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El Grupo de los Seis –Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China, Rusia y Corea del Norte– retomó las negociaciones interrumpidas tras la muerte de Kim Jong-il para alcanzar la desnuclearización de Corea del Norte. Mientras, el nuevo “querido líder”, Kim Jon-un, multiplica las apariciones públicas ante las distintas ramas de las Fuerzas Armadas.
Jueves, 09 Febrero 2012 17:15

Taiwán, monumento a la realpolitik

Las elecciones celebradas en Taiwán el pasado 14 de enero produjeron idéntico alivio en Taipei, Beijing y Washington. El presidente saliente, Ma Ying-jeou, ferviente partidario del acercamiento a China continental, fue reelecto por cómoda mayoría, lo que garantiza la estabilidad regional. Ni los empresarios ni la clase media desean aventuras.

Miércoles, 01 Febrero 2012 06:55

Obama: triple estrategia para destruir a China

Obama: triple estrategia para destruir a China

El demencial intento del imperialismo anglosajón-sionista de destruir a China, fracasará por la sabiduría del liderazgo chino. Hoy día, el Estado chino es, sin duda, el Estado más funcional y eficiente del mundo contemporáneo...


1. Advertencia de Obama a la humanidad

 
“El Mundo tiene que saber que Estados Unidos mantendrá su superioridad militar con Fuerzas Armadas” –-the world must know the United States is going to maintain our military superiority with Armed Forces---  fue el mensaje de dominación mundial que  Barack Obama lanzó el 5 de enero del 2012, desde el bunker de la civilización occidental, el Pentágono. La esencia de su demencial mensaje hitleriano se refiere a la planeada desintegración de China mediante una Nueva Guerra Fría. Ésta tiene tres frentes de agresión: 1. El separatismo étnico y religioso; 2. El estrangulamiento militar y, 3. La guerra cultural a través de los derechos humanos y políticos.
 

2. La balcanización étnica y religiosa
 

La llave para la pretendida balcanización de China son las históricas ocupaciónes de Asia Central por fuerzas expansivas árabes-turcas-islámicas. Esas expansiones han dejado un corredor de más de 200 millones de creyentes islámicos que va desde Turquía vía Azerbeiján, Uzbekistán y Kirgistán hasta las provincias chinas de Xinjiang y Mongolia interior. La reactivación tradicionalista e islámica de ese corredor está a cargo de Turquía  ---convertida por Washington en nueva potencia regional--- y de la rancia oligarquía wahabita de Arabia Saudita, patrocinada por Washington y la Unión Europea. Al igual que en Tibet, el discurso imperialista para los pueblos del Corredor  es, que China es una potencia ocupadora de infieles, étnicamente diferentes, que niega  su autodeterminación. Por lo tanto, necesitan rebelarse y liberarse. El trato al derecho de autodeterminación del pueblo palestino, cubano, saharaui, etc., por parte de Occidente,  muestra el cinismo de esta propaganda.

 
3. La agresión militar
 

Ya en mayo del 2010, en la National Security Strategy, Obama se había comprometido a “renovar el liderazgo global” de Estados Unidos. El 5 de enero de este año, desde el bunker civilizatorio de Occidente, reveló que las fuerzas militares estadounidenses  liberadas por el fin de la invasión en Irak y Afganistán, serán empleadas en la Nueva Guerra Fría contra China (Sustaining US Global Leadership Priorities for 21st Century Defense). Con perverso orgullo, el hombre de la sonrisa Colgate dijo, que el presupuesto estadounidense de “defensa” será más grande que los de las diez naciones siguientes, combinadas; enfatiza el concepto de Air-Sea Battle y coloca a China junto con Irán entre las diez misiones más importantes de las Fuerzas Armadas imperialistas.
 

El proyecto prevé azuzar conflictos regionales entre China y sus vecinos India (Himalaya); Japón (islas Diaoyu); Filipinas, Vietnám (South China Sea); Taiwán;  Corea del Sur (Corea del Norte); obligar a China a desgastarse económicamente en una carrera belicista y crear un anillo de bases militares en su entorno. Washington trata de integrar a ese anillo de agresión del Pacífico a Japón, Corea del Sur, Taiwan, Filipinas, Indonesia, Australia, India. Ese anillo se conectará con los vasallos imperiales de Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita, Turquía, etc.) y el núcleo europeo de la OTAN (Gran Bretaña, Francia, Alemania).

 
Primeros éxitos de Washington consisten en el desplazamiento masivo de fuerzas militares a Australia (Darwin) y la intensificación de la cooperación militar con Filipinas. El senador estadounidense Joseph Lieberman, otro influyente títere del complejo militar-industrial anglosajón-sionista, expresó públicamente en Manila  el 17 de enero, que la remilitarización de las relaciones con Filipinas y otros países asiáticos es para neutralizar “la creciente influencia de China”. Y, que para garantizar la paz y el orden, es siempre necesario “prepararse para la guerra”.

 
4. La guerra cultural
 

La Guerra cultural se ejecuta sobre los ejes de los derechos humanos y derechos políticos. Las periódicas campañas subversivas sobre los derechos humanos se desarrollan según el modelo, que en el hemisferio occidental sufren constantemente Cuba y Venezuela. Lamentablemente, mucha gente bien intencionada en Occidente cae víctima de esas campañas de la principal potencia genocida del planeta. La sentencia de Noam Chomsky de 1979, de que “Washington se había convertido en la capital mundial de la tortura y del asesinato político”  ---Washington has become the torture and political murder capital of the world--- es, hoy día, más cierta que nunca.
 

La guerra cultural sobre los derechos políticos se centra en la superestructura política de la burguesía: el parlamentarismo representativo. El debate público en China sobre futuras reformas políticas se divide en dos fracciones: mantener el sistema actual, aumentando la supervisión del ejercicio de los poderes estatales, o pasar a un sistema electoral de tipo Taiwan, Hongkong y Estados Unidos. La estrategia correcta es, por supuesto, la primera: mantener el Estado centralista y avanzar la democracia socialista mediante una creciente participación popular, en lugar de introducir el corrupto sistema político plutocrático del Capital.
 

5. El poder de la agresión

 
La Nueva Guerra Fría contra China es peligrosa. Si Washington lograra la alianza militar con Japón, Indonesia, Taiwan, Corea del Sur e India, dispondría de un potencial demográfico muy superior al de China. Si Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Taiwan y el núcleo europeo otanista se unen, entonces este eje del mal controlaría alrededor del 85 por ciento de la capacidad científica del mundo. Considerando, que el potencial científico y demográfico determinará el futuro del mundo, esa situación es sumamente preocupante para China.

 
6. Washington será derrotado por la cultura

 
El demencial intento del imperialismo anglosajón-sionista de destruir a China, fracasará   por la sabiduría del liderazgo chino. Hoy día, el Estado chino es, sin duda, el Estado más funcional y eficiente del mundo contemporáneo, hecho, que es la razón principal de sus espectaculares avances económicos y del apoyo del 86 por ciento de los ciudadanos.

 
Parte de esa sabiduría partidista-estatal es, que en una reunión estratégica del año pasado, el Partido concluyó que la contradicción principal con el imperialismo  ---como diría Mao Tse Tung---  radica en la cultura. Correspondientemente, se han instrumentado medidas eficientes, tendientes a neutralizar la Nueva Guerra Fría de Obama.

 
Comparando la profundidad de las dos culturas, una con 5000 años de evolución, y otra con 236 años, su potencial en la lucha de ideas es abismal. Es difícil pensar que una nación, cuyas contribuciones básicas a la cultura de la humanidad se limitan al Burger Boy, la bomba nuclear y Madonna, podrá derrotar a la nación que inventó la pólvora, la brújula, el papel y la imprenta, y que construyó la Gran Muralla. Sólo la ceguera imperialista de Obama, tan cerca a la de Hitler, puede hacerle creer en tal posibilidad.


Lunes, 30 de Enero de 2012 13:02

Publicado enInternacional
Martes, 31 Enero 2012 19:13

Política para camaleones

Política para camaleones

Política para camaleones
Guillermo Solarte Lindo
184 páginas
22 x 14 cm
P.V.P.: $ 25.000

Lunes, 30 Enero 2012 07:41

El casino de la democracia

El casino de la democracia
Decenas de millones de dólares de los sectores más ricos y poderosos de Estados Unidos están financiando a los principales candidatos de ambos partidos en lo que se ha vuelto un casino de apuestas, más que una elección. Pero a diferencia de un casino, todos los apostadores aquí salen ganando, sin importar quién resulte electo.

En su informe a la nación la semana pasada, el presidente Barack Obama ofreció un mensaje populista enfocado en la defensa de los trabajadores y sus familias y contra la desigualdad económica; incluso denunció las prácticas del sector financiero y sus consecuencias devastadoras para las grandes mayorías. En momentos parecía que el presidente se había integrado al movimiento Ocupa Wall Street, con la salvedad de que Wall Street es uno de los principales donantes a su campaña de relección.

Detrás de la retórica populista, decenas de millones de dólares de los sectores más ricos del país contribuyen a la relección de Obama. Según el Center for Responsive Politics, unos 357 individuos de la élite económica dirigen contribuciones colectivas de sus cuates y socios de por lo menos 55.9 millones de dólares a los esfuerzos de relección de Obama (tanto a su campaña como a la dirigencia de su partido para este propósito). Y a pesar de su gran oratoria criticando al sector financiero, las contribuciones de Wall Street a través de estas donaciones colectivas –donde individuos influyentes recaudan donaciones de otros amigos y socios ricos para entregar montos de cientos de miles a uno de los partidos o una de las campañas electorales– son el segundo sector más generoso con la campaña del presidente. Han contribuido con por lo menos 9.4 millones de dólares sólo en el segundo y tercer trimestres de 2011 a la campaña de Obama. Entre los individuos donantes, muchos son empleados de las principales instituciones financieras del país, como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays y Citigroup.

De hecho, de 1990 a 2010 las contribuciones políticas del sector financiero se incrementaron 700 por ciento, según un análisis de la Fundación Sunlight. A la vez, es notable que estas contribuciones no se destinan a un partido o candidato contra otro, sino a los dos partidos. Por eso no sorprende que mientras los ejecutivos de una empresa como Goldman Sachs contribuyeron más a la campaña de Obama en 2008, la empresa está encargada de manejar la gran fortuna multimillonaria del precandidato presidencial republicano Mitt Romney.

Los multimillonarios también pueden apostar en estas elecciones a través de los llamados Comités de Acción Política (PAC), y su nueva versión, que goza de aún menos restricciones de gasto, los súper PAC, donde pueden aportar fondos sin límites para gastos de propaganda en contra o a favor de un candidato. Por ejemplo, el precandidato republicano Newt Gingrich se ha beneficiado con la aportación de 10 millones de dólares de su amigo multimillonario Sheldon Adelson (fortuna derivada de casinos de Las Vegas) a un súper PAC que trabaja a favor de su candidatura.

Adelson es el octavo hombre más rico del país, reporta The Guardian, y por él Gingrich, quien hace sólo unas semanas parecía al borde de la derrota en su intento por ser candidato presidencial del Partido Republicano, ahora tiene posibilidades de triunfar. Éstas son algunas de las donaciones más grandes a favor de un candidato en la historia del país, y ahora los fondos que inundan el sistema político-electoral se están volviendo un tsunami. "Es una carrera de armas de dinero. Uno puede imaginar un mundo donde no se puede ser electo sin el respaldo de un multimillonario", advirtió el profesor Noah Feldman, experto constitucional, en la Universidad Harvard, en entrevista con el Guardian.

Aunque 69 por ciento de las donaciones políticas desde el sector financiero en el concurso presidencial actual se ha destinado a los republicanos, en parte en castigo a Obama y a los demócratas que se han atrevido a imponer algunas reformas y regulaciones bastante tibias sobre el comportamiento de Wall Street, ambos partidos y sus candidatos dependen de la generosidad de éste y otros sectores de la cúpula económica para llegar a la cúpula política de este país.

Y una vez que los gallos a los que apostaron los millonarios llegan a la cúpula política, el flujo de dinero proveniente del 1 por ciento más rico continúa. Más de 3 mil 270 millones de dólares se gastaron en cabildeos ante el Congreso en 2011, reportó el Center for Responsive Politics la semana pasada. En 2010, el total fue de 3 mil 510 millones de dólares.

Como en todos los años, los millones en donaciones de Wall Street, con el sector de bienes raíces, el de energía, el de entretenimiento, el de abogados y bufetes y más se destinan a los candidatos de ambos partidos, subrayando que para los más ricos no importa demasiado quién gane, ya que todos llegarán a la Casa Blanca (o a una curul legislativa) gracias a su generosidad.

El negocio de la democracia, a pesar de la crisis económica más profunda desde la gran depresión, sigue en auge. Los discursos pueden ser muy bonitos, pero a veces sólo sirven para disfrazar un sistema político podrido por el dinero. Y como todos saben en Las Vegas, la casa siempre gana.
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“Para Brasil la Argentina es un problema bueno”

Historiador, experto en política internacional, militante y dirigente del Partido de los Trabajadores, Marco Aurélio Garcia fue uno de los funcionarios de Dilma Rousseff que participaron de los debates del Fórum Social Temático “Crisis capitalista, justicia social y ambiental” en Porto Alegre, que por otra parte es su ciudad natal.
 

–Según fue publicado por algunos medios, el ministro de Industria de Brasil, Fernando Pimentel, comentó las restricciones argentinas a algunas importaciones y dijo que las relaciones económicas con la Argentina eran “un problema”.

–Si vamos a encuadrar la realidad en clave de problema voy a decir algo: la Argentina es un problema bueno para Brasil. Porque en la vida de los Estados hay problemas que son buenos. Si hablamos sólo de comercio, la Argentina es un gran socio comercial de Brasil y Brasil es un gran socio comercial de la Argentina. Los dos ganan. Claro que hay problemas derivados de desequilibrios y que hay que saber cómo corregirlos. Pero también existen aspectos de difícil corrección. Hay que saber acostumbrarse a su existencia. No sé exactamente en qué circunstancias habló Pimentel, qué palabras utilizó y cuál fue el contexto exacto de lo que dijo. Pero lo conozco a él, sé lo que piensa y, sobre todo, es público lo que piensa la presidenta. Ninguna declaración significa, ni de parte del gobierno ni de Pimentel, un intento de desechar la importancia de nuestra asociación: es absolutamente fundamental para las dos economías y para el equilibrio de América del Sur. Imaginemos que por alguna razón hipotética no lleguemos a una unidad sudamericana. Eso puede pasar o no. Pero lo que es seguro es que sin unidad entre Brasil y la Argentina no la tendremos.
 

–¿Son importantes, como obstáculos, los mecanismos que traban de hecho algunas importaciones?

–Son elementos que pueden perturbar, pero nuestras relaciones no disminuyen en intensidad por ellos. Tenemos diferencias de tamaño, de complejidad de nuestras economías, que no son ni responsabilidad del gobierno actual de Brasil ni culpa del gobierno actual de la Argentina, y hablo en términos generales. No son responsabilidad de nuestros actuales ciclos de gobierno. La Argentina pasó por un larguísimo tiempo de desindustrialización derivada de políticas aplicadas, para decirlo de un modo sintético, desde 1955 hasta la crisis del Plan de Convertibilidad. Después comenzó el esfuerzo de resolver no sólo la crisis económica sino el de tratar de diseñar, también, un proyecto nacional de desarrollo. No son sólo dificultades para nosotros, sino problemas y desafíos para la Argentina. Y debo aclarar que por suerte la Argentina decidió reindustrializarse. Resolvió aprovechar la potencia industrial que se fue perdiendo bajo gobiernos de sesgo distinto, pero que en términos generales aplicaron fórmulas de liberalismo económico muchas veces combinadas con un superautoritarismo político.
 

–Más allá de las invocaciones a los libertadores y a la tradición de los pueblos, que son muy importantes, ¿en qué consistiría hoy la unidad de Sudamérica?

–Hoy día es básicamente un proyecto de integración que dé fuerza a las grandes potencialidades. Estamos hablando de grandes ofertas al mundo en materia de energía, de alimentos, de minería, de un gran mercado de trabajo, de biodiversidad, de más de un tercio de las reservas de agua del mundo, de gran diversidad climática y geográfica y de valores a primera vista inmateriales: la democracia, con gobiernos elegidos por el pueblo, y la paz. No tenemos situaciones de conflictividad importantes. Los problemas de frontera que puedan existir son pequeños y se resuelven por vía diplomática. América del Sur puede presentarse al mundo como una región privilegiada. Crece, distribuye ingreso, tiene, grosso modo, equilibro macroeconómico y es democrática. Eso no es poco, ¿no?
 

–¿Es cierto que el gobierno de Dilma es antagónico con los de Lula?

–Ese es el ardid ideológico de la oposición, que está muy mermada en Brasil. El gobierno de Dilma es un gobierno distinto, y debe serlo, como Lula Dos, que comenzó en 2007, fue distinto de Lula Uno, iniciado en 2003. En todos los casos hubo condiciones preexistentes. Dilma hoy puede ir más adelante que Lula. Y Lula mismo, Lula Dos, fue más adelante que Lula Uno. El ardid no es muy original. En la Argentina también se usa o se usó. ¿Cristina hizo un gobierno distinto al de Néstor Kirchner? Por supuesto. No existen los mimetismos personales. ¿Y el gobierno actual de Cristina no será, acaso, distinto de su primer gobierno? Naturalmente. Si hubo una inflexión positiva de Dilma en todos los casos se debió al trabajo de preparación preexistente. En economía y en política exterior, por ejemplo.
 

–¿Qué cambios hubo en política exterior?

–Pequeñas modificaciones, porque el contenido de la política exterior se mantuvo. Los pequeños cambios son consecuencia de las novedades de la situación mundial. Dilma tuvo que prestarle más atención a la situación económica internacional porque sufrió un deterioro que amenaza no sólo a Brasil sino también al orden global.
 

–Un estereotipo que puede leerse a veces en algunos medios brasileños es que el gobierno de Lula era corrupto y el de Dilma no. O que Brasil es un país corrupto.

–No creo que sea más corrupto que otros. El lector puede hacer la comparación leyendo la prensa inglesa, la francesa o la latinoamericana. Cuando hubo fueron situaciones muy especiales y siempre fueron tratadas en forma enérgica, tanto por Lula como por Dilma. También hay un ardid que consiste en tratar de separar a Dilma de Lula. Tengo una idea sobre eso: es un prejuicio de clase. Para muchos es insoportable que un metalúrgico haya sido el líder del cambio. No votaron a Dilma, pero ahora prefieren ponerle a ella el crédito de lo que anda bien desde el 1º de enero de 2003.
 

–¿Y por qué?

–Porque es universitaria y no tornera. El ardid es tonto, porque más bien que Dilma no establece diferencias. Y además el ardid olvida que en Energía y después en la Jefatura de la Casa Civil de la Presidencia, Dilma fue una pieza esencial del gobierno de Lula, a tal punto que Lula la propuso como sucesora.
 

–Ya que Brasil es el socio principal de la Argentina, ¿qué previsión tiene el gobierno para los años que vienen? El economista Luiz Gonzaga Belluzzo me dijo que en 2013 su previsión es de un crecimiento de un cinco o un cinco y medio por ciento.

–Todas las estimaciones que tenemos son de crecimiento hacia arriba, y no son una expresión de deseos sino una tendencia. De hecho, ya el último trimestre del año pasado demostró que la pequeña curva hacia abajo empezó a corregirse. Hay una cosa que nadie debe ocultar. El comercio exterior de Brasil es 12 o 13 por ciento del PBI. La dinámica de la economía está dada por el mercado interno. Entonces, un comercio exterior mejorado puede ayudar al avance no solo cuanti sino cualitativo de nuestro sistema industrial. Hoy la competitividad agrícola no deriva del viejo esquema primario-exportador sino del nivel de sofisticación tecnológica de nuestra agricultura por obra de la investigación. Ahora estamos tratando de trasladar la experiencia de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria al sector industrial y crear una especie de símil para la industria. Debería servir para inversiones de otro tipo y supondría elevar los niveles de nacionalización. Apostamos a la inversión en innovación tecnológica. En Porto Alegre se está montando una fábrica de semiconductores, de chips. Cuando eso funcione el impacto positivo sobre la balanza brasileña será impresionante.
 

–¿Cómo cuadra en ese plan el acuerdo de Dilma y Cristina para crear un mecanismo de desarrollo productivo entre los dos países?

–Es vital. Demanda un esfuerzo muy organizado. Y no sólo en el plano retórico. También podemos avanzar en el sector naval, y hay acuerdos ya en aeronáutica y defensa. Hubo experimentos en el sector de muebles.
 

–Todas las sociedades de Sudamérica debaten la regulación de los medios audiovisuales. ¿Cómo está la discusión en Brasil?

–Las medidas en relación con los medios son de gran complejidad. Cada vez que se habla de un proyecto de regulación gran parte de los medios dice que es un intento de imponer censura. Lo reiteraron con Lula y con Dilma. Cualquier opinión sobre los medios, sobre todo de alguien del gobierno, es vista como un intento de controlar la opinión pública. En Brasil hay un gran interés por el tema. El proyecto que lanzará el gobierno analizará compatibilidades en la misma área. Quiero que tengamos la posibilidad de que la sociedad pueda opinar sobre ella. Pero de verdad. Es curioso, ¿no? Cuando aparece el tema aparece en algunos un sentimiento anti-Estado y algunos se creen representantes de la sociedad civil. Pero cuando el año pasado impulsamos la conferencia nacional de comunicaciones, que fue masiva, muchos medios importantes no quisieron participar. Lo que buscan, en realidad, es una reserva de mercado. Nosotros queremos un gran debate y, mientras, seguimos con la extensión de la banda ancha.
 

–¿En Brasil pronostican la aparición de nuevos medios?

–La ventaja de los medios llamados alternativos es que no sólo no están sometidos a la presión del gran capital sino que se están expandiendo mucho. No sabría decir si en algún momento no serán más importantes que los medios convencionales. Es difícil tratar de descubrir cómo serán los mecanismos de comunicación dentro de, pongamos, diez años. A lo mejor en dos o tres años habrán ocurrido cambios más espectaculares.
 

–De todos modos, los grandes medios no lograron determinar la política en Sudamérica. Al margen de la información, cuando tomaron posición ideológica lo hicieron contra gobiernos que se legitimaron con los votos.

–Es que terminó habiendo una separación entre la opinión pública y la opinión publicada. Por eso, en mi visión el problema de la prensa como cuestión de interés social no es un problema de qué posición adopta.
 

–¿Cuál es?

–Sobre todo cuando hay de por medio una concesión pública, como ocurre en el espacio audiovisual, hay que discutir qué función debe cumplir. Separemos. Por un lado existen las presiones de todo tipo y los imperativos éticos en el ejercicio del periodismo. Lo ideal es que los periodistas produzcan información verdadera y opiniones, a favor o en contra de determinadas posiciones. Ese es un terreno distinto del que estamos discutiendo. Pero en el caso de las televisiones, que son concesión pública, más allá de la función de información debe haber una función educativa. Si uno mira la televisión, sobre todo la televisión abierta, es difícil considerar que la mayoría de los programas pueda ser considerado como una contribución a la elevación cultural.
 

–Uno podría decir que la novela de TV Globo contribuye a la elevación cultural.

–Por supuesto. Y no lo discutiría. Pero no sé si pasa lo mismo con algunos reality shows. Y no estaría mal que a la vez hubiera buenos programas de información histórica. Brasil tiene gran diversidad cultural y expresiones culturales muy importantes. Eso no aparece o aparece de forma muy reducida. Planteamos aumentar el contenido regional de las televisiones y estimular producciones independientes. No es nada raro. Ocurre en Europa. Si tuviéramos una televisión como la europea habría un gran avance. Combinan mucha información (con reglas muy precisas sobre imparcialidad) y también documentales. Pienso en la BBC. O en programas del canal Encuentro de la Argentina. Y para qué vamos a hablar de las radios... Los noticieros en las radios están llenos de comentarios absolutamente ideológicos. Cada uno se presenta como politólogo o analista que quiere ventilar su propio discurso. Las principales redes tienen una preferencia brutal por ese tipo de comentarios.
 

–Entonces lo que preocupa al gobierno no es la posición ideológica de los medios.

–Retomando la pregunta inicial de este tema, los grandes medios no influyeron políticamente en forma decisiva pero no estimularon el debate y la confrontación. No oxigenaron las discusiones. Por eso vivimos una situación paradójica. Hay transformaciones económicas, sociales y políticas muy importantes que no se reflejan en el ámbito de la producción de ideas y artística. Es distinto de lo que ocurrió durante los gobiernos de Getúlio Vargas, de Juscelino Kubitschek, de Joao Goulart, con expresiones culturales que todos conocen, desde la bossa nova al teatro de los ’50 y los ’60, pasando por la propia creación y el diseño de Brasilia.
 

–En el Fórum Temático de Porto Alegre Dilma dijo que no podía esperarse del gobierno que albergará la cumbre ambiental Río+20 en junio lo mismo que puede esperarse de un movimiento social.

–Hay dos escenarios en Río+20 que sería bueno que pudieran converger. Uno es el de los Estados, sobre todo de los gobiernos de la región. El otro es el de los movimientos sociales. Será normal que existan algunas diferencias e incluso discrepancias entre posiciones de la sociedad civil y posiciones de los gobiernos. Digo esto dejando en claro que el término “sociedad civil” no describe un campo homogéneo sino un terreno heterogéneo con contradicciones importantes. El gobierno será sensible a esas demandas, pero siempre teniendo en cuenta las limitaciones que tiene un gobierno, sean legales o políticas.
 
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Las 4 variedades del "capitalismo de Estado": "petroestados", China, Brasil y "el Kremlin"
A juicio de The Economist (ver Bajo la Lupa, 25/1/12), portavoz del neoliberalismo global, el "capitalismo de Estado" exhibe "un tema con variaciones idiosincráticas".

Adrian Wooldridge considera que "lo más sorprendente de las empresas estatales es su pleno poder colectivo en el mundo emergente", que las ha hecho"más ricas" que en la década pasada: las 121 principales empresas estatales de China aumentaron sus activos totales de 360 mil millones de dólares en 2002 a casi 3 billones de dólares en 2010. Un año después a la crisis de 2008, 85 por ciento de 1.4 billones de dólares de préstamos bancarios fueron para las empresas estatales. No es por nada, pero es mi hipótesis sobre el éxito poco auscultado de China y Brasil, quienes conservaron su banca estatal (a diferencia de la mediocridad del "México neoliberal": ver Bajo la Lupa, 18 y 20/1/12).

Aduce que los "gobiernos se han vuelto más sofisticados y prefieren ejercer el control a través de la propiedad de sus acciones" y "a veces poseen todas las acciones" (v.gr. Petronas de Malasia).

UNCTAD define a una empresa como estatal cuando el Estado posee más de 10 por ciento de las acciones. Varios gobiernos manejan el arte de controlar empresas por medio de participaciones minoritarias, como Rusia, donde el Estado retiene las acciones principales ("doradas") en 181 empresas con vocación internacional. ¡Pues sí!: nada más en el "México neoliberal" se regalan las empresas al peor postor y al mejor impostor (v.gr. desde el gas hasta los ferrocarriles).

Adrian Wooldridge, autor del "reporte especial" sobre el "capitalismo de Estado", cita el libro El partido, de Richard McGregor, quien apunta que los ejecutivos de las 50 principales empresas chinas tienen una "máquina roja" junto a sus terminales de Bloomberg (la agencia financiera neoyorkina), que los vincula en forma instantánea y encriptada al alto mando del Partido Comunista.

El "partido de Estado" ejerce "un gran control sobre la economía, sin paralelo en el resto del mundo capitalista-estatal". Su poder se ejerce por medio de dos instituciones: Comisión de Supervisión y Administración de los Activos Propiedad del Estado (SASAC) y el Departamento de Organización del Partido Comunista (DOPC).

SASAC, que detenta acciones en las principales empresas, "es el accionista controlador más grande del mundo" y su objetivo es implementar la "sociedad armónica". ¡Pues qué bueno!

Señala que el "núcleo duro del sector propiedad del Estado es el petrolero", lo que coincide con la tesis de mi libro La desnacionalización de Pemex (con el prólogo tonificante de AMLO; Jorale, 2009): "13 gigantes (¡súper sic!) controlan más de las tres cuartas partes del abasto mundial del petróleo".

El Estado chino posee 90 por ciento de las acciones de PetroChina (que cotiza en la bolsa neoyorquina) y 80 por ciento de Sinopec. No podían faltar las peores críticas a PDVSA y Pemex, los que todavía no sucumben a las garras depredadoras de las añejas Siete Hermanas anglosajonas.

Alaba a Petronas (Malasia) y Aramco (Arabia Saudita), a las que considera "tan bien (sic) manejadas como las petroleras privadas". ¡No se mordió la lengua después de la devastación ambiental de BP en el Golfo de México!

Las empresas estatales no se confinan al ámbito doméstico y han adquirido, como Gazprom, empresas en Europa y Asia, así como China que ha realizado acuerdos de todo género en África (en especial en Angola, donde el "México neoliberal panista" cerró absurdamente su embajada).

De las 15 petroleras que cita The Economist, medido por reservas probadas de petróleo y gas (2010), en mil millones de barriles de "petróleo equivalente", 13 (¡súper sic!) son estatales y solamente dos son privadas (en mediocres últimos lugares): ExxonMobil (Estados Unidos: 22 mil millones, lugar 11) y Lukoil (Rusia: último lugar, 8 mil millones).

Resplandecen en los primeros sitiales las estatales: 1) NIOC (Irán: 310 mil millones); 2) Saudi Aramco (305 mil millones); 3) PDVSA (¡Venezuela!: 225 mil millones); 4) Kuwait Petroleum (110 mil millones); 5) Gazprom (Rusia: 108 mil millones); 6) Qatar Petroleum (105 mil millones); 7) NOC, SOC, MOC (Irak: 90 mil millones); 8) ADNOC (Emiratos Árabes Unidos: 80 mil millones); 9) Turkmengaz (Turkmenistán: 48 mil millones); 10) Libia NOC (25 mil millones); 12) PetroChina (China: 30 mil millones); 13) NNPC (Nigeria: 20 mil millones); 14) Rosneft (Rusia: 10 mil millones).

Ahora se entiende perfectamente la razón por la cual la OTAN busca apoderarse de los hidrocarburos de Irán, ya no se diga de Venezuela.

Admite que en la pasada década "Rusia ha tenido un reforzamiento notable del poder del Estado", a diferencia de la "privatización salvaje" de Yeltsin. ¿No fue el caso similar a la privatización alocada del "México neoliberal"?

Ahora "el Estado ruso controla la cúpula de la economía por medio de la propiedad indirecta de las acciones", con las mayores tajadas de las principales y más estratégicas empresas: Transneft (oleoductos), Sukhoi (aviones), Unified Energy Systems (gigante eléctrico), etcétera.

Fustiga que los vilipendiados "oligarcas" del sector privado han sido sustituidos por anteriores funcionarios del espionaje soviético vinculados con el premier Putin, quien preside el consejo de Vnesheconombank, banco de desarrollo que controla los activos más lucrativos: petróleo, gas, energía nuclear, diamantes, metales, armas, aviación y transporte. ¡Todo lo contrario de Banobras! (que dirigió en forma mediocre Calderón).

Este "capitalismo del Kremlin" está "dominado por un puñado de firmas gigantescas controladas por un grupo de espías (sic), cuando dos empresas controladas por el Estado, Sberbank y Gazprom, representan más de la mitad de la rotación de la bolsa rusa". En forma relevante, los "fondos soberanos de riqueza" (WSF) del Estado ruso han comprado empresas foráneas.

Juzga que Brasil es el "miembro mas ambiguo (sic) del capitalismo estatal: una democracia que también adopta muchas de las características del capitalismo anglosajón". Después de su empuje privatizador en la década de los 90 ahora "se mueve en una nueva dirección": el gobierno ha colocado recursos en un puñado de campeones estatales: en recursos naturales y Telecom” mediante un "nuevo modelo de política industrial" que sustituye la propiedad gubernamental "directa" con la "indirecta" a través de su Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) y su subsidiaria de inversiones BNDESPAR (¡con activos de 53 mil millones de dólares!). Vuelve a relucir mi hipótesis sobre la posesión ineludible de una banca nacional como prerrequisito del éxito geoeconómico.

Arguye que a los "capitalistas estatales les gusta dar el ejemplo de los recientes éxitos de China frente los crecientes fracasos de Estados Unidos", cuando “es muy posible que el capitalismo estatal funcione bien en algunas áreas (v.gr. infraestructura) y muy mal en otras (v.gr. bienes de consumo)”.

Adrian Wooldridge sucumbe en una esquizofrenia profesional al pretender que las "variedades del capitalismo estatal tienen una cosa en común: los políticos tienen mucho más poder de lo que tienen en el capitalismo neoliberal".

A mi juicio, el grave problema del fracasado neoliberalismo global fue haberse olvidado de la política, "el arte de lo posible", mientras hizo de las finanzas y la contabilidad la alquimia de lo imposible.

http://alfredojalife.com

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“El progresismo puede tener varios años por delante”
Nacido en Pontevedra y emigrado con su familia a Francia, Ignacio Ramonet dirige hoy Le Monde Diplomatique en español. Fue uno de los animadores del primer Forum en 2001 y es uno de los periodistas que más recorren el mundo y observan sus distintas realidades.

–Sobre el final del Forum hay derecho a preguntarse si fue útil y qué cambió respecto del primer foro, el del 2001.

–Cuando el foro se creó, no había en América latina otro gobierno de los que yo hoy llamo neoprogresistas que no fuera el de Hugo Chávez, que además vino al foro. Al año siguiente, en 2002, por primera vez Chávez se declaró socialista. También vino Lula cuando aún no era presidente, sino candidato. Ahora en cambio los gobiernos neoprogresistas están llevando a cabo las políticas de inclusión social y al mismo tiempo el foro es menos un foro de los movimientos sociales. Es un foro en el que se discutió la crisis europea, el movimiento de los indignados en general (los chilenos, Wall Street, etcétera) y la cuestión de la memoria. La jornada de Flacso del viernes, el día de conmemoración del Holocausto, fue una de las actividades centrales. La organizaron el Forum Social Temático y el Foro Mundial de la Educación. Hasta ahora ésos no eran temas del foro. Los indignados son un tema que no lleva más de un año, y el debate sobre la memoria no se había planteado de esa manera. Dominaban el antiimperialismo y la denuncia de las guerras de los Estados Unidos en Irak o en Afganistán. Se está llegando a un nivel diferente. Los gobiernos aquí en Sudamérica lo están haciendo globalmente bien. Pero ojo, llega una nueva etapa y hay que mejorar ciertos aspectos cualitativos.

–¿Qué habría que mejorar en América del Sur?

–No creer que esta bonanza que está viviendo América latina va a ser duradera. Depende del éxito norteamericano y europeo y de si hay baja o no en la economía china que afecte a potencias agrícolas o mineras.

–Uno de los puntos es cómo aprovecha América del Sur su actual ventaja por los precios beneficiosos de los productos primarios que vende para que otra vez el rédito principal no sean palacios franceses en medio de la pampa húmeda.

–La economía funciona por ciclos. En Europa no podemos hablar de palacios en medio de la nada pero sí de grandes aeropuertos modernísimos que ahora casi no funcionan u óperas en medio de ciudades pequeñísimas. La riqueza ha pasado y no siempre se ha sabido aprovechar. Aquí, en Sudamérica, la solución es crear más y más mercado interior. Y mercado interior protegido. Y también ampliar los intercambios en el marco de la solidaridad latinoamericana. Ahora el mercado latinoamericano tiene que articularse para que haya masa crítica para todos. Si no, Brasil se desarrollará pero Uruguay no. Ahora que desaparecieron 80 millones de pobres hay una clase media que consume. Brasil introdujo la tasa sobre la producción de automóviles frente a China y aumentó esa tasa en un 30 por ciento. Es protección y es correcta.

–¿Qué discusión mundial nueva apareció en el Forum?

–Por lo pronto, muchos constataron que, más allá de las opiniones, la globalización existe. Si existe hay que analizarla y ver cómo evitar los inconvenientes de la globalización. A escala mundial en una mesa sobre la crisis del capitalismo, una de las opiniones fue que había que pensar quizás en desglobalizar y reducir la globalización. No hay solo una crisis económica. Hay una crisis de la política, de la democracia, alimentaria, ecológica. Muchos países latinoamericanos no están pensando en las otras crisis, en particular en la ecológica. Boaventura de Souza Santos subrayó que no es normal que se acuse a comunidades indígenas y se las acuse de terroristas cuando quieren proteger el medio ambiente. Las realidades van cambiando. El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que antes ocupaba tierras, no lo hace porque no las tiene. Cualquier pedazo de tierra es soja. Y como el MST cuando se asienta realiza producciones ecológicas, el agronegocio se lo reprocha.

–La discusión ecológica es clave también porque habrá una cumbre mundial en Río en junio.

–La precaución ecológica es algo que se ha recordado y que en cierta medida hace que los gobiernos estén pensando en hacer las cosas bien. Dilma dijo que quería dar casas a la gente. A mí me parece muy bien, realmente muy bien. Pero tengamos cuidado de no llegar al pragmatismo chino, que en nombre del desarrollo destruye lo que se oponga a esa idea, y terminemos entrando sin necesidad en una gran contradicción.

–Dilma diría: “Está bien, Ignacio, pero yo tengo que gobernar Brasil y terminar con la miseria”.

–Es que la preocupación ecológica y la social no se oponen. El Forum apreció mucho que Dilma haya decidido venir aquí y no haya viajado al Foro de Davos. Cuando Lula vino y dijo que luego se marchaba a Davos, alguien le dijo: “No se puede servir a dos amos a la vez”. Es una frase bíblica. “Hay que escoger.”

–Quizá Lula necesitaba ir a Davos porque también eso ayudaba a la consolidación política de su gobierno y en cambio hoy Brasil no necesita de Davos.

–Claro, las condiciones cambian. Y el foro debe cambiar también. Antes muchos dirigentes o presidentes venían a nutrirse. Chávez y Lula, a quienes ya nombré. También Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo. Para algunas discusiones, una reunión del foro puede tener hoy un mayor sentido en Europa, para discutir allí mismo la tremenda crisis. El año próximo está previsto que tenga lugar en un país árabe, porque los movimientos sociales no sólo se están desarrollando, sino que han conseguido ganar en dos países. Y hay nuevas discusiones, por ejemplo entre movimientos sociales laicos y movimientos sociales islamistas.

–¿Qué podría discutirse en Europa?

–En Europa hay ya algunas discusiones que se producían en América latina. Una idea de que la política está gastada y hace falta una renovación política. Que la sangre y la vitalidad nueva van a venir por el movimiento social. De esa vitalidad puede surgir un cambio. Este foro no tendría el mismo sentido organizado en Madrid, Atenas o Barcelona, donde hay sociedades que sufren y a la vez registran en algunos sectores gran voluntad de cambio. Aquí, en Sudamérica, por suerte para ustedes, hay situaciones donde la preocupación es seguir creciendo y cómo hacerlo mejor.

–¿No hay un riesgo de endiosar a los movimientos sociales como factores de cambio? Si no hay construcción política, ¿no se diluyen?

–Sí, es importante ver cómo se pasa de un momento a otro. Todavía no estamos en esa etapa en Europa, me parece. Aún no. Nadie expresa mejor el sufrimiento social que el movimiento social. Pero si no se da el paso a la política, todas las grandes crisis siempre sirven a la extrema derecha, que aparece como bajo la forma de movimientos y partidos antisistema. Prometen los cambios más radicales, demagógicos, transformacionales. Es importante que el sufrimiento social se encarne en movimientos que tengan vocación de implicarse en la política.

–¿Por qué todavía no ocurre ese paso?

–Entre otras cosas, en mi opinión, porque hacen falta líderes. Hasta el momento el movimiento social incluso rechaza tener líderes. Son muy igualitaristas desde el punto de vista del funcionamiento democrático. Es como la enfermedad infantil del movimiento social. Ya llegará el momento de la adolescencia o la madurez, cuando seguramente se generarán líderes. No líderes salvadores. Hablo de dirigentes democráticos que puedan entender al movimiento social y ayudarlo a encontrar respuestas. Después de la crisis del sistema político venezolano, el final de lo que se llama el “puntofijismo”, ¿habría habido cambios sin Chávez y lo que él representaba? Y me hago la misma pregunta con Ecuador y Correa, Bolivia y Evo, Brasil y Lula, la Argentina y Kirchner.

–¿Y cómo funciona la relación entre los líderes, los movimientos y los partidos en esos países de Sudamérica?

–Mi percepción es que hoy los partidos tienen menos influencia que hace diez años y los movimientos sociales también porque los gobiernos están haciéndolo todo. Los líderes de los gobiernos conducen el cambio. Hubo una energía social que produjo el cambio pero el cambio está tan encarrilado que a veces hay una desvitalización de la política que paradójicamente no molesta demasiado.

–Tal vez con las construcciones políticas ocurra lo mismo que con los ciclos económicos. Quizá deban o puedan ser realizadas antes de que el ciclo actual de gobiernos sudamericanos termine.

–La función de estos gobiernos es muy semejante a la de los gobiernos europeos de los años ’50 que, esencialmente, fueran conservadores o progresistas, tenían como funciones construir el Estado de bienestar, reconstruir cada país después de la guerra y aumentar el nivel de vida de la gente. Eso les dio 40 años de estabilidad política. Pero se terminó. Si los neoprogresistas sudamericanos no lo hacen demasiado mal, quizás haya por delante varios decenios como si fueran la socialdemocracia nórdica. Hoy mejoran estructuras, el nivel de vida, crean trabajo. No es casualidad que sean gobiernos neoprogresistas los que están trabajando bien. Así ocurrió con los viejos partidos socialdemócratas. Además, la construcción del Estado de bienestar y el aumento del nivel de vida termina con cualquier tipo de recurso para las oposiciones tradicionales conservadoras. Ahora la gente percibe cómo los países reconstruyen sociedades derruidas. Las favelas eran pensadas como una fatalidad. Para la derecha, era así porque es así. Pero la fuerza de la derecha desapareció, y también el elemento militar. Las leyes de la memoria son las que deben culpabilizar –sin venganza, con documentos y base histórica sólida– y establecer responsabilidades. No vengarse, sino terminar con la impunidad. A pesar de que lo que voy a decir parece escandaloso, estamos en el momento más fácil de Sudamérica. Si no hay errores y una gestión tranquila, los gobiernos de signo neoprogresista pueden quedarse en el poder mucho tiempo. Por eso hay que pensar bien las sucesiones políticas. En la Argentina eso funcionó bien. En Brasil, lo de Lula fue ejemplar. Es una lección. Y por eso hoy Dilma tiene más aprobación popular de la que tenía Lula en su primer año de gobierno.
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Domingo, 29 Enero 2012 16:05

Obama 2012

Obama 2012
Obama se metió de lleno en la campaña esta semana con el discurso del Estado de la Unión, en cadena nacional con aceptable rating, ante la mayor audiencia que va a tener hasta que acepte la nominación de su partido el seis de septiembre en la convención de Charlotte, Carolina del Norte. Por cómo se vienen dando las cosas, hay que decir que no desaprovechó la oportunidad. Mientras los republicanos se mataban entre ellos en Florida y pateaban la pelota afuera hablando de inmigración porque no tienen un plan para salir de la crisis, Obama eligió la escenografía del Capitolio y las caras largas de sus principales figuras para mostrar su costado más combativo.

Acá hay que hacer un paréntesis y olvidarse un poco de lo que fueron estos cuatro años de Obama a nivel internacional, de las promesas incumplidas y las expectativas defraudadas. Al votante estadounidense eso mucho no le importa. En su discurso del martes pasado, de setenta y siete minutos Obama le dedicó un total de seis a la política exterior.

El resto del tiempo fijó su mensaje de campaña, recorrió sus cuatro años de gobierno y reconoció con cierto fastidio no haber cumplido su principal promesa, la de unir el país, aunque culpó a los republicanos de habérselo impedido.

El mensaje de campaña es el siguiente: los millonarios tienen que pagar más impuestos para distribuir con más equidad los costos de la salida de la crisis. Se monta en el slogan “nosotros somos el 99 por ciento” del popular movimiento Occupy Wall Stret, que tiene el apoyo de dos tercios de la sociedad estadounidense. Mientras tanto, los republicanos se niegan religiosamente a subirles los impuestos a los ricos. “En este momento, por agujeros y refugios en el código impositivo, un cuarto de todos los millonarios pagan tasas más bajas que millones de hogares de clase media. La secretaria de (el conocido archimillonario) Warren Buffett paga una tasa más alta que él. ¿Queremos mantener estos recortes impositivos para los estadounidenses más ricos?”

Al iniciar el repaso de su gobierno, Obama no se privó del viejo recurso de apelar a la herencia recibida. Dijo que cuatro millones de empleos se habían perdido antes de que asumiera y otros cuatro, hasta que sus medidas económicas empezaron a funcionar. Desde entonces se recuperaron tres millones de trabajos y vamos por más, arengó el presidente. “En el 2008 colapsó el castillo de naipes. Aprendimos que la gente había comprado hipotecas que no podía pagar, ni siquiera entender. Bancos que hicieron grandes apuestas y se entregaron grandes bonificaciones con dinero ajeno. Reguladores habían hecho la vista gorda o no tenían autoridad para frenar el mal comportamiento. Estuvo mal. Fue irresponsable. Hundió la economía en una crisis que dejó a millones de personas sin trabajo y nos cargó con más deuda, dejando que los ciudadanos comunes se hagan cargo de la cuenta.”

En cuanto a su promesa principal, no hizo falta que la recordara. Había dicho muchas veces que no quería un país dividido por barreras políticas. “No quiero un país de estados rojos y estados azules sino de Estados Unidos”, era la frase que usaba. Obama se vendió como un político moderno que está más allá de los partidos, un hacedor que sabe encontrar el punto de equilibrio para generar consensus y avanzar en temas importantes. Eso no pasó durante su gobierno, aunque nadie puede decir que no lo intentase. Su gran iniciativa, la reforma del sistema de salud, sólo llegó a aprobarse porque tenía una buena mayoría en el Congreso, después de largos meses de inútiles intentos de obtener apoyo bipartidista y tras cajonear los aspectos más audaces de la reforma, como la creación de un sistema estatal para que compita con los proveedores privados. Cuando Obama perdió esa mayoría legislativa en el 2010 el Capitolio se trabó y no volvió a salir una ley importante. Entre las iniciativas prometidas por Obama quedaron pendientes una reforma migratoria y una ley para promover el uso de energía limpia.

Obama no le escapó al tema. Reconoció su fracaso y dio a entender que la política no se puede arreglar, que lo intentó pero no pudo, y que de ahora en más hará las cosas a su manera. “No importa a qué partido pertenecen. Apuesto a que la mayoría de los estadounidenses están pensando ahora: nada se va a hacer este año, o el próximo, o quizá el que venga después del otro, porque Washington está roto. Podés culparlos por sentirse un poco cínicos?”

Tampoco se puede culpar a Obama por plantarse un poco ante la endeblez de los republicanos. La semana pasada una encuesta del The Washington Post lo colocó en un cincuenta por ciento de aprobación, su nivel más alto en muchos años. Y esto no es sólo porque pequeñas señales alentadoras brotan en distintos sectores de la economía. También es porque después de años de negociaciones frustradas Obama se puso firme en julio y en diciembre para salvar partes de su plan de salud y un recorte impositivo muy popular con la clase media, respectivamente, de las afiladas tijeras de los legisladores republicanos.

Esas batallas ganadas fortalecieron al presidente, al tiempo que el movimiento Occupy desplazaba al Tea Party del centro del debate cultural. Los nuevos culpables pasaron a ser los millonarios con privilegios. Para los Tea Party los culpables de todo eran los políticos gastadores, sobre todo ese demócrata negro que ocupa la Casa Blanca.

Pero en estos días los Tea Party no se hacen oír por ningún lado. El debate republicano se diluyó en un juego de chicanas para ver quién podía mostrarse más duro con los inmigrantes sin caer en frases hirientes o pensamientos racistas. Agravios, disculpas, aclaraciones, basura sobre las esposas de Gingrich y los negocios de Romney, declaraciones cruzadas y más puterío.

En medio del ruido no se escuchó a ningún republicano hablar de un plan para mejorar la economía o el lugar de Estados Unidos en el mundo, alguien que aparezca como una amenaza para la reelección de Obama, que es lo único que le importa en este momento. Al contrario, los excesos verbales de Gingrich para hacerse escuchar en Carolina del Sur parecen haber sepultado sus chances en Florida y comprometido seriamente su futuro, ya que en el fondo lo único que le interesa al votante republicano es que su candidato le pueda ganar a Obama el seis de noviembre. Gingrich insiste en demostrar que él no es esa clase de conservador. Dice barbaridades todo el tiempo. No es discreto ni despierta simpatía ni suena sincero en sus convicciones.

Entonces queda Romney, el candidato ideal para Obama. Un millonario que paga pocos impuestos y encima lo admite. Un tipo que viene de un estado liberal, donde nombró jueces progresistas y pasó una reforma de salud que sirvió de modelo para la que hizo Obama a nivel nacional. Encima mormón. Todo bien con los mormones, un presidente mormón sería algo novedoso, bienvenida la novedad. Pero tanta atención puesta en la vida religiosa de Romney de algún modo refuerza su fama de aburrido.

Todo bien por ahora, pero Obama sabe que está jugando gratis en tiempo prestado, que la siesta republicana puede terminar rápido. Tanto que si Romney saca una buena diferencia el martes en Florida no sorprendería que los demás levanten la bandera blanca. Salvo algún rezagado que elija seguir en carrera para vender más cara su capitulación, el resto del partido se encolumnará detrás del candidato inevitable. Entonces el empresario mormón pasará a ser un tipo carismático, preparado y divertido, firme pero con un costado sensible. Entonces empezará la verdadera campaña, la que los motiva en serio, la de bajar a Obama como sea. Parece medio pobretón.

Sobre todo porque el Obama 2012 ya está, ya tiene mensaje, apoyos, plan. El tema es después. ¿Retomará con los republicanos? ¿Mantendrá el personaje quejoso y fastidioso de la campaña? ¿Veremos a un Obama más combativo, menos conciliador? ¿Cumplirá alguna de sus promesas? Mucho depende de lo que pase de acá a noviembre, pero es probable que haga lo que está en su naturaleza, lo que puede esperarse del primer presidente negro que paga el costo de pertenecer. Negociar, conciliar, avanzar sólo cuando se pueda, retroceder sólo cuando haga falta. El Obama modelo 2012 no despierta grandes ilusiones, pero se muestra sólido ante un electorado que, a falta de opciones atractivas, parece dispuesto a darle una segunda oportunidad.

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Partido Comunista de China se abre al Socialismo del Siglo 21

La apertura debativa al Socialismo científico del Siglo 21, por parte de la única potencia mundial gobernada por un Partido Comunista, aparece como brisa oxigenante en una coyuntura de obstáculos a la evolución del postcapitalismo global.                                                                          
 

1. El Diario del Pueblo abre el debate

 
En un evento de trascendencia histórica, el diario oficial del Partido Comunista de China (PCC)   ---Renmin Ribao o Diario del Pueblo---  introdujo el 16 de enero del presente el Socialismo del Siglo 21 al debate público del país.  En una página entera sobre la crisis capitalista y sus alternativas elogia la propuesta del Socialismo del Siglo 21 por su creatividad y por tematizar el papel del poder en los cambios sistémicos. Juzga también que la teoría tendrá grandes implicaciones para el futuro de la humanidad. Esas son palabras mayores de un periódico que es el diario más importante de la República Popular de China, que imprime 2.52 millones de ejemplares en mandarín; entre tres a cuatro millones a nivel global y que es el décimo periódico más vendido del globo.
 

2. De la UE a China, de Berlin a Beijing

 
El Partido Comunista de China ha abierto, por lo tanto, el espacio de debate oficial  al único modelo científico de la civilización postcapitalista que hoy día existe, y que presentamos en  la Oficina de la Unión Europea en Berlin, a fines de octubre del 2011, con eurodiputados y la vanguardia científica mundial en la materia. La publicación sobre el S21 en Renmin Ribao, con la autoría de dos profesores de la Shanghai University of Finance and Commerce (Xiaoqin Ding) y de la Chinese Academy of Social Sciences (Cheng Enfu), sigue a apenas cuatro semanas de la publicación de dos páginas enteras sobre la misma temática en uno de los dos semanarios alemanes más importantes, Die ZEIT. Ese periódico de corte liberal, que cuenta con un tiraje de 600.000 ejemplares, publicó el 15 de diciembre una larga entrevista sobre el Socialismo científico y democrático del Siglo 21, que me hiciera su redacción de economía en la norteña ciudad de Hamburg.

 
3. El tiempo objetivo del Socialismo del Siglo 21 ha llegado
 

El hecho, de que el Socialismo científico del Siglo 21 haya entrado en las páginas del diario oficial de la principal potencia socialista del mundo (China) y en la prensa burguesa decisiva de la  cuarta potencia capitalista mundial (Alemania), se debe a tres factores.

 
1. Ante la crisis existencial del capitalismo, sectores de su clase intelectual realizan búsquedas trans-clasistas para encontrar la salvación del sistema. En China, en cambio, la maduración del proceso de “reforma y apertura” obliga a encaminar la política nacional hacia una forma superior de Socialismo científico y democrático, so pena de caer en el modelo de Hongkong y Taiwan. Esa necesidad sistémica interna es agravada por la Nueva Guerra Fría, que el pelele del complejo militar-industrial anglosajón-sionista, Barak Obama  inició en el año de 2009, para destruir el proyecto histórico principiado por Mao Tse Tung.
 

2. La segunda razón del éxito radica en la calidad del paradigma científico del Socialismo del Siglo 21, que ha logrado el movimiento respectivo de investigadores y grupos sociales en largos años de trabajo. Lo que hoy es el sujeto colectivo de vanguardia nació hace tres lustros en la cooperación de las Escuelas de Bremen (Peters, Stahmer, Dieterich) y Glasgow (Cockshott, Cottrell); se enriqueció con los movimientos sociales de la Patria Grande en el Bloque Regional de Poder Popular y, hace algunos años se convirtió en sujeto tricontinental, con la participación de “los hijos del Dragón”.

 
3. La tercera razón reside en la lógica de la evolución objetiva de la especie, cuya verdad ideal  ---es decir, en forma de idea---  ha sido captada con sublime inteligencia en la sentencia de Victor Hugo, de que nadie puede impedir una idea, cuyo tiempo ha llegado.

 
4. La única alternative disponible

 
La apertura debativa al Socialismo científico del Siglo 21, por parte de la única potencia mundial gobernada por un Partido Comunista, aparece como brisa oxigenante en una coyuntura de  obstáculos a la evolución del postcapitalismo global. Entre ellos, hay que mencionar a la sedimentación definitiva  de los gobiernos progresistas latinoamericanos en el desarrollismo burgués. Es correcto apoyar a Evo, Chávez, Correa et al como alternativa socialdemócrata al neoliberalismo. Pero, ninguno de ellos ha creado estructura institucional alguna, que trasciende a la economía de mercado o al parlamentarismo burgués, ni lo va a hacer. Los consejos estratégicos de Fidel, si bien han sido de carácter defensivo-estratégico en las últimas décadas y no proactivos a favor del desarrollo del socialismo científico post-soviético, ya no se oyen. Y el poco tiempo que le queda a Raúl, lo dedica a la salvación de  la Revolución Cubana, tratando de organizar la transición del modo de producción de Stalin al modo de producción de la Nueva Economía Política de Lenin y Deng Hsiao Ping.

 
Los movimientos de protesta surgidos a raíz de la crisis de 2008, a su vez, están en una etapa de maduración teórica que tomará mucho tiempo todavía para parir Nuevos Proyectos Históricos postcapitalistas, con solidez objetiva. El agotamiento del populismo “socialista” de Chávez, las sistemáticas confusiones creadas por los intelectuales burgueses y los “postmodernos socialistas”, completan el panorama.

 
5. Los pueblos con la ciencia construyen el Socialismo del Siglo 21

 
Ante el abandono de la alternativa postcapitalista por los gobiernos progresistas latinoamericanos, el Segundo Encuentro Internacional del Bloque Regional de Poder Popular (BRPP) ---que se realizó en Barquisimeto, Venezuela, en marzo del 2009---  se efectuó bajo el lema: Los pueblos con la ciencia construyen el Socialismo del Siglo 21. Hemos seguido trabajando con esta lógica, independientes y sin el dinero de los Estados, y el éxito nos ha dado la razón. A tal grado, que ahora se abre la posibilidad de que nuevamente un Estado socialista entre en la dinámica de la evolución del futuro post capitalista.
 

Bajo el beato signo del dragón, tendríamos que modificar entonces la consigna de Barquisimeto, volviendo a decir que “Los pueblos con la ciencia y los Estados progresistas construyen el Socialismo del Siglo 21.” Esta sería una Santa Trinidad que encantaría al Angelus Novus de la historia.
 

 Ultima modificacion el Lunes, 23 de Enero de 2012 22:06

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