Martes, 06 Marzo 2012 20:13

¿"Pensamiento Gonzalo"?

Sobre el llamado ¨pensamiento Gonzalo¨ se habla mucho y se sabe poco. En el proceso de la fallida inscripción legal de su movimiento político, los senderistas han afirmado públicamente su adhesión al ¨pensamiento Gonzalo¨, sin haber hecho ninguna precisión de lo que sería ese pensamiento. Como Gonzalo es el seudónimo de Abimael Guzmán, se trataría del ¨pensamiento de Abimael Guzmán, (AG). Sus seguidores tienen la pretensión se situar a este ex profesor de filosofía como la ¨cuarta espada¨ del pensamiento marxista en el mundo, inmediatamente después de Marx, Lenin, y Mao Tsé Tung. ¿Tiene alguna base esta pretensión?

Sabemos que alrededor de 1960-65, AG se graduó de bachiller en filosofía en la Universidad San Agustín de Arequipa, con una tesis sobre Kant. Ese trabajado nunca fue publicado y el número de personas que lo conoce debe ser extremadamente pequeño. Después, siendo militante del Partido Comunista Peruano, fue a Ayacucho para trabajar como profesor de Filosofía en la Universidad San Cristóbal. En el momento de la ruptura chino soviética optó por ¨Bandera Roja¨ un ala pro china. En 1971, dirigió una nueva fracción, llamada también Partido Comunista. De la mención dentro de un texto inicial a seguir ¨por el sendero luminoso de Mariátegui¨ de deriva su nombre mundialmente conocido, pero no reivindicado por sus militantes. Vivió cerca de veinte años en la ciudad de Huamanga y en la universidad llegó a ocupar el cargo de director de personal, un puesto clave para decidir a qué profesores y empleados contratar, nombrar o excluir. En todo ese tiempo, AG consagró su trabajo a formar militantes para su partido a partir del núcleo de profesores y estudiantes de la universidad. No le conocemos estudio alguno sobre la realidad ayacuchana y peruana. En todo este tiempo en Ayacucho habría podido aprender quechua y conocer a fondo la cuestión indígena. Marx, Engels, Lenin y Mao Tse Tung, escribieron decenas de millares de páginas para entender lo que era el modo de producción capitalista, su formación histórica y las tendencias de su desarrollo, la naturaleza del Estado, el qué hacer contra el Estado, la formación de la clase obrera, sus posibilidades, la necesidad de una alianza con los campesinos y muchos textos más sobre estrategia y táctica política y militar. Antonio Díaz Martínez, un ingeniero agrónomo egresado de La Molina y compañero de AG escribió un pequeño libro ¨Ayacucho, Hambre y esperanza¨, un estudio importante que revela su interés por ver la realidad y su sensibilidad frente a la dolorosa realidad de la pobreza ayacuchana de entonces. Una breve tesis de bachillerato de antropología de Osmán Morote (se dice que fue el Nº 2 de SL) sobre haciendas y comunidades en el norte de Ayacucho, es un texto apenas conocido. En estas breves líneas se cierra el recuento bibliográfico de los senderistas. Esperemos que alguna vez se abran los archivos de la policía para conocer de cerca y con detalles los documentos orgánicos del partido senderista que no pueden confundirse con una documentación académica e intelectual de primer orden para entender Ayacucho y el país. En términos de producción académica e intelectual, la pretensión de comparar a AG con los clásicos del marxismo no tiene sentido alguno.

¿Qué de Mariátegui tendría el ¨pensamiento Gonzalo?

José Carlos Mariátegui fue un marxista original, creativo, hombre de amanecer, guía para los primeros pasos en la creación de una revista (Amauta) para pensar el Perú dentro de América latina y el mundo, en la formación del Partido Socialista sustantivamente diferente al clásico Partido Comunista soviético, y en la creación de una Central General de Trabajadores de Perú (CGTP). No tuvo tiempo para formar una central Indígena como quería. En sólo siete años, (1923-1930) dejó una obra esencial para entender nuestro país, particularmente sus ¨Siete Ensayos de interpretación de la realidad nacional¨. Tuvo un espíritu crítico, libre, y el coraje suficiente para no aceptar las tesis oficiales de la ¨Tercera Internacional¨ impuesta por Stalin. ¨Ni calco ni copia¨, sí una ¨creación heroica¨ como horizonte, es una de sus tesis política más importante. Fue un hombre alegre, sensible, incapaz de matar o de ordenar la muerte de un ser humano. Fue también excelente periodista y un hombre de letras, con excelente prosa.

Después de su paso por Italia y Europa, de donde volvió con algunas ideas y una mujer, JCM miró el Perú con mayor amplitud y sacó una primera gran conclusión: si tres cuartas partes de la población peruana son de indígenas andinos, el socialismo peruano debe partir de ese hecho y asumir las reivindicaciones indígenas no sólo como revolucionarias en sí, sino como parte de la tradición revolucionara del mundo. Hasta 1930, la Amazonía aparecía muy débilmente en el horizonte del país después del etnocidio causado por los caucheros.

Las ideas de Abimael Guzmán derivan directamente del leninismo, stalinismo y maoísmo ortodoxos, sin mediación de una visión crítica propia. El suyo es un mundo de ideas cerradas, de dogmas, de verdades absolutas. Los revolucionarios -¨nosotros¨- tienen la verdad de su lado y los contra revolucionarios -los otros-, la mentira y la traición. En esa forma se razonar y pensar no tienen lugar alguno la duda y el error. Por esa vía, es inevitable sostener la tesis: conmigo o contra mí. Esta idea tiene dos mil años, está en la Biblia y es parte del pensamiento europeo y de la modernidad política. Nos guste o no, debemos admitir que el marxismo, y las ideas de Lenin, Stalin, Mao y AG son esencialmente europeas y modernas. Esa es la misma lógica de Alberto Fujimori y de los fundamentalistas de la democracia: ¨con nosotros o contra nosotros¨. Es el mismo razonamiento de los oficiales de las Fuerzas Armadas y Policiales. AG no vio indígenas quechuas en Ayacucho, sólo campesinos pobres, medios y ricos como en los manuales de Mao sobre el campo chino. Como buen marxista europeo céntrico estaba convencido de modernizar a los campesinos, de enseñarles el castellano y la cultura moderna como propusieron los indigenistas mexicanos y peruanos. Con esas ideas, las columnas senderistas acabaron con el proyecto de Educación Bilingüe de la universidad de San Marcos en Quinua y dieron un plazo de 24 horas para que el equipo de Educación Intercultural Bilingüe del Centro Amazónico de Antropología y de Aaplicación práctica, CAAAP, abandone la comunidad asháninka donde trabajaba. El etnocidio de indígenas quechuas y asháninkas no habría sido posible si los senderistas hubieran tomado como suyas las ideas de Mariátegui y si por su propia cuenta hubieran considerado a los pueblos indígenas como sujetos culturales, lingüísticos, políticos, naciones y patrias con todos los derechos en el territorio peruano.

Si AG y los senderistas leyeron a Mariátegui, la inevitable pregunta es por qué se llaman mariateguistas. La pregunta es igualmente válida para quienes desde los diversos fragmentos de lo que se llamó ¨izquierda Unida¨, de los grupos socialistas, y de los segmentos trotskistas que se auto identificaron e identifican aún como mariateguistas. El tema es complejo porque en el fondo se trata de la relación que existe entre la política y el trabajo académico e intelectual, que caminan por cuerdas sustantivamente separadas. La identidad con Mariátegui es una especie de rito político para beneficiarse del prestigio que ese nombre otorga independiente de la coincidencia entre las prácticas de los mariateguistas con las prácticas e ideas políticas centrales del Amauta.

Podrían ser ideas del ¨pensamiento Gonzalo¨

De algunas acciones de los senderistas pueden deducirse algunas ideas que podrían formar parte de algo llamable ¨pensamiento Gonzalo¨.

1. Matar a las vacas finas ¿Qué culpa tienen las vacas?

60 o 70 o vacas finas del fundo Alapachaca de la Universidad de Ayacucho fueron liquidadas por una columna de Sendero y el hecho fue reivindicado por la dirección senderista. ¿Qué culpa tienen las vacas? Pregunté a una estudiante que en Huancayo defendía las acciones de Sendero. Me respondió: ¨Veo que a usted, profesor, le interesan los niños privilegiados que toman leche. A nosotros nos preocupan los que no toman leche¨. Le propuse mi argumento: para que todos los niños tomen leche se necesita más vacas, con matarlas el problema se multiplica. ¨Cuando lleguemos al poder resolveremos el asunto¨. Fue lo último que dijo, acabando la rapidísima discusión. Matar a las vacas y alpacas preñadas, destruir hidroeléctricas, canales de riego, puentes, destruir empresas cooperativas como las de Laive en la zona central, y volar torres de luz, son muestras de un pensamiento primario, comparable al que tenían los obreros ingleses para destruir las máquinas en el momento de aparición del capitalismo.

2. Que los campesinos de las tierras altas no vendan ni compren, que no vayan con sus productos a la feria de Lirio, cerca de Huanta. Esta orden solo podía ser dada desde la ignorancia y desde el desprecio a los indígenas, porque nos guste o no el mercado es objetivamente una necesidad. Vendiendo sus productos, campesinos e indígenas obtienen el dinero para comprar aceite, arroz, fideos, sal, fósforos, cuadernos y libros de los chicos que van a la escuela para no ser como sus padres,

3. ¿Por qué un quechua ayacuchano nombrado gobernador contra su voluntad debía ser considerado como parte del estado burgués y enemigo de clase? Cuando los comisarios de Sendero ordenaron los ¨ajusticiamientos¨ de comuneros quechuas nombrados como autoridades, a pesar de su rechazo, y de de ancianas que dieron de comer a los soldados, precisamente para evitar que ellos las matasen por no recibir su colaboración, el supuesto análisis de clase que fundaba esas acciones era un atentado a la razón marxista y a la razón en general. Una crítica a Sendero Luminoso sobre los puntos 2 y 3, se encuentra en mi artículo “Izquierda Unida y Sendero: Límites y Posibilidades”, (Revista Sociedad y Política Nº 13, Lima, 1982, pp. 2-16).

4. Matar campesinos en nombre de los campesinos, obreros en nombre de los obreros, indígenas amazónicos como si no fueran seres humanos, dirigentes de izquierda en nombre de la revolución. Una receta para ese menú no aparece en el pensamiento de los marxistas clásicos y los marxistas libres, creativos, autónomos, como Mariátegui, el Ché Guevara, o en guerrilleros como De la Puente, Héctor Béjar y Guillermo Lobatón, por ejemplo. Hace 20 años, el 15 de febrero de 1992, un comando de Sendero Luminoso asesinó a María Elena Moyano, en Villa el Salvador, En ninguna parte podría encontrarse una receta para matar a una mujer -afro peruana, pobre, de izquierda, dirigente vecinal de primer orden- con un feminismo popular en el corazón y en los hechos. El crimen de ese comando -¨Colina¨, del otro lado- es cien veces crimen como los cien trozos del cuerpo de María Elena que volaron por los aires luego de la explosión de los cartuchos de dinamita en su pecho, cuando ya estaba muerta.

La lista tiene otros puntos más (AG Dios, cuota de sangre, no alianzas con otros grupos políticos, jóvenes convertidos en senderistas luego de ser raptados y separados de sus padres, militantes obligados a romper con sus familias, amistad ausente, sólo relaciones de camaradas -¨no tengo amigos, sólo camaradas¨, terrible frase de AG en la llamada ¨entrevista del siglo¨), pero me detengo aquí.

Una tesis original de AG, clave de su ¨pensamiento¨

. En 1992, SL sostenía que su lucha había llegado a un ´equilibrio estratégico¨ y que su victoria era prácticamente inevitable. Su captura cambió totalmente la situación: por una especie de magia, la guerra habría terminado y lo principal debería ser negociar. Junto con sus camaradas presos en distintos penales del país, llevados a Lima en aviones de la Fuera Aérea, firmó un compromiso con el gobierno. Mereció la deferencia de una cama nupcial y una torta de cumpleaños, gentilmente ofrecidas por Fujimori y Montesinos.

El argumento sencillo que defiendo es que en este viraje de AG se encuentra la razón principal de la derrota de SL. Lo normal y clásico habría sido que la lucha continuase y que otros dirigentes lo reemplazasen. Con esa decisión personal, AG abrió las puertas del desbande de SL; la mayoría de cuadros optó por abandonar su guerra; otros, los menos, dijeron la lucha continúa; y, otros pocos optaron por seguir al lado de AG pidiendo paz y amnistía. Se ha escrito mucho para tratar de explicar la derrota de SL. Alberto Fujmori se cree el hombre clave y, por eso, se siente salvador del país; las Fuerzas Armadas reclaman que a ellas les corresponde el mérito; ronderos y protestantes, dicen ¨fuimos nosotros¨. Todos tienen, sin duda, algo de razón, pero creo que el principal enemigo de Sendero Luminoso fue Sendero Luminoso mismo, particularmente AG, el caudillo, el Dios, el guía, el jefe, la cuarta espada. Sus tesis derivadas de la venganza y del ¨odio de clase¨ no se desprendieron de un análisis propio y original del país, de algo llamable un pensamiento a la altura de las mayores figuras del marxismo. La atención y esperanza que creó en miles de personas duró muy poco. Para terminar, me parece pertinente señalar que el daño producido por AG y Sendero Luminoso a las nociones de izquierda y socialismo es mucho mayor de lo que podríamos imaginar.

Diario la Primera
Navegar Río arriba (Para el sábado 25 de febrero, 2012)
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Martes, 06 Marzo 2012 08:39

Las elecciones venezolanas

 Las elecciones venezolanas
La enfermedad de Hugo Chávez descolocó a la oposición venezolana. La cuidadosa estrategia electoral de la derecha de cara a las elecciones del próximo 7 de octubre fue ahogada por el tsunami informativo alrededor de la salud del mandatario.
 
Antes de que se hiciera público el mal del presidente, la oposición había cosechado éxitos importantes. Articuló una variopinta coalición organizada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). El 12 de febrero celebró comicios internos para nombrar su candidato a la presidencia de la república, en los que votaron poco más de 3 millones de electores, equivalentes a 15 por ciento del padrón electoral. De ellos 1.9 millones sufragaron por Henrique Capriles Radonsky. Y, aunque la consulta no fue auditable, pues no se usó tinta indeleble y se quemaron inmediatamente las actas, no se produjeron fisuras internas significativas.
 
Pero eso cambió con la cirugía de Chávez. La oposición se quedó fuera de lugar.
 
Henrique Capriles es abogado, dirigente y cofundador del partido conservador Primero Justicia. En 1998, antes del primer triunfo electoral de Hugo Chávez, fue acusado de recibir fondos de PDVSA (la compañía petrolera estatal venezolana) para formar su partido. Su candidatura contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados, que funcionan como los partidos de oposición. El periódico El Universal fue clave en la construcción de su candidatura.
 
Capriles nació en el seno de dos familias propietarias de medios de comunicación. De joven militó en las filas del partido socialcristiano (Copei). Sus adversarios lo acusan de pertenecer al grupo de ultraderecha Tradición, Familia y Propiedad. Sin embargo, busca colocarse más allá de cualquier formación política. "Creo en los partidos porque son necesarios para la democracia, pero los trasciendo. No estoy amarrado a ninguno. Mi partido se llama Venezuela", declaró a El Universal (19/2/12).
 
Participó activamente en el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 y encabezó las agresiones contra la embajada de Cuba en Caracas. Por ello, en 2004, la Fiscalía Nacional lo acusó de violar principios internacionales.
 
En 2008, Capriles ganó la gobernación del estado de Miranda. Un año más tarde fue acusado de estafa y delitos de corrupción como alcalde de uno de los municipios del área metropolitana de Caracas. Aunque fue sancionado con una inhabilitación administrativa que sigue legalmente vigente, se le respetaron sus derechos políticos.
 
El candidato opositor quiere aparecer como hombre de bien, alejado de intereses mezquinos, dotado de valores y perseguido político. Afirma que en la vida sólo tiene dos amos: Dios y el pueblo. Y se presenta a sí mismo como persona no apegada a las cosas materiales. "Me tienen sin cuidado. La retribución es espiritual y soy una persona espiritual, creyente".
 
Parte de su estrategia electoral consiste en mostrarse como un hombre joven y sano, 18 años menor que Hugo Chávez, frente a un mandatario enfermo perteneciente a otra generación. Sin embargo, su propuesta central es anunciarse como un hombre de progreso. "Soy progresista", repite una y otra vez. "El gobierno plantea un camino que es el socialismo. Yo planteo el progreso", reitera.
 
Según Capriles, el actual gobierno no es socialista. "Utiliza el término socialismo para transmitir una imagen de identificación con los pobres, pero hay en él conductas absolutamente fascistas. Es de izquierda retrógrada."
 
El eje medular de su propuesta no es casual. Enfrentado a los grandes logros sociales del gobierno bolivariano, no puede hablar contra ellos. Sin embargo, evita hacer propuestas de políticas concretas. En los hechos, no ofrece nada que no sea el retiro de Chávez.
 
Capriles sabe que el voto duro opositor, los 3 millones que participaron en las primarias del 12 de febrero, no le alcanzan para ganar las elecciones. Para triunfar necesita unos 7 millones de sufragios adicionales. Y, para tratar de obtenerlos, se ha distanciado verbalmente de los ricos y ha ocultado la naturaleza de los intereses conservadores de su propuesta. "Como gobernador he demostrado que se puede gobernar para todos los colores", asegura.
 
Su proyecto tendrá éxito sólo si acerca a su causa a los indecisos, y si logra romper el bloque bolivariano y sumar a los chavistas descontentos, ofreciendo desde ahora que, de ganar, no "habrá represalias" para quienes hayan simpatizado en el pasado con el gobierno.
 
El candidato de la Mesa de Unidad Democrática ha rehuido confrontar a Hugo Chávez. En cambio, lo presenta como alguien que "manipula a sus seguidores para beneficiar un proyecto personal, distinto al mío, que es un proyecto colectivo".
 
Sin referirse a Capriles por su nombre, Chávez ha bautizado al candidato opositor como el majunche, o sea, alguien de calidad inferior, deslucido, mediocre. Y se plantea quitarle la máscara. "Quieres parecerte a Chávez pero no te queda, te queda mal", expresa el mandatario.
 
“El majunche –asegura el presidente– tiene unos asesores que le han dicho que no debe confrontarse y yo le digo: majunche, tienes que confrontar a Chávez porque la cosa es conmigo. Con Chávez se confronta con ideas, con argumentos, y cuando digo Chávez, me refiero al pueblo. Es la burguesía contra el pueblo, el imperio contra la patria (...) burguesía, no disfraces tu discurso.”
 
Las elecciones venezolanas muestran que la derecha de ese país no tiene programa, y que necesita disfrazarse de izquierda para ganar simpatizantes. Su discurso es vacío y su situación desesperada. Desde hace 13 años, para tomar el poder, lo ha intentado todo: golpes de Estado, referendos revocatorios, boicots económicos, abstención electoral, campañas internacionales de desprestigio. Y ha fracasado en todo. Por lo pronto, las encuestas dicen que también será derrotada en esta ocasión. Los sondeos dan al mandatario venezolano amplia ventaja sobre el candidato opositor. Y, por si fuera poco, la enfermedad del presidente provoca que su estrategia electoral quede fuera de foco.
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"Los medios asumen la función de oposición política"
En Bolivia, la Vicepresidencia del Estado organizó del 29 de febrero al 3 de marzo de 2012, el IV Ciclo del Seminario "Pensando el Mundo desde Bolivia", que abordó "La economía y el periodismo".


Ignacio Ramonet llegó el miércoles 29 a La Paz, a invitación de la Vicepresidencia del Estado. Nada más al llegar, sintió que valía la pena estar en La Paz y ver de cerca el proceso boliviano. Estaba en sus planes reunirse con Evo Morales, a quien conoció antes de que éste fuera Presidente.

Aunque a ratos la voz lo traiciona (hace efecto La Paz, 3600 mts, pues), Ignacio Ramonet vence el problema con un mate de coca. De sus palabras emergen la experiencia sobre periodismo y política, y como tal impone un adjetivo, “webactores”, para los no periodistas que están irrumpiendo en las redes sociales, y una afirmación letal para el gremio: los medios “asumen la función de oposición política”.

Habla con convicción de Evo Morales, dice que éste es el “mejor presidente” de la historia del país y que lo imagina más allá de 2014, el año de las elecciones generales. ¿De la oposición? “Francamente, le digo que en este momento no veo oposición en ninguna parte de América Latina. La oposición viene de los propios movimientos sociales”, afirma.

— ¿Sigue pensando en la tiranía de la comunicación?

— Sí, la comunicación es una tiranía, pero es una necesidad. Hoy, no se puede no comunicar, y eso crea una serie de obligaciones, y vemos las consecuencias en los ámbitos político, ideológico, cultural y también en la medida en que la comunicación invadió nuestras vidas.

Antes podíamos decir que “no trabajo en una radio” o “no trabajo en la televisión o un periódico y no tengo obligación de comunicar”; pero hoy, la mayoría tiene acceso a internet, a las redes sociales; mediante un simple teléfono hay que estar comunicando vía Twitter, Facebook o mensajería. Hay un imperativo.

La tiranía, entre el momento que escribí ese libro (Tiranía de la comunicación), hace unos diez años, ha aumentado.

— ¿Pasa en Bolivia lo que una vez cuestionó de Venezuela: ante la decadencia de los partidos, los medios cumplen ese rol?

— Sí. Había teorizado esto desde el principio en Venezuela, cuando ocurrió el golpe en 2002. Lo que hemos visto es que ese mismo fenómeno se ha ido generalizando. Podríamos decir que, en América Latina, en los países donde hay gobiernos de progreso que están haciendo transformaciones sociales muy importantes, las oposiciones no tienen fuerza y en algunos países casi han desaparecido como organizaciones políticas consistentes.

En la mayoría de esos países son los medios los que han tomado el relevo, los que asumen la función de oposición política, cosa que no es el rol de los medios. Hemos visto la batalla que acaba de darse en Ecuador, lo mismo que padeció Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, Cristina Fernández en Argentina con Clarín, y en Bolivia, donde los medios asumen la función de llevar el rol de la oposición política frente al Gobierno.

— Es un fenómeno contra gobiernos de izquierda, verdad de Perogrullo: ¿Incide la empresa o es el factor ideológico?

— Evidentemente, en muchos países, en América Latina, los medios privados han dominado el sector de la comunicación. Sobre todo eran sectores industriales ligados a las oligarquías que controlaban las economías de estos países.

Hoy, estas oligarquías han perdido —por el momento— el poder político y usan del poder ideológico que aún tienen los medios para tratar de mantenerse en el debate político.

— ¿En Bolivia?


— No conozco bien el problema en Bolivia. Pero, digamos que hemos visto cómo aquí algunos periódicos han llevado a cabo campañas contra las realizaciones del Gobierno.

— ¿Tiene ejemplos? 

— Cuando hubo el fenómeno de la secesión separatista de Santa Cruz y de otros departamentos, a escala internacional los medios trabajaron mucho en la idea de que la legitimidad estaba del lado de la oposición contra el poder central.

— ¿Cómo considera esa acción?

— Sencillamente, los medios están asumiendo una función que no es suya, una función política. A lo sumo, los medios tienen la función de informar; aunque pueden tener una función ideológica en sentido de que contribuyen a formar conciencias.

Pero cuando se proponen cambiar un régimen o derrocar un gobierno democráticamente elegido, o cuando apoyan golpes de Estado (aquí, en un momento hubo un conato de golpe de Estado apoyado por los medios, como en Ecuador, y como en 2002 en Venezuela), es obvio que los medios están ultrapasando su función y que están asumiendo una función que una parte de la ciudadanía debe indiscutiblemente criticar, no sólo el Gobierno; porque unos medios militantes de esa manera contra las decisiones democráticas están jugando un papel de regresión política y social en un país.

— Ante esa actitud, Morales consideró a algunos medios como sus 'enemigos'…

— Es posible, no me extraña. En el momento en que los medios asumen esa función, de pretender derrocar a un gobierno democráticamente elegido, evidentemente ellos mismos se están definiendo como enemigos de la democracia.

— ¿Puede atribuirse eso a la mayor votación que, en el segundo periodo, recibió Morales?

— Seguro que el hecho de haber sido elegido de una manera tan neta ha debido desesperar a varios medios, ante la perspectiva de que la oposición perdiese toda esperanza de llegar en corto plazo, y por la vía legítima, al poder.

— ¿Cómo ve desde afuera que gobierna Morales?

— Globalmente, a Evo Morales se le tiene una gran simpatía. Representa una personalidad que ha surgido desde abajo, desde los movimientos sociales; que ha sido un combatiente, primero, con los propios trabajadores y ha asumido el sentir de la población.

Su carácter de pertenecer a los pueblos originarios, de ser indígena, ha creado también un fenómeno de gran simpatía, como si una historia de 500 años se terminase y que él asumiese un nuevo ciclo en la historia de este país. Más allá, es un símbolo para otros países y continentes.

Por otra parte, se considera que su gobierno ha llevado a cabo políticas de inclusión social importantes. De ahí que estas últimas semanas haya cierto desconcierto a escala internacional porque los medios internacionales han difundido mucho el conflicto por el TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure) y de los minusválidos.

Entonces, la opinión pública internacional no entiende cómo alguien que es la encarnación del sentimiento de reivindicación de los pueblos originarios, en el caso del TIPNIS, tiene una actitud que parece que no respeta la Madre Tierra. Hay una sorpresa.

Segundo, cómo alguien que está a favor de la inclusión social y que ejecuta políticas en ese ámbito puede tener una actitud de represión contra los minusválidos? En función de las imágenes que recorrieron Europa.

Es una contradicción, en la medida que el adversario no es, en este caso, la burguesía ni la oligarquía ni los grandes poderes internacionales, sino las clases sociales humildes de las que Evo Morales es el representante. Ahí es donde se crea un desconcierto.

— ¿Casuales o tensiones al fin?

— No le puedo decir, no los conozco. No cabe duda de que el Gobierno y las autoridades deben hacer un esfuerzo de comunicación para tratar de explicar esta contradicción, porque es evidente que nadie puede creer que las autoridades bolivianas tengan una actitud de violencia contra los minusválidos o una actitud de irrespeto contra la madre naturaleza.

Esto hay que explicarlo; si no, se les está dando argumentos a los adversarios de este gobierno.

— ¿Estarán mellando estos dos problemas la condición con que la que se conoce a Morales?


No sé cómo surgieron. Lo que sí veo es la consecuencia en el exterior. Desde el punto de vista comunicacional, las imágenes que se difundieron y las tesis que se han desarrollado provocan desconcierto.

Usted me hablaba de Boaventura de Sousa Santos (estábamos juntos hace poco en el foro de Porto Alegre) y él se interrogó en una de sus intervenciones si frente a las necesidades del desarrollo —hablando de Bolivia— se estaban olvidando los imperativos ecológicos.

No podemos decir que (minusválidos e indígenas) sean adversarios de este Gobierno; al contrario, se definen como amigos de esta experiencia.

— ¿Cómo se ve afuera el proceso boliviano?


— Con una gran simpatía, sobre todo porque Bolivia se conocía como un país de grandes injusticias, que había sufrido el mayor número de golpes de Estado en la historia de América Latina, de mayores desigualdades (se la representaba como un mendigo sentado sobre un trono de oro)… Evo Morales se ha visto como alguien que llegó de manera sensata a tratar de reducir las desigualdades y hacer una transformación social para permitir un desarrollo social, humano, económico y ecológico muy importante. Todo lo que se está haciendo desde entonces va en esa dirección.

La Explosión del periodismo

— "La gente no sólo toma la palabra, sino las calles", ha dicho usted. ¿El nuevo orden de la comunicación está regido por las redes sociales?

— Tienen una influencia considerable, no se puede pensar el nuevo orden sin las redes sociales.

— ¿Pone en riesgo al oficio?

— Seguro, lo cambia. Yo acabo de escribir un libro que se llama La explosión del periodismo, en el que trato de explicar los cambios que se están produciendo. Toda empresa periodística y los periodistas que no estudien los cambios, pueden tener una mala sorpresa.

— ¿Cómo tendría que blindarse el periodismo ante esa irrupción?

— No sé si tiene que blindarse o tiene que cabalgar en ella; tiene que ver qué puede hacer con ella. Lo que no cabe duda es que no puede ocultar que existe; existe cada vez más.

— ¿Tiene consecuencias en los grandes medios?


— Sí, los mayores conglomerados están en crisis y tienen dificultades que antes no tenían; están tratando de adaptarse a la nueva era de la comunicación. Y en este tiempo de adaptación están sufriendo, el propio Rupert Murdoch lo sufre (su hijo renunció); y es el dueño del mayor grupo de comunicación del mundo.

— También despierta el interés ciudadano de tomar la palabra.

— Sí, es el fenómeno. No solamente toma la palabra, sino las calles, como pasó en España, con los estudiantes chilenos, en Israel o con los ocuppy en Estados Unidos.

— ¿Cómo encuentra la libertad de expresión en Bolivia desde su lectura exterior?


— Aquí constato una gran libertad de expresión, no tengo la impresión de que se la vulnere.

— Tenemos una Ley de Imprenta nonagenaria. ¿Hay necesidad de modificarla? 

— Las leyes hay que revisarlas sobre todo si son de comunicación, por tantos cambios que existen. La libertad de expresión hay que mantenerla; lo que ocurre es que la libertad de expresión no es la libertad de hacer cualquier cosa.

— ¿Cree en la autorregulación?

— Creo, es necesaria. Sin embargo, la ley también es necesaria; los periodistas deben imponerse autodisciplina, aunque sea sólo para llevar su trabajo con dignidad necesaria.

— ¿En qué medida debe incidir el Estado en el trabajo periodístico?

— Cuanto menos incida, mejor, no cabe duda.


Por Rubén D. Atahuichi López
La Razón (Bolivia)
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La Arcadia de los K (réplica a Steinsleger)
El pasado miércoles 29 de febrero mi viejo amigo José Steinsleger publicó en estas páginas un artículo titulado “La Argentina de ‘los K’ y Miguel Bonasso, el novelista”, en el cual, tras elogiarme mucho más allá de mis merecimientos, me regaña con cariño por un comentario atroz vertido en una entrevista anterior con este diario (La Jornada, 25/2/12) y sostiene que en periodismo y literatura me ha ido muy bien, pero en la política no, porque mis diferencias con los K me habrían cegado.

Creo, con todo respeto, que está equivocado y su error no merecería esta aclaración si su cariñoso recordatorio estuviera limitado a mi actuación personal y no contuviera una visión idílica sobre el proyecto político, económico y social del finado Néstor Carlos Kirchner y su viuda, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Proyecto que apoyé al principio, cuando proponía algunas herramientas válidas para salir de la terrible crisis de 2001 y dejé de apoyar cuando se hizo evidente –más allá de la retórica progresista– que entregaba todos los recursos naturales de Argentina (glaciares, bosques, campo y plataforma marítima patagónica) a trasnacionales de prosapia filantrópica como Monsanto, Barrick Gold o las petroleras británicas que devastan las islas Malvinas. Proceso entreguista que detallo pormenorizadamente en el libro que he venido a presentar en México (El mal. El modelo K y la Barrick Gold: amos y servidores en el saqueo de la Argentina) que Steinsleger considera –paradójicamente– como un texto de consulta ineludible.

En la entrevista que lo desconcertó, afirmé efectivamente que las economías de México y Argentina están desna- cionalizadas y agregué que la entrega de soberanía avanzaba como un cáncer sobre todo el lomo de América (desde el sagrado Wirikuta de los huicholes hasta el Esquel de los mapuches) con las exponenciales inversiones de la megaminería a cielo abierto, que constituyen el Potosí del siglo XXI, en perjuicio directo de los más desamparados: campesinos y pueblos originarios. Lo reitero aquí, como la denuncia judicial por tráfico de influencias que interpuse ante la justicia federal argentina contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el secretario de Minería Jorge Mayoral, el secretario de Hacienda Juan Carlos Pezoa y el gobernador de la provincia de San Juan, José Luis Gioja. Todos ellos vinculados dolosamente a Barrick Gold, empresa fachada de la CIA que fue creada por George Herbert Walker Bush, el traficante de armas saudita Adnan Kashoggi y el front man de la minera canadiense Peter Munk para financiar el Irán-Contras.

Cuando dije que el presidente Felipe Calderón no ocultaba su ideología derechista y Cristina –en cambio– se presentaba como adalid del progresismo, de ninguna manera lo hice para ocultar la ordalía de sangre que padece México o para igualar los crímenes inenarrables o la política de limpieza étnica a la que alude el viejo amigo con la situación imperante en Argentina.

Pero tampoco el estado de derecho bonaerense que Steinsleger presenta con perfiles nórdicos es ajeno a la criminalización del conflicto social. Las guardias blancas de los terratenientes soyeros asesinan líderes campesinos como Cristian Ferreyra; las guardias urbanas de los charros sindicales de la Unión Ferroviaria ultiman activistas de izquierda, como Mariano Ferreyra; los represores solapados por gobernadores corruptos como Gioja han producido el primer desaparecido en democracia, que es Jorge Julio López; el Congreso (con mayoría oficialista) ha votado en diciembre una siniestra Ley Antiterrorista, que ya aplican algunos jueces y fiscales contra las asambleas ciudadanas que luchan por el agua en provincias como La Rioja y Catamarca; hay más de 5 mil activistas sociales procesados; se ha descubierto un tenebroso Proyecto X de la gendarmería para espiar militantes populares y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel tiene que recordar cada tanto a la presidenta que los derechos humanos no son cosa del pasado.

El reciente accidente ferroviario en la estación de Once, que costó 51 muertos y 700 heridos, demuestra que la corrupción mata. Entregados a concesionarios privados que no invierten pero sobornan a los funcionarios del ramo, los trenes que diariamente transportan como ganado a millón y medio de ciudadanos constituyen una de las mayores pruebas de cargo contra el modelo K. En ocho años el matrimonio Kirchner dispuso de una caja de 400 mil millones de dólares que fueron usados para asistencialismo y no para obras de infraestructura, como la reconstrucción de los ferrocarriles, destruidos por su actual aliado Carlos Saúl Menem.

Finalmente, el recordatorio de Steinsleger comienza con una cita del economista belga Eric Toussaint, en la cual éste pone a los Kirchner como modelo de patriotas que se rehúsan a pagar la deuda externa. Es curioso, porque el 2 de mayo de 2011 Toussaint participó en una audiencia pública en el Congreso argentino, donde se denunció al gobierno K por pretender pagar la deuda con el Club de París usando reservas del banco central y estafar al pueblo diciendo que el pago por adelantado al FMI de 9 mil 810 millones de dólares (efectuado en enero de 2006), más la negociación de una quita con los acreedores privados, había resuelto para siempre el problema de la deuda.

La verdad es que siguieron reconociendo hasta el endeudamiento contraído por los militares. Más allá de la deuda que permaneció en default, como la de los llamados fondos buitres, los K pagaron 50 por ciento de intereses y fueron renegociando el otro 50 por ciento, con lo que se acumularon intereses sobre intereses, en un fenómeno usurero e ilegal que los jueces llaman anatocismo.

Por si alguien tiene dudas, conviene citar lo que dijo Cristina Kirchner en una reunión con empresarios realizada en Nueva York el 27 de septiembre de 2010 y organizada por el Council of the Americas, que preside el filántropo David Rockefeller: Es la primera vez desde que me entrevisto con empresarios que veo este cambio de actitud. Obviamente ha tenido que ver la restructuración de la deuda: cuando uno paga lo que debe te miran más lindo.
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Los diez mandamientos del perfecto militante

¿Sabes imprimir panfletos con multicopista? ¿Estarías dispuesto, como líder de un movimiento, a dejarte destituir? ¿Cuáles son los pilares de una lucha correctamente organizada? ¿Tienes a Slavoj Zizek junto a Roosevelt en tu mesilla de noche? ... Consejos de Mike Davis a militantes de todo tipo.

Hace poco, en Canadá, una amiga me preguntó si el movimiento “Occupy Wall Street” [Ocupar Wall Street] podría sacar alguna lección de los movimientos de protesta de los años 60. Le respondí que uno de los pocos recuerdos más o menos claros que conservo de entonces –ya han pasado más de cuarenta años– es justamente el de haberme prometido que nunca, nunca, me convertiría en un viejo imbécil con lecciones que transmitir. Pero ella insistió, y su pregunta acabó por despertar mi propia curiosidad.¿Qué puedo destacar, a fin de cuentas, de una vida entera entregada al activismo? Bueno, parece que me he convertido en un especialista, capaz de sacar mil octavillas de una multicopista de salud frágil, antes de que se desintegre. (He prometido a mis hijos llevarles uno de estos días al Museo Smithsonian para que admiren estos artilugios del demonio que tanto han aportado al movimiento por los derechos civiles y a los movimientos anti-guerra). A todo esto, me acuerdo sobre todo de algunos consejos que me dieron mis camaradas con más edad y experiencia, y que memoricé como mis Diez Mandamientos personales (al estilo de los que se pueden encontrar en un libro de dietética o en algunos folletos bien impresos). Éstos son, para lo que puedan valer:
 

En primer lugar, el imperativo categórico es la organización; o mejor dicho, facilitar la auto-organización de los otros individuos. Catalizar está bien, pero organizar está mucho mejor.
 

En segundo lugar, los dirigentes del movimiento deben ser temporales y dispuestos siempre a ser sustituidos. El trabajo de un buen organizador, como se solía decir en la época del movimiento por los derechos civiles, es organizar su retiro, y arreglárselas para no volverse indispensable.
 

En tercer lugar, los manifestantes deben trastocar la permanente tendencia de los medios de comunicación a la metonimia, es decir, a designar al todo por una de sus partes, a un grupo por uno de sus individuos (¿no es extraño, por ejemplo, que conmemoremos el “Día de Martin Luther King”, y no el “Día del Movimiento por los Derechos Civiles”?). Los portavoces deben ser sustituidos con regularidad, abatidos incluso, si es necesario.
 

En cuarto lugar, vale la misma advertencia para las relaciones existentes entre el movimiento y los individuos que participan en él como bloque organizado. Creo muy sinceramente en la necesidad de una izquierda revolucionaria orgánica, pero estos grupos sólo pueden pretender la autenticidad si dan toda la prioridad a la construcción de la lucha, y se prohiben a sí mismos tener una agenda secreta respecto a los otros participantes.
 

En quinto lugar, como costosamente aprendimos en los años 60, la democracia consensual no es equivalente a la democracia participativa. A escala de las comunidades o de los grupos de afinidad, la toma de decisiones por consenso puede funcionar muy bien, pero cuando se trata de una lucha de mayor duración o que reúne a más individuos, pasar a una forma de democracia representativa es esencial para permitir la participación más igual y más grande posible. Como siempre, el diablo está en los detalles: conviene asegurarse que cualquier delegado pueda ser destituído de sus funciones, formalizar el derecho de las minorías políticas para que estén representadas, y así todo lo demás. Ya sé que es una herejía decirlo, pero los buenos anarquistas, los que creen en la acción concertada y en el autogobierno por la base, podrían encontrar enseñanzas de gran valor en el Robert’s Rules of Order [1] [Reglamento parlamentario de Robert] (considerado un instrumento técnico útil para las discusiones organizadas y para tomar decisiones).
 

En sexto lugar, una “estrategia de organización” no consiste sólo en un plan para aumentar el número de participantes en la lucha, sino también en un trabajo de conceptualización para alinear esta lucha específica con los objetivos privilegiados de la explotación y de la opresión. Por ejemplo, una de las maniobras estratégicas más brillantes del movimiento de liberación negro a final de los años 60 fue llevar la lucha al interior de las fábricas de automóviles de Detroit y formar la League of Revolutionary Black Workers [Liga de los trabajadores negros revolucionarios]. Hoy día podemos ver un desafío y una oportunidad similares en “Occupying the Hood” [Ocupar los barrios]. Los grupos que ocupan actualmente los patios de los plutócratas deberían responder rápido y sin equívocos a la crisis de los derechos humanos que atraviesa la comunidad de obreros inmigrados. Las manifestaciones por los derechos de los inmigrantes, hace cinco años, están entre las mayores manifas de la historia de los Estados Unidos. ¿Tal vez veamos converger el próximo Primero de Mayo a todos estos movimientos contra la desigualdad en una única jornada de acción?
 

En séptimo lugar, construir un movimiento que extienda auténticamente los brazos hacia los pobres y los parados requiere tener acceso a determinadas infraestructuras para responder a las necesidades humanas más urgentes: alimentos, un techo, cuidados médicos. Si queremos que haya vidas consagradas a la lucha, debemos crear cooperativas para repartir y redistribuir nuestros propios recursos a los jóvenes que pelean en primera línea. De igual manera, debemos crear una asociación de juristas implicados en el movimiento, como la National Lawyers Guild [Asociación Nacional de Juristas], que resultó vital para la contestación frente a la represión masiva de los años 60.
 

En octavo lugar, el futuro del movimiento “Occupy Wall Street” vendrá menos determinado por el número de personas presentes en el Liberty Park (aunque la permanencia de esta ocupación es una condición sine qua non para la supervivencia del movimiento) como por su capacidad para estar presente en Dayton, Cheyenne, Omaha y El Paso. Muchas veces, la expansión espacial de las manifestaciones equivale a una implicación cada vez más diversificada de los no-blancos y de los sindicalistas. La emergencia de las redes sociales representa una oportunidad histórica para establecer un diálogo horizontal nacional, incluso planetario, entre activistas que no pertenecen a la élite. El caso es que “Occupy Main Street” [“Ocupar la Calle Mayor”, como contraste con “Ocupar Wall Street”] necesita mayor apoyo por parte de los grupos más telegénicos y que disponen de mejores recursos en los grandes centros universitarios y urbanos. Una oficina nacional de oradores y contertulios sería una baza inestimable. También es esencial dar una perspectiva nacional tanto a las historias de la periferia como a las del corazón del país. El relato de las manifestaciones debe convertirse en una pintura de la manera en que la gente corriente está peleando por todo el país: contra la minería a cielo abierto en Virginia Occidental, por la reapertura de los hospitales en Laredo, en apoyo a los descargadores en Longview, contra una comisaría fascista en Tucson, contra los escuadrones de la muerte en Tijuana, o incluso contra el recalentamiento climático en Saskatoon.
 

En noveno lugar, la participación creciente de los sindicatos en las manifestaciones de Occupy –incluyendo la espectacular movilización que obligó a la policía de Nueva York a renunciar temporalmente a su intento de desalojar “Occupy Wall Street”) – cambia el dato y hace nacer la esperanza de que, tal vez, este levantamiento pueda llegar a convertirse en una auténtica lucha de clases. Pero debemos recordar al mismo tiempo que la mayoría de los líderes sindicales están incorregiblemente casados –y mal casados– con el Partido Demócrata, y también que están empantanados en estas guerras intestinas y amorales entre sindicatos que han arruinado cualquier esperanza de un nuevo desarrollo de la lucha de los trabajadores. Los manifestantes anticapitalistas deben conectarse más intimamente con los grupos de oposición de base y con los comités electorales más progresistas en el seno de los sindicatos.
 

Por último, una de las lecciones más simples pero también más duraderas que se pueden extraer de la disidencia de las generaciones anteriores reside en la necesidad de hablar un lenguaje popular. La urgencia moral de un cambio adquiere su mayor valor cuando se expresa en una lenguaje compartido por el mayor número de gente.
 

Las principales voces radicales –Tom Paine, Sojourner Truth, Frederick Douglass, Gene Debs, Upton Sinclair, martin Luther King, Malcolm X y Mario Savio– supieron siempre ganarse al pueblo americano con ayuda de palabras familiares y poderosas, ecos de las principales tradiciones de la conciencia americana. Un ejemplo extraordinario de esta aptitud fue la campaña casi victoriosa de Sinclair a la investidura de gobernador de California en 1934. Su manifiesto, “Acabar con la pobreza en California ahora”, consistía en realidad en una simple traducción del programa del Partido Socialista en términos bíblicos, y más en concreto en parábolas del Nuevo Testamento. De esta forma se ganó a millones de electores.
 

Hoy día, cuando los movimientos Occupy se preguntan si necesitan una definición política más concreta, hay que plantearse qué reivindicaciones pueden ganar al mayor número de personas, manteniéndose radicales, en el sentido de antisistémicas. Algunos jóvenes militantes bien podrían guardar temporalmente sus Bakunin, sus Lenin o sus Slavoj Zizek, para desempolvar el programa de campaña de Roosevelt de 1944: el Economic Bill of Rights [Declaración de derechos económicos] [2].
 

Era un toque de corneta a una ciudadanía social y la declaración del carácter inalienable de los derechos al empleo, a la vivienda, al acceso a la atención sanitaria y a una vida feliz –muy alejada por tanto de la tímida política de la administración Obama, esa política de rebajas del “Por-favor-no-nos-maten-más-que-a-la-mitad-de-los-judíos”. El programa de este cuarto mandato (al margen de cuáles pudieran ser las motivaciones oportunistas de la Casa Blanca) se servía del lenguaje de Jefferson para plantear las reivindicaiones fundamentales del CIO [3] y del ala socialdemócrata del New Deal.
 

No era desde luego el programa “máximo” de la izquierda (que reivindica una propiedad social y democrática de los bancos y de las mayores empresas), pero es la posición más progresista nunca adoptada por un partido de gobierno o un presidente americano. Hoy día, está claro, el Economic Bill of Rights es una idea completamente utópica, pero al mismo tiempo es la simple definición de lo que necesitan los americanos. Los nuevos movimientos, a semejanza de los antiguos, deben ocupar a cualquier precio el terreno de las necesidades fundamentales, y no el de un “realismo” político de corto alcance. Si optamos por ello, ¿por qué no beneficiarnos entonces de la bendición de Roosvelt?


Por Mike Davis
Viento Sur


Notas:

[1] Publicado por primera vez en 1876, el Robert’s Rules of Order, escrito por Henry Martyn Robert, trata del procedimiento parlamentario, esto es, de las reglas y convenciones denesarias para el vuen desarrollo de una asamblea deliberante o de una reunión. En 2011 apareció la 11ª edición.

[2] Los “Bill of Rights” [Declaración de Derechos] hacen referencia a las diez primeras enmiendas de la Constitución americana adoptadas en 1789. Garantizan las libertades fundamentales.

[3] Creado en 1938, el Congress of Industrial Organizations (CIO) fue uno de los principales sindicatos americanos, hasta su unificación con la American Federation of Labor (AFL) en 1955.


Mike Davis es profesor de historia en la Universidad de California, Riverside, y miembro del comité de redacción de la New Left Review. [Entre sus obras más recientes en castellano están: Ciudad de cuarzo, Lengua de Trapo, 2002; Planeta de ciudades miseria, Foca, 2008; El coche de Buda, el Viejo Topo, 2009].
 

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Sábado, 03 Marzo 2012 08:33

La insolente insubordinación militar

La insolente insubordinación militar
La presidenta Dilma Rousseff enfrenta un problema serio con los militares brasileños. O más exactamente, con militares retirados, que suelen manifestarse a través de sus asociaciones de clase, los clubes de la Marina, del Ejército y de la Fuerza Aérea. Una nota en términos insolentes e irrespetuosos lanzada hace algunos días provocó la dura reacción de la presidenta, que determinó a su ministro de Defensa, embajador Celso Amorim, a exigir que el texto fuese retirado de los portales, en Internet, de los tres clubes. La nota critica a las ministras de Derechos Humanos, Maria do Rosario, y de la Secretaría de la Mujer, Eleonora Menicucci (quien fue presa política, compañera de celda –y de suplicio– de Dilma). El texto dice no reconocer autoridad en Amorim y que, como jefe constitucional de las Fuerzas Armadas, Dilma debería haber reprendido a sus ministras por las “críticas exacerbadas dirigidas a los gobiernos militares”.

No es la primera ni la décima vez que los militares retirados (e incluso activos) se insubordinan, en términos groseros, contra presidentes civiles en Brasil. Nostálgicos de la dictadura y al amparo de una esdrújula ley de amnistía que impide que se investiguen los crímenes practicados durante la dictadura que duró de 1964 a 1985, y principalmente impide que se juzgue a los responsables, gozan de impunidad para manifestar total falta de respeto frente a los civiles que alcanzaron el poder por la vía del voto popular. Basta con recordar lo ocurrido cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso, él mismo un ex exiliado político, creó el Ministerio de la Defensa, en 1998. Hasta entonces, cada fuerza armada era un ministerio en Brasil. El primer civil en ocupar la cartera de la Defensa, un político opaco llamado Elcio Alvarez, sintió la afrenta en el momento de asumir el puesto, cuando los tres comandantes de las fuerzas armadas se retiraron groseramente de la ceremonia.

Lula da Silva aguantó, a lo largo de sus ocho años en la presidencia, hartas demostraciones de la prepotencia de los uniformados, especialmente los retirados. Nada, en todo caso, se compara con lo que ahora enfrenta Dilma Rou-sseff que, además de primera mujer en llegar a la presidencia del país, es también la primera ex presa política, víctima de tortura, en gobernar Brasil.

En el fondo, se trata de una clara muestra de la resistencia que los sectores militares imponen a la instalación de la Comisión de la Verdad que investigará –aunque sin condición punitiva– los crímenes cometidos bajo la dictadura. Los presidentes de los tres clubes militares firmaron, ostensivamente, un manifiesto censurando a dos ministras civiles y a la propia presidenta, en un acto de insólita insubordinación. No hubo ninguna reprimenda de los comandantes militares activos.

La nota, firmada por 98 oficiales (incluso generales), provocó la inmediata reacción de Dilma, y luego de una rápida negociación entre el ministro de Defensa, Celso Amorim, y los comandantes de las tres armas, el texto fue retirado de Internet. Dilma determinó a su ministro punición para los responsables. Y ahí empezó la crisis: en la tarde de ayer, el mismo texto volvió a circular por Internet, pero ahora con la firma de 322 militares y 65 civiles. Firman el texto 44 oficiales-generales del Ejército y de la Fuerza Aérea (ninguno de la Marina), además de 195 oficiales superiores (13 de la Armada). Entre los civiles hay parientes de notorios torturadores.

Un comentario del general Gilberto Figueiredo, quien fue comandante militar de la Amazonia y presidió el Club Militar (que reúne a los tres clubes de las fuerzas armadas y es, con justicia, considerado un foco golpista desde hace al menos medio siglo), señala hasta qué punto se ejerce la insolencia. El general dijo que “cuando Lula era presidente, yo me sentía frustrado, porque nuestras notas de protesto eran sumariamente ignoradas y el tema moría en el mismo día”. Ahora, dice Gilberto Figueiredo, “gracias a la sorprendente reacción de Dilma Rousseff, eso se transformó en asunto nacional y el número de firmas de adhesión no hace más que aumentar”.

Entre los que firman el duro documento está el general Valdesio Figueiredo (un apellido común en el medio castrense brasileño, como se ve: conviene no olvidar que el último dictador también era un Figueiredo), ex presidente del Supremo Tribunal Militar. Es evidente que si adhiere a un gesto de clara insubordinación, lo hace por saber cómo los uniformados se juzgan entre ellos. También aparece el nombre del coronel retirado Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los más perversos y cobardes represores y torturadores de la dictadura.

El auge de la insolencia, sin embargo, le tocó al general retirado Luiz Eduardo Rocha Paiva, quien fue comandante de la Escuela de Comando del Estado Mayor del Ejército y ocupó el puesto de secretario-general del Ejército, segundo en la escala de la fuerza en 2007, bajo la presidencia de Lula da Silva.

En una contundente entrevista concedida al diario conservador O Globo, de Río de Janeiro, Rocha Paiva reniega de la Comisión de la Verdad, critica frontalmente el deseo de aclarar torturas, muertes, desapariciones y ocultación de cadáveres y pregunta si Dilma Rousseff será convocada a testimoniar, ya que participó de “un grupo terrorista”. Luego de afirmar que nunca vio tortura en el Ejército durante la dictadura, dice dudar de que Dilma haya sido torturada. “Es lo que se dice, pero yo no sé...”, dijo.

Lo más sorprendente de todo eso es constatar que muy posiblemente no haya punición alguna a los insubordinados. Una ley firmada en 1986 por el entonces presidente José Sarney asegura a los militares retirados el derecho de opinar.

Es comprensible: durante la larga dictadura, Sarney era uno de los exponentes del partido Arena, que en la farsa parlamentaria de la época defendía ardorosamente el régimen. Ahora, para punir a los insubordinados, el gobierno tiene que encontrar alguna brecha en la ley.

Es decir, en Brasil, los torturadores quedan impunes, y militares irrespetuosos, insolentes e insubordinados, también. ¿Hasta cuándo?
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“La derecha funciona como un proyecto colectivo”
Thomas Frank (Kansas City, Missouri, 1965) es autor de al menos un clásico del pensamiento político contemporáneo. Hablamos de ¿Qué pasa con Kansas? Cómo los conservadores conquistaron el corazón de los Estados Unidos (Acuarela, 2008).

El texto explica el desconcertante giro a la derecha de gran parte de las clases populares del país, que pasaron de votar demócrata a apoyar las candidaturas de los Bush o a integrarse en el movimiento Tea Party. Frank se atreve a señalar un culpable de este fenómeno: el reblandecimiento del discurso de la izquierda tradicional.

Thomas Frank ha colaborado en The New York Times, Harper’s Magazine, Le Monde Diplomatique y
TheWall Street Journal. Recientemente se ha publicado en castellano La conquista de lo cool (Alpha Decay, 2011), un libro sobre el escaso voltaje político de la contracultura de los ‘60, prima hermana del hedonismo prescrito por la industria publicitaria.

¿Qué aprendiste escribiendo La conquista de lo cool?

En mi entorno se hablaba mucho de cómo las grandes empresas habían colonizado la contracultura, pero no teníamos claro cómo funcionaba ese proceso en la práctica. Se solía interpretar como un acto de hostilidad del sistema frente a su mayor enemigo. Tras la investigación, me quedó claro que las empresas no consideraban la contracultura como un adversario, sino como un fenómeno social poco amenazante, incluso un complemento del capitalismo del consumo. Hablo de la contracultura en sentido estricto, excluyendo la llamada Nueva Izquierda y el Movimiento de los Derechos Civiles.

Explicas que la industria de la publicidad usa el hippismo como modelo para asimilar subculturas alternativas


Cuando surge un movimiento juvenil siempre lo encajan en los eslóganes más tópicos de la era hippie: sé tu mismo, exprésate, no te conformes. Incluso el punk-rock, una escena donde abundan los mensajes duros contra el sistema, puede reducirse fácilmente a sus aspectos más superficiales e inofensivos.

Has señalado que ahora son las empresas de informática las que más utilizan el lenguaje contracultural. A mí me parece que la izquierda se ha contagiado en parte de esa lógica. Algunos parecen convencidos de que las redes sociales y los teléfonos inteligentes van a crear automáticamente una sociedad más justa y horizontal

La industria informática es hija de la contracultura. Basta ver el eslogan escogido por Apple: “Piensa diferente”. Respecto a las ilusiones tecnológicas es verdad que la izquierda cae en ello, pero es la derecha quien ha sacado más provecho de ese determinismo. Se las han apañado para convencer a todo elmundo de que internet ha acabado con la jerarquía empresarial. Se impone la idea de que gracias al desarrollo informático el triunfo del verdadero “mercado libre” es inevitable e imparable.

La industria de la publicidad parece un monstruo difícil de combatir. ¿Cómo se hace para evitar su influencia?

Todas las campañas publicitarias deberían estar sujetas al escrutinio de agencias estatales reguladoras que comprueben la veracidad de la información. Esto en EE UU se hace (o almenos se hacía). La sociedad debe tener también la capacidad de restringir productos dañinos, como ha ocurrido con los cigarrillos.

En el plano personal podemos resistir con armas como la crítica, la ironía, el escepticismo y el sarcasmo. Aparte de esto, siempre he pensado que la única manera de pelear contra la mercadotecnia es luchar contra el sistema que la creó.

Hace poco decías esto en La Vanguardia: “Espero que el movimiento Ocuppy Wall Street se vuelva más violento. No pueden permanecer simplemente sentados en una plaza. Tienen que actuar o están condenados a desaparecer”. ¿Podrías precisar tu postura?

Mmmm... Estoy casi seguro de que el periodista entendió mal lo que dije. No soy partidario de celebrar la violencia ni espero que ningún movimiento que yo apoye se convierta en violento, sobre todo porque eso mataría al movimiento mismo. Lo que espero es que OcupaWall Street consiga poco a poco ser más relevante para la población de EE UU. Me parece crucial empezar a hablar sobre cambios en la vida cotidiana de la gente. OcuppyWall Street está solo al comienzo de ese camino. Queda mucho por recorrer.

Hace unos años decías que “los políticos de izquierda en EE UU no entienden la furia de la gente corriente”. ¿Hay excepciones a esa insensibilidad?

Un montón, sobre todo dentro del movimiento sindical. También puedo citar candidatos al Senado como Elizabeth Warren, de Massachusetts. Podría dar más nombres del Congreso y el Senado. Los que menos comprenden el enfado de la gente común son quienes rodean al presidente Obama. Parece que la izquierda de EE UU tiene problemas para articular sus propios medios de comunicación más allá de unas cuantas revistas y páginas web. Estoy pensando en el cierre en 2010 de una emisora de izquierdas como Air America Radio. ¿Qué es lo que falla?

Eso es parte fundamental de nuestra debilidad. La derecha tiene Fox News y nosotros, si acaso, algo tan tibio como MSNBC. Siempre digo que si hubiera una Fox News de izquierda, evitaría trabajar en ella. El sentido crítico debe estar siempre por encima de tus inclinaciones políticas. Los bustos parlantes de Fox News se limitan a repetir las consignas que les mandan cada día desde arriba.

El modelo actual de contestación de la izquierda en EE UU es la universidad, donde la gente trabaja en proyectos solitarios y luego se reúnen con otros colegas para discutir sobre quién ha matizado mejor unos detalles mínimos. Se pierde mucha energía en pequeñas escaramuzas internas. La derecha, en cambio, comprende que forma parte de un proyecto colectivo. Esto es irónico, ya que se supone que ellos defienden el individualismo del emprendedor solitario. Otro problema de la izquierda estadounidense es que son reacios a la protesta y a rebajar su discurso al nivel de la gente corriente. Prefieren sentarse en el sillón y reírse de lo zafios que les parecen los conservadores, de cómo alguien puede ser tan bobo como para rechazar a Darwin, etcétera.

¿Es posible generar debate en EE UU escribiendo ensayos?


No mucho. Apenas nadie lee libros, menos aún si el texto contiene tesis fuera del consenso y del “discurso amable y educado”. Algunas críticas que me han hecho en el Washington Post y el New York Times demuestran que la disidencia no es apreciada. Por otra parte, creo que tengo más posibilidades de generar debate ahora que hace 12 años, ya que la crisis financiera ha ensanchado el campo teórico de lo que se considera aceptable. Durante un tiempo incluso he sido columnista del Wall Street Journal. Me dieron uno de los mayores altavoces del periodismo estadounidense, que abandoné de forma voluntaria para trabajar en Harper’s Magazine. Te pongo un ejemplo del cambio: en el año 2000, cuando escribí el libro One Market Under God, criticar la concentración excesiva de riqueza se consideraba una extravagancia. Ahora es una postura bastante común en los medios masivos.

Contracultura y sociedad de consumo


“Aunque éste es un estudio de la forma de pensar de la empresa, es inevitable que asimismo sea un estudio de la disidencia cultural: de lo que prometía ser, de lo que significó, de sus posibilidades y, más importante aún, de sus limitaciones”, así resume Thomas Frank el doble cometido de La conquista de lo cool. El nacimiento de la sociedad de consumo, trasplantada sin muchos matices desde EE UU al resto de países de Occidente, y su relación con la sociedad contestataria de finales de los ‘60 y los ‘70 establecieron un lenguaje que, con pocas alteraciones, llega hasta hoy.

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Entrevista a los artistas callejeros norteamericanos Ron English y Jeremy Fish “Se subestima el poder de lo visual”
“Todo arte callejero es una expresión política, aunque la intención del autor no sea necesariamente hacer política”, afirma Ron English, quien llevó su pintura a las paredes más emblemáticas del mundo: desde el Checkpoint Charlie, en la Berlín de la guerra fría, hasta el muro de separación del West Bank, en Palestina (junto con figuras como Banksy y Swoon). English es considerado una especie de padre fundador del street art, que conoció y sobrevivió tanto a Jean-Michel Basquiat como a Keith Haring en la escena neoyorquina de los ’80. Junto a él, Jeremy Fish se mueve como un admirador más, aunque él mismo sea uno de los más prolíficos autores de la siguiente generación de ilustradores urbanos. “El arte contemporáneo está muy influido por lo que pasa en la calle”, completa. Los dos artistas llegaron a Buenos Aires para presentar su obra durante todo el fin de semana en la quinta edición del festival Puma Urban Art, donde también exhibirán muralistas y graffiteros locales.

La obra de English está íntimamente emparentada con el arte pop. Explora las posibilidades que le ofrece la cultura de masas para crear objetos nuevos, pero siempre desde una perspectiva crítica (esculturas del payaso Ronald McDonald o el tigre Tony excedidos de peso y un Mickey Mouse con una máscara de gas son de sus piezas más reconocidas). Sus primeros trabajos en la década del ’80 consistieron en “vandalizar” carteles publicitarios: “Al principio lo hacía porque eran enormes lienzos gratuitos para pintar, pero luego me di cuenta de que era una muy buena manera de dejar un mensaje político”, rememora.

Mientras evolucionó hacia las esculturas, juguetes y piezas decorativas, nunca dejó de intervenir paredes. Una de las últimas fue el muro que colocó George W. Bush en la frontera entre México y Estados Unidos. “Los paredones que se hicieron para separar a la gente son como un imán para los artistas”, sostiene. Recuerda que fue un trabajo complejo: casi toda su superficie es un cerco de metal y la única parte apta para ser pintada está rodeada por puestos de control, por lo que optó por diseñar posters que pudieran ser pegados en cinco minutos entre patrullajes. “A los políticos no les importa si lo que hacen afecta a la gente, hasta que se genera cierta presión social para cambiar las cosas. El arte ayuda a darle una narrativa a esa presión, una historia. La gente subestima el poder de lo visual”, resume English.

Huir de la policía, pintar rápido antes de ser descubierto y dejar un mensaje, aunque sólo sea para decir “la ciudad también es de los artistas”, está en los genes de la pintura urbana, pero no la define. Fish no pinta paredes ajenas desde su adolescencia en los ’80. “Si uno va a romper la ley todos los días, y luego ser golpeado y perseguido, tiene que ser un tipo duro. Yo fui a la cárcel una sola vez y esa experiencia me sirvió para darme cuenta de que no soy un tipo duro”, explica. “Le tengo mucho respeto a ese mundo, pero participo como amateur, no como profesional”, agrega.

“El arte urbano ahora es una forma de abarcar y explicar los cambios que experimentó el arte contemporáneo que tomó elementos del graffiti, el skate y el hip hop. Si es ilegal, es un gra-ffiti, y si no, es un mural, pero todo es arte urbano”, dice Fish. No sólo en eso su trayectoria es distinta de la de English: comenzó pintando en la calle, fue a la escuela de arte en San Francisco y trabajó de ilustrador en un negocio de skates en Nueva York. “Esa experiencia fue la que más hizo crecer, más que los graffiti o que la formación académica: el skate tiene su propia iconografía y me obligó a replantearme las dimensiones, pensar en chico”, explica.

English, en cambio, sí es un tipo duro, al menos según la definición de Fish. “Fui a la cárcel como treinta veces. Algunos se ríen, pero yo les digo: si a mí me agarraron treinta veces y a ustedes una, entonces hice treinta veces más arte que ustedes”, dice. La razón no es sólo política: para el ilustrador, la única libertad creativa absoluta está en las paredes públicas. “Cuando se pinta de forma ilegal no existe censura ni negociación, pero si pido permiso, al dueño del muro puede no gustarle lo que hago y pedirme que lo cambie”, explica. Y sentencia: “Una vez que uno pone su trabajo en la vía pública, no existe el sentido de propiedad, es de todos”.

Lo que nació en las arterias de las ciudades, en una galería tiene otro significado, y los dos ilustradores trabajan también sobre eso. “Para generar el mismo impacto, no se puede copiar lo que se hace puertas afuera, hay que adaptarlo, porque no sólo el tamaño es diferente, sino también el espíritu”, sostiene Fish. English concuerda, pero advierte: “En una exhibición, el arte se mezcla con el comercio y la gente puede poner en duda las motivaciones del artista. La calle es más libre, nadie puede venderla”.

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Viernes, 02 Marzo 2012 16:53

La izquierda marrón

La izquierda marrón
Está quedando en claro que para los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda, las cuestiones ambientales se han convertido en un flanco de serias contradicciones.  El decidido apoyo al extractivismo para alimentar el crecimiento económico, está agravando los impactos ambientales, desencadena serias protestas sociales, y perpetúa la subordinación de ser proveedores de materias primas para la globalización.  Se rompe el diálogo con el movimiento verde, y se cae en una izquierda cada vez menos roja porque se vuelve marrón.
 
Una rápida mirada a los países bajo gobiernos progresistas muestra que en todos ellos hay conflictos ambientales en curso.  Es impactante que esto no sea una excepción, sino que se ha convertido en una regla en toda América del Sur.  Por ejemplo, en estos momentos hay protestas frente al extractivismo minero o petrolero, no solo desde Argentina a Venezuela, sino que incluso en Guyana, Suriname y Paraguay.
 
En Argentina se registran conflictos ciudadanos frente a la minería en por lo menos 12 provincias; en Ecuador, la protesta local ante la minería sigue creciendo; y en Bolivia, poco tiempo atrás finalizó una marcha indígena en defensa de un parque nacional y ya se anuncia una nueva movilización.  En estos mismos países, los gobiernos progresistas alientan el extractivismo, sea amparando a las empresas que lo hacen (estatales, mixtas o privadas), ofreciendo facilidades de inversión o reduciendo las exigencias ambientales.  Los impactos sociales, económicos y ambientales son minimizados.  Los gobiernos en unos casos enfrentan la protesta social, en otros la critican ácidamente, y en un giro más reciente la criminalizan, y han llegado a reprimirlas.
 
La contradicción entre un desarrollo extractivista y el bienestar social acaba de alcanzar un clímax en Perú.  Allí, el gobierno de Ollanta Humala decidió apoyar al gran proyecto minero de Conga, en Cajamarca, a pesar de la generalizada resistencia local y la evidencia de sus impactos.  Esto generó una crisis en el seno del gabinete, la salida de muchos militantes de izquierda del gobierno, y una fractura en su base política de apoyo.  El gobierno se alejó de la izquierda al decidir asegurar las inversiones y el extractivismo.
 
Posiblemente el caso más dramático está ocurriendo en Uruguay, donde en unos pocos meses, el gobierno de José Mujica está decididamente volcado a cambiar la estructura productiva del país, para volverlo en minero.  Se propicia la megaminería de hierro, a pesar de la protesta ciudadana, sus impactos ambientales y sus dudosas ventajas económicas.  Paralelamente, se acaba de aprobar un controvertido puente en una zona ecológica destacada, cediendo a los pedidos de inversiones inmobiliarios, y por si fuera poco, ahora amenaza con desmembrar el Ministerio del Ambiente.  El gobierno Mujica no está rompiendo promesas de compromiso ambiental, ya que la coalición de izquierda es un caso atípico donde en su programa de gobierno carece de una sección en esos temas, sino que deja en claro que está dispuesto a sacrificar la Naturaleza para asegurar las inversiones extranjeras.
 
Estos son sólo algunos ejemplos de las actuales contradicciones de los gobiernos progresistas.  Estas resultan de estrategias de desarrollo de intensa apropiación de recursos naturales, donde se apuesta a los altos precios de las materias primas en los mercados globales.  Su macroeconomía está enfocada en el crecimiento económico, atracción de inversiones y promoción de exportaciones.  Se busca que el Estado capte parte de esa riqueza, para mantenerse a sí mismo, y financiar programas de lucha contra la pobreza.
 
Bajo ese estilo de desarrollo, la izquierda gobernante no sabe muy bien qué hacer con los temas ambientales.  En algunos discursos presidenciales se intercalan referencias ecológicas, aparece en capítulos de ciertos planes de desarrollo, y hasta hay invocaciones a la Pacha Mama.  Pero si somos sinceros, deberá reconocerse que en general las exigencias ambientales son percibidas como trabas a ese crecimiento económico, y que por ellos se las considera un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados.  El progresismo se siente más cómodo con medidas como las campañas para abandonar el plástico o recambiar los focos de luz, pero se resiste a los controles ambientales sobre inversores o exportadores.
 
Se llega a una gestión ambiental estatal debilitada porque no puede hincarle el diente a los temas más urticantes.  Es que muchos compañeros de la vieja izquierda que ahora están en el gobierno, en el fondo siguen soñando con las clásicas ideas del desarrollismo material, y están convencidos que se deben exprimir al máximo las riquezas ecológicas del continente.  Los más veteranos, y en especial los caudillos, sienten que el ambientalismo es un lujo que sólo se pueden dar los más ricos, y por eso no es aplicable en América Latina hasta tanto no se supere la pobreza.  Tal vez algunos de esos líderes, como Lula o Mujica, llegaron muy tarde a ocupar el gobierno, ya que esa perspectiva es insostenible en pleno siglo XXI.
 
¿Estas contradicciones significan que estos gobiernos se volvieron neoliberales?  Por cierto que no, y es equivocado caer en reduccionismos que llevan a calificarlos de esa manera.  Siguen siendo gobiernos de izquierda, ya que buscan recuperar el papel del Estado, expresan un compromiso popular que esperan atender con políticas públicas y generar cierto tipo de justicia social.  Pero el problema es que han aceptado un tipo de capitalismo de fuertes impactos ecológicos y sociales, donde sólo son posibles algunos avances parciales.  Más allá de las intenciones, la insistencia en reducir la justicia social  a pagar bonos asistencialistas mensuales los ha sumido todavía más en la dependencia de exportar materias primas.  Es el sueño de un capitalismo benévolo.
 
Parecería que el progresismo gobernante sólo puede ser extractivista, y que éste es el medio privilegiado para sostener al propio Estado y enfrentar la crisis financiera internacional.  Se está perdiendo la capacidad para nuevas transformaciones, y la obsesión en retener los gobiernos los hace temerosos y esquivos ante la crítica.  Esta es una izquierda al fin, pero de nuevo tipo, menos roja y mucho más progresista, en el sentido de estar obsesionada con el progreso económico.
 
Este tipo de contradicciones explican el distanciamiento creciente con ambientalistas y otros movimientos sociales, pero también alimentan la generalización de una desilusión con la incapacidad del progresismo gobernante en poder ir más allá de ese capitalismo benévolo.  Muchos recuerdan que en un pasado no muy distante, cuando varios de estos actores estaban en la oposición, reclamaban por la protección de la Naturaleza, monitoreaba el desempeño de los controles ambientales, y apostaban a superar la dependencia en exportar materias primas.  Esas viejas alianzas rojo – verde, entre la izquierda y el ambientalismo, se han perdido en prácticamente todos los países.
 
Llegados a este punto, es oportuno recodar que, desde la mirada ambiental, se distingue entre los temas “verdes”, enfocados en áreas naturales o la protección de la biodiversidad, y la llamada agenda “marrón”, que debe lidiar con los residuos sólidos, los efluentes industriales o las emisiones de gases.  La mirada verde apunta a la Naturaleza, mientras que la marrón debe enfrentar los impactos del desarrollismo convencional.
 
Bajo este contexto, el progresismo gobernante en América del Sur se está alejando de la izquierda roja y al obsesionarse cada vez más con el progreso, se vuelve una “izquierda marrón”.  La “izquierda marrón” es la que defiende el extractivismo o celebra los monocultivos.  Frente a esa deriva, la tarea inmediata no está en la renuncia, sino en proseguir las transformaciones para que la izquierda sea tanto roja como verde.
 
Por Eduardo Gudynas, investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).
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Relección de Putin e incertidumbre de la relación con EU
Vienen en serie una serie de elecciones trascendentales en países relevantes que son susceptibles de definir el rumbo geoestratégico del siglo XXI: Irán, Rusia, Francia, México, Estados Unidos y China: tres superpotencias (Rusia, Estados Unidos y China), una potencia colonial en declive (Francia) y dos potencias medianas en vías de desarrollo (Irán y México, que Goldman Sachs coloca detrás de los asombrosos BRICS –Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica– como los "Próximos-11": "N-11").

El 4 de marzo se celebra en Rusia, una potencia eurasiática a carta cabal, una elección que será definitoria para el incipiente orden multipolar y en la que se espera sea relegido a la presidencia Vlady Putin, a quien caracterizamos como el zar geoenergético global, pese a su tropiezo en las recientes elecciones parlamentarias de su partido Rusia Unida y al intento de su asesinato (Ria Novosti, 27/2/12).

Recomiendo el artículo del geopolitólogo alemán F. William Engdahl en su portal (9/1/12), quien expone las razones por las cuales Estados Unidos desea defenestrar a Putin mediante sus ONG trasnacionales (subvencionadas por el Congreso).

Putin resucitó a Rusia del cementerio global geoestratégico después de la aciaga etapa de balcanización del muy locuaz Gorbachov (quien le hizo el juego a la Dama de hierro británica, Maggy Thatcher).

Rusia estuvo a punto de ser pulverizada por Yeltsin (con severos problemas clínicos), quien regaló su petróleo a los peores postores y a los mejores impostores (los "oligarcas" aliados de Wall Street y el sionismo), y hoy vive milagrosamente su fase de restauración desde 2000 con Putin y sus dos presidencias consecutivas, con un intervalo presidencial de Medvediev.

El eje Estados Unidos-Gran Bretaña se equivocó grotescamente al haberse inmiscuido en forma flagrante en la sucesión rusa: se volcó a favor de Medvediev –a quien consideraron como más "pro occidental" y más "neoliberal"– y en contra de Putin, a quien catalogan de "anti occidental" y "estatista".

No tiene remedio la maniquea cosmogonía primitivamente lineal del eje Estados Unidos-Gran Bretaña, que no entendió nada –al menos que su deseo sea fomentar perversamente la disensión interna en el Kremlin– del arreglo cupular que ha llevado a la permutación en el poder de la dupla Putin-Medvediev de San Petersburgo (la ciudad más "occidental" de Rusia desde Pedro El Grande): reflejo del águila bicéfala de la Rusia eterna.

¡Cómo le hace falta a Estados Unidos la genialidad geoestratégica de George Kennan! La decadencia de Estados Unidos no es solamente sico-socio-económica, sino más que nada intelectual.

Las apuestas del gabinete Obama han sido oscilantemente riesgosas: después del espectacular acercamiento de la perezagruzka ("reajuste"; ver Bajo la Lupa, 11/3/09 y 30/11/11), el vicepresidente Joe Biden enterró retóricamente a Rusia debido a su calamidad demográfica (la grave declinación de su natalidad).

Vlady Putin escribió un artículo vibrante sobre las relaciones exteriores de Rusia a menos de una semana de la elección (Moskovskiye Novosti, 27/2/12). Su leitmotiv: el lugar de Rusia en el mundo como superpotencia respetada y los mecanismos para fortalecerla.

Considera que "Estados Unidos persigue sus intereses en detrimento de la seguridad mundial" y recalca que Rusia continuaría oponiéndose a esta política irredentista en caso de su regreso al Kremlin.

Coloca la relación bilateral con Estados Unidos con base en el respeto mutuo, en particular en esta fase tan "turbulenta".

Fustiga el ominoso despliegue misilístico de Estados Unidos en Europa, cerca de las fronteras de Rusia, "que ha socavado" la seguridad rusa y "opera contra la estabilidad mundial".

Rememora los agravios contra Rusia de parte de la OTAN encabezada por Estados Unidos, quien "ha sobrextendido su autoridad (sic) para regular (sic) las relaciones internacionales".

Aduce que los "crímenes contra la humanidad" deben ser castigados por las cortes penales internacionales. ¡Cómo: si Estados Unidos no reconoce a ninguna corte penal internacional y solamente las utiliza para castigar a sus enemigos globales!

Se pronuncia a favor de los derechos humanos (una "demagogia" de Estados Unidos y la OTAN), pero no mediante la intervención militar foránea en los "estados soberanos" y sin la aprobación de la ONU, ya que, como sucedió en Libia, pueden resultar en "muertes, violación de esos mismos derechos humanos y en consecuencias impredecibles". A mi juicio, Putin se aferra demasiado a la disfuncional ONU, que ni "Occidente" respeta para librar sus aventuras militares globales.

Reconoce que la definición de "seguridad" de Estados Unidos y la OTAN "difiera fundamentalmente" de la rusa: EU "está obsesionado con la idea de asegurar su invulnerabilidad absoluta (sic)", lo cual "es utópico" y "no puede ser alcanzable tecnológica ni geopolíticamente", lo que conduce a que "la absoluta invulnerabilidad para uno significa la vulnerabilidad absoluta para los demás".

Defiende el doble veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que la postura de "Washington y sus aliados europeos y árabes hubiera abierto la puerta a la intervención militar foránea de Siria".

Arguye que la forma en que Estados Unidos y Occidente desean llevar la "democracia con la ayuda de métodos violentos" es impredecible y seguido lleva precisamente al resultado opuesto: "algunas fuerzas, que incluyen los extremistas religiosos, emergen y tratan de cambiar la dirección del desarrollo de estos países y la naturaleza laica de los gobiernos", en obvia alusión a la colisión entre el partido socialista Baas sirio y la dupla teológica de los Hermanos Musulmanes/Salafistas.

Reconoce la importancia de las redes sociales en las revoluciones árabes y afirma que el poder blando (“soft power”) "ha sido utilizado por los países (léase: Estados Unidos) para avanzar sus objetivos de política exterior sin tener que recurrir a la fuerza" cuando "nuevos métodos de comunicación" han sido usados "para provocar extremismo, separatismo, nacionalismo, y manipular a la opinión publica para interferir directamente en los asuntos internos de los países soberanos".

Putin no entiende que para Estados Unidos la única "soberanía" que existe es la propia.

Sobre Irán expone su "alarma" (sic) sobre los preparativos de un ataque nuclear (sic), que "tendría consecuencias verdaderamente catastróficas (sic) a escala masiva".

Se pronuncia por la desnuclearización de la península coreana, fustiga "la ingeniería política" de Estados Unidos en las regiones cercanas a Rusia y recuerda que había propuesto en 2007 una solución a Baby Bush para resolver las diferencias sobre el escudo misilístico balístico, la cual "hubiera dramáticamente mejorado la relación bilateral y alcanzado un grado cualitativo parecido al modelo de una alianza". ¡Qué ilusión!

Le da vuelo a los BRICS –3 mil millones y más de 25 por ciento del PIB mundial, además de numerosas ojivas nucleares: el único lenguaje que entienden los superhalcones de EU embriagados por el "modelo CPD" (ver Bajo la Lupa, 26/2/12)–, que deberán desarrollar una postura coordinada en los asuntos globales.

Hace bien en "jerarquizar (sic)" las relaciones de Rusia con los BRICS, a quienes califica acertadamente como "el símbolo más patente de la transferencia de un mundo unipolar a un orden mundial más justo", que, a mi juicio, no es sino multipolar.

http://alfredojalife.com
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