográficos" e "impúdicos", donde se encontraban textos de Rousseau, Marx y García Márquez, y, además, por recientemente haber destituido e inhabilitado durante más de diez años al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, a quien considera "un comunista".

 

Lo último que debemos hacer es percibir la quema de libros ordoñezca como si estuviese distanciada de la quema presuntamente neonazi de un "habitante de calle", una perra y dos gatos. Tampoco es casual que miembros de la policía nacional hayan llevado a cabo una práctica similar en Bogotá durante el año 2012, cuando le prendieron fuego a la vivienda del "habitante de calle" Wilmer Alejandro Bernal, de quince años de edad, y a sus compañeros caninos, todo bajo la excusa de su desalojo, pues ocupaba el lugar que no debía, un lugar que, adicionalmente, estaba ubicado en el no privilegiado sur de la ciudad. ¡Tenemos que afinar nuestros lentes ya! Aquí lo que se desea reducir a cenizas son formas-de-vida enteras, posibilidades de existencia alternativas y antagónicas a las imperantes. Ni Alejandro Ordóñez, ni los policías, ni el grupo neonazi, son casos aislados de "barbarie", "crueldad" o "demencia", más bien son el epítome, hijos completamente sanos, de una histórica y acelerada fascistización de la formación social colombiana.

 

La vulnerabilidad de los "habitantes de calle" —sean humanos o no, sean "perros callejeros" o "personas", en todo caso nómadas contemporáneos que desafían las territorializaciones forzosas y delimitaciones espaciales/corporales estatales— es una vulnerabilidad estructural intensificada por las características particulares del contexto nacional actual. Si la vida de Marco Tulio Sevillano terminó de esta horrible manera fue porque, aunque viviera sin dañar a nadie, como relatan algunos de los estudiantes de la Universidad Javeriana, lugar que frecuentaba, su cuerpo era visto como un cuerpo "sucio" e "improductivo", alejado de la racionalidad capitalista de la buena apariencia (signo de salud), del ansia de trabajo y de la obtención de lucro. Igualmente, el de él era un cuerpo racializado como "negro" y "provinciano", pues migró joven de la ciudad de Cali hacia la capital buscando un mejor porvenir. Finalmente, Marco Tulio no se adaptaba para nada al individuo que establece una típica familia nuclear heterosexual, la de él era una familia animal disruptiva, molesta, donde la comunicación, antes que pasar por estereotipadas expresiones de "amor" patriarcal y capitalista, incluía lamidos, roces, maullidos y ladridos.

 

Nuestro pauperizado "habitante de calle" era un comunista en acto, un "revolucionario natural", que si bien estaba ubicado, debido a los vectores antes mencionados (racialización, origen geográfico, clase, apariencia física, etcétera), en un espacio de vulnerabilidad extrema, también daba cuenta de otras alternativas de vida-en-común, de alternativas que a veces buscamos en libros europeos o estadounidenses pero que se encuentran más cerca de nosotros de lo que pensamos. Gilles Deleuze y Félix Guattari, filósofos franceses, escribieron extensamente sobre la necesidad de entrar en procesos de contagio, llamados por ellos "devenires", que trastoquen nuestras posiciones corporales y las lleven a lugares inusitados. Estoy seguro de que Marco Tulio entró en procesos de devenir-animal que lo ponían en situaciones privilegiadas para comprender las dinámicas de cambio, a la vez que lo situaban en lugares peligrosos al interior de una formación social profundamente fascista y eugenésica, como efectivamente lo confirma su trágica muerte. Marco Tulio, al igual que muchos/as otros/as "habitantes de calle", dejó en buena medida, quizá sin intención, de ser humano; se distanció tremendamente del ideal de humanidad: el hombre blanco, heterosexual, cristiano, racional, propietario, letrado, adulto y con buena apariencia (saludable). Cuanto más nos separemos del ideal de humanidad más nos ponemos en riesgo, más se hace evidente la precariedad a la que todo el mundo está sometido en intensidades variables, ya que nadie nunca logra encarnar absolutamente dicho ideal ni tiene una posición y futuro asegurados. La destrucción de la forma-de-vida de la que eran partícipes Marco Tulio, Mona (como se llamaba la perra) y los dos gatos, no es más que un espantoso caso límite de nuestro cotidiano y variopinto desprecio por todo aquello que no encaja en el ideal de humanidad descrito. Desprecio hacia los no trabajadores, no blancos, no hombres, no cristianos, no heterosexuales, no cuerdos, y, por supuesto, hacia los del todo no humanos, como Mona y los dos gatos.

 

Ante el caso de exterminio de Mona, de los dos gatos y de Calidoso, como era apodado cariñosamente Marco Tulio, antes que reaccionar con medidas punitivas conducentes a individualizar el suceso y dejarlo en manos de autoridades policiales que ya hemos visto de qué son capaces, o antes que clamar por una "cristiana sepultura" o por el respeto de "toda vida humana", como lo hicieron las directivas de la Universidad Javeriana, o incluso que implorar por la "defensa de los derechos humanos", como fue el caso del Defensor del Pueblo Jorge Otálora, debemos contribuir a desestructurar el ideal normativo de lo humano y de la familia heterosexual. Lo cual pasa por reconstituir nuestros cuerpos, nuestros gustos y deseos, nuestra manera de relacionarnos con los/as demás y lo demás, nuestros proyectos de vida y prioridades diarias. El mejor homenaje que le podemos hacer a las víctimas de la triste acción realizada por los neonazis es rescatar su apuesta por configurar formas-de-vida alternativas, tramas de cuidado mutuo, redes de afecto cálidas, que hagan volar en mil pedazos el ideal normativo de humanidad por siglos impuesto.

 

Ante la insoportable calidez de la incineración de nuestros cuerpos, de todos los cuerpos que no se adapten al patrón dominante o que intenten fraguar formas-de-vida divergentes, el único derrotero es el del "devenir-cálido(so)" de los cuerpos en interacción, "humanos" y "no humanos", allende las divisiones jerárquicas raciales, económicas, sexuales, de especie, etcétera. Resulta imperativo contagiarnos de Calidoso, no de él como sujeto individual, sino de la forma-de-vida en la que se encontraba inmerso, de su red afectiva que excedía el ideal de humanidad y la familia heterosexual. Devenir-Calidoso, devenir-cálido, configurar formas-de-vida cálidas, es decir, de cuidado y apoyo reconfortante frente a las lógicas que nos hacen vulnerables e incluso que nos pretenden eliminar. "Devenir-cálido(so)" aquí y ahora, ése es mi único humilde llamado. La forma-de-vida incinerada el dos de mayo, sin caer en idealizaciones, representaba un reservorio de fuerzas contra el orden dominante y los neonazis lo sabían perfectamente, pues ellos no son "crueles dementes" sino, reiteramos, hijos perfectamente sanos del eugenismo occidental y de la fascistización del tejido social nacional.

 

Mayo 15 de 2014
Bogotá, Colombia

 

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De la isla del doctor Moureau al planeta de los simios:

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Cuando el castigo cruel e inusual se transforma en algo usual

Esta semana, el estado de Oklahoma torturó a un hombre hasta la muerte. El martes 29 de abril, Clayton Lockett fue sujetado a una camilla en la sala de ejecución del estado. A las 6:23 pm, ante una habitación llena de testigos entre los que se encontraban doce integrantes de medios de comunicación, se le inyectó en sus venas el primero de tres fármacos. Ziva Branstetter, editora del periódico Tulsa World, se encontraba entre los periodistas que observaban. Relataría luego el suplicio de Lockett minuto a minuto:


"6:29 pm. Los ojos de Lockett están cerrados y su boca ligeramente abierta".


"6:31 p.m. El médico revisa las pupilas de Lockett, coloca su mano sobre el pecho del recluso y lo sacude ligeramente. 'El Sr. Lockett no está inconsciente', dice [la Encargada de la Penitenciaría del Estado de Oklahoma Anita] Trammell".
Branstetter continúa el relato de lo que está presenciando:


"6:38 pm. Lockett está gesticulando, gruñendo y levantando completamente su cabeza y sus hombros de la camilla... Parece estar sintiendo dolor".


Repentinamente, se cierran las cortinas, ocultando así la horrenda situación que se desarrollaba en la cámara de ejecución, y se solicita a los periodistas que se retiren. La muerte de Lockett fue declarada a las 7:06 pm. Branstetter afirmó durante el programa de noticias "Democracy Now!": "Como una de los periodistas que fue testigo de lo sucedido, me gustaría recibir más respuestas. Tengo planeado solicitarlas hoy. Estoy segura de que el abogado a cargo presentará varias apelaciones. El Departamento de Correccionales nos dijo anoche que aún no han determinado si esto podría ser considerado como una ejecución ya que murió de un ataque cardíaco 43 minutos después". La mayoría de las ejecuciones de Oklahoma tardan unos seis minutos en concretarse. Robert Patton, director del Departamento de Correccionales, explicó posteriormente que la vena de Lockett "explotó".


El "cóctel letal" que se usó con Lockett no había sido utilizado nunca antes por Oklahoma. El mismo está compuesto de midazolam, como sedante, bromuro de vecuronio, para detener la respiración, y cloruro de potasio, para detener el corazón. Estaba previsto que Charles Warner fuera ejecutado el mismo día que Lockett. Tras el terrible fallo en la ejecución de Lockett, la Gobernadora de Oklahoma, Mary Fallin, suspendió por catorce días la ejecución de Warner. El miércoles, al anunciar una revisión de los procedimientos con inyecciones letales, Fallin expresó: "No le he fijado al Comisionado Thompson una fecha límite para la finalización de la revisión. Si no la completa para el 13 de mayo, se emitirá un nuevo aplazamiento, llegado el momento. Si el comisionado Thompson precisara hacer ajustes, o resultara necesario modificar los protocolos de ejecución del estado, dicha tarea será realizada". Si bien la revisión que ordenó Fallin incluirá una autopsia de Lockett que deberá ser llevada a cabo por un patólogo independiente, la revisión en general estará a cargo de un integrante del gabinete de Fallin, por lo que su carácter de "independiente" se está viendo cuestionado.


Lockett y Warner habían demandado al estado de Oklahoma alegando que la confidencialidad respecto a la fuente de los fármacos y al cóctel a ser utilizado en la ejecución infringía sus derechos constitucionales. Una jueza de Oklahoma estuvo de acuerdo y emitió un aplazamiento de las ejecuciones el mes pasado. Los magistrados de la Corte Suprema de Oklahoma estuvieron posteriormente de acuerdo y emitieron su propio aplazamiento el 21 de abril. El 22 de abril, la Gobernadora Fallin, alegando que la Corte Suprema no tenía jurisdicción, ignoró los aplazamientos y reprogramó las ejecuciones para el 29 de abril. Al día siguiente, la Corte Suprema canceló su aplazamiento argumentando que, en realidad, los reclusos no tienen derecho a conocer los químicos que serán utilizados en sus ejecuciones.


Madeline Cohen representa legalmente al otro hombre condenado a muerte, Charles Warner. Cohen sostuvo: "Después de que Oklahoma se negara durante semanas a revelar información básica respecto a los fármacos que se utilizarían en los procedimientos de ejecución de hoy, esta noche Clayton Lockett fue torturado hasta la muerte". Y agregó: "Creo que intentan ocultar que todo salió terriblemente mal. Recordemos que la ejecución se lleva a cabo mediante la colocación de vías intravenosas en ambos brazos al mismo tiempo, y que se supone que dosis simultáneas e iguales se introducen en ambos brazos, y que se supone además que deben ser dosis bastante grandes de los fármacos. Por lo que considero poco realista asumir que las venas de ambos brazos fallaron simultáneamente o que le haya tomado tanto tiempo al médico actuante constatar que una vena explotó, incluso después de que declaró que el Sr. Lockett se encontraba sedado. Tiene que haber una investigación exhaustiva, una investigación independiente y una autopsia independiente o nunca sabremos lo que salió tan espantosamente mal".

El fallido procedimiento de ejecución de Lockett tuvo lugar poco después de un desastre similar en Ohio. El 16 de enero, a Dennis McGuire se le aplicó un cóctel de dos fármacos. Su hijo, que también se llama Dennis, fue testigo de su sufrimiento. "Mi padre empezó a jadear y a luchar para respirar. Vi cómo su estómago hacía movimientos bruscos. Lo vi intentar sentarse a pesar de las correas que lo sujetaban a la camilla. Lo vi apretar los puños varias veces. Me pareció que luchaba por su vida, pero se asfixiaba. La agonía y el terror de ver a mi padre asfixiarse hasta la muerte duró más de diecinueve minutos", sostuvo Dennis.


Hay muchas más historias como estas. Los estados se desesperan por conseguir los fármacos para las ejecuciones, ya que las compañías farmacéuticas europeas se niegan a vender a los gobiernos estatales de Estados Unidos cualquier fármaco que pueda ser utilizado en una ejecución. El sitio web de noticias Colorado Independent obtuvo documentos enviados por correo electrónico de los que surge que el Fiscal General adjunto de Oklahoma bromeó con un colega de Texas respecto a que podría ayudar a Texas a conseguir los fármacos a cambio de entradas preferenciales para un importante partido de fútbol americano.


El Centro de Información sobre la Pena de Muerte indica que, desde 1973, 144 personas que habían sido sentenciadas a pena de muerte fueron exculpadas y posteriormente liberadas. Se trata de personas inocentes que podrían haber sido ejecutadas. Un artículo incluido en la prestigiosa revista de la Academina Nacional de Ciencias publicada tan solo un día antes de la ejecución de Lockett sugiere que más del 4% del total de reclusos sentenciados a muerte serían liberados si se dedicara el tiempo suficiente para rever adecuadamente sus casos. Incluso en aquellos casos en que la culpabilidad no está en discusión, se podría argumentar sobre una base meramente económica. Ejecutar a un recluso cuesta entre tres y cuatro veces más que mantenerlo encarcelado durante toda su vida sin posibilidad de libertad condicional.


La mayoría de los países desarrollados han prohibido la pena de muerte. Estados Unidos comparte la práctica de esta barbarie con países como China, Irak, Irán y Arabia Saudita. Dado que muchos estados de nuestro país llevan a cabo atroces experimentos con prisioneros, como en el caso de Lockett, resulta de vital importancia recordar que la Constitución prohíbe el castigo cruel e inusual. Lamentablemente, el castigo cruel e inusual se está transformando en algo cada vez más usual.


Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Carne picada y realismo mágico en Colombia

Según el diccionario de la Real Academia, "picadero" es un lugar donde las personas aprenden a montar caballos.

 

En Colombia, y en su puerto de Buenaventura, "casa de pique" o "picadero" es sencillamente un lugar donde se descuartiza viva a una persona para luego hacer desaparecer sus restos sin posible identificación.


En las últimas semanas, instituciones como Human Rigth Watch y Naciones Unidas han levantado la alarma sobre una situación que la Defensoría del Pueblo denunció, sin éxito, a las autoridades desde octubre del pasado año, alertando sobre "descuartizados que aparecen en las calles y playas de Buenaventura". Precisamente el informe de la ONG H.R.W. se titula La crisis de Buenaventura, desapariciones, desmembramiento y desplazamiento en el principal puerto de Colombia en el Pacífico.


Expulsada la guerrilla del Puerto, hace una década, la banda paramilitar de La oficina se adueñó de Buenaventura y practicó abiertamente el tráfico de drogas, el desplazamiento forzado de sus campos a la gente que molestaba para plantaciones "agroindustriales", el chantaje a la totalidad de los comerciantes mediante sicarios, etc. Un imperio de impunidad con la vista gorda de autoridades civiles –el alcalde Bartolo- y la complicidad de policías y militares. Hablamos del puerto más importante de Colombia, por el que pasa el 55% de las exportaciones legales del país y un alto porcentaje de las ilegales. El 88,5 % de la población es negra y pobre.


Hace poco llegó otra banda de los herederos del paramilitarismo que amnistió Uribe, los llamados "Urabeños" y empezaron a darse plomo con los de "La empresa", en procura de los negocios más jugosos. Recluta forzada entre la población: y al que se resista o se atreva a denunciar, se le espera en los picaderos.


El sociólogo Alfredo Molano, una de las más importantes figuras del pensamiento crítico colombiano, cuenta el modus operandi de estos verdugos: "la técnica del terror exige que la gente se dé cuenta pero que no cuente; vea la captura de la víctima en el barro, la manera como la arrastran y oiga los gritos de socorro, los alaridos de perdón y clemencia y por último los aullidos del dolor. Después silencio. Terrible vacío. Los gritos se quedan a vivir en la cabeza de la gente. Todos temen ser el siguiente en una lista que nadie elabora...las autoridades no oyen, no ven, no saben".


También en Obispo del Puerto, Monseñor Héctor Espalza, que anda escoltado desde 2006, ha denunciado sin éxito la situación. En la revista Semana contaba estos días el testimonio de una feligresa que enloqueció cuando la obligaron a lavar con agua la sangre de una de esas casas donde las personas son torturadas y desmenbradas vivas con hachas y motosierras. En Buenaventura, dice el Obispo, "padecen no cien años de soledad. Sino de olvido, marginación y exclusión".


Escritas estas notas para Público, al arribo un corto viaje a La Habana para saber del proceso de paz, me sacude la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez, no por esperada menos penosa. Al coro de plañideros de ocasión, con la necrológica preparada desde hace meses, se le llena la boca con la gloria de la "mágica realidad colombiana". De repente se olvida que, si Gabo vivía fuera de Colombia, era porque tuvo que salir por pies durante el Gobierno del Presidente Turbay, generoso en la práctica de la tortura, cuando se le acusó de cómplice de la subversión guerrillera.


Y recuerdo nuestra conversación de más de una hora en Barcelona, en casa de Paco Ibáñez, un final de diciembre de hace seis años. Perfectamente lúcido, con el celular que le traía constantes noticias de Colombia al alcance de la mano, hablamos largamente del Gobierno del Álvaro Uribe, de las complicidades oficiales con el paramilitarismo, de lo que más tarde fueron llamados los "falsos positivos" —crímenes contra meros campesinos a los que se disfrazaba de guerrilleros—, de la realidad, nada "mágica", en la que fuerzas oscuras seguían imponiendo su ley, a despecho de algunos avances democráticos ciertos. "De Uribe podemos esperar cualquier cosa", recuerdo la frase con la que Gabo apostilló alguna de mis perplejidades. Luego, con la elegante hospitalidad de Julia y Paco, y con la presencia entre la docena de invitados, de los artistas colombianos Marta Gutiérrez y Mauricio Lozano, cantamos bambucos y vallenatos, después de un par de canciones de Brassens con las que se evocaba un tiempo en el que, tanto el Nóbel colombiano como el autor de Palabras para Julia, tenían que transitar medio escondidos por las noches de Barrio Latino en el París de los primeros 60 para que no les metieran en los furgones policiales donde estabulaban argelinos y sin papeles.


Releer algunos libros de García Márquez después más de diez años de vivir en Colombia es un ejercicio que lleva a identificar una realidad muy próxima y cotidiana mucho menos "mágica" de lo que se entiende en Europa. Es constatar que, a través de sus historias, y sobre todo de una inmensa obra periodística, Gabo denunció de forma magistral y levantó acta de situaciones reales que permanecen en la impunidad.

 

Tal vez la primera que estimuló su conciencia fue la "masacre de las bananeras" de 1928, el asesinato de cientos de trabajadores que, desarmados, pedían en Barranquilla una mejora en su situación laboral. Cuando poco tiempo después del suceso, atravesaba con su madre la Plaza, camino de Aracataca, la vieja Luisa Santiaga le señaló la amplia explanada donde sucedieron los hechos y le dijo: "Mira, ahí fue donde se acabó el mundo".


El crimen, que aún espera justicia, junto a otros más recientes de "Chiquita Brands", fue investigado minuciosamente por García Márquez, junto a muchos otros nada "mágicos". En el país donde se asesina a más sindicalistas por metro cuadrado que en el resto del planeta, reconstruyó aquel instante que precedió a la carga de decenas de cuerpos inertes de trabajadores en vagones de tren . El grito del líder de los bananeros de Ciénaga cuando, una vez situadas en distintos puntos de la plaza las baterías de artillería se oyó la advertencia solemne del comandante de la tropa que les daba un minuto para abandonar el lugar si no querían ser ametrallados, la voz serena del sindicalista se hizo oír en el silencio de la gran explanada, batida por el inclemente sol caribe: "¡Les regalamos el minuto que falta!".

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Viernes, 18 Abril 2014 06:20

LA MALA HORA

LA MALA HORA

Los lectores del mundo andan con una tristeza infinita. Gabriel García Márquez, el patriarca de la literatura latinoamericana y maestro de generaciones de periodistas, murió ayer a los 87 años en su casa de México. Quizá cayó una llovizna imaginaria de minúsculas flores amarillas, las mismas que cayeron cuando murió José Arcadio Buendía en Cien años de soledad, su obra maestra y mítica. Una muerte esperada –anunciada de un tiempo a esta parte por la "fragilidad" de su salud– no conjura el dolor de esta pérdida. Un conglomerado de textos pide pista en la memoria. Uno se impone, un artículo que publicó en 1948 en el diario colombiano El Universal. "No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento. Perdone usted, señor lector, este principio de greguería. No me era posible comenzar en otra forma una nota que podría llevar el manoseado título de 'Vida y pasión de un instrumento musical'. Yo personalmente le haría levantar una estatua a ese fuelle nostálgico, amargamente humano, que tiene tanto de animal triste." La muerte de Gabo arruga el corazón. Queda la chispa de su lenguaje, la creación de un mundo que sobrevivirá, con toda su riqueza y complejidad, a su demiurgo mortal.
La vivacidad del lenguaje


Eran las nueve de la mañana en Aracataca. Llovía el 6 de marzo de 1927 cuando nació el primogénito de Luisa Santiaga Márquez Iguarán y el telegrafista Gabriel Eligio García. La tía Francisca, abriéndose paso por el corredor de begonias, propagaba la buena nueva: "¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!". Gabo, el mayor de siete varones y cuatro mujeres, pasó los primeros años de su infancia con sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez Mejía –su ídolo de toda la vida– y Tranquilina Iguarán Cotes, quienes le contaban relatos, fábulas e historias. A la muerte de su abuelo fue enviado a estudiar a Barranquilla y en 1940 viajó a Zipaquirá, donde fue becado para estudiar el bachillerato. Los recuerdos de su familia y de su infancia –el abuelo como prototipo del patriarca familiar, la vivacidad del lenguaje campesino y la natural convivencia con lo mágico– emergerán años más tarde, transfigurados por la ficción, en obras como La hojarasca (1955), su primera novela escrita entre julio de 1950 y agosto de 1951, donde asimila la influencia de William Faulkner. La historia se despliega a través de tres monólogos –abuelo, madre y niño– que recrean las vidas alrededor del cadáver de un médico francés que se ha ahorcado en la madrugada. El pueblo en el que transcurren estas vidas se llama Macondo. No fue su abuela Tranquilina la que le permitió imaginar que podría ser escritor. "Fue Kafka que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor.

Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: 'Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa'", afirmó el escritor colombiano a su viejo amigo Plinio Apuleyo Mendoza en el libro de conversaciones El olor de la guayaba.


Aunque estudió Derecho, dejó la carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. Un tímido muchacho de 20 años se quedó petrificado frente a unas letras de molde con su nombre y apellido, en el diario colombiano El Espectador, de Bogotá. El 13 de septiembre de 1947 las palabras de su primer cuento, "La tercera resignación", flameaban en su campo visual: "Allí estaba otra vez ese ruido. Aquel ruido frío, cortante, vertical, que ya tanto conocía, pero que ahora se le presentaba agudo y doloroso, como si de un día para otro se hubiera desacostumbrado a él". Allí estaba el principio de su galaxia literaria. Quizá Gabo permaneció callado durante unos segundos, inescrutable, pero seguro de sí mismo y del porvenir. Pero hace casi 60 años, la primera reacción de ese joven fue "la certidumbre arrasadora de que no tenía los cinco centavos para comprar el periódico". En 1948 se trasladó a Cartagena, donde inició su carrera periodística en El Universal en el marco histórico del Bogotazo, la reacción popular por el asesinato del líder liberal y populista Jorge Eliécer Gaitán. Posteriormente continuó en El Heraldo de Barranquilla, donde publicó las columnas de "La jirafa" con el nombre Septimus –su doble periodístico– desde 1950. Como otros escritores fogueados por el periodismo –Ernest Hemingway, por ejemplo–, aprovechaba ese territorio para despuntar la experimentación estilística. El periodismo nunca obturó las cualidades del escritor. Sin duda sería el gran laboratorio que fue potenciando y acompañando el campo de la ficción. Las semillas de lo que se ha llamado "realismo mágico", las concepciones laberínticas del tiempo en sus novelas, se encuentran ya en muchas de sus crónicas. En el prólogo al primer volumen de los Textos costeños –su obra periodística inicial de 1948 a 1952, editada en dos tomos–, Jacques Gilard observa que en los primeros cuentos y notas periodísticas hay un motivo que se repite con alguna insistencia: "Es el muerto sobre el que crece un árbol cuya savia, sacada del cadáver, sube hasta las frutas que servirán de alimento a los vivos". Para Gilard, "que a la muerte haya de sucederle una renovación no es ningún consuelo para quien sabe que tiene una sola vida: sólo importa la conciencia de que el tiempo pasa y, al pasar, mata".


Mientras trabajaba en El Espectador, de Bogotá, escribió Relato de un náufrago (publicado en formato libro en 1970), en el que narró la aventura de un marinero colombiano que sobrevivió varios días en el mar, luego de que su barco naufragara. Las revelaciones del marinero le provocaron problemas con el gobierno del presidente Gustavo Rojas Pinilla, por lo que el periodista fue enviado como corresponsal a París de 1955 a 1957. En el exterior, el escritor se replanteó el enfoque de sus crónicas hacia detalles marginales o secundarios. Muchas veces optó por narrar lo que le sucedía a él, es decir la historia de la historia, como lo hizo en sus crónicas sobre Viena, las noches de Budapest o la Unión Soviética en 1957: "22.400.000 kilómetros cuadrados sin un aviso de Coca-Cola". Después se casaría con su novia de juventud, Mercedes Barcha, en 1958; trabajaría en Prensa Latina, la agencia cubana de noticias creada tras el triunfo de la Revolución Cubana; y en 1961 se establecería en México, donde nacieron sus dos hijos: Rodrigo y Gonzalo. Además de su primera novela, entonces había publicado dos novelas más: El coronel no tiene quien le escriba (1957) y La mala hora (1961).


El periodismo, "el mejor oficio del mundo", perdió a su maestro más notable. Gabo nunca quiso separar ni escindir la experiencia del novelista y el periodista. Detestaba los grabadores, "un invento luciferino" que eclipsa la atención del cronista al creer que ese aparato lo oye todo. "No oye los latidos del corazón, que es lo que más vale en una entrevista", decía el escritor que en 1994 creó la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) con el apoyo de La Jornada en México, El País en España y Página/12 en Argentina, para mejorar la formación y prácticas de los periodistas iberoamericanos. "El reportaje necesita un narrador esclavizado a la realidad. Y ahí entra la ética. En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde."


La fundación de la Utopía


Macondo y los Buendía –ese rosario de historias de la humanidad narradas desde el umbral del sueño y la vigilia– llegaron al universo digital hace poco más de dos años cuando Cien años de soledad se empezó a vender por primera vez en formato electrónico, con la portada original de la primera edición impresa: el emblemático galeón en la selva colombiana. La liberación de los espacios de lo real a través de la imaginación es el hecho central que subrayaba Carlos Fuentes. "¿Quién no ha reencontrado, en la genealogía de Macondo, a su abuelita, a su novia, a su hermano, a su nana?", se preguntaba el escritor mexicano. "La fundación de Macondo es la fundación de la Utopía. José Arcadio Buendía y su familia han peregrinado en la selva, dando vueltas en redondo, hasta encontrar, precisamente, el lugar donde fundar la nueva Arcadia, la tierra prometida del origen: 'Los hombres de la expedición se sintieron abrumados por sus recuerdos más antiguos en aquel paraíso de humedad y silencio, anterior al pecado original'." Francisco "Paco" Porrúa, ex director de Sudamericana, no necesitó leer toda la novela del entonces desconocido periodista y escritor colombiano. Las primeras líneas alcanzaron. En aquellos años, a mediados de los '60, estaba a la caza de novelas latinoamericanas "originales". El 30 de mayo de 1967 se publicó en Argentina la primera edición, una tirada de 8000 ejemplares que se agotó como pan caliente. El escritor y periodista Tomás Eloy Martínez, primero en publicar la crítica a esta novela en Primera Plana, sintetizó con precisión el camino del anonimato a la consagración que transitó el colombiano. "Llegó a Ezeiza en un avión demorado, a las tres de la madrugada, y sólo dos personas lo estábamos esperando: su editor y yo. Al marcharse, diez días más tarde, la multitud que lo acompañaba era tan caudalosa que Porrúa y yo lo perdimos de vista." Su obra maestra es un long seller de largo aliento, traducido a 35 idiomas, desde el ruso hasta el esperanto, pasando por el húngaro y el chino, y se calcula que las ventas han superado ampliamente los 30 millones de ejemplares en todo el mundo. "Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas", confesó García Márquez. Más allá de la molestia por el impacto, lo cierto es que la novela hispanoamericana no salió al mundo, no estuvo en el foco de los lectores de otras lenguas, hasta el triunfo de Cien años de soledad.


A pesar de que se conocieron en 1959, la amistad comenzó a mediados de la década del '70. "Fidel Castro es un lector voraz, amante y conocedor muy serio de la buena literatura de todos los tiempos y, aun en las circunstancias más difíciles, tiene un libro interesante a mano para llenar cualquier vacío", dijo Gabo en 1976, después de un encuentro con el líder cubano, quien ha tenido el privilegio de leer los borradores de varios libros de García Márquez. Ni las primeras críticas de los intelectuales al régimen cubano por la censura y el tratamiento que recibían los artistas considerados opositores –como sucedió con el famoso "caso Padilla", a principios de los '70– ni la encarcelación de 78 disidentes en 2003 –que fueron condenados a penas entre doce y veintisiete años– pudieron debilitar las convicciones y la fidelidad de Gabo a la Revolución Cubana. Esta certeza –dicen– fue una de las razones de la enemistad con Mario Vargas Llosa. Después de una pelea que terminó a las trompadas en el estreno de una película en México, en 1976, el peruano calificó a su par colombiano de "lacayo" de Castro.


Gabo siempre se ha defendido de quienes lo acusaban de "amar el poder", alegando que su amistad está por encima de otras cuestiones y que su posición le ha permitido salvar en silencio a varios disidentes cubanos. Como muchos de los autores de su generación, el narrador colombiano siempre ha tenido una posición política pública y cuenta con "la novela sobre el dictador", El otoño del patriarca (1975). Y sin embargo, nunca aceptó cargos públicos. En diciembre de 1986 fundó en San Antonio de los Baños una academia de cine: la Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano. La nueva institución –presidida por García Márquez– es importante para Cuba porque en Latinoamérica la cultura es una fuente decisiva de legitimidad. "Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado", se lee en la página web de esta Fundación por la que han pasado, entre otros, Robert Redford, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola. Gabo, que también fue amigo del ex presidente norteamericano Bill Clinton –quien confesó ser un gran lector de sus libros y lo calificó como su "escritor favorito"–, se definía como socialista. En una entrevista en 1983 aseguró que no era comunista. "No lo soy ni lo he sido nunca, ni tampoco he formado parte de ningún partido político", advirtió. Y aclaró que el modelo de gobierno que prefería era el socialismo: "Quiero que el mundo sea socialista y creo que tarde o temprano lo será".


La soledad de América latina


García Márquez fue el primer escritor colombiano en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1982. Durante el memorable discurso de aceptación, el 10 de diciembre de ese año, el escritor colombiano recordó que los desaparecidos latinoamericanos por motivos de la represión eran casi 120 mil en 1982, "que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala". "Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares (...) Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte.

Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad", explicó el Premio Nobel. "Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: 'Me niego a admitir el fin del hombre'. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica", alertó García Márquez en otro tramo de su discurso en Suecia. "Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra."


¿Por qué comienza por el final? Eso se podrán preguntar los lectores de Crónica de una muerte anunciada (1981). Se sabe el nombre de la víctima, Santiago Nasar. Que los asesinos son los gemelos Pedro y Pablo Vicario. Que el móvil del crimen fue vengar el honor de su hermana ultrajada. Y sin embargo, la eficacia de la novela reside en su rigurosa arquitectura coral. El cronista reconstruye y "acerca" –a través de las voces de los protagonistas y testigos, de cartas, informes y el sumario judicial– los recuerdos de aquel lunes ingrato, las omisiones y las ambigüedades de una tragedia moderna tan anunciada. No eran "vainas de borrachos"; se sabía que lo iban a matar, y los mensajeros no llegaron a tiempo ni pudieron impedir el crimen. Y los lectores, que desean que alguien lo salve, o que la puerta de su casa se abra y pueda escapar, se derrumban de bruces en la cocina, junto a Santiago. Gabo disloca el tiempo –el orden cronológico de los hechos y el de la narración–, y disuelve las fronteras de la crónica y de la literatura. Quizás este modo de descomponer los bordes sea una de las características más persistentes de su obra. Para recomponer las astillas dispersas del espejo roto de la memoria, en un pueblo olvidado de la costa caribeña, había que empezar por el final.

 

Jubilar la ortografía

 


Qué polémica descomunal estalló cuando sugirió simplificar la gramática "antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros" en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española que se realizó en Zacatecas (México), en 1997. Era previsible que los gramáticos, lingüistas y académicos reaccionaran, con el malentendido de que donde el escritor dispuso el verbo "simplificar" algunos medios de comunicación utilizaron "suprimir". "Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos", comparó el autor de El amor en los tiempos de cólera (1985), Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1996). "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?"


Entre los ejemplos que entonces propuso señaló que la palabra "condoliente" no existe. Que sí existen el verbo condoler y el sustantivo doliente, que es el que recibe las condolencias. Pero los que la dan no tienen nombre. Gabo resolvió inventar condolientes en El general en su laberinto (1989) y comentó que le habían reprochado que en tres libros aparezca la palabra átimo, que es italiana derivada del latín, pero que no pasó al castellano. En sus últimos seis libros de entonces no incluyó un sólo adverbio de modo terminado en "mente" porque "me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales". Estas cuestiones eran para él "pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo". La contribución que pueden hacer los escritores respecto de la lengua "no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa". El tópico ameritaría más reflexiones. No conviene desestimar asuntos que fueron, son y serán peliagudos. En este tema, más que el afán de provocar, Gabo se animó a expresar justamente lo que muchos no querían oír. "El deber de los escritores no es conservar el lenguaje, sino abrirle camino en la historia", planteó el escritor. "Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos, pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio."

 

El goce visual


La sexualidad en la vejez está cubierta por un velo de pudor que la consagra al silencio. De eso no se habla. Pero Gabo se atrevió a descorrer ese velo pudoroso, glorificando la senectud y burlándose, a su manera, de los riesgos de estar vivo. Quizá tenga razón el nonagenario protagonista de Memoria de mis putas tristes, la última novela que publicó en 2004, luego del primer y único volumen de sus memorias Vivir para contarla (2002): "El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre". Consciente de que a su edad cada hora es un año, el anciano solterón, que durante 40 años trabajó como "inflador de cables" en El diario de La Paz y como profesor de gramática, decide celebrar sus noventa con una adolescente virgen. Nada más que una noche libertina. Acaso el último placer carnal frente a la inminencia de la muerte.

 

 

Mientras espera que la dueña de un burdel le consiga "una novedad disponible" –una chica analfabeta–, el anciano, que trata de apaciguar su ansiedad escuchando a Bach, Wagner o Debussy, efectúa una suerte de ajuste de cuentas con su pasado. "No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido." En este epígrafe de la última novela de García Márquez hay un homenaje al autor de La casa de las bellas durmientes (1961), Yasunari Kawabata, primer Premio Nobel de Literatura de origen japonés. Eguchi, el viejo japonés de 67 años que acude a una posada en las afueras de Tokio, frecuentada por ancianos que buscan pasar la noche con jóvenes narcotizadas, se parece al personaje del escritor colombiano. Los dos viejos descubren el placer de contemplar el cuerpo desnudo de una mujer dormida, sin ir más allá del goce visual. Ese nonagenario que se asume como "feo, tímido y anacrónico", que nunca se preocupó por su edad sexual ("porque mis poderes no dependían tanto de mí como de ellas"), después de su fallida noche de amor, descubre el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una joven morena, a quien llama Delgadina, "sin los apremios del deseo y los estorbos del pudor". Aunque ese "fracaso" le hiere su orgullo masculino –la dueña del prostíbulo, Rosa Cabarcas, una sagaz celestina moderna, le reprocha: "Una mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno"–, lo que asoma como la historia de una derrota irreversible o el epílogo sexual de un hombre, pronto se transforma en la crónica de un anciano enamorado. Y el amor modifica las rutinas de este viejo solitario que empieza a descifrar el lenguaje del cuerpo de su bella durmiente, y que percibe los estados de ánimo de Delgadina por el modo de dormir o por su manera de respirar. Este goce ante la contemplación nocturna es una obsesión literaria del colombiano. En el cuento "Muerte constante más allá del amor" del libro La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (1972), el senador Onésimo Sánchez duerme abrazado a Laura Farina, la joven más bella del mundo, sin amenazar la virginidad de la chica.


Hace muchos años Gabo tuvo una revelación. Fue en Zurich, cuando una tormenta de nieve lo empujó a refugiarse en un bar. "Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba el piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, sólo para que los enamorados se quisieran más."

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El principal puerto del Pacífico colombiano sitiado por la violencia

Resulta paradójico que Buenaventura, el puerto por donde se mueve más de la mitad del comercio exterior de Colombia, sea también el municipio con más desplazados del país debido a los cruentos enfrentamientos entre dos bandas criminales que tienen aterrorizada a la población. Así lo denunció Human Rights Watch (HRW), que el jueves presentó en Bogotá un informe que narra la crisis de violencia que allí se vive, luego de entrevistar a más de 70 personas.


Este puerto sobre el Pacífico colombiano en el que viven más de 370.000 personas, en su mayoría afrodescendientes, históricamente ha sido azotado por grupos armados, ya sea por las guerrillas, los paramilitares y en los últimos años, por sus herederos, en este caso las bandas conocidas como Los Urabeños y La Empresa, instaladas en los barrios de la ciudad, donde se disputan rutas de droga y el control del microtráfico cometiendo toda clase de abusos que llegan al punto de la aberración.


Según HRW, estas organizaciones criminales mantienen "casas de pique" donde desmiembran a sus víctimas, en ocasiones cuando están vivas. "Por mucho grito que se escuche, el temor no lo deja a uno salir. La gente se da cuenta y sabe dónde hay casas de pique, pero no se mete porque es un temor total", dice un habitante de Buenaventura citado por la ONG. Estas bandas también reclutan a menores de edad, extorsionan a los comerciantes y hasta restringen la libre circulación de sus habitantes, imponiendo las llamadas fronteras invisibles.


"La situación en Buenaventura es una de las más alarmantes que hemos observado en muchos años de trabajo en Colombia y la región", señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW en un comunicado. "Tan solo caminar por una calle equivocada puede provocar que uno sea secuestrado y desmembrado; por ende, no debería sorprendernos que los residentes huyan por miles".


La existencia de las "casas de pique" ha estado en los titulares de los medios colombianos en las últimas semanas. Estas viviendas de madera estarían ubicadas en los barrios más pobres sobre la playa. Incluso se han encontrado partes de cuerpos desmembrados a la orilla del mar. La Fiscalía investiga lo que pudo haber ocurrido en dos de estas casas donde encontraron rastros de sangre a comienzos de marzo.


El miedo causó que en 2013 más de 13.000 personas abandonaran Buenaventura, señala HRW y agrega que, según las autoridades judiciales, en más de 150 casos en los cuales se denunció que una persona se había extraviado entre 2010 y 2013, habrían sido desaparecidas. Y pesar de que ha habido capturas, la impunidad está a la orden del día.


"La Fiscalía ha iniciado más de 2.000 investigaciones de casos de desaparición y desplazamiento forzado perpetrados en Buenaventura por diversos actores en las dos últimas décadas, pero ninguna ha tenido como resultado una condena", dice HRW. La tasa de homicidios también es alarmante. En el pasado Buenaventura tenía tasas muy altas y habían venido bajando, pero volvieron a subir un 50% en el 2013, pasando de 32,4 a 48,6 homicidios por cada cien mil habitantes, según la Fundación Ideas para la Paz.


Se suma que reina la "ley del silencio" impuesta por Los Urabeños y La Empresa, por lo que las cifras de los delitos podrían ser mucho mayores. "Existe una sensación de enorme indefensión entre los habitantes de Buenaventura, que por largo tiempo han estado totalmente desprotegidos", señaló Vivanco.
Estos hechos provocaron la reacción del presidente Juan Manuel Santos, que anunció el refuerzo de las fuerzas del orden, que hasta finales de 2013 sumaban 900 policías y 500 miembros de la Armada. Los primeros aumentaron en 650 efectivos.


Sin embargo, HRW recogió testimonios de pobladores que aseguran que la presencia de la policía se siente poco en los barrios y que a algunos los han visto reuniéndose con integrantes de las bandas criminales. Otros afirman que parte de su temor a denunciar se debe a la desconfianza en las autoridades y el temor de que vayan a filtrar la información a los delincuentes.


Para la ONG, el Estado colombiano "no brinda seguridad a comunidades de Buenaventura donde prevalecen amenazas de violencia, asesinatos, desapariciones y desplazamientos". Por eso recomienda que la policía tenga una presencia ininterrumpida en los barrios, además que se designe una comisión independiente para evaluar las desapariciones y se diseñe un plan para sancionar a los responsables, entre otras. Buenaventura también está pendiente de tener un albergue donde puedan refugiarse los desplazados.

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Martes, 28 Enero 2014 07:27

Infierno en la Modelo

Infierno en la Modelo

Un enfrentamiento en el pabellón B o patio social del centro carcelario de la Vía 40 desembocó anoche en un motín y, posteriormente, en un incendio que dejó al menos nueve muertos y 37 heridos.

 

Una disputa dentro del pabellón B, o también llamado pabellón Social de la cárcel Modelo, derivó en una grave emergencia que, hasta el cierre de esta edición, dejaba 9 internos muertos y 37 heridos.

 

La situación arrancó a las 8 de la noche, hora en que miembros de la guardia del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, Inpec, alertaron a las autoridades sobre una pelea y, posteriormente, un incendio dentro del patio en el que permanecían 725 presos llegados allí por delincuencia común. La reacción policial fue inmediata.

 

Rápidamente, decenas de patrullas llegaron al centro carcelario situado en la Vía 40, sector del centro histórico de Barranquilla, y, a su vez, fueron estas las que llamaron al Cuerpo de Bomberos, pues las llamas empezaban a tomarse las celdas de los internos.

 

Minutos después, en medio de la tensión y mientras los rescatistas realizaban maniobras para extinguir el fuego, ambulancias de distintos centros asistenciales y un nutrido grupo de paramédicos inició las labores de evacuación de heridos. Uno a uno fueron pasando hacia vehículos de emergencia apostados sobre la calle, personas con evidentes quemaduras por todo el cuerpo, algunos de estas gritando por el fuerte dolor.

 

Uno de los heridos, del que no se pudo establecer su nombre, fue sacado en hombros por uniformados de la Policía Metropolitana y por paramédicos, ya que las plantas de sus pies estaban completamente destrozadas por cruzar por un colchón en llamas. Lo único que este alcanzó a decir fue "no había de otra porque nos estábamos quemando".

 

Tres horas más tarde vino la calma al lugar. Bomberos lograron controlar la conflagración, miembros de la Defensa civil, también en la ayuda, lograron evacuar a la mayoría de heridos hacia centros asistenciales públicos y privados.

 

El general José Vicente Segura, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, mencionó que esta, supuestamente, se había desencadenado luego de unos planes operativos realizados por el Inpec en horas de la tarde de ayer dentro del penal, situación que sacó de casillas a algunos presos. "Esto, al parecer, hizo que se enfrentaran unos con otros", anotó Segura.

 

La alcaldesa Elsa Noguera, también presente a las afueras del penal, lamentó el incidente y dijo que se debía tomar en serio el tema carcelario "porque no es justo que ni siquiera podamos salvarle la vida a los internos".


Mientras la cárcel parecía ser un infierno, afuera familiares de los reclusos clamaban por algún tipo información que les diera tranquilidad. Madres, padres, hermanos, tíos, esposas e hijos de decenas de presos gritaban "déjenoslos ver, por favor, déjenoslos ver...".

 

Hasta el cierre de esta edición era la esperada la llegada a la ciudad del Director Nacional del Inpec, el general General Saúl Torres Mojica, quien viajaba en un vuelo charter desde Bogotá.u

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Martes, 21 Enero 2014 06:28

El otoño de Cuba

En la actualidad Cuba es uno de los países de América Latina con mayor número de adultos mayores (18,3%) y el primero en que estos superan al sector ubicado entre los 0 y los 14 años (17,3%). Con esta tendencia, el país ya es incapaz de garantizar un reemplazo poblacional, lo que significa que cada día habrá más personas recibiendo jubilaciones y menos trabajando.


La cobertura de salud general y gratuita ha permitido prolongar la vida de los hombres hasta alcanzar los 76 años y, en el caso de las mujeres, vivir un promedio de 80. Semejante avance provoca no pocos retos y uno de ellos es que aumenta el número de hijos ancianos que deben atender a sus padres centenarios. Ya funciona incluso un club llamado "De los 120 años", proponiendo la meta de que todos los seres humanos lleguen a esa edad.


Margarita Roca cumple en marzo los 97 años. Camina con alguna dificultad pero su mente está clara. Ella misma confiesa, entre risas, que es "muy majadera" para bañarse y comer. Es atendida por su hijo menor, Raúl, de 71 años, quien se enfrenta a problemas mayores que los caprichos de su madre. "Vivimos de dos jubilaciones que no alcanzan, para poder cuidarla he tenido que dejar de trabajar y todos los precios están por la nubes. Me cuesta mucho comprarle la leche, por ejemplo", dice Raúl a Público y agrega que "se nos va todo en el pago de la luz, la balita del gas, el agua, el periódico y el teléfono. Por suerte mis hijos me ayudan a llegar a fin de mes".


Además de la mayor esperanza de vida, la baja natalidad influye también en el envejecimiento. Una mujer cubana en edad reproductiva tiene como promedio 1,6 hijos. Las razones son muy variadas pero destacan la adquisición de un mayor nivel educacional y cultural, la integración de las mujeres a la vida profesional y laboral, las dificultades económicas y, en particular, la escasez de vivienda, que impide que las parejas se independicen del núcleo familiar original.

 

El problema más grave que enfrenta la sociedad es el cuidado de los ancianos. Nada en Cuba está preparado para su atención. Tienen 75.000 médicos pero no hay suficientes geriatras, pululan las barreras arquitectónicas en todas las ciudades y pueblos, las jubilaciones no son suficientes, no existe un transporte colectivo adecuado y los centros de acogida para ancianos tienen muchas menos plazas de lo que se necesita.


A pesar de todo, la sociedad cubana ha desarrollado algunos interesantes proyectos para la tercera edad, como la Universidad del Adulto Mayor, donde se imparten asignaturas como Historia hasta métodos sobre cómo vivir de la mejor manera esta etapa de sus vidas. Asimismo, en casi todos los parques del país, miles de personas, en su mayoría ancianos, reciben clases gratuitas de Tai Chi, una disciplina de ejercicios chinos que favorece la coordinación de movimientos y el equilibrio.


En los municipios existen Casas del Abuelo donde pueden pasar el día mientras sus familiares trabajan. Allí hacen ejercicio, los alimentan, juegan al dominó, ven la televisión, hacen alguna excursión y se relacionan con gente de su edad. Todo es gratuito, como lo son también los asilos, dedicados a aquellos que no tienen familia y están desamparados. El problema es que unos y otros se quedan por debajo de las necesidades.
Alberto Fernández, jefe de atención al adulto mayor de Salud Pública, reconoce que las 230 Casas del Abuelo y las 9.000 plazas en los asilos se quedan muy por debajo de la demanda generada por una sociedad en la que ya viven más de dos millones de personas de la tercera edad. Sin embargo, anuncia que ya se trabaja en la reparación de los existentes y que planean la apertura de 13 nuevos asilos y 140 Casas más antes de 2015.


Sin lugar a dudas, la ampliación de las capacidades de atención a la vejez es una buena noticia pero hará falta mucho más que eso para que la sociedad cubana pueda enfrentar semejante reto. Los especialistas creen que es imprescindible desarrollar en la población una cultura que permita convivir armónicamente con los adultos mayores y mecanismos económicos que hagan sostenible un avance social tan importante como el aumento de la esperanza de vida.

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Martes, 31 Diciembre 2013 07:32

El derecho a morir con dignidad

El derecho a morir con dignidad

Muchos somos los que hemos visto a personas muy queridas que, debido a la enfermedad que tenían, tuvieron una muerte larga, penosa, dolorosa y humillante. Y era la propia persona que se estaba muriendo la que deseaba morir lo más pronto posible, irse sin pena y sin dolor, y sobre todo, con dignidad. Y, en cambio, era muy poco lo que el enfermo y sus familiares podían hacer para ayudarle. La ley no lo permite.


La mayor razón de ello es un prejuicio religioso que, como en el caso del aborto, habla de la santidad de la vida, sin ser sensible al significado y calidad de dicha vida. Está, como todo sentimiento religioso, basado en fe, en creencias, y escapa a cualquier raciocinio. Y es un indicador más del enorme poder que tiene la Iglesia y de su influencia negativa en la cultura popular que tal posibilidad ni siquiera haya sido considerada por los llamados representantes de la población.


Ni que decir tiene que es un tema complejo, pues puede dar pie a abusos, es decir, que este derecho fuera utilizado por los familiares o personas próximas al enfermo como manera de aliviar su propia incomodidad, añadiendo presión al enfermo para que firmara y diera su consentimiento para que le ayudasen a morir. Pero hay mecanismos y regulaciones que pueden disminuir la posibilidad de este abuso, adquiriendo, por ejemplo, la autorización en un momento de mayor normalidad en el que el paciente pueda decidir en una situación menos estresante, o incluso cuando no estuviera enfermo en fase terminal.


Así se está haciendo en cuatro Estados de EEUU: Oregón, Washington, Vermont y Montana. Y la popularidad de dicha medida explica que otros Estados estén considerando aprobar leyes semejantes. La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se llama Death with Dignity Act (ley del derecho a morir con dignidad), y se está extendiendo a lo largo de EEUU. Ello es un indicador de la pérdida de influencia de las religiones en la sociedad. En realidad, ha sido la constante de las religiones, y muy en particular de las iglesias cristianas (y más concretamente de la Iglesia Católica) el valorar el dolor como instrumento de redención y purificación, concepción que adquiere mayor contundencia en el proceso del final de la vida, camino –según dichas religiones– hacia el otro mundo, donde se desarrolla la plena realización de aquel ser. Tal creencia tiene que respetarse por mera coherencia democrática. Cualquier ciudadano tiene el derecho a practicar su religión, según los cánones que marque su iglesia. Ahora bien, este mismo ciudadano no puede imponer sus creencias al resto de la sociedad, tal como las iglesias desean, y muy en particular la Iglesia Católica española, que tradicionalmente ha tenido una relación privilegiada con el Estado español, tanto durante los periodos dictatoriales como en los escasos periodos democráticos que España ha tenido en su historia. La Iglesia Católica española no solo no es un instrumento democrático, sino que es antidemocrático, puesto que nunca ha aceptado que sus creencias son particulares (es decir, debieran afectar solo a sus creyentes) y no universales (es decir, que apliquen a toda la ciudadanía).


Y la dirección ultrarreaccionaria de la Iglesia Católica, que fue durante la dictadura parte del Estado fascista (los clérigos eran pagados por el Estado y los obispos nombrados por el dictador), nunca ha aceptado que sus creencias y sanciones no deben transformarse en políticas públicas en un sistema democrático. Hacerlo, como está ocurriendo en España, es de una enorme insensibilidad democrática, además de una gran crueldad e inhumanidad.

 

Negar el derecho a morir sin dolor y con dignidad a las personas como consecuencia de un mandato de su Dios, es delegar la gobernanza de un país a un poder terrenal no democrático que utiliza un poder supuestamente divino (que nadie ha elegido) para controlar a la población. Han sido un error grave el excesivo respeto y docilidad mostrados por las izquierdas a las imposiciones de un poder fáctico que ha dañado tanto y continúa dañando a la población, y todo ello en nombre de su Dios.

 

 

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Domingo, 29 Diciembre 2013 08:35

Nueva víctima de la guerra fría islámica

Nueva víctima de la guerra fría islámica

Fue un ataque contra los sauditas. Mohamad Chatah representaba el rostro más razonable del partido musulmán sunita 14 de Marzo, apoyado por los sauditas. Los moderados son, por lo regular, los primeros blancos de los asesinos libaneses.


El bombazo en que perecieron otros cinco, entre ellos los guardaespaldas del ex ministro de Finanzas, fue ejecutado con la acostumbrada planeación meticulosa. En el mero centro de Beirut, en la nueva ciudad construida por el padre de Saad Hariri, Rafiq, y a menos de dos kilómetros de donde éste fue asesinado hace casi nueve años.


El crimen fue condenado por todos los sospechosos usuales: los sirios, Hezbolá, la embajada rusa y prácticamente toda otra persona que pudiera haber deseado asestar un golpe al partido político de la comunidad sunita libanesa.


El mes pasado, un hombre del Hezbolá chiíta fue asesinado afuera de su casa. Antes de eso la embajada iraní fue atacada con bomba y hubo 25 víctimas mortales. Antes fueron los suburbios chiítas del sur, y antes dos mezquitas en Trípoli (la ciudad natal de Chatah): total de muertos, 45. Se le conoce como esto por aquello.


Chatah fue consejero financiero de Hariri padre e hijo, y sin duda sabía que él, como tantos hombres buenos en Líbano, era posible blanco de un atentado.


Hace varios años lo conocí en un restaurante de Beirut occidental, en el mismo distrito Ein Mreisse donde encontraría la muerte. En ese entonces trataba de decidir si debía cambiar su cargo en el Fondo Monetario Internacional, en Estados Unidos, por el mundo iracundo, peligroso y adictivo de la política libanesa.


Chatah era un hombre eminentemente moderado que creía en el diálogo en vez de la fuerza militar, incluso en lo referente a desarmar a Hezbolá. Era, como me dijo su amigo Marwan Iskander este sábado, un hombre íntegro. Y la integridad es una rara cualidad en Líbano.


Como la mayoría de los mejores libaneses, había estudiado en la Universidad Americana de Beirut, pero obtuvo su doctorado en Estados Unidos, donde más tarde sería embajador libanés. El movimiento 14 de Marzo culpó a Hezbolá y los iraníes de la muerte del político y diplomático. Najib Mikati, primer ministro interino de un gobierno que no existe, afirmó que Líbano es ahora rehén de terroristas.


Extrañamente, hoy día los árabes –desde el general Sisi en Egipto hasta los señores Assad y Maliki en Siria e Irak– usan la palabra terrorista con más frecuencia que los mentores occidentales que les enseñaron a usar esa expresión meretriz, genérica y espantosa.


Pero es difícil negar que la violencia siempre ha tenido prisioneros a los libaneses. De hecho, los asesinos en este minúsculo Estado procuran eliminar a todos los que podrían curar el cáncer del país con métodos pacíficos, con lo cual dejan el campo abierto a los dementes de cada partido.


Rodeado de bancos, boutiques, iglesias y mezquitas antiguas y de las oficinas del propio primer ministro, restauradas por Hariri padre después de la guerra civil de 1975-90, Chath era un objetivo prestigioso en una parte prestigiosa de la nueva Beirut. El humo de la explosión se elevó por la fachada del viejo Gran Serail turco en el que el gabinete interino –el primer ministro designado lleva ocho meses sin poder formar gobierno– celebra sus reuniones regulares. En Líbano, la democracia con frecuencia viene envuelta en humo y fuego.


Chatah era opositor al gobierno del presidente Bashar Assad en Siria y al papel armado de Hezbolá en Líbano. Una hora escasa antes de su muerte, había escrito en Twitter una advertencia de que Hezbolá presionaba duro para que se le concedieran los mismos poderes de seguridad y política exterior que alguna vez tuvo Siria. Varias veces escribió que una Siria unida y pacífica gobernada por Assad sencillamente no es posible.


Sin embargo, sería ingenuo creer que esas opiniones –expresadas con libertad por muchos en la oposición libanesa, algunos más prominentes que Chatah– provocaron su muerte. En realidad, él era sólo un rostro más en la guerra fría sunita-chiíta que ha permeado la sociedad musulmana en los pasados 30 años, y que creció en ferocidad a raíz de la desaparición de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.


Es fácil olvidar que antes de la revolución iraní –que puso en perspectiva el poder del Islam chiíta– Arabia Saudita era virtualmente el único foco de atención musulmana. Las ciudades sagradas de La Meca y Medina gobernaban el mundo islámico; pero una vez que los clérigos iraníes de Teherán y Qom reivindicaron la más reciente revolución islámica, en 1979, Arabia Saudita fue desafiada. Por tanto, en Irak y Siria, así como entre Arabia Saudita y el propio Irán, el conflicto sunita-chiíta –durante largo tiempo congelado por la guerra fría entre Oriente y Occidente y rara vez mencionado en Medio Oriente por temor a las repercusiones– se ha calentado hasta alcanzar las dimensiones de una guerra verdadera y terrible.


En la medida en que la batalla sectaria en Siria ha infectado a Líbano, el pobre Chatah fue víctima de ese mismo conflicto, señalado clara y fatalmente en la lucha entre sauditas e iraníes que se ha hecho manifiesta en uno de los países más pequeños de la región.


Traducción: Jorge Anaya

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Obama y el secretismo de los ataques con aviones no tripulados

Hace dos semanas, muchas personas murieron en un nuevo ataque violento. Esta vez, no se trató de la acción de un hombre armado ni de un estudiante que realizó un tiroteo en una escuela. Las víctimas fueron un grupo de familias que se dirigían a una boda en la localidad de Radda. Radda no está en Colorado ni en Connecticut, sino en Yemen. El arma utilizada no fue una pistola semiautomática de fácil obtención, sino misiles lanzados por un avión no tripulado de Estados Unidos. Diecisiete personas, en su mayoría civiles, murieron en el ataque, perpetrado el jueves 12 de diciembre. La Oficina de Periodismo de Investigación (BIJ, por sus siglas en inglés), una organización con sede en Londres que rastrea los ataques estadounidenses con aviones no tripulados, recientemente publicó un informe sobre los seis meses posteriores al discurso más importante del Presidente Obama acerca de la guerra con aviones no tripulados, pronunciado en la Universidad Nacional de Defensa (NDU, por sus siglas en inglés) en el mes de mayo. En el discurso, Obama prometió que "antes de realizar un ataque, habrá casi absoluta certeza de que ningún civil morirá ni resultará herido, el mayor estándar que podemos fijar". La Oficina de Periodismo de Investigación resumió en su informe: "A seis meses de que el Presidente Obama fijara los estándares estadounidenses para la utilización de aviones no tripulados armados, un análisis de nuestra Oficina demuestra que más personas murieron en ataques encubiertos con aviones no tripulados en Yemen y Pakistán en ese período que en los seis meses anteriores a que Obama pronunciara el discurso". Cuesta comprender que en un país que aborrece los asesinatos masivos que ocurren con demasiada frecuencia en el seno de sus propias comunidades, el Gobierno mate sistemáticamente a tantas personas inocentes en el extranjero.


Una de las mayores dificultades para poder hacer una evaluación del programa de ataques con aviones no tripulados de Estados Unidos es el secretismo que lo rodea. Los funcionarios estadounidenses no suelen hablar del programa, mucho menos de ataques específicos, especialmente cuando mueren civiles. Como reconoció Obama en su discurso: "La mayoría de las críticas a los ataques con aviones no tripulados, tanto aquí como en el extranjero, se centran, naturalmente, en las denuncias acerca de las muertes civiles. Hay una gran brecha entre la evaluación de las muertes realizada por el Gobierno de Estados Unidos y la de los informes no gubernamentales. Sin embargo, es un hecho indiscutible que los ataques estadounidenses han provocado muertes civiles". La BIJ calcula que el número de muertos en ataques estadounidenses con aviones no tripulados en los últimos doce años en Pakistán, Yemen y Somalia supera los 4.000.


Mientras los medios estadounidenses centran toda la atención en la posibilidad de que en los próximos años Amazon.com utilice pequeños aviones no tripulados para enviar los pedidos de Navidad, es importante reflexionar seriamente acerca de lo que estos robots aéreos están haciendo actualmente. El corresponsal de DemocracyNow! Jeremy Scahill ha denunciado las guerras encubiertas de Estados Unidos durante años. Lo hizo recientemente en su libro y documental denominado "Dirty Wars" (Guerras sucias). La película acaba de ser preseleccionada a un premio Oscar al mejor documental del año.

Tras la nominación, Scahill nos dijo: "Esperamos que, a través del documental, las personas presten atención a estas historias, que los estadounidenses conozcan, por ejemplo, lo que les sucedió a los residentes de una localidad beduina en al-Majalah, Yemen, donde más de treinta mujeres y niños murieron en un ataque con un misil de crucero estadounidense que la Casa Blanca intentó encubrir. O que se enteren de las personas que mueren en ataques nocturnos en Afganistán o en ataques con aviones no tripulados en Yemen y Pakistán".


En su discurso ante la Universidad Nacional de Defensa, el Presidente Obama afirmó: "Estados Unidos no realiza ataques para castigar a las personas. Actuamos contra los terroristas que significan una amenaza constante e inminente para el pueblo estadounidense, y cuando otros gobiernos no son capaces de enfrentar esa amenaza en forma eficaz". Ni Obama ni sus colaboradores explicaron qué tipo de amenaza significaba para el pueblo estadounidense un grupo de vehículos que se dirigía a una boda. El Gobierno de Yemen cumplió con la costumbre local e indemnizó a las familias que fueron víctimas del ataque mediante la entrega de 101 rifles Kalashnikov y poco más de 100.000 dólares.


Los pueblos rurales de Yemen se encuentran atrapados en el medio de un violento conflicto, según expresa Human Rights Watch en un informe publicado en octubre titulado "Between a Drone and Al-Qaeda" (Entre los aviones no tripulados y al-Qaeda). Apenas un mes antes de que Obama pronunciara el discurso ante la Universidad Nacional de Defensa, Farea al-Muslimi, un elocuente joven yemení que asistió durante un año a la escuela secundaria en Estados Unidos, brindó su testimonio en una audiencia del Congreso. Seis días antes de que declarara, un ataque con avión no tripulado había impactado en su aldea, Wessab. Farea sostuvo: "Lo que sabían los pobladores de Wessab sobre Estados Unidos se basaba en mis anécdotas acerca de mis maravillosas experiencias aquí. Ahora, en cambio, cuando piensan en Estados Unidos, piensan en el terror que sienten por los aviones no tripulados que los sobrevuelan, prontos para disparar misiles en cualquier momento. Un avión no tripulado logró en un instante lo que militantes violentos nunca antes habían logrado. Ahora existe una profunda ira contra Estados Unidos en Wessab". Finalizó su testimonio con la esperanza de que "cuando los estadounidenses sepan realmente cuánto dolor y sufrimiento han causado los ataques con aviones no tripulados estadounidenses (...) rechazarán este devastador programa de asesinatos selectivos".


Los hechos de violencia sin sentido en Estados Unidos conforman una larga lista de nombres asociados al dolor y la pérdida: Columbine, Tucson, Aurora, Newtown, Littleton. Gracias al constante trabajo de activistas comprometidos, periodistas valientes y funcionarios responsables, quizá los estadounidenses también recuerden los nombres de Gardez, Radda, al-Majalah, Mogadiscio y de los otros tantos lugares donde los ataques con aviones no tripulados continúan ocurriendo bajo un manto de secretismo.


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27 de diciembre de 2013 —


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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