Miércoles, 14 Octubre 2015 06:27

¿Arde París? Cuenta regresiva para COP21

¿Arde París? Cuenta regresiva para COP21

Se dice que en agosto de 1944 el general Dietrich von Choltitz salvó la ciudad de Paris de la destrucción. La leyenda cuenta que había recibido órdenes estrictas de Hitler de no rendir la capital francesa a los aliados bajo ninguna circunstancia. El ejército alemán debía luchar hasta el último hombre y la ciudad debería quedar en ruinas antes de ser abandonada. Llegado el caso, Von Choltitz tendría que dinamitar puentes, iglesias, museos y hasta la torre Eiffel antes de dejar la ciudad.


En sus memorias von Choltitz contó cómo había rehusado cumplir esas órdenes que representaban un atentado en contra de la humanidad y la civilización. El título era bueno, ¿Arde París?, pero la historia era falsa.


Von Choltitz no fue una blanca paloma que en un momento de lucidez salvó a la Ciudad Luz de la destrucción. Su pasado tenebroso estuvo marcado por la destrucción de Rotterdam y, en el frente oriental, de Sebastopol, además del asesinato de la población judía en esa ciudad. Su carrera en el frente oriental es ejemplo de la complicidad de los mandos militares con la política de genocidio nazi. Pero sus memorias fueron una eficaz cortina de humo que le permitió entrar en la posguerra como una especie de héroe en lugar de un criminal de guerra.


El título de las memorias de Von Choltitz evoca casi literalmente la nueva batalla para la que se prepara París. Dentro de seis semanas se llevará a cabo la vigésimo primera Conferencia de las partes (COP21) de la Convención marco sobre cambio climático (CMCC). Sin exagerar, se trata de la conferencia mundial más importante sobre el cambio climático pues en ella se definirá el régimen de reducción de emisiones de gases invernadero y el futuro del clima en el planeta.


Los escenarios no son halagüeños. Hasta ahora se ha ido aceptando como base de todas las negociaciones el objetivo de estabilizar el aumento de temperatura en 2 grados centígrados para fines del siglo. Ese objetivo se ha ido aceptando a raíz de los trabajos del Panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC). Entre 1880 y 2012 la temperatura promedio de superficie ha aumentado 0.85 grados centígrados.


Muchos científicos consideran que el objetivo de 2 grados centígrados es ya demasiado arriesgado y puede acarrear consecuencias desastrosas. Pero una meta de 1.5 grados centígrados ya no es alcanzable. En los últimos 800 mil años se registraron aumentos de temperatura de 2 grados C y aunque no están asociados con desequilibrios radicales, sí están vinculados a incrementos importantes (hasta de 10 metros) en el nivel promedio del mar.


Esos escenarios indican que se necesita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a unas 20 giga toneladas anuales de CO2 equivalente para el año 2020. Pero en la actualidad (datos de 2014) las emisiones se acercan a las 40 giga toneladas y se ve muy difícil una reducción en los niveles de emisiones que nos permita alcanzar el objetivo trazado por el IPCC. Al contrario, la inercia que provocan las inversiones en infraestructura ligada al perfil energético basado en combustibles fósiles hacen pensable que en 2020 se genere un volumen de emisiones cercano a las 45 gigatoneladas de CO2 equivalente.


Lo más alarmante de ese pronóstico es que las emisiones reales al día de hoy ya están colocando al planeta en la trayectoria del peor escenario posible, con una probabilidad creciente de generar aumentos en la temperatura de entre 3.2 y 5.4 grados centígrados hacia finales del siglo (y concentraciones superiores a las 1000 partes por millón de CO2 equivalente en la atmósfera). Ese nivel de perturbación climática conlleva una muy alta (socialmente inaceptable) probabilidad de desencadenar eventos catastróficos para la humanidad.


En la COP21 no se esperan cambios radicales. Las conferencias de las partes se han venido sucediendo en los últimos cinco años sin que se haya logrado establecer un régimen regulatorio capaz de reducir de manera eficaz las emisiones de gases de efecto invernadero. La tendencia que domina cada vez con mayor fuerza es la de permitir a cada país fijar metas de reducciones de manera voluntaria. Estas metas voluntarias corren un muy alto riesgo de ser incumplidas y quedar como letra muerta. La COP21 puede ser la gran fiesta del lobby de las industrias fósiles, incluyendo a productores primarios y consumidores fundamentales (aquellos cuyos productos son inútiles sin combustibles fósiles).


París sufrió ya dos olas de calor extremo en la última década. En 2003 murieron 15 mil personas. Hace dos meses el termómetro volvió a subir y la nueva ola provocó 700 muertes. No se puede afirmar que estas olas de calor están directamente ligadas al calentamiento global, pero estos eventos son consistentes con las predicciones de los escenarios sobre cambio climático. La temperatura también va a subir durante la COP21. Y las mentiras sobre la eficacia de los mecanismos voluntarios para reducir emisiones estarán a la orden del día. ¿Podrá el aparato de propaganda de los poderes establecidos contar una mentira tan eficaz como la de Von Choltitz?


Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 12 Octubre 2015 14:04

Pregúntenle al oso polar

Pregúntenle al oso polar

Si consideramos utopía la idea de lo que debería ser, podemos tildar de utópica la idea de una relación humana con la Tierra como una igual, con derechos. Y en ella, las bestias. No fue ocurrencia de dos geógrafos franceses designar al oso polar como animal geopolítico. En un adelanto de su libro sobre el Ártico, Farid Benhammou y Rémy Marion discuten las perspectivas del área en el futuro cercano (Le Monde Diplomatique, septiembre de 2015, edición francesa). Su devenir impactará al mundo entero, y ya sesiona un Consejo del Ártico formado por las ocho naciones circumpolares y sus comunidades originarias en América, Asia y Europa. Predominan las dos grandes potencias. Y la tercera, China, encabeza la cola mientras crece el número de pretendientes sureños. En tal Consejo saben que lo que sea malo para el oso lo será para el resto del planeta. Resulta más que simbólico plantear que no habrá democracia viable si no se escucha a los pueblos y a la naturaleza.

La concepción de la Pachamama (bajo nombres y marcos míticos diversos) aún inspira millones de vidas. No nació ayer ni morirá mañana. Al no ser mayoritaria en las relaciones de los humanos entre sí y con la naturaleza, recibe trato de marginada, negada, exilada, prohibida. Y no obstante pervive en los territorios indígenas de América y en los pueblos originarios del Ártico.


Con el término quechua Pachamama, los pueblos andinos históricos atribuían un carácter divino al mundo natural, y lo asociaban a la fertilidad, lo agrícola, lo femenino. Aún hoy, los mapuche hablan de Ñuke Mapu para expresar algo similar; no la consideran diosa pero significa la unidad de los seres, del pueblo mapuche y de la Tierra en sí. Qtxu' Tx'otx' en mam, Qanan Ulew en k'iche'. Para esta Madre, dicen los tojolabales, los humanos somos sólo algunos de sus huéspedes. El tseltal piensa que el equilibrio se conserva por el trabajo en común de los guardianes de la Tierra y las fuerzas naturales.


Entonces, si existe en la práctica, quizás no debamos llamarla utopía. Antigua, no anticuada, plantea un proyecto de futuro para la humanidad, alternativo a otros de mejor cartel y mayor poder. Pensar el mundo natural como unidad más que humana –por encima del parloteo capitalista de apropiación y extracción– representa un llamado a la cordura para una civilización global que la pierde aceleradamente. El concepto de que somos inseparables de los demás seres es aceptado ahora en espacios diversos y distantes, hilo de esperanza más que sueño guajiro. (Y si bien la Guajira real y sus pobladores indígenas se encuentran bajo amenazas extremas, participan en el sueño que se sueña con las manos y cosecha tanto frutos como pensamientos útiles). No importa que alguien la haga moda o demagogia, a nadie le hace daño considerar imaginable un equilibrio con los otros seres.


En un texto reciente en Página 12, el pensador portugués Boaventura de Sousa Santos propone una lectura sobre la utopía para ser leída en 2050 sin tomarle prestado nada a la literatura distópica: Algún día, cuando se pueda caracterizar la época en que vivimos, la principal sorpresa será que todo se vivió sin antes ni después, sustituyendo la causalidad por la simultaneidad, la historia por la noticia, la memoria por el silencio, el futuro por el pasado, el problema por la solución. Así, las atrocidades bien pudieron atribuirse a las víctimas; los agresores fueron condecorados por su valentía en la lucha contra las agresiones; los ladrones fueron jueces; los grandes responsables políticos pudieron tener una cualidad moral minúscula en comparación con la magnitud de las consecuencias de sus decisiones. Fue una época de excesos vividos como carencias; la velocidad fue siempre menor de lo que debía ser; la destrucción siempre justificada por la urgencia de construir. El oro fue la base de todo, pero estaba asentado en una nube. Todos fueron emprendedores hasta demostrar lo contrario, pero la prueba de lo contrario fue prohibida por las pruebas a favor. Hubo inadaptados, aunque la inadaptación apenas se distinguía de la adaptación: tantos eran los campos de concentración de la heterodoxia dispersos por la ciudad, por los bares, por las discotecas, por la droga, por Facebook.


Tras un análisis en futuro del poco esperanzador presente, Sousa dos Santos pregunta dentro de 35 años: ¿Por qué persistimos, después de todo? Porque estamos reaprendiendo a alimentarnos de la hierba dañina que la época pasada intentó erradicar recurriendo a los más potentes y destructivos herbicidas mentales: la utopía.


Volverá a ser pensable cuando hayamos escarmentado. Ya Raúl Zibechi reconocía en su saludo a los indignados en Nueva York que, en tanto la civilización del dinero está mostrando todas sus miserias, nuestros corazones se vuelven a la experiencia de los pueblos indios, a sus formas de vida colectiva, sencilla, en diálogo con la Tierra de la que formamos parte. Ellos son inspiración y fuente de esperanza".

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"Cuanto más tiempo nos aferremos a este sistema, peor y menores serán nuestras opciones"

Richard Heinberg (1950) es un ecólogo estadounidense especializado en las implicaciones socio-ambientales de los usos de distintos tipos de energía y referente internacional en el estudio de las implicaciones del agotamiento del petróleo barato. Impulsor del Post Carbon Institute, desde donde realiza gran parte de su labor, Heinberg ha escrito una docena de obras de divulgación, entre las que destacan The Party's Over: Oil, War, and the Fate of Industrial Societies (2003); Powerdown: Options and Actions for a Post-Carbon World (2004); Peak Everything: Waking Up to the Century of Declines (2007); The End of Growth: Adapting to Our New Economic Reality (2011); Snake Oil: How Fracking's False Promise of Plenty Imperils Our Future (2013); y Afterburn: Society Beyond Fossil Fuels (de próxima aparición). En esta entrevista aborda diversos aspectos de la crisis energética, con especial atención a los hidrocarburos no convencionales.


El petróleo y el gas de rocas poco porosas, como los esquistos, extraídos mediante fractura hidráulica, son parte de los denominados "hidrocarburos no convencionales". ¿A qué se refiere este término? ¿Qué otros hidrocarburos no convencionales existen?


Las definiciones de los hidrocarburos no convencionales difieren en cierta manera. Por ejemplo, algunos autores incluyen la extracción de petróleo en aguas ultraprofundas en la categoría de "recursos no convencionales", mientras que otros no. Sin embargo, casi todos incluyen el crudo extrapesado, las arenas bituminosas y el kerógeno en la categoría de petróleo no convencional. El metano en lecho de carbón, el gas de lutitas (shale gas) y los hidratos de metano conforman la categoría de "gas no convencional". Y la energía del carbón generada por gasificación subterránea in situ se consideraría el carbón no convencional.


¿A qué responde la fiebre de los hidrocarburos no convencionales en la política de la energía global?


El aumento del interés en hidrocarburos no convencionales responde en gran parte al agotamiento de los hidrocarburos convencionales, que resultan más baratos, limpios y fáciles de obtener en prácticamente todos los casos. Las industrias extractivas lógicamente han extraído primero los mejores recursos, y a medida que estos escasean se hace necesario buscar recursos de menor calidad.


Como apuntas, actualmente, hemos dejado atrás el cenit del petróleo convencional −el momento de máxima extracción a partir del cual la capacidad de obtener ese recurso es inevitablemente descendente por razones geológicas− y en breve vendrá el del gas. ¿Alrededor de cuándo podría producirse ese "pico" para el gas y el petróleo no convencionales? ¿Qué otros elementos, además de los geológicos, influirán en ese cenit?


Es difícil responder porque en estas cuestiones intervienen muchas variables y los datos no están claros. Quizá los recursos no convencionales más fáciles de predecir en EEUU son el gas y el petróleo de formaciones compactas. Ambos han llegado a ser muy importantes en los mercados globales, ampliando la demanda y reduciendo los precios. Sin embargo, cada pozo se agota rápidamente, lo que exige una tasa muy alta de perforaciones. Mientras que las áreas geográficas donde estos recursos están presentes son bastante amplias, la calidad de los recursos dentro de estas zonas varía notablemente; solo unas pocas regiones ofrecen perspectivas de rentabilidad. El número de zonas de perforación en estos espacios regionales es limitado y, de acuerdo a la investigación realizada en el Post Carbon Institute, esto significa que la producción iniciará su declive antes de que acabe la presente década. Sin embargo, el ambiente económico también influye en las tasas de extracción. Las compañías tienen que prometer beneficios a fin de poder continuar las perforaciones, pero con los bajos precios actuales del petróleo y del gas estadounidense, los beneficios se desvanecen. Así, los bajos precios pueden desembocar en una reducción de la extracción antes de que la geología actúe en ese sentido. De hecho, hay quien dice que el petróleo de formaciones compactas en EEUU ya ha alcanzado su pico de extracción.


Los datos de la disponibilidad de hidrocarburos se aportan en términos volumétricos, de forma que todos los líquidos o gases combustibles parecen iguales, independientemente de su origen. ¿Qué ocurriría si se diesen estos datos en términos de la energía neta que aportan a la sociedad?


Desde luego, esto daría lugar a un escenario muy diferente. Desafortunadamente, el análisis de la energía neta está plagado de inconsistencias: distintos investigadores utilizan diferentes límites, resultando en diferentes datos de retornos de energía en relación a la energía invertida (EROEI, por sus siglas en inglés) para la misma fuente energética. Es difícil precisar las cifras exactas. Sin embargo, está claro que la extracción de hidrocarburos no convencionales requiere más unidades de energía por unidad de energía generada que en el caso de los recursos convencionales. De este modo, es totalmente posible en términos de energía neta que todo o la mayor parte del aumento de la extracción mundial de petróleo de los últimos años se traducujera en cantidades estables o en declive de energía utilizable realmente ofrecida a la sociedad.


Últimamente, desde distintos organismos, como la Agencia Internacional de la Energía, se está hablando de profundos cambios en la geoestrategia del petróleo en los cuales EEUU estaría siendo un ganador neto. Detrás de estos cambios estarían los hidrocarburos no convencionales y, más en concreto, los extraídos de rocas poco porosas a través de la fractura hidráulica. ¿Qué opinas de estas afirmaciones?


Sí, se han hecho algunas afirmaciones bastante sorprendentes, incluyendo la sugerencia de que el gas y petróleo estadounidenses podrían cubrir las necesidades energéticas de Europa, que reduciría así la dependencia que tiene de los recursos energéticos rusos. Por supuesto, eso es un disparate: EEUU sigue siendo un importador neto de petróleo y gas, y los hidrocarburos no convencionales que se extraen mediante fracking solo proporcionan un respiro caro y de corto alcance a la demanda interna de EEUU.


Con mucha diferencia, EEUU es el país donde más se está recurriendo a la fractura hidráulica para obtener hidrocarburos. La industria tuvo un desarrollo explosivo, pero ahora está atravesando graves problemas. ¿Qué explica tanto la subida como la bajada?


Como indiqué antes, en parte el contexto tiene que ver con el agotamiento del petróleo y gas convencionales, pero también contribuye al boom un elemento financiero. Cuando los precios del petróleo y el gas eran elevados hace una década aproximadamente tenía sentido para empresas pequeñas participar en iniciativas marginales que requerían intervenciones caras como el fracking y la perforación horizontal, lo que causó un derrumbe en el precio del petróleo con la llegada de la crisis financiera de 2008. Esto provocó un freno temporal a lo que entonces eran solo movimientos preliminares para la explotación de esos recursos. En respuesta a la crisis financiera, la Reserva Federal de EEUU redujo las tasas de interés prácticamente a cero, y con una baja tasa de ganancia sobre el ahorro, un amplio volumen de capital inversor en EEUU estaba buscando oportunidades para especular. Puede decirse que esto era una burbuja esperando la ocasión. Las empresas de fracking estaban ahí con hábiles presentaciones a los inversores, prometiendo ganancias irreales pero atractivas, y así enormes cantidades de capital inundaron esas compañías, lo que les ha permitido perforar enormes extensiones de territorio desde entonces. En muchos casos o en la mayoría la extracción, de hecho, no era rentable −debido a los altos costes que implicaba−, pero los inversores lo asumieron porque no disponían de mejores oportunidades y creían de verdad en las exageradas promesas que se habían hecho. Actualmente, con los precios por los suelos, las empresas de gas y petróleo que operan los pozos de fracking están perdiendo dinero a un ritmo mucho más rápido y es más difícil persuadir a los inversores de que continúen con los proyectos.


¿Consideras que se producirá un fenómeno similar al que se ha dado en EEUU en otros lugares del mundo?


No. Dudo que la fiebre del fracking despegue en otros países de la forma en que lo ha hecho en EEUU. Sin duda, países como el Reino Unido y China tratarán de extraer una parte de sus recursos no convencionales a través de la fractura hidráulica, pero necesitan precios más elevados para hacerlo con beneficios. Los altos precios de la energía tienden a socavar toda la actividad económica, de modo que los boom del fracking están destinados a ser auto-limitantes, de una u otra forma.


¿Qué impactos genera la extracción de hidrocarburos mediante fractura hidráulica? ¿Y, en general, los hidrocarburos no convencionales?


En general, se han desarrollado dos tipos de estudios en torno a los impactos del fracking: medioambientales y sobre la salud. Entre los primeros, la contaminación se mide a partir de un pozo perforado y sellado con los estándares industriales más altos. Este tipo de estudios muestran bajos impactos, si es que alguno. Los segundos examinan un amplio abanico de pozos, incluyendo aquellos en los que el revestimiento no funcionó y los operadores no cumplieron los estándares. Estas investigaciones tienden a mostrar impactos sustanciales en la calidad del aire y el agua, en la salud pública y en la salud del ganado y de la vida salvaje. Las emisiones de carbono para la extracción de petróleo de las arenas bituminosas son mucho más altas que del petróleo convencional. En general, todos los problemas medioambientales y de salud asociados a la extracción de hidrocarburos son peores en los no convencionales.


¿Nos puedes nombrar tres ejemplos representativos de resistencias sociales a la extracción de estos hidrocarburos extremos? ¿Está planteando la lucha anti-fracking algún elemento original frente a otras movilización contra el extractivismo?


Un ejemplo sería la movilización de la gente en las ciudades estadounidenses cercanas a instalaciones de fractura hidráulica para que se aprueben ordenanzas anti-fracking. Se han aprobado normas de este tipo en Colorado, California y Texas. La industria ha respondido persuadiendo a las asambleas legislativas de los estados (en Colorado y Texas) para impedir que las ciudades puedan aprobar tales ordenanzas. Otro ejemplo pueden ser las manifestaciones contra el fracking en Rumanía, donde decenas de personas han resultado heridas en las masivas y repetidas protestas. Un tercer ejemplo pueden ser los esfuerzos anti-fracking que se están realizando en el Reino Unido, aunque las grandes manifestaciones no han logrado impedir las perforaciones. El activismo anti-fracking guarda muchas similitudes con el activismo anterior que busca prohibir o limitar las perforaciones o la minería convencionales. Con frecuencia, personas sin un historial de activismo ecologista se involucran en estas luchas porque ven que su propia salud está amenazada o su propiedad dañada por actividades extractivas.


Ante el "pico de todo" sobre el que has trabajado (no solo de combustibles fósiles, sino también de muchos elementos básicos), ¿qué estrategias deberíamos poner en marcha para realizar una transición lo más ordenada posible en un mundo que está cambiando radicalmente?


Quizá lo más importante que los decisores políticos pueden hacer es darse cuenta de que el crecimiento económico mundial no es sostenible y está llegando a su fin. Deben idear un plan para permitir un adelgazamiento de la economía mientras que minimizan la lucha y la presión sobre la gente. Tendremos menos energía disponible en el futuro y eso significa que se reducirá nuestra movilidad y nuestro consumo. En el escenario ideal, la calidad de vida aumentará a medida que el consumo descienda, pero esto solo será posible si planificamos la contracción. Ello requerirá repensar el dinero, el interés, la inversión y cómo se enseña y se practica la economía. El actual sistema económico funciona con muchas inercias y, por tanto, los líderes tenderán de forma natural a preservarlo el máximo tiempo posible. Sin embargo, este sistema económico no puede sostenerse y cuanto más tiempo nos aferremos a él, peor, y menores serán nuestras opciones para afrontar el fracaso. Debemos encontrar alternativas, y pronto.


Texto publicado originariamente en FUHEM.

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"El futuro socialista va a ser ecológico"

El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, pidió a la izquierda comprender el proceso que vive la región. Dijo que sin la participación ciudadana se corre el riesgo de ser "reformista u oportunista".

Su discurso fue emotivo, lleno de precisiones sobre el momento político y cultural que vive América Latina. La charla magistral del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, planteó un debate sobre el rol de la izquierda entre los asistentes al II Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2015) en el auditorio lleno de la Casa de la Cultura de Quito.

Recordó que los países "tradicionalmente democráticos del mundo", como los del norte, no son ningún modelo a imitar. "En esos espacios ni la mitad de su población elige a los gobernantes, y de esa mitad ni el 2% participa en la toma de decisiones; y de ellos ni el 1% ejecuta las decisiones".

Reiteró que América Latina espera una democracia plebeya, de la calle, de la acción colectiva de su pueblo. "Estamos hablando de la democracia concebida como un permanente crecimiento de la participación de la gente en la vida pública, en los asuntos comunes, familiares, educativos, médicos, económicos. La democracia no solo es un método sino el escenario del propio proceso revolucionario".

Insistió en que la democracia, tal como se la debe entender en América Latina no es algo momentáneo. "En los últimos 15 años se ha mostrado a partir de lo que ha sucedido en Venezuela, Ecuador, Bolivia, (..) que la democracia no es una etapa temporal, sino un puente que nos conduce necesariamente hacia una nueva sociedad. Pero no es una concepción de la democracia como modo de selección de gobernantes, ni como principio ético, sino que la debe llevar al Ejecutivo, al parlamento, a la propia vida cotidiana. Lo que hemos aprendido es que cualquier método de lucha solo ha de ser revolucionario si tiene la participación de la gente por la vía armada o pacífica. Sin eso cualquier acción parlamentaria o armada es reformista u oportunista".

Con gran interés, los asistentes al ELAP 2015 siguieron la intervención magistral del Segundo Mandatario de Bolivia, ayer en el auditorio de la Casa de la Cultura.Con gran interés, los asistentes al ELAP 2015 siguieron la intervención magistral del Segundo Mandatario de Bolivia, ayer en el auditorio de la Casa de la Cultura.


El vicepresidente boliviano reiteró la necesidad de que intelectuales, médicos, estudiantes y demás se involucren en el poder para evitar que la oligarquía vuelva a gobernar.

"Cuando uno se aleja del poder para no mancharse y se recluye en la comuna, al margen del poder, lo que está haciendo es dejar que el poder independientemente de lo que diga o haga siga existiendo; y al existir bajo la vieja manera del monopolio centralizado por unas oligarquías que rotan en la gestión de la administración pública, permitimos que esos pocos sigan administrando en contra de las mayorías; permitimos con nuestro silencio (...) que el poder del Estado se mantenga en manos de pequeñas oligarquías, que pocos privaticen los recursos de muchos. Se deja que el Estado y su monopolio siga desorganizado".

El segundo mandatario señaló que hasta antes de 2008 el mundo en general se veía perfecto con discursos privatizadores que aseguraban que traerían los recursos económicos para garantizar la riqueza y el bienestar del pueblo y que eso era el fin de la historia.

CITAS:

"Venimos de la lucha, nos hemos forjado en la lucha. Nada de lo hecho en el continente vino como regalo ni concesión de nadie. El proceso seguirá porque somos un pueblo de lucha".

"Cualquier método de lucha solo será revolucionario si tiene la participación de la gente (...) sin eso cualquier acción es reformista u oportunista".

"El Estado es una relación paradójica, material e ideal, común y monopolizada, universalista e individualizada, en eso radica su magia".

"Muchos dirigentes ahora son alcaldes o ministros (...), pero preocupan sindicatos y la academia, donde ha empezado a atrincherarse la derecha".

"¿Tenemos que salir del extractivismo? Sí, pero no se sale congelando las condiciones de producción ni regresando a la edad de piedra, sino utilizando temporalmente el extractivismo para crear las condiciones y que la población salte a la economía del conocimiento".

"Todos eran neoliberales, se decía que la privatización de los recursos iba a traer bienestar y riqueza para el pueblo, el mundo era globalizado con la presencia de la inversión extranjera como la salvadora del mundo, esto ordenaba la vida de las personas, su parámetro lógico y su tolerancia a los gobernantes".

Tras algunas reflexiones el mundo en general descubrió que ese modelo no era la solución, y que había algo más. "Hubo un momento en que eso ya no era tolerable, ni creíble, ni verificable. Algo no encajaba en este horizonte del fin de la historia al que todos debíamos sumirnos tarde o temprano para alcanzar la felicidad. Ese fin ya no era tal, y el paraíso había sido sustituido por un infierno cotidiano para conseguir el trabajo y la comida diaria".

Para llegar a ese punto, acotó García, hubo una siembra espiritual, mental y cultural en las sociedades latinoamericanas. En unos casos promovida por una acción militar, en otros por acción colectiva, otras por movilización.

"Sobre ese escenario abierto por un quiebre cultural emerge cada uno de los procesos progresistas de América Latina. Ninguno de los actuales líderes de Argentina, Bolivia o Ecuador son personas que caen como rayos en cielos despejados. (..) No se pudo dar la toma del poder sin la transformación de los parámetros culturales, sin una verdadera guerra de posiciones".

Alabó que los intelectuales sean parte del Estado porque se requieren ideas fuertes con capacidad de generar movilización y acción colectiva dentro del gobierno, sin embargo recalcó que esos puestos abandonados en sindicatos, organizaciones sociales, entre otros, no deben descuidarse porque ahí está la oposición atenta para ocuparlos y ganar esa batalla de ideas.

"Ahí es donde se está atrincherando la derecha. Necesitamos volver a esos espacios porque tan importante como un eficiente ministro de gestión pública o de obras, es un dirigente en la asamblea conduciendo el sindicato. (...) No concentremos toda la fuerza intelectual y activa en la gestión de gobierno".

Y para concluir su ponencia en Quito pidió permiso para criticar a la que denominó como "izquierda de cafetín", "izquierda deslactosada", "perfumada", que observa el fragor de los procesos desde el balcón o la televisión. Para García, esa izquierda "bien remunerada" se horroriza del lenguaje guerrero y del olor de la plebe en las calles, más bien critica a los gobiernos progresistas que no han construido en una semana el comunismo y que "aprovechando el descanso de su fitness matinal nos critican que no hayamos acabado de una buena vez con el mercado mundial".

Dice que esta izquierda participa en seminarios donde rinden cuentas de sus financiamientos externos, que garantizan su buena vida, y desde allí "denuncian a los gobiernos progresistas por no haber instaurado instantáneamente y por decreto el Buen Vivir".

Fuente con enlaces a videos de García Linera pronunciado el discurso completo: http://www.telegrafo.com.ec/politica/item/el-futuro-socialista-va-a-ser-ecologico-o-no-va-a-ser-futuro.html

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¿Hacia un colapso climático antropogénico? (III)

En marzo de 2014 la Asociación para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés), eje científico de Estados Unidos (EU), ratificó que el cambio climático causado por humanos está en curso y que enfrentamos riesgos de cambios abruptos, impredecibles y potencialmente irreversibles en el sistema climático de la Tierra, con alteraciones de alto y masivo impacto. La AAAS mostró preocupación porque en EU, principal emisor de gases con efecto invernadero (GEI) acumulados en la atmósfera desde los inicios de la revolución industrial, no se aprecia la gravedad del asunto a pesar de evidencia abrumadora... todavía la población tiene que movilizarse a un ritmo y en una escala necesaria para evitar una catástrofe climática. Días después el IPCC remató que el calentamiento global mostró aumentos sin precedentes y había causado impactos sobre sistemas naturales y humanos en todos los continentes con futuros efectos severos, profundos e irreversibles.


El mismo día que se emitieron esos señalamientos la agencia Ap informó que Exxon, principal corporación del gas y petróleo de EU, dijo que era muy improbable que las políticas climáticas del mundo frenaran su venta de combustibles fósiles en el largo plazo. Esa también fue la postura desafiante de la cúpula fósil ante el compromiso de decenas de gobiernos de limitar la elevación de temperatura a menos de 2 grados centígrados (2ºC) desde la era preindustrial. Para ello, dice la Agencia Internacional de Energía, debe cesar toda inversión en infraestructura fósil a más tardar en 2017.


Se debe mantener el calentamiento por abajo de 2ºC, porque según el IPCC, aun 2ºC causaría daños y trastornos significativos. En otros estudios los efectos serían catastróficos. Según el EarthStatement, con miras a la COP 21 (Cumbre de Nacional Unidas sobre Cambio Climático), si no se inicia ya la descarbonización de la economía hay un riesgo de uno en 10 de llegar a 6ºC en 2100. Sería como estar en medio de 10 mil accidentes aéreos diarios, a nivel mundial. Este infierno no importa al alto capital vinculado a los combustibles fósiles, acostumbrado, como está "...a usar la atmósfera... un bien común, como basurero para lanzar los GEI" de 1 por ciento, reclama un analista del Instituto Postsdam sobre el Clima y porque, dice otro de ellos, no son los pobres sino los ricos los que colocan en riesgo al planeta y al final, a la humanidad.


Rex Tillerson, el CEO de Exxon sigue con sus inversiones sobre las reservas fósiles del Ártico y la construcción del oleoducto Keystone XL para enviar los aceites de las tóxicas arenas bituminosas de Alberta a las refinerías del Golfo. Impasible ente el hundimiento humano le importa más el botín que los exhortos para dejar bajo tierra dos tercios de las reservas fósiles, incluidas esas arenas, o no será posible llegar abajo de 2ºC. Dice que son maquinaciones políticas contra nuevas tecnologías y técnicas...que nos permiten acceso a la energía de las arenas bituminosas, de las aguas ultra-profundas, de las lutitas y el esquisto, del ártico (sic) y subártico (sic). Celebra que el gobierno de Obama haya emitido nuevos reglamentos a favor del uso de la fractura hidráulica de alto volumen, en tierras federales e indígenas y aplaudió que, a petición del secretario de Energía, altos funcionarios del gobierno participaran en el Artic Research Study, del National Petroleum Council para el que "...el gas y petróleo del Ártico de EU pueden hacer una contribución significativa en la promoción de la seguridad energética nacional y global"(sic).


Simon Bowers y Harry Davies (The Guardian 25/5/15), informan del orgullo de Tillerson por el hallazgo, con socios rusos, de petróleo lo más al norte del mundo, hazaña vinculada a bonificaciones a su salario anual (33 millones de dólares). Exxon también encabeza las operaciones en el Mar de Kara que, dice, contiene colosales reservas, decenas de miles de millones de barriles.


Las mayores firmas fósiles, Peabody, Glencore Xstrata, Exxon, Shell, Chevron, Total, BP rechazan el consenso científico e invierten más de un billón (trillion) de dólares sobre reservas con valor de mercado de entre 23 y 27 billones de dólares, aunque así harían irreversible el ya de por sí acelerado calentamiento,


En medio de bonos y preparativos del Pentágono (DoD) avanzan los gerentes rumbo al abismo. Mientras cumplen el diktat de la ganancia capitalista que incendia la Tierra, nuestra casa común, el DoD, primer consumidor de combustibles fósiles del mundo y primer cliente del sector, se prepara, como en Irak y Libia, para guerras por los recursos y para contener las convulsiones socio-económicas y político-militares que acompañarían al colapso. Ante resistencias populares al acceso a fósiles, minas, ríos y forestas, el DoD dice que es necesaria una postura de fuerza y contar con una red de bases y capacidades, en casa y fuera, para proteger los intereses de EU y los de nuestros aliados. Ante eso urge desactivar en París el secuestro corporativo de la articulación de las COP.


jsaxef.blogspot.com

 

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Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler. Aimé Césaire

 

I. Un clima global generalizado de indistinción excepcional

 

Hace unos años escribí un pequeño libro donde afirmaba que, actualmente, vivimos un clima global generalizado de indistinción excepcional. O quizás hace unos años fue el libro el que me escribió a mí... porque, como diría Karen Barad, concebir un libro como algo que un sujeto crea y sostiene en sus manos, constituye un desprecio tanto del libro como del mundo mismo, de los flujos vitales donde "yo", si es que tal palabra cabe, soy un diminuto nodo, una ola o un coral incrustado en la inmensidad del mar. En cualquier caso, para ese entonces, la idea en torno a la constitución del mencionado "clima" sobrevenía tras haber explorado el "estatuto" de "lo humano" a través de diferentes registros: el desarrollo de la tecno-ciencia, la crisis ambiental, la aparición de movimientos animalistas abolicionistas, la precarización de la vida humana paralela a la reemergencia de un infalible pero disperso poder soberano, el creciente reclamo teórico-político por modos de "agencia" no humana, entre otros. Aquél era descrito como un "clima global generalizado" porque involucraba procesos relacionados (en expansión) a lo largo y ancho del mundo, "de indistinción" puesto que atentaba contra la dicotomía humano / no-humano y otras dicotomías ligadas a ésta, y, por último, "excepcional" dado que tales transformaciones acontecían en un entorno profundamente caótico, en medio de un campo de batalla que tenía la capacidad de prometer tanto lo mejor como lo peor, que posibilitaba dinámicas de subordinación, sujeción y explotación casi ilimitadas, pero también enteras reconfiguraciones colectivas de la vida misma, es decir, la apertura de mundos inusitados, conformados por singularidades que apenas podríamos llamar "humanas" y "no humanas". A esa apertura disutópica, no utópica y mucho menos distópica, la denominé el "planeta de los simios".

Hoy no me queda otro camino que, entre la alegría y la tristeza, entre la esperanza y la ira, seguir confiando en la fuerza de un "planeta de los simios", planeta actualizado no sólo por medio de la potencia realizativa del lenguaje, sino en lugares enteros que son constantemente perseguidos y aplastados, aunque no derrotados. Y sí, actualmente son lugares los que se aniquilan, formas-de-vida completas, enredadas co-existencias inadmisibles para el ojo moderno-colonial. Las nuevas luchas, llevadas a cabo en el marco de lo que el Ezln llama la Cuarta Guerra Mundial, no las libran individuos, ni colectivos que pretendan algún impacto sobre la sociedad (teniendo como trasfondo la distancia entre sujeto y objeto), por el contrario, las emprenden "comunidades en movimiento", "ecosistemas", y es así incluso cuando nuestra miopía ontológica nos deja entrever tan sólo un puñado de gente moviéndose sobre el territorio. Ahora bien, debo admitir que, esta vez, me vi compelido a escribir por la tristeza y cierta impotencia, incluso puedo asegurar que fui animado por un cansancio senil que amenaza con ahogar mi espíritu jovial, infantil. Sin embargo, gracias a Brahman, al Dios de Spinoza o a la potencia de la Tierra, llámenlo como prefieran, se produjo la convergencia precisa de líneas, la dosis perfecta de moléculas, que terminó en la droga curativa nietzscheana del amor fati, a saber, la operación mediante la cual la negación es convertida en afirmación, el dolor en gozo. Una vez más es la vida la que me escribe. Nietzsche como curandero, Wicca-nietzscheanismo, reconfortante lamido de perro, lamido de perro sin perro, como las líneas que, unas tras otras, unas con otras, aparecen y se disuelven para des/dibujar la figura del Gato de Cheshire en el País de las Maravillas de Carroll, perro-brujo, un filósofo perro, kyon, cínico, forma-de-vida en acto.

¿De dónde provenía la tristeza inicial? Esta vez de Europa, o de cierta Europa, y de la reciente "crisis de refugiados" que la acosa. En otros términos, de los medios de comunicación y su vacuidad, o mejor, de su completitud, porque llenos de basura sí están, o mejor aún -para hacerle justicia a la profunda terrenidad de la basura-, de su pureza malsana, cristalina, de su obsesión por lo Mismo, por lo celestial. El Hombre blanco volvía a atacar. ¿Las imágenes?: Personas racializadas como "negras" y "orientales" naufragando, muriendo en la costa, maltratadas por periodistas, grupos neo-nazis y policías, seres ati-borrándose: clima global generalizado de indistinción excepcional. Y como es costumbre, humanismos y humanitarismos pululando. Resulta curioso ver cómo dichas imágenes resuenan y se superponen con las de exitosas series de ciencia ficción o fantasía estadounidenses como Z Nation, Falling Skies, Helix, Defiance, Star-Crossed, The Walking Dead, The Strain o Dominion. Algunas basadas en ya exitosos libros o películas. La constante es patente: en todas el límite entre lo humano y lo no humano se desdibuja, sea por la aparición de zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles convertidos en demonios. En cualquier caso, trátese de un zombi, extraterrestre, vampiro o ángel caído, hay un proceso claro de patologización. El problema no es simplemente la diferencia, no es el Otro peligroso separado del Yo, el inconveniente real, el verdadero temor, es la corrupción y degeneración de lo Mismo por un Yo devenido Otro, del buen Hombre blanco por un Hombre blanco que ha enfermado.

Zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles pervertidos no suelen ser más que humanos normales (normalizados) que han caído en las garras de una enfermedad mortal contagiada a través de un contacto con un otro radical, a través de la diferencia. A partir de ese punto el patrón también es idéntico: la enfermedad, que concomitantemente se tiende a leer como una maligna posesión corruptora del alma, reduce al humano a un estado de "animalidad" o "salvajismo", a una corporalidad pura que obnubila o desaparece todo rastro de conciencia en pro de una acelerada satisfacción pulsional. Habiendo perdido el estatus de humano, los entes patologizados, degenerados, no tienen otro destino que el de ser eliminados, manipulados a antojo o dejados a su suerte por parte, y para la protección, de los sujetos sanos. Por cierto, huelga agregar que todo ocurre en un estado de guerra y caos, donde la existencia se militariza y hasta el personaje más noble e inocente debe aprender a matar, y debe también aprender a exterminar a sus seres amados habiendo comprendido que, una vez enfermos, dicha acción ya no implica asesinato, sino progreso y liberación. En el preciso instante en que las fronteras entre lo divino y lo terrenal, lo humano y lo animal, lo vivo y lo muerto, lo orgánico y lo artificial, etcétera, son puestas en entredicho, se afirma con más fuerza que nunca la defensa de la pureza humana: clima global generalizado de indistinción excepcional. Si, siguiendo al Ezln, la Tercera Guerra Mundial se libró entre la Unión Soviética y Estados Unidos, con sus respectivos Estados satélites que a su vez eran campos de disputa indirectos, la Cuarta Guerra Mundial acontece contra el enemigo de mil rostros llamado "terrorismo", y es un buen nombre, pues el "terrorista" no es tan estable como el "comunista" de la Guerra Fría, "terrorista" es, por definición, un agente que desencadene "terror", contra el cual es necesario protegerse a toda costa y, debido a su potencial destructivo de la propia identidad, es menester erradicar como fuere. "Terror" produce el Estado Islámico o Al Qaeda, pero también el virus del VIH-SIDA o la pandemia de gripe A (H1N1).

Cuando la indistinción reina, las brechas entre lo humano y lo no humano se tienden a hiperbolizar. La pureza de lo humano, de cara a los peligros de la diferencia, se venera con un fervor sin precedentes. El humano occidental prototipo, tan blanco como racional y viril, promulga un control sobre el mundo nunca antes visto, sobre un mundo que trasciende y -a la manera del Dios cristiano hegemónico, es decir, cual creador, origen de la acción y en posesión de sus actos- gobierna soberanamente. Este nuevo humano hiperhumano tiene el universo a sus pies: sueña con viajes interestelares, decodifica y modifica el genoma, transforma su cuerpo a antojo (acudiendo a gimnasios, pero también a cirugías estéticas y prendas de moda), se educa continuamente para adaptarse a condiciones cambiantes, produce "comida" masivamente con la instauración de monocultivos y granjas industriales, aunque también "productos orgánicos y saludables" para mejorar su propio cuerpo, inclusive es un hiperhumano "tan humano" que se deleita con las diferencias (sexuales, étnicas, religiosas, biológicas...) mientras se acoplen a él en tanto ideal normativo y sean consumibles, etcétera. El humano hiperbolizado es, a su vez, el buen ciudadano consumidor compulsivo occidental (depredador insaciable de "recursos naturales", al mejor estilo del protagonista de la comedia estadounidense The Last Man on Earth), cuya catedral es el centro comercial y cuya forma de vida es la deuda. En suma, el hiperhumano, paralelo a una materialidad hipersometida (hipernaturalización o hiperanimalización), que radicaliza la distinción clásica entre sujeto y objeto, entre conciencia y mundo, es la respuesta conservadora por antonomasia al clima global generalizado de indistinción excepcional.

La Cuarta Guerra Mundial se entabla por la defensa de la pureza hiperhumana y su expansión, que no es otra que una nueva defensa, poscolonial/neocolonial, de Occidente y su Hombre blanco, ¡que no es otra que la defensa del capitalismo eugenésico y viril en su estadio neoliberal! A la par que el Hombre blanco se hiperboliza, sus Otros históricos (animales, indígenas, mujeres, gente negra, orientales, sexualidades radicalmente disidentes, enfermos, improductivos, etcétera), si bien inicialmente pueden ser tolerados e inclusive incluidos dentro del marco de lo humano (como la "ideología" de los derechos humanos pregona), sienten las consecuencias del brío hiperhumanista. Los zombis, extraterrestres, vampiros o ángeles caídos contemporáneos somos, ante todo, los sujetos racializados-colonizados que Occidente intentó asimilar subordinadamente, segregar o exterminar. Nosotras y nosotros, sujetos (pos)coloniales, somos quienes más fácilmente hoy perdemos nuestra nueva calidad de "humanos" en situaciones de "excepcionalidad". Sin embargo, en sentido estricto, como dirían Deleuze y Guattari, nadie llega a ocupar el centro organizador, el ideal de lo (hiper)humano; todo el mundo es un potencial agente infeccioso y ser sacrificable. Es por ello que hoy el cine de guerra ya no se ejemplifica con Rambo ni Rocky (destrozando comunistas y rebeldes orientales), sino con Mad Max: Fury Road, con su espeluznante entorno (pos)apocalíptico (de indistinción excepcional), plagado de malignos seres humanos que ya no son humanos nunca más, que son, antes bien, seres tecno-tribales, cancerosos, enfermos, degenerados compuestos tecno-bio-físicos susceptibles de morir en cualquier momento (pues, en primer lugar, no se sabe si realmente aún están vivos o muertos). Mad Max: Fury Road es quizá una de las expresiones más perversas del hiperhumanismo contemporáneo, ya que denuncia la crisis socio-ecológica pero, en su propia denuncia descarada, la reproduce, además de hacerla "consumible", rentable, a lo largo y ancho del globo. Mad Max: Fury Road probablemente constituye el mayor refinamiento estético-político que Hollywood haya incubado. De ahí que me una al grito de Tiqqun cuando apunta: "Aquellos que dicen que otro mundo es posible y no acreditan otra educación sentimental que la de las novelas y los telefilmes, merecen que se les escupa a la cara".

 

II. Aimé Césaire y Mario Vargas Llosa conversan

 

El pasado 20 de septiembre, el diario español El País publicó un artículo de opinión escrito por el viejo conservador Mario Vargas Llosa. El artículo estaba acompañado por una imagen ya desastrosa: una mano masculina, blanca, empresarial (con manga de traje formal y un símbolo de la Unión Europea en ella), introducía una moneda dorada en una abertura de una fetichizada África, como si fuese una alcancía. Si Luce Irigaray, Silvia Rivera Cusicanqui o Gayatri Spivak vieran tal esperpento, acertadamente dirían que se trata del Hombre blanco violando, colonizando, a la feminizada África negra. El todopoderoso, activo, Hombre blanco penetra una vez más los feminizados labios de una pasiva África oscura. No obstante, en opinión de Vargas Llosa, lo único que es posible ver allí es la mano salvadora del mercado, del desarrollo y la democracia occidentales (¿la "mano invisible" de Adam Smith?). Como Vargas Llosa fue nombrado por el rey Juan Carlos I "Ilustrísimo señor" y "marqués de Vargas Llosa", en adelante emplearé tal título y tal tratamiento protocolar, pues no dudo que sea un agente perfecto de la realeza (pos)colonial. Escuchemos, pues, atentamente, lo que tiene para comunicar este "Ilustrísimo señor" sobre la actual "crisis de refugiados" que acosa a Europa:

 

"Es bueno que haya ahora, en los países más prósperos y libres del mundo, una conciencia mayor de la disyuntiva moral que les plantea el problema de estas migraciones masivas y espontáneas, pero sería necesario que, por positivo que sea el esfuerzo que hagan los países avanzados para admitir más refugiados en su seno, no se hicieran ilusiones pensando que de este modo se resolverá el problema. Nada más inexacto. Aunque los países occidentales practicaran la política de fronteras abiertas que los liberales radicales defienden —defendemos—, nunca habría suficiente infraestructura ni trabajo en ellos para todos quienes quisieran huir de la miseria y la violencia que asolan ciertas regiones del mundo. El problema está allí y sólo allí puede encontrar una solución real y duradera. Tal como se presentan las cosas en África y Medio Oriente, por desgracia, aquello tomará todavía algún tiempo. Pero los países desarrollados podrían acortarlo si orientaran sus esfuerzos en esa dirección, sin distraerse en paliativos momentáneos de dudosa eficacia.

La raíz del problema está en la pobreza y la inseguridad terribles en que vive la mayoría de las poblaciones africanas y de Medio Oriente, sea por culpa de regímenes despóticos, ineptos y corruptos o por los fanatismos religiosos y políticos —por ejemplo el Estado Islámico o Al Qaeda— que generan guerras como las de Siria y Yemen, y un terrorismo que diariamente ciega vidas humanas, destruye viviendas y tiene en el pánico, el paro y el hambre a millones de personas, como ocurre en Irak, un país que se desintegra lentamente. No se trata de países pobres, porque hoy en día cualquier país, aunque carezca de recursos naturales, puede ser próspero, como muestran los casos extraordinarios de Hong Kong o Singapur, sino empobrecidos por la codicia suicida de pequeñas élites dominantes que explotan con cinismo y brutalidad a esas masas que, antes, se resignaban a su suerte. Ya no es así gracias a la globalización, y, sobre todo, a la gran revolución de las comunicaciones que abre los ojos a los más desvalidos y marginados sobre lo que ocurre en el resto del planeta. Esas multitudes explotadas y sin esperanza saben ahora que en otras regiones del mundo hay paz, coexistencia pacífica, altos niveles de vida, seguridad social, libertad, legalidad, oportunidades de trabajar y progresar.

[...] esta inmigración debe ser organizada y ordenada de acuerdo a una política común inteligente y realista, como está proponiendo la canciller Angela Merkel, a quien, en este asunto, hay que felicitar por la lucidez y energía con que enfrenta el problema. Pero, en verdad, este sólo se resolverá donde ha nacido, es decir, en África y el Medio Oriente [...] La manera más efectiva en que Occidente puede contribuir a reducir la inmigración ilegal es colaborar con quienes en los países africanos y el Medio Oriente luchan para acabar con las satrapías que los gobiernan y establecer regímenes representativos, democráticos y modernos, que creen condiciones favorables a la inversión y atraigan esos capitales (muy abundantes) que circulan por el mundo buscando donde echar raíces".

 

En contraste con Mad Max: Fury Road, el "marqués de Vargas Llosa" no tiene ningún refinamiento estético-político ni escrúpulo. Para él el "Occidente democrático, libre, moderno y próspero", avanzado, desarrollado, es el modelo a seguir para los africanos, orientales y, en general, para todo el mundo. Vargas Llosa no ve otra cosa que lo que Arturo Escobar llama el "efecto Giddens": "es la modernidad todo el camino, hasta el final de los tiempos". Lo no-occidental, al mejor estilo de la Cuarta Guerra Mundial en curso, sólo puede ser concebido aquí como atraso, imperfección, despotismo e ineptitud, es decir, el problema de África y Medio Oriente es inherente a su propio fundamentalismo y corrupción. Según nuestro "Ilustrísimo señor", para decirlo en términos de Enrique Dussel, Europa goza de una indudable supremacía cultural, pues fue por sus propios méritos, gracias a un hegeliano e intraeuropeo desarrollo lineal tendiente al progreso (que va de Grecia, Roma, la Edad Media y la Modernidad ilustrada a la globalización contemporánea), que es posible disfrutar de lugares "prósperos y libres". Empero, el marqués omite que los imperios y Estados europeos, "libres y prósperos", se edificaron gracias a la sanguinaria colonización del resto del mundo, de Asia, África y América, que, como asegura Immanuel Wallerstein siguiendo los pasos de la Teoría de la Dependencia latinoamericana, para que existan centros capitalistas prósperos debe haber semiperiferias y periferias precarizadas, donde los seres humanos (racializados) y la naturaleza son explotados y subordinados en niveles inimaginables. Y por supuesto, al interior de los centros existen, a su vez, centros, periferias y semiperiferias. No se trata, por ende, de un dicotómico modelo centro/periferia, como malinterpretan Hardt y Negri en su obra Imperio. Si países como España y Grecia atraviesan fuertes crisis en estos momentos, no es precisamente por su inherente "ineptitud", sino porque el sistema-mundo capitalista, en su reacomodamiento, necesita semiperiferias europeas para sustentar la centralidad de países como la Alemania de Merkel, la misma Alemania que el "Ilustrísimo señor" tanto aplaude. Aquí, a la extensa cita del nefasto artículo neocolonial escrito por Vargas Llosa, resulta pertinente sobreponerle ciertos fragmentos del Discurso sobre el Colonialismo de Aimé Césaire:

 

"Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África. (...) Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler.

[...] Oigo la tempestad. Me hablan de progreso, de «realizaciones», de enfermedades curadas, de niveles de vida por encima de ellos mismos. Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de extraordinarias posibilidades suprimidas. Me refutan con hechos, estadísticas, kilómetros de carreteras, de canales, de vías férreas.

Yo, yo hablo de millares de hombres sacrificados en la construcción de la línea férrea de Congo-Ocean. Hablo de aquellos que, en el momento en que escribo, están cavando con sus manos el puerto de Abiyan. Hablo de millones de hombres desarraigados de sus dioses, de su tierra, de sus costumbres, de su vida, de la vida, de la danza, de la sabiduría.

Yo hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, el ponerse de rodillas, la desesperación, el servilismo. Me obnubilan con toneladas exportadas de algodón o cacao, con hectáreas plantadas de olivos o de viñas. Yo, yo hablo de economías naturales, armoniosas y viables, economías a la medida del nativo, desorganizadas; hablo de huertas destruidas, de subalimentación instalada, de desarrollo agrícola orientado en función del único beneficio de las metrópolis, de saqueos de productos, de saqueos de materias primas.

Se jactan de los abusos suprimidos. Yo, yo también hablo de abusos, pero para decir que a los antiguos -tan reales- les han superpuesto otros, igualmente detestables. Me hablan de tiranos locales devueltos a la razón; pero yo constato que en general estos hacen muy buenas migas con los nuevos tiranos y que, de estos a los antiguos y viceversa, se ha establecido, en detrimento de los pueblos, un circuito de buenos servicios y de complicidad. Me hablan de civilización, yo hablo de proletarización".

 

¡Cómo disfruto soñando con que Césaire toca con su mano negra el hombro del "Ilustrísimo señor" y le susurra sin violencia al oído: "Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler"! El liberal biempensante de Vargas Llosa, que se cree opuesto a las perspectivas nacionalistas anti-inmigrantes, no percibe que es él mismo uno de los tantos rostros del fascismo y la autorreferencialidad occidental. El marqués es perfectamente consciente de adorar el mundo libre, democrático y capitalista occidental, y su modelo de humanidad, lo que calla es que su endiosamiento desprecia toda diferencia y alternativa, su egolatría constituye una muestra clara de supremacía cultural. "Efecto Giddens", Hitler asomándose. Y Césaire y yo no estamos exagerando, el "Ilustrísimo señor" lo confirma cuando añade:

 

"Cuando era estudiante universitario recuerdo haber leído, en el Perú, una encuesta que me hizo entender por qué millones de familias indígenas emigraban del campo a la ciudad. Uno se preguntaba qué atractivo podía tener para ellas abandonar esas aldeas andinas que el indigenismo literario y artístico embellecía, para vivir en la promiscuidad insalubre de las barriadas marginales de Lima. La encuesta era rotunda: con todo lo triste y sucia que era la vida, en esas barriadas los ex campesinos vivían mucho mejor que en el campo, donde el aislamiento, la pobreza y la inseguridad parecían invencibles".

 

III. ¡Sí, somos zombis, extraterrestres, vampiros y ángeles caídos!

 

Sí, al parecer para Vargas Llosa los indígenas/campesinos poseen una forma de vida inherentemente inferior a la del Hombre occidental que habita las urbes, donde no son tan agudos los problemas de "aislamiento, pobreza e inseguridad". Habrá entonces que traer a colación, de nuevo y las veces que sean necesarias, las palabras de Césaire para responder: "Me hablan de progreso, de «realizaciones», de enfermedades curadas, de niveles de vida por encima de ellos mismos. Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de extraordinarias posibilidades suprimidas". Y no se trata de establecer, al estilo cristiano, quién tiene la culpa de los males, cuál es el supuesto sujeto origen de la acción que debe responder ante el tribunal de la razón y ser castigado por su obrar incorrecto, por el contrario, se trata de romper con la individuación, la atomización que, por demás, posibilita la supremacía cultural. Nadie tiene absolutamente los méritos asociados a las desgracias o dichas que vivimos, es un entramado complejo de acciones intransitivas el que produce las posiciones subjetivas y sus posibilidades de acción. Sin embargo, así lo han señalado feministas como Donna Haraway y Rosi Braidotti, nuestra posición singular involucra cierta responsabilidad, nuestra localización envuelve una capacidad relativa de afectar y ser afectados/as, un margen en torno a lo que podemos o no percibir, que es imprescindible asumir. Vargas Llosa habla desde "ningún lugar", recomienda "objetivamente" lo que es mejor para indígenas/campesinos y gente de África y el Medio Oriente; en contraste, Césaire asume su experiencia de sujeto racializado como negro y colonizado, y de allí deriva su análisis de la situación que aqueja a ciertos "pueblos".

Césaire, desafiando la atomización y la supremacía cultural, indica que un paso previo a la civilización, al proceso de llevar hacia el "progreso" a quienes están atrás en el camino, consiste en destruir sus formas de vida, en obturar sus posibilidades produciéndolos primero como inferiores (inherentemente irracionales, tercos, codiciosos, perezosos, etc.). Vargas Llosa aplica esto perfectamente tanto a los indígenas/campesinos como a los pueblos de África y del Medio Oriente, de hecho tiene la osadía de decir que sólo gracias a la globalización, a la creciente interconexión y la circulación de información, tales pueblos se han dado cuenta de que hay mejores formas de vivir. Pero echémosle un vistazo a su endeble tesis. La mayoría de "refugiados" que están llegando a Europa proceden de Siria, Afganistán, Irak, Libia y del África Subsahariana, en especial de un desconocido país llamado Eritrea. Todos los lugares mencionados poseen una historia colonial y neocolonial por parte de ciertos Estados europeos y Estados Unidos, todos los lugares mencionados han sido racializados como negros u orientales e intervenidos violentamente, a veces invadidos militarmente de manera abierta, otras veces pactando con líderes y milicias locales. Los casos de Irak y Afganistán son los más descarados, pues Estados Unidos emprendió allí, hace no mucho tiempo, procesos bélicos y de ocupación sin empacho que redundaron en el desplazamiento forzado de una buena parte de la población. Asimismo, todos estos lugares son proveedores de mano de obra barata, e incluso esclava (no remunerada), y de petróleo y minerales, con los cuales se sustenta el estilo de vida de los países que Vargas Llosa llama "libres y prósperos".

El petróleo, cobre, oro, estaño, cobalto, cromo, uranio, coltán y los diamantes se extraen de dichas zonas, y sin ello sería imposible la existencia de medios de comunicación, transporte y de toda clase de aparatos electrónicos y "comodidades" de uso cotidiano en los centros del sistema-mundo. Ante la homogenización que conlleva el "efecto Giddens", ante la intervención militar y la precarización, que es a su vez una intervención cultural (como en la conquista de América: la espada y la evangelización llegan al mismo tiempo) y una inferiorización de las formas de vida locales, emergen fundamentalismos nacionalistas y religiosos, justamente como el Estado Islámico, el cual azota fuertemente a Siria. Y, como dice Césaire, no es que los mundos existentes antes de la (neo)colonización fueran utopías hechas realidad, pero, en todo caso, sus potencialidades han sido silenciadas y, a sus males históricos, se les han sumado los traídos por la "civilización occidental". ¡Cuántos de los detestados dictadores de África y el Medio Oriente, vituperados por el "Ilustrísimo señor", no son producto de la mercantilización del petróleo, los minerales, las poblaciones, y en general de los ecosistemas, que el modo de vida occidental actual demanda! Pero Vargas Llosa lo fetichiza e invierte todo, para él simplemente hay dos culturas, la occidental (moderna, democrática, libre y capitalista) y la no-occidental, que en este caso involucra a África y el Medio Oriente (caracterizada por su fundamentalismo, despotismo, corrupción y barbarie). Y lo único que se puede hacer es ayudar a que los no-occidentales salgan de su inherente salvajismo, ya sea acogiendo unos cuantos "refugiados" para que desempeñen labores subvaloradas en los países del centro del sistema-mundo, o llevándoles las "virtudes" del mundo capitalista y democrático a sus sitios de origen, lo cual sí que es una utopía totalitaria, además de un embuste, pues el sistema-mundo funciona, como dijimos, mediante un reacomodamiento constante de centros, periferias y semiperiferias; la "abundancia" y la "libertad" siempre serán, en ese esquema, el privilegio de unos pocos.

 

Esos pocos, que describimos atrás como hiperhumanos, dependen entonces de la subyugación y el expolio de mundos enteros, y de la ilusión de un bello, bueno y verdadero capitalismo multicultural, libre y democrático global. Ilusión que, en efecto, animó a muchos de los "inmigrantes" y "refugiados" a penetrar Europa, olvidando que las guerras no son locales, que las guerras locales son batallas llevadas a cabo al interior de la Cuarta Guerra Mundial, o del "apocalipsis zombi", para decirlo con el lenguaje de los productos culturales estadounidenses. Las poblaciones no-occidentales, toleradas condescendientemente y exotizadas/mercantilizadas, son consideradas hoy a su vez como potenciales focos infecciosos para el Hombre blanco hiperbolizado. Es por ello que Europa invita a distinguir entre elementos de la población migrante que, adaptándose a sus normas, pueden pasar a integrar los estratos más bajos de su configuración social, y agentes patógenos o virus de la barbarie y el terrorismo que constantemente amenazan a Occidente, los cuales legitiman la militarización de la vida y los genocidios (que también son generados por la falta de atención y cuidado posterior a la destrucción de mundos enteros locales: "hacer morir" que se presenta como simple "dejar morir").

 

Quizá el "Ilustrísimo señor" Vargas Llosa vio demasiadas series y películas estadounidenses en sus últimas vacaciones, y por eso se siente en la obligación de hacer un llamado a la defensa de la pureza occidental y del Hombre blanco; igualmente, quizá por esa razón sólo perciba humanos civilizados versus zombis terroristas atrasados, animalizados, salvajes. Si es así, podríamos aplicar la mencionada fórmula de Tiqqun, a saber, escupirle en la cara. Por suerte, formas-de-vida potentes, que no se aterrorizan ante la indistinción, que asumen la inestabilidad de la frontera entre humanos y no-humanos, entre vivos y muertos, aparecen sin cesar. Y, por suerte también, muchas de ellas apelan a una contramemoria corporizada, a la experiencia "indígena", "negra" y "oriental" que nunca se ha dejado exterminar, y a nuevas "alianzas", aleaciones, tecno-bio-físicas, pues, al contrario que Vargas Llosa, carecen de pretensiones de pureza. Por lo tanto, sí, somos zombis, extraterrestres, vampiros y ángeles caídos, y hombres-lobo, gatos nocturnos, brujas y espíritus; y sí, somos una amenaza viral para el totalitarismo eugenésico occidental.

 

Bogotá, septiembre 21 de 2015.

Libro relacionado

La isla del Doctor Moureau al planeta de los simios: La dicotomía humano/animal como problema político  

Publicado enSociedad
Lunes, 21 Septiembre 2015 06:58

Mala hierba que no muere

Mala hierba que no muere

Una parábola del capitalismo tardío. Existe una planta silvestre nativa del actual Estados Unidos, un rastrojo conocido como horseweed o hierba caballo, cola de yegua, Conyza canadiensis, erigerón de Canadá, hierba carnicera, crisantelmo, lirio compuesto y zarramaga entre otros nombres (para la gente común suele no tener ninguno). Es una lata para los agricultores, daña maizales, cañaverales, y ahora los campos de no-labranza y de transgénicos, especialmente soya.

Gracias al descubrimiento de América este hierbajo se extendió a los cinco continentes. Suele ser inofensivo. Para la tribu zuñí era una planta sagrada. Posee usos medicinales comprobados: elimina el ácido úrico y combate la gota, alivia reumas y cistitis, controla la diarrea. No vale nada, es decir, no se vende. Crece dondequiera. Llega a medir 50 centímetros, con un sólo tallo. Si se le permite, se vuelve un arbusto de hasta dos metros. En Mesoamérica es una de las hierbas que los milperos eliminan para salud del maíz y el frijolar. Gracias a la tecnología y el mercado, concretamente al RoundUp de Monsanto, el erigerón o coniza (otro de sus nombres) pareció controlado, mas tuvo el mérito de ser la primera planta decididamente resistente al herbicida glifosato, hoy empleado en todo el mundo (aunque Francia lo prohibió recientemente), un producto polémico que, al igual que a los políticos y los famosos, los ataques, las denuncias y las burlas le sirven de espuma. Lo que no mata engorda. Que lo diga la modesta horseweed.


Conforme se industrializó la agricultura a gran escala, los herbicidas químicos y los fertilizantes ídem se volvieron indispensables. Sus usuarios empezaron como con la penicilina y acabaron como la heroína, enganchados a dosis cada vez mayores y sin alternativa. RoundUp ha sido la estrella de Monsanto. Ayudó a lavarle la cara a la empresa, que al concluir la guerra de Vietnam estaba identificada con el letal desfoliante agente naranja. El desarrollo y la comercialización del nuevo producto catapultó la firma al bando de los buenos. Si bien mucho se ha investigado, escrito y difundido en contra suya, mucho más se invierte, publica y publicita en favor del glifosato. Agresivamente llegado el caso, en tribunales o mediante agresiones anónimas, advertencias y cosas así. También debemos a Monsanto la hormona de crecimiento bovina (prohibida en Europa, no en México ni Estados Unidos) y los dichosos transgénicos, un mercado colosal que comparte con otras trasnacionales.


¿Cómo fue que una fábrica de venenos, fundada en 1901, devino protectora de las ciencias de la vida, santa, verde y todopoderosa? Marie-Monique Robin hizo ya una disección implacable en El mundo según Monsanto (Èditions La Découverte, París, 2008), concluyendo (y no es la única) que la empresa incurre en conductas criminales mientras se pinta de verde y sin que usted se dé cuenta se hace presente en los alimentos que lleva a su mesa.


Como se sabe, el principal cargo contra el glifosato es que produce o facilita el cáncer en humanos. Ante ello, la firma ha dedicado millones de dólares en promover investigaciones favorables y generar las evidencias científicas que, según se ufanan los ejecutivos de Monsanto, constituyen la documentación científica más numerosa en la historia. En tanto, combaten a sus detractores, van tras ellos si publican en revistas científicas de prestigio, asedian institutos, difaman a organizaciones civiles y periodistas, aplastan a consumidores y campesinos rebeldes. Nada los detiene.


La agricultura industrial, la mejorada y hoy la transgénica basan parte de su éxito en la eliminación radical de plagas. Millones de personas han fumigado y han sido fumigadas con glifosato para vencer especímenes vegetales y fúngicos que engrosan la nómina de plagas para las cuales la industria ofrece antídotos. Pero nuestro rastrojo lleva la delantera. Ohio fue el primer lugar donde se declaró enemigo público a esta planta estadunidense, nativa como la que más. ¿Qué dicen a esto los nativistas que desean volver a la flora virginal del año 1500? Nada. O lo que disponga Monsanto, la de los transgénicos que fueron diseñados para resistir sus venenos, y que se mueran los feos.


Andrew Cockburn recoge en el número 1984 de Harper's (septiembre de 2015) informaciones alarmantes. Destaca que esta planta, blanco natural del herbicida, en años recientes ha desarrollado un nuevo tipo, un superrastrojo producto de años de tratamiento con glifosato; no sólo se niega a morir con dosis cuatro veces mayores a las recomendadas, sino que parece ganar fuerza con la exposición al herbicida. Como los monstruos de David Cronenberg. Crece hasta cuatro metros, añade Cockburn, con ramas tan gruesas que, de acuerdo con un agricultor, atasca las máquinas cosechadoras. En otras palabras, "un alien muy invasivo, nacido en Estados Unidos".


Lo que no mata al rastrojo lo engorda. Lo agiganta. Ay nanita, pasa las palomitas, ya nos cayó Godzilla.

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Agua de Bolivia: fracaso de su privatización y revuelta ciudadana

Bolivia, en la etapa de su notable presidente, Evo Morales, es un país fascinante por sus logros épicos, pero que carece de publicidad, ya que hoy es el país que ostenta el mayor crecimiento económico de toda Sudamérica, paso que ha sostenido en los recientes siete años con un promedio espectacular de 5.3 por ciento, pese al declive de la cotización de los hidrocarburos.


Poco se habla del milagro económico de Bolivia en la fase de la economía mixta con rectoría estatal de Evo Morales, lo cual tuvo como detonador a la revuelta ciudadana contra la perniciosa privatización del agua y encaminó al país a su presente ruta exitosa que culminó con la renacionalización de sus hidrocarburos y minería que le proveen hoy el grueso de sus ingresos que antes se esfumaban en las arcas trasnacionales.


Mientras el devaluado México neoliberal itamita mal crece a menos de 2 por ciento, Bolivia este año supera(rá) 6 por ciento de crecimiento gracias a sus triunfales nacionalizaciones, donde descuellan los hidrocarburos, en medio de una remarcable tolerancia a su banca privada, que, a mi juicio, es aldeana/regionalista y todavía no alcanza el anhelado impulso nacional.
Irish Times sintetizó cómo la guerra del agua derrocó al régimen neoliberal de Hugo Banzer en Bolivia, lo cual ejemplica la debacle a la que puede conducir el mal manejo del recurso en Irlanda.


A su juicio, el gobierno neoliberal de Banzer manejó pésimamente una disputa local sobre el líquido que escaló en la primera (sic) guerra del agua del siglo XXI y eventualmente ayudó a encabezar el derrocamiento del orden político entero.


Bolivia se había vuelto el laboratorio de experimentación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) que exigían al gobierno neoliberal la privatización del recurso sin el menor miramiento a sus daños estructurales y colaterales.


Irish Times juzga que a cambio de la ayuda (¡supersic!) financiera para rescatar su economía quebrada (sic), el FMI y el BM exigieron reformas estructurales (sic), incluyendo la privatización de las empresas estatales del agua de Bolivia.
Ya todo había sido vendido: minas, campos de gas y petróleo, ferrocarriles y empresas de electricidad, mientras decenas de miles de trabajadores eran despedidos con un desempleo disparado y una pobreza intensificada.


En 1999, el gobierno de Banzer otorgó al consorcio trasnacional Aguas del Tinari –encabezado por Bechtel (cuarta empresa privada por ingresos en el ranking de Forbes de 2014), además de la estadunidense Edison, la española Abengoa y las bolivianas Petrovich y Doria Medina– una concesión de 40 años (¡supersic) para manejar el agua de Cochabamba, la tercera ciudad, a cambio del compromiso de modernizar (¡supersic!) su red acuífera.


Entonces, Semapa, la todavía agencia gubernamental hidráulica de Cochabamba, elevó en forma demencial hasta 300 por ciento (¡supersic!) las tarifas del consumo (http://goo.gl/ychou1) y eliminó los subsidios, haciendo oídos sordos a las realidades sociales de un país empobrecido, de acuerdo con el inflexible guión del BM, mientras el gobierno se encargaba de privatizar el líquido.


Ya a inicios de 2000, el alcalde privatizador de Cochabamba, Manfred Reyes –anterior capitán del ejército apuntalado por Banzer– enloqueció al intentar cobrar la captura de lluvia, lo cual desembocó en un levantamiento insurgente.


Bolivia se partió en dos, ya que Cochabamba se encuentra ubicada en la principal carretera que conecta al oriente con el occidente.


El gobierno del Banzer declaró el estado de si¬tio, que produjo seis muertos y centenas de heridos, mientras la ciudadanía se volcaba contra la receta de la privatización y la austeridad impuesta por Washington.


La revuelta histórica contra la privatización hídrica en Cochabamba constituyó el catalizador primordial del ascenso al poder cinco años más tarde de Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS), con una mayoría nunca vista, que consagraron la ley de la propiedad pública del agua.


En forma increíble, la plutocracia racista criolla había sido sustituida en la cúpula por un movimiento contestatario indígena: la mayoría de su población marginada durante siglos.


Para empeorar las cosas y blindar los intereses de las trasnacionales, el parlamento neoliberal de Bolivia había aprobado la ley 2029, que otorgaba patente de corso al cobro del uso particular de los acuíferos públicos con el fin de que los ciudadanos garantizaran sus adeudos con sus bienes inmuebles (¡supersic!).


El consorcio multinacional Aguas del Tunari podía desahuciar a los ciudadanos que no podían pagar su adeudo hidráulico y hasta embargar sus casas, como consecuencia del alza exagerada de las tarifas.


La guerra del agua de Cochabamba propulsó al entonces joven diputado indígena Evo Morales a alturas insospechadas junto a sus legendarios cocaleros.


Banzer no tuvo más remedio que negociar y expulsar a la empresa Aguas del Tunari, mientras remunicipalizaba a Semapa, la compañía de aguas de Cochabamba.


En el estrujante reporte de Der Spiegel (http://goo.gl/v5kbJs), que sinteticé (http://goo.gl/1rrWWq), no podía faltar la paradigmática guerra del agua en Bolivia, bajo la presión privatizadora del BM en la primavera de 2000, que carcomió la cuarta parte de los ingresos de la clase ordinaria fagocitados por un alza de 300 por ciento de las tarifas.


La revuelta ciudadana e indígena –el segmento más afectado debido a su pauperización por el neoliberalismo– obligó a revocar la privatización del líquido que catalizó la restitución estatal de los hidrocarburos que forman parte de la médula de su presente auge económico y entronizó el liderazgo de Evo Morales, quien creó el Ministerio del Agua y consagró el derecho al agua en la nueva Constitución.


Evo, quien vivió en su infancia la carencia del líquido vital, sentenció que el agua no puede ser un negocio. Debe ser un bien común.


En contraste al selectivo ostracismo acuífero del previo modelo neoliberal –con dedicatoria discriminatoria contra sus maravillosos indígenas: su mayoría–, el portal alemán señala que hoy 83 por ciento de los bolivianos tienen acceso a agua potable bebible, comparado con menos de la mitad de la población en 1990. ¡Vaya hazaña!


El modelo de la renacionalización hídrica en Bolivia ha sido imitado en varios países y regiones (sic), incluyendo Argentina, Indonesia, Ghana y Malí, que han colocado otra vez su agua bajo el control público.


Todo lo contrario del devaluado cuan inepto México neoliberal itamita, un vulgar "banzerismo après la lettre", que insiste en privatizar el líquido bajo la fétida ley Korenfeld (http://goo.gl/OC7rm7) de Conagua, cuya pésima gestión afecta a las zonas paupérrimas del DF (Iztapalapa, http://goo.gl/dhUOZz) y el estado de México ( Neza, Ixtapaluca, Chalco, Texcoco, etcétera): ¡una Bolivia mexicana!


Conagua –aún telecontrolada por el felón David Korenfeld Federman, dedicado a promover los intereses hidráulicos de Israel en detrimento de México– está provocando la imitación de la primavera ciudadana de Bolivia.
Pocos temas levantan tanta pasión como el agua.


¡Cuidado: con el agua no se juega!


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Lunes, 07 Septiembre 2015 05:04

Esa civilización, Occidente

Esa civilización, Occidente

Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge.


Primero fue el Quattrocento que se denominó a sí mismo como Renacimiento, saliendo de esa edad oscura que fue la Edad Media, denominada así por encontrarse entre la Grecia antigua y el Renacer de la humanidad. Después fue la modernidad, que se denominó a sí misma de esta forma con sus ideales de progreso, su fe en la ciencia y en la racionalidad y su centralidad en el ser humano. Posteriormente, en el siglo XVIII, se inventa el concepto de civilización como el esfuerzo por distanciarse de la naturaleza. Y con ello, de consuno, con la idea de "civilizar" a otros pueblos, naciones y culturas. No en última instancia, la idea de civilización y "civilizados" se asimiló entre las élites como sinónimo de sofisticación, buen gusto, sentido de la vida y gentileza; justamente, politesse en francés, pulir, y hacia atrás ulteriormente la noción misma de politeia (en la Grecia antigua).


No existe una sola comprensión o definición de civilización. En unos casos se refiere a la herencia y la deuda de un origen fontanal; habitualmente se trata de la síntesis que resultó de la amalgama entre Grecia, Roma y Jerusalén. En otros casos se hace referencia a un ideal mínimo común de valores, principios, ideales y formas y estilos de vida. U en otros casos más, a una unidad de criterios culturales, étnicos y filosóficos. Con ello, en cualquier caso, la idea de civilización tiene tanto de ancho como de largo; desde los trabajos de Malinowsky hasta las interpretaciones de Huntington, con todos los matices intermedios.
En un libro maravilloso, no traducido aún al español, F. Fernández–Armesto —Civilizations. Culture, Ambition, and the Transformation of Nature. Touchstone, New York, 2001—, sugiere una comprensión no–lineal de las civilizaciones. Una civilización se define por sus relaciones con la naturaleza. De esta forma, es posible identificar las distintas civilizaciones en función de su relación con la naturaleza.


Sin ambages, ello permite identificar a Occidente en términos precisos. Se trata de esa civilización que se refiere a la naturaleza en términos de medios a fin, en el que la naturaleza es el medio para que los seres humanos desplieguen y realicen sus intereses y necesidades. Exactamente la síntesis de Atenas, Roma y Jerusalén.
Pues bien, en términos médicos, Occidente es una civilización enferma. La suya es, al mismo tiempo, una enfermedad crónica, aguda y compleja. En medicina, se dice que:


• Una enfermedad es crónica cuando se trata de un mal de largo plazo que no puede ser curado y con el que hay que aprender a vivir. Ejemplos de enfermedades crónicas es la diabetes, la artritis, cardiopatías o la obesidad. Se trata de enfermedades que no pueden ser curadas, tan sólo controladas.
• Una enfermedad se dice que es aguda cuando tiene un origen y desarrollo rápido, usualmente súbito e imprevisto, y su desenlace puede ser igualmente rápido y sorpresivo. Los síntomas generalmente son severos y por lo general es una etapa de la enfermedad que desemboca en una enfermedad crónica o en la muerte. La neumonía o la apendicitis son ejemplos de esta clase de enfermedades.


• Por su parte, una enfermedad se dice en medicina que es compleja cuando resulta de la combinación de factores genéticos, medioambientales y de formas de vida. Se trata de desórdenes multifactoriales, muchos de los cuales no terminan de ser identificados. El asma, el párkinson, la osteoporosis, las enfermedades autoinmunes o el cáncer son ejemplos de enfermedades complejas.

En efecto, en un mundo alta y crecientemente complejo, entrelazado de múltiples maneras y en diversas escalas, alta y crecientemente interdependiente en múltiples sentidos y contextos, no existe la crisis. Por el contrario, existen crisis (en plural) sistémicas y sistemáticas. Tal es el diagnóstico de la civilización occidental, que sufre de numerosas crisis, tales como crisis políticas, económicas, financieras, medioambientales, de valores, crisis de confianza, crisis humanitaria en gran escala, iniquidad y pobreza en amplia escala, corrupción, impunidad y existencia del estado con falencias múltiples en un lugar o en otro. En fin, los diagnósticos, a estas alturas de la vida, son variados, amplios y robustos. Es imposible abordar, tocar y solucionar una crisis sin atender al mismo tiempo a otra(s). Un mundo verdaderamente complejo.


Occidente está enferma, severamente enferma, y a decir verdad se encuentra desde hace un tiempo en la sala de cuidados intensivos. Las mejores mentes en política o en temas de seguridad, en finanzas o en comercio internacional, en temas jurídicos o medioambientales, por ejemplo, no tienen la más mínima idea de cómo salir de ese entretejido complejo de crisis sistémicas y sistemáticas. Todo pareciera indicar que Occidente merece de cuidados paliativos, una idea cara en medicina, ciencias de la salud y bioética.


Son numerosos los foros mundiales —Davos (Foro Económico Mundial), G–7, G–7 más 1, OCDE, entre muchos otros— y son numerosas las instancias y organismos multilaterales, nacionales e internacionales dedicados a buscarle salidas a las series de crisis en curso. Es como cuidar un párkinson con banditas o aspirinas.


Mientras tanto, el costo humano es creciente e inclemente. La crisis de refugiados en Europa (¡en tiempos de paz!), las oleadas de inmigrantes africanos, los desplazamientos internos en numerosos países, la corrupción galopante y sus consecuencias sobre las violaciones de derechos humanos. Intelectualmente el panorama es apasionante; humanamente es desolador y triste.


Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge. Nuevas formas de organización social, nuevas escalas de valores, nuevas y diferentes relaciones con la naturaleza, nuevas ciencias, saberes y disciplinas, en fin, nuevas formas de organización económica y de formas y estilos de vida aparecen, por lo pronto a escala local y regional, pero se van entretejiendo de formas sutiles y rizomáticas. Al destino fatídico de esa civilización que es Occidente —la tierra del sol poniente—, lo acompañan nuevas, sorprendentes y muy positivas y favorables formas de vida, comprensión y explicación del mundo y de la naturaleza. Contra el desamparo y milenarismo, contra el pesimismo y la desolación una nueva civilización brota ante nuestros ojos. No está siendo construida. Mucho mejor aún, está siendo sembrada.

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El ser humano ha destruido ya el 46% de la masa forestal del planeta

Un equipo de investigación de más de 15 países ha estimado en tres billones la cifra de árboles en el planeta. La tasa de pérdida debido a la deforestación y la actividad humana es de 15.000 millones de árboles cada año.


Hasta ahora, la estimación global de bosques se obtenía a partir de imágenes por satélite de las áreas forestales, pero la información que se generaba no era del todo precisa. Por esta razón, un grupo de investigación internacional decidió crear un mapa de la distribución mundial de los árboles por kilómetro cuadrado.

El estudio, que se publica esta semana en Nature, revela que sobre la Tierra existen tres billones de árboles, lo que supone 422 árboles por persona, una cantidad ocho veces superior a los cálculos anteriores (61 árboles por persona). Sin embargo, a pesar de esta cifra, el número total de árboles ha caído en un 46% desde el comienzo de la civilización humana.

Además, en la actualidad, "la tasa de pérdida forestal –provocada por la deforestación, el cambio en el uso de la tierra y la gestión forestal– es de 15.000 millones de árboles cada año", advierte Thomas Crowther, autor principal del trabajo e investigador en el Yale School of Forestry & Environmental Studies de la Universidad de Yale (EE UU).


"Esto repercute en la concentraciones de carbono de la atmósfera, así como en los miles de otros servicios que proporcionan los bosques", añade con preocupación el científico que subraya que la densidad de árboles disminuye cuando aumenta la población humana.

Los resultados de la investigación indican que el número de árboles en el mundo varía en función de la actividad humana. Para los investigadores, el impacto negativo del ser humano en los ecosistemas naturales es claramente visible en pequeñas áreas, como demuestra el nuevo mapa. Las decisiones históricas del uso de la tierra han dado forma a los entornos actuales.

Con la nueva distribución, obtenida a partir de imágenes por satélite, inventarios forestales a pie de campo, y tecnologías de supercomputación, el equipo en el que han participado 15 países describe el estado actual de los bosques mundial para que científicos, ecologistas y políticos lo entiendan y tomen medidas. "Pero no hemos descubierto ningún otro posible sumidero de carbono", asegura Crowther.


Los bosques boreales, los de mayor densidad


Para lograr un cálculo más preciso, los científicos usaron casi medio millón de estimaciones de la densidad de árboles obtenidas a partir de personas que los contaban a pie de campo. A esto añadieron las características medioambientales (temperatura, humedad, estado del suelo y nivel de actividad humana) y la información de densidad de 400.000 terrenos forestales.


"Si el número de árboles aumenta en zonas húmedas, podemos empezar a predecir cuántos árboles están relacionados con la humedad en esa área", indica el investigador estadounidense. El mapa les ha permitido así obtener la distribución de los árboles que varía en función de cada paisaje.

Según el trabajo, las masas forestales con mayor densidad de árboles son los bosques boreales de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y Norteamérica. Pero las mayores áreas forestales se encuentran, con diferencia, en los trópicos, donde habitan cerca del 43% de los árboles de todo el mundo. Solo el 24% está en las regiones boreales y el 22% en las zonas templadas.

Para Crowther, el mapa también representa una distribución de la estructura de los ecosistemas. "Aporta información sobre las áreas donde viven diferentes plantas y animales, y dice cuánto carbono se almacena en esas áreas", comenta Crowther. En definitiva, el estudio muestra los esfuerzos que aún quedan por hacer para recuperar los bosques.

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