Sábado, 25 Mayo 2013 12:05

¡Detengamos la locomotora minera!

¡Detengamos la locomotora minera!

Los hechos se precipitan velozmente, no han pasado cuatro meses desde el derrame de carbón de la Drummond en la Bahía de Santa Marta1 y ya el país se retuerce hastiado con los abusos de las transnacionales mineras. Por estos días la Contraloría General de la República ha saltado a la palestra lanzando el libro “Minería en Colombia – Fundamentos para superar el modelo extractivista”. Ha propuesto además que se revoque el arreglo de prórroga del contrato de Cerromatoso y pide que se investigue a los ministros responsables de dejar vencer el término fijado por la Corte Constitucional para presentar al Congreso un nuevo Código de Minas, ante la inconstitucionalidad de la Ley 1382 de 2010, que lo modificaba por haber omitido la consulta previa con los pueblos indígenas. Hace solo dos meses la protesta contra la minería en el páramo de Santurban se tomaba nuevamente las calles de Bucaramanga; en Tabio la comunidad logró que se cerrara una gravillera… la enumeración de los hechos se hace interminable.

 

Los minerales colombianos en la mira de las transnacionales

 

En la época del final del petróleo barato y en el pico o cenit de varios de los minerales para la producción industrial, un frenesí minero recorre al mundo. No es de extrañar entonces que el territorio colombiano, rico en estos recursos, esté en la mira de las compañías en su inmensa mayoría transnacionales que se dedican a la extracción, transporte y comercialización de los mismos.

 

Si bien Colombia ha sido un país minero desde la colonia española, aunque el peso de la minería no ha sido constante en la economía del país, las actuales formas de extracción con tecnologías altamente destructoras como la denominada “minería a cielo abierto”, constituyen la mayor amenaza sobre la frágil ecología de su territorio. Si los páramos del país son destruidos o fuertemente afectados, el ciclo hidrológico se estropeará para siempre, más cuando la deforestación a que ha sido sometida la zona andina ya constituye un problema mayor (como se puso de presente en las recientes inundaciones de 2010 – 2011), mostrando la aceleración inusitada de la escorrentía y la sedimentación del Magdalena y el Cauca, los desagües naturales del sistema andino.

 

Se destruyen los ecosistemas a cambio de muy poco

 

Los riesgos brevemente expuestos serían argumento suficiente para abandonar la locomotora minera. Sin embargo la profunda alteración que ella está generando –y generará en el futuro próximo– sobre los frágiles ecosistemas colombianos es más grave pues cercenará en definitiva la posibilidad de otro tipo de desarrollo para el país. En efecto, la pérdida de la biodiversidad y los suelos aptos para la agricultura, son irreparables. Quien quiera comprobarlo no tiene sino que mirar lo que ha pasado en el departamento del Cesar, convertido en un inmenso hueco y depósito de desechos de la minería del carbón que explota la Drummond contaminando también el mar, como ya se anotó.

 

Otro aspecto a tener en cuenta es que Colombia entrega sus recursos mineros a cambio de muy poco. Mientras otros países suramericanos han mejorado no solo el control directo sobre tales recursos sino las regalías y otras condiciones del negocio, los anteriores gobiernos, y el actual, facilitan al máximo la explotación de aquellos con regalías exiguas y todo tipo de ventajas tributarias para las empresas extractoras.

 

Esta desregulación y flexibilización ha conducido a un conjunto de irregularidades, sintetizadas por la experta Tatiana Rodríguez Maldonado, de Censat - Amigos de la Tierra de la siguiente manera:

 

Superposición de títulos mineros en áreas de páramos, parques naturales y otras zonas protegidas. Buena parte de las cuencas abastecedoras de agua se encuentran tituladas para la minería. Lo anterior va en contra del derecho fundamental al agua y de la destinación prioritaria del líquido al consumo humano.

 

La piñata de títulos y solicitudes para minería está concentrada principalmente en dos minerales, el carbón y el oro. El primero está destinado a la generación eléctrica, donde se constituye en uno de los principales motivos del cambio climático. El segundo es un bien completamente suntuario que para ser extraído requiere del uso de sustancias tóxicas como el cianuro, que fue prohibido por el Parlamento Europeo en el viejo continente2.

 

La cifra que recibe anualmente el país por concepto de regalías es tan irrisoria, que es menor incluso que la que se percibe por canón superficiario. Así, en 2009 se recaudaron 1,9 billones de pesos por regalías, mientras que solamente el canón superficiario debió ser de 2,8 billones de pesos.

 

A octubre de 2009, diecinueve resguardos indígenas se encontraban titulados para minería en más del 90% de su área.

 

La campaña por una moratoria de la explotación minera

 

El problema sin embargo es: ¿Qué hacer? ¿Cómo se moviliza la sociedad civil para frenar la máquina de destrucción que se ha instalado en el país con la complicidad del Gobierno “Nacional”?

 

En su libro, “Políticas mineras en Colombia”3, el geólogo Julio Fierro Morales, propone una moratoria en el país a la actividad minera hasta que se den unas condiciones que garanticen el menor impacto posible, excluyendo ecosistemas esenciales para el ciclo del agua y la biodiversidad. y posibilitando una real y efectiva regulación de la actividad.

 

Esta iniciativa está siendo retomada por organizaciones sociales como la Organización Nacional Indígena de Colombia –Onic–, Sintraemsdes, y ambientalistas como Unión Libre Ambiental, Censat–Agua Viva, el Grupo Semillas y organizaciones que promueven la paz como desde abajo e Indepaz, entre otras.

 

La meta es recoger por lo menos cien mil firmas de apoyo a los doce puntos que aparecen en el recuadro. Dichas firmas se entregarán a los máximos representantes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, a fin de que se pronuncien sobre el clamor ciudadano que expresan los firmantes, esperando que las organizaciones sociales y populares hagan propia esta iniciativa y la desarrollen por los más novedosos e insospechados caminos.

 

Por Rafael Colmenares, miembro de Unión Libre Ambiental.


1 Véase “Drummond y las debilidades de la gestión costera”, en Razón Pública, 18 de Febrero de 2013.
2 Resolución de la Unión Europea, adoptada el 5 de mayo de 2010.
3 Julio Fierro Morales, “Políticas mineras en Colombia”, ILSA, Febrero de 2012.


 

Recuadro

 

Firma en www.moratoriaminera.org para qué:

 

  1. Se revisen, por una comisión independiente y no gubernamental, los títulos mineros y licencias ambientales expedidas hasta hoy, y se revoquen o anulen los que violen la Constitución, la Ley o causen grave daño al agua, al ambiente o a la salud humana.
  2. Se excluyan de cualquier actividad minera los ecosistemas estratégicos, terrestres y marinos, especialmente los esenciales para el ciclo del agua, la soberanía alimentaria, los territorios de comunidades étnicas, las áreas protegidas, los perímetros urbanos y los suelos de protección y expansión urbana.
  3. Se prohíba el uso del cianuro y cualquier otro agente altamente tóxico utilizado en la actividad minera.
  4. Se garantice que el transporte terrestre, marítimo y fluvial de los minerales extraídos sea seguro para los seres humanos y el ambiente.
  5. Se reforme el Código de Minas, eliminando el carácter de actividad de utilidad pública y de interés social que actualmente tiene la minería, para que prevalezcan sobre la normativa minera los principios constitucionales y legales ambientales, los de autonomía territorial étnica, así como los derechos de los propietarios o poseedores de la tierra sobre las concesiones del subsuelo.
  6. La expedición de títulos mineros y licencias ambientales quede sometida a la revisión y decisión de una comisión independiente, con participación de la sociedad civil.
  7. Se respete la autonomía municipal para excluir la actividad minera en el territorio del municipio que así lo decida.
  8. Se garanticen y respeten los derechos laborales, la salud y la seguridad de los trabajadores de la minería.
  9. Se den garantías para que la pequeña minería se realice con respeto al ambiente y la salud de los mineros y las comunidades y, cuando esto no sea posible, se apoye la reconversión del pequeño minero y el minero artesanal a otra actividad tanto o más productiva.
  10. Se modifiquen la política y los porcentajes de regalías desventajosas que recibe el Estado por las concesiones mineras y se eliminen los incentivos tributarios y prerrogativas que tienen las actividades mineras por encima de las demás actividades económicas.
  11. Se garanticen los procesos adecuados de consulta previa con pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas en sus territorios y conforme a sus sistemas de derecho y gobierno propios.
  12. Se declare la emergencia ecológica para adoptar con prontitud las medidas que correspondan a los puntos anteriores.
Publicado enEdición 191
Miércoles, 22 Mayo 2013 06:40

Yasunizar el mundo

Yasunizar el mundo

Cuando Svante Arrhenius, químico sueco y premio Nobel, publicó los primeros ar­tículos sobre el cambio climático en 1896, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 300 partes por millón (ppm). Está ahora llegando a 400 y subiendo 2 ppm al año. Arrhenius anunció que al quemar carbón que estaba bajo tierra, los países industrializados estaban poniendo más y más dióxido de carbono en la atmósfera y que esto haría aumentar las temperaturas. Él no podía saber que en el siglo XX la quema de carbón aumentaría siete veces mundialmente ni que al carbón se añadiría la quema de mucho más petróleo y gas natural. Además de los efectos de la deforestación.

 

Lo que ocurre es que la nueva vegetación y los océanos no absorben todo el dióxido de carbono que produce la economía humana. Los combustibles fósiles son como fotosíntesis embotellada hace millones de años. Los sacamos, los “descorchamos” y los quemamos con demasiada rapidez. El aumento del efecto invernadero (así le llamó ya Arrhenius) será más y más rápido.

 

Es, pues, razonable la propuesta de dejar bajo tierra una parte del petróleo, del carbón y del gas. Debemos disminuir a la mitad la velocidad de extracción de los combustibles fósiles. Esta propuesta viene de lugares donde la extracción de petróleo, carbón o gas está haciendo mucho daño. Por ejemplo, la Amazonia de Ecuador y de Perú o el delta del Níger. En México, el petróleo ha dañado el ambiente en Tabasco y en Campeche y la BP causó en el Golfo de México un gran derrame en 2010. Pero también hay desastres por la minería de carbón en Colombia, China e India y por la extracción de las arenas bituminosas de Canadá.

 

En Ecuador, en la mitad del mundo, la organización Acción Ecológica propuso en 2006 dejar en tierra 850 millones de barriles de petróleo de los pozos ITT (Ishpingo, Tiputini, Tambococha) sitos en el Parque Nacional Yasuní, en la frontera con Perú. La propuesta fue aceptada por el entonces ministro de Energía y Minas, Alberto Acosta, y también la hizo suya a regañadientes el presidente Rafael Correa. Se añadió una cláusula. Ecuador se sacrificaba económicamente por bien propio y de la humanidad, dejaba de extraer petróleo que al quemarlo produciría 410 millones de toneladas de dióxido de carbono, conservaba la incomparable biodiversidad local, respetaba los derechos indígenas. Pero pedía una contribución exterior equivalente aproximadamente a la mitad del dinero que dejaría de ganar, unos 3 mil 600 millones de dólares en total, que fueran llegando a lo largo de 10 o 12 años. Estas contribuciones serían depositadas en un fideicomiso con administración conjunta del PNUD, constituido el 3 de agosto de 2010. La oferta está en pie, el dinero llega lentamente, el presidente Correa amenaza con un plan B de extracción de petróleo en algunos de los pozos protegidos. Correa no es ecologista, pero ha defendido en foros internacionales la propuesta Yasuní. Pero amenaza ahora con correr los límites del Parque Nacional Yasuní en junio de 2013.

 


La idea de dejar el petróleo en tierra se ha difundido. En el delta del Níger, algunos hablan de “ogonizar” más que de “yasunizar” porque los ogoni, después de 1995 y la muerte de Ken Saro-Wiwa, consiguieron expulsar durante muchos años a la Shell. Dicen allí, leave oil in the soil. En otros lugares añaden: leave coal in the hole, leave gas under the grass, planteando propuestas similares a la de Ecuador. Tanto es así, que Acción Ecológica escribió a la Real Academia Española para que ponga la palabra “yasunizar” en el diccionario.

 

En Guatemala se ha propuesto no extraer el petróleo de la Laguna del Tigre, un sitio Ramsar en el Petén (un humedal catalogado internacionalmente). En las islas de San Andrés y Providencia, de Colombia (cercanas a Nicaragua), se ha decidido oficialmente dejar el petróleo en el subsuelo haciendo caso de las protestas locales. En la distante Nueva Zelanda, quienes se oponen a la bestial extracción de lignito a cielo abierto, conocen la palabra “yasunizar”. Lo mismo sucede en Quebec, en Francia, en Bulgaria, en el País Vasco, donde se ha logrado de momento parar la extracción de gas de esquisto que puede perjudicar la capa freática, argumentando que si el petróleo del Yasuni ITT se queda en tierra, ¿por qué no puede seguirse la misma doctrina en esos otros lugares? Hasta en las islas Lofoten, en Noruega, se propone dejar el petróleo y el gas bajo el fondo del mar.

 

Hay razones locales y razones globales (de cambio climático) para yasunizar el mundo.

 

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Un estudio augura catástrofes naturales causadas por el cambio climático

Aunque es poco probable que se cumplan los augurios más catastrofistas sobre el calentamiento global, según un estudio, la investigación prevé que se doble el aumento de la temperatura que los expertos consideran como límite seguro. Según los investigadores de la Universidad de Oxford, la temperatura se situará 4 grados por encima de la registrada antes de la Revolución Industrial si se toma en cuenta el crecimiento de los últimos diez años, es decir, dos grados más de los que garantizarían estabilidad climática al planeta, según los expertos.


 
El equipo internacional de científicos de la Universidad de Oxford asegura que esta situación provoca catástrofes en grandes zonas de la Tierra, causando sequías, tormentas, inundaciones y olas de calor, con efectos drásticos en la producción agrícola y sus consecuencias secundarias, como la migración masiva.
 


Los escépticos con el cambio climático apuntan a que, como la temperatura media anual más alta de la historia se registró en 1998, el calentamiento global está parado. El estudio, publicado en Nature Geoscience, muestra que sería necesaria una “pausa” más larga para poder sugerir que el planeta no se está calentando a una velocidad elevada.
 


Alexander Otto, de la Universidad de Oxford y autor de la investigación, ha declarado a The Guardian que hay muchos factores del cambio climático que no se pueden incluir en los modelos que manejan los climatólogos. Según el climatólogo, una gran parte del calentamiento reciente ha sido absorbido por los océanos, pero que no tardará en volver al aire ya que la expansión termal de los océanos es uno de los factores principales que asoman detrás del aumento del nivel del mar.


 
En 1998 se registró la temperatura media global más elevada desde que existen registros a causa de los efectos de El Niño, un sistema climático del sur del Pacífico basado en fuertes tormentas y temperaturas elevadas, combinados con los de La Niña, más suaves. Desde entonces, las temperaturas de la superficie terrestre han mostrado una clara tendencia a aumentar por encima de las medias a largo plazo –los 10 años más cálidos registrados han tenido lugar desde 1998-, pese a que los escépticos aseguran que el hecho de que no se haya vuelto a alcanzar el máximo de ese año, supone un parón en el calentamiento global.


 
Otto ha asegurado que las muestras más recientes no se pueden tomar como una evidencia de que el cambio climático se ha detenido. “Dado el ruido en el sistema climático y de temperaturas, sería necesario ver un período más largo para poder sacar la conclusión de que el calentamiento global no está sucediendo”, ha dicho. Se trataría de un registro de las temperaturas durante un lapso de 40 años.
 


Según Otto, el estudio demuestra que los modelos con los que están trabajando los científicos son “bastante precisos”. Está previsto que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU publique un estudio global sobre la evolución de este tema en septiembre. El primero salió a la luz en 2007 y es la referencia de todos los estudiosos.


 
Jochem Marotzke, profesor del Instituto de Meteorología Max Planck de Hamburg y coautor de la investigación, ha declarado: “Es muy importante no sobreinterpretar una sola década, dado lo que sabemos y lo que no sabemos sobre la variación natural del clima. Durante la última década, el mundo ha continuado a calentarse, pero el calentamiento está sobre todo en las capas submarinas, más que en la superficie”.


 
Otros investigadores también han alertado de que no se deriva mucho consuelo de las nuevas estimaciones –las emisiones de gases con efecto invernadero están aumentando a un ritmo superior al previsto para este momento del siglo XXI y seguirá creciendo. En consecuencia, las previsiones de calentamiento también tienen que elevarse.

 


Por Fiona Harvey Londres 20 MAY 2013 - 14:37 CET


 
© The Guardian

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Biohackers: la contaminación transgénica es buena para usted

Se llaman a sí mismos biohackers, pretendiendo dar un tono positivo a sus experimentos de manipulación genética. Presentan como una “libertad civil” que cualquiera que se compre un sintetizador de ADN (apenas un poco más grande y de precio similar al de una computadora) arme sus propios transgénicos en casa, comprando secuencias de ADN hechas con biología sintética y usando mapas genómicos que están en Internet. Al igual que con una computadora, no es necesario ser programador, ingeniero o biólogo para usar un sintetizador, ni social o ecológicamente responsable de lo que con ello se produzca.

 

Un ejemplo reciente es el de un pequeño equipo de científicos y empresarios de biotecnología en California, que están vendiendo por Internet semillas de plantas manipuladas con biología sintética para ser fluorescentes. Para financiar su proyecto, lo publicaron en el portal electrónico Kickstarter, una plataforma que comenzó como una vía de financiar artistas con pequeñas contribuciones de muchas personas, pero que parece haberse convertido en un negocio para sus promotores, cuyos criterios éticos no incluyen detener la venta y diseminación arbitraria de seres vivos transgénicos.

 

No es la primera vez que se hacen plantas o animales transgénicos para ser fluorescentes, pero sí es la primera vez que se financian y venden masivamente a través de la red electrónica para su siembra sin control en el medio ambiente. Además, usando biología sintética, una tecnología de ingeniería genética extrema, que está bajo escrutinio en Naciones Unidas, por sus riesgos potenciales y el vacío regulatorio sobre ésta.

 

Los promotores del proyecto, unos cuantos científicos algo trasnochados –incluidos biohackers, defensores de trans-humanismo y otros mitos de dudosa ética– venden su proyecto como “alternativa a la luz eléctrica”, afirmando que se podrían usar plantas fluorescentes para iluminar, cínicamente llamando “sustentable” este riesgoso experimento biológico.

 

En letra pequeña al fin del proyecto aclaran que la luz producida sería similar a la pintura que brilla en la oscuridad –o sea de ninguna forma una alternativa energética– y obvian decir que los impactos ecológicos y cualquier otro de la siembra indiscriminada de semillas manipuladas son, por decir lo menos, totalmente inciertos, ya que nunca se ha hecho algo así a tal escala. La planta que pretenden manipular y vender en semillas, es una hierba invasora, la crucífera Arabidopsis thaliana, una especie de ratón de laboratorio de los trabajan en genética de plantas.

 

En realidad el proyecto es vacuo e inútil –salvo para quienes crean que es divertido tener en su jardín una planta forzada a ser fluorescente contra-natura, o manipular seres vivos sin ninguna responsabilidad ética ni ambiental.

 


Pero al parecer en Estados Unidos hay unos cuantos con esa cultura de consumo de basura inútil. O quizá se tragaron que es una alternativa “natural” a la electricidad, como mienten sus promotores. Como sea, el proyecto consiguió más de 5 mil compradores que han pagado 40 dólares o más, para recibir un paquete de semillas manipuladas y plantar malezas transgénicas al aire libre. Los encargados del proyecto buscaron un vacío en las regulaciones de plantas transgénicas de ese país, que están aprovechando intencionalmente para su negocio.

 

Ante esto, el grupo ETC y Amigos de la Tierra de Estados Unidos, parte de 111 organizaciones civiles que están exigiendo una moratoria inmediata a la biología sintética, enviaron una carta a las autoridades de Estados Unidos, así como a Kickstarter y a los proponentes del proyecto, señalando los riesgos de la liberación ambiental de productos de la biología sintética, los vacíos regulatorios al respecto, y demandando la cancelación del proyecto.

 

Se podría ver esto como un mal chiste –sin duda, es mucho peor la amenaza de liberación comercial de maíz transgénico en México, aunque esté “regulado”–, pero se trata de algo grave, porque pretende sentar un precedente de liberación sin control de plantas transgénicas con biología sintética. El proyecto ha recibido mucho más dinero del que esperaban y ya han escalado a ofrecer rosas fluorescentes. Además de semillas, ofrecen por 500 dólares enviarle su nombre traducido a ADN en un tubo de ensayo. O por 10 mil dólares, insertar su nombre en el ADN de la planta. ¿Qué seguirá si dejamos continuar a estos “genios” que escaparon del tubo de ensayo?

 

La biología sintética –la creación en laboratorio de secuencias genéticas y hasta el ADN completo de microorganismos vivos– supera los riesgos de la ingeniería genética: es como transgénicos con esteroides. Permite crear funciones totalmente nuevas en organismos vivos, para procesar cualquier fuente de carbohidratos y derivarlos en productos de alto valor comercial, desde combustibles, forrajes y plásticos hasta principios farmacéuticos, fragancias y saborizantes. Por ello seis de las 10 mayores corporaciones petroleras globales, seis de las 10 mayores de agronegocios, seis de las 10 mayores químicas y siete de las 10 mayores farmacéuticas invierten en biología sintética.

 

Aunque lo quieren presentar como un pequeño proyecto, los intereses corporativos para lograr que no haya controles de esta tecnología son enormes y esta iniciativa sin duda los favorece. Por ello es fundamental manifestarse en su contra. En los próximos días podrán unirse a una campaña para frenar esta nueva forma de contaminación biológica. Más información en www.etcgroup.org/kickstopper.

 

Por  Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Calentamiento global podría echar millones en algunos bolsillos

Muchos miran hacia el Ártico, algunos con horror ante los efectos del calentamiento global, sin embargo, otros anticipando con ansiedad los recursos sin explotar que yacen bajo la nieve y el hielo que se derrite paulatinamente.
 


“He trabajado en el norte durante 21 años, y la escala y la velocidad del cambio que se produce allí es asombrosa”, dijo Douglas Clark, de la canadiense Universidad de Saskatchewan.


 
“Estos cambios, tomados en su totalidad y reflejados en nuestro informe, me impiden dormir por las noches”, alertó a IPS.


 
Cambios rápidos e incluso abruptos ocurren en múltiples frentes del Ártico, según el Arctic Resilience Report (ARR, o Informe de Resiliencia del Ártico). Y lo que ocurre en el Ártico no se queda allí.


 
“Este es el primer informe internacional en decirle al mundo que se ajuste el cinturón de seguridad: estamos en una montaña rusa salvaje y no sabemos qué vendrá”, dijo Clark.
 


El ARR implicó un esfuerzo de dos años de colaboración entre expertos de los países nórdicos, más Rusia, Canadá y Estados Unidos, e incluye perspectivas indígenas. Se trata de una sofisticada evaluación de cómo interactúan los cambios en el clima, los ecosistemas, la economía y la sociedad.


El informe fue divulgado este miércoles 16 en la Reunión Ministerial del Consejo del Ártico en Kiruna, Suecia.


 
“Lo que ocurre en el Ártico tiene profundas implicaciones para todas las partes del mundo”, dijo Sarah Cornell, autora principal del estudio.


 
El recalentamiento planetario no solo está derritiendo la nieve y el hielo. También está calentando el océano Ártico y las tierras que lo rodean. Las estaciones están cambiando, el permafrost se está fundiendo, hay invasión de nuevas especies y las autóctonas se esfuerzan por sobrevivir, los lagos están desapareciendo y los ríos son redirigidos por el paisaje que se derrite, documenta el informe.


 
Algunos ecosistemas del Ártico atraviesan modificaciones catastróficas, algunos de los cuales son de gran escala e irreversibles, dijo a IPS la científica Cornell, del Centro de Resiliencia de Estocolmo.
 


Aunque para muchas personas el Ártico está tan lejos como la luna, está íntimamente interconectado con el resto del mundo.


 
“Los pueblos del Ártico no necesariamente se oponen al desarrollo económico, pero quieren estar en control de lo que ocurra”


 
El estado del tiempo está pautado ampliamente por las frías regiones ártica y antártica, equilibrado por los trópicos calientes.


 
Pero el Ártico se está derritiendo rápidamente. El pasado verano boreal, el hielo marino se redujo a la mitad de lo que era hace menos de 30 años y sigue en declive acelerado.


 
“Esto tiene y tendrá consecuencias espectaculares para el resto del mundo. No sabemos cuáles serán todas ellas”, dijo Cornell.


 
En el Ártico viven culturas y especies que no se hallan en ninguna otra parte y que tampoco pueden trasladarse más al norte para escapar del aumento de las temperaturas. Deben hacer un real esfuerzo por sobrevivir, dijo Tero Mustonen, presidente de la Cooperativa Snowchange, una red de culturas indígenas de todo el mundo.


 
“El Ártico está atravesando cambios fundamentales. Los alces están apareciendo por primera vez en la tundra, junto con nuevos insectos, plantas e incluso árboles”, dijo Mustonen a IPS desde su casa en el norte de Finlandia.


 
Mustonen, coautor del ARR, trabaja con comunidades chukchi de pastores de renos del nororiente de Siberia que han deambulado por esas tierras apartadas durante varios siglos.


 
Como muchas comunidades indígenas que viven en la tierra, poseen una profunda conexión ecológica, cultural y espiritual con su paisaje. Y ese paisaje está cambiando tanto que a veces no reconocen su propio hogar, señaló.


 
“Los chukchi no comparten fácilmente sus pensamientos. Pero los ancianos tienen un mensaje claro y poderoso que transmitir al mundo: ‘La naturaleza ya no confía en los seres humanos’”, planteó.


 
Sin embargo, las ocho naciones del Consejo del Ártico se centraron principalmente en futuras oportunidades de transporte marítimo, acceso a petróleo, gas y recursos minerales, y geopolítica. A China, Japón, India, Corea del Sur, Singapur e Italia les concedieron estatus de observadores, mientras que Canadá bloqueó la postulación de la Unión Europea.


 
El Consejo es el principal foro internacioal sobre asuntos del norte, y en los próximos dos años será liderado por Canadá, que dijo se centrará en el desarrollo económico.


 
Según algunas estimaciones, la región puede tener 13 por ciento del petróleo aún no descubierto del mundo, así como 30 por ciento de los depósitos no descubiertos de gas, y vastas cantidades de recursos minerales.


 
Las muy elogiadas investigaciones científicas del Consejo ahora se centrarán en cómo desarrollar los recursos del norte para beneficio de los habitantes de esa parte del mundo.


 
En los últimos tiempos, Canadá generó críticas por redirigir sus propias investigaciones científicas para apoyar a las empresas y a la industria.


 
El secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, John Kerry, representó a su país en el Consejo del Ártico, manifestando así el renovado interés en la zona de Washington, que también divulgó su nueva Estrategia Nacional para la Región del Ártico.


 
Aunque reconoce los impactos profundos del recalentamiento planetario sobre la región y sobre la población originaria, la Estrategia sostiene que la zona ayudará a cubrir las necesidades energéticas de Estados Unidos en el futuro.


 
En la reunión, los miembros adoptaron un acuerdo sobre preparación para la contaminación marina con petróleo. Algunas organizaciones indígenas y ambientalistas urgieron al Consejo a imponer una moratoria a las perforaciones en busca de crudo en el Ártico, dadas las peligrosas condiciones y las dificultades que implican las tareas de limpieza.


 
Según Greenpeace Internacional, ese acuerdo no ofrece ningún estándar mínimo, específico y práctico, y tampoco contiene disposiciones para que las empresas se hagan responsables de todos los costos y daños causados.


 
“Aquí hubo dos conferencias: una que advirtió sobre los peligros del cambio climático y la rápida industrialización en esta frágil región, y otra, a la que asistieron ministros de Relaciones Exteriores, que prácticamente no tomó medidas concretas para abordarlos”, dijo Ruth Davis, asesora de políticas en Greenpeace Internacional.


 
Los pueblos del Ártico no necesariamente se oponen al desarrollo económico, pero quieren estar en control de lo que ocurra. Sin embargo, las naciones árticas y las comunidades locales están en etapas muy diferentes. En Finlandia y Rusia, los pueblos originarios no tienen derechos oficiales sobre la tierra o el agua, a diferencia de Canadá o Alaska, dijo Mustonen.


 
Según él, “los derechos y las culturas de los pueblos indígenas en estas regiones tienen que tomarse en serio a fin de integrar su necesidades en cualquier forma de desarrollo”.


 
(Con información de IPS)

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¿Comer insectos para acabar con el hambre?

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, ha publicado esta semana un informe que ha despertado cierto revuelo: Insectos comestibles. Perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación, y donde recomienda el consumo de insectos para dar de comer a un número cada vez mayor de personas. Pero, ¿acabar con el hambre en el mundo pasa por empezar a consumir insectos o hacer accesible la comida a la gente? Yo me decanto por la segunda opción.


 
No tengo nada en contra el consumo de “bichos”, que en otras latitudes está plenamente extendido. Según la FAO, hoy en el planeta al menos dos mil millones de personas los ingieren regularmente: escarabajos, orugas, abejas, hormigas, saltamontes, langostas y un largo etcétera. Un total de 1.900 especies que se comen en países de África, Asia y, también, América Latina. Y, según dicho informe tienen un alto contenido en proteínas, materias grasas y minerales. Aquí, pero, la sola idea de llevarnos a la boca dichos insectos no nos produce sino asco.


 
Las tertulias y debates que estos días han girado alrededor de la propuesta de la FAO en medios de comunicación variopintos, lo han hecho con una clara mirada etnocéntrica de lo que comemos. Asociando el consumo de insectos a un comportamiento primitivo, como si nosotros tuviésemos la verdad absoluta sobre qué se puede y qué no se puede comer. Me pregunto, ¿qué pensarán en otros países de los caracoles en salsa, del conejo asado o, para rizar el rizo, de la paella de arroz y conejo con caracoles? Creo que más de un centro europeo no aguantaría ni dos minutos en la mesa, imaginando su conejo mascota cocinado como un bistec y rodeado de moluscos babosos.


 
Pero, más allá de consideraciones culturales, creo que el problema del hambre tiene que abordarse desde otra perspectiva. No se trata, como solución mágica, de apostar por la ingesta de insectos, independientemente de las virtudes nutritivas que estos puedan tener, sino el quid de la cuestión está en preguntarnos cómo en un mundo de la abundancia de alimentos hay tantas personas que no tienen qué comer. Hoy el problema del hambre no radica en la producción sino en la distribución. No se trata de producir más, o buscar nuevos comestibles, sino de distribuir aquellos que ya existen y hacerlos accesibles a la gente.


 
Según la FAO, en la actualidad, se cultiva suficiente como para alimentar a 12 mil millones de personas, y en planeta somos 7 mil millones. Hay comida. El problema radica en manos de quién está. Los alimentos se han convertido en un instrumento de negocio por parte de unas pocas multinacionales de la agroindustria, que priorizan sus intereses empresariales a las necesidades alimentarias de las personas. De este modo, si no tienes dinero para pagar el precio cada día más caro de la comida o acceso a los medios de producción, como tierra, agua y semillas, no comes.


 
Acabar con el hambre pasa por exigir justicia y democracia en las políticas agrícolas y alimentarias. Y devolver a los pueblos la soberanía alimentaria, la capacidad de decidir sobre qué y cómo se produce, distribuye y se consume. Anteponer derechos a privilegios. Y apostar por otro modelo de agricultura y alimentación: de proximidad, campesina, agroecológica… Sólo así todo el mundo podrá comer.

 

18 may 2013

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Es hora de que los Grandes Verdes se vuelvan libres de fósiles

El movimiento que demanda que las instituciones de interés público desinviertan en combustibles fósiles está en plena actividad. La última vez que las contaron había campañas activas de desinversión en 305 campus en más de 100 ciudades estadunidenses. La demanda también llegó a Canadá, Australia, Holanda y Gran Bretaña.

 

Y a pesar de que oficialmente se lanzó hace seis meses, el movimiento ya cuenta con algunas victorias: cuatro colegios estadunidenses anunciaron su intención de desinvertir lo que poseen en acciones y bonos en combustibles fósiles, y a finales de abril 10 ciudades estadunidenses hicieron promesas parecidas, incluyendo a San Francisco (Seattle se unió hace meses).

 

Aún hay muchos detalles que tienen que ser trabajados para afianzar estos compromisos, pero la velocidad con la cual esta idea se ha esparcido deja claro que había mucha demanda contenida. Cito la declaración de la misión del movimiento Libre de Fósiles: "Si está mal arruinar el clima, entonces está mal lucrar con esos destrozos. Creemos que las instituciones religiosas y educativas, los gobiernos locales y estatales, y otras instituciones que sirven al interés público, deberían desinvertir de los combustibles fósiles". Estoy orgullosa de haber sido parte del grupo 350.org (http://350.org/) que trabajó con estudiantes y otros compañeros para desarrollar la campaña Libre de Fósiles. Pero ahora me doy cuenta de que falta una meta importante en la lista: las propias organizaciones defensoras del medio ambiente.

 

La omisión es comprensible. Los grupos verdes recaudan montones de dinero cada año, bajo el compromiso de que los fondos se destinarán a intentar prevenir un calentamiento global catastrófico. En cambio, las compañías de combustibles fósiles hacen todo lo posible para que sea inevitable la catástrofe. Uno pensaría que los grupos verdes querrían estar seguros de que el dinero que recaudan para salvar el planeta no es invertido en las compañías cuyo modelo de negocios requiere cocinar dicho planeta y que han saboteado todos los intentos por realizar una seria acción climática durante más de dos décadas.

 

Pero al menos en algunos casos esa es una suposición falsa. Quizá no debería ser una completa sorpresa, ya que algunas de las más poderosas y ricas organizaciones ambientalistas se han comportado durante mucho tiempo como si tuvieran intereses en la industria petrolera y del gas. Llevaron al movimiento climático a varios callejones sin salida: mercado del carbono, mecanismos de compensación de carbono, el gas natural como "combustible que sirva de puente". Lo que todas estas políticas tenían en común es que creaban la ilusión de progreso mientras permitían que las compañías de combustibles fósiles siguieran minando, taladrando y fracking sin control. Siempre supimos que los grupos que más promovían estas soluciones falsas recibían donaciones de y formaban sociedades empresariales con los grandes emisores. Pero argumentaban que era un intento, un compromiso constructivo, por usar el poder del mercado para corregir las fallas del mercado.

 

Ahora resulta que algunos de estos grupos hacen más que sólo tomar dinero de los combustibles fósiles. Son, literalmente, dueños parciales de la industria que provoca la crisis que supuestamente intentan resolver. Y el dinero que los grupos verdes tienen es cosa seria. The Nature Conservancy, por ejemplo, tiene 1.4 mil millones de dólares en títulos que cotizan en la bolsa y presume que su cochinito contiene "uno de los 100 mayores fondos de donaciones en el país". The Wildlife Conservation Society tiene un fondo por 377 millones de dólares, y el del World Wildlife Fund-US (WWF-US) vale 195 millones de dólares.

 

Permítanme dejar algo claro: muchos de los grupos verdes han logrado evitar este desastre. Greenpeace, 350.org, Friends of the Earth, Rainforest Action Network y muchas otras organizaciones más pequeñas, como Oil Change International y Climate Reality Project, no invierten en el mercado bursátil. Además, no reciben donaciones de empresas o imponen tantas restricciones que las industrias de la extracción fácilmente quedan fuera. Algunos de estos grupos tienen unas cuantas acciones en combustibles fósiles, pero sólo para poder causar problemas en las reuniones de los accionistas.

 

El National Resources Defense Council está a la mitad del camino. Tiene un fondo por 118 millones de dólares y, según su equipo de contabilidad, para inversiones directas "sacamos a las industrias de la extracción, los combustibles fósiles y otras áreas del sector energético". Sin embargo, el NRDC continúa teniendo acciones en fondos de inversión que no revisan que no haya combustibles fósiles.

 

Los puristas dirán que ningún grupo verde está limpio, debido a que prácticamente todos aceptan dinero de fundaciones construidas sobre imperios de combustibles fósiles. Buen punto. Piensen en la mayor fundación de todas: la de Bill y Melinda Gates. En diciembre de 2012 tenía al menos 958.6 millones de dólares –casi mil millones de dólares– invertidos en sólo dos petroleras gigantes: ExxonMobil y BP. La hipocresía es impresionante: una importante prioridad de la Fundación Gates ha sido apoyar la investigación sobre la malaria, enfermedad íntimamente ligada al clima. Los mosquitos y los parásitos de la malaria pueden prosperar en un clima más cálido, y cada vez hay más. ¿Tiene sentido luchar contra la malaria mientras alimentas una de las razones por las cuales puede estarse propagando con mayor ferocidad en algunas zonas?

 

Por supuesto que no. Y tiene aún menos sentido recaudar dinero en nombre de la lucha contra el cambio climático sólo para luego invertirlo en, digamos, acciones de ExxonMobil. Sin embargo, eso es lo que parece que algunos grupos están haciendo.

 

Conservation International, tristemente célebre por sus sociedades con compañías petroleras y otros malos actores, tiene cerca de 22 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa y, según un portavoz, "no tenemos una política explícita que prohíba invertir en compañías energéticas". Lo mismo sucede con Ocean Conservancy, que tiene 14.4 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa, incluyendo cientos de miles en holdings de "energía", "materiales" y "empresas de servicios públicos". Un portavoz confirmó por escrito que la organización "no tiene una política de inversión que pase por un filtro ambiental o social".

 

Ninguna de las organizaciones quiso informar cuánto de lo que poseen está en compañías de combustibles fósiles. Tampoco quisieron dar a conocer una lista de sus inversiones. Pero según Dan Apfel, director ejecutivo de Responsible Endowments Coalition, a menos de que una institución diga a sus directores de inversión que no inviertan en combustibles fósiles, es casi seguro que tendrán algunas acciones, simplemente porque éstas representan cerca de 13 por ciento del mercado estadunidense, según un índice estándar. "Todos los inversionistas invierten fundamentalmente en combustibles fósiles", afirma Apfel.

 

Otro grupo que parece estar lejos de desinvertir es el Wildlife Conservation Society. Su declaración financiera para el año fiscal 2012 describe una subcategoría de inversiones que incluye "energía, minería, perforación petrolera y negocios agrícolas". ¿Cuánto del fondo por 377 millones de dólares del WCS está en las compañías energéticas y de perforación? No dio esa información, a pesar de que se le pidió en reiteradas ocasiones.

 

El WWF-US me dijo que no invierte directamente en corporaciones, pero se rehusó a responder preguntas acerca de si aplica filtros ambientales a sus cuantiosos fondos. El National Wildlife Federation Endowment antes aplicaba filtros ambientales a sus 25.7 millones de dólares invertidos en títulos que cotizan en la bolsa, pero ahora, según una vocera, le dice a sus directores de inversiones que "busque las compañías mejores en su-clase que lleven a cabo prácticas ambientalistas, de conservación y sustentables". En otras palabras, no hay una política de desinversión de combustibles fósiles.

 

Mientras tanto, The Nature Conservancy –el más rico de todos los grupos verdes– tiene al menos 22.8 millones de dólares invertidos en el sector energético, según sus declaraciones financieras de 2012. Al igual que WCS, TNC también rehusó responder mis preguntas u ofrecer más detalles sobre lo que posee o sus políticas.

 

Será un poco sorprendente que TNC no invirtiera en combustibles fósiles, dados sus otros enredos en el sector. Un pequeño ejemplo: en 2010, The Washington Post reportó que TNC "aceptó casi 10 millones de dólares en efectivo y en contribuciones de terrenos de BP y empresas afiliadas"; tiene a BP, Chevron, ExxonMobil y Shell entre los miembros de su consejo de negocios.

 

El asunto sobre la desinversión toma por sorpresa a estos grupos, porque durante décadas pudieron hacer este tipo de negocios con empresas contaminantes sin bronca alguna. Pero ahora, al parecer, las personas se hartaron de que les digan que la mejor manera de luchar contra el cambio climático es cambiando sus focos y participando en el mercado de carbono, mientras nadie molesta a los grandes contaminantes. Y están ansiosos por llevar la batalla directamente contra la industria más responsable de la crisis climática.

 

No parece que sea demasiado pedir. Si la ciudad de Seattle desinvierte, ¿no lo debería de hacer también WWF? ¿Las organizaciones ambientales no deberían estar más preocupadas acerca de los riesgos humanos y ecológicos que plantean las compañías de combustibles fósiles en vez de por algún imaginario riesgo en su portafolio de inversiones? Lo cual lleva a otra pregunta: estos grupos, ¿para qué están acumulando tanto dinero en primer lugar? Si le creen a sus propios científicos, ésta es la década crucial para revertir la tendencia, en lo que respecta al clima. ¿Acaso TNC planea construir un arca de mil millones de dólares?

 

Algunos grupos, afortunadamente, están tomando el reto. Un pequeño pero creciente movimiento dentro del mundo de los fondos empuja a las grandes fundaciones liberales a que sus inversiones sean congruentes con sus misiones, lo cual implica no más combustibles fósiles. Es hora de que las fundaciones "se responsabilicen de lo que son dueñas", dice Ellen Dorsey, directora ejecutiva de Wallace Global Fund. Según ella, su fundación, ahora está "99 por ciento libre de fósiles y habrá desinvertido por completo en 2014".

 

Pero convencer a las más grandes fundaciones de desinvertir es un proceso lento y los grupos verdes –que al menos en teoría rinden cuentas a sus integrantes– deberían ser los primeros. Algunos ya comenzaron. Sierra Club, por ejemplo, tiene ahora una clara política contra invertir en o tomar dinero de las empresas de combustibles fósiles (antes no, lo cual causó mucha controversia). Esta es una buena noticia para los 15 millones de dólares en inversión en títulos que cotizan en la bolsa, de Sierra Club. Sin embargo, su organización afiliada, la Fundación Sierra Club, tiene un portafolio mucho mayor –61.7 millones de dólares invertidos– y aún está en el proceso de redactar una política de desinversión completa, según el director ejecutivo de Sierra Club, Michael Brune.

 

Durante mucho tiempo, formar sociedades con contaminadores fue como los grupos verdes demostraban que la cosa iba en serio. Pero los jóvenes que demandan desinversión –así como los grupos de base que luchan contra los combustibles fósiles en el lugar donde se minan, taladran, sacan mediante fracturación hidráulica, queman, entuban o embarcan– tienen una diferente definición de lo serio. Para ellos, va en serio ganar. El mensaje para los Grandes Verdes está claro: corta tus vínculos con los fósiles o conviértete en uno de ellos.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez

Naomi Klein, es autora de La doctrina del shock y No logo.

www.naomiklein.org

Copyright Naomi Klein 2013. Fue publicado en The Nation.

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Sábado, 04 Mayo 2013 06:48

¿Así o más claro?

Seguro ya lo saben, lo han oído, leído o visto. O les crece del pecho, de las raíces más profundas, del corazón, de la razón: México, los pueblos del maíz, las mujeres, hombres, niños, jóvenes, campesinas, indígenas, estudiantes, amas de casa, trabajadores, artistas, científicos responsables, no queremos maíz transgénico. Cada día crece en cada rincón del país la indignación y la protesta, cada día conocemos más argumentos para cancelar toda siembra de maíz transgénico y para que no se autoricen las monstruosas solicitudes de Monsanto y otras trasnacionales para sembrar millones de hectáreas de esos granos manipulados en el país.

 

En ese río de resistencias confluyeron la semana pasada personalidades internacionales de conocida trayectoria: Vandana Shiva, de India; Pat Mooney, de Canadá; Camila Montecinos, de Chile. Los tres galardonados con el Premio Nobel Alternativo, que entrega el Parlamento sueco el día anterior del Premio Nobel, para destacar a quienes aportan al mundo conocimientos y acciones cruciales para la vida sustentable en el planeta.

 

Acudieron en el marco de una semana de Jornadas contra el Maíz Transgénico, organizadas por Jóvenes ante la Emergencia Nacional, YoSoy132 Ambiental, Red en Defensa del Maíz, Ceccam, Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, Vía Campesina, Unorca, Movimiento Urbano Popular, Uprez, Grupo ETC, Grain; a varias conferencias, actividades y una pre-audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos en Oaxaca, sobre contaminación transgénica del maíz.

 

Vandana Shiva relató que con la entrada de Monsanto a los campos en India, primero con semillas híbridas y ahora transgénicas, los agricultores de algodón, antes conocidos por un buen nivel de ingresos, ahora forman la región donde hay más suicidios, por no poder pagar sus deudas. Son 270 mil suicidios de agricultores en los últimos años. Mientras que en México, dijo Shiva, pudo disfrutar de los colores y alegría de las luchas, de los cantos y rituales por el maíz, la única música que escucha en los pueblos donde plantan algodón transgénico es la marcha fúnebre.

 

La contaminación transgénica es intencional, explicó Camila Montecinos, de Grain, y es parte de la estrategia de las empresas para apurar la aprobación de los transgénicos. Empiezan con el contrabando de semillas para siembra –dándolas a agricultores dispuestos o engañados– o distribuyéndolas para alimentación, como en México ha hecho Diconsa, sin avisar que son transgénicas, desatando así la contaminación. Luego las empresas arguyen que es un hecho consumado que no queda más que legalizar. Los transgénicos se apoyan en mitos, agregó, que han quedado al descubierto: hay numerosas evidencias de que producen menos y usan más tóxicos. En países donde se han sembrado por años, como Argentina (segundo productor mundial de transgénicos) causaron una reforma agraria invertida: cada vez menos agricultores, con propiedades cada vez más grandes. De ser un país con buen nivel de alimentación, ahora es un país con creciente desnutrición. Los transgénicos, continuó Montecinos, no son para agricultores chicos, ni medianos, ni siquiera grandes individuales: son para agricultura industrial empresarial, para que toda la producción alimentaria quede en manos de grandes empresas. Incluso en Estados Unidos, agricultores grandes están protestando por el monopolio, por juicios al ser contaminados y otros abusos de Monsanto, al tiempo que sus semillas transgénicas producen menos y cuestan más.

 


El objetivo, dijo Pat Mooney, es apropiarse de toda la producción comercial de semillas y eliminar a quien tenga las suyas propias. Monsanto, Syngenta y DuPont controlan ya el 54 por ciento del mercado mundial de semillas y las 10 más grandes el 76 por ciento.

 

Los tres coinciden en que la contaminación del maíz en México, su centro de origen, es un hecho inusitado en la historia de la agricultura y la alimentación, con graves repercusiones a nivel global, por lo que la amenaza de contaminación masiva por la liberación comercial es un tema mundial, que va mucho más allá de México. Contaminar el centro de origen es una estrategia intencional de las empresas: si lo logran aquí, con un cultivo de tal importancia económica, cultural, alimentaria, podrán seguir en cualquier otra parte, arguyendo que no puede ser peor. Estamos en ciernes de un crimen histórico.

 

Mooney, quien por décadas ha participado en las negociaciones de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), estaba presente cuando hace treinta años el delegado de México a la FAO peleó duramente para crear la Comisión de Recursos Fitogenéticos en ese organismo, aludiendo que para México era imprescindible e ineludible defender el centro de origen del maíz, por la alimentación en México y el resto del mundo. Contrasta tristemente con la actitud de los gobiernos de México actuales, que han permitido, sin razón, ignorando incluso a sus propias instituciones especializadas, la experimentación con maíz transgénico, y ahora consideran su liberación masiva.

Este es el núcleo de la carta que entregaron las organizaciones mencionadas a José Graziano da Silva, director de la FAO, en su visita a México, reclamando que la FAO debe asumir su responsabilidad para impedir la destrucción programada del centro de origen mundial del maíz. En una protesta en las oficinas de FAO, demandaron también al organismo no avalar la Cruzada contra el Hambre, por ser un proyecto que favorece a las transnacionales y aumentará el hambre, culminando estas Jornadas. Pero la lucha sigue y no terminará. Como el maíz campesino, seguirá creciendo en muchas formas y colores.

 


Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Sábado, 20 Abril 2013 07:31

Marx, el ecologismo y Correa

Marx, el ecologismo y Correa

En una entrevista en Página 12, de Buenos Aires, el 22 de febrero de 2013 con Mercedes López, el relecto presidente Rafael Correa “apareció con una sonrisa, modos afables y una apariencia indestructible”. Correa había obtenido 57 por ciento de los votos. Decisión inapelable de los votantes ecuatorianos. Yo comparto con la cronista la simpatía por Rafael Correa. El país ciertamente escapó de la “larga noche neoliberal”, pero ¿para dónde va? ¿Puede paradójicamente escaparse de la economía extractivista mediante más extractivismo, ampliando la frontera del petróleo, introduciendo en el país la minería de cobre u oro a cielo abierto en Intag, el Mirador, Quimsacocha…?

 

En esa entrevista, como en otras declaraciones en años recientes, el presidente Correa preguntó: “¿Qué clase de marxismo-leninismo me perdí donde decía que un principio socialista es no explotar un recurso natural no renovable?... Tanta riqueza sin explotar, ¿qué principio de izquierda es ése? Son infantilismos, son novelerías, de una seudoizquierda que busca mantener el conflicto, porque de eso vive. De eso lucra, de eso se beneficia”.

 

La inquina contra el ecologismo popular es compartida por neolibs y nacpops, por Cristina Fernández y Sebastián Piñera, por Juan Manuel Santos, Humala y Correa. Todos critican a los ecologistas o ambientalistas; todos están navegando en el boom de las exportaciones primarias y falsificando las cuentas macroeconómicas reales, pues no restan los pasivos ambientales.

 

Volvamos a la pregunta del presidente Correa. ¿Qué hubiera dicho Marx frente a sus propuestas extractivistas? Ya que Marx murió en 1883, ¿qué dirían los marxistas actuales? Correa, que es un hombre instruido, debería conocer las respuestas. Algunos lo elogiarían no sólo por su política económica redistributiva interna y su antimperialismo, sino por estar logrando un (mal llamado) desarrollo de las fuerzas productivas. Pero otros lo criticarían.

 

Hay actualmente en el mundo, como nunca antes, un proceso de desposesión de tierras indígenas y campesinas por empresas privadas o estatales, procesos neocoloniales de apropiación de recursos naturales y territorios donde aparecen actores nuevos como las empresas chinas. Para entenderlo, los conceptos más pertinentes del marxismo son dos: 1) acumulación primitiva u originaria de capital (un concepto renovado por David Harvey con el nombre de acumulación por desposesión) y 2) La interpretación de la economía como metabolismo social (para lo que Marx se inspiró en Moleschott y Liebig). Marx le escribió a Engels en 1866 que la química agraria de Liebig era más importante que todos los escritos de los economistas juntos para entender cómo funcionaba la agricultura. Debía impedirse la “ruptura metabólica” típica del capitalismo depredador. Eso está bien explicado por John Bellamy Foster en La ecología de Marx: materialismo y naturaleza.
La acumulación de capital originaria o primitiva la aplicaba Marx a la megaminería de entonces que se había robado la plata de Potosí, de Zacatecas, a las plantaciones esclavistas de caña de azúcar o algodón. Crecen ahora las ganancias capitalistas por esa acumulación por desposesión o por despojo y también hay acumulación de ganancias mediante la contaminación ya que no se suele pagar nada por los daños ambientales.

 

Los marxistas no insistieron lo bastante, a mi juicio, en que el capitalismo era un sistema ecológicamente insostenible de transformación de energía y materiales en constante crecimiento. Pero lo cierto es que Marx (estudiando las ideas de Liebig sobre el guano y la necesidad de reponer los nutrientes de la agricultura) introdujo el concepto de “ruptura metabólica”. El capitalismo no remplaza los nutrientes, erosiona los suelos y destruye tanto los recursos renovables (como la pesca y los bosques) como los no renovables (como los combustibles fósiles y otros minerales).

 

Correa tampoco reconoce la teoría de la Segunda contradicción del capitalismo, del economista James O’Connor (1988), ni el libro de Enrique Leff de 1986, Ecología y capital. Ambos explicaron que los crecientes costos sociales y ambientales causados por el (mal contado) crecimiento de la economía provocan la explosión de protestas ecologistas. Leff añadió que las alternativas productivas ecológicamente racionales son apoyadas por las resistencias contra la expoliación de la naturaleza.

 

A Marx le hubieran encantado esas protestas. El joven Marx se indignaba porque los nuevos propietarios burgueses de los bosques no dejaban a los pobres recoger leña. El parlamento renano defendía esos cercamientos privados, las enclosures que Marx analizaría más tarde en El Capital. Los ecomarxistas actuales como Michael Löwy y Jorge Riechman nos recuerdan que Walter Benjamin dijo que el capitalismo tenía graves problemas con los frenos de emergencia. Cuando el presidente Santos habla en Colombia de “la locomotora minera”, siempre recuerdo a Walter Benjamin, muerto en Port Bou en 1940. Habrá que regalarle estos libros al presidente Correa.

 

Por Joan Martínez Alier, Universidad Autónoma de Barcelona

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Domingo, 24 Marzo 2013 06:55

Transgénicos, ¿producen o no?

Transgénicos, ¿producen o no?

Sigue la resistencia social contra la siembra de transgénicos en México, con protestas y foros en varios estados. Ante la demanda de Monsanto, DuPont y Dow para sembrar millones de hectáreas de maíz transgénico en Sinaloa y Tamaulipas, Sagarpa continúa sin hacer pública su decisión ante un tema tan vital para el país.

 

Varios funcionarios y las empresas declaran que se necesita este maíz manipulado para aumentar la producción, un argumento falaz, pero que encuentra eco en algunos sectores, que se preguntan si los transgénicos serían una opción para la suficiencia alimentaria. Por ser un tema recurrente, resumo aquí los principales hallazgos técnicos al respecto, de fuentes independientes, no cacareo de empresas y sus acólitos, que hacen afirmaciones que no tienen sustento en la realidad.

 

Las estadísticas oficiales de más de una década en Estados Unidos (por lejos el mayor productor de transgénicos a nivel global) muestran que en promedio, los cultivos transgénicos producen menos que los cultivos convencionales, y que en conjunto, usan mucho más agrotóxicos.

 

Mencioné antes un estudio (La Jornada, 9/3/2013), donde investigadores de Wisconsin encontraron que el maíz transgénico de ese estado, produjo menos que los híbridos en casi todos los casos analizados durante varios años. Los resultados coinciden con otros de diferentes universidades (Kansas, Nebraska, entre otros).

 

No obstante, el estudio sobre productividad de los transgénicos más amplio y detallado hasta el momento es el coordinado por el doctor Doug Gurian-Sherman, de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, titulado justamente Failure to Yield (Falla de rendimiento, 2009), donde se analizan 20 años de experimentación y 13 años de comercialización de maíz y soya transgénica en Estados Unidos, basado en cifras oficiales (www.ucsusa.org/food_and_agriculture/our-failing-food-system/genetic-engineering/failure-to-yield.html).

 

Este estudio demuestra que los transgénicos fueron marginales en el aumento de producción agrícola en Estados Unidos y, en cambio, otros enfoques con híbridos convencionales y con orgánicos, aumentaron realmente los rendimientos en la cifras totales del país.

 

En el caso de la soya, los transgénicos disminuyeron el rendimiento (dato que se repite en todas partes) mientras que en maíz tolerante a herbicidas no hubo aumento y en maíz insecticida con la toxina Bt, hubo un ligero aumento, en promedio de 0.2-0.3 por ciento anual, lo cual acumulado da 3-4 por ciento en los 13 años analizados. El aumento se registró sobre todo en zonas de ataques muy frecuentes de las plagas para la cual están manipulados, que mayormente no existen en México.

 

Pero el dato más significativo es que el aumento total de rendimiento de maíz en esos años en todo Estados Unidos fue de 13 por ciento, o sea que 75-80 por ciento del aumento se debió a variedades y enfoques de producción no transgénicos. Resumiendo: si no se hubieran sembrado transgénicos en Estados Unidos, el total de producción de maíz hubiera sido mayor.

 


Además, la semilla de maíz transgénico es más cara que la semilla convencional, hasta 35-40 por ciento. Por tanto, el mínimo aumento de producción (0.3 por ciento) de los que sembraron transgénicos no compensó el aumento de gastos en insumos.

 

¿Por qué los agricultores de Estados Unidos siguieron sembrando transgénicos aunque tengan menor rendimiento y la semilla sea más cara? No tuvieron otra opción: las trasnacionales de transgénicos (que también son las mayores de venta de agrotóxicos) controlan a su vez la mayoría del mercado de otras semillas comerciales, que hay que multiplicar cada año para su venta. Las empresas sólo multiplican las que quieren vender, que son transgénicas, porque aumentan la dependencia del agricultor, aumentan la venta de sus agrotóxicos y pueden cobrar a las víctimas de contaminación (lo cual no pueden hacer con híbridos).

 

Un ejemplo paradigmático es el agricultor canadiense Percy Schmeiser, que el 16 de marzo habló en Culiacán en el Foro “¿Maíz Transgénico en Sinaloa?”, convocado por organizaciones agrícolas del estado y Greenpeace. Schmeiser sufrió contaminación transgénica, pero se negó a pagar lo que pedía Monsanto y decidió denunciar la situación. Para quebrarlo moral y físicamente, Monsanto le endilgó tres demandas, una por un millón de dólares. Schmeiser llegó hasta la Suprema Corte, que dio la razón a Monsanto, pero lo eximió de pagar por la enorme publicidad que tuvo el caso. Si se autoriza la siembra comercial de maíz transgénico, se iniciará el mismo tipo de persecución en México contra las víctimas de contaminación. Por ello los organizadores del Foro en Sinaloa demandaron al gobierno rechazar las siembras de maíz transgénico y restituir urgentemente la moratoria contra éste, en lugar de imponérselo en su estado.

 

Los transgénicos producen menos, son más caros, conllevan riesgos de salud y ambientales y nunca son “una opción” más. Son un cultivo imperialista que contamina a los demás, por insectos o viento o el trasiego, silos y transportes.

 

México tiene muchas opciones no transgénicas y con semillas públicas para cubrir toda la producción de maíz que requiere y aún más (Ver Antonio Turrent, 2012) .

 

Además, 85 por ciento de los productores de maíz son campesinos y muchos siembran milpa, allí no sirven recetas únicas ni semillas híbridas, se trata de volumen en diversidad de cultivos, lo cual produce mucho alimento que no se contabiliza. Todas esas opciones más sanas y soberanas están amenazadas por los transgénicos y una política agrícola para favorecer a cuatro trasnacionales.

 


Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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