Martes, 21 Enero 2014 06:28

El otoño de Cuba

En la actualidad Cuba es uno de los países de América Latina con mayor número de adultos mayores (18,3%) y el primero en que estos superan al sector ubicado entre los 0 y los 14 años (17,3%). Con esta tendencia, el país ya es incapaz de garantizar un reemplazo poblacional, lo que significa que cada día habrá más personas recibiendo jubilaciones y menos trabajando.


La cobertura de salud general y gratuita ha permitido prolongar la vida de los hombres hasta alcanzar los 76 años y, en el caso de las mujeres, vivir un promedio de 80. Semejante avance provoca no pocos retos y uno de ellos es que aumenta el número de hijos ancianos que deben atender a sus padres centenarios. Ya funciona incluso un club llamado "De los 120 años", proponiendo la meta de que todos los seres humanos lleguen a esa edad.


Margarita Roca cumple en marzo los 97 años. Camina con alguna dificultad pero su mente está clara. Ella misma confiesa, entre risas, que es "muy majadera" para bañarse y comer. Es atendida por su hijo menor, Raúl, de 71 años, quien se enfrenta a problemas mayores que los caprichos de su madre. "Vivimos de dos jubilaciones que no alcanzan, para poder cuidarla he tenido que dejar de trabajar y todos los precios están por la nubes. Me cuesta mucho comprarle la leche, por ejemplo", dice Raúl a Público y agrega que "se nos va todo en el pago de la luz, la balita del gas, el agua, el periódico y el teléfono. Por suerte mis hijos me ayudan a llegar a fin de mes".


Además de la mayor esperanza de vida, la baja natalidad influye también en el envejecimiento. Una mujer cubana en edad reproductiva tiene como promedio 1,6 hijos. Las razones son muy variadas pero destacan la adquisición de un mayor nivel educacional y cultural, la integración de las mujeres a la vida profesional y laboral, las dificultades económicas y, en particular, la escasez de vivienda, que impide que las parejas se independicen del núcleo familiar original.

 

El problema más grave que enfrenta la sociedad es el cuidado de los ancianos. Nada en Cuba está preparado para su atención. Tienen 75.000 médicos pero no hay suficientes geriatras, pululan las barreras arquitectónicas en todas las ciudades y pueblos, las jubilaciones no son suficientes, no existe un transporte colectivo adecuado y los centros de acogida para ancianos tienen muchas menos plazas de lo que se necesita.


A pesar de todo, la sociedad cubana ha desarrollado algunos interesantes proyectos para la tercera edad, como la Universidad del Adulto Mayor, donde se imparten asignaturas como Historia hasta métodos sobre cómo vivir de la mejor manera esta etapa de sus vidas. Asimismo, en casi todos los parques del país, miles de personas, en su mayoría ancianos, reciben clases gratuitas de Tai Chi, una disciplina de ejercicios chinos que favorece la coordinación de movimientos y el equilibrio.


En los municipios existen Casas del Abuelo donde pueden pasar el día mientras sus familiares trabajan. Allí hacen ejercicio, los alimentan, juegan al dominó, ven la televisión, hacen alguna excursión y se relacionan con gente de su edad. Todo es gratuito, como lo son también los asilos, dedicados a aquellos que no tienen familia y están desamparados. El problema es que unos y otros se quedan por debajo de las necesidades.
Alberto Fernández, jefe de atención al adulto mayor de Salud Pública, reconoce que las 230 Casas del Abuelo y las 9.000 plazas en los asilos se quedan muy por debajo de la demanda generada por una sociedad en la que ya viven más de dos millones de personas de la tercera edad. Sin embargo, anuncia que ya se trabaja en la reparación de los existentes y que planean la apertura de 13 nuevos asilos y 140 Casas más antes de 2015.


Sin lugar a dudas, la ampliación de las capacidades de atención a la vejez es una buena noticia pero hará falta mucho más que eso para que la sociedad cubana pueda enfrentar semejante reto. Los especialistas creen que es imprescindible desarrollar en la población una cultura que permita convivir armónicamente con los adultos mayores y mecanismos económicos que hagan sostenible un avance social tan importante como el aumento de la esperanza de vida.

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Martes, 31 Diciembre 2013 07:32

El derecho a morir con dignidad

El derecho a morir con dignidad

Muchos somos los que hemos visto a personas muy queridas que, debido a la enfermedad que tenían, tuvieron una muerte larga, penosa, dolorosa y humillante. Y era la propia persona que se estaba muriendo la que deseaba morir lo más pronto posible, irse sin pena y sin dolor, y sobre todo, con dignidad. Y, en cambio, era muy poco lo que el enfermo y sus familiares podían hacer para ayudarle. La ley no lo permite.


La mayor razón de ello es un prejuicio religioso que, como en el caso del aborto, habla de la santidad de la vida, sin ser sensible al significado y calidad de dicha vida. Está, como todo sentimiento religioso, basado en fe, en creencias, y escapa a cualquier raciocinio. Y es un indicador más del enorme poder que tiene la Iglesia y de su influencia negativa en la cultura popular que tal posibilidad ni siquiera haya sido considerada por los llamados representantes de la población.


Ni que decir tiene que es un tema complejo, pues puede dar pie a abusos, es decir, que este derecho fuera utilizado por los familiares o personas próximas al enfermo como manera de aliviar su propia incomodidad, añadiendo presión al enfermo para que firmara y diera su consentimiento para que le ayudasen a morir. Pero hay mecanismos y regulaciones que pueden disminuir la posibilidad de este abuso, adquiriendo, por ejemplo, la autorización en un momento de mayor normalidad en el que el paciente pueda decidir en una situación menos estresante, o incluso cuando no estuviera enfermo en fase terminal.


Así se está haciendo en cuatro Estados de EEUU: Oregón, Washington, Vermont y Montana. Y la popularidad de dicha medida explica que otros Estados estén considerando aprobar leyes semejantes. La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se llama Death with Dignity Act (ley del derecho a morir con dignidad), y se está extendiendo a lo largo de EEUU. Ello es un indicador de la pérdida de influencia de las religiones en la sociedad. En realidad, ha sido la constante de las religiones, y muy en particular de las iglesias cristianas (y más concretamente de la Iglesia Católica) el valorar el dolor como instrumento de redención y purificación, concepción que adquiere mayor contundencia en el proceso del final de la vida, camino –según dichas religiones– hacia el otro mundo, donde se desarrolla la plena realización de aquel ser. Tal creencia tiene que respetarse por mera coherencia democrática. Cualquier ciudadano tiene el derecho a practicar su religión, según los cánones que marque su iglesia. Ahora bien, este mismo ciudadano no puede imponer sus creencias al resto de la sociedad, tal como las iglesias desean, y muy en particular la Iglesia Católica española, que tradicionalmente ha tenido una relación privilegiada con el Estado español, tanto durante los periodos dictatoriales como en los escasos periodos democráticos que España ha tenido en su historia. La Iglesia Católica española no solo no es un instrumento democrático, sino que es antidemocrático, puesto que nunca ha aceptado que sus creencias son particulares (es decir, debieran afectar solo a sus creyentes) y no universales (es decir, que apliquen a toda la ciudadanía).


Y la dirección ultrarreaccionaria de la Iglesia Católica, que fue durante la dictadura parte del Estado fascista (los clérigos eran pagados por el Estado y los obispos nombrados por el dictador), nunca ha aceptado que sus creencias y sanciones no deben transformarse en políticas públicas en un sistema democrático. Hacerlo, como está ocurriendo en España, es de una enorme insensibilidad democrática, además de una gran crueldad e inhumanidad.

 

Negar el derecho a morir sin dolor y con dignidad a las personas como consecuencia de un mandato de su Dios, es delegar la gobernanza de un país a un poder terrenal no democrático que utiliza un poder supuestamente divino (que nadie ha elegido) para controlar a la población. Han sido un error grave el excesivo respeto y docilidad mostrados por las izquierdas a las imposiciones de un poder fáctico que ha dañado tanto y continúa dañando a la población, y todo ello en nombre de su Dios.

 

 

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Domingo, 29 Diciembre 2013 08:35

Nueva víctima de la guerra fría islámica

Nueva víctima de la guerra fría islámica

Fue un ataque contra los sauditas. Mohamad Chatah representaba el rostro más razonable del partido musulmán sunita 14 de Marzo, apoyado por los sauditas. Los moderados son, por lo regular, los primeros blancos de los asesinos libaneses.


El bombazo en que perecieron otros cinco, entre ellos los guardaespaldas del ex ministro de Finanzas, fue ejecutado con la acostumbrada planeación meticulosa. En el mero centro de Beirut, en la nueva ciudad construida por el padre de Saad Hariri, Rafiq, y a menos de dos kilómetros de donde éste fue asesinado hace casi nueve años.


El crimen fue condenado por todos los sospechosos usuales: los sirios, Hezbolá, la embajada rusa y prácticamente toda otra persona que pudiera haber deseado asestar un golpe al partido político de la comunidad sunita libanesa.


El mes pasado, un hombre del Hezbolá chiíta fue asesinado afuera de su casa. Antes de eso la embajada iraní fue atacada con bomba y hubo 25 víctimas mortales. Antes fueron los suburbios chiítas del sur, y antes dos mezquitas en Trípoli (la ciudad natal de Chatah): total de muertos, 45. Se le conoce como esto por aquello.


Chatah fue consejero financiero de Hariri padre e hijo, y sin duda sabía que él, como tantos hombres buenos en Líbano, era posible blanco de un atentado.


Hace varios años lo conocí en un restaurante de Beirut occidental, en el mismo distrito Ein Mreisse donde encontraría la muerte. En ese entonces trataba de decidir si debía cambiar su cargo en el Fondo Monetario Internacional, en Estados Unidos, por el mundo iracundo, peligroso y adictivo de la política libanesa.


Chatah era un hombre eminentemente moderado que creía en el diálogo en vez de la fuerza militar, incluso en lo referente a desarmar a Hezbolá. Era, como me dijo su amigo Marwan Iskander este sábado, un hombre íntegro. Y la integridad es una rara cualidad en Líbano.


Como la mayoría de los mejores libaneses, había estudiado en la Universidad Americana de Beirut, pero obtuvo su doctorado en Estados Unidos, donde más tarde sería embajador libanés. El movimiento 14 de Marzo culpó a Hezbolá y los iraníes de la muerte del político y diplomático. Najib Mikati, primer ministro interino de un gobierno que no existe, afirmó que Líbano es ahora rehén de terroristas.


Extrañamente, hoy día los árabes –desde el general Sisi en Egipto hasta los señores Assad y Maliki en Siria e Irak– usan la palabra terrorista con más frecuencia que los mentores occidentales que les enseñaron a usar esa expresión meretriz, genérica y espantosa.


Pero es difícil negar que la violencia siempre ha tenido prisioneros a los libaneses. De hecho, los asesinos en este minúsculo Estado procuran eliminar a todos los que podrían curar el cáncer del país con métodos pacíficos, con lo cual dejan el campo abierto a los dementes de cada partido.


Rodeado de bancos, boutiques, iglesias y mezquitas antiguas y de las oficinas del propio primer ministro, restauradas por Hariri padre después de la guerra civil de 1975-90, Chath era un objetivo prestigioso en una parte prestigiosa de la nueva Beirut. El humo de la explosión se elevó por la fachada del viejo Gran Serail turco en el que el gabinete interino –el primer ministro designado lleva ocho meses sin poder formar gobierno– celebra sus reuniones regulares. En Líbano, la democracia con frecuencia viene envuelta en humo y fuego.


Chatah era opositor al gobierno del presidente Bashar Assad en Siria y al papel armado de Hezbolá en Líbano. Una hora escasa antes de su muerte, había escrito en Twitter una advertencia de que Hezbolá presionaba duro para que se le concedieran los mismos poderes de seguridad y política exterior que alguna vez tuvo Siria. Varias veces escribió que una Siria unida y pacífica gobernada por Assad sencillamente no es posible.


Sin embargo, sería ingenuo creer que esas opiniones –expresadas con libertad por muchos en la oposición libanesa, algunos más prominentes que Chatah– provocaron su muerte. En realidad, él era sólo un rostro más en la guerra fría sunita-chiíta que ha permeado la sociedad musulmana en los pasados 30 años, y que creció en ferocidad a raíz de la desaparición de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.


Es fácil olvidar que antes de la revolución iraní –que puso en perspectiva el poder del Islam chiíta– Arabia Saudita era virtualmente el único foco de atención musulmana. Las ciudades sagradas de La Meca y Medina gobernaban el mundo islámico; pero una vez que los clérigos iraníes de Teherán y Qom reivindicaron la más reciente revolución islámica, en 1979, Arabia Saudita fue desafiada. Por tanto, en Irak y Siria, así como entre Arabia Saudita y el propio Irán, el conflicto sunita-chiíta –durante largo tiempo congelado por la guerra fría entre Oriente y Occidente y rara vez mencionado en Medio Oriente por temor a las repercusiones– se ha calentado hasta alcanzar las dimensiones de una guerra verdadera y terrible.


En la medida en que la batalla sectaria en Siria ha infectado a Líbano, el pobre Chatah fue víctima de ese mismo conflicto, señalado clara y fatalmente en la lucha entre sauditas e iraníes que se ha hecho manifiesta en uno de los países más pequeños de la región.


Traducción: Jorge Anaya

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Obama y el secretismo de los ataques con aviones no tripulados

Hace dos semanas, muchas personas murieron en un nuevo ataque violento. Esta vez, no se trató de la acción de un hombre armado ni de un estudiante que realizó un tiroteo en una escuela. Las víctimas fueron un grupo de familias que se dirigían a una boda en la localidad de Radda. Radda no está en Colorado ni en Connecticut, sino en Yemen. El arma utilizada no fue una pistola semiautomática de fácil obtención, sino misiles lanzados por un avión no tripulado de Estados Unidos. Diecisiete personas, en su mayoría civiles, murieron en el ataque, perpetrado el jueves 12 de diciembre. La Oficina de Periodismo de Investigación (BIJ, por sus siglas en inglés), una organización con sede en Londres que rastrea los ataques estadounidenses con aviones no tripulados, recientemente publicó un informe sobre los seis meses posteriores al discurso más importante del Presidente Obama acerca de la guerra con aviones no tripulados, pronunciado en la Universidad Nacional de Defensa (NDU, por sus siglas en inglés) en el mes de mayo. En el discurso, Obama prometió que "antes de realizar un ataque, habrá casi absoluta certeza de que ningún civil morirá ni resultará herido, el mayor estándar que podemos fijar". La Oficina de Periodismo de Investigación resumió en su informe: "A seis meses de que el Presidente Obama fijara los estándares estadounidenses para la utilización de aviones no tripulados armados, un análisis de nuestra Oficina demuestra que más personas murieron en ataques encubiertos con aviones no tripulados en Yemen y Pakistán en ese período que en los seis meses anteriores a que Obama pronunciara el discurso". Cuesta comprender que en un país que aborrece los asesinatos masivos que ocurren con demasiada frecuencia en el seno de sus propias comunidades, el Gobierno mate sistemáticamente a tantas personas inocentes en el extranjero.


Una de las mayores dificultades para poder hacer una evaluación del programa de ataques con aviones no tripulados de Estados Unidos es el secretismo que lo rodea. Los funcionarios estadounidenses no suelen hablar del programa, mucho menos de ataques específicos, especialmente cuando mueren civiles. Como reconoció Obama en su discurso: "La mayoría de las críticas a los ataques con aviones no tripulados, tanto aquí como en el extranjero, se centran, naturalmente, en las denuncias acerca de las muertes civiles. Hay una gran brecha entre la evaluación de las muertes realizada por el Gobierno de Estados Unidos y la de los informes no gubernamentales. Sin embargo, es un hecho indiscutible que los ataques estadounidenses han provocado muertes civiles". La BIJ calcula que el número de muertos en ataques estadounidenses con aviones no tripulados en los últimos doce años en Pakistán, Yemen y Somalia supera los 4.000.


Mientras los medios estadounidenses centran toda la atención en la posibilidad de que en los próximos años Amazon.com utilice pequeños aviones no tripulados para enviar los pedidos de Navidad, es importante reflexionar seriamente acerca de lo que estos robots aéreos están haciendo actualmente. El corresponsal de DemocracyNow! Jeremy Scahill ha denunciado las guerras encubiertas de Estados Unidos durante años. Lo hizo recientemente en su libro y documental denominado "Dirty Wars" (Guerras sucias). La película acaba de ser preseleccionada a un premio Oscar al mejor documental del año.

Tras la nominación, Scahill nos dijo: "Esperamos que, a través del documental, las personas presten atención a estas historias, que los estadounidenses conozcan, por ejemplo, lo que les sucedió a los residentes de una localidad beduina en al-Majalah, Yemen, donde más de treinta mujeres y niños murieron en un ataque con un misil de crucero estadounidense que la Casa Blanca intentó encubrir. O que se enteren de las personas que mueren en ataques nocturnos en Afganistán o en ataques con aviones no tripulados en Yemen y Pakistán".


En su discurso ante la Universidad Nacional de Defensa, el Presidente Obama afirmó: "Estados Unidos no realiza ataques para castigar a las personas. Actuamos contra los terroristas que significan una amenaza constante e inminente para el pueblo estadounidense, y cuando otros gobiernos no son capaces de enfrentar esa amenaza en forma eficaz". Ni Obama ni sus colaboradores explicaron qué tipo de amenaza significaba para el pueblo estadounidense un grupo de vehículos que se dirigía a una boda. El Gobierno de Yemen cumplió con la costumbre local e indemnizó a las familias que fueron víctimas del ataque mediante la entrega de 101 rifles Kalashnikov y poco más de 100.000 dólares.


Los pueblos rurales de Yemen se encuentran atrapados en el medio de un violento conflicto, según expresa Human Rights Watch en un informe publicado en octubre titulado "Between a Drone and Al-Qaeda" (Entre los aviones no tripulados y al-Qaeda). Apenas un mes antes de que Obama pronunciara el discurso ante la Universidad Nacional de Defensa, Farea al-Muslimi, un elocuente joven yemení que asistió durante un año a la escuela secundaria en Estados Unidos, brindó su testimonio en una audiencia del Congreso. Seis días antes de que declarara, un ataque con avión no tripulado había impactado en su aldea, Wessab. Farea sostuvo: "Lo que sabían los pobladores de Wessab sobre Estados Unidos se basaba en mis anécdotas acerca de mis maravillosas experiencias aquí. Ahora, en cambio, cuando piensan en Estados Unidos, piensan en el terror que sienten por los aviones no tripulados que los sobrevuelan, prontos para disparar misiles en cualquier momento. Un avión no tripulado logró en un instante lo que militantes violentos nunca antes habían logrado. Ahora existe una profunda ira contra Estados Unidos en Wessab". Finalizó su testimonio con la esperanza de que "cuando los estadounidenses sepan realmente cuánto dolor y sufrimiento han causado los ataques con aviones no tripulados estadounidenses (...) rechazarán este devastador programa de asesinatos selectivos".


Los hechos de violencia sin sentido en Estados Unidos conforman una larga lista de nombres asociados al dolor y la pérdida: Columbine, Tucson, Aurora, Newtown, Littleton. Gracias al constante trabajo de activistas comprometidos, periodistas valientes y funcionarios responsables, quizá los estadounidenses también recuerden los nombres de Gardez, Radda, al-Majalah, Mogadiscio y de los otros tantos lugares donde los ataques con aviones no tripulados continúan ocurriendo bajo un manto de secretismo.


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27 de diciembre de 2013 —


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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En 2013 aumentó la violencia contra el movimiento sindical colombiano

Ayer 10 de diciembre se cumplieron 65 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En una fecha tan significativa, la Escuela Nacional Sindical lamenta informar que los homicidios y los atentados contra trabajadores sindicalizados en Colombia aumentaron en este año que está terminando.

 

En efecto, desde el 1º de enero de 2013 al día de hoy, el Sistema de Información en Derechos humanos de Sindicalistas de la ENS (SINDERH) ha registrado, preliminarmente porque son datos aún no consolidados, al menos 26 homicidios de trabajadores sindicalizados, 13 intentos de homicidio, 149 amenazas, 28 casos de hostigamientos y 13 detenciones arbitrarias.


O sea que en lo que va corrido de este año se han registrado 4 casos más de homicidios y 6 casos más de atentados contra la vida de sindicalistas que en 2012.


Los dos últimos homicidios tuvieron lugar la semana pasada en el departamento de Norte de Santander, en Cúcuta y el municipio de Sardinata. Las víctimas, Carlos Garciaherreros, y Pedro Camperos, eran dirigentes de la Subdirectiva de la Federación Nacional de Servidores Públicos, Fenaser, filial de la CTC.

 

Son cifras que resultan preocupantes y demuestran que, pese a que el Gobierno ha anunciado esfuerzos en la implementación de medidas encaminadas a garantizar los derechos laborales y las libertades sindicales, la violencia antisindical y la impunidad de ésta no son un asunto del pasado en Colombia.

 

Lo más grave es que másd el 90% de las violaciones a los derechos a la vida, la integridad y la libertad de trabajadores sindicalizados entre enero y noviembre de este 2013, se cometieron contra líderes sindicales. De 229 casos registrados, 208 fueron contra dirigentes. De esos casos 9 fueron homicidios y 12 atentados.

 

Además 18 casos de amenazas fueron colectivas, dirigidas contra organizaciones filiales de la CUT y la CGT, centrales sindicales que en el transcurso del año 2013 agrupan, respectivamente, el 89,2% y el 5,4% del total de la violencia, lo que ratifica la dimensión colectiva de la violencia antisindical y las afectaciones que genera.

 

Los departamentos con más casos de violencia antisindical en este 2013 fueron: Valle con 49 casos, Antioquia con 30 casos, Cesar con 30, Santander con 27 y Atlántico con 20 casos.

 

Al analizar los sectores económicos más afectados por esta la violencia antisindical este año, encontramos que el más impactado es el de minas y canteras con el 25,4%, seguido de la industria manufacturera con 19.3%, el sector educativo con 18,2%, y agricultura, caza y pesca con el 12,7%. Como se ve, la violencia antisindical se da hoy en sectores claves en las políticas económicas que orienta el gobierno nacional.

 

Frente a la presunta autoría de esta violencia, tenemos que en un 53,7% de los casos no se conoce información al respecto. Y del total de los casos en los que se conoce o se presume su autor, el 71,6% se atribuye a grupos paramilitares, el 19,1% a organismos estatales, y el 5,8% a la guerrilla. Con un menor procentaje están los casos presuntamente atribuidos a la delincuencia común y el empleador.

 

Los dos últimos casos de N. de Santander

 

El primer caso ocurrió el 4 de diciembre en Cúcuta, donde fue ultimado de un balazo en el pecho Carlos Edmundo Garcíaherreros, recién nombrado directivo de Fenaser en este departamento, y docente de las universidades Libre y Simón Bolívar de Cúcuta.

 

Las autoridades dijeron en una primera versión de los hechos que el móvil fue el robo de un reloj, versión que puso en duda Raúl Gómez, presidente de Fenaser Seccional N. de Santander, sobre todo teniendo en cuenta que hay un runrún rodando en la zona en el sentido de que hay un listado de sindicalistas que van a ser asesinados por los paramilitares.

 

El segundo caso ocurrió dos días después del anterior, el de diciembre, en el municipio de Sardinata. La víctima fue identificada como Pedro Alejandrino Camperos, presidente de la subdirectiva del sindicato Sindenorte en Sardinata, filial de Fenaser.

 

Según Raúl Gómez, Camperos era una persona muy conocida en esta municipalidad, donde, aparte de ser funcionario de la Alcaldía, integraba un grupo mariachi. Precisamente ese fue el señuelo que utilizaron para asesinarlo: lo convocaron a prestar un servicio musical en las afueras de la ciudad, donde fue atacado el vehículo en el que se movilizaba su grupo. En el abaleo también resultó muerto otro compañero mariachi y herido el conductor del vehículo.

 

Otros casos graves

 

Algunos casos que consideramos graves, y que muestran la dificultad para ejercer la actividad sindical, son:

 

Entre julio de 2012 y enero de 2013, el presidente y el tesorero de la Junta Directiva Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Carbón (Sintracarbon), recibieron amenazas extendidas contra sus familias. Ocurrió mientras los dirigentes integraban la comisión que representó al sindicato en la negociación colectiva con la empresa Carbones del Cerrejón Limited. Según lo denunció pubolicamente el sindicato, estas amenazas tenían como objetivo limitar las acciones de Sintracarbón frente a sus reivindicaciones por la defensa de los derechos de los trabajadores y el desarrollo de la región. Solicitaron medidas de protección, pero nunca obtuvieron una respuesta oportuna, coherente y eficaz frente a sus necesidades particulares.

 

Otro escenario hostil contra el sindicalismo es la industria azucarera, en particular el Ingenio La Cabaña, que se opone a la formalización de sus relaciones laborales y contunúa vinculando trabajadores mediante contratistas. Además se negó a reconocer la seccional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (Sintrainagro) y a discutir el pliego de peticiones presentado por éste en diciembre de 2012. El 3 de enero de 2013 este ingenio despidió a 86 trabajadores, incluida la junta directiva del sindicato, y varios trabajadores sindicalizados recibieron, extensivas a su familia. Y el 28 del mismo mes Juan Carlos Pérez Muñoz, activista sindical, fue asesinado en el municipio de Corinto, Cauca .

 

Otra dimensión de la violencia antisindical que reviste particular gravedad, son las agresiones contra mujeres sindicalistas. Trabajadoras y dirigentes son víctimas de amenazas y desplazamientos forzados que buscan atacar sus liderazgos, sus condiciones propias de mujeres, entre ellas el rol de protección a la familia. Así lo ilustra la experiencia sufrida por la presidenta de la Asociación Santandereana de Servidores Públicos (Astdemp), quien desde el 2004 ha sido agredida en forma permanente. En abril de 2013 fue dejado en la sede del sindicato un sobre con un mensaje en la que la declararon objetivo militar y enemiga pública. Además le enviaron dos muñecas, cada una con el nombre de sus hijas, una de ellas sin un brazo y la otra sin una pierna, salpicadas de esmalte rojo en el rostro y el cuerpo. La amenaza estaba firmada por el Comando Urbano de los Rastrojos .

 

Las vidas perdidas, libertades y derechos restringidos a los sindicatos en este 2023, muestran que la violencia sigue siendo una práctica antisindical que impide la concreción efectiva del derecho de asociación sindical, la dignificación del trabajo, y priva a la sociedad de tener al sindicalismo como un actor fundamental que construye democracia.

 

 

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Jueves, 07 Noviembre 2013 06:01

El rastro del polonio en Arafat

El rastro del polonio en Arafat

Científicos suizos concluyeron que el histórico líder palestino Yasser Arafat probablemente murió de envenenamiento con polonio, según un informe de sus hallazgos publicado ayer por la cadena de noticias Al Jazeera. Los resultados de los exámenes a los restos de Arafat "respaldan moderadamente la hipótesis de que su muerte fue consecuencia de envenenamiento con polonio-210", según el informe de 108 páginas difundido por la página web de la cadena qatarí. De acuerdo con el texto, los científicos del Instituto de Radiofísica del Hospital Universitario de Lausana hallaron niveles de polonio-210 radiactivo 18 veces superiores a lo normal en las muestras tomadas del cadáver de Arafat.


Según Al Jazeera, los diez expertos que firman el informe están seguros en un porcentaje del 83 por ciento de que el líder palestino, fallecido en 2004, a los 75 años, fue envenenado con polonio. Este nivel de certeza "respalda moderadamente" la suposición de que el polonio pudo haber sido la causa hasta ahora nunca encontrada del accidente cerebrovascular hemorrágico que terminó con la vida de Arafat, agregaron los investigadores.


"Se realizaron nuevas investigaciones toxicológicas y radio-toxicológicas que demostraron niveles inesperadamente elevados de actividad de polonio-210 y plomo-210 en muchos de los tejidos analizados", dijeron los expertos en el informe. Científicos de Suiza, Francia y Rusia obtuvieron esas muestras el pasado noviembre, tras la exhumación de los restos de Arafat, que yacían en el mausoleo de la ciudad palestina de Ramalá, donde está la sede de gobierno de la Autoridad Palestina.


El experto británico en Medicina Forense Dave Barclay declaró a Al Jazeera que con esos resultados está "completamente convencido" de que Arafat fue asesinado y señaló que todavía se desconoce quién está detrás de lo sucedido. "El no estaba enfermo, pero esto responde a todas nuestras preguntas", afirmó ayer al canal la viuda del líder palestino, Suha Arafat, que recibió una copia del informe y fue quien denunció la muerte en julio de 2012 a un tribunal de la ciudad francesa de Nanterre, ante la posibilidad de un complot contra su esposo. La viuda presentó esta denuncia después de que el Instituto de Radiación Física de Lausana descubriera, en octubre pasado, restos de polonio-210 en algunas de las ropas y utensilios más privados del líder palestino.


El era anciano y frágil, pero los informes médicos indicaban que gozaba de un buen estado de salud y no mostraba señales de riesgo particulares según el informe de Suiza. Es decir, no estaba enfermo en octubre de 2004 cuando, después de una comida, comenzó a sentir náuseas, vómitos y dolores abdominales. Su médico personal diagnosticó una gripe. Pero su salud se deterioró rápidamente y los médicos tunecinos y egipcios no lograron saber el origen de su enfermedad. El 29 de octubre fue llevado a Jordania y luego voló a París, donde cayó en coma. Después de recibir una copia del informe, Suha Arafat dijo: "Recuerdo que Yasser se estaba reduciendo en el hospital, en sus ojos había un montón de preguntas".


"Cuando llegaron con los resultados, fue como si recién me hubieran dicho que murió. Estoy de luto por Arafat nuevamente", agregó.
Con Zahwa, su hija con Arafat, dice que sospecha de una conspiración para liberarse de él. "Mi hija y yo queremos saber quién lo hizo y no nos detendremos hasta averiguarlo. Espero que la Autoridad Palestina continúe la investigación, buscando cada aspecto de ella. Es por supuesto un crimen político."


Arafat, fundador de la Organización para la Liberación de Palestina y galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1994, falleció en un hospital militar, cerca de París, el 11 de noviembre de 2004, después de varias semanas de agonía en Ramalá, donde llevaba cerca de tres años cercado por Israel. Las sospechas sobre una mano negra surgieron casi de inmediato, y muchos palestinos acusaron de la muerte a Israel, que siempre negó haber jugado algún papel en su fallecimiento.


El funcionario palestino a cargo de la investigación de la muerte de Arafat, Tawfiq Tirawi, dijo el martes que había recibido el informe con los hallazgos de los científicos suizos, pero no quiso revelar su contenido. La agencia de noticias oficial palestina WAFA dijo que el equipo de investigadores rusos nombrado por la ANP también entregó su propio informe, el 2 de noviembre pasado.


Dave Barclay, científico forense británico y ex detective, le dijo a Al Jazeera que los descubrimientos lo convencieron de que Arafat había sido asesinado. "Yasser Arafat murió por envenenamiento con polonio –dijo–. Encontramos lo que causó su muerte. El nivel de polonio en las costillas de Arafat es de unos 900 milibecquereles." También está la cuestión de por qué los médicos franceses, que trataron a Arafat en París, no encontraron, en los días posteriores a su muerte, señales de que había sido envenenado.


El polonio-210 es la misma sustancia utilizada en el asesinato del ex espía ruso y crítico del Kremlin Alexander Litvinenko, fallecido en Londres en 2006. En su lecho de muerte, el ex espía acusó de su envenenamiento al presidente ruso, Vladimir Putin

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Sábado, 05 Octubre 2013 08:13

Matanza en la plaza Tahrir

Matanza en la plaza Tahrir

Al menos cinco personas murieron ayer y 40 resultaron heridas en Egipto cuando islamistas se enfrentaron con policías al retomar sus protestas para exigir la restitución del derrocado presidente Mohamed Mursi. En El Cairo, seguidores de los Hermanos Musulmanes intentaron marchar hacia la emblemática plaza Tahrir, pero fueron frenados y dispersados por la policía, e imágenes de TV mostraron un vehículo militar desde donde se abrió fuego contra los manifestantes. Pese al estado de sitio instaurado por las autoridades de facto hace dos meses, los seguidores de Mursi intentaban llegar a la plaza para reunirse en una convocatoria que se extenderá hasta el domingo, cuando el país conmemora el inicio de la guerra árabe-israelí de 1973, conocida como guerra de Yom Kippur. Cuatro de las muertes se registraron en choques entre partidarios y detractores de Mursi en El Cairo, mientras que el otro fallecimiento ocurrió en la ciudad de Suez.

 

Según fuentes de seguridad, los seguidores de Mursi intentaron desbloquear el ingreso a la plaza –cerrada por el Ejército y la policía– lanzando piedras que fueron respondidas por los uniformados con gases lacrimógenos. En tanto, otro grupo de simpatizantes de los Hermanos Musulmanes marchó desde un barrio de El Cairo hacia el lugar de su antiguo campamento de protestas, la plaza Rabaa al Adaweya, de donde las fuerzas de seguridad los desalojaron el 14 de agosto pasado a sangre y fuego con un saldo de cientos de muertos. Los manifestantes marchaban cantando consignas en contra del jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi, quien estuvo al frente del golpe de Estado que derrocó a Mursi, miembro de la Hermandad.

 

También se produjo un enfrentamiento entre manifestantes y vecinos del barrio cairota de Manial, donde se concentraron cientos de islamistas que corearon consignas para reclamar la vuelta al poder del mandatario depuesto el 3 de julio. Asimismo, hubo choques en el distrito de Shubra, donde los partidarios de los Hermanos Musulmanes intentaron organizar una marcha después de la oración del mediodía. Otros incidentes violentos ocurrieron también en la norteña ciudad de Alejandría, donde las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes.

 

La campaña de marchas "ininterrumpidas y sin violencia" desde ayer hasta el próximo domingo fue organizada por la Coalición Nacional de Defensa de la Legitimidad, integrada por distintos grupos islamistas, entre ellos la Hermandad Musulmana. Bajo el lema "El Cairo, la capital de la revolución", la marcha del domingo es un tributo a los héroes del Ejército que combatieron en la guerra de Yom Kippur –la cuarta guerra que enfrentó a Israel con los países árabes, tras negarse a entregar los territorios arrebatados durante la Guerra de los Seis Días–, en contraposición a los militares que derrocaron al gobierno de Mursi elegido democráticamente, explicaron los islamistas.

 

"Los verdaderos líderes son aquellos que llevan a cabo su responsabilidad en circunstancias difíciles y apuntan sus armas hacia el enemigo real, en las fronteras de la patria", afirmó la Coalición. Asimismo, criticó a la cúpula del Ejército, liderado por el general Abdel Fatah al Sisi, que derrocó a Mursi tras apoyarse en las masivas protestas que pedían elecciones anticipadas.

 

Por otro lado, horas antes del inicio de las manifestaciones, dos soldados egipcios murieron en un ataque perpetrado por un grupo armado contra un puesto de control del Ejército, al este de El Cairo, informaron fuentes de seguridad. Los atacantes huyeron pero fueron atrapados poco después en una población cercana. Desde el golpe de Estado aumentaron considerablemente los ataques contra comisarías y efectivos de seguridad en todo el país, especialmente en la península del Sinaí.

 

En los últimos tres meses, las autoridades llevaron a cabo una campaña de detenciones contra los líderes de la Hermandad, prohibieron sus actividades y los acusaron de instigar a la violencia. También reforzaron la presencial policial y militar en la capital y en otros puntos estratégicos, lo que ha dificultado nuevas concentraciones multitudinarias de los partidarios de Mursi. Tras el derrocamiento del ex mandatario, el Ejército se enfrentó en numerosas oportunidades con los islamistas, dejando un saldo de más de mil muertos y cerca de 5000 heridos.

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Bandar bin Sultán: la conexión saudí de las armas químicas en Siria

Decenas de testimonios recogidos por dos periodistas en Guta Oriental, área cercana a Damasco donde perecieron cientos de personas causa de gases neurotóxicos, indican que la masacre se debió al mal empleo por los rebeldes de tubos con sustancias químicas que les había proporcionado un miliciano saudí

 


Un informe publicado el 29 de agosto en MintPress News sugiere que la muerte de centenares de personas en el área de Damasco por el uso de armas químicas el pasado 21 de agosto no se debió a un bombardeo del Ejército leal al presidente Bachar al Asad, como sostiene Estados Unidos, sino a la deficiente manipulación que hicieron los propios rebeldes de las armas químicas que estaban en su poder y que habían recibido de Arabia Saudí.

 

El informe fue elaborado por el periodista jordano Yahiya Ababneh, que estuvo en el área de Guta Oriental en los días posteriores a la tragedia entrevistando decenas de supervivientes, muchos de ellos milicianos rebeldes, y a otros civiles, incluidos médicos locales, y por la periodista Dale Gavlak, que ha trabajado durante casi una década para la agencia norteamericana Associated Press y ha colaborado con la BBC y otros medios occidentales.

 

Pese a su importancia, este informe apenas ha trascendido en los medios de comunicación europeos y americanos, aunque algunos diarios árabes sí que han recogido el material de primera mano aportado por Ababneh y Gavlak. Los periódicos donde ha tenido más impacto son, lógicamente, medios progresistas o que se alinean con el régimen de Damasco, como es el caso del libanés Al Akhbar.


Uno de los testigos entrevistados por Ababneh es el sirio Abu Abdel Moneim, cuyo hijo era un rebelde que murió con otros doce camaradas en uno de los túneles en los que ellos mismos almacenaban armas químicas en "estructuras con forma de tubo y con forma de grandes botellas de gas".

 

Todo indica que la muerte de este grupo se debió al mal uso de las armas químicas que les había proporcionado un miliciano saudí conocido con el nombre de Abu Ayesha, que comandaba un batallón de rebeldes en el área de Damasco. El accidente justamente ocurrió en la noche del 21 de agosto, es decir el mismo día que más tarde se acusó al ejército sirio de haber usado las armas químicas en Guta Oriental.

 

Una combatiente rebelde entrevistada por Ababneh dijo: "[Los saudíes] no nos dijeron qué clase de armas eran ni cómo usarlas. No sabíamos que eran armas químicas y nunca llegamos a imaginarlo. Cuando el príncipe Bandar entrega armas como éstas debería proporcionar gente que supiera cómo manejarlas y cómo usarlas".

 

La combatiente se refería al príncipe Bandar bin Sultán bin Abdelaziz, jefe de los servicios de inteligencia saudíes desde julio de 2012, un hombre formado militarmente en Estados Unidos que mantiene estrechos contactos con ese país y con la CIA desde que fue embajador en Washington durante más de veinte años.

 

Bin Sultán es conocido por sus inclinaciones proisraelíes que en otro tiempo le crearon problemas en Arabia Saudí, pero desde el inicio de la guerra civil en Siria se ha convertido en una persona clave que combate el régimen de Al Asad de todas las maneras posibles. En algunos medios árabes se le conoce como "Bandar bin Israel" que significa "Bandar hijo de Israel".

 


Los médicos que atendieron a las víctimas de las armas químicas advirtieron a los pocos periodistas que visitaron la zona de Guta en los días siguientes que tuvieran mucho cuidado a la hora de preguntar el origen de la tragedia.

 

Un jefe rebelde local entrevistado dijo: "Sentíamos mucha curiosidad por esas armas y desgraciadamente algunos de los combatientes no las manejaron apropiadamente y causaron las explosiones".

 

Más de una decena de rebeldes entrevistados por Ababneh le dijeron que reciben sus salarios regularmente de Arabia Saudí. Una parte considerable de la ayuda saudí se dedica a financiar a grupos islamistas radicales, algunos relacionados con Al Qaeda, que combaten el régimen de Damasco, y los rebeldes islamistas conocen a Bandar familiarmente mediante el cariñoso apodo de "Al Habib" que significa "el amado".

 

La vinculación de Bandar con Israel en todo lo relacionado con la llamada primavera árabe es natural, puesto que tanto el Estado judío como Arabia Saudí comparten unos intereses parecidos, y a veces idénticos, pero no impide que Bandar mantenga paralelamente una estrecha colaboración con grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda. De hecho, estos grupos están tan infiltrados por los servicios secretos de la región y occidentales que a menudo es muy difícil saber de dónde han partido las órdenes para explicar su comportamiento o los atentados que cometen.

 

Al abordar la cuestión del uso de armas químicas en Guta, el periódico de Londres Daily Telegraph subrayó recientemente que los únicos que se han beneficiado del supuesto ataque han sido los rebeldes, que hasta entonces iban perdiendo la guerra y ahora han obtenido el apoyo de Estados Unidos y otros países occidentales que están dispuestos a castigar a Assad.

 

Esta no es la primera ocasión en que el régimen sirio es acusado de usar armas químicas. De hecho, las primeras acusaciones se deben precisamente al príncipe Bandar bin Sultán y se remontan a febrero pasado. Sin embargo, en una ocasión la comisionada de la ONU Carla del Ponte manifestó que, según los testimonios obtenidos por las Naciones Unidas, quienes estaban utilizando armas químicas eran en realidad los rebeldes y no el régimen.

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN erusalén05/09/2013 07:23 Actualizado: 05/09/2013 07:23

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¿Cómo pueden descansar los muertos? Sus ataúdes de madera eran golpeados contra las rejas de hierro de la funeraria (mashraha), sus familiares gritaron de horror, los cadáveres envueltos en celofán se apilaban muy alto sobre entre bloques de hielo tan grandes que se temía rompieran los huesos de los muertos. A medida de que el hielo se derretía en la mashraha, en las calles brillantes por el fango, los fondos de los ataúdes comenzaron a llenarse de sangre que tras estar coagulada se volvió nuevamente líquida y semejaba un lodo aguado y carmesí. Mártires todos ellos.

 

Y creo que fue entonces cuando me di cuenta de que los enemigos del depuesto presidente Mohamed Mursi debieron haber comprendido que hace muchos meses que esos cadáveres, esos cuerpos, esos “mártires” son el pronunciamiento oficial de la Hermandad Musulmana. No hay más. Sin comentarios, en parte porque ya no pueden hablar. Thomas Cromwell, si no mal recuerdo, fue uno de los primeros en asociar el silencio con los muertos, en parte porque ya no tienen necesidad de pronunciarse. La policía dispara y el resultado de una bala destruyendo a los vivos se vuelve la política última. De aquí en adelante, ya no se le ve el fin.


El barrio de Zeinhom, de la zona conocida como Sayyidah Zaynab, en El Cairo, es un vecindario pobre con sucias cafeterías y calles llenas de basura, con construcciones hechas con adobe de lodo del Nilo que se sostienen una a la otra en el calor de 37 grados centígrados. ¿Será posible encontrar una calle más deprimente para los furiosos hombres y mujeres pertenecientes a la Hermandad que tienen que llorar la muerte de sus seres queridos?


A veces las familias de El Cairo piden estar presentes durante las autopsias que se practican a sus seres queridos; por lo tanto, los lamentos que llenaban el aire caliente de Zeinhom este jueves eran más que rituales de duelo. Algunos quisieron ver en los muertos la más concreta representación de su realidad. Yo conté más de 70 cadáveres. Algunos ataúdes estaban colocados encima de otros y hombres enormes se empujaban y se abrían paso para entrar a la funeraria; algunos se cayeron encima del hielo y de esas espantosas bolsas de celofán.
Los rostros de esos muertos estaban cubiertos por nudos del celofán, su espectral presencia a veces era aligerada por el alivio de ver un par de pies, aún cubiertos por zapatos baratos de suela de goma que asomaban de camillas que estaban colocadas en el suelo, entre los ataúdes.


Entre las personas que estaban en la funeraria se hacían comentarios sobre acercarse a los policías (a quienes nunca vi) y sobre ir a las instalaciones de la alcaldía de Giza, que está de camino a las pirámides, para prenderles fuego, decían con entusiasmo.
Así volvemos a la pregunta de fondo: ¿Por qué tantos muertos?


En una calle cercana encontré a Abeer Saady, reportera del periódico Sharouk y vicepresidenta del Sindicato Egipcio de Periodistas, que miraba a la multitud. Antes, ella estuvo buscando el cuerpo de un colega; Ahmed Abdul Dawed, un simpatizante de la Hermandad Musulmana que, ironía de ironías, trabajaba para el periódico gubernamental Al Akhbar.


“La Hermandad quiere enaltecer la figura de los muertos que el gobierno quisiera dejar en el bajo perfil”, me dijo Abeer Saady con tristeza. “Desde luego son muchos más de los 194 que el gobierno admitió originalmente. Yo calculo que hay entre 350 y 500 muertos”.


Pero si yo vi 70, sólo este jueves, sospecho que las fatalidades bien pudieron llegar a mil o más. Otros periodistas árabes pagaron el mismo precio que Ahmed Dawed. Habiba Ahmed Abd Elaziz trabajaba para Gulf News, pero estaba de licencia de su empleo cuando fue baleada cerca de la mezquita de Al Adawiyeh, en Ciudad Nasr.


Hace mucho tiempo que la Hermandad abandonó cualquier afecto por los periódicos locales, pero aún tienen tiempo para los infieles de la prensa extranjera. Pese a esto, sus respuestas a mis preguntas fueron muy distantes.


“¿Quién es?”, le pregunté a un joven que estaba parado junto a un cuerpo cubierto por una keffiyeh. “A usted qué le importa”, me contestó. Le murmuré algo estúpido de que era un ser humano y merecía tener nombre y sólo se encogió de hombros. Un anciano sentado sobre la tapa de un ataúd me dijo que adentro del mismo yacía un hombre llamado Adham. Insistí en saber su nombre completo porque estoy convencido de que los nombres vuelven reales a los muertos.


“Mahmoud Mustafa”, me gritó otro hombre cuando le señalé el montón de hielo que cubría a su hijo muerto. Otro hombre me dijo que estaba cuidando el cuerpo de Mohamed Fared Mutwali, quien tenía 57 años el miércoles, cuando lo mató la policía. Lentamente, los nombres devolvieron la vida a los muertos.


Luego, un joven listo que trataba de hablar en inglés pero estaba llorando puso su mano en mi hombro y señaló otro bulto de celofán. “Ése era mi hermano”, dijo. “Le dispararon ayer. Era médico. Su nombre era doctor Khaled Kamal y estudió medicina en Beni Suef, en el norte de Egipto. La gente se aferró a la única palabra de inglés que entendieron y gritaron “doctor, doctor”, una y otra vez.


No puede uno ver estas cosas, escuchar estas palabras y pensar que la tragedia de Egipto quedará sepultada hoy con los muertos. Desde esta mañana, a través del mundo árabe, esta semana que es la más sagrada para los musulmanes, quedará asociada con la violencia tanto como con la oración. La Hermandad recordará a sus muertos en las mezquitas de El Cairo y los egipcios esperarán una reacción del gobierno, de la policía y del ejército. Una respuesta del general Abdel Fattah Sisi.


Desde luego, se puede intentar balancear el dolor afuera de la funeraria con la “normalidad” con que el gobierno quiere que todos en El Cairo disfrutemos los caminos que han dejado de estar bloqueados, los camiones que limpian la destrucción que quedó donde se encontraba el campamento de Ciudad Nasr, el anuncio de que se reanudará el servicio ferroviario entre la capital y Alejandría.


Sin embargo, hay pequeñas cosas del lugar donde están los muertos que se quedan en la mente. El hombre que me alienta a entrar a la funeraria y que no deja de rezar, el alegre plástico azul con el que forraron el exterior de un ataúd y la incongruencia de ver en él una etiqueta de Etihad Airways pegada torpemente en un extremo.


En la acera de enfrente, dos vendedores de café discutieron y luego comenzaron a pelarse y de pronto la calle está llena de vidrios y piedras pues la gente que simpatiza con el gobierno salió de sus deteriorados hogares y se convenció de pronto de que el más bajo de los vendedores de café es de la Hermandad Musulmana. Después, una pandilla de hombres de Mursi aparece y empieza también a arrojar piedras.


Un microcosmos de anarquía que le recuerda a uno de la fragilidad que se vive en El Cairo. Será bueno volver a la relativa seguridad del viejo Hotel Marriot, sobre la ribera del Nilo. Pero no es así. Tan pronto como llego a lo que considero mi hogar en la capital egipcia me entero de que Raad Nabil, un policía turístico que lleva años trabajando en el hotel caminaba rumbo a su casa al otro lado del río, en el barrio de Mohandeseen, hace unas horas, cuando un grupo de hombres lo amenazó. Él sacó su pistola y disparó al aire, pero uno de los hombres le arrebató el arma y la apuntó contra Raad Nabil, un hombre indefenso de poco más de 50 años, y le disparó en el corazón.


Me pregunto qué nos dice eso. Seguramente se trata de otro pronunciamiento.


Traducción: Gabriela Fonseca

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Murieron de hambre 260 mil somalíes entre 2010-2012: FAO

Cerca de 260 mil somalíes, más de la mitad menores de cinco años, murieron de hambre entre octubre de 2010 y abril de 2012, señala un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado este jueves. El organismo admitió que su retraso en declarar la situación de hambruna en Somalia en 2011 fue un error que costó más vidas.

 

El número es dos veces mayor a las estimaciones, que oscilaban entre 50 mil y 100 mil muertos por hambre en la nación africana.

 

El representante de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para Somalia, Philippe Lazzarini, afirmó que los “perturbadores” resultados de la primera investigación científica del costo de la hambruna en Somalia demuestran que la organización falló al alertar demasiado tarde a la comunidad internacional de la crisis en el país africano pues, sostuvo, para cuando se declaró la emergencia alimentaria ya morían de inanición 30 mil personas al mes.

 

“La sequía y su gravedad eran evidentes desde 2010, pero no entramos en acción. El sufrimiento de Somalia se desarrolló como un drama sin testigos”, lamentó Lazzarini, según el diario británico The Independent.

 

“La hambruna y la grave inseguridad alimentaria en Somalia mataron a unas 258 mil personas entre octubre de 2010 y abril de 2012, entre las cuales había 133 mil niños menores de cinco años”, indicó el informe de la FAO y la Red de Alerta contra la Hambruna (Fews-Net), financiada por Estados Unidos.

 

Según esta “primera estimación científica” del balance de la crisis alimentaria, “4.6 por ciento de la población total y 10 por ciento de los niños menores de cinco años murieron en el sur y el centro de Somalia”.

 

En las regiones de Bajo Shabelle, Mogadiscio y Bay, las más afectadas, la crisis mató a 18, 17 y 13 por ciento, respectivamente, de los niños menores de cinco años.

 

El hambre causó “unos 30 mil muertos por mes entre mayo y agosto de 2011”, según el estudio.

 

Todas estas cifras se añaden a la mortalidad de referencia en la zona durante el periodo analizado, de unos 290 mil decesos, entre los que se incluyen los muertos en el conflicto somalí, recalcan los autores del estudio.

 

El balance es superior al de la hambruna de 1992 en el país, que presuntamente acabó con la vida de 220 mil personas en 12 meses, aunque “esta se considera más grave porque murió un mayor porcentaje de la población”. En Somalia afectó a unos 4 millones de personas, o sea, a la mitad de la población somalí.

 

La escasez de alimentos fue provocada principalmente por la sequía en el Cuerno de África y se agravó por la catastrófica situación de inseguridad en el país, sumido en el caos y la guerra civil desde la caída del presidente Siad Barre en 1991.

 

Recientes retiradas militares de los islamitas shebab y la elección en septiembre de nuevas autoridades podrían propiciar una estabilización de Somalia y dotarla del gobierno central que no tiene desde hace 22 años. No obstante, por ahora, la inestabilidad se mantiene.
Así, Etiopía retiró a mediados de marzo sus tropas de la sureña ciudad de Hudur, que fue recuperada por los shebab, en lo que constituye su primer éxito militar desde que fueron expulsadas de Mogadiscio en agosto de 2011.

 

La semana pasada Etiopía negó ante el Consejo de Seguridad de la ONU “eludir responsabilidades” con el inicio del retiro de sus tropas de Somalia y se quejó de lo poco que se “comparte la carga” de la fuerza extranjera en ese país.

 

Las fuerzas etíopes ingresaron en Somalia en noviembre de 2011 y han desempeñado un papel decisivo para doblegar a los shebab y mantener el control de zonas recuperadas de los grupos islamistas.

 

La Fuerza de la Unión Africana en ese país, AMISOM, ha ejercido un papel clave en la instalación de un gobierno de transición.

 

Burundi, Yibuti, Kenia, Sierra Leona y Uganda tienen contingentes en la AMISOM.

 

Senait Gebregziabher, director en Kenia de la organización británica Oxfam, reaccionó ante el informe de la FAO sobre Somalia con el señalamiento de que “las hambrunas no son un fenómeno natural, sino errores políticos catastróficos”.

 

“La próxima semana los líderes mundiales que se reunirán en la Conferencia sobre Somalia 2013 en Londres tendrán que dar pasos para garantizar que ésta haya sido la última hambruna de Somalia, dijo Gebregziabher, quien añadió que la solución deberá incluir planes de desarrollo en el largo plazo, creación de empleos y mejoras en la seguridad.

 

Según el último informe sobre el Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo, publicado en octubre de 2012, Cerca de 870 millones de personas, una octava parte de la población mundial, padecían desnutrición crónica en el periodo 2010-2012. Dicho informe, que es publicado anualmente por la ONU y la FAO conjuntamente, así como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), presenta estimaciones más precisas sobre la desnutrición crónica basadas en una metodología mejorada y datos de las últimas dos décadas.

 

La gran mayoría de las personas que padecen hambre, 852 millones, viven en países en desarrollo –alrededor del 15 por ciento de su población– mientras 16 millones de personas están desnutridas en los países desarrollados.

 

La cifra total de personas hambrientas disminuyó en 132 millones entre 1990-92 y 2010-12, lo que equivale a pasar de 18.6 por ciento a 12.5 por ciento de la población mundial, y de 23.2 por ciento a 14.9 por ciento en los países en desarrollo. Con ello, la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) estaría al alcance si se adoptan las medidas adecuadas.

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