Evo confía en su legado para ganar en octubre

La oposición presentará ocho candidatos diferentes para ver quién podría desbancar al MAS después de 13 años, pero sólo tiene ciertas expectativas con Carlos Mesa.

Bolivia plurinacional y descolonizada, ese país que “está en los ojos del mundo” como lo definió su canciller Diego Pary, avanza hacia sus elecciones del 20 de octubre. El gobierno de Evo Morales ratificó el rumbo con una premisa inequívoca: la autodeterminación. Acompañado por índices que le dan la razón en casi toda la economía, como el incremento de su PBI que seguirá creciendo en 2019. La oposición desflecada se presentará a los comicios que cuestiona porque se apoya en el referendo del 2016 cuando el presidente cayó derrotado. Esa limitación que le cerraba la posibilidad de ir por un cuarto mandato, fue sorteada en 2017 por el Tribunal Constitucional que lo habilitó para buscar su tercera reelección. La atomización de las fuerzas que enfrentarán al gobernante MAS podría sintetizarse en una frase reciente de uno de sus referentes, el empresario Samuel Doria Medina: “El enemigo no es Evo, es la dispersión del voto”.


Aún con múltiples factores que inciden en su complejidad, o lo que es igual, en la comprensión de lo que Bolivia significa hoy como modelo emergente, el país tiene un rumbo que se percibe con nitidez. La defensa de sus recursos naturales, el crecimiento de sus exportaciones –con el gas natural como estandarte-, una inflación acumulada en 2019 que ronda hasta ahora el 1 por ciento, la suba de las jubilaciones y la baja del desempleo que en 2018 llegó a su mínimo histórico (4,2 por ciento) son algunas de sus políticas. Todo eso conseguido en un contexto regional desfavorable.


La irrefutable dimensión de estas cifras, obliga a la oposición a centrarse en lo que considera una ilegítima candidatura de Morales. Pero en el camino hacia las presidenciales, sus expresiones más derechistas cometieron errores no forzados. Como la carta que doce diputados y senadores le enviaron al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que evitara la nueva postulación de Evo (ver aparte). Hasta el principal candidato opositor en las encuestas, el ex presidente Carlos Mesa, dijo que era “inaceptable” pedirle a EEUU que interponga sus “buenos oficios” en los asuntos internos de Bolivia. Dio una razón lógica según su perspectiva política: la carta le permite al gobierno “victimizarse”.


La oposición que presentará ocho candidatos diferentes para ver quién podría desbancar al MAS después de 13 años en el poder, solo tiene ciertas expectativas con Mesa. Algunas encuestas lo dan muy cerca del presidente en la intención de voto. Todos los aspirantes a ocupar la flamante Casa Grande del Pueblo (que desde 2018 reemplaza al Palacio Quemado, la antigua sede del gobierno) tuvieron que pasar por una polémica elección primaria en enero pasado en su propia fuerza. Hubo baja participación porque los presidenciables no competían contra nadie. Cada uno lo hizo por una formalidad legal. Esa movida política le permitió al oficialismo ratificar la candidatura de Evo, como para tomar envión.


Pero lo que marca el pulso de la campaña es que el gobierno siempre toma la iniciativa y fija los temas de discusión. El 31 de marzo pasado, Evo lanzó en Pando –al noroeste del país– el Plan 2030, que incluso es superador de la llamada Agenda Patriótica 2025. Como dijo el presidente, consiste en “la construcción de plantas de industrialización y gasoductos hidrocarburíferos hacia el Pacífico”.


En el mismo acto Morales negó que Bolivia estuviera aislada en el continente por apoyar al gobierno venezolano de Nicolás Maduro. “No estamos solos, falsamente quiere decirlo alguna derecha: por apoyar a Maduro, a Venezuela, Bolivia se queda sola. Más bien, pueblos, gobiernos progresistas y estados soberanos apoyan estas políticas que permitan garantizar la paz y no estar con intervenciones militares y pensando en cómo dominar con cualquier pretexto nuestros recursos”.


El presidente aludía a socios estratégicos como Rusia e India. El mandatario de este último país, Ram Nath Kovind, llegó a Santa Cruz de la Sierra a fines de marzo con promesas de invertir en la industria del litio, el corredor ferroviario bioceánico, la salud, energía, tecnología y el desarrollo espacial. No fue una mera expresión de deseos del estado plurinacional. La ratificó la cancillería india en un comunicado: “El litio de Bolivia y nuestras necesidades proporcionan sinergias naturales. A medida que Bolivia se embarca en la industrialización de sus recursos, India es un socio dispuesto a suministrar conocimientos, tecnología y habilidades”.


Este contexto de expansión de la economía combinado con decisiones políticas fuertes, ya había sido anticipado por el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, durante una visita a Moscú en febrero. Dijo frente a Vladimir Putin que “la presencia rusa en América del Sur no solamente es necesaria, es imprescindible”.


Las críticas al fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que se apoyó en el derecho a elegir y ser elegido que esgrimió Evo basándose en el Pacto de San José de Costa Rica, parecen el único insumo que les queda a los opositores para llegar con chances electorales al 20 de octubre. El sábado último, antes de viajar a la Argentina para entrevistarse con Mauricio Macri, el líder del MAS se presentó en la Cancillería donde jugó cuatro partidas simultáneas en las Jornadas Estudiantiles de Ajedrez Presidente Evo. En una libre asociación de ideas entre el juego ciencia y los comicios que se vienen, declaró: “En las elecciones siempre hago jaque mate a la oposición”.
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Manifestaciones opuestas que marcan un empate inestable

La oposición realizó protestas en varios puntos del país y en el este de Caracas habló Guaidó. El chavismo escuchó a Maduro en el Palacio de Miraflores.

 

Caracas se ha transformado en un escenario de movilizaciones callejeras desde hace meses. Los sábados son una fecha fija donde quedan fotografiadas las dos fuerzas políticas en disputa en el país: el chavismo y la derecha. El sábado 6 de abril no fue la excepción bajo un cielo azul color Caribe. El día venía cargado de preguntas. La principal: qué forma tomaría lo que la oposición había denominado el inicio de la “operación libertad”.

La jornada, en filas de la derecha, venía marcada entre otras cosas por las declaraciones del enviado de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, quien afirmó el jueves que era “prematura” la opción de la intervención militar en Venezuela. El anuncio había caído con efecto desmoralizante para el sector de la base social de la oposición que ha llegado a la conclusión de que solo una intervención militar extranjera, es decir encabezada por EE.UU., puede derrocar a Nicolás Maduro. En cuanto a los dirigentes que plantean que esa es la única vía, como María Corina Machado, debieron explicar sobre destiempos, cargar con el peso de las palabras dichas por Abrams que pusieron un freno a su voluntad intervencionista.
Las respuestas a la “operación libertad” llegaron a través de lo que no sucedió. La oposición realizó protestas en varios puntos del país, una movilización centralizada en el este de Caracas –en las antípodas del Palacio de Miraflores–, allí dio un discurso Juan Guaidó, acompañado de dirigentes de otros partidos de la derecha, y luego de eso tuvo lugar la desconcentración, y final.


Guaidó se refirió a varios puntos. En primer lugar, a la necesidad de mantener y profundizar los niveles de organización en los llamados “comandos de libertad”. En segundo lugar, a las palabras de Abrams: “Nuestros aliados nos dijeron es prematuro, no dijeron que no se puede, sino que es prematuro, porque como hemos dicho responsablemente, tenemos un plan para construir las capacidades, ¿vamos a esperar o seguir activos en las calles de Venezuela?”. Luego se refirió a la hoja de ruta para los próximos tres días, donde el lunes tendrá una reunión con empleados públicos, y convocó a una nueva jornada de protesta para el miércoles sin especificar mayores modalidades. Finalmente anunció que se realizará un “encuentro mundial” como muestra de apoyo y construcción de alianzas internacionales. Si la “operación libertad” consistía en el escalamiento de las formas de enfrentamiento, no sucedió. Al menos por el momento.


El chavismo por su parte realizó una movilización hasta el Palacio de Miraflores, donde el presidente Nicolás Maduro dio un discurso, centrado en varios ejes. En primer lugar, dio una explicación de todas las formas de ataques que habría recibido el sistema eléctrico como parte del plan de saboteo de la derecha. Llamó a profundizar la organización popular, desde la necesidad de construir respuestas conjuntas a las dificultades actuales y los nuevos saboteos que podrían estar por venir: “La apuesta de ellos era que el pueblo no iba a poder aguantar esta guerra (…) llamo a mejorar la capacidad familiar y comunitaria de acumulación de agua para estar preparados por si nos tocara enfrentar una nueva situación de ataque al sistema eléctrico y de agua (…) a mejorar la organización popular, unirse en cada comunidad, conformar las cuadrillas de paz en los barrios, estar pendientes de los grupos de mercenarios, de violentos, avanzar en la capacidad de resistir a cualquier circunstancia”.


Al finalizar su discurso hizo una convocatoria al diálogo: “Le hago un llamado al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al presidente de Uruguay, doctor Tabaré Vázquez, al presidente de Bolivia, Evo Morales, a los primeros ministros y presidentes del Caribe, del Caricom, para que se retome la iniciativa de hace dos meses en Montevideo para el diálogo nacional. Venezuela pide ayuda, apoyo para un gran dialogo de entendimiento entre venezolanos y venezolanas, ratifico toda mi voluntad para una vía de diálogo, de negociación, de acuerdo”.


La cuestión del diálogo ha sido un punto de insistencia de Maduro desde el inicio de esta fase del intento de asalto marcado por el autoproclamamiento de Guaidó y su apoyo incondicional desde EE.UU.. Las respuestas a ese llamado han sido, en lo público, negativas hasta el momento. Quienes dentro de la oposición asoman la posibilidad de un diálogo, aseveran que una condición inamovible es la salida de Maduro.


Ayer se vio una nueva fotografía del empate inestable con mayor fuerza del chavismo. La derecha no ha anunciado acciones con capacidad de desbalancear la correlación actual, de plantear un escenario que presente mayores amenazas en su posibilidad golpista. Donde sí han avanzado ha sido por la capacidad de EE.UU. y no por la propia: en los ataques a la economía, el último de los cuales fue anunciado el viernes con la decisión de Washington de sancionar a dos compañías y 34 buques que comercian petróleo venezolano con Cuba. La ilegalidad de esas medidas no ha cambiado, la impunidad para realizarlas tampoco.


Venezuela termina una nueva semana de batallas geopolíticas y cotidianas. El miércoles tendrá lugar la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas convocada por EE.UU. para abordar por tercera vez el tema Venezuela. En cuanto a la vida diaria de millones de personas seguirá marcada por el seguimiento de los enfrentamientos, su participación directa o indirecta, y la resolución de las necesidades materiales, de servicios, un cuadro donde Caracas presenta mayores niveles de estabilidad.

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La Constituyente de Venezuela despoja a Guaidó de su inmunidad parlamentaria

CARACAS (Sputnik) — La Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela aprobó un decreto en el que autoriza la continuación de un juicio contra el parlamentario opositor Juan Guaidó, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia le solicitó retirar la inmunidad.


"Decreta autorizar la continuación del enjuiciamiento del ciudadano diputado de la Asamblea Nacional, Juan Gerardo Guaidó Márquez (…) publíquese el presente decreto (…) y comuníquese al Tribunal Supremo de Justicia", indicó el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, en un discurso.


"El que entendió, entendió", repitió en varias ocasiones el máximo representante de la constituyente, tras la aprobación unánime del decreto en el que si bien no especificó que se levantaba la inmunidad parlamentaria a Guaidó ordenó a que se continuara el juicio.


Este decreto fue aprobado en moción de urgencia durante una sesión que comenzó este martes a las 16:18 hora local (20:18 GMT) y concluyó cuatro horas después.
Durante su discurso, Cabello pidió a darle tiempo a la justicia y remarcó que ésta "tiene sus tiempos".


"A veces tarda la ley, pero va a llegar, en este caso va a llegar, no nos desesperemos, vamos poco a poco, se llega, y muy lejos se llega, sin desesperarnos", agregó.
Por otra parte, indicó que el parlamentario ha perdido respaldo, incluso de los partidos de oposición y afirmó que "Juan Guaidó es la nada" y por ende nadie asume la responsabilidad de los actos que él ejecuta.


Además, señaló que el sistema de justicia de Venezuela, así como los constituyentes, están bajo la amenaza constantes del Gobierno de EEUU, pero destacó que eso no incidirá en la aplicación de castigo a quien infrinja las leyes.


Durante la discusión previa a la aprobación del decreto también se pronunció la constituyente María León, quien destacó la necesidad de que se constituyan tribunales populares.
"Yo pediría tribunales populares, y que en cada estado hagamos un tribunal popular y que el pueblo decida qué hacer con quien traiciona a la patria", acotó.


Por su parte, la constituyente Tania Díaz pidió al Tribunal y a la Contraloría General seguir con la aplicación de la justicia.


"Le pedimos al tribunal, a la procuraduría, a la contraloría, que ya hizo parte de su trabajo, que actúe contra este diputado y contra cualquiera que ose atentar contra nuestra soberanía", sostuvo.


Esta decisión de la constituyente se aprobó un día después de que el máximo tribunal exigió el allanamiento de la inmunidad parlamentaria.


"Se ordena remitir copia certificada de la presente decisión al presidente de la Asamblea Nacional Constituyente a los fines del allanamiento de la inmunidad parlamentaria del referido ciudadano, Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez", señaló el presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Maikel Moreno.


Además, el máximo tribunal ratificó el lunes las medidas cautelares contra Guaidó, entre las que se encuentra: prohibición de salida del país, de enajenar y gravar los bienes de sus propiedades, así como bloqueo e inmovilización de cuentas bancarias o cualquier otro instrumento financiero en Venezuela.


Además, el TSJ resolvió aplicar una multa de 200 unidad tributarias, equivalente a 10.000 bolívares (moneda local) o 3 dólares, por haber violado la prohibición de salida en su contra el 22 de febrero.


El jueves 28 de marzo, la Contraloría General de Venezuela decidió inhabilitar por 15 años a Guaidó para el ejercicio de cualquier cargo público, por no justificar el origen de los fondos que ha utilizado en los últimos meses para realizar viajes dentro y fuera de Venezuela.

03:14 03.04.2019(actualizada a las 04:13 03.04.2019)

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Domingo, 31 Marzo 2019 06:04

Sur, apagón y después

Sur, apagón y después

A tres semanas de iniciada la guerra de la electricidad, el chavismo sostiene que el desgaste apunta a un intento de golpe.

Otra vez sin electricidad. Nos sentamos en la terraza, vimos algunas luces prenderse en los edificios, velas, linternas, unas cacerolas por unos minutos, luego el silencio, el gran silencio de Caracas, de su valle, sus cerros y barriadas. Eran las 19.10, el tercer apagón de la semana, aunque la cuenta es difusa, la luz a veces se va, regresa, vuelve a irse. No importan los números, sino lo que mucha gente siente: cansancio, desgaste, el efecto encadenado de falta de metro, de agua, de comunicaciones, la incertidumbre.


La respuesta volvió a ser la misma en los barrios: gente en las veredas, carros con las luces prendidas para iluminar una partida de dominó, algunas cervezas donde las había, la calma, la espera de que regrese la luz, los mensajes, los wifis. Las zonas de clases medias caceroleraon durante un tiempo, luego el silencio. Nada revienta, contra el pronóstico de muchos. Dos más dos no dan cuatro en Venezuela, o sí, cuando se lo mira desde las profundidades populares.


Volvió a las 22.15, y una hora después se fue nuevamente. En total fueron cerca de veinte estados afectados, y la casi totalidad de la capital. Impresiona ver a Caracas detenida, sobre todo desde lo alto de un cerro. Luego de tres semanas de iniciada la guerra de la electricidad el chavismo sostiene, con pruebas, que se trata de una estrategia de desgaste implementada en el marco del intento de golpe de Estado. La derecha afirma que todo es responsabilidad del gobierno, la corrupción y la ineficiencia. La mayoría está convencida de que habrá más apagones.


Los sábados se han convertido en día de movilización del chavismo, y, a veces, de la derecha. La dificultad mayor es lograrlo cuando, como este sábado, la ciudad se encontró nuevamente sin metro debido al apagón. Se trató de la segunda jornada en que el chavismo se encontró frente al desafío de una movilización sin servicio de metro, y, como la vez anterior, logró una demostración de fuerzas. Volvió a ratificar, como desde el inicio de año, que es una fuerza popular que no ha perdido la calle. También, contra todo pronóstico de la derecha.


Juan Guaidó, por su parte, había convocado a una jornada de protesta por los cortes de luz. Su acto logró una convocatoria pequeña, preocupantemente pequeña para sus necesidades. El efecto Guaidó viene en proceso de desinfle. Sus dos principales problemas son haber prometido lo que no podía hacer, y parecerse cada vez más a un típico dirigente de la derecha, de esos mismos que rechaza su misma base social por sus fraudes.


¿Qué sigue? Guaidó anunció que el 6 de abril hará un “primer simulacro de la operación libertad”. No ha explicado aún en qué consiste la operación, en cuanto a su dimensión de simulacro, solo ha generado más decepción en quienes creen en la salida inmediata de Nicolás Maduro. Luego de dos meses las imágenes son nítidas: el chavismo ha mantenido su capacidad de movilización, mientras la derecha está en proceso de perder lo que había logrado volver a movilizar el 23 de enero.


En las calles de Caracas se vive tranquilidad de costumbre pero la confrontación internacional viene en escalada. Primero fue Donald Trump, quien, en el acto en el cual recibió a la esposa de Guaidó, Fabiana Rosales, afirmó que “Rusia debe irse de Venezuela”. Sus dichos fueron en referencia a la llegada de dos aviones rusos al aeropuerto de Caracas el 23 de marzo, con equipos y funcionarios para llevar adelante contratos de carácter técnico-militares entre ambos países.


La respuesta vino por parte de la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, quien afirmó que “ni Venezuela ni Rusia son provincias de Estados Unidos”. Y, añadió: “Antes de sugerir a alguien irse de algún lugar, Estados Unidos debe implementar su propio concepto de salida, en particular de Siria (…) ha pasado un mes y me gustaría aclarar, ¿salieron o no?”.
Poco antes de la declaración de Rusia, China había emitido una declaración de respaldo al gobierno de Venezuela en boca del Geng Shuang, portavoz de la Cancillería: “América Latina no es propiedad de ningún país, ni tampoco es patio trasero de ningún Estado”.


Venezuela se ha transformado en el punto de condensación de disputas geopolíticas, en particular entre EE.UU. y Rusia. El agravante para la política de Donald Trump y del Estado profundo norteamericano es que esa pulseada es ahora en un territorio que debería ser de control exclusivo de los EE.UU.


La evolución de la dimensión internacional tuvo otro elemento: el anuncio de la Cruz Roja, que afirmó que distribuirá ayuda humanitaria en Venezuela dentro de dos semanas. Aún no ha dicho cómo la harán ingresar y si hablaron con el gobierno. Resaltaron el carácter “apolítico” de la ayuda humanitaria, aunque la derecha se haya atribuido como logro propio el anuncio, y la política se corresponda exactamente con la que ha planteado Estados Unidos. La evolución de los acontecimientos dará más indicios sobre los objetivos de la Cruz Roja. Por el momento el cuadro en Venezuela continúa en una inestabilidad estable.

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Martes, 26 Marzo 2019 06:34

El apoyo a Correa sigue vivo

Jorge Yunda, electo alcalde de Quito, fue asambleísta del partido de Correa.

Candidatos afines al correísmo obtuvieron un espaldarazo ciudadano en las municipales.

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El apoyo a Rafael Correa sigue vivo pese a que el exmandatario no reside en Ecuador. Candidatos afines a la Revolución Ciudadana obtuvieron un espaldarazo en las elecciones municipales y regionales del domingo. El escrutinio confirmó la victoria de Jorge Yunda a la alcaldía de Quito y de la correísta Paola Pabón a la prefectura de Pichincha. Por otro lado, se impuso la candidata socialcristiana Cynthia Viteri en Guayaquil, un feudo de la derecha.


La sorpresa más importante de esta votación fue el fraccionamiento del voto en la capital ecuatoriana, donde el candidato del partido Unión Ecuatoriana obtuvo el 21,35 por ciento de los votos, con el escrutinio de actas al 98,52 por ciento. Le seguía Luisa Maldonado, del movimiento de izquierda Compromiso Social, con 18,44 por ciento de los sufragios escrutados, y en tercera posición, con 17,72 por ciento, quedó el general y exalcalde de Quito Paco Moncayo, que era favorito en los comicios.


Ateniéndose al pasado de Yunda en las filas del expresidente Rafael Correa, de quien fue asambleísta, y también a la identificación política de Maldonado, las elecciones de este domingo en la capital ecuatoriana han sido interpretadas como una victoria del correísmo.


Una posibilidad que se corrobora con el triunfo también de Paola Pabón en la prefectura de Pichincha, de la que Quito es su capital. De 41 años y ex secretaría de la Gestión Política de la Presidencia de Correa, Pabón ha obtenido, con el 98,20 por ciento de actas escrutadas, el primer puesto en la provincia capitalina, con el 22,16 por ciento de los votos. Le sigue en segunda posición y el 20,75 por ciento de los votos Juan Zapata, de Alianza Izquierda Democrática. Quito era gobernada hasta ahora por el político Mauricio Rodas, de centro derecha.
Mas de trece millones de ecuatorianos acudieron a las urnas para elegir a 5.675 autoridades locales y sus suplentes entre alcaldes, prefectos, concejales urbanos y rurales, y miembros de las juntas parroquiales en el país. También se eligieron los siete vocales e igual número de suplentes del Consejo de Participación Ciudadana (Cpccs), que reemplazará al actual, de carácter transitorio, cuya conformación avaló una consulta popular realizada el 4 de febrero de 2018. El Cpccs es el organismo que elige en Ecuador a las autoridades de control de otros poderes del Estado, como el fiscal general o el contralor.


En cuanto a Guayaquil, la otra ciudad más importante del país y su principal puerto, con el 98,40 de las actas escrutadas el resultado da la victoria a la abogada socialcristiana Viteri, que obtuvo el 52,81 por ciento de los votos. Se impuso al exprefecto de la provincia de Guayas Jimmy Jairala, de Centro Democrático, que se hizo con el 31,75 de las boletas.


Por su parte, en la ciudad andina de Cuenca, la tercera del país, encabeza el escrutinio, al 99.79 por ciento del voto procesado, el candidato Pedro Palacios, de Alianza Azuay, con un 28.05 por ciento, seguido del representante del Movimiento Renace, Jefferson Pérez, 22.18 por ciento.


En un voto también muy fraccionado en esa ciudad, les sigue con 19,51 por ciento el exalcalde de la ciudad, Marcelo Cabrera, que se alió con el centroderechista Creo.

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Jorge Rodríguez muestra una foto de Marrero durante la conferencia de prensa en la que denunció un complot contra Maduro.

Detallan la conformación de los actores políticos y operativos, territorios, financiamientos y objetivos político-militares de los ataques planeados para derrocar al gobierno.


El gobierno de Venezuela anunció la detención y desmantelamiento parcial de un entramado paramilitar en el país organizado a nivel local por Juan Guaidó y el partido al que pertenece, Voluntad Popular. La declaración fue brindada por el ministro de comunicación, Jorge Rodríguez, quien detalló la conformación de los actores políticos y operativos, territorios, financiamientos, y objetivos político-militares de los ataques planeados.

La acción se llevó adelante luego de que una información de inteligencia del gobierno descubriera que se llevaba adelante la contratación sicarios relacionados con crímenes, narcotráficos y maras, en tres países de Centroamérica: El Salvador, Guatemala y Honduras, con epicentro en el primero, dijo el vocero del gobierno chavista. El esquema planteaba conformar de ocho a diez equipos integrados por entre seis y ocho personas, detalló.


Según Rodríguez, el plan era hacer ingresar a los paramilitares a Venezuela a través de Colombia, con centro de operaciones en la ciudad fronteriza con Venezuela de Cúcuta, la misma zona donde fueron entrenados quienes realizaron el atentado contra Nicolás Maduro en el 2018, y donde fue montada la acción de intento de ingreso por la fuerza a Venezuela de camiones con ayuda humanitaria pasado 23 de febrero. El Norte de Santander, región donde se encuentra Cúcuta, es un territorio con una presencia extendida del paramilitarismo, con desarrollo de los grupos Los Rastrojos y El Clan del Golfo, y de carteles de drogas mexicanos.


“Al menos de la mitad de estos paramilitares (…) lograron entrar a Venezuela, estamos buscándolos por tierra, por mar, por aire, donde quiera que se encuentren vamos a capturarlos, porque ya tenemos identificados a algunos”, afirmó Rodríguez. Luego de la rueda de prensa se anunció que había sido apresado un jefe paramilitar colombiano traído para las operaciones, Wilfrido Torres Gómez, solicitado con código azul por la Interpol por homicidio y sicariato.


Las células terroristas, informó Rodríguez, planeaban asesinatos de líderes sociales y políticos, sabotajes de metro y teleféricos con voladuras de vagones y operaciones de falsos positivos, o sea, vestir a los paramilitares con uniformes proporcionados por los desertores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) para generar una situación de enfrentamiento entre militares venezolanos. La escalada de acciones terroristas debía conducir hacia un intento de huelga general, y un asalto al Palacio de Miraflores, dijo el ministro.
La investigación llegó a descubrir la dirección política tras la operación que, en territorio venezolano, se concentró en manos de la dirección del partido Voluntad Popular (VP), con el involucramiento directo en la planificación y desarrollo de Juan Guaidó, Leopoldo López, Freddy Guevara y Roberto Marrero, entre otros, dijo Rodríguez. Este último, quien era el nexo entre los paramilitares y Guaidó, había sido arrestado el pasado jueves en su casa, donde encontraron dos fusiles, una granada y municiones, según había informado el ministro de Interior, Justicia y Paz. Gran parte de las pruebas fueron encontradas en su teléfono, varias de la cuales fueron mostradas por Rodríguez, con autorización del Ministerio Público.
Por ejemplo: “Vamos a pasar de una estrategia de asedio, tesis de Estados Unidos (EE.UU.) que busca que la asfixia financiera y el aislamiento los quiebre, a una estrategia de asalto, calle total, articulado con agricultura”, fue la forma en la cual Freddy Guevara describió el plan que estaba en marcha, en una de las conversaciones que mostró Rodríguez.


El financiamiento para contratar, trasladar y armar a las células estaba planteado a través de cuentas personales, así como de organizaciones no gubernamentales, algunas de las cuales fueron creadas en las últimas semanas. Parte de las fuentes de dinero provenían del dinero obtenido con las sanciones económicas dirigidas por EE.UU. que, entre otras medidas, incautaron fondos del Estado venezolano. Esos ataques económicos han recrudecido en días pasados, con golpes sobre la empresa de oro Minerven y tres bancos del estado incluyendo el Bandes, afectando a 24 millones de clientes, según informó el gobierno.


“Eso es como cuando Darth Vader toma por el cuello a alguien en la Guerra de las Galaxias. Eso es lo que estamos haciendo económicamente con el régimen de Maduro”, dijo John Bolton, consejero de seguridad norteamericano.


La operación descubierta y parcialmente neutralizada, así como la transparencia en la agresión económica, parecen evidenciar la articulación y combinación de variables de asalto contra el gobierno del presidente electo Nicolás Maduro, así como la cadena de mandos que comienza en EE.UU. La impunidad con la cual el ataque financiero es llevado adelante es casi total: solo ha sido condenado en algunas instancias internacionales, como en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que aprobó el pasado jueves una resolución acerca de la “repercusión negativa de las medidas coercitivas y unilaterales”.


Si las amenazas de Bolton se cumplen, los ataques económicos recrudecerán. Es lo más efectivo que han logrado implementar. Lo demás no ha dado los resultados esperados: la Fanb no se ha quebrado, el apoyo de Guaidó en las calles tiende a disminuir, y las operaciones subterráneas han sido desmanteladas, una en febrero, y otra esta semana. En ese marco el tiempo juega en contra de la estrategia de Guaidó, debido a la perdida de expectativas, la evidenciación para su base de apoyo que no resultará tan sencillo tomar el poder, por más que Guaidó volvió a anunciar ayer “iremos al Palacio de Miraflores”, sin poner fecha, durante una concentración en el oriente del país. A esa misma hora el chavismo estaba nuevamente en las calles de Caracas en una movilización que finalizó con un acto en las inmediaciones de la sede del gobierno venezolano.

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Jueves, 21 Marzo 2019 09:29

Descarnado

Descarnado

Entre bloqueos económicos, instigación de sectores de la oposición política venezolana al levantamiento e insurrección social, desinformación, estímulo a la división y alzamiento de las fuerzas armadas y con ello a una guerra civil, saboteos de diverso tipo, aislamiento regional y global, confiscación y embargo de bienes en distintos países, ataque de los poderes económicos y políticos regionales en acción múltiple y simultánea, con ello y mucho más la comunidad internacional es testigo de cómo el intervencionismo abierto y descarnado de los Estados Unidos, el golpismo, está de regreso, método de control de sus intereses más sentidos a la vez que de castigo contra quienes no le siguen de manera acrítica en sus propósitos.


Es una acción que potencia y lleva al límite algunos de los errores cometidos por la conducción del gobierno y del Estado venezolano en dos décadas de dirección chavista, como no lograr darle una orientación de largo plazo al cúmulo de divisas recibidas en momentos de bonanza petrolera, erráticas de igual manera para neutralizar los reiterados ataques sufridos por la moneda venezolana y la especulación desatada con el dólar, así como reiterados y prolongados desatinos para neutralizar la espiral inflacionaria que sufre el país y que ha terminado por empobrecer a amplias capas de su sociedad, motivo de su creciente migración y aún sin límite.


Además, es innegable la incapacidad oficial para el dominio de la economía y la cosa pública que los llevó a confundir la típica redistribución de la renta petrolera, que siempre han tenido –en este caso, ahondada–, con la reorientación del modelo económico y del modelo estatal, de manera que la propiedad pública de los bienes estratégicos del país recayeran cada vez más en la sociedad como actora del proceso de cambio que dicen impulsar y defender, estimulando a la par el surgimiento de miles de medianas o grandes empresas a través de las cuales propiciaran la iniciativa productiva de la sociedad, su eficiencia y manejo ético, superando por esta vía la dependencia alimentaria y en otras áreas que ha caracterizado a Venezuela, fuente del desangre constante de divisas y del ahorro nacional. Igualmente, disminuir el Estado debió ser propósito constante, entregando cada vez más funciones de manera directa a la comunidad y al protagonismo colectivo, que es uno de los sentidos de toda revolución que pretenda trascender el capitalismo y que en esta experiencia no ha sido propósito ni de mediano ni de largo plazo.


El cambio tampoco se alcanza a percibir en la matriz petrolera que determina la economía del país, ahora ensanchada con el proyecto que cubre toda la franja del Orinoco, motivo de desprecio de las comunidades que allí habitan, así como del medio ambiente. Una creciente deuda externa, que quiebra la autonomía y la soberanía nacional, y disminuye la cohesión de fuerzas demandada por todo proceso de cambio, junto con una militarización de la sociedad, también suman como factores que abren compuertas para la filtración de los contrarios y sus avances en la acción golpista.


Son aquellos los errores que ahora cobran su precio, como lo cobra el hecho de no haber potenciado una fractura cultural que cuestionara la mentalidad consumista allí consolidada y asimismo fortaleciera la participación comunitaria, dándole espacio al pluralismo ideológico y político, cuestionando la idea de hegemonía partidista, el culto al líder y otro cúmulo de prácticas que en décadas pasadas han cobrado su precio en otros procesos sociales con pretensiones más profundas de transformación social.
Amparados o favorecidos por una sociedad que vive una dinámica de fraccionamiento interno, producto de ver menguadas sus condiciones de vida y de no haber encontrado los canales óptimos para liderar los procesos de cambio de que se habla desde el Gobierno, el intervencionismo encuentra canales para potenciar sus propósitos.


El intervencionismo es abierto, ahora con eco en tiempo real a través de diferentes medios de comunicación adscritos a la matriz dominante en el mundo, que es el regreso de la geopolítica del garrote, vigente en años anteriores –con gobiernos de “mejores maneras”– a través de métodos menos incruentos, como también lo atestiguó la comunidad internacional en los casos de acciones intervencionistas que dieron al traste con presidentes como Manuel Zelaya en Honduras (2009) y Fernando Lugo en Paraguay (2012).


Hoy se presenta una clara imposición de intereses y de la geopolítica de la fuerza, instigada en esta oportunidad, además, por la crisis del Imperio de las 50 estrellas y el ascenso de quien se proyecta como su sucesora, China, así como de Rusia, su par en cuanto a poder nuclear, quienes le plantan base en todas las agendas globales, así como en diferentes territorios. Estamos, por tanto, ante un tinglado de la crisis global, donde ganan los imperios y los pueblos pierden.


Memoria, pasado y presente


Como es sabido, el intervencionismo en contra de Venezuela no conoció sus primeras acciones en enero del año en curso sino que propició conspiraciones desde cuando Hugo Chávez fue ungido por primera vez por la sociedad venezolana para dirigir el gobierno de su país, la más recordada de las cuales fue el intento de golpe de 2002, encabezado por el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona, desde entonces protegido por el gobierno colombiano. “Guarimbas” –intentos de alzamiento social– de distinto calibre tuvieron escenario a lo largo de la década en curso.


La acción intervencionista en marcha, como la de ahora, viola todos los mandatos internacionales y tratados que convivencia firmados entre los países que integran la comunidad internacional reunida en Naciones Unidas, la cual reconoce la soberanía territorial, política, económica, etcétera, de todos y cada uno de los Estados-Nación admitidos como tales. Entre las normas estipuladas por el Derecho Internacional, se cuentan el respeto de la soberanía de cada uno de los Estados y el derecho de cada pueblo a resolver sus conflictos por cuenta propia.


En esta ocasión, la intromisión también tiene como actores a diversos gobiernos de la región, todos ellos marcados por la misma matriz ideológica y política, la misma de quien ahora habita la llamada Casa Blanca, envalentonado por su mayoritario dominio regional y continental, afanado por imponer y consolidar un claro hegemonismo neoliberal, que sin duda pretende más reformas y privatizaciones –si aún existe algo por privatizar– lesivas de los intereses de quienes habitan estos países, amén del absoluto control territorial de lo que es conocido como su “patio trasero”.


La iniciativa de dominio y control, coordinada, claramente planeada, deja al desnudo la conspiración en curso apenas Juan Guaidó se autoproclamó como presidente encargado de su país, al recibir inmediato reconocimiento de parte del gobierno de Donald Trump, seguido del tinglado presidencial de la mayoría de gobiernos de esta parte del mundo.


El pronto reconocimiento, en el caso del gobierno colombiano, es patético. Animado por la afinidad ideológica que encuentra con el poder que impidió que nuestro país trazara un camino propio desde hace mucho más de un siglo, y que en las últimas décadas estimula la intensificación de diversas guerras en el territorio (la de narcóticos y la del mal llamado Plan Colombia, entre ellas), el gobierno en cabeza de Iván Duque no deja de actuar como si fuera el “matón del barrio” ni de tildar a su par venezolano como dictador, no desaprovecha ocasión para llamar a los militares de aquel país a la desobediencia y al alzamiento –es decir, a la guerra civil–, propagandea a los cuatro vientos la pobreza y la crisis ajena como ‘argumento’ que permitiría allí la intervención internacional, estimula a la oposición de aquel país, entrega recursos de diverso tipo para la guerra política y psicológica en curso, en fin, conspira de manera abierta para que el golpe de Estado sea una realidad.


Todo esto, que ya era constancia en 2018 e incluso mucho antes, durante lo corrido de 2019 resaltó con más fuerza, día tras día, y el 22 y el 23 de febrero ganó más realce, a punto de que, por voluntad y decisión del grupo en el poder, decidieron ofrecer nuestro país como cabeza de playa para provocar un conflicto armado con Venezuela. Esta acción, amparada en una supuesta “ayuda humanitaria”, llevó al gobierno colombiano a disponer asesoría y transporte, además de protección, para que Juan Guaidó saliera de su país y participara el día 25 en la reunión del “Grupo de Lima”. Por fortuna para la vida de millones de connacionales, una provocación tras otra no trascendieron en confrontación armada abierta. Todas las opciones siguen sobre la mesa, repite Mike Pence en Bogotá, con eco de Guaidó.


Y todo esto, además de coincidencia con quien los utiliza como piezas en el concierto internacional, por unos dólares, como lo expuso el propio presidente Duque en días pasados:

 

Así que quiero que ustedes vean con claridad que si retorna la democracia y la esperanza a Venezuela se abrirá un mercado de más de siete mil millones de dólares que Colombia perdió por cuenta de los estragos de la tiranía (1).

Más claro no puede ser. No existe, por tanto, como de manera poco convincente palabrea Duque, amor ni respeto por la democracia, aquella máxima liberal que no cumplen de manera plena en casi ninguno de los países que la asumen como soporte de su régimen político, máxima que, por demás, está totalmente fracturada y ya no alcanza a soportar el edificio legal del capitalismo.


Estamos ante una convicción recubierta de intereses económicos, más que de respeto por unas ideas, lo que siempre ha orientado la política internacional de los Estados Unidos, así reafirmado en época del tristemente conocido Henry Kissinger, quien decía que “América Latina no es un problema de política exterior de Estados Unidos. Es una cuestión doméstica de nuestro país” (2), precepto fundado en la lapidaria “América para los americanos”, pronunciada en el siglo XIX, y que de nuevo repite el Imperio en los días que cursan como justificación para meterse en Venezuela, cuando dice que “el hemisferio occidental es ‘nuestra región’” (3). Propiedad, dominio y/o control que ahora, en tiempos de disminución de su poder global, es aún más imperioso y por el cual proyectan la extensión de sus estrategias de desestabilización y golpes de Estado más allá de Venezuela, incluyendo en tal agenda a Cuba, Bolivia e incluso Nicaragua –tan lejos de un proceso social alternativo– y cualquier otro país que se plantee agenda propia. No es de extrañar, por consiguiente, que, si ahora o dentro de unos pocos meses no prende la guerra en Venezuela, en poco tiempo sí la haya en otra parte de nuestra región. Son tiempos belicosos, no hay duda, más aún cuando las elecciones de 2020 obligan al sector que hoy domina en los Estados Unidos a desplegar todo tipo de estrategia para engañar incautos y multiplicar votos para su anhelada reelección.


¿Cuál democracia, entonces, defienden? La del capital, no hay duda, la de las ganancias para ellos, la del control y el sometimiento regional, la de que no hay competencia real entre empresarios sino rémoras pegadas al Estado que expide leyes de diverso tipo para beneficiarlos, la de la violencia y el sometimiento. Es obvia la instigación al golpe de Estado y el desprecio por la democracia efectiva, aquella que delega realmente en el pueblo la definición, la orientación y el control de los asuntos que hoy monopolizan el Estado y los gobiernos de turno, uno de los cuales despliega un libreto ya conocido, el de la Guerra Fría, liderada desde el alto gobierno estadounidense en su más reciente etapa por dos halcones de la más rancia estirpe: Mike Pompeo y Elliott Abrams, y que reproduce lo que se conoce por doquier como “Principios elementales de propaganda de guerra” (4):

“Nosotros no queremos la guerra” –dicen. El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, nombró a Elliott Abrams como emisario para “restaurar la democracia” en Venezuela. “[…]. Hay muchas dimensiones sobre cómo podemos asistir a los venezolanos para lograr la democracia y vamos a ser responsables de liderar ese esfuerzo”, dijo Pompeo (5).
“El adversario es el único responsable de la guerra”. –En este caso y hasta ahora, de la intervención de los Estados Unidos en beneficio del pueblo venezolano, “al cual queremos librar del ‘usurpador’”.
“El enemigo tiene el rostro del demonio”. –Maduro, dictador, narcotraficante, asesino, causante de crímenes de lesa humanidad (6).
“Enmascarar los fines reales de la guerra, presentándolos como nobles causas”. –Queremos evitar la hambruna que padecen los venezolanos y la falta de medicamentos de todo tipo. Por ello llevamos “ayuda humanitaria”.
“El enemigo provoca atrocidades a propósito. Si nosotros cometemos errores, es involuntariamente”. El dictador niega lo básico a su pueblo, como la atención médica, lo que provoca la muerte de “miles” de niños y otras personas, además de que asesina a todo el que reclama democracia.
“El enemigo utiliza armas no autorizadas”. Etapa por desarrollarse.
“Nosotros sufrimos muy pocas pérdidas; las del enemigo son enormes”. Etapa por desarrollarse.
“Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa”. La prueba es el concierto desarrollado en la frontera con Cúcuta el pasado 22 de febrero.
“Nuestra causa tiene un carácter sagrado”. –La defensa de la democracia es prueba de ello.
“Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores”.

 

La concreción de estos preceptos, con todas sus consecuencias, está en curso y depende de quienes reconocen que la soberanía de cada país es mandato sagrado para la paz local, regional y global, para que el despliegue de los mismos no logre sus pretensiones.

 

1. Duque, Iván. “Palabras pronunciadas en la inauguración de la 39 Feria internacional del calzado, marroquinería, insumos y tecnología”, 5 de febrero de 2019. Dijo, además, en aquella ocasión: “Y nosotros somos un país democrático que no tiene espíritu belicista pero que tiene firmeza para defender los principios. Y yo por eso, hoy les digo a ustedes que si logramos entre todos los países del continente el fin de la dictadura de Venezuela y si permitimos que Venezuela recupere las libertades y recupere la vocación empresarial y recupere el consumo, ahí tendremos también una gran oportunidad para Colombia./ Hoy me siento orgulloso como presidente de Colombia, de trabajar con otros presidentes para que retorne la libertad a Venezuela y haré todo lo que esté en mi poder para poder lograr esa transición que va a beneficiar a Colombia y al sector industrial y al sector de calzado y al sector de la industria fronteriza en nuestro país”.
2. Steinsleger, José. “Venezuela y la mafia humanitaria”, La Jornada, 20 de febrero de 2019.
3. Brooks, David, “Gobierno de EU justifica la intervención en Venezuela: es nuestra región, afirma”, La Jornada, 22 de febrero de 2019.
4. Morelli, Anne. Principios elementales de propaganda de guerra (utilizables en caso de guerra fría, caliente o tibia). Editorial Argitaletse Hiru, S.L., España, 2002”, p. 155.
5. Tele13, 25 de enero de 2019. http://www.t13.cl/noticia/mundo/ee.uu.-nombra-nuevo-emisario-restaurar-democracia-venezuela).
6. “Estados Unidos aseguró que Maduro es un ‘dictador’”, http://diariodelcauca.com.co/noticias/internacional/estados-unidos-aseguro-que-nicolas-maduro-es-un-dictador-492140.

Publicado enCrisis Venezuela
Martes, 19 Marzo 2019 10:41

Descarnado

Descarnado

Entre bloqueos económicos, instigación de sectores de la oposición política venezolana al levantamiento e insurrección social, desinformación, estímulo a la división y alzamiento de las fuerzas armadas y con ello a una guerra civil, saboteos de diverso tipo, aislamiento regional y global, confiscación y embargo de bienes en distintos países, ataque de los poderes económicos y políticos regionales en acción múltiple y simultánea, con ello y mucho más la comunidad internacional es testigo de cómo el intervencionismo abierto y descarnado de los Estados Unidos, el golpismo, está de regreso, método de control de sus intereses más sentidos a la vez que de castigo contra quienes no le siguen de manera acrítica en sus propósitos.


Es una acción que potencia y lleva al límite algunos de los errores cometidos por la conducción del gobierno y del Estado venezolano en dos décadas de dirección chavista, como no lograr darle una orientación de largo plazo al cúmulo de divisas recibidas en momentos de bonanza petrolera, erráticas de igual manera para neutralizar los reiterados ataques sufridos por la moneda venezolana y la especulación desatada con el dólar, así como reiterados y prolongados desatinos para neutralizar la espiral inflacionaria que sufre el país y que ha terminado por empobrecer a amplias capas de su sociedad, motivo de su creciente migración y aún sin límite.


Además, es innegable la incapacidad oficial para el dominio de la economía y la cosa pública que los llevó a confundir la típica redistribución de la renta petrolera, que siempre han tenido –en este caso, ahondada–, con la reorientación del modelo económico y del modelo estatal, de manera que la propiedad pública de los bienes estratégicos del país recayeran cada vez más en la sociedad como actora del proceso de cambio que dicen impulsar y defender, estimulando a la par el surgimiento de miles de medianas o grandes empresas a través de las cuales propiciaran la iniciativa productiva de la sociedad, su eficiencia y manejo ético, superando por esta vía la dependencia alimentaria y en otras áreas que ha caracterizado a Venezuela, fuente del desangre constante de divisas y del ahorro nacional. Igualmente, disminuir el Estado debió ser propósito constante, entregando cada vez más funciones de manera directa a la comunidad y al protagonismo colectivo, que es uno de los sentidos de toda revolución que pretenda trascender el capitalismo y que en esta experiencia no ha sido propósito ni de mediano ni de largo plazo.


El cambio tampoco se alcanza a percibir en la matriz petrolera que determina la economía del país, ahora ensanchada con el proyecto que cubre toda la franja del Orinoco, motivo de desprecio de las comunidades que allí habitan, así como del medio ambiente. Una creciente deuda externa, que quiebra la autonomía y la soberanía nacional, y disminuye la cohesión de fuerzas demandada por todo proceso de cambio, junto con una militarización de la sociedad, también suman como factores que abren compuertas para la filtración de los contrarios y sus avances en la acción golpista.


Son aquellos los errores que ahora cobran su precio, como lo cobra el hecho de no haber potenciado una fractura cultural que cuestionara la mentalidad consumista allí consolidada y asimismo fortaleciera la participación comunitaria, dándole espacio al pluralismo ideológico y político, cuestionando la idea de hegemonía partidista, el culto al líder y otro cúmulo de prácticas que en décadas pasadas han cobrado su precio en otros procesos sociales con pretensiones más profundas de transformación social.
Amparados o favorecidos por una sociedad que vive una dinámica de fraccionamiento interno, producto de ver menguadas sus condiciones de vida y de no haber encontrado los canales óptimos para liderar los procesos de cambio de que se habla desde el Gobierno, el intervencionismo encuentra canales para potenciar sus propósitos.


El intervencionismo es abierto, ahora con eco en tiempo real a través de diferentes medios de comunicación adscritos a la matriz dominante en el mundo, que es el regreso de la geopolítica del garrote, vigente en años anteriores –con gobiernos de “mejores maneras”– a través de métodos menos incruentos, como también lo atestiguó la comunidad internacional en los casos de acciones intervencionistas que dieron al traste con presidentes como Manuel Zelaya en Honduras (2009) y Fernando Lugo en Paraguay (2012).


Hoy se presenta una clara imposición de intereses y de la geopolítica de la fuerza, instigada en esta oportunidad, además, por la crisis del Imperio de las 50 estrellas y el ascenso de quien se proyecta como su sucesora, China, así como de Rusia, su par en cuanto a poder nuclear, quienes le plantan base en todas las agendas globales, así como en diferentes territorios. Estamos, por tanto, ante un tinglado de la crisis global, donde ganan los imperios y los pueblos pierden.


Memoria, pasado y presente


Como es sabido, el intervencionismo en contra de Venezuela no conoció sus primeras acciones en enero del año en curso sino que propició conspiraciones desde cuando Hugo Chávez fue ungido por primera vez por la sociedad venezolana para dirigir el gobierno de su país, la más recordada de las cuales fue el intento de golpe de 2002, encabezado por el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona, desde entonces protegido por el gobierno colombiano. “Guarimbas” –intentos de alzamiento social– de distinto calibre tuvieron escenario a lo largo de la década en curso.


La acción intervencionista en marcha, como la de ahora, viola todos los mandatos internacionales y tratados que convivencia firmados entre los países que integran la comunidad internacional reunida en Naciones Unidas, la cual reconoce la soberanía territorial, política, económica, etcétera, de todos y cada uno de los Estados-Nación admitidos como tales. Entre las normas estipuladas por el Derecho Internacional, se cuentan el respeto de la soberanía de cada uno de los Estados y el derecho de cada pueblo a resolver sus conflictos por cuenta propia.


En esta ocasión, la intromisión también tiene como actores a diversos gobiernos de la región, todos ellos marcados por la misma matriz ideológica y política, la misma de quien ahora habita la llamada Casa Blanca, envalentonado por su mayoritario dominio regional y continental, afanado por imponer y consolidar un claro hegemonismo neoliberal, que sin duda pretende más reformas y privatizaciones –si aún existe algo por privatizar– lesivas de los intereses de quienes habitan estos países, amén del absoluto control territorial de lo que es conocido como su “patio trasero”.


La iniciativa de dominio y control, coordinada, claramente planeada, deja al desnudo la conspiración en curso apenas Juan Guaidó se autoproclamó como presidente encargado de su país, al recibir inmediato reconocimiento de parte del gobierno de Donald Trump, seguido del tinglado presidencial de la mayoría de gobiernos de esta parte del mundo.


El pronto reconocimiento, en el caso del gobierno colombiano, es patético. Animado por la afinidad ideológica que encuentra con el poder que impidió que nuestro país trazara un camino propio desde hace mucho más de un siglo, y que en las últimas décadas estimula la intensificación de diversas guerras en el territorio (la de narcóticos y la del mal llamado Plan Colombia, entre ellas), el gobierno en cabeza de Iván Duque no deja de actuar como si fuera el “matón del barrio” ni de tildar a su par venezolano como dictador, no desaprovecha ocasión para llamar a los militares de aquel país a la desobediencia y al alzamiento –es decir, a la guerra civil–, propagandea a los cuatro vientos la pobreza y la crisis ajena como ‘argumento’ que permitiría allí la intervención internacional, estimula a la oposición de aquel país, entrega recursos de diverso tipo para la guerra política y psicológica en curso, en fin, conspira de manera abierta para que el golpe de Estado sea una realidad.


Todo esto, que ya era constancia en 2018 e incluso mucho antes, durante lo corrido de 2019 resaltó con más fuerza, día tras día, y el 22 y el 23 de febrero ganó más realce, a punto de que, por voluntad y decisión del grupo en el poder, decidieron ofrecer nuestro país como cabeza de playa para provocar un conflicto armado con Venezuela. Esta acción, amparada en una supuesta “ayuda humanitaria”, llevó al gobierno colombiano a disponer asesoría y transporte, además de protección, para que Juan Guaidó saliera de su país y participara el día 25 en la reunión del “Grupo de Lima”. Por fortuna para la vida de millones de connacionales, una provocación tras otra no trascendieron en confrontación armada abierta. Todas las opciones siguen sobre la mesa, repite Mike Pence en Bogotá, con eco de Guaidó.


Y todo esto, además de coincidencia con quien los utiliza como piezas en el concierto internacional, por unos dólares, como lo expuso el propio presidente Duque en días pasados:

 

Así que quiero que ustedes vean con claridad que si retorna la democracia y la esperanza a Venezuela se abrirá un mercado de más de siete mil millones de dólares que Colombia perdió por cuenta de los estragos de la tiranía (1).

Más claro no puede ser. No existe, por tanto, como de manera poco convincente palabrea Duque, amor ni respeto por la democracia, aquella máxima liberal que no cumplen de manera plena en casi ninguno de los países que la asumen como soporte de su régimen político, máxima que, por demás, está totalmente fracturada y ya no alcanza a soportar el edificio legal del capitalismo.


Estamos ante una convicción recubierta de intereses económicos, más que de respeto por unas ideas, lo que siempre ha orientado la política internacional de los Estados Unidos, así reafirmado en época del tristemente conocido Henry Kissinger, quien decía que “América Latina no es un problema de política exterior de Estados Unidos. Es una cuestión doméstica de nuestro país” (2), precepto fundado en la lapidaria “América para los americanos”, pronunciada en el siglo XIX, y que de nuevo repite el Imperio en los días que cursan como justificación para meterse en Venezuela, cuando dice que “el hemisferio occidental es ‘nuestra región’” (3). Propiedad, dominio y/o control que ahora, en tiempos de disminución de su poder global, es aún más imperioso y por el cual proyectan la extensión de sus estrategias de desestabilización y golpes de Estado más allá de Venezuela, incluyendo en tal agenda a Cuba, Bolivia e incluso Nicaragua –tan lejos de un proceso social alternativo– y cualquier otro país que se plantee agenda propia. No es de extrañar, por consiguiente, que, si ahora o dentro de unos pocos meses no prende la guerra en Venezuela, en poco tiempo sí la haya en otra parte de nuestra región. Son tiempos belicosos, no hay duda, más aún cuando las elecciones de 2020 obligan al sector que hoy domina en los Estados Unidos a desplegar todo tipo de estrategia para engañar incautos y multiplicar votos para su anhelada reelección.


¿Cuál democracia, entonces, defienden? La del capital, no hay duda, la de las ganancias para ellos, la del control y el sometimiento regional, la de que no hay competencia real entre empresarios sino rémoras pegadas al Estado que expide leyes de diverso tipo para beneficiarlos, la de la violencia y el sometimiento. Es obvia la instigación al golpe de Estado y el desprecio por la democracia efectiva, aquella que delega realmente en el pueblo la definición, la orientación y el control de los asuntos que hoy monopolizan el Estado y los gobiernos de turno, uno de los cuales despliega un libreto ya conocido, el de la Guerra Fría, liderada desde el alto gobierno estadounidense en su más reciente etapa por dos halcones de la más rancia estirpe: Mike Pompeo y Elliott Abrams, y que reproduce lo que se conoce por doquier como “Principios elementales de propaganda de guerra” (4):

“Nosotros no queremos la guerra” –dicen. El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, nombró a Elliott Abrams como emisario para “restaurar la democracia” en Venezuela. “[…]. Hay muchas dimensiones sobre cómo podemos asistir a los venezolanos para lograr la democracia y vamos a ser responsables de liderar ese esfuerzo”, dijo Pompeo (5).
“El adversario es el único responsable de la guerra”. –En este caso y hasta ahora, de la intervención de los Estados Unidos en beneficio del pueblo venezolano, “al cual queremos librar del ‘usurpador’”.
“El enemigo tiene el rostro del demonio”. –Maduro, dictador, narcotraficante, asesino, causante de crímenes de lesa humanidad (6).
“Enmascarar los fines reales de la guerra, presentándolos como nobles causas”. –Queremos evitar la hambruna que padecen los venezolanos y la falta de medicamentos de todo tipo. Por ello llevamos “ayuda humanitaria”.
“El enemigo provoca atrocidades a propósito. Si nosotros cometemos errores, es involuntariamente”. El dictador niega lo básico a su pueblo, como la atención médica, lo que provoca la muerte de “miles” de niños y otras personas, además de que asesina a todo el que reclama democracia.
“El enemigo utiliza armas no autorizadas”. Etapa por desarrollarse.
“Nosotros sufrimos muy pocas pérdidas; las del enemigo son enormes”. Etapa por desarrollarse.
“Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa”. La prueba es el concierto desarrollado en la frontera con Cúcuta el pasado 22 de febrero.
“Nuestra causa tiene un carácter sagrado”. –La defensa de la democracia es prueba de ello.
“Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores”.

 

La concreción de estos preceptos, con todas sus consecuencias, está en curso y depende de quienes reconocen que la soberanía de cada país es mandato sagrado para la paz local, regional y global, para que el despliegue de los mismos no logre sus pretensiones.

 

1. Duque, Iván. “Palabras pronunciadas en la inauguración de la 39 Feria internacional del calzado, marroquinería, insumos y tecnología”, 5 de febrero de 2019. Dijo, además, en aquella ocasión: “Y nosotros somos un país democrático que no tiene espíritu belicista pero que tiene firmeza para defender los principios. Y yo por eso, hoy les digo a ustedes que si logramos entre todos los países del continente el fin de la dictadura de Venezuela y si permitimos que Venezuela recupere las libertades y recupere la vocación empresarial y recupere el consumo, ahí tendremos también una gran oportunidad para Colombia./ Hoy me siento orgulloso como presidente de Colombia, de trabajar con otros presidentes para que retorne la libertad a Venezuela y haré todo lo que esté en mi poder para poder lograr esa transición que va a beneficiar a Colombia y al sector industrial y al sector de calzado y al sector de la industria fronteriza en nuestro país”.
2. Steinsleger, José. “Venezuela y la mafia humanitaria”, La Jornada, 20 de febrero de 2019.
3. Brooks, David, “Gobierno de EU justifica la intervención en Venezuela: es nuestra región, afirma”, La Jornada, 22 de febrero de 2019.
4. Morelli, Anne. Principios elementales de propaganda de guerra (utilizables en caso de guerra fría, caliente o tibia). Editorial Argitaletse Hiru, S.L., España, 2002”, p. 155.
5. Tele13, 25 de enero de 2019. http://www.t13.cl/noticia/mundo/ee.uu.-nombra-nuevo-emisario-restaurar-democracia-venezuela).
6. “Estados Unidos aseguró que Maduro es un ‘dictador’”, http://diariodelcauca.com.co/noticias/internacional/estados-unidos-aseguro-que-nicolas-maduro-es-un-dictador-492140.

Suma cero en la pelea entre Maduro y Guaidó

La cotidianidad en el país recobró sus rasgos anteriores al apagón. La estrategia opositora no ha conseguido construir un escenario de caos.


Venezuela parece en el punto de la suma cero en el enfrentamiento entre el autoproclamado Juan Guaidó y el gobierno de Nicolás Maduro. Ningún acontecimiento ha tenido la suficiente fuerza para cambiar la relación de fuerzas en el objetivo de mínima que busca la estrategia de Guaidó: poner a Maduro contra las cuerdas para forzarlo a una negociación en correlación adversa. El de máxima, lograr el “cese de la usurpación” con su partida anticipada del Palacio de Miraflores, parece aún más lejano, improbable por el momento.


En ese marco se suceden movilizaciones, narrativas, escenarios diplomáticos y operaciones no declaradas. Acerca de las movilizaciones, Caracas fue nuevamente escenario de un acto del chavismo el día sábado, con una reafirmación de la capacidad de convocatoria. La oposición por su parte, con Guaidó a la cabeza, realizó un acto en la ciudad de Valencia, y ayer una actividad en Vargas. Su salida de Caracas se debió al inicio de lo que Guaidó denominó la Operación Libertad.


“Uno, organizarnos y montar comandos por la libertad para el cese de la usurpación. Dos, ubicar a empleados públicos y militares y hablarles amablemente porque estamos en el momento definitivo del cambio, y tres, dirigirnos a Miraflores a reclamar y a exigir la libertad de Venezuela”, dijo en Valencia. Utilizó el repetido “todas las cartas están sobre la mesa”, en referencia a la promesa sin fecha de pedir la intervención militar norteamericana.


La gira de Guaidó por el país aún no tiene día anunciado de finalización. Las imágenes muestran una capacidad de convocatoria con tendencia al declive que no se sale de los marcos habituales de la oposición. Suficiente para las fotografías, poco para los objetivos planteados. Nada es definitivo, aunque no parece demasiado arriesgado afirmar que uno de los problemas que enfrenta el discurso de Guaidó es la dificultad para acercar la realidad de la correlación de fuerza a los niveles de expectativa creados en su base social. El tiempo pasa, la silla presidencial no parece más cerca, la discursividad del inmediatismo se desgasta.


Quien se refirió a la cuestión temporal fue Elliot Abrams, representante del gobierno norteamericano para Venezuela, conocido, entre otras cosas, por haber conducido la guerra mercenaria en Nicaragua en los años 80. “No esperábamos que esta situación se resolviese de forma instantánea. Además, nuestras sanciones, que están empezando a morder, no están completamente en marcha”, afirmó. Esa manera de plantear el escenario se distanció de las declaraciones de hombres como Mike Pompeo que hablaban de días y horas finales de Nicolás Maduro.


Pompeo, secretario de Estado norteamericano, quien había estado al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por decisión de Donald Trump, afirmó a su vez su gobierno está “decidido” a hacer ingresar la ayuda humanitaria a Venezuela. Junto con eso, se supo que el punto de acopio sería la isla de Curazao, un enclave colonial de Holanda en el Caribe, situado a 295 kilómetros de Caracas, y a 139 de Punto Fijo, donde se encuentra una de las principales refinerías de Pdvsa.
Aún no se sabe cómo y cuándo sería el posible nuevo intento de lograr el ingreso de la ayuda humanitaria. Dependerá de varios factores, entre otros diplomáticos, una agenda en constante movimiento que tiene como próxima fecha central mañana 19 de marzo, cuando se reúnan Elliot Abrams y el viceministro de asuntos exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, en la ciudad de Roma.


“Plantearemos con insistencia a la parte estadounidense todas nuestras posiciones, incluida la inadmisibilidad de una intervención militar y, en general, de la injerencia exterior ilegal y de las presiones contra el gobierno legítimo”, afirmó Riabkov. El gobierno de Rusia también se pronunció días atrás sobre el apagón eléctrico sucedido en Venezuela, afirmando que el mismo fue originado desde el extranjero.


La postura pública de Estados Unidos respecto a los escenarios posibles no ha cambiado. Abrams volvió a afirmar que no existe posibilidad de que Maduro presida un gobierno de transición o se presente a elecciones. Se refirió también a la posibilidad de que el gobierno de España permita que los altos dirigentes de la revolución puedan irse a ese país como posible puerta de salida. No existe aún respuesta, en particular debido a los errores diplomáticos del gobierno de Pedro Sánchez reconocidos por su ministro de relaciones exteriores, y porque la dinámica interna parece marcada por las elecciones el próximo 28 de abril.


Ese cuadro en constante movimiento permite anticipar posibles nuevas acciones. Además de un posible intento de ingreso por la fuerza con el argumento de la ayuda humanitaria, también parecen prepararse acciones bélicas. Una de ellas con la hipótesis de ataques dirigidos por estructuras paramilitares/mercenarias, y otra con la conformación del cuadro internacional de ataque. Esto último fue señalado por el diplomático venezolano Roy Chaderton, quien afirmó que “la oligarquía colombiana” está dispuesta a emprender una maniobra bélica contra Venezuela.


Mientras se espera y anticipan los próximos pasos, la cotidianeidad en el país ha recobrado sus rasgos anteriores al apagón. La dinámica política venezolana está marcada por momentos de intentos de quiebre, como el 23 de enero, el 23 de febrero o el apagón, seguidos de relativas calmas, siempre tensas. Se está en ese momento de calma, se intuye, por análisis y lógicas de dinámicas, que volverá un nuevo momento de intento de quiebre para lograr cambiar la ecuación de suma cero que evidencia que, hasta el momento, la estrategia golpista no ha conseguido construir el escenario que tenía previsto

Por Marco Teruggi
Desde Caracas

Publicado enInternacional
Incertidumbre eléctrica y política en Venezuela

La ciudad de Caracas quedó dividida por zonas que se dan la espalda en lo estético y lo político: el chavismo, de color rojo, y la oposición, vestida de blanco.

La noche del viernes a sábado trajo cierta tranquilidad en Venezuela. La electricidad regresó en un 70 por ciento del país luego de más de 24 horas de corte. En cada hogar se repitieron los mismos gestos de enchufar neveras, teléfonos, comunicarse, abrir canillas para que salga agua que mandan las bombas eléctricas. En la mañana las colas se multiplicaron para comprar comida que, bajo impacto de hiperinflación, exceden los montos de dinero disponible en efectivo. Cuando la normalidad ya parecía un hecho volvió a irse a luz. Eran las once y media de la mañana del sábado.

A esa hora la oposición ya estaba concentrada en la avenida Victoria, en Caracas, para la movilización convocada por Juan Guaidó el pasado lunes, cuando regresó al país luego de haber estado en Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. Era la principal actividad en agenda luego de una reunión con algunos sindicatos de la administración pública realizada el martes.

El chavismo por su parte iniciaba su concentración en el centro-oeste caraqueño para dirigirse hasta el Palacio de Miraflores. Fechas como la de este 9 de marzo –el cuarto aniversario del decreto de Obama declarando a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria– suelen ser una demostración de fuerzas, de imágenes, donde la ciudad queda dividida por zonas que se dan la espalda en lo estético y político: el chavismo, de color rojo, la oposición vestida de blanco. El corte de clases es marcado, con una mayoría de sectores populares y algunos de clases medias en el chavismo, una proporción invertida en la derecha.


Las movilizaciones se desarrollaron en el contexto del nuevo apagón, sus consecuentes efectos de cansancio, enojo, incertidumbre, peligro en hospitales y fábricas. La información circulante por redes fue poca, los grupos de WhatsApp quedaron casi inactivos, los hechos, pocos, se corroboraron con el paso de las horas.


Guaidó, quien habló con un megáfono, anunció que convocará a una nueva movilización a Caracas, a la cual no le puso fecha. “Tenemos que ir a la toma y conquista del poder, de los espacios (…) debemos unirnos para venir todos juntos, para que toda Venezuela venga a Caracas. Nos quieren desmovilizar, depende de nosotros”.


El efecto de Guaidó entre sus seguidores fue de receptividad. La tensión se generó con el pedido de “intervención” de quienes estaban allí y la débil respuesta de Guaidó, quien afirmó que podría apelar al artículo 187 de la constitución, que abriría la puerta a una intervención, según dijo, “cuando llegue el momento”. La demanda está instalada con fuerza en sectores de la derecha desde el pasado 23 de febrero, día en que no lograron hacer ingresar los camiones con la ayuda humanitaria.


No solo las bases de la derecha piden una intervención. Algunos dirigentes, como Antonio Ledezma, también. “Vamos pdte. @jguaido solicite formalmente la intervención humanitaria”, twitteó antes de la movilización.


Nicolás Maduro habló poco más tarde frente al Palacio de Miraflores. Informó acerca de la cronología de los cinco ataques, tanto físicos a estaciones de generación, como electromagnéticos a redes de transmisión, y cibernéticos al sistema de control automatizado. Afirmó que el 70 por ciento que se había logrado restablecer el viernes en la noche volvió a ser dañado el sábado al mediodía. Centró las responsabilidades en la estrategia de ataque sobre el sistema eléctrico diseñado por Estados Unidos, la derecha interna, en complicidad con lo que denominó “infiltrados en la empresa”.


Las desconcentraciones de las movilizaciones se realizaron en una ciudad con tranquilidad, intentos de comunicarse entre familias, preocupación ante una posible nueva noche a oscuras con todas sus consecuencias. No se han generado incidentes en las calles luego de dos días de comenzado el #MegaApagon –como figura en tendencia de Twitter– y, no resulta extraño suponer que uno de los efectos buscados por el ataque sea justamente el de volcar a la población a las calles a protestar. Algunas zonas del país no han tenido restablecimiento del servicio desde el jueves.


Se trata de una pulseada por restablecer y estabilizar el sistema eléctrico –que presentaba dificultades con anterioridad en diferentes partes de Venezuela– disminuir los daños encadenados que trae el corte nacional prolongado. Se puede anticipar que los sabotajes seguirán y se ampliarán, tal como anunció Guaidó durante el acto del sábado: “Debemos anunciar con responsabilidad que se transformará en una crisis por la gasolina”.


El finalizar de la tarde trajo incertidumbre respecto a lo inmediato y lo que vendrá en próximos días. La derecha no dio fechas de movilización, y parece claro que la estrategia de desgaste prolongado es una carta que piensan utilizar por sus efectos: genera desgaste, incertidumbre, caotizaciones, y no expone a la misma oposición que niega toda responsabilidad ante los hechos. Uno de los ejes de la disputa se centra así alrededor de la interpretación de los acontecimientos.


Los días han pasado a ser una tensión entre el regreso de la luz y los apagones, la normalización necesaria ante un cuadro inédito de asedio que pone a un país a resistir.

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