La Argentina de "los K" y Miguel Bonasso, el novelista
Con excepción de Colombia, los años terribles de América del Sur pasaron, y tras la devastación neoliberal varios países de la subregión afrontan el desafío de la reconstrucción económica, con estados que las corporaciones imperiales desmantelaron y en sociedades que, por vía democrática, procuran la recuperación de sus identidades nacionales.

En días pasados, un amigo bien informado me envió un artículo del economista belga Eric Toussaint, miembro del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), del Foro Social Mundial y de la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), "movimiento internacional altermundista que promueve el control democrático de los mercados financieros y las instituciones encargadas de su control, mediante la reflexión política y la movilización social".

Toussaint milita en la llamada Cuarta Internacional (trotskista) y sus lúcidos análisis se han ganado el respeto de las izquierdas políticas en general, así como el de las derechas que no viven de cuentos ideológicos. El texto de marras analiza la gravísima crisis económica griega, y dedica la mitad del trabajo a destacar el caso argentino que, a su juicio, habría sido “…la suspensión de pagos más importante de la historia”.

“Esta suspensión de pagos –escribe– dura desde hace diez años y Argentina va muy bien. Entre 2003 y 2012, su tasa media de crecimiento ha llegado a 8 por ciento. Si Argentina no hubiera suspendido el rembolso de la deuda, no hubiese rechazado los dictados del FMI y los demás acreedores, habría sido incapaz de beneficiarse a partir de 2004-2005 del aumento de los precios de los productos que exporta al mercado mundial. Todos los beneficios habrían sido engullidos por el rembolso de la deuda.”

Aludiendo al gobierno de "los K" (los Kirchner), Toussaint agrega: "Bajo la presión popular, las autoridades argentinas han rechazado el aumento de las tarifas eléctricas, del agua, de las telecomunicaciones, etcétera, que querían imponer las multinacionales extranjeras y el FMI. Las condiciones de vida de los argentinos han mejorado notablemente y en la actualidad los ciudadanos europeos toman el camino de ese país para intentar conseguir un trabajo digno".

En el apartado "asunto" del correo, mi amigo apuntó: "De esto no habló (Miguel) Bonasso, y él mismo me lo explicó en su momento igualito que está aquí escrito" (el texto de Toussaint). Se refería al desconcierto (y no sólo a él) causado por la entrevista concedida a este diario por el gran periodista y escritor argentino (La Jornada, 26/2/12). En la entrevista, Bonasso iguala las economías "desnacionalizadas" de Argentina y México. Sostiene: “Volvemos al sistema extractivista de las materias primas de la Colonia, regresamos a Potosí…”

No voy a tratar ahora el leitmotiv de la entrevista: la presentación de su último libro en México, El mal: el modelo K y la Barrick Gold: amos y servidores en el saqueo de la Argentina. Me detendré, tan sólo, en un comentario atroz: "La diferencia es que aquí, con Felipe Calderón, hay un discurso de derecha, mientras que en Argentina, con Cristina (Fernández) Kirchner, hay un discurso progresista, de izquierda".

Lamento recordar al viejo compañero, al admirado maestro (y con cariño), que en Argentina existe un estado de derecho. Y que México (país que Bonasso conoce tanto como el suyo) se hunde en una política planificada de limpieza étnica, entreguismo económico, y crímenes inenarrables que, ahí sí, igualan en crueldad a la Argentina de Videla y los militares.

Junto con Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh, Bonasso figura entre los grandes escritores y periodistas de habla hispana. Casi todo lo escrito y hecho ha sido importante y valioso. Y subrayo el adverbio "casi", pues a más de escritor, periodista y revolucionario, Bonasso incursionó hasta hace poco en la política. No le fue bien. Kirchnerista de la primera hora, sus diferencias con "los K" lo cegaron.

Tampoco hay pierde. André Malraux (acaso su alter ego) corrió igual suerte. ¿Quién recuerda el Malraux político? Política y literatura… Ayer, la una y la otra solían ir juntas, fundiéndose en una suerte de, digamos, confusa creatividad donde el "yo" jugaba un rol estelar. En tanto que hoy los géneros de denuncia y testimonial apenas son ejercicios de relatoría y memoria, que no alcanzan a dar cuenta de las complejidades políticas de nuestro tiempo, así como de las estrategias ideales para esclarecerlas.

Fuera de pajas políticas, la investigación sobre los atropellos de la Barrick Gold y la "megaminería" es un texto de consulta ineludible. Aunque en lo personal, me habría gustado que Bonasso diera a conocer en México otra obra de su autoría: La venganza de los patriotas, libro que este país necesita con urgencia, y que los críticos han calificado como el mejor de los publicados en el bicentenario de nuestra independencia.
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Lunes, 27 Febrero 2012 06:24

¿Que se vayan o mayor control?

¿Que se vayan o mayor control?

Desplomada la expectativa de reagrupamiento en Colombia, Chile y Perú, la derecha latinoamericana entró en un período de búsqueda de nuevos caminos. El atrevimiento de los estudiantes chilenos, el triunfo de Humala y la obligada prudencia de Santos evidenciaron los límites del “eje del Pacífico”. El triunfo de Dilma Rousseff, la atropellada de Cristina Kirchner y la consolidación de Chávez mostraban que persistía un escenario promisorio de avances por parte de quienes buscan consolidar un bloque alternativo al neoliberalismo en la región. El ramalazo de la crisis en Europa terminó de privar a los voceros de la reacción de sus más reiterados argumentos.
 

¿A qué recurrir? ¿Cómo reaparecer en escenarios que se han mostrado esquivos? Sabido es que cuando se carece de fuerza para arremeter se hace necesario atender a las debilidades, las diferencias, los flancos débiles del adversario. Y los estados mayores de la derecha conjugan la sapiencia acumulada por siglos y nunca dejan de tentar el movimiento que suponen oportuno, sin conceder tregua alguna. ¿Por qué no recurrir a los recónditos temores que albergan los pueblos y atizar el miedo al solapado envenenamiento que puede venir con los gases del progreso o las aguas contaminadas por la desaprensión humana?
 

Si bien pueden afectarse intereses de empresarios “colegas”, en buena parte de los casos no provienen de las principales metrópolis, sino de empeñosos aspirantes como Finlandia y Canadá. Pero aunque ese costo sea inevitable, sabido es que una vez dividido el pueblo, deslegitimados sus dirigentes, todo puede volver a los cursos acostumbrados y compensar los “daños colaterales”.
 

Por otra parte, si han sido pueblos originarios o de latitudes marginales los que se han sumado a las multitudes adictas al “neopopulismo” descompensando la balanza, ¿cómo desechar afincarse entre esas mismas huestes para imponerles el retorno a los antiguos cauces?
 

Quizás uno de los primeros escenarios donde se conjeturaron las diversas posibilidades fue, entre nosotros, cuando se cortaron por largos meses los vínculos terrestres con nuestros hermanos uruguayos, cuestionando una iniciativa inconsulta que más tarde se sobredimensiona con el alegato de la inexorable presencia de malignos fluidos que después nunca se encontraron. Más tarde fue en Ecuador, donde el presidente Correa, en un contundente discurso para respaldar la ley minera, llamó a las cosas por su nombre: “pequeños grupos indígenas” y “fundamentalistas ecológicos” quieren condenar al país “a ser mendigos en un saco de riquezas”. Por ese entonces, en Brasil, al calor de las protestas contra una represa hidroeléctrica en el corazón del Amazonas, surge la candidatura “verde” de Marina Silva, que acumuló una apreciable cantidad de votos, pero sin llegar a impedir el triunfo del PT. En Perú, el recién llegado Humala debe hacerse cargo de emprendimientos heredados e intenta detener las marchas y protestas que suponen indefectible el marasmo ecológico producido por la gran minería. El presidente Evo Morales, muy poco después de haber hecho retroceder la concertada ofensiva derechista, se encuentra con que algunos sectores indígenas del Oriente, con lazos con aquella derecha (que también ha dado en llamarse “verde”), marchan e impiden la construcción de un camino vital para la integración del país. Pero el Parlamento acaba de aprobar una ley que permitirá debatir y por último decidir en un plebiscito si se hace el camino. La oposición ya ha anunciado que tratará de impedirlo. Pero en Bolivia saben que si ceden ante la prepotencia enmascarada de ambientalismo, perderán la capacidad de liderazgo en todos los terrenos.
 

En nuestro país, particularmente en las provincias cordilleranas que durante tanto tiempo habían envidiado a Chile su desarrollo minero (el “sueldo” de Chile, lo llamaba Salvador Allende) han surgido sectores que impugnan las iniciativas extractivas. No parecen ser muy numerosos, si atendemos a las últimas elecciones, pero los temores pueden ser legítimos. Nadie ignora que el progreso contamina, máxime el ocasionado por el desaprensivo desarrollo capitalista. Nosotros tenemos ese testimonio monumental que parece perpetuo que es el Riachuelo. Nadie puede subestimar el problema y se tienen que redoblar los controles para minimizar ese daño, así como se deben evaluar los costos y los beneficios en cada emprendimiento.
 

Pero aquí viene lo que no puede perderse de vista: ¿un debate fructífero o acción directa para dividir o desestabilizar? En todos estos países vamos a encontrar declaraciones que se conjugan y a veces se confunden de rancios representantes de la oposición conservadora y sus consabidos medios de prensa, ultraizquierdistas impenitentes dedicados tiempo completo a debilitar a los gobiernos que suponen han secuestrado a una inasible revolución, hasta, también los hay, de honestos y apacibles amantes de la naturaleza. Por otro lado, a no dudarlo, aparecen intereses locales o nacionales con nexos poco transparentes con empresas extractivas. Es imprescindible separar la paja del trigo, así como no desatender las denuncias fundadas.
 

Pero ¿qué clase de debate podemos esperar o aun alentar? ¿Qué vamos a exigir? ¿Que se vayan todas las mineras o más control del Estado? Por otra parte, si de “modelos de desarrollo” se trata, más allá de la retórica, no se puede dilucidar la índole de un camino a futuro en apenas una coyuntura con algunas frases efectistas, sino que supone toda una etapa de evaluaciones y aprendizajes, sin histerias ni indulgencias.
 

Sabido es que la acción directa ocasiona dictámenes judiciales y desalojos, con su saldo de violencia que muchas veces no se sabe evitar ni tampoco en qué termina. Ocurrió en todos los escenarios que hemos nombrado de nuestra patria grande. Los desestabilizadores de parabienes. Ni la represión de la protesta ni la búsqueda de martirologios servirán para ahondar en el problema. Y no hay que tener temor en decirlo. No se trata de descartar nada, sino de responsabilidad política y verdaderas intenciones. Y aquí tiene que estar la diferencia. ¿Cuántos son los que se suman a reclamos sin contar con las debidas certezas o al menos han hecho el esfuerzo por evaluar los potenciales riesgos que se aducen? Pocos temas como éste requieren de experticia y precisión. Y si cabe, garantizada la información responsable, que se convoque a un plebiscito en la región involucrada. Quienes quieren contar con recursos para intensificar la distribución y sacar de la miseria a vastos sectores que constituyen la herencia vergonzosa de nuestro continente, no pueden confundirse. La provocación, aunque se vista de caléndula, sirve a la derecha. Sus “medios de incomunicación” desahuciados en varias de sus campañas, están explorando el camino de la sensibilidad ambientalista. Y siguen sabiendo mucho en esto de imponer la agenda. Como dice García Linera, atención con la “trampa imperial”, no podemos “cuidar el bosque para el mundo entero” mientras en “el norte siguen depredando todos los bosques”. Y nos seguirá diciendo que “hay que cuidar a la madre tierra”, sí, pero sin olvidarnos de sus hijos, que hoy sufren tremendas carencias. Y esas carencias no pueden esperar más. Los que parecen olvidarse de los más necesitados, y se apresuran a desfilar como cruzados saltimbanquis, sin miramientos, con bizarría fundamentalista en defensa del “medio ambiente”, aquí, en La Paz, Quito, Lima, o Río ¿a quién le estarán haciendo el juego? De últimas, bien merece la pena que todos nos asumamos “verdes”, es mucho por lo que hay que velar y son valederos los temores de los vecinos a los emprendimientos, pero en el próximo desfile, si sentimos al lado nuestro un tufillo demasiado a nuevo en una capa verdolaga, digamos sin empacho “te conozco, mascarita”, y seguro veremos que a más de uno se le cae la careta y el rostro se va tornando hacia un violáceo, más bien “tenebroso”.
 

Por Mario Toer, profesor consulto, titular de Política Latinoamericana (Ciencias Sociales-UBA).
 

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Una de las grandes y reiteradas quejas que se escuchan al interior del Polo Democrático Alternativo (PDA) se desprende de la ausencia de espacios para el debate político colectivo y la evaluación de sus dinámicas cotidianas. Con origen en sus colectivos de base, los activistas recuerdan que desde prácticamente su origen como fuerza política el Polo no cuenta con eventos colectivos de carácter decisorio donde se puedan revisar la ideología, la política y las formas prácticas, y cómo y dónde se concretan éstas cada día.

No es de extrañar, por tanto, la motivación y el interés que despertó entre los diversos colectivos, equipos, fuerzas y militancia en general el llamado a un Congreso Ideológico, que, aunque proyectado hace varios años, y aplazado de manera indefinida, en reciente reunión de su Ejecutivo Nacional recibió como fecha para su realización la segunda quincena de febrero.

La respuesta desprendida de la citación se mide en la variedad de documentos que circulan sobre el tema en cuestión, los talleres y seminarios citados por región y la motivación generalizada por asistir de manera directa –y no delegada– al evento central. Entonces, llama la atención que, siendo esta la dinámica, el Congreso haya sido degradado a seminario, y, por tanto, de un evento donde se podrían tomar decisiones para corregir el rumbo del partido en aspecto tan importante como el ideológico, ahora solamente se pueda deliberar, eso sí, de todo como en botica.

Para algunos dirigentes polistas, el debate ideológico aún, y a pesar de todo lo sucedido en la vida pública del partido, no es procedente, pues lo ideológico es un tema confuso, poco claro o práctico, y por ello es mejor que en el seminario que ahora ha sido programado para la última semana de abril se debata de todo para decidir sobre nada.

Se olvidan estos dirigentes que en el orden de la ideología se encuentran ética y moral, dos importantísimos temas que pueden explicarnos el porqué del comportamiento de funcionarios públicos elegidos a nombre del partido, los que, una vez seleccionados por la sociedad como burgomaestres, terminan actuando a nombre propio e irrespetando los principios de la organización amarilla, y con ello contribuyendo a degradar la importancia de la política y el interés que por ella debiera tener el conjunto social.

No sobra llamar la atención en que la ideología es un tema sustancial a la hora de caracterizar un proyecto político de izquierda, así ahora sea menospreciado por el pragmatismo politiquero que ha terminado por imponerse en la sociedad moderna, donde prima el llamado realismo político. Esta realidad es lo que propicia que se admita en una fuerza política alternativa a personas u organizaciones que en su vida colectiva –y personal de sus dirigentes– han demostrado hasta la saciedad que no son fieles a ideología alguna, claro, a no ser que se trate de lucro personal.

Importancia menospreciada esta de la ideología, inexplicable para un partido que pretende ser gobierno y poder, es decir, que aspira a liderar la concreción del sueño colectivo de justicia, libertad, dignidad, hermanamiento, paz, soberanía, etcétera, de una nación. Más aún cuando, de la mano de la ideología, caminan aspectos sustanciales para una colectividad y para la vida de cualquier ser humano que se pretende referente, como ética y moral, difuminados en una parte de la dirigencia del PDA en el brumoso espacio del pragmatismo y el reformismo.

Más allá de lo elemental que pueda parecer el asunto, no está de más recordar que ideología viene de ideas, y que sin éstas la política es inexistente. Y que si bien, cuando se trata de definir lo que no debe ser, el discurso de la dirigencia del Polo puede calificarse de coherente, no pasa lo mismo cuando se trata de definir lo que debe ser. No se necesita mucho esfuerzo para estar en contravía de los principios neoliberales, por ejemplo, pero ser propositivo y concreto en las prácticas sociales que los deben sustituir es un asunto de mayor envergadura. ¿Se tiene claro acaso cuáles son las conquistas inmediatas que se persiguen en los diferentes campos de lo social cuando se accede al gobierno? Además, ¿se tiene claro cómo propiciar el apoyo popular y lograr su movilización a la hora de aplicar ciertas reformas estructurales?

Estos son temas en los que no se puede improvisar. La búsqueda real del bien colectivo exige no sólo desprendimiento y entrega sino además claridad sobre la sociedad que se anhela. El mundo se transforma de manera acelerada y el proceso de acumulación de capital se encuentra en una encrucijada que muchos analistas de diferentes tendencias no dudan en calificar como sin antecedentes. ¿No es ese un hecho suficientemente importante que nos obliga a poner en suspenso nuestras estrategias?

El tema es intenso. Como se sabe, son consustanciales a la ética y la moral algunos valores nada despreciables –e irrenunciables en esta hora de crisis del capital– como lo público, lo colectivo, la solidaridad, todos los cuales dan al traste con el individualismo, soporte del afán de lucro, y de la acumulación sin límite que propicia y difunde el sistema vigente, manifestado entre los funcionarios públicos en prácticas como la corrupción, la ineficiencia, el desdén a la hora de prestar su servicio, etcétera.

Precisamente, la importancia de la ideología y su debida atención en un partido, cuyos funcionarios públicos son cuestionados por manejos indebidos de los bienes de todos, pudiera conducir a corregir y poner en marcha muchas decisiones como la de constituir, allí donde salgan elegidos sus candidatos a instancias como presidencia, gobernaciones o alcaldías, unas contralorías populares, instancias de control independientes del aparato del Estado, conformadas por integrantes de la propia fuerza, pero además por personas de reconocido valor civil y ético a toda prueba, sin importar su procedencia política. Hay que buscar así que nunca se vuelva a repetir que un funcionario de elección popular de militancia amarilla irrespete la voluntad y la confianza popular, para que se cumpla a cabalidad no sólo con los bienes públicos sino asimismo con el ideario de su partido.

Una queja y un anhelo

Entre los elementos para el debate que carga el PDA desde su constitución, postergado por las prácticas consolidadas en sus cortos años de vida pública –en que prima el calendario institucional–, resalta el tema electoral, y con él la relación entre dirigentes y base.

Es un anhelo de la base partidaria que este tema se revise. Se cuestiona que el partido concentre todas sus energías en tal forma de lucha, perdiendo de vista que el acceso al poder local puede tener otras rutas, como el control territorial, alcanzable por medio de una extendida presencia y una legitimidad nacida de la implementación de acompañamientos sociales.

Esta, que es una histórica discusión entre las formaciones de izquierda en todo el mundo, en el caso colombiano terminó relegada al cuarto del olvido, elevando a rango de indispensable la presencia en puestos ejecutivos, en el Congreso de la República y en los concejos municipales, derivando de esta decisión pragmática una relación dirigente-base supeditada a lo institucional. De este énfasis –clara manipulación política– se desprenden los liderazgos perpetuos, los mismos que, para hacerse efectivos, terminan construyendo sus clientelas o cultos personales de tan graves y cuestionadas prácticas. Se pierden así el sentido colectivo y transformador de la política y también la propia necesidad y el reto de impulsar en todo momento (si se quiere romper de verdad el orden establecido) una dualidad de poderes a través de la cual la sociedad en su conjunto actúe para darle forma a un nuevo relacionamiento económico-político, del que surja una nueva institucionalidad.

Si bien, como dice Jorge E. Robledo en su entrevista (pág. 11), “lo que se propone el Polo son reformas”, no hay que limitarse a ellas. Por tanto, hay que proponerse sin dilaciones que el partido luche de verdad –como lo dice el mismo congresista en otro apartado de su entrevista– por el poder, para ser consecuente con lo cual debe entender que las reformas son un tiempo y una forma, pero no el todo. De ahí que lo electoral sea una de las expresiones de la política moderna pero no su todo. Los relacionamientos y los acompañamientos sociales son lo fundamental, y con ello las acciones cotidianas de distinto tipo que siembran vida y esperanza.
Reformar significa transformar en algún grado, y por eso no podemos seguir escudándonos en la supuesta imposibilidad de una sedicente ‘revolución’, para esquivar la identificación y la precisión de los cambios más sentidos por los cuales estamos dispuestos a jugarnos en el futuro más inmediato. Y eso, sin lugar a dudas, corresponde al campo de lo ideológico, pues las metas de lo político nunca son ajenas a cosmovisiones estructuradas y materializadas en teorías.

Este es un tema sustancial por discutir a la hora de revisar lo que se entiende por ideología, también, como se sabe, concretada en formas políticas. Es una temática sustancial de revisar, no sea que de nuevo, como ha sucedido por varios años, las discusiones orgánicas queden supeditadas a la agenda oficial o institucional, en este caso el afán por la campaña de 2014, para que así continúe primando en el Polo la instrumentalizada relación dirigente-base, sin afán de poder pero sí con vocación de reformas.

También buscan espacio

Así como desde la base territorial se pretenden espacios y cambios, otro sector también reclama lo mismo: los intelectuales. Como se sabe, una importante cantidad de éstos integra las filas amarillas o está dispuesta a colaborar en su labor reflexiva, investigativa y legislativa. Pero, menospreciando tal ofrecimiento, semejante cantera de conocimiento es relegada por la dirección polista. De manera extraña no se integra un organismo asesor del Ejecutivo Nacional que funcione regularmente, atendido por una tríada delegada por los elegidos a la conducción polista. Sería un organismo que tenga carácter consultivo, que brinde opiniones sobre todos los temas, que lidere investigaciones de distinto orden, que proponga agenda legislativa y acompañe hasta donde estén dispuestos los debates que se desprendan de su ejercicio.

A este organismo asesor se podrían integrar otros conocedores, en este caso no salidos de la universidad sino de la vida misma: abuelos indígenas y campesinos, dirigentes sociales de distinta procedencia, líderes naturales de amplio reconocimiento territorial. Se integraría de este modo, sabiamente, el conocimiento consuetudinario con el racionalismo académico, esto es, las fibras de la academia con las de la vida, que sin duda harían una bella integración y un sabio acompañamiento a la dirección del PDA.

Y de su mano, como un anhelo siempre reclamado y nunca atendido en forma cabal, la constitución de una escuela de formación humana, ética, política, económica y social, que comparta conocimientos y saberes con toda la militancia, en un esfuerzo por profundizar en una identidad y dibujar entre todos el proyecto social, nacional e internacional que requiere nuestra sociedad y que anhelamos para el mundo como un todo que se particulariza en una parte: Colombia.

Todos estos son, sin duda, temas que se desprenden de la ideología, la que nunca se puede despreciar si de verdad se aspira a que el Polo algún día sea un verdadero referente de gobierno y poder.

Publicado enEdición 177
“Nadie puede pretender la unidad con el máximo de sus creencias”
En el Polo Democrático Alternativo (PDA), luego de años de incansable activismo de miles de personas, hay espacio para la reflexión y la planeación colectiva. El motivo, la realización en abril próximo de lo que por meses se entendió como un congreso nacionl ideológico y ahora se asume como un seminario de igual carácter, sin poder decisorio, y sí como abrebocas para su tercer Congreso. Según Robledo, “todos los temas se pueden proponer”: revisión de actuaciones, identificación de contradicciones, profundización de acuerdos, balance de los cinco años de vida del Polo. Sin duda el debate será intenso. ¿Saldrá el Polo fortalecido de esta agenda ideológica y política?


desdeabajo –da–. ¿Qué función cumple dentro de la situación del PDA el seminario ideológico que se realizará en abril?
Jorge Enrique Robledo –JER–. Lo primero por destacar es la importancia que tiene para el PDA tomarse un respiro para evaluar sus años de labor, para que su dirigencia, toda, discutamos todos los temas, más cuando es evidente que hay hechos que han impactado al PDA de distinta manera.

Me imagino entonces este seminario ideológico como un momento para que los asistentes planteemos todo aquello que deseamos discutir. Allí no habrá temas vedados, y no dudo que se presentarán distintos énfasis sobre el análisis de lo acontecido.

da. ¿Cómo se está preparando este seminario?
JER. Está sucediendo una cosa muy enriquecedora, y es la circulación de documentos de distintos sectores. Se están haciendo eventos preparatorios del seminario ideológico nacional en los departamentos, municipalidades y localidades. Es decir, un gran esfuerzo, donde, con seguridad, no hay cosas que sobren, donde las propuestas, debates, etcétera, son positivas, y sin duda, preparan al PDA para la realización de su tercer Congreso, que habrá que hacerlo en algún momento, el cual tendrá que tomar decisiones, pues el seminario ideológico no lo entiendo como un evento con tal carácter sino para oírnos todos, en un ambiente de fraternidad y actitud democrática.

da. Habiéndose ido Petro y la corriente progresista alguien podría decir que ya no hay nada que discutir en el PDA. A propósito: En la discusión con Petro y la corriente que pudo conformar, ¿hay un sustrato ideológico? ¿Cuál sería el punto de divergencia?
JER. No hay organizaciones de seres humanos donde no haya contradicciones, y lo que muestra la vida es que cuando se resuelve una contradicción principal, cuando deja de serlo, aparecen otras contradicciones. O sea, las contradicciones son la vida de las organizaciones. En esto el PDA tiene que hacer conciencia. El punto donde debe avanzar es en entender cómo el debate se adelanta en beneficio del partido y su unidad.

El problema que ha tenido con esto el Polo es que prácticamente desde su fundación algunos entraron con un proyecto de vida que realmente no respondía al proyecto del Polo, entonces quisieron usarlo como estribo para sus aspiraciones personales, y cuando calcularon que no les era útil, se fueron.

Aspiro que aquí estemos, y nos quedemos, los que tenemos al PDA como un proyecto estratégico que supere nuestra propia existencia. Si algo le ha hecho falta al país es la existencia de un partido de izquierda, democrático, fuerte, y ese es el Polo.

La constante


da. Pero volvamos a las diferencias con Petro
JER. Las escisiones sufridas, tanto la de Lucho Garzón como la de Petro –que las considero del mismo signo en sus aspectos medulares– yo diría que se estrellan contra dos cosas claves del PDA: primero, sus normas estatutarias y segundo su ideario. En ambos casos se salen del Polo porque no quisieron cumplir con sus principios de unidad.

Hay que recordar que cuando se crea el Polo se dota de dos pilares fundamentales: 1. el ideario de unidad, y, 2. los estatutos, que son el mecanismo mediante el cual se resuelven las diferencias, que son naturales.

Entonces, ni Lucho ni Petro quisieron someterse a los estatutos. Cuando estos les resultaron de conveniencia, los respetaron; y cuando ya no les fueron convenientes los desecharon y prefirieron irse.

El caso más reciente, el de Petro, ¿por qué se va del Polo? Porque sin tener los votos suficientes para ser su presidente, quiso serlo. Esa es la razón de fondo del rompimiento. Dice: o me nombran presidente del Polo o me dedico a hacerle todo el daño que pueda. Ahí viene lo segundo: nos dice con todas las letras: quiero la dirección del PDA para hacer acuerdos con Santos, y resulta que Santos representa en Colombia las fuerzas retardatarias del país.

da. Pero, ¿esto es una diferencia ideológica?
JER. Creo que el Polo acertó cuando dijo que no se debería hacer acuerdos con Santos. Si algo está todos los días más claro es la naturaleza retardataria de Juan Manuel Santos, y sus inmensas coincidencias, en los asuntos fundamentales, con Álvaro Uribe. Es más, está quedando claro -las cifras lo están demostrando- que la ley de tierras, que era su gran propuesta, se está convirtiendo en fraude matemático. Estoy demostrando en el actual debate que en este momento ya el gobierno sólo aspira a tener, al final del 2013, once mil restituciones, de 160 mil que prometió. Pero sí hacen avanzar las reformas legales para poderle entregar todos los baldíos del país a los monopolios y transnacionales.

Entonces, ahí tenemos una diferencia inmensa con Gustavo Petro, y es evidente que él –y la gente que lo rodea- no hace ni el menor gesto de oposición, en nada, al gobierno de Juan Manuel Santos. O sea, aquí sí hay problema políticos de fondo.
Y con don Luis Eduardo Garzón, ni se diga, ¿no lo vio bailando Aserejé con Álvaro Uribe y Peñalosa? Creo que Petro avanza en la misma dirección de Angelino Garzón, que es el precursor, y don Luis Eduardo Garzón, su seguidor. Si la vida me demuestra otra cosa, ya veremos, pero todos sus pasos van en esa misma dirección.

da.
Hay una idea muy difundida por los medios de comunicación (y con credibilidad en muchos simpatizantes de la izquierda) y es que un movimiento político de izquierda en Colombia tiene que ser amplio, que incluya todas las clases sociales, pero que en el Polo se impuso la idea de la “extrema izquierda” que aún sueña con el comunismo y el proletariado. En ese caso Petro sería la amplitud. Sin embargo si tenemos en cuenta la historia ideológica del Moir semejante versión no parece convincente. ¿Qué piensa de esto?
JER. Esa es otra falacia. No se puede perder de vista que la derecha tradicional de Colombia, desde que el Polo nació, hizo esfuerzos por someterlo a sus designios. Para ilustrar esto, un chiste de la plutocracia bogotana: dice el plutócrata: “a mi me encanta la izquierda y los del Polo, eso sí, que sean obedientes, ala”.

Entonces, la derecha ha conspirado todo el tiempo contra el Polo: o para doblegarlo y volverlo un partido de bolsillo de la derecha (otro caballo más del mismo dueño, que corre en las carreras presidenciales de Colombia) o para dividirlo. Y han metido baza todo el tiempo en los asuntos del Polo, y han mentido de manera sistemática.

Entonces, dicen que en el Polo hay quienes no estamos por una política amplia. El ideario de unidad del Polo no puede ser más amplio. Alguien puede decir que este ideario, que es el programa del Polo, lo que nos unificó a todos, y que duramos discutiéndolo un año, retoma en cierto sentido las mismas reivindicaciones burguesas levantadas durante el siglo XIX. Se trata de un programa donde cabe casi toda esta nación, o sea, ¿más amplitud?

Pero, además, si miran mi práctica y la del Moir, siempre nos han criticado porque tenemos una política de extrema amplitud. ¿Cuál es el debate del TLC? ¿No es en defensa de la producción industrial y agropecuaria nacional, incluida la del empresariado? Ahora, ¿se puede más amplitud?

da. Pero algunos dicen que tal amplitud es en lo económico, pero que en lo político el Moir abandonó su idea de aliarse con la burguesía nacional.…
JER. Bueno, hay que aclarar que estamos en el PDA, donde están representados todos los sectores sociales de este país. Ese es el encanto del Polo: en él está representado todo lo que cabe en el ideario de unidad, inclusive sectores burgueses pueden estar en el Polo, no tienen por qué no estar.
¿Más amplitud? Le hice la campaña electoral a Gustavo Petro con todo entusiasmo. Y apoyamos decisiones como las de impulsar a Verano de la Rosa en el Atlántico; se decidió votar por Horacio Serpa en Santander y se respetó tal decisión…

da. O sea que no es Petro el dueño de la bandera de la alianza amplia.
JER. No. Pero, ¿dónde está la diferencia? En que hay quienes quieren hacer una alianza muy amplia con las concepciones de la derecha, y otros queremos una alianza amplia pero con una concepción que no sea de derecha. Este es el punto.

Aquí Santos tiene una gran unidad, inmensa, pero ¿para qué? Para más neoliberalismo, más libre comercio, más desigualdad social.

Nosotros, el Polo, aspiramos a otra unidad. El Polo en sí mismo es una unidad, y aspira a una unidad con otros sectores de la vida nacional, pero con unos acuerdos mínimos, de signo democrático. Tal acuerdo lo he resumido en 4 aspectos: 1. Defendamos la soberanía: que Colombia se relacione con el mundo pero no como un Estado vasallo 2. Defender la producción industrial y agropecuaria, la de los campesinos y artesanos, pero también la del empresariado del campo y la ciudad. 3. Defender el trabajo, con todo lo que significa defender la vida del pueblo: salud, educación y, 4. Defender la democracia auténtica, que incluye no a la lucha armada en las condiciones de Colombia.
Este programa es de una inmensa amplitud, cabe todo el empresariado que quiere estar allí, y todo el que levante la mano sería bienvenido.

Entonces, si hay una acusación calumniosa, es señalarme a mí o al Moir como una fuerza sectaria en lo que tiene que ver con las relaciones políticas.

Tal señalamiento son mentiras para justificar que se mueven hacia el establecimiento; pero con Álvaro Uribe no hacemos alianzas, ni con Juan Manuel Santos, no por un problema personal sino por las políticas que representan.

La agenda


da. En este contexto, ¿cuáles serían los temas claves de una discusión ideológica ahora, con lo que queda del Polo, sin el “progresismo”?
JER. Creo que el Polo debe insistir en tres grandes ideas:

1. Mantenernos en el ideario de unidad. No se trata de que no se puedan hacer ajustes, pero sus rasgos fundamentales hay que defenderlos, porque, pienso yo, es el ideario democrático de este país; un ideario que, si se quiere, podemos llamar de la izquierda.
2. El cumplimiento de los estatutos. Buena parte de los líos del Polo es porque no se respetan los estatutos. No hay partido que pueda funcionar bien sin unas reglas para el manejo de las contradicciones, que es lo que son los estatutos. Y la regla de oro final de los estatutos es que cuando no hay acuerdo se debe resolver votando, que fue lo que no aceptaron los que se fueron del Polo. Ellos querían mandar siendo minoría. Entonces, ¿qué demócrata es aquel que no está dispuesto a cumplir cuando pierde?
3. Esto no está escrito, pero se debería aceptar y entender: ¿cómo aprender a manejar las diferencias sin agravios, o sea, cómo aprender a manejar las diferencias sin hacerle daño a la organización?.

En esto tuve una contradicción todo el tiempo con Petro. Fue imposible convencerlo de que el debate interno no lo librara con el “todo vale”. Y su actitud le hizo un inmenso daño a la organización… y se lo sigue haciendo.

Ahora, cuando uno ve que su proyecto de vida no es el del Polo, entonces comprende por qué hizo lo que hizo.

da. ¿Con la gente que está en el Polo ahora, piensa que no se vislumbran temas de fondo, de contenido ideológico, que generen contradicciones? ¿Será que lo de Petro opacó la posibilidad de un debate sobre temas sustanciales?
JER. No creo que nada opaque ningún debate, todo el mundo tiene derecho a proponer lo que quiera en los certámenes del Polo, y habrá que librar el debate; quien quiera proponerle modificaciones al ideario de unidad que lo plantee y que se dé el debate, y buscamos los acuerdos. No puede haber temas vedados.

da. ¿Pero ve algún tema delicado que esté sobre la mesa?
JER. Creo que en sus rasgos fundamentales el ideario de unidad es un acierto descomunal. Hasta dónde puede llegar la unidad: eso es algo importante de entender. Ahí, claro, no está todo aquello que quisiéramos tener. Nadie puede pretender la unidad con el máximo de sus creencias. El ideario es un mínimo. Pero a mi juicio es un mínimo superlativo: casi que puedo retar a cualquier persona de América Latina a que presente un programa de un partido de izquierda más coherente y mejor estructurado que el del Polo; pero eso sí, unitario, porque si usted intenta meterle más de lo que permite la unidad pues la unidad no se da, o es menor. Entre más aspire usted a poner de lo suyo, de lo que es más propio a usted, en una cosa que es común, entonces se va reduciendo el tamaño de la unidad. Para el tamaño del frente que necesitamos en Colombia, ese ideario es superbueno.

da. …Y temas, por ejemplo, como el conflicto armado, la negociación, la paz.
JER. Creo que el tema está muy bien planteado en el Polo. ¿Qué dice el Polo sobre este tema? Primero, no estamos de acuerdo con la lucha armada ni con el secuestro ni la extorsión, ni ese tipo de prácticas. Creo que esto es un acierto enorme del Polo, histórico. Segundo, estamos por una solución política negociada de ese conflicto.

Lo que vendría


da. Pero frente a lo dicho hay dos concepciones en la opinión pública: unos que dicen que el Polo no es suficientemente claro en el tema (la derecha), y otros que dicen que el Polo es muy débil en el planteamiento de la paz y que esa bandera se la ganó una organización como “Colombianas y Colombianos por la Paz”.
JER. Esa son opiniones, pero personalmente pienso que el Polo ha hecho lo que puede hacer en un tema que no es de su control. Es que el Polo no representa (ni es) a los que están alzados en armas, ni es ni representa al Estado colombiano; entonces, vamos hasta donde podemos ir, según se mueven las circunstancias de hoy.

Y, ¿qué es lo que hacemos hoy?, una expresión de buena voluntad que parte de un principio: no estamos de acuerdo con el uso de la violencia como manera de resolver las contradicciones económicas y políticas en Colombia. Y segundo, vemos con buenos ojos la solución política del conflicto. Ahora, cómo se desarrolle en la práctica esa solución política pues habrá que ir analizándolo, pero estén seguros que el Polo nunca se opondrá a nada que conduzca a la paz en Colombia.
Que otras personas hacen más cosas, bueno, es probable, porque si una organización se crea para hacer más cosas en ese sentido, pues tiene todo el derecho de hacerlo. Ahora, si hay nuevas propuestas sobre este particular, que se planteen, y se discutan. Esa es la riqueza del Polo. Pero quien plantee uniformar al Polo o elevar las exigencias programáticas, democráticas, a niveles inconvenientes, no le hace bien al Polo.

El Polo tiene como propósito ganar el poder en Colombia, y eso nos exige contar con una inmensa fuerza, para lo cual se requiere una gran unidad, la cual no será posible si el programa va más allá de donde puede ir para ganar esa unidad.

da. Entonces el seminario ideológico es un espacio para aclimatar la vida política del partido, darle un respiro desde un balance y proyectarlo hacia la nueva jornada que viene…
JER. Esa es mi interpretación, pero es posible que existan otras, uno de los encantos del Polo es su inmensa diversidad, pero si logramos esto que estoy planteando: escucharnos a profundidad, detectar las coincidencias, los matices, etcétera, lo cual nos ayudaría en perspectiva del próximo Congreso, eso ya sería buenísimo.

da. Bien, esa es la perspectiva orgánica, pero en lo público: ¿cuáles deberían ser los propósitos fundamentales para los próximos años?
JER. Bueno, el Polo se puede proyectar con muchos y muy buenos propósitos, pero mientras no garantice los tres que son fundamentales no avanzaremos. Dos que son la parte programática y la estatutaria que ya mencioné. Y la otra cosa en la que el Polo tiene que hacer esfuerzos mayores (que los hace y muy importantes, y en eso el PDA es de lejos el mejor de los partidos que hay en Colombia) es el respaldo y la vinculación con las luchas de la gente; ahí todavía podemos y debemos ganar muchísimo terreno, sin el cual no vamos a ganar este país. Es decir, que los colombianos vean al Polo como su partido.

Puede haber más aspectos por enfatizar, pero estos tres son de la mayor importancia.

da. De este seminario ideológico sería predecible que se avance hacia un programa de gobierno?
JER. Creo que sí. Uno de los grandes aportes de Aurelio Suárez y el equipo que lo acompañó en la campaña a la alcaldía de Bogotá, fue el inmenso esfuerzo por crear un programa parcial –digamos, municipal– coherente con el programa general del Polo. Eso no se había hecho antes. Ahí tenemos un avance grande: convertir en cosas más específicas el ideario de unidad del Polo.

Ahora, para un proceso electoral presidencial, hay que hacer también este tipo de ejercicio. Entre todos, sin renunciar al ideario de unidad.

da. ¿Y es posible hacer propuestas de reforma en este capitalismo salvaje? O el PDA, como dicen algunos, es negativista.
JER. Claro que sí es posible y eso es lo que propone el Polo: reformas. Eso es su ideario de unidad. Precisamente por eso no hay tal negativismo. El ideario está lleno de propuestas, y hacemos propuestas tanto en lo que aceptamos como en lo que negamos. Porque cuando usted dice no al TLC, eso es una propuesta; lo que pasa es que no son propuestas neoliberales, y para los que piensan que esas son las únicas propuestas pues es lógico que nos digan negativistas.

da. ¿A su juicio, entonces, no es urgente cambiar o profundizar el ideario de unidad?
JER. Ninguno de los problemas del Polo es culpa del ideario de unidad. Ahora, si alguien tiene propuestas para mejorar el ideario, que las presente.

da. ¿Quiere decir que apuntar fundamentalmente a lo ideológico sería como buscar la fiebre en la sabana?
JER. Pues, deme un ejemplo de algo que esté mal en el ideario de unidad. O ¿qué han oído sobre eso? Por ejemplo ¿No defendemos a los trabajadores de la educación pública? O en términos programáticos: ¿A qué estamos renunciando? Si es así que se diga, y no hay problema, se discute y se cambia; en esto no podemos ser dogmáticos.
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“En política no es dable esperar resultados democráticos con medios autoritarios”
Héctor Arenas. ¿Cómo contempla la próxima Conferencia Ideológica del PDA?
Wilson Arias. Creo que es muy oportuna. Las crisis, las discusiones, los fenómenos que se dan al interior de la izquierda –no solamente del PDA– ameritan un momento de reflexión y discusión. Pienso que puede aportar. No solamente por la vida del Polo sino también porque los cambios que se están operando en el Gobierno también exigen una reflexión sobre las condiciones de este período y el papel que debe jugar la izquierda. Además, es muy importante que se dé en el momento previo al Congreso del PDA, en el cual se definirán rumbos, estatutos, responsabilidades.

HA. Cuando el PDA asumió el gobierno distrital con Samuel Moreno, se operaron unos acuerdos que condujeron a gobernar con una coalición de fuerzas que ni la ciudadanía ni la militancia del Polo habían votado. Nadie dentro del PDA denunció el cambiazo. La ética, como la cultura, siguen siendo invitadas de segundo rango…
WA. Encuentro en esa decisión de gobernar con funcionarios que no eran del PDA, más que una revelación de la ética, un problema de la táctica. Considero absolutamente equivocado para las condiciones concretas de la ciudad esa especie de coalición con el samperismo y el uribismo, que desfiguraba completamente cualquier construcción programática de lo que debía ser el PDA en el gobierno. Era obvio que se trataba más de componendas, de arreglos clientelares, que de cualquier otra cosa. Aquí sí observo una falencia ética: en los arreglos clientelistas. En este sentido hay un desafío para la izquierda, no sólo la colombiana sino igualmente la de América Latina. Estamos llegando a un momento de definición entre reclinarnos hacia una izquierda funcional que administre las crisis o asumir la opción por una izquierda capaz de transformar la sociedad.

HA. ¿Qué significa esta disyuntiva?
WA. No creo que fuera fortuito que Lucho Garzón y Samuel Moreno escogieran la opción de rodearse tan mal. Creo que eso obedece a una perspectiva. Y casi que diría que al parecer a los gobernantes de izquierda lo primero que se les impone es mostrarse como inofensivos frente al gran capital, frente al establecimiento, frente al régimen. Demostrar que somos capaces de gobernar bajo las claves del Banco Mundial. Y esto no es gratuito. Hay un ambiente propiciatorio de este tipo de comportamientos. Para sobreponerse a él hay que tener, desde luego, un camino fijado con mucha firmeza. Programática, táctica y éticamente. Usted puede avanzar por coaliciones, pues nadie dice que esté prohibido hacerlo. Pero, ¿cuál es el sentido de esas coaliciones? Comparto que la dimensión ética es uno de los principales desafíos de la izquierda latinoamericana.

HA. Entonces, ¿se van a reconocer públicamente y sin ambages los errores y las responsabilidades?
WA. Hay una matriz comunicacional dirigida a desprestigiar el PDA debido a los errores cometidos. Los comportamientos delictivos de la dirección del Partido Conservador o de la primera dirección del Partido de la U no han significado el linchamiento mediático que sufre el PDA. Pero esto no excusa en absoluto el comportamiento de una dirección del PDA errática, laxa y casi que ciega frente al clamor de su militancia con relación a estos temas.

HA ¿Por qué no lo excusa?
WA. Por dos razones. De una parte, porque es más o menos de esperar que a un auténtico partido de la oposición se la cobren de esa manera, mucho más drástica que a los del propio régimen. Y, de otra parte, porque se espera de los proyectos emancipatorios que sólo puedan existir si están vinculados a un vector ético. No es posible hablar de una izquierda emancipatoria sin una base ética. No es posible ir a contracorriente de un modelo que corrompe sin un vector ético que atraviese la política.

HA. ¿Qué aconteció, entonces, para llegar hasta ese punto de quiebre?
WA. El desafío del Polo, en su momento, era intentar hacer la unidad de todas las izquierdas o quedarnos parados en cada una de las orillas de las izquierdas que construyeron el proyecto. Se invitó a todas las izquierdas con distintas procedencias y valoraciones de la política. Y se hizo con la intención de disputar métodos, guías, formulaciones. Lo que hoy tenemos es un resultado de esas decisiones. Sigo creyendo que la unidad que intentamos era la correcta, a pesar de que a comienzos del proceso se hizo con personajes que ahora están muy controvertidos.

HA. ¿Puede el PDA recuperar el proceso de convertirse en la fuerza ejemplar que concite la esperanza de una nación, una y otra vez golpeada y escarnecida?
WA. ¿Cómo se disputa la dirección moral e intelectual de la sociedad? La izquierda autentica tiene que proponerse la disputa de esa dirección, de esa hegemonía. En esa disputa, la ética es esencial. También es esencial si se considera una relación entre medios y fines. Esa democracia que aspiramos conquistar, como objetivo programático; esos valores que esperamos que irriguen a la sociedad que anhelamos, no son para mañana. El método por medio del cual se inspira, se ordena, se calcula, ya debe tener ese germen de valores y democracia que aspiramos. En política no es dable esperar resultados democráticos con medios autoritarios.

HA. En lo ideológico, la izquierda todavía piensa en la conquista del poder y no en difuminarlo. Todavía comprende lo público unido al Estado, y no se plantea la construcción de lo público al margen del Estado. Así, las respuestas a gravísimos problemas sociales muchas veces no van más allá de algunas medidas asistenciales…
WA. No desdeño lo que comúnmente se conoce como asistencialismo. Aquí casi que se castiga toda iniciativa de redistribución, endilgándole el calificativo de populista. Nos toca entonces salir a defender lo que se nombra como asistencialista o populista para defender las propuestas redistributivas que debiera adoptar cualquier Estado sensible a la situación de las mayorías.

HA. Sí, pero no se alteran las lógicas del capital. Se ofrecen, por ejemplo, comedores populares, pero los suministros se contratan con las grandes firmas, se olvida a los pequeños campesinos, los alimentos orgánicos, la elevación de la cultura nutricional en los barrios populares, el empleo de los desempleados en la preparación de los alimentos…
WA. Claro, un gobierno de izquierda debe ir más allá. No sólo cuestionar al gran capital por la vía del asistencialismo sino también por la vía de crear tejido social con lógicas distintas de las que imperan. Se pueden alentar procesos sociales que cuestionen el modelo de desarrollo en su conjunto, si no con lógicas anticapitalistas, sí con dinámicas alternas al modelo neoliberal.

En este sentido, creo que hay una intencionalidad táctica del establecimiento en cuanto a castigar a quienes se salgan de los libretos permitidos. Hay una matriz del establecimiento que permite ciertas desavenencias, ciertas discrepancias o disidencias, y está dispuesto a darle juego siempre que no se profundice demasiado, siempre que no arriesgue demasiado los negocios del gran capital.

HA. ¿Cuáles, además de estas ideas y experiencias que en realidad erosionan la realidad neoliberal, debieran ser los temas claves de la Conferencia Ideológica?
WA. La reivindicación de un proyecto político atravesado por la ética y el espíritu emancipatorio. Y, en segundo lugar, desembarazarse de todo ese legado que convierte a la izquierda en un organismo funcional para administrar la crisis. Además, algunos hemos insistido en que se discutan los nuevos contextos internacionales; que se entienda que no somos una isla y que requerimos una relación más orgánica con los movimientos internacionales, con los indignados, con los movimientos políticos y sociales que están emergiendo en la escala orbital.

HA. ¿Y en cuanto al escenario nacional…?
WA. Hemos propuesto un análisis que permita una correcta caracterización del gobierno de Juan Manuel Santos. Hemos estado muy absorbidos por la situación interna del PDA, un proyecto nuevo que tiene mucho por dar pero que debemos cuidar porque, como decía alguien, las enfermedades infantiles de la izquierda pueden ser muy graves. Consideramos también importante el análisis de las articulaciones con los movimientos sociales en Colombia.

HA.
¿Por qué privilegiar el análisis del gobierno del presidente Santos?
WA. Vienen de hacerse actos de Santos con las víctimas en Barranquilla y Antioquia, y vienen otros más. Creo que ahí hay un desafío para la izquierda colombiana. Las diferencias con Uribe no sólo son de modus operandi sino también de contenidos. Leo a Marcelo Torres diciendo que la formulación de Robledo es simplista. Leo a un sector del PDA diciendo que la lectura que hacen los Progresistas es muy optimista acerca del carácter del gobierno de Santos. Y, entre una y otra posición, se ofrecen tácticas de la oposición radicalmente diferentes. Ese tema tiene consecuencias, no sólo para la izquierda sino también para el movimiento social colombiano.

HA. Los procesos de justicia parcial son funcionales a la continuidad del orden imperial. La comunidad nacional, brutalmente golpeada y mutilada, continúa ignorando la trama de lo que le aconteció…
WA. En Colombia bien pudieran apresar el paramilitarismo completo; pudieran terminar estableciendo cuál fue el comportamiento de grupos empresariales y políticos, y aún así consumarse los propósitos imperiales. Poco le importa al Banco Mundial si finalmente terminan tras las rejas todos los verdaderos autores de las masacres y si hay finalmente verdad, incluso si hay justicia parcial. Recuerde a Noguera, Fujimori o Montesinos. Creo que la preocupación central es que en el contexto de las crisis alimentarias y de la crisis financiera hay unos papeles que se espera que jueguen los gobiernos de los países periféricos. Uno de ellos, la entrega de la tierra a los fondos transnacionales, y en función de esto se está reordenando la normatividad del país.

HA. ¿No se van a devolver las tierras a las víctimas?
WA. El Banco Mundial ha dicho: necesitamos dinamizar el mercado de la tierra para que quede en manos de los usuarios más eficientes, y estos no son precisamente el latifundio improductivo ni los grandes ganaderos. Entonces, se puede dar una pelea interburguesa con el visto bueno imperial, y finalmente serán los linces del capital financiero y algunas grandes compañías agroexportadoras, muy entroncadas con las transnacionales de los alimentos, quienes se queden con la tierra. No es improbable, entonces, que se den procesos de verdad, incluso de reparación, siempre que la reparación no signifiqué democratizar la tierra. La Silla Vacía informa que el 90 por ciento de las víctimas no está dispuesto a regresar a sus tierras. Entonces, lo que cabe es la venta o la asociatividad con la gran plantación. Por todas las vías ganan los Fondos de Pensiones, las transnacionales y los Estados de los países centrales interesados en la tierra.

HA. Y, en este escenario, ¿qué papel juegan los pueblos nativos y las comunidades afros y campesinas?
WA. Creo que en los movimientos de afros e indígenas habitan las claves de una visión del territorio distinta de las necesidades de la agroexportación. La globalización corporativa se cuestiona desde la mirada de la soberanía alimentaria, de los desarrollos autónomos y autóctonos. También la economía campesina permite resistir a esta política de apropiación corporativa de la tierra. En los planes de la transnacionalización está prevista hace tiempo la desaparición de las agriculturas indígenas, afros y campesinas, ignorando que ellas suplen en más del 60 por ciento el consumo de las ciudades de los países donde habitan. Pretenden imponer un modelo de desarrollo rural favorable a las corporaciones. Por esto considero cruciales las deliberaciones que abre el Congreso de los Pueblos, el Congreso de Tierra y Territorios, y las iniciativas de las organizaciones campesinas.

HA. ¿Se tratará en la Conferencia Ideológica el considerable peso que todavía mantienen esquemas ideológicos germinados en realidades históricas diferentes de las nuestras, mientras permanece el desconocimiento de pensadores y hombres de acción formidables, como José Martí, que podrían arrojar luces vitales en la situación actual?
WA. Sin duda, hay cierto eurocentrismo, que es fruto de mil razones históricas que habrá que establecer. Pienso que algunas organizaciones de la izquierda clásica creyeron que bastaba con leer a los clásicos y ya tendrían el arsenal suficiente para enfrentarse a la construcción de movimientos socialistas en nuestras latitudes. Creo que su fallo radica precisamente en eso: en volver letra muerta, dogma, elaboraciones teóricas tan importantes, y no cruzarlas con nuestras propias raíces y construcciones históricas. Ahí existe un problema que hoy se intenta resolver, y en esa resolución juega un papel importante lo que algunos hemos llamado izquierda social.

Publicado enEdición 177
Miércoles, 22 Febrero 2012 09:46

PDA. Con nuevo aire, retomando el rumbo

PDA. Con nuevo aire, retomando el rumbo
El debate ideológico toca a las puertas del Polo Democrático Alternativo. Con diversas expectativas, sus dirigentes y la base se acercan a un momento de reflexión, evaluación y proyección. En esta edición, un informe especial con entrevistas a tres de sus dirigentes y dos opiniones (editorial y Luis Sandoval).

Resurgiendo de las cenizas…


En tres aspectos existe una explicable curiosidad por conocer y entender lo que pasa en el Polo después del 30 de octubre: su postura frente al gobierno de Bogotá, ahora en manos de la disidencia progresista; su postura frente al gobierno de Juan Manuel Santos, que ya anda por los 18 meses de recorrido; su postura frente a su propio proceso interno después de un año de insucesos traumáticos.

Este texto reseña aspectos sobresalientes de la dinámica actual del Polo en los tres campos mencionados. Mucha gente tiene la idea de que la vida del Polo, la poca que cree que le queda, está copada por dos o tres actores de signo tradicional y que el progresismo se llevó prácticamente todo lo bueno que había en este partido. Considero que están equivocados. Muchos creen que el Polo quedó herido de muerte el 30 de octubre y que nunca se recuperará. Están equivocados. Muchos creen que el partido que cometió graves errores no será capaz de gestar nuevos aciertos y continuar la marcha. Están equivocados. Muchos creen que en un contexto plagado de garantías hostiles y exterminios permanentes la izquierda, la oposición, la idea alternativa, no tiene posibilidad alguna. También, creo, con respeto por todos ellos, están equivocados.

Las dificultades internas y externas del Polo son enormes. Quizá ninguno de sus problemas centrales esté hoy clara y definitivamente resuelto, quizá nunca llegue a estarlo, pero los hechos que voy a presentar en seguida muestran la realidad de un partido que hace lo posible y lo imposible por sobrevivir a partir de afirmarse en la validez de su proyecto político y de posicionar el ejercicio de la oposición que ninguna otra formación política tiene el coraje de asumir con tan rotunda claridad y decisión.

Todo es difícil para el Polo porque, como es sabido, “al caído caerle” y “del árbol caído hagamos leña”, filosofía que practican todavía quienes en un momento anidaron en sus ramas. En política, y más aún si es de izquierda, la crueldad es implacable. No obstante, mi hipótesis es que el Polo sobrevivirá y que de las cenizas, como el Ave Fénix, remontará las alturas, subiendo aún más arriba que antes.

Bogotá Progresista y el Polo Democrático


El gobierno de Bogotá ha sido la mayor oportunidad y el mayor reto que ha tenido el Polo Democrático desde su gestación a comienzos de la década de los 2000, y ya constituido formalmente a fines de 2005.

Plataforma de lanzamiento. El Polo proveyó la plataforma legal, electoral y discursiva de dos gobiernos consecutivos de la ciudad entre 2003 y 2011. El proyecto social, inspirado en el Programa del PDI primero y luego en el Ideario de Unidad del PDA, relacionado sin duda con la izquierda en ascenso en todo el continente, se constituyó en una adecuada oferta electoral frente a la deuda social lacerante creada por gobiernos de neta orientación neoliberal que hicieron énfasis en la ciudad competitiva, y produjeron incrementos explosivos de la pobreza y la desigualdad social.

La Ciudad sin Indiferencia, Moderna y Humana de Lucho Garzón; y luego la Bogotá Positiva, Ciudad de Derechos, de Samuel Moreno, respondieron adecuadamente a las demandas de las mayorías populares de la urbe en el sentido de atender las urgencias sociales más apremiantes y crear un curso pronunciadamente ascendente de la inversión social, muy distinto de lo que al mismo tiempo ocurría en el nivel nacional. Bogotá redujo la pobreza, amplió de manera impresionante las coberturas en educación y salud, y elevó sustancialmente el promedio de vida de los bogotanos.

La pérdida del rumbo. El acierto en la oferta electoral y programática, y el avance extraordinario en la gestión de políticas sociales se quebraron en el campo de las relaciones políticas donde los responsables de la administración, el primero y el segundo alcalde en particular, se empeñaron en construir esquemas de gobernabilidad con fuerzas ajenas al Polo Democrático, y mediante medios y prácticas más ajenas a los principios del partido. El hecho de que éste haya sido crecientemente incapaz de gobernar a sus líderes, sus gobiernos y sus propias prácticas constituye hoy un objeto de análisis no agotado todavía. El interrogante ¿Qué pasó, camarada? se plantea con fuerza prácticamente en todos los espacios del partido, y genera un intenso debate que no se elude ni adentro ni fuera del Polo.

La costilla de Adán. Sin haber asimilado plenamente la experiencia de ser gobierno, el Polo transita a la experiencia de tener ante sí el gobierno de la disidencia que surgió en el momento de sus más relevantes falencias (segundo semestre de 2010). El progresismo pretende ser pero no es un proyecto absolutamente diferente e independiente del Polo Democrático. Por la historia, por el programa, por sus integrantes, por sus referentes de contexto, por la legalidad, el progresismo es una disidencia del Polo Democrático que sólo el tiempo dirá si logra constituirse en un proyecto totalmente distinto. Por ahora, el progresismo es una especie de costilla de Adán del Polo Democrático.

Por eso, entre la gente de base del Polo en Bogotá, el sentimiento que prima es que con Petro tenemos serias diferencias pero no somos la oposición a Petro. Quizás en ello esté pesando el hecho de que muchos que siguen fieles en las filas polistas votaron como progresistas el 30 de octubre para impedir el retorno de la derecha en alguna de sus versiones posibles a la Alcaldía Mayor de la ciudad.

Tomando en cuenta el sentir de la base, se pronunció la bancada polista del Concejo en asocio con la Presidenta del partido: “No será oposición sino que asumirá una postura de autonomía crítica. Apoyaremos todas las iniciativas orientadas a profundizar y mejorar el modelo incluyente de ciudad de derechos que se viene construyendo durante los últimos ocho años. Se han sostenido conversaciones oficiales con el secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro, sin recibir ofrecimiento burocrático alguno”.

El unanimismo santista y el Polo Democrático


El Polo Democrático Alternativo marca una clara diferencia con el proyecto político hoy dominante en Colombia y que se expresa en la ‘unidad nacional’ del presidente Santos, que con el ingreso de los Verdes que lidera Lucho Garzón quedó convertida casi en el unanimismo nacional.

Oposición con fundamento, no por capricho. El PDA es la oposición y la alternativa al régimen político y al modelo económico que lo soporta y subyuga. Los parlamentarios polistas en Cámara y Senado materializan el ejercicio cotidiano de la oposición en relación con temas tan centrales y sensibles como las víctimas, los desplazados y la restitución de tierras; la extranjerización de grandes extensiones de tierras productivas; los 40 millones de hectáreas en concesión para explotación minera, ocho veces más que la tierra destinada a la producción agrícola; la tragedia de la salud y la educación, sometidas a las leyes del mercado y asimismo a los intereses voraces del capital financiero; los TLC ya firmados y por firmar que desmantelarán gran parte del aparato productivo nacional, la pantomima del gatopardismo oficial y la corrupción connatural al ejercicio del poder por las élites oligárquicas colombianas. Los parlamentarios del Polo constituyen una voz lúcida y valiente en estos asuntos, procurando en todo momento sacar adelante la causa de los derechos fundamentales de los ciudadanos, y las mayorías populares y los intereses de la nación.

Desde la Presidencia y otros liderazgos nacionales y regionales no parlamentarios, se mantiene en alto el tema de la paz política, la necesidad de contar con un real y efectivo estatuto de la oposición y se reclama que, sumergido el país en el pantano de los TLC, por lo menos se haga realidad la agenda interna que facilite las avenidas físicas, las virtuales y las del conocimiento, para que el país no se vea imposibilitado de generar productos, de acceder a mercados y de poner su exigua producción y sus materias primas en la circulación global de mercancías. Importantes líderes y lideresas del PDA han enfatizado recientemente la centralidad de la paz en la vida del país y en el quehacer político del partido, sin que esas voces hayan tenido eco aún.

Esforzado y pertinente el ejercicio de la oposición por parte del Polo en sus múltiples manifestaciones, incluida la referente a la participación en los procesos de movilización, como el más reciente de los estudiantes frente al proyecto de reforma a la educación superior, el Polo apoya y participa de estos movimientos con pleno respeto de su autonomía.

Limitaciones inocultables. Pero el Polo es consciente de sus limitaciones; sabe que las acciones de oposición se inspiran en una postura pero no obedecen a una estrategia; que hay iniciativa individual pero no fuerza de bancada. La institucionalidad partidaria es débil, y su capacidad de acompañamiento a las bancadas parlamentarias en sus diferentes niveles es casi inexistente, aparte del discurso y las orientaciones de política general. Se echa de menos en la vida del Polo la existencia práctica de los proyectos estratégicos, prevista para fortalecer la incidencia partidaria en temas y campos de vital importancia política. Entre las respuestas a esta sensible carencia está la propuesta de crear el Centro del Pensamiento del partido.

El PDA recompone su capacidad de propuesta mediante el trabajo de la Comisión Programática en Bogotá, y de grupos de trabajo de académicos y personas con experiencia en gobierno y políticas públicas, dispuestos a estrechar sus vínculos de cooperación con el partido. El Polo no declina; al contrario, tiene la firme voluntad de continuar perfilándose como actor principal y casi único de la oposición política en el país, sin arredrarse ante los peligros que en Colombia acechan sobre quienes legítimamente ejercen la oposición social y política.

Los pasos del Polo para retomar el rumbo


Clara, presidenta de todos y todas. El regreso de Clara López Obregón a la Presidencia del PDA, después de su Alcaldía de seis meses en la capital, ha sido recibido y sentido dentro y fuera de este partido con gran alivio y mucha expectativa. Ella misma dio a su intervención del miércoles 25 de enero, cuando reasumió funciones, el título de cambio de rumbo. El acto en que ello ocurrió, realizado en el Salón Esmeralda del Hotel Tequendama, el mismo donde en diciembre de 1999 se realizó la Cita del Árbol, que es un referente clave de toda la dinámica vivida por la izquierda y sectores independientes en más de una década, rebasó todas las previsiones porque hubo que atiborrarlo de asistentes y aun así muchos quedaron por fuera, incluso parlamentarios y dirigentes locales. El ambiente, las palabras dichas, los gritos de los más entusiastas, tuvieron ese sentido: del gran revés, mediando una profunda reflexión, transitamos a retomar el rumbo. Retomar el rumbo bajo la orientación de un liderazgo compartido y plural como es la realidad del Polo Democrático en todas sus dimensiones.

Debate ideológico y programático. Contra todo pronóstico, el Polo está en debate, en intenso debate, en un debate que no va a ser burlado. Un partido que domina el aturdimiento que produce haber experimentado un gran revés; que tiene la serenidad de reflexionar y la capacidad de debatir, acordar y decidir en colectivo, en pluralidad, en democracia, es un partido capaz de volver al camino y seguir hacia la meta. Eso está pasando hoy con el Polo. Eso es lo que significa el proceso hacia la Conferencia Ideológica, ahora prevista para finales de abril. En los dos fines de semana que acaban de pasar (febrero 4-5 y febrero 11-12), se realizaron en Bogotá cerca de 20 eventos deliberativos y otros tantos en el resto del país, sobre cuatro grandes temas señalados por el Ejecutivo Nacional: coyuntura y acción política, propuesta programática hacia un gobierno democrático, temas relacionados con el partido, en Bogotá coyuntura y proyecto de ciudad.

La Comisión Programática ha traducido este temario en una matriz conceptual que incluye análisis del capitalismo global y nacional (justicia social y ambiental), discusión de las condiciones en que hoy se construye democracia, consideración del sujeto social y político, lectura del conflicto y vías de la paz. La metodología de los debates se construye en un marco de responsabilidad política, dándole pleno juego a la expresión de tendencias y afiliados independientes con registro y sistematización rigurosa de las ponencias e intervenciones.

El PDA pondrá a través de este proceso deliberativo un punto alto de referencia en relación con las condiciones, los actores y las vías para profundizar la democracia y aproximar la paz en Colombia. Quizás algunos sectores persistan en producir arreglos al margen de los debates; en esta ocasión, la dinámica los conducirá a aceptar que los acuerdos para la reconfiguración del Polo, de la izquierda, de la opción alternativa, se harán con base en el más amplio debate plural y democrático. El proyecto democrático se construye democráticamente.

El viernes 17 de febrero se realiza en Madrid la Asamblea de Polo Europa, que discutirá los mismos cuatro temas para revitalizar el proyecto político y responder a los nuevos retos. La presidenta Clara López participará activamente en ese encuentro sin precedentes.

Convergencia necesaria. En la proximidad del Polo gravitan fuerzas que pueden descentrarlo y hasta diluirlo o, al contrario, formar parte de una articulación mucho más amplia y compleja como la que conceptualmente se visualiza en la mirada de sujeto político plural portador de innúmeras resistencias que aportan analistas contemporáneos (Rauber, Hinkelammert, Houtart…) o, más relevante aún, como la que políticamente visualiza y trata de hacer realidad el conjunto de partidos latinoamericanos, medio centenar, que conforman desde 1990 el Foro de Sao Paulo (Managua, mayo de 2011). Me refiero por un flanco a los Progresistas, y por otro a iniciativas como el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica, cercanas a dar pasos importantes. Colombia necesita que el eje de articulación y convergencia de un gran conjunto plural de fuerzas sociales y políticas sea una postura indubitable de civilismo radical, democrático, como la que se expresa en el proyecto político del PDA contenido en su Ideario de Unidad.

Estamos ante un entendimiento básico sobre mínimos sustantivos de transformación democrática con el máximo de adhesiones posibles para formar nuevas mayorías, campo de cooperación estratégica y no sólo de precaria unidad de acción electoral. La movilización, la cultura y la comunicación también entran en la construcción política alternativa. El Polo no puede arriar la bandera del civilismo y de la democracia en profundidad que haga realidad la promesa de Estado Social de Derecho contenida en la Constitución de 1991, caminando con paso firme al otro mundo posible que reclama el capitalismo depredador que colapsa. Hacia la reafirmación de este horizonte ideológico de convergencia amplia, de liderazgo plural y de acción política transformadora, se encamina la Conferencia Ideológica y el III Congreso del PDA. Lo que se busca salvar es el proyecto no el aparato.

Polo necesario. Como se verá en los textos y entrevistas que incluye desde abajo en la presente entrega, el Polo está en pleno debate. Es un debate en sus propios espacios y que tendrá definiciones en sus instancias estatutarias, pero debate abierto, puesto que cada partido es una potencial opción de gobierno para el país, y todos los ciudadanos y ciudadanas están concernidos con su existencia y su devenir. Colombia debe entender que, sin oposición real y vigorosa, no hay democracia de verdad. Más aún, sin alternativa transformadora no hay país viable con dignidad para todos y todas.

* Investigador social, Centro de Estudios Democracia Hoy.

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Bogotá, 14 de febrero de 2012
Publicado enEdición 177
"Hay otras formas de pensar modernas que no son occidentales y que vienen de pensamientos ancestrales"
Boaventura de Sousa Santos es un activista y científico social portugués. Su trabajo en las chabolas y su cercanía al Foro Social Mundial han marcado su pensamiento. Las investigaciones de Santos van desde la epistemología, pasando por la teoría social, la sociología del derecho, la poesía hasta la música. Es también Coordinador de la obra colectiva de investigación “Reinventar la Emancipación Social: Para nuevos Manifiestos”. En esta entrevista, realizada en el CIDECI San Cristóbal de las Casas, Boaventura habla de los procesos Emancipatorios en América Latina, la Epistemología del Sur, Los fascismos sociales y el narcotráfico y su recién iniciación como cantante de Rap, entre otras cosas más.

Christian Javier Castro: Se habla de una crisis de racionalidad, ¿Cómo pensar desde el Sur?

Boaventura de Sousa Santos: No es fácil, porque el Sur fue colonizado por el Norte y por eso mucha de la racionalidad y de los instrumentos de la racionalidad a través de los cuales la modernidad occidental se impuso, y que fueron básicamente dos, el Capitalismo y el Colonialismo, penetraron profundamente en todo el Sur global, pero esta imposición no fue una imposición sin lucha, fue una imposición con resistencias, hubo espacios que se mantuvieron libres y que resistieron, culturas ancestrales muy fuertes, algunas se adaptaron, otras que lograron defenderse de una manera más fuerte, otras de manera más débil y en este momento esto se nota con los Movimientos Sociales que hay en el Sur global; que para mi no es un Sur geográfico, es un Sur metafórico o retorico, en la medida que es una metáfora del conjunto de los pueblos que han sufrido sistemáticamente con el Colonialismo y el Capitalismo, o sea, hay un Sur en el Norte, como el vídeo que acabamos de ver de la Otra Campaña en Nueva York, que es un Sur en Nueva York.

Entonces, las campañas de los Movimientos de resistencias de estos pueblos, que durante mucho tiempo, sobre todo los Movimientos de Liberación Nacional, fueron muy dependientes de la cultura y de la modernidad occidental, específicamente el caso del Marxismo por ejemplo. Más tarde vemos asistir a muchos otros movimientos que van a rescatar otras formas de pensar, otras formas de imaginar el mundo, otras cosmogonías, otras cosmovisiones que estaban suprimidas, que estaban silenciadas y que en mi Epistemología se pueden simplemente rescatar a través de lo que llamo una Sociología de las Ausencias porque se han quedado invisibles.

Por eso hay un proceso de rescate, que es un proceso difícil y que pasa, por un lado, de perder la idea de que la Modernidad Occidental es la única forma de racionalidad; En segundo lugar, que la racionalidad occidental es homogénea. La racionalidad occidental, por el Capitalismo y el Colonialismo, sacrificó mucho de su diversidad de la gran riqueza de autores que nunca podrían ser útiles para la Conquista, que nunca podrían ser útiles para la miseración evangélica de la iglesia católica porque eran hombres y mujeres que dudaban de todas las certezas de la modernidad occidental, entonces hubo ahí un desperdicio de experiencia de la modernidad occidental por servir al Colonialismo y al Capitalismo.

Por lo que, en primer lugar, debemos perder la confianza en el monopolio de rigor y de racionalidad, que es la modernidad occidental; en un segundo momento ver que hay otras modernidades occidentales reprimidas y finalmente saber que hay otras formas de pensar modernas que no son occidentales y que vienen de pensamientos ancestrales, que son hoy contemporáneas y por eso son modernas en ese sentido; pero son contemporáneas de una manera distinta, tiene otras palabras, tiene otros conceptos, tiene otras maneras de afirmar la dignidad de las personas, de aspirar a una sociedad mejor. Acabamos de ver, lo que es muy normal en mi trabajo de campo, cuando alguien dice “vamos a refundar el socialismo”, y el traductor en Tzotzil pregunta “¿cómo traducimos socialismo en nuestra lengua?, o sea, no existe”, pero no significa que los indígenas no tienen palabras para significar su lucha por una sociedad mejor, claro que tienen, tiene otras palabras, pero no la palabra socialismo.

Entonces esta es la diversidad ecológica y epistemológica del mundo, es lo que ha demostrado que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo y esto se encuentra siempre en todos estos encuentros, en toda esta realidad y por eso no es fácil porque el Sur fue Colonizado.

El primer movimiento para afirmar el Sur, fue para afirmar el Norte, fue para, de alguna manera, sufrir el contagio del Norte y decir “estas son las mismas ideas del capitalismo, de la competencia, del individualismo pero ahora son nuestras y las adoptamos”, y se reproduce un poco la cultura occidental. Yo pienso que, a lo mejor, hay otro momento, otro nivel , digamos, de afirmación de las epistemologías del Sur que es exactamente donde están otras maneras de entender el mundo, de entender la gente, lo que es la ontología, lo que es el ser humano, cómo se conforma, cómo vive, cuál es la importancia de la vida cotidiana, cómo se reduce al concreto de la vida, todo eso es un proyecto epistemológico que estamos impulsando de varias formas y que sigue adelante, claro, pero no puede seguir adelante como una idea de un epistemólogo o un científico social, ella sigue porque hay movimientos sociales que cada vez son más, los movimientos indígenas aquí son muy importantes y reclaman esa otra epistemología.

CJC: Habla de ampliar el presente y contraer el futuro, ¿cómo hacer el papel de la traducción?

BSS: Mira, la traducción de esto y de que hay diferentes lenguajes y diferentes semánticas para definir quién es un agente colectivo, cuál es una palabra emancipatoria, cuál es una estrategia de luchar por una sociedad mejor, los diferentes movimientos y los diferentes grupos sociales tiene diferentes lenguas hasta ahora en cuanto dominó totalmente, y quizás sigue dominando, la modernidad occidental, la idea es que toda esta diversidad no cuenta, estas maneras distintas de ver, de imaginar y de traducir son maneras locales son vernáculas, por eso se invento la palabra vernacular. Hay una teoría general que de alguna manera engloba todo y por eso estas particulares no cuentan, son accidentadas.

Nosotros pensamos así porque sostenemos que esta homogenización destruye la diversidad, asimila y absorbe, fue toda la política del indigenismo, por ejemplo, en México y en otros países en donde las especificidades de los indígenas no cuentan, ni sus culturas y ni su cosmovisiones. En contra de esta teoría general de asimilación, nosotros proponemos una traducción interpolítica e intercultural. No es una traducción lingüística en la que hay un referente, una lengua base y otra lengua en el que los flujos son siempre unilaterales de la lengua digamos referente a una lengua que se llama lengua blanca y que queremos traducir en la nuestra; es una forma de absorción, una traducción reciproca que los diferentes movimientos, y siempre dentro de los movimientos sociales, se traducen a sí mismo, el porqué considero que esto es más importante que esto, por qué yo considero que una lucha gay no tiene la misma importancia que una lucha indígena o por qué esto… vamos a discutir, traducir importancias, traducir prioridades y este traducir es un dialogo entre diferentes términos, por ejemplo, puedo traducir socialismo e indignidad y viceversa, ahí está un caso en el que no necesitas buscar e inventar lo igual literal de socialismo en otra lengua, si la lengua tiene su manera propia de afirmar dignidad, ¿por qué no?

CJC: Desde su crítica de la razón indolente, ¿cómo articular una nueva cultura política emancipatoria?


BSS: Esta nueva cultura realmente tiene que destruir y, de alguna manera, sobrepasar esta cultura indolente que es muy fuerte porque es la que está institucionalizada en las escuelas, en la educación, en las universidades, en los tratados y en la historia que, de hecho, fue una historia escrita por los vencedores y no escrita por los vencidos, entonces esa razón indolente es una razón que no deja que florezca la Sociología de las Ausencias ni tampoco la Sociología de las Emergencias. Valorar, por ejemplo, esta Universidad, se puede decir “no tiene valor ninguno, es una pequeña cosa, que va a morir rápido, que no tiene importancia” y esto es negar la emergencia y la Sociología de la Emergencia, al contrario, es dar el valor a esto. Ampliar el valor simbólico de estas experiencias y esta lucha en contra de la razón indolente es lo que puede ser uno de los elementos de una lucha emancipatoria nueva.

CJC: Usted propone una Democracia radical o de alta intensidad, ¿cómo observa las comunidades autónomas y sus experiencias con respecto a esto?

BSS: Mira, las comunidades autónomas tiene sus formas democráticas de organización que no se parecen de ninguna manera a las de las Democracias Liberales, por ejemplo en este momento la constitución de Bolivia establece que hay tres formas de Democracia: la Democracia representativa, la participativa y la comunitaria, las dos primeras son eurocéntricas, la tercera es la indígena y por eso hay formas de producción por consenso, asamblearia, por rotación, mandando obedeciendo y que son formas democráticas de las comunidades, esto no quiere decir que sea todo un paraíso y que todo ocurra bien, que no haya caciquismo, corrupción, discriminación hacia las mujeres, hay un movimiento de mujeres indígenas que lucha por su complementariedad y que en quechua es Chacha-Warmi, la idea de que hay una complementariedad, no necesariamente una igualdad eurocéntrica, entonces hay aquí todo un esfuerzo para democratizar la democracia indígena; y que también se necesita porque hay muchos procesos que, a través de intervenciones externas de luchas por la tierra y de mineras, dividen los pueblos y al dividirlos destruyen sus estructuras democráticas. Nosotros que trabajamos con los Movimientos indígenas no tenemos una visión romántica, no la podemos tener porque los indígenas no la tienen y luchan internamente por más Democracia.

CJC: ¿Cómo vislumbra los procesos emancipatorios en América Latina?


BSS: Son muy diversos, yo pienso que América Latina es el continente del mundo donde podemos hablar de procesos emancipatorios ya que fue muy importante lo que paso con el zapatismo en 1994 y después con el Foro Social Mundial, y todo eso decantó un proceso de emancipación y de lucha de resistencia contra el ALCA, un elemento muy importante que, después de la elección de presidentes progresistas desde Lula, que lo considero a pesar de todos los límites, Evo Morales, Rafael Correa, Chaves, Lugo en Paraguay, José Mujica en Uruguay y Ollanta Humala que lamentablemente se está desviando de lo que propuso, pero hubo realmente un cambio en el sentido de intentar democratizar el Estado y la sociedad civil sobretodo en las propuestas de Ecuador y Bolivia donde las constituciones afirman que los Estados son plurinacionales. Entonces hay una lucha ahí que está en crisis en este momento porque el capitalismo de despojo, el capitalismo neoliberal, de la minería y del extractivismo están de una manera más salvaje que antes y están impactando los Movimientos Indígenas y los territorios, está destruyendo mucho por lo que luchamos en la primera década del milenio.

CJC: En el sentido del capitalismo salvaje, ¿cómo observa los Fascismos Sociales en América Latina?

BSS: Mira, los fascismos sociales se están reproduciendo en todas las formas. Lo que llamamos la acumulación primitiva originaría, que para Marx era una fase del Capitalismo, es para nosotros, después de Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel, David Harvey y otros, un componente permanente o acumulación por despojo que opera aquí como opera en Europa. Por ejemplo, cuando se reducen los salarios que fueron contratados a través de un Contrato Social y se retiran para rescatar bancos, esto es despojo; cuando a un señor jubilado se le retira parte de su pensión, eso es un despojo. Estas formas de despojo están surgiendo por la violencia, la lucha contra el narcotráfico, por ejemplo, es una forma de acumulación de destrucción que pasa por una acumulación por despojo, acumulación por la violencia, destruyendo y desplazando a las personas, etc. Por eso hay mucho paramilitarismo en el continente; si hay luchas emancipatorias fuertes hay, por otro lado, mucho palamitarismo y hay, por supuesto, criminalización de la protesta que es lo que esta pasando con las leyes antiterroristas, con la lucha contra el narcotráfico y con centenares de líderes indígenas que están enjuiciados como terroristas.

CJC: Están las luchas estudiantiles en Latinoamérica y los indignados tanto en Europa como en los países de Medio Oriente, ¿cuál es el papel de las Universidades y de las juventudes actualmente?


BSS: Son dos cosas, la juventud tiene un papel muy importante, todos los periodos históricos dicen que la juventud no va a volver a movilizarse y después se moviliza, fue así en 1968 y en 1970 y es así ahora. También, durante mucho tiempo se pensaba que eso no era posible. Los jóvenes son los que están en una situación que llamo de pre-contractualismo, son gente que hizo todo bien, fueron estudiantes, trabajaron, lucharon por sus cursos, algunos se endeudaron y tienen sus créditos ahora, sus maestrías, sus doctorados, hicieron todo lo que la sociedad les pedía para ingresar en el Contrato Social y cuando terminan no hay contrato social, no hay empleo, no hay perspectiva, no hay futuro, entonces estos jóvenes son bloqueados socialmente y están en una fase de pre-contractualismo, no entran en el Contrato Social y por eso no son verdaderamente ciudadanos, son súbditos, digamos, y por ello se movilizan en contra de eso.

Las Universidades han sido siempre una organización y una institución muy contradictoria y por eso muchos de los movimientos sociales nacieron de Universidades. Los movimientos estudiantiles nacieron de muchas Universidades y de formas de luchas aquí en este continente desde 1917, con la reforma de Córdoba hubo una gran renovación de la Universidad, pienso que eso sigue siendo pero es más difícil todavía hoy porque el neoliberalismo entró en las Universidades y también intentó transformarlas en empresas, en oficinas de fabricas, los estudiantes pasaron de ciudadanos a consumidores y eso creó una idea de atomismo que perjudica la posibilidad de movilización en las Universidades. Por otro lado, todo el conocimiento que se promueve hoy en las Universidades es conocimiento con valor de mercado, hay conocimiento precioso: las humanidades, las artes, las ciencias sociales y que se quedan en la peor de las marginalizaciones, entonces lo que esta pasando, a pesar de esto, es que los estudiantes se revelan y el mejor ejemplo es Chile, porque Chile fue donde el proceso de neoliberalización de la Universidad llegó más lejos, es donde intentaron realmente transformar definitivamente la Universidad en una empresa y ahí sí los estudiantes están echados.

CJC: Usted hace poesía, háblenos un poco sobre esa arista en su vida.


BSS: ¿De qué? ¿De la poesía? (Risas) Mira, yo he sido desde siempre poeta y he escrito bastantes libros que están publicados en portugués y algunos están en español y te digo, te doy así de primera mano una sorpresa, es que además soy rapper, yo escribo música deRap y acabo de escribir un libro que está siendo musicalizado por los artistas rappers de las favelas, de las chabolas de Ribera del Sur y va a salir ahora, ya oí dos minutos de la grabación. Este movimiento va a hacer un show con mi Rap que se llama Rape Global y va a ser el 25 de Enero en Porto Alegre, pero no esta todavía en español porque no hay nadie que me lo traduzca y, como soy un apreciado científico social, nadie imagina que también puedo escribir rap (risas) y por eso es siempre más difícil esa otra identidad sobre mí, por eso, lo que digo es que, con el rap y la poesía, y sobretodo ahora con el rap, digo en contra de la modernidad occidental cosas que no puedo decir en mis textos de Ciencias Sociales, que no puedo escribir en las Epistemologías del Sur, son otras dimensiones.
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Un espacio para el kitsch político global
Es la última semana de enero y, a las afueras del resort que alberga a la élite económica de todo el mundo en Davos (Suiza), un grupo que se autodenomina Occupy WEF (sigla inglesa del Foro Económico Mundial) construye iglúes para manifestarse en contra del certamen anual que reúne a los personajes más poderosos del planeta. Afuera, el frío es infernal. Adentro, en el complejo turístico, están por lo menos 40 jefes de Estado, diversos jefes ejecutivos (CEO, palabra muy de moda en estos días) de las empresas más influyentes y diversas ONG reunidos para discutir sobre el tema sugerido por FEM de 2012: “La gran transformación: formando nuevos modelos”.

Las reuniones del FEM se realizan cada enero desde 1971. Lo que comenzó como proyecto ambicioso de un profesor suizo de finanzas es hoy uno de los eventos más importantes de discusión sobre las diversas preocupaciones de la economía mundial. Seguida por los medios, no obstante, es un hecho excluyente y cerrado: los invitados están bien custodiados para no ser víctimas de las protestas que esta reunión ha generado en los años recientes.

Es por esto que en el presente año, para evitar protestas orquestadas desde los iglúes del Occupy WEF, los organizadores les propusieron a sus invitados llegar en helicóptero al evento: nueve mil euros el viaje (sólo de ida). Pese a este dato irrelevante, lo que valdría la pena preguntarse es: ¿Qué les preocupa hoy día a las personas más poderosas del planeta?

El FEM habla de gran transformación, y se está refiriendo especialmente a los diversos movimientos “populares” que surgieron en 2011. En principio, la primavera árabe puso ante los ojos del mundo especialmente la compatibilidad entre el Islam y la democracia liberal-representativa. Los movimientos en contra de algunas dictaduras en países de mayoría islámica pone al descubierto que dicha religión no puede sostener per se un régimen o un modelo político específico: cuando la gente se cansa, simplemente estalla. Esta fue una de las problemáticas debatidas en Davos. En una discusión que convocó a líderes del Partido Islamista, ganador de las primeras elecciones en Túnez (Ennahda), el Ministro de Asuntos Exteriores de Brasil y Paquistán y la ONG Human Right Watch, se pudo llegar a una conclusión común entre los panelistas. El modelo occidental de democracia puede llegar a funcionar si tiene como objetivo la equidad social.

El otro ‘problema’ que surge como preocupación más profunda de los líderes convocados es, sin duda, la generada por los diversos movimientos de “indignados” en el mundo (Occupy en todas partes y demás). ¿Qué les preocupa si estos movimientos no han transformado nada?, podría preguntarse. Esta lectura, pese a ser válida en el sentido de que los movimientos “indignados” no han logrado articular una forma de cambio efectiva, no tiene en cuenta que consiguieron (por lo menos, sin ánimo de consolarse con poco) poner en el debate público mundial dos palabras: concentración y desigualdad.

Por supuesto: es la concentración y la desigualdad en el primer mundo. Antes, beneficiado por las reformas estructurales en diversas partes del mundo, que permitieron una expansión inimaginable de los negocios, la formación de redes producto de la globalización ya no genera tantos beneficios en sociedades ‘avanzadas’. Las ganancias se han concentrado y los procesos laborales se relocalizan: países con mano de obra barata, eficiente, calificada. The New York Times, por ejemplo, habla de la economía del iPhone, refiriéndose a la pérdida de trabajos calificados en Estados Unidos y reubicados en China por la empresa de gadgets más famosa del mundo: Apple (artículo completo en: http://www.nytimes.com/2012/01/22/business/apple-america-and-a-squeezed-middle-class.html?pagewanted=all ).

Los datos revelados por The New York Times dejan atónito a cualquiera. Para el proyecto iPhone, Apple necesitaba cerca de 8.700 ingenieros industriales. Para buscar estos profesionales en Estados Unidos, la empresa hubiera tardado nueve meses. En China, el proceso tomó solamente 15 días. El artículo del Times revela que la diferencia de precio no sería tan grande (aproximadamente 65 dólares más) si el iPhone se hubiese elaborado ciento por ciento en Estados Unidos. No obstante, a Steve Jobs nunca le interesó hacerlo en su país natal. Al difunto CEO de Apple no le interesaba perder las enormes ganancias que deja la utilización de mano de obra fuera de su país.

Esto también pasa en muchas empresas de todo el mundo. Los mercados son manejados cada vez por menos personas: el famoso 1 por ciento del que habla Occupy. En el FEM, el debate sobre la desigualdad en los países del primer mundo y en el interior mismo de las grandes empresas más poderosas preocupa, o por lo menos promueve, el debate. El fundador del FEM, Klaus Schwab, llama la atención sobre esta materia: no es posible mantener el capitalismo actual si el sueldo promedio de los jefes ejecutivos (CEO) es 142 veces mayor que el de sus empleados.

En este sentido, el llamado de atención, por lo menos en el discurso del FEM, se centra en que la concentración de la riqueza de los ganadores del capitalismo globalizado es un riesgo: los movimientos actuales de “indignados” (los que se autodenominan dentro del 99 por ciento) es un síntoma de que algo se está haciendo mal en la reproducción capitalista actual. El Reporte sobre El Riesgo Global, producido cada año por el propio Foro, pone entre aviso que la brecha amplia de la riqueza es la “semilla de la distopía”. En palabras de Schwab, “la distopía, lo opuesto a la utopía, puede precipitar la economía global, jalar al resquebrajamiento social, al proteccionismo, al nacionalismo y al populismo”.

“No hay que ser tan descarados…”

El capitalismo actual no está en crisis. Y eso queda claro al ver las diversas opiniones surgidas en la última reunión del Foro, ocurrido la semana pasada (del 25 al 29 de enero). Lo que tal vez esté en crisis es la complicidad social en el “primer mundo”, frente a la forma como que se está reproduciendo el capital. “La clase media está disminuyendo”, dice el reporte del FEM. ¿Cuál clase media? La de los países desarrollados, claramente.
Esta crisis de inclusión, del quiebre de la vieja promesa del ascenso social antes prometido por el capitalismo de los países prósperos, es la verdadera preocupación de los líderes económicos mundiales; no porque, de manera repentina, hayan descubierto un lado filantrópico dentro de sí mismos. No. Les preocupa la desaprobación social de un sistema que sólo les beneficia a ellos, ahora de manera descarada (ver: http://vadesecum.wordpress.com/2012/01/16/elfuturodelahistoria-fukuyama-opinion/).

En Davos no se ha concluido la necesidad de cambiar la forma como se reproduce el capital sino –con cierta timidez– la concentración “excesiva” de quienes poseen los medios de producción, en términos globales.

En tiempo de elecciones en Estados Unidos, Barack Obama asegura que protegerá los bienes americanos de cualquier manera: luchado contra la competencia injusta (por parte de China, sobre todo), prometiendo la creación de miles de empleos y la creación de impuestos al “2%” más rico –puesto que en su Discurso del Estado de la Unión habló del 98 por ciento que ganaba en promedio más o menos 300.000 dólares. Al otro lado del Atlántico, en Davos, el primer ministro inglés David Cameron aseguró que el turbocapitalismo ha roto el equilibrio social, profundizando la inequidad; prometió que su gobierno “honrará” los valores del capitalismo evitando la cultura de los “premios excesivos”, dándoles oportunidades a las masas y recompensando el trabajo duro.

Así está el discurso, por ahora, entre los líderes más poderosos del mundo. Entre afanes electorales y de aumento de popularidad, un contexto como el Foro de Davos se vuelve una buena oportunidad para decir cualquier cosa que le guste a la opinión pública doméstica. Con esto, sin duda, se busca soslayar los por ahora tímidos movimientos “indignados” de sus propias sociedades –tímidos en términos realistas: hasta el momento no son una amenaza real contra el sistema financiero capitalista, en ningún sentido.

En conclusión, el Foro Económico Mundial de Davos es otra oportunidad que tiene las personas más poderosas e influyentes del mundo para comunicarse globalmente. Esto, sin embargo, no quiere decir que estén buscando soluciones reales a la miseria, la desigualdad y el desmembramiento social que el capitalismo globalizado produce en el mundo. Davos, en cambio, es la oportunidad que tienen los más afortunados del sistema para hablar, en palabras del teórico argentino Martín Plot, desde el lado kitsch de la política: discursos predecibles, audiencias predecibles, efectos predecibles. Evitan crear soluciones en serio: no les conviene.


Publicado enEdición 177
En Cuba aún no hay consenso sobre el modelo de socialismo que se busca, dice investigador
La Habana, 20 de febrero. En Cuba no hay aún consenso sobre el modelo de socialismo que se busca, y el debate apenas acaba de comenzar, aseguró hoy el ensayista y académico Julio César Guanche.

"Por sólo mencionar algunos, los casos de China, Venezuela o Corea del Norte recuerdan que no existe una representación única de este concepto", ilustró el investigador, polemista y abogado, ahora asesor del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

En un artículo en el sitio de la revista Temas de ciencias sociales (www.temas.cult.cu), Guanche estimó que el modelo político era también parte del debate de la reforma económica, en el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en abril de 2011. "La formulación de un nuevo proyecto de país supone aprender a procesar los desacuerdos, sin penalizar diferencias expresadas en virtud de un derecho fundamental", señaló.

Guanche es autor de En el borde de todo (Ocean Sur, 2007), una compilación de opiniones de intelectuales tras el discurso de 2005 en el que Fidel Castro llamó a la renovación del sistema.

En su artículo escribió: “Ha surgido un pensamiento crítico –de izquierdas– del modelo vigente y de algunas de las nuevas políticas, opuesto a la disidencia, que discute problemas de representatividad respecto de la expresión de la propia diversidad revolucionaria. Por otra parte, ha aparecido una nueva oposición que se considera a sí misma como democrática liberal, con visibilidad internacional y apoyo de gobiernos y otras fuentes extranjeras que se oponen al proceso político cubano. En fin, Cuba se mueve. La ruta y el destino del movimiento es lo que su sociedad tiene en discusión”.

Guanche citó entre los temas de controversia “la diversidad existente en la nación, la amplitud del registro de demandas sociales, la democratización de las prácticas partidistas y estatales, la urgencia de mecanismos de gobierno más eficaces, responsables y transparentes, la necesidad de regularizar la protección de derechos ciudadanos y, en resumen, la demanda de ‘actualización’ del modelo político”. Aunque no se refleja en la prensa ni en el discurso oficial, "es imposible soslayar el movimiento reformista de la política y el alcance real de los cambios experimentados".

El autor mostró estas claves de la situación cubana: al perder el monopolio en la economía, el Estado lo pierde también en la política; Raúl Castro defiende la posibilidad de acceder a cargos públicos sin pertenecer al PCC; la sociedad demanda una reforma migratoria que elimine trabas para entrar y salir del país; se critica la "falsa unanimidad", pero "se sigue reivindicando una doctrina de Estado que determina la existencia de una voluntad política única".

Se combate la corrupción, "pero también sería revolucionario otorgar el control sobre el proceso productivo a los trabajadores"; hay una diferencia de derechos entre los miembros del PCC y la población, que crea "una tensión conceptual y política no resuelta desde 1976".

Una forma de "impedir la reproducción de la burocracia como clase política", sugirió Guanche, sería imponer límites de tiempo al ejercicio de todos los cargos oficiales, no sólo a los de mayor nivel; la electividad de los cargos estatales con funciones públicas; autonomía de poderes y vías de reclamación judicial ante el mal desempeño de la gestión o lesión de derechos.

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Domingo, 19 Febrero 2012 09:03

El impasse sirio

El impasse sirio
Bashar Assad se ha elevado a las alturas de ser uno de los hombres menos populares en el mundo. Casi todos lo han denunciado como tirano –de hecho un tirano muy sanguinario. Incluso aquellos gobiernos que se niegan a denunciarlo parecen aconsejarle que refrene sus modos represivos y haga algún tipo de concesiones políticas a sus oponentes internos.

¿Cómo es entonces que ignora todos estos consejos y sigue utilizando la máxima fuerza posible para mantener el control político de Siria? ¿Por qué no hay alguna intervención externa que lo fuerce a retirarse del cargo? Para responder a estas cuestiones, comencemos por evaluar sus fuerzas. Primero, tiene un ejército razonablemente fuerte y, hasta ahora, con algunas cuantas excepciones, el ejército y otras estructuras de fuerza en el país han permanecido leales al régimen. Segundo, continúa pareciendo tener el respaldo de por lo menos la mitad de la población en eso que, de forma creciente, se describe como una guerra civil.
Los puestos clave del gobierno y el cuerpo de oficiales están en manos de los alawitas, una rama de los islamitas chiítas. Los alawitas son una minoría de la población y ciertamente temen lo que podría sucederles si las fuerzas de oposición, en gran medida sunitas, llegaran al poder. Además, las otras fuerzas minoritarias significativas –los cristianos, los drusos y los kurdos– parecen igualmente preocupados por un gobierno sunita. Finalmente, la inmensa burguesía comerciante tiene aún que volverse contra Assad y el régimen baazista.

¿Pero es esto realmente suficiente? Si esto fuera todo, dudo que Assad pudiera mantenerse por más tiempo. El régimen está siendo exprimido en lo económico. El Ejército Sirio Libre, de oposición, está recibiendo armas de los sunitas iraquíes y probablemente de Qatar. Y el coro de denuncias en la prensa mundial y por parte de los políticos de todas las franjas crece en volumen día con día.
Y sin embargo, no pienso que a un año o dos de ahora nos encontremos con que Assad se fue o con que el régimen cambió básicamente. La razón es que quienes lo denuncian con más volumen en realidad no quieren que se vaya. Revisémoslos uno por uno.
Arabia Saudita: El ministro de relaciones exteriores le dijo al New York Times que la violencia debe detenerse y que no debe concedérsele al gobierno sirio ninguna oportunidad más. Esto suena realmente fuerte hasta que uno se percata de que añadió la frase: debe descartarse la intervención internacional. El hecho es entonces que Arabia Saudita quiere el crédito de oponerse a Assad pero teme a un gobierno que lo suceda. Sabe que en una Siria posterior a Assad (que probablemente sea bastante anárquica), Al Qaeda encontraría una base. Y los sauditas saben que el objetivo número uno de Al Qaeda es derrocar al régimen saudita. Ergo, que no haya intervención internacional.

Israel: Sí, los israelíes continúan obsesionados con Irán. Y sí, una Siria baazista continúa un poder amigable con Irán. Pero una vez dicho y hecho todo, Siria ha sido un vecino árabe relativamente callado, una isla de estabilidad para los israelíes. Sí, los sirios ayudan a Hezbolá, pero este también ha estado relativamente callado. ¿Por qué habrían los israelíes de correr el riesgo de una Siria posbaazista turbulenta? ¿Quién entonces detentaría el poder sin tener que mejorar sus credenciales mediante la expansión de la jihad contra Israel? ¿Acaso la caída de Assad no conduciría a alterar la relativa quietud y estabilidad que Líbano parece disfrutar ahora; y acaso esto no terminaría impulsando un fortalecimiento mayor y una radicalización renovada de Hezbolá? Israel tiene mucho que perder y no mucho que ganar si Assad cae.

Estados Unidos: El gobierno estadunidense habla de una buena línea. Pero, ¿han notado lo precavido que es en la práctica? El 11 de febrero, el Washington Post tituló un artículo “Conforme aumenta la carnicería, Estados Unidos no ve ‘buenas opciones’ en Siria”. La nota apunta que el gobierno estadunidense no tiene apetito por una intervención militar. No hay apetito, pese a la presión de intelectuales neoconservadores como Charles Krauthammer, que es lo suficiente honesto para admitir que no se trata tan sólo de libertad. En realidad, dice, se trata de deshacer el régimen en Irán.

¿Pero no es exactamente por esto que Obama y sus asesores no ven buenas opciones? Se vieron presionados para entrar a la operación libia. Estados Unidos no perdió muchas vidas, ¿pero logró realmente alguna ventaja geopolítica como resultado? ¿Es el nuevo régimen libio (si es que se puede decir que hay un nuevo régimen libio) algo mejor? ¿O es el principio de una larga inestabilidad interna, como resultó en Irak?

Así que cuando Rusia vetó la resolución de Naciones Unidas con respecto a Siria, me puedo imaginar un suspiro de alivio en Washington. La presión por elevar la apuesta inicial y comenzar una intervención estilo Libia se levantó. Obama fue protegido contra el jaloneo republicano al respecto de Siria por el veto ruso. Y Susan Rice, la embajadora estadunidense en Naciones Unidas, pudo endosarle toda la culpa a los rusos. Fueron repugnantes, dijo, ay tan diplomáticamente.

Francia: Siempre nostálgica por su alguna vez papel dominante en Siria, el ministro de Relaciones Exteriores Alain Juppé grita y denuncia. ¿Pero tropas? Deben estar bromeando. Ya vienen las elecciones, y enviar tropas no sería muy popular, especialmente cuando no será algo fácil para nada, como Libia.

Turquía: Este país ha mejorado sus relaciones con el mundo árabe de un modo increíble en los últimos 10 años. Y no le gusta nada una guerra civil en sus fronteras. Le gustaría que ocurriera algún tipo de arreglo político. Pero al ministro de Relaciones Exteriores Ahmet Davutoglu se le cita garantizando que Turquía no le proporcione armas ni apoyo a desertores del ejército. Turquía quiere, esencialmente, ser amiga de todos los bandos. Y además, Turquía tiene su propia cuestión kurda, y Siria podría ofrecer respaldo activo, que hasta ahora se ha refrenado en ofrecer.

Así que, ¿quién quiere intervenir en Siria? Tal vez Qatar. Pero Qatar, no importa qué tan rico sea, es apenas una potencia militar importante. Y el fondo del asunto es que, pese a lo fuerte de la retórica y pese a lo feo de la guerra civil, nadie quiere realmente que Assad se vaya. Así que lo más probable es que se quede.

Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
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