Los tratados de libre comercio que privatizan la biodiversidad

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Durante los últimos 30 años, los países industrializados han estado obligando a los gobiernos de los países no industrializados a adoptar leyes que privatizan las semillas, exigiendo que agricultores, campesinas y campesinos paguen por ellas para mantener a las empresas semilleras a flote. Es algo que han logrado principalmente a través de los Tratados de Libre Comercio (TLCs).

Para entender esta tendencia GRAIN ha reunido  un conjunto de datos que muestran exactamente cómo los tratados comerciales negociados por fuera de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son utilizados para ir incluso más allá de los estándares globales sobre privatización de semillas, animales y microorganismos, e imponer así nuevas formas de privatización.

Monopolios sobre la vida

El acuerdo de 1994 de la OMC Sobre Aspectos de la Propiedad Intelectual Relacionados al Comercio (también conocidos como ADPIC o TRIPS) fue el primer acuerdo comercial mundial que fijó reglas internacionales sobre derechos privados de propiedad intelectual sobre las semillas. El objetivo es asegurar que las grandes corporaciones como Bayer, Syngenta o Vilmorin, que dicen gastar millones en el mejoramiento y modificación genética de plantas para llevar semillas “nuevas” al mercado, puedan obtener ganancias de esas semillas al impedir que agricultores, campesinas y campesinos las re-utilicen, un poco a la manera en que Hollywood o Microsoft buscan impedir que la gente copie y comparta películas o programas computacionales. Estos derechos son esencialmente derechos monopólicos.

La mera idea de permitir patentes sobre formas de vida, como las plantas y animales, ha sido fuertemente resistida, y por esta razón el acuerdo de la OMC es una especie de punto intermedio negociado entre los gobiernos. El acuerdo dice que los países pueden excluir tanto plantas como animales (pero no microorganimos) de sus leyes de patentes, pero deben instaurar alguna forma de protección de la propiedad intelectual sobre variedades vegetales, sin especificar como ha de hacerse. La Unión para la Protección de Nuevas Obtenciones Vegetales (UPOV), un organismo intergubernamental con sede en Ginebra, asegura que el sistema legal que ellos proponen es perfecto para satisfacer los requisitos de la OMC. Pero los Estados miembros de la OMC nunca han dicho ni acordado que así lo sea.

Por todas estas razones, los acuerdos de libre comercio negociados por fuera de la OMC, especialmente los iniciados por países poderosos como Estados Unidos, tienden a ir mucho más allá. En relación a la biodiversidad, a menudo exigen que los países no industrializados hagan los siguiente:

  1. a) patenten plantas o animales
  2. b) sigan las reglas de UPOV para otorgar a las empresas semilleras derechos similares a las patentes
  3. c) se adhieran al Tratado de Budapest sobre el reconocimiento de depósitos de microorganismos para procedimientos en materia de patentes

Estas medidas permiten que las corporaciones del agronegocio establezcan fuertes controles monopólicos a expensas de comunidades indígenas y campesinas. Por ejemplo, tanto UPOV como las leyes de patentes a menudo criminalizan la práctica campesina de guardar, intercambiar o modificar las semillas de las mal llamadas variedades protegidas.

Este conjunto de datos se centra en identificar cómo los países están siendo obligados a privatizar las semillas más allá de lo que indica la OMC. No incluye aspectos relacionados con la aplicación de las nuevas reglas y los castigos por infracciones (confiscación de bienes, penas de prisión, etcétera), que en muchos tratados de libre comercio también van más allá de las reglas acordadas en la OMC y que se están convirtiendo en un dolor de cabeza cada vez mayor para las comunidades rurales. Tampoco refleja la tendencia cada vez más fuerte de incluir el conocimiento tradicional o de los pueblos indígenas, así como las reglas sobre acceso a la biodiversidad, en el ámbito de los derechos de propiedad intelectual —ámbito al que no pertenecen.

La mayoría de estos acuerdos son bilaterales, pero algunos son multilaterales. Y aunque la mayoría son acuerdos comerciales, unos pocos son acuerdos de cooperación en propiedad intelectual. (Revisamos muchos otros acuerdos comerciales pero no fueron incluidos aquí porque no van más allá del acuerdo de la OMC).

Exigencias cada vez mayores

GRAIN comenzó a hacer seguimiento de estos acuerdos ya en 1999. Lo que con el tiempo ha quedado claro es que, para los países ricos al menos, el acuerdo ADPIC de la OMC ya no se ve como el “estándar internacional”. Ahora se lo está presentando como el “estándar mínimo” que, por definición, debiera ser superado. Este aparentemente sutil cambio de palabras confirma lo que los movimientos sociales y de la sociedad civil han entendido desde hace mucho tiempo de las exigencias legales como las de UPOV. Una vez que se aceptan, nos convierten en parte de un sistema que cada vez más funciona en favor de las corporaciones y a expensas de las comunidades locales 

Grain.

20 julio 2021

Este  conjunto de datos es un trabajo en evolución. Si hay cualquier elemento que añadir o corregir que quieran compartir, por favor contáctenos en  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lunes, 19 Julio 2021 06:05

Mercado y cambio climático

Mercado y cambio climático

La pretensión humana, asociada con la idea comúnmente mantenida del significado y contenido del progreso, se basa en la convicción de que dominamos al planeta. Esto implica una relación crecientemente conflictiva con la naturaleza, a la que solemos ver como algo ajeno a nosotros, externo, que nos pertenece, y está a nuestro servicio, para ser usada con el mayor provecho posible. Hay cada vez más muestras de lo errónea que es esta concepción.

Recientemente, el Political Economy Club, fundado en Londres hace 200 años por el pensador escocés James Mill y entre cuyos miembros originales estuvieron Thomas Malthus, reconocido por su teoría de la población, y David Ricardo, figura clave de la llamada economía clásica, junto con el diario Financial Times, convocaron a una celebración de aniversario ofreciendo un premio.

Se trató de la presentación de un ensayo sobre dos temas de relevancia del pensamiento de Malthus y Ricardo. Uno de ellos en torno al debate sobre el cambio climático, asunto cada vez más relevante, como puede apreciarse en una diversidad de fenómenos que se manifiestan de manera más visible y con severas repercusiones sociales.

El ensayo ganador lo escribió Joe Spearing con el título: Tenemos que ver más allá del mercado para vencer al cambio climático. Lo tomo como una referencia para hacer algunas consideraciones al respecto.

Malthus y Ricardo compartían una visión acerca de la relación entre la naturaleza y la economía. El primero con la desesperanza basada en su visión lúgubre sobre la naturaleza humana y la convicción de que los humanos somos irremediablemente autodestructivos. El segundo mantenía la expectativa de que pueden crearse diversos esquemas para aliviar la condición humana, especialmente por medio del mecanismo de los precios.

La naturaleza era para los dos una condición dada, separada de la sociedad y valiosa sólo de modo instrumental. Como señalaría después Marx, se alienaba a la naturaleza, cuando lo que ocurre es que los seres humanos participamos de un intercambio continuo con ella, mismo que se reproduce en el proceso productivo. De tal modo, la naturaleza no puede ser vista como una mera traba para la acumulación.

La separación que se crea entre lo humano y lo natural y la competencia que se crea en un entorno generalizado de producción de mercancías y la fijación de sus precios relativos, acarrea la degradación del medio ambiente en favor de consideraciones productivas de corto plazo que, progresivamente, debilitan los contrapesos que podrían establecerse. El horizonte de conservación de los recursos naturales y de protección general del medio ambiente, como ocurre con el calentamiento global, tiene que ampliarse y eso requiere de cambios significativos en la manera en se concibe a la sociedad y el ámbito de lo público.

Dice Spearing: "La interacción de la humanidad con la naturaleza está crecientemente mediada por el motivo de las ganancias, la naturaleza queda reducida a una inconveniente limitación para un aumento constante la producción y el consumo. En la práctica esto lleva a la desforestación, los cambios en el hábitat y la degradación de los ecosistemas".

El cambio climático es parte de esta relación problemática del modo de producción y consumo vigentes. Tiene que ver con una serie de condiciones expresadas en los precios, como ostensiblemente ocurre con la utilización de la tierra y la energía, ambas con repercusiones diversas sobre el deterioro de la atmósfera.

La naturaleza no es un mero obstáculo, un factor poco conveniente para la producción y generación de ganancias. Esa condición previene el surgimiento de alternativas que la protejan.

Los precios no son en este sentido una señal completa, lo que choca con las formas prevalecientes de acumulación y de reproducción en la sociedad. Los costos de producción no incorporan los costos sociales y esta divergencia es cada vez más notoria y riesgosa. En Estados Unidos se debate la aplicación de una tarifa al carbón que se impondría a los países que no aplican las limitaciones a la emisión de gases invernadero, una medida parcial y con diversas repercusiones.

Al respecto, Spearing sintetiza el siguiente argumento: el cambio climático no expresa una falla del mercado, sino varias. Entre ellas aparecen, por ejemplo, los bienes públicos de alternativas de transporte y de la necesaria infraestructura para sostener otras formas de consumo; las fallas que afectan el surgimiento de nuevas tecnologías y su utilización; la estructura de los mercados financieros que genera fricciones en la asignación de las inversiones a proyectos menos contaminantes. A eso se suman las muy variadas condiciones de las políticas públicas requeridas para confrontar las fallas del mercado.

Las regulaciones impuestas por los gobiernos adoptan nuevas formas y alcances distintos, pero esto sigue siendo, para los capitales, un verdadero anatema en el sistema. Las políticas públicas aparecen como formas de intervención en un entorno en el que los ajustes relativos a la relación con la naturaleza son una exigencia primordial.

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La canciller alemana realizó la declaración tras su visita a zonas devastadas por las inundaciones en su país, a las que describió de "surrealistas y aterradoras", y que los expertos atribuyen al calentamiento global; prometió a los afectados una pronta ayuda financiera. De las 191 muertes reportadas en Europa por el reciente diluvio, 160 ocurrieron en Alemania y 31 en Bélgica. En la imagen, las agitadas aguas del río Eno chocan contra un dique en la ciudad de Braunau am Inn, en Austria. Foto Afp. Agencias

La canciller federal visita uno de los pueblos más afectados cerca de Bonn y anuncia paquete de ayuda

 Adenau. La canciller federal alemana, Angela Merkel, afirmó ayer que el mundo debe "apurarse" en la lucha contra el cambio climático, tras visitar zonas de su país devastadas por inundaciones que describió como "surrealistas y aterradoras" y que los expertos atribuyen al calentamiento global.

"Debemos ser más rápidos en la lucha contra el cambio climático", declaró Merkel a la prensa tras recorrer Schuld, pueblo ubicado en la zona oeste del país, afectado por las inundaciones. Desde ahí, la gobernante prometió una pronta ayuda financiera y un mayor interés político para frenar el cambio climático.

Las muertes en Europa por el reciente mal tiempo aumentaron a 191, pero se prevé que la cifra se incremente debido a que hay muchos desaparecidos.

La canciller, con botas de montaña, tardó casi una hora en recorrer Schuld, cerca de Bonn, donde la crecida del río Ahr destruyó parte de la localidad.

Mostrando su emoción en varias ocasiones, Merkel habló con los residentes que perdieron todo, en la que ya es la mayor catástrofe natural en la historia reciente de Alemania. "Casi diría que a la lengua alemana le cuesta encontrar palabras para describir la devastación", comentó.

De la mano de la líder regional Malu Dreyer, discapacitada por esclerosis múltiple, la canciller recorrió puentes derrumbados, casas destruidas y montañas de escombros llenas de lodo.

El miércoles se presentará al consejo de ministros un paquete de ayuda de emergencia de al menos 300 millones de euros (354 millones de dólares) y luego está previsto un programa de reconstrucción de varios millones.

Las reparaciones de edificios, carreteras, vías férreas y tuberías de agua y electricidad tardarán meses, si no años, admitió Armin Laschet, presidente de Renania del Norte-Westfalia, uno de los estados más afectados.

Renania-Palatinado, en el suroeste, lleva registrados 112 de los 160 muertos del país. En Bélgica fallecieron 31 personas.

El candidato del la Unión Cristiano Demócrata a la cancillería alemana y delfín de Merkel, Armin Laschet, se disculpó en redes sociales tras haber visitado el jueves Erftstadt, en Renania del Norte-Westfalia, donde fue sorprendido por las cámaras en un ambiente distendido y bromeando mientras el presidente Frank-Walter Steinmeier dirigía un mensaje solemne a la población.

El secretario general del Partido Socialdemócrata, Lars Klingbeil, criticó la actitud "lamentable y falta de decencia" de Laschet, mientras la cadena WDR destacó que "siempre hay momentos en que los candidatos se muestran como son. Éste es uno de ellos".

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Inundación en Belgica. — Francoise Peiffer / BELGA / Dpa / Europa Press

Son las inundaciones más devastadoras de lo que va de siglo, peores que las que sufrió el este del país en 2002.

La cifra de víctimas mortales de las devastadoras inundaciones registradas en el oeste de Alemania asciende ya a 135, mientras sigue la búsqueda de desaparecidos y la evacuación de ciudadanos en zonas donde se temen nuevos desbordamientos.

Las autoridades del "Land" de Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país, y del de Renania Palatinado, los dos estados federados afectados, temen que sigue el hallazgo de víctimas entre los escombros, en medio de la destrucción que han dejado las tormentas de los últimos días.

En la ciudad de Heinberg, cercana a la frontera con Países Bajos, hubo que proceder en las horas nocturnas a evacuar a cientos de personas tras romperse un dique de contención, pese a los esfuerzos por reforzarlo.

En otras poblaciones de las regiones afectadas se está procediendo ya a las labores de desescombro, mientras los servicios meteorológicos pronostican que no habrá más precipitaciones destacables este sábado. Unas 100.000 habitantes siguen sin suministro eléctrico en algunas poblaciones o distritos.

Persiste la alerta por lluvias, sin embargo, en otras regiones del sur, especialmente en el "Land" de Baden-Württemberg, donde los servicios de protección civil y bomberos tratan de reforzar márgenes de los ríos y valles.

Los devastadoras inundaciones empezaron a producirse el jueves, tras varios días de persistentes lluvias. Los mayores estragos se han producido al desbordarse afluentes del Rin y otros grandes ríos de la región, incapaces de absorber el volumen de las aguas, lo que derivó en corrimientos de tierras.

Para este sábado se espera en la región la visita del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, quien en una declaración institucional, el viernes, llamó a la unidad nacional frente a la tragedia y a acelerar la lucha contra la emergencia climática.

La canciller Angela Merkel, a la que la catástrofe sorprendió durante una visita oficial a Estados Unidos, se propone asimismo visitar "pronto" las zonas afectadas, según Cancillería. Desde el jueves se ha mantenido en estrecho contacto con las autoridades regionales y con sus ministros de Finanzas, Olaf Scholz, y de Interior, Horst Seehofer, afirmaron estas fuentes.

El próximo miércoles se espera que aborde su Consejo de Ministros un paquete especial de ayudas para los afectados, avanza el semanario Der Spiegel. Hasta ahora no se ha podido hacer una evaluación aproximada de la cuantía de los daños causados por la crecida. En las inundaciones de 2013, menos dramáticas pero que afectaron a ocho de los 16 "Länder" del país, el Ejecutivo aprobó un paquete especial de 8.000 millones de euros.

 15/07/2021 19:10 Actualizado: 17/07/2021 10:27

EFE

Publicado enInternacional
Viernes, 16 Julio 2021 06:17

Minería en el más allá

Minería en el más allá

Fase superior de los extractivismos

 

“Lo problemático del imperialismo extraterrestre es que aumentará las desigualdades económicas entre las naciones de la Tierra al dar un acceso desigual a lo que eventualmente puede ser  una cantidad importante de recursos”

Alan Marshall [3]

La búsqueda de recursos naturales no se detiene. Al contrario en medio de la pandemia las presiones extractivistas han crecido. Y en la medida que los límites físicos aparecen con creciente claridad y las resistencias sociales se multiplican, impulsando la construcción de indispensables barreras ambientales, el capitalismo levanta su mirada fuera de la atmósfera. En su mira están los recursos minerales existentes en el espacio. Con el afán de alentar la discusión sobre esta cuestión, que ameritará análisis más profundos y debates más amplios, nos preguntamos ¿para qué queremos más minerales en la Tierra?, ¿quiénes se van a beneficiar realmente de esta oferta? Como resultado de este extractivismo sideral, ¿vamos a crear un mundo más justo y sustentable?, ¿la posibilidad de conseguir recursos en el espacio abrirá la puerta para un manejo más responsable de los recursos en la Tierra?

Conquista, colonización e imperialismo, en la matriz de los extractivismos

Rosa Luxemburg, renombrada economista alemana de origen polaco, todavía en plena época de expansión imperialista, afirmaba que el capitalismo no podía sobrevivir sin economías “no capitalistas”; es decir, sin colonias, a ser conquistadas para la explotación. En su libro La acumulación del capital (1913)[4], encontraba que el sistema capitalista estaba encorsetado geográficamente dentro del planeta, lo que alentaba y alienta conflictos de todo tipo, con el fin de asegurar el control de los territorios y sus riquezas naturales. Del imperialismo clásico se avanzó, décadas después, enarbolando la búsqueda del “desarrollo” a otra fase de expansión neoimperialista, en la que el control de los territorios y sus recursos, incluyendo la mano de obra, se obtiene con medios más sutiles; por ejemplo, a través de las inversiones extranjeras o más adelante de los tratados de libre comercio.

Cuando Luxemburg publicó ese libro la humanidad estaba lejos de anticipar una serie de avances tecnológicos y otras acciones especialmente en el ámbito financiero que han ido ampliando las fronteras de explotación del capital.

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman (2012), al describir lo que está sucediendo en la actualidad, ensanchó el horizonte de Rosa. Pues, como podemos constatar hoy, el capitalismo tiene cada vez más dificultades para encontrar territorios supuestamente vírgenes o baldíos donde el mismo no esté presente, y por lo tanto ha buscado ampliar su órbita de influencia hacia otras áreas. Así Bauman anota que:

las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles ‘anfitriones’ de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes ‘precapitalistas’, el capitalismo inventó la “virginidad secundaria”.[5]

Aquí Bauman se refiere a aquellos nuevos rincones creados para que el capitalismo financiero pueda seguir acumulando, como son los fondos de pensiones y las tarjetas de crédito. Bauman nos recuerda que en estos últimos años hemos visto cómo millones de personas que “se dedicaban a ahorrar en lugar de vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados”.

Y si eso sucede en las finanzas, constatamos también como el capitalismo amplía cada vez más la mercantilización de muchos ámbitos de la Naturaleza, incorporando en su lógica de acumulación los mercados de carbono[6] y los servicios ambientales, que constituyen en este momento una de las más recientes fronteras de expansión para sostener la acumulación del capital. En otras palabras se lleva la conservación de los bosques al terreno de los negocios. Se mercantiliza y privatiza el aire, el agua y la Tierra misma.

En concreto, a más de la explotación del trabajo, la Naturaleza, los recursos naturales y últimamente los servicios ambientales, convertidos en mercancías permiten acelerar el paso en la vía del progreso -padre del desarrollo-, caracterizado por su versión materialista y acumuladora sin fin. De suerte que, como anota José Manuel Naredo, “la metáfora de la producción (y la meta indiscutida del crecimiento) apuntalan la visión lineal de la historia gobernada por el progreso”.[7] Y, en este escenario ideológico, al extractivismo se lo asume como producción -que no lo es- y como fuente fundamental de financiamiento para conseguir esas metas. Negarlo cerraría las puertas del progreso y del “desarrollo”, según esta visión todavía bastante extendida.

La erosión del espacio como bien común

Cuando Rosa Luxemburg escribió su libro no se aceptaba como posible que los seres humanos pudieran llegar más allá de los límites del planeta, salvo, por cierto, en algunas mentes brillantes, como la de Julio Verne, quien publicó su célebre obra en 1865: De la Tierra a la Luna.[8] Ahora, al cabo de más de 100 años, los avances científicos, tanto como la creciente codicia en el capitalismo, son evidentes. Veamos los esfuerzos de unas pocas potencias para acceder al espacio, empeño que empezó en los años cincuenta cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, arrancaron en una carrera espacial.

Ahora, el capitalismo, demostrando su asombroso y perverso ingenio para buscar y encontrar nuevos espacios de explotación, en un renovado esfuerzo expansionista, se dispone a obtener recursos minerales fuera de los límites de nuestro planeta e inclusive a crear nuevas colonias extraterrestres. Podríamos afirmar que la lógica mercantiizadora del capitalismo ha colocado su mira en el Universo, en un intento por neoliberalizarlo.

La mira extractivista comienza a apuntar al espacio, en la medida que declinan las posibilidades de explotación en la Tierra de los yacimientos de minerales o que su acceso es cada vez más complejo, sea por las limitaciones tecnológicas o inclusive ambientales, a las que habría que sumar las crecientes resistencias sociales. El espacio representa una suerte de terra nullius[9] donde quien llega primero se asume como soberano de esos territorios y se lleva lo que puede. De esta manera, lo que se aseguraría -igual que en otras épocas- son nuevas posibilidades de acumulación de capital fuera de la Tierra misma y, por ende, un mecanismo para evitar el estancamiento del mismo sistema capitalista debido a las crisis de sobreacumulación.[10]

Una herramienta útil para entender esta evolución de los modos y estrategias de acumulación es el arreglo espacial (en inglés spatial fix), concepto desarrollado por el geógrafo David Harvey. Para este autor, el término arreglo espacial se refiere al proceso en el que “la acumulación de capital construye una geografía a la medida de sus necesidades y que, en los momentos de crisis sistémica, el capital desplaza, nunca resuelve, sus contradicciones mediante este proceso de construcción del espacio”.[11] Esta es una estrategia para aliviar la amenaza de la sobreacumulación y el estancamiento trasladando el capital o la mano de obra a un territorio diferente. En este caso literalmente al espacio… sideral.

Aprovechando la enorme inversión, sobre todo estatal, en el desarrollo de las nuevas tecnologías espaciales, que también sirven para absorber el capital excedente, han aparecido con fuerza muchas posibilidades de acumulación a través de innumerables innovaciones tecnológicas y servicios de comunicación en el espacio, a los que se sumaría la explotación de yacimientos mineros y la colonización de planetas.[12]

La exploración espacial -conocida como la carrera o conquista del espacio– desde sus orígenes con el satélite soviético Sputnik en 1957 a la fecha, con excepciones, se ha dado en términos relativamente pacíficos, hasta colaborativos entre los mismos EEUU y la Unión Soviética. Desde sus inicios, este trajinar espacial se caracterizó por una especie de pacifismo acordado entre las grandes potencias a pesar del contexto de la mencionada Guerra Fría. Este esfuerzo fue ratificado en el Tratado del espacio exterior de 1967 que prohíbe colocar armamento masivo y la apropiación nacional o privada de objetos, territorios o recursos celestes, ya que se los considera patrimonio común de la humanidad.[13]

Pero en la actualidad, todo indica que:

el comunismo en el espacio era una posibilidad sólo mientras el espacio fuera materialmente inaccesible para la humanidad capitalista: a medida que el espacio se convierte en un lugar probable de negocios rentables, el protocomunismo del Tratado del Espacio Exterior debe vacilar y desaparecer.” [14]

La  militarizacion del espacio

En las últimas décadas, a medida que ha evolucionado nuestra capacidad de explorar más allá de nuestro planeta, los intereses de seguridad nacional y los comerciales convergen inclusive en el espacio sideral hasta el punto de que hoy son casi indistinguibles.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las empresas privadas de lanzamiento espacial, como SpaceX y United Launch Alliance, son beneficiarias de enromes contratos gubernamentales y ahora proporcionan la mayor parte de la capacidad de lanzamiento de cohetes estadounidenses, tanto para misiones científicas como militares. Aunque los estrechos vínculos entre las industrias de defensa y aeroespacial no son nada nuevo, nos encontramos en una fase decididamente nueva de esta relación debido a los avances tecnológicos, las nuevas prioridades políticas y el auge de los actores privados.

Hay muchas pruebas de eso, tanto en los hechos, como en los pronunciamientos políticos. Por ejemplo, en 2020, el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva llamada Fomentar el apoyo internacional para la recuperación y el uso de los recursos espaciales[15]. En esta orden proclamaba que los Estados Unidos “no ven el espacio exterior como propiedad común” y calificaba al Tratado de la Luna de 1979 (nunca ratificado por EE. UU.) como “un fallido intento de restringir la libre empresa”.  Durante la Administración de Trump los EE. UU. dieron un paso más en la verdadera conquista del espacio al crear un nuevo mando militar: la Fuerza Espacial.

Es necesario comprender mejor los profundos vínculos de las nuevas empresas espaciales con los designios hegemónicos de los Estados más poderosos sobre el espacio. Recientemente, a cambio de 28 millones de dólares, Starlink de SpaceX proporcionó los servicios de sus satélites para demostraciones de fuego real (live-fire demo) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos para probar su Sistema de Gestión de Batalla Avanzado y sentar las bases de un Internet destinado a las actividades militares.[16] Las conexiones de SpaceX con el complejo militar-industrial quedaron claras en los comentarios de la presidenta de dicha compañía, Gwynne Shotwell, quien declaró en 2018 que su compañía estaría dispuesta a lanzar un arma espacial para proteger a los Estados Unidos, contraviniendo los tratados espaciales existentes.[17] Y en 2020, SpaceX firmó un contrato con el Pentágono para desarrollar conjuntamente un cohete capaz de transportar hasta 80 toneladas de carga y armamento a cualquier parte del mundo en tan solo una hora.[18]

El espacio ha tenido y tiene una importancia geoestratégica militar. Los cientos de satélites militares en órbita sirven para controlar la Tierra, teniendo en el espacio un lugar privilegiado de observación. Sin embargo, en la actualidad se está dando un paso más, se avanza en la militarización del mismo espacio sideral para controlarlo.

Estado y capital, con los minerales espaciales en la mira

La erosión del espacio como bien común, y el debilitamiento de su condición mayormente pacífica, está directamente relacionado con una nueva carrera espacial basada en un reconocimiento del enorme valor de los recursos minerales espaciales y la creciente capacidad tecnológica para extraerlos.[19] Aunque hoy, por ejemplo, no sería rentable extraer recursos minerales extraterrestres ni establecer asentamientos humanos en la Luna para desde allí llegar a Marte, esa posibilidad no es algo lejana.

En la actualidad, las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y recientemente China están compitiendo para ver quién gana la verdadera conquista del espacio, que vendrá acompañada de su imparable colonización… hasta que la humanidad se tope con otras civilizaciones en el espacio.

En el contexto actual, de acuerdo con la información que circula frecuentemente, la posibilidad de abrir actividades mineras en el espacio ya no aparece como un ejercicio de ciencia ficción.[20] Los argumentos para este empeño los sintetizó Elizabeth Steyn en un artículo de The Conversation[21]:

La necesidad de una economía con cero emisiones de carbono exige un aumento del suministro de recursos naturales no renovables, como los metales de las baterías. Esto constituye el telón de fondo de una nueva carrera espacial en la que participan las naciones y el sector privado.”

Y en este momento, según la misma Steyn, habría que “considerar cuatro aspectos: la seguridad de la tenencia, el régimen fiscal, la posibilidad de financiar el proyecto y la viabilidad del mismo.” En otras palabras, se mantendrá inamovible el afán de lucro como motor de estos esfuerzos que demandarán nuevos avances tecnológicos y grandes cantidades de inversión.

En relación al primer aspecto, la tenencia, es decir, la propiedad, se está aclarando el panorama. Es extremadamente importante para los mineros espaciales contar con suficiente claridad y seguridad en cuanto a la propiedad de las cosas que extraen. Existen recientes esfuerzos multilaterales y nacionales para enmarcar los recursos espaciales dentro de un nuevo régimen de propiedad. Dentro de estos esfuerzos aparecen los Acuerdos Artemis de la NASA que ya cuenta con el apoyo de otras doce naciones y que plantea que “la capacidad de extraer y utilizar recursos en la Luna, Marte y de los asteroides será fundamental para apoyar la exploración y el desarrollo espacial de manera segura y sostenible. Los Acuerdos de Artemis refuerzan que la extracción y utilización de los recursos espaciales pueda realizarse y se realizará bajo los auspicios del Tratado del Espacio Exterior”.[22] De la misma manera que los EEUU, Luxemburgo y Emiratos Árabes Unidos y ahora el parlamento de Japón acaba de ratificar una nueva ley que concede a las empresas japonesas permiso para la prospección, extracción y utilización de diversos recursos espaciales, siempre y cuando obtengan primero el permiso del gobierno japonés.[23]

Otra tarea que ya comienza a cobrar fuerza es la “minería de los asteroides”, en donde, además de la potencial extracción de titanio, níquel, cobalto y otros minerales, se espera obtener oxígeno y nitrógeno. Esto se trata de la explotación de agua congelada que estaría disponible en grandes cantidades en el espacio. La existencia de agua permitiría crear depósitos de combustible de hidrógeno en satélites construidos y/o en otros cuerpos celestes colonizados por los humanos, indispensables para poder ampliar la zona de influencia galáctica.

Otro elemento que es evidente es el tema del transporte, que resulta crucial en estas aventuras extractivistas, ya que la conquista de los recursos espaciales engendra nuevas posibilidades de dominio en el espacio, algo similar a la conquista del globo por los poderes marítimos en siglos pasados.

De todas maneras, los enormes costos de estos proyectos se verían de alguna manera compensados por los recursos que se podrían obtener sin restricción alguna, como de alguna manera sucedió cuando se abrieron territorios en América y África para su colonización. Eventualmente podemos imaginar que si se lograra traer minerales del espacio podría darse una mayor oferta que podría presionar los precios a la baja, favoreciendo un mayor consumo en la Tierra.

Más allá de la capacidad de imaginación que se pueda desplegar con miras a avizorar cómo funcionaria este extractivismo espacial, todo indica que se volverá a reafirmar la actual visión dominante al ver el espacio extraorbital -la Naturaleza en definitiva- como mero proveedor de insumos, sin mayor preocupación por su metabolismo y sus procesos vitales, con miras a dominarlo y transformarlo en función de las demandas del capital en la Tierra. Lo anterior aparentemente podría resolver (mediante la distancia a la que se encuentran los territorios a ser explotados) algunos de los problemas derivados de la destrucción que provocan los extractivismos terrestres.[24] Y por cierto podría ser otro argumento para alentar la economía “verde”, es decir, esta versión modernizada de la economía capitalista: mercantilizadora en esencia, con la  que se pretende -de forma ilusoria- enfrentar los graves problemas ecológicos y sociales, sin abordar la causa profunda de los mismos: la civilización capitalista.

Demos un paso más y veamos algunas de las complicaciones que inclusive podrían agravarse. Todo esto de ninguna manera ahondaría la “civilización del desperdicio”[25], pues la Tierra seguiría siendo un lugar de depósito de los desechos.[26] No solo eso, el mismo espacio orbital seguirá almacenando basura enviada por los humanos, creando un potencial efecto domino conocido como el Efecto Kessler: mientras la cantidad de objetos en órbita crece y se acumulan, el riesgo de colisiones en cascada de se hace mayor, lo cual multiplicaría los accidentes. Como ejemplo de ello, podemos recordar lo sucedido en 2019, cuando la India lanzó un misil hacia un satélite suyo en órbita terrestre y lo destruyó, creando miles de piezas de desechos, grandes y pequeños, que permanecen en órbita.[27]

Los terrestres galácticos, una nueva clase empoderada por la tecnología

La ilusión que genera la minería espacial extraorbital se explicaría mejor si aceptamos que en amplios segmentos de la población del planeta, empezando por los gobernantes, se ha desarrollado una suerte de ADN-extractivista que no sólo limita plantear un debate amplio y serio sobre estas cuestiones, sino que se prepara hasta con entusiasmo la obtención de beneficios de la conquista y colonización del espacio. Y esta minería espacial, controlada por poderes transnacionales -grandes empresas y gobiernos de los países más ricos- reeditará las lógicas de acumulación y exclusión; es decir, las fuerzas centrípetas y centrífugas de la globalización capitalista que mantienen concentrada la riqueza y los avances tecnológicos en pocos segmentos de la población mundial, mientras que enormes masas de seres humanos quedan estructuralmente marginadas. Así aparecería algo como un nuevo grupo privilegiado alrededor del control de estas actividades extractivas en el espacio, una suerte de terrestres galácticos, con la consiguiente marginación de la mayoría de habitantes del planeta.

Esta visión se sostiene aupada por la voracidad de la acumulación capitalista, y que se intenta legitimar en la firme y dogmática creencia en las poderosas ciencia y tecnología, y su uso de manera estratégica por parte de los élites. En la cotidianidad muchos “avances” tecnológicos sustituyen a la fuerza de trabajo -ya sea en términos físicos o en ciertas funciones cerebrales- volviendo caducos a varios trabajadores, así como excluyendo o desplazando a quienes no pueden acceder a la tecnología; todo esto redefine al trabajo mismo, normalmente contribuyendo a su flexibilización. Los seres humanos terminamos siendo simples herramientas para las máquinas, cuando la relación debería ser la inversa. Desde esa perspectiva, para que exista otra tecnología, que incluya a las personas al trabajo y sobre todo para asegurar una vida digna, en vez de excluirlas, es necesario transformar las condiciones y relaciones sociales de producción.

Recordemos que en toda tecnología hay inscrita una “forma social”, que implica una manera de relacionarnos unos con otros y de construirnos a nosotros mismos. Igualmente, recordemos que no toda la humanidad se beneficia de los avances tecnológicos, pues varios de éstos generan renovadas formas de desigualdad y explotación, así como de enajenación, tema que merece una reflexión mucho más profunda.

Reflexionando desde los escenarios de resistencia

Actualmente todo indica que el crecimiento material sin límites podría culminar en un suicidio colectivo. Basta ver los efectos del mayor recalentamiento de la atmósfera, de la pérdida de fuentes de agua dulce, de la erosión de la biodiversidad agrícola y silvestre, de la degradación de suelos o de la acelerada desaparición de espacios de vida de las comunidades locales, y los cada vez mayores y más destructivos huracanes. Introducir una mayor cantidad de minerales provenientes del espacio no alteraría este proceso de acumulación/destrucción permanente. Se mantendría -en un nivel superior- la civilización del capital que impulsa la acumulación material mecanicista e interminable de bienes, sustentada en el aprovechamiento indiscriminado y creciente de la Naturaleza.

Adicionalmente, esta minería espacial no evitaría varios de los nocivos efectos del extractivismo minero en la Tierra. Sus consecuencias -o “derrames”, como los conoce Eduardo Gudynas[28]– se mantendrían y en algunos casos aumentarían. Estos “derrames”, que van mucho más allá de lo ambiental, se dan en diversos campos: judiciales, políticos, económicos y culturales. De hecho, ya vemos cómo en el terreno de las leyes y los tratados las lógicas colonizadoras a ultranza comienzan a reaparecer con fuerza. Las tendencias rentísticas y las prácticas clientelares podrían reeditarse de diversas formas. Y, sobre todo, las lógicas autoritarias indispensables para consolidar los poderes económico-políticos necesarios para la expansión de la minería sideral serían otra limitante para impulsar sociedades democráticas y equitativas.

Entonces, no se trata solo de analizar el suministro de materiales escasos en la Tierra empujando los extractivismos más allá de sus propios límites biofísicos, ni sólo comprender lo que significarían nuevos mercados en las bases coloniales que se establezcan, que demandarán, sin duda alguna, una gran cantidad de vituallas indispensables para la vida, y cada vez más nuevas tecnologías, que, por lo pronto, sirven más para la dominación que para la emancipación de los seres humanos. Lo que debemos tener en cuenta es que el control geopolítico del espacio exigirá más poder estatal, corporativo y militar, que se sustentará en mayor control y dominación dentro de la misma Tierra, reeditando los vínculos de poder entre estas tendencias imperialistas y los militarismos de amplio espectro, que tan útiles son para sostener los extractivismos en la actualidad.[29]

Para cerrar estas breves líneas, que constituyen un ensayo para provocar el debate sobre estas cuestiones, es indispensable superar la trampa en que han caído muchos críticos del sistema, quienes apenas centran su atención en el control de la explotación de estos recursos por parte del Estado, y no en la explotación misma. El punto no es si el extractivismo beneficia más al capital nacional, transnacional o a las arcas gubernamentales -que muchas veces terminan formando una sola amalgama- el punto es que la acumulación del capital per se es inadmisible en la medida que desnaturaliza la Naturaleza -sea en la Tierra o en la Luna- y deshumaniza más y más la humanidad misma.

Por lo tanto, la gran tarea es seguir ampliando las luchas de resistencia desde donde construir más y más todas las alternativas que sean indispensables en clave de Pluriverso[30]

 

Por Peter Bloom, Alberto Acosta | 16/07/2021

 

Notas:

[3] Consultar en Alan Marshall (1995); Development and imperialism in space. Space Policy 1995 11(1) 41-52. Elsevier Scicne Limited. UK.

[4] Versión en español disponible en https://www.marxists.org/espanol/luxem/1913/1913-lal-acumulacion-del-capital.pdf

[5] Consultar en el artículo Zygmunt Bauman (2012); El capitalismo como sistema parásito. Disponible en https://ssociologos.com/2012/09/14/zygmunt-bauman-del-capitalismo-como-sistema-parasito/

[6] Consultar en Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, editores Alberto Acosta y Esperanza Martínez, serie Debate Constituyente, Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.accionecologica.org/mercados-de-carbono-la-neoliberalizacion-del-clima/

[7]  Consultar en José Manuel Naredo (2018); “La ideología económica en la historia y el medio ambiente – Claves para un cambio de paradigma”. Disponible en http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2018/09/LA-IDEOLOG%C3%8DA-ECON%C3%93MICA-EN-LA-HISTORIA-Y-EL-MEDIO-AMBIENTEcor.pdf.

[8] Libro disponible en https://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?idLibro=6116

[9] Expresión latina que fue tan utilizada en épocas del imperialismo clásico y que servía para denominar los territorios que iban siendo conquistados, desconociendo incluso de manera brutal la existencia de los pueblos originarios. Una realidad que todavía está vigente al expandir las fronteras de los extractivismos.

[10] En ocasiones el caos de la competencia presiona a que los capitalistas acumulen capital e incrementen la producción por encima de las capacidades de consumo de los mercados (sobre todo si los salarios son bajos). Cuando esa tendencia se generaliza, la sobreacumulación provoca crisis por desequilibrios en los sectores productivos y una contracción de sus tasas de ganancia. Y si las tasas de ganancia caen por debajo de un nivel “adecuado” para los capitalistas, éstos desinvierten su capital en la producción (pudiendo moverlo hacia la especulación), lo que puede generar nuevas crisis y acentuar las ya existentes. Por tanto, aquí puede encontrarse una de las causas de las crisis cíclicas del capitalismo.

[11] Consultar el artículo de Isidro López (2014), David Harvey: la conquista del espacio. Disponible en https://www.diagonalperiodico.net/global/24951-david-harvey-la-conquista-del-espacio.html

[12] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[13] Aquí cabe mencionar los “Tratados y Principios de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre” (2002). Disponible en https://www.unoosa.org/pdf/publications/STSPACE11S.pdf

[14] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[15] Consultar en https://trumpwhitehouse.archives.gov/presidential-actions/executive-order-encouraging-international-support-recovery-use-space-resources/

[16] https://www.investors.com/news/spacex-starlink-impressed-air-force-in-big-live-fire-exercise/

[17] https://spacenews.com/spacex-president-gwynne-shotwell-we-would-launch-a-weapon-to-defend-the-u-s/

[18] https://observer.com/2020/10/elon-musk-spacex-military-rocket-contract-deliver-weapons/

[19] Cabe tener presente la creciente vinculación que existe entre extractivismos y tecnologías: Pablo Gámez-Cersosimo, La hermandad de la industria tecnológica y la minería a cielo abierto, 30 de junio 2020. Disponible en https://www.ocmal.org/la-hermandad-de-la-industria-tecnologica-y-la-mineria-a-cielo-abierto/ Una relación presente desde hace más de 500 años, como reseña en un magnífico libro Horacio Machado Araoz (2019); Potosí, el origen – Genealogía de la minería contemporánea. Serie Debate Constituyente, editores Alberto Acosta y Esperanza Maartínez, Abya-Yala, Quito. Disponible en https://rosalux.org.ec/pdfs/Potosi-el-origen.pdf.

[20] La lista de artículos de prensa sobre el tema crece aceleradamente. Mencionemos a modo de ejemplo: La minería espacial ya no es ciencia ficción, disponible en https://www.rcinet.ca/es/2021/04/09/mineria-espacial-ciencia-ficcion-outer-space-mining-treaty-canada-international/ o Minería Espacial: La ambición de Trump por nuevos recursos, disponible en https://www.reporteminero.cl/noticia/reportajes/2020/04/mineria-espacial-la-ambicion-de-trump-por-nuevos-recursos

[21] Space mining is not science fiction, and Canada could figure prominently, 4 de abril 2021. Disponible en  https://theconversation.com/space-mining-is-not-science-fiction-and-canada-could-figure-prominently-155855

[22] Aunque los acuerdos Artemis van m+as allá del tema de la extracción de recursos, el discurso de la NASA al respeto es claro. Consultar https://www.nasa.gov/specials/artemis-accords

[23]https://spacenews.com/japan-passes-space-resources-law/ 

[24] Resulta fundamental tener conciencia de lo que representan estas actividades extractivas. Entre los muchos textos que podríamos recomendar mencionamos uno muy claro, el de Eduador Gudynas (2015); Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. CEDIB y CLAES, Cochabamba (Bolivia). Disponible en http://gudynas.com/wp-content/uploads/GudynasExtractivismosEcologiaPoliticaBo15Anuncio.pdf

[25] Consultar el libro de Jürgen Schuldt (2013); Civilización del Desperdidico Psicoeconomía del consumidor, Universidad del Pacífico, Lima. Disponible en https://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/956/SchuldtJ%C3%BCrgen2013.pdf?sequence=5&isAllowed=y

[26] Consultar en Teresa Pultarova (2021) Air pollution from reentering megaconstellation satellites could cause ozone hole 2.0 Disponible en https://www.space.com/starlink-satellite-reentry-ozone-depletion-atmosphere 

[27] Consultar el artículo de Aaron C. Boley, Michael Byers (2021); Satellite mega-constellations create risks in Low Earth Orbit, the atmosphere and on Earth. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41598-021-89909-7#Sec7  

[28] Estos derrames tienen efectos muchos más profundos y extendidos que los impactos locales de los emprendimientos específicos, nos recuerda este autor, uno de los que más ha estudiado el tema. (Idid.)

[29] Ver Raúl Zibechi (2021); La militarización, fase superior del extractivismo. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2021/03/26/opinion/020a2pol

[30] Kothari, Ashish; Salleh, Ariel; Escobar, Arturo; Demaria, Federico; Acosta, Alberto: editores (2019); Pluriverse – A Post-Development Dictionary, Tulika Books, India. Disponible en  https://www.radicalecologicaldemocracy.org/pluriverse/

Existen también ediciones en castellano en Ecuador (Abya-Yala/ICARIA), España (ICARIA), Perú – Bolivia (CooperAcción, CEDIB), Italia y próximamente en Brasil.

Peter Bloom: Activista estadounidense residente en México. Es fundador y coordinador general de Rhizomatica, un grupo dedicado a reimaginar las nuevas tecnologías en contextos comunitarios. Investigador del Centro de Investigación en Tecnologías y Saberes Comunitarios (CITSAC).

Alberto Acosta: Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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Jueves, 15 Julio 2021 06:43

Banca y caos climático

Banca y caos climático

La sólida evidencia científica de que nadamos en riesgosas aguas del siglo XXI, a diario más fuertes y turbulentas por su cercanía a umbrales climáticos que acarrean abruptas olas de calor, voraces incendios forestales y aumentos en niveles marítimos potencialmente catastróficos para cientos de millones de habitantes de las ciudades y áreas metropolitanas costeras, es una emergencia que ocurre en medio de la sistemática posposición, por décadas, a toda medida de freno y regulación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del sector preponderante de los combustibles fósiles (CF) alentado por la banca de las naciones con economías de alto consumo inscritas al Acuerdo de París (AP-2015).

Mientras la banca invierte –apuesta– con los depósitos del público por los CF en Wall Street y otras bolsas de valores, los GEI que emanan de sus inversiones desatan no sólo fuerzas especulativas, sino también climáticas difíciles de controlar, como en 2008, después de la derogación de la ley Glass Steagall (separación banca/inversión) en 1999 y ahora en desastres naturales cuya severidad apenas inicia.

Es la población, y no los mandamases de los CF, la que paga en vidas y dinero los inmensos costos del colapso climático por la persistente desregulación y los aumentos en la quema de CF estimados por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático en "alrededor de 78 por ciento entre 1970 y 2010" La Jornada 13/7/21, p. 31.

Excepto por una guerra nuclear, entre las fuerzas más riesgosas a la vida y a la civilización está el accionar de los intereses del alto capital por su dependencia en los CF, que impulsa la "posposición" en la hora urgente y drástica de la regulación de los GEI.

Estados Unidos cuenta con una eficiente red ferrocarrilera para carga, pero lidera en la acumulación de GEI en la atmósfera por la promoción del automóvil privado, sea a base del motor de combustión interna o eléctrico para el transporte de pasajeros. Es de alto consumo mineral y desgaste hegemónico frente a la adopción eurasiática a favor de sistemas de transporte de alto volumen en materia de pasajeros y carga y de bajas emanaciones GEI.

En España, la ruta Madrid-Barcelona, usa trenes de alta velocidad mostrando en contraste con los viajes aéreos una sustancial disminución en los GEI pasajero/km o tonelada/km. Después del Acuerdo de París, los principales bancos del mundo operaron bajo una inercia capitalista que, en un contexto de caos climático, resulta letal.

Al inicio del documento Banking on Climate Chaos, La banca y el caos climático (https://acortar.link/4qhYT) se documenta que desde el Acuerdo de París los 60 mayores bancos han lanzado 3.8 billones ( trillions) de dólares para extracción y transporte de CF en niveles más altos en 2020. De los 3.8 billones se dedica una buena porción a ampliar la extracción. El 39% va para sólo 100 firmas y, en imperdonable burla del Acuerdo de París, se canaliza a los proyectos ambientalmente más sucios al ambiente y de alta emisión de GEI. Es dentro de las cinco principales corporaciones europeas donde están los mayores intereses en la explotación de combustibles fósiles no-convencionales utilizando el tóxico fracking. Esos CF se exportan desde EU, Argentina /Vaca Muerta) y Brasil.

Los efectos del fracking han sido nocivos para la población indígena, brutales para la niñez. Prohibida esa técnica en Europa, sus firmas son magnas promotoras en la periferia.

Además, ya hace algunos años que la Agencia Internacional de Energía recomendó cancelar proyectos de infraestructura para actividades de extracción fósil. En ese grupo de 100 firmas están Enbridge, "cuyos planes para tres gasoductos violan derechos indígenas y amenazan y colocan en riesgo los Grandes Lagos de la América del Norte y colocan en riesgo el clima por ampliar el acceso a sucias arenas bituminosas"(ver p. 54).

BP, Shell, ConocoPhillips y Equinor, cuatro empresas “ fracking” van sobre los fósiles de Vaca Muerta pasando encima de territorio de las comunidades mapuches en la Patagonia (p. 78).

La francesa Total y CNOOC, de China, van por un ducto entre Uganda y Tanzania para una expansión del sector petrolero, colocando en riesgo ecosistemas críticos, causando desplazamientos de población y violando otros derechos humanos.

Mientras esta línea de acción es alentada, las metas para apenas moderar un poco la severidad del caos climático se desvanecen.

En mayo de 2021, la BBC informó de un nuevo estudio que señala que para 2025 hay 40 por ciento de probabilidad de que al menos un año sea 1.5 °C más caliente que el nivel de temperaturas antes de la era industrial. Ese es el menor de los dos límites de temperatura (1.5 ºC y 2 ºC ) establecidos por el Acuerdo de París.

La indiferencia ante esa tendencia prevalece entre las principales entidades de la banca mundial a favor de los proyectos de los CF. Tal tendencia se compagina con todo tipo de preparativos para escenarios de política en un contexto caótico.

Sin regulación de los GEI, lo catastrófico apenas inicia.

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Un hombre se refresca en una fuente pública en Vacouver, Canadá, durante la ola de calor de junio de 2021. — Jennifer Gauthier / REUTERS

El calentamiento del planeta está provocando que las olas de calor lleguen antes y sean cada vez más largas e intensas. Esto es algo que se está viendo en algunas zonas de EEUU y Canadá, donde los termómetros han rozado los 50º C este miércoles, unas temperaturas inusuales si se tiene en cuenta que en ese mismo lugar, en junio, lo habitual son los 25ºC.

 

"Hace más calor en algunas partes del oeste de Canadá que en Dubái". Así resume la situación actual que vive parte del continente norteamericano David Phillips, climatólogo principal del Ministerio de Medio Ambiente del país canadiense. Las Naciones Unidas directamente han calificado la ola de calor como una "olla a presión" que deja temperaturas propias de Próximo Oriente en ciudades como Vancouver, Seattle o Portland, caracterizadas por un clima frío durante gran parte del año. 

No es una canícula más. El noroeste del continente está sufriendo una situación extrema y sin precedentes. Tanto que se han batido récords de temperaturas durante varios días consecutivos. El pasado domingo los termómetros de Lytton, en la Columbia Británica, llegaron a marcar los 46,6º C, una cifra que rompía con el registro histórico más alto, documentado en julio de 1937. Desde entonces el mercurio no ha parado de subir con unos datos sin precedentes. 

Así, el martes 29 se documentó un nuevo incremento que situaba el récord en los 47,9º C. Lejos de bajar, el calor ha persistido y este miércoles el país canadiense ha vuelto a batir la marca del día anterior al registrarse 49,6º C. Unas cifras preocupantes si se tiene en cuenta que, en el mes de junio, las temperaturas habituales en esta zona del continente norteamericano rondan los 25 º C. La Organización Mundial de Meteorología (OMM), dependiente de la ONU, prevé que durante los próximos días –al menos hasta el sábado– se sigan superando los 45 º C. 

Claire Nullis, portavoz de la OMM, recalcó este martes la importancia que tienen estos datos y sus vínculos con la situación de crisis climática que vive el planeta. "Normalmente, cuando se rompe un récord, es por un pequeño margen, pero hemos visto que la temperatura récord [los 45 ºC registrados en 1937] se superó por 1,6º C", explicó a los medios. Además, la propia Agencia de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá ha informado que el mercurio ha marcado ya temperaturas históricas y nunca vistas, no solo en verano, sino durante todo el año, en algunas zonas como Yukon, al norte del país.

Esta ola de calor sin precedentes está teniendo graves consecuencias para una región del mundo que no está preparada para hacer frente a este tipo de situaciones. En las ciudades de la costa canadiense, según informaron las autoridades, al menos el 40% de las viviendas no disponen de aire acondicionado, lo que está empujando a que gran parte de la población salga a la calle en busca de sombra y fuentes o a acudir a bibliotecas públicas y centros comerciales donde las temperaturas se suavizan por el aire acondicionado. Algo similar ocurre en Estados Unidos, en los estados de Oregón y Washington, fuertemente golpeados por este fenómeno climático. Allí, el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) ha instado a la población a "buscar aire condicionado si es posible" y a mantenerse hidratado. "Hagan pausas frecuentes en su actividad y, si está al aire libre, busque sombre", informaban el martes desde la agencia gubernamental.

Este episodio, vinculado al cambio climático y su escalada de temperaturas, está alterando la vida de las personas y ya se ha cobrado, al menos, 5 muertos en EEUU y 233 en Canadá, según informaron las autoridades. Se espera, además, que durante la semana pueda incrementar el número de decesos debido a la falta de adaptación del territorio a este tipo de fenómenos ambientales. 

Scott Duncan, meteorólogo profesional, alertó también lo que significa que Canadá esté sufriendo esta escalada de temperaturas para el planeta.  Los cerca de 50ºC alcanzados este miércoles no sólo marcan un récord para Canadá y los estados del norte de EEUU, sino que se trata de una temperatura nunca registrada en toda la zona norte del planeta. "Hasta ahora, nunca habíamos visto este nivel de calor tan al norte en ningún lugar del planeta", explicaba el experto.

El jefe de Política Climática de la OMM, Omar Baddour, ha vinculado directamente este episodio con el cambio climático, que deja ya temperaturas globales 1,2º C más altas que los que había a comienzos de verano en la etapa preindustrial. "Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas a medida que las concentraciones de gases de efecto invernadero conducen a un aumento de temperaturas globales. Hemos notado que están comenzando cada vez más pronto y que están terminando más tarde, cobrándose cada vez un mayor precio en la salud humana". 

España espera su séptimo verano consecutivo más cálido

La escalada de temperaturas no es exclusiva de Canadá y EE UU. También se han registrado, según explican desde la OMM, temperaturas "inusualmente altas" en Rusia occidental y en algunas regiones cercanas al Mar Caspio, donde se espera que esta semana se lleguen a los 40º C. También España, que durante las últimas semanas ha permanecido con cierta estabilidad, se enfrenta a un verano marcado por el calor intenso. Las predicciones de los expertos apuntan a que el país mantendrá la tendencia de los últimos años de batir récords y este será, según explica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el séptimo periodo estival consecutivo con las temperaturas más altas detectadas.

"El escenario más probable es que la temperatura media de estos tres meses se sitúe en el tercil superior. Esto supone que en la península y Baleares la temperatura media trimestral estará, al menos, 0,5º C por encima de lo normal, aunque en algunas zonas el valor será superior", indican desde la agencia adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica, que indica que, en lo que va de año, el termómetro de España ya se ha situado 1,2º C por encima de la media, haciendo que de manera temporal 2021 sea el sexto año más caluroso de la historia.

madrid

30/06/2021 22:08

Alejandro Tena@AlxTena


 “¿Pero es cambio climático o no?” Riesgos de preguntas y respuestas desacompasadas

Isabel Moreno

Física y meteoróloga. @isabelisamoren

01/07/2021

La ola de calor en el noroeste de América está acaparando titulares por doquier. Durante tres días seguidos, en Canadá se han ido batiendo numerosos récords de temperatura, estando a la cabeza de este ranking la localidad de Lytton con las temperaturas más altas jamás registradas en todo el país. Primero fueron unos 46.6ºC el domingo 27 de junio, seguido de 47.9ºC el lunes y unos indescriptibles 49.6ºC el martes. Una situación que ha servido de base para una oleada de incendios forestales y, la peor consecuencia, la pérdida de más de un centenar de personas.

Este evento es mucho más llamativo y preocupante si volvemos a subrayar que esas temperaturas se han registrado en el mes de junio y en Canadá. Para ponernos en contexto, estamos hablando de temperaturas más de 20ºC por encima de la media de esta época en algunas regiones. Son valores más propios de Oriente Medio y que superan incluso a la máxima más alta registrada de forma oficial en las Vegas (47.2ºC) o en toda España (46.9ºC en Córdoba el 13 de julio de 2017).

Sabemos cuáles han sido el conjunto de condiciones meteorológicas y orográficas que han formado parte de este desenlace. Incluso, sabemos que cada cierto tiempo pueden ocurrir fenómenos similares (aunque, atención, que son cientos, miles de años…). Sin embargo, la forma de abordar estos eventos y su relación con el cambio climático puede llevar a un resultado contraproducente y, en mi opinión, ocurre básicamente por dos motivos.

En primer lugar, a la hora de relacionar un evento meteorológico con el cambio climático, existen grandes diferencias entre el tiempo en el que la sociedad reclama esa información y el tiempo que necesita la ciencia para contestar (para dar respuesta a esa pregunta se hacen lo que conocemos como estudios de atribución, una serie de análisis que nos ayudan a determinar si el cambio climático ha favorecido que ocurra un evento concreto o si hubiera ocurrido fácilmente sin él).

Desde luego, es científicamente impecable afirmar que no podemos asegurar de forma inmediata que un evento extremo concreto se deba al cambio climático y/o que ocurren con determinada frecuencia (aunque sea una vez en siglos). Pero, aunque este mensaje no contradiga el cambio climático, puede llevar a una malinterpretación para quienes no estén familiarizados con estos mensajes: "esto ha ocurrido siempre, el cambio climático no está afectándonos ahora mismo".

Es más, cuando los estudios de atribución se publiquen tal vez sea tarde para rectificar esa idea inicial. Por ejemplo, durante la primera mitad de 2020, Siberia tuvo un episodio de calor cuyo culmen fueron unos asombrosos 38ºC en Verkhoyansk el 20 de junio. Fue en mayo de 2021 cuando un artículo confirmaba lo esperado: efectivamente no podían explicarse esas temperaturas sin la influencia del cambio climático antropogénico.

Sin embargo, tanto en aquel episodio como en este y en el mismo momento en el que los focos estaban puestos en dichos eventos, empezaron a escucharse voces desde el sector científico o a mostrarse estudios preliminares que apuntaban a que esas temperaturas desorbitadas no se entenderían sin el cambio climático.

Volvemos a lo comentado antes: Sabemos que los eventos extremos pueden ocurrir cada cierto tiempo, sí. Sabemos que en verano hace calor, desde luego. Pero también sabemos que el calor actual no es el de hace unas décadas, que cada vez observamos olas de calor más intensas y duraderas, que fenómenos extremos están produciéndose más habitualmente y que, desde luego, no es nada normal registrar casi 50ºC en un lugar con una latitud similar a Londres.

Por otro lado, parece que en el imaginario colectivo el cambio climático se asemeja a una especie de criminal que en un momento determinado aparecerá con un cuchillo y no se apartará de nosotros mientras nos asesta puñaladas sin parar. Lo cierto es que eso no ocurrirá… nunca notaremos un primer golpe en forma de huracán, ola de calor o temporal marítimo a partir del cual todo lo que venga sea catástrofe y destrucción. No ocurrirá porque la evolución del cambio climático es lenta a nuestros ojos y, además, progresiva. Es más, no hace falta irnos al futuro para notar sus consecuencias. Estamos viendo sus huellas desde hace décadas y urge actuar para no llevar al clima a un estado que nos dificulte aún más nuestras vidas y actividades en el planeta.

En mi opinión, en la situación climática actual no podemos permitirnos dejar puertas abiertas a generar algunas dudas, sobre todo cuando son aspectos en los que seguramente no las haya. Para evitarlo, es necesario mejorar la educación ambiental y cultura científica de la sociedad. Sí, necesitamos entender que algunas preguntas no pueden responderse de forma inmediata, así como el impacto que tiene el clima en nuestras actividades y nuestra salud, pero también es necesario reducir el tiempo para obtener estudios de atribución. Necesitamos poder mostrar la huella (o no) del cambio climático cuando aún esté el evento en mente. Necesitamos ser cautos y rigurosos científicamente, evidentemente, pero sobre todo con el mensaje: comunicar sin abrir puertas a dudas sobre la realidad en la que estamos sumergidos. El cambio climático lleva tiempo aquí, es cuestión del presente y podrá apretar mucho más en un futuro si no tomamos las medidas adecuadas.

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Una familia se refresca en la playa Alki, en Seattle, Washington, ante la advertencia de que continuará el calor excesivo luego de temperaturas récord que golpean la región. Foto Afp

Republicanos logran reducir el presupuesto de Joe Biden contra el calentamiento global

Nueva York., El noroeste de Estados Unidos es la noticia principal al registrar temperaturas sin precedente mientras una sequía pone cada vez más en peligro una de las zonas agrarias del país, y jóvenes ocupan las entradas a la Casa Blanca para insistir en que el presidente cumpla su promesa y "no se raje" al incluir fondos masivos para enfrentar y reducir la crisis climática.

Aunque todos los políticos conscientes que le creen a la ciencia, incluido el presidente Joe Biden, reconocen que el cambio climático es "una amenaza existencial" que necesita enfrentarse de inmediato, ambientalistas recuerdan que los políticos se han pasado los últimos años declarando tales cosas sin tomar las medidas necesarias para revertir el futuro que se anuncia con cada noticia sobre catástrofes climáticas y cada nueva investigación que no sólo confirma, sino que hace sonar las alarmas más urgentes sobre la crisis planetaria que se aproxima por el cambio climático.

Durante los últimos días, al registrarse los extremos del clima en el noroeste del país –con temperaturas que llegan o superan 46 grados centígrados en Portland, Oregon y Seattle, y partes de Canadá con 49.5 grados centígrados, que generalmente oscilan entre 21 a 23 grados en esta época del año– para los medios ya es casi imposible no incluir la frase "cambio climático" al reportar la noticia. Eso es algo novedoso en los últimos cuatro o cinco años, y con ello el tema del calentamiento global se ha colocado al centro del debate nacional.

"Es el comienzo de una emergencia permanente", declaró el gobernador del estado de Washington, Jay Inslee, en entrevista con MSNBC, y agregó que el centro del problema "es el cambio climático".

Los efectos de la ola de calor en el noroeste incluyeron un incremento de pacientes en salas de emergencia, apagones locales, la clausura de algunas escuelas y negocios para proteger a trabajadores, también fenómenos como cables derretidos en transporte público y grietas en autopistas. Hasta se tuvieron que suspender las competencias de atletismo para el equipo olímpico estadunidense en Eugene, Oregon, por el calor.

"Como no existe una ocurrencia del evento que estamos experimentando en el registro climatólogico local, es algo desconcertante no tener una analogía con la cual trabajar", declaró la oficina de Seattle del Servicio Nacional de Clima.

A la vez, el oeste del país sigue bajo condiciones, algunas extremas, de sequía. Más de 58 millones viven en esta zona, provocando temores de falta de agua e incendios en California, Arizona y otras partes del suroeste. Expertos temen que este año podría ser más grave que 2020, el cual fue el peor jamás registrado en número y extensión de incendios.

En California, donde se producen dos tercios de las frutas y nueces, y más de un tercio de las verduras de Estados Unidos, la sequía prolongada y nutrida por el cambio climatico podría tener consecuencias dramáticas para el país. Granjeros ya están vendiendo agua en lugar de cultivar en el Valle Central, el corazón de la agroindustria del estado, reporta el New York Times.

Mientras arde el oeste, el Congreso y la Casa Blanca están en su usual baile en cámara lenta donde un sector republicano ha logrado que Biden y los demócratas reduzcan los fondos propuestos para combatir el cambio climático a cambio de apoyo para el ambicioso proyecto de ley del presidente sobre infraestructura, provocando furia entre sectores progresistas dentro y fuera de Washington, todos los cuales ahora están señalando el horno en el noroeste como evidencia de su argumento de que el futuro es ahora.

Un creciente movimiento ambientalista de jóvenes está impulsando presión masiva sobre la cúpula política y económica para abordar el tema durante los últimos años, generando un cambio dramático en el debate político nacional e internacional.

Como parte de ello, esta semana ambientalistas jóvenes de diversas partes del país convocados por el Sunrise Movement cargando mantas que proclaman "nuestro futuro no es negociable", ocuparon las entradas a la Casa Blanca declarando que es inaceptable cualquier acuerdo sin incorporar medidas extensas para enfrentar el cambio climático. "Biden, cobarde, tienes que luchar por nosotros", advirtieron.

El borrador más reciente del informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas advierte que millones en el mundo enfrentan un futuro de hambre, sequía y enfermedad, ya que "el cambio climático fundamentalmente cambiará la vida en la Tierra en las próximas décadas".

Biólogos calculan que 35 por ciento de las plantas y animales podrían dejar de existir para 2050 como resultado del cambio climático.

Bill McKibben, reconocida figura ambientalista nacional, fundador de la campaña 350.org y colaborador de The New Yorker sobre cambio climático, afirma que poco a poco se está reconociendo por empresas, bancos y hasta la Agencia Internacional de Energía que ha llegado el momento para frenar toda nueva inversión en hidrocarburos para cumplir con el objetivo de limitar el incremento del calentamiento global a 1.5 grados Celsius marcado en el Acuerdo de París, subrayando que "la velocidad (en hacer esa transición) es lo único que nos da esperanza de resolver la ecuación climática".

Por  David Brooks

 

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Lunes, 28 Junio 2021 05:26

Recuperar el alimento

Recuperar el alimento

Periféricamente en un Occidente epistémico, bajo la anestesia de las promesas siempre frustradas de la urbanidad, con el ensordecedor ruido de la fe en el progreso cientificista, y el candil cegador de la falsa idea de desarrollo nos hemos olvidado de los componentes esenciales que nos tejen a la trama de la vida. Pero ni siquiera este desgarrador olvido, de por sí grave, es lo más drástico. Esa amnesia colectiva lleva como correlato intrínseco una encallada tara civilizatoria por la cual nos obstinamos día a día en dañar a las fuentes mismas de nuestros soportes elementales que nos permiten devenir organismos vivientes. Y al hacerlo, bajo una marca profunda de soberbia, celebramos desde un supuesto deber ser de la historia los éxitos en el avance de una carrera frenética, que si en algo no tiene competidores es en su capacidad (auto) destructiva.

Esta potencia erosiva opera de una vez en varios planos, profundamente entrelazados: sanitario, ambiental, social, cultural y fundamentalmente -esto es el interés de estas líneas- en el de las subjetividades políticas. Se hace hincapié aquí acerca de lo auto-destructivo a partir de observar a uno de esos nodos que hacen al entramado de eso que llamamos humanidad: pondremos en el centro de este relato al alimento. Hablaremos de esa fibra nutricia que permite que la humanidad devenga vida biológico-cultural. Recuperaremos entonces al alimento, a esa urdimbre que brota en la danza de infinitos procesos entreverados que surgen del fluir de la luz solar, del agua, de la tierra, del aire, de los minerales, y de las comunidades humanas y no humanas, para decantar en energía disponible para nuestros cuerpos, como parte de un tapiz de complejas y solidarias redes de reciprocidad.

Partamos de resituar la mirada en lo más terrenal. En esos alimentos que cada día en menor o mayor medida ingieren en la actualidad buena parte de las mujeres y hombres que conocemos. O al menos eso que creemos, entendemos, confiamos son alimentos. O tal vez eso que ya ni siquiera cuestionamos si son o no son alimentos. Pensemos en una fruta con residuos de veintitantos pesticidas; un puñado de fideos a base de una harina ultra-refinada producto de un trigo tratado con agroquímicos que acabará en nuestro intestino; una carne vacuna con origen en un feed-lot que dejó un suelo muerto cargado de desechos sin capacidad ya de ser asimilados, y hará otro tanto en nuestro metabolismo; galletas de fórmula con derivados de soja y de maíz transgénico que para llegar a ser cosechados dejaron napas, ríos y cuerpos de su entorno más próximo cargados de tóxicos y así dialogarán con nuestro sistema digestivo. ¿Por qué esto deviene norma? ¿Qué mandato justifica esta cotidianeidad? ¿Cuáles son las consecuencias de tamaña sin-razón-emoción por la vida propia?

Al menos como primera propuesta surge revisar nuestra propia humanidad, su andar en esta tierra, y entonces recordar que, salvo situación fortuita o una primera experimentación, mujeres y hombres buscaron en la larga marcha humana evitar la ingesta sistemática –más allá de bebidas o frutos que formaban parte de experiencias religiosas puntuales-  de alimentos que pusieran en riesgo su salud. Más bien, la pulsión a la vida, entendida esta no en términos individuales sino como supervivencia de la colectividad, indica todo lo opuesto. Múltiples trabajos de perfil antropológico, etnográfico, histórico y económico dan cuenta desde hace siglos de que el alimento era alimento en tanto y en cuanto tenía como fin satisfacer y cancelar la necesidad fisiológica-cultural de saciar el hambre de diversas comunidades, brindar las mejores condiciones sanitarias para adaptarse al territorio habitado, al tiempo que surgía de la labor colectiva y tenía profundo sentido de arraigo cultural. ¿Cómo alcanzamos este presente de híper-conocimiento científico-aplicado donde sobran productos derivados del agro en términos de cuotas alimentarias según los organismos internacionales, y no cesan su hambre los hambrientos, mientras que otra gran parte de la masa que sí se alimenta, según los cánones de estas entidades, asiste a marcados procesos de afección en su salud producto de esa misma supuesta alimentación?¿Cómo nos hemos vaciado de esa intensa historia que vincula el cuidado de la tierra, de nuestros cuerpos, de nuestras culturas y nuestras comunidades?

¿Cómo alcanzamos este presente de híper-conocimiento científico-aplicado donde sobran productos derivados del agro y no cesan su hambre los hambrientos, mientras que otra gran parte de la masa que sí se alimenta asiste a marcados procesos de afección en su salud? ¿Cómo nos hemos vaciado de esa intensa historia que vincula el cuidado de la tierra, de nuestros cuerpos, de nuestras culturas y nuestras comunidades?

Sin dudas que violentos procesos expropiatorios han hecho la tarea inicial, siempre re-editada en nuevas geografías, para persistir luego mediante mecanismos insensibilizadores que nos tornan autómatas sujetos indigestados de sucedáneos, insanos nutricionalmente, episitemicidas agro-culturalmente, y extremadamente nocivos ecológicamente. Y como nudo, esos objetos llevan intrínseca la fundamental huella despolitizadora de la vida, tan claramente expresa en la disputa por el alimento.

No podemos ya ignorar que la política se ha basado esencialmente en la forma en las que las comunidades humanas se han organizado para reproducir la vida en vínculo con su naturaleza exterior. Esa articulación colectiva, en búsqueda de adaptación a diversas geografías y ciclos naturales, ha tenido en la obtención del alimento y del agua sus más elementales sentidos, aunque ya casi no lo recordemos. La politicidad del alimento y la politicidad de la reproducción de la vida humana en su más literal sentido material son dos aspectos inseparables. Por tanto se tornan claves del hacer y, sobre todo, del pensar político, aunque no por casualidad hayan sido borrados de las páginas más difundidas de la teoría política.  Re-situarnos allí, tal vez, nos permita desandar caminos, para enfrentar la calamitosa crisis civilizatoria (climática, ecológica, migratoria, política, emocional) que atravesamos y encontrar entonces sí algunas posibles respuestas y propuestas.  Será entonces tarea urgente dotar de sentido político nuestra palabra-territorio en cuestión: el alimento. Ingerir un objeto cargado de veneno no es saludable. Si no es saludable entendemos que no es alimento. Un objeto que destruye la tierra sólo para generar una ganancia abstracta hiere en ese proceso nuestros propios soportes biofísicos. Por tanto, digámoslo, no es alimento. Un objeto, fruto del suelo y del trabajo humano, que puede descartarse a gran escala porque no encontró el mejor precio de mercado o sirve para especular es absolutamente lesivo en términos sociales. Entonces, claro está, no es alimento. Y así podríamos continuar.

Pero de lo que se trata no es de caer en un binarismo vano de quién está en el camino correcto de la alimentación y quién no. Por el contrario, se trata de la búsqueda sensata del cuidado siempre sentido en términos colectivos; de asumir que hemos llegado a este presente cargado de profundas heridas que se nos hacen carne, permean nuestros imaginarios, y se manifiestan en nuestras inconscientes claudicaciones cotidianas operadas a través de la alimentación. Es cuestión por tanto de caminar la senda para recuperar el sentido pleno del alimento, no como objetivo personal en pos de una dieta de mejor calidad para un cuerpo aislado sino como impostergable disputa política del retejernos como comunidades que comprenden su ser parte de esta trama de la vida.     

Es desde este punto de partida que se torna imperioso dejar explícito que eso de lo que hablamos a diario no es alimento. El alimento socialmente producido como objeto  de lucro (bien de cambio y dudoso bien de uso), atravesado por la génesis mercantil-colonial, la expansión industrial capitalista, y agravado a niveles extremos en los marcos del neoliberalismo vigente ha dejado hace tiempo de ser alimento. Y sus consecuencias eminentemente políticas son cruciales. Porque el alimento fue y será semilla indispensable del más profundo sentido de la politicidad de la vida.

El alimento socialmente producido como objeto  de lucro, atravesado por la génesis mercantil-colonial, la expansión industrial capitalista, y agravado en los marcos del neoliberalismo vigente ha dejado hace tiempo de ser alimento. Las consecuencias eminentemente políticas son cruciales, porque el alimento fue y será semilla indispensable del más profundo sentido de la politicidad de la vida.

Allí se han forjado los lazos que sostienen a esta especie humana en el planeta, como parte de una diversa gama de “apoyos mutuos”, como bien ha señalado hace más de un siglo Kropotkin. El vínculo espiritual inalienable con la tierra (que fue, es y será) habitada, el trabajo en común, el saber y el sabor colectivo, y el cuidado del ecosistema (exterior-territorio e interior-cuerpo) se encuentran –en su doble acepción- en el alimento. Todo eso han intentado, y aún insisten en, socavar desde arriba, con gran eficacia en inocular la amnesia de crecientes franjas de “los abajos”.

Cuando la filósofa y activista hindú Vandana Shiva lanza la idea de ‘monocultivos de la mente’ para condensar la potencia del agronegocio en términos de subjetividades invita a revisar los imaginarios que circulan a diario, sea en forma de noticias, políticas públicas, legislaciones, conversaciones en el hogar o en el espacio público. “Cosechas récord”; “Gran expectativa por la entrada de divisas del agro”; “Pujanza de la industria alimentaria: crece la venta de primeras marcas”, son frases que podemos recrear en base a la experiencia discursiva hegemónica que nos habita. Estos eufóricos mensajes celebratorios tienen su reverso en la preocupación de sectores político-partidarios, académicos y comunicacionales cuando estos indicadores decaen. Una y otra vez, desde la llamada “opinión pública” alertan por las alicaídas cifras macro-económicas, como si de forma lineal esos movimientos de mercado fueran una marca indeleble de un supuesto bienestar. En el medio de esa propaladora, vaciados se sustancia quedan la agricultura y el alimento. Cuando la marea de los grandes mercados anda en la buena, según esas concepciones, poco o nada dicen los aduladores del crecimiento per se sobre los impactos ecológicos, sanitarios, y subjetivos de esos gráficos al alza. Cuando viene la mala, claro, mucho menos. En el mejor de los casos, la calidad del alimento, quién y cómo lo produce, qué entramado social tiene en su composición es un debate siempre pospuesto, nunca tan urgente como poner un plato de comida para todes de forma inmediata. Y quién podría oponerse a eso. No es ese el punto en cuestión. Es que las discusiones no son excluyentes, más bien indefectiblemente deben darse en simultáneo si es que genuinamente deseamos que la comunidad se alimente; si anhelamos una salud próspera de los cuerpos y los territorios.

La calidad del alimento, quién y cómo lo produce, qué entramado social tiene en su composición es un debate siempre pospuesto, nunca tan urgente como poner un plato de comida para todes de forma inmediata. Pero esas discusiones no son excluyentes, más bien indefectiblemente deben darse en simultáneo si es que genuinamente deseamos que la comunidad se alimente; si anhelamos una salud próspera de los cuerpos y los territorios.

Decía Hipócrates que “el alimento sea tu medicina”, y en pleno siglo XXI pareciera que buena parte de las voces hegemónicas, a derecha y buena parte de la izquierda, no han llegado a comprender del todo la frase. “Que las dietas vuelvan a tener más fruta, que vuelva a crecer el consumo de carne y pescado, y que aumente la ingesta de leche”, enfatizan dirigentes político-partidarios, comunicadores y opinadores varios. Y otra vez, nadie puede oponerse. Frente al brutal saqueo de arriba, el tiempo alimentario apremia. Pero qué duda cabe de que ya entramos tarde a la discusión, de que es impostergable dejar de manifiesto si queremos alimentarnos para sanar o seguiremos con la ingesta de sucedáneos que multiplican las problemáticas sanitarias a escala masiva. Quién puede desconocer ya las graves patologías causadas por los alimentos ultra-procesados, por las micro dosis de pesticidas que ingerimos a diario, por el sobre consumo de carnes y leches de pésima calidad, saturadas de antibióticos; de pescados extraídos de ríos teñidos de glifosato y demás agrotóxicos. La recuperación del alimento no se trata de un tema que deba quedar reducido a círculos del activismo, que bien pueden marcar otros horizontes posibles tal como nunca han dejado de hacer comunidades campesinas e indígenas, pero de lo que se trata es  de interpelar y (con)mover estructuras socio-políticas y emotivas profundas. Claro que los “formadores de opinión”, decisores de políticas públicas y agentes del mercado, sean liberales, conservadores o progresistas ignoran esta urgencia o deliberadamente la niegan. Posponer esta discusión con la información hoy disponible a mano es temerario; es no tomar nota de la catástrofe social, ecológica, sanitaria que implica el actual patrón civilizatorio con un modelo agro-alimentario brutal como cimiento. Debemos remarcar este negacionismo, sin dudas, pero sobre todo habrá que orientar el flujo de energías políticas en una profunda pedagogía por abajo, basada en un hondo sentido del amor, que retome la politicidad de la vida en la mayor diversidad de ámbitos posibles. Será este (y ya lo es) un proceso, plagado de complejidad, como lo es la vida en su devenir. No se plantean aquí instantáneos cambios, movimiento de algunas piezas y nombres como parte de la (nunca alcanzada) transformación. Esa es la lógica que prometen siempre desde arriba.

Habrá entonces que artesanalmente cultivar el suelo para que el retorno del alimento a nuestras vidas crezca con raíces sanas y duraderas. En la diversa geografía que habitamos están dadas las condiciones para transitar hacia alimentaciones diversas, saludables, sostenidas en procesos agro-productivos agroecológicos, libres de xenobióticos, basados en su gran mayoría en circuitos cortos de comercio, justos para agricultores y consumidores, con marcado sentido de solidaridad. Ya tenemos abono para iniciar el cultivo de nuestros huertos de futuro porque existen gran cantidad de experiencias que multiplican estas semillas de esperanza: comunas por la agroecología, cooperativas de huerteras y huerteros,  y redes agrícolas en transición agro-ecológica, colectivos de consumo consciente, y una infinidad de ejemplos. Que entonces el alimento vuelva a ser esencia de nuestras humanas existencias, esas que saben del cuidado de la tierra, del agua, de la biodiversidad, del cuerpo y del espíritu, del hacer en común para dignificar nuestros sentires y prácticas, y en última instancia nuestro propio sentido de concebir la densidad política de la vida.

Leonardo Rossi. Periodista e investigador abocado a temas vinculados a la soberanía alimentaria, los impactos de proyectos extractivos y formas autónomas de organización política. Comunicador social por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y becario doctoral del Conicet. Cursa el doctorado en Ciencia Política del Centro de Estudios Avanzados de la UNC e integra el colectivo Ecología Política del Sur en el Centro de Investigaciones y Transferencia de Catamarca. Es autor del libro Córdoba respira lucha (Eduvim, 2016), escribe en medios como La Tinta y PáginaI12 y es columnista de Ecología Política en el programa radial Sintonía Fina, en la FM 102.3 de la UNC.

Por Leonardo Rossi | 28/06/2021

Publicado enSociedad
Domingo, 27 Junio 2021 05:42

¡El momento de luchar es ahora!

¡El momento de luchar es ahora!

Filtración del borrador del 6º informe del GIEC

 

"La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no”.

Eso es lo que dice el borrador del informe del IPCC (6º informe de evaluación, que normalmente se espera para febrero de 2022).

El texto es inequívoco en cuanto al umbral de peligro que no se debe cruzar: ir más allá de 1,5°C conllevará "consecuencias progresivamente graves, durante siglos, y a veces irreversibles". Entre otros fenómenos, la dislocación de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida sería irreversible a escala histórica. Sin embargo, la desaparición de los glaciares amenazados en estas regiones (para algunos glaciólogos, el proceso ya ha comenzado y no se detendrá) provocaría un aumento del nivel de los océanos en unos 13 metros en los próximos siglos.

"Lo peor está por llegar"

El acuerdo de París fijó el objetivo de "mantener el calentamiento muy por debajo de los 2 ºC y continuar los esfuerzos para no superar los 1,5 ºC". Los expertos del IPCC no están satisfechos con esta fórmula ambigua. Según el texto, deberíamos quedarnos muy por debajo de 1,5°C; de hecho, "incluso a 1,5°C, las condiciones de vida cambiarán más allá de la capacidad de adaptación de algunos organismos", se lee en el informe. A modo de recordatorio, el aumento medio de la temperatura con respecto a la era preindustrial es ya de 1,1°C y la Organización Meteorológica Mundial advierte que, al ritmo actual de emisiones, existe un riesgo del 40% de que la superación del umbral de 1,5°C en un año se de en 2025.

“Lo peor está por llegar", escribe el IPCC, "con implicaciones para la vida de nuestros hijos y nietos mucho más que para la nuestra". Si no se adoptan medidas antiliberales radicales, en diez años 130 millones de personas más caerán en la pobreza extrema. Con 2°C de calentamiento, el número de personas hambrientas aumentará en 80 millones para 2050, y cientos de millones de personas en las ciudades costeras sufrirán inundaciones más frecuentes, lo que provocará una mayor migración. Incluso con 1,5°C, el número de habitantes urbanos expuestos a la escasez de agua aumentará en 350 millones para 2050.

Hay que repetirlo una y otra vez: los pobres y los países pobres serán los más afectados por la intensificación del desastre. El proyecto de informe señala que "se espera que por encima de los 2°C los costes de adaptación para África aumenten en decenas de miles de millones de dólares al año". ¿Quién pagará? A modo de recordatorio, más de diez años después de la COP de Cancún (2010), los países ricos todavía no han cumplido su promesa de pagar 100.000 millones de dólares anuales al fondo climático destinado a ayudar a los países del Sur global. Este es uno de los puntos conflictivos de las negociaciones de cara a la COP 26, prevista para finales de año en Glasgow. Así, lentamente, con la discreción cuidadosamente mantenida por el personal financiero y político, se está preparando un crimen contra la humanidad sin precedentes. Un crimen contra los pobres, que no tienen casi ninguna responsabilidad en el cambio climático.

¡Es hora de luchar!

El texto filtrado a la prensa no es el borrador del informe propiamente dicho, sino el borrador del Resumen para Responsables Políticos. La práctica habitual del IPCC -un organismo intergubernamental, no lo olvidemos- es que este resumen sea objeto de negociaciones -a menudo feroces- entre los científicos que redactaron el informe completo y los representantes de los Estados. Parece probable que quienes filtraron el documento lo hicieron para que el texto original circule antes de que los representantes de los Estados impongan la suavización o eliminación de las formulaciones más alarmantes. Esta hipótesis es muy probable, porque el lobby capitalista de los combustibles fósiles lleva décadas esforzándose por negar o minimizar el peligro y dispone de poderosos resortes políticos (por ejemplo, China y Arabia Saudí han conseguido que la prensa y las ONG no asistan a los debates preparatorios de la COP 26). La filtración es, por tanto, una doble señal de alarma: por un lado, sobre la extrema gravedad de la situación objetiva; por otro, sobre el peligro de que la versión final oculte en parte esta extrema gravedad a la opinión mundial.

Sea como fuere, no hay que escurrir el bulto: más que nunca, los movimientos sociales deben hacer sonar la alarma con toda su fuerza y movilizarse lo más ampliamente posible para obligar a los Estados a adoptar inmediatamente las medidas radicales indispensables para estabilizar el calentamiento muy por debajo de 1,5°C, basadas en la justicia social y la justicia Norte-Sur (respeto estricto del principio de "responsabilidad común pero diferenciada"). Sin juego de manos, sin rebasamiento temporal, sin recurrir a tecnologías de aprendiz de brujo y desplegando únicamente medidas compatibles con la protección imperativa de la biodiversidad.

"Cero emisiones netas", una política criminal

Pero seamos claros: este no es en absoluto el escenario que traman los gobiernos cuando nos prometen la "neutralidad del carbono" (o "cero emisiones netas")[1] para 2050. En el mejor de los casos, estos gobiernos preparan un escenario de "rebasamiento temporal" de 1,5°C con el incremento de las "tecnologías bajas en carbono" (nombre en clave de la energía nuclear) y el despliegue de las llamadas "tecnologías de emisiones negativas". Aunque la mayoría de estas tecnologías sólo están en fase de prototipo o de prueba, se nos hace creer que enfriarán el planeta eliminando enormes cantidades de CO2 de la atmósfera en la segunda mitad del siglo y almacenándolo bajo tierra. En realidad, estos escenarios de ciencia-ficción sólo pretenden mantener intacta la vaca sagrada del crecimiento capitalista y proteger los beneficios de los principales responsables del desaguisado: las multinacionales del petróleo, del carbón, del gas y de la agroindustria.

El reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sobre "emisiones netas cero" señala el camino de esta política criminal. De hecho, según la AIE, para esperar alcanzar las "emisiones netas cero" en 2050 sin tocar el crecimiento, necesitaríamos: duplicar el número de centrales nucleares; aceptar que una quinta parte de la energía mundial siga procediendo de la quema de combustibles fósiles, que emiten 7,6Gt de CO2/año; capturar y almacenar esas 7,6Gt de CO2 bajo tierra cada año en depósitos geológicos (cuya estanqueidad no puede garantizarse); dedicar 410 millones de hectáreas al monocultivo de biomasa energética (¡lo que equivale a un tercio de la superficie agrícola en cultivo permanente!); duplicar el número de grandes presas; destruir todo -incluso la Luna- para monopolizar las "tierras raras" indispensables para las "tecnologías verdes", etc.

Con variantes, es esta insana política productivista la que aplican los países y grupos de países que ahora se precipitan hacia el capitalismo verde... Su objetivo no es salvar el planeta, sino ofrecer a los capitalistas la mayor cuota posible de mercado de las nuevas tecnologías, la mayor cuota posible de beneficios... ¿Es necesario señalar que esto implica también, para atraer a los inversores, continuar con las políticas neoliberales de destrucción de los derechos sociales y democráticos?

Ecolo-groen, portadores de agua del capitalismo verde

La voluntad declarada del gobierno belga de salir de la energía nuclear no debe inducir a error: efectivamente, actúa en este marco neoliberal del capitalismo verde. Utilizar las centrales de gas para compensar las centrales nucleares es un crimen contra el clima y un insulto a las decenas de miles de jóvenes que se manifestaron en nuestro país en respuesta al llamamiento de Greta Thunberg. Ofrecer millones de euros a las multinacionales de la energía que construirán estas centrales inútiles y dañinas es un insulto a los cientos de miles de trabajadores sometidos a una asfixiante austeridad salarial. Capturar el CO2 producido por estas centrales y enterrarlo en los acuíferos del Mar del Norte (¿a costa de quién?) es tan irresponsable con las generaciones futuras como enterrar los residuos nucleares en capas geológicas profundas, como en Bure (en Francia) o en otros lugares. Y la compra de derechos de emisión, de la "compensación de carbono en el Sur global es tan colonialista como el saqueo directo de los recursos de estos países en la época de Leopoldo II y sus sucesores.

Lo que necesitamos es otra política. Una política social y ecológica que rompa con este crecimiento capitalista que genera tanta desigualdad y destrucción... que genera y generará aún más desigualdad y destrucción. El productivismo es un callejón sin salida. Ya es hora, para nosotros y sobre todo para nuestros hijos, de derribar los muros que nos impiden inventar otro futuro, uno que valga la pena vivir. La manera de vivir mejor, de vivir bien-Buen vivir, el camino hacia un futuro posible y deseable es producir menos, consumir menos, transportar menos, compartir más y cuidar. Compartir la riqueza, el trabajo necesario, el tiempo y el espacio, a escala planetaria; cuidar a los humanos, a los no humanos y a los ecosistemas, a escala planetaria. O abrimos este camino anticapitalista a través de nuestras luchas, de la articulación de nuestras luchas, o seguiremos hundiéndonos en la oscuridad de una terrible catástrofe.

El 10 de octubre tendrá lugar en Bruselas una gran manifestación por el clima. Reunamos todas las fuerzas, todos los colectivos, todos los individuos -feministas, sindicalistas, antirracistas, ecologistas- que estén dispuestos a dirigirla en esta dirección.

Daniel Tanuro

26 junio 2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/pour-le-climat-pour-la-vie-pour-nous-et-nos-enfants-cest-maintenant-quil-faut-se-battre/

Publicado enMedio Ambiente
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