Terminó la fase de alegatos en el juicio contra Julian Assange

La justicia inglesa decidirá el 4 de enero si otorga su extradición a EE.UU.

Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. 

 

Terminó la fase de alegatos en el juicio de extradición contra el creador de WikiLeaks Julian Assange. Sólo resta esperar la resolución de la jueza Vanessa Baraitser que dará su veredicto el 4 de enero. Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. Cualquier de las partes podrá apelar la resolución de la magistrada en instancias superiores. Durante todo ese proceso, que puede llevar años, el periodista seguirá en prisión preventiva. De ser extraditado el activista podría recibir una condena de 175 años de cárcel. En las cuatro semanas que duró el proceso la defensa sostuvo que se trata de un juicio político.

Tal como se esperaba la magistrada rechazó el pedido de los abogados de Assange para que se le otorgarle la libertad condicional. Asimismo Baraitser rehusó aplazar el proceso a fin de dar más tiempo a la defensa a presentar pruebas adicionales, como ya hizo al inicio de esta segunda fase del juicio, que había sido puesto en mayo por la pandemia. La magistrada fijó la fecha de su dictamen al término de un juicio de cuatro semanas en el tribunal londinense de Old Bailey.

La fiscalía estadounidense había presentado 18 cargos contra Assange, de los cuales 17 son por violar la Ley de espionaje de 1917. En concreto lo acusa por conspirar, revelar documentos de defensa nacional, obtener y recibir información de manera ilegal, en muchos casos actuando en connivencia con la exsoldado Chelsea Manning. El cargo restante es por violar la Ley de abuso y fraude informático. WikiLeaks publicó documentos secretos sobre las guerras de Irak y Afganistán, cables del Departamento de Estado, e informes sobre sobre detenidos en la cárcel de Guantánamo. Los mismos revelaron crímenes de guerra y violaciones a los Derechos Humanos cometidas por EEUU, así como la injerencia de la Casa Blanca en las políticas internas de decenas de países.

Tal como viene ocurriendo desde el inicio del juicio decenas de personas se reunieron a las puertas del tribunal londinense para reclamar la libertad de Assange. Allí la esposa del periodista remarcó la gravedad de este proceso legal. “EEUU dice que puede llevar a cualquier periodista de cualquier parte del mundo a juicio en su territorio si no le gusta lo que están publicando”, señaló Moris. A su vez indicó que el gobierno norteamericano no pudo probar que algún informante de la Casa Blanca haya sido agredido tras las publicaciones de WikiLeaks. “Se cometieron crímenes terribles en Irak y Afganistán. Se cometieron crímenes terribles en la Bahía de Guantánamo. Los autores de esos delitos no están en la cárcel. Julian sí", indicó Moris.

Por su parte el actual director de WikiLeaks Kristinn Hrafnsson sostuvo que este juicio marcará un antes y después en nuestra civilización. “Estas cuatro semanas oímos decenas de testigos, periodistas, académicos, intelectuales, que dejaron expuestas las mentiras que se presentaron contra Julian Assange. (…) Detrás de esas mentiras quedó la verdad: este es un juicio contra el periodismo. Es sobre el futuro del periodismo de lo que estamos hablando”, sostuvo Hrafnsson. Respecto a los crímenes revelados por WikiLeaks, el director del sitio sostuvo que eran indispensables para llegar a la verdad. "No podemos cambiar el pasado, pero necesitamos saber la verdad sobre lo que ocurrió. Si Assange es extraditado seguiremos en la oscuridad. No podemos permitir que eso pase", indicó el periodista.

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Daniel Ellsberg

Continúa el juicio de extradición contra el creador de Wikileaks

Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg filtró 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y al Washington Post. "Las publicaciones de WikiLeaks tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar.

 

Daniel Ellsberg, exanalista de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que filtró en 1971 los “Papeles del Pentágono”, declaró en el juicio de extradición contra Julian Assange. Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg envió 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y luego al Washington Post. Los documentos mostraron que el gobierno norteamericano había decidido continuar la guerra aun sabiendo que no la ganarían y que causaría miles de muertes en sus filas. Ahora, el fiscal James Lewis que representa a la Justicia estadounidense intentó mostrar que a diferencia de las filtraciones hechas por Ellsberg, Wikileaks puso en riesgo la vida de informantes secretos. Sin embargo el exmiembro de las FFAA rechazó ese contrapunto. “Estoy totalmente en desacuerdo con la teoría del 'buen Ellsberg / mal Assange'”, sostuvo el analista informático.

"No es un juicio justo"

El miércoles fue el día siete de esta segunda parte del juicio que había empezado en febrero pero fue suspendido tras la llegada de la pandemia. El jueves pasado la jueza Vanessa Baraitser había decido detener otra vez el proceso ya que algunos de los asistentes tuvieron síntomas de la covid-19. La justicia inglesa deberá decidir si acepta la extradición del creador de Wikileaks a Estados Unidos. El gobierno norteamericano lo acusa de espionaje y piratería informática tras haber publicado en 2010 más de 700.000 documentos clasificados. De avalarse su extradición, podría ser condenado a 175 años de cárcel. Assange se encuentra detenido en una cárcel de máxima seguridad de Inglaterra desde abril de 2019. Antes había pasado siete años encerrado en la embajada de Ecuador en Londres.

Las revelaciones que hizo Wikileaks habían mostrado los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Iraq y Afganistán. A su vez el sitio también había publicado miles de cables diplomáticos del gobierno norteamericano, que dejaron al descubierto la influencia directa de la Casa Blanca sobre buena parte del mundo. Por ese motivo la Justicia estadounidense pidió la extradición del periodista australiano con la finalidad de juzgarlo puertas adentro.

Durante la audiencia del miércoles la defensa de Assange presentó a Ellsberg como uno de sus testigos. El analista de inteligencia de 89 años reconoció la importancia de las revelaciones hechas por Wikileaks. “A lo largo del tiempo reconocieron que mis acciones en relación con los ´Papeles del Pentágono´y las consecuencias de su publicación generaron un cambio de interpretación radical. Considero que las publicaciones de WikiLeaks de 2010 y 2011 tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar. A su vez también destacó la valentía de su colega Chelsea Manning quién filtró los archivos clasificados. “Me impresionó mucho que la fuente de estos documentos, Chelsea Manning, estuviera dispuesta a arriesgar su libertad e incluso su vida para hacer pública esta información. Fue la primera vez en 40 años que vi a otra persona haciendo eso, y sentí afinidad con ella ", dijo el analista.

Tras la publicación de los “Papeles del Pentágono” Ellsberg y su colaborador Anthony Russo fueron acusados por el gobierno norteamericano de robo, conspiración y violación a la Ley de Espionaje. El exmilitar criticó esta norma ya que imposibilita un proceso legal justo. “La Ley de espionaje no permite filtraciones. Así que no yo tuve un juicio justo, nadie desde que mi caso tuvo un juicio justo por estos cargos, y Julian Assange no puede ni remotamente obtener un juicio justo por esos cargos si fuera juzgado”, sostuvo el analista informático. Tras un largo proceso judicial Ellsberg y su colaborador fueron sobreseídos. El juicio había sido anulado al constatarse que la administración Nixon y la Fiscalía habían cometido toda clase de atropellos como prevaricación, supresión de pruebas, ocultación de testigos, obstrucción a la justicia, e incluso robo de información.

El efecto de las filtraciones

A la hora de interpelar a Ellsberg el fiscal Lewis intentó establecer una comparación entre su caso y el de Assange. Según el fiscal en 1971 el exmilitar no había publicado cuatro volúmenes de documentos para resguardar al gobierno norteamericano. Pero sí había entregado todos los archivos al Senado. Sin embargo, el analista aclaró que al momento de dar con los documentos secretos Estados Unidos y Vietnam estaban en negociaciones de paz. Ellsberg no quería que la publicación de los mismos se usara como pretexto para romper el diálogo, por lo que demoró su entrega a los medios. Respecto al argumento del fiscal de que Assange puso en riesgo la vida de informantes, el exmilitar dijo que él también había dado información sobre un agente clandestino de la CIA. Justificó esa decisión argumentando que no quería que el público pensara que los archivos habían sido editados o interferidos. Para demostrar que el gobierno estaba cometiendo atrocidades en Vietnam Ellsberg necesitó que esos documentos se mantuvieran impolutos y que nadie pudiera decir que con su intervención estaba encubriendo algo, sostuvo el exmilitar

Lewis también intentó que Ellsberg admitiera que los archivos de WikiLeaks eran más dañinos. Sin embargo el analista dijo que ya durante el juicio a Manning el Departamento de Defensa no había podido mostrar una sola muerte como resultado de esas filtraciones. El fiscal mencionó que algunos informantes habían tenido que huir de sus países. El exmilitar pidió comparar esos casos y el del periodista australiano. “Las personas que tienen que abandonar el país deben ubicarse en el contexto de Assange tratando de poner fin a una guerra que causó 37 millones de refugiados y más de un millón de muertes”, sostuvo Ellsberg.

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Sábado, 12 Septiembre 2020 05:57

Fucik, la reivindicación de la militancia

Fucik, la reivindicación de la militancia

Periodista, asesinado por el nazismo, autor de "Reportaje al pie del Patíbulo"

“En el campo de concentración de Ravensbruck, mis compañeros de prisión me comunicaron que mi marido, Julius Fucik, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por el tribunal nazi de Berlín”, comienza su introducción a Reportaje al pie del patíbulo Gusta Fucikova, su esposa, que sobrevivió y fue liberada. Apenas volvió a Praga, Gusta comenzó a rastrear datos de lo que había sucedido con su marido, con quien había sido detenida en l942, poco después de la ocupación de Checoslovaquia. Ambos eran periodistas, escritores y comunistas. Fueron llevados a la prisión de Pankrac, dependiente de la Gestapo. Durante unos meses, se supieron bajo el mismo techo, pero perdieron contacto. Nunca se volvieron a ver.

Al principio, el hecho de saber que Gusta estaba allí, hacía a Fucik cantar todas las noches. La militancia partisana, habría de narrar ella luego, los había separado muchas veces. Eso los había vuelto “eternos amantes”. “En la celda 267 se canta”, había escrito Fucik en una de las hojas que, luego reunidas, armaron su libro Reportaje al pie del patíbulo. Fucik fue descripto como un hombre icónico del renacimiento checo. Dijo el crítico Ladislav Stoll: “Nunca jugaba el papel de un espíritu encerrado en sí mismo: estaba pletórico de alegría, de vitalidad. Amaba la vida como un niño, despreciaba la muerte como un hombre. Amaba a sus amigos y sus amigos eran todos aquellos que como él amaban al pueblo y a los hombres”.

Poco después del traslado de Gusta al campo polaco, cuando comenzaba a roer la soledad y la tortura a la que era sometido diariamente, Fucik recibió del guardia nazi que todos los días visitaba su celda, una hoja de papel que sacó de adentro de la solapa de su uniforme. Activista entrenado, el escritor sospechó. No hizo preguntas. Temía una trampa. Unos días después el guardia volvió a dejarle otra hoja. “Me dijeron que mañana seré fusilado“, tanteó Fucik. “¿Y está impresionado?”, le preguntó el guardia. “No, contaba con eso”, fue la respuesta. “Es posible que lo hagan. Si no mañana, otro día”, le dijo el guardia.“Por si acaso, por si usted quiere dejar un recado para alquien… No para ahora, ¿me comprende? Para el futuro”. El guardia nazi le extendió otra hoja y un lápiz. Fucik confirmó otra de sus sospechas: podía tratarse de un camarada. Luego llegó a saber también su nombre: era Adolf Kolinsky, un joven comunista checo que se había hecho pasar por alemán para infiltrarse en la cárcel de la Gestapo, recoger información y hacer lo que se pudiera para aliviar a los prisioneros. En el caso de Fucik, el alivio llegó con el papel y el lápiz.

Las hojas iban llegando despacio a lo largo del año en el que Fucik estuvo detenido en Pankrac, antes de ser trasladado a Berlín para un falso juicio. Con letra rápida, en líneas apretadas, Fucik pasó el tiempo reponiéndose de las heridas de la tortura y escribiendo cada noche en cada centímetro disponible (“¿Qué vendrá primero, la muerte del fascismo o mi propia muerte?” “He pensado siempre en lo triste que resulta ser el último soldado herido en el corazón por la última bala y en el último segundo. Pero alguien tiene que ser el último. Si supiera que puedo ser yo, querría serlo, aún ahora”). Stalingrado ya había sido recuperada por los rusos, de modo que era pertinente la pregunta. Pero fue en ese último estertor nazi que se decidió su juicio sumario en Berlín, el 25 de agosto.

Mientras tanto, él no había parado de escribir. Las hojas manuscritas y escritas casi sin luz eran sacadas de la cárcel por Kolinsky y desparramadas por diferentes casas de la resistencia de Praga, “para el futuro”, como habían convenido. Fucik, que esperaba morir en la horca, finalmente fue condenado al hacha y fue decapitado después de haber asumido en el juicio su identidad comunista y de ponerse a cantar La Internacional. Fue hacia su muerte el 8 de septiembre de l943, cantando, y cuando su cabeza rodó, otros prisioneros cantaron por él.

Cuando poco después Gusta fue liberada y comenzó a intentar reconstruir qué había pasado con Julius, rápidamente encontró a Kolinsky y con su ayuda fue recibiendo de decenas de distintas direcciones, las hojas en las que él había dejado una obra, cuyo génesis la hace una obra colectiva. No eran notas aisladas, sino una narrativa vibrante y sangrante que reflejaba su perspectiva, el clima de la cárcel, las reflexiones políticas que le sobrevinieron en el último y terrible año de su vida, que terminó a los 40 años. Gusta las reunió -eran 167 en total – y las editó, y poco después fue conocida la primera versión de Reportaje al pie del patíbulo, traducido luego a más de treinta idiomas y un clásico del siglo XX que Fucik dejó “para el futuro”, que es hoy.

Hace 60 años, en muchos países, es el 8 de septiembre el Día del Periodista, para recordar el ejercicio de testimonio al que Fucik no renunció aún en circunstancias en las que ya no le quedaban fuerzas después del ensañamiento de la tortura. La maquinaria mediática posterior ha suprimido o demonizado la figura del periodista militante, asociándolo con la distorsión de la verdad, cuando no sólo Fucik sino muchos otros, como los periodistas desaparecidos en la Argentina, como Rodolfo Walsh, dijeron la verdad cuando todos los demás callaban.

La página más visitada de su libro es la que resume ese espíritu vital, obstinado en el deber de la lucha, en la entrega y en el ánimo combatiente que requirieron esos tiempos horribles: “Y lo repito una vez más: he vivido por la alegría. Por la alegría he ido al combate y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre”.

En tiempos de vorágines de odio, como aquellos, vale además su final, su manifiesto, su decisión indeclinable: “También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombres: yo los amé. ¡Estén alertas!”

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Por la libertad. Contra la censura a María Galindo

La dirección de la publicación boliviana Página Siete ha decidido “prescindir” de las columnas semanales que la feminista y miembro de Mujeres Creando, María Galindo, publica en ese medio desde hace diez años, luego de demorar la publicación de su última columna. En un largo texto, la directora del medio explica que los escritos de Galindo no se atienen al “código de ética” del medio.


Sin embargo, en el mismo escrito, sostiene que sus opiniones resultan problemáticas “en un momento delicado como el que vivimos”, sin dar más explicaciones sobre qué entiende el medio por el momento actual que atraviesa Bolivia.


Nos llama la atención que se decida impedir el ejercicio de la libertad de expresión de Galindo en Página Siete, apenas un mes y medio después de la honda crisis política, que nosotros leemos como un doble golpe contra el pueblo boliviano que en unos cuantos días atestiguó el colapso del gobierno de Morales y el ingreso al gobierno de Jeannine Áñez, sostenida por segmentos recalcitrantes de la derecha agroindustrial. En medio del gran desconcierto generado por tales caóticos acontecimientos, María Galindo ha trabajado más que nadie por esclarecer los contradictorios y acelerados eventos encadenados que configuran la situación actual. En ese contexto, el estilo y el contenido de los escritos de Galindo parecen haber sido “útiles” mientras Galindo enfatizaba la crítica al gobierno del MAS, pero desde que semanas atrás atacó en su columna a la presidenta ilegítima, Jeannine Áñez, las cosas parecen haber cambiado para ese medio. Esto se ha acentuado cuando Galindo intenta reconstruir los sucesos ocurridos entre el 10 y el 13 de noviembre pasados que exhiben los juegos de complicidades y cálculos de las clases dominantes en Bolivia, las históricas y las depuestas.


Quienes firmamos estas líneas respaldamos la libertad de expresión y nos solidarizamos con María Galindo, mucho más allá de la opinión que tengamos sobre sus columnas, cuestión que no juzgamos porque no es eso lo que está en debate. Pensamos que las afirmaciones de su última columna, molestan a quienes nunca han abandonado el poder ni renunciado a su influencia en los distintos gobiernos, porque les gusta que se exhiban sus modos de intervención. Esta es, para nosotros, la razón de fondo de la censura a Galindo, lo que nos ratifica en la consideración de que el régimen actual encarna un nuevo despotismo.


Raquel Gutiérrez Aguilar

Raúl Zibechi

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La temible cruzada del gobierno estadounidense contra Julian Assange y Chelsea Manning   

 

 

 “El Congreso no podrá hacer ninguna ley (…) que limite la libertad de expresión, ni la libertad de prensa”. Así lo indica la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Sin embargo, por primera vez, un editor está siendo procesado en virtud de la Ley de Espionaje, que data de la Primera Guerra Mundial. Julian Assange, cofundador del sitio web de denuncia WikiLeaks, podría enfrentar una condena de hasta 170 años de prisión en caso de ser extraditado a Estados Unidos desde el Reino Unido. El caso podría asestar un gran golpe a la libertad de prensa en Estados Unidos.

Estados Unidos acusó formalmente a Assange por primera vez en abril de este año, por el delito de intentar ayudar a un informante del Ejército estadounidense a ingresar a un sistema informático militar, delito por el cual Assange podría enfrentar hasta cinco años de prisión. Más adelante, el 23 de mayo, el Departamento de Justicia emitió una acusación adicional, en la que se sumaron 17 cargos más, por violar la Ley de Espionaje. Los nuevos cargos, según escribió el comité editorial del periódico The New York Times el día en que se anunciaron, “podrían tener un efecto escalofriante sobre el periodismo estadounidense tal como se ha ejercido durante generaciones. Está dirigido directamente al corazón de la Primera Enmienda”.

El periódico The New York Times fue una de las varias organizaciones de prensa en asociarse con la plataforma web de denuncia en la publicación de material que se brindaba de forma anónima. Desde su lanzamiento en 2007, WikiLeaks demostró ser una fuente confiable de evidencia documental crítica en torno a actividades ilícitas empresariales y gubernamentales.

En 2007, WikiLeaks publicó un manual secreto de la cárcel de la Bahía de Guantánamo, escrito en 2003, que contenía instrucciones para que los guardias les negaran a los prisioneros el acceso al Corán y a las visitas de la Cruz Roja para “explotar la desorientación y la desorganización que siente un detenido recién llegado”; esto constituye una violación de la legislación internacional acerca de los derechos humanos. No mucho después, el Centro de Contrainteligencia del Ejército estadounidense elaboró un documento secreto –posteriormente filtrado y publicado por WikiLeaks– donde se calificaba a la web de denuncia como “una potencial amenaza a la protección de las fuerzas, las operaciones de contrainsurgencia, la seguridad operacional y de seguridad de la información del Ejército de Estados Unidos”.

En abril de 2010, WikiLeaks saltó a la primera plana de la prensa internacional cuando hizo público un video en el que se muestra un ataque y masacre indiscriminada de civiles en Bagdad. El video fue grabado el 12 de julio de 2007 por un helicóptero militar estadounidense de combate Apache e incluye el audio de las transmisiones de radio militares.

Dos empleados de la agencia de noticias Reuters –el periodista iraquí Namir Noor-Eldeen y su chofer, Saeed Chmagh– murieron en el ataque, junto con al menos otras ocho personas. Dos niños resultaron gravemente heridos. Las transmisiones de radio muestran no solo la absoluta insensibilidad de los soldados, que se ríen e insultan mientras matan, sino también el estricto procedimiento que siguen, donde se aseguran de que todos sus ataques estén claramente autorizados por su cadena de mando.

Reuters había solicitado en reiteradas ocasiones información al Pentágono sobre la muerte de sus dos empleados, pero no había recibido nada. Fueron necesarios un denunciante valiente y WikiLeaks para revelar el horror del ataque del helicóptero, una clara prueba en video de un posible crimen de guerra.

El denunciante fue finalmente identificado como el soldado Bradley Manning. Manning fue encarcelado en régimen de aislamiento, en condiciones que Naciones Unidas describió como equiparables a la tortura. Luego fue juzgado y condenado. Inmediatamente después de recibir una condena de 35 años de prisión, Manning anunció una transición de género y cambió su nombre a Chelsea. El presidente Barack Obama finalmente conmutó su sentencia y Manning fue liberada en mayo de 2017.

No obstante, su calvario no había terminado. En febrero de 2019 la convocaron a comparecer ante un gran jurado para declarar sobre WikiLeaks y Julian Assange. Ella afirmó que ya había dado testimonio completo ante el tribunal militar que cursó su juicio en 2013, por lo que se negó a declarar de nuevo. Por ello, la encarcelaron durante dos meses. A continuación, la convocaron para testificar ante un segundo gran jurado. Por negarse a declarar una vez más, permanece encarcelada desde el 16 de mayo.

En cuanto a Julian Assange, desde el año 2012 estuvo viviendo en la Embajada de Ecuador en Londres, donde le habían dado asilo político. Assange huyó a la embajada porque temía ser extraditado a Estados Unidos. El pasado 11 de abril, las autoridades británicas ingresaron a la embajada y lo arrestaron por la fuerza. Ahora está cumpliendo una sentencia de 50 semanas de prisión por violar los términos de su libertad condicional en otro caso aparte.

Nils Melzer, relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, afirmó tras visitar a Assange en la prisión británica donde se encuentra recluido: “El señor Assange muestra todos los síntomas de una persona que ha estado expuesta a la tortura psicológica durante un período prolongado de tiempo”. Julian Assange no pudo comparecer en su audiencia judicial más reciente debido a problemas de salud.

Ben Wizner, director del Proyecto de Discurso, Privacidad y Tecnología de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, afirmó acerca de la nueva acusación: “Por primera vez en la historia de nuestro país, el gobierno ha presentado cargos penales contra un editor por la publicación de información veraz. Esta es una escalada extraordinaria de los ataques del gobierno de Trump contra el periodismo, y un ataque directo contra la Primera Enmienda”.

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

Democracy Now!

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira Frega. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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La defensa de Assange: "Este caso es un ataque frontal contra los periodistas"

El equipo de abogados que asiste el fundador de Wikileaks denuncia las restricciones que están sufriendo para poder preparar la defensa contra la extradición a Estados Unidos y el estado de salud de su cliente

 

 

La abogada australiana Jennifer Robinson, una de la letradas que ejerce la defensa del Julian Assange era rotunda a la salida de la vista que se ha celebrado este jueves en un tribunal londinense: “Este caso tendrá un impacto aterrador y afectará a periodistas y editores de todo el mundo que se enfrentan a la posibilidad de ser extraditados a Estados Unidos”.

Porque, como ella misma insistía: “Ningún periodista o editor debería ser nunca extraditado por haber publicado información veraz”.

Es lo que intenta evitar por todos los medios que le ocurra al fundador de Wikileaks por, como ella ha explicado: “Haber publicado pruebas de crímenes de guerra, de ataques a los derechos humanos y de corrupción”.

Pero el proceso ya está en marcha. El gobierno norteamericano tramitó la petición de extradición, el Ministro del Interior británico Salid Javid -uno de los seis aspirantes a suceder a Theresa May- la ha firmado apelando a que “debe hacerse justicia” y ahora son los tribunales de Reino Unido quienes tienen la última palabra: parar la extradición o dar luz verde.

Sólo el haber llegado hasta aquí ya es, en palabras de la defensa de Julian Assange: “Un asalto escandaloso contra la protección a los periodistas” y “un ataque frontal y atroz” contra el derecho a la libertad de expresión.

El proceso comenzará en febrero de 2020 y está previsto que se prolongue durante cinco días. Antes, en octubre de este mismo año, la defensa tendrá que presentar sus pruebas. Y, como ellos mismos denunciaban a las puertas del tribunal de Westminster, no les está resultando nada fácil hacer su trabajo: “No resulta sencillo trabajar en este caso debido a las restricciones a las que está sometido el señor Julian Assange en prisión; nos resulta muy difícil acceder a él, nos impiden poder hacerle llegar documentación y él no tiene acceso a un ordenador para poder preparar su defensa”, denunciaba Robinson.

Por si fuera poco, a ello se suma la situación personal del fundador de Wikileaks: “Estamos muy preocupados por su salud. Se encuentra bajo una gran presión y está teniendo que hacer frente a este caso bajo unas circunstancias muy difíciles”. Y añadía: “No olvidemos que se trata de una persona que todavía está sufriendo las graves consecuencia de su confinamiento dentro de la embajada y ahora en prisión”.

No es fácil hacer especulaciones pero el equipo de la defensa es optimista: “Confiamos en que el gobierno británico no ejecute la extradición a Estados Unidos”. Y preguntada por su gran temor en caso de que Assange fuera finalmente extraditado, Robinson explicaba: “Sólo tenemos que ver las condiciones a las que ha sido sometida Chelsea Manning anteriormente y en la actualidad durante su confinamiento en Estados unidos. No olvidemos que está en prisión indefinida por negarse a aportar pruebas. Eso nos basta para saber las circunstancia de confinamiento a las que tendría que hacer frente Julian Assange”.

Por Cristina Casero

@CrisCasero

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Viernes, 14 Junio 2019 05:57

Assange y los medios de Estados Unidos

Assange y los medios de Estados Unidos

El ministerio británico del Interior dio ayer su visto bueno a la extradición de Julian Assange a Estados Unidos y ahora la última palabra la tiene un tribunal que debe sesionar hoy. No hay mucho margen para esperar que esa instancia escuche los exhortos para que se libere al australiano que han formulado el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la Organización de las Naciones Unidas y múltiples organizaciones sociales en pro de los derechos humanos y la libertad de expresión. Como se ha visto desde febrero de 2011, el sistema judicial del Reino Unido está totalmente alineado en los planes del gobierno estadunidense, como lo han estado durante este tiempo las autoridades de Estocolmo.

 

Una vez interrumpida la solitaria solidaridad ecuatoriana por la traición de Lenín Moreno a toda la gestión de su antecesor, en la que se inscribía la protección diplomática al fundador de Wikileaks, sólo una movilización de la sociedad británica podría impedir que Londres lo entregara al gobierno de Washington. Pero previsiblemente esa movilización no ocurrirá y todo hace pensar que Assange será enviado a Estados Unidos, donde el Departamento de Justicia le ha fincado 17 delitos, varios de ellos, graves, como espionaje, que podrían llevar a una condena de cadena perpetua.

 

Si no hubo en Gran Bretaña una condena social contundente a las violaciones a los derechos de Assange, menos cabría esperar que la hubiera en el país vecino del norte, donde las paranoias de la seguridad nacional tienen una raigambre más acendrada y donde, por ende, ha resultado fácil confundir a grandes sectores de la opinión pública con la falsa noción de que Wikileaks y su fundador son una suerte de "agentes extranjeros" perniciosos para la seguridad de la nación.

 

El panorama mediático estadunidense, al menos en lo que se refiere a los medios del llamado mainstream, no serían, en principio, más favorables para la defensa del australiano. La difusión de los materiales que documentan crímenes de guerra en Irak y Afganistán, a mediados de 2010, dejaron en muchos directores y editores estadunidenses una sensación de despecho por lo que era el mayor golpe periodístico de la década. Unos meses después, la entrega de los "cables del Departamento de Estado" a The New York Times –y a otros cuatro medios de otros países– obligó al rotativo neoyorquino a tragarse su orgullo y a colaborar con Wikileaks.

 

Pero esas publicaciones operaron con una sospechosa parsimonia, que especularon con los documentos y que vieron antes que nada por la preservación de sus intereses corporativos. De esa forma, Wikileaks y su fundador decidieron redistribuir los cables en forma segmentada por naciones entre muchos medios independientes del mundo, de los que La Jornada fue el primero.

 

Ese episodio provocó una inocultable irritación en las redacciones de los cinco medios. De pronto, sus páginas se llenaron de ataques a Assange, algunos de ellos tan pueriles y poco serios como que el fundador de Wikileaks evitaba el baño diario. La animadversión de The New York Times fue rápidamente compartida por muchas otras empresas noticiosas. Ello se explica no sólo por el patrioterismo implícito en la acusación de que Wikileaks afectaba la seguridad nacional estadunidense, sino también por un orgullo profesional maltrecho: les resultaba intolerable que una pequeña organización de jóvenes, advenedizos en el periodismo, estuvieran sacudiendo el planeta con una eficacia y un rigor jamás visto hasta entonces. Y construyeron la noción despectiva de que Julian Assange y sus compañeros no eran informadores sino informantes, un despropósito que a la larga podría ser reciclado como argumento por los fiscales en contra del australiano.

 

Pero hoy el panorama ha cambiado drásticamente por la guerra declarada por Trump en contra de la generalidad de los medios de comunicación de su país. En ese contexto, un juicio ganado por Washington en contra de Assange sentaría un peligrosísimo precedente para el desempeño de la tarea informativa en Estados Unidos y en el mundo. Porque no hay diferencia alguna, a final de cuentas, entre los actos por los que el Departamento de Estado quiere procesar al australiano y lo que hacen día con día innumerables periodistas en todo el orbe: obtener documentos confidenciales, verificarlos –tarea en la que Wikileaks no ha tenido un solo yerro– y difundir su contenido.

 

Así pues, si los grandes medios noticiosos de Estados Unidos quieren sobrevivir a la embestida trumpiana, tendrán que tomar partido entre el presidente insolente y ominoso y el colega despreciado y en desgracia, cuya figura representa, les guste o no, el mayor símbolo del derecho a la verdad en la circunstancia presente. Más les valdría tragarse el orgullo por segunda ocasión, informar verazmente a la opinión pública de lo que está en juego y asumir un papel protagónico en defensa de Assange y, por ende, de los derechos a la libre expresión y a la información.Nada menos.

 

http://navegaciones.blogspot.com

 

Twitter: @Navegaciones

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EEUU solicita formalmente a Reino Unido la extradición de Assange, según 'The Washington Post'

El Gobierno estadounidense ha presentado 18 cargos contra el fundador de Wikileaks, entre ellos uno por espionaje, desde su detención en la embajada ecuatoriana de Londres.

 

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha solicitado formalmente a Reino Unido la extradición del fundador de Wikileaks, Julian Assange, a quien persigue por la publicación de miles de documentos clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán, que evidenciaban torturas por parte del ejército estadounidense, según ha informado este martes The Washington Post.

Una fuente estadounidense ha asegurado que la petición formal se envió el pasado jueves a las autoridades británicas. El tratado de extradición entre Washington y Londres requería que se hiciera en los 60 días siguientes a la detención de Assange, esto es, desde el 11 de abril.

Estados Unidos presentó los primeros cargos contra Assange el mismo día de su arresto. En un primer momento, le acusó de un cargo federal de conspirar para acceder ilegalmente a un ordenador del Gobierno, por el cual podría ser condenado a hasta cinco años de cárcel. Un mes después, le imputó otros 17 cargos por violar la Ley de Espionaje.

Un gran jurado estudia ya el caso Assange. La ex analista de Inteligencia militar Chelsea Manning, que fue condenada y encarcelada por entregar la información clasificada a Wikileaks, volvió a entrar en prisión en mayo por negarse a testificar en esta nueva causa.

 

Siete años de encierro

 

Assange se refugió en la Embajada de Ecuador en Londres en junio de 2012 para evitar que Reino Unido le detuviera y extraditara a Suecia, por unas denuncias de abusos sexuales en su contra, desde donde temía ser enviado a Estados Unidos por publicar información clasificada.

El entonces Gobierno de Rafael Correa le concedió el asilo diplomático permitiéndole permanecer en su Embajada de Londres, donde se encontraba en ese momento, hasta que Reino Unido accediera a darle el salvoconducto necesario para viajar a Ecuador.

El 11 de abril, el nuevo Gobierno de Lenín Moreno, que considera a Assange un problema heredado, le revocó el asilo diplomático argumentando que había tenido un comportamiento inadecuado, incluso "agresivo", en la Embajada, después de casi dos años de reproches mutuos. Ese mismo día, el fundador de Wikileaks fue detenido y condenado en Reino Unido por violar los términos de la libertad condicional que le concedió en 2012. Ha sido sentenciado a 50 semanas de cárcel. 

La Fiscalía sueca, por su parte, ha reabierto la investigación contra Assange por violación que cerró en 2017 por la imposibilidad de avanzar debido a la reclusión del periodista australiano en la Embajada.

11/06/2019 11:58 Actualizado: 11/06/2019 11:58

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Domingo, 14 Abril 2019 06:04

Pelearemos como David contra Goliat

Pelearemos como David contra Goliat

La amenaza que veíamos venir desde hace tempo se ha hecho realidad. El Reino Unido, tras violentar durante estos años todas las normas del derecho internacional, ha cumplido su función de brazo ejecutor después de que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, supeditado a los intereses de los EE.UU. de Donald Trump, haya retirado el asilo político a Julian Assange. En unas imágenes que deberían ruborizar a cualquier demócrata, el Gobierno de Ecuador ha abierto la puerta de su embajada para permitir que la policía británica sacara de forma violenta al fundador de WikiLeaks.

Es muy grave lo ocurrido, y plantea un futuro incierto a Julian Assange quien después de casi ocho años de reclusión inhumana en el recinto de la embajada ecuatoriana, se encuentra ahora a expensas de lo que la Corte de magistrados de Westminster determine, una vez se ponga en marcha la extradición al país norteamericano. De inicio, el periodista buscó refugio ante la orden de aprehensión de Suecia por denuncia de violación, una causa que ya fue archivada en mayo del pasado año. Ahora enfrenta la condena por haber incumplido las medidas cautelares de su libertad, cuestión que siempre hemos aceptado y nunca hemos eludido responder tanto en Suecia como en Gran Bretaña, pero denunciando, a la vez, la instrumentación que de estos países hacía EE.UU. Al final se ha desvelado la trama. Incluso desde diciembre de 2017 existía una orden de detención de la justicia estadounidense en Londres, a pesar de que tanto los británicos como el gobierno del presidente Moreno, específicamente el canciller Valencia, lo negaron.

Tras ese argumento se escondía la verdadera razón de la persecución contra el activista: Estados Unidos no puede consentir que Assange, mediante WikiLeaks, haya hecho públicos miles y miles de documentos militares y diplomáticos de carácter confidencial, denunciando torturas y crímenes de guerra por parte de responsables militares de ese país en lugares como Irak o Afganistán y filtraciones de las comunicaciones entre embajadas USA con Gobiernos y servicios de información en todo el mundo.


Las acusaciones de Suecia siempre fueron para su defensa una argucia para extraditarle a Estados Unidos, donde podría ser juzgado por tal causa. Sabemos ahora que, en efecto, lo que latía bajo este asunto era la acusación por conspiración por parte de una Corte estadounidense. Y es probable que este delito, el de conspiración para hackear ordenadores, sea solo el principio, porque buscan con ello eliminar la verdadera base política de la persecución.


La acción británica viene precedida de una serie de incumplimientos de los convenios internacionales. Gran Bretaña ha estado prescindiendo, obviando, incumpliendo y violentando todas las normas del derecho internacional y de los derechos humanos. No han atendido al salvoconducto que pedía Ecuador desde hace años porque había otorgado un asilo, y una vez otorgado el asilo los demás países tienen que cumplirlo.


Sobre el papel de Ecuador, poco puedo añadir a lo que ha manifestado el ex presidente Rafael Correa, quien en su día en nombre de los Derechos Humanos asiló a Assange, que ha criticado la detención y ha calificado de “traidor” al actual presidente por permitir su arresto. “Esto jamás será olvidado por la humanidad entera. Uno de los actos más atroces fruto del servilismo, la vileza y la venganza. La historia será implacable con los culpables de algo tan atroz”, ha dicho Correa, añadiendo: “De ahora en adelante, a nivel mundial la canallada y la traición podrán ser resumidas en dos palabras: Lenín Moreno”.


Pocas veces he asistido a tan sorprendente actuación contra lo que marca el derecho de asilo como la que este jueves hemos vivido. Las confusas afirmaciones del actual mandatario ecuatoriano, lo dicen todo: “Ecuador da por finalizado el asilo diplomático otorgado al señor Assange en el año 2012. Por seis años y diez meses el pueblo ecuatoriano ha garantizado los derechos humanos del señor Assange y ha cubierto sus necesidades cotidianas en nuestras instalaciones de la embajada en Londres”. “El señor Assange violó reiteradamente disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático. Violó particularmente la norma de no intervenir en los asuntos internos de otros estados”, ha añadido. Extremo este que es incierto, porque la acusación en este sentido siempre fue una argucia, como queda demostrado por los SMS que obran en la causa.


La concesión del asilo lo fue por riesgo fundado, de acuerdo con las convenciones aplicables al caso. Su retirada solo se puede producir si aquel riesgo desaparece. En este caso, lejos de que el peligro haya desaparecido, se ha incrementado exponencialmente con las declaraciones recurrentes de autoridades norteamericanas, que han llegado a calificar a Wikileaks de organización terrorista. Tampoco se ha realizado ningún procedimiento de revisión con alegaciones para el asilado, como requería imperativamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al cerrar la demanda de medidas cautelares formulada meses atrás.


La mezcla de argumentos es difícil de comprender. De una parte, Moreno parece reprochar el gasto que la delegación ha cubierto. De otra, culpa a Assange de expresar sus opiniones sin concretar qué normas de derecho internacional ha afectado, de tal modo que se ha hecho merecedor de una sanción tan peligrosa. También de que es editor de WLO, cuando esto ya no es así; como tampoco tiene que ver con la filtración de los INApapers. O porque, y aquí viene el punto álgido, según Moreno, ha solicitado a Reino Unido que no entregue a Assange a un país en que se ejerza la tortura o exista la pena capital. Y asegura que los británicos han dado su asentimiento por escrito pero ¿acaso está exento Estados Unidos de estas dos condiciones? Es incontestable que la pena de muerte existe y uno de los elementos básicos por los que el país de Trump ha saltado a la palestra en WikiLeaks es por los supuestos malos tratos sistemáticos cuando así lo han considerado los poderes militares en casos de conflicto. Y además, un país en el que no se garantiza la ausencia de la tortura como puso de manifiesto el Relator contra la tortura Juan Méndez en el caso de Chelsea Manning, que fue sometida a un trato cruel, inhumano y degradante y que nuevamente ha sido encarcelada, el riesgo que corre Julian Assange si la extradición se materializa, es inmenso.


Aún queda lo más importante. ¿Qué ocurre con los derechos humanos? Estados Unidos discurre por un camino que nos llevará a todos al desastre. Recientemente amenazó con la prohibición de visados a los miembros del Tribunal Penal Internacional que investiguen casos como la supuesta responsabilidad de miembros de esa alta instancia de militares norteamericanos en Afganistán. Hace apenas unos días hizo efectiva esta sanción retirando el visado a la fiscal del TPI Fatou Bensouda que junto a sus colaboradores indaga desde 2016 la posible responsabilidad de soldados estadounidenses entre 2003 y 2004, en los presuntos crímenes de guerra cometidos en Afganistán. Ante tal sinrazón, Bensouda ha manifestado que seguirá cumpliendo su deber.


¿Muerto el perro se acabó la rabia? Esa parece ser la política del país más poderoso del mundo. Si la CPI puede afectar a los propios intereses, se anula y prohíbe, por más que Afganistán forme parte de los 124 países que han ratificado el Estatuto de Roma y que este tribunal sea una instancia superior, internacional, que garantiza la protección de las víctimas. Si un periodista activista denuncia ante el mundo las irregularidades, trapacerías, asesinatos, corrupción y manejos de la potencia mundial, se le persigue, aísla y aprovechando un giro a la derecha en el Gobierno de Ecuador, que hasta entonces entorpecía el objetivo marcado, se logra que esta nación levante el asilo acordado y dé vía libre para acabar con el estorbo Assange. ¡Menuda suerte que el presidente Correa, de talante progresista, fuera sustituido por Moreno, de talante marcadamente de derechas. ¡Vaya casualidad!


El caso Assange no termina aquí. Su equipo legal y yo, como coordinador de la defensa del periodista, no estamos dispuestos a permitir tal atropello. Pelearemos como David contra Goliat, como venimos haciendo desde hace años. Este asunto va más allá de una filtración o de un entramado de conflictos legales. Estamos hablando del derecho de los ciudadanos del mundo a conocer en manos de quién estamos, de lo que nos ocultan y de a dónde pretenden conducirnos. Y una vez que sabemos, no es tan fácil callar al mensajero. Lo que pretende Estados Unidos, apoyado en quienes le están favoreciendo, no es otra cosa que impunidad. No podemos ni debemos tolerarlo, y no lo haremos.


* Jurista. Coordinador de la defensa de Julian Assange. Artículo publicado originalmente en eldiraio.es. Link: https://www.eldiario.es/zonacritica/Assange-impunidad_6_887571262.html

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Arresto de Assange: venganza de Lenin Moreno por los pestilentes Ina Papers

Atenta a las costumbres de las civilizaciones milenarias entregar a un asilado político por el país anfitrión, lo cual pisoteó el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, que deshonra a Latinoamérica.

La entrega de Assange a Estados Unidos (EU) ya estaba tomada desde 2017 cuando Trump envió a su representante especial Paul Manafort, hoy encarcelado, para operar un trueque con Lenín Moreno: Assange a cambio de retribuciones pecuniarias y acuerdos comerciales (https://nyti.ms/2UzIHv0).


Sólo faltaba el catalizador, en lo que contribuyeron los sulfurosos “ Ina Papers” que implican al presidente de Ecuador, a su hermano Edwin y a sus hijas en un operativo de lavado por 18 millones de dólares en el paraíso fiscal de Belice.


La nada gloriosa entrega de Assange, icónico fundador de Wikileaks, pone en peligro de muerte a la libertad de expresión en la era del totalitarismo orwelliano cibernético y pone en tela de juicio la Primera Enmienda del Bill of Rights de EU (http://bit.ly/2Glx8P5).


Los 18 millones de dólares que recibió Edwin Moreno, hermano de Lenín Moreno y mandamás de INA Investments Corp, fueron blanqueados en un conjunto de 11 empresas fantasmas: Espíritu Santo Holdings, Fundación Amore, Fundación Esmalau, Fundación Pacha Mama, Inversiones Larena, Inversiones Maspal, Manela Investment Corp, Probata Investments, San Antonio Business Corp, Turquoise Holdings Ltd, Valley View Business Corp (http://inapapers.org/).


El nombre INA fue tomado de las tres letras finales de los nombres de las tres hijas de Lenín Moreno: Ir(ina), Crist(ina) y Kar(ina). Al fundador de Wikileaks no le perdonan haber publicado el 26 de marzo pasado las tratativas de Trump con Lenín Moreno vía Manafort hace dos años.


Lenín Moreno inculpó a Assange, quien estaba totalmente desconectado del mundo, con su Internet bloqueado, de haber hackeado sus correos y su teléfono.


Lo más hilarante provino de la ministra María Paula Romo quien afirmó que Assange y Wikileaks estaban implicados en una conspiración (sic) para desestabilizar al gobierno de Lenín Moreno mediante dos “ hackers rusos”.Ya lo de la fanstasmagórica intervención de Rusia se ha vuelto una broma muy aburrida.


Antes de la entrega ignominiosa de Assange, Lenín Moreno había descendido a los avernos de la impopularidad con menos de 17 por ciento de aceptación.


Más allá de la personalidad impía de Lenín Moreno, resalta su giro radical a la extrema derecha y su subordinación a Trump cuando concluyó créditos con el FMI y el Banco Mundial por 10 mil millones de dólares, al precio de severas medidas de austeridad y la decapitación de 10 mil empleos del sector público (http://bit.ly/2IiruPQ).


El arresto de Assange era una coreografía cantada: hace cinco meses adelanté la secuencia de la expulsión/detención/deportación de Assange en la FIL de Guadalajara (http://bit.ly/2UBCiz8).


Los INA Papers de la corrupta familia Moreno no es ninguna novedad: forma parte de la aplicación mafiosa del neoliberalismo global en Latinoamérica que resultó en un vulgar lavadero en los paraísos fiscales para comprar las conciencias de sus dirigentes y/o de los manipuladores de la opinión pública, como fue el caso de PanamaPapers –que mancillaron a Mario Vargas Llosa y al presidente argentino Mauricio Macri (http://bit.ly/2Dgg3nP)–; de Bahama Leaks–con Pinochet, Macri y el partido PAN de cada día de México (http://bit.ly/2rJGegB)–; la estafa del Banco Stanford, donde blanqueaba el cárteldel Golfo con el ex canciller foxiano Castañeda Gutman (http://bit.ly/2UWJUMe); etcétera.


Resalta que en Latinoamérica no hay neoliberalismo sin lavado.


La trama rusa, más bien el trauma ruso del plagiario Krauze Kleinbort (socio de Banco Santander y Televisa), es otro lavado de la Operación Berlínde acuerdo a la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno mexicano (https://bit.ly/2UrdBVm).


El ex presidente Rafael Correa atribuye que el haber divulgado el caso fétido de “ Ina Papers” le valió el bloqueo de su cuenta en Facebook. Según Correa, el arresto de Assange fue a cambio de un préstamo del FMI y como venganza a la publicación por Wikileaks del escándalo de “Ina Papers”(http://bit.ly/2DcQSmh).


www.alfredojalife.com
Twitter: @AlfredoJalifeR_
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