Miércoles, 24 Julio 2019 05:57

Seducir y entusiasmar

Seducir y entusiasmar

Washington Uranga propone pensar la comunicación política atendiendo al complejo cruce de demandas de la ciudadanía, la dirigencia política y las exigencias del sistema de medios.

 

La comunicación política se ha convertido en una disciplina en sí misma. Desde la perspectiva de la llamada “campaña permanente” se ejecuta de manera continua pero estalla –por obvios motivos– en tiempos electorales. Si bien su nombre podría inducir a pensar que es un campo exclusivo de actuación de comunicadoras y comunicadores, la experiencia demuestra que se trata de un espacio disciplinar donde incursionan con propuestas y habilidades dispares y éxitos también diversos, desde sociólogos, científicos políticos y relacionistas públicos hasta especialistas en marketing, pasando por casi todo el espectro de las profesiones.

La comunicación política es además un negocio muy redituable para quienes la ejercen, incluso para aquellos que la transitan sin demasiado éxito pero con propuestas real o supuestamente novedosas.

En todo caso es un escenario de actuación que presenta cada día mayor complejidad y para el que no existen respuestas únicas o que garanticen victorias por anticipado. Las mejores fórmulas exitosas aquí, fracasaron allá y volvieron a ser efectivas en otro lado. La experiencia así lo demuestra. 

La comunicación política necesita atender por lo menos a tres frentes: la ciudadanía, la dirigencia política y el sistema de medios. Tres referencias difíciles de definir fácilmente.

Electoralmente hablando la ciudadanía constituye un sujeto diverso, atravesado por tensiones, no fácilmente caracterizable y que responde a apelaciones muy dispares. En tiempos de desarticulación de las estructuras partidarias tradicionales, los argumentos para inclinar la voluntad electoral recortan el espacio de las razones para abrir el camino de las sensaciones y los sentidos. Frente a este panorama las subjetividades adquieren una importancia fundamental y son, al mismo tiempo, difíciles de percibir y capturar tanto para los analistas como para los propios dirigentes políticos. Más que nunca se trata de pensar en “públicos”, en plural, asumiendo que cada uno de ellos necesita atención particular por parte de cada enunciador para entusiasmar con propuestas que se ajusten a las necesidades de cada audiencia ciudadana y movilicen sus emociones. No alcanza el bombardeado con críticas o denuncias sobre terceros.

Mirado desde el lugar de los agrupamientos políticos y en directa referencia a la fragmentación antes señalada, la dificultad consiste en encontrar dichos justos en momentos apropiados. Para intentar seducir a nuevos votantes los mensajes de campaña tienen que superar las propias fronteras, atender a los micro escenarios y penetrar en círculos antes inaccesibles y confinados en la autocomplacencia ideológica de quienes solo quieren ratificaciones a su propia mirada.

Y finalmente los medios. Que no son “los” medios, sino soportes comunicacionales que aportan cada uno a públicos diversos. En el auge de las llamadas redes sociales, los medios más tradicionales siguen contribuyendo de manera sustancial a las campañas políticas. Las redes sociales digitales son muy importantes pero tampoco resuelven todo por si solas. Y frente a las fake news la calle, la movilización, el cara a cara de candidatas y candidatos son recursos comunicacionales de enorme importancia.

Todo ello compone un menú nada fácil tanto para la dirigencia política en campaña como para quienes despliegan estrategias desde la comunicación política. No hay espacio para el facilismo y la improvisación, aunque ambas existan. Y no hay duda de que la política hoy se hace desde la comunicación y a través de ella. 

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Miércoles, 07 Febrero 2018 06:16

Prohibido prohibir

Prohibido prohibir

La censura es la imposición de un criterio particular, el de una persona, un clan, una secta, una entidad religiosa, política social, sobre lo que debe o no debe leerse, verse, oírse, difundirse. Es, en todos los casos, un acto arbitrario de poder que busca imponer a los demás criterios paternalistas que siendo ideológicos pretenden tener catadura ética, y no pocas veces estética. No otra cosa que la antítesis absoluta de la libertad.


Cuando se trata de la obra de arte, semejantes imposiciones pueden partir de visiones muy reaccionarias del mundo, la mano puritana puesta delante de los ojos del prójimo para que no vea un desnudo o una escena erótica; o de otras que pretenden ser progresistas y libertarias, como aquellas que proclaman la igualdad, o buscan la conquista de nuevos derechos. Pero una visión libertaria que busca abolir la libertad, se liquida a sí misma, y se vuelve también reaccionaria.


Empiezo por algunos de los ejemplos más recientes. Hay quienes piensan, y están en todo su derecho de hacerlo, que la trama de la ópera Carmen es machista. Don José, despechado porque Carmen, su amante, lo rechaza para irse con un torero de fama y gloria, mientras él no es más que un soldado sin fortuna, un don nadie, termina acuchillándola, y esta es la celebrada escena final, antes de que caiga el telón.


Carmen es un personaje arquetípico de la mujer que paga con su vida su propio afán de libertad, así como don Juan lo es del seductor, que paga con su vida su constante lujuria, y termina en el plan de los infiernos. Los dos se han convertido en mitos universales, y Carmen, un personaje originalmente literario, debe más su popularidad a la música que a la literatura. La novela de Prosper Merimée sobrevive gracias a la ópera compuesta por su compatriota Georges Bizet.


Hace pocas semanas el teatro Maggio Musicale de Florencia estrenó una versión de Carmen con un final diferente, ideado por el director Leo Muscato. En la famosa última escena, en lugar de que el despechado don José acuchille a la desdichada Carmen, ella le arrebata la pistola y lo mata de un balazo. Los melómanos, ofendidos, abuchearon la escena.


Este cambio radical en la representación, la víctima femenina convertida en victimaria, tiene el propósito declarado de denunciar la violencia machista, dado que la versión original no es sino un ejemplo, un mal ejemplo, de feminicidio. Así lo justificó el director del teatro.


Esto nos llevaría a una cadena infinita de revisiones de los relatos clásicos desde una perspectiva de género. Al lobo del cuento de la Caperucita Roja, popularizado por los hermanos Grimm, habría que dejarlo como está: como depredador sexual recibe su merecido porque el cazador le llena la barriga de perdigones de escopeta. Pero lo que debió haber hecho Madame Bovary, en lugar de suicidarse con arsénico, es pegarle un tiro tan certero como el de la nueva Carmen a su cínico y despiadado amante Rodolphe Boulanger cuando, asediada por los acreedores, busca su auxilio y él se niega a socorrerla.


A finales del año pasado, una ofendida señora, de moral muy victoriana, consiguió reunir cerca de 9 mil firmas para demandar que el Museo Metropolitano de Nueva York retirara de la vista del público la pintura El sueño de Teresa, de uno de los más importantes artistas contemporáneos, Balthazar Klossowski, mejor conocido como Balthus, porque promueve el voyerismo y la cosificación de los niños. El cuadro representa a una muchachita de 13 años que duerme la siesta en una silla, con la pierna levantada, y deja a la vista su ropa interior.


Al contrario del criterio de la dama pudibunda, este cuadro, que data de 1938, ha sido visto siempre por la crítica como muestra de la despreocupada pureza infantil que emana de la placidez del sueño. El museo rechazó la petición: Las artes visuales son uno de los medios más importantes que tenemos para reflexionar a la vez sobre el pasado y el presente, y esperamos motivar la continua evolución de la cultura actual a través de una discusión informada y de respeto por la expresión creativa, expresó en un comunicado.
Pero también una de las grandes novelas del siglo XX, Lolita, de Vladimir Nabokov, donde se narra la relación sexual de una adolescente con un adulto que bien podría ser su padre, tardó en encontrar editor, y publicada por fin en 1955 estuvo prohibida en Francia e Inglaterra, bajo la acusación de pornográfica y de promover la pedofilia.


Lo mismo la magistral novela Ulises, de James Joyce, prohibida por inmoral en Estados Unidos en 1920 y mantenida en la lista negra durante 10 años; y más atrás, Flaubert sometido a juicio criminal en 1857 bajo el cargo de ensalzar el adulterio en Madame Bovary, pero absuelto por la corte tras ocupar durante varias sesiones el mismo banquillo donde se sentaban los homicidas, ladrones y estafadores. Suerte que no corrió Baudelaire, con Las flores del mal, seis meses después: condenado el autor, el tribunal mandó suprimir seis de los poemas del libro.


También, hace poco, un usuario de Facebook ha acusado a la compañía ante un tribunal francés por haber suprimido su cuenta, debido a que reprodujo el famoso cuadro de Gustave Courbet El origen del mundo,que está colgado en el Museo de Orsay en París, y que muestra en primer plano una vulva en todos sus detalles, como si se tratara de la ilustración de un texto de ginecología.


La cultura ha sobrevivido a lo largo de la historia de la humanidad derrotando las imposiciones de toda clase de inquisidores. Qué buscar en las redes, qué ver en los museos, en los teatros y las salas de ópera y en el cine, qué leer en los libros y revistas, qué música escuchar, es un derecho que los seres humanos no pueden ceder a nadie. Es nuestra libre escogencia.


Ciudad de Guatemala, febrero de 2018
sergioramirez.com
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“La rabia en la política parece aumentar”

Recordó que en su mandato el riesgo venía de Irán y que el acuerdo nuclear impidió que ese país se convirtiera en una amenaza como hoy lo es Corea del Norte. Dijo que la fuerza no alcanza para resolver los problemas del mundo.


El ex presidente de EE.UU. Barack Obama advirtió ayer que “no podemos resolver todos los problemas con tanques y aviones de guerra”, en alusión al conflicto planteado con Corea del Norte, durante un foro en San Pablo. “No podemos resolver todos los problemas con tanques y aviones de guerra. Tengo orgullo del poder militar de Estados Unidos y eso es una ventaja. Corea del Norte es un peligro y necesitamos alianzas fuertes para enfrentarla. Pero la seguridad no depende sólo de la fuerza militar sino también de la diplomacia fuerte”, dijo Obama, en una velada crítica a la política de su sucesor, Donald Trump.


El expresidente (2009-2017) recordó que cuando asumió su mandato el riesgo venía de Irán y formalizó un acuerdo nuclear que impidió que ese país se convirtiera en una amenaza como hoy lo es Corea del Norte. “Uno de mis orgullos es el acuerdo nuclear con Irán. Negociamos con Irán, un país con grandes diferencias con EE.UU. y que exportó problemas a otros países; un gobierno que era adversario. Y pese a ello creí que era necesario resolver un problema específico y garantizar que no desarrollaran armas nucleares”, dijo.


“Eso demoró y tuvimos éxito. La consecuencia es que Irán no va por el mismo camino de Corea del Norte. Tenemos grandes tensiones pero el problema fue resuelto sin ningún disparo. Y eso demuestra que se pueden tener resultados con una diplomacia fuerte”, agregó. En el foro organizado por el banco Santander y el diario Valor, Obama admitió que una de las asignaturas pendientes de su mandato fue no haber logrado reducir las diferencias políticas en la sociedad estadounidense. “Mi mayor autocrítica es no haber sido capaz de disminuir las diferencias que ya entonces estaban surgiendo en nuestra política. Parece que no contribuí mucho para eso. Intentó ser una persona calmada pero creo que, cuando entregué el cargo, vi frustrada la esperanza que llegué a tener de juntar a las personas por encima de las diferencias”, afirmó Obama en el Foro Ciudadano Global.


A su juicio, la crisis económica agravó las diferencias porque “aunque respondimos con éxito y no enfrentamos una recesión tan profunda, la recuperación fue lenta y dejó a muchos frustrados, y la rabia en la política parece que aumentó”. Entre sus logros, mencionó la reforma del sistema sanitario, que abrió la puerta a 20 millones de familias. En su conferencia ante una platea de empresarios en Sao Paulo, Obama se refirió también al avance de los populismos y defendió el refuerzo de la democracia para frenarlos.
“No es sorprendente que con el tiempo veamos movimientos populistas y autoritarios avanzando y amenazando. Esos peligros existen, pero lo que hay que reforzar es que la democracia es la mejor forma de gobierno diseñada por el hombre”, aseguró. Criticó veladamente a Trump y cargó contra las visiones nacionalistas que culpan a otros países por la pérdida de empleos, el cierre de fronteras a los inmigrantes, los sectores que niegan los efectos de los cambios climáticos y las propuestas para restringir medios de comunicación.


Tras admitir que EE.UU. tiene graves problemas de monopolios en los medios de comunicación y que la opinión pública en su país es formada por sólo tres redes de televisión, consideró “más peligroso que los gobiernos comiencen a censurar o restringir lo que circula en los medios y en la internet”.


Criticó también las políticas que no ofrecen igualdad de oportunidades a mujeres o minorías raciales porque “no se puede tener éxito en la economía de hoy si deja la mitad de su equipo fuera de la cancha”, señaló. La globalización y la tecnología pueden destruir empleos, admitió, pero también generarlos y es necesario mostrar que no son amenazas. “Decir que los cambios amenazan los empleos es generar más pánico y asumir posiciones basadas en nacionalismos, en solidaridad racial o en xenofobia. Nuestro objetivo es garantizar que todas las personas puedan tener éxito en la nueva economía”, dijo. Obama se reunirá y con un grupo de jóvenes brasileños y viajará mañana a Argentina.

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Lunes, 13 Marzo 2017 07:21

La guerra mediática y la posverdad

La guerra mediática y la posverdad

 

En momentos en que desde la Casa Blanca se asoma el rostro del fascismo del siglo XXI como la encarnación de la dictadura emergente de la clase capitalista trasnacional, es dado suponer que los patrocinadores de la guerra y el terrorismo mediáticos contra Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y los demás países de la ALBA intensificarán, renovados, sus afanes injerencistas, desestabilizadores y golpistas como parte de la política imperial de cambio de régimen en los países considerados hostiles por la diplomacia de guerra de Washington.

Como dice Ignacio Ramonet, con el perfeccionamiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, sin que nos demos cuenta, millones de ciudadanos de a pie estamos siendo observados, espiados, controlados y fichados por Estados orwellianos que llevan a cabo una vigilancia clandestina masiva en alianza con aparatos militares de seguridad y las industrias gigantes de la web.

De esa estructura panóptica o especie de imperio de la vigilancia da cuenta la reciente divulgación por Wikileaks de 8 mil 761 páginas web que detallan los métodos de espionaje electrónico del Centro Cibernético de la Agencia Central de Inteligencia, para extraer mensajes de texto y audio de dispositivos como teléfonos móviles, computadoras, tablets y televisores inteligentes, mediante malware, virus y herramientas que permiten a más de 5 mil piratas informáticos (los hackers globales de la CIA) explotar vulnerabilidades de seguridad para burlar el cifrado de aplicaciones de mensajería.

Pero de manera paralela y complementaria, cuando se abre paso la era de la llamada posverdad (o el arte de la mentira flagrante), tiene lugar otra guerra en el espacio simbólico, que es librada por los medios hegemónicos cartelizados contra los pueblos de Nuestra América, con el objetivo de imponer imaginarios colectivos con los contenidos y sentidos afines a la ideología y la cultura dominantes, que utiliza además medios cibernéticos, audiovisuales y gráficos para manipular y controlar las conciencias de manera masiva.

El terrorismo mediático es parte esencial de la guerra de cuarta generación, la última fase de la guerra en la era de la tecnología; es consustancial a los conflictos asimétricos e irregulares de nuestros días. Con su lógica antiterrorista y contrainsurgente, los manuales de la guerra no convencional del Pentágono dan gran importancia a la lucha ideológica en el campo de la información y al papel de los medios de difusión masiva como arma estratégica y política. El poder multimediático conformado por cinco megamonopolios –con sus expertos, sus intelectuales orgánicos y sus sicarios mediáticos− es parte integral de una estrategia y un sistema avanzado de manipulación y control político y social. Pero los medios convertidos en armas de guerra ideológica son, además, una de las principales fuentes de obtención de superganancias.

En ese contexto, más allá de lo que ocurra en la realidad, la narrativa de los medios es clave en la fabricación de determinada percepción de la población y las audiencias mundiales. De allí que mientras impulsan una guerra de espectro completo, el Pentágono y la CIA intensifican sus acciones abiertas y clandestinas contra gobiernos constitucionales y legítimos.

A modo de ejemplo cabe consignar que en el ataque continuado contra el proceso bolivariano de Venezuela, los guiones del golpe de Estado de factura estadunidense exhiben sucesivas fases de intoxicación (des)informativa a través de los medios de difusión bajo control monopólico privado –en particular los electrónicos−, combinadas con medidas de coerción sicológica unilaterales y extraterritoriales y un vasto accionar sedicioso articulados con redes digitales de grandes corporaciones en la web, partidos políticos y dirigentes de la derecha internacional, poderes fácticos y grupos económicos trasnacionales, fundaciones, ONG y la injerencia de organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de ese cadáver político que es hoy su secretario general, Luis Almagro.

Todo lo anterior ha sido reforzado en la coyuntura con la puesta en práctica de ese neologismo de resonancias orwellianas entronizado por el Diccionario Oxford como palabra del año: la posverdad, un híbrido bastante ambiguo cuyo significado denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. Según un editorial de The Economist de Londres, Donald Trump “es el máximo exponente de la política ‘posverdad’ (...) una confianza en afirmaciones que se ‘sienten verdad’, pero no se apoyan en la realidad”. Su victoria electoral habría estado fundada en aseveraciones que sonaban ciertas, pero que no tenían base fáctica; en verdades a medias basadas en emociones y no en hechos.

Lo que nos conduce al arte de la desinformación. Al uso de la propaganda como una tentativa de ejercer influencia en la opinión y en la conducta de la sociedad, de manera que las personas adopten una opinión y una conducta predeterminadas; se trata de incitar o provocar emociones, positivas o negativas, para conformar la voluntad de la población. En ese contexto, y ante la llegada de Donald Trump a la Oficina Oval con su gabinete de megamillonarios corporativos, militares imperialistas, expansionistas territoriales y fanáticos delirantes, es previsible pensar que las guerras asimétricas impulsadas por la plutocracia trasnacional se profundizarán bajo diferentes modalidades.

México ya lo está padeciendo: a golpes de Twitter y órdenes ejecutivas, la anunciada palestinización del país a través de la continuación del muro fronterizo iniciado en los años 80 y el lanzamiento de una cacería de millones de indocumentados sigue alimentando la teoría de los bad hombres como chivos expiatorios en el socorrido discurso neoautoritario y con reminiscencias hitlerianas y de poder desnudo del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

 

 

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Jueves, 08 Diciembre 2016 05:19

El Papa condena los “carpetazos”

El Papa condena los “carpetazos”

Francisco consideró que “los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande” porque en sus manos están “la posibilidad y la capacidad de formar opinión”, pero advirtió al mismo tiempo sobre “el daño” que pueden causar.


En un entrevista concedida al semanario católico Tertio y divulgada ayer por el Vaticano, el papa Francisco consideró que “los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande” porque en sus manos está “la posibilidad y la capacidad de formar opinión”, pero advirtió al mismo tiempo sobre “el daño” que pueden causar. Entre los perjuicios que pueden provocar, Bergoglio mencionó la “difamación”. Al respecto Francisco afirmó que “en la difamación se saca una carpeta -como decimos en Argentina, se hace un carpetazo-, y te sacan algo que es verdad pero que ya pasó”. Según el Papa “no hay derecho a eso. Eso es pecado y hace mal”.


La pregunta sobre los medios de comunicación fue introducida por los entrevistadores dentro de un cuestionario más amplio, pero fue una de las que obtuvo más larga respuesta del Papa.


Bergoglio valoró el aporte de los medios de comunicación señalando que “son constructores de opinión y pueden edificar, y hacer un bien inmenso, inmenso”, porque “pueden formar una buena o mala opinión” y “son constructores de una sociedad”. Según Francisco los medios de comunicación “son para construir, para intercambiar, para fraternizar, para hacer pensar, para educar” y, por lo tanto, “en sí mismos son positivos”.


Sin embargo, siguió reflexionando el Papa, “como todos somos pecadores, también los medios pueden caer -los que hacemos medios, yo estoy acá usando un medio de comunicación- en hacer daño”. Bergoglio opinó al respecto que los medios de comunicación “tienen sus tentaciones” que resumió en cuatro: calumnia, difamación, desinformación y coprofilia.


Respecto de la calumnia el Papa afirmó que los medios “pueden ser tentados de calumnia (entonces, usados para calumniar y ensuciar a la gente), sobre todo en el mundo de la política”. Y pueden ser utilizados también para la difamación, sostuvo. Y aclaró que “toda persona tiene derecho a la buena fama, pero por ahí en su vida anterior, o en su vida pasada, o hace diez años tuvo un problema con la justicia, o un problema en su vida familiar... entonces, sacar a la luz hoy eso es grave, hace daño” porque “se anula a una persona”.


Distinguió Francisco que “en la calumnia se dice una mentira de una persona”. En cambio, “en la difamación se saca una carpeta -como decimos en Argentina, se hace un carpetazo-, y te sacan algo que es verdad pero que ya pasó”, dijo Bergoglio haciendo uso de una terminología argentina que suele introducir tanto en sus entrevistas como en varias de sus intervenciones formales. “Quizás (esa persona) ya pagó con la cárcel, o con la multa, o con lo que sea, ese delito” siguió diciendo. “No hay derecho a eso (al ‘carpetazo’). Eso es pecado y hace mal”, subrayó.


También se refirió Francisco a la desinformación, señalando que “puede hacer mucho daño”. Porque “frente a cualquier situación decir una parte de la verdad y no la otra. ¡No! Eso es desinformar. Porque vos, al televidente, le das la mitad de la verdad. Y por tanto no puede hacer un juicio serio sobre la verdad completa”.


En sus declaraciones a Tertio el Papa aseguró que “la desinformación es probablemente el daño más grande que puede hacer un medio” porque “orienta la opinión en una dirección, quitando la otra parte de la verdad”.


Por último Bergolio sostuvo que “los medios tienen que ser muy limpios y muy transparentes”. Interpretó que no debgen caer “en la enfermedad de la coprofilia: que es buscar siempre comunicar el escándalo, comunicar las cosas feas, aunque sean verdad. Y como la gente tiene la tendencia a la coprofagia, se puede hacer mucho daño”.

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“No voto con mi vagina”, dice Susan Sarandon para explicar por qué no votará a Hillary Clinton


La estrella de Hollywood votará a la candidata del Partido Verde, Jill Stein


La conocida actriz estadounidense Susan Sarandon dijo este miércoles en una entrevista con la cadena BBC que no votará a la aspirante del Partido Demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, en estas elecciones. Sarandon, que en la fase de elecciones primarias declaró ser fiel seguidora del demócrata rival de Clinton, Bernie Sanders, votará por la candidata del Partido Verde, Jill Stein.


“No voto con mi vagina”, dijo Sarandon, que defendió que lo importante no es que una mujer ocupe el despacho Oval sino que sea la mujer adecuada para el puesto. “El miedo a Donald Trump no es suficiente para que apoye a Clinton con su historial de corrupción”, añadió la actriz.


Sarandon, que apoyó la nominación demócrata del senador de Vermont, Bernie Sanders, pertenece a una minoría de entre sus seguidores que están desencantados con Clinton como la candidata de su partido.


Los seguidores de Sanders, movilizados por sus políticas sociales, rechazan el establishment y la “vieja política que ofrece Clinton” y, algunos, según indican varios sondeos, votarán por el candidato Libertario, Gary Johnson, o como en el caso de Sarandon, por Jill Stein.


La ganadora del premio Oscar en 1995 por su papel en la película Dead Man Walking, explicó que votar entre Trump o Clinton es “votar al menor de dos males”, y que para provocar un cambio en el sistema político del país es necesario apoyar a candidatos alternativos, con agendas más progresistas.


Sin embargo, los sondeos muestran que ni Stein ni Johnson (un 4% y un 2% del voto, respectivamente) tienen posibilidades de ser elegidos presidente. Por ello, muchos consideran dañino el voto para estos partidos, ya que podría mejorar las posibilidades de que Trump ganara el 8 de noviembre.

 

Washington 3 NOV 2016 - 13:08 COT

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“La izquierda social y política debe formar un solo contingente...”


Larga y polémica es su trayectoria. Hace parte del Comité Ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, desde su fundación el 17 de noviembre de 1986, cuando fue elegido secretario general. Según Pedraza, “la paz, debe estar en las calles, en las plazas públicas y en los foros donde quiera que haya debate [...] no dejar solo en la opinión, el interés de los partidos que controlan esta nación”.

 

El logro de una paz mayúscula, la crisis política, económica y social ofrece ocasión no sólo para discursos y cálculos particulares. Es momento para promover una conciencia del trabajador y del obrero, con alcance en su condición de ciudadano, de habitante. Un reto y panorama frente al cual responde:

 

desdeabajo (da). El voto mayoritario del No en el plebiscito, desató una crisis del régimen político. ¿Cómo ve la CUT, esta situación?
Luis Aeljandro Pedraza (LAP). Consideramos dos cosas: de una parte, la desinformación que el Centro Democrático trabajó en su campaña tuvo éxito. En el activismo social no hicimos las denuncias oportunas. De otra, si bien la decisión es democrática, el porvenir del país queda de nuevo en manos del establecimiento y de la derecha. Por eso, llamamos a las organizaciones sociales en Colombia –a través del Comando Nacional de Organizaciones Sociales– a fortalecer la movilización, la protesta y la exigencia a la participación en los asuntos de futuro inmediato. Futuro que no quede solo en manos de los partidos, especialmente los tradicionales; que están buscando un acuerdo para mantener el control del poder y el futuro de la nación.

 

da. El presidente Santos llamó a reunió con el Centro Democrático, ¿por qué no, a los comités de impulso del Sí?
LAP: El establecimiento mira a los movimientos sociales, los tiene como patio trasero para recurrir a ellos cuando el poder está en riesgo del control del Estado. Sinembargo, cuando se trata de tomar decisiones de gran trascendencia, siempre hacen mesa solos, con sus instrumentos de control de la nación: los partidos políticos que representan, obvio, a los gremios económicos o industriales, contexto general del modelo. Por esa razón, nosotros consideramos que nuestra presencia activa por la paz es imprescindible –no propiamente en la Mesa de La Habana– sino desde el punto de vista de la opinión y del contraste a la reacción.

 

da. Este es el foco y aspecto fundamental por el cual atraviesa el país, pero, el final de año está cerca, ¿cómo procederá la CUT respecto al salario mínimo próximo?
LAP: Desde el comienzo de la campaña del plebiscito, sin detrimento de la paz, tomamos la decisión de no olvidar que hay graves problemas en el mundo del trabajo, y para la subsistencia del movimiento sindical. Incluso, acerca de la presencia de organizaciones sociales haciendo valer no solo su representación, sino el cumplimiento de las agendas que duermen en el escritorio del Estado. Por esa razón, reactivaremos acciones de movilización en el sector minero energético, con el planteo de una huelga de la CUT por intermedio de la USO...

 

da. ...la ADE y el sector de la educación plantean una movilización...
LAP. ...claro, por el incumplimiento del gobierno a los trabajadores estatales y se avecina otra negociación de salario, ya se cumplió el periodo anterior; pero además, el tema de la salud es un asunto apremiante. También tuvimos la reunión nacional de organizaciones sociales que determinó un paro nacional para finales de octubre.

 

da. ¿Es posible articular estas movilizaciones en una sola, que recoja todas las reivindicaciones de los sectores, o eso es imposible?
LAP. Efectivamente, con los quince puntos que el presidente Santos no ha atendido. Reúne los asuntos de los estudiantes que exigen una reforma educativa y el fortalecimiento de la inversión del Estado en la educación pública. La agenda de maestros y maestras por sus derechos vulnerados con tendencia a desaparecer, como son el tema de la salud y el de la calificación. Éste último, acordado para mejorar las políticas pedagógicas, y no, en relación con la pretensión del gobierno, que era una calificación para botar a los trabajadores de la educación dependientes del Estado y reemplazarlos por los contratos de servicios.

 

da. ¿Sólo una agenda de reivindicaciones de estudiantes, maestros?
LAP. También, el tema del transporte pesado. Los camioneros incluyeron sus puntos, y en este momento, vuelve a tomar fuerza –por el incumplimiento que el gobierno les hizo– un plan de organización para irse a un nuevo paro nacional. Está asimismo, el tema de la Cumbre Agraria que hizo un paro, con unos acuerdos que nos dicen también fueron incumplidos. Es decir, hay convergencia plena en la posibilidad de una acción unificada, y no compartimentada, como pasó una vez se constituyó el Comando Nacional de Organizaciones Sociales. Aunque se preveía el paro de los camioneros y se respetó su dinámica autónoma, la Cumbre Agraria ya traía un proceso de organización...

 

da. Por aparte, cada sector puso la hora cero.
LAP. La diferencia que hubo con dos eventos, nos indica que tenemos que unificarlos en una sola movilización, un sólo paro nacional por los quince puntos que nos integran a todos. Ya el proceso es técnico y metodológico, de cómo cada sector trabaja sus temas con el gobierno. Cada sector tiene un criterio profesional de su oficio. Es decir, los camioneros saben cuáles son sus problemas y cómo y hasta dónde tratarlos y negociar; los educadores igual; los campesinos y los indígenas igual.

 

da. Si el gobierno trabaja por sectores, ¿provocaría la individualización de las marchas o de los procesos?
LAP. No. Dentro del movimiento de organizaciones sociales debemos habilitar un mecanismo que impida la separación y fisuras por medio de las cuales el gobierno pueda intervenir para desarticular la gran convergencia social, “unidad de acción” en torno al pliego.

 

da. Un documento de la Organización por la Cooperación de la Economía Solidaria, Ocde, dice que el salario mínimo en Colombia es el más alto de la región, ¿qué piensa la CUT?
LAP. ¿Qué es el más alto?, ¡falso! Colombia es el segundo país de mayor inequidad en América Latina. Circunstancia vergonzosa que es causante, precisamente, de la precariedad del salario mínimo y de los salarios convencionales. Por esa misma razón la CUT planteó en 2015 un incremento del 14 por ciento.

 

da. ¿Un porcentaje, con base en cuáles factores?
LAP. La caída del peso y valorización del dólar, junto con la caída de los valores del petróleo, hacen que la inflación reciba un coletazo alrededor del 9 por ciento. Nosotros planteábamos el 9 por ciento más cinco puntos de indexación. Esos cinco puntos, en razón a los estudios que hicimos con la Universidad Nacional y el equipo del doctor Giraldo que indicaban, que en el último quinquenio el salario mínimo perdió cinco puntos. El tema no se puede considerar comparando el número de dólares que conciernen al salario de cada nación. Mejor, debe reflejar la real capacidad y poder adquisitivo de ese salario. Para el caso, en Uruguay puede ser un salario mínimo en dólares similar al que tenemos en Colombia, pero allá la capacidad adquisitiva del salario mínimo es absolutamente superior a la nuestra.

 

da. ¿Por cuál motivo?
LAP. Por el tipo de modelo económico y de plan de desarrollo social que tienen, que es radicalmente opuesto al nuestro. Allá, especialmente en el gobierno de Mujica, se democratizó la economía de tal forma que hay una redistribución con ejemplo para América Latina y para el mundo, así sea un país pequeño. En el caso nuestro, la tendencia es a concentrar más la riqueza en unos pocos capitalistas, a costa, de incrementar más la miseria social.

 

da. Bajo el proyecto del gobierno: bajan las importaciones, el salario pierde capacidad adquisitiva, ¿cuál propuesta hará la CUT frente a esta crisis del modelo?
LAP. Está vigente el trabajo de movilización social que desarrollamos en conjunto con las demás organizaciones sociales, con más fuerza ahora, después el plebiscito. Siempre hemos planteado que el gobierno tiene que renegociar los tratados de libre comercio, y no seguir en la línea de priorizar los intereses de las multinacionales. De priorizar, los intereses de los grandes grupos económicos de la nación y considerarnos consumidores, frente a una realidad en la que Colombia dejó de ser país productor de alimentos. Pasó a ser un país importador. Eso tiene 8 millones de campesinos desplazados a centros urbanos. Independiente de reconocer que los factores de violencia y abandono del estado, contribuyeron a ese desplazamiento.

 

da. El Gobierno está arrodillado ante la Ocde.
LAP. Por supuesto, acata las directrices a favor de ese círculo de privilegiados, sin importarle profundizar las brechas de inequidad social, la antidemocracia en el desarrollo de la tenencia de la tierra, sin otra política que la prevista en los Acuerdos de La Habana. Así las cosas, la pequeña y mediana industria desaparece...

 

da. Es muy grave...
LAP. ...para la tesis neoliberal del gobierno, los pequeños y medianos empresarios deben alcanzar capacidad no solo económica sino administrativa para hacerse competitivos. Deben hacerlo sin ningún compromiso oficial para financiar ese tipo de política, y los pequeños y medianos empresarios no tienen recursos. Por tanto, su tendencia es a desaparecer. Mientras tanto, las grandes asociaciones industriales, como la Andi, aprovechan. Los grandes industriales han absorbido los renglones productivos que tenía la pequeña y la mediana industria. Eso genera una mayor informalidad en el mundo del trabajo, porque los pequeños comerciantes, pequeños productores de insumos para la industria nacional, desaparecieron convertidos en una informalidad a manera de política de subsistencia.

 

da. El escenario político pasa entre dos acciones: de una izquierda en autocrítica, que se recomponga y salga a liderar este proceso o, que siga igual, sin abrir perspectiva...
LAP. Anhelamos un camino común, de unidad de la izquierda. Independiente de las diferentes concepciones respecto al porvenir del país. Nosotros no podemos seguir contribuyendo al desorden del país con la dispersión de la izquierda. Tenemos que construir una corriente fuerte con capacidad de neutralizar e incidir en los asuntos que el establecimiento nos está imponiendo. Es decir, ser verdadera alternativa con concepción de poder.

 

da. ¿Cómo, cuándo domina la inercia de plegarse al establecimiento, con la idea de obtener cargo en un “gobierno de coalición”?

LAP. No podemos seguir cayendo en la falacia de que la izquierda es un elemento negativo para la construcción de la democracia y para la construcción de equidad social. En Colombia tenemos que formar un solo contingente, con presencia capaz de movilización oportuna, en el Congreso y en los centros donde toman las grandes decisiones. Contribuir de este modo, a la construcción de una democracia real. No en la restringida, sometida al criterio y capricho de dos antagonistas por el poder. En este caso, Santos representante de la alta aristocracia y lo más emblemático de la burguesía colombiana, y Uribe que siempre mantiene una concepción caudillista, con tendencia igual o peor que Santos en materia de conducción del estado.

Publicado enEdición Nº229
Martes, 25 Octubre 2016 16:15

La alegría de no ver

La alegría de no ver

“Si la contradicción es el pulmón de la historia, la paradoja ha de ser,
se me ocurre, el espejo que la historia usa para tomarnos el pelo”.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

 

La semana comprendida entre el tres y el nueve de octubre de éste año, la llamada opinión pública colombiana sufrió otro de los no pocos ataques de ciclotimia que acostumbra experimentar. Del abatimiento del lunes tres –con lloros públicos incluidos– por la derrota del No en el plebiscito realizado para refrendar los acuerdos entre el gobierno y la guerrilla de las Farc, pasó a la más exaltada euforia el viernes siete, cuando anunciaron la concesión del Premio Nobel de paz al presidente Juan Manuel Santos, por llegar a los acuerdos cuya refrendación había sido negada en las urnas. Del lado de los promotores del No sucedió lo contrario, y de un regocijo inesperado pasaron a una mal disimulada inquietud asustadiza por la reacción, tanto interna como externa, a lo que la mayoría de los inefables comentaristas, consideró un sinsentido histórico.

 

Luego de tales arranques emocionales, lo que seguramente nos espera, en un lapso relativamente breve, es el uniforme reposo de la indiferencia, y que en un agudo calambur santanderista los detentadores del poder cambien algo para que todo siga igual, en aplicación de esa archiconocida estrategia gatopardista, en la que las élites colombianas han adquirido una destreza sin par.

 

Más que las especulaciones sobre las razones que movieron a los del Sí o a los del No, o si las explicaciones del defenestrado Juan Carlos Vélez sobre las estrategias de los victoriosos negadores de los acuerdos, son muestra de que poseen un conocimiento agudo de nuestra pobreza y mezquindad mentales, llama la atención la rapidez con la que los voceros del poder encontraron argumentos para concluir que todos buscamos lo mismo, y que en realidad lo que el país había probado es que nos encontramos en el mejor de los mundos posibles, y que el camino a seguir es un pacto por arriba de los mismos con las mismas.

 

La declaración del Consejo Nacional Gremial a raíz de los resultados del plebiscito son, en ese sentido, un monumento más a la creencia de que en Colombia, mejor, imposible: “fue una jornada que enaltece a Colombia, donde una vez más se ha demostrado la fortaleza de sus instituciones democráticas y republicanas. [...] Se debe asumir este resultado reconociendo que todos los que votaron, tanto por el Sí como por el No, desean la paz”. Y más adelante, citando frases de Uribe: “queremos aportar a un gran pacto nacional. Nos parece fundamental que en nombre de la paz no se creen riesgos a los valores que la hacen posible: la libertad, la justicia institucional, el pluralismo, la confianza en el emprendimiento privado, acompañado de una educación universal, de calidad, como cabeza de la política social”. Y para rematar: “Este gran acuerdo nacional debe, además, orientarse a preservar la estabilidad macroeconómica y fiscal. Colombia ha demostrado históricamente una gran responsabilidad en el manejo de su economía y de sus finanzas públicas. Tenemos la certeza de que en la actual coyuntura se preservarán estos valores que nos han dado un amplio reconocimiento internacional”.

 

Queda explícito en la declaración, como no podía ser de otra manera, dos cosas, de un lado, ese afán acomplejado de que lo importante es cómo nos miran desde afuera, y, del otro, que en el autoelogio del manejo macroeconómico no exhiben como argumento ningún resultado positivo para las personas, sino el orgullo de la obediencia a la ortodoxia y un llamamiento a la inmovilidad que parece encarnación del “alma colombiana”, y que normalmente es disfrazado con el eslogan de que “lo principal es la estabilidad”. Una estabilidad en la que las archi-citadas cifras de los 200 mil muertos del conflicto en los últimos años, los cuatro millones de desplazados internos y los 500 mil exiliados políticos, o las más de seis millones de hectáreas robadas a los campesinos, son simples notas al margen que no manchan su abigarrada mitología del sedicente buen-hacer y bien-estar de los colombianos.

 

El discreto encanto de la felicidad

 

Que Juan Manuel Santos, el mismo que acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de paz, fuera el titular del ministerio de Defensa cuando el país sufrió, entre otros hechos de violencia oficial, la mayor intensidad de ejecuciones extrajudiciales por parte de los militares −eufemísticamente conocidas como “falsos positivos”-, el uso fraudulento del símbolo de la Cruz Roja en el rescate de Ingrid Betancur, incurriéndose en el delito de perfidia, y el bombardeo inconsulto a territorio ecuatoriano, sin olvidar, claro está, que el personaje fue relacionado con maniobras para derrocar el gobierno de Ernesto Samper en la década de los noventa del siglo pasado, es una paradoja más en este enrevesado país, en el que lo único extraño es que los hechos ficcionales de Cien años de soledad no adquieran realidad material ante nuestros ojos.

 

Entre los sucesos paradójicos de nuestro discurrir –aunque pueda parecer de poca monta–, bien vale la pena traer a colación que todos los años ocupamos un lugar destacado en las clasificaciones de los países más felices. Hecho que, al parecer, fue corroborado este año por mano propia, con la encuesta sobre el tema de la oficina de Planeación Nacional. Sin embargo, los resultados que uno supone debían ser destacados y recibidos con alborozo por los responsables de la gestión de lo público, quedaron envueltos en un vergonzante murmullo (casi silencio), quizá por el antagonismo que representan frente a la realidad de la vida material de los colombianos.

 

Uno de los muy pocos columnistas que aludió a la encuesta fue Antonio Caballero, quien centró sus críticas en el seguidismo de este tipo de “investigaciones”, y en la banalidad de los resultados (revista Semana, 21-08-2016). Citando a Simón Gaviria, director de Planeación –delfín, hijo de expresidente–, el mencionado columnista comenta: “La Ocde, explica [refiriéndose a las explicaciones de Gaviria], mide su felicidad tanto en términos económicos como en términos filosóficos: los de la eudaimonía de Aristóteles, que en griego antiguo quiere decir ‘plenitud del ser’, o, más brevemente, ‘felicidad’. Y en lo que a eudaimonía toca, nosotros ganamos: ‘Se evidencia –dice Gaviria– que Colombia tiene niveles de satisfacción con la vida por encima de los países de la Unión Europea”. Y prosigue Caballero “La imbecilidad no tiene barreras lingüísticas”. Para concluir, que los resultados son: “Obviedades previsibles. Que es mejor ser rico que pobre, etcétera. O a veces revelaciones sorprendentes: que la gente en Colombia es más feliz los lunes por la mañana que los viernes por la tarde. En todo caso, nimiedades”

 

Y en buena medida tiene la razón, pues muchos de los resultados en realidad son nimiedades, como que los adultos mayores pensionados son más felices y satisfechos que los no pensionados, o que los ocupados lo son más que los desocupados. Como, igualmente, es cierto que buena parte de las “conclusiones” son “obviedades”, como que las mujeres están más insatisfechas que los hombres, pues en un país machista no es extraño que quienes soportan dobles jornadas de trabajo y sufren discriminación, muestren mayor insatisfacción y niveles de depresión. Y si bien no es ningún descubrimiento que este país es sexista, por ello no deja de ser preocupante que nadie haya dicho, luego de conocerse los resultados de la encuesta, que “hemos comprobado objetivamente que en Colombia existe discriminación de género”, de forma análoga a como fue resaltado en los pocos titulares inspirados por el tema que “hemos comprobado que somos felices”.

 

La encuesta también muestra que “Las personas que se autorreconocen como pertenecientes a un grupo étnico tienen menores niveles de felicidad y satisfacción que los que no se autorreconocen como pertenecientes a un grupo étnico”, en otra comprobación de un hecho sabido, el del racismo, que pese a nuestro profundo mestizaje es exacerbado contra los indígenas, por ejemplo, que según la encuesta, cuando están fuera de sus territorios ancestrales, son los más infelices en nuestro país. Siguiéndolos en infelicidad los afrodescendientes.

 

Pero, lo que no parece tan obvio, es que sean los varones del estrato uno los que son más felices entre todos, y que los jóvenes clasificados en ese estrato lo sean más que los de los estratos cinco y seis, en un país en el que el 54,28 por ciento de los ocupados (11,6 millones de personas) gana menos o el equivalente a un salario mínimo, y el 67 por ciento de las familias tiene al menos una persona con mínimo una deuda, muy por encima del porcentaje promedio de América Latina (55 por ciento), según estudio de la consultora Kantar Worldpanel.

 

Asimismo es llamativo –aunque también parezca obvio–, que “Las personas que se enteran sobre la situación del país se encuentran más preocupadas y deprimidas”, pues esto conduce a preguntarse si, de ser válidos y representativos los resultados de la encuesta, ¿no será que la causa de nuestra felicidad es la ceguera sobre nuestra propia realidad?

 

La ceguera interesada

 

Aún menos divulgados y discutidos que los “obvios”, aunque no poco sorprendentes resultados de la encuesta sobre felicidad, fueron los de la aplicación del test de tamizaje de funciones frontales, empleado por la neurosicóloga Diana Matallana, para medir la capacidad de los colombianos para reconocer emociones en los otros.

 

En ese test, que hizo parte de la Encuesta sobre salud mental de 2015, y que reseñó el periodista Juan Camilo Maldonado Tovar en junio de éste año (El Espectador, 12-06-2016, versión electrónica), sólo el 19,7 por ciento de los colombianos puede reconocer los rostros que expresan miedo, el 21,8 por ciento los que muestran asco y el 27,4 por ciento los que tienen señales de tristeza. Y, lo que es más inquietante, tan sólo el 40 por ciento de los que participaron en la encuesta manifestaron tristeza o molestia por la agresión que sufría una persona mostrada en una foto.

 

Por lo contrario, el 91,5 por ciento identificó, sin duda, las expresiones de alegría y el 65,9 por ciento las de quienes no estaban especialmente emocionados, en una preocupante muestra de una ceguera sesgada hacía las situaciones negativas que, de ser significativa, haría de la “colombianidad” una identidad de lo insensible. Si sumamos a esto el afán mostrado de mirar hacia otros lados –mirar paja en ojo ajeno antes que viga en el propio, según el adagio popular–, tenemos que concluir que nuestro estancamiento político, por ejemplo, puede ser producto de una percepción deformada de nuestra realidad que nos muestra rosado lo que es negro.

 

La inercia y la aversión a los cambios ha alcanzado niveles que en su justificación rozan con la esquizofrenia. En el afán de velar la realidad para confundir, los analistas oficiosos mezclan a Putin, Trump, Maduro, Evo Morales, Marine Le Pen, Correa, Lula, en una mixtura a la que le asignan el nombre de populismo, con el fin de evitar cualquier diferenciación y poder situar, del otro lado, a los representantes del statu quo, para validarlos como la única posibilidad “seria”. Pues bien, el literato colombiano Héctor Abad, luego de hacer el mencionado ejercicio de mixtura, al comentar los resultados del plebiscito sobre los acuerdos entre el gobierno colombiano y las Farc, nos regala la siguiente joya argumentativa: “En realidad parecemos un pueblo muy adaptado al mundo contemporáneo, globalizado, y en el mismo trending topic de la Tierra: la insensatez democrática. [...].

 

En Colombia, como en el mundo entero, la lucha democrática se juega entre una clase política vieja y cansada (bastante sensata, tan corrupta como siempre y desprestigiada por decenios de feroz crítica nuestra, de los “intelectuales”) contra otra clase política menos sensata, más corrupta que la tradicional, pero cargada de eslóganes y payasadas populistas” (El País de España, 3-10-2016). Allí es inequívoca la afirmación que la “insensatez democrática”, para los cultores del pensamiento único, consiste en no apoyar –con el voto, por ejemplo–, a la clase de los “corruptos sensatos”, acuñando un eslogan que seguramente le agradecerán, entre otros, Santos, Temer, Macri y los dirigentes de Partido Popular de su amada España, para sólo nombrar unos pocos.

 

Avanzaríamos un poco más, si además del calificativo de corruptos, fueran reconocidos para nuestra élite social y política los adjetivos de cruenta, ladina y negacionista pues, no son pocos los que rechazan la existencia de un conflicto armado, por ejemplo, y con ello la de desplazados por ese conflicto, a los que califican de “migrantes”. Son los mismos que justifican las ejecuciones extrajudiciales con el argumento de “que no estarían recogiendo café”. Si por ejemplo, aquellos que apoyaron el No por estar en desacuerdo con la justicia transicional y la ausencia de penalización con cárcel para los jefes insurgentes dijeran, “preferimos la guerra a la inexistencia de penas de privación de la libertad para los comandantes”, daríamos un paso en el sinceramiento de sus intereses y nos evitaríamos esguinces y manierismos hipócritas como los de que “todos queremos la paz”.

 

Ahora, el asunto asume un cariz más grave para los intereses del común si los resultados de la encuesta sobre la felicidad de los colombianos en realidad muestran que las clases subordinadas también están permeadas por el negacionismo, y que la mayor felicidad de los varones de estrato uno es consecuencia de que pese a su pobreza objetiva no la reconocen y son “no pobres subjetivos”.

 

Entonces, dado que la superación de una determinada situación empieza por su reconocimiento, la lucha contra la pobreza a través de la organización social obliga a los movimientos alternativos a un ejercicio titánico de comprensión y transformación cultural de las percepciones, como hasta ahora no ha tenido lugar. Por eso, sin pretender entrar en el campo de los analistas de las razones del voto por el Sí o por el No, creo que vale la pena hacernos preguntas como ¿Una parte importante del 65 por ciento de los que optaron por abstenerse en el plebiscito, no votaron porque desconocen la realidad y la gravedad de los efectos del conflicto sobre el conjunto de la sociedad? O, en caso de reconocerlos ¿son incapaces de sentir empatía por el sufrimiento de las víctimas? Independientemente de la pertinencia de las preguntas y del sentido de las respuestas, lo cierto es que la tarea de propugnar por un país más equitativo y solidario pasa por una interpretación más rigurosa del imaginario social de los grupos subordinados.

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'Esos idiotas peligrosos': los medios progresistas, Trump y los estadounidenses de clase obrera

Los partidarios de Trump no son la caricatura que presentan los periodistas. Sarah Smarsh, una periodista de origen humilde de Kansas, critica los estereotipos y el clasismo que se cuela en las redacciones
"Los medios han presentado a los blancos de clase trabajadora como un todo y han creado un imaginario caduco y traicionero que resulta muy conveniente para el capitalismo. Según este mensaje, los pobres son unos idiotas peligrosos"

 

En marzo mi abuela Betty, una anciana de 71 años, hizo tres horas de cola para poder votar a Bernie Sanders en el caucus del Partido Demócrata en el estado de Kansas. Era la primera vez que votaba en unas primarias y aunque fue un suplicio, en ningún momento se planteó regresar a casa sin haber votado. Betty, una mujer blanca que no terminó sus estudios de secundaria, que tuvo a su primer hijo a los dieciséis años y vivió en la más absoluta pobreza la mayor parte de su vida, quería votar.


Esperó su turno a pesar de sus debilitadas rodillas; las mismas que en el pasado la mantuvieron de pie durante horas en una fábrica. Esperó su turno a pesar del enfisema pulmonar provocado por el tabaquismo y de la dentadura postiza que ha lucido desde que era una veinteañera, dos señales claras de la clase social a la que pertenecemos. En la década de los sesenta, antes de la sentencia Roe contra Wade, la mujer que esperó su turno pagó a un desconocido para que le introdujera un gancho de alambre en el útero tras descubrir que estaba embarazada de un hombre del que huyó después de que le rompiera la mandíbula.


Durante muchos años, Betty trabajó como funcionaria de libertad condicional para el sistema judicial de Wichita, en Kansas. Su trabajo consistía en hacer un seguimiento de violadores y de asesinos. Por eso, está curada de espantos. Sin embargo, no ha dudado en afirmar que el candidato republicano Donald Trump es un sociópata “con la boca llena de mierda”.


Nadie detesta a Trump más que ella. El candidato dijo que debe castigarse a las mujeres que aborten y ha dicho cosas horribles de colectivos que ella conoce desde su infancia y con los que ha trabajado codo a codo. Su estilo pomposo e indecente ofende su sensibilidad humilde y del medio oeste americano.


La clase trabajadora, integrada por personas como Betty, se ha convertido en la obsesión de todos aquellos que cuando comentan estas elecciones presidenciales hablan de “clases”: ¿Quién está detrás de esta bestia feroz y por qué apoya a Trump?


Los votantes de Trump no son tan pobres


Las cifras cuantitativas ponen en duda, o niegan de plano, la tan regurgitada teoría de que el nivel de educación o de ingresos permite predecir el apoyo a Trump, o la afirmación de que la clase trabajadora blanca lo apoya desproporcionadamente.


El mes pasado, el resultado de una encuesta elaborada por Gallup sobre una muestra de 87.000 personas dejó entrever que los partidarios de Trump no tienen más problemas económicos o derivados de la inmigración que aquellos que se oponen al candidato republicano.


Según este estudio, sus seguidores no tienen ingresos más bajos o una tasa de desempleo más alta que otros estadounidenses. La información relativa a los ingresos se pierde elementos importantes: aquellos con ingresos altos también pueden tener problemas de salud o ser propensos a empeorar económicamente.


Sin embargo, la mayoría de encuestados no se aferraban a trabajos que podrían perder. Uno de los analistas de Gallup explicó que, sorprendentemente, “parece no haber ningún tipo de relación entre sufrir la amenaza de la competencia comercial con otro país y apoyar políticas nacionalistas en Estados Unidos”.


El típico grandullón que amenaza a personas todavía más débiles que él y que amenaza a las personas de color para que huyan del pueblo, insulta a las mujeres y utiliza pistolas de aire comprimido para disparar contra gatos. Así sería Trump si hubiera nacido donde yo nací.


A principios de año, los sondeos que se llevaron a cabo antes de las primarias mostraron que aquellos que votaron a Trump tienen un mayor poder adquisitivo que el resto de estadounidenses, con unos ingresos familiares de 72.000 dólares, lo cual supera los ingresos de los que votaron a Hillary Clinton o a Bernie Sanders. El 44% tiene un título universitario; en comparación con la media nacional, que es del 29% para el conjunto de la población, o del 33% en el caso de la población blanca.


En enero, el politólogo Matthew MacWilliams indicó que uno de los factores que permite predecir el apoyo a Trump es una cierta tendencia al autoritarismo , mientras que los ingresos, la educación, el género, la edad o la raza no son factores determinantes.


Sin embargo, todos estos hechos objetivos no han servido para que los expertos y los periodistas dejen de repetir hasta la saciedad que la clase obrera blanca ha decidido apoyar a un demagogo que se distingue por su grandilocuente verborrea.


Para explicar correctamente por qué parte de la ciudadanía se siente atraída por Trump, una cobertura mediática equilibrada debería incluir más reportajes sobre el racismo y la misoginia en los barrios acomodados donde viven algunos votantes de Trump. O, en el supuesto de que se esté valorando la amargura de la clase trabajadora causada por la situación económica, también deberían publicarse reportajes sobre legisladores demócratas que en las últimas décadas han decidido destruir la red de bienestar, se subieron al carro de Wall Street y se olvidaron de los trabajadores estadounidenses cuando negociaron acuerdos comerciales internacionales.


Sin embargo, para los medios de comunicación nacionales, integrados, en su mayoría, por progresistas de clase alta o de clase media, eso supondría tener que mostrar los rostros de sus semejantes.


Si bien es ciert o que los rostros que los periodistas muestran en televisión –rostros enfurecidos que hacen comentarios sexistas cerca de una bandera de la Confederación– se merecen algún tipo de cobertura mediática, no son un reflejo de las comunidades que yo conozco tan bien. El hecho de que los medios de comunicación hayan ignorado comunidades como la mía ha creado una falta de comprensión tan grave que con un primer vistazo a un blanco con problemas económicos parece servir para describir a la totalidad.


El ejemplo antropológico de JD Vance


Un vistazo a la actualidad nos lleva hasta JD Vance, autor de una autobiografía que ha sido éxito de ventas, Hillbilly Elegy (Elegía del palurdo) . Es la historia de un abogado de éxito que creció en una pequeña ciudad siderúrgica de Ohio y cuya familia, a pesar de ser de clase media, lidiaba con la precariedad. El libro nos habla del caos que suele perseguir a una familia que ha quedado atrapada en un ciclo de pobreza durante generaciones.


Vance se autodefine como conservador y afirma que no votará a Trump. Sin embargo, intenta comprender por qué muchas personas de clase trabajadora sí lo harán. Tiene que ver con una ansiedad cultural que surge cuando muchos amigos consumen opiáceos y mueren por sobredosis y la casta política ya te ha dejado claro que no te ayudará. Si bien su experiencia es extrapolable a la de otras personas de zonas concretas, los periodistas de la Costa Este han convertido a Vance en portavoz de toda la clase obrera blanca.


Los entrevistadores y los críticos literarios parecen sentirse aliviados por el hecho de haber encontrado a alguien que tiene unas opiniones que confirman las suyas. The Run-Up, el podcast de las elecciones del The New York Times, afirmó que la autobiografía de Vance también es un estudio de antropología cultural de la clase obrera blanca que ha apoyado la candidatura de Trump (al tuitear la crítica del libro, el The New York Times ironizó con la pregunta: ¿Quieren saber más sobre las personas que le han dado alas a Donald Trump?”.

 

Fuente: theguardian

22/10/2016 - 19:28h

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Lunes, 10 Octubre 2016 07:04

Política moral

Política moral

Este es un país donde políticos pueden anunciar, promover u ordenar guerras que matan a miles, calificar de "violadores" y "asesinos" a todos los mexicanos, deportar comunidades enteras, torturar, desaparecer y detener de manera indefinida a cualquier extranjero, vigilar de manera ilegal a la población entera, envenenar las aguas de pueblos enteros, permitir que uno de cada seis niños en el país más rico del mundo padezca hambre, dejar impune el asesinato de civiles desarmados por la policía, pero aparentemente esos mismos políticos no pueden tocar el tema del sexo, ni para bien o para mal, en público.

A veces es difícil entender dónde está esa línea que no se puede cruzar y a diferencia de muchos otros países, aquí todo político tiene que pretender que es una persona ética y moral, aun cuando nadie les cree. Más aún, como se exhibió esta semana, esto puede llegar al absurdo de que hombres en la política que llaman a respetar a las mujeres y que denunciaron las declaraciones de Donald Trump sobre su agresión sexual –dijo que cree que puede tocar donde quiera y cuando quiera a cualquier mujer– son los mismos que violan el fundamental derecho de una mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Casi todos los políticos republicanos que condenaron a su abanderado por su falta de respeto a las mujeres se oponen al aborto y, más aún, han promovido limitar e incluso anular servicios de salud para mujeres por todo el país.

Las declaraciones de Trump en una grabación difundida por el Washington Post el viernes pasado podrían ser el último clavo en el ataúd de su campaña política, pero nadie puede fingir que fue sorprendido; el multimillonario tiene una larga historia repugnante de trato verbal y físico hacia las mujeres (sin hablar de sus declaraciones antimigrantes, racistas, xenófobas, sus propuestas anticonstitucionales, incluyendo más tortura, sus burlas hacia los descapacitados y veteranos de guerra, y más).

Pero estas declaraciones de hace una década, reveladas el viernes, aparentemente fueron too much. Aunque Trump primero insistió en que sus palabras no eran más que "plática de vestidor" entre hombres, o sea, algo común, Trump no estaba hablando de su gran poder de seducción o de sus conquistas sexuales, sino que, literalmente, estaba describiendo que había cometido y deseaba cometer actos de agresión sexual, alabando su poder para hacerlo.

Un activista político veterano aquí explicó que “ una cosa es decir que todos hablamos de cómo deseamos a una mujer atractiva... pero otra muy diferente es lo que dijo Trump: forzar a una mujer a hacer lo que queremos; los cuates no hablan así, eso es hablar de violacion sexual”.

Pero entonces ¿sí se puede hablar de deportaciones y de dividir familias, de bombardear aldeas donde mueren mujeres y niñas, de pintar como amenaza a toda una fe religiosa y más, pero eso no descalifica a un político aquí? "Pues sí, a fin de cuentas estamos en un país imperialista, puritano y racista", resume un veterano del movimiento de derechos civiles y políticos de los latinos. Explica que esos son "extranjeros", que esta superpotencia se adjudica el derecho a bombardear y matar cualquier país o fuerza que considere una "amenaza", y que todo eso es "moralmente justificado" por los políticos. Además, todos esos no votan, explicó otro observador.

Otros señalan que este escándalo no es un asunto moral, sólo está disfrazado de moral. Afirman que es mucho más sencillo y se reduce a aritmética nada más: las mujeres son más de la mitad del electorado y en las últimas elecciones presidenciales representaron 53 por ciento del voto emitido.

Por lo tanto, todo esto no tiene que ver con el "respeto" a las mujeres, sino evitar el suicidio político de un candidato o de un partido entero.

Aunque la farsa moral es espectacular, es más curiosa aún la aparente necesidad de mantener la obra en pie. Desde la amante esclava de Jefferson a John Kennedy y Marilyn Monroe, a los juegos sexuales del presidente Bill Clinton en la Casa Blanca, pasando por una historia maravillosamente perversa de un desfile de políticos y figuras religiosas de gran influencia política y otros que se presentaron como los defensores de los "valores familiares" (o sea, la homofobia, antifeminismo y más) que finalmente se colgaron por su propia soga moralista al ser descubiertos en todo tipo de aventuras sexuales, algunas criminales.

Este domingo, Trump respondió a todos los líderes y políticos de su partido que lo denunciaron en estos dos días: "Tantos hipócritas con aires de superioridad", escribió en un tuit, afirmando que no necesitará del apoyo de ellos para ganar la elección. En lo primero tiene razón, y lo segundo aún no está descartado.

La violencia sexual, sobre todo contra mujeres en Estados Unidos, es espeluznante. Cada 109 segundos un estadunidense sufre un asalto sexual, y cada 8 minutos esa víctima es un menor de edad. Una de cada 6 mujeres ha sido víctima de una violación sexual o un intento de violación, según estadísticas de RAINN, la organización nacional contra la violencia sexual en este país, y datos oficiales del gobierno.

Que un candidato a la presidencia sea una de las caras de las estadísticas en este tipo de agresiones y violencia contra las mujeres, es obviamente repugnante y espantoso.

Pero hay muy pocos entre la clase política, incluida la contrincante de Trump, que pueden atreverse a ser jueces de la moralidad. Y ese es el gran problema que se está exhibiendo en esta elección. Más aún, tal vez lo más escandaloso de todo es que los políticos se atrevan a usar la palabra "moral".

Tal vez debería haber una moratoria sobre el uso de esa palabra entre la clase política, por ahora. Sería un alivio tanto para ellos como para todos los que tenemos que escucharlos.

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