Petróleo:  Un rebote que no es el fin de la crisis

Sube el precio del crudo en un mercado aún inestable

Este miércoles fue una jornada de recuperación del precio del crudo, tras el hundimiento de los valores entre lunes y martes. El WTI, tipo de crudo de Texas, Estados Unidos, cotizó en Nueva York al cierre en 13,78 dolares por barril, con un repunte del 19% respecto de su mejor valor de ayer, cuando logró regresar a a cotizaciones por encima de cero (positivas). Son los contratos a junio, con lo cual dejó atrás el drama de los contratos para entrega en mayo, que temían encontrarse con la posibilidad de no poder almacenar el hidrocarburo y quemaban en manos de los traders como brasa ardiente. El Brent (Mar del Norte) también mostró una recuperación con respecto a los días previos, cerrando a un precio de 20,81 dólares por barril, 7,66% por encima de su cierre del martes.

El interrogante del mercado es en cuánto incidió en esa recuperación los anuncios de planes de ayuda a los sectores productivos de parte de Donald Trump, que ya cuentan con media sanción en el Congreso, y las promesas de intervención con fondos federales de estímulo a los productores de gas y petróleo. Mientras que para unos esto supondría ponerle un piso en los actuales niveles, de los cuales sólo cabría esperar una recuperación escalonada, otros opinan que es apenas un alivio parcial porque las condiciones del mercado mundial de crudo indican un horizonte prolongado de muy bajas cotizaciones.

Las oscilaciones del precio del crudo durante la jornada muestran que la extrema volatilidad sigue mandando. El rango de variación del barril WTI fue, en el NYmex (mercado de Nueva York), entre 10,28 dólares de mínima y 16,20 de máxima, cerrando en un valor intermedio. Además, la curva de precios en el mercado de futuros no revela una perspectiva de demasiada confianza, con valores que oscilan en un precio de apenas 22 dólares promedio entre junio de 2020 y diciembre de 2021. Un nivel que está muy lejos de reflejar un valor aceptable para continuar produciendo en los yacimientos de Estados Unidos. 

Según publicó Link Securities, “el Gobierno de EE.UU. está considerando ofrecer fondos de estímulo federal a los productores de petróleo y gas a cambio de participaciones gubernamentales en las reservas de crudo de las compañías, según informaron fuentes conocedoras del asunto”. El plan, según detallan estos expertos, “está entre varias de las distintas opciones posibles que se están sopesando en un entorno de caída histórica de la demanda de petróleo, que está teniendo un impacto muy negativo en las compañías energéticas”.

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Un hombre, con mascarilla, camina por Beijing, China, este viernes. En vídeo, declaraciones del portavoz de la Oficina Nacional de Estadística de China. THOMAS PETER / REUTERS / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

 

La pandemia de la covid-19 amenaza con convertir esta progresiva desaceleración en una recesión fulminante para China

El PIB chino perdió un 6,8% en el primer trimestre del año, según datos publicados este viernes por la Oficina Nacional de Estadística. Se trata del primer retroceso en casi medio siglo, provocado por la paralización de su economía a consecuencia de la crisis del coronavirus.

Semejante racha atestigua tanto el vertiginoso desarrollo de las últimas décadas como la dimensión del revés. China no menguaba desde 1976. En aquel año aciago, a los estertores de la Revolución Cultural se sumaron la muerte de Mao Zedong; líder de la República Popular desde su fundación en 1949, la de su primer ministro Zhou Enlai y al menos otro cuarto de millón de personas a causa del devastador terremoto de Tangshan. Su economía se contrajo entonces un 1,6%.

Las cifras de este viernes, además, suponen las más bajas desde 1961, el último año de la Gran Hambruna causada por las erráticas políticas de Mao. El PIB se desplomó de aquella un 27,3% y hasta 45 millones de personas perecieron, según calcula el historiador Frank Dikotter en su libro La gran hambruna en la China de Mao.

Desde entonces, los números del gigante asiático se han mantenido indemnes frente a infortunios como la matanza de Tiananmen de 1989 (4,2%), la crisis financiera en 2008 (9,7%) o la guerra comercial con Estados Unidos desde 2018 (6,7%). El año pasado, el conflicto con la Administración Trump contribuyó a dejar el marcador en 6,1%, un guarismo que ya supuso el peor resultado en casi tres décadas. El resultado del cuarto y último trimestre de 2019 reflejaba un 6%, segundo mínimo histórico consecutivo desde que las autoridades comenzaran a publicar la variación trimestral en 1992. Ahora, no obstante, el coronavirus amenaza con convertir esta progresiva desaceleración en una recesión fulminante.

“El dato de PIB es malo, pero esperado”, apunta Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia de Natixis. “Sin duda lo peor son las ventas al por menor en marzo [-16,1%]. Si las pones frente a la producción industrial para el mismo mes [1,1%] te das cuenta de lo que está pasando: China sigue produciendo más de lo que puede consumir, lo que va a aumentar las presiones deflacionistas. Esto se agravará en abril. El mundo se ha parado, por lo que la demanda externa colapsará”. En un funesto informe publicado esta semana, el Fondo Monetario Internacional adelantaba que la pandemia de la covid-19 provocará la recesión global más dura desde la Gran Depresión de 1930.

El Partido suele fijar su crecimiento de PIB en la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, celebrada en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Este año, sin embargo, el acontecimiento ha tenido que ser aplazado sin que se haya establecido una nueva fecha, por lo que todavía se desconoce cómo afectará el virus a los objetivos macroeconómicos del país. El panel de expertos de Reuters pronostica que en 2020 la economía china acabará repuntando un 2,5%. García-Herrero, por su parte, ha rebajado sus previsiones al 1,5%, “ya que no hay demanda suficiente”.

El PIB, no obstante, no es la máxima prioridad gubernamental en este momento. Así lo ratificó el primer ministro Li Keqiang en un discurso pronunciado el mes pasado durante una sesión del Consejo de Estado. “No es de gran importancia”, aseguró, “que el crecimiento económico sea un poco más alto o un poco más bajo, mientras el mercado laboral permanezca estable”.

El desempleo pasa por ser la clave para reactivar la economía china por los extremos de la producción y el consumo. Los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que su tejido productivo todavía no ha alcanzado su máximo rendimiento y sigue estancado en una tasa que oscila alrededor del 80%. Atajar el desempleo, por otro lado, también es una tarea fundamental dada su capacidad de generar descontento social. En los dos primeros meses del año el paro pasó de un 5,2 a un 6,2%, lo que supone que casi cinco millones de personas han perdido su puesto de trabajo en 2020.

Por Jaime Santirso

Pekín - 17 abr 2020 - 04:45 COT

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Las señales de gran recesión se acentúan mientras se desvanece una recuperación rápida

Bruscas caídas de demanda, inversión y comercio en EEUU, de producción industrial en Alemania o de servicios en Brasil anticipan negros augurios: la esperada y vigorosa recuperación en 'V', que predijo el mercado hasta hace unas fechas, parece una entelequia.

 La radiografía de la economía global empieza a ser alarmante. O, lo que resulta peor aún, de una dimensión histórica. Nunca vista en el periodo reciente. Con la única excepción, quizás, del crash de 1929. Ni siquiera el credit crunch de 2008, surgida oficialmente desde la quiebra de Lehman Brothers, pero anticipada por un largo año de intensa volatilidad en los mercados por el estallido del mercado inmobiliario estadounidense y sus hipotecas subprime, emitió tantas señales de la virulencia que está manifestando el mayor confinamiento social del planeta.

El covid-19 está ya sacando a relucir por todas las latitudes del planeta indicios de números rojos. De una economía desbordada. Un apagón de actividad sin parangón. Una "bad recession", que supera con creces a la crisis de hace un decenio, como admitía estos días Jamie Dimon, el consejero delegado del banco estadounidense JP Morgan, pese a que contenga, admitió, "alguno de sus riesgos financieros" y llevará también a la banca global a "descensos substanciales de beneficios e ingresos"; incluida su entidad, de la que avanzó que "recortará dividendos" este ejercicio.

En línea con el crudo diagnóstico del FMI. El mundo "se enfrenta a una crisis como ninguna otra", acaba de avanzar Kristalina Georgieva. A una recesión sin parangón desde la Gran Depresión del 29. A un deterioro fulminante que ha alterado (según enfatiza Georgieva en el tradicional discurso Curtain Raiser con el que los máximos dirigentes del Fondo Monetario dan el pistoletazo de salida a sus cumbres semestrales, en Washington), "el orden económico y social a la velocidad de la luz".

La jefa del FMI anticipó un dato esencial que revela la celeridad de los acontecimientos. En unos meses, el Fondo ha pasado de calcular un repunte de la renta per cápita en 160 de sus 189 estados miembros este ejercicio a revertir este horizonte cercano; ahora, piensa en retrocesos de los ingresos personales en 170 países.

La celeridad con la que los números rojos se propagan por el mundo empieza a ser compilada por los registros del mercado, centros de investigación y las instituciones oficiales pertinentes. Y revelan el cráter del comercio, la tensa rienda que sujeta la inversión, la depresión consumista y el desbordamiento del desempleo. Un círculo vicioso del que escapan pocas industrias.

Desde la firma IHS Markit, dedicada a proporcionar información sensible a los mercados, se muestran varias evidencias del calibre que está tomando la contracción. Cada vez más global. Al margen de la expansión y gravedad de la pandemia sanitaria del covid-19. Lo que hace menos probable la teoría que defiende con entusiasmo bancos de inversión como Goldman Sachs, que aprecian un "fuerte rebote" de las bolsas en cuanto la contracción toque fondo.

Marzo, certifican los analistas de IHS Markit, ha marcado el inicio de la recesión. Como lo admite uno de los primeros vestigios oficiales, el del Banco de Francia, que anticipa un receso del PIB galo ya en el primer trimestre del año, del 6%. El mayor descenso desde la II Guerra Mundial, y siete décimas más intenso que el registrado en las revueltas sociales de mayo de 1968. Impacto directo del covid-19 en una nación que todavía no ha llegado al cenit de contagios ni de fallecimientos diarios. Con lo que la cifra de dobles dígitos parece asegurada en el trimestre en vigor.

En paralelo, los cinco mayores institutos de investigación económica alemanes (IFO de Munich, DIW de Berlín, IfW de Kiel, IWH de Halle y RWI de Essen) coinciden, en un diagnóstico conjunto, en que la contracción de la gran locomotora europea se aproximará al 10% (en concreto, el 9,8%) entre abril y junio. Después de una caída algo más leve en el primer tramo del año y de dos amenazas latentes de una recesión técnica entre verano de 2018 y otoño de 2019, cuando sus tasas de producción manufacturera e industrial tocaron fondo por las guerras comerciales desatadas desde la Casa Blanca y el alto riesgo de un Brexit duro. El receso anual, en todo 2020, será del 4,2%, auguran los think-tanks alemanes

Y, según el gobernador de Francia, François Villeroy de Galhau, quien recuerda que la última previsión previa a la llegada del covid-19 a su país, era de apenas una décima de crecimiento entre enero y marzo. De Galhau optó por no dar previsiones sobre el conjunto del ejercicio, si bien apostó por un fuerte repunte, del 8%, en el tercer trimestre del año, que no impedirá, sin embargo, los números rojos en Francia en 2020. El próximo ejercicio "debería ser positivo " y ayudar a empresarios y empleados a sentar las condiciones para asentar un ciclo de negocios sólido y sostenible, desde "el mismo momento en que se logre contener la pandemia sanitaria".

Evidencias del deterioro mundial

La visibilidad del parón, explican desde la sala de máquinas de HIS Markit, no sólo se aprecia en los cielos vacíos que han dejado las aerolíneas, cuyas flotas de aviones experimentan desde los primeros días de marzo una cuarentena similar a la que soporta ya más de la tercera parte de la humanidad.

En el plano comercial, el volumen de exportaciones americanas por vía marítima se detuvo bruscamente "en las dos primeras semanas del mes pasado". Hasta situar la salida de los cargueros mercantes muy por debajo de la mitad de los registros del mismo periodo del ejercicio precedente. El amarre de barcos de transporte de mercancías ha perjudicado directamente las ventas de automóviles, ya de por sí asoladas por descensos de demanda, debido a los retrasos en las decisiones de compra de potenciales usuarios, que han adoptado una tendencia de wait and see, con la convicción de que, en el futuro a corto o medio plazo, los precios de los coches serán más competitivos.

El cargo marítimo retrocedió un 19% en la primera quincena de marzo en los puertos estadounidenses, cuando la economía estaba aún lejos la firma del programa de estímulo de 2 billones de dólares, suscrito por el presidente Donald Trump a finales de ese mes. Y ya en esas fechas se dejaba sentir la debilidad del mercado laboral en la primera economía global que, entre la última semana de marzo y la primera de abril forzó a casi 10 millones de trabajadores a solicitar coberturas por desempleo. El mes pasado también extendió la parálisis de productores y familias, lo que ha retraído las inversiones empresariales y los ingresos de los hogares.

En Alemania, las matriculaciones de coches retrocedieron en marzo un 38% en comparación al mismo mes del año anterior, pese a que es un periodo mensual considerado de temporada alta para la venta de vehículos en el mercado germano. En Reino Unido, la caída fue del 44.

Un segmento industrial, el de automoción, que está bloqueado en las tres mayores economías árabes (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar), al igual que el de servicios en mercados como el de Brasil, donde su indicador productivo está en el nivel más bajo desde 2016, el último receso del mayor PIB latinoamericano. En Australia, que ha entrado en números rojos por primera vez en tres décadas, los anuncios de búsqueda de empleo aumentaron los últimos días de marzo; un fenómeno que no se contemplaba desde 2009.

La zona del euro, explican en IHS Markit, a partir de una amalgama de indicadores económicos procedentes de potencias industrializadas y mercados emergentes que recoge Bloomberg, cree que la contracción en la Eurozona será de dobles dígitos. Y podría prolongarse más allá del momento en el que puedan declarar controlada la pandemia sanitaria del covid-19. Con índices de creación de empresas, de confianza empresarial y de empleo en caídas libres que "hacen que sea inevitable y muy sombrío el futuro inmediato" del club monetario europeo. Su coyuntura refleja descensos productivos en el sector manufacturero, en fase recesiva profunda, elevadas escaladas de los subsidios por desempleo y miles de compañías recortando horas de trabajo por todas sus latitudes.

El Índice de Gestores de Compras de Markit cayó en la zona del euro al nivel 29,7 en marzo, desde el 51,6 de febrero, un barómetro que certifica contracciones por debajo de la cota de los 50 puntos. Con casi todos los países de la muestra en registró históricamente bajos. En su rúbrica de servicios, que incluye hoteles y restaurantes, el retroceso es todavía más pronunciado, hasta el 26,4 que, en el caso de Italia, se hunde hasta el 17,4, lo que da una señal inequívoca del impacto que el covid-19 ha tenido en esta área productiva y del negocio del ocio en general. Debido, esencialmente, al confinamiento de las sociedades civiles.

"Ningún país está ahora en disposición de poder escapar de una recesión severa", dice Chris Williamson, analista jefe de IHS Markit. "Aunque es especialmente profunda en Italia y su sector servicios, donde las estrictas normas de aislamiento prevalecen desde hace más tiempo sin que se atisbe todavía el momento de su levantamiento oficial".

Distorsiones comerciales e inversoras

"El sistema al completo está significativamente dañado y las distintas cadenas de suministro de las empresas y de sectores enteros de actividad tienen muchas fugas de agua". Así describe el escenario a comienzos de abril el director general de la Oorganización Mundial del Comercio (OMC), el brasileño Roberto Azevedo, para quien el panorama es "más desolador" que en la crisis de 2008-2009. Y, aunque la organización que dirige, la máxima autoridad del comercio global, sigue calculando los efectos del coronavirus en la actividad internacional,  "desvelarán caídas más significativas" que en el tsunami financiero de hace un decenio, en la que cifró el descenso del comercio en un 12,6% y la recesión mundial en un 2%.

Los cálculos de Bloomberg Economics, que rastrea la actividad global, revela una caída de medio punto del PIB internacional en marzo, cuatro décimas más intensa que el 0,1% que se registró en febrero, por lo que la contracción pudo haberse iniciado, incluso, en el segundo mes de 2020.

Aunque las dudas persisten. Entre otras razones, porque ni siquiera el sector privado es capaz de calibrar las repercusiones del covid-19. El gigante aéreo Airbus, en Europa, o FedEx, la compañía logística estadounidense, no son capaces todavía de evaluar los daños sobre sus ingresos o sus activos, un síntoma que demuestra la suma incertidumbre en las multinacionales, pero que revela la aún más acuciante tensión en las pymes, en los centros empresariales locales y el las economías en desarrollo. Y que hace más urgente el despliegue de ayudas a autónomos, familias y pequeñas firmas.

Airbus acaba de enviar una carta a sus 1350.000 trabajadores en la que admite no saber en qué momento será factible la vuelta a la normalidad operativa ante las dudas que subyacen entre las aerolíneas sobre el momento de volver a surcar los cielos.

FedEx reconoce, por su parte, la extensión del periodo adverso en las cadenas de valor de las empresas de todo el mundo, que "repercute directamente en nuestras líneas de negocio". Las ventas en el exterior suponen más de la mitad de los ingresos de FedEx, que tenía una plantilla de 177.000 trabajadores al término de 2019.

La triple recesión: China, Europa y EEUU

Las tres áreas de mayor dinamismo mundial (la primera economía, EEUU, la segunda, Europa, y la tercera, China) ya han entrado en recesión. El gigante asiático, que ha dirigido las caídas de actividad, pese a mantener su tasa de crecimiento, en el último tramo de 2019, en torno al 5% de crecimiento, parece haber certificado su primera contracción entre enero y marzo de este año. Sería el primer registro negativo desde la muerte de Mao Zedong, en 1976.

Aunque desde servicios de estudios como el de Bank of America Merrill Lynch (BoAML) esperan que la profunda recesión por la que todavía atraviesa no impida que su PIB crezca un 1,2% en el conjunto de este ejercicio, cota que supone tres décimas menos que su anterior previsión, de hace dos semanas. En opinión de sus estrategas, en el tercer y, sobre todo, cuarto trimestre, de mantenerse la tendencia hacia la recuperación de la crisis sanitaria, "se fortalecerá la débil confianza" empresarial, al calor del incremento de los pedidos procedentes del exterior. El punto de inflexión se producirá "hacia el ecuador o finales de este mes de abril", una vez se superen la titubeante confianza empresarial.

Los pronósticos, en constante revisión a la baja, de BoAML tampoco son positivos sobre EEUU. Su última predicción habla de una significativa contracción, que ahora sitúa "en tres trimestres", lo que conduciría a una recesión técnica (dos o más periodos trimestrales consecutivos de receso en el PIB) de doble dígito, con una acumulación negativa del 10,4%. Con caída del 7% entre enero y marzo; del 30% entre abril y mayo y del 1% entre junio y agosto que traerán consigo "pérdidas de entre 16 y 20 millones de puestos de trabajo", hasta situar la tasa de desempleo en el 15,6%.

La destrucción de empleo afecta a cientos de miles de compañías en cada uno de los cuatro PIB de mayor dimensión del euro. Sobre España, Axel Botte, de Ostrum AM, filial de Natixis, afirma que "va a hacer frente a un gran revés" porque, según los datos de confianza "el impacto será especialmente relevante en el sector servicios y algo más suave en el manufacturero". En su opinión, "los diferenciales soberanos siguen siendo volátiles" y enfatiza que "los bonos de 10 años de España cotizan ahora claramente a más de 100 puntos básicos" frente al bund alemán.

El analista de Ostrum AM comparte la visión del gobernador galo e IHS Markit sobre la recesión en Europa y en todo el planeta. Aunque, explica, "las condiciones de liquidez están mejorando lentamente por las medidas de apoyo del BCE y la Fed" a ambos lados del Atlántico, con subidas potencialmente limitadas del crudo tras el pacto de recortes productivos entre Rusia y Arabia Saudí (con la mediación de EEUU que ha dejado de ser de nuevo, por decisión arbitraria de la Casa Blanca, exportador neto de crudo en el mercado), "debido al colapso tanto del crecimiento como de la demanda energética en todo el mundo".

En cualquier caso, explica, "los temores a una segunda oleada de epidemias permanecerán en el ambiente económico al menos hasta que se contenga el brote hasta una cota suficiente para dejar de considerar el covid-19 como una emergencia global que precisa cuarentenas rigurosas" y, con ellos, la posibilidad de que "se deban aplicar nuevas medidas, incluso después de haber superado el pico de contagios".

A su juicio, "la recuperación de la actividad será más gradual de lo previsto"; es decir, "se escalonará por países, regiones e industrias", por lo que la volatilidad en los mercados persistirá "hasta que el despegue del PIB global emita señales más claras de su intensidad".

Botte apuesta por una reactivación en forma de U, "con una subida gradual, nunca vertical". E interrogantes sobre si la forma final no conllevará un periodo más extenso de evolución en L. El mercado, en cualquier caso, parece haber enterrado su teoría de un despegue en V, súbito y poderoso, como creía a lo largo del oscuro mes de marzo.

12/04/2020 23:18

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La luna llena se eleva sobre la refinería de petróleo de Gazprom Neft en Omsk, Rusia. REUTERS / Alexey Malgavko

Han acordado  reducir su oferta petrolera en un 23% ante la crisis en el sector causada por la pandemia de la covid-19.

México se ha sumado oficialmente al acuerdo alcanzado por la OPEP+ para reducir la producción mundial de petróleo crudo, después de pactar con Estados Unidos que este país asuma una parte significativa de la cuota de ajuste originalmente asignada al país azteca, que limitará así a 100.000 barriles diario su recorte de oferta, según ha anunciado el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

En una conferencia de prensa, López Obrador ha informado de que en una conversación telefónica con su homólogo estadounidense, Donald Trump, ambos líderes pactaron que EEUU asuma un recorte adicional de su producción de 250.000 barriles al día, permitiendo así que México pueda ajustar su oferta de crudo únicamente en 100.000 barriles.

"Se comunicó con nosotros el presidente Trump y se llegó a un acuerdo de hacer una disminución de 100.000 barriles. Estados Unidos se compromete a reducir adicionalmente a lo que iba a aportar otros 250.000 barriles por México para compensar", ha anunciado López Obrador. "Esto lo comunicamos de inmediato y ya es formal, ya cumplimos con este asunto", ha sentenciado.

"Nos pedían hacer una reducción del orden del 23% de la producción, como la de Arabia Saudí o Rusia. Un recorte de 400.000 barriles", ha señalado el presidente mexicano, quien ha defendido que México no estaba en condiciones de aceptar un recorte de tal magnitud tras los años de caída de la producción registrados en el país.

De este modo, el presidente mexicano ha informado que de los 1,786 millones de barriles diarios producidos durante marzo en promedio, "a partir del mes de mayo" México a bajar a 1,686 mb/d, lo que se espera que contribuya a un aumento del precio del petróleo crudo, pero sobre todo "a estabilizar la economía y los mercados". "México está aportando. En general es el 5,5%, no podíamos el 23%", ha defendido.

La AIE confía en que el G20 devuelva la estabilidad a los mercados petroleros tras el acuerdo de la OPEP+. Los países de la OPEP, liderados por Arabia Saudí, y otros productores, incluyendo Rusia, que forman el grupo conocido como OPEP+, alcanzaron esta

Asimismo, se acordó una reducción de ocho millones de barriles al día desde julio a diciembre de este año a la que seguirá un ajuste de seis millones de barriles al día del 1 de enero de 2021 hasta el 30 de abril de 2022.

10/04/2020 13:29 ACTUALIZADO: 10/04/2020 17:53

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El mercado petrolero cerró ayer antes del anuncio de la OPEP+ sobre el recorte a la producción, el crudo estadunidense West Texas Intermediate perdió 2.33 dólares (9.3 por ciento) a 22.76 dólares por barril, y el Brent cayó 1.36 dólares (4.1 por ciento) a 31.48 dólares. El barril de la mezcla mexicana cedió 1.35 dólares (7.5 por ciento) y cerró en 16.54 dólares.Foto Ap

La Organización de Países Exportadores de Petróleo y productores asociados, entre los que se encuentran México, grupo conocido como OPEP+, lograron un acuerdo en principio para reducir en 10 millones de barriles por día (bpd) la extracción en mayo y junio, a fin de impulsar los precios del crudo, que se han hundido debido a la contracción de la demanda por la pandemia.

México, según reportó la secretaria de Energía, Rocío Nahle, colaborará con una disminución de 100 mil barriles por día en los próximos dos meses.

"De un millón 781 mil barriles diarios de la producción que reportamos en marzo de 2020, disminuiremos a un millón 681 mil", escribió la funcionaria ayer por la tarde en su cuenta de Twitter.

La postura del gobierno mexicano fue difundida por Nahle después de la publicación de reportes de que la funcionaria mexicana abandonó la conferencia virtual de la OPEP+, antes de que ésta concluyera.

México abandona reunión

La agencia Sputnik informó que la delegación de México se retiró de la reunión de los miembros de la OPEP y otros países productores de petróleo, sin dar su consentimiento a un nuevo acuerdo de recorte petrolero.

El grupo OPEP+, "no logró asegurar un acuerdo final, según fuentes de ese organismo, porque México no aceptó el recorte de producción que le fue solicitado".

Por su parte, Ramses Pech, experto en temas petroleros, aseguró que la estrategia de México es dejar de exportar alrededor de 400 mil barriles de petróleo, pasando de un millón 200 mil a 800 mil barriles a finales de 2020.

El presidente Andrés Manuel López Obrador explicó el domingo que ante la caída en los precios del crudo, México aumentará la producción de gasolinas en el país. "Destinaremos a ese propósito 400 mil barriles diarios adicionales para no malbaratar todo el petróleo de exportación y bajar la compra de combustibles en el extranjero", informó.

La demanda mundial de combustible se ha desplomado hasta en 30 millones de bpd, 30 por ciento de los suministros mundiales, ya que las medidas para combatir el coronavirus han dejado en tierra aviones, reducido el uso de vehículos y frenado la actividad económica.

Este jueves, los países de OPEP y productores fuera de la alianza realizaron una videoconferencia para reanudar el diálogo sobre el recorte petrolero con el fin de estabilizar el mercado. De acuerdo con el comunicado emitido al término de la reunión virtual, el recorte será de aproximadamente 10 por ciento del suministro mundial de crudo.

Se espera que otros países como Estados Unidos se sumen al pacto y colaboren con una rebaja del bombeo de 5 millones de bpd.

Un recorte sin precedente de 15 millones de bpd aún sería insuficiente para disminuir el exceso de almacenamiento en el mundo.

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Jueves, 09 Abril 2020 06:34

El mundo se adentra en la recesión

El mundo se adentra en la recesión

Los flujos del comercio mundial descienden más que en la crisis financiera de 200812

Los malos augurios comienzan a sumar cifras a su causa. La economía mundial enfila el camino de la recesión. La primera gran tormenta desde la fatídica Gran Recesión. La quiebra de Lehman Brothers parece un chiste de mal gusto comparado con el tsunami que se viene encima. “La evidencia de que marzo marcó el comienzo de una profunda recesión global es cada vez mayor”, sostiene Bloomberg. El planeta parece congelado como un vídeo en pausa como consecuencia del confinamiento masivo para mitigar el contagio de la Covid-19. Más de 3.900 millones de personas, que representan cerca de la mitad de la población mundial, viven en países donde el confinamiento es obligado o recomendado por sus gobiernos, según AFP.

Y el parón es criptonita para la economía. “La pandemia ha empujado al mundo hacia una recesión, que en 2020 será peor que la crisis financiera mundial”, señala el Fondo Monetario Internacional. En los últimos días se ha producido un goteo incensante de datos económicos que confirman la debacle. Depresión del consumo, aumento del desempleo, ahogamiento de la industria... La Organización Mundial del Trabajo calculaba esta semana que solo en este trimestre se perderían casi un 7% de horas trabajadas, equivalentes a unos 200 millones de empleos en todo el mundo.

“Las consecuencias económicas de la pandemia ya están golpeando a Estados Unidos con una velocidad y gravedad sin precedentes”, dice el FMI. El desempleo se ha disparado en Estados Unidos durante las últimas dos semanas, un país que hasta hace poco alardeaba de tener la tasa de paro más baja de su historia (3,5%). Los volúmenes de exportación de EE UU en las primeras dos semanas completas de marzo muestran envíos al exterior de menos de la mitad que el año anterior, según los datos de IHS Markit. “El daño es grave para los automóviles: la cantidad de barcos anclados utilizados para transportar vehículos ha aumentado al 19% de la flota, en comparación con el 11% de hace un año”, según datos de Bloomberg.

El contagio de la pandemia se está extendiendo a la economía. La cascada de cifras publicadas estos días no hacen más que confirmar los malos presagios. La semana pasada los indicadores de confianza (PMI) de la eurozona, uno de los termómetros más fiables para medir la salud de un territorio, reflejaban el nivel más bajo desde 1998, por debajo incluso que los de 2008. La OCDE también tiene su baremo. Sus indicadores compuestos avanzados, que anticipan inflexiones en el ciclo económico, sufrieron en marzo el mayor bajón mensual de su serie histórica para la inmensa mayoría de las grandes economías mundiales.

Los líderes mundiales recurren a símiles bélicos para comparar las consecuencias económicas de esta crisis. El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, llegó a comparar esta crisis con la Gran Depresión de 1929. Precisamente, este miércoles se ha conocido que la economía francesa retrocedió un 6% durante el primer trimestre del año, el peor registro desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Banco Central de Francia.

La economía alemana sufrirá una contracción del 4,2% en 2020 como consecuencia del impacto de la pandemia de la Covid-19 y de las medidas de contención, que arrastrarán a la economía germana en el segundo trimestre a una caída histórica del 9,8%, la más profunda de toda la serie histórica y más del doble del hundimiento registrado en el primer trimestre de 2009, el peor de la Gran Recesión, según los pronósticos difundidos este miércoles por los principales institutos de investigación económica de Alemania (IFO de Munich, DIW de Berlín, IfW de Kiel, IWH de Halle y RWI de Essen).

La industria mundial también se verá profundamente afectada. Las matriculaciones de automóviles nuevos en las dos primeras semanas de parón de marzo, generalmente un mes pico, cayeron un 93% en España. Algo parecido sucedió en el resto de los países europeos. Las previsiones de todos los economistas y organismos internacionales son cada vez más sombrías y las pocas estadísticas oficiales que se van publicando lo atestiguan.

El comercio global caerá entre un 13 % y un 32 % en 2020 por la perturbación de la actividad económica causada por la pandemia, según publicó este miércoles la Organización Mundial del Comercio (OMC). “Las cifras son feas, no hay cómo negarlo", ha dicho Roberto Azevedo, director general de la OMC. “Todo el sistema, todo el conjunto de cadenas de suministro se ha visto sacudido de manera significativa”, agregó.

El impacto es global. “Las perturbaciones causadas por el virus están empezando a repercutir en los mercados emergentes”, avisa la institución presidida por Kristalina Georgieva. Tres de las mayores economías árabes retrocen, el índice de servicios en Brasil fue el más bajo desde 2016 y las ventas de vehículos en Sudáfrica cayeron un 30%, según los últimos datos publicados. En Australia, que ha esquivado la recesión durante tres décadas, la mayoría de los anuncios de empleo vivieron su mayor desplome desde 2009, a pesar de que este país no ordenó un cierre estricto hasta finales de mes.

Según el nuevo rastreador global del PIB de Bloomberg Economics, la economía mundial ya retrocede y está perdiendo fuerza más rápido que en los primeros días de la crisis financiera. La lectura de marzo muestra que la actividad se contrae a una tasa anualizada del 0,5%, en comparación con la subida del 0,1% de febrero. Desde la India hasta Italia, los confinamientos por coronavirus han cerrado negocios y han mantenido a miles de millones de personas encerradas en sus hogares durante semanas, provocando un choque simultáneo de oferta y demanda que ha enredado las redes mundiales de producción y logística, construidas sin la capacidad suficiente para absorber una sacudida de semejante magnitud, según Bloomberg.

Con una inversión que se reducirá y más personas sin trabajo, las tasas globales del PIB podrían descender dependiendo de cuánto tiempo los Gobiernos mantengan sus confinamientos, muchos de los cuales se espera que duren hasta mayo o junio. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París, estima que por cada mes de contención habrá una pérdida de dos puntos porcentuales en el crecimiento anual del PIB.

Madrid - 08 abr 2020 - 04:49 COT

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Las potencias petroleras buscan un pacto para frenar la sangría de precios

 La OPEP ampliada se reúne este jueves en un nuevo intento de recortar la oferta para compensar una demanda deprimida por la pandemia

Dos de los tres mayores productores de petróleo del mundo, Arabia Saudí y Rusia, buscan este jueves un nuevo acuerdo de recorte de la producción que permita un respiro en un mercado bajo mínimos. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, liderada de facto por Riad) y el país euroasiático se sentarán a la mesa, por vía telemática, para tratar de pactar un recorte en la oferta que compense una demanda en caída libre por el avance de la pandemia. Ambos países, sin embargo, condicionan el pacto a que Estados Unidos —la tercera pata clave del mercado y erigido ya en primer productor mundial gracias a la revolución del fracking—, Canadá o Brasil se comprometan también a recortar los bombeos. El crudo brent, el de referencia en Europa, cotiza ahora en el entorno de los 30 dólares, tras haber llegado a caer en las últimas semanas por debajo de los 25, su mínimo en 18 años.

Riad, Moscú, Washington —donde los fraqueros de Texas ya han hecho sonar las alarmas: si los actuales niveles de cotización se prolongan la viabilidad de muchas firmas del sector está en entredicho— y el resto de actores del mercado necesitan urgentemente un acuerdo que ponga fin a la guerra de precios en la que están inmersos. Y, sin embargo, todo está en el aire, con unos mimbres todavía débiles para la fumata blanca: el encuentro virtual de este jueves se iba a celebrar inicialmente el lunes, pero las disensiones internas forzaron su aplazamiento; e Irán, miembro destacado de la OPEP y recurrentemente entre los 10 mayores exportadores del mundo, ha sido el último en visibilizar una brecha que sigue siendo profunda. “La vaguedad [de las posiciones] en torno al encuentro ministerial es preocupante”, subrayó a última hora del martes el titular iraní de Petróleo, Bijan Zanganeh, en una carta remitida a su homólogo argelino, el país que ostenta la presidencia rotatoria del cartel. En la misiva, Zanganeh criticaba que iniciar un encuentro “en ausencia de consenso” sería un mensaje fallido incluso antes de comenzar, que “puede agravar aún más el actual entorno de precios bajos”. A la llamada de los ministros de la OPEP el viernes otro encuentro telemático de los responsables de Energía del G20 en el que se tratarán de cerrar los flecos pendientes para posibilitar una reducción de la oferta global.

Venezuela, otro miembro del cartel y el país con las mayores reservas de crudo del planeta —aunque inmerso en una enorme crisis, que afecta también a su capacidad de producción— ya ha anunciado por boca de su presidente, Nicolás Maduro, que pedirá en la reunión unos “precios justos y estables". “Lo he dicho y lo repito: la estabilidad y la recuperación futura de la economía y las finanzas mundiales dependen los acuerdos de la OPEP+ [u OPEP ampliada, que también incluye a Rusia y a otros países de su órbita]. A buen entendedor, pocas palabras bastan", ha apuntado el mandatario. Caracas, como el resto de productores latinoamericanos, necesita como el comer un acuerdo que frene las ventas a pérdidas a las que se están viendo obligados en el actual entorno de precios, cercano a mínimos de dos décadas. A diferencia de otros colosos, como las propias Arabia Saudí o Rusia, el músculo financiero de estos países —y, por lo tanto, su capacidad de aguante— es notablemente menor.

La semana pasada, Donald Trump anunció la proximidad de un pacto entre saudíes y rusos para reducir la oferta en entre 10 y 15 millones barriles diarios (casi la décima parte de la producción mundial, un tijeretazo sin parangón). Este miércoles, víspera de la reunión, el país norteamericano ha reducido en casi un 8% su previsión de producción de petróleo en 2020, una señal de que la oferta pica a la baja incluso antes de cualquier acuerdo entre Gobiernos. Además, para tratar de elevar la presión sobre el reino del desierto, un grupo de senadores republicanos ha promovido en las últimas horas un proyecto de ley que supondría la retirada de tropas, misiles y otros sistemas de defensa de Arabia Saudí —un aliado histórico en Oriente Próximo— si no se aviene a recortar su oferta petrolera, según Reuters.

A renglón seguido de Trump, su homólogo ruso, Vladímir Putin, mostró el pasado viernes su disposición a aceptar un recorte de los bombeos siempre y cuando Washington también se comprometiese a hacer lo propio, provocando un rebote de los precios desde mínimos. Este miércoles, sin embargo, el Kremlin ha optado por la cautela. “Esperemos a mañana o pasado mañana”, ha deslizado un portavoz del Gobierno ruso al tiempo que rechazaba la sugerencia estadounidense, a través de la estadística hecha pública este miércoles, de que su producción ya viene a la baja: Moscú, como Riad, quiere mucho más.

El precedente de la última reunión de la OPEP+ en marzo, cuando todo saltó por los aires, cualquier acuerdo previo de reducción de oferta pasó automáticamente a ser papel mojado y Arabia Saudí respondió a la ruptura con Rusia con un brutal incremento de su producción hasta máximos históricos, sigue siendo una sombra demasiado alargada. Entonces ya se sabía que el impacto del coronavirus sobre el mercado petrolero iba a ser severo, pero los Gobiernos occidentales aún no habían echado el cerrojo total para evitar la propagación del virus, las aerolíneas todavía seguían operando la mayor parte de sus rutas, la actividad en las fábricas no se había congelado y los coches todavía circulaban por las calles. Hoy, el panorama es muy distinto: prácticamente cualquier rastro de actividad que implicase el consumo de crudo (salvo el transporte de lo más básico) ha desaparecido y los cálculos más recientes apuntan a que la pandemia ha reducido en aproximadamente un 30% la demanda mundial de crudo. Con esas cifras encima de la mesa, el acuerdo entre productores se antoja más necesario que nunca.

Madrid - 08 abr 2020 - 17:30 COT

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Jueves, 02 Abril 2020 06:51

Qué mundo queremos

Qué mundo queremos

Antes de la llegada del inesperado virus, filósofos y sociólogos nos avisaban de que nos encontrábamos ante los estertores de la segunda modernidad. De repente lo normal se ha vuelto extraño, nos empezamos a plantear qué es lo verdaderamente útil, funcional, importante.

En los últimos meses venía siguiendo con curiosidad artículos que hablaban de algunos movimientos dentro del propio sistema capitalista que ponían en cuestión desde dentro, al menos tímidamente, el paradigma teórico neoliberal hegemónico en las tres últimas décadas.

Este paradigma, recordemos, considera que la lógica del mercado debe regular todos los aspectos de la vida y que la intervención estatal ─con el objetivo de ajustar la oferta y la demanda o corregir las graves desigualdades sociales derivadas de la lógica del beneficio privado─ es nociva para el correcto funcionamiento del mismo y es, en último término, la causa de los problemas. El Estado debe únicamente garantizar el marco legal y de seguridad ─o represión─ que permita el libre funcionamiento de las reglas del mercado capitalista.

En las facultades de economía se enseñan preceptos propios de la economía clásica liberal como si se tratase de la única “ciencia económica” posible, después de haberse abandonado el modelo Keynesiano y proclamarse el “fin de la historia”, por parte de autores como Fukuyama y señalarse la imposibilidad del socialismo como haría Hayek, tras la caída del bloque soviético.

Recordemos también que el modelo keynesiano fue aquel que tras el crack del 29 y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial consiguió generar un período de prosperidad social a través de la intervención de los estados del bienestar en el mercado, prestando servicios y generando demanda, contribuyendo al surgimiento de una gran clase media sobre la base de una economía del consumo de masas. En la década de los setenta ─con las políticas económicas avaladas por Friedman y lideradas por Reagan y Thatcher─ y de manera más acuciante en los noventa comenzó una nueva era de capitalismo neoliberal en la que se vació al Estado de su papel regulador, destruyendo y mercantilizando además los pocos sectores que se mantenían fuera de las lógicas del beneficio, como los servicios sanitarios o de salud, el sector energético o las telecomunicaciones. 

Las tremendas desigualdades sociales provocadas en esta última oleada de capitalismo neoliberal han generado más bien una numerosa legión de precarios sin identidad colectiva que no son capaces de reconocerse los unos en los otros. Pero la frustración y el descontento social generalizado y las cada vez más visibles e incontenibles consecuencias del deterioro ecológico y climático han permitido el levantamiento de algunas voces críticas dentro del propio sistema que, para salvarlo, hablan de la necesidad de “reiniciar” y de “reinventar” el capitalismo. 

Aparecía un artículo en esta línea en septiembre de 2019 nada menos que en el Financial Times, titulado “Capitalism. Time for reset”, donde se expresaba que era la hora de que las empresas se movieran por algo más que por la lógica del simple beneficio para sus accionistas, preocupándose por los trabajadores, el medioambiente, los clientes y la comunidad en general. Se manifestó en la misma línea la plataforma de empresas Bussiness Roundtable, poco antes.

Recientemente se hacían declaraciones similares desde el Foro de Davos de 2020. Por otra parte, cada vez son más los teóricos y las propuestas que hablan de la necesidad de un Green New Deal, donde pueden enmarcarse desde el más descarado marketing de lavado verde hasta otros intentos más bienintencionados por generar una suerte de Keynesianismo verde reformista. Tímidos pero, al fin y al cabo, movimientos dentro del propio capitalismo, que insinúan que los que quieren seguir manteniendo el barco a flote se plantean la necesidad de modificar ciertos mecanismos y que, por tanto, dan cuenta de que la máquina no marcha bien.

Me parece interesante recordar que el capitalismo no es ni la más antigua ni la más duradera forma de organizar la economía y la sociedad desde que existe la especie humana, que es posible que sume ya unos 200.000 años, 10.000 desde el surgimiento de las civilizaciones más antiguas. Al contrario, aunque sienta sus bases en el período colonialista de los siglos anteriores, quizá no lleguemos a contarle ni 300 años. Entre los logros del capitalismo y la industrialización se encuentran haber conseguido alterar la temperatura del planeta en sólo un siglo y medio. En los últimos 40 ha sido capaz de llenar el mar de plástico, generando una capacidad de destrucción sin precedentes.

Tomando como referencia el análisis de Polanyi, si bien el sistema capitalista se va fraguando durante dos siglos, es a finales del siglo XVIII cuando se produce la “gran transformación” que supone la reducción de la condición humana a la de un individuo egoísta, la definición del bien común como algo que solo puede resultar de la suma de egoísmos particulares, la ascensión del mercado libre como la forma dominante de organización social y la conversión o consideración como pura mercancía de la tierra (naturaleza), el trabajo (las personas) y el dinero.

Tanto Polanyi o Marx, como Federici nos advierten de que este proceso histórico fue de todo menos amable o libre de oposiciones y contramovimientos. Muy lejos de esto, “el capitalismo viene al mundo chorreando sangre” que diría el propio Marx. Por su parte Silvia Federici nos recuerda que por el camino fue también necesario “domesticar” a las mujeres, para que engendraran y proveyeran de los cuidados necesarios a la mano de obra, sana, limpia y alimentada requerida por los centros de producción capitalista.

Marx analizó magistralmente algunos de los principales problemas del capitalismo en plena consolidación del mismo. Si bien su diagnóstico prospectivo sobre el futuro cambio revolucionario y la llegada de un ulterior sistema comunista sin clases no parece haberse cumplido tal como él lo promovió e imaginó, Marx realizó una radiografía minuciosa de las lógicas del funcionamiento del sistema así como de sus fallos.

Por una parte, Marx pone de manifiesto que el capitalismo subvierte la lógica precedente “mercancía-dinero-mercancía”, donde el dinero es un medio para intercambiar cosas, por la de “dinero-mercancía-dinero”, donde la mercancía es un medio para conseguir más dinero, que a su vez permite conseguir más medios y mercancías que pueden ser vendidas para seguir ganando más dinero. Se impone así la lógica de la acumulación, del crecimiento por el crecimiento, frente a la verdadera satisfacción de necesidades.

Otra de las deformaciones del capitalismo que Marx destapó fue el “fetichismo de la mercancía”, proceso por el cual las cosas se convierten en un fetiche; se esconde el proceso de explotación laboral que hay detrás de la fabricación de las mercancías a las que rendimos culto y olvidamos que es el trabajo el que otorga el valor a las cosas producidas. El objeto se separa de aquel que lo fabrica, como si cobrara vida por sí mismo. Pero además, una de las distorsiones más importantes señaladas por Marx que el capitalismo provoca en la naturaleza humana es el de la “alienación”, consecuencia de la separación de los trabajadores de los medios de producción. Los trabajadores en el capitalismo están alienados del proceso de trabajo (no trabajan para sí mismos, para sus propias necesidades), del producto final (que no les pertenece), de sus compañeros de trabajo (con los que no cooperan) y de sí mismos (de su propio potencial humano).

Asimismo Marx identificó algunos de sus problemas intrínsecos fundamentales, sus propios cánceres. Los economistas clásicos, en su compilación de las bondades de “la mano invisible del mercado” olvidaron señalar la tendencia a la acumulación de poder propia del mismo, la tremenda desigualdad en la distribución de la riqueza que producía “el más justo de los sistemas”, su propensión cíclica a las crisis y su tendencia al monopolio y la concentración, todos estos mecanismos que vemos repetirse una y otra vez en los nichos de mercado que surgen de la falsa economía colaborativa.

Antes de la llegada del inesperado virus, filósofos y sociólogos nos avisaban de que nos encontrábamos ante los estertores de la segunda modernidad. Vividas ya la modernidad líquida y la sociedad postindustrial nos situamos en la última fase del capitalismo, el capitalismo del desastre, ese que se lucra sacando tajada de “resolver” las catástrofes y calamidades asociadas al cambio climático que él mismo provoca. Capitalismo y barbarie, que diría Rosa Luxemburgo, pero sin parar de generar beneficios para unos pocos hasta el último día de la apocalipsis final.

Existen, por supuesto, otras corrientes teóricas y económicas ─la economía ecológica, la economía del bien común, economía feminista, decrecimiento… ─ con una presencia irrisoria en las facultades de Economía y ADE, que plantean críticas más completas a la vez que alternativas constructivas a semejante panorama, desde una óptica más transformadora. Desde la economía ecológica autores como Naredo ponen sobre la mesa todas aquellas cuestiones que las empresas no contabilizan en su balance de costes y beneficios, sino que se consideran “externalidades”.

Son así consideradas la contaminación, la gestión de residuos, la huella de carbono, el deterioro de los ecosistemas marinos y terrestres, entre otros. Mientras se privatizan las ganancias, lo público y la sociedad en general ha de padecer y hacerse cargo de estas supuestas externalidades que no asumen como coste ni responsabilidad propia las empresas que las generan.

Desde la economía feminista Amaia Pérez Orozco nos recuerda además que existen muchos otros servicios y costes sociales que, sin remuneración alguna, caen sobre las espaldas de las mujeres, indispensables para sostener a la mal llamada esfera productiva. Estos “servicios” son básicamente todos aquellos trabajos verdaderamente imprescindibles para el sostenimiento de vida, los que tienen que ver con el cuidado de la misma, de la infancia o las personas mayores, sanas, enfermas, dependientes…. Desde la Economía del Bien Común se recalca la necesidad de poner un límite razonable a la diferencia de ingresos y de patrimonio de todos los miembros de la sociedad, reflexión absolutamente necesaria en este capitalismo donde el 1% de la población acapara el 82% de la riqueza.

Se nos recuerda también que mientras que en el resto de esferas de la vida (familia, amigos, vecindario…) los valores que sirven y guían nuestro comportamiento son pro─sociales (cooperación, empatía, altruismo, generosidad, solidaridad, amor…), consideramos normal que la economía y las empresas puedan comportarse, por el contrario, como perfectos psicópatas (practicando el egoísmo, el lucro individual, la insensibilidad, la competencia, la avaricia). Se nos ha hecho creer, en definitiva, que es a través de los “contravalores” que puede conseguirse la prosperidad de todas y todos. Lo contraintuitivo se convierte así en la lógica dominante. Desde la corriente del Decrecimiento se nos enseñan vías para la desaceleración paulatina y controlada de la producción económica, se nos muestran caminos para abandonar el dogma religioso del crecimiento como un fin en sí mismo, relocalizando, desindustrializando, autoproduciendo.

Pero de repente, el más simple y menos sofisticado de los organismos, un virus, destruye la normalidad, poniendo en evidencia la fragilidad del castillo de naipes de un capitalismo financiero fuertemente basado en las expectativas psicológicas de los accionistas. De repente lo normal se ha vuelto extraño, nos empezamos a plantear qué es lo verdaderamente útil, funcional, importante.

Una periodista y antropóloga llamada Gillian Tett escribió con gran acierto que “para entender cómo funciona una comunidad no hay que fijarse solamente en las zonas que podríamos llamar de ruido social, sobre las cuales todo el mundo desea hablar […], hay que fijarse también en los silencios sociales”. Y son esos silencios sociales los que ahora recuperan su sonido. De repente cae la luz sobre las zonas de sombra, como sobre esas externalidades que veíamos que no contabilizan las empresas o sobre todos esos servicios públicos que han sido desinflados y mercantilizados por el camino y que ahora nos resultan indispensables.

De repente se cae el velo y se vuelve lógico lo formulado por algunos pensadores anarquistas que nos hacían reflexionar sobre si todas las profesiones, labores y ocupaciones tienen un sentido real. ¿Necesitamos a un accionista o a un corredor de bolsa para vivir? ¿A un publicista, a un gerente, a un vendedor de seguros? ¿Es quizá la agricultora, el reponedor, el enfermero, la barrendera, la limpiadora, la maestra, el bombero, la repartidora, el cuidador, el músico, el cuentacuentos, la poeta, la profesora de baile, los que realizan las cosas realmente necesarias? ¿Tiene sentido que sean entonces los más precarios de la sociedad?

Se destapan mecanismos ocultos y nos hacemos preguntas: ¿de dónde vienen los alimentos que consumimos? ¿Es normal desplazarnos miles de kilómetros para descansar, como pretende la industria turística? ¿Si alteramos o deterioramos los ecosistemas, puede tener consecuencias sobre nuestras vidas? ¿Son inmutables las medidas de austeridad o son el dinero y los incentivos económicos, al fin y al cabo, decisiones creadas y tomadas por humanos? Mi vida cotidiana ¿tenía sentido? Nuestro modo de vivir y nuestras viviendas ¿valen la pena? ¿Vale la pena lo que somos y a lo que nos dedicamos? ¿Valen la pena el empleo y los cuidados, tal como están planteados?

Como nos ejemplifica China, el capitalismo no es necesariamente un sistema que va de la mano de la democracia, ni mucho menos son sinónimos o hermanas siamesas. De hecho como venimos comprobando, se lleva igual de bien o mejor con los regímenes de corte autoritario. ¿Será la crisis del coronavirus un golpe de muerte al capitalismo como augura Zizek o una nueva era donde China, inicialmente la nación más afectada por el virus, imponga su preeminencia económica y política, apoyada principalmente en el control tecnológico de la población, como vaticina Byung-hul Han? 

Mi naturaleza pesimista me lleva a inclinarme hacia un escenario donde, dadas las diferencias de medios y recursos, la ultraderecha buscará la manera en que terminemos concluyendo que necesitamos más mano dura, más control, más grandes empresarios superhéroes y también más mercado. Sacrificar la propia vida para que no pare la economía y nunca poner la economía al servicio de la vida. Pero la historia de la humanidad es el pulso constante entre movimientos que se confrontan y la cuestión es qué vamos a hacer nosotras y nosotros, desde los movimientos sociales transformadores.

La cuestión es si vamos a ser capaces de utilizar la luz que pasa por la grieta para romper el cuadro y el marco y pintar uno nuevo. Lo que toca plantearnos ahora es qué marcos de interpretación de la situación ponemos a disposición de la opinión pública, qué sentido le damos a esta nueva realidad y qué utopía hacia la que caminar vamos a dibujar y a poner sobre la mesa, desde la izquierda antiautoritaria, en este contexto de ruptura con la normalidad anterior.

Nos toca rescatar del sentido común de la gente aquellos elementos que les indican que es necesario procurarnos una organización social que nos proteja y dé cobijo a todas y todos como seres eco e inter-dependientes y como cuerpos vulnerables, que apunta el ecofeminismo. Pero nos toca hacerlo con altura de miras, con utopías de referencia que sirvan para todas las personas: urbanas, rurales, mujeres, hombres, niñas, adultas, ancianas… Nos toca demostrar que el capitalismo no es el único ni el mejor de los sistemas posibles pero, sobre todo, que tiene alternativa como forma de organización económica y social.

Considero que una de las primeras lógicas erradas que hay que destapar es la del beneficio y la acumulación como la motivación elemental a la hora de satisfacer las necesidades sociales. Porque, como diría César Rendueles, el capitalismo y el libre mercado son una rareza antropológica. Muchas personas empiezan a plantearse que quizá no es normal que la solución a la creciente necesidad y demanda de “geles alcohólicos” en un momento de crisis humanitaria sea subirles el importe, que resulta un poco extraño que tenga que ser el propio gobierno el que controle precios, porque lo que no se sostiene es que alguien intente lucrarse todavía más en una situación como esta. ¿Quizá no deberían simplemente valer lo que costó producirlos? Resulta algo kafkiano incluso que a alguien se le haya ocurrido, en un momento así, cambiar el color, el estampado y el diseño de las mascarillas y así venderlas más caras, para que no muera nunca el estilo y se pueda seguir yendo a la moda.

Pero además tenemos que inventar soluciones, y soluciones a gran escala y para eso será necesario hacernos muchas preguntas, algunas casi ontológicas. ¿Cómo creamos un sistema donde podamos asegurar que se cubren las necesidades básicas de toda la gente sin comprometer al planeta y por ende a nuestra propia especie? ¿Cuáles son esas necesidades? ¿Cómo creamos un modelo de sociedad que garantice la salud y proteja a las personas sin conculcar sus libertades? Y sobre todo, ¿cómo transitar a ese nuevo sistema sin generar sufrimiento humano?

¿Cómo cambiar las cosas siendo conscientes de que vivimos en un mundo donde el desarrollo tecnológico permite formas de control social que no tienen precedentes? ¿Cómo contrarrestamos la penetración de los fake news de la derecha, que nos está ganando la batalla cultural? ¿Cómo conseguir que no nos tome la delantera una solución neofascista? ¿Son las únicas opciones posibles el capitalismo democrático o el autoritario? ¿Qué hacer, aprendiendo las lecciones de los errores y terrores de la economía planificada? ¿Es viable una suerte de Green New Deal o el sistema está ya tocado de muerte? ¿Queremos mantenerlo vivo de forma artificial, darle la estocada final o ir sedándolo y procurarle una suerte de eutanasia? ¿Qué papel ha de jugar el Estado como entidad que permita garantizar el procomún y asegurar la redistribución? ¿Cómo garantizamos la democracia y qué democracia? ¿Cómo han de tomarse las decisiones para que no se produzcan derivas oligárquicas, de concentración y abuso de poder?

¿Cómo construimos ese nuevo mundo sin dejar atrás las luchas de los distintos movimientos sociales, recordando que todas las opresiones están entrelazadas, como plantea el enfoque de la interseccionalidad? Pero a la vez, ¿cómo lo hacemos para reconocernos todas y todos en un mínimo múltiplo común que nos sirva de pegamento? ¿Cuáles son aquellos logros de la modernidad de los que queremos seguir disfrutando (la posibilidad del espíritu crítico, la libertad, igualdad y fraternidad, el derecho a la duda y a la disensión, el desarrollo científico, los adelantos médicos, la esperanza de vida…)?

El enemigo es muy poderoso. Aquellos que, pese a estar también amenazados, quieren seguir enriqueciéndose, van a intentar volver a seducirnos con nuevas máquinas de persuasión y luego, si es necesario, con mecanismos propios del Estado del terror. Esta crisis puede conllevar el empobrecimiento masivo de una parte importante de la población, ¿pero la única manera de arreglar esto es alimentar una máquina que nos acaba destruyendo a nosotros mismos? ¿Sólo podemos salvarnos cavando nuestra propia tumba? ¿Tendremos que elegir entre la salud (ya sea por un virus o por restricciones debido a la contaminación o los desastres naturales) y la libertad? Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de libertad y de justicia?

Quizá la única respuesta esperanzadora a todos los problemas que estén por venir ─ya vengan de la mano de una emergencia climática, un virus, un terremoto o un colapso financiero─ sea siempre la misma. Quizá no tenemos todavía la receta exacta, pero sí muchos de los ingredientes. El amor como pegamento común, la solidaridad, la justicia social. El pacifismo y el antiautoritarismo. Poner en el centro el buen vivir, la práctica de una vida que merezca ser vivida y que no sea un privilegio de unas contra otras sino una posibilidad para todos y todas a la vez.

Una de las posibles claves que me veo tentada a señalar es al virus como metáfora. Quizá sea lo pequeño y no las grandes estructuras lo que más capacidad tiene de adaptarse y mutar, de reinventarse, lo más duradero en el tiempo, lo que se adapta mejor a un planeta que ya no puede sostener que se le extraiga ni exprima más desde la lógica de la conquista, dominación y la explotación. El dilema es cómo articulamos lo pequeño, evitando que algún nodo crezca y se convierta en colonizador y cancerígeno.

Es hora de que nos pongamos a trabajar, juntos e intensamente, en construir ese mundo que queremos, un modelo que permita descolonizar el imaginario capitalista que estructura nuestras mentes aprovechando la situación de ruptura. Es tiempo de generar políticas y medidas prácticas que ofrecer ante esta grieta que se abre. La grieta puede ser aprovechada para dar paso a la distopía del héroe individual a la que tanto nos tienen acostumbradas las series de las diversas plataformas, pero son también las crisis y rupturas abruptas las que hacen caer los órdenes antiguos. Aquí solo trazo algunas preguntas, que permitan ir esbozando respuestas, desde las ganas de entendimiento y la generosidad.

La buena noticia es que sólo es necesaria la acción decidida y firme de una parte suficiente─ que no toda─ de la población, dispuesta a comportarse de manera colectiva, para conseguir los cambios, como ya demostraron las que lucharon por los derechos laborales, civiles, de género, muchas veces desde la desobediencia civil y pacífica. La historia de los movimientos sociales está llena de ejemplos de avances y resistencias que son los que han contribuido a consolidar los progresos que merece la pena mantener, ejemplos que el poder se encarga de minimizar y silenciar.

Quizá el mundo que queremos se parezca un poco a este, más sosegado, con tiempo para contemplar, conversar, escribir, reflexionar, con aire limpio con que llenar nuestros pulmones… Parecido a este pero sin miedo, sin diferencias sociales derivadas de la familia que te haya tocado, de las condiciones del hogar que tienes la suerte o la desgracia de habitar, sin la soledad impuesta para las personas que no tienen familia o red. Por supuesto sin represión, sin caza de brujas, sin invención de chivos expiatorios entre los más débiles, tomando de nuevo las calles para la gente.

Por Noelia Sánchez Suárez

2 abr 2020 06:40

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Coronavirus: vaticinan la peor crisis económica de los últimos 75 años

El economista italiano Gustavo Piga analiza el impacto global de la pandemia 

"Estamos hablando de la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, mucho peor que la del 2008", afirma el experto de la Universidad Tor Vergata. Y sugiere que las reglas europeas cambien en función de la coyuntura. 

 

Algunos piensan que la crisis económica que puede desencadenar la pandemia del coronavirus en el mundo, será la peor de las últimas décadas, es decir desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos el economista italiano Gustavo Piga, profesor de Economía Política de la Universidad Tor Vergata de Roma, que en una entrevista con PáginaI12 caracterizó la actual situación como un “momento histórico que nos permite darnos cuenta que no todo anduvo bien en la gestión del mundo en el siglo XXI”. “Creo que la crisis nos encontró faltos de preparación. Es necesario razonar, con una visión a larga distancia, sobre las necesidades verdaderas de los ciudadanos que deben combinar la dinamicidad de los mercados con la certeza del apoyo a los menos pudientes”.

-¿Cuáles son los efectos de la pandemia del coronavirus sobre la economía de Italia, segun usted?

-Todavía no se sabe dónde irá a parar este virus, cómo se difunde, cómo puede ser controlado eficazmente, no solo en Italia sino en todo el mundo. Esto se percibe cuando los gobiernos del mundo actualizan repetidamente sus previsiones y aumentan el número de restricciones administrativas para reducir la interacción social. Lo que ha significado una serie de medidas preventivas a nivel de salud pública pero también sobre la economía para compensar el efecto negativo de las medidas de restricción aplicadas. En Italia este proceso empezó con una maniobra económica para afrontar los efectos del coronavirus que en un principio era de de 5 mil millones de euros. Luego se amplió a 25 mil millones de euros y ahora se está hablando de 50 mil millones.

-Y la Unión Europea (UE) ¿qué percepción tiene de la situación?

-La Unión Europea habló en un primer momento de un plan de 25 mil millones de euros para ayudar a todos los países europeos. Ahora el Banco Central Europeo habla de 750 mil millones. Con esto quiero decir: no se tiene una idea clara todavía de las dimensiones de esta crisis. Ayer leía que hace dos semanas se hablaba de que la crisis podría llevar a un decrecimiento del PBI (Producto Bruto Interno) italiano del 2 por ciento. Ahora se habla de un descenso del 10 por ciento del PBI. De lo que es seguro es de que estamos hablando de la más grave crisis desde la Segunda Guerra Mundial, mucho peor que la del 2008.

-¿Qué medidas deberían tomarse para afrontar la crisis en su opinión?

- Ya algunas medidas se han tomado en Italia y en Europa para afrontar esta crisis, pero es obvio que si la crisis continúa, deberemos cambiar las reglas europeas. Hasta ahora hemos aprovechado al máximo las leyes europeas y no se ha hecho nada que haya violado los tratados europeos a nivel económico. Pero si las cosas continúan y los países tienen necesidad de un mayor apoyo, habrá que cambiar esas reglas. La Banca Central Europea por ejemplo, se podría ver en la necesidad de prestar dinero a los distintos gobiernos sin ninguna condición, sin pedirles que mantengan una política de austeridad como hasta ahora.

- Lo importante sería entonces cambiar ciertas reglas…El Premio Nobel de Economia Joseph Stiglitz, hablando en el Vaticano meses atrás dijo que la economía capitalista debería cambiar sus reglas porque la gente ha perdido confianza en ella.

-Creo que la UE debería responderse a sí misma dos preguntas. Primero: ¿Estamos de acuerdo en hacer una suspensión provisoria de los tratados o no? Segundo y más importante: Cuando el virus será derrotado ¿con qué políticas queremos volver a la normalidad? Para dar respuesta a estas preguntas el problema clave es saber cuánto será prolongado el retorno a la normalidad. Y se debo tomar un ejemplo de la historia, cito la crisis del 1929 , tal vez menos grave que la actual pero cuyas consecuencias duraron mucho tiempo. Y este es exactamente el panorama que tiene frente a si todo el Occidente ¿Cómo se reconstruye? Cierto, se pueden cambiar las reglas de la economía. Pero también es cierto que puede haber una resistencia, una batalla, entre los conservadores y los que quieren el cambio. Yo espero que los partidos conservadores tengan la clarividencia de entender que serán expulsados de la historia si no van al encuentro del dolor, del terror, del miedo de la gente.

-Si no hay acuerdo sobre las reglas por cambiar entre todos los países miembros ¿la UE podría correr un serio riesgo?

-Si se intenta hacerlo con una política económica que logra conseguir la confianza de la gente, se logrará mucho. Tenemos que estar preparados porque el virus volverá, tal vez el próximo invierno. Si no vuelve, mejor, pero tenemos que estar preparados, tenemos que construir una economía que sepa gestionar mejor los medios para hacer frente al virus, ya que los conoceremos mejor. Si esto será hecho, muy bien. Las cosas mejorarán. Si no se hacen estas cosas, creo que será el fin de la Unión Europea. Le daríamos el gobierno a los partidos anti europeos. Porque una crisis como la actual es la situación ideal para que Europa demuestre su solidaridad. De lo contrario, muchos podrán pensar, ¿qué sentido tiene que me quede dentro de la UE si ella no ha sabido ayudarnos? Esta crisis nos ha tomado de sorpresa. Pero no podemos permitir que otra vez nos tome de sorpresa. Y en esto, el riesgo para el sueño europeo es inmenso. Esta es probablemente la última llamada. Si Europa falla sobre esto, preveo consecuencias muy graves a nivel político.

-Si la economía de Estados Unidos – ahora el país con más contagiados por el coronavirus- sufre el crack que muchos suponen, ¿será un precio que pagará todo el mundo?

-Esta es una crisis global. Yo estoy bastante admirado de cómo el estado chino ha permitido que naciera un virus de este tipo pero también de cómo ha sabido controlarlo tan rápido. Nuestras sociedades occidentales son menos capaces de hacer esto. Las medidas del gobierno chino fueron muy drásticas. Paradójicamente tal vez, esta crisis se transformará en una crisis más occidental que china. Estamos aprendiendo día a día. Es difícil hacer grandes previsiones.

-¿Y la economía de América Latina qué precio pagaría?

-Para América Latina el golpe importante será a sus exportaciones. Sobre la demanda interna el efecto será importante pero dependerá de cómo los gobiernos logren contener todo. No es que hay una relación entre la riqueza del país y su capacidad de contención. La capacidad de los gobiernos cuenta en este sentido. Dependerá entonces de la bravura de los líderes para prevenir lo que pueda ocurrir. El virus es global pero sus efectos no serán exactamente iguales para todo el mundo. 

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FMI: está claro que la economía global entró en recesión

Washington. La pandemia por el nuevo coronavirus llevó a la economía mundial a una recesión y serán necesarios fondos masivos para ayudar a las naciones en desarrollo, manifestó ayer la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

"Está claro que hemos entrado en recesión", que será peor que la ocurrida en 2009, como consecuencia de la crisis financiera mundial, subrayó.

La recesión suma una inmensa presión sobre los países de desarrollo medio, llamados emergentes –entre los cuales se incluye a México–, que sufren por la caída del comercio, la reducción de las exportaciones y las salidas masivas de capital.

Con la "parada repentina" de la actividad económica global "nuestra estimación actual para las necesidades financieras generales de los mercados emergentes es de 2.5 billones de dólares", dijo Georgieva. Advirtió que la previsión "está en el extremo inferior".

El monto calculado por la directora gerente del FMI es comparable con 1.4 veces el valor de la economía mexicana.

Los gobiernos de las naciones emergentes, que han sufrido un éxodo de capitales por más de 83 mil millones de dólares en semanas recientes, pueden cubrir gran parte de esas necesidades, pero no tendrán recursos suficientes, especialmente porque muchos estaban fuertemente endeudados antes de la crisis.

Las reservas y los préstamos en los mercados locales serán insuficientes para cubrir esas necesidades, por lo que se requerirá un financiamiento sustancial del FMI, otras instituciones y acreedores bilaterales, agregó.

Muchos países emergentes aún no han sentido el impacto total de la pandemia, pero se verán impactados a mediano plazo, aseveró.

Explicó que el FMI recibió recientemente 81 solicitudes de asistencia, 50 de naciones pobres y 31 de naciones de ingresos medios.

Añadió que el FMI apunta a reforzar su respuesta "para hacer más, mejor y más rápido que nunca".

Georgieva habló con periodistas en una videoconferencia después de una reunión virtual con el comité directivo del FMI, con sede en Washington, en la cual solicitó oficialmente un aumento a los instrumentos de emergencia de rápido despliegue del Fondo, que actualmente están en un nivel de 50 mil millones de dólares.

La directora gerente del FMI saludó el paquete de unos 2 billones de dólares de estímulo económico de Estados Unidos aprobado por el Congreso y que promulgó el presidente Donald Trump. "Es absolutamente necesario proteger la economía más grande del mundo de una caída abrupta de las actividades económicas", enfatizó.

Además, destacó la importancia de las estrictas medidas para controlar la pandemia, que según afirmó permitirían una fuerte recuperación económica en 2021.

Georgieva dijo a la cadena de televisión CNBC que la comunidad global se está coordinando para responder a la crisis con medidas fiscales contundentes y que estas acciones han sido más vastas que las tomadas durante la debacle financiera de 2009.

Sin embargo, advirtió que no es sensato dejar atrás rápidamente las medidas de contención. "No hay forma de que tengamos una recuperación sólida sin una contención estricta", destacó.

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