Una conversación pendiente con el Ministro de Vivienda
Primitivo Toconas se la pasaba anhelando curar sus dolencias. Sólo cuatro eran las visitas de las batas blancas que llegaban en el mes a estas tierras. Venían en horas de la mañana con la unidad móvil de salud desde la cabecera municipal de Jambaló (Cauca), quienes hasta el mediodía diagnostican y remiten exámenes a Santander de Quilichao o Popayán. Los resultados no son leídos hasta el próximo miércoles. Es el único día que se tiene en la semana con derecho a enfermarse por estos parajes. Estando él en su espera, fue que nos conocimos.

El hombre que arrastra tantos años encima, con quien me comunicaba, alistaba maletas para llegar a Bogotá porque deseaba hablar con el Ministro de Vivienda. De rutina, se le veía con una chaqueta americana impermeable, de verde fosforescente con morado; camina despacio, habla nasayuwe y castellano, y los repliegues de su piel delatan el tiempo que le ha pasado. Sus tierras y las de miles más son las tierras del oro, de agua y minerales donde se pasea la codicia, y hacen ostentación el poder y las botas militares. De mujeres de chumbe y hombres de chirrincho, pieles acarameladas o caobas que distinguen muy bien entre la hoja de coca y la cocaína, la amapola y el extracto de ésta. Por la misma donde se entierran sus ombligos cuando nacen. Han conocido la muerte constante, las balas, la guerra merodeando con helicópteros y aviones sobrevolando por sus cabezas, bombas camufladas entre motos, carros, chivas que explotan y vuelven estridente la existencia.

El pasado no evoluciona y los muertos son más porque las mujeres paren más. Cuando las balas merodean en Jambaló, los úteros se expanden. En las vaginas, muchas de ellas prematuras, entran los hombres de la guerra, que matan o los matan; igual, si salen vivos siempre se van. Por los pueblos y las veredas deambulan los hijos de los camuflados, pasiones y seducciones cortas que siembran cordones umbilicales, y cuando salen a luz encuentran sólo la sombra del hombre que hizo que los parieran.

Nadie más que sus gentes saben que de un momento a otro los latidos del corazón pueden ser interrumpidos, unos han vivido los velorios a temprana edad, y otros, ya viejos, viven para contarlo, porque un hostigamiento es normal, un tatuco es el más popular. Sólo a los foráneos asusta, aterroriza, les enferma la psique.

Los Nasa se acostumbraron a recomponerse cotidianamente, lo que los hace fuertes, cautelosos y sigilosos. Son los que creen en la defensa de la Tierra, saben que el suelo natural es para quien lo trabaja; consideran que su terruño es único, difícil de ser reemplazado por otro lugar, y fuera de sus fronteras territoriales mantienen la idea de que no hay quien los reciba. El único lugar para habitar es este. Ellos, quienes se resisten a abandonar la tierra donde por primera vez abrieron los ojos. La carnosidad que los ataba al vientre con su madre en la gestación es cortada y enterrada como un sellamiento espiritual que hacen sus progenitoras. Estos niños, convertidos en hombres y mujeres pactados con la Tierra son la gente de Jambaló. En parte, es también la biografía de Primitivo Toconas. Contados con los dedos de la mano son los que se van por voluntad propia.

Al norte del Cauca, el color de barro se extiende por el camino, donde se asoman niños por ventanas coloniales. En el exterior de sus paredes reposan telares y descuelgan flores que les matizan el color a sus fachadas amarillentas por las tonalidades tierra. Muchas de ellas han sido construidas comunitariamente con adobe, juncos, boñiga de vaca. Su ubicación obedece a recomendaciones del médico tradicional. Antes de habitarla se baila para calentarla; es una casa rectangular con tres mundos espirituales: el de abajo que conecta con la Tierra, el central con la naturaleza y el superior con los seres mayores de la cosmogonía Nasa: el trueno y las estrellas. Es una “casa viva” que tiene por corazón el fuego donde se cocinan sabores y se tejen historias. Los recuadros de madera que interrumpen la luz exterior cuando están cerradas son los ojos. Las columnas que sostienen y guardan el barro son las piernas, adornadas en sus exteriores con el tul donde están las semillas que germinan para fundirse en los estómagos de la familia. Así es la casa de Primitivo Toconas, y la de sus hijos e sus hijas mayores de edad.

Por los caminos montañosos del norte del Cauca, en plena Cordillera Central, a Primitivo le relucen historias por su territorio, un lugar que aparenta estar cercano a las nubes cuando pretende llover. Allí se levantan los plátanos, los aguacates; alumbran las naranjas, las piñas y los limones.

Primitivo cuenta que ha conocido otras ciudades del país, hablando de su gente o, mejor, caminando con ella: “Yo voy a las movilizaciones por la Panamericana, he llegado a Bogotá caminando y ¿qué hace uno por aquí con la misma gente? Hay que conocer otra para que esto mejore”. Me lo decía, tras aceptar la propuesta de hacer un registro fotográfico de algunas viviendas de su vereda. “Voy a mostrarle las fotos de estas casas al Ministro para que vea cómo vivimos; se nos entra el agua, cada nada hay que estar reparándolas. Que nos ayude con ladrillos, cemento y tejas, como esas poquitas casas que ha construido Acción Social. Uno se cansa de vivir en el barro”.

Toconas, el abuelo indígena nasa, mantenía en reserva la intención de su viaje con destino a la capital. Tenía previsto salir en la chiva de la semana siguiente, que recogería a los comuneros y cabildantes para iniciar el recorrido por la Vía Panamericana en octubre del 2011. Cada vez que llegábamos a una casa para fotografiarla, se convertía en el pretexto para anunciar su viaje y recibir a regañadientes sus pretensiones, no por anhelar el paso de una “casa viva” a una de cemento, porque esta es una concepción compartida entre los propietarios de las fachadas registradas. Ellos consideran que “estar así es ser pobre, no hay con más para construir. Con ladrillo se ven más bonitas las casas”. El rezongo radicaba en la quimera de Primitivo de ser atendido por el Ministro y “seguir en esas ya tan viejo […] y dizque hablando por la comunidad”.

A la tercera casa visitada y primero fotografiada desde lo lejos sin autorización, sale una de las hijas de Primitivo, diciendo:

–¡Mi papá es más iluso! Primero, quién va creer que lo va atender el Ministro, y, segundo, qué nos van a dar teja y ladrillo para construir nuestra casita.

–Mija, hay que hacer el deber de ir hasta Bogotá y hablar –responde vehemente Primitivo. De paso, aprovechó para anunciar que el próximo miércoles, en lugar de estar en el centro de salud ambulatorio de la vereda, se encaminaría rumbo a Bogotá en chiva y caminando.

En Bogotá, muchos no saben dónde queda Jambaló. Son tierras perdidas en sus mapas mentales citadinos. Al contrario, están quienes por lo menos lo ubican en la cartografía nacional; están los académicos y los pacifistas, que conceptualizan y viven cómodamente tratando de analizar el antes, el después y el futuro de los muertos de por aquí, mientras la gente se mata con practicidad y no teoriza sobre ello: sólo lo sufre. Otros se aterran momentáneamente de la tragedia de sus gentes vista en la pantalla chica y lanzan lamentaciones. También, quienes en ristre creen que es el Afganistán colombiano y fabulan con los saberes indígenas. Los citadinos le temen al Cauca y no conocen ni sienten la intensidad de la guerra porque no tienen motivos por defender: “La guerra se hace donde hay tierra”. Quienes la tienen sacian el hambre de aquellos que transitan por el asfalto y muros grisáceos, ignorándolos, decidiendo políticamente sobre sus vidas.

La esperada chiva pitó a las cinco de la mañana. Sobresalían en su interior las varas de autoridad de la guardia indígena. El miércoles de la semana siguiente, Primitivo estaba con nostalgia de nuevo en el puesto de salud. “No pude irme esta vez, pero la próxima sí lo haré”. Las fotos quedaron guardadas en un disco magnético.

El presidente Santos, después de dos días de presidir un Consejo de Seguridad en Popayán, el 29 de febrero de 2012, anunció el comienzo de las operaciones de 300 soldados profesionales que se sumarian a “la Fuerza de Tarea Apolo ‘para combatir a los terroristas’”. Los hombrecitos de casco keblar, verde oliva, fueron llevados desde la base militar de Tolemaida hasta la tierra prometida para combatir la guerra donde vive Primitivo. Llegaron en aviones Boeing 727 y Hércules C-130. Sus cuerpecitos jóvenes, torneados de masa muscular, se ganan mensualmente un 1.150.900 pesos por defender la patria que los vuelve parias.

Sin contar el número total de efectivos en todo el Cauca, por el salario de este número de hombres, si logran quedar vivos por 12 meses, el país pagará en nómina 345 millones 270 mil pesos, mientras un jornal en Jambaló, es decir, un día de trabajo en una finca, oscila entre los 10.000 y los 12.000 pesos. Don Primitivo esperará una nueva oportunidad para llegar a Bogotá y hablarle al Ministro de Vivienda con fondos subsidiados por la organización indígena; financiarse de su bolsillo le costaría hacer un ahorro minucioso durante un año para siquiera reunir mínimamente el valor de los viáticos terrestres. Ojalá que la guerra no lo mate y, como los viejos de estos paisajes, pueda seguir narrándola y soñar con salir de la pobreza.

Publicado enEdición 180
Viernes, 18 Mayo 2012 17:57

Posneoliberalismo en Brasil

Posneoliberalismo en Brasil
Las referencias fundamentales para comprender el mundo contemporáneo son el imperialismo y el capitalismo, sin los cuales nada resulta inteligible. Así, evaluar a gobiernos y a fuerzas políticas significa, antes que todo, evaluar la posición que tienen respecto a estas dos referencias.
 
Los nuevos gobiernos latinoamericanos, que se volvieron mayoritarios en el continente, deben ser considerados progresistas, porque desarrollan procesos regionales de integración autónomos respecto a la hegemonía norteamericana y, por otro lado, a contramano de los gobiernos neoliberales que los han precedido, priorizan políticas sociales y no ajustes fiscales, a la vez que desarrollan Estados que inducen el crecimiento económico y garantizan derechos sociales, en lugar de Estados mínimos.
 
En el período histórico contemporáneo, los gobiernos y las fuerzas políticas tienen que ser evaluados en esa óptica: en qué medida reproducen o ayudan a superar el neoliberalismo, en qué medida fortalecen o debilitan la hegemonía norteamericana. Muchos otros aspectos pueden ser tomados en cuenta, pero lo central, lo determinante, para evaluar gobiernos y fuerzas políticas son esos criterios.
 
Gobiernos latinoamericanos como los de México, Chile, Colombia, Panamá, entre otros, por ejemplo, reproducen el modelo neoliberal y, a la vez, son aliados fieles del gobierno norteamericano, representando uno de los polos del campo político latinoamericano.
 
Por otra parte, los gobiernos progresistas tienen una postura de independencia y soberanía en sus políticas externas, constituyendo un bloque de gobiernos que resisten a la influencia norteamericana en la región. En el marco interno, han reaccionado frente a los gobiernos neoliberales, disminuyendo el principal problema latinoamericano, la desigualdad.
 
Por eso son gobiernos progresistas, antineoliberales, y trabajan por un mundo multipolar, debilitando la hegemonía norteamericana en el mundo. Sus rasgos centrales tocan en los factores decisivos de la hegemonía imperial norteamericana y en los elementos centrales del modelo neoliberal: la centralidad del mercado, el Estado mínimo y los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos.
 
Esos gobiernos tienen que enfrentar la herencia de graves retrocesos que sufrió América Latina, como consecuencia de las trasformaciones igualmente regresivas que se dieron en escala mundial. En este plan, se pasó de un mundo bipolar a un mundo unipolar, bajo hegemonía imperial norteamericana. Se pasó de un ciclo largo expansivo del capitalismo a un ciclo largo recesivo.  De la hegemonía de un modelo regulador o keynesiano o de bienestar social – o como se lo quiera denominar– a la hegemonía de un modelo de mercado, de un modelo liberal.
 
América Latina sufrió los reflejos de esas trasformaciones bajo formas específicas, pero no menos duras. Primero fue la crisis de la deuda, que cerró el más largo ciclo de expansión de las economías latinoamericanas, que venía desde los años 1930. En segundo lugar, dictaduras militares que han roto la capacidad de resistencia en algunos de los países más importantes del continente –Brasil, Chile, Uruguay, Argentina–.  En tercer lugar, gobiernos neoliberales, fenómeno que convirtió a América Latina en la región con el mayor número de gobiernos con ese carácter y en sus modalidades más radicales.
 

El nuevo rol de Brasil

 
El gobierno brasileño de Lula fue el segundo en ser elegido, en 2002, después de Hugo Chávez, y se inició con una postura que fue fundamental para el futuro de América Latina; recogiendo las manifestaciones en contra Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el gobierno brasileño bloqueó su concreción, abriendo espacio para el fortalecimiento y expansión de los procesos de integración regional. Brasil empezaba a redefinir su lugar en el plano internacional, saliendo de la tradicional situación subordinada a los Estados Unidos, adoptando una posición soberana, independiente, lo cual fue decisivo para cambiar la correlación de fuerzas en el continente y para generar el aislamiento de Estados Unidos en la región.
 
Paralelamente, el gobierno Lula definió la prioridad de las políticas sociales, en lugar del ajuste fiscal, lo cual le permitió, aun bajo duros ataques de la derecha, conquistar gran popularidad, superar esa ofensiva, consolidar su liderazgo y elegir su sucesora. Todo ello fue posible porque Brasil –el país más desigual del continente y del mundo– por primera vez disminuyó la desigualdad, la pobreza y la miseria.
 
Con el gran apoyo popular logrado, Lula impuso varias derrotas a la derecha. Aun teniendo prácticamente toda la prensa en contra suyo, Lula logró reelegirse y elegir su sucesora, Dilma Rousseff, como presidente de Brasil.
 
Sin embargo, ese proceso no se da de manera lineal, ni ha logrado superar los principales escollos para consolidar lo conquistado y seguir avanzando. Los avances en Brasil se llevaron a cabo en las líneas de menor resistencia de las relaciones de poder existente.
 
El gobierno posneoliberal en Brasil avanzó inicialmente en dos líneas de mayor debilidad del neoliberalismo: las prioridades de las políticas sociales, a través de un agregado de programas –como bolsa familia, luz para todos, mi casa mi vida, micro créditos, entre otros–; pero el que más efectos sociales tiene ha sido el aumento continuo de los sueldos y de los empleos formales.  Y los proyectos de integración regional, partiendo del Mercosur, ampliando ese proceso hacia Unasur, el Consejo Suramericano de Defensa, el Banco del Sur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos.
 
Frente a la crisis del 2008, quedó claro que había una tercera dimensión en la diferenciación del gobierno brasileño respecto al neoliberalismo: el rol del Estado, que pasó a ser instrumento esencial para políticas anticíclicas de resistencia a la recesión internacional. En lugar del Estado mínimo, se impuso un Estado inductor del crecimiento económico y garantía de la afirmación de los derechos sociales.
 
La economía brasileña salió de la larga recesión que Lula había heredado de Cardoso, por primera vez disminuyó la desigualdad social, Brasil pasó a tener protagonismo internacional, en el plano regional y en los intercambios Sur-Sur.
 
Esas grandes transformaciones en la sociedad y en el Estado brasileño se han hecho en el marco de las regresiones apuntadas anteriormente. Algunos de estos avances han sido recuperación de la capacidad de acción del Estado, la recuperación de los niveles de formalización del mercado de trabajo, el rescate de las múltiples formas de fragmentación social.
 
Pese a estos avances, que determinaron que un gobierno como el de Lula alcance el mayor apoyo que gobierno alguno haya tenido, aun con los grandes medios en su contra, no hubo transformaciones estructurales en aspectos determinantes en la sociedad brasileña.
 

Los desafíos

 
La coyuntura actual plantea con claridad justamente los tres más importantes temas pendientes en Brasil, para que la superación del neoliberalismo adquiera un carácter irreversible. Por una parte, Dilma Rousseff desarrolla una fuerte ofensiva contra lo que fue una marca negativa distintiva de Brasil: la tasa de interés más alta del mundo.
 
Si ese ya era un problema que frenaba el ritmo de desarrollo de la economía brasileña, se ha vuelto aún más grave cuando las grandes potencias del centro del capitalismo, frente a la crisis que viven, promueven formas de proteccionismo cambiario, devaluando sus monedas y aumentando así su competitividad, arrojando, además, dinero al mercado para socorrer a sus economías en crisis, capitales que llenan las economías periféricas.  Brasil es víctima privilegiada de estas políticas, por su alta tasa de interés.
 
El gobierno pasó a usar fuertemente los bancos públicos para presionar la baja de las tasas de interés, con resistencia inicial de los bancos privados, hasta que tuvieron que ceder, acompañando la baja. Pero el enfrentamiento se planteó claramente, con la Presidenta de Brasil reiterando un discurso duro en contra del capital especulativo y logrando el aislamiento de los bancos.
 
Paralelamente, la gran bancada parlamentaria vinculada a los agronegocios aprobó una reforma profundamente regresiva en el Código Forestal, contando con los votos de la derecha, de aliados de centro del gobierno e incluso de un partido de izquierda (PC do B).  Dilma, cuando se acerca la reunión de Río+20, va a vetar por lo menos algunas partes de la ley, especialmente en la que se decreta amnistía para quienes han deforestado.
 
Dilma choca así con dos de los sectores que se han constituido en los mayores obstáculos a la implementación de un modelo de ruptura con el modelo neoliberal. El tercero es el monopolio privado de medios de comunicación. Estos pasaron a estar bajo ataque, no por iniciativa del gobierno, sino por una investigación parlamentaria que involucra medios de la prensa privada –toda ella opositora– con casos de flagrante corrupción. Ello pone a la mídia privada a la defensiva y bajo acusación, mientras que hasta aquí han estado en la ofensiva en las denuncias en contra del gobierno.
 
De la resolución de esos conflictos dependerá en buena medida la evolución posterior del gobierno brasileño. Además, se discute este año en el Congreso brasileño el tema del financiamiento público de las campanas electorales, que tiene dificultades para ser aprobado, pero sin el cual se vuelve casi imposible un cambio popular en la composición del Parlamento. Asimismo, en las elecciones municipales se juega la continuidad o no de la derecha en la dirección de la principal ciudad del país –Sao Paulo– en donde precisamente el candidato derrotado en las elecciones presidenciales –José Serra– es, hasta ahora, el favorito para triunfar, pero que encuentra un eventual obstáculo en el empeño de Lula de hacer campaña activa a favor del joven ex-Ministro de Educación, Fernando Haddad.

 
Por Emir Sader, sociólogo y cientista político brasileño, es secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
 
Este texto es parte de la revista “América Latina en Movimiento”, No 475, correspondiente a mayo de 2012 y que trata sobre "América Latina: Las izquierdas en las transiciones políticas” disponible en http://alainet.org/publica/475.phtml

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Viernes, 18 Mayo 2012 16:56

Nace una esperanza

Nace una esperanza
Con gran fuerza social se presentó ante el país el pasado 23 de abril el Movimiento político y social Marcha Patriótica, luego de sesionar durante los días 21 y 22 en su Consejo Patriótico Nacional.

El lunes 23, desde las primeras horas de la mañana, diversos puntos de Bogotá se vieron copados por las delegaciones dispuestas a marchar hacia el centro de la ciudad. A medida que pasaban las horas, decenas de buses y camiones arribaban a la capital con miles de activistas, hasta juntar –según la Alcaldía de la ciudad– no menos de 35 mil personas (70 mil, según los organizadores), quienes colmaron la Plaza de Bolívar hasta bien entrada la tarde.

La movilización, integrada por delegaciones procedentes de los más diversos lugares del país, dejó claro ante propios y extraños que fuerzas sociales de base campesina, indígena y negra raizal, con importantes aliados urbanos, están convencidos de la necesidad de la paz negociada en Colombia: “Marcha Patriótica manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado. […] Aunar esfuerzos para transitar caminos que permitan hacer realidad los anhelos de paz de las gentes del común y del pueblo colombiano en general”.

Según sus organizadores, el nuevo movimiento está constituido por no menos de 1.700 organizaciones de base. Esta expresión de fuerza social les recuerda a todos los que habitan Colombia que en su territorio subsiste un conflicto armado sin resolución efectiva, a pesar de las décadas transcurridas en medio de operativos armados para liquidar a la insurgencia, en intentos reiterados y desesperados de los gobernantes por desconocer las causas que han propiciado el alzamiento de miles de personas.
Y esta misma fuerza social, movilizada en Bogotá, compuesta de rostros color de la tierra –como dijera el Subcomandante Marcos de los indígenas de Chiapas–, le recuerda a todo el país que es posible y necesario otro modelo social para que la justicia, la fraternidad, la igualdad y –como síntesis– la felicidad sean factibles en Colombia.

Contradicciones de la propuesta

Miles de pies se movilizaron al son del nuevo país. Pese a su convicción, la nueva fuerza política y social que ha visto la luz en este abril en Bogotá, bienvenida como la que más, pese a su fortaleza humana movilizada deja a lo largo de sus primeras declaraciones importantes vacíos y contradicciones que es necesario retomar, para bien de la propia fuerza como del conjunto social alternativo. Algunas de estas son:

1. ¿Llamamiento retórico?

“Marcha (…) llama a la más amplia unidad del pueblo colombiano y, en especial, a los diferentes procesos sociales y populares existentes […]. Y enfatiza: “Marcha Patriótica considera de vital importancia y de suma urgencia lograr acuerdos entre los diferentes procesos políticos y organizativos del campo popular”. La pregunta es fundamental si esta es la convicción: ¿Por qué no se propició la discusión plural y el proceso de coordinación o unidad durante los dos años que se han tomado sus impulsores para la constitución de la nueva fuerza? ¿Por qué esperar hasta ahora para proclamar tal disposición?

2. ¿Sin claridad de lo que se busca?

El objetivo sustancial del nuevo movimiento es “producir el cambio político que requiere nuestro país, superando la hegemonía impuesta por las clases dominantes; avanzar en la construcción de un proyecto alternativo de sociedad y al logro de la segunda y definitiva independencia”. Si bien el objetivo parece ser nítido, no lo es, ya que en ninguna parte de las primeras declaraciones dadas para la sociedad colombiana se expone la manera como esto se hará realidad. En ninguna parte se explica cómo funcionarán las fuerzas productivas, cuál será el papel del Estado y cómo se concretará, cuál es el papel de la sociedad, cómo hacer vigente la soberanía en momentos en que la misma se redibuja por doquier, cómo llevar a cabo la siempre reclamada y vigente reforma agraria, y cómo hacer realidad “la transformación estructural del Estado, de la economía y de la cultura”. Sobre estos propósitos se puede generalizar en el momento de foros o similares, pero una vez que se dice liderar una nueva propuesta de país es un deber pasar de lo general a lo concreto.

3. Un soporte para el activismo y para el país que no da cuenta de los tiempos que vivimos

El nuevo movimiento, como su nombre lo confirma, reivindica el patriotismo. En su declaración afirma: “En Marcha hemos llegado las y los patriotas para afirmar la existencia de sueños colectivos […]”, reivindicación contradictoria toda vez que, por un lado, desde la izquierda siempre se ha reivindicado la superación de fronteras –el internacionalismo–, consigna con mayor vigencia en la actualidad, cuando se han roto de facto las fronteras nacionales, cuando las multinacionales borran los Estados –dejándolos como simples legitimadores de sus operaciones–, lo que pone a la orden del día la necesidad de una sociedad cada vez más abierta e integrada, en que se reconstruya el concepto de país y de Estado, y, por tanto, en que la patria –y con ésta el patriotismo– pasa al cuarto del olvido. Podemos decir que la reivindicación mínima de país, de parte de alguien que se reivindica de izquierda, es la superación de fronteras, hermanándose como un solo pueblo con sus vecinos. El futuro, que se puede construir en el presente, es sin localismos. La soberanía es regional e incluso más extensa, como sin límites son los negocios de las multinacionales, verdaderos poderes de nuestro tiempo.

4. ¿Forma de lucha como principio?

Desde hace más de un año, en espacios como la Comosocol y otros, los impulsores del nuevo movimiento insisten en la necesidad de llevar a cabo en el país un Paro Cívico Nacional. La respuesta obtenida de parte de sectores sociales y políticos alternativos indica que no hay consenso sobre el particular. Pese a ello, no se desiste. Tanta es la insistencia en el tema, que pareciera que el nombre de la protesta fuera lo sustancial. Ahora se vuelve con lo mismo: “[…] se trata de juntar esfuerzos y de avanzar en la construcción de acumulados hacia la movilización como principal vía del accionar colectivo y tendientes a la realización de un gran Paro Cívico Nacional (PCN)”.

El énfasis en la forma de lucha obliga a preguntar –con el deseo de que algún día se aclare– ¿por qué un PCN? ¿Qué significa y cómo se concreta éste? ¿No hay otras formas de protesta y de tensión de fuerzas que puedan hacer realidad lo que se pretendería con el PCN? ¿Existe alguna explicación sobre por qué las diversas convocatorias que se hicieron en el país para la realización de un PCN (con excepción de aquel de 1977, liderado en buena medida por liberales y conservadores) han fracasado? Todos estos interrogantes son necesarios de aclarar si de verdad se aspira a que la sociedad colombiana se sacuda del yugo que la oprime.

5. La paz. Entre el deseo y la realidad

La paz es una necesidad para nuestra sociedad. Así lo declaran desde hace décadas los diversos actores políticos nacionales, pese a lo cual el tiempo pasa y la guerra continúa.

Conscientes de los tiempos que se viven y de las necesidades y los anhelos de las mayorías nacionales, para la Marcha la paz aparece como objetivo central de su esfuerzo: “[…] manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado. En consideración a que ésta debe ser apropiada socialmente, Marcha manifiesta su decisión de impulsar procesos constituyentes regionales y locales por la solución política y la paz con justicia social, tendientes a la realización de una Asamblea Nacional. Asimismo, les propone a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales aunar esfuerzos para transitar caminos que permitan hacer realidad los anhelos de paz de las gentes del común y del pueblo colombiano en general”.

Hasta aquí el propósito, que está bien, pero hay signos de interrogación que es bueno resaltar. Por un lado, se identifica la realidad económico-política. Dicen los impulsores de Marcha en su declaración oficial:

“El gobierno de Santos ha venido profundizando el proceso de neoliberalización de la economía y de la sociedad, iniciado hace más de dos décadas.”. Es decir, nos encontramos ante un gobierno con claros intereses y acuerdos con los más importantes grupos económicos nacionales y sus aliados internacionales, los mismos que han impedido por décadas que la paz se cristalice en nuestro país. La pregunta obligada sería: ¿Cómo piensan actuar los impulsores de la Marcha –más allá del deseo– para romper esa llave (poder político-poder económico) y crear las condiciones para una negociación política real, que abarque, más allá de las armas, la transformación del modelo económico-político en auge?

Más urgente es esta respuesta cuando la caracterización que hacen del régimen identifica que éste se integra por “los sectores más guerreristas y ultraderechistas, ligados al narcoparamilitarismo (por lo cual) no se aprecia –más allá de la retórica– el surgimiento de nuevas condiciones que permitan afirmar que se está en camino de superar las estructuras autoritarias, criminales, mafiosas y corruptas que caracterizan el régimen político colombiano”.

El diagnóstico de Marcha es claro: la paz es un asunto social, por lo cual –pudiéramos pensar– no se reduce a un asunto de armas. Si así fuera, la posible negociación política por darse en nuestro país debiera romper tradiciones e historias al abrir una dinámica que centre en los actores sociales esa posible coyuntura, de la cual debiera surgir una nueva coyuntura político-económica que deje a un lado el reino del neoliberalismo, la concentración de la riqueza –entre ella la tierra–, los privilegios cada vez mayores otorgados a las multinacionales, etcétera.

Este reto es inmenso y novedoso ante el cual tienen la palabra los impulsores de la Marcha. ¿Romperán la dinámica histórica o se impondrán las constantes del poder dominante?

6. Las cárceles y quienes las padecen

Un imperativo que tienen ante sí las diversas organizaciones sociales colombianas es el cuestionamiento y la transformación del Código Penal y la visión represiva y carcelera que domina el pensamiento de los grupos de poder en el país. El resultado de tal concepción son los miles de prisioneros políticos, de conciencia y de guerra que abarrotan las cárceles nacionales, las cuales, pese a la construcción de nuevos centros de encierro y destrucción de seres humanos, no garantizan condiciones de dignidad para quienes las padecen, generalmente en hacinamiento.

Por ello, es necesario abrir un debate sobre el pensamiento que rige la ‘justicia’ en Colombia y, de su mano, la creencia de que todo se arregla incrementando penas y castigos. La cárcel no ha cumplido con la misión que la soporta; por tanto, y como un reto para las sociedades modernas y futuras, debe dejar de ser.

El telón da un respiro

Por ahora enfaticemos que Bogotá y Colombia vivieron este 23 de abril un día de esperanza. Para que la misma no se diluya en otro sinsabor, es necesario superar esquemas y acometer de verdad los objetivos propuestos con real vocación unitaria y sentido cabal de los tiempos que corren. Es necesario actuar así para que –por demás– el cambio económico, político y social propuesto y buscado no se quede en estatización –aunque le digan revolución–, como ahora sucede en distintos países de Suramérica.

Publicado enEdición 180
Ahora llega con fuerza al Polo Democrático Alternativo un debate por el cual se ha paseado desde hace rato la izquierda latinoamericana: la relación entre partidos y movimientos del ámbito alternativo para buscar opciones de poder y de gobierno. El panel inicial y el debate en comisiones en la Conferencia Ideológica del PDA Bogotá, realizada el 5 de mayo, así lo mostró.

No es el único debate que atraviesa al partido de oposición más caracterizado del país; también está el de la postura frente al gobierno de Bogotá que preside Gustavo Petro, y otros relacionados con el contexto nacional y con la experiencia de construcción partidaria. El Polo está hoy tensionado por el debate interno y los acontecimientos externos.

Posturas en el Polo


El debate dentro del Polo Democrático en relación con movimientos y partidos, no es un debate abstraído de la realidad; al contrario, tiene que ver con acontecimientos y opciones de palpitante actualidad. Se trata de un debate vivo sobre el curso de un intenso y complejo proceso político que exhibe una larga saga de orden y violencia, como lo han ilustrado ampliamente distintos analistas, entre ellos Daniel Pecaut en varios de sus trabajos .

Las posiciones más claramente perceptibles al interior del Polo Democrático, en relación con la problemática de partidos y movimientos son, en mi concepto, estas:

– Quienes asignan la prioridad a la Marcha Patriótica y consideran que deben estar simultáneamente en el Polo y en otros espacios de articulación.

En esta postura se destaca el Partido Comunista de Colombia (PCC). Postura presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por el secretario general Jaime Caicedo. Se encuentra ilustración sobre esta postura en la Carta Política que el PCC le dirigió al PDA en marzo 19, en La conferencia ideológica y la reconstrucción del Polo no dan espera, declaración de la senadora Gloria Inés Ramírez, emitida el 27 de marzo, en Convergencia popular por paz, democracia y soberanía, texto aprobado por el Comité Central del PCC el 1° de abril.

–Quienes no aceptan ningún reconocimiento ni apertura hacia los Progresistas ni hacia la Marcha Patriótica y quieren un Polo puro y duro.

En esta postura se destaca el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR). Postura presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por el ex candidato polista a la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez. Se encuentra ilustración sobre esta postura en el texto de la ponencia que el compañero Suárez presentó en el panel inicial de la Conferencia Ideológica de Bogotá. Puede verse en la web del Polo.

–Quienes, previendo el reto electoral de 2014, afirman una nítida diferenciación con la Marcha Patriótica y muestran una posición muy dura en unas ocasiones, menos dura en otras, con los Progresistas y su gobierno en Bogotá.

En esta postura se destaca el Polo Social. Postura presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por el ex Senador Jaime Dussán y el ex consejal de Bogotá Carlos Romero. Se encuentra ilustración sobre esta postura en los registros audiovisuales de las intervenciones de los dos compañeros mencionados en la página web del PDA. También en la declaración emitida por Polo Social, a propósito de las decisiones tomadas por el Comité Ejecutivo del Partido en su sesión del 26 de marzo.

–Quienes no dudan en fijar la prioridad en el Polo, al tiempo que plantean tender puentes entre movimientos y partidos afines en el campo alternativo, en perspectiva de un sujeto político plural en cierne.

En esta postura coinciden el representante polista a la Cámara Iván Cepeda y el conjunto de 16 expresiones políticas que se manifestaron en el panel inicial de la Conferencia a través del pronunciamiento leído por los dirigentes Luis Sandoval y Pablo Castañeda. Se encuentra ilustración sobre esta postura en el registro audiovisual de la intervención de Iván Cepeda el 5 de mayo, en Estrategia conjunta para configurar apuestas transformadoras de país, declaración emitida en la primera semana de abril a raíz de las decisiones tomadas por el Comité Ejecutivo Nacional el 26 de marzo y en Pronunciamiento por un proceso de debate y construcción de acuerdos que dé nuevo impulso al Polo Democrático Alternativo. Un asunto central en el que Iván Cepeda y las 16 expresiones políticas polistas coinciden es la necesidad de acompañar un proceso de negociación política.

Esta matriz informativa para la comprensión de uno de los temas en debate actualmente en el Polo se completa con la postura de la presidenta, Clara López, manifiesta en sus intervenciones del 25 de enero y del 5 de mayo. La Presidenta, teniendo quizás afinidades legítimas con alguna o algunas de las posturas descritas, hace un gran esfuerzo por salvaguardar elementos comunes y centrales. Ello se aprecia, por ejemplo, en la frecuente referencia en su discurso a los artículos 2 y 5 de los Estatutos, que son en realidad un magnífico resumen del Ideario, las características del Polo y el papel que el partido quiere jugar en la sociedad colombiana de estos tiempos críticos. Los enfoques con que la Presidenta se aproxima a la realidad se hacen explícitos en los títulos que ha puesto a las dos intervenciones referidas: Por un cambio de rumbo, la primera, y Vigencia del Polo Democrático Alternativo, la segunda.

Sujeto plural descentrado


Es clave la comprensión que el Polo gane de la potencialidad latente en los procesos de sociedad actualmente en curso. El proyecto alternativo se nutre de las resistencias, las luchas, las protestas y las propuestas, de las organizaciones de sociedad civil y movimientos sociales. Ello está claramente previsto en el Ideario y los Estatutos del partido. No puede ser extraño para el Polo lo que Ernesto Laclau llama las posiciones separadas de sujeto que consiste en que una persona puede estar vinculada a diferente causas en la vida social .

Realmente militar sólo en un partido cuyo programa y frentes de acción dan cuenta de toda la complejidad social es hoy prácticamente imposible. La gente milita en causas según su necesidad y sensibilidad: el ambiente, la paz, el reconocimiento de su específica condición social, los derechos en el lugar de trabajo (esfera de la producción) o en el espacio de vivienda (esfera de la reproducción).…Una persona puede estar en el sindicato, en la junta de acción comunal, en un club deportivo, en un grupo de iglesia, en una ONG, en un partido político. Puede, además, estar vinculada al más reciente fenómeno de las redes sociales informatizadas.

En un país con tan protuberantes déficits de la política y de los partidos políticos en especial, hay problemas públicos para los cuales la gente busca solución por diferentes medios y caminos. No se trata de avalar con lo anterior la militancia múltiple sino de entender las circunstancias que se crean en el mundo real para cuya comprensión, atención y superación es preciso recurrir a conceptos y prácticas innovadores.

En el debate en curso dentro del Polo Democrático, los afiliados y afiliadas de base están haciendo un inmenso esfuerzo por encontrarle explicación a lo que pasa con su partido y a las iniciativas que surgen fuera de él, y analistas dentro y fuera del Polo también están contribuyendo a este esfuerzo. El concepto de sujeto político y la organización de ideas sobre clase trabajadora, partidos y movimientos, identidades y subjetividades, estrategia y táctica, por académicos y académicas polistas, son elementos notables dentro de los aportes hechos en preparación de la Conferencia Ideológica.

El fenómeno de la multiplicidad y la pluralidad de partidos y movimientos se advierte en todos los países de América Latina; y la izquierda, más que ninguna otra vertiente política, ha generado pensamiento e iniciativa política para pasar de la entropía a la sinergia, para encontrar las equivalencias y los nexos de los movimientos sociales particulares (mss) con un movimiento social más general, más estructural (MS) , que permite entender el proceso sociocultural, sociopolítico y sociohistórico que se da a través de las sucesivas coyunturas y los períodos políticos. La cronopolítica es una categoría imprescindible para entender el acontecer político y proyectar el quehacer político si se trata de involucrarse activamente en un proceso.

Al respecto, no puede el Polo dejar de tomar en cuenta la visión del Foro de Sao Paulo, construida en su 17° Encuentro realizado en Managua en mayo de 2011. El Polo pertenece a ese conglomerado de partidos de izquierda, populares y progresistas de todos los países de América Latina, cerca de 50 partidos, muchos de ellos en el gobierno, de cuya experiencia el Polo podría obtener lecciones invaluables. Varios, podría decirse muchos, de esos partidos, en las condiciones particulares de cada país, han tenido éxito en traducir lo social en lo político; han logrado procesos de convergencia entre partidos y movimientos, aproximando la izquierda y el centro con la direccionalidad de la primera, de tal manera que han transitado de la condición original de minorías a la nueva condición de mayorías pujantes, capaces de movilizar opinión, ganar elecciones, ejercer el gobierno y prefigurar un nuevo poder.

Tarea ineludible


Como se puede ver, las informaciones y los comentarios contenidos en este texto sólo persiguen alentar el diálogo, el debate, el entendimiento dentro del Polo y entre fuerzas sociales y políticas afines, con el único propósito de llegar a ver a Colombia en paz, gobernada por un gobierno verdaderamente democrático con un programa auténticamente democrático. El Polo no puede eludir el cumplimiento de esta tarea en la Historia de Colombia. Para asegurar que este es el camino que estamos recorriendo, el PDA realizará en julio la Conferencia Ideológica Nacional, precedida del Taller Internacional, y en el último trimestre del año efectuará su III Congreso, precedido de la elección de delegados el 30 de septiembre. Tenemos ruta y brújula. El Polo le cumplirá a Colombia.


* Este artículo es parte de un texto más amplio que se publica en la edición de mayo de la Revista Izquierda.
** Investigador Social, Coordinador de la Comisión Programática del PDA – Bogotá. Pécaut, Daniel, Orden y violencia - Evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1953, Norma-Vitral, 2008.
1 Laclau, Ernesto, “Los nuevos movimientos sociales y la pluralidad de lo social, Revista Foro N° 4, noviembre de 1987.
Expresiones acuñadas por el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón.
2 Pécaut, Daniel, Orden y violencia - Evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1953, Norma-Vitral, 2008.
3 Laclau, Ernesto, “Los nuevos movimientos sociales y la pluralidad de lo social, Revista Foro N° 4, noviembre de 1987.
Expresiones acuñadas por el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón.

Publicado enEdición 180
A Santos se le acabó la Unidad Nacional y un bombazo lo sacude
Cuando hace más de veinte meses Juan Manuel Santos dio inicio a su gobierno, planteó un modelo político de Unidad Nacional para adelantar su gestión gubernamental. La fórmula se enraíza en el consociacionalismo, utilizado con cierto éxito en la época del Frente Nacional (1960-1974), para sobreponerse de la aguda violencia liberal-conservadora que produjo más de 500 mil muertos durante los años 50 del siglo XX.
 
La ingeniería política oficial se inclinó por incluir en el gabinete ministerial el mayor número de partidos/movimientos, con presencia en los eventos electorales que dieron forma al nuevo ciclo político del Estado colombiano. Sin admitirlo explícitamente, el propósito era corregir la excesiva polarización, interna y externa, propiciada por el caudillismo mesiánico de Uribe Vélez, quien potenció viejas facturas en la nación y acentuó rivalidades regionales/continentales, claramente inconvenientes para la estabilidad de la dominación liberal sobre el Estado y sus frágiles instituciones. El exceso ideológico (derechista, por supuesto) de Uribe, con su irritante discurso, no era sostenible por la perturbación que ocasionaba en los mecanismos de la compleja administración del poder político nacional.
 
En el gabinete ministerial quedaron representados todos los partidos del régimen dominante: la U (uribistas pura sangre y santistas), los conservadores, los liberales oficialistas, y con el paso de los días, se facilitó un cierto pluralismo en municipios y departamentos, complemento de la arquitectura gubernamental central, para que los verdes, progresistas, mira, pin, aico, polo y ais, accedieran a cargos de elección popular en alcaldías y gobernaciones. La oposición fue delegada, en el ámbito nacional, a un alicaído Polo Democrático, empantanado en descomunales escándalos de corrupción con recursos públicos distritales y en rudas luchas intestinas de facciones radicalizadas y desuetas.
 
No obstante, al discurrir el tiempo, cuando fue más notable la diferencia marcada por el "estilo político" de Santos, menos virulento e inclinado a cierta conciliación/consociacional, puesta en evidencia en la normalización de las relaciones diplomáticas con los países vecinos, particularmente con Venezuela y el Presidente Chávez, la rivalidad entre las facciones se incubó y paulatinamente se escaló, llegando a niveles explosivos con el destape de los focos de corrupción que comprometían claramente a prominentes funcionarios  del régimen de la Seguridad Democrática.
 
Y llegamos al día de hoy en que prácticamente la Unidad Nacional ha saltado hecha añicos por la abierta y activa oposición de Uribe Velez, quien hace un cuestionamiento feroz a cada una de las políticas del actual gobernante de la Casa de Nariño, en especial al supuesto abandono de la estrategia de seguridad contra los grupos guerrilleros y a las estrechas relaciones con Caracas. Santos es tratado de traidor por Uribe y sus más cercanos asesores.
 
Los hechos están mostrando un evidente debilitamiento del gobierno de Santos,reflejado en las encuestas y en su marcada incompetencia para atender situaciones extraordinarias, como los desastres ocasionados por las tres olas invernales ocurridas recientemente y por la degradación extrema de la salud de todos los colombianos, en la que el sistema neoliberal ha provocado una ruina sin antecedentes, por los eventos de corrupción y despojo de millones de pacientes.
 
A lo que se debe agregar las presiones desde el Poder Legislativo, en el que poderosos caciques regionales, aprovecha el río revuelto para diezmar al Ejecutivo.
 
Tenemos, entonces, un escenario de extrema anarquía en el "bloque dominante" de la derecha oligárquica colombiana. El saldo neto de las tensiones, rivalidades y pugnas intestinas dio al traste con la Unidad Nacional de Santos. No exagero si sugiero un "hueco negro" en la actual gobernanza , originado en la "revuelta" delirante del ex presidente Uribe, con su fuerte incidencia en el desempeño político/social de actores institucionales y privados que lo acogen con entusiasmo.
 
Curiosamente es en esas circunstancias en que ocurre hoy, 15 de mayo de 2012, día en que también entra en vigencia un TLC oneroso con los Estados Unidos y en el que se hace un debate legislativo de una estrategia constitucional para negociar la paz, una acción dinamitera que por poco elimina al señor Fernando Londoño Hoyos, un conservador recalcitrante de la entraña de Uribe Velez.
 
A pesar de que algunos destacados oficiales de la policía se han precipitado a señalar a las FARC como la autora del hecho, en una ciudad controlada centímetro a centímetro por los abundantes dispositivos militares estatales, ciertos analistas exploran la hipótesis de un evento derivado de la crisis que se está dando en el Ejercito (por las peleas entre dos de sus más altos comandantes) y  de los bruscos ajustes en la Policía (por la salida de Naranjo de la Dirección general), toda vez que existirían ciertos núcleos de tenebroso recuerdo interesados en provocar cáos para organizarse camino en las cúpulas de dichas instituciones.
 
Es una metodología con antecedentes en la historia reciente de Colombia. Un poco antes del inicio del segundo mandato de Uribe Velez en el 2006, el Ejercito propinó 4 golpes (desactivó un taxi-bomba en un parqueadero, dos carros bombas más en lugares críticos y una casa bomba en Ciudad Bolívar), sobre los que después se supo que eran "falsos positivos", organizados por varios altos oficiales del Ejercito que utilizaban desertores de la guerrilla, para demostrar eficiencia en el momento de zozobra.
 
¿Se estará repitiendo la historia de "falsos positivos", en esta lucha intestina que estamos presenciando, la cual tienen enfrentadas, prácticamente a bala, a la derecha y la extrema derecha por el control del Estado? ¿Propicia el derrumbe de la Unidad Nacional este juego macabro de grupos radicales de la extrema derecha que quieren pescar en río revuelto a punta de bombazos y atentados?. Son cuestiones sobre las cuales no es inútil reflexionar.
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Viernes, 18 Mayo 2012 06:58

Pepe habla así para que se entienda

Pepe habla así para que se entienda
El presidente uruguayo hizo uso de su habitual verborragia al referirse a los últimos hechos de violencia callejera en el país charrúa. José “Pepe” Mujica utilizó duros conceptos para dirigirse a los menores que delinquen, a quienes dijo que acabarán “como una rata de cárcel, en el mejor de los casos”, demostrando la preocupación de su gobierno por el incremento de la inseguridad. Durante una entrevista concedida al canal de televisión estatal VTV de Venezuela, Mujica afirmó que debe hablárseles a los menores delincuentes “en un lenguaje bien duro”, al tiempo que sostuvo que es necesario que sus familiares los aviven. “No seas gil, nabo de mierda. Vas a terminar como una rata de cárcel en el mejor de los casos”, fue el áspero mensaje enviado por Mujica a los jóvenes que delinquen, breve discurso emitido por el diario digital Ultimas Noticias y El País de Montevideo.


“Hay que decirlo así, en un lenguaje bien duro. Sos un gil, un abombado”, lanzó el presidente por televisión, vestido con una campera azul y una chomba blanca, y gesticulando con las manos en clara señal de reprobación. También señaló que “el trabajar para ir en cana, buscando un triunfo fácil, es la mayor estupidez”, y agregó que “hay que cuidar la vida, no regalarla”. El mandatario enfatizó que “aun en la más cruel sociedad capitalista no podemos someter a la juventud a esos avatares que estamos viendo en América latina. Los gurises (jóvenes) apresurados que quieren resolver la cosa con una (pistola) 45 y entrar a robar algo”.


La sociedad uruguaya está conmovida por el asesinato de Gastón Hernández, mozo de la tradicional pizzería La Pasiva, cuando delincuentes dispararon a sangre fría al ingresar al local para robar en la madrugada del último sábado. A raíz del asesinato de Hernández, de 34 años y padre de cinco hijos, miles de ciudadanos de Montevideo se movilizaron el último domingo a la sede del gobierno para reclamar políticas efectivas de seguridad. Al día siguiente, la policía capturó a tres menores de 17 años y a un adulto, de 19, todos sindicados como autores del crimen de Hernández. Uno de los menores confesó ser quien mató a la víctima porque “el mozo se movió” y “porque hay que disparar para que te respeten. Entramos y tiramos para que nos respeten. Después, todo queda más tranquilo”, dijo el joven delincuente.


La senadora Lucía Topolanski salió a fustigar esta semana la criminalización de la juventud que, según su criterio, realiza la oposición. En ese sentido, señaló que en Uruguay existen 300 menores infractores de una población carcelaria de nueve mil presos. La primera dama de Uruguay habló en esos términos el lunes después de que se instalara en la agenda mediática del país vecino, durante el fin de semana, una cruzada contra la inseguridad. El asesinato a sangre fría de un joven de 34 años, empleado en un restaurante montevideano, en una escena que fue tomada por las cámaras de seguridad del local y repetida hasta el cansancio por los canales de televisión había encendido la bronca de la opinión pública uruguaya.


La legisladora uruguaya culpó a la pasta base de cocaína, “que entró al Uruguay durante el gobierno de Jorge Batlle”, como uno de los factores que determinaron el incremento del delito y la violencia en el país vecino. De la manifestación convocada por las redes sociales participaron cerca de mil personas en Montevideo, que se concentraron frente a la sede del gobierno uruguayo para exigir medidas contra la inseguridad, tras el asesinato del empleado del restaurante La Pasiva. Los autoconvocados expresaron su bronca e impotencia ante lo que consideran un avasallamiento por parte de los delincuentes que operan en la ciudad. “¡Basta ya! Esto tiene que cambiar” y “Fuera Bonomi”, fueron algunas de las consignas, en alusión al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, responsable de la policía. Julio Bango, diputado del gobernante Frente Amplio (FA), también participó en la manifestación. Dijo que miles de uruguayos están estupefactos por los últimos hechos de violencia y que “está bien que la gente reclame niveles de convivencia que ha perdido”.
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Haití, entre el cólera y la parálisis política
Michel Martelly ha celebrado esta semana su primer año en la Presidencia de Haití como si se tratara del primer día. Apenas el pasado miércoles, el presidente haitiano, un antiguo músico muy popular, logró formar por segunda vez un Gobierno, tras superar un nuevo episodio de la crisis política que ha mantenido paralizada la reconstrucción de la isla, devastada en enero de 2010 por un terremoto que mató a unas 300.000 personas. A un año de su toma de posesión, medio millón de haitianos sigue viviendo en campamentos para damnificados. La epidemia de cólera, que estalló en octubre de 2010 y que ha causado la muerte de unas 7.000 personas, se sigue cobrando vidas. Y cientos de ex soldados armados han tomado los viejos cuarteles para exigir al presidente que cumpla su promesa de restablecer el Ejército, desmantelado en 2004 tras la caída del entonces mandatario Jean-Bertrand Aristide.


Michel Martelly era un cantante de kompa (música popular, mezcla de reggae, soka y merengue) cuando asumió la presidencia de Haití el 14 de mayo de 2011, bajo una carpa que hacía las veces de Parlamento, en medio de un apagón eléctrico. Era la primera vez en la agitada historia de Haití en que un presidente electo recibía el poder de manos de otro, también electo por el voto popular. Era el estreno político de Martelly y los haitianos lo llevaron hasta allí justo por el hartazgo de la política de partidos y por su carisma. Pero esa apuesta, sin embargo, no ha dado los resultados esperados


Desde que asumió el poder, Martelly se ha enfrascado en una guerra política con el Parlamento —que cuenta con una mayoría de diputados partidarios de René Preval, el anterior presidente— que ha paralizado a su Gobierno. Durante este primer año, nombró a cuatro primeros ministros y solo dos obtuvieron el visto bueno del Parlamento. El primero de ellos, el médico Garry Conille, asumió el cargo cinco meses después de la instalación del nuevo Gobierno y renunció en febrero pasado. Después de tres meses de vacío político, el miércoles tomó posesión como primer ministro Laurent Lamothe, ministro de Asuntos Exteriores, antiguo tenista y empresario de telecomunicaciones que ha hecho fortuna en África.


El presidente Martelly y su nuevo primer ministro tienen los mismos retos de hace un año. De los 650.000 haitianos que en mayo de 20011 aún vivían en campamentos para damnificados del terremoto, solo 150.000 han sido reubicados. La mayoría de ellos ha recibido dinero del Gobierno o de las alcaldías para desalojar las plazas públicas y los terrenos privados donde levantaron sus tiendas de campaña hace más de dos años.


Por otra parte, la epidemia de cólera que comenzó en octubre de 2011 y que ha matado a unas 7.000 personas, sigue cobrándose víctimas, aunque el Gobierno dice tenerlo todo bajo control. De acuerdo a cifras de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, los casos de cólera se cuadruplicaron en abril y se estima que este año podrían enfermar unas 250.000 personas más. “Se ha hecho demasiado poco para pensar que el cólera no iba a volver en 2012. Es preocupante que las autoridades sanitarias no estén mejor preparadas y que se aferren a mensajes tranquilizadores que nada tienen que ver con la realidad”, ha señalado al respecto Gaëtan Drossart, coordinador general de la misión de Médicos Sin Fronteras en Haití.


Por Maye Primera Miami 17 MAY 2012 - 19:51 CET
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La izquierda roja se transforma en “izquierda marrón”*
La izquierda latinoamericana es cada vez menos roja y cada vez más marrón. La afirmación es del sociólogo uruguayo Eduardo Gudynas. Según él, está quedando cada vez más claro que los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda se apoyan en la explotación de materias primas para alimentar el crecimiento económico. Nos hemos vuelto proveedores de materias primas para la globalización, acota él. Se rompe así el diálogo con el movimiento verde y la izquierda roja se transforma en marrón, destaca el sociólogo. El rojo, color simbólico de la lucha socialista, se subordina a la lógica del gran capital y, asumiendo el modelo extractivo –primario exportador– provoca grandes impactos negativos en el medio ambiente. Marrón es una referencia a los cráteres a cielo abierto, consecuencia de los megaproyectos que están en curso en todo el continente.
 
El modelo extractivo patrocinado por los gobiernos de izquierda y, también, por los de derecha en América Latina es definido por el escritor Raúl Zibechi como “apropiación de los bienes comunes, directa o indirectamente, para transformarlos en mercancía”. El sociólogo venezolano Edgardo Lander, comenta que “la principal fuente de las contradicciones internas y de las decepciones con relación a los gobiernos progresistas de izquierda es que parecen, de hecho, dar por obvio que ningún otro camino es posible sino el de un sistema basado en el crecimiento económico”.
 
Prácticamente en todos los países de la región, desde México hasta Chile, comunidades tradicionales y campesinas se están levantando contra los grandes proyectos de desarrollo y de extracción natural que, embarcados en el boom económico de América Látina y en los altos precios de las materias primas, están promoviendo una nueva fiebre del oro en paisajes tan distintos como el desierto mexicano y la selva amazónica, comenta el escritor Tadeu Breda.
 
La obsesión por el crecimiento, la apuesta por los megaproyectos y la flexibilización del aparato normativo que protege el medio ambiente está en el núcleo de las tensiones sociales a las que asistimos en todo el continente. Marchas, protestas, ocupaciones y movilizaciones hacen parte del escenario de la lucha social en América Latina en los últimos años y, en la mayor parte de ellas, el arranque de las movilizaciones son los conflictos ambientales. Una pequeña muestra de todo eso se puede ver aquí en Brasil: la agenda alrededor del Código forestal, la PEC 125 y la polémica acerca del reporte que envuelve la hidroeléctrica de Belo Monte y que sufrió tentativa de censura por parte de la ministro Maria do Rosário. En todos los conflictos el denominador común es la agenda ambiental.
 
En un breve vistazo por los países vecinos se ve lo mismo. La cuestión ambiental está en el centro de los conflictos entre los movimientos sociales y los gobiernos progresistas. Tomemos como ejemplo lo que está aconteciendo en Ecuador, Perú y Bolivia, pero también, con un grado diferente, en Argentina, Colombia y Venezuela.
 

Conflictos ambientales estallan en el territorio latinoamericano

 
Los conflictos ambientales permean la coyuntura del continente latinoamericano. En Ecuador, el gobierno de Rafael Correa enfrentó en los últimos días una marcha nacional contra sus políticas extractivas. El escritor Tadeu Breda comenta que desde 2009, después de la aprobación plurinacional, Rafael Correa sancionó una nueva ley de minas que abre camino a la explotación mineral en gran escala y a cielo abierto. A partir de entonces, el movimiento indígena abandonó la coalición política y social que había posibilitado la victoria del presidente y pasó a la oposición.
 
La ira del movimiento indígena se debe al hecho de que Correa firmó recientemente contrato con la empresa minera Ecuacorriente (ECSA), de capital Chino, para la explotación de un yacimiento minero en la cordillera del Cóndor, en la frontera con Perú, una de las áreas del país más ricas en biodiversidad.
 
Se trata de uno de los cinco proyectos de mina considerados prioritarios por el gobierno de Correa. Decio Machado –citado en el reportaje de Claudia Fanti– afirma que “es el primer gobierno que convirtió la megamineria en una actividad estratégica que deja una marca sobre el futuro modelo de desarrollo ecuatoriano”.
 
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el movimiento indígena ecuatoriano inició una marcha nacional contra las políticas extractivas del gobierno. La marcha salió de la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, en el sur del país, recorrió toda la región andina hasta la capital, Quito, en el norte de Ecuador, donde llegó el día 22, Día Mundial del Agua. El presidente Correa, defendiendo el proyecto, dice que su gobierno apalanca una minería responsable social y ambientalmente, repitiendo su frase de que “no podemos ser mendigos sentados sobre un saco de oro”. Los manifestantes, a su vez, no aceptan “sobrevivir en un país devastado en las garras del miedo o de la indiferencia, un país con realidades paralelas de ríos muertos y de personas enfermas a causa de la contaminación minera y petrolífera, de personas que se consumen en el consumismo y de personas muertas en vida, sin memoria ni identidad, desprovistas de sus selvas y de su condición humana, entre árboles y animales masacrados”.
 
El escritor Tadeu Breda comenta: “Todos quieren el desarrollo del Ecuador, claro: pero no concuerdan con los métodos del gobierno. Avalan que el extractivismo de hoy es el mismo que nortea la economía ecuatoriana desde siempre –y tienen de su lado la verdad histórica de que vender materias primas para los países ricos puede que haya generado riqueza, sin embargo, jamás trajo desarrollo”.
 
En el Perú, otra marcha nacional, esta vez por el derecho al agua. “la movilización popular más importante desde la época de Fujimuri”, señaló Hugo Blanco en el reportaje de Claudia Fanti. En el centro de la marcha, que se llevó a cabo del 1 al 9 de febrero, está la oposición al proyecto Conga, inmenso plan de minería que prevé sacar varias lagunas de Cajamarca, en el norte del país. El proyecto es liderado por el grupo Yanacocha, la primera empresa de extracción de oro en América del Sur y la segunda del mundo.
 
En el currículum de esa empresa se destaca, durante los últimos meses del gobierno de Fujimuri, la devastadora fuga de mercurio en Choropampa, que costó la vida de más de setenta personas y que aún continúa impune.
 
Rechazado por el propio gobierno de Cajamarca, el proyecto Conga, que cuenta con una inversión de casi 5 billones de dólares, amenaza con destruir las reservas de agua dulce de la región produciendo, según los estudios de impacto ambiental del Ministerio del medio Ambiente, daños irreversibles al ecosistema y contaminando la cuenca del río Marañón, un importante afluente del río Amazonas. “Es un proyecto altamente depredador afirmó Gregorio Santos, presidente regional de Cajamarca, que entra en conflicto profundamente con el momento que vivimos en el mundo y con el discurso del presidente Ollanta Humala” cuando, después de haber dicho: “¿Qué quieren ustedes, oro o agua?” y haber recibido una respuesta clara del pueblo: “queremos agua”, se comprometió a “defender los recursos hídricos de Cajamarca”.
 
El cambio de posición de Humala, que insiste ahora en explotar la minería, se debe al hecho de que el precio del oro subió mucho en el comercio internacional. Cabe destacar que en el mismo Perú, en 2009, el gobierno de Alan García promovió una verdadera matanza de indígenas en la localidad de Bagua, en el Amazonas peruano, a consecuencia de las protestas de los indígenas contra la entrega de sus territorios a empresas extractivas transnacionales para la explotación de hidrocarburos, madera y biocombustibles.
 
En Bolivia, a su vez, se anuncia una nueva movilización en defensa del Tipnis. En esa crisis que envuelve al presidente Evo Morales y al movimiento social, está la carretera de Tipnis –el proyecto de una autopista, de 306 kms. que atravesaría 1,2 millones de hectáreas del territorio indígena y el Parque Nacional Isidro Sécure (Tipnis) donde habitan 13 mil indígenas moxeños, yurakarés y chimanes. Las obras del trecho 1 y 3 ya están andando. El trecho principal, que es el 2, atraviesa 177 Km del Tipnis. La obra es de gran interés geoestratégico para Bolivia y para Brasil, como parte de un corredor para el transporte que conecta el Atlántico con el Pacífico. Los indígenas no aceptan la carretera y acusan al gobierno de no haberlos consultado sobre dicha obra.
 
En septiembre de 2011 fue duramente reprimida una marcha indígena en contra de la construcción de la carretera. La dura represión de la marcha desató una crisis sin precedente en el gobierno de Evo Morales y puso en jaque al gobierno plurinacional y pluriétnico. Para el momento el presidente anunció que estaban suspendidas las obras y al mismo tiempo pidió perdón a los indígenas. Ahora el tema volvió a generar tensión en el país.
 
El senado boliviano, con el apoyo del gobierno, aprobó la realización de una consulta para determinar si la carretera en cuestión podría o no atravesar el territorio indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).
 
Los indígenas temen el aumento de la presión demográfica y la expansión de la frontera agrícola sobre el territorio. El gobierno argumenta que los indígenas de las tierras altas y valles, grupo mayoritario, apoya el proyecto y apenas los indígenas de las tierras bajas están en contra. Argumenta que esos indígenas estarían siendo manipulados por los grupos que hacen oposición al gobierno.
 
El conflicto está lejos de terminar y, en esencia, se oponen modelos y visiones diferentes. Bolivia, con la insistencia de construir la carretera, da muestras de que también sucumbió al modelo desarrollista. La elaboración de la estrategia económica en Bolivia tiene como uno de los principales mentores al sociólogo Álvaro García Linera que es el vice-presidente del país. Linera, marxista, intelectual respetado, una especie de portavoz autorizado de los objetivos estratégicos de Bolivia ya dice que el gobierno busca “un capitalismo con mayor presencia del Estado”.
 
Según Tadeu Breda la mejor manera de entender las manifestaciones en el Ecuador, y vale también para Bolivia, es tener en mente el contenido de la Constitución Plurinacional de esos países. La carta garantiza una serie de derechos innovadores en América Latina. Tres de los que ganan gran relevancia son: los derechos de la naturaleza, la plurinacionalidad y el bien vivir.
 
Tales principios no funcionan independientemente uno de los otros, dice el escritor: “Si la plurinacionalidad otorga a las comunidades indígenas autoridad para ejercer su cultura (lengua, justicia, propiedad, economía) dentro de sus tierras, los Derechos de la Naturaleza garantizan que el medio ambiente bajo ningún aspecto pueda ser degradado más allá de su capacidad natural de regeneración. Eso significa, obviamente, un obstáculo legal para las actividades extractivas, hoy en día responsables por más de la mitad del PIB ecuatoriano. Por último, el bien-vivir es el proyecto de desarrollo que resulta de un sistema que respeta las tradiciones ancestrales y los ciclos naturales de el ecosistema en que se insertan. De ahí que la marcha en curso en el Ecuador se opone prioritariamente a las políticas extractivas patrocinadas por el gobierno”.
 

“El agua es más preciosa que el oro”: grito que hace eco en toda América Latina

 
Volviendo a los conflictos que tienen en su núcleo la problemática ambiental en el continente latinoamericano, también en la Argentina se manifiestan conflictos ligados a las actividades mineras. En Catamarca, una de las provincias más pobres del país, al noroeste de Buenos Aires, la población está en pie de guerra.
 
Hace algunas semanas la mayor parte de las vías están cerradas por centenas de manifestantes contrarios a la explotación a cielo abierto de la mina La alumbrera, por parte de la empresa canadiense Barrik Gold. En la provincia vecina de La Rioja, los habitantes protestan contra otro proyecto de la compañía canadiense Osisko Mining Corporation, en el Nevado del Famatina.
 
También en los gobiernos de derecha los conflictos ambientales abundan. En Colombia, una gran movilización popular llevó al Ministerio del Medio Ambiente a negar a la empresa canadiense Eco Ouro Minerals la autorización para un proyecto de explotación minera a cielo abierto en el Páramo de Santurbán, en Santander, un complejo de lagunas que surte de agua a una población de 2,2 millones de personas.
 
En Panamá, luego de la movilización de los pueblos indígenas Ngäbe-Buglé quienes, desde el 31 de enero al 7 de febrero, bloquearon la vía Panamericana recibiendo un fuerte apoyo de la población, el gobierno de Ricardo Martinelli tuvo que ceder a las reivindicaciones indígenas, aceptando iniciar las negociaciones sobre la ley relativa a las actividades de minería y a la construcción de plantas hidroeléctricas.
 
Crítica es la situación en América Central, donde centena de proyectos mineros están a la espera de aprobación. En Honduras, en particular, donde ya habían sido entregadas más de 370 concesiones, fueron presentadas, después del golpe de 2009, otros trescientos pedidos de explotación minera, también a cielo abierto.
 
En Guatemala, 56 municipios se proclamaron libres de la actividad minera después de una fuerte presión popular. Como se puede ver, por los acontecimientos citados anteriormente, en Latinoamérica el boom de la minería genera cada vez más conflictos. El agua es más preciosa que el oro, ese es el grito lanzado en toda la región por comunidades campesinas, ambientalistas y científicas que denuncian el impacto socio ambiental de la explotación de minas a cielo abierto.
 
El caso brasileño, izquierda autoritaria y pérdida en la agenda ambiental PEC 125, Código Forestal y la hidroeléctrica de Belo Monte estuvieron en el centro del debate de la coyuntura brasileña en la semana que cierra. El caso de la PEC 125 es emblemático en esa perspectiva. En una sesión tumultuosa, la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) de la Cámara aprobó el parecer del diputado Osmar Serraglio (PMDB-PR), favorable a la admisibilidad de la propuesta de enmienda a la Constitución (PEC) que transfiere de la Unión para el Congreso Nacional la prerrogativa de aprobar y ratificar la demarcación de tierras indígenas. En caso de que sea aprobada definitivamente la PEC, significará una verdadera farra para los intereses de grupos en la explotación aún mayor de los territorios indígenas y quilombos.
 
El secretario ejecutivo del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), Cleber Buzatto, que acompañó la votación de la PEC con delegaciones indígenas de varias regiones del país, dice que la noticia de la aprobación fue recibida con tristeza e indignación por el liderazgo indígena, quienes consideran que dicha propuesta es inconstitucional. “La PEC rasga la Constitución en lo atinente al derecho de los pueblos indígenas y quilombos sobre sus tierras tradicionales”.
 
El Cimi acusa al gobierno de negligencia. Para Buzatto, éste no hizo nada para evitar la votación de la propuesta, pues el líder del gobierno no apareció durante la sesión para intentar una interlocución.
 
“Ni en el momento en que la situación estuvo tensa él apareció para demostrar solidaridad. Estamos entendiendo que, por el contrario, al no actuar directamente, el gobierno optó por la base vinculada al agronegocio y a la bancada evangélica”
 
La aprobación de la PEC 125 fue encabezada por el mismo grupo en el Congreso que está por detrás de la flexibilización del Código Forestal. “Aprobación de la PEC 215- Es el mismo grupo que está presionando para votar el Código Forestal”, twiteo el @CimiNacional.
 
La PEC 125 y el Código Forestal están en la misma lógica. El agronegocio quiere una legislación dócil que atienda a sus intereses económicos. En estos temas el gobierno ha sido omiso. Como destacamos en el último análisis de coyuntura, la agenda ambiental y la agenda indígena no son estratégicas en el gobierno de Dilma Rousseff, no se insertan en el proyecto de nación y, peor aún, están subordinadas a los sectores conservadores.
 
En la misma semana de aprobación de la PEC 125 el gobierno, a través de la ministro de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, María del Rosario, protagonizó un hecho vergonzoso y autoritario contra la libre manifestación de los movimientos sociales. De nuevo, el nucleo del choque tuvo que ver con la agenda ambiental.
 
La ministra no concedió la palabra a los representantes de la sociedad civil convidados a la reunión del Consejo de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (Cddph). En la ocasión fue presentado y votado el informe de impresiones sobre Las violaciones de derechos humanos de la tierra y del medio ambiente, en el Pará, redactada por la Comisión Especial designada por el Cddph. Después de apelar al reglamento interno del consejo que dice que los presentes solo pueden manifestar sus observaciones después de la deliberación de los consejeros, la ministro cambió repentinamente de pauta sin ofrecer la posibilidad del derecho de palabra.
 
La ministra quería que Belo Monte fuera retirado del informe.

En su opinión el documento debía abordar específicamente la cuestión de la violencia en el campo, y no denuncias de violaciones de derechos humanos a consecuencia de la construcción de la planta hidroeléctrica de Belo Monte.
 
“Es un informe sobre violencia. La cuestión de Belo Monte es un capítulo de ese informe. Sería a una irresponsabilidad de mi parte no colocar eso en el documento considerando que las personas que han sido escuchadas, las comunidades indígenas, las entidades de la sociedad civil y el propio Ministerio Público presentaron relatos de situaciones que pueden configurar violencia actual o futura relacionada con la construcción de la planta”. Dice el periodista Leonardo Sakamoto, de la ONG Repórter Brasil, que integró y fue designado como relator de la comisión especial del Consejo de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (Cddph) que verificó las violaciones a los derechos humanos en la región conocida como Tierra del medio, en el estado de Pará.
 
No es ninguna novedad que el gobierno no tolera ni acepta crítica acerca de la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte. El megaproyecto es uno de los más caros del gobierno al lado de la transposición del de S. Francisco que también fue noticia en esos días. A pesar de las reiteradas críticas de la Iglesia, de las comunidades científicas, de ambientalistas y del movimiento social, el gobierno nunca aceptó echar atrás dicho proyecto.
 
El modelo neodesarrollista que tiene en el programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) su síntesis y su traducción en inversiones en infraestructura logística (carreteras, ferrovías, hidrovías, puertos, aeropuertos); infraestructura energética (combustibles renovables, generación de energía eléctrica, transmisión de energía eléctrica, petróleo y gas natural) e infraestructura social y urbana (metro, saneamiento, habitación) se desarrolla de forma autoritaria. Las voces que cuestionan el modelo son tachadas de estar contra el progreso y la distribución de la renta.
 

Gobiernos de la nueva izquierda atrapados en el mantra del crecimiento

 
Detrás del orden del crecimiento económico, de la atracción de los inversionistas y de la promoción de las exportaciones, los gobiernos de América Latina argumentan, dice Eduardo Gudynas, que “el Estado capta parte de esa riqueza para mantenerse a sí mismo y financiar programas de lucha contra la pobreza”. En esa óptica, continúa el sociólogo, “la izquierda gobernante no sabe qué hacer con los temas ambientales”, acabando por ver en ellos lo contrario, y no pasan de vagas referencias a la cuestión ecológica y hasta de equivocaciones hacia la Pacha Mama, que se convierte en un obstáculo al crecimiento económico y, por tanto, “un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados”. Asistencia que hace a los gobiernos cada vez más dependientes de la exportación de las materias primas.
 
Como destaca Tadeu Breda, “con algunas pequeñas características que cambian de país a país, está cada vez más claro que los gobiernos de la ‘nueva izquierda’ y sus políticas neodesarrollistas no lograrán corregir las desigualdades más profundas de nuestra sociedad. Es más, no ofrecerán alternativas reales de desarrollo y bien-estar. Por eso, los pueblos se están organizando y hablando cada vez más alto. Es necesario escucharlos”.
 
Según la antropóloga Rita Segato, en América Latina se tiene “un bloque más sensible al bien estar, pero que no logra pensar la posibilidad de una transformación, de una mejoría en la situación fuera del proyecto eurocéntrico. No ha habido una ruptura. Quedamos eclipasados porque son gobiernos de izquierda, pero esa novedad no es muy profunda. Entraran para competir, participar de la concurrencia para emerger como bloque dentro de los mismos principios y objetivos del capitalismo global”.
 
Esa izquierda –en el poder en el continente– continúa prisionera de una lectura que se reduce a la lógica productivista, donde lo importante es el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento de la economía. Esa concepción de matriz marxista se aproxima al liberalismo, que también quiere el desarrollo de las fuerzas productivas. Se distancian apenas en el instrumento de apalancamiento del capital. Para los primeros ese papel cabe al Estado; para los segundos, al mercado. En esa lógica la agenda ambiental no tiene lugar, porque es considerada un freno al desarrollo de las fuerzas productivas.
 

Una crítica al modelo (neo)desarrollista. Límites del modelo productivista y consumista

 
Hay una creciente percepción, incluso entre economistas de mercado, que los costos ambientales del modelo desarrollista no pueden ser ignorados.
 
Entre ellos, se encuentra Eduardo Gianetti da Fonseca. Al hablar de la economía de mercado, el profesor del Instituto de Enseñanza e Investigación (Insper) de Sao Paulo, alerta sobre los impases del modelo productivista y consumista. Según él, es necesario un cambio en los valores y en la forma de producir y consumir. De no ser así, la factura recaerá sobre el medio ambiente. “Y el ambiente no acepta desafueros”.
 
Gianetti es categórico en sus críticas al “costo ambiental de las opciones elegidas en los modos de producción y consumo”. En un contexto en que economistas y gobernantes conmemoran el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), él afirma que ” la medida del PIB es muy estúpida, porque ella apenas registra lo que pasó por el sistema de precios, sin saber lo que, de facto, está sucediendo con la vida de las personas”.
 
En opinión de Gianetti, “la necesaria transformación de esos patrones de consumo, en la dirección de la sostenibilidad, solo será posible si los costos ambientales fuesen incorporados a un sistema de precios que hoy ignora la destrucción del planeta.” Para él, “los países que están llegando tarde a la fiesta del consumo no van a poder participar. Nos guste o no. Y el dilema es saber cómo compatibilizar las aspiraciones de la nueva clase media que surge en el mundo, con los límites del patrón que nos fue vendido por el proyecto ilustrado del progreso”.
 
Los gobiernos alineados a la izquierda no han conseguido proponer alternativas que desvinculen a la ciudadanía del ejercicio de consumir. El patrón de american way of life continúa siendo la aspiración de la emergente clase media mundial y “el cálculo de la salud económica de los países se volvió ciego a los problemas ambientales que afectan la vida de las sociedades de hoy”.
 
Márcio Pochmann, otro economista reconocido por sus análisis del mercado de trabajo, se suma a aquellos que perciben la necesaria revisión del patrón de crecimiento del consumo material global. Sin eso, dice, el proceso de cambios climáticos continuará, perjudicando principalmente a los más pobres, siempre más vulnerables a los efectos de la crisis ecológica. En opinión de Pochmann, “la perspectiva de las naciones no ricas para enfrentar la crisis ecológica global no puede ser la misma defendida por los ricos”.
 
El periodista y ambientalista Washington Novaes quien hace muchos años viene alertando a los ricos de los riesgos del modelo productivista-consumista destaca que “el consumo global ya está por encima del 30% más allá de las posibilidades de reposición planetaria; en el que ya se perdió también 30% de la biodiversidad total; y todavía es necesario evaluar las consecuencias de una población mundial que transita de los 7 billones de individuos de hoy hacia 9 billones, por lo menos, hasta el 2050”.
 
Pese a todas las implicaciones citadas anteriormente, la lentitud de los gobiernos latinoamericanos para enfrentar los problemas ambientales persiste. Movimientos sociales, investigadores y comunidades indígenas se ven manifestando en contra de los grandes proyectos de hidroeléctricas, de extracción mineral y de la pifia en las políticas ambientales en América del Sur, que insisten en seguir el recetario de los dictados de los países desarrollados.
 

Desarrollo y la izquierda. Una crítica

 
En estos últimos años, la América Latina ha contado con un gran número de gobiernos provenientes de partidos de izquierda o, por lo menos, en oposición a la tradicional derecha. Sin embargo, la dificultad de cambio estratégico en la agenda de esos nuevos líderes políticos ha demostrado la fragilidad en las tomas de decisiones que trasciendan el prisma desarrollista, bastante descoyuntado de las actuales demandas socioambientales.
 
En Brasil, según José Luis Fiori, en los años 1950, tres instituciones tuvieron un papel central para el llamado desarrollo de izquierda. Primero, el Partido Comunista Brasileño (PCB) que apoyó la elección de Juscelino Kubtischek, en 1955, en una perspectiva etapista para llegar a la revolución socialista. La segunda institución fue el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), que reunió un número significativo de intelectuales de izquierda para un proyecto nacional-desarrollista. Por fin, las contribuciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), que también influyó fuertemente el pensamiento de la izquierda desarrollista, aunque nunca haya sido una institución de izquierda. En los años de 1970, surgió la Escola de Campinas, un centro de estudios económicos que participó activamente en la formación del Plan Cruzado.
 
En este inicio de siglo, en que el gobierno progresista se encuentra en el poder, para Fiori “el desarrollismo de izquierda estrechó tanto su ‘horizonte histórico’ que acabó transformándose en una ideología tecnocrática, sin ninguna capacidad de movilización social”. La agenda neoliberal provocó un dislocamiento del debate para el campo de la macroeconomía. En el análisis de José Luis Fiori, “el `neodesarrollismo´ acaba repitiendo los mismos errores del pasado y proponiendo un conjunto de medidas aún más vagas y gelatinosas de lo que ya había sido la ideología nacional-desarrollista de los años 50”. Por tanto, por lo que parece, la izquierda continúa renuente a abandonar la vieja cartilla, en un momento en que la sociedad global necesita reinventarse para dar cuenta de cómo garantizar el futuro de las generaciones.
 
Analizando la izquierda mundial, en uno de sus artículos, Immanuel Wallerstein destacó que uno de los debates cruciales de hoy, justamente sucede entre la perspectiva del desarrollismo y el de la prioridad del cambio de civilización, ligada a los riesgos ambientales mundiales. Esa cuestión, por ejemplo, “está presente en América Latina, en los debates fervorosos entre los gobiernos de izquierda y los movimientos indígenas –por ejemplo, en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela.
 
Se impone, por tanto, la siguiente cuestión: ¿cómo superar las seculares enfermedades sufridas por los pueblos latinos, en una perspectiva que trascienda el discurso desarrollista, más allá del crecimiento económico basado en el consumo depredador?
 
En opinión de Carlos Chacho Álvarez, secretario general de Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración), en el momento actual, “la mayoría de los países latinoamericanos volvió al ejercicio de pensar en sí por sí mismo, de establecer estrategias de desarrollo a partir de sus propias necesidades y de sus intereses reales”. Al partir de una postura positiva por el momento por el cual pasa América Latina, Álvarez defiende que el proyecto de desarrollo para el siglo XXI, en esa región, debe contar con el dominio de la política y de la democracia sobre el mercado, favoreciendo la disminución de la pobreza y de la desigualdad.
 
Tomar decisiones políticas que rompan con el viejo desarrollismo economicista, atendiendo a las demandas históricas de una población excluida de sus derechos sociales, políticos y civiles y, ahora, ambientales, continúa siendo un desafío para los países latinoamericanos.
 

Río+20. La falta de osadía

 
El debate de la sobre-explotación de los recursos naturales y de sus límites se da en el contexto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo, Río+20. Se destaca en el documento de contribución brasileña a la Conferencia, que el país no logra escapar de “una verdadera apología a la manera habitual de la conducción de los negocios, el llamado business as usual”. Y hace un cuestionamiento: “¿si el país que va a abrigar la conferencia no osa de apuntalar horizontes innovadores en sus posiciones, cómo esperar que la propia reunión despierte entusiasmo proporcional al que debería ser su importancia?”
 
Según Abramovay, “es preocupante que en vez de preconizar rígidos criterios socioambientales en la explotación de la energía, los productos básicos agrícolas y mineros, el documento brasileño (pero eso aparece también en otros textos de la conferencia) insista en el temor de que estos criterios puedan ser usados, en el comercio internacional, como barreras no tarifarias”. Si el país anfitrión no parece estar muy seguro del papel crucial que podría asumir en este momento, la Conferencia Río+20, la Cumbre de los Pueblos, que ocurrirá en el Aterro do Flamengo, con aproximadamente 10 mil personas, se prepara para ser un espacio bastante propositivo. Delante del marasmo de los debates oficiales, movimientos sociales de todas partes del mundo buscarán respuestas concretas para la resolución de los problemas socioambientales.
 
Como ponderó Fátima Mello, miembro del comité facilitador de la sociedad civil para Río+20, “la ONU solo habla de combatir la pobreza, pero no habla de combatir la riqueza. Lo que nosotros vamos a debatir en la Cumbre es la tesis de la justicia ambiental. Ese concepto significa que existe una inmensa desigualdad en los impactos ambientales del modelo de desarrollo vigente”.
 
* El texto, es un documento anexo del  XIII Informe de Análisis de Coyuntura Latinoamericana del Centro Gumillas, que comprende el periodo enero-marzo 2012.
Fuente: ADITAL /   http://www.adital.com.br
Publicado enInternacional
Hacia dónde van los gobiernos de izquierda y progresistas?
El auge de los movimientos sociales y la elección de gobiernos de izquierda y progresistas, son dos de los grandes acontecimientos ocurridos en América Latina en las postrimerías del siglo XX y los albores del XXI. Pese a la aún hoy no resuelta tensión entre «lo social» y «lo político», es decir, entre las formas de organización y lucha social, y las formas de organización y lucha política, la relativa convergencia de ambas fue la que contuvo y desaceleró la avalancha reaccionaria que azotó a la región en las décadas de 1980 y 1990, festín de la concentración y transnacionalización de la riqueza y el poder político, con su correlato de agravamiento de la pobreza, la miseria y la exclusión social.

Cuando en el mundo se enseñoreaban el desconcierto y el abatimiento provocados por el colapso de los paradigmas comunista y socialdemócrata europeos, en América Latina, la irrupción de los nuevos movimientos sociales y la determinación de un amplio espectro de fuerzas políticas de izquierda de emprender lo que se conoció como búsqueda de alternativas al capitalismo neoliberal, abrieron nuevos caminos en sustitución de los que cerraban. Por esos caminos hemos avanzado desde entonces, pero al adentrarnos en segunda década del siglo XXI, ya no basta con hablar de «nuevos» movimientos ni de «búsqueda» de alternativas.

En rigor, los llamados nuevos movimientos sociales surgen en los años sesenta (¡hace ya más de cinco décadas!) en los Estados Unidos, Europa Occidental y América Latina, con características derivadas de la situación de cada región. En la nuestra, su identificación y reconocimiento generalizado como tales data de los años ochenta (hace ya más de tres décadas) porque hasta entonces habían estado entremezclados con los movimientos clandestinos e insurgentes surgidos bajo el influjo de la Revolución Cubana. Ese es el momento en el cual: 1) el cambio en la situación internacional y regional provoca el declive de la lucha armada, y relega a las organizaciones sociales y políticas tradicionales a planos secundarios y hasta marginales; 2) los nuevos movimientos sociales demuestran ser inmunes al efecto de la crisis terminal del «socialismo real» y el advenimiento del mundo unipolar; y, 3) se evidencia su condición de protagonistas principales de la lucha contra el neoliberalismo y contra las más diversas formas de opresión, explotación y discriminación. En lo referente a los gobiernos de izquierda y progresistas, a más de trece años de la victoria de Hugo Chávez en la elección presidencial venezolana de 1998, ya son diez los existentes en América Latina continental, parte de los cuales está en su tercer período consecutivo, otra en el segundo y el resto en el primero.

Es conocido que los procesos históricos, como el tránsito de una formación económico social a otra, por ejemplo, del feudalismo al capitalismo, tardan siglos y atraviesan por etapas de avance y retroceso. No está de más recordar los setenta y cuatro años en la fracasada experiencia de la Unión Soviética. Visto desde esta perspectiva, las cinco décadas transcurridas desde el nacimiento de los «nuevos» movimientos sociales, las tres décadas transcurridas desde que se les reconoce como tales en América Latina, y el poco más de una década transcurrido desde el inicio de la elección de los gobiernos latinoamericanos de izquierda y progresistas, son lapsos incomparablemente breves. Pero, desde otra perspectiva, en esos largos procesos históricos se abren y cierran «ventanas de oportunidad», cuyo aprovechamiento los acelera y cuyo desperdicio los derrota o, al menos, los retrasa. Es en esta perspectiva en la que tenemos que ubicarnos.

Marx afirmaba que capital que no crece, muere. En forma análoga podemos decir que proceso de transformación social revolucionaria o de reforma social progresista que no avanza, muere: abre flancos a la desestabilización del imperialismo y la derecha local, y fomenta la desmovilización, el voto de castigo y la abstención de castigo de los sectores populares defraudados. Por eso es que debemos preguntarnos en qué medida los «nuevos» movimientos sociales, que en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa estuvieron a la altura de las circunstancias, se han convertido en movimientos social-políticos, es decir, han logrado desarrollar la vocación y la capacidad de luchar por una transformación social revolucionaria. Y también, por las mismas razones, debemos preguntarnos si los actuales gobiernos de izquierda y progresistas están enrumbados hacia la edificación de sociedades «alternativas» o si serán un paréntesis que, en definitiva, contribuya al reciclaje de la dominación del capital. El objetivo de estas preguntas no es calificar o descalificar a una u otra fuerza política o social-política, o a uno u otro gobierno de izquierda o progresista, sino recordar una sentencia del siglo XX que no pierde vigencia en el XXI: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.

Como es lógico, entre la izquierda de épocas anteriores y la actual, hay similitudes y diferencias. Una similitud es que, como ocurrió de manera periódica en los siglos XIX y XX, el comienzo de una nueva etapa histórica obliga a la izquierda a formular nuevos objetivos, programas, estrategias y tácticas. Una diferencia es que, tanto las corrientes revolucionarias, como las corrientes reformistas del movimiento obrero y socialista nacido en el siglo XIX, habían elaborado y debatido sus respectivos proyectos políticos mucho tiempo antes de que la Revolución Bolchevique en Rusia (1917) y la elección del primer ministro laborista Ramsey McDonald en Gran Bretaña (1924), llevaran al gobierno, por primera vez, a representantes de una y otra, mientras que la izquierda latinoamericana actual llegó al gobierno sin haber elaborado los suyos. La izquierda latinoamericana llega al gobierno sin descifrar la clave para dar el salto de la reforma social progresista a la transformación social revolucionaria, sin la cual quedará atrapada en el mismo círculo vicioso de reciclaje del capitalismo concentrador y excluyente que la socialdemocracia europea. Este es el problema pendiente: construir la imprescindible sinergia entre teoría y praxis revolucionaria.

Los denominados gobiernos de izquierda y progresistas electos en América Latina desde finales de la década de 1990, son en realidad gobiernos de coalición en los que participan fuerzas políticas de izquierda, centroizquierda, centro e incluso de centroderecha. En algunos, la izquierda es el elemento aglutinador de la coalición y en otros ocupa una posición secundaria. Cada uno tiene características particulares, pero es posible ubicar a los más emblemáticos en dos grupos. Estos son: a) gobiernos electos por el quiebre o debilitamiento extremo de la institucionalidad democrático neoliberal, como ocurrió en Venezuela, Bolivia y Ecuador; y, b) gobiernos electos por acumulación política y adaptación a las reglas de juego de la gobernabilidad democrática, caracterización aplicable a Brasil y Uruguay. Además, están los casos de Nicaragua, El Salvador, Paraguay, Argentina y Perú, sobre los cuales el espacio no nos permite siquiera unas escuetas palabras de referencia.

¿Cómo se explica la elección de gobiernos de izquierda y progresistas en el mundo unipolar donde imperan la injerencia y la intervención imperialista?

Se explica por cuatro razones fundamentales, tres de ellas positivas y una negativa. Las positivas son:

1) El acumulado de lucha de las fuerzas populares libradas en la etapa abierta por el triunfo de la Revolución Cubana, en la cual, aunque no alcanzaron los objetivos máximos que se habían planteado, demostraron una voluntad y capacidad de combate que obligó a las clases dominantes a reconocerles los derechos políticos que les estaban negados.

2) La lucha en defensa de los derechos humanos que forzó la suspensión del uso de la violencia más descarnada como mecanismo de dominación.

3) El aumento de la conciencia, la organización y la movilización social y política registrado en la lucha contra el neoliberalismo, que sienta las bases para la participación política y electoral de los sectores antes marginados.

Como contraparte, la razón negativa es la apuesta del imperialismo norteamericano a que la unipolaridad le permitiría someter a los países latinoamericanos a los nuevos mecanismos transnacionales de dominación, motivo por el cual dejó de oponerse de oficio a todo triunfo electoral de la izquierda, como había hecho históricamente. A todo lo anterior debe agregarse un factor volátil: el voto de castigo a las fuerzas políticas de derecha por los efectos socioeconómicos de la reestructuración neoliberal, es decir, un voto no ideológico, ni político, y mucho menos cautivo de la izquierda, que ésta puede perder si su ejercicio de gobierno no satisface las expectativas.

¿Por qué fuerzas políticas y social-políticas de la izquierda latinoamericana llegan al gobierno sin siquiera haber esbozado las líneas gruesas de sus proyectos estratégicos o, aún peor, en algunos casos sacrifican sus proyectos estratégicos para llegar al gobierno?

Ello es resultado de cuatro factores que ejercen una influencia determinante en las condiciones y características de las luchas populares en el subcontinente:

1. El salto de la concentración nacional a la concentración transnacional de la propiedad, la producción y el poder político (la llamada globalización), ocurrido en la década de 1970, tras un proceso de acumulación de premisas finales que se desarrolla durante la segunda posguerra mundial, que cambia la ubicación de América Latina en la división internacional del trabajo y modifica la estructura socioclasista.

2. La avalancha universal del neoliberalismo, de la década de 1980, desarticula las alianzas sociales y políticas construidas durante el período nacional desarrollista y establece las bases de la reestructuración de la sociedad y la refuncionalización del Estado sustentadas en función de la concentración y transnacionalización de la riqueza.

3. El derrumbe de la URSS y el bloque europeo oriental de posguerra, entre 1989 y 1991, que le imprime un impulso extraordinario a la reestructuración neoliberal, provoca el fin de la bipolaridad estratégica, que actuó como muro de contención de la injerencia y la intervención imperialista en el Sur durante la posguerra y tiene un efecto negativo, a corto plazo, para la credibilidad de todo proyecto social ajeno al neoliberalismo, no solo anticapitalista, sino incluso apenas discordante con él, efecto que llega a ser devastador para las ideas de la revolución y el socialismo.

4. La neoliberalización de la socialdemocracia europea, en sus dos grandes vertientes, la Tercera Vía británica y la Comisión Progreso Global de la Internacional Socialista, en la década de 1990, que recicla la doctrina neoliberal cuando su inducida credibilidad se desploma, la encubre con una presentación humanista, «light» y «progre».

Téngase en cuenta que los primeros triunfos de fuerzas de izquierda y progresistas en elecciones presidenciales latinoamericanas, el de Chávez en Venezuela (1998) y el de Lula en Brasil (2002), se producen cuando el efecto acumulado de estos factores está en su apogeo, en particular, es el momento de mayor impacto en América Latina de las ideas de la Tercera Vía y la Comisión Progreso Global. Esos factores combinados ejercen una influencia determinante en los gobiernos de Brasil, Uruguay, Argentina y otros, y una influencia menos evidente, pero también efectiva, en los de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Tras el derrumbe de la URSS, el desaparecido dirigente revolucionario salvadoreño Schafik Hándal empezó a repetir una idea que parece simplona, pero es más profunda que un sinnúmero de doctas reflexiones: «Habrá socialismo –decía Schafik– si la gente quiere que haya socialismo». Las preguntas que se derivan de esta idea son: ¿Quiere que haya socialismo la gente de Venezuela, Bolivia, Ecuador, los países cuyos procesos políticos se corresponden con la definición de revolución entendida como acumulación de rupturas sucesivas con el orden vigente? ¿Quiere que haya socialismo la gente de Brasil, Uruguay, Nicaragua u otros países latinoamericanos gobernados por fuerzas de izquierda o progresistas? A estas preguntas tenemos que añadir otras: ¿sabe la gente de esos países qué es socialismo? ¿Comparten los líderes de esos países nuestro concepto de socialismo que, al margen de las diferentes condiciones, características, medios, métodos y vías, implica la abolición de la producción capitalista y del sistema de relaciones sociales que se erige a partir de ellas y en función de ellas? ¿Hay en esos procesos fuerzas políticas capaces de concientizar a la gente para que quiera que haya socialismo? ¿Lo están haciendo? Todas estas preguntas son cruciales, pero las definitorias son las dos últimas.

Planteada en términos teóricos, la idea, en apariencia simplona, de Schafik implica que para avanzar en dirección al socialismo los procesos de reforma o transformación social de signo popular que hoy se desarrollan en América Latina necesitan: teoría revolucionaria; organización revolucionaria; bloque social revolucionario, basado en la unidad dentro de la diversidad; y solución del problema del poder, este último entendido como la concentración de la fuerza imprescindible para producir un cambio efectivo de sistema social. Podemos hablar de protoformas de esos cuatro elementos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y quizás en algunos otros gobernados por fuerzas de izquierda y progresistas, pero en ninguno se puede hablar de formas acabadas.

Nada de esto es nuevo. De todo ello habla desde hace años y, quizás, hasta de manera sobredimensionada, porque a esos elementos se atribuye el papel determinante en la formación de la identidad del futuro socialismo latinoamericano. Sin dudas, su papel será crucial, pero lo determinante es cómo, cuándo, dónde y en qué condiciones tendrá lugar el acceso al poder político, sea mediante su conquista o construcción. Sin estas respuestas, no puede hablarse de Socialismo del Siglo xxi, Socialismo en el Siglo xxi, Vivir Bien, Buen Vivir, o cualquier noción similar, más que como una utopía realizable de contornos aún muy difusos.

- Roberto Regalado es Doctor en Ciencias Filosóficas, profesor-investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana y coordinador de varias colecciones de la editorial Ocean Sur. En este artículo se esbozan algunas ideas contenidas en su libro La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?, Ocean Sur, México D.F. 2012 (259 pp.).
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Jueves, 17 Mayo 2012 10:18

Brasil Potencia

Brasil Potencia

 

Edición 2012, Formato: 17 x 24 cm, 312 páginas
P.V.P:$40.000 ISBN:978-958-8454-54-2

 

 

Reseña.

En la transición que vivimos hacia un mundo multipolar, Brasil será una de las ocho potencias globales que jugarán un papel preponderante en las relaciones internacionales. Para la región latinoamericana, pero sobre todo para América del Sur, la emergencia de este gigante como primera potencia intrarregional en nuestra historia, representará un cambio de larga duración llamado a remodelar la geopolítica local y planetaria.

Aún es pronto para determinar si el Brasil Potencia será la argamasa capaz de integrar una región que asume cada vez más claramente sus diferencias con Estados Unidos y Canadá, o si se convertirá en un nuevo imperialismo destinado a someter al resto de la región.

Este trabajo explora la tensión entre ambos caminos y concluye que estamos ante un escenario abierto. Analiza los cambios internos que llevaron a una remodelación de las clases dominantes de Brasil y al desarrollo de su capacidad autónoma de acumulación de capital, debatiendo con la tesis de Ruy Mauro Marini, quien acuñó el concepto de “subimperialismo”. Concluye con los desafíos que se presentan a los movimientos populares de Brasil, y de toda la región, ante los cambios sistémicos en curso.



 
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