Jueves, 07 Noviembre 2013 06:01

El rastro del polonio en Arafat

El rastro del polonio en Arafat

Científicos suizos concluyeron que el histórico líder palestino Yasser Arafat probablemente murió de envenenamiento con polonio, según un informe de sus hallazgos publicado ayer por la cadena de noticias Al Jazeera. Los resultados de los exámenes a los restos de Arafat "respaldan moderadamente la hipótesis de que su muerte fue consecuencia de envenenamiento con polonio-210", según el informe de 108 páginas difundido por la página web de la cadena qatarí. De acuerdo con el texto, los científicos del Instituto de Radiofísica del Hospital Universitario de Lausana hallaron niveles de polonio-210 radiactivo 18 veces superiores a lo normal en las muestras tomadas del cadáver de Arafat.


Según Al Jazeera, los diez expertos que firman el informe están seguros en un porcentaje del 83 por ciento de que el líder palestino, fallecido en 2004, a los 75 años, fue envenenado con polonio. Este nivel de certeza "respalda moderadamente" la suposición de que el polonio pudo haber sido la causa hasta ahora nunca encontrada del accidente cerebrovascular hemorrágico que terminó con la vida de Arafat, agregaron los investigadores.


"Se realizaron nuevas investigaciones toxicológicas y radio-toxicológicas que demostraron niveles inesperadamente elevados de actividad de polonio-210 y plomo-210 en muchos de los tejidos analizados", dijeron los expertos en el informe. Científicos de Suiza, Francia y Rusia obtuvieron esas muestras el pasado noviembre, tras la exhumación de los restos de Arafat, que yacían en el mausoleo de la ciudad palestina de Ramalá, donde está la sede de gobierno de la Autoridad Palestina.


El experto británico en Medicina Forense Dave Barclay declaró a Al Jazeera que con esos resultados está "completamente convencido" de que Arafat fue asesinado y señaló que todavía se desconoce quién está detrás de lo sucedido. "El no estaba enfermo, pero esto responde a todas nuestras preguntas", afirmó ayer al canal la viuda del líder palestino, Suha Arafat, que recibió una copia del informe y fue quien denunció la muerte en julio de 2012 a un tribunal de la ciudad francesa de Nanterre, ante la posibilidad de un complot contra su esposo. La viuda presentó esta denuncia después de que el Instituto de Radiación Física de Lausana descubriera, en octubre pasado, restos de polonio-210 en algunas de las ropas y utensilios más privados del líder palestino.


El era anciano y frágil, pero los informes médicos indicaban que gozaba de un buen estado de salud y no mostraba señales de riesgo particulares según el informe de Suiza. Es decir, no estaba enfermo en octubre de 2004 cuando, después de una comida, comenzó a sentir náuseas, vómitos y dolores abdominales. Su médico personal diagnosticó una gripe. Pero su salud se deterioró rápidamente y los médicos tunecinos y egipcios no lograron saber el origen de su enfermedad. El 29 de octubre fue llevado a Jordania y luego voló a París, donde cayó en coma. Después de recibir una copia del informe, Suha Arafat dijo: "Recuerdo que Yasser se estaba reduciendo en el hospital, en sus ojos había un montón de preguntas".


"Cuando llegaron con los resultados, fue como si recién me hubieran dicho que murió. Estoy de luto por Arafat nuevamente", agregó.
Con Zahwa, su hija con Arafat, dice que sospecha de una conspiración para liberarse de él. "Mi hija y yo queremos saber quién lo hizo y no nos detendremos hasta averiguarlo. Espero que la Autoridad Palestina continúe la investigación, buscando cada aspecto de ella. Es por supuesto un crimen político."


Arafat, fundador de la Organización para la Liberación de Palestina y galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1994, falleció en un hospital militar, cerca de París, el 11 de noviembre de 2004, después de varias semanas de agonía en Ramalá, donde llevaba cerca de tres años cercado por Israel. Las sospechas sobre una mano negra surgieron casi de inmediato, y muchos palestinos acusaron de la muerte a Israel, que siempre negó haber jugado algún papel en su fallecimiento.


El funcionario palestino a cargo de la investigación de la muerte de Arafat, Tawfiq Tirawi, dijo el martes que había recibido el informe con los hallazgos de los científicos suizos, pero no quiso revelar su contenido. La agencia de noticias oficial palestina WAFA dijo que el equipo de investigadores rusos nombrado por la ANP también entregó su propio informe, el 2 de noviembre pasado.


Dave Barclay, científico forense británico y ex detective, le dijo a Al Jazeera que los descubrimientos lo convencieron de que Arafat había sido asesinado. "Yasser Arafat murió por envenenamiento con polonio –dijo–. Encontramos lo que causó su muerte. El nivel de polonio en las costillas de Arafat es de unos 900 milibecquereles." También está la cuestión de por qué los médicos franceses, que trataron a Arafat en París, no encontraron, en los días posteriores a su muerte, señales de que había sido envenenado.


El polonio-210 es la misma sustancia utilizada en el asesinato del ex espía ruso y crítico del Kremlin Alexander Litvinenko, fallecido en Londres en 2006. En su lecho de muerte, el ex espía acusó de su envenenamiento al presidente ruso, Vladimir Putin

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Sábado, 05 Octubre 2013 08:13

Matanza en la plaza Tahrir

Matanza en la plaza Tahrir

Al menos cinco personas murieron ayer y 40 resultaron heridas en Egipto cuando islamistas se enfrentaron con policías al retomar sus protestas para exigir la restitución del derrocado presidente Mohamed Mursi. En El Cairo, seguidores de los Hermanos Musulmanes intentaron marchar hacia la emblemática plaza Tahrir, pero fueron frenados y dispersados por la policía, e imágenes de TV mostraron un vehículo militar desde donde se abrió fuego contra los manifestantes. Pese al estado de sitio instaurado por las autoridades de facto hace dos meses, los seguidores de Mursi intentaban llegar a la plaza para reunirse en una convocatoria que se extenderá hasta el domingo, cuando el país conmemora el inicio de la guerra árabe-israelí de 1973, conocida como guerra de Yom Kippur. Cuatro de las muertes se registraron en choques entre partidarios y detractores de Mursi en El Cairo, mientras que el otro fallecimiento ocurrió en la ciudad de Suez.

 

Según fuentes de seguridad, los seguidores de Mursi intentaron desbloquear el ingreso a la plaza –cerrada por el Ejército y la policía– lanzando piedras que fueron respondidas por los uniformados con gases lacrimógenos. En tanto, otro grupo de simpatizantes de los Hermanos Musulmanes marchó desde un barrio de El Cairo hacia el lugar de su antiguo campamento de protestas, la plaza Rabaa al Adaweya, de donde las fuerzas de seguridad los desalojaron el 14 de agosto pasado a sangre y fuego con un saldo de cientos de muertos. Los manifestantes marchaban cantando consignas en contra del jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi, quien estuvo al frente del golpe de Estado que derrocó a Mursi, miembro de la Hermandad.

 

También se produjo un enfrentamiento entre manifestantes y vecinos del barrio cairota de Manial, donde se concentraron cientos de islamistas que corearon consignas para reclamar la vuelta al poder del mandatario depuesto el 3 de julio. Asimismo, hubo choques en el distrito de Shubra, donde los partidarios de los Hermanos Musulmanes intentaron organizar una marcha después de la oración del mediodía. Otros incidentes violentos ocurrieron también en la norteña ciudad de Alejandría, donde las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes.

 

La campaña de marchas "ininterrumpidas y sin violencia" desde ayer hasta el próximo domingo fue organizada por la Coalición Nacional de Defensa de la Legitimidad, integrada por distintos grupos islamistas, entre ellos la Hermandad Musulmana. Bajo el lema "El Cairo, la capital de la revolución", la marcha del domingo es un tributo a los héroes del Ejército que combatieron en la guerra de Yom Kippur –la cuarta guerra que enfrentó a Israel con los países árabes, tras negarse a entregar los territorios arrebatados durante la Guerra de los Seis Días–, en contraposición a los militares que derrocaron al gobierno de Mursi elegido democráticamente, explicaron los islamistas.

 

"Los verdaderos líderes son aquellos que llevan a cabo su responsabilidad en circunstancias difíciles y apuntan sus armas hacia el enemigo real, en las fronteras de la patria", afirmó la Coalición. Asimismo, criticó a la cúpula del Ejército, liderado por el general Abdel Fatah al Sisi, que derrocó a Mursi tras apoyarse en las masivas protestas que pedían elecciones anticipadas.

 

Por otro lado, horas antes del inicio de las manifestaciones, dos soldados egipcios murieron en un ataque perpetrado por un grupo armado contra un puesto de control del Ejército, al este de El Cairo, informaron fuentes de seguridad. Los atacantes huyeron pero fueron atrapados poco después en una población cercana. Desde el golpe de Estado aumentaron considerablemente los ataques contra comisarías y efectivos de seguridad en todo el país, especialmente en la península del Sinaí.

 

En los últimos tres meses, las autoridades llevaron a cabo una campaña de detenciones contra los líderes de la Hermandad, prohibieron sus actividades y los acusaron de instigar a la violencia. También reforzaron la presencial policial y militar en la capital y en otros puntos estratégicos, lo que ha dificultado nuevas concentraciones multitudinarias de los partidarios de Mursi. Tras el derrocamiento del ex mandatario, el Ejército se enfrentó en numerosas oportunidades con los islamistas, dejando un saldo de más de mil muertos y cerca de 5000 heridos.

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Bandar bin Sultán: la conexión saudí de las armas químicas en Siria

Decenas de testimonios recogidos por dos periodistas en Guta Oriental, área cercana a Damasco donde perecieron cientos de personas causa de gases neurotóxicos, indican que la masacre se debió al mal empleo por los rebeldes de tubos con sustancias químicas que les había proporcionado un miliciano saudí

 


Un informe publicado el 29 de agosto en MintPress News sugiere que la muerte de centenares de personas en el área de Damasco por el uso de armas químicas el pasado 21 de agosto no se debió a un bombardeo del Ejército leal al presidente Bachar al Asad, como sostiene Estados Unidos, sino a la deficiente manipulación que hicieron los propios rebeldes de las armas químicas que estaban en su poder y que habían recibido de Arabia Saudí.

 

El informe fue elaborado por el periodista jordano Yahiya Ababneh, que estuvo en el área de Guta Oriental en los días posteriores a la tragedia entrevistando decenas de supervivientes, muchos de ellos milicianos rebeldes, y a otros civiles, incluidos médicos locales, y por la periodista Dale Gavlak, que ha trabajado durante casi una década para la agencia norteamericana Associated Press y ha colaborado con la BBC y otros medios occidentales.

 

Pese a su importancia, este informe apenas ha trascendido en los medios de comunicación europeos y americanos, aunque algunos diarios árabes sí que han recogido el material de primera mano aportado por Ababneh y Gavlak. Los periódicos donde ha tenido más impacto son, lógicamente, medios progresistas o que se alinean con el régimen de Damasco, como es el caso del libanés Al Akhbar.


Uno de los testigos entrevistados por Ababneh es el sirio Abu Abdel Moneim, cuyo hijo era un rebelde que murió con otros doce camaradas en uno de los túneles en los que ellos mismos almacenaban armas químicas en "estructuras con forma de tubo y con forma de grandes botellas de gas".

 

Todo indica que la muerte de este grupo se debió al mal uso de las armas químicas que les había proporcionado un miliciano saudí conocido con el nombre de Abu Ayesha, que comandaba un batallón de rebeldes en el área de Damasco. El accidente justamente ocurrió en la noche del 21 de agosto, es decir el mismo día que más tarde se acusó al ejército sirio de haber usado las armas químicas en Guta Oriental.

 

Una combatiente rebelde entrevistada por Ababneh dijo: "[Los saudíes] no nos dijeron qué clase de armas eran ni cómo usarlas. No sabíamos que eran armas químicas y nunca llegamos a imaginarlo. Cuando el príncipe Bandar entrega armas como éstas debería proporcionar gente que supiera cómo manejarlas y cómo usarlas".

 

La combatiente se refería al príncipe Bandar bin Sultán bin Abdelaziz, jefe de los servicios de inteligencia saudíes desde julio de 2012, un hombre formado militarmente en Estados Unidos que mantiene estrechos contactos con ese país y con la CIA desde que fue embajador en Washington durante más de veinte años.

 

Bin Sultán es conocido por sus inclinaciones proisraelíes que en otro tiempo le crearon problemas en Arabia Saudí, pero desde el inicio de la guerra civil en Siria se ha convertido en una persona clave que combate el régimen de Al Asad de todas las maneras posibles. En algunos medios árabes se le conoce como "Bandar bin Israel" que significa "Bandar hijo de Israel".

 


Los médicos que atendieron a las víctimas de las armas químicas advirtieron a los pocos periodistas que visitaron la zona de Guta en los días siguientes que tuvieran mucho cuidado a la hora de preguntar el origen de la tragedia.

 

Un jefe rebelde local entrevistado dijo: "Sentíamos mucha curiosidad por esas armas y desgraciadamente algunos de los combatientes no las manejaron apropiadamente y causaron las explosiones".

 

Más de una decena de rebeldes entrevistados por Ababneh le dijeron que reciben sus salarios regularmente de Arabia Saudí. Una parte considerable de la ayuda saudí se dedica a financiar a grupos islamistas radicales, algunos relacionados con Al Qaeda, que combaten el régimen de Damasco, y los rebeldes islamistas conocen a Bandar familiarmente mediante el cariñoso apodo de "Al Habib" que significa "el amado".

 

La vinculación de Bandar con Israel en todo lo relacionado con la llamada primavera árabe es natural, puesto que tanto el Estado judío como Arabia Saudí comparten unos intereses parecidos, y a veces idénticos, pero no impide que Bandar mantenga paralelamente una estrecha colaboración con grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda. De hecho, estos grupos están tan infiltrados por los servicios secretos de la región y occidentales que a menudo es muy difícil saber de dónde han partido las órdenes para explicar su comportamiento o los atentados que cometen.

 

Al abordar la cuestión del uso de armas químicas en Guta, el periódico de Londres Daily Telegraph subrayó recientemente que los únicos que se han beneficiado del supuesto ataque han sido los rebeldes, que hasta entonces iban perdiendo la guerra y ahora han obtenido el apoyo de Estados Unidos y otros países occidentales que están dispuestos a castigar a Assad.

 

Esta no es la primera ocasión en que el régimen sirio es acusado de usar armas químicas. De hecho, las primeras acusaciones se deben precisamente al príncipe Bandar bin Sultán y se remontan a febrero pasado. Sin embargo, en una ocasión la comisionada de la ONU Carla del Ponte manifestó que, según los testimonios obtenidos por las Naciones Unidas, quienes estaban utilizando armas químicas eran en realidad los rebeldes y no el régimen.

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN erusalén05/09/2013 07:23 Actualizado: 05/09/2013 07:23

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¿Cómo pueden descansar los muertos? Sus ataúdes de madera eran golpeados contra las rejas de hierro de la funeraria (mashraha), sus familiares gritaron de horror, los cadáveres envueltos en celofán se apilaban muy alto sobre entre bloques de hielo tan grandes que se temía rompieran los huesos de los muertos. A medida de que el hielo se derretía en la mashraha, en las calles brillantes por el fango, los fondos de los ataúdes comenzaron a llenarse de sangre que tras estar coagulada se volvió nuevamente líquida y semejaba un lodo aguado y carmesí. Mártires todos ellos.

 

Y creo que fue entonces cuando me di cuenta de que los enemigos del depuesto presidente Mohamed Mursi debieron haber comprendido que hace muchos meses que esos cadáveres, esos cuerpos, esos “mártires” son el pronunciamiento oficial de la Hermandad Musulmana. No hay más. Sin comentarios, en parte porque ya no pueden hablar. Thomas Cromwell, si no mal recuerdo, fue uno de los primeros en asociar el silencio con los muertos, en parte porque ya no tienen necesidad de pronunciarse. La policía dispara y el resultado de una bala destruyendo a los vivos se vuelve la política última. De aquí en adelante, ya no se le ve el fin.


El barrio de Zeinhom, de la zona conocida como Sayyidah Zaynab, en El Cairo, es un vecindario pobre con sucias cafeterías y calles llenas de basura, con construcciones hechas con adobe de lodo del Nilo que se sostienen una a la otra en el calor de 37 grados centígrados. ¿Será posible encontrar una calle más deprimente para los furiosos hombres y mujeres pertenecientes a la Hermandad que tienen que llorar la muerte de sus seres queridos?


A veces las familias de El Cairo piden estar presentes durante las autopsias que se practican a sus seres queridos; por lo tanto, los lamentos que llenaban el aire caliente de Zeinhom este jueves eran más que rituales de duelo. Algunos quisieron ver en los muertos la más concreta representación de su realidad. Yo conté más de 70 cadáveres. Algunos ataúdes estaban colocados encima de otros y hombres enormes se empujaban y se abrían paso para entrar a la funeraria; algunos se cayeron encima del hielo y de esas espantosas bolsas de celofán.
Los rostros de esos muertos estaban cubiertos por nudos del celofán, su espectral presencia a veces era aligerada por el alivio de ver un par de pies, aún cubiertos por zapatos baratos de suela de goma que asomaban de camillas que estaban colocadas en el suelo, entre los ataúdes.


Entre las personas que estaban en la funeraria se hacían comentarios sobre acercarse a los policías (a quienes nunca vi) y sobre ir a las instalaciones de la alcaldía de Giza, que está de camino a las pirámides, para prenderles fuego, decían con entusiasmo.
Así volvemos a la pregunta de fondo: ¿Por qué tantos muertos?


En una calle cercana encontré a Abeer Saady, reportera del periódico Sharouk y vicepresidenta del Sindicato Egipcio de Periodistas, que miraba a la multitud. Antes, ella estuvo buscando el cuerpo de un colega; Ahmed Abdul Dawed, un simpatizante de la Hermandad Musulmana que, ironía de ironías, trabajaba para el periódico gubernamental Al Akhbar.


“La Hermandad quiere enaltecer la figura de los muertos que el gobierno quisiera dejar en el bajo perfil”, me dijo Abeer Saady con tristeza. “Desde luego son muchos más de los 194 que el gobierno admitió originalmente. Yo calculo que hay entre 350 y 500 muertos”.


Pero si yo vi 70, sólo este jueves, sospecho que las fatalidades bien pudieron llegar a mil o más. Otros periodistas árabes pagaron el mismo precio que Ahmed Dawed. Habiba Ahmed Abd Elaziz trabajaba para Gulf News, pero estaba de licencia de su empleo cuando fue baleada cerca de la mezquita de Al Adawiyeh, en Ciudad Nasr.


Hace mucho tiempo que la Hermandad abandonó cualquier afecto por los periódicos locales, pero aún tienen tiempo para los infieles de la prensa extranjera. Pese a esto, sus respuestas a mis preguntas fueron muy distantes.


“¿Quién es?”, le pregunté a un joven que estaba parado junto a un cuerpo cubierto por una keffiyeh. “A usted qué le importa”, me contestó. Le murmuré algo estúpido de que era un ser humano y merecía tener nombre y sólo se encogió de hombros. Un anciano sentado sobre la tapa de un ataúd me dijo que adentro del mismo yacía un hombre llamado Adham. Insistí en saber su nombre completo porque estoy convencido de que los nombres vuelven reales a los muertos.


“Mahmoud Mustafa”, me gritó otro hombre cuando le señalé el montón de hielo que cubría a su hijo muerto. Otro hombre me dijo que estaba cuidando el cuerpo de Mohamed Fared Mutwali, quien tenía 57 años el miércoles, cuando lo mató la policía. Lentamente, los nombres devolvieron la vida a los muertos.


Luego, un joven listo que trataba de hablar en inglés pero estaba llorando puso su mano en mi hombro y señaló otro bulto de celofán. “Ése era mi hermano”, dijo. “Le dispararon ayer. Era médico. Su nombre era doctor Khaled Kamal y estudió medicina en Beni Suef, en el norte de Egipto. La gente se aferró a la única palabra de inglés que entendieron y gritaron “doctor, doctor”, una y otra vez.


No puede uno ver estas cosas, escuchar estas palabras y pensar que la tragedia de Egipto quedará sepultada hoy con los muertos. Desde esta mañana, a través del mundo árabe, esta semana que es la más sagrada para los musulmanes, quedará asociada con la violencia tanto como con la oración. La Hermandad recordará a sus muertos en las mezquitas de El Cairo y los egipcios esperarán una reacción del gobierno, de la policía y del ejército. Una respuesta del general Abdel Fattah Sisi.


Desde luego, se puede intentar balancear el dolor afuera de la funeraria con la “normalidad” con que el gobierno quiere que todos en El Cairo disfrutemos los caminos que han dejado de estar bloqueados, los camiones que limpian la destrucción que quedó donde se encontraba el campamento de Ciudad Nasr, el anuncio de que se reanudará el servicio ferroviario entre la capital y Alejandría.


Sin embargo, hay pequeñas cosas del lugar donde están los muertos que se quedan en la mente. El hombre que me alienta a entrar a la funeraria y que no deja de rezar, el alegre plástico azul con el que forraron el exterior de un ataúd y la incongruencia de ver en él una etiqueta de Etihad Airways pegada torpemente en un extremo.


En la acera de enfrente, dos vendedores de café discutieron y luego comenzaron a pelarse y de pronto la calle está llena de vidrios y piedras pues la gente que simpatiza con el gobierno salió de sus deteriorados hogares y se convenció de pronto de que el más bajo de los vendedores de café es de la Hermandad Musulmana. Después, una pandilla de hombres de Mursi aparece y empieza también a arrojar piedras.


Un microcosmos de anarquía que le recuerda a uno de la fragilidad que se vive en El Cairo. Será bueno volver a la relativa seguridad del viejo Hotel Marriot, sobre la ribera del Nilo. Pero no es así. Tan pronto como llego a lo que considero mi hogar en la capital egipcia me entero de que Raad Nabil, un policía turístico que lleva años trabajando en el hotel caminaba rumbo a su casa al otro lado del río, en el barrio de Mohandeseen, hace unas horas, cuando un grupo de hombres lo amenazó. Él sacó su pistola y disparó al aire, pero uno de los hombres le arrebató el arma y la apuntó contra Raad Nabil, un hombre indefenso de poco más de 50 años, y le disparó en el corazón.


Me pregunto qué nos dice eso. Seguramente se trata de otro pronunciamiento.


Traducción: Gabriela Fonseca

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Murieron de hambre 260 mil somalíes entre 2010-2012: FAO

Cerca de 260 mil somalíes, más de la mitad menores de cinco años, murieron de hambre entre octubre de 2010 y abril de 2012, señala un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado este jueves. El organismo admitió que su retraso en declarar la situación de hambruna en Somalia en 2011 fue un error que costó más vidas.

 

El número es dos veces mayor a las estimaciones, que oscilaban entre 50 mil y 100 mil muertos por hambre en la nación africana.

 

El representante de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para Somalia, Philippe Lazzarini, afirmó que los “perturbadores” resultados de la primera investigación científica del costo de la hambruna en Somalia demuestran que la organización falló al alertar demasiado tarde a la comunidad internacional de la crisis en el país africano pues, sostuvo, para cuando se declaró la emergencia alimentaria ya morían de inanición 30 mil personas al mes.

 

“La sequía y su gravedad eran evidentes desde 2010, pero no entramos en acción. El sufrimiento de Somalia se desarrolló como un drama sin testigos”, lamentó Lazzarini, según el diario británico The Independent.

 

“La hambruna y la grave inseguridad alimentaria en Somalia mataron a unas 258 mil personas entre octubre de 2010 y abril de 2012, entre las cuales había 133 mil niños menores de cinco años”, indicó el informe de la FAO y la Red de Alerta contra la Hambruna (Fews-Net), financiada por Estados Unidos.

 

Según esta “primera estimación científica” del balance de la crisis alimentaria, “4.6 por ciento de la población total y 10 por ciento de los niños menores de cinco años murieron en el sur y el centro de Somalia”.

 

En las regiones de Bajo Shabelle, Mogadiscio y Bay, las más afectadas, la crisis mató a 18, 17 y 13 por ciento, respectivamente, de los niños menores de cinco años.

 

El hambre causó “unos 30 mil muertos por mes entre mayo y agosto de 2011”, según el estudio.

 

Todas estas cifras se añaden a la mortalidad de referencia en la zona durante el periodo analizado, de unos 290 mil decesos, entre los que se incluyen los muertos en el conflicto somalí, recalcan los autores del estudio.

 

El balance es superior al de la hambruna de 1992 en el país, que presuntamente acabó con la vida de 220 mil personas en 12 meses, aunque “esta se considera más grave porque murió un mayor porcentaje de la población”. En Somalia afectó a unos 4 millones de personas, o sea, a la mitad de la población somalí.

 

La escasez de alimentos fue provocada principalmente por la sequía en el Cuerno de África y se agravó por la catastrófica situación de inseguridad en el país, sumido en el caos y la guerra civil desde la caída del presidente Siad Barre en 1991.

 

Recientes retiradas militares de los islamitas shebab y la elección en septiembre de nuevas autoridades podrían propiciar una estabilización de Somalia y dotarla del gobierno central que no tiene desde hace 22 años. No obstante, por ahora, la inestabilidad se mantiene.
Así, Etiopía retiró a mediados de marzo sus tropas de la sureña ciudad de Hudur, que fue recuperada por los shebab, en lo que constituye su primer éxito militar desde que fueron expulsadas de Mogadiscio en agosto de 2011.

 

La semana pasada Etiopía negó ante el Consejo de Seguridad de la ONU “eludir responsabilidades” con el inicio del retiro de sus tropas de Somalia y se quejó de lo poco que se “comparte la carga” de la fuerza extranjera en ese país.

 

Las fuerzas etíopes ingresaron en Somalia en noviembre de 2011 y han desempeñado un papel decisivo para doblegar a los shebab y mantener el control de zonas recuperadas de los grupos islamistas.

 

La Fuerza de la Unión Africana en ese país, AMISOM, ha ejercido un papel clave en la instalación de un gobierno de transición.

 

Burundi, Yibuti, Kenia, Sierra Leona y Uganda tienen contingentes en la AMISOM.

 

Senait Gebregziabher, director en Kenia de la organización británica Oxfam, reaccionó ante el informe de la FAO sobre Somalia con el señalamiento de que “las hambrunas no son un fenómeno natural, sino errores políticos catastróficos”.

 

“La próxima semana los líderes mundiales que se reunirán en la Conferencia sobre Somalia 2013 en Londres tendrán que dar pasos para garantizar que ésta haya sido la última hambruna de Somalia, dijo Gebregziabher, quien añadió que la solución deberá incluir planes de desarrollo en el largo plazo, creación de empleos y mejoras en la seguridad.

 

Según el último informe sobre el Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo, publicado en octubre de 2012, Cerca de 870 millones de personas, una octava parte de la población mundial, padecían desnutrición crónica en el periodo 2010-2012. Dicho informe, que es publicado anualmente por la ONU y la FAO conjuntamente, así como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), presenta estimaciones más precisas sobre la desnutrición crónica basadas en una metodología mejorada y datos de las últimas dos décadas.

 

La gran mayoría de las personas que padecen hambre, 852 millones, viven en países en desarrollo –alrededor del 15 por ciento de su población– mientras 16 millones de personas están desnutridas en los países desarrollados.

 

La cifra total de personas hambrientas disminuyó en 132 millones entre 1990-92 y 2010-12, lo que equivale a pasar de 18.6 por ciento a 12.5 por ciento de la población mundial, y de 23.2 por ciento a 14.9 por ciento en los países en desarrollo. Con ello, la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) estaría al alcance si se adoptan las medidas adecuadas.

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Paula Sofía: otra víctima del sistema de salud

De nuevo, por falta de una autorización oportuna de una EPS, esta semana ha muerto otro ser humano en el país, en este caso la bebe Paula Sofía que tenía tan solo 9 meses de vida.

 

Paula Sofía nació con Síndrome de Down, una alteración cardiaca e hipotiroidismo. Es común que las personas con Síndrome de Down tengan cardiopatías asociadas, pero estas son totalmente manejables quirúrgica y medicamente, lo que les da una sobrevida importante y les permite realizar un proyecto de vida.

 

Desde el día 6 de febrero a Paula Sofía le fue ordenada con urgencia la cirugía cardiaca, es decir casi 3 meses antes de su deceso. Lo que relatan sus progenitores es que la EPS Solsalud no autorizó el procedimiento quirúrgico con diversos argumentos, razón por la cual interpusieron el día 4 de marzo una acción de tutela para que la niña fuese operada. Un juez falló a favor de la niña y ordenó a la EPS el procedimiento, pero es solo en sus últimos días de vida (24 de abril) que es internada en el hospital de segundo nivel San Blas, por un cuadro de bronquiolitis aguda, desde donde se buscó la remisión a una institución que practicará la alta cirugía requerida por la niña, sin lograr encontrarla. Finalmente, la niña llegó el día 29 de abril al hospital de tercer nivel Santa Clara, con unas condiciones clínicas complicadas por una neumonía, sumada a su cuadro cardiológico, que condujeron a su falleciendo esa misma noche del 29.

 

A la hora de las explicaciones. la EPS Solsalud, argumenta que sí autorizaron la cirugía, solo que ¡por falta de camas en hospitales públicos y privados!, el tratamiento requerido no fue posible.

 

Como se observa se dio toda una cadena de acontecimientos de carácter administrativo y asistencial, que determinaron la muerte de Paula Sofía, la cual era totalmente evitable, en tanto hoy en día se cuenta con el desarrollo técnico-científico para el manejo de estas situaciones clínicas.

 

¿Qué es lo que hay detrás de esta nueva muerte?

 

Seguimos repitiendo la historia de hace más de una década. El itinerario burocrático, antihumano y con sentido de contención de costos que hace, de un lado, que las EPS le saquen el cuerpo a este tipo de procedimientos con altos costos, porque no son costo-efectivos y, de otro, que propicia que los prestadores de servicios de salud, públicos o privados, no los atiendan si no hay quien pague por ellos. Primero el dinero que la vida de una persona.

 

No hay duda. En el fondo de esta problemática está la racionalidad económica impuesta por la Ley 100, la misma que por cerca de 20 años ha determinado el rumbo de la salud en nuestro país, generando dinámicas antiética, antihumanas y por fuera de toda lógica pública, como el conocido “paseo de la muerte” y otras dinámicas similares, producto de las cuales centenares de personas –por lo general de pocos recursos– han perdido la vida, o padeciendo el agravamiento de su salud producto de enfermedades mal tratadas. Una lógica al servicio del lucro, del negocio, de la acumulación de dinero, con la tiranía de las razones burocrático-administrativas, en contra del bienestar, la salud y la vida de la gente.

 

Ya es claro que mientras se mantenga como aspecto central del sistema de salud la lógica económica que: 1) estimula el lucro de las EPS con su labor de intermediación que hacen entre los dineros públicos del sector salud con las IPS y ESE, 2) impone el acento en la sostenibilidad financiera de las instituciones prestadoras de servicios de salud y 3) obliga a la gente a demostrar capacidad de pago para ser atendida, es evidente que esta situación de muerte como la de la bebe Paula Sofía, se seguirá repitiendo indefinidamente.

 

En este caso, además, surgen preguntas como, ¿cuál fue el papel de la EPS Solsalud para resolver el caso de Paula Sofía? ¿Para qué se requería esta intermediación de Solsalud, si existen dineros más que suficientes en el Fosyga que podrían contratar directamente a la IPS o ESE para que atendiera a Paula y no tener que estar sometidos a la autorización de una EPS?

 

Asi las cosas, esta tragedia que enluta a otra familia de nuestro país por realidades, circunstancias y problemáticas totalmente controlables, revela de nuevo, la inutilidad de las EPS, lo que nos recuerda que su presencia en el país sigue condenando a la muerte a muchos de nuestros compatriotas.

 

¿Cuántas muertes más se requieren para abolir este sistema de salud perverso?

 

Problemática y realidad que no ve el Gobierno nacional, y tipo de preguntas que no se realiza, como queda claro en el reciente proyecto de ley 210 que ha presentado para reformar el sistema de salud, en el cual, aunque acaba las EPS, mantiene la maldita intermediación, ahora por condcuto de las llamadas Gestoras de Servicios de Salud, con las cuales –de ser aprobado– se mantendrá intacto el espíritu de intermediación y lucro, al conservar la figura de Unidad de Pago por Capitación –UPC– por cada afiliado asegurado a estas Gestoras y sostener que contratan y autorizan los servicios de atención con las prestadoras de servicios de salud. No cambia en absoluto la raíz del problema.

 

La muerte de Paula Sofía debe constituirse en un intolerable ético y contribuir a incrementar la indignación de la sociedad contra un sistema de salud totalmente deshumanizado, sosteniendo la consigna de ¡NO MÁS EPS! hasta que realmente estas desaparezcan.

 

Si la sociedad no se mueve con fuerza, si no se indigna, no se emberraca, si no presiona más, si no se moviliza más, junto a propuestas alternativas (que de hecho existen y son viables), tendremos que seguir lamentando más muertes de este tipo.

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“Sin prohibición, habría menos muertes”

Captada la atención del auditorio de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Eugenio Zaffaroni se permitió contar una anécdota, que ilustra el pensamiento mágico del poder punitivo. Ocurrió durante un encuentro internacional de magistrados, recordó el ministro de la Corte Suprema de la Nación, “cuando estaba a punto de caer el muro de Berlín”. Por curiosidad entró a una conferencia en la que se hablaba de penalizar los delitos nucleares. “Le dije a una compañera, una socióloga canadiense ya fallecida, Ruth Morris, que si existía un crimen nuclear, si alguien tiraba una bomba atómica, no iba a quedar ninguno para juzgarlo. Ella me contestó que el poder punitivo es una religión porque parece resolver todos los problemas. Un falso Dios”, dijo. La represión y persecución del usuario, explicó en su disertación de cierre para las primeras jornadas universitarias sobre drogas, es otro abordaje “fundamentalista”, “absurdo” y “trágico” de los adoradores del poder punitivo mundial.

 

Durante las dos jornadas del flamante Centro de Estudios de la Cultura Cannabica (Cecca) y la UNQ, se analizó el prohibicionismo y los intereses que lo sostienen; también las incipientes políticas soberanas y democráticas en torno a la marihuana y la hoja de coca, en distintos países de la región y en España. La nutrida concurrencia, integrada por activistas y estudiantes mayormente, se sorprendió con retratos de famosos fumones, de plantas incautadas y perejiles detenidos en allanamientos, que instaló la revista THC en los pasillos, donde Zaffaroni sería recibido como un héroe.

 

“La prohibición del cannabis, en Estados Unidos, fue antes que la del opio y está rodeada de una fuerte simbología social. Estuvo a cargo de los puritanos y apuntaban a estigmatizar a los inmigrantes y braseros mexicanos que fumaban. Era su formas de mostrar su supuesta superioridad cultural”, explicó el magistrado. En ese país, principal sostén del prohibicionismo en los foros mundiales, ya se había probado sin éxito criminalizar el uso del alcohol, agregó, “para perseguir a polacos, alemanes, irlandeses, protestantes y luteranos, todos con cultura de fonda”.

 

Y lo que dejó la ley seca, dijo Zaffaroni, fue un tendal de muertos y personas que se quedaron ciegas por beber alcohol metílico, productos de la fabricación clandestina. Con la cocaína, aclaró luego, ocurren cuestiones similares por su impureza y peor aún con el paco, “el tóxico de la miseria”, como lo definió el magistrado. Sin embargo hay algo más dañino para salud que las drogas mal cortadas. Basta imaginar el cálculo que propuso Zaffaroni: “¿Cuántos años se hubieran necesitado para que se mueran por sobredosis de cocaína las 50 mil personas que murieron en las guerras a las drogas que en los últimos seis años en México?”.

 

El magistrado aseguró que existe un “proteccionismo insólito del poder punitivo”, que se asocia con los que se benefician de la plusvalía de la venta de drogas y les aleja la competencia. “Los narcos financian elecciones o seleccionan candidatos, a nivel municipal o provincial, pudren la fuerza política desde las bases. Y la guerra no termina porque la plusvalía sigue. Creo que si no hubiese prohibición, habría menos muertes. El tema es cómo legalizar y hay que debatirlo porque ya es demasiado obvia la irracionalidad de la prohibición”, aseguró Zaffaroni.

 

“Las políticas de drogas en la región son diseñadas directamente por la DEA (el Departamento Antinarcóticos Estadounidense), no se da espacio a otras propuestas reguladoras. Y la intromisión es peligrosa: en Bolivia echaron a la DEA porque tenían bases de datos de los movimientos sociales”, alertó el diputado bonaerense, Marcelo Sain, en un primer panel sobre “el nuevo paradigma soberano” en Latinoamérica, el lunes pasado. A su lado, asentía el juez federal platense César Alvarez. “No debe haber una regulación penal de la marihuana. Es ilegal porque lo dice el legislador en la ley, pero no hay un fundamento moral que lo sea”, dijo el magistrado.

 

En la mesa siguiente el fiscal federal de Lomas de Zamora, Adrián García Lois, trazó el diagnóstico local: “En 2012, entre el 20 y 25 por ciento de la detenciones de la Policía Federal en todo el país es por infracción a la ley de drogas. La mitad por actitud sospechosa, que es una categoría que oculta la estigmatización policial, el 38 por fumar en la vía pública, el 6 por llamados anónimos y solo el 2 por ciento por orden judicial”. Los datos provienen del Ministerio de Seguridad Nacional. “Y no menciono los extorsionados por la policía, que no llegan a ser detenidos”, aclaró.

 

La propagación de causas judiciales, dijo el penalista Mariano Silvestroni, responde también a una “inflación penal” que azota a muchos países del mundo. “Debemos sumar la confusión entre moral y Derecho, que muchas veces afecta derechos individuales, como el consumir sustancias, el aborto o la eutanasia”, detalló este profesor de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires. El fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que declaró inconstitucional penar la tenencia de drogas para uso personal, es “muy tímido” como para detener la inflación punitiva, afirmó.

 

La situación carcelaria de la prohibición fue analizada por Liliana Martínez, de la Procuración Penitenciaria. “Los que pretenden hacer un tratamiento dentro de las cárceles federales tienen muchos problemas de acceso. O sufren traslados o pasan a comunidades terapéuticas con enfoques moralistas y conductistas. La atención ambulatoria todavía es pequeña”, estimó. Alberto Calabrese, responsable del sector de Adicciones del Ministerio de Salud Nacional, afirmó: “Si se busca cuidar la salud, debe entenderse que la salud no se impone con prisión”.

 

Raquel Peyraube, una especialista uruguaya en tratamiento de usuarios problemáticos, reclamó que se extienda los programas de sustitución de drogas. “¿Si le damos metadona a los heroinómanos, por qué no darle anfetaminas a quien sufre la abstinencia de la cocaína? ¿Por qué la respuesta médica es que los usuarios dejen de consumir para tratarse o que se mueran? ¿Es ético esto? No podemos pensar en mejorar la calidad de vida. Es importante que los médicos entiendan que la medicina se nutre de la ciencia, pero es esencialmente un arte”, subrayó.


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Uno de cada 5 homicidios ocurre en esta zona del planeta, señala el organismo

En América Latina se comete uno de cada cinco homicidios que ocurren cada día en el mundo. Es ya la segunda región más violenta del planeta, después de África, sostuvo Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este fenómeno causa más muertes que las enfermedades asociadas al sida o las de mujeres que fallecen por complicaciones durante el parto, expuso.

 

Además del efecto social y en vidas, la violencia tiene un costo económico. Para América Latina esa suma alcanza 7 por ciento de su producto interno bruto (PIB), unos 350 mil millones de dólares, calculó Moreno, al participar en un seminario sobre el tema, organizado por el BID y el Banco Mundial.

 

Aunque no hay datos concluyentes, dada la dificultad de medir el costo de la actividad de los delincuentes, el Banco Mundial calculó que en el caso de México la violencia puede tener un efecto económico de hasta 8 por ciento de su producto interno bruto, alrededor de un billón 300 mil millones de pesos al año.

 

“Existen informes, como uno de JP Morgan, que cifran el costo directo de la violencia en México, sólo la relacionada con el tráfico de drogas, en alrededor de 1.5 puntos del PIB”, unos 230 mil millones de pesos, mencionó Hasan Tuluy, vicepresidente para América Latina del Banco Mundial. “Pero existen muchos otros costos y gastos, tanto públicos como privados, e indirectos, como la pérdida de vidas, pérdida de empleo, que cuestan mucho más”, dijo. Así, el costo podría alcanzar hasta 8 por ciento del PIB, esto es, un billón 300 mil millones de pesos.

 

En el plano regional, las muertes relacionadas con la violencia, que afectan sobre todo a la población joven, superan las causadas por enfermedades relacionadas con el sida, el mal de chagas a los complicaciones del embarazo y el parto, aseguró Moreno durante el foro, al que asistió Mauricio Funes, presidente de El Salvador.

 

Hoy América Latina vive una enorme paradoja, dijo Moreno. En dos décadas la región logró triplicar el ingreso per cápita, terminar con la hiperinflación y lograr una importante reducción de la pobreza, apuntó

 


“La región está en auge, con democracias estables y una creciente clase media, pero al mismo tiempo sigue siendo una de las más inseguras del mundo, después de África y aunque en Latinoamerica vive 8 por ciento de la población mundial se cometen 20 por ciento (uno de cada cinco) de todos los homicidios del planeta”, afirmó.

 

Comparó el efecto de la inseguridad con otros riesgos que enfrentan los habitantes de la región:

 

En un día típico en América Latina y el Caribe, comentó, morirían 27 personas por el mal de Chagas; unas 32 mujeres perderían la vida por complicaciones del parto y 156 fallecerían por males relacionados con el sida.

 

“Pero ninguno de esos riesgos se aproxima al de un deceso violento: en América Latina cada día son asesinadas 350 personas”, afirmó. Las víctimas de la violencia, agregó, son fundamentalmente jóvenes. Citó cifras de Naciones Unidas según las cuales 41 por ciento de los muertos en un año tienen entre 20 y 34 años de edad.

 

La inseguridad, la principal preocupación de la población, dijo, impone a la vez un “terrible costo” económico. Si se incluyen los efectos adversos en el turismo y los gastos en aparato médico, de justicia y prevención, dijo reduce el producto interno bruto de los países hasta en 7 por ciento.

 

El entorno de inseguridad que afecta a la región, sostuvo, incide de forma negativa en el desarrollo económico y social de los países, reduce la competitividad y productividad y frena la inversión extranjera, a la vez que amenaza el crecimiento y el desarrollo.

 

Dijo que el esfuerzo para abatir la inseguridad requiere la participación de la iniciativa privada, la sociedad civil, los medios de comunicación y los organismos de desarrollo, como son el BID o el Banco Mundial.

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Sábado, 23 Marzo 2013 05:29

El mensaje de Tomas Young antes de morir

A los cinco días de haber sido enviado a Irak por primera vez, Tomas Young recibió el impacto de bala de un francotirador en la el barrio de Sadr City en Bagdad. La bala lo dejó parapléjico y cambió su vida para siempre. Hoy, nueve años más tarde, a los 33 años de edad, Tomas decidió terminar con su vida. Recientemente anunció que dejará de alimentarse y se desconectará de la sonda de alimentación artificial que tiene que usar para ingerir alimento.


 
Tomas fue el protagonista del documental “Body of War”, ganador de varios premios, realizado por el legendario presentador de televisión Phil Donahue y la realizadora cinematográfica Ellen Spiro. El documental, estrenado en 2007, realiza un seguimiento de la rehabilitación de Tomas, las dificultades que debió atravesar como consecuencia de sus heridas y su despertar político, que lo llevó a convertirse en uno de los más destacados veteranos de la invasión y ocupación de Irak contrarios a la guerra. Lo que en un principio inspiró su activismo fue el intento de Cindy Sheehan de hablar con el ex Presidente de Estados Unidos George W. Bush cuando éste estaba vacacionando en su estancia de Crawford, Texas. El hijo de Sheehan, Casey, fue asesinado en Bagdad el mismo día en que Tomas fue herido. Sheehan dijo en varias oportunidades acerca de la Batalla del 4 de abril (de 2004), que quería preguntarle al Presidente Bush: “¿Por qué causa noble falleció mi hijo?”.


 
Le pregunté a Tomas si había algo que lo haría reconsiderar la decisión de poner fin a su vida. Me respondió que no y agregó que si no estuviera sufriendo un dolor tan intenso y persistente, no habría tomado la decisión. “No estaríamos hablando ahora mismo”, me dijo.


 
Esta semana, Tomas publicó una carta titulada: “La última carta: el mensaje de un veterano moribundo a George W. Bush y Dick Cheney”.


 
En la carta, Tomas escribió: “Podrán evadir la justicia, pero para nosotros ustedes son culpables de crímenes de guerra atroces, de saqueo y, por último, de asesinato, en particular, del asesinato de miles de jóvenes estadounidenses, mis compañeros veteranos, a quienes les arrebataron su futuro”.


 
Phil Donahue se ha mantenido en contacto con Tomas desde la realización de “Body of War”. Donahue me dijo que la realización del documental fue “una experiencia espiritual…todo un capítulo de nuestras vidas”. Afirma que comprende la decisión de Tomas: “Entiendo su decisión y Claudia también la entiende. Las personas más allegadas a él entienden su postura. Tomas me lo dijo hace un par de años después de haber sufrido la embolia, por la que acudió a la sala de emergencias con el brazo hinchado y mucho dolor, y por la que solo le dieron calmantes. A la mañana siguiente había caído en coma. Y ahora está parapléjico, no puede sostener los cubiertos, deben alimentarlo. Cuando él y Claudia lograban ir a un restaurante ella buscaba un rincón solitario donde pudiera alimentarlo sin que nadie los mirara. Es una historia dramática, que está sucediendo a puertas cerradas en miles de hogares de este país. Casas donde viven mujeres y hombres jóvenes que han regresado de Irak y Afganistán con heridas terribles, algunos de los cuales sufrieron explosiones en la cara. Y debido a que la prioridad de la medicina moderna es salvar vidas, cada vez más personas que se encuentran en esta situación sobreviven. Lamentablemente, Tomas no es el único que ha tomado la decisión de poner fin a su vida. Lo que es sorprendente de él es que quiere que su vida deje un mensaje, nos quiere decir algo y lo admiro mucho por eso. Es un acto muy poco frecuente de valor moral. Quiere que la gente vea esto porque regresó a su país de la guerra más escondida del público que he visto en toda mi vida. La mayoría de nosotros no la vemos. Menos del 5% de nosotros, quizá un 1%, haya realizado un sacrificio personal por esta guerra. Y Tomas fue uno de ellos. Y sus compañeros que están en una situación similar están ocultos. No se los ve, no se nos permite tomar fotografías de los ataúdes. Esto significa que será mucho más fácil empezar otra guerra”.


 
Donahue reflexionó: “Cuando veo a este joven se me viene a la mente el Presidente Bush cuando dijo ‘vayamos tras ellos’. Casi no hay remordimientos. Todos se ocultan. Richard Perle ya no aparece tanto. Cheney cobra cifras de seis dígitos por dar conferencias. No sé dónde está Wolfowitz. Bush está a salvo en la seguridad de su hogar”.


 
Tomas habló recientemente mediante videoconferencia desde su casa en Kansas City, ante un grupo de personas que se encontraba en Ridgefield, Connecticut, donde Phil Donahue proyectó “Body of War”. Fue en ese evento de febrero de este año que Tomas anunció públicamente su intención de morir. Cuando le preguntaron cómo quiere ser recordado, Tomas Young respondió: “Como alguien que luchó con todas sus fuerzas para mantener a los jóvenes hombres y mujeres alejados del servicio militar. Como alguien que luchó con todas sus fuerzas para impedir que alguien como yo fuera a combatir a Irak. Así quiero ser recordado”.


 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


Amy Goodman

Publicada el 22 de marzo de 2013


 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Una mentira que costó millones de dolores y billones de dólares

Se ha cumplido una década de la invasión a Irak y no parece que el terrorismo haya acabado en un país que EE.UU. y sus socios de la OTAN “liberaron” de esa peste. Los medios dan cuenta de una docena de ataques suicidas o con automóviles cargados de explosivos, especialmente en Bagdad y Mosul, pero también en otras ciudades y pueblos aledaños a la capital. Los principales dejaron un saldo de 65 muertos y más de 240 heridos. En conjunto, casi cien fallecidos y un número indeterminado aún de lesionados. Al Qaida “celebró” así el aniversario.

 

Esa intervención militar “preventiva” causó la muerte de unos 120.000 civiles iraquíes, la de 4800 efectivos occidentales, la mayoría estadounidenses, el desplazamiento de cinco millones de habitantes (www.thelancet.com, 16-3-13) y se basó en varias mentiras de la Casa Blanca capitaneada por W. Bush: Saddam Hussein tenía relaciones con Al Qaida y un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM). El gobierno de EE.UU. no se enteró sólo después de que no se hallaran en el país invadido. Lo sabía antes de invadir.

 

“No hay dudas de que Saddam Hussein tiene ahora armas de destrucción masiva”, declaró el vicepresidente Dick Cheney en el 2002. Las afirmaciones en idéntico sentido se multiplicaron. Una investigación que un comité de la Cámara de Representantes llevó a cabo en el 2004 estableció que “el presidente Bush, el vicepresidente Cheney, el secretario Rumsfeld, el secretario Powell y la consejera de Seguridad Nacional Rice formularon 237 declaraciones engañosas sobre la amenaza que representaba Irak”. Al menos 61 de ellas “tergiversaron los lazos de Irak con Al Qaida” (www.archmve.org, 16-3-04). Una investigación del Senado realizada en el 2006 también reveló estas falsedades

(www.empywheelnet, 8-9-06).

Lawrence Wilkinson, ex jefe de Gabinete del secretario de Estado Colin Powell, manifestó que en el 2002 se autorizaron los “métodos duros”, es decir, las torturas, “con la prioridad de descubrir evidencias que vincularan a Irak con Al Qaida más que para prevenir otro ataque terrorista en EE.UU.” (www.thewashingtonnote.com, 13-5-09). El gobierno de W. Bush no cejó en esta presión sobre los servicios de inteligencia: Paul Pillar, el funcionario de la CIA que coordinó la rápida redacción de una estimación de los servicios sobre los programas iraquíes de ADM, manifestó que “la atmósfera en la que se estaba trabajando, en la que era claro que ya se había tomado una decisión política, en la que se buscaba que los organismos de inteligencia apoyaran esa decisión en vez de proporcionar información para adoptar decisiones, todo esto era un elemento muy importante de dicha atmósfera” (www.pbs.org, 20-6-06).

 

La CBS informó en el 2009 que “escasamente cinco horas después de que el vuelo 77 de American Airlines chocara contra el edificio del Pentágono, el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld estaba diciendo a su equipo que delineara planes para atacar Irak” (www.cbsnews.com, 10-9-09). Dos meses después del 11/9, Dick Cheney –preguntado acerca de la relación de Irak con el nefasto golpe terrorista– afirmaba en una conferencia de prensa que poseía un “informe plenamente confirmado de que (Mohammed Atta, el terrorista de Al Qaida que participó en el atentado) fue a Praga y en abril pasado, pocos meses antes del ataque, se reunió con altos funcionarios del servicio de inteligencia iraquí en Checoslovaquia” (www.washington post.com, 9-12-01). La CIA había calificado de falsa esa información en un memo que envió días antes a la llamada Sala de Situación de la Casa Blanca en la que se evalúan los datos de inteligencia (www.documentcloud.org, 1-12-01). Cheney lo sabía cuando afirmaba lo contrario.

 

La Casa Blanca también estaba en conocimiento de que Irak no desarrollaba programas de ADM. Como explicó el propio Paul Pillar: “Incluso tal afirmación no justificaba un caso de guerra. Entre otras cosas, entrañaba la evaluación de que si Saddam Hussein poseía, en efecto, tales armas era improbable que las empleara contra EE.UU. o se las diera a los terroristas”. Esto último era más que improbable: Irak no estaba en guerra. Y se recuerda el secreto y famoso Downing Street Memo sobre una reunión del entonces primer ministro Tony Blair con funcionarios de inteligencia que tuvo lugar el 23 de julio del 2002. Decía: “Bush quiere derrocar a Saddam con una intervención militar, justificada por la conjunción de terrorismo y ADM. Pero la inteligencia y los hechos fueron establecidos en torno de esa política” (www.thesundaytimes.co.uk, 1-5-05).

 

La Casa Blanca se apoyó en falsedades de las que era consciente para invadir Irak y su línea propagandística consistió en recalcar la ligazón Irak-Al Qaida en relación con el 11/9: explotó la indignación popular que causó el atentado. El argumento de las ADM era menos importante para lograr el apoyo de la opinión pública estadounidense. Esa guerra le costó más de un billón de dólares. Los iraquíes la siguen pagando.

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