Hollande y el futuro de la Social Democracia
En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas se jugaba bastante más que las carreras políticas del socialista Francois Hollande y el derechista Nicolás Sarkozy.
 
Los resultados de estos comicios van a incidir en el camino que se siga para salir de la crisis económico-financiera en que está sumida Europa, lo que a su vez influirá en el camino que el viejo continente debe diseñar para superar esta situación.
 
No cabe esperar un cambio profundo todavía, aunque ya se han formulado fuertes críticas a lo actuado por la canciller alemana Angela Merkel, con el respaldo de su colega francés Sarkozy, ambos representantes de la derecha europea.
 
Hollande desempeñó varios cargos en los primeros años de gobierno del presidente Francois Mitterrand y en noviembre de 1997 fue elegido Primer Secretario del Partido Socialista francés.A partir de ahí llega en 1999 a una vicepresidencia de la Internacional Socialista y fue diputado al parlamento europeo y al francés.
 
En los comicios presidenciales pasados Segolene Royal, entonces su pareja formal, fue la candidata socialista a la primera magistratura, derrotando a Dominique Strauss Khan, pero a su vez ella perdió la elección frente a Nicolás Sarkozy.
 
Sarkozy ocupó distintos cargos en los gobiernos de derecha que antecedieron al suyo, como los ministerios de Economía e Interior.Es un personaje controvertido dentro y fuera de su país.
 
Sumó a Francia en la guerra contra Libia, si bien antes había invitado y recibido con los honores del caso al gobernante libio Moammar Gaddafi, oportunidad en la que se concretó un negocio petrolero.
 
Durante la guerra contra Libia uno de los hijos de Gaddafi reveló que su país le había proporcionado a Sarkozy varios millones de dólares para financiar su campaña electoral y le demandó que los devolviera ya que se los habían dado en señal de amistad.
 
Paralelamente Sarkozy ha establecido una relación muy estrecha con la canciller alemana Angela Merkel y ambos han impulsado políticas económicas que están siendo fuertemente cuestionadas .
 

El entorno europeo

 
Las medidas puestas en práctica para hacer frente a la crisis europea tienen dos protagonistas principales, la canciller alemana y el saliente presidente francés.Y aunque se aprobaron por unanimidad, ahora son objeto de fuertes críticas.
 
Hollande ha expresado que tiene la intención de renegociar el pacto sobre disciplina presupuestaria, para incluir otras disposiciones que reactiven la economía y el empleo y afirmó que “habrá un cambio de orientación de la construcción europea”.
 
También anticipó que si ganaba la segunda ronda electoral “renegociaré el tratado, Merkel lo sabe y si se me da la responsabilidad mi primer desplazamiento será a Alemania para transmitirle el voto de los franceses para una Europa distinta”.
 
Merkel, a su vez, dijo que prepara una “agenda de crecimiento” para Europa y que está dispuesta a darle un rol mayor al Banco Europeo de Inversiones en las medidas destinadas a superar la crisis.
 
Las razones de Merkel son obvias, la situación europea ha llegado a un punto en que se teme una ruptura entre los países europeos del norte y del sur, según lo declaró el presidente del Parlamento Europeo Martín Schultz, alemán y social demócrata.
 
Schultz no confía en los organismos económico-financieros estadunidenses y advierte que si se produce esa ruptura “podría desmoronarse la Unión Europea y la zona euro” y aboga por soluciones comunes.
 
Las pruebas de que las políticas que impulsaron con mayor entusiasmo Merkel y Sarkozy no han tenido éxito, están a la vista y se expresaron con fuerza en la celebración del 1º de Mayo.
 
En Italia ya se había señalado que el país tiene ahora tres veces más chozas y casas rodantes que hace tres años.El año 2001 las familias que vivían en esas condiciones eran 23 mil 336 y ahora son 71 mil 101.
 
Los suicidios también han aumentado en Italia y las mujeres cuyos maridos se han suicidado integran un grupo llamado “las viudas de blanco” y habían resuelto desfilar el día del trabajo.
 
Pero las protestas son en toda Europa porque los sueldos son bajos y el desempleo aumenta en la misma medida en que se aplican las políticas de austeridad, lo que está siendo utilizado por los sectores de la extrema derecha europea para ganar adeptos.
 
Paralelamente, la canciller alemana busca la forma de darle lo que algunos analistas han denominado”un sutil cambio de tono” a sus planteamientos, considerando el cambio de gobierno en Francia, pero que también podría alcanzar a su propio país y a ella misma.
 

De Mitterrand a Hollande

 
El Partido Socialista francés sólo ha ocupado la presidencia de la república una vez, cuando Francois Mitterrand fue elegido para ese cargo el año 1981 y reelegido en 1988, completando sus dos mandatos en 1995.
 
Fue el cuarto presidente de la Quinta República y Francois Hollande, que fue el jefe de la campaña de Mitterrand, será el segundo y se estima que su triunfo podría influir en los acontecimientos políticos de otros países europeos.
 
Hay que recordar que cuando Mitterrand llegó a la presidencia en Francia,el socialismo europeo o social democracia, vivía un momento de auge a nivel mundial.La Internacional Socialista se expandía por todos los continentes y era mirada con desconfianza y combatida por Estados Unidos.
 
Los gobiernos de ese signo se imponían en otros países europeos y también en América Latina y Africa, así como después en países que habían sido parte de la colapsada Unión Soviética.
 
Integrados en la Internacional Socialista, ésta se convirtió en un organismo al que Estados Unidos le declaró la guerra políticamente hablando, si bien hay algunos episodios que han tenido múltiples interpretaciones.
 
Los personajes clave de la expansión de esta organización fueron el Canciller alemán Willy Brandt, el Canciller austríaco Bruno Kreiski y el Primer Ministro sueco Olof Palme.Los conocidos “Diálogos” entre ellos sirvieron de base a la organización internacional, que no está relacionada con aquellas vinculadas a la Unión Soviética.
 
Los partidos que la integran empezaron a ganar elecciones en todos los continentes, en especial en los países que se liberaban de regímenes dictatoriales impuestos por el intervensionismo estadunidense.
 
La muerte de Brandt a raíz de un cáncer, y el asesinato de Palme fueron dos elementos que debilitaron a esta organización, junto a las políticas económicas puestas en práctica por los organismos internacionales.
 
Pero hoy, cuando ese modelo está en crisis, surgen nuevas expectativas. Se especula con una victoria de los socialdemócratas alemanes en las próximas elecciones y el triunfo de Hollande en Francia es señalado como un punto de partida.
 
Por Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.
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“En Chile hay una larga continuidad del modelo neoliberal”
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrías decirnos sobre eso?

–Uno podría decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompía con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habían existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creían que ese modelo anterior no permitía un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los ’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio político muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habían hecho durante el período de la dictadura –que podríamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existían en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros países de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.


–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?

–La Concertación consideró que los cambios que había prometido no podían realizarse porque se corría el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que había instalado la dictadura. Eso seguramente es así, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habían llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podía dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habían realizado. Thatcher, Reagan, habían llevado a Europa a este modelo neoliberal. En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en día tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con límites.


–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componían la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenían en aquel momento. ¿Qué podría decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?

–En Chile, los principales actores políticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro político demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes políticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adhería fielmente a la URSS y el otro adhería en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe. Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenía mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no había querido realizar en el período de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habían insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con políticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales. A eso yo le llamé transformismo. No sé si usaría el concepto hoy en día, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existía antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy día no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha había evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crítica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con políticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquí el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos días, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vías democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás. Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su política durante mucho tiempo. Optimismo que incluso teníamos en el período de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en día no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.


–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario político, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.

–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho. Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podría pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que había estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios. A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos políticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los líderes son voceros y no pueden por sí mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavía no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente. Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha típico que olvida este intento que tenía de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con políticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no había realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica políticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.


–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podría haber articulado un espacio político-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonía con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarían este distanciamiento de la escena política. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco Enríquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrían contribuir a una confluencia de nuevo tipo...?

–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavía en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos políticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos políticos en Chile. Aquí siempre ha sido muy difícil. Las protestas del año ’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos políticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria. En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difícil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crítica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difícil que logren presentarse como alternativas políticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavía no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenía y que fue derrotado por Piñera. En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavía grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores políticos que están en acción, aunque sí se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última política conocida de ellos, que era la “política de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una política de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la política aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.


–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio García ha diferenciado entre procesos más radicalizados en países que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el Pacífico, y países con una burguesía más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podría destacar que puede llegar a constituirse?

–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del ’60, que añadían aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo así. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un país que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles. La política exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del Pacífico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podría decirse que se parece a aquellos países sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos países reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sí, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino. Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crítico.

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Grecia castigó a los partidos del ajuste
Los grandes perdedores de las elecciones legislativas de Grecia fueron el Partido Socialista Panhelénico (Pasok) y los conservadores de Nueva Democracia (ND), sostenedores por igual de las medidas de ajuste. Con un 40 por ciento de abstención en las urnas, las proyecciones a partir de datos oficiales ubicaron a ND con el 18,9 por ciento de los votos y 108 de las 300 bancas del Parlamento, muy por debajo de las 151 que necesita para alcanzar la mayoría parlamentaria. El Pasok, por su parte, salió tercero con el 13,4 por ciento de los votos y 41 escaños, detrás de la coalición de izquierda radical Syriza, que se alzó con el 16,8 por ciento y 51 bancas, transformándose en el gran ganador de la jornada. El partido de extrema derecha Amanecer Dorado, que se embandera detrás de una plataforma antiinmigrante y propone minar las fronteras de Grecia, obtuvo un 7 por ciento de los votos y 22 diputados, un desempeño importante –y preocupante– para una agrupación que hasta hace meses estaba en las márgenes de la vida política griega. De acuerdo a los sondeos, ND y Pasok lograron juntos entre el 32 y el 34,5 por ciento de los sufragios, muy lejos del 77,4 por ciento que lograron en las elecciones de 2009.


Sin eufemismos, el pueblo heleno le envió un claro mensaje al bipartidismo tradicional de Grecia en las primeras elecciones que se celebran, desde el estallido de la crisis de deuda, en el país más castigado de la Zona Euro. No es casual que las fuerzas opuestas al ajuste exigido por la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) hayan sido las más beneficiadas en las elecciones de ayer. Todo indica que sin una clara mayoría a favor de nadie, ND está obligado a formar un gobierno de coalición. Sin embargo, si fracasaran los esfuerzos de las tres fuerzas más votadas, el país debería celebrar nuevas elecciones, panorama que inquieta por igual a mercados y acreedores.


Tanto el conservador Antonis Samaras, líder de ND, como el del Pasok, Evangelos Venizelos, manifestaron su apoyo a una coalición que reemplace a la actual que encabeza el premier tecnócrata Lucas Papademos, aunque con algunas salvedades. “El hecho de que Nueva Democracia sea el primer partido aumenta su responsabilidad, puesto que ahora es el único pilar de la estabilidad política en Grecia”, dijo Samaras desde Atenas. “Estamos listos para asumir la responsabilidad de formar un nuevo gobierno de salvación nacional con dos metas exclusivas: que Grecia permanezca en la Zona Euro y se modifiquen los términos del acuerdo de préstamo para que haya crecimiento económico y alivio para la sociedad griega”, agregó.


Exultante, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, dijo que la derrota de los dos partidos tradicionales, que acompañaron con sus firmas los acuerdos de salvataje, significa que esa rúbrica perdió legitimidad por votación popular. “El pueblo recompensó las propuestas hechas por nosotros para formar un gobierno de izquierda que cancele los acuerdos de crédito y anule el camino de la gente hacia la miseria”, sostuvo. Asimismo, Tsipras destacó que en su país se produjo una revolución pacífica, que surge una nueva Grecia y que su agrupación no colaborará ni con los conservadores ni con los socialistas, adelantando de este modo su intención de no formar parte de un futuro acuerdo con esas fuerzas. Aunque su partido se pronunció a favor de permanecer en la Zona Euro, pretende lograr una cancelación de las actuales deudas.


La coalición griega de izquierda también criticó la línea de recortes defendida por la canciller alemana y el presidente saliente francés, Nicolas Sarkozy. “La señora Merkel debe entender que el programa de ahorro ha sufrido una estremecedora derrota”, señaló Tsipras, entrevistado por la televisión local. Merkel es el blanco de múltiples críticas en Grecia por haber defendido las políticas de ajustes y recortes como salida a la crisis que atraviesa la economía helena. El magro resultado obtenido por los socialistas representa un duro golpe para el Pasok, fundado por el padre del ex ministro Giorgos Papandreu, que ganó las últimas elecciones de 2009 con el 43 por ciento de los votos. “Para nosotros es un día particularmente doloroso”, reconoció Venizelos. “Sabíamos que pagaríamos el precio de haber asumido una posición emocional y políticamente insoportable para tomar las medidas que eran necesarias”, agregó. Antes de las elecciones, Samaras había desestimado toda posibilidad de formar una alianza con los socialistas. En un intercambio de gentilezas, Venizelos descartó una alianza con ND y pidió una gran coalición de partidos proeuropeos. “Un gobierno de coalición del viejo sistema de dos partidos no tendría suficiente legitimidad ni suficiente credibilidad doméstica o internacional si reuniera una mayoría muy exigua”, señaló.


El líder del partido neonazi Amanecer Dorado, Nikos Michaloliakos, dijo que su partido, que entra al Parlamento por primera vez y será el sexto con más bancas, luchará contra los usureros mundiales y contra la esclavitud impuesta por los acuerdos crediticios del FMI y la UE, a los que calificó de dictatoriales.

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Domingo, 06 Mayo 2012 06:14

Contradictorio Evo Morales

Contradictorio Evo Morales
Contradictorio. Ese parece ser el término que, hoy por hoy, refleja mejor la personalidad de Evo Morales, uno de los políticos más sorprendentes y polémicos que gobierna un país en ebullición: Bolivia. Su inigualada e histórica popularidad, -casi un 80% de los bolivianos le apoyaba en 2009-, ha comenzado a menguar con persistencia hasta bordear, según las últimas encuestas, el 38% en las ciudades; sus aliados disienten de sus medidas y ante la intolerancia a sus críticas se alejan de él, pero no discuten su estabilidad.

 
Morales, de 52 años, no deja indiferente a nadie. El pueblo se debate entre la fascinación y el desengaño, justo cuando tiene que remontar su bajada de popularidad para asegurar su reelección el 2014.

 
Estos días atrás, el mandatario boliviano ha sido noticia de primera página porque con una diferencia de pocas horas ha nacionalizado una empresa española y ha asegurado a otra, la petrolera española Repsol, el respeto a sus inversiones.
 

Desde 2006, el Día del Trabajo es propicio para la expropiación y así se mantiene viva la reivindicación de los recursos naturales en manos de los bolivianos. Morales decidió revertir al Estado el 99,4% de las acciones que la española Red Eléctrica Internacional SAU poseía en la Transportadora de Electricidad (TDE), con una innecesaria demostración de fuerza militar en la sede de la entidad, en una tranquila calle del centro de Cochabamba. Atribuye la medida a la insuficiente inversión y ejecución de obras de la firma española, que invierte un promedio anual de cinco millones de dólares.


Más tarde, el mismo Morales aseguró al presidente de Repsol, Antonio Brufau, que el Gobierno boliviano garantiza que sus inversiones serán respetadas como las de un socio. “Bolivia necesita inversiones, necesita socios pero no dueños”, ha aclarado. “Quienes inviertan en Bolivia [pueden estar seguros] de que sus inversiones serán reconocidas, siempre”, agregó.

 
La sorpresiva nacionalización ha sido considerada como un intento gubernamental de aplacar la revuelta de las batas blancas. Miles de médicos, trabajadores sanitarios y universitarios exigen su incorporación a la ley del Trabajo y políticas de atención al precario servicio de salud pública con huelgas y ayunos de 40 días.
 

La novena Marcha Indígena en defensa del territorio indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que comenzó la pasada semana, pone en tela de juicio el papel de “Héroe mundial de la Madre Tierra” de Morales. La ONU le otorgó esa distinción en 2009 por su férrea defensa del medio ambiente y sus duras acusaciones hacia el capitalismo por intentar matar a la Pachamama (madre tierra). Ahora, el presidente quiere construir sí o sí una carretera que atraviese el corazón de la reserva. Los habitantes del territorio, de las etnias moxos, chimane y yuracaré se niegan a destruir su hábitat.
 

El líder boliviano suele decir que no puede creer lo que está viviendo cuando se trata de momentos culminantes en su vida e, inevitablemente, mira en retrospectiva.
 

Rememora entonces su niñez en Isallavi, cercana a Orinoca, su pueblo natal. “Mi mamá me ponía una camisa y un pantalón que no me sacaba nunca. Si me los sacaba era para buscar piojos o para remendar el codo de la chompa. Sí, tenía piojos. Ducha, no conocía. Me lavaba la cabeza con Ace (detergente para ropa), porque así vivíamos todos”, recuerda.

 
El ex ministro de Comunicación de Morales, Iván Canelas, confirma la dura vida de Morales: “Nació en una región olvidada y desconocida para todo el país, sin recursos económicos ni elementales servicios básicos; región de campesinos productores de papa y pastores de llamas y ovejas. ¡Quién podría imaginar que de un lugar así, de un páramo, iba a surgir un líder como Evo!”

 
Panadero, ladrillero, platillero en las bandas de música de Oruro, Morales dejó sus llamas por la ciudad, pero pronto encaminó sus pasos a Cochabamba y a Chapare, donde comenzó cultivando arroz. Allí inició una carrera sindical muy próspera en el plano político, pues desde las seis federaciones del Trópico —que agrupa a unos 30.000 productores de coca— Morales se convirtió en defensor de la hoja y paralizó el país entero con sus temidos bloqueos de carreteras contra la erradicación de la planta.
 

Llegó al Parlamento como diputado y, más tarde, en 2006, asumió la presidencia de Bolivia en el comienzo de un proceso de cambio que está dando la vuelta al país, pero con demasiados sinsabores y decepciones para quienes lo han apoyado.

 
El cambio, aparentemente, ha operado modificaciones en el pensamiento de Morales que ha reforzado el control de todos los poderes del Estado, incluidos el Legislativo y el Judicial, además del poder político, el económico y el social, en el convencimiento de que solo así se completará la revolución democrática y cultural, cuyo eje parece ser un indigenismo a ultranza que no concilia con la modernidad.

 
“El presidente quiere marcar una cercanía al momento transformador postulado por los indígenas y quiere ser su representante”, explica el ex canciller Armando Loayza.

 
El exministro Canelas está convencido de que Morales es, de lejos, el presidente que ha trabajado más por el país: “Nunca antes ningún presidente le ha dedicado tantas horas y con tanta pasión para devolver al país sus recursos naturales. Ha cambiado las reglas y ningún inversor se ha ido”. Nadie ha entregado tantas obras como Morales, asegura, y alude a 4.000 proyectos ejecutados con apoyo de Venezuela (hospitales, escuelas, coliseos y campos deportivos en el área rural).

 
Pero, sin desmerecer sus obras y la gobernabilidad de su administración, quienes lo han apoyado están desencantados. Los indígenas, los asalariados y ahora la clase media le están dando la espalda.

 
La Confederación Indígena de Bolivia (CIDOB), que agrupa a los pueblos originarios de tierras bajas, “está decepcionada”, según el indígena chiquitano Lázaro Tacóo. “La soberbia, el autoritarismo y la terquedad de Evo están poniendo en entredicho a la gente humilde, esa gente que no pisa la escuela pero que es sencilla, educada y pacífica”. Los pueblos indígenas, dice Tacóo, están preocupados ante “la enorme capacidad que tiene para desatar conflictos en los sectores sociales, en lugar de unir a todos los bolivianos”.

 
El ex Defensor del Pueblo Waldo Albarracín cree que Morales ha cambiado de ideología. “Los ideales de alta sensibilidad humana en defensa de los marginados y los excluidos han sido paulatinamente relegados por su carácter autoritario y una ostensible intolerancia a los criterios alternativos. Quien los emite es inmediatamente reprimido; las organizaciones sociales disidentes son destruidas y reemplazadas por otras entidades paralelas promovidas por el Gobierno y con líderes afines”, explica Albarracín.

 
El presidente es famoso por sus ocurrencias. Un librito que recogía cien de sus más picantes frases es un superventas, lo que supone un doble mérito en un país donde apenas se lee una media de un libro al año y los autores costean su impresión.

 
El presidente Morales figura entre las contadas personalidades con más de una distinción académica de doctor honoris causa. Su colección reúne casi veinte títulos de otras tantas Universidades extranjeras y de Bolivia. Con la sinceridad que le caracteriza, acaba de declararse “feliz por no haber ido a la Universidad”.

 
A fuerza de halagos de su entorno, Morales puede que esté convencido de ser el jefazo de un Gobierno popular, aunque no se haya percatado de la lenta dilución de sus bases, como se diluye la esperanza de “vivir bien” en Bolivia.


Por Mabel Azcui 6 MAY 2012 - 03:01 CET

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Domingo, 06 Mayo 2012 05:51

Europa avista un cambio de rumbo

Europa avista un cambio de rumbo
Una crónica sobre Europa publicada unas horas antes de las elecciones en Francia y Grecia, dos países clave del continente por distintas razones, tiene que ser por fuerza una especie de remiendo de aquel maravilloso poema de Kipling. Si pasa esto, si sucede esto otro, si los pronósticos se cumplen: todo conduce irremediablemente hacia el condicional, todo está pendiente de que el guión se cumpla. Y aun así el viento ha cambiado, y ese cambio es irreversible, cruce quien cruce las puertas del Elíseo, gane quien gane en Atenas. A la espera del dictamen de las urnas en Francia, segunda potencia europea y tradicional contrapeso de Alemania, y en Grecia, origen y estación de destino de esta crisis desmesurada y proteica, ese giro se sustenta sobre un doble eje. Uno: la política alemana del rigor fiscal a ultranza ha puesto a Europa al límite; el renovado impulso político de Francia y la tozudez de los hechos (con media Europa en recesión) obligan a Berlín y Bruselas a modificar el credo tras dos largos años predicando la bondad de los recortes. Y dos: el péndulo político empieza a oscilar. La izquierda llama a la puerta, aunque solo sea por el implacable castigo de la crisis sobre los partidos que gobiernan, con un electorado escarmentado por la sobredosis de tijera.


Pensar en el futuro de Europa sin la socialdemocracia es como hablar de Hamlet sin el Príncipe; del Quijote sin Sancho. Pero pensar en el presente es fácil. Solo cinco países europeos (Dinamarca, Austria, Bélgica, Eslovenia y Chipre, apenas el 5% de la población del continente) están gobernados por la izquierda, que ha perdido tres de cada cuatro elecciones desde que empezó la crisis: cosecha 19 derrotas desde 2007, nada menos. Si el candidato socialista, François Hollande, confirma mañana en las urnas lo que dicen las encuestas, “veremos el inicio de un cambio de ciclo en Europa, que después deberán confirmar Holanda, Italia y, en otoño de 2013, Alemania”, asegura el vicepresidente de la Comisión y ex secretario general del PSOE, Joaquín Almunia. Ese nuevo ciclo arrancó ayer con la derrota de los conservadores en las municipales británicas.


Los favorables pronósticos para la izquierda y esa nueva brisa europea que empuja al continente a completar la necesaria austeridad con políticas de estímulo pueden verse como dos caras de la misma moneda. Charles Kupchan, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores —uno de los institutos más influyentes del mundo—, explica que Francia y Hollande han sido catalizadores de esa doble hélice: “Por un lado se atisba esa venganza de la izquierda, aunque solo sea porque la crisis seguirá tumbando Gobiernos y la gran mayoría de Europa está liderada ahora por partidos conservadores.

 
Pero lo más importante es que buena parte de ese viraje va más allá de la ideología. Veremos a Gobiernos como los de España y Reino Unido aliarse contra las políticas que ha impuesto Alemania, con ese acento tan marcado por la austeridad que de momento no da resultados”. Pero atención: “Puede que las consignas miopes relacionen las políticas de crecimiento con la izquierda y la austeridad con la derecha, pero en los últimos años se ha demostrado que esas fronteras son difusas. La derecha va a tratar de arrebatar a la izquierda esa bandera, como ha hecho con otras. Incluso si repite Nicolas Sarkozy esa nueva política económica no tiene marcha atrás”, avisa Kupchan desde Washington.

 
En las últimas semanas se ha instalado en Bruselas y en algunas de las más importantes capitales europeas la sensación de que Hollande puede acabar de un plumazo con las crisis gemelas de Europa —económica y política—, en un 6 de mayo que se adivina crucial para la crisis del euro y ese debate recuperado entre austeridad y crecimiento. De paso, una victoria de Hollande supondría el primer aldabonazo para esa regeneración de las izquierdas, que llevan dos décadas vagando como verdaderos fantasmas. En fin, todo cuadra: si gana Hollande a Alemania no le quedará más remedio que abrir la mano y empezar a hablar —de veras— de crecimiento, ante la constatación de que media Europa sufre ya la recesión y el paro en carne viva. Las elecciones en Grecia empujan en la misma dirección. El riesgo de que suban demasiado los partidos extremistas (y por lo tanto, de una improbable salida del euro) no es óbice para que la mayoría de los análisis coincida en que al final los partidos proeuropeos acabarán formando Gobierno, y que la Unión premiará esa estabilidad con un guiño a favor del crecimiento para sacar la economía griega de la depresión.


Incluso las elecciones regionales en Alemania ayudan a cuadrar el círculo: las encuestas constatan el declive de la coalición de Gobierno que lidera Merkel, lo que obligará a la canciller a matizar su discurso fundamentalista con la austeridad ante la necesidad de una gran coalición con los socialdemócratas del SPD. En Alemania ya hay, de hecho, una gran coalición: el Gobierno necesita el apoyo del SPD para aprobar el pacto fiscal, fabricado en Bruselas a imagen y semejanza de los deseos de Merkel.

 
¿No puede ser prematuro hablar de un frente anti-Merkel? “Hollande aglutina ese frente con un mensaje claro: no basta con la austeridad. Y los partidos socialdemócratas europeos se frotan las manos”, explica Ulrike Guérot, investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. El analista Moisés Naím advierte de los peligros que se asocian a ese análisis. “La austeridad per se no es mala ni buena, depende de cómo se aplique.
 

Lo mismo le pasa al crecimiento. El problema del debate que ha abierto Hollande es que está muy poco matizado, está demasiado ideologizado, demasiado esquematizado, basado en eslóganes austeridad-derecha, crecimiento-izquierda. Es más fácil hacer política económica en la oposición. Está por ver cómo va a reflejar la izquierda francesa sus ideas si gobierna; de momento nadie sabe por dónde va a salir Hollande, apenas tenemos vislumbres de lo que piensa. Lo bueno es que por fin se habla de cosas interesantes en Europa. Lo malo es que el debate es lo suficientemente difuso como para que tantas expectativas acaben decepcionando”.

 
Ese juego de equilibrios es demasiado frágil como para pensar que todo está atado y bien atado a horas de dos citas cruciales. Grecia, la cuna de la democracia, y Francia, esperanza de antítesis alemana en Europa, velan armas. En los mercados, que votarán a su manera tan pronto como el lunes, se abre paso otra teoría: “No hay margen para nada en Europa, y mucho menos en Francia; como mucho, lo hay para un cambio de léxico que permita hablar de crecimiento sin poner demasiado dinero. Los países que más lo necesitan no tienen credibilidad para endeudarse y a los alemanes les da miedo hacerlo”, explica Myles Bradshaw, del gigantesco fondo de deuda pública Pimco. “Habrá crecimiento, pero a la manera de Merkel, sobre todo con reformas a la alemana”, vaticina. Puede que al final toda esa necesidad de acompañar la austeridad con estímulos acabe simplemente en eso, en más reformas.

 
“En Francia hacemos revoluciones, no reformas”. Pero esa última frase no es la de un analista. Ni siquiera de Hollande o Sarkozy. Es de Napoleón.

Por Claudi Pérez Bruselas 5 MAY 2012 - 20:41 CET

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Sábado, 28 Abril 2012 07:21

Lo que Obama conoce

Lo que Obama conoce

El artículo más demoledor que he visto en este momento sobre América Latina, fue escrito por Renán Vega Cantor, profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá y publicado hace 3 días en el sitio web Rebelión, bajo el título “Ecos de la Cumbre de las Américas”.
 

Es breve y no debo hacer versiones, los estudiosos del tema pueden buscarlo en el sitio indicado.

 
En más de una ocasión he mencionado el infame acuerdo que EEUU impuso a los países de América Latina y el Caribe al crear la OEA, en aquella reunión de cancilleres, que tuvo lugar en la ciudad de Bogotá, en el mes de Abril de 1948; en esa fecha, por puro azar, me encontraba allí promoviendo un congreso latinoamericano de estudiantes, cuyos objetivos fundamentales eran la lucha contra las colonias europeas y las sangrientas tiranías impuestas por Estados Unidos en este hemisferio.
 

Uno de los más brillantes líderes políticos de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, que con creciente fuerza había unido los sectores más progresistas de Colombia que se oponían al engendro yanki y cuya próxima victoria electoral nadie dudaba, ofreció su apoyo al congreso estudiantil. Fue asesinado alevosamente. Su muerte provocó la rebelión que ha proseguido a lo largo de más de medio siglo.

 
Las luchas sociales se han prolongado a lo largo de milenios, cuando los seres humanos, mediante la guerra dispusieron de un excedente de producción para satisfacer las necesidades esenciales de la vida.
 

Como se conoce los años de esclavitud física, la forma más brutal de explotación, se extendieron en algunos países hasta hace algo más de un siglo, como ocurrió en nuestra propia Patria en la etapa final del poder colonial español.

 
En los propios Estados Unidos la esclavitud de los descendientes de africanos se prolongó hasta la presidencia de Abraham Lincoln. La abolición de esa forma brutal de explotación se produjo apenas 30 años antes que en Cuba.

 
Martin Luther King soñaba con la igualdad de los negros en Estados Unidos hasta hace apenas 44 años, cuando fue vilmente asesinado, en abril de 1968.

 
Nuestra época se caracteriza por el avance acelerado de la ciencia y la tecnología. Estemos o no conscientes de ello, es lo que determina el futuro de la humanidad, se trata de una etapa enteramente nueva. La lucha real de nuestra especie por su propia supervivencia es lo que prevalece  en todos los rincones del mundo globalizado.

 
En lo inmediato, todos los latinoamericanos y de modo especial nuestro país, serán afectados por el proceso que tiene lugar en Venezuela, cuna del Libertador de América.

 
Apenas necesito repetir lo que ustedes conocen: los vínculos estrechos de nuestro pueblo con el pueblo venezolano, con Hugo Chávez, promotor de la Revolución Bolivariana, y con el Partido Socialista Unido creado por él.

 
Una de las primeras actividades promovidas por la Revolución Bolivariana fue la Cooperación Médica de Cuba, un campo en el que nuestro país alcanzó especial prestigio, reconocido hoy por la opinión pública internacional. Miles de centros dotados con equipos de alta tecnología que suministra la industria mundial especializada, fueron creados por el Gobierno bolivariano para atender a su pueblo. Chávez por su parte no seleccionó costosas clínicas privadas para atender su propia salud; puso esta en manos de los servicios médicos que ofrecía a su pueblo.
 

Nuestros médicos además consagraron  una parte de su tiempo a la formación de médicos venezolanos en aulas debidamente equipadas por el gobierno para esa tarea. El pueblo venezolano, con independencia de sus ingresos personales, comenzó a recibir los servicios especializados de nuestros médicos, ubicándolo entre los mejor atendidos del mundo y sus índices de salud comenzaron a mejorar visiblemente.

 
El Presidente Obama conoce esto perfectamente bien y lo ha comentado con alguno de sus visitantes. A uno de ellos le expresó con franqueza:  ”el problema es que Estados Unidos envía soldados y Cuba, en cambio, envía médicos”.

 
Chávez, un líder, que en doce años no conoció un minuto de descanso y con una salud de hierro se vió, sin embargo, afectado por una inesperada enfermedad, descubierta y tratada por el propio personal especializado que lo atendía, no fue fácil persuadirlo de la necesidad de prestar atención máxima a su propia salud. Desde entonces, con ejemplar conducta, ha cumplido estrictamente con las medidas pertinentes sin dejar de atender sus deberes como Jefe de Estado y líder del país.

 
Me atrevo a calificar su actitud como heroica y disciplinada. De su mente no se apartan,  ni un solo minuto, sus obligaciones, en ocasiones hasta el agotamiento. Puedo dar fe de ello porque no he dejado de tener contacto e intercambiar con él. Su fecunda inteligencia no ha cesado de consagrarse al estudio y análisis de los problemas del país. Le divierten la bajeza y las calumnias de los voceros de la oligarquía y el imperio. Jamás le escuché insultos ni bajezas al hablar de sus enemigos. No es su lenguaje.

 
El enemigo conoce aristas de su carácter y multiplica sus esfuerzos destinados a calumniar y golpear al Presidente Chávez. Por mi parte no vacilo en afirmar mi modesta opinión ─emanada de más de medio siglo de lucha─ de que la oligarquía jamás podría gobernar de nuevo ese país. Es por ello preocupante que el Gobierno de Estados Unidos haya decidido en tales circunstancias promover el derrocamiento del Gobierno bolivariano.

 
Por otro lado, insistir en la calumniosa campaña de que en la alta dirección del Gobierno bolivariano existe una desesperada lucha por la toma del mando del gobierno revolucionario si el Presidente no logra superar su enfermedad, es una grosera mentira.

 
Por el contrario, he podido observar la más estrecha unidad de la dirección de la Revolución Bolivariana.

 
Un error de Obama, en tales circunstancias, puede ocasionar un río de sangre en Venezuela. La sangre venezolana, es sangre ecuatoriana, brasileña, argentina, boliviana, chilena, uruguaya, centroamericana, dominicana y cubana.

 
Hay que partir de esta realidad, al analizar la situación  política de Venezuela.

 
¿Se comprende por qué el himno de los trabajadores exhorta a cambiar el mundo hundiendo el imperio burgués?

 

Fidel Castro Ruz
 
Abril 27 de 2012
 
7 y 59 p.m.
 

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Primeros pasos postneoliberales, mas no postcapitalistas
“Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa.”
Presidente Rafael Correa, 15.1.2012


Desde inicios del 2007 se inauguró una nueva etapa llena de esperanzas de cambio. Las políticas económicas del gobierno del presidente Correa, desligadas de los mandatos del FMI y del Banco Mundial, empezaron a revertir paulatinamente la tendencia neoliberal anterior (2).

Este intento de cambio de rumbo no está presente exclusivamente en Ecuador. Se da en varios países de la región. A raíz de la crisis del neoliberalismo, desde hace algunos años atrás y con diversas intensidades, se transita paulatinamente por una senda postneoliberal en Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela (3). Sin embargo, este proceso, que no aleja definitivamente la posibilidad de un regreso del neoliberalismo, no debe confundirse con un tránsito postcapitalista. No hay que descartar el riesgo de que el progresismo quede atrapado en los límites y contradicciones de una modernización capitalista, en la cual el retorno del Estado le es funcional.

Lo que cuenta es que el Estado ha recuperado espacios de gestión perdidos en los años neoliberales y se proyecta como un actor importante de la economía ecuatoriana. En particular la política fiscal, en tanto fundamental herramienta de política económica en una economía dolarizada, ha cobrado mayor vigencia y capacidad de acción, gracias a la rotura de una serie de ataduras que limitaban su gestión y por cierto a la enorme disponibilidad de ingresos fiscales. El manejo económico no está más regido por las condiciones fondomonetaristas.

Los mayores ingresos de toda la historia republicana


Durante este gobierno, la economía ecuatoriana registra la mayor cantidad de ingresos por exportaciones petroleras desde que se inicio esta actividad en el país. El gobierno de Correa gana por goleada a cualquier otro gobierno anterior, en lo que a exportaciones petroleras se refiere. Naturalmente hay anotar que es el gobierno que más tiempo ha estado en el poder. De todas formas es el gobierno que cuenta con el ingreso mensual promedio más alto de todo el período, tomando en consideración la pronunciada caída de los precios del crudo desde fines del año 2008 hasta mediados del 2009.




A más de los ingresos petroleros que en valores nominales fueron de casi 29.700 millones de dólares, hay que sumar los ingresos tributarios recaudados que alcanzaron los 34.372 millones de dólares; una cifra que contrasta con los 20.195 millones recaudados entre 2001 y 2006.

El crecimiento de los ingresos tributarios debe ser atribuido a varios factores: el esfuerzo realizado por el Servicio de Rentas Internas para reducir la evasión y elusión tributarias, las reformas tributarias que comenzaron a incrementar la presión tributaria y por cierto la misma disponibilidad de recursos monetarios que alientan el consumo y en alguna medida también el crecimiento económico. Los impuestos directos han pasado del 65% en el año 2006 al 58% en el 2011, con la consiguiente reducción de la participación de los impuestos indirectos.

Cabe anotar que la llamada reforma fiscal verde, instrumentada en el año 2011, no tuvo los resultados esperados; las evaluaciones realizadas indican que, por el atropellado proceso seguido en su diseño, esta reforma resultó regresiva en términos ambientales e incluso sociales.

La reducción de la evasión tributaria gravitó también para incrementar los ingresos del fisco, pues se estima, según el SRI, que ésta era del 61% en 2006 y habría llegado a un 40% al cabo de 5 años de gobierno del presidente Correa.




Igualmente este régimen contó con los recursos congelados en diversos fondos petroleros durante los gobiernos anteriores. El gobierno también ha recurrido al uso productivo de recursos acumulados en la reserva de libre disponibilidad (sobre todo en el momento de mayor impacto de la crisis internacional).

El gobierno del presidente Correa, como todos los otros gobiernos, recurrió a los recursos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), aunque en cantidades muy superiores: más de 4.500 millones de dólares, entendible también por aquello de ser el gobierno que más tiempo ha estado en funciones.




Todos estos rubros sumados –petróleo, tributos, préstamos del IESS y otros- superan largamente los ingresos de los gobiernos anteriores. A esto se añade el beneficio obtenido por la renegociación de la deuda externa, que permitió alivianar el pago de intereses en el presupuesto del Estado.

Un factor que debe haber ayudado a sostener gran parte del circulante en el país es la misma crisis de los países centrales. En el Norte global las condiciones para invertir se han debilitado aceleradamente.

Aunque pueda resultar hasta contradictorio, dicha crisis y el manejo que se le ha dado, fundamentado en multimillonarias inyecciones de recursos financieros a la banca, han provocado un sostenido incremento de los precios de muchas materias primas, entre otras el petróleo y los minerales. Estas presiones especulativas están presenten también en los precios de varios alimentos, como son los cereales. De esta manera estos recursos ya no solo están destinados a atender la demanda energética o productiva o alimenticia, sino que se han transformado en activos financieros en medio de una economía mundial todavía dominada por fuerzas y tendencias especulativas.

El gobierno, por su parte, también ha tomado algunas medidas para tratar de controlar la salida de capitales. El creciente impuesto a la salida de los mismos, que alcanzó el 5% en el año 2011, es una de las disposiciones adoptadas, con la consiguiente oposición de algunos grupos de poder económico. Sin embargo, el gobierno no ha conseguido que la banca repatríe el ahorro nacional; cerca del 25% de los ahorros se mantienen fuera del país de manera sistemática durante los últimos 5 años.

A más de los ingresos mencionados habría que incorporar el aporte de las remesas de los compatriotas que laboran en el exterior, que alcanzaron los 2.672 millones de dólares en el año 2011. Es cierto que éstas han disminuido por la crisis internacional. Pero aún así representan un monto que supera las exportaciones de banano, principal producto de exportación tras el petróleo. Además, las remesas, que si bien no van al fisco, ayudan a mejorar los niveles de consumo sobre todo de sectores de clase media baja. Lo preocupante de este consumo es que un elevado porcentaje se lo satisface con importaciones.

Limitado crecimiento económico, sin cambios estructurales


A pesar de ser el período con ingresos fiscales más altos de la historia, el crecimiento económico del país en este lustro no ha sido sostenido. Hay que reconocer que en este lapso impactó la crisis económica internacional, la más grave desde la Gran Depresión de los años treinta del pasado siglo.

Sin embargo, el mayor impacto de esta crisis para Ecuador se revertió en la medida que desde el segundo trimestre del año 2009 empezó una recuperación de los precios del petróleo. De todas formas, en este período de 5 años el precio del crudo ecuatoriano alcanzó niveles desconocidos en períodos anteriores: 59,86 dólares por barril en promedio del año 2007; 82,95 en el 2008; 52,56 en el 2009; 71,93 en el 2010; 97,71 en el 2011.

La economía ecuatoriana, según el Banco Central del Ecuador, creció en 7,8 % en el año 2011. En el 2007 llegó al 2%, en el 2008 alcanzó el 7,2% y en el 2009 fue de 0,4%: año con el mayor impacto de la crisis (4). La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) así mismo indicaba que en el año 2011 la economía creció en 8% en términos reales y ubica al Ecuador como la tercera economía con mayor desempeño de América del Sur.

El crecimiento en 2011 se debió principalmente a una gran inyección de recursos del sector público, que incidieron en el comercio y la construcción, con un aumento de 6,34% y 20,99%, respectivamente, en relación al año anterior. Las obras públicas crecieron en un 18,44%, destacándose entre otros, la construcción de plantas hidroeléctricas. Cabe anotar que muchas de estas obras basan su financiamiento en el endeudamiento con China. Mientras que otros sectores, como el agrícola, en donde se genera una mayor cantidad de puestos de trabajo, tuvieron un crecimiento de 5,95%.

La inversión pública en el año 2006 fue de 1.739,4 millones de dólares (4,3% del PIB) mientras que en el año 2011 fue de 7.375,6 millones de dólares (11,2% del PIB). En todo el período 2007-2011 la inversión pública alcanzó los 23.803 millones de dólares, mientras en el período 2001-2006 apenas llegó a 7.981 millones de dólares. Esta inversión se ha convertido en el motor de la economía. Su función ha sido vital como herramienta contracíclica en los momentos de mayor gravedad de la crisis internacional.

Sin embargo, cuando se han cumplido ya cinco años de gobierno, los anunciados cambios estructurales en el aparato productivo para impulsar el desarrollo endógeno no aparecen. Al analizar la estructura del PIB por sectores podemos, observar que se sigue apostando por los productos primarios. La agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca presentan una mayor participación en el PIB. Sin embargo, gran parte de esta producción no está direccionada al mercado interno.




La industria manufacturera, aunque experimentó un incremento, presenta señales poco claras. El manejo de las medidas proteccionistas ha sido sinuoso: a inicios del año 2009, presionado por la crisis, el gobierno recurrió a una serie de salvaguardias, que luego las desmanteló parcialmente en el año 2011. Esta marcha atrás no solo se debió a las presiones de los países vecinos, sino a la ausencia de una clara estrategia productiva, campo donde se evidencia uno de los fracasos de la gestión gubernamental.

El crecimiento en la participación del comercio al por mayor y menor, es más fruto del incremento de las importaciones.

En el ámbito del comercio exterior la situación no registra mayores variaciones estructurales. La estructura de las exportaciones está dominada por las ventas externas de petróleo. Así para el año 2011, las exportaciones petroleras llegaron al 57,8% del total de exportaciones, siendo el 42,2% restante exportaciones no petroleras; en el año 2006 alcanzaron el 59,3% las petroleras y el 40,7% las no petroleras (En el año 2008 las exportaciones petroleras superaron el 62%, justamente por los elevados precios del petróleo). Estas exportaciones no petroleras son en su mayoría de productos primarios sin apenas valor agregado. El banano es el mayor producto exportado no petrolero: 10% del total.

Las importaciones presentan un panorama con pocos cambios. En el año 2011, mientras financiamos la economía con exportaciones de petróleo crudo, la desfinanciamos con las importaciones de combustibles y derivados del petróleo, que representaron el 22,2% del total de compras externas (2006: 22,5%). Las materias primas alcanzaron el 31,5% (2006: 33,7%) y los bienes de consumo el 20,7% (2006: 24,5%). La importación de bienes de capital, importantes para la industria, sufrieron una reducción en su participación desde el año 2007, pasando del 27,2% al 25,5% en el 2011.

Este panorama se complementa con un gran desbalance comercial. Al año 2011, la balanza comercial fue deficitaria en 664,3 millones de dólares (1,1% del PIB). El déficit de balanza comercial no petrolera llegó a -8.490,8 millones de dólares, el mayor en la época del gobierno de Correa y de toda la historia comercial del país (2006: -3.714,85).

Pocas veces antes los más excluidos estuvieron menos peor


Para analizar la evolución de la economía no solo cuentan los cuantiosos ingresos fiscales y el desenvolvimiento del PIB o las exportaciones. Debemos sopesar también la voluntad por cambiar las prioridades en el uso de los recursos disponibles.

En este lapso cambió profundamente la relación servicio de la deuda versus inversión social. En los años neoliberales la relación era favorable al servicio de la deuda. En el gobierno de Correa prima la inversión social. Comparando la inversión social con el PIB, el salto es inocultable. Esta pasó de 4,74% en el año 2006 al 9,85% en el 2011.

Los avances en educación y salud merecen ser destacados 


La inversión en educación se incrementó de 2,59% del PIB en el 2006 al 5,59% en el 2011 (todavía distante de la meta del mandato constitucional que establece un mínimo del 6%). Empero, se mantiene aún un enorme déficit en infraestructura educativa.

La inversión en salud también mejoró, del 1,24% al 2,17%, en el mismo período (lejos de la meta constitucional del 4%). En educación el 82,5% se destinó a gasto corriente y en salud el 64,6%, porcentajes entendibles por el elevado número de personas que laboran en dichos sectores. De todas maneras, como lo reconocen incluso funcionarios del gobierno, “Ecuador mantiene todavía uno de los más bajos niveles de inversión social per cápita en la región”. (5) 

Los avances cuantitativos, sin embargo, no han ido acompañados de mejoras cualitativas. En materia de educación todavía no hay avances sustantivos en la calidad de la formación impartida. Mientras que en salud, si bien hay un aumento considerable en la cobertura por parte del sistema público, la calidad de los servicios sigue con graves deficiencias. El propio presidente Correa, el 14 de enero del 2012, tras la destitución del titular de esa cartera ministerial, reconoció que “…me parece que no hemos avanzado nada. La misma corruptela. ¿Qué hemos avanzado en estos cinco años en ese aspecto?” (6). Y en el ámbito de la educación no fue menos expresivo al decir que “estoy hasta la coronilla de los mandos medios, de que no obedezcan las órdenes del gobierno central y del presidente de la República”, cuando se inauguraba el ciclo lectivo de la costa, el 16 de abril del 2012. En esa ocasión el presidente Rafael Correa cuestionó la gestión del Ministerio de Educación, la falta de estandarización del modelo de planteles, reclamó a los maestros la excelencia académica.

La inversión en vivienda se sostiene en gran medida por los crecientes créditos hipotecarios del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). La construcción de vivienda, sobre todo para la clase media y los sectores acomodados, alentada por diversas fuentes de financiamiento, como podrían ser indirectamente por el gasto público o directamente por el ingreso de narco dólares, entre otras opciones, experimenta un auge significativo. Incluso podría estar incubándose una burbuja especulativa en este ámbito, lo que ha provocado ya alguna respuesta gubernamental que debe ser aprobada en la Asamblea Nacional.

También se ha potenciado toda la política de subsidios existente con anterioridad. Destaca el Bono al Desarrollo Humano (BDH), como se denomina al Bono Solidario creado en 1998. Así, se incrementó el número de hogares perceptores de 979.008 en el año 2006 a 1.853.238 a enero del 2012, según el Programa de Protección Social del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Para el presupuesto del 2012 se prevé un monto de 486 millones de dólares. En el informe sobre “La inversión social en el Presupuesto General del Estado”, publicado por la Asamblea Nacional y el Ministerio de Coordinación de Desarrollo Social con el apoyo de UNICEF, se reconoce que el Bono de Desarrollo Humano “es una de las principales estrategias gubernamentales para la reducción de la pobreza”. A través de esta acción el gobierno de Correa, con algunas interesantes prestaciones asociadas a dicho Bono, a la postre mantuvo y aún profundizó las lógicas clientelares que desarrollaron los gobiernos anteriores.

A estas cifras en el ámbito social habría que añadir el significativo monto de recursos destinados a la obra pública, presentados en líneas anteriores, que sin duda ayudaron a mejorar las condiciones sociales.

El desempleo y el subempleo han experimentado una reducción. El desempleo, en promedio anual, pasó de 6,9% en el 2007 a 6,0% en el 2011. El subempleo, en ese mismo período, evolucionó del 51,9% al 46,65 en el 2011. (No se pueden hacer fácilmente comparaciones con las épocas anteriores, pues desde el año 2007 hay otra metodología de cálculo). El saldo nos dice que todavía en el año 2011 al menos uno de cada dos personas en capacidad de trabajar no tenía un trabajo adecuado. Este es un problema de fondo no resuelto.

En el año 2011, en relación al 2007, la población en edad de trabajar creció en 709.588 (9,7%), pero la población económicamente activa sólo creció en 160.483 (3,7%): el 77% del incremento se dio en personas que se excluyeron de la economía, sea porque estudian, por que emigran o porque ya no buscan trabajo. Esto significa que la población en edad de trabajar creció más rápido que la población económicamente activa. Es decir, a pesar de que más personas estaban en edad de trabajar, solo una fracción de esas (33%) entró a formar parte de la población económicamente activa (es decir a trabajar o a buscar un trabajo).

En este lapso mejoró el poder adquisitivo de los salarios. Se redujo la brecha del ingreso en relación a la canasta básica al pasar del 31,1% en el 2006 al 12,2% en el 2011. Incluso se superó la canasta vital. Esta positiva evolución, sin embargo, no se debió a un incremento de la productividad. En este contexto, el consumo, alentado también por la inversión y el gasto públicos, a lo que habría que añadir las remesas de la emigración, se incrementó de manera sostenida.

Francisco Rohn Dávila, director del CAAP, en una entrevista en Diario El Comercio, el 11 de marzo del 2012, reflexiona sobre este tema y sus consecuencias: “Una de las transformaciones más importantes de la sociedad actual es que, en esencia, es consumista. Y si se ha incrementado ese consumo (en el Ecuador, NdA) es por el flujo de recursos monetarios importantes. El eje de la circulación monetaria es el Gobierno, que refuerza el imaginario del consumismo. Esto crea individuos pensando en un presente por consumir; no piensan en el futuro y, por lo tanto, tampoco en un proyecto histórico de Estado nacional. (…) El Gobierno tiene su discurso de la estabilidad y que solo él hace posible que la sociedad cumpla su sueño: consumir. Si esto se hace con una mayor o menor autoritarismo, con mayor o menor centralización del poder, no es un tema que convoque a la gente. La persona solo piensa en que mañana podrá ir al centro comercial y comprar lo que quiera.” (7) 

A pesar de todos los esfuerzos desplegados, al no afectarse estructuralmente la modalidad de acumulación imperante, ni la concentración de la riqueza en pocas manos, en estos cinco años no se registra una mejora sustantiva en términos de reducción de la pobreza. La pobreza urbana por ingresos cae del 36,7% en el año 2007 al 28,4% en el 2011, y la pobreza extrema lo hace del 16,5% al 12,9% en el mismo período, es decir en 8,3 puntos porcentuales y 3,6 puntos porcentuales respectivamente; mientras que en el lapso precedente, del 2001 al 2006, esta reducción fue de 20,7 puntos porcentuales en la pobreza y de 18,2 en la extrema pobreza.

De la misma manera, en el período 2001-2006 se reduce en 19 puntos la pobreza urbana y 11 puntos la pobreza rural; mientras que en el período 2007-2011 lo hace en 6,6 puntos la pobreza urbana y en 10,1 puntos la pobreza rural.

Sin negar que la pobreza se reduce más rápido inmediatamente después de una crisis, como la vivida en el tornasiglo, no es menos cierto que el resultado durante el gobierno de Correa no se corresponde a los enormes ingresos fiscales y la voluntad política de atender prioritariamente la inversión social.

De todas maneras sí se puede afirmar que como muy pocas veces antes los más excluidos estuvieron menos peor.

Pocas veces antes los grupos económicos poderosos estuvieron mejor


En estos cinco años, no disminuyó la concentración de la riqueza al ritmo esperado en un proceso autodenominado como revolucionario. Hay que señalar que el nivel de concentración de la riqueza en Ecuador es sumamente elevado. Como muestra se puede ver la evolución del índice de Gini. La reducción de la inequidad, medida por dicho índice, fue de 0,55 en el año 2007 a 0,47 en el 2011, esto significa una mejoría de 8 puntos; mientras que entre el 2001 al 2006 –años neoliberales- se redujo de 0,60 a 0,52, también 8 puntos.

Los niveles de concentración de ventas, medidos por el INEC, son por igual preocupantes: el 95,81% de las ventas a nivel nacional se concentran en el 10% del total de empresas; es más, el 90% de las ventas se concentran en el 1% de las empresas. Las cifras del INEC, reflejan una concentración regional no menos alarmante: Pichincha (18% población del país) y Guayas (25% de la población del país), concentran el 73,15% de las ventas y el 44,6% de establecimientos económicos; la primera provincia se adjudica el 22,2% de los establecimientos y el 46,8% de las ventas, Guayas el 22,4% y el 26,35 respectivamente. Azuay, El Oro, Manabí y Tungurahua tan solo aglutinan el 23,1% de los establecimientos y 16% de las ventas; repartiéndose el resto entre las otras 18 provincias.

En otros ámbitos, como el financiero, la tendencia concentradora se mantiene. Si bien por mandato constitucional, la banca y los banqueros ya no pueden tener propiedades ajenas a las relativas a su actividad específica, el crecimiento acumulado de utilidades de la banca privada en el período 2007-2009 (durante el gobierno de Correa) fue 70% superior al período 2004-2006 (gobiernos neoliberales). En el ejercicio del año fiscal 2011, dada la liquidez registrada por la economía ecuatoriana, el sector bancario incrementó sus utilidades en 52,1% en relación al año anterior. Entre enero y diciembre de 2011, la banca privada ecuatoriana registró 393,1 millones de dólares en utilidades; banca había alcanzado la cifra de 258,4 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras no permiten llegar a la conclusión de que todos los bancos están en igual situación; en el territorio nacional hay algunas entidades financieras que se sostendrían con depósitos directos e indirectos del Estado.

En este sentido es necesario destacar que las utilidades de los grupos económicos en el período 2006-2010 serían 364% superiores al período 2004-2006. Las utilidades de los grupos económicos habrían pasado de 529 millones de dólares en 2006 (antes de Correa) a 1.830,4 millones de dólares en 2010 (con Correa) (8).

Con la aprobación de la Ley Orgánica de Regulación y Control del Poder del Mercado, el 29 de septiembre de 2011, no se buscó romper las actuales estructuras monopólicas existentes. Lo que se propone es apenas combatir las prácticas monopólicas y oligopólicas, lo cual no deja de ser un avance teniendo en cuenta que el Ecuador junto con Bolivia y Paraguay eran los únicos países de la región que no disponían de un ley para alentar la competencia. En el caso ecuatoriano, el último intento en este sentido fracasó en el gobierno de Gustavo Noboa Bejarano, quien vetó totalmente la ley aprobada por el Parlamento, cediendo así a las presiones de la Cámara de Comercio de Quito.

En concreto, los grupos más acomodados, particularmente determinados conglomerados empresariales de importadores, así como también aquellos ligados a la inversión en obra pública9 y a la inversión social, han obtenido importantes utilidades. Y lo han conseguido sin invertir mayormente en la producción, sino simplemente aprovechándose de la apertura comercial y del mayor gasto público. Se han enriquecido de una manera “ociosa”: importando, comercializando e intermediando.

Se podría decir que, en síntesis, pocas veces antes los grupos económicos poderosos estuvieron mejor que con el actual gobierno.

El modelo empresarial de desarrollo goza de buena salud


El sistema económico, de conformidad con la Constitución de Montecristi en su artículo 283, debe ser social y solidario. Esta definición engloba a todas las formas de organización económica existentes y a las que se podrían construir en el futuro. Las diversas formas de hacer economía deben concluir, luego de un complejo proceso de transiciones plurales, en un todo. Esto, no obstante, no desconoce, la actual realidad de una economía mixta.

En otras palabras, si se quiere hacer realidad lo que dispone la Constitución, no puede mantenerse y menos aún ahondarse un manejo económico segmentado, que atienda por un lado la economía empresarial, por otro la estatal y en último lugar la economía popular, para dividirlo de una manera gruesa. Sin embargo, es ésta división la que inspiró la aprobación del Código de la Producción, por un lado, de la Ley de Economía Popular y Solidaria, por otro, y de la Ley de Empresas Públicas, en un tercer ámbito. Con este divorcio legal, en el que se prioriza el Código de la Producción, el gobierno, que impulsó la Constitución de Montecristi, en la práctica demostraría no tener la voluntad política para cristalizar decididamente una economía social y solidaria.

La ley de Economía Social y Popular, la cual no deja de ser una versión reformada de la ley de cooperativas, con una estructura institucional muy compleja y confusa, se acerca más a los principios constitucionales. En síntesis, la economía solidaria no será una herramienta de transformación válida en tanto el gobierno no asuma con decisión la concepción más innovadora y revolucionaria del concepto constitucional.

En concreto, sin una superación clara del divorcio entre “lo económico” y “lo social”, entre “lo productivo” y “lo solidario”, se consolida en la práctica el modelo económico empresarial que se impuso como dominante en los años liberales. De facto con la aprobación del Código de la Producción se priorizó la consolidación del modelo empresarial de desarrollo, impulsado desde décadas anteriores.

Por otro lado, los respectivos reglamentos contaron con la activa intromisión de los entes regulados, lo que generó un claro conflicto de intereses. En uno y otro caso, para la discusión de estas leyes se convocó a los respectivamente “interesados”, obviando a la sociedad en su conjunto.

En el agro no hay avances revolucionarios


En el campo, en donde las relaciones de subordinación e intercambio desigual entre campesinos y grandes propietarios han sido una constante histórica, la situación mantiene sus características de gran inequidad en términos de acceso a recursos básicos como la tierra y el agua.

El propio presidente Correa reconoció esta realidad. En entrevista a Le Monde Diplomatique, publicada el 3 de enero del año 2010, afirmó que la “tenencia de la tierra en Ecuador no ha cambiado sustancialmente y es una de las distribuciones más inequitativas del mundo; el coeficiente de Gini supera el 0,9 en cuanto a tenencia de tierra.”

Las cifras son contundentes: 616 familias controlan 3,5 millones de hectáreas; 712.000 familias tienen una superficie de 2,4 millones de hectáreas. El 0,001% (una de cada mil) de las unidades productivas en el campo son mayores a 640 hectáreas, pero concentran el 13% de la tierra en producción; mientras que el 70% (setenta de cada cien) unidades productivas acceden al 6% del total de la tierra en producción, con superficies inferiores a 5 hectáreas.

Ante la elevada concentración de la tierra, que en realidad bordea el 0,81 del Gini, no hay ningún indicio de que se quiera dar paso a una verdadera reforma agraria, menos aún una revolución agraria. El presidente Correa, sin considerar el potencial revolucionario y productivo de una profunda reforma agraria -como la que se realizó en Taiwán, por poner un ejemplo-, declaró el 1 de octubre del año 2011, que “la pequeña propiedad rural va en contra de la eficiencia productiva y de la reducción de la pobreza… repartir una propiedad grande en muchas pequeñas es repartir pobreza.” El objetivo según él, como lo manifestó el 3 de octubre del 2011, es “que los grandes terratenientes vendan sus tierras y de esta forma se democratice la tenencia, eso es lo que se busca, esto se ha hecho en muchas partes del mundo, es más eficiente que la reforma agraria”.

Lo que se plantea es una modernización capitalista en el agro, sin base campesina, sin inspiración social y solidaria, es decir sin impulsar la propiedad asociativa y cooperativa, ni la reforma agraria, ni la redistribución del agua, entre otras tareas aún pendientes.

Como complemento preocupante de lo anterior el gobierno alienta la actividad agrícola para producir biocombustibles. El 17 de septiembre del 2011, el presidente Correa anunció la ampliación de los monocultivos para producir biocombustibles en la Península de Santa Elena: “Ya tenemos el mapeo de las zonas agrícolas y hay 400.000 hectáreas donde no hay nada”… salvo algunas comunidades que podrían ser víctimas de acciones de desposesión, cabría añadir.

La tendencia monopolizadora del agua en el agro también es notoria. La población campesina, sobre todo indígena, con sistemas comunales de riego, representa el 86% de los usuarios. Sin embargo, este grupo apenas tiene el 22% de la superficie regada y accede apenas al 13% del caudal. De esta manera, los grandes consumidores, que no representan el 1% de unidades productivas, concentran el 67% del caudal de agua para riego.

Hasta ahora el gobierno de Correa no ha dado señales de querer revertir esta situación y cumplir con el mandato constitucional que en su artículo 312 dice claramente que “se prohíbe toda forma de privatización del agua”. Y no solo eso, luego de aprobada la Constitución, el gobierno amplió el plazo de la concesión de agua a la empresa privada Interagua, en la ciudad de Guayaquil. (10)

Auditoria y renegociación de la deuda: una de cal y una de arena


El gobierno del presidente Correa, en el año 2008, dispuso la suspensión del servicio de una parte de la deuda externa. Esta suspensión de los pagos o moratoria se enmarcó en una posición programática clara y preconcebida para encontrar mejores condiciones para su renegociación, y no por la imposibilidad de servir la deuda.

El gobierno asumió parcialmente los resultados de la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público. La Comisión fue creada en el año 2007 ante las reiteradas presiones de diversos grupos de la sociedad civil, expresadas desde años atrás y que no fueron cristalizadas en los dos gobiernos precedentes, los cuales habían dado inicialmente señales de apoyar esta iniciativa ciudadana. El trabajo de dicha Comisión, que tenía más un valor ético que jurídico, fue contundente para varios tramos de la deuda pública externa e incluso interna.

En esas condiciones Correa declaró la suspensión de pagos de un tramo de la deuda externa comercial, por considerarla ilegítima e ilegal. Unos meses más tarde, archivando el reclamo de ilegitimidad e ilegalidad en tanto posibilidad de acciones jurídicas concretas, el gobierno de Correa recompró parte de los Bonos Global (a 12 y 30 años, no así los Bonos Global a 15 años), que habían sido declarados en moratoria. No se entienden las razones para que no se hayan impugnado los Bonos Global 2015, cuya emisión tenía como objeto servir los otros Bonos Global, es decir provenían de un origen igualmente cuestionable.

La indicada Auditoría, siendo un ejercicio histórico de relevancia internacional, no llegó a tener una trascendencia mayor al no haberse complementado con las correspondientes respuestas jurídicas y con acciones coherentes (11). 

Luego de conseguir una importante reducción del peso de la deuda en relación al PIB con esta operación de recompra de parte de los Bonos Global, y teniendo limitaciones para acceder al mercado financiero por esa misma razón, el gobierno abrió el mercado de créditos de China. Así, el peso de la deuda pública interna y externa en relación al PIB, que había declinado del 66,6% en el año 2001 al 32,4% en el 2006, y que llegó al 19,7% en el 2009, volvió a subir al 30,7% en el 2011.

En este punto hay que resaltar lo que representa el ingreso de créditos chino. Ya no hay las condicionalidades fondomonetaristas de la “larga noche neoliberal” (12), es cierto y eso es positivo. Sin embargo, las condiciones de dichos créditos aparecen como onerosas por el lado de la tasa de interés; se habla de que podrían en algunos casos superar el 9%. Además, no nos olvidemos que las empresas chinas “han salido de compras” por el mundo en medio de la crisis. Aprovechando sus cuantiosas reservas monetarias y financieras, así como utilizando su creciente poder político-financiero, China ha empezado a adquirir cada vez más activos en todos los continentes, ampliando aceleradamente su área de influencia. En suma, presenciamos procesos de desposesión como los entiende David Harvey e inclusive una suerte de acumulación originaria global, con rasgos similares a los planteados por Carlos Marx.

Para lograrlo, una de las palancas empleadas por los chinos son los créditos externos. Ellos a través de la entrega de dichos préstamos se aseguran contratos para explotar petróleo y minerales, para construir obras públicas, como los grandes proyectos hidroeléctricos: Coca Codo Sinclair y Sopladora, puentes y otros emprendimientos estratégicos. El pago de dichos créditos está respaldado con la exportación de petróleo ecuatoriano, inclusive utilizando el conocido mecanismo de facilidad petrolera, que daría paso a la entrega de crudo con precios reducidos.

En síntesis, para impulsar esta nueva etapa de la larga historia extractivista del país, el gobierno de la “revolución ciudadana” cuenta con el apoyo del capitalismo global chino del cual espera mucho. Así, el 16 de febrero del 2012, en entrevista con la prensa extranjera, con términos que nos remiten a la época del “endeudamiento agresivo” de la dictadura militar de los setenta en el siglo pasado, el presidente Correa declaró que no existe límite para el endeudamiento con China: “mientras más nos puedan prestar, mejor. Lo que necesitamos para el desarrollo es financiamiento y lo que más tenemos son proyectos rentables. Lo importante son las tasas y el plazo, si me prestan a largo plazo el límite es inexistente, a corto plazo es otra cosa (…) Somos complementarios con China, ellos tienen exceso de liquidez y escases de hidrocarburos, nosotros tenemos exceso de hidrocarburos y escases en liquidez. China financia a Estados Unidos, y pudieran sacar del subdesarrollo a Ecuador” (13). 

Unas reformas petroleras con muy poca reforma


Un punto adicional es el relativo a las reformas a la ley de hidrocarburos introducidas en julio del 2010 y a la renegociación de los contratos petroleros a partir de dichas reformas. Es innegable que el país, luego de “la larga noche neoliberal”, requería cambios profundos y urgentes en el marco jurídico vigente en el ámbito hidrocarburífero. La situación jurídica era insostenible y la urgencia de cambiarla, indiscutible. Esta conclusión se nutre del análisis de la realidad petrolera ecuatoriana y de sus perspectivas después de varias décadas de una casi planificada depredación de la institucionalidad estatal y de entreguismo a los intereses transnacionales. Son muchos los elementos que se podrían considerar para analizar el cambio de la normativa contractual.

Para empezar, haber migrado de los contratos de participación a los de prestación de servicios no garantiza resultados satisfactorios. Mejorar la participación del Estado en la renta petrolera, como afirma haberlo logrado el gobierno, es importante, pero no suficiente. Faltó, no hay duda alguna, más profundidad en las reformas propuestas, que de ninguna manera propiciaron un manejo petrolero que anticipe el indetenible fin de las reservas y que aliente la transformación de la matriz energética, entre otros asuntos pendientes.

Estas son unas reformas definitivamente incompletas. El tiempo dirá si las expectativas gubernamentales se cumplen. Lo que si queda claro es que hay varios puntos críticos en las negociaciones.

Por otro lado es deplorable que el gobierno en cinco años de gestión, contando con enorme poder político y cuantiosos ingresos, no haya logrado modernizar (no confundir con privatizar) la industria petrolera nacional. Por eso preocupa que el gobierno del presidente Correa, a cuenta de la baja eficiencia del ente estatal, haya entregado la administración de varios yacimientos de los campos maduros a empresas extranjeras, manteniendo apenas la supervisión en manos de Petroecuador. Lo cierto es que, luego de varios años de intentos fallidos durante la época neoliberal, en el año 2012 se hicieron realidad los contratos para “recuperar la producción” de los principales campos petroleros con el concurso de empresas extranjeras.

Los campos petroleros más ricos, conocidos comúnmente como “las Joyas de la Corona” por ser los campos más productivos: Sacha, Auca, Shushufindi, Cuyabeno, Cononaco y Libertador, están ubicados en las provincias de Sucumbíos y Orellana. Su explotación ha provisto los principales recursos financieros al país desde 1972. Luego de que concluyó sus operaciones la compañía Texaco, han sido explotados por Petroecuador. La disputa en torno a ellos ha marcado líneas divisorias entre quienes levantaban un discurso nacionalista y quienes buscaban la privatización a cuenta de una supuesta eficiencia operativa de las empresas extranjeras.

En este gobierno hay un antecedente preocupante. El campo petrolero Sacha, uno de los más grandes, fue entregado, sin que exista un marco jurídico para hacerlo, a la empresa mixta Río Napo, conformada en julio del 2008 entre PDVSA (la empresa petrolera estatal venezolana) y Petroecuador. Los resultados obtenidos hasta ahora no son para nada satisfactorios.

La entrega de estos campos podría configurar, argumentaba Rafael Correa, antes de ser presidente de la República, en una entrevista realizada en Radio “La Luna”, en el 2006, “una traición a la patria”.

En este punto habría como destacar, poniendo algunos casos a modo de ejemplo, ciertos manejos poco transparentes o quizás hasta dolosos. La confirmación de la entrega del campo Palo Azul a Petrobras, cuando este campo no configuraría una estructura compartida (situación que fue demostrada por una comisión interinstitucional, cuyo informe dio inicio al proceso de caducidad contractual en junio del año 2007); además este contrato tendría causales de caducidad similares a las de la compañía Occidental (Oxy). También es de señalarse la contratación “a dedo” y en condiciones de dudoso beneficio para el Estado con la compañía Ivanhoe para extraer el crudo extrapesado de Pungarayaku. Igualmente hay varias denuncias por indebidas e inconvenientes negociaciones internacionales de crudo y derivados. Resultan cuestionables la licitación del Bloque Armadillo y la decisión de explotar el Bloque 31, en donde hay evidencias ciertas de la presencia de pueblos no contactados, situación que prohíbe cualquier tipo de actividad extractivista, tal como manda la Constitución del 2008.

Para completar esta información en el ámbito energético conviene señalar que en el país se inició sorpresivamente un nuevo período de racionamientos de energía a partir de 5 de noviembre del año 2009. Esta compleja situación sin duda que repercutió en la evolución de la economía nacional. De hecho, por efecto de estos racionamientos y su impacto sobre el aparato productivo se revisaron las estimaciones de crecimiento del PIB.

En todo caso es importante el esfuerzo que se realiza para construir una serie de plantas hidroeléctricas, postergadas desde la crisis de la deuda externa. Esta tarea, liderada por el Estado, ayudará a transformar la matriz energética.

La megaminería de la mano de Rafael Correa


El presidente Correa está decidido a imponer la megaminería. Lo ha dicho con claridad, que “no se puede recuperar el tiempo perdido, el factor más escaso en el país es tiempo. Hemos perdido demasiado tiempo para el desarrollo, no tenemos más ni un segundo que perder, (…) y los que nos hacen perder tiempo también son esos demagogos, no a la minería, no al petróleo, nos pasamos discutiendo tonterías. Oigan en Estados Unidos, que vayan con esa tontería, en Japón, los meten al manicomio.” (Macas, sabatina del 10.12.2011

En síntesis, “la megaminería va porque va”. Ese mensaje es conocido. Correa pretende plasmar las voluntades extractivistas de “la larga noche neoliberal”. Entonces los gobiernos apresuraban el paso extractivista, incluyendo la megaminería, atropellando cualquier cuestionamiento. Ya sucedió con la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) en el gobierno de Gustavo Noboa Bejarano, por citar un ejemplo. La intolerancia a la crítica era la norma. Esto no ha cambiado, en todo caso ha aumentado durante los últimos años. Triste conclusión, cuando la megaminería, si nos atenemos a la experiencia histórica y a la realidad que se vive en otras latitudes, nos conduce a profundizar más en la esquizofrenia del extractivismo de matriz colonial.

El extractivismo, si bien goza de buena salud, evoluciona. Hay cambios con relación al extractivismo anterior, sobre todo por el lado del interés nacional. Esta constatación no puede ocultar, sin embargo, el mantenimiento de las herencias de raigambre colonial. Es más, de alguna manera, este extractivismo del siglo XXI resulta recolonizador.

Entre sus puntos destacables aflora una mayor presencia y un papel más activo del Estado. Desde una postura nacionalista se busca un mayor control por parte del Estado sobre el petróleo. El objetivo es una mayor participación del Estado en la renta petrolera y minera. Parte significativa de esos recursos, a diferencia de lo que sucedía en años anteriores, en los que el grueso de dicha renta se destinaba al pago de la deuda externa, en la actualidad financia importantes y masivos programas sociales.

Si bien el accionar gubernamental genera un extractivismo de nuevo tipo, tanto por algunos de sus componentes como por la combinación de viejos y nuevos atributos, no se generan cambios sustantivos en la estructura de acumulación. Este neo-extractivismo sostiene una inserción internacional subordinada y funcional a la globalización del capitalismo transnacional. Caminar al socialismo, como reza el discurso oficial, alimentando las necesidades -incluyendo las demandas especulativas- del capitalismo global es, por decir lo menos, una incoherencia (14). 

Es más, en la medida que se amplia y profundiza el extractivismo se agrava la devastación social y ambiental. Los derechos colectivos de varias comunidades indígenas y campesinas son atropellados para ampliar aún más la frontera petrolera. Poco importa que en el Ecuador constitucionalmente la Naturaleza sea sujeto de derechos. En otro ámbito, no hay la intención de que las empresas contraigan la obligación de refinar el mineral en el país para romper con el círculo de país productor de materias primas que alimenta el subdesarrollo.

Al mantenerse inalterada la lógica de acumulación dominante, los grupos más acomodados de la sociedad, particularmente vinculados directa o indirectamente a los intereses de las empresas extractivistas, los cuales apenas han sufrido el embate de los “discursos revolucionarios”, no dejan de obtener cuantiosas utilidades aprovechándose justamente de este renovado y ampliado extractivismo.

El extractivismo asegura nuevas fuentes de legitimación social, posicionándose como indispensable para combatir la pobreza; esto porque no se considera la devastación ambiental y hasta social que el mismo extractivismo provoca. Estos pasivos ambientales y sociales normalmente no son contabilizados en los proyectos extractivistas, así como tampoco los subsidios ocultos, como son el suministro de electricidad y agua en condiciones ventajosas, la construcción por parte del Estado de carreteras y puertos, entre otros. A la postre, las economías industrializadas, en donde se refinan y procesan estos minerales, se llevan el grueso de las ganancias.

Cuestionar la megaminería, no pude confundirse con no hacer nada frente a las otras actividades mineras de menor volumen, que son perjudiciales para el ambiente y en donde las condiciones sociales son deplorables.

En síntesis, por la vía del neoextractivismo no se encontrará la salida a este complejo dilema de sociedades ricas en recursos naturales, pero a la vez empobrecidas.

Un comentario final preliminar


En síntesis, el gobierno del presidente Correa ha empezado a dar algunos pasos por una senda postneoliberal. La política macroeconómica contracíclica permitió enfrentar la peor crisis económica internacional de las últimas ocho décadas. La obra pública, en particular la vialidad y las plantas hidroeléctricas, para citar un par de casos, así como la inversión social son dignas de ser resaltadas.

Se ha mejorado la situación laboral en algunos ámbitos, sobre todo a través del Mandato constituyente que eliminó la tercerización. También cabe anotar el incremento del poder adquisitivo de los salarios. Se ha puesto en marcha un asistencialismo redistributivo de los excedentes.

Se modernizan algunos servicios públicos, gracias a un importante esfuerzo tecnocrático. Hay un proceso de relevo generacional en las filas de los servidores públicos, con el ingreso de una gran cantidad de jóvenes profesionales. La planificación del Estado ha sido restablecida. Se han recuperado espacios de soberanía nacional, por ejemplo con el cierre de la base militar norteamericana de Manta y la no dependencia del Consenso de Washington. Los aportes del gobierno de Correa para impulsar la integración regional no son menores, sobre todo en lo que atañe a la nueva arquitectura financiera regional; lamentablemente es poco lo que se avanza por falta de compromiso de los países más grandes, con Brasil a la cabeza. Si bien fue saludable que el gobierno se haya desmarcado tempranamente del TLC con los EEUU, preocupa su insistencia por suscribir un TLC con la Unión Europea.

A pesar de ser el gobierno con los mayores ingresos tributarios y petroleros de la historia reciente del Ecuador, en lo productivo sus resultados son pobres o inexistentes. No hay cambios estructurales en la producción, ni avances serios en la diversificación de las exportaciones. No hay afectaciones en la tenencia de la propiedad, en la distribución de la tierra y del agua. El desempleo y la dignificación del empleo siguen siendo tareas pendientes. Las deficiencias cualitativas y aún cuantitativas en los servicios de salud se mantienen; es más, para intentar solucionarlas, al cabo de cinco años de una mediocre gestión, varios servicios del sistema de salud público han sido prtivatizados (se hable de una externalización). La educación, con problemas todavía no resueltos en términos de calidad y de infraestructura, muestra inclusive algunos rasgos conservadores propios del autoritarismo presidencial.

Hay algunos casos gruesos de denuncias sobre el mal manejo de los recursos públicos que no han tenido mayor repercusión. A más de los casos anotados en el ámbito petrolero, como muestra cabe un botón: la venta del ingenio ECUDOS (antes AZTRA) a un grupo peruano en el año 2011, pagando apenas 13 millones de dólares en efectivo (que corresponde al 10% del valor ofertado) y 90% de financiamiento asegurado por el Estado, a una tasa de interés del 5%, ha sido duramente cuestionada. Este pago al contado resulta muy modesto si se toma en cuenta que ECUDOS obtenía importantes utilidades en años precedentes y que en caja, al momento de la venta, había 20 millones de dólares. No se puede dejar de mencionar las denuncias vinculadas a una serie de contratos con entidades del Estado por parte del hermano del presidente de la República, las cuales han tenido como única respuesta judicial la sanción a los periodistas que denunciaron tales hechos.

Tampoco se puede ocultar que, en algunos puntos relativos a los derechos laborales, en la Constitución se introdujeron algunos cambios que han sido interpretados como pérdida de las conquistas de los trabajadores, sobre todo de aquellos que laboran en entidades y empresas públicas. En este gobierno, especialmente luego de la Asamblea Constituyente, los golpes al derecho laboral, particularmente a los servidores públicos, son constantes, instaurándose un sistema de compra de renuncias obligatorias (Decreto 813), con el que se ha despedido a miles de funcionarios públicos y se mantiene atemorizada a la burocracia.

Al cabo de cinco años, se mantiene una elevada dependencia del petróleo en la economía nacional. Este es un tema en extremo preocupante si se sabe que las reservas petroleras demuestran claros síntomas de agotamiento y no se visualiza una estrategia clara enfocada a construir una economía postpetrolera y menos aún postextractivista. Todo lo contrario, el gobierno promociona activamente la megaminería. Es decir, alienta e impone una modalidad de acumulación pasadista, lo cual no conlleva reducir la dependencia y la disminución de la vulnerabilidad externa.

Las respuestas intolerantes del gobierno son cada vez mayores. En base a leyes de los anteriores gobiernos oligárquicos, para poder sostener y aún ampliar el modelo extractivista, se recurre a la criminalización de la protesta social persiguiendo por lo pronto a casi 200 líderes populares defensores de la vida y la Naturaleza, a los que se acusa de terrorismo y sabotaje (15). Mientras que, por otro lado, con políticas sociales clientelares se pretende dividir o al menos debilitar a los movimientos sociales, particularmente indígenas. A esto se suma un sostenido ataque político en contra de dichos movimientos. Detrás de esta estrategia de destrucción del tejido social organizado se consolida un poder cada vez más autoritario, vertical y centralista. Incluso se atropella o se subordina las otras funciones del estado.

El indispensable reposicionamiento del Estado, al no abrir los espacios de participación e inclusión ciudadana, frena las tendencias descentralizadoras que incluso se plasmaron en la Constitución de Montecristi. Se ha dado paso a nuevas prácticas centralizadoras, que tarde o temprano volverán a exacerbar la cuestión regional. De hecho, en cinco años de gobierno, el correismo no ha avanzado nada en la construcción de un Estado plurinacional e intercultural, más bien parece empeñado en reeditar una suerte de Estado de bienestar de corte socialdemócrata clientelar, con innegables rasgos autoritarios.

El abuso de los proyectos de ley de carácter económico urgente y el repetido veto legislativo presidencial recuerdan las épocas más autoritarias del pasado neoliberal. La democracia, que se fortaleció con el proceso constituyente de Montecristi, se debilita aceleradamente, mientras se consolida, no hay duda, un nuevo caudillo en la historia nacional.

En resumen, de lo que se ha hecho hasta ahora no se puede desprender un cambio revolucionario. Más allá de los discursos grandilocuentes y de los ofrecimientos de cambios radicales, no hay una transformación de la modalidad de acumulación, se mantiene la esencia extractivista y no se quiere afectar la concentración de la riqueza.

Está en juego la reconstrucción o readecuación del modelo económico neocolonial, esta vez más alineado al eje de China, en medio de un proceso de disputa hegemónica mundial. A partir de esa readecuación se articula a la financiarización transnacional del país, permitiendo la configuración de un nuevo esquema de dominación en el que participan viejas y nuevas oligarquías. El Estado emerge como palanca de esta lógica de acumulación extractivista.

Este esfuerzo representa, en realidad, una modernización periférica del capitalismo ecuatoriano, en los términos concebidos por el gran pensador ecuatoriano Agustín Cueva. No está en marcha una transición que afecte las estructuras coloniales y oligárquicas, como punto de partida para una gran transformación.

El propio presidente Correa reconoce esta realidad. Al cumplir 5 años de su gestión, en entrevista al diario gobiernista El Telégrafo, el 15 de enero del 2012, Correa dijo que “básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa.”

20 de abril del 2012

*Una versión anterior de este artículo fue publicada en la revista La Tendencia Nº 13, Quito, abril-mayo, 2012. 
1 Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO. Ministro de Energía y Minas enero-junio 2007. Presidente de la Asamblea Constituyente y asambleísta noviembre 2007-julio 2008. 
2 Habría que revisar el Plan de Gobierno del Movimiento País 2007-2011, elaborado colectivamente en el 2006, en donde se propusieron los elementos básicos de una agenda para superar el neoliberalismo y el extractivismo, como parte de la construcción democrática de una sociedad democrática. 
3 Una lectura más completa del tema debería confrontar este proceso a la luz de las recetas del Consenso de Washington: austeridad y disciplina fiscal; reestructuración del gasto público para priorizar el servicio de la deuda; reforma tributaria sin criterios de equidad y progresivos; privatización de las empresas públicas; establecimiento de un manejo cambiario competitivo; liberalización comercial; desregulación del mercado financiero y apertura de la cuenta de capitales; apertura sin restricciones a la inversión extranjera directa; flexibilización de las relaciones económicas y laborales; garantía y cumplimiento de los derechos de propiedad privada. 
4 Hay, sin embargo, dudas sobre esta cifra que pudo haber sido maquillada, pues, en realidad, habría existido un decrecimiento 
5 Pabel L. Muñoz; ¿Cómo caminamos al Socialismo del Buen Vivir? – Cinco años de Revolución Ciudadana desde el Plan Nacional del Buen Vivir, en la revista Corriente Alterna, Quito, febrero 2012. 
6 http://www.elcomercio.com/politica/Resumen-enlace-ciudadano-Rafael-Correa_0_628137195.html 
7 http://www4.elcomercio.com/politica/Correa-logica-consumista-entraria-crisis_0_661134016.html 
8 El impuesto a la renta de los grupos económicos en el 2010 fue de 457,6 millones de dólares, si se considera que el impuesto a la renta es la cuarta parte de las utilidades, entonces las utilidades obtenidas en dicho años serían de por lo menos 1830,4 millones de dólares. 
9 También habría que considerar significativas compras en armamentos.  
10 Ante la reiteradas ineficiencias de la empresa Triple Oro en Machala, a inicio del 2012 se resolvió dar por concluida la concesión. 
11 Entre los puntos críticos que cabe anotar de la gestión del actual gobierno es la solicitud presidencial que dio paso a la amnistía a ciertos personajes encausados por la justicia, que lideraron procesos económicos nocivos para el país, como fueron el ex-presidente Gustavo Noboa Bejarano y el ex-vicepresidente Alberto Dahik. Inclusive Jorge Gallardo Zavala, otro de los responsables del manejo económico neoliberal, quien recibió sentencia de 5 años en el 2008 por cargos de incremento no justificado de su patrimonio personal, durante el gobierno de Rafael Correa retornó al país. El mismo juez que anularía el juicio a Alberto Dahik, sustituyó la prisión preventiva de Gallardo y poco después le dio la libertad. 
12 Título de un libro escrito en España por varios autores, La larga noche neoliberal-Políticas económicas de los 80, Instituto Sindical de estudios e Icaria, Barcelona, 1993. 
13http://www.ecuadorenvivo.com/2012021786631/economia/el_endeudamiento_con_china_no_tiene_limite_y_es_necesario_para_el_pais_dice_correa.html
14 También resulta incoherente es afirmar, como lo hace el presidente Correa, que el socialismo del siglo XXI ya no tiene nada que ver con la lucha de clases…Ver en http://www.youtube.com/watch?v=7LlY1tyqY3E 
15 http://www.accionecologica.org/criminalizados/informes/1536-informe-de-criminalizacion-a-defensores-de-derechos-humanos-y-de-la-naturaleza  
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Lunes, 23 Abril 2012 19:31

Nace una esperanza

Nace una esperanza
Con gran fuerza social se presentó ante el país este 23 de abril el Movimiento político y social Marcha Patriótica, luego de sesionar los días 21 y 22 en su Consejo Patriótico Nacional.

El lunes 23, desde primeras horas de la mañana, diversos puntos de Bogotá, se vieron copados por las delegaciones dispuestas a marchar hacia el centro de la ciudad. A medida que pasaban las horas, decenas de buses y camiones arribaban a la capital con miles de activistas, hasta juntar –según la Alcaldía de la ciudad– no menos de 35 mil personas, las cuales colmaron la plaza de Bolívar hasta bien entrada la tarde.

La movilización, integrada por delegaciones procedentes de los más diversos lugares del país, dejó claro ante propios y extraños que fuerzas sociales de base campesina, indígena y negra raizal, con importantes aliados urbanos, están convencidos de la necesidad de la paz negociada en Colombia: “Marcha Patriótica manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado. […] Aunar esfuerzos para transitar caminos que permitan hacer realidad los anhelos de paz de las gentes del común y del pueblo colombiano en general”.

Según sus organizadores, el nuevo movimiento está constituido por no menos de 1.700 organizaciones de base. Esta expresión de fuerza social recuerda a todos los que habitan Colombia, que en su territorio subsiste un conflicto armado sin resolución efectiva a pesar de las varias décadas transcurridas en medio de operativos armados para liquidar a la insurgencia, en intentos desesperados de los gobernantes por desconocer las causas que han propiciado el alzamiento de miles de personas.

Y esta misma fuerza social movilizada en Bogotá, compuesta de rostros color de la tierra –como dijera el subcomandante Marcos de los indígenas de Chiapas– recuerda a todo el país, que es posible y es necesario otro modelo social para que la justicia, la fraternidad, la igualdad, en suma la felicidad, sean factibles en Colombia.

Contradicciones de la propuesta


Miles de piernas marcharon al son del nuevo país. Pese a su convicción, la nueva fuerza política y social que ha visto la luz en este abril en Bogotá, bienvenida como la que más, pese a su fortaleza humana movilizada, deja a lo largo de sus primeras declaraciones importantes vacíos y contradicciones que es necesario retomar para el bien de la propia fuerza, como del conjunto social alternativo. Algunas de estas son:

  1. ¿Llamamiento retórico?: “Marcha (…) llama a la más amplia unidad del pueblo colombiano y, en especial, a los diferentes procesos sociales y populares existentes (…). Y enfatiza, “Marcha Patriótica considera de vital importancia y de suma urgencia lograr acuerdos entre los diferentes procesos políticos y organizativos del campo popular”. La pregunta es fundamental: ¿por qué no se propició la discusión y el proceso de coordinación o unidad durante los dos años que se ha tomado para la constitución de la nueva fuerza? ¿Por qué esperar hasta ahora para proclamar tal disposición?
  2. ¿Sin claridad de lo que se busca? El objetivo sustancial del nuevo movimiento: “(…) producir el cambio político que requiere nuestro país, superando la hegemonía impuesta por las clases dominantes, avanzar en la construcción de un proyecto alternativo de sociedad y al logro de la segunda y definitiva independencia”, si bien parece ser nítido no lo es ya que en ninguna parte de las primeras declaraciones dadas para la sociedad colombiana se expone la manera cómo esto se hará realidad: cómo funcionarán las fuerzas productivas, el papel del Estado, el papel de la sociedad, cómo hacer vigente la soberanía en momentos en que la misma se redibuja por doquier, cómo llevar a cabo la siempre reclamada y vigente reforma agraria, y cómo hacer realidad “…la transformación estructural del Estado, de la economía y de la cultura”.
  3. Un soporte para el activismo y para el país que no da cuenta de los tiempos que vivimos. El nuevo movimiento, como su nombre lo confirma, reivindica el patriotismo. En su declaración afirma: “En Marcha hemos llegado las y los patriotas para afirmar la existencia de sueños colectivos…”, reivindicación contradictoria toda vez que, por un lado, desde la izquierda siempre se ha reivindicado la superación de fronteras –el internacionalismo– consigna con mayor vigencia en la actualidad, cuando se han roto de facto las fronteras nacionales, cuando las multinacionales borran los Estados –dejándolos como simples ejecutivos y legitimadores de sus operaciones–, lo que pone a la orden del día una sociedad cada vez más abierta e integrada, donde se reconstruya el concepto de país y de Estado, y por tanto, donde la patria, y con ésta el patriotismo, pasan al cuarto del olvido.
  4. ¿Forma de lucha como principio? Desde hace más de un año los impulsores del nuevo movimiento insisten en la necesidad de llevar a cabo en el país un Paro Cívico Nacional. Tanta es la insistencia en el tema que pareciera que el nombre de la protesta fuera lo sustancial. Ahora se vuelve con lo mismo: “(…) se trata de juntar esfuerzos y de avanzar en la construcción de acumulados hacia la movilización como principal vía del accionar colectivo y tendientes a la realización de un gran Paro Cívico Nacional (PCN)”. Es necesario preguntar –con el deseo de que algún día se aclare– ¿por qué un PCN? ¿qué significa y cómo se concreta éste? ¿No existen otras formas de protesta y de tensión de fuerzas que puedan hacer realidad lo que se pretendería con el PCN? Interrogantes todos necesarios de aclarar si de verdad se desea y se aspira que la sociedad colombiana se sacuda del yugo que la oprime.
Los interrogantes pueden ser muchos más, pero por ahora no enfatizamos en otros; el tiempo y el debate dirán si es necesario expresarlos.


Por ahora enfaticemos que Bogotá y Colombia vivieron este 23 de abril un día de esperanza. Para que la misma no se diluya en otro sinsabor es necesario superar esquemas y acometer de verdad los objetivos propuestos con real vocación unitaria y sentido cabal de los tiempos que corren. Es necesario actuar así para que –por demás– el cambio económico, político y social propuesto y buscado no se quede en estatización –aunque le digan revolución– como ahora sucede en Suramérica.
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“Fidel Castro peleó por un futuro mejor”
Llevaba menos de un mes de graduada en la Universidad de La Habana cuando en 1987 la enviaron como corresponsal de guerra a Angola para cubrir la misión internacionalista que Cuba llevaba adelante en tierras africanas. Sin embargo, su labor allí no fue lo que conmovió a Fidel Castro sino el trabajo condensado en Después de lo increíble, una serie de crónicas sobre la reedición del viaje que un puñado de jóvenes emprendieron, a bordo del Granma, para acabar con la dictadura de Fulgencio Batista. “Me hubiera gustado hablar contigo para contarte”, le dijo el líder revolucionario a Katiuska Blanco Castiñeira en el primer encuentro que mantuvieron en 1993. Y comenzaron las narraciones del comandante, que culminarían en un libro que compila sus memorias.

De paso por Buenos Aires para presentar en la Feria del Libro los dos primeros tomos (de un total de cuatro) de Fidel Castro Ruz: guerrillero del tiempo, la periodista cubana destaca una anécdota especial: “Cuando iban navegando desde México a Cuba al Che le falta el aire, entonces se percatan de que los medicamentos estaban debajo del armamento”, cuenta la escritora.

La mujer de ojos pequeños y rasgados recibe a Página/12 en la residencia del embajador cubano, Jorge Lamadrid Mascaró. Su voz tenue y susurrante se abre paso entre el ruido de los autos que llega desde la calle, y de las aspas de un helicóptero que pasa rasante sobre la casona de Belgrano. Cuando se impone ante el bullicio, menciona Los sueños de Fidel, una crónica de Jorge Timossi, periodista argentino que trabajó junto a Jorge Masetti en Prensa Latina. “La gente puede pensar que son cuestiones a las que Fidel aspiraba, pero en realidad se trata de sus sueños verdaderos, y entre las cosas que soñaba, pensaba en el Che vivo. Fue la crónica más bella que se escribió cuando Fidel cumplió 70 años”, subraya Blanco Castiñeira mientras su mirada se enciende.

–En esos mundos oníricos, al momento de comenzar su investigación sobre la vida de Fidel Castro, soñó que lo entrevistaba.
–Todo eso tenía que ver con el no haber ido nunca a su casa. Soñé que estaba en un lugar muy boscoso, lleno de floresta, como en una selva, donde lo entrevistaba. La primera visita a su casa, en 2009, fue casi familiar.

–¿De qué hablaron en esa oportunidad?
–De las cosas más cotidianas. Hablamos de comida, porque él es un cocinero muy reconocido. También de su preocupación por la preservación del planeta y de la especie; de historia, política y tradiciones. Poquito antes de que se publicara el libro, hablamos del Universo, el origen de la materia o el Big Bang. Y, al mismo tiempo, de la producción de los alimentos y de los precios en el mundo.

–Mientras hacían una parada en Holguín antes de viajar a Birán, su ciudad natal, para festejar sus 70 años, Fidel invitó a Gabriel García Márquez a cenar. ¿Recuerda esa noche?
–Fidel se ocupó de poner las tarjetitas que indicaban dónde se sentaba cada uno o los ingredientes de los garbanzos que íbamos a comer al día siguiente. Era a la manera gallega, recordando lo que se comía en su casa. Alguien me contó una vez que era un hombre que hacía las cosas de corazón, hasta el final; que le ponía su vida a cada mínima cosa.

–Para las entrevistas le encargó que preparara “un cuestionario inquisitorio”.
–Sentí que me estaba diciendo que no fuera complaciente. Fidel ha sido un hombre que ha tratado de preservar el espacio de la intimidad familiar de la vida pública. Eso no sólo es un acto de valentía sino de inteligencia.

–¿Cómo fue trabajar con él? ¿Intervino durante la producción del libro?
–Es un hombre delicado y respetuoso. Nuestro equipo de trabajo preparó los capítulos, después de estructurar los temas, y él enmendó sus partes. Nunca hizo correcciones sobre las mías; el libro tiene muchos comentarios sobre su niñez. Me recuerda mucho la manera de trabajar de (Honoré de) Balzac, de quien se decía que trabajaba de noche y corregía los originales una y otra vez. Fidel es la búsqueda de la perfección de la línea en belleza y esencia. Trata de ser justo al hablar de un compañero porque sabe que su palabra pesa y lo que diga va a quedar en la historia. Le gusta mucho el detalle en temas históricos.

–Y volcó esa búsqueda de la precisión en su formación militar.
–El podía batir (derribar) un plato, de perfil, desde 600 metros, con mira telescópica. En México trataron de compensar la carencia de armamentos con la efectividad del disparo. El Che era uno que también tenía buena puntería.

–El vio en el Che a un hombre con cualidades especiales.
–Frank País era jefe del movimiento en Santiago de Cuba, desde donde apoyaba a la guerrilla en la sierra. En un momento matan a Josué, su hermano. Entonces la guerrilla le envía una carta manuscrita de condolencias que dan a firmar a todos los compañeros. Alguien le pregunta a Fidel qué grado le ponían al Che. “Ponle comandante”, pidió. Así se convierte en el segundo comandante de la guerrilla cubana, después de Fidel. De alguna manera, desde el principio, Fidel avizoró en el Che un hombre con unas características excepcionales.

–¿En qué etapa de la vida de Fidel usted descubre esa semilla de inconformismo que germinaría más tarde en el revolucionario?
–Su primera rebelión se produce en la casa de una familia de ascendiente haitiano. Fue una etapa donde pasó hasta hambre física por el mal uso de una maestra, que hacía ahorros excesivos del dinero que enviaban sus padres para que se sostuvieran él, Ramón y Angelita, sus hermanos. Su padre enviaba 40 pesos, por cada uno de sus hijos, que en aquella época era una fortuna. Su mamá decide llevarlos de regreso a Birán. En una parte del libro, Fidel cuenta que había llegado la época del armisticio (risas). En Santiago querían ponerle disciplina férrea. Un maestro abusó de él y le dio una bofetada. Otra vez, mientras estaba buscando la manera de ser el primero en merendar para batear, el profesor le metió un coscorrón. Ahí se insubordinó y le dio patadas al maestro. Uno percibe que fue una persona que no concebía la injusticia, el maltrato, el atropello. Ante eso nunca se mantuvo impasible, ni siquiera de niño.

–¿Qué otras razones lo llevaron a rebelarse?
–El desea que las cosas cambien al ver que sus amigos de la infancia se habían perdido en el camino de la vida, en la estrechez económica de la época, en las no luces que brindaba la sociedad cubana para los campesinos. Un poquito antes de asaltar el (cuartel) Moncada, y sin decirle a nadie, regresa a la escuelita de Birán a despedirse. Mientras está preso escribe una carta y en un fragmento muy hermoso dice: “Han pasado veinte años y mi escuelita un poco más vieja, mis pasos más pesados. Las miradas de asombro de los niños, como siempre, y nada más. Todo se ha mantenido igual desde que nació la República. Y todavía tenemos una noción de justicia”. Su deseo de revolucionar al país nace del alma, del cariño y el amor por los más humildes; de ser solidarios con los sectores más desprotegidos de la región y del mundo.

–Solidaridad que demostró en sus constantes reclamos de independencia y soberanía en América latina.
–No sé si acá en Argentina se conoce, pero una de las causas que Fidel lleva al Congreso de estudiantes, y que quería que coincidiera con la 9ª Conferencia Pa- namericana, donde se firma la carta de fundación de la OEA, es la devolución de las islas Malvinas a la Argentina. Está también la devolución del canal de Panamá, la Independencia de Puerto Rico y la lucha contra las dictaduras de (Anastasio) Somoza, en Nicaragua, y (Rafael) Trujillo, en República Dominicana.

–¿Qué aporta su libro al actual escenario de crisis e incertidumbre mundial?
–Esperanza y deseos de luchar. Desde siempre, Fidel tuvo la voluntad de pelear por un destino mejor para las grandes mayorías. Quizá por eso es tan amado por multitudes y tan odiado por minorías. Su posición siempre ha sido favorecedora del consumo y no del consumismo. Los hombres deben tener techo, ropa y comida para vivir. Pero deben hallar la plenitud de la existencia no en la posesión de las cosas sino en el disfrute del conocimiento, la belleza, las manifestaciones del arte. Este libro tiene, primero que todo, el valor humano. No estoy buscando narrar la historia de Cuba sino que Fidel cuente desde su vida, experiencia y recuerdos lo que ha vivido y cómo lo ha registrado su memoria. Hubo alguien que dijo que es el último gigante de la historia que queda entre nosotros. Es como Bolívar, San Martín, Hidalgo, José Martí o Benito Juárez. Ha sido un revolucionario que ha visto cumplir sus sueños y ha vivido muchos años para verlo. Siempre lo comparo con el tule, un árbol de México con un tronco desmesurado; dicen que unas cincuenta personas tratan de abarcarlo con los brazos y no lo consiguen.

–¿Por qué escribió Fidel Castro Ruz: guerrillero del tiempo?
–Porque es necesario para la batalla actual de la humanidad; para tratar de corregir el mundo de las guerras; para conseguir la paz en el mundo y la equidad social, que es la única que puede traer la paz porque la paz no puede ser la del camposanto, sino la de la felicidad de la gente. Lo único que puede salvar a la humanidad es corregir el rumbo y que las sociedades privilegien el conocimiento y una vida de armonía con la Pachamama, como decían los aymaras. Fidel tiene historias que narrar que pueden ser de mucha utilidad para los tiempos venideros, para que la gente se una y luche por la preservación de la especie.
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La continuidad gaitanista para el proyecto popular
9 de abril de 1948. Para no olvidar pero sin dejarnos estancar en el pasado. Partir de él –para no repetir la historia ni como comedia y mucho menos como tragedia–; identificar con toda claridad por qué asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán y masacraron al movimiento gaitanista, cuáles fueron los intereses tras el gatillero del líder, así como los factores propiciadores de la prolongación de la guerra por tantas décadas en Colombia.

Pero, más allá, esta dolorosa memoria es oportunidad para preguntarnos por el proyecto político que debiera surgir en nuestro país, retomando banderas que mantienen total vigencia a pesar del paso del tiempo, más otras que es necesario precisar, consecuentes con la luz que traen los nuevos tiempos.

Un acercamiento de soslayo


Han transcurrido 64 años desde el magnicidio que partió la historia del país, y, a pesar de ello, los temas de la tierra, del sector bancario-financiero, de la desigualdad social, de la pobreza, del empleo y los ingresos, de la exclusión, de la dependencia, la corrupción, la violencia, tan fuertes o visibles para la década de los años 40 del siglo XX, se mantienen totalmente vigentes. Parece que el tiempo no pasara.

En política, no obstante que los cambios son tan notables en las últimas cuatro décadas, lo que se conoce como bipartidismo conserva todo su poder y control sobre el país político y sobre el país nacional. El resultado: democracia formal y autoritarismo real.

Estamos ante un dominio político insultante y que por demás es de los pocos que no se han quebrado en las últimas décadas en la región. En pocos países como en este la oligarquía puede decir y mostrar que, con todo y el paso del tiempo, mantiene bajo su control los hilos del poder. Es un dominio logrado bajo el ejercicio del terror y la garantía de la impunidad. Es una continuidad lograda, además, bajo el monopolio del poder por unas pocas familias: los apellidos de los políticos más ‘exitosos’ se repiten sin sonrojo alguno: López, Lleras, Santos, Samper, Gómez Hurtado, Pastrana… Pero también, bajo un modelo político que sabe tensionar las fibras y los intereses populares, valiéndose para ello del clientelismo, la burocracia, el control del presupuesto público, la demagogia, el dominio ideológico (medios de comunicación y educación); y cuando esto falla, el ejercicio eficaz del terror.

El modelo partidista que facilita esta prolongación es sencillo: control de los aparatos políticos, continuidad histórica –vitalicia– de quienes garantizan tal control, antidemocracia orgánica, caudillismo, compra de conciencias, cooptación. Así y sin duda alguna, la oligarquía colombiana se sostiene adecuada y constantemente sobre dos piernas: control y dominio; acción política y militar; discurso y armas.

De este modo ha funcionado, y así continúa haciéndolo el régimen político colombiano. Por ello, Gaitán, una vez que procesó la experiencia de la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), decidió no romper con el partido liberal y, desde su interior –como la famosa operación de infiltración en Troya–, romperlo. Su proyecto fue nítido e inteligente, pero su asesinato impidió que se hiciera realidad.

Mientras Gaitán avanzó en la concreción de su proyecto, reprodujo la lógica del sistema político y de partidos vigente: ganó las mayorías dentro del partido liberal; creó estructuras de base por doquier, hasta convertirlo en “el partido del pueblo”; centró su proyecto en el voto, construyó un programa democrático –sin duda totalmente revolucionario para la época– y concentró en él los hilos del poder, encarnando con toda claridad lo que hoy llamamos oposición. Tan concentrado el poder, que, una vez fue asesinado el líder, no se logró mantener el proyecto diseñado y mucho menos hacerlo realidad. Ni las estructuras de base ni los círculos de asesores que lo rodeaban lograron encarnar ante el pueblo el proyecto gaitanista.

Cambian los factores


Era la década de 1940. En un país eminentemente rural, el factor central era la tierra, y el sujeto el campesino, secundado por las clases populares urbanas y dentro de ellas por la incipiente clase obrera. Pero los tiempos cambian. Desde 1968 hasta esta segunda década del siglo XXI, son muchos los factores que han variado en la política. El primero es que el contexto económico-social y geográfico se transformó en su totalidad.

El país se hizo urbano, y con él los campesinos pasaron a un segundo plano. Pero si en algún momento los obreros los habían reemplazado, ahora éstos son relegados por los trabajadores en general, categoría sociológica que envuelve a un sinnúmero de asalariados, desde los no calificados hasta aquellos que sí lo son, sin incluir a los obreros fabriles, sector de los trabajadores que por particularidades políticas, sindicales, laborales, salariales, ha terminado aislada en su pasividad o conformismo.

Pese a las transformaciones que afectan al conjunto social, la tierra se mantiene como una reivindicación sustancial en el país, y con ello la consigna de reforma agraria, aunque con matices actualizantes como territorio, medio ambiente, cultura y otros.

En la línea programática, el tema bancario-financiero se alza a un primerísimo lugar, y con él la obligatoriedad de conseguir su democratización, que necesariamente pasa por su nacionalización, enlazándose como un sistema bancario-popular de proyecciones continentales.

En el centro del programa también se sitúa la cuestión urbana, y con ella reivindicaciones como vivienda digna, empleo estable y bien remunerado; derecho a un sistema de salud y de educación públicos, gratuitos y universales, y seguridad social plena. Justicia pudiera ser la síntesis de estas reivindicaciones, con la cual se pretenda la felicidad y la armonía en nuestra sociedad.

Y surgen temas totalmente nuevos en relación a la época vivida por Gaitán, por ejemplo, en relación a los actores sociales, donde emergen unos por completo nuevos: la mujer, los indígenas, los negros, los jóvenes, los homosexuales y, como temáticas, la cultura, la naturaleza, la dignidad, la paz. Y otros no menos importantes para nuestra realidad nacional: reorganización territorial, desconcentración de las grandes urbes a partir de la construcción de nuevas ciudades o polos de vida, y en ellos el tema de ciencia y tecnología de punta, adecuados y desarrollados desde las cualidades y potencialidades del entorno natural. Más allá del territorio, la integración regional, en proyección mundial, en pos de la igualdad universal. Y en política, reconocimiento y fortalecimiento de los sujetos sociales populares y sus luchas, con los cuales y sobre las cuales se construyen los nuevos actores de la política, que no transita o se reduce –necesariamente– a la formalidad instituida (la cuestión electoral).

En todo caso, el tema programático es tarea de sectores aislados y no fruto de una labor intelectual investigativa, aunque ella contribuye a su precisión. Las líneas programáticas gruesas deberán emanar de una consideración/valoración del conjunto de agendas ya existentes, para lo cual (reconociendo sus trayectorias) hay que considerarlas en su plenitud, revisarlas, discutirlas, depurarlas, en un ejercicio de debate y acción que haga a un lado prevenciones y seguridades preestablecidas, y de este modo y con este método dar a luz unos nuevos textos y unas nuevas prácticas que hermanen y le muestren al conjunto social que sí hay opciones políticas para salir del desastre humano en que nos sume el capitalismo. Debe nacer, producto de estas prácticas comunes, un programa de país.

Acción incluyente e integradora. Como esta otra. Contrario a lo que sucedía en los 40 del siglo XX –y mucho más allá de ésta–, al frente de los partidos se debe situar el intelectual colectivo, garantía para su democracia interna. El líder individual –el candidato– surge y se potencia cuando se define la participación electoral, pero por ningún motivo puede ser un caudillo o una rueda suelta dentro de un propósito de cambio, pues, de llegar a serlo, no permitirá que la ruptura que se pretende se haga realidad o, en el peor de los casos, si es asesinado, significará el descabezamiento del movimiento político alternativo.

Como síntesis de este cambio, de esta intensa transformación sufrida –sobre todo después de mayo de 1968– nadie es subordinado de nadie. Cada coyuntura –dentro de una lectura de largo plazo– nos devela el actor principal, y hay que tener la capacidad de saber potenciarlo para que cumpla su papel, dejando el espacio, en la coyuntura, para quien deba asumir el liderazgo en el momento de girar las circunstancias políticas y sociales.

De esta manera, dos elementos sustanciales de la política en la época gaitanista han muerto: el partido único y el liderazgo unipersonal y vitalicio. Quien persista en ellos no hace más que reproducir y fortalecer la estructura político-económico y social que pretende y desea destruir.

El propósito hacia 2019


Entre nosotros, y ante la real dispersión que soportan los actores sociales, ¿cómo actuar y con qué consignas para recuperar la iniciativa política y propiciar la articulación en un haz de las luchas sociales? ¿Cómo actuar para recuperar la conexión lograda por Gaitán con su pueblo? ¿Cómo avanzar para construir una organización político-social (una vanguardia) que responda de manera oportuna y legítima a las aspiraciones de la sociedad colombiana?

Estamos ante retos muy complejos de realizar en el corto plazo pero no imposibles de concretar. En esa perspectiva, el primer paso por dar, obligatorio, es identificar el estado del movimiento social y de los actores políticos. Aunque no hay consenso en el diagnóstico, los hechos son tozudos y reiterativos desde principios de la década de los 90 del siglo XX: debilidad del actor político y atomización del actor social.

Si esta es la realidad, y en perspectiva de un cambio sustancial hacia el año 2019 (retomando esta fecha por su alto significado simbólico) para nuestra sociedad, es necesario diseñar una estrategia colectiva, proyectada a ocho años, que como resultado final produzca una transformación sustancial en la situación de los actores, en forma tal que puedan accionar en circunstancias totalmente distintas de las que los determinan en la actualidad.

Para que así sea, una de las tareas fundamentales por encarar debe ser la reconstrucción de un movimiento social que constituya la base de un liderazgo legítimo, que esté a la cabeza de la movilización cotidiana. En perspectiva gaitanista, reconociendo que esta era una de sus grandes cualidades: tomar la calle para tomar la palabra. Y hacerlo con vocación de gobierno y de poder, como se lo proponía Gaitán para 1950. Y en paralelo, como un territorio nuevo –no conocido en los años 40 del siglo XX–, desarrollar cabalmente un sistema de comunicaciones que permita un enlace, un debate y un diseño de país en tiempo real con el conjunto social, tomando en cuenta y abriendo así todas las posibles formas de participación y acción.

En esa lógica es fundamental crear espacios, mejorar métodos, proyectar propósitos, concretar prácticas, para crear confianza y comunicación entre los actores sociales y políticos. Actuar siempre mucho más allá de cada organización, buscando y concitando al conjunto nacional, intentando una sostenida y una profunda identidad y comunicación con el conjunto nacional.

Romper las fronteras de lo particular y lo organizativo de cada uno. Desarrollar un nuevo accionar para que el conjunto de organizaciones comprenda que, en la actual coyuntura, el mayor propósito por encarar son la disposición y la lucha por la articulación en objetivos comunes de los esfuerzos de todos aquellos que estén por el cambio en el país. Superar la dispersión, y de manera simultánea crear un referente de poder, construyendo un discurso y haciendo realidad unas prácticas sociales que hagan posible que los sectores alternativos fundamenten una necesaria legitimidad que quiebre o neutralice el discurso oficial.

En esta dinámica, hay por lo menos tres procesos que se deben debatir e identificar para la acción mancomunada: el Congreso de los pueblos, La Marcha Patriótica y la Comosoc. En paralelo, el debate se debe abordar con las organizaciones gremiales de carácter nacional, regional o local. Producto de su intercambio, debiera tomar cuerpo una vanguardia social sin la cual es imposible la existencia de una vanguardia política.

Para así proceder es necesario reconocer y hacer consciente un axioma irrefutable bajo la luz de nuestra historia nacional: ninguna organización por sí sola alcanzará a representar y conducir el conjunto de luchas por emprender en el país. Quien así proceda se agotará en el voluntarismo, y sobre éste llevará a su militancia hacia la muerte o la derrota.

Actuar de manera responsable ante esta realidad, ser consecuentes con el tema de la unidad o la coordinación de esfuerzos entre todos, implica abordar la construcción de una dirección estratégica meridiana, antioligárquica, hacia un acumulado que en el mediano plazo le posibilite al actor político darle forma a un ‘estado mayor del pueblo’, similar al organismo que, en su historia reciente y para su victoria de gobierno, con Evo conformaron y llaman los compañeros bolivianos.

Se requiere un ‘estado mayor’ que ejercite la dirección cercana, sentida, amada por la gente, legítima, y del cual y con el cual se pueda vivir un proceso de exigencia y acción políticas; de reorientación del rumbo para que el movimiento social asuma y arribe a un nuevo estadio: pasar de la situación defensiva a la de iniciativa y constante acción; un cambio que permita disponer de una dualidad de poderes al frente de la acción social y política de los sectores alternativos, como método y objetivo. Es decir, es necesario actuar con la convicción de que sí es posible transformar radicalmente la correlación de fuerzas en el país, y llevar a una situación defensiva a los defensores del Estado neoliberal. Y como desarrollo y concreción de esta capacidad estratégica, obtener consensos para el logro de una “dirección táctica oportuna”.

Son éstas, características y condiciones necesarias en la conducción de la lucha social, para evitar más desaprovecho y pérdida de oportunidades que la lucha de clases exacerba cada tanto, y con el recobro de una puntualidad para exigir, denunciar, proponer, promover y potenciar el liderazgo popular en cada momento y ante los arrebatos de un derecho o el desenfreno de la represión. De este modo, se facilitará fortalecer la iniciativa y ganar y llevar confianza a cada comunidad de nuestro país. Mostrar así el qué y el cómo (que implica consignas puntuales y precisas) para nuestra actual realidad, y con vocación de gobierno y poder: ¡Por la democracia popular y el desmonte del Estado neoliberal! Y también, ¡Por una nueva sociedad: dualidad de poderes!

De así actuar, se concretaría una tríada fundamental, indispensable en cualquier perspectiva estratégica con vocación de gobierno y de poder: unidad social, unidad política y, como producto de éstas, unidad de gobierno, para lo cual es sustancial identificar a los actores sociales (en la producción, el comercio, la ciencia, la academia, etcétera) dispuestos a un cambio sustancial en la forma de encarar la vida en el país, y ojalá mucho más allá.

El movimiento gaitanista había logrado la unidad social y la política, pero el asesinato de su conductor impidió la unidad de gobierno. En los tiempos actuales, hay que retomar el camino.

 
Publicado enEdición 179