Brasil: La muerte anunciada de los Guaraní-Kaiowá

ALAI AMLATINA, 05/11/2012.- La Justicia revocó la orden de retirada de 170 indios guaraní-kaiowá de las tierras en que viven en el estado de Mato Grosso do Sul. En una carta a la opinión pública ellos expusieron: “Pedimos al Gobierno y a la Justicia Federal que no decreten la orden de desalojo, sino que decreten nuestra muerte colectiva y el enterramiento de todos nosotros aquí. Nosotros ya hemos evaluado nuestra situación actual y hemos concluido que vamos a morir todos, incluso dentro de poco tiempo”.

 

La muerte precoz, inducida -la que nosotros, caraspálidas, llamamos suicidio- es un recurso frecuente adoptado por los guaraní-kaiowá para resistir frente a las amenazas que sufren. Prefieren morir a degradarse. En los últimos veinte años casi mil indígenas, la mayoría jóvenes, pusieron fin a sus vidas en protesta por las presiones de empresas y terratenientes que codician sus tierras.

 

La carta de los guaraní-kaiowá fue divulgada después que la Justicia Federal determinara la retirada de 30 familias indígenas de la aldea Passo Piraju, en Mato Grosso do Sul. Dicha área es disputada por indígenas y terratenientes. En el 2002, por un acuerdo con la mediación del Ministerio Público Federal, en Dourados, se destinaron a los indígenas 40 hectáreas ocupadas por una hacienda. El supuesto propietario recurrió a la Justicia.

 

Según el CIMI (Consejo Indígena Misionero), vinculado a los obispos brasileños, hay que saber interpretar el lenguaje de los indios: “Ellos hablan de muerte colectiva (que es diferente del suicidio colectivo) en el contexto de la lucha por la tierra, o sea si la Justicia y los pistoleros contratados por los terratenientes insisten en sacarlos de sus tierras tradicionales, están dispuestos a morir todos en ellas, sin abandonarlas nunca”, dice la nota.

 

Datos del CIMI indican que, entre el 2003 y el 2011, fueron asesinados en el Brasil 503 indios. Más de la mitad -279- pertenecían a la etnia guaraní-kaiowá. Como protesta, el 19 de octubre, en Brasilia, fueron plantadas cinco mil cruces en el engramado de la Explanada de los Ministerios, simbolizando a los indios muertos y amenazados.

 

Están comprobados los asesinatos de miembros de esa etnia por pistoleros al servicio de los terratenientes de la región. Junto al río Hovy recientemente fueron asesinados dos indios mediante golpes y torturas.

 

La Constitución acepta el principio de la diversidad y la alteridad, y consagra el derecho congénito de los indios sobre las tierras habitadas tradicionalmente por ellos. Esas tierras debieron haber sido demarcadas hasta 1993, pero desgraciadamente la Justicia brasileña es extremadamente morosa cuando se trata de los derechos de los pobres y excluidos.

 

Un cuarto de siglo después de la aprobación de la carta constitucional, en 1988, las tierras de los guaraní-kaiowá todavía no fueron demarcadas, lo que favorece la invasión de ladrones y acaparadores de tierras y agentes del agronegocio.

 

Durante el gobierno de Lula participé en toda la polémica en torno a la demarcación de Raposa Serra do Sol. Gracias a la decisión presidencial y a una sentencia del Tribunal Supremo Federal, los terratenientes invasores fueron retirados de aquella reserva indígena.

 

En el caso de los guaraní-kaiowá no se ve, hasta ahora, la misma firmeza del poder público. Incluso la Abogacía General de la Unión, responsable de la salvaguarda de los pueblos indígenas -dado que ellos son tutelados por la Unión- llegó a editar un estatuto que en la práctica reduce el ejercicio de varios derechos.

 

El argumento de los enemigos de nuestros pueblos originarios es que sus tierras podrían ser económicamente productivas. Argumento tras el cual perdura la idea de que los indios son personas inútiles, descartables, y que el interés del lucro del agronegocio debe estar por encima de la sobrevivencia y de la cultura de dichos pueblos ancestrales.

 

Los indios no son extranjeros en las tierras del Brasil. Cuando llegaron aquí los colonizadores portugueses -equivocadamente calificados en los libros de historia como “descubridores”- se encontraron con más de cinco millones de indígenas, que dominaban centenares de idiomas distintos. La mayoría fue víctima de un genocidio implacable, quedando hoy apenas 817 mil indígenas, de los que 480 mil viven en aldeas, divididos entre 227 pueblos que dominan 180 idiomas diferentes y que ocupan el 13% del territorio brasileño.

 

Para nada sirve que el gobierno brasileño firme documentos en favor de los derechos humanos y del desarrollo sustentable si eso no se traduce en gestos concretos para la preservación de los derechos de los pueblos indígenas y de nuestro medio ambiente.

 

Hizo bien la presidenta Dilma al introducir retoques en el proyecto del nuevo Código Forestal aprobado por el Congreso. Entre agradar a los políticos y los intereses de la nación y la preservación ambiental, la presidenta no dudó en descartar privilegios y abrazar los derechos colectivos.

 

Ahora queda por demostrar la misma firmeza en la defensa de los derechos de esos pueblos que constituyen nuestra raíz y que marcan predominantemente el DNA del brasileño, según comprobó el Proyecto Genoma Humano. (Traducción de J.L.Burguet)

 

Por Frei Betto es escritor, autor de la novela indigenista “Uala, el amor”, entre otros libros.
www.freibetto.org/ twitter:@freibetto.

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Miércoles, 24 Octubre 2012 06:59

Más petróleo de lo que se suponía

–Cuénteme qué hace. –Yo hago paleobotánica y palinología.


–Empecemos por el principio.


–Paleobotánica es el estudio de las plantas fósiles, que se pueden conservar tanto petrificadas (en general troncos o partes de plantas que se reemplazan por sílice) en las que se preserva la estructura de la planta, de modo tal que podemos estudiarlo desde el punto de vista anatómico, o también las plantas se pueden preservar como impresiones sobre las rocas sedimentarias, o también se pueden preservar como moldes. Eso es un poco lo que hace la paleobotánica.


–¿Y la palinología?


–Es, literalmente, el estudio del polen. Lo que nosotros hacemos es, en realidad, estudiar el polen fósil. Lo que hacemos es extraer la materia orgánica que está preservada como fósil en las rocas sedimentarias, la extraemos por métodos físico-químicos y estudiamos esa materia orgánica, que incluye partes amorfas, restos de tejidos vegetales y después incluye restos generalmente microscópicos que son los palinomorfos. Estos incluyen granos de polen, esporas (esas células reproductoras de las plantas). También incluyen restos de procariotas o protistas, o sea, pequeños elementos del fitoplancton que se preservan en los fondos de los lagos o de los océanos.


–¿Y con eso qué hacen?


–Todo eso nosotros lo podemos estudiar y caracterizar, y la información que sacamos es de muchos tipos. Por un lado nos da información bioestratigráfica, que es la información que da la mayoría de los fósiles. Nos ayuda a determinar la edad de los estratos. Por otro lado, nos da información paleoambiental, porque estos microorganismos se pueden relacionar con ambientes determinados o con paleoambientes determinados. Por otro lado, nos da información acerca de la génesis de hidrocarburos. Estudiando el tipo de materia orgánica que está incluida en las rocas sedimentarias, uno puede saber si esa roca puede ser o no eventual roca madre de petróleo o de gas.


–Estamos hablando de fósiles de rocas sedimentarias enterradas...


–Sí, son rocas sedimentarias antiguas.


–¿Y en qué rango de tiempo están trabajando?


–Bueno, yo específicamente trabajo alrededor de entre 250 y 60 millones de años, en lo que sería el mesozoico. Pero hay restos palinológicos desde mucho antes.


–¿Desde cuándo?

–Desde el precámbrico, o sea, 1800 millones de años. En ese momento hay restos de materia orgánica fósil: de las rocas ésas se puede extraer materia orgánica fósil, aunque no de la misma calidad o cantidad que se puede extraer de las que yo trabajo.


–¿Y qué nos dice esa materia fósil?


–Nos dice muchas cosas. Con respecto a la génesis de los carburos, por ejemplo... A ver: para que se generen hidrocarburos, la materia orgánica lo que tiene que tener es hidrógeno y carbono. Entonces uno observando el tipo de materia orgánica puede saber si esa materia orgánica es rica o no en hidrógeno y carbono. Y otra cosa que vemos en la materia orgánica es su alteración térmica. Justamente a causa del soterramiento de la pila sedimentaria a lo largo de los años, se van formando grandes espesores sedimentarios, y eso lo que hace es justamente lograr que esa materia orgánica madure térmicamente, de modo tal que los compuestos (originalmente vegetales o derivados de procariotas y protistas) se van transformando en hidrocarburos.


–¿Cómo es esa transformación? ¿Es la presión la que la genera?


–La presión y la temperatura básicamente. Para que haya hidrocarburos obviamente tiene que haber compuestos químicos originales que puedan derivar por presión y temperatura en hidrocarburos. No se pueden hacer hidrocarburos de rocas que no son ricas en carbono, hidrógeno y oxígeno.


–¿Cómo funciona esa presión?


–Imagínese que la materia orgánica es una estructura tridimensional, en la cual hay partes de carbono, partes de oxígeno y partes de hidrógeno. Cuando uno presiona esa estructura tridimensional, lo que va pasando es que se van rompiendo y reacomodando esas cadenas, y en principio lo que se va perdiendo son los puentes de hidrógeno, o sea, las partes más livianas de esa estructura. Eso va de algún modo formando o derivando en los hidrocarburos. Es una explicación muy esquemática, pero es más o menos así: una estructura tridimensional que va perdiendo su tridimensionalidad por presión y va derivando en la formación de elementos más livianos como pueden ser hidrocarburos líquidos o gaseosos.


–Es interesante, porque en realidad lo que se está transformando es energía gravitatoria en energía química.


–Sí.


–O sea que cuando uno pone la nafta en el coche y prende el motor, está usando la energía gravitatoria.


–Sí. Especialmente el peso. Porque todo esto se produce naturalmente en la corteza terrestre. Hoy en día hay técnicas para lograr extraer esa materia orgánica, esos hidrocarburos, por técnicas físico-químicas. Las nuevas tecnologías pueden exprimir las rocas sedimentarias y sacar hidrocarburos, que es lo que se está haciendo ahora.


–¿Se están fabricando hidrocarburos?


–Sí. Se está extrayendo la materia orgánica entrampada en las rocas sedimentarias. Ese es el gran potencial que tiene Argentina.


–Pero lo que se extrae no es el hidrocarburo sino la materia orgánica.


–Cuando el proceso se da naturalmente, el hidrocarburo se forma, migra, y una vez que migra queda entrampado en una roca porosa, una roca-trampa, que es de donde se extrae. Las nuevas tecnologías lo que permiten es agarrar la roca que tiene la materia orgánica original, que todavía no migró, y extraerla directamente de ahí. Hay distintas técnicas que permiten hacer esto. Eso es lo que se está haciendo ahora y es el potencial que tiene Argentina. Hay mucha de esa roca madre: nosotros tenemos por ejemplo en Neuquén y el sur de Mendoza una unidad, la formación Vaca Muerta, una unidad litoestratigráfica.


–¿Litoestratigráfica?


–Son paquetes de rocas con características físicas determinadas. Un techo, una base y determinadas características. Estas son rocas de tamaño de grano fino, oscuras, con mucha materia orgánica. Mucha de esa materia orgánica ha dado origen a la formación de petróleo y gases a lo largo del tiempo, pero mucha sigue ahí. Y hay mucho hidrocarburo entrampado en esa roca.


–¿De qué profundidades estamos hablando?


–Son rocas que están aflorando. Hay técnicas para explorar en profundidad, pero también hay técnicas para hacerlo a cielo abierto.



–¿Y de qué tiempos estamos hablando?


–Estas rocas tienen alrededor de 100 millones de años.


–Recientes.


–Sí. Los hidrocarburos son de 300 millones de años en adelante. Si los comparamos con el tiempo geológico en su conjunto, son más bien recientes, porque cuanto más antiguas son las rocas, más posibilidad tuvieron de ser sometidas a procesos de presión, de temperatura, procesos tectónicos, etcétera.


–¿No se pueden fabricar hidrocarburos artificialmente con grandes presiones a la materia orgánica?


–No son técnicas que yo conozca, pero es relativamente lo que se hace. Ante la falta de hidrocarburos, se está tomando esa materia orgánica directamente y se la procesa, extrayendo hidrocarburos mediante calentamiento y presión. Lo que pasa es que antes era más barato ir directamente y pinchar el pozo. Ahora, que hay menos, se están desarrollando estas tecnologías alternativas que en algún momento serán de uso corriente.


–O sea que las reservas de petróleo son mucho más grandes de lo que se suponía.


–Con este nuevo paradigma de producción, sí. Y Argentina es un país que tiene, en este sentido, una perspectiva muy interesante.

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El Comandante agradece su mensaje, que nosotros trasmitimos ayer temprano, y nos pidió le hiciera llegar la siguiente carta:

 
Efectivamente, las dos plantas que usted tiene identificadas son de Moringa y Morera. La primera, originaria de la India, es el único vegetal que posee todos los tipos de aminoácidos. Su producción de hojas verdes por hectárea, con el marco de siembra y el manejo adecuado, puede sobrepasar 300 toneladas por hectárea en un año. Se le conocen decenas de propiedades medicinales. Sus efectos en el aparato digestivo son muy buenos como todos los vegetales, aparte de sus elevadas cualidades proteicas, pero no debe consumirse en exceso, más de 30 gramos diarios, lo cual dependerá de la motilidad intestinal. Algunas personas admiten cifras mayores. Conozco quienes la consumen en cantidades mayores como té, en forma de polvo, con resultados excelentes por sus cualidades sedativas y favorables al descanso. No hemos hecho todavía pruebas con té de hojas secas, aunque supongo que estas darán resultados positivos.

 
La literatura internacional ha publicado bastante sobre esta planta. En nuestro país le hemos suministrado muestras de semillas de diferentes variedades a los institutos de investigación agrícola. Pronto conoceremos más sobre sus potencialidades. Desde mi punto de vista, su mayor beneficio para la población radica en sus cualidades como consumo animal para la producción de carne, leche, huevos, e incluso el cultivo de peces.

 
La Morera complementa esta importante cualidad de la Moringa. Como usted con seguridad conoce, ha sido la base para la producción de seda mediante un proceso biológico que los chinos desarrollaron durante miles de años a través de los gusanos de seda. Las variedades principales que nosotros disponemos provienen de ese país, aunque en la actualidad en otras partes del mundo se han desarrollado diferentes variedades, algunas de las cuales hemos recibido en fechas recientes. Hasta en España se cultiva limitadamente esa planta. Su limitación en las regiones frías es la temperatura y la baja luminosidad que detienen su crecimiento varios meses al año. En nuestro clima crece todo el año. Varios países la dedican a la producción de leche de cabra, cuyos precios a veces alcanzan el doble de la leche de vaca para las personas alérgicas a la misma.

 
En Cuba había algunas plantas de Moringa, que los colonialistas ingleses llevaron desde la India al este de África y de ahí al Caribe inglés y Centroamérica, posiblemente a través de Belice, donde el estímulo de los altos precios que pagaron los yankis a los primeros agricultores fomentó su desarrollo por un brevísimo tiempo, y después no encontraron mercado ni dentro ni fuera del país. La forma de distribución de la tierra y la falta de escuelas e instrucción impidió su desarrollo. En eso, desgraciadamente, los pueblos del llamado Tercer Mundo han quedado rezagados.

 
En Brasil los centros de investigación han promovido el cultivo de esta planta, y su clima es excelente para el desarrollo agrícola.
 

Aprovecho su interés para comentarle otros dos temas:

 
América Latina y el Caribe, en su conjunto, disponen de tierra, agua y recursos energéticos sin necesidad de promover la producción de gas de esquisto mediante fractura hidráulica como hace Estados Unidos, con riesgos probados para la propia salud de los ciudadanos de ese país, como han comenzado a divulgar algunos medios de prensa serios.

 
Nos gustaría que éstos discutieran sobre el tema. Uno de ellos se refirió en la mañana de hoy al problema afirmando textualmente: “Las personas que viven en EE.UU. cerca de los sitios donde se extrae gas no convencional muestran un significativo deterioro de su salud…”

 
“La mitad de las personas que participó en el estudio informó que antes de la explotación no tenía problemas con la salud, pero ahora sufre de alergia, asma, artritis, cáncer, así como hipertensión y enfermedades de corazón, riñones, pulmones y tiroides. El 81% de las personas se queja del mal olor de los compuestos químicos, que a veces contienen amoníaco, cloro, azufre y propano, entre otros.”
 

En Estados Unidos ese gas se extrae a través de la fractura hidráulica: “Habitualmente el material inyectado es agua mezclada con arena y productos químicos.”

 
Es la tercera vez en los últimos meses que he visto advertir sobre ese peligro.

 
Al parecer, muy pocos conocen que Naciones Unidas está ya consciente de que sobre ella cae la responsabilidad de pagar cien mil dólares por cada una de las víctimas de la epidemia de cólera que provocó la muerte de más de 7 mil personas en Haití, contagiadas por el contingente militar nepalés que Naciones Unidas introdujo en ese país, que no padeció esa enfermedad durante un siglo. Después de exhaustivas investigaciones se confirmó que la cepa es exactamente la misma que la que existe en Nepal, y la suma a pagar a los familiares es la de cien mil dólares por cada víctima, lo cual parece justo, pero nadie menciona sin embargo la suma que debiera pagarse a la nación haitiana por el enorme daño ocasionado a ese país pobre y subdesarrollado.

 
Como usted, Handy, puede apreciar lo primero que hice hoy fue tratar de hacerle llegar una respuesta lo más breve posible de mis muy modestos conocimientos sobre la Moringa y la Morera.

 
Ahora comienzan a llegar noticias sobre un ciclón tropical que apunta directamente a la región oriental de nuestra isla. Actualmente el país dispone de mucha más experiencia y superará las dificultades.
 
Fraternalmente,
 

Fidel Castro Ruz
 Octubre 22 de 2012
 7 y 15 p.m.

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El nuevo ‘El Dorado’ siembra conflictos en América Latina
Hasta hace ocho años, la minería era un sector poco trascendente en el mundo y también en Latinoamérica. Incluso había perdido peso en países mineros como Bolivia, donde este miércoles murió un obrero en un enfrentamiento para dirimir quiénes explotarán el yacimiento de estaño de Colquiri. Las crisis del petróleo de los años setenta habían depreciado las cotizaciones. Pero a partir de 2004, ante el creciente apetito de China por minerales que den abasto a sus industrias y la actividad de la construcción, los precios del oro, la plata, el cobre, el níquel, el zinc y el hierro comenzaron a trepar tanto que han alcanzado máximos históricos. Y ahí comenzaron los conflictos.
 

Las empresas mineras, la mayoría multinacionales, han acelerado sus proyectos de exploración y producción en América Latina. Los gobiernos han comenzado a reclamar que tributaran una parte mayor de su renta, los empleados de las compañías han iniciado protestas por mejores nóminas, los mineros independientes y cooperativistas han elevado su voz para explotar también el recurso y muchos pobladores de regiones mineras, en general zonas áridas y pobres, se han puesto en pie de lucha para oponerse a los yacimientos a cielo abierto por el impacto medioambiental que éstos provocan por el uso de agua, cianuro y arsénico.


En toda la región se han desatado unos 161 conflictos entre gobiernos y empresas, por un lado, y ciudadanos que se resisten a la instalación de yacimientos a cielo abierto en sus territorios con el argumento de que, a diferencia de la menos rentable minería subterránea, los nuevos proyectos dañarán su entorno ambiental y sus actividades agrícolas tradicionales. Incluso empresas de aguas, como Danone, o bodegas, como la española O. Fournier, se han opuesto a desarrollos mineros en Argentina. Con lemas como que el agua vale más que el oro, unas 212 comunidades se enfrentan a unos 173 proyectos mineros y reclaman que se las consulte antes de su ejecución. En Perú es donde más conflictos de este tipo se han producido, unos 28, e incluso este jueves la policía reprimió un bloqueo de una carretera que lleva a una mina de oro de la empresa Barrick, canadiense, al igual que muchas de las mineras que operan en la región, y mató a uno de los manifestantes. Ya son 19 los muertos en Perú en protestas por demandas relacionadas con la explotación de recursos naturales (la mayoría mineros, pero también por hidrocarburos) desde que Ollanta Humala asumió la presidencia del país, en julio de 2011.

 
La resistencia contra la minería a cielo abierto ha llevado a que algunas compañías paralizaran proyectos en Perú y también en Argentina, donde este año la Corte Suprema de Justicia ratificó la vigencia de una ley que impide la explotación minera y petrolera en zonas de glaciares. Los conflictos mineros por cuestiones ecológicas se extienden por casi toda la región, en unos 16 países. En Costa Rica se han prohibido nuevos proyectos a cielo abierto a partir de 2010.


Otros se pelean por cómo se reparte la tarta cada vez más grande que supone este negocio. Entre 1990 y 2003, la minería suponía el 3,9% del PIB de Bolivia. Entre 2004 y 2009, el 5,7%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La proporción subió también mucho en Chile, del 7,7% al 17,7% (estas estadísticas incluyen también el acotado sector de hidrocarburos); en Ecuador, del 6,9% al 14,7%, y en Perú, del 4% al 8,5%. Latinoamérica produce el 52% de la plata del planeta, el 45% del cobre y el 22% del zinc.
 

Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales discuten entre sí y con las empresas mineras (además de europeas y norteamericanas, las hay chilenas, mexicanas y brasileñas) para definir cuántos impuestos pagan. Los políticos de izquierdas no han rechazado la minería a cielo abierto sino que le han exigido que tribute una porción mayor de sus beneficios considerados extraordinarios por el alza de las cotizaciones de recursos no renovables que pertenecen a los estados y se concesionan al sector privado (solo Chile cuenta con una minera estatal importante como Codelco). Pero este tipo de disputas no acaban en violencia como los que enfrentan a las compañías con los propietarios de las tierras donde se descubre el mineral y que piden mayores arriendos, o con los trabajadores mineros que piden mejores nóminas. También han acabado mal algunas refriegas de obreros que practican la llamada minería ilegal, sin autorización de los gobiernos, en Perú o Brasil.

 
La muerte del miércoles en Bolivia ilustra la disputa por la renta minera. En junio pasado, el Gobierno de Evo Morales había nacionalizado la parte del yacimiento de Colquiri que estaba en manos de la suiza Glencore. Pero a partir de entonces comenzó la tensión sobre quién debía explotar el recurso: si la estatal Corporación Minera de Bolivia (Comibol), a la que defienden sus empleados, o los cooperativas mineras, que cuentan con el respaldo de Morales. Cooperativistas protestaron el jueves en la sede del sindicato de los empleados mineros. Murió uno de los asalariados. Otra prueba más que de en Latinoamérica a algunos se les va la vida por la minería.


Por Alejandro Rebossio Buenos Aires 21 SEP 2012 - 18:05 CET
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Jueves, 20 Septiembre 2012 06:29

Exxon, codicia e imperio

Exxon, codicia e imperio
Ante el Consejo de Relaciones Exteriores, el cabildo de cabildos” del alto capital (financiarizado), vinculado a los Rockefeller y a la planeación bélico-imperial, Rex Tillerson, director ejecutivo de Exxon/Mobil, con la mira en el petróleo y gas de esquisto (shale), habló de “la vasta riqueza” mexicana y se pronunció por “reformas” que les permita tajada en la renta petrolera, reservada a la nación por la Constitución. Financial Times, por su lado, recordó que Peña Nieto (EPN) calificó de “ideologías caducas” todo freno a esa codicia. Con una legitimidad tan cuestionada ¿mentirá al jurar “respetar y defender” una Carta Magna cuyo artículo 27 constitucionalizó el derecho del pueblo a desarrollar y disfrutar sus recursos naturales, una piedra en el zapato imperial desde 1917, combatido desde entonces y formalmente rechazado por Estados Unidos ante la UNCTAD en los años 1960?


Hay gran prisa de Exxon, Chevron et al, por asumir el control y usufructo de los hidrocarburos, desde el megayacimiento de Vaca Muerta en Neuquén, al sur de Argentina (tercera reserva mundial de gas y petróleo shale, después de Estados Unidos y China) a las ricas formaciones geológicas en el norte de México. Así se deja ver en el mandato de la Casa Rosada de proceder a toda costa en Neuquén –con Chevron– y en la orden de EPN a la diputación del PRI para que den prioridad a “reformas” que “abran” el gas de esquisto a la IP, nacional y/o extranjera. La Agencia Internacional de Energía, que “lleva de la mano” a Pemex según intereses y planificación de las petroleras de Estados Unidos, espera (su economista Fatih Biro dixit) que México produzca 40 billones de metros cúbicos de gas para 2035. Se usaría el fracking, es decir, perforación horizontal y alta presión hidráulica sobre la roca porosa, con enorme cantidad de agua, arenas y compuestos químicos tóxicos, metales pesados, sustancias radiactivas, pólvora, etcétera.


Hasta hace poco Exxon negaba la existencia del calentamiento global. Con Tillerson, más sensato que su antecesor ante la evidencia científica de lo antropogénico del fenómeno, la firma reconoció lo insostenible de esa postura. Ahora propone que para seguir con el negocio –y la emisión de gases con efecto invernadero (GEI), se use “geo-ingeniería” para “mitigar” una irreversible y catastrófica dislocación del termostato global. Además, sin sustento científico, el cabildo petrolero y la Casa Blanca consideran al gas de esquisto una panacea para la transición energética, aunque el fracking se asocie a fugas de metano, un GEI mucho más potente que el CO2. ¿Es por eso que la Cámara de Comercio de Esados Unidos recomienda “adaptarse a un clima más cálido”(sic)?


El apremio de las petroleras en Argentina y en México por explotar gas y petróleo de esquisto es por lo fabuloso del negocio, en medio del pico petrolero. La ofensiva de Exxon/Móbil, Conoco/Phillips, Chevron/Texaco, etcétera, en pos de los recursos de “las Américas”, incluidas las arenas bituminosas de Canadá y yacimientos en aguas profundas de Brasil, fue anunciada por el New York Times (20/9/11) que calificó de “nueva Arabia Saudita” a esa vasta región. Un estudio de Citigroup de 2012 informa a sus inversionistas/especuladores que Arabia Saudita, la principal reserva y exportadora de crudo del mundo !pasará a la categoría de importadora neta en 2030! Con una producción de 11 millones de barriles diarios (mbd) hoy exporta 7 millones de barriles diarios y consume todo el gas que produce. Su capacidad ociosa, como la de otros productores del golfo Pérsico, es incierta. Se aumenta la probabilidad de un mega shock petrolero, por lo que, como dicen en Goldman Sachs, señores: ¡hagan sus apuestas!


Mientras el 1 por ciento juega con el clima, se mantienen asimetrías en las emisiones de CO2. En 2010 los 6 mil 980 millones de humanos emitían 4.74 toneladas de CO2 per cápita (t/CO2/capita). Las cifras para “las Américas” son reveladoras: Estados Unidos derrocha 19.65 (id); Canadá 17.55 frente a México con 3.98 y Brasil, 2.43. Aunque es posible un buen nivel de vida con menos despilfarro (Francia, 6.20; Alemania, 10.13; Japón 10.24), para seguir con el “festín fósil”, se explotan las rocas de esquisto y Estados Unidos implanta (México, Colombia) o impulsa (Argentina, Brasil, etcétera) diseños militares de “guerra irregular” para el control de la población ante un esquema extractivista incapaz de generar empleo y bienestar.


Para “sacar el jugo de las rocas” de mil pozos a ser “fracturados” en Vaca Muerta en 2013, dice Diego Urretabizkaya, se utilizarían 30 mil millones de litros de agua y 424 millones de kilos de químicos tóxicos, que “ponen en riesgo a la población neuquina” (Argenpress 5/9/12). Según la AIE en el norte de México se perforarían 60 mil pozos en pocas décadas. Aunque son formaciones geológicas distintas, es posible estimar las astronómicas cifras de millones de metros cúbicos de roca quebrada y de miles de millones de litros de agua y de kilos de tóxicos: enfrentamos gran destrucción humana y la demolición de la vasta franja norte del suelo patrio.


jsaxef.blogspot.com

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Sábado, 08 Septiembre 2012 07:01

Sicco Mansholt y el decrecimiento económico

Sicco Mansholt y el decrecimiento económico
Los economistas ecológicos afirmamos que la economía de los países ricos debería ir hacia un estado estacionario, en expresión de Herman Daly. Eso debería lograrse tras un cierto decrecimiento”, observó Nicholas Georgescu-Roegen ya en 1979.


Esa economía sin crecimiento, ¿sería todavía una economía capitalista? ¿Qué pasa con las ganancias capitalistas y con la acumulación de capital si la economía no crece? La cuestión no es nueva, fue abiertamente debatida en París en 1972 por un presidente de la Comisión Europea, el socialdemócrata holandés Sicco Mansholt, contrario al crecimiento económico tras haber leído el informe de los Meadows del MIT y por su experiencia de varios años como rector de la política agraria europea. El debate, organizado por Le Nouvel Observateur (n. 397, 1972), atrajo a tres mil personas. Tuvo otros protagonistas brillantes: Herbert Marcuse y Edgar Morin (un viejo y un joven filósofo), el sindicalista Edmond Maire, el ambientalista Edward Goldsmith –que había publicado Blueprint for Survival en 1971– y los escritores Philippe Saint Marc y André Gorz. No se habló todavía de cambio climático, pero sí de escasez de recursos, aumento de la población, los absurdos de la contabilidad macroeconómica del PIB, la felicidad, el capitalismo, el socialismo, el militarismo, la tecnología y la complejidad. André Gorz introdujo en este debate la palabra décroissance y afirmó que el capitalismo tal vez pudiera sobrevivir a ese decrecimiento y a un estado estacionario porque la tecnología y el comercio que ahora llamamos “verdes”, podrían ser un nuevo sector de negocios donde invertir capitales y obtener ganancias. Pero no estaba seguro.


Fue notable la intervención de Sicco Mansholt en ese debate de 1972. El había anunciado que prefería el BNB (Bonheur national brut, la felicidad nacional bruta) al producto nacional bruto, siendo criticado tanto por el presidente Georges Pompidou como por Georges Marchais del Partido Comunista francés. Sicco Mansholt, que tenía 63 años, había iniciado el debate europeo con una carta al presidente de la Comisión Europea, Franco Malfatti, en febrero de 1972, tras leer el informe de los Meadows (antes de ser entregado al Club de Roma). La carta a Malfatti está escrita en un contexto de “estanflación” (estancamiento económico combinado con inflación) causado por un descenso de ganancias empresariales por la fuerza de los sindicatos en una época de pleno empleo, año y medio antes de la gran subida del precio del petróleo, en 1973, que desencadenó otro tipo de “estanflación”. Además, la carta fue escrita poco antes de la primera gran conferencia ambiental de Naciones Unidas, en Estocolmo.


Al decantarse por un “crecimiento por debajo de cero”, Mansholt no quería simplemente debatir sino promover políticas públicas europeas dirigidas hacia la conservación y el reciclaje. Le parecía apropiado “que la Comisión se proponga crear un Plan Económico Europeo central. Al hacer esto, nos alejaremos del objetivo de obtener el producto nacional bruto máximo (…)”.


Tuvo propuestas dirigidas contra las ganancias capitalistas, al suprimir la amortización acelerada de bienes de capital que se deduce de los impuestos (y que infla las ganancias) y al protestar contra la obsolescencia de los bienes de consumo duradero. Propuso introducir la certificación de productos reciclables que tendrían desgravaciones fiscales. Un arancel europeo a las importaciones protegería esos productos reciclables certificados, pues en caso contrario la competencia internacional impediría esa producción menos dañina. Era partidario de prohibir la producción de muchos productos no esenciales.


Otros temas como la crítica contra la modernidad de la ciencia cartesiana, la complejidad que produce incertidumbres y que impide usar ingenuamente la noción de “equilibrio ecológico”, fueron discutidos por André Gorz y Edgar Morin en ese debate de Le Nouvel Observateur de 1972. Sicco Mansholt coincidía con otros protagonistas del debate en que el ecologismo no era un lujo de los ricos sino una necesidad de todos, y que los más perjudicados por el urbanismo inhumano de las banlieues eran los pobres. Pero los problemas no eran solamente para los humanos. Mansholt dijo: “estamos aquí para hablar del destino de la raza humana, pero conviene no olvidar los animales ni los vegetales, elementos indispensable del complejo ecológico. La raza humana no debe solamente preocuparse egoístamente de su propia supervivencia”. Eso se acerca al concepto de Derechos de la Naturaleza del artículo 71 de la Constitución de Ecuador de 2008.


Cuarenta años después, falta en la Comisión Europea y en la Socialdemocracia políticos tan atrevidos como lo fue Sicco Mansholt. En Bruselas se critica el PIB, pero predomina todavía la visión de que es posible recuperar el crecimiento económico y lograr la sustentabilidad ambiental gracias al aumento de la eficiencia técnica.

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Lunes, 27 Agosto 2012 06:30

Los seres humanos vivimos a crédito

Desde el pasado 22 de agosto, la Humanidad vive a crédito. En los primeros ocho meses del año, los seres humanos agotaron la totalidad de los recursos que la Tierra es capaz de producir a lo largo del año. El 22 de agosto se alcanzó lo que la ONG Global Footprint Network (GFN) llama el Global Overshoot Day, es decir, “el día del exceso”. Desde 2003, esta ONG mide todos los años la huella ecológica del planeta, el cúmulo de recursos y la forma en que los consumimos. En cada informe constata cómo los recursos se agotan con mayor rapidez. La capacidad de regeneración anual del planeta es limitada. Frente a esto, la capacidad de consumo del ser humano parece ilimitada y el planeta no da abasto para cumplir con las exigencias que la Humanidad le impone. Desde la década del ’70, los seres humanos viven muy por encima de sus medios. El informe de GFN muestra una aceleración constante del agotamiento de los recursos. En 2012, el Global Overshoot Day se alcanzó 36 días antes que en 2011. La curva hacia abajo es constante. Los cálculos de esta ONG se basan en datos científicos que se articulan en torno de una medida, el hag, la hectárea global mediante la cual se compara la biocapacidad del planeta con el consumo de cada país. El resultado de los estudios es catastrófico: para mantener el nivel de vida actual haría falta medio planeta suplementario.


Los cuatro meses que quedan se vivirán entonces a crédito. Los recursos que se utilizarán de aquí a fines de año corresponden a stocks que no se renuevan. “La hora del balance ha llegado”, dice Global Footprint Network en su informe. Este año, la ONG amplió sus cálculos hacia los últimos 50 años. Entre los años ’60 y ahora, los recursos planetarios se dividieron por dos, mientras que las necesidades se incrementaron a niveles extraordinarios, al punto de que se consume un 50 por ciento de lo que la Tierra es capaz de producir. La presión que ejercen los siete mil millones de seres humanos no se ha vuelto desproporcionada. Los principales responsables del déficit son las emanaciones de dióxido de carbono y la explotación de los recursos naturales. “El cambio climático como consecuencia de los gases de efecto invernadero que se emiten más rápido de lo que pueden ser absorbidos por bosques y océanos es la consecuencia más tangible y urgente”, anota la ONG. Pero no es todo. A ello se le agregan “el estrechamiento de los bosques, la pérdida de las especies, el colapso de la pesca, el aumento de los precios de los productos básicos y los disturbios civiles”. El cuadro termina con una conclusión: “Las crisis ambientales y financieras que estamos experimentando son los síntomas de una inminente catástrofe. La Humanidad está simplemente usando más de lo que el planeta puede proveer”.


No todos los países tienen la misma responsabilidad en el desastre. Según Global Footprint Network, Estados Unidos y Brasil alcanzaron antes que nadie el día del exceso, el 26 de marzo y el 6 de julio, respectivamente. Si todo el planeta necesitara los recursos que consumen Estados Unidos y Brasil harían falta 4,16 y 1,9 planetas para satisfacer la demanda. La exigencia sube a más de seis planetas si viviésemos como Qatar. En cambio, si todos los seres humanos vivieran como la India, nos bastaría con el 49 por ciento de los recursos naturales del planeta. En 2008, la huella ecológica de la Humanidad correspondía a 2,7 hag por habitante para una capacidad real de 1,8 hag. De los 149 países estudiados, 60 son responsables de la deuda ecológica. Occidente tiene una influencia decisiva en el deterioro planetario. En un país como Francia las necesidades sobrepasan el 70 por ciento de los recursos presentes. La Argentina tiene una biocapacidad de 8 hag y su huella ecológica llega a 2,8 hag. En los años ’60, la Argentina contaba con casi 14 hag y con una huella ecológica de 4. El informe 2012 revela que entre 1970 y 2008, la biodiversidad planetaria cayó en un 30 por ciento. Según GFN, cada año desaparecen 0,01 por ciento de las especies. El fundador de la ONG, Mathis Wackernagel, recuerda que “el déficit ecológico se agranda de manera exponencial desde hace 50 años”. Por paradójico que resulte, hay una solución que no es un milagro, sino el mismo desastre. El responsable de la ONG resalta que, “a largo plazo, la recuperación sólo podrá tener éxito si está acompañada de reducciones sistemáticas de nuestra demanda de recursos y servicios a los ecosistemas”. Si eso no ocurre, el desastre se encargará de hacerlo. Mathis Wackernagel estima que la tendencia hacia el megaconsumo de los recursos “cambiará un día de dirección. Sea por el impulso de decisiones, sea por el desastre”. La cuestión del uso excesivo de los recursos tiene además impactos económicos potentes. Global Footprint Network recuerda que “dado que el déficit de recursos se hace más grande y que los precios de esos recursos son altos, el costo para las naciones será insoportable”. Buena parte de la Humanidad vive a crédito financiero. Entramos en otra etapa: el crédito ecológico.

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Miércoles, 22 Agosto 2012 09:52

Cambio climático*

Cambio climático*
Epigramas. Aplicaciones de polvos paramagnéticos de rocas y materiales orgánicos mejoran el suelo, aumentan las cosechas, capturan carbono y mejoran el ciclo de nutrientes.

Scotish SEER Research Project. Cameron and Maira Thompson, 2012.

Introducción. Tratamientos que ha estado trabajando el SEER:

–Suelo testigo
–Suelo con composto
–Suelo con estiércol vacuno
–Suelo con fertilizantes N-P-K
–Suelo + polvo de roca paramagnética
–Suelo + composto + polvo de roca paramagnética
–Suelo + estiércol + polvo de roca paramagnética
–Suelo + NPK + polvo de roca paramagnética.

El doctor Donald Supkow, 1995, afirma que, cuando el polvo de roca se aplica a la tierra, el calcio y el magnesio reaccionan con el CO2, fijándose como carbonatos. Recomienda aplicar de 2 a 6 toneladas de polvo por hectárea-año para mantener estable el CO2 de la atmósfera. Finura del polvo: malla 300.

Para reducir el efecto de invernadero, se han estado considerando medidas como las siguientes:

–Reducir las emisiones de CO2.
–Secuestrar carbono en los océanos, fomentando algas.
–Recobrar carbono mecánicamente (propuesta del profesor Wally Broker, Ohio University).
–Secuestrar carbón en vegetación y suelos.

El SEER, tras 20 años de experimentos, habla de aplicar dos toneladas de polvo de roca por año y por hectárea para secuestrar “altas” cantidades de carbono.

El doctor Steve Diver, 2012, recomienda no usar polvo de granito por su alto contenido de cuarzo. En cambio, enfatiza usar polvos de rocas volcánicas y polvos de alto valor paramagnético.

1. Cambio climático y glaciación. De acuerdo con los doctores daneses Iversen y Anderson, el presente interglacial (unos 10.800 años) transcurrió así:

–Fase protocrática, 2.800 años, en que la vegetación pionera empezó a formar suelo.
–Fase mesocrática, 3.000 años, óptimo climático y óptima formación de suelo.
–Fase oligocrática, 5.000 años, transformación de minerales por acidificación, desmineralización del suelo.
–Fase telocrática, más o menos 200 años, Revolución Industrial, erosión, envenenamiento del suelo y la comida, fase del cambio climático precursor de la próxima glaciación. Extracción de minerales del suelo por megaproyectos. Los minerales extraídos del suelo por la agricultura se pueden recuperar de las aguas cloacales: constituyen del 4 al 6 por ciento del peso de las cosechas. La megaminería es otro asunto que no trataremos aquí.

En los últimos dos y medio millones de años han ocurrido 25 glaciaciones de aproximadamente 90.000 años de duración cada una, con 25 interglaciales de más o menos 10.000 años cada uno. Si este ciclo se repite, el cambio climático, acelerado por la cultura industrial, nos precipita hacia la próxima glaciación, como los extremos climáticos de la actualidad lo indican. La transición es catastrófica.

2. Qué hacer. Sólo las agriculturas alternativas, no la agricultura convencional (que consiste en transformar petróleo en comida), pueden responder en la ruralidad al cambio climático. Sólo un cambio personal en lo patrones de conducta (otros creen en los decretos del gobierno y en los programas de partido) puede responder al cambio climático en todos los órdenes sociales: la unidad ecología-espiritualidad.

3. Los no creyentes (al estilo Bush and company) respecto del cambio climático confían en que la solución vendrá, como siempre, de la combinación tecnología-voluntad política. Un descreído del cambio climático es como quien se cae del piso 100 pero, cuando va viene en el piso 4, todavía puede decir que todo va bien y que un vientecillo fresco (tecnología) lo acompaña.

4. Conclusión: sea el esquema siguiente, según un estudioso norteamericano cuyo nombre olvido.

¿En qué cuadrante te sitúas?

Si te sitúas en los cuadrantes de “hago algo”, tal vez te decidas por alguna orientación. En la escogencia de esa ruta, podrían ser útiles algunos autores:

Haeckel, 1864, Ecología como biología. Además, Odum y afines.
René Durmont, 1904-2001, Ecología transdisciplinar, la transversalidad de la ecología.
Ivan Ilich, 1926-2002, Ecología radical.
Murray Broockhim, 1926-2006, Ecología social.
André Gorz, 1923-2007, Ecología política.

Este abrebocas de autores no agota la disponibilidad de puntos de vista. Hay muchos más. Estos son sólo ejemplos paradigmáticos.

*Artículo redactado con base en documentos obtenidos por el ingeniero Miguel Vera. Junio de 2012, desde Escocia y Estados Unidos.
Situaciones Opción A Opción B
No hay cambio climático No hago nada Hago algo
Sí hay cambio climático No hago nada Hago algo

Publicado enEdición 183
La crisis mundial y el ambiente en América Latina
La aguda crisis que afecta a la Eurozona y a Estados Unidos no sólo reduce la atracción de esos mercados de trabajo para los latinoamericanos, africanos y mediorientales que allí emigraban ilegalmente sino que, también, al cerrarles la posibilidad de trabajar les obliga a refluir a sus regiones de origen en cantidades cada vez más masivas, unidos esta vez incluso con los más pobres de los que hasta ahora era países ricos. En efecto, no sólo retornan de España los latinoamericanos que allí buscaban trabajo, sino que este año han salido más españoles que los extranjeros que fueron a la península.


De este modo, la presión sobre los recursos locales –tierra y agua, sobre todo– y sobre la desocupación regional, aumenta continuamente y los ingresos locales no disminuyen sólo por el cese o la reducción de las remesas que antes recibían, sino también porque sus parientes deben sostener, al menos parcialmente, a quienes hasta entonces eran el sostén de ellos.


Para algunos países exportadores de alimentos, como Brasil, Uruguay o Argentina, la sequía en Estados Unidos y en Europa, resultante del cambio climático, puede ser beneficiosa porque aumenta el precio de los granos y de los alimentos en general, no sólo por una menor oferta sino también porque la crisis, al reducir la producción industrial y los consumos, aleja a los especuladores del petróleo y de los minerales, cuyos precios se estancan.


Pero el aumento del precio de los alimentos –porque la demanda de éstos no es elástica y todos tratan de seguir comiendo como comían, con crisis o sin ella–, reduce los ingresos de los consumidores, sobre todo en países donde la gente por su pobreza dedica más de dos tercios del ingreso familiar a la compra de alimentos y al pago de servicios (transporte, agua, gas, electricidad).


La carestía de los alimentos principales (trigo, maíz, leguminosas, carne) por otra parte afecta mucho más directamente a los pobres que a los ricos (que tienen otro tipo de consumos), o sea, golpea a la inmensa mayoría de la población que, con los injustos y aberrantes sistemas impositivos de los países dependientes, es la que paga más impuestos bajo la forma sobre todo de IVA y de otras tasas indirectas.


Esta reducción del consumo domiciliario y, por consiguiente del monto de los impuestos que el Estado recauda, afecta las finanzas estatales. Porque, aunque la soya bata récord y esté a 630 dólares la tonelada, quienes la exportan son sólo unas pocas empresas que evaden impuestos mediante triangulaciones y paraísos fiscales. Las ventajas de los altos precios del grano y del bajo precio petrolero para la producción son por lo tanto para ellas, o sea para los que son productores masivos, acopiadores y exportadores trasnacionales y no para las arcas estatales.


Los países centroamericanos viven, sobre todo, de la exportación de mano de obra superexplotada que, como dijimos, ahora les rinde menos. Los países exportadores de petróleo ven afectados sus ingresos por el estancamiento del precio del combustible debido a la baja demanda industrial resultante de la crisis. Los países importadores de alimentos y de petróleo, como la mayoría de los africanos, Cuba o los del Caribe, están apretados crecientemente por el aumento de su factura de importación alimentaria. Incluso los pocos países dependientes que son grandes exportadores de alimentos tienen problemas porque sus otras exportaciones caen y el aumento del precio del trigo o de la soya no compensa esas dificultades en la balanza de pagos.


De ahí la desesperación de todos los gobiernos –“progresistas” o no– por producir cada vez más metales preciosos, atrayendo la inversión de las grandes mineras canadienses o estadunidenses, que están en abierta competencia con la agricultura y la ganadería de las zonas pobres, las cuales son mucho menos lucrativas que la gran minería pero aseguran más empleo local y no afectan tan drásticamente el ambiente como la extracción minera.


De ahí también los conflictos sociales con los pobladores de esas zonas, que desean conservar el uso del agua para la agricultura y para los pueblos así como los bienes comunes (tierra, aire no contaminado, bosques, paisaje). Por eso actualmente, desde Centroamérica hasta Chile y Argentina, a lo largo de las zonas montañosas, las “pobladas” (luchas de toda una comunidad) y las rebeliones campesinas e indígenas se enfrentan con la represión gubernamental de gobiernos que tienen una concepción extractivista y desarrollista y un decisionismo vertical y autoritario.


Se llegó al extremo de que la presidenta de Argentina vetó una ley de protección de los glaciares, fuente principal de agua para el país, para no afectar los intereses de las transnacionales mineras y que algunos gobiernos de las provincias andinas reprimen ferozmente protestas antimineras como la de Tinogasta o Faimallá absolutamente legales y legítimas. El presidente peruano Ollanta Humala fue elegido entre otras cosas gracias a sus declaraciones de que entre la sed y el hambre de los peruanos y el oro optaría por su pueblo, pero ahora reprime, con alto costo en heridos, muertos y presos en Cajamarca, una de las zonas donde más apoyo obtuvo, para favorecer el proyecto minero Conga, violentamente resistido por los pobladores y las autoridades locales. El mismo Evo Morales no sólo enfrenta a los pobladores del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), violando lo que establece la Constitución, para construir por su territorio una carretera hacia Brasil sino que también fomenta la minería, entrando en conflicto con los comuneros. El mercado mundial, no el ambiente y el desarrollo humano, es la preocupación principal incluso de gobiernos que dicen luchar contra ese mismo mercado y que se declaran populares. Este giro económico a la derecha les debilita y prepara otros giros políticos derechistas. Nuevamente están en peligro los avances antes duramente conseguidos.

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La Carta Magna es el destino, nuestro destino
Sucesos recientes marcan una trayectoria amenazadora, en forma suficientemente clara, que quizá valga la pena ver hacia el futuro unas cuantas generaciones, hasta el aniversario milenario de uno de los grandes hitos en el establecimiento de los derechos civiles y humanos: la creación de la Carta Magna, la cédula de las libertades inglesas que le fue impuesta al rey Juan en 1215.


Lo que hagamos ahora mismo o dejemos de hacer determinará qué tipo de mundo recibirá al aniversario. No es una perspectiva atractiva –en buena parte porque la Carta Magna está siendo desgarrada frente a nuestros ojos.


La primera edición académica de la Carta Magna fue publicada en 1759 por el jurista William Blackstone, cuya obra fue una de las fuentes de la legislación constitucional de Estados Unidos. Fue intitulada The great charter and the charter of the forest, siguiendo las prácticas previas. Ambas cartas son altamente significativas hoy día.


La primera, la Carta de las Libertades, es generalmente reconocida como la piedra toral de los derechos fundamentales de los pueblos de habla inglesa –o como expresó Winston Churchill, en forma más amplia, “la carta de cualquier hombre que se respete así mismo en cualquier tiempo y cualquier tierra”.


En 1679 la carta se vio enriquecida por la ley de habeas corpus, oficialmente llamada “una ley para mejor aseguramiento de la libertad del sujeto y para prevenir el encarcelamiento allende los mares”. La versión moderna, más severa, es llamada “rendición” –encarcelamiento con fines de tortura.


Junto con buena parte de la legislación inglesa, la ley fue incorporada a la Constitución de Estados Unidos, la cual afirma que “el auto de habeas corpus no será suspendido” salvo en caso de rebelión o invasión. En 1961, la Suprema Corte de Estados Unidos dictaminó que los derechos garantizados por esta ley fueron “considerados por los fundadores como la más importante salvaguarda de la libertad”.


Más específicamente, la Constitución garantiza que “ninguna persona (será) privada de vida, libertad o propiedad sin el proceso debido de la ley (y) un juicio rápido y público” por sus pares.


El Departamento de Justicia explicó recientemente que esas garantías han quedado satisfechas por deliberaciones internas en la rama ejecutiva, como informaron Jo Becker y Scott Shane a The New York Times el 20 de mayo. Barack Obama, el abogado constitucional de la Casa Blanca, estuvo de acuerdo. El rey Juan hubiera asentido con satisfacción.


El principio subyacente de “presunción de inocencia” también ha recibido una interpretación original. En el cálculo de la lista de ejecución de terroristas del presidente “todo varón en edad militar en una zona de ataque” es contado, de hecho, como “combatiente”, a menos que “haya conocimiento póstumo que pruebe su inocencia”, explicaron Becker y Shane. Esta determinación de inocencia posterior al asesinato es suficiente, actualmente, para mantener este principio sagrado.


Esto es sólo una muestra del desmantelamiento de “la carta de todo hombre que se respete a sí mismo”.


La Carta del Bosque que la acompaña es quizá incluso más pertinente hoy día. Demandaba protección del pueblo bajo o vulgo por el poder externo. Ese vulgo era la fuente de mantenimiento para la población en general –su combustible, sus alimentos, sus materiales de construcción. El Bosque no era la tierra llana. Era tierra cuidadosamente nutrida, mantenida en común, con riquezas disponibles para todos, preservada para generaciones futuras. Para el siglo XVII, la Carta del Bosque había caído víctima de la economía de materias primas, de la práctica del capitalismo y de la moralidad. Ya no protegida por cooperativas y por su uso, los comunes estaban restringidos a lo que no podía ser privatizado –una categoría que sigue reduciéndose ante nuestros ojos. El mes pasado, el Banco Mundial decretó que la multinacional minera Pacific Rim puede proceder en su caso contra El Salvador por tratar de preservar tierras y materias primas y comunidades contra la altamente destructiva minería de oro. La protección ambiental privaría a la compañía de ganancias futuras, un crimen según las reglas del régimen de derechos de inversionistas mal llamado “libre comercio”.
Éste es sólo un ejemplo de las luchas que se libran hoy en buena parte del mundo, algunas con violencia extrema, como en Congo, rico en recursos, donde millones de seres humanos han sido asesinados en años recientes para asegurar una reserva amplia de minerales para teléfonos celulares y otros usos, y, por supuesto, amplias utilidades.


El desmantelamiento de la Carta del Bosque trajo consigo una revisión radical de cómo los comunes son concebidos, capturada en 1968 por la influyente tesis de Garret Hardin, que asegura “la libertad en los comunes nos causa ruina a todos”, la famosa “tragedia de los comunes”. Lo que no es de propiedad privada será destruido por la avaricia individualista. La doctrina no carece de ser desafío. Elinor Olstrom ganó el Premio Nobel Memorial en Ciencias Económicas en 2009 por su trabajo para mostrar la superioridad de los comunes administrados por sus usuarios.


Pero la doctrina tiene fuerza si nosotros aceptamos el principio implícito de que los seres humanos están ciegamente impulsados por lo que los trabajadores estadunidenses, en la aurora de la revolución industrial, llamaron “el nuevo espíritu de la era, obtener riqueza olvidándose de todo menos de uno mismo” –doctrina que ellos condenaron amargamente como destructiva, ataque contra la naturaleza misma del pueblo.


Enormes esfuerzos se han dedicado desde entonces a inculcar “el nuevo espíritu de la era”. Grandes industrias dedicadas a lo que el economista político Thorstein Veblem llamó “fabricar deseos” –dirigir a la gente a “las cosas superficiales” de la vida, como el consumismo de modas” en las palabras de Paul Nystrom, profesor de mercadotecnia de la Universidad de Columbia.


De esa forma la gente puede ser atomizada, dedicada sólo a la búsqueda de ganancia personal y alejada de esfuerzos peligrosos, como pensar por su cuenta, unidos y desafiar a la autoridad.


Es innecesario pensar en los peligros extremos planteados por un elemento central de la destrucción de los comunes: la dependencia de combustibles fósiles, que plantea un desastre global. Se puede debatir acerca de los detalles, pero hay escasas dudas serias de que los problemas son demasiado reales y que en la medida que posterguemos su solución más terrible será el legado que dejemos a las próximas generaciones. La reciente conferencia de Río+20 es el esfuerzo más reciente. Sus aspiraciones eran pequeñas y su resultado irrisorio.


A la cabeza en enfrentarse a esta crisis, a lo largo del mundo, se encuentran las comunidades indígenas. La posición más firme ha sido tomada por el país que ellos gobiernan, Bolivia, el país más pobre en Sudamérica y, durante siglos, víctima de la destrucción de sus ricos recursos por occidente.


Después del ignominioso colapso de la cumbre de cambio climático global en Copenhague, en 2000, Bolivia organizó una cumbre de pueblos con 35 mil participantes de 140 países. La cumbre hizo un llamado para la severa reducción de emisiones y una Declaración de Derechos de la Madre Tierra. Ésa es una demanda clave de las comunidades indígenas de todo el mundo.


La demanda es ridiculizada por los occidentales sofisticados, pero a menos que podamos adquirir algo de la sensibilidad de las comunidades indígenas es muy probable que ellos rían al último –una risa de amarga desesperación.

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