La caravana de innumerables vehículos (más de 220, entre chivas, caminones) que compone la Minga social y comunera de los pueblos indígenas, se deslizó este martes 18 de noviembre como un gran cienpiés por la carretera que conduce de Fusagasugá hasta el sur de Bogotá, para arribar en horas de la tarde al municipio de Soacha.

Al llegar al peaje instalado en las goteras del municipio, los miles de indígenas, delegados de cientos de cabildos de todo el país, se apearon de los vehículos e iniciaron la marcha hacia el Parque central de Soacha. Fue en este mismo momento en el cual los Mayores curanderos de distintos cabildos, con cantos y rezos sagrados, hicieron un ritual en honor al agua. Ritual que tuvo como telón de fondo el compromiso de los pueblos indígenas por defender este recurso vital. Todo en el marco del Referendo por el agua, el cual pasó el umbral de firmas exigido por la legislación colombiana para ser considerado como proyecto prioritario por el Senado.

Luego, un río humano monumental partió por el Autopista Sur, mientras los transeúntes curiosos miraban y saludaban a los marchantes. Atisbos de cansancio pero manifestaciones innegables de regocijo marcaron los pasos de los miles de caminantes. Al llegar al Parque central de la municipalidad hubo un acto en el que se le dio bienvenenida a la Minga. Allí se permaneció alrededor de una hora. Después se partió hacia el Coliseo León XIII de Bosa.
La minga se acerca al punto final de su recorrido para instalar un Plan de acción y un debate nacional capaz de cimentar una agenda de los pueblos y sectores sociales de Colombia.

Pero, como lo indica Feliciano Valencia, Consejero del Cric y uno de los voceros de esta movilización, “La Minga no se agota allí. Se trata de una perspectiva que trasciende el paso por distintos municipios y ciudades. Esta movilización espera avanzar y poner ante el gobierno nacional nuestras exigencias”.

Exigencias que giran entorno a la negativa de firmar tratados de libre comercio lesivos, en los que se le entregaría los recursos naturales a las transnacionales; la derogación de marcos legislativos perjudiciales como la Ley forestal, Código minero y demás estatutos; el respeto a la vida de los pueblos indígenas; y el cumplimiento de los acuerdos pactados.

Los comuneros pernoctarán en Soacha hasta el próximo jueves, día en el que la Minga marchará hacia la Universidad Nacional, luego de la Audiencia por celebrarse sobre el asesinato de numerosos jóvenes habitantes de esta parte del país o los “falsos positivos”.

El miércoles 19 se llevará a cabo un encuentro con organizaciones sociales, donde se compartirá la palabra con los habitantes de este municipio y numerosas delegaciones que se espera lleguen de Bogotá. Sin duda, un espacio donde se continuará dedondeando el qué hacer del movimiento social y sus expresiones política en Colombia.

Por: Julián Carreño

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A pesar de las órdenes del presidente Álvaro Uribe Vélez de no permitir el arribo de los indígenas a la capital del departamento del Tolima, Ibagué, éste 12 de noviembre comuneros, mujeres y hombres, jóvenes, niños y adultos, ingresaron hasta su parque principal.

Como estaba previsto, a las 8 a.m., la marcha tomó rumbo hacia el centro de  Armenia, capital del departamento del Quindio, región cafetera de Colombia. Desde el estadio Centenario, lugar donde instalaron sus carpas y cambuches los más de 5.000 indígenas que hasta ahora se han reunido procedentes de los distintos resguardos del Cauca y otras regiones del país, se tomó rumbo hacia la Plaza de Bolívar, principal parque de la ciudad. Allí se llevó a cabo un emotivo recibimiento en el cual consejeros indígenas y representantes de organizaciones sociales locales, hablaron del sentido de la resistencia en un contexto de globalización económica y expropiación de tierras que ocupan estas comunidades milenaria y ancestralmente.

Luego, entre chivas y camiones, los marchantes se dirigieron hacia la ciudad de Ibagué, atravesando las escarpadas montañas que componen el conocido alto de la Línea. Se bordeó el municipio de Cajamarca, donde una comisión de médicos tradicionales se adelantó para realizar una ceremonia de autorización dirigida al volcán cerro Machín, con actividad sísmica durante los últimos días. Con el ritual se le pedía permiso al volcán, para poder proseguir y regresar sin tropiezos.

Aunque los rumores de gresca en Ibagué podrían socavar la valentía, los indígenas siempre estuvieron firmes. Los rostros seguros y un ritmo fuerte y rápido. Una marcha que no vaciló un solo paso durante el día. Para evitar enfrentamientos se logró comunicación directa con el alcalde de la ciudad, así como con su secretario de Gobierno, los cuales autorizaron la entrada a la urbe.

En efecto, al avanzar por el sitio conocido como el Boqueron (a 6 kilómetros de la ciudad) apareció el Ejército, el cual dispuso una operación psicológica dirigida hacia la Minga: brindaron agua y recibieron el equipo humano con una valla de bienvenida. Más adelante estaba apostado el Esmad, los carabineros y la Policía, los cuales, contrario a lo asegurado por las autoridades civiles locales, aplicaron un embudo para impedir que la marcha prosiguiera en pro de su meta. Los roces y las palabras fueron y vinieron pero los comuneros no se contuvieron y con decisión mantuvieron su rumbo. Se rompió el embudo y se corrió para ganar el conjunto de la calle.
Finalmente, las autoridades dejaron la provocación a un lado y permitieron el paso de la marcha. Con alborozo y el sabor de no darle la razón al Gobierno nacional, la Minga entró en la ciudad, dirigiéndose de inmediato al centro de la misma. La recepción corrió por cuenta del Consejo Regional Indígena del Tolima (Crit) quien se sumó con varios cientos de sus miembros a la Minga. Luego de un mitin, los miles de integrantes de esta gesta indígena y popular se dirigieron a descansar a la salida de la ciudad, en el barrio Picaleña. Allí esperan que mañana lleguen las delegaciones indígenas procedentes de los departamentos de Risaralda, Caldas y Chocó. 

Hacia Chicoral

Esta Minga tiene lugar tras los sucesos que se presentaron en días pasados en La María Piendamó, en donde fueron heridas más de 150 indígenas y asesinados otros tres. La Minga demanda autonomía de sus pueblos, la liberación de la Madre Tierra, no aplicación del TLC con los Estados Unidos, y el desmonte de leyes que entreguen los recursos naturales a multinacionales, entre otras exigencias.

Este es un aspecto. Pero el otro, evidente, es que el proceso de levantamiento indígena se va conjugando con las demandas populares postergadas en Colombia por décadas. Se espera que ese conjunto de aspiraciones y necesidades se puedan discutir y revisar en Bogotá, en medio, así reza una valla que portan los indígenas, de un parlamento indígena y popular.

Este jueves 13 de noviembre la Minga partirá hacia el corregimiento de Chicoral, jurisdicción del municipio del Espinal, Tolima, recordado por ser el territorio donde la oligarquía colombiana firmó en los años 70 del siglo XX el pacto de conrarreforma agraria, conocido precisamente como el “pacto de Chicoral”, con el cual se ahogaría en más guerra al país. Luego se tomará rumbo hacia  Gualanday, en donde la comitiva indígena pernoctará.

Por: Julián Carreño


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