La cumbre que busca Trump de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, asentaría el nuevo orden tripolar del siglo XXI.Foto Ap

El influyente Sputnik difundió la "intrépida" propuesta de Trump para una “nueva iniciativa trilateral de control de armas con Rusia y China (https://bit.ly/2TL92TB)”.

La propuesta de Trump, proferida en el aniversario 50 del inoperante tratado NTP (No-Proliferación de Armas Nucleares) tiene como objetivo evitar una costosa carrera armamentista, que no conviene a EU ni a Rusia.

Trump fustigó a China por buscar duplicar su arsenal nuclear en la próxima década, mientras criticó a Rusia por estar desarrollando “costosos y desestabilizadores (sic) nuevos tipos de sistemas de lanzamiento ( delivery systems)”, en alusión a las armas hipersónicas con las que Rusia lleva una ventaja de una generación a EU.

El grave problema con los negociadores nucleares de EU, más que con Trump, radica en su falta de credibilidad e implementación de los acuerdos firmados: el caso del contencioso nuclear con Irán que pisoteó Trump, no se diga su salida unilateral del Tratado INF (Tratado de Armas Intermedias Nucleares) que dejó a Europa continental totalmente desvalida (https://bit.ly/38H3wXK), sin contar todas las trampas que se atragantó el cándido Gorbachov con Reagan.

El único tratado nuclear vigente para el control de armas nucleares es el “ nuevo START (Tratado de Reducción de Armas Nucleares Estratégicas)” de 2010, que expira en febrero de 2021, pero puede ser renovado otros cinco años.

Trump insiste en incorporar al tratado bilateral del "nuevo START" a China, que no tiene vela en ese entierro y que es muy probable lo deseche debido a su desproporcionada pequeñez frente a los magnos arsenales de Rusia y EU (https://bit.ly/2wz9Ov0).

El zar Vlady Putin ha propuesto extender el “ nuevo START” con EU "sin precondición alguna", a lo que Trump aún no ha dado respuesta porque insiste en incorporar a China (https://bit.ly/2TSivsm).

La trampa de Trump para incorporar a China a un acuerdo bilateral se debe quizá a que fue informado de los resultados de los recientes "juegos de guerra" en los que Rusia y China juntos propinan una paliza a EU (https://bit.ly/39A3ySb).

También la propuesta de Trump comporta una teatralidad electorera cuando desea convocar a una cumbre de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, todos ellos potencias nucleares (https://bit.ly/3cKrAft), lo que de facto asentaría el nuevo orden tripolar del siglo XXI con sus respectivas "esferas de influencia" que evoca en un reciente ensayo Graham Allison –un bizarro pensador híbrido que mezcla en forma forzada y contradictoria a Obama con Kissinger– donde Washington/Moscú/Beijing se reparten el planeta (https://bit.ly/32XGt9H).

Allison comenta que ante un "primer golpe" nuclear de EU, todavía Rusia y China tendrían la capacidad de represalias con un "segundo golpe" que aniquilaría "enteramente" a EU.

Los estrategas rusos vislumbran la "opción política de EU para iniciar un conflicto nuclear", debido a la reciente introducción de ojivas nucleares de “bajo rendimiento ( low-yield)” a su arsenal (https://bit.ly/2W4Lyf1).

Mas allá de los consabidos exorcismos maniqueos/lineales/daltónicos de la barata propaganda de EU con las dos caras de su misma moneda irredentista, sea con republicanos o demócratas por igual, ¿qué tanto conviene a China participar en un acuerdo trilateral?

Son más conocidas las jeremiadas cacofónicas de la propaganda estadunidense, debido a su oligopolio multimediático global, que las preocupaciones de sus "competidores geoestratégicos" cuando Rusia también tiene su propia lista de angustiantes preocupaciones sobre la política irredentista de EU y su amenazante panoplia armamentista: sistemas misilísticos de defensa, armas cibernéticas, armas de desarrollo en el espacio y armas convencionales avanzadas (https://bit.ly/2TM228T).

Un sector estratégico de EU aduce que China puede ser seducida a un acuerdo nuclear trilateral porque le concedería un estatus de superpotencia (https://bit.ly/2VS8BcB).

El mundo del siglo XXI será "tripolar", con sus "esferas de influencia" y "regionalismos geoeconómicos", o no lo será.

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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan / Reuters

El diálogo para buscar una salida a la escalada militar en la provincia siria de Idlib no ha resultado, pero los contactos continuarán. Mientras, Erdogan amenaza con la contraofensiva, algo que creará el "peor escenario posible" según Rusia, que ya envía refuerzos. 

La tensión en el distrito sirio de Idlib se redobló el miércoles cuando el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dio un ultimátum al gobierno de Damasco para que detenga de manera inmediata su ofensiva contra las milicias que operan en Idlib. Una acometida, formada en su mayor parte yihadistas radicales, que ha causado desde diciembre más de un millón de refugiados que han huido hacia la frontera turca.

En un discurso ante los diputados de su partido, Erdogan puso la fecha límite de finales de febrero para que el ejército sirio termine con su ofensiva y se retire a las líneas de alto el fuego acordadas en el cónclave de Sochi de septiembre de 2018. De lo contrario, Turquía, que en las últimas semanas ha estado concentrando tropas en su lado de la frontera, adoptará las medidas militares necesarias para desalojar al ejército sirio "cueste lo que cueste". "Es inminente", es "una cuestión de tiempo", recalcó. "Ya estamos en la cuenta atrás y enviando las últimas advertencias".

Turquía y Rusia han estado negociando en los últimos meses una solución al conflicto, si bien las posiciones están alejadas y la negociación no ha dado resultados. En estos momentos tampoco parece que vaya a conseguirse una solución a corto plazo. El acuerdo de Sochi preveía la creación de unos cuantos puestos militares de control turcos dentro de la provincia de Idlib, pero con el reciente avance sirio algunos de esos puestos se han quedado aislados.

El Kremlin por su parte dijo estar dispuesto a seguir negociando, pero subrayó que no está satisfecho con el "incumplimiento" del acuerdo de Sochi por parte de los turcos, especialmente en relación con los "ataques terroristas" de las milicias yihadistas de Idlib contra el ejército sirio y contra las instalaciones militares rusas. El Kremlin calificó una hipotética intervención militar turca en Idlib de "el peor escenario" posible.

"Si estamos hablando de una operación contra las legítimas autoridades de la República Siria y contra las fuerzas armadas de la República Siria, esto sería, por supuesto, el peor escenario" dijo el secretario de prensa del Kremlin Dmitry Peskov.

El ministro de Exteriores Sergei Lavrov insistió en que Turquía debe cumplir su parte del acuerdo y denunció que, transcurrido más de un año desde el cónclave de Sochi, Turquía ha sido incapaz de separar a la "oposición" de las "organizaciones terroristas", tal y como se comprometió. Tanto la "oposición" minoritaria como las "organizaciones terroristas" cuentan el apoyo de distintas potencias extranjeras, regionales y occidentales.

En los últimos días, la diplomacia turca se ha movido en diferentes frentes en busca de apoyo. Los turcos incluso han acudido a la OTAN para recabar su respaldo, pero sus relaciones con los países del tratado atlántico son frías y cuesta creer que estos vayan a salir en defensa de sus aliados turcos creándose un sinfín de problemas.

Turquía y Rusia se preparan para lo peor

Para complicar las cosas, el diario Al Quds al Arabi informó el miércoles, citando fuentes próximas a la base militar rusa de Hmeimim, que en las últimas horas Rusia ha enviado refuerzos militares a la base, una indicación de que Moscú, al igual que Turquía, se está preparando para el peor escenario posible.

Las fuentes revelaron que están llegando pesados y modernos tanques, lanzacohetes, artillería pesada y vehículos acorazados, así como bombas de varios tipos que habitualmente usan los modernos cazas Sukhoi. El rotativo de Londres añadió que también se ha observado la llegada de otro tipo de material militar, incluidos recursos para construir fortificaciones defensivas que podrían ser necesarios en el caso de un rápido deterioro de la situación

Rusia y Turquía comparten muchos puntos de vista e intereses en Oriente Próximo y, a pesar de los movimientos de tropas y de material militar, parece difícil de imaginar un conflicto directo en el que los dos países saldrían perdiendo. Ankara también compra a Rusia material militar avanzado para disgusto de Estados Unidos y la OTAN.

Turquía fue uno de los primeros países en implicarse en el conflicto sirio que se inició en marzo de 2011. Ankara jugó la carta de los Hermanos Musulmanes, que a la postre resultó perdedora, y más adelante apoyó a organizaciones islamistas radicales, algunas de ellas yihadistas, además de a los turcomanos, una minoría que vive en pueblos del norte de Siria.

El precio que ha tenido que pagar por el conflicto es elevado. Por una parte, varios millones de sirios han buscado refugio en Turquía y por otro lado tuvo que vérselas con los kurdos, con quienes alcanzó un considerable punto de tensión por contar estos con el apoyo de Estados Unidos e Israel. En los últimos años Turquía ha tratado de establecer una zona segura en la provincia de Idlib manteniendo vínculos con los yihadistas.

En los próximos días van a seguir los contactos entre Moscú y Ankara, y va a desvelarse si las amenazas de Erdogan son reales o no. En cualquier caso, está claro que la situación en Idlib no volverá a ser la que fue hasta noviembre pasado.

jerusalén

20/02/2020 07:56

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Medio Oriente: guerras, tensiones y acuerdos

El concepto geográfico de Medio Oriente fue cambiando a la par del tiempo histórico. Podríamos decir que esta zona, que recibe su nombre luego de la caída del imperio Otomano, es el punto de encuentro de tres continentes: Europa, África y Asia. En ese espacio conviven cuatro civilizaciones que se transformaron en estados modernos: Turquía, Israel, Egipto e Irán (Persia). Además, es el lugar de origen de las tres religiones monoteísta: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Su importancia gravitacional en términos geopolíticos se determina porque es una vía de comunicación del Mar Mediterráneo con el Mar Negro y el Mar Rojo, junto otras rutas marítimas y terrestres con Asia. Su importancia estratégica se debe a la cantidad de recursos energéticos que posee y las capacidades humanas que se manifiestan.

Casi todos los países comparten una religión madre, el islamismo en todas sus acepciones y uno solo el judaísmo con sus matices. El resto de las confesiones cohabitan en diferentes países en pliegues minoritarios.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la región ordenó su mapa en distintos países, algunos con una impronta histórica, otros solo en experimentos cartográficos, donde el desafío fue construir una identidad de nación. Cuestión casi ausente en el mundo Árabe de la península Arábiga y en la medialuna fértil, donde hoy continúan conflictos de naturaleza étnica, religiosa, tribal y política. 

También perdura, en la región, otro conflicto invisibilizado que se prolonga en el tiempo: el Kurdistán como territorio y los kurdos como pueblo. El primero abarca una amplia faja de territorio con una población de 36 millones con cultura y lengua (kurdish) propia. Se expande a lo largo de la frontera de Turquía y Siria, atravesando el norte de Irak y llegando a la región caucásica del norte iraní. Estas cuestiones producen enfrentamientos dentro los países involucrados, pero es en Turquía donde la problemática tiene una dimensión mayor porque ahí vive el 45% de la población kurda. 

En este contexto está la presencia de Israel en la región con su tradición religiosa, cultural e institucional diferente si la comparamos con el mapa mayoritario de la zona. Con el paso del tiempo los israelíes mejoraron su posición regional a través de una estrategia que combinó su capacidad militar convencional, buena información para prevenir ataques contra su territorio más el arte diplomático de negociación bilateral con cada uno de los países árabes, comenzando por Egipto, continuando con Jordania y el Líbano. Mantiene una situación de guerra permanente con Siria, sobre todo después que Israel se apoderó, durante la guerra de los Seis Días, de las Alturas del Golán y del Mar de Galilea, reserva estratégica de agua dulce en un espacio desértico. Las virtudes señaladas hicieron del Estado de Israel, tras estar constantemente en el límite del abismo, no solo una potencia regional en todos los sentidos, sino que además hoy se plantea acciones diplomáticas en zonas ajenas a su pertenencia geográfica de modo de intensificar su presencia global. En ese marco regional se presenta como agente diferenciador en materia religiosa, política y económica. Sosteniendo no solo la defensa de los intereses de Occidente, sino también sus valores.

Una realidad objetiva determina que en el Medio Oriente se convive con guerras intra-árabes como las de Siria e intra-religiosas como las de Yemen contra Arabia Saudita, más los conflictos entre palestinos e israelíes en los territorios de Gaza y Cisjordania. La reconfiguración del nuevo escenario de Medio Oriente impone renovar categorías para definir a las naciones relevantes. La nueva geopolítica energética sobre combustibles fósiles define la presencia y retirada de países en la región. La capacidad adquirida sobre las tecnologías del shale oíl por parte de EE.UU, hace más relativa su presencia. Pero Medio Oriente contiene otros actores que influyen donde cada uno es parte del conflicto, pero también necesario para la solución. Las influencias de Arabia Saudita, Israel, Turquía, Irán y Egipto como participes territoriales; la constante resistencia de los pueblos sin estado como los kurdos y palestinos; la renovada presencia regional de Rusia protegiendo el régimen de Bashar al-Asad en Siria y consolidando un alianza con Turquía de enorme importancia geopolítica, hacen de la región el centro gravitatorio del balance mundial. Los intentos para probar una solución pacífica fueron explorados en un sinfín de oportunidades, con algunos buenos resultados temporarios.

En algún momento de su vida política, el ex primer ministro israelí Ben Gurión sostenía que el equilibrio en Medio Oriente se alcanzaría cuando las viejas civilizaciones constituidas en Estados modernos se pongan de acuerdo en una agenda común. En las capitales como Tel Aviv, Ankara, El Cairo, Riad y Teherán están las llaves de la paz. 

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Ni ambición, ni financiación, ni adaptación: las negociaciones de la COP25 se enquistan y todo apunta al fracaso

Los acuerdos de la Cumbre del Clima no llegan y la ONU pospone el plenario final hasta las 9.00 horas del sábado. La intención es la de salvar los puntos más determinantes para la lucha contra el cambio climático.

El escenario que se plantea en la Cumbre del Clima, a unas horas del cierre oficial, es el de un nuevo fracaso del multilateralismo. Tanto es así que las negociaciones cruciales siguen enquistadas y los acuerdos que se vendían al inicio del evento como imprescindibles parecen tan lejanos como imposibles. Aunque la ONU ha prolongado las negociaciones hasta el sábado, la realidad es que en los pasillos de Ifema se empieza a percibir cierta frustración debido al bloqueo constante de algunos países como Australia, Brasil o India en aspectos determinantes. 

"Los ojos de la gente están sobre nosotros, y seguiremos trabajando duro tanto tiempo como sea necesario", ha expresado Andrés Landerretche, coordinador de Presidencia de la COP25, en una rueda de prensa a última hora del viernes, dando a entender que las negociaciones se alargarán más de lo previsto. Lo que no se ha conseguido resolver en dos semanas, se intentará salvar en unas horas o, incluso, a lo largo del fin de semana, tal y como opinan algunos observadores, que ven con pesimismo el cierre de la cumbre.

El desarrollo de un sistema de mercados de carbono, los compromisos para la reducción de emisiones o las dotaciones económicas para la adaptación de los países más vulnerables al cambio climático son algunas de las claves que se tendrán que resolver en las próximas horas o, en el peor de los casos, posponerse para la siguiente cumbre de 2020.

El artículo 6 y los mercados de carbono

El principal escollo de las negociaciones tiene que ver con la creación de herramientas que den sentido al Artículo 6 del Acuerdo de París, un epígrafe con el que se pretende regular las emisiones de gases de efecto invernadero de los estados a través de un mercado de carbono. Se trata de un sistema que permite que los países que superen el tope de contaminación puedan comprar créditos de emisión a aquellos que no estados que sobrepasan los límites establecidos. 

El problema es que hay ciertos vacíos legales que no terminan de solucionarse, como es el caso de la doble contabilidad que permite que tanto el comprador como el vendedor se apunten una reducción de emisiones en cada transacción, lo cual hace que la herramienta carezca de sentido.

Según han compartido con los medios algunas organizaciones medioambientales y representantes del ámbito empresarial, el Artículo 6 no ha presentado ningún avance debido al bloqueo constante de Australia, Estados Unidos, India y Brasil, que mantienen una visión muy laxa de esta herramienta de control de emisiones, frente la postura, más ambiciosa, de la Unión Europea.

Adaptación y compensación de emisiones

Por otra parte, se plantean pocos avances en el diseño de un mecanismo de adaptación para los países más vulnerables al cambio climático. Según fuentes de la negociación, las trabas tienen que ver con cómo hacer que un porcentaje de los fondos de carbono se destine a la implementación de ayudas y planes de mitigación en los países que más sufren las consecuencias de la crisis climática. 

Lo mismo ocurre con la dotación de fondos para el Green Climate Fund al que los estados desarrollados se comprometieron a destinar una partida presupuestaria para garantizar que los países más empobrecidos puedan tejer mecanismos de resiliencia y adaptación al cambio climático. 

En este punto de las negociaciones, las discrepancias polarizan los plenarios en dos bloques: países desarrollados y países en desarrollo, quienes piden más esfuerzos a los gobiernos más poderosos.

Ambición

La presión social del último año y las advertencias de la ciencia llevaron a algunos países a anunciar, al inicio de la cumbre, que tratarían de aumentar su ambición climática y sus compromisos para reducir sus emisiones durante la COP25. De está forma, el camino se allanaría de cara a 2020, año en el que los países deberían haber presentado de manera oficial sus compromisos para la descarbonización de la economía.

Pero, según explican fuentes de la negociación, la realidad es que el bloqueo también ha llegado a este punto de las negociaciones, ya que hay determinadas delegaciones que se acogen a la literalidad del Acuerdo de París y reclaman que se posponga a 2023 la actualización de las Contribuciones Determinadas Nacionalmente (NDC), que no son otra cosa que las hojas de ruta que cada estado maneja para conseguir descender sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el momento tan sólo 73 países se han comprometido a mejorar en 2020 sus promesas de reducción de emisiones. España, por su parte, se ha comprometido a iniciar un proceso interno para presentar en ese mismo año sus compromisos climáticos. 

Plan de Acción de Género

La cita de Madrid se presentaba crucial para rediseñar el Plan de Acción de Género (PAG) que se aprobó por primera vez en la COP23 de 2017. Durante toda la cumbre, este punto ha contado con un bloqueo absoluto por parte del Grupo Africano. Sin embargo, el diálogo ha permitido que el plenario apruebe este viernes el documento, incluyendo todas las demandas de la sociedad civil. Esta es, quizá, una de las pocas noticias positivas del encuentro de Madrid, en tanto que se permitirá que la perspectiva de género se integre dentro de las políticas climáticas globales.

MADRID

13/12/2019 22:30 Actualizado: 14/12/2019 08:27

Por ALEJANDRO TENA

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Domingo, 18 Agosto 2019 05:58

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

Hace un mes, el general Mark A. Milley afirmó que China será el principal rival de Estados Unidos para ‎los próximos 50-100 años. Lo hizo ante el Comité de Servicios Armados del Senado por ser el candidato de Trump como ‎próximo jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el oficial militar de mayor rango de las Fuerzas Armadas y principal asesor militar del Presidente. Milley fue cuidadoso en definir a China no como ‘enemigo’ sino como ‘competidor’, porque “el término ‘enemigo’ significa ‘estar en guerra’ y “queremos paz, no guerra, con China”. Concluyó afirmando que “algún historiador en 2119 va a mirar hacia atrás en este siglo y escribir un libro y el tema central de la historia será la relación entre Estados Unidos y China”.

Sin embargo, calificar de ‘rival’ puede no ser suficiente para evitar romper la paz si continúa agravándose la guerra comercial entre ambos. Si en lugar de avanzar 100 años a 2119 se retrocediera un siglo, las palabras vertidas por el entonces Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, el 5 de septiembre de 1919, al fin de la Primera Guerra Mundial, podrían servir de guía para las posibles consecuencias de una guerra comercial intensificada:

“Si cada nación va a ser nuestro rival (…) si decimos: ‘[E]stamos en este mundo para vivir solos y obtener lo que podamos de él a través de cualquier manera egoísta’ (…) ¿qué habremos obtenido? ¿Paz? Pero, mis conciudadanos, ¿hay algún hombre aquí o alguna mujer, déjenme decir hasta hay algún niño aquí, que no sabe que la semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial y comercial?”

Wilson batallaba para que su país apoyara su proyecto de Liga de las Naciones que consideraba traería paz al mundo en base a su perspectiva liberal. No sería el caso; el Senado se lo negaría. No obstante, después de la segunda guerra mundial cobraría existencia como Naciones Unidas. Sería el inicio de lo que se entiende que fue la propuesta del Orden Liberal que EE.UU. ofrecería al mundo en contraposición al proyecto soviético. La caída de la URSS en 1991 marcaría el triunfo y la consagración del modelo liberal. Pero EE.UU. continuó procurando ‘rival-enemigo’: “la desaparición de la Unión Soviética dejó un gran agujero. La ‘guerra contra el terror’ fue un reemplazo inadecuado. Pero China cumple todos los requisitos” sostuvo, el 4 de junio pasado Martin Wolf, en su artículo “El inminente conflicto de 100 años entre Estados Unidos y China” en el Financial Times.

En estos momentos es su actual presidente Donald Trump el que es percibido como quien más está desmantelando ese orden liberal que hace tres décadas festejara su triunfo. Contra el alerta de Wilson, Trump procura reformar el mundo atropellando cualquier obstáculo a su egoísta cruzada cuyo único contenido es “América Primero”. Mientras la visibilidad mayor a la oposición a esta pretensión es el conflicto económico-comercial con China, el trasfondo geopolítico más profundo contiene también a Rusia como rival del país norteamericano.

Recientemente The Economist destacó que China y Rusia vienen profundizando lazos en su rivalidad en común contra EE.UU. El presente encuentro de estas dos naciones cuya rivalidad entre sí resultó clave para el fin de la Unión Soviética, luego de que Richard Nixon y Mao retomaron relaciones en 1971, es producto de lo que entiende Peter Conradi, entre varios autores, es el surgimiento de una nueva Guerra Fría. Por eso afirma: “Así como Estados Unidos se convulsionó con la pregunta de ‘¿Quién perdió a China?’ después de la victoria del presidente Mao sobre los nacionalistas en 1949, ahora debemos preguntarnos: ‘¿Quién perdió a Rusia?’”.

The Economist afirma que “hay diferencias cruciales entre el resentimiento de hoy y el combate mortal del pasado. Una es que la guerra fría fue una lucha sobre cuál modelo representaba el futuro para el mundo. La confrontación de hoy rechaza la idea de cualquier futuro singular. Rusia y China justifican su autoritarismo en base de la diferencia civilizatoria. No afirman que sus valores son universales; no aceptan los valores occidentales como tales”. Efectivamente, China y Rusia no sostienen que sus civilizaciones son portadoras de valores universales de la humanidad, sino solamente propios. Pero bajo esta postura, cuestionan que los valores de la civilización occidental lo sean. Así, en sus visiones, la calificación de The Economist de denominar sus sociedades de ‘autoritarias’ constituye un acto hipócrita occidental para imponerse sobre ellos. Por ejemplo, luego de la última matanza provocada por quien se identificó como parte de la supremacía blanca, China Radio International afirmó:

“Estados Unidos ha utilizado durante mucho tiempo los derechos humanos como un medio de presionar a otros países. Siempre que no esté satisfecho con algún país, publicará un informe de derechos humanos de ese país. Sin embargo, debe reflexionar sobre su propia situación de derechos humanos antes de criticar a otros países. Para muchos estadounidenses no blancos, el ‘sueño americano’ es en realidad una ‘pesadilla estadounidense’, ya que la supremacía blanca y la incitación al odio se han vuelto tan rampantes en el país”.

Por su parte, en abril, Russia Today objetó a Time su nota “El otro complot de Rusia” afirmando que “aparentemente trata sobre la construcción que hace Rusia de un ‘imperio de estados amorales’ en todo el mundo, pero en verdad esta común diatriba es en realidad una propaganda audaz para la política exterior de Estados Unidos y sus guerras para cambiar regímenes”. Más recientemente, denunció a la prensa occidental por su xenofobia, mencionando un “artículo reciente del New York Times que afirmaba que la corrupción está en el ‘ADN’ ruso y que compartir ‘no es la forma rusa’. Antes de eso, estaba James Clapper, ex Director de Inteligencia Nacional de EE. UU., diciéndole a NBC que los rusos están ‘impulsados genéticamente’ para mentir y engañar”.

La cuestión de ‘haber perdido Rusia’ hace referencia a que, tras la URSS, Boris Yeltsin inició un enamoramiento con Occidente liderado por su Canciller Andrey Kozyrev. Rusia pasó a adoptar instituciones occidentales y recomendaciones del FMI y de EE.UU. para convertirse en una ‘economía de mercado’. Pero también pensaba que sería incluida en sus pactos internacionales, como OTAN y la Unión Europea. Habiendo experimentado sucesivos rechazos, el mismo Kozyrev anunciaría el fin de la luna-de-miel con occidente. Tras la crisis de 1998, su sucesor Andrei Primakov, retoma una visión geopolítica en la política externa y anuncia el interés de acercarse a China e India. Para ese año, en el que entra políticamente en escena Vladimir Putin, el PBI ruso se había reducido al 71% del de 1992. Su tasa de mortalidad se disparó y redujo su población en 6 millones de personas en 10 años, la mitad debajo de la línea de pobreza. Rusia pasó a considerar que, más allá de sus deseos, occidente no tenía interés en incorporarla, y asumió una postura anti-occidental. La expansión de la Unión Europea y de la OTAN, incorporando países que eran de la Unión Soviética mientras se la excluía, pasó a ser entendido como un plan occidental de asfixiarla.

Para The Economist, la fortaleza de la alianza sino-ruso es puesta en duda por causa de los históricos deseos rusos, iniciados por Pedro ‘El Grande’ en el siglo XVII, en pertenecer al mundo occidental, a diferencia de China. Queda, así, en observar el ímpetu de esta identificación no-occidental entre ambos. Principalmente porque, como la publicación destaca, existe una gran diferencia de poder económico en favor de China. Además, el proyecto chino de la ‘Nueva Ruta de la Seda’ extiende su zona de influencia sobre Asia central que The Economist denomina ‘tradicional patio trasero ruso’.

Por eso apuesta a que ese carácter subalterno, ‘socio junior’, tarde o temprano empujará otra vez a Rusia a mirar hacia el oeste. En ese momento afirma que quien sea presidente de Estados Unidos deberá emular lo que hizo Nixon en 1971, cuando retomó las relaciones con Mao, quebradas desde su Revolución Comunista en 1949, y viajó a Pekín, dando un golpe fundamental a la URSS. En este caso, dice The Economist, el presidente de EE.UU. debería viajar a Moscú...

Sería la repetición de una jugada geopolítica que fue triunfal pero que en nada estuvo relacionada con valores liberales civilizatorios. No obstante, sí sería un paso lógico de parte quien está viendo cada vez más, no como rival, sino como ‘enemigo’ a China dentro del comercio liberal en la opinión de Wolf. Por eso concluye: “La ideología de China no es una amenaza para la democracia liberal como lo fue la Unión Soviética. Los demagogos de derecha son mucho más peligrosos”.

Por Andrés Ferrari Haines, profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil. @Argentreotros

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Se rompe el diálogo en Venezuela por el bloqueo de Trump  

Washington endureció sus sanciones y colocó a Venezuela en una situación de embargo total similar a la de Siria, Cuba, Irán y Corea del Norte. El gobierno de Nicolás Maduro respondió con la retirada de sus negociadores en el proceso iniciado con la oposición.

 

El gobierno venezolano anunció el miércoles por la noche que no asistirá a la nueva ronda de diálogos en Barbados, prevista para los días jueves y viernes. La decisión fue tomada por el presidente Nicolás Maduro, que optó por “no enviar a la delegación venezolana en razón de la grave y brutal agresión perpetrada (…) por la administración de Trump contra Venezuela, que incluye el bloqueo ilegal de nuestras actividades económicas y financieras”.

La resolución fue tomada con el margen de maniobra cerrado por Estados Unidos (EEUU) luego del decreto presidencial firmado por Trump, y con declaraciones de John Bolton, asesor de seguridad nacional, que atacó los procesos de diálogo. La administración Trump lo dejó claro: no es tiempo de hablar ni abrir canales económicos, es momento de buscar el asalto final.

Ante eso la opción del gobierno se vio reducida. Una de las demandas, tal vez la principal, para llegar a un acuerdo es que EEUU levante el bloqueo. La respuesta de Washington fue la antítesis: recrudecer hasta el punto de situar a Venezuela en la lista de pocos países que están en esa situación de congelamiento total, como son Siria, Cuba, Irán y Corea del Norte.

Europa y EEUU, a destiempo

El punto de inflexión dejó la puerta abierta a mayores niveles de incertidumbre y de posiciones en tensión. En efecto, la reacción de la Unión Europea (UE) fue de poner cautelas sobre la decisión unilateral norteamericana y subrayar su apuesta al diálogo. El Grupo Internacional de Contacto (GIC), formado y conducido por la UE, con participación de gobiernos como el de Uruguay, así lo escribió: “una salida negociada sigue siendo la única vía factible para superar esta crisis multidimensional”.

Los temores por las implicaciones del embargo se deben a un punto central: el decreto presidencial amenaza a empresas y gobiernos que hagan negocios con Venezuela. La narrativa norteamericana es clara, el gobierno debe hundirse, y con él, la economía y la población si es necesario para lograr el objetivo.

El destiempo entre EEUU y UE no se da solo por Venezuela. Otro caso significativo es el de Irán, donde la administración Trump decidió salirse del Acuerdo Nuclear. Allí Europa quedó en una zona gris, sin respuesta de peso real ante el pedido del gobierno iraní de mediar para lograr un cese del bloqueo económico, y la guillotina de las sanciones a sus empresas, varias de las cuales se retiraron del país. El resultado está a la vista: un bloqueo y una escalada guerrerista.

En el caso venezolano se está en zona vital geopolítica norteamericana: ¿Está dispuesta la UE a endurecer posiciones para obligar a EEUU a no poner bajo cuarentena al país? ¿Forma parte de sus planes dentro su relación asimétrica con EEUU? Son preguntas que están sobre la mesa en cada bloque de fuerzas.

Los escenarios tras la ruptura del diálogo

La decisión del gobierno de Maduro fue entonces la de expresar lo que ya había sucedido: la ruptura de los diálogos. EEUU lo produjo, Venezuela lo expresó. En cuanto a la oposición venezolana en Barbados, la pregunta siempre ha sido: ¿qué fuerza real, capacidad de ofrecimiento tienen en un posible acuerdo? La respuesta siempre fue que esa fuerza era norteamericana y su principal carta para ofrecer era desbloquear partes del ataque económico y financiero. Redoblarlo fue romper.

Los escenarios son cambiantes. Sin embargo, dos cartas de EEUU parecen claras: no darán marcha en su decisión de derrocar a Maduro, y, dentro de la administración Trump, así como en tramas del Estado profundo norteamericano, tienen capacidad de acción tendencias que buscan acelerar las operaciones antes que apostar a la denominada “paciencia estratégica”.

A eso se le debe agregar la variable de los tiempos electorales internos de EEUU y la forma en que Trump busca capitalizar parte de un electorado con estas medidas.

No existían hipótesis consolidadas acerca de posibles acuerdos en Barbados. Parte de eso se debía al llamado del gobierno de Noruega de mantener cautela y gran discreción. Lo que habían manifestado voceros norteamericanos, como John Bolton -parte del sector que busca acelerar las maniobras y quemar el país en su paso- era que se debía llegar a una elección presidencial sin Maduro en el gobierno. Esa postura nunca expresó un diálogo posible sino una amenaza.

La ruptura de Barbados empujada por EEUU significa el recrudecimiento de las otras formas de ataque. Trump ya anunció que prepara “otras herramientas”, el gobierno de Iván Duque en Colombia volvió a vaticinar una pronta salida de Maduro, y por debajo, en los subterráneos del país, laten las amenazas de una violencia mercenaria. Como han señalado varios análisis, los embargos no provocan caídas de gobiernos por sí solas, sino que, cuando lo logran, es por estar combinadas con otras formas de asalto.

El gobierno ha afirmado que se “dispone a revisar los mecanismos de este proceso (de diálogo) a fin de que su continuación sea realmente efectiva”. Los diálogos detenidos son las puertas abiertas a los escenarios más inciertos. ¿Una negociación con un bloqueo total es una negociación? El chavismo movilizará este sábado para expresar su desacuerdo, su voluntad de dar la pelea. 

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Afganistán: Trump planea devolver el poder a los Talibán

El presidente de la República Democrática de Afganistán, doctor Mohammad Nayibulá siguió en el poder siete años después de la retirada del ejército soviético en 1989 gracias al apoyo popular del que gozaba. ¿Cuántos días aguantará Ashraf Ghani, encerrado en la “Zona Verde” de Kabul cuando EEUU cumpla el acuerdo con los Talibán y retire parte de sus tropas?

Por la brillante mente de Trump han pasado dos soluciones para sacar a las tropas de Afganistán: ganar la guerra matando a “10 millones de afganos en 10 día”, y de paso, dando un uso a tantas bombas atómicas almacenadas, o salir pitando. La primera es imposible, y no me refiero su incapacidad o falta de ganas de exterminar aquel pueblo, sino a “ganar” el Gran Juego en Asia Central por esta vía (¡y por cualquiera otra!), por lo que ha optado por la segunda, aunque con matices, pidiendo auxilio a Pakistán. Se trata del mismo país al que el presidente menos docto de la reciente historia de EEUU acusó de «mentiras y engaños» y le cortó la ayuda militar «tonta» de 300 millones dólares en 2018 por el doble juego de Islam Abad, el principal patrocinador de los Talibán. Mientras el inquilino de la Casa Blanca necesita, de cara a las elecciones presidenciales del 2020, mostrar algún logro en la política exterior, los generales intentan decirle que EEUU, a pesar de la imagen de “empantanado”, está cumpliendo exitosamente su plan en Asia Central desde que ocupó Afganistán: o ¿no es un éxito haber podido instalar numerosas bases militares en el país más estratégico del mundo, bajo el pretexto del 11S., desde donde se pueda controlar a China, Rusia, India e Irán y eso a pesar de que 1) entre los supuestos terroristas de aquellos atentados no había ningún afgano, y 2) antes del ataque de la OTAN, los Talibán ofrecieron a Bush la entrega de Bin Laden, pero él lo rechazó porque detener al saudí no estaba dentro de los 9 objetivos de la ocupación?

El encuentro entre Trump y el primer ministro de Pakistán Omran Khan en la Casa Blanca, celebrado el 22 de julio, sella el acuerdo entre EEUU y talibanes tras meses de negociaciones en Qatar, en las que Washington se ha comprometido:

  1. Retirar parte de sus tropas, aunque serán sustituidas por 1) los mercenarios de los ejércitos privados de empresas como Academi, antes “Blackwater USA”, implicada en torturas y asesinatos en Irak; 2) por armas avanzadas y 3) por soldados paquistaníes y árabes que harán de carne de cañón de sus intereses
  2. Devolviéndole al Pakistán el papel que ostentaba antes del 2001 como el matón del barrio, para el disgusto de la India e Irán. Las relaciones entre EEUU y su principal aliado en Asia Central se estropearon durante el mandato de Obama por dos principales motivos: 1) los continuos bombardeos de las regiones fronterizas del Pakistán con Afganistán, para “destruir las bases de al Qaeda”, que causaron la matanza de miles de personas y forzaron la huida de varios millones de sus hogares, y 2) la violación del espacio aéreo de Pakistán el 2 de mayo del 2011, para matar el espíritu del fallecido Bin Laden, sin siquiera avisar al gobierno “soberano” de Islam Abad, provocando graves protestas en el país. Un error que convirtió a EEUU en un rehén de los generales-talibanes de Pakistán, que controlaban la Ruta Sur por la que los camiones de la OTAN transportaban artículos de primera necesidad para sus 300.000 soldados en Afganistán.
  3. Entregar el poder en Afganistán a los talibanes paquistaníes, quienes al principio actuarán como un gobierno interino, para que después de celebrar unas “elecciones “democráticas” restauren su Emirato Islámico, con la legitimidad internacional.
  4. Descongelar la ayuda de 30 millones de dólares destinada a los generales corruptos, fanáticos y patrocinadores del terrorismo paquistaníes, que gobiernan sobre casi 200 millones de personas.
  5. Ampliar las relaciones comerciales con Islam Abad, y echarle un cable para que El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) que controla el tema del lavado de dinero, expida un informe favorable para que pueda solicitar préstamos al Fondo Monetario Internacional.
  6. Mediar en la disputa de Cachemira con la India.

Por su parte, Pakistán y Talibán aceptan una única condición: Impedir la actividad de los grupos terroristas del Estado Islámico y Al Qaeda contra los intereses de EEUU.

Pakistán, país con la bomba atómica ilegal (al igual que Israel y la India) es una pieza fundamental en el juego del “bombero pirómano” de EEUU en Afganistán, aun así, no hay ninguna garantía de que el Sr. Khan pueda cumplir su parte del trato. Pues, los Talibán son un frente de varios grupos formados por decenas de miles de individuos de origen lumpen proletariado, que viven de su sueldo de mercenario que reciben de los señores de guerra, quienes por su parte están contratados por diferentes países de la región, y además cambian de lealtad vendiéndose al mejor postor. Algunos, incluso, son independientes y viven del tráfico de droga y de piedras preciosas del dorado de Asia Central. Por lo que, Khan solo podrá dar garantías a EEUU sobre los talibanes paquistaníes, ni siquiera sobre los talibanes afganos.

La Operación de Apoyo Resuelto de la OTAN en formar a las fuerzas afganas ha sido un total fracaso: cerca de la mitad del país sigue bajo el control de los talibanes ¡que no tienen ni un helicóptero! Y el fenómeno de miles de “soldados fantasma” quienes existen solo sobre el papel mientras sus superiores cobran sus salarios, impide conocer el número real de las fuerzas armadas y de seguridad del país.

“Talibanes” de otros países

Salvo la India, todos los piases afectados de la zona han negociado con el poderoso grupo terrorista: Rusia lo hizo por 16 objetivos; China les paga como vigilantes de seguridad allá donde ha invertido parte de sus 5.950 millones de euros, como en el sector minero, a la vez que negocia con Kabul para instalar una base militar en Badakhxan, provincia que comparte frontera con la localidad china de Xinjiang, donde los grupos terroristas islamistas cometen atentados. Pero, es Irán quizás el país con una política más sofisticada y multifacética respecto a los “seminaristas”, que es lo que significa Talibán: en 2001cooperó con EEUU para derrocarles del poder proporcionándole al gobierno de Bush asistencia militar e inteligencia, y una vez que conoció los planes de la OTAN en permanecer en el país con el que comparte 936 kilómetros de fronteras y lo considera su patio trasero, cambió de política: creó causa común con un sector de Talibán contra las tropas de EEUU (y cuando el Pentágono trasladó su “Arco de crisis a esta región, también contra Daesh) manteniendo a la vez buenas relaciones con los gobiernos instalados por Washington en Kabul. Teherán ejerce un poder blando en Afganistán a través de: inversiones económicas, no sólo en negocios sino también en los políticos; lazos lingüísticos (dari, un dialecto de persa es la lengua cooficial del país junto con el pastún), que le facilitan tener canales de televisión y radio, mientras regala millones de libros cuidadosamente seleccionados; y mediante la religión, siendo el 20% de los 35 millones de afganos chiitas. Incluso ha formado la Brigada Fatemiyun con miles de afganos chiitas pobres, y los refugiados e inmigrantes indocumentados que viven en Irán desde hace décadas, enviándoles a Siria en apoyo al presidente Bashar al Asad. En el propio Pakistán («La tierra de los inmaculados» en hindi y persa), la República chiita de Irán cuenta con la Brigada Zeinabiyun, reclutada de entre el 5% de la población que practica la segunda corriente del islam. Los fuertes lazos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos,(los dos únicos estados que junto con Pakistán reconocieron al régimen de Talibán en 1996), con Islam Abad ya preocupaban a Teherán, y que ahora además recuperen su poder en Kabul, le inquieta.

La fuerte oposición de los poderosos militares de EEUU al plan de Trump de retirar las tropas de las guerras “inútiles”, harán que el actual proceso sea más táctico que estratégico: Trump tiene el reloj, pero quien tiene el tiempo es el Complejo Industrial-militar, el mismo que le obligó a tragar sus propias palabras sobre la retirada de Siria.

El principal ganador de esta situación ha sido Omran Khan, el ex jugador de Criquet:  «Vino, vio, venció» tituló Dawn, el diario Paquistán de lengua inglesa, que así celebraba el regreso del régimen fascista de los Talibán a Kabul. El principal perdedor es el invisible pueblo afgano, y sobre todo sus mujeres, muy cansado de bombas, violencia y una pobreza extrema: sólo en los primeros días de agosto, cerca de 200 civiles, muchos de ellos niñas y niños, han sido víctimas de la barbarie de la guerra. ¿Saben por qué ha desaparecido el movimiento antimilitarista del escenario?

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Domingo, 04 Agosto 2019 06:10

El sueño de una guerra con Irán

El sueño de una guerra con Irán

Los buques ya patrullan, las bases aéreas en la región están en alerta y reforzadas, ya están llegando seis mil soldados más y está listo el plan para una operación con 120.000. Estados Unidos no está en guerra con Irán, pero la idea ya pasó de fantasía a peligro posible. Lo que cuesta pensar es una razón válida para que esta guerra suceda, excepto la ya enorme antipatía de los norteamericanos hacia los iraníes y la simple lógica de la razón imperial.

En el imaginario norteamericano, como en el de tantos países, los extranjeros registran poco y con estereotipos simples, cosa de no fatigarse. Los franceses son aliados, aunque volubles y no muy confiables. Los británicos son una potencia de segunda, pero leal y con estilo. Los rusos son malos, pero poderosos y por eso respetables. En ese universo simplificado, hay dos retratos algo más complejos, el de los chinos, que compiten pero te rodean en tu vida cotidiana con esos productos tan deseables, y el de los iraníes.

Los iraníes son los que tomaron la embajada en 1979, caso único en la historia, y tomaron de rehenes a los diplomáticos. Son los que inventaron al Gran Satán y cada año marcan la fecha desfilando sobre una enorme bandera norteamericana pintada en el asfalto. El día nacional, el de la revolución, todavía se marca quemando banderas yanquis. Sus líderes son teócratas incomprensibles con ropas de Star Wars, su política es conspirativa y llena de organizaciones terroristas impronunciables.

La antipatía es real y por lo tanto fácil de vender puertas adentro. Es tal el capital político que el mismo Bill Clinton arrancó en 1995 la primera campaña internacional para arrinconar a Irán. El guión era que Teherán bancaba terroristas, asesinaba opositores adentro y afuera, y estaba detrás de los atentados en Buenos Aires de 1992 y 1994. Los iraníes contestaron en 1996 con uno de los peores atentados en la historia de Arabia Saudita, cuando un camión-bomba (con un auto no alcanzaba) detonó frente a las torres Khobar, un complejo de viviendas de esos en que en el reino aíslan a los extranjeros. En este caso, buena parte de esos extranjeros eran militares norteamericanos. Hubo 19 aeronautas americanos y un civil saudita muertos, más 498 heridos de varias nacionalidades. La base aérea se mudó a Qatar después del ataque.

Donald Trump decidió construir a Irán como su enemigo propio, exagerando un prontuario que es cierto. Los ayatolás sostienen y arman a Hezbollah, que les funciona como una suerte de base militar en el Líbano para atacar a Israel. También pusieron hombres y fondos para sostener al régimen de Assad en Siria, y tienen una suerte de ejército independiente en Iraq, apenas sujeto al gobierno central. La rebelión de los houthi en Yemen existe en buena parte por el apoyo iraní, que por algo ataca las fronteras sauditas. Y por supuesto, el régimen en Teherán sigue tan represivo, violento, cerrado y lleno de presos políticos como siempre.

Pero nada de esto sostiene la frase que circula entre los duros de Washington que afirma que Irán “controla” Bagdad, Beirut, Sana’a y Damasco. Ya le gustaría al régimen que eso fuera cierto, como le gustaría ser la potencia militar y económica que describen los halcones norteamericanos a la hora de preparar una guerra posible. Hay que recordar siempre que Irán tiene un PBI menor que el argentino, y que no hay riqueza petrolera que cambie este hecho y estire los límites de lo que se puede pagar.

Hezbollah es en el mejor de los casos una guerrilla mediana, que se desangró peleando en Siria, los houthi apenas pueden molestar a los sauditas y el gobierno iraquí tiene ministros shiítas, cierto, pero educados en Estados Unidos o en Europa. Ni siquiera el arsenal iraní es lo que los halcones parecen desear.

Irán tiene excelentes misiles y tiene muchos, una buena inversión para defenderse en la situación geográfica y política de ese país. Su armada es en realidad una flotilla de lanchas livianas, algún destructor y algún dragaminas, más una buena cantidad de submarinos de distinto grado de obsolescencia. La fuerza aérea es casi vintage, con aviones norteamericanos de principios de los setenta mezclados con algunos modelos rusos más avanzados. Y, como se estila en Medio Oriente, hay bastantes tanques, aunque nada que pueda preocupar a las tripulaciones de los poderosos Abrams americanos.

Con lo que una invasión podría repetir la película que ya vimos en Iraq, con un desembarco exitoso, una instantánea destrucción de aviones y tanques iraníes, y un avance indetenible hacia la capital. A lo sumo, en términos convencionales, Irán podría montar el equivalente naval de un ataque suicida, con submarinos y lanchas atacando en masa a, por ejemplo, un portaaviones, a ver si lo hunden o lo dañan. Nada que pudiera cambiar el desenlace.

Pero después sigue la película y viene la parte en que los americanos no saben qué hacer con lo ganado. Irán es más grande, más poblado y más complejo que Iraq, un país montañoso como Afganistán pero con ciudades y una clase media educada. Convencer a los iraníes que las tropas de Trump les traen la libertad y la democracia serían tan exitoso como lo de Napoleón invadiendo Rusia para llevar los frutos de la Revolución Francesa a los siervos. Nada que viene de la mano de un invasor es confiable, y menos para una gente que sigue orgullosa de ser persas, el terror de Europa.

Con lo que la escala de la guerra de guerrillas que seguiría al éxito de la invasión es fácil de imaginar. Afganistán es la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, y ahora que está tranquila cuesta apenas 200 millones de dólares por mes. Iraq ya se acostumbró a vivir apagando la mecha de una explosión, mientras que los kurdos mantienen un bajo perfil astuto. Sumarle Irán a esto sería simplemente entrópico.

El problema es que cuando empiezan estos procesos de aprietes las cosas toman una dinámica propia. Trump se frenó antes de bombardear blancos iraníes cuando le bajaron el dron porque se acordó de su promesa electoral –realmente sentida y sincera- de que había que salir de Medio Oriente en lugar de entrar en más guerras. Pero está rodeado de gentes como Richard Pompeo, su secretario de Estado evangelista, que cree que la guerra total en Medio Oriente, incluyendo la destrucción de Israel, es la llegada del Armagedón y por lo tanto la segunda venida de Cristo… Con ideas así, todo es posible. 

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Lunes, 01 Julio 2019 07:11

Subóptimo

Subóptimo

Cualquier arreglo de las relaciones entre los países es, por definición, de índole subóptima. No ocurre en un marco de igualdad; el poder se ejerce en diversas dimensiones, con distintos medios; algunos son visibles, otros no. Esa es la naturaleza de toda forma de poder, de ahí derivan sus expresiones más burdas, y también, el extremo al que se quieran llevar las maquinaciones conspiratorias.

El tipo de acuerdo que conocemos como la globalización se convirtió en el modelo predominante desde la década de 1980; hoy está en franco cuestionamiento y, precisamente, en las naciones que son más poderosas en términos económicos y militares.

Otra cosa son las naciones que están en la periferia de los centros dominantes, presas en las mismas telarañas de costumbre. Esta cuestión exige en sí misma una reflexión más detenida.

Estamos en un periodo de recomposición cada vez más palmario que se extiende por muchos frentes. La reciente reunión del G-20 en Osaka exhibió a las claras las contradicciones que existen y cómo tienden a exacerbarse.

En ese entorno, Donald Trump acapara la figura protagónica, con su particular concepción de sí mismo, del significado del poder estadunidense y cómo debe restituirse en el mundo, además de exaltar las habilidades que dice tener como negociador, de las que se precia públicamente.

La reunión en Japón desplegó la tensión que ha ido urdiendo con los países que han sido los aliados convencionales desde mediados del siglo pasado. Pero el mundo ya no es el mismo. Esto es evidente en el caso de la Unión Europea (UE), cuyos líderes no aciertan en cómo tratar las nuevas premisas de las relaciones con el gobierno de Estados Unidos.

Aparecen como entidades disminuidas, algunos de sus dirigentes, pasmados, otros en estado de exaltación. A esto se añaden las enormes dificultades de la propia UE para formar el gobierno asentado en Bruselas.

En cambio, en Osaka, amainaron las presiones sobre el gobierno chino al replantearse las opciones para la negociación comercial, incluyendo el bloqueo de la compañía de telecomunicaciones Hauwei, que apenas hace poco había sido acusada de actividades de espionaje. Como dice el dicho: se necesitan dos para bailar tango.

Con Vladimir Putin el vínculo parece ser de una admiración casi descarada. Se advierte en la actitud que Trump despliega con él, una especie de adulación y la envidia que le produce el autoritarismo de su gobierno. Esta misma inclinación se nota en su trato con Kim Jong-un y en la condescendencia en el caso del príncipe heredero saudí.

Todo lo demás le merece un cierto desprecio. Así se sitúa ante la discusión inaplazable a escala internacional sobre el medio ambiente, las migraciones masivas y la miseria en la que vive buena parte de la humanidad.

La política se desarrolla como espectáculo, a la manera de Guy Debord. Eso es lo que estamos presenciando mientras se redefinen las condiciones de la hegemonía económica y se establecen nuevas pautas sociales, que ya muestran su naturaleza excluyente. Hay una fachada democrática, pero que se niega a sí misma por su esencia restrictiva: nacionalista, xenófoba, autoritaria, siempre de privilegios. Los políticos están visibles y los ciudadanos somos responsables.

En el entorno subóptimo de un orden (o desorden) internacional, de hegemonías cuestionadas y, por eso mismo, en proceso de replanteamiento, hay una cuestión que no debería eludirse y se refiere a la estructura política que haga posible un nivel sustentable de bienestar y seguridad para la gente.

Algunos preferiríamos que esto ocurriera, además, en un entorno amplio de libertades individuales. Eso es cada vez más incierto. Así lo indican, por ejemplo, los modelos de control social que se asientan por imposición férrea, como en el caso de China o por aceptación tácita como en Singapur.

Mientras tanto persiste el tratamiento de parias para los más pobres y los desplazados o todo aquel que no pueda adaptarse o parezca diferente.

La incertidumbre se promueve desde el poder como instrumento de control social. La confrontación se establece como forma privilegiada de ejercerlo y genera más réditos mientras más burdamente se presente. Esto sólo puede llevar a un descalabro de proporciones mayúsculas. Es sólo cuestión de tiempo.

Es un escenario peligroso, sin duda, con una alta dosis de vulgaridad que no apunta más que a un entorno de conflictos crecientes y que no se superan luego de la barbarie del siglo XX. Esto habríamos de asimilarlo a tiempo. No tengo esperanza alguna al respecto.

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Trump se reunió con Kim y pisó suelo norcoreano

Tras el encuentro, Trump anunció que en las próximas semanas ambos países comenzarán a celebrar reuniones para la desnuclearización de la península.

Donald Trump hizo historia ayer al convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en pisar suelo norcoreano. En una improvisada cumbre en la Zona Desmilitarizada que separa a las dos Coreas, la famosa DMZ, el mandatario estadounidense se reunió con el líder Kim Jong-un, con vistas a reactivar las conversaciones sobre el proceso de desnuclearización en la península. Tras el encuentro, Trump anunció que en las próximas semanas ambos países comenzarán a celebrar reuniones de trabajo para llevar adelante este proceso. 

“Me alegra verlo de nuevo. No esperaba verlo jamás en este lugar”, le dijo Kim al mandatario republicano al estrecharle la mano. Ambos estaban parados de un lado y del otro de la línea de demarcación fronteriza. “¿Quiere que cruce la línea?”, dijo Trump que le preguntó al norcoreano. “Me sentiré muy honrado si lo hace”, dijo que le contestó. Fue entonces que durante un minuto el multimillonario neoyorquino pisó territorio norcoreano, algo que ningún presidente antes de él había hecho desde que ambas Coreas se enfrentaron en un sangriento conflicto entre 1950 y 1953, que concluyó con un armisticio aunque sin tratado de paz. Hasta el día de hoy, ambos países permanecen técnicamente en guerra. 

“Se trata de un momento histórico que pretende poner fin al conflicto en la península”, explicó después Kim. “Su gesto (de Trump) fue valiente y demuestra su voluntad de eliminar todo el pasado adverso y de abrir un nuevo futuro”, agregó. “El hecho que los dos países, a pesar de una larga relación de hostilidades, puedan estrecharse las manos por la paz en un lugar que simboliza la división demuestra que el presente es mejor que el pasado”, destacó el líder norcoreano.

Las conversaciones entre ambos países estaban estancadas desde febrero, cuando Trump y Kim se vieron en Hanoi. En la capital vietnamita, Pyongyang abogó por una desnuclearización gradual acompañada del progresivo levantamiento de sanciones, una oferta que consideró inaceptable Washington, que sostiene que no relajará ninguna sanción mientras el régimen no elimine sus programas nuclear, de misiles, así como de armas químicas y biológicas. Desde entonces, Corea del Norte había endurecido el tono, reclamando a Estados Unidos retornar a la mesa con una postura más flexible, e incluso realizó dos pruebas de misiles. El propio Trump, sin embargo, quitó ayer peso a esos tests, argumentando que se trató de proyectiles de corto alcance que cualquier país prueba con regularidad, aunque a su vez dijo que de momento no se va a levantar ninguna las sanciones que pesan sobre el régimen de Pyongyang.

La reanudación de los contactos entre ambos países es el resultado de una cumbre informal y que ha contado nuevamente con el apoyo del presidente surcoreano, Moon Jae-in, una figura clave para mediar en el proceso de desnuclearización. El encuentro fue más allá del efecto puramente simbólico y publicitario que preveía la mayoría de analistas cuando los dos mandatarios se reunieron durante casi una hora a puerta cerrada. Tras concluir el encuentro Trump afirmó en las próximas dos o tres semanas van a empezar a trabajar los equipos y que al frente de la delegación estadounidense van a estar el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el enviado especial de Estados Unidos para Corea del Norte, Stephen Biegun. El mandatario estadounidense incluso planteó informalmente a Kim visitar Estados Unidos, algo que hasta ahora no ha hecho ningún líder del régimen. “Le dije,’¿Sabes qué? En el momento adecuado vas a venir, los dos vamos a estar ahí’ Pero aún nos queda camino por recorrer. Veremos”, ha afirmado Trump sin especificar cuál ha sido la reacción de su homólogo norcoreano al comentario.

Aunque el encuentro difícilmente resuelva las divergencias entre Washington y Pyongyang, posee una carga simbólica indiscutible para dos naciones que hace apenas dos años hablaban de aniquilación y destrucción. “La reunión tiene el potencial de reactivar las negociaciones”, observó David Kim, analista del Stimson Centre, un centro de investigación en Washington, señalando, sin embargo, que las nuevas negociaciones de preparación serán cruciales. “Lo que se necesita es contenido, no teatro”.

De manera similar se expresó Bernie Sanders, senador y aspirante a la presidencia por el Partido Demócrata. “No tengo problemas con (Trump) sentándose con Kim Jong-un en Corea del Norte o cualquier otro lugar. Lo que no quiero es que sea solo una oportunidad para hacerse una foto. Necesitamos diplomacia real”, remarcó Sanders, representante del ala más izquierdista del partido. 

Quien sí celebró el encuentro fue el papa Francisco. “En las últimas horas hemos asistido en Corea a un buen ejemplo de la cultura del encuentro. Saludo a los protagonistas con la oración y que este gesto significativo constituya un paso más en el camino de la paz no solo en la Península (coreana) sino a favor del mundo entero”, dijo el Pontífice tras el tradicional rezo dominical en la Plaza San Pedro.

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