Miércoles, 29 Abril 2020 07:00

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

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Lunes, 27 Abril 2020 18:25

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

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Publicado enEdición Nº267

La crisis global acelerada por el coronavirus ha disuelto las premisas históricas y político culturales sobre las cuales los gobiernos venían adelantado sus gestiones rutinarias. De un modo paulatino se van decantando las medidas locales y globales teniendo como pauta las orientaciones conceptuales de los epidemiólogos. Ya se tenía un antecedente próximo de una pandemia similar: el brote del Ebola en los años 2014-2015 que tuvo un desarrollo circunscrito al continente africano.

Una comisión financiada por el gobierno de Obama, evaluó esa trágica experiencia y adelantó propuestas tendientes a preparar una respuesta global y específica ante el surgimiento de una pandemia semejante. Ese intento de poner el Capitalismo de Estado al servicio del bien común fracasó con la llegada de Trump a la presidencia. Con su consigna “América primero” que no era otra cosa que una fórmula patriotera para proclamar Primero yo y Mi familia, tomó las medidas pertinentes para desechar la iniciativa.
Ahora Trump con gesto grave de vencedor afirma que el manejo de la crisis acelerada por el coronavirus, es un éxito donde pueden perecer de 100.000 a 200.000 norteamericanos. Un defensor texano del presidente pide que los abuelitos se sacrifiquen para salvar la economía. La generación de Vietnam que sobrevivió a la guerra, una generación de perdedores para los estándares valorativos del capitalismo norteamericano, ahora es convocada a la heroicidad final. Al fin esos perdedores podrían proclamar una victoria agónica y convertirse en ganadores, como Trump, y así realizar el sueño americano.

En paralelo, la pandemia global obligado a los gobernantes a tomar medidas extraordinarias. Algunos piensan que es posible, una vez superada la amenaza, volver a la normalidad y a los negocios, como siempre. Esa aspiración es insostenible. Lo sucedido puso en cuestión el tipo de intercambio que se da entre la naturaleza y el modo de producción capitalista. Ahora es necesario superar la economía política como ha funcionado por más de tres siglos, y avanzar hacia una bioeconomía.

En esa dirección, es una fortuna para Colombia tener una propuesta bien sustentada para realizar esa tarea histórico-cultural. Me refiero al informe de la Comisión de sabios titulado: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”. La tesis central del informe lo resume la siguiente afirmación: “[…] la economía colombiana debe sustentarse en el conocimiento”.

En correspondencia con ese axioma conceptual, propone que la investigación se oriente por misiones. Se trata de retomar la experiencia histórica de misiones como la de llegar a la luna, propuesta por Kennedy al iniciar su mandato. La Investigación orientada por misiones requiere un compromiso del conjunto de la sociedad y de su Estado para realizarse.

El informe presenta un conjunto de misiones razonables y realizables, de las cuales quiero destacar la Misión: Colombia biodiversa, la cual tiene dos programas orientadores, la bioeconomía y la economía creativa. La política pública a desarrollar formará parte del Proyecto Biogenoma de la Tierra y se articulará con la Red Global de Biodiversidad Genómica.

Ahora bien, asumir tal Misión no es posible con el actual gobierno. Hay que generar un consenso político que permita crear un gobierno de transición que facilite las tareas actuales para enfrentar y superar la crisis, y que cree las condiciones para que una vez superada se convoquen unas elecciones blindadas contra el fraude electoral, especialmente en los departamentos de la Costa Atlántica.

 Estamos, pues, como dijo la primera Misión de sabios del años 1994 “Al Filo de la oportunidad”. Pero mejor aún, tenemos un proyecto para su realización: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

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Publicado enEdición Nº267
Lunes, 20 Abril 2020 06:41

Pandemonio

Pandemonio

Qué es peor: gritar "fuego" dentro de un teatro lleno, cuando no hay nada, o gritar "no hay fuego" cuando el teatro se está incendiando? El régimen estadunidense hizo lo segundo, y la consecuencia directa de ello es la multiplicación de víctimas cada día, cada hora, con una tasa mortal desproporcionada entre afroestadunidenses y latinos, entre ellos inmigrantes, ya que la pandemia revela claramente que la peor "condición prexistente" es la pobreza. Para evadir su responsabilidad, Trump y sus cómplices han buscado, igual que siempre, encubrir la realidad y asfixiar, o volver irrelevante la verdad, buscando atrapar a todos dentro del teatro de su reality show. Para lograrlo tiene que crear un pandemonio, abriendo el paso al virus más letal contra las democracias.

Van más de 18 mil declaraciones falsas o engañosas documentadas en lo que va en los tres años del presidente; un promedio de más de 15 diarias (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims- database/?itid=lk_inline_manual_2&itid= lk_inline_manual_2), incluyendo por lo menos 350 acerca del coronavirus. Van 2 mil tuits atacando los medios desde que llegó a la Casa Blanca, acusando que son "enemigos del pueblo" ( https://pressfreedomtracker.us/ blog/trump-crisis-mode-tweets- his-2000th-attack-press/). Todo parte de una estrategia sistemática no sólo para anular la legitimidad de los medios, sino con el fin de minar su credibilidad entre el público y sembrar la duda sobre los hechos y verdades que reportan. (https://cpj.org/reports/ 2020/04/trump-media-attacks- credibility-leaks.php).

“Muchos de los que estábamos profundamente preocupados sobre Trump desde el inicio, lo estábamos específicamente sobre qué ocurriría cuando llegara su momento del incendio del Reichstag”, comenta Jason Stanley, profesor de filosofía de Yale y autor de Cómo funciona el fascismo, en comentarios a The New Yorker. Observó que a diferencia de ese incidente usado por Hitler para culpar a los comunistas e imponer la suspensión de libertades civiles en Alemania, esta crisis del coronavirus no fue fabricada, pero Trump la está usando de la misma manera, ocupando la atención publica, exigiendo obediencia, y buscando ampliar sus poderes ejecutivos. El magnate habla y hace política como fascista, y aunque aún no ha logrado gobernar como uno, Stanley –entre otros– no descarta que podría llegar una coyuntura en la cual eso ocurra. Señala que mucha gente lo acusa de exagerar cuando usa la palabra fascismo, pero les advierte que será muy tarde cuando "ya esté el campo de concentración".

Entre otros actos recientes que podrían aumentar estas preocupaciones, Trump declaró que "el presidente tiene autoridad total", despidió al inspector independiente encargado de vigilar el uso del fondo de rescate económico para empresas para nombrar a uno de sus leales, y amenazó con cerrar esta sesión del Congreso para instalar a funcionarios sin tener que esperar su ratificación, algo que ninguno de sus antecesores se había atrevido ni a pensar.

La semana pasada, Trump tuiteó: “Liberen Minnesota… liberen Michigan… liberen Virginia”, en apoyo a agrupaciones de manifestantes derechistas, algunos armados y otros con sus niños, quienes llegaron a las sedes del gobierno estatal de esas entidades –todos con gobernadores demócratas– para exigir el fin de las medidas de distanciamiento social contra el coronavirus. Una manifestante llevaba una pancarta en que se leía: "distanciamiento social = comunismo". Críticos señalaron que Trump estaba incitando violar la ley al respaldar el derrocamiento de esos gobiernos.

Mientras, aunque la estrategia trumpista para su relección es redoblar su mensaje ultranacionalista (por eso los ataques a la OMS y China, y contra las amenazas extranjeras, incluidos los migrantes), estas maniobras ominosas no se quedan dentro de estas fronteras, advirtió Noam Chomsky en entrevista con Democracy Now: “Al grado de que uno puede detecta alguna política coherente en la locura de la Casa Blanca… hay un esfuerzo para construir una internacional de los estados más reaccionarios y opresores, encabezados por el gánster en la Casa Blanca”.

El pandemonio de la pandemia podría ser más peligroso que el virus.

https://www.youtube.com/ watch?v=wyjNRmSPVMM

https://www.youtube.com/watch?v= la1q1aRUaNg&feature=youtu.be

Publicado enInternacional
Bolsonaro alienta una intervención militar para cerrar el Congreso

Protesta en Sao Paulo contra cuarentena

Sao Paulo. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, arengó ayer a manifestantes que, rompiendo la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus, se concentraron frente a un cuartel general del ejército para exigir una intervención militar y el cierre del Congreso, horas después de que miles participaron en una protesta virtual con cubrebocas en los cuales se leía: "fuera Boslonaro" .

"No queremos negociar nada", gritó el presidente desde el toldo de una camioneta al dirigirse a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a una "intervención militar, ya" y a defender el AI-5 (Acta Institucional 5), que en 1968 cerró el Congreso y suprimió garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó el neofascista Bolsonaro ante los manifestantes, de quienes se mantuvo algunos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la movilización que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del Covid-19 que en Brasil ya lleva 2 mil 462 muertos y 38 mil 654 infectados.

El mandatario demerita la letalidad del nuevo coronavirus, al cual califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia rei-teradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas.

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario con el fin de mantener la democracia y garantizar nuestra libertad", expresó Bolsonaro, quien en intervenciones previas ha condenado las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis de salud.

En breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", sostuvo.

"Un día juramos dar la vida por la patria y vamos a hacer lo posible para cambiar el destino de Brasil", consignó Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", manifestó Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente se adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", tuiteó el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), publicó en Twitter: "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población".

Horas antes, durante un acto convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, Lula reiteró sus críticas a la gestión de Bolsonaro. "La única posibilidad de que parte de la sociedad permanezca aislada es que reciba dinero. No es secundario y es responsabilidad del Estado".

Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, consideró que la convocatoria es una "receta perfecta para la tragedia".

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter: "no hay camino fuera de la democracia. No tenemos tiempo qué perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo movilizaciones contra la cuarentena.

La entidad, que reporta mil 15 muertos y 14 mil 267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasil. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su repudio a la acción del presidente.

Personalidades como el cantautor Caetano Veloso, Patricia Pillar, Leticia Sabatella y Nanda Costa protestaron desde su casa y usaron un filtro de mascarilla con la frase "Fuera Bolsonaro".

La movilización popular contra el neofascista y su gobierno se afianzó en redes sociales tras la destitución de Luiz Henrique Mandetta, el ahora ex ministro de Salud, quien defendió medidas de distanciamiento social, y ocupó el cargo el oncólogo Nelson Teich, quien defiende la reactivación de la economía.

El Consejo Nacional de Salud calificó de "irresponsable" el cese de Mandetta, en una nota que emitió junto con la organización humanitaria Oxfam Brasil, en la cual afirmó que con esto "se pone en riesgo la vida de millones de personas".

Publicado enInternacional
Naomar Almeida Filho: "Una pandemia desafía la manera en que las sociedades se organizan”

El reconocido especialista en salud colectiva analiza el manejo en Brasil, el papel de la ciencia y las estrategias en distintos países. La función del Estado y el sistema

"Bolsonaro insiste en negar la pandemia. Ha dicho varias veces que covid-19 es una gripezinha. Alienta a la gente a romper el distanciamiento social; tiene actitudes irracionales", dice Naomar Almeida Filho, doctor en epidemiología, profesor titular del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), y titular de la cátedra de Educación en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de San Pablo. Rector de la Universidad Federal de Bahía (2002-2010) y de la Universidad Federal del Sur de Bahía (2013-2017), el foco de su actividad científica es la epidemiología social en salud mental.

--¿Cuál es la situación en Brasil por estas horas?

--Estamos con un aumento rápido de nuevos casos y una gran cantidad de muertes. Tenemos casi 40 mil casos confirmados y más de 2 mil fallecidos. El virus llegó al país por los sectores medios y altos, pero comenzó a propagarse a través de segmentos sociales pobres. Tomamos un gran riesgo y realmente puede ocurrir una gran tragedia. El control de una pandemia requiere unión, coordinación y organización. Se necesita liderazgo y coordinación, todo lo contrario a lo que vemos en este momento en Brasil. Estamos en una situación de caos y descoordinación nacional que puede ser fatal. Lo peor es tomar decisiones arbitrarias que pueden provocar resultados peores.

--El presidente Jair Bolsonaro despidió al hasta unos días ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por sus diferencias sobre cómo afrontar la crisis sanitaria. El exfuncionario era partidario de adoptar medidas tales como el confinamiento total de la población, algo que Bolsonaro rechaza para no dañar la economía. ¿Cómo responde la sociedad?

--El exministro Mandetta no era nada excepcional; un médico, conservador y populista como el presidente, su jefe. El exministro quería solamente seguir los principios científicos y las directrices técnicas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la agencia Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (CDC, por sus siglas en inglés), y de la Fundación Fiocruz. Y por eso muy rápidamente se convirtió en un fenómeno de popularidad. Eso dice el presidente muy celoso. Pero Bolsonaro se comporta como un genocida, tomando actitudes irracionales, al borde de la locura. Ya era un notorio negacionista sobre cuestiones de urgencia climática y ahora insiste en negar la pandemia. Ha dicho varias veces que covid-19 es una gripezinha. Alienta a la gente a romper el distanciamiento social. Tanto él como sus ministros son políticos desprevenidos e irresponsables. Todo el tiempo se someten, y nos someten, al ridículo. Bolsonaro lo tiene a Trump de modelo; seguramente lo considere una autoridad mundial en farmacología porque defiende todo el tiempo ampliar el uso de cloroquina. Trump dejó de hablar de ello, pero Bolsonaro continúa con esta idea fija. Su ministro de Ciencia y Tecnología, el exastronauta Marcos Pontes, acaba de anunciar que una vermífuga para animales puede ser la cura milagrosa de la enfermedad.

--¿Qué opinión le merece la estrategia implementada por Argentina para controlar la pandemia?

--Sé que Argentina inició pronto una especie de cuarentena ajustada a su contexto y la ha mantenido firmemente, a pesar de las dificultades políticas derivadas de esta decisión. Conozco poco sobre los detalles, pero parece que las estrictas medidas de distanciamiento social una vez más dan resultados. Con 2.9 muertes por millón de habitantes, Argentina tiene la menor mortalidad entre todos los países populosos de las Américas. Brasil tiene 11 por millón, Perú 10.5 y Chile 6.6, todavía mucho menos que Estados Unidos, 117 por millón, Inglaterra, 228 por millón, y España, 429 por millón.

--¿Qué explica que las opiniones y las medidas acerca de cómo abordar esta situación varíen tanto?

--Consideremos una pandemia como un huracán, que tiene una singularidad y que se puede comprender en dimensiones, niveles y miradas distintas. La pandemia no se agota en la biología o en clínica, es algo que trasciende todo esto, porque hace social algo que en su base, en su origen, tiene una fundamentación atómica, molecular, química. De ahí que la epidemiología, que es un campo intermedio entre lo social y lo biológico, sea muy útil para tener una idea de integración más compleja de fenómenos como éste. El fenómeno de la pandemia es también un hecho político. En ciertos contextos, la salud es un deber del agente del Estado, un derecho de las personas; en otros sistemas políticos, la salud es un servicio o un bien que puede ser comprado en un mercado. De alguna manera la pandemia subvierte esa organización del Estado o del mercado respecto a los temas de la supervivencia de los seres. Una pandemia es una enfermedad que de alguna manera desafía la manera en que las sociedades se organizan y resulta una amenaza a los sistemas nacionales y supranacionales sobre cómo lidiar con problemas de esa naturaleza. Ahí se convoca a las ciencias para decir o producir una verdad. Las ciencias involucran una especie de lucha de narrativas sobre lo que es verdadero y lo que no lo es.

--En momentos así queda claro el papel fundamental de la ciencia, una evidencia que algunos aún ponen en duda.

--Creo que sí, de hecho hay muchos signos de eso en este momento de pandemia. La ciencia es una institución supranacional global constituida por bloques de pensamiento y práctica que son las ciencias, en plural. Y esas ciencias son concretamente redes de sujetos que tienen su formación y su práctica muy internalizadas y con aparatos propios de validación de sus proposiciones. Las ciencias son comunidades internacionales, hay producción de ciencia interna en los países, pero las redes de validación son internaciones. En momentos como el actual hay toda una demanda sobre el aparato global de producción científica. Al mismo tiempo, se interpela a todos los científicos que tienen algo que decir sobre la pandemia: neumonólogos, infectólogos, epidemiólogos, incluso se interpela a la economía para que produzca narrativas. Los científicos pasan a ocuparse de una manera febril de la reconstrucción y ampliación de redes de comunicación entre ellos. Es muy interesante ver cómo se activan estas redes cuando hay un fenómeno como esta pandemia.

--Llama la atención tanta divergencia de opiniones, incluso tantas diferencias entre la OMS y expertos de otros círculos…

--En estos dos meses ya hay más de 2600 trabajos científicos publicados sobre la pandemia y el coronavirus; una especie de récord mundial. Es imposible estimar la cantidad de científicos que trabajan el tema. Hay muchas medidas que los investigadores hoy señalamos como eficaces y que a los dos días señalamos con una evidencia contraria. Pasó con el uso de máscaras, muy recomendable en función de las evidencias hoy. Para nosotros eso es lo más esperado de la investigación científica y eso es la fuerza de la ciencia, que es exactamente la capacidad de ajustar sus procesos de producción de conocimiento a realidades que cambian. Hay gente que lo interpreta como un factor de desacreditación. Para la divulgación científica es muy importante la construcción de una fuente más abierta entre los profesionales de comunicación y la gente que está trabajando en la producción de conocimiento, porque muchas veces una simple hipótesis se transforma en una fuerte expectativa de una demanda social y económica.

--Está claro el rechazo de Bolsonaro hacia la ciencia…

--Sí, es así. En Brasil tenemos un gobierno federal que tiene una posición claramente anticientífica y eso le impone una contradicción en este momento de la pandemia. Y es que ahora es necesario llamar a los científicos para la producción de respuestas o por lo menos para la orientación sobre qué hacer en esta situación. Pero eso ocurre después de tres o cuatro años con una absoluta desfinanciación del sistema de producción del conocimiento. Se impone de este modo una especie de contradicción: el gobierno se divide entre los que dicen que es imprescindible confiar en la ciencia y los que dicen que no es necesario creer en la ciencia, o peor, que es mejor confiar en los dioses, santos y libros sagrados. Una fracción muy importante del gobierno está llevando adelante una campaña nacional de desacreditación de la ciencia.

--Se habla de cuarentena y aislamiento social o físico. ¿Cuál es la diferencia entre estos términos?

--Aislamiento social es un término que no existía y, rigurosamente, no existe en epidemiología. Aislamiento físico de sujetos infectados y contaminantes es una estrategia que es parte de la cuarentena. El término técnico es distanciamiento social, un concepto oriundo de la teoría matemática de los grafos o teoría de redes complejas, tomado como una medida de contención o mitigación de la epidemia. El aislamiento de personas en general, no solamente los enfermos, o la reducción drástica de movilidad de todos o de grupos seleccionados, es diferente a la cuarentena que hizo China. El distanciamiento social es una manera de reducir pero no de suprimir la transmisión de la infección; es una medida que suele implementarse en países democráticos y con una tradición de movilidad de la gente y de respeto a la individualidad. Hay toda una discusión sobre lo que es más o menos efectivo. A mi juicio, desde un punto de vista epidemiológico, será muy difícil evaluar la eficacia o efectividad de medidas como éstas, que son medidas de intervención social, por lo menos de evaluarlas de la misma manera que las intervenciones intracorporales o farmacológicas, es decir, con fármacos o maniobras de prevención individual.

--¿Desde la epidemiología, cuál es el momento óptimo para terminar con una cuarentena?

--Desde la epidemiología la respuesta es que para salir de la cuarentena se necesitan más datos. No sabemos muchas cosas en nuestras sociedades sobre el comportamiento del virus en poblaciones que tienen un sistema inmunológico totalmente distinto a otras. De hecho, las situaciones no se pueden transcribir. Primero, necesitamos producir nuestros propios datos sobre la distribución poblacional. Segundo, necesitamos un sistema de tests rápidos y de una manera amplia, no a toda la población, pero sí en los sitios donde la epidemia haya avanzado más. Como decía recién, técnicamente, una reducción de contacto social y una cuarentena no son lo mismo. Lo que tenemos como evidencia es lo que pasó en Italia, donde se hizo una disminución radical de movilidad social y eso permitió que la epidemia llegara a algunos sitios con una intensidad más baja y con una distribución de los casos en el tiempo; fue ahí que se empezó a hablar de aplanamiento de la curva. Esa estrategia no evita el contagio, pero permite una distribución más larga en el tiempo y evita curvas epidémicas abruptas. La primera evidencia de cierta eficacia en esa manera de respuesta social fue la observación de la epidemia en los sitios internos, en pequeños pueblos de Italia.

--¿Qué observaron ahí?

--Ahí vimos lo que llamamos "modelados", esto es, modelos de predicción de las epidemias. En este momento, el más conocido de estos modelos es el del Imperial College de Londres. Según este modelo, la estrategia de dejar pasar la epidemia en la sociedad para crear alguna inmunidad natural es muy peligrosa por la sobrecarga que puede causar en los sistemas de salud. Algunos países que empezaron a lidiar con la protección de la pandemia con una estrategia de reacción natural en el intento de crear la inmunidad de manera espontánea ahora están adoptando distintos modos de producir un aislamiento social. El último país que se resistió a eso fue la meca del capitalismo mundial, Estados Unidos. Por todo lo que hemos visto fue una decisión terrible. Salir de la cuarentena o flexibilizar el aislamiento depende por lo tanto de muchas respuestas y condiciones.

--En el mundo la situación se complejiza aún más por los efectos colaterales, tanto sociales como económicos.

--Lamentablemente, sí. Como conjunto de evidencias más macro nacionales se está empezando hablar incluso de la posibilidad de que algunos países, como Estados Unidos y los nuestros, tengan un sistema de apertura y cierre, una especie de pulsación de la movilidad social hasta el punto en que puedan aminorarse los efectos económicos. Es decir, cierta graduación de la transmisibilidad para que no se abra al mismo tiempo todo el país ni se cierre al mismo tiempo todo el país. En gran parte del mundo es cierto que flexibilizar la cuarentena, o no flexibilizarla, responde más a cuestiones económicas que a preservar la salud. Ahí hay una cuestión política: cuál es la naturaleza del Estado de cada una de esas naciones. Si es un Estado con responsabilidad social sobre los ciudadanos entonces va a tomar decisiones que pueden tener un efecto sobre la economía pero cuya prioridad va a seguir siendo la salud, y habrá otros Estados en los que el mercado y la economía van a prevalecer sobre las decisiones políticas. Claramente, el sacrificio de vidas humanas y de sufrimiento en Estados como esos será mucho más alto que las repercusiones económicas. El punto es el liderazgo nacional para coordinar las medidas y la naturaleza de las mismas. Nuestro miedo ahora es una norteamericanización de la pandemia entre nosotros.

--¿En qué sentido "una norteamericanización de la pandemia"?

-- En el sentido de una pérdida del control de la pandemia, hasta el punto de agotar los recursos hospitalarios y humanos, como lo que pasa en Nueva York, por ejemplo.

--¿Cambiará algo a partir del coronavirus?

--Creo que hay dos cosas que van a cambiar a partir de la pandemia. Por un lado, se va a dar una recuperación de la noción del Estado como dimensión de la historia, en tanto instrumento al servicio de los seres humanos para que tengan una capacidad de supervivencia mayor. Esto incluye fortalecer la noción de que la salud es un derecho de las personas y un deber del Estado, con la expansión de sistemas de salud pública en muchos países, con cobertura universal y calidad con equidad. Por otro lado, creo que esos Estados, que después de la Segunda Guerra Mundial se organizaron en esa red supranacional que son las Naciones Unidas, y que en las últimas décadas empezaran a cuestionar fuertemente su utilidad, ahora van a comenzar a reconocer el valor de la Organización Mundial de la Salud y sus ramas. La pandemia demuestra la necesidad de una gobernanza internacional más amplia, en especial, en temas como salud, educación y supervivencia planetaria. Hay muchos filósofos que han escrito docenas de libros sobre el mundo pospandemia, algunos con visiones utópicas, con la esperanza de que ahora el individualismo, amenazado por el sentimiento de finitud y vulnerabilidad, daría paso a una sociedad más solidaria y justa. No soy tan optimista, al menos en el horizonte temporal más cercano.

público de salud.

Por Bárbara Schijman

El primer ministro sueco, Stefan Lofven. EFE

 El Gobierno sueco podrá a partir de este sábado adoptar medidas inmediatas contra la pandemia del coronavirus gracias a una ley temporal de urgencia y ha anunciado que multiplicará los test a personal en funciones esenciales, aunque mantiene su estrategia más suave que la de la mayoría de países.

El Parlamento sueco aprobó esta semana una reforma de la ley de enfermedades contagiosas, siguiendo el acuerdo anunciado ya antes de Semana Santa por Gobierno y oposición, que permitirá al Ejecutivo cerrar puertos, aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales y restaurantes, entre otros.

La coalición rojiverde en minoría del primer ministro socialdemócrata, Stefan Löfven, podrá también redistribuir material y medicinas entre los municipios, regiones y otros prestadores de servicios sanitarios sin pasar por el Parlamento, aunque este podrá revocar esas medidas en el plazo de unos días.

La reforma no permitirá al Gobierno imponer por su cuenta medidas de confinamiento o de cuarentena que afecten a toda la sociedad, sino que estas deberán ser aprobadas antes por la Cámara, según una ley que estará vigente hasta el 30 de junio.

Al cambio legal se une el anuncio de que a policías, servicios de rescate y otro personal en funciones sociales críticas con síntomas de coronavirus se les realizarán test a partir de ahora, dentro de un plan para llevar a cabo de 50.000 a 100.000 pruebas por semana, frente a las cerca de 20.000 actuales.

EL GOBIERNO APELA A LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

El Gobierno sueco ha reiterado al mismo tiempo que no alterará su estrategia general de informar de algunas recomendaciones generales para proteger sobre todo a los grupos de riesgo y apelar a la responsabilidad individual, si bien se han ido introduciendo de forma progresiva algunas medidas restrictivas.

Suecia no ha cerrado ni guarderías ni escuelas (sí institutos y universidades) y mantiene abiertos con restricciones bares y restaurantes, aunque ha prohibido concentraciones de más de 50 personas.

La tradición de autonomía de las agencias públicas y de que sean los expertos quienes tracen la estrategia general es la principal razón para explicar una línea que ha recibido más críticas fuera que dentro de Suecia, donde el Partido Socialdemócrata y Löfven han experimentado un respaldo creciente en los sondeos.

LAS AUTORIDADES RECHAZAN LAS ACUSACIONES DE PASIVIDAD

"Es un mito que la vida transcurra como si nada en Suecia", desmintió el viernes en una rueda de prensa con medios internacionales en Estocolmo la ministra de Asuntos Exteriores sueca, Ann Linde.

En la misma comparecencia, la responsable de Asuntos Sociales, Lena Hallengren, rechazó también que Suecia actúe de forma "radicalmente distinta" al resto y sostuvo que solo hay dos diferencias importantes: que no se han cerrado las escuelas y que no se han adoptado reglas para obligar a la gente a quedarse en casa.

No hay ninguna evidencia de que cerrar escuelas frene el contagio, ni tampoco hay justificación racional para imponer el confinamiento: al contrario, tomar el aire mejora la salud, ha resaltado el director de la Agencia de Salud Pública de Suecia, Johan Carlson.

Carlson resume la estrategia sueca en abogar por la distancia social a través de algunas prohibiciones y muchas recomendaciones, y en que los mayores de 70 años se recluyan lo máximo posible.

PEORES NÚMEROS QUE EL RESTO DE PAÍSES NÓRDICOS

Las autoridades suecas han admitido no obstante que el plan para proteger a los ancianos no ha funcionado, a pesar de introducir la prohibición de visitas a asilos el 1 de abril, ya que un tercio de los muertos totales proceden de ahí.

Pero consideran que es prematuro sacar conclusiones, ya que la pandemia se encuentra en una fase inicial y los países cuentan los muertos por coronavirus con distintos criterios, el mismo argumento que usan para tratar de explicar por qué Suecia presenta peores números que sus vecinos nórdicos.

Con algo más de 10 millones de habitantes, Suecia ha registrado 13.216 contagiados y 1.400 muertos, con 132 fallecidos por millón de personas, más del doble que Dinamarca y cuatro veces que Noruega, que han adoptado medidas mucho más restrictivas, aunque no confinamiento, y ya han iniciado la fase de reapertura.

Las cifras de Suecia se encuentran no obstante lejos de las de los países más castigados como España, Italia, Reino Unido, Francia o Bélgica, y aunque algunos centros han denunciado escasez de material, los hospitales no se han colapsado y en las unidades de cuidados intensivos hay un 20 % de plazas libres todavía.

"La situación sigue siendo grave, con más infectados cada día. Contaremos los muertos por miles, ya lo estamos haciendo. Detrás de cada cifra hay una persona. Recordemos a todos los que están sanos que asuman su responsabilidad", dijo Löfven ayer en su última comparecencia.

EFE - Copenhague

18/04/2020

 

Anxo Lamela

Publicado enInternacional
El Covid-19 quita y pone Presidentes. Desata guerras de Trump contra China y Venezuela
  1. Controlar el virus igual a ser presidente

En mi artículo "COVID-19 define al próximo presidente de México" formulé la "prueba decisiva" de la política actual: sólo los presidentes que sepan frenar la pandemia rápidamente, garantizan su permanencia en el poder. Frenar la epidemia y ser –o llegar a ser-- presidente, es prácticamente lo mismo. Es la ecuación que rige la política del mundo y lo hará hasta que termine la pandemia.

  1. Política sin ciencia

La verdad de esta ley es evidente a escala global y es el resultado de una política sin ciencia. Una política que administra, en lugar de conducir con ciencia, previsión y comprensión estratégica. Y que improvisa cuando los jinetes apocalípticos se presentan. Trump moviliza un millón de reservistas para sobrevivir, comete "piratería moderna" robando las mascarillas a sus "aliados" Alemania, Canadá y Francia en los aeropuertos y endeuda aún más a la quebrada Unión Americana para salvar a su capitalismo insostenible; Bolsonaro se acerca a la sustitución por una alianza del gobernador de Sao Paulo, Joao Doria (derecha), con Lula (PT) y los militares, con los jefes de las favelas aplaudiendo; el ecuatoriano Moreno no sobrevivirá a la apocalipsis de Guayaquil; el Kirchnerismo, en terapia intensiva con el ventilador oligárquico La City y el gurú de la derecha criolla Durán Barba, oscila entre Bolsonaro y AMLO, sin futuro estratégico; el populista en jefe de Her Majesty, Boris Johnson, minimizador de la pandemia como Trump, está hospitalizado, dejando el Reino Unido en una crisis estructural de liderazgo político post-Brexit y COVID-19; y México, carente de una política anti-epidémica holística clara, firme y convincente en los tres niveles del Estado, vive un ominoso proceso de bicefalización y descomposición de la 4ta Transformación, sin actores emergentes a la vista, para impedir la implosión.

  1. Guerra contra China y Venezuela

Tal es la ecuación política del virus en el Nuevo Mundo, a la cual Donald Trump agregó ahora el clásico recurso del poder político imperial: la agresión a otros pueblos y Estados para desviar la atención de sus propios fracasos. El blame game como lo llaman en Estados Unidos. En este caso, usa una pérfida guerra psicológica mundial contra China y la preparación anunciada de la invasión militar contra Venezuela, con el apoyo de la Unión Europea. El D-day de la intervención militar está correlacionado con las elecciones de noviembre. Trágicamente es obvio, que Maduro y su camarilla --como lo hicieron Saddam Hussein, Noriega y Gadafi-- utilizarán al pueblo como carne de cañón en una guerra sin sentido contra la OTAN, antes de renunciar a su usurpación de la nación venezolana. Maduro y Trump, dos delincuentes políticos hechos uno para el otro, se encontraron. Con la diferencia, de que Maduro es un tigre de papel y el imperialismo es un tigre real con dientes nucleares.

  1. El Instructivo secreto de Trump

El 21 de marzo, el periodismo investigativo estadunidense, The Daily Beast, informó, que la Casa Blanca había lanzado "un plan de comunicaciones a través de múltiples agencias federales", que se centra en acusar a Beijing de crear una pandemia global y orquestar su "encubrimiento". Las fuentes de la información son dos funcionarios estatales y un cable del gobierno. El cable parece haberse redactado en el Consejo de Seguridad Nacional (NSA). Dice en una parte: "NSC Top Lines: [República Popular de China] Propaganda y Desinformación sobre la pandemia del virus Wuhan."

Los memes propagandísticos que deben usar todos los funcionarios estadounidenses incluyen los siguientes: "Los funcionarios del Partido Comunista Chino en Wuhan y Beijing tenían la responsabilidad especial de informar al pueblo chino y al mundo de la amenaza, ya que fueron los primeros en enterarse de ella"… "En lugar de eso, el...gobierno ocultó noticias del virus de su propia gente durante semanas, mientras suprimía la información y castigaba a los médicos y periodistas que levantaron la alarma. El Partido se preocupaba más por su reputación que por el sufrimiento de su propio pueblo".

Los funcionarios entrevistados informaron que: "Nos dicen que tratemos de sacar este mensaje de cualquier manera posible, incluyendo mediante conferencias de prensa y apariciones en televisión". También: "El [Partido Comunista Chino] está llevando a cabo una campaña de propaganda para tratar desesperadamente de trasladar la responsabilidad de la pandemia global a los Estados Unidos. Este esfuerzo es inútil". "Gracias al encubrimiento...los expertos chinos e internacionales perdieron una ventana crítica para contener el brote en China y detener su propagación mundial. Salvar vidas es más importante que salvar la cara".

"Estados Unidos y el pueblo estadounidense están demostrando una vez más que son los mayores humanitarios que el mundo haya conocido", según el cable. "Estados Unidos está dispuesto a proporcionar más asistencia a China, si el Partido Comunista Chino nos permite hacerlo".

  1. Guerra sucia en el Ciberespacio

Los dos epicentros de la guerra sucia mundial son Washington y Londres. De ahí arrancó la actual ofensiva propagandística contra China, con incesantes mentiras del evangélico carismático Pompeo, reforzadas por el propio Trump, Nancy Pelosi y demás mandarines sistémicos. Después de este fuego de ablandamiento discursivo arreció la pandemia propagandística imperialista con un video apócrifo (falso) de una supuesta entrevista de Telesur a Noam Chomsky, seguido por panfletos que aparecieron en la alcantarilla, que por alguna extraña razón se llama "prensa inglesa".

Continuó la ofensiva de lodo de la CIA y de los servicios británicos con la reaparición de un video fake news del programa TGR Leonardo, de la televisión pública italiana RAI, de 2015 (¡!), que reportaba que un grupo de investigadores chinos habría creado artificialmente un "supervirus" que causa SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y que es capaz de "traspasarse a los humanos directamentedesde un murciélago sin pasar por una especie intermedia". La revista científica Nature se encargó de desmentir la falsedad de RAI, publicando que no hay evidencia para afirmar que el COVID-19 fue "diseñado artificialmente".

Después le tocó el turno al diario italiano de derecha, La Stampa, propiedad de la transnacional Fiat Chrysler, que publicó "con referencia a fuentes anónimas de alto rango", que el 80 por ciento de la ayuda de Rusia contra la pandemia en Italia era "inútil". Va bene, bambini. Un pequeño ingreso extra de "fuentes anónimas de alto rango" siempre es bienvenido en la economía del hogar. De ahí, la estafeta pasó a la cloaca británica donde el amarillista tabloide Daily Mail apareció con la "noticia", de que "fuentes de alto nivel" (high-ranked sources) informaron al diario, que "reportes de inteligencia" no excluían la posibilidad de que la mortal enfermedad fuera un producto humano (man-made): "Perhaps it is no coincidence that there is that laboratory in Wuhan. It is not discounted," the unnamed source told the British paper.

  1. Objetivo estratégico de la mentira COVID-19

El objetivo final de la campaña de Trump está claro. Lo reveló el bufete de abogados "Berman Law Group" en la Florida, al presentar una demanda colectiva (class action lawsuit) en Florida y Texas contra China. Fiel a la libreta secreta de la Casa Blanca acusa a Beijing "por encubrir el brote de Coronavirus en Wuhan". Pide que China sea declarado legalmente responsable (legally accountable) para obligarla a pagar billones de dólares por "su negligencia". El asesor estratégico de la empresa corrió la cortina en una entrevista con un canal reaccionario de la televisión hindú, confesando que trabajan en la organización de una alianza global con Gran Bretaña contra China. Subrayo, que de particular importancia en este proyecto es la India. La razón es evidente. El virus causará probablemente millones de muertos en ese país, que no cuenta con la infraestructura médica, sanitaria y habitacional urbana necesaria para evitar la hecatombe. Una resolución condenatoria de la justicia de clase gringa contra China sería impagable. Como la cobrarían a una superpotencia nuclear, que no es Cuba, ni Venezuela, es otra cuestión. Por ahora dan el primer paso: controlar las cabezas de aquellos que andan en el ciberespacio sin entender lo que pasa. O sea, la mayoría de los internautas.

  1. La Fauna del Ciberespacio

El transmisor principal (vector) por el cual el patógeno propagandístico anglosajón infecta a la opinión pública mundial es el ciberespacio: televisión, las plataformas de redes sociales, smartphones y radio. Es el caldo de cultivo idóneo para los manipuladores, porque el cyberspace está básicamente poblado por las siguientes especies. 1. Los mercaderes gran-capitalistas. 2. Los controladores políticos, cuyos trolls, bots y comentocracia son pagados por el capital y los gobiernos reaccionarios. 3. Los influencers, que promueven toda clase de fake news y amarillismo, con tal de tener "vistas" en su página y aumentar sus tarifas. 4. Los licenciados y doctorcitos, cuya sabiduría suele ser inversamente proporcional a su prepotencia. (Lo doctor no quita lo pendejo, dice acertadamente el pueblo mexicano.) 5. Finalmente, la cohorte mayoritaria, que usa las redes como un hub digital global de activismo auto-erótico, reminiscente del bíblico Onán, que en paz descanse. ¿Exagero? No, las pruebas empíricas están a la vista de todos, en los comentarios. Alrededor del 90 por ciento de los que "comentan" no leen los textos que "comentan". Ven el título y ejecutan su vulgar actividad catártica vía un reflejo condicionado pavloviano.

  1. Psicopatología del Internauta

La psicopatología detrás de este comportamiento es evidente. Como la gran mayoría de ciudadanos no tiene ninguna importancia real en el mega-sistema de procesamiento de datos que llamamos "sociedad", la posibilidad de emerger con nombre en la red les permite una dosis de autoestima y narcisismo que les confirma que existen. Una milagrosa transubstanción digital, que convierte a un cero social de la sociedad capitalista moderna --con menor importancia que un cero digital en un lenguaje binario-- en una realidad objetiva. Tal ritual es legítimo, porque cumple una función de higiene mental pública. Obliga, sin embargo, a los demás a diferenciar el acto exhibicionista del homo videns de la decisión razonada del homo sapiens, conducido por algoritmos inteligentes.

  1. El Arcángel COVID-19

En su infinita dialéctica, la historia ha tenido a bien emplear al Covid-19 como vengador del Socialismo con características chinas. Los respetables ciudadanos de la Zona Administrativa Especial de China, conocida como Hong Kong, tienen décadas queriendo vivir el American Dream (el sueño americano) o la refinada cultura de Her Majesty en Londres. En 1961 todavía, la Gran Bretaña protegía ese sueño considerando un ataque nuclear a China, si Mao Zedong se atreviera a tomar la colonia británica por la fuerza. Por suerte, no se llegó a esto.

Sin embargo, Dios es Grande y finalmente concedió a los hongkongeses acaudalados --muchos de ellos felices víctimas de las sectas evangélicas gringas-- su sueño del país donde "corre la leche y miel" (Kanaan), como decía el bíblico Moses. Fracasadas sus violentas manifestaciones de la contrarrevolución de color de Soros, emigraron a Estados Unidos, donde disfrutan ahora el mayor epicentro mundial de la pandemia: gracias al capitalismo neoliberal, que no tiene dinero para los sistemas de salud pública y dónde ni siquiera pueden comprar mascarillas, salvo si consiguen alguna de las importadas de China o de las que donó el billonario Jack Ma, miembro del Partido Comunista de China. Mientras tanto, China es el único país seguro del virus.

Cantaron con fervor el himno estadounidense en sus manifestaciones violentas. Qué bueno, que ahora vivan su realidad. Porque, como dice la Coca Cola: "You can´t beat the real thing."

Por:Heinz Dieterich  | Lunes, 06/04/2020 03:33 PM 

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Netanyahu negó que sus advertencias sobre colapso en el sector salud busquen apanicar a la gente en Israel para retener su cartera de primer ministro.Foto Ap

En un abordaje multidimensional/plural/dialéctico, impactaron dos declaraciones incendiarias del primer ministro israelí Bibi Netanyahu –con cargos criminales a cuestas(https://bit.ly/34f9wpU)–, debido a sus estrechos lazos con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner, además de sorprendentes juegos de poder en Israel, que en su conjunto reflejan la dinámica de los "nuevos órdenes" locales/regionales/global.

Dejo para otra ocasión el artículo de Kissinger al WSJ –dislocado, a mi juicio– sobre el nuevo orden mundial post-Covid-19 (https://on.wsj.com/2wTuRZO).

Algo muy fuerte debió haber ocurrido tras bambalinas para que el general y ex jefe del Estado mayor, Benny Gantz (BG), seleccionado por el presidente Reuven Rivlin para formar el nuevo gabinete, haya preferido presidir el Congreso. Quienes conocemos el Medio-Oriente, a sus países y actores, entendemos que no es común que un general, de la talla de BG, haya sucumbido a muy fuertes presiones del eje Trump/Kissinger/Jared Kushner cuando Israel y su complejo militar industrial son tan dependientes de la ayuda de EU.

El mismo eje "nacionalista" Trump/Kissinger/Jared Kushner, en franca confrontación con los banqueros globalistas Rothschild y George Soros, fustigan a los respectivos “ Deep State” de EU e Israel.

El hijo de Trump ha comentado que “solamente un ‘loco (sic)’ niega al “ Deep State” (https://bit.ly/3aLjUb4)”.

Netanyahu –cuyo hijo expuso el control globalista de George Soros(https://bit.ly/39KdS9B)–, comentó a puerta cerrada que en Israel "no existe democracia" ya que está controlado por el “ DeepState”: un "gobierno de burócratas y juristas", según el rotativo opositor Haaretz, muy cercano a Soros, que se burla de sus “teorías conspirativas (https://bit.ly/39Cbemc)”.

Días antes de su espectacular arreglo con BG, Netanyahu lo instó a "salvar a Israel" conforme los "países se hunden como Titanics".

Esta declaración no es menor, debido a los lazos estrechos de Netanyahu con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner y, también, debido a la omnipresencia de sus servicios secretos en varias naciones de Latinoamérica y Europa, en estrecha alianza con su diáspora que lo mantiene muy bien informado.

Netanyahu advirtió que "los sistemas de salud de los países en el mundo (sic) enfrentan un inminente colapso (sic)" cuando planea la "mayor amenaza a la humanidad desde la Edad Media (sic)".

Su rival, líder de la oposición, BG del partido "Azul y Blanco" finalmente sí escuchó la imploración de Netanyahu para formar un "gobierno de unidad de emergencia".

En su entrevista al Canal 12, Netanyahu emitió "una serie de predicciones terribles sobre el posible (sic) impacto global del virus", cuya precisión no puede ser definitivamente determinada en esta fase, pero negó que estaba intentando apanicar al público israelí para retener su cartera de primer ministro, según The Times of Israel (https://bit.ly/34bcpYx).

A diferencia de los diletantes funcionarios de otros países que tardaron "en cerrar sus fronteras", Netanyahu considera que "Israel, que cerró sus fronteras, se encuentra en una mucho mejor situación".

Juzga que "nadie sabe" –y nadie es nadie– los alcances devastadores del virus y aceptó que "como van las cosas, estamos destruyendo la economía", por lo que su "objetivo es realizar el máximo número de pruebas, para establecer que las personas que desarrollen anticuerpos para resistir el virus sean liberadas del aislamiento".

Cuando fue cuestionado de exagerar el peligro para permanecer en el poder, Netanyahu adujo que estaba “navegando entre icebergs” y que “detrás de él, habían otros países hundiéndose como Titanics”. !Qué fuerte!

Llama profunda y perturbadoramente la atención que hable del hundimiento de muchos países como Titanics con sus alcances simbólicos y metafóricos, naciones indestructibles en el papel y que acabaron por desaparecer, lo cual converge con la afirmación del ideólogo ruso Alexander Dugin, muy cercano al zar Vlady Putin y a los militares, quien advirtió sobre la extinción de muchos países (https://bit.ly/39GcdSs). ¿Será?

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Domingo, 29 Marzo 2020 07:29

El mundo en hibernación busca salidas

El mundo en hibernación busca salidas

La triple conmoción por el coronavirus —sanitaria, económica y política— une a la humanidad bajo la misma amenaza pero la divide en las respuestas

 

El planeta, para un extraterrestre que aterrizase estos días, ofrecería una imagen extraña, entre apacible e inquietante. Más de un tercio de la humanidad está en casa, privada de la libertad de moverse, tan esencial y que todos damos por hecha. Las calles, vacías, como las carreteras sin coches. Los cielos claros, sin aviones. Las fronteras, cerradas. ¿Los líderes? Encerrados también y gestionando como pueden —primero cada uno por su cuenta, atolondradamente, casi siempre tarde pese a las señales— la mayor crisis que seguramente les habrá tocado afrontar en sus vidas. ¿Los ciudadanos? Desconcertados por el virus que se detectó en China el pasado diciembre y que ha matado a más de 28.900 personas y afectado a unos 200 países. Angustiados por su salud y la de sus prójimos, y por el batacazo económico que, según la unanimidad de los expertos, se avecina. El mundo ha entrado en hibernación.

 “Vivimos un momento histórico de desaceleración, como si unos frenos gigantes detuviesen las ruedas de la sociedad”, explica, desde su confinamiento en la Selva Negra, el filósofo alemán Hartmut Rosa, que ha dedicado buena parte de su obra a estudiar lo que él llama la “aceleración” desenfrenada de las sociedades capitalistas. “En los últimos doscientos años o más, el mundo cada vez iba más rápido”, argumenta. “Si usted observa el número de coches, trenes, barcos, aviones, sin cesar aumentaba el tráfico y el movimiento. Es cierto que había bolsas de desaceleración, por ejemplo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001: el tráfico aéreo fue más bajo durante unas semanas. Pero todo esto se ha interrumpido. Vivimos un momento único de calma”.

El electrochoque ha dejado a los humanos aturdidos, en un estado que mezcla la calma, como dice Rosa, con el desasosiego, sin espacio físico para moverse ni espacio mental para saber cómo será la vida, la ciudad, el país, el mundo en dos o tres meses, o en un año.

Es una sacudida triple. Sanitaria, primero: la enfermedad desconocida, la Covid-19, y el virus que la causa, el temible SARS-Cov-2. No existe una vacuna, por lo que son las medidas llamadas no-farmacéuticas las que se aplican, en su modalidad más extrema: el confinamiento. No solo de infectados o sospechosos de estarlo, sino de ciudades y regiones enteras al principio —Wuhan en China desde enero, Lombardía y buena parte del norte de Italia el 8 de marzo— y, en los días siguientes, como si las piezas de dominó cayesen una detrás de otras, países grandes y pequeños, desarrollados y en vías de desarrollo. De Italia entera a la India, pasando por España, Francia, el Reino Unido y una parte considerable de Estados Unidos y de América Latina: unos 3.000 millones de personas quietas y encerradas.

La segunda sacudida es económica. Los Gobiernos asumen que el frenazo en la actividad —las rutas del comercio mundial, ya interrumpidas cuando el coronavirus no parecía más que un mal chino, se han bloqueado— provocará una recesión global. En 2020, la contracción del PIB será de un 2,2% en la zona euro, según la agencia de calificación Moody’s, y de un 2% en Estados Unidos. Las cifras de demandantes de subsidios de desempleo en este país han batido un récord: nunca, desde que hace medio siglo empezó a registrarse, había sido tan alta, más de tres millones. Las sumas que se han inyectado o inyectarán para amortiguar el descalabro de las empresas y de los trabajadores —cinco billones de dólares solo para los países del G20— y las intervenciones de los bancos centrales dan una idea de las dimensiones del desastre que se intenta evitar, o suavizar. Vuelve a entonarse el whatever it takes (lo que sea necesario), el estribillo mágico que Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, pronunció en 2012 para salvar al euro, y funcionó. Todos, no solo los bancos centrales, prometen “lo que sea necesario”, pero ocho años después de la intervención de Draghi, el primer acto de la crisis escenifica una respuesta en orden disperso. Las fracturas de la Unión Europea reaparecen en toda su crudeza. El virus es global; las reacciones, nacionales.

Se plantea un cambio de modelo económico. ¿El fin de la globalización? “Posiblemente sea inevitable pasar por una fase de desglobalización, es decir, de comercio y flujo de capitales reducidos entre los países”, escribe el economista francés Thomas Piketty en un correo electrónico a EL PAÍS. “Continuar como si nada no es una opción. En caso contrario, el nacionalismo triunfará”, avisa.

El tercer golpe, además del sanitario y el económico, es político. El virus ha irrumpido en un momento de repliegue de EE UU y de afirmación nacionalista de China. La batalla, que no distingue fronteras y sobre el papel une al mundo en una misma causa, es una batalla por la influencia entre las potencias mundiales. “Ahora la lucha es contra el virus. Pero el virus será derrotado. Y la gente volverá a trabajar y a subirse en aviones. Cuando esto ocurra, la posición de Rusia y de China se habrá reforzado comparativamente, mientras que la de Estados Unidos se habrá debilitado”, analiza el ensayista estadounidense Robert D. Kaplan. “Como China es autoritaria”, añade Kaplan, “ha sido capaz de imponer cuarentenas extremas como ninguna democracia es capaz. Al tener tantas empresas estatales, estas han podido absorber el choque económico del virus. Y Rusia, al estar sometida a sanciones, ha sido capaz de ser más autosuficiente desde el punto de vista económico. En cambio, Estados Unidos y Europa, totalmente inmersas en el sistema de libre mercado, han sufrido una devastación económica por el virus”.

En unas semanas, la historia se ha acelerado, como en 1989 al caer el Muro de Berlín, o en 1914 al ser asesinado el archiduque Francisco Fernando. Y, al mismo tiempo, se ha congelado. Nunca la humanidad se había detenido al alimón. Nunca se había visto una decisión colectiva semejante, aunque, paradójicamente, no coordinada: cada país se iba confinando a su ritmo, ignorando las lecciones del vecino, repitiendo sus errores y tropiezos y, finalmente, confluyendo, con variaciones en la intensidad del confinamiento y excepciones en países como Corea del Sur, que lo han gestionado con medidas menos drásticas.

No hubo largas discusiones parlamentarias ni tampoco presión social antes de decretarse la decisión de mayor trascendencia, quizá, de este siglo. La presión que condujo al cierre de las fronteras y a la clausura de los ciudadanos no era la de los votantes sino la de la locomotora sin frenos que —se temía— iba a causar centenares de miles o millones de muertos.

“Esto es una pandemia, por primera vez en la historia, en la que el mundo está interconectado tecnológicamente y en el que los mercados financieros están interconectados. Por eso ha causado una disrupción como nunca se había conocido”, dice Kaplan.

La política soberana —el Estado— retoma un papel central. En paralelo, arrollada por el enemigo invisible, ha quedado expuesta su impotencia. De ahí las críticas por la lenta reacción de las autoridades. “En los países democráticos, los Gobiernos son tan débiles que no podían imponer la decisión antes de que esta se impusiese por sí misma. Por eso llegamos tarde”, defiende en París la socióloga Dominique Schnapper. “¿Se imagina lo que habría sucedido si hace veinte días el Gobierno hubiera decretado el confinamiento? No se habría aplicado y habría causado un escándalo. Ahora se le acusa de haberse retrasado”.

El mundo hiberna, sí, pero los contornos del mundo posterior al coronavirus empiezan a dibujarse. Mientras los sanitarios luchan por las vidas de los enfermos y los investigadores persiguen contra el reloj la vacuna, los dirigentes se enfrentan al endemoniado dilema entre la preservación de la salud pública y la supervivencia de la economía. “Este es el verdadero problema”, señala Schnapper. “Hay que encontrar un equilibrio entre ambos imperativos: el sanitario, que es inmediato, y la necesidad de que la sociedad siga funcionando: seguir alimentando a la gente y que no haya un crac económico. No hay fórmula simple. La política consiste en conciliar dimensiones contradictorias”.

Cuanto más duren los confinamientos, más probabilidades de atenuar la pandemia y menos de evitar la depresión económica: este es uno de los debates. No el único. El virus y la carrera por derrotarlo disparan la competición entre modelos políticos. Enfrenta a autoritarios (China) y democráticos (Europa y EE UU). Y, dentro de los democráticos, opone a populistas y moderados. La gestión de los Trumps o Bolsonaros se medirá con la de la alemana Angela Merkel o el francés Emmanuel Macron.

Al erigirse nuevas fronteras y responsabilizarse a la globalización de la propagación de la epidemia, parecería que el populismo y el nacionalismo saldrán fortalecidos. No está tan claro. Porque el miedo —en este caso, a una amenaza real, no imaginaria— refuerza la confianza en los científicos y los médicos: no es tiempo de experimentos ni de soluciones fáciles.

“Se podría decir que la crisis genera los anticuerpos del populismo”, dice por teléfono Laurence Morel, politóloga en la Universidad de Lille. “No digo que vaya a hacerlo desaparecer: lo decisivo será la capacidad de los Gobiernos para resolver la epidemia y evitar consecuencias económicas demasiado graves. Serán los resultados. Sabemos que los populistas prosperan cuando los Gobiernos son impotentes”.

París - 28 mar 2020 - 18:30 COT

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