Amazonas: insólita defensa del gobierno brasileño

Mientras Jair Bolsonaro despegaba hacia Nueva York donde pronunciará un discurso ante la ONU, su ministro de Economía, Paulo Guedes, aseguró que en la floresta brasileña no ocurrió la tragedia ambiental que causa perplejidad a líderes de varios países y parte de la opinión pública mundial.

"La deforestación está abajo del promedio de los últimos catorce años, en Brasil hubo incendios, claro que sí, pero están ocurriendo más incendios en Barcelona y California que en Brasil", agregó.

Guedes le enrostró a la prensa las "fake news" sobre la situación en las selvas y bosques tropicales ilustradas con imágenes de incendios que fueron tomadas "en Bolivia no en Brasil".

Los datos del funcionario son distintos a los del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe), que en agosto midió quemas un 300 por ciento superiores a las del mismo mes del año pasado. El director de ese organismo fue despedido por dar estado público a informaciones inconvenientes. Posteriormente la Nasa y la Agencia Espacial Europea confirmaron la información del Inpe.

Guedes reveló haber aportado datos que eventualmente serán utlizados en la redacción del discurso que el mandatario prentará este martes en la apertura de la Asamblea anual de la ONU.

En los medios de este lunes y el fin de semana citados diplomáticos estaban preocupados ante el "riesgo" de que el excapitán sea "boicoteado" en Nueva York. Se especula con que varios jefes de Estado podrían ausentarse del recinto, o dejar a asesores en sus butacas, cuando inicie su intervención.

Fuera del palacio de Cristal está prevista la presencia de manifestantes que ya habían organizado protestas en mayo cuando, por ese motivo, Bolsonaro dejó sin efecto una visita a Nueva York. En aquella ocasión el alcalde Bill de Blasio, del Partido Demócrata, celebró la ausencia del mandatario "homofóbico" que se "jacta de destruir la Amazonia".

Más recientemente, el presidente francés Emmanuel Macron lo cuestionó por haber "mentido" sobre su política de defensa del medio ambiente y la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet definió a la devastación de la floresta como una "catástrofe humanitaria".

Hacia la ONU

Bolsonaro embarcó en la mañana de hoy desde la Base Aérea de Brasilia junto a su esposa y algunos ministros. La oficina de prensa del Planalto informó que su agenda fue acotada debido a que está convaleciente de una cirugía. Bolsonaro declaró que espera estar con Donald Trump en una cena en la participarían otras autoridades.

El caso es que de la agenda anunciada hace dos semanas, en la que había varios encuentros bilaterales, en el último boletín del Planalto no se incluye ninguna cita.

En las últimas semanas se agigantó su aislamiento internacional: de un lado por las alocadas declaraciones respecto de la Amazonia e insultos contra colegas extranjeros, de otro por la caída en desgracia de varios de sus socios de la ultraderecha global.

Perdió a un aliado en Washington como era el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, no está garantizada la reelección de su "hermano" Benjamin Nentayahu en Israel y cayó la coalición italiana liderada por el separatista lombardo Matteo Salvini, a quien había prometido visitar en octubre.

Ese vacío diplomático incluye la posible derrota de su aliado Mauricio Macri en las próximas elecciones argentinas, resultado que debilitará al Grupo de Lima y pueder dar paso a un eje democrático-progresista entre Alberto Fernández y el mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Haciendo las veces de un portavoz informal del gobierno Paulo Guedes recordó hoy que hace dos semanas calificó como "fea" a la primera dama francesa, Brigitte Macron, pero atribuyó la gafe al "barullo" montado por los medios.

No citó a Emmanuel Macron ni a la expresidenta chilena Bachelet pero despotricó implícitamente contra ambos así como contra la "socialdemocracia" internacional .

Y de allí Guedes, economista que trabajó en el Chile de Pinochet, cargó directamente contra Bachelet, quien había expresado su preocupación ante el deterioro de la democracia verde-amarilla y este fin de semana cuestionó el proceso judicial contra Luiz Inácio Lula da Silva.

"Dicen que se está está reduciendo el espacio democrático en nuestro país" pero esto no es cierto porque "en Brasil hay una democracia vibrante" que combina "democracia con libre mercado", lo cual se aplica en la estrategia hacia la Amazonia.

El proyecto de "desarrollo sostenible" para los 4,5 millones de km2 de floresta es tergiversado por los "mismos grupos" que están "enamorados del fracaso" de la "Venezuela bolivariana" y en el Chile de principio de los 70, comparó el economista.

Guedes declaró que así como los "Chicago boys hicieron una revolución" tras el golpe contra Salvador Allende ahora la gestión de Bolsonaro se encamina hacia el "crecimiento" motorizado en "las fuerzas del mercado" que garantizarán prosperidad y "fronteras seguras" en la Amazonia.

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Un grupo de activistas suizos deploró ayer con una "marcha fúnebre" llevada a cabo en la alta montaña la desaparición del Pizol, uno de los glaciares alpinos más estudiados del mundo, víctima del cambio climático.Foto Afp

Nueva York. Los representantes de los 193 estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)llegan esta semana a Nueva York para participar, entre otras cosas, en una cumbre más sobre el cambio climático, pero en esta ocasión los jóvenes activistas indignados por la amenaza del robo de su futuro por la inacción de estos mismos representantes ofrecerán la luz ante los pronósticos oscuros y a veces apocalípticos para este planeta.

Este lunes se realizará la Cumbre sobre la Acción Climática, para la cual el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, solicitó a los líderes mundiales no sólo llegar con discursos, sino con planes audaces y compromisos de acción concreta con el fin de frenar el calentamiento global bajo el esquema del Acuerdo de París sobre Cambio Climático de 2015.

El sábado pasado, en la primera Cumbre de Jóvenes sobre el Clima convocada por Guterres, unos 700 participantes del mundo se reunieron a manera de prólogo a la cumbre de hoy, en la cual varios activistas una vez más dejarán claro que exigen acción, no declaraciones. Guterres dijo que “hay un cambio del ímpetu… en gran parte debido a la iniciativa” de ellos y concluyó: yo tengo nietas, quiero que vivan en un planeta habitable. Mi generación tiene una enorme responsabilidad. Es la de ustedes la que nos tiene que hacer rendir cuentas y asegurar que no traicionemos el futuro de la humanidad.

Fueron los jóvenes, incluida a la sueca Greta Thunberg, quienes convocaron la Huelga Global por el Clima entre el 20 y 27 de este mes, cuyo primer acto fue la movilización de más de 4 millones de personas en 150 países, entre ellos unos 250 mil en Nueva York.

Algunos de estos jóvenes, incluida Thunberg, subirán al podio a dar su mensaje dirigido en concreto a los líderes mundiales en la cumbre este lunes, antes de la apertura del debate de alto nivel en la Asamblea General, mañana.

Tal vez por ello, Donald Trump –entre cuyos primeros actos en la presidencia fue anunciar el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París– y su aliado brasileño, Jair Bolsonaro, han informado que no participarán en la Cumbre de Acción Climática (en su lugar, Trump acudirá a una reunión que presidirá sobre la libertad religiosa).

Un lema del nuevo movimiento juvenil es: unirse en torno a la ciencia. El consenso científico es que el mundo cuenta sólo con unos 10 años más para emprender las acciones necesarias a fin de evitar consecuencias irreversibles del calentamiento global (https://archive.ipcc.ch/index.htm).

Las consecuencias ya están a la vista: el mundo está experimentando el periodo de cinco años más caluroso jamás registrado; huracanes cada vez más devastadores como el que dejó a unos 10 mil sin techo en Bahamas; el derretimiento del hielo polar, el incremento en el nivel y la acidificación de los mares, la mortalidad de los arrecifes de coral del mundo, inundaciones por un lado y sequías severas por otro; los éxodos humanos de zonas afectadas por el cambio climático (algo que se puede ver en las fronteras sur y norte de México); el inicio de lo que se llama la sexta gran extinción de especies en la historia del planeta y la lista sigue y sigue. Los activistas jóvenes, científicos y expertos declaran que el cambio climático es el tema definitorio de nuestros tiempos.

Ante esto, en 2015 se firmó el Acuerdo de París, en el cual líderes mundiales, incluido el entonces presidente estadunidense, Barack Obama –quien, a diferencia de su sucesor, creía en la ciencia–, reconocieron que es necesario reducir las emisiones de carbono dentro de 12 años y limitar el incremento en la temperatura global a no más de 1.5 grados Celsius sobre los niveles preindustriales.

Para la cumbre de acción, Guterres solicitó que los gobernantes llegaran con sus planes nacionales para que, colectivamente, se logre reducir las emisiones de gases de efecto invernadero 45 por ciento durante la próxima década, y llegar a cero para 2050. Subrayó que estos planes deben mostrar una vía hacia la transformación completa de las economías siguiendo los objetivos de desarrollo sostenible. https://www.un.org/es/ climatechange/un-climate-summit-2019.shtml).

Guterres designó como enviado especial para esta Cumbre sobre Acción Climática al diplomático mexicano Luis Alfonso de Alba.

Ante el inexorable torrente de malas noticias, a veces apocalípticas, sobre la crisis climática, científicos, expertos y los que los escuchan, como Thunberg, argumentan que las soluciones están al alcance e incluyen algunos antídotos naturales muy obvios como los árboles, pero lo que más falta es voluntad política. Insisten en que la situación mundial aún tiene remedio, pero se requiere de acciones ciudadanas y de movilizaciones sociales masivas para obligar a las cúpulas a implementar las medidas necesarias.

Algunas podrían parecer radicales. Por ejemplo, ambientalistas como Bill McKibben argumentan que se debe mantener sin explotar y quemar 80 por ciento de las reservas de combustibles fósiles para evitar los desastres que ya se anuncian, y señalan que eso no es sólo necesario, sino posible y hasta económicamente más benéfico para todos que mantener el modelo actual. (https://350.org/why-we-need-to-keep-80-percent-of-fossil-fuels-in-the-ground/.)

Otros indican que esta crisis planetaria no es provocada por fuerzas extraterrestres ni es resultado de un fenómeno abstracto, sino que se sabe exactamente de dónde proviene. Una investigación de 2017 documentó que sólo 100 empresas generan 70 por ciento de los gases de efecto invernadero en el mundo (https://b8f65cb373b1b7b15feb -c70d8ead6ced550b4d987d7c03fcdd1d. ssl.cf3.rackcdn.com/cms/reports/documents/ 000/002/327/original/Carbon-Majors-Report-2017.pdf?1499691240).

Thunberg repite que los responsables de la crisis optaron por sus ganancias sobre el planeta y con ello vendieron nuestro futuro.

Esta semana se verá si los adultos que se dicen líderes mundiales rendirán cuentas y emprenderán las acciones necesarias para rescatar ese futuro para los jóvenes.

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Sábado, 21 Septiembre 2019 05:26

Rebelión juvenil por el planeta

Millones de jóvenes en todo el mundo abandonaron ayer las aulas para manifestarse y exigir a los gobiernos acciones contra el cambio climático, en respuesta a la convocatoria de la sueca Greta Thunberg, quien el lunes hablará ante la ONU. Participaron en las movilizaciones científicos, artistas y sindicatos. En México, alumnos y académicos se movilizaron en la capital del país y en varios estados. En NY (imagen) participaron 250 mil. Foto @RDleni

Nueva York. Decenas de miles –organizadores calculaban 250 mil– de jóvenes y adultos a quienes invitaron inundaron la punta sur de Nueva York coreando que "los niveles del mar se elevan y nosotros también nos alzamos", al encabezar la principal marcha de la huelga global climática que se realizó en más de 150 países con unos 4 millones de participantes.

Esta vez, en lugar de que los adultos llevaran a sus hijos a sus actividades políticas, los niños llevaron a los adultos en lo que es una rebelión juvenil para rescatar el futuro. “Hoy no fuimos a la escuela… Y hemos visto que algunos adultos no fueron a sus trabajos. Y es porque esto es una emergencia. Nuestra casa está incendiada”, declaró Greta Thunberg, la estudiante sueca de 16 años que es la cara y voz global de este nuevo movimiento para enfrentar el cambio climático, después de encabezar, con sus contrapartes de aquí y otros países, esta marcha.

Miles de estudiantes abandonaron sus escuelas para sumarse a la huelga sobre cambio climático, algo que inició hace un año con la acción solitaria de Thunberg que cada viernes se iba de "huelga" para ponerse frente al parlamento sueco y exigir con una pancarta que los políticos rindieran cuentas y tomaran acción para frenar el cambio climático que está poniendo en jaque el futuro del mundo. "No hay Planeta B", es una de las pancartas más vistas.

Fueron acompañados por científicos, contingentes de los sindi-catos de enfermeras y de servicios, artistas y músicos –incluyendo una explosiva batucada femenina– activistas de otros movimientos como Black Lives Matter, de defensa de migrantes y puertorriqueños marcando el segundo aniversario del huracán María, agrupacio-nes indígenas incluyendo de Brasil, religiosos y, por supuesto, ambientalistas.

Pero los adultos reconocieron el liderazgo de los jóvenes. Un hombre mayor cargaba una pancarta que sólo decía "Gracias, niños".

 

"Queremos salvar el arcoíris"

 

En una primaria en Brooklyn, una clase de kínder elaboró carteles para mostrar a quienes pasaban rumbo a las marchas; uno decía: "queremos rescatar los arcoíris".

Hubo unos mil actos como parte de la huelga global alrededor de Estados Unidos, con miles en Chicago, Washington, San Francisco y otras ciudades haciendo eco de los demás en todos los continentes, incluyendo la Antártida,

"¿Por qué deberíamos de estudiar por un futuro que nos han robado a cambio de ganancias?", pregunta Thunberg en el mitin en el parque Battery donde concluyó la marcha. Aseguró que en sus viajes por diferentes países las personas en el poder son muy parecidas, "su inac-ción es la misma", y ninguno de ellos "está dispuesto a decir las cosas tal como están, eso nos lo han dejado a nosotros los niños".

Recordó que el lunes se realizará la Cumbre sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas en esta ciudad, y advirtió que los obligarán a "escucharnos". Comentó que a muchos políticos les encanta tomarse selfies con los activistas jóvenes, y “decirnos cuánto nos admiran… pero nosotros que-remos que se pongan en acción… Y si nadie más tomará medidas, nosotros sí lo haremos”.

"No somos unos jóvenes que se fueron de pinta ni algunos adultos que no fueron a trabajar, somos una ola de cambio y, si nos unimos, somos imparables", afirmó Thunberg. Concluyó que para todos los críticos y opositores de este movimiento les tenía “una mala noticia: esto es sólo el inicio… el cambio vendrá les guste o no”. [globalclimatestrike.net ]

 

Por  David Brooks

Corresponsal

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El calentamiento global es más rápido de lo previsto

Las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por los combustibles fósiles están calentando la superficie de la Tierra más rápidamente de lo previsto, según nuevos modelos de proyección llamados a reemplazar las herramientas actuales de la ONU.

En 2100, al ritmo actual de emisiones, la temperatura media podría aumentar entre 6,5 y 7 ºC respecto de los niveles preindustriales, según dos modelos presentados este martes por sendos centros de investigación de referencia en Francia. Esto supone hasta 2 ºC más de lo que previó el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) en su Quinto Informe de Evaluación de 2014.

Los nuevos cálculos también apuntan a que los objetivos del Acuerdo de París de limitar el cambio climático a un aumento "bien inferior" a los 2º C y a 1,5 ºC de ser posible, serán todavía más difíciles de alcanzar.

"Con nuestros dos modelos, vemos que el escenario (...) que nos permitiría permanecer bajo los 2 ºC no nos sirve", dijo Olivier Boucher, director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS, por sus siglas en francés). Con un calentamiento de apenas +1 ºC hasta ahora, el mundo ya está sufriendo olas de calor más intensas, sequías, inundaciones, entre otros fenómenos extremos. El informe se basa en las simulaciones de varios escenarios socioeconómicos, desarrolladas por climatólogos, oceanógrafos, especialistas de la atmósfera y de cálculo, cuyas conclusiones contribuirán al sexto informe del IPCC, anunciado para 2021. Los nuevos modelos presentados por el Centro Nacional de Investigaciones Meteorológicas y el Instituto Pierre-Simon Laplace de Francia, forman parte de una nueva generación de sistemas que servirán como base para elaborar el próximo gran informe del IPCC en 2021.

Puntos de inflexión

Uno de los hallazgos clave de estos dos modelos es que el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera calentará la superficie de la Tierra más fácilmente de lo que habían previsto los anteriores cálculos. Los modelos franceses son los primeros en publicarse, pero los demás están llegando a la misma conclusión, incluidos los "más respetables de todos los que presenta Estados Unidos y del Met Office", la agencia meteorológica británica, según Boucher.

"Un calentamiento más acentuado nos dará menos tiempo para adaptarnos y hará más probable que alcancemos los 'puntos de inflexión', como el derretimiento del permafrost, lo que acelerará el cambio climático", escribieron este año en un blog Boucher y otros dos científicos británicos, Stephen Belcher, del Met Office, y Rowan Sutton, del Centro Nacional de Ciencia Atmosférica británico.

Entre un tercio y 99% de la capa superior del permafrost podría fundirse en 2100 si no se frena la contaminación por CO2, soltando en el aire miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero, según el borrador de un informe del IPCC sobre océanos.

"Desafortunadamente, nuestro fracaso global a la hora de implementar acciones eficaces (...) en las últimas décadas nos ha dejado en una situación en la que lo que debemos hacer para mantener el calentamiento a un nivel seguro es extremadamente simple", dijo Joeri Rogelj, profesor asociado del Imperial College de Londres y colaborador del IPCC. "Las emisiones globales de efecto invernadero deben declinar hoy en vez de mañana y las emisiones de CO2 deben reducirse a cero neto", concluyó.

Escenarios socioeconómicos

Los científicos lo achacan a una reacción más fuerte sobre el clima del aumento de gases invernaderos de lo que mostraba el estudio anterior. "Según el escenario más pesimista (crecimiento económico rápido alimentado por energías fósiles), el aumento de la temperatura media global alcanzaría los 6 o 7 grados centígrados en 2100, y superaría en más de un grado a las estimaciones precedentes", establecen.

Tan solo uno de los escenarios socioeconómicos, el de un panorama de cooperación internacional que dé prioridad al desarrollo sostenible, lograría cumplir con el objetivo de que el calentamiento se limite a 2 grados para esa fecha.

Los modelos de simulación climática utilizados han sido aplicados en Europa y en el Océano Índico, donde los expertos han logrado representar de manera más realista fenómenos como olas de calor o ciclones. Los datos se han obtenido también gracias a las mejoras técnicas, como una resolución espacial más precisa o el modelado de distintos sectores del sistema climático (el océano, la atmósfera, los glaciares, etc.).

Las simulaciones han permitido además estudiar con mayor fiabilidad las condiciones climáticas de Francia y Europa occidental en los últimos años, donde los científicos han constatado que las olas de calor son cada vez más frecuentes y que han aumentado de manera evidente en las últimas décadas. Confirman además que, independientemente del escenario socioeconómico utilizado, las olas de calor continuarán en las décadas siguientes.

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 Imagen del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York la mañana del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Nueva York. Ayer se conmemoró el 18 aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, pero aunque los ritos solemnes anuales procedieron aquí y en el Pentágono, imperó la sombra de una Casa Blanca disfuncional que, además de las mentiras cotidianas, ha expulsado ya a un número sin precedente de sus más altos funcionarios desde que Donald Trump empezó su estancia.

El despido, según Trump, o renuncia, según John Bolton, de su asesor de Seguridad Nacional, es el tercero en ese puesto en menos de tres años. También han sido cesados –o huyeron– dos previos asesores de seguridad, dos jefes de gabinete, un secretario de Estado, otro del Tesoro, uno de Defensa, uno de Seguridad Interna, otro de Trabajo, una más de Salud, otro del Interior, un procurador general y un director de la FBI, y otros más de segundo y tercer niveles; por lo menos 51 altos funcionarios en total.

El fin de Bolton no fue sorpresa, y la forma en que se hizo, por tuit, ya no es novedad. Se sabía, como lo declaró el presidente, que había marcadas diferencias de opinión entre los dos, y de la guerra cada vez más abierta entre el famoso bigote blanco y el secretario de Estado Mike Pompeo (quien ayer no lograba ocultar su sonrisa al hablar de su ex contrincante).

Aunque los analistas y observadores se han enfocado mucho en estas diferencias "ideológicas", con Bolton como un halcón tan extremo que el propio Trump bromeaba acerca de que si fuera por decisión de su asesor, "estaríamos en cuatro guerras más" y que él era quien tenía que moderar a Bolton, todo indica que el fin fue por algo más sencillo y común en este régimen: el presidente se hartó de alguien que no estaba de acuerdo en todo lo que el jefe quería.

Ahora el debate es si la ausencia de Bolton cambiará la política exterior de Trump. Se sabía que Bolton favorecía estrategias de “cambio de régimen –incluso a través de invasiones y guerras– en Irán, Venezuela, Cuba, Siria, Corea del Norte y otros lugares. Por su parte, Trump minaba esto con frecuencia, indicando que estaba dispuesto a reunirse con el liderazgo de Irán, por ejemplo, y mantener una relación amistosa con el líder norcoreano.

Trump comentó ayer que "estaba en desacuerdo con la actitud de Bolton sobre Venezuela. Pensé que estaba muy fuera de lugar", reportó Eli Stokols, de Los Angeles Times.

También se sabía anteriormente que Trump estaba irritado y frustrado con el tema de Venezuela porque Bolton y otros le habían asegurado que el gobierno de Nicolás Maduro estaba por caer ante un levantamiento popular y militar interno que nunca se produjo.

Pero estas disputas y desacuerdos sobre política no necesariamente son lo que determinan las decisiones internas de este régimen bajo el manejo errático de Trump. Con un presidente que se proclama como el más inteligente –"un genio muy estable"– que su gabinete, sus asesores, sus generales y los jefes de inteligencia, el fin de Bolton parece ser sólo otra decisión de una percepción de insuficiente lealtad y elogio o por razones de vanidad.

De hecho, esa vanidad se expresa sin falta cada día. Al ofrecer un discurso referente al 11 de septiembre, Trump repitió ayer una afirmación que carece de evidencia y parece ser otra exageración, engaño o mentira, entre las ya más de 10 mil que ha dicho desde que llegó a la Casa Blanca (según conteo del Washington Post). Insistió en que después de que vio el ataque contra las Torres Gemelas desde un edificio en Nueva York, pocos días despues “fui a la zona cero con hombres que trabajan para mí para intentar ayudar de cualquier manera que pudiéramos”. Sin embargo, nadie recuerda su presencia ni que haya ofrecido apoyo alguno.

En este aniversario tampoco se habló mucho de la guerra en Afganistán que se lanzó como "respuesta" a los atentados y que ahora es la más larga de la historia estadunidense, y menos sobre la de Irak y sus secuelas en la región. Más bien, los últimos días han estado repletos de disputas sobre realidades alternativas inventadas por el presidente, o por afirmaciones que preocupan por falta de coherencia.

Tal vez lo más increíble es que los temas que imperan en Washington no fueron el 11 de septiembre ni las guerras o política exterior –hasta lo de Bolton se está desvaneciendo– sino cómo Trump, con un plumón y una serie de declaraciones, insistió en encubrir un error que cometió al afirmar en un tuit que el huracán Dorian podría impactar al estado de Alabama.

Por más de una semana esto ha sido un gran debate, y continúa con la revelación del New York Times, de que el secretario de Comercio Wilbur Ross, bajo instrucciones del jefe del gabinete Mick Mulvaney, amenazó con despedir a funcionarios del Servicio Nacional Meteorológico –el cual está dentro de su secretaría– si no apoyaban la falsa afirmación del presidente.

Ayer, Trump, después de ofrecer su discurso por el 11 de septiembre en el Pentágono, donde recordó con toda la retórica patriótica y superpoderosa a los casi 3 mil que fallecieron ese día y advirtió que su país respondería a un nuevo intento parecido con una fuerza militar "nunca antes utilizada", retomó el tema del huracán.

De regreso en la Casa Blanca, a una pregunta sobre la versión del Times, Trump declaró que él nunca giró instrucciones para amenazar a los encargados del servicio meteorológico y que eso era otro ejemplo de fake news.

Una encuesta de CNN registró ayer que seis de cada 10 estadunidenses opinan que Trump no merece un segundo periodo y 71 por ciento no confía y en la información oficial difundida por la Casa Blanca.

Todo esto marca lo que el propio presidente ha empezado a bautizar como "la Edad de Trump".

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La lucha contra una mina china que empoderó a un grupo de tailandesas

Un proyecto extractivo en Wanon Niwat movilizó a las mujeres de este pueblo tailandés para proteger las tierras donde viven y el medioambiente

Esa mañana, en cuanto vio el extraño cartel, plantado sobre un suelo que había sido removido poco antes, Mali Senbunsiri recordó la advertencia que su cuñada le había hecho años atrás. “Presta atención a cualquier pancarta o señal desconocida que aparezcan”, le avisó. “[Si aparece alguna] significa que se están preparando para abrir la mina”, le dijo la mujer.

Tras el hallazgo, Mae Mali, o Madre Mali, como la conocen en Wanon Niwat, el pueblo tailandés en el que siempre ha vivido, corrió al templo a avisar a las otras mujeres que estaban enfrascadas en los preparativos de un festival. Era 2015, y así comenzó una guerra, liderada por las mujeres del pueblo, contra una gran empresa china que quería perforar su suelo. “Al principio solo éramos mujeres”, explica Mali, de 52 años y madre de tres hijos ya independizados. “Probablemente porque nos quedamos en casa y vemos qué ocurre en la comunidad”, asegura esta abuela, quien ahora cuida de cuatro de sus nietos con los ingresos que obtiene, junto a su marido, de sus campos de arroz y otros pequeños negocios.

En los años setenta, el Gobierno tailandés encontró reservas de potasio bajo el suelo de Wanon Niwat, pero durante décadas nadie se atrevió a perforar debido a la fuerte oposición que los proyectos de minería han tenido en el país asiático. Sin embargo, gobiernos y empresas siempre mantuvieron un ojo en este elemento químico, fundamental para fabricar los fertilizantes de los que depende la potente industria agrícola tailandesa y que ahora tiene que importar. En mayo de 2014, una junta militar tomó el poder en un golpe de Estado y, pocos meses después, concedió una licencia de exploración de más de 15.000 hectáreas a la China Ming Ta Potash Corporation, una empresa con capital chino, para que estudiara la apertura de una mina de potasio en la zona. Fue cuando aparecieron las primeras señales.

Pocos días después de encontrar el cartel, cuando las mujeres ya ultimaban los preparativos del festival, escucharon que la empresa estaba intentando obtener muestras de la composición del suelo. “En cuanto lo oímos, dejamos todos y nos fuimos hasta allí para pararlos”, asegura Nongluck Oupadeng, otra de las mujeres que participó desde el primer día en los movimientos de resistencia. “Al principio no estábamos muy bien organizadas, solo lanzábamos acciones cuando oíamos que iban a perforar”, explica Mali. Aquel día, consiguieron frenar la perforación pero sabían que era solo la primera batalla de una guerra que ganaría fieles rápidamente —sobre todo, mujeres— y que revolucionaría las relaciones de género en la comunidad.

 “He aprendido a tener más confianza en mí misma. Ahora tengo el reconocimiento de la comunidad y me dan más responsabilidades”, asegura Nongluck Oupadeng, quien se ha convertido en una de las principales negociadoras del grupo con las autoridades. “Me ha cambiado de verdad. Antes simplemente me quedaba en casa. Ahora soy una líder. Me siento empoderada y más valiente”, añade Samrit Boranmun, quien ha utilizado sus conocimientos en redes sociales para obtener información y publicitar el movimiento.

Según Naciones Unidas, aunque Tailandia ha experimentado progresos en igualdad de género en las últimas décadas, aún se necesitan mejoras en “las actitudes tradicionales y estereotipos que refuerzan la violencia doméstica y la violencia contra la mujer, su baja participación en política y en puestos de toma de decisiones y la discriminación y vulnerabilidades [en zonas] rurales e indígenas así como en el sector informal”, entre otros. Sin embargo, según un informe reciente sobre las defensoras de derechos humanos en Tailandia, el gobierno de la junta militar, que prohibió de forma sistemática protestas y otras actividades de la sociedad civil, ha supuesto un retroceso y estas defensoras “tienen cada vez un mayor riesgo de violencia, discriminación y otras violaciones de derechos”. Además, según el informe firmado por varias organizaciones de defensa de los derechos humanos, “las mujeres han sido excluidas de forma sistemática de las consultas públicas y de los procesos de toma de decisiones, especialmente en asuntos relacionados con la tierra y los recursos naturales”. Tailandia celebró elecciones el pasado mes de abril tras casi cinco años de dictadura militar, pero el general golpista Prayuth Chan-ocha ha vuelto a formar Gobierno a pesar de no haber ganado los comicios, gracias a que un tercio de los escaños eran designados a dedo.

Una de las herramientas más empleadas durante el gobierno de Prayuth Chan-ocha ha sido el acoso judicial de los activistas por parte de las empresas y el Gobierno. Así, varias de las mujeres de la comunidad, entre ellas Mali, han sido denunciadas en varias ocasiones por no respetar el orden público o por provocar daños a la empresa. “Yo me he declarado inocente. No he causado ningún daño a la empresa. Solo participé en una sentada para que nos dieran información”, explica enfadada Pisamai Sukkha, una viuda de 53 años cuyos ingresos mensuales se han desplomado porque debe pasar su tiempo yendo y viniendo de los tribunales.

En esa frágil situación de las mujeres, los recursos naturales se han convertido en un elemento clave en la supervivencia de formas de vida igualitarias en zonas rurales, explica Kitima Khunthong, profesora de Ciencias Sociales y Humanidades que estudia las relaciones de las comunidades rurales con el medioambiente en la Universidad tailandesa de Rajabhat. “Las comunidades dependen mucho de su entorno sobre todo en zonas rurales, porque les asegura sus formas de vida, su red social, sus lazos culturales, su seguridad económica y su salud”, asegura. “Dañar su entorno puede tener consecuencias sociales”, continúa. Los derechos comunitarios han estado reconocidos en las Constituciones de Tailandia desde 1997, explica la académica, pero ninguno de los gobiernos, ni civiles ni militares, que el país ha tenido desde entonces los ha respetado por completo. “Está solo sobre el papel. Los gobiernos nunca respetan los derechos comunitarios, especialmente los gobiernos militares”, concluye la investigadora.

El carácter cooperativo de las tailandesas

Cuando Mali habla, todo el mundo escucha. Su carácter fuerte la hace una líder nata, tanto que, a diferencia de sus compañeras, ella no siente que el conflicto haya cambiado las relaciones en casa. “Las mujeres controlamos las finanzas. Somos simplemente más importantes socialmente”, sentencia. El marido de Mali, Anan Senbunsiri, asiente: “Yo la apoyo completamente. Creo que es más adecuada que yo para desempeñar ese papel”.

Sin embargo, para Pranom Somwong, coordinadora en Tailandia de Protection International, una ONG que trabaja por la protección de los defensores de los derechos humanos, la diferencia fundamental es el carácter más cooperativo de las tailandesas. “Las mujeres tienen una forma de liderazgo más colectiva. No es esa figura del héroe fuerte de los hombres”, asegura la activista. “A pesar de eso, ellas han sido aceptadas como líderes [en Wanon Niwat]”, asegura Pranom.

Desde aquella protesta espontánea surgida en el templo, las mujeres de Wanon Niwat, con el apoyo de maridos, padres y hermanos, han organizado sentadas y marchas, que han reforzado los lazos de la comunidad pero que las ha llevado también a las poblaciones vecinas para pedirles que se unan al movimiento. La mayoría de ellas, sin embargo, nunca pensó que su oposición a la mina pudiera revalorizarlas en una sociedad aún muy machista. Sus inquietudes eran más inmediatas. Sompan Srimarat, una mujer que tiene a su cargo a dos hijos con autismo, se unió a las protestas preocupada por cómo la mina podría afectar a los campos de arroz y las plantaciones de caucho que les dan de comer. “Mi vida depende del entorno aquí. No podemos arriesgarnos”, asegura. No en vano, su vecina, Somboon Duangpromyao, ya le ha advertido de que la extracción de sal, procedente de las mismas reservas que el potasio, está haciendo que el suelo ceda a 40 kilómetros de Wanon Niwat. “Cada vez que voy por aquella zona, veo un agujero nuevo”, asegura Somboon. “Si eso está pasando allí, que las minas son a pequeña escala, imagina lo que puede ocurrir con una gran mina de potasio”.

Las minas de potasio han sido relacionadas con la contaminación por sal de ríos y de reservas de agua subterránea, reduciendo la biodiversidad acuática, así como con la subsidencia o hundimiento del suelo, explica Miguel Cañedo, un investigador en ecosistemas acuáticos de la Universidad de Barcelona. “Si no se diseñan acciones preventivas, el impacto medioambiental de estas minas puede ser muy alto”, asegura el investigador. “Puede tener un impacto también sobre la salud humana, no solo en los ecosistemas. Las sales pueden interactuar con otros residuos y generar sustancias cancerígenas”, continúa.

Estas consecuencias sobre la salud humana son la principal motivación en la lucha de Thawatchai Chanchemsri, antiguo director del departamento municipal de salud, quien renunció en noviembre de 2018 como protesta al proyecto minero. “Me preocupa que la mina tenga un impacto sobre el medioambiente, pero sobre todo sobre la salud de los residentes y sobre las generaciones futuras”, afirma. Según Thawatchai, el departamento para el que trabajaba había estudiado el impacto de las minas de sal cercanas y había encontrado varios efectos negativos en el entorno inmediato, incluyendo un incremento en la salinidad del agua y una caída de la producción de los campos de arroz.

Según el gobierno de Tailandia, la nueva Ley de Minería, que entró en vigor en agosto de 2017, concede una mayor papel a las comunidades para decidir qué tipo de proyectos quieren que se desarrollen en las regiones en las que residen. “Si las comunidades se oponen, habrá una votación antes de que se otorguen licencias”, explica Ubol Ritpech, directora de la división legal del Departamento de Industrias Primarias y Minas de Tailandia. Sin embargo, al igual que el reconocimiento de los derechos comunitarios, la voluntad de las zonas rurales probablemente se quede en el papel, teme Lertsak Kamkongsak, uno de los principales activistas antiminas del país. “Es cierto que [según la ley] las autoridades tienen que involucrar a la comunidad local [...] Pero hay un problema en cómo el gobierno va a implementar la ley, porque según nuestra experiencia, siempre se favorece la inversión y no el respeto a las formas de vida locales”, asegura el activista.

Mientras, en Wanon Niwat, ha empezado la cuenta atrás. La licencia de exploración de la empresa expira a finales de este año, y las mujeres de Wanon Winat están decididas a dejar claro un mensaje: no quieren que nadie perfore el suelo sobre el que viven. Y la lucha, asegura, continuará aunque el Gobierno se niegue a escuchar sus demandas. “Si renuevan la licencia, seguiremos luchando. Ahora son más fuertes que nunca”, asegura Mali.

Por Laura Villadiego

Sakon Nakhon (Tailandia) 9 SEP 2019 - 00:18 COT

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Geoingeniería solar: solución al cambio climático o fuente de más conflictos

Modificar la atmósfera para reducir el calentamiento global está cada vez más cerca, pero la falta de coordinación internacional puede generar tensiones entre países

China ya ha utilizado estas tácticas para provocar precipitaciones nieve en la meseta tibetana. En EEUU buscan fondos para ponerse al día.

"Los científicos están tan radicalmente divididos sobre la modificación artificial del clima", cuenta Alan Robock, científico del IPCC

Que los efectos del cambio climático provocarán tensiones entre los países ya nadie lo duda. La sequía y la falta de alimentos han sido causas de guerra desde el principio de los tiempos. Pero tratar de evitar esos efectos también podría ser una fuente de conflictos. Lo único que hace falta es que unas naciones decidan por su cuenta dedicarse a bloquear rayos del sol usando técnicas de geoingeniería. El climatólogo Alan Robock, uno de los autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), dice en declaraciones a eldiario.es que el riesgo de conflicto será especialmente alto si unos países lo hacen sin el consentimiento de otros "que se perciban como perdedores de la geoingeniería solar". 

Basada principalmente en dos mecanismos (dificultar la llegada de los rayos esparciendo partículas en la estratosfera o facilitar que los infrarrojos salgan de la atmósfera una vez que rebotan en la tierra), el problema con la geoingeniería solar es que nadie sabe bien qué va a provocar. "Los cambios que genere serán diferentes en cada lugar", explica Robock. "Las lluvias podrían disminuir en las regiones que tienen temporada de monzón, como la India, China, o el Sahel". Otros países como Rusia, dice, podrían preferir las temperaturas un poco más altas "para gastar menos en calefacción y disponer de los recursos del Ártico".

Según Robock, esas diferencias pueden ser muy nefastas incluso si no desatan una guerra. "Si el mundo comienza con la geoingeniería y hay alteraciones en el clima, como sequías en India o inundaciones en China, unos países podrían exigir que se termine con el experimento". El dióxido de carbono (CO2) habría seguido emitiéndose durante el período de geoingeniería, explica, por lo que su retirada abrupta podría desencadenar un calentamiento "mucho más rápido y peligroso que si no hubiéramos hecho nada". 

El profesor de Ética Pública y miembro del consejo de Cambio Climático del Gobierno australiano, Clive Hamilton, escribió sobre el tema en un ensayo de 2014: "Los científicos del clima están tan radicalmente divididos por el tema de la geoingeniería como en su día estuvieron los científicos del Proyecto Manhattan por las armas nucleares". Hamilton se dio cuenta de que muchos de los científicos que hoy investigan la geoingeniería solar antes trabajaron en laboratorios de armas nucleares en Estados Unidos. Todo parte de la misma creencia, escribió, la de "que el hombre tiene derecho a un dominio total sobre la naturaleza".

Sin contar con la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera (que puede considerarse como una especie de geoingeniería involuntaria), ya ha habido varias intervenciones humanas para modificar el clima. La más conocida es la experiencia china de contrarrestar la falta de nieve de la meseta tibetana fabricando un humo que se mezcla con las nubes y provoca precipitaciones. 

El efecto del experimento chino fue eminentemente local pero varios indicios apuntan a que la geoingeniería solar a gran escala es una posibilidad cada vez más cercana. Los científicos que asesoran al gobierno de EEUU ya pidieron que fondos federales para investigar la tecnología y la Universidad de Harvard abandera el primer programa de investigación para esparcir desde un globo partículas que reflejen los rayos del sol. 

Para el experto en geoingeniería solar de la Universidad de Waterloo en Canadá, Juan Moreno-Cruz, antes que preocuparse por la detención abrupta, el riesgo a evitar es seguir con la tecnología para siempre. "La única razón por la que ahora estamos queriendo limitar las emisiones de dióxido de carbono es porque nos está costando algo en términos de inundaciones, sequías o aumentos en el nivel del mar; pero si hacemos geoingeniería y desaparecen todos esos costes, ¿para qué íbamos a dejar de emitir CO2?"

En su opinión, la única forma de deshacernos de los combustibles fósiles y hacer geoingeniería a la vez es vinculando a los dos en la regulación internacional. "Si usted quiere tener un voto en la coalición de países que decide el uso de geoingeniería, usted primero tiene que demostrar que ha hecho mitigación", explica. Tanto para prohibirla como para regularla, el acuerdo internacional parece inevitable. Según Moreno-Cruz, "hay un vacío en términos de regulación en este momento, por lo que sería muy difícil reaccionar hoy si algún país quisiera hacerlo por su cuenta".

Para Ted Parson, profesor de Derecho Medioambiental en la UCLA y coautor del clásico en la materia The Science and Politics of Global Climate Change, hay que empezar a hablar de geoingeniería cuanto antes, tanto para probar sus posibles beneficios y efectos adversos como para regularla. "El cambio climático está empeorando, la primera solución de reducir emisiones, que es claramente la mejor, no está dando vuelta a las cosas con la rapidez necesaria para evitar riesgos muy graves en las próximas décadas y es poco probable, teniendo en cuenta las limitaciones técnicas y los fracasos actuales de la política, que lleguemos con la reducción al nivel mínimo para alcanzar los objetivos del IPCC. Es imposible predecir, pero la alternativa es llegar a fines de siglo a un calentamiento de tres grados centígrados, tal vez cuatro, por encima de la era preindustrial, y eso sería terrible".

Si no para desatar una guerra, la geoingeniería también podría ser un acicate para el autoritarismo, con gobiernos poco democráticos interviniendo sobre el planeta sin consultar a sus ciudadanos. Según Parson, la preocupación es válida pero solucionable: "No creo que a los países democráticos les cueste tanto comenzar con programas de geoingeniería mientras lo hagan de forma gradual, la fuerte oposición que tiene hoy la tecnología refleja el pensamiento de una minoría con una fuerte opinión sobre el tema pero la mayoría no sabe nada del tema".

En su opinión, el camino para llegar a algunos de los objetivos de reducción de emisiones es más preocupante desde el punto de vista del riesgo de autoritarismo. "Cuando leo que para reducir las emisiones un 80% en 15 años lo único que tenemos que hacer es comer menos carne y consumir menos energía... ¿qué país democrático puede pedirle eso a sus ciudadanos? Creo que el autoritarismo es un riesgo serio. Y será mayor cuanto más esperemos y más grave sea el cambio climático", mantiene Parson.

Por Francisco de Zárate

08/09/2019 - 20:56h

Viernes, 06 Septiembre 2019 06:30

Salvar el planeta

Salvar el planeta

La Amazonia arde, Groenlandia se derrite, 800 millones de personas padecen hambre, hordas de migrantes huyen de las guerras y la miseria hacia los países del derroche, y los gobernantes de los países más poderosos evitan discutir el cambio climático y los desastres ambientales para no irritar a Donald Trump.
Quizá la Tierra ha empezado a sacudirse la plaga humana.

 

 El BUFÓN.

Desde comienzos de la década del 90 el comediante George Carlin creó y refinó una rutina en los escenarios titulada Saving the Planet (Salvar el planeta) en la que, con su habitual insolencia salpicada de groserías, cuestionaba los fundamentos mismos de las políticas ambientales y las campañas y esfuerzos de protección de la naturaleza y las especies amenazadas de extinción. “El planeta está bien, está perfectamente bien”, afirmaba el bufón inteligente, fallecido en 2008. “Los que estamos jodidos somos nosotros”. (Quienes deseen la experiencia directa de su acto de 7.38 minutos pueden visitarla en Youtube, con subtítulos en español.)

“El planeta ha estado aquí por 4.500 millones de años”, continuaba Carlin. “Nosotros hemos estado aquí ¿qué?, ¿100 mil años, tal vez 200 mil años? Hemos tenido industrias pesadas por poco más de 200 años. ¿Y tenemos la pretensión de que, de alguna forma, somos una amenaza?”“El planeta ha sobrevivido y superado cosas mucho peores que nosotros”, añadía con una larga lista de acontecimientos como terremotos, volcanes, placas tectónicas en movimiento, desplazamientos continentales, tormentas solares, manchas solares, tormentas magnéticas, la reversión magnética de los polos, cientos de miles de años de bombardeo de cometas y meteoros, enormes inundaciones, tsunamis, vastos incendios, rayos cósmicos, glaciaciones repetidas. “¿Y nos creemos que las bolsas de plástico y las latas de aluminio harán alguna diferencia?”, preguntaba Carlin.

MÁS DE LO MISMO.

El cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la contaminación del agua y el aire, y la destrucción de las junglas tropicales y los mantos de hielo figuran entre los problemas que, en todo el mundo, las generaciones más jóvenes ponen al tope de sus preocupaciones, y que los más viejos suelen desestimar. Esto ha motivado protestas multitudinarias, la creación de fundaciones, programas, coaliciones y actividades encaminadas a la conservación de la energía que se obtiene con la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), el desarrollo de fuentes alternativas de energía y la sustitución de materiales, especialmente plásticos, por otros que sean biodegradables. La multiplicación de partidos verdes es un fenómeno que cuenta ya con más de tres décadas, y las conferencias y acuerdos internacionales sobre asuntos ambientales son una rutina. Preocupaciones similares continúan emergiendo acerca de la biotecnología, el desarrollo de organismos manipulados genéticamente y medicamentos más potentes para combatir gérmenes que se adaptan y sobreviven a los medicamentos más potentes de hace apenas algunos años.

Los esfuerzos por salvar especies animales y vegetales amenazadas por la extinción –en muchos casos debida a la destrucción humana de los hábitats naturales– van acompañados por campañas de educación para que las sociedades, cada vez más urbanizadas y distanciadas de la naturaleza, entiendan el papel que cumplen los insectos en la polinización, la ganadería extensiva en la deforestación y la pesca industrial en el exterminio de los peces.

Pero, aun con toda la mejor voluntad y los propósitos más altos, muchas de las políticas ambientales en varios casos conducen a una aceleración de la destrucción y la contaminación. Un ejemplo casi cotidiano: las bolsas, vasos, pajitas, envases y todo tipo de objetos de plástico. Las campañas para reducir, mediante educación o multas, el uso de las bolsas de plástico –que se han vuelto omnipresentes en los mercados– proponen dos opciones: o las bolsas de plástico, no desechables, fuertes y resistentes, que pueden usarse muchas veces, o las bolsas de papel, un material desechable. La realidad es que la producción de bolsas de plástico más resistentes requiere más energía y materia prima –que por ahora, en su mayor parte, procede de los hidrocarburos–, y, en el caso del papel y del cartón, demanda más celulosa, que sólo puede obtenerse de la tala de más bosques.

La gran alternativa a los vehículos automotores que consumen gasolina o diésel es el desarrollo de vehículos eléctricos, los cuales demandan… electricidad, pues, que muchas veces proviene de plantas que queman combustibles fósiles. La masificación de los vehículos eléctricos soñada por tantos ambientalistas promete otro problema: la falla del suministro de electricidad paralizará la economía. Imagínese una ciudad de 15 millones de personas donde, en un futuro, el 90 por ciento de los vehículos sean eléctricos, y un apagón de diez días. Con el añadido del agotamiento de todas las baterías con que funcionan nuestros celulares, el número creciente de minicomputadoras dentro de los vehículos que todavía usan gasolina.

Los enormes recursos financieros y científicos dedicados a la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos sólo producirán compuestos a los que las bacterias se adaptarán en menos de una década. El propósito de estas investigaciones y desarrollos es, en definitiva, la prolongación de la vida humana, cuando el planeta soporta ya casi 8 mil millones de personas que siguen, seguimos, consumiendo más recursos.

UNA SACUDIDA.

Las últimas semanas, la atención mundial –y la distracción forzada del Grupo de los 7 en Biarritz– se centró en los incendios forestales en el sur de la Amazonia, un 84 por ciento más extensos que hace un año. Del llamado “pulmón del planeta” que debería contribuir a la absorción de dióxido de carbono en la atmósfera, se levantan enormes columnas de humo que se extienden por cientos de quilómetros. El gobierno brasileño, que ha movilizado a más de 40 mil soldados para combatir las llamas y, supuestamente, reprimir a los responsables de la deforestación por fuego, es el mismo que abrió esas regiones a la explotación de recursos madereros, de los cuales se obtiene, entre otras cosas, la celulosa, y otras riquezas que demanda, ávida, una creciente población mundial. Las corporaciones y gobiernos que buscan y explotan estos y otros recursos naturales no lo hacen porque sean demoníacas, sino porque hay una constante demanda de los consumidores que… somos nosotros. Hemos adoptado un estilo de vida que nos hace dependientes de una red global de producción y distribución que es cada vez más frágil.

Hace 33 años la explosión de un reactor en Chernóbil, de la entonces República Soviética de Ucrania, dispersó por gran parte de Europa una nube radioactiva y dejó una región de 2.400 quilómetros cuadrados vedada para la presencia humana hasta hoy. Aparte de las fallas que se han atribuido a los técnicos de Chernóbil y la torpeza del régimen soviético para encarar el desastre, está el hecho de que la energía nuclear se ha desarrollado para suministrar electricidad a partir de una fuente alternativa a los hidrocarburos. En el bosque silvestre que ha crecido en torno a Chernóbil, han reaparecido especies animales consideradas casi extintas, tal como en regiones rurales de España, abandonadas por la agricultura, se han multiplicado los caballos salvajes.

“El planeta se sacudirá de nosotros como una peste de pulgas, una molestia superficial”, según Carlin. “Estará aquí por mucho, mucho, mucho tiempo después que nosotros hayamos desaparecido, y el planeta se sanará a sí mismo, se limpiará porque eso es lo que hace. Es un sistema que se corrige a sí mismo. El aire y el agua se recuperarán y la Tierra se renovará.”“El planeta no se va a ninguna parte”, predecía el bufón. “¡Nosotros nos vamos! Recojan su mierda, gente. Los que nos vamos somos nosotros. Y no dejaremos mucha traza, tampoco. Gracias a dios por eso. Bueno, quizá sí, un poco de poliestireno. El planeta estará aquí, y nosotros habremos desaparecido hace mucho tiempo. Simplemente, otra mutación fallida.”

Por Jorge A. Bañales

6 septiembre, 2019

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Las bebidas azucaradas aumentan el riesgo de muerte prematura

Estudio asocia el consumo de esos productos con el peligro de padecer enfermedades circulatorias, males digestivos y Parkinson

El consumo de bebidas azucaradas y el riesgo de sufrir una muerte prematura vuelven a estar asociados. El más amplio estudio hecho hasta la fecha en Europa, publicado hace poco en la revista JAMA Internal Medicine, indica que beber a diario dos vasos o más de cualquier tipo de refresco tiene 17 por ciento de mayor posibilidad de fallecer que los que toman un vaso o ninguno al mes.

Realizado en 10 países europeos, entre ellos España, Reino Unido, Dinamarca, Francia y Grecia, el Estudio Prospectivo Europeo sobre Dieta, Cáncer y Salud (EPIC, por sus siglas en inglés) analiza datos de más de 450 mil personas, reclutadas entre 1992 y 2000, de una edad promedio de alrededor de 50 años, fueron observados durante un promedio de 16 años.

Antes del estudio, a cada participante se le tomó una muestra de sangre y se le hizo llenar un cuestionario sobre su estilo de vida, en el que se le preguntaba sobre aspectos como el ejercicio, el tabaquismo y su peso, además de su dieta y nutrición. El trabajo excluyó a los sujetos que habían reportado que padecían cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares.

Resultados

El EPIC, firmado por medio centenar de científicos, señala que durante el estudio 41 mil 600 muertes fueron registradas. De los que tomaban menos de un vaso de bebida azucarada al mes, 9.3 por ciento fallecieron; mientras los decesos de quienes consumían a diario medio litro o más de estos líquidos, fueron 11.5 por ciento.

Aunque el consumo de bebidas azucaradas ha sido asociado a problemas de salud como la obesidad, los investigadores que trabajaron en EPIC afirman que eso no explica completamente el vínculo entre una alta ingesta de esas bebidas y un elevado riesgo de muerte.

Cuando el equipo de científicos revisó las causas específicas de deceso, encontraron que el consumo frecuente de bebidas endulzadas artificialmente lleva también a un mayor riesgo de padecer enfermedades circulatorias; las azucaradas fueron asociadas con males digestivos y con el aumento en el peligro de padecer Parkinson.

Si bien los expertos señalan que dicho estudio no puede probar que las bebidas azucaradas conducen a un mayor riesgo de muerte, sí indican que el EPIC respalda los recientes esfuerzos para reducir la ingesta de refrescos, como son los impuestos que algunos países han comenzado a aplicar a esos productos.

En México dicho impuesto se aplica desde 2014. De acuerdo con un artículo publicado en el Sistema de Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se consume un promedio de 137 litros de refresco por persona al año, mientras en Francia la ingesta es de 37 litros.

El año en que se aplicó el impuesto, el consumo se redujo entre 6 y 12 por ciento.

Aunque la idea de estos impuestos es reducir la ingesta de esos productos, los investigadores señalan que la mejor alternativa para mantener una vida sana es beber agua.

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El cáncer es ya principal causa de muerte en los países de altos ingresos

Londres. El cáncer superó a las enfermedades cardiacas como la principal causa de muerte en los países ricos y podría convertirse en la mayor del mundo en pocas décadas si persisten las tendencias actuales, señalaron investigadores este martes.

Los científicos afirmaron que los hallazgos, publicados en The Lancet, mostraban evidencia de una nueva "transición epidemiológica" global entre diferentes tipos de enfermedades crónicas.

La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo entre los adultos de mediana edad –40 por ciento de todos los decesos–, pero ese ya no es el caso en los países de altos ingresos, donde el cáncer ahora mata al doble de personas que las afecciones al corazón, indicaron.

"Nuestro informe encontró que el cáncer fue la segunda causa más común de muerte en todo el mundo en 2017, representando 26 por ciento de todos los fallecimentos", indicó Gilles Dagenais, profesor de la Universidad Laval de Quebec en Canadá, quien codirigió el trabajo.

"Pero a medida que las tasas (de enfermedades cardiacas) continúan disminuyendo, el cáncer podría convertirse en la principal causa de muerte en el mundo, dentro de sólo unas décadas", advirtió.

Afecciones cardiovasculares

Según los investigadores, de unas 55 millones de muertes en el mundo en 2017, alrededor de 17.7 millones se debieron a enfermedades cardiovasculares, un grupo de afecciones que incluyen insuficiencia cardiaca, angina, infarto y accidente cerebrovascular.

Alrededor de 70 por ciento de los casos de muertes por problemas cardiovasculares se deben a riesgos modificables como presión arterial y colesterol altos, dieta, tabaquismo y otros factores de estilo de vida.

En los países de altos ingresos, el tratamiento común con estatinas a fin de reducir el colesterol y medicamentos para la presión arterial ha ayudado a disminuir drásticamente las tasas de enfermedad cardiaca en las décadas pasadas.

El equipo de Dagenais explicó que sus hallazgos sugieren que las tasas más altas de muertes por enfermedades cardiacas en los países de bajos ingresos pueden deberse principalmente a una menor calidad de la atención médica.

La investigación encontró que las tasas de primera hospitalización y el uso de medicamentos para enfermedades cardiacas fueron sustancialmente menores en los países más pobres y de ingresos medios que en los ricos.

Las naciones analizadas incluyeron a Argentina, Bangladés, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, India, Irán, Malasia, Pakistán, los territorios palestinos, Filipinas, Polonia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Suecia, Tanzania, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Zimbabue.